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Economia y Politica de La Concentracion urbanaDD

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Economia y politica de la csncentracih

urbana en Chile
PROGRAMA DE INVESTIGACIONES SOCIALES SOBRE
POBLACION EN AMERICA LATINA
Guillermo Geisse Grove

Economia y politica
de la concentraci6n urbana
en Chile

EL COLEGIO DE MEXICO-PISPAL
Primera edici6n ( 1 000 ejemplares), 1983
0 PISPAL-El Colegio de Mexico
Camino a1 Ajusco, 20
10740, Mexico, D.F.
Impreso y hecho en Mexico-Printed and made in Mexico
ISBN 968-12-0211-2
Indice
Pr6logo 11

Introducci6n 13

I. LOS PREJUICIOS ANTICONCENTRACI~NURBANA 21


Critica a las tesis anticoncentracibn urbana 27
11. ESQUEMA CONCEPTUAL PARA EL ESTUDIO DE LA 45
CONCENTRACION URBANA

III. AUGE PRIMARIO-EXPORTADOR Y CONCENTRACI~NURBANA 65


A. Origen "regional" del capital industrial urbano 67
B. Expansi6n minera como factor de concentraci6n urbana 74
C. Expansi6n agricola como factor de concentraci6n urbana 87
D. La ampliaci6n del mercado interno 98
E. El Estado oligirquico y la concentraci6n urbana 108

w. I N D U S T R I A L I Z ~ C I ~SUBSTITUTIVA
N (I.s.) Y LA
CONCENTRACION URBANA 115
El legado de la industria originaria en la concentracibn urbana
durante la industrializaci6n substitutiva 117
De la crisis comercial a la hegemonia politica del capital
urbano-industrial 125
Desarrollo de la industria y el sector mercado interno 129
El rol econ6mico del Estado i 36
Problemas y crisis en el desarrollo de la industrializacion
substitutiva 143
Industrializaci6n substitutiva y concentraci6n en 10s
ai io^ 1970-1973 150
v. EFECTOS DIRECTOS DE LA INDUSTRIALIZACI~N
SU~STITUTIVA
EN LA CONCENTRACIONURBANA Y EN LA RELACION CAMPO
CIUDAD 157
La ciudad industrial moviliza herza de trabajo rural 158
La relaci6n campo ciudad y las migraciones 164
7
INDICE 8

El sistema nacional de centros urbanos 179

VI. LA TRANSNACIONALIZACION ECONOMICA Y LA


CONCENTRACION URBANA 197
Efectos socioespaciales previsibles del modelo de
internacionalizacih econ6mica 212
Efectos sobre la cmcentraci6n urbana 227
Notas Finales 23 1

Anexo estadistico 237

Bibliografia 255
ABREVIATURAS

SME - Sector mercado extern0


SMI - Sector mercado interno
SS - Sector subsistencia
IS - Industrializacih substitutiva
RA - ReformaAgraria
C P - Centro-periferia
APS - Area de propiedad social
DE - Diversificaci6n de explotaciones
Pr6logo

Este libro es el resultado de un trabajo de equipo en el que tuvieron partici-


paci6n destacada el economista Mario Valdivia y el soci6logo Felipe Agiiero.
Sin sus aportes no me habria sido posible dar cuenta de 10s aspectos econ6-
micos y sociol6gicos del tema abordado en 61.
La parte sustantiva de la preparacih del primer borrador la realici el afio
1979 durante una estadia como investigador invitado en el Massachussetts
Institute of Technology, MIT, y en el University College de la Universidad de
Londres. A mis colegas y alumnos de ambas instituciones les debo un agrade-
cimiento especial por sus sugerencias y criticas en seminarios y charlas en las
cuales tuve la oportunidad de presentar muchas de las ideas contenidas en el
libro.
Hago extensivo mi reconocimiento a1 Instituto de Desarrollo Urbano de la
Universidad Cat6lica de Chile en la cual realizo mi labor acadimica permanen-
te desde el aiio 1966 y del cual he recibido un apoyo generoso y abierto.
Las ideas y proposiciones sobre el proceso de concentracibn urbana conte-
nidas en este libro no pretenden constituirse en verdades absolutas ni mucho
menos. Es una manera de interpretar este fenbmeno, que no todos compar-
ten, y debe ser entendida como un aporte a1 debate entre acadimicos con di-
ferentes enfoques sobre 10s aspectos aqui tratados. Por lo mismo, 10s conteni-
dos del libro, de ser utilizados con fines de enseiianza, deben ser contrastados
con aportes provenientes de corrientes te6rico-metodolbgicas alternativas o
complementarias. Pienso que en el campo de 10s estudios urbanos, como en
muchos otros, el conocimiento surge renovado de la discusi6n libre entre PO-
siciones intelectuales diferentes frente a un determinado problema.
Debo un reconocimiento especial a la Fundaci6n Simon Guggenheim de
Nueva York. Una beca para estudios avanzados, concedida por esa Fundacibn,
me permiti6 concentrarme en la preparaci6n del primer borrador durante el
period0 entre abril de 1978 y marzo de 1979. Iguales agradecimientos 10s
hago extensivo al Programa de Investigaciones Sociales sobre Poblaci6n en
AmCrica Latina, PISPAL, el cual contribuy6 con financiamiento, valiosas su-
gerencias y con el arduo proceso de poner el borrador final en la forma de un
libro.

Guillermo Geisse G.
Santiago de Chile
Marzo 1981
11
Introducci6n

Esta investigaci6n se centra en el estudio de la interrelacibn entre desarrollo


econ6mico y urbanizacibn en Chile y destaca aquellos problemas cuyo escla-
recimiento resulte mas Ctil para la formulaci6n de politicas nacionales de des-
arrollo urbano-regional y de distribuci6n espacial de la poblaci6n.
Es comun que 10s planificadores urbano-regionales de AmBrica Latina, en-
frentados a las interrogantes que presenta este tema, se orienten te6ricamente
por lo que diferentes autores -urbanistas, economistas regionales, dem6gra-
fos- han propuesto bajo la forma de tesis o paradigmas. Gran parte de estas
tesis, se refieren directa o indirectamente a la concentracih urbana y, las mis
influyentes de ellas, se caracterizan por una posicih contra la gran ciudad. De
estas tesis se desprenden otras, presentando todas elias una caracteristica co-
mCn: un sesgo espacialista que destaca las divisiones y relaciones espaciales
por sobre las sociales en el desarrollo econ6mico.
La visi6n espacialista del desarrollo econ6mic0, se afirma en la idea de que
la planificacih urbano-regional debe asumir acriticamente las estrategias o
planes globales de desarrollo. A1 planificador urbano y regional, le correspon-
deria atender a la regionalizaci6n de dichos planes o estrategias, a la vez que
asumir como propios de su disciplina, 10s objetivos redistributivos de 10s pla-
nes generales rara vez logrados. Se ha ido formando asi a travCs de la prictica
de la planificaci6n, la concepci6n de una cierta indivisibilidad entre 10s objeti-
vos de redistribucih espacial y social del desarrollo.
El demiacionismo espacial tiene, junto a la propia prictica profesional, una
explicaci6n ideolbgica. Con frecuencia se presenta el desequilibrio espacial
como bandera de lucha contra el estilo de desarrollo dominante, sin que ocu-
rra ni se arriesgue nada. Nadie se siente afecfado en sus intereses frente a afir-
maciones tales como “la ciudad explota al interior”, o como “la ciudad explo-
ta a1 campo”. Mas a h , las politicas basadas 3n tales tesis que han logrado im-
plementarse con &to en cuanto a correcLiones espaciales, comlinmente lo
han hecho acentuando las diferencias sociales. Ejemplo de ello son muchas
politicas de modernizaci6n agricola.
13
14 INTRODUCCION

Este trabajo se propone, entre otros objetivos, rediscutir la validez de estas


tesis generales en el cas0 chileno. Ellas han tenido una difusibn tan grande en
la planificaci6n urbano-regional de Amkrica Latina, y han orientado de tal
manera el disefio de politicas a este respecto, que se hace necesario exponerlas
aqui de un modo sumario y critico.
Como el a d i s i s historic0 que se desarrolla en este estudio ira mostrando
resultados diferentes de 10s que proponen las tesis, refutindolas, se ha crei-
do conveniente presentarlas al inicio del trabajo. De este modo, se podri ir
vinculando en el transcurso del texto, el andisis de un cas0 concreto como es
el chileno, con las problemiticas generales que tradicionalmente se han venido
planteando 10s planificadores regionales.
La secci6n I, inicia el trabajo con un intento por sistematizar el contenido
que ha caracterizado el desarrollo de las principales tesis anti-concentracibn
urbana. Se las somete, al mismo tiempo, a una discusion critica.
En la seccion 11, se propone un esquema conceptual para el estudio de la
concentraci6n urbana, con menos pretensi6n de lo que seria propiamente un
marco te6rico. Mas que sumarse a la tendencia de proponer paradigmas alter-
nativos que intentan modificar 10s efectos especiales del desarrollo econ6mi-
co, el esquema sugiere avanzar en la explicaci6n de sus contradicciones en las
cuales se ubican las camas de tales efectos. Las contradicciones en que se
pone atenci6n son aquellas en las cuales el espacio y en particular la concen-
traci6n urbana, son factores que intervienen en la acumulacibn, en la repro-
ducci6n social y en la eventual transfonnacion de las estructuras sociales.
De este modo, el marco conceptual se propone como un modo integral y
alternativo a las tesis para el estudio de la concentracih urbana. Su mayor o
menor validez se desprenderh de su capacidad para dar cuenta en profundidad
de loa factores subyacentes en las tendencias espaciales en un cas0 historic0
concreto como el que se analiza aqui.
El esquema comienza por separar qut es desarrollo econ6mico bajo la 16gi-
ca de la acumulacion y reproducci6n capitalista, y que debiera ser el desarro-
110 s e g n 10s diferentes valores Cticos e ideologias que inspiran la planificaci6n
del desarrollo urbano y regional.
Se adopta el punto de vista -planteado por algunos autores- de que des-
arrollo econ6mic0, dadas ciertas condiciones, no es necesariamente incompa-
tible con capitalism0 monop6lico y dependencia, aunque en dos sentidos se
aparta de 61. Uno, respecto de la sugerencia de que esas condiciones s610 esta-
rian dadas en 10s paises de grandes mercados internos, como Argentina, Brasil
y MCxico. Se sostiene en cambio que, en presencia de otras condiciones, la
tesis es aplicable a paises cuyo potencial de desarrollo proviene mis de su
dotaci6n de recursos naturales que del tamaiio de su mercado interno. Chile
se ubica dentro de este tip0 de paises.
El esquema adoptado aqui, se distingue tambiCn al incorporar factores se-
leccionados por su relevancia en la explicaci6n de las interrelaciones entre des
1NTRC)DUCCION 15

arrollo econ6mico y la organizaci6n y formas de ocupaci6n de 10s territorios


nacionales articulados por 10s sistemas urbanos.
Se adopta adembs, la proposici6n de que el desarrollo capitalista, bajo re-
laciones de dependencia, se ve fuertemente afectado por las formas que asu-
men las relaciones entre el sector mercado extern0 (SME), el sector mercado
interno (SMI) y el sector de subsistencia (SS). Como lo ha comprobado P.
Singer, estas categorias contribuyen a explicar 10s cambios en la organizaci6n
y us0 de 10s espacios nacionales por requerimientos del desarrollo en econo-
mias de origen neo-colonial. Se acepta tambiCn la hipbtesis de Singer de que
el desarrollo econ6mico en economias dependientes, se inicia con la ruptura
estructural a partir de la cual la demanda interna se ezpande independizando-
se, relativamente, del SME. Per0 se impugna la afirmaci6n alli incluida de que
tal expansi6n s610 ocurre con la industrializacibn sustitutiva (IS). El esquema
sugiere, en cambio, que bajo ciertas condiciones naturales, econ6micas, socia-
les y politicas, el SME puede actuar como agente dinamizador de la demanda
interna y generar desarrollo econ6mic0, mas a6n si la apertura externa sobre-
viene despds de la etapa de IS.
Sajo la orientaci6n de esta hipbtesis, se propone el anfisis de la relaci6n
entre 10s SME, SMI y SS a la luz de 10s factores que son determinantes de la
capacidad de las economias locales para internalizar 10s impulsos del SME, en
paises pequeiios y medianos. Estos factores se clasifican en cuatro categorias:
factores naturales (dotacion de recursos naturales, forma, tamaiio y zeografia
del pais), economicos (nivel de desarrollo del capitalism0 al momento de pe-
netrar en la economia local, origen del capital, tamaAo de 10s mercados inter-
nos), factores sociales (estructuras de clases y relaciones sociales de produc-
ci6n) y politicos (entre 10s cuales se destaca el rol del Estado en el encadena-
miento de 10s SME y SMI).
Finalmente, el esquema determina 10s distintos periodos y coyuntu-as en
10s que tiene lugar el desarrollo hist6rico de la concentracibn urbana s<-g:’::ila
forma en que se ordenaron en ellos 10s elementos considerados te6ricamente
relevantes. El estudio hist6rico se inicia con el periodo del zuge primario-ex-
portador a partir del cual el desarrollo de la producci6nSmercantil,la divisih
del trabajo y la especializacion econbmica, provocan la aparicibn de la catego-
ria de urbanizacion como un aspect0 imyrescindible en el andisis de 10s pro-
cesos sociales y econ6micos.
La seccibn 111, analiza el proceso por el cual el conjunto de centros urD3-
nos chilenos, se integr4 formando un sistema urbano nacional durante el pe-
riodo primario exportador, bajo una economia abiertamente dominada por el
SME y la que algunos autores han denominado dc crecimiento “hacia afuera”.
Durante este periodo, el proceso de urbanizacih alcanz6 ritmos tan elevados
como durante el periodo de industrializacibn y fuC gradualmente asumiendo
una conformaci6n altamente concentrada en Santiago.
Ambos procesos, el de urbanizacih y el de concentracibn, en Santiago estu-
vieron estrechamente vinculados a la expansi6n del SMI, expansion que se ex-
16 lNTRODUCCION

plica en virtud de una serie de factores cuya combinaci6n asume caracteristi-


cas muy particulares en el cas0 chileno. La mis relevante para el objeto de la
investigaci6n, fue la gran capacidad de la economia local para internalizar 10s
impulsos del auge exportador. En la explicaci6n de este fenbmeno, se desta-
can 10s factores naturales (dotaci6n de recursos, forma del pais, etc.) que con-
tribuyeron a la incorporacion de casi la totalidad del territorio nacional a la
divisi6n internacional del trabajo; factores econbmicos como 10s cambios en
la agricultura (por la presi6n de la demanda externa primero, y por la deman-
da de la mineria de exportaci6n despuks), que explican el gran volumen de 10s
flujos migratorios rural-urban0 y otros cambios tales como el desplazamiento
del capital nacional por el capital internacional en la mineria, desde el SME de
localizaci6n regional al SMI de localizaci6n urbana; factores sociales como es
el cas0 de la temprana unificaci6n de las diferentes fracciones de la oligarquia
en torno a intereses comunes vinculados a la exportaci6n; y la fuerza politica
que dicha unidad otorg6 a la oligarquia para retener parte importante del ex-
cedente del SME por mediaci6n del Estado. El rol del Estado se destaca como
factor clave en la explicaci6n de las acentuadas tendencias hacia la concen-
traci6n urbana en Santiago durante el period0 primario-exportador, en parti-
cular al fin de kste con el auge salitrero.
La secci6n IV, trata el impact0 de la industrializaci6n sustitutiva en 10s
procesos de concentracibn urbana y la relaci6n campo-ciudad. La investiga-
ci6n hace 6nfasis en la transici6n del modelo primario exportador al de IS,
diferenciando 10s elementos estructurales del primero que mantuvieron su vi-
gencia en las transformaciones sectoriales, sociales y espaciales. De esta forma,
la elevada concentraci6n espacial de la industria, se explica por factores eco-
n6micos presentes en su mismo origen (concentracibn econbmica, dependencia
del capital comercial monop6lico, fuerte participacibn del capital internacio-
nal, su reducci6n a1 sector mercado interno y en la producci6n de bienes de
consumo final); por factores sociales o diversificacibn de la estructura social
urbana, por crecimiento de sectores medios y populares que ante la crisis co-
mercial jugaron un papel clave en la implantacibn de la politica de IS hegemo-
nizada por el capital industrial. En cuanto a 10s factores politicos, se pone es-
pecial acento en la contradiccibn politica del modelo IS enfrentando al Esta-
do a la necesidad de compensar al capital industrial debilitado econ6micamen-
te por su marginacibn del SME, y por responder desde temprano a las deman-
das de la masa trabajadora urbana organizada.
Por Gltimo, se analizan las intervenciones indirectas (arreglos instituciona-
les) y directas (inversiones en infraestructura social y econ6mica) del Estado
en favor de la industrializacion y sus efectos en la formaci6n de un mercado
interno altamente concentrado en Santiago, provocado ademis por el despla-
zamiento de capitales y poblaci6n desde 10s sectores primarios (regiones) al
sector industrial manufacturer0 (Santiago).
En la secci6n V, se examinan 10s efectos espaciales directos de la IS en la
concentraci6n urbana y en la relaci6n campo-ciudad. Se sostiene que la movi-
INTRGDUCCION 17

lizaci6n masiva de fueaa de trabajo desde el campo y ciudades regionales a la


ciudad de Santiago, lejos de ser la causa del estancamiento economico, con-
tribuy6 a elevar la productividad de la economia general. Contra lo a f m a d o
por varios autores, se argumenta que la migraci6n hacia Santiago fue menor
que lo que hubiera podido esperarse si se atiende a 10s excesos de poblacibn
que a ~ permanecieron
n en el campo. Aceptando que el estancamiento agrico-
la durante la IS fue causa de expulsi6n de fuena de trabajo del campo, se
analiza el efecto diferencial de dicho estancamiento entre las distintas clases
sociales. La explicaci6n se ubica en las relaciones de poder que permitieron a
las fracciones dominantes, utilizar al EstPdo para compensar al latifundio por
el deterioro de 10s precios agicolas provocando con est0 recaer sobre la masa
del campesinado 10s costos sociales de la IS. La reforma agraria (RA), realiza-
da treinta afios despuis de iniciada la IS, es examinada en el mismo context0
que 10s cambios en las relaciones de poder como resultado de la presi6n del
capital industrial por expandir la demanda interna. No obstante sus logros,
dentro de 10s limites impuestos por el marco institucional prevaleciente de la
economia de mercado, se sostiene que la RA no logro avances sustantivos en
cuanto a reducir la diferenciacibn agricola ni 10s flujos migratorios de las re-
giones hacia Santiago.
A1 terminar la seccih, se examinan 10s efectos de la IS en la division del
trabajo entre Santiago y las regiones agrarias y sus conseoiencias en el sistema
nacional de centros urbanos. Se destaca que junto al aumento de la concentra-
ci6n de poblaci6n en Santiago, tambiBn aumento la proporcibn de la pobla-
ci6n que vive en ciudades medianas regionales y disminuyo la de 10s centros
menores y villorrios. En el anilisis de las formas que asumen 10s subsistemas
regionales de centros organizados en torno a las ciudades intermedias, se
concluye que Cstas son funcionales a la diferenciacibn agricola, contribu-
yendo a ella.
La secci6n VI, analiza la ruptura radical con el modelo de desarrollo indus-
trial protegido. Esta seccion, recoge de la anterior 10s elementos de la crisis
global del modelo econ6mico y politico previo y enfatiza la importancia de
10s dtimos desarrollos a nivel del sistema capitalista mundial como elementos
que dieron viabilidad a la imposici6n del esquema de internacionalizaci6n eco-
nomica. En particular, se destaca el proceso de transnacionalizacion del capi-
tal y su coordinacion bajo la Bgida del capital financier0 internacional. Este
marco permite comprender mejor el caricter de la reinsertion de la economia
chilena en el capitalism0 mundial y 10s efectos que las estructuras externas
imponen sobre 10s ordenamientos econ6micos y politicos espaciales internos.
El caricter simultineamente radical y reciente de las transformaciones que
se operan desde 1973, obligaron a perfdar 10s elementos centrales de la politi-
ca de internacionalizaci6n econ6mica. De esta manera, se pudieron destacar
sus principales tendencias y constatar algunos de sus avances ya cristalizados
con el inimo de derivar sus implicaciones espaciales.
Se a f m a que la politica de internacionalizaci6nYha puesto en evidencia el
18 INTRODUCCION

desarrollo de la economia chilena como campo de atracci6n para el gran capi-


tal intemacional, basado en la potencialidad exportadora de sus recursos natu-
rales y como campo de inversi6n fmanciera.
A1 mismo tiempo, se discuten las posibilidades de desarrollo de alguna ac-
tividad industrial de exportacidn y 10s mzirgenes de expansi6n de actividades
productivas orientadas a1 mercado intemo. De esta manera, se advierte que el
sector de mercado extern0 constituye la base dinimica del desarrollo econ6-
mico y que contribuye a la expansi6n de la demanda interna, dando lugar a
un juego de posibilidades que pueden o no resultar en la expansi6n de cierta
capacidad productiva industrial.
Desde el punto de vista espacial, se sostiene la hip6tesis general de que el
modelo vigente mantendri las tendencias a la concentracion urbana y a la ur-
banizaci6n creciente. El desarrollo de sectores de exportation modernos y
productivos en la agricultura y el sector forestal, desatarin migraciones rural-
urbanas algunas de las cuales se retendrin regionalmente mientras la mayoria
seri absorbida por Santiago. El norte robusteceri su caricter urbano, aunque
sin atraer migraciones.
Se argumentari, en suma, la acentuacibn de la divisi6n regional del trabajo,
en base a una mayor especializaci6n econ6mica de las regiones exportadoras
del norte y sur del pais, y una expansi6n aun mis acelerada y diverisificada de
la actividad econ6mica en el centro del pais. En Cste, se asume la hipotesis de
la ampliaci6n territorial del k e a metropolitana de Santiago por efecto del cre-
cimiento demogrifico y anexi6n de ciudades y regiones circunvecinas.
En el marco del andisis de 10s efectos espaciales directos del modelo, igual
que en las secciones precedentes, se abordan hip6tesis sobre el desarrollo del
sistema nacional de centros y la relacion entre el campo y la ciudad.
Este trabajo, al abordar el fen6meno de la concentracihn urbana en Chile, se
propone envolver en un solo movimiento 10s aspectos sociales, politicos y
econ6micos del desarrollo con 10s aspectos espaciales. En la imbricacion de
ambos tipos de factores, se pretende encontrar 10s elementos explicativos del
fen6meno en estudio. De esta manera, el estudio se deja de 10s propbsitos pa-
radigmiticos o normativos que han animado las tesis anti-concentracibn urba-
na, a1 mismo tiempo que refuta sus fundamentos frente a1 anfisis de un cas0
concreto. Este an&& se orienta por un marco conceptual diferente.
No ha sido necesario, por tanto, hacer ieferencia permanente a esas tesis en
el curso del trabajo, ya que podri distinguirse con claridad aquella que est6
en discusi6n.
Sin embargo, vale la pena advertir que la visi6n de totalidad con que el es-
quema conceptual ha intentado orientar la investigacion, puede parecer a ra-
tos disgregada. En verdad, la exposici6n del trabajo, a travis de 10s distintos
periodos que cubre, incorpora 10s diferentes elementos analiticos que concu-
rren finalmente a una explicaci6n global. AI tratar estos distintos elementos
en forma de exposicion, seri dificil encontrar en cada uno de ellos la integra-
ci6n 6ptima que sugiere una perspectiva global. En parte, est0 se debe a las
INTRODUCCION 19

exigencias analiticas y a las dificultades para experimentar con una forma de


enfocar el fenbmeno distinta de las tradicionales; y en parte tambiin, a causas
que deberLn buscarse en las propias limitaciones del autor.
I. Los prejuicios anticoncentracih urbana

La literatura de las disciplinas que por tradici6n se han centrad0 en la variable


espacial y de aquellas que mis recientemente la han incorporado en sus estu-
dios y recomendaciones de politica, esti inundada de prejuicios anti-gran civ-
dad. Estos, no son patrimonio de una determinada ideologia sino, por el con-
trario, son compartidos por portavoces de las corrientes tebrico-ideolbgicas
mis diversas e incluso contrapuestas. Se mansestan, explicita e implicita-
mente, en toda la variada gama de actividades acadbmicas: docencia, investiga-
cidn y extensibn (seminarios, foros, conferencias, etc.).
La crftica a la concentracibn urbana, no tardb en dejarse sentir en la pricti-
ca de la planificacibn urbana y regional asi como en la discusibn de politicas
sobre distribucibn espacial de la poblaci6n. La gran mayoria de estos planifi-
cadores ha encontrado en ella su principal fuente de respaldo tebrico para 10s
esquemas de descentralizacibn regional sin discutir su aplicabilidad a realida-
des concretas ni a nivel Regional ni a nivel de cada pais. A este respecto, Chile
no ha sido una excepci6n y s i es, en cambio, particularmente revelador como
cas0 por dos razones: primero, porque es el pais donde la prictica de la plani-
ficaci6n urbano-regional tuvo el mayor desarrollo de la regibn y, segundo,
porque en este pais 10s esquemas de descentralizacibn regional han sido pro-
bados en tres gobiernos sucesivos con diferentes signos politico-ideolbgicos.
En efecto, muchas de estas tesis reflejan incomprensiones acerca del cario
ter del desarrollo econiPmico en Chile asi como juicios superficiales respecto de
las relaciones que existen entre 10s procesos de distribucibn espacial de la
poblacidn y de desarrollo econbmico. Algunas pecan de “formales”, en el sen-
tido de que asumen las formas de ocupaci6n y us0 del espacio como “variable
independiente” y procuran examinarla en funcidn de diversos criterios a
“priori” de optimalidad. Otras son mdiestamente errdneas en lo que respec-
ta al andisis de 10s nexos que existen entre ambos procesos.
La planifkacibn urbano-regional en Chile, a l igual que en otros pafses de
Am6rica Latina, bus& identidad vinculando lo espacial con objetivos de equi-
dad social. En efecto, desde su inicio, la priictica de la planificacibn regional
21
22 GUILLERMO GEISSE

en AmCrica Latina se ha identificado plenamente con 10s objetivos de equidad


de 10s planes de desarrollo economico, al mismo tiempo que se ha propuesto
reducir las disparidades regionales cuyo origen se ubica en la concentracibn
urbano-regional “excesiva”. Esta supuesta asociacibn, esti profundamente
arraigada en 10s esquemas de planificaci6n urbano-regional sin que se haga
distinci6n entre grados de desarrollo, factores historicos y naturales ni entre
grados de concentracibn urbana. Los planificadores e s t h tan inquietos frente
a una concentraci6n urbana en Honduras con una ciudad principal de 300.000
habitantes, como frente a ciudades de 12 a 14 millones de habitantes como es
el cas0 de MCxico y Brasil.’
Hasta fecha muy reciente, lo usual de la planificacion urbana y regional era
la aceptaci6n acritica o resignada de las estrategias globales y politicas nacio-
nales de desarrollo economico como el marco dentro del cual se inserta la pla-
nificacion regional. En lo formal, no hay incompatibilidad de principios entre
ambos niveles de planificaci6n puesto que no hay estrategia global de desarro-
110 que no incorpore objetivos de equidad. Ad, las politicas regionales acogen
las instrucciones de la planificaci6n global cuando estas son explicitas o tratan
de interpretar sus efectos espaciales cuando estos no son clarificados o adver-
tidos por la planificacion global o sectorial.
Durante 10s idtimos aiios, se ha notado un vuelco en la postura de la pla-
nificaci6n urbano-regional quizi debido a la falta de logros en cuanto a sus
objetivos declarados de descentralizacih y de equidad social! Un n ~ m e r o
creciente de planificadores e investigadores, ahora toman una posici6n de
cuestionamiento ante las propias estrategias globales -antes asumidas como da-
toss, o de 10s estilos de desarrollo dominantes. Estos impondrian restriccio-
nes demasiado rigidas y apuntarian hacia objetivos reales incompatibles con
10s de eficiencia a largo plazo (por ejemplo, la preservaci6n de 10s recursos na-
turales para proximas generaciones) y de equidad de corto plazo (por ejem-
plo, la satisfacci6n urgente de las necesidades bisicas de toda la poblacih)
que la planificaci6n ha hecho suyos.
Se trata de un vuelco en el discurso de la planificaci6n urbano-regional que
no puede mantener su prictica indefinidamente sin resultados quC mostrar asi
sea, a 10s propios planificadores. El cambio en el discurso, sin embargo, no
garantiza que en 5 a 10 aiios mis, la situacibn no se repita con nuevas sesiones
de autocriticas provocadas por el desencantamiento de 10s mismos que hoy

1 Esto demuestra que en realidad, la planificacibn regional esti mis inquieta pox 10s
“desequilibrios” del crecimiento industrial con estancamientos agrkolas que por la con-
centracibn en s: misma Tal desequilibrio existe en pricticamente todos 10s paises y si
bien es una preocupacibn justa, esta pierde fuerza de conviccibn al ser asociada univoca-
mente con la concentracibn urbana.
2 La mis completa evaluacibn critica de la planificacibn urbaneregional practicada
en la regibn durante la dkcada de 10s sesenta, es la que ocurrib en el Seminario sobre Ex-
periencias de la Planificacibn Regional en Amkrica Latina, de Ilpes, Vifia del Mar, 1972.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA COKCENTRACION URBANA 23

ofrecen estrategias y paradigmas de reemplazo. Ya ha ocurrido antes y una


voz de cautela parece aconsejable frente a las estrategias alternativas mis
populares entre 10s planificadores regionales las que se ofrecen como marco
en el cual las estrategias regionales debieran insertarse. Las estrategias de des-
arrollo alternativas que han surgido como las mis populares entre 10s planifi-
cadores regionales son dos: un primer tipo de estrategia es la que supedita
cualquier esfuerzo de planificacibn regional a la cancelaci6n del sistema capi-
talista dependiente (Quijano; 1973, Frank; 1968) y que da por supuesta la
existencia de fuerzas sociales suficientemente consolidadas para encabezar la
lucha por transformaciones socialistas (Castells ;1973, Frank; 1968). La inter-
pretacidn tebrica detris de esta postura es que el desarrollo es incompatible
con el capitalism0 monopblico y dependiente, caracteristico de la regibn.
Un segundo tip0 de alternativas deja entrever que el supuesto de que 10s
cambios deseados en las estrategias de desarrollo son materia de decisibn tCc-
nica (Gilbert; 1979, Stohr; 1979). Esta posici6n se refleja, primero, en que la
critica a las estrategias vigentes se concentra en 10s ticnicos que se supone son
sus autores o en 10s aspectos tbcnicos exclusivamente. Las estrategias de des-
arrollo vigente se juzgan y critican en funcibn de determinados criterios de
bptimo, arbitrariamente fijados por 10s planificadores regionales. En seguida,
se proponen estrategias alternativas que conducirian a 10s objetivos sociales
antes negados como si para su implementacibn s6lo bastara ganar en el debate
intelectual y convencer entonces a 10s tCcnicos de la burocracia gubernamen-
tal.
Asi, por ejemplo, las tendencias de concentracibn urbana y acentuacibn de
las disparidades regionales es atribuida a la estrategia de industrializacibn por
sustitucidn de importaciones cuyo autor seria Prebisch o Cepal. Tras la criti-
ca, algunos autores sugieren estrategias alternativas de desarrollo rural integra-
do, por ejemplo, de diferentes modalidades yjo de diversificaci6n de exporta-
ciones. Ni en unas ni en otras se identifican, y menos se evalfian, las fuenas
sociales en condiciones de proponerlas y llevarlas a cab0 conforme a 10s obje-
tivos sociales que 10s planificadores ven asociados a ellas. Cuando las estrate-
gias de desarrollo rural y de diversificacibn de importaciones se han realizado,
no es seguro y ni siquiera probable que provoquen la desconcentracibn urba-
no-regional esperada, a6n cuando a nivel oficial asi se proclame. Si por efectos
de una estrategia de diversificacibn de exportaciones basada en el desarrollo
de las exportaciones de materias primas, se produce desconcentracibn, esta no
implica necesariamente avanzar en 10s objetivos sociales. Por el contrario, ta-
les estrategias suelen imponerse bajo esquemas politicoeconbmicos cuyo cos-
to social es descargado en 10s m6s pobres.
En suma, la voz de cautela se justifica ante el vacio histbrico-social en el
cud se levantan las estrategias alternativas de desarrollo mis populares y con
m k influencia en la planificaci6n urbano-regional. Se trata de estrategias o
paradigmas de desarrollo de una utopia que, cuando es consciente, no entrega
orientaciones y guias para conducir 10s procesos de cambios conforme a 10s
24 GUILLERMO GEISSE

propios objetivos de sus autores. No parece existir una interpretacibn rigurosa


y cientifica del proceso de desarrollo ni un esfuerzo por despersonalizar el
compromiso moral del planificador hacia objetivos sociales. Para esto ultimo
seria necesario poner el instrumental de la planificaci6n urban0 regional al
servicio de fuerzas sociales en condiciones de hacer suyos tales objetivos en la
esfera politica.
La eficacia de una estrategia de desarrollo urbano-regional que proponga
como objetivo la transformaci6n de situaciones sociales dependeri del grado
en que se den dos condiciones: la primera de ellas es que el diseiio de la mis-
ma corresponda a una interpretacibn cientifica de la realidad histbrico-social
en la cual se producen 10s problemas regionales que se pretenden afrontar. La
segunda es su viabilidad politica, es decir, la existencia de fuerzas sociales
organizadas que estBn dispuestas a adoptarlas como propias.
En cuanto a la primera condicibn, es precis0 ponerse de acuerdo respecto
al concept0 de desarrollo a utilizar. Este, no tiene que ver con una determina-
da imagen social 6ptima deseada para el futuro en funci6n de apreciacioncs
personales valorativas. Por el contrario, cuando hablamos de desarrollo nos
referimos a aquel que ha condicionado nuestra historia y aquel dentro del
cual se desarrolla nuestra prdctica social y profesional hoy dia. El desarrollo
econ6mico basado en la acumulacibn privada es capaz de integrar en una sola
estructura de dominaci6n a organizaciones originariamente no capitalistas,
generando y beneficihdose de la desigualdad, reproducikndola a niveles cada
vez mis elevados, con crecimientos absolutos y en frentes cada vez mis am-
plios. Se trata de un desarrollo inherentemente ciclico, inestable y generador
de profundos desequilibrios sociales, sectoriales y regionales. A pesar de todas
las criticas que pueden hacerse a estas caracteristicas, en eso consiste y eso es
el desarrollo capitalista.
Algunos portavoces de las estrategias utbpicas ya sea revolucionarias o tCc-
nico-distribucionistas, tienden a confundir la critica socialista al capitalism0
con la falta de viabilidad de Bste. No porque no nos guste un tipo de desarro-
llo en el cud el desequilibrio y la desigualdad son normales, Bste es poco via-
ble. Y no es por el s610 hecho de que proyectemos nuestros deseos en la reali-
dad que Bsta va a cambiar.
Bajo el desarrollo capitalista, 10s problemas regionales aparecen como tales
cuando se constituyen en barreras a la acumulaci6n. Estas barreras se expre-
san en cuatro formas diferente~:~
1) Cuando el grado de concentracih urbana es tal que las grandes empre-
sas y 10s consumidores de altos ingresos no pueden evitar pagar o dejar de
absorber parte de 10s costos sociales de la congesti6n. contaminaci6n y costos
de la tierra urbana; o cuando una excesiva dispersibn de la poblacibn rural di-

3 Fomns sugeridas por J. L. Coraggio, en la Comisi6n 2 del Seminario Estrategias


Nacionales de Desarrollo Regional, ILPES,Bogota, septiembre de 1979.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 25

ficulta la integraci6n de poblaciones rurales y perif6ricas a 10s mercados in-


dustriales.
2) Cuando 10s sectores sociales hegem6nicos visualizan a 10s sectores mar-
ginalizados del campo y de las ciudades como “clientelas politicas” cuyas
reivindicaciones econ6micas inmediatas y aspiraciones de participacibn politica
conviene satisfacer a fin de asegurar la estabilidad de largo plazo del sistema.
La limitaci6n de la participacibn a “lo espacial” (regional, urbano, vecinal) y
a las necesidades de consumo colectivo (vivienda, transporte, salud, educe-
c i h , urbanizacion) posibles de atender por el Estado, es funcional al oLjetivo
de estabilizacibn.
3) Cuando, por razones geopoliticas, el problema de la integraci6n y sobe-
rania nacional se manifiesta como una cuesti6n de integraci6n de regiones pe-
rifbricas y/o limitrofes al sistema nacional.
4) Cuando el proceso de acumulaci6n requiere: a) expandir la demanda in-
terns ampliando 10s mirgenes de redistribuci6n del ingreso con cargo a frac-
ciones tradicionales o rentistas del capital (por ejemplo, el sector terratenien-
te) e integrand0 las regiones mis alejadas a trave’s de redes regionales de distri-
buci6n y b) explotar recursos naturales localizados en regiones perifkricas ya
sea para su exportaci6n o para mercado interno.
Segxin Coraggio, en el sistema capitalista la planificaci6n logra anticiparse,
s610 excepcionalmente a 10s problemas espaciales como 10s sefialados arriba.
Interviene cuando se han producido y desarrollado hasta el punto de conflic-
t o entre agentes politicos o clases. Tales conflictos, manifestados espacial-
mente, no afectan por igual a todos 10s sectores sociales. A menudo lo que es
problema para algunos es ventaja para otros. Por ello sobre esta matriz social
contradictoria se hace dificil hablar de estrategias nacionales de desarrollo
sin especificar quidn es el sujeto de tales estrategias.
Los utopistas revolucionarios negarian toda posibilidad de consenso nacio-
nal sobre estrategias de desarrollo al interior del sistema capitalista, al poner
en un solo paquete a regimenes autoritarios y democracias representativas, o
al plantear alternativzs dicot6micas como socialism0 o fascismo. La realidad
social no es tan simple.
En efecto, ha sido posible levantar estrategias de desarrollo nacional en ba-
se a “consensos nacionales” de caricter multiclasista. Aclaramos que se trata
de coyunturas hist6rico-politicas y que el consenso no implica necesariamente
la superaci6n de las contradicciones de clase. El consenso fue posible por el
fraccionamiento de 10s conflictos de clase a lo largo del tiempo y en el espa-
cio, ya sea por razones de t6ctica politica o como resultado de una gradual
maduraci6n de la conciencia de clase de 10s sectores populares. Tambidn es
necesario aclarar que cuando hablamos de estrategia nacional no la entende-
mos como un “proyecto nacional” de desarrollo que incluya todos 10s aspec-
tos de la vida econ6mica, politica y social de una sociedad nacional, y por lo
tanto, un consenso total y de duraci6n indefmida. Una estrategia nacional
suele limitarse a aquellos aspectos de la vida de una sociedad en 10s cuales el
26 GUILLERMO GEISSE

consenso es mds probable de lograr que en otros y sobre 10s que 10s sectores
sociales hegem6nicos puedan levantar objetivos que incorporen a una masa
mayoritaria de la poblacion.
A modo de ejemplo, citaremos la experiencia de dos paises. Panama y
Chile. El gobierno panamefio ha logrado levantar una estrategia de desarrollo
nacional que se confunde con una de desarrollo regional. Su caricter nacional
reside en su capacidad de movilizar a las mayorias nacionales y a la comuni-
dad internacional en torno a un objetivo coyuntural: la naciondizacih del
canal. El logro de este objetivo no resuelve las profundas contradicciones de
clase que seguirh limitando las posibilidades de dar respuesta a sus problemas
urbano-regionales. Conquistado el canal, 10s conflictos en las relaciones socia-
les internas y externas, sumergidos por un tiempo, aflorarhn a la superficie.
Una estrategia de reemplazo no podri soslayarlos por mucho tiempo y si &a
aspira a ser nacional otra vez, deberi descansar en las organizaciones sociales
capaces de mantener viva la participacion popuiar.
Otra experiencia es la de Chile. En este pais se registro una serie historica
de “estrategias de desarrollo nacional”. Las mds recientes son la industrializa-
ci6n por sustituci6n de importaciones (IS) iniciada en 10s aiios 30 y la reforma
agraria (RA) del period0 1964-1973. Si bien la IS fue encabezada por el capital
industrial, ella no habria podido realizarse sin el consenso de vastos sectores
rnedios y de fracciones populares organizadas, marginadas en etapas preceden-
tes. Estos hltimos, incorporados a la vida econdmica y politica del pais, fueron
pieza fundamental para la generaci6n de un nuevo consenso sobre la RA 30
afios despuCs. El caricter de estrategia nacional de la RA se fundamenta justa-
mente en un amplio consenso basado en la libre participacibn politica de todos
10s sectores y en el hecho de que su puesta en marcha implicaba integrar nuevos
sectores sociales como el campesinado, marginado en etapas precedentes.
Si aceptamos las estrategias de desarrollo en torno al Canal, la IS y la RA
como “nacionales” a la vez que como etapas de un proceso de desarrollo capi-
talista, no resulta dificil identificar las tareas de la planificaci6n regional y 10s
rnovimientos sociales a 10s cuales esta puede servir. La IS pus0 en movimien-
to procesos de concentracibn urbana inevitables y por lo demds eficientes en
cuanto a generacion de economias de escalas interna y externa para el capital
industrial. A1 mismo tiempo, abria las puertas a la participacion politica de
amplios sectores rnedios y populares. Por otra parte, el capital industrial, recu-
rriendo a la mediaci6n del Estado, transfiri6 capitales de otros sectores a la
industria y a la ciudad y contribuy6 a la valorizaci6n de la tierra urbana.
Con ello, creo nuevas formas de diferenciacion social a nivel del sistema na-
cional de centros como a nivel intraurbano.
La h i c a planificaci6n urbano-regional viable durante la IS es la planifica-
cion para la concentracion urbana y, atendiendo a 10s objetivos sociales de
planificacion urbano-regional, el problema central a enfrentar por ella es la
distribucion de 10s costos y beneficios de dicha concentraci6n. Es dentro de
este cuadro que hay que evaluar la eficacia de la planificacion urbano-regional
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 21

en coyunturas hist6ricas donde el principal agente inversor es justamente el


Estado y cuando 10s sectores medios y populares alcanzan el mriximo de su po-
der politico.
La planificaci6n urbano-regional durante la IS se dedic6, en cambio, a po-
ner en practica esquemas anti-concentraci6n urbana y, llevada por una equivo-
cada asociaci6n de lo espacial y lo social, se comprometi6 con politicas de
descentralizacion industrial que acentuaron las desigualdades sociales. Cuando
la RA gener6 las condiciones para un desarrollo rural integrado, la planifica-
ci6n urbano-regional se mantuvo al margen de ella, insistiendo en la descen-
tralizacibn industrial. No se puede decir entonces que el sistema capitalista
no da margen de intervenci6n planificada. Existen, en su curso hist6ric0, co-
yunturas en las cuales esto es posible. Su aprovechamiento, sin embargo, im-
pone la necesidad de que 10s planificadores se sacudan de 10s prejuicios que
entraban su labor.

Critica a las tesis anticoncentracibn urbana


En este trabajo, se sostiene la tesis de que el desarrollo economico y la distri-
bucion espacial de la poblacion son parte de un mismo proceso social. Es ne-
cesario partir de este proceso ~ n i c osi se quiere juzgar la distribucibn espacial
de la poblaci6n y, en particular, el proceso de concentration urbana.
Sin embargo, la influencia de 10s prejuicios contra la concentraci6n urbana
es tan grande, que la discusi6n critica de las tesis que la expresan se hace nece-
saria en el intento de perfdar un esquema teorico realista de la relacion entre
desarrollo y urbanizacibn.
Discutiremos algunas tesis en torno a problemas en 10s cuales se ha tendido
a concentrar la atenci6n de las teorias sobre desarrollo y urbanizacih y que, a
la vez, han tenido mayor influencia en el diseiio de politicas urbanas.
Tesis I : Las actuales tendencias de concentraci6.n pobhcional en un numero
reducido de areas metropolitanas, son un freno a1 desarrollo econbmico y
acentuan las disparidades interregionales
Esta tesis ha tenido una influencia casi sin contrapeso en 10s estudios y en
la practica de la planificaci6n urbano-regional de Am6rica Latina, en 10s lilti-
mos treinta aiios.
La primera expresi6n sintetizadora de esta corriente es el Seminario de
UNESCO sobre urbanizacion en AmCrica Latina, realizado en 1959 y editado
en 1962 por Philip Hauser. En la introduccion al libro, Hauser afirma que el
Seminario “sirve para aportar la prueba documental de que muchos de 10s
graves problemas que afectan a la humanidad, especialmente en las regiones
insuficientemente desarrolladas, se derivan de la ripida ~rbanizacibn.~
4 Se ha sugerido que la inquietud por la “urbanizacibn excesiva” estd estrechamente
asociada a corrientes ideol6gicas comprometidas con la conservacibn de las actuales es-
28 GUILLERMO GEISSE

En el documento que present6 al Seminario, CEPAL se asocia a la misma


argumentaci6n al afirmar que “la causa mis importante de la marginalidad se-
ria la excesiva urbanizaci6n: un desajuste entre urbanizaci6n e industrializa-
ci6n” (CEPAL; 1962).
Per0 es en documwtos mis recientes de CEPAL donde 6sta tesis es reafi-
mada con consideraciones econ6micas sobre el elevado costo de oportunida-
des de las inversiones en infraestructura social de las grandes ciudades, vis a
vis las regiones potencialmente ricas en recursos naturales (CEPAL; 1971).
De las corrientes te6ricas mis influyentes en la planificacih urbano-regio-
nal que hacen suya esta tesis esti la com‘entemodemizaci6n-inregraci6n.
Quienes integran esta corriente teorica coinciden en que las grandes ciuda-
des en America Latina han sido el vehiculo para alcanzar el umbral politico y
la modernizacibn social e institucional necesarios para impulsar el desarrollo
(Germani; 1970, Friedman; 1973).
El enlace de este enfoque con la planificaci6n, tiene su raiz en el hecho de
que sus autores, al reconocer lo anterior: a) no pueden dejar de ver en la gran
ciudad la expresi6n espacial de un crecimiento “desequilibrado” :con la gran
ciudad, el avance en lo politico y lo social se habria producido en desmedro
del crecimiento econ6mico (Friedman; 1973); y, b) que no es el mercado, de-
jado a sus propios impulsos espontineos, quien conducirl por si solo a un
equilibrio intersectorial e interregional. Es el mercado con 10s estimulos de la
planificacihn.
Existiria un limite despuis del cud el crecimiento de las grandes ciudades
se torna critico. Los tirminos “hiperurbanizaci6n”, “sobreconcentraci6n ur-
bana”, “urbanizaci6n descapitalizada”, etc. expresan que ese limite ha sido
sobrepasado. Entonces se harian necesarias politicas de “urbanizaci6n delibe-
rada” y/o de desarrollo industrial en las regiones alejadas de las grandes ciu-
dades. La imagen-objetivo a la cual apuntan estas politicas es la de 10s paises
industrializados del mundo capitalista.
La critica anti-gran ciudad no es exclusiva de ideologias conservadoras o
reformistas. Portavoces de corrientes ideol6gicas contestarias, como es el cas0
del enfoque de la dependencia, la han hecho suya.
Los te6ricos de la dependencia comparten el caricter negativo de la con-
centraci6n urbana. Las grandes ciudades son entendidas como matrices espa-
ciales de las relaciones de dominaci6n entre paises y clases sociales (Quijano;
1967, Casteus; 1973). El cargcter desigual del desarrollo capitalista explica-
ria la formaci6n de grandes concentraciones de poblaci6n sin el desarrollo
equivalente de la capacidad productiva (Castells; 1973).

tructuras sociales de dominacibn (Yujnovsky: 1975). La “urbanizacibn excesiva” no sblo


impondrfa barreras a la acumulacibn de capital sin0 que las grandes concentraciones de
poblaci6n que genera, son verdaderos viveros de movimientos sociales perturbadores de
la estabilidad politica y social,
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 29

Por lo tanto, las actuales tendencias de concentracih urbana en America


Latina, estimulan el subdesarrollo acentuando la dependencia y el colonia-
lismo interno (Quijano; 1967). De esta manera, estos autores, en vez de entrar
al terreno de recomendar politicas de redistribucibn regional de la poblacih
y de las actividades econ6micas, se limitan a la denuncia del sistema global.
La substitucibn de dste seria condici6n necesaria para una ocupaci6n equili-
brada de 10s espacios nacionales acorde a objetivos de equidad y eficiencia so-
cialmente defmidos. Nos limitaremos entonces a discutir los argumentos’tic-
nicos de quienes sotienen esta tesis que postulan una intervencibn planificada
sin desafiar las instituciones bisicas de las economias de mercado.

Los prejuicios anti-pan ciudad subyacente en las


ticnicas de ancilisis urbano

Los prejuicios anti-urbanos, se dan no s610 en el Bmbito de la disputa te6rica


sin0 que tambidn se refieren al disefio y utilizacih del instrumental ticnico
de la planificaci6n urbano-regional. El instrumental metodol6gico urbano-
regional enfatiza el car6cter supuestamente anormal de la gran ciudad, acen-
tuando criterios “arm6nicos” de distribuci6n espacial.
Las tecnicas de an5lisis que mis espacio han llenado en la literatura ticnica
de 10s estudios urbanos son precisamente las utilizadas para la constataci6n
del rango, tamafio y orden jerarquico de ciudades de un pais y 10s costos y
beneficios de urbanizacih atribuibles a diferentes tamaiios de las ciudades.

Correlacibn rango y tamafio. Es una de las ticnicas mis usadas en 10s inten-
tos de relacionar el tamafio relativo de las ciudades dentro de un sistema con
el grado de desarrollo de la economia a la cual le da soporte material.
La comparacih se hace tomando referencia de la distribucibn logaritmica
normal que supuestamente corresponderia a una economia desarrollada que
contaria:
a) Con una parte importante de la demanda por bienes manufacturados y
servicios originada en la agricultura.
b) Con una distribucibn interna del ingreso relativamente equitativa.
c) Con un alto grado de autonomia de su mercado intemo respecto de las
relaciones con mercados internacionales.
d) Con un sistema politico-administrativo relativamente descentralizado
en tCrminos sociales y regionales.
N6tese que todas estas caracteristicas son justamente representadas como
objetivos de “equilibrio” en 10s planes de desarrollo urbano-regional desde el
enfoque .rnodernizaci6n-integracih. La correlacih rango-tamaiioha sido pro-
fusamente utilizada en la comparaci6n de sistemas urbanos entre paises de la
regi6n. No se pretende restar importancia a este tip0 de anilisis. Debemos
prevenir, sin embargo, ante comparaciones que induzcan al prejuicio anti-gran
30 GUILLERMO GEISSE

ciudad subyacente en casi todas ellas y ante conclusiones precipitadas sobre


10s cambios estadisticos observados
Es irrelevante comparar sistemas urbanos de paises haciendo abstraccibn
del tamaiio geogrgfico y demogrifico, dotaci6n de recursos naturales, grado
de urbanizacibn y de integraci6n rural-urbana, forma y grado de insercion en
las economias mundiales, por no mencionar nivel de desarrollo y sistema po-
litico-econ6mico. En otras palabras, las comparaciones entre perfiles urbanos
no conducen a nin$n tip0 de conclusiones utiles.
Por ejemplo, no se oculta en estos estudios la satisfacci6n ante el aumento
de las tasas de crecimiento de las ciudades intermedias de la regi6n. Sin em-
bargo, al identificarse las ciudades o ireas metropolitanas donde se concentr6
el crecimiento, se puede observar que Bstas estdn ubicadas en las inmediacio-
nes de grandes concentraciones urbanas, a menos de 200 kms. de la ciudad de
MCxico y de numerosas ciudades en torno al eje del rio Sao Paulo, a una dis-
tancia no mayor de 200 h ~de. , una u otra. En ambos casos, la conclusi6n
es justamente la contraria a lo que se anticipa como una tendencia a la des-
concentracibn deseable.
Mas aun, un sistema urbano nacional con distribuci6n “log normal” y am-
plia representacibn de ciudades intermedias, no implica ni desarrollo agricola,
ni distribuci6n equitativa de 10s ingresos entre las personas y tampoco un des-
arrollo relativamente aut6nomo. Es el cas0 de Colombia, con una distribuci6n
“equitativa” de su poblaci6n urbana en la cual las ciudades intermedias tienen
una fuerte participacih. No por ello ese pais est; libre de 10s graves proble-
mas de desigualdad socio-econ6mica y de desequilibrio urbano-rural que afec-
tan a todos 10s paises.

El modelo de tamafiosurbanos optirnos. Esta tCcnica consiste en comparar 10s


costos para proveer la infraestructura y servicios requeridos por el funciona-
miento de la economia urbana, con 10s beneficios estimados segth indicado-
res de productividad. Los indicadores mis utilizados son 10s ingresos y/o pro-
ductividad media por persona.
En economias capitalistas, el funcionamiento del mercado permite que el
conjunto de beneficios tCcnicos de la aglomeracibn se conviertan en ganancias
para las empresas. De alli la tendencia de Cstas a localizar sus inversiones y, en
consecuencia, a concentrar la fuerza de trabajo en las grandes ciudades.
Por otro lado, se ha estimado que, en promedio, el costo per capita para
proveer infraestructura y servicos urbanos, se eleva en forma exponencial con
el tamafio de las ciudades. En su gran mayorfa, Cstos son gastos publicos fi-
nanciados por el conjunto de la comunidad. Tales son 10s casos del transporte,
10s servicios de redes, el control de la contaminacion, 10s gastos municipales
para sostener 10s servicios urbanos, etc.
Es comun suponer que las ciudades tienen un limite de tamafio poblacio-
nal desde el cual 10s costos medios superan 10s beneficios medios, y desde ese
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 31

mismo momento, las ciudades comienzan a representar una carga para el cre-
cimiento econ6mico nacional.
Para muchos planificadores, ese limite se habria superado hace algunos
aiios s e g h 10s argumentos presentados por pricticamente todos 10s planes y
politicas de desarrollo urbano-regional de 10s paises de la regihn, aunque en
ninguno de ellos se haya comprobado efectivamente tal afirmacih (Alonso;
1973).
En realidad, 10s estudios buscan resguardo en un gran nlimero de supuestos
y reservas sin poder evitar un elevado grado de subjetividad en 10s resultados.
Sus autores expresan dudas respecto al concept0 mismo de tamafio poblacio-
nal para la estimaci6n de costos y beneficios. Estos serian mis dependientes
de las formas y estructuras del espacio urbano que del tamafio de la pobla-
ci6n. En el cas0 de 10s costos de transporte urbano esto es evidente.
Otros autores coinciden en que la relaci6n entre product0 medio y tamafio
urbano es insuficiente mientras 10s modelos no incorporen a1 cilculo la ubica-
ci6n de la ciudad dentro del sistema urbano nacional. Mayor seria la produc-
tividad de las ciudades intermedias y medianas mientras menor fuera la distan-
cia que las separan de las grandes ireas metropolitanas (Alonso; 1971). Es
justamente esto lo que estaria explicando las actuales tendencias de creci-
miento de las ciudades intermedias antes sefialadas.
Dificultades tCcnicas de medicion y dudas conceptuales se reflejan en las
disparidades de 10s resultados y conclusiones. Unos estiman como 6ptimos
10s tamaiios de ciudades de 200.000 a 1.OOO.OOO de habitantes mientras que
otros 10s fijan en el rango de 2.500.000 a 4.000.000. Por ~ l t i m ootros
, niegan
la existencia de un limite poblacional a partir del cual las economias son su-
peradas por las deseconomias de la concentracibn urbana. Para estos autores,
a mayor tamaiio mayor seri la eficiencia de la ciudad (Mera; 1973).
La presencia de estos ultimos autores en el debate es creciente aunque no
iian logrado superar la influencia de 10s criticos de la gran ciudad.’
De lo tratado, se deduce que no hay resultados generales definitivos y pro-
bablemente no 10s habri en el futuro respecto a tamaiios 6ptimos de ciuda-
des. Una politica de desarrollo urbano-regional o de dhibuci6n espacial de
la poblacih, no encontrari sustentacibn te6rica en 10s modelos de tamafios
6ptimos, ni para propiciar el freno del crecimiento de las grandes ireas metro-
politanas de la regibn, ni para aceptar complacientes sus actuales tendencias
de crecimiento.
Sin embargo, supongamos por un momento que es tknicamente posible
identificar un sistema urbano formado por ciudades de tamafios 6ptimos y

5 Cabe seiialar que entre 10s alineados en favor de la gran ciudad hay autores de muy
diferentes posiciones ideol6gicas con distintas argumentaciones que llegan a esa posici6n.
Desde un enfoque neoclisico con tendencias hac-a la economia del bienestar, se des-
taca Laughlin Currie (1973) y Harry Richarson ( 976). Desde un enfoque contestatario
qui& m i s ha aportado al debate es Pablo Singer (1973).
32 GUILLERMO GEISSE

que ello justificara reducir el ritmo de crecimiento (ya que no es realista pen-
sar en reducir el tamaiio) de la gran ciudad. La pregunta es: iCua es la facti-
bilidad de una intervenci6n planificada que conduzca a este optimo ideal?
Pensamos que la respuesta es la siguiente: Una politica en esa direcci6n es
factible en la medida que 10s costos sociales atribuibles a las grandes ciudades
Sean asignados a las empresas en proporci6n a 10s beneficios de aglomeraci6n
internalizados por &as.
Todo pareciera indicar que lo anterior no ocurriria ni como resultado de
las fuerzas espontbneas del mercado ni por el efecto de las politicas de des-
concentraci6n urbana.
Por el contrario, tiene mucho mis fundamento, en el cas0 latinoamericano,
la hip6tesis de que las economias de aglomeraci6n son internalizadas por las
grandes empresas mientras que 10s costos tienden a ser socializados entre cla-
ses o regiones a travks de la estructura impositiva. Esta observaci6n condujo a
Pablo Singer a afirmar que existe una sobreconcentraci6n de las inversiones
de las grandes empresas en las grandes ciudades con mayores economias de
aglomeraci6n. Se trataria de una concentracion espacial de actividades econ6-
micas y poblaci6n por arriba de 10s requerimientos tecnol6gicos (Singer;
1973).
Por eso, argumentar en favor de politicas de descentralizaci6n en base a
puros criterios tdcnicos como ocurre comcnmente, es una ingenuidad dado
que las decisiones de politicas no suelen contradecir las relaciones de poder en
la base de 10s estados nacionales.

Tesis 2: Las actuales tendencias de concentracibn espacial de la poblacibn en


grandes cireas metropolitanas enfrentados con tendencias a una baja absor-
cibn de mano de obra industrial son causa principal del incremento de la mar-
ginalidad urbana

Los enfoques de la dependencia y de la modernizaci6n sostienen que las


ciudades latinoamericanas constituyen una concentraci6n de poblaci6n que
supera con mucho 10s requerimientos de mano de obra de las actividades pro-
ductivas localizadas en ellas. Est0 se deberia, por una parte, a 10s grandes flu-
jos de migraci6n rural-urbana, producidos por la transformaci6n de las relacio-
nes de producci6n o por el estancamiento agricola. Por la otra, la ciudad de-
manda cada vez menos empleo, debido al desarrollo de la industria ahorradora
de mano de obra de caracteristicas monop6licas.
Una primera critica a esta tesis anti gran ciudad esti en el hecho suficien-
temente comprobado de que a) el migrante se incorpora al conjunto de la je-
rarquia ocupacional de la gran ciudad y b) que 10s migrantes tienden a mos-
trar tasas de movilidad social igual o incluso, en algunos casos, superiores a
las de 10s nativos de ireas urbanas (Atria; 1975). Est0 pone de manifiesto el
grado apreciable de heterogeneidad de la poblaci6n migrante en cuanto a su in-
tegraci6n a la vida de la gran ciudad.
ECONOMIA Y F’OLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 33

Un segundo conjunto de criticas apunta al hecho de que la tesis enunciada


pareciera ignorar el aporte que hacen al PGB las aglomeraciones urbanas. Las
grandes ciudades concentran una proporci6n de las actividades econ6micas
-medida a travds del product0 regional bruto- mdyor que la proporci6n de
poblaci6n que en ellas viven (CEPAL; 1973). Asimismo, concentran una pro-
porci6n mayor de poblaci6n econ6micamente activa con respecto a su pobla-
ci6n total. Por otro lado, la participaci6n del empleo en el sector industrial
manufacturero en la poblaci6n econ6micamente activa, muestra para la regi6n
una tendencia generalizada de aumento relativo en 10s filtiqos afios (Atria;
1975). Finalmente, la distribuci6n del ingreso en las grandes ireas metropoli-
tanas de la regibn, es menos desigual que en el pais en su conjunto, y 10s in-
gresos de 10s sectores mis pobres son mayores en estas grandes ciudades que
en el resto del pais (CEPAL; 1973).
En tercer lugar, si bien las grandes ciudades de America Latina contienen
una gran masa de poblaci6n desempleada, el porcentaje de desempleados no
es considerablemente superior en promedio a1 de las economias capitalistas
desarrolladas, siendo, incluso en algunas de las grandes ciudades de la regibn,
inferior al promedio de aquellas. Pareciera entonces que el nivel de empleo de
las grandes ciudades de AmBrica Latina es una caracteristica inherente al des-
arrollo del capitalismo, rnis que de las ciudades mismas.
En realidad, a medida que se desarrolla el capitalismo industrial urbano, se
va destruyendo el sector de subsistencia rural y va creciendo la poblaci6n flo-
tante en la ciudad, la reserva de mano de obra necesaria para el desarrollo
del capital. Este es un hecho reconocido tempranamente como un rasgo esen-
cial del capitalismo. Las ciudades, por tanto, estin necesariamente asociadas
a determinados niveles variables de desempleo, cesantia y miseria. Es evidente
que Cstos son tanto mis “dramiticos” en la ciudad que en el viejo sector de
subsistencia: de un lado, por su mayor concentracihn espacial, lo que se vin-
cula usualmente a variadas formas de presi6n reivindicativa y politica; de
otro, porque se trata ahora de mano de obra desprovista por completo de al-
ternativas de subsistencia.
Sin embargo y por Gltimo, en las tesis sobre la marginalidad urbana asocia-
das a la critica anti gran ciudad, se pone mis Bnfasis, no tanto en la cuesti6n
del desempleo, sino en una supuesta “hipertrofia” del pequefio servicio, el
pequefio comercio, la pequefia actividad artesanal como indicador de sobre-
concentraci6n poblacional en las ciudades latinoamericanas. En el filtimo
tiempo se ha utilizado el t6rmino “sector informal” para calificar este hecho.
Ambos tirminos -marginalidad y sector informal- pierden de vista que
estos sectores no pueden sin0 ser integrantes -aunque bajo una forma especi-
fica- del desarrollo del capitalismo urbano. En efecto, en la medida que la
poblaci6n urbana no esti ligada a la producci6n directa de medios de vida ali-
menticios, no puede vivir en la subsistencia sin0 que esti necesariamente
incorporada a1 intercambio, produce para el cambio. Esto vale evidentemente
para toda la poblaci6n urbana, cualquiera que Sean sus niveles de renta y sus
34 GUILLERMO GEISSE

ocupaciones especificas. Es decir, el desarrollo de estas actividades responde a


la existencia de una demanda solvente. En alguna parte se generan las rentas
que permiten financiar esa demanda.
A mayor abundamiento, en un plano general estd demostrado que, aunque
estas actividades producen niveles de ingreso muy bajos en relaci6n a otras ac-
tividades urbznas, generan niveles de ingreso superiores a la productividad
promedio del trabajo agricola (Atria: 1975).6
No es vdido afirmar, por lo tanto, que 10s servicios son actividades autoge-
neradas por 10s desempleados, como lo sugiere el enfoque dualista de la rela-
ci6n entre sectores formales e inform ale^.^ Su crecimienm est6 vinculado, en
gran medida, al desarrollo de actividades econ6micas y rentas generadas en el
capitalismo urbano.
En efecto, la expansi6n del capitalismo provoca una sistemitica profundi-
zaci6n de la divisi6n del trabajo, no s610 entre campo y ciudad, sin0 tambiin
al interior de esta Gltima. Un conjunto de actividades que antes se ejecutaban
en el hogar o en las empresas, comienzan a desaparecer de estas unidades y
a reaparecer como ramas especializadas. En el cas0 de 10s servicios, su des-
arrollo esti condicionado por algunos hechos complernentarios.
Por una parte, a medida que aumentan 10s ingresos per cipita y el tamafio
y complejidad de las empresas, la demanda de servicios individuales y para las
empresas aumenta a ritmos superiores. En consecuencia a medida que se des-
arrolla la economia urbana capitalista, se crea la tendencia al desarrollo m6s
que proporcionado de las actividades de servicio, y en mayor medida aun, del
empleo en ellas.
Este hecho forma parte de las caracteristicas generales del desarrollo del
capitalismo y no puede ser atribuido a tecnologias desempleadoras particu-
lares de un capitalismo monop6lico latinoamericano como lo aseguran Cas-
tells (1973) y Quijano (1973). Singer, en su critica a estos autores (Singer;
1973) se pregunta por que entonces tal situaci6n no se produce en sociedades
con dejarrollo monop6lico superior y con formas tecnolbgicas ahorradoras
de fuerza de trabajo.
Asi y todo, es necesario reflexionar sobre estos argumentos. Si bien la
tesis en su formulaci6n general puede ser rechazada, el despilfarro de fuerza
de trabajo en actividades de poca productividad existe, y en algunos ciclos de
la economia urbana es considerable. Un conjunto de factores (tecnologia,
estructura organizacional, protecci6n institucional, sistemas de contratacibn,
etc.) hacen que las actividades de servicios hayan sido hasta ahora poco atrac-
tivas para la instalaci6n de empresas m i capitalizadas marcadas por un pro-
greso tecnico “ahorrador” de mano de obra (Raczynsky ; 1977).
6 Los datos proporcionados por Atria permiten establecer estas diferencias favora-
bles al sector servicios urbanos confrontando el conjunto del sector urbano con el sector
rural. Ello hace suponer que las diferencias de productividad entre el empleo en el sector
servicios de las grandes keas metropolitanas respecto del sector rural Sean a h mayores.
7 Ver autores citados por PREALC; 1978.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 35

En realidad, estos sectores de baja productividad del trabajo representan la


supervivencia (y/o el desarrollo) en la ciudad de actividades no organizadas
estrictamente en tirminos capitalistas o bien con una organizaci6n capitalista
muy atrasada de tip0 manufacturer0 cuasi artesanal. Sabido es que el desarro-
llo del capital tiende a eliminar estas formas productivas y a incorporar a 10s
medios de producci6n y a la mano de obra en su propia 16gica de expansi6n.
Por lo tanto, la existencia de estos sectores remite necesariamente al problema
del insuficiente desarrollo del capitalismo en las ciudades latinoamericanas; 0,
si se quiere, al problema de la escasa d i n h i c a de crecimiento de las fuerzas
productivas.
En nuestra opinibn, &a deberia ser la 6ptica adecuada para entender la
cuestih de la “heterogenidad estructural”, que ha sido elevada a la categoria
de carricter especifico del desarrollo latinoamericano (Pinto; 1977, MuAoz;
1974). AI respecto, la primera interrogante que debe plantearse es si la homo-
geneidad o heterogeneidad estructural (medida bisicamente por 10s diferen-
ciales de la productividad del trabajo) es el rasgo tipico del capitalismo des-
arrollado. A nuestro entender, el capitalismo se desarrolla precisamente de
modo heterogineo, haciendo avanzar sectores, actividades y regiones y retra-
sando otros. En este sentido, lo que caracteriza a las ciudades latinoamerica-
nas es el problema de la supervivencia muy voluminosa de actividades no capi-
talistas en su seno.
De este modo, el problema de la “marginalidad”, del “sector informal”, se
vincula al problema de fondo de las sociedades latinoamericanas: la insuficien-
te acumulacih de capital, el relativo estancamiento de sus fuerzas producti-
vas. Este no es, ciertamente, un hecho que pueda ser atribuido a la urbaniza-
ci6n o a la concentracibn urbana.

Tesis 3: Las divisiones y relaciones espaciales son simktricas respecto a las di-
visiones y relaciones sociales que se establecen en el proceso de desarrollo
econbmico

Esta tesis se presenta rara vez en forma explicita como en 10s tkrminos em-
pleados aqui. Esto no le ha impedido ser una de las m6s populares en el sus-
tentamiento de esquemas de descentralizaci6n urbano-regional. La tesis pri-
vilegia las confrontaciones entre espacios Dor sobre las que se producen entre
clases o grupos sociales. Ha sido aplicada confrontando paises desarrollados
con paises en desarrollo, concentraciones urbanas con las regiones del “inte-
rior”, la ciudad con el campo y el centro urban0 con las ireas marginales.’

8 En la medida que las relaciones de dominaci6n e s t b sujetas a esta gradaci6n de


espacios, la tesis se asemeja a la de colonialismo interno (Gonzaez Casanova; 1965).
Serfa todo el “centro” con todas sus clases y grupos sociales el que explota al conjunto
de clases y grupos de la “periferia”.
36 \ GUILLERMO GEISSE

Aqui s610 nos referimos a su aplicaci6n a sistemas nacionales de centros o


regiones y a la relaci6n campo-ciudad.

La tesis en los sistemas nacionales de centros

La forma mbs interesante de aplicaci6n de esta tesis a casos nacionales es


la presentada bajo el concepto de centro-periferia (C-P) originalmente utiliza- ‘
da en la denuncia del intercambio desigual que une a 10s paises industriales y
en desarrollo (CEPAL; 1949). En su aplicacih a sistemas nacionales, el enfi-
sis se hace en la concentraci6n del progreso tCcnico en 10s centros nacionales
o regiones centrales y en el drenaje de capitales y recurws humanos de las
regiones por dicho centro. Con ello se produce una creciente diversificaci6n
de las estructuras productivas y sociales del centro y la especializacibn pro-
ductiva de las regiones (monoproducci6n). Concentracih espacial de capita-
les mis diversificaci6n productiva revierte en una mayor rentabilidad y mayo-
res oportunidades de inversi6n en el centro, lo cual es caracteristico de la di-
n h i c a del desarrollo econ6mico. En cambio, la especializacibn productiva
limita las oportunidades de reinversi6n de 10s excedentes regionales en la mis-
ma regi6n. Estos se reinvierten en el centro implicando una condici6n de
subdesarrollo regional a la vez que un deterioro estructural de las relaciones
de intercambio entre el centro y la periferia.
Aunque no siempre, la aplicacibn de este modelo a sistemas nacionales se
acompafia de recomendaciones de politica, sus implicaciones a este respecto
son obvias. En efecto, el ejercicio es sugerente en cuanto que apunta hacia
“polos regionales de desarrollo” que reproducen en las periferias nacionales la
diversificaci6n productiva del “centro”.
La aplicaci6n del concepto C-P a nivel nacional ha sido realizada adecuada-
mente por Di Fillip0 y Bravo (1976). Su aporte, sin embargo, deja pendiente
la tarea de llenar algunos vacios en la explicaci6n y descripcibn del fen6me-
no de concentracion urbano-regional.
La explicacibn, del concepto no da cuenta de las relaciones de clases in-
ternas ni de las relaciones de dominaci6n externas que son determinantes en
10s procesos de concentracih espacial en el sistema n a ~ i o n a l .Bajo
~ la divi-
si6n intemacional del trabajo a la cud estin subordinados 10s paises en des-
arrollo, no pareciera ser necesario mis que uno o dos centros de acumulacibn
y de coordinacibn regional interna del trabajo por pais para asegurar una in-
serci6n funcional a 10s centros mundiales de acumulaci6n.
En cuanto a las relaciones internas, en el sistema capitalista, es la creciente
concentracibn de capitales en fracciones de la clase propietaria la que induce
a la concentracibn espacial y diversificaci6n de las actividades econhmicas en

9 En un reciente trabajo Carlos de Matos hace un avance en esta direcci6n. Ver De


Matos, C., Crecimiento y concentracibn espaciol en Amkrica Latina: Algunas consecuen-
cios, ILPES, 1979.
ECONOMIA Y F’OLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 37

el “centro”. Y esta es una ley general de todas las economias capitalistas.


Ahora, si la concentraci6n espacial y la especializacibn regional sobrepasan lo
justificado por una evoluci6n tecnica estrictamente ceAida a objetivos de efi-
ciencia, entonces la explicaci6n a esto yace en las relaciones de poder entre
clases y acci6n politica. El mercado, como mecanismo de asignaci6n sectorial
social y espacial de 10s recursos, siempre esti condicionado por el escenario
politico-institucional que favorece a la concentracibn de capitales. Dentro de
ese escenario, las grandes plantas del “centro” y de “las periferias” pertenecen
a las mismas empresas nacionales e intemacionales, y ellas encuentran vias
extraecon6micas de acumulaci6n cargando el peso a sectores medios y popu-
lares del centro y de la periferia. En las grandes ciudades esto es posible a trave‘s
de la internalizacibn de las economias de aglomeraci6n que en gran medida
depende de las inversiones ptiblicas. En las regiones, la forma mis usual es
a trave‘s del control de recursos naturales.
En cuanto al vacio descriptivo atin pendiente de llenar en el concepto C-P
aplicado a sistemas nacionales, se podria esperar en el h b i t o nacional una
mayor integraci6n espacial e incluso institucional de 10s factores de produc-
ci6n (capital, trabajo) que lo que es posible esperar en el h b i t o internacio-
nal. Asi, la asociaci6n entre desarrollo y “centro” diversificado y d i n h i c o y
entre subdesarrollo y regiones perifiricas especializadas, no resulta te6rica-
mente convincente. Sin la incorporacibn de relaciones de clases al concepto
de C-P es te6ricamente aceptable predecir una creciente integraci6n espacial
e institucional de 10s mercados regionales en base justamente a un centro di-
versificado y regiones especializadas. En ambos casos, la integraci6n esti basa-
da en la existencia de un centro diversificado y de un alto grado de integra-
ci6n regional. Asi, las regiones pueden orientar su producci6n acorde a sus
ventajas comparativas maximizando la eficiencia total del sistema. En un sis-
tema nacional, espacial e institucionalmente integrado, la especializacibn de
las regiones es requisito de desarrollo y no expresi6n de subdesarrollo.
Ahora, si tal integraci6n no es posible en el grado sugerido por la teoria,
se hace necesario reexaminar el concepto de C-P incorporindole las relaciones
de dominacih intema que lo impiden. Es la partieipacibn diferencial de las
clases en el sistema productivo y las relaciones de dominaci6n social que se
derivan de ella, la que impide que la integraci6n espacial e institucional sea
socialmente homogknea.

La tesis aplicada a la relacidn campo-ciudad

Los autores que m6s inteligentemente han presentado la tesis de la hegemo-


nia de la divisi6n espacial sobre la divisi6n de clases en las relaciones campo-
ciudad son M. Lipton (1976) y L. Lefeber (1978). S e ~ Lipton, n 10s proble-
mas del subdesarrollo no provienen de 10s conflictos entre “paises desarrolla-
dos con 10s paises en desarrollo” ni de 10s “conflictos entre clases sociales”,
sin0 del enfrentamiento entre “clases urbanas y clases rurales”.
38 GUILLERMO GEISSE

Lefeber comparte este punto de vista (Lefeber; 1978), entrando en mayo-


res precisiones al sugerir que: las clases obreras urbanas se alinean contra el
campesinado en las relaciones de explotaci6n del campo por la ciudad y que
el principal mecunismo de explotucidn es la relaci6n de precios desfavorables
a1 campo impuesta por la IS.
Para ambos autores la contradicci6n urbano-rural es la contradicci6n fun-
damental de 10s paises xbdesarrollados. En este sentido, la causa del subdes-
arrollo seria la explotaci6n econ6mica del campo por la ciudad.
Esta tesis ha tenido una notable influencia en 10s programas de asistencia
tCcnica intemacional y nacional en favor de una desarrollo rural integrado co-
mo alternativa a las estrategias de IS. Sin pretender descartarla totalmente
-ambos autores han desarrollado su prictica en Asia y Africa mis que en
AmCrica Latina-, nos proponemos demostrar su escasa validez interpretativa
del desarrollo latinoamericano empezando la discusi6n en torno a las siguien-
tes preguntas:
iHay que entender a 10s terratenientes como clase urbana o rural? LLa cla-
se obrera urbana explota a las capas propietarias rurales? iEs el conjunto de
clases urbanas la que explota a1 conjunto de clases rurales? Intentaremos res-
ponder a estas preguntas a la luz de las relaciones de clases contenidas en la
contradiccibn entre el campo y la ciudad.
En America Latina, 10s terratenientes han sido tradicionalmente una clase
urbana (Cardoso; 1973). Su residencia en la ciudad fue funcional con su he-
gemonia politica en 10s estados nacionales y con sus hdbitos de consumo pro-
pios de una clase que acumulaba el grueso del excedente econ6mico nacional.
Sin embargo, si se considera 10s medios y el objeto de producci6n que contro-
laron, ellos son una clase de base rural.
Aceptando por &ora esta bivalencia social, la caida de 10s precios agricolas
frente a 10s industriales, debi6 haber afectado a 10s terratenientes en su cali-
dad de productores. Sin embargo, est0 no ocurri6 justamente gracias a su pa-
pel de fracci6n de las clases dominantes asentadas en la ciudad. Los mecanis-
mos a 10s cuales recurri6 para evitar 10s efectos del deterioro de 10s precios
agricolas fueron dos:
- Control de las politicas estatales de compensacih a la agricultura; cr6-
ditos a tasas de inter& preferencial; exenci6n tributaria; aranceles de
importacibn discriminatorios, etc.
- Respaldo estatal en la represibn de 10s movimientos reivindicativos del
campesinado.
Por ello, 10s terratenientes -y la producci6n capitalista en general- pue-
den traspasar la reducci6n de 10s precios a 10s salarios, eliminando o reducien-
do el efecto desfavorable sobre el campo de las relaciones internas de precios
provocados por la IS. Este efecto recae sobre el asalariado rural y sobre todo
sobre 10s pequefios y medianos propietarios, marginados de las compensacio-
nes estatales. Asi se explica que ambas capas campesinas se ubican en el extre-
m o inferior de la estructura de distribuci6n de ingresos rurales mis bajos.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 39

Lo que ocurre es que la caida de 10s precios agricolas no se traduce necesa-


riamente en un aumento del salario real del obrero urbano. Por el contrario,
esto permite mantener bajos 10s salarios monetarios y elevada, por lo tanto, la
cuota de ganancia urbana. Si 10s salarios urbanos son mayores que 10s rurales
esto es causado, en general, por la mayoi capacidad reivindicativa de 10s obre-
ros urbanos.
Es probable que las conquistas de 10s asalariados urbanos en cuanto a me-
jorar sus condiciones de vida puedan ser cargadas a las masas campesinas, a
travks del deterioro de 10s tkrminos de intercambio agrario industriales. Sin
embargo, 10s mecanismos de compensaci6n a 10s terratenientes antes sefiala-
dos permite que ello se consiga manteniendo constante la cuota de ganancia
del capital y la renta de la tierra. iPuede hablarse en estas condiciones de que
la ciudad como un todo explota a1 campo?
La verdad es que el argumento del deterioro de 10s t6rminos de intercam-
bio agrario industriales tiene importancia, per0 6sta no debe ser exagerada.
Cuestion igualmente importante es la mantenci6n de la estructura concentra-
da de tenencia de la tierra.
La concentracibn de tierras permite a 10s terratenientes utilizar una gran
parte del excedente en el consumo improductivo y mantener bajos 10s niveles
de utilizacibn de las tierras. Los datos demuestran que la pequefia propiedad
produce mucho mis por hectirea disponible que el latifundio.
Este es uno de 10s argumentos que sostiene la hip6tesis de que una distri-
buci6n de las tierras latifundiarias provocaria sin duda un aumento de la pro-
ducci6n agricola, si al mismo tiempo se reestructuran 10s mecanismos de apo-
yo estatal hacia el desarrollo de la produccion en las propiedades pequefias y
medianas. La experiencia de la Reforma Agraria y el apoyo estatal a la peque-
iia y mediana propiedad en la d6cada de 10s 60 demuestra este aserto.
El argumento de la explotaci6n de la ciudad sobre el campo es errbneo
ademis desde el punto de vista de la historia concreta de Am6rica Latina, si se
consideran algunas coyunturas histbricas particulares que vienen a confirmar
esta observaci6n. Por ejemplo, en Chile fue el desarrollo del movimiento po-
pular y obrero de base urbana lo que permiti6 llevar adelante la Reforma
Agraria, la organizaci6n sindical y politica del obrero agricola y el apoyo es-
tatal a la pequeiia y mediana propiedad durante el period0 1965-1973.
En la actualidad se ha roto con la politica de proteccion a la industria sus-
titutiva y, en esta medida, se ha producido una modificaci6n de la relacion de
precios agricola industriales en favor de 10s primeros. Sin embargo, todos 10s
datos demuestran que la situacicin de pobreza del obrero agricola y del peque-
iio propietario se han profundizado.

