33 - Días - Consagración - Getafe - Letra - Pequeña Maria
33 - Días - Consagración - Getafe - Letra - Pequeña Maria
PRIMERA SEMANA
San Luis María Grignon de Montfort
En esta semana nos enfocaremos en el ejemplo y las palabras del primer gran profeta de la consagración
mariana.
Hay algo especial en Bretaña que parece haber tenido influencia sobre San Luis María: sus raíces
celtas. Bretaña es considerada una de las seis naciones celtas, y una parte de la cultura celta parece
haber penetrado profundamente en el corazón de San Luis María: la fogosidad de sus guerreros.
Desde la antigüedad los guerreros celtas han infundido terror en los corazones de sus enemigos.
Si has visto la película Braveheart (Corazón Valiente), piensa en la figura intrépida de Sir William Wallace
(interpretado por Mel Gibson) y su loca pandilla de montañeses escoceses enfrentándose a un enemigo
inglés que los supera varias veces en número. Esto muestra algo de su bravura, pero la versión real es
aún más intensa.
A menudo cubiertos sólo con su pintura de guerra azul, los auténticos guerreros celtas se volvían
frenéticos con la sangre, se lanzaban al combate gritando como locos y manejando sus enormes espadas
a dos manos. A pesar de su falta de disciplina, armadura y orden, eran extremadamente efectivos en la
batalla por su incomparable pasión y ferocidad.
El padre de San Luis María, Jean Grignon, debía haber descendido de estos salvajes guerreros.
Era conocido por tener el temperamento más fuerte de toda Bretaña. San Luis María, confesó que su
temperamento era tan fuerte como el de su padre, pero dirigió su pasión fogosa no a la violencia, sino a
trabajar para la mayor gloria de Dios. Podemos entender mejor su excepcional pasión si conocemos su
increíblemente productiva vida sacerdotal.
San Luis María sólo tenía 43 años cuando murió en 1716, habiendo sido sacerdote apenas 16
años. Su labor incansable de llevar las almas a Jesús por medio de María, especialmente la predicación
de numerosísimas misiones parroquiales, causaron su muerte prematura. Como si estas agotadoras
labores no fueran lo suficientemente difíciles, Luis María tenía que soportar la persecución viciosa del
clero y de los herejes jansenistas incluso hasta el punto de haber sido físicamente atacado y envenenado.
Nuestro guerrero indomable siguió avanzando en el campo de batalla, continuamente predicando su
camino característico hacia Jesús por María. De hecho, cuando algunos líderes de la Iglesia en Francia
pensaron que habían puesto fin a su proyecto, Luis María hizo el viaje de mil millas a Roma y pidió consejo
al Papa. El Papa no sólo le ordenó volver a Francia para seguir predicando, sino que le confirió el título de
“Misionero Apostólico”. Nuestro santo obediente y alegremente volvió a Francia y continuó predicando,
escribiendo y soportando con paciencia muchos sufrimientos por amor a Jesús, María y las almas.
El ardor y fervor de San Luis María inspiraron al joven Karol Wojtyła, el futuro Papa Juan Pablo II.
Pocos años antes de su muerte el Papa pudo realizar un sueño de toda su vida al visitar la tumba de San
Luis María. En esa ocasión dijo: “Me siento feliz de iniciar mi peregrinación en tierra francesa bajo el
signo de esta gran figura. Ustedes saben que debo mucho a este santo y a su Tratado de la verdadera
Devoción a la Santísima Virgen”.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
PRIMERA SEMANA
San Luis María Grignon de Montfort
Las cosas no siempre salen según nuestros planes. Por ejemplo, San Luis María seguramente había
planeado que su monumento a Cristo durara más que un día. Pero el santo aceptó obedientemente la destrucción
de sus planes y alabó a Dios. Debido a este desapego de su propia voluntad y apego a la de Dios, Luis María se
convirtió en un instrumento utilizado por Dios para realizar obras aún más poderosas. Así, a pesar de que
destruyeron su monumento físico, la enseñanza de Luis María finalmente se convirtió en un enorme edificio en la
Iglesia, que ejerció gran influencia sobre muchos papas y sobre la espiritualidad católica. Las obras apasionadas
de San Luis María valieron la pena, aunque él no alcanzara a ver el fruto.
Mientras comenzamos a prepararnos para la consagración a Jesús por medio de María, consideremos el
apoyo que varios papas han dado a la enseñanza de San Luis María. Que estos testimonios fortalezcan nuestra
determinación de avanzar hasta el Día de la Consagración y que nos ayuden a confiar en que nuestra consagración
dará realmente mucho fruto en nuestras vidas, aunque aún no alcancemos a comprenderlo plenamente.
• El Papa Pío XI
(1922-1939)-Dijo simplemente: “He practicado esta devoción desde la juventud”
(1939-1958) Canonizó a San Luis María en 1947 y en su homilía se refirió a la enseñanza mariana
monfortiana como “sólida y auténtica”. Se dirigió a los peregrinos que habían venido para la canonización
“San Luis María nos conduce a María y, desde María a Jesús”.
PRIMERA SEMANA
San Luis María Grignon de Montfort
Muy bien. El primer día de esta semana pedimos más ardor y fervor en nuestra preparación para la
consagración. Ayer, reflexionábamos sobre la influencia increíble que la breve vida de San Luis María
ejerció en la Iglesia. El fuerte testimonio de autoridades, nada menos que Papas, debería haber encendido
aún más nuestro ardor y habernos llevado a reflexionar: “¿Qué enseñanza es esta, de tan asombrosa
influencia, por parte de un sacerdote que sólo vivió hasta los 43 años?” Por supuesto que se trata de su
enseñanza sobre la consagración mariana, pero ¿qué significa esto exactamente?
Recuerda el resumen sobre la consagración mariana que hice en la introducción de este retiro.
Presentamos la consagración como nuestro “sí” a María, permitiéndole realizar en nosotros su tarea divina
de formarnos como “otros cristos”. Todo eso es verdad. Pero hay más. San Luis María hace hincapié en
dos dimensiones clave de su enseñanza sobre la consagración mariana. La primera es la renovación de
nuestras promesas bautismales y la segunda el don particularmente profundo de nosotros mismos a
María. Vamos a examinarlas por separado (una hoy y la otra mañana).
El día de nuestro bautismo es el día más significativo de nuestra vida. Nosotros, criaturas pobres y
pecadoras, no sólo somos purificados del pecado, sino también recibimos la dignidad y el honor de ser
transformados en hijos de Dios Todopoderoso. En esa ocasión jubilosa, antes de recibir estas gracias
increíbles, prometimos solemnemente (o si éramos infantes, otros prometieron en nuestro nombre)
rechazar a Satanás, y luego profesamos (u otros en nuestro nombre) nuestra fe y compromiso de seguir
a Jesucristo.
Cada Pascua renovamos solemnemente esta promesa y compromiso. Pero ¿los mantenemos?
¿Permanecemos fieles a nuestra palabra? No. Todos pecamos. Tristemente, todos sucumbimos a
Satanás, “a sus pompas y a sus obras” y rechazamos a Cristo, al menos en parte.
¿Por qué sucede esto? La respuesta simple es el pecado original: tenemos una naturaleza caída y somos
propensos al pecado. Es la verdad, pero San Luis María nos invita a profundizar más y examinar nuestra
conciencia. Si lo hacemos, descubriremos que una razón principal por la cual caemos en el pecado es la
amnesia: la falta de memoria de nuestro compromiso con Cristo en el Bautismo. De Montfort sugiere que,
si renováramos sincera y personalmente nuestras promesas bautismales y las pusiéramos en las manos
de María, este acto, por sí mismo, podría ayudarnos a resistir al pecado en nuestras vidas. Por tanto, hace
de esta renovación de promesas un elemento esencial de su oración de consagración. En el primer párrafo
de esta oración nos invita a presentarnos a María de la siguiente manera:
“Yo, (nombre), pecador infiel, renuevo y ratifico en vuestras manos los votos de mi Bautismo. Renuncio
para siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y me entrego enteramente a Jesucristo, la Sabiduría
encarnada, para llevar mi cruz tras Él, todos los días de mi vida. Y a fin de que le sea más fiel de lo que
he sido hasta ahora, os escojo hoy, ¡oh María!, en presencia de toda la corte celestial, por mi Madre y mi
Señora”
De esa forma San Luis María nos invita a atacar el pecado de raíz ̶ Satanás con sus pompas y
obras ̶ a renovar nuestro compromiso de vivir por Cristo y hacerlo todo con y por medio de María. ¿Por
qué por medio de María? Porque Dios creó una enemistad entre Ella y Satanás (Gn. 3, 15) y Satanás no
puede soportarla. De hecho, según San Luis María, Satanás teme más a María, no sólo más que a todos
los ángeles y a los santos sino que, en cierto sentido, ¡más que a Dios mismo! ¿Por qué? Porque como él
dice, “siendo Satanás muy orgulloso, sufre infinitamente más al ser vencido y castigado por una pequeña
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
y humilde esclava de Dios, y su humildad le humilla más que el poder divino”. Así que de Montfort nos da
una manera práctica y eficaz de vencer el pecado en nuestras vidas: renunciar formalmente a Satanás y
comprometernos de nuevo con Cristo, por medio de María.
El último día de esta semana conoceremos más acerca del poder de María sobre las fuerzas del
mal. Mañana reflexionaremos sobre el segundo elemento de la consagración monfortiana, el don
particularmente profundo de nosotros mismos a María. Hoy meditemos sobre la promesa que hicimos en
nuestro Bautismo de renunciar a Satanás y de amar y seguir a Cristo.
Oración del día:
PRIMERA SEMANA
San Luis María Grignon de Montfort
Ayer dije que San Luis María hace hincapié en dos elementos de su enseñanza sobre la
consagración mariana: la renovación de nuestras promesas bautismales y el don particularmente
profundo de nosotros mismos a María. Tratamos el primer elemento ayer. Ahora echemos una mirada al
segundo, comenzando con la pregunta: “¿Por qué debemos entregarnos a María?”
Debemos entregarnos a María imitando a nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Después de todo,
¿no es cierto que Jesús se entregó a María desde el momento de la Encarnación? Sí, lo hizo. ¿Y no estamos
llamados a imitar a Cristo? Sí, lo estamos. Pero María es una criatura, ¿no? Sí, es una criatura, pero es
única. María no sólo está libre del pecado. No sólo está totalmente orientada a la voluntad divina. Por
voluntad y complacencia de Dios ̶ como aprendimos en la introducción ̶María tiene un papel especial
en nuestra santificación. Por tanto, debemos encomendarnos a la Madre de Dios para que pueda
ayudarnos a ser santos, transformarnos en otros “cristos”. Debemos darle nuestro “sí”. Pero San Luis
María da un paso más. Su “sí” a María es particularmente profundo, es un don profundamente íntimo de
sí mismo a María:
“Consiste, pues, esta devoción en entregarse enteramente a la Santísima Virgen para ser todo de
Jesucristo por medio de María. Es menester entregarle: (1) nuestro cuerpo con todos sus sentidos y sus
miembros; (2) nuestra alma con todas sus potencias; (3) nuestros bienes exteriores, o sea nuestra
fortunas presentes y futuras; (4) nuestros bienes interiores y espirituales, o sea nuestros méritos,
nuestras virtudes y nuestras buenas obras pasadas, presentes y futuras.”
Este cuarto punto es muy interesante. Por este aspecto de nuestra consagración a María ̶ según
San Luis María ̶ el don de nosotros mismos va más allá de lo que se requiere cuando las personas se
ofrecen a Dios mediante los votos religiosos. Por ejemplo, debido a los votos de pobreza, castidad, y
obediencia una hermana religiosa no concede a Dios el derecho de disponer de la gracia de todas sus
buenas obras ni tampoco cede sus méritos. Permíteme resaltar lo radical que es el don de uno mismo al
consagrarse a María.
Primero, en cuanto a los demás, si cedemos a María el derecho de disponer de las gracias de
nuestras buenas obras, esto quiere decir que no podemos aplicar incondicionalmente dichas gracias a
cualquier persona que elijamos. Así, por ejemplo, si me entrego de esta manera a María no puedo insistir
en que las gracias derivadas del ofrecimiento de una enfermedad se apliquen a la persona deseada.
Segundo, en cuanto a nosotros mismos, si nos consagramos a María, no podremos entonces, al morir,
presentarnos ante Dios revestidos con los méritos de nuestras oraciones y buenas obras. De hecho,
tendremos que comparecer ante Dios con las manos vacías, pues le habremos ofrecido todos nuestros
méritos a María.
Si la naturaleza radical de esta ofrenda te preocupa, no temas, mañana veremos por qué no se
debe temer esta ofrenda, y en cambio veremos por qué es increíblemente hermosa y vale la pena. Hasta
entonces podemos reflexionar sobre la segunda parte de la fórmula monfortiana para la consagración
mariana, la cual habla de este don profundo de nosotros mismos a María:
“Os entrego y consagro en calidad de esclavo mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores, y
aun el valor de mis buenas acciones pasadas, presentes y futuras, otorgándoos un entero y pleno derecho
de disponer de mí y de todo lo que me pertenece, sin excepción, a vuestro agrado, a la mayor gloria de
Dios, en el tiempo y en la eternidad.”
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
PRIMERA SEMANA
San Luis María Grignon de Montfort
Ayer hacíamos hincapié en uno de los elementos de la enseñanza de S. Luis María sobre la consagración
mariana: la renovación de nuestras promesas.
La segunda parte de la fórmula monfortiana de consagración dice que debemos ofrecer todo a
María, incluyendo “nuestros bienes interiores y espirituales, o sea nuestros méritos, nuestras virtudes y
nuestras buenas obras pasadas, presentes y futuras”. ¿No es demasiado? No. Es perfecto. Es hermoso.
Veamos por qué, considerando cómo la ofrenda afecta tanto a los demás como a nosotros mismos.
Con respecto a los demás, cuando nos consagramos totalmente a María perdemos el derecho
incondicional a distribuir entre otras personas el valor de nuestras oraciones y buenas acciones. En otras
palabras, concedemos a María los derechos sobre la gracia (mérito) de nuestras oraciones. Le decimos:
“María, te concedo el derecho de distribuir la gracia de mis oraciones como tú quieras”.
Ofrecer tal regalo a María tiene un gran beneficio. Asegura que la gracia de nuestras oraciones
será utilizada de la mejor manera posible. Ocurre así: debido a la visión privilegiada que tiene desde el
Cielo, y gracias a la comunión íntima, en grado sumo, con su Hijo Divino, María puede determinar mejor
qué personas tienen mayor necesidad de nuestras oraciones. Por ejemplo, viendo a una persona olvidada
en China a punto de morir en desesperación, María puede tomar la gracia de nuestras oraciones (y
sufrimientos “ofrecidos”) y utilizarla para ayudar a ese moribundo a confiar en Dios y aceptar su
misericordia.
Ahora bien, tal vez, a algunos, esta idea nos deje pensando:
“Pues bien. Me alegra ayudar a la persona que está muriendo en China, a quien no conozco. Pero estaría
decepcionado si no pudiera utilizar la gracia de mis oraciones y buenas obras para ayudar a las personas
a quienes sí conozco, como mis familiares y amigos. Me preocupa que si concedo a María el derecho de
distribuir la gracia de mis oraciones y buenas obras perderé el derecho de orar por aquellos a los que amo
de modo especial, aunque estén en menor necesidad que otras personas en el mundo.”
Esta es una preocupación legítima, pero no hay razón para preocuparse. ¿Por qué? Por dos
razones: primero, María hace más perfectas las buenas cosas que le damos. En otras palabras, ella
mejora, aumenta y purifica los dones y méritos espirituales que le ofrecemos. Cuando se los damos,
puesto que los hace más perfectos, hay más gracia y mérito para distribuir. San Luis María utiliza una
analogía inolvidable para explicar esto:
“ Es como si un labrador, deseoso de alcanzar la amistad y benevolencia de un rey, se fuese a la reina y
le presentase una manzana, en la que consistía toda su renta, a fin de que ella la presentase al rey, y
aceptando la reina el pequeño regalo del labrador, pusiese la tal manzana en un grande y hermoso plato
de oro y la presentase así al rey de parte del labrador; de modo que ya entonces la manzana, que por sí
era indigna de ser presentada al rey, se habría convertido en un regalo digno de su majestad, en
consideración a la bandeja de oro en que estaba puesta y por la persona que la presentaba”.
Esta es la segunda razón por la cual no debemos preocuparnos: María jamás se deja ganar en
generosidad. Por lo tanto, si somos tan generosos como para darle el derecho de distribuir la gracia de
nuestras oraciones y buenas obras, sin duda ella será especialmente generosa con nuestros seres
queridos. De hecho, cuidará de nuestros seres queridos mejor que nosotros mismos. Por ejemplo,
digamos que uno de nuestros familiares o amigos necesita de oración, pero no lo sabemos. Bueno, María
lo sabe y se asegurará de que a esa persona no le falte. Conceder a María el derecho de distribuir la gracia
de nuestras oraciones y buenas obras no significa que ya no podamos orar por nuestros seres queridos.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
Podemos y debemos orar por ellos. Sólo que damos a María la última palabra en decidir a quién y a qué
propósito deberá aplicarse la gracia de nuestras oraciones y buenas obras.
Recuerda que María no se deja ganar en generosidad. Escucha especialmente las oraciones de
quienes le hemos dado todo ̶incluso el valor de todas nuestras buenas obras̶ y quiere que le hablemos
de las personas e intenciones que llevamos en nuestros corazones. Si le hemos dado todo, ¿cabe alguna
duda de que Ella será generosa en conceder cualquier bien que pidamos para aquellos que amamos?
Oración del día:
PRIMERA SEMANA
San Luis María Grignon de Montfort
“ La Santísima Virgen…que en amor, y liberalidad no se deja nunca vencer por nadie, al ver que se da uno
enteramente a Ella…se da también toda entera y de una manera inefable a quien le hace entrega de todo:
le hace anegarse en el abismo de sus gracias, lo adorna con sus méritos, lo apoya con su poder, lo
esclarece con su luz, lo rodea con su amor, le comunica sus virtudes, su humildad, su fe, su pureza, etc.…
En fin, como tal persona está consagrada a María, también María se consagra toda a ella”
Ahora, no obstante, estas palabras consoladoras, puede que uno siga preocupado y diga: “¡Muy
bien! Estoy absolutamente de acuerdo con tener un alto grado de gloria en el cielo. Pero lo que me
preocupa es el purgatorio. Tengo miedo de que, si ofrezco todos mis méritos, incluso a María, tendré
entonces que sufrir en el purgatorio por mucho tiempo”. San Luis María responde:
“Esta objeción, que procede del amor propio y de la ignorancia de la liberalidad de Dios y de su Santísima
Madre, se destruye por sí misma; un alma ferviente y generosa que toma con más empeño los intereses
de Dios que los suyos propios, que da a Dios todo lo que tiene, sin reserva, hasta donde puede, que no
aspira más que al reino de Jesucristo por su Santísima Madre, y que por obtenerlo se sacrifica
enteramente y en todo, este alma generosa, repito, ¿será castigada en el otro mundo por haber sido más
liberal y más desinteresada que las demás? Al contrario: precisamente para con esta alma, como veremos
a continuación, serán Nuestro Señor y la Virgen Santísima liberalísimos en este mundo y en el otro, en el
orden de la naturaleza, de la gracia y de la gloria.”
