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Historias de Libertad en Manicomios

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PORQUE CONTAR EN MANICOMIOS

Recuerdos y experiencias
En el imaginario popular LA NAVE DE LOS LOCOS, es una bella
metáfora, llena de idealismo, aunque en la realidad histórica, esa
NAVE era el lugar de ostracismo, aniquilamiento social y
ocultamiento de los “ locos”, personas que molestaban a la
sociedad por su impronta de excesos, jamás permitidos por los
organizadores sociales.
Esa nave se convirtió en edificios alejados de los centros poblados,
Los Manicomios.
El desarrollo de las ciudades hizo que esos centros de reclusión,
quedaron instalados en medio de las ciudades, los manicomios
pasaron a ser Hospitales neuropsiquiátricos y todo se quiso
maquillar con un discurso represor, que nos decía “ están
internados y aislados por seguridad de la gente sana”
En 1990 siendo locutor de Radio nacional Viedma, conocí el trabajo
de la Dirección de Salud Mental, que buscaba aprobar la Ley 2440,
primer ley en el país de Salud Mental. Pocos años después
comencé a realizar taller de escritura y puesta en escena de textos
de los pacientes, a quienes se los comenzaba a llamar “ usuarios”.
Mas allá de mi recorrido, lo que prima en este artículo es la relación
que tuvieron esos usuarios con la narración oral.
Cada historia que ellos desarrollaban, tenía la magia de un cuento y
esa magia se debía y se debe a que sus historias no tienen control
social, son las historias que nacen de su instinto y su percepción de
la realidad.
Hace unas semanas retomé los taller de escritura en el Club
Alborada, del Parque Cultural del Hospital Neuropsiquiátrico de
Merchor Romero, en La Plata. Si bien trabajamos lo poético del
mar, en las charlas comenzaron a tejerse historias relacionadas
donde el mar fue el eje y el generador y relatos a seguir trabajando.
La incontinencia verbal, muchas veces, da paso a poder desarrollar
historias.
Mientras una elite de la narración oral, socialmente aceptada y con
muy poca visión hacia adelante, narra repetidos cuentos sugeridos
por un coordinador que reduce la narración a un par de libritos que
conoce, los pacientes de salud Mental, recorren caminos de nuevas
experiencias de vida.
La narración oral, es un camino mas de la desmanicomialización.
Poder desarrollar la imaginación y ponerle palabras es un símbolo
de libertad.
Dejar de lado la mediocridad de contar cuentos “ sobre locos” y que
sean los “locos” quienes cuentan historias sobre “ los sanos” tiene
que ver con el respeto a la vida.
La apertura que dan los trabajadores de la salud acompañando los
días de quienes tenían un destino de soledad y hoy tienen un
destino de libertad, es lo que hace cada día mas necesario, militar
el cierre de los manicomios y que esas personas, porque se trata de
personas, puedan desarrollar sus historias con la dignidad que
merece todo ser humano.
Vicente Zito Lema, en sus charlas con Pichón Riviere nos habla
sobre la estética del artistas socialmente reconocido y la del que
sufre algún tipo de enfermedad mental
Permítame, sin embargo, que insista en plantearle la identidad o, por lo menos, el alto grado
de parentesco, entre ciertos productos de artistas "normales" y de los recluidos en los
hospicios. Si enfrentamos las obras de estos últimos, vemos que campea aquí, esencialmente,
una visión sincrética, indiferenciada, "caótica “ del universo. Por lo tanto, su medio de
expresión suele ser directo, 'automático", sin correcciones ( “No se corrige él alma", recuerdo
que me contestó un internado cuando le hice una pregunta al respecto). Es decir, hay allí una
relación inocente, desvalorativa; él mundo es una totalidad, no se distinguen ni anteponen el
bien y él mal, lo bello y lo feo, la tierra y el cielo; tampoco se separa lo "propio", o interno, de
lo "ajeno", o exterior. Podrá decirse, entonces, que lo creado está lejos de la "unidad", sí, pero
en la medida en que se entienda a la unidad como el centro de una realidad estética codificada
(lo "bello" como valor atemporal y a-ideológico) a la que se llega, exclusivamente, a través, de
un pensamiento "racional" y adaptativo a las estructuras socioeconómicas dominantes.

