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EL NUEVO REGIMEN

CONSTITUCIONAL DEL
JUICIO DE AMPARO Y
LOS DERECHOS
HUMANOS

A LA LUZ DE LA REFORMA
CONSTITUCIONAL DEL 2011
Y CON BASE EN LA NUEVA
LEY DE AMPARO

FRANCISCO ANTONIO LEMBO ROSALES


ÍNDICE

Conceptos generales
Concepto de Derecho
El Derecho y el Régimen Constitucional
Derechos, Deberes y Seguridades Constitucionales
Derechos Civiles y Políticos
Limitaciones al ejercicio de los derechos individuales
Generales
Específicos

Antecedentes históricos del juicio de amparo


Antecedentes Generales
Grecia
Roma
Edad Media
Colonias Inglesas en América
Antecedentes en México
Etapa Colonial
Etapa del México Independiente

Derechos individuales
Concepto
Elementos
Fuente de los derechos Individuales
Sujeto de los derechos individuales
Activo
Pasivo
Objeto
Clasificación
Derechos sociales
Concepto
Elementos
Fuentes de los derechos Sociales
Artículos Constitucionales que los contemplan
Artículo 1°
Artículo 2°
Artículo 12
Artículo 13

Derechos de libertad
Concepto
Elementos
Fuentes de los derechos de libertad
Artículos Constitucionales que los contemplan
Artículo 5
Artículo 6
Artículo 7
Artículo 8
Artículo 9
Artículo 10
Artículo 11
Artículo 24
Artículo 28

Derechos de seguridad jurídica


Concepto
Elementos
Fuentes de los derechos de Seguridad Jurídica
Artículos Constitucionales que los contemplan
Artículo 14
Artículo 15
Suspensión de derechos individuales y garantías
Concepto
Tipos de suspensión
Total
Parcial
Derechos susceptibles de Suspensión
Sujetos de suspensión

Conceptos generales de control constitucional


Control Constitucional
Control Legal
Sistemas de Control Constitucional
Por órgano Neutro
Por órgano Mixto
Diferencia entre los tipos de órganos judiciales
Concepto Genérico del Juicio de Amparo
Concepto de Autoridad
Ley Reguladora

Principios fundamentales del juicio de amparo


Principio de Instancia de parte
Principio de existencia de agravio
Concepto de agravio
Elementos
Estimación
Sanción
Principio de prosecución Judicial
Principio de relatividad
Principio de definitividad
Figuras procesales en el juicio de amparo
Términos pre judiciales
Notificaciones
Amparo Directo
Amparo Indirecto
Incidentes
Impedimentos
Sobreseimiento
Jurisprudencia

Amparo indirecto
Concepto
Elementos
Procedimiento
Demanda
Auto inicial en el juicio de amparo indirecto
Informe Justificado
Intervención del Ministerio Público
Tercero perjudicado
Audiencia Constitucional
Sentencia

Amparo directo
Concepto
Elementos
Procedimiento
Demanda
Auto inicial en el juicio de amparo indirecto
Informe Justificado
Intervención del Ministerio Público
Tercero perjudicado
Audiencia Constitucional
Sentencia
Amparo directo ante la Suprema Corte de Justicia
Materia penal
Materia Administrativa
Materia Civil
Materia Laboral
Amparo directo Ante los Tribunales Colegiados de Circuito
Materia penal
Materia Administrativa
Materia Civil
Materia Laboral

Suspensión del acto reclamado


Suspensión de oficio y a petición de parte
Incidente de suspensión
Revocación del acto reclamado
Modificación del acto reclamado.
INTRODUCCIÓN.

El principio fundamental sobre el que descansa nuestro régimen


constitucional, es la supremacía de la Constitución. La norma suprema no es
un acto, sino un principio límite, es decir, una norma sobre la que no existe
ningún precepto de superior categoría, la base de todo orden jurídico.

Esta norma suprema es la Constitución Política de un país, la cual se


encuentra en el vértice o cúspide de la pirámide jurídica y a partir de ella
surge la jerarquización de las normas. La supremacía Constitucional
consiste en que nada puede estar por encima de ella, refiriéndose a
personas o autoridades y nadie, refiriéndose a ordenamientos jurídicos.
Jerárquicamente se establece su prioridad jurídica frente a los demás
ordenamientos legislativos, ya que como producto originario de la soberanía
del pueblo es la expresión misma de dicha voluntad popular.

Así es como la supremacía de la Constitución, se ha dicho, responde


no sólo a que ésta es la expresión de la soberanía, sino también a que por
serlo está por encima de todas las leyes y de todas las autoridades.

La Carta Magna es la ley que rige las leyes y que autoriza a las
autoridades a realizar su actividad. Para los gobernados, la ciudadanía lo
que llamamos más comúnmente: “el pueblo”, aplica el aforismo que reza:” lo
que no está prohibido está permitido”, este es el espíritu de las garantías
individuales, llamadas más correctamente: derechos subjetivos públicos; sin
embargo para las autoridades del gobierno, que es el elemento de poder del
Estado, la formula aplica a contario sensu, es decir: “lo que no les está
permitido les está vedado o prohibido”.
Diremos que la norma constitucional tiene la calidad de suprema, por
ser emanación de la más alta fuente de autoridad, la voluntad del pueblo
mexicano y por ello denota el primer lugar en la jerarquía de normas y es la
fuente de todas garantías constitucionales que gozamos los mexicanos, hoy
llamadas más recientemente por la norma suprema: derechos humanos y
sus garantías, para ajustarla al marco constitucional más internacionalizado
de la actualidad.

El juicio de amparo es un medio procesal constitucional del


ordenamiento jurídico mexicano que tiene por objeto específico hacer reales,
eficaces y prácticos los derechos humanos establecidos en la Constitución,
buscando proteger de los actos de todas las autoridades sin distinción de
rango, inclusive las más elevadas, cuando violen dichos derechos. Está
regulado por los artículos 103 y 107 de la Constitución Federal y la Ley de
Amparo. Se basa en la idea de limitación del poder de las autoridades
gubernamentales, la cual jurídica y lógicamente resulta de la decisión de la
soberanía que en los primeros artículos de la Constitución garantiza los
derechos fundamentales. Tan sólo los actos emitidos por la Suprema Corte
de Justicia y así como actos relacionados con materia electoral quedan fuera
de su acción.

Ahora bien el juicio de amparo es un juicio impugnativo autónomo,[] es


decir, no consiste en un recurso o apelación que meramente constituya otra
instancia, sino que implica iniciar un proceso completamente nuevo; no es
parte del mismo juicio, sino que es otro juicio.

Es un juicio de constitucionalidad, es decir, no obstante que se trata de un


juicio, el juzgador no se limita a ver si existieron violaciones constitucionales,
sino que puede incluso dejarlas insubsistentes, siempre que se demuestre
que nadie resultó afectado en sus derechos fundamentales. Asimismo,
puede exigir la suspensión de un acto que, no obstante ser constitucional,
viole las garantías individuales. En otras palabras, no se ocupa de cualquier
violación a la Constitución, sino de aquellas cuyo resultado es el menoscabo
de un derecho humano o garantía constitucional, que resulta en daño
personal y directo a una o varias personas concretas.
La reciente reforma constitucional al juicio de amparo, sin duda alguna,
establece un cambio en la cultura jurídica mexicana sin precedente, pues no
sólo renueva aspectos estructurales indispensables en la eficacia procesal
de este instrumento de tutela, sino que ponen al sistema jurídico mexicano
en la vanguardia y sintonía internacional, en lo relativo a la salvaguarda de
los Derechos Humanos. Hay puntos que resultan ser los más sustanciales
para la estructura constitucional del país, y que conllevan en sí, un cambio
material e integral de la Constitución.

Los derechos humanos previstos en la Constitución y en los tratados


internacionales serán objeto de protección directa. Se evidencia la
supremacía de los tratados internacionales en materia de Derechos
Humanos, ya que, como consecuencia de la reforma, la autoridad no sólo
estará obligada a respetar los Derechos Humanos garantizados en el texto
constitucional, sino también aquellos que se encuentren reconocidos por
estos tratados. El resultado de este bloque de constitucionalidad, es la
ampliación de la esfera de protección de las personas, poseyendo un
espacio lo suficientemente dúctil, grande y efectivo, para hacer valer
cualquier posible violación de Derechos Humanos.
CONCEPTOS
GENERALES
MAPA CONCEPTUAL

CONCEPTO DE
DERECHO

DERECHOS,
DEBERES Y EL DERECHO Y EL
SEGURIDADES RÉGIMEN
CONSTITUCIONALES CONSTITUCIONAL

CONCEPTOS
GENERALES

LIMITACIONES AL
EJERCICIO DE LOS DERECHOS CIVILES Y
DERECHOS POLÍTICOS
INDIVIDUALES

CONCEPTO DE DERECHO.
La palabra derecho deriva de la voz latina "directum", que significa "lo
que está conforme a la regla, a la ley, a la norma", o como expresa Villoro
Toranzo, "lo que no se desvía ni a un lado ni otro."

La expresión "directum" aparece, en la Edad Media para definir al


derecho con connotaciones morales o religiosas, el derecho "conforme a la
recta razón". Esto es así si tenemos en cuenta frases como "non omne quod
licet honestum est" (no todo lo que es lícito es honesto, en palabras del
jurista romano Paulo), que indica el distanciamiento de las exigencias del
derecho respecto a la moral.

Esta palabra surge por la influencia estoico-cristiana tras la época del


secularizado derecho de la época romana y es el germen y raíz gramatical
de la palabra "derecho" en los sistemas actuales: diritto, en italiano; direito,
en portugués; dreptu, en rumano; droit, en francés; a su vez, right, en
inglés; recht en alemán y en neerlandés, donde han conservado su
significación primigenia de "recto" o "rectitud."

La separación posterior del binomio "ius" "directum" no pretende estimar


que la palabra "ius" se halle exenta de connotaciones religiosas: téngase en
cuenta que en la época romana temprana, los aplicadores del derecho
fueron, prácticamente de forma exclusiva, los pontífices.

Aunque la definición del término "ius" y su origen aún no esté clara,


estudios actuales de Giambattista Vico, relacionan muy inteligentemente y
casi sin lugar a dudas la procedencia de este término de "Iupiter" (Júpiter),
principal Dios del panteón romano, representativo de las ideas de poder y
justicia.
Desde el punto de vista objetivo, dícese del conjunto
de leyes, reglamentos y demás resoluciones, de carácter permanente y
obligatorio, creadas por el Estado para la conservación del orden social. Esto
es, teniendo en cuenta la validez; es decir que si se ha llevado a cabo el
procedimiento adecuado para su creación, independientemente de su
eficacia (si es acatada o no) y de su ideal axiológico (si busca concretar un
valor como la justicia, paz, orden, etc).

El Derecho objetivo puede responder a distintas significaciones:

 El conjunto de reglas que rigen la convivencia de los hombres en


sociedad.
 Norma o conjunto de normas que por una parte otorgan derechos o
facultades y por la otra, correlativamente, establecen o imponen
obligaciones.
 Conjunto de normas que regulan la conducta de los hombres, con el
objeto de establecer un ordenamiento justo de convivencia humana.

El Derecho subjetivo se puede decir que es:

 La facultad que tiene un sujeto para ejecutar determinada conducta o


abstenerse de ella, o para exigir de otro sujeto el cumplimiento de su
deber.
 La facultad, la potestad o autorización que conforme a la norma jurídica
tiene un sujeto frente a otro u otros sujetos, ya sea para desarrollar su
propia actividad o determinar la de aquellos.

Del Derecho se ha dicho que es un conjunto de normas jurídicas que


forman un sistema hermético al punto que las soluciones hay que buscarlas
en las propias normas, criterio válido durante mucho tiempo y que, por lo
demás, hay cierta cuota de certeza que ofrece seguridad jurídica a las
relaciones sociales que se desarrollan en ese lugar
En principio, digamos que es un conjunto de normas de carácter general,
que se dictan para regir sobre toda la sociedad o sectores preestablecidos
por las necesidades de la regulación social, que se imponen de forma
obligatoria a los destinatarios, y cuyo incumplimiento debe acarrear una
sanción coactiva o la respuesta del Estado a tales acciones. Estas normas
no son resultado solamente de elementos racionales, sino que en la
formación de las mismas inciden otros elementos, tales como intereses
políticos y socioeconómicos, de valores y exigencias sociales
predominantes, en tanto condicionan una determinada voluntad política y
jurídica, que en tanto se haga dominante se hace valer a través de las
normas de Derecho. A su vez esas normas expresan esos valores,
conceptos y exigencias, y contendrán los mecanismos para propiciar la
realización de los mismos a través de las conductas permitidas, prohibidas o
exigidas en las diferentes esferas de la vida social.

La diversidad social y de esferas en que metodológica y jurídicamente se


pueden agrupar, es consecuencia del nivel de desarrollo no sólo de las
relaciones, sino también de la normativa y de las exigencias de progreso de
las mismas, pero aún con esta multiplicidad de normativas existentes, el
Derecho ha de ser considerado como un todo, como un conjunto armónico.
Esa armonía interna puede producirse por la existencia de la voluntad
política y jurídica que en ellas subyace.

En sociedades plurales la armonía de la voluntad política depende de la


coincidencia de intereses de los grupos político partidistas predominantes en
el legislativo y en el ejecutivo, así como de la continuidad de los mismos en
el tiempo. Cambios también se pueden producir con las variaciones de los
intereses socioeconómicos y políticos predominantes, al variar la
composición parlamentaria o del gobierno. Asimismo, en
sociedades monopartidistas y con presupuesto de la unidad sobre la base
de la heterogeneidad social existente, la armonía de la voluntad normativa
es mucho más factible si bien menos democrática, lo que no quiere decir que
se logre permanentemente; la base de la armonía radica en los intereses
únicos del partido.

Doctrinalmente se defiende la existencia de unidad y coherencia; pero lo


cierto es que en la práctica lo anterior es absolutamente imposible en su
aspecto formal, aún a pesar de los intereses y valores en juego, por cuanto
las disposiciones normativas se promulgan en distintos momentos históricos,
por órganos del Estado diferentes, e incluso dominados éstos por mayorías
políticas o con expresiones de voluntades políticas muy disímiles.

Igualmente no siempre hay un programa pre elaborado para actuación


normativa del Estado (programas legislativos), sino que la promulgación de
una u otra disposición depende de las necesidades o imposiciones del
momento. En tales situaciones se regulan relaciones sociales de una forma,
con cierto reconocimiento de derechos e imposiciones de deberes, con
determinadas limitaciones, se establecen mandatos de ineludible
cumplimiento; y estas disposiciones pueden ser cuestionadas por otros
órganos del Estado, derogadas por los superiores, o modificadas por los
mismos productores meses o años después. Es decir, en el plano formal,
haciendo un análisis de la existencia de una diversidad de disposiciones, si
encontraremos disposiciones que regulan de manera diferente ciertas
instituciones, o las prohíben, o las admiten, o introducen variaciones en su
regulación, o que también en el proceso de modificación o derogación, se
producen vacíos o lagunas, es decir, esferas o situaciones desreguladas.

En el orden fáctico, y usando argumentos de la teoría política, las bases


para la armonía las ofrece, ciertamente, la existencia de una voluntad
política predominante, y de ciertos y determinados intereses políticos en
juego que desean hacerse prevalecer como ya antes expusimos. Y desde el
punto de vista jurídico-formal, la existencia de un conjunto de principios que
en el orden técnico jurídico hacen que unas disposiciones se subordinen a
otras, que la producción normativa de un órgano prime sobre la de otros, que
unas posteriores puedan dejar sin vigor a otras anteriores, como resulta de
los principios de jerarquía normativa no por el rango formal de la norma, sino
por la jerarquía del órgano del aparato estatal que ha sido facultado para
dictarla o que la ha dictado; de prevalencia de la norma especial sobre la
general; que permita que puedan existir leyes generales y a su lado leyes
específicas para ciertas circunstancias o instituciones y que permitan
regularla de forma diferenciada, y aún así ambas tengan valor jurídico y
fuerza obligatoria.; o el principio de derogación de la norma anterior por la
posterior, por sólo citar algunos ejemplos.

La palabra "Derecho" se utiliza indistintamente para nombrar a la


disciplina y su objeto de estudio. De este modo, la pronunciación del nombre
de la disciplina es el mismo que el de su objeto de estudio. Sin embargo, se
estila distinguir en el uso escrito, mediante el uso de
la mayúscula o minúscula la acepción del vocablo a que se hace referencia.

Así, "Derecho" dice relación con la ciencia del derecho o un determinado


cuerpo de normas, por ejemplo, Derecho Civil, Derecho Penal, Derecho
Internacional, etc.

En cambio, "derecho" se utiliza en su acepción como derecho subjetivo,


es decir, como la facultad que ha otorgado el ordenamiento jurídico a un
sujeto (por ejemplo, derecho a la nacionalidad, derecho a la salud, derecho a
demandar, derecho a manifestarse libre y pacíficamente, etc.)

Tradicionalmente, el Derecho se ha dividido en las categorías


de Derecho público y de Derecho privado. No obstante, esta división ha sido
ampliamente criticada y en la actualidad no tiene tanta fuerza, ante la
aparición de parcelas del ordenamiento jurídico en las que las diferencias
entre lo público y lo privado no son tan evidentes. Uno de los exponentes de
esta situación es el Derecho laboral, en el que la relación privada
entre trabajador y empleador se halla fuertemente intervenida por una
normativa pública.

EL DERECHO Y EL RÉGIMEN CONSTITUCIONAL.

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos vigente en la


actualidad, denomina al Capítulo Primero del Título Segundo: “De la
Soberanía Nacional y de la Forma de Gobierno”, y establece en el artículo
40: “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República
representativa, democrática, federal, compuesta de estados libres y
soberanos en todo lo concerniente a su régimen interior; pero unidos en una
Federación establecida según los principios de esta ley fundamental”.

Sin embargo aunque la Constitución denomina a este título “De la


soberanía nacional y de la forma de gobierno” la primera parte de esta
disposición, en realidad, determina las características del Estado mexicano a
través de cuatro, conceptos: república, representación, democracia y
Federación.

De los cuatro, el concepto vertebral es el de república; los siguientes


nos van a decir únicamente cuáles son sus características, es decir qué tipo
de república es México. Existe una estrecha interrelación entre república,
representación y democracia ya que, como en seguida veremos, la esencia
de los tres es la voluntad popular. Entonces, al afirmar el Constituyente de
1917 que México es una República, Se infiere que el pueblo renueva
periódicamente al titular del Poder Ejecutivo y que esta renovación es hecha
por elección popular. La primera característica de la República mexicana
radica en ser representativa; es decir, se refiere que el pueblo puede ejercer
la soberanía a través de dos grandes formas: la directa y la indirecta o
representativa. En la primera, el pueblo reunido en asamblea toma por sí
mismo las decisiones estatales, pueblo y gobierno son la misma cosa. Sin
embargo, la complejidad de la vida contemporánea, los estados nacionales
ampliamente poblados y lo especializado de la función pública hacen
prácticamente imposible que puedan reunirse todos los ciudadanos de un
país para decidir directamente sobre los asuntos públicos; en consecuencia,
las decisiones sobre la vida estatal son tomadas mediante el sistema
indirecto o representativo; éste consiste en la participación de los
ciudadanos en los asuntos públicos, pero por medio de sus representantes.

Al establecer la Constitución que México es una república


representativa, significa que el pueblo va a nombrar, a través de los
instrumentos político-electorales establecidos, a un grupo de personas que
serán sus representantes, que tomarán por él las decisiones estatales, que
en su nombre crearán normas jurídicas, que lo «representarán» en la gestión
pública; es decir, que mediante el fenómeno de la representación lo harán
“presente» al momento de formar la voluntad estatal.

En cuanto a la segunda característica de nuestra República, nuestra


Constitución determina que, además de representativa, sea democrática. La
democracia se forma del griego, demos, ‘pueblo’ y kratein, ‘gobernar’, lo que
significa, una forma de gobierno por mediante la cual el pueblo de un Estado
ejerce su soberanía. Nuestra Constitución consagra este modelo de
democracia occidental. En efecto, en el artículo 3° encontramos lo que el
Constituyente entendió por democracia: “No solamente como una estructura
jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el
constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo“. De esta
definición se desprende que, además de la democracia política, nuestra
Constitución concibe otro tipo de democracia: la democracia social.

Finalmente, nuestra República es también federal. El primer Estado


federal en el mundo surgió en el Constituyente estadounidense de 1787. En
nuestro país, el Acta Constitutiva lo estableció el 31 de enero de 1821 y la
Constitución de octubre del mismo año lo estableció en forma definitiva.
Salvo la desastrosa aventura de: 1836 y los dos frustrados intentos
imperiales. México ha sido durante toda su existencia independiente un
Estado federal.
El Estado federal, consiste en la existencia de dos órdenes jurídicos:
el del gobierno de la Federación y el de los estados, ambos subordinados a
la Constitución federal.

El Estado federal mexicano se caracteriza por lo siguiente: la


Constitución general es el, todo jurídico con validez en todo el territorio, es
quien crea a la Federación y a las entidades federativas como dos órdenes
jurídicos subordinados a ella y coordinados entre sí, les otorga atribuciones y
les fija límites a las mismas. En este orden de ideas, es importante hacer
notar que jurídicamente no existe jerarquía entre el gobierno de la
Federación y los de las entidades federativas. Que de acuerdo al carácter
estricto del sistema de distribución de competencias, establecido en la regla
general del artículo 121, cada órgano es competente en las materias que le
son propias; en el caso mexicano, las que no le son otorgadas
expresamente a la Federación se entienden reservadas a las entidades
federativas. Además, el Estado federal mexicano cuenta con órganos
propios: es decir, que no son ni de la Federación ni de las entidades
federativas: El Poder Revisor de la Constitución o Constituyente permanente
(previsto por el artículo 135 constitucional) y el órgano de Control de la
Constitucionalidad de Leyes y Actos (que, en nuestro país, corresponde al
Poder Judicial Federal) mediante el Juicio de Amparo.

Por otro lado, como la Federación cuenta con su ámbito de


competencia expresamente otorgado por la Constitución, está dotada de
órganos propios diferentes a los de las entidades federativas. (Los poderes
Legislativo, Ejecutivo y Judicial, en los términos del artículo 49
constitucional). Otra característica del Estado federal mexicano es que las
entidades federativas gozan de autonomía constitucional:

El supremo poder de la federación mexicana, se divide, para su


ejercicio, en Legislativo, Ejecutivo y Judicial según el artículo 49 de la
Constitución. Dicha estructura implica, en consecuencia, que estos tres
poderes se equilibren entre sí, limitándose unos a otros en tal forma, que se
evita el desarrollo excesivo de uno de ellos en detrimento y perjuicio de la
colectividad.

El poder legislativo lo constituyen los representantes de la ciudadanía


y es el llamado a formular las leyes que rigen la República Mexicana. Según
el artículo 50 de la Constitución, el poder legislativo lo forma un Congreso
General que a su vez se divide en dos cámaras: una de diputados y otra de
senadores.

Ambas cámaras tienen el mismo poder, puesto que representan al


pueblo de México por igual. La Cámara de Diputados está formada por
representantes de la nación y la integran 300 diputados electos, según el
principio de votación por mayoría relativa, mediante el sistema de distritos
electorales uninominales, y hasta 200 diputados, que serán elegidos según
el principio de representación proporcional a través del sistema de listas
regionales, votadas en circunscripciones plurinominales.

El Senado se compone de cuatros miembros por cada estado y el


Distrito Federal; tres de ellos son elegidos según el principio de votación
mayoría relativa y uno será asignado a la primera minoría. La cámara de
senadores se renueva en su totalidad cada seis años, por medio de elección
directa.

El poder judicial descansa en la Suprema Corte de Justicia, en


tribunales colegiados de circuito, en tribunales unitarios de circuito, en
juzgados de distrito, en el jurado popular federal y en los tribunales del orden
común de los estados, que actúan como auxiliares de los anteriores. El
poder judicial es el encargado de decidir las controversias que se plantean
sobre las responsabilidades públicas o privadas de los individuos. La
imposición de penas es propia y exclusiva de la autoridad judicial.

De acuerdo con el artículo 80 de la Constitución, el poder ejecutivo


federal lo ostenta un solo individuo, denominado, presidente de los Estados
Unidos Mexicanos. Está integrado por dos elementos: el titular del poder o
presidente de la República y el conjunto de órganos que con él colaboran y
le están subordinados (secretarías y departamentos). El presidente de la
República asume una doble misión: una de orden político y otra
administrativa. El carácter político del ejecutivo quiere decir que dispone del
poder del Estado y que el ejercicio de dicho poder constituye el Gobierno. El
carácter administrativo de su cargo viene dado por el hecho de constituirse
como jefe de la Administración pública federal.

La producción del Derecho en este sistema antes descrito es


básicamente estatal y es este otro factor que proporciona coherencia a las
disposiciones normativas vigentes que emanan de la Constitución. No
podemos omitir el hecho de que, lo cierto es, que sólo aceptando que el
Derecho es resultado exclusivo del Estado y de su norma suprema: la
prevalencia de la Constitución respecto a todo el ordenamiento jurídico
dictado por los órganos competentes, la sumisión del Estado a la ley y el
principio de seguridad jurídica ciudadana, serán efectivas.

Como resultado de esta aseveración, las lagunas o vacíos normativos


son un sin sentido y el operador jurídico o el juez han de ser capaces de
encontrar entre las normas la solución del caso que tienen ante sí, han de
precisar dentro del conjunto armónico, del “sistema” y adoptar la única
respuesta posible al caso, como forma de conservar lo más intacta posible la
voluntad predominante.

Y si admitimos que el Derecho no es sólo norma, sino una ciencia, que


en tanto expresión de una voluntad política predominante, tiene funciones
específicas en la sociedad, él ha de garantizar el interés prevaleciente,
permitiendo, mandando o limitando, y a su vez ser cauce de lo que se desea
obtener. La expresión de intereses aporta unidad a la normatividad vigente y
a cuya cabeza como norma suprema se encuentra la Constitución.
Para que una norma pueda ser eficaz, para que se realice, han de
crearse, además, los medios e instituciones constitucionales que propicien la
realización de la disposición, y de los derechos y deberes que de tales
situaciones resulten. Pero la eficacia de una norma no puede exigirse sólo
en el plano normativo, también ha de ser social, material, para que haya
correspondencia entre la norma y el hecho o situación, para que refleje la
situación existente o que desee crearse, manifestándose así la funcionalidad
del Derecho. Como resultado de lo anterior, será posible, entonces, que la
norma obtenga el consenso activo de sus destinatarios, que sea acatada y
respetada conscientemente, sin requerir la presión del aparato coercitivo del
Estado.

Requisito previo de la validez normativa es la publicidad en el sentido


antes expuesto. La publicación de las normas se hace no solo para dar a
conocer el nacimiento de la disposición, el inicio de su vida jurídico formal,
sino también para declarar la posibilidad de su exigencia y obligatoriedad
para el círculo de destinatarios de la normativa. Aún más, si toda disposición
normativa se dicta, por regla general, para que tenga vida indeterminada,
para que sea vigente y por tanto válida a partir de la fecha de su publicación
si ella no establece lo contrario, el acto de la publicación es vital en su
nacimiento y acción posterior.

La validez de una norma de Derecho, entonces, y de la disposición que


la contiene y expresa, es un elemento importante para la eficacia de la
misma, para el logro de su realización en la sociedad, tal y como se previó.
Interesan no sólo la observación de los principios, sino también de ciertas
reglas relativas a su elaboración racional, a la creación de instituciones para
asegurar su cumplimiento, así como la finalidad que con ellas se persigue, a
saber: conservar, modificar, legitimar cambios, así como de la observancia
de principios básicos que rigen en cada ordenamiento jurídico.
Por tanto, las disposiciones normativas, de cualquier rango, han de ser
resultado del análisis previo con el objetivo de conocer los hechos, sus
causas y efectos, regulaciones posibles, sus efectos, para poder determinar
cuál es la forma precisa que ha de exigirse o propiciarse, o de la Institución
jurídica que desea regularse; del cumplimiento de ciertos requisitos formales
en su creación y de la observancia de principios técnicos jurídicos que rigen
en un ordenamiento jurídico determinado e indudablemente que se
desprende de la Constitución.

Han de crearse, además, los medios e instituciones que propicien el


cumplimiento de la disposición constitucional suprema, y de los derechos y
deberes que de tales situaciones resulten, tanto en el orden del
condicionamiento social-material, proveniente del régimen socioeconómico y
político imperante, de los órganos que hacen falta para su aplicación, como
la normativa legal secundaria y necesaria para instrumentar la norma de
Derecho.

También ha de tenerse en forma clara los objetivos o finalidad que se


persiguen con la norma, o lo que es lo mismo, para qué se quiere regular
esa relación, si existen las condiciones antes expuestas para su realización,
y entonces la validez de la norma, será no sólo manifestándose así la
funcionalidad del Derecho, sino que también lo será en el orden formal,
siendo posible, entonces, que la norma obtenga el consenso activo de sus
destinatarios, su aceptación, cumplimiento y hasta su defensa, medios que
en su mayoría proporciona nuestra Constitución como norma máxima.

Nacida la norma de acuerdo al proceso constitucional de creación de


Derecho, se ha de aplicar y de respetar no sólo por los ciudadanos, sino
también por el resto de las instituciones sociales, las autoridades de todo
rango y en particular por los órganos inferiores, los cuales están impedidos
formalmente, gracias a la vigencia del principio de legalidad, de regular
diferente o contrario, de limitar o ampliar las circunstancias en que se ha de
aplicar la normativa anterior, salvo que la propia disposición autorice su
desarrollo.

En consecuencia, la eficacia del Derecho depende no sólo del proceso


de formación, aunque es muy importante, sino que depende también de las
medidas adoptadas para hacer posible la realización de lo dispuesto en la
norma y del respeto que respecto a él exista, principalmente por los órganos
del Estado, y en particular de la Administración a todos los niveles y es la
constitución misma la que abastece a todo el sistema administrativo, jurídico
y coactivo para lograr su cabal cumplimiento.

Por último, para que las normas emitidas por el Estado no sólo sean
cumplidas ante la amenaza latente de sanción ante su vulneración, sino que
se realicen voluntariamente, el creador de las mismas ha de tener siempre
presente que el destinatario general y básico de las normas es el dueño del
poder, que mediante el acto electoral ha otorgado a otros un mandato
constitucional para que actúen a su nombre y, en tanto hacia él van dirigidas
las normas, han de preverse los instrumentos legales, así como las
instituciones y medios materiales que permitan hacer efectivos los derechos
que las disposiciones reconocen jurídicamente y permitan la defensa de los
mismos ante posibles amenazas o vulneraciones que la Administración o
terceras personas puedan provocar. En otras palabras: Necesidad de
garantías para el ejercicio de los derechos y su salvaguarda como vía para
que se realice el Derecho, para garantizar, entre otras las relaciones
bilaterales individuo-Estado, individuo-individuo que se han regulado. Así
entonces salvaguarda del orden, defensa de los derechos y legalidad, irán
de la mano.

DERECHOS, DEBERES Y SEGURIDADES CONSTITUCIONALES.


Los derechos fundamentales y los deberes constitucionales que
dan seguridad constitucional al individuo pueden ser:

a) Civiles, en cuanto atañen al derecho a la vida, a la propia


seguridad personal y jurídica, a la inviolabilidad del domicilio
y a la correspondencia;

b) Económicos, si afectan a la libertad de industria y de


comercio, al derecho de propiedad y a la libertad de elegir y
adquirir profesión;

c) Políticos, al concernir a la participación del individuo en la


política nacional, como la libertad de opinión, de reunión, de
petición, el derecho de elegir y de ser elegido, y el acceso a
las funciones públicas;

d) Sociales, cuando afectan a la libertad de asociarse y de


trabajar, al derecho a un salario justo, a recibir instrucción y
adquirir cultura.

En el ámbito de los derechos constitucionales, se establece la libertad


de locomoción y física mediante la prohibición de las detenciones ilegales e
indebidas; la prohibición de infligir torturas y vejámenes, así como la
prohibición de confiscación de bienes; el carácter obligatorio de ser juzgado
por tribunales competentes y designados con anterioridad al caso, conforme
a ley.

Estos derechos son precauteladas por las instituciones jurídicas


responsables de velar por el amparo constitucional. La interpretación y
conocimiento sobre la Supremacía en el estricto cumplimiento de las normas
constitucionales por parte de gobernantes y gobernados, bajo el principio de
la supremacía legal de la Carta Magna. La Constitución es el ordenamiento
jurídico fundamental que regula la estructura jurídico-política del Estado, al
determinar su régimen y estructura, la forma de Gobierno, los órganos de
poder, sus funciones y atribuciones, así como los derechos y garantías
constitucionales de la ciudadanía.

La Constitución política del Estado es la ley suprema del ordenamiento


jurídico. Los tribunales, jueces y autoridades la aplican con preferencia a la
ley y ésta con preferencia a cualquier otra resolución, es el ordenamiento
jurídico fundamental que regula la estructura jurídico-política del Estado, al
determinar su régimen y estructura, la forma de Gobierno, los órganos de
poder, sus funciones y atribuciones, así como los derechos y garantías
constitucionales de la ciudadanía, contando para ello en última instancia con
la maravillosa herramienta mexicana conocida como el juicio de amparo.

Lo que se ha dicho sobre la Supremacía Constitucional, del Derecho


Constitucional y constituye uno de los principios en que se apoya nuestra
norma fundamental. Hablar de supremacía de la Constitución implica
reconocer necesariamente la existencia de ordenamientos jurídicos situados
en diversos planos, de donde surge la jerarquía de normas, entre las cuales
la Constitución es suprema.

Esta supremacía se extiende no sólo a ordenamientos legales, sino


también a autoridades y particulares considerados individualmente, quienes
deben ajustar sus actos a dicha Constitución; así mismo, las garantías
constitucionales reciben sus facultades de esa norma fundamental, de
acuerdo al principio de legalidad.
La supremacía en la Constitución a su vez es el primer fundamento
jurídico-político del Estado. Es la fuente, por excelencia, del orden estatal
entero. Por eso se le denomina "Norma o Carta Fundamental", y aún "Ley de
Leyes", para significar su diferencia, supremacía o jerarquía superior sobre
las leyes ordinarias y su posición como conjunto de normas fundamentales y
como guía de garantías constitucionales.

La rigidez de nuestra norma fundamental consiste en que ninguno de


los poderes constituidos especialmente el legislativo, puede tocar la
Constitución, esto es, modificarla, reformarla o adicionarla. Contrariamente a
este sistema de rigidez existe el de flexibilidad de que los poderes
constituidos puedan tocar la Constitución.

Nuestra El principio fundamental sobre el que descansa nuestro


régimen constitucional es la supremacía de la Constitución. La norma
suprema no es un acto, sino un principio límite, es decir, una norma sobre la
que no existe ningún precepto de superior categoría, la base de todo orden
jurídico, dicha norma suprema es la Constitución Política de un país, la cual
se encuentra en el vértice o cúspide de la pirámide jurídica y a partir de ella
surge la jerarquización de las normas, dicha supremacía Constitucional
consiste en que nada puede estar por encima de ella, refiriéndose a
personas o autoridades y nadie, refiriéndose a ordenamientos jurídicos.

Jerárquicamente se establece su prioridad jurídica frente a los demás


ordenamientos legislativos, ya que como producto originario de la soberanía
del pueblo es la expresión misma de dicha voluntad popular. Así es como la
supremacía de la Constitución, ha dicho Tena Ramírez, responde no sólo a
que ésta es la expresión de la soberanía, sino también a que por serlo está
por encima de todas las leyes y de todas las autoridades: Es la Ley que rige
las leyes y que autoriza a las autoridades, diremos que la supremacía dice la
calidad de suprema, que por ser emanación de la más alta fuente de
autoridad, denota el primer lugar que entre todas las leyes ocupa la
Constitución.

La Constitución es rígida, porque para su modificación, adición o


reforma, se requiere la participación de un órgano distinto al poder
constituido (poder legislativo) que elabora las leyes ordinarias, con un
procedimiento más dificultado y con un quórum mayor que el que se exige
para la discusión y aprobación de una ley ordinaria. En efecto, el órgano
encargado de reformar la Constitución, que ha sido llamado por algunos
Constitucionalistas, "Poder Constituyente Permanente" o "Poder Revisor de
la Constitución", es un órgano que hace concurrir en un mismo
procedimiento a un órgano federal que es el Congreso de la Unión y Órgano
de las entidades federativas, que son la Legislaturas locales.

El principio fundamental sobre el que descansa nuestro régimen


constitucional dice: “es la supremacía de la Constitución”. La norma suprema
no es un acto, sino un principio límite, es decir, una norma sobre la que no
existe ningún precepto de superior categoría, la base de todo orden jurídico,
dicha norma suprema es la Constitución Política de un país, la cual se
encuentra en el vértice o cúspide de la pirámide jurídica y a partir de ella
surge la jerarquización de las normas, dicha supremacía Constitucional
consiste en que nada puede estar por encima de ella, refiriéndose a
personas o autoridades y nadie, refiriéndose a ordenamientos jurídicos.
Jerárquicamente se establece su prioridad jurídica frente a los demás
ordenamientos legislativos, ya que como producto originario de la soberanía
del pueblo es la expresión misma de dicha voluntad popular.

Así es como la supremacía de la Constitución, ha dicho Tena


Ramírez, responde no sólo a que ésta es la expresión de la soberanía, sino
también a que por serlo está por encima de todas las leyes y de todas las
autoridades: Es la Ley que rige las leyes y que autoriza a las autoridades,
diremos que la supremacía dice la calidad de suprema, que por ser
emanación de la más alta fuente de autoridad, denota el primer lugar que
entre todas las leyes ocupa la Constitución.

El derecho no es un conjunto de normas ubicadas en un mismo plano,


sino ordenadas de tal forma que una de ellas debe estar por encima de
otras, ser su origen, y con la cual no pueden estar en contradicción las
demás. En nuestro derecho mexicano el orden jerárquico se encuentra
establecido tomando como ley suprema a la Constitución Federal, ubicando
en segundo plano a las leyes federales y tratados internacionales y en un
tercer nivel, como órdenes extensivos, al derecho federal y local.

La supremacía constitucional es uno de los principios fundamentales


en que se apoya el derecho constitucional mexicano y consiste, por una
parte, en que la Constitución ocupa el primer lugar entre todos los demás
ordenamientos jurídicos, los cuales deben ajustarse a lo que establece la
norma fundamental y por otra, que de acuerdo al principio de legalidad, las
autoridades deben realizar sus actos dentro de los límites que ella misma les
señala.

La única norma suprema en nuestro país es la Constitución, ni las


leyes federales, ni los tratados internacionales lo son, tampoco las
autoridades, que se encuentran limitadas en cuanto a sus facultades por la
propia Constitución.

La supremacía de la Constitución es producto de la soberanía popular


ejercida a través del poder constituyente, el cual tanto por su origen como
por sus funciones es distinto a los poderes constituidos. El primero es
cronológicamente anterior a éstos, el que los crea y dota de facultades,
además el constituyente no gobierna, los poderes constituidos sí, pero con
base en las facultades que específicamente le otorga la Constitución.
La rigidez de la Constitución es otro presupuesto de la supremacía
constitucional y consiste en que solamente un órgano distinto al creador de
las leyes ordinarias, con un procedimiento más dificultado y un quórum
mayor, pueden reformar o adicionar la Constitución. Este órgano,
denominado Poder Revisor de la Constitución o Poder Constituyente
Permanente, hace coexistir al Congreso Federal y a las legislaturas de los

No existe supremacía del orden federal sobre el local, ambos órdenes


son coexistentes y sobre los dos se encuentra la Constitución, única
suprema en nuestro país, la cual los dota de competencia en los términos
del artículo 124 Constitucional. La interpretación del artículo 133 debe
hacerse de una manera conjunta y cuando exista contradicción entre una ley
federal y una local, debe resolverse no con base en la supremacía de la ley
federal sobre la local, la cual no existe, sino conforme a las reglas de
competencia que establece el artículo 124 Constitucional.

Es necesario implementar la reglamentación del artículo 133


Constitucional porque su interpretación ha generado dificultades en cuanto a
que la aplicación de la segunda parte del mismo puede entrar en
contradicción con los artículos 103 y 104 de la Constitución y con la
jurisprudencia de la Corte y por otra parte, el respeto a éstos dejará como
letra muerta esa segunda parte del referido artículo.

Derechos Civiles y Políticos.

Los derechos civiles y políticos son una clase de derechos que protegen
las libertades individuales de la infracción injustificada de los gobiernos y
organizaciones privadas, y garantizar la capacidad para participar en la vida
civil y política del Estado sin discriminación o represión.
Los derechos civiles incluyen la garantía de la integridad física de las
personas y su seguridad, la protección contra la discriminación por motivos
de discapacidad física o mental, género, religión, raza, origen nacional, edad
u orientación sexual; y los derechos individuales como la libertad intelectual
y conciencia, de expresión, de culto o religión, de prensa, y de circulación.

Los derechos políticos incluyen la justicia natural (la equidad procesal)


en la ley, tales como los derechos de los acusados, incluido el derecho a un
juicio justo, el debido proceso, el derecho a obtener una reparación o un
recurso legal, y los derechos de participación de la sociedad civil y la política
tales como la libertad de asociación, el derecho de reunión, el derecho de
petición, y el sufragio.

Los derechos civiles y políticos constituyen la primera porción de la


Declaración Universal de Derechos Humanos (así como los derechos
económicos, sociales y culturales comprenden la segunda parte). La teoría
de las tres generaciones de derechos humanos considera a este grupo de
derechos como los "derechos de primera generación", y la teoría de los
derechos negativos y positivos considera, en general, como derechos
negativos.

Los derechos civiles son los privilegios de los poderes personales


dados a todos los ciudadanos por la ley. Los derechos civiles se distinguen
de los "derechos humanos" o de los "derechos naturales" porque los
derechos civiles son derechos que son concedidos por naciones dentro de
sus límites territoriales, mientras que los derechos naturales o los derechos
humanos son derechos que muchos expertos afirman que los individuos
tienen simplemente por nacer. Por ejemplo, el filósofo John Locke (1632-
1704) sostuvo que los derechos naturales de la vida, la libertad y la
propiedad debían ser convertidos en derechos civiles y protegerse por el
Estado soberano como aspecto del contrato social.

Otros han expuesto que la gente adquiere los derechos como regalo
inalienable de la deidad o a la vez de la naturaleza antes de que los
gobiernos fueran formados.
Estos son llamados los derechos de primera generación y su origen se
remonta hace aproximadamente doscientos años y entraron en la corriente
principal de la discusión filosófica y política durante los siglos XVII Y XVIII
bajo los términos de “derechos naturales” y “derechos del hombre”.

Debido a los abusos que se cometieron a los derechos de las personas


durante la segunda guerra mundial, propiciaron el reconocimiento universal
de estos derechos.

Los derechos civiles son los siguientes:

1) Derecho a la vida y a la Integridad Física y Mental.


2) Derecho a la libertad y a la seguridad de la persona, incluido el
derecho a un juicio justo.
3) Derecho a la inviolabilidad del hogar y de la correspondencia.
4) Derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión, así
como a la opinión y expresión.

Los derechos políticos son:

1) Derecho a la libertad de reunión y asociación.


2) Derecho a elegir y a ser elegido, y a participar en los asuntos
públicos.
3) Derecho a poder demandad a la autoridad pública.

“El Derecho a la vida y a la integridad física y mental”, significa que todo


ciudadano tiene el pleno derecho de vivir y vivir en libertad, sin que nadie le
pueda violar este derecho. Esto se entiende como la prohibición de tratos
crueles, inhumanos o degradantes, ya sean físicos o mentales.

a) “El Derecho a la libertad y a la seguridad de la persona, incluido


el derecho a un juicio justo” se refiere a que las personas tienen el
derecho de vivir en libertad con seguridad, es decir estar a salvo de
toda amenaza, violencia o tipo de peligro.

b) “El Derecho a la intimidad e inviolabilidad del hogar y la


correspondencia” se refiere a que nadie se puede meter en la vida
privada de las personas y si alguien se introduce en tu casa en contra
de tu voluntad, está cometiendo el delito de violación de morada.

c) “El Derecho a la libertad de pensamiento: conciencia y religión,


así como a la opinión y expresión”, significa que cada quien es
libre de pensar lo que quiera y de pertenecer a una religión o a un
partido político; pero siempre y cuando no se dañe a terceros, ni se
cometan actos inmorales o ilegales.

Las leyes, garantizan los derechos civiles pueden estar puestas por
escrito, derivadas de costumbres o implícitas. En los Estados Unidos y la
mayoría de países continentales europeos, las leyes de los derechos civiles
están en su mayoría escritas. Ejemplos de derechos civiles y libertades
incluyen el derecho a una indemnización si uno es lesionado por otro, el
derecho a la privacidad, el derecho a protestar pacíficamente, el derecho a
una investigación y juicio justo si se es sospechoso de un crimen, y derechos
constitucionales más generales como el derecho de voto, el derecho a la
libertad personal, el derecho a la libertad de movimiento y el derecho de
protección igualitaria.

A medida que las civilizaciones surgieron y se formalizaron a través


de constituciones escritas, algunos de los derechos civiles más importantes
fueron otorgados a los ciudadanos.
Derechos Políticos. Los derechos políticos son el conjunto de
condiciones que posibilitan al ciudadano participar en la vida política,
constituyendo la relación entre el ciudadano y el Estado, entre gobernantes y
gobernados.

Representan los instrumentos que posee el ciudadano para participar


en la vida pública, o el poder político con el que cuenta este para participar,
configurar y decidir en la vida política del Estado.

En el ámbito del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, los


derechos políticos pertenecen, juntos a los derechos civiles, a los llamados
derechos de la primera generación. Dentro de los derechos políticos pueden
mencionarse los siguientes con sus respectivos significados:

a) Derecho de voto: se refiere al derecho que tienen los ciudadanos de


elegir a quienes hayan de ocupar determinados cargos públicos.
b) Derecho a ser electo: es el derecho que tienen los ciudadanos a
postularse para ser elegidos con el fin de ocupar determinados cargos
públicos.
c) Derecho de participar en el gobierno y de ser admitido a cargos
públicos.
d) Derecho de petición política: se refiere al derecho de dirigir peticiones
a las Cámaras, o a los órganos ejecutivos, y de exponer sus
necesidades a fin de influir en la legislación política.
e) Derecho a asociarse con fines políticos.
f) Derecho de reunirse con fines políticos.

LIMITACIONES AL EJERCICIO DE LOS DERECHOS


INDIVIDUALES.

Los derechos constitucionales, son irrenunciables en nuestro perjuicio,


no pueden restringirse, ni suspenderse, excepto en los casos y condiciones
que la propia constitución señala, según lo establece en el Artículo Primero y
Veintinueve de la Constitución Federal. Pero es necesario recordar que los
Derechos Fundamentales o derechos constitucionales no son de carácter
absoluto, sino que se encuentran limitados, condicionados, solo funcionan
en los casos y con las condiciones previstas por las disposiciones
Constitucionales y únicamente tienen el alcance en ellas establecidas.

