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Cirrosis Hepática: Causas y Tratamientos

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Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cirrosis hepática es una enfermedad

que se caracteriza por la cicatrización del hígado y la pérdida de su estructura normal. Es la


etapa final de la enfermedad hepática crónica y se produce cuando el tejido cicatricial
reemplaza al tejido hepático sano, impidiendo que el hígado funcione correctamente

Tipos
Algunos tipos de cirrosis hepática son:
Cirrosis biliar primaria: El sistema inmunitario ataca las células sanas del hígado,
reemplazándolas por tejido cicatricial.
Cirrosis biliar secundaria: Bloquea los conductos biliares.
Cirrosis esclerosante: El conducto biliar se estrecha, impidiendo que la bilis fluya.

La cirrosis hepática es la etapa final de diversas enfermedades hepáticas, y puede tener


dos etapas: compensada y descompensada. La cirrosis compensada se caracteriza por no
tener ictericia, ascitis, encefalopatía ni hemorragias digestivas.

Factores de riesgo
Consumir demasiado alcohol. El consumo excesivo de alcohol es un factor de riesgo de la
cirrosis.
Tener sobrepeso. Ser obeso aumenta el riesgo de padecer enfermedades que pueden
causar cirrosis, como esteatosis hepática no alcohólica y esteatohepatitis no alcohólica.
Padecer hepatitis viral. No todas las personas con hepatitis crónica desarrollarán cirrosis,
pero es una de las causas principales de enfermedad hepática a nivel mundial
Por el contrario, cabe destacar el aumento de los casos de cirrosis por enfermedad por
hígado graso no alcohólico (EHGNA). Esta enfermedad está muy relacionada con factores
como la obesidad, la hipertensión arterial, diabetes o alteraciones en el metabolismo de los
lípidos
Otras causas menos frecuentes de cirrosis son las causas asociadas a enfermedades
autoinmunes, como la hepatitis autoinmune y las enfermedades colestásicas (aquellas en
las que se reduce el flujo de la bilis). También existen causas relacionadas con trastornos
metabólicos hereditarios (déficit de alfa 1 anti-tripsina, síndrome de Wilson, o
hemocromatosis)

Epidemiología
Un promedio de 3.621 venezolanos (3,20% del total de muertes anuales registradas)
murieron por esta patología, con amplia variación por entidad federal. Trujillo reporta el
mayor porcentaje de mortalidad debido a enfermedades del hígado (3%), seguido de cerca
por Vargas; tercer lugar compartido, [Link] y Táchira (2,8%) Las mayores cifras de
mortalidad por cirrosis y fibrosis están en Táchira (2.35%), Trujillo y Vargas (2,1%) Aragua y
Nueva Esparta (2%) Las muertes por causas hepáticas en Zulia, Portuguesa, Cojedes,
Guárico, Delta Amacuro, Bolívar, Apure y Amazonas, no se registran entre las 10 primeras
causas de muerte.

En Venezuela, la causa más frecuente de patología hepática es el abuso de alcohol, que


representa el 73,30% de los casos. En el caso de los hombres, el consumo excesivo de
alcohol es la primera causa en el 85% de los casos, mientras que en las mujeres es la
primera causa en el 50% de los casos.
A nivel mundial, la ASMR para cirrosis hepática y otras enfermedades hepáticas crónicas
disminuyó del 24,43 por 100.000 habitantes en 1990 al 18,00 por 100.000 habitantes en
2019.

Cuadro clínico
En las fases iniciales, los pacientes pueden estar asintomáticos. Progresivamente, el
paciente se encuentra cansado, sin energía, sin apetito, puede tener molestias digestivas y
perder peso y masa muscular.

