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Ensayo: ¿Realmente valen la pena los esteroides?

Un análisis sobre los daños físicos,

mentales y el dilema moral

Mi investigación se centra en los daños físicos y mentales de los esteroides anabólicos

androgénicos (EAA), pero también abarca sus causas y motivos de uso, así como el dilema

moral que generan y las afectaciones que producen en más personas. El uso de esteroides

anabólicos es una práctica extendida en diversos ámbitos, particularmente en el deporte y el

culturismo, debido a la promesa de una mejora rápida en el rendimiento físico, la fuerza y la

apariencia muscular. No obstante, detrás de sus aparentes beneficios se ocultan efectos

secundarios graves que no solo afectan la salud física, sino también la estabilidad mental y

emocional de quienes los consumen. Además, el uso de estas sustancias plantea un dilema

moral sobre la ética de recurrir a medios artificiales para lograr objetivos que, de otro modo,

serían el resultado de esfuerzo, disciplina y dedicación. En este ensayo, se explorarán los

daños físicos y mentales de los esteroides, así como el dilema moral que generan, para

determinar si realmente valen la pena.

Daños Físicos

Los esteroides anabólicos son sustancias sintéticas que imitan la acción de la testosterona,

la hormona responsable del desarrollo de características sexuales masculinas y el aumento

de masa muscular. Aunque en algunos contextos médicos se utilizan para tratar condiciones

como la pérdida de masa muscular o problemas hormonales, su uso en personas sanas con

el fin de mejorar el rendimiento físico o la estética corporal conlleva riesgos significativos.

Personalmente, considero que el único contexto en el que los esteroides pueden ser

aceptables es en un entorno médico, siempre bajo supervisión profesional y para tratar

problemas de salud genuinos.


Uno de los daños más inmediatos es el impacto sobre el sistema cardiovascular. Los

esteroides pueden elevar la presión arterial, alterar los niveles de colesterol y aumentar el

riesgo de enfermedades cardíacas, como infartos y accidentes cerebrovasculares. Estos

efectos son particularmente peligrosos en personas jóvenes, quienes muchas veces no son

conscientes del daño irreversible que pueden estar causando a su cuerpo a largo plazo,

pues en su búsqueda por alcanzar el rendimiento físico deseado, no se percatan de las

consecuencias letales que pueden tener estas sustancias.

Además, el uso de esteroides puede provocar daños hepáticos. El hígado, responsable de

procesar y eliminar toxinas del cuerpo, se ve sobrecargado por la descomposición de estas

sustancias, lo que puede llevar a hepatitis, cirrosis e incluso cáncer hepático en casos

extremos. Estos problemas no solo afectan la salud del usuario, sino que también pueden

acortar considerablemente su esperanza de vida, generando complicaciones que afectan no

solo al individuo, sino a sus familiares y allegados.

Otro de los efectos físicos más conocidos es el daño en los huesos y las articulaciones. Los

esteroides afectan la producción de colágeno, una proteína esencial para la salud de los

tendones y ligamentos, lo que puede ocasionar lesiones más frecuentes y graves. Además,

su uso en adolescentes cuya estructura ósea aún no se ha completado puede interferir con

el crecimiento normal de los huesos, lo que provoca deformidades o problemas

permanentes. Este daño estructural a largo plazo compromete no solo la funcionalidad del

cuerpo, sino también la calidad de vida del usuario.

Si un producto como los esteroides te causa daños de tal magnitud, y al final del día no

representa un beneficio genuino más allá de la apariencia estética, es difícil justificar su uso.

La pregunta que surge entonces es: ¿realmente vale la pena? Considero que no. No tiene

sentido arriesgar la salud, la vida y el bienestar general por alcanzar un objetivo superficial,

como ganar masa muscular de forma artificial. Es preferible optar por métodos más
saludables y sostenibles, que permitan desarrollar el cuerpo de manera natural, sin crear

problemas donde no los hay.

Daños Mentales

Los efectos de los esteroides no se limitan al cuerpo, sino que también tienen consecuencias

significativas para la salud mental de los usuarios. Uno de los efectos más notorios es el

denominado "roid rage" o agresividad inducida por los esteroides. Este fenómeno se refiere a

un aumento de la irritabilidad, impulsividad y violencia, lo que puede generar conflictos en las

relaciones interpersonales, el entorno laboral o incluso en situaciones cotidianas. Las

personas que experimentan este tipo de cambios emocionales pueden desarrollar problemas

de convivencia y aislamiento, deteriorando la calidad de sus interacciones sociales.

Además, los esteroides pueden causar trastornos emocionales, como depresión y ansiedad.