Esto quiere decir que toda persona tiene derecho a gozar de los
derechos que otorga la Constitución, por el solo hecho de encontrarse en el
territorio nacional, independientemente de la nacionalidad, sexo, edad,
convicción política o condición social.

Es un derecho de igualdad que claramente dispone que a ninguna


persona le serán suspendidas, ni restringidas sus garantías, sino en los
casos previstos en la propia Constitución.

Así, la suspensión de los derechos únicamente ocurre en los casos de


emergencia que puedan poner en grave riesgo al estado mexicano o a la
sociedad. Para operar deben satisfacerse los requisitos que establece el
artículo 29 de la Constitución.

GENERALES.

La Suspensión de derechos constituye otra garantía de los derechos


humanos, pues establece que solamente en casos especiales y previos y
bajo, el cumplimiento de ciertos requisitos podrán suspenderse los derechos
del gobernado de manera general.

La Suspensión únicamente procede en casos de invasión, perturbación

grave a la paz pública, o cualquier otra situación que ponga en peligro o


conflicto a la sociedad.

Solamente el Presidente de la República, de acuerdo con el Consejo


de Ministros y con la aprobación del Congreso de la Unión y en los recesos
de éste, La Comisión Permanente podrá suspender en todo el país, o en una
parte de éste, los derechos que fuesen un obstáculo para hacer frente rápida
a la situación, tomando en cuenta que es por tiempo limitado, por medio de
las prevenciones generales ya desarrolladas al principio.

La Suspensión de derechos o garantías es un fenómeno jurídico


constitucional que tiene lugar como antecedente necesario para que la
actividad gubernativa de emergencia pueda válidamente desarrollarse.
Sin que previamente se decrete la suspensión mencionada por los medios y
autoridades a que alude la ley fundamental, la labor del gobierno estatal,
tendiente a prevenir o remediar los males públicos inherentes a la situación
anormal, sería jurídicamente invalida, teniendo el gobernado el derecho de
oponerse a ella a través de los conductos que como el Juicio de Amparo, la
Constitución le brinda.

En consecuencia, antes de que las autoridades del Estado estén en


condición de hacer frente a la situación de emergencia deben suspender los
derechos que constituyan un obstáculo al desarrollo rápido y eficaz de la
actividad estatal – autoridad de prevención o remedio.

Según el Art. 29 de nuestra Ley Constitutiva, la vigencia de los


derechos y garantías constitucionales puede quedar en suspenso por
decisión del Ejecutivo de la Unión, de acuerdo con el Consejo de Ministros y
con la aprobación del Congreso Federal y de la Comisión Permanente del
mismo, en los siguientes casos:

Invasión del territorio nacional, perturbación grave de la paz pública,


Cualquier situación que ponga a la sociedad en peligro (epidemias,
desastres.

La Suspensión debe ser:


Por tiempo determinado por prevenciones generales que no afecten
individuos aislados ni a grupos determinados, total o parcial de todas o de
algunas Garantías y en cierta parte o en todo el país.

La Suspensión de derechos y garantías constitucionales se justifica


por la necesidad política de algunos órganos gubernativos tengan libertad de
acción para proceder con rapidez a mantener el orden mediante la
eliminación radical de situaciones y circunstancias de hecho que agraden los
intereses sociales; en el caso de invasión del territorio nacional, el propósito
de la suspensión es facilitar el acopio y el uso de los elementos necesarios
para la defensa.

El Art. 29 de la Constitución menciona causas específicas que


originan el estado o situación de emergencia que provoca, a su vez, la
Suspensión de derechos, las siguientes: Invasión (o sea la penetración en
territorio nacional de fuerzas armadas extranjeras), perturbación grave de la
paz pública (es decir, alteración en la vida normal del Estado o de la
sociedad mediante motines, revoluciones, asonadas, rebeliones, etc.), o
cualquier otro caso que ponga a la sociedad en grande peligro o conflicto
(guerra, epidemias, etc.) La Suspensión de las Garantías no está expresada
en forma limitativa o taxativa, sino enunciativa, puesto que deja al arbitrio y
discreción de las autoridades competentes.

Las autoridades constitucionalmente competentes para decretar la


Suspensión de dichos derechos, existe una colaboración funcional entre los
diversos órganos estatales que tienen tal incumbencia, de acuerdo con el
Art. 29 de la Constitución, solamente el Presidente de la República, de
conformidad con el Consejo de Ministros (los secretarios de Estado, jefes de
Departamento autónomos y Procurador de la República) tiene la facultad de
tomar la iniciativa para suspender los derechos y garantías, la cual para que
surta sus efectos legales, requiere la aprobación del Congreso Permanente.
En un decreto de suspensión de derechos, tienen injerencia el
Ejecutivo Federal como autoridad, a quien exclusivamente compete la
iniciativa, y el Congreso de la Unión, injerencia que se traduce en la
realización de dos actos diferentes imputables a cada uno de dichos
poderes, tanto el Ejecutivo Federal como el Congreso de la Unión gozan de
amplias facultades discrecionales para calificar la existencia y gravedad del
estado de emergencia que sea la causa de la situación suspensiva.

En nuestro orden constitucional, la suspensión de derechos


Individuales se caracteriza por varias modalidades jurídicas importantes:

1-. El acto que instituye la mencionada suspensión debe ser


materialmente legislativo, conteniendo prevenciones generales, sin
que el fenómeno suspensivo se contraiga a ningún individuo o
individuos determinados.

2-. Un decreto de ley que no contenga dicha característica de


generalidad, sino que suspenda las garantías individuales en relación
con una sola persona moral o física o con un grupo determinado de
sujetos, sería constitucional en primer término, porque violaría los
artículos primero y 29 constitucional y en segundo lugar, tendría la
naturaleza de una ley privativa, cuya aplicación está prohibida por el
artículo 13 de la Ley Suprema.

Otras de las modalidades jurídicas de la suspensión de derechos, se


desprende del Art. 29 Constitucional consiste en que el acto o la situación
suspensivos tienen un carácter temporalmente limitado o transitorio, rigiendo
únicamente mientras subsista el estado de emergencia que los motivó.

En la Constitución de 1857 no eran susceptibles de suspenderse los


derechos que asegurasen la vida del hombre. Esta imposibilidad de
suspensión implicaba la negatoriedad de las facultades con que debían estar
investidas las autoridades superiores del país para hacer frente a los
trastornos inherentes a una situación de emergencia.

El ámbito de validez espacial de la suspensión de derechos puede


ser: en todo el país o en lugar determinado. La cesación de vigencia de los
derechos o garantías, importa también la de sus limitaciones o
reglamentaciones legales o constitucionales, puesto que siendo éstas
accesorios normativos, en consecuencia la Suspensión de derechos, tanto
los preceptos constitucionales que las consagran como leyes reglamentarias
u orgánicas respectivas, dejan de estar vigentes.

Dichos derechos son una auto limitación del poder del Estado, quien
sacrifica parte de ese poder en aras de la libertad, no cabe duda que deben
ser suspendidas en aquellos casos en que la restauración del orden jurídico,
perturbado masivamente, solamente pueda lograrse por medio de la
recuperación temporal de esa zona de poder. La Suspensión de derechos
significa, el ensanchamiento temporal del poder del estado a costa de la
libertad de los gobernados.

La Suspensión de derechos crea un estado jurídico político de


excepción, el cual, dentro de las concepciones del Estado de Derecho, debe
tener fundamento constitucional, sin confundir la suspensión de derechos
con la delegación de facultades del Legislativo al Ejecutivo.

El Juicio de Amparo es procedente, en el caso de Suspensión de


derechos. Los afectados por las leyes de Autorización podrán obviamente
reclamarlas en dicho juicio cuando sean inconstitucionales por haber sido
expedidas contraviniendo las normas del Art. 29, y los actos del Presidente,
puedan violar las Garantías de legalidad sino están debidamente fundados y
motivados en las propias leyes, o traten de aplicarlos, autoridades diferentes.
Solo en tres ocasiones durante el período de vida independiente de la
República, se han suspendido temporalmente la garantía o derecho general
de seguridad. La última vez, en el año 1942.

ESPECÍFICOS

En cuanto a las restricciones en lo específico, tenemos como ejemplo


las que se producen en el caso del extranjero cuya permanencia en el país
sea calificada de inconveniente por el Presidente de la República, según lo
señala el artículo 33 Constitucional. En este ejemplo, el extranjero tienen
restringidas sus garantías de libertad de tránsito, de residencia y de
audiencia, consagradas en los artículos 11 y 14 de la Constitución, ya que el
Presidente de la República puede expulsarlo del país previa audiencia.

El fundamento constitucional de estas restricciones está en el artículo


primero de la Carta Magna que establece:

Artículo 1o. En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas


gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta
Constitución y en los tratados internacionales de los que el Estado
Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección,
cuyo ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en
los casos y bajo las condiciones que esta Constitución
establece.

Otras restricciones en específico a los derechos constitucionales son


las destacadas en los siguientes artículos
Artículo 4°.- El varón y la mujer son iguales ante la ley. Esta
protegerá la organización y el desarrollo de la familia.
Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre,
responsable e informada sobre el número y el espaciamiento
de sus hijos………

Toda persona tiene derecho a la protección de la salud. La


ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los
servicios de salud y establecerá la concurrencia de la
Federación y las entidades federativas en materia de
salubridad general, conforme a lo que dispone la fracción XVI del
artículo 73 de esta Constitución.

Artículo 5°.- A ninguna persona podrá impedirse que se


dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode,
siendo lícitos. El ejercicio de esta libertad sólo podrá vedarse por
determinación judicial, cuando se ataquen los derechos de
tercero, o por resolución gubernativa, dictada en los términos
que marque la ley, cuando se ofendan los derechos de la
sociedad.
Nadie puede ser privado del producto de su trabajo, sino por
resolución judicial.
La Ley determinará en cada Estado, cuales son las profesiones
que necesitan título para su ejercicio, las condiciones que deban
llenarse para obtenerlo y las autoridades que han de expedirlo.
En cuanto a los servicios públicos, sólo podrán ser obligatorios,
en los términos que establezcan las leyes respectivas, el de las
armas y los jurados, así como el desempeño de los cargos concejiles
y los de elección popular, directa o indirecta. Las funciones
electorales y censales tendrán carácter obligatorio y gratuito,
pero serán retribuidas aquéllas que se realicen profesionalmente en
los términos de esta Constitución y las leyes correspondientes.
Los servicios profesionales e índole social serán obligatorios
y retribuidos en los términos de la ley y con las excepciones que
ésta señale.

Artículo 6°.- La manifestación de las ideas no será objeto de


ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que
ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito,
o perturbe el orden público; el derecho de réplica será ejercido en
los términos dispuestos por la ley. El derecho a la información será
garantizado por el Estado.

Artículo 7°.- Es inviolable la libertad de escribir y publicar


escritos sobre cualquiera materia.
Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura ni
exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de
imprenta, que no tiene más límites que el respeto a la vida privada,
a la moral y a la paz pública. En ningún caso podrá secuestrarse la
imprenta como instrumento del delito.

Artículo 8°.- Los funcionarios y empleados públicos respetarán


el ejercicio del derecho de petición, siempre que ésta se formule por
escrito, de manera pacífica y respetuosa; pero en materia política
sólo podrán hacer uso de ese derecho los ciudadanos de la
República.

Artículo 9°.- No se podrá coartar el derecho de asociarse o


reunirse pacíficamente con cualquier objeto lícito; pero solamente los
ciudadanos de la República podrán hacerlo para tomar parte en
los asuntos políticos del país. Ninguna reunión armada, tiene
derecho de deliberar.

Artículo 10.- Los habitantes de los Estados Unidos Mexicanos


tienen derecho a poseer armas en su domicilio, para su seguridad y
legítima defensa, con excepción de las prohibidas por la Ley
Federal y de las reservadas para el uso exclusivo del Ejército,
Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional. La ley federal
determinará los casos, condiciones, requisitos y lugares en que se
podrá autorizar a los habitantes la portación de armas.

Artículo 11. Toda persona tiene derecho para entrar en la


República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia,
sin necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros
requisitos semejantes.

El ejercicio de este derecho estará subordinado a las


facultades de la autoridad judicial, en los casos de
responsabilidad criminal o civil, y a las de la autoridad
administrativa, por lo que toca a las limitaciones que impongan las
leyes sobre emigración, inmigración y salubridad general de la
República, o sobre extranjeros perniciosos residentes en el país.

En caso de persecución, por motivos de orden político, toda


persona tiene derecho de solicitar asilo; por causas de carácter
humanitario se recibirá refugio. La ley regulará sus procedencias y
excepciones.

Artículo 24.- Todo hombre es libre para profesar la creencia


religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias,
devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan
un delito o falta penados por la ley.

El Congreso no puede dictar leyes que establezcan prohíban


religión alguna.

Los actos religiosos de culto público se celebrarán


ordinariamente en los templos. Los que extraordinariamente se
celebren fuera de éstos se sujetarán a la ley reglamentaria.
ANTECEDENTES
HISTÓRICOS DEL
JUICIO DE AMPARO.
MAPA CONCEPTUAL
Grecia
Roma
Edad Media
Colonias Inglesas
en América

Antecedentes
historicos del Antecedentes
juicio de generales
amparo

Antecedentes
Antecedentes historicos del
en mexico juicio de
amparo
Etapa colonial
Etapa del
México
Independiente
ANTECEDENTES GENERALES

El juicio de amparo es un medio de control jurisdiccional del sistema


jurídico mexicano, en adición a la acción de inconstitucionalidad y la
controversia constitucional. A diferencia de estos dos últimos, el juicio de
amparo es promovido por cualquier particular que considere que sus
derechos humanos y garantías constitucionales han sido vulnerados o
transgredidos por alguna autoridad.

Este juicio de amparo se extiende a un minucioso control de la


constitucionalidad y legalidad, que consiste, primero, en revisar la aplicación
concreta de la ley hecha por la autoridad responsable, y segundo, en
examinar si el acto reclamado expresa su fundamento legal y motivo de
hecho, con el objeto de determinar si ese fundamento y ese motivo son o no
pertinentes, pero todo esto restringido a los actos de las autoridades que
tengan alguna relación con los derechos del hombre garantizados en la
Constitución. Asimismo, el juicio de amparo tiene como fin evitar que actos
de autoridades contravengan directamente la Constitución o que las leyes en
que dichos actos se apoyan sean contrarios a la Constitución.

La Constitución Política es la ley suprema, ella debe prevalecer sobre


cualquiera otra ley, y sus disposiciones referentes a los derechos
fundamentales, que garantiza en sus primeros 28 artículos, deben ser norma
limitativa de la actuación de todas las autoridades, porque tales derechos
son base imprescindible de la convivencia social, y en consecuencia, su
efectividad práctica debe ser reconocida y aplicada por los órganos
gubernativos, a fin de que sus actividades se desarrollen sin violación de
ninguno de los derechos fundamentales.

El juicio de amparo es un procedimiento judicial propiamente dicho, y


entraña una verdadera contención entre la persona agraviada que lo
promueve y la autoridad que dicho promovente considera que ha afectado o
trata de afectar sus derechos garantizados en la Constitución:
 El agraviado o "quejoso" asume el papel de actor en la controversia y
la autoridad designada como responsable interviene como
demandada;
 La materia de la controversia es el acto concreto o la omisión de
autoridad que el interesado considera lesivo de sus garantías
individuales;
 La decisión incumbe, en única o en última instancia, a los tribunales
judiciales federales.

Haciendo un poco de historia respecto a lo que podrían ser los


antecedentes históricos más remotos del juicio en comento, tenemos que en
los regímenes sociales orientales, los derechos del hombre no solamente no
existieron, sino que la libertad del hombre fue desconocida, o al menos,
menospreciada a tal grado que imperaba el despotismo.

El individuo tenía que obedecer y callar, porque los mandamientos


que recibía eran conceptuados como provenientes del representante de Dios
en la Tierra, es decir, el gobernante. Las arbitrariedades autoritarias del
poder eran acatadas por los súbditos porque las consideraban emanaciones
o designios de una voluntad sobrenatural.

Casi todos los regímenes de gobierno eran teocráticos (egipcio,


hebreo) y el derecho y la religión se confundían; los monarcas eran
venerados como dioses. Todas las legislaciones primitivas tuvieron su origen
divino (revelación) y por ello su aplicación se encomendó a una casta
privilegiada que las interpretaba y proveía a su observancia, el sacerdocio.

En los Estados Orientales, el hombre estaba cercado por una multitud


de prohibiciones inherentes al régimen teocrático en que estaban
organizadas. En algunos pueblos de Oriente antiguo, como el hebreo, la
actividad de los gobernantes, se hallaba restringida por normas religiosas
teocráticas, en las que implícitamente se reconocían ciertos derechos a los
súbditos, pues se suponía que dichas normas eran producto de un pacto
entre Dios y el pueblo.
"Los regímenes gubernamentales basados en esos principios o
creencias, evidentemente pugnaban con toda idea de libertad humana, y
más aun con su reconocimiento, por lo que no es posible asegurar que en
los pueblos orientales de la antigüedad existiera tal derecho, y mucho menos
de preservarlo, pues el individuo estaba reducido a un plano ínfimo y si no es
que había incidido en la esclavitud."

La India no estaba dotada de un gobierno teocrático. El Estado era


independiente de la religión y los sacerdotes no debían intervenir en la vida
política. Estimaban los pensadores hindúes que debía existir una autoridad o
poder social, superior a las voluntades individuales, encargado de implantar
el equilibrio entre las conductas desiguales de los hombres. Ese poder
debería ejercerse por el monarca, quien debía actuar de acuerdo con un
sentido de equidad y de justicia, asesorado por personas más cultas. El
pensamiento hindú, abrigaba la tendencia a respetar la personalidad
humana, principalmente por lo que se ve al derecho de la libertad.

En China, se predicaba la igualdad de los hombres, sostuvieron la


democracia como forma de gobierno y abogaron por el derecho legítimo del
gobernado para revelarse contra los mandatos arbitrios del gobernante,
circunstancia ésta que ya prevé, aunque vagamente, las garantías
individuales.

GRECIA

En Grecia, el individuo no gozaba de los derechos fundamentales


como persona reconocidos por la polis y oponibles a las autoridades, no
tenía derechos subjetivos públicos individuales.

La esfera jurídica de los hombres en Grecia estaba integrada casi


exclusivamente por derechos políticos y civiles (participaba activa o
pasivamente en los destinos sociales como elector o funcionario), en cuanto
intervenía directamente en la constitución y funcionamiento de los órganos
del Estado, más no gozaba de ninguna prerrogativa frente al poder público.

Esparta, por su parte, estaba dividida en 3 clases sociales. Ante esta


jerarquía social es inútil hablar de la existencia de derechos del hombre o
garantías individuales, porque no existía la situación de igualdad que
presupone todo derecho público individual.

En Atenas, la situación social era diferente a la de Esparta. No existía


esa diferenciación jerárquica, había cierta desigualdad entre los hombres,
aunque no tan marcada como en el régimen espartano. El ateniense gozaba
de una libertad fáctica frente al poder público; podía libremente actuar ante
éste y aun criticar o impugnar su proceder en las asambleas, pero esa
libertad sólo era de hecho, no implicaba un derecho público individual, una
exigencia jurídica frente al Estado con la obligación ineludible de parte de
sus autoridades en el sentido de acatarlo.

Las normas se regían por la costumbre. En donde podemos señalar


algunos pensamientos importantes como el de los Sofistas " Los cuales
tenían la idea que los derechos individuales eran prerrogativas que otorgaba
el estado como una especie de dadiva de favor, en la cual estos gobernados
por este hecho no tenían el derecho de atacarlas."

Sócrates hablaba "Todos los hombres habían nacido en un Plano de


igualdad", Platón hablaba que la "Existencia de clases era por la sumisión de
los mediocres con respecto de los mejores los cuales tenían el control del
Estado." Aristóteles, nos habla de una Supremacía de la Ley natural ante las
leyes positivas es decir que él " El Estado existe por naturaleza y es anterior
al individuó basándose de que el hombre no puede vivir aislado”.
ROMA

En Roma, la situación del hombre era parecida a la de Grecia. La libertad


en el régimen romano estaba reservada a cierta categoría de individuos,
como el pater-familias, quien gozaba de amplio poder sobre los miembros de
su familia y sobre los esclavos.

La libertad del hombre como tal, como un derecho público individual


inherente a la personalidad humana, oponible al Estado en sus diversas
manifestaciones y derivaciones no existía en Roma, pues se disfrutaba como
un hecho sin consagración jurídica alguna, respetable y respetada sólo en
las relaciones de derecho privado y como facultad de índole política.

"La única garantía del pueblo frente a las arbitrariedades posibles de la


autoridad radicaba en la acusación del funcionario cuando expiraba el
término de su cargo, lo cual de ninguna manera implicaba un derecho
subjetivo público individual, pues éste es un obstáculo jurídico, cuyo titular es
el gobernado, frente al poder público, que siempre tiene que respetarlo,
mientras que la mencionada acusación era el acto inicial de una especie de
juicio de responsabilidad iniciado en contra de la persona física que
encarnaba la autoridad y nunca un dique a la actividad de ésta, la cual, en
dicha hipótesis, se presumía ya desplegada. Además, el juicio de
responsabilidad tiene como finalidad esencial sancionar al funcionario
público y nunca implica una verdadera protección del gobernado frente al
gobernante, como lo es la Garantía Individual."

En la república romana en donde se pretendía tener un control de los


poderes del Estado y así los intereses del pueblo en donde la plebe podría
oponerse mediante el veto a los actos de los cónsules, y donde el
"Intercessio" Era un acto que invalidaba un acto de autoridad impugnado, sin
embargo carecía de eficacia anulatoria, se reducía a evitar la ejecución o la
producción de efectos donde los tributos de la plebe presionaba a las
autoridades para quitar esos actos o manifestaciones que hubieran
emanado. Existía una garantía del pueblo contra las arbitrariedades de las
autoridades y la consistía en la acusación del funcionario cuando terminaba
su cargo en la cual no podemos hablar de una comparación de los que es la
protección de los derechos subjetivos tutelados y mucho menos un
precedente el juicio de garantías.

En resumen, debido a la existencia de los patricios y plebeyos, clases


sociales que predominaban en Roma, así de la esclavitud, como institución
del Derecho Romano, nos obligan a pensar que en el régimen jurídico
romano, la desigualdad entre los individuos fue la característica principal de
las tres etapas de su historia.

EDAD MEDIA

Existen tres períodos que comprenden el Medioevo o Edad Media:

a. Época de las Invasiones: los pueblos llamados "bárbaros" no


estaban organizados perfectamente, pues estaban constituidos por
tribus dispersas y aisladas. Esta etapa se caracterizó por el
predominio de la arbitrariedad y el despotismo sobre la libertad
humana. Es inútil hablar de un medio de protección al individuo.

b. Época Feudal: Época feudal: está se caracterizó por el predominio


del poseedor de la tierra, respecto de aquellos que la cultivaban. La
propiedad territorial otorgaba a su titular un poder de hecho y
derecho sobre los que la trabajaban, pudiendo disponer de su
persona casi ilimitadamente. No fue posible concebir un orden de
derecho que garantizara la libertad del hombre frente a los actos
autoritarios y muchas veces despóticos del señor feudal.
c. Edad Media: Cuando las ciudades libres de la Edad Media fueron
desarrollándose, los citadinos supieron imponerse a la autoridad del
señor feudal. Hubo el reconocimiento de ciertos derechos que
integraban una legislación especial (derecho cartulario). Se creó de
esta forma durante el periodo municipal, un régimen de legalidad que
limitaba y sometía la autoridad del señor feudal en beneficio de los
habitantes de las ciudades. La contravención y violaciones no
tuvieron ninguna sanción jurídica a favor de los afectados.

d. En el derecho cartulario: durante el avance de las ciudades libres de


esa época y su situación económica fueron adquiriendo importancia.
Y se crea un régimen de legalidad en que se limitaba la autoridad del
señor feudal en beneficio de los habitantes, sin embargo estos
regímenes no eran considerados como garantías ya que estas, en
cualquier momento eran contravenidas y violadas, frente a estas
situaciones no había sanción.

e. Con el Cristianismo se pretendió suavizar las desigualdades que


existían. Y donde su principal pensamiento era " Que los hombres
eran iguales ante Dios y que todos están regidos por una ley
Universal.” La existencia de un derecho natural y la idea de este
pensamiento no formo una institución jurídica medieval que
protegiera las garantías del individuo.

COLONIAS INGLESAS EN AMÉRICA

Cuando los colonos de Inglaterra llegaron a América traen como


estandarte la libertad Humana. El rey para organizar las colonias en América
expedía documentos importantes donde ponían reglas de gobierno para las
diferentes entidades esas reglas se llamaban "Cartas”, dichas éstas
reconocían la supremacía de las leyes de Inglaterra y su Constitución donde
estas fueron traspasadas a sus colonias de América.
La primera constitución expedida fue "New Hampshire" en 1775 y
posterior las de Carolina del sur y Virginia en 1776, descollando después la
de Massachusetts. Pero la Constitución de Virginia es donde encontramos
un importante vestigio de los derechos fundamentales del individuo
colocándolo en un plan de igualdad, aparte de esto las colonias inglesas
también pusieron en vigor el "Writ Habeas Corpus” cuya práctica fueron
respetadas.

Los Estados Unidos surgieron como una nación unitaria, organizados


en una federación, con la promulgación de los Artículos de Confederación y
Unión Perpetua. En su lucha de independencia, las colonias inglesas
tuvieron que reunir sus pocos recursos y combinar sus esfuerzos en una
acción conjunta en contra de Inglaterra. Consumada ya la ruptura del vínculo
de dependencia entre la metrópoli y las colonias, éstas no se sintieron lo
suficientemente fuertes por sí solas, aisladas unas de las otras, para
defender su recién conquistada autonomía en caso de cualquier intento de
nueva so juzgación. Permanecieron unidas, y para que esa unión fuera más
estable, se expidieron los mencionados "Artículos", cuyas signatarias eran
trece colonias, que más tarde fueron entidades de la Unión Americana.

El referido cuerpo normativo no estableció aun la federación, aunque


cada Estado se despojó de ciertas facultades inherentes a su soberanía,
cuyo ejercicio depósito en un organismo que se llamó "Congreso de los
Estados Unidos", siendo una autoridad meramente consultiva, pues no
existía un poder ejecutivo central que hiciera cumplir los mandatos
supremos.

Como el sistema de unión entre los estados norteamericanos fracasó,


se propuso una revisión de los "Artículos". Después de varios debates de la
reticencia de los estados a formar parte de una federación, se formuló el
proyecto de Constitución Federal, que fue sometido a la consideración de los
estados particulares en convenciones locales. Por fin se logró que la
constitución federal fuese aceptada por las entidades particulares, que en
número de trece fueron las que originariamente integraron la nación
norteamericana.

La Constitución de los Estados Unidos, no contuvo al ser promulgada


en 1787, ningún catálogo o capítulo destinado a la enumeración de los
derechos del gobernado. Esta omisión se explica en virtud de que sus
autores tuvieron como propósito primordial convertir el régimen confederal
en federativo, mediante la creación de una nueva entidad jurídica y política
con personalidad distinta de la de los Estados miembros. Además los
derechos o prerrogativas de la persona ya se encontraban consagrados en
las constituciones locales, por lo que se consideró que dicha cuestión debía
ser de la incumbencia interior de los estados.

Sin embargo, al poco tiempo de que la constitución federal entró en


vigor, surgió la necesidad de elevar a rango de garantía nacional, algunos de
los mencionados derechos; y fue así como se le introdujeron enmiendas, es
decir, reformas o adiciones.

Durante el periodo de vigencia de la constitución de los Estados Unidos,


que abarca ya casi dos siglos, se le han practicado veintidós enmiendas
aproximadamente. Entre ellas, se encuentran algunas que se refieren a la
consagración de ciertos derechos del gobernado o garantías individuales, a
saber: la primera, que establece la libertad de religión; la segunda
concerniente a la libertad de posesión y portación de armas; la cuarta que
instituye la garantía de legalidad frente a actos que lesionen el domicilio y la
persona del gobernado; la quinta, que consigna la garantía de audiencia y
de justa indemnización en materia expropiatoria. Estas enmiendas fueron
propuestas y aprobadas en 1791; y al terminar la guerra de secesión con el
triunfo de los Estados del norte, abolicionistas de la esclavitud que
prevalecía en los del sur, se incorporaron a la constitución las enmiendas
que instituye la igualdad humana.
ANTECEDENTES EN MÉXICO

Los antecedentes y origen del amparo están en las figuras más


similares o equivalentes que podemos encontrar en los diversos
ordenamientos jurídicos que han regido a nuestra patria, en las diversas
etapas en el andar histórico de nuestra nación. Sin duda nos ayudará a crear
una concepción más amplia de esta figura jurídica de gran trascendencia
que sin lugar a dudas ha sido mencionada una infinidad de veces pero que
poco nos ha llevado a reflexionar cuál es su origen y su significado.

Los antecedentes que mencionaremos están basados y analizados


durante tres generaciones de mexicanos que lucharon con extranjeros y
entre sí. Así tenemos que en el año de 1215 hasta 1948 en que se suscribió
la Declaración Universal de los Derechos Humanos, han pasado más de 8
siglos para que en la mayor parte del mundo se reconozca que toda persona
tiene una serie de derechos que deben de ser respetados y vindicados, en
caso necesario. Sus antecedentes Legislativos suelen clasificarse en
Nacional y Extranjeros. Para establecer las bases de lo que ahora son las
garantías individuales. Y con esto la protección de ellas a través del Juicio
de Amparo Que hoy vivimos.

Las garantías que son tales derechos y libertades se refuerzan,


estableciendo procedimientos preferentes y rápidos para su protección y la
creación, en ocasiones, de un órgano supremo de jurisdicción constitucional
al que se encomienda, en última instancia, la protección de los derechos
referidos con el Juicio de Amparo. Con este maro referencia tenemos que
los antecedentes nacionales fundamentales para la creación del juicio de
Garantías o de amparo fueron de las más importantes: la Constitución de
Apatzingán, de 1814. La Constitución de Yucatán de 1840; y de los
antecedentes extranjeros: la Carta Magna de Inglaterra, el acta Hábeas, la
Declaración de los Derechos del Hombre de 1789, entre otras que
mencionaremos.

Se calificaron históricamente como garantías individuales (hoy


derechos constitucionales y humanos) los derechos y libertades propiamente
dichos del ser humano: la Vida, la integridad física y la moral; hoy día
nuestra Carta Suprema las denomina “garantías y derechos humanos”. La
acción o juicio de amparo es el derecho subjetivo público traducido en una
herramienta jurídica constitucional que tiene el gobernado para poder
acudir ante las autoridades para reclamar o pedir protección frente a la
autoridad que le ha violado una garantía o derecho consagrado en la misma
carta suprema.

El Juicio de amparo es el derecho a la tutela efectiva de jueces y


tribunales; derecho al juez ordinario predeterminado por la ley, a la defensa y
a la asistencia de letrado, derecho del acusado.

ETAPA COLONIAL

En esta etapa histórica de nuestro país es lógico señalar que el


derecho que regía a la Nueva España era el Derecho Español en su forma
legal y consuetudinaria y en cierta medida de costumbres indígenas, que
posteriormente fueron desplazadas por las Leyes de Indias de 1681, en
donde se encontraba un artículo que autorizaba su validez en todo aquello
que no fuesen compatibles con los principios morales y religiosos que
informaban al derecho español. Se ha llegado a afirmar que existió una
figura similar al amparo, y se dice que era otorgado por el Virrey para
proteger los derechos de los individuos contra los actos de autoridades
políticas o de particulares, para el efecto de que fueren respetados en sus
posesiones o derechos que no hubiesen sido desconocidos judicialmente.
Existió también un recurso conocido como "obedézcase y no se cumpla",
el cual no se consignó por medio de una regulación sistemática, en ninguno
de los estatutos que integraron el Derecho Español, sino que existía como
resultado de la costumbre jurídica.

Cuando algún soberano, mediante actos inherentes a sus funciones


legislativas o administrativas, osaba atentar contra los citados derechos,
privilegios o prerrogativas, se acostumbró que los afectados "obedecieran"
las disposiciones reales respectivas, pero sin "cumplirlas". Aunque esto
puede parecer una contradicción etimológicamente son diferentes, obedecer
significa reconocer la autoridad legítima de quien da la orden, de quien
manda, o sea, asumir una actitud pasiva de respeto hacia el gobernante,
considerándolo investido con la facultad de gobernar. Y cumplir entraña la
idea de realización, quiere decir ejecutar, llevar a efecto. Así, cuando el rey
expedía alguna orden que se estimara contraria a los derechos,
prerrogativas o privilegios del gobernado, éste obedecía pero no cumplía esa
orden, no la cumplía, mientras se convencía al propio monarca de que
estaba afectada por los vicios de obrepción o de subrepción, para el efecto
de que, en su caso la revocara.

ETAPA DEL MÉXICO INDEPENDIENTE

I. Constitución de Apatzingán: "El primer cuerpo político previo a la


consumación de la Independencia en nuestro país fue la constitución
de Apatzingán, que nunca estuvo vigente, y no obstante que consagró
diversas garantías en favor de los individuos no expresa la forma en
que se podía ejercer un medio tutelar, por virtud de la cual podía
hacer respetar tales derechos, y aunque así hubiera sido, como no
estuvo vigente no podría considerarse que hubiere asistido un
antecedente del juicio de amparo."

No obstante que la Constitución de Apatzingán contiene los derechos


del hombre, declarados en algunos de sus preceptos integrantes de
un capítulo destinado a su consagración, no brinda, por el contrario, al
individuo, ningún medio jurídico de hacerlos respetar, evitando sus
posibles violaciones o reparando las mismas en caso de que ya
hubiesen ocurrido.

En tal virtud, no podemos encontrar en este cuerpo de leyes un


antecedente histórico de nuestro juicio de amparo, el cual, como
veremos oportunamente, tiene como principal finalidad la protección,
en forma preventiva o de reparación, de las garantías individuales. La
omisión del medio de control de éstas en que incurrieron los autores
de la Constitución de Apatzingán, tal vez se haya debido a dos
causas, principalmente, a saber:

a) Al desconocimiento de las instituciones jurídicas semejantes y;

b) A la creencia que sustentaban todos o casi todos los


jurisconsultos y hombres de Estado de aquella época, en el
sentido de estimar que la sola inserción de los derechos del
hombre en cuerpos legales dotados de supremacía, era
suficiente para provocar su respeto por parte de las
autoridades, concepción que la realidad se encargó de
desmentir palpablemente".

II. Constitución de 1824: Siendo ésta Constitución un ordenamiento


jurídico cuya vigencia se prolongó por espacio de doce años, que tuvo
el mérito de ser el primer ordenamiento que estructuró a nuestra
patria que acababa de haber sido testigo de la consumación de la
guerra de independencia, no sería correcto omitir lo que al respecto
de nuestro tema de estudio tiene que decirnos esta. Esta Constitución
en lo relativo a las Garantías individuales está por muy debajo de la
Constitución de Apatzingán en cuanto a los apartados que tenía esta,
en la ya mencionada materia, y por consiguiente no consigna en ella
un medio efectivo para tutelarlas.
Pero no podemos dejar de tomar en cuenta una porción de esta
Constitución, que para ser más exacto se trata de la última parte del
inciso sexto de la fracción V del artículo 137 en donde se consagra
una facultad que le es imputada a la Suprema Corte de Justicia, que
consiste en "conocer de las infracciones de la Constitución y leyes
generales, según se prevenga la por ley", que es una atribución que,
podría suponerse, que podía implicar un verdadero control de
constitucionalidad y de legalidad, según el caso, ejercitado por dicho
alto cuerpo jurisdiccional.

III. Constitución Federal de 1836: Esta era de carácter centralista o


también unitaria, y en esta se llevó a cabo un intento por establecer
un órgano protector de la Constitución que tendría un carácter
político, al cual se le llamó Supremo Poder Conservador, que estaba
compuesto por cinco miembros, cuyas facultades se encontraban
insertas en el Art. 12, fracciones I, II y III de la segunda de las Siete
Leyes mencionadas, y que consistían en declarar la nulidad de una
ley o decreto dentro de los dos meses después de su sanción, cuando
fueren contrarios al texto de la Constitución, y asimismo declarar en el
mismo término la nulidad de los actos de la Suprema Corte de
Justicia, excitada por alguno de los otros poderes, y solo en caso de
usurpación de facultades.

IV. Voto particular de Fernando Ramírez: Cuando se formó la Comisión


de reformas en el año de 1840 para reorganizar la Constitución
centralista de 1836, José Francisco Ramírez presento un voto en
particular en que se esbozaba un sistema de un control, constitucional
donde menciona que la existencia del Supremo poder Conservador, y
que ninguna otra medida podía remplazar su falta, que conceder a la
Suprema corte justicia una nueva atribución por la que cuando cierto
número de senadores o diputados reclamaren una ley o acto ejecutivo
como opuesto a la Constitución, se diese reclamo el carácter
contencioso y se sometiere al fallo a la Corte de justicia.

Así Ramírez sostiene la conservación del control de la Constitución


que tenía el supremo Poder Conservador, pero afirmando la
necesidad de que el Poder Judicial se encargue de ello. Mediante un
juicio contencioso cuyas instancias y modos de verificarse se fijarían
en una ley.

V. La Constitución de Yucatán de 1840: Ya casi llegando a la recta


final del año de 1840, en el Estado de Yucatán hubo bastantes
movimientos, y los jurídicos no eran la excepción pues se acordó la
inserción de varias garantías individuales (religiosas, de tránsito, etc.)
que por consiguiente generaron la creación de un nuevo medio de
control de la Constitución llamado amparo. La razón por la cual
aparece el amparo en una entidad federativa es que en aquel
entonces se libraba una lucha entre los simpatizantes del
restablecimiento del sistema federal y los conservadores, y en el
estado de Yucatán, regía un gobierno partidario de la Unión federal.

Manuel Crescencio Rejón, Darío Escalante y Pedro C. Pérez,


"propusieron la inserción en dicha constitución de crear un medio de
control de la Constitución al que nombraron Amparo, en donde era
competente la Corte de Justicia del Estado y se podía promover
contra leyes o decretos de la legislatura que fueran contrarios a la
Constitución local, o contra los actos del ejecutivo, cuando se hubiere
infringido la Constitución o las leyes; también tenían competencia
para conocer del juicio los jueces de primera instancia cuando ser
promovía en contra de actos del poder judicial; contra los actos de los
jueces de primera instancia conocían los superiores de los mismos.

Los principios básicos que regían este juicio eran: la necesidad de


que sea, precisamente, la parte agraviada quien solicite el amparo
contra los actos que se han mencionado; y, asimismo que el amparo
solo surtía efecto en relación con la persona que lo solicitase y
únicamente contra los actos que reclamara, subsistiendo este
principio hasta la actualidad. En las relacionadas condiciones, la
constitución Yucateca constituye un verdadero antecedente de
nuestro juicio de amparo, siendo Crescencio Rejón su máximo
exponente. "En el ámbito nacional el amparo fue establecido en el
Acta de reformas de 18 de mayo de 1847, que debe su nombre a que
dicho documento introdujo modificaciones a la Constitución federal de
1824, cuya vigencia había sido restablecida."

VI. Proyecto de la Minoría de 1842: La minoría era una parte de la


comisión encargaba de redactar una nueva Constitución para dictador
Santa Anna; estaba compuesta por los diputados Espinosa de los
monteros, Muñoz Ledo, y Otero, simpatizantes todos ellos del
Federalismo. Este proyecto estructura, en su articula 18, un sistema
mixto de control constitucionalidad en que intervenían: Como órgano
Jurisdiccional, la Suprema Corte, y como órganos políticos, el
Congreso Federal y las legislaturas de los estados. Pero su
naturaleza mixta permitía fricciones y choques de los poderes
federales o estaduales exceptuando el judicial; además la protección
de este sistema era confusa e in completa, ya que solamente
planteaba la posibilidad de reclamo contra actos de los estados ante
la Suprema Corte, sin especificar los alcances o efectos de
resolución.

VII. Bases Orgánicas de 1843: Podemos hablar que el proyecto de


Constitución de 1942 elabora por la Comisión del Congreso
extraordinario Constituyente, no llevo a aplicarse por decreto de Santa
Anna, nombrado a nueva junta. Donde esta estaba integrada por
colaboradores de Don Benito Juárez quien se encarga de elaborar un
nuevo proyecto Constitucional, que se convirtió en las " Bases de
Organización Política de la República Mexicana expedidas el 12 de
junio de 1843. Dicho documento adoptó el régimen central sin
implantar uno de protección o preservación, sin embargo el Art. 66
fracción XVII, permaneció latente un control por el órgano " Supremo
Poder Conservador" la cual tenía la facultad de aprobar o reprobar
decretos, por disposición de Congreso las cuales fueran contrarias a
la Constitución.

VIII. Acta de Reforma de 1847: Este documento precedió a la


organización del control constitucional también a través del sistema
mixto semejante al Proyecto de minoría de 1842, que defendía al
individuo contra las violaciones cometidas por Poderes Federales
estatales exceptuando el judicial en su Art. 25 facultaba al Congreso
para declarar nulas las leyes de los estados que atacaran la
Constitución o Leyes generales Art.22 y establecía el procedimiento
para que una ley del Congreso, reclama ante la suprema Corte como
anticonstitucional pudiera ser anulada Art., 23. Precisamente en el
Art.25 de esta acta de reformas, el que expresa la Conocida formula
de Otero, que consagraba el principio de la relatividad de las
sentencias que ha caracterizado hasta nuestros días en el juicio de
amparo.

IX. Constitución Federal de 1857: En esta época el Congreso


Constituyente consideró importante plasmar la necesidad de la
implantación del juicio de amparo, en los términos que ahora se
concibe, reglamentado por las diversas leyes orgánicas que se fueron
expidiendo. De esta manera en esta Constitución se plasma en su
artículo 101, la procedencia del juicio de amparo, y que es el mismo
texto actual del art. 103 constitucional, en tanto que en el numeral 103
se contemplan los principios fundamentales del juicio de amparo tales
como: instancia de parte agraviada, prosecución judicial del
procedimiento y relatividad de las sentencias de amparo.
X. Constitución Federal de 1917: En la cual podemos decir que sigue
la misma línea general de la Constitución de 1857, en la cual se
reafirma nuevamente el control, de la Constitución en el mismo juicio,
aunando a la defensa Constitucionalidad una tercera instancia,
especie de casación o apelación. Situación que fue justificada por
Venustiano Carranza en su proyecto de Constitución. Es así como el
Constituyente de 1916 1917 reproduce el artículo 103, exactamente
en los mismos términos aquel art 101 de la Constitución de 1857 e
introduce el Art.107, el texto del Art.102, de 1857, agregando diversas
bases fundamentales a las que debe ajustarse el juicio de amparo.

El proyecto del Art.107 con sus doce fracciones fue discutido los
diputados Jara y Medina los cuales formularon un voto en la
asamblea en el cual se manifestaban en contra del amparo contra
sentencias definitivas pronunciadas en los juicios civiles y penales,
argumentando que con ello se atentaba contra la administración de
justicia en los estados y se nulificaba la soberanía de los mismos, en
la cual fue aceptada. Los principales lineamientos del Art.107 original
que algunos se conservan como, la fórmula de Otero, crea regula el
amparo directo y suspensión en materia civil penal en sus fracciones
II III, IV, V; VI, VII y VIII. Establece las reglas generales del amparo
ante los jueces de Distrito Determina un régimen de
responsabilidades en las fracciones X, XI, XII.
DERECHOS
CONSTITUCIONALES
Y SUS GARANTÍAS
MAPA CONCEPTUAL

CONCEPTO

SUJETO DE LOS
DERECHOS ELEMENTOS
CONSTITUCIONALES

DERECHOS FUENTE DE LOS


CLASIFICACIÓN CONSTITUCIONALES DERECHOS
CONCEPTO

Por origen formal de los derechos constitucionales y/o humanos


entendemos aquella manera o forma como el estado o sociedad política
organizada incorporo el orden jurídico constitucional los derechos públicos
subjetivos cuyo contenido lo constituyen las prerrogativas fundamentales del
gobernado.

Existen diversas teorías para hablar de esta gestión, variantes de dos


tesis la ius naturalista y la estatista; la primera sostiene que siendo los
derechos del hombre inseparables de su naturaleza y consubstanciales a su
normativa el estado debe respetarlos teniendo la ineludible obligación de
incorporarlos a su orden jurídico.

La estatista parte de un criterio opuesto al sustentado por la ius


naturalista (ius; derecho y nature; natural) afirma que sobre el poder del
pueblo o la nación no existe potestad individual, y por eso el estado es el
que nos otorga los derechos constitucionales y/o humanos.

Los regímenes sociales en que estaban estructurados los principales


pueblos prehispánicos se basaban en formas primitivas y rudimentarias, y
conforme a las cuales la autoridad suprema, con facultades absolutas, era el
rey o emperador. El derecho público en estos tiempos se traducía en un
cúmulo de reglas consuetudinarias que establecían la manera de designar al
jefe supremo, así como en una especie de conciencia jurídica que,
consideraba al soberano investido de un poder ilimitado.
En algunos pueblos existía un consejo de ancianos y sacerdotes que
aconsejaban al jefe supremo en las cuestiones trascendentales para la vida
pública, pero también es cierto que éste no estaba obligado a acatar las
opiniones de sus consejeros. Así, podemos considerar que en los regímenes
sociales y políticos primitivos el gobernado no era titular de ningún derecho
frente al gobernante, pero sí existía un conjunto de prácticas que regulaban
las relaciones propiamente civiles entre los miembros de la comunidad y
fijaban cierta penalidad para hechos considerados como delictuosos.

El derecho colonial se integró con el derecho español y por las


costumbres indígenas, principalmente. Al consumarse la conquista de
México, la penetración jurídica española se encontró con un conjunto de
hechos y prácticas sociales autóctonas, las cuales, lejos de desaparecer y
quedar eliminadas por el derecho español, fueron consolidadas por diversas
leyes reales y posteriormente por la Recopilación de Leyes de Indias de
1681, que autorizaba su validez en todo aquello que no fueses incompatibles
con los principios morales y religiosos que formaban al derecho español. Así,
en la Nueva España estuvo vigente en primer término la legislación dictada
exclusivamente para las colonias de América, dentro de la que ocupan un
lugar preeminente las leyes de indias.

En el orden político, la autoridad suprema en las colonias españolas de


América era el rey de España, quien era representado por virreyes o
capitanes generales. El monarca español, concentraba en su persona las
tres funciones en que se desarrolla la actividad integral del Estado, y en el
ámbito judicial, delegaba sus atribuciones propias inherentes a su soberanía
en tribunales que él mismo nombraba.

En un régimen jurídico-político como el español y, por extensión, como el


de la Nueva España, en el que la autoridad suprema del rey descansaba
sobre el origen divino de su investidura, sería inútil descubrir en el sistema
de derecho que lo estructuraba alguna institución que reconociera ciertas
prerrogativas inherentes al gobernado como contenido de una potestad
jurídica.