Cuando la enfermedad está avanzada, el paciente se encuentra siempre enfermo, no puede


llevar vida normal y aparecen, entre otros, los siguientes síntomas:

Ictericia. Coloración amarillenta de la piel por la incapacidad del hígado de eliminar la


bilirrubina de la sangre.
Cambios en la piel. Dilataciones vasculares, sobre todo en mejillas, tronco y brazos.
Además, puede aparecer enrojecimiento de las palmas de las manos y pulpejos de los
dedos. Las uñas tienen un tono más blanquecino.
Retención de sal y agua. Acúmulo de líquido en las extremidades inferiores (edemas) y en
al abdomen (ascitis).
Facilidad para el sangrado. Al fallar el hígado, es frecuente el sangrado por las encías, por
la nariz y la aparición de hematomas con golpes suaves.
Algunos pacientes presentan hemorragias internas graves, sobre todo en el aparato
digestivo por rotura de varices en el esófago o el estómago. Estas hemorragias son graves,
pueden ser mortales y requieren ingreso en un hospital para su tratamiento.
Cambios en la conducta y en el nivel de consciencia. El hígado retira de la sangre
sustancias tóxicas para el cerebro. Si el hígado fracasa, estas sustancias producen una
intoxicación cerebral manifestada por insomnio nocturno, somnolencia diurna, cambios en la
conducta y en el humor y desorientación y progresiva disminución del nivel de consciencia,
que puede llegar al coma. Esta complicación es grave y requiere ingreso hospitalario.
Cambios en la función sexual. Debido a cambios hormonales y a la desnutrición, es
frecuente la pérdida del deseo y la potencia sexual en los varones y de la menstruación y de
la fertilidad en las mujeres. Además, en los varones, pueden producir aumento del tamaño
de las mamas, a veces dolorosas.
Desnutrición. El hígado es muy importante en la absorción y aprovechamiento de los
nutrientes que ingerimos. Por ello, en fases avanzadas, los cirróticos se hallan desnutridos y
pierden mucha masa y fuerza muscular.
Otras complicaciones. Peritonitis bacteriana espontánea. La cirrosis es el factor de riesgo
más importante para la aparición de cáncer de hígado.

Otro cuadro clínico


Por lo general, la cirrosis no presenta síntomas hasta que el daño al hígado es grave.
Cuando se presentan síntomas, estos pueden incluir:

Cansancio.
Sangrado y formación de hematomas con facilidad.
Pérdida del apetito.
Náuseas.
Hinchazón en las piernas, los pies o los tobillos, llamada edema.
Pérdida de peso.
Picazón en la piel.
Decoloración amarilla de la piel y los ojos, denominada ictericia.
Acumulación de líquidos en el abdomen, llamada ascitis.
Vasos sanguíneos en forma de araña en la piel.
Enrojecimiento de las palmas de las manos.
Uñas pálidas, especialmente en el pulgar y el dedo índice.
Dedos en palillo de tambor, que es cuando las puntas de los dedos se ensanchan y se
vuelven más redondas de lo normal.
En las mujeres, ausencia de menstruación no relacionada con la menopausia.
En los hombres, pérdida del deseo sexual, encogimiento de los testículos o agrandamiento
de los pechos, llamado ginecomastia.
Confusión, somnolencia o habla arrastrada.
Peritonitis bacteriana espontánea

Diagnóstico
El diagnóstico de la cirrosis hepática implica la evaluación de varios aspectos clínicos, de
laboratorio y de imagen. Aquí se describen los principales métodos de diagnóstico:

