TEMA 1: “LA ESPERANZA CRISTIANA, CERTEZA DE QUE NADA NI
NADIE NOS PODRA SEPARAR DEL AMOR DE CRISTO”
(Rom. 8, 35.37-39)
INTRODUCCIÒN:
Quiero empezar este tema anunciándoles una gran noticia: El jueves 9 de
mayo, Solemnidad de la Ascensión del Señor, el Papa Francisco proclamó
oficialmente el Jubileo Ordinario de 2025 “Peregrinos de esperanza”
El papa introdujo este año Jubilar con una bula llamada, es decir un
escrito oficial donde declara el año Jubilar que se llama: «Spes non
confundit», «la esperanza no defrauda» (Rm 5,5).
En el último Jubileo ordinario 2000, se cruzó el umbral de los dos mil años
del nacimiento de Jesucristo.
Con este Jubileo, la Iglesia quiere ofrecer la experiencia viva del amor de
Dios, que suscita en el corazón la esperanza cierta de la salvación en Cristo.
Dice e Papa:
“Que pueda ser para todos un momento de encuentro vivo y personal con el
Señor Jesús, «puerta» de salvación (cf. Jn 10,7.9); con Él, a quien la Iglesia
tiene la misión de anunciar siempre, en todas partes y a todos como
«nuestra esperanza» (1 Tm 1,1). Todos esperan.
Sin embargo, ante un futuro impredecible que hace surgir sentimientos a
menudo contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al
desaliento, de la certeza a la duda. Encontramos con frecuencia personas
desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si
nada pudiera ofrecerles felicidad.
Que el Jubileo sea para toda ocasión de reavivar la esperanza. La Palabra
de Dios nos ayuda a encontrar sus razones. Dejémonos conducir por lo que
el apóstol Pablo escribió precisamente a los cristianos de Roma.”
Al mismo tiempo, este Año Santo orientará el camino hacia otro aniversario
fundamental para todos los cristianos: en el 2033 se celebrarán los dos mil
años de la Redención realizada por medio de la pasión, muerte y
resurrección del Señor Jesús.
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Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, se abra a partir del
24 de diciembre del corriente año 2024, dando inicio así al Jubileo ordinario.
Establezco además que el domingo 29 de diciembre de 2024, en todas las
catedrales y concatedrales, los obispos diocesanos celebren la Eucaristía
como apertura solemne del Año jubilar.
Durante el Año Santo, que en las Iglesias particulares finalizará el domingo
28 de diciembre de 2025, ha de procurarse que el Pueblo de Dios acoja, con
plena participación, tanto el anuncio de esperanza de la gracia de Dios como
los signos que atestiguan su eficacia.
El Jubileo ordinario se clausurará con el cierre de la Puerta Santa de la
Basílica papal de San Pedro en el Vaticano el 6 de enero de 2026, Epifanía
del Señor.
Virtudes teologales
Este año jubilar nos invita a ser “Peregrinos de Esperanza” a vivir e ejercitar
una virtud que en este tiempo se ha se esta perdiendo y que necesitamos
cada día más y es la virtud de La esperanza, y es una de las virtudes
teologales, ¿pero cuantas y cuáles son las virtudes teologales y que son las
virtudes teologales?
Son tres: fe, esperanza y caridad. Fueron infundidas por Dios en nuestra
alma el día de nuestro bautismo, pero como semilla, que había que hacer
crecer con nuestro esfuerzo, oración, sacrificio.
LA FE
Es un don, una luz divina por la cual somos capaces de reconocer a Dios,
ver su mano en cuanto nos sucede y ver las cosas como Él las ve. Por tanto,
la fe no es un conocimiento teórico, abstracto, de doctrinas que debo
aprender. La fe es la luz para poder entender las cosas de Dios
El Catecismo confirma que la fe es la virtud «por la que creemos en Dios y
en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos
propone, porque Él es la verdad misma».
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El Papa Francisco, en una de sus primeras homilías como Pontífice en abril
de 2013, explicó que la fe es una regalo que recibimos en el Bautismo, pero
que ha de desarrollarse en la vida, en el corazón y en las obras que cada
uno hace. «La fe necesita ser acogida, es decir, necesita nuestra respuesta
personal, el coraje de poner nuestra confianza en Dios, de vivir su amor,
agradecidos por su infinita misericordia», dijo el Papa en otra ocasión.
LA ESPERANZA
Por su parte, la segunda de las virtudes teologales es aquella por la que los
cristianos «aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad
nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y
apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del
Espíritu Santo», según explica el Catecismo.