Bueno, esto lo resuelve ̶y con una suave reprimenda para coronarlo. San Luis María repite este
punto importante: ¡María no se deja vencer en generosidad! Si somos especialmente generosos con Ella,
así de generosa será Ella con nosotros. Y nos añade San Luis María otra cosa importante: la suave
reprimenda. Dice que este tipo de preocupaciones viene del amor propio. Entonces sí, debemos poner la
mira en lo alto. Sí, debemos tener una santa ambición y querer llegar a las más altas cumbres de la
santidad. Pero nuestro motivo no debe ser el amor propio, sino el deseo de complacer a Dios y glorificarlo.
No olvidemos este punto importante cuando mañana leamos sobre algunos de los beneficios maravillosos
de estar consagrado a María.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
PRIMERA SEMANA
San Luis María Grignon de Montfort
Durante los últimos dos días hemos aprendido acerca de algunos hermosos beneficios del estar
consagrados a Jesús por medio de María; beneficios para nosotros y para nuestros familiares y amigos.
Hoy, en este día final de meditación sobre la enseñanza de San Luis María, vamos a enfocarnos en los
demás beneficios de la consagración mariana.
Específicamente vamos a aprender cómo la consagración mariana es una vía rápida, fácil y segura
hacia la santidad. Mientras leemos esto debemos tener en cuenta que el regalo de estos beneficios no
nos concede el derecho a ponernos cómodos y descansar. (Esto indicaría el amor propio criticado por San
Luis María en la lectura de ayer). En cambio, cuando vemos la generosidad de Dios ofreciéndonos un
regalo tan grande como la consagración mariana, debemos esforzarnos más fervientemente para vivirla y
crecer en santidad.
Comencemos con lo de “rápida y fácil”: consagrarse a Jesús por medio de María es una vía rápida
y sencilla hacia la santidad. ¿Y qué es la santidad? Morir a uno mismo. Esto no es fácil, no obstante, la
consagración mariana es una vía relativamente rápida y sencilla inscrita en un camino que, por su misma
naturaleza, no es fácil y a menudo lleva mucho tiempo recorrer. San Luis María presenta esta vía de la
siguiente manera:
“Como en el orden de la naturaleza hay operaciones que se hacen a poca costa y con facilidad, asimismo
en el de la gracia hay secretos que se ejecutan en poco tiempo, con dulzura y facilidad, operaciones
sobrenaturales y divinas que consisten en vaciarse de sí mismo y llenarse de Dios, y lograr así la
perfección.”
Entonces, ¿cómo podemos seguir esta vía rápida y fácil? Entregándonos a Jesús por medio de
María. Ella nos conduce a Jesús y hace rápido y sencillo el camino a la santidad, si bien no nos quita las
cruces. De hecho, los que son particularmente amados por María tienen a menudo más cruces que otros,
pero María las hace dulces y ligeras:
“Siendo los más fieles servidores de la Santísima Virgen sus mayores favoritos, es verdad que reciben de
Ella las gracias y favores del cielo más grandes, que son las cruces, pero sostengo que también son los
servidores de María los que soportan estas cruces con más facilidad, mérito y gloria, y que lo que
detendría mil veces a otro o le haría caer, no les detiene una sola vez, antes bien les hace avanzar, porque
esta buena Madre endulza todas estas cruces que Ella les prepara con el azúcar de su dulzura maternal
y con la unción del puro amor.”
“Se avanza más en poco tiempo de sumisión y de dependencia de María, que en años enteros de propia
voluntad y de apoyo sobre sí mismo.” “Por medio de esta práctica, fidelísimamente observada, daréis a
Jesucristo más gloria en un mes que, de ninguna otra manera, por más difícil que sea, en muchísimos
años.”
“Los fieles servidores de María encuentran tan suave el yugo de Jesucristo, que apenas sienten su peso.”
Así, la vía de la consagración mariana es, en verdad, relativamente rápida y fácil. Como dice San
Luis María, es como la diferencia entre un escultor que pasa semanas de duro trabajo martillando una
estatua con un cincel y otro artista que la hace rápida y fácilmente con un molde. Ella es el molde que
nos forma de la manera más perfecta, rápida y fácil en otras imágenes de Cristo.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
Vamos a concluir ahora estas reflexiones sobre los beneficios maravillosos de la consagración
mariana dejando que San Luis María nos describa cómo esta vía es, además, segura, ya que al caminar
por ella estamos especialmente protegidos y defendidos contra las fuerzas del mal:
“María se coloca en torno de sus hijos y fieles servidores, los acompaña como un ejército ordenado en batalla.
¿Puede temer de sus enemigos un hombre rodeado de un ejército bien ordenado de cien mil hombres? Un servidor
fiel a María, escudado con su protección…tiene menos todavía que temer. Esta buena Madre…enviaría millares de
ángeles en socorro de uno de sus hijos, para que no se pudiera alguna vez decir que un fiel servidor de María, que
puso su confianza en Ella, había sucumbido a la malicia, al número y a la fuerza de sus enemigos.”
SEGUNDA SEMANA
San Maximiliano Kolbe
Esta semana nos centraremos en el ejemplo y palabras del apóstol de la consagración mariana del siglo XX, San
Maximiliano Kolbe. Conoció bien la enseñanza mariana monfortiana y habló con entusiasmo sobre ella. Al formular
su propia expresión de la verdadera devoción a María no sólo profundizó diversos elementos de San Luis María,
sino que aportó muchas nuevas ideas, gracias a su propia contemplación del misterio de María. Antes de considerar
su enseñanza mariana, conozcamos primero a San Maximiliano.
“¿Quién eres, San Maximiliano Kolbe?” Si hiciéramos esta pregunta al santo en una entrevista tal
vez quedaríamos decepcionados, al menos al principio. Probablemente contestaría con dulzura y
humildad: “Esa pregunta no es muy importante. La importante es esta: ¿Quién eres, oh Inmaculada
Concepción?” Esta repuesta no debe decepcionarnos si la meta de la entrevista es llegar a conocer a San
Maximiliano, pues en realidad su respuesta nos dice mucho sobre él. De hecho, una gran pasión de su
vida fue llegar a conocer el misterio de María, particularmente como se reveló a Santa Bernardita de
Lourdes: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. ¿Por qué se identificó como “la Inmaculada Concepción”?
¿Acaso no es María su nombre? Mañana reflexionaremos sobre este misterio fascinante. Hoy veamos, en
nuestra entrevista hipotética, lo que Kolbe no habría respondido.
¿Quién es San Maximiliano Kolbe? Se le conoce por muchos títulos: Mártir de la caridad, Santo de
Auschwitz, Fundador de la Milicia Inmaculada, Apóstol de María y Santo Patrón del Siglo XX. Pero antes de todo
esto era simplemente Raymond, Raymond Kolbe, que en 1894 nació en el seno de una pobre familia de campesinos
en Polonia. Uno jamás habría pensado que con el tiempo sería un gran santo. De hecho, un día su madre estaba
tan frustrada con su comportamiento que le gritó exasperada: “¡Raymond, ¿qué será de ti?” Esto le conmovió el
corazón. Lleno de angustia, de inmediato se dirigió a la Madre de Dios preguntándole,“¿Qué será de mí?” Luego
fue a una iglesia y ocurrió lo siguiente:
“Entonces, se me apareció la Virgen Madre teniendo en sus manos dos coronas, una blanca y otra roja.
Me miró con amor y me preguntó si me gustaría tenerlas. La blanca significaba que yo me conservaría
puro, y la roja que llegaría a ser mártir. Contesté que sí, que las quería. Entonces la Virgen me miró
tiernamente y desapareció.”
La corona blanca de pureza llegó primero. Raymond se confirmó en ella cuando, como Hermano
Maximiliano, profesó sus votos religiosos, uno de los cuales era la castidad. Pero su pureza no fue sólo
corporal. Hay otra pureza: la pureza de intención. Una persona practica la pureza de intención cuando
dirige sus pensamientos, palabras y acciones, no a sí mismo ni a otra criatura, sino a un propósito divino
y en última instancia, a Dios.
Tal vez debido a su intensidad y pasión innatas, Kolbe sintió un fuerte deseo de entregarse a una
misión o meta específica. Uno de sus compañeros de clase en el seminario menor contó: “Muchas veces
dijo que deseaba consagrar toda su vida a una gran idea”. La “gran idea” de Kolbe con el tiempo se
materializó en lo que llamó la “Milicia de la Inmaculada”, la cual estableció en 1917 con seis compañeros
del seminario. La “M.I.”, según la llamaron, fue realmente una “gran idea” cuya meta fue llevar el mundo
entero a Dios por Cristo, bajo el liderazgo de María Inmaculada y hacerlo lo más pronto posible. Cumplir
esta misión por obediencia a la voluntad de Dios, en unión con María Inmaculada fue el único interés de
Kolbe, su intención pura, y sacrificó todo para alcanzar su logro, lo cual le llevó a la corona roja.
En 1941, tras décadas de labores apostólicas increíblemente provechosas en Polonia y Japón,
Kolbe fue arrestado por la Gestapo y enviado al campo de concentración de Auschwitz. Antes de su
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
captura, sus hermanos franciscanos le habían suplicado que se ocultara. Dijo que agradecía su
preocupación cariñosa pero no podía seguir su consejo. Más tarde explicó por qué: “Tengo una misión, la
Inmaculada tiene una misión que cumplir”. Esa misión se cumplió la víspera de la fiesta de la Asunción
de María al Cielo, cuando después de haber ofrecido tomar el lugar de un prisionero condenado a la
inanición, los nazis acabaron con Kolbe con una inyección letal. Así murió San Maximiliano, como un
mártir de la caridad y recibió la segunda corona de su Inmaculada.
Totus Tuus
Inmaculada Concepción,
María mi Madre, vive en mí.
Actúa en mí.
Habla en y a través de mí.
Pon tus pensamientos en mi mente.
Ama a través de mi corazón.
Dame tus disposiciones y sentimientos.
Enséñame, llévame y guíame a Jesús.
Corrige mi camino, ilumina mi entendimiento
y expande con tu amor mi corazón.
Toma mi alma.
Toma posesión de toda mi personalidad y mi vida.
Remplázala con tu vida.
Inclíname a una constante adoración y alabanza.
Ora en mí y a través de mí, Oh Madre.
Permíteme vivir en ti y siempre mantenme en esta comunión de corazón.
Totus Tuus Ego Summ
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
SEGUNDA SEMANA
San Maximiliano Kolbe
“INMACULADA CONCEPCIÓN: estas palabras salieron de la boca de la Inmaculada misma; por eso deben indicar
con la máxima precisión y en lo esencial quién es Ella. … ¿Quién eres, oh Inmaculada Concepción?”.
Buena pregunta, pero todavía sin respuesta. A continuación, Kolbe señala un punto clave en las apariciones
de Lourdes, María no se identificó a Bernardita como “concebida sin pecado” sino: “Yo soy la Inmaculada
Concepción”. Después de todo, María fue concebida inmaculadamente. En otras palabras, por medio de una gracia
especial de Dios, fue concebida en el vientre de su madre, Santa Ana, preservada de toda mancha del pecado
original en previsión de los méritos de su Hijo. Entonces, ¿por qué habla tan raro? ¿Por qué hace de la gracia recibida
en el momento de su concepción su propio nombre? ¿No es esto como si se divinizara Ella misma? Obviamente
María no es Dios. Kolbe luchó con este aparente “problema de divinidad” durante décadas y lo llevó a la siguiente
solución.
La Inmaculada Concepción es divina. Pero no estoy hablando de María, sino del Espíritu Santo. En otras
palabras, Kolbe creyó que hay dos “Inmaculadas Concepciones”: María y el Espíritu Santo. María es la Inmaculada
Concepción creada y el Espíritu Santo es la Inmaculada Concepción increada. Es decir, antes de que hubiera la
Inmaculada Concepción creada (María) existe desde toda la eternidad la Inmaculada Concepción increada, el Único
que desde toda la eternidad “procede” de Dios Padre y de Dios Hijo como una Concepción Increada de Amor y es
“el prototipo de cualquier concepción de vida en el Universo”. Entonces “el Padre genera, el Hijo es generado, el
Espíritu Santo procede, y esta es su esencia, por la cual se distinguen uno del otro”.
Ahora bien, el Espíritu Santo es una “Concepción” en el sentido de ser la Vida y el Amor que surge del amor
del Padre y del Hijo, en cierto modo es análogo a la concepción de hijos que “surgen” del amor entre marido y mujer.
El Espíritu Santo es una “Inmaculada” Concepción porque siendo Dios, no tiene pecado. Y finalmente, el Espíritu
Santo es una concepción “eterna e increada” porque, de nuevo, es Dios.
Bueno, con esto concluimos la enseñanza de Kolbe de que el Espíritu Santo es la Inmaculada Concepción.
Pero ¿por qué María se identifica a sí misma con el mismo nombre? Esta pregunta la dejaremos para mañana.
Totus Tuus
Inmaculada Concepción,
María mi Madre, vive en mí.
Actúa en mí.
Habla en y a través de mí.
Pon tus pensamientos en mi mente.
Ama a través de mi corazón.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
SEGUNDA SEMANA
San Maximiliano Kolbe
¿En qué consiste esta vida del Espíritu Santo en Ella? Él mismo es amor en Ella, el amor del Padre y del
Hijo, el amor con que Dios se ama a sí mismo, el amor de toda la Santísima Trinidad, un amor fecundo,
una Concepción. En las semejanzas creadas la unión de amor es la más íntima. La Sagrada Escritura
afirma que serán dos en una sola carne (cfr. Gn 2,24) y Jesús subraya: “Así que ya no son dos, sino una
sola carne” [Mt 19,6]. De una manera sin comparación más rigurosa, más interior, más esencial, el Espíritu
Santo vive en el alma de la Inmaculada, en su ser, y la fecunda y eso desde el primer instante de su
existencia, para toda la vida, es decir, para siempre.
Esta Concepción Inmaculada Increada concibe inmaculadamente la vida divina en el seno de su alma [de
María], su Inmaculada Concepción. También para Él está reservado el vientre virginal de su cuerpo, que
concibe en el tiempo, como todo lo material sucede en el tiempo ̶también la vida divina del Hombre-
Dios.
... Si entre las criaturas una esposa recibe el nombre del esposo por el hecho de que le pertenece, se une
a él, se hace semejante a él y, en unión con él, se convierte en factor creador de vida, con más motivo el
nombre del Espíritu Santo, “Inmaculada Concepción”, es el nombre de Aquella en la que Él vive de un
amor que es fecundo en toda la economía sobrenatural”.
A la luz de este pasaje extraordinario me gustaría hacer tres observaciones. 1. Reflexiona sobre
ello otra vez, profunda y devotamente. Mientras lo haces, no olvides que estas son las palabras de
despedida de uno de los más grandes santos marianos de la historia, dando respuesta a la pregunta a la
cual había dedicado toda su vida y sus energías. 2. Si parece que Kolbe exagera un poco hablando de
María y su unión con el Espíritu Santo, no te preocupes, el Papa Pablo VI se esmeró mucho para asegurar
a los fieles que la enseñanza de Kolbe es sólida. 3. Si te quedas con una sola cosa de este pasaje, que
sea esta: María es la Esposa del Espíritu Santo. De hecho, su unión con el Espíritu Santo es más profunda
que lo que entendemos por relación conyugal. Vamos a seguir este hilo mañana.
Totus Tuus
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
Inmaculada Concepción,
María mi Madre, vive en mí.
Actúa en mí.
Habla en y a través de mí.
Pon tus pensamientos en mi mente.
Ama a través de mi corazón.
Dame tus disposiciones y sentimientos.
Enséñame, llévame y guíame a Jesús.
Corrige mi camino, ilumina mi entendimiento
y expande con tu amor mi corazón.
Toma mi alma.
Toma posesión de toda mi personalidad y mi vida.
Remplázala con tu vida.
Inclíname a una constante adoración y alabanza.
Ora en mí y a través de mí, Oh Madre.
Permíteme vivir en ti y siempre mantenme en esta comunión de corazón.
Totus Tuus Ego Summ
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
SEGUNDA SEMANA
San Maximiliano Kolbe
“En la salida de las criaturas a partir del primer principio se considera un cierto proceso circular o de
retorno, en cuanto que todas las cosas vuelven, como al fin, a aquello de lo que habían salido como del
principio. ... Como hemos sido creados mediante el Hijo y el Espíritu Santo, así también, por ellos,
estaremos unidos en el fin último.”
Ahora bien, San Maximiliano Kolbe, como buen teólogo que fue, describe de manera parecida el
cuadro general de la realidad. Comienza señalando nuestra propia experiencia del mundo:
“En el universo encontramos siempre una acción y una reacción...una ida y un regreso, un alejamiento y
un acercamiento, una división y una unificación. Pero la división está siempre ordenada a la unificación,
que es creativa. Eso no es sino una imagen de la Santísima Trinidad en la actividad de las criaturas”.
Lo que Kolbe describe aquí es así realmente. Es la estructura del cosmos. Todo ha salido de Dios
y está volviendo a Dios, con mayor o menor perfección. Este movimiento es denominado a veces como la
gran “Salida-Retorno”. Y si bien Kolbe utiliza el término “separación” en lugar de “salida”, tiene la misma
idea:
“Dios crea el universo y esta acción es en cierto modo una separación. A través de la ley natural recibida por Dios, las
criaturas por su parte se perfeccionan, se hacen semejantes a este Dios, regresan a Él; las criaturas racionales lo
aman conscientemente y se unen cada vez más a Él por medio de ese amor, regresan a Él.
”Kolbe piensa que entre todas las criaturas del universo la Inmaculada merece una mención
especial:
“La criatura totalmente llena de este amor de divinidad, es la Inmaculada, sin mancha de pecado, Aquella
que nunca se apartó en nada de la voluntad divina. Ella está unida de manera inefable al Espíritu Santo,
por el hecho de que es su Esposa, pero lo es en un sentido incomparablemente más perfecto del que ese
término puede expresar en las criaturas”.
Reflexionemos sobre esta visión de la realidad por un momento. Primero, todo procede de Dios.
Piensa en toda la creación. Dios habla y esta procede de Él. Luego, las plantas y los animales, cumpliendo
con sus naturalezas, vuelven a Dios, siendo aquello para lo que fueron creados. Lo hacen sin pensar ni
deliberar y con cierta facilidad. Esto sucede gracias a una especie de automatismo instintivo. En cambio,
los seres humanos somos diferentes.
Aunque hay momentos en que actuamos por instinto, también actuamos de un modo diferente a
los animales. Actuamos por medio de la razón y de la voluntad y estamos conscientes al hacerlo, presentes
ante nosotros mismos al actuar. Esto es lo que significa estar hecho a imagen de Dios: Podemos conocer
a Dios y amarlo. Y mientras que los animales hacen la voluntad de Dios por instinto, nosotros podemos
hacer su voluntad libre y conscientemente. El problema es que abusamos de la libertad que Dios nos dio.