La invasión napoleónica de España y los sucesos políticos que ella


produjo, suscitaron en la Nueva España la tendencia a establecer entre las
colonias españolas de América y la metrópoli una situación política
igualitaria. Pero pese a tales sucesos, la tendencia a establecer la igualdad
política entre España y sus colonias no se extinguió sino que trajo como
resultado en octubre de 1810 que las cortes extraordinarias y generales
expidiesen un decreto en el que se declaraba que los naturales dominios
españoles de ultramar eran iguales en derechos a los de la península y que
un mes después, en noviembre del citado año, se reconociese por las
mismas cortes la libertad de imprenta en materia política.

El 18 de marzo de 1812 se expidió por las cortes generales y


extraordinarias de la nación española la primera Constitución Monárquica de
España y cuyo ordenamiento puede decirse estuvo vigente en México hasta
la consumación de su independencia el 27 de Septiembre de 1821 con la
entrada el ejército trigarante a la antigua capital de la Nueva España. Dicho
ordenamiento suprimió las desigualdades que existían entre españoles,
criollos, mestizos, indios y demás sujetos de diferentes razas, al reputar
como españoles a todos los hombres libres nacidos y avecindados en los
territorios sujetos al imperio de España.

El régimen jurídico-político de la Nueva España experimentó un


cambio radical con la expedición de la Constitución de Cádiz de 1812, en
virtud de la cual "España deja de ser un Estado absolutista para convertirse
en una monarquía constitucional; al rey se le despoja del carácter de
soberano ungido por la voluntad divina, para considerarlo como un mero
depositario del poder estatal cuyo titular es el pueblo, reduciendo su
potestad gubernativa a las funciones administrativas, y diferenciando éstas
de las legislativas y jurisdiccionales, que se confiaron a las cortes y
tribunales, respectivamente."

El movimiento iniciado por Miguel Hidalgo y Costilla que en sus albores


parecía dirigirse contra el mal gobierno, a medida que se fue extendiendo
fue adquiriendo impulsos legislativos que, aunque no se hayan traducido en
un documento unitario y sistemático, tuvieron como resultado la expedición
de diferentes decretos que denotaron una clara manifestación de las
tendencias ideológicas de los insurgentes. Entre ellos, el más importante fue
el que declaró abolida la esclavitud y suprimida la exacción que pesaba
sobre las castas expedido por Hidalgo el 6 de Diciembre de 1810. José
María Morelos, no sólo no continuó la lucha emancipadora, sino que
pretendió hacerla culminar en una verdadera organización constitucional.
Así, se formó una especie de asamblea constituyente denominada Congreso
de Anáhuac, que el 6 de noviembre de 1813 expidió el Acta Solemne de la
Declaración de la Independencia de América Septentrional, en la que se
declaró la disolución definitiva del vínculo de dependencia del trono español.
El 22 de octubre de 1814 el propio congreso expide un documento jurídico-
político llamado Decreto Constitucional para la Libertad de la América
Mexicana, conocido como Constitución de Apatzingán, en él se encuentran
plasmados los fundamentales principios de la ideología insurgente y, sin en
varios aspectos sigue los lineamientos demarcados por la Constitución
española de 1812, diverge radicalmente de ésta en cuanto que tendió a
dotar a México de un gobierno propio, independiente de España.

La constitución de Apatzingán contiene un capítulo especial dedicado a


las garantías individuales como elementos insuperables por el poder público,
que siempre debía respetarlos en toda su integridad, al estimar que los
derechos del hombre son superiores a toda organización social, cuyo
gobierno, en ejercicio del poder público, debe considerarlos intangibles, pues
su protección no es sino la única finalidad del Estado.
El movimiento insurgente parecía haberse sofocado indefinidamente a
consecuencia del fusilamiento de Morelos, y los principios político-jurídicos
sobre los que descansaba la ideología de la independencia nacional
adoptados en el Acta de Emancipación de 1813 y en la Constitución de
Apatzingán, desgraciadamente no fueron proclamados por los continuadores
de los movimientos libertarios posteriores.

El Plan de Iguala contiene prescripciones relativas a la unión de los


mexicanos y europeos, la conservación de la religión católica sin tolerarse
ninguna otra y el establecimiento de una monarquía moderada que debiera
intitularse "Imperio Mexicano". La junta provisional gubernativa que había
sido constituida para preparar la organización jurídico-política del nuevo
Estado, expide el día 6 de octubre de 1821 la llamada Acta de
Independencia del Imperio Mexicano, en la que además de declararse la
emancipación definitiva de la nación mexicana respecto de la antigua
España, se previó la estructuración del país con arreglo a las bases que en
el Plan de Iguala y tratados de Córdoba estableció el primer jefe del Ejército
Imperial de las Tres Garantías.

El 24 de febrero mediante un decreto se determinó que México adoptaba


para su gobierno la monarquía moderada constitucional con la denominación
de imperio mexicano. El gobierno imperial de Iturbide tuvo una efímera
duración, pues el congreso constituyente por decreto del 31 de marzo de
1823 declaró que el poder ejecutivo cesaba en sus funciones, estableciendo
que dicho poder lo ejercería provisionalmente un cuerpo compuesto por tres
miembros.

Por decreto del 21 de mayo de 1823, el congreso constituyente


mexicano lanzó una convocatoria para la formación de un nuevo congreso.
Este nuevo congreso constituyente se enfrentó al dilema de si había de
organizarse a México como república federal o como república central. El
triunfo de las ideas federalistas cristalizó primeramente en el Acta
Constitutiva de la Federación decretada el 31 de enero de 1824, y en este
documento se consagraron los fundamentales principios de todo régimen
constitucional federal de naturaleza democrática. En dicha acta se declara
que la soberanía reside radical y esencialmente en la nación; que el poder
supremo de la federación se divide para su ejercicio en legislativo, ejecutivo
y judicial y que jamás podrán reunirse dos o más de dichos poderes en una
corporación o persona, ni depositarse el legislativo en un solo individuo; y
que las constituciones particulares de cada estado federado no podrán
oponerse a dicha acta.

Los lineamientos generales del Acta constitutiva de la federación se


adoptan por nuestra primera Ley Fundamental, la Constitución Federal del 4
de Octubre de 1824, la cual representa una cristalización, en una norma
positiva, del pensamiento jurídico-político de la época. No obstante que
México contaba con una Constitución como la federal de 1824, su
expedición no fue obstáculo para que durante su vigencia comenzara la
trágica etapa de pronunciamientos militares, fruto de las ambiciones
personales de poder de los personajes fuertes de aquélla época.

El sistema federal establecido en la Constitución de 1824 se substituyó


por el régimen central, expidiéndose en diciembre de 1835 las llamadas
Siete Leyes Constitucionales, ordenamiento que a pesar de haber cambiado
la forma estatal de México, conservó el principio de la división poderes. Las
Siete Leyes formaron la primera constitución centralista del país. La primera
de las siete leyes se refiere a los derechos y obligaciones de los mexicanos
y habitantes de la República y en sus preceptos se contiene diversas
garantías de seguridad jurídica, tanto en relación con la libertad personal
como con la propiedad, al disponerse que nadie podía ser detenido sin
mandamiento de juez competente y que la privación de los bienes de una
persona, de su libre uso y de su aprovechamiento sólo podría llevarse a
cabo cuando lo exigiera la utilidad pública. Además, en la propia Primera Ley
se consagra la libertad de emisión del pensamiento, prohibiéndose la previa
censura para los medios escritos de expresión, así como la libertad de
traslación personal y bienes fuera del país.

El 4 de agosto de 1846, el general Mariano Salas formuló un plan en la


ciudadela de México desconociendo el régimen centralista y pugnando por la
formación de un nuevo congreso. El congreso a que aludía el Plan de la
Ciudadela, debería quedar instalado el 6 de diciembre de 1846, en la
inteligencia de que mientras se expedía una nueva constitución, regiría la
federal de 1824, y hasta el día 10 de febrero de 1847 se restauró la vigencia
de la constitución de 1824, reimplantándose así el régimen federal. Este
ordenamiento constitucional evidentemente necesitaba de modificaciones
para adaptarse al estado de cosas que prevalecía en 1847, y en tal virtud el
18 de mayo de ese año, se expidió el Acta de Reformas. Las prescripciones
más importantes de dicha acta fueron las siguientes: declaración que una ley
secundaria fijaría las garantías de libertad, seguridad, propiedad e igualdad
a favor de todos los habitantes de la república y la institución del juicio de
amparo. La eficacia jurídica de las entonces llamadas: “garantías
individuales”, declaradas simplemente en el Acta de Reformas se supeditó a
la expedición de una ley constitucional que las instituyera de manera
específica.

La proclamación del Plan de Ayutla se revela en la historia de nuestro


país como un acontecimiento iniciador de una auténtica revolución que
culminó con la expedición de la constitución federal de 1857, rectora de la
vida del país hasta 1913. Así, el Plan de Ayutla propendió a derrocar
violentamente la dictadura de Santa Anna; tuvo como propósito establecer la
"igualdad republicana" mediante la abolición de órdenes, tratamientos y
privilegios abiertamente opuestos a ella; pugnó por la organización "estable
y duradera" del país mediante el establecimiento de un orden constitucional,
"bajo la forma de república, representativa y popular"; hizo surgir con perfiles
ideológicos perfectamente marcados al partido liberal que sostuvo con las
armas la constitución del 57 y las leyes de Reforma.
La revolución reformista originada por el Plan de Ayutla y continuada por
el partido liberal, estalla contra una dictadura asfixiante, se basaba en los
principios de la ideología liberal: el republicanismo, el federalismo, la
igualdad individual ante la ley, el respeto a los derechos de la persona
humana, la limitación del poder público frente a los gobernados, la formación
democrática del gobierno y la separación de la iglesia y el Estado; principios
que se consagran en la Constitución de 57 y en las leyes de reforma.

La constitución de 1857 implanta el liberalismo e individualismo como


regímenes de las relaciones entre el Estado y sus miembros. Dicha
constitución fue el reflejo auténtico de las doctrinas imperantes en la época
de su promulgación para las que el individuo y sus derechos eran el
primordial y único objeto de las instituciones sociales, que siempre debían
respetarlos como elementos súper-estatales.

En nuestra historia constitucional la tesis ius naturalista se adoptó


franca y claramente por el código federal de 1857 siendo presidente en ese
entonces Benito Juárez.

La constitución de 1857 otorgaba o sea instituía garantías a favor del


individuo las cuales significaban limitaciones al poder público para asegurar
el goce de tales derechos. Esta Constitución consideró que los derechos del
hombre no sólo son el objeto de las instituciones jurídicas, sino su base
misma. Los autores de dicha constitución, además, implícitamente se
declararon partidarios del ius naturalismo en materia de derechos del
hombre, pues de la exposición de motivos se advierte que el congreso debía
respetar los derechos concedidos al hombre por su creador, además
considera que los derechos del hombre son la base y el objeto de las
instituciones sociales.
La constitución vigente se aparta de la doctrina ius naturalista, pues a
diferencia de la de 57, ya no considera a los derechos del hombre como la
base y objeto de las instituciones sociales, sino que los reputa como un
conjunto de garantías individuales que el Estado concede u otorga a los
gobernados.

El individualismo, adoptado por el ordenamiento constitucional próximo


anterior, establece que los derechos del hombre, inherentes e inseparables
de su personalidad, son supraestatales, es decir, que están por encima de
todo orden creado por el Estado, el que, por ende, debe respetarlos siempre
y convertirlos en el objeto y base de sus instituciones. Contrariamente a esta
tesis, nuestra constitución de 1917 ya no hace figurar a los derechos del
hombre como el exclusivo contenido de los fines estatales, sino que,
considerando que el pueblo constituido políticamente en Estado es el único
depositario del poder soberano, ha expresado que las garantías individuales
son instituidas o creadas por el orden jurídico constitucional. Nuestra ley
fundamental actual, asevera que las garantías de que pueden gozar los
individuos frente al poder público son otorgadas a éstos por la propia
sociedad.

A diferencia de la constitución de 1857, que únicamente consagraba


garantías individuales como medios re cognoscitivos y protectores de los
derechos del hombre, la constitución vigente consigna, además, las
llamadas garantías sociales, un conjunto de derechos otorgados a
determinadas clases sociales que propenden a consolidar su situación
económica primordialmente.

No es posible entender el concepto de “Garantías Individuales” sin


hacer esta reseña histórica del tránsito de estos derechos por nuestro
pasado independentista. Ahora con esta base concretaremos el concepto de
lo que se debe entender por “garantías individuales”
Las Garantías Individuales son todas aquellas cuestiones de derecho,
que un individuo ya desde su nacimiento disfrutará y podrá exigir en caso
que no se cumplan y que tendrán como objetivo la consecución de la paz, la
armonía y el orden en la sociedad en la cual se encuentre, asegurar la
convivencia pacífica entre los hombres que comparten y viven en el mismo
territorio, obtener justicia y bienestar social y alcanzar el bien común.

Las garantías individuales que cada persona posee se encuentran


manifestadas en la constitución nacional de la Nación, que es la norma
madre de todas las normas y a la cual todas convienen de alguna manera,
es decir, ostentan un rango constitucional y son consideradas como
fundamentales en el sistema político que la correspondiente constitución
haya fundado oportunamente. La orientación de las mismas se encuentra
siempre en dirección positiva a la dignidad humana.

Bien podemos entender las garantías individuales como los


límites o prohibiciones que el poder público se ha impuesto con el
fin de hacer posible a los particulares el disfrute máximo posible de
su libertad.

En conclusión, podemos decir que las garantías individuales


son derechos de la persona frente al estado, de libertad, de
igualdad, de propiedad y de seguridad jurídica.

En nuestro país la salvaguarda de la otrora garantía


individual, hoy los derechos constitucionales y/o humanos, está
constituida por el juicio de amparo, que viene a ser el medio legal
de que dispone el ser humano en México, para hacer válidos esa
serie de derechos subjetivos públicos que le asisten y que la
constitución le reconoce, por más que en un error técnico de
redacción, nuestra carta magna diga que “otorga”, pues no se trata
de un obsequio, sino de un reconocimiento a los derechos
fundamentales del hombre.
ELEMENTOS

Los elementos de estos derechos vienen a ser tanto el estado, como


regulador de los mismos; como los gobernados o individuos con capacidad
jurídica propia; ambos gozan y están obligados a acatarse a las
disposiciones establecidas por éstas.Por lo mismo, podemos hablar de
dos elementos personales de la garantía individual que más
adelante analizaremos sujeto activo y sujeto pasivo.

Los elementos están dados por la relación que se establece entre el


sujeto titular de los derechos constitucionales y/o humanos y el sujeto
obligado a respetar las garantías individuales.

Los elementos de los derechos constitucionales y/o humanos son:

1. La relación de supra a subordinación entre el gobernador (sujeto


activo) y el estado y sus autoridades (sujetos pasivos)

2. Derecho público subjetivo que emana de dicha relación a favor del


gobernado (objeto)

3. Obligación correlativa a cargo de las autoridades consiste en


respetar el consabido derecho y conservar o cumplir las condiciones de
seguridad jurídica del mismo (objeto)

4. Previsión y regularización de la citada relación por la ley


fundamental (fuente).

En efecto, los derechos constitucionales y/o humanos, no son


derechos públicos subjetivos absolutos, pues “su uso, restricción y
suspensión, se arreglan a los casos y a las condiciones que establece dicha
Constitución, dentro de los límites que la misma señala.”
Aun cuando los supuestos de restricción o suspensión de los
derechos constitucionales y/o humanos se hallen previstos en el propio
Código Supremo, tal como lo establece, por ejemplo, el artículo 29, no debe
olvidarse que el medio protector por excelencia de las propias garantías
también figura en el cuerpo del texto constitucional, concretamente en los
artículos 103 y 107, relativos al juicio de amparo.

1.1.[2.1.] FUENTE DE LOS DERECHOS CONSTICIONALES.

Las fuentes de los derechos constitucionales y/o humanos son la


constitución, las leyes secundarias, los tratados internacionales y las
constituciones locales.

a) Fuentes Formales son la Costumbre o la legislación escrita (la


constitución y locales; convenios y tratados internacionales en materia de
Derechos humanos), cuyos principios los encontramos en los artículos 133 y
135 de la Constitución Federal. El artículo 133 fundamenta el principio de
supremacía constitucional, al establecer que la ley fundamental, las leyes
emanadas de ella y los tratados internacionales celebrados por el Estado
mexicano, constituirán la “Ley suprema de la Unión”.

b) Fuentes Históricas son todos aquellos ordenamientos jurídicos


anteriores a nuestra Constitución de 1917 que han quedado reseñados en
este libro y que han sido antecedente de nuestra actual legislación y marco
constitucional.

c) Fuentes reales son todos aquellos acontecimientos fácticos de la


realidad del país que han dado origen a los derechos constitucionales y/o
humanos en un tiempo y lugar determinados.
Bien podemos entender los derechos constitucionales y/o humanos
como los límites o prohibiciones que el poder público se ha impuesto a
través de la ley fundamental con el fin de hacer posible a los particulares el
disfrute máximo posible de su libertad.

En conclusión, podemos decir que los derechos constitucionales y/o


humanos son derechos de la persona frente al estado, de libertad, de
igualdad, de propiedad y de seguridad jurídica y sus fuentes las
circunstancias y los ordenamientos actuales e históricos de donde
emanaron.

SUJETO DE LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES

La relación en que se manifiestan los derechos constitucionales y/o


humanos consta de dos sujetos; el activo o gobernado y el pasivo,
constituido por el estado y sus órganos de autoridad. Se habla además de
derechos públicos subjetivos. Son públicos por qué no recaen sobre cosas
materiales si no sobre acciones personales. En consecuencia, es evidente
que las garantías consignadas en la constitución se establecieron para
tutelar los derechos del individuo frente a los actos del poder público.

Así, los derechos constitucionales y/o humanos confieren en una


relación constitucional en la que por una parte se encuentra el estado en
general y sus órganos, en particular y en la otra el estado en general y
particularmente todas las personas que por su condición humana son
titulares de estas garantías. Por tanto solo por medio de la carta magna se
fija la extinción de esos derechos públicos subjetivos que implican tales
vínculos jurídicos a favor de los gobernados.

ACTIVO
Este se entiende como toda persona capaz de desempeñar cualquier
tipo de actividad y contraer obligaciones en sus relaciones con los demás, lo
que da lugar a las relaciones de coordinación, incluidas las organizaciones
del Estado, siempre que actué como particular, sin sus atributos de
unilateralidad, imperatividad, coercibilidad. Por ende, las relaciones de
coordinación que se formen entre un particular y el estado en este sentido no
constituyen actos de autoridad.

En consecuencia por sujeto activo o gobernado debe entenderse de


acuerdo con la definición de Burgoa “aquella persona en cuya esfera operan
o vayan a operar actos de autoridad, es decir, actos atribuibles a algún
órgano estatal que sean de índole unilateral, imperativo y coactivo”.

Estas personas pueden ser físicas, morales de derecho privado


(sociedades y asociaciones), de derecho social (sindicatos, comunidades
agrarias etc.) y de derecho público (personas morales y oficiales, así como
organismos descentralizados).

El Gobernado o sujeto activo, es aquella persona en cuya esfera


operan o vayan a operar actos de autoridad e incluye a:

1. Individuo o habitante que viva en el territorio nacional, equivale a


ser humano. En algunos casos alcanza a residentes en el extranjero.
Pueden ser grupos o integrantes de ciertas clases sociales.

2. Personas morales, su existencia y capacidad para adquirir


derechos y contraer obligaciones deriva de la ley. Como centros de
imputación o gobernados cuando un acto de autoridad afecte su órbita
jurídica. Se excluyen los derechos o potestades que tengan un sustrato
biológico (vida, ciertas libertades). Vallarta proclamo esta extensión de las
garantías, durante el siglo XIX, antes solo los individuos eran titulares.

3. Personas morales de derecho público u oficiales, cuando no actúen


como autoridades sino en su personalidad de derecho privado. (104
fracciones III, d. privado, 105 d. público). Conforme a la Ley Orgánica de la
Administración Pública Federal existen:

a) Dependencias centralizada
b) Secretarías
c) Departamentos administrativos
d) Procuradurías
e) Entidades paraestatal
f) Organismos descentralizados
g) Empresas de participación estatal
h) Fideicomisos públicos
i) Instituciones financieras y crediticias
j) Personas morales de derecho social
k) Sindicatos
l) Comunidades agrarias y ejidos

PASIVO

El sujeto Pasivo u obligado por la Constitución a respetar y hacer que


se cumplan las de los derechos constitucionales son:

1. Estado, es el sujeto pasivo mediato o indirecto. De los tres poderes


(ejecutivo legislativo y judicial) de los tres niveles de gobierno:
(federal, estatal y municipal).

2. Autoridades estatales, son el sujeto pasivo inmediato o directo

3. Organismos descentralizados, pueden equivaler a las autoridades


cuando la relación jurídica sea de supra a subordinación en relación
con los gobernados. Sus facultades deben estar previstas en leyes y
tener el poder de crear, modificar o extinguir situaciones jurídicas de
manera unilateral o vinculatoria.
4. Universidades y Escuelas como Entidades de descentralizadas del
gobierno que son un problema más que jurídico, político.

5. Autoridades de facto o por la materia de sus actos (esencialmente la


unilateralidad o vinculatoriedad).

6. Árbitros como la Procuradurías Federal del Consumidor, Comisión


Nacional de Seguros y Fianzas, Juntas de Conciliación y Arbitraje,
paneles del TLC, cuando no es voluntario el sometimiento a ellas.

7. Grupos sociales en el caso de garantías sociales.

OBJETO

En cuanto al objetivo general cabe señalar que es de suma importancia


conocer nuestras garantías para así poder entenderlas, explicarlas y darlas
a conocer; ya que como futuros prestadores de servicios tenemos la
obligación de empezar a conocer nuestro país para así posteriormente
vender los servicios.

En cuanto a los fines de derecho y de las garantías tenemos que son


los siguientes:

a) La paz, armonía y el orden.

b) Mantener la convivencia pacífica entre los hombres.

c) Obtener la justicia y el bienestar general. El bien


común.

CLASIFICACIÓN
Las clasificaciones que se han hecho de los derechos constitucionales
son útiles, porque hacen fijar la atención en los fines prácticos y concretos
que se persiguen con su institución siguiendo sus respectivos contenidos
preceptúales, pero no se debe perder de vista que ninguna clasificación
puede ser tajante, porque con frecuencia ocurre que algunas de ellas se
enclavan en más de un renglón clasificatorio.

A los derechos constitucionales y/o humanos se les puede dividir en


cuatro grandes partes, las cuales, se encuentran compuestas por los
derechos de propiedad, libertad, seguridad jurídica e igualdad.

Los derechos constitucionales y/o humanos incluyen: que todo individuo


deberá gozar de los derechos que otorga la constitución, la prohibición de la
esclavitud bajo todo punto de vista, todos los ciudadanos tendrán los mismos
derechos sin distinciones, prohibición de los títulos nobiliarios y de fueros.

Dentro de los derechos de libertad nos encontramos con estas tres


divisiones: las libertades inherentes a la persona humana, las libertades que
corresponden a la persona física y las libertades de las personas en cuanto
al plano social. Y finalmente, las garantías de seguridad implicarán: el
derecho de petición, la detención de una persona por parte de las fuerzas de
seguridad únicamente con una orden judicial mediante y el derecho a recibir
eficaz y efectivamente la administración de justicia. A continuación
destacaremos de manera esquemática la clasificación de los derechos
constitucionales y/o humanos.

CLASIFICACIÓN DE LOS DERECHOS CONSTITUCIONALES

D 1.-DERECHO DE PROPIEDAD
E (ARTICULO: 27)
R
E
C 2.- DERECHOS DE SEGURIDAD JURIDICA
H
O
S

C
(ARTICULOS: 5, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23)

3.- DERECHOS DE LIBERTAD


(ARTÍCULOS: 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 16, 24, 28)

4.- DERECHOS DE IGUALDAD


(ARTÍCULOS: 1, 3, 4, 8, 12, 13)

NOTA.- ALGUNOS DERECHOS CONSTITUCIONALES PUEDEN


SUSPENDERSE EN CASO DE PERTURBACIÓN
GRAVE DE LA PAZ PÚBLICA, INVASIÓN, O DE
CUALQUIER OTRO QUE PONGA A LA
SOCIEDAD EN GRAVE PELIGRO O CONFLICTO.

DERECHOS SOCIALES
MAPA CONCEPTUAL
CONCEPTO

FUENTES DE LAS
DERECHOS SOCIALES

DERECHOS SOCIALES ARTICULO 1

ELEMENTOS

ARTICULO 2
ARTICULOS
CONTITUCIONALES QUE
LOS CONTEMPLAN

ARTICULO 12

ARTICULO 13

CONCEPTO
Los derechos sociales son el conjunto de normas jurídicas que
establecen y desarrollan diferentes principios, procedimientos e instituciones
orientados a proteger, tutelar y reivindicar a las personas, grupos y sectores
de la sociedad más desprotegidos y marginados; por lo mismo, social
cultural y económicamente débiles, conforme a criterios de justicia social y
bienestar colectivos para lograr su incorporación o acceso al bien común y
su convivencia con las demás clases sociales, dentro de un orden jurídico.

Inicialmente surgen como derechos a partir de reformas a leyes


secundarias y adquieren la categoría de derechos constitucionales al
conformar la esencia ideológica de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos de 1917, marcando un precedente en más de diez
Constituciones posteriores incluida la constitución de la república de Weimar.

Además de los derechos constitucionales, el Estado debe de brindar al


gobernado, garantías sociales. Mientras que los derechos individuales están
sustentadas en el valor de la libertad, los sociales responden al valor de la
justicia social, entre éstas se encuentran el derecho a la educación, a la
vivienda, a la salud, al trabajo remunerado y a la asistencia social.

Los derechos sociales son conjuntos de mecanismos jurídicos,


institucionales, programáticos y financieros que especifican derechos y
obligaciones que los Estados deben cumplir para realizar cada uno de esos
derechos. De la misma forma que el derecho individual, el derecho social
también se revela como una relación jurídica, más los elementos distintivos
de ambas difieren.

Al establecerse los derechos sociales se formó “una relación de derecho


entre los grupos sociales favorecidos o protegidos y aquellos frente a los que
se implantó tutela”.

En vista de esto, los sujetos del vínculo jurídico en que se traducen los
derechos sociales, son, por un lado, las clases sociales carentes del poder
económico o de los medios de producción y en general los grupos
colocados en mala situación, y por otro, las castas poseedoras de la riqueza
o situadas en buena posición económica.

La manifestación jurídica de los derechos sociales, puede existir,


solamente entre los sujetos cuya posición se caracteriza por modalidades
especiales, mientras que el vínculo jurídico de las garantías individuales
puede establecerse entre cualquier persona física o moral,
independientemente de su condición jurídica, social, etc. y las autoridades
estatales y del Estado.

Los derechos sociales implican una relación jurídica entre dos clases
sociales distintas o entre dos o más sujetos individuales particularmente.
Dichas garantías crean “derechos y obligaciones para los sujetos de la
relación en que se manifiestan, cuya consagración normativa constituye la
regulación legislativa de las actividades recíprocas de aquellos”.

Pues bien, los derechos sociales, como lo he mencionado anteriormente,


en una relación jurídica entre dos sujetos que están colocados en una
situación de gobernados, que intervienen como reguladores, ejerciendo un
poder limitado por el orden jurídico estatal, esto es que ante las garantías
sociales y frente a los derechos y obligaciones que de ellas se derivan, el
Estado, por conducto de las autoridades, vela por el cumplimiento de todas
las modalidades jurídicas y económicas de la relación de derecho en que se
ostentan las prerrogativas sociales.

Así el maestro Ignacio Burgoa, estableció al respecto: “Las garantías


sociales son el conjunto de normas jurídicas que establecen y desarrollan
diferentes principios, procedimientos e instituciones orientados a proteger,
tutelar y reivindicar a las personas, grupos y sectores de la sociedad más
desprotegidos y marginados y, por lo mismo, social cultural y
económicamente débiles, conforme a criterios de justicia social y bienestar
colectivos para lograr su incorporación o acceso al bien común y su
convivencia con las demás clases sociales, dentro de un orden jurídico”.
ELEMENTOS

Estando consagradas las garantías sociales por la Ley Fundamental,


esto es, formando parte del articulado de ésta, participan también de
elementos o los principios constitucionales de supremacía y rigidez.

Los elementos de estos derechos y obligaciones vienen a ser tanto el


Estado como regulador de los mismos, como los gobernados o individuos
con capacidad jurídica propia; ambos gozan y están obligados a acatarse a
las disposiciones establecidas por éstas.

Por lo mismo, podemos hablar de dos elementos personales del


derecho individual, de dos sujetos en la relación jurídica: por un lado, el
sujeto activo, el titular de la garantía, el gobernado; por el otro, el sujeto
pasivo, el obligado a garantizar su goce y disfrute, la autoridad, el Estado.

Don Ignacio Burgoa, afirma que: “el concepto de garantía individual


concurren los siguientes elementos:

a) Relación jurídica de supra a subordinación entre el gobernado


(sujeto activo) y el Estado y sus autoridades (sujetos pasivos).

b) Derecho público subjetivo que emana de dicha relación a favor del


gobernado (objeto).

c) Obligación correlativa a cargo del estado y sus autoridades,


consistente en respetar el consabido derecho y en observar o
cumplir las condiciones de seguridad jurídica del mismo (objeto).

d) Previsión y regulación de la citada relación por la Ley


Fundamental (fuente)”

FUENTES DE LAS GARANTÍAS SOCIALES


Son fuentes formales de los derechos sociales: la costumbre o la
legislación escrita, la propia Constitución Federal y las Constituciones
locales. Así como los convenios y tratados internacionales en materia de
Derechos Humanos.

El artículo 133 constitucional fundamenta el principio de supremacía


constitucional, al establecer que la ley fundamental, las leyes emanadas de
ella y los tratados internacionales celebrados por el Estado mexicano,
constituirán la “Ley suprema de la Unión”. Con ello tenemos como principal
fuente desde luego a la norma suprema.

ARTÍCULOS CONSTITUCIONALES QUE LAS CONTEMPLAN

Los artículos de la Constitución vigente en su parte dogmática que


contemplan las garantías sociales en estudio y que describimos a
continuación de manera textual primero y comentamos después son los
siguientes:

ARTÍCULO 1°

“Artículo 1o. En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas


gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en los
tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte, así como
de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá restringirse ni
suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que esta
Constitución establece.

Las normas relativas a los derechos humanos se interpretarán de


conformidad con esta Constitución y con los tratados internacionales de la
materia favoreciendo en todo tiempo a las personas la protección más
amplia.
Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la
obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos
humanos de conformidad con los principios de universalidad,
interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado
deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los
derechos humanos, en los términos que establezca la ley.

Está prohibida la esclavitud en los Estados Unidos Mexicanos. Los


esclavos del extranjero que entren al territorio nacional alcanzarán, por este
solo hecho, su libertad y la protección de las leyes.

Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o


nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las
condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el
estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga
por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”

De ésta forma nuestra Carta Magna consagra una garantía de


igualdad, porque en su mismo texto incluye a todas las personas que se
encuentren en el territorio nacional para que puedan hacer uso y disfrute de
los derechos humanos y las garantías de los derechos que ella otorga.

Esta expresión de igualdad hace que se incluya dentro de dicha


garantía a todas las personas sin alguna distinción originada por diferencia
de sexo, religión, grupo social, creencias u otras.

En consecuencia esta garantía, se extiende según el criterio de


Ignacio Burgoa, a todas las personas morales de orden privado y en algunos
casos personas del orden público; criterio correcto, porque de no ser así se
cometerían excesos en contra de este tipo de personas, las cuales tendrían
la necesidad de cuestionarse sobre la conveniencia de constituirse en
persona moral, si las garantías que tienen como personas físicas se
pondrían en duda.

El mismo artículo uno de nuestra Constitución delimita el alcance


territorial de sus garantías al consagrar expresamente que estas serán
efectivas dentro del territorio de la república. Considerando lo que la misma
Constitución establece como territorio mexicano, entonces se puede concluir
que las garantías Constitucionales serán válidas en todas las entidades
integrantes de la Federación, en las islas, arrecifes, el espacio situado sobre
el territorio nacional, las embajadas, los consulados, así como en las
aeronaves o barcos que circulen en territorio extranjero, pero considerados
como nacionales.

Del mismo modo el artículo uno abre la posibilidad de una suspensión


de derechos, sin embargo, dicha suspensión se encuentra sujeta a la
condición de que se lleve a cabo en los términos que establece nuestra
Carta Fundamental.

Hace referencia a los tratados donde se salvaguarden los derechos


humanos y su interpretación acorde a la norma suprema, obligando a las
autoridades a proteger los derechos humanos que ella consagra y también
los que se encuentren en los tratados en que México forme parte, ordenando
al Estado sancione a la autoridad incumplida, reparando además el posible
daño causado.

El artículo incluye la protección a la libertad y la prohibición de la


esclavitud que anteriormente consignaba el artículo 2, así mismo después de
la reforma reciente se introduce al artículo primero y se eleva a rango
constitucional la prohibición de la discriminación por cualquier causa.

ARTÍCULO 2°
El artículo segundo de nuestra Máximo Ordenamiento legal
consagra el reconocimiento y protección de los pueblos indígenas de la
siguiente manera:

“Artículo 2°.- La Nación Mexicana es única e indivisible.

La Nación tiene una composición pluricultural sustentada


originalmente en sus pueblos indígenas que son aquellos que descienden de
poblaciones que habitaban en el territorio actual del país al iniciarse la
colonización y que conservan sus propias instituciones sociales,
económicas, culturales y políticas, o parte de ellas.

La conciencia de su identidad indígena deberá ser criterio


fundamental para determinar a quiénes se aplican las disposiciones sobre
pueblos indígenas.

Son comunidades integrantes de un pueblo indígena, aquellas que


formen una unidad social, económica y cultural, asentada en un territorio y
que reconocen autoridades propias de acuerdo con sus usos y costumbres.
El derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación se ejercerá en
un marco constitucional de autonomía que asegure la unidad nacional. El
reconocimiento de los pueblos y comunidades indígenas se hará en las
constituciones y leyes de las entidades federativas, las que deberán tomar
en cuenta, además de los principios generales establecidos en los párrafos
anteriores de este artículo, criterios etno-lingüísticos y de asentamiento
físico.

A. Esta Constitución reconoce y garantiza el derecho de los pueblos y las


comunidades indígenas a la libre determinación y, en consecuencia, a la
autonomía para:

I. Decidir sus formas internas de convivencia y organización social,


económica, política y cultural.
II. Aplicar sus propios sistemas normativos en la regulación y solución
de sus conflictos internos, sujetándose a los principios generales de esta
Constitución, respetando las garantías individuales, los derechos humanos y,
de manera relevante, la dignidad e integridad de las mujeres. La ley
establecerá los casos y procedimientos de validación por los jueces o
tribunales correspondientes.

III. Elegir de acuerdo con sus normas, procedimientos y prácticas


tradicionales, a las autoridades o representantes para el ejercicio de sus
formas propias de gobierno interno, garantizando la participación de las
mujeres en condiciones de equidad frente a los varones, en un marco que
respete el pacto federal y la soberanía de los Estados.

IV. Preservar y enriquecer sus lenguas, conocimientos y todos los


elementos que constituyan su cultura e identidad.

V. Conservar y mejorar el hábitat y preservar la integridad de sus


tierras en los términos establecidos en esta Constitución.

VI. Acceder, con respeto a las formas y modalidades de propiedad y


tenencia de la tierra establecidas en esta Constitución y a las leyes de la
materia, así como a los derechos adquiridos por terceros o por integrantes
de la comunidad, al uso y disfrute preferente de los recursos naturales de los
lugares que habitan y ocupan las comunidades, salvo aquellos que
corresponden a las áreas estratégicas, en términos de esta Constitución.
Para estos efectos las comunidades podrán asociarse en términos de ley.

VII. Elegir, en los Municipios con población indígena, representantes


ante los ayuntamientos. Las constituciones y leyes de las entidades
federativas reconocerán y regularán estos derechos en los Municipios, con el
propósito de fortalecer la participación y representación política de
conformidad con sus tradiciones y normas internas.
VIII. Acceder plenamente a la jurisdicción del Estado. Para garantizar
ese derecho, en todos los juicios y procedimientos en que sean parte,
individual o colectivamente, se deberán tomar en cuenta sus costumbres y
especificidades culturales respetando los preceptos de esta Constitución.
Los indígenas tienen en todo tiempo el derecho a ser asistidos por
intérpretes y defensores que tengan conocimiento de su lengua y cultura.
Las constituciones y leyes de las entidades federativas establecerán las
características de libre determinación y autonomía que mejor expresen las
situaciones y aspiraciones de los pueblos indígenas en cada entidad, así
como las normas para el reconocimiento de las comunidades indígenas
como entidades de interés público.

B. La Federación, los Estados y los Municipios, para promover la igualdad


de oportunidades de los indígenas y eliminar cualquier práctica
discriminatoria, establecerán las instituciones y determinarán las políticas
necesarias para garantizar la vigencia de los derechos de los indígenas
y el desarrollo integral de sus pueblos y comunidades, las cuales deberán
ser diseñadas y operadas conjuntamente con ellos.

Para abatir las carencias y rezagos que afectan a los pueblos y


comunidades indígenas, dichas autoridades, tienen la obligación de:

I. Impulsar el desarrollo regional de las zonas indígenas con el


propósito de fortalecer las economías locales y mejorar las condiciones de
vida de sus pueblos, mediante acciones coordinadas entre los tres órdenes
de gobierno, con la participación de las comunidades. Las autoridades
municipales determinarán equitativamente las asignaciones presupuestales
que las comunidades administrarán directamente para fines específicos.

II. Garantizar e incrementar los niveles de escolaridad, favoreciendo la


educación bilingüe e intercultural, la alfabetización, la conclusión de la
educación básica, la capacitación productiva y la educación media superior y
superior. Establecer un sistema de becas para los estudiantes indígenas en
todos los niveles. Definir y desarrollar programas educativos de contenido
regional que reconozcan la herencia cultural de sus pueblos, de acuerdo con
las leyes de la materia y en consulta con las comunidades indígenas.
Impulsar el respeto y conocimiento de las diversas culturas existentes en la
nación.

III. Asegurar el acceso efectivo a los servicios de salud mediante la


ampliación de la cobertura del sistema nacional, aprovechando debidamente
la medicina tradicional, así como apoyar la nutrición de los indígenas
mediante programas de alimentación, en especial para la población infantil.

IV. Mejorar las condiciones de las comunidades indígenas y de sus


espacios para la convivencia y recreación, mediante acciones que faciliten el
acceso al financiamiento público y privado para la construcción y
mejoramiento de vivienda, así como ampliar la cobertura de los servicios
sociales básicos.

V. Propiciar la incorporación de las mujeres indígenas al desarrollo,


mediante el apoyo a los proyectos productivos, la protección de su salud, el
otorgamiento de estímulos para favorecer su educación y su participación en
la toma de decisiones relacionadas con la vida comunitaria.

VI. Extender la red de comunicaciones que permita la integración de


las comunidades, mediante la construcción y ampliación de vías de
comunicación y telecomunicación. Establecer condiciones para que los
pueblos y las comunidades indígenas puedan adquirir, operar y administrar
medios de comunicación, en los términos que las leyes de la materia
determinen.
VII. Apoyar las actividades productivas y el desarrollo sustentable de
las comunidades indígenas mediante acciones que permitan alcanzar la
suficiencia de sus ingresos económicos, la aplicación de estímulos para las
inversiones públicas y privadas que propicien la creación de empleos, la
incorporación de tecnologías para incrementar su propia capacidad
productiva, así como para asegurar el acceso equitativo a los sistemas de
abasto y comercialización.
VIII. Establecer políticas sociales para proteger a los migrantes de los
pueblos indígenas, tanto en el territorio nacional como en el extranjero,
mediante acciones para garantizar los derechos laborales de los jornaleros
agrícolas; mejorar las condiciones de salud de las mujeres; apoyar con
programas especiales de educación y nutrición a niños y jóvenes de familias
migrantes; velar por el respeto de sus derechos humanos y promover la
difusión de sus culturas.

IX. Consultar a los pueblos indígenas en la elaboración del Plan


Nacional de Desarrollo y de los estatales y municipales y, en su caso,
incorporar las recomendaciones y propuestas que realicen.

Para garantizar el cumplimiento de las obligaciones señaladas en este


apartado, la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, las legislaturas
de las entidades federativas y los ayuntamientos, en el ámbito de sus
respectivas competencias, establecerán las partidas específicas destinadas
al cumplimiento de estas obligaciones en los presupuestos de egresos que
aprueben, así como las formas y procedimientos para que las comunidades
participen en el ejercicio y vigilancia de las mismas.

Sin perjuicio de los derechos aquí establecidos a favor de los


indígenas, sus comunidades y pueblos, toda comunidad equiparable a
aquéllos tendrá en lo conducente los mismos derechos tal y como lo
establezca la ley.”

Para iniciar el estudio de este artículo de la Constitución parece


prudente realizar un análisis de cada una de las proposiciones que integran
la redacción del artículo en turno, o por lo menos de aquellos enunciados
que sean los más importantes, así el artículo dos de nuestra Constitución
Política comienza haciendo referencia a la Nación Mexicana como: “única e
indivisible”. Esto significa que el poder público se encuentra primero como la
única nación con esa denominación y también como una nación indivisa
respecto de sus relaciones con otras naciones.

Posteriormente nuestra propia Constitución acepta la variedad de


culturas existentes en nuestro país como parte integrante de éste y hace
mención de que referida composición se encuentra sustentada en los
pueblos indígenas. Nuestra Constitución define dichos pueblos como
“aquellos que descienden de otras poblaciones que habitaban lo que es el
territorio actual al inicio de la colonización”, pero condiciona el calificativo de
pueblos indígenas a que conserven sus propias instituciones sociales,
económicas, culturales y políticas. De esta forma excluye pueblos que a
pesar de descender de de poblaciones existentes al iniciarse la colonización,
no conservan su forma de organización económica, política o social, por lo
tanto no pueden ser calificados como pueblos indígenas. También establece
como criterio para determinar a quienes se aplican las disposiciones sobre
pueblos indígenas a la conciencia de su identidad indígena.

Una de las expresiones del artículo dos constitucional que parece más
importante es la que menciona “El derecho de los pueblos indígenas a la
libre determinación se ejercerá en un marco constitucional de autonomía que
asegure la unidad nacional”. Ésta es la base de la organización de los
pueblos indígenas dentro de nuestro territorio ya que establece que los
pueblos gozan de libertad para determinar su forma de organizarse para
alcanzar un óptimo desarrollo, sin embargo, esta libertad no es absoluta,
sino que puede ser considerada como una libertad que tiene como único
limite la Constitución, esto es en consecuencia de que la misma Constitución
en su apartado A establece que facultades tienen los pueblos indígenas para
establecer su forma de organización; fuera de las facultades y autonomía
que otorga la Constitución en su primer apartado los pueblos indígenas
deben de sujetarse a la legislación común. Esto sería un principio similar al
de legalidad, pero aquel aplicado a los pueblos indígenas para mantener en
un estado de derecho a los pueblos y evitar la anarquía. En la misma oración
mencionada en los primeros renglones del presente párrafo se establece la
finalidad de que los derechos de los indígenas respecto a su autonomía se
encuentren en forma expresa en la Constitución, esto es para asegurar la
unidad nacional y que los ciudadanos tanto comunes como aquellos
ciudadanos que descienden de pueblos establecidos en nuestro país
anteriormente a la colonia y que aún conservan sus instituciones
elementales reconozcan sus derechos y tengan un fundamento en la Ley
Suprema.

Respecto a los derechos, el artículo 2 de la Constitución consagra un


derecho social de reconocimiento y protección a la cultura y derechos de los
indígenas. Aunque en la actualidad el racismo esté erradicado como
ideología política, esto no quiere decir que en el pasado no fuera
ampliamente difundido y apoyado, ni tampoco que hoy en día las actitudes
racistas estén presentes de manera exagerada en la población a tal grado
de que hagan imposible la convivencia diaria, es por esto que el objetivo
fundamental de este artículo es resaltar las conductas racistas dentro del
territorio mexicano en contra de uno de sus sectores sociales más
importantes y a la vez discriminados: “Los pueblos indígenas”.

La lista de manifestaciones racistas, basadas sobre todo en los


prejuicios y estereotipos formados durante la historia de las sociedades
occidentales, es larga y dependiendo del país, afecta a las creencias,
sentimientos y comportamientos personales. Pero además, a través de las
estructuras gubernamentales se asienta la exclusión social, la
discriminación, la privación de derechos, la segregación. Finalmente las
manifestaciones racistas en muchos países, hoy llegan a su punto más
dramático en las agresiones, la violencia, expulsiones y exterminio.

En la última década del siglo XX se manifiesta muy agresivamente en


todas las sociedades y en lugares donde cohabitan diferentes grupos
étnicos, que no están ni mezclados, ni integrados en las comunidades
autóctonas.
Lo que los distingue del resto de la sociedad nacional son una serie
de rasgos culturales que se expresan en forma particular: el uso de lenguas
extrañas y de vestimentas tradicionales, la pertenencia a una comunidad
ubicada en un espacio territorial determinado, la integración a redes sociales
de correspondencia y retribución, el conocimiento y manejo del medio
natural, la utilización de técnicas y tecnologías tradicionales para la
producción, la fabricación de artículos para el autoconsumo doméstico y el
mercado, y la idea de un pasado común que llega a manifestarse, en
algunos casos, como un proyecto compartido de futuro.

Las poblaciones indígenas pertenecen a una clase socioeconómica


baja. Algunos indígenas pasan toda su vida en medio de la pobreza, para
que después de tanto esfuerzo les quiten sus tierras. Muchos de ellos han
sido marginados a tal punto que cambiaron sus vestimentas, su idioma y
hasta su identidad por temor al fracaso social, discriminación y malos tratos.

En reiteradas oportunidades quienes están convencidos que


defienden y protegen al indígena, partiendo de una política integracionista y
de asimilación, sólo consiguen ahondar más la marginación y la
discriminación hacia estos pueblos. No es acertada la actitud de quienes
pretenden integrar y asimilar a los aborígenes a nuestra cultura y nuestra
forma de vida. Esto es tan violatorio a la libre autodeterminación de sus
antiguas naciones, como lo es la actitud del más fanático de los racistas.

Ellos han tenido y tienen su propia identidad y estilo de vida que


debemos respetar. El hecho de que grandes sectores de nuestra población
vivan en la marginación y en la pobreza total empeora la situación de los
indígenas, quienes soportan los más elevados índices de desnutrición,
carecen de escuelas y toda forma de enseñanza, de planes de salud e
higiene, carecen viviendas que tengan los servicios básicos como el agua,
alcantarillado y electricidad, además de que su falta absoluta de trabajo.
Los pueblos indígenas tienen el derecho a sobrevivir como pueblos
separados con sus propias culturas y tradiciones, destacando la necesidad
de medidas especiales que tiendan a proteger a éstos. Debe reconocerse el
derecho a su identidad, a sus valores y a su libre autodeterminación como
Nación. Estos pueblos, víctimas de pasadas y presentes injusticias, iguales
en dignidad y derechos al resto de la sociedad con la cual les toca convivir,
no han tenido oportunidad de ejercer el derecho a la libre autodeterminación
mediante su participación concreta en la construcción del Estado.