El uso prolongado de estas sustancias puede alterar el equilibrio de neurotransmisores en el

cerebro, lo que afecta negativamente el estado de ánimo y las emociones. De hecho,

muchos usuarios experimentan una caída dramática en su bienestar mental al interrumpir su

uso, lo que se conoce como "depresión post-ciclo". Este fenómeno puede resultar en una

dependencia psicológica, donde la persona se siente incapaz de mantener su autoestima o

satisfacción personal sin el uso de los esteroides. En otras palabras, el individuo se convierte

en esclavo de su propia imagen y de la necesidad de seguir utilizando sustancias externas

para mantenerla. Este tipo de dependencia no solo limita la libertad personal, sino que

también genera un vacío existencial que es difícil de llenar sin recurrir al uso constante de los

esteroides.

El uso de esteroides también puede contribuir al desarrollo de trastornos alimentarios, como

la vigorexia. Esta condición se caracteriza por una obsesión patológica por ganar masa

muscular, lo que lleva a una dismorfia corporal, en la cual la persona percibe su cuerpo de
manera distorsionada, siempre insatisfecha y creyendo que nunca es lo suficientemente

fuerte o musculoso. La vigorexia no solo afecta la salud mental, sino también la calidad de

vida de quienes la padecen, pues su bienestar queda subordinado a la apariencia física y al

rendimiento muscular, lo que crea una constante sensación de insuficiencia y ansiedad.

Además, los efectos negativos de los esteroides no solo afectan a la persona que los

consume, sino también a quienes están a su alrededor. El daño psicológico que experimenta

el individuo puede tener repercusiones en su entorno familiar y social. Cuando las decisiones

erróneas de una persona afectan directamente a sus seres queridos, la situación se vuelve

aún más grave. Las relaciones personales pueden verse devastadas, y las personas

cercanas al usuario pueden experimentar sentimientos de impotencia, frustración y dolor. Es

importante recordar que las malas decisiones de unos no deberían afectar a otros, pero

lamentablemente esto es lo que sucede cuando se consume una sustancia tan peligrosa.

El Dilema Moral

El dilema moral en torno al uso de esteroides se centra en la pregunta: ¿realmente valen la

pena? Desde un punto de vista ético, el uso de estas sustancias plantea serias interrogantes

sobre la honestidad, la integridad y el respeto a las reglas en el deporte y en la vida

cotidiana. En el deporte profesional, los esteroides se consideran un medio para obtener una

ventaja injusta sobre los competidores que se abstienen de su uso. Esto socava la esencia

de la competencia, que debería basarse en el esfuerzo, el talento y la dedicación, no en la

manipulación química del cuerpo. La introducción de esteroides en la competencia no solo

pone en duda la validez de los logros, sino que también crea un ambiente de presión y

competencia desleal.

Por otro lado, el uso de esteroides plantea preocupaciones sobre la influencia que tienen los

medios de comunicación y la cultura popular en la percepción del cuerpo humano. La presión


por cumplir con ciertos estándares de belleza o fuerza física, muchas veces irreales e

inalcanzables, empuja a las personas a tomar decisiones riesgosas para alcanzar una

imagen idealizada. En este sentido, los esteroides se convierten en una herramienta de

escape de la aceptación personal, en lugar de una mejora real y saludable del bienestar

físico. Esta presión no solo afecta a los atletas, sino también a personas comunes que

buscan cumplir con las expectativas sociales impuestas por la cultura visual.

Además, el uso de esteroides también puede generar una dependencia peligrosa, tanto

física como emocional. Al depender de estas sustancias para alcanzar metas físicas, los

usuarios corren el riesgo de perder su sentido de identidad y autoestima, basándose

únicamente en su apariencia muscular o en su rendimiento. Este enfoque superficial puede

llevar a un ciclo interminable de consumo y rechazo hacia el cuerpo natural, lo que crea un

vacío difícil de llenar sin el uso de la sustancia. Este dilema moral nos invita a reflexionar

sobre las prioridades en la vida, el valor de la autenticidad y la importancia de aprender a

aceptar y cuidar nuestros cuerpos tal como son.

Conclusión

Si bien los esteroides anabólicos pueden ofrecer beneficios inmediatos en términos de

aumento de masa muscular y rendimiento físico, los daños que provocan en la salud física,

mental y emocional son innegables. Los riesgos de enfermedades cardiovasculares, daños

hepáticos, problemas psicológicos y trastornos emocionales hacen que el uso de esteroides

sea una decisión peligrosa que, en la mayoría de los casos, no vale la pena arriesgarse por

tan poco. Además, el dilema moral que genera su uso en contextos como el deporte y la

cultura física resalta la importancia de valorar la honestidad, la integridad y la salud en lugar

de buscar soluciones rápidas y artificiales.


En última instancia, la verdadera recompensa en cualquier ámbito, ya sea en el deporte o en

la vida personal, radica en el esfuerzo constante, la disciplina y la autenticidad. Buscar una

mejora saludable y sostenible del cuerpo y la mente, sin recurrir a atajos peligros.

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