Tesis 4: La migracibn rural hacia las grandes ciudades tiene como causa prin-
cipal el estancamiento de Ia agricultura. Los flujos migratorios pueden ser
reducidos si se elevon las condiciones de vi& del campesinado a travks de la
40 GUILLERMO GEISSE

eliminacibn de las barreras estructurales que impiden la modernizacih del


campo.

Esta tesis tiene amplia divulgaci6n entre planificadores urbano-regionales


y entre cientificos sociales dedicados a estudios de poblaci6n y en particular
a la distribuci6n espacial de la poblaci6n. La tesis esti bien expresada por
Bose (Bose; 1977) y por las recomendaciones para la Acci6n Mundial de la
conferencia sobre poblaci6n de N.U. realizada en Bucarest el aiio 1974 (N.U.;
1976).
Este es el cas0 de la tesis que utiliza un argument0 equivocado para apoyar
una politica que puede ser correcta (modernizaci6n agricola) per0 de la c u d
se esperan resultados (espaciales) irreales.
En efecto, en economias capitalistas a las cuales se aplicaria la tesis, es el
“cambio” mls que el estancamiento, el factor que con mis fuerza expulsa po-
blaci6n rural a las ciudades.
Los “cambios deliberados” como las reformas agrarias no modifican la si-
tuaci6n anterior de no destruir la raiz misma de la acumulaci6n privada del
excedente agrario y del mercado. Per0 este tip0 de reformas agrarias no es el
auspiciado por 10s sostenedores de la tesis, probablemente por razones de falta
de viabilidad politica. Entraremos a la discusi6n de la tesis distinguiendo entre
modernizacih por cambio espontlceo y por cambio deliberado (0 moderni-
zaci6n por RA).

Modernizacih por cambio espontrineo

La expulsibn de poblaci6n del campo por “cambio” en la agricultura como


factor hegembnico, fue vilido tanto para 10s paises centrales durante su proce-
so de transformaci6n industrial como para 10s paises de AmCrica Latina que
se incorporaron a las economias industriales como productores de bienes
primarios. En ambos casos, el cambio consisti6 en modificaciones de las re-
laciones de producci6n bajo la presi6n de una demanda creciente (externa o
interna) de productos agricolas; y en la divisi6n del trabajo entre campo y
ciudad bajo la presi6n de una oferta creciente de bienes industriales produci-
dos e intercambiados en las ciudades.
En 10s paises de AmCrica Latina y dependientes en general, el cambio se
dio con un grado mucho menor de profundidad manteniindose en forma per-
sistente regimenes precapitalistas de trabajo hasta hoy dia.
La respuesta a la expansibn de la demanda se dio mis por la via del aumen-
to de la superficie cultivada que por via de la creaci6n o incorporaci6n de tec-
nologias modernas de producci6n. A6n asi‘, el desarrollo de un mercado ex-
terno a mediados del siglo pasado, valoriz6 la tierra en 10s paises donde se
concentr6 la demanda externa, estimulando la concentraci6n de la propiedad
de la tierra, desplazando al campesinado a la subsistencia e incorporando a la
vez parte del trabajo a1 regimen salarial.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 41

Parte del campesinado emigr6 hacia ireas rurales marginales, parte lo hizo
a las ciudades. En Cstas, las actividades urbanas se expandieron animadas por
el intercambio comercial y por el gasto proveniente de las c l a w que acu-
mularon el excedente agricola y comercial. A 10s factores de expulsih por
cambio, se sumaron 10s de atracci6n de la ciudad comercial.
La migraci6n rural-urbana durante el periodo primario-exportador fue
masiva y, en algunos paises mucho mayor (medida en relaci6n al crecimiento
vegetativo de las Breas rurales de origen) de la que se produjo durante el perio-
do posterior de IS." Bien sabido es que durante el proceso de IS la agricultu-
ra se caracteriz6 por un lento crecimiento.
Por ejemplo, en Chile la poblaci6n que emigr6 de la zona rural del centro
del pais (6rea comprendida entre las provincias de Aconcagua y Ruble inclusi-
ve) alcanz6 a l 96 % del crecimiento vegetativo de esa zona, durante el periodo
primarioexprtador. Durante el periodo de IS s610 fue' del 74 %.
Por lo c o m h , una buena parte de la mano de obra desplazada por el cam-
bio durante el periodo de expansi6n agricola, permanecid en ireas rurales ha-
yan sido Cstas reservadas de propiedad comunitaria o minifundios. Es en estas
keas donde la expulsih por estancamiento termin6 por imponerse bajo la
presi6n poblacional sobre la tierra. Asi pues, edste una estrecha correlaci6n
entre ambos factores de expulsi6n, correlacibn que sugiere que al menos parte
de la poblaci6n atribuida a1 estancamiento tiene su origen en el cambio.

Modernizacibn por cambio deliberado bajo la forma de Refonna Agraria

Quienes postulan la tesis criticada en 10s terminos de cambio deliberado en


la agricultura, se pronuncian explicita o implicitamente en favor de la RA co-
mo el instrumento central de ese cambio.
Las reformas agrarias tal como han sido aplicadas en AmCrica (excepci6n
hecha de Cuba) ven que la penetraci6n capitalista en el campo es impedida
por la excesiva concentraci6n de la propiedad de la tierra. Dicha concentra-
ci6n es la causa de la subutilizaci6n de la tierra, +a sea por su dedicacibn a
usos extensivos como por la persistencia de formas pre capitalistas de trabajo.
Bajo esta 16gica, la modernizaci6n del campo por transferencias de recursos
estatales hacia la agricultura, exige como precondicibn, la redistribucibn de la

10 Sin embargo, durante el periodo primario-exportador, el tamaiio absoluto de 10s


flujos migratorios fue menor y su destino mis regionalizado que el de 10s flujos del peri'e
do IS. Hub0 tres factores que impidieron que 10s flujos migratorios tuvieran el tamaiio
absoluto y se concentraran en una ciudad en el grado que alcanzaron en este Gltimo pe-
dodo. Uno fue el hecho de que las tasas de crecimiento demogrifico fueran muy infe-
riores. Otro es que parte de la mano de obra expulsada se dirigi6 a zonas agrarias fronte-
rizas, especialmente a 10s nuevos centros urbanos en esas keas. Un tercer factor es que la
industrializacibn producida durante el periodo primario-exportadorfue m b dependiente
del sector primario-exportadory m i s vinculada a mercados regionales.
42 GUILLERMO GEISSE

tierra. Modernizacibn es entonces, redistribuci6n de la tierra y aplicacih de


politicas de desarrollo agricola que apunten al aumento de la productividad
bajo fuerte presi6n demogrSca. Mirada as;, la modernizacion del campo a
trav6s de RA es ademis un proceso politico en el cual se expresan 10s intere-
ses de diversos grupos sociales. Uno de ellos es el capital industrial interesado
en la expansi6n de 10s mercados internos. Otros son las capas medias y clases
populares interesadas en la reducci6n de 10s precios de 10s alimentos y en la
expansi6n hacia el campesinado de su base de apoyo politico.
El caracter redistributivo de la RA tanto en lo econ6mico como en lo pol;-
tico, no afecta la naturaleza capitalista de la modernizacidn agricola a la cual
sirve como instrumento principal. Ella mantiene las dos instituciones funda-
mentales del capitalismo: la propiedad privada de la tierra, ya sea bajo la for-
ma individual o de cooperativa; y el mercado como principal mecanismo de
asignacidn de recursos. En otras palabras, se mantiene la apropiacibn privada
de 10s excedentes productivos y la decisi6n individual o predial sobre su rein-
version.
El objetivo redistributivo de la modernizaci6n a travis de las RA incluye
en forma preferente la reduccion de 10s flujos migratorios del campo a traves
de: a) el aumento de la demanda de trabajo en la agricultura y b) la vitaliza-
cidn de 10s centros urbanos pequefios y medios hacia 10s cuales se orientaria
la demanda por bienes y servicios de 10s beneficiados por la redistribucibn.
De esta forma, la modernizacih del campo a travis de la RA es vista por
muchos autores como un proceso que logra conciliar el “cambio” en la agri-
cultura con la retenci6n de fuerza de trabajo en ella. En otras palabras, bajo
las condiciones de la RA el cambio en la agricultura no se constituiria en fac-
tor de expulsi6n. Por el contrario, actuaria como fuerza de retenci6n.
Para poder evaluar este objetivo, sin embargo, la RA debe ser analizada
por sus efectos directos e indirectos. Todo esto, atendiendo ademis tanto a
su naturaleza politica como econ6mica.
Dentro de 10s mirgenes permitidos por el orden capitalista, el cas0 de RA
en el cual 6sta alcanz6 mayor profundidad fue el de Chile entre 10s afios 1965
y 1970. Es justamente por este hecho, que el referido cas0 es el mis adecuado
para goner a prueba la tesis.

1. Efectos directos. El andisis aislado de 10s efectos directos de la RA chilena


ha llevado a algunos investigadores a sugerir que 10s objetivos de retenci6n de
poblacidn en el campo se han cumplido. Tal conclusi6n se basa en investiga-
ciones empiricas limitadas a 10s predios que fueron objeto de expropiacion y
redistribuci6n y a u$ momento determinado en el tiempo (Arguello; 1973,
Cortazar y Downey, 1976). Los diferentes investigadores coinciden en que la
retenci6n de fuerza de trabajo en 10s predios expropiados se explica, por una
parte, por la intensificacibn del us0 de recursos productivos previamente sub-
utilizados y por la otra, por la presi6n social del campesinado por incorporar-
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 43

se al trabajo en las ireas donde se concentraron las politicas de desarrollo


agricola.
Estas conclusiones son dificilmente generalizables como apoyo a la tesis
que aqui discutimos por varias razones.
Una primera razbn es que a h tratdndose de una RA avanzada, la superficie
expropiada no super6 el 13 % de toda la tierra cultivable y afect6 a menos del
28%del latifundio. La fuerza de trabajo agricola beneficiada fue no mis del
7 %deltotal en el sector.
Una segunda raz6n es que 10s anilisis se limitan a 10s cambios de la fuerza
de trabajo al interior de 10s predios, sin tomar en consideraci6n 10s efectos de
la interacci6n entre ellos. Se puede suponer que es diferente el efecto sobre el
empleo de un cas0 de expropiaci6n y redistribucih de latifundio situado en
ireas con alta densidad minifundiaria de otro en situaci6n diferente. En aquel,
la nueva organizaci6n productiva tiende a mantener relaciones laborales con
las economias de subsistencia disponiendo de mano de obra estacional de bajo
costo.
Una tercera raz6n cae en la esfera metodol6gica en la medida que 10s estu-
dios se basan en submuestras o casos del conjunto del estrato que fuC objeto
a expropiaci6n y redistribuci6n.l' Esta limitaci6n se hace explicita por 10s
propios investigadores y en ocasiones aparece implicita en conclusiones que
no tienen explicacih 16gica al menos en el largo plazo. Un ejemplo de ello es
la conclusi6n sobre predios que aparecen reteniendo fuerza de trabajo al mis-
mo tiempo que intensifican su capitalizaci6n.
Una cuarta raz6n es que la RA, en el context0 de la modernizacih, conso-
lid6 a un sector capitalista no terrateniente de propiedad mediana no expro-
piable por estar debajo de la superficie limite de 80 his. La muestra no in-
cluy6 este sector y todo parece indicar que 61 expuls6 mano de obra por dos
razones. Una de ellas es que, el no haber sido objeto de expropiaci6n no le
impidi6 a este sector absorber una gran proporci6n de 10s recursos transferi-
dos por el Estado a travCs de 10s multiples programas de desarrollo agricola
que acompafiaron la RA. Por ello 10s predios que lo forman aumentaron su
nivel de capitalizacion (Jordh; 1977).
La otra raz6n es que, al contrario del terrateniente, que podia aplacar la
tensi6n campesina aumentando la superficie entregada en regalias, el mediano
propietario tenia como ~ n i c orecurso reducir las contrataciones. Esto se facili-
taba por el acceso a una capitalizaci6n subsidiada por el Estado.

2. Efectos indirectos. La expulsi6n de mano de obra rural por efectos indirec-


tos de la RA se hace sentir desde mucho antes de su aplicaci6n efectiva. Du-
11 La base de datos de todos 10s estudios realizados hasta la fecha en este tema es la
encutsta realizada por el Land Tenure Center de la Universidad de Wisconsin que com-
prende predios de mis de 80 hectkeas de riego bisico entre 10s cuales se incluyen ex-
propiados y no afectados por expropiacih, y hasta la fecha no hay investigaciones que
se hayan basado en la totalidad de la muestra
44 GUILLERMO GEISSE

rante 10s largos periodos de concientizacibn, discusi6n y aprobaci6n legal, se


produce entre 10s terratenientes propietarios rurales, grandes y medios, acti-
tudes defensivas. Estas se manifiestan sobre todo: a) subdivisiones prediales
preventivas que engrosan el sector de mediana propiedad mis proclive a la
capitalizaci6n y b) la reducci6n de fuerza de trabajo en la cual radica el po-
tencial de conflict0 a nive1 predial.
Un segundo efecto indirect0 de expulsi6n es el hecho que las RA realizadas
en el marco de la economia capitalista no han logrado eliminar la propiedad
minifundiaria. M i s aim, puede suponerse que han acentuado la presibn pobla-
cional sobre la tierra en esas ireas. La raz6n es que parte de la fuerza de tra-
bajo desplazada por 10s efectos sefialados anteriormente, se refugia en zonas
agrarias marginales de subsistencia. Algunos analistas de 10s efectos migrato-
rios de la RA chilena 1965-70 indican a este sector como la fuente principal
de migraci6n rural-urbana. (Raczynski; 1978). Faltaria estimar que parte de
ese contingente fue objeto de la presi6n adicional sefialada.
Son estos antecedentes 10s que dan sentido al hecho, tambi6n comprobado
empiricamente en el cas0 chileno, de que durante la dCcada de 10s aiios sesen-
ta una poblacibn rural equivalente al 114 % del crecimiento vegetativo de la
misma emigr6 del campo hacia las ireas urbanas. En otras palabras, la pobla-
ci6n rural agricola chilena disminuy6 en t6rminos absolutos en el periodo,
por primera vez en la historia del pais. Este hecho, por lo demis, tarde o
temprano tenia que producirse justamente por efecto de la modernizacibn
rural, de la cual la RA fue un instrumento mis.
Cabe seiialar que 10s porcentajes sefialados estin muy por encima de 10s
porcentajes para el total de AmCrica Latina durante el mismo periodo para 10s
cuales existen algunas primeras cifras de caricter exploratorios (Urz6a; 1978).
11. Esquema conceptual para el estudio
de la concentracih urbana
I

Introduccibn
El objeto de estudio de esta investigacih son 10s sistemas urbanos nacionales
y el proceso en el cual centraremos la atenci6n es el de la concentracih urba-
na. Los sistemas urbanos nacionales son entendidos como componentes prin-
cipales de la integraci6n territorial de las diferentes actividades econbmicas,
clases, grupos sociales y estructuras de poder. Los sistemas urbanos pueden
ser clasificados para objetivo de estudio y planificaci6n en cuatro subsistemas:
sistemas nacionales de centros urbanos, relaci6n campo-ciudad, estructura
interna de la ciudad y estructura intrarregional o intramural (Geisse; 1979).
Dado nuestro inter& en el tema de la concentracion urbana, nos limitaremos
a 10s dos primeros subsistemas y s610 a aquellas variables que son atingentes a
61.
Se parte del supuesto de que 10s sistemas urbanos y sus tendencias secula-
res a la concentraci6n urbana, son manifestaciones espaciales del conjunto de
actividades econ6micas y relaciones sociales y que, por lo mismo, su funcio-
namiento y transformacih s610 pueden ser comprendidos a la luz de las leyes
que regulan el desarrollo de tales actividades y relaciones. Por otra parte, el
supuesto anterior no es incompatible con el hecho de que en determinadas
coyunturas histbricas, el sistema urbano cristalizado espacialmente, suele con-
vertirse a la vez en factor interviniente en la configuraci6n de opciones futuras
de desarrollo econ6mico. Desde el punto de vista de la planificacih urbano-
regional, la identificacih de las formas con que se ejerce esta influencia en
cada uno de 10s subsistemas antes mencionados es crucial.
En primer lugar, explicitaremos el concept0 de desarrollo que se utilizarh
en este trabajo'distinguiendo lo que es el desarrollo capitalista de lo que
debiera ser s e g ~ n10s varios autores que han entrado en la discusi6n critica de
las formas que asume en AmCrica Latina.
El inter& de esta discusi6n reside en el hecho de que muchas de las posi-
ciones de tip0 valorativo sobre la concentracion urbana, derivan de concep-
tuall"zaciones ideologizadas de desarrollo econ6mico.
45
46 GUILLERMO GEISSE

En segundo lugar, haremos explicit0 qu6 es lo que entendemos por con-


centraci6n urbana y sus diferencias con otros conceptos, como el de proceso
de urbanizacibn, con el que se le suele confundir. A1 hacer esto, precisaremos
por que nos interesa el problema de la concentracibn urbana dejando clara-
mente establecido que no nos anima ninglin prejuicio ni en favor ni en contra
de ella.
En tercer lugar, intentaremos identificar las categorias analiticas para el
anilisis de la concentraci6n urbana. No de cualquier proceso de concentraci6n
sino del producido en 10s paises latinoamericanos bajo leyes de desarrollo
particulares a la regi6n. Asumiremos la tesis de que el desarrollo econ6mico y
las leyes que lo regulan se ven fuertemente afectadas por las relaciones entre
10s SME, SMI y SS como lo establece Singer (1971). Per0 impugnaremos la
proposici6n de Singer de que el desarrollo econ6mico es s610 posible cuando
su SMI est6 en condiciones de generar industrias de producci6n que sustitu-
yan a 10s productos manufacturados importados (Singer, 1968). Estamos de
acuerdo con Singer en que el desarrollo econ6mico esti asociado a la expan-
si6n de la demanda interna, agregando, si, que bajo ciertas condiciones h i s 6
ricas el SME act6a como agente dinamizador de dicha expansi6n. En la actual
fase de internacionalizaci6n de las economias nacionales el paso por la IS no
seria cmdici6n necesaria del desarrollo econ6mico o podria ser superada en
aquellos paises donde se produjo. Finalmente la tesis de Singer no parece sos-
tenerse en paises avanzados del capitalismo mundial en 10s que la integracibn
de 10s mercados nacionales tiende a diluir el limite entre SMI y SME.
Entraremos entonces a identificar 10s factores determinantes de la capaci-
dad de las economias locales para la internalizacibn de 10s impulsos del SME.
Estos factores ser5n analizados teniendo en mente paises cuyo potencial de
desarrollo est5 basado mis en su dotaci6n de recursos naturales, que en el
tamafio de su mercado interno. Es decir, paises que segun las tesis de Singer
y Cardoso parecieran no reunir las condiciones para un desarrollo econbmico
dentro del capitalismo monop6lico y dependiente. Las relaciones entre SME,
SMI y SS s e r h estudiadas entonces a la luz del comportamiento de 10s facto-
res identificados, comportamiento que es diferente entre paises de la regi6n
asi como de un period0 a otro del desarrollo. La explicaci6n de la concen-
traci6n urbana debe dar cuenta de estas diferencias evitando generalizaciones
que restan efectividad a las politicas de desarrollo urbano-regional y de distri-
buci6n espacial de la poblaci6n.

1. El concept0 de desarrolloy la realidad historica de Amkrica Latina

Nadie desconoce el hecho hist6rico de que el desarrollo econbmico de Am&-


ca Latina esti fuertemente condicionado por las formas de inserci6n de sus
economias en 10s mercados mundiales organizados en torno a 10s paises in-
dustriales del mundo capitalista. El desacuerdo se expresa en diferencias en:
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 41

a) las apreciaciones sobre qui es desarrollo econ6mico y cuan compatible es


con la condici6n de dependencia de las economias locales b) la interpretacibn
sobre el funcionamiento y la dinfimica del desarrollo capitalista al nivel mun-
dial y c) sobre 10s entrelazamientos especificos que asumen las relaciones ex-
temas e internas durante las diferentes fases del desarrollo de las econo-
mias dependientes.
a) Los conceptos de desarrollo. Existe una marcada tendencia hacia la con-
sideraci6n de una distinci6n Btica entre crecimiento econ6mico y desarro-
llo econ6mico. El desarrollo econ6mico no se daria cuando el crecimiento es
acompafiado por desigualdad en 10s ingresos, por la orientacibn de recursos
hacia areas improductivas (en particular las destinadas a satisfacer las deman-
das de consumo superfluo de sectores de altos ingresos), por la subutilizaci6n
de capacidades productivas o us0 irracional de 10s recursos, por la falta de par-
ticipaci6n de las mayorias pobres en las decisiones politicas yen el mercddo de
consumo, etc. Mis a h , el crecimiento con estas caracteristicas es identificado
por algunos como subdesarrollo. Entre estos Gltimos, est& 10s autores que
han intentado definir “dependencia” en 10s tCrminos de una “teoria”. El des-
arrollo bajo dependencia, se dice, pierde su caricter progresivo y su dinimica
s610 puede generar subdesarrollo (Frank; 1966, Sweezy ; 1942, Dos Santos;
1968; 1970, Marini; 1972). Frank va mis lejos en cuanto a las connotaciones
ideolbgicas de su andisis al sugerir que las economias dependientes no tienen
otra via de desarrollo que su transformacibn socialista (Frank; 1969). Las
hip6tesis de la supuesta teoria del desarrollo del subdesarrollo no ha sido con-
firmada por datos empiricos (Cardoso; 1974, Palma; 1978). Lo que sies claro,
es que el desarrollo en 10s paises dependientes asume formas especificas en
sus contradicciones politicas, sociales, econ6micas y espaciales, asi como
maneras especificas de superarlas y de generar nuevas contradicciones, di-
ferentes a la de 10s paises centrales. A la luz de 10s datos disponibles e irrefu-
tables, concluir de estas especificidades que el capitalismo ha perdido o mnca
ha tenido un rol progresjvo en AmCrica Latina, es como dar un salto en el
vacio (Palma; 1978).
b ) El entrelazamiento de las relaciones externas e internas. En este tema se
ubica el centro del debate. En un extremo del espectro ideol6gico e s t h 10s
que predican que el desarrollo econ6mico de 10s paises en desarrollo esti es-
trechaniente ligado a su plena inserci6n en el comercio internacional y a la di-
visi6n internacional del trabajo al igual que lo estuvo en 10s paises hoy des-
arrollados (Haberler ; 1957,1968).
En el otro extremo esta G. Frank, quien sostiene que, por el contrario, el
comercio exterior basado en las llamadas ventajas comparativas conduce ine-
vitablemente al subdesarrollo de 10s paises dependientes. Palma sefiala el he-
cho de que, no obstante las profundas diferencias ideol6gicas que separan a
estas posiciones, ambas son formalizadas en ecuaciones de equilibrio general
estiticas y ahistbricas. En ellas quedan totalmente desplazadas del centro del
andisis, las relaciones de clase y las estructuras politicoideol6gicas que con-
48 GUILLERMO GEISSE

dicionan la capacidad intema de absorber la d i n h i c a del mercado internacio-


nal (Palma; 1978). Es por ello que las implicaciones de politica que surgen de
ambos esquemas pecan de sobresimplificaci6n: una, basando su optimism0 a
ultranza en las relaciones de libre intercambio externo y la otra en plantear la
necesidad del socialismo.
Entre ambos extiemos se ubican enfoques que han dado una atenci6n pre-
ferencial a las estructuras intemas. El acento, sin embargo, se ha puesto en 10s
obsticulos que estas estructuras imponen a1 desarrollo econ6mic0, que es
definido acorde a un conjunto de apreciaciones valorativas sobre 19 que dste
debiera ser. Cardoso llama la atenci6n sobre la extrafa coincidencia sobre este
respecto con que aparecen Myrdal, Prebisch y 10s seguidores de dste en Ce-
pal, con actores que 61 identifica como de la izquierda tradicional (Cardoso;
1978). La similitud de las proposiciones es Clara, a pesar de las diferencias de
lenguaje y de las premisas de apoyo empleadas. Para ambos, sin la remoci6n
de 10s obsticulos internos (sectores tradicionales) a travks de la IS no es posi-
ble la recomposicih de las relaciones de intercambio externo que impiden el
desarrollo de las economias dependientes. La IS, sin embargo, no produjo el
desarrollo esperado o deseado seglin 10s supuestos valorativos con que el con-
cepto habia sido concebido tanto por unos como por otros. Curiosamente,
como lo seiiala Palma, esa es la raz6n detrhs de ambas lineas de pensamiento
para la reformulaci6n casi simultinea de sus posiciones respecto a la IS veinte
aiios despu6s. En ambos casos, el tono fue marcado por el pesimismo en cuan-
to a las opciones de desarrollo abiertas para la AmCrica Latina (Palma; 1978).
Una vez mis 10s paradigmas, en este cas0 de sign0 negativo, se v e r b sin el
apoyo de las realidades concretas empiricamente expuestas, esta vez por erro-
res en la predicci6n del desarrollo capitalista a nivel mundial.
c ) Las interpretaciones del funcionamiento y dinamismo del capitalismo
mundial. Cardoso atribuye el pesimismo a algunos autores sobre 10s resultados
de la IS a1 hecho de no tomar en cuenta el caricter ciclico del capitalismo a
-ivel mundial. “La ironia es que al mismo tiempo que ambos grupos centra-
dos L.: 10s obsticulos del desarrollo dependiente se ocupaban de escribir y
publicar diferentes versiones de teorias del estancamiento econ6mic0, el in-
tercambio internacional se intensificaba, 10s tCrminos de intercambios evolu-
cionaban en favor de las exportaciones primarias de Amdrica Latina y algunos
paises aprovechaban la oportunidad favorable acelerando el ritmo de des-
arrollo econ6mico” (Cardoso; 1977).
La contribuci6n de Cardoso sugiere una revisi6n del andisis (distinguiendo
lo que es, de lo que seglin cada cual debiera ser) respecto no s610 a la fase ac-
tual de intemacionalizaci6n de las economias nacionales sino tambidn respec-
to a las fases pasadas. El trabajo de Sunkel en colaboraci6n con Cariola so-
bre el impact0 de las exportaciones de salitre en el desarrollo econ6mico de
Chile a fines del siglo pasado, es tremendamente sugestivo en este respecto.
En efecto, en este trabajo Sunkel revela un giro en su tesis de que desarrollo
en 10s paises centrales y subdesarrollo en la periferia son dos caras de la mis-
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 49

ma moneda (Sunkel; 1972, 1973), demostrando de paso la gran necesidad


tedrica de pasar de las generalizaciones a 10s estudios particulares.
El andisis del auge salitrero chileno (1880-1920) dentro de un ciclo deter-
minado del mercado mundial, revel6 con entera claridad la magnitud y las
formas precisas de internalizacidn de la expansidn del SME que no encuentra
explicacidn dentro de 10s marcos ofrecidos por las tesis generales del subdes-
arrollo en America Latina. Esto s610 es posible de explicar entrando en el
ana'lisis de 10s condicionantes intemos con 10s cuales debi6 operar el ca-
pital internacional en el terreno de las estructuras de clases y de la organiza-
ci6n del Estado.
En cuanto a la fase actual caracterizada como de transnacionalizacih de las
economias nacionales, el aporte te6rico de Cardoso sugiere ma's desmitificacio-
nes como lo anticipa Palma: la lucha por la industrializacidn que fue emprendida
como una lucha contra la dependencia, se ha convertido desde 10s aiios sesen-
ta en un objetivo del capital internacional en algunos paises. De esta manera,
la dependencia e industrializacidn han cesado de ser contradictorias y el cami-
no de un desarrollo dependiente es viable, particularmente para 10s paises mis
grandes de la regidn. Sin embargo, la industrializacidn no parece ser el unico
camino de desarrollo capitalista monop6lico y dependiente. TambiCn puede
darse en aquellos paises donde la atraccidn ejercida sobre el capital internacio-
nal reside en 10s recursos naturales y que han pasado por etapas precedentes
de IS y por lo mismo, cuentan con una infraestructura interna, matrices de
insumo-product0 y fuerzas sociales internas capaces de internalizar 10s impul-
sos del SME.

2. El concept0 de concentracicin urbana

La concentracidn urbana es una determinada tendencia de la distribucion


espacial de la poblacidn por la cud una ciudad de un sistema urbano determi-
nado, crece en poblaci6n en forma sostenida en el tiempo a tasas superiores
a las de crecimiento poblacional del conjunto de las ciudades del sistema. La
concentracidn urbana suele darse al interior del proceso de urbanizacih que
en sus alcances demogrificos, tiene lugar cuando las tasas de crecimiento de la
poblacidn urbana son mis elevadas que las tasas de crecimiento de poblaci6n
global. Se ha comprobado que, por lo general, mientras mayor es la tasa del
crecimiento urbano, mayor es la tendencia a la concentracidn urbana.
La concentraci6n urbana no debe ser medida sdlo por la variable poblacio-
nal. La concentracidn de poblaci6n en unas pocas ciudades, est6 asociada a la
concentracidn en ella de capitales y del poder politico.'

1 Es comhn asociar concentracih de poblaci6n en ciudades con el auge del capital


industrial, lo cual es efectivo s6lo en las etapas iniciales de la industrializaci6n. Esta asc-
ciacibn es tan arraigada que pricticamente no hay politica de descentralizaci6n regional
que no se base en el desarrollo de industria en las regiones
50 GUILLERMO GEISSE

Con el desarrollo econ6mic0, 10s desplazamientos de capitales de pobla-


ci6n y de poder politico, concurren hacia unos pocos puntos en el espacio
que ofrecen ventajas para la producci6n, consumo y distribucibn del exceden-
te, sea Cste materia de apropiaci6n privada o social. La concentracibn de la
poblaci6n en unas pocas grandes ciudades es una tendencia universal, m6s o
menos controlable, se@n se trate de economias socialistas o capitalistas. Para
ambos tipos de sociedades, la eficiencia de la concentracibn es efectiva. Lo
que es diferente son 10s fines, mecanismos e instituciones que determinan cb-
mo se distribuyen 10s beneficios de la concentraci6n -es decir del desarro-
Ilo- entre sectores econ6micos, regiones y clases sociales.
La concentracibn urbana es tambiCn diferente entre sociedades dentro del
sistema capitalista, correspondiendo hacer una primera distinci6n entre paises
centrales y paises en desarrollo. Hist6ricamenteYen 10s primeros, el desarrollo
econ6mico es producido enddgenamente mientras que en 10s segundos, es
inducido desde fuera. El crecimiento endbgeno est6 basado en el monopolio
que otorga la innovaci6n tecnol6gica en la acumulaci6n capitalista. La inno-
vaci6n tecnolbgica, al avanzar en todos 10s sectores, impone una mayor diver-
sificaci6n y una necesaria integraci6n vertical y horizontal de 10s sectores y
ramas productivas. Esto implica la destrucci6n casi total de las formas de or-
ganizaci6n y relaciones de producci6n atrasadas y una ocupaci6n relativa-
mente homogCnea de 10s espacios nacionales con sistemas urbanos regulados
y consolidados en funci6n de las exigencias de mercados internos estables. El
intercambio externo, es la extensi6n de la estructura productiva del SMI, la
cual se impone al resto del mundo con las necesarias readecuaciones. Por ello,
en las economias dominantes del sistema capitalista, el desarrollo generado
por el comercio exterior es automiticamente internalizado por su SMI.
En cambio, las economias perifkricas del sistema capitalista, presentan un
cuadro diferente en cada una de las etapas de su desarrollo. Las relaciones de
intercambio externo reguladas por el rkgimen colonial son justamente la nega-
ci6n del desarrollo econ6mico. La I6gica de la maximizaci6n del excedente
exportable, sin mis retorno que el necesario para la sustentaci6n del rigimen
politico-coercitivo, se impone en la configuraci6n de 10s sistemas urbanos.
Desde su origen, la concentracibn urbana fue una expresi6n mis de esa 16gica
expresada ya sea en la necesidad de un control estricto del intercambio exter-
no (ciudades-nexos con la metr6poli), ya sea para el control de la fuerza de
trabajo (aglomeraci6n de trabajadores en pueblos de indios).
Durante esta etapa historica, desarrollo econ6mico implic6 ruptura del mo-
nopolio colonial que impedia la maximizaci6n del excedente comercial a ser
reinvertido localmente. Esto se daba previa existencia de dos condiciones: el
surgimiento desde el propio sen0 del orden colonial de fracciones de poder
local capaces de disputar con el capital central una parte del excedente y el
cambio en las leyes de la acumulacion a nivel global hacia el libre intercambio.
Es decir, para esto fue previa la consolidacibn del capitalism0 industrial en la
nie tr6poli.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 51

Desde ese mismo momento, el desarrollo de las fuerzas productivas de las


ex colonias estaria determinado por un conjunto de factores cuyo comporta-
miento es decisivo en la capacidad de las economias locales para internalizar
10s impulsos del SME. Es a la luz de la influencia combinada de estos factores
en las relaciones que se establecen entre 10s SME, SMI y ES donde hay que
ubicar las causas de la concentraci6n urbana.

3. Las interrelaciones entre sector mercado extemo, sector mercado interno y


sector subsistencia

En las economias de origen colonial como las de Amdrica Latina, la puesta


en marcha del proceso de desarrollo econbmico, estd asocia-'a a la expansih
del mercado interno y a la creaci6n de una capacidad politica local en condi-
ciones de negociar la retenci6n de parte del excedente econ6mico acumulado
a nivel mundial.
La expresion de dicha negociacih, varia s e g h la fase historica del des-
arrollo. S e g h Singer, el desarrollo econbmico se inicia con la ruptura estruc-
tural entre el SME y el SMI imponidndose dste dtimo a travks de la IS. La
proposici6n de Singer postula una relaci6n antag6nica entre SME y SMI que
sblo una ruptura estructural puede resolver en favor del primer0 a travds de
la IS.
La industrializaci6n produjo una gran expansi6n del SMI en todos aquellos
paises que entraron en el proceso de IS a partir de 10s aiios 30. Per0 de esto
no debe desprenderse que la IS fue la primera ni menos la imica opci6n posi-
ble para el impulso del desarrollo econ6mico en AmCrica Latina.
La IS, para imponerse como una nueva fase de desarrollo, requiri6 justa-
mente de la existencia de un desarrollo econ6mico previo: un mercado in-
terno urbano suficientemente amplio como para justificar econ6micamente la
instalacibn de industrias locales y fuerzas sociales igualmente urbanas, capaces
de iniponer medidas proteccionistas a la industria a traves del Estado. Estas
condiciones se dieron precisamente en aquellos paises que mis temprano y
con mayor intensidad se incorporaron en la divisi6n internacional del trabajo
como exportadores de productos primarios.
Por otra parte, la IS tiene un limite como fuerza motora de la expansi6n
del mercado interno. Todo 10s paises deberh alcanzar ese limite, mis tarde
10s mis grandes, mis temprnio 10s mis pequeiios. El limite se encuentra en el
punto en que la IS se constituye en una barrera para la acumulacion capitalis-
ta, ya sea por razones internas (ineficiencia y elevation de las reivindicacio-
nes laborales) como por r a z h de la expansi6n del capitalism0 a hive1 mundial
(internacionalizaci6n de las economias nacionales). La crisis de 10s regimenes
politicos democriticos que dieron el context0 a la IS, revela la concurrencia
de ambos hechos. De esa crisis, surge una nueva fase de acumulacibn capitalis-
ta: la de internacionalizaci6n de las economias locales.
52 GUILLERMO GEISSE

La intemacionalizaci6n de las economias nacionales, ha significado proce-


sos de descentralizaci6n industrial desde 10s paises desarrollados hacia paises
en desarrollo. En algunos casos, ha sido por su inter& en 10s mercados inter-
nos de esos paises. En otros, ha sido atraido por recursos naturales y en otros,
finalmente, la principal atracci6n ha sido la posibilidad de acceder a mano de
obra barata.
En el primer caso, se podria arguir que a h es d i d o el postulado que la
IS, esta vez con participacibn directa del capital intemacional, sigue siendo el
motor de la expansi6n del mercado interno y consecuentemente del desarro-
110 econ6mico. Pero, ipor cu6nto tiempo esos paises podrin mantener las
tasas de crecimiento interno de no resolver 10s estrangulamientos extemos a
traves de la expansi6n de las exportaciones?
Los paises pequefios que entran en el actual proceso de internacionalizacibn
de sus economias, basindose en la atracci6n que ejercen sus recursos natura-
les en el capital internacional, pueden diferenciarse en dos grupos. Uno de
ellos formado por 10s que lo hacen desde una economia principalmente rural.
Otros, son 10s que intentan iniciar ese proceso despuCs de haber pasado por la
etapa de IS. Demostraremos que en estos ultimos, desarrollo econ6mic0, capi-
talismo monopolico y dependencia, no son necesariamente incompatibles. In-
sistimos una vez m b , en que nos referimos a desarrollo capitalista.

4. Factores deteminantes de la intemalizacidn de 10s impulsos del SEM

Por razones de su origen hist6ric0, 10s paises latinoamericanos iniciaron su


desarrollo insertos en la divisi6n intemacional del trabajo impuesto por la acu-
mulaci6n capitalista a nivel mundial, es decir, bajo la hegemonia del SME
centrad0 en sus recursos naturales. La hegemonia del SME ha estado presente
a lo largo de la historia hasta hoy dia, aun cuando sus efectos en la conforma-
ci6n de las estructuras internas (sociales, econ6micas y espaciales) haya sido
diferente en las diversas etapas histCricas y 10s diversos paises.
Si bien el tamaiio del SME, en relacibn al SMI y SS, ha tenido influ’encia
en el nivel de desarrollo de las economias nacionales y en su grado de urbani-
zacibn, mis importante que el tamaiio, ha sido la funci6n que cumplen las
actividades del SME y la forma como se encadenan con el SMI y SS.
Tebricamente, puede darse el cas0 de un pais pequefio con una apertura
amplia y diversificada hacia 10s mercados mundiales con tasas mis elevadas
de desarrollo y relativamente mis aut6nomo en sus decisiones, que otro con
un mercado interno “protegido”, de mayor volumen y crecimiento (respecto
al SME) que el primero, per0 afectado en su desarrollo por estrangulamientos
externos. TambiCn pueden darse diferencias entre paises con una apertura
igualmente amplia al comercio internacional, con diferentes efectos econ6mi-
cos, sociales y espaciales, se@n la etapa de desarrollo en que dicha apertura
se produjo. Es el cas0 de una economia nacional que se abre sin restricciones
a1 comercio intemacional, despuks de haber pasado por un proceso de IS,
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 53

mientras que otras lo hacen desde una base agricola. En el primer caso, puede
esperarse un efecto multiplicador interno de la expansibn del SME mayor que
en el primero, a travks de la matriz de insumo-product0 y de la presibn de
clases sociales cuyo inter& se ve ma’s identificado por la expansibn del SMI.
La insercibn de las economias locales en el mercado mundial, cualquiera
que sea su forma, ejerce una influencia concentradora en la poblaci6n y 10s
capitales en una o dos ciudades. Fuera de las fuerzas propias de las economias
de mercado y de razones de caricter general que inducen hacia la concentra-
ci6n espacial, hay otras propias del context0 econ6mico politico del desarro-
llo dependiente que se suman a las primeras en su influencia concentradora.
Per0 el significado de dicha concentracibfi varia de una situacibn a otra s e g h
la proporci6n del excedente producido por el SME que es retenido localmente
y la forma como es distribuido entre sectores econbmicos, clases sociales y
regiones. En otras palabras, varia s e ~ lan forma como el encadenamiento de
10s SME, SMI y SS afecte la divisi6n social y regional interna del trabajo. Es
muy diferente el signifkado del fen6meno de “primacia urbana” bajo el “sis-
tema de plantacibn” como ha sido caracterizado por Beckford (Beckford;
1972), del producido por una economia en un proceso de IS ya avanzado.
En el primer caso, una elevada proporcibn del excedente del SME es remi-
tido hacia el exterior mientras que el SMI est6 casi enteramente limitado por
el predominio de economias de subsistencia o campesina con una dibil divi-
si6n del trabajo entre campo y ciudad y entre clases. Mintz (1959) describe el
sistema urbano de plantaci6n como uno dendritico: es encabezado por una
gran ciudad costera que es el nexo de intermediaci6n entre las actividades
agro-exportadoras (generalmente de un solo producto) con el mercado exter-
no, y a la vez el asjento de una burguesia comercial local cuya acumulacibn se
basa en la explotacidn monops6nica del campesinado. El sistema de centros
urbanos, no es otra cosa que un sistema de plazas de mercado jerarquizado es-
pacialmente en funci6n de ese fin?
A1 contrario, la gran ciudad que da soporte material a la IS fue posible
cuando se dieron las condiciones econbmicas y politicas para retener y orien-
tar hacia elSMI una elevada proporci6n del excedente del SME. En sus 61ti-
mas etapas, la expansi6n del SMI se hace efectiva al campesinado que al ser
incorporado a la economia monetaria, especializa su produccibn reducien-
do el sector de subsistencia. La divisi6n del trabajo entre campo y ciudad se

2 Los sistemas urbanos en economias agrkolas de exportaci6n monoproductiva, cc-


lonial o neocolonial, que sirvieron de base a la investigacibn de Mintz fueron 10s de Haiti.
En cierta medida, la regularidad espacial observada all;, es aplicable a las economias de
las Indias Occidentales del Caribe, a paises de America Central y de muchos paises del
Africa y Asia. Es en estas economias donde la divisibn de clases aparece m& coincidente
con una divisibn espacial ciudad-campo. Aun asi, no se justifica la proposici6n populari-
zada por Johnson (1970), inspirada por el trabajo de Mintz de que la ciudad explota a1
campo.
54 GUILLERMO GEISSE

profundiza y la presidn de la demanda campesina por bienes y servicios de la


ciudad, da lugar al crecimiento de centros intermedios especializados. La ciu-
dad primada industrial, lejos de tener el caricter parasitario que tienen en el
sistema dendritico, cumple un rol clave en la elevaci6n de la productividad de
la economia nacional al movilizar fuerza de trabajo del SS a actividades urba-
nas de mayor productividad.
Las formas que asume el encadenamiento entre el SME y 10s SMI y SS, de-
pende de factores que pueden ser agrupados entre aquellos de caricter econ6-
mico y naturales y otros sociales y politicos.

5. Factores naturales y economicos del encadenamiento de 10s SME y SMI

Un primer factor es la dotaci6n de recursos naturales de 10s cuales depen-


de: a) el grado de diversificaci6n de la estructura de las exportaciones y, en
consecuencia, el grado de vulnerabilidad de las economias locales respecto a
las fluctuaciones de la demanda externa b) la tecnologia utilizada desde la
mis intensiva en capital con rigimen salarial como es el cas0 de las economias
de plantaci6n especialmente del azficar (a partir del presente siglo) o de las ex-
plotaciones mineras y c) el us0 de factores locales y 10s pagos que ellos im-
plica a1 capital y trabajo locales 0,en otras palabras, 10s “backward linkages”
impuestos por la naturaleza misma de 10s recursos en explotaci6n. Es mucho
menor el efecto multiplicador local de una explotaci6n de exportaci6n espe-
cializada en producciones de bajo consumo local (estaflo, o anicar por ejem-
plo) que el de una cuyo product0 es a la vez bien de consumo interno masivo
(carne y trigo por ejemplo).
Un segundo factor es el nivel de desarrollo alcanzado por el capitalistamo
mundial en el momento en que se produce la inserci6n de las economias lo-
cales en el mercado mundial. Por ejemplo, las economiaa locales que se in-
corporaron primero a la divisi6n internacional del trabajo, lograron un nivel
de acumulacibn local que las pus0 en situaci6n de ventaja en cuanto a la inter-
nalizaci6n de 10s impulsos del SME en etapas posteriores de IS y de transna-
cionalizacion.
Por ejemplo, no obstante las criticas de 10s defensores de la actual politica
economica chilena respecto a politicas precedentes de IS, lo que hoy se exhibe
como 6xito econbmico no seria tal sin la infraestructura social y econ6mica
que la politica criticada construy6. Esa infraestructura es determinante en la
internalizacibn de 10s impulsos del SME que pas6 a constituirse en el sector
hegemonic0 con la actual politica econbmica de ese pais.
Algunos autores han llamado la atenci6n sobre el mayor efecto multiplica-
dor interno del capital internacional (inglks) del siglo pasado respecto del ac-
tual (norteamericano). El primero, se concentr6 en inversiones de infraestruc-
tura de transporte y comercializaci6n complementarias a actividades produc-
tivas locales mientras que el segundo, se concentro mis bien en actividades ex-
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 55

tractivas de tip0 enclave, a excepci6n de 10s paises mis grandes durante las
W m a s dos dCcadas, donde la atracci6n es la industria manufacturera.
Un tercer factor es el origen del capital. El capital concentrado en la acti-
vidad del SME no siempre es extranjero asi como Cste es en algunos casos in-
vertido en el SMI. Sin embargo, existen pocas posibilidades de desarrollo para
el S M E sin la participacih del capital extranjero en algunas de sus variadas
formas: inversi6n directa, financiamiento, comercializaci6n, tecnologias, etc.
Cualquiera que sea el sector de atracci6n y la forma de participacibn del capi-
tal extranjero, su penetracibn en las economias nacionales depende de las faci-
lidades que se le concedan para remitir utilidades y ganancias de capital hacia
el exterior. Por lo tanto, la proporci6n del valor retenido localmente suele ser
menor cuando Cste proviene de capitales extranjeros y no de capitales nacio-
nales (suponiendo constantes 10s factores politico^).^
Una mayor proporci6n del excedente de capital productivo, es reinvertido
en el pais cuando es controlado por capitalistas nacionales que cuando lo es
por capitalistas extranjeros. Ademis, es mis probable que la reinversi6n de
capitales en el primer caso, tenga un mayor efecto de concentracibn espacial
que en el segundo por la vinculaci6n mds estrecha existente entre SME y SMI.
Por lo demis el capital extranjero tiende a maximizar la compra de insumos
en 10s paises centrales, ya sea por razones de indivisibilidad tecnol6gica como
por el hecho de formar parte de vastos conglomerados transnacionales. Por
otra parte, si bien 10s pagos al factor trabajo y servicios locales pueden llegar a
~
ser mis elevados que 10s promedios nacionales, la absorci6n de mano de obra
es, por lo general, reducida en este sector dada la mayor intensidad de capital
en las empresas internacionales. Asi y todo, la retenci6n del valor generado
por capitales internacionales en el S M E puede ser considerable dependiendo
de la naturaleza de recursos explotados y de 10s factores poli'ticos que deciden
la parte del excedente captada por el Estado via tributaria. Cabe sefialar que
cuando esta capacidad es grande, es el reflejo de una alianza de fracciones de
clases dominantes la cual a su vez se expresa en esquemas juridico-politicos al-
tamente centralizados. Por esto, la reinversibn del excedente del SME via es-
tatal tiene efectos marcadamente concentradores en lo espacial.
Un cuarto factor es el tamario demogrXico y geogrWico del pais asi como
la forma de su territorio. En paises con bajo nivel de ingreso per capita como
10s de AmCrica Latina, una poblaci6n voluminosa facilita la industrializaci6n
local al ofrecer Csta incentivos de escala al capital manufacturer0 en ciertos
rubros de consumo masivo. El tamario demogrhfico ha sido analizado por Sin-
ger como un factor que bajo ciertas condiciones favorece el desarrollo econ6-
mico (Singer; 1971). Este argument0 c o n f m a las ventajas de paises de gran

3 En este sentido es de notar la diferencia entre Argentina, Brasil y Chile. En 10s


dos primeros pakes la propiedad de las actividades primarieexportadores estuvo mayori-
tariamente bajo control de capitales nacionales, mientras que en el tercer0 estas fueron
sistemlticamente cedidas a l capital extranjero casi en su totalidad
56 GUILLERMO GEISSE

poblacibn como Argentina, Brasil y MCxico, que a la vez son 10s identificados
con el mayor potencial de desarrollo de la regi6n. Sin embargo, no hay que
olvidar que Argentina y Brad fueron de poblacibn escasa en su origen y su
gran tamafio poblacional actual tiene su origen en el volumzn de 10s flujos
migratorios internacionales atraidos justamente por su potencial de recursos
naturales y su temprana inserci6n en 10s mercados mundiales. Cualquiera que
sea la razbn del tamafio poblacional de esos paises, el argument0 de Singer es
acertado aunque limitado. No explica por quC Chile y Uruguay, de reducida
poblacih, formaron parte del grupo de paises que mis tempranamente entra-
ron en la IS. En estos paises la presencia de factores politicos en el paso de
una etapa a otra del desarrollo es clave, restando importancia al factor pobla-
cional como condicibn necesaria de la IS.
El tamafio poblacional pareciera rnis bien influir en la atracci6n ejercida
sobre el capital intemacional que se orientaria a la produccibn industrial de
10s paises grandes, prolongando la etapa de substitucih de importaciones, in-
cluso llegando a la fabricacih de ciertos equipos y bienes de capital. Esto, a
diferencia de paises rnis pequeiios cuya opci6n de expansibn capitalista en la
etapa de transnacionalizacibn de las economias nacionales, es abrirse a 10s
mercados mundiales en base a sus ventajas comparativas.
En el primer caso, no por ser el SMI de lnayor crecimiento respecto al
SME, la economia nacional es menos dependiente que en el segundo caso. Si
bien existe una relaci6n rnis directa entre dicho crecimiento y la penetracibn
del capital extranjero interesado en 10s mercados internos, paradhjicamente
la dependencia de la economia local respecto a 10s mercados mundiales suele
llegar a extremos por causas de estrangulamientos externos. En cambio, en una
economia abierta basada en la explotacih de recursos naturales, tebricamen-
te el SME puede jugar un doble rol: es el unico sector productivo que responde
a una demanda extema (por lo tanto no restringida por el tamafio del merca-
do intemo); y es la fuente mis importante de fondos para la inversibn en la
economia. Esto significa que el sector exportador podria crecer tan ripido co-
mo Sean movilizados hacia 61 10s factores de produccibn que requiere, dado
un determinado mercado mundial.
Por otra parte, al usar estos factores de produccih, inyecta demanda efec-
tiva a la economia local. Como esta demanda efectiva es acompaiiada por au-
mento de las exportaciones, el efecto multiplicador de ista no tiene por quC
encontrar -siempre a nivel tebrico-- 10s tipicos cuellos de botella del creci-
miento inducido por demanda creada internamente por la politica de IS. A
ello se agrega el hecho de que el sector exportador tambih estimula la econo-
mia local a traves de compras de insumo y equipos (backward linkages
effects). El segundo rol del sector exportador es el de proveer fondos de im-
portacibn.
Por filtimo, hay un quinto factor que es la forma del pais, el clima y la
distribucibn geogrifica de 10s recursos naturales y de su poblacibn original.
Todo esto configura un componente de concentracibn urbana que en teoria
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 57

espacial es llamado “early start”. En casi todos 10s paises, las ciudades que
mris crecieron fueron aquellas fundadas en regiones ricas en recursos natura-
les (especialmente agricolas), de alta densidad demogrBfica y a la vez en zonas
de ficil accesibilidad a la costa, cuando no en la costa misma. En zonas cer-
canas al trbpico, el factor clima llev6 a 10s conquistadores a fundar ciudades
en niveles superiores a la cota de 10s 1.OOO metro^.^
El factor “early start” es particularmente fuerte en America Latina por tres
razones: primero, por la persistencia a traves del tiempo de la dependencia de
las economias nacionales hacia sus recursos naturales y del peso que sus pro-
pietarios mantuvieron a traves del tiempo en el consumo urbano y en las es-
tructuras de poder de base urbana; segundo, por la dependencia mantenida a
travCs del tiempo del comercio exterior de ultramar, aun en paises como Bra-
sil y Argentina, que lograron desarrollar un gran mercado interno; tercero, por
la necesidad de aprovechar las infraestructuras de transporte y comunicacio-
nes construida justamente en la etapa primario-exportadora, dada la escasez
de capitales; y cuarto, porque cuando ha habido desarrollo del “interior”,
Cste ha sido en fechas recientes con capitales de un nivel de desarrollo tecno-
16gico y de modernizacih organizativa tales que han permitido disociar geo-
grSicamente plantas de producci6n en el “interior”, de centros de servicios
en las ciudades principales. Es decir, el desarrollo del interior es posible sin
urbanizaci6n 0,por lo menos, sin afectar 10s actuales patrones de concentra-
ci6n urbana.
Los factores naturales como 10s sefialados, dan cuenta de grandes diferen-
cias entre paises en cuanto a las formas de ocupaci6n de 10s territorios y a 10s
grados de concentraci6n urbana. Por ejemplo, en Chile, la proximidad de todo
su temtorio -el lugar mis lejano esti a 250 kms. del litoral- y la relativa di-
versificaci6n de sus recursos naturales distribuido a lo largo del pais, favore-
cieron la temprana incorporacibn de todo el territorio nacional a la divisi6n
internacional del trabajo. Chile no tuvo “interior”. A1 mismo tiempo, el
alto grado de especializaci6n de las regiones respecto de recursos naturales,
hizo necesaria desde antes de la IS una temprana integracibn regional de 10s
mercados favorecida poi la via maritima accesible a todas las regiones. Por
ello, la temprana insercibn de la economia chilena a la divisibn intemacional
del trabajo, es la causa de una temprana urbanizacih y la forma de distribu-
ci6n geogrifka de 10s recursos naturales, fu6 la causa de una urbanizacih
poco concentrada, comparada con paises como Argentina por ejemplo (las
funciones de producci6n consumo, e intercambio exterior que en Argentina

4 Estos fueron 10s pakes que mis tarde se incorporaron a la divisibn internacional
del trabajo dado que sus recursos no contaron con gran demanda en 10s mercados eure
peos del siglo pasado como fue el cas0 de 10s paises de climas templados del con0 sur.
Cuando la demanda por su producci6n se hizo sentir a principios del presente siglo, las
formas que asumib la urbanizacibn se acercaron a las propias de economias de planta-
ci6n.
58 GUILLERMO GEISSE

se dieron todas en Buenos Aires, en Chile se dieron en Santiago, Valparaiso, y


10s puertos del Norte y Sur).
Por 6ltimo, mientras en paises como Brasil, Argentina, Colombia y Perb,
el volcamiento de la economia nacional hacia el “interior” podria dar lugar en
el futuro a formas de integraci6n regional con un cierto grado de autonomia
de las ciudades capitales, en Chile esto no seria posible entre las regiones del
sur y del norte. Santiago es paso natural obligado entre estas dos zonas y por
lo tanto goza de una ventaja comparativa no modificable por el hombre. Si a
esta ventaja se suma el hecho de que en las cuatro provincias que circunlian la
capital se da el clima mis benign0 del pais y la muestra mis completa y diver-
sificada de 10s recursos naturales con que cuenta la economia nacional, la ac-
tual concentracibn de poblaci6n e infraestructura econ6mica y social tiene
plena justificaci6n y es de preveer que continuari en el futuro, independien-
temente de 10s cambios en 10s modelos politico-econ6micos que se impongan.

6. Estructura de clases, Estado y concentracibn espacial del crecimiento in-


ducido por el sector mercado externo, o 10s factores sociales y politicos de
la internalizacibn de 10s impulsos del sector mercado externo

Junto a 10s factores econ6micos y naturales, operan tambiCn de modo es-


pecifico, contribuyendo a la determinach de la concentracibn espacial, fac-
tores de orden socio-politico situados al nivel de la conformaci6n politica de
las clases sociales y del Estado. Los elementos mis relevantes de estos factores
muestran relaci6n con la capacidad de extensi6n nacional de la hegemonia
politica de las clases dominantes a trave‘s del Estado, la situaci6n de control
del SME por parte de estas clases y las formas en que se incorporan en el pro-
ceso politico las capas subordinadas de la sociedad. Estos elementos se han
presentado de diversos modos en el transcurso hist6rico de la regibn y s e g h
10s distintos paises. ActGan provocando efectos diferenciales sobre la capaci-
dad de internalizacibn del crecimiento inducido por el SME, y explican las
diferencias peculiares producidas entre economias de rasgos estructurales si-
milares.
Un primer elemento tiene que ver con la distinta capacidad que las frac-
ciones dominantes demostraron para imponer la unidad nacional, bajo la he-
gemonia de determinado arreglo de poder a travCs del Estado, en el periodo
posterior a1 logro de la independencia.
Obtenida la independencia de la metrbpoli, las economias latinoamericanas
profundizaron su inserci6n en el libre comercio internacional y en el sistema
de la divisi6n internacional del trabajo. La especificidad exportadora de mate-
rias primas de la regibn, en el marco de una mis amplia y directa vinculaci6n
con el mercado mundial, permiti6 el afmcamiento de diversas fracciones prc-
pietarias basadas regionalmente seg;n el tip0 y localizaci6n de su actividad ex-
portadora. Esta situaci6n gener6 rivalidades regionales al interior de 10s pai-
ses, determinada por la b6squeda de supremacia de unas fracciones sobre
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 59

otras. Muchas veces estas rivalidades regionales tomaron la forma de enfren-


tamientos violentos entre las distintas fracciones propietarias.
La resoluci6n de las luchas de car6cter regionalista que obstaculizaba la
consolidaci6n del Estado-nacibn, dependi6 de la capacidad de algunas de las
fracciones de la oligarquia para controlar el grueso del excedente del SME y
de transformar ese poder econ6mico en politico-militar para ser impuesto
sobre el resto de las fracciones desde la ciudad capital o la ciudad principal. Es-
to es lo que algunos autores llaman el triunfo de las fuerzas urbanas sobre el
“interior”
En un buen ncmero de paises, tal situaci6n no se dio automiticamente
con la independencia politica a comienzos del siglo pasado y en algunos otros
no ocurri6 ni siquiera durante un siglo. La inclusi6n atomizada de las fraccio-
nes propietarias locales en el comercio internacional, unida a su incapacidad
de agregar intereses y de generar un discurso ideol6gico que permitiera dar
contornos universales a sus intereses particulares especificos, ha sido un ele-
mento hist6rico persistente en muchos paises americanos. Esta situacibn, a ve-
c e s agravada por caracteristicas naturales desfavorables a la integraci6n espa-
cial (gran extensi6n territorial y/o barreras topogrbficas), estuvo presente como
un factor que impidi6 o retras6 en muchos casos el proceso de efectiva con-
formaci6n del Estado-nacibn. De esta manera, se obstaculiz6 la extensibn del
dominio estatal central y de la ciudad capital como expresi6n politica de una
clase o bloque de clase, y se dent6 la inestabilidad politica como un rasgo ca-
racteristico de muchos paises del continente.
En otros casos, en cambio, la situaci6n fue diferente. Si bien tampoco en
estos pudieron las diversas clases propietarias locales imponer un dominio
econ6mico generalizado desde el principio, pudieron sin embargo, generar
mecanismos politicos orientados a imponer el predominio del Estado central.
Algunos paises pudieron, mas temprano que otros, afirmar politicamente la
hegemonia nacional del Estado, como un instrumento de universalizaci6n de
10s intereses de un bloque de clases. El algunos casos en que esto ocurri6,
qued6 de manifiesto una relativa autonomia de 10s factores politicos en la
capacidad de la economia nacional para internalizar 10s impulsos del SME.
En el cas0 de Chile, por ejemplo, el period0 de inestabilidad politica que
sigui6 a las luchas independentistas fue relativamente corto, y el aparato del
Estado qued6 configurado entonces de una manera que perduraria por casi
cien des. Por otra parte, 10s embates regionalistas de fracciones propietarias
afincadas en el Norte y en el Sur, quedaron definitivamente aplacados en la
dCcada de 1850, en que se impusieron 10s intereses de la oligarquia exporta-
dora con asiento en Santiago. El Estado pudo imponerse por sobre preten-
siones regionalistas de conformaci6n federativa del pais. Para que esto suce-
diera fue condici6n esencial la integraci6n institucional y espacial del territo-
rio nacional en torno a la ciudad capital donde se asentb el poder politico-
administrativo y el gasto de las clases dominantes.
60 GUILLERMO GEISSE

La importancia de 10s factores politicos expresados en la extensi6n nacio-


nal de la hegemonia estatal cobra importancia, sin embargo, en relaci6n al
peso que reviste en la agrupacibn de las clases dominantes internas para vincu-
larse con el SME, en el period0 que e'ste es penetrado voluminosamente por
el capital extranjero, de acuerdo a la expansi6n de las economias capitalistas
centrales.
El capital extranjero abord6 de distintas maneras la penetraci6n del SME
de las diversas economias y estableci6 distintas formas de relaci6n con las
clases dominantes internas. En algunos casos, penetr6 en keas virgenes, en
otros tuvo que desplazar capitales locales. A veces su inversi6n se dispers6
territorialmente, otras, se concentr6 de acuerdo a las caracteristicas y locali-
zaci6n de 10s recursos explotables. Sin embargo, cualquiera que haya sido el
caso, 10s efectos sobre la capacidad de internalizar el crecimiento del SME,
variaron tambih se@n las condiciones en que las fracciones locales llegaron a
acuerdos con el capital extranjero. Estas condiciones estuvieron en buena me-
dida determinadas por la capacidad politica interna de agruparse frente al ca-
pital externo, capacidad derivada a su vez del grado en que se habia impuesto
la hegemonia estatal-nacional.
En el cas0 de Chile, por ejemplo, desde la penetracibn extranjera en el sali-
tre, 10s n6cleos fundamentales del SME fueron histbricamente cedidos al capi-
tal externo. No obstante, una porci6n significativa del excedente generado en
este sector pudo ser retenido e invertido internamente. Las fracciones propie-
tarias locales, se agruparon en torno al Estado mediante el cual materializaron
su alianza con el capital extranjero. No se dio la misma situaci6n en todos 10s
paises. En otros casos, el capital extranjero pudo operar directamente, sin la
mediacidn de un Estado fuerte y unitario, en condiciones m6s ventajosas que
le permitian reexportar casi la totalidad de sus excedentes.
De este modo, en casos como el chileno, las condiciones politicoestales fa-
vorecieron la capacidad de internalizacibn, al mismo tiempo que el rol del Es-
tad0 frente a la magnitud de la inversi6n externa, le permitib fortalecer su pa-
pel interno como instrumento de hegemonia nacional. La fuerza del Estado,
como expresi6n unitaria de las clases dirigentes frente a1 capital extranjero,
le permiti6, por medio de esa funcibn, potenciar su papel interno de instru-
mento hegem6nico de poder.
En casos como este, la capacidad del Estado para agrupar las fuerzas inter-
nas y el fortalecimiento politico y econ6mico que adquiere en su relaci6n con
el sector externo, tuvo importantes consecuenciaspoliticas internas que deri-
varon en implicancias espaciales. La principal entre aquellas fue la necesidad
de las distintas clases y sectores de acceder a recursos de poder en el Estado
como un modo de beneficiarse en la distribuci6n del excedente retenido del
SME. Esta necesidad, actu6 en el sentido de provocar una intensa activacibn
de la vida y la competencia politica, que se expres6 plenamente en la funci6n
de representacibn de intereses que ejercian 10s partidos politicos.
En Chile, por ejemplo, 10s partidos politicos, aunque sin desprenderse de
ECONOMIA Y POLJTICA DE LA CONCENTRACION URBANA 61

su caricter sectorial en la representacibn de intereses, apuntaron hacia des-


arrollarse nacionalmente, con politicas de efecto nacional. Un aspect0 jmpor-
tante de esta tendencia fue el desarrollo de ideologias globales que, basadas en
orientaciones confesionales o laicas, apuntaban a la reuni6n de clientelas po-
liticas interclasistas, y que incidian en la mayor o menor injerencia estatal
sobre aspectos de la vida civil.
Esta situaci6n de la competencia politica en torno a1 Estado, tuvo a1 me-
nos dos consecuencias de importancia en lo espacial. Por una parte, se congre-
g6 en derredor de 10s imbitos fisicos de toma de decisiones del Estado loca-
lizados en la ciudad capital. La intensa vida politica y parlamentaria afiadia
un factor mis a la preferencia de 10s grandes propietarios de tierras y minas
por residir en la ciudad capital, y a materializar en ella inversiones de carhcter
urbano. Con esto, tambih el Estado asumia responsabilidades de inversi6n en
infraestructura urbana.
Por otra parte, el acceso de la oligarquia agraria a travCs del Estado a 10s
excedentes de la inversi6n extranjera, permiti6, como se veri mis adelante, in-
vertir en la agricultura aumentando su productividad y especializaci6n y en
obras de infraestructura y transporte, todo lo cud incidi6 fuertemente en la
migraci6n campociudad, en la urbanizacion y en la concentracibn urbana.
De este modo, 10s elementos politicos de las conformaciones de clases, de
su expresi6n estatal-nacional y de su capacidad de vincularse al SME domina-
do por el capital extranjero, aparecen como factores capaces de provocar efec-
tos diferenciales sobre el grado de ir(ternalizaci6n del crecimiento de ese
sector y sobre la urbanizacion y la concentraci6n espacial. El factor politico
abarca, entonces, una dimensi6n especifica en el fen6meno de la concentra-
ci6n espacial,
Finalmente, el mismo proceso de urbanizacibn, de desarrollo econ6mico y
de actividad estatal, trajo aparejado el crecimiento de nuevos sectores sociales.
Estos provenian, de una parte, del crecimiento y desarrollo de conglomerados
obreros urbanos y, de otra, de capas asalariadas medias vinculadas a la expan-
sibn del sector terciario y del Estado. Esta diversificaci6n de la estructura so-
cial, que engrosaba los segmentos medio y bajo de l a piriimide de estratifi-
cacibn, gener6 presiones por la incorporaci6n de estcs sectores al mercado de
consumo y a la participacihn en el proceso politico. De este modo, la emer-
gencia de nuevos sectores sociales intensific6 el proceso de competencia poli-
tics en torno al Estado, haciendo mis nitidos 10s efectos que se sefialaron arri-
ba.
Sin embargo, de una manera particular, para que se diera esta emergencia
fue importante que el carcicter de las nuevas reivindicaciones sociales fueran
inmediata y directamente asimilables a las demandas de expansion del SMI.
S e g h el peso que adquirieran estas reivindicaciones, y las condiciones politi-
cas mds generales relativas a la estabilidad del bloque dominante, el Estado de-
bia impulsar algunas politicas de carhcter redistributivo orientadas hacia el
mercado interno. En Chile, la temprana inversion estatal en algunos rubros so-
62 GUILLERMO GEESE

ciales, como educacibn, salud y vivienda en las principales ciudades, estuvo


vinculada a lo anterior. Del mismo modo, la presencia combinada de la urba-
nizaci6n con las demandas sociales, impulsaban al Estado a hacer importantes
inversiones en infraestructura social urbana. Su efecto era el de estimular las
tendencias a la urbanizaci6n y la concentraci6n urbana.
La persistencia temprana en el tiempo de politicas estatales que acogieran
las demandas sociales, esti condicionada, sin embargo, por la consistencia
politica que han presentado las clases emergentes. Este es un factor que no se
ha dado de manera similar en todos 10s paises.
En algunos casos como el chileno, el desarrollo de 10s sectores populares
fue acompafiado desde el principio por el desarrollo de su organizacibn poli-
tics. Esto dio coherencia y estabilidad a sus reivindicaciones histbricas, que
coincidieron con 10s intereses de expansibn del SMI y las tendencias a la con-
centraci6n urbana en Santiago. En este desarrollo probablemente influyeron
algunos factores estructurales previos, como la temprana concentracibn de
conglomerados obreros y populares en 10s principales sectores de la actividad
econ6mica. Lo que interesa destacar es que, alli donde 10s sectores populares
emergieron desde temprano organizados politicamente y en cuyo desarrollo
jug6 un papel importante la estrecha relaci6n con partidos politicos de orienta-
cibn contestataria, se potencib su capacidad de presibn estatal y de constituir-
se en fuerza de referencia de 10s variables sistemas de alianzas. De este modo,
tambiCn Cste operb como un factor especificamente politico en la capacidad
de algunos paises de aprovechar internamente 10s impulsos del SME, amplian-
do a1 mercado interno y reforzando las tendencias a la concentraci6n espacial.

Z Las coyunturas histdricas del proceso de concentracidn urbana

La interrelacih entre desarrollo econ6mico y urbanizaci6n es un proceso


dinainico, y por lo tanto su explicaci6n exige la aplicacibn del esquema prece-
dente en un context0 hist6rico. Para ello, es necesario identificar 10s periodos
que responden a diferentes proyectos o estrategias del desarrollo nacional y
las coyunturas en que las estiucturas econhmicas, sociales y politicas son afec-
tadas por profundas transfomaciones. Es en estas coyunturas donde las rela-
ciones de clases y 10s conflictos politicos aparecen determinando con mayor
claridad las formaciones espaciales.
Se identifican 10s periodos hist6ricos primarioexportador, de IS y de trans-
nacionalizaci6n econ6mica.
El modelo primario-exportador cubre el largo period0 que va desde la
consolidaci6n politica interna en 1830, hasta la crisis salitrera y comercial que
culmina hacia fines de la dCcada de 1920. Se distingue dentro de 61, el perio-
do del auge de la exportaci6n del salitre 1880-1920, coyuntura hist6rica de
profundo impact0 en las estructuras sociales, en el Estado y en la configura-
ci6n espacial del pais.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 63

No se trata de una coyuntura de crisis sino de una que extrema la dependen-


cia de la economia sobre un producto en manos del capital extranjero, a1 mismo
tiempo que intensifica la unidad interna de las fracciones dominantes para re-
tener localmente una parte del excedente. La mediaci6n del Estado es clave
en este proceso tanto por la elevada proporcion del excedente retenido, como
por el impact0 que tuvo su reinversibn en la expansibn del mercado interno,
en la concentracibn del poder econ6mico de la oligarquia y en la concentra-
ci6n urbana en Santiago.
El modelo de IS cubre el periodo que va desde 1930 a 1973. Se establece
aqui un tip0 distinto de encadenamiento del SMI con el SME, en el sentido
de que Cste ya no incide como factor de demanda externa sino como factor
de oferta de 10s insumos requeridos por la producci6n interna. Es en el desa-
rrollo de la industria interna donde reside el dinamismo del conjunto de la ac-
tividad econ6mica.
Una coyuntura que se profundiza en este periodo es la crisis interna del
Estado (a consecuencia de la crisis internacional del 30) en cuya resolution
jug6 un papel clave la ciudad. Esta fue el escenario de una creciente confron-
taci6n politica animada por 10s sectores medios y populares, cuya presencia y
fuerza no podia ser ignorada en la construccibn de una estrategia de reempla-
zo al modelo primario-exportador.
Otra coyuntura clave del periodo es el paso hacia la producci6n de bienes
durables en la dCcada de 10s afios sesenta y la presi6n que esto implic6 por la
expansi6n del mercado a nivel internacional (submercado andino) y nacional
(incorporaci6n del campesinads a la demanda interna). Esto represent6 una
readecuaci6n en la estructura de poder interno con profundas modificaciones
sociales y espaciales.
Por ultimo, se aborda la instalaci6n del modelo de internacionalizacion
econ6mica desde 1973, que es producto de la crisis de la IS. Esto implico la
recomposici6n del bloque social en apoyo a un Estado autoritario.
La politica imperante se caracteriza por eliminar todas las barreras de la
acumulaci6n capitalista: la desprotecci6n industrial, regresi6n laboral, apertu-
ra amplia al capital internacional, etc. El desarrollo econ6mico se funda en la
exportaci6n basada en las expectativas de la demanda externa por recursos
materiales de localizacih regional.
Se anticipa una redivisih regional interna del trabajo por la cual las regio-
nes pasan a tomar una participacibn creciente en la producci6n y Santiago en
la intermediacihn. Se anticipa escasa capacidad de absorci6n de mano de obra
por la producci6n regional de exportaci6n y por lo tanto, no habria retencibn
de poblacion en las regiones. Sin embargo es probable una cierta capacidad de
internalizaci6n del excedente del SME, c'ebido al desarrollo previo de una
infraestructura industrial urbana y de intereses sociales concordantes con ese
proceso. Tal expansih, de producirse, seria un estimulo mis a la concentra-
ci6n de poblaci6n en Santiago.
111. Auge primario - exportador
y concentracih urbana

Introduccibn
Durante el siglo XIX, la economia chilena estuvo caracterizada por su orien-
tacion primario-exportadora. La expansi6n que alcanz6 el comercio vinculado
a las exportaciones mineras y agricolas al mercado mundial, en la segunda mi-
tad de ese siglo y principios del actual, fortaleci6 y ampli6 las actividades agri-
colas, mineras, comerciales y financieras. Con esto, tendi6 a generalizarse la
orientaci6n mercantil de la produccih agricola, a aumentar la concentraci6n
de capitales en las ciudades y la urbanizaci6n de la poblaci6n. El mismo auge
de las actividades exportadoras contribuy6 a la creaci6n de condiciones favo-
rables para el desarrollo inicial de cierto nivel de industrializacibn. Algunas de
Bstas, fueron el desarrollo y ampliaci6n del mercado interno, la disponibilidad
de fuerza de trabajo urbana, la acumulaci6n de capitales susceptibles de in-
versi6n productiva industrial y la posibilidad de abastecer intemamente a l p -
nos de 10s bienes demandados por la expansi6n exportadora. A1 fortalecimien-
to de la actividad industrial se Sadiria, m h tarde y como elemento decisivo,
el papel desempefiado por el Estado.
Este capitulo expone e; curso que tom6 ese proceso, concentrindose en
algunos aspectos fundamentales para el desarrollo de este trabajo.
El primer0 de ellos es hacer ver que el fuerte impulso de la IS y las im-
portantes implicancias que acarre6 para la concentracion urbana desde la
dBcada de 1930, estuvo asentado en el desarrollo anterior a una cierta capaci-
dad industrial interna. Mk a h , el impulso que entonces adquiri6 el proceso
de sustituci6n de importaciones y el de concentraci6n urbana, pudo desarro-
llarse tanto por la existencia de esa capacidad previa como por 10s efectos
espaciales y de mercado que habia cristalizado ya la fase primario-exportado-
ra.
El segundo aspect0 es que, no obstante la orientaci6n “hacia afuera” de
la economia chilena en esa fase, Bsta experiment6 un notable crecimiento. Es-
to puede constatarse al sefialar el aumento sostenido que hub0 en la divisi6n
del trabajo (medido por la reducci6n poblacional relativa del sector agrario de
subsistencia y la ampliaci6n de la poblaci6n minera y urbana). En Chile, este
65
66 GUILLERMO GEISSE

resultado se acentu6 desde temprano en primer lugar por la expansi6n de la


mineria de exportaci6n en unL zona pricticamente desirtica, lo que la trans-
form6 en un temprano mercado para la agricultura del centro. En segundo lu-
gar, porque ademds de la mineria, tambih la agricultura se desarroll6 sobre la
base de la exportacion. En este sentido, las presiones transfonnadoras sobre el
sector de subsistencia fueron, por asi decirlo, dobles. Sobre estas bases crecio
tambi6n la acumulaci6n de capitales por parte de las fracciones propietarias
nacionales y extranjeras y de la reproduccion de parte de estos capitales en ac-
tividades destinadas a1 mercado interno. Esto liltimo apunta a sefialar que el
desarrollo dinamizado por el SME no sblo no fud contradictorio con la emer-
gencia del SMI, sin0 que, por aiiadidura, el nacimiento y desarrollo de dste
se explica en virtud de la expansi6n de aquel. Esto se dio al menos mientras
no entro en crisis el sector exportador a fines de la dCcada de 1920, y con ello
la capacidad del SME para dinamizar el conjunto de la actividad econ6mica.
El tercer aspecto que se intenta destacar, es la concatenaci6n que la expan-
si6n exportadora y sus efectos aparejados establecieron con las tendencias de
la distribuci6n espacial de la poblacih. Se constata que durante este periodo
y en la segunda mitad de 61, se rigieron patrones francamente concentradores.
Se hace hincapi6 en el efecto espacial diferencid del encadenamiento del
SME y del SMI se@n fuera el origen del capital en el primero, el volumen del
excedente de las exportaciones y 10s agentes mediadores entre ambos secto-
res.
Bajo el control del capital nacional (al inicio del periodo), el excedente de
las exportaciones mineras, aunque de volumen relativamente reducido, fue
objeto de reinversiones directas de agentes privados expandiendo el mercado
interno con efectos de localizaci6n espacial relativamente descentralizados.
Con la penetraci6n del capital extranjero en la mineria, el encadenamiento
se debilit6 aunque aument6 el volumen de la reinversibn en tdrminos absolu-
tos. Aument6 el volumen del excedente de las exportaciones y la parte de 61
retenida localmente fue reinvertida con la mediaci6n del Estado con gran im-
pacto expansionista del mercado interno y en la concentracion de poblacih
en Santiago. Con esto se destaca el papel crucial que juegan 10s factores po-
liticos y el Estado en la concentracibn urbana chilena, particularmente con las
coyunturas hist6ricas en que el Estado asumi6 el rol de interlocutor ael capi-
tal nacional con el capital extranjero.
Finalmente, un cuarto aspecto que interesa enfatizar, puesto que tendria
incidencia en el desarrollo ulterior de la concentraci6n urbana en el periodo
de IS, es la emergencia tempranamente concentrada del capital industrial. La
industria originaria en Chile fue esencialmente artesanal o propiamente ma-
nufacturera de base regional y esencialmente independiente y autonoma de la
oligarquia exportadora comercial. Sin embargo, en cuanto la expansion co-0
mercial creo las condiciones para el desarrollo del SMI, fueron las propias
fracciones oligirquicas (directamente favorecidas por esa expansion) quienes
conienzaron a invertir en la industria interna. Se desarrolla asi una gran indus-
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 61

tria, propiamente fabril y tecnificada, que expropia y subordina a la actividad


artesanal y manufacturera, se monopoliza, se desnacionaliza y pierde su auto-
nomia regional y su independencia de la oligarquia.
El capital financier0 y comercial, principalmente, fue el que invirti6 origi-
nalmente en la industria para el mercado interno; capital ya concentrado y
centralizado en virtud de su vinculacibn con el capital internaciorial GnIds
actividades comercial-exportadoras.
La concentracibn del capital tambiCn deriv6 en una concentraci6n de la
industria nacional en Santiago. El desarrollo de la urbanizaci6n y 10s trans-
portes habia venido integrand0 10s mercados regionales, concentrando el mo-
vimiento comercial en Santiago. De este modo, se desincentiv6 la industria
regional y la concentracibn espacial mayor de poblaci6n en Santiago fue esti-
mulindose reciprocamente con la concentraci6n industrial en la misma ciu-
dad.
En suma, 10s distintos aspectos que se destacan apuntan a demostrar que
el estudio de la concentracibn urbana en Chile debe necesariamente comenzar
en el periodo primario-exportador. Esto es importante puesto que este perio-
do no s610 inicia el proceso de concentracibn urbana, sino que pone en evi-
dencia tambih que, en presencia de determinadas condiciones, el desarrollo
del SME antes de entrar en la IS puede ser internalizado en tirminos que ca-
ben dentro de lo que es el desarrollo capitalista.
De acuerdo con 10s prop6sitos sefialados, esta parte se incia con la carac-
terizacih de las principales actividades econbmicas del periodo exportador,
en las cuales se origina el capital industrial manufacturer0 altamente concen-
trado econ6mica y espacialmente. Luego se hace referencia explicita a las
relaciones espaciales demogrificas que esas actividades establecen, principal-
mente 10s efectos del desarrollo agricola y minero sobre la urbanizaci6n y la
concentraci6n urbana. MBs adelante se intenta una caracterizacibn del merca-
do interno y del sector industrial naciente y previo al impulso de la IS. Fi-
nalmente, se explican 10s factores politicos y sociales que, por medio del Esta-
do, incidieron fuertemente en el proceso de concentraoion urbana.