Sobre esta escribió Benedicto XVI su segunda encíclica, Spe Salvi, y en ella
la trató como «elemento distintivo de los cristianos». Ratzinger afirma que la
crisis de fe de este siglo es «sobre todo una crisis de la esperanza cristiana».
«Llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa recibir
esperanza» , explica el Papa emérito.
LA CARIDAD
«La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las
cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor
de Dios», comienza el Catecismo, que especifica también que «Jesús hace
de la caridad el mandamiento nuevo. Amando a los suyos hasta el fin,
manifiesta el amor del Padre que ha recibido». Este nuevo mandamiento
nuevo es: "que os améis los unos a los otros. Como yo os he amado, así
también amaos los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois
discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros», (Jn 13, 34-35).
En sus audiencias sobre las virtudes teologales, ahondó san Juan Pablo
II sobre la caridad en octubre de 1999: «La caridad es el alma de todos los
mandamientos, cuya observancia es ulteriormente reafirmada, más aún, se
convierte en la demostración evidente del amor a Dios».
1. Características de las virtudes teologales
a) Son dones de Dios, no conquista ni fruto del hombre.
b) No obstante, requieren nuestra colaboración libre y consciente para que
se perfeccionen y crezcan.
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c) No son virtudes teóricas, sino un modo de ser y de vivir.
d) Van siempre juntas las tres virtudes.
2. Fin de las virtudes teologales:
Dios nos dio estas virtudes para que seamos capaces de actuar a lo divino,
es decir, como hijos de Dios, y así contrarrestar los impulsos naturales
inclinados al egoísmo, comodidad, placer.
LA ESPERANZA NO FALLA
Actualmente vivimos en un mundo sin esperanza, debido a la conducta
irracional del ser humano.
No es posible que sea más importante lo material, que el ser humano, en
este mundo vales por lo que tienes que por lo que ere, persona. El hombre
ha cambiado lo racional por lo irracional; lo bueno, por lo malo; la lealtad, por
el placer; lo justo por lo injusto; lo puro, por lo impuro; la luz, por las tinieblas.
Esta sociedad actual, Dios ya no es el centro de la vida del hombre, donde
Dios paso a ser un desconocido, incluso paso a ser invisible para la mayoría
de las personas.
Esta es razón por la que se ha desatado gran cantidad de problemas, de
violencia y todo lo que ya sabemos; solo basta con ver los noticieros para
confirmarlo, y por lo mismo ante este mundo, de violencia, de incertidumbre
en todos aspectos: económicos, políticos, de salud, familiar, etc.
En este mundo lleno de desafíos y situaciones difíciles, necesitamos volver
nuestra mirada en a aquel que no defrauda, “fijos los ojos en Jesús autor
y consumador de nuestra fe” y vivir en la una esperanza que trascienda
nuestras circunstancias.
Abraham, hombre de esperanza
La Biblia está llena de esperanza. Abraham "creía firmemente en la
esperanza contra toda esperanza" (Rom 4:18). El Papa Francisco señala que
Abraham, en un momento de desconfianza, en lugar de pedir el hijo
prometido que no vino, "se vuelve a Dios para ayudarle a seguir esperando".
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Es curioso, no pidió un hijo. Pidió: "Ayúdame a seguir esperando", la oración
de tener esperanza... No hay nada más hermoso. La esperanza no defrauda"
La esperanza cristiana se fundamente en la fe y en el amor en Dios, en las
promesas de Salvación y en la certeza de que todas las cosas obran para
bien a los que aman a Dios (Romanos 8:28).
Benedicto XVI: La esperanza cambia la vida
Benedicto XVI dedica toda una encíclica, Spe Salvi, a la esperanza. Lo
describe como una virtud performativa, capaz de "producir hechos y cambiar
la vida".
En la Carta a los Romanos, San Pablo habla de la salvación en la esperanza
(Rom 8:24 Porque nuestra salvación es en esperanza). "La redención -
escribe Benedicto XVI- se nos ofrece en el sentido de que se nos ha dado
una esperanza, una esperanza fiable, en virtud de la cual podemos afrontar
nuestro presente: el presente, incluso un presente fatigoso, puede ser vivido
y aceptado si conduce a una meta y si podemos estar seguros de esta meta,
si esta meta es tan grande como para justificar la fatiga del viaje".