Historia Clínica y Examen Físico: El médico recopila información sobre los síntomas del
paciente y realiza un examen físico para detectar signos de cirrosis, como ictericia, ascitis o
esplenomegalia.
Pruebas de Laboratorio: Se realizan análisis de sangre para evaluar la función hepática,
incluyendo niveles de enzimas hepáticas, bilirrubina, albúmina y tiempo de protrombina.
Pruebas de Imagen: La ecografía abdominal, la tomografía computarizada (TC) y la
resonancia magnética (RM) pueden ayudar a identificar signos de cirrosis, como cambios en
la morfología del hígado, presencia de ascitis o esplenomegalia.
Biopsia Hepática: Aunque menos común, la biopsia hepática puede ser necesaria para
confirmar el diagnóstico y evaluar el grado de fibrosis hepática.
Elastografía por Resonancia Magnética (ERM) o por Ultrasonido (Elastografía Hepática):
Estas pruebas no invasivas pueden proporcionar información sobre la rigidez del hígado, lo
que es útil para evaluar la progresión de la enfermedad.
Es importante destacar que el diagnóstico de la cirrosis hepática requiere la integración de
múltiples hallazgos clínicos, de laboratorio e imagenológicos para establecer un diagnóstico
preciso.

Tratamiento
probabilidades de que comiencen a sangrar, es posible que necesites un procedimiento
llamado ligadura con banda. Este procedimiento puede detener el sangrado o reducir el
riesgo de que se produzcan más sangrados. En los casos graves, es posible que se deba
colocar una sonda pequeña (derivación portosistémica intrahepática transyugular) en la
vena para reducir la presión arterial en el hígado.

Infecciones. Puedes recibir antibióticos u otros tratamientos para las infecciones. Es posible
que el proveedor de atención médica también te recomiende vacunas para la influenza, la
neumonía y la hepatitis.
Aumento del riesgo para cáncer de hígado. Es probable que el proveedor de atención
médica te recomiende análisis de sangre y ecografías regulares para buscar signos de
cáncer de hígado.
Encefalopatía hepática. Te pueden recetar medicamentos para ayudar a reducir la
acumulación de toxinas en la sangre provocada por una mala función del hígado.
Cirugía de trasplante de hígado
En casos de cirrosis en etapa avanzada, cuando el hígado deja de funcionar correctamente,
un trasplante de hígado quizás sea la única opción de tratamiento. Un trasplante de hígado
es un procedimiento para reemplazar el hígado por otro sano de un donante fallecido o por
una parte de dicho órgano de un donante vivo. La cirrosis es una de las razones más
frecuentes de los trasplantes de hígado. Es necesario hacer exámenes completos a los
pacientes aptos para un trasplante de hígado con el fin de determinar si están lo
suficientemente sanos como para tener un buen resultado después de la cirugía.

Históricamente, las personas con cirrosis alcohólica no se consideraban aptas para


trasplantes de hígado debido al riesgo de que vuelvan a consumir alcohol de manera
perjudicial después del trasplante. Sin embargo, estudios recientes sugieren que las
personas minuciosamente seleccionadas que tienen cirrosis alcohólica grave presentan
tasas de supervivencia después del trasplante de hígado similares a las de los receptores
de trasplante de hígado que tienen otros tipos de enfermedad hepática.

Para que el trasplante sea una opción si tienes cirrosis alcohólica, es necesario lo siguiente:

Encontrar un programa que se ocupe de personas que tengan cirrosis alcohólica.


Cumplir con los requisitos del programa, como comprometerse de por vida a no consumir
alcohol, además de otros requisitos específicos del centro de trasplantes.

Prevención
Reduce el riesgo de cirrosis tomando las siguientes medidas para cuidar el hígado:

No bebas alcohol si tienes cirrosis. Si tienes una enfermedad hepática, no debes beber
alcohol.
Mantén una alimentación saludable. Elige hábitos alimenticios que tengan muchas frutas y
verduras. Escoge granos o cereales integrales y fuentes magras de proteína. Reduce la
cantidad de comidas grasas y frituras que comes.
Mantén un peso saludable. Demasiada grasa corporal puede dañar el hígado. Consulta con
el proveedor de atención médica sobre un plan para perder peso si eres obeso o si tienes
sobrepeso.
Reduce el riesgo de hepatitis. Compartir agujas y tener relaciones sexuales sin protección
puede aumentar el riesgo de hepatitis B y C. Pregunta a tu proveedor de atención médica
sobre las vacunas contra la hepatitis.

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