ARTÍCULO 12

El artículo décimo segundo de la constitución establece:

“Artículo 12.- En los Estados Unidos Mexicanos no se concederán


títulos de nobleza, ni prerrogativas y honores hereditarios, ni se dará efecto
alguno a los otorgados por cualquier otro país.”

Este artículo es una ratificación del principio de igualdad que


establece nuestra ley Fundamental, de esta forma impide las diferencias que
pudieran surgir como consecuencia de la validez de dichos títulos y dejando
en un plano de igualdad a todos los individuos.

De esta forma, los derechos sociales que consagra el artículo 12


constitucional implica la obligación para el Estado y sus autoridades de
reputar a todo sujeto, en cuanto hombre, situado en la misma posición que
los demás, sin que sea dable otorgar prerrogativas ni privilegios a unos en
perjuicio de otros.

Sin embargo, no se puede descartar la posibilidad de que a un sujeto


se le recompense por obras meritorias realizadas, mediante el otorgamiento
de menciones honoríficas de cualquier índole, por ejemplo, que haga
destacar a nuestro país de manera sobresaliente en una competencia
deportiva, con la invención de cualquier producto, o por el servicio que
prestan a nuestro país, pero esta distinción solamente tendría el alcance de
medidas administrativas, como la exoneración en el pago de impuestos, o
cualquier otra medida similar, pero de ninguna manera le da más valor como
ser humano que otro y ni le da derecho a otras prerrogativas que no sean las
que la ley señale.

De ésta forma los ciudadanos realizarían mayores esfuerzos en


cualquier ámbito en el que se desarrollen, para alcanzar algún privilegio por
parte del Estado, y logrando del mismo modo un mejor desarrollo del país en
actividades en las que intervengan ciudadanos mexicanos a nivel nacional o
internacional.

Este artículo tiene trasfondo histórico, recordemos que en la época


de la colonia, los españoles, a quienes fue encargada la encomienda, eran
nobles con títulos de nobleza propios de las monarquías: como príncipe,
princesa, conde, duque, archiduque etc. Lo que los hacía superiores en
estatus legal y en exceso a los indígenas, en lo social, económico, político y
en todo tipo de privilegios y prebendas, lo que desencadenó desde luego
todo el género de explotación, esclavitud y discriminación intolerable, misma
que conocemos y que ni las leyes de indias ni las de la encomienda pudieron
frenar; solo la guerra de independencia lo logró, con la consiguiente
proscripción de esos injustos honores en los ordenamientos jurídicos
posteriores.

ARTÍCULO 13

El artículo décimo tercero de la constitución establece:

“Artículo 13.- Nadie puede ser juzgado por leyes privativas ni por
tribunales especiales. Ninguna persona o corporación puede tener fuero, ni
gozar más emolumentos que los que sean compensación de servicios
públicos y estén fijados por la ley. Subsiste el fuero de guerra para los delitos
y faltas contra la disciplina militar; pero los tribunales militares en ningún
caso y por ningún motivo, podrán extender su jurisdicción sobre personas
que no pertenezcan al Ejército. Cuando en un delito o falta del orden militar
estuviese complicado un paisano, conocerá del caso la autoridad civil que
corresponda.”

Este precepto contiene varías garantías de igualdad dentro de la


redacción del artículo a saber:

a) Nadie puede ser juzgado por leyes privativas. Una ley privativa
crea, modifica, extingue o regula una situación en relación con una sola
persona moral o física o con varias en número determinado, en
consecuencia, una ley privativa no es abstracta ni general, sino
eminentemente concreta e individual o personal, pues su vigencia está
limitada a una persona o a varias determinadas. De lo anterior se desprende
que al Estado y sus autoridades administrativas y judiciales tienen la
obligación de no afectar a ningún gobernado bajo ninguna forma, mediante
la aplicación de disposiciones legales que cree, modifiquen, extingan o
regulen situaciones jurídicas concretas para un sujeto o para un número
determinado de personas, con exclusión de otras, ya sean físicas o morales.

b) Nadie puede ser juzgado por tribunales especiales. Los


tribunales especiales no son creados por la ley que establece los órganos
jurisdiccionales ordinarios o generales, sino instituidos comúnmente
mediante un acto de decreto, decisión administrativa o legislativa, etc. En el
cual se consignan sus finalidades específicas de conocimiento o injerencia.
Un tribunal especial está capacitado para conocer uno o varios casos
concretos determinados. La Suprema Corte ha establecido que “por
tribunales especiales se entienden aquellos que se crean exclusivamente
para conocer, un tiempo dado, de ciertos delitos o respecto de determinados
delincuentes. El derecho del artículo trece constitucional estriba en que el
poder del Estado no debe enjuiciar a una persona, civil o penalmente,
mediante órganos judiciales que establezca ex profesamente para conocer
de determinados casos concretos numéricamente demarcados.
c) Ninguna persona o corporación puede tener fuero. El término
fuero en el artículo trece constitucional significa todo privilegio o prerrogativa
de cualquier especie y contenido otorgado a alguna persona o corporación.
De acuerdo con lo anterior, el Estado y sus autoridades tienen la obligación
pasiva de no otorgar a ninguna persona física o moral, privilegio o
prerrogativa alguna de cualquier índole o contenido. Ésta prohibición para
que existan fueros tiene excepciones constituciones, pues ciertos altos
funcionarios gozan de inmunidad en determinados casos, los cuales
consisten en quedar exentos de la jurisdicción común en materia penal
mientras no sean “desaforados” mediante el correspondiente procedimiento.
El mismo artículo trece establece que subsiste el fuero de guerra para los
delitos y faltas contra la disciplina militar

d) Ninguna persona o corporación puede gozar de más


emolumentos que los que sean compensación de servicios públicos y
estén fijados por la ley. De lo anterior se desprende que el estado está
impedido para que por conducto de sus autoridades pueda acordar en
beneficio de alguna persona física o moral una retribución económica sin
que haya una prestación de índole pública o que existiendo dicha prestación,
la remuneración correspondiente no esté fijada por la ley.
DERECHOS DE
LIBERTAD
MAPA CONCEPTUAL

ARTICULO 5

CONCEPTO ARTICULO 6

ELEMENTOS ARTICULO 7

DERECHOS DE
LIBERTAD
FUENTES DE LAS
DERECHOS DE ARTICULO 8
LIBERTAD

ARTICULOS
CONSTITUCIONALES ARTICULO 9
QUE LOS
CONTEMPLAN

ARTICULO 10

ARTICULO 11

ARTICULO 24

ARTICULO 28
CONCEPTO

La libertad es una cualidad esencial del hombre y no puede coartarse


mientras no afecte la libertad de otros. El derecho considera que la única
libertad relevante es la que se exterioriza, lo que repercute de varios modos
en la vida social.

Al tiempo que la protegen, las normas constitucionales también


pueden restringir la libertad, a fin de evitar la anarquía. El anhelo de libertad
es uno de los valores que los Estados democráticos de derecho deben
proteger con celo, el tratamiento constitucional y legal que tienen las
garantías de libertad en un Estado libre y de Derecho es fundamental hoy
día, sin cuya vigencia los hombres no se realizarían como seres humanos.

Después de la salud, la libertad es el bien más preciado para el


hombre por ello es el valor fundamental que tutelan las leyes, la máxima
aspiración de un ser humano, que se ha visto comprometida a lo largo de la
historia por diversos fenómenos sociopolíticos, como los son la esclavitud, la
dictadura, la servidumbre. Estas son figuras que aun hoy día en algunos
países no democráticos ni libres (aún en éstos) proyectan aun su sombra;
porque el fantasma del abuso del poder y del dominio de un hombre sobre
otro siempre estarán latentes como fantasmas en la vida de la humanidad.

Actualmente la libertad se concibe con base en la normativa jurídica,


como se verá en esta unidad. En resumen, la libertad, genéricamente
considerada, es la facultad racional del hombre que le permite encauzar su
voluntad hacia los objetivos que desee, sin que tal acción trascienda el
ámbito que comparte el común de los hombres y sin que nadie pueda
restringirla. Así entendemos por los derechos sociales al conjunto de
diversos derechos consignados por los ordenamientos jurídicos vigentes,
que son otorgados a favor de todo sujeto considerado titular de los mismos y
facultado jurídicamente para exigirlos frente a las autoridades del Estado.

En México, la libertad tomaría fuerza hasta la consumación de la


independencia. En la civilización Azteca los nobles regían sobre conjuntos
considerables de esclavos, quienes solían pagar con la vida cualquier intento
de alcanzar su emancipación. Así que la regulación de las garantías de
libertad se comenzó a dar en la etapa de la conquista Española.

El 10 de Noviembre de 1810 se expido un decreto en torno a la


libertad política de imprenta, habiéndose condicionado la libertad de
imprenta en materia religiosa a la previa censura; ese documento tuvo
vigencia en el territorio de lo que hoy es México, por lo que representa un
antecedente de garantía de libertad.

El maestro Alberto Castillo no narra que el 6 de diciembre de 1810,


Miguel Hidalgo y Costilla expide un bando en Guadalajara, por virtud del cual
decreta abolida la esclavitud en lo que es nuestro actual territorio nacional
decretando esa medida de igualdad y libertad humana.

La libertad es una condición sine qua non, necesaria para la causa


que todo ser humano anhela. Es un elemento inherente a la persona ya
que sin esta característica no estaría completa su naturaleza.

El doctor Burgoa dice “la libertad social u objetiva del hombre se


revela como la potestad consistente en realizar trascendentalmente los fines
que el mismo se forja por conducto de los medios idóneos que su arbitrio le
siguiere, que es en lo que estriba su actuación externa, la cual solo debe
tener las restricciones que establezca la ley en aras de un interés social o
estatal o de un interés legitimo privado ajeno”. Esta idea expuesta por el
doctor no quiere definir lo que es libertad ya que su idea como él lo explica
se puede analizar desde varios puntos.
En el sentido de la filosofía de espíritu dase el nombre de libertad al
estado existencial del hombre en el cual este es dueño de sus actos y puede
auto determinarse conscientemente sin sujeción a ninguna fuerza o coacción
psicofísica interior o exterior. De acuerdo con esto se entiende por acto libre
aquel que se ejecuta con dominio y propiedad en la decisión; esto es, con
pleno conocimiento y facultad para realizar otro distinto o, cuando menos,
para omitirlo.

Libertad jurídica definición negativa. En la doctrina tradicional, el


sector de la conducta jurídicamente libre es definido en forma negativa. Tal
concepto se basa en la clasificación de los procederes humanos en:
ordenados; prohibidos, y no ordenados ni prohibidos, a los que se da
también el calificativo de jurídicamente libres.

Desde el punto de vista lógico este esquema tripartito debe reducirse


a la división de los procederes regulados por el derecho en conductas de
ejecución potestativa y de ejecución no potestativa. Las últimas pueden
subdividirse, a su vez, en jurídicamente ordenadas y jurídicamente
prohibidas. Ni las ordenadas ni las prohibidas son jurídicamente libres,
porque el derecho prohíbe optar entre su ejecución y su omisión.

Libertad jurídica definición positiva. Decimos conductas,


comportamientos o procederes, y no actos, porque las tres primeras
expresiones son más amplias que la última. De conductas puede hablarse
tanto en el caso de acciones como en el de omisiones. El primer concepto
tiene carácter genérico frente a los últimos, que relativamente a él son
específicos. Implica que un sujeto oriente su voluntad hacia un objetivo sin
que tal acto sea determinado por la voluntad de otros, mientras que la
segunda supone que un individuo esté facultado para obrar o no.

La positiva también se entiende como autonomía o autodeterminación


y generalmente alude a una colectividad, en tanto que la negativa es
exclusiva del individuo y se traduce en que éste haga lo que las leyes
permiten y no haga lo que prohíben.
Filosóficamente, la libertad que importa es la negativa, la plena
autodeterminación para hacer o dejar de hacer algo. Este tipo de libertad
corresponde al fuero interno, de ahí que no importe al derecho. Cuando la
libertad negativa y la positiva se unen, puede concluirse que una sociedad
es libre, pues la libertad negativa presupone a la positiva, con tal que la
facultad libertaria de los hombres no se desproporcione y, en consecuencia,
afecte a la sociedad.

La libertad negativa y la positiva pueden equipararse,


respectivamente, con la libertad subjetiva y la social. La subjetiva es propia
del fuero íntimo del sujeto, en tanto que la social sí es considerada por el
derecho, pues implica que cuando un sujeto exterioriza su libertad mediante
actos, puede incidir en la esfera de libertad de otros.

Los derechos de libertad independientemente de informar al individuo


sobre los derechos que constitucionalmente le son conferidos para que
pueda actuar sin dificultades en la sociedad a que pertenece, imponen cotos
o frenos a la actividad que el Estado realice y que pretenda injustamente
limitar o anular los derechos naturales que el hombre tiene por el simple
hecho de ser persona.

La palabra "libertad" proviene del latín: liber-tas y gramaticalmente


significa "facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de
otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos", así como
"estado o condición de quien no es esclavo".

El libre albedrío permite que el hombre actúe de un modo u otro, o


que no lo haga, pues la idea de libertad sólo puede predicarse respecto de
seres racionales. Por lo demás, quien no es esclavo se considera libre
porque nadie restringe su facultad de obrar como su razón le indique. El
tema ha sido tratado a lo largo de la historia. Aristóteles consideraba a la
libertad como la elección que el hombre hace de los medios que le permitan
llegar a su fin último: “la felicidad”.

En la Edad Media, autores cristianos concluyeron que la libertad


consistía en elegir el bien mejor, lo que sólo podía lograrse mediante la
razón. Según estos autores, antes de tal elección debía existir siempre un
juicio, que facultara para elegir no sólo un bien, sino el bien mejor, y este
último se obtendría si, junto con la razón y el juicio previo, el hombre contaba
con una voluntad fuerte.

Los derechos de libertad son un conjunto de derechos públicos


subjetivos para ejercer, sin vulnerar los derechos de terceros, libertades
específicas que las autoridades del Estado deben respetar, y que no pueden
tener más restricciones que las expresamente señaladas en la Constitución.

ELEMENTOS

Los elementos de estos derechos y obligaciones vienen a ser tanto el


Estado como regulador de los mismos, como los gobernados o individuos
con capacidad jurídica propia; ambos gozan y están obligados a acatarse a
las disposiciones establecidas por éstas.

Los elementos están dados por la relación que se establece entre el


sujeto titular de los derechos y el sujeto obligado a respetarlos, cuyo amparo
de dichos derechos fundamentales es el objeto de la protección
constitucional.

Por lo mismo, podemos hablar de dos elementos personales , de dos


sujetos en la relación jurídica: por un lado, el sujeto activo, el titular del
derecho, el gobernado; por el otro, el sujeto pasivo, el obligado a garantizar
su goce y disfrute, la autoridad, el Estado que está obligado a no interferir en
la esfera de derechos libertarios de los individuos, así como a asegurar las
condiciones para que aquéllas gocen de vigencia, imponiéndoles algunas
limitaciones en beneficio de la paz, el orden y la armonía sociales.

Dentro de los derechos de libertad nos encontramos con estas tres


divisiones: las libertades inherentes a la persona humana, las libertades que
corresponden a la persona física y las libertades de las personas en cuanto
al plano social, de la siguiente manera:

a) LIBERTAD GENÉRICA.- Implica la posibilidad del ser humano de


escoger sus fines vitales y los medios idóneos para realizarlo.

b) LIBERTAD PSICOLÓGICA.- Es la potestad del hombre para elegir


los medios que sean útiles a efecto de lograr su felicidad.

c) LIBERTAD SOCIAL.- es la potestad genérica de la persona de actuar


real y trascendentemente implica la consecuencia objetiva de sus
finalidades.

d) LIBERTAD NATURAL.- Es la que poseemos todos por el hecho de


nacer libres de toda condición o determinación.

e) LIBERTA REAL.- es la forma que consigue cada persona de acuerdo


con su situación económica, religiosa, jurídica, política etc.

f) LIBERTAD JURÍDICA.- Es la que el estado

5.1. Fuentes de los derechos de Libertad

Son fuentes de los derechos de libertad: la constitución, las leyes


secundarias, los tratados internacionales y las constituciones locales.

En México los derechos de libertad se encuentran consagradas en


diversos artículos constitucionales, la Suprema Corte de Justicia de la
Nación a través de su apartado “de los derechos humano y sus garantías”

ARTÍCULOS CONSTITUCIONALES QUE LOS CONTEMPLAN

Los derechos de libertad que cada persona posee se encuentran


contenidos en la norma suprema, que es la norma madre de todas las
normas y a la cual todas convienen de alguna manera, es decir, ostentan un
rango constitucional y son consideradas como fundamentales en el sistema
político que la correspondiente constitución haya fundado oportunamente.

La orientación de los mismas se encuentra siempre en dirección positiva


a la dignidad humana.

Los derechos de libertad son todas aquellas cuestiones de derecho, que


un individuo ya desde su nacimiento disfrutará y podrá exigir en caso que no
se cumplan y que tendrán como objetivo la consecución de la paz, la
armonía y el orden en la sociedad en la cual se encuentre, asegurar la
convivencia pacífica entre los hombres que comparten y viven en el mismo
territorio, obtener justicia y bienestar social y alcanzar el bien común. Los
artículos que las contemplan son:

ARTÍCULO 5

El artículo cinco de nuestra Constitución garantiza la libertad de


trabajo cuando establece que “a ninguna persona podrá impedirse que se
dedique a la profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo
lícitos”.
Esto quiere decir que los mexicanos pueden dedicarse al trabajo que
quieran desarrollar siempre y cuando sea un trabajo lícito. El mismo artículo
cinco establece cuatro excepciones a la regla general de libertad para
trabajar cuando menciona que “el ejercicio de ésta libertad sólo podrá
vedarse por:

a) Determinación judicial.
b) Cuando se ataquen los derechos de tercero; o
c) Por resolución gubernativa, dictada en los términos que marque la ley.
d) Cuando se ofendan los derechos de la sociedad.

Estas situaciones en las que se le prohíbe trabajar en determinada


profesión o industria son los únicos casos en los cuales se le puede prohibir
a cualquier persona trabajar en la profesión, industria o comercio que le
resulte más adecuado.

En el párrafo siguiente la Constitución le otorga facultad a los estados


para reglamentar mediante una ley a las profesiones que necesitan título
para su ejercicio. De este modo los estados adquieren la facultad para
determinar las condiciones que deban llenar las personas que quieran
dedicarse a una determinada profesión y las autoridades responsables de
expedir los títulos respectivos.

El mismo artículo quinto establece la prohibición de que alguna persona


sea obligada a trabajar sin una justa retribución, excepto en el caso de que
sea obligado por autoridad judicial, o cuando ejercite funciones censales o
electorales.

Dentro del párrafo cuarto establece que los servicios públicos como el de
las armas, el de los jurados, los cargos concejiles y los de elección popular
pueden ser obligatorios siempre y cuando se ajusten a lo que dispone la
misma ley. Del mismo modo establece que las funciones de censo y
electorales son obligatorias y gratuitas para los mexicanos.

El mismo artículo quinto garantiza al trabajador que no se pueda exceder


de un año el contrato de trabajo sin su consentimiento y también le garantiza
que en caso de no cumplir con lo establecido en un contrato de trabajo no se
podrá ejercer coacción sobre su persona.

En la actualidad ésta es una de las garantías constitucionales más


importantes para todos los mexicanos pues nos permite escoger entre
cualquiera de las profesiones existentes para alcanzar la plenitud de de
nuestro desarrollo como miembros de una sociedad. El problema es el
escaso empleo al cual pueda dedicarse cualquier persona.

El texto constitucional vigente establece:

“Artículo 5°.- A ninguna persona podrá impedirse que se dedique a la


profesión, industria, comercio o trabajo que le acomode, siendo lícitos. El
ejercicio de esta libertad sólo podrá vedarse por determinación judicial,
cuando se ataquen los derechos de tercero, o por resolución gubernativa,
dictada en los términos que marque la ley, cuando se ofendan los derechos
de la sociedad. Nadie puede ser privado del producto de su trabajo, sino por
resolución judicial.

La Ley determinará en cada Estado, cuales son las profesiones que


necesitan título para su ejercicio, las condiciones que deban llenarse para
obtenerlo y las autoridades que han de expedirlo.

Nadie podrá ser obligado a prestar trabajos personales sin la justa


retribución y sin su pleno consentimiento, salvo el trabajo impuesto como
pena por la autoridad judicial, el cual se ajustará a lo dispuesto en las
fracciones I y II del artículo 123.

En cuanto a los servicios públicos, sólo podrán ser obligatorios, en los


términos que establezcan las leyes respectivas, el de las armas y los
jurados, así como el desempeño de los cargos concejiles y los de elección
popular, directa o indirecta. Las funciones electorales y censales tendrán
carácter obligatorio y gratuito, pero serán retribuidas aquéllas que se realicen
profesionalmente en los términos de esta Constitución y las leyes
correspondientes. Los servicios profesionales e índole social serán
obligatorios y retribuidos en los términos de la ley y con las excepciones que
ésta señale.

El Estado no puede permitir que se lleve a efecto ningún contrato,


pacto o convenio que tenga por objeto el menoscabo, la pérdida o el
irrevocable sacrificio de la libertad de la persona por cualquier causa.

Tampoco puede admitirse convenio en que la persona pacte su


proscripción o destierro o en que renuncie temporal o permanentemente a
ejercer determinada profesión, industria o comercio.

El contrato de trabajo sólo obligará a prestar el servicio convenido por


el tiempo que fije la ley, sin poder exceder de un año en perjuicio del
trabajador, y no podrá extenderse, en ningún caso, a la renuncia, pérdida o
menoscabo de cualquiera de los derechos políticos o civiles.

La falta de cumplimiento de dicho contrato, por lo que respecta al


trabajador, sólo obligará a éste a la correspondiente responsabilidad civil, sin
que en ningún caso pueda hacerse coacción sobre su persona.”

ARTÍCULO 6

El artículo seis de nuestra Constitución dispone que: “La


manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o
administrativa...”. Se entiende por inquisición, a la investigación,
averiguación o indagación que se realice por parte del poder público y que
tenga por objeto la manifestación de las ideas.
De esta forma nuestra Ley Fundamental prohíbe que la manifestación
de las ideas sea el centro de alguna investigación ya sea por parte de las
autoridades judiciales o administrativa.

Siguiendo el criterio de Ignacio Burgoa, la libre manifestación de las


ideas constituye uno de los factores indispensables para el progreso cultural
y social. A través de la manifestación de las ideas y los pensamientos se
logra tener un óptimo desarrollo respecto a la tecnología tanto como en
cultura.

El artículo en estudio se refiere a la libre manifestación de las ideas


por medio de la forma verbal. A esta conclusión se llega después de hacer
un análisis de los artículos 6 y 7 de nuestra Constitución, ya que el segundo
de ellos se refiere de forma expresa a la manifestación escrita de las ideas.

En éste derecho contenido en el artículo 6 de la Constitución pueden


distinguirse dos sujetos al igual que en una relación jurídica con derechos y
obligaciones. El sujeto activo de dicho derecho es el gobernado que tiene la
facultad de expresar sus ideas con las limitaciones que establece la propia
Constitución. En consecuencia, el sujeto pasivo es el Estado, el cual tiene la
obligación de abstenerse, traducida en la no intromisión en la esfera del
individuo cuyo contenido es la libre expresión.

Las autoridades judiciales, tanto como las administrativas tienen la


prohibición de llevar a cabo alguna inquisición sobre la manifestación de las
ideas que manifiesta el gobernado.

El mismo artículo seis, de manera implícita tutela el derecho de los


ciudadanos para que de ninguna forma se le pueda prohibir la libre
manifestación de las ideas, esto en consecuencia de que si el artículo
prohíbe a las autoridades realizar un simple acto de investigación que tenga
por objeto coartar la libertad de expresión, entonces se puede considerar
que de igual forma ampara al ciudadano contra un acto de mayor gravedad
como prohibir la libre manifestación de ideas.
El derecho que consigna el artículo seis de nuestra Constitución para
que cualquiera que esté en nuestro país pueda manifestar libremente sus
ideas tiene cuatro limitaciones a saber:

a) Cuando se ataque a la moral;


b) Cuando ataque los derechos de tercero;
c) Cuando provoque algún delito, y
d) Cuando perturbe el orden público.

De las cuatro limitaciones impuestas por la Constitución a la libre


manifestación de las ideas sólo una de ellas se puede considerar como
objetiva: Cuando provoque algún delito. Esto en consecuencia de que queda
al arbitrio de las autoridades decidir si alguna manifestación de ideas ataca a
la moral, ataque los derechos de tercero o perturbe el orden público.

Ignacio Burgoa, sostiene el criterio de que debería ser considerada


únicamente como limitación cuando la manifestación de las ideas provoque
algún delito y de esta forma se terminaría con la arbitrariedad por parte de
las autoridades para decidir si se daña la moral, los derechos de un tercero o
el orden público.

La Constitución deja abierta la posibilidad de que sea objeto de


inquisición judicial o administrativa la manifestación de las ideas aun cuando
no pueda ser considerada como delito, ya que en muchas ocasiones se dan
hechos que afectan los intereses de terceros o de toda una colectividad y
que sin embargo no son estimados como contravenciones a la ley. A pesar
de eso, si se deja abierta dicha posibilidad para que actúen las autoridades
administrativas en caso de alguna manifestación de ideas que se considere
afecta los derechos de un tercero, a la moral o el orden público, entonces se
frenaría el desarrollo del país en el campo de la ciencia, la cultura, el arte, la
política, etc. Porque todas aquellas personas que tienen alguna idea que
aportar al desarrollo del país o alguna crítica a la forma de gobierno para que
ésta sea corregida se abstendrían de hacerlo por temor a ser objeto de una
inquisición judicial o administrativa y por la cual se tendría como resultado
una sanción.

En su último enunciado la Constitución garantiza el derecho de todas


las personas que residen en nuestro país para ser informados en todas las
cuestiones de interés tanto individual como social.

Esta es una de los derechos más importantes para el ciudadano, ya


que mediante él puede difundir sus creencias, ideologías e inclusive críticas
hacia la forma de gobierno y las autoridades para lograr así un desarrollo en
todos los ámbitos de la cultura, la ciencia, tecnología, mediante esta garantía
las autoridades deben permitir la libre manifestación de las ideas,
principalmente de forma oral, mediante platicas, conferencias, discursos, etc.
Pero siempre bajo las condiciones que la misma Constitución establece, esto
es, que no se ataque la moral, los derechos de tercero o se altere el orden
público, esto en consecuencia de que en muchas ocasiones con la libre
manifestación de las ideas se excede y perjudica a más personas o a la
colectividad cometiendo delitos que ya se encuentran debidamente
tipificados en nuestro Código Penal.

El texto constitucional vigente establece:

“Artículo 6°.- La manifestación de las ideas no será objeto de


ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a
la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito, o perturbe el orden
público; el derecho de réplica será ejercido en los términos dispuestos por la
ley. El derecho a la información será garantizado por el Estado.

Para el ejercicio del derecho de acceso a la información, la


Federación, los Estados y el Distrito Federal, en el ámbito de sus respectivas
competencias, se regirán por los siguientes principios y bases:

I. Toda la información en posesión de cualquier autoridad,


entidad, órgano y organismo federal, estatal y municipal, es
pública y sólo podrá ser reservada temporalmente por razones
de interés público en los términos que fijen las leyes. En la
interpretación de este derecho deberá prevalecer el principio
de máxima publicidad.

II. La información que se refiere a la vida privada y los datos


personales será protegida en los términos y con las
excepciones que fijen las leyes.

III. Toda persona, sin necesidad de acreditar interés alguno o


justificar su utilización, tendrá acceso gratuito a la información
pública, a sus datos personales o a la rectificación de éstos.

IV. Establecerán mecanismos de acceso a la información y


procedimientos de revisión expeditos. Estos procedimientos se
sustanciarán ante órganos u organismos especializados e
imparciales, y con autonomía operativa, de gestión y de
decisión.

V. Los sujetos obligados deberán preservar sus documentos en


archivos administrativos actualizados y publicarán a través de
los medios electrónicos disponibles, la información completa y
actualizada sobre sus indicadores de gestión y el ejercicio de
los recursos públicos.

VI. Las leyes determinarán la manera en que los sujetos


obligados deberán hacer pública la información relativa a los
recursos públicos que entreguen a personas físicas o morales.

VII. La inobservancia a las disposiciones en materia de acceso a la


información pública será sancionada en los términos que
dispongan las leyes.”

ARTÍCULO 7

El artículo siete de nuestra Constitución garantiza la libertad de


imprenta cuando dispone que: “Es inviolable la libertad de escribir y publicar
escritos sobre cualquier materia”.

Esta libertad de imprenta tiene como únicos límites:

a) Que no se ataque a la vida privada;


b) Que no se ataque a la moral, y
c) Que no se ataque a la moral pública.

A la luz de lo dispuesto en el artículo siete de nuestra Constitución se


comprenden dos libertades específicas: la libertad para escribir y la libertad
para publicar escritos.

Esta garantía tutela la manifestación del pensamiento, ideas,


opiniones, juicios, etc. Por medios escritos, a diferencia de lo dispuesto en el
artículo seis de nuestra misma Constitución, el cual garantiza la libre
manifestación de las ideas pero de forma verbal, ya sea en pláticas,
conferencias, discursos, etc.

La obligación correlativa que tiene al Estado al derecho que tienen


los gobernados para manifestar libremente sus ideas por medios escritos,
consiste en la abstención del mismo Estado de impedir o poner obstáculos a
la manifestación escrita de las ideas por medios escritos como la publicación
de libros, folletos, periódicos, etc. Tampoco pueden establecer una previa
censura, como se dice que se practicaba en sexenios anteriores, en donde
el presidente en turno muchas veces autorizaba o denegaba dicha
autorización para publicar escritos que no le eran favorables a sus intereses.
También se le establece la prohibición a la autoridad para pedir fianza
a los autores con el objeto de que se les permita publicar cualquier escrito y
manifestar sus ideas.

La obligación que tiene el Estado a su cargo se puede dividir en tres


niveles: Primero se le obliga a no coartar o impedir la manifestación de las
ideas por medios escritos; en segundo lugar se le prohíbe establecer la
previa censura a cualquier impreso y en tercer lugar se imposibilita al estado
para pedir fianza a los autores o editores de cualquier publicación.

Respecto a las limitaciones que impone el artículo siete de nuestra


Constitución, se puede decir que la libertad de imprenta sólo se puede
coartar cuando en ejercicio de dicha libertad se ataque a la vida privada.

Ésta situación la vemos a diario con las publicaciones amarillistas de


que son objeto figuras públicas, ya sea del medio artístico o de la política, en
dichas publicaciones se puede considerar que hasta cierto punto atacan su
vida privada ya que la información que se publica muchas veces no tiene
nada en común con su actividad que desarrolla y solamente se enfoca a su
vida privada.

En ejecutoria de la Suprema Corte se ha dicho que la vida privada


comprende los actos del funcionario o empleado en el desempeño de su
cargo; de modo que, para determinar si un acto corresponde a la vida
privada o a la pública, no hay que atender al lugar en que dicho acto se
ejecutó, sino el carácter con que se verifica.

También puede ser vedado el ejercicio de la libertad de imprenta


cuando su ejercicio implique un ataque a la moral. Éste parece un criterio
muy subjetivo porque para lo que una persona puede ser moral, para otra
persona no lo es, y quedaría al arbitrio del legislador decidir por una cosa o
la otra. Además la Jurisprudencia de la Suprema Corte no se ha preocupado
por definir y delimitar los conceptos de “ataques a la vida privada y a la
moral”.
La última de las limitaciones que impone la Constitución a la libertad
de imprenta es cuando se altere la paz pública, tomada ésta como sinónimo
de tranquilidad, de inalteración del orden público en determinadas
circunstancias y bajo sus múltiples y variados aspectos.

El artículo siete de nuestra Constitución también señala que en


ningún caso podrá secuestrarse le imprenta como instrumento del delito.
Considerando los hechos como delitos de imprenta, ésta prohibición está
justificada ya que en caso contrario significaría inutilizar un aparato que es
vital para la divulgación de la cultura, tanto como de los avances científicos y
la educación.

El artículo a estudio señala que en ningún caso se podrán encarcelar,


so pretexto de delitos de prensa, a los “expendedores, papeleros, operarios
y demás empleados del establecimiento donde haya salido el escrito
denunciado, a menos que se demuestre previamente la responsabilidad de
aquellos”. La prohibición está debidamente justificada ya que los empleados
de un establecimiento editorial obedecen órdenes y ejecutan sus labores por
instrucciones que reciben de sus superiores, por lo que en la mayoría de los
casos no son los autores intelectuales, en consecuencia no tienen
responsabilidad penal porque dicha responsabilidad implica una intención
dolosa.

Esta garantía está protegida por la Constitución, pero en muchas


ocasiones los escritores, principalmente de revistas amarillistas se exceden
en sus comentarios o información que publican, ocasionando la mayor de las
veces perjuicios en contra de políticos, personas del medio artístico e incluso
de personas dedicadas a la cultura o la ciencia, por lo tanto esta garantía
debe ser objeto de un estudio y análisis serio para en cierto modo evitar
dichos perjuicios a las personas que son objeto de las publicaciones, sin
embargo, esto debe realizarse sin limitar la libertad a que tienen derecho
todos los escritores de publicar sus escritos con la condición de no perjudicar
la vida privada, la moral o se altere la paz pública
El texto constitucional vigente establece:

“Artículo 7°.- Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos


sobre cualquiera materia.

Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura ni exigir


fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta, que no
tiene más límites que el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz
pública. En ningún caso podrá secuestrarse la imprenta como instrumento
del delito.
Las leyes orgánicas dictarán cuantas disposiciones sean necesarias
para evitar que so pretexto de las denuncias por delito de prensa, sean
encarcelados los expendedores, "papeleros", operarios y demás empleados
del establecimiento de donde haya salido el escrito denunciado, a menos
que se demuestre previamente la responsabilidad de aquéllos.”

ARTÍCULO 8

El Diccionario de la lengua española ofrece dos acepciones de la


palabra "petición" (del latín petitio, -onis): Acción de pedir", "cláusula u
oración con que se pide" y "escrito en que se hace una petición". El derecho
de petición se traduce en la facultad de los gobernados —personas físicas o
morales— para solicitar a cualquier autoridad, por escrito, de manera
pacífica y respetuosa, que realice o deje de realizar un acto propio de su
esfera de atribuciones, y que supone la correlativa obligación de la autoridad
de responder también por escrito y en breve término.
La jurisprudencia del Pleno de la Suprema Corte de Justicia ha
expuesto el contenido del artículo 8o. constitucional del siguiente modo: “El
derecho de petición es consagrado por el artículo 8o. de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos como uno de los derechos
públicos subjetivos del gobernado frente a la autoridad dotada de facultades
y atribuciones por las normas legales en su calidad de ente del Gobierno del
Estado, obligado como tal, a dar contestación por escrito y en breve término
al gobernado, por lo que la existencia de este derecho como garantía
individual y la procedencia del juicio de amparo para su salva-guarda
requieren que la petición se eleve al funcionario o servidor público en su
calidad de autoridad, es decir en una relación jurídica entre gobernante y
gobernado, y no en una relación de coordinación regulada por el derecho
privado en que el ente público actúe como particular”. Tesis P./J. 42/2001,
Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta, Novena Época, t. XIII, abril
de 2001, p. 126.

De esta manera el artículo ocho dispone que: “Los funcionarios y


empleados públicos respetarán el ejercicio de derecho del petición, siempre
que ésta se formule por escrito, de manera pacífica y respetuosa; pero en
materia política sólo podrán hacer uso de ese derecho los ciudadanos de la
República. A toda petición deberá recaer un acuerdo escrito de la autoridad
a quien se haya dirigido, la cual tiene la obligación de hacerlo conocer en
breve término al peticionario”.

En virtud de ésta disposición la persona tiene la facultad de acudir a


cualquier autoridad, formulando una solicitud escrita de cualquier índole, la
cual en muchas ocasiones adopta el carácter de simple petición
administrativa, acción, recurso, etc. Por el cual el Estado tiene la obligación
de hacer un acuerdo para dar contestación a la solicitud del gobernado. La
autoridad cumple con levantar el acuerdo, a pesar de que no lo haga en
determinado sentido porque el artículo ocho solamente lo obliga a respetar el
ejercicio que los gobernados tienen a realizar cualquier solicitud al Estado.
El artículo ocho utiliza la expresión de breve término, el cual la
Suprema Corte ha definido que éste término se debe ser aquel en que
racionalmente pueda conocerse una petición y acordarse. El Estado además
de celebrar el acuerdo tiene la obligación según lo dispone el artículo ocho
de hacerlo conocer al peticionario. Así el Estado además de celebrar un
acuerdo congruente con la solicitud del gobernado, debe hacerlo del
conocimiento de éste dentro de un breve término que puede variar de
algunos días hasta meses dependiendo del caso en particular.

Así mismo el artículo ocho limita el derecho de petición al expresar


que solo pueden ejercitarlo los ciudadanos de la República en materia
política, considerados éstos como los mexicanos mayores de dieciocho años
que tengan un modo honesto de vivir. Por ésta razón lo extranjeros o
aquellos que no reúnan la calidad de ciudadanos pueden ser desatendidos
sin que recaiga un acuerdo escrito a su petición siempre y cuando sea de
índole política sin violar el artículo ocho de nuestra Constitución.

Este derecho, es muy importante, principalmente para los abogados


litigantes o cualquier persona que esté en contacto con la administración
pública, a la cual pueden solicitar alguna cosa sobre cualquier rubro,
teniendo aquella la obligación de dar contestación a la petición emitida por el
gobernado. Sin embargo éste derecho no asegura que la autoridad emita
dicha contestación de forma fundada y motivada, por lo que solamente la
obliga a dar contestación dentro de un breve término, que sin embargo
puede ser variable en consideración de cada caso concreto.

La práctica profesional del abogado se desarrolla principalmente a


través de peticiones realizadas ante el Estado, ya sea a través de los
funcionarios del poder ejecutivo o judicial principalmente, por lo que el
abogado siempre debe tener en cuenta esta garantía para alcanzar mejores
resultados en sus asuntos y en general en su práctica profesional.

El texto constitucional vigente establece:


“Artículo 8°.- Los funcionarios y empleados públicos respetarán el
ejercicio del derecho de petición, siempre que ésta se formule por escrito,
de manera pacífica y respetuosa; pero en materia política sólo podrán
hacer uso de ese derecho los ciudadanos de la República.

A toda petición deberá recaer un acuerdo escrito de la autoridad a


quien se haya dirigido, la cual tiene obligación de hacerlo conocer en
breve término al peticionario.”

ARTÍCULO 9

El artículo nueve consigna la libertad de asociación en los siguientes


términos: “No se podrá coartar el derecho de asociarse o reunirse
pacíficamente con cualquier objeto lícito...” De ésta forma nuestra
Constitución otorga la libertad de poder reunirse pacíficamente, siempre y
cuando la reunión tenga un objeto lícito. Ésta garantía al igual que el
derecho de petición le es vedada a los extranjeros en materia política.

Éste artículo implica dos especies de libertades:

a) Derecho de asociación. Por éste se entiende toda potestad


que tienen los individuos de unirse para constituir una
persona o entidad moral, con personalidad distinta a las
personas físicas que la constituyen y que tiene por objeto la
creación de una entidad con personalidad propia y la
persecución de fines permanentes o constantes.
b) Derecho de reunión. Se ejercita cuando varias personas se
congregan, y que ésta reunión no implica la producción de
una entidad moral como en el derecho de asociación ni
importa la realización de fines permanentes sino que busca
la realización de un fin concreto y determinado.

El primero de los derechos mencionados por el artículo nueve, es


decir, la libertad de asociación, es el fundamento de todas las personas
morales. Así se puede decir que en el artículo nueve se consigna tanto la
libertad de asociación como la libertad de reunión.

Estas libertades se encuentran limitadas o condicionadas, de tal forma


que para que se ejercite dicha libertad, debe hacerse en una forma pacífica,
esto quiere decir, que de una forma exenta de violencia. De ésta forma
quedan excluidas de la protección del artículo nueve constitucional todas las
reuniones o asociaciones que tengan un carácter de violencia o tengan por
objeto un hecho delictuoso.

De acuerdo con el artículo nueve constitucional, ninguna autoridad


estatal puede disolver ninguna manifestación o asamblea de los gobernados,
que tenga como objetivo realizar una protesta contra la autoridad, siempre y
cuando se haga de manera lícita y pacífica.

Es una de los derechos de vital importancia para las personas que se


desarrollan dentro de una asociación, ya sea de carácter civil, mercantil o de
cualquier otra índole porque de lo transcrito en párrafos anteriores se puede
concluir que es el fundamento de su existencia como personas morales. Así
mismo es de suma importancia para todas aquellas personas que a pesar de
no constituir una persona moral, se reúnen para la obtención y realización de
fines comunes concretos, por ejemplo las personas reunidas para formular
una petición a las autoridades están amparadas por esta garantía por lo que
dicha reunión no puede ser disuelta por las autoridades. Esto permite que la
población en general pueda desarrollarse en colectividad buscando fines
comunes, ya sean éstos permanentes como en el caso de la asociación, o
fines comunes concretos en el caso de las reuniones que se disuelven con el
simple hecho de alcanzar su fin.

El mismo artículo nueve pone como restricciones a la libertad de


asociación y de reunión el que en el caso de que se lleven a cabo para
tomar decisiones en los asuntos políticos del país, no pueden intervenir las
personas que no se consideren ciudadanos mexicanos, ya que la
intervención extranjera en este tipo de asuntos sería una amenaza para la
soberanía del país.

En la época de la colonia las reuniones estaban prohibidas,


recordemos que la independencia de México se fraguó en la clandestinidad,
tanto que la corregidora de Querétaro, esposa del corregidor, prestó su
domicilio para que en las supuestas tertulias literarias los héroes nacionales
planearan el golpe militar a l corona española. Esta prohibición precisamente
tenía como fin evitar las conspiraciones de los indígenas y criollos contra el
régimen colonial opresor y esclavista de los españoles en México, por ello
este artículo al igual que todos los de la constitución, tienen un trasfondo
histórico muy palpable.

Debemos distinguir una reunión de una asociación, la primera es de


carácter transitorio como una fiesta, una clase un convivio, por ejemplo; sin
embargo la asociación tiene un fin más permanente y más formal como una
sociedad mercantil o civil, por lo que se constituye de manera legal.

El texto constitucional vigente establece:


“Artículo 9°.- No se podrá coartar el derecho de asociarse o reunirse
pacíficamente con cualquier objeto lícito; pero solamente los ciudadanos de
la República podrán hacerlo para tomar parte en los asuntos políticos del
país. Ninguna reunión armada, tiene derecho de deliberar.

No se considerará ilegal, y no podrá ser disuelta una asamblea o


reunión que tenga por objeto hacer una petición o presentar una protesta por
algún acto o una autoridad, si no se profieren injurias contra ésta, ni se
hiciere uso de violencias o amenazas para intimidarla u obligarla a resolver
en el sentido que se desee.”

ARTÍCULO 10

Este precepto dispone que: “Los habitantes de los Estados Unidos


Mexicanos tienen derecho a poseer armas en su domicilio, para su
seguridad y legítima defensa, con excepción de las prohibidas por la ley
federal y de las reservadas para el uso exclusivo del Ejército, Armada,
Fuerza Aérea y Guardia Nacional. La ley federal determinará los casos,
condiciones, requisitos y lugares en que se podrá autorizar a los habitantes
la portación de armas”.

Para que el derecho que otorga la Constitución sea debidamente


ejercido, debe hacerse en el domicilio del gobernado y tener por objeto su
seguridad y legítima defensa. El artículo en análisis excluye de la posesión
legal a las armas prohibidas por la ley federal, así como también a las armas
exclusivas del Ejército, la Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional.
Ignacio Burgoa señala que en este artículo no se establece ninguna
obligación para el estado pues el Estado mismo, mediante una ley o decreto
puede señalar aquellas armas que sean prohibidas para los gobernados, es
decir que se deja al criterio de la autoridad pública el señalar que armas que
pueden ser objeto de posesión por parte de los ciudadanos. Este artículo
solamente impone la obligación al Estado de respetar el derecho de los
mexicanos para poseer armas y la obligación de expedir licencias a aquellas
personas que satisfagan los requisitos señalados en la misma ley.

El límite que señala este artículo para que solamente se puedan


poseer armas dentro del domicilio es una condición que señala la
Constitución y la cual me parece muy congruente, porque de lo contrario
cualquier persona podría estar en la calle portando armas y poniendo en
riesgo la seguridad de la sociedad. Del mismo modo la Constitución
establece que las armas que posean los ciudadanos deben ser con el objeto
preservar su seguridad y hacer valer la legítima defensa en caso de
cualquier siniestro.

De lo mencionado anteriormente se concluye que todos los


ciudadanos mexicanos tenemos el derecho a poseer armas para nuestra
propia seguridad, en la actualidad sabemos de personas que poseen armas
en su domicilio, lo cual está permitido por la Constitución siempre y cuando
sea para su seguridad y bajo las condiciones y cubriendo los requisitos que
establecen las leyes federales sobre esta materia.

Del artículo 10 se desprende que la autoridad establece a través de la


propia ley creada por el legislador, las armas que pueden estar bajo la
posesión de los ciudadanos, es decir que la obligación que adquiere de
respetar el derecho de los mexicanos a poseer armas se encuentra limitado
por la misma autoridad por medio de su ley federal.

El texto constitucional vigente establece:


“Artículo 10.- Los habitantes de los Estados Unidos Mexicanos
tienen derecho a poseer armas en su domicilio, para su seguridad y legítima
defensa, con excepción de las prohibidas por la Ley Federal y de las
reservadas para el uso exclusivo del Ejército, Armada, Fuerza Aérea y
Guardia Nacional. La ley federal determinará los casos, condiciones,
requisitos y lugares en que se podrá autorizar a los habitantes la portación
de armas.”

ARTÍCULO 11

Éste artículo comprende cuatro libertades especiales:

a) la de entrar al territorio de la República,


b) la de salir del mismo,
c) la de viajar dentro del Estado mexicano
d) la de mudar la residencia o domicilio.

Lo anterior se traduce en una obligación para el estado de no impedir


o entorpecer el libre tránsito de los ciudadanos ni establecer cualquier tipo
de requisito para poder transitar por el territorio del Estado.

El artículo 11 de nuestra Constitución se refiere única y


exclusivamente a la libertad de tránsito del individuo solamente en su
aspecto físico, por lo tanto la autoridad puede imponer condiciones o
requisitos para la utilización de las vías de comunicación.