A. Origen “‘regional”del capital industrial urbano


El capital industrial de Santiago encuentra sus origenes en la acumulacibn
previa de capital que realizaron mineros del Norte Chico, comerciantes y ban-
queros de Valparaiso y terratenientes del valle central y sur, todos vinculados
a la exportacibn primaria.

1. Acumulacidn en la mineria y capital industrial


La economia chilena del siglo XIX se caracteriz6 hist6ricamente por la
producci6n minera y agricola de exportacih, aunque sistemiticamente fue-
ron 10s productos mineros 10s que alcanzaron 10s valores mis altos en el
68 GUILLERMO GEISSE

conjunto exportado.' Las exportaciones salitreras del Norte Grande en la


segunda mitad del siglo XIX, vinieron a profundizar el caricter minero ex-
portador del espacio chileno que ya estaba desarrollado en torno al cobre, la
plata y el or0 en el Norte Chico. El valor de exportacih de estos productos
representaba, por ejemplo, ya antes del auge salitrero, un valor equivalente a
mis del doble de las exportaciones agricolas, por lo que se entiende que en la
actividad minera radicaba el nlicleo principal de acumulacih. Esta actividad
reunia, ademis, la mayor parte de la poblaci6n econhmicamente activa des-
pubs de la masa campesina en el sector de subsistencia.2
La acumulaci6n de capital que fue produciCndose en 13 mineria del Norte
Chico permiti6 incorporar innovaciones tCcnicas y rebajar 10s costos de pro-
ducci6n, posibilitando de esta manera la explotacih de minerales de baja ley
y por tanto la expansi6n de la produccibn. A mediados del siglo XIX diversas
inversiones que apuntaron a disminuir el costo de produccih y del transporte,
alentaron la producci6n mis propiamente industrial. Es asi como se constru-
yeron ferrocarriles y se instalaron fundiciones que permitieron un cierto gra-
do de refinacih del cobre antes de ser export ad^.^
La expansi6n de la produccibn a costa de la explotacibn de mineral de ley
de fino cada vez menor, pudo hacerse con la incorporacihn de maquinaria y
procedimientos de alto valor. Esto redund6 en la centralizacih de capitales
que permitieron inversiones de tal magnitud como para emplazar fundiciones
que estaban entre las mas grandes del mundo como, por ejemplo, las de Gua-
y a c h y de L ~ t a Las
. ~ fundiciones menores, en cambio, incapaces de afrontar
las grandes inversiones requeridas, fueron desapareciendopaulatinamente.
El desarrollo de la industria fundidora y la expansibn exportadora que
acarre6, alent6 la inversidn industrial en nuevas ireas como la mineria del
carb6n en el sur y el transporte maritimo y ferroviario. La mineria del carb6n se
inici6 en LirquCn, Lebu y Andalign, y alcanz6 su m6ximo desarrollo en
Lots.' Por su parte, la inversi6n de capitales en la marina mercante se elev6
sustancialmente, incrementindose el tonelaje a flote y Ia magnitud del capital
1 Entre 1844 y 1880, mientras las exportaciones agropecuarias sumaban en pesos
corrientes, 238.967,996,las mineras alcanzaban a 523.804.155. Desde 1880 en adelante,
la diferencia seria creciente (Encina; 1912).
2 En 1854 habia casi 120 mil trabajadores mineros; la exportacih de cobre aumen-
tb de 10 mil toneladas en 1850 a 45 mil en 1870. La exportaci6n de plata aument6 de
80.950 kilos en 1840-41 a 108.000 en 1852. Mbs tarde, sin embargo, la produccih de
plata se redujo ostensiblemente. (Segall; 1953).
3 El primer ferrocarril fue el de Copiapb a1 puerto de Caldera en 1851. Tambikn en
esta zona del Norte Chico aparecen las primeras fundiciones. Otras fundiciones de mayor
capacidad aparecen al final del siglo en Arauco (sur) junto alas explotaciones de carbbn.
4 El proceso de centralizacibn desplazb 10s capitales menores y redujo el ncmero de
fundiciones En 1860 existian 250 fundiciones para 24.393 toneladas de cobre, mientras
que en 1880 610 habian 70 fundiciones para 43.860 toneladas
5 Junto a la centralizacibn de capitales que se observb en la industria fundidora, 10s
capitales originarios en la nueva mineria del carb6n estuvieron fuertemente vinculados a
ese capital minero del norte. La expansibn carbonifera est; ilustrada por 10s siguientes
ECONOMIA Y FQLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 69

invertido en ferrocarriles Ueg6 a ser el mayor de SudamBrica.6 Ademis, se


fomentaron fuertemente las actividades comerciales y financieras cuyo prin-
cipal n6cleo de operaci6n fue el puerto de Valparaiso donde se concentraron
y reorientaron gran parte de 10s excedentes de la minerfa.
En suma, la expansi6n en la producci6n y exportaci6n de cobre y plata, es-
timulb la acumulaci6n de capital comercial y financier0 y el desarrollo de
otras ireas productivas que, como el carb6n y el transporte maritimo y te-
rrestre, concitaron una elevada parte de la inver~i6n.~
Este primer ciclo de expansi6n minera en el siglo XIX signific6 un impor-
tante desarrollo poblacional del Norte Chico, concentrado principalmente
en las ciudades. Gener6 ademis un considerable contingente de mano de obra
asalariada.
Per0 fue, sin duda, la riqueza salitrera la que tuvo importancia decisiva en
la acumulacidn de capital en Chile al aumentar su demanda desde Europa y
Estados Unidos a partir de 1860 aproximadamente. En el lapso de 10s ocho
aiios que precedieron la guerra del Pacific0 (1879), la producci6n de nitrato
aument6 en casi cinco veces (Segall, 1953). Las exportaciones provenian ori-
ginalmente casi en su totalidad de Tarapaci y luego de Antofagasta, regiones
que luego de la guerra, en 1884, pasaron a engrosar el territorio chileno. Sin
embargo, pese a que en 10s inicios la mayor parte del capital salitrero era pe-
ruano, el volumen de capital chileno era tambiCn importante; casi un 20 % del
capital era chileno en 1878 y un 36 % lo era apenas terminada la guerra (Ca-
riola, Sunkel, 1979). Luego de esta fecha, el capital ingle's, que habia tambiCn
participado desde antes, no s610 ocup6 el lugar del desplazado capital perua-
no, sin0 tambie'n subordin6 al capital chileno, llegando en 1895 a producir el
60% del salitre (a lo que hay que agregar que otros capitales internacionales
producian un 27 % adicional) (Cariola, Sunkel, 1979).
La expansi6n salitrera signific6 ademis, como se veri detenidamente m6s
adelante, un acelerado crecimiento poblacional de la zona del Norte Grande
particularmente desde 1880 en adelante, atrayendo grandes flujos migratorios
desde el Norte Chico y la zona central del pais.

Desplazamiento del capital minero nacional por el capital inglks. La monopo-


1izaci6n de la producci6n salitrera por parte del capital inglCs se debi6 funda-
datos referidos a la Cia. de Lota y Coronel: en 1852 se producian 8 mil tons. y se em-
pleaban 125 trabajadores; 2 0 aiios mis tarde se producian 131 mil tons. y se empleaban
969 trabajadores; con el cambio de siglo 10s trabajadores ocupados ascendi'an a 3.016,
produciendo 352 mil tons. anuales (Kirsch; 1973).
6 De 1886 a 1890 se aumentb de 68 mil a 72 mil tons. en la marina mercante. El
tonelaje por unidad aumentb: en la primera fecha existian 258 naves mientras en la se-
gunda sblo 150 (Segall; 1953).
7 De un total de 55 millones de pesos de capital invertido en sociedades anhimas
en 1875, 11 millones estaban invertidos en ferrocarriles, 5 millones en navegaci6n y casi
4 miliones en minas de carbbn. (Segall; 1953). Hasta 1860, 10s ferrocarriles eran todos
privados (Hurtado; 1966).
70 GUILLERMO GEISSE

mentalmente a su capacidad para eliminar costos de producci6n por la via de


innovaciones tecnol6gicas y para reducir costos de transporte mediante el em-
plazamiento de ferrocarriles. Las condiciones desventajosas de operaci6n del
capital nacional lo obligaron a cor,venir condiciones de venta con el capital in-
ternacional en 1885, encaminadas alimitar la producci6n y elevar 10s precios de
venta. Pese a esta primera “combinaci6n salitrera”, 10s precios bajaron siste-
miticamente ’entre 1880 y 1890 (Hurtado, 1966). En esta situacibn, el capital
inglds prescindi6 de la combinacibn, sustentindose en su capacidad para re-
ducir costa y enfrentar exitosamente la competencia. El resultado fue que
en 1890 la paralizaci6n afect6 a las compaiiiias nacionales en Antofagasta, per-
rnitiendo su desplazamiento por e€ capital inglds. De este modo, la principal
actividad econ6mica chilena pasaba del period0 de competencia al estado de
monopolio, con el triunfo del capital internacional, de un grado de desarrollo
mayor.
Algo similar ocurri6 con el capital nacional invertido en la mineria e indus-
tria del cobre. El proceso de concentracibn que tuvo lugar en la mineria del
Norte Chico s e g h se comentd antes, le permitib a un reducido grupo de capi-
talistas chilenos, imponer altos precios en el mercado mundial. Esto abri6
posibilidades de inversi6n a1 capital internacicnal, que desarroll6 grandes ex-
plotaciones con un alto nivel tdcnico en otros lugares del mundo. El capital
nacional, de desarzollo menor, no pudo enfrentar asi exitosamente la compe-
tencia en 10s ciclos de descenso de 10s precios y la produccibn interna se redu-
jo al poco tiempo en mis de un 50%, mantenidndose estable hasta fines de
siglo. S610 ’aumentaria notablemente en las primeras dCcadas de este siglo,
como product0 de las inversiones del capital estadounidense que desarroll6
la denominada Gran Mineria del Cobre.’
Esta situaci6n de deterioro de la mineria de cobre y plata alentb la emigra-
ci6n de poblaci6n desde el Norte Chico hacia las actividades salitreras del
Norte Grande a fines del siglo XIX. Puede decirse en general que entre 1880 y
1890 el capital invertido en la mineria fue principalmente chileno. MAS ade-
lante, el gran capital internacional lo desplaza, dejindolo marginado en gran
medida de esta actividad, la principal en que se acumulaba capital en el pais.
Per0 lo que interesa destacar es que 10s capitales acumulados originalmente en
la mineria se volcaron tambidn a otras actividades rentables como fueron la
construcci6n de ferrocarriles, marina mercante y la mineria del carbbn, por
ejemplo.
Luego, con la ampliaci6n del mercado interno debido al impulso de la ex-
pansi6n exportadora, se abri6 tambidn campo a la inversi6n industrial para el
mercado interno. En esto t w o gran importancia el capital miner^,^ tanto por

8 El precio mis alto fue alcanzado en 1872. A fines de esa d6cada fue alrededor de
un tercio menor, y durante la d6cada de 1880 se mantuvo en casi la mitad d e lo que fue
en 1872 (Hurtado; 1966).
9 Por ejemplo, en 1922, de 151 directores de sociedades anbnimas industriales, un
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 71

la inversi6n industrial que desde temprano acompafi6 la actividad exportado-


ra, como por el desplazamiento de capitales desde la mineria por efecto de la
concentracibn en tow0 al gran capital internacional, que encontraron en la
industria un refugio para la acumulaci6n. Claro que la diferencia de t a m d o
del capital en ambos sectores es un indicador de la debilidad econ6mica en
que el capital nacional fue sumiCndose de ahi en adelante.

2. Acumulacion comercicl y capital industrial

Las exportaciones mineras del siglo XIX fueron la principal fuente de acu-
mulacidn del capital comercial.
El capital comercial funcion6 tambiCn como capital de prCstamc en la
medida en que, por ejemplo, compraba el product0 del mediano y pequefio
minero al mismo tiempo que lo proveia de herramientas, viveres y anticipos
en dinero. Esta prictica de “habilitaci6n” era respondida por el minero en pa-
gos en metal y con altos intereses. De este modo se gestaron grandes fortunas
comerciales que permitieron a 10s comerciantes habilitadores concentrar bue-
na parte de la propiedad minera, aprovechando 10s periodos de crisis en la
producci6n (Segall; 1953). Aunque en montos menores, 10s comerciantes
tambiCn prestaron capital a 10s agricultores y fue este un terreno fe‘rtil para la
acumulacidn comercial. lo
El capital comercial fue principalmente chileno en su origen” y, en su ca-
ricter prestamista, devino en capital bancario como resultado de la expansi6n
exportadora principalmente minera. De hecho, todos 10s bancos existentes en
1885 tienen su origen en el capital mercantil prestamista.12
La primacia que, s e g h vimos, alcanz6 el capital monop6lico internacional
en la mineria, hizo decaer en ella el negocio de la habilitaci6n-exportaci6n,
obligando a 10s bancos a volcar sus capitales hacia la agricultura y la industria
para el mercado interno contribuyendo asi a su expansi6n capitalista. El capi-
tal bancario encontr6 buenas posibilidades de acumulaci6n en la expansi6n
agropecuaria de fines de siglo en la zona de La Frontera, en el sur y en la Pata-

34 % eran miembros al mismo tiempo de soriedades an6nimas mineras (Kirsch; 1973).


Otros datos aparecen tambih en Mufioz (1968).
10 Se ha demostrado (Bauer; 1974) que en determinadas zonas -depto. de Taka y
Caupolidn- 10s cr6ditos a 10s agricultores provenientes de comerciantes representaban
mds de un cuarto de lo entregado por la Caja de Cr6dito Hipotecario (CCH), la principal
instituchh de credit0 agricola, entre 1846 y 1860. Asimismo las tasas de intereses de
esos cr6ditos fueron significativamente mayores que 10s de la CCH.
1 1 Las estadisticas sobre nacionalidad de 10s comerciantes pueden confundir puesto
que habia muchos extranjeros que estaban radicados y en proceso de nacionalizacih. En
1849 habia 98 establecimientos comerciales mayoristas y 243 minoristas (Bauer; 1974).
12 Los mds importantes, por ejemplo, eran el Banco Nacional de Chile, Banco de
Valparaiso, Banco de Chile (fusibn de 10s dos anteriores m& el Banco Agkola), Banco
de A. Edwards, Banco de D. Matte. (SegaU; 1953).
72 GUILLERMO GEISSE

gonia donde se requerian ingentes voltimenes de ~apita1.I~ Algo similar OCU-


rri6 con el cr6dito a la industria para el mercado interno. l4
X fines del siglo XIX, e! capital comercial sufri6 un cambio profundo que
se caracteriz6, con el desplazamiento del capital nacional de la mineria, por el
paso de todo el engranaje de exportaci6n e importacibn a manos de grandes
casas comerciales interna~ionales.'~Por ejemplo, el 29% de las casas comercia-
les en 1916 eran extrknjeras, per0 representaban el 61 % del valor total del
capital comercial. S610 10 de las 25 mayores casas de exportacibn e importa-
ci6n eran chilenas (Bauer; 1974).
Las actividades financieras y comerciales vinculadas a la exportaci6nim-
portaci6n en torno a estas casas comerciales contribuyeron a dar vida a la ciu-
dad de Valparaiso. En 10s primeros aiios del siglo pasado numerosos comer-
ciantes extranjeros y nacionales '' se instalaron alli, en virtud de su cercania a
la ciudad capital y de su calidad de puerto principal. Este poblamiento co-
mercial del puerto fuC reforzado por la instalaci6n del gran capital comercial
in ternacional.
Hay que destacar, por Cltimo, que en la medida que la industria para el
mercado interno ofrecia alta rentabilidad al capital, las grandes casas comer-
ciales hicieron prestamos con frecuencia a este sector. En este sentido, 10s in-
tereses comeiciales no fueron exclusivamente librecambistas y a veces se invo-
lucraron directamente en inversi6n industrial. Muchos productos eran caros
de irnportar por 10s altos costos del flete y para la detecci6n de las ventajas
de la producci6n nacional, las casas comerciales estaban bien situadas. Como
importadores de materias primas y equipos, en disposicibn de grandes volbme-
nes de capital y con redes internas de distribucibn ya desarrolladas, no les era
dificil aprovechar las ventajas de la diferencial de salarios internacional para
irnpulsar alguna actividad industrial. No hay duda de que el caricter monop6-
lico y no nacional que muestra la industria para el mercado interno desde sus
origenes, tiene que ver en gran medida con la inversi6n industrial del capital
mercantil.

3. Acumulacibn en la agricultura y capital industrial


La actividad agricola en Chile se constituyb tempranamente, desde el siglo
XVII, como exportadora de productos a1 Ped. A 10s articulos de ganaderia

13 En ciertas zonas, 10s Bancos dieron crkditos mayores a 10s agricultores que 10s de
la propia Caja de Crkdito Hipotecario (Bauer; 1974).
14 Esto puede presumirse, pese a la falta de estadisticas elaboradas, a partir del hecho
del entrelazamiento de la propiedad industrial y bancaria En 1922 el 45 %de10s directo-
res de sociedades anhimas industriales lo eran tambikn de bancos y otras instituciones
financieras (Kirsch: 1973).
1 5 Las mayores fueron, por ejemplo, Duncan Fox y C i a , Wessel Duval y Cia., Grace
y Co., Williamson Balfour y Cia., Gleisner y Cia, y otras
16 Entre 10s primeros, que despuks serian chilenos, estaban 10s Cox, Edwards, Lyon,
Delano, por ejemplo. Entre 10s segundos, 10s Matte, Besa, Cousiiio y Ossa, por ejemplo.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 73

fue sumhndose la exportacibn de trigo. A mediados del siglo XIX se expandib


notablemente la exportacidn cerealera a Europa, a California y Australia
transitoriamente y sistemiticamente. Al decaer las exportaciones como pro-
ducto de la depresi6n de 10s precios intemacionales del trigo a fines de ese
siglo, la producci6n agropecuaria pudo expandirse, no obstante, en virtud del
ripido c,ecimiento del mercado interno.
Entre 1870 y 1910, el valor de las exportaciones agricolas se mantuvo re-
lativamente estable para aumentar despuis a consecuencia de la incorporaci6n
de La Frontera y el sur a la exportacibn agricola. Esto ocurrib a pesar de que
decreci6 relativamente el valor respecto del total de las exportaciones. Entre
1870 y 1880, las exportaciones agricolas representaron el 28 % del total; el
13 % entre 3885 y 1895, y el 10 % desde entonces hasta 1929 (Kirsh; 1973).
Sin embargo. la ampliaci6n del mercado interno permiti6 una acumulacibn
de capital en la agricultura muy superior a lo que sugieren las exportaciones.
Esto puede desprenderse de 10s aumentos de producci6n, de superficie culti-
vada y del gran aumento de la renta del suelo en todo el espacio agricola."
Es posible afirmar que a fines del siglo XIX la agricultura chilena experi-
mentaba un acelerado proceso de desarrollo y transformaci6n capitalista; esto
es, que se generalizaban relaciones de producci6n basadas cada vez mis en el
trabajo asalariado de trabajadores con menos tierra para la subsistencia. Desde
el punto de vista de 10s propietarios, existi6 el arriendo de tierras y tambiCn
fue comfin que el propio terrateniente explotara sus tierras con capital pro-
pio, ahn cuando delegara la administracibn del predio. Estas capas sociales se
transformaban, por tanto, en fracciones propiamente capitalistas.
El capital producido en el campo fue con frecuencia invertido en la banca,
el comercio y luego, en la industria para el mercado interno (Kirsh; 1973). Sin
embargo, mis comhn fue el proceso contrario: la inversion de mineros y co-
merciantes en tierras, en la medida que 10s precios de Csta subian proporcio-
nalmente mis (Bauer; 1974). La propiedad agraria tenia ademis la ventaja de
ser un medio excelente para el acceso al capital por medio de prdstamos de
largo plazo con garantia estatal, como fueron 10s crdditos hipotecarios.
Con la creaci6n en 1860 de la Caja de Crddito Hipofecario18 el endeuda-
miento contra hipotecas se desarrolld de un modo impresionante, a1 punto de

1 7 Entre 1860 y 1908, la producci6n de trigo en la zona central aument6 a una tasa
anual de 2.4 % y de 6 %en la zona sur. Entre 1916 y 1927 la superficie cultivada en la zo-
na central aument6 a una tasa de 4.4 %anual y superior al 10 %anual en el sur. (Hurtado;
1966). El aumento de la renta del suelo se manifest6 en el aumento global de 10s valores
avaluados para efectos impositivos. Por ejemplo, el ingreso gravable de 145 grandes fun-
dos en 1854 representaba el 27 %del ingreso rural sometido a impuestos de Chile central,
El nhmero de grandes fundos y el porcentaje mencionado aument6 en 338 y 40%para
1874, y para 1908 en 504 y 38% (Bauer, 1974).
18 Esta caja giraba letras contra hipotecas a plazos superiores a 20 6 0 s y con tasas
de inter& fijo entre 5 y 8 % a n d . Estas letras se colocaban posteriormente en el mercado
donde, s e g h su precio, se determinaba el inter& real. Debido a la garantia estatal, las
74 GUILLERMO GEISSE

que en 1930 mls de un sexto del valor total de la tierra se habh convertido
en deudas hipotecarias, sin considerar 10s crkditos de este tipo proporcionados
por 10s bancos.Ig Esta instituci6n de deuda pcblica jug6 un rol significativo
en la temprana acumulaci6n privad;l de capital en Chile.
AI margen del alto nivel de consumo que podia conseguir el terrateniente
rentista, o del manejo especulativo de 10s prkstamos, para muchos agricultores
el crkdito signific6 inversi6n agricola, de infraestructura principalmente, y el
desplazamiento de capitales hacia otros sectores de acumulaci6n. Esto explica
que, de 151 directores de sociedades anhimas industriales en 1922, un 38 %te-
nia tambien intereses agricolas (Kirsch; 1973).

B. Expansibn minera como factor de


concentracibn urbana
El desarrollo de las exportaciones mineras en el siglo XIX y hasta las primeras
dkcadas del siglo XX, centrad0 en 10s minerales de plata, oro, cobre, primer0
y de salitre despuks, signific6 una profunda transformaci6n econ6mica y po-
blacional en la zona norte y en el conjunto del espacio politico y econ6mico
nacional. El gran excedente generado en estas actividades, su captaci6n y re-
distribuci6n entre sectores y entre regiones, 10s fuertes movimientos poblacio-
nales entre tireas rurales y urbanas y entre regiones, el acelerado poblamiento
del Norte Grande, entre otros, son factores que contribuyen a explicar c6mo
dichas transformaciones fueron orientlndose hacia la ampliaci6n del mercado
interno, hacia un mayor grado de concentracibn urbana y, en definitiva, hacia
el establecimiento de condiciones favorables al desarrollo del capital indus-
trial.
Paralela y estrechamente vinculados a estas transformaciones econ6micas
del norte minero, se van produciendo 10s cambios en la actividad agricola del
centro y sur del pais, 10s que se examinan en el siguiente capitulo.

1. La mineria de la plata, or0 y cobre

La notable expansi6n de las actividades mineras de la plata, el or0 y el


cobre, que tuvo lugar a partir de 1830 aproximadamente, fue dando lugar a

letras eran muy apreciadas como inversi6n segura, y su precio real nunca se apartaba
apreciablemente de su precio nominal. Ello permitia que incluso estas se transaran en el
mercado internacional. Se sostiene que, tan temprano como 1879, el 50 %delas letras se
encontraban en el exterior y habia pocos bancds internos que no tuvieran parte de sus
activos en letras En suma, se trataba de una forma de deuda phblica cuyos instrumentos
-1as letras- eran f6cilmente transformables en dinero en Chile y el exterior. Los recep-
tores del dinero original y deudores de la Caja, eran en un 85 % terratenientes (Bauer;
1974).
19 Para tener una idea, el valor total de 10s saldos adeudados por la CCH eran de
5.002.600 en 1860; 32.153.400 en 1890; 467.212.591 en 1920 y de 1.471.669.975
en 1930 (Bauer; 1974).
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 75

un fuerte proceso de acumulacibn de capital en este sector. Desde un punto


de vista geogrifico, las actividades se extendian principalmente a travCs de to-
do el Norte Chico. Alli se produjeron, por tanto, 10s principales efectos direc-
tos de este proceso expansivo: crecieron 10s centros urbanos antiguos y se
crearon otros, se extendieron y mejoraron 10sservicios a la poblacibn, se cons-
truyeron 10s primeros ferrocarriles del pais que unian 10s centros productivos
con 10s puertas, se instalaron posteriormente fundiciones de cobre y otros
minerales, etc.
Por todo ello, se estima que entre 1830 y 1865 el Norte Chico fue una zo-
na que atrajo poblacibn de la zona central. Sin embargo, desde 1865, fecha
en que se dbpone de 10s primeros datos censales, hasta 1930, la regibn pre-
sent6 un ritmo de crecimiento inestable y casi siempre por debajo de las tasas
que tenia el pais en la misma Cpoca. Incluso en algunos periodos pierde po-
blaci6n en terminos absolutos.20
La poblacibn urbana y rural muestra una evolucibn con altibajos en sus
tamaos y proporciones y variaciones frecuentes en su distribucibn espacial al
interior de la zona. Esto no fue m h que el reflejo del caricter ciclico e ines-
table de la actividad minera. Aiin asi, el proceso de expansibn minera del Nor-
te Chico signific6, en definitiva, un mayor grado de urbanizacibn de la pobla-
cibn de la zona y la generaci6n de un importante contingente de mano de
obra asalariada dedicada a la mineria antes en actividades agricolas de menor
productividad. Este contingente pasari a constituir la base de una creciente
migracibn hacia el Norte Grande desde 1860 hasta el comienzo del siglo,
atraidos por la expansibn salitrera.21
Per0 10s efectos de la expansibn minera del Norte Chico se extendieron
mQ alli de sus fronteras, alcanzando a la zona central y a Valparaiso en par-
ticular, Esta ciudad se constituyb en el principal puerto nacional ligado a
dicha actividad. Las actividades de intermediacibn, tanto comerciales como
financieras y de transporte y comunicaciones que comenzaron a desarrollarse,
permitieron la captacibn alli de parte de 10s excedentes de la mineria (Ca-
riola, y Sunkel; 1974). Con esto, la actividad minera del Norte Chico se sum6 a
actividades econ6micas de otras zonas del pais como factor de concentracibn
urbana en Valparaiso. En efecto, durante el mismo periodo, Valparaiso se
convirtib en el principal puerto de salida de 10s productos agricolas de la zona
central y de entrada de 10s bienes de consumo importado. Esta confluencia de
factores explica que, siendo Valparaiso la segunda ciudad del pais en el aAo

2 0 Entre 1885 7 1895 la poblacibn total decrece a una tasa de -0.8 %anual y entre
1907 y 1920 lo hace a una tasa de -1.3%. Ver cuadro 2 del Anexo.
2 1 La mayor migracibn del Norte Chico hacia la actividad del salitre se produce en-
tre 1907-1920. La cifra estimada es de 70 mil personas, la mayoria de las cuales provie-
ne de las keas rurales de dicha zona. S610 en la d6cada del 20, con las crisis salitreras, la
emigracibn se detiene y, por el contrario el Norte Chico recibe poblacibn. Ver cuadro
9, 11 y 13 del Anexo.
DlSTRlBUClON ESPACIAL DE LA POBLACION - 1865

-1.
1.1

ZONA CENTRAL
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 71

1865, con 70.000 habitantes, concentrb el crecimiento de la poblaci6n ur-


bana del pais entre 10s aiios 1865 y 1875. Durante dicho periodo, su pobla-
ci6n creci6 a una tasa anual del 3.3 % muy superior a la de Santiago (1.2 %)
y a la del pais (2.1 %).En 10s decenios siguientes continu6 creciendo aunque a
ritmos mds bajos e inferiores a 10s de Santiago.22
La raz6n de la atracci6n poblacional ejercida por Valparaiso fue su carlc-
ter de principal nudo de intermediacibn con el exterior e interior via mariti-
ma. La atraccibn de Valparaiso se mantuvo, aunque con variaciones, mientras
la demanda externa fue el factor m6s dinlmico en el desarrollo econ6mico na-
cional y hasta que el ferrocarril longitudinal termin6 por unir las regiones a lo
largo del pais. Este periodo cubrib el W m o cuarto del siglo pasado y 10s 20
primeros afios del presente y durante 61, Valparaiso fue tal vez el centro prin-
cipal de acumulaci6n de capital comercial y financiero. En efecto, por prime-
ra y dtima vez en la historia, el movimiento de capitales financieros fue ma-
yor en Valparaiso que en Santiago. Y fue Valparaiso y no Santiago el ndcleo
desde el cud irradi6 la penetracih empresarial chilena dirigida a la explota-
ci6n salitrera del Norte Grande a partir de la dCcada de 1860.
DespuCs de la Guerra del Pacifico, al incorporarse el Norte Grande al terri-
torio chileno, la funci6n de apoyo comercial financier0 de la explotaci6n mi-
nera desde Valparaiso se acentub (Cariola y Sunkel; 1979). Sin embargo, en el
largo plazo, fue Santiago y no Valparaiso ni el norte donde se concentraron
10s efectos mls permanentes de internalizacibn del auge explotador salitrero.
Desde 1880, se inicia una fase de fuerte expansibn de la actividad salitrera
del Norte Grande, lo que marca una nueva etapa en el desarrollo minero-ex-
portador del pais que se prolonga hasta la dCcada 1920-1930. Factor funda-
mental en la capacidad de la economia nacional para internalizar parte de 10s
ingresos del salitre, fue la acumulaci6n financiera en Valparaiso originada en
la mineria del Norte Chic0 en la etapa anterior.23

2. La mineria del salitre

La expansi6n salitrera no tardb en dejarse sentir sobre 10s movimientos de


capitales y poblacionales. Ambos movimientos van expandiendo y reforzdn-

22 Ver cuadro 16 del Anexo.


2 3 Cariola y Sunkel, seiialan tambikn como factores decisivos en la expansi6n sal&
trera, 10s cambios que se habian venido produciendo a partir de 1850 en la agricultura de
la zona central, como resultado de su incorpora:ibn a 10s mercados mundiales, Otro
factor que seiialan, es la gran influencia que habb ido alcanzando el Estado sohre la acti-
vidad econ6mica, a raiz de 10s mayores ingresos que habia captado de las actividades
mineras y agricolas en desarrollo. Est0 le permiti'~expandir su estructura administrativa,
otorgar mayores servicios a la poblaci6n y fomeirtar la actividad productiva a travis de
obra pfiblica y de infraestructuracomo el impulso a 10s ferrocarriles.
78 GUILLERMO GEISSE

dose en las dCcadas siguientes, sujetos, a no pocos altibajos hasta fines de 10s
aAos 20, cuando se produce la crisis definitiva del salitre.
Todo este periodo de gran dinamismo econ6mico asociado al auge expor-
tador minero, particularmente en su fase del salitre, va a tener fuertes reper-
cusiones sobre el proceso de urbanizacih y concentraci6n urbana tanto en el
interior del Norte Grande como en el conjunto del pais.

a) Acurnulacibn y rnovimientos de capitales. Un primer aspect0 significa-


tivo, fue el hecho de que no obstante haberse entregado el control de gran
parte de la produccih salitrera al capital inglCs, una gran proporci6n de 10s
ingresos generados por el sector fue retenida localmente. Por una parte, cerca
de uri tercio de 10s ingresos provenientes de la exportaci6n se destinaron a1
pago de factores de origen local. Por la otra, el Estado retuvo, via tributaria,
alrededor del cincuenta por ciento de 10s excedentes totales generados por el
salitre en todo el periodo.% Toda esta masa de recursos o a1 menos gran parte
de ella fue traspasada a otros sectores y actividades ejerciendo efectos directos
e indirectos en el proceso de concentracibn urbana.
No existen datos regionalizados sobre la inversi6n pGblica durante el pe-
riodo. Sin embargo, por via indirecta, es posible comprobar en forma aproxi-
mada que una parte importante se destin6 a las inversiones en infraestructura
urbana especialmente en Santiago, sede del Estado y lugar de residencia de la
oligarquia. Entre 1860 y 1920 se levantaron en Santiago edificios pGblicos en
n ~ m e r oy ostentaci6n no conocidos con anterioridad y que hasta hoy perma-
necen como simbolo del auge exportador y de la hegemonia de la oligarquia
comercial en las estructuras de poder nacional. Se construyeron avenidas y
parques que fijaron el escenario urbano de las mansiones y el esparcimiento
que la oligarquia requiri6 a1 fijar su residencia en Santiago, proceso de trasla-
do que comienza justamente durante la dCcada de 1860 (Encina; 1949).
Otra parte de 10s recursos pGblicos, mayor que la anterior, file destinada a la
construcci6n de ferrocarriles, sistemas de comunicaciones, camiones y puertos
que facilitaron el traslado de la producci6n desde 10s lugares de extracci6n a
10s mercados externos e internos, este Gltimo crecientemente concentrado en
Santiago.2s
Finalmente, una proporci6n a h mayor fue destinada a servicios pGblicos
en el campo de la educacibn, salud y otras ramas de la administracih pGbli-

2 4 De esta masa de recursos captados por el sector phblico aproximadamente el 30 %


se destinb a inversiones de capital. La Bpoca de or0 de este tipo de inversiones fue entre
1905 y 1920, periodo record de exportaciones de salitre. La tasa de crecimiento anual de
la inversibn phblica fue del 10.5% durante el periodo y 23 % durante 1915 y 1920. (Ma-
malakis, 1976).
2s Entre 1901 y 1914 el grueso de la inversi6n de capital en este rubro fue en ferro-
carriles donde el gasto alcanz6 el 24%delgasto phblico total. Obras pfiblicas, preferente-
mente caminos represent6 el 3.5 %.La red de ferrocarriles estatales se incremento de
1.100 kms. en 1890 a 5.000 kms. en 1913 (Cariola y Sunkel, 1979).
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 79

caZ6 que representaron un gran aumento de la burocracia estatal centralizada


en antia ago.'^

b) Expansibn salitrera y movimientos de poblacibn. En primer lugar, cabe


destacar que la actividad salitrera acelerb el proceso de poblamiento del Norte
Grande y atrajo importantes corrientes migratorias desde el Norte Chico y
desde las ireas rurales centrales.

Inmigraci6n del Norte Grande


1885-1920 (n~merode personas)

1885 1895 1907 Total


1895 1907 1920 Aproximado

Inmigraci6n
Total 46.817 64.399 18.983 130.199
Urbana 45.426 13.030 8.1 11 66.567
Rural 1.391 56.369 10.872 68.632

FUENTE: Cuadros 9, 11 y 13 del Anexo.

Es de suponer que enti-e 1885 y 1907, la mayor parte de lr, emigracibn del
Norte Chico se dirigib a la zona salitrera inmediatamente al norte. Si toda ella
lo hubiera hecho, mis de 65.000 inmigrantes del Norte Grande habrian teni-
do ese lugar de origen, representando el 60 % de la inmigracibn total del Norte
Grande durante el auge salitrero.

2 6 Es notable el Cnfasis puesto en el gasto en educaci6n phblica. Est0 permitib que el


enrolarniento de escolares primarios equivalente al 1 % del total de la poblacibn C T el afio
1842 se elevara a1 15 % en 1930. Ia tasa de alfabetizacibn se elm6 de 13.5 % e k r1844
a 56.1 % en 1930. (Labarca, citado en Marnrnalakis, 1976). Los funcionarios de la adrni-
nistraci6n piblica (descontando FF.AA. y policia) se rnultipliczron por nueve entre
1880 y 1919.
27 Algunos autores han llamado la atencibn sobre la elevada proporci6n de esos gas-
tos, considerados de “consurno”, en relaci6n a 10s gastos en “inversiones de capital”.
Con ello se apunta a la critica del derroche de 10s ingresos del salitre o el desperdicio de
una oportunidad histbrica para la acumulacibn de capital a partir del cud impulsar un
crecirniento sostenido (ver especialmente Marnalakis 1976). Cri’ticas corn0 &as, si bien
apuntan a un hecho objetivo indiscutible, parecieran ignorar que el crecimiento econ6-
rnico no se da en abstracto sino condicionado por estructuras de poder bien concretas
bajo la conducci6n de agentes sociales con intereses de clase perfectarnente identifica-
bles. La oligarquia nacional que hasta el auge del salitre tenia el control del Estado, se
vi0 enfrentada, por un lado, por las dernandas crecientes de sectores rnedios y populares
urbanos que ya no se podian reprirnir como a la poblacibn rural. A1 contrario, organiza-
dos estos grupos politicamente, sus dernandas dieron lugar a ciertas concesiones en el
consumo colectivo a traves del Estado. POI otra parte, la expansibn del rnercado urbano
DlSTRlSUClON ESPACIAL DE LA POSLACION - 1895
ECONOMIA Y FQLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 81

Por efecto de estas migraciones la poblaci6n del Norte Grande aument6


entre 1885 y 1920 a tasas muy superiores a las del pais en su conjunto.”
En todo el periodo, la cantidad mis importante de poblaci6n provino de
las ireas rurales centrales que constituyeron el principal foco de expulsi6n de
poblaci6n hasta 10s afios 20. Casi todo el flujo migratorio nacional hasta
1920, se explica por la salida de poblacidn de dicha zona que se estima alcan-
z6 un promedio de alrededor de 140.000 personas por dCcada entre 1875 y
1920.” Esta cantidad representa casi el 100% del crecimiento vegetativo de
la propia zona expulsora. Es decir, la poblaci6n rural de la zona central pric-
ticamente no creci6 en todo el periodo.
Su destino era, ademis del Norte Grande, las ireas urbanas centrales, prin-
cipalmente Santiago, y las ireas urbanas y rurales de las regiones del sur
(Concepcibn, La Frontera y Los Lagos).
En segundo lugar, la forma de ocupacidn espacial del Norte Grande presen-
ta caracteristicas especiales que provienen de la naturaleza misma de la explo-
taci6n salitrera y del medio geogrifico en que se desenvuelve. Una particulari-
dad fue el grado de dispersi6n de las explotaciones por la distribuci6n natural
extensiva de 10s yacimientos y tecnologias relativamente poco intensivas en
capital. Por esto, surgieron una gran cantidad de nlicleos poblacionales de ta-
maiio reducido e igualmente dispersos (las Oficinas Salitreras).
La dispersi6n de 10s nlicleos de poblaci6n dedicada a la explotaci6n sali-
trera en el interior, se combin6 en la concentracidn de actividades y pobla-
ci6n en 10s puertos de salida del producto. Estos fueron principalmente Anto-
fagasta e Iquique que experimentaron las tasas de crecimiento mis elevadas
del pais durante el periodo. En estos puertos se concentr6 sobre el 30 % del
total de la poblaci6n del Norte Grande.
Otro aspect0 destacado de la actividad salitrera de esta Cpoca fu6 su caric-
ter fluctuante, lo que influy6 en un comportamiento algo erritico de la PO-
blacidn a1 interior de la regi6n. Asi, muchos nficleos poblacionales que cre-
cieron en torno a una explotaci6n salitrera, desaparecian al tennino de las
faenas y al cab0 de algunos *os. La poblaci6n de las oficinas que cerraban,
emigraba hacia otras oficinas -antiguas o nuevas- o hacia las ciudades mayo-
res y puertos de la zona. Esto queda reflejado en el comportamiento que

en el norte y en la zona central demand6 costos en la reproducci6n de la fuerza dc traba-


j o empleada en las actividades secundarias y terciarias crecientes del norte y de la icna
central. En la ciudad, la autorreproducci6n de la fuena de trabajo en la forma de autoa-
bastecimiento campesino no es posible y la oligarquia descagb ese costo en el Estado.
La acumulaci6n que Mamalakis no ve en las cifras de inversi6n estatales se produjo en
alguna medida como acumulaci6n privada y, por supuesto, como consumo suntuario,
liberindose la oligarquia de tener que financiar directamente la reproduccibn del costo
de la mano de obra. El exceso de 10s gastos en consumo por parte del Estado durante el
auge salitrero, contribuy6 a la concentracih de capital en manos privadas.
28 Ver cuadros mis adelante y 13 del Anexo.
29 Ver pr6xima secci6n.
82 GUILLERMO GEISSE

Poblaci6n total, urbana, rural y ciudades principales


del Norte Grande 1885-1930

Crecimiento
Porcentual
1885 1895 I907 1920 -
I930 1885 I930

Poblaci6n total
Norte Grande 88.305 141.762 234.324 289.569 292.096 130
Urbana 38.181 86.478 111.688 137.083 221.838 481
Rural 50.124 55.284 122.636 152.486 70.258 40
Iquique 15.391 33.031 40.171 37.421 46.458 201
Antofagasta 7.588 13.530 32.496 51.531 53.247 601
211 43 61 48 47 76
311 57 39 52 53 24
411 17 23 17 13 16
5/1 9 10 14 18 18

FUENTE: Cuadros 1, 3 y 4 del Anexo.

muestran las tasas de crecimiento de la poblaci6n total y las de la poblaci6n


urbana y rural entre 1885 y 1930.
Del cuadro anterior se desprende que en 10s subperiodos de auge de la ac-
tividad del salitre, crece el nlimero de oficinas activas y, por tanto, de centros
poblados. Dado que la dispersi6n territorial del recurso favorece explotacio-
nes de menos de 2.000 habitantes, 10s datos muestran un crecimiento mayor

Tasas de crecimiento de la poblaci6n total,


urbana y rural del Norte Grande
1885-95 1895-1907 1907-20 1920-30

Poblaci6n urbana 8.2 2.6 2.0 4.8


Poblaci6n rural 1.0 8.0 2.2 - 7.7

Poblaci6n total
regi6n 4.7 5.0 2.1 0.1

Poblaci6n total
pais 0.7 1.8 1.4 1.4

FUENTE: Cuadros 2, 5 y 6 del Anexo.


ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 83

de la poblacibn rural frente a la poblaci6n urbana. En bubperiodos de crisis,


por el contrario, la poblaci6n tiende a reubicarse en 10s centros urbanos inter-
medios y mayores de la zona, donde 10s efectos de la crisis se manifiestan mis
tarde o donde puede hacerse frente a sus efectos con menos dificultades.
Lo anterior est6 muy ligado a la condicionante geogrifica que se menciona-
ba antes. El caricter deskrtico de la zona, anteriormente inhabilitsdo, contri-
buye sin lugar a dudas a la gran movilidad poblacional observada. A diferen-
cia del recurso agricola, el minero no es renovable, y por lo general su Bmbito
natural no permite la diversificaci6n productiva de forma de poder alternar o
complzmentar producciones para demandas externas y de subsistencia. Por lo
mismo, su extinci6n o una disminuci6n de la demanda conduce inevitable-
mente a1 despoblamiento de las zonas de explotaci6n hacia otras zonas donde
exista demanda alternativa de empleo ya sea urbano o rural, o donde se con-
centren 10s servicios de bienestar social.

3. La fuerza de trabajo del salitre y el mercado de consumo


interno de alimentos

La falta de actividades agricolas en la zona, elimina toda posibilidad de


surgimiento de economias de subsistencia. Por lo mismo, es necesario satisfa-
cer la demanda de bienes y servicios -especialmente alimentos- con pro-
ducciones de otras zonas del pais (centro o sur) o del exterior. Toda la
poblaci6n rural y urbana de la zona estaba inserta en el rCgimen salarial y no
se disponia de otro producto local que el salitre. La participacibn de la regi6n
en el mercado de consumo interno de alimentos lleg6 a ser proporcional y
absolutamente mayor a la de las otras zonas del pais.30
La actividad agricola del centro y sur del pais pudo responder sin dificul-
tades a la presi6n de la demanda de la zona norte fuesto que ella coincidio con
una gradual declinaci6n de la demania externa por 10s productos agricolas chile-
nos. Como resultado de su vinculaci6n a 10s mercados externos la agricultura
chilena habia aumentado consideiablemente las ireas cultivables, primer0 en
la zona central y luego, extendihdose hacia la zonas de La Frontera y de Los
Lagos. Asi, por ejemplo, se estima que entre 1885 y 1895, el aumento de
la demanda de trigo del Norte Grande represent6 casi la mitad de la expan-
si6n del mercado interno en dicho periodo. Hacia el final de ese periodo, la
demanda nortina por este producto alcanz6 a una cifra equivalente a1 total de
las exportaciones de trigo en el periodo correspondiente: casi medio millon
de quintales (Cariola y Sunkel; 1979).

30 La poblacibn del Norte Grande lleg6 a representar cerca del 21 % de la poblaci6n


urbana del resto del pais en el periodo cornprendido entre 1907 y 1930.
84 GUILLERMO GEISSE

4. Crisis salitrera: dispersidn local de poblacidn y concentracibn


urbana nacional

La crisis del salitre se hizo sentir con toda su fuerza en el a o 1929. Sin
embargo, toda la dCcada 1920-1930 fu6 un periodo de gradual declinaci6n de
la demanda externa y consecuente disminucih de las actividades productoras
del Norte Grande. Un efecto inmediato fue la “migracih de retorno” hacia
el Norte Chico y zona central del pais.
Se estima que la corriente emigratoria total de la regi6n en ese periodo fue
de 40.000 personas (13,8 % de la poblaci6n total de ella en el aAo 1920) y la
emigracih de las ireas rurales de ella en mis de 100.000 personas (65,6 % del
total de la poblaci6n rural de la zona) en el mismo aAo. Este flujo poblacional
pas6 a constituir el grueso del movimiento poblacional del pais en dicha d6-
~ada.~‘

Estimaci6n migracibn Norte Grande y total nacional


1920-1930 (ndmero de personas)

Migracibn Migracibn
1885-1920 192G1930

Migracibn total 130.199 - 40.608


Urbana 66.567 64.335
Rural 68.632 - 104.943
Migraci6n interna
Total nacional 158.925

FUENTE:Cuadros 9, 11 y 1 3 del Anexo.

El despoblamiento de las 6reas de explotaci6n tuvo efectos de concentra-


ci6n urbana en ciudades mis alejadas de ellas mientras mis aguda se tornaba
la crisis. A1 final de la dicada, el desplazamiento lleg6 masivamente hasta San-
tiago. Esta fue la ciudad que atrajo la mayor proporci6n de 10s desplazados
del norte con lo cud el proceso de concentracidn urbana en la capital, que ya
se venia dando desde las liltimas d6cadas del siglo XIX, se acentu6 conside-
rablemente. Otro factor determinante en el destino urbano de la emigraci6n
de la fuerza de trabajo afectada por la crisis del salitre fue que se trataba de
trabajadores insertos en formas de producci6n capitalista y por lo tanto, orga-

3 1 En cambio, la emigraci6n de las zonas rurales del centro fue, durante la misma
dkada de s610 37,000 personas en comparacibn a 10s 150.000 de las d6cadas anteriores.
Dicho flujo menor se orienta, a1 igual que antes, hacia las ireas urbanas centrales y hacia
la zona sur. Ver cuadro 9, 11 y 13 del Anexo.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 85

nizados como clase y politicamente alineados. En esas condiciones, su rurali-


zaci6n no era alternativa, no obstante su origen campesino, dadas las condi-
ciones de subordinacih del campesinado chileno y las restricciones institu-
cionales para la reproducci6n en el campo de las organizaciones politicas y
sindicales de la mineria.

Poblaci6n de 10s centros urbanos del Norte Grande

1865 1875 1885 1895 1907 1920 1930

Arica 3.900 3.027 4.886 9.015 13.140


Pisagua 4.262 3.447 4.089
Iquique 15.391 33.031 40.171 37.421 46.458
Caracoles 2.279
Antofagasta 7.588 13.530 32.496 51.531 53.247
Taltal 4.649
Negreiros 4.837
Dolores 3.293
Huara 7.730 2.252 2.160
Pozo Almonte 3.703
Caleta Buena 3.259
Tocopilla 3.383 5.366 5.297 15.305
Calama 2.856 3.175 5.407
Caleta Coloso 2.032
Mejillones 3.600 5.872 4.063
Santa Lucia 2.483 3.085
Prosperidad 2.546
Coya 2.038 2.249
Anibal Pinto 2.159 2.210
Chuquicamata 9.7 15 13.346
Map ocho 2.160
Pefia Chica 2.283
Bellavista 2.442
Brac (ahora Victoria) 5.354
R c a Aventura 2.198
San Andr6s 2.923
Maria Elena 9.062
JosC F. Vergara 5.600
Pampa Uni6n 2.006
Ausonia 2.337
Chacabuco 4.049
Francisco Puelma 2.229
Pedro de Valdivia 8.654
Chile 2.079
Santiago Humberstone 2.079

FUENTE: Hurtado (1966).


86 GUILLERMO GEISSE

La crisis salitrera afect6 la distribuci6n de la poblaci6n de la propia zona


del Norte Grande, incrementando el proceso de urbanizacibn bajo un patr6n
miis bien descentralizado.
La mayor parte de la poblaci6n urbana se distribuy6 en un gran ndmero
de centros pequefios de entre 2.000 y 5.000 habitantes, muchos de 10s cuales,
antes de 1920, tenian menos de 2.000 habitantes es decir, eran centros rura-
ies. Por esto, el ndmero de centros urbanos de la regidn que habia aumentado
de 6 en 1885 a 15 en 1920, se eleva a un total de 26 en 1930.
En sintesis, 10s impactos miis significativos de la expansi6n minera expor-
tadora entre 1860 y 1920 en la acumulaci6n y 10s desplezamientos de capita-
les y en la distribuci6n espacial de poblacihn fueron 10s siguientes: se produjo
un fuerte proceso de acumulaci6n de capital ligado a las actividades minero-
extractivas y de exportaci6n. Parte significativa de 10s excedentes generados
qued6 dentro del pais ya sea a traves de gastos locales de las empresas de pro-
ducci6n salitrera en bienes y servicios del SMI, o a traves de la tributacibn
que les fue impuesta por el Estado. Entre 10s primeros, quizi lo mls impor-
tante fue que la poblaci6n salitrera presion6 sobre la producci6n latifundaria
de la zona central y sur contribuyendo a mantener el ritmo del crecimiento
agricola.
Los recursos captados por el Estado fueron traspasados a otros sectores y
grupos sociales a traves del gasto pdblico. Este se orient6 fundamentalmente
hacia las ciudades, y entre Bstas, preferentemente Santiago,” y a la integra-
cidn institucional y espacial del territorio nacional. hi,la unificacidn politico-
administrativa del pais fue consolidhndose al paso de la integraci6n interna de
10s mercados regionales, dos factores que habrian de tener un efecto conside-
rable en la aceleraci6n del proceso de concentracibn urbana en Santiago, que
puede observarse a traves de las figuras censales de la decada de 1930.
A la par con 10s movimientos de capitales y recursos entre regiones y s e e
tores generados por el auge minero exportador, se produjeron importantes
movimientos espaciales de poblaci6n que reforzaron 10s efectos sefialados de
expansi6n del mercado interno.
En primer lugar, la expansi6n del salitre atrajo poblaci6n desde las Areas
rurales y marginadas de 10s mercados de consumo, volclndola hacia activida-
des organizadas bajo relaciones capitalistas de producci6n y consecuentemen-
te de mayor productividad relativa.
En segundo lugar, se produjo una ocupaci6n poblacional considerable de la
extensa zona del Norte Grande. La ocupaci6n revisti6 caracteristicas urbanas
puesto que la totalidad de la poblaci6n se incorpori, al mercado de consumo
de alimentos de la zona central, y de servicios y productos provenientes de
ciudades de mls alta jerarquia tales como Valparaiso y Santiago. Las carac-

3 2 El ail0 1916 (hnico aiio para el cud hemos encontrado cifras confiables) el 45 %
del total de la inversibn del gobierno central en infraestructurase concentr6 en Santiago,
ciudad en la que vivia el 18%dela poblaci6n del pais (Sabatini, 1979).
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 87

teristicas urbanas de la zona norte se mantuvieron, aunque en menor grado,


mis all6 de la crisis del salitre.
En tercer lugar, la emigracibn que gener6 la crisis del salitre reforzb el pa-
trbn concentrado de urbanizacibn que se venia dando desde antes a nivel na-
cional a traves de dos factores: uno fue la activaci6n del sector de interrnedia-
ci6n de base esencialmente urbana y concentrado especialmente en Valpa-
raiso; otro fue la accibn reorientadora de 10s ingresos del Estado desde la zo-
na minera hacia las ciudades de la zona central, particularmente Santiago, se-
de del Gobierno y residencia de la oligarquia nacional. Producida la crisis del
salitre, el destino natural de la poblacibn del norte fueron las ciudades de la
zona central y en particular Santiago.
A esta conjuncibn de factores resta agregar aquellos que, generados en un
sentido similar por el auge agricola exportador, de las zonas centro y sur,
fueron determinantes en la ampliacibn del mercado interno. Este p a d a ser el
factor predominante en eI dinamismo de la economia nacional una vez termi-
nado el period0 de auge exportador en el aiio 1930.

C. Expansibn agricola como factor de


concentracibn urbana
Se ha visto mbs arriba la importancia que tuvo la actividad agricola como
fuente de acumulaci6n de capitales principalmente nacionales. La alta renta-
bilidad de la inversibn agricola, dada la demanda externa e interna a fines del
siglo pasado por estos productos, operb como fuente de atracci6n sobre el
capital nacional, sobre todo en la medida en que era desplazado de la gran ex-
plotaci6n minera. Ademis, como tambiCn se ha visto, la propiedad agricola
fuC un mecanismo importante para acceder a 10s ingentes recursos del Estado.
Todo esto redundb en el crecimiento de la produccibn agricola, provocando
notables efectos en la distribucibn espacial de la poblacibn, contribupendo al
proceso de urbanizacibn. Es en esto que conviene detenerse ahora.
En la medida que el aumento de la inversibn y la produccibn agricola y la
expansibn de las ireas bajo cultivo coincidieron con el decrecimiento relativo
de la poblaci6n rural, nuestra afirmacibn bisica es que la migracibn campo-
citldad no est5 ligada a1 estancamiento agricola, sino que mis bien la tenden-
cia es la contraria. Veremos, en sus trazos gruesos, 10s factores que operaron
en la expulsibn de poblacibn rural, la magnitud de &a, asi como algunas hi-
pbtesis sobre su destino.

1. Emigracidn de la zona rural central por cambios en la agriculturu

A comienzos del siglo pasado, pese a que desde antes habia exportacibn
agricola a otras zonas coloniales, predominaba en el campo una economia ru-
ral natural en el sentido de que la mayor parte de la poblaci6n vivia en un
88 GUILLERMO GEISSE

rCgimen agrario de subsistencia. A la poca incidencia de las exportaciones so-


bre la poblaci6n rural, se sumaba la estrechez del mercado interno.
El aHo 1865 (aiio del primer censo nacional confiable) el 69 % de la pobla-
ci6n nacional vivia en la zona central, la mejor dotada de recursos agricolas.
La dependencia de la economia del sector agricola se reflej6 ademds en el he-
cho de que apenas el 21.9% de la poblaci6n del pais vivia en centros de m h
de 2.000 habitantes. En la zona central misma, la poblaci6n urbana era el 24 %
de la poblacibn total de la zona, mientras que en el Norte Chico, donde se
concentr6 poblaci6n para la mineria, alcanzaba el 23 % del total regional res-
pect ivo .33
Desde el punto de vista de la propiedad de la tierra, se combinaba una gran
concentraci6n con la proliferaci6n de un elevado n6mero de pequeiios propie-
tarios. Los propietarios en Chile central ubicados en 10s dos tramos superiores
de ingreso avaluados, alcanzaban al 4.6 % del total, acaparando el 67 % del to-
tal de ingresos avaluados. En cambio, en 10s dos tramos inferiores se agrupa-
ba el 81.3 % de 10s propietarios con el 10.6% de 10s ingresos?" La suspensidn
de las obligaciones tributarias a este Cltimo sector en el afio 1874, obligacio-
nes que por lo demds nunca pudieron hacerse efectivas, indica la orientaci6n
predominantemente no mercantil de su actividad. De lo anterior, no debe im-
plicarse que el campesinado en general estuvo al margen de la producci6n
agricola comercial. Se incorpor6 a ella a traves de las relaciones de trabajo
existentes a1 interior de la gran propiedad, basadas en las instituciones del in-
quilinaje y del peonaje. En lo fundamental, ellas consistian en el alquiler de
pequeiias porciones de tierra para la subsistencia del trabajador a cambio de
un canon en especies y obligaciones de trabajo para la hacienda. Este alquiler
incluia la puesta a disposici6n por parte del inquilino de uno o mds peones,
pagado por 61, y alimentado por el propietario (G6ngora; 1974. Bauer; 1974).
La situaci6n cambi6 con la notable expansi6n mercantil de la agricultura
a mediados del siglo XIX. La producci6n de trigo aument6 mis de 3 veces en
la zona central entre 1860 y 1880, y casi 2 veces en la zona sur en el mismo
periodo. El relativo decaimiento posterior de la exportaci6n triguera, debido
a fen6menos externos, fue compensado con la expansi6n de otros cultivos. La
producci6n de vinos, por ejemplo, aument6 m8s de 10 veces entre 1862 y
1914 y la de frijoles se triplicb entre 1860 y 1908 (Hurtado, 1966). Junto a
la demanda externa, la expansibn agricola se afirmaba en el crecimiento de la
demanda interna que provenia de 10s asentamientos mineros del norte y del
aumento de la poblaci6n urbana.
La expansi6n mercantil de la agricultura tuvo profundos efectos sobre la
economia rural natural y la poblaci6n aglomerada en el campo. Desde luego,

33La zona del Norte Grande pertenecia al Pefi y Bolivia antes de 1879.
34Considerando 6 tramos (Bauer; 1974). Un n6mero importante de pequedos pro-
pietarios no se contempla por reunir ingresos inferiores aun a 10s tramos m& bajos con-
siderados
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 89

se amplib la necesidad de extender las tierras bajo cultiv9 y, con esto, se refor-
zb la tendencia a la concentracibn de la propiedad agricola (Bauer; 1974). La
expropiacibn de la pequefia propiedad que esta tendencia llevb aparejada, no
signific6 la reducci6n del ncmero absoluto de pequefios propietarios sino, en
cambio, inclusive su aumento sobre la base de la reducci6n del tamafio medio
de la pequefia propiedad (Bauer; 1974) y de la proliferacibn de Bsta en las tie-
rras de peor calidad (Vergara; 1977). Un mecanismo que tuvo importancia en
este proceso expropiatorio fue el endeudamiento del pequefio propietario con
el hacendado (Bauer; 1974) y su empobrecimiento por la via de las presiones
orientadas a su inclusibn en las obligaciones tributarias. El resultado de estas
presiones conducidas por 10s grandes propietarios a travCs de la Sociedad Na-
cional de Agricultura (S.N.A.), fue la eliminacibn de la exencidn tributaria
que favorecia a cerca de 60 mil pequefios propietarios (Bauer; 1974).35 De es-
te modo, se acometia tanto el objetivo de incorporar nuevas tierras a la gran
propiedad, como el de incorporar a las haciendas trabajadores despojados de
tierra, reforzando el trabajo que para la hacienda venia efectuando como tem-
porero el pequefio propietario.
Por otra parte, la expansibn agricola afect6 tambikn las relaciones de tra-
bajo a1 interior de la gran propiedad. El inquilinaje se fue transformando de
una relaci6n de alquiler en una relaci6n de trabajo. La incorporaci6n de nue-
vas tierras para el cultivo mercantilmente orientado signific6 reducir la tierra
entregada para la subsistencia del inquilino. En la dBcada de 1870 lo habitual
fue que estas tierras se redujeran de las 2 a 6 hectireas de que gozaban desde
antes de 1850 a 3/4 de hectirea o menos (Bauer; 1974). A1 mismo tiempo, las
obligaciones de trabajo del inquilino respecto de la hacienda se incrementaron
y despuCs de 1850 debian poner ya no uno sino dos peones a disposicibn del
hacendado. La imposibilidad de sobrellevar esta carga oblig6 a la transforma-
cibn del inquilino en un jornalero asalariado sedentario en la hacienda (Bauer;
1974).
La expansi6n mercantil de la agricultura signific6, entonces, expulsibn de
poblacibn desde el camp3 por medio de diversos meca?ismos. En primer lu-
gar, la incorporacibn de tierra en torno a la gran propiedad concentrada impli-
cb la expropiaci6n y empobrecimiento de gran ncmero de pequefios propie-
tarios alejados hacia bolsones de subsistencia. Estas ireas no tuvieron condi-
ciones para retener el crecimiento vegetativo de la poblacibn que debib emi-
grar. En segundo lugar, la expansi6n agricola alentb la especializacibn y el
aumento de la explotaci6n intensiva del trabajo. Con esto, la industria domes-
tics y el trabajo de artesanado empezd a trasladarse hacia ireas urbanas. En
tercer lugar, la expansi6n agricola actu6 en el sentido de racionalizar la orga-
nizacibn tCcnica del trabajo en las unidades productivas. Esto puede despren-

35 En 1881, el Consejo de la S.N.A. seiialaba que “nada contribuiri mis efectba-


mente a incrementar la producci6n que 10s peones tengan necesidad de cubrir obligacio-
nes urgentes” (cfr. Boletines de la Sociedad Nacional de Agricultura).
90 GUILLERMO GEISSE

derse del hecho de que el personal representante del capital frente al trabajo
en el campo aumentb desde 1865. Entre este afio y 1930, la proporci6n de
empleados -mayordomos, capataces, administradores- respecto de inquilinos
y jornaleros aumentb de un 3.2 % a mis de un 9 % en la zona central.%
Estos factores explican la expulsibn de poblaci6n del campo en este peria-
do y dan cuenta asimismo del fenbmeno de vagabundaje y pauperismo. Es
principalmente en este proceso de expulsibn de trabajadores de la tierra que
se encuentra el origen de la fuerza de trabajo asalariado que crecib en la mine-
ria, asi como en algunas obras pcblicas y mis tarde en la incipiente industria
para el mercado interno. Ya hemos visto la atraccibn de poblacibn que ejercib
la mineria. Per0 tambiCn de esta poblacibn venida del czmpo se nutrieron
otras actividades. El ferrocarril Santiago-Valparaiso,terminado en 1886, re-
quirib de 10.000 trabajadores anuales. Desde 1868 la construcci6n de ferro-
carriles en P e h emple6 a mis de 25 mil trabajadores chilenos hasta 1872.
TambiCn miles de chilenos emigraron a California, Panami y Argentina (Se-
gall; 1953, Bauer; 1974). La magnitud en que se produjo una masa de traba-
jadores desposeidos queda de manifiesto al considerar que, entre 1865 y
1895, la poblaci6n rural de Chile central, a pesar del aumento vegetativo, se
mantuvo casi constante en alrededor de 980 mil personas. En cambio, en San-
tiago, Valparaiso y 10s distritos mineros del NoAe ascendi6 de 469 mil a 828
mi1.37
Sin embargo, 10s desplazamientos de poblacibn presentan caracteres y rit-
mos distintos se@n se trate de la zona central o de la zona sur. Es la zona ru-
ral central la que primer0 se presenta como factor dinimico en las migracio-
nes, en la medida que es aqui donde concentra el primer auge de la expansibn
agricola exportadora y de que esa zona estaba ya originalniente poblada de
manera intensiva.

2. Migraciones y concentracidn urbana en Santiago


Las ireas rurales de la zona central comprendidas entre las provincias de
Aconcagua y Ruble inclusive, fueron el lugar de origen del grueso de las migra-
ciones nacionales internas durante parte del periodo primario-exportador
(1865 a 1920). Esto se explica por el hecho histbrico de que en el afio 1865,
el 70 % de la poblacibn total del pais vivia en la zona central y el hecho de que
el 75 % de Csta, era rural (ver cuadro siguiente). Durante todo este periodo, la
poblacibn rural de la zona central pricticamente no crecib. El porcentaje de
crecimiento poblacional al fmal de periodo (1930) fue s610 del 7.4%respecto
de la poblacih en el ail0 inicial(1865) mientras que el de la poblacidn nacio-
nal fue de 135.6%(ver cuadro siguiente). Calculado el crecimiento en tasas
36 A partir de estimaciones de poblaci6n seghn ocupaciones agricolas contenida en
Bauer (974).
3 7 Censos de poblacibn. Ver tambihn 10s mapas de Distribucih espacial de la Pobla-
ci6n incluidos mis atrls
\ ..riaciones porcentuales del crecimiento poblacional de la zona c e n A entre 1865 y 1930
Crec. Porc.
I865 1885 I907 I930 -
I865 1930

ZONA CENTRAL

Poblaci6n rural 947.733 1.038.854 1.013.965 1.043.432 7 94


i Ciudad de Santiago 115.377 189.332 332.724 696.237 503,4
Ciudad de Valuaraiso 70.438 104.952 162.447 193.205 174,2
Resto de las ciudades 122.604 209.802 293.850 44 1.829 280,7

Total zona central 1.256.152 1S42.940 1.802.986 2.3 74.703 89,3

ZONA NORTE 224.867 343.1 75 489.159 551.530 145,2


ZONA SUR 338.204 62 1.265 439.351 1.361.212 302,4

Total pais 1.818.223 2.50 7.380 3.231.496 4.287.445 135.6


118 0.52 0.41 0.3 1 0.24
518 0.69 0.62 0.56 0.55
~ ~~

FUENTE: Cuadros 1, 3 , 4 y 14 del Anexo.


DlSTRlBUClON €SPACIAL DE LA POBLACION - 1920
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 93

promedios anuales, las ireas rurales de la zona central crecieron d o el 0.1 %


en circunstancias en que el pais lo hizo en un 1.5 %.
De esta forma, la participaci6n de la poblaci6n rural de la zona central en
la poblaci6n nacional se redujo del 52 % el afio 1865 a1 24 % el afio 1930.
Si bien la emigraci6n rural desde la zona central fue sostenida en el tiempo,
hub0 diferencia en su ritmo. Fue miis intenso en las dCcadas intermedias dcl
periodo y mis lento en la dCcada inicial(1865-75) y final (1920-1930).
Este periodo intermedio fue justamente el de mayor desarrollo econ6mico
tanto por efecto de la expansi6n de la demanda externa por salitre del Norte
Grande, como por la expansi6n y diversificaci6n de :a demanda interna de ali-
mentos de la zona central por parte de Santiago y el Norte Grande. En efecto,
entre 10s aiios 1885 y 1895 la poblaci6n rural de la zona disminuy6 por pri-
mera vez en tCrminos absolutos registrando una tasa promedio anual negativa
de 0.5 %.En cambio, durante la dCcada 1920-1930, periodo en el cual se co-
mienzan a advertir 10s indicios de la gran crisis del salitre, el campo de la zona
central retuvo parte de su crecimiento vegetativo registrando una tasa prome-
dio anual de crecimiento del 1.1 %, siempre, eso si, menor que el promedio na-
cional(l.4 %),como lo muestra el siguiente cuadro.

Tams de crecimiento promedio a n d zona central


y total del pais

1875-1885 1885-1895 1895-190 7 I90 7-1920 1920-1930

Poblaci6n rural 0.2 -0.5 0.3 0.0 1.1


Poblaci6n urbana 2.8 2 .o 2.5 2.7 1.8
Santiago 3.8 3.O 2.6 4.2 3.2
Pobl. total pais 1.9 0.7 1.8 1.4 1.4

FUENTE: Cuadros 2 , 5 , 6 y 16 del Anexo.

En cantidades absolutas, la poblaci6n rural que emigr6 de la zona central


alcanz6 a 647.914 individuos aproximadamente durante el periodo 1875-
1920 lo que equivale a un promedio por dCcada de 144.000 emigrantes. Esta
dltima cantidad era casi el 100 % del crecimiento vegetativo de la poblaci6n en
las ireas de origen del movimiento migratorio (ver cuadro siguiente). La enor-
me importancia relativa de este movimiento migratorio se expresa al compa-
rarlo con tamafios poblacionales correspondientes al aAo 1895 situado justo
en medio del periodo. Represent6 el 25 %dela poblaci6n total del pais en ese
aiio, el 170 % del total de la poblaci6n de la zona Norte, el 90 % de la zona Sur
y el 250 $jde la poblaci6n de Santiago del mismo aiio.
94 GUILLERMO GEISSE

Migraci6n de la zona rural central (1865-1930)


Decada Promedio por dkcada Dkcada
1865-187.5 18 75-1920 1920-1930
~

Num. de emigrantes - 28.333 - 143.980 - 37.164


% del crecimiento 43.6 98.7 24.5
vegetativo'

Este porcentaje relaciona el nimero de emigrantes con el crecimiento esperado de la


poblacibn de la zona si hubiera crecido a la misma tasa que la poblacibn del pais.
FUENTE: C&ulo a partir de 10s cuadros 4, 1 1 y 13 del Anexo

Los lugares de destino de la emigraci6n rural de la zona central, fueron las


ciudades de esa misma zona, en especial Santiago, y las ciudades y campo de
la zona sur. La poblaci6n de Santiago creci6 durante el periodo a una tasa
promedio anual del 2,80 %.Durante el periodo de mayor expulsi6n de pobla-
ci6n rural (1885-1920), la tasa de crecimiento de la poblaci6n de Santiago fue
del 2,86 %. Medido por el porcentaje que represent6 el crecimiento de la po-
blaci6n de Santiago respecto de su poblaci6n en el aiio inicial del periodo,
este fue del 503 %, entre 1865 y 1930.
DespuCs de Santiago el lugar de destino preferente de 10s flujos migratorios
de las zonas rurales de la zona central fue la zona sur del pais (Concepci6n y
La Frontera, Los Lagos y Los Canales). ,5610 una parte muy reducida del cre-
cimiento poblacional de la zona sur durante el periodo puede ser atribuida a
inmigraciones desde el Norte Grande y si esto ocurri6 s610 pudo producirse
en muy reducido n6mero durante la dCcada de 10s aiios 20 en plena crisis sali-
trera. Queda tambiCn descartada (por su pequeRa magnitud absoluta) la inmi-
graci6n internacional cuyo grueso fue la alemana entre 1840 y 1850.
Resulta entonces evidente que la concentracibn de poblaci6n en Santiag9
adquiere una gran intensidad durante este periodo (1865-1930) caracterizado
como de auge primario-exportador. Las tasas anuales registradas para las tres
dCcadas que se inician el aiio 1875 fueron de 3,8 %, 3 % y 2,6 % respectivamen-
te, similares a las registradas en pleno periodo de IS. En cambio, entre 1907 y
1920 periodo que corresponde a la cdspide de las exportaciones del salitre, la
tasa de crecimiento de Santiago fue la mis alta en la historia con 4,2 %.
La poblaci6n de Santiago elev6 su participaci6n en la poblaci6n total del
pais de un 7.5 % en el aiio 1885 a1 16.2 % el aiio 1930 y su participacihn en la
poblaci6n urbana desde un 26.3 % a un 35.8 %.
Es notable que el acelerado crecimiento de Santiago se da justamente en
pleno auge primario-exportador salitrero localizado en la zona nortefia mis
alejada de esta ciudad y en pleno proceso de colonizaci6n de tierras del sur.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 95

Lo que ocurrib es que Santiago fue la 6nica ciu3ad de la zona central que lo-
gr6 generar atracci6n sobre la poblaci6n rural expulsada por 10s cambios ocu-
rridos en la agricultura de la zona central. La tasa de crecimiento de la pobla-
ci6n de Santiago durante el periodo fue casi el doble de la del resto de las ciu-
dades de la zona central, incluyendo Valparaiso. Antes de 1885 no habia ciu-
dades mayores de 20.000 habitantes en la zona central fuera de Santiago y
Valparaiso y apenas habia cinco ciudades con una poblaci6n de entre 10 mil
y 20 mil habitantes. S610 a partir del afio 1885 las ciudades de Talca y Chi-
lldn, fundadas el siglo anterior, superaron 10s 20.000 y al final del periodo, o
sea en 1930, sblo se habia unido a esta categoria la ciudad de Rancagua. (Vi-
fia del Mar figura estadisticamente dentro de esta categoria desde 1907. Sin
embargo, esta ciudad fue desde su fundaci6n un drea residencial de Valparai-
so).

3. Migraciones y urbanizacibn del sur


TambiCn la zona sur -la regi6n de Concepci6n y La Frontera, y la regi6n
de Los Lagos- creci6 absorbiendo en el campo y la ciudad parte de la pobla-
ci6n emigrada del centro. La atracci6n de poblaci6n que ejerce el sur, respon-
de a la demanda de trabajo que surge a partir de su incorporaci6n a la expan-
si6n agricola mercantil, reforzada por la imposici6n de la pacificacihn mapu-
che en la dCcada de 1880.
A fines de la dCcada de 1850, la valorizaci6n de las tierras abri6 la presibn
sobre la Frontera, donde, mediante mecanismos diversos y no siempre legales,
(Donoso y Velasco; 1970), 10s indigenas fueron paulatinamente desplazados
de las mejores tierras. La posibilidad de apropiarse porciones de tierra a pre-
cios muy bajos en esta zona, gener6 una violenta competencia “compradora”
que oblig6 la intervenci6n estatal. El Estado, por medio de la Intendencia de
Arauco, se apropi6 de grandes cantidades de tierra de 10s aborigenes, que para
1868 se estimaron en no menos de 250 mil hectdreas en Malleco (Donoso y
Velasco; 1970). Los indios fueron enviados a reservas. Despuis de 1880, fina-
lizada la Guerra del Pacific0 y extendida la dominaci6n’ estatal hacia 10s terri-
torios del sur, el Estado entreg6 tierras bajo diferentes modalidades, como
simple tenencia, como arriendo, como propiedad legalizada, como concesio-
nes y como resultado de remates p6blicos (Segall; 1953), favoreciendo mu-
chas veces a miembros del ejCrcito desmovilizado. Per0 ya a fines del siglo
pasado, se dej6 caer sobre las nuevas propiedades de La Frontera el peso del
capital, interesado en la concentraci6n de las tierras para incorporarlas a la ac-
tividad mercantil y exportadora. Los procedimientos de la nueva expropia-
ci6n no fueron mds claros. S610 en un aAo sr‘ remataron 46 milhectdreas, y ia
deudas que por estas transacciones se contriian con el Estado fueron enormes
sin embargo, esto no impidi6 que fueran condonadas (Segall; 1953). La gran
escasez de capital que mostraban 10s colonos originarios, facilit6 la apropia-
ci6n concentrada de tierras en manos de capitalistas. Ya en 1900, la propie-
96 GUILLERMO GEISSE

dad agraria en el sur estaba tan concentrada como en la zona central, la pro-
ducci6n triguera alcanzaba el mismo volumen y 10s principales fundos cereale-
ros se encontraban en esta regi6n (Hurtado, 1966).
La gran expansi6n de la superficie cultivable produjo un aumento de la
demanda de trabajo en la regi6n. Esta no pudo ser satisfecha absolutamente
por la poblaci6n mapuche en la medida que fue reducida a ireas de subsisten-
cia agricolameqte poco productivas en zonas cordilleranas y costeras. En cori-
secuencia, el mercado de trabajo en la zona tuvo que regularse tambiCn con
inmigracibn y la mayor demanda de trabajo al comienzo de la colonizaci6n
se produjo en las zonas rurales. En el cuadrado siguiente se puede observar
que entre 1865 y 1885 la zona rural de La Frontera absorbi6 aproximada-
mente el 65 % del total de inmigrantes a la regi6n.
Una vez incorporada toda la tierra a 10s cultivos comerciales, las zonas ur-
banas de la misma regibn comenzaron a absorber la mayor parte de 10s inmi-
grantes extrarregionales y se inicib un proceso de migraci6n ;ural-urbana
interna en la misma regi6n. Esta tendencia de concentracibn urbana local
comienza a producirse en el period0 1885-1907.