No siempre elegimos su voluntad y por tanto no volvemos a Él como deberíamos. Pecamos. Y si pecamos
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
gravemente, sin arrepentirnos por completo, entonces, no llegamos a Dios. Esta es la gran tragedia de la
vida humana. ¡Pero alabado sea Dios! Porque envió a su único Hijo y el poder de su Espíritu para
salvarnos, para llevarnos de regreso a la casa de nuestro Padre en el Cielo. Y agradezcamos a Dios que
después de la caída de la raza humana hizo una criatura concebida sin pecado, que se conforma libre y
perfectamente a su voluntad, pues está perfectamente unida al Espíritu Santo. Ella nos ayuda a nosotros,
pobres pecadores, a lo largo del camino. Nos ayuda a superar la tragedia del pecado. Nos conduce a hacer
la voluntad de Dios, volver a Dios y llegar a ser santos. Mañana escucharemos más sobre esto.
Totus Tuus
Inmaculada Concepción,
María mi Madre, vive en mí.
Actúa en mí.
Habla en y a través de mí.
Pon tus pensamientos en mi mente.
Ama a través de mi corazón.
Dame tus disposiciones y sentimientos.
Enséñame, llévame y guíame a Jesús.
Corrige mi camino, ilumina mi entendimiento
y expande con tu amor mi corazón.
Toma mi alma.
Toma posesión de toda mi personalidad y mi vida.
Remplázala con tu vida.
Inclíname a una constante adoración y alabanza.
Ora en mí y a través de mí, Oh Madre.
Permíteme vivir en ti y siempre mantenme en esta comunión de corazón.
Totus Tuus Ego Summ
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
SEGUNDA SEMANA
San Maximiliano Kolbe
Esta lección no fue sólo para los novicios. Kolbe la repitió una y otra vez de diferentes maneras a
toda la comunidad. En Polonia, Kolbe había fundado el monasterio franciscano más grande del mundo, al
que llamó Niepokolanow (“Ciudad de la Inmaculada”), y continuamente animaba a los más de 600 frailes
a ser santos soldados para Dios, bajo el liderazgo de María Inmaculada. ¿Por qué bajo María Inmaculada?
Porque entre todas las criaturas sólo ella hace perfectamente la voluntad de Dios. Por lo tanto, cuando
nuestras voluntades están unidas a la de Ella, necesariamente están unidas a la voluntad de Dios. Estos
son sólo dos de los innumerables ejemplos con los que Kolbe expresó este concepto muy importante:
“La Inmaculada es el límite último entre Dios y la creación. Ella es una imagen fiel de la perfección de Dios, de su
santidad. El grado de perfección depende de la unión de nuestra voluntad con la Voluntad de Dios. Cuanto mayor
es la perfección, más íntima es la unión. Ya que la Santísima Virgen superó con su perfección a todos los ángeles y
santos, por eso también su voluntad está unida e identificada de la manera más profunda con la Voluntad de Dios.
Ella vive y obra únicamente en Dios y por medio de Dios. Así pues, por el hecho de cumplir la voluntad de la
Inmaculada, estamos cumpliendo la Voluntad de Dios.
Afirmando que queremos cumplir únicamente la voluntad de la Inmaculada, no disminuimos de ningún modo la
gloria de Dios, sino que la acrecentamos, ya que de tal modo reconocemos y adoramos la omnipotencia de Dios,
que dio la existencia a una criatura tan sublime y perfecta. De la misma manera, cuando nos quedamos extasiados
ante una hermosa escultura, con eso mismo estamos alabando y admirando el genio del artista.”
“Ser uno en la voluntad de María, mujer del gran fiat, el único ser humano cuya voluntad jamás se desvió de la de
Dios, quiere decir estar perfectamente unido a la Voluntad de Dios. Y es esta conformidad de la vuestra voluntad
con la de Dios el apremiante compromiso de vuestras vidas”.
Hacer la voluntad de Dios no es fácil, salvo que tengamos la ayuda de la Inmaculada: “Ofrécete
enteramente a Ella… y así podrás superar fácilmente todas las dificultades y… te harás santo, un gran
santo”.
La meta principal de Kolbe fue ser santo. Literalmente. En las notas del retiro espiritual previo a
su ordenación sacerdotal, hizo una lista de sus metas espirituales. La primera meta dice: “Deseo ser santo
y un gran santo”. Sabía que la Inmaculada lo ayudaría e incluso le haría más fácil el camino hacia la gran
santidad.
¿Cómo facilita María la santidad? Vimos muchas razones la semana pasada durante nuestra
reflexión final sobre la enseñanza de San Luis María. Pero Kolbe enfatizó otra razón por la cual María
hace fácil la santidad. Tiene que ver con su papel de Mediadora de todas las Gracias, una idea expresada
por él en su fórmula para la consagración mariana: “Dios quiso confiar la entera economía de la
misericordia” a María.
Es la voluntad de Dios que Ella distribuya todas sus gracias. ¿Por qué? Porque es la voluntad de
Dios unirse a María por su Espíritu Santo: “El Espíritu Santo actúa únicamente a través de la Inmaculada,
su Esposa. Por consiguiente, Ella es la Mediadora de todas las gracias del Espíritu Santo”. Y por tanto, es
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
“fácil” llegar a ser santo cuando estamos cerca y pedimos gracias a aquella cuyo trabajo es distribuirlas
para Dios.
Podemos entender mejor la idea de María como Mediadora si examinamos la imagen de la Medalla
Milagrosa, que nos llega por Santa Catalina Labouré. Conmovió profundamente a Kolbe porque representa a María
sobre un globo con rayos de luz (las gracias) saliendo de los anillos de sus dedos. Durante una de las apariciones,
Catalina vio que los rayos no salieron de todos los anillos de María. María explicó que los rayos y gracias estaban
disponibles, pero no llegaban porque nadie se los pidió. El modo de proceder de Kolbe no es sólo pedir estas gracias,
sino también permitir que María nos tome completamente en sus manos para hacernos instrumentos de estas
mismas gracias para todo el mundo.
Totus Tuus
Inmaculada Concepción,
María mi Madre, vive en mí.
Actúa en mí.
Habla en y a través de mí.
Pon tus pensamientos en mi mente.
Ama a través de mi corazón.
Dame tus disposiciones y sentimientos.
Enséñame, llévame y guíame a Jesús.
Corrige mi camino, ilumina mi entendimiento
y expande con tu amor mi corazón.
Toma mi alma.
Toma posesión de toda mi personalidad y mi vida.
Remplázala con tu vida.
Inclíname a una constante adoración y alabanza.
Ora en mí y a través de mí, Oh Madre.
Permíteme vivir en ti y siempre mantenme en esta comunión de corazón.
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Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
SEGUNDA SEMANA
San Maximiliano Kolbe
De nuevo, San Maximiliano no sólo quería pedirle gracias a la Inmaculada. Quería “ser” las gracias
de la Inmaculada. No sólo quería hacer la voluntad de la Inmaculada. Quería “ser” la voluntad de la
Inmaculada. Espera un momento, ¿ser las gracias y la voluntad de la Inmaculada? ¿No es demasiado? No,
según el razonamiento de Kolbe. Pensó: “Bueno, si las personas pueden entregarse a Satanás para ser
poseídos por él y ser sus instrumentos del mal, ¿por qué no pueden entregarse a Dios para ser poseídos
por Él y ser sus instrumentos de amor?” Además, razonó, la Inmaculada es más “poseída” por el Espíritu
Santo que cualquier otra persona. Entonces, ¿por qué no pedir ser “poseído” por Ella, para estar
perfectamente unido a la voluntad de Dios? En otras palabras, para Kolbe no era suficiente ser el “esclavo”
de María como lo expresó a menudo San Luis María. Quería algo más profundo. Quería ser un instrumento
en las manos de la Inmaculada
Ser un instrumento en las manos de la Inmaculada. Esta es la idea central de toda la visión
kolbiana de la consagración mariana. Por tanto, la incorpora en su oración de consagración pidiendo ser
“un instrumento útil en tus manos inmaculadas y misericordiosísimas”. ¿Con qué fin? La conversión del
mundo entero.
¡Vamos! Kolbe se deja llevar demasiado, ¿no es cierto? Después de todo, ¿qué puede hacer un
solo hombre? Pero esto nos lleva a su punto principal, a su estrategia general. Su propio papel no era la
única parte de su plan maestro. De hecho, quería levantar a todo un ejército de valientes caballeros y
soldados entregados para ser instrumentos en las manos llenas de gracias de la Inmaculada. Quería
construir una “Milicia de la Inmaculada”, la cual describe como sigue:
“Se llama también “Milicia”, “Caballería”, ya que los que se consagran a la Inmaculada de modo tan
completo desean hacer hincapié en la intención de borrar cualquier limitación no sólo en lo referente a la
extensión, sino también en lo que respecta a la intensidad de esa consagración; desean así poner de
manifiesto su voluntad de arder cada vez más de amor hacia Ella, para difundirlo también cada vez más
en el ambiente que les rodea, alumbrar con su resplandor y enfervorizar con su entusiasmo al mayor
número posible de almas que de una manera u otra se acercan a ellos; como caballeros desean conquistar
para la Inmaculada, y lo más pronto posible, el mundo entero y a cada una de las almas sin excepción.”
¡Qué genialidad! Considera la lógica brillante que apoya la estrategia entera de Kolbe: si de veras
amamos a Dios, si de verdad deseamos trabajar por su reino, entonces deberíamos encontrar la vía más
rápida y fácil para llegar a ser santos y de esta manera volver a Él. Ahora bien, la forma más rápida y fácil
de hacer esto ̶ como aprendimos de San Luis de Montfort ̶ es la consagración mariana.
Pero Kolbe lo lleva un paso más allá: no se limitó a sí mismo. No se guardó el gran secreto de
hacer santos. Míralo de esta manera: ¿Qué es mejor, un santo o dos? ¿Mil santos o un millón? Piensa en
lo que podrían hacer un millón de santos consagrados a María. Imagina que María tuviera un millón de
instrumentos por medio de los cuales pudiera cumplir la voluntad perfecta de Dios. Es un pensamiento
asombroso. Kolbe exclama: “¡Enséñales a los demás este camino! ¡Conquista a más almas para la
Inmaculada!” Si esta es la vía más rápida y fácil para llegar a ser santo, entonces también es la vía más
rápida y fácil de conquistar a todo el mundo para Cristo, si sólo lo enseñamos a los demás. Así que Kolbe
dice: “¡Vamos a trabajar!” Sí, empecemos por aprender a vivir esta consagración nosotros mismos y
después atraer a los demás.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
“Cuando las cosas marchaban bien, se regocijaba de todo corazón con todos, y agradecía fervientemente
a la Inmaculada por las gracias recibidas por su intercesión. Cuando las cosas iban mal, seguía contento
y solía decir: “¿Por qué hemos de estar tristes? ¿No sabe acaso la Inmaculada, nuestra Madrecita, todo
lo que está pasando?
“Mis queridos, queridos Hermanos, nuestra querida Madrecita, María Inmaculada, puede hacerlo
todo por nosotros. Nosotros somos sus hijos. Diríjanse a Ella. Ella triunfará en todo”.
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Inmaculada Concepción,
María mi Madre, vive en mí.
Actúa en mí.
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Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
SEGUNDA SEMANA
San Maximiliano Kolbe
“Oh Inmaculada, Reina del cielo y de la tierra, refugio de los pecadores y Madre nuestra amorosísima, a
quien Dios quiso confiar la entera economía de la misericordia.”
Aquí tenemos el título favorito de Kolbe para María, la “Inmaculada”. Como sabemos por su
aparición en Lourdes, esta es su identidad. Para Kolbe es su identidad más importante porque subraya
su unión íntima con el Espíritu Santo. Esta invocación también incorpora otra parte de la identidad de
María: Madre. María es la Madre más humilde, dulce, tierna y cariñosa. Finalmente, Kolbe alude aquí a
otro de sus títulos favoritos, a saber, Mediadora de todas las Gracias. Pues a María “Dios quiso confiar la
entera economía de la misericordia”.
La segunda parte de la oración de consagración expresa una súplica para que María nos reciba
como propiedad suya:
“Yo, indigno pecador, me postro a tus pies suplicándote humildemente que aceptes todo mi ser como
cosa y propiedad tuya, y hagas lo que desees de todas las facultades de mi alma y de mi cuerpo, de toda
mi vida, muerte y eternidad.”
Recuerda que San Luis María, en su fórmula de consagración, amplió y detalló lo que entregaba
a María: su cuerpo, su alma, sus bienes y méritos, etc. Kolbe tiene la misma intención que él, pero lo
simplifica al expresar el don de sí mismo a María con una declaración concisa: “Que aceptes todo mi ser”.
A la inversa, mientras que el primero describe el propósito de su consagración con una simple frase
sumaria, “a la mayor gloria de Dios”, es Kolbe quien lo amplía y detalla. Así, en la tercera parte de su
oración de consagración Kolbe describe el propósito de su ofrenda, no simplemente “a la mayor gloria de
Dios” sino de la siguiente manera:
“Dispón, si quieres, de todo mi ser sin ninguna reserva, para que se cumpla lo que fue dicho de ti: “Ella te
aplastará la cabeza”, así como: “Tú sola has destruido todas las herejías en el mundo entero”, a fin de
que en tus manos inmaculadas y misericordiosísimas yo llegue a ser un instrumento útil para introducir y
aumentar tu gloria en tantas almas extraviadas e indiferentes y difundir así todo lo posible el bendito reino
del Sacratísimo Corazón de Jesús. Donde tú entras, en efecto, obtienes la gracia de la conversión y la
santificación, ya que toda gracia que fluye del Corazón dulcísimo de Jesús para nosotros nos llega a través
de tus manos.”
Fácilmente se puede pasar por alto la audacia de la primera oración, pero cuando la asimilamos,
su audacia puede ser asombrosa. ¡Kolbe le está pidiendo a María que lo utilice para derrotar el reino de
Satanás! Tal vez retrocede (un poco) en su increíble ambición cuando dice que quiere ser utilizado para
ayudar a difundir “todo lo posible el bendito reino del Sacratísimo Corazón de Jesús”. Aun así, su audacia
es increíble. Quiere que María lo utilice como su instrumento ̶ tanto como sea posible ̶ para aplastar
a Satanás y extender el reino de Dios, el reino del amor del Corazón de Jesús.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
Aprenderemos más sobre el Corazón de Jesús como la meta más perfecta para nuestras vidas espirituales
cuando reflexionemos la próxima semana sobre Santa Teresa de Calcuta y sus enseñanzas.
Totus Tuus
Inmaculada Concepción,
María mi Madre, vive en mí.
Actúa en mí.
Habla en y a través de mí.
Pon tus pensamientos en mi mente.
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y expande con tu amor mi corazón.
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TERCERA SEMANA
Santa Teresa de Calcuta
Esta semana nos centraremos en el ejemplo y las palabras de una tercera gran maestra de la consagración
mariana: Santa Teresa de Calcuta. Ella se destaca por la forma en que pone la consagración mariana en
contexto. En otras palabras, mientras que de Montfort y Kolbe nos aportan los detalles principales de la
consagración mariana, la Madre Teresa nos ayuda a apreciarla con la amplia perspectiva de una relación
muy íntima con Cristo. Aunque no empezaremos reflexionando sobre su devoción a María, ese momento
vendrá pronto.
¿Quién es Santa Teresa de Calcuta? Ella es fácil de entender. Lo único que necesitamos saber
son dos palabras: “Tengo sed”. Estas palabras del Corazón de Jesús, dichas desde su agonía en la Cruz,
fueron la entera preocupación de la Madre Teresa, su todo ̶ y lo mismo se podría decir de Nuestra
Señora. El deseo más profundo tanto del corazón de Madre Teresa como del corazón de la Madre de Dios
es saciar la sed de amor y de almas que tiene el Corazón de Jesús. En este sentido la vida de Santa Teresa
de Calcuta es una revelación del Corazón de María y presenta una de las expresiones más ricas de la
consagración mariana. Reflexionaremos sobre los detalles de esta revelación y ejemplo en los días que
siguen, pero antes contemplemos una panorámica general de su vida.
La parroquia de origen de la Madre Teresa en su Macedonia natal se llamaba, convenientemente,
“Sagrado Corazón”. Convenientemente, porque tal como Ella dijo, “Desde mi infancia el Corazón de Jesús
ha sido mi primer amor”. Este amor podría haber empezado cuando, a la edad de 5 años, recibió el Corazón
Eucarístico de Jesús por primera vez. En esa ocasión experimentó la sed ardiente de almas del Señor
mismo. Con los años esta sed creció y floreció, y a la edad de 12 surgió la convicción de que Dios la
llamaba a ser misionera. Cuando tenía 18 años, entró en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María
(la Congregación de Loreto) y solicitó ir a las misiones de Bengala, India, adonde fue enviada el siguiente
año. Después de un año de noviciado, la asignaron a la comunidad de Loreto en Calcuta para dar clases
en la Escuela Media Bengalí de Santa María para niñas. La nueva hermana serviría allí por más de una
década y media.
Los años que Santa Teresa pasó en la escuela de Santa María fueron felices. De hecho, fue tan
generosa con el Señor que con el permiso de su director espiritual hizo un voto extraordinario: no negar
nada a Jesús. Cinco años después, Jesús puso a prueba en grande ese voto. El 10 de septiembre de 1946,
en un tren en camino a su retiro anual, la hermana de 36 años experimentó lo que describió como “la
llamada dentro de la llamada”. Los detalles de esta llamada se aclararon en las semanas y meses
siguientes mediante un aluvión de experiencias místicas, incluyendo las visiones. En el centro de esta
llamada se encontraban la sed ardiente que Jesús tiene de amor y de almas y un pedido a Teresa: fundar
la congregación religiosa de las Misioneras de la Caridad. Respecto a esto último, como para recordarle
el voto que había hecho, Jesús continuó diciéndole: “¿Te negarás?”
La Madre Teresa no le negó nada al Señor. Después del retiro, habló con su director espiritual
y, con su permiso, contactó al obispo. Cuando el obispo dudó en aprobar sus planes, le escribió: “No se
retrase, Excelencia, no lo aplace. ... Quitémosle al Corazón de Jesús Su continuo sufrimiento”. En la misma
carta, repitió esta idea: “Llevemos alegría al Corazón de Jesús, y apartemos esos terribles sufrimientos
de Su Corazón”. Finalmente, el obispo dio su aprobación y la Madre fundó las Misioneras de la Caridad
cuyo propósito general es el siguiente: “saciar la sed de Jesucristo en la Cruz de Amor y de Almas”.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
Novena de emergencia
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio
y reclamando Vuestro Socorro, haya sido desamparado por Vos.
Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre, Virgen de las Vírgenes,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos.
Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas ante la necesidad,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
TERCERA SEMANA
Santa Teresa de Calcuta
Con respecto a nuestra reflexión de ayer sobre la visión general de la vida de Santa Teresa de
Calcuta, recuerda que un evento clave cambió todo: “la llamada dentro de la llamada”, la experiencia de
la sed que Jesús tiene de amor y de almas. Durante muchos años la Madre Teresa no habló de esta
experiencia con nadie, salvo con su director espiritual. Más tarde, cuatro años antes de su muerte, el 25
de marzo de 1993, después de leer un mensaje cuaresmal del Papa Juan Pablo II sobre las palabras
“Tengo sed”, se sintió motivada a revelar su secreto en una carta dirigida a sus Misioneras de la Caridad.
Dado que esta carta parece revelar el corazón de la Madre Teresa más que cualquier otra cosa, la
citaré ahora en detalle:
“Después de leer la Carta del Santo Padre sobre “Tengo Sed”, quedé muy impactada. No puedo decirles
lo que sentí. Su carta me hizo comprender más que nunca lo hermosa que es nuestra vocación. … Estamos
recordando al mundo que Él está sediento, lo cual es algo que había sido olvidado. … La carta del Santo
Padre es una señal… para nuestra Sociedad entera, para adentrarnos más en esta gran Sed que Jesús
tiene de cada uno. También es una señal para Madre de que ha llegado el tiempo de hablar más
abiertamente del don que Dios me concedió el 10 de septiembre, para explicar completamente, tanto
como puedo, lo que significa para mí la Sed de Jesús. …
Jesús quiere que les diga de nuevo… cuánto amor les tiene a cada uno de ustedes, más allá de todo lo
que puedan imaginar. Me preocupa que algunos de ustedes no hayan encontrado a Jesús en realidad,
uno a uno, Jesús y tú a solas. Podremos pasar tiempo en la capilla, pero ¿han visto con los ojos del alma
como los mira con amor? ¿Conocen realmente al Jesús vivo? No por los libros sino por estar con Él en su
corazón. ¿Han escuchado las amorosas palabras que les dirige? Pidan la gracia, Él está anhelando
otorgársela. Hasta que puedan escuchar a Jesús en el silencio de sus propios corazones no podrán
escucharle decir “Tengo Sed” en los corazones de los pobres. Jamás dejen este contacto diario e íntimo
con Jesús como una persona realmente viva, no sólo con una idea. ¿Cómo podemos durar un solo día sin
oír a Jesús decir, “Te amo”? Imposible. Nuestra alma lo necesita tanto como nuestro cuerpo necesita
respirar aire. Si no, la oración está muerta, la meditación es tan solo pensamiento. Jesús desea que cada
uno lo escuchemos hablándonos en el silencio de nuestros corazones.
Tengan cuidado de todo lo que pueda interferir con el contacto personal con Jesús vivo. El diablo
puede tratar de usar las heridas de la vida y algunas veces nuestros propios errores, para hacernos sentir
que es imposible que Jesús realmente nos ame, que realmente está uniéndose a ti. Este es un peligro
para todos nosotros. Y es tan triste, porque es completamente opuesto a lo que Jesús quiere en realidad
y está esperando decirte: no sólo que te ama, sino más aún, que está anhelándote. Que añora que estés
con Él. Él tiene sed de ti. Que te ama siempre, incluso cuando no te sientes digno. Cuando no eres
aceptado por los demás, incluso por ti mismo, Él es quien te acepta siempre. Hijos míos, no deben de ser
diferentes para que Jesús los ame. Tan sólo crean; tú eres precioso para Él. Deja todos tus sufrimientos
a Sus pies y sólo abre tu corazón para ser amado por Él así tal como eres. Él hará el resto.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
Todos ustedes saben en su mente que Jesús los ama, en cambio en esta carta, Madre quiere tocar sus
corazones.… Es por eso que les pido que lean esta carta frente al Santísimo Sacramento, en el mismo
lugar donde fue escrita, para que Jesús mismo pueda hablar a cada uno.
… Sus palabras en la pared de cada capilla MC, no pertenecen al pasado, sino que están vivas aquí y
ahora y están siendo dirigidas a ti. ¿Lo creen? Si es así, podrás escuchar, podrás sentir Su presencia.
Permitan que sea algo tan íntimo para cada uno de ustedes como lo es para Madre, ésta es la alegría más
grande que ustedes pueden darme. Madre tratará de ayudarlos a entender, pero es el mismo Jesús quien
debe decirles “Tengo Sed”. Escucha tu propio nombre, no sólo una vez; escúchalo a diario. Si lo escuchan
con sus corazones, oirán, entenderán.
¿Por qué dice Jesús “Tengo Sed”? ¿Qué es quiere decir? Algo tan difícil de explicar en palabras; si has
de recordar algo de la carta de Madre recuerda esto: “Tengo Sed” es algo mucho más profundo que Jesús
diciendo sencillamente “Te amo”. Hasta que sepas en lo profundo que Jesús está sediento de ti, no
puedes siquiera comenzar a saber quién quiere ser para ti o quien quiere que seas tú para Él.
… Nuestra Señora fue la primera persona que escuchó el clamor de Jesús “Tengo Sed” junto con San
Juan, y estoy segura de que María Magdalena también. Puesto que Ella estuvo ahí en el Calvario, conoce
qué tan real, qué tan profundo es su anhelo por ti y por los pobres. ¿Lo sabemos? ¿Lo sientes como Ella?
Pídele que te enseñe…. Su papel es el de ponerte cara a cara, como a Juan y a Magdalena, con el amor
en el corazón de Jesús crucificado. Primero fue Nuestra Señora suplicándole a Madre, es ahora Madre,
quien en su nombre te suplica a ti: “escucha la Sed de Jesús”. Que sea para cada uno… una Palabra de
Vida.
¿Cómo nos acercamos a la Sed de Jesús? Sólo un secreto: mientras más te aproximes a Jesús mejor
conocerás Su Sed. “Arrepiéntete y cree” nos dice Jesús. ¿De qué tenemos que arrepentirnos? De nuestra
indiferencia, de nuestra dureza de corazón. ¿Qué tenemos que creer? Que Jesús tiene sed aún ahora, en
nuestro corazón y en los pobres. Él conoce nuestra debilidad, quiere solamente nuestro amor, quiere
solamente la oportunidad de amarte. Él no está atado por el tiempo. Cada vez que nos acercamos a Él,
nos asociamos con Nuestra Señora, con San Juan, con Magdalena. Escúchenlo. Escuchen su propio
nombre; y haz que mi alegría y la tuya sean completas.”
Novena de emergencia
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestro auxilio
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
TERCERA SEMANA
Santa Teresa de Calcuta
En la segunda visión, la misma gran muchedumbre estaba allí y esta vez la Madre Teresa podía
ver el dolor inmenso en sus rostros. Aunque no podía ver el rostro de María, podía escuchar lo que decía:
“Cuida de ellos ̶son míos. ̶Llévaselos a Jesús ̶tráeles a Jesús. ̶No temas”.
En la tercera visión la misma gran muchedumbre estaba allí otra vez, pero cubierta de tinieblas.
No obstante, Teresa podía verla. En ese lugar Jesús estaba colgado en la Cruz y Nuestra Señora estaba a
poca distancia. Teresa, como niña, estaba justo enfrente de María. La mano izquierda de María se posaba
sobre el hombro izquierdo de Teresa y su mano derecha tenía el brazo derecho de Teresa. Ambas miraban
a la Cruz y Jesús le dijo a Teresa:
“Te lo he pedido. Ellos te lo han pedido y Ella, Mi Madre, te lo ha pedido. ¿Te negarás a hacer esto por Mí
̶ cuidar de ellos, traérmelos?”
Fíjate en el papel de Nuestra Señora en estas visiones. Está allí ayudándole a Teresa a escuchar el
deseo del Corazón del Señor y a ver el sufrimiento de la muchedumbre. Está allí como una Madre con su “niña”,
dirigiéndose a Jesús y a la muchedumbre a la vez. Le da consuelo y apoyo a Teresa, tal como lo hizo con San Juan
al pie de la Cruz. El Padre Joseph Langford, MC, cofundador de los Padres Misioneros de la Caridad, reflexiona
sobre el significado de estas visiones:
“Sin Nuestra Señora estaremos solos ante las cruces de la vida, ajenos a Jesús entre nosotros. En tiempos de
prueba nos encontramos a menudo como los pobres en la visión de la Madre Teresa, rodeados de oscuridad,
ignorantes de que Jesús está ahí, entre nosotros. Sin la fidelidad que Nuestra Señora ofreció a la Madre, el mundo
no habría oído hoy esas palabras (“Tengo sed”), ni las habría visto vividas hasta el final.”
Resulta que Nuestra Señora estuvo especialmente presente para la Madre Teresa no sólo durante estas
visiones sino también durante la gracia original del 10 de septiembre. En el quincuagésimo aniversario de ese día,
Madre Teresa compartió algo nuevo: “Si Nuestra Señora no hubiera estado allí aquel día, nunca habría sabido a
qué se refería Jesús cuando dijo: “Tengo sed”. ¿Qué quiso decir Teresa? Lo que quiso decir sale a la luz cuando
reflexionamos sobre la dimensión mariana de la carta del 25 de marzo sobre “Tengo sed”:
“… Nuestra Señora fue la primera persona que escuchó el clamor de Jesús “Tengo sed” junto con San
Juan, y estoy segura de que María Magdalena también. Puesto que Ella estuvo ahí en el Calvario, conoce
qué tan real, qué tan profundo es su anhelo por ti y por los pobres. ¿Lo sabemos? ¿Lo sientes como Ella?
Pídele que te enseñe…. Su papel es el de ponerte cara a cara, como a Juan y a Magdalena, con el amor
en el corazón de Jesús crucificado. Primero fue Nuestra Señora suplicándole a Madre, es ahora Madre,
quien en su nombre te suplica a ti: “escucha la Sed de Jesús”.”
Este pasaje llega al corazón de la relación de la Madre Teresa con María y nada la resume mejor
que esta magnífica frase: Su papel es el de ponerte cara a cara… con el amor en el corazón de Jesús
crucificado.
Novena de emergencia
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestro auxilio y reclamando Vuestro Socorro,
haya sido desamparado por Vos.
Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre,
Virgen de las Vírgenes,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante Vos.
Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas ante la necesidad,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
TERCERA SEMANA
Santa Teresa de Calcuta
El papel de María es ponernos cara a cara con el amor en el Corazón de Jesús crucificado. Pero
¿qué pasa si estamos ahí con Él “cara a cara” y no nos sentimos conmovidos? ¿O si estamos ante un
crucifijo reflexionando sobre la Pasión del Señor y sentimos poco o nada? ¿Qué pasa si nuestros
corazones se endurecen debido a nuestros pecados? Esto sucede. Todos pecamos y el pecado endurece
el corazón. Más allá de nuestros pecados, la aridez y la desolación igualmente acontecen. Cualquiera que
sea la razón, nuestros corazones pueden ser fríos e insensibles, y esto puede ser un problema. Gracias a
Dios, aquella que tiene un corazón perfecto, inmaculado y sin pecado nos ayudará. Nos dará su corazón
compasivo. ¡Incluso nos permitirá vivir en su corazón! Si sólo le damos el nuestro.
Durante nuestra semana con San Luis de Montfort aprendimos que cuando nos consagramos a
María le damos todo nuestro ser y María nos da todo el suyo. El énfasis de esa semana estuvo puesto en
los méritos: si damos nuestros méritos a María, Ella nos da los suyos. Es una cosa maravillosa. Sin
embargo, el énfasis de la Madre Teresa en todo esto es un poco diferente. Su enfoque es el corazón. En
otras palabras, su versión de una consagración total a María se centra en una especie de intercambio de
corazones: le damos a María nuestros corazones y Ella nos da su Inmaculado Corazón. Para la Madre
Teresa, este regalo del corazón de María mediante la consagración significa esencialmente dos cosas
expresadas por dos oraciones sencillas: “Préstame tu corazón” y “Llévame en tu purísimo Corazón”.
Primero, “Préstame tu corazón”. Con esta oración la Madre Teresa le pide a Nuestra Señora que
le dé el amor de su corazón. En otras palabras, dice: “María, ayúdame a amar con el amor perfecto de tu
Inmaculado Corazón”. Recuerda que el afán de la Madre Teresa fue saciar la sed de Jesús por amor y lo
quiso hacer de la mejor manera. ¿Qué mejor manera de amar a Jesús que con el Inmaculado Corazón
perfecto y humilde de su madre? Aquí, la Madre Teresa encontró el secreto de vivir su vocación al máximo:
“María, préstame tu Inmaculado Corazón”.
Pero ¿puede darnos María su corazón? Por supuesto, hay algo piadosamente poético en esta idea.
Pero hay mucho de verdad en esto. Cuando, a menudo, la Madre Teresa le decía a María, “Préstame tu
corazón”, lo decía en serio. ¿Supuso que le quitarían ese órgano de su cuerpo y que María bajaría del cielo
para darle el suyo? Claro que no. El órgano físico del corazón es símbolo de una realidad espiritual más
profunda. “El corazón” se refiere a la vida interior de la persona y a la sede del Espíritu Santo. El Espíritu
Santo. Llegamos ahora al corazón del corazón de nuestro tema.
Recuerda nuestra semana con San Maximiliano Kolbe y cómo enfatizó el vínculo entre el Espíritu
Santo y María. Dijo que María es la esposa del Espíritu Santo y que su unión va aún más profunda que la
unión entre esposos. Y avanzó diciendo cosas como ésta: “El Espíritu Santo actúa únicamente a través
de la Inmaculada, su Esposa. Por consiguiente, Ella es la Mediadora de todas las gracias del Espíritu
Santo”. Entonces, si queremos amar completa, ardiente y perfectamente a Jesús ̶ tal como la Madre
Teresa ̶ necesitamos de su Espíritu de Amor, y María Inmaculada lo trae a nosotros. Oremos: “María,
préstame tu Corazón. Tráenos al Espíritu. Ora para que nuestros corazones endurecidos ardan en amor
por Jesús. Ayúdanos a encender nuestros corazones con amor por Él”.
La segunda oración es “Llévame en tu purísimo Corazón”. O en su forma más completa uno reza:
“Inmaculado Corazón de María, llévame en tu purísimo Corazón, para que pueda agradar a Jesús a través
de ti, en ti y contigo”. Es la parte más profunda de la consagración mariana de la Madre Teresa. ¡No sólo
está pidiendo que el corazón de María viva en ella, sino también vivir en el corazón de María! Entonces,
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
es una oración para amar a Jesús a través de María, en María y con María. No se trata simplemente de
que María nos preste su corazón, hay algo más. Para entenderlo y vivirlo se requiere una dependencia
afectuosa y una unión profunda con María. Pasado mañana trataremos lo que esto significa y como
realizarlo. Mañana aprenderemos más sobre la actitud del corazón de María.
Novena de emergencia
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestro auxilio y reclamando Vuestro Socorro,
haya sido desamparado por Vos.
Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre,
Virgen de las Vírgenes,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante Vos.
Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas ante la necesidad,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
TERCERA SEMANA
Santa Teresa de Calcuta
¿Estás listo para tu consagración a María? Si no, ¡prepárate! Como dije al principio, después del
Día de Consagración todo cambia. Despunta un amanecer gloriosamente nuevo en nuestras vidas
espirituales.
Efectivamente, cuando damos a María nuestro “sí”, Ella empieza a arreglar todos los eventos y
detalles de nuestras vidas en formas muy bellas, tiernas y cariñosas. Por lo tanto, necesitamos
prepararnos. Específicamente, necesitamos prepararnos para reconocer la multitud de misericordias que
vendrán a nosotros a través de su Esposo el Espíritu Santo.
A menudo no reconocemos los muchos regalos que Dios nos concede en nuestra vida cotidiana.
Lo que sí reconocemos son los fastidios y las cargas, las dificultades y las molestias de cada día. Nos
llaman la atención. Nos mueven a quejarnos. Nos ponen de mal humor y nos consumen la energía. ¿No
sería una tragedia si, después de empezar a recibir aún más regalos y gracias a través de nuestra
consagración, no cambiáramos esta actitud negativa? Sí, sería trágico. Por lo tanto, necesitamos
prepararnos y la Madre Teresa nos ayudará.
La Madre Teresa vivió en algunos de los ambientes más pobres del mundo. Tuvo que soportar el
calor abrasador, el mal aliento, las salas mal ventiladas, la fatiga persistente, las responsabilidades
interminables, la comida desabrida, las camas duras, el mal olor corporal, los baños con agua fría y una
profunda aridez espiritual. Pero a pesar de todo esto, irradiaba alegría. Sonreía. Se maravillaba de las
buenas cosas que Dios hacía en su vida y en las vidas de los demás y meditaba sobre los incontables
detalles cariñosos arreglados por Nuestra Señora. Como veía y reconocía todo esto, no se quejaba.
¿Cómo desarrolló la Madre Teresa esa sensibilidad espiritual y esa actitud de gratitud? ¿Cuál fue
su secreto? Fueron dos cosas.
Primero, siguió el ejemplo de María quien siempre “conservaba estas cosas” que Dios hacía en
su vida y “las meditaba en su corazón” (ver Lucas 2:19, 51). Por supuesto, como la Madre Teresa, María
también vivía en pobreza y seguramente cargaba con su parte de oscuridad en la oración. Pero también
encontraba a Dios en los detalles, meditaba sobre su bondad en su corazón y respondía con la alabanza:
“¡Proclama mi alma la grandeza del Señor!” (Lc. 1:46). De hecho, alababa y agradecía a Dios por
todo, porque encontraba a Dios en todas las cosas y meditaba en su corazón sus muchos signos de amor.
Segundo, la Madre Teresa siguió el ejemplo de San Ignacio de Loyola, el santo soldado y maestro
de oración práctica. Específicamente, practicó su método de hacer el examen de conciencia diario en el
cual uno revisa su día, al final de la jornada, en la presencia del Señor. Al contrario de lo que la gente
piensa, el examen no es simplemente una lista detallada de pecados. De hecho, Ignacio ordena a las
personas que pasen la mayor parte del tiempo reflexionando no sobre los pecados, sino sobre las
bendiciones del día. En realidad, es un ejercicio de reconocimiento de las buenas cosas que Dios hace en
nuestras vidas y cómo respondemos, o no, a su amor. Es una imitación de la actitud de María en su oración
contemplativa de corazón. (Para aprender un método para hacer este examen, consulta esta nota.)
Dios siempre nos colma de amor y misericordia de muchas maneras. Es importante que
empecemos a reconocer estas bendiciones y agradecérselas. Especialmente, porque esta lluvia de
bendiciones se convertirá en un torrente de gracia una vez que nos consagremos a María. Así que
preparémonos. Recordemos que, según la Madre Teresa, una manera importante de vivir nuestra
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
consagración es reconocer y meditar las bendiciones de Dios, con María, en las profundidades de nuestros
corazones. Esta oración contemplativa de corazón nos lleva a alabar y agradecer, y estas alabanzas y
agradecimientos nos encienden de amor divino.