En la actualidad se presenta el debate a través de los criterios


encontrados sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad de la
aplicación de medidas de seguridad y prevención por parte de las
autoridades de tránsito como el alcoholímetro. En realidad no es una
medida por parte de la autoridad que pueda ser tachada de inconstitucional
de acuerdo a lo que dispone el artículo 11 de la Constitución, puesto que no
se está coartando la libertad de los ciudadanos para viajar, entrar o salir del
territorio de la República sino que solamente se está aplicando una medida
preventiva, a lo cual está subordinada la libertad de tránsito. La aplicación de
dicha medida pudiera ser considerada como inconstitucional si no se le
permitiera a la persona viajar o continuar con su tránsito hacia un lugar
determinado, coartando de ésta manera su libertad, pero lo único que se
hace es proteger su seguridad.

El texto constitucional vigente establece:

“Artículo 11. Toda persona tiene derecho para entrar en la


República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia, sin
necesidad de carta de seguridad, pasaporte, salvoconducto u otros
requisitos semejantes. El ejercicio de este derecho estará subordinado a las
facultades de la autoridad judicial, en los casos de responsabilidad criminal o
civil, y a las de la autoridad administrativa, por lo que toca a las limitaciones
que impongan las leyes sobre emigración, inmigración y salubridad general
de la República, o sobre extranjeros perniciosos residentes en el país.

En caso de persecución, por motivos de orden político, toda persona


tiene derecho de solicitar asilo; por causas de carácter humanitario se
recibirá refugio. La ley regulará sus procedencias y excepciones.”

ARTÍCULO 24

La libertad de culto o libertad religiosa es un derecho fundamental que


se refiere a la opción de cada ser humano de elegir libremente su religión,
de no elegir ninguna o de no creer o validar la existencia de un Dios
(ateísmo y agnosticismo) y poder ejercer dicha creencia públicamente, sin
ser víctima de opresión, discriminación o intento de cambiarla.[]

Este concepto va más allá de la simple tolerancia religiosa que


permite, como una concesión graciable, el ejercicio de religiones distintas a
la oficial, en situaciones de confesionalidad del Estado propias del Antiguo
Régimen.

En las democracias modernas generalmente el Estado garantiza la


libertad religiosa a todos sus ciudadanos, pero en la práctica la elección del
credo está dada generalmente por costumbres familiares y sociales,
asociándose frecuentemente ciertas sociedades a ciertas religiones. Además
las situaciones de discriminación religiosa o intolerancia religiosa siguen
siendo muy frecuentes en distintas partes del mundo, registrándose casos
de intolerancia, preferencia de una religión por sobre otras y persecución a
ciertos credos.

La libertad religiosa es reconocida por el derecho internacional en


varios documentos como el artículo 18 de la Declaración Universal de los
Derechos Humanos y el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos; el art. 27 de este mismo Pacto garantiza a las minorías
religiosas el derecho a confesar y practicar su religión. De la misma forma lo
hace la Convención de los Derechos del Niño, en su art. 14, y el artículo 9 de
la Convención Europea de Derechos Humanos.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el citado artículo 18,


indica:

“Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de


conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de
religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su
creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por
la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.”
La libertad de culto originalmente nace identificada con la libertad de
conciencia, sin agotarse ésta en aquéllas. En efecto, la asociación entre
moral y religión instrumentalizada en el Derecho lleva a la identificación del
problema de la imposición jurídica de la religión con la afectación de la
reserva de la libertad de conciencia de parte de todas las personas. Lo
anterior se manifestó en la consagración por parte de las colonias
angloamericanas, por ejemplo Rhode Island, de la reserva de la libertad de
conciencia frente a la legislatura temporal. Sin perjuicio de lo anterior, la
libertad de conciencia actualmente rebasa dichos límites, hacia cuestiones
como los presos de conciencia o la desobediencia civil.

Un informe del Departamento de Estado de los Estados Unidos


p[]resenta anualmente el estado de la libertad religiosa en el mundo. Se trata
de un informe oficial, dirigido al Congreso de los Estados Unidos y que no
duda en presentar en una luz crítica la acción del Gobierno de Estados
Unidos en favor de la libertad religiosa. De todas formas, los datos del
informe están contrastados y, entre los países problemáticos, se incluye
también a aliados tradicionales de Estados Unidos. Este informe es refutado
y criticado por los países que menciona.

El Informe 2007 de los Estados Unidos señala (publicado en


septiembre de 2007), como países de especial preocupación, a Birmania,
China, Corea del Norte, Irán, Sudán, Eritrea y Arabia Saudita. Por primera
vez se ha incluido también a Uzbekistán en esta categoría, que se define
como aquellos países "que hayan intervenido en violaciones particularmente
graves de la libertad religiosa o las hayan tolerado".

Una segunda categoría son los países en los que la libertad religiosa,
tienen una relevancia especial, normalmente porque se dan abusos, aunque
también se señalan los avances conseguidos por los gobiernos. Esa
categoría incluye: Afganistán, Cuba, Egipto, India, Irak, Israel y los Territorios
Ocupados, Laos, las Maldivas, Pakistán, Rusia, Sri Lanka, Sudán,
Turkmenistán, Venezuela, Vietnam.
Además de estos países, se estudia la situación en casi todos los
países del mundo, con críticas y recomendaciones y subrayando la acción
de las representaciones diplomáticas estadounidenses.

En nuestro país, a pesar de que en los primeros instrumentos


constitucionales del México independiente, se establecía como única religión
reconocida y de “perpetua” a la católica apostólica y romana, después de las
leyes de reforma de Juárez, se separó definitivamente al Estado de la
Institución clerical y se confirmó entonces de manera definitiva la libertad de
creencia y culto a los mexicanos , como un derecho humano básico, desde
luego, siempre y cuando esta creencia no implique alguna conducta ilícita o
cause daño social a terceros.

El texto constitucional vigente establece:

“Artículo 24.- Todo hombre es libre para profesar la creencia


religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o
actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta
penados por la ley.

El Congreso no puede dictar leyes que establezcan o prohíban


religión alguna.

Los actos religiosos de culto público se celebrarán ordinariamente en


los templos. Los que extraordinariamente se celebren fuera de éstos se
sujetarán a la ley reglamentaria.”

ARTÍCULO 28

Según el Artículo 28 de la Carta Magna, están prohibidos los


monopolios, las prácticas monopólicas y las exenciones de impuestos en los
términos y condiciones que rijan las leyes. Este señalamiento constitucional
es reiterativo cuando se refiere a los castigos que aplica la ley.

En el discurso, la retórica política afirma que deben desaparecer los


monopolios en México. Sin embargo, en los hechos, esos planteamientos
están lejos de cumplirse.

Por otro lado, es preciso reforzar la ley con castigos que propicien un
cambio real en las prácticas monopólicas. De lo contrario, será imposible
regularlos.

En el Artículo 28 Constitucional, se centran las principales características


en el Monopolio, las Áreas Estratégicas y las Prioritarias.
Prohíbe los monopolios, prácticas monopólicas, los estancos y las exenciones
individuales de pago de impuestos.

Castiga la concentración o acaparamiento en unas cuantas manos de


artículos de consumo necesario, que tenga por objeto tener alza de precios, así
como todo acuerdo que pretenda evitar la libre concurrencia o la competencia
entre sí, para obligar a los consumidores a pagar precios exagerados. Aquí es
donde entra la obligación del estado para proteger el consumo de los particulares,
permitir un mercado abierto pero con responsabilidad, que los precios en los
productos de primera necesidad como la tortilla de maíz, no se vuelvan de
imposible consumo. Las personas que vivimos en una sociedad tenemos
necesidades o fines qué satisfacer y de una manera jerarquizada. Para
atenderlos, existen medios o recursos escasos y de uso optativo en varias
actividades.

Es así que el mercado tiende a crear factores de división entre los


compradores y los vendedores cuando el precio de un producto o servicio tiende
a elevarse según los movimientos internacionales de los insumos.
Coloma señala que el mercado es una creación jurídica que consiste en una serie
de normas más o menos generales que permiten que los potenciales
compradores y vendedores de un bien o servicio se pongan en contacto entre sí
para comerciarlo.

El Artículo 28 en comento, establece que las leyes fijarán bases para que
se señalen precios máximos a los artículos, materias o productos que se
consideren necesarios para la economía nacional o el consumo popular,
organización comercial, a fin de evitar intermediaciones innecesarias o excesivas
que provoquen desabasto.

Por ello, podemos concluir que este precepto, enmarca grandes aspectos
como la prohibición de los monopolios, a reserva de los señalados como áreas
estratégicas; se regulan aspectos importantísimos como la fijación de precios
máximos a los artículos, productos o materias que se consideren necesarios para
el consumo popular.

El texto constitucional vigente establece:

“Artículo 28.- En los Estados Unidos Mexicanos quedan prohibidos


los monopolios, las prácticas monopólicas, los estancos y las exenciones de
impuestos en los términos y condiciones que fijan las leyes. El mismo
tratamiento se dará a las prohibiciones a título de protección a la industria.
En consecuencia, la ley castigará severamente, y las autoridades
perseguirán con eficacia, toda concentración o acaparamiento en una o
pocas manos de artículos de consumo necesario y que tengan por objeto
obtener el alza de los precios; todo acuerdo, procedimiento o combinación
de los productores, industriales, comerciantes o empresarios de servicios,
que de cualquier manera hagan, para evitar la libre concurrencia o la
competencia entre si y obligar a los consumidores a pagar precios
exagerados y, en general, todo lo que constituya una ventaja exclusiva
indebida a favor de una o varias personas determinadas y con perjuicio del
público en general o de alguna clase social.

Las leyes fijarán bases para que se señalen precios máximos a los
artículos, materias o productos que se consideren necesarios para la
economía nacional o el consumo popular, así como para imponer
modalidades a la organización de la distribución de esos artículos, materias
o productos, a fin de evitar que intermediaciones innecesarias o excesivas
provoquen insuficiencia en el abasto, así como el alza de precios. La ley
protegerá a los consumidores y propiciará su organización para el mejor
cuidado de sus intereses.

No constituirán monopolios las funciones que el Estado ejerza de


manera exclusiva en las siguientes áreas estratégicas: correos, telégrafos y
radiotelegrafía; petróleo y los demás hidrocarburos; petroquímica básica;
minerales radioactivos y generación de energía nuclear; electricidad y las
actividades que expresamente señalen las leyes que expida el Congreso de
la Unión. La comunicación vía satélite y los ferrocarriles son áreas
prioritarias para el desarrollo nacional en los términos del artículo 25 de esta
Constitución; el Estado al ejercer en ellas su rectoría, protegerá la seguridad
y la soberanía de la Nación, y al otorgar concesiones o permisos mantendrá
o establecerá el dominio de las respectivas vías de comunicación de
acuerdo con las leyes de la materia.

No constituirán monopolios las funciones que el Estado ejerza de


manera exclusiva en las siguientes áreas estratégicas: correos, telégrafos y
radiotelegrafía; petróleo y los demás hidrocarburos; petroquímica básica;
minerales radioactivos y generación de energía nuclear; electricidad y las
actividades que expresamente señalen las leyes que expida el Congreso de
la Unión. La comunicación vía satélite y los ferrocarriles son áreas
prioritarias para el desarrollo nacional en los términos del artículo 25 de esta
Constitución; el Estado al ejercer en ellas su rectoría, protegerá la seguridad
y la soberanía de la Nación, y al otorgar concesiones o permisos mantendrá
o establecerá el dominio de las respectivas vías de comunicación de
acuerdo con las leyes de la materia.

No constituyen monopolios las asociaciones de trabajadores formadas


para proteger sus propios intereses y las asociaciones o sociedades
cooperativas de productores para que, en defensa de sus intereses o del
interés general, vendan directamente en los mercados extranjeros los
productos nacionales o industriales que sean la principal fuente de riqueza
de la región en que se produzcan o que no sean artículos de primera
necesidad, siempre que dichas asociaciones estén bajo vigilancia o amparo
del Gobierno Federal o de los Estados, y previa autorización que al efecto se
obtenga de las legislaturas respectivas en cada caso. Las mismas
Legislaturas, por sí o a propuesta del Ejecutivo podrán derogar, cuando así
lo exijan las necesidades públicas, las autorizaciones concedidas para la
formación de las asociaciones de que se trata.

Tampoco constituyen monopolios los privilegios que por determinado


tiempo se concedan a los autores y artistas para la producción de sus obras
y los que para el uso exclusivo de sus inventos, se otorguen a los inventores
y perfeccionadores de alguna mejora.

El Estado, sujetándose a las leyes, podrá en casos de interés general,


concesionar la prestación de servicios públicos o la explotación, uso y
aprovechamiento de bienes de dominio de la Federación, salvo las
excepciones que las mismas prevengan. Las leyes fijarán las modalidades y
condiciones que aseguren la eficacia de la prestación de los servicios y la
utilización social de los bienes, y evitarán fenómenos de concentración que
contraríen el interés público.

La sujeción a regímenes de servicio público se apegará a lo dispuesto


por la Constitución y sólo podrá llevarse a cabo mediante ley.

Se podrán otorgar subsidios a actividades prioritarias, cuando sean


generales, de carácter temporal y no afecten sustancialmente las finanzas
de la Nación. El Estado vigilará su aplicación y evaluará los resultados de
ésta.”
DERECHOS DE
SEGURIDAD JURÍDICA

MAPA CONCEPTUAL
CONCEPTO

ELEMENTOS

DERECHOS DE
SEGURIDAD JURíDICA
FUENTES DE LOS
DERECHOS DE
SEGURIDAD JURÍDICA
ARTÍCULO 14
ARTÍCULOS
CONSTITUCIONALES
QUE LOS
CONTEMPLAN
ARTICULO 15

CONCEPTO
La seguridad jurídica es un principio del Derecho, universalmente
reconocido, que se entiende y se basa en la «certeza del derecho», tanto en
el ámbito de su publicidad como en su aplicación, y representa la seguridad
de que se conoce, o puede conocerse, lo previsto como prohibido, mandado
y permitido por el poder público respecto de uno para con los demás y de los
demás para con uno.

La palabra seguridad proviene de la palabra latina securitas, la cual


deriva del adjetivo securus (de secura) que significa estar seguros de algo y
libres de cuidados. El Estado, como máximo exponente del poder público y
primer regulador de las relaciones en sociedad, no sólo establece (o debe
establecer) las disposiciones legales a seguir, sino que en un sentido más
amplio tiene la obligación de crear un ámbito general de "seguridad jurídica"
al ejercer el poder político, jurídico y legislativo.

La seguridad jurídica es, en el fondo, la garantía dada al individuo por


el Estado de modo que su persona, sus bienes y sus derechos no serán
violentados o que, si esto último llegara a producirse, le serán asegurados
por la sociedad, la protección y reparación de los mismos.

En resumen, la seguridad jurídica es la «certeza del derecho» que


tiene el individuo de modo que su situación jurídica no será modificada más
que por procedimientos regulares y conductos legales establecidos, previa y
debidamente publicados.
La seguridad jurídica parte de un principio de certeza en cuanto a la
aplicación de disposiciones constitucionales y legales que, definen la forma
en que las autoridades del Estado han de actuar y que la aplicación del
orden jurídico a los gobernados será eficaz.

La existencia de esta seguridad no sólo implica un deber para las


autoridades del Estado; si bien éstas deben abstenerse de vulnerar los
derechos de los gobernados, éstos no deben olvidar que también se
encuentran sujetos a lo dispuesto por la Constitución Federal y las leyes, es
decir, que pueden y deben ejercer su libertad con la idea de que podría
restringirse en beneficio del orden social.

Los derechos de seguridad jurídica son derechos públicos subjetivos


en favor de los gobernados, que pueden oponerse a los órganos estatales
para exigirles que se sujeten a un conjunto de requisitos previos a la emisión
de actos que pudieran afectar la esfera jurídica de los individuos, para que
éstos no caigan en la indefensión o la incertidumbre jurídica, lo que hace
posible la pervivencia de condiciones de igualdad y libertad para todos los
sujetos de derechos y obligaciones.

La seguridad jurídica es también un principio del Derecho,


universalmente reconocido, que se entiende y se basa en la certeza del
derecho, tanto en el ámbito de su publicidad como en su aplicación, y
representa la seguridad de que se conoce, o puede conocerse, lo previsto
como prohibido, mandado y permitido por el poder público respecto de uno
para con los demás y de los demás para con uno.

El Estado, como máximo exponente del poder público y primer


regulador de las relaciones en sociedad, no sólo establece (o debe
establecer) las disposiciones legales a seguir, sino que en un sentido más
amplio tiene la obligación de crear un ámbito general de "seguridad jurídica"
al ejercer el poder político, jurídico y legislativo.
La seguridad jurídica es, en el fondo, la garantía dada al individuo por
el Estado de modo que su persona, sus bienes y sus derechos no serán
violentados o que, si esto último llegara a producirse, le serán asegurados
por la sociedad, la protección y reparación de los mismos.

Son principios típicamente derivados de la seguridad jurídica la


irretroactividad de la ley, la tipificación legal de los delitos y las penas, las
garantías constitucionales, la cosa juzgada, la caducidad de las acciones y la
prescripción. La irretroactividad de la ley significa que las disposiciones
contenidas en las leyes no deben aplicarse hacia el pasado, afectando
hechos o situaciones que se presentaron antes de su vigencia, problema
que se conoce también como conflicto de leyes en el tiempo. En definitiva,
todo lo que supone la certeza del derecho como valor o atributo esencial del
Estado.

El conjunto de modalidades jurídicas a que se tiene que sujetarse un


acto de cualquier autoridad para producir válidamente, desde el punto de
vista jurídico, la afectación en la esfera del gobernado a los diversos
derechos de este, y que se traduce en una serie de requisitos, condiciones y
elementos, constituyen a lo que son las garantías de seguridad jurídica.

Estas implican en general un conjunto de condiciones, requisitos y


elementos previos que se debe sujetarse a una actividad estatal autorizada
para afectarse una a cooperación valida de diferente índole en la esfera del
gobernado integrada por sus derechos subjetivos.

La seguridad jurídica in genere se manifiesta como la substancia de


diferentes derechos subjetivos públicos individuales del gobernado oponibles
y exigibles al estado y autoridades que tiene la obligación de acatarlos u
observarlos. Esta obligación es de índole activa en la generalidad de los
casos tratándose de las diferentes garantías de seguridad jurídica, es decir
el estado y sus autoridades deben desempeñar para cumplir dicha
obligación, actos positivos, consistentes en realizar los hechos que impliquen
el cumplimiento de todos los requisitos o condiciones exigidas para la
afectación que generen.

La seguridad jurídica entraña el mismo Estado de Derecho que es uno


de los más importantes elementos de todo régimen democrático
integrándose el orden jurídico y la función gubernativa real, mismo en el que
se deben hacer cumplir las normas constitucionales del sistema.

En resumen, la seguridad jurídica como garantías, es la norma que da


la certeza del derecho y que tiene el individuo, de tal modo que su situación
jurídica, no será modificada ni alterada, más que por procedimientos
regulares y conductos legales establecidos, previa y debidamente
publicados.

ELEMENTOS

Los elementos de estos derechos vienen a ser tanto el estado, como


regulador de los mismos; como los gobernados o individuos con capacidad
jurídica propia; ambos gozan y están obligados a acatarse a las
disposiciones establecidas por éstas.Por lo mismo, podemos hablar de
dos elementos personales de la garantía individual que más
adelante analizaremos sujeto activo y sujeto pasivo.

Los elementos están dados por la relación que se establece entre el


sujeto titular de los derechos constitucionales y el sujeto obligado a
respetarlos, cuyo amparo de dichos derechos fundamentales es el objeto de
la tutela constitucional.

Los elementos de las de los derechos Individuales son:

1. La relación de supra a subordinación entre el gobernado (sujeto


activo) y el estado y sus autoridades (sujetos pasivos)
2. Derecho público subjetivo que emana de dicha relación a favor del
gobernado (objeto)

3. Obligación correlativa a cargo de las autoridades consiste en


respetar el consabido derecho y conservar ó cumplir las condiciones de
seguridad jurídica del mismo (objeto)

4. Previsión y regularización de la citada relación por la ley


fundamental (fuente).

En efecto, los derechos individuales no son derechos públicos


subjetivos absolutos, pues “su uso, restricción y suspensión, se arreglan a
los casos y a las condiciones que establece dicha Constitución, dentro de los
límites que la misma señala.”

Aun cuando los supuestos de restricción o suspensión de los


derechos se hallen previstos en el propio Código Supremo, tal como lo
establece, por ejemplo, el artículo 29, no debe olvidarse que el medio
protector por excelencia de los propios derechos también figura en el cuerpo
del texto constitucional, concretamente en los artículos 103 y 107, relativos
al juicio de amparo.

FUENTES DE LOS DERECHOS DE SEGURIDAD JURÍDICA

Las fuentes de los derechos individuales de seguridad juridica son la


constitución, las leyes secundarias, los tratados internacionales y las
constituciones locales.

a) Fuentes Formales son: la Costumbre o la legislación


escrita (la constitución y locales; convenios y tratados
internacionales en materia de Derechos humanos), cuyos
principios los encontramos en los artículos 133 y 135 de la
Constitución Federal. El artículo 133 fundamenta el
principio de supremacía constitucional, al establecer que la
ley fundamental, las leyes emanadas de ella y los tratados
internacionales celebrados por el Estado mexicano,
constituirán la “Ley suprema de la Unión”.

b) Fuentes Históricas son todos aquellos ordenamientos


jurídicos anteriores a nuestra Constitución de 1917 que
han quedado reseñados en este libro y que han sido
antecedente de nuestra actual legislación y marco
constitucional.

c) Fuentes reales: son los acontecimientos de la realidad


nacional que dan origen a la necesidad de regular la
conducta estatal como lo hace nuestra Norma Suprema.

ARTÍCULOS CONSTITUCIONALES QUE LAS CONTEMPLAN

El artículo catorce y quince establecen los principales derechos de


seguridad jurídica en nuestra Constitución, entendidas éstas por Ignacio
Burgoa como el “conjunto general de condiciones, requisitos, elementos o
circunstancias previas a que debe sujetarse una cierta actividad estatal
autoritaria para generar una afectación válida de diferente índole en la esfera
jurídica del gobernado, integrada por el conjunto de derechos subjetivos”.

Procedemos a continuación al análisis de los mismos:

ARTÍCULO 14

El artículo catorce reviste una gran importancia para la vida


profesional del abogado, pues a través de éste artículo, el gobernado
encuentra una amplia protección de sus derechos.
El artículo en análisis implica cuatro garantías fundamentales: la de
irretroactividad de la ley, la de audiencia, la de legalidad en materia judicial
civil y judicial administrativa, y por último la de legalidad en materia judicial
penal.

I.- Garantía De La Irretroactividad De Las Leyes.

Este derecho se encuentra concebida en el primer párrafo del artículo


catorce, la cual menciona que “A ninguna ley se dará efecto retroactivo en
perjuicio de persona alguna”.

Esta derecho surge a partir de la consideración del problema en el


cual se encuentran involucradas dos leyes; una que ha sido abrogada o
derogada y otra que es vigente, para regular un mismo hecho. Para la
solución de éste problema se puede decir que todas las leyes, a partir de
que entra en vigor, rigen solamente para hechos futuros (facta futura). De lo
anterior se desprende que la retroactividad consiste en “dar efectos
reguladores a una norma jurídica sobre hechos, actos o situaciones
producidos con antelación al momento en que entra en vigor”, esto quiere
decir que el principio de irretroactividad se basa en que una ley no debe
normas actos o hechos que hayan tenido lugar antes de la iniciación de su
vigencia y que se impone como obligación negativa o prohibición al Estado
para aplicar una ley retroactivamente en perjuicio de persona alguna. Para
finalizar se puede decir que para que la aplicación retroactiva implique la
contravención a la garantía individual consagrada en el artículo catorce, es
necesario que los efectos de retroacción originen un perjuicio personal.

II. Derecho De Audiencia.

Este derecho se encuentra expresamente en el segundo párrafo del


artículo catorce constitucional en los siguientes términos: “Nadie podrá ser
privado de la vida, libertad o de sus propiedades, posesiones o derechos,
sino mediante juicio seguido ante los tribunales previamente establecidos, en
el que se cumplan las formalidades esenciales del procedimiento y conforme
a las leyes expedidas con anterioridad al hecho”.
El artículo catorce de nuestra Constitución vigente se integra,
mediante cuatro derechos especificos de seguridad jurídica y que son: El
juicio previo al acto de privación; que dicho juicio se siga ante tribunales
previamente establecidos; el cumplimiento de las formalidades procesales
esenciales; y la decisión jurisdiccional ajustada a las leyes vigentes con
anterioridad a la causa que origine el juicio.

El derecho de audiencia es susceptible de violarse con la sola


contravención de alguna de las anteriores mencionadas, por ésta razón, los
gobernados tienen en el segundo párrafo del artículo catorce constitucional
una de las bases más sólidas para que sean respetados sus derechos por el
Estado.

El derecho establecido en el segundo párrafo del artículo en análisis


implica un “acto de privación” a diferencia del “acto de molestia consignado
en el artículo dieciséis de nuestra Constitución. La privación se considera
como el resultado de un acto de autoridad y que se traduce en un
menoscabo de la esfera jurídica del gobernado, determinados por el egreso
de algún bien, material o inmaterial, así como el impedimento para ejercer un
derecho.

Si la privación de un bien material o inmaterial es la finalidad


perseguida por un acto de autoridad, éste asumirá el carácter de privativo;
por el contrario, si cualquier acto de autoridad, no tiende a la privación de un
bien del gobernado, sino que la privación es sólo un medio para lograr otros
propósitos, no será acto privativo, sino de molestia (artículo 16).

Los bienes jurídicos protegidos por el segundo párrafo del artículo


catorce constitucional son:

a) La Vida. Ésta se traduce en el estado existencial del sujeto.


Entonces la garantía de audiencia protege la existencia del
gobernado frente a actos de autoridad que pretendan hacer de ella
objeto de privación.
b) La Libertad. Se entiende por libertad a la facultad genérica natural
del individuo consistente en la formación y realización de fines
vitales y en la selección de medios tendientes a conseguirlos. De lo
anterior se desprende que el Estado no puede privar de dichas
facultades a un individuo sino posteriormente a un juicio seguido con
las condiciones y formalidades que establece la propia Constitución.

c) La Propiedad. Por éste se entiende el derecho real por excelencia


y los tres derechos subjetivos que de ella se derivan, como son: El
uso, el disfrute y la disposición de la cosa.

d) La Posesión. Ésta se revela como el poder fáctico desplegado


sobre una cosa, a través del cual, quien lo ejerce, puede
desempeñar, conjunta o separadamente, el ius fruendi, el ius utendi
o el ius abutendi (disposición de la cosa).

e) Los Derechos. Dentro de ésta connotación se comprende


cualquier derecho subjetivo, sea real o personal. Se entiende por
derecho subjetivo a las facultades concedidas a las personas por el
orden jurídico.

Dentro del derecho de audiencia se comprenden cuatro garantías de


seguridad jurídica a saber:

I.-Debe existir un juicio previo a la privación. El concepto de juicio


del segundo párrafo del artículo catorce equivale al de procedimiento, es
decir, que el acto de privación debe estar precedido necesariamente por la
función jurisdiccional, ejercida a través de un procedimiento, en el que el
gobernado afectado tenga plena injerencia a efecto de producir su defensa.

II.- El juicio debe seguirse ante tribunales previamente


establecidos. El término “previamente” debe entenderse no debe
conceptuarse con el significado de simple antelación cronológica, sino como
denotativo de la preexistencia de los tribunales al caso que pudiese provocar
la privación. La garantía de audiencia no sólo es operante a los tribunales
propiamente dichos, es decir, frente a los órganos del Estado adscritos al
Poder Judicial, sino que dentro de dicho concepto se comprende a
cualquiera de las autoridades ante las que debe seguirse juicio.

III.- Debe cumplirse las formalidades esenciales del


procedimiento. La decisión de un conflicto ante un tribunal previamente
establecido requiere que el sujeto respecto del cual se suscita manifieste sus
pretensiones. De esta manera, la autoridad tiene como obligación otorgar la
oportunidad de defensa para que la persona que vaya a ser objeto de un
acto de privación externe sus pretensiones opositoras al mismo. También es
necesario que la autoridad y la ley concedan a las partes la oportunidad de
probar los hechos para que el Estado pueda emitir una resolución judicial
apegándose a la realidad.

IV.-El fallo o la resolución culminatoria del procedimiento debe


pronunciarse conforme a las leyes expedidas con anterioridad al
hecho. Éste derecho corrobora la de irretroactividad de la ley.

Existen algunas excepciones al derecho de audiencia establecido por


la misma Constitución las cuales son:

1. La que prevé el artículo treinta y tres de la Constitución, al


mencionar que los extranjeros que estime indeseables el Presidente de la
República, pueden ser expulsados del país;

2. La que se desprende del artículo veintisiete de la Constitución


referente a las expropiaciones por causa de utilidad pública;

3. Tampoco es observable el derecho de audiencia tratándose de


órdenes judiciales de aprehensión, ya que el artículo dieciséis no exige que
previamente se oiga al presunto indiciado en defensa.

III. Derecho de La Exacta Aplicación De La Ley En Materia Penal.

“En los juicios del orden criminal queda prohibido imponer, por simple
analogía y aún por mayoría de razón, pena alguna que no esté decretada
por una ley exactamente aplicable al delito de que se trata”.
En virtud de éste derecho, un hecho cualquiera, que no esté reputado
por la ley como delito, no será susceptible de engendrar una penalidad para
el que lo comete. En consecuencia, para que un hecho constituya un delito,
es necesario que exista una disposición legal que establezca una pena para
su autor, por lo que cuando no exista aquella, el acto u omisión no tendrá el
carácter de delito.

Del tercer párrafo del artículo catorce constitucional se desprende que


está prohibida la aplicación de una sanción penal si no existe alguna
disposición legal que expresamente la imponga por la comisión de un hecho
determinado, es decir, que para todo delito la ley debe señalar
expresamente la penalidad correspondiente y se infringirá ésta disposición
cuando se aplique a una persona una pena que no se atribuye por la ley a
un delito determinado.

Para asegurar el derecho de la exacta aplicación de la ley en materia


penal, el párrafo tercero del artículo a estudio prohíbe la imposición de
penalidad por analogía y por mayoría de razón.

La aplicación analógica de una ley tiene lugar cuando a ésta se


atribuyen efectos normativos sobre casos reales que no están previstos en
ella, pero que guardan con la hipótesis expresamente regulada no una
semejanza absoluta sino una similitud relativa, e sea, en cuanto a ciertos
aspectos o elementos comunes.

Al prohibir la imposición de penas por mayoría de razón, impide que la


ley que contenga la sanción penal se haga extensiva a hechos que, aunque
de mayor gravedad, que el delito previsto, no estén previstos en ella y sean
esencialmente diferentes.

Este derecho le da mayor seguridad al gobernado para no poder ser


juzgado o sancionado por delitos que no estén expresamente en una ley
anterior a la realización del hecho y evita la arbitrariedad en la aplicación de
penas por parte de la autoridad jurisdiccional.

IV. Derechos de Legalidad En Materia Judicial Civil.


“En los juicios del orden civil, la sentencia definitiva deberá ser
conforme a la letra, o a la interpretación jurídica de la ley, y a falta de ésta se
fundará en los principios generales del derecho”.

El acto a que se refiere el párrafo cuarto del artículo catorce no


solamente es la sentencia definitiva dentro de un proceso, sino que se
incluyen las decisiones interlocutorias y demás autos o proveídos de un
juicio. La garantía de legalidad a que se refiere éste párrafo se hace
extensiva a los juicios de carácter mercantil, del trabajo, y a resoluciones
administrativas materialmente jurisdiccionales. Por la anterior se puede
concluir que las reglas enumeradas en ésta garantía incluye todos los
procedimientos de carácter jurisdiccional, excepto el penal.

De acuerdo al párrafo en estudio, la sentencia definitiva, así como la


sentencia interlocutoria o autos deben fundarse en la interpretación literal de
la ley, la cual implica que se debe llegar al verdadero sentido de la ley por
medio del significado gramatical de las palabras con que fue redactada. Lo
anterior puede considerarse relativamente sencillo si la ley es redactada en
términos claros y precisos, el problema surge cuando las palabras pueden
presentar diversos significados, cuando éste problema surge, se debe atener
a la interpretación jurídica de la ley, según lo ordena el párrafo cuarto del
artículo catorce constitucional.

En ocasiones puede suceder que existan las llamadas lagunas


jurídicas que consiste en la inexistencia de una norma jurídica que pueda ser
aplicable a un caso concreto, para solucionar éste problema, el párrafo
cuarto del artículo catorce constitucional permite que en los juicios de
carácter civil se pueda hacer uso de los principios generales del derecho
para poder resolver la cuestión planteada. Se entiende por principios
generales del derecho a las “normas elaboradas por la mente investigadora
mediante el análisis inductivo del sistema jurídico mexicano, y de los
sistemas culturales afines, con vista a establecer, con juicios lógicos en que
deben traducirse tales principios, las notas uniformes que rijan a todas las
instituciones integrantes de tales sistemas”.
El artículo 14 vigente de nuestra constitución actual establece:

“Artículo 14.- A ninguna ley se dará efecto retroactivo en perjuicio de


persona alguna.

Nadie podrá ser privado de la libertad o de sus propiedades,


posesiones o derechos, sino mediante juicio seguido ante los tribunales
previamente establecidos, en el que se cumplan las formalidades esenciales
del procedimiento y conforme a las Leyes expedidas con anterioridad al
hecho.

En los juicios del orden criminal queda prohibido imponer, por simple
analogía, y aún por mayoría de razón, pena alguna que no esté decretada
por una ley exactamente aplicable al delito de que se trata.

En los juicios del orden civil, la sentencia definitiva deberá ser


conforme a la letra o a la interpretación jurídica de la ley, y a falta de ésta se
fundará en los principios generales del derecho.”

ARTÍCULO 15

El artículo quince de nuestra Constitución dispone que: “No se


autoriza la celebración de tratados para la extradición de reos políticos, ni
para la de aquellos delincuentes del orden común que hayan tenido en el
país donde cometieron el delito, la condición de esclavos; ni de convenios o
tratados en virtud de los que se alteren las garantías y derechos
establecidos por ésta Constitución para el hombre y el ciudadano”.

Éste artículo impone una obligación negativa o prohibición para las


autoridades que son responsables de la celebración de tratados
internacionales, y que de acuerdo a la misma Constitución en artículo 89
fracción X, y el artículo 76 fracción I, son el presidente de la República y el
Senado respectivamente.

La libertad que tienen el Presidente de la República y el Senado para


la celebración de tratados internacionales se encuentra restringida por el
artículo quince constitucional. Son dos tipos de convenios o tratados los que
se encuentran restringidos por nuestra Constitución y son los que se refieran
a la extradición y los que impliquen alteración de las garantías del gobernado
y derechos del ciudadano. Los hay de varios tipos en materia de extradición
y son:

a) Tratados que se refieren a la extradición de reos políticos o de


esclavos.-De manera general puede decirse que la extradición es
el acto por el cual un estado hace entrega a otro que la reclama,
de una persona a quien se imputa la comisión de un delito dentro
del territorio de la entidad reclamante, para juzgarla por ese
motivo. Este tipo de tratados se encuentra prohibido por el artículo
15 de nuestra Constitución. Para conocer cuando un reo tiene
carácter político se debe conocer primordialmente el concepto de
“delito político”, entendido éste como el “delito que tiene como
finalidad sustituir, mediante hechos cruentos o incruentos, las
instituciones gubernativas o el sistema de gobierno de un país, por
otro régimen, o derrocar a las personas que lo ejercen”. De
acuerdo al concepto antes trascrito el reo político es aquel que
cometió un delito con la finalidad de modificar la forma de gobierno
o de remover a las personas que lo ejercen.

b) Tratados de extradición de delincuentes que hayan tenido la


condición de esclavos en el país donde cometieron el delito.
Esta prohibición puede ser considerada hasta cierto punto
obsoleta pues en la actualidad no existe algún país en el cual siga
vigente la esclavitud como institución jurídica, sino que solamente
pudieran darse situaciones muy excepcionales de hecho, mas no
de derecho en las cuales se siga practicando el esclavismo. La
esclavitud se define como la institución en virtud de la cual
cualquier persona puede quedar sometida al dominio de otra de tal
manera que se convierta, para los efectos jurídicos de persona en
cosa, y ser privada, por lo tanto, de su libertad de manera absoluta
y total.

c) Tratados que impliquen la alteración de las garantías del


gobernado y derechos del ciudadano. El artículo quince
prohíbe de igual modo que el Presidente de la República y el
Senado celebren tratados internacionales que tengan por objeto
alterar las garantías contenidas en los primeros veintinueve
artículos de nuestra Constitución. Se entiende por garantías
individuales a los derechos mediante los cuales la Constitución
asegura a los ciudadanos el disfrute pacífico y el respeto a los
derechos que en ella se encuentran consagrados.

d) Tratados que impliquen la alteración de los derechos del


ciudadano. Ésta prohibición se refiere a los derechos del
ciudadano tanto en su fase activa como pasiva como la base de
nuestro régimen democrático, esto significa, que no puede
variarse nuestro régimen por la celebración de algún tratado
internacional. Los derechos del ciudadano se encuentran
consagrados principalmente en el artículo 35 de nuestra propia
Constitución.

El artículo 15 vigente de nuestra constitución actual establece:

“Artículo 15. No se autoriza la celebración de tratados para la


extradición de reos políticos, ni para la de aquellos delincuentes del orden
común que hayan tenido en el país donde cometieron el delito, la condición
de esclavos; ni de convenios o tratados en virtud de los que se alteren los
derechos humanos reconocidos por esta Constitución y en los tratados
internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte.”

SUSPENSIÓN DE
DERECHOS
INDIVIDUALES Y
GARANTÍAS
MAPA CONCEPTUAL
CONCEPTO

DERECHOS
SUCEPTIBLES DE
SUSPENSIÓN
SUSPENSIÓN DE
DERECHOS
INDIVIDUALES
SUJETOS DE
SUSPENSIÓN

PARCIAL

TIPOS DE SUSPENSIÓN

TOTAL

SUSPENSIÓN DE DERECHOS INDIVIDUALES

La Constitución autoriza la suspensión de ciertos derechos, en todo


el país o en un lugar determinado, cuando una situación de emergencia
pone en riesgo la estabilidad del país o alguna parte de este, por lo que, en
relación con la circunstancia que generó la solicitud, se deberá indicar al
Congreso si dicha medida es para suspender las garantías en todo el país,
en alguna región del mismo o en determinada entidad o entidades
federativas. Es de suponerse que lo anterior dependerá de la causa que
genera la solicitud y, por ende, el lugar en donde se requiera la actuación del
gobierno para hacer frente a la misma.

El único facultado para iniciar el procedimiento de suspensión de


derechos es el Ejecutivo federal, para lo cual deberá contar con el acuerdo
de todos y cada uno de los servidores públicos de la administración pública
federal centralizada indicados en el propio artículo 29 constitucional. Una vez
obtenido dicho acuerdo, se remitirá al Poder Legislativo federal la solicitud
respectiva para su autorización o rechazo.

La aprobación del Legislativo por lo que hace a la suspensión de


derechos, se realizará por el Congreso General en caso de encontrarse
reunido, o por la Comisión Permanente del mismo en sus recesos, puesto
que dicha aprobación del Legislativo no hace suya la suspensión, sino que
precisamente aprueba la conducta que intenta el Ejecutivo.

Si bien es cierto que la suspensión de derechos se llevará a cabo


mediante la emisión de una norma general (similar a la ley), la misma no es
emitida por el Congreso, sino por el presidente de la República con
aprobación del Congreso. De esta forma, aun cuando el procedimiento del
artículo 29 constitucional tenga grandes semejanzas con el procedimiento de
creación de leyes, no es el mismo, y por lo tanto tiene sus características
propias.

"Toda comunidad en la que no esté estipulada la separación de


poderes y la seguridad de derechos necesita una Constitución".
Esta disposición contenida en el artículo 16 de la Déclaration des
Droits de l´Homme et du Citoyen otorgada en la Francia de 1789, constituye
una premisa indispensable sin la cual estaríamos impedidos para hablar de
Estado de derecho.

Junto con otras características (división de poderes, imperio de la ley,


y legalidad de la administración), el establecimiento de derechos individuales
(o derechos fundamentales)1 constituye un elemento indispensable para el
Estado constitucional o de derecho. Así lo han advertido nuestros
constituyentes desde 1824 hasta nuestros días.

En efecto, nuestro sistema constitucional otorga diversos derechos


fundamentales que forman parte toral del ordenamiento jurídico, y dada su
importancia, son normados al máximo nivel de la estructura jurídica del
Estado, es decir, en la propia Constitución.

El primer párrafo del artículo 1o. de la Constitución Política de los


Estados Unidos Mexicanos determina que los derechos individuales no
pueden ser restringidos ni suspendidos; salvo en aquellos casos en que la
propia norma fundamental lo permite.

El primer problema que plantea dicha disposición es el relativo al


grado de modificación que pueden sufrir las normas constitucionales que
contienen los derechos constitucionales. Parece claro que pueden ser objeto
de adición o reforma la ampliación de su ámbito de protección respecto del
gobernado; pero ha sido más discutida la posibilidad de reforma que limite el
alcance de dichos preceptos o, más aún, la derogación de los mismos.

Algunos autores consideran que dada la disposición indicada, los


derechos constitucionales particulares no pueden derogarse. Coincidimos en
el sentido de que la totalidad de los derechos fundamentales o humanos no
pueden derogarse sustituyéndolos por un vacío normativo sin desquebrajar
nuestro Estado de derecho. En contrario, no coincidimos por lo que respecta
a la derogación solo de alguna o algunos derechos individuales en
particular.
En efecto, de conformidad con el artículo 135 constitucional, el
"Constituyente Permanente" se encuentra facultado para reformar o
adicionar los preceptos constitucionales, sin existir disposición expresa que
excluya de entre dichos preceptos a las garantías individuales. Por otra
parte, si bien es cierto que la disposición contenida en el artículo citado no
incluye expresamente la posibilidad de derogación, también lo es que
nuestra práctica constitucional así lo ha admitido respecto de otras normas
constitucionales.

Finalmente, por lo que respecta a la disposición del artículo 1, ésta


permite la modificación de los derechos constitucionales en los términos
establecidos en la norma suprema, incluido desde luego, en nuestro criterio,
el procedimiento de reforma previsto en el artículo 135 constitucional.

Además del discutible tema de modificación de los derechos


constitucionales, mediante el procedimiento establecido en el artículo 135
del pacto federal, la Constitución establece en su artículo 29 un
procedimiento tendiente a la suspensión de las mismas. Es también a este
procedimiento al que refiere el artículo 1o. constitucional.

Las derechos a que se refieren los artículos 1o. y 29 constitucionales


son, en primer término, normas constitucionales en virtud de su pertenencia
a la norma suprema. Sin embargo, se diferencian de otras normas del mismo
rango en virtud de ser consideradas como:

a) derechos públicos subjetivos, en la medida en que son


otorgados a la persona en su calidad de gobernado y oponibles
al Estado; o,

b) disposiciones que determinan los contenidos necesarios,


excluidos o potestativos de las normas jurídicas secundarias.

En este segundo caso, más que derechos del gobernado serán


normas que contienen obligaciones dirigidas a los órganos del Estado.
Desde luego que ambas definiciones pueden encontrar relación en la
medida en que para algunos autores la Constitución es una norma que limita
al poder y garantiza los derechos de los gobernados, encontrando una
íntima relación entre los derechos emanados de éstas y el modo de
organizar y ejercer las funciones estatales por los órganos de gobierno.

No obstante, aunque pueda parecer que ambas concepciones


respecto de los derechos humanos y/o constitcionales (como derechos del
gobernado o como obligaciones y límites a respetar por los órganos del
Estado) se encuentran en una relación bilateral, observamos que no es así,
inclinándonos por considerar más apropiado identificar a las garantías como
normas que establecen los límites del poder.

Los criterios indicados adquieren relevancia teórica para el presente


trabajo, además, en virtud de que conforme al primero, el artículo 29
constitucional suspende derechos de los gobernados, despojándolos
(aunque temporalmente) de lo ya otorgado; desde la segunda perspectiva, la
suspensión de derechos es el levantamiento de las limitantes establecidas a
los órganos de gobierno, permitiéndole con esto a los mismos una actuación
más efectiva.

En el documento enviado al Congreso por el ejecutivo solicitando la


suspensión, se establecerá el tiempo por el que se solicita la autorización
para suspender derechos, en virtud de que dicha suspensión no podrá
decretarse por tiempo indefinido de conformidad con el artículo
constitucional en estudio.

Una primera interrogante a este respecto es la relativa al tiempo


máximo que puede decretarse la suspensión. La norma constitucional no
establece límite, puesto que sólo reza que debe decretarse por "tiempo
limitado", sin indicar cuál es éste. Lo anterior aumenta el riesgo en que se
pone el propio orden constitucional, pues los límites han sido confiados por
él mismo a la discrecionalidad de sus autoridades, las que harán depender la
temporalidad de la norma del tipo de situación que deben enfrentar. A este
respecto podrán operar las normas jurídicas secundarias para delimitar el
indicado olvido del Constituyente.
Reiteramos que lo anterior significa una lamentable distracción del
Constituyente, puesto que si bien es cierto que la disposición constitucional
no debe limitar terminantemente el tiempo de vigencia de la suspensión,
puesto que éste debe depender del tiempo en que se encuentre presente la
circunstancia que la motiva; también lo es que menor inseguridad jurídica
hubiera representado el que la Constitución hubiera limitado el tiempo
máximo por el que se conceda la autorización, sin perjuicio de que la misma
pueda renovarse indefinidamente hasta que termine la causa que le dio
origen.

La reflexión anterior nos lleva a considerar si la solicitud de


suspensión de derechos puede volver a realizarse en caso de que el tiempo
por el que fue otorgada fenezca sin que se haya resuelto el origen del
problema o regresado a la normalidad social preexistente.

Concluimos que el Ejecutivo puede iniciar el procedimiento cuantas


veces lo estime oportuno, y la norma constitucional encomienda la
posibilidad de la misma a la prudencia y discrecionalidad de las autoridades
a las que confía la medida.

Otro de los problemas al que nos enfrentamos al analizar la figura


jurídica de suspensión de derechos es el relativo a, si una vez
desaparecidas las causas que motivaron la misma, ésta debe continuar.
Algunos autores consideran que una vez inexistente el estado de
emergencia, se produce ipso iure la desaparición de la suspensión de
garantías, toda vez que ni el Ejecutivo, ni el Legislativo, ni cualquier
autoridad del Estado tiene facultad para retardar dicha cesación.

De igual forma, si bien las autoridades no tienen facultades para


retardar la medida cuando las causas que la originaron han cesado (máxime
que lo anterior puede abrir la puerta a la dictadura y a la terminación del
Estado de derecho), también debe observarse que el tiempo que debe durar
la suspensión se encontrará expreso en las propias disposiciones generales
que se decreten, por lo cual, en caso de que cese la causa que originó dicha
suspensión y se cumpla el plazo establecido, terminará la vigencia de la
misma.