De un libro llamado “Prostibulario, tomé un cuento “ La Kiki”, una


crítica ácida y descarnada de nuestra sociedad real y al contarlo
recibí como devolución “ ese cuento solo lo podés contar vos, que
trabajás con locos”.
La estética impuesta por la sociedad hace que la narración oral se
reduzca a “ lo que uno viene a escuchar” y no, a ser reflejo de lo
que realmente nos rodea.
Uno de los usuario del taller, al convocarlo a contar sobre el mar de
noche, y no haber vivido nunca esa experiencia, realizó una
narración sobre seres atormentados, reflejados en los arbustos que
crecen en los médanos y se reflejan en el mar.
No hubo censuras sociales en ese relato y me pregunto
“ ¿ quién puede asegurar que ese relato no forme parte de una
metafísica que esté mas allá del cuento común contado para
entretener?”
Enfrentarse y arriesgar a desenmascarar lo socialmente incorrecto,
pero ocultado, es una tarea desafiante.
Quien puede asegurar que las historias que se cuentan en las
zonas rurales, sin maquillaje estético, La Luz Mala, la llorona, El
ahogado del arroyo y tantas otras, no tengan un componente no
permitido por el control social.
Contar, ser artista en estado de enfermedad mental, tiene que ver
con la aceptación de una sociedad que discrimina.
Siguiendo con las Charlas de Zito Lema y Pichón Riviere, se
plantea que:
—Voy a detenerme en una de sus ideas. Usted ha dicho, y me parece muy correcto, que el
haber sido la obra de arte realizada en un hospicio o fuera de él es meramente circunstancial.
O sea que no está allí el eje para distinguir si una obra es normal o patológica, ya que, deduzco,
la internación en los hospicios, en tanto obedece a intereses de clase, no sirve para afirmar
que todos los internados padecen estados de crisis espirituales, sino que, simplemente, en mi
criterio, lo único común es que en todos los casos ellos han quedado al margen de la rueda
productiva. Es decir, para usted arte patológico es todo aquel realizado por artistas
objetivamente enfermos. Exclusivamente. Ahora bien; pienso aue, aun a partir de esa
concepción, debe clarificarse una idea vigente. O sea. cuando se habla de artistas "locos" se
piense generalmente en Nerval. Hólderlin, Van Gogh, Artaud o aun Jacobo Fuman entre otras
figuras semejantes. Es decir, artistas que "enloquecieron", pero que tienen obras que pueden
analizarse como "antes", "durante" y "después" de la crisis, y en relación a quienes también
podemos interrogarnos si crearon "por", "sin" o "a pesar" de la enfermedad. El rasgo común y
distintivo de todos ellos es el de haber sido acedados por la "cultura". Es decir que, más allá de
parciales rechazos y prejuicios, muchas veces con consecuencias dolorosos, esta producción
artística es analizada, difundida y criticada como tal, no como el fruto peculiar, atípico, de
"mentes enfermas". Creo entonces que al tratar ese concepto vigente, difundido, de "arte
patológico", debemos circunscribirnos, en especial, a la abundante obra de los internados en
los hospicios o en sitios semejantes. Es decir, seres en la total marginación y sin las
circunstancias especiales, muchas veces favorables, de haber sido reconocidos como artistas
antes de la reclusión.
La producción de estos internados en los hospicios no es vista como arte, y creo que tampoco
se le reconocería ese carácter (volviendo a los casos especiales), por ejemplo, a los últimos
textos de Artaud o Fijman, si no fuera por el prestigio o los antecedentes previos a la
internación. Y pienso que esto es correcto, si nos atenemos a la estética vigente, tradicional.
Pero no lo es si describimos a la estética como meramente racional e ideológicamente
castrativa, y ligada a una visión del arte como forma de poder y actividad de distinción para
gozo de una sola clase social”

La sociedad nos exige a los narradores una historia oficial. Los


textos emanados de los neuropsiquiátricos, no son socialmente
dignos para una clase de narradores que solo buscan historias que
no perturben.
Recuperar los lazos sociales a través historias nacidas de la
creatividad sin límites de los pacientes de salud mental. Acercarnos
a sus vidas y sus relatos seguramente nos abriría un espacio que
incluiría ya no al paciente, sino al Ser Humano que se quiere ocultar
de una sociedad correcta.
La desmanicomialización es un largo camino de historias no
contadas.
Ellos están abriendo las puertas del manicomio contando, solo hay
que escucharlos y animarnos a reproducirlas para que la sociedad
permita que se hunda definitivamente esa patética nave de los locos
y caigan los muros definitivamente.

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