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Reflexiones de una docente comprometida

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PRIMER RELATO:

Soy Yuzeidy Yuret Aquino Sevilla de 41 años, la segunda de tres hijas de mis
padres, docentes de profesión, egresada de la Universidad Autónoma del Estado
de Hidalgo de la Licenciatura en Ciencias de la Educación, con una especialidad
en Docencia por la misma universidad y la maestría en Educación; crecí en una
familia muy estricta en todos los sentidos y mucho más en lo educativo, ello me
llevó a ser lo que hoy soy, me permitió forjar mi carácter fuerte y decisivo, sin
esperar que alguien más resolviera mi vida o mis problemas, sin embargo, soy
humana, solidaria, no me gustan las injusticias y no soporto a las personas falsas
y mal agradecidas, tiendo a ser muy sincera, directa y a decir lo que pienso en el
momento que siento que debo hacerlo esto me ocasiona conflictos con personas
que no soportan la sinceridad y lo toman como una agresión; considero que el
hecho de que mi padre es un maestro con una gran trayectoria y ser muy
reconocido en su labor, me llevó a interesarme por este camino profesional, si
bien en un principio ser docente no fue mi elección, la vida y el momento me trajo
aquí, desde el día uno me recibió una directora humana, que sabía comprender y
guiar a sus maestros, desde el respeto y la confianza y que gracias a ello hoy
llevamos en este camino 16 años dónde grandes satisfacciones que he tenido de
mi práctica, desde mi infancia, la educación ha sido un pilar fundamental en mi
vida.

SEGUNDO RELATO:

Mi trayectoria profesional como docente ha sido un camino lleno de aprendizajes,


desafíos y momentos de profunda satisfacción. Desde mi primer día frente a un
grupo, supe que esta profesión no solo implicaba enseñar, sino también inspirar,
acompañar y aprender junto a mis estudiantes. Mi viaje comenzó con muchas
dudas y nervios, pero también con una gran ilusión de contribuir al desarrollo de
las nuevas generaciones.

Mi primer día como docente fue algo estruendoso, desde que el supervisor me
llevó a la escuela a presentarme con la directora y se fue de inmediato, a tener la
socialización con la directora y posteriormente me llevó al aula de 5to grado grupo
“A”, en dónde estaba siendo cubierto por una maestra de edad avanzada y que
evidentemente no tenía control de grupo, ya que los alumnos la tenían rodeada de
una manera no adecuada, cuando nos ven los alumnos inmediatamente se
sientan y me presentan, al notar que no tenían control de sus emociones y/o
comportamiento, inmediatamente les puse las reglas claras y muy puntuales con
respecto a cómo debían comportarse dentro y fuera del salón de clases, sentí una
gran aceptación por parte de mis alumnos que hasta la fecha algunos aún me
buscan para saludarme.
TERCER RELATO:

A lo largo de mi carrera, he aprendido que cada acción que realizo en el aula tiene
un impacto que trasciende sus paredes y se refleja en la comunidad escolar. Una
experiencia que define esta conexión ocurrió durante un ciclo escolar en el que
asumí el reto de trabajar con un grupo diverso, de segundo grado, era mi primera
vez después de algunos años de servicio que me daban ese grado y tenía mucha
incertidumbre porque era un grupo muy desordenado y que no se concentraba en
el trabajo escolar, es decir, estaba lleno de desafíos.
Desde el primer día, observé que muchos estudiantes no se sentían cómodos
participando en actividades grupales. La falta de cohesión no solo afectaba el
ambiente del aula, sino que también repercutía en sus interacciones fuera de ella,
especialmente en espacios compartidos como los recreos o eventos escolares.
Esta experiencia me enseñó que las acciones dentro del aula son el punto de
partida para generar cambios significativos en el entorno escolar. Lo que comienza
como una actividad sencilla puede transformarse en una oportunidad para
fortalecer vínculos, impulsar la colaboración y enriquecer la vida escolar en su
conjunto. Esta vivencia reafirmó mi creencia de que la docencia no es solo un
trabajo, sino una forma de influir positivamente en la construcción de una
comunidad más unida y solidaria.
Al mirar atrás, reconozco que esta experiencia fue una de las más gratificantes de
mi carrera. Me recordó que ser maestra es construir puentes entre las personas,
fomentar la empatía y mostrar que, trabajando juntos, es posible superar barreras
y alcanzar grandes logros.
CUARTO RELATO (NARRATIVA INTEGRADA):