Ahora bien, en caso de que desaparezcan las causas de emergencia


y el plazo no haya fenecido, tampoco se puede considerar que la suspensión
desaparece por sí sola, en virtud de que es a las propias autoridades a
quienes corresponde determinar, en su caso, que las causas que motivaron
la suspensión han desaparecido, por lo que se requerirá de una declaración
expresa en dicho sentido. Es decir, así como se requirió de un acto jurídico
para crear la norma que contiene la suspensión de garantías, de igual forma
se requerirá de un acto jurídico para decretar la desaparición de la norma, a
no ser que ésta se extinga por sí sola con el agotamiento de la temporalidad
con que nació.

En este tenor, se requerirá de un acto discrecional por parte de las


autoridades que les permita determinar el regreso a la normalidad en virtud
de la cesación de los factores que amenazaron al Estado o a la sociedad.

Asimismo, si hemos advertido que la medida suspensiva puede


terminar con anterioridad a la vigencia temporal que le fue impresa, también
debemos meditar respecto de las autoridades que participarían en dicho
acto.

Una primera reflexión invita a suponer que para decretar la


terminación de la norma que estableció la suspensión, deben participar las
mismas autoridades que participaron en su creación e incluso, mediante un
procedimiento similar. Lo anterior a través de una posible interpretación a
contrario sensu de lo expresado por el artículo 29 constitucional, así como
en otros artículos por ejemplo el 72, punto f constitucional o diversos que lo
armonicen con el conjunto normativo supremo. Sin embargo, considero que
para decretar la terminación de la medida, basta con la determinación del
presidente de la República.

En efecto, la suspensión de derechos surge a instancia exclusiva del


Ejecutivo, en virtud de que es este poder quien requiere la medida para
hacer frente a la circunstancia de riesgo. Como la consecuencia de dicho
acto es delicada, dado que implica la alteración de la normalidad jurídica en
cuanto a su vigencia y efectividad, la Constitución establece candados
importantes para su establecimiento, como el procedimiento, las autoridades
que deben participar en el mismo y la forma de su participación. No
obstante, para decretar la desaparición de la suspensión de garantías,
bastará con la voluntad y determinación del Ejecutivo, pues será suficiente
con que éste considere ya no requerirla, para que la norma no tenga
necesidad de subsistencia y, principalmente, porque no podemos admitir que
el orden constitucional establezca mayores requisitos que permitan regresar
a la normalidad, a la eficacia y su vigencia plena.

La solicitud deberá indicar los motivos y fundamentos que la originan;


es decir, las normas jurídicas que facultan a la autoridad a proponerla, pero
también las circunstancias que conllevan al Ejecutivo federal y a su
"gabinete" a realizar la misma, indicando no sólo las causas que deben
enfrentarse (invasión, perturbación grave de la paz pública, o cualquier otro
que ponga a la sociedad en grave peligro o conflicto), sino los motivos por
los que se considera necesaria la suspensión para hacer frente a las
mismas.

CONCEPTO

El artículo 29 constitucional establece la facultad del presidente de la


República de suspender derechos constitucionales, en casos en que la
sociedad se encuentre expuesta a un grave peligro. En este texto, el autor
aborda el origen de esta facultad del titular del Ejecutivo, los criterios del
Poder Judicial de la Federación al respecto, los requisitos para que una
suspensión proceda y plantea los problemas a que podría dar lugar la
aplicación de este artículo de nuestra Carta Magna.

En los últimos meses de 2010 se discutía la posibilidad de que, dada


la desfiguración social y la inseguridad pública imperante en algunas
regiones del país, el Ejecutivo federal decretara en ellas la suspensión de
derechos , prevista en el artículo 29 constitucional.

En los inicios del constitucionalismo mexicano, Miguel Ramos Arizpe


fue el principal promotor de que se instituyera la posibilidad de que el
Congreso concediera facultades extraordinarias al Ejecutivo, pero su
proyecto fue rechazado al expedirse la Constitución de 1824. Asimismo, en
las denominadas Siete Leyes de 1836 el Congreso Constituyente también
rechazó el otorgamiento de facultades excepcionales a favor del Poder
Ejecutivo.

En cambio, las Bases Orgánicas de 1843 autorizaron al Congreso a


que ampliara las facultades del Ejecutivo en los casos de invasión extranjera
o sedición, así como a suspender garantías individuales para la aprehensión
y detención de delincuentes, con la condición de que lo anterior se realizara
por tiempo determinado. Posteriormente, sin embargo, el Congreso
Constituyente de 1847 denegó ambas posibilidades.

Fue la Constitución de 1857 la que reconoció de manera conjunta,


como medidas de excepción, la suspensión de garantías individuales y el
otorgamiento de facultades para legislar a favor del Ejecutivo federal. Bajo
su vigencia, el otorgamiento de estas facultades estuvo supeditada a la
suspensión de las entonces llamadas “garantías individuales”; empero, de
manera gradual, aquéllas adquirieron vida autónoma y separada de ésta, al
extremo de que el presidente utilizó la potestad legislativa de manera
irregular, es decir, sin que existiera la previa declaratoria de suspensión de
garantías y sin que por su conducto se pretendiera hacer frente a casos de
emergencia.

Ante esa situación, el artículo 29 de la Constitución federal de 1917


especificó claramente que la delegación al presidente de facultades
extraordinarias para legislar únicamente operaría si de manera previa se
suspendían las otroras garantías individuales, y con la condición de que se
otorgasen por un tiempo limitado y para hacer frente a la situación de
emergencia. Sin embargo, en la realidad, la concesión de esas facultades
continuó haciéndose en contradicción con el texto constitucional, hasta el
año de 1938, en que el presidente Lázaro Cárdenas, para erradicar dicha
práctica, propuso una adición al segundo párrafo del artículo 49 de la propia
Constitución: “No podrán reunirse dos o más de estos poderes en una sola
persona o corporación, ni depositarse el Legislativo en un individuo, salvo el
caso de facultades extraordinarias al Ejecutivo de la Unión, conforme a lo
dispuesto en el artículo 29. En ningún otro caso se otorgarán al Ejecutivo
facultades extraordinarias para legislar”.

En la actualidad, el texto del artículo 29 de la Constitución se


encuentra en proceso de reforma por parte del Constituyente Permanente,
con los siguientes propósitos:

1) En concordancia con la propuesta de modificación al artículo 1° de


la Constitución, que la restricción o suspensión opere respecto del ejercicio
de los “derechos humanos” reconocidos por la propia Constitución y los
tratados internacionales de los que México es parte, así como de las
“garantías para su protección”.

2) Que en los decretos que se expidan no se restrinja ni suspenda el


ejercicio de los derechos a la no discriminación, al reconocimiento de la
personalidad jurídica, a la vida, a la integridad personal, a la protección a la
familia, al nombre, a la nacionalidad; los derechos de la niñez, los derechos
políticos, las libertades de pensamiento, de conciencia y de profesar
creencia religiosa alguna, el principio de legalidad y retroactividad, la
prohibición de la pena de muerte, la prohibición de la esclavitud y la
servidumbre, la prohibición de la desaparición forzada y la tortura; ni las
garantías judiciales indispensables para la protección de tales derechos.

3) Que la restricción o suspensión del ejercicio de los derechos y


garantías esté fundada y motivada y sea proporcional al peligro a que se
hace frente, observando en todo momento los principios de legalidad,
racionalidad, proclamación, publicidad y no discriminación.

4) Que cuando se ponga fin a la restricción o suspensión del ejercicio


de los derechos y garantías, bien sea por cumplirse el plazo o porque así lo
decrete el Congreso, todas las medidas legales y administrativas adoptadas
durante su vigencia queden sin efecto de forma inmediata.

5) Que los decretos expedidos por el Ejecutivo durante la restricción o


suspensión sean revisados de oficio e inmediatamente por la Suprema
Corte, la que deberá pronunciarse con la mayor prontitud sobre su
constitucionalidad y validez.

Ahora bien, en la construcción de los antecedentes constitucionales


antes descritos, el Poder Judicial de la Federación tuvo un papel relevante,
básicamente por el hecho de que, con sus criterios, validó las indebidas
prácticas presidenciales.

A finales de 1876, la Suprema Corte confirmó una sentencia de


primera instancia emitida por el juez de distrito José M. Landa, quien había
negado el amparo en contra de una ley expedida por Lerdo de Tejada en
uso de facultades de excepción y mediando suspensión de garantías, a
través de la cual se imponía una contribución extraordinaria de 1% sobre
capitales. En esa sentencia se decía que si bien la división de poderes era
un principio fundamental e inalterable, contenido entonces en el artículo 50
de la Constitución —equivalente al artículo 49 en vigor—, la autorización
dada por el Congreso al Ejecutivo en términos del artículo 29 “no implica un
depósito de todas las atribuciones del Poder Legislativo en una sola
persona”.

La relevancia de este criterio radicó en que, salvo un breve lapso


entre 1877 y 1882, en que la Suprema Corte lo modificó, fue el que
prevaleció hasta 1938, fecha en que, según quedó expresado, se adicionó
un segundo párrafo al artículo 49 de la Constitución. Con base en ese
criterio, por ejemplo, en un amparo interpuesto en contra de la ley expedida
por Venustiano Carranza en mayo de 1917, en uso de facultades
extraordinarias legislativas en materia hacendaria, la Suprema Corte resolvió
que la misma “no limitó esas facultades a la expedición de la Ley de
Ingresos y del Presupuesto de Egresos y aunque el Congreso de la Unión
haya expedido dichos presupuestos para el año fiscal de 1923, eso no
significa que cesaron las facultades del Ejecutivo para expedir las demás
leyes necesarias para el funcionamiento de la hacienda pública”.

Este criterio llegó a constituir jurisprudencia, en la que se afirmaba que


“si bien es cierto que la facultad de expedir leyes corresponde al Poder
Legislativo, también lo es que, cuando por circunstancias graves o
especiales, no hace uso de esa facultad, o de otras que le confiere la
Constitución, puede concedérselas al Ejecutivo, para la marcha regular y el
buen funcionamiento de la administración pública, sin que se repute
anticonstitucional el uso de dichas facultades por parte de aquél, porque ello
no significa ni la reunión de dos poderes en uno, pues no pasan al último
todas las atribuciones correspondientes al primero, ni tampoco una
delegación del Poder Legislativo en el Ejecutivo, sino más bien una
cooperación o auxilio de un poder a otro”.

Como hemos indicado, el procedimiento previsto en el artículo 29


constitucional tiene como fin la suspensión de garantías, pero también, en
relación con ésta, el otorgamiento de facultades extraordinarias a favor del
Ejecutivo federal, por lo que la solicitud no sólo será referente a la
suspensión, sino también a la concesión de las indicadas facultades.

Ahora bien, en la medida en que dicho otorgamiento de facultades


extraordinarias no se refiere a la autorización para suspender derechos, ni a
la posibilidad de actuar administrativamente (pues esta facultad ya la tiene el
Ejecutivo), se entiende que dicho otorgamiento de facultades refiere en
específico la posibilidad de legislar. Las leyes emitidas por el presidente de
la República en estas circunstancias son denominadas: leyes de
emergencia.
"El sentido de toda Constitución racional es procurar un sistema de
organización que permita formar una voluntad política e instruir un gobierno
capaz de gobernar". Ante las situaciones previstas por el artículo 29
constitucional, la voluntad política se contendrá en gran medida en una sola
autoridad que pueda hacer frente a las circunstancias que motivan el estado
de excepción, permitiéndole legislar y aplicar administrativamente las propias
normas.”

En este aspecto, es importante no confundir el decreto de suspensión


con el otorgamiento de facultades extraordinarias, puesto que son actos
diversos. Más aún, es jurídicamente posible que el Congreso autorice al
Ejecutivo la suspensión de garantías, pero le niegue el otorgamiento de
facultades extraordinarias.

Por otra parte, un análisis requerido respecto del otorgamiento de


facultades extraordinarias es el relativo a si las autorizaciones que se
otorguen al Ejecutivo por el Congreso de la Unión permiten la creación de
leyes que, además de hacer caso omiso a los derechos fundamentales
suspendidos, vayan en forma directa contra algún principio o precepto
constitucional que no constituya propiamente un derecho humano o
constitucional. Es decir, la cuestión a dilucidar es si al momento en que el
presidente emita las leyes necesarias para hacer frente a la crisis, además
de hacer caso omiso a los derechos suspendidos, puede violentar normas
constitucionales diversas, por ejemplo, atribuyéndose facultades para juzgar
o subordinar las autoridades estatales y municipales a las federales.

Para responder a lo anterior, indicaremos que las autorizaciones


deben ir en estrecha relación con la suspensión de derechos y respetar los
principios constitucionales existentes, como, en este caso, la división de
poderes o la estructura del Estado federal, puesto que lo anterior sale de la
órbita de una mera suspensión de derechos. Llegar a tal extremo, sería
aceptar que por la aplicación de la medida suspensiva, se podría dejar sin
efecto alguno la vigencia (aunque en forma temporal) de la norma
fundamental; es decir, el artículo 29 constitucional se podría convertir en un
"hoyo negro" por el que se vaciara la totalidad del régimen constitucional.

La autorización de suspensión de garantías y el otorgamiento de


facultades para legislar, no debe implicar el quebrantamiento de principios
constitucionales diversos que no son materia de la disposición constitucional
contenida en el artículo 29 del pacto federal.

De igual forma, las leyes de emergencia deben encontrar su finalidad


en la propia finalidad de la suspensión de derecho; es decir, su contenido
debe ir encaminado a afrontar la situación que generó la medida
constitucional que nos ocupa.

Otro aspecto a considerar es el relativo a la validez y vigencia de las


leyes de emergencia una vez que ha cesado la suspensión de derechos.

En este sentido, al quedar sin efectos la suspensión de derechos


decretada por la situación de emergencia, se restablece el orden
constitucional en toda su plenitud, quedando sin efectos las prevenciones
generales y de igual forma las leyes expedidas por el Ejecutivo federal en
uso de las facultades extraordinarias conferidas.

Así la validez y vigencia de las leyes de emergencia deriva del decreto


de suspensión de derechos, por lo que al perder eficacia este último, de
igual forma la pierden las primeras.

No obstante lo indicado en el párrafo precedente, el Congreso de la


Unión en uso de su facultad legislativa puede hacer suyas las leyes emitidas
durante la vigencia de la suspensión de derechos, aprobándolas e
incorporándolas a la legislación ordinaria. En este caso, se deberá seguir por
el órgano legislativo el procedimiento establecido en la Constitución para la
creación de leyes, y su resultado será la emisión de las mismas,
independientemente de que su contenido coincida con el que en su
momento tuvieron las leyes de emergencia.

Finalmente en cuanto a este punto refiere, es conveniente mencionar


que la suspensión de derechos no genera competencia para que las
autoridades locales puedan actuar en forma similar a las federales respecto
de facultades extraordinarias. Es decir, si bien es cierto que al suspenderse
los derechos constitucionales, dicha medida no sólo surte efectos para las
autoridades federales, sino también para las locales, dado que estas últimas
podrán actuar sin las limitantes previstas en las normas constitucionales
suspendidas, también lo es que la misma no implica que las autoridades
locales puedan desobedecer el principio de división de poderes establecido
en la Constitución y, por ende, no están facultadas a otorgar facultades
extraordinarias a favor de autoridad alguna, como podría ser el gobernador
del estado, así como tampoco podrán actuar desobedeciendo principios
constitucionales diversos. Lo anterior además de que la suspensión de
derechos no implica la suspensión o inobservancia de los ordenamientos
jurídicos locales, por lo que dichas autoridades deberán continuar actuando
en estricto apego a sus normas mientras éstas se encuentren vigentes.

En términos del artículo 29 de la Constitución federal, para que


válidamente proceda la suspensión de garantías individuales deben
satisfacerse los siguientes requisitos:

1) Que se trate de casos de grave peligro o de conflicto para la


sociedad.

2) Que sea declarada por la autoridad constitucionalmente


competente, esto es, por el presidente de la República, pero con el
acuerdo de los secretarios de Estado y del procurador general de la
República, y con la aprobación del Congreso Federal o, en los
recesos de éste, de la Comisión Permanente.
3) Que se haga la demarcación espacial de la zona donde recaerá la
suspensión de garantías o, en su caso, que se indique que es sobre
todo el país.

4) Que se haga por un tiempo limitado o “limitable”, ya sea fijando la


fecha precisa en que la suspensión dejará de surtir efectos, o bien,
que su vigencia se sujete de manera objetiva a la duración de la
situación de emergencia que la originó.

5) Que se haga por medio de normas generales, abstractas e


impersonales.

6) Que no recaiga sobre determinado individuo o grupo de personas.

Una vez decretada la suspensión de derechos que cumpla con los


requisitos antes indicados, lo procedente, en su caso, será que se
otorguen autorizaciones al presidente para hacer frente a la situación
de emergencia, en la medida en que sean estrictamente
indispensables para esos propósitos. Una de esas autorizaciones
concierne al ejercicio por parte del Ejecutivo federal de la facultad
legislativa, la cual, de conformidad con el precepto constitucional en
cita, sólo puede delegarse por el Congreso de la Unión, mas no por
su Comisión Permanente.

La aplicación del artículo 29 constitucional conlleva diversas


incidencias, algunas de las cuales se plantean a continuación:

a) En primer lugar, la norma constitucional señala que pueden


suspenderse los derechos que sean obstáculo para hacer frente, rápida y
fácilmente, a la situación. En teoría, lo anterior significa que podrían
suspenderse, sin coto alguno, todos los derechos , incluso las más
trascendentales como la vida, la libertad y la dignidad de las personas.
Al respecto, Ignacio L. Vallarta expresaba lo siguiente: “El artículo 29
debe modificarse en el sentido de que él mismo defina cuáles son aquellos
derechos que además de las que aseguran la vida, no pueden y no deben
suspenderse jamás, ni por ningún motivo, las que por proteger ciertos
derechos que nunca la sociedad y la ley pueden desconocer, establecen
prohibiciones que no deben violarse (las relativas, por ejemplo, a la
esclavitud, a la mutilación, al tormento, a la condenación sin juicio, a la
aplicación de leyes ex pos facto, etcétera) y cuáles son las que pueden
restringirse solamente en nombre de la salud pública y cuándo, en conflicto
del derecho social y del individual, aquél debe sobreponerse a éste, sin
afectar las esenciales a la naturaleza del hombre y cuáles, en fin, pueden
suspenderse por entero, sin desconocer esos derechos naturales (como el
viajar con pasaporte, el no portar armas, el no reunirse para tratar asuntos
políticos, etc.)

b) Un segundo problema es el relativo a la aprobación de la medida


por parte del Congreso de la Unión o, en su caso, de la Comisión
Permanente, ya que el artículo 29 de la Constitución no específica si para
ello se requiere mayoría absoluta o relativa de sus integrantes. La alternativa
razonable es que se exija la mayoría absoluta tanto en la Comisión
Permanente como en la Cámara de Diputados y en la Cámara de Senadores
—en sesiones separadas y sucesivas de cada una de ellas—, ya que la
importancia de la suspensión requiere que los órganos que participen
deliberen ampliamente sobre esa determinación.

c) Otro aspecto que hay que dilucidar es si la terminación de la


suspensión opera ipso jure o necesita una declaración específica. Si un
requisito formal para la suspensión de derechos es que se haga por un
periodo limitado, ello tiende fundamentalmente a respetar un principio de
seguridad jurídica, para que, a su término, la situación de emergencia se
tenga por extinguida y no se mantenga indefinidamente. En la lógica
constitucional, lo sensato es que el estado de sitio concluya por la mera
expiración del plazo fijado al momento en que se decrete la medida de
excepción, aunque nada impide que dicho estado de sitio pudiese
prorrogarse por otro tiempo igualmente limitado o limitable, siempre que
subsistan los supuestos de emergencia que así lo justifiquen.

d) En lo referente a la delegación de facultades, cabe preguntarse si


en virtud de la concesión de facultades extraordinarias al Ejecutivo éste
puede invadir la esfera competencial que la Constitución asigna a los otros
dos poderes. Definitivamente consideramos que no, salvo en lo que toca a la
facultad extraordinaria para legislar, por así disponerlo el artículo 49,
segundo párrafo de la Constitución federal.

En efecto, las atribuciones de excepción de que goza el presidente de


la República guardan una relación causal con los derechos suspendidos, por
lo que únicamente podrá actuar en lo concerniente al estado de sitio que
motivó tal suspensión. De ahí que esta medida no implica la inoperancia o
inefectividad de los restantes principios contenidos en la parte orgánica de la
Constitución, ni las facultades extraordinarias pueden incidir sobre ellos o
modificarlos, por lo que el Ejecutivo federal, en uso de esas atribuciones, no
puede aumentar la competencia que constitucionalmente corresponde a los
tres poderes, y mucho menos limitar la de los otros dos.

De igual modo, el presidente carece de legitimación alguna para


invadir la esfera competencial que constitucionalmente se atribuye a las
entidades federativas, así como para menoscabar el ámbito de actuación de
los municipios.

e) Otra duda que surge es si el presidente puede establecer la


improcedencia del juicio de amparo contra actos materia, precisamente, de
la suspensión de derechos y de las facultades extraordinarias. La respuesta
es sin lugar a dudas negativa, pues además de que lo anterior implicaría
trastocar uno de los elementos fundamentales de la parte orgánica de la
Constitución, jurídicamente no abría la posibilidad de que los particulares,
que son los concretamente perjudicados con las medidas de excepción,
pudiesen combatirlas, lo que las convertiría en inamovibles y perennes hasta
que el estado de emergencia concluyera, dando pie a que se emitieran y
ejecutasen, con el pretexto de la situación anómala, toda clase de actos
apartados de la regulación del artículo 29 constitucional, sin límite alguno.

f) Otra cuestión: en uso de las facultades extraordinarias para legislar,


¿puede el Ejecutivo abrogar los ordenamientos expedidos por el Congreso
de la Unión?, o bien, lo contrario, es decir, ¿puede el Poder Legislativo
abrogar las leyes dadas por el presidente? En lo que hace a la primera
pregunta, la respuesta es que sí, pues no obstante el principio de autoridad
formal de la ley que consagra el inciso f del artículo 27 constitucional, que
indica que las leyes emitidas por el Congreso federal únicamente son
modificables y abrogables a través del procedimiento previsto por el mismo
dispositivo para la formación de leyes y decretos, el Ejecutivo federal,
cuando actúa en uso de facultades legislativas extraordinarias, dicta
ordenamientos en sentido formal y material, siendo así el órgano competente
para cambiar y abrogar las disposiciones del Poder Legislativo.

En lo que toca a la segunda interrogante, no hay obstáculo para ello.


Como la facultad legislativa corresponde originalmente al Congreso federal y
en forma delegada al Ejecutivo en los supuestos del artículo 29, aquél, en
todo tiempo y por las razones que estime necesarias, puede modificar e
incluso abrogar las leyes que éste emita.

g) Por último, la exégesis del artículo 29 de la Constitución federal


conlleva la siguiente pregunta: ¿la facultad legislativa que el Congreso de la
Unión delega en el Poder Ejecutivo implica la de expedir leyes que
establezcan cargas fiscales a los gobernados? Estimamos que sí. Al
momento en que la fracción IV del artículo 31 constitucional estatuye que es
obligación de los mexicanos contribuir a los gastos públicos de la manera
que lo dispongan las “leyes”, en este caso se alude a las disposiciones de
carácter general, abstracto e impersonal que en la situación de emergencia,
una vez decretada la suspensión y concedidas las facultades
extraordinarias, emita el presidente de la República que, como tales, son
leyes en sentido formal y material.
En conclusión a este análisis diremos que la suspensión de derechos
individuales es: “una institución jurídica con antecedentes de aplicación real
en la vida constitucional de México, cuya evolución aún no ha concluido.” En
la actualidad existe la propuesta de reforma al artículo 29 de la Constitución,
con el fin de regular, por un lado, las diversas incidencias que en esta
materia pueden presentarse, y, por otro, de delimitar el uso de esta medida
extraordinaria por parte del Estado.

TIPOS DE SUSPENSIÓN

En las prevenciones generales que contengan la solicitud, se deberán


indicar los derechos cuya autorización se solicita para suspenderse, en
virtud de que la norma no necesariamente debe abarcar la totalidad de los
derechos contenidos en nuestra Constitución para hacer frente a la
situación de riesgo.

En este punto, debe observarse que todos los derechos constitucionales


son susceptibles de ser suspendidos a través de este procedimiento, caso
que no ocurría en la Constitución de 1857, puesto que en el procedimiento
contenido en dicha carta magna, se establecía la prohibición de suspender
los derechos que asegurasen la vida del hombre.

Otro planteamiento que se presente es el relativo a si, el procedimiento


establecido en el artículo 29 constitucional puede suspender, al igual que los
derechos individuales, otros derechos constitucionales que no sean
propiamente humanos, como derechos sociales, garantías sociales o
derechos políticos.

A este respecto, consideramos que puede hacerse una interpretación


extensiva del artículo 29, y en dado caso se podrán suspender otro tipo de
normas constitucionales, siempre y cuando dicha suspensión sea necesaria
para hacer frente a la situación de emergencia.
Mención especial merecen en este apartado los derechos políticos, toda
vez que, aunque de igual forma podrían restringirse el tiempo que dure la
suspensión, la medida debe ser tomada con la correlativa responsabilidad a
efecto de evitar el abuso de poder y con ello el sostenimiento del mismo a
favor de un dictador que intente prolongarse en el tiempo con apariencia
constitucional.

TOTAL

La solicitud de suspensión deberá realizarse mediante prevenciones


generales, es decir, tendrá las características de una iniciativa de ley a
efecto de que el decreto de suspensión sea una norma jurídica
materialmente legislativa. En dicho contexto, el decreto de suspensión de
derechos será una norma jurídica de carácter general, abstracta e
impersonal, donde queden suspendidas todas los derechos subjetivos de la
carta magna, que puedan ser objeto de tal suspensión, lo cual raramente
ocurre, por que la propia ley suprema establece que solo se suspenden los
estrictamente necesarios para hacer frente a la contingencia.

En efecto, la suspensión de derechos deberá ser formulada en


términos generales, encuadrando en ella todos los casos concretos; y, de
igual forma será impersonal, puesto que no puede ser emitida sólo respecto
a determinado individuo o grupo.

Lo anterior se desprende claramente del propio artículo 29


constitucional, en la parte que determina que la suspensión debe realizarse
mediante "prevenciones generales y sin que se contraiga a determinado
individuo".
Por lo que respecta a la abstracción, ésta se genera en cuanto a que
la suspensión de derechos no desaparece por el hecho de aplicarse la
norma jurídica. En efecto, no debemos confundir la abstracción de la norma,
con el hecho de la desaparición de la misma por agotar su temporalidad o
por desaparecer las causas que generaron su emisión.

PARCIAL

Los derechos reconocidos por la norma suprema con el carácter de


derechos humano, son normas constitucionales a respetar por los órganos
estatales, que deben operaran en todo momento en una normalidad social.

No obstante, esa normalidad de orden social que sustenta el derecho


puede verse en extremo amenazada por diversas circunstancias, ante lo
cual, es necesaria la intervención del gobierno en forma rápida y eficaz a fin
de garantizar, precisamente, la continuidad del orden preestablecido y más
aún, probablemente, la supervivencia del propio Estado.

Para favorecer la eficacia en la acción de gobierno será necesario


suspender única y exclusivamente las disposiciones normativas que puedan
obstaculizar la citada actuación y, específicamente, las que contienen los
derechos fundamentales.

En estos casos, el derecho admite que nos encontramos ante un


interés superior a cualquier derecho particular, ante el interés del Estado y
estaremos ante el caso de una suspensión parcial.

Donde se busca que este tipo de suspensión por la necesidad política


de que los órganos gubernativos tengan libertad de acción para proceder
con rapidez y energía a mantener el orden público mediante la eliminación
radical de las situaciones o circunstancias de hecho, que agreden los
intereses sociales, suspendiendo únicamente las que sean necesarias para
afrontar la situación .
DERECHOS SUSCEPTIBLES DE SUSPENSIÓN

El articulo 29 segundo párrafo establece

“En los decretos que se expidan, no podrá restringirse ni suspenderse


el ejercicio de los derechos a la no discriminación, al reconocimiento de la
personalidad jurídica, a la vida, a la integridad personal, a la protección a la
familia, al nombre, a la nacionalidad; los derechos de la niñez; los derechos
políticos; las libertades de pensamiento, conciencia y de profesar creencia
religiosa alguna; el principio de legalidad y retroactividad; la prohibición de la
pena de muerte; la prohibición de la esclavitud y la servidumbre; la
prohibición de la desaparición forzada y la tortura; ni las garantías judiciales
indispensables para la protección de tales derechos.”

En tal virtud no son susceptibles de suspensión los derechos


fundamentales aquí mencionados, que son normas jurídicas de relevancia
para el derecho internacional, que nuestra Carta Magna las incorpora en
diversos instrumentos formando un sólido cuerpo de derecho internacional
de derechos del hombre.

El Estado mexicano ha suscrito y ratificado compromisos


internacionales como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y
la Convención Americana Sobre Derechos Humanos; las que requieren
mención especial por contener disposiciones relacionadas con el presente
tema.

En efecto el artículo 4o. del Pacto Internacional de Derechos Civiles y


Políticos se establece:

“1.- En situaciones excepcionales que pongan en peligro la vida


de la nación y cuya existencia haya sido proclamada oficialmente, los
Estados partes en el presente Pacto podrán adoptar disposiciones
que, en la medida estrictamente limitada a las exigencias de la
situación, suspendan las obligaciones contraídas en virtud de este
Pacto, siempre que tales disposiciones no sean incompatibles con las
demás obligaciones que les impone el derecho internacional y no
entrañen discriminación alguna fundada únicamente en motivos de
raza, color, sexo, idioma, religión u origen social.

2.- La disposición precedente no autoriza suspensión alguna de


los artículos 6o., 7o., 8o. (párrafos 1 y 2), 11, 15, 16 y 18.

3.-Todo Estado parte en el presente Pacto que haga uso del


derecho de suspensión deberá informar inmediatamente a los demás
Estados partes en el presente Pacto, por conducto del secretario
general de las Naciones Unidas, de las disposiciones cuya aplicación
haya suspendido y de los motivos que hayan suscitado la suspensión.
Se hará una nueva comunicación por el mismo conducto en la fecha
en que se haya dado por terminada tal suspensión.”

Del texto transcrito se desprende que los artículos 6o. (respeto a la


vida), 7o. (prohibición de tortura o penas crueles), 8o. (prohibición de
esclavitud y servidumbre), 11 (prohibición de encarcelamiento por deudas de
carácter civil), 15 (Prohibición de retroactividad de normas penales), 16
(reconocimiento de la personalidad jurídica) y 18 (libertad de pensamiento y
religión) del mismo ordenamiento jurídico, no serán susceptibles de
suspenderse bajo ninguna circunstancia.

Por su parte, en el artículo 27 de la Convención Americana Sobre


Derechos Humanos se determina:

“1.- En caso de guerra, de peligro público o de otra emergencia


que amenace la independencia o seguridad del Estado parte, éste
podrá adoptar disposiciones que, en la medida y por el tiempo
estrictamente limitados a las exigencias de la situación, suspendan
las obligaciones contraídas en virtud de esta Convención, siempre
que tales disposiciones no sean incompatibles con las demás
obligaciones que les impone el derecho internacional y no entrañen
discriminación alguna fundada en motivos de raza, color, sexo,
idioma, religión u origen social.

2. La disposición precedente no autoriza la suspensión de los


derechos determinados en los siguientes artículos: 3o. (derecho al
reconocimiento de la personalidad jurídica); 4o. (derecho a la vida);
5o. (derecho a la integridad personal); 6o. (prohibición de la esclavitud
y servidumbre); 9o. (principio de legalidad y de retroactividad); 12
(libertad de conciencia y de religión); 17 (protección a la familia); 18
(derecho al nombre); 19 (derechos del niño); 20 (derecho a la
nacionalidad), y 23 (derechos políticos), ni de las garantías judiciales
indispensables para la protección de tales derechos.

3. Todo Estado parte que haga uso del derecho de suspensión


deberá informar inmediatamente a los demás Estados partes en la
presente Convención, por conducto del secretario general de la
Organización de los Estados Americanos, de las disposiciones cuya
aplicación haya suspendido, de los motivos que hayan suscitado la
suspensión y de la fecha en que haya dado por terminada tal
suspensión.”

En este contexto y como se indicó con anterioridad, el Estado


mexicano ha suscrito dichos instrumentos que han pasado a formar parte
integral del derecho interno, tal pareciera que la actuación de las autoridades
en aplicación del artículo 29 constitucional se encuentra aún más acotada de
lo dicho hasta el momento en el presente trabajo.

Además el propio artículo 29 constitucional establece las limitantes


en relación con las garantías susceptibles de ser suspendidas, por lo que la
medida suspensional no puede no puede llevarse a cabo respecto a todas.
En efecto a mayor abundamiento conforme con nuestro ordenamiento
jurídico nacional el artículo 1 establece que:

“Artículo 1o. En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas


gozarán de los derechos humanos reconocidos en esta Constitución y en
los tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea parte,
así como de las garantías para su protección, cuyo ejercicio no podrá
restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las condiciones que
esta Constitución establece”

En dicho tenor estos derechos humanos reconocidos en los tratados


no son susceptibles de suspensión máxime si el propio artículo 29 lo
establece

SUJETOS DE SUSPENSIÓN

Como se ha indicado, por disposición constitucional la suspensión de


derechos no puede contraerse a determinado individuo, debiendo entender
por esto, que tampoco podrá referirse en relación a un grupo concreto de
individuos.

Lo anterior implica también que la norma que determine la suspensión


de derechos no puede establecer excepciones personales en su aplicación;
es decir, no se puede contraer a determinado individuo, pero tampoco puede
dejar fuera de su alcance a individuo o grupo determinado, mientras las
garantías individuales de los demás se encuentran suspendidas.

Ahora bien la suspensión de derechos es un procedimiento en el que


intervienen, en forma conjunta diversas autoridades, que consideramos
como sujetos activos de la suspensión por que la ordenan, a saber: el
Ejecutivo federal; los titulares de las secretarías de Estado, de los
departamentos administrativo y de la Procuraduría General de la República;
el Congreso de la Unión y en sus recesos la Comisión Permanente del
mismo.

Como se desprende del propio dispositivo constitucional, corresponde al


presidente de la República iniciar el procedimiento y, en su momento,
decretar la suspensión de derechos.

A los titulares de los órganos indicados de la administración pública


federal centralizada, se les faculta para acordar con el Ejecutivo federal el
inicio del procedimiento o impedir jurídicamente el mismo.

Al Congreso de la Unión, y en sus recesos a la Comisión permanente del


mismo, corresponde la aprobación o negativa a efecto de que el presidente
de la República pueda decretar la suspensión de derechos.

Por otra parte, es al Congreso de la Unión y no a la Comisión


Permanente al que corresponde otorgar facultades extraordinarias al
Ejecutivo de la Unión, en virtud de que dichas facultades se refieren
principalmente a la acción legislativa, por lo que en esa medida, la Comisión
Permanente no puede delegar facultades que no tiene.

La intervención del Ejecutivo Federal se entiende en la medida en que,


dado nuestro sistema constitucional, es a éste a quien corresponde, en
términos generales, la administración y ejecución de los actos que rigen al
Estado; pero adicionalmente es quien constitucionalmente se espera pueda
responder eficaz y ágilmente en virtud de su naturaleza jurídica y facultades
(entre otros, es jefe de Estado, administrador económico y máximo
comandante de las Fuerzas Armadas), y por lo mismo es el órgano idóneo
para hacer frente a las situaciones que puedan generar la suspensión de
garantías.

Como contrapeso o control, y dada la trascendencia de la medida, es


necesaria la intervención del Congreso de la Unión o su Comisión
Permanente.

Algunos autores indican que la intervención de los titulares de los


órganos de la administración pública federal centralizada (o Consejo de
Ministros, término que anteriormente empleaba nuestra Constitución) es un
matiz propio de los Estados parlamentarios; por lo que no es "mera
reminiscencia histórica" la que como tal se menciona, pues para serlo se
necesitaría que la misma hubiera quedado como resto, como supervivencia
de un anterior régimen parlamentario, el cual de cierto nunca ha existido en
México. Se trata... de un matiz parlamentario traído de fuera y que como
excepción a nuestro sistema presidencial se utiliza con la finalidad de
impedir que el presidente de la República se convierta en un dictador,
llegado el caso extraordinariamente grave de suspender los derechos
constitucionales.

De la lectura del precepto indicado se advierte que para decretar la


suspensión de derechos se requiere el "acuerdo de los titulares", por lo que
consideramos que al establecerse distinción, debe entenderse que es
requisito sine qua non la unanimidad. A la anterior conclusión se arriba en
virtud de que los "titulares" mencionados en el dispositivo constitucional no
conforman propiamente un órgano colegiado, sino la coincidencia de
diversas autoridades con rangos similares en el mismo procedimiento; es
decir, no es una decisión que toma un órgano, sino una medida que adoptan
diversas autoridades en lo individual.

Lo anterior nos lleva a analizar si en un caso de suspensión de


garantías individuales seguiría operando el juicio constitucional de amparo,
que tiene como finalidad la defensa de los derechos fundamentales
otorgados por la Constitución. Precisamente, con las mismas normas que el
procedimiento en estudio suspende, se despoja temporalmente de su
eficacia.

Creemos necesario observar primeramente, si en su caso el decreto


relativo suspende todas las garantías individuales existentes o si se limita a
suspender sólo algunas de ellas, dejando intocadas otras restantes.

Parece claro que en el segundo caso, el amparo deberá seguir


desarrollándose en sus cauces normales por lo que respecta a la defensa de
las garantías individuales que no fueron suspendidas.

La interpretación que en su momento otorgó el Ejecutivo de la Unión


en la época de suspensión de derechos dada en nuestro país dentro del
marco de la actual Constitución, fue la de considerar la improcedencia del
juicio de amparo en contra de leyes o actos derivados de la suspensión , sin
importar que éstos fueran violatorios de derechos humanos.

En efecto, el artículo 18 de la Ley de Prevenciones Generales


Relativa a la Suspensión de Garantías establecida por Decreto del 1o. de
junio de 1942, publicada en el Diario Oficial de la Federación del 13 de junio
de 1942, determinó:

“Artículo 18. No se dará entrada a ninguna demanda de amparo en


que se reclame alguna disposición de las leyes de emergencia o
algún acto derivado de las mismas.

Cuando se hubiere admitido alguna demanda en que se de apariencia


diversa al acto reclamado, deberá sobreseerse el juicio tan luego
como se tenga conocimiento a virtud de informe de autoridad federal,
de que tal acto se encuentre fundado en la presente ley. En tal caso,
si se hubiere dictado auto de suspensión provisional o definitiva, se
revocará de plano y sin recurso alguno.”

Como se desprende, se decretó la improcedencia del amparo, no


respecto de derechos suspendidos, sino respecto de leyes de emergencia o
actos derivados de las mismas independientemente de la garantía cuyo
reclamo de violación fuera realizado. Es decir, lo determinante no era la
garantía que se consideraba vulnerada (observando si estaba suspendida o
no), sino el acto vulnerador de la misma.

Sin embargo, en virtud de los razonamientos arriba contenidos


consideramos jurídicamente indebido lo anterior. Si existen derechos no
suspendidos, el reclamo de su violación debe ser procedente mediante el
juicio constitucional de amparo. Por el contrario, será correcto determinar la
improcedencia del amparo respecto de reclamos por violación de derechos
que se encuentren suspendidos.

Ahora bien, más allá de la posibilidad de impugnar en amparo las


violaciones a derechos fundamentales no suspendidos, emerge la
posibilidad de reclamar vía el propio juicio constitucional, el procedimiento
del cual derivó la suspensión de derechos.

Previo ejercicio de la respectiva acción, el órgano de control tendrá la


posibilidad de analizar si el procedimiento que culminó con el decreto
suspensivo respetó íntegramente el contenido del artículo 29 constitucional.
Es decir, si el procedimiento está regulado en el artículo 29 de la norma
suprema, luego entonces debe apegarse a ésta, y en ese sentido podrá
estribar el análisis constitucional, dado que "no puede considerarse válida
una ley que no ha nacido conforme a lo establecido en la Constitución". Así,
tanto el procedimiento como el decreto de suspensión de garantías deberán
encontrarse en estricto apego al texto constitucional so pena de declaración
de inconstitucionalidad.

En este sentido, el órgano de control podrá analizar no sólo las


cuestiones formales del procedimiento, sino de igual forma los aspectos
materiales del decreto que determina la suspensión de garantías. Es decir, el
órgano de control constitucional podrá entrar al estudio del acto para
observar que éste haya cumplido con establecer una temporalidad acorde
con lo que ordena el dispositivo constitucional, o que no se haya contraído a
determinado individuo o grupo. Más allá, sostenemos que en determinada
medida y dependiendo el caso, el órgano judicial podrá analizar:
a) si la suspensión de determinadas garantías en específico era
realmente la idónea para hacer frente a la situación, es decir, si no se
suspendieron garantías cuyo ejercicio no imposibilitaba una actuación eficaz
para hacer frente al estado de emergencia;

b) si las circunstancias que motivaron la medida existen,

c) si el territorio en el cual se suspendieron las garantías individuales


se encuentra afectado o en peligro por las circunstancias que impulsaron el
decreto.

Al obtenerse el amparo en contra del decreto que establece la


suspensión de garantías, se desencadenará en igual medida la
inconstitucionalidad de las leyes de emergencia y actos violatorios incluso de
las garantías que fueron suspendidas.

En efecto, en la medida en que se declare la inconstitucionalidad del


decreto suspensivo, se tornarán inconstitucionales las leyes de emergencia,
puesto que éstas se apoyan en un otorgamiento de facultades
extraordinarias que ha perdido su justificación; pero de igual forma, se estará
en posibilidad de velar por el respeto a las garantías individuales
suspendidas, dado que en virtud de la protección constitucional su
efectividad ha dejado de ser contenida.

En conclusión y derivado del propio artículo 29 que a continuación


transcribimos en su totalidad llegamos a la conclusión de que al prohibirse la
suspensión de las garantías de legalidad y las garantías judiciales se está
negando la posibilidad de que se suspenda la garantía de pedir amparo
contra la suspensión, por lo cual concluimos que si es posible solicitarlo en el
nuevo marco internacionalista de derechos humanos de nuestra norma
suprema.

“Artículo 29. En los casos de invasión, perturbación grave de la paz


pública, o de cualquier otro que ponga a la sociedad en grave peligro o
conflicto, solamente el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, de
acuerdo con los titulares de las Secretarías de Estado y la Procuraduría
General de la República y con la aprobación del Congreso de la Unión o de
la Comisión Permanente cuando aquel no estuviere reunido, podrá restringir
o suspender en todo el país o en lugar determinado el ejercicio de los
derechos y las garantías que fuesen obstáculo para hacer frente, rápida y
fácilmente a la situación; pero deberá hacerlo por un tiempo limitado, por
medio de prevenciones generales y sin que la restricción o suspensión se
contraiga a determinada persona.

Si la restricción o suspensión tuviese lugar hallándose el Congreso


reunido, éste concederá las autorizaciones que estime necesarias para que
el Ejecutivo haga frente a la situación; pero si se verificase en tiempo de
receso, se convocará de inmediato al Congreso para que las acuerde.

En los decretos que se expidan, no podrá restringirse ni suspenderse


el ejercicio de los derechos a la no discriminación, al reconocimiento de la
personalidad jurídica, a la vida, a la integridad personal, a la protección a la
familia, al nombre, a la nacionalidad; los derechos de la niñez; los derechos
políticos; las libertades de pensamiento, conciencia y de profesar creencia
religiosa alguna; el principio de legalidad y retroactividad; la prohibición de la
pena de muerte; la prohibición de la esclavitud y la servidumbre; la
prohibición de la desaparición forzada y la tortura; ni las garantías judiciales
indispensables para la protección de tales derechos.

La restricción o suspensión del ejercicio de los derechos y garantías


debe estar fundada y motivada en los términos establecidos por esta
Constitución y ser proporcional al peligro a que se hace frente, observando
en todo momento los principios de legalidad, racionalidad, proclamación,
publicidad y no discriminación. Cuando se ponga fin a la restricción o
suspensión del ejercicio de los derechos y garantías, bien sea por cumplirse
el plazo o porque así lo decrete el Congreso, todas las medidas legales y
administrativas adoptadas durante su vigencia quedarán sin efecto de forma
inmediata. El Ejecutivo no podrá hacer observaciones al decreto mediante el
cual el Congreso revoque la restricción o suspensión.
Los decretos expedidos por el Ejecutivo durante la restricción o
suspensión, serán revisados de oficio e inmediatamente por la Suprema
Corte de Justicia de la Nación, la que deberá pronunciarse con la mayor
prontitud sobre su constitucionalidad y validez.”

CONCEPTOS
GENERALES DE
CONTROL
CONSTITUCIONAL
MAPA CONCEPTUAL
CONTROL LEGAL

CONCEPTO
SISTEMAS DE
GENÉRICO DEL
CONTROL
JUICIO DE
CONSTITUCIONAL
AMPARO

CONTROL
CONSTITUCIONAL

CONCEPTO DE
AUTORIDAD LEY REGULADORA

CONTROL CONSTITUCIONAL

El juicio de amparo ha sido una de las instituciones más reconocidas


de nuestro sistema jurídico, al grado de que ha servido de modelo para el
desarrollo de controles de constitucionalidad en otros países. Desde su
inclusión en el texto constitucional en el acta de reformas de 1848, ha sido
un elemento de control de la actividad de las autoridades para evitar abusos
y afectación a los derechos de los gobernados; su evolución procesal puede
advertirse a través de las leyes que ha regulado su trámite (empezando por
la primera, expedida en 1861) para llegar hasta 2011, en que las reformas
constitucionales publicadas el 6 y 10 de junio, modificaron substancialmente
el fundamento filosófico de la estructura de los derechos constitucionales y,
consecuentemente, la naturaleza y elementos esenciales del juicio de
amparo.

El Congreso de la Unión ha expedido una nueva Ley de Amparo y de


acuerdo al artículo primero transitorio la nueva Ley de Amparo sólo será
aplicable a los juicios de amparo que inicien mediante demanda que se
presente a partir del día siguiente a la publicación del decreto en el Diario
Oficial de la Federación.

Las únicas afectaciones a los juicios iniciados con anterioridad se


refieren a la desaparición del sobreseimiento por inactividad procesal y la
caducidad de la instancia, derivado de la reforma constitucional publicada el
6 de junio de 2011, que eliminó esas figuras; la ejecución de las sentencias
de amparo sí será aplicable a todos los juicios, independientemente de la
fecha de su inicio; al respecto, lo más relevante es la desaparición de la
queja por exceso o defecto en el cumplimiento de la ejecutoria de amparo,
debido a que se incluyó como obligación del tribunal de amparo, que debe
cumplirse de oficio, el verificar el total, exacto y completo cumplimiento de la
ejecutoria que concede el amparo, incluyendo la facultad de corregir la vía
que, respecto a dichos temas, elija la parte quejosa.