Saldos migratorios regidn Concepci6n y la Frontera:


zonas urbanas, d e s y total regidn 1865-1930
1865-1885 1885-180 7 1907-1930

Zona urbana 46.126 84.599 27.653


Zona rural 86.738 - 14.843 4.852
Total regibn 132.864 69.756 32.505
FUENTE: Cuadros 9, 1 1 y 13 del Anexo.

La ripida incorporacibn del sur a la economia de intercambio implic6 es-


pecializaci6n agricola y, por tanto, que muchos de 10s inmigrantes llegaran a
ejercer actividades comerciales y artesanales en las ciudades. A lo anterior, de-
be agregarse que la expansi6n agricola en el sur presion6 por el desarrollo
de servicios urbanos y obras p6blicas que, por un lado, atrajeron fuerza labo-
ral y, por otro, liberaron mano de obra agricola. Piknsese, por ejemplo, que en
1907 estaba terminado el ferrocarril Santiago-Osomo y se trabajaba en la
construcci6n de ramales transversales. Con ello se mecanizaba el transporte,
liberando fuerza de trabajo, se facilitaba el intercambio y la especializacih
del trabajo. En torno a estos desarrollos aparejados a la expansih agricola, se
desarrollaron las ciudades. Y en 1907 en la regi6n de La Frontera superaban
10s 10 mil habitantes las ciudades de Lota, Los Angeles y Temuco, esta ~ l t i -
ma superando 10s 20 mil en 1920. Mencibn especial merecen el puerto de Tal-
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 91

cahuano, que superaba 10s 10 mil en 1895 y 10s 20 en 1920, junto con Te-
muco, y la ciudad de Concepci6n. Esta filtima, que concentraba alguna activi-
dad minera, tenia mis de 13 mil habitantes en 1865 y desde entonces hasta
1907 creci6 a una tasa nunca inferior a 2.7% llegando al 5% entre 1885 y
1895.%
La regi6n de Los Lagos, ma's al sur, sufri6 un proceso inverso. La inmigra-
ci6n fue absorbida por la zona rural hasta 1885 de un modo no significhtivo y
desde entonces hasta 1907, el campo atrajo significativmente mds poblacih:
aproximadamente el 65 % del total de la inmigraci6n (ver el cuadro siguiente).
Probablemente esto tuvo que ver con elhecho de que la incorporaci6n de tie-
rra a1 cultivo mercantil fue hacikndose de modo gradual desde mis al Norte,
retardando comparativamente su fuerza de atraccibn de poblaci6n hacia el
campo. Esta es relativamente mis importante s610 desde 1885 respecto de sus
Areas urbanas, cuesti6n que puede desprenderse tambiin de la incorporaci6ti
inis tardia de las ciudades de esta regi6n a la cifra de 10 mil habitantes. S610
Valdivia. Sin embargo, en estas regiones la tasa de crecimiento urbano es siste-
mdtica y significativamente superior desde 1885 en adelante.

Saldos migratorios regibn Los Lagos; zonas


urbanas, rural y total regibn 1865-1930
~~

1865-1885 1885-1907 1907-1930

Zona urbana 6.732 18.235 37.237


Zona rural 10.000 32.432 36.859
Total regi6n 16.732 50.667 74.096

FUENTE: Cuadros 9, 1 1 y 1 3 del Anexo.

Entre 1908 y 1930 se m a n t u b la naturaleza de ios procesos que estaban


actuando. Continu6 la expansi6n agricola triguera de Concepci6n al sur. La
superficie cultivada aument6 a una tasa anual superior al 1 0 %entre 1916 y
1927 (Hurtado; 1966). Sin embargo, hacia la dicada de 1920,los mismo fac-
tores que incidieron en la expulsi6n de poblaci6n rural en la zona central co-
menzaron a aparecer en el sur, el cual fue perdiendo su capacidad de atraer
poblaci6n. Entre 1920 y 1930 la tasa de crecimiento de la poblaci6n en la re-
gi6n de Concepci6n y La Frontera es igual a la del pais y s610 la regi6n de Los
Lagos se mantiene por e n ~ i m a . 3La
~ ciudad de Concepci6n, la mayor de las

38 Ver cuadro 16 del Anexo y 10s mapas incluidos m i s atris.


39 Ver cuadro 6 del Anexo.
98 GUILLERMO GEISSE

del sur, disminuye su tasa de crecimiento desde 1907 y mantiene constante


entre 1907 y 1930 el porcentaje con que participa en la poblaci6n total del
pais.@
La inmigraci6n hacia la regi6n decrece fuertemente en este periodo, en
relacibn a lo que habia aumentado en las dBcadas anteriores. En la regibn de
Los Lagos, en cambio, el flujo inmigratorio continu6 creciendo aunque se ob-
serva una diferencia entre las zonas urbanas y rurales.
Mientras entre 1885 y 1907 la mayoria de 10s migrantes se dirigia hacia las
Qreas rurales, en el periodo 1907 a 1930 la comente migratoria absorbida por
las ireas urbanas fue levemente superior a la que atrajo el campo (ver cuadro
anterior). Es decir que se fue produciendo en la regibn de Los Lagos una si-
tuaci6n de estabilizaci6n de su poblacihn, particularmente la rural, similar a
lo ocurrido antes en la regibn de Concepcibn, ya que, como se sefial6 anterior-
mente, las tierras de dicha regi6n se incorporaron con posterioridad a la ex-
plotaci6n comercial.
En suma, hub0 un alto movimiento migratorio en el campo, operando con
sentido y ritmos diferentes se@n la regibn considerada, que no se debib prin-
cipalmente a la presi6n poblacional sobre la tierra, resultado del crecimiento
poblacional y el estancamiento agrario. Al revis, la superficie cultivada se ex-
pandib muy por encima del crecimiento vegetativo de la poblacibn, lo que in-
dicaria que sus causas se afirmaron en la expansi6n agricola tanto por aumen-
to de la superficie cultivada como por aumento de la productividad.

D. La ampliacidn del mercado interno


Se ha visto c6mo la expansi6n exportadora permiti6 acumular el capital para
invertir en la industria y asimismo, c6mo esa expansi6n dio origen a la consti-
tuci6n de una masa de trabajadores asalariados: el mercado de trabajo de la
industria. La contrapartida de estos hechos es la creaci6n y ampliaci6n del
mercado interno para 10s productos industriales. En efecto, el aumento del
valor del capital supone un aumento de las rentas de 10s capitalistas y, por lo
tanto, de su consumo. A1 mismo tiempo, la producci6n de una masa de traba-
jadores asalariados supone su incorporacibn a1 mercado de medios de vida.
En consecuencia, la ampliacibn de la exportaci6n supuso un aumento de 10s
ingresos y un aumento de la poblacibn incorporada al mercado, esto es, la
ampliaci6n de la demanda intema. Parte de Bsta se volcaba hacia el exterior
(importaciones). La otra parte presionaba sobre la industria local. Consumo,
producci6n local y comercio (interno y externo) se desarrollaron en las ciuda-
des y preferentemente en las mis grandes como Santiago.
Aunque parcial, un indicador de la expansi6n de la demanda intema lo

40 Ver cuadro 15 y i 6 del Anexo.


ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 99

constituye la serie creciente de importaciones de productos de consumo,


que se observa en el cuadro siguiente.

Valor de las importaciones de productos de consumo y totales


(Millones de pesos de 18d)
ago Productos de consumo totales

1880 22.8 62.7


1885 30.5 84.6
1890 45.9 142.4
1895 45.3 144.2
1900 39.6 128.5
1905 49.5 187.4
1910 76.0 284.8
1915 57.1 153.2
1920 155.5 440.6

FUENTE: Kirsch (1973).

Este indicador es parcial dado que paralelo a1 crecimiento de las importa-


ciones, la producci6n de la agricultura y la industria para el mercado interno
estaba aumentando y con est0 la acumulacibn capitalista en ambos sectores y
en el sector de intermediacibn. Lamentablemente no existen datos confiables
sobre totales de producci6n interna para el periodo.
Tampoco existen antecedentes que permitan estimar el aumento total del
valor del capital durante este periodo en Chile. Sin embargo, con 10s datos
existentes, se puede llegar a tener una idea aproximada a1 respecto. En efecto,
el capital de 10s bancos privados se triplic6 entre 1869 y 1905 (Hurtado;
1966). El valor del capital invertido en empresas industriales se duplic6 entre
1915 y 1925. Lo mismo ocurri6 con el capital invertido en sociedades an6ni-
mas industriales entre el aAo 1915 y 1925, el cual aument6 de 22 millones de
d6lares a 44 millones (Kirsch; 1973, Cariola y Sunke!, 1979). Este valor con-
trasta con el capital invertido en sociedades anbnimas en 1875, en que no mis
de 5 millones pueden estimarse como inirersiones industriales (Segall; 1953).
Una acumulacibn de capital de esta magnitud supone un elevado valor del ex-
cedente anual, lo que supone a su vez un elevado nivel de renta y de consumo
de 10s capitalistas.
En la agricultura, el aumento del valor de la tierra puede calcularse, aunque
imperfectamente, a partir de 10s avalhos tributarios. Sobre esta base se estima
que las rentas agricolas crecieron de 5 millones de d6lares en 1854 a m b o
menos 10 millones en 1874 (Bauer; 1974). El aumento de las rentas de 10s
terratenientes era pues un factor adicional de anipliaci6n de la demanda in-
terna por bienes de consumo urbano, parte de la cual presionaria sobre la in-
dustria rnanufacturera local ya sea directa o indirectamente.
100 GUILLERMO GEISSE

En la mineria del salitre, el valor del excedente anual calculado a partir de


10s valores de exportacibn, se elevb de alrededor de 4 millones de pesos en
1880 a mis de 200 millones en 1920 (Mamalakis; 1971). Como indicamos an-
tes, este valor se dividia en partes iguales entre las utilidades netas de 10s capi-
talistas y 10s impuestos a la exportaci6n que, si bien la mayor parte de las uti-
lidades netas de 10s primeros salia a1 exterior, una fraccibn reducida quedaba
en manos de capitalistas chilenos.
Los ingresos estatales derivados de la exportacibn de nitrato subieron de 2
millones de pesos de 18d en 1880 a m6s de 100 millones en 1920 (Cariola y
Sunkel, 1979). A ello se suma el aumento correspondiente a 10s derechos ob-
tenidos de las importaciones, lo que explica en gran parte el aumento de las
entradas ordinarias del estado de 10 millones de d6lares en 1865 a mris de 100
millones despuBs de 1920 (Cariola y Sunkel; 1979). Como hemos seiialado an-
tes, este aumento de ingresos pfiblicos permitib el aumento del nlimero de
personas asentadas en las ciudades directa e indirectamente empleados y fi-
nanciados por el Estado. Con toda probabilidad, permitib tambiCn un incre-
mento en las rentas de la alta burocracia estatal concentrada en Santiago.
De esta forma, el crecimiento del mercado interno reflejado en 10s aumen-
tos de capital y del gasto pfiblico fue sinbnimo de urbanizacibn.
Sin embargo, la expansibn del mercado interno dependia del SME. Por
esto, mientras la exportaci6n fue reducida, la poblacibn viviendo en ciudades
fue tambiBn reducida41 y menos concentrada espacialmente. El crecimiento
de las ciudades fue lento hasta el mismo inicio de la expansibn exportadora en
el aiio 1860. Desde entonces, las tres grandes zonas del pais: Norte, Centro y
Sur, aceleraron su ritmo de urbanizacibn y con ello incorporaron poblacibn
de todos 10s sectores sociales a1 mercado interno.
El ripido crecimiento de Santiago desde 1865 a 1930 se inicib con el tras-
lado de residencias de terratenientes y empresarios mineros. Pero el grueso del
crecimiento mantenido a trave's de todo el periodo fue la migracidn de trabaja-
dores expulsados del campo de la zona central a la vez que atraidos por la
expansibn de las ocupaciones, tanto en el sector terciario como secundario,
en Santiago.
La demanda interna por servicios y bienes producidos localmente se con-
centr6 prontamente en Santiago, que fue aumentando su participacih en la
poblacibn urbana y en la concentraci6n de capitales durante todo el periodo.

4 1 Se estima que Santiago, la principal ciudad de Chile, no tenia m i s de 36 mil habi-


tantes durante las primeras d6cadas del siglo XIX (Hurtado; 1966). La independencia PO-
litica de la corona espaiiola destruyb el monopolio comercial espafiol e h p l i c b un auge
comercial que se expresb en un aumento de la poblacibn urbana; auge que, en sus prime-
ros tiempos, fue aprovechado principalmente por migrantes. Esto se expresb particular-
mente en el aumento de poblacibn de Valparaiso, el principal puerto. Sx poblacibn su-
bi6 de 5.500 personas en 1810 a 16.000 en 1822, entre 10s que se contaban 3.000 ex-
tranjeros.
ECONOMIA Y PQLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 101

El resto de las ciudades de la zona central tambikn se desarroll6 en esta


epoca aunque su ritmo de urbanizaci6n fue mucho mis lento que el de San-
tiago (menos de la mitad). Esto refleja; a) el desarrollo de actividades de in-
termediaci6n agraria estimuladas por la expansi6n del mercado interno; b) un
cierto grado de concentraci6n local de actividades manufactureras de nivel ar-
tesanal antes inexistente o de nivel familiar campesino; c) el establecimiento
de una red de servicios administrados por el Estado vigorizada por 10s ingresos
del salitre y d) una cierta presi6n de la demanda de trabajadores agricolas in-
corporados a1 regimen salarial.
En otras palabras, la poblaci6n rural no estaba totalmente fuera del merca-
do y por reducido que fuese el nivel de 10s salarios, su participacibn en el con-
sumo fue creciente aunque con fluctuaciones durante el periodo. En esto ju-
g6 un papel importante el ferrocarril, ya que en la medida que Cste se exten-
di6 a lo largo y a traves del Valle Central, el intercambio se intensific6 y la di-
visi6n del trabajo entre campo y ciudad se profundiz6.
La poblaci6n del Norte Grande, como ya hemos sefialado, se incorpor6 en
su totalidad -urbana y rural- a1 mercado intemo. No habia alli condiciones
naturales para el desarrollo de economias de subsistencia. Una estimaci6n
simple de la magnitud que alcanzaba el conjunto de 10s trabajadores asalaria-
dos (no agrarios) da 10s siguientes resultados.

Estimacibn del proletariado no agrario 42


(personas)
Mineria del salitre (ocupaci6n) 46.245 (1920)
60.785 (1925)
Gran mineria del cobre (ocupaci6n) 12.376 (1931)
Mineria del carb6n (ocupaci6n) 8.948 (1921)
(Lota y Coronel)
Industria 52.922 (1915)
72.713 (1920)
83.779 (1925)

Se puede concluir, por tanto, que a fines de la decada de 1920 habia sobre
165 mil trabajadores asalariados no agrarios en 10s sectores productivos bisi-
cos de Chile.

42 Los datos para el salitre y cobre, fueron tornados de Hurtado (1966); para el car-
b6n, de Kirsch (1973); y para la industria de Hurtado (1966). Incluye solamente las in-
dustrias con mis de 5 personas ocupadas.
102 GUILLERMO GEISSE

I . Aumento de la demanda por bienes manufacturados de produccidn local

Es necesario explicar c6mo el crecimiento del mercado interno presion6


para el desarrollo de la industria local en ]as ciudades y particularmente en
Santiago. Esto, a partir de una situacih en que gran parte de las necesidades
de bienes manufacturados eran cubiertas con importaciones, dentro de la 16-
gica del modelo primario-exportador vigente.
Aparte de 10s casos de desarrollo industrial natural o espontineo tales co-
mo el de las industrias que surgieron por la protecci6n natural de 10s costos
de transporte y el cas0 de la industria pesada que atendia las demandas de las
funciones y del salitre, que se considerarin mis adelante, se veri que en general
se utilizaron mecanismos econbmicos ligados a1 accionar de 10s distintos agen-
tes privados y del Estado que impulsaron la industrializaci6n en pleno perio-
do primario-exportador. Fueron mecanismos- que posibilitaron tanto la des-
viaci6n de demanda existente por bienes industriales importados hacia bienes
producidos localmente, como la creaci6n de nueva demanda por bienes de es-
te origen (Mufioz; 1977).
Uno de estos mecanismos especificos fue la devaluaci6n monetaria realiza-
da en forma sucesiva durante el periodo como defensa ante 10s deficits persis-
tentes de la balanza de pag0s.4~La politica de devaluaciones sucesivas produ-
jo cambios en la distribuci6n del ingreso entre diversos sectores capitalistas y
asalariados, encareciendo relativamente 10s productos importados, en moneda
nacional. El efecto final de dicha politica fue que ciertos sectores capitalistas,
aquellos ligados al comercio exterior, pudieron mantener su nivel de consumo
de bienes manufacturados importados, en tanto que 10s demis sectores capi-
talistas y asalariados vieron reducidas sus posibilidades de consumo de este ti-
PO de bienes. Surgi6 asi entonces la posibilidad de desarrollar en terminos ren-
tables una industria manufacturera nacional que capt6 dicha demanda despla-
zada.
Dentro de esta situaci6n de desequilibrio y devaluaci6n monetaria hay
otros factores que van contribuyendo paralelamente a crear nueva demanda
por productos manufacturados nacionales. Algunos de estos factores ya se
han mencionado anteriormente. En primer lugar esti el crecimiento general
de 10s ingresos y particulannente el de 10s sectores urbanos.
El proceso de urbanizaci6n y concentracih urbana inducido por el propio
auge exportador pre-industrial, estimul6 la demanda de bienes manufactura-
dos. Los aumentos en la demanda por estos bienes, de no tener respuesta en la
oferta local, amenazaban aim mis la situaci6n desfavorable de deficit externo.

4 3 S e g h Mufioz, una de las causas de 10s deficit externos fue el aumento d d consu-
mo de bienes manufacturados de 10s grupos olighquicos, que fue proporcionalmente ma-
yor ai crecimiento de 10s ingresos de las exportaciones. Es decir se da una situaci6n de
dasticidad de la demanda d e bienes manGfacturados mayor que la unidad. (Muiioz;
1977).
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 103

De ahi que la urbanizaci6n y concentraci6n urbana durante el periodo prima-


rio-exportador pueden ser vistas, como correctamente lo hace Muiioz, favora-
bles a un crecimiento industrial mis independiente de las exportaciones. Fue-
ron factores que desencadenaron estimulos de demanda para la industrializa-
ci6n.
Otro par de factores intimamente ligados que contribuyeron a crear de-
mandas, son el ingreso y el gasto pbblico. Se cre6 demanda local en la medida
que 10s ingresos en moneda extranjera que recibe el Estado fueron traducidos
en un gasto pbblico en moneda nacional. Dicho gasto se orient6 bdsicamente a
la creaci6n de infraestructura econ6mica y tambih urbana, en la medida que
fueron creciendo las ciudades. Dicha inversi6n signific6 un estimulo para la
actividad industrial en la medida que gener6 empleos y mayor demanda de
bienes intermedios locales.
Estos diversos estimulos de demanda de la industria, encontraron terre-
no abonado por el lado de la oferta: en la migraci6n rural-urbana, en 10s obre-
ros de las industrias artesanales y manufactureras y en 10s obreros salitreros,
que comenzaron a emigrar a Santiago en 10s diversos periodos de crisis del
salitre, estuvo la mano de obra para la nueva industria. Esta se concentrb ma-
yoritariamente en Santiago.
Igualmente, en Valparaiso y Santiago se concentrb el capital proveniente
de la mineria, del comercio, la banca y de 10s agricultores mis progresistas y
el capital internacional de las grandes casas de comercio de exportaci6n-im-
portaci6n. Estos capitales fueron orientgndose gradualmente a la acumula-
ci6n en la industria en la medida que vieron condiciones favorables para obte-
ner una alta rentabilidad en ella. Ademis de las condiciones de demanda seiia-
ladas, la diferencia entre 10s salarios nacionales y 10s salarios europeos o nor-
teamericanos aseguraban tasas de ganancias elevadas.
Por otra parte, es necesario seiialar la importancia que, como factor de
impulso a1 desarrollo industrial de este periodo, fue gradualmente alcanzando
la protecci6n arancelaria. Muchas actividades nacieron s610 gracias a la protec-
ci6n aduanera. Otras nacieron en momentos particularmente favorables de la
coyuntura de comercio internacional y requiriendo a pcco andar de la protec-
ci6n aduanera.44 La Sociedad de Foment0 Fabril, creada el aiio de 1883,logr6
en 1897 la aprobaci6n de una reforma proteccionista general de 10s aranceles,
aprovechando la coyuntura favorable de una crisis recesiva interna motivada
por la recesi6n mundial. Se elev6 el arancel miximo a un 60%ad valorem, y
se aument6 el nbmero de productos sobre 10s cuales recaia un impuesto espe-
cifico elevado, reflejando con esto la influencia creciente de 10s intereses de
10s industriales en el Estado. Dicha reforma arancelaria, ademis de proteger

44 Los aranceles a las importaciones nacieron en Chile desde la independencia con


motivo de la necesidad de financiar 10s gastos del Estado. A mediados de la d6cada de
1880 el arancel mis alto era de 35 % ad valorem (Kirsch; 1973).
104 GUILLERMO GEISSE

muchos articulos de us0 fmal,45liberci o rebajb 10s derechos pagados por una
gran cantidad de materias primas y maquinarias.
Despues de !a reforma arancelaria de 1897, se produjeron varios avances en
la protecci6n de la industria. La principal reforma proteccionista antes de
1930 fue la reforma de 1928, en medio ya de la crisis del SME. Ella contb con
el estudio de una comisi6n de industriales y elev6 sustancialmente 10s dere-
chos de 10s productos terminados. Ademds de esto, se entreg6 la facultad a1
Presidente de la Kepfiblica de elevar discrecionalmentecualquier derecho has-
ta en un 35 %, facultad que fue extensamente utilizada en 10s a o s siguientes.
El principal argument0 de la reforma de 1928 no fue ya la necesidad de finan-
cimiento fiscal sin0 el objetivo explicit0 de “proteger” la industria interna.
Asi pues, 10s intereses industriales fueron capaces de proteger sus activi-
dades y ampliar el mercado interno para la industria durante pleno periodo
primario exportador. Para ello, aprovecharon.la expansi6n de la demanda in-
terna y las fluctuaciones externas que antecedieron a la gran crisis de 1923,
y la politica pcblica.
Ahora bien, durante todo este periodo hasta 1930 la industria no era toda-
via una actividad “autosustentada”. Su actividad es un subproducto de 10s ci-
clos ocurridos por las exportaciones y con la expansih y contraccibn conse-
cuente de la demanda interna>6 Puede decirse, por tanto, que aunque el capi-
tal industrial habia ido creciendo sustancialmente hasta 1930, 10s intereses
industriales no eran todavia dominantes, en el sentido de que eran las coyun-
turas que enfrentaba el comercio exterior las que determinaban sus utilidades
y su ritmo de expansibn o crisis.

2. Caracteristicas del desarrollo industrial del periodo primario-exportador

Sobre la evoluci6n del sector industrial en el periodo anterior a 1914 no


existen antecedentes completos. Sin embargo, sobre la base de un conjunto de
datos reunidos por Kirsch y Mufioz puede establecerse que se trataba en gene-
ral de un sector en ripido crecimiento4’ y cuyo desarrollo presentaba ya a
partir de la dCcada de 1860, ciertas caracteristicas que lo diferenciaban de la

4 5 Los productos mis favorecidos fueron: velas de estearina, azhcar refinada, cerve-
za, cigarrillos, tejidos, calzados, cajas de papel y cartbn, vestuario, sombreros, material
impreso, drogas farmakuticas, vino, alimentos procesados y muebles.
4 6 Entre 1919 y 1930, la expansi6n de la actividad industrial no fue estable; hubo
dos crisis recesivas, en 1920 y en 1926, y dos periodos de auge, 1922-3 y 1927-8, provo-
cados por 10s ciclos de las exportaciones. (Mufioz; 1977).
4 7 Algunos datos que muestran el desarrollo de la industria en este period0 son: las
importaciones de materias primas y bienes intermedios crecieron a una tasa de 9 %anual
entre 1870 y 1900 y a una tasa anual de 7.1 %entre 1900 y 1914 (Mufioz; 1977). Cual-
quiera que fuera el us0 que otros sectores de la economia hicieran de materias primas, no
hay duda de que su alto ritmo de crecimiento es demostrativo de un crecimiento de la ac-
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 105

industria artesanal de las Cpocas anteriores, tales como el mejoramiento en el


nivel tecnolbgico y la diversificacih de 10s productos que se elaboraban.
Hasta entonces, las industrias eran pequefias, semi artesanales y manufac-
tureras y estaban orientadas al consumo de sectores de bajos ingresos que no
podian acceder al mercado de consumo de productos importados. Se trataba
de industrias mis bien dispersas en el temtorio ya que atendian preferente-
mente mercados locales. Con el crecimiento general de las empresas, la
integracibn del mercado nacional y el desarrollo de las industrias de bienes de
consumo que producia articulos de mayor calidad y bajo costo, la pequefia
industria regional fue perdiendo importancia gradualmente en favor de las
industrias de Santiago.
Estimulados por el crecimiento de la demanda interna, el primer tipo de
industrias que se desarrolla en este period0 fue el de aquellas “naturalmente”
protegidas de la competencia internacional. Se trataba de industrias producto-
ras de bienes que por su bajo valor por unidad de flete, su transporte desde el
exterior se encarecia enormemente. Fue el cas0 de refrescos embotellados,
cerveza, vinos, materiales de construcci6n, piezas para la reparaci6n de
miquinas y productos de la fundici6n de fierro y cobre. En algunos casos, la
produccibn local se facilitaba por la disponibilidad de materias primas nacio-
nales. Las industrias mis orientadas a las materias primas tuvieron inicial-
mente una localizacibn m b desconcentrada, mientras que las orientadas al
mercado se localizaron desde un comienzo en Santiago en la medida que el
mercado interno se concentraba principalmente en esa ciudad.
Se dio ademis un importante proceso de desarrollo industrial de bienes de
capital con base en la industria fundidora de fierro. Esta surgi6 fuertemente
asociada a la expansibn de las actividades mineras de cobre, en el Norte Chico,
y del salitre, en el Norte Grande. Las fundiciones y maestranzas de fierro
empezaron a surgir ya en la dCcada de 1860. Las principales se encontraban
localizadas en Valparaiso,48 debido a que Cste era el principal centro comer-
cial y financier0 de la mineria del cobre y tambiCn del salitre, aGn cuando
esta Gltima actividad se desarrollaba en territorios peruanos y bolivianos.
Estas industrias producian la maquinaria y 10s equip’os pesados para las fun-
diciones de cobre y para 10s procesos de transformaci6n del ~ a l i t r e . ~ ~
Posteriormente, la produccih de aparato bClico, debido a la guerra contra
Espaiia (1866-7) y la Guerra del Pacific0 (1879), y la construccibn de ferro-

tividad de la industria elaboradora Adem&, se tienen las fechas de fundacih de las indue
trias listadas en el censo de 1895. En esta fecha habia 2.449 industrias de las cuales cer-
ca del 10% existian desde antes de 1870 y el 75% se habia fundado a partir de 1880. La
mayor parte de estas empresas (1.466) se encontraba localizada en Santiago y Valparai-
so. (Kirsch; 1973).
4 8 Entre las m i s importantes estaban Balfour Lyon, Hardie y Cia. y, la principal,
Lever Murphy,
4 9 Los productos eran: hornos convertidores, calderas, “cachuchos”, amalgamadores,
cables, ventiladores mineros, etc.
106 GUILLERMO GEISSE

carriles, dieron un inipulso adicional a la industria de bienes de capital y


eq~ipos.~'Sin embargo, a partir de la d6cada de 1890 comenz6 la decaden-
cia de esta actividad, que qued6 pricticamente estancada en la primera
dCcada del siglo XX, dejando con ello libre a las fuerzas que impulsaban a la
industria a concentrarse en Santiago. Varios factores explican este hecho.
En primer lugar, hay que sefialar la crisis de la industria fundidora de
cobre a fines de la dCcada de 1880, que era una de las principales que la
~ u s t e n t a b a .En
~ ~ segundo lugar, a partir de esa misma Bpoca se produjo el
predominio del gran capital inglCs en la actividad salitrera, desplazando a1
capital nacional, por lo que surgieron instalaciones de lixiviaci6n m h grandes
y desarrolladas tecnolbgicamente que las ya existentes. Ademis, las nuevas
empresas inglesas, por sus vinculaciones con el exterior, disponian de grandes
facilidades de importaci6n de equipos desde Europa. Por lo tanto, en Chile se
redujo la producci6n de equipos y maquinarias para la actividad salitrera. Las
maestranzas continuaron produciendo casi exclusivamente material ferrovia-
r i ~ , ~siendo
* incapaces de mantener un nivel de desarrollo competitivo con
el exterior. Un filtimo factor de la crisis de este tip0 de industria, fue la falta
de inter& de 10s industriales chilenos por proteger esta actividad, volcando en
cambio su inter& a1 desarrollo de las industrias elaboradoras de productos de
consumo final. Hacia estas industrias se orient6 crecientemente el capital
acumulado a travCs del period0 primario-e~portador.~~
Para el estudio del desarrollo de la industria orientada al consumo interno
posterior a 1914, se cuenta con una serie de datos mis completos que han
sido objeto de anilisis (Mufioz, 1968). Entre 1914 y 1919 la producci6n cre-
ci6 a una tasa anual superior al 9 % .La causa fundamental de esto fue el
aumento del valor de las exportaciones de salitre derivada de la primera gran
guerra. En efecto, el promedio anual de las exportaciones entre 1914 y 1919
supeiaron en un 5 1% a1 promedio anual de 10s cinco aiios que precedieron a
la guerra.
En cuailto a la evoluci6n de la estructura sectorial en las primeras dkadas
del siglo, 10s datos analizados por MuAoz sefialan que a medida que el merca-
do se ampliaba, se produjo una diversificaci6n industrial. En 1915, la indus-
tria era fundamentalmente productora de articulos de consumo final: 10s
alimentos, bebidas, tabacos y vestuario sumaban mis del 65 % del valor agrega-
do industrial total. El alto desarrollo de la rama de alimentos y bebidas, que
ademk tenia una de las mayores productividades del trabajo, indica que di-

5 0 Se construyeron calderas y piezas de artillerfa para 10s barcos de guerra y, en la


d6cada de 1880, puentes de fierro para el ferrocarril, locomotoras y carros,
5 1 Ver el acipite sobre el origen regional del capital industrial urbano.
5 2 Entre 1909 y 1914 se produjeron 18 locomotoras anuales.
53 La Sociedad de Foment0 Fabril pidib a1 gcbierno que toda la maquinaria pudiera
ser importada libre de derechos, lo cual fue concedido a traves de la ley arancelaria de
1889.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 107

cho sector contaba ya con empresas relativamente grandes y mecanizada~.’~


En 1924 y 1938 este tip0 de industrias pierde importancia relativa y ademis
la productividad del trabajo en la elaboracibn de alimentos se reduce relativa-
mente a1 promedio industrial. Ello es el resultado del desarrollo de industrias
mis maquinizadas y tecnificadas en las demis ramas, de acuerdo con el avance
general del proceso de industrializacih.
La industria “intermedia” estaba relativamente poco desarrollada en 1915.
A partir de esa fecha avanza sobre todo en dos renglones: la industria textil
despuis de 1924. asociada a una brusca reducci6n de la industria del vestua-
rio, y la fabricaci6n de productos metdicos, especialmente despuis de 1915.
Esta ultima, no debe confundirse con la industria “metilica bisica” que
existi6 antes por impulso del desarrollo de la mineria del cobre y de las prime-
ras explotaciones salitreras. Un andisis de las empresas concretas de esta
rama demuestra que se trata de una gran cantidad de establecimientos peque-
cos dedicados a la fundicibn de repuestos para miquinas, catres y un sin
nhmero de articulos de consumo final.
Las industrias de bienes de consumo se localizaron preferentemente en
Santiago donde se encontraba el mercado consumidor. Igual ocurri6 con la
industria intermedia, dada su estrecha vinculacih con las industrias orienta-
das a1 consumo. Inicialmente, sin embargo, hay un cierto nfimero de empresas
que se localizaron en Valparaiso y aun en otras ciudades. En Valparaiso
por el hecho de que el origen de esas industrias est6 ligado a 10s inmigrantes
que radicaron en dicha ciudad para dedicarse a actividades comerciales, o a las
propias grandes casas exportadcras. Estas diversificaron sus inversiones,
generalmente unidas con capitales forineos, en la medida que, segfin se vi6
antes, surgian las condiciones favorables para el desarrollo de la industria
local (MuKoz; 1968).
El desarrollo industrial chileno alcanz6 desde un principio, un ripido
proceso de concentracih 55 y centralizacih de capitales, procesos que se
vieron acelerados por la penetracih creciente del capital extranjero. Esto
significb la eliminacih de muchas industrias manufactureras poco mecaniza-
das y la constituci6n de monopolios y oligopolios en la mayoria de las ramas
industria le^.'^

54 Aunque de menor importancia absoluta, la misma conclusi6n puede extraerse para


la elaboracih de tabaco. En la rama del vestuario, a pesar de su importancia absoluta, la
productividad del trabajo era claramente inferior a1 promedio industrial; ello indica la
presencia de numerosos talleres relativamente pequeiios y de caricter manufacturero.
5 5 Ya en 1918 menos del 2%de las industrias mayores empleaban a un tercio del total
de obreros industriales del pais y poco mLs de 3% de las industrias empleaban casi un
45 % del total de obreros. Kirsch, op. cit.
5 6 Ejemplos tipicos en que se da este proceso son 10s de la industria del tabaco, del
azficar refinada (monopolio CRAV en 1928), de la cerveza (monopolio casi total CCU en
dkcada de 1920), de la industria quimica (monopolio de la Compaiiia Industrial antes de
1930), de 10s f6sforos (monopolio Svenska Tandsticks en 1927) etc. Kirsch, op. cit.
108 GUILLERMO GEISSE

Ambos procesos contribuyeron sin duda a la generaci6n de un patr6n de


desarrollo industrial espacialmente concentrado en Santiago. Muchas de las
industrias que fueron eliminadas por la competencia de un capital m8s pode-
roso, extranjero o nacional con vinculaciones externas, eran industrias que
habian surgido en algunos centros regionales para el mercado interno local,
tales como Valparaiso, ViAa del Mar, Penco, Concepcibn, Valdivia. El lugar
natural de localizaci6n de las grandes empresas y de 10s monopolios fue la
ciudad mayor, Santiago en este caso. No s610 fue el mayor tamaiio del merca-
do de consumo de Santiago lo que actu6 como factor de atracci6n a la
industria. TambiCn lo fue su ubicaci6n central respecto a1 conjunto del
sistema urbano nacional ya totalmente unido por el sistema de ferroca-
rriles.
En sintesis, el capital industrial fue creciendo en forma considerable
durante el periodo primario-exportador, en funci6n de las propias con-
diciones favorables que para su desarrollo gener6 la expansi6n exporta-
dora. Con todo, hasta 10s aiios treinta, la industria se encuentra a la vez
sometida a 10s ciclos de las actividades primarias basicas de la economia.
Por lo mismo, un ritmo relativamente parejo de urbanizacibn y la tenden-
cia mantenida de concentraci6n urbana en Santiago, durante todo el periodo
primario-exportador, no pueden ser explicados s610 por la industrializaci6n.
Vale destacar que la ciudad comercial chilena origina en su interior a la ciudad
industrial; per0 son las “pulsaciones” de la primera las que determinan en
dtima instancia el ritmo de desarrollo de la segunda. Aunque creciendo en
autonomia, la segunda no se impone sobre la primera sino a partir de la crisis
mundial de 10s aiios treinta, desde la que se inicia la politica de industrializa-
ci6n por substitucibn de importaciones.

E. El Estado oligrirquico y la concentracicin urbana

Los factores politicos y el rol del Estado fueron decisivos en el desarro-


110 econ6mico y la urbanizacih en Chi!e. Esto se manifest6 bajo diversas
formas desde el mismo origen colonial de la regi6n chilena.

1. Un Estado fuerte

El Estado chileno incidi6 de manera importante en el proceso de urbaniza-


ci6n y de concentraci6n urbana en la medida que se constituy6 desde tempra-
no como un aparato fuerte y centralizado. Esto fue asi por la naturaleza pree-
minente que alcanzaron 10s factores politicos desde el mismo regimen colo-
nial.
En la ocupaci6n espaiiola de la regi6n chilena prim6 su importancia poli-
tics y militar por sobre sus aspectos econ6micos. La regi6n chilena sirvi6 en
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 109

10s hechos como frontera del espacio peruano, donde se concentraron 10s re-
cursos metropolitanos para la explotaci6n de metales preciosos (Geisse y Val-
divia; 1977). Si bien, esta regibn contribuy6 a abastecer de productos agro-
pecuarios a1 polo peruano formado en torno al eje Lima-Potosi, no fue esa la
razbn que justificib 10s considerables gastos que su ocupaci6n caus6 a la coro-
na.
La raz6n principal fue politico-militar, exigida por la tenaz resistencia ma-
puche. Esto qued6 de manifiesto en la organizacibn politico-administrativa
que se dio a la regi6n. Mientras el Peni se organizaba como Virreinato, Chile
lo hacia como Capitania General. Estos factores hicieron que 10s escasos em-
plazamientos de poblaci6n, aparte de Santiago y Valparaiso, tuvieran hacia
el sur un marcado acento militar.
La lucha por la independencia de Espafia retuvo y desarroll6 la importan-
cia del Estado. Esto, tanto porque !a independencia se inicib como un acto
politicoestatal, como por el esfuerzo militar que implic6 entre 1814 y 1818.
Fue a partir de la independencia politica que pudo ponerse fin a1 monopolio
comercial impuesto por Espaiia.
Sin embargo, el Estado se fortalece y desarrolla, por sobre todo, en el pe-
riodo de construcci6n del Estado iridependiente. De una parte, afianza su
organizaci6n politico-administrativa a partir de 1833, poniendo fin en breve
plazo a la anarquia post-independentist2 inediante una constitucibn que dura-
ria casi 100 aiios, y dando lugar a gobiernos decenales de gran estabilidad, por
lo menos hasta fines del siglo. La fuerza del Estado central se manifest6 en la
derrota de las sublevaciones, basadas en intereses econ6micos regionales, de
1851 y 1859.
De otro lado, 10s factores politico-militares mantuvieron toda su relevancia
en el Estado chileno, como un aspect0 del proceso de consolidaci6n nacional.
Ello se manifest6 en la guerra con la Confederacihn per^-Boliviana en 183Y y,
hacia el sur, en 10s emplazamientos militares destinados a reducir la resisten-
cia mapuche, que s610 se logr6 en la dCcada de 1880, simultineamente con el
fin de la guerra del Pacifico.
Estos factores tuvieron gran importancia en la incidencia urbanizadora del
desarrollo del aparato estatal, pero no fueron, sin duda, 10s Gnicos.

2. Las clases sociales y el Estado en la urbanizacibn


La relaci6n entre las clases sociales, el Estado y la urbanizaci6n en el pe-
riodo de expansi6n exportadora, varia de acuerdo a 10s cambios en la compo-
sicibn del bloque dominante y a1 auge que alcanza el sector minero exporta-
dor.

a) Capitales nacionales y urbanizaci6n sin concentraci6n


Hasta la dCcada de 1880, la agricultura, el comercio y las finanzas en la zo-
na central, y la mineria en el Norte Chico, eran 10s principales sectores de
110 GUILLERMO GEISSE

acumulaci6n de capital, aunque hist6ricamente siempre fue la mineria el sec-


tor preponderante. Aproximadamente hasta esa fecha, el volumen principal
de 10s capitales invertidos era de origen nacional y permiti6 el financiamiento
de cierta actividad industrial en respuesta a demandas de insumos del sector
minero-exportador.
Los capitales acurnulados en 10s distintos sectores productivos se interrela-
cionaban y movilizaban principalmente a travCs del sector mercantil-bancario.
Con frecuencia el capital acumulado en la agricultura contribuia a engrosar
10s recursos del sector financiero, desarrollado a la sombra de 10s volGmenes
de productos primarios exportados, asi como capitales emanados de la mine-
ria se invertian en tierras agricolas.
Estas interrelaciones daban cuenta de la coincidencia fundamental de in-
tereses entre 10s diversos grupos dominantes en torno a la orientaci6n expor-
tadora y libre cambista de la economia. Esto no fue obsticulo, sin embargo,
para que se desarrollaran aigunas contradicciones de importancia entre ellos,
principalmente entre el capital minero fundidor, el capital agricola y el capi-
tal bancario.
La agricultura de la zona central era, como fuente de acumulaci6n, cierta-
mente mis dCbil en relaci6n a la mineria. Esto no impidi6 que 10s terratenien-
tes financiaran la expansi6n de sus actividades sobre la base del acceso a 10s
recursos generados en 10s impuestos a la exportacibn minera, siendo Cste uno
de 10s origenes principales de las contradicciones entre ambos grupos.
TambiCn desarroll6 el capital minero contradicciones con el capital habili-
tador bancario, que originariamente ejerci6 sobre el primer0 una profunda
dominacibn usuraria y, con ello, una marcada tendencia a la expropiacibn mi-
nera. Estas contradicciones se fortalecieron a1 plasmarse la alianza bancario-
terrateniente durante la dCcada de 1860, hegembnicamente expresada en el
control del Estado.
De este modo, en este period0 se combinaron el volcamiento de la econo-
mia a1 sector mercado externo, el origen nacional del capital en funciones, y
la coexistencia contradictoria entre las distintas fracciones propietarias. El
Estado, como expresi6n de la alianza bancario-terrateniente, constituye el
mecanisrno de poder politico de las fracciones econ6micamente mis dCbi-
les, per0 politicamente mis fuertes, desde el punto de vista del volumen de
capital que fueron capaces de acumular en su sector.
El resultado de esta combinacibn de factores sobre la urbanizaci6n es que,
si bien ella es alentada como consecuencia general de la activaci6n econbmica,
es comparativamente menos concentrada que en las dCcadas posteriores. Esto
se explica, grosso modo, porque n i n g h sector reunia una capacidad econb-
mica suficiente como para subordinar a1 resto, y por tanto, para desatar un
proceso regionalizado de concentracibn, y ninguno de ellos generaba volb-
menes de acumulaci6n que permitieran desarrollar efectos de concentraci6n
espacial.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 111

b) Capitales extranjeros y urbanizacion concentrada

La combinacibn de factores anotada anteriormente, cambib durante la dC-


cada de 1880. La expansibn de la exportacibn minera y el incremento de la
demanda por salitre en territorio chileno despuCs de la Guerra del Pacifico,
introdujo la inversibn directa del capital extranjero que monopolizb la pro-
duccibn y comercializacibn del salitre. El mayor peso cuantitativo y tecno-
lbgico del capital extranjero desplazb definitivamente a1 capital nacional de la
gran mineria del Norte Grande.
El capital minero nacional se orient6 hacia otros rubros, entre otros hacia
la industria para el mercado interno, y el conjunto de la economia nacional
que& subordinada a1 sector mercado externo, dinamizado por la expansibn
minero-exportadora y monopolizado por el capital extranjero.
La acentuaci6n de la dependencia externa de la economia nacional produ-
jo en ella varias transformaciones. Por una parte, el capital extranjero contro-
16 el principal sector de acumulacibn de capital, debilitando el potencial de
desarrollo de un capital nacional. Por la otra, el desplazamiento de Cste desde
la mineria provoc6 un grado mayor de homogeneidad entre las fracciones na-
cionales en un doble sentido. Ellas tendieron a incrementar la interrelacibn y
el desplazamiento de capitales hacia el mercado interno y a agruparse conjun-
tamente en el Estado como forma de acceder a 10s enormes recursos genera-
dos en el SME.
El Estado se fortalecib significativamente en su funcibn de interlocutor del
capital extranjero, agrupando en su sen0 a1 conjunto de fracciones propieta-
rias nacionales. Cumplib la funcibn de mediatizar la alianza entre el capital na-
cional y extranjero, con la subordinacibn de aquel, y operb como mecanismo
de transferencia del excedente generado en la mineria hacia las otras activi-
dades y regiones controladas por el capital nacional, incrementando tambiCn
su propio nivel de gasto. De este modo, se vi0 incrementada la relacibr, por
medio del Estado, entre la debilidad econbmica del capital nacional y su ruer-
za politica.
Atendiendo a 10s efectos de estas relaciones entre las clases sociales, 10s
sectores productivos y el Estado sobre el proceso de urbanizacibn, se observa
ahora claramente que el patrbn predominante es el de la concentracibn. Y
Csta se da en Santiago.
Ocurre ahora que el sector minero de exportacibn, dominado por el capital
extranjero, subordina el dinamismo del conjunto de la economia. En verdad
Csta pende del auge exportador, de la que tambiCn participa la agricultura,
aunque en medida mucho menor. Y Cste incorpora volhmenes de inversibn,
produccibn y exportacibn otrora desconocidos, generando excedentes de
magnitud sin precedentes. El Estado absorbe una parte importante de e'stos,
incrementando su nivel de gasto y transfiriindolo a otros sectores, dinamizan-
do el conjunto de la actividad econbmica.
112 GUILLERMO GEISSE

En esta medida se desatan procesos que condujeron a la urbanizaci6n con-


centrada en Santiago. Fue Cste el centro que tuvo la tasa de crecimiento ma-
yor, convocando el grueso de la migracibn rural derivada del desarrollo agri-
cola y de 10s transportes, atrayendo mis tarde tambi6n la poblaci6n desplaza-
da de la mineria cuando Csta atraves6 sus oscilacinnes ciclicas, centralizb la
actividad financiera y comercial, y se constituy6 en el mercado mas atractivo
para las primeras industrias manufactureras.

3. Mercado interno y presiones urbanas

El notable desarrollo del SME contribuy6 a desatar procesos de urbaniza-


ci6n y de concentraci6n urbana y no fue contradictorio, seglin se ha visto,
con el desarrollo del mercado interno. La producci6n para este sector empezb
a parecer atractiva, aunque comparativamente dCbil, como fuente de acumula-
lacibn.
Algunas empresas financieras y comerciales extendieron sus inversiones ha-
cia la industria manufacturera, y por esta via, indirectamente lo hicieron algu-
nos terratenientes y algunos capitales nacionales desplazados de la mineria.
Per0 el mercado interno no s610 incentivb inversiones industriales urba-
nas, sino que tambih estimulb y orient6 a la produccibn agricola de algunas
regiones.
Con el desarrollo de la urbanizaci6n y del mercado interno, aparece una
nueva fuente de conflictos y contradiccionesa1interior de la oligarquia y entre
Csta y 10s sectores urbanos emergentes, que se expresb plenamente en el Esta-
do, a travCs de posiciones encontradas respecto de politicas proteccionistas y
arancelarias.
Tanto estas contradicciones, como las que se desarrollaron con anteriori-
dad a la presencia del capital extranjero, desmienten cierta interpretacibn di-
fundida sobre la absoluta armonia de intereses y acuerdo respecto de las poli-
ticas econ6micas que habrian existido desde la independencia hasta 1930 en-
tre las fracciones mineras del norte, las fracciones agrarias del sur y las fraccio-
nes bancario-comerciales (VCliz; 1971).
Estas contradicciones tomaron cuerpo, por ejemplo, entre 10s latifundistas
del centro y 10s del sur. Desde 1880, estos superaron a aquellos como expor-
tadores. Los agricultores del centro empezaron a interesarse mis por el abas-
tecimiento del mercado interno y, en este sentido, protagonizaron luchas por
la protecci6n arancelaria frente a determinados productos. Del mismo modo,
la proteccibn para ciertos productos industriales fue un factor pol6mic0, dan-
do lugar al surgimiento de organizaciones empresariales como la Sociedad de
Foment0 Fabril (SOFOFA) para promover desde el Estado politicas en esa
direccih.
La relad6n entre las fracciones propietarias se hizo, entonces, mis comple-
ja con la aparicibn de este nuevo factor. Per0 tambi6n se complicb por esto
mismo la relaci6n entre ellas y 10s sectores urbanos emergentes.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 113

El crecimiento de las ciudades y en particular de Santiago fue provocando


transformaciones en la estructura social. Esta fue diversificindose y empeza-
ron a engrosarse tanto 10s estratos de proletarios urbanos como de las llama-
das capas medias, compuestas por sectores de artesanado e industria domCsti-
ca urbana y por nuevos grupos incorporados por el proceso de terciarizaci6n
econ6mica.
Aument6 la presi6n de la demanda por bienes de consumo, por trabajo y
servicios, y tambiCn por participacibn politica. En esta medida, ejercian pre-
si6n sobre la capacidad del Estado para acoger las nuevas aspiraciones, cues-
fi6n ciertamente vinculada a la legitimidad de la dominaci6n oligirquica ex-
presada en 61.
Sin embargo, el potencial de estas transformaciones estructurales y la me-
dida en que afectaron la fuerza de la dominaci6n oligirquica, pendian de la
forma politica y la coyuntura econ6mica por las que tomaran cuerpo. Desde
el punto de vista que interesa aqui, esto determinaria la orientacibn de las
politicas estatales en un modo que incidiera sobre 10s efectos de concentra-
ci6n urbana.

4. Estado, politica y urbanizacibn

Se ha visto que el Estado se fortaleci6 en su situacibn nuclear en las inte-


rrelaciones de las distintas fracciones del capital. La mayor importancia, sin
embargo, la cobr6 en su funci6n de interlocutor del capital extranjero en la
mineria. En esta medida, la presencia politica de ellas en el Estado se conver-
tia en un imperativo para su propia reproduccibn. Ellas debian necesariamen-
te luchar por el acceso a1 control del Estado. La actividad politica y la inclu-
si6n partidaria de las distintas fracciones de la clase dominante se convertia asi,
directamente, en requisito de su propia supervivencia. Esto se manifestaba en
la fuerza de representaci6n de 10s partidos burgueses y olig6rquicos y en la in-
tensa vida parlamentaria, que concentraba en 10s hechos el poder del Estado.
De este modo, la intensa actividad politica que b c i a converger conjunta-
mente, aunque de un modo no exento de contradicciones a las distintas frac-
ciones en el Estado, dotaron a Cste de gran fuerza y omnipresencia en la vida
politica y econ6mica. El Estado oligirquico parlamentario paliaba, entonces,
la profunda debilidad econ6mica de las fracciones propietarias nacionales. El
parasitism0 en que Cstas se desenvolvieron, por medio del Estado, respecto del
SME mls d i n h i c o , contribuy6 a su desarrollo.
Per0 la importancia de la lucha politica en la incidencia urbanizadora del
Estado estaba mis vinculada a las transformaciones estructurales de que se ha-
b16 mis arriba. La urbanizaci6n y la emergencia de nuevos grupos sociales fue
acompafiada de una temprana actividad de organizaci6n gremial y politica de
ellos, con el consiguiente peso de las demandas reivindicativas. Estos grupos,
medios y proletarios, se constituyeron tempranamente como clases organiza-
das y movilizadas politicamente.
114 GUILLERMO GEISSE

El Estado debi6 haceice cargo de la emergencia organizada y politizada de


estos grupos, por la via de orientar buena,parte de su gasto a la satisfaccih
de algunas demandas sociales elementales. La inversih estatal en obras
*
phblicas y construcciones, por ejemplo, tomaba en cuenta las demandas por
trabajo, asi como la inversi6n estatal en educaci6n se orientaba a satisfacer
estas demandas como a plasmar su funcidn ideol6gica. Del mismo modo se
explica el lento e incipiente, per0 temprano desarrollo de la legislaci6n
social. Dt3 este modo, el Estado desarrallb su aparato politico-administrativo
e implement6 politicas que contribnyeron directamente a la urbanizaci6n
bajo patrones concentradores.
En suma, la importancia de 10s factores politicosen la ocupaci6ny consti- ,

tuci6n originaria del espacio chileno, la funci6n del Estado en la interrelacih
econ6mica de las distintas fracciones del capital y sus funciones frente a las
demandas politicas y sociales de 10s grupos emergentes, son todos factores
que subyacen a1 rol del Estado como agente urbanizador y, en particular, de
concentraci6n urbana.
IV. Industrializacih substitutiva
(I.S.) y la concentraci6n urbana

Introduccibn
En este trabajo llamaremos IS a aquella que es product0 de politicas esta-
tales deliberadas para el desarrollo de la industria, como son la proteccih de la
competencia externa y otras medidas que modifican las relaciones internas de
precios en favor de la industrial
La industrializaci6n anterior a la IS, a la cual nos hemos referido en el
capitulo anterior, es la que necesariamenteacompafla al crecimiento del ingreso
per-&pita y podria lladrsele industrializacih natural y originaria.
Las politicas de protecci6n interna y externa a la industria nacional pues-
ta en prdctica el aiio 1930 y mantenidas hasta 1973, impulsaron un proceso
sostenido de industrializacih y de transformaciones sociales. A1 igual que
cualquier otra forma de industrializaci6n, la IS no consiste s610 en un cambio
de tCcnicas de producci6n y en una mayor diversificacih de productos, sin0
tambien, en una profunda alteracibn de la divisi6n social del trabajo, de las
estructuras y relaciones de clases y del orden politico. Desde el punto de vista
espacial, 10s efectos se dejan sentir en una profundizacih de la divisi6n del
trabajo entre campo y ciudad, en la acentuacih de las tendencias a la concen-
traci6n urbana y en una creciente especializacih regional del sistema nacio-
nal de ciudades en torno de un polo central de estructura diversificada.
El efecto de la IS en la concentracih urbana tiene aspectos cuantitativos
y cualitativos que destacar. En el aspecto cuantitativo, la IS acentCa las ten-
dencias de concentracih urbana producidas en el auge primario-exportador.
Las politicas de promocibn industrial estimulan la transferencia de capitales
desde 10s sectores primarios a la industria, es decir, desde las regiones hacia las
ciudades principales.
Como generalmente la IS tiene un efecto negativo sobre el sector agricola,
la emigraci6n desde el campo hacia las ciudades industriales se acelera, ya
sea por la atraccih de las nuevas oportunidades abiertas en la ciudad industrial
como por el estancamiento del campo.
Si bien toda industrializacih pone en marcha fuerzas concentradoras de
poblacibn y capitales en las ciudades, la IS lo hace en forma mis intensa que
115
116 GUILLERMO GEISSE

la industrializaci6n natural. Esto sucede por dos razones: primero, por su


orientacibn hacia 10s mercados de consumo final concentrados en las ciuda-
des y, segundo, por el alto grado de centralizaci6n y concentracihn de capi-
tales que caracteriza a la IS desde el momento mismo de ponerse en marcha
el proceso que la origina.
En el aspect0 cualitativo, interesa destacar el gran significado politico y
social de la concentraci6n urbana causada por la IS. Esta, mis que un hecho
econ6mico, es materia de una decisi6n politica precedida por un realinea-
miento de las clases y fracciones de clases que constituian el soporte de la PO-
litica librecambista primario-exportadora.
Por una parte, las actividades industriales manufactureras se convierten en
una fuecte privilegiada de acumulaci6n de capitales que se desplazan hacia
ellas cuando ven amenazadas sus ganancias por la crisis del comercio exterior.
Per0 esto solo se puede convertir en realidad con el consenso de 10s sectores
medios y clases populares urbanas interesadas en elevar sus niveles de ingreso
y en una mayor estabilidad en 10s empleos. En este contexto, la IS da a la
concentraci6n urbana un significado politico muy diferente a1 del period0
previo en el sentido de que el capital industrial debe enfrentar el proceso de
industrializaci6n con un sector de trabajadores ya organizados. Aquel mismo
sector, que presta su apoyo para una politica de sustituci6n de importacio-
nes industriales, no aceptari niveles salariales tan bajos como 10s del artesano
santiaguino del siglo pasado y del trabajador de la revoiucih industrial inglesa
del siglo XVIII o el'del trabajador de las plataformas industriales asiiticas de
la dCcada actual.
La IS es, en suma, un proceso politico en el cual el Estado asume una fun-
ci6n social de varias caras: una, la de servir de mediador entre el capital inter-
national y el capital nacional, o el SME y SMI. Otra, la de asegurar tasas de
ganancia via proteccibn del capital industrial y tomando a su cargo una parte
del costo de la reproduccih de la fuerza de trabajo que de otra forma tendria
que recaer sobre este capital. La prictica politica que se genera con la IS tie-
ne su asiento en la ciudad industrial y es parte constitutiva de ella.
En esta secci6n vamos a concentramos principalmente en 10s aspectos eco-
nbmicos y politicos presentes en la 16gica de desarrollo del modelo de indus-
trializaci6n implementado en Chile. Es desde aqui que p o d r h derivarse sus
efectos sobre la concentraci6n urbana y sobre la estructura espacial mis ge-
neral, como se veri en la secci6n siguiente.
En el origen y desarrollo de la industrializacih chilena gravitaron fuerte-
mente ciertos rasgos estructurales de la economia precedente, y en su impo-
sici6n pesaron factores ubicados en el nivel politico. Ambos fueron tambiin
elementos determinantes de su crisis. Por esto, la secci6n se inicia haciendo
IiincapiC en el legado estructural que recoge la IS y en la expresi6n politica de
la transici6n desde el orden comercial anterior. Ambos capitulos dejan senta-
dos 10s elementos principales para la comprensi6n del desarrollo de la indus-
tria y el SMI entre la decada del 30 y la del 60.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 117

El rol que jug6 el Estado en el desarrollo industrial mereci6 una referen-


cia especial, por su caricter particularmente expresivo de las condiciones, con-
tradicciones y limites que tipificaron ese desarrollo y por 10s efectos urbanos
y espaciales de la industrializacibn que fueron reforzados por la participaci6n
estatal.
Finalmente, la referencia a 10s problemas y crisis del modelo de IS permite
no s610 comprender las condiciones que permitieron su reemplazo por otro
estilo de desarrollo, sino precisar las causas del estancamiento econ6mico que
finalmente produjo. En este sentido, se hace presente la idea de que en la
misma naturaleza contradictoria del marc0 socio-econ6mico del desarrollo
industrial chileno se ubican las causas del deterioro de su dinamismo.
Sus causas no son ni la intervenci6n del Estado supuestamente “desmedi-
da” ni la concentraci6n urbana supuestamente excesiva o la hiperurbaniza-
ci6n.

El legado de la industria originaria en la concentracibn urbana


durante la industrializacibnsubstitutiva
En la secci6n anterior se vi0 que el desarrollo de la actividad comercial expor-
tadora estimul6 la expansi6n del mercado interno, el aumento de la demanda
por productos manufacturados localmente, y consiguientemente un cierto
desarrollo industrial “natural”. En esta primera parte de la presente secci6n
s610 interesa rescatar aquellas caracteristicas de la industrializaci6n originaria
que fueron determinantes en la iniciaci6n y consolidaci6n de la IS y en 10s
cambios particularmente acentuados, cuantitativos y cualitativos, que produjo
en el proceso de concentracibn urbana. Estas caracteristicas de la industria
originaria fueron su elevado grado de centralizaci6n y concentraci6n de capi-
tales, la fuerte participaci6n en ella de capitales comerciales de origen inter-
national, su dependencia de la oligarquia y cercamiento en el SMI urbano.

I. Concentracihn del capital industrial originario

Desde mucho antes de iniciarse el proceso de IS, la industria chilena mos-


traba un elevado grado de concentracidn de capitales. El crecimiento “natu-
ral” de la industria manufacturera a raiz del aumento de 10s ingresos prove-
nientes del auge exportador, tuvo rasgos oligop6licos desde su misma inicia-
ci6n. Los datos disponibles del aiio 1918, aunque incompletos pues no hay
informaci6n sobre valor agregado, son ilustrativos en este respecto.
El aiio 1918, menos del 2 % de las industrizs manufactureras empleaban un
tercio del total de 10s obreros industriales del pais y algo mis de un 3 % de
ellas empleaban el 45 % de este total. Estas cifras indican un grado de concen-
traci6n econ6mica extraordinariamente alto en comparaci6n con la industria
118 GUILLERMO GEISSE

Distribuci6n de la fuerza de trabajo industrial por plantas.


Clasificaci6n segih niimero de empleados
Tip0 de industrim porcentaje de porcentaje de
s e g h ntim. de obreros industrias obreros
y empleados

de 6 a 10 61.8 14.8
de l l a 40 28.7 25.0
de 41 a 100 6.2 16.9
de 101 a 2 0 0 1.6 10.3
sobre 200 1.7 33.0
Totales 100.0 100.0
FUENTE: Kirsch (1973).

originaria de 10s paises centrales. AI mismo tiempo que la industria mostraba


un elevado grado de concentracibn desde su mismo origen, su ritmo de creci-
miento era acelerado a juzgar por el aumento en la contratacibn de fuerza de
trabaja durante la dbcada inmediatamente anterior al inicio de la IS.

Empleo industrial y niimero de establecimientos industriales


1915,1920 y 1925
Ntim. de estable- personas promedio de empleados
aiio cimientos empleadas por industria

1915 2.406 52.922 22


1920 2.975 72.713 24
1925 3.221 83.779 27
FUENTE: Hurtado (1966).

a. Concentracibn de capital y concentracibn espacial. La relacibn entre estas


dos formas de concentracibn ha sido vastamente analizada en la literatura teb-
rica especializada en 10s efectos de la industrializacibn en la concentracibn ur-
bana. La concentracibn urbana en unas pocas ciudades con ritmo acelerado
y sostenido en el tiempo ha sido una condici6n necesaria de la industriali-
zacibn en todos 10s casos conocidos. El cas0 chileno no ha sido una ex-
cepcibn en ninguno de 10s periodos o etapas de la industrializacibn, incluso
durante la industrializacibn originaria. Cifras disponibles para el afio 1930
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 119

Proporci6n de la poblacih, fuerza de trabajo e industria


rnanufacturera localizada en Santiago el aiio 1930
Santingo Pais Proporcibn

Poblaci6n (miles de personas) 967,6 4.287,s 22,6


PEA (miles de personas) 364,O 1.460,s 24,9
PEA manufactura (miles de personas) 83,9 232,4 36,l

FUENTE: Muiioz (1968) y Hurtado (1966).

revelan la elevada proporci6n de actividades industriales localizadas en Santia-


go-
La concentraci6n industrial, que era ya elevada en 1918, se acrecent6 de-
cididamente en todos 10s sectores industriales desde entonces. Ella se desarro-
116 a partir de una centralizacibn previa de capitales, que llev6 a la constitu-
ci6n de monopolios y oligopolios, cuesti6n que seria un rasgo caracteristico
del desarrollo industrial chileno luego de la crisis de 1930.
El nudo de la vinculaci6n entre concentraci6n econ6mica y espacial est5
en el progreso tbcnico inherente al proceso de industrializacih. Las innova-
ciones tecnol6gicas aumentan las ganancias puesto que la economia en mano de
obra que ellas proporcionan mis que compensaran 10s gastos de capital cons-
tante (miquinas). Por otra parte, el progreso tbcnico exige aumentos en las es-
calas de producci6n que permitan amortizar el capital fijo proporcionando de
esta manera ventajas a las einpresas mis grandes y eliminando del mercado a
las mis pequefias (except0 a aquellas que estan en condiciones de incorporar
tecnologia sin necesidad de aumentar sus tamaiios). No obstante que la efi-
ciencia resultante de la producci6n en escala reduce el costo de la mano de
obra en relaci6n al costo total de producci6n, el aumento en la escala implica
la concentracihn espacial de mano de obra (activa y de reserva) antes dispersa.
Cuando la producci6n de las grandes plantas esti oriqntada a 10s mercados de
consumo final o intermedio, la localizaci6n preferida serin las grandes concen-
traciones de mercado, es decir, las grandes ciudades.

b. Economias externas y concentracibn espacial. Existen otras razones para


que 10s capitalistas prefieren localizar sus plantas en las grandes ciudades: Cstas
son las economias de urbanizaci6n y las de complementaridad industrial (lo
que en conjunto se denomina economias de aglomeracibn). Las primeras son
las que resultan de compartir la misma infraestructura y servicios requeridos
por la producci6n y la fuerza de trabajo (energia, agua, alcantadlado, calles,
etc.) y las segundas son las resultantes de las economias que da la proximidad
fisica en 10s costos de transferencias entre industrias, tomando en cuenta que
la mayor parte de la producci6n industrial tiene como destino el mismo sec-
tor industrial. La concentraci6n espacial de la industria se convierte en un
120 GUILLERMO GEISSE

proceso en espiral: una vez iniciada la industrializaci6n en m a ciudad, se pro-


duce en ella un aumento de la demanda de mano de obra atrayendo pobla-
ci6n de otras zonas (rurales y urbanas) lo cual, a su vez, aumenta el tamaiio de
su mercado de consumo atrayendo la instalaci6n de nuevas actividades pro-
ductivas y de servicios.
En ios paises centrales, la competencia de la industria originaria se desarro-
116 en torno a la innovaci6n tecnol6gica que permiti6 a 10s mbs capaces au-
mentar las tasas de acumulaci6n por sobre la media y, de esa forma, crecer
desplazando a 10s que no pudieron superar 10s niveles artesanales fuera de
mercado.
En 10s paises dependientes, el empresario no necesita inventar tecnologias
industriales y no fue ese el origen de la concentracibn de capitales en la in-
dustria manufacturera. Estas se aplicaron tan pronto las coyunturas politicas
internas hicieron ventajoso a 10s capitales acumulados en la actividad comer-
cial reorientarse hacia la industria manufacturera. En chile, la industria manu-
facturera se elev6 por sobre el nivel artesanal manufacturer0 en un period0 en
que la actividad comercial mostraba ya un alia nivel de centralizaci6n de capi-
tal. Y en la medida que fue la propia oligarquia comercial y el capital intema-
cional quienes comenzaron a invertir en la industria manufacturera, se produ-
jo una temprana concentracih y oligopolizacijn en el sector.
La expansi6n comercial, en torno a la asociaci6n de la oligarquia y el capital
internacional, elev6 enormemente la magnitud del capital en esta esfera. Fue,
por tanto, este capital el que estuvo en las mejores condiciones para desarro-
llar la industria sobre la base de establecimientos mecanizados propiamente
fabriles.

2. La pmticipacibn del capital extranjero en la industria originaria

Una caracteristica de la industria originaria chilena, que tuvo marcada in-


fluencia en su localizaci6n concentrada, fue la elevada participaci6n en ella de
10s capitales extranjeros que controlaban el sector comercial financiero. Las
grandes corporaciones industriales internacionales, las casas comerciales in-
ternacionales que operaban en el pais y 10s bancos internacionales, tuvieron
una gran actividad inversionista en 10s primeros aiios del siglo en el desarro-
110 de sociedades an6nimas o en el control de aquellas desarrolladas por el
capital chileno.'

1 En Kirsch (1973) e s t h contenidos 10s datos que entregan la siguiente lista de so-
ciedades anbnimas en que el capital extranjero tenIa una fuerte presencia: Cia. Refine-
ria de Azhcar de Viiia de Mar, Cia. Molinera San Cristbbal, Cia. Molinera e! Globo,
Hucke Hnos. SAC, Cia. Cerveceri'as Unidas, Cia Chilena de Tabacos, SOC. Nacional de
Parios Bellavista, Cia. Nacional de Tejidos El Salto, Cia. Chilena de Tejidos, SOC.Nacio-
nal de Parios de TomC, Cia. Manufacturera de Papeles y Cartones, Imprenta y Litografi'a
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 121

Puede sostenerse, en suma, que el capital extranjero tuvo una participaci6n


no inferior al 50 ?jdel capital industrial total, monto seguramente subestima-
do si se considera el tamaiio diferenciado de la industria.