TERCERA SEMANA
Santa Teresa de Calcuta
Parte de la razón por la cual la Madre Teresa tomó tan en serio su consagración tuvo que ver con
sus raíces culturales albanesas. Una palabra clave en esta cultura es “besa”. Literalmente significa “fe”
pero el significado más completo es “palabra de honor” y “cumplir lo prometido”. La Madre Teresa explica:
“Besa significa que, aunque usted haya matado a mi padre y la policía le esté buscando, si yo le he dado
mi palabra, aunque la policía me mate, no revelaré su nombre.”
En otras palabras, desde la perspectiva de la Madre Teresa, si das tu palabra a alguien, te das a
ti mismo. Ciertamente, besa tiene la característica sagrada de un voto, un juramento o una alianza.
Reflexionemos sobre esa última palabra “alianza”. Así es como describe la Madre Teresa su consagración
a María. Esta palabra tiene un rico significado bíblico: Describe el vínculo personal entre Dios y su pueblo
a lo largo de la historia de la salvación. Tal vínculo es más que un contrato, como lo explica Scott Hahn,
erudito de las Sagradas Escrituras:
“Se puede encontrar una gran diferencia entre los contratos y las alianzas por sus formas muy distintivas
de intercambio. Un contrato es un intercambio de propiedad en forma de bienes y servicios (“Esta es tuya
y aquellos son míos”); mientras que una alianza exige el intercambio de personas (“Yo soy tuyo y tú eres
mío”), creando un vínculo compartido de comunión interpersonal.”
Otro rasgo de una alianza es que involucra tradicionalmente ciertos derechos y obligaciones. Por
ejemplo, en la alianza matrimonial el marido y la mujer tienen el derecho de gozar uno del otro en el abrazo
esponsal de amor generoso, pero tienen también la obligación de cuidarse y sostenerse mutuamente “en
las buenas y en las malas”. La Madre Teresa entendió también su “Alianza de Consagración” con María
como algo que le daba ciertos derechos y obligaciones, y comunicó esta espiritualidad mariana a su familia
religiosa, las Misioneras de la Caridad.
El Padre Joseph Langford, MC, inspirado por la enseñanza de la Madre Teresa sobre la Alianza de
Consagración, explica con detalle los derechos y obligaciones de una Misionera de la Caridad en su
relación con María, enumerando 12 derechos y deberes en correspondencia. La lista empieza,
significativamente, con María y su deber de “donar su espíritu y su corazón” y termina con cada Misionera
de la Caridad y su “derecho” a entrar en el corazón de María y a compartir la vida interior de María. Así,
los dos márgenes de esta alianza con María son las dos oraciones de la Madre Teresa que hemos
aprendido más temprano: “Préstame tu corazón” y “Llévame en tu purísimo Corazón”. Todo lo que hay en
medio son, simplemente, los términos de la relación.
“Vamos a concluir, entonces, reflexionando sobre la Alianza Mariana de las Misioneras de la Caridad,
empezando con su párrafo introductorio: “Llevado por el ardiente deseo de vivir contigo en la más íntima
unión posible en esta vida, para alcanzar la unión con tu Hijo con más seguridad y plenitud, prometo vivir
el espíritu y los términos de la siguiente Alianza de Consagración todo lo fiel y generosamente que pueda.”
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
TERCERA SEMANA
Santa Teresa de Calcuta
La Madre Teresa responde, “Sea usted ese alguien”, alguien que consuela a Jesús saciándole en
su ardiente sed de amor. Escribe:
“Díganle a Jesús: “Yo seré quien sacie Su sed”. Yo le consolaré, le alentaré y le amaré. ... Estén con Jesús.
Él rezó y rezó, y después fue en busca de consuelo, pero no lo había. ... Yo siempre escribo esa frase:
“Busqué quien que me consolara, pero no encontré a nadie”. Después escribo: “Sea usted ese alguien”.
Entonces ahora sean ustedes “ese alguien”.
Traten de ser quien puede compartir con Él, confortarle, consolarle. Y pidámosle a Nuestra Señora que
nos ayude a comprender.”
Esa última frase es clave. Necesitamos a Nuestra Señora para ayudarnos a entender la sed de
Jesús. Es Ella la que le consuela mejor. Es la esposa del Consolador, del Espíritu Santo. A través de María,
el Espíritu Santo puede ayudarnos a entender lo que significa consolar al Corazón de Jesús:
“Tratemos de manera particular de llegar a estar lo más cerca del Corazón de Jesús que puede el corazón
humano y tratemos de entender todo lo posible el terrible sufrimiento de Jesús, que Le causan nuestros
pecados y Su sed de nuestro amor. ... Gracias a Dios estaba allí Nuestra Señora para entender plenamente
la sed de amor de Jesús. Ella tuvo que responder inmediatamente: “Sacio Tu sed con mi amor y el
sufrimiento de mi corazón”.
”Sí, podemos dar gracias a Dios por Nuestra Señora. Nos enseña a “ser ese alguien” al lado de
Ella, consolando a Jesús en el Calvario. Nos ayuda a decir a Jesús sin tardar: “Jesús, sacio Tu sed”. Pero
¿qué significa exactamente esto? ¿Qué significa saciar la sed de Jesús? Son dos cosas: consolar a Jesús,
a la Cabeza de su Cuerpo Místico y consolarlo en los miembros de su Cuerpo.
¿Cómo consolamos a Jesús, a la Cabeza del Cuerpo? Siendo apóstoles de alegría, es decir
“consolar al Sagrado Corazón de Jesús mediante la alegría” y lo hacemos especialmente con la alegría de
María. Pues la Madre Teresa continúa diciendo: “Por favor, pídale a Nuestra Señora que me dé su
corazón”. María es la que, a pesar de su propia prueba de oscuridad, alaba y da gracias a Dios por todo,
le sonríe y lo consuela con su amor. Es sencillo y hermoso. Madre lo resume con sus tres virtudes
características: la entrega total a Dios, la confianza amorosa y la alegría perfecta. En principio es ser como
un niño, con María, sonriendo a Jesús y amándolo desde el pie de la Cruz.
Ahora, ¿cómo consolamos a Jesús en los miembros de su Cuerpo? Reconociendo su sed. Todos
tienen sed: ricos y pobres, jóvenes y mayores, creyentes y no creyentes. Cada persona tiene un corazón
inquieto, pues el hombre es una sed inquieta. Consolar a Jesús en los demás es responder a su
sufrimiento, especialmente a ese sufrimiento más profundo y universal: la sed del amor. Debemos
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
responder a esta sed en los demás no con indiferencia sino con una sonrisa dulce que dice: “Me alegra
que tú existas, y yo también entiendo el dolor de la sed”. Madre Teresa explica:
El mayor mal es la falta de amor y de caridad, esta terrible indiferencia hacia el prójimo.... La gente hoy
tiene hambre de amor, de este amor comprensivo, que es mucho mayor y que es la única respuesta a la
soledad y a la gran pobreza.
” Aceptando su propia sed (con la ayuda de María) y no huyendo de Ella, la Madre Teresa pudo
entender la sed de los demás ̶ tanto la de Jesús en la Cruz como la de Jesús en su prójimo ̶ y se
convirtió en apóstol de misericordia y alegría: una verdadera misionera de la caridad.
Oración del día:
Ven, Espíritu Santo, que habitas en María.
Ayúdame a “ser ese alguien” para consolar a Jesús con María.
Novena de emergencia
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestro auxilio y reclamando Vuestro Socorro,
haya sido desamparado por Vos.
Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Madre,
Virgen de las Vírgenes,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante Vos.
Oh madre de Dios, no desechéis mis súplicas ante la necesidad,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
CUARTA SEMANA
San Juan Pablo II
Durante esta cuarta y última semana nos enfocaremos en el ejemplo y en las palabras de otro gran
maestro de la consagración mariana: San Juan Pablo II. “El Papa más mariano”, como ha sido llamado,
ahondó profundamente la comprensión de la Iglesia sobre la consagración mariana. Tomando como base
el proyecto del Concilio Vaticano II, nos proporciona un tratamiento rigurosamente bíblico de la
consagración mariana ̶a la que también refiere como a una “confiada entrega”̶ y se concentra en la
idea de que el papel de María es conducirnos al interior del misterio del amor redentor de Cristo y a la
consagración de uno mismo al Padre.
Es interesante que María mencionara a Rusia. En aquel tiempo esto fue causa de confusión. ¿Rusia? ¿La
Santa Rusia? ¿Qué errores esparciría por el mundo este país cristiano? ¿Y cómo podría ejercer tal influencia una
Rusia tan pobre? (En ese momento de la historia, la revolución soviética estaba aún en pañales; aún no se había
establecido el régimen comunista y totalitario y ateo).
Después de que María hizo su profecía sobre Rusia, los niños tuvieron una visión de un “obispo vestido de
blanco”, que pensaron era el Papa. Con gran aflicción vieron que él sufriría mucho y luego lo matarían a tiros. Los
niños describieron lo que habían visto sólo a las autoridades de la Iglesia, quienes decidieron no revelarlo. Esto llegó
a conocerse como el último “secreto” de Fátima.
Ahora bien, la primera aparición de Nuestra Señora de Fátima ocurrió el 13 de mayo de 1917 a las cinco de
la tarde. Exactamente 64 años después, el día 13 de mayo de 1981, un pequeño jeep sin techo entró en la Plaza de
San Pedro, transportando al Papa Juan Pablo II, quien afectuosamente recibió a los peregrinos. En un momento, el
jeep se detuvo para que el Papa recibiera a una niña en sus brazos. Después de devolvérsela a sus padres, siguió
su curso entre una multitud de peregrinos que saludaban y aplaudían. De repente, un hombre armado disparó dos
tiros al Papa a corta distancia. La primera bala le rozó el codo. La segunda le dio en el abdomen y rebotó
desgarrando los intestinos y atravesando el colon. Milagrosamente la bala no alcanzó la principal arteria abdominal
por una décima de pulgada. Si hubiera sido apenas rozada, Juan Pablo habría muerto desangrado camino al
hospital. Dándose cuenta de esta bendición, el Papa dijo que “una mano disparó y otra condujo la bala”.
¿Qué mano guio la bala? Juan Pablo cree que fue la mano de Nuestra Señora de Fátima (no olvidó el
aniversario del 13 de mayo). De hecho, después del incidente pidió el sobre que contenía el último secreto de
Fátima, aquel que hablaba del “obispo vestido de blanco”. Luego, con Fátima ocupando su mente, pensó consagrar
el mundo al Inmaculado Corazón de María lo más pronto posible y se puso a componer un acto de consagración, el
cual rezó solemnemente pocas semanas después. Una semana después del atentado, repitió su consagración
personal a María durante un discurso grabado para los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro: “A ti, María,
te repito: Totus tuus ego sum”.
El 25 de marzo de 1984, en la Plaza de San Pedro, ante la estatua oficial de Nuestra Señora de Fátima
transportada por avión para la ocasión, Juan Pablo hizo un acto más solemne de entrega del mundo al Inmaculado
Corazón de María. Concluyó la oración con las siguientes palabras:
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
“Permite que sea revelado, una vez más en la historia del mundo, el infinito poder salvador de la Redención: ¡El
poder del Amor misericordioso! ¡Que ponga un alto a la maldad! ¡Que transforme las conciencias! ¡Que tu
Inmaculado Corazón revele para todos la luz de la Esperanza!”
Después de enterarse del solemne acto de entrega del Papa, Sor Lucía, la única sobreviviente de los tres,
declaró que aquello había satisfecho totalmente el pedido de Nuestra Señora. Cinco años más tarde, el horroroso
régimen totalitario soviético que había aterrorizado a millones de personas de repente llegó a su fin.
El Papa no descansó con esa victoria. El que una vez había llamado “siglo de lágrimas” estaba lejos de
haber concluido. Para hacer frente al mal y la injusticia presentes en el mundo, proclamó enérgicamente el poder
salvador del “Amor misericordioso”. Sus esfuerzos para promover este mensaje culminaron con el establecimiento,
el año 2000, del Domingo de la Divina Misericordia como fiesta universal en la Iglesia, y también con un solemne
Acto de Consagración del mundo a la Divina Misericordia en 2002. Tres años después de esta consagración, el gran
Papa mariano, el gran Papa de la Misericordia, murió en un Primer Sábado, víspera del Domingo de la Divina
Misericordia. María le había salvado la vida en el amanecer de su pontificado para que, a través de él, su divino Hijo
condujera a la Iglesia hacia la victoria de la Misericordia y el triunfo de su Inmaculado Corazón.
CUARTA SEMANA
San Juan Pablo II
Uno puede encontrar las principales enseñanzas marianas del Concilio Vaticano II en el último capítulo de
la Constitución Dogmática sobre la Iglesia, “Lumen Gentium”. El corazón de estas enseñanzas tiene que ver con lo
que usualmente se denomina “mediación maternal” de María. La mediación maternal significa básicamente que
María es nuestra madre espiritual, quien nos asiste desde el cielo con sus oraciones y cuidado maternal para
llevarnos a Dios. Mientras que el término “maternal” debe sonarle conocido, “mediación” puede requerir de una
explicación.
Un mediador es alguien que se interpone entre dos personas con el fin de unirlas. Así, Jesucristo es
mediador. Él es quien, después de la caída del hombre, se interpone entre Dios y la humanidad perdida para
admitirnos de nuevo a la comunión con Dios. Y sólo hay uno, como San Pablo aclara: “Dios es único, y único también
es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús” (1 Tim. 2:5).
Si hay un solo mediador entre Dios y el hombre y si ese único mediador es Jesucristo, ¿por qué define el
Concilio Vaticano II a María como mediadora? Porque Dios es generoso. Jesús no retiene para Él solo la función
de mediador. Quiere que María ̶y no sólo María sino todos los cristianos̶ participen en su única mediación,
aunque de forma subordinada. Por ejemplo, cada uno de nosotros participa en la única mediación de Cristo cuando
rezamos unos por otros “en Cristo”. De acuerdo con el Vaticano II, este rol especial se encuentra encerrado en la
expresión “mediación maternal”.
Entre las criaturas, el papel de María en la continua obra de salvación es la más importante. Se le dio un
papel tan importante no por “una necesidad ineludible” de parte de Dios sino por su “divino beneplácito”. Otra vez
vemos la generosidad de Dios al incluirnos en la obra de redención, a nosotros, las mismas criaturas a las que vino
a redimir. El siguiente pasaje de “Lumen Gentium” resume la cooperación de María en esta obra, tanto cuando
estuvo en la tierra como ahora que está en el cielo:
“La Santísima Virgen fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor, compañera singularmente generosa
entre todas las demás criaturas y humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo,
presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma
enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de
restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra Madre en el orden de la gracia.
Esta maternidad de María en la economía de gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que
prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz, hasta la consumación perpetua de
todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple
intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida de los hermanos
de su Hijo, que todavía peregrinan y hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada,
Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal manera que nada reste ni añada a
la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador.”
Así, mientras estuvo en la tierra, María cooperó con el plan divino de salvación de manera “singularmente
generosa entre todas las demás criaturas”, particularmente al dar a luz y cuidar a Jesús. Ahora en el cielo, María
todavía coopera de manera especial en el plan salvador de Dios. A través de su “múltiple intercesión” y “amor
materno”, nos trae la gracia, la misericordia y “los dones de la salvación eterna”. Mañana comenzaremos a ver cómo
Juan Pablo desarrolla esta enseñanza sobre la maternidad de María en el orden de la gracia. Por ahora, podemos
reflexionar sobre este gran regalo de Dios: María es nuestra madre espiritual cuya tarea divina es criarnos con amor,
regalos y gracias que nos llegan a través de sus tiernas oraciones.
Virgen y Madre
Oh Virgen santísima, Madre de Dios,
Madre de Cristo, Madre de la Iglesia,
míranos clemente en esta hora.
Virgo fidélis, Virgen fiel, ruega por nosotros.
CUARTA SEMANA
San Juan Pablo II
En cierta forma, el retiro de María comienza en la Anunciación. Mediante su “sí” a Dios, su “fiat”, aceptó su
vocación de ser la madre de Jesús. Pero ¿sabía también que aceptaba la llamada de ser la Madre espiritual de
todos los cristianos? No lo sé. Lo que sé es que todo el misterio de la Anunciación dio a María algo asombroso para
contemplar, que está profundamente relacionado con la consagración y entrega a María. Lo pongo de este modo:
¿Quién fue la primera persona que se entregó a María? No fue San Luis María. Fue Dios Padre. Juan Pablo explica:
“Conviene reconocer que, antes que nadie, Dios mismo, el eterno Padre, se entregó a la Virgen de Nazaret, dándole
su propio Hijo en el misterio de la Encarnación”. María seguramente se maravilló de este acto de humildad de parte
de Dios. Al maravillarse y contemplarlo, ¿pudo haber empezado a tener una idea de que Dios desearía más tarde,
que las personas a quienes vino a redimir siguieran su ejemplo?
María tuvo muchas otras cosas que contemplar durante su preparación para ser aún más totalmente
nuestra Madre en el orden de la gracia. Los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) ofrecen varios puntos
de reflexión sobre la maternidad espiritual de María. Como Marcos (3:31-35), en que los primos de María y Jesús
están afuera y queriendo ver a Jesús, mandan a buscarlo. Jesús responde con una pregunta: “¿Quiénes son mi
madre y mis hermanos?”. Luego, mirando a los que están sentados a su alrededor, dice: “Estos son mi madre y mis
hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de Dios es hermano mío y hermana y madre”.
Al dar esta respuesta, ¿se mostró Jesús como un mal hijo? No. Fue exactamente la clase de hijo que Su
Padre quería que fuera. Al mismo tiempo, preparó a Su madre para ser la madre que Él quería que fuera.
Específicamente, le reveló el nuevo vínculo filial del reino que va más allá de los lazos carnales. Señaló la primacía
del espíritu sobre la carne, la primacía de la paternidad sobrenatural de Dios sobre la paternidad de la humanidad.
Es probable que María captara de inmediato algo de lo que Jesús intentaba enseñarle. Había meditado en su
corazón otra respuesta de Jesús, la que dio cuando lo encontró en el Templo después de tres días de angustia:
“¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?” (Lc. 2:49).
Durante su ministerio público, Jesús estaba ciertamente muy interesado en los asuntos de su Padre. Ahora
bien, un aspecto clave de estos asuntos era preparar a su Madre para su nuevo papel en el Reino de Dios. Jesús
sabía que “en la dimensión del reino de Dios, en la esfera de la paternidad de Dios mismo”, la maternidad de María
“adquiere un significado diverso”. En las palabras de Marcos, Jesús indica este significado: “todo el que hace la
voluntad de Dios es hermano mío y hermana y madre”. Podemos estar seguros de que María meditó esto en su
corazón y se dio cuenta que a través de estas palabras Jesús no la rechazaba, sino que la preparaba.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
¿Podemos estar seguros de que Jesús no rechazaba a María? Sí, podemos. Aun si las palabras de Jesús
suenan como si estuviera rechazándola, no es así. Al contrario, si consideramos un pasaje similar del Evangelio de
Lucas (11:27-28), queda claro que Jesús bendice a su Madre. En este otro pasaje, “una mujer levantó la voz de
entre la multitud” y dijo a Jesús, “¡Feliz la que te dio a luz y te crió!”. Jesús responde de manera similar: “¡Felices,
pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!”. Puede parecer una reprimenda a María, pero no lo es.