Benedicto XVI señala un testigo de esperanza: Santa Josefina Bakhita, una
mujer que conoció la esclavitud, la violencia, la pobreza, la humillación. Una
mujer que, en el encuentro con Jesús, vio el renacimiento de la esperanza
que luego transmitió a los demás como una realidad viva: "La esperanza,
que había nacido para ella y la había 'redimido', no podía guardarla para sí
misma; esta esperanza tenía que llegar a muchos, a todos".
El amor el fundamento de nuestra esperanza
Para entender en qué consiste la esperanza, es necesario comprender que
no es lo mismo que la espera, pues el que espera está orientado hacia un
bien futuro, por ejemplo, yo estoy esperando volver a hacer las clases
presencialmente, pero mientras ello no ocurra seguiré esperando.
Pero en el caso de la esperanza, además del tiempo futuro integra el tiempo
presente, puesto que es una espera sabiendo que aquello que se espera ya
está cumplido.
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En el caso de la esperanza espero estar con Dios, sabiendo que Dios ya está
conmigo. A pesar de que aquello que esperamos no lo vemos, porque
cuando lo veamos, “¿cómo esperarlo? Pero, sí esperamos lo que no vemos,
en paciencia esperamos” (Rom, 8, 24-25).
A menudo, depositamos nuestra esperanza en cosas temporales que nos
defraudan, trabajo, personas, cosas, etc. Sin embargo, la esperanza cristiana
se encuentra en Dios, quien es fiel y cumple sus promesas.
El apóstol Pablo escribió: "La esperanza no falla (no defrauda), porque el
amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu
Santo que nos fue dado" (Romanos 5:5).
Nuestra esperanza está fundamentada en el amor de Dios, que nunca
cambia ni se agota. Cuando confiamos en su amor, nuestra alma encuentra
paz y consuelo.
Nuestra esperanza está en Aquel que es capaz de hacer mucho más de lo
que podamos imaginar (Efesios 3:20).
Y esta esperanza se basa y se sostiene en el gran amorque Dios nos Tiene
EL AMOR QUE TODO LO CUBRE
El amor de Dios es incondicional y se manifiesta plenamente en el sacrificio
de Jesucristo. “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único,
para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”.
Jn.3, 16
No hay nada que podamos hacer para ganar o perder este amor. Es un
regalo gratuito, disponible para todos. Es un amor sin condiciones, incluso en
nuestros peores momentos, Dios sigue amándonos.
Porque el amor de Dios para con nosotros no depende de lo que hagamos o
dejemos de hacer, tampoco depende de las circunstancias o de la situación
por la que estemos pasando.
Su amor no depende de nuestras acciones o méritos, sino de Su naturaleza
amorosa y misericordiosa. Recordemos que, en Cristo, somos amados
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eternamente Como dice la Escritura, el amor de Dios hacia nosotros “es en
Cristo Jesús Señor nuestro.”
Es decir que, de lo que sí depende el amor de Dios para nosotros es de lo
que Cristo hizo, sin duda, una obra perfecta que ahora nos permite gozar de
una relación íntima e incondicional con nuestro Padre Dios
¿QUIÉN NOS SEPARARA DEL AMOR DE DIOS?
En muchas ocasiones, por las diferentes situaciones que se presentan en
nuestra vida, pensamos que Dios nos ha dejado, que ya no nos ama, que
está enojado y que no quiere escucharnos, entonces tomamos la autónoma
decisión de alejarnos de Él y de todo lo que nos ayude a acercarnos a su
presencia, dando más credibilidad a nuestros pensamientos que a la misma
voz de Dios.
Pero San Pablo en Romanos 5, 35-39 hace una afirmación de la
experiencia que el tiene del amor de Dios y a su vez en una verdad
fundamental:
¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la
angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los
peligros?, ¿la espada?, como dice la Escritura: Por tu causa somos
muertos todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero. Pero
en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. Pues
estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los
principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la
profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios
manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro.
Estas palabras fueron dirigidas a los romanos, que poco tiempo después,
experimentarían una terrible persecución. Las situaciones hipotéticas -- de
las que Pablo habla -- llegarían a ser una dolorosa realidad.
Pablo estaba hablando por experiencia propia. Él sabía que los peligros y
persecuciones eran parte de lo que conlleva seguir a Jesús. Él también
reconocía, que la adversidad, los problemas o los momentos difíciles de su
vida no significaba que Dios lo amaba menos que antes. Y que los buenos
tiempos eran una señal de que Dios lo amaba más, de lo que ya lo había
amado.