Inversi6n de capital en la industria s e g h nacionalidad del capital


1915 - 1920 - 1925 (miles de pesos corrientes)
-
aiio Chilena Extranjera Mkta SOC.andnima Sin dato Total
~~~ ~

1915 108.654 136.197 20.480 133.045 1.390 399.766


1920 179.354 201.463 13.965 234.235 326 629.343
1925 279.356 322.283 41.347 427.617 - 1.070.603
FUENTE: Kirsch (1973)

Exceptuando las sociedades anhimas -cuyo origen de capital se descono-


ce- mis de la mitad del capital invertido durante el period0 1915-1925, en
la industria de transformacih en Chile, era extranjero. En el cas0 de las so-
ciedades anhimas, la proporcibn fue probablemente mayor, en la medida que
ella es la forma juridica de la gran empresa. Es en este tip0 de empresa que se
concentraba sustancialmente mas capital que en el resto.

Empresas industriales segiin nacionalidad del capital


(nhm. de empresas). Aiios 1915 - 1920 - 1925
aiio Chilena Extranjera Mixta SOC.andnima Sin dato Total

1915 1.003 1.121 89 87 27 2.327


1920 1.323 1.273 77 193 8 2.874
1925 1.335 1.446 120 209 , - 3.1 10
FUENTE: Kirsch (1973).

Puede sostenerse que el t a m d o superior del capital intemacional explica


el desplazamiento del capital nacional por aqu61. De alli que la propiedad in-
ternacional sobre las sociedades anhimas industriales debib ser a6n mayor
que en el resto de las empresas.

Universo, Cia. Chilena de Fbsforos, Cia. Industrial, FBbrica Nacional de Loza Penco, Cia.
Cement0 el Melbn, Cia. Cristalera de Chile, Cia. Industrial El Voldn, Cia. Nacional de
Maestranzas y Galvanizacibn, FQbrica Nacional de Envases y Enlozados, Cia. Electro
Metaliirgica, Cia. Industrial de Catres, etc.
122 GUILLERMO GEISSE

La participacibn del capital internacional en la industria originaria debib


haber estimulado las tendencias de concentracibn urbana por dos razones:
' una, por el mayor nivel de desarrollo del capital internacional respecto del
nacional que debib influir en la concentracibn econbmica que caracterizb a la
industria. La otra razbn fue el hecho de que la industria originaria, particular-
mente las empresas de mayor tamafio, fueron en cierta medida ramificaciones
de actividades cornerciales financieras con las cuales se mantuvieron integra-
das empresarialmente. Por su misma naturaleza, estas Cltimas actividades son
las que tienen 10s mhs altos indices de concentracibn espacial, lo que en el ca-
so chileno se manifest6 por su marcada preferencia por las plazas de Santiago
y Valparaiso en la regibn central del pais. Este es, por lo tanto, un factor adi-
cional al factor de concentracibn econbmica, en la temprana concentracibn
espacial de la industria chilena.

3. Dependencia de la industria originaria de la oligarquia

El carhcter de este origen centralizado y monopblico del capital, gener6


efectos que pueden destacarse como una tercera caracteristica de la industria
originaria con efectos espacialmente concentradores.
La industria no se constituy6 corn0 una actividad autbnorna e indepen-
diente de 10s intereses de la oligarquia, sino que fue expresibn de esos mismos
intereses. La presencia oligirquica en la industria puede ejemplificarse en el
siguiente cuadro.

Vinculos intersectoriales de 10s directores de las


principales corporaciones industriales chilenas; 1922
Ntirnero Porcentaje

No identificados 56 27,0a
Identificados con uno o mis
de 10s siguientes sectores: 151 73,0a
Finanzas 69 457
Mineria 51 33,8
Agricultura 58 38,4
Transporte, servicios p6-
blicos, construcci6n 36 233
Propiedad inmobiliaria
urbana 4 2,7
Comercio 26 17,2
Diputados, Senadores o Minis-
tros de Estado 36 1 7,4a
a Porcentaje sobre el n6mero total de individuos investigados (207).
FUENTE: Kirsch (1973).
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 123

De este modo, la industria se desarroll6 originariamente de un modo no


contradictorio con la oligarquia. Por el contrario, estuvo vinculada y fue de-
pendiente de sus intereses comerciales.
Por otra parte, este desarrollo industrial subordin6 la manufactura “inde-
pendiente”. Los primeros pasos de la industria en el siglo XIX fueron regio-
nalmente dispersos y de nivel artesanal. El espacio para la acumulaci6n en la
industria interna era muy estrecho y 10s principales capitales chilenos se vin-
cularon exclusivamente a la acumulaci6n comercial. En ese espacio se desarro-
116 desde temprano una industria nacional pequefia y artesanal, autonbma e
independiente de la oligarquia comercial. Con la ampliaci6n del mercado in-
terno y la inversi6n monopblica de 10s intereses comerciales en la industria,
las instalaciones manufactureras dispersas del capital nacional fueron subordi-
nadas y expropiadas.’ Mediante este proceso, el desarrollo industrial mani-
fest6 toda su fuerza de concentraci6n espacial de capitales y de poblacibn, la
cud se vi6 incentivada por las inversiones en infraestructura destinadas a la
integraci6n del mercado nacional en torno a Santiago.

4. El crecimiento de la industria originaria en el sector mercado


intemo urbano

Los factores anteriores contribuyeron a sentar una cuarta caracteristica


bisica en el desarrollo originario de la industria chilena: la industria qued6
restringida a 10s mirgenes estructuralmente estrechos del mercado interno y,
dentro de 61, se desarroll6 como una industria productora de articulos de con-
sumo final corriente en Santiago y Valparaiso.
No se desarrollaron en consecuencia, industrias productoras de maquina-
ria o de materias primas bisicas semielaboradas de localizaci6n regional don-
de el capital podia acumularse en mayor cantidad.
La incapacidad del capital nacional para desarrollar grandes actividades in-
dustriales, tiene que ver con dos hechos principales: por una parte, la princi-
pal industria del pais (la minera de exportacibo) fue completamente acapa-
rada por el gran capital inrernacional. Este fue el motivo material por el
que la industria nacional no pudiera centrarse en la elaboracibn de esos pro-
ductos, en torno a la industria quimica, refinadora, metallirgica o fundidoz,
por ejemplo. Estas eran actividades enteramente sujetas al control y decisibn
del capital internacional. Por esto, desplazado de la principal actividad acumu-
ladora, el capital chileno se desarroll6 dCbilmente en torno a la industria para
el mercado interno, actividad mucho mis reducida que las grandes actividades
export adoras.

2 Kirsch, en el trabajo citado, investiga cuidadosamente el proceso de constitucibn


del monopolio en varios rubros industriales: fabricacibn de cigarros y cigarrillos, refi-
nacibn de azikar, fabricacibn de cerveza, industria quimica, fabricacibn de fbsforos, fa-
bricaci6n de vidrios, etc.
124 GUILLERMO GEISSE

Por otra parte, la presencia importante del capital extranjero y de la aso-


cicibn de Cste con la oligarquia comercial en la industria interna, dio a Csta
un caricter necesariamente subalterno frente a 10s intereses exportadores. De
este modo, la industria asdmi6 la elaboracibn sblo de las Cltimas etapas del
proceso productivo, que se basa en la libre importacibn de 10s insumos y en
la proteccibn del producto final. El cas0 de las industrias del vestuario y textil
es el ejemplo m6s claro (Kirsch; 1973, Muiioz; 1968). La industria s610 avan-
26, durante este periodo, en rubros protegidos naturalmente de la competen-
cia internacional en que la importacibn del producto fmal habria sido
enormemente mis costosa. Fuera de 10s rubros seiialados, de gran importancia
fue la industria de alimentos, por ejemplo.
Hub0 casos que revelaron la potencialidad de desarrollo de la industria ha-
cia la producci6n de bienes intermedios o de produccibn per0 que fueron
frustrados precisamente por las limitaciones que le imponia su origen en 10s
intereses comerciales. El cas0 de 10s potenciales de la incipiente industria side-
nirgica y de energia elCctrica especifjcamente, fue el que pudo tener efectos
dinimicos multiplicadores sobre todo el sector.'
En consecuencia, durante el periodo comercial, el proceso industrializador
carecib de profundidad, dada su incapacidad de superar su caricter de indus-
tria liviana. El Gnico cambio ponderable, como podra verse, ocurre con la in-
dustria textil, per0 ya despuis de la gran crisis de 10s aiios treinta.

Participaci6n relativa del valor agregado bruto y el empleo industrial


1915 I924 I938
Vab Empleo Vab Empleo F'ab Empleo
Alimentosy tabacos 48.6 31.5 43.7 27.1 35.6 25.5
Vestuario 18.5 23.2 21.0 24.0 12.4 11.4
Textil 6.1 4.8 6.3 6.2 17.5 16.3
Metdicos 5.1 9.4 10.2 11.9 9.1 11.7
Otros 21.7 31.1 18.8 30.8 25.4 '35.1
Total 100,o 100,o 100,o 100,o 100,o 100,o

3 Kirsch estudia el cas0 de la Cia. Electro Metalhgica (ELECMETAL), que produjb


tambikn piezas de acero para la exportacibn y que pudo haberse desarrollado sobre la
base de su propio abastecimiento tecnol6gico y de bienes de capitaL En cambio, la em-
presa se limit6 a importar estos factores y a abastecer un mercado estrecho y monopoli-
zado. Algo similar ocurrib con las instalaciones de energia electrica y con la Cia. Electro
Siderhrgica e Industrial de Vdldivia (BSVAL). Estos casos muestran la renuncia empresa-
rial chilena a desarrollar la industria bisica y su inclinacibn a intermediar con el capital
extranjero y el Estado. Muestran tambih el decidido inter& que en la d6cada del 20 to-
ma el Estado en el desarrollo industrial.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 125

En suma, la caracteristica principal de la industria anterior a 1930 fue el


desarrollo centralizado y monop6lico de sus capitales en lo que la importante
presencia del capital extranjero fue decisiva. Esta emergencia industrial a partir
de la inversi6n de 10s sectores comerciales, de mayor volumen, destruy6 la
manufactura y el artesanado disperso que no mantenia vinculos con 10s intere-
ses comerciales concentrados en Santiago y Valparaiso. El proceso de centra-
lizaci6n y expropiaci6n mostr6 el caricter concentrado de la industria, que
se manifest6 espacialmente. El origen de la gran inversi6n industrial en este
period0 desarroll6 el sector de un modo de contradictorio y dependiente
de 10s intereses comerciales, lo que incidid en su orientaci6n hacia el mercado
interno y en su estructuraci6n como industria de bienes de consumo final
corriente en las ciudades principales. Incidi6 en esto, tambiCn, la debilidad
del capital nacional desplazado de la gran actividad regional mineroexporta-
dora, controlada por el capital extranjero.
Mi, adelante se verb que, con posterioridad a 10s aiios treinta, el sector in-
dustrial se esfuerza en profundizar su desarrollo hacia la producci6n de bienes
durables o intermedios. Con todo, las caracteristicas sefialadas son aquellas
COT: que la industria aparece en el punto de partida de su transformacih en
sector econ6micamente dominante a partir de la dBcada de 1930. En el pe-
riodo de transicion, y durante todo el desarrollo posterior, dos factores adi-
cionales ejercen gran importancia en el curso que tomaria el modelo general
de desarrollo en torno a la IS. Ellos son el peso del apoyo estatal en el des-
arrollo industrial y, por otro lado, su emergencia simultinea con el desarrollo
de 10s sectores obreros urbanos organizados como clase.

De la crisis comercial a la hegemonia politica del


capital urbano-industrial

El capital y 10s intereses industriales eran, en 12s primeras dCcadas del


siglo, econ6mica y politicamente dCbiles. Eran enteramente dependientes de
10s impulsos que sobre el mercado interno ejercia la actividad exportadora, y
no tenian por s i solos la capacidad material para transformarse en un sector
dinbmico de la economia nacional. Politicamente, dependian de 10s intereses
oligirquico-comercial, y carecian de un nivel autbnomo de representacibn de
intereses de expresi6n politica propia y fuerte.
Sin embargo, pese a su debilidad, la industria emergi6 en la dCcada de
1930 como el sector mis dinimico del desarrollo econ6mico nacional en
virtud de un conjunto de cambios en las condiciones econ6micas y politicas.
Estas se expresaron plenamente en la crisis comercial 0,como se le ha llamado
mis comfinmente, en la crisis de la dominaci6n oligbrquica (Faletto, Ruiz y
Zemelman, 197 1).
126 GUILLERMO GEISSE

1. Efectos de la crisis exportadora en la conduccibn oligarquica

Esta crisis, como crisis econ6mica y a la vez de dominaci6n oligirquica,


tuvo sus origenes en las combinaci6n de dos elementos: el primer0 de ellos se
relaciona con la declinaci6n de la bonanza exportadora. El conjunto de la
actividad econ6mica dependia del crecimiento del intercambio comercial con
el exterior. Este crecimiento, sin embargo, empez6 a afrontar ya a fines de la
dCcada de 1910 y durante la dCcada siguiente, un comportamiento ciclico en
el mercado mundial que afect6 tanto el volumen como el valor de las exporta-
ciones, incidiendo sobre el conjunto de la e c ~ n o m i a .La
~ industria se vi0
afectada por 10s ciclos comerciales, s e g h se desprende de las crisis recesivas
de 10s afios 1920 y 1926, y 10s periodos de auge en 1922-23 y 1927-28. Pero,
por sobre todo, lo-s efectos se hacian sentir en el ingreso nacional y la capaci-
dad econ6mica del Estado para enfrentar el volumen creciente de gasto publi-
co. La digarquia interna sufri6 una profunda crisis de realizaci6n y acumula-
ci6n que afectaba todas las actividLdes econbmicas, clases sociales y regiones
integradas al mercado interno y externo.
Es un periodo en que el endeudamiento fiscal y la inflaci6n crecieron
enormemente (Atria, 1973). La estrechez econ6mica del Estado provocada
por el constrefiimiento exportador, se agudizaba toda vez que se veia obligado
a aumentar el gasto para enfrentar las olas de cesantia provenientes del cierre
de explotaciones mineras en el norte.
La crisis del modelo comercial y sus efectos sobre la economia se manifes-
t6, entonces, con sus embates ciclicos desde bastante antes de la crisis
mundial del 30. Per0 fue Csta la que termin6 por sellar el fin del modelo
comercial primario-exportador. En 1930 se combin6 la declinaci6n completa
del salitre como principal product0 de exportaci6n y generaci6n de divisas y
10s efectos generales de la depresi6n mundial sobre la economia comercial.
Desde el final de la d6cada de 1920, la declinacibn exportadora se manifest6
oscilantemente, per0 contribuyendo lo suficiente como para afectar la capa-
cidad de direccibn social de 10s grupos oligirquicos.

2. La concentracibn urbana como elemento catalizador de la crisis oligarquica

El segundo elemento en el desencadenamiento de la crisis oligirquica


tenia que ver con el context0 politico particular en que se desarroll6 la urba-
nizaci6n en Chile. El incremento de la poblacibn urbana iba acompaiiado,
durante el primer cuarto del siglo, de una creciente diversificaci6n de la
estructura social. Nuevas clases y estratos sociales consolidaban su reciente

4 Datos que demuestran bruscas variaciones anuales durante ese periodo en el CO-
mercio exterior chileno, aparecen en UNECLA (195 1).
5 Est0 se debi6 a la competencia derivada del descubrimiento en Europa, de mito-
dos quimicos industriales que permitian la producci6n de fertilizantes sinthticos a un
costo muy reducido comparado con el salitre natural chileno.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 127

aparici6n por medio de una amplia actividad organizativa, gremial y politica.


Puede calcularse el proletariado urbano en alrededor de 150 mil personas a
comienzos del siglo, cifra que pasaba 10s 200 mil si se agregaban 10s obreros
portuarios, de transporte y de la construcci6n. Junto a este sector crecia
tambiBn notablemente el sector de 10s llamados “grupos medios” compuesto
de pequefios propietarios no capitalistas, artesanos y, sobre todo, de amplios
sectores asalariados no productivos vinculados al despliegue de las actividades
terciarias de las principales ciudades. El peso reivindicativo de estos sectores
sociales subordinados era agudizado por la temprana actividad politico
organizativa entre ellos en tomo a sus intereses propios. Considkrese que el
Partido Obrero Socialista, precursor del partido comunista, h e creado el ail0
1912, y que el movimiento sindical se agrupaba ya en 1917, en torno a la
Federaci6n Obrera de Chile. TambiCn 10s grupos medios se expresaban
independientemente en agrupaciones gremiales y politicas. Proliferaba en la
Cpoca una buena cantidad de prensa revolucionaria y contestaria. El resulta-
do de esta actividad fue que en torno a1 afio 1920 se dio el mis alto nivel de
conflictividad social de la Bpoca, s e g h se manifestaba en la violencia represiva
y, por ejemplo, en el nhmero sin precedente de huelgas que se alcanz6 en
1919, moviniientos encaminados a la reivindicacibn econ6mica y por la
participacihn social y politica.

3 . El Estado enfrentado a la crisis econbmica y la presion social urbana


Por una parte, el Estado enfrentaba y debia asumir.demandas sociales
crecientes y, por otra, veia reducida su capacidad econ6mica y el dinamismo
del conjunto de la economia. La capacidad de dominaci6n oligirquica pendia
del buen funcionamiento del modelo comercial primario-exportador, y la
crisis de Cste, en el marco socio-politico de la Cpoca, conducia a la pCrdida de
legitimidad del Estado y con ello a la del sistema de dominacibn oligirquica.
En estas condiciones, se hacia imposible la manutenci6n de la dominaci6n
de la oligarquia comercial. El caricter internaciona! de la crisis capitalista
impidi6 a la oligarquia intema resolver 10s problemas econ6micos y sociales
mediante una rdpida reexpansi6n de la actividad comercial. La quiebra defini-
tiva de la principal actividad exportadora, el salitre, imposibnitaba esta
solucibn aun en el mediano plazo.
La manutencibn del ordenamiento comercial y de la hegemonia oligarquica
supuestamente habria de enfrentar la crisis reduciendo dristicamente el SME
y el SMI con la consecuente ampliaci6n del SS. En tCrminos espaciales esto
habria significado la desurbanizaci6n o ruralizaci6n de grandes contingentes
de poblaci6n. El peso de 10s intereses no oligirquicos de caricter urbano
hicieron que esto fuera imposible.

6 En el siglo XVII, en c ~ b i o est0


, si fue posible. Esta fue la forma en que mine
ros, terratenientes y comerciantes resolvieron la crisis exportadora derivada de la deca-
dencia de la mineria en Per& en ese entonces el principal mercaao del espacio chileno.
128 GUILLERMO GEISSE

4. La industrializacion substitutiva corn0 proyecto de consenso


En este contexto, s610 un proyecto burguCs nacional podia sustentar un
programa que permitiera superar ripida y establemente las consecuencias de
la crisis: el desarrollo aut6nomo de la industrializaci6n.
Este programa finalmente se impuso a travCs de una aguda lucha politica
con la oligarquia durante la dkcada de 1920. En esta pugna jugaron un papel
decisivo dos factores, que contribuyeron a darle su contenido.
Por una parte, la presi6n de 10s grupos populares urbanos que se movili-
zaron contra la oligarquia y apoyaron el proyecto industrializados encabeza-
do por el capital industrial. Este presi6n se hacia sentir en el Estado, que
respondi6 por medio de legislacih social, medidas destinadas a expandir la
demanda interna y a proteger la actividad industrial de la competencia exter-
na. Ademis, el Estado ya empezaba a comprometerse directamente en inver-
siones industriales (Kirsch; 1973).
Por otra parte, las fuerzas armadas tuvieron un papel principal en la
declinaci6n oligirquica. Estas se venian desarrollando como una expresi6n
particular de la crisis, a1 asumir una intensa actividad de critica a1 sistema
oligirquico y a1 acoger como propias las aspiraciones del desarrollo industrial
del pais. De este modo, con su intervenci6n politica, &staspaliaban la debili-
dad y subordinaci6n de la burguesia nacional y el capital industrial, que le
impedia organizar un movimiento politico aut6nomo y coherente que expre-
Sara y fuera capaz de llevar adelante sus intereses. Las fuerzas armadas se
transformaron de hecho en el principal instrumento politico del programa de
industrializaci6n nacional (Varas, Aguero y Bustamante, 1980).
Con las transformaciones politicas e institucionales operadas por la inter-
vencion estatal y 10s gobiernos militares, el Estado y su aparato qued6 en
condiciones de impulsar y asumir un rol protag6nico en la implantation del
modelo de industrializaci6n sustitutiva.
5. El caracter democratico-nacionel del estado industrialista emergente
El Estado que emerge a1 iniciarse la dCcada de 1930, posee nuevos rasgos
democriticos y nacionales. Entre 10s primeros, conforma un nuevo ordena-
miento institucional basado en la Constituci6n promulgada en 1925, que rom-
pe con el parlamentarismo como nccleo de expresi6n oligirquica. Promueve
una amplia legislaci6n laboral y sindical, la ampliaci6n del derecho a1 sufragio,
la racionalizaci6n social del sistema educacional, previsional y de salud. A1
mismo tiempo, instaura el impuesto a la renta y, finalmente, sanciona la sepa-
raci6n entre la Iglesia y el Estado.
Desde el punto de vista del ordenamiento econ6mico, se protege y fomen-
ta a travCs del Estado el desarrollo de la industria. Esto, por medio de la poli-
tics arancelaria, crediticia, de ayuda tkcnica, y de la adecuaci6n tkcnico-
institucional del Estado que lo hace apt0 para comprometerse directamente
en el foment0 industrial. Areas econ6micas decisivas -petr6leo, energia
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 129

elkctrica, siderurgia, fundici6n y refinaci6n de cobre, materias primas agro-


pecuarias- se reservan para ser desarrollados en manos del Estado.
En suma, la crisis y el fin del ordenamiento comercial exportador provoc6
un cambio politico y social sustantivo. Se desarroll6 una nueva hegemonia
politica que se expred en la construcci6n de un Estado y un ordenamiento
econ6mico de marcados rasgos democriticos y nacionales.
Dos circunstancias peculiares emergen como resultado de la rescluci6n
de la crisis. Una, como vimos, es el enorme peso que el Estado asumi6 en el
desarrollo industrial. Esta injerencia estaba destinada a paliar, y era conse-
cuencia de, la debilidad econ6mica del capital industrial nacional. Este no
podia desarrollarse sin0 con el concurso activo del Estado. Otra fue que el
capital industrial se abri6 paso a1 mismo tiempo que se consolidaba la organi-
zaci6n clasista del movimiento popular. que, a su vez tambikn se abria camino
en el nuevo Estado. Esta doble emergencia fue un factor originario y recu-
rrente en el desarrollo contradictorio del modelo de industrializaci6n. A la
vez que el movimiento popular era base fundamental de sus sustentaci6n del
desarrollo industrial, su presencia drganizada y reivindicativa impuso desde
temprano obsticulos a la acumulaci6n privada del capital industrial.
Si bien el period0 que se inicia en 1930 expresa el proceso de construc-
ci6n de hegemonia del capital industrial a traves de la IS en relaci6n a las
fracciones oligbrquicas, el origen pluriclasista de la industrializaci6n obliga a las
nuevas capas burguesas a ejercer una direcci6n politica compartida en la
sociedad. Por esto es que el desarrollo socialmente contradictorio de la IS y
la ampliaci6n de 10s rasgos democriticos y nacionales del Estado, que estu-
vieron profundamente vinculados a1 desarrollo politico de 10s sectores popula-
res, impiden atribuirle el caricter de una pura construcci6n burguesa.
En Chile, mbs que en n i n g h otro pais de AmCrica Latina, 10s sectores
obreros organizados y concentrados en 10s minerales del Norte Grande y en
la ciudad de Santiago, jugaron un papel clave en la concertaci6n de un proyec-
to nacional de IS. No por ser de amplio consenso, la IS estuvo exenta de
grandes contradicciones expresadas en una agitada h h a politica entre clases
y fracciones. La ciudad de Santiago fue el escenario principal de la pugna
entre las clases y fracciones de clase que participaron,en la gestibn del nuevo
proyecto del cual qued6 marginado el campesinado y la masa creciente de
marginados urbanos.

Desarrollo de la industriay el sector mercado intemo

1. El predominio de la industria sobre 10s dermis sectores y el nuevo tip0 de


relacion con el sector mercado extern0

Con el colapso B largo plazo del SME y con ello de la hegemonia de la


oligarquia comercial, la economia se desarrolla sobre la base de la amplia-
130 GUILLERMO GEISSE

ci6n del SMI en torno a la dinimica de la IS. Las nuevas fuerzas sociales que
entran a controlar el Estado organizaron 10s arreglos institucionales que
permitieron a la industria enfrentar ripidamente la crisis de 10s treinta y desa-
rrollarse con rapidez. La protecci6n aran~elaria,~ la politica de djnero ficil,
las obras pfiblicas financiadas por el Estado, crearon las condiciones de
demanda y de precios que provocaron un incremento de las ganancias indus-
triales y, con ello, un aumento de las inversiones de capital en el sector.

Proporci6n de las ganancias brutas por sector econ6mico*


(en porcentajes)

1940 I960 1970

Agricultura 28,O 15,l 8 9 5


Mineria 790 11,s 17,O
Industria 22,o 29,8 38,O
Bancos 14,O 1,1 3 ,o
Comercio 20,7 23,2 21,7
Resto 8.3 19.3 11.8
Total IO0,O IO0,O IOO, 0

La gran expansi6n de las ganancias industriales produjo naturalmente una


distribuci6n de 10s excedentes hacia la industria, desarrollindose este sector
por encima de 10s demis.
El aumento de las ganancias industriales esti asociado a la sustancial
reducci6n de las ganancias obtknidas en la agricultura. Este es un hecho
decisivo puesto que hiri6 directamente al principal pilar de la vieja oligarquia:
10s terratenientes. Las consecuencias econ6micas y espaciales de est0 serin
examinadas mis adelante.
El aumento sustancial de las ganancias mineras tiene que ver, por un lado,
con el colapso de la actividad salitrera desde antes de 10s afios cuarenta y,
por otro, con el aumento progresivo de la exportaci6n de cobre de ese aiio en
adelante. En este hecho esti implicita la reedicih del viejo problema de las
clases capitalistas intemas: su subordinaci6n al gran capital intemacional y su
desplazamiento de las actividades econ6micas mis decisivas para la acumula-
ci6n y centralizacibn del capital. En efecto, la mineria del cobre se organiz6

7 Antes de 1928 el arancel aplicable a la mayor parte de las importaciones era de


25 %.Desde 1920 a 1928, la mayor parte de 10s derechos se Ilev6 a 35%.En 1931 el aha
de 10s derechos sub5 del 70%, m h un 10%adicional una larga lista de articulos suntua-
rios. En 1933 se impuso un nuevo aumento de 50%a todos 10s derechos. POI iiltimo, se
irnpuso una gran cantidad de controles administrativos a las importaciones (Muiioz;
1968).
8 Mamalakis (1976).
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 131

fundamentalmente en torno a tres grandes compaiiias norteamericanas. Al-


gunas consecuencias de este hecho serin examinadas mis adelante.
La reducci6n de las ganancias bancarias es tambikn un hecho de inter&. En
una economia centrada principalmente en el desarrollo del comercio interna-
cional, la actividad financiera bancaria crece con particular rapidez debido
a1 gran periodo de rotacibn del capital en la exportaci6n-importaci6n. Esto
desarroll6 sustancialmente el capital y 10s intereses bancarios antes de la
crisis comerical. La politica de IS, en cambio, requiri6 crear las condiciones
para la mas acelerada formaci6n de capital industrial. Uno de 10s medios
empleados fue la politica de dinero f6ci1, esto es, la reducci6n de la tasa de
inter&, muchas veces por debajo de la inflaci6n. Con ello se distribuy6 el
excedente en contra de 10s bancos y en favor de las actividades propiamente
productivas, en particular de aquellas donde se obtenian las mayores ganan-
cias brutas: las industriales.
En realidad, el desarrollo de la industria sustitutiva no dependia s610 de la
inversi6n de 10s capitalistas en este sector. En Chile, el Estado tuvo una cre-
ciente participaci6n en la formaci6n de capital fijo, particularmente en el sec-
tor industrial.
A partir de 1940, el Estado desarroll6 una activa politica de inversi6n
directa en industrias basicas nacionales: siderurgia, petrbleo, energia elkctrica,
fundici6n y refmaci6n de cobre de la pequeiia y mediana mineria, materias
primas agropecuarias bisicas, etc. A esto es necesario agregar la inversi6n
pliblica indirecta, es decir, 10s crkditos de largo plazo del Estado para el desa-
rrollo de proyectos industriales. La Corporaci6n de Foment0 de la Producci6n
(CORFO), fundada durante el gobierno del Frente Popular de 1938, tuvo un
rol destacado como banco de foment0 industrial. Todo ello se manifest6 en
que, en 1959, el sector energia e industria recibi6 el 44% de la inversi6n
pdblica total. Entre 1960 y 1970, el sector donde la inversi6n publica creci6
mis ripidamente fue precisamente el sector industrial. Todo ello se dio en
un marco en que la inversi6n pliblica total fue desplazando a la inversi6n
privada. En efecto, a fines de la dkcada de 1960, aquklla lleg6 a ser mls del
doble de ~ 5 s t a . ~
Sobre estas bases, la industria recuper6 en 1935 el nivel de producci6n
anterior a la crisis, y de alli hasta 1938 la producci6n industrial sub% anual-
mente mis de un 5% Desde 1938 hasta 1970 la industria mantuvo un alto
ritmo de expansibn, superior en promedio al5&anual(Muiioz; 1968), con las
crisis y auges ciclicos tipicos del capitalism0 industrial. Sin embargo, esta
inestabilidad dependia cada vez menos de las coyunturas que enfrentaba el

9 Tbmese en cuenta, adicionalmente, que no se ha considerado aqui la inversi6n ph-


blica en infraestructura econ6micq principalmente comunicaci6n y transporte, de un im-
pacto decisivo para la ampliaci6n del SMI y, por tanto, de la industria. Algunas causas y
consecuencias de este peso decisivo que el Estado va adquiriendo en la acumiilacibn de
capital serin seiialados posteriormente. Ver Mamalakis, (1976) y Aranda y Martinez
(1970).
132 GUILLERMO GEISSE

SME; expresi6n de la importancia y autonomia creciente del SMI y en parti-


cular de la industria, en el desempefio de la economia.
La primera crisis de importancia ocurri6 en 10s aAos 1955-56. Su origen,
sin embargo, fue la politica de estabilizaci6n de precios y restricci6n finan-
ciera implementada debido a la aceleraci6n previa de la inflaci6n. Desde alli
hasta 1966 la producci6n industrial creci6 por encima del 7%como promedio
anual (Mufioz; 1968). En 1967 se inici6 una nueva crisis que termin6 en
1970. Lo interesante es que Csta coincidid con una bonanza externa sin prece-
dentes. Su origen hay que buscarlo, por tanto, en problemas econ6micos
internos mis que en factores externos. En realidad la vinculaci6n y dependen-
cia de la industria respecto del SME no se rompi6 sino que cambi6 de conteni-
do en una nueva forma de encadenamiento de 10s sectores. En el periodo
comercial la magnitud de la demanda interna dependi6 directamente del com-
portamiento del SME. En el periodo de la IS, fue la producci6n y la inversi6n
industrial, por la via de la importaci6n de insumos y equipos, la que dependia
mlis directamente del SME.
En el context0 de las nuevas condiciones econbmicas y politicas descritas,
el sector industrial acrecent6 sustantivamente su peso en el conjunto de la
actividad econdmica interna, como puede apreciarse en el cuadro que sigue.

Poblacibn econ6micamente actin por sectores


econ6micos (miles)
1930 1952 1960

Agricul tura 58,O 648,l 662,4


Mineria 83,4 101,4 91,l
Industria 232,4 408,7 428,9
Construccidn 62,8 102,3 135,8
Comercio 166,4 222,9 241,O
Servicios 246,3 499,4 563,2
Transporte 78,7 95,3 117,9
Otros 42,6 77,3 101,8
Total 1.406,5 2,155,3 2.342,O

FUENTE: Hurtado (1966).

2. La diversificacibn de la base industrial y la participacibn extranjera en la


industria

El desarrollo de la industria implic6 una Clara tendencia a la diversifica-


ci6n industrial.
Las cifras contenidas en el cuadro precedente, muestran una tendencia
Clara en la profundizaci6n y diversificaci6n de la base industrial del pais en el
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 133

Participacihn sectorial en el valor agregado industrial


(en porcentajes)
I938 I961

Alimentos 3074 16,8


Bebidas 673 597
Tabacos 5,8 4,o
Textiles 12,l 11,6
Vestuario 576 576
Maderas 594 3 25
Papcles 894 797
Cueros 3 79 33 5
Quimicos 8,4 11,8
Minerales no metilicos 597 6 78
Me tdlicos 8.0 23 ,O
Total IO0,O IO0,O
FUENTE: Mufioz (1968).

period0 comprendido entre 1938 y 1961. La importancia relativa que pierde


la producci6n de articulos de consumo corriente la gana la producci6n de
algunas materias primas bisicas y de bienes intermedios: quimicos, minerales
no metdicos y metdicos.
En la dicada de 1960, la industria present6 UR nuevo avance en su diver-
sificaci6n, a1 expandirse especialmente las industrias productoras de articulos
de consumo durables: autom6viles y electrodomCsticos. En efecto entre
1960 y 1965, el valor agregado en estas producciones crecib a una tasa supe-
rior a1 10%anual, en tanto que 10s articulos de consumo corriente lo hicieron
a1 4,6%, y 10s articulos intermedios al8,4%(CORFO;1968). El promedio de la
variaci6n anual de 10s valores agregados en la industria de productos meti-
licos, maquinaria elktrica y no elictrica, y de material de transporte, fue del
13,6%entre1961 y 1966 (ODEPLAN; 1971).
Por su propia naturaleza, el desarrollo de estes ramas industriales requiere
de grandes inversiones de capital fijo, en comparaci6n al requerido por las
industrias productoras de articulos de consumo corriente. Por lo mismo, su
establecimiento superaba el nivel de desarrollo alcanzado por el capital priva-
do nacional. En esta medida, la tendencia en el desdrrollo de la diversifica-
ci6n industrial antedicho fue que la participaci6n del sector privado declin6
paulatinamente, mientras que la participaci6n del Estado y el capital extran-
jero aument6 cada vez mds. Entre 1967 y 1969, el ntimero de veces en que la
participacih del sector privado nacional era superior a la del capital extranje-
ro bajd de 4 , 6 a 3,l.
Entre esos mismos aiios, la participacibn extranjera creci6 de un 16,6%a
un 20,3%, si se considera el capital invertido en las sociedades an6nimas del
134 GUILLERMO GEISSE

sector industrial, medida sobre 10s capitales pagados. La participaci6n extran-


jera se concentr6 en las industrias de bebidas (24,6%), tabaco (58,6%), caucho
(45,1%), productos quimicos (38,3%),minerales no metilicos (24,7%), fabrica-
ci6n de maquinaria y equipo e16ctrico (59,9%) y fabricaci6n de material de
transporte (43,8%). Se ve con claridad que la participaci6n extranjera tendi6
a concentrarse en aquellas ramas dinimicas, tecnol6gicamente intensivas
(Pacheco; 1972)."
La participacibn extranjera reforzb la estructura concentrada de la propie-
dad industrial, si se tiene en cuenta que, a fines de la dCcada del 60,los secto-
res extranjeros alcanzaban a representar el 0,9% del total de accionistas,
mientras simultineamente aparecia controlando sobre el 20% del capital
pagado invertido en la industria. Esta misma idea aparece al confirmar que la
inversi6n extranjera se concentra en las empresas mis grandes. De las 100
mayores empresas industriales en 1969, el capital extranjero participaba en
61 de ellas. En 28 de ellas la participaci6n extranjera en su capital superaba el
50%y en 16 superaba el 75%del capital. S610 en 21 de ellas no superaba el
30%
Es interesante constatar que en parte importante de 10s casos, la inversi6n
extranjera industrial se desarroll6 bajo la forma de empresas locales fdiales y
asociadas de corporaciones internacionales. Asimismo, que estaban volcadas a
la producci6n para el mercado interno. S610 un 20%de estas empresas expor-
taba, y apenas un 10%de ellas lo hacia en magnitudes superiores al 1%de
sus ventas totales.
Mi, abajo veremos la vinculaci6n de este fen6meno con la ampliaci6n que
debi6 sufrir el mercado intemo. Per0 aqui nos ha interesado destacar el peso
tanto de la participacih extranjera como estatal, segun veremos mbs adelan-
te, en el desarrollo de la producci6n industrial para el mercado interno.

3. La industria y la evolucibn del mercado intemo

Es conveniente, por ultimo, vincular el crecimiento de la industria interna


con la cuesti6n del tamafio del mercado interno y su evoluci6n.
Antes de la crisis de la dCcada de 10s afios 20, el ordenamiento comercial
habia producido una ampliaci6n del mercado intemo. Este era abastecido
fundamentalmente por las importaciones. Superada la crisis y recuperada la
demanda interna por la via de la activaci6n de la politica fiscal, este mercado
estuvo disponible para la nueva industria interna. En la dBcada de 1930, la
industria creci6 fundamentalmente sustituyendo las importaciones de este
rnercado dado (Mufioz; 1968). En n i n ~ notro periodo, el efecto sustitutivo
fue tan voluminoso. De alli en adelante, el crecimiento industrial se bas6
cada vez menos en la sustituci6n de las importaciones y cada vez mis la

10 Sobre el tema ver tambien Bitar (1972) y Gaci6 (1971).


ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 135

industria debi6 crearse condiciones de crecimiento renovadas. Interesa desta-


car aqui una de ellas: la ampliaci6n del mercado intemo por la via del creci-
miento de la cantidad de poblaci6n incorporada a la economia monetaria.
EI principal indicador de este fen6meno es el crecimiento de la poblacion
urbanizada. Entre 1930 y 1970 la poblaci6n urbana creci6 de 2.078 miles a
6.368 miles. La ampliaci6n de este mercsdo fue el ccndicionante principal,
por el lado de la demanda, de la dinimica industrial posterior a la dCcada de
1930. A esto hay que agregar que, a fines de 10s aiios 60, la propia poblacih
rural aceler6 su especizlizaci6n y fue penetrada sustantivamente por la econo-
mia monetaria, transformhndose de este modo en un mercado para la industria.
A medida que la industria se diversific6 y profiindiz6, cada nueva rama
exigia escalas de operaci6n cada vez mis grandes. El tamaiio del mercado
(poblacibn, ingreso medio, disiribuci6n de 10s ingresos), estructuralmente
reducido, comenz6 a pesar cada vez m5s como una limitante a la expansi6n
industrial. Es por eso que en 10s afios 60, 10s intereses que representan a 10s
sectores industriales mis nuevos, en particular 10s de bienes de consumo
durables, impulsan, con todas las limitaciones del caso, la monetizaci6n de la
economia agraria, la RA y 10s esquemas integradores a escala subregional en
el continente.
La ampliaci6n del mercado intemo, en lo que se refiere esencialmente al
aumento de la urbanizaci6n es, ciertamente, un resultado del propio proceso
de industrializaci6n. Desde un punto de vista espacial, la industria aparece
como un proceso de concentracibn de capital," y de mano de obra especia-
lizada. Su propia expansi6n fue, por tanto, ampliando el mercado interno.
Este hecho es el factor determinante general de la concentracibn urbana.
Unido a la industria y al mercado intemo urban0 se desarrollaron un conjunto
de actividades conexas que contribuyeron a aumentar la cantidad de pobla-
ci6n urbana: construccibn, comercio, servicios, aparato estatal, etc.
Por su propia naturaleza tkcnica, amen de su caricter capitalista, la indus-
tria desata un proceso de concentraci6n espacial de actividades econ6micas y
de poblaci6n. No se trata ya de un aumento de la pbblaci6n urbana a expen-
sas de la rural puramente. Se trata, ademis, de que concentra la propia pobla-
ci6n urbana en algunas grandes ciudades. Se trata del desarrollo y aprovecha-
miento de las llamadas economias de aglomeracibn.
E;tas consisten en un conjunto de razones objetivas que aceleran la
concentraci6n espacial del capital y, por ende, de las actividades econ6micas y
la poblaci6n. No debe extrailar, por lo tanto, que el desarrollo industrial

11 Sobre la concentracibn de propiedad en la industria y en la economia en el pe-


riodo de la IS, ver Lagos (1960) y Gaci6 (1971), Gamt6n y Cisternas (1969). El es-
tudio de Gacib, por ejemplo, seiiala que en 1968 el 27%de las sociedades anbnimas po-
seia el 82%del capital total, el 80%de 10s activos totales y recibian ingresos de ope-
raci6n equivalentes a176 %deltotal de las sociedades anhimas industriales.
136 GUILLERMO GEISSE

chileno haya profundizado no s610 la urbanizacibn, sino que tambiin la


concentraci6n urbana en Santiago y sus alrededores.

Indicadoresde concentraci6n urbana en Santiago 1970

Provincia de
Santiago Total pais Proporcibn

Poblaci6n (miles de personas) 3.230,8 8.884,8 36,4%


PEA (miles de personas) 1.046,O 2,696,O 38,8%
PEA manufactura (miles de personas) 250,8 446,s 56,2%
Empleo industrial 206,2 353,4 58,3%
N6m. de establecimientos industriales 5.238,O 11.469,O 45,7 %

FUENTE: INE, Censo de Poblacibn, 1970 y IV Censo de Industria Manufacturera

El rol econbmico del Estado

En Chile, el Estado despleg6 una gran actividad en la reproducci6n de la


estructura social contradictoria de la IS. La gran actividad desarrollada por
el Estado obedeci6, en iiltimo tkrmino, a la debilidad econdmica de la burgue-,
sia industrial. El Estado fue espacio de intermediacibn de un conjunto contra-
dictorio de intereses originados en las reivindicaciones populares, las presiones
de la burguesia nacional y las rigideces de 10s grupos monop6licos, terrate-
nientes y transnacionales de la estructura econ6mica. En la medida que este
marco de relaciones econ6micas fue defmiendo una tendencia cada vez m6s
marcada a1 estancamiento y a la agudizaci6n de las contradicciones, la inter-
vencibn del Estado fue decisiva para procurarle dinamismo a1 desarrollo in-
dustrial.

1. El Estado en la ampliacibn del sistema economic0 interno

El Estado intervino en una variada gana de actividades econ6micas. El


volumen de inversibn estatal se elev6 sistemlticamente en todos 10s sectores
econ6micos y regulb prlcticamente todas las variables fundamentales del
mercado: precios, sueldos y salarios, tipo de interis, tasa de cambio, etc.
Consecuentemente, se desarroll6 un complejo aparato burocritico de adminis-
traci6n y control econ6mico.
Una buena graficaci6n de la ampliaci6n del rol econ6mico del Estado, la
constituye la elevaci6n sistemitica de la inversibn pcblica.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 137

Inversi6n piiblica y privada l2


( %del PGB)
A fios I. pli blico I. privado I. total
1940 3 94 8,O 11,4
1950 42 791 11,3
1960 495 6 97 11,2
1965 10,3 79 8 18,l
1968 11,o 4,7 15,7

El cuadro muestra que la inversi6n pfiblica aumentb sustantivamente


sobre todo a partir de 1960, como componente de la inversi6n geogrifica
bruta. A pesar de ello, 10s resultados sobre esta filtima fueron pobres; apenas
si compens6 la reducci6n dristica de la acumulaci6n privada. La tendencia al
estancamiento econ6mico entreg6 al Estado la responsabilidad de asumir la
d i n h i c a de la acumulaci6n.
Una revisi6n de 10s renglones donde esos recursos se aplican, demuestra
que no hub0 ningfin sector productivo ni de servicios en que la inversi6n
pfiblica no fuera una parte sustantiva de la inversi6n total. Destaca, en la
dCcada del 60, el fuerte crecimiento de la acumulaci6n estatal en la industria
(Aranda y Martinez; 1970).
El crecimiento del gasto en inversiones del sector pfiblico gener6 un fuerte
aumento del gasto fscal. Es ese rubro, y no tanto 10s gastos comentes, lo que
explica el gran incremento que experiment6 en el tiltimo tiempo el presupues-
to pfiblico.

Gasto piiblico y sus componentesl3


( %del PGB)
m-os Operacwn Tkansferencias Gnstos capital Total

1955 13,8 693 590 25,l


1961 15,l 11,l 12,3 39,3
1965 14,7 10,7 13,6 40,8
1968 16,3 12,2 14,9 43,6

12 Aranda y Martinez (1970). A partir de 1960 se aplica una nueva metodologia en


el cbmputo de las cuentas nacionales El aumento de las cifras de inversibn total parece
obedecer fundamentalmente a este hecho.
13 Aranda y Martinez (1970). Los gastos de operacih incluyen pago de salarios y
compra de materiales Las transferencias incluyen principalmente pagos de previsibn so-
ciaL
138 GUILLERMO GEISSE

Como puede apreciarse, la proporci6n del PGB gastado por el Estado


creci6 sustantivamente; es un buen indicador sintCtico de la profunda amplia-
ci6n del rol econ6mico del sector piblico. El incremento mis sustantivo
corresponde al esfueno estatal por dinamizar la acumulaci6n de capital
interna. El aumento de las transferencias, tambiCn sustantivo, se explica por
el fen6meno general de las reivindicaciones econ6micas concedidas a 10s
trabajadores.
El crecimiento de 10s gastos de operaci6n, sorprendentemente bajo,
estuvo asociado a la ampliaci6n de la burocracia estatal necesaria para admi-
nistrar las funciones estatales en permanente ampliaci6n. No puede sostenerse
que haya sido el crecimiento de este rengl6n la causa del gran incremento del
gasto pliblico, como lo sostienen quienes pretenden vincular el crecimiento
del gasto pdblico con la “empleomania” estatal.
En un sistema econ6mico con tendencia al estancamiento nada hay que
permita a1 Estado elevar, mtgicamente, la acumulaci6n por encima de la
capacidad general de acumulaci6n del sistema. El Estado debe fmanciar sus
gastos a travCs de la venta de bienes y servicios producidos por empresas
pliblicas, impuestos e ingresos de capital, principalmente creditos internos y
externos.
Las empresas estatales no han sido tradicionalmentz una fuente de fman-
ciamiento estatal. Estas empresas, productoras de materias primas bisicas y
servicios bisicos de infraestructura econbmica, mantuvieron sus tarifas y
precios generalmente subsidiados como un modo de facilitar la acumulaci6n
privada. En consecuencia, ellas fueron en general deficit aria^.'^ Lo mismo
ocurri6 con las empresas de servicios de tip0 social -educaci6n, salud, vivien-
da, etc.--. La capacidad de presi6n de 10s trabajadores, unida a la insuficien-
cia de 10s salarios, oblig6 a expandir estos servicios por parte del sector
piblico y entregarlos, cuando no gratuitamente, a costos inferiores a 10s de
producci6n.
El crecimiento del gasto piblico presion6 por tanto, sobre 10s impuestos y
la deuda pliblica. La imposibilidad de incrementar 10s primeros, ampli6
sustancialmente la segunda (Aranda y Martinez; 1970). Aument6 asi la deuda
interna, bisicamente emisidn del Banco Central, y ia deuda externa. De este
modo, el desfmanciamiento cr6nico del Estado, la inflaci6n y la deuda exter-
na, pasaron a formar parte de la matriz estructural del ordenamiento econ6-

14 Mamalakis (1976). Este rol estatal, destinado a suplir la incapacidad privada de


acumulacibn e inversibn y, en definitiva, de ampliar el sistema econbmico, fue lo que
contribuyb a su desarrollo voluminoso. Fue, entonces, un rol funcional e indispensable
para el margen de acumulacibn privada que tuvo lugar. No obstante, la crhca a ese mo-
delo de Estado, que generb la capacidad material en que descansa cualquier esquema eco-
n6mico que pueda desarrollarse en el presente, pretende proponer una suerte de auto
emergencia del “monstruo burocritico”, como si hubiese sido ajeno a las necesidades de
las grandes clases propietarias urbanas.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 139

mico y se transformaron en efectos particularmente visibles de su caricter


contradictorio y estancado.
Ver la concentraci6n urbana “excesiva” como una de las causas de la
inflaci6n y del deficit del comercio exterior que afectaron cr6nicamente a las
economias nacionales durante la IS, como lo han hecho algunos autores, es
confundir el blanco hacia el cual debe dirigirse la critica. Si bien Santiago fue
el escenario fisico de la IS y como tal influy6 en la asignaci6n de 10s recursos
del Estado, fueron las contradicciones econbmicas y sociales inherentes al
modelo de IS las que condujeron a tales distorsiones. Se ha dicho antes que la
concentraci6n de poblaci6n y actividades econ6micas fue acelerada por la
IS, per0 no fue la gran ciudad la causa de la “presi6n excesiva” de 10s sectores
medios y populares por infraestructura social. Ni Bsta fue en desmedro de
las inversiones en infraestructura econ6mica. Hay que buscar la causa mis
bien en la correlaci6n de fuerzas que condicion6 el conjunto del proceso de
IS y dentro de la cual hub0 de moverse el chpital industrial en la utilizaci6n
del Estado para asegurar tasas de ganancia que su debilidad econ6mica no le
permiti6 alcanzar por s i mismo. Si bien la presi6n de 10s grupos medios y
populares urbanos sobre el Estado por infraestructura social existi6, lo
importante es que las inversiones para responder a esas demandas permiti6 al
capital industrial descargar sobre el conjunto de la sociedad una parte impor-
tante del costo de la reproducci6n de la mano de obra. Por otra parte, las in-
versiones del Estado en infraestructura econ6mica sobrepasaron, en el cas0
chileno, las inversiones en infraestructura social y si bien generaron empleo,
ellas fueron sobre todo una via mis de apropiacibn de recursos pcblicos por
parte del capital industrial.
La creciente participacibn en inversiones econ6micas del Estado debiera
satisfacer la critica a la “gran ciudad” antes sefialada, ya que ademis de tratar-
se de inversi6n directamente productora, su localizaci6n fue marcadamente
regional o descentralizada.
Sin embargo, como veremos mis adelante, su efecto espacial fue el de esti-
mular la concentraci6n urbana en Santiago. En suma, la concentraci6n urbana
y el lento ritmo del crecimiento econ6mico de la IS con sus rasgos inflaciona-
rios y deficitarios son hechos concomitantes que no indican relaci6n de causa-
lidad.

2. El Estado en la relacion con el sector mercado extern0

El Estado cumpli6 tambien un papel regulador en las relaciones del capita-


lismo interno con la gran mineria del cobre, esto es, entre el SMI y el SME.
Entre ambos sectores, se daba un tip0 de relacibn determinada por 10s requeri-
mientos internos de importaciones de materias primas, maquinarias y equi-
pos y, crecientemente, alimentos. En la medida que la expansih del sec-
tor industrial iba acompaiiada de una incapacidad interna para ampliar y
diversificar el SE, del estancamiento de la producci6n agricola y, como
140 GUILLERMO GEISSE

consecuencia de todo ello, del crecimiento de la deuda externa, la relaci6n


entre ambos sectores adquiria caracteres contradictorios y, en esta medida, el
Estado se veia obligado a tomar en sus manos el conjunto de 10s instrumentos
que replan el flujo y destino de las divisas. No obstante, la regulaci6n estatal
de la tasa de cambio, controles cambiarios, aranceles y restricciones adminis-
trativas, tratamiento a la inversi6n extranjera, endeudamiento publico en
divisas, etc., no impidi6 qu-, la economia viviera permanentes problemas de
balanza de pagos en sistematica profundizacibn.
Los problemas de aprovisionamiento de divisas y el estancamiento de la
acumulaci6n interna llev6 al Estado a disefiar una politica de apertura al
capital extranjero a fines de la decada del 50 y comienzos del 60. El10 fue asi
tanto en lo que se refiere a inversiones privadas directas extranjeras como a
10s creditos externos que utilizaba el Estado para incrementar la inversibn
de capital. Se concedieron franquicias a la internacibn de capitales extranje-
ros l5 y el Estado desarroll6 una activa labor de endeudamiento con agencias
privadas y publicas internacionales de desarrollo. Creci6 asi la inversi6n
extranjera y la deuda externa. Se estima que en 1970 Bsta alcanzaba a m6s de
3 .OOO millones de d6lares.
El efecto net0 sobre la disponibilidad de divisas no fue apreciable en la
medida que aument6 sustantivamente el servicio de la deuda. Este rengl6n
comenz6 a pesar crecientemente sobre la balanza de pagos y retroalimen-
t6 agudamente sobre la necesidad de ampliar el aprovisionamiento de divisas.
La deuda externa agigantada pas6 a ser un factor estructural y sintoma
evidente de las irracionalidades de la estructura economica. Esto provoc6,
de un lado, un aumento del domini0 del capital extranjero en la economia y
no s610 ya en el SME sino que tambibn en el SMI. De otro lado, se produjo el
flujo al exterior de una parte sustantiva de 10s excedentes producidos interna-
mente. Esto signific6, como veremos, una demacionalizaci6n de la estructura
econ6mica interna.

3 . El Estado en la relacion economica campo-ciudad

El Estado jug6 un rol fundamental en la replaci6n de las relaciones entre


el sistema urbano industrial con el capitalism0 retrasado del campo. Uno de
10s aspectos mas importantes de estas relaciones fue la fijaci6n de 10s precios
de 10s alimentos, factor fundamental en la determinacibn de 10s salarios
urbanos. Dada una determinada capacidad reivindicativa de 10s trabajadores,
el precio de 10s alimentos es la via por medio de la cual se producen las princi-
pales distribuciones de excedente entre ambos sectores.
En Chile, la industrializacibn produjo una reducci6n relativa de 10s precios

15 Como el Estatuto del Inversionista, el DFL 258, el decreto No. 1272, Arts. 14,
15 y 16, etc.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 141

agricolas. Esto permiti6 traspasar excedpntes de la agricultura a la ciudad


industrial. Las fuerzas industrializadoras carecieron de la autonomia y el
poder necesarios para reestructurar las relaciones de propiedad en el campo y
adecuar la agricultura a la nueva situaci6n. Esto habria supuesto producir una
profunda distribuci6n de las tierras latifundiarias de modo de elevar la utiliza-
ci6n de la tiena cultivable. Asimismo, implicaba estructurar formas de pro-
piedad mis competitivas, con un us0 mis intensivo de la tierra y con una
acumulaci6n mds sustantiva del excedente.
La persistencia del latifundio y 10s precios agricolas relativamente depri-
midos, crearon una situaci6n tal que obligaron a utilizar al Estado en la regu-
laci6n de las relaciones entre ambos sectores. La reduccibn del precio de 10s
alimentos fue, sin duda, un duro golpe para la renta de la tierra y las condicio-
nes de acumulaci6n y de vida de 10s terratenientes. Ello introdujo permanen-
tes contradicciones entre la fracci6n urbano industrial de la burguesia y 10s
terratenientes. El Estado, sin embargo, evit6 que Cstas se hicieran irreconcili-
ables y compens6 a estos bltimos, aunque fuera en lo que respecta a la
manutenci6n de sus condiciones de vida.
Se mantuvo, en primer lugar, una sistemitica represi6n a la organizaci6n
politica y sindical o de cualquier tip0 de organizaci6n representativa o reivin-
dicativa aut6noma del trabajador agrario. Comparativamente al peso y auto-
nomia que fueron adquiriendo 10s trabajadores urbanos industriales, 10s traba-
jadores rurales se sumieron en una profunda dependencia de 10s latifundistas.
De esta forma, recayeron sobre el campesinado las nuevas condicionesadversas
de precios a trav6s de 10s salarios.
En segundo lugar, se cornpenso econ6micamente a la agricultura mediante
exenciones tributarias, fletes estatales subsidiados y crCditos especiales. Estas
compensaciones, sin embargo, no bastaron para mantener a la agricultura
como una actividad altamente rentable. La acumulaci6n y la inversidn en la
agricultura disminuyeron sustantivamente y la producci6n agricola se estanc6
casi en terminos absolutos desde 1940 en adelante.
Por otra parte, 10s pequefios propietarios y minifundistas, estrechados en
tierras limitadas, quedaron al margen de 10s arreglos institucionales, eficaz-
mente monopolizados por 10s terratenientes, y rpcibieron todo el peso de las
nuevas condiciones de precios. Se produjeron asi extremas condiciones de
miseria entre 10s trabajadores agricolas y 10s pequefios propietarios y minifun-
distas. Este grupo de poblaci6n se mantuvo 2si pricticamente al margen del
mercado, estructuralmente estrecho, de la industria interna. La necesidad de
incorporar a estas capas a1 mercado interno se hizo cada vez mis perceptible
a medida que la industrializaci6n se profunaiz6 hacia actividades que reque-
rian una mayor escala de operaci6n.
Por otra parte, la rigidez de la oferta agricola fuC obligando a utilizar
cuotas crecientes de divisas para la importaei6n de alimentos, muchas veces
subsidiada por el Estado, para la poblaci6n crecienternente urbanizada. Ya en
142 GUILLERMO GEISSE

10s comienzos de la dBcada de 1960 esto contribuy6 a agravar 10s problemas


de balanza de pagos.

4. El rol econbmico del Estado en la lucha social y politica

Sobre el Estado recayeron tambih un conjunto de reivindicaciones y


presiones de 10s trabajadores organizados y que la debilidad del sistema
econ6mico interno impedia resolver por 10s puros mecanismos del mercado.
No se trata solamente de la cuesti6n del salario, sin0 de servicios bisicos de
salud, vivienda, educacibn, etc. Se buscaba asi reducir el costo de la mano de
obra que, dada la fuerza de 10s trabajadores urbanos, no iba a resultar parti-
cularmente bajo, descargando una parte no despreciable de Csta sobre el
Estado.
El peso politico creciente de 10s sectores trabajadores, asi como la cuesti6n
de la cantidad de recursos que debian destinarse a ellos, fue un ire, de preo-
cupaci6n permanente de 10s grandes sectores propietarios. No les era posible,
sin embargo, resolver ese problema a travCs de mecanismos institucionales
arbitrarios. Justamente el peso politico de 10s sectores populares y su entroni-
zaci6n en el tip0 de Estado que se habia desarrollado, impedia una salida de
ese cargcter. De este modo, el Estado acentuaba su carlcter de expresi6n de
un arreglo de poder complejo y contradictorio.
A1 mismo tiempo, un Estado con un conjunto tan amplio de roles econ6-
micos se transformaba en un instrumento necesario para la expansi6n y
desarrollo de cualquier inter& economico especifico. El control sobre la
maquinaria econ6mica estatal se transforma en una necesidad para 10s grupos
econ6micos existentes y consolidados, asi como para las nuevas fracciones
emergentes de la burguesia. Acceder a una parte de 10s recursos de poder en el
Estado, se transforma en una necesidad para 10s intereses burgueses en desa-
rrollo, abriendo por tanto, un terreno de disputa politica entre Cstos y 10s
viejos monopolios. El Estado se transforma, por lo tanto, en un campo
necesario de negociaci6n y compatibilizaci6n de intereses entre las diversas
fracciones propietarias.
Estas constataciones demuestran que el Estado y el crecimiento agigantado
de su intervencionismo econ6mico son un resultado de la crisis en que cae la
estructura econ6mica interna. El Estado pasa a ser parte indisoluble de la
matriz estructural del ordenamiento econ6mico y su peso creciente refleja el
estancamiento y las contradicciones de Cste.
En este sentido, visto el Estado en su inserci6n hist6rica y concreta, en las
determinaciones sociales y politicas del desarrollo, no es posible concebirlo
simplemente como un instrumento capaz de implementar, tecnocrlticamente,
cualquier politica. Las restricciones estructurales y de clase a que esti someti-
do, como expresi6n concreta de un arreglo de poder determinado, impide
visualizarlo de ese modo. En este sentido, seiialar que la “sobreconcentraci6n”
urbana, la pobreza rural, la marginalidad urbana y otros “males”, son efectos
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 143

de politicas p6blicas “equivocadas”, supone pretender que la pura racionali-


dad 16gica de politicas altemativas bastarb para su aplicaci6n por la tecnocra-
cia estatal. Se cae asi en la ingenuidad de prescindir de las bases sociales
determinantes y tipificadoras del poder estatal.
En suma, el Estado tuvo un rol econ6mico diversificado y de gran impor-
tancia en el desarrollo del modelo de IS. En la medida que la implementacibn
de Cste fue un factor principal de la concentraci6n urbana en las dtimas
cuatro dCcadas, el Estado tambiCn lo fue. La importancia que 10s factores
politicos han tenido en el desencadenamiento y consolidaci6n del impulso
industrializador, la han tenido tambiCn, por esta via, sobre la concentraci6n
urbana. Sin embargo, ha podido apreciarse que, mis all6 de este tip0 de inci-
dencia, la misma importancia econ6mica del Estado como agente dinimico
de la industrializac%n, lo constituy6 en albergue politico de diversos intereses
y presiones, cuya nueva activaci6n actuaba en favor de esta concentracibn.
La ubicaci6n pivotal dcl Estado para el desarrollo de diversos intereses, favo-
recia desde el punto de vista puramente politico, la concentraci6n espacial
de la lucha social y politica. Y .est0 se expresaba en politicas piiblicas que
no hacian sin0 reproducir las tendencias concentradoras.

Problemas y crisis en el desarrollo de la industrializacibn


substitutiva

1. Las limitaciones inherentes en la industrializacibn chilena

Diversos factores que operaron como rasgos constitutivos del modelo IS


en Chile, contribuyeron, con su persistencia, a encaminar el desarrollo de la
industria y del conjunto de la economia a una situaci6n de estancamiento
hacia fines de la dCcada del 60.
Un factor de gran importancia fue el alejamiento de 10s agentesecon6micos
dinimicos de la IS respecto de las principales actividades de exportaci6n. La
cesi6n de la explotaci6n de 10s recursos mineros al capital norteamericano,
enajen6 al capital nacional de la posibilidad de elevar su concentraci6n y
nivel de desarrollo, perdiendo la oportunidad deFompetir a nivel intemacio-
nal, y subordinindose s610 a las posibilidades que ofrecia el mercado interno.
De este modo, el capital nacional qued6 al margen de la principal fuente de
acumulaci6n de capital. Esta es una de las causas de la debilidad del capital
nacional, que ademis debi6 compartir el estrecho mercado interno con el
Estado y el capital industrial intemacional.
El capital industrial interno cont6, por tanto, con el estrecho mercado
interno como el iinico espacio para su desarrollo. Esto pus0 una limitante
estructural a la ampliaci6n de la escala industrial, a la elevaci6n de la produc-
tividad del trabajo y a la acumulacion del capital. La estrechez del mercado
144 GUILLERMO GEISSE

interno se agrav6 con el caricter regresivo en la distribuci6n del ingreso, que


limitaba aun mds el nivel de la demanda interna.
La distribucidn regresiva del ingreso nacional, mis all6 de lo “normal”
en una sociedad capitalista desarrollada, obedecia esencialmente a dos facto-
res econ6micos. De un lado, al profundo retraso de las relaciones sociales de
producci6n agrarias, que posibilitaban la persistencia de un voluminoso sector
ajeno al mercado industrial. De otro, a la persistencia y desarrollo de una
capa muy amplia, en tBrminos de empleo, de industria y artesanado retrasado,
servicios y comercio pequefios, donde se producian niveles de renta personal
muy reducidos (Raczynski; 1979). Ambos factores se vincularon al modo co-
mo se desarroll6 la industrializaci6n nacional.
Estos factores apuntan a explicar el bajo nivel del excedente producido o
la parte de Bste que efectivamente se acumul6, que fue muy reducida. Se han
dado estimaciones de entre un 25%y un 30%del total (Aranda y Martinez;
1970). La causa principal de este hecho se vincula a1 caricter monop6lico del
capital industrial y de 10s arreglos institucionales que Cste consigui6 en el
Estado para su desarrollo. Este es el segundo factor que vamos a destacar.
El desarrollo del capitalismo mundial, bajo condiciones de una creciente
concentracibn, no redujo la competencia intercapitalista sin0 que, por el
contrario, la elevb en intensidad. En Chile, en cambio, el desarrollo del mono-
polio se dio en medio de un conjunto de arreglos institucionales que Cste
consigui6 para su protecci6n y defensa. El desarrollo monop6lico del capital
industrial limit6 en consecuencia la intensidad de la competencia intercapita-
lista. Esto implic6 que el capital monop6lico pudiera prescindir de la innova-
ci6n permanente y de la consiguiente inversih, sin que este hecho amenaza-
ra su posici6n monop6lica. Se cre6 asi la tendencia a mantener deprimida la
productividad del trabajo industrial (MuAoZ; 1968), a frenar la acumulaci6n
y a no extender el radio de la gran empresa moderna a todo el espacio de
fuerza de trabajo y mercado disponible o potencial. Importantes sectores se
mantuvieron dentro de relaciones de producci6n retrasadas en el campo y la
ciudad, principalmente en la agricultura y 10s servicios.16
Como se ha visto m6s arriba, la industria chilena desarrollb desde temprano
una fuerte concentraci6n y centralizacibn del capital.
Las industrias mds rentables basan la productividad del trabajo en el hecho
de tener una alta dotaci6n de capital por persona ocupada y, por lo tanto, su
eficiencia es mixima si operan en gran escala. En todas las ramas donde la
gran escala de operacibn representa una ventaja, se crean las condiciones para
el desarrollo del monopolio. Esta es una tendencia general del capitalismo
industrial. En el cas0 chileno, la expansi6n de las industrias de materias pri-
mas bbicas despuBs de 1950 y las de bienes de consumo durables en la dCcada

16 Estos sectores de menor rentabilidad, fueron 6tiles para el monopolio en su nece-


sidad de negociar en el Estado las condiciones de protecci6n y de precios
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 145

del 60 fue acompailada de una elevaci6n del grado de monopolio. A fines de


10s afios 60, el caricter oligop6lico pas6 a ser uno de sus rasgos mis sobresa-
lientes. M i s all6 de 10s datos que se han entregado antes, el grado de mono-
polizaci6n fue mis alto si se considera la existencia de un reducido nljmero de
grupos econ6micos, que constituian una verdadera oligarquia industrial
financiera, concentrando una elevada proporci6n del capital industrial inter-
no.
El monopolio industrial consigui6 arreglos institucionales determinados
en favor de su protecci6n y defensa. Uno de 10s niis importantes fue la
politica de dinero ficil que se materializ6, entre otros instrumentos, a travCs
de la manutenci6n de una tasa de inter& baja, muchas veces negativa en t6rmi-
nos reales, por disposici6n legal. Esto fue decisivo para impedir el desarrollo
de un capital bancario aut6nomo y transform6 a la propiedad sobre 10s ban-
cos en un objetivo de principal inter& para 10s grupos industriales. Es asi
como todos estos poseian entre su patrimonio uno o dos bancos. En tales
condiciones, se monopoliz6 tambiCn el crBdito y el capital dinero.
Un tercer factor fue la incapacidad de la agricultura para abastecer el
mercado interno, cuesti6n que se vinculaba a las formas de organizaci6n social
y productiva en ese sector y a 10s efectos de la desfavorable relaci6n de
precios que le impuso el sector industrial. El resultado fue el esfuerzo que
debi6 hacerse en la importaci6n de alimentos, con 10s problemas que acarrea-
ba para el financiamiento fiscal y la balanza de pagos.
El peso del desarrollo reivindicativo del sector de trabajadores urbanos fue
una limitante en la capacidad privada de acumulaci6n industrial. Est0 se mani-
fest6 en que la cuesti6n del nivel del salario industrial, vinculado a1 de 10s
psecios agricolas, fuera un aspect0 permanentemente problemitico para el
capital industrial. Este pudo, no obstante, a partir de su predominio sobre 10s
intereses agrarios, imponer un cambio sustancial en la relacion de precios
agrario industriales en favor de 10s segundos. Se produjo asi un drenaje de
recursos de la agricultura a la industria y una caida de la tasa de ganancia en
la agricultura y de la renta de la tierra, que fue*a engrosar las ganancias
industriales.
La agricultura comenz6 a desenvolverse de este modo en un marco de
precios desfavorables. Paralelamente, sin embargo, el mercado intemo para 10s
alimentos crecia sustancialmente como efecto de la urbanizacih. La posibi-
lidad de responder eficazmente a estas nuevas cpndiciones dependia esencial-
mente de la capacidad para elevar la productividad del trabajo agrario y
aumentar el us0 de la tierra disponible. Ambas posibilidades estaban cerradas
por la persistencia de la estructura latifundio-minifundio como rasgo esencial
del sistema agrario.
El Estado fue usado ampliamente para compensar a la agricultura por
medios institucionales como crkditos especiales subsidiados, importaciitn de
maquinaria agricola liberada, exenciones tributarias, etc. Estos arreglos
institucionales fueron eficazmente utilizados por 10s latifundistas. Los peque-
146 GUILLERMO GEISSE

iios propietarios y minifundistas permanecieron ajenos a ellos. Un factor


adicional y decisivo fue la represi6n sistemhtica a la organizaci6n sindical y
politica de 10s trabajadores agricolas. En estas condiciones a pesar de la
situaci6n adversa de precios, 10s latifundistas pudieron mantener sus niveles
de vida y traspasar a 10s trabajadores, a1 pequefio propietario y a1 minifundis-
ta, el peso principal de las exacciones de capital que realizaba la industria al
sector agrario.
Esto no fue suficiente, sin embargo, para transformar a la agricultura en
un sector atractivo para las inversiones de capital. En tales condiciones, la
producci6n agricola se estanc6 de modo casi absoluto, y el mercado interno
de alimentos debi6 ser cubierto crecientemente por importaciones.
Los efectos contradictorios de esta soluci6n del problema agrario fueron
esencialmente dos: por una parte, urgentes cuotas de divisas, necesarias para
la adquisici6n de equipos y materias primas para la industria, debieron ser
distraidas en la importaci6n de alimentos.” Por otra, se produjo un profun-
do retraso econ6mico de las masas campesinas, con lo cual se las rest6 casi
por completo del mercado nacional para la industria.
La conjunci6n de todos 10s elementos anteriores permiti6, en thrminos
generales, que el crecimiento econ6mico y la acumulaci6n privada de capital
entraran en una fase de profundo estancamiento en la dkcada de 1950. En
ese periodo, se traspas6 a1 Estado una cuota aGn mayor de responsabilida-
des en la regulacibn del funcionamiento econbmico y la responsabilidad prin-
cipal en la inversi6n interna (Aranda y Martinez; 1970). Per0 el Estado no estaba
en condiciones de asumir estas cargas adicionales. El desfinanciamiento
p6blico se hacia cr6nico y una explosiva deuda externa pesaba crecientemen-
te sobre la balanza de pagos, a medida que cuotas significativas del excedente
econbmico generado internamente debia fluir al exterior bajo la forma de
servicio de deudas.
En suma, la presencia dominante del gran capital internacional en la gran
mineria de exportaci6n, el caricter monop6lico de la industria interna y la
persistencia del latifundio, aparecen como las tres causas que estin a la base
del magro desarrollo de las fuerzas productivas en Chile, en el context0 de la
IS desarrollada despuCs del agotamiento del orden comercial exportador.
Estos factores generaron condiciones de estrangulamiento econ6mic0, que
arrastraron a1 acrecentamiento de la injerencia estatal que, en la medida de las
crisis de financiamiento, balanza de pagos e inflacihn, no pudo sin0 resultar
en un factor agravante y reproductor de las condiciones del estancamiento.
La revisi6n muy somera que se ha hecho de las limitaciones y estrangula-
miento final del modelo de industrializaci6n desarrollado en Chile, no dan
base suficiente a 10s argumentos contra el “estatismo” y su ineficiencia,
contra las restricciones al libre mercado, contra el proteccionismo, etc., que a

1 7 A fines de la dCcada de 1960, un tercio de las importaciones correspondia a prw


ductos agropecuarios
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 147

veces se esgrimen como las causas del estancamiento econ6mico de las dCca-
das precedentes. Por el contrario, vistas las cosas mis a fondo, el conjunto de
factores limitantes de la expansi6n de las fuerzas productivas nacionales,
parece estar vinculado a un elemento que puede sintetizar todos 10s demb:
la debilidad de la burguesia nacional. Fue este rasgo principal el que permiti6
su marginacibn de Areas claves de acumulaci6n, la instrumentaci6n del Estado
para sus particulares intereses sectoriales, y con esto, su restricci6n a un
mercado estrecho cargando 10s costos del proceso a otros sectores, sin enfren-
tar de un modo integral 10s problemas que se acumulaban.
Por cierto, la constataci6n de esta incapacidad burguesa nacional como
factor del estancamiento, no lleva implicita una suerte de visi6n psico-social
sobre la Clite empresarial chilena. Sin desconocer el rol que factores de este
tip0 puedan jugar, lo cierto es que parece mis ajustado a la realidad vincular
esa debilidad a 10s elementos hist6rico-estructurales de la emergencia del
capitalism0 comercial e industrial chileno. Es desde este punto de vista que
puede enfocarse la p6rdida de dinamismo de la industrializacihn chilena,
como el resultado de las condiciones en que se desarroll6 en Chile el capitalis-
mo industrial. Fueron las formas sociales del ordenamiento econ6mico en que
tuvo lugar el desarrollo industrial las que se demostraron incapaces de resolver
10s problemas y contradicciones que este mismo fue arrojando.

2. Los problemas del marc0 politico de la industnalizacwn substitutiva

El Estado que emergi6 en la dCcada de 1930 como factor principal en el


impulso y posterior desarrollo de la IS, fue desde el principio un Estado con-
tradictorio. Alberg6 simultineamente, desde su constituci6n como Estado
democritico, post-oligirquico, a fuerzas sociales con intereses contrapuestos.
Como hemos visto, no fue nitida y exclusivamente el Estado de la fracci6n
industrial, puesto que 6sta no existia entonces como fracci6n diferenciada,
ni fue tampoco un Estado puramente burguds, puesto que contenia en 61 y
daba expresibn a fuerzas distintas.
La movilizaci6n socio-politica en que se fund6 el Estado democritico que
impuls6 la industrializaci6n desde la dCcada de 1930, no impidi6 la persisten-
cia de dos factores que se demostraron como obsticulos a1 desarrollo. Uno fue
la propiedad extranjera de 10s principales recursos de exportacibn, y otro
fue la manutenci6n de la estructura agraria y el latifundio.
El capital industrial, originado en la inversi6n de las viejas clases comerciales
y agrarias, permiti6 la formaci6n de una clase diferenciadade empresariosindus-
triales s6lo a partir de la fuerte acci6n promotora del Estado. Sin embargo, este
capital industrial nacional fue d6bil desde sus origenes, coexisti6 con el latifun-
dio y el gran capital extranjero que, incluso, invadi6 su ire, de operaci6n en el
mercado interno. El origen del capital industrial, la instrumentacih estatal y
la participaci6n extranjera en el le dio al principio un marcado caricter mono-
148 GUILLERMO GEISSE

p6lico. De este modo, la sociedad industrial chilena se caracterizaba, desde


este punto de vista, por el monopolio industrial-financiero, el latifundio, y el
predominio del capital extranjero sobre la mineria, principal sector de acumu-
laci6n.
El Estado, a la vez que favorecia a la industria, compensaba a la agricultura
y abria 10s recursos minerales al capital extranjero. Esta era su funci6n
politica en la economia, y daba cuenta de la conformaci6n heterogknea del
bloque dominante. Prevaleciendo en kste el sector industrial, la oligarquia
agraria pudo abrirse paso asegurando su continuidad y el traspaso de 10s efec-
tos desfavorables de su relaci6n con la industria, al proletariado agricola. En
este sentido, junto a1 predominio industrial, el Estado salvaguardaba 10s
intereses agrarios y del capital extranjero.
Por otra parte, el Estado estuvo abierto tambikn a 10s sectores populares,
en la medida que fueron factor fundamental en la generaci6n de sus nuevos
rasgos democriticos.
Los sectores populares experimentaron un notable desarrollo en su organi-
zacibn social y politica en la dkcada de 1930. AI partido comunista se sum6
en 1932 la creaci6n del partido socialista como amplio partido de masas y la
presi6n progresista que 10s grupos medios ejercian sobre el partido radical.
De igual manera se desarrollaba la organizaci6n gremial y sindical de 10s
trabajadores.
Este desarrollo se expres6 en una intensa actividad politica y reivindicati-
va, que permiti6 una importante expresi6n parlamentaria de estos sectores, su
participaci6n en el forjamiento del Frente Popular que alcanzb el gobierno en
1938 y en otros gobiernos posteriores y una amplia presencia entre las organi-
zaciones intermedias de la sociedad.
El peso social de 10s sectores populares oblig6 a las fracciones sociales
dominantes a ejercer una direccibn politica compartida sobre la sociedad,
como se expresb en amplias coaliciones politicas que les abrian espacio y
participaci6n. Estos arreglos politicos se centraban en torno a dos objetivos
principales: uno era el fuerte apoyo a1 desarrollo industrial y otro era la
acogida a las demandas reivindicativas econ6micas y sociales de las masas
urbanas. De estos arreglos eran excluidas las masas campesinas, que no par-
ticipaban de 10s crecientes beneficios sociales y econ6micos a que accedian
10s trabajadores urbanos. El Estado fue el espacio en el que se desarrollaron
estos arreglos politicos, que implicaron de su parte una creciente injerencia
en la vida econ6mica y social.
Esta configuraci6n socio-politica en que se desarroll6 la IS fue generando
crecientes tensiones sociales. La participacibn social y politica y las demandas
econ6micas de 10s sectores medios y populares, se enfrentaban a una estruc-
tura econ6mica incapaz de satisfacerlas. Estas demandas contribuian, ademb,
a limitar el margen de acumulaci6n privada. Los factores de estancamiento
que vimos en el punto anterior, hacian sentir todo su peso, como efectos en la
distribucion del ingreso y en la generaci6n de pobreza urbana y rural, intro-
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 149

duciendo factores regresivos sobre la movilizaci6n social en que se basaba la


marcha misma del modelo. Se sentaban asi las bases para la gestation de una
profunda crisis orginica de la sociedad chilena y del Estado democritico que
abrigaba 10s arreglos poli'ticos sefialados.
Tras 10s indicadores de conflict0 y tensi6n social se ocultaban, de una par-
te, 10s intereses monop6licos, latifundistas y del capital extranjero por ensan-
char el margen de ganancias, y de otra, 10s intereses populares por extender la
participacibn democritica. Ni la estructura econ6mica ni 10s arreglos politicos
experimentados parecian ya satisfacer ambos tipos de intereses en pugna.
El movimiento popular adoleci6 de varias debilidades que le impidieron
orientar su acci6n de un modo mis resuelto hacia la democratizaci6n social y
econ6mica y apuntar efectivamente a las trabas al desarrollo. Entre estas
debilidades fueron importantes el anilisis insuficiente de la sociedad chilena,
su caricter y las principales contradicciones para su desarrollo, que le hubiera
permitido mayor claridad, coherencia y contenido en el desarrollo de sus
alianzas. A1 mismo tiempo, adoleci6 de una visi6n global de las transforma-
ciones con sentido democritico en el plano politicoestatal.
El movimiento popular apoy6 el desarrollo de la industria nacional e
impuls6 las demandas econ6micas y sociales de 10s sectores urbanos que ese
desarrollo permitia. Sin embargo, no comprendi6 suficientemente 10s obsti-
culos que impedian el desarrollo ulterior del proyecto industrial iniciado en
10s aiios 30. De este modo, qued6 circunscrito a la lucha reivindicativa de 10s
sectores urbanos con que el estancamiento econ6mico crecientemente se
encontraba. No pudo articular una politica que apuntara contra el monopolio
y la oligarquia agraria, ni extender una reivindicacibn politica democritica
que incluyera desde temprano la participaci6n campesina y abriera el conjun-
to de instituciones estatales a1 tejido social democri4tico. En este sentido, las
debilidades de que adoleci6 el movimiento popular fueron factor fundamental
de la precariedad democritica y nacional del Estado en el modelo de IS.
Las fracciones propietarias percibieron con mayor agudeza 10s factores
de la crisis orginica e intentaron, sin Bxito, diversos ,proyectos politicos
encaminados a su resoluci6n. A fines de la d6cada de 1950, enfrentaron de
conjunto una politica de estabilizaci6n basada en el freno de la reivindica-
ci6n popular. El peso de Bsta fue, sin embargo, suficiente para determinar
su fracaso.
A mediados de la dkcada de 1960, el gobierno democratacristiano y 10s
sectores industriales desarrollados en la ~ l t i m afase de la IS en torno a bienes
de consumo durables,18 lograron un amplio apoyo popular para un progra-
ma de transformaciones. Estas se orientaban bisicamente a1 establecimiento de
una vinculacibn mis favorable con el capital internacional en el cobre, a1
desarrollo de la RA, la inclusi6n econ6mica y social del campesinado y

18 Con mayor proporci6n relativa del capital fijo y por tanto, interesados en anipliar
la escala de producci6n y consecuentemente el mercado.
150 GUILLERMO GEISSE

marginales urbanos, y la ampliaci6n del mercado industrial por la via del


acuerdo subregioaal andino. Dicha estrategia ha sido impugnada por la derecha
y por la izquierda. Desde la primera posicibn, por haber elevadolas expectativas
de 10s sectores populares a niveles que no eran posibles de satisfacer dentro
del orden establecido. Desde la segunda posici6n, la estrategia fue impugnada
por no haber ido suficientemente lejos en la transformacih de dicho orden.
Las circunstancias politicas al final del periodo dem6crata-cristiano, el
afio 1970, hicieron posible el triunfo de la Unidad Popular con un programa
de profundas transformaciones econ6micas sociales. Si bien el gobierno de
la U. P. dur6 s610 tres afios, qued6 de manifiesto que la redistribuci6n de 10s
ingresos y del poder politico no implica necesariamenteredistribuci6n espacial
de actividades econ6micas y de la poblaci6n.

Industrializacidn substitutiva y concentracibn en 10s


alios 1970-1973
El periodo que ocup6 el gobierno de la Unidad Popular fue demasiado
breve como para extraer conclusiones significativas acerca de 10s efectos
reales o eventuales de su politica sobre las tendencias espaciales. No obstante,
en la medida que se propuso desarrollar profundas transformaciones en las
estructuras social, econ6mica y politica del pais, conviene brevemente ver de
quC modo ellas operarian sobre el modelo industrial en curso y las tendencias
hist6ricas de concentraci6n urbana.
En este periodo se intent6 una transformaci6n radical de la economia,
orientada a resolver 10s problemas y crisis que enfrentaba la IS, per0 sin des-
viarse de sus rasgos esenciales. Se muestra que 10s distintos aspectos de la
politica propuesta continuaban y, probablemente, reforzaban las tendencias
precedentes de concentraci6n espacial.
Sin diferenciarse bisican 2 ite de las politicas anteriores, la del gobierno de
la UP proponia tambikn, en .1 campo de la planificaci6n regional, desarrollar
medidas de desconcentraci6n. Seri btil, entonces, referirse brevemente a al-
gunas de las orientaciones esenciales de la planificaci6n en contraposici6n a
10s efectos sobre 10s que intent6 incidir.

1 . La industnalizacion substitutiva y la politica de la Unidad Popular

La politica del periodo se sustentaba en un diagn6stico critico de la


sociedad chilena y su economia, afirmando que su desarrollo hist6rico acen-
tu6 la caracteristica dependiente, monop6lica y excluyente del modelo de
crecimiento que se venia siguiendo. Su naturaleza monop6lica se expresaba en
la concentraci6n extrema de la propiedad y el ingreso en un reducido grupo,
lo que 1. permitia a Cste detentar el poder politico. Sunaturalezaexcluyente se
graficaba en la marginaci6n econbmica y social de una parte importante de la
ECONOMIA Y POLlTICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 151

poblacibn, y en la orientaci6n de todo el aparato econ6mico a satisfacer las


preferencias de 10s grupos de mis altos ingresos.
El aspect0 esencial de la politica de la UP era la concrecih de 10s cambios
en la estructura de la propiedad, dirigida a suprimir el poder monopblico,
financier0 y terrateniente y a disminuir el control ejercido por el capital
extranjero. Se apuntaba asi a la constitucibn de una fuerte ire, de propiedad
social y mixta, a partir de la cual se pretendia impulsar un vuelco en la parte
mis importante de la producci6n hacia la satisfacci6n de las necesidades de la
mayoria. Junto con ello se intentaba transformar las relaciones de produccibn
en esos sectores y controlar esos excedentes desde el sector publico.
Esta politica -1lamada de transici6n puesto que apuntaba finalmente a la
transformaci6n socialista- se complementaba con objetivos de pleno empleo
y de aumentos reales importantes de sueldos y salarios de 10s estratos de
menores ingresos. En esta medida, el principal elemento dinimico de la
economia de transici6n seria el consumo de esa mayoria de la poblacibn,
revirtiendo el dinamismo anterior representado por el consumo de 10s grupos
de altos ingresos y la demanda externa.
La viabilidad de la activaci6n econ6mica que generaria la estimulacibn
de la demanda y la reorientacibn de la oferta, se basaba en la comprobaci6n de
que pricticamente en todos 10s sectores habia capacidad instdada ociosa o
mal aprovechada. Esto, como consecuencia, en unos casos, de pricticas
monop6licas restrictivas de la produccibn y, en otros, de la insuficiencia de la
demanda real por parte de 10s grupos mayoritarios, como resultado de la des-
igual distribucibn del ingreso.
La proyeccibn de ma's largo plazo que permitiera mantener 10s objetivos
de dinamismo de la demanda y del crecimiento requeria conjugar la politica de
redistribucibn con el proceso de ahorro e inversih. Este contaba con 10s
excedentes que generaria el irea de propiedad social (APS) y la nacionaliza-
ci6n de la gran mineria, junto a lo que podia esperarse de la totalidad de la
capacidad instalada. La perspectiva de largo plazo preveia aumentos sustancia-
les de la productividad media de la economia y la ampliaci6n y diversificaci6n
del comercio exterior en rubros en que hubiera riqu'eza de recursos naturales
o avances relativos ya alcanzados en procesos industriales. Asimismo, se
pensaba en la estructuraci6n de un proceso indutrial completo, que prove-
yera una cuota importante de 10s bienes de capital necesarios y de 10s insumos
mis sofisticados asociados d aumento del ingreso.
Sin embargo, la politica tenia su formulacibn mis acabada en objetivos de
corto y mediano plazo, encaminados al aumento del empleo y la satisfaccidn
minima a 10s requerimientos de niveles de vida superiores para la mayoria de
la poblacidn.
Con este Bnfasis, la estrategia disefiada propendia a introducir ciertos
cambios en la composici6n del crecimiento de la producci6n sectorial. Las
alteraciones en la estructura de la demanda inicidirian en la disminucidn
relativa del crecimiento de 10s sectores de metilkas bisicas, productos quimi-
152 GUILLERMO GEISSE

cos y bienes durables en general, eh favor de un crecimiento proporcional-


mente mayor de 10s artefacios del hogar, 10s alimentos, bebidas, de las indus-
trias textiles, del vestuario, del calzado y de 10s productos procedentes de la
agricultura.
La constituci6n del APS a partir de la expropiaci6n de las principales
actividades monop6licas, para convertirla en el sector dominante y mis
d i n h i c o del proceso de acumulaci6n, era lo que permitiria ir formando una
capacidad instalada efectivamente adecuada a la nueva estructura de la deman-
da y dar un soporte material a las politicas redistributivas. Junto a ella se
contemplaba una importante Area mixta para aquellas industrias y actividades
que, por su volumen minimo de produccibn en raz6n de condiciones tecnol6-
gicas o de mercado, requiriesen del aporte privado. Para las empresas media-
nas o pequeiias se garantizaba la permanencia de su propiedad y un fuerte
apoyo ticnico y crediticio. La politica contemplaba tambiin la estatizacibn
o control pdblico de la banca y las finanzas, con el objeto de apoyar la activi-
dad econ6mica con 10s criterios sociales establecidos.
Desde el punto de vista de las t6cnicas de producci6n, se pretendia la
aplicaci6n de una politica nacional de elecci6n de tecnologias en cada rama,
que propendieron al miximo us0 de mano de obra compatible con determi-
nados niveles de productividad.
La estrategia general aplicada al agro significaba, como uno de sus puntos
fundamentales, desarrollar una RA profunda destinada bisicamente a efectuar
un cambio ripido y sustancial en el sistema de tenencia de la tierra y en las
relaciones de producci6n existentes.
Finalmente, de acuerdo a 10s objetivos generales de la politica del gobier-
no, se contemplaba un incremento significativo de 10s planes de 10s sectores
sociales, principalmente en educacibn, salud pdblica y viviendas.
Sabido es que gran parte de 10s objetivos de corto plazo postulados en la
politica econ6mica del gobierno de la UP alcanzaron a materializarse, particu-
larmente en cuanto a la activaci6n de la economia via ampliacibn y trans-
formacion de la demanda, y la elevaci6n sustancial del empleo y del nivel de
vida de la poblaci6n en varios aspectos. Del mismo modo, alcanz6 a efectuar-
se una ripida transformaci6n en la estructura de propiedad de 10s medios de
producci6n.” En el fin prematuro del gobierno, entre otros muchos factores
de diversa indole, contribuy6 la propia precariedad de la formulaci6n econ6-
mica y de 10s nexos entre 10s planes de corto, mediano y largo plazo. No
cabe aqui la critica a estas deficiencias.
Lo que interesa dejar establecido es que la politica impulsada por la UP, si
bien introducia modificaciones sustanciales en las estructuras econ6micas,
mantenia el curso esencial que caracterizaba el modelo de desarrollo por
19 A1 respecto existe abundante informaci6n y a n h r ConsGltese por ejemplo,
Pi0 Garcia y Carmen G. Olave (1977) y Manuel Antonio Garret6n y Eugenia Hola
(1978). Tambikn las distintas series de publicaciones realizadas por la Oficina Nacional
de Planificaci6n (ODEPLAN).
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 153

sustituci6n de importaciones e inclusive acentuaba muchos de sus aspectos.


El Cnfasis en el dinamismo de la demanda interna ampliada como motor del
crecimiento y en la generaci6n de tecnologias adecuadas a 10s objetivos de
empleo y de reorientacih de la oferta, refuerzan esa opini6n. En la eventuali-
dad de un curso continuado de su politica, esos aspectos habrian persistido,
junto a 10s planes por una estructuracih m6s completa de todo el proceso
industrial a1 interior del pais.
De esta manera, un eventual desarrollo exitoso y continuado de la estrate-
gia politica-econbmica de la UP habria podido enfrentar 10s problemas y
crisis de la IS, per0 manteniendo el modelo de desarrollo basado en el dina-
mismo interno.
Nada hace suponer que 10s efectos directos de 10s aspectos peculiares de la
politica de la UP incidieran sobre las tendencias de concentracibn espacial de
un modo diferente a como lo venian haciendo en 10s periodos anteriores.
Dificil es precisar con exactitud esos efectw por la brevedad del periodo.
Per0 si 10s aspectos esenciales de la politica inicial consistian en la dinamiza-
ci6n de la demanda interna la reorientaci6n funcional a ella de la oferta, y
la puesta en tensi6n de toda la capacidad instalada, sobre la base de una
localizaci6n industrial y poblacional ya dada y concentrada, todo indica que
con gran probabilidad las tendencias concentradoras se habrian mantenido.
Lo notable, sin embargo, es que desde el punto de vista de las politicas
regionales, se volvia a insistir en objetivos desconcentradores y en una identi-
ficaci6n de la concentracibn espacial como expresiva de las desigualdades
estructurales que se pretendia superar.

2. Politicas regionales y concentracibn

El discurso acerca del desarrollo espacial planteado por la W sefialaba


su oposici6n al modelo de economia dependiente que hasta entonces guiaba
el crecimiento econ6mico espacial chileno. Este modelo era expresado en el
drenaje de todo tip0 de recursos desde las regiones hacia la capital, una
centralizaci6n atrofiante y un desaprovechamiento de 10s recursos distribuir
dos por el territorio.
Se planteaba, en consecuencia, una estrategia que permitiera pasar gradual-
mente de un modelo “concentrador” y “excluyente” de la actividad regional
a un modelo “desconcentrador e integrador”. En 10s tCrminos planteados por
Odeplan, se procuraria desconcentrar la actividad econ6mica dentro del
espacio econ6mico nacional y a la vez incluir en el proceso de desarrollo a
toda la poblaci6n nacional, intentando terminar con la existencia de sectores
marginados.
Entre 10s principales objetivos bQsicosplanteados para el desarrollo regio-
nal, se incluia la creaci6n en cada regi6n de fuentes de trabajo productivo
que permitieran aumentar tanto la producci6n como 10s ingresos familiares;
cambios en la estructura regional a travCs de un desarrollo acelerado de la
154 GUILLERMO GEISSE

industria; la transformacibn del sistema de transportes para adecuarlo al


ripido desarrollo de la producci6n regional; y la descentralizaci6n del creci-
miento de la poblacibn, alterando las tendencias migratorias tradicionales,
causantes de un crecimiento urbano que provocaba serias dificultades en
ciudades como Santiago, Valparaiso y Concepci6n. Se afiadian un conjunto
de medidas tendientes a la armonia del desarrollo regional en todos 10s
planos.
Salvo el diagn6stico acerca de las causas originales de 10s desequilibrios
regionales -que la UP tendia a asociar a la naturaleza capitalista dependiente
de la sociedad chilena-, el diagn6stico de la problemitica regional, asi como
el contenido fundamental de las politicas regionales, mantenia continuidad en
este period0 respecto del sexenio inmediatamente anterior (Boisier; 1978).
Ambas se proponian objetivos desconcentradores.
Mis especificamente, se planteaba que la incorporaci6n de nuevas Areas a
la economia nacional, requeria de la incentivaci6n y consolidaci6n de subsis-
temas urbanos de rango medio que apoyarian a “espacios regionales integrados”
rompiendo con la dependencia de la capital.
Otro conjunto de medidas apuntaba a acciones especificas para el desarro-
llo de zonas aisladas, a la explotaci6n del potencial maritimo y a la incorpora-
ci6n al esfuerzo nacional de desarrollo de ciertas zonas del sur descritas como
de gran inestabilidad econ6mico-social.
A mis largo plazo, se planteaba la necesidad de dirigir la inversi6n hacia
la creacion de grandes complejos industriales capaces de transformar las
economias regionales.
En general, se buscaba la incorporaci6n a la economia de todo el territorio
nacional, mediante una adecuada explotaci6n de las riquezas y una distri-
buci6n arm6nica de 10s recursos destinados a1 desarrollo.
La materializacibn efectiva de estas propueatas requeria --se sefialaba- la
descentralizacibn de actividades tanto directamente productivas como de
servicios, las que deberian consolidar el desarrollo de las distintas regiones del
pais, a fin de que pudieran sostener entre si y con las heas mis desarrolladas
(Santiago, Valparaiso y Concepcihn) un intercambio efectivo que reemplazara
la dependencia existente.
Sobre esta base, se planteaban estrategias de desarrollo particulares para
cada zona. Para la zona central (de Aconcagua a Colchagua), se especificaba,
por ejemplo, el objetivo de lograr la desconcentraci6n de las ireas metropoli-
tanas controlando sus procesos de extensibn, con miras a desarrollar el resto
del territorio a expensas del crecimiento de Santiago. Para el ire, intercomu-
nal de Santiago se proponia limitar las inversiones de tip0 productivo a lo
estrictamente necesario para su desarrollo “racional” e incentivar a las indus-
trias para que se localizaran fuera de la zona central. Para la zona central-sur
(de Maule a Cautin), se proponian diversas medidas destinadas a apoyar la
politica de descentralizaci6n metropolitana y a disminuir las migraciones
rural-urbana y urbano-metropolitana.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 155

Una evaluacih acerca de la inconsistencia entre las politicas nacionales


de desarrollo y 10s objetivos regionales perseguidos, asi como la negacih de la
politica formuladas por sus efectos visibles ha sido ya reconocida. Se ha di-
cho, al evaluar las politicas regionales desde 10s 60, que 10s resultados efecti-
vos han distad0 de 10s esperados (Sanhueza, 1976). Las razones pueden encon-
trarse en la falta de atenci6n al peso real de las tendencias concentradoras
que han estado activas en el pais por dCcadas.
En otra parte se ha sefialado tambiCn (Geisse; 1970), que las opciones de
desconcentracih que disefiara Odeplan en el sexenio 1964-1970, perdian
validez para 10s programas que se hicieron vigentes en el period0 1970-1973.
Por ejemplo, la politica de redistribucibn del ingreso y de incremento sustan-
cia1 de la demanda a travCs de la incorporacih masiva al consumo del sector
de mis bajos ingresos, no tenia por qu6 presuponer una redistribucih regio-
nal en favor de las regiones mis pobres.
En primer lugar, porque el kea metropolitana de Santiago concentraba en
tCrminos absolutos la mayor pobreza, por lo que sus demandas cobrarian
preferencias. De este modo, 10s efectos de las politicas gubernamentales de
empleo y vivienda, por ejemplo, continuarian concentrindose alli. En segun-
do lugar, la mayor demanda activaria la capacidad industrial ociosa, cuya
mayor parte se concentraba en la capital. Asimismo, la inversibn industrial se
dirigiria, en su mayor parte, a eliminar 10s cuellos de botella en plantas exis-
tentes, tambiCn concentradas. Y , finalmente, las mejores posibilidades para el
desarrollo agro-industrial se encontraban tambien en las regiones dentro de la
vecindad inmediata a Santiago.
No obstante estas constataciones, las orientaciones “desconcentradoras”
persistian con plena vigencia en las oficinas gubernamentales de planificacih
urbana y regional y mantenian una continuidad esencial que cruzaba poli-
ticas nacionales tan diversas como las efectuadas en la dCcada iniciada en
1964. Se demostraba asi la recalcitrante inercia de las tesis que han predo-
minado en el campo de la planificacih regional y que describikramos al
comienzo de este trabajo.
La tesis de que las tendencias de concentracibn espacial en un pequefio
nfimero de ciudades grandes constituyen un freno al desarrollo econbmico,
viene al cas0 redestacarla aqui. En primer lugar, porque lo que se ha ido
demostrando hasta ahora es que, en el cas0 chileno, ha habido desarrollo
junto a conceritraci6n, generiindose entre ambos elementos una relaci6n
indisoluble, sin que ello signifique que no se trata de un desarrollo con
desequilibrios y desigualdad, lo que es propio del tip0 de desarrollo que se
experiment6. En segundo lugar, porque 10s mismos sostenedores de la tesis
han formulado politicas expresamente orientadas al desarrollo, que han
incidido en forma bastante directa sobre la concentracih, reforzindola. Y ,
en tercer lugar, por esto mismo, esas politicas no han guardado coherencia,
que no sea meramente retbrica, con las politicas regionales orientadas al logro
de la desconcentracih.
156 GUILLERMO GEISSE

Asimismo, la tesis que se basa en la supuesta simetria de 10s desequilibrios


y divisiones sociales con las espaciales, ha presidido de diversas maneras las
politicas regionales descritas. En las medidas propuestas para materializarlas,
el supuesto aparece implicit0 al no precisar de qu6 manera un eventual
mayor equilibrio espacial integrado terminaria, en las diversas unidades, con
las divisiones sociales. Miis explicita apareci6 esta formulaci6n, sin embargo,
en 10s planteamientos que tendian a explicar 10s desequilibrios espaciales en
el pais a partir de la naturaleza de la inserci6n capitalista dependiente de la
sociedad chilena en el sistema internacional.
En 10s capitulos que siguen, se perfdari mejor la improcedencia de las
ideas predominantes en el campo de la planificaci6n regional, en relaci6n a1
curso hist6rico efectivo del nexo entre desarrollo y concentracion en el cas0
chileno.
V. Efectos directos de la industrializacih
substitutiva en la concentracih urbana
y en la relaci6n campo-ciudad

Introduccih
En primer t6rmino, se demuestra que la movilizaci6n masiva de fuerza de
trabajo desde el campo a la ciudad de Santiago durante el period0 de IS, lejos
de ser causa de estancamiento econ6mico, contribuy6 a elevar la productivi-
dad general de la economia nacional. El traslado de fuerza de trabajo agricola
de muy baja productividad a actividades urbanas de lento crecimiento y por
periodos estancada, per0 de mayor productividad, fue un factor importante
del aumento del ingreso nacional. No se desestima la gravedad de 10s proble-
mas de desocupaci6n y diferenciacih social 21 interior de Santiago, per0 se
sostiene que su origen no es demogrifico. Su raiz esti en el bajo ritmo general
de las fuerzas productivas y dichos problemas urbanos no disminuyen iienan-
do las migraciones del campo a la ciudad, si es que esto fuera viable. Por el
contrario, se postula que la migracidn hacia Santiago fue insuficiente si se
consideran las diferencias de productividad reflejados en 10s ingresos entre
Santiago y el resto del pais.
Aceptindose que la migraci6n no fue excesiva, la expulsi6n del campo
hacia las ciudades es atribuida a la miseria que el estancamiento agricola
produjo en la masa campesina. Per0 esta afirmaci6n requiere un anilisis mis
complejo en el context0 de las relaciones de clases y las contradicciones de
la IS. Este anilisis se hace en el capitulo “relaciones campo-ciudad y las
migraciones”.
Se sostiene que las causas del estancamiento agricola durante la IS fueron,
por una parte, la descapitalizaci6n del sector producido por 10s arreglos