Es indispensable ajustar la normativa legal a las disposiciones


constitucionales, para garantizar la vigencia de los derechos humanos y de
la naturaleza y la supremacía constitucional; para el logro de tal objetivo se
requiere de una ley y una institución que controle a los poderes y haga
posible la justicia constitucional del sistema jurídico, político y social, para
que todas las prácticas institucionales y no institucionales se ajusten material
y formalmente a la norma suprema.

La justicia constitucional es una herramienta eficaz e idónea para


hacer realidad las exigencias del texto constitucional, para asegurar la
vigencia del principio democrático y para controlar eficazmente la actividad
de los poderes públicos y de los particulares. La Constitución y los tratados
internacionales, en particular la Convención Americana de Derechos
Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, reconocen
que el fin del Estado y de la organización social es el goce de los derechos
de los seres humanos y de la naturaleza y que, para tal efecto, deben existir
recursos sencillos y rápidos ante los jueces o tribunales competentes que les
permitan amparar a los seres humanos y a la naturaleza frente a actos u
omisiones que amenacen o violen sus derechos, y adoptar las medidas
pertinentes para asegurar la reparación integral derivada de vías de hecho
que vulneran dichos derechos; de igual modo, es indispensable que exista
un procedimiento cautelar, expedito y eficaz que faculte a los órganos
jurisdiccionales para dictar medidas urgentes en aquellos casos en que se
amenace de modo inminente y grave un derecho, y de esta manera brinde
protección oportuna y se eviten daños irreversibles. Para ello se requiere de
una normatividad que asegure que toda disposición jurídica sea susceptible
de control judicial constitucional, que proporcione al juez herramientas
conceptuales, técnicas y prácticas, y pautas concretas y específicas para
examinar la constitucionalidad material y formal del proceso de producción
normativa

El Control de constitucionalidad es el mecanismo jurídico por el cual,


para asegurar el cumplimiento de las normas constitucionales, se realiza un
procedimiento de revisión de las normas ordinarias, y en caso de
contradicción con la Constitución se procede a la invalidación de las normas
de rango inferior que no hayan sido hechas en conformidad con aquellas. El
fundamento de este control es el mantenimiento del Principio de Supremacía
Constitucional.
Para poder comprender que es el control constitucional debemos
primero conocer su importancia y como es que surgió para esto tendremos
que precisar lo que es la constitución. Entendemos que la constitución es
una norma fundamental de un Estado soberano, es establecida o aceptada
para regirlo. La misma constitución fija los límites y define las relaciones
entre los poderes del estado, estableciendo las bases para su gobierno y
para la organización de las instituciones en que tales poderes recaen.
Asimismo garantiza al pueblo sus derechos y libertades. Debido a que la
constitución, como cualquier otra norma, puede llegar a ser quebrantada, es
necesario que existan elementos que aseguren su cumplimiento, su correcto
funcionamiento, el vigilar que se utilice de manera correcta y lo más
importante la protección de los derechos fundamentales de las personas.

El control constitucional nos sirve para eso, es uno de los varios


medios jurídicos que advierten algún error en ella, nulifican, sancionan o
reparan cuando existe una violación a lo establecido por la constitución. El
control constitucional consiste en aquellos medios jurídicos que previenen,
reparan, nulifican o sancionan, la violación de las disposiciones
constitucionales. Y podemos definirlo como un mecanismo, el cual consiste
en verificar si las leyes contradicen a la Constitución por su base o por su
forma. Como ya antes lo habíamos mencionado también advierte la
protección de los derechos fundamentales de la persona incluidos en la
Constitución. Se puede plantear ya sea vía directa o indirecta, la vía directa
se caracteriza por ser propia de los órganos que declaran directamente la
inconstitucionalidad de la norma. La vía indirecta, es más bien la
inconstitucionalidad de la norma por existir incompatibilidad con otra
contemplada por la constitución.

En conclusión, los instrumentos de control constitucional además de


establecer una posible responsabilidad y la imposición de alguna sanción,
persiguen la reparación del orden constitucional violado.
Citaremos como ejemplos el de la Suprema Corte de Justicia publicó en
el Diario Oficial la sentencia de la Acción de Inconstitucionalidad
19/2011 que declara inválido el requisito de ser “hijo de madre o padre
mexicano por nacimiento” para poder ser Gobernador del estado de Morelos
por ser contrario a la Constitución. Las razones de la invalidez que por
unanimidad se votó en el Pleno, fueron que este requisito contenido en el
artículo 58 de la Constitución morelense contraviene el imperativo del
artículo 116, fracción I, último párrafo de la Ley Fundamental, conforme al
cual basta la calidad de mexicano por nacimiento, sin referir a la
nacionalidad de los padres y, en consecuencia, vulnera también el artículo
133 constitucional. Además, establece un requisito adicional o de mayor
amplitud que redunda en una restricción indebida al derecho de voto pasivo
(artículos 30, 32, 35, 116 y 133).

Acompañando a dicha sentencia aparece el voto concurrente del


ministro Guillermo Ortíz Mayagoitia , que merece atención pues en él
propone un “test” de revisión constitucional que busca concretizar la
resolución conocida como Caso Radilla y racionalizar el llamado control de
constitucionalidad y convencionalidad.

Otro ejemplo de control constitucional es el caso Radilla (Varios


912/2010) la mayoría en el Pleno votó por un modelo de control de
convencionalidad y constitucionalidad que debe adoptarse a partir de lo
establecido en el párrafo 339 de la sentencia del caso Radilla vs México de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos y en los artículos 1º, 103,
105 y 133, de la Constitución que podría resumirse así:

1. Los jueces del Poder Judicial de la Federación al conocer de


controversias constitucionales, acciones de inconstitucionalidad y de
amparo, pueden declarar la invalidez de las normas que contravenga la
Constitución Federal y/o los tratados internacionales que reconozcan
derechos humanos (en el ámbito de sus competencias).
2. Los demás jueces del país, en los asuntos de su competencia,
podrán desaplicar las normas que infrinjan la Constitución Federal y/o los
tratados internacionales que reconozcan derechos humanos, sólo para
efectos del caso concreto y sin hacer una declaración de invalidez de las
disposiciones.

3. Las autoridades del país que no ejerzan funciones jurisdiccionales,


deben interpretar los derechos humanos de la manera que más los
favorezca, sin que estén facultados para declarar la invalidez de las normas
o para desaplicarlas en los casos concretos.

Los sistemas constitucionales normativos, como el nuestro, implican


que hay una norma suprema de la cual surge todo el sistema jurídico. Es
decir, la Constitución es una norma vinculante, pero también es una fuente
de las demás normas del sistema. Como norma fuente la Constitución
determina qué contenidos pueden tener las normas inferiores, o qué
contenidos no pueden contradecir, es decir, establece los parámetros
materiales para la formación de las nuevas normas. También, la Constitución
establece las reglas formales para la creación de las normas inferiores, esto
es, la Constitución determina quién puede crear normas, bajo qué supuestos
y cómo. De esta forma, dicen los juristas, se crea una pirámide normativa, de
donde se desprenden normas desde la base (lo más general), siendo la
Constitución la norma suprema de todo el ordenamiento. Cada norma
superior dicta las reglas materiales y formales para la validez de la norma
inferior y de esta forma se crea la pirámide normativa y una cadena de
validez de norma a norma. Esto se conoce como principios de supremacía
constitucional y de jerarquía normativa, mismos que se encuentran
contenidos en el artículo 133 de la Constitución y en el artículo 1°.

Para que una norma sea válida, es decir para que adquiera
membresía en el sistema jurídico, deberá ser material y formalmente
compatible con la Constitución. Una norma que, por ejemplo, contradice
algún derecho reconocido en la Constitución, sería inválida o una norma
creada por una autoridad que no tiene la competencia para hacerlo, sería
también inválida.

De acuerdo con el principio de supremacía constitucional, se crea la


revisión judicial de las normas, esto es conocido como jurisdicción
constitucional. La jurisdicción constitucional es la potestad de un Tribunal
como autoridad para interpretar y y revisar la compatibilidad de otras normas
con las normas de la Constitución y resolver las controversias de manera
definitiva. La invalidez de una norma debe ser declarada por esta autoridad,
pues aunque sea “evidente” la inconstitucionalidad de una norma, ésta
incompatibilidad debe ser declarada por “alguien” competente.

La jurisdicción constitucional lleva a cabo el control de


constitucionalidad, es decir, controla que las normas inferiores sean material
y formalmente compatibles con la Constitución y en caso de no serlo, puede
expulsarlas del sistema, esto es declararlas inválidas por
inconstitucionalidad.

Existen principalmente dos modelos de control de constitucionalidad:


el control concentrado y el control difuso: El primero, surgió después de la
Segunda Guerra Mundial y es aquél que concentra toda la revisión de la
validez normativa en un sólo Tribunal, un ejemplo de este modelo es
Alemania, con su Tribunal Constitucional Federal. El segundo, es mucho
más antiguo (S. XIX) y tiene su origen en los Estados Unidos. En el control
difuso cualquier juez puede revisar la constitucionalidad de las normas, en el
concentrado sólo puede hacerlo un tribunal instituido para ello. México tiene
un sistema mixto, pero la única instancia competente para declarar la
invalidez de las normas es la Suprema Corte a través de procedimientos
especializados como la Acción de Inconstitucionalidad.

Ahora bien, el concepto de control de convencionalidad es un


concepto de creación judicial bastante reciente. La Corte Interamericana lo
ha recogido a partir del caso Almonacid Arellano vs. Chile de 2006 y a partir
de entonces lo ha venido desarrollando. El control de convencionalidad se
refiere a la revisión de congruencia entre las normas nacionales y la
Convención Americana de Derechos Humanos (CADH) que deberán realizar
tanto los jueces, como las autoridades de los Estados parte de la
Convención. En términos de lo explicado sobre el control de
constitucionalidad: el control de convencionalidad (concentrado) es
competencia de la Corte Interamericana, es decir, la CorIDH únicamente
puede conocer de violaciones a la Convención y no puede resolver sobre el
fondo de los asuntos presentados a su consideración. Sin embargo, la
tendencia hacia la creación de un derecho común de los Derechos Humanos
en la región ha evolucionado de tal forma que hoy la Corte Interamericana
reconoce el control difuso de la convencionalidad. Ello implica pues que, si la
Convención es derecho nacional de los Estados Parte, entonces todos los
jueces deberán vigilar que este sea cumplido en términos de la propia
Convención (artículos 1 y 2 de la CADH).

En palabras de Ferrer Mac-Gregor: “los jueces nacionales se convierten


en jueces interamericanos: en un primer y auténtico guardián de la
Convención Americana, de sus Protocolos adicionales eventualmente de
otros instrumentos internacionales) y de la jurisprudencia de la Corte IDH
que interpreta dicha normatividad.”

Y si seguimos esta idea y la relacionamos con el control de


constitucionalidad, los jueces mexicanos serán al mismo tiempo guardianes
de la Constitución y guardianes de la Convención lo que implica una mejor
protección y garantía de los derechos humanos.

De acuerdo con los principios del control constitucional toda


intervención en los derechos fundamentales debe ser adecuada para
contribuir a la obtención de un fin constitucionalmente legítimo, no prohibido
explícita o implícitamente por la Constitución.

Además, el Tribunal Constitucional debe determinar cada uno de los


fines principales y secundarios de una medida legislativa, debe examinar por
separado la legitimidad de cada uno de ellos y la idoneidad que revista la
intervención legislativa para favorecerlos.

Toda medida de intervención en los derechos fundamentales debe ser


la más benigna con el derecho fundamental intervenido, entre todas aquéllas
que revisten por lo menos la misma idoneidad para contribuir a alcanzar el
objetivo propuesto, de tal manera que la importancia de la intervención en el
derecho fundamental debe estar justificada por la importancia de la
realización del fin perseguido por la intervención legislativa.

La Corte mexicana no es ajena a ese tipo de razonamiento, aunque lo


aplica de forma constante a medidas que presuntamente contravienen el
principio de igualdad y no discriminación y así tenemos un claro ejemplo de
cómo se realiza el control de la constitucionalidad en nuestro país.

Los métodos de control constitucional que se han mencionado, tienen


diversas clasificaciones que nos llevan a comprender su naturaleza, así
tenemos que, se clasifican de la siguiente manera:

a) Según los límites estatales:

I.- Nacional: los órganos del control son órganos propios del
Estado controlado.

II.-Internacional: los países firmantes de ciertos convenios


internacionales se han sometido a la jurisdicción de ciertos tribunales
supranacionales que pueden desvirtuar lo sentenciado por el Poder
Judicial Nacional, pues sus sentencias definitivas son obligatorias
para los estados. Y así puede ocurrir cuando derechos consagrados
en la Constitución están también resguardados por el tratado, esto
adquiere características de importancia en Argentina tras la reforma
de 1994.

b) Según la formación de los jueces:


I.-Letrados: en la mayoría de los sistemas. Algunas
constituciones con sistema concentrado exigen una altísima formación
profesional, lo que, sin duda, redunda en beneficio de la
independencia y capacidad de los magistrados.

II.- Legos: en algunos sistemas se admite que los jueces legos


(no abogados) realicen el control en las jurisdicciones donde no hay
jueces letrados.

III.- Mixtos: otros regímenes mezclan juristas con legos.


Algunos lo hacen en búsqueda de mayor conciencia social de los
jueces, otros para lograr especialistas en otra materia considerada de
importancia.

c) Según el momento:

I.- Preventivo: el control se efectúa antes de la sanción de la


ley, sobre el proyecto. O bien, sobre la ley pero antes de su
promulgación. En el caso del Consejo Constitucional Francés el
control es preventivo, se ejerce antes de la promulgación. En algunos
casos obligatoriamente (leyes orgánicas, reglamentos de las
cámaras) y en los demás casos, sólo a petición de parte, siendo los
únicos legitimados el Presidente de la República, el Primer Ministro, el
Presidente de la Asamblea Nacional, el Presidente del Senado,
sesenta diputados o sesenta senadores.

II.-Reparador: después de que la norma entró en vigencia.

III.-Mixto: Se puede controlar antes y después de que la norma


se sancione. En algún sistema el presidente de la República puede
reclamar al Tribunal Supremo el control de un proyecto, si esto no
ocurrió, el tribunal puede controlar la norma reparadoramente. Otro da
el control preventivo al Tribunal Constitucional y el reparador a la
Corte Suprema.
d) Según el modo de impugnación:

I.-Abstracto: el impugnador no se halla en una relación jurídica


donde se vea afectado por la norma inconstitucional. Aquí se utilizan
las acciones populares o las acciones declarativas puras (o
abstractas) de inconstitucionalidad.

II.-Concreto: está legitimado únicamente cuando hay una


relación jurídica donde alguien se ve lesionado por la norma
inconstitucional en un derecho subjetivo, un interés legítimo o un
interés simple. Las vías de acceso a la jurisdicción son diversas:
acción declarativa concreta de inconstitucionalidad, acción de
amparo, demanda incidental, juicio ejecutivo o sumario, etc.
Según la posibilidad de acceso [editar]

III.-Condicionado: hay un órgano pre seleccionador de los


casos que llegarán al órgano controlador de la constitucionalidad.

IV.-Incondicionado: todos los casos pueden llegar al órgano


máximo de control, aunque haya instancias previas.
Según los sujetos legitimados.

V.-Restringido: sólo los sujetos taxativamente enumerados


pueden excitar el control. Así en Francia donde los legitimados son: el
Presidente de la República, el Primer Ministro, el Presidente de la
Asamblea Nacional, el Presidente del Senado, sesenta diputados o
sesenta senadores.

VI.- Amplio: está legitimado todo aquél que tenga un derecho


subjetivo, un interés legítimo o un interés simple, afectados por la
norma inconstitucional.

VII.-Amplísimo: está legitimada cualquier persona, se vea o no


afectada.
e) Según la cobertura:

I.- Total: todo acto, ley y omisión, del Estado y de los


particulares, están sujetos al control.

II.- Parcial: sólo una porción del mundo jurídico está sometida
al control.

f) Según la facultad de decisión:

I.-Decisorios: el controlador invalida la norma. Hay tres


variantes:

1.-Interpartes: sólo para las partes y respecto al


asunto de la sentencia.

2.-Ergaomnes: todos los habitantes quedan


exentos de respetar la norma declarada inconstitucional.

3.-Intermedio: El Tribunal Constitucional puede


meditar el caso y decidir inter partes o erga omnes.

II.-No decisorios: en estos sistemas el órgano de control emite


pronunciamientos que no invalidan la norma cuestionada sino que
transmite una recomendación al órgano encargado de dictarla y
abrogarla (doctrina del paralelismo de competencias).

g) Según la temporalidad de los efectos:

I.- Ex nunc: los efectos no son retroactivos.

II.-Ex tunc los efectos son retroactivos.

CONTROL LEGAL
El control de constitucionalidad tiene como fundamento, hablando de
legalidad, precisamente el principio de supremacía constitucional, esto es
que la Constitución de un país es la norma de mayor jerarquía a la cual
deben sujetarse las normas de rango inferior, entendiéndose por tales a las
leyes dictadas por el parlamento, los decretos y demás resoluciones dados
por el Poder Ejecutivo o por entidades autárquicas y las sentencias y demás
resoluciones de los jueces, por lo cual las normas que presuntamente no se
ajusten al texto o normas constitucionales serán sometidas a este
procedimiento.

Si bien, debemos considerar como medios de control constitucional


únicamente a los instrumentos jurídicos que tienen por objeto mantener el
respeto a las disposiciones constitucionales, esto a través de la nulidad de
los actos que sean contrarios a la ley fundamental, tomemos en cuenta que
existen dos sistemas más de control legal de la constitucionalidad, tomando
en cuenta desde luego como punto de partida a la ley, éstos son el Control
Difuso y el Control Concentrado:

a) Control Difuso: El Control Difuso, como Control de la


Constitucionalidad de las Leyes tiene su origen en los principios del
constitucionalismo norteamericano en el cual, se le reconoce a la
Constitución el carácter de Norma Suprema y se le da a los jueces la
función de velar por la protección de la misma. Al juez lo obliga la ley
y por encima de ésta la Constitución. Si tomamos en cuenta los
antecedentes, podríamos decir que el método difuso faculta a todos
los jueces de un país determinado a declarar la inconstitucionalidad
de las leyes; pues, si la Constitución es la ley suprema del país y si se
reconoce el principio de Supremacía Constitucional, la Constitución se
impone a cualquier otra ley que le sea discordante.

Como concepto de control difuso tenemos que es una facultad


constitucional concedida a los órganos revestidos de potestad
jurisdiccional para revisar la constitucionalidad de las normas,
haciendo prevalecer la Constitución sobre la ley y esta sobre cualquier
otra norma de rango inferior. Este control tiene sus características la
primera de ellas es su naturaleza incidental, se refiere a que se
origina a partir de un proceso existente en el cual se están dilucidando
pretensiones o cuestiones con cierta relevancia jurídica. La segunda
característica es su “efecto in partis”, esto es que los efectos de la
aplicación del control difuso solo afectara a las partes vinculadas en el
proceso. Como tercera característica tiene la Declaración de
Inaplicabilidad de la Norma cuestionada, en el caso concreto, más no
su declaración de inconstitucionalidad o ilegalidad.

Como consecuencia la misma norma puede volver a ser


invocada en otros procesos, mientras no se la derogue, esto a través
de los procesos legislativos correspondientes o la declaración de la
inconstitucionalidad. Consideramos al control difuso importante ya que
provoca variadas soluciones a la ausencia de uniformidad de
decisiones judiciales, es gracias a este instrumento que se han podido
observar sentencias magistrales y reivindicar así derechos
vulnerados.

b) Control Concentrado: A este control se le denomina


concentrado porque se crean órganos constitucionales con la
específica finalidad de ejercer el control de la constitucionalidad de las
leyes. Este control es una medida europea, nació para evitar
problemas con el parlamento y con el poder judicial. Sus
antecedentes fueron en América Latina, pero es un modelo
perfeccionado en Europa y está vinculado fundamentalmente con los
Tribunales Constitucionales europeos. Es ejercido a través de la
máxima jurisdicción constitucional, supone la declaratoria de
inconstitucionalidad de una ley.

Se caracteriza por el hecho de que el ordenamiento


constitucional confiere a un solo órgano estatal el poder de actuar
como juez constitucional, es decir, que este sistema existe cuando un
solo órgano estatal tiene la facultad de decidir jurisdiccionalmente la
nulidad por constitucionalidad de los actos legislativos al igual que
otros actos del Estado de rango y valor similar. El órgano que se
menciona el cual puede ser único juez constitucional, puede ser la
Corte Suprema de Justicia, esta es la primera en orden jerárquico de
un país.

Por último, aunque este control se asemeje al modelo europeo


de Tribunales constitucionales especiales, no necesariamente tiene
que existir un Tribunal Constitucional especial, concebido
constitucionalmente fuera del Poder Judicial. Este sistema solo
implica la atribución a un órgano particular del Estado que ejerce una
actividad jurisdiccional, del poder y del deber de actuar como un juez
constitucional. Esto último se puede considerar la diferencia que tiene
con el control difuso.

SISTEMAS DE CONTROL CONSTITUCIONAL

Atendiendo al tipo de sistema constitucional y al país tenemos


diversos tipos de control constitucional cuya principal clasificación es la
siguiente:

a) Positivos: explícitamente en el texto constitucional, o


tácitamente en el Derecho Constitucional consuetudinario, admiten la
existencia de control. Sagüés diferencia dentro de esta categoría los
sistemas completos, que cumplen los cinco requisitos que apuntamos sub 1,
de los incompletos, que no los cumplen a todos, aclarando que la mayoría
de los sistemas son incompletos.

b) Negativos: no admiten el control de constitucionalidad pese a


tener necesidad de él por ser su constitución del tipo rígido.
De esta clasificación se derivan las siguientes sub clasificaciones:

POR ÓRGANO NEUTRO

También conocidos como órganos sui generis: Incluiremos bajo


este acápite a órganos que, o no se estructuran como tribunales, o su forma
de integración es especial, o fundan el control en principios extrajurídicos, o
su método de control es novedoso y algunos ejemplos en el mundo y en
distintas épocas son:

a) El Consejo de la Revolución portugués: estuvo


integrado por el Presidente de la República y oficiales de las
fuerzas armadas. Podía declarar la inconstitucionalidad con
efectos erga omnes. Tenía también a su cargo el control de la
inconstitucionalidad por omisión.

b) El Consejo de los Custodios iraní: está conformado por


seis teólogos designados por el Ayatola y seis juristas
musulmanes. Antes de la sanción controlan los proyectos de
ley comparándolos con los principios socio religioso del Islam y
con la Constitución.

c) El Consejo Constitucional francés: inscrito dentro de


los sistemas de control especializado, preventivo, abstracto y
limitado. Lo componen todos los ex-presidentes de la
República y nueve miembros más: tres designados por el
presidente, tres por el presidente del Senado y tres por el de la
Asamblea Nacional (Cámara de Diputados).

d)El Tribunal de Garantías Constitucionales


ecuatoriano: se compone de once miembros, tres designados
directamente por el Congreso y ocho elegidos por el Congreso
entre ocho ternas enviadas por las centrales nacionales de
trabajadores, cámaras de la producción, presidente de la
República, alcaldes cantonales, prefectos provinciales,
etcétera. Puede suspender los efectos de las leyes, decretos y
ordenanzas que considere inconstitucionales pero
sometiéndose a la decisión definitiva del Congreso Nacional.

POR ÓRGANO MIXTO

En algunos países la desconfianza por la judicatura (conservadora, no


electa popularmente) ha hecho que se entregue el control de
constitucionalidad a otros entes. Veamos:

a) Poder Legislativo: Es el mismo Parlamento quien controla, o


él a través de un órgano suyo. Se trata principalmente de naciones
que sostienen la doctrina del "centralismo democrático" donde el
órgano más representativo del pueblo (Poder Legislativo) es quien
concentra mayor poder, prevaleciendo sobre los demás.

b) Poder Ejecutivo: normalmente el Ejecutivo puede vetar


cuando considera que una ley sancionada es inconstitucional, este es
el control de constitucionalidad propio suyo. Pero también ha existido
algún sistema donde era el Ejecutivo el órgano de control frente al
cuestionamiento.

c) Electorado: se han estructurado algunos sistemas bajo la


idea de la democracia directa en los cuales es el pueblo quien decide
si determinada norma coincide o no con los lineamientos
constitucionales. Un sistema, denominado "apelación popular de
sentencias", prevé que cuando el Superior Tribunal declara
inconstitucional una norma, el 5% del electorado puede exigir que se
someta a referéndum la decisión del tribunal. Otro ha previsto que
mediante consulta popular se derogue una ley por considerarla
inconstitucional.

DIFERENCIA ENTRE LOS TIPOS DE ÓRGANOS JUDICIALES


Cuando el control constitucional se deposita en el poder judicial se
clasifica de la siguiente manera:

a) Judiciales (o con fisonomía judicial): el control se encarga a


tribunales, pertenecientes o no al Poder Judicial. Esta variante se
subdivide en tres:

b) Difuso (o desconcentrado): cualquier juez puede realizar la


verificación de constitucionalidad.

c) Concentrado (o especializado): es el sistema ideado por


Kelsen que resumimos anteriormente. Algunos países la han
implementado exactamente como él propuso; otros ubicaron al
Tribunal Constitucional dentro del Poder Judicial. Otros países
quedaron a mitad de camino otorgando la función del Tribunal
Constitucional a un órgano ordinario del Poder Judicial, sea a la Corte
Suprema o a una sala de ella llamándola "Sala Constitucional".

d) Mixto: intenta compaginar las ideas del sistema difuso y del


concentrado. Así, por ejemplo, todos los jueces resuelven las
cuestiones de constitucionalidad en las acciones ordinarias con
efectos inter partes, pero en ciertas acciones especiales,
generalmente reservadas a ciertos órganos (Presidente, Fiscal
General) van directamente al Tribunal Constitucional cuya sentencia
será erga omnes. O bien el Tribunal conoce por apelación en los
aspectos constitucionales de los casos comunes pero es primera
instancia en las acciones generales de inconstitucionalidad.

CONCEPTO GENÉRICO DEL JUICIO DE AMPARO


Amparo significa protección o defensa, los desamparados por el
contrario son aquellos individuos carentes de las mínimas condiciones que
les asegure una existencia digna. El amparo o resguardo puede ser brindado
por cosas, como por ejemplo cuando decimos que una vivienda nos ampara
de las inclemencias climáticas, o puede ser dado por otras personas, como
cuando se dice que alguien dio amparo a animales abandonados o a niños
de la calle, así el juicio de amparo es un medio procesal
constitucional del ordenamiento jurídico mexicano que tiene por objeto
específico hacer reales, eficaces y prácticos los derechos
humanos establecidos en la Constitución, buscando proteger de los actos de
todas las autoridades sin distinción de rango, inclusive las más elevadas,
cuando violen dichas garantías. Está regulado por los artículos 103 y 107 de
la Constitución Federal y la Ley de Amparo.

Se basa en la idea de limitación del poder de las autoridades


gubernamentales, la cual jurídica y lógicamente resulta de la decisión de
la soberanía que en los primeros artículos de la Constitución garantiza los
derechos fundamentales. Tan sólo los actos emitidos por la Suprema Corte
de Justicia y así como actos relacionados con materia electoral quedan fuera
de su acción.

Dentro de la Península de Yucatán en su descontento por el régimen


centralista enmarcado en la entonces vigente Constitución de1836,
comúnmente conocida como: Las Siete Leyes de 1836, amenazó con su
intención de separarse de la República mexicana. Con la consiguiente
preocupación, se le otorgó la facultad de legislar su propio régimen jurídico,
como si se tratase de un Estado federalista dando origen a la Constitución
de Yucatán del 31 de marzo de 1841.

Esta constitución tuvo a bien recoger un proyecto en el artículo 53,


elaborado por Manuel Crescencio Rejón, que expresaba textualmente:
"Corresponde a este tribunal ,la Corte Suprema de Justicia, reunido: 1º.
Amparar en el goce de sus derechos a los que pidan su protección contra
las providencias del Gobernador o Ejecutivo reunido, cuando en ellas se
hubiese infringido el Código Fundamental o las leyes, limitándose en ambos
casos a reparar el agravio en la parte que procediere".

Así se habló por primera vez en el derecho legislado, del amparo


decretado por órganos jurisdiccionales para combatir agravios contra
las garantías individuales, en el proyecto de Rejón y en la Constitución
yucateca de 1841.

Tiempo después este juicio se plasmó con la colaboración de Mariano


Otero en el congreso constituyente, sobre el artículo 25 del Acta de
Reformas 1847, con lo que se estableció el juicio de Amparo a nivel Federal,
para después plasmarse en la Constitución Federal de 1857 y 60 años más
tarde en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917,
actualmente vigente en el país.

Legalmente el recurso o acción de amparo es una garantía que otorga


el ordenamiento jurídico para la defensa de derechos vulnerados que no
pueden esperar a una sustanciación por las vías ordinarias. Se concede
cuando existe un ataque grave e inminente a un derecho reconocido
constitucionalmente que no esté garantizado por otras acciones específicas.

La presentación de la demanda de amparo debe hacerse por escrito a


través de un abogado, y dentro de los quince días en que se produjo el
hecho violatorio del derecho, que debe ser explicado en el escrito, lo mismo
que deberá especificarse el derecho lesionado, lo que deberá probarse. Si
no hubiera pruebas a presentar o estas se presentaran con la demanda, la
admisión o denegación del amparo debe hacerse en 48 horas. Si se ofrecen
pruebas se deberán sustanciar rápidamente, y dentro del tercer día deberá
pronunciarse sentencia por parte del juez.
Respecto al concepto de amparo, según Ignacio Burgoa, tenemos que:
“El amparo es un juicio o proceso que se inicia por la acción que ejercita
cualquier gobernado ante los órganos jurisdiccionales, federales contra todo
acto de autoridad (lato sensu) que le causa un agravio en su esfera jurídica y
que considere contrario a la Constitución, teniendo por objeto invalidar dicho
acto o despojarlo de su eficacia por su inconstitucionalidad o ilegalidad en el
caso concreto que lo origine.”

Según el maestro Raúl Chávez es: “Un acto por virtud del cual el
quejoso formula un agregado a su demanda de amparo en cualquier parte
de la misma, en dos casos: uno, cuando la autoridad responsable no haya
rendido su informe con justificación y se esté dentro del término legal para
pedir amparo; y otro, cuando del informe con justificación rendido por la
autoridad responsable aparezcan otras autoridades responsables que
intervengan en la ejecución de los actos reclamados”.

Alberto del Castillo del Valle establece respecto al concepto de amparo:


“como aquél que se promueve por núcleos de población ejercitada ante los
órganos jurisdiccionales ejercitada por cualquier persona ante los tribunales
del federación por medio de una vía de acción”

El concepto de amparo según Octavio Hernández: “es un juicio


constitucional autónomo que se inicia por la acción que ejercita cualquier
persona ante los tribunales de la Federación contra toda ley o acto de
autoridad (acto reclamado), en las hipótesis previstas en el art. 103
constitucional y que se considere violatorio de las garantías individuales, su
objeto es la declaración de inconstitucionalidad de dicho acto o ley
invalidándose o nulificándose en relación con el agraviado y restituyéndolo
en el pleno goce de sus garantías individuales”.

CONCEPTO DE AUTORIDAD
En el amparo la autoridad es el órgano del Estado investido de
facultades de decisión o de ejecución que dicta, promulga, publica, ordena,
ejecuta o trata de ejecutar la ley o el acto reclamado como violatorio de
garantías o del sistema de distribución de competencias entre la Federación
y los Estados, que está obligado a rendir el informe justificado
correspondiente y a defender la constitucionalidad de dicha ley o acto; para
efectos de la ley de amparo el concepto de autoridad se sub clasifica en :

a) Autoridad ejecutora: Es la que ejecuta o trata de ejecutar la ley o el


acto reclamado, es decir, aquella que lleva a cabo el mandato legal o
la orden de la autoridad responsable ordenadora o decisoria hasta
sus últimas consecuencias en este caso es el juez de distrito de
México que dicto la orden.

b) Autoridad ordenadora: Es el órgano del Estado investido de


facultades de decisión que expide la ley o dicta una orden o mandato
que se estima violatorio de garantías o del sistema de distribución de
competencias entre la Federación y los Estados, y sobre el cual está
obligado a rendir un informe previo o justificado dentro del término
legal, en el cual expresará si son o no ciertos los actos que se le
imputan. En este caso es la el director de la policía judicial que hará
efectiva la orden o en su defecto el director de la afín. Al respecto la
suprema corte estableció la siguiente jurisprudencia:

Fuente(s):
SON CRITERIOS DE LA SCJN
Registro No. 167306
Localización:
Novena Época
Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta
XXIX, Mayo de 2009
Página: 887
Tesis: I.3o.C. J/58
Jurisprudencia
Materia(s): Común

AUTORIDAD ORDENADORA Y EJECUTORA PARA EFECTOS DEL


AMPARO DIRECTO. La fracción II del artículo 5o. de la Ley de
Amparo, contempla como parte en el juicio de garantías a la autoridad
responsable, sin precisar sobre la naturaleza de ordenadora o
ejecutora que ésta puede tener en virtud de su vinculación con el acto
reclamado, por ello es menester atender a la etimología de la palabra
autoridad "auctoritas" que en su origen excluía totalmente la idea de
poder y de fuerza, propias de los vocablos latinos "potestas" e
"imperium". Así, para los fines de la materia de amparo, es evidente
que la palabra autoridad tiene el matiz de poder o fuerza
consubstancial tanto a entidades como a funcionarios para hacer
cumplir sus determinaciones. La autoridad en nuestros días se
entiende como el órgano del Estado investido de facultades de
decisión o de ejecución que dicta, promulga, publica, ordena, ejecuta
o trata de ejecutar la ley o el acto reclamado, como violatorio de
garantías o del sistema de distribución de competencias entre la
Federación y los Estados, que está obligada a rendir el informe
justificado correspondiente y a quien corresponde defender la
constitucionalidad de dicha ley o acto. Hasta mil novecientos noventa
y siete, en el sistema jurídico mexicano se sostuvo que el concepto de
autoridad para efectos del amparo comprendía a todas aquellas
personas que disponían de la fuerza pública, en virtud de
circunstancias legales o de hecho y que, por lo mismo, estaban en
posibilidad material de obrar como individuos que ejercieran actos
públicos, por el hecho de ser pública la fuerza de que disponían; este
criterio fue interrumpido por la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, para ahora establecer que en cada caso se debe analizar si
se satisfacen o no los presupuestos para determinar cuándo una
autoridad puede ser considerada o no, como autoridad responsable
para efectos del amparo, porque con independencia de que pueda
ejercer la fuerza pública de manera directa o por conducto de otras
autoridades, como órgano de Estado perteneciente a la
administración pública centralizada o paraestatal, ejerce facultades
decisorias que le están atribuidas en la ley, de manera unilateral, a
través de los cuales crea, modifica o extingue situaciones jurídicas
que afectan la esfera de los gobernados. Así, las características
distintivas que debe tener una autoridad a fin de ser considerada
como tal para los efectos del amparo, son: 1) La existencia de un ente
de hecho o de derecho que establece una relación de supra a
subordinación con un particular; 2) Que esa relación tenga su
nacimiento en la ley, lo que dota al ente de una facultad
administrativa, cuyo ejercicio es irrenunciable, al ser de naturaleza
pública la fuente de esa potestad; 3) Que con motivo de esa relación
emita actos unilaterales a través de los cuales cree, modifique o
extinga por sí o ante sí, situaciones jurídicas que afecten la esfera
legal del particular; y 4) Que para emitir esos actos no requiera acudir
a los órganos judiciales ni precise del consenso de la voluntad del
afectado. Como puede observarse, estas características no restringen
el concepto de autoridad a aquellos organismos que forman parte de
la administración pública en sus distintos órdenes (federal, estatal o
municipal); se trata de cualquier ente público, en donde se incluyen
organismos centralizados, paraestatales, autónomos, cualquiera que
sea su denominación. También puede observarse que no siempre los
entes que conforman directamente la administración pública serán
autoridad para los efectos del amparo ya que para determinar la
calidad de autoridad responsable es indispensable analizar las
características particulares de aquel a quien se le imputa el acto
reclamado y la naturaleza de éste. No todo acto, aun emitido por una
autoridad, puede ser considerado como acto de autoridad para los
efectos del juicio de amparo, porque los titulares de organismos
públicos realizan cotidianamente acciones que pueden afectar a un
particular, sin generar necesariamente una relación de supra a
subordinación. Luego, dado que la ley de la materia no establece
algún concepto de autoridad responsable ordenadora, se recurre a las
raíces etimológicas de la palabra ordenadora, la que proviene del latín
"ordinator-ordinatoris", es el que pone orden, el que ordena, el que
arregla; es un derivado del verbo "ordinare", ordenar, poner en regla,
regular; el sufijo "dor", indica al sujeto o agente que realiza la acción
del verbo; así, para los efectos del amparo la autoridad ordenadora
será el órgano del Estado investido de facultades de decisión que
expide la ley o dicta una orden o mandato que se estima violatorio de
garantías o del sistema de distribución de competencias entre la
Federación y los Estados y sobre el cual está obligado a rendir un
informe previo o justificado, dentro del plazo legal, en el que
expresará si son o no ciertos los actos que se le imputan. Esto es, se
trata de aquella autoridad del Estado que por razón de su jerarquía
tiene la facultad para emitir un mandato o una orden que debe
cumplirse por la autoridad subalterna y en contra de un gobernado.
Por otra parte, la ley de la materia tampoco proporciona el concepto
de autoridad ejecutora para los efectos del amparo, por lo que se
recurre al origen de la palabra ejecutora, que proviene del latín
"exsecutio-exsecutionis", acabamiento, ejecución, cumplimiento [en
especial de una sentencia, ya constatado en español hacia el año mil
cuatrocientos treinta y ocho; este vocablo se compone de la
preposición latina "ex", que indica origen, procedencia; también puede
usarse como un refuerzo que añade idea de intensidad; y el verbo
"sequor", seguir; el verbo "exsequor" significa seguir hasta el final,
seguir sin descanso, acabar, terminar totalmente una tarea. Así, la
autoridad ejecutora es aquella que cuenta con autoridad propia para
cumplir algo, ir hasta el final; luego, para los efectos del amparo, será
la que ejecuta o trata de ejecutar la ley o el acto reclamado, es decir,
aquella que lleva a cabo el mandato legal o la orden de la autoridad
responsable ordenadora o decisoria, hasta sus últimas consecuencias
porque es la que tiene el carácter de subalterna que ejecuta o trata de
ejecutar o ya ejecutó el acto reclamado dictado por la autoridad
ordenadora, ya que conforme a las facultades y obligaciones que la
ley le confiere le corresponde el cumplimiento de la sentencia, esto
es, la actuación inmediata tendente a acatar el fallo definitivo acorde a
las consideraciones y resolutivos que contenga. Por ello, cuando la
autoridad señalada en la demanda de amparo directo no es el órgano
jurisdiccional que emitió la sentencia definitiva, laudo o resolución que
puso fin a juicio, sólo puede considerársele autoridad responsable si
tiene el carácter de ejecutora formal y material del acto que se
reclame de acuerdo con la ley o con los términos del acto ordenador.
Si una autoridad es señalada como responsable y no tiene conforme
a la ley funciones de ejecutora formal y material y los actos que se le
atribuyen no están ordenados en el mandato del órgano jurisdiccional
que dictó la sentencia definitiva, laudo o resolución que puso fin a
juicio, debe considerarse que no obró en cumplimiento de éste, sino
que lo hizo de propia autoridad; de ahí que no tenga el carácter de
autoridad responsable ejecutora, para los efectos del juicio de amparo
directo.
TERCER TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA CIVIL DEL PRIMER
CIRCUITO.

Amparo directo 700/2008. **********. 18 de diciembre de 2008.


Unanimidad de votos. Ponente: Víctor Francisco Mota Cienfuegos.
Secretaria: Greta Lozada Amezcua.

Amparo directo 792/2008. José Gerardo de la Garza Morantes y otra. 12


de febrero de 2009. Unanimidad de votos. Ponente: Víctor Francisco Mota
Cienfuegos. Secretaria: María Estela España García.

Amparo directo 734/2008. Claudia Esther Moreno Gallegos y otro. 19 de


febrero de 2009. Unanimidad de votos. Ponente: Víctor Francisco Mota
Cienfuegos. Secretaria: Socorro Álvarez Nava.

Amparo directo 802/2008. Super servicio Bosques, S.A. de C.V. 26 de


febrero de 2009. Unanimidad de votos. Ponente: Víctor Francisco Mota
Cienfuegos. Secretaria: Socorro Álvarez Nava.
Amparo directo 665/2008. Arcosky México, S.A. de C.V. 12 de marzo de
2009. Unanimidad de votos. Ponente: Víctor Francisco Mota Cienfuegos.
Secretaria: Socorro Álvarez Nava. 1

El Poder Judicial de la Federación a través del juicio de garantías


controla los actos de los demás poderes y los suyos propios, e impone la
supremacía de la Constitución, al privar de eficacia legal y material a los
actos de autoridades responsables que no se ajustan a los términos y al
sentido de los preceptos constitucionales relativos a los derechos humanos,
y en ciertos casos, por la extensión del sistema en la garantía de legalidad,
controla particularmente las resoluciones de los tribunales de justicia,
administrativos y del trabajo federales y locales, que no se apegan a las
leyes que dichos tribunales deben aplicar en el ejercicio de sus atribuciones.

Sin embargo, al realizar el propósito indicado, el Poder Judicial


Federal no se erige en superior de los demás poderes o autoridades ,
porque aun cuando juzga a sus actos concretos y a veces puede obligarlos,
en ejecución de sentencia protectora, a que ejerzan de nuevo sus
atribuciones en el sentido que resulte de esa sentencia, no lo hace así como
autoridad superior jerárquica, sino como autoridad jurisdiccional encargada
de resolver una controversia en la cual interviene como parte la autoridad de
que se trate, la que si pierde en el litigio, debe someterse al sentido del fallo.

En efecto, los jueces de amparo no son superiores jerárquicos de las


autoridades responsables, no están facultados para prescribirles el sentido
en que deben actuar, ni menos las órdenes concretas que deben expedir; en
principio la decisión del juez de amparo no revoca ni nulifica la ley o el acto
de autoridad sometido a su conocimiento, sino que la estimación de
inconstitucionalidad y la consiguiente protección concedida al agraviado,
tienen solamente el efecto de poner a la persona, a los bienes o a
los derechos del quejoso, a salvo de la aplicación de la ley o de la ejecución
del acto reclamado, sin perjuicio ninguno de que dicha ley y dicho subsistan

1
Ius 8, Suprema Corte de Justicia de la Nación, México 2012.
íntegramente en sus términos, en cuanto respecta a las terceras personas
que no acudieron al amparo; de esa manera, la actuación del juez
constitucional no redunda en un conflicto de poderes, pues la concesión del
amparo deja a la autoridad responsable en el pleno ejercicio de sus
atribuciones, y si bien en un gran número de casos la obliga, cuando es
administrativa, judicial o del trabajo, a dictar una nueva resolución que
restituya al agraviado el uso y disfrute de su garantía que había sido violada,
esa nueva resolución no obedece a la supremacía del juez de amparo, que
la motiva por su fallo protector; sino directa y exclusivamente de la
supremacía de la Constitución, en el sentido declarado en cada caso
concreto por el órgano respectivo del Poder Judicial Federal, al que la propia
Constitución ha facultado para interpretarla, pues ése es el sentido natural y
jurídico de los diferentes preceptos que determinan sus atribuciones en la
materia de garantías.

Además, la acción de la justicia federal, en el ámbito de las garantías


no ataca el régimen federal, pues los fallos de los tribunales federales que
imparten amparo contra las leyes o a los actos de autoridades locales,
propiamente no invaden la soberanía del Estado al que dichas autoridades
pertenecen, porque por virtud y efecto del Pacto Federativo, las soberanías
de los estados quedaron limitadas en todas aquellas materias que la
Constitución reservó expresamente a la Federación, de acuerdo con el
sentido de su artículo 124, y el 103, fracción I, atribuye a los tribunales
federales la resolución de las controversias que se susciten por leyes o actos
de la autoridad que violen las garantías individuales y como ese precepto no
distingue cuál sea particularmente la autoridad a que se refiere, las
comprende a todas, tanto a las federales como a las locales, y aún hay que
agregar que el artículo 133 previene que la Constitución es la ley suprema
de la Unión, de todo lo cual se sigue que constitucionalmente las autoridades
de los estados deben someterse a las resoluciones que los tribunales
federales pronuncien en relación con el régimen de garantías instituido en la
propia Constitución; así se ve que la intervención de los tribunales federales
para controlar en un proceso judicial la actuación de las autoridades de los
estados en lo que atañe a la efectividad de las garantías constitucionales, no
invade en manera alguna las respectivas soberanías locales, sino que
nuestro régimen federativo los autoriza expresamente a actualizar y realizar
el sistema de garantías en el ámbito de las jurisdicciones locales.

A diferencia de otros sistemas jurídicos con medios de control


constitucional, el juicio de amparo no anula ni deroga la ley que es
impugnada y que los tribunales declaran inconstitucional, sino que el quejoso
es otorgado protección en contra de dicha ley de manera particular, bajo el
principio de relatividad de las sentencias (efecto inter partes). Solamente el
quejoso que obtenga la protección constitucional contra el acto o ley
impugnado, sin que dicha protección se pueda hacer extensiva a otras
personas. Sin embargo, a través de jurisprudencia, la Suprema Corte de
Justicia de la Nación al resolver los juicios de amparo en última instancia
puede declarar la inconstitucionalidad de una ley, lo que obligaría a los
tribunales de menor jerarquía a aplicar la jurisprudencia al resolver juicios
sobre el mismo tema.

Así el amparo es el instrumento constitucional para colocar a los


gobernados en un plano de igualdad ante frente a las autoridades, a través
del respeto a sus derechos fundamentales en una situación de igualdad
frente a los más poderosos.

Por otro lado, al tutelar de manera efectiva los Derechos Humanos


reconocidos en y por la Constitución, se está defendiendo directamente
éstos e indirectamente la Constitución, frente a las autoridades de todo tipo.

La defensa de la Constitución frente las autoridades puede dividirse


en dos categorías fundamentales:

a) La protección de la Constitución que está integrada por todos


aquellos instrumentos políticos, económicos, sociales y de técnica jurídica,
que han sido incorporados a los documentos constitucionales con la finalidad
de limitar el poder y lograr que sus titulares se sometan a las disposiciones
de la Carta Fundamental.

b) La justicia constitucional tiene por objeto el estudio de las garantías


constitucionales entendidas como los medios jurídicos de naturaleza
procesal que están dirigidos a la reintegración del orden constitucional. No
obstante que el juicio de amparo ha sido el mecanismo jurídico nacional de
control constitucional y de los derechos humanos más efectivo.