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San Pablo quiso hacerles tomar a la comunidad cristiana de Roma, como
hoy nos lo quiere decir a ti y a mí, que el amor que Dios nos tiene se basa y
se sustenta en el amor de su Hijo Jesucristo para con nosotros, nosotros
somos amador por Dios en su Hijo
“La prueba de que Dios nos ama es que siendo nosotros
pecadores, Cristo murió por nosotros” (Cf Rm 5,6)
“Nos amó y se entregó a la muerte por nosotros” (Ef. 5, 1) “Amó a
su Iglesia y se entregó por ella” (Ef 5, 25)
Por eso san pablo pudo decir ¿Quien nos separará del amor de cristo?
(35)
¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la
desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?,
Pero San pablo reconoce que en medio de las dificultades nuestra esperanza
y nuestra victoria está en Cristo Jesús cuando dice: Pero en todo esto
salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. Rom. 8, 37
Y en Gálatas 2, 20: “y ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Todo
lo que vivo en lo humano lo vivo con la fe en el Hijo de Dios, que me
amó y se entregó por mí”
Por eso podemos decir
- “Nadie podrá jamás separarnos del amor que Cristo tiene por
nosotros”. La referencia no es a nuestro amor por Cristo, sino al amor
de Cristo por nosotros, como lo indica claramente el v. 37: “por medio
de aquel que nos amó”.
El Apóstol no dice únicamente que nada nos separa del amor de Dios, sino
que quiere que el conocimiento y sentimiento de ese amor sean tan fuertes
en nuestros corazones que resplandezcan siempre en medio de las tinieblas
de la aflicción
Veamos ahora las causas que pone Pablo, haciendo referencia a cuestiones
que nos pueden inquietar, nos pueden robar la paz, nos pueden entristecer,
pero nunca, nunca, nunca nos podrán separar de Dios.
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b) Tribulación o Angustia
- Se refieren respectivamente a aflicción externa y a angustia interna, por
más que estemos pasando adversidades, por más que tengamos un dolor en
nuestro corazón, si Dios es contigo, Él está contigo, no podrá separarte de
Él, ninguna tribulación o angustia.
Juan 16,33 : Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En
el mundo tenéis tribulación; pero confiad, ¡animo! yo he vencido al
mundo.
c) Hambre o desnudez tampoco
Aquí se refiere, a la hambruna, a la falta de medios materiales para vivir, a la
escasez, aunque uno pierda todo, aunque uno se vea en la calle, sin trabajo,
enfermo, sin recursos. Nada de esto, podrá separarte del amor de Dios, Dios
usará esto para glorificarte. Y su amor estará contigo, y todo lo que esto
incluye, el gozo en medio de la adversidad sabiendo que Dios tiene el
control.
Sal. 27, 10: Aunque mi padre y mi madre me abandonen, YHVH me
recogerá.»
d) Persecución, peligro o espada no podrán.
Persecución: Sufrimiento que los hombres infligen sobre nosotros debido a
nuestra relación con Dios.
Mateo 5.10–12 : 10 Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos
por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos. 11
Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo
género de mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. 12
Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es
grande, porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que
vosotros.
Y esto no hace falta irse a los países que prohíben el culto cristiano, sino lo
vivimos día a día en nuestros contextos, (trabajos, escuelas, en la calle, etc.).
Pero debemos tener claro que esto, tampoco nos separará del amor de Dios,
Dios no nos dejará en estos momentos, sino al contrario, él nos bendice.
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Peligros: Cuando tememos por nuestra vida, esto tampoco nos separará de
Dios.
Espada: Esto se puede relacionar, con la justicia del hombre (gobiernos con
leyes antibíblicas) aunque sintamos esta presión, aunque algún día seamos
perseguidos, en peligro nuestras vidas por la espada de la autoridad del
hombre, debemos ser íntegros en nuestras convicciones, sabiendo que Dios
no se apartará de nosotros.
Gracias a su amor somos vencedores, porque con su muerte y resurrección
nosotros esperamos en un mundo mejor, por eso san pablo dice: 37 SIN
EMBARGO, EN TODO ESTO SOMOS MÁS QUE VENCEDORES, POR
MEDIO DE AQUEL QUE NOS AMÓ.
¿Qué significa ser más que vencedores?
Significa tener la ayuda de “ALGUIEN” que obtiene la victoria por nosotras.