institucionales que favorecieron a la industria manufacturera y cuya expre-
si6n mks visible fue el deterioro de 10s precios agricolas en relaci6n a 10s
industriales. Por otra parte, lo fie la mantenci6n del monopolio latifundista
de la tierra y la apropiaci6n latifundista de las compensaciones estatales a la
agricultura.
157
158 GUILLERMO GEISSE

El estancamiento acentu6 la diferenciaci6n del campo: el latifundista pudo


mantener sus niveles de consumo mientras que el campesinado fue sumido
en la pobreza. Sus esperanzas de salir de ella s610 se presentaron 30 afios
despues de iniciada la IS, enfrentado el capital industrial con la necesidad de
expandir la demanda interna.
Se postula que las politicas de desarrollo agricola de 109 aAos sesenta
persiguen ese fin. Sin embargo, dentro de 10s limites impuestos a las reformas
agrarias por las economias de mercado, 10s avances en cuanto a disminuir la
diferenciacion interna del campo fueron escasos. Por hltimo, se sostiene que
contrariamente a las expectativas que muchos planificadores ponen en las
reformas agrarias, la RA chilena, analizada dentro del conjunto de la politica
de desarrollo agricola de 10s aiios 60 y en sus efectos directos e indirectos, no
pareciera haber disminuido el flujo migratorio del campo a la ciudad.
Por hltimo, se examinan 10s efectos directos de la IS sobre la divisi6n del
trabajo entre Santiago y las regiones agrarias. La primera, absorbiendo una
alta proporci6n del crecimiento industrial manufacturer0 y diversificando su
estructura productiva. Las segundas, especializindose en actividades prima-
rias, especializaci6n que en algunas regiones llega hasta el monocultivo. El
crecimiento de las ciudades medianas se explica por la intensificaci6n de la
intermediaci6n entre Santiago y el campo bajo la presion de la expansi6n
industrial. Esta funci6n se vi0 estimulada por el avance en el transporte tanto a
nivel nacional como regional y por la modernizaci6n agricola de 10s alios 60.
Sin embargo, se observa que la diferencia entre el tamaiio de la poblacion de
Santiago y el promedio poblacional de las ciudades intermedias regionales
aument6. El crecirniento de estas ultimas se debi6 mis que nada al aumento
del numero de ciudades. Ademis, las ciudades intermedias que m h crecieron
y se diversificaron cumpliendo funci6n de soporte a la agricultura, fueron las
ubicadas en las zonas donde se concentr6 la modernizaci6n agricola. Estas
fueron las que registraron el mayor grado de concentraci6n de la propiedad,
mejor infraestructura y mayor desarrollo del rkgimen salarial. Los centros
menores y villorrios crecieron en ncmero en las zonas de mayor densidad
minifundiaria, cumpliendo la funci6n de reservas de fuerza de trabajo para la
explotaci6n moderna. La mayor parte de estos centros est6 ubicada en ireas
marginales, en 10s extremos ya debilitados de las redes de comercializacih y
de transporte. Los subsistemas regionales de centros y su forma de integra-
ci6n a Santiago, son vistos como funcionales a la diferenciacibn agricola,
contribuyendo a su reproducci6n.

La ciudad industrial moviliza fuema de trabajo rural

1. El empleo urbano industrial


Cuando se estudia el crecimiento urbano y el decrecimiento relativo de la
poblaci6n rural, siempre resulta necesario intentar separar las causas especi-
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 159

ficas que estin detris de 10s aumentos 3e la demanda de fuerza de trabajo en


la ciudad y aquellas que explican la oferta de fuerza de trabajo de las zonas
rurales. MQs alin, como la pobreza y el estancamiento econ6rnico son mis
perceptibles en la ciudad (sea por el solo hecho de la concentraci6n como por
la presi6n politica organizada a que usualmente da origen), es ficil sacar
conelusiones “antiurbanas” equivocadas, concluir que el crecimiento urbano
es en gran medida improductivo, que la ciudad es una zona de derroche de
fuerza de trabajo y que las migraciones desde el campo tienen como linico
origen el estancamiento agricola y las condiciones miserables de vida que alli
imperan.
Sin embargo, una revisi6n mis objetiva, obliga a reconocer que la ciudad
industrial ha movilizado grandes cantidades de fuerza de trabajo rural hacia
actividades urbanas m6s productivas; es decir, aquellas donde su utilizaci6n
permite acumular m6s capital. En general, la concentraci6n de poblaci6n
en la ciudad ha ido acompaiiada de una concentraci6n de actividades econ6-
micas.
Un cdculo global simple, muestra la estrecha relaci6n que ha existido entre
el crecimiento de las fuerzas productivas y la concentraci6n de poblaci6n
en el conjunto del sistema urbano nacional (que, para 10s efectos de esta
seccibn, se llamari “la ciudad”).
En primer lugar, debe destacarse que la productividad del trabajo ha sido
muy superior en las actividades urbanas que en la agricultura (Odeplan;
1971). Es asi como el ingreso medio generado en la industria, el comercio, 10s
servicios y la mineria, ha sido sustancialmente mayor que el ingreso medio
generado en la agricultura. De alli que, en promedio, un desplazamiento de
poblaci6n del campo a la ciudad ha implicado un aumento del product0 per
cipita.
En segundo lugar, 10s indicadores de que se dispone, sugieren que lo que
es vdido para el promedio, tambiCn lo es para 10s desplazamientos especi-
ficos de poblacibn. Vale decir que en general 10s desplazamientosespecificos
de poblaci6n se producen desde actividades menos productivas en el campo
hacia actividades mis productivas en la ciudad. En realidad, en una economia
de mercado en que 10s diferenciales de salario e ingresos de la mano de obra
reflejan en alguna medida diferenciales de productividad, en la medida que
son aquellos uno de 10s motivos obviamente rnis poderosos para el desplaza-
miento espacial de la poblacibn, esto no puede sino ser asi.
Los indicadores de desempleo contribuyen a afirmar esta hipbtesis. En
efecto, a pesar de la fragilidad de estos datos, estos permiten concluir que el
desempleo es sustantivamente superior en las pequeiias ciudades de caricter
rural que en las ciudades medianas y grandes. A esto debe agregarse el masivo
derroche de fuerza de trabajo en la agricdtura, medido por 10s datos de
subempleo o empleo improductivo (CIDA; 1966). De alli que se fortalezca la
hip6tesis de que la migraci6n campo-ciudad va acompailada de empleos
mis productivos para 10s migrantes; inversamente, la falta de movilidad es-
160 GUILLERMO GEISSE

pacial de la poblaci6n debe refutarse como un freno a1 crecimiento general de


la productividad del trabajo.
Si se apartan de la atenci6n las actividades comerciales y 10s servicios
(actividades reputadas, con raz6n, de esconder el subempleo urbano) y se
centra la atenci6n en la industria, se llega a conclusiones equivalentes. En
efecto, entre 1915 y 1964, el mgreso nacional per cipita se ha m6s que
duplicado. Por otra parte, el crecimiento en el mismo period0 del producto
industrial, 4,3%anual promedio, se descompone en un aumento de la fuerza
de trabajo de 3,4%al afio y de un crecimiento del producto por trabajador de
0,9% anual (Muiioz; 1968). De esto se deduce que el aumento del ingreso
per cipita no ha sido provocado por un incremento de la productividad del
trabajo en el sector de mis ripida expansi6n: la industria. Por el contrario,
la industria, por asi decirlo, se ha ampliado m6s por extensibn que por intensi-
dad. De esto se concluye que ha sido el traspaso de fuerza de trabajo rural a
la industria (vale decir, de actividades de muy baja productividad a una acti-
vidad de productividad relativamente estancada, per0 mayor) uno de 10s
motores del crecimiento del ingreso nacional. 0, por decirlo en otras pala-
bras, como ya se ha sefialado, ha sido el crecimiento del mercado interno el
principal factor explicativo de 10s ritmos de crecimiento industrial.
Asi pues, una parte apreciable del crecimiento de las fuerzas productivas
en Chile, est6 asociada exclusivamente a la concentracih de actividades y PO-
blaci6n en la ciudad.
Se ha visto que la industria chilena ha expandido en gran medida la utiliza-
ci6n de fuerza de trabajo. La industria no ha ocupado “poca” mano de obra.
Por el contrario, la tasa de crecimiento del empleo industrial ha sido superior
a la tasa de crecimiento de la poblacih durante todo el siglo hasta el afio 1970.
Inclusive en la dicada del 60, cuando la productividad del trabajo crecib en la
industria, el empleo industrial crecib en mis de un 33%, es decir, mis que el
crecimiento total del empleo en el pais. En 1970, la industria generaba un
27%del PGB y empleaba rnis del 25 % de la mano de obra.’ Asi pues, aunque
se considere s610 a la industria, ella ha desatado migraciones rurales ya que de-
manda mano de obra a una tasa superior al crecimiento de la poblacibn.
La mayor demanda de mano de obra de la ciudad no resulta por cierto s610
de la expansibn de la industria. Las migraciones estin vinculadas a1 crecimien-
to general de las fuerzas productivas en la ciudad. Eso no quiere decir que esa
movilizacibn se haya realizado sin contradicciones. En efecto, en cuanto a su
volumen y oportunidad, las migraciones no se ajustaron precisamente a un
plan.
Las contradicciones m6s decisivas aparecieron en las-ciudades.El bajo ritmo
de crecimiento econ6mico y su caricter espasm6dico y ciclico, es incapaz de
hacer crecer las fuerzas productivas de manera pareja en todos 10s sectores

1 La productividad del trabajo creci6 un 25%enla dicada del 60. Aunque eso signifid
un aumento sobre 10s ritmos anteriores, sigui6 siendo bajo. Ver ODEPLAN (1971).
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 161

urbanos y de emplear productivamente a toda la fuerza de trabajo que llega


del campo o que crece en la ciudad. Est0 se manifiesta en el crecimiento del
subempleo y del desempleo en las ciudades con todas LIS secuelas: bajas con-
diciones de vida, vivienda, salud, etc.
En estas constataciones se basan 10s habituales argumentos demogrlficos
contra la urbanizacibn. Se plantea que, en definitiva, todo estaria mejor si
emigrara menos poblacibn a la ciudad. No se considera que esto estancaria
a h m6s el crecimiento de las fuerzas productivas y que en el campo el desem-
pleo y las condiciones de vida son peores que en la ciudad, a1 menos en el cas0
chileno (ODEPLAN, 1978).
No se niega sin embargo, que esos problemas no existen en la ciudad,
per0 su origen no es demogrlfico. Su raiz est6 en el bajo ritmo de crecimiento
de las fuerzas productivas que genera tambiCn un derroche de fuerza de traba-
jo en la ciudad. Ahora, si 10s conflictos potenciales que crean las bajas condi-
ciones de vida son mucho mayores en Santiago que en el campo o en las ciuda-
des intermedias, eso es otro problema.
Sin embargo, obviamente, la poblaci6n en la ciudad ha crecido mis ripido
que la poblaci6n empleada en la industria. El argumento demogrifico contra
la gran ciudad sostiene que la presi6n de la mano de obra no productiva es
el origen de la proliferaci6n de actividades terciarias privadas y estatales de
baja productividad. A continuaci6n se examinarin estas actividades y la cons-
trucci6n con lo que veremos una vez mis lo dCbil del argumento.

2. Las actividades terciarias

Las actividades terciarias (comercio, transporte, servicios) han ampliado


sustamialmente el empleo de fuerza de trabajo: de un 33%de la poblacior.
activa en 1930 a un 44% en 1970. Su aporte a1 PGB en 1970 fue de un 38%.’
No pueden entenderse estas actividades si se las considera tan agregada-
mente. Incluyen dos sectores bien diferenciados. De una parte, production
de electricidad, gas, agua y servicios financieros con 10s mayores ingresos
medios: casi 5 veces el promedio del pais. En ese mismo grupo puede clasi-
ficarse el comercio, probablemente un sector muy diferenciado en su interior
per0 que tiene un valor agregado por persona casi 2 veces el promedio nacio-
nal. De otra parte, estin 10s servicios con un ingreso medio por debajo del
promedio del pais, aunque superior a la productividad del trabajo en la
agricultura .
Usualmente, se imputa a las actividades terciarias, debido a su ripida
expansi6n del empleo y a su bajo valor agregado por persona, el hecho de
cubrir “desocupaci6n disfrazada”. Ese argumento solo puede sostenerse para
el sector de servicios y, en menor medida, para el comercio. Las demas, antes

2 Para 1930 10s datos se han obtenido de Hurtado (1966); para 1970, de ODE-
PLAN (1971).
162 GUILLERMO GEISSE

que expandir el empleo relativo, lo han contraido y su productividad es ele-


vada.
El comercio, sin embargo, no ha tenido un aumento muy espectacular del
empleo relativo desde 1930: de un 11% a un 13% No es posible que el comer-
cio se expanda al ritmo de crecimiento de la poblaci6n urbana ( 0 a1 ritmo de
crecimiento de la poblaci6n “excesiva” de las migraciones que la industria
no es capaz de absorber). El servicio comercial debe ser financiado y, por tan-
to, crece en proporci6n a1 crecimiento de la demanda por servicios comer-
ciales. Luego, es la expansi6n general del mercado ocurrida desde 1930 la que
explica el crecimiento de la demanda por servicios comerciales (probab!emen-
te por encima del crecimiento del ingreso medio) que, unida a una producti-
vidad que probablemente no crece, explica el aumento del empleo relativo
en el comercio.
El crecimiento del empleo relativo en servicios es mis importante: de un
16%en 1930 a un 24%en 1970; de 234 mil personas a 729 mil. Es pues a este
sector a quien se imputa el contener la mayor parte del empleo disfrazado
provocado por las migraciones “excesivas”.
En lo que se refiere a 10s servicios privados, vale la misma consideraci6n
que se hizo respecto del comercio: icbmo, en una economia capitalista, una
actividad que debe financiarse crece al ritmo de la poblaci6n desocupada? Se
ve que 10s servicios deben desarrollarse tambien a1 ritmo en que se expande la
demanda por servicios. Sin embargo, en lo que se refiere a 10s servicios estata-
les esta conclusion no es vilida. Los servicios estatales deben financiarse de
una manera u otra: por impuestos o inflaci6n. Per0 el receptor del servicio
estatal, no paga necesariamente el costo exacto del servicio cada vez que lo
utiliza. Por lo tanto, 10s servicios estatales no necesitan expandirse en propor-
ci6n a la demanda. Con esto no se esti planteando que el gasto pGblico haya
sido un factor muy importante de redistribucibn de ingresos. Por el contrario,
si se examina el origen del financiamiento estatal y el destino del gasto, caben
dudas acerca de que 61 tenga un efecto redistributivo muy apreciable. Lo que
se plantea, es que el gasto estatal modifica la estructura de la demanda aunque
el origen social de 10s ingresos sea equivalente al destino social de 10s gastos.
Ocurre, ademis, que 10s servicios estatales se han expandido a una velo-
cidad comparable a 10s privados. Los servicios estatales aumentaron en cuanto
a ocupaci6n aproximadarnente tres veces desde 1930 a 1970. (En esta Cltima
fecha ocup6 aproximadamente a 300 mil personas). De ahi que se plantee que
el Estado se ha transformado en un sector dedicado a dar empleo a la pobla-
ci6n llegada por las migraciones. Sin embargo, esa es una interpretacih
mecinica del caricter del Estado. M i s que el aumento del empleo en 10s servi-
cios publicos, llama la atencidn la enorme proliferaci6n de instituciones
publicas. Lo que interesa pues, es el caricter de 10s servicios prestados por el
Estado. Esto s610 puede entenderse si se toma en cuenta el rol que el Estado
ha desempeiiado en el surgimiento, consolidaci6n y expansibn del capital
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 163

industrial y la industrializaci6n. El aumento del empleo en 10s servicios p 6


blicos, es un efecto derivado de la necesidad de proveer esos servicios, tal
como lo sefialamos anteriormente a1 referirnos a la forma de integraci6n del
Estado por parte de 10s intereses industriales.
Evidentemente, no se hace aqui un juicio acerca de la eficiencia con que el
Estado provee sus servicios. Es muy posible que haya mucha fuerza de trabajo
mal utilizada. Per0 esto no es raz6n suficiente para sostener, como lo hacen
algunos idedogos del actual rigimen chileno, que 10s servicios estatales se
hayan expandido en el pasado pura y simplemente como una agencia de
empleo.
Tampoco se plantea que no haya derroche de fuerza de trabajo en 10s
servicios privados. El mejor indicador de que si lo hay, son 10s 200 mil
personas ocupadas en servicio domistico en 1970 (un 27%de la fuerza de tra-
bajo ocupada con 10s servicios). Sin embargo, no puede culparse de esto a las
“excesivas” migraciones rurales. Debe recordarse que el ingreso medio de esa
fuerza de trabajo en la agricultura es muy inferior. El problema es pues, el bajo
ritmo de crecimiento del product0 y la reducida acumulaci6n de capital que
impide emplear productivamente a toda la fuerza de trabajo disponible.
3. La construccion

La enorme movilizaci6n de fuerza de trabajo rural provoc6 un gran cre-


cimiento poblacional de la ciudad, a lo que se agreg6 su propio crecimiento
vegetativo. Santiago, por ejemplo, pas6 de tener 696.000 habitantes en 1930
a 2.812.000 en 1970. TambiCn crecieron aunque en menos medida, el resto
de las ciudades intermedias del pais. Tal concentracih demogrifica plante6
a la ciudad desde temprano el problema de la vivienda.
De un lado estuvo la presi6n politica de 10s grupos populares. De otro, sus
ingresos relativamente bajos que impidi6 a estos grupos resolver el problema
de la habitaci6n sobre la base del mercado. Per0 la presi6n politica crecia
junto con el crecimiento urbano. La ciudad industrial descarg6 sobre el Estado
el esfuerzo principal del fmanciamiento de la construcci6n de ~iviendas.~
3 Ya en 1906 se crearon 10s Consejos de la Habitacibn Popular, financiados con bo-
nos estatales y con el fin de estimular la construccibn de viviendas a traves de exenciones
tributarias y de intereses a las empresas constructoras. En 1925, se dictb la primera Ley
de Arrendamiento con el Tm de combatir la especulacibn en 10s arriendos a 10s sectores
populares En 1936, se creb la Caja de la Habitacibn Popular y en 1941 el Fondo de la
Construccibn de la Habitaci6n Popular, por medio de las cuales el Estado financia la
construccibn de viviendas de instituciones previsionales, empresas industriales y propie-
tarios agricolas quienes podian vender o arrendar las habitaciones que construyesen. En
1943, se reorganizb la Caja, obligando a las empresas industriales y mineras a depositar
un 5 %de sus utilidades en la Caja, o a construir ellas mismas habitaciones para sus obre-
ros. En 1953, se creb la Corporacibn de la Vivienda (CORVI) sobre la base de la fusibn
de 10s programas e instituciones creados anteriormente. En 1965 se cre6 el Ministerio de
la Vivienda y Urbanismo, que reunib a todas las instituciones dedicadas a la vivienda y el
desarrollo urbano. A traves del Ministerio, el Estado llegb a financiar el 70% de la cons-
164 GUILLERMO GEISSE

El modo habitual de operaci6n del Estado consisti6 en ofrecer propuestas


para la construcci6n de poblaciones entregadas a empresas privadas y finan-
ciadas por el Estado. La Corporaci6n de la Vivienda (CORVI), por su parte,
asignaba estas viviendas a sectores populares. Estos a su vez pagaban a1 Estado
las viviendas a largo plazo. Los bajos ingresos de estos sectores les ha impedido
en la prictica pagar integramente el costo de las habitaciones. Sea por la
falta de correcci6n monetaria de las cuotas, de acuerdo con la inflation, sea
por falta de pago de cuotas, ha ocurrido que las instituciones estatales de
vivienda han sido permanentemente deficitarias.
A pesar del esfuerzo del Estado? la presidn demogrifica urbana ha sido
muy superior. Se estima que el dCficit de viviendas urbanas alcanzo en 1970 a
las 500.000 viviendas. Este problema ciertamente no es el resultado de la
urbanizaci6n. En las zonas rurales, la pobreza de las habitaciones es igual o
peor que en 10s peores cinturones de miseria urbana (Vergara; 1977).
El financiamiento estatal permiti6 transformar la necesidad de la vivienda
en demanda por vivienda. Ese es el medio principal por el cual se expande en
la ciudad industrial el mercado para la construcci6n.5 Ha sido un mercado
creado en su mayor parte, directa o indirectamente, por el Estado. El ha dado
origen a un proliferaci6n de intereses y empresas constructoras. 6 . Se trata, en
general, de empresas de muy poco capital, que trabajan con financiamiento
estatal y que utilizan mucha mano de obra que, por ser poco calificada, es
muy barata.

La relacibn campo ciudad y las migraciones


1. Estancamiento del campo vs. industrializacion de la ciudad: dos polos en
relacibn asimttrika

El periodo de 1930-1970 ser5 separado en dos lapsos: entre 1930 y 1960 y


la dCcada de 1960. Existen motivos para hacerlo de este modo debido a las
profundas modificaciones ocurridas en el campo chileno desde 1964 en
adelante.

truccibn de viviendas en la d6cada del 60. La construccibn de 10s grupos medios y altos
(fuera de la construccibn d e lujo) ha sido tambihn fiianciada en parte por el Estado a
traves de un conjunto de franquicias y exenciones. Los principales mecanismos han sido
la Ley Pereira de 1948, el D.F.L. 2 de 1960 y la creacibn de las Asociaciones de Ahorro
y Prestamo en 1960.
4 La inversion estatal en vivienda fue un 20% de la inversi6n pGblica total en la
dkada del 60, (CODEPLAN; 1971).
5 Ademis de la inversibn phMica en infraestructura urbana e interurbana.
6 El sector de la construccibn emple6 en 1965 el 9.4% de la poblaci6n activa
(ODEPLAN; 1971). En Chile, el porcentaje de la mano de obra ocupada en el sector
construccibn, respecto del empleo total durante la d6cada de 10s aiios sesenta, fue nota-
bleniente mayor a todos 10s d e m k pakes latinoamericanos
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 165

Si hasta 1930, 1s agricultura present6 un cuadro de expansih, lo ocurrido


hasta 1960 no pudo ser mis distinto: la agricultura se estanca de modo casi
absoluto desde 1930 hasta 1960.
La gradual transformaci6n de la ciudad de Santiago en un centro industrial
en las dCcadas de 1920-1930, se produjo junto con una reducci6n de la
importancia relativa de la agricultura en la economia, llegando Csta a niveles
extraordinariamente bajos para una economia latinoamericana. En efecto, en
1930 la agricultura empleaba el 3 7 3 %dela poblaci6n econ6micamente activa
total del pais y en 1940 generaba el 17%delproducto geogrifico bruto. En
1970, en cambio, gener6 s610 un 7%del producto y emple6 un 25%de la
poblaci6n activa del pais. El valor medio por hombre fue el mis bajo de
todos 10s sectores de la economia (Hurtado; 1966 Odeplan; 1979). Esto s610
es parte de una manifestacibn de la mayor importancia cuantitativa del
sector industrial y de la economia urbana en general y refleja principalmente
el estancamiento ocurrido en el agro.
En efecto, considerando la superficie bajo cultivo se tiene que, entre
1928-29 y 1965, se mantuvo pricticamente inalterada la superficie sembrada
con 10s principales cultivos, con un crecimiento de s6lo 22% en todo el
period0 (es decir, con una tasa anual inferior al 1%).Si se considera lo ocurri-
do entre 1935-39 y 1965, se observa que la superficie sembrada con 10s
principales cultivos se redujo.
Algo muy similar ocurri6 con la masa ganadera entre 1938-39 y
1965. (Aranda y Martinez, 1970).

Superficie sembrada de 10s principdes cultivos


(miles de hectkreas)
1928-29 1938-39 I965

Trigo 693,9 817,6 734,O


Cebada 78,4 82,l 38,3
Avena 89,l 136,ti 69,9
Frijoles 66,s 79,9 58,s
Maiz 46,s 42,7 87,4
Raps - - 57,6
Girasol - - 31,9
Remolacha azucarera - - 18,O
Papas 4479 54,O 91,2
ViTiedos 82,4 101,9 111,3
Arroz - 832 27,s
Lentejas 775 32,s 24,l
Totales I . I09,Z 1.365,3 I.349,7
FUENTE: Ministerio de Agricultura (1957) y Censo Agropecuario (1964-1965).
166 GUILLERMO GEISSE

Considerando el conjunto de la produccibn agropecuaria se tienen 10s si-


guientes resultados respecto de tasas anuales de crecimiento acumulativo
(ODEPA, 1968):

Producci6n agricola 1.6 (1938-39 a 1963-65)


Producci6n pecuaria 2 .o ( ” ” 1
Total 1.8 ( ” ” 1
Poblaci6n del pais 1.9 (1940 a 1960)
Poblacih rural 0.3 (1 940 a 1960)
Poblaci6n urbana 3.1

En suma, indices claros de estancamiento agrario que contrastan aguda-


mente con la expansi6n agraria anterior y qtle contrastan tambikn con la
ampliacibn del mercado interno. iCbmo y por qu8 se produjo este estanca-
miento agricola en Chile?

2. Causas del estancamiento agricola

a) Monopolio de la tierra

Una causa indudable es la persistencia de relaciones de produccih atrasa-


das en el campo. Esto se manifestaba principalmente en la estructura mono-
p6lica de la propiedad de la tierra y, cuesti6n complementaria, en la super-
vivencia de la pequefia propiedad de subsistencia o de produccih simple de
mercancias.
Los datos muestran que el 85 % de las explotaciones agricolas tenian super-
ficies inferiores a las 50 has. Salvo casos excepcionales, la gran mayoria
corresponde a pequeiios productores que desde luego, no ocupan fuerza de
trabajo asalariado y, probablemente, en gran parte corresponden a produccibn
de subsistencia.
El latifundio (de 201 a mis de 5.000 has.)’ correspondia a menos del
6%de 10s productores y controlaba el 87% de la superficie agricola del pais.
Los productores medios (de 50 a 200 has.) corresponden a su vez al 9 %
de las explotaciones y controlan el 7 % de la superficie agricola.
El monopolio de la propiedad agraria provoca, como se sabe, un derroche
de recursos productivos y se constituye en un freno para la acumulacih de
capital en la medida que no obliga a utilizar a fondo la tierra y a capitalizar a1
niaximo el excedente, toda vez que el latifundio no se encuentra sujeto a la
competencia. De ese modo, se puede producir un elevado excedente, que se

7 A mayor abundamiento, considerex que del total de explotaciones entre 5 y 50


has, el 67gtenia menos de 20 has. Ver Censo Agropecuario 1964-65.
8 Esta clasificaci6n, POI cierto, es discutible. Segiin las ZOMS del pais, el latifun-
dio se constituye a partir de propiedades de diferentes superficies.
Estructura de la tenencia de la tierra en 1964
Tamaiio de las Ndm. de explo- Composicibn Sub-total Composicibn Superficie
explotaciones taciones porcentual (miles Has) porcentual media
(ha.)

Menores de 5 has. 123.636 49 % 207,O 1% 197


de 5 a 50 has 92.408 36 % 1.556,O 5% 16,8
de 51 a 200 has. 23.959 9% 2.284,O 7% 95,3
de 201 a 1.000 has. 10.158 4% 4.310,9 14% 424,4
1.001 a 5.000 has. 2.601 1% 5.495,4 18 % 2.1 12,o
mis de 5.000 has 730 0% 16.765,4 55 % 23.007,4
Total pais 253.492 100% 30.648,7 100%

FUENTE: Censo Agropecuario, 1964-65.


168 GUILLERMO GEISSE

derrocha en el consumo manteniendo enormes superficies de tierra sin culti-


var. En efecto, 10s predios mayores de 1.OOO his. tuvieron menos tierras (en
cifras absolutas) dedicadas a cultivos anuales o permanentes que 10s producto-
res pequefios y medianos. Los agricultores medios, a su vez, utilizaron el
28,8S: de las tierras en pastos naturales o praderas artificiales de mis de 5
afios y el 43,3%de las tierras en descanso y barbecho. Los pequeiios producto-
res, por su parte, utilizaron casi el 80%de las tierras en cultivos mis o menos
intensivos.
El resultado de la estructura monop6lica de la propiedad de la tierra es
que mas dzl 40%de la superficie regada del pais consistia en praderas natura-
les en 1960 (Aranda y Martinez; 1970).
Resulta evidente, en consecuencia, que el estancamiento de la superficie
bajo cultivo ocurrido entre 1930 y 1965 radic6 en el de la superficie cultivada
en el latifundio y en las propiedades medianas, ya que 10s pequefios producto-
res cultivaban intensivamente sus propiedades.
Sin embargo, se plantea de inmediato una pregunta: ipor qui esta misma
estructura de la propiedad agraria, que permiti6 una expansi6n agricola hasta
1930, provoca su estancamiento a partir de esa fecha? Si el latifundio hubiera
tenido un caricter feudal o semi feudal, no habria aumentado la producci6n
agricola antes de 1930; y, si lo hubiera hecho, no tiene sentido argumentar
que esas mismas relaciones de producci6n impidieron el crecimiento agricola
despuis de 1930.
En realidad, 10s datos disponibles sugieren que, como resultado de las
transformaciones ocurridas en el agro en el period0 comercial exportador, en
1930 la agricultura chilena era ya predominantemente capitalista. Como se
sabe, es la existencia del trabajo asalariado como relaci6n predominante lo
que caracteriza especificamente al capitalismo.
Pues bien, el Censo de Poblaci6n de 1930 establece que el inquilino
constituia un 2 1% de la poblaci6n econ6micamente activa en la agricultura y
el obrero el 48% de ella. Casi la totalidad del 31% restante corresponde a
patrones, esto es, a propietarios. Tomando en cuenta que la mayor parte de
10s obreros e inquilinos se localizaban en las propiedades grandes y medianas,
que generaban sin duda el grueso de la producci6n agropecuaria, se tiene co-
mo resultado que el salario es la relaci6n dominante en el campo chileno ya
en 1930. En efecto, de 10s datos anteriores puede deducirse que, en las pro-
piedades que utilizaban mano de obra ajena a la de sus propietarios, el inquili-
no representaba el 30%de ella y 10s obreros, 10s propietarios y empleados el
70%. l o

9S e g h el Censo Agropecuario, 1964-1965.


10 En realidad es necesario ser cuidadoso con 10s datos del Censo. N o es seguro como
estin clasificados, por ejemplo, 10s trabajadores a cargo de 10s inquilinos (muchas veces
inquilinos de 10s inquilinos), ni 10s medieros no inquilinos Sin embargo, el dato del Cen-
so es suficientemente voluminoso como para poder desconocerlo. Debe concluhse que
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 169

A mayor abundamiento, en 1955, en la zonas donde predominaba el


latifundio, la fuerza de trabajo en las explotaciones agricolas grandes y media-
nas, estaba constituida en mis de un 60% por fuerza de trabajo asalariada.
Cabe sefialar que este tip0 de explotaciones tenia el 90%de la tierra arable, el
65%de la poblaci6n activa agricola y el 82%del valor de la produccih en esas
zonas (Aranda y Martinez; 1970). En consecuencia, el latifundio y la media-
na propiedad agraria, que concentraban el grueso de la tierra y la producci6n
agropecuaria, eran ya organizaciones predominantemente capitalistas. La
pequefia propiedad y el minifundio constituian en parte, producci6n de
subsistencia y, en parte, producci6n simple de mercancias.
No fue pues el caricter feudal o semi feudal de la agricultura lo que
impidi6 su crecimiento a partir de 1930 en adelante. Fue, en realidad, el proceso
de acumulacih capitalista lo que se estanc6 en el agro a partir de entonces.
La agricultura chilena era predominantemente capitalista, per0 ha llegado a
ser una agricultura dCbil, estancada, improductiva. Para entender est0 se
deben examinar 10s efectos que tuvo sobre la expansi6n y consolidaci6n de
10s intereses urbano-industriales como nficleo de 10s grupos dominantes.
Es en estos efectos donde se encuentra la base para entender la relaci6n campo-
ciudad en Chile y el estancamiento agrario posterior a 1930.

b) Deterioro de las relaciones de intercambio industrial-agrario y traslado de


capitales del campo a la ciudad

La crisis de 10s afios treinta golpe6 con mucha fuerza a la agricultura. A la


caida de la demanda externa, debe sumarse la reducci6n de la demanda
interna resultante de la crisis. Esto filtimo, sin embargo, fue de corta dura-
ci6n. ’’
Sin embargo, la caida a largo plazo de las exportaciones del pais hizo subir
el precio de 10s productos importados (industriales) en 200% entre 1929 y
1934. Los productos agricolas, en cambio, subierop menos; s610 un 51%
(Pinto; 1965). Esta nueva relaci6n entre 10s precios industriales y 10s precios
agricolas, marca el desarrollo de la economia chilena desde 1930 en adelante.
Parte de este aumento de 10s precios industriales, fue absorbido por 10s
costos elevados de la producci6n sustitutiva. Per0 la expansi6n industrial de

todo indica que la expansidn comercial de la agricultura chilena provocd una modifica-
cibn de las relaciones de produccidn en el campo y que ya en 1930 6stas eran de car&-
ter capitalista
1 1 En primer lugar, porque ya entre 10s aiios 1910 y 1930 la agricultura habia perdi-
do en lo fundamental 10s mercados externos, debido a la gran produccibn cerealera de 20-
nas “reci6n abiertas” del mundo que bajaron considerablemente al mercado interno. Este
se recupera con cierta rapidez como resultado de la expansibn industrial y urbana de esos
aiios. En 1938, la produccibn agropecuaria habfa recuperado definitivamente 10s niveles
de 1930. (Ver ODEPA, Produccibn Agropecuaria 1930-1960).
170 GUILLERMO GEISSE

esos afios demuestra que el capital encontrb en la industria la veta funda-


mental de ganancia.I2
En la agricultura, en cambio, la caida de sus precios relativos, provoc6 un
reducci6n de las ganancias, una reducci6n de la inversi6n en el sector y
traslado de capitales a la industria donde la tasa de ganancias se habia elevado.
Por otra parte, el Estado, factor fundamental en la fmanciaci6n de la inver-
si6n nacional, habia cambiado de manos. A partir de la dCcada de 1920-1930,
fue la burguesia industrial quien control6 y canaliz6 en funci6n de sus objeti-
vos 10s recursos estatales. Hay indicadores que sefialan una reducci6n de la
inversi6n de capital en la agricultura de esos afios: hub0 una gran reducci6n
en la importaci6n de maquinaria y menor us0 de fertilizantes hasta 1939; y
una apreciable reducci6n de largo plazo de 10s ritmos con que se ampliaba la
superficie cultivada (Aranda y Martinez; 1970).
La extensi6n de la superficie bajo cultivo, implica cuantiosas inversiones de
capital. Es necesario desbrozar, construir caminos y cercos y, principalmen-
te, obras de regadio. A partir de 1930, el capital necesario no estaba disponi-
ble como lo habia estado en las dCcadas anteriores. Por otra parte, en la
medida en que las utilidades y la inversi6n de capital se reducian en la agricul-
tura, se debia estar produciendo una tendencia a la subdivisibn de las tierras y
una reducci6n del ritmo con que se estaba constituyendo el gran latifundio.
En efecto, esto se comprueba en el hecho de que a partir de 1925 se produce
una reversi6n de la tendencia observada con anterioridad. Esto es, que el
numero de propiedades pequeiias y medianas creci6 m h que el numero de las
grandes propiedades.

c) Compensaciones estatales a1 latifundio y marginalizacibn del campesinado

La nueva relaci6n de precios desat6 conflictos no resueltos entre 10s capita-


listas agrarios y la burguesia no agraria. El nivel del salario urbano podia
mantenerse bajo y elevada la cucta de ganancia industrial, s610 si se mante-
nian bajos 10s precios agricolas. La fuerza que adquirieron 10s grupos medios y
obreros en la ciudad, impidi6 a1 capital industrial aceptar las elevaciones de
precios solicitadas por 10s capitalistas agrarios. Era la propia cuota de ganan-
cias de la burguesia no agraria la que estaba en juego. En suma, dado el
salario real urbano, el aumento de 10s precios industriales relativos a 10s
agropecuarios, implic6 un traspaso, una exacci6n de capital del sector agrario
hacia la burguesia no agraria con lo que Csta fiianci6 parte de su desarrollo.
En lo fundamental, sin embargo, la alianza entre ambas fracciones de la
burguesia no se r0mpi6.I~A travks del Estado, se procurb compensar a 10s

12 Los datos sobre la estructura sectorial de las ganancias demuestran este acierto
(Mamalakis; 1976).
13 Considkrese por ejemplo que ambas fracciones eran representadas politicamente
por 10s mismos partidos politicos
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 171

productores agricolas por las exacciones de capital principalmente de dos


maneras: en primer lugar, se practic6 una estricta represi6n a la organizaci6n
sindical y politica del campesinado. Los derechos y la organizaci6n sindical
de 10s trabajadores urbanos fueron reconocidos con apreciable amplitud en la
dBcada de 1930. Sin embargo, se mantuvieron estrictas prohibiciones y
cortapisas legales para la sindicalizaci6n campesina. ReciCn iniciada la segunda
mitad de la dkcada de 1960, el Estado reconoci6 a 10s trabajadores agrarios
derechos sindicales equivalentes a 10s que habia conquistado el trabajador
urban0 treinta afios antes. Por otra parte, recih iniciada la dCcada de 1950, la
reforma electoral de la cClula linica cre6 las condiciones para independizar
politicamente al trabajador agricola del terrateniente. El resultado de estos
hechos fue que el capital agrario hizo recaer sobre sus trabajadores, por la
via de las reducciones del salario real, el peso principal de las exacciones de
capital realizadas por 10s intereses urbano-industriales.
En segundo lugar, el Estado procur6 compensar al capital agrario mediante
un conjunto de arreglos institucionales. Se le concedieron cr6ditos subsidiados
a traves del Banco del Estado, se le concedieron franquicias aduaneras para la
importaci6n de maquinarias, subsidios en 10s fletes, algunas franquicias
tributarias, etc. Estas concesiones fueron eficazmente monopolizadas por 10s
latifundistas y, en mucho menor medida, por el mediano capital agrario. Fue
el pequefio productor y el minifundista quienes quedaron a1 margen de todo
apoyo estatal. Fue este sector, juntamente con el trabajador de las propieda-
des grandes y medianas, el que pag6 el peso principal de las transferencias de
capital del campo a la burguesia no agraria. La vida del grueso de la poblaci6n
rural se hundib en la pobreza.
Entre 1930 y 1940, el Estado procur6 compensar al capital agrario reali-
zando inversiones en embalses y canales en la zona central. Resultado de
esto fue un aumento de la superficie regada de aproximadamente un 27%y
un aumento consecuente de la superficie cultivada en una magnitud equiva-
lente (Aranda y Martinez; 1970, Hurtado; 1966).
Aunque hub0 un aumento, su velocidad contrasta con la del period0
inmediatamente anterior: menos de un 2%anual contra un 4,4%anual.
El afio 1938 es un hito que marca con claridad la enorme fuerza alcanza-
da por 10s grupos medios y 10s obreros urbanos, con cuyo apoyo fue elegido
Presidente de la Rephblica el candidato del Frente Popular. En el plan0 de la
politica econbmica, se consolid6 la politica de precios agricolas y el Estado,
demandado en otros frentes, dej6 de invertir en obras de infraestructura
agraria. El resultado fue el estancamiento absoluto de la superficie cultivada
hasta 1965.
La politica de compensaciones permiti6 a 10s latifundistas mantener su
nivel de consumo histbrico, sin obligarlos a aumentar la proporci6n capitaliza-
ble del excedente. Como demuestra un estudio (CIDA, 1966), el latifundista
destina un 48%de 10s gastos en 10s rubros necesarios y un 52%en 10s suntua-
rios. Per0 este derroche de recursos se daba ahora en el marco de una tasa de
172 GUILLERMO GEISSE

utilidad reducida en el agro e incrementada en la industria. Por lo tanto, se


redujo la acumulaci6n de capital en la agricultura y esto afect6 decisivamente
10s ritmos en que se expandia la superficie bajo cultivo.
La reduccibn del capital acumulable, oblig6 a 10s capitalistas agrarios a la
mecanizaci6n de la agricultura. Enfrentando una relaci6n adversa de precios,
el capitalista agrario intent6 elevar sus ganancias elevando la productividad del
trabajo y evitando que 10s trabajadores se apropiaran de ella. En este periodo,
la agricultura avanz6 en mecanizaci6n con rapidez. De 1.557 tractores que
habia en 1936 se pas6 a 14.177 en 1955 (Hurtado; 1966). La productividad
por hombre subi6 un 8%anual entre 1940 y 1950 (primera vez en que la
poblaci6n rural no crece) y el rendimiento de algunos cultivos se elev6 tam-
biCn con rapidez (Aranda y Martinez; 1970). La producci6n total, sin embar-
go, se mantuvo con bajos ritmos de crecimiento.
La mecanizaci6n no cost6 mucho al capital agrario. El Estado, en su po-
litica de compensaciones, entreg6 la maquinaria a precios bajos (aranceles
bajos) y con crCditos practicamente gratuitos (sin reajuste por la inflaci6n).
Sin embargo, 10s pequefios productores y minifundistas, desplazados del
crCdito por el monopolio terrateniente, fueron incapaces de mejorar la pro-
ductividad y fueron profundamente afectados en sus condiciones de vida
como resultado de la relaci6n adversa de precios.
En consecuencia, es muy probable que se haya producido una creciente
diferenciaci6n social y econ6mica entre propietarios grandes, medianos y
pequefios provocada por dos factores: en primer lugar, por diferencias tecno-
16gicas: la reducci6n de 10s precios agricolas implic6 fundamentalmente
una reducci6n de 10s salarios en un cas0 y afect6 directamente las condiciones
de vida del propietario en el otro. En segundo lugar, por la diferencia en po-
der politico entre el latifundista y propietarios de predios medianos y peque-
30s. Ya mencionamos que el resultado prictico de esta diferencia fue que el
latifundio monopoliz6 las compensaciones econ6micas estatales, compensa-
ciones de las que quedaron hukrfanas las otras formas de propiedad.
No existen antecedentes hist6ricos que permitan justificar este acierto,
per0 10s datos de distribuci6n de ingresos en la agricultura disponibles para
1960, muestran las enormes diferencias sociecon6micas existentes en el
agro chileno. En efecto, el 3%de las familias (correspondientes a 10s produc-
tores grandes) percibia el 37%de 10s ingresos agricolas, con un ingreso fami-
liar medio de E2 16.582. El 6,5% de las familias (productores medianos)
percibia el 15%de 10s ingresos, con un promedio familiar de EO 3.202. El
71%de las familias (trabajadores y pequefios propietarios) percibia un 33,4%
de 10s ingresos, con un promedio familiar de EO 63, 6 (Aranda y Martinez;
1970).
En suma, el estancamiento de la agricultura desde 10s afios 30, encuentra
explicaci6n en 10s condicionantes econ6mico-politicos de la IS favorables a
un tip0 de industrializaci6n que en buena medida dependia de la exaccion de
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 173

capitales agrarios en desmedro de la acumulaci6n en este sector y de una


distribuci6n desigual de sus beneficios entre las diferentes clases sociales.
En cuanto a 10s condicionantes propiamente econdmicos de la IS, el que
mis contribuy6 al estancamiento de la agricultura fue el deterioro de 10s
precios de 10s alimentos y materias primas en relaci6n con 10s industriales y
la consecuente transferencia de capitales del campo a la ciudad.
El estancamiento no afect6 por igual a todos 10s sectores sociales del
campo y la hegemonia del capital industrial no implic6 una ruptura de la
alianza de Bste con la fracci6n terrateniente de la burguesia. Esto explica la man-
tenci6n de la estructura latifundiaria de la tenencia de la tierra y la monopoli-
zaci6n por parte del latifundio de las compensaciones estatales a la agricul-
tura. La mantencidn de la estructura latifundiaria bloqued la posibilidad de
un us0 mis intensivo de la tierra y de la expansich de la demanda de trabajo
campesina. El acaparamiento de las compensaciones estatales a la agricultu-
ra por parte del latifundio, permiti6 a1 terrateniente mantener sus niveles de
consumo suntuario a1 mismo tiempo que contribuy6 a1 aumento de la pobre-
za de la masa de campesinado.

3. Estancamiento agricola y migracion rural-urbana

iQuC efectos tuvo el estancamiento ocurrido en la agricultura despuCs de


1930 sobre las migraciones campo-ciudad? Es en verdad dificil responder
rigurosamente esta interrogante. No hay estudios suficientemente detallados
que permitan comprender la mecinica concreta de 10s movimientos poblacio-
nales. Puede sostenerse, sin embargo, que todo indica que una de las conse-
cuencias del estancamiento agricola sobre 10s movimientos demogrificos, fue
la reducci6n del ritmo de las migraciones del campo de la zona central hacia la
ciudad. En primer lugar, se entregarin 10s antecedentes que demuestran el
relativo estancamiento de las migraciones. En segundo lugar, se plantearin
algunas hip6tesis explicativas.

a) Disminuci6n relativa del ritmo migratorio

La zona central aument6 su poblaci6n rural casi en 10%entre 1930 y


1940. Es decir, 100 mil personas en 10 aiios. Compirese con el aumento de
90 mil personas entre 1865 y 1930. En la d6cada de 1950, debido a 10s
avances sanitarios y mCdicos, la tasa de crecimiento de la p o b l a c h del pais
se duplic6 (de 1.4%a 2,8%)y la poblaci6n rural de la zona central aument6 en
120 mil personas adicionales.
Para constatar la reduccion del ritmo migratorio desde el campo desp6es
de 1930, basta considerar 10s siguientes datos: entre 1930 y 1960, la pobla-
cion del pais se multiplic6 por 1,7. Si la ~oblaci6nrural de la zona central
hubiera crecido a1 mismo ritmo, Bsta habda sido de 1.780 mil personas en
1960. Sin embargo, fue s610 1.280 mil personas. Por lo tanto, esa zona
174 GUILLERMO GEISSE

expuls6 521 mil personas entre 1930 y 1960; es decir, el 69%de su creci-
miento vegetativo. Esta cifra contrasta con el 93%expulsado entre 1865 y
1930.

Estimacih de la migraci6n neta de poblaci6n rural por zonas l4


(miles de habitantes)
(4 (b)
Cree. efeetivo Cree. vegetativo

Zona Central
1930-1960 233 754 521 69 %
1960-1970 -47 262 309 118%
Zona Sur
1930-1960 173 672 499 74%
1960-1970 -44 22 1 265 120%

b) Algunas hip6tesis sobre reducci6n del ritmo migratorio

Uno de 10s mecanismos especificos por medio de 10s cuales debi6 reducirse
el ritmo migratorio, fue el gran aumento de la pequefia propiedad y el relati-
vamente menor aumento de la gran propiedad ocurrido despuCs de 1930. De
acuerdo con 10s antecedentes disponibles, este hecho revierte la tendencia
observada con anterioridad.

Ntimero y clase de fundos en tres periodos”


~

Tamaiio de las
propiedades 1869 I925 A% I965 A%
Grandes 316 2.650 739 % 3.331 26%
Medianas 1.991 19.739 891 % 34.1 17 73 %
Pequeiias 27.551 87.464 217% 216.044 147%
FUENTE: 1869: Anuario Estadktico; 1925-1965: Censos Agropecuarios.

14 Censos de Poblacibn. a) Crecimiento efectivo de la poblacibn rural se&n 10s Cen-


sos de Poblacibn b) crecimiento que debib haber experimentado la poblaci6n rural si
hubiese crecido a la misma tasa que la poblacibn total del pais
15 Grandes propiedades: 1869,aquellas con avalhos sobre $4.000; 1925-1965,aqu6-
lias con m i s de 1.000 has. Medianas propiedades: 1869,aquellas con avalhos entre $500
y $4000, 1925-1965,aquellas con superficies entre 51 has. y 1 000 has. Pquefias pro-
piedades: 1869,aquellas con avalhos inferiores a $500; 1925-1965,aquellas con super-
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 175

Ya se ha seiialado que a medida que la agricultura se expandi6 hasta


1930, impulsada por el auge comercial-exportador, la tierra se valoriz6 y la
propiedad se concentr6 en grandes latifundios. A partir de 1930, como
resultado de las nuevas condiciones econ6micas imperantes, la agricultura se
estanc6 y la renta de la tierra se redujo. La relativa desvalorizaci6n de las
tierras debi6 conducir a rebajar la tendencia a su concentracibn. Por otra par-
te, actuaba la tendencia natural de la subdivisi6n de predios por la via de la
herencia, especiahente 10s mis pequeiios. De aqui surge la tendencia a la
fragmentaci6n de las tierras ocurrida con posterioridad a la crisis comercial.
Si se aceptan las conclusiones del estudio de CIDA ya citado, en orden a que
la densidad demogrifica es muy superior en la pequeiia propiedad que en el
latifundio, este proceso constituye, sin duda, un factor explicativo fundamen-
tal del relativo estancamiento del proceso migratorio.
Contribuye a afirmar esta hip6tesis el crecimiento poblacional de las
pequeiias aldeas rurales que son, en su mayor parte, concentraciones poblacio-
nales de minifundistas y pequefios propietarios rurales. En efecto, 10s centros
“urbanos” con menos de 2.000 habitantes pricticamente habian desaparecido
en 1930 y sumaban una poblaci6n total de 51 mil personas. En 1970, en
cambio, llegaban a 322 mil personas.
En el campo, el resultado del estancamiento del proceso migratorio, fue un
aumento enorme del derroche de fuerza de trabajo. En 1964 se estim6 que
Cste alcanz6 a un tercio de la fuerza de trabajo rural (Aranda y Martinez
1970). Ningh otro sector de la economia present6 un cuadro semejante. A
pesar de 10s aumentos que hub0 en la productividad del trabajo, que se
verin posteriormente, la agricultura tuvo en 1969 una productividad media
un tercio mis baja que el menos productivo de 10s sectores urbanos, cuatro
veces mis baja que la industria y tres veces mis baja que el promedio del
pais (ODEPLAN; 1971).
Queda establecido un hecho aparentemente indudable. Desde el pu: to de
vista de la agricultura, las migraciones desde 1930 en adelante han sido
insuficientes y no excesivas. Desde el punto de vista de la economia, vale la
misma conclusi6n. Cualquiera que fuese el sector urbano a1 cual se incorpora-
se esa mano de obra, hubiese tenido una productividad sustancialmente ma-
yor. Cualquiera que sea la desocupaci6n o derroche de fuerza de trabajo
urbano, 10s mismos problemas son incomparablemente mis graves en el
campo.
Aunque insuficiente desde el punto de vista de la agricultura y reducidas
en comparaci6n con lo que habian sido anteriormente, hub0 en este period0

ficies menores que 50 has. Los datos entre 1869 y 1925 no son estrictamente compara-
bles. Sin embargo en periodos intermedios se dispone de informaci6n homogha (1854-
1874) que entrega las mismas conclusiones. Un examen regibn por regi6n demuestra que
el crecimiento m l s sustantivo de las grandes propiedades ocurri6 precisamente en aque-
llas que expandieron en mayor medida la produccibn triguera.
176 GUILLERMO GEISSE

grandes migraciones del campo a la ciudad. En volumen, estas migraciones


sobrepasaron 10s niveles hist6ricos, en la medjda que en 1930 la zona sur
estaba ya poblada y, a partir de esa fecha, comienza a prouucir migrantes
rurales. Se darin aqui algunas hip6tesis acerca de su naturaleza probable.

c) Factores explicativos de la migraci6n rural-urbana durante el period0

Un factor fundamental es la mecanizaci6n de la agricultura capitalista. Esta


debe haber provocado una liberaci6n y expulsi6n de fuerza de trabajo por
parte de las explotaciones comerciales. No ocurri6 lo mismo en la pequefia
propiedad rural donde el derroche de fuerza de trabajo se hizo cada vez mis
voluminoso. Se estima que en 1964 la explotaci6n capitalista utiliz6 un 23%
de exceso de fuerza de trabajo, la explotaci6n familiar un 41%y la explota-
ci6n subfamiliar un 57%(CIDA; 1966). Es muy probable, por lo tanto, que
parte de la mano de obra que emigr6 del latifundio qued6 ligada a la pequefia
propiedad y a la pequefia explotaci6n. El minifundio y la pequefia propiedad,
pauperizados, se transformaron cada vez mis en la reserva de fuerza de
trabajo temporal a un costo bajisimo para la propiedad capitalista.16

4. Efectos economico-politicos del estancamiento agricola sobre


la industrfalizacibn

a) El estancamiento agricola convertido en obsticulo de la acumulacibn


industrial

La conclusi6n general que puede sacarse de estos antecedentes, es que las


migraciones de poblaci6n de la pequefia propiedad y el minifundio han tenido
como origen general, la presi6n poblacional sobre la tierra (sobre una tierra
limitada no fisicamente, sin0 limitada por la propiedad latifundista). En la
explotaci6n capitalista, en cambio, se han debido a una creciente mecaniza-
ci6n.
Un segundo factor productor de migraciones fue la mayor especializaci6n
del campo en la producci6n de alimentos, especialmente en la explotaci6n
capitalista, y en menor medida en la pequefia producci6n mercantil.
A esta especializaci6n de la propiedad capitalista contribuy6 de manera
fundamental la expansi6n del transporte automotor acaecido en especial

16 Si se hubiera producido una liberaci6n de fuerza de trabajo en la pequeiia propie-


dad y el minifundio equivalente a la que se produjo en el latifundio, se habrfan expul-
sado aproximadamente 60 mil personas activas en el agro. Esto corresponde a mis de un
10% de la poblaci6n activa total en 1964 y a d s de un 20% de la fuerza de trabajo ocu-
pada en la pequeiia propiedad y el minifundio. E1 aumento de la productividad media en
el campo, especialmente en la pequeiia propiedad, y el aumento de las migraciones ha-
brian sido importantes
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 177

despuks de 1940. Los rincones m6s apartados del campo quedan incorporados
a1 intercambio. Esto profundiz6 la divisi6n de actividades entre campo y
ciudad ya influidas por el ferrocarril desde medio siglo antes. Todas las zonas
rurales avanzaron en su especializaci6n primaria y liberaron fuerza de trabajo
ocupada en la artesania y 10s servicios rurales. Esas actividades fueron apare-
ciendo especializadas en la producci6n industrial y servicios urbanos.
El estancamiento de la producci6n agropecuaria y la miseria de las masas
rurales que esto trajo como consecuencia, provoc6, a la larga, dos graves
problemas a1 propio capital urbano no agrario. En primer lugar, Bste vi0 sa-
crificar, en la importaci6n de alimentos, cuotas crecientes de las divisas pro-
ducidas en la finica gran actividad de exportaci6n: el enclave de las grandes
minas de cobre. Estas fueron cada vez mis necesarias para el funcionamiento
y expansi6n de la producci6n industrial. En segundo lugar, la estrechez del
mercado nacional, que comprime a la industria, fue particularmente agravado
por la pobreza de las masas asalariadas y pequeiios propietarios del campo.
Ambos problemas eran particularmente agudos para las nuevas fracciones
burguesas en desarrollo. En primer lugar, debian entrar a competir por las
divisas estatales con 10s grupos monop6licos. En segundo lugar, por la propia
naturaleza de su produccibn (bienes durables de consumo, metalmecinicos),
la cuesti6n de la estrechez del mercado era particularmente presionante.
Esto llev6 a sectores de la burguesia industrial a apoyar el movimiento campe-
sin0 que venia desarrollindose incipientemente en el campo.

b) Politicas redistributivas como expresi6n del apoyo del capital industrial a


10s movimientos campesinos emergentes

El movimiento campesino, que fue hacihdose cada vez m6s fuerte, consi-
gui6 las reivindicaciones m k importantes en la segunda mitad de la decada de
1960. En primer lugar, se levantaron gran parte de 10s obsticulos que se
habian puesto para impedir la sindicalizaci6n de 10s trabajadores agricolas. En
segundo, se oblig6 a 10s terratenientes a pagar en dinero un salario minimo
equivalente al salario miniino industrial.
Ambos hechos produjeron al menos dos efectos importantes: por una par-
te, mejorb la distribuci6n del ingreso agricda. En efecto, la participacibn de
10s salarios (incluyendo las leyes sociales) en el product0 geogrifico bruto
agricola subi6 de 38,2%en 1960 a 45,3%en 1970 (ODEPLAN; 1973). Esto se
debi6 probablemente a que 10s capitalistas agrarios no pudieron reducir las
regalias en la misma medida en que subieron 10s salarios en dinero, por lo que
el ingreso de 10s trabajadores subi6. Por otro lado, se ampliaron sustancial-
mente 10s mercados locales en la medida que subieron 10s pagos en dinero. No
se tiene antecedentes acerca de si la situaci6n de 10s pequefios productores
mejor6 en alguna medida.
El aumento de 10s pagos en dinero y el mejoramiento del transporte auto-
motor rural permiti6 profundizar la divisi6n del trabajo entre el campo y la
178 GUILLERMO GEISSE

ciudad. La mediana ciudad rural desarroll6 las actividades comerciales. Mu-


chas zonas de explotaci6n capitalista comenzaron a especializar la produc-
cibn en uno o dos cultivos. Por lo tanto, parte del abastecimiento de alimen-
tos de la fuerza de trabajo campesino comenz6 a llegar desde las ciudades.
Esta mayor especializaci6n liber6 fuerza de trabajo antes dedicada, en
el predio o en el pequeiio villorrio cercano, a la producci6n de alimentos para
10s trabajadores del predio.

5. La &yIla migracibn rural-urbana

Un segundo cambio de importancia, ocurrido en la segunda mitad de la


dCcada de 1960, fue la RA. La ley limit6 a 80 hectireas de tierra de riego de
muy buena calidad (y su equivalente en zonas menos fkrtiles) el tamafio
m h i m o de la propiedad agraria. Cualquier propiedad mayor podia ser expro-
piada y, en general, debia dejarse como “reserva en manos del terrateniente
precisamente ese limite. Siendo facultad del gobiemo decretar la expropia-
ci6n de un latifundio, una de las principales causales de ella era la mala
explotaci6n. La tierra expropiada seria distribuida principalmente entre 10s
inquilinos de 10s predios expropiados.
La burguesia no agraria buscaba resolver dos problemas principales con la
RA. Por una parte, aumentar de hecho la superficie bajo cultivo y la produc-
cidn agraria con cargo a las tierras no utilizadas por el terrateniente. De otra
parte, obligar al terrateniente a hacer un esfuerzo de inversi6n que implicara
una modemizaci6n de su explotaci6n y aumentar la producci6n. En suma, se
trataba de acelerar la modemizaci6n capitalista de la agricultura chilena y de
ampliar las capas de pequefia burguesia agraria.
Es dificil precisar cui1 fue el efecto de la RA Chilena sobre la utilizaci6n
de mano de obra en el campo. Existen antecedentes que permiten sostener
que la cantidad de familias asentadas en las tierras expropiadas aument6
respecto de las que existian antes de la expropiaci6n (CORA; 1969). No existe,
sin embargo, un estudio suficientemente comprensivo que permita dilucidar
el hecho de si esto implic6 o no una sustituci6n mayor de mano de obra
anteriormente vinculada a1 latifundio como obreros temporales. De tal modo
que ni 10s efectos directos de la RA sobre el us0 de mano de obra son clara-
mente discernibles.
Sin embargo, por ser un proceso gradual y por el hecho de ir acompafiada
de una sene de medidas que le confieren un caricter de modemizaci6n
capitalista de la agricultura, la RA tuvo efectos indirectos que probablemente
expulsaron poblaci6n rural de las tierras no expropiadas. En primer lugar, la
mano de obra se encarecib. En segundo lugar, la presi6n del movimiento
sindical fue, sin duda, uno de 10s factores que pesaron en las decisiones guber-
namentales de expropiacibn. Todo esto incentiv6 sin duda al capitalista agra-
no para reducir a1 miximo el us0 de la fuerza de trabajo. Si 10s efectos direc-
tos de la RA fueron positivos respecto de la utilizaci6n de mano de obra, ellos
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 179

fueron muy probablemente mils que compensados por estos efectos indirec-
tos. En efecto, aun tratindose de una FL4 avanzada, la superficie expropiada
no super6 el 13%de toda la tierra cultivable, afect6 a menos de un 28%del
latifundio y beneficib a no mris de un 7 %deltotal de la poblaci6n agricola.
Estos hechos explican el renovado ritmo que adquieren las migrac:'ones
campo-ciudad en la dCcada de 1960. En efecto, entre 1960 y 1970, la pobla-
ci6n rural decrecid por primera vez en Chile y el campo expuls6 a una pobla-
ci6n equivalente al 118%de su crecimiento vegetativo. La aldea rural con
menos de 2.000 habitantes aument6, sin embargo, su poblaci6n. Ello se
debi6 a 10s efectos anotados sobre la pequefia propiedad y el minifundio
sobre 10s obreros temporales, y a la ampliaci6n del pequefio mercado local
que, en aquellos rubros donde no hay ventajas de la escala de operaciones,
implic6 un desarrollo del pequefio comercio en la aldea. Sin embargo, su PO-
blaci6n aument6 a un ritmo reducido comparado con el de las dCcadas
anteriores .

El sistema nacional de centros urbanos


In troduccibn

Por sistema se entiende un niimero de entidades o partes cuya existencia,


funcionamiento y desarrollo depende en gran medida de las interrelaciones
entre ellas. Por lo general, todo sistema es un subsistema de un sistema mayor
y su identificaci6n como tal depende de la densidad de las relaciones entre
sus partes y de un cierto grado de autonomia respecto a otros subsistemas y a
sistemas mayores. Los sistemas urbanos e s t h formados por conglomerados
de poblaci6n y actividades economicas vinculadas al espacio circundante y a
otros conglomerados por 10s flujos de personas, bienes, servicios, capitales,
informacibn, etc.
Un sistema de centros urbanos est6 determinado por la existencia de una
unidad econ6mica y politica. La existencia de un sistema nacional de centros
urbanos responde en consecuencia a la existencia de una economia nacional y
de un Estado relativamente aut6nomo. La formacih de un sistema nacional
de centros urbanos es un proceso gradual, que en el cas0 de Chile estuvo
determinado por factores cuya existencia fue previa a la IS Estos son:

La consolidaci6n de un Estado nacional cuya fecha se ha fijado en la


mitad del siglo pasado durante la presidencia de Montt.
El paso del Sector mercado intemo a una situaci6n de relativa autono-
mia respecto de las fluctuaciones de mercado extemo (1930).
La integraci6n espacial de las regiones a travCs de redes de transporte y
comunicaciones que unieron de norte a sur el conjunto de regiones y
centros urbanos desde comienzos de siglo.
180 GUILLERMO GEISSE

Es asi como el sistema nacional de centros tom6 forma durante el periodo


del auge de las exportaciones en la segunda mitad del siglo pasado. Durante
este periodo hemos visto que el Estado jug6 un papel destacado en la inte-
graci6n institucional y espacial del territorio. Este factor, y la profundizacih
de la divisi6n del trabajo entre campo y ciudad, como consecuencia de la
expansi6n del SME, influy6 en la formaci6n de un sistema integrado de ciu-
dades. La profundizaci6n de la divisi6n entre campo y ciudad fue el resultado de
la incorporaci6n de una creciente proporci6n del trabajo campesino a la
producci6n mercantil y se expres6 en tres escalas. Una es la divisi6n entre
Santiago y las regiones; otra es la divisi6n del trabajo entre ciudades; y la
tercera es la divisi6n a1 interior de las regiones, algunas de cuyas ciudades
lograron desarrollar actividades de servicios y manufactura de tip0 artesanal.
La IS redefini6 la divisi6n regional interna del trabajo profundizando la divi-
si6n entre Santiago y las regiones. Santiago tendi6 a especializarse en la
producci6n manufacturera, pasando a ser una ciudad productiva despuCs
de haber crecido como ciudad comercial. Las regiones tendieron hacia la
especializacijn de actividades primarias y sus ciudades hacia las actividades
de intermediaci6n y politico-administrativas.Esta tiltima tendencia fue acom-
pafiada del desmantelamiento de muchas industrias que se habian desarrolla-
do en periodos anteriores, en 10s centros urbanos regionales.
La divisi6n del trabajo entre Santiago industrial y las regiones y entre
ciudades y campo no fue en absoluto conipleta como ocurri6 en 10s paises
centrales. Esto lo impidi6, por una parte, el caracter dependiente y monop6-
lico de la industria manufacturera y, por la otra, las profundas diferencias
sociales y econ6micas a1 interior del campo y de la ciudad.
Los cambios en la distribuci6n de la poblaci6n dentro del sistema nacional
de centros urbanos durante el periodo de IS muestran una acentuada concen-
traci6n de poblaci6n en la ciudad de Santiago y una notable tendencia hacia
la concentraci6n urbana a nivel intra-regional. Todo esto, en desmedro de 10s
centros industriales regionales: Valparaiso y Concepci6n y 10s centros meno-
res y villorrios del irea rural. Cabe notar que 10s centros urbanos intermedios
regionales que han aumentado su participaci6n en el total de la poblaci6n
urbana, lo han hecho por aumento del ndmero de centros mds que por
aumentos en cada uno de ellos. Es decir, la diferencia entre Santiago y cada
uno de 10s centros se ha ido acentuando notablemente con el tiempo.
Se intentari describir 10s principales cambios experimentados en el sistema
urbano nacional durante el periodo de IS, como parte de las transformacio-
nes econ6mico-politicas que acompafiaron a esta forma particular de indus-
trializaci6n. las cuales han sido examinadas en las secciones anteriores.

1 . Efectos espaciales generales de la industriaIizacion substitutiva

Los centros urbanos chilenos alcanzaron un notable grado de integraci6n


interna durante el periodo primario-exportador, no obstante la gran apertura
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 181

Distribucih de la poblacih urbana s e w tamaiio de 10s centros


I930 I970
Q b C a b C

Santiago 33.5 33.5 42.9 42.9


Valparaiso m5s
Concepcibn’ 17.0 50.5 12.7 55.6
C. Intermedia? 16.7 67.2 10 29.3 84.9 37
(50 a 150 mil h.) ( 2.6) ( 1) (18.1) (15)
(20 a 50 mil h.) (14.1) ( 9) (11.2) (22)
C. Menores3 22.0 89.2 46 10.8 95.7 79
Villorrios4 10.8 100.0 76 4.3 100.0 89

FUENTE: Censos de Poblacibn.

Incluye centros conurbanos de las respectivas heas metropolitanas.


Ciudades entre 20 y 150 mil personas. No incluye Valparaiso y Concepci6n.
Ciudades entre 5 y 20 mil personas.
Centros urbanos entre 2 y 5 mil persenas.
Columna a: Porcentaje de la poblacibn de cada estrato respecto de la poblacibn urbana
total.
b: Porcentaje acumulado.
c: NGmero de centros urbanos de cada estrato.

y dependencia de la economia local de 10s mercados mundiales. En esto


el Estado y 10s factores politicos e ideolbgicos de la dominacibn oliglr-
quica jugaron un rol principal. Per0 fue la IS el proceso que pus0 en actividad
el “motor” de la integracibn econ6mica y regional nacionales a1 convertir la
ciudad de Santiago en un polo industrial y al asumir el Estado un rol activo en
la expansi6n del mercado interno.
Como se dijo anteriormente, las politicas p6blicas de industrializaci6n
Ecieron econbmicamente posible la producci6n local de bienes antes impor-
tados a la vez que estimularon la expansi6n del mercado interno. La accibn
estatal sobre el espacio que m8s influy6 en este sentido, fue el desarrollo de
una red vial para el transporte automotor. A partir de la d6cada de 10s afios
40, el transporte automotor fue gradualmente substituyendo a1 ferrocarril y
a1 transporte tradicional, convirtikndose en la d6cada de 10s 60 en el modo
principal de transporte de bienes y personas. A fines de 10s aAos 50, quedo
completamente terminada la pavimentacibn del camino longitudinal que une
al pais de norte a sur y durante la d6cada de 10s 60 se hicieron avances signi-
ficativos en la red de caminos regionales.
La integracih vial de las regiones del pais fue perfectamente funcional
con las reformas impulsadas por la industrializacibn para incorporar a1 campe-
sinado a la demanda de productos y servicios urbano-industriales y a la par-
DlSTRlBUClON ESPACIAL DE LA POBLACION - 1930
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 183

'
ticipaci6n politica propia de la orientacibn democrltica-nacional del Estado
industrialista.
Los avances en la integraci6n espacial del mercado regional en expansi6n
profundizaron la divisi6n del trabajo entre campo y ciudad ya iniciada en el
periodo anterior a la IS y fueron un factor determinante en la tendencia
observada durante todo el periodo hacia la divisi6n del trabajo entre ciudades.
La industria manufacturera se concentr6 en su totalidad en las ciudades de
Santiago, Valparaiso y Concepcibn," las dos primeras a 140 Kms. de distan-
cia una de la otra en la macrozona central, y Concepci6n a s610 cuatrocientos
Kms. de Santiago hacia el sur. A1 mismo tiempo, las regiones y lreas rurales
que mis se beneficiaron con la modernizaci6n del campo (mecanizacibn,
crCditos, asistencia tCcnica y obras de infraestructura incluyendo transporte)
terminaron por especializarse ya no s610 en producci6n primaria, sino tam-
bitn en uno o dos rubros sobre 10s cuales tenian ventajas comparativas. La
industria y servicios artesanales locales fueron casi totalmente desplazados de
esas ireas y con ello la mano de obra dedicada a dichas actividades.
A1 mismo tiempo que las tres ciudades mayores, particularmente Santiago
y Concepcih, se transformaban gradualmente de ciudades comerciales en
industriales, las ciudades medianas, casi todas en el eje longitudinal y en la
costa del Norte Grande," crecieron en funci6n de las actividades de distri-
buci6n e intermediaci6n animadas por la incorporacih de crecientes masas
del campesinado a la economia monetaria y el despliegue burocriitico exigido
por las politicas estatales de desarrollo agricola. Prlcticamente todas las
ciudades medianas son capitales de provincia y por lo tanto sedes regionales
de oficinas del gobierno central.
El desarrollo de las ciudades medianas se produjo en desmedro de 10s
centros urbanos pequefios y villorrios que perdieron su importancia relativa
en cuanto a servicios a la poblaci6n y producci6n agricola." Esta tendencia
es mis notoria en las regiones donde la modernizacih capitalista penetr6 con

17 Santiago, la ciudad capital, tenia en 1970 casi 3 millones de habitantes, lo que re-
presentaba un 43 % de la poblacibn urbana del pais. Le seguian en importancia el puerto
de Valparaiso con una poblaci6n de 430 mil habitantes y Concepci6n con 377 mil, En
conjunto, estas dos filtimas ciudades representan casi el 13 % de la poblacibn urbana del
pais
18 Despuhs de las ciudades mayores, en orden descendente de poblacibn, se ubican
37 ciudades intermedias con poblaciones entre 20 y 125 mil habitantes Diez de ellas
corresponden a centros ligados a la mineria de la Zona Norte, salvo Arica que, debido a
su ubicacibn fronteriza, fue objeto de una polftica de industrializacibn especial. Las re4
tantes son ciudades ligadas a la actividad agropecuaria en el centro y sur del pais
19 Aunque entre 1930 y 1970 aument6 el nfimero de centros de este tipo, la F b l a -
cibn viviendo en ellos perdib importancia relativa respecto de la poblacibri urbana total.
En 1970 habia 79 ciudades menores (entre 5 y 20 mil habitantes) y alrededor de 160
villorrios de menos de 5 mil habitantes, en gran medida ligados, especialmenteestos GI-
timos, a la actividad agrkola De ellos, 89 centros tenian entre 2 y 5 mil habitantes
DlSTRlBUClON ESPACIAL DE LA POBLACION - 1952
NORTE
GRANOE

CENTRAL
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 185

mayor vigor. Estas son precisamente aquellas donde: a) la propiedad de la


tierra es mi% concentrada y la productividad por trabajador mayor; b) se
incorpor6 una mayor masa campesina a1 regimen salarial y c) se concentr6
la inversi6n del Estado en infraestructura destinada a1 transporte regional.
Las Areas rurales que reunen estos atributos son justamente aquellas en el
“hinterland” de las ciudades regionales mis grandes. A1 ser Cstas cada vez mis
accesibles desde todos 10s rincones de la regi6n, 10s servicios antes prestados
por 10s pequefios poblados locales dispersos en la regibn fueron perdiendo la
ventaja inicial de la proximidad fisica a la demanda ante la eficiencia y
diversificaci6n de la ciudad regional.

2. Efectos sobre las tendencias a la concentracion en Santiago de la industria-


lizacibn substitutiva

a) Concentraci6n espacial de la poblacih

Si bien el grueso de la industria manufacturera substitutiva se orient6 a1


mercado de consumo final y, por lo tanto, se localiz6 en las ciudades de
mayor tamaiio poblacional, la industrializaci6n convirti6 a Cstas en el prin-
cipal foco de atracci6n de la poblaci6n de todo el resto del pais.

Chile. Poblaci6n total y urbana en miles de habitantes


A Ao Poblacibn Urbana ( I ) Poblacibn Pais (2) (1): (21

1865 408 1.819 22.4


1907 1.228 3.231 38.0
1930 2.078 4.287 48.4
1940 2.548 5.023 50.7
1952 3.43 7 5.932 57.9
1960 4.724 7.374 1 64.0
1970 6.368 8.885 71.6
FUENTE: Aiios 1865, 1907, 1930 y 1970: Cuadros del Anexo.
AHos 1940, 1952 y 1960: Hurtado (1966)

Como se vi0 en secciones anteriores, el dinamismo exportador de la


economia chilena del siglo pasado fue el origen comlin de un proceso es-
pontfineo de intlustrializaci6n (industria originaria) y de un proceso igualmen-
te temprano de urbanizaci6n. La poblaci6n urbana chilena ya alcanzaba el
22,48 del total de la del pais en el ail0 de 1865. Desde ese afio creci6 soste-
nidamente alcanzando a1 48,4% de la poblaci6n total en el afio 1930 hasta
llegar a1 71.6% durante el afio 1970.
186 GUILLERMO GEISSE

Dentro de este largo periodo, las tendencias hacia la concentraci6n de po-


blaci6n se hacen mis intensas a partir del afio 1930, junto con el inicio
de las politicas de IS. La tasa anual de crecimiento poblacional de Santiago
entre 1856 y 1930 fue de 2.76%*' mientras que durante el periodo 1930-
1970 se elevo a 3.41 %, muy por encima de las tasas de crecimiento de las
otras dos ciudades industriales que le siguen en tamaiio: Valparaiso y Con-
cepci6n.

Evolucibn de la poblaci6n urbana del pais y ciudades principales (en miles).


1865-1930 y 1930-1970

Tasa media anual


de crecimiento
186.5 1930 1970 186.5-1930 1930-1970

Poblaci6n total pais 1.819 4.287 8.885 1.31 1.82


Poblaci6n urbana 408 2.078 6.368 2.50 2.80
Poblaci6n Santiago 115 696 2.731 2.76 3.41
Area Metropolitana - 713 2.820a - 3.43
Poblaci6n Valparaiso 70 193 250 1.56 0.64
Area Metropolitana - 243 430 - 1.42
Poblaci6n Concepci6n 14 78 161 2.64 1.81
Area Metropolitana - 112b 337c - 3.03

FUENTE: Cuadros del Anexo.

a S e g h definicibn del Gran Santiago del censo respectivo.


b Incluye la poblacibn de Concepcibn, Talcahuano, Chiguayante y Penco, que eran
todos centros independientes. N o conformaban propiamente un &ea metropolitana
como en 1970.
El &rea metropolitana de Concepci6n incluye las ciudades de: Concepcibn, Talca-
huano, Chiguayante, Penco, Lirquh y San Pedro, todas concentradas en torno a Con-
cepci6n.

La tendencia efectiva de concentracidn urbana en Santiago es aiin mayor


que la que se desprende del cuadro anterior a1 comparar tasas de crecimiento
de Santiago con Valparaiso y Concepci6n. La raz6n de ello es que una mayor
proporci6n del crecimiento de estas dos ciudades ocurri6 por anexibn, debido
a obstlculos naturales para un crecimiento espacial continuo, Bste ocurri6 en
forma discontinua por medio de la anexibn de pueblos vecinos relativamente

2 0 Si se subdivide el periodo 1865-1930, se observa que las tasas son mayores en 10s
Gltimos 6 0 s del periodo, cuando el proceso de desarrollo industrial ya se habia inkiddo.
Ver cuadro 16 del anexo.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 187

alejados. En otras palabras, como se puede observar en el cuadro anterior, en


Valparaiso y Concepci6n mis que en Santiago, el crecimiento por anexi6n se ha
sumado a1 crecimiento vegetativo y por migracidn de la ciudad central. Aun
asi, las tasas anuales de crecimiento poblacional de las ireas metropolitanas
de Santiago fueron muy superiores a las correspondientes con las de Valpa-
raiso y Concepcibn. El cuadro siguiente que representa las variaciones de la
importancia de la poblaci6n de las tres ciudades industriales respecto a la
poblaci6n urbana total de pais confirma este hecho.

Importancia relativa de las pMcipales ciudades del pais. 1865-1970


(en porcentajes)
1865 I930 1970

Pobl. Urbana/Pobl. Total 71.6


Pobl. Santiago/Pobl. Urbana
- Ciudad de Santiago 28.1 33.4 42.8
- Area metropolitana (Gran Stgo.) - 34.3 44.2
Pobl. Valparaiso/Pobl. urbana
- Ciudad de Valparaiso 17.1 9.2 3.9
- Area Metropolitana
(Valparaiso y Viiia del Mar) - 11.6 6.7
Pobl. Concepci6n/Pobl. urbana
- Ciudad de Concepci6n 3.4 3.7 2.5
- Area metropolitana - 5.3 5.9

b) Concentracibn espacial de las actividades econ6micas

Como se ha seiialado antes, las tendencias de conceqtraci6n de poblaci6n


en Santiago animadas por la actividad comercial durante el period0 primario
exportador, determin6 la localizaci6n concentrada de la industria y Csta a su
vez fue el factor de estimulo de ritmos a h mis acelerados de concentra-
ci6n de poblaci6n. Diversos indicadores dan cuenta de este fen6meno.
Considerando en primer lugar 10s valores del product0 geogrifico bruto se-
gtin su origen regional, la provincia de Santiago contribuy6 el afio 1970 con
el 45 % del total nacional, mientras que Valparaiso con el 8,6 % y Concepci6n
con el 6,3 % (Odeplan; 1973). Dicha concentraci6n ha sido creciente a traves
de 10s aiios segcn lo sugerido por la informaci6n disponible.21 A1 analizar el

2 1 La informaci6n de PGB se encuentra disgregada por provincias. Hay datos para


10s aiios 1952 y 1970, per0 las fuentes y la metodologia del c&xlo usada, difieren para
10s periodos 1952-1960 y 1960-1970, por lo que las cifras no son totalmente compara-
bles.
188 GUILLERMO GEISSE

aporte de Santiago a1 product0 por ramas de actividad econbmica, se v6 que


la concentracibn es mayor en la industria manufacturera y en 10s servicios de
mayor productividad, es decir en 10s sectores dindmicos de la economia na-
cional. Para el cas0 de la industria la concentracibn es del orden del 58%y
para 10s servicios del 53 %.

Concentracih del PGB en la provincia de Santiago


1952 a 1970 (en porcentajes)

PGB Industrial PGB Servicios PGB Total


1952 53 48 41,9
1957 48 49 41,4
1960 52 47.8 40,0
1962 55 49 42
1965 57 52 44
1967 58 54 45
1970 58 53 45
FUENTE:Aiios 1952 y 1957: Cirdenas (1964). Aiios 1960 a 1970: ODEPLAN (1973).
Citados por Raczynski, (1979).

En cuanto a poblacibn activa, la Gnica variable para la cual se dispone de


datos que cubren todo el periodo, la provincia de Santiago ha concentrado
una proporci6n creciente del total del pais (de 25 % en 1930 a 40 % en 1970)
y superior a la proporcibn de poblacibn total (23 % en I930 30,7 % en 1970).
Considerada sectorialmente, la poblacibn activa en la industria que correspon-
de a la provincia de Santiago representa una proporcibn aGn mds alta: 36%en
1930 y 56%en 1970.

Concentracih de la poblaci6n activa en la provincia de Santiago


1930-1970 (en porcentajes)
~-
AAos PEA Industrial PEA Total

1930 36 25
1940 45 28
1952 49 32
1960 52 35
1970 56 40
FUENTE: Censos de Poblacibn.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 189

Las cifras de empleo industrial que arrojan 10s censos manufactureros de


1957 y 1967 tambih dan cuenta del alto grado de concentracibn de la in-
dustria en Santiago: del orden del 60 % del total del empleo industrial en 1957
y 58 % en 1967. Este Cltimo aiio, la provincia de Concepci6n s610 concentraba
el 9.8 % y la de Valparaiso el 9 %.
El anilisis de la distribuci6n geogrifica de valor agregado por rama indus-
trial, lleva a una simple conclusi6n: la concentracibn en Santiago es enorme.
15 de las 20 ramas industriales generan mis del 50 % del valor agregado del
total de la rama correspondiente en la provincia de Santiago (kea econ6mica
de Santiago). Lo mismo ocurre a1 considerar el grado de concentraci6n del
empleo (aunque las 15 ramas no coincidan totalmente con las anteriores).
Respecto a estos datos no hay variaciones entre 10s censos industrales de 1957
y 1967. Las cinco ramas mis descentralizadas regionalmente estin compues-
tas de plantas cuya ubicacibn ha sido materia de decisi6n politica (“metales
bisicos”); de industrias con alto costo en el transporte de la materia prima a
10s centros de procesamiento, ya sea por el peso (“papel y celulosa”) o por
la perecibilidad del product0 antes de su elaboraci6n (“alimentos”); por su de-
pendencia del transporte maritimo o de matzrias primas (“tabaco y productos
del petr6leo y carb6n”). Mgs aGn, todas estas ramas, si bien estdn ubicadas
fuera de la regi6n de Santiago, ellas estin altamente concentradas o en Valpa-
raiso (“tabacos” y “productos del petr6leo y el carbhn”), en Concepci6n
(“metales bisicos”); o en las cuatro provincias alrededor de la de Santiago cu-
yo conjunto forma la macrozona central con un radio de menos de 200 kms.
desde el centro de esta ciuciad (“alimentos, minerales no metilicos”). Si bien
en el censo de 1957 y el de 1967 no se registran cambios significativos en
cuanto a1 grado de centralizacih de la industria manufacturera (ni por el va-
lor agregado ni por empleo), existe una leve descentralizaci6n de la produc-
ci6n industrial hacia las regiones, que no esti acampafiada de igual tendencia
en la poblaci6n que sigue concentrindose en Santiago. Este quiebre en la
concomitancia hist6rica de ambas tendencias, probablemente se ha acentuado
en 10s liltimos 10 aiios. La predicci6n formulada el aiio 1965 sobre tendencias
previsibles de disociaci6n espacial entre industrializaci6n (en las regiones) y
poblaci6n (en Santiago) para la dicada de 10s aiios sesenta y setenta deberi
esperar el censo de 1981 para su plena confirmaci6n. El fundamento de dicha
hip6tesis reside en la creciente importancia de industrias orientadas a las ma-
terias primas favorecidas por las politicas de diversificaci6n de exportaciones
y la elevada raz6n capital-trabajo de ellas (Geisse; 1965).
Por Gltimo, cabe sefialar que las tendencias de descentralizaci6n regional
de la industria manufacturera tienden a favorecer en primer lugar a la macro
zona central, es decir a la periferia inmediata a la ciudad de Santiago y Valpa-
raiso. Y en segundo lugar, a las regiones del sur y del norte mis alejadas de
Santiago. Valparaiso ha ido perdiendo su importancia relativa como plaza de
producci6n industrial y en cambio ha desarrollado las actividades de servicios
y ligadas al turismo. El descenso en la actividad industrial portefia no s610 se
190 GUILLERMO GEISSE

manifiesta en su menor participacibn en la instalaci6n de nuevas industrias,


sino tambikn en el traslado de muchas de ellas desde ese puerto a Santiago. El
factor mis importante en la creciente divisi6n del trabajo entre ambas ciuda-
des es la concentraci6n de las inversiones del Estado en trasporte y comunica-
ciones en la macrozona central particularmente entre Santiago y Valparaiso.
Debido a ello la macrozona central es la regi6n del pais que tiene el miis alto
grado de integraci6n espacial entre sus diferentes subregiones, lo que ha per-
mitido una creciente especializacibn de &as acorde a sus ventajas comparati-
vas (Geisse y Coraggio; 1970). Las afirmaciones anteriores se confirman con
10s datos sobre la variaci6n de la distribuci6n geogrifica de las industrias entre
1957 y 1967 segfin el tamafio de las plantas.

3. Desarrollo de las ciudades intermedias y decadencia de 10s centros menores


En 10s subsistemas regionales tambih ha estado presente una cierta ten-
dencia hacia la concentracibn de poblaci6n y actividades econdmicas en 10s
centros urbanos que aqui hemos denominado “ciudades intermedias”. Para
individualizar a estas ciudades, se fij6 arbitrariamente un limite de poblaci6n
inferior a 50 mil habitantes y uno superior a 150 mil, rango dentro del cual
se ubican casi todas las capitales de provincia, siendo su actividad principal
10s servicios y en particular, la intermediacibn, ademis de las funciones politi-
co-administrativas.
Como ya se dijo anteriormente, las ciudades intermedias experimentaron
un considerable crecimiento relativo de su poblaci6n durante el period0 de la
IS. El aumento se produjo mis por la multiplicaci6n de ciudades que por el
aumento vegetativo demogrrifico de cada una de ellas. Se explic6 ademis que
dicho aumento es el reflejo de la creciente integraci6n del territorio nacional,
especialmente el rural, aI mercado nacional polarizado en Santiago y a la pro-
fundizaci6n de la divisi6n regional interna del trabajo entre el campo y esa
ciudad. Las ciudades intermedias cumplen la funci6n de integradoras y esto
a su vez contribuye a una creciente especializaci6n productiva entre ambos
polos: uno industrial y otro primario.
Por un lado, la diferencia en 10s tamafios de poblaci6n se ha hecho cada
vez m h grande entre Santiago y cada una de las ciudades intermedias. Por el
otro, cada vez es menor la cantidad de la poblaci6n que vive en 10s centros
urbanos menores de 20 mil habitantes desplazzindose en parte hacia las ciuda-
dades intermedias. Asi, al mismo tiempo que se imponen las fuerzas de la
concentraci6n urbana en Santiago, esta misma concentraci6n exige, para su
expansibn, la formaci6n de una red de centros que por un lado facilite la dis-
tribuci6n de bienes manufacturados a todo el territorio y por el otro, la co-
mercializaci6n y traslado de la producci6n primaria desde el productor es-
pacialmente disperso hasta el consumidor urban0 espacialmente concentrado.
El mercado nacional de manufacturas, si bien considerado agregadamente
puede ser amplio, en 10s hechos se encuentra geogrifhmente disperso en un
Distribucih geogrifica del PEA industrial por tamaiio de las industrias medido por el empleo.
1957-1967
~ ~ ~~ ~ ~~~~~~ ~

Tamario Macro zona Santiago Valparaiso Concepcih Resto Total


Zndustrios central del pais

5-19 personas (1957) 53 .O 10.2 4.8 32.0 100.0


ocupadas (1967) 49.8 7.7 4.2 38.3 100.0

20-199 personas (1957) 64.1 9.9 6.3 19.7 100.0


ocupadas (1 967) 64.0 8.7 5.2 22.1 100.0

200 o m b personas (1957) 60.0 12.9 17.1 10.0 100.0


ocupadas (1967) 56.0 10.1 17.3 16.6 100.0

FUENTE: I11 y IV Censo Nacional de Manufacturas, 1957-1967.


DlSTRlBUClON ESPAClAl DE LA POBLACION - 1970 1
NORTE
GRANLE

- --
ExyiTE
CHIC0
oonjamnltau C gmpeBm mercadm I d e s . El paso de la ferrovia al transporte
automotors h p E & que edas demands locales se sumaran y se hicieran
efi@tikm P escdlia @d. Se maron asi las condiciones para la formacion de
mmrciak en el nivel regional. Las ciudades intermedias
ron mi fueron aquellas que tienen un hinterland donde
la &&m mamh mi& en la pmducci6n capitalista, especializindose y
hecho, a m a d o al desarrollo de! transporte, permiti6

en el mercado regional, debido al


la ciudad intermedia, precisamente
de las ciudades menores. En Cstas, el

esarrollo del pequeiio comercio local:


comercio de articulos de circulacion

1 eomercio de productos para la explotaci6n agri-


ferctilizante- maquinarias, servicios fmancieros y
t i h n k c q dtc. MQel pequeiio taller de reparaci6n simple puede subsistir en
1- c xxn mnlmnnm.
M em Ra aaedida que el sistema uhano se transformaba en la red de
llm groductm mauufadurados, en un proceso de ampliacion
y de htegmci6n del espaao local en el mercado nacional, se
d m k a x m d k i m s para el aumento del niimero de centros interme-
cilm y h itedmxih de la importancia econ6mica relativa de 10s centros me-
nom-
P a &X.-I parte3el sistema urban0 puede comiderarse tambidn como la red
de a5ndkdb de la pniu&6n primaria ~ mhacia l 10s grandes centros urba-
del mso anterior, se mta &ora de concentrar la produc-
gmed ckpem y comercializarla en 10s centros urbanos de
em& Bm d e s Santiago concentra maS del 60 % nacional. Esta

pietaxias- Pam esto ( a h en l m cams en que 610 se aprovecha la escala) la


194 GUILLERMO GEISSE

productividad por trabajador alli es mis elevada que en el resto del campo ha-
ciendo posible la retribuci6n salarial del trabajador. Hacia el otro extremo se
extiende la economia de subsistencia, atomizada en unidades familiares y sub-
familiares de produccih que ocupan una parte minoritaria de la superficie
cultivable total con un porcentaje mayoritario de la poblacih rural. De 10s
estudios orientados a evaluar el impact0 de la modernizacih en la diferencia-
ci6n agricola, es posible derivar consecuencias en la conformaci6n de 10s sub-
sistemas de asentamientos humanos rurales.
En el cas0 chileno, 10s pueblos rurales que han crecido y desarrollado es-
tructuras diversificadas de servicios de intermediacibn urbano-rural, hasta al-
canzar la clasificacih de “intermedias” son preferentemente las ubicadas en
zonas con predominio de propiedad latifundiaria (Vergara; 1977). La mayor
demanda de esas regiones, presiona sobre las ciudades regionales que han am-
pliado sus ireas de mercado con el mejoramiento del sistema intrarregional de
transporte. En otras palabras, la modernizaci6n del campo se concentra social
y geogrificamente, a la vez que desplaza poblaci6n de las zonas capitalistas
hacia las ciudades y hacia las Areas rurales marginales. Estas iiltimas tienen me-
por accesibilidad fisica a 10s mercados y presentan una alta densidad mini-
fundaria, ademis de tener 10s indices mis bajos de fertilidad y riego artificial.
En ellas, la productividad por trabajador es mucho menor que en las primeras
regiones donde se concentra la gran propiedad, lo que sumado a la dispersidn
geogrifica de su poblaci6q reduce la demanda campesina por bienes y servi-
cios a lo minimo para la subsistencia. De ahi que el desplazamiento de pobla-
ci6n del latifundio y propiedad mediana a las Areas rurales marginales ha he-
cho aumentar el ndmero de pequefios centros menores y villorrios dispersos
en el territorio marginal. Estos, mis que servir de soporte a la agricultura, se
constituyen en una combinaci6n de “pueblos dormitorios” de campesinos de-
sempleados dependientes de trabajos estacionales en las grandes y medianas
propiedades u obras pdblicas ocasionales. Estos campesinos son a la vez mini-
fundistas en el sector de subsistencia.
La comercializacih de 10s productos agricolas e industriales en las regio-
nes, es el componente principal de la integraci6n campo-ciudad y de la con-
fomaci6n de 10s subsistemas de centros urbanos regionales. La forma que
asumen estos subsistemas es funcional a la diferenciacicin agricola y contribu-
yen a una integraci6n campo-ciudad discriminada por sectores sociales.
El gran productor se integra directamente a Santiago donde se concentran
las vinculaciones con 10s mercados extemos, el cre‘dito, el poder administrati-
vo y politico, el consumo y las oportunidades de reinversi6n del excedente
agricola. El mediano productor y el trabajador agricola vinculado por relacio-
nes salariales con e’l y con la gran explotacibn, son 10s sustentos principales de
las ciudades intermedias. En estas se concentran las actividades de intermedia-
ci6n entre la industria y servicios urbanos y las actividades primarias en las
regiones rurales de expansi6n capitalista. La masa campesina de minifundia-
nos y desempleados, dispersos geogrsficamente, se ubica en 10s extremos de
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 195

las redes de comercializacidn y distribucih. Contrariamente a 10s grandes


propietarios, entran en contact0 con 10s agentes comerciales en su misma uni-
dad productiva bajo condiciones de intercambio desigual que obligan a vender
barato y comprar caro.

4. Localizacion de las inversiones publicas

El gasto pdblico ha jugado un rol importante en la concentracidn urbana


dado el activo rol del Estado chileno en el proceso de desarrollo. Un ejemplo
de esto es la elevada participacidn del gasto pdblico en la formacion de capi-
tal. Durante la de'cada de 10s 60, esa participaci6n alcanz6 un 50%con una
tendencia a crecer en la dltima parte de la dCcada, hasta alcanzar el 75 % en el
aiio 1969. Con respecto a la localizacidn espacial del gasto pdblico propia-
mente dicho, contrariamente a lo frecuentemente expresado, Cste no se ha
concentrado en Santiago. Est0 no le ha impedido tener un efecto espacial
concentrador. Datos disponibles de inversi6n pQblica regionalizada durante la
de'cada del sesenta, muestran que la zoha metropolitana de Santiago absorbi6
aproximadamente el 34%de Ia inversi6n pdblica nacional, lo que es aproxima-
damente igual a su participacidn en la poblacidn del pais. M6s significativo
adn es que la participacidn de Santiago en dicha inversidn fue bastante menor
que la que le correspondi6 en la generaci6n de PGB (45 %)y en el rendimiento
tributario (67%) (Uribe; 1971). Con estos datos a la vista, mis bien podria
concluirse lo contrario: que Santiago es exportador de recursos y esti finan-
ciando el gasto pdblico destinado a la promocidn del desarrollo del resto de
las regiones del pais (Uribe; 1971). No es ajeno a este rol el hecho de que la
tasa de inversibn, ya bastante baja en Chile comparado a paises desarrollados,
fue en Santiago inferior (1 3 %)a la del resto del pais (15,9 %)(Uribe; 1971).
Lo que est6 detris de la errdnea afirmacidn sobre la concentracidn del
gasto es: a) la sobrevalorizaci6n de la inversi6n en vivienda y gastos de urbani-
zaci6n como causa de concentracidn de poblacibn en Santiago y b) el efecto
del gasto pdblico, donde quiera que se localice en las tendencias hacia la
concentracibn en Santiago de la inversidn privada.
En efecto, la zona metropolitana de Santiago absorbid el 54 % del total de
la inversidn pdblica en vivienda durante la de'cada analizada y 10s gastos de
urbanizaci6n (agua, luz y alcantarillado) ascendieron a 49 %. Sin embargo, la
inversidn pdblica del llamado sector productivo fue bastante descentralizada.
S610 el 15 % fue localizado en Santiago (incluye energia, combustible, trans-
porte y comunicaciones). lgual ocurrid, aunque en menor proporci6n, con al-
gunos rubros como educacidn y salud. Esto no debe entenderse sin embargo,
como localizaciones necesariamente descentralizadoras. Por el contrario, este
tip0 de inversibn contribuy6 a la integraci6n de 10s mercados regionales a1
centro urban0 principal: Santiago.
No ha sido el cas0 chileno una excepci6n de la ley bisica de la teoria de lo-
calizaci6n en economias de mercado. Segdn esa teoria, el mejoramiento del
198 GUILLERMO GEISSE

Esta suponia el tdrmino de la IS y sus elementos aparejados, mediante una


reactivaci6n de la influencia del mercado en la vida econbmica, una politica
monetaria y arancelaria concordante y, en definitiva, un incorporaci6n plena
de la economia nacional en el capitalismo transnacional. Esta nueva visi6n
para un modelo econOmico estaba ya inscrita en el programa de la candidatu-
ra Alessandri, en 1970.
La nueva orientaci6n de estrategia econ6mica esbozada por sectores del
gran capital era estimulada y tenia sentido en el marco de 10s desarrollos acae-
cidos en el sistema capitalista mundial. Este empieza a consolidar un fimcio-
namiento como sistema global integrado, transnacional, en que se internacio-
nalizan 10s diversos ciclos de rotaci6n del capital alcanzando una enorme mo-
vilidad.
En el periodo inmediatamente anterior y durante el periodo de la UP,el
gran capital busc6 desarrollar la fuerza suficiente que le permitiera imponer
un nuevo modelo de acumulaci6n basado en la reinserci6n nacional en el capi-
talismo transnacional. Las debilidades en la conducci6n del proceso de trans-
fomaciones por parte de la UP, en el marco de la crisis generalizada, permite
a las expresiones politicas del gran capital hegemonizar una movilizaci6n
politica que condujo a1 golpe de estado de 1973.
Es importante destacar aqui algunos elementos generales de la modalidad
que asume el sistema transnacional a1 que se integra la economia nacional por
ios efectos politicos y espaciales que ellos tienen.

2. El marco del capitalismo internacional


DespuBs de la ultima guerra mundial, el capitalismo desarroll6 la transna-
cionalizaci6n de la producci6n industrial. Un efecto de este proceso fue la
unificaciim de 10s capitales nacionales industriales en grandes conglomerados
multinacionales, que permitieron la diversificacibn de la produccidn industrial
a escala mundial. Otra tendencia, que surgi6 como producto de la expan-
si6n de 10s limites de la realizaci6n del capital, ha sido el papel protag6nico
que asume el capital financiero.
Ya no se trata de la unificaci6n de las diversas esferas del capital a nivel lo-
cal bajo la Cgida de la fracci6n especializada en la gesti6n del capital-dinero.
Como producto de la internacionalizaci6n del capital industrial, el mismo
capital financiero se internacionalizo, generando un mercado financiero mun-
dial unico y “formando un capital financiero multipolar y transnacional
donde se articulan 10s capitales financieros nacionales con 10s capitales fman-
cieros de otros bloques del centro del sistema ... Lo distintivo y cualitativa-
mente diferente de la nueva articulaci6n del sistema capitalista no es por tan-
to la hegemonia del capital financiero nacional sobre 10s capitales parciales de
cada una de ias grandes potencias .... sino la colusion del capital financiero
transnacional dentro de una estrategia global de control y maximizaci6n de
beneficios a escala mundial” (Gorostiaga; 1978).
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 199

El capital financiero internacional, como articulador y coordinador del


sistema, se ha puesto en situaci6n de desempeiiar el papel predominante en
la funci6n de realizaci6n a nivel intemacional del valor, en tomo a su elemen-
to dinimico, la banca transnacional. Esta articula el capital de 10s centros
financieros, de las empresas transnacionales, el capital nacional de las empre-
sas locales, el capital de las empresas estatales asociadas con transnacionales
y el capital de 10s organismos financieros internacionales.
En este marco, la importancia de la dimensi6n nacional tanto se fortalece
como se desdibuja, a trave's de 10s efectos politicos y espaciales que acarrea
la nueva inserci6n intemacional.
En primer lugar, ella adquiere importancia en el sentido especifico de que
la operaci6n y regulaci6n de la realizaci6n del capital a nivel mundial queda
necesariamente bajo el control de estados-naciones, encargados de gestionar
y trazar el marco nacional de realizaci6n del capital (Varas y Agiiero; 1978).
En segundo lugar, este ordenamiento mundial del capital actua sobre la
composici6n y dinimica de 10s bloques de poder a nivel nacional. El marco
mundial impone sobre las fracciones propietarias locales la subordinaci6n a1
capital financiero intemacional, destacando el papel dominante de la fraccib
financiera local al interior del bloque dominante, controlando la d i n h i c a
econ6mica del conjunto de las fracciones propietarias.' De este modo, la
nueva inserci6n intemacional y la recomposici6n interna de 10s bloques de
poder, implicd la crisis de 10s sectores industriales desarrollados en el protec-
cionismo de la IS. La politica de la reinserci6n internacional, que busca la
adecuacih nacional a1 sistema transnacional, se expresa en politicas econ6mi-
cas encaminadas a favorecer la realizaeibn del capital-mercancia, liberalizando
el comercio intemacional del capital productivo, mediante proyectos de
infraestructura, explotaci6n primaria, o de industria localizada, y del capital-
dinero mediante favorables medidas al capital extranjero (Varas y Aguero.
1978).
La recomposici6n de 10s bloques de poder intemo, la magnitud de las
transformacimes socio-econ6micas, 10s procesos de concentraci6n y centrali-
zaci6n de 10s capitales y la vuelta atra's respecto de las conquistas sociales, son
elementos requeridos para la adecuaci6n a1 capitalism0 transnacional. Todos
ellos apuntan a la necesidad del nuevo modelo de acumulaci6n de basarse
politicamente en regimenes autoritarios.
El cas0 chileno es un buen ejemplo, agudizado tanto por el peso que habian
alcanzado las fuerzas democriticas nacionales como por el ritmo y drasticidad

1 Entre 1973-1976 la inversi6n directa de 10s EE.UU. en America Latinadlo tuvo


variaci6n positiva en 10s rubros comercio, que aument6 en 53,8 % y Finanzas y Seguros,
que aument6 en 159,8%. Elaboracibn (A. Varas y F. Agiiero, 1978), a partir de la in-
formaci6n contenida en US Department Of Commerce, &ney of Current Business Oc-
tober 1975, y August 1977. AI mismo tiempo, las sucursales bancarias de 10s EE.UU. en
Amirica Latina pasaron de 235 en 1969 y 529 en 1975, representando un incremento
del 125,l % (Gorostiaga, 1978).
200 GUIUERMQGEJSSE

imprimida a la imposici6n del nuevo modelo. Es en este sentiah ape ]la hter-
nacionalizaci6n del capital robusteece la d M h naciod aU mmer q u i la
gestion politicoestatal del iimbito de re&ciim.
Por otro lado, sin embargo, la dimemih ~ c z i o n asel d & m uksrk la
penpectiva politico-espacial. En efecto, en este n w o m a n q bas
de localizaci6n de dive- actividades se consideran en fmci6nn de fkctoms
globales, cuyos centros neur&icos residen en el exterior?

La politica de kr r i r t e r n a a o d d n

El marco global planteado mia,por w &eneralidad, p h t e a ~6101-


trazos m5s p e s o s que wnforman la imercih de la ecommmia m am el
capitalism0 trasnacional. No es el propcjsito de esta d m dar amemta de Bas
contradiccidnes y formas politicas concretas por d o de k i amahs se
materializa dicha insercibn. Lo que si intema ahosldar s m hs pediim5ddes
que asumen en el cas0 chileno la politics de inltemaciom%acib y w&dar Em
elementos mis dinhicos que sustentan Em p t e n d e s de dele de h
economia en ese marco. Est0 con mim al pmpisito espe&m ate exad-
nar 10s efectos y las tendencias socio-espaciaks ~ p s ~ de&mm
e del nmmdelo de
acumulaci6n en marcha.
En este sentido parece necesaio referirre a lm msgm mttdks alk
litica que ha conducido a la im@cih del nwvo modelo, p w a h q o
determinar 10s resultados relativamente crktahados qne d m d mtmm para
el desarrollo de las tendencias espaciales. En vista de ~raplestmht& espc-
cifico, so10 apuntaremos algunos de 1 0 s ekmentos pina5palks & esa pdi-
tica, haciendo abstraccih de las opmiciones y contxa&- & mas upe
emergio, asi como de 10s distintos momentm en que efla k m i m p -
nitnd~se.~
La politica e c o n h i c a que se i m p u h en W e dede el I I
de 1973, obedece, w m o veiamos, a ma o&x&wiiin de hgo
nada a configurar un nuevo modelo de acumulacih cow
necesidad de estructurar numas formas de orgwizacih
nos de sus aspectos p a r t i c u b han okdecids tambit% a
turales como el impulso de medidas de estiMh&
frente a elementos heredados de la fase pnwia, COIMT fm p a ejemqdh el dto
indice de inflacih
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA

1. Estabilizacion, liberacion del mercado y concentmcibn