Después de todo, ¿quién escuchó y observó la Palabra de Dios mejor que María? Nadie. Por tanto, Jesús realmente
bendice a su Madre y Ella se daría cuenta de ello.
María es una mujer increíblemente perceptiva y prestaba especial atención a cada palabra y acción de
Jesús. No se le escapaban las sutilezas de sus enseñanzas, y progresivamente llegó a estar consciente del misterio
en gestación de su propia maternidad excepcional:
“A medida que se esclarecía ante sus ojos y ante su espíritu la misión del Hijo, Ella misma como Madre se abría
cada vez más a aquella “novedad” de la maternidad, que debía constituir su “papel” junto al Hijo. ¿No había dicho
desde el comienzo: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”? (Lc. 1:38). Por medio de la fe
María seguía oyendo y meditando aquella palabra. María Madre se convertía así, en cierto sentido, en la primera
“discípula” de su Hijo, la primera a la cual parecía decir: “Sígueme”
Qué alegría debía ser para Jesús tener a una discípula que lo entendía perfectamente. ¡Qué consuelo para
su Corazón encontrar tal receptividad a la Palabra de Dios!
Mañana reflexionaremos más sobre la receptividad de María y cómo le llevó a descubrir otro aspecto de
su “papel” al lado de su Hijo en su obra de salvación. Este papel involucra, como Juan Pablo escribió, una “novedad
de la maternidad”. Así, en Caná veremos que da a luz a la fe de los discípulos de Jesús propiciando su primer
milagro, que acontece gracias a su receptividad maternal.
Virgen y Madre
Oh Virgen santísima, Madre de Dios,
Madre de Cristo, Madre de la Iglesia,
míranos clemente en esta hora.
Virgo fidélis, Virgen fiel, ruega por nosotros.
Enséñanos a creer como has creído tú.
Haz que nuestra fe en Dios, en Cristo, en la Iglesia,
sea siempre límpida, serena, valiente, fuerte, generosa.
Mater amábilis, Madre digna de amor.
Mater pulchrae dilectiónis, Madre del Amor Hermoso,
¡ruega por nosotros!
Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos como les amaste tú;
haz que nuestro amor a los demás sea siempre paciente, benigno, respetuoso.
Causa nostrae laetítiae, causa de nuestra alegría,
¡ruega por nosotros!
CUARTA SEMANA
San Juan Pablo II
Meditemos en profundidad el comentario de Juan Pablo II sobre esta escena. Sus palabras llegan
al corazón del papel de María en nuestras vidas y explican por qué debemos consagrarnos a Ella:
“En Caná se delinea ya con bastante claridad la nueva dimensión, el nuevo sentido de la maternidad de
María. Es una nueva maternidad según el espíritu y no únicamente según la carne, o sea la solicitud de
María por los hombres, el ir a su encuentro en toda la gama de sus necesidades. En Caná de Galilea se
muestra sólo un aspecto concreto de la indigencia humana, aparentemente pequeño y de poca
importancia “No tienen vino”. Pero esto tiene un valor simbólico. El ir al encuentro de las necesidades del
hombre significa, al mismo tiempo, su introducción en el radio de acción de la misión mesiánica y del
poder salvífico de Cristo. Por consiguiente, se da una mediación: María se pone entre su Hijo y los
hombres en la realidad de sus privaciones, indigencias y sufrimientos.
Se pone “en medio”, o sea hace de mediadora no como una persona extraña, sino en su papel de Madre,
consciente de que como tal puede ̶más bien “tiene el derecho de”̶ hacer presente al Hijo las
necesidades de los hombres. Su mediación, por lo tanto, tiene un carácter de intercesión: María
“intercede” por los hombres. No sólo: como Madre desea también que se manifieste el poder mesiánico
del Hijo, es decir su poder salvífico encaminado a socorrer la desventura humana, a liberar al hombre del
mal que bajo diversas formas y medidas pesa sobre su vida.
Otro elemento esencial de esta función materna de María se encuentra en las palabras dirigidas a los
criados: “Haced lo que él os diga”. La Madre de Cristo se presenta ante los hombres como portavoz de la
voluntad del Hijo, indicadora de aquellas exigencias que deben cumplirse, para que pueda manifestarse
el poder salvífico del Mesías. En Caná, merced a la intercesión de María y a la obediencia de los criados,
Jesús da comienzo a “su hora”. En Caná María aparece como la que cree en Jesús; su fe provoca la primera
“señal” y contribuye a suscitar la fe de los discípulos.
El hecho de Caná de Galilea nos ofrece como una predicción de la mediación de María, orientada
plenamente hacia Cristo y encaminada a la revelación de su poder salvífico.”
Me gustaría destacar algunos puntos importantes de este pasaje para que reflexionemos. (1) No
por necesidad sino por elección de Dios, “la esclava del Señor”, que hace perfectamente la voluntad del
Padre, tiene el “derecho” como Madre y Mediadora de señalarle a su Hijo las necesidades de los hombres.
¿No deberíamos recurrir con nuestras necesidades e intenciones a una Madre de Misericordia tan
poderosa? (2) María necesita servidores que obedecerán sus palabras: “Haced lo que él os diga”.
¿Estamos preparados para ser sus servidores para que Jesús pueda iniciar su “hora” en nuestro día? (3)
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
Las palabras “Haced lo que él os diga” aclaran que el papel de María está orientado “plenamente hacia
Cristo” y tiende a la revelación de su poder salvífico. Por lo tanto, la mediación de María está en unión
con la única mediación de Jesucristo, nuestro Salvador, y subordinada a Ella.
Virgen y Madre
Oh Virgen santísima, Madre de Dios,
Madre de Cristo, Madre de la Iglesia,
míranos clemente en esta hora.
Virgo fidélis, Virgen fiel, ruega por nosotros.
CUARTA SEMANA
San Juan Pablo II
Ayer, en la fiesta de las bodas de Caná, vimos un ejemplo glorioso de la mediación maternal de María.
Después de este evento, de seguro María reflexionó profundamente y descubrió mucho sobre su mediación
maternal. Pero Caná no fue la parte más importante de su preparación. El “momento cumbre” de su preparación
̶es más, su plena realización̶ llegó en el Calvario.
En el Calvario, María sufre con Cristo. A través de la fe “está unida perfectamente a Cristo en su
despojamiento”. A través de la fe Ella comparte en todo el “desconcertante misterio” del don de sí mismo por amor
a nosotros. A través de la fe “la Madre participa en la muerte del Hijo, en su muerte redentora”. Antes de Su muerte,
Jesús tiene una lección más para su discípula perfecta que lo ha seguido a la Cruz y ha aceptado sufrir con Él.
Viéndola al pie de la Cruz junto al discípulo amado, Juan, le dice: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Luego, dice a Juan:
“Ahí tienes a tu Madre” (Jn. 19:26-27). Con estas palabras, María “es entregada al hombre ̶a cada uno y a todos̶
como Madre”.
Según Juan Pablo II, esta “nueva maternidad de María” es el “fruto del ʻnuevoʼ amor, que maduró en Ella
definitivamente junto a la Cruz, por medio de su participación en el amor redentor del Hijo”. Este “nuevo amor”,
realmente provoca una “transformación” de la maternidad de María de modo que Ella arda aún más en amor por
todos aquellos por quienes Jesús sufrió y murió.
Esta idea de que María, al pie de la Cruz, recibió un nuevo amor ardiente por almas puede recordarnos la
profundidad con que Madre Teresa comprendió a María. Recuerda que, para Teresa, María es la que tomó más
seriamente que nadie las palabras de Jesús “Tengo sed” y ayuda a los demás a tomarlas muy seriamente también.
De todas maneras, Juan Pablo reflexiona más sobre la transformación amorosa de María:
“Hasta los pies de la Cruz se ha realizado su cooperación materna en toda la misión del Salvador mediante sus
acciones y sufrimientos. A través de esta colaboración en la obra del Hijo Redentor, la maternidad misma de María
conocía una transformación singular, colmándose cada vez más de “ardiente caridad” hacia todos aquellos a
quienes estaba dirigida la misión de Cristo. Por medio de esta “ardiente caridad”, orientada a realizar en unión con
Cristo la restauración de la “vida sobrenatural de las almas”, María entraba de manera muy personal en la única
mediación “entre Dios y los hombres”, que es la mediación del hombre Cristo Jesús.”
Después de la muerte de Jesús en la Cruz, no escuchamos sobre María ejerciendo su nueva maternidad
hasta el día antes de Pentecostés, cuando los apóstoles, “juntos en la oración en compañía de algunas mujeres, de
María, la madre de Jesús y de sus hermanos” (He. 1:14), se dedican a la oración en el Cenáculo. Juan Pablo
comenta: “Vemos a María implorando con sus ruegos el don del Espíritu Santo, quien ya la había cubierto con su
sombra en la anunciación”. Procede a señalar que María es la “presencia discreta, pero esencial” que indica el
camino del “nacer del Espíritu Santo” primero en la Anunciación y ahora en el nacimiento de la Iglesia.
La nueva maternidad espiritual de María está profundamente relacionada con la Iglesia, pues “con
materno amor coopera a la generación y educaciónʼ de los hijos e hijas de la madre Iglesia”. Este nacimiento y
desarrollo tienen su fuente en la vida sacramental de la Iglesia, donde la mediación maternal de María está
particularmente presente. Por ejemplo, María seguramente intercede y actúa con su Esposo, el Espíritu Santo,
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
cuando el Espíritu nos transforma en miembros del cuerpo de Cristo en el Bautismo. Es más, está presente de
manera similar y participa activamente con su Esposo en la Misa; pues es en el sacrificio de la Misa “en el cual
Cristo, su verdadero cuerpo nacido de María Virgen, se hace presente”. Debido a la centralidad de la Eucaristía en
la fe y en la vida cristiana, María siempre se esfuerza por conducir a los fieles hacia Ella.
Para cerrar esta reflexión de hoy, la cual concluye los tres días del “retiro de la maternidad espiritual de
María”, debemos tener en cuenta algo importante: la nueva maternidad de María no se trata de una cosa vaga o
abstracta. Es concreta y personal. Y aunque es universal, también es intensamente particular. María es tu madre.
Es mi madre. En este sentido, Juan Pablo cree que es significativo que la nueva maternidad de María en el Calvario
se exprese en el singular, “Ahí tienes a tu hijo” y no “Ahí tienes a miles de millones de hijos espirituales”. El Papa
llega al corazón del asunto cuando dice: “Aun cuando una misma mujer sea madre de muchos hijos, su relación
personal con cada uno de ellos caracteriza la maternidad en su misma esencia”. En pocas palabras En pocas
palabras: María es única, particular y personalmente tu madre y mi madre, y no nos pierde entre la multitud.
Virgen y Madre
Oh Virgen santísima, Madre de Dios,
Madre de Cristo, Madre de la Iglesia,
míranos clemente en esta hora.
Virgo fidélis, Virgen fiel, ruega por nosotros.
CUARTA SEMANA
San Juan Pablo II
DÍA 27 ‒ Entregarse a María (Primera Parte)
Ahora que hemos terminado nuestro mini retiro de tres días con María, debemos tener ya un
sentido más claro de su mediación maternal. Esta mediación maternal es la llave que abre toda la teología
de la consagración mariana. Y ahora que la tenemos, estamos listos para aprender exactamente lo que
Juan Pablo entiende por consagración mariana o, como habitualmente la llama, la “entrega” o el
“entregarse” a María. Para empezar, necesitamos volver al pie de la Cruz.
“Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Con estas palabras, Jesús confía toda la humanidad al cuidado
materno de María. Hace de Ella la madre espiritual de todos. Y como aprendimos ayer, María aceptó
plenamente este don con “ardiente caridad”.
Luego, Jesús le dice a Juan, el discípulo amado, quien nos representa a todos: “Ahí tienes a tu
madre”. Jesús ahora nos ofrece un regalo, el gran regalo de su madre como nuestra madre espiritual.
¿Aceptamos este regalo? Sí. Al menos lo estamos intentando (si no fuera así, no haríamos este retiro).
Pero ¿cómo lo aceptamos? Esta es la pregunta crucial.
Según el Papa Juan Pablo II, el siguiente texto del Evangelio nos indica cómo debemos aceptar a
María como nuestra madre espiritual: “Y desde aquel momento el discípulo se la llevó a su casa” (Jn.
19:27). El Papa describe esta acción con una palabra: “entregarse”. Vemos un ejemplo de ello en la
persona de Juan, quien se entregó a María, la misma que fue entregada a Juan por Cristo: “Ahí tienes a
tu madre”. La entrega de él mismo a María es su respuesta al mandato de Jesús desde la Cruz, pero no
sólo eso.
También es una respuesta a la “ardiente caridad” por nosotros: “La entrega es la respuesta al
amor de una persona y, en concreto, al amor de la madre”. Juan Pablo procede a describir la naturaleza
de esta entrega de uno mismo a María:
“Entregándose filialmente a María, el cristiano, como el apóstol Juan, “acoge entre sus cosas propias” a
la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su “yo” humano y
cristiano: “La acogió en su casa”. Así el cristiano, trata de entrar en el radio de acción de aquella “caridad
materna”, con la que la Madre del Redentor “cuida de los hermanos de su Hijo”, “a cuya generación y
educación coopera” según la medida del don, propia de cada uno por la virtud del Espíritu de Cristo. Así
se manifiesta también aquella maternidad según el espíritu, que ha llegado a ser la función de María a
los pies de la Cruz y en el cenáculo.”
Esta entrega de uno mismo a María, la cual el Papa describe maravillosamente con la frase, “La
acogió en su casa”, debe entenderse como el acto de seguir el ejemplo mismo de Cristo ̶ primero se
entregó a María en la Anunciación y luego, a lo largo de su vida oculta ̶ y también debe entenderse como
su voluntad para sus discípulos. Después de todo, Él mismo inicia tal entrega: “Ahí tienes a tu madre”.
Pero ¿por qué hace esto Cristo? ¿Será que quiere distanciarse de nosotros? No. Nos acerca a sí
encomendándonos a aquella que es la más cercana a Él, la misma que lo dirige todo a Él: “Hagan lo que
él les diga”.
María quiere actuar sobre todos los que se encomiendan a sí mismos a Ella como hijos. Dice el
Papa: “Y es sabido que cuanto más estos hijos perseveran en esta actitud y avanzan en la misma, tanto
más María les acerca a la ʻinescrutable riqueza de Cristoʼ”. De nuevo, esto se debe tanto a la cercanía
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
única que hay entre María y Cristo como al papel especial de María de llevar a otros a la intimidad que
comparte con Él.
Virgen y Madre
CUARTA SEMANA
San Juan Pablo II
DÍA 28 ‒ Entregarse a María (Segunda Parte)
Volvamos a Fátima, donde empezamos esta semana ̶pero esta vez acompañemos a San Juan
Pablo II.
Exactamente un año después de recibir disparos en la Plaza de San Pedro, Juan Pablo fue a
Fátima “para agradecer que la misericordia de Dios y la protección de la Madre de Cristo” le hayan salvado
la vida. En esa ocasión, dio una sentida homilía que constituye una rica fuente de la teología de la
consagración y entrega a la Virgen María. La homilía completa y el Acto de Consagración son demasiado
extensos para citarlos aquí. Por lo tanto, voy a resumirlos. Específicamente, extraeré de ellos la conexión
que el Papa establece entre la consagración a María, la Divina Misericordia y la consagración redentora
de Cristo. Empecemos con la conexión entre María y la Divina Misericordia.
Antes de comenzar, algunas cosas acerca de la Divina Misericordia: (1) Según Juan Pablo, la
Divina Misericordia es el límite impuesto por Dios a las fuerzas del mal, el amor de Dios frente a la cara
de mal; (2) La Divina Misericordia está simbolizada por el costado traspasado de Cristo y la sangre y el
agua que de allí brotaron; (3) una parte central de la devoción moderna a la Divina Misericordia es la
Coronilla a la Divina Misericordia, la cual ofrece expiación e implora la misericordia por nuestros pecados
y por los del mundo entero. A continuación, observa cómo estos tres aspectos de la Divina Misericordia
son esenciales en la homilía más importante del Papa acerca de la consagración mariana.
El contexto de la homilía consiste en “las amenazas casi apocalípticas, que pesan sobre las
naciones y sobre la humanidad”. El Papa confiesa que esta maldad le causa “ansiedad” en el corazón. A
pesar de esto, encuentra la esperanza en un amor “más fuerte que el mal” el cual “jamás algún ʻpecado
del mundoʼ podrá superar”. Identifica este Amor como “Amor misericordioso”.
¿El Amor misericordioso? ¿Qué tiene que ver con la consagración mariana? Todo. Tiene todo
que ver con la consagración porque es María quien nos lleva a la fuente del Amor misericordioso. Es María
quien nos lleva al amor que es más poderoso que las fuerzas del mal. En realidad, como dice Juan Pablo
II en su homilía, la consagración al Inmaculado Corazón significa “aproximarnos, mediante la intercesión
de la Madre, de la propia Fuente de Vida, nacida en el Gólgota”. ¿Qué es esta Fuente de Vida? El Papa la
identifica como la “Fuente de Misericordia”. Es el costado traspasado de Cristo de donde manaron la
Sangre y el Agua como fuente de gracia y misericordia. Y es a través de esta herida en el Corazón de
Cristo que “se realiza continuamente la reparación por los pecados del mundo”. Es más, a través de esta
Fuente de Misericordia encontramos que “tal Manantial es sin cesar Fuente de vida nueva y de santidad”.
A continuación, el Papa explica que la consagración al Inmaculado Corazón de María significa
“volver de nuevo junto a la Cruz del Hijo”. Significa llevar el mundo con todos sus problemas y
sufrimientos al “Corazón traspasado del Salvador, reconduciéndolo a la propia fuente de Redención”.
¡Significa llevar el mundo, a través de María, a la Divina Misericordia! El poder de la Redención, el poder
del Amor misericordioso, “es siempre mayor que el pecado del hombre y que ʻel pecado del mundoʼ” y
“supera infinitamente toda especie de mal, que está en el hombre y en el mundo”.
Ahora, María conoce mejor que nadie el poder de la Redención, el poder del Amor
misericordioso. De hecho, Juan Pablo dice que Ella “está consciente de eso, como ningún otro corazón en
todo el cosmos, visible e invisible”. Por lo tanto, nos llama no sólo a la conversión sino también “a que
nos dejemos auxiliar por Ella, como Madre, para volvernos nuevamente a la fuente de la Redención”. De
nuevo, la tarea de María es llevarnos a la Fuente de Misericordia, al costado traspasado de Cristo, a su
Corazón Misericordioso.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
Precisamente este amor hizo que el Hijo de Dios se consagrara a Sí mismo: “Yo por ellos me
santifico, para que ellos sean santificados en la verdad” (Jn. 17, 19).