¡Que nunca dejará que seamos derrotadas! LA VICTORIA ES DE CRISTO…
¡NO NUESTRA! La vida victoriosa no es nuestra vida. ¡Es la vida de Cristo!
El vencedor es uno que va a la guerra, pelea la batalla, y gana. Pero ser
“más que vencedor” es ir a la batalla -- habiendo ganado ya. ¡Eso es lo que
nosotros somos! ¡MÁS QUE VENCEDORES! ¡Satanás ya ha sido derrotado!
¡No hay condenación para nosotras! ¡No hay forma de estar separadas del
amor de Dios!
La muerte no puede vencernos. Los demonios no pueden vencernos. La
tribulación no puede amenazarnos. ¡NADA PUEDE SEPARARNOS DEL
GRAN AMOR DE DIOS! El dolor no puede, la desilusión no puede, la
angustia no puede. Ayer, hoy, mañana no pueden. La guerra, el terrorismo, el
hambre, la enfermedad… ¡ninguna de estas cosas puede!
¡NADA! ¡NADA puede cambiar la realidad de que somos muy amadas,
completamente perdonadas, y para siempre libres por medio de Jesucristo,
¡GRACIAS A ÉL, SOMOS MÁS QUE VENCEDORAS! Dios siempre tiene un
propósito principal… ¡Y ES SIEMPRE PARA NUESTRO BIEN!
Nosotros, tal vez podamos concluir que las dificultades y los problemas son
una evidencia de que Dios nos ama y que Él está obrando en nuestras vidas
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para producir perseverancia, carácter y esperanza, a lo que compartimos en
el sufrimiento de nuestro precioso Señor.
38-39
Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los
ángeles, ni los principados, ni las potestades, ni lo presente, ni lo por
venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada, nos
podrá separar del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús,
nuestro Señor.
Estos versículos contienen una de las promesas más reconfortantes de toda
la Escritura. Los cristianos han tenido que enfrentarse “siempre” a toda
clase de dificultades, como la persecución, la enfermedad, la prisión, e
incluso el martirio.
A veces, estas situaciones, les hacen pensar que Cristo los ha abandonado.
Sin embargo, Pablo declara que es imposible estar separados de Cristo. ¡Su
muerte por nosotros es la prueba de Su increíble amor!
Nada nos podrá separar de la presencia de Jesús. Dios nos habla de la
magnitud de Su amor, para que nos sintamos completamente seguras en Él.
Una de las preguntas típicas de los ateos y los agnósticos es: ¿Por qué un
Dios bueno puede permitir que cosas malas le pasen a la gente buena?
Nuestra esperanza es la victoria de Cristo
El contenido de la esperanza cristiana es Cristo, su muerte y resurrección, Él
es la prueba fehaciente de que debemos esperar, pues Dios ha de cumplir
sus promesas y nos ha de salvar. Si depositamos nuestra esperanza en
Cristo nos daremos cuenta de que “Si nos fatigamos y luchamos es porque
tenemos puesta la esperanza en Dios vivo” (Timoteo 4,10).
Es verdad que nos encantaría arrancar de nuestras vidas el sufrimiento, pero
dicha posibilidad no está en nuestras manos, Dios nos ha salvado durante
toda nuestra historia humana y lo seguirá haciendo.
La esperanza no falla, porque ya gozamos del amor de Dios en nuestras
vidas, y nos ha demostrado en la resurrección de su Hijo. Todo aquel que
tiene esperanza, es un hombre que camina (homo Viator) que va en
movimiento hacia aquello que no ha sido develado.
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Nuestra vida es un caminar y es la esperanza de que somos capaces de
participar de la resurrección y salvación de Cristo, la que nos hace ponernos
en marcha, porque “si Cristo no resucitó, entonces es vacío nuestro mensaje
y vacía es nuestra fe” (1 Cor 15, 19).
Su muerte y resurrección son la mejor prueba y fundamento que podemos
tener para pedir con fe y con la certeza de que está con nosotros, y que
podemos superar el sufrimiento y la muerte. Por eso supliquemos con la
certeza de que así es y será en estos tiempos difíciles con las últimas
palabras del apocalipsis: “ven Señor Jesús” (Ap. 22, 20).
Esta es Nuestra esperanza, de saber que tu y yo tenemos un Dios vivo y que
pase lo que pase nada nos puede apartar de su Amor, seamos sembradores
y peregrinos de Esperanza, gritemos con esta convicción a todos los
hombres con nuestra vida de que Dios los ama y que nada ni nadie podrá
apartarnos de Su Amor.
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