El elemento central de las politicas impulsadas ha consistido en 1I;S -lI


ci6n de la fuerza del mercado, de modo casi absoluto, exceptuando cenn cknltc~
sentido la fuerza de trabajo, como el mecanismo destinado a asqgmr h
asignacibn 6ptima de 10s recursos. Este elemento se d e s a r d 6 iui- P
tmv6s de la liberaci6n de precios y la politica cambiaria. Sin embzqp3m
consecuci6n ulterior, dada la estructura y formas de operaci6n
la economia nacional en el que el Estado tenia una activa participai&
implic6 liberar el mercado de las trabas impuestas por su control ypmmmc51
directa, imponihdole dristicas reducciones.
De este modo, la liberacih del mercado fue acompaiiada de un txmgta~&
acci15n cada vez m6s amplio para la iniciativa privada, que alcama inn*
sectores tradicionalmente en manos del Estado por su funci6n W.. 898
mismo tiempo, la drhstica reduccidn de la actividad econ6mica del Ektado,, SE
manifest6 en el notable descenso de la inversi6n publica, cuestih exi@&apr
la polftica de estabilizaci6n y restricci6n monetaria, per0 que se m-ba
resueltamente a ampliar el campo de responsabilidad privada. En eT&c%~~
aun cuando 10s ingresos tributarios repuntaron como product0 de m m m m
impuestos a1 consumo, la inversibn pliblica se redujo a la mitad entre 1973 y
1977.4
Se manifest6 tambikn esta reducci6n en un importante traspaso de actiims
del Estado a manos privadas. Hasta junio de 1977 se habian vendido, m e -
zado o liquidado 255 empresas requisadas o intenenidas por et lf%ta&~,
quedando pendientes sb10 4. El mismo proceso se realiz6 en -e- ce~mm
participacibn estatal en su composici6n accionaria proceso que hzrsta e m
fecha cubria 394 empresas dejando 70 pendientes (Foxley, 197B]. Ekltas
medidas fueron justificadas para reducir el gasto fiscal, per0 tam- s1~
encaminaban a asentar el modelo de privatizacibn, puesto que lm a m
estaban fuertemente subvaluados y muchas de las empresas generah mmili-
dades (Foxley, 1979, Dahse; 1979).
Estos traspasos generaron en plazos muy cortos una enonne ale
capital para 10s nuevos adquirentes y contribuyeron poderosammt~a h
estructura concentrada en la propiedad del capital. Algo similar mum156cerm el
sector agrario, donde el 30%de la tierra expropiada por la RA fuc d e m b a
sus antiguos propietarios, ademzis del hecho de que $ran parte de U a ltkm.
asignada a 10s campesinos era vendida por &os o arrendada por largm p b
dos, contribuyendo a la conccntracibn de la propiedad agraria (Foxky, 197 ' 79)-

4 Como porcentaje sobre el PGB, la inversi6n pfiblica era de 12,s en 1973 J wy6 ;all
6.3 en 1977. Las cifras incluyen formacibn de capital e mversi6n fmanciewh @F*;
1979).
5 Dahs seiiala que la venta de acciones y derechos de 45 sosiedades m m
&n estatal fue por un valor de USN41.08 millones mientras su vabr en h % m d & t
a USV31.83 millones.
202 GUILLERMO GEISSE

Por otro lado, la politica hacia el trabajo contribuyd tambie‘n a1 aumento


de la ganancia del capital, a1 reducir fuertemente 10s salarios reales, mantener
la cesantia en torno a1 14%e imponer una voluminosa legislaci6n restrictiva
sobre las organizaci6nes y demandas sindicales.
Tambie‘n oper6 en el mismo sentido la posibilidad otorgada a la creaci6n
de un mercado de capitales mediante el desarrollo de sociedades financieras
que, a travCs de medidas en su favor, permiti6 enormes ganancias a partir d e
las diferencias entre la tasa externa e interna, &a Gltima libre desde 1975.
El sector financier0 fue el Gnico que gener6 un aumento proporcional de sus
utilidades, pasando del 9.7 a1 23.0% respecto del total de utilidades en socie-
dades anbnimas, entre 1974 y 1975 (Foxley, 1979). De este modo, se gestaron
grupos econbmicos con control creciente de las operaciones financieras, ge-
nerando un mecanismo d@imico de acumulaci6n que ha estado fuertemente
asociado a1 proceso de adjudicaci6n privada de activos.

2. Liberacion del comercio internacional y diversificacidn de exportaciones

Por otraparte, elemento central de la politica econ6mica ha sido la apertu-


ra a1 mercado exterior, encaminada a liberalizar el intercambio de bienes,
servicios y capitales con el resto del mundo. La insercion plena de la econo-
mia nacional en el capitalism0 mundial, mediante la liberaci6n de la fuerza
del mercado internacional, acentuaria la optimizaci6n en la asignaci6n de 10s
recursos productivos internos. Desde esta perspectiva, el dinamismo del
proceso de desarrollo viene dado principalmente por la apertura en el comer-
cio exterior y en el flujo de capitales.
En consecuencia, la politica se orient6 a estimular la diversificacidn de
exportaciones (DE) y a sustituir buena parte de la producci6n interna por las
importaciones, bajo el principio de las ventajas comparativas, a lo que se
adicionaron medidas especiales para la atracd6n del capital extranjero.
La politica de DE es una derivaci6n necesaria de la apertura exterior, en
tanto se orienta por la necesidad de superar el “estrangulamiento extemo”
provocado por las dificultades en la balanza de pagos, de modo de satisfacer
la demanda interna de insumos y bienes. Coyunturalmente era exigida por la
necesidad de reservas que permitiera enfrentar las dificultades de politica
internacional sobre la economia. Pero, mas que eso, la DE apunta a superar
las limitaciones a la acumulaci6n que imponia la estrechez del mercado en el
moclelo de IS, en el entendido de que la amplitud del mercado mundial y la
competencia internacional, son capaces de provocar un aumento de la produc-
tividad y la acumulacidn. Todo esto, basado en el diagnbstico de la potenciali-
dad exportadora del pais, a partir de la explotaci6n de sus recursos naturales;
mineros en el norte y centro norte, agricolas en el centro y forestales en el
sur y centro sur y basado tambih en la acertada presuncidn de que 10s re-
cursos naturales constituyen la principal fuente de atracci6n para el gran
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 203

capital extranjero, el concurso del cual es indispensable para elevar el nivel


de acumulaci6n interna.
Esa politica imponia avanzar hacia una mayor especializaci6n econ6mica
del pais en las actividades donde tiene posibilidades mayores de competencia
internacional. Esto significa una profundizacih de la incorporaci6n del pais a
la divisidn internacional del trabajo. Simultineamente significa una mayor
especializacih y divisi6n del trabajo entre las regiones del pais.
A1 mismo tiempo, la expansion de las cxportaciones implica ampliar y
profundizar la incorporaci6n de capital extranjero, en el entendido que la
posibilidad de competir en 10s mercados internacionales est6 dada en gran
medida por la posibilidad de conseguir niveles de eficiencia y calidad compa-
rables a las de la gran industria moderna internacional. En general eso depen-
de tanto de la escala de operaciones como del conocimiento tCcnico y de ges-
ti6n. El capital nacional dificilmente esti en condiciones de concentrar 10s
vol~menesrequeridos de capital y de conocimiento tecnol6gico. Esto lleva a
la necesidad de abrir paso a la penetraci6n del capital extranjero en la amplia-
ci6n del sector exportador.
Por cierto, se pretende que la DE haga crecer la economia, aumente 10s
ingresos y en consecuencia amplie el mercado interno. No se desconoce la
enorme concentracih de 10s ingresos y la tendencia de 10s grupos de altos
ingresos a aumentar el consumo importado, ni que gran parte de 10s mayores
excedentes generados se filtren a1 exterior a traves de la propiedad extranjera
de las principales y m&sgrandes actividades exportadoras. Con todo, se asume
que es muy dificil que la DE no impulse las actividades econ6micas destina-
das al mercado interno, aunque Cstas no Sean principalmente industriales.
Bajo esta visi6n las primeras medidas de la politica de apertura se centra-
ron tanto en el manejo del tip0 de cambio, para incentivar la exportaci6n,
como en la desgravaci6n arancelaria como un modo de asimilar el mercado a1
mercado internacional con la menor interferencia posible.
Esta politica permiti6 que, dentro del 12,5%de aumento del valor del
total de las exportaciones chilenas entre 1970 y 1978, 10s sectores mis
dinimicos de exportaci6n fueran el de productos agropecuarios (+ 2112.2%)
y el de materias primas semielaboradas (+ 247.7%). La importancia de este
aumento se sustantiv6 en el decrecimiento del precio del principal rubro de
exportacih tradicional, el cobre. La tendencia en la configuraci6n de la
estructura de las exportaciones indica su basamento en la explotaci6n y
aprovechamiento comercial de 10s recursos naturales.6
Por su parte, las medidas de reducci6n arancelaria se desarrollaron impla-
cablemente desde 1973, en que la tasa arancelaria promedio era del 94%,

6 Los productos quc engrosan la categoria de “materia prima semielaborada” son,


en orden decreciente de acuerdo a 10s valores exportados en 1978, celulosa, harina de
pescado, maderas, 6xido de molibdeno, cobre semielaborado, mariscos congelados y
ferro molibdeno (Herren y Morales; 1979).
ma --
206 GUILLERMO GEISSE

do no involucr6 solamente una activaci6n del comercio internacional, en que


se hizo radicar el efecto dinamizador de la demanda en el exterior, sino
principalmente una operaci6n destinada a la atraccibn del gran capital inter-
national como elemento indispensable del modelo en imposici6n. En el marco
del mercado liberalizado e incorporado sin interferencia a1 mercado mundial,
el capital internacional aparece como central para el dinamismo del desarrollo
de 10s recursos productivos internos. Este cumple el rol de inversionista,
capaz de paliar la debilidad del capital y el ahorro nacional, aportando la
tecnologia modema, 10s mercados de exportacibn y 10s mismos recursos
fmancieros (Herrera y Morales; 1979).'
3. El capital extranjero
La politica de atracciijn a1 capital extranjero se inici6 con las politicas de
estabilizacidn atractivas para el fondo monetario internacional (FMI), que
facilitaba las condiciones de renegociacibn de la deuda externa y con las
negociaciones que acordaron compensar por parte del gobiemo chileno la
expropiacibn sobre el period0 precedente de las compaiiias norteamericanas
que fueron propietarias de la gran mineria del cobre y de la ITT.
M&s a116 de esas medidas parciales, la politica se concentr6 en una serie de
reglamentos destinados a regular favorablemente el ingreso de capitales aso-
ciados a la inversi6n directa en actividades econbmicas y aquellos incorpora-
dos en el crCdito financiero. El primer tip0 de reglamentos favorecia en tal
forma el ingreso de capitales, que contradecia las disposiciones mbs importan-
tes incluidas a1 respecto en el acuerdo de Cartagena que Chile habia suscrito.
Esta reglamentacibn, junto a las medidas arancelarias, se contradijeron a tal
punto con el Acuerdo, que Chile opt6 por retirarse de 61 en 1976." Respecto
a 10s crkditos finmcieros a empresas pfiblicas o privadas, la reglamentaci6n
dispone amplia libertad para su contratacibn y establece poderosas garantias
a las remesas de divisas para el pago de 10s intereses y amortizaciones corres-
pondientes. Las regdaciones estatales en el ingreso de estos crCditos no se
pronuncia mris que sobre minimas condiciones de plazo y monto del inter&,
sin interesarse ni sobre su localizaci6n ni objetivo economico.
9 Una parte importante de la exposicibn que sigue esti basada en este texto.
10 En lo fundamental, 10s nuevos reglamentos establecen "la libertad total para reme-
sar al exterior las utilidades provenientes de la inversi6n sin n i n g h tip0 de li'mites y, asi-
mismo, otorgan al inversionista la posibilidad de remesar al exterior 10s capitales inverti-
dos originalmente, despuks de 3 afios de internados, sin n i n g h Ifmite de plazo legal o
montos. Ademis, el inversionista extranjero tiene el derecha a elegir entre acogerse al
regimen tributario aplicable a las empresas nacionales u optar por el establecimiento de
un sistema tributario invariable por 10 afios, que fija un impuesto a las utilidades con una
tasa total del 49%. Desde un punto de vista mLs general, esta reglamentaci6n establece
como principio la no discriminaci6n entre la inversi6n extranjera y la inversi6n nacional
y concede al inversionista forineo el derecho a apelar en 10s tribunales chilenos contra
cualquier medida gubernamental que consideren discriminatoria en contra de sus intere-
ses". (Herrera y Morales, 1979).
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 201

Ya nos referimos mis arriba a las medidas que favorecieron la creacion de


un mercado nacional de capitales. Sin embargo, es importante destacar aqui
su importancia como mecanismo de conexi6n con 10s recursos financieros
externos. Esto se manifiesta en la apertura hacia el exterior del mercado
nacional de capitales y en la facilidad otorgada a1 sistema financiero nacional
para endeudarse en el exterior. Hoy dia 10s bancos comerciales y de foment0
pueden contratar crCditos externos hasta por un monto equivalente a 20 veces
su capital y reservas.
TambiCn la importancia crecietlte del sector financiero se manifiesta en
que de aquel tip0 de inversi6n financiera externa canalizada casi totalmente a1
sector privado," el 3,8% era destinada a1 sector financier0 en 1476 mientras
que en 1978 recibia el 41,8%, equivalente a US $326, 1 n31lones (Herrera y
Morales; 1979). Por Gltimo, esta importancia del sector aparece tambiCn gra-
ficada en la reentrada de 10s bancos extranjeros a1 sistema financiero.
La privatizaci6n de la economia y la apertura de Csta a1 mercado interna-
cional, ha significado tanto un aumento significativo de 10s flujos de capital
como de la participaci6n privada en ella, atendiendo a la inversi6n financiera.
En efecto, mientras la deuda externa general de Chile aument6 en un 71%
entre 1974 y 1978, el sector pilblico lo hizo en un 29%mientras que el
sector privado en un 308% Simultineamente, el control, acceso y destino de
esos crCditos en el sector privado se ha concentrado enormementq en torno
a 10s grupos econ6micos (Dahse; 1979). Algo similar ocurre en ambos senti-
dos desae el lado de 10s acreedores. Cerca de un 50%de la deuda externa de
Chile a fines de 1978, se adeudaba a bancos privados y otras instituciones
financieras privadas y s610 14 de estos bancos controlan alrededor de la
mitad de toda la deuda (Herrera y Morales; 1979).
El volumen de la inversi6n financiera externa ha sido significativa desde
la implantaci6n de la politica de internacionalizaci6n econ6mica, aunque
ella se ha concentrado en 10s afios que siguen a 1976. En el quinqwnio
1974-1978, la economia chilena recibio una cifra algo superior a 10s US
$ 7.500 millones l2 en criditos externos. Sin embargo, la mayor parte de esta
inversi6n no ha salido del circuit0 financiero y comercial, y muy poco de Csta
ha podido traducirse en un proceso de expansi6n de la capacidad productiva
interna. La mayor parte de esta inversi6n se ha canalizado en crkditos finan-
cieros de corto plazo destinados principalmente a resolver las necesidades de
capital de trabajo de las empresas, en crCditos para financiar el traspaso de
activos ya existentes, o para el financiamiento de importaciones, cuyas
tendencias ya analizamos. De otra parte, un monto significativo es destinado a
la manutenci6n, con escasa rentabilidad, de un cierto nivel de reservas interna-

11 Nos referimos a la inversibn financiera canalizada a traves del articulo 14 de la


ley de cambios internacionales,
12 En dblares de cada aiio.
m GUILLERMO GEISSE

ciiamks y tambikn a la amortizaci6n de 10s creditos y pago de intereses de la


M e~tema.'~
P m at4h-o lado, el hecho de que las fuentes acreedoras provengan creciente-
mmte & medios financieros privados, ha implicado un acortamiento en 10s
de mncimiento asi como tasas de inter& superiores a 10s medios ofi-
asks,, tad0 lo cual redunda, mientras la balanza comercial no sea superavita-
m unma demanda interna creciente de inversi6n financiera.
IEnn mma, desde el punto de vista de la inversi6n financiera, aunque con-
sikkmmdo tambikn el conjunto de la inversi6n extranjera materializada, todo
immdliicEaa ape sus volhenes se vinculan a situaciones coyunturales de tip0
cmmmmid m;is que a la potenciaci6n de la capacidad productiva interna.
Em azolllmto a la inversi6n extranjera directa, que se increment6 en 10s
aiBm mu% I?tteientes, esta no ha tenido atin efecto importante sobre la activi-
dad mumtimica, tanto porque 10s montos materializados son pequeiios como
par rwn mtudeza. En efecto, entre 1974-1978 se han autorizado inversiones
umm m n t o ercano a 10s US $ 2.500 millones, de 10s cuales s610 el 8%se
hhi ammaetado a fmes del liltimo ailo. Del monto materializado, la mayor
pauk cmmspondi6 a la compra de la Minera disputada por la Compaiiia
Exxamm,, y o h parte, much0 menor, se destin6 a la compra por Good Year de
k-E Nacional de Neumiticos. De este modo, la mayor parte de la
iimem%m dire& extema materializada, correspondi6 a simple traspaso de
ttitid!m de propiedad (Herrera y Norales; 1979).
IL im camcten3icas de la inversi6n extranjera directa se muestra mejor en
h sigpkm* cuadm:
7 - antorizadas y materializadas por sector econ6mico (US $ millones)
8kltw Mimero Monte % Monte %
autorizado realizado
13 2.233,2 89 202,2 49
h
- 131 179,l 7
121 84,l 3
6 9,8
m- 14 3 97 1 209,4 51
Crn*&b 8 3 94
m a 2 1.3
TOM 295 2.514,6 100 411,6' 100
FUDEETE:: Camit6 de Imersiones extranjetas.
FaIb hgmcso de bienes 1978.
'Jhdwye capitalizaciones por USS58,9 millones.
113 R m e%aos mnceptoq se ha calmlado que la tasa de ayuda externa neta (cuociente
m i bd~ iiugmso fmanciero extemo bruto x IFEB- menos 10s pagos de amortizaciones de
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 209

Las principales inversiones, como se ve, se localizan en el sector tradicional


de exportaci6n chileno, la mineria. Alin asi, tanto el nlimero de proyectos
autorizados, como 10s montos materializados en el sector industrial y de
servicios no deja de ser importante, en relacidn a lo hist6ricamente conocido
desde el punto de vista de la inversi6n externa. La alta inversi6n proyectada
para la mineria, sin embargo, en la medida de su materializaci6n mantendri
siempre la primera importancia de ese sector para el capital extranjero. Den-
tro de la mineria, casi el total de la inversi6n se orienta hacia el cobre, como
se aprecia en el cuadro que sigue:

Principales proyectos autorizados en la mineria (US $ millones)


Empresa Ongen Monto Rubro

Exxon EEUU 1.200 Cobre


Noranda Mines Canadi 350 Cobre
Falconbridges EEUU/Canadi 250 Cobre
Cia. Minera San Jos6 EEUU 100 Cobre
Metal1 Gesellachaft RFA 38 Zinc-Plomo
Foote EEUU 23
Manriot Corporation Panamii 17
FUENTE: Cornit6 de Inversiones Extranjeras.

4. Conclusibngeneral

Hasta aqui se ha intentado s610 destacar algunos de 10s elementos princi-


pales de la politica de internacionalizacibn de la economia chilena desde
1973. La caracterizacih ha sido necesariamente gruesa, puesto que, por un
lado, s610 interesa para introducir 10s factores que caracterizan las tendencias
espaciales y, por otro, para destacar sus elementos m h cristalizados en esa
perspectiva. A1 tratar, mik adelante 10s efectos prevkibles sobre lo socio-espa-
cial, se tomaran algo mais en profundidad ciertos elementos ya sefialados y
se incorporaran otros.
Por ahora, antes de entrar en la siguiente parte, destacaremos algunas
observaciones de caraicter general.
i) La primera, desde el punto de vista socio-politico, es que la politica impul-
sada desde 1973 coincide con el proyecto estratkgico de grupos en el poder
interesados en la plena inserci6n econ6mica en el dinamismo del capitalismo

la deuda externa y 10s pagm de intereses de esta deuda y el IFEB) durante el period0 74-
78 fue del 11 %. (Henera y Morales; 1979).
210 GUILLERMO GEISSE

transnacional. Es claro que esa politica ha permitido un proceso de recompo-


sicion monopblica y de profundizaci6n en la centralizaci6n de capitales, que
ha favorecido a 10s grupos que enfrentaron en mejores condiciones, desde el
punto de vista de su capacidad econ6mica y de vinculacih con el exterior,
la ruptura con el mode10 industrializador anterior. Esta recomposicih se
ha desarrollado sobre nuevas bases politicas internas, las que hemos tratado
de esbozar antes, en el marco de un sistema internacional en que cobra pre-
dominancia la finanza transnacionalizada. Se destac6 asi la funcibn domi-
nante del capital financier0 interno, a travBs del cual se centra en gran parte
la articulacih con el exterior.
La extrema concentracih, que aglutina a una fracci6n muy pequefia de las
clases propie tarias, y 10s efectos de desmantelamiento del aparataje industrial
protegido, no han si40 obst8culo, en te’rminos generales, para que el modelo
actual se imponga como expresivo del conjunto de la clase capitalista. Muchos
sectores que estaban basados en la producci6n para el mercado interno, han
debido readecuarse a las condiciones impuestas por la competencia interna-
cional, o reorientarse a la exportaci6n o a la actividad comercial, quedando
muchos de ellos en el camino. No obstante, no ha existido propiamente una
fraccih burguesa como tal opositora y portavoz de un proyecto distinto de
acumulacidn.
Esa situaci6n muy probablemente tiene que ver con un conjunto de
factores. Entre ellos est6 la percepcidn de la crisis vivida durante el period0
anterior, en que aparecian amenazados el conjunto de la propiedad capitalista;
la facilitaci6n de condiciones ofrecidas por el marco capitalista internacional; la
fuerza ideol6gica con que se harevestido el modelo en desarrollo;~,finalmente,
la posibilidad que el dinamismo esperado en la apertura extema permitiera el
desarrollo tambiCn del capital nacional en torno a1 mercado interno, a partir
de la base industrial previamente desarrollada y de nuevas condiciones de
protecci6n basadas en las caracteristicas nuevas que asume el rBgimen de tra-
bajo.
Todo lo anterior, unido a1 punto de “no retorno” en que se encuentran
algunas reformas en la estructura econdmica amarradas a1 modelo, apuntan a
que este tiende a consolidar 10s ejes centrales en que basa el dinamismo del
desarrollo esperado.
Las condiciones de una orientaci6n diferente se encuentran, entonces,
bisicamente asociadas a1 desarrollo politico de 10s sectores sociales subordi-
nadas, y no a desarrollos endogenos en el marco de 10s grupos en el poder.
Desde esta perspectiva, sin embargo, la predicciitn se hace dificil y mls bien
parece sugerirse la continuacion de las tendencias actuales. En esta medida es
posible abordar las tendencias espaciales que se derivan de efectos ya crista-
lizados del modelo asi como de lo que es posible esperar en el desarrollo de
su 16gica de acumulacion.
ii) Una segunda observacibn es que la actual politica ha puesto en eviden-
cia las formas peculiares que adquiere la insercion chilena en el capitalism0
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 21 1

transnacional. Los aspectos mds evidentes que resaltan hasta ahora muestran
la especializaci6n de la economia chilena como elemento del sistelna global.
La especificidad econdmica chilena, como campo de atraccidn para el gran
capital internacional, parece residir en su potencialidaa exportadora bisica-
mente a partir de 10s recursos naturales, y como un espacio mis de operaci6n
para la inversidn financiera. Estos aparecen como 10s aspectos especificos mis
relevantes de la insercidn intemacional de la economia chilena.
Es cierto que, para 10s efectos internos, ha tenido importancia la apertura
como mercado para el capital-mercancias, per0 la estrechez del mercado hace
que este sea un aspect0 relativamente marginal de intere’s para el gran capital
internacional. Esta caracteristica restringe tambien el inter& de ese capital
por la inversi6n productiva en el pais para el mercado interno, el que queda
reservado principalmente como irea de operaci6n para el capital nacional. No
obstante, el modelo apunta tambie‘n a generar inversidn externa en dreas
industriales para la exportacih. Aquellas que se vinculan a procesos de ela-
boraci6n primaria de 10s recursos naturales y aquellas en que pueda utilizarse
tecnologia relativamente superadas y basarse en las “ventajas comparativas”
que ofrece el trabajo.
Como vimos mAs arriba, la inversitjn extranjera directa orientada a la
explotacidn de recursos naturales para la exportacidn es idn insuficiente. Pero
las condiciones abiertas y la lbgica de Ia inserci6n intemacional, hacen pensar
en la probabilidad .de ’que la materializacidn del aprovechamiento de esta
potencialidad nacional sea creciente. Las condiciones que presentan 10s recur-
sos naturales chilenos, bdsicamente mineros, 10s mds atractivos, hace que las ‘
inversiones Sean necesanamente de largo plazo y estCn precedidas de una
serie de procesos de investigacidn te?nol6gica, de prospecci6n y de rentabili-
dad.I4 Desde esta perspectiva, parece plausible ’la idea de la configuraci6n
nacional como “espacio de reserva” de la expansidn productiva del capitalis-
mo transnacional.
Existen tambih indicios que dan soporte a la tendencia de desarrollo de
una cierta industrializacibn que se orienta a la exportacidn. Aqui reside cierto
campo de operaci6n para el capital interno, para asociaciones entre Cste y
capitales e,xtranjeros y para Cste exclusivamente. Debe tenerse presente, sin
embargo, que esta. expansibn estari centrada principalmente en torno a1
sector de materias primas mineras y-forestales. Tanto por la escasa generacibn
de valor agregado interno, como por la alta dotacibn de insumos importados,
como ya hemos visro, esta expansi6n no tendri un efecto muy significativo en
la dinamizacidn del resto del sector industrial. Mientras se prev6 una gran

14 De hecho, vanas compafiias extranieras realizah en la actualidaa estudios previos


y prospecciones en el irea de 10s rerursos mineros, marinos y forestales. Adernis, a lor
datos ya expuestos se agrega en 1979 la Cia Anaconda, que vllelve al pais a adquirir la
mina Los Pelambres con una inver‘sibn iniciaI‘ de 20 millones de dblares, (cfr. Comrnodi-
ties ReFort, 25 de may? de 1979).
.
212 GUILLERMO GEISSE

expansi6n de 10s sectores extractivos, la industria no variara’ su actual parti-


cipaci6n en el GPGB en el curso de la dkcada venidera (Schmidt-Hebbel,
1979).15
En suma, la inserci6n internacional de la economia chilena, logra el inter&
del gran capital intemacional principalmente hacia las materias primas y la
inversi6n financiera, posibilitando tambien cierto mercado para bienes de
consumo. En esta medida, en el sector de mercado extern0 reside la base de
dinamismo del desarrollo econ6mico, aGn cuando el desenvolvimiento del
modelo no se muestra contradictorio con la expansidn de cierta capacidad
productiva industrial intema. Es a partir de esta hipbtesis que deben abordar-
se 10s efectos socio-espaciales previsibles del modelo de acumulaci6n en
marcha.

Efectos socio-espackzles previsibles del modelo de


intemacionalizacibn econbmica
El modelo de apertura econ6mica basa su estrategia de desarrollo princi-
palmente en el dinamismo del sector extemo. De acuerdo con esto, tienden
a desarrollarse aquellas ireas de exportacidn que presentan ventajas compara-
tivas en la competencia intemacional. Este desarrollo, junto a su capacidad
para dinamizar el sector de mercado intemo, es el elemento central para
explorar las tendencias en la distribucibn espacial de la poblacibn. Por cierto,
en la medida que no se dispone de antecedentes censales recientes, no es
posible ma‘s que analizar sus tendencias previsibles, sobre la base de que esa
distribucidn es fuertemente determinada por las caracteristicas y la localiza-
ci6n que asume la expansi6n productiva y econ6mica en general. La hip6tesis
que se sostiene es que, con algunas peculiaridades, el actual modelo de acumu-
laci6n en marcha ’mantendri vigente la tendencia a la concentraci6n urbana,
desarrollada con fuerza a partir de la implantaci6n de la industrializaci6n a
comienzos de s i g h

1. La expansion exportadora basada en 10s recursos naturales

Las ireas econbmicas que presentan ventajas comparativas en Chile y que


tienen una determinada distribuci6n por zonas, son la mineria, el sector
forestal y ciertos rubros de la agricultura.

1s La mayor parte de lo que a veces es citado como “10s mayores proyectos indus
triales” (El Mercurio, Informe Econbrnico. Santiago, enero de 1981) a prop6sito de in-
versiones extranjeras del a t i m o quinquenio, no corresponde m6s que a la adquisicib de
activos nacionales (por ejemplo, la compra de Cement0 Melbn, o el interks de Good Year
por la industria de neumiticos Ex-Corfo Insa y el de Diamond Shamrock por Pizarreiio y
Cobre Cerrillos, cuyas inversiones materializadas por concept0 de compra en 1978 r e
presentaron el 28,s % de las inversiones realizadas ese aiio (Fuente: Banco Central). Del
mismo modo, las principales inversiones industriales de grupos nacionales, con aportes de
capital ex tranjero, se centran en 10s sectores primarios (celulosa, forestales, pesqueros).

. . .
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 213

Las zonas mineras ubicadas en el Norte Grande y en el Norte Chico, son


las que concentran y seguirin concentrando la mayor atracci6n para granaes
inversiones de capital extranjero y estatal. Ellas se ordenan en torno a1 cobre,
que seguiri siendo el principal product0 de exportacih y generador de la
mayor cantidad de divisas. Ciertos capitales extranjeros se interesan tambibn,
aunque en menor medida, por la prospecci6n y explotacidn de otros rninera-
les como el hierro, el litio y eventualmente, el uranio.
La naturaleza desbrtica o semidesbrtica de las zonas mineras, priicticamente
deshabitadas, hace de las ciudades nortinas verdaderas islas de concentracio-
nes poblacionales con muy escasa influencia demogriifica cercana. Si bien la
industrializaci6n miners es intensiva en capital y exige de m6todos tecnol6gi-
cos modernos y de gran capital, su gran escala de operaciones da origen a una
gran utilizacidn de fuerza de trabajo. Esto tender6 a activar el crecimiento de
las concentraciones urbanas localizadas en 10s centros de producci6n o en 10s
puertos de exportacidn. En el Norte Grande, ciudades como Chuquicamata,
Calama y el puerto de Antofagasta, acusarin esta tendencia. En el Norte Chi-
co lo hariin Vallenar, Copiap6, Serena y Coquimbo, probablemente. Sin
embargo, lo probable es que el crecimiento urbano en la zona norte no se
alimenta de la migracicin desde otras regiones.
Los recursos forestales se localizan en el sur y centro sur principalmente.
Estos son en parte exportados directamente como rollizos o madera, casi sin
intervencidn elaboradora, y en parte son aprovechados para la explotaci6n
industrial en torno a plantas de celulosa y papel o derivados, lo que plantea
tambibn la utilizaci6n de modernas tecnologias muy intensivas en capital. Sin
embargo, su escala de operacidn es mucho menor comparada a la explota-
ci6n minera y tienen un efecto demogrifico direct0 pequefio. En el centro
sur, las ciudades de Laja, Arauco y Constituci6n se vinculan a esta actividad.
No obstante, la explotaci6n racional de 10s bosques a que esta actividad
da origen en las regiones vecinas, si puede tener una influencia demogrifica
de importancia. Esta explotaci6n tendri a superponerse y a desplazar el
cultivo agricola y silvicola, normalmente mis atrasado y tradicional en sus
mbtodos en la zona.
Las plantaciones forestales han aumentado notablemente en el quinquenio
74-78 a la par con la mayor involucraci6n del sector privado en esta activi-
dad. Est0 concuerda con 10s programas de inversi6n industrial en esta area
que alientan las empresas del sector. Esta tendencia se aprecia en el siguiente
cuadro.
El cuadro sefiala la mayor concentraci6n de plantaciones forestales entre
la VI1 y IX Regi6n y que 10s totales muestran un incremento de la superficie
anual plantada de niveles del orden de 30 mil his. en el periodo 1970/73 a
niveles superiores a 10s 80 mil h6s. en el periodo 1974/77. Por otro lado,
muestra el creciente compromiso del sector privado, que en el periodo
1970/73 era responsable de un 30%solamente de la plantaci6n total, en tanto
que durante 1978 dicho porcentaje subi6 alrededor del 70%
Forestaci6n regional,por sector phblico y paivado
~~ ~~

R egibn Superficie plantada p o r comisibn Superficie plantada p o r empresas


nacional forestal (Conaf) . y particulares
Promedio Promedio Promedio Promedio
I9 70-73 19 74-77 1978 19 70-73 I9 74-77 1978
Has. Has. Has. Has. Has. Has.

V Regi6n 587 1.536 2.659 s/i 456 1.130


A. rnetropolitana 89 1.895 860 11
0 385
VI Regi6n 3.895 6.351 9.197 I?
85 1.494
VI1 Regi6n 3.762 6.987 4.173 11
3.378 5.019
VIII Regibn 6.767 10.606 1.163 ,
11
28.946 31.164
IX Regi6n 2.261 7.068 2.806 I1
5.146 5.988
X Regi6n 1.303 7.012 2.672 11
2.129 4.014
Otras 286 3.014 1.409 11
325 4.854
Total 18.950 44.469 24.939 9,262 40.465 5 4 048
FUENTE: CONAF, Hantaciones 1978, Infotme final.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA .215

La preponderhcia que en estas zonas adquiriri la actividad forestal,


unido a1 mejoramiento necesario de 10s caminos del interior, provocara una
. mayor especializacidn del trabajo agricola. El resultado deberi ser una mayor
divisi6n del trabajo entre el campo y la ciudad y una mayor migraci6n de la
fuerza de trabajo dedicada hoy a la producci6n de alimentos y a las activida-
des artesanales y de servicios en el campo desplazadas por las actividades
urbanas. Aparte de este efecto indirect0 de la preponderancia forestal, su
escaso efecto demogrifico direct0 se ver5 paliado por la mayor demanda
ocasional de trabajo en la actividades de reforestacih que seri satisfecha por
poblaci6n urbana desocupada o en actividades de desocupacion disfrazada.
Debiera esperarse una mayor productividad de la mano de obra como pro-
ducto de esta mayor especializaci6n, lo que debiera resultar en una elevaci6n
del salario y el ingreso medio de estas regiones. Asi, se fortalecen las causas
que ya estin produciendo el decaimiento del pequefio poblado rural y el
crecimiento de la mediana ciudad rural.
En estas actividades industriales, la experiencia muestra que el capital
puede ser interno, estatal, privado o extranjero.
Tanto en el cas0 de la exportaci6n minera, como en la forestal, no puede
haber duda de que las plantas donde se hace el primer tratamiento-concentra-
cion; celulosa- estaran localizadas en las zonas donde se extrae la materia
prima. El elevado costo de transporte de la materia prima en bruto hace que
esa localizaci6n sea la W c a racional. Si lo que se exporta es el material con
ese tratamiento minimo, eso se hark probablemente por 10s puertos regiona-
les. De hecho, asi lo indica ya la informaci6n existente.16
La localizaci6n de cualquier etapa ulterior de elaboraci6q lo que constitu-
ye ya una actividad industrial propiamente tal, dependera de las ventajas y
costos que presenta en general la localizacidn de cualquier planta industrial
en la regi6n metropolitana de Santiago contra otras localizaciones. La hip6-
tesis que se sostiene aqui es que, en general, aunque se trate de actividades de
exportaci6n. las etapas dltimas de elaboraci6n m8s industrial, tenderin a
localizarse en la macrozona de Santiago (CIDU; 1971).’
La tercera actividad que presentribamos como con ventajas comparativas
era la actividad agricola, cuyos recursos de mayor potencialidad exportadora,
articulos de cultivo intensivo, se encuentran en la zona central. Las exporta-
ciones agricolas aumentaron su valor en un 247,7%entre 1970 y 1978, adn
cuando su importancia en la generaci6n de divisas no lo sea demasiado. Con
todo, es el sector que puede tener 10s mis grandes efectos poblacionales y
econ6micos.
El principal tip0 de productos de exportaci6n se desarrolla en la zona

16 Ver el cuadro de productos de exportaci6n s e g h puertos de embarque, que pre-


sentamos m6s adelante.
17 La macrozona incluye las 3 regiones del centro del pais: la regi6n metropolitana,
la V Begi6n (Valparaiso y Aconcagua) y la VI Regi6n (O’Higgins).
216 GUILLERMO GEISSE

central y bdsicamente consiste en frutas y hortalizas. La incidencia de 10s


productos fruticolas es notable, como se aprecia en el cuadro siguiente.

Composicih de las exportaciones chilenas


( d o n e de US $ de 1977)
I974 1975 I976 1977 1978

Tradicionales 2.271 1.146 1.589 1.379 1.244


No tradicionales 296 447 518 589 650
Fruta 22,s 43.4 58,4 64 91
Semitradicionales 176 13 1 215 215 229

Total 2.741 1.724 2.321 2.183. 2.123


FUENTE: Estructura y destino de las exportaciones chilenas, CIEPLAN, 1979.

El desarrollo de este tip0 de productos de exportaci6n no requiere de


grandes capitales y pueden desarrollarse Areas de explotacion muy especiali-
zadas e intensivas. No se requiere tampoco de tecnologias muy complejas. Lo
que si es necesario es la aplicaci6n de m6todos de cultivo y tratamiento del
suelo, racionales y modernos. Por esto, el capital intemo controlaria este
sector de exportaci6n con toda seguridad. Serd el antiguo capital latifundia-
rio, por una parte, el que desarrolle este sector a partir de las reservas otorga-
das por la RA, y por otra, nuevos capitales que se apropian de tierras que
venden o arriendan por largos plazos 10s campesinos que fueron favorecidos
por esa reforma per0 que hoy no cuentan con apoyo tkcnico, crediticio y de
comercializaci6n suficiente para mantener la explotaci6n. De hecho, existe un
vasto terreno, a h potencial de inversi6n en estos sectores rentables de expor-
tacibn que se abren al capital agrario. La superficie plantada en 1976 repre-
sentaba s610 la cuarta parte de la superficie potencialmente apta para la explo-
tacibn fruticula (Departamento de Economia Agraria, U.C., 1979).
El notable aumento en el valor de las exportaciones agricolas totales y
la incidencia en 61 de cierto tip0 de productos de exportaci6n no tradicional
en la zona central, ha tenido al menos dos consecuencias de importancia:
una es el aumento de la demanda de tierras que se ha expresado nitidamente
en el aumento de su precio real, como se desprende de 10s cuadros que se
presentan a continuaci6n.
En efecto, la magnitud del aumento en el precio real de la tierra que se
observa a partir de 1974 es un fen6meno sin precedentes. Los precios prome-
dio de la tierra en el quinquenio 1974-1978 son casi el doble de 10s registra-
dos en el quinquenio 1953-1958, que fueron a su vez 10s m k altos que se
registraron en el period0 anterior a 1970. Por otra parte, el valor de la tierra
Precio real de la tierra por “hecthea homoghea” (US $ diciembre de 1978)
Region comprendida entre:
~ -~
Promedio Coquimbo y Curie6 Taka y Bio-Bfo
del Riego plantado Riego sin Riego plantado Riego sin
Quinquenio con frutales plantaciones Seean0 con frutales plantaciones Secano
y / o viiias frutales y fo viiias frutales
ylo viniferas y fo viniferas
US$ f Ha. US$/Ha. US$ f Ha. US$ f Ha. US$ /Ha. US$ f Ha.

1953-1958 3.655 718 72 2.012 368 86


1959-1964 2.648 520 52 1.097 2 00 47
1965-1970 2.843 558 56 1.3% 255 59
1974-1978 6.537 1.284 129 3.193 583 136
1978 8.157 1.602 161 4.344 794 185

FUENTE: Departamento de Economia Agraria, UC CH.


218 GUILLERMO GEISSE

Tendencia del precio real de la tierra por ‘‘Hedireas Homoghea”


Durante el periodo 1917-1978
Tasa de crecimiento anual en el precio de la tierra
Period0

Regibn comprendida entre:


Coquimbo y Curicb Taka y Bio - Bio
% %
1917 - 1970 0s 170
1974 - 1978 12,2 2 39
FUENTE: Departamento de Economia Agraria de la Universidad Cat6lica de Chile.

plantada en la zona central es del orden de cinco veces el valor de la tierra


no plantada con 10s cuItivos sefialados, lo que reflejaria la rentabilidad de una
y otra. Por dtimo, se desprende de 10s cuadros que 10s precios de la tierra
han aumentado mas r6pidamente en la zona del centro -caracterizada por una
aptitud frutal bastante generalizada- que en la zona del centro-sur, mris
concentrada en la producci6n de 10s llamados cultivos tradicionales.
La otra consecuencia, intimamente ligada a la anterior y que seguramente
expresa una tendencia en pleno desarrollo, es que por las caracteristicas de
esta inversi6n agricola-moderna, vinculada a1 mercado extern0 y de alta
rentabilidad- el capital agrario se integre con el capital industrial y se desa-
rrolle como un ire, de operaci6n para 10s grupos econ6micos en torno a1 ca-
pital financier0 altamente concentrado.
La mayor especializacih del trabajo en estos territorios tender6 a producir
en general un excedente de fuerza de trabajo que emigrari tarde o temprano.
A largo plazo debiera esperarse el desarrollo de esta tendencia como deriva-
ci6n necesaria de la racionalizaci6n y espicializacih capitalista de las faenas
agrarias y de las alteraciones en la estructura de la propiedad. A1 mismo tiem-
PO, nada hace pensar en tdrminos distintos a 10s expuestos mis atris, en
relacih a que la incorporacih de nuevos contingentes a las actividades
urbanas ir6 aparejada a la incorporaci6n en actividades econ6micas de m6s
alta productividad.
No obstante, seri necesario ir observando atentamente las formas concre-
tas en que esta tendencia iri manifestlndose.” Por lo pronto, a1 menos en
este periodo, pareciera que Santiago no tendri la misma fuerza que en el pasa-
do como centro de atraccion para 10s migrantes rurales. Esto como efecto de
las altas y persistentes tasas de desocupaci6n que se observa en las ciudades y

1 8 El carkter reciente de las transformaciones en el sector y las dificultades para


apreciar sus efectos globales hace que no se cuente hoy dia con estudios de cobertura
amplia Existen, sin embargo, trabajos en profundidad aunque de muestras localizadas.
Ver, por ejemplo, G6mez (1981) y Valenzuela (1980).
ECQNOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 219

en Santiago particularmente. Nada hace pensar que estas tasas decrezcan


significativa y duraderamente en 10s 6 0 s venideros.
En este sentido, para abordar el fen6meno migratorio es necesario situar
10s factores de expulsi6n de poblaci6n rural en el marco de 10s altos niveles
de desempleo y de elevaci6n de las tasas de explotaci6n urbanos. El efecto
es que el migrante potencial tiende a ser desincentivadoy la emigration sea
menor a la normalmente esperada..
Pese a la elevaci6n de 10s niveles educacionales de la poblaci6n rural, ella
no se ha traducido necesariamente en migraciories hacia la ciudad toda vez
que no hay correspondencia entre 10s niveles de aprendizaje alcanzados y las
posibilidades de empleo que consideren la calificaci6n (Gbmez, 1981). Por
otro lado, si bien las condiciones de pobreza y desempleo pueden ser nota-
blemente, peores en el campo, este sector ofrece hoy mejores condiciones de
sobrevivencia que la ciudad.
La modernizacih agraria y concretamente, por ejemplo, el desarrollo del
cdtivo de exportaciirn producirri, una fragmentacion econ6mica y social
entre las distintas categorias de propietarios agricolas, cuyo resultado no
podri ser sino la reconstituci6n de la actual propiedad en manos del gran
capital agrario o industrial, o de la asociaci6n entre ambos.
Es sabido que la mayor concentraci6n de fuerza de trabajo excedentario se
da hoy en la propiedad de 10s “asentados”. Asi pues, la reconstituci6n de la
gran propiedad creari una enorme masa de migrantes potenciales.
La simultinea consideration de 10s factores de expulsi6n de poblaci6n
rural y de las condiciones urbanas, hace pensar que el fen6meno migratorio se
planteari mis en tbrminos rural-urban0 que ruralsantiago. La tendencia en
este period0 debiera ser, por una parte, el aumento relativo de la densidad
poblacional en las zonas minifundiarias y, por la otra, la orientaci6n de flujos
migratorios hacia ciudades intermedias, que potencien en Bstas cualquiera de
las funciones urbanas de servicio y que permitan a esa masa mantener vincu-
10s ocasionales o temporales con el agro.
Por otra parte, mis alli de 10s principales sectores de recursos naturales a
que nos hemos referido con potencialidad exportadora y que configuran las
tendencias centrales que inciden sobre la urbanizacih, es conveniente tener
presente el desarrollo de otras actividades, si bien su incidencia espacial es re-
lativamente pequeiia. Es el cas0 de 10s recursos marinos, exportados como
productos semielaborados: la harina de pescado en el extremo norte -1quique
y Arica- que es importante para la economia urbana de la zona; y 10s maris-
cos congelados en el sur. Con todo, la estrategia de DE permitiri que dgu-
nas actividades muy circunscritas, econ6mica y espacialmente, tanto se desa-
rrollen como se depriman, de acuerdo a las variaciones y mdltiples fastores
que operan sobre el mercado internacional. Y en esta medida, siempre habri
pequeiios grupos de poblaci6n diseminados susceptibles de migrar, de las
Breas ocasionalmente menos dinrimicas a las ocasionalmente mks dinimicas.
Antes de recapitular las principales ideas que pueden concluirse, la presen-
Productos de exportacih de puertos chilenos, 1976 (en toneladas y porcentaje del total del puerto)
ARICA SAN VICENTE

harina de pescado 78.089 96 % madera 94.895 30 %


otros 3.322 4% productos agricolas’ 90.33 1 28 ?j
celulosa y pulpa 65.991 21 %
Total puerto 81.411 papel y cart6n 46.625 15%
otros 23.372 6%

Total puerto - 321.214


IQUIQUE
harina de pescado 102.104 71 %
aceite industrial 19.962 14% TALCAHUANO
cobre 15.302 11%
otros 6.462 4% celulosa 53.162 41 %
madera 39.010 30 %
Total puerto 143.830 productos agricolas 13.276 10%
papel y cart6n 13.268 10%
ANTOFAGASTA otros 11-065 9%
cobre 390.157 90 % Total puerto 130.781
otros 41.761 10%
Total puerto 431.928 LIRQUEN
COQUIMBO celulosa 185.641 52 %
madera 106.798 30 %
harina de pescado 2.663 67 % papel y cart6n 49.141 14%
otros 1.340 33 % otros 14.415
Total puerto 4.003 Total puerto 355.995

VALPARAISO PUERTO MONTT


Fruta 130.030 30 % madera 4.1 12 79 %
cobre 116.413 27 % otros 1.109 21 %
productos agricolas 81.569 19%
otros 112.002 24 % Total puerto 5.221
Total puerto 439.014 CHACABUCO
SAN ANTONIO minerales 7.959 77 %
fibras textiles 1.035 10%
cobre 313.027 79 % otros 1.370 13%
productos agricolas 12.130 3%
otros 71.53 1 18% Total puerto 10.364
Total puerto 396.688 PUNTA ARENAS
Fibras textiles 7.983 62 %
carnes y cuero 3.037 23 %
otros 2.952 15%
Total puerto 13.972
FUENTE: CORFO, Nueva York, Chile Economic New, abril 1978.
222 GUILLERMO GEISSE

taci6n del siguiente cuadra puede ayudar a formarse una ripida visi6n de la
distribuci6n regional de 10s recursos naturales y semielaborados exportables
del pais. En 61 aparecen 10s principales productos que se exportan a trave's
de 10s puertos m8s cercanos a la explotaci6n.
El cuadro muestra con claridad la nftida distribuci6n espacial de 10s
principales recursos naturales exportables del pais. El extremo norte concen-
tra la exportaci6n de harina de pescado'; Antofagasta se especializa en la
exportaci6n de cobre; la zona central, expresada aqui por Valparaiso y San
Antonio, se muestra la m8s diversificada, a1 dar salida a 10s productos agrico-
las del valle central y la producci6n de cobre de la provincia de O'Higgins; el
centro-sur combina la exportaci6n agricola con la mucho mds importante de
madera, celulosa y papel; m6s hacia el sur, desde Pto. Montt, decrece la
importancia exportadora y su estructura refleja la especificidad productiva
de la zona, aunque qued'a obscurecida su producci6n agricola para el mercado
interno. En suma, el cuadro destaca la especializaci6n regional en 10s recursos
mineros, agricolas y forestales.
Por otra parte, se destaca la concentraci6n exportadora en kl centro, a
travCs de' Valparaiso y San Antonio, que ocupan el .primer y tercer lugar
respectivamente desde el punto de vista de 10s volumenes fisicos exportados.
La importancia de Antofagasta como. el segundo puerto de expoftaci6n .
destaca el peso del cobre en la economia chilena de exportaci6n. Lirqdn
aparece como el cuarto puerto de exportaci6n, que unido a San Vicente y
Talcahuano, viene siendo l a segunda regi6n en importancia exportadora, lo
que revela la relevancia que han cobrado 10s recursos forestales para el merca-
do mundial.
En resumen, pueden listarse varios efectos espaciales, probables de la di-
versificaci6n de exportaciones basada en 10s recursos naturales.
' i) Desatari migraciones de la zona rural del pais hacia las ciudades. Puede
esperarse una decadencia generalizada de la pequefia ciudad rural. En la zona
rorestal puede' espersarse un gran crecimiento de la mediana ciudad, rural.
En la zona agricola, se densificarh la zona minifundiaria y se migrari hacia las
ciudades medianas, antes de que sea el drea metropolitana de Santiago la
que concentre la nueva poblaci6n, en funcidn de la evoluci6n de las condi-
ciones de empleo.
ii) En el norte puedi esperarse un resurgimiento dk las ciudades en funcidn
de las' instalaciones mineras concietas que se desarrollen. Calama y Antofa-
gasta en el Norte.Grande y en el Norte Chic0 asentamientos como.Vallenar,
Copiap6 y Serena-Cbquimbo. No deben esperarse migraciones del resto del
pais hacia esta zona. Se trata; en suma, de la profundizacidn de las causas que
han venido concentrando a la poblaci6n en Santiago y acentuando la espe-
ciatlizaci6n econ6mica de la regi6n.
iii) La expansi6n diversificada de las exportaciones muy probablemeate
ampliari el mercado interno. Por una parte, porque las migraciones y el
, crecimiento urbano implican el traslado de poblaci6n muy poco productiva
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 223

hacia empleos m6s productivos en la ciudad, salvo el cas0 muy extremo de un


crecimiento del desempleo urbano pari passu las migraciones. En segundo
lugar, las ventajas exportadoras de estas actividades no consisten en 10s ba-
jos salarios que puedan pagarse en ellos, sino en caracteristicas naturales
como la riqueza de 10s yacimientos, el clima y la oportunidad de 10s cultivos,
etc. Por eso, e1 capital nacional o internacional en estos sectores.no veri
amenazada su posici6n competitiva en el mercado mundial si traspasa parte
de la mayor productividad a 10s salarios de la fuerza de trabajo que emplea.
En este cas0 no existe entonces una contradicci6n insuperable entre estos
sectores del capital y 10s sectores interesados en la ampliaci6n del mercado
interno.
Este hecho permitird dinamizar la industria o campos de actividad econ6mi-
ca interna, situados principalmente en Santiago. Por aEadidura, lo mas proba-
ble es que el grueso de 10s recursos generados en la exportaci6n se gasten en
Santiago (0 en el exterior); por una parte, 10s impuestos y utilidades de la
gran explotaci6n minera; por otra, las utilidads de la explotacibn forestal y
todos 10s efectos multiplicadores de las etapas mas avanzadas de elaboraci6n.
Lo mismo ocurre con la exportaci6n agricola, en que el grueso del excedente
de las actividades comerciales se ubicari en Santiago, ciudad que aumentark,
.por tanto, su atracci6n como lugar de residencia de propietarias agricolas.
iv) La expansi6n diversificada de las exportaciones incidiri en la mayor
concentracibn de la propiedad del capital del pais. AI mismo tiempo, se
elevari el grado de penetraci6n del capital extranjero, el qut se asocia con la
creciente centralizacihn de 10s capitales en el plan0 nacional.
Pero, adem&, podri abrirse paso a1 menos un sector de exportaci6n
moderno y productivo, organizado competitivamente: la propiedad agricola
de la zona central de exportaci6n. En este sentido, el nuevo sector de expor-
taci6n no se presenta fragmentacdo la economia entre una propiedad mono-
pdlica dinimica dominantemente extranjera y una propiedad nacionaI peque-
, Aa, marginada y estancada. 'Por de pronto, el capital moderno presiona y
avanza en la apropiaci6n de la propiedad tradicional poco productiva, tanto
en el campo como en la mina y 10s aserraderos, desplazando a propietarios
atrasados. Por otro lado, intereses industriales presionan por ampliar el merca-'
do nacional,'' lo que no es incompatible con una expansi6n exportadora basada
en 10s recursos naturales.
En ese sentido, la expansi6n de modernas actividades de exportacih
puede fragmentar sectores productivos y zonas territoriales, pero este hecho
no encontrar6 expresi6n simCtrica en una segmentacih entre capital extran-
jero dinamico y capital nacional atrasado. A1 contrario t o d ~el sector de
exportaci6n se dinamiza y moderniza con efectos multiplicadores internos y
se basa en capital tanto extranjero como nac'onal, muchas veces asociado. I

19';'Con aperturismo y todo, alrededor adel 8 J% de 10s recursos nacionales es dedica-


do a producir para el mercado interior; (Pinto. 1981).
2 24 GUILLERMO GEISSE

v) A pesar de la importancia directa de 10s sectores exportadores, serin 10s


efectos sobre el mercado interno 10s ma's decisivos. Este hecho hari que las
tendencias de localizaci6n poblacional y la estructura econ6mica sectorial
tienda a modificarse de manera poco significativa.

2 . El sector de mercado interno

El SMI se ha visto fuertemente restringido desde 1973, segdn vimos antes.


Esto se manifest6 de diversas maneras, en el decaimiento de la inversi6n
pdblica, en el decrecimiento relativo del sector secundario, en el decrecimien-
to de la participacih de 10s sueldos y salarios en el ingreso geogra'fico. Todo
esto como product0 de las politicas de estabilizaci6n y de apertura a1 merca-
do externo.
Hemos visto, sinsembargo,el cara'cter no contradictorio que puede tener la
apertura a1 mercado externo con la ampliaci6n del mercado interno. Por otro
lado, en este sentido actiian tambiCn las tendencias a la elevacion del ingreso
en 10s sectores incorporados a la expansi6n exportadora, las migraciones hacia
la ciudad que deben incorporar fuerza de trabajo a empleos mas productivos,
y tambiCn !a activaci6n terciaria en torno a la expansibn comercial y finan-
ciera, que se concentra en Santiago.
Sin embargo, si bien existen tendencias que contribuyen a confirmar la
idea de la no oposici6n entre el desarrollo del SMI en un modelo que centra
su dinamismo en el SME, 10s antecedentes disponibles son adn demasiado
germinales. En este sentido, parece ma's bien pertinente sefialar algunos de 10s
problemas y opciones que deberi enfrentar la ampliaci6n del mercado interno.
Un problema que estara' siempre presente seri el de las dificultades que
presentari la competencia intemacional, a las que se suman el tCrmino de las
posibilidades de desarrollo de ciertas ireas industriales en el marco del acuer-
do sub-regional andino, del que Chile se retir6. Este acuerdo justamente
permitia vencer 10s obsta'culos que imponia !a estrechez del mercado interno,
y garantizaba la permanencia de la demanda para una producci6n interna
sostenida en ciertas a'reas dinimicas. Este elemento minimo para la dinamiza-
ci6n industrial interna desapareci6.
Por ello, quienes ven en el mercado interno posibilidades para la reproduc-
ci6n de sus capitales, deben necesariamente impulsar su ampliaci6n. Esto im-
plica incorporar crecientemente a toda la mano de obra a1 consumo industrial
moderno. El mecanismo es el tradicional del capitalism0 industrial: la incor-
poraci6n de m6todos de trabajo cada vez mis mecanizados para elevar la
productividad de la fuerza de trabajo. Esto permite elevar 10s salarios a1 mis-
mo tiempo que el excedente.
Ese es el principal motivo por el cud es err6neo sostener que la profundi-
zaci6n de la marginalidad social en las economias como la chilena es una
tendencia necesaria o inevitable. Esto podria sostenerse s610 si la economia
fuera exclusivamente exportadora y no hubiera grupos fuertes de capitalistas
EZONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 225

interesados en las ganancias generadas por el mercado intemo. Se ha visto


que eso no es asi.
Claro que esto plantea el problema de mercado desde el punto de vista de
la capacidad adquisitiva interna. Y en este sentido implica enfrentar el proble-
ma de 10s salarios y la distribuci6n del ingreso. Los salarios se han visto
deprimidos, las herramientas sindicales abortadas, la cesantia mantenida en
una tasa alta y la participacibn del ingreso asalariado en el ingreso geogrdfico
ha bajado de un 52,3%en 1970 a un 41 %en 1976 (Foxley; 1979). A1 mismo
tiempo, la tendencia regresiva en la distribuci6n del ingreso, ha alterado la
estructura de acceso a1 consumo. Existe informacibn que indica, tomando
la distribucibn del consumo por quintiles de hogares en el gran Santiago entre
1969 y 1978, que mientras el consumo para el 20%de hogares de consumo
mbs alto aumentaba de un 43,2%a un 51 % del total, el mismo disminuia de
7,7 a 5,2%del total en el quintil inferior, Por otra parte, si se hubiera mante-
nido el patrbn distributivo prevaleciente en 1969, el consumo medio por
hogar para el 20%de familias de menor consumo es s610 un 68%de lo que
habria sido de mantenerse la distribuci6n relativa por tramos existentes en
1969 (Foxley; 1979).
Por otra parte, esta distribuci6n regresiva del ingreso puede verse tambien
como un descenso general del nivel de salarios. Este operaria como una forma
particular de “proteccibn” a la industria nacional, siendo el menor costo del
trabajo una ventaja comparativa para la inversih industrial. A1 nivel de salarios
se agregan factores relativos a1 r6gimen de trabajo, como el us0 intensivo de
la mano de obra a trav6s del aumento de la jornada sin retribuci6n correspon-
diente.
Estos mecanismos, bastantes generalizados en el rCgimen de trabajo, permi-
ten un aumento de las operaciones y de las ganancias a1 mismo tiempo que
restringen las posibiliiades ocupacionales de 10s cesantes, contribuyendo asi
a la mantenci6n de contingentes de reserva con 10s consiguientesefectos sobre
el nivel de salarios.
En la medida que persisten estas condiciones en el regimen de trabajo, no
es desechable la posibilidad de que, sin constituirse en el elemento principal,
se genere alguna producci6n industrial de bienes de consumo para la exporta-
cibn.
Finalmente, sobre la base de 10s efectos para el mercado interno que se
derivan de la expansi6n exportadora y comercial y de las consideracionesque
se han hecho aqui, pensamos que seri conveniente ir precisando el concept0
de SMI en relacibn a la acepcidn que aqui se le ha dado antes y que ha tenido
plena validez para etapas anteriores del desarrollo econ6mico chileno. En
secciones referidas a1 desarrollo del modelo de IS, mercado intemo denotaba
la idea de producci6n intema industrial, para el mercado interno. Sin embar-
go, 10s efectos favorables para el SMI que puedan derivarse del modelo
actual, ya no se refieren con tanta claridad a la producci6n industrial interna
226 GUILLERMO GEISSE

para el mercado intemo, sobre todo cuando se trata de un modelo abierto


casi sin restricciones a la competencia internacional.
Por lo pronto, puede afirmarse con claridad que la mayor vinculaci6n exter-
na que propugna el modelo y la activaci6n de la economia en esa direccih,
ha traido consigo una fuerte ampliacidn y desarrollo de ciertas actividades
internas -10s servicios- no smceptibles de transacci6n intemacional. Empero,
a largo plazo, estas actividades tenderhn a decrecer relativamente en funci6n
del desarrollo de 10s sectores primarios e industriales vinculados estrechamen-
te a aquel sector (Scmidt-Hebbel; 1979). Lo concreto es que el proceso de
apertura e internacionalizaci6n econ6mica, rompe la estrecha asociaci6n que
antes fue posible hacer entre SMI y desarrollo industrial. En el cas0 chileno
actual, la posibilidad de propulsar el dinamismo industrial a partir de las
exportaciones requeriria el desarrollo simulta'neo de actividades sustitutivas
complementarias junto a una Tolitica de estimulo al desarrollo de aquellos
bienes exportables cuya producci6n est6 mis integrada al resto de las activida-
des internas (Vergara, 1980). Todo esto implicaria un tip0 de apoyo estatal a
cierta actividad industrial, que para nada esti considerado en el disefio actual
para el desarrollo econ6mico del pais.
Por otra parte, el mismo proceso y esta nueva connotaci6n que adquiere el
SMI hace tambiCn perder cierta validez a la divisi6n entre capital internacional
y nacional para 10s prop6sitos de intentar establecer intereses diferentes. Es
claro por una parte que 10s grandes volbmenes de capital extranjero tienden a
concentrarse en ireas bien determinadas y distintmas. Per= PO; otio lado, es
posible tambiin observar muchas actividades para la actividad asociada de
ambos capitales. Sin embargo, el aspect0 fundamental que debe retenerse a
este respecto es que la intemacionalizaci6n est6 antes que nada referida a la
finanza, cuesti6n que se operacionaliza como la completa subordinaci6n del
capital nacional a la finanza transnacional y que Bsta puede actuar a travks de
aquC1, bajo el Ijnico prisma de la rentabilidad, cualquiera que Sean 10s usos
especfficos que se den a1 capital.
Desde el punto de vista espacial, sobre la base de alguna dinamizacion
del mercado interno, cualquiera sea el grado de Cste y del hecho cierto de la
expansi6n terciaria, todo indica que se acentuarajl las tendencias a la concen-
traci6n urbana en Santiago que se ha venido observando hasta ahora.
Finalmente, interesa destacar que las funciones socio-econ6micas del Esta-
do se han visto y seguirin fuertemente reducidas, sobre todo comparadas a las
que desarroll6 en la fase previa. El firme reconocimiento de su papel subsidia-
no, del rol del mercado y la iniciativa privada, abriendo espacio a la privati-
zaci6n unido a una politica de reducci6n fiscal,.ha llevado de modo creciente
a que sectores de inversi6n social tradicionalmente en manos del Estado, se
vean menoscabados y cobren importancia en ellos 10s criterios de rentabilidad
y de acci6n privada. Esto hace que sea la acci6n privada en el marco de las
leyes de mercado, la que asuma el mayor nivel de determinaci6n sobre las
tendencias espaciales, cuestiones en las que previamente el Estado incidi6
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 227

fuertemenfe a trave‘s de su presencia importante en la vida econ6mica y social.


No obstante, la mayor responsabilidad privada en este respecto no altera las
tendencias espaciales que, antes como ahora, se guiaban por las tendencias del
desarrollo economico y apuntaban a la concentracion urbana. Es posible s i
que el decrecimiento de la acci6n estatal en la vida social y econ6mica del
pais, no se manifieste tanto como efectos especificos a1 nivel del sistema
nacional de centros urbanos o de la relaci6n campo-ciudad, sino sobre todo a1
nivel de la estructura interna de la ciudad. Es aqui donde mejur se manifiestan
de modo especifico 10s efectos del gasto privado de acuerdo a la estructura
de la demanda. La sustitucion del Estado y de la voluntad pliblica por el mer-
cad0 en la inversi6n en vivienda e imfraestructura social, en una situaci6n de
diferenciaci6n socialpcrecentada, se expresa de mliltiples formas en la ciudad.
Las mis notorias son la concentracibn de la inversi6n habitacional en las co-
munas de altos ingresos, la acentuacibn de la segregaci6n espacial por niveles
de ingreso, el aumento del hacinamiento al interior de 10s sitios y viviendas
populares y la multiplicaci6n de actividades de servicios del tip0 informal en
10s barrios perifkricos de bajos ingresos.

Efectos sobre la concentracibn urbana


chile como una “regiongrande” y la region central como
una “gran ciudad”

Intentaremos precisar 10s cambios espaciales vincuiados a 10s cambios de la


estructura socio-economics de la DE en alguna medida ya anticipados en 10s
puntos anteriores. Lo haremos en 10s tres niveles de andisis empleados
anteriormente: el sistema nacional de centros urbanos, la relaci6n campo-ciu-
dad y la estructura interna de la ciudad.
En cuanto a1 sistema de centros, la proyecci6n de las tendencias de la DE
hacia el futuro, se anticipa la expansi6n regional de la producci6n industrial de
exportaci6n basada en 10s recursos naturales. Esto no implicari modificacio-
nes sustanciales en 10s movimientos demogrkficos hacia Santiago. En efecto,
se prevk la continuacih del proceso de concentraci6n de pob!acibn en el irea
metropolitana de Santiago.
Las tendencias indicadas no son en lo fundamental diferentes a las de la
dCcada del 60, except0 en dos aspectos.
a) Se produciri una acentuacih de la divisi6n regional del trabajo en base a
una mayor especializacion econbmica de las regiones exportadoras del
Norte y Sur del pais y una expansi6n a6n mis acelerada y diversificada de
la actividad econ6mica en el centro del pais. Esta dtima, por el crecimien-
to previsible del mercado interno y por la tendencia del sector modern0 de
concentrar espacialmente las actividades de servicios especializados de go-
228 GUILLERMO GEISSE

bierno, finanzas y comercializaci6n,y algunas fases del proceso industrial (di-


reccibn, administracih) independientemente de la localizaci6n de la planta.
b) Se producird una ampliacih territorial del area metropolitana de Santiago,
por efectos del crecimiento demogrifico (migraci6n y crecimiento vegeta-
tivo) y por anexi6n de ciudades y regiones circunvecinas comprendidas en
las antiguas cuatro provincias centrales: Santiago, Valparaiso, Aconcagua y
O’Higgins.
Respecto a cambios de orden cualitativo a1 interior de la estructura urba-
na nacional, Cstos dependerb del impact0 de la DE en la distribucih del
ingreso, diferencias tecnol6gicas a1 interior del aparato productivo y en las
condiciones de vida de la poblaci6n. No es previsible que estas diferencias
aumenten a limites que signifiquen la marginaci6n d e cuotas importantes
de la fuerza de trabajp causando dualism0 econ6mico. Per0 si es previsible
que las diferencias socioecon6micas Sean mayores al interior de cada regibn,
incluyendo Santiago, que entre regiones o entre Santiago y el resto de las
regiones del pais.
En las ciudades regionales se prev6 la acentuaci6n de las diferencias de
productividad, como consecuencia del establecimiento y expansi6n de indus-
trias altamente intensivas en capital orientadas hacia mercados del sector
externo.
La poblaci6n local directamente ligada a este sector (especialmente profe-
sionales, empleados y obreros especializados), dados sus ingresos relativamente
elevados, tendera’ a acceder a 10s servicios urbanos especializados de la regi6n
central. El reducido tamafio de este grupo jmblacional no justificaria la descen-
tralizacih de estos servicios a centros urbanos menores en beneficio del resto
de la poblaci6n regional.
Para sectores importantes de la poblaci6n regional, la calidad de vida en
10s centros urbanos regionales dependerh, por lo tanto, de mantener cier-
tos estandares minimos en educacih, salud y vivienda, al margen de criterios
de rentabilidad, como de su posibilidad de acceder a 10s medios de transporte
y su comunicaci6n que integre las regiones con el principal centro nacional
de servicios a la producci6n y a la poblacih. El rol redistributivo que puede
asumir el Estado a travis de la planificacih seri decisiva a este respecto.
En cuanto a la relaci6n campo-ciudad, la hip6tesis requiere de una evalua-
ci6n de 10s efectos inducidos en el sector agopecuario por la expansi6n de 10s
rubros industriales y de servicios favorecidos por la DE y 10s efectos internos
de la expansi6n de sistemas de producci6n capitalista a1 interior del mismo
campo, en oposici6n a 10s avances de socializaci6n realizados durante las
dos administraciones pasadas.
Por una parte, es previsible el aumento de la especializaci6n de las zonas
m8s accesibles a las concentraciones de mercado interno y de aquellas con
ventajas comparativas para la producci6n exportable. En ambos casos, es de
prever avances en la industrializaci6n de la agricultura, concentraci6n de la
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA .229

propiedad, marginalidad del campesinado y el aumento de las corrientes


migratorias a las ciudades.
Los efectos del aumento de la productividad agropecuaria sobre el sistema
urbano estarin lejos de ser homogheos y la hipbtesis deberri precisar su
direcci6n y magnitud en funci6n de las zonas agricolas con mayor potenciali-
dad de crecimiento y de las formas que asuma la distribuci6n del ingreso del
sector. En principio pareciera que las probabilidades se inclinaran a consoli-
dar dos procesos existentes:
a) La concentraci6n de poblaci6n y actividades a nivel regional en ciudades
intermedias, capitales de provincias de las zonas agricolas y de 10s lagos, de
mayor potencial de recursos. Esto, en el corto y mediano plazos.
b) la concentracidn final de 10s movimientos migratorios y de la demanda
del campo en la ciudad de Santiago a ritmos que dependerin de la posibi-
lidad de reducir las tasas de desempleo en esta ciudad.
En cuanto a la estructura interna de la ciudad, la hipdtesis consiste en
anticipar en sus rasgos generales, la concreci6n de 10s cambios socio-econ6mi-
cos en la estructura espacial del Area metropolitana de Santiago y 10s cambios
en el us0 social de las estructuras existentes. Recogemos aqui lo dicho antes
en el sentido de que el actual centro nacional, hoy limitado al rirea metropo-
litana de Santiago, se expandirA por crecimiento interno y anexi6n hasta
incorporar el irea metropolitana de Valparaiso, las ciudades de Rancagua y
San Felipe -10s Andes y de otros centros menores.
Los problemas de distribucidn intema de la actividad econ6mica y la po-
blaci6n del futuro centro, pueden resolverse en base a dos formas altemativas
de estructura urbano-regional.
Una de ellas esth definida bajo el concept0 de la gran ciudad que supone
un alto grado de integraci6n al interior de la regi6n dentro de un sistema en
el cual cada una de las tres ciudades en su periferia concentra actividades
especializadas de acuerdo a sus ventajas comparativas, manteniendo Santiago
una estructura altamente diversificada y el rol de polo en torno a1 cual se
produce la integraci6n.
La otra alternativa se presenta bajo un esquema polinuclear, cada una de
las ciudades de la periferia constituyCndose con una mayor autonomia
respecto a1 centro y por lo tanto, con una estructura interna mAs diversifica-
da. La estructura regional metropolitana efectiva se ubicara entre estas dos
formas alternativas, dependiendo del impact0 de la DE en las diferencias
internas de ingreso, nivel tecnol6gico, calidad de vida, etc.
La primera estructura alternativa tiende a ajustarse a 10s requerimientos
espaciales del sector hegem6nico de la producci6n, consumo y distribucibn,
en tanto que la segunda tiende a responder mris a una preocupaci6n por una
tendencia a una distribucih mAs equitativa de 10s beneficios del crecimiento.
Notas finales

En este trabajo comenzd por llamarse la atenci6n sobre la desproporcio-


nada cantidad de planificadores urbano-reginales, demdgrafos medio-ambien-
talistas y cientificos sociales en general preocupados sobre la concentracibn
urbana, asumida Bsta como un “problema” en si misma. Esta toma de posi-
ci6n se ha popularizado bajo 10s tkrminos de sobre-concentraci6n, hiperurba-
nizacih, urbanizacidn descapitalizada, etc. En este trabajo hemos intentado
demostrar que la concentracibn urbana asi asumida en un falso problema, a1
menos en el cas0 chileno y probablemente en el cas0 de otros paises de la
regi6n. Conduce a investigaciones de escasa relevancia te6rica y a politicas de
ninguna o poca viabilidad. Es poco relevante tedricamente porque asume la
cuesti6n espacial como efecto de un modo de desarrollo econdmico y social
sin establecer las relaciones de causalidad que permitan saber si la 16gica de la
acumulacibn y reproduccibn social, de ese modo, da lugar a acciones que evi-
ten la concentracibn criticada; y en cas0 afirmativo, si dichas acciones con-
ducen a 10s objetivos de equidad social con que se les suele justscar. Por el
contrario, las politicas de descentralizacih espacial que se han llevado a la
prictica en America Latina, y que explicita o implicitamente se originan en
la concepci6n anti-grim ciudad, han contribuido a la concentraci6n econ6mica
y con ello a la desigualdad social. Y e‘se no es el objetivo que se proponen ni
10s investigadores ni 10s planificadores que se alinean frente a1 “problema de
la concentracibn urbana”.
En este trabajo, en cambio, hemos comenzado por reconocer un hecho
objetivo el cual es que la concentracidn urbana y 10s desequilibros espaciales
son efectos inherentes a1 desarrollo desigual del sistema capitalista. Dentro de
61, la correcci6n de 10s desequilibrios espaciales y la concentracidn urbana son
viables s610 en la medida que no afecten la acumulaci6n capitalista y su
reproducci6n como sistema social, es decir el modo (0 estilo) dominante de
desarrollo. Mgs que 10s efectos de kste, nos interesa conocer sus contradic-
ciones. No es de esperar que estas Sean resueltas por un eventual arreglo espa-
cial o por medidas meramente tecnicas. Se requieren, ademis medidas politicas
231
232 GUILLERMO GEISSE

en favor de 10s sectores mbs desfavorecidos. Habria ciertos procesos y formas


espaciales que contribuyen a este objetivo. De alli que se mire la concentra-
ci6n urbana y las disparidades regionales en funci6n de su potencialidad para
el desarrollo de pi-icticas politicas participativas sin implicar por eso que 10s
desequilibrios espaciales y problemas derivados de Cstos no existen.
Estas formas distintas de visualizar la concentraci6n urbana, no son total-
mente excluyentes entre si desde el punto de vista de la planificaci6n, per0 si
conducen a diferentes prioridades en cuanto a 10s problemas a encarar y a sus
implicaciones de politica. Este trabajo ha sido desarrollado comenzando por
la critica a otros enfoques. Por esto, en estas notas finales volveremos a refe-
rirnos a 10s distintos enfoques, teniendo ahora a la vista sus implicaciones en
la planificacih urbana y regional.
Las politicas de descentralizaci6n industrial sugieren una aceptaci6n o sumi-
si6n a la estrategia global de IS y a su etapa siguiente, la de DE industriales.
La mayoria de 10s paises de la regi6n han enunciado politicas de descentrali-
zaci6n industrial y algunos han tenido Cxito en atraer empresas a las regiones
escogidas para el desarrollo. En algunos casos, el Bxito se ha atribuido a que la
congesti6n y deterioro general de las grandes concentraciones urbanas habria
llegado a niveles tan elevados que las empresas ya no pueden evitar el tener
que compartir 10s costos implicados. A ese nivel habria llegado Sao Paulo, la
ciudad de MBxico y Buenos Aires, s e g h la opini6n de algunos (CEPAL, Habi-
tat: 1978). Esta no es una opini6n un6nime (para el cas0 de Brasil ver Singer;
1971). Per0 en el cas0 de Chile, esta comprobado que Santiago est6 lejos de
alcanzar dicho nivel (CIDU; 1971).
La descentralizacibn regional tambiCn se ha producido por acciones direc-
tas o indirectas de 10s gobiernos bajo la presi6n de grupos de poder regionales.
En MCxico, este factor explicaria en buena medida las politicas de desarrollo
regional durante el gobierno pasado (Uniquel, Lavell, Pi'rez; 1979). En el cas0 de
Chile, razones de tip0 geopolitico son las dnicas que garantizaron el Cxito
de politicas de desarrollo industrial en zonas sensibles a conflictos limitro-
fes. Es el cas0 de Arica, en el norte del pais. Sin embargo, el Cxito fue transi-
torio y ademis aislado.
Cualquiera que haya sido la raz6n detrQs de las politicas de descentraliza-
cion industrial, se ha tenido que recumr a subsidios directos e indirectos para
atraer las industrias a las regiones escogidas por la planificacih para su desa-
rrollo. Para tener exito, estos subsidios han tenido que ser muy superiores a
10s beneficios de la aglomeraci6n percibidos por las empresas en las grandes
concentraciones urbanas.
En efecto, la experiencia de la planificaci6n urbano-regional de America
Latina muestra que s610 cuando 10s estados nacionales comprometieron
grandes recursos pdblicos, consiguieron avances en la descentralizaci6n indus-
trial y reorientar las corrientes migratorias hacia polos regionales. Esto pare-
ciera no satisfacer a nadie. Unos plantean su preocupaci6n respecto a1 sacri-
ficio en 10s objetivos de eficiencia econbmica de tales inversiones (Lefeber,
ECONOMIA Y FQLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 233

Datta; 1971). Otros lo han hecho iespecto a la equidad, observando que 10s
principales beneficiarios de la descentralizaci6n territorial fueron las grandes
empresas del centro, y que si bien se logrb reducir alli el crecimiento de la
marginalidad, Csta aument6 en 10s polos regionales favorecidos por dichas
inversiones (Singer; 1971, Coraggio; 1974, Negrbn; 1978).
Las politicas de desarrollo rural de m8s amplia aplicaci6n en la regibn, son
las que apuntan a la modemizaci6n del campo. Por una parte, se trata de
incorporar a la producci6n y poblaci6n campesinas a 10s mercados y valores
culturales del polo urbano-industrial. Por la otra, se desea crear las condicio-
nes locales que permitan retener el progreso en las propias regiones y frenar
el traslado de capitales y de poblaci6n a las grandes ciudades. Para algunos
autores, la modernizacih se debe intentar corrigiendo las distorsiones y
desequilibrios econ6micos provocados por la IS (Lipton 1977; Lefeber;
1978). Su fundamentacibn ideol6gica est6 representada en la tesis de las
clases rurales explotadas por las clases urbanas (criticada en este trabajo), y
en la critica de la IS como estrategia de desarrollo. El tip0 de instrumentos de
planificaci6n privilegiado por esta postura son 10s de politica econbmica,
principalmente la recomposici6n de la relaci6n de precios internos distorsiona-
dos por la IS en desmedro de la agricultura. Ninguno de estos influyentes
autores toca el problema de las relaciones de clases, no necesariamente coin-
cidentes en las relaciones campo-ciudad, per0 clave indispensable para enten-
derIas. Sin mediar cambios en el monopolio de la tierra y en la relaci6n del
latifundio con el capital industrial, la recomposici6n de 10s precios s610
lograria acentuar las diferencias internas a1 campo.
Hay otros autores que son conscientes de este problema. Para ellos, la
modernizacibn s610 puede extenderse a la mayoria de la poblacibn rural a
traves de politicas redistributivas (de la tierra en particular) en favor del
campesinado. Aceptan que sin esta condicibn, 10s cambios en las relaciones de
precios internos, tendrian el efecto de concentrar mis la riqueza en el campo.
Con la distribuci6n de la tierra, se reduce el derroche consumista del latifun-
dio y se hace posible reorientar parte de 10s subsidios, el crCdito e innovacio-
nes tecnolbgicas, antes monopolizados por aquC1, hacia la pequefia y mediana
propiedad. El conjunto de estas politicas redistributivas y de extension
agricola es lo que en AmCrica Latina, con excepci6n de Cuba, se ha dadoen
llamar reformas agrarias. Estas conservan intactos el derecho de mantener la
propiedad privada de la tierra y de 10s medios de produccion y por lo tanto,
el mercado continiia siendo el principal mecanismo de asignacion de recursos.
Reformas agrarias entendidas en estos tCrminos, son las probablemente alu-
didas en el Informe de la Conferencia sobre el Habitat de Vancouver como
medio de elevar la calidad de vida de 10s asentamientos humanos de zonas
rurales, como asimismo, por las politicas de poblaci6n cuyo objetivo sea el
de frenar las migraciones del campo a las grandes ciudades (CELADE; 1978).
Sin embargo, las experiencias de reformas agrarias en AmCrica Latina son
pocas y de poco alcance y profundidad. En muy PGCOS msos se combin6 la
234 GUILLERMO GEISSE

redistribucih de la tierra con servicios agricolas adecuados a 10s nuevos


propietarios y en todos ellos s610 una fracci6n reducida de la tierra latifundia-
ria fCrtil y accesible fue redistribuida y el sector minifundiario qued6 practica-
mente excluido sin resoluci6n. Chile fue el pais que lleg6 m5s lejos entre 10s
paises en desarrollo bajo la 6rbita capitalista que iniciaron reformas agrarias.
Sin dejar de reconocer el avance que ello implic6 desde el punto de vista
econ6mico y social, 10s efectos sobre las tendencias a la concentraci6n urbana
y en la calidad de vida en el campo, estuvieron muy por debajo de lo espera-
do. Se mantuvo la divisi6n interna del campo entre un sector (el cual incluye
una fracci6n del campesinado) que tendi6 a absorber las ventajas de la moder-
nizaci6n; y un sector minifundiario y de trabajadores sin tierra que tendi6 a
absorber parte de la mano de obra expulsada del sector moderno. Otro efecto,
contrario a1 esperado, @e el aumento de la migraci6n del campo a las ciuda-
des regionales mris grandes y en particular a la capital.
En este trabajo se ha sostenido en cambio, que el crecimiento a ritmos
superiores a1 promedio de las grandes ciudades y en particular el de Santiago,
no debe sorprender ni menos alarmar a quienes entienden las leyes objetivas
de la economia politica de la urbanizaci6n capitalista. Su origen est5 en la
relaci6n contradictoria que se produce en las relaciones entre ciudad y campo
c o m h a todas las sociedades capitalistas. Si en America Latina y en Chile en
particular, el nivel de la concentraci6n es superior que 10s paises industrializa-
dos, esto se debe a factores hist6ricos identificados como la persistente aun-
que cambiante dependencia de la economia nacional, la temprana concenha-
ci6n econ6mica y politica interna, el rol activo jugado por el Estado en la re-
producci6n de las relaciones de desarrollo desigual interno. Cuando sobrevino
la industrializaci6n, no hub0 mris opci6n de desarrollo que la IS. Esta es por
las propias condicionantes hist6ricas, econ6micamente concentrada y mono-
p6lica desde su mismo origen y por lo mismo sus efectos en la concentracihn
espacial mucho mris acentuado que en 10s paises centrales. Bajo la IS, las con-
tradicciones de la industrializacih capitalista urbana se agudizaron por su
dependencia externa y por tener que enfrentar desde el comienzo a una fuer-
za de trabajo organizada como clase y por el estancamiento estructural del
campo. Las medidas tkcnicas de descentralizacih regional al interior de una
estrategia global de IS que no reconozcan el context0 hist6rico-social en que
Csta se implanta y desarrolla, estrin condenadas a1 fracaso. Igual resultado es
de esperar de estrategias como la de desarrollo rural integrado, presentadas
por planificadores como alternativas a la IS conducentes a un desarrollo m8s
equilibrado si no se observan las coyunturas externas y fuerzas sociales inter-
nas con el poder necesario para proponerla y llevarla adelante.
Desde este enfoque, en este trabajo se llega incluso a plantear que la IS
fue en Chile una opci6n real de desarrollo dentro del sistema capitalista,
gracias a la cual la economia neo-colonial expandi6 su mercado interno y de
esta forma impuls6 su desarrollo econ6mico. La expansi6n y diversificacibn
de 10s mercados internos provocados por la IS moviliz6 fuerza de trabajo desde
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 235

las zonas rurales a Santiago donde se concentr6 la industria. Dado el estanca-


miento o lento desarrollo de la agricultura, la migraci6n rural urbana iniplic6
el traslado de una gran masa de trabajadores rurales a actividades urbanas de
productividades muy superiores a la precedente, incluso en 10s servicios mbs
humildes de la ciudad. Esta diferencia se refleja en niveles de ingreso e indices
de ocupaci6n mbs elevados en Santiago que en el resto del pais. Y, si se pro-
dujo marginalidad urbana en Santiago, Cste no se puede atribuir a la IS, ni
a la urbanizacibn concentrada. Su origen est&en el campo, desde antes de que
la IS se abriera paso como opci6n de desarrollo. Por lo tanto, la transferencia
de una gran masa de trabajadores desde economias de subsistencia rural a
travCs de las migraciones internas est&asociada a la elevaci6n de la producti-
vidad general de las economias nacionales. Por cierto, que lo anterior no
impidi6 la profundizacih de las diferencias internas al interior de la ciudad
a las cuales nos hemos referido aunque s610 brevemente en este trabajo.
El otro aspect0 de la concentraci6n urbana o de la gran ciudad es el eco-
n6hico propiamente dicho, que es tratado en este trabajo tambi6n en forma
diferente del tratamiento que se le da comdnmente bajo el enfoque “proble-
ma”. La relaci6n entre 10s beneficios y 10s costos de las grandes concentracio-
nes urbanas seria positiva. Lo dicho respecto a1 context0 hist6rico global del
proceso de concentraci6n durante la IS es una confirmacibn parcial de esta
hip6tesis. En cuanto a un anilisis mbs restrictivo de costos y beneficios, no
existen hasta hoy resultados convincentes ni posibles de genzralizar sobre el
tamaiio (poblacional) de Santiago desde el cual las deseconomias se elevan
por encima de las economias de aglomeracibn. Si hay evidencias en todo el
mundo capitalista de que 10s costos sociales de urbanizacih y el deterioro de
la calidad de la vida urbana estin asociadas no tanto a1 tamaiio de las ciuda-
des, sino a: a) las formas que asume el crecimiento espontineo y segregativo
de las ciudades bajo las economias de mercado y, b) a las tecnologias de
servicios urbanos adoptadas, particularmente las exigidas por la expansi6n
del transporte automotriz.
Pero aun concediendo a1 factor tamaiio una influencia negativa en la rela-
ci6n costo-beneficio y que fuese posible determinar un tamaiio 6ptimo de
ciudad para cada pais que justificase tkcnicamente poner freno a1 crecimiento
dt: las grandes ciudades, quedaria pendiente una interrogante por resolver.
Cub1 es la viabilidad politica de una politica de descentralizaci6n justificada
en esos tkrminos, atendiendo a que 10s beneficios son apropiados por 10s
segmentos mbs desal-rollados de la producci6n, consumo e intercambio,
mientras que 10s costos son descargados en el resto de la comunidad, especial-
mente en 10s mi3 pobres del campo y de la ciudad.
Es en este sentido que en este trabajo se afirma que la concentraci6n
urbana vista coin0 urbanizaci6n descapitalizada, hiperurbanizacih, o sobre-
concentraci6n de poblaci6n es un falso problema. El problema es, en cambio,
c6mo y por medio de qu6 mecanismos 10s beneficios y 10s costos de aglomera-
ci6n son distribuidos entre 10s diferentes sectores y clases sociales a1 interior
236 GUILLERMO GEISSE

de la estructura urbana. Esta misma pregunta se debe extender a todos 10s


niveles espaciales de sistemas de ciudades: sistema nacional de centros urba-
nos, relaci6n campo-ciudad, estructura interna del campo y estructura interna
de la ciudad. Tal como lo ha sostenido Singer s610 si las grandes empresas y
10s grandes consumidores contribuyen a1 financiamiento de las ciudades en la
misma proporci6n que 10s beneficios de la concentracidn urbana apropiados
por ellos, la desconcentraci6n espacial seria posible y compatible con redis-
tribuci6n social. (Singer; 1974)
iEs viable en el sistema capitalista la desconcentracih de las empresas
via penalizaci6n en vez de gratificacibn? A1 parecer, esta posibilidad no es
descartable en las ciudades cuyo tamafio-forma ha llegado a limites que afec-
tan a las propias empresas (Caracas, Sao Paulo, Mexico, B. Aires, por ejem-
plo). Tambih podria hacerse extensivo a otras ciudades aun lejos de ese
limite (Santjago, Bogoti, etc.) mediante una planificaci6n que se conformara
con descentralizaci6n a1 interior de la regi6n metropolitana central hasta unos
100 a 200 Kms. del centro y/o a las metr6polis regionales.
Bajo esa perspectiva y alcances, seria posible evitar muchos de 10s males y
presiones sobre la calidad de vida de las grandes ciudades de tamafios de 5,
10, 20 y aim 30 millones de habitantes. Se trataria de regiones metropolita-
nas estructuradas como aglomeraciones de ciudades semi-aut6nomas conecta-
das con el centro metropolitan0 y entre si por sistemas de transporte pdblico.
Existen margenes no utilizados del propio sistema capitalista para una
planificaci6n que promueva formas espaciales que permitan maximizar las
economias atribuibles a las escalas y externalidades de las grandes ciudades y
a la vez minimizar las deseconomias propias de un crecimiento urban0 espon-
tfineo. Esto implica, como primer requisito abandonar 10s prejuicios en
contra de la gran-ciudad, que pretenden infructuosamente descentralizar las
inversiones hacia las regiones.
Es cierto que sin mediar cambios en la estructura misma del orden capita-
lista, la mayor eficiencia s610 se lograria si ella beneficia la acumulacion y la
concentraci6n econ6mica. Los limites para una redistribuci6n social del
desarrollo pueden ampliarse, per0 no m h alla de lo aconsejado para mantener
la propia estabilidad econbmica del sistema a1 largo plazo. Por ello, la planifi-
cacidn desde una posici6n critica como la asumida en este trabajo, y sus pro-
puestas, s610 tienen sentido al asumir como destinatarios principales a 10s
grupos sociales objetivamente interesados en cambios de las actuales estruc-
turas sociales.
Cuadro 1
Poblacibn total del pais por regiones, 1865-1930
I865 I875 1885 I895 1907 1920 1930
Norte Grande - - 88305 141762 234324 289569 292096
Norte Chico 224867 229475 254870 235148 254835 224454 259434
Zona Central 1.256152 1.402468 1S42940 1.600943 1.802986 2.0541 14 2.374703
Concepci6n y 217957 29933 1 443786 50361 1 64696 1 767899 893974
la Frontera
Los Lagos 61030 790 17 102796 132245 187465 255580 328643
Los Canales 59217 65680 74683 82202 104925 139957 138595
Total pais 1.819223 2.075971 2.507380 2.695911 3.231496 3.731573 4.287445
~ ~~~

FUENTE: Elaborado a partir de 10s censos de 1865, 1875 y 10s datos retrospectivos del censo de 1930.

Cuadro 2
Tasas medias anuales de crecimiento de la poblacibn
total del pais y por regiones en cada period0 intercensal
1865 1875 1885 I895 I907 I920
1875 1885 I895 1907 1920 1930
Norte Grande - - 4.7 5.0 2.1 0.1
Norte Chico 0.2 1.0 -0.8 0.8 -1.3 1.4
Zona Central 1.1 1.o 0.4 1.2 1.3 1.5
Concepci6n yla Frontera 3.2 3.9 1.3 2.5 1.7 1.5
Los Lagos 2.6 2.6 2.5 3.5 3.1 2.5
Los Canales 1.o 1.3 1.0 2.4 2.9 -0.1
K2tal pais 1.3 1.9 0.7 1.8 1.4 1.4
Cuadro 3
Poblaci6n urbana total del pais y por regiones*
1865 1875 I885 I895 1907 1920 I930

Norte Grande - - 38181 86478 111688 137083 22 1838


Norte Chico 60802 681 16 68523 52738 65761 68608 90360
Zona Central 308419 3793 14 504086 616165 789021 1.035586 1.331271
La Frontera 31260 54320 93086 139086 - 212316 263834 312127
Los Lagos 3 140 6009 11564 19037 3445 1 60215 85989
Los Canales 485 1 4366 3665 6409 15623 17443 3703 1
Tbtal pais 4084 72 512125 719105 919913 1.228860 1.592769 2.078616

* Se define corno poblacibn urbana, toda concentracibn de mhs de 2.000 habitantes (incluyendo la ubicada en rninas).

Cuadro 4
Poblaci6n rural total del pais y por regiones
Norte Grande - .- 50124 55284 122636 152486 70258
Norte Chico 164065 161359 186347 182410 189074 155846 169074
Zona Central 947733 1.023154 1.038854 984778 1.013965 1.018528 1.043432
La Frontera 186697 245011 350700 364525 434645 504065 581847
Los Lagos 57890 73008 91232 113208 153014 195365 242654
Los Canales 54366 61314 71018 75793 89302 112514 101564
Total pais 1.410751 1.543846 1.788275 I. 775998 2.002636 2.138804 2.208829
Cuadro 5
Tasas medias anuales de crecimiento de la poblaci6n urbana del pais
y regiones por periodo intercensal

I865 1875 I885 1895 1907 1920


1875 1885 1895 1907 1920 1920
Norte Grande , - - 8.2 2.6 2 .o 4.8
Norte Chico 1.1 0.1 -2.6 2.2 0.4 2.8
Zona Central 2.1 2.8 2.0 2.5 2.7 1.8
La Frontera 5.5 5.4 4 .O 4.2 2.2 1.7
Los Lagos 6.5 6.5 5 .O 5.9 5.6 3.6
Los Canales -1.1 -1.8 5.6 8.9 5.6 3.0
Total pais 2.3 3.4 2.5 2.9 2.6 2.2

Cuadro 6
Tasas medias anuales de crecimiento de la poblaci6n rural del pais
y regiones por periodo intercensal
1865 I875 1885 1895 1907 1920
1875 188.5 I895 1907 1920 I930
Norte Grande - - 1.o 8.0 2.2 -7.7
Norte Chico -0.2 1.4 -0.2 0.4 -1.9 0.8
Zona Central 0.8 0.2 -0.5 0.3 0.0 1.1
La Frontera 2.7 3.6 0.4 1.8 1.5 1.4
Los Lagos 2.3 2.2 2.2 3 .O 2.4 2.2
Los Canales 1.2 1.5 0.7 1.6 2.3 -1.0

Total pais 1.0 1.3 -0.1 1.2 0.7 0.7


Cuadro 7
Extranieros residentes en Chile*
1865 187.5 1885 I895 1907 1920 1930
Norte Grande - - 36536 31754 63528 35539 25327
Norte Chico 10391 8457 8723 5122 4942 3260 2890
Zona Central 8899 13427 16860 27872 41348 52 196 571 16
Concepci6n y La Frontera 1689 2007 6170 903 5 12348 12338 10079
Los Lagos 2017 2341 2436 3069 2815 4056 3983
Los Canales 224 397 1008 2204 - 6891 6728 6068
Total pais 23220 26635 71733 79056 132312 114117 105463
* Ante la irnposibilidad de hacer c6Iculos rigurosos sobre rnigracibn internacional, por falta de datos claves en varios aRos del periodo, se
presenta este cuadro como una aproximacibn general.

Cuadro 8
Estimaci6n de la distribucih de la poblaci6n total (segh su crecimiento vegetative)*
1875 1885 1895 1907 1920 1930
Norte Grande - - 94945 169925 270586 332704
Norte Chico 256603 277 162 274034 28 1864 29427 1 257890
Zona Central 1.433434 1.693916 1.658954 1.918995 2.082000 2.360104
La Frontera 248717 361535 477155 60366 1 747079 882289
Los Lagos 69643 95438 110525 158518 216475 293652
Los Canales 67574 79329 80298 98533 121162 160806
Total pais 2.075971 2.507380 2.695911 3.231496 3.731573 4.287445
* El c&ulo realizado fue: a la poblacibn efectiva de cada regibn en el aiio base del period0 intercensal (cuadro l), se le aplicb la tasa de
crecimiento de la poblacibn del pais (cuadro 2) del periodo respectivo, para obtener la poblacibn estimada al final de cada periodo.
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACIONURBANA 243

Cuadro 9
Estimaci6n de las migraciones mternas
netas entre regiones por periodo intercensal" y **
1865 1875 I885 1895 I907 1920
1875 1885 1895 1907 1920 1930

Norte Grande - - 468 17 64399 18983 40608


Norte Chico -271 28 - 22292 -38886 - 27029 -69817 1544
Zona Central -30966 -150976 -5801 1 -1 16009 -27886 14599
La Frontera 50614 82251 26456 43300 20820 11685
Los Lagos 9374 7358 21720 28947 39105 3499 1
Los Canales - 1894 - 4646 1904 6392 18795 -2221 1
* Las cifras se obtuvieron restando a la poblacibn efectiva de cada regi6n a1 t6rmino del
periodo intercensal (cuadro l), la poblacibn estimada por la tasade crecimiento del pais,
en el aiio respectivo (cuzdro 8). Una cifra positiva indica inmigracibn a dicha regi6n y
una negativa emigracibn de la regibn.
**Ademis, fue imposible incluir en estas estimaciones, el efecto de las niigraciones inter-
nacionales, ya que 10s cilculos que podrian haberse hecho, se vieron dificultados por la
falta de datos (como por ejemplo: tasas de mortalidad) para varios de 10s aiios del pe-
riodo. Las interpolaciones aparecian ademis como poco confiables dado lo extenso del
periodo. S610 se tiene la informacibn sobre extranjeros residentes en Chile en diferen-
tes periodos y regiones (ver cuadro 7).

cuadro 10
Estimacih de la distribucibn de la poblacibn urbana
(segiin su crecimiento vegetative)"
1875 1885 1895 1907 I920 I930

Norte Grande - - 41052 103658 128972 157503


Norte Chico 69383 82271 73675 63215 75937 78828
Zona Central 35 1946 458140 541988 738576 91 1123 1.189852
La Frontera 35672 65608 100085 166718 245172 303136
Los Lagos 3583 7258 12434 22819 39782 69185
Los Canales 5536 5273 3941 7682 18041 31531
Total pais 466120 618550 773175 1.I02668 1.41 902 7 1.830035
* C6lculo similar a1 del cuadro 8 (ver nota) pero considerando s6lo la poblacibn urbana por
regiones.
cuadro 1 1
Estimacih de las migraciones internas netas entre regiones considerando s610 poblaciijn urbana*
1865 1875 I885 , 1895- 1907 I920
I875 I885 I895 I907 1920 1930

Norte Grande - - 45426 13030 8111 64335


Norte Chico - 1267 - 13748 - 20937 2546 - 7329 11532
Zona Central 27368 45946 74177 50445 124463 51763
Concepci6n y
La Frontera 18648 27478 39001 45598 18662 899 1
Los Lagos 2426 4306 6603 11632 20433 16804
Los Canales -. 1170 - 1608 2468 7941 9402 5500

Migracidn total
en zonas urbanas
del pais 46005 100555 146738 126192 I 73742 158925
* Las cifras se obtuvieron
restando a la poblaci6n urbana efectiva de cada regi6n a1 thmino del peri'odo intercensal (cuadro 3) la pobla-
cibn urbana estimada en el aiio respectivo (cuadro 10).
cuadro 12
Estimacidn de la distribucidn de la poblacidn rural por regiones (segh su crecimiento vegetativo)"
1875 I885 1895 1907 I920 I930

Norte-Grande - - 53893 66267 141614 175201


Norte Chico 187219 194891 200358 21 8649 218333 179062
Zona Central 1.081487 1.235776 1.116966 1.180420 1.170877 1.170252
Concepci6n y
La Frontera 2 13046 295927 377069 436944 501907 579153
Los Lagos 66060 88180 98092 135698 176693 224467
Los Canales 62039 74056 76358 90850 103122 129275
Total pais 1.609851 1.888830 1.922 736 2.128828 2.312546 2.45 7410
* CBlculo similar al del cuadro 8 (ver nota) pero considerando sblo la poblacibn rural por regiones.
Cuadro 13
Estimacihn de las migraciones internas netas entre regiones considerando-s61o poblacihn mal*
1865 1875 I885 1895 1907 I920
I875 1885 1895 1907 1920 I930

Norte Grande - - 1391 56369 10872 -104943


Norte Chico -25860 - 8544 - 17948 - 29575 - 62487 - 9988
Zona Central -58333 -196922 -132188 -166455 -1 52349 - 37164
Concepci6n y
la Frontera 3 1965 54773 - 12544 - 2299 2158 2694
Los Lagos 6948 3052 15116 17316 18672 18187
Los Canales - 725 - 3038 - 565 - 1548 - 9392 - 27711
Migracibn total
en zonas rurtlles
del pais -46005 -1 00555 -146738 -126192 -1 73 742 -158925
* Las cifras se obtuvieron restando a la poblaci6n rural efectiva de cada regibn a1 t6rmino del period0 intercensal (cuadro 4), la poblaci6n
rural estimada en el aiio respectivo (cuadro 12).
Cuadro 16
Tasas medias anuales de crecimiento de la poblaci6n de Santiago,
Valparaiso y Concepcih por period0 intercensal
1865 1875 1885 1895 1907 I920
1875 1885 1895 1907 1920 1930

Santiago 1.2 3.8 3.0 2.6 4.2 3.2


Valparaiso 3.3. 0.7 1.5 2.8 1.2 0.6
Concepci 6n 2.7 2.8 5.0 3.3 1.5 1.9

Total ciudades 2.1 2.6 2.7 2.7 3.1 2.5

Cuadro 17
Poblacibn de las ciudades de m6s de 20.000 habitantes excluidas Santiago, Valparaiso
y Concepci6n por periocro intercensal
I865 1875 1885 1895 I907 1920 1930

Norte Grande - - - 3303 1 72667 88952 100049


Norte Chico - - - - - - 20696
Zona Central - - 44187 61970 98571 10240 1 157358
Concepcih y La Frontera - - - - - 50630 88374
Los Lagos - - - - - 26854 34296
Los Canales - - - - - 20437 24307
Total - - 44187 95001 171238 289274 42.7080
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 249

Cuadro 18
Tasas de crecimiento de la poblacih de ciudades de m6s de 20.000 habitantes
1865 187.5 1885 1895 1907 1920
1875 1885 1895 1907 1920 I930
Norte Grande - - - 7.9 2.0 1.2
Norte Chico - - - - - -
Zona Central - - 3.4 4.6 0.4 4.3
Concepci6n y La Frontera - - - - - 5.6
Los Lagos - - - - - 2.4
Los Canales - - - - - 1.7

Total - - 77 5.9 5.2 3.5

Lista de ciudades con mis de 20.000 habitantes por regiones. 1865-1930

1865. No existen.
1875. No existen
1885. Zona Central: Talca y Chillin
1895. Norte Grande: Iquique. Zona Central: Talca, Chillin
1907. Norte Grande: Iquique, Antofagasta. Zona Central: Talca, Chillin, Viiia del
Mar.
1920. Norte Grande: Iquique Antofagasta. Zona Central: Talca, Chillin, Viiia del
Mar, Concepcibn y la Frontera: Talcahuano, Temuco. Los Lagos: Valdivia.
Los Canahs: Punta Arenas.
1930. Norte Grande: Iquique. Antofagasta. Norte Chico: La Serena. Zona Central:
Rancagua, Talca, Chillin, Viiia del Mar. Concepcibn y La Frontera: Lota,
Talcahuano, Temuco. Los Lagos: Valdivia. Los Canales: Punta Arenas.

Cuadro 19
Poblaci6n de las ciudades de d s de 10.000
habitantes y menos de 20.000
1865 I875 1885 1895 1907 I920 1930

Norte Grande - - 15391 13530 11457 - 41791


Norte Chico 26931 23725 17230 15712 18389 30678 39663
Zona Central 42706 47909 21878 34633 70997 100810 112829
La Fronteia - - - 10431 54021 30038 27490
Los Lagos - - - - 15229 12440 32379
Los Canales - - - - 12199 - -

Total 69637 71634 54499 74306 202292 I73966 254152


250 GUILLERMO GEISSE

cuadro 20
Tasas de crecimiento de la poblaci6n ciudades de m6s de 10.000
habitantes y menos de 20.000
I865 I875 1885 1895 1907 1920
1875 1885 1895 1907 1920 1930

Norte Grande - - - 1.3 - 1.7 - -


Norte Chico - 1.3 - 3.2 - 0.9 8.9 - 2.2 2.6
Zona Central 1.1 7.8 4.6 7.2 3.5 1.1
La Frontera - - - 16.4 - 5.9 -0.9
L o s Lagos - - - - - 2.0 9.6
Los Canales - - - - - -

Total 0.3 - 2.7 3.1 10.0 - 1.5 3.8

Lista de ciudades de mis de 10.000 habitantes y menos de 20.000


por regiones, 1865-1930

1865. Norte Chico: Copiap6, La Serena. Zona Central: Quillota, Talca, Chillin.
1875. Norte Chico: Copiap6, La Serena. Zona Central: Quillota, Talca, Chillin.
1885. Norte Grande: Iquique. Norte Chico: La Serena. Zona Central: San Felipe
Curicb.
1895. Norte Grande: Antofagasta. Norte Chico: La Serena. Zona Central: San Feli-
pe, Curicb, Viiia del Mar. Concepcibn y la La Frontera: Talcahuano.
1907. Norte Grande: Tal-Tal. Norte Chico: Copiap6, Coquimbo, La Serena. Zona
Central: Rancagua, San Felipe, Quillota, Curic6, qinares, Parral. Concepcibn
y La Frontera: Lota, Los Angeles, Talcahuano, Temuco. Los Lagos: Valdi-
via. Los Canales: Punta Arenas.
1920. Norte Chico: Coquimbo, La Serena Zona Central: Rancagua, San Felipe
Quillota, San Fernando, Curic6, Cauquenes, Linares, Parral. Corzcepcibn
y La Frontera: Lota, Los Angeles. Los Lugos: Osorno.
1930. Norte Grande: Arica, Tocopilla, Chuquicamata. Norte Chico: Copiap6, Co-
quimbo, Ovalle. Zona Central: San Bernardo, Los Andes, San Felipe, Quillo-
ta, San Fernando, Curic6, Cauquenes, Linares, Concepcibn y La Frontera:
Los Angeles, Angol. Los Lagos: Puerto Montt, Osorno.
ECONOMIA Y POLlTICA DE LA CONCENTRACION URBANA 25 1

Cuadro 21
Poblaci6n de las ciudades de mis de 5.000
habitantes y menos de 10.000
~~~ ~~ ~~