En virtud de esta consagración, los discípulos de todos los tiempos están llamados a entregarse
por la salvación del mundo, a añadir algo a los sufrimientos de Cristo en favor de su Cuerpo que es la
Iglesia (cf. 2 Cor. 12, 15; Col. 1, 24).
Ante Ti, Madre de Cristo, delante de tu Corazón Inmaculado, yo deseo en este día, juntamente
con toda la Iglesia, unirme con nuestro Redentor en esta su consagración por el mundo y por los hombres
la única que en su Corazón divino tiene el poder de conseguir el perdón y procurar la reparación.”
Virgen y Madre
Oh Virgen santísima, Madre de Dios,
Madre de Cristo, Madre de la Iglesia,
míranos clemente en esta hora.
Virgo fidélis, Virgen fiel, ruega por nosotros.
Recuerda que San Luis María heredó el temperamento fuerte de su padre. Esto podría haberle
llevado hacia el desastre, pero Luis María se consagró a Jesús a través de María. Permitió que María se
hiciera cargo de su vida y que hiciera con él según su voluntad. ¿Y qué hizo María con él? Lo inflamó.
Convirtió su impuro enojo en un resplandeciente fuego santo. Actuó con su esposo, el Espíritu Santo, para
llenar a Luis María de pasión y celo por Cristo, y él procedió a encender a toda Bretaña con el amor por
Jesús, la Sabiduría encarnada ̶ y no solamente a Bretaña. Las inspiradoras enseñanzas de San Luis
María ardieron a lo largo de los siglos, inflamando a los santos, a los papas e incluso a los pobres
pecadores con un ardiente amor a Dios.
Podemos no haber nacido con el exaltado temperamento de San Luis María, pero no nos vendría
mal un poco de su espíritu fervoroso. Nos vendría bien a todos una mayor efusión del Espíritu Santo, que
aliente las almas y las llene con el santo fuego. ¿Cómo invitamos este fuego? ¿Cómo lo invocamos?
Imitando el ejemplo de San Luis María acudiendo a María, dependiendo de María y estando con María.
Pues, como San Luis María mismo dice, cuando el Espíritu Santo, el esposo de María, encuentra un alma
unida a María, “vuela allí, entra en Ella de lleno, se comunica abundantemente con esa alma”. El Espíritu
Santo quiere hacer maravillas incluso hoy en día. Quiere gestar nuevos santos, grandes santos. Entonces
¿por qué lo hace raras veces? Según de Montfort, es porque raras veces nos encuentra en una unión
suficientemente estrecha con María.
En esta recta final que lleva al Día de Consagración, avancemos con gran fervor para entregarnos
completamente a María y para permitir que el Espíritu Santo venga a nosotros y nos colme de pasión y
fuego sagrados.
BAUTISMO
San Luis María coloca su devoción a María directamente dentro del misterio de Cristo. El mejor
ejemplo de esto es cómo da comienzo a su fórmula de consagración con una renovación de las promesas
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
bautismales; pues el Bautismo tiene todo que ver con Cristo. En el Bautismo, somos transformados en
los miembros del Cuerpo de Cristo, somos hechos en “otros cristos”.
El Bautismo también tiene que ver con el Espíritu Santo. Lo digo porque fue el Espíritu Santo quien
primero formó a Cristo, y es el Espíritu Santo quien sigue formando a otros “cristos” ̶ los miembros del
Cuerpo de Cristo ̶ en cada bautismo.
Ahora bien, ¿de quién se vale el Espíritu Santo para formar a Cristo? Se vale de María, si bien no
tiene ninguna necesidad de Ella. Entonces, por ejemplo, se valió de María en la Anunciación, la cual
condujo al nacimiento de Jesucristo, nuestro Salvador. Se valió de María justo antes de Pentecostés, que
condujo al nacimiento del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Se vale de María en cada bautismo, que da a luz a
“otros cristos”, los miembros de su Cuerpo. ¡El Espíritu Santo siempre se vale de María para dar a luz a
Cristo! Y en cuanto encuentra una alma unida a María, “tanto más deseoso y decidido se muestra a
producir a Jesucristo en esa alma, y a esa alma en Jesucristo”.
Por lo tanto, es apropiado que de Montfort nos invite a renovar nuestras promesas bautismales
dentro del contexto de una entrega a María. Pues es su trabajo, junto con el Espíritu Santo, el llevar la
gracia del Bautismo a término. El Bautismo no es el fin; es un comienzo maravilloso, un amanecer
gloriosamente nuevo. Sí, nos transforma, haciéndonos miembros del Cuerpo de Cristo, pero hay más
trabajo por hacer. El Bautismo es una realidad ya hecha pero todavía no finalizada. Nos incorpora ya a
Cristo (como un miembro de su Cuerpo) pero sin que estemos totalmente formados en Cristo. Después
del Bautismo, aún tenemos que crecer en Cristo, y es el trabajo de María supervisar y cultivar este
crecimiento, con el Espíritu. Por tanto, no hay riesgo de que la devoción monfortiana a María “nos separe
de Cristo”. La meta total de María es conducirnos a Cristo y llevarnos hasta el punto en que podamos
decir con San Pablo: “ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Gál. 2:20). Todo el objetivo de la
verdadera devoción a María es nuestra continua transformación post-bautismal en Cristo.
REGALO
Con que tengamos tan sólo el valor de entregarnos completamente a María, experimentaremos la
consagración mariana como un increíble regalo. Es más, cuanto más nos entreguemos a Ella, más
experimentaremos la grandeza de este regalo.
Nosotros damos y Ella nos regresa infinitamente más. Le damos nuestras naturalezas
pecaminosas, y nos ofrece su Inmaculado Corazón. Le damos nuestros exiguos méritos, y no sólo los
aumenta y los purifica con su amor perfecto, sino que nos da sus méritos y gracias infinitamente más
grandes. Nos vaciamos después de haberle ofrecido todo y Ella nos llena con el Espíritu de Dios. Cuida a
nuestros familiares, amigos y seres amados en nuestro nombre, aún mejor de lo que nosotros podemos
hacerlo. Anticipa nuestras necesidades y pone en orden cada detalle de nuestra vida para la mayor gloria
de Dios. Con Ella el camino hacia la santidad es un camino “de rosas y miel” en comparación con
emprenderlo sin estar consagrado a Ella. Ciertamente, Ella incluso convierte nuestras cruces y
sufrimientos en algo dulce. Además, nos protege contra la tentación y los ataques del diablo.
Pertenecer completamente a María es la vía más rápida, fácil y segura hacia Jesús. Si nos
diéramos cuenta del gran regalo que es la consagración a Jesús a través de María, casi nunca dejaríamos
de sonreír y alabar a Dios por habérnoslo concedido.
¿Quién eres, oh Inmaculada Concepción? San Maximiliano nos da la clave de este misterio: el
Espíritu Santo es la Inmaculada Concepción increada, y María es la Inmaculada Concepción creada. Ella
está perfectamente unida al Espíritu Santo porque fue concebida sin pecado, nunca pecó y siempre hace
la voluntad de Dios a la perfección. Permite que el Espíritu Santo la eclipse, que tome posesión de su
alma, y que dé fruto a través de Ella. El Espíritu Santo se deleita en trabajar siempre en y a través de
María con el fin de salvar a las demás criaturas hechas a imagen de Dios, primero obrando la Encarnación
en su vientre y luego haciendo uso de Ella a fin de formar la imagen de su Hijo en todos los bautizados.
Si bien Kolbe nos da la clave del misterio, no lo descubre del todo. En cambio, nos invita a reflexionar con
más profundidad sobre la relación entre María y el Espíritu Santo, una relación que va aún más profundo
que la del matrimonio.
MILICIA
El nombre “Maximiliano” significa “el máximo”. San Maximiliano Kolbe recibió este nombre porque
sus superiores reconocieron sus grandes dones naturales y espirituales. Él lo aceptó porque correspondía
a lo más profundo de su corazón: “No quiero dar a Dios sólo una gran gloria, sino la máxima gloria”.
Kolbe reconoció que la mejor manera de dar gloria a Dios es unirse a la criatura que más
perfectamente glorifica a Dios, María Inmaculada. También reconoció que el modo de rendir la máxima
gloria a Dios no es haciéndolo una sola persona, sino de todo un ejército (“Milicia”) de personas. De
hecho, quería que este ejército de la Inmaculada (“la Milicia Inmaculada”) inspirara al mundo entero a
ofrecer la máxima gloria a Dios, por medio de Ella, y lo más pronto posible.
Aunque la meta del programa de Kolbe es la conversión de todo el mundo, empieza con uno
mismo. Debemos primero ofrecernos por completo a la Inmaculada como su posesión y propiedad suya y
permanecer en unión con Ella, totalmente dependientes de Ella. Luego, debemos inspirar a otros a
ofrecerse a Ella y a vivir en completa dependencia de Ella, a fin de que los utilice como instrumentos
consagrados para llevar todo el mundo al Corazón Misericordioso de Jesús.
“En la Milicia de la Inmaculada… la materia son los miembros… todos aquellos que desean rendir
a Dios la mayor gloria posible, sin limitaciones, por medio de la Inmaculada”.
AMOR
Kolbe siguió unido a María por una dependencia de amor. Nos dice que también debemos amar a
la Inmaculada. ¿Cómo? Dependiendo de su poderosa intercesión, sintiendo su atención tierna, hablándole
con el corazón, permitiéndole que nos guíe, recurriendo a Ella para todo y confiando completamente en
Ella. Recuerda sus palabras: “Mis queridos, queridos Hermanos, nuestra querida Madrecita, María
Inmaculada, puede hacerlo todo por nosotros. Nosotros somos sus hijos. Dirigíos a Ella. Ella triunfará en
todo”.
Cuando experimentamos la atención tierna de María, nos enamoramos más de Ella. Más tenemos
que hablarle. Tenemos que pedirle. Pero ¿qué pasa si, incluso después de muchas señales de su amor y
atención, aún no sentimos amor por la Inmaculada ni su amor por nosotros? Kolbe explica:
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
“Pero no se aflijan nunca si no sienten tal amor. Si quieren amar, ésta es ya una señal segura de
que están amando; pero se trata sólo de un amor que procede de la voluntad. También el sentimiento
exterior es fruto de la gracia, pero no siempre sigue inmediatamente la voluntad. Puede venirles, queridos
míos, un pensamiento, casi una triste nostalgia, una súplica, un lamento…: “¿Quién sabe si la Inmaculada
me ama todavía? ”¡Hijos amadísimos! Se lo digo a todos juntos y a cada uno en particular en su nombre,
anótenlo bien, en su nombre: Ella ama a cada uno de ustedes, los ama mucho y en todo momento sin
excepción alguna. Esto… se lo repito en su nombre.”
Totus Tuus
Inmaculada Concepción, María mi Madre, vive en mí. Actúa en mí.
Habla en y a través de mí.
Pon tus pensamientos en mi mente.
Ama a través de mi corazón.
Dame tus disposiciones y sentimientos.
Enséñame, llévame y guíame a Jesús.
Corrige mi camino, ilumina mi entendimiento
y expande con tu amor mi corazón.
Toma mi alma. Toma posesión de toda mi personalidad y mi vida.
Remplázala con tu vida.
Inclíname a una constante adoración y alabanza.
Ora en mí y a través de mí, Oh Madre.
Permíteme vivir en ti y siempre mantenme en esta comunión de corazón.
Totus Tuus Ego Summ
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
“… [Nuestra Señora] fue la primera persona que escuchó el clamor de Jesús “Tengo Sed” junto con San
Juan, y estoy segura que María Magdalena también. Puesto que Ella estuvo ahí en el Calvario, conoce qué
tan real, qué tan profundo es Su anhelo por ti y por los pobres. ¿Lo sabemos? ¿Lo sientes como Ella?
Pídele que te enseñe…. Su papel es el de ponerte cara a cara, como a Juan y a Magdalena, con el amor
en el corazón de Jesús crucificado. Primero fue Nuestra Señora suplicándole a Madre, es ahora Madre,
en su nombre quien te suplica a ti: “escucha la Sed de Jesús”.
Tratemos de manera particular de llegar a estar lo más cerca del Corazón de Jesús que puede el corazón
humano y tratemos de entender todo lo posible el terrible sufrimiento de Jesús, que Le causan nuestros
pecados y Su sed de nuestro amor. ... Gracias a Dios estaba allí Nuestra Señora para entender plenamente
la sed de amor de Jesús. ̶Ella tuvo que responder inmediatamente: “Sacio Tu sed con mi amor y el
sufrimiento de mi corazón”.
CORAZÓN
Préstame tu corazón. Con esta oración, la Madre Teresa pidió a Nuestra Señora que le diese el
amor de su corazón. En otras palabras, le dice: “María, ayúdame a amar con el amor perfecto de tu
Inmaculado Corazón”. Recuerda que el afán de la Madre Teresa era saciar la sed de amor que Jesús tiene,
y deseaba hacerlo de la mejor manera posible. ¿Qué mejor manera de amar a Jesús que con el Inmaculado
Corazón perfecto y humilde de su madre? La Madre Teresa encontró el secreto para vivir su vocación al
máximo en esto: “María, préstame tu Inmaculado Corazón”.
Corazón contemplativo. La Madre Teresa desarrolló una “actitud de gratitud” al seguir el ejemplo
de María, quien siempre “meditaba en su interior” “todas estas cosas” que Dios iba haciendo en su vida
(ver Lucas 2:19, 51). Específicamente, la Madre Teresa siguió este ejemplo mediante su fidelidad al
examen de conciencia. En otras palabras, al fin de cada día, meditaba en su interior todas las cosas
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
buenas que Dios había hecho por ella en ese día y reflexionaba sobre cómo había respondido (o no) a su
amor.
ALIANZA
“Llevado por el ardiente deseo de vivir contigo en la más íntima unión posible en esta vida, para alcanzar
la unión con tu Hijo con más seguridad y plenitud, prometo vivir el espíritu y los términos de la siguiente
Alianza de Consagración todo lo fiel y generosamente que pueda.”
“… [Nuestra Señora] fue la primera persona que escuchó el clamor de Jesús “Tengo Sed” junto con San
Juan, y estoy segura que María Magdalena también. Puesto que Ella estuvo ahí en el Calvario, conoce qué
tan real, qué tan profundo es Su anhelo por ti y por los pobres. ¿Lo sabemos? ¿Lo sientes como Ella?
Pídele que te enseñe…. Su papel es el de ponerte cara a cara, como a Juan y a Magdalena, con el amor
en el corazón de Jesús crucificado. Primero fue Nuestra Señora suplicándole a Madre, es ahora Madre,
en su nombre quien te suplica a ti: “escucha la Sed de Jesús”.
Tratemos de manera particular de llegar a estar lo más cerca del Corazón de Jesús que puede el corazón
humano y tratemos de entender todo lo posible el terrible sufrimiento de Jesús, que Le causan nuestros
pecados y Su sed de nuestro amor. ... Gracias a Dios estaba allí Nuestra Señora para entender plenamente
la sed de amor de Jesús. ̶Ella tuvo que responder inmediatamente: “Sacio Tu sed con mi amor y el
sufrimiento de mi corazón”.
CORAZÓN
Préstame tu corazón. Con esta oración, la Madre Teresa pidió a Nuestra Señora que le diese el
amor de su corazón. En otras palabras, le dice: “María, ayúdame a amar con el amor perfecto de tu
Inmaculado Corazón”. Recuerda que el afán de la Madre Teresa era saciar la sed de amor que Jesús tiene,
y deseaba hacerlo de la mejor manera posible. ¿Qué mejor manera de amar a Jesús que con el Inmaculado
Corazón perfecto y humilde de su madre? La Madre Teresa encontró el secreto para vivir su vocación al
máximo en esto: “María, préstame tu Inmaculado Corazón”.
Corazón contemplativo. La Madre Teresa desarrolló una “actitud de gratitud” al seguir el ejemplo
de María, quien siempre “meditaba en su interior” “todas estas cosas” que Dios iba haciendo en su vida
(ver Lucas 2:19, 51). Específicamente, la Madre Teresa siguió este ejemplo mediante su fidelidad al
examen de conciencia. En otras palabras, al fin de cada día, meditaba en su interior todas las cosas
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
buenas que Dios había hecho por ella en ese día y reflexionaba sobre cómo había respondido (o no) a su
amor.
ALIANZA
“Llevado por el ardiente deseo de vivir contigo en la más íntima unión posible en esta vida, para alcanzar
la unión con tu Hijo con más seguridad y plenitud, prometo vivir el espíritu y los términos de la siguiente
Alianza de Consagración todo lo fiel y generosamente que pueda.”
Tres palabras resumen lo que aprendimos de San Juan Pablo II: (1) Madre, (2) Entrega y (3)
Misericordia. Reflexionemos sobre cada una.
MADRE
La enseñanza de Juan Pablo II sobre la consagración mariana no sólo lleva consigo la autoridad
papal sino también el peso autoritativo de un Con- cilio Ecuménico, porque repite y profundiza la
enseñanza del Concilio Vaticano II sobre María. Por tanto, su enseñanza realmente constituye la mente y
el corazón de la Iglesia actual y debemos prestarle especial atención. Entonces ¿qué nos dicen la mente
y el corazón de la Iglesia sobre María? Nos señala la mediación maternal de María. Dice que Ella es
nuestra madre en el orden de la gracia. Proclama la Buena Nueva de que Dios nos ha regalado una madre
espiritual que, piadosa, atiende tiernamente nuestro crecimiento en gracia y santidad. Esta nueva
maternidad de María en la vida de la Iglesia, en la vida de cada uno de nosotros, es el ambiente
permanente, reconfortante y hermoso, que envuelve todo lo que hemos dicho sobre la consagración
mariana ̶ o lo que Juan Pablo a menudo llama la “entrega”.
ENTREGA
Viendo a María al pie de la Cruz junto a su querido discípulo Juan, Jesús dijo: “Mujer, ahí tienes a
tu hijo”. Luego, a Juan: “Ahí tienes a tu madre” (Jn. 19:26-27). Estas palabras resumen lo que hemos
tratado en la última sección, que María es nuestra madre espiritual. Pero después leemos el siguiente
versículo: Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa”. Aquí está lo esencial de nuestra
respuesta a Jesús que nos encomienda a María como madre: nosotros debemos entregarnos a Ella
recibiéndola “en nuestras casas”. En otras palabras, debemos recibirla en nuestra vida interior, en todo
lo que nos importa. Debemos permitir que entre en nuestras alegrías y penas, esperanzas y miedos, planes
y actividades.
Cuando dejamos entrar a María en nuestras vidas, cuando nos encomendamos a su cuidado, Ella
intercede por nosotros, nos consuela y nos da valor y fortaleza para unirnos aún más a la propia
consagración de Jesús para la vida del mundo. En otras palabras, Ella nos lleva a la Cruz de Jesús, la cual
es el sentido último de la auto-consagración de Jesús, y nos inspira a dedicarnos a la salvación del mundo,
para aceptar nuestra parte en la obra de la redención. Al cargar nuestra cruz, viviendo insertos en la
consagración misma de Cristo, es posible que lleguemos a sentirnos espiritualmente sedientos, desolados
y cansados. Allí es cuando María nos lleva al costado traspasado de Cristo, a la Fuente de Misericordia,
donde encontramos un manantial incesante de fuerza y santidad.