Soy Yuzeidy Yuret Aquino Sevilla de 41 años, la segunda de tres hijas de mis
padres, docentes de profesión, egresada de la Universidad Autónoma del Estado
de Hidalgo de la Licenciatura en Ciencias de la Educación, con una especialidad
en Docencia por la misma universidad y la maestría en Educación; crecí en una
familia muy estricta en todos los sentidos y mucho más en lo educativo, ello me
llevó a ser lo que hoy soy, me permitió forjar mi carácter fuerte y decisivo, sin
esperar que alguien más resolviera mi vida o mis problemas, sin embargo, soy
humana, solidaria, no me gustan las injusticias y no soporto a las personas falsas
y mal agradecidas, tiendo a ser muy sincera, directa y a decir lo que pienso en el
momento que siento que debo hacerlo esto me ocasiona conflictos con personas
que no soportan la sinceridad y lo toman como una agresión; considero que el
hecho de que mi padre es un maestro con una gran trayectoria y ser muy
reconocido en su labor, me llevó a interesarme por este camino profesional, si
bien en un principio ser docente no fue mi elección, la vida y el momento me trajo
aquí, desde el día uno me recibió una directora humana, que sabía comprender y
guiar a sus maestros, desde el respeto y la confianza y que gracias a ello hoy
llevamos en este camino 16 años dónde grandes satisfacciones que he tenido de
mi práctica, desde mi infancia, la educación ha sido un pilar fundamental en mi
vida.

Mi trayectoria profesional como docente ha sido un camino lleno de aprendizajes,


desafíos y momentos de profunda satisfacción. Desde mi primer día frente a un
grupo, supe que esta profesión no solo implicaba enseñar, sino también inspirar,
acompañar y aprender junto a mis estudiantes. Mi viaje comenzó con muchas
dudas y nervios, pero también con una gran ilusión de contribuir al desarrollo de
las nuevas generaciones.
Mi primer día como docente fue algo estruendoso, desde que el supervisor me
llevó a la escuela a presentarme con la directora y se fue de inmediato, a tener la
socialización con la directora y posteriormente me llevó al aula de 5to grado grupo
“A”, en dónde estaba siendo cubierto por una maestra de edad avanzada y que
evidentemente no tenía control de grupo, ya que los alumnos la tenían rodeada de
una manera no adecuada, cuando nos ven los alumnos inmediatamente se
sientan y me presentan, al notar que no tenían control de sus emociones y/o
comportamiento, inmediatamente les puse las reglas claras y muy puntuales con
respecto a cómo debían comportarse dentro y fuera del salón de clases, sentí una
gran aceptación por parte de mis alumnos que hasta la fecha algunos aún me
buscan para saludarme.

Al reflexionar sobre los tres relatos que he construido, y con 16 años de servicio
en este nivel educativo, me doy cuenta de cómo las esferas personal, profesional
y docente se entrelazan para dar forma a mi identidad. Estas dimensiones no
existen de manera separada; al contrario, se alimentan mutuamente,
enriqueciendo mi forma de ser y de actuar en el mundo. Mi vida personal me da
las bases emocionales y éticas para ser una docente comprometida, mientras que
mi experiencia profesional refuerza los valores que guían mi existencia.
En la esfera personal, me defino como una persona empática, resiliente, honesta,
directa, comprometida, responsable y en constante aprendizaje. Mi historia está
llena de momentos de superación que me han enseñado a ver los retos como
oportunidades para crecer. Este sentido de aprendizaje continuo es el que he
llevado al aula, donde mis estudiantes me han mostrado que cada persona tiene
su propio ritmo y forma de aprender. La paciencia que he cultivado en mi vida
personal se refleja en mi práctica docente, donde acompaño a mis estudiantes no
solo en su aprendizaje académico, sino también en su desarrollo emocional.
En mi trayectoria profesional, he aprendido que la docencia es mucho más que un
trabajo: es una vocación que exige compromiso, creatividad y amor por los demás,
esto. Cada experiencia vivida en el aula ha fortalecido mi capacidad para
adaptarme a situaciones diversas y mi disposición para buscar siempre lo mejor
para mis estudiantes. El aula no solo es un espacio de enseñanza, sino un
laboratorio de vida donde se construyen relaciones, se resuelven conflictos y se
celebran logros. Es ahí donde encuentro un propósito que da sentido a mi
existencia.
Como docente, mi identidad se enriquece al interactuar con estudiantes, colegas y
familias. Me reconozco como un puente entre el conocimiento y las experiencias
de vida, alguien que busca sembrar en los demás las herramientas para
transformar sus propias realidades. En cada proyecto que diseño, en cada
actividad que facilito, llevo conmigo las lecciones que he aprendido en mi propia
vida, creando conexiones significativas que trascienden las paredes del aula.
La relación entre estas tres esferas me dice que soy una persona que encuentra
en la docencia un espacio para proyectar lo mejor de sí misma. Ser docente me ha
enseñado a ser más humana, más consciente de las necesidades de los demás y
más dispuesto a trabajar por un futuro mejor. Mi esencia está en ese equilibrio
entre lo personal y lo profesional, en la capacidad de aprender de mis experiencias
y en el deseo de compartir ese aprendizaje con quienes me rodean. Cada día, mi
existencia se enriquece con las historias, los logros y los desafíos de quienes
pasan por mi aula, recordándome que ser maestra no solo es lo que hago, sino lo
que soy.
¿Qué consideras que significa identidad docente a partir de la colectividad?
La identidad docente se define por mi compromiso con la educación inclusiva y mi
pasión por el aprendizaje continuo. A lo largo de mi carrera, he integrado mis
conocimientos, destrezas, habilidades y valores para crear ambientes didácticos
basados en el respeto y colaboración en el aula.

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