1865 1875 1885 1895 1907 I920 1930

Norte Grande - - 7588 13564 5366 38213 41914


Norte Chico 13745 11480 28811 27240 12559 25354 15408
Zona Central 44422 53730 80932 73662 6948 1 52923 81992
Concepcih y
La Frontera 5291 16778 33128 44291 56493 44357 57097
Los Lagos - - 5680 8060 12772 9751 5735
Los Canales - - - - - - -

Total 63458 81988 156139 166817 156671 I70598 202146

Cuadro 22
Tasa de crecimiento de la poblaci6n de ciudades m& de 5.000 habitantes
y menos de 10.000
1865 1875 1885 1895 1907 1920
1875 1885 1895 1907 1920 1930

Norte Grande - - 5.8 - 9.3 19.6 0.9


Norte Chico -1.8 9.2 - 0.6 - 7.7 7.0 - 5.0
Zona Central 1.9 4.1 - 0.9 - 0.6 - 2.7 4.4
Concepci6ny La Frontera 11.5 6.8 2.9 2.4 - 2.4 2.5
Los Lagos - - 3.5 4.6 - 2.7 - 5.3
Los Canales - - - - - -

Total 2.6 6.4 0.7 - 0.6 0.9 1.7

Lista d e ciudades de m6s de 5.000 habitantes y menos de 10.000


por regiones, 1865-1930

1865. Norte Chico: Coquimbo, IllapeL Zona Central: Rancagua, Los Andes, San
Felipe, San Fernando, Curicb, Rengo, San Carlos, Concepcibn y La Frontera:
Tom&
1875. Norte Chico: Coquimbo, Illapel. Zona Central: San Felipe, San Fernando,
Curicb, Cauquenes, Linares, Constitucibn, Parral, San Carlos. Concepcibn y
La Frontera: Lota, Coronel, Lebu.
1885. Norte Grande: Antofagasta. Norte Chico: Copiapb, Coquimbo, Ovalle, Valle-
nar. Zona Central: Rancagua, San Bernardo, Los Andes, Quillota, San Fer-
nando, Cauquenes, Linares, Limache, Rengo, Constitucibn, Parral, San Car-
los. Concepcibn y La Frontera: Talcahuano, Los Angeles, Angol, Tom6, Mul-
ch&. Los La~os:Valdivia.
252 GUILLERMO GEISSE

1895. Norte Grande: Tal-Tal, Huara. Norte Chico: Copiapb, Coquimbo, Ovalle,
Vallenar. Zona Central: Rancagua, Los Andes, Quillota, San Fernando,
Cauquenes, Linares, Rengo, Constitucibn, Parral, San Carlos, Concepcibny La
Frontera: Lota, Temuco, Los Angeles, Angol, Traiguen, Victoria, Los Lagos:
Valdivia
1907. Norte Grande: Tocopilla. Norte Chico: Ovalle, Vallenar. Zona Central: San
Bernardo, Los Andes, San Fernando, Cauquenes, Melipilla, Rengo, Constitu-
cibn, San Carlos, Chillln Viejo, Concepcibny La Frontera: Angol, Mulchin,
Victoria, Traipkn, Nueva Imperial, Lautaro, Penco, Curanilahue.
1920. Norte Grande: Arica, Tocopilla, Chuquicamata, Tal-Tal, Mejillones, Norte
Chico: Copiap6, Ovalle, Vallenar- Zona Central: San Bernardo, Los Andes,
Melipilla, Rengo, Constitucibn, San Carlos, Sewell. Concepcibn y La Frontera
Angol, Tomt, Mulch&n, Victoria, TraiguBn, Lautaro. Los Lagos: Puerto
Montt.
1930. Norte Grande: Calama, Tal-Tal, Victoria, M. Elena, Jose Fco. Vergara, Pedro
de Valdivia No[te Chico: Vallenar, Potrerillos Zona Central: Melipilla, San
Antonio, Limache, Rengo, Constitucibn, Parral, San Carlos, San Javier, C a b
ra, Quilpuk, Sewell. Concepcidn y La Frontera: Coronel, Tomi, Mulchin, Vic-
toria, Traiguh, Nueva Imperial, Lautaro, Schwager. Los Lagos: La Uni6n.

Cuadro 23
Poblacih de las ciudades de m k de 2.000 habitantes
y menos de 5.000

1865 1875 I885 1895 1907 I920 1930

Norte Grande - - 15202 26353 22198 7372 38084


Norte Chico 20126 32911 22482 13167 14813 10533 14593
Zona Central 35476 55665 62805 67050 54801 89734 89656
Concepci6n y
La Frontera 12011 19265 32333 44527 46472 74755 61577
Los Lagos 3140 6009 5884 10977 6450 11170 13579
Los Canales 4351 4366 3665 6409 3424 7006 12724
Total 75604 118216 142371 168503 148158 200570 230213
ECONOMIA Y POLITICA DE LA CONCENTRACION URBANA 25 3

Cuadro No. 24

Tasas de crecimiento de la poblacibn de ciudades de m L de 2.000


habitantes y menos de 5.000
1865 1875 1885 1895 1907 1920
1875 1885 1895 1907 1920 1930
Nortc Grande - - 5.5 - 1.7 -11.0 16.4
Norte Chico 4.9 - 3.8 - 5.4 1.2 - 3.4 3.3
Zona Central 4.5 1.2 0.7 - 2.0 4.9 - 0.0
Concepci6n y La Frontera 4.7 5.2 3.2 0.4 4.8 - 1.9
Los Lagos 6.5 - 0.2 6.2 - 5.3 5.5 2.0
Los Canales - 1.1 - 1.8 5.6 -6.3 7.2 6.0
Total 4.5 1.9 1.7 -1.3 3.0 1.4

Lista dc ciudades de m5s de 2.000 habitantes y menos de 5.000


por regiones, 1865-1930

1865. Norte Chico: Ovalle, Vallenar, Chaiiaral, Caldera, Combarball, Carrizal Alto.
Zona Central: Cauquenes, Linares, Melipilla, Limache, Constituci6n, Parral,
La Ligua, Chillln Viejo, Petorca. Concepcibn y La Frontera: Lota, Talcahu-
no, Los Angeles, Nacimiento. Los Lagos: Valdivia. Los Canales: Ancud.
1875. Norte Chico: Ovalle, Vallenar, Chaiiaral, Salamanca, Caldera, Carrizal Alto,
Oro, Panulcillo, Chalinga, Higuera, Pampa Alta y Pampa Baja. Zona Central:
Rancagua, San Bernardo, Los Andes, Melipilla, Limache, Rengo, San Javier,
Talagante, Llay Llay, Molina, Quirihue, Bulnes, Chincolpo, Petorca, Valle
Hermoso, Nogales, Conchali, Olmuk, San Francisco de Limache, Curepto.
Concepcibn y La Frontera: Talcchuano, Los Angeles, Angol, Tomb, Mulchin.
Los Lagos: Valdivia, Puerto Montt. Los Canales: Ancud.
1885. Norte Grande: Arica, Tal Tal, Pisagua, Caracoles. Norte Chico: Chaiiaral,
Illapel, Salamanca, Vicuiia, Caldera, Panulcillo, Higuera, Freirina, Zona Cen-
tral: Viiia del Mar, Melipilla, San Javier, B u h , LaLigua, Llay Llay, Molina,
Quirihue, Bulnes, Doiiihue, Chimbarongo, Yungay, Chillln Viejo, Chincolco,
Conchali, San Fco. de Limache, Curepto, Putaendo, Curimbn, Codegua, Vi-
chug&, Concep. y La Frontera: Lota, Coronel, Victoria, Traigubn, Yumbel,
Lebu, Arauco, Collipulli, San Luis Gonzaga, Santa Juana, Lota y CoroneL
Los Lagos: Puerto Montt, Osorno. Los Canales: Ancud.
1895. Norte Grande: Arica, Tocopilla, Pisagua, Santa Catalina, Negreiros, Dolores,
PozaAlmonte: Norte Chico: Chaiiaral, lllapel, Salamanca, Vicuiia, Higuera.
Zona Central: San Bernardo, Melipilla, Limache, San Javier, Calera. QuilpuB,
Renca, La Ligua, Llay L!ay, Molina, Quirihue, Bulnes, Chimbarongo, Yungay,
Peumo, Chillfin Viejo, Conchali, San Fco. de Limache, Curimbn, Calle
Larga, Sta. Maria, Palmilla, Chanco. Concep. y La Frontera: Coronel, Tom6,
Mulchin, Nueva Imperial, Lautaro, Schwager, Yumbel, Lebu, Arauco, Colli-
pulli, Penco, Cafiete, Pitrufqubn, Colico. Los Lagos: Puerto Montt, Osorno,
La Uni6n. Los Canales: Punta Arenas, Ancud.
1907. Norte Grande: Arica, Calama, Sta. Luisa, Huara, Mejillones, Pisagua, Caleta
Coloso. Norte Chico: Chafiaral, Illapel, Vicufia, Caldera, Higuera. Zona
254 GUILLERMO GEISSE

Central: Limache, San Javier, Calera, Quilpu6, Buin, La Ligua, Llay Llay,
Molina, Quirihue, Bulnes, Peumo, San Vicente, San Fco. de Limache, Puraen-
do, Chanco, ChBpica. Concepcibn y La Frontera: Tom6, Yumbel, Lebu, Arau-
CO, Collipulli, W e t e , PitrufquBn, San Rosendo, Carahue, Loncoche, Gorbea,
Colico, Puchoso Dklano, Galvarino, Lisperguer. L o s Lagos: La Unibn, Rio
Bueno. Los Canales: Ancud.
1920. Norte Grande: Calama, Goya, Anibal Pinto. Norte Chico: Chafiaral, Illapel,
Vicufia, Caldera. Zona Central: San Antonio, Limache, San Javier, Calera,
Quilpu6, Talagante, B u h , Peiiaflor, Puente Alto, LaLigua,Llay Llay, Molina,
Quirihue, Bulnes, Doiiihue, Chimbarongo, Yungay. Peumo, San Vicente, La
Cruz, Granerog Chillin Viejo, Villa Alemana, Isla de Maipo, Putaendo,
Chkpica, Caletones, Machali, Convent0 Viejo, Villa Alegre, Pemuco. Concep-
cibn y La Frontera: Coronel, Nueva Imperial, Schawager, Yumbel, Lebu, Pen-
co,Caiiete, Pitrufqukn, San Rosendo, Curanilahue, Freire, Gorbea, CollipuUi,
Carahue, Loncoche, Curacauth, Maule, Marquh, Plegarias, Los Sauces, Lota
y Coronel, Huifiivales. Los Lagos: La Unibn, Rio Bueno, Puerto Varas Los
Canales: Ancud, Castro.
1930. Norte Grande: Mapocho, Peiia Chica, Bellavista, Rica Aventura, San Andrks,
Goya, Anibal Pinto, Ausonia, Chacabuco, Fco. Puelma, Chile, S t a Luisa,
Huara, Mejillones, Pampa Uni6n. Norte Chico: Chaiiaral, Illapel, Salamanca,
Vicuiia, Huasco. Zona Central: Talagante, Buin, Renca, Peiiaflor, Puente
Alto, La Ligua, Llo Lleo, Barrancas, El Monte, Burnes, Maiph, Lo Ovalle,
La Ligua, Llay Llay, Molina, Qurihue, Bulnes, Doiiihue, Chimbarongo, Yun-
gay, Peumo, San Vicente, La Cruz, Graneros, Chillin Viejo, El Teniente,
San Fco. de Mostazal, Lo Miranda, Villa Alemana Concep. y La Frontera:
Nacimiento, Yumbel, Lebu, Arauco, Collipulli, Penco, Caiiete, Pitrufqukn,
San Rosendo, Curanilahue, Carahue, Loncoche, Curacautin, Freire, Coelemu,
Chiguayante, San Vicente, Renaico, Purkn, Puerto Saavedra, Gorbea. Los
Lagos: Rio Bueno, Puerto Varas, Corral, Rahue. Los Canales: Ancud, Castro,
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Este libro se termin6 de imprimir en
el mes de junio de 1983, en 10s ta-
lleres de RZANO-VERA Y ASOCIADOS,
S.A., Av. 10 nbm. 130, M6xico, D.F.
Se tiraron 1000 ejemplares mbs
sobrantes para reposici6n. Diseiio de
la portada de M6nica Diez-Martinez
(fotografia de Jorge Contreras Cha-
cel). Cuid6 de la edici6n el Depar-
tamento de Publicaciones de El Cole-
gio de Mkxico.

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