Así, de acuerdo al pensamiento de Juan Pablo II, la confiada entrega a María conduce a nuestra
consagración a Cristo. En otras palabras, podría decirse que se trata de un movimiento de “entrega”.
MISERICORDIA
A fin de cuentas, la consagración mariana nos conduce a la Divina Misericordia. Los actos de
consagración al Inmaculado Corazón de María conducen a los actos de confianza en el Corazón
Misericordioso de Jesús. Vemos esto en la historia de Fátima y el Papa Juan Pablo, particularmente en la
homilía del Papa durante su peregrinación a Fátima en 1982, una peregrinación de agradecimiento a “la
misericordia de Dios y la protección de la Madre de Cristo” por haberle salvado la vida.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
En esa homilía, Juan Pablo repetidamente indica cómo la consagración mariana conduce al
Corazón traspasado de Jesús, a la Fuente de Misericordia. Esta conexión es parte de la voluntad de Jesús
mismo, quien dijo a Sor Lucía en 1936 que deseaba la consagración al Corazón de María “porque quiero
que toda Mi Iglesia reconozca esa consagración como un triunfo del Inmaculado Corazón de María, para
extender su culto más tarde y poner la devoción a este Inmaculado Corazón junto a la devoción a Mi
Divino Corazón”. Jesús quiere extender la veneración y devoción al Inmaculado Corazón de María porque
nos conduce más perfectamente a Él y nos ayuda a recibir la infinita misericordia de su Corazón.
Virgen y Madre
Oh Virgen santísima, Madre de Dios,
Madre de Cristo, Madre de la Iglesia,
míranos clemente en esta hora.
Virgo fidélis, Virgen fiel, ruega por nosotros.
Enséñanos a creer como has creído tú.
Haz que nuestra fe en Dios, en Cristo, en la Iglesia,
sea siempre límpida, serena, valiente, fuerte, generosa.
Mater amábilis, Madre digna de amor.
Mater pulchrae dilectiónis, Madre del Amor Hermoso,
¡ruega por nosotros!
Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos como les amaste tú;
haz que nuestro amor a los demás sea siempre paciente, benigno, respetuoso.
Causa nostrae laetítiae, causa de nuestra alegría,
¡ruega por nosotros!
Enséñanos a saber captar, en la fe, la paradoja de la alegría cristiana,
que nace y florece en el dolor, en la renuncia,
en la unión con tu Hijo crucificado:
¡haz que nuestra alegría sea siempre auténtica y plena
para podérsela comunicar a todos! Amén.
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
“La verdadera devoción... tiende esencialmente a la unión con Jesús, bajo la guía de María. La forma y
práctica de esta devoción pueden variar según los tiempos, lugares e inclinaciones personales. En las fronteras de
la doctrina sana y segura, de la ortodoxia y de la dignidad del culto, la Iglesia deja a sus hijos un adecuado margen
de libertad. Tiene, además, conciencia de que la verdadera y perfecta devoción a la santísima Virgen no está
vinculada a esas modalidades, de manera que ninguna de ellas puede reivindicar el monopolio.
Inspirado por estas palabras y tomándome la libertad que el Papa nos concede, ofrezco la siguiente oración
actualizada de consagración cuyo objetivo es captar lo esencial de lo que hemos aprendido durante nuestro retiro.
Ahora bien, si no concuerda con tu inclinación personal, no te preocupes. Siempre te puedes tomar la libertad de
escribir tu propia oración o aprovecharte de una escrita por los santos. En cualquier caso, he aquí un resumen de
lo que hemos aprendido, una declaración que, a la vez, es una oración del corazón:
Yo, ______________, pecador arrepentido, renuevo y ratifico hoy en tus manos, oh Madre Inmaculada, las
promesas de mi bautismo. Renuncio a Satanás y decido seguir a Jesucristo aún más de cerca que nunca.
María te doy mi corazón. Enciéndelo, por favor, con el amor por Jesús. Hazlo siempre atento a su ardiente
sed de amor y de almas. Guarda mi corazón en tu Corazón Purísimo para que yo pueda amar a Jesús y a los
miembros de su Cuerpo con tu mismo amor perfecto.
María, me entrego totalmente a ti: mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores e incluso el valor
de todas mis buenas acciones. Haz de mí, por favor, de todo lo que soy y tengo, lo que más te agrade. Permíteme
ser un instrumento digno en tus manos inmaculadas y misericordiosas para rendirle el mayor homenaje posible a
Dios. Si me caigo, por favor dirígeme nuevamente a Jesús. Lávame en la sangre y el agua que brotan de su costado
traspasado y ayúdame a no perder nunca la confianza en esta fuente de amor y misericordia.
Contigo, oh Madre Inmaculada ̶ tú que siempre haces la voluntad de Dios ̶ me uno a la consagración
perfecta de Jesús mientras se ofrece en el Espíritu al Padre por la vida del mundo. Amén.
Mañana, tú te consagrarás (o renovarás tu consagración) a Jesús por medio de María. ¡Y qué
bendición! Sin embargo, para hacerlo necesitarás una oración de consagración. Ya sea que utilices la que
acabo de presentarte o una que tú mismo compongas, te recomiendo que medites hoy sobre su
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
significado. Tal meditación sobre la oración de consagración es una preparación perfecta para el Día de
Consagración.
Por cierto, quizás quieras continuar leyendo hasta la primera sección de la lectura para mañana,
titulada “Antes de la Consagración”.
DIA DE CONSAGRACIÓN
Un nuevo amanecer glorioso
Antes de la consagración
¡Felicidades! Has llegado al Día de Consagración. Ahora prepárate para un nuevo amanecer
glorioso en tu vida espiritual. Claro que ya estás listo. Te has preparado fielmente para este momento
durante los últimos 33 días. Tengo tres recomendaciones para tu preparación final: (1) Haz una buena
confesión ̶ pero si no tienes tiempo para hacerlo antes de la consagración, dile al Señor con el corazón
cuánto lamentas tus pecados y toma la decisión de confesarte cuanto antes. (2) Escribe o imprime la
oración de consagración para firmarla después de recitarla. (3) Consigue una medalla milagrosa para
llevarla alrededor del cuello como signo de tu consagración ̶ o al menos, llevarla en tu bolsa o cartera.
(Puedes ver la explicación de la medalla milagrosa en el Apéndice). Repito, éstas son recomen- daciones.
No son esenciales para la consagración.
Oración de consagración
Bien, ya estás listo para consagrarte. Ahora necesitarás la oración correcta. Puedes usar la que
está más abajo, u otra que realizaremos toda la diócesis de Getafe en la Vigilia de la Inmaculada. Sea
cual sea la oración, te recomiendo que la recites después de asistir a Misa o incluso después de recibir
la Sagrada Comunión. Si no puedes asistir a Misa, aun así puedes consagrarte, Después de recitar la
oración de consagración, sugiero que la firmes, la feches y la guardes en un lugar seguro.
Yo, ______________, pecador arrepentido, renuevo y ratifico hoy en tus manos, oh Madre
Inmaculada, las promesas de mi bautismo. Renuncio a Satanás y decido seguir a Jesucristo aún más de
cerca que nunca.
María te doy mi corazón. Enciéndelo, por favor, con el amor por Jesús. Hazlo siempre atento a su
ardiente sed de amor y de almas. Guarda mi corazón en tu Corazón Purísimo para que yo pueda amar a
Jesús y a los miembros de su Cuerpo con tu mismo amor perfecto.
María, me entrego totalmente a ti: mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores e incluso
el valor de todas mis buenas acciones. Haz de mí, por favor, de todo lo que soy y tengo, lo que más te
agrade. Permíteme ser un instrumento digno en tus manos inmaculadas y misericordiosas para rendirle
el mayor homenaje posible a Dios. Si me caigo, por favor dirígeme nuevamente a Jesús. Lávame en la
sangre y el agua que brotan de su costado traspasado y ayúdame a no perder nunca la confianza en esta
fuente de amor y misericordia.
Contigo, oh Madre Inmaculada tú que siempre haces la voluntad de Dios, me uno a la consagración
perfecta de Jesús mientras se ofrece en el Espíritu al Padre por la vida del mundo. Amén.
Después de la consagración
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
¡Mucha gracia y un nuevo amanecer glorioso! Pero así como el amanecer se convierte en día, quizás
empecemos a preguntarnos ¿cómo debemos vivir nuestra consagración? ¿La hacemos una vez para luego
olvidarnos de ella? No. Los siguientes tres puntos nos ayudarán a vivirla al máximo: renovación, actitud y
devoción.
RENOVACIÓN
San Luis María de Montfort recomienda que renovemos nuestra consagración al menos una vez
al año el mismo día, aunque nos anima a renovarla con más frecuencia. El Papa Juan Pablo II renovaba
su consagración a María cada día. Para la renovación diaria, podemos utilizar la misma fórmula completa
que recitamos en el Día de Consagración o una versión abreviada como ésta:
María, Madre mía, me entrego por completo a ti como tu posesión y propiedad. Haz de mí, por
favor, de todo lo que soy y tengo, lo que más te agrade. Permíteme ser un instrumento digno en tus manos
inmaculadas y misericordiosas para ofrecer la máxima gloria posible a Dios.
ACTITUD
¿Cómo debemos vivir nuestra consagración? ¿Qué tipo de “actitud mariana” debemos tener? Es
difícil explicarlo en detalle y varía de persona a persona. Incluso nuestros cuatro santos lo explican de
distintas maneras. Aun así, comparten los elementos esenciales.
San Luis María de Montfort dice que no es suficiente entregarnos a María sólo una vez y después
simplemente seguir nuestro camino. Cree que necesitamos entrar en el espíritu de la consagración, el
cual requiere una dependencia interior de María. En otras palabras, explica que debemos hacer todo “con
María, en María, por María y para María” a fin de hacer todo más perfectamente con Jesús, en Jesús, por
y para Jesús. De Montfort se centra en la frase “con María” describiéndola con el lenguaje que San
Maximiliano Kolbe adoptaría más tarde:
La práctica esencial de esta devoción consiste en obrar en todo con María. ...Tienes que acudir a
la Santísima Virgen y unirte a sus intenciones. ...es decir, entrar en sintonía con su voluntad y en armonía
con sus disposiciones, para que Ella obre en ti y haga de ti lo que mejor le parezca, para mayor gloria de
su Hijo Jesucristo y del Padre del cielo. No hay, pues, vida interior ni acción espiritual posibles que no
dependan de Ella. ”
Aunque Kolbe describe su consagración a María de una manera similar a esta cita (“entrar en
sintonía con su voluntad y en armonía con sus disposiciones”), cree que “no existe una fórmula fija” para
vivir la consagración. Cree que María misma necesita enseñarnos lo que significa: “Yo tampoco sé en
teoría, ni mucho menos en la práctica, cómo hay que servir a la Inmaculada…. Sólo Ella debe instruir a
cada uno de nosotros en cada instante, debe conducirnos”. Para recibir las instrucciones de María,
necesitamos acudir a Ella mediante “la oración humilde” y reflexionar sobre “la amorosa experiencia” de
su intercesión en nuestras vidas diarias. En resumen, para Kolbe, aprendemos la actitud de consagración
“dependiendo de su poderosa intercesión, sintiendo su atención tierna, hablándole con el corazón,
permitiendo que nos guíe, recurriendo a Ella para todo y confiando completamente en Ella”.
También diría Kolbe que nuestra consagración a María debería darnos un espíritu apostólico que busque
inspirar a otros a consagrarse. Pues, como aprendimos antes, la consagración mariana es la vía más
rápida, fácil y segura hacia la santidad no sólo para ti y para mí, sino para todos, y por lo tanto, es la
manera más eficaz de llevar a todo el mundo a Dios en Cristo.
Para Santa Teresa de Calcuta, vivir la consagración mariana es esencialmente una actitud del
corazón. Más concretamente, es vivir con y en el Inmaculado Corazón de María. Esta actitud está descrita
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
El Papa Juan Pablo II encuentra el núcleo de cómo debemos vivir nuestra entrega a María en las
palabras del Evangelio de Juan: “Y desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa” (Jn.19:27). En
otras palabras, entiende la actitud de entrega en términos de invitar a María a entrar en todo lo que
constituye la vida interior de una persona. Como el “Papa del Sufrimiento”, también pone un énfasis “
corredentor” en su teología de la entrega mariana. Lo hace cuando señala que aquella que más estuvo
unida a Cristo en la consagración de sí mismo en la Cruz para la redención nos ayuda a unirnos a esa
misma consagración. En otras palabras, María nos ayuda a ofrecer en sacrificio nuestras propias cruces;
nos recuerda no malgastar nuestros sufrimientos; y nos da el coraje para ser “corredentores” con Cristo
(ver Col. 1:24) ̶ por supuesto, de una forma subordinada y unida a Cristo.
Lo que vemos en todos estos santos, de cualquier manera que lo expresen, es que debemos
acercarnos a María, depender de Ella con amor, hablarle de corazón, tener confianza en su poderosa
intercesión y compartir con Ella nuestras alegrías, penas y sufrimientos. Dicho esto, la consagración a
María no es algo basado en sentimientos ni en una atención constante a María, por más bella que sea tal
atención. Según San Maximiliano Kolbe, la actitud apropiada de los consagrados a María no procede tanto
de la razón o de las emociones, como de la voluntad:
“No es necesario en absoluto que en aquel preciso momento la Inmaculada nos venga a la mente,
porque la esencia de la unión con Ella no consiste en el pensamiento, en la memoria, en el sentimiento,
sino en la voluntad.”
“Vuelvo a repetir: nosotros le pertenecemos a Ella aunque no repitamos siempre esa entrega
concreta, porque estamos consagrados a Ella y nunca nos hemos retractado de nuestra consagración.”
“Aunque no lo pensemos… Ella dirige cada uno de nuestros actos y predispone todas las
circunstancias, repara nuestras caídas y nos conduce amorosamente hacia el cielo, y por medio de
nosotros se complace en sembrar buenos pensamientos, afectos, ejemplos, en salvar las almas y llevarlas
de nuevo al buen Jesús.”
Así, mientras San Luis María de Montfort dice, “Debes acudir siempre a nuestro Señor por medio
de María”, Kolbe nos enseña que este acudir por medio de Ella no siempre tiene que ser un acto
consciente. Seguramente diría que es algo bueno acudir expresamente a María, pero no es necesario
hacerlo cada vez que acudamos a Jesús. Cree que una vez que nos consagramos a María y desarrollamos
una dependencia habitual de Ella, ciertamente acudimos siempre a Jesús con Ella, aun si no estamos
pensándolo. Un ejemplo nos ayudará a comprender esto: Digamos que un marido ama a su esposa y tiene
que ir en un viaje de negocios, lejos de casa. Mientras viaja, se reúne con clientes y completa los informes,
su esposa permanece con él en el corazón, aun si no está pensando específicamente en ella. Así es
cuando María está en nuestros corazones.
Cuando estamos consagrados por completo a María, cuando hemos desarrollado una relación de
dependencia inocente de su atención maternal, siempre está con nosotros cuando rezamos, así como
Jesús siempre está con nosotros cuando rezamos a Dios Padre. Por ejemplo, esto último es así incluso
cuando no recurrimos a Jesús al decir: “Padre Nuestro”. Aquí, la idea principal de Kolbe es que el Padre,
el Hijo y María, que está siempre unida al Espíritu Santo (aun permaneciendo como criatura) no hacen
vida aparte. Al contrario, Jesús, María y el Espíritu Santo siempre están unidos en un solo movimiento “
ascendente” hacia el Padre, y siempre que recurrimos a uno de ellos, nos unimos a todos ellos en su solo
Preparación para la Consagración al Corazón Inmaculado de María
movimiento ascendente. En otras palabras, no están en competencia; no se quitan nada los unos a los
otros. Más bien, forman una unidad y trabajan como un equipo ̶ aunque con papeles diferentes ̶ para
llevar todo de regreso al Padre.
Antes de concluir, me gustaría enfatizar algo importante: aunque es verdad que los efectos de la
consagración mariana se mantienen incluso cuando no pensamos en María, vivir la consagración requiere
cierto esfuerzo. Después de todo, las relaciones cercanas requieren de comunicación y trabajo, y esto
definitivamente se aplica a nuestra relación con María. La parte de “comunicación” se refiere al desarrollo
de una dependencia cariñosa de Ella y de un acudir a Ella con la oración, lo cual ya aprendimos en esta
sección y seguiremos aprendiendo en la próxima. La parte de “trabajo” se refiere a evitar el pecado, el
cual rompe los Corazones de Jesús y María. Quiero aclarar que estar completamente consagrado a María
no significa que ya no vamos a pecar más. No obstante, significa que debemos tener una sincera
resolución de, cuando menos, evitar todo pecado mortal y luchar para crecer en virtud y santidad. Esta es
una parte tan crucial de la consagración mariana que, como probablemente recordarás, de Montfort
comienza su oración de consagración con una renovación de las promesas bautismales de rechazar a
Satanás (al pecado) y de seguir a Jesucristo más de cerca.
En conclusión, si estamos consagrados por completo a María, Ella entonces trabaja en nuestras
vidas, aumenta nuestras buenas obras, y nos cuida a nosotros y a nuestros seres queridos incluso cuando
no recurrimos a Ella. Además, con el Espíritu Santo, nos conduce a Jesús sin examinar si estamos
pensando en Ella o no. Así es el poder de su maternidad. ¡Así es el poder de la consagración mariana!
Dada la grandeza de este regalo, debemos esforzarnos más todavía para unirnos a María e intentar hacer
todo a través de Ella, con Ella y en Ella. Al menos por agradecimiento, debemos tratar de tener una actitud
de atención y dependencia hacia Ella. Sin embargo, aquí tiene que ponerse en juego algo más que el solo
tratar de agradecer a María. Cuanto más pertenezcamos a Ella, más podrá ella valerse de nosotros para
cumplir la voluntad perfecta de Dios. Ciertamente, cuanto más nos unamos a María, más podrá ayudarnos
a entrar a la más profunda intimidad con Jesús que sea posible. Es un misterio que Ella misma nos
enseñará, una lección derivada más de la experiencia de su tierna atención que del estudio de los libros.
DEVOCIÓN
Para los que estamos consagrados a Jesús por medio de María, una gran parte de la realidad de
nuestra vida y de nuestro mundo es nuestra consagración, nuestra pertenencia a Dios a través de la
Madre de Dios. Por lo tanto, debido a que afirmamos esto en ocasiones especiales como las fiestas
marianas, debemos “celebrar por un motivo especial y de un modo no cotidiano” nuestra alegría de
pertenecer a María y vivirla de manera excepcional. En verdad debemos celebrar las fiestas marianas
como ocasiones para expresar nuestra alegría de pertenecer a Dios por medio de Ella.