LEY REGULADORA

El Juicio de Amparo ha sido y es, el principal instrumento de defensa de


los derechos que las personas tienen para protegerse de los actos de
autoridad y es regulada por la ley reglamentaria de los artículos 103 y 107
constitucionales que lo es la llamada como el mismo juicio: Ley de amparo,
recientemente reformada en su totalidad.

Desde su origen en la Constitución yucateca de 1841, el juicio de


amparo ha servido para cuestionar y reclamar la legalidad de los actos de
autoridad, sus omisiones, así como para subsanar las desigualdades y
deficiencias en el acceso a la justicia que prevalecen en nuestro país.

Ante la necesidad de actualizar el juicio de amparo y el reclamo de


justicia de los mexicanos, en noviembre de 1999, la Suprema Corte de
Justicia creó una Comisión Especial para recibir propuestas y elaborar un
proyecto de nueva ley de amparo; esta Comisión se integró de manera
plural, representativa e incluyente, por dos Ministros de la Suprema Corte de
Justicia, don Humberto Román Palacios quien la coordina y don Juan Silva
Meza; por dos magistrados muy respetados, Manuel Ernesto Saloma Vera y
César Esquinca; por dos prestigiados académicos el maestro Héctor Fix
Zamudio y José Ramón Cossío; por el destacado abogado y expresidente de
la Barra Mexicana, Colegio de Abogados Javier Quijano y por Arturo Zaldivar
Lelo de Larrea.

En una primera etapa se recibieron 1430 propuestas de reformas a la ley


de amparo, provenientes del Poder Judicial Federal, de los poderes
judiciales de los estados, de distintos servidores públicos, de universidades,
de colegios de abogados, de profesores de amparo, de abogados
postulantes, etcétera. Los cuatro tomos en que se contienen las propuestas
recibidas, fueron entregados públicamente en una conferencia de prensa al
Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y están a la
disposición de cualquiera que quiera verificar el proceso de consulta. Todas
y cada una de estas propuestas fueron analizadas, estudiadas y valoradas
en el proceso de elaboración del proyecto.

Después de arduas jornadas de trabajo, a fines de agosto del año 2000,


la Comisión entregó la primera versión de proyecto de nueva ley de amparo
al Pleno de la Suprema Corte de Justicia. Se trató de un documento que a
pesar de presentar avances importantes, fue reconocido por los miembros
de la Comisión como perfectible, y puesto a consideración de toda la
comunidad jurídica mexicana para ser discutido, enriquecido y corregido en
lo que debiera enmendarse.

Dentro de este proceso de discusión, la Corte convocó en los primeros


días del mes de noviembre del 2000 a un Congreso Nacional de Juristas en
la Ciudad de Mérida, Yucatán. Se trató de un Congreso incluyente, plural y
representativo, para discutir el proyecto y para recibir propuestas que lo
enriquecieran. No fue un Congreso para homologar un proyecto, sino un
encuentro para debatir un proyecto. La mecánica del Congreso respetó
todos los lineamientos universalmente aceptados para un congreso
académico. Se presentaron ponencias a partir de ciertos requisitos
metodológicos indispensables en cualquier congreso académico; se discutió
en seis mesas de trabajo coordinadas por los miembros de la Comisión de
Análisis de Propuestas para una nueva Ley de Amparo.

El amparo fue lo que permitió la liberación de la ciudadana francesa


Florence Cassez, quien había sido sentenciada por secuestros, pero quien
fue encontrada víctima de violaciones al proceso judicial por la máxima corte
de México.

En la nueva Ley de Amparo en vigor desde el pasado 3 de abril de 2013,


que como se sabe es reglamentaria de los artículos 103 y 107 de la
Constitución Política de Los Estados Unidos Mexicanos, una de sus grandes
aportaciones es que todos los derechos humanos reconocidos en nuestra
Carta Magna así como en los tratados internacionales serán susceptibles de
protección a través del amparo; armonizándose con las recientes reformas
constitucionales que se han realizado en el país a los artículos 1°, 94°, 103°,
104°, 107° y 112° constitucionales, en materia de justicia y derechos
humanos en el año 2011. Después de 172 años, se revitaliza este
instrumento de control constitucional que es el más importante de nuestro
Sistema Jurídico.

La Reforma Constitucional en Materia de Amparo representa la


construcción de un nuevo paradigma para la actividad jurisdiccional federal y
de modo importante para un sistema de justicia más efectivo que reconozca
y haga efectivos los derechos humanos. La nueva Ley trae novedades
importantes en la doctrina jurídica y su enseñanza. Pero resulta más
importante la aplicación y la interpretación judicial de su contenido, que debe
armonizarse con las reformas constitucionales en materia de derechos
humanos y con la tradición jurídica mexicana, así como en la positividad de
las leyes actuales.

Además de la Ley de Amparo, reglamentaria de los artículos 103 y 107


de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, se reformaron
y adicionaron diversas disposiciones de la Ley Orgánica del Poder Judicial
de la Federación, de la Ley Reglamentaria de las fracciones I y II del artículo
105 de la propia Constitución, de la Ley Orgánica de la Administración
Pública Federal, de la Ley Orgánica del Congreso General de los Estados
Unidos Mexicanos y de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la
República.

La reciente reforma constitucional al juicio de amparo, sin duda alguna,


establece un cambio en la cultura jurídica mexicana sin precedente, pues no
sólo renueva aspectos estructurales indispensables en la eficacia procesal
de este instrumento de tutela, sino que ponen al sistema jurídico mexicano
en la vanguardia y sintonía internacional, en lo relativo a la salvaguarda de
los Derechos Humanos.

Hay puntos que resultan ser los más sustanciales para la estructura
constitucional del país, y que conllevan en sí, un cambio material e integral
de la Constitución como lo son los siguientes:

1.- Los derechos humanos previstos en la Constitución y en los


tratados internacionales serán objeto de protección directa. Se evidencia
la supremacía de los tratados internacionales en materia de Derechos
Humanos, ya que, como consecuencia de la reforma, la autoridad no
sólo estará obligada a respetar los Derechos Humanos garantizados en
el texto constitucional, sino también aquellos que se encuentren
reconocidos por estos tratados. El resultado de este bloque de
constitucionalidad, es la ampliación de la esfera de protección de las
personas, poseyendo un espacio lo suficientemente dúctil, grande y
efectivo, para hacer valer cualquier posible violación de Derechos
Humanos.

Otro factor a resaltar es lo relativo a la declaratoria general de


inconstitucionalidad de normas generales, cuando estas conlleven una
afectación al orden constitucional, aspecto que viene a superar la
llamada “fórmula Otero”, la cual establecía que los efectos de las
sentencias de amparo sólo podían ser relativos.

Esta limitante en los efectos, trajo durante mucho tiempo,


estragos y mermas en la vigencia plena de los Derechos Humanos, así
como para la estabilidad del sistema constitucional, pues alentaba la
existencia de regímenes de excepción, contrario al Estado Constitucional
y Democrático de Derecho. Desafortunadamente esta modificación sólo
fue parcial, pues por una razón de Estado, se excluyó la materia
tributaria, siendo que las normas generales encargadas de regular esta
materia contienen aspectos propensos a inadecuarse al texto
constitucional y afectar la esfera jurídica de las personas.

2.-Las promociones de juicio de amparo podrán efectuarse en


línea, mediante el uso de la firma electrónica, con lo que se agilizan
tiempos, elementos fundamentales en estos juicios federales.

3.-Los jueces federales deberán ahora no sólo velar por la


“constitucionalidad” de los actos de autoridad y proteger a los
ciudadanos ante la violación de sus derechos, sino también ser
garantes del control de la “convencionalidad”, cuando exista la
demanda de protección de los derechos derivados de alguna norma
que esté contenida en un tratado internacional ratificado por México.
4.- Cuando la SCJN resuelva la inconstitucionalidad de una norma
—en juicios de amparo indirecto— por segunda ocasión, deberá
informar a la autoridad emisora para su conocimiento; y si transcurrido
el plazo de 90 días naturales no se ha superado el problema de
inconstitucionalidad, la Corte emitirá —siempre que sea aprobada por
mayoría de ocho votos— la declaratoria general de
inconstitucionalidad.

5.-La suspensión del acto de autoridad reclamado, en tanto se


dicta una sentencia definitiva de amparo, se acotará cuando su
aplicación afecte el interés social o el orden público; se evite que
continúen funcionando centros de vicio, lenocinio y establecimientos
de juegos con apuestas y sorteos; asimismo, para privilegiar y
ponderar el criterio de “interés social” en el otorgamiento de
suspensiones, cuando se trate de concesiones relacionadas con
bienes públicos.

6.-Se pasa de la “afectación de forma directa” al “interés


legítimo”. Hasta antes de la reforma, sólo podía solicitar un amparo el
afectado “directo”. Pero ahora, la nueva Ley de Amparo permite que
cualquier persona que tenga un “interés legítimo” pueda interponer
amparo. Esto es que si alguien ve afectados sus derechos por alguna
decisión del gobierno, pueda ampararse por la justicia federal. En
otras palabras, se otorga la calidad de parte agraviada a quien tenga
un interés legítimo, ya no necesariamente jurídico.

7.-Inconstitucionalidad de las normas derivadas de la


jurisprudencia. Ahora, cualquier persona podrá interponer un amparo
ante el máximo tribunal del país, es decir, ante la Suprema Corte de
Justicia de la Nación, pero las consecuencias de ese juicio pueden
aplicarse a cualquier persona. Con ello se tutelan los derechos de
todas las personas, aun cuando no hayan interpuesto el juicio; la
sentencia que resulte de un juicio de amparo aplicará para todos los
ciudadanos.

8.-Limitación acto reclamado en el amparo de empresas que


exploten recursos o concesiones del Estado. No se otorgarán, bajo la
nueva Ley de Amparo, suspensiones del acto reclamado que causen
más perjuicios sociales que beneficios para el quejoso. Es decir, que
no por ampararse las empresas que exploten recursos naturales o
concesiones del Estado, y que tengan como efecto inmediato la
suspensión del acto reclamado, podrán conseguir dicha suspensión.
Con la nueva ley, las empresas podrán seguir amparándose, sin
embargo, mientras este proceso termine, tendrían qué cumplir con la
resolución que el organismo de competencia interpuso.

9.- La Suprema Corte de Justicia de la Nación podrá separar


de su cargo y consignar ante el Juez de Distrito, tanto a la autoridad
responsable como a su superior jerárquico cuando incumplan una
sentencia de Amparo.

10.- Se crean los Plenos de Circuito, encargados de resolver


todas las contradicciones de criterios que surjan en el seno de un
mismo circuito y de una misma especialidad.

11.- La reforma obliga al juez positivista y “autómata”, a


transformarse en un juez intérprete constitucional, y a preferir en todo
momento de su actuación judicial a la persona, favoreciendo en todo
momento, por alguna razón o indicio que encuentre o descubra en el
expediente a la “persona” como centro de imputación y tutela de los
derechos humanos. Así, deja de ser el Estado el centro de gravitación
de todo el poder y, ahora, los agentes del gobierno están obligados,
como autoridades, a respetar en primer lugar los Derechos Humanos
de todos los mexicanos antes de pensar y actuar en función del
órgano, primero, y ahora el motivo y fin de su actividad es el ser
humano.

Sin duda alguna la reforma constitucional en conjunto con la


aprobada y puesta en vigor en materia de Derechos Humanos y la reforma a
los artículos 103 y 107 Constitucionales en materia de amparo, vienen a
configurar un nuevo esquema de protección, pero sobre todo de dimensión
acerca de la primacía y universalidad de los Derechos Humanos. Ahora
corresponde a los órganos jurisdiccionales, así como al foro jurídico y
académico, dar el impulso a dicha reforma, para que ésta pueda desarrollar
y consolidar su contenido en un sentido real e integral.
PRINCIPIOS
FUNDAMENTALES
DEL JUICIO DE
AMPARO

MAPA CONCEPTUAL
Principio de
instancia de parte

Principio de
prosecución
Judicial

Principios
Principio de
fundamentales del
relatividad
juicio de amparo
Concepto de
agravio
Principio de
definitividad
Elementos
Principio de
existencia de
agravio
Estimación

Sanción

PRINCIPIO DE INSTANCIA DE PARTE


Los principios fundamentales del amparo son las reglas o normas que
le dan forma al juicio de garantías. Estos principios regulan los aspectos de
procedencia del amparo, competencia para conocer de él, forma de
tramitarlo, reglas de resolución del mismo y efectos de la sentencia que en
ese juicio se dictan.

Se encuentran dentro de la Constitución Federal y, desde la creación


del juicio de garantías la mayoría se contiene y otros, en el transcurso del
tiempo, se han integrado a la esencia del juicio constitucional.

Las bases constitucionales del Juicio de Amparo son aquellos principios


jurídicos fundamentales por virtud de los que se rige el Juicio de Amparo.
Tales principios se encuentran instituidos en el artículo 107 Constitucional.
Se llaman principios del amparo a un grupo de instituciones procesales
establecidas en el artículo 107 de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos y en la ley secundaria, que sirven de base o fundamento
al ejercicio de la acción de amparo y a la sentencia que en él se dicte. Si
pudiéramos hacer una especie de lista de los mismos, veríamos que
tradicionalmente son los relativos al ejercicio de la acción de amparo:
instancia de parte agraviada, agravio personal y directo y de definitividad y
los referentes a la sentencia de amparo: estricto derecho y relatividad de la
sentencia.

A través de estos principios se puede conocer e identificar al amparo,


estableciendo sus características y sus bases para, en su momento, poder
substanciar los juicios de garantías en todos sus términos.

Se plasma en la fracción I del Artículo 107 de la Constitución, y se


encuentra reglamentada en la Ley de Amparo, es decir que el juicio de
amparo sólo puede promoverse por la parte a quien perjudique la Ley, el
Tratado Internacional, el Reglamento o cualquier otro acto que se reclame.

Este principio es esencial, pues el gobernado es el titular de la acción,


es decir, que el particular (personas físicas y morales y por excepción los
órganos de los gobiernos federal y estatales) tienen a su alcance el
instrumento que es el juicio de amparo, para hacer valer sus garantías
individuales.

El principio de Instancia de Parte Agraviada, quiere decir, que el que


acuda al Juicio de Amparo tiene que hacerlo por voluntad propia, pero el
Estado no puede actuar de voluntad propia sino a través de sus legítimos
representantes. El juicio no se tramitará de oficio por ninguna autoridad
judicial, sólo por petición del propio afectado, su apoderado o representante
legal.

Este principio habla acerca de que la autoridad de amparo no puede


actuar de forma oficiosa sino que requiere que una persona acuda a ante
ella por considerar que una autoridad, mediante un acto o ley, le violó sus
garantías individuales y solicite por tanto el amparo y protección de justicia
federal.

Lo anterior obedece a que el juicio de amparo es un medio de control


de la constitucionalidad jurisdiccional que se ejercita por vía acción, con
apoyo en lo dispuesto en el numeral constitucional indicado y de
conformidad con lo previsto en los Artículos 8 y 17 de la propia Constitución,
de tal manera que si nadie acude a solicitar el amparo y protección de la
justicia federal, no podrá iniciarse ningún juicio de amparo.

El principio de instancia de parte agraviada implica que el ejercicio de


la acción de amparo sólo corresponde a la persona física o moral que ha
sido afectada por un acto de autoridad o ley.
Aunque existe una excepción prevista en el Artículo 6º de la ley de
amparo que establece que el quejoso podrá hacerlo por sí, por su
representante legal o por su apoderado, o por cualquier persona en los
casos previstos en la Ley. Cuando el acto reclamado derive de un
procedimiento penal, podrá promoverlo, además, por conducto de su
defensor o de cualquier persona en los casos en que la Ley lo permita.

También el Artículo 7o. de la ley vigente establece que la Federación,


los Estados, el Distrito Federal, los municipios o cualquier persona moral
pública podrán solicitar amparo por conducto de los servidores públicos o
representantes que señalen las disposiciones aplicables, cuando la norma
general, un acto u omisión los afecten en su patrimonio respecto de
relaciones jurídicas en las que se encuentren en un plano de igualdad con
los particulares.

Conforme a éste el juicio de garantías sólo se puede iniciar cuando el


gobernado lo solicita, es decir, cuando la persona que se considera afectada
por un acto de autoridad pide o "insta" a los tribunales de amparo para que
intervengan en su protección, puesto que el juicio de garantías es un medio
de control constitucional jurisdiccional que se ejercita por vía de acción, de
tal manera que las autoridades jurisdiccionales encargadas de conocer de él
no pueden actuar oficiosamente sin que haya un interesado legítimo en
provocar su actividad tuteladora, aun cuando tengan conocimiento de la
existencia de una violación de garantías en perjuicio de persona
determinada.

Además, un segundo aspecto a considerar en relación con este


principio consiste en que el impulso procesal necesario para provocar la
actuación del órgano de control constitucional no es simple, sino calificado,
pues es indispensable que la parte agraviada, es decir, la persona que ha
sufrido un perjuicio en su esfera jurídica sea quien ejercite la acción de
amparo, ya sea por sí o a través de su representante, de su defensor o de
cualquier persona en los casos en que así lo autoriza la ley, cuando la parte
agraviada se encuentre imposibilitada para hacerlo en forma personal.
Puede afirmarse que el principio de instancia de parte agraviada
implica que el juicio de amparo no procede de manera oficiosa, sino
exclusivamente a iniciativa del gobernado que se estima afectado por un
acto de autoridad, pues, como lo ha manifestado el Máximo Tribunal:

De conformidad con lo dispuesto por los artículos 107, fracción I, de la


Constitución General el juicio de garantías se seguirá siempre a instancia de
parte agraviada, lo que significa que uno de los presupuestos para la
procedencia de la acción constitucional es la comprobación plena del interés
jurídico del quejoso, pudiendo hacerlo por cualquiera de los medios de
prueba previstos por las leyes, pero no basta para tenerse por acreditado el
solo hecho de presentar la demanda respectiva, lo que implica únicamente la
pretensión de excitar el órgano jurisdiccional, pero no la comprobación de
que la ley o acto reclamado lesionan sus intereses jurídicos por lo que de no
satisfacerse dichos requisitos, debe sobreseerse en el juicio de amparo.

El Poder Judicial de la Federación, encargado de la tarea de control


de la constitucionalidad y legalidad de los actos de autoridad estatal, no
puede actuar de oficio, sin petición anterior, en el juicio de amparo. Se
requiere que se ejercite, por el interesado o por quien legalmente lo
representa, la acción de amparo. Este principio es básico en el Juicio de
Amparo pues evita que se enfrenten los órganos del Estado.

El Poder Judicial Federal no tiene la iniciativa para plantear


problemas de inconstitucionalidad, tal atribución sólo puede ejercerse
cuando haya un interesado, que como gobernado solicite el amparo. El
amparo es un medio de control de la constitucionalidad, que se efectúa por
medio de un órgano jurisdiccional, y que se plantea por vía de acción y no de
excepción, por lo que debe entenderse que es provocado y no espontáneo.

A través de la interpretación la corte también se ha pronunciado por el


principio aludido de la siguiente manera que citamos ejemplificativamente en
las siguientes tesis de ejecutorias:
Novena Época
No. Registro: 174481
Instancia: Segunda Sala
Jurisprudencia
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta
XXIV, Agosto de 2006
Materia(s): Común
Tesis: 2a./J. 119/2006
Página: 295

DESISTIMIENTO EN EL AMPARO. DEBE SER RATIFICADO POR EL


QUEJOSO.

El artículo 107, fracción I, de la Constitución Política de los Estados Unidos


Mexicanos, establece como principio básico que el juicio de amparo se
seguirá siempre a instancia de parte agraviada. Por tanto, para que el Juez o
tribunal de amparo tengan una mayor certeza y seguridad, tanto en la
intención del promovente como en la resolución de sobreseimiento que
deben dictar al respecto, en los términos del artículo 74, fracción I, de la Ley
de Amparo, resulta indispensable que el escrito de desistimiento sea
ratificado por el quejoso ante la presencia judicial o de un funcionario con fe
pública, lo cual no constituye una mera formalidad para el juzgador, sino que
tiene como finalidad cerciorarse de la identidad de quien desiste y saber si
preserva su propósito de dar por concluido el procedimiento que inició. La
certeza en la identidad y voluntad del promovente para realizar ese acto
procesal se confirma con la reforma al mencionado artículo 74, fracción I, en
la que el legislador eliminó la disposición de que se decrete el
sobreseimiento cuando "se tenga por desistido al agraviado en términos de
ley", para conservar solamente la del desistimiento expreso, así como con el
artículo 30, fracción III, del mismo ordenamiento, donde se ordena notificar
personalmente al interesado la providencia que mande ratificar el escrito de
desistimiento de la demanda o de cualquier recurso, y que en caso de no
constar su domicilio, la petición será reservada hasta que subsane la
omisión. En consecuencia, si el quejoso en un juicio de amparo manifiesta
que desiste en su perjuicio de la demanda que presentó, pero no ratifica
dicha manifestación, es evidente que debe continuarse con el procedimiento
del juicio.
Contradicción de tesis 14/2006-PL. Entre las sustentadas por el entonces
Segundo Tribunal Colegiado (actualmente en Materia Civil) del Sexto
Circuito y el Cuarto Tribunal Colegiado del Octavo Circuito. 4 de agosto de
2006. Cinco votos. Ponente: Genaro David Góngora Pimentel. Secretaria:
Blanca Lobo Domínguez.

PRINCIPIO DE EXISTENCIA DE AGRAVIO

El principio de existencia de un agravio personal y directo, consiste en


que el juicio de amparo únicamente puede promoverse por la parte a quien
perjudique el acto o la ley que se reclama, es decir, debe existir
necesariamente un menoscabo u ofensa que afecte específicamente al
agraviado, pero que esa afectación se haya producido o se esté ejecutando
o bien debe ser de realización inminente.

Sólo podrá solicitar amparo quien sea el titular del derecho subjetivo
que se considere afectado por el acto de autoridad. Personal significa que el
que intente la acción de amparo debe ser el titular de los derechos subjetivos
que otorga la Constitución. Directo implica el quebranto de los derechos
subjetivos que el gobernado tiene y que la ley o acto de autoridad le afecta
directamente a su titular y a ninguna otra persona.

Conforme a este principio, para que el juicio de garantías sea


procedente es necesario que el acto de autoridad que se reclame
efectivamente ocasione un agravio al quejoso, entendiéndose por agravio,
para efectos del juicio de amparo, según lo ha dispuesto el Máximo Tribunal,
"la ofensa o perjuicio que se hace a alguno, en sus derechos o intereses,
tomándose la palabra ‘perjuicio’, no en los términos de la ley civil, como la
privación de cualquier ganancia lícita que pudiera haberse obtenido, sino
como sinónimo de ofensa que se hace a los derechos o intereses de una
persona.

Además, el agravio, para poder ser considerado como causa


generadora del juicio de amparo, debe revestir dos características más, ser
personal y directo.

Se entiende que el agravio es personal cuando se concreta y recae


en una persona determinada, ya sea física o moral, que se identifica como el
titular de la garantía conculcada, de manera que sea ésta la que instaure la
demanda de amparo. Así, los daños o perjuicios que no afecten a alguna
persona en concreto no pueden dar lugar a un agravio que haga procedente
el juicio de amparo.

Por su parte, el atributo de directo se determina en atención al tiempo,


de modo que para que el agravio pueda ser considerado como tal y, así,
hacer procedente el juicio de amparo, debe ser pasado, presente o futuro
inminente.

Respecto a este principio no existen excepciones, de modo que en


todos los casos, para que el amparo proceda, es necesario que un
gobernado resienta un daño o perjuicio en su esfera jurídica pues, como lo
ha señalado la Suprema Corte de Justicia de la Nación: "la procedencia de
la acción constitucional de amparo requiere, como presupuesto necesario,
que se acredite la afectación por el acto reclamado, de los derechos que se
invocan.

Este principio se encuentra consagrado en la fracción I del artículo


107 , que establece:

“Artículo 107. Todas las controversias de que habla el Artículo 103 se


sujetarán a los procedimientos y formas del orden jurídico que determine la
ley, de acuerdo a las bases siguientes:

I. El juicio de amparo se seguirá siempre a instancia de parte


agraviada;…”
Éste principio significa que la persona física o moral que ejercita la
acción de amparo debe ser a quien se le agravia personal y directamente el
acto reclamado, es decir, quien estima que se le causa molestia por la
privación de algún derecho, posesión o propiedad, en cualquiera de los
casos que señala el Art. 103 de la Constitución. Se explican los conceptos
contenidos en éste principio, en relación a lo siguiente:

a) Agravio es la causación de un daño o perjuicio a una persona en


correlación con las garantías constitucionales que a ella se le
atribuyen. Daño es todo menoscabo patrimonial o no patrimonial,
que afecta a la persona; y perjuicio es cualquier ofensa en
detrimento de la personalidad humana. Perjuicio tiene una
connotación (interpretativa) especial en el amparo.
b) El elemento personal proviene de la circunstancia de que el acto
de autoridad debe afectar a una persona concreta, no abstracta,
titular del derecho transgredido. Es decir, que con la violación a los
derechos del gobernado hecha por una autoridad, se menoscabe
la esfera jurídica de una persona, ya sea física o moral y que tenga
calidad de gobernada.
c) El elemento directo del agravio, se entiende desde el punto de
vista del tiempo en que el acto reclamado se realiza, puede ser:
pasado, cuando los efectos del acto han concluido; presente,
cuando los efectos del acto se realizan al promover el amparo, y
futuro, cuando los efectos aún no se inician pero, existen datos
que hacen presumir la proximidad temporal en la producción de
efectos del acto.

La Corte en interpretación se ha pronunciado sobre este principio de


la siguiente manera:

“Novena Época
No. Registro: 168612
Instancia: Primera Sala
Jurisprudencia
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta
XXVIII, Octubre de 2008
Materia(s): Penal
Tesis: 1a./J. 54/2008
Página: 223

LEGITIMACIÓN PARA PROMOVER EL JUICIO DE AMPARO. CARECE DE


ELLA EL OFENDIDO O VÍCTIMA DEL DELITO CUANDO SE RECLAMA LA
RESOLUCIÓN QUE DIRIME EL RECURSO DE APELACIÓN
INTERPUESTO CONTRA EL AUTO DE TÉRMINO CONSTITUCIONAL EN
QUE SE CONCEDE LA LIBERTAD POR FALTA DE ELEMENTOS PARA
PROCESAR, EN TANTO QUE NO AFECTA EL DERECHO A LA
REPARACIÓN DEL DAÑO.

Conforme a los artículos 107, fracción I, de la Constitución Política de los


Estados Unidos Mexicanos y 4o. de la Ley de Amparo, la legitimación
procesal para promover el juicio de garantías sólo la tienen las personas
físicas o morales directamente agraviadas por la ley o el acto reclamado.
Ahora bien, el hecho de que el ofendido o víctima del delito esté legitimado
para reclamar las resoluciones del Ministerio Público que al resultar
injustificadas afectan su interés jurídico y lo privan del derecho a obtener la
reparación del daño, no significa que también tenga legitimación para
impugnar todas las resoluciones jurisdiccionales dentro del proceso. Así, en
la resolución que dirime el recurso de apelación interpuesto contra el auto de
término constitucional, debe verificarse la comprobación del cuerpo del
delito, la probable responsabilidad y la existencia o no de alguna
circunstancia que exima de responsabilidad o extinga la acción penal, sin
pronunciarse respecto al derecho a la reparación del daño con que cuenta la
víctima u ofendido del delito, pues dicha reparación es una pena pública, de
manera que para que nazca el derecho a exigirla, es necesario que
previamente se acredite la pretensión punitiva del proceso penal, es decir, la
existencia de los elementos del delito y la plena responsabilidad penal. En
congruencia con lo anterior, y en virtud de que la resolución mencionada no
se avoca a la legal o ilegal imposición de la reparación del daño como pena,
no puede afectar el derecho de la víctima u ofendido a tal resarcimiento y,
por ende, éste carece de legitimación activa para promover el juicio de
garantías contra esa determinación. Lo anterior es así, pues un principio
general de procedencia del amparo es el agravio personal y directo, es decir,
que la ley o el acto afecte algún derecho perteneciente a la esfera jurídica de
las personas; por lo que si la resolución de segunda instancia que analiza el
auto de término constitucional y concede la libertad al inculpado no afecta el
derecho de la víctima u ofendido a la reparación del daño, se concluye que
éste no se encuentra legitimado para promover juicio de amparo en su
contra.

Contradicción de tesis 170/2007-PS. Entre las sustentadas por el Tercer


Tribunal Colegiado en Materias Penal y de Trabajo del Séptimo Circuito y el
Segundo Tribunal Colegiado en Materias Penal y Administrativa del
Vigésimo Primer Circuito. 23 de abril de 2008. Mayoría de tres votos.
Disidentes: José Ramón Cossío Díaz y Olga Sánchez Cordero de García
Villegas. Ponente: Juan N. Silva Meza. Secretario: Roberto Ávila Ornelas.”

Novena Época
No. Registro: 170975
Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito
Jurisprudencia
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta
XXVI, Noviembre de 2007
Materia(s): Penal
Tesis: I.6o.P. J/16
Página: 577

AMPARO PENAL. CUANDO ES PROMOVIDO POR EL REPRESENTANTE


LEGAL DE UNA PERSONA MORAL, DEBE SEÑALAR EL NOMBRE DE
LAS PERSONAS FÍSICAS QUE, COMO INTEGRANTES DE LA MISMA,
PUDIERAN RESULTAR AFECTADAS CON EL ACTO RECLAMADO.

Cuando el representante legal de una persona moral promueve un juicio de


amparo en materia penal, en términos del artículo 8o. de la Ley de Amparo,
necesariamente debe señalar el nombre de las personas físicas en lo
individual que, como sus integrantes, pudieran resultar afectadas con el acto
reclamado, esto es, aquellas que resientan un agravio personal y directo
conforme al artículo 4o. del mismo ordenamiento, para que el juzgador se
encuentre en aptitud de examinar la constitucionalidad del acto reclamado,
pues tratándose de la materia penal, el sistema jurídico previsto por la
Constitución y las leyes secundarias de la materia establecen que la
responsabilidad es estrictamente personal, es decir, para configurar la
violación a las normas sustantivas punitivas se requiere partir de la acción
humana, de la responsabilidad y de algunos supuestos psicológicos que sólo
pueden admitirse en las personas físicas en lo individual, lo que se aprecia,
incluso, en el sistema sancionador donde las penas y medidas de seguridad
descansan en el grado de culpabilidad de la persona física, y solamente
como consecuencias accesorias para las personas morales se prevé la
suspensión de la agrupación o su disolución, como es el caso de lo
establecido en el artículo 11 del Código Penal Federal. De no realizarse el
anterior señalamiento, bien pudieran presentarse diversos supuestos que
desatenderían los principios reguladores del juicio de amparo, entre otros, el
de relatividad previsto en el artículo 76 de la propia Ley de Amparo, ya que
se tendría que analizar el acto reclamado en abstracto, por no estar
determinada la persona física posiblemente agraviada en lo personal, lo que
podría implicar una eventual concesión de amparo que no podría
materializarse en su ejecución, en términos del artículo 80 de dicha ley, por
contener una declaración general respecto del acto reclamado. Por otra
parte, también implicaría que el juzgador de amparo de manera oficiosa
tuviera que analizar qué actos dentro de una averiguación previa o causa
penal pudieran afectar a determinadas personas en lo individual y si éstas
forman parte de la persona moral, lo cual no se encuentra cubierto por el
principio de suplencia de la queja en materia penal, amén de que el artículo
116, fracción I, de la ley de la materia dispone que en la demanda de
amparo se tiene que señalar el nombre y domicilio del quejoso y de quien
promueve en su nombre, lo que en materia penal se traduce en señalar el
nombre de la persona física que en lo individual pudiera resentir el agravio
personal y directo, ya que si bien en la materia éste podrá promoverse por
cualquier persona, éste sólo podrá seguirse por el agraviado, su
representante legal o su defensor.

SEXTO TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA PENAL DEL PRIMER


CIRCUITO.
Amparo en revisión 196/2003. 31 de marzo de 2003. Unanimidad de votos.
Ponente: Roberto Lara Hernández. Secretaria: Sonia Hernández Orozco.

Amparo en revisión 1456/2005. 30 de septiembre de 2005. Unanimidad de


votos. Ponente: Roberto Lara Hernández. Secretario: José Francisco
Becerra Dávila.

Amparo en revisión 2016/2006. 31 de enero de 2007. Unanimidad de votos.


Ponente: Roberto Lara Hernández. Secretario: José Francisco Becerra
Dávila.

Amparo en revisión 50/2007. 17 de mayo de 2007. Unanimidad de votos.


Ponente: Roberto Lara Hernández. Secretario: José Francisco Becerra
Dávila.

Amparo en revisión 165/2007. 11 de octubre de 2007. Unanimidad de votos.


Ponente: María Elena Leguízamo Ferrer. Secretaria: Margarita Picazo
Sánchez.”

En la ley de amparo vigente se considera el principio en su articulado


de esta manera el Artículo 5º nos dice que son partes en el juicio de amparo:
el quejoso, teniendo tal carácter quien aduce ser titular de un derecho
subjetivo o de un interés legítimo individual o colectivo, siempre que alegue
que la norma, acto u omisión reclamados violan los derechos previstos en el
artículo 1o de la presente Ley y con ello se produzca una afectación real y
actual a su esfera jurídica, ya sea de manera directa o en virtud de su
especial situación frente al orden jurídico. Se refiere al interés simple,
estableciendo que en ningún caso, podrá invocarse como interés legítimo.

El mismo artículo establece que el juicio de amparo podrá promoverse


conjuntamente por dos o más quejosos cuando resientan una afectación
común en sus derechos o intereses, aun en el supuesto de que dicha
afectación derive de actos distintos, si éstos les causan un perjuicio análogo
y provienen de las mismas autoridades. Tratándose de actos o resoluciones
provenientes de tribunales judiciales, administrativos, agrarios o del trabajo,
el quejoso deberá aducir ser titular de un derecho subjetivo que se afecte de
manera personal y directa.
Por su parte el Artículo 6º establece que el juicio de amparo puede
promoverse por la persona física o moral a quien afecte la norma general o
el acto reclamado en términos de la fracción I del artículo 5o. de la Ley. El
quejoso podrá hacerlo por sí, por su representante legal o por su apoderado,
o por cualquier persona en los casos previstos en la Ley.
.
Respecto a las autoridades el Artículo 7o. nos refiere que la
Federación, los Estados, el Distrito Federal, los municipios o cualquier
persona moral pública podrán solicitar amparo por conducto de los
servidores públicos o representantes que señalen las disposiciones
aplicables, cuando la norma general, un acto u omisión los afecten en su
patrimonio respecto de relaciones jurídicas en las que se encuentren en un
plano de igualdad con los particulares.

Respecto al principio aludido guarda relación el Artículo 15 de la


nueva ley que establece que cuando se trate de actos que importen peligro
de privación de la vida, ataques a la libertad personal fuera de
procedimiento, incomunicación, deportación o expulsión, proscripción o
destierro, extradición, desaparición forzada de personas o alguno de los
prohibidos por el artículo 22 de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, así como la incorporación forzosa al Ejército, Armada o
Fuerza Aérea nacionales, y el agraviado se encuentre imposibilitado para
promover el amparo, podrá hacerlo cualquiera otra persona en su nombre,
aunque sea menor de edad. En estos casos, establece la ley, el órgano
jurisdiccional de amparo decretará la suspensión de los actos reclamados, y
dictará todas las medidas necesarias para lograr la comparecencia del
agraviado.

Una vez lograda la comparecencia, se requerirá al agraviado para que


dentro del término de tres días ratifique la demanda de amparo. Si éste la
ratifica por sí o por medio de su representante se tramitará el juicio; de lo
contrario se tendrá por no presentada la demanda y quedarán sin efecto las
providencias dictadas. Si a pesar de las medidas tomadas por el órgano
jurisdiccional de amparo no se logra la comparecencia del agraviado,
resolverá la suspensión definitiva, ordenará suspender el procedimiento en
lo principal y se harán los hechos del conocimiento del Ministerio Público de
la Federación. En caso de que éste sea autoridad responsable, se hará del
conocimiento al Procurador General de la República. Cuando haya solicitud
expresa de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, se remitirá
copia certificada de lo actuado en estos casos. Dice el mismo artículo que
transcurrido un año sin que nadie se apersone en el juicio, se tendrá por no
interpuesta la demanda.

Para el caso de fallecimiento del quejoso o del tercero interesado,


siempre que lo planteado en el juicio de amparo no afecte sus derechos
estrictamente personales, reza la ley, el representante legal del fallecido
continuará el juicio en tanto interviene el representante de la sucesión.

CONCEPTO DE AGRAVIO

La presencia del daño o del prejuicio constituye, pues, el elemento


material del agravio, por así decirlo, Ahora bien, no basta que exista dicho
elemento para que haya un agravio desde el punto de vista jurídico, sino que
es menester que sea causado o producido en determinada forma. Es
necesario que el daño o el perjuicio sean ocasionados por una autoridad al
violar un derecho constitucional o humano, o al invadir las esferas de
competencia federal o local, en sus correspondientes casos, esto es, que
realice alguna de las hipótesis previstas en las tres fracciones del artículo
103 constitucional. Así el otro factor que concurre en la integración del
concepto de “agravio”, desde el punto de vista del juicio de amparo, y al que
denominamos elemento jurídico, consiste en la forma, ocasión o manera
bajo las cuales la autoridad estatal causa el daño o el perjuicio mediante la
violación de las garantías individuales (fracción I del artículo 103) o por
conducto de la extralimitación, mejor dicho de la interferencia de
competencias federales y locales (fracciones II y III del artículo 103)
Por lo consiguiente, el concepto de agravio empleado en la fracción I
del artículo 107 constitucional, equivale a la causación de un daño o un
perjuicio realizado por cualquier autoridad estatal, en las hipótesis previstas
por el artículo 103 de la Constitución

ELEMENTOS

El agravio para que pueda ser causa generadora del juicio de amparo
necesita ser personal, es decir, que recaiga precisamente en una persona
determinada, bien sea física o moral. El carácter de personalidad en el
agravio para los efectos del Amparo, ha sido proclamado en varias tesis de
la Suprema Corte, por lo que citaremos una referencia acerca del tema:

“Una correcta interpretación de Ley de Amparo, lleva a la conclusión


de que éste debe ser solicitado precisamente por la persona que estime
que se le causa molestia por la privación de algún derecho, porque el
interés jurídico de que habla la ley no puede referirse a otra cosa sino a
la titularidad que al quejoso corresponde, en relación con los derechos
conculcados, y aunque la lesión de tales derechos naturales es natural
que traiga repercusiones mediatas o inmediatas en el patrimonio de otras
personas, no son éstas quienes tienen el interés jurídico para promover
amparo”(Seminario Judicial de la Federación, Tomo LXII, Pág. 3770, y
Tomo LXXVIII, Pág. 110)

ESTIMACIÓN

No deja tener importancia práctica principalmente práctica, la cuestión


que consiste en determinar si la existencia de los daños o perjuicio
constitutivos del agravio queda a la apreciación del quejoso, o si el
juzgador constitucional puede sustituirse a éste en la estimación
correspondiente.

La jurisprudencia de la Suprema Corte, ha establecido al respecto


que:
“La circunstancia de que el acto reclamado cause o no perjuicio, es
cuestión de mera apreciación personal del quejoso y no es motivo para
que sobresea en el juicio de garantías, por la sola estimación del juez de
distrito, de que el acto que se reclama no causa”.

Sin embargo, en una tesis posterior a las ejecutorias que constituyen


dicha jurisprudencia, la propia Suprema Corte ha sustentado el criterio
contrario, al aseverar que:

“Aunque el que promueve amparo es el que juzga de su propio


interés, esto no limita la capacidad de la autoridad para juzgar sobre la
real existencia el interés directo e inmediato que hace posible el juicio
constitucional; de manera que el requisito señalado por el artículo 73 de
la Ley Orgánica de los artículo 103 y 107 constitucionales respecto a que
para la procedencia del amparo es necesario que los actos reclamados
afecten los intereses jurídicos del quejoso, no puede quedar a la sola
estimación jurídica de quien se dice agraviado.”

Así pues las afectaciones que constituyen un agravio deben ser


reales, es evidente que su causación o existencia es susceptible de
apreciación objetiva, por lo que, cuando efectivamente exista un daño o
un perjuicio en los bienes jurídicos del quejoso, tal circunstancia debe ser
estimada por el juez de amparo. Si la existencia de los daños y prejuicios
fuese materia de la sola estimación del agraviado, la mencionada
afirmación del promoverte del juicio de garantías de que la actividad
autoritaria atacada le irroga molestias o perturbaciones en sus derechos,
para que nunca se sobreseyese el proceso constitucional por falta de
agraviado

SANCIÓN

Si el elemento del agravio es una condición sine qua non para la


procedencia jurídica del juicio de amparo, ¿Qué Sucede si no existe aquél,
no obstante que se encuentren satisfechos los extremos del artículo 103
constitucional, es decir, si se promulgase una ley que coartara la libertad de
manifestar públicamente las ideas contenidas en el artículo 7 de la
Constitución, sin que tal ley afecte a nadie , o si se prohibiera para lo futuro
la formación de asociaciones o sociedades de determinada índole, en
contravención al artículo 9 constitucional.

Evidentemente que el juicio de amparo que se quisiera promover


contra dichos actos sería improcedente y, en caso de que ya se hubiera
iniciado el procedimiento en cuestión por la presentación de la demanda
respectiva, se debería dictar una resolución de sobreseimiento por el juez u
órgano encargado de conocer de él.

PRINCIPIO DE PROSECUCIÓN JUDICIAL

El juicio se tramitará con arreglo a las disposiciones procesales de la


Ley de Amparo y, sólo en caso de que ésta sea omisa o insuficiente, por
supletoriedad se aplicará el Código Federal de Procedimientos Civiles.

Sobre esto habla el primer párrafo del Art.107 Constitucional que dice:

“Todas las controversias del Art.103 se sujetarán a los procedimientos


y formas del orden jurídico que determine la ley”

Podría parecer un principio repetitivo de otros, pero si no existiera


disposición expresa que así lo ordenara, el agraviado por un acto de
autoridad podría afirmar que cumple con el principio de que la controversia
se plantee a instancia o queja de él, pero dentro del mismo procedimiento o
trámite ordinarios en donde sea la causa la violación de sus garantías, y ser
reparado por la propia autoridad que efectuó la violación constitucional.
Esto sólo se supera, destacándose que el primer párrafo del artículo
107 constitucional, expresamente obliga a cumplir con los procedimientos y
formas del orden jurídico que enuncia, y que posteriormente se reglamentan
en la ley de amparo. Significa que, una vez intentada la acción de amparo a
través de la demanda, el amparo debe proseguir hasta su terminación. El
principio de prosecución del amparo.

El Ministerio Público cuidará del exacto cumplimiento de esta


disposición, principalmente en los casos de aplicación de leyes declaradas
jurisprudencialmente inconstitucionales, y cuando el acto reclamado importe
peligro de privación de la vida, de la libertad, o entrañe deportación, destierro
o alguno de los prohibidos por el artículo 22 de la Constitución Federal.

Ejemplo de Amparo y Jurisprudencia por el Principio de prosecución judicial

“Novena Época
No. Registro: 168734
Instancia: Segunda Sala
Jurisprudencia
Fuente: Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta
XXVIII, Octubre de 2008
Materia(s): Común
Tesis: 2a./J. 145/2008
Página: 439

ACUMULACIÓN EN AMPARO. LA SUSPENSIÓN DEL PROCEDIMIENTO


MIENTRAS AQUÉLLA SE RESUELVE, NO IMPLICA DEJAR
INSUBSISTENTE LA FECHA FIJADA ORIGINALMENTE PARA LA
AUDIENCIA CONSTITUCIONAL EN CADA JUICIO, NI TIENE POR
EFECTO INTERRUMPIR O AMPLIAR LOS PLAZOS PROCESALES
RESPECTIVOS.

Conforme al artículo 62 de la Ley de Amparo, desde que se pide la


acumulación y hasta que se resuelve, debe suspenderse el procedimiento en
el expediente principal de los juicios que probablemente habrán de
acumularse. Ahora bien, tal suspensión no implica dejar insubsistente la
fecha fijada en el auto admisorio para la audiencia constitucional en cada
juicio, ni tiene por efecto interrumpir los plazos para el cumplimiento de las
obligaciones y el ejercicio de los derechos procesales de las partes, porque
en atención a la naturaleza y fines de la acumulación, la suspensión sólo
busca evitar el dictado de la sentencia en la audiencia constitucional, a
efecto de impedir que desaparezca la materia de la acumulación, al poder
decretarse ésta sólo respecto de juicios en trámite; por tanto, dicha medida
debe entenderse restringida a los actos procesales encaminados a impulsar
la prosecución del amparo, vinculados con la litis constitucional y su debida
integración, como son las pruebas, los alegatos y los informes, entre otros
que tiendan a ese propósito. De lo contrario, si se dejara insubsistente la
fecha mencionada, se desvirtuaría la naturaleza sumaria del juicio de
garantías, pues al no poder saberse de antemano si la acumulación habrá
de decretarse o no, pudiendo en este último caso reanudarse el
procedimiento en cada juicio, incluso antes de la fecha originalmente
programada para la audiencia constitucional, su subsistencia agilizará la
continuación de los juicios y la celebración de la audiencia, sin necesidad de
programarla nuevamente; en todo caso, de llegar el día fijado para tal evento
sin haberse reanudado el procedimiento, aquélla habrá de diferirse y
reservarse el señalamiento de diversa fecha hasta que se levante la
suspensión. Además, dejar insubsistente la fecha fijada para la audiencia de
ley implicaría interrumpir o ampliar los plazos y liberar injustificadamente de
sus cargas procesales a alguna de las partes con la consecuente afectación
para las otras; de ahí que las partes deban cumplir con sus obligaciones y
ejercer sus derechos dentro de los plazos legalmente previstos para no
incurrir en incumplimiento o, en su caso, evitar la preclusión del derecho
procesal atinente, aun cuando el procedimiento se encuentre suspendido,
pues esto sólo provocará que se reserve proveer sobre las promociones
hasta su reanudación.

Contradicción de tesis 28/2008-PL. Entre las sustentadas por los Tribunales


Colegiados Cuarto en Materia Administrativa del Tercer Circuito y el
entonces Segundo del Sexto Circuito, actualmente en Materia Civil. 17 de
septiembre de 2008. Cinco votos. Ponente: Genaro David Góngora Pimentel.
Secretario: Rómulo Amadeo Figueroa Salmorán.”2

El principio de prosecución judicial constituye una base fundamental


que rige el procedimiento de amparo que se deriva del contenido tanto del
párrafo inicial del artículo 107 constitucional en el sentido de que las
controversias que pueden dar origen al juicio de amparo se sujetarán a los
procedimientos y formas del orden jurídico que determine la ley. De esta
manera, conforme a este principio el juicio de amparo debe tramitarse por
medio de un procedimiento jurisdiccional y sujetarse a las formas del orden
jurídico, de modo que tanto las partes que en él intervienen como las
autoridades encargadas de conocerlo deben adecuar su actuación a la
normatividad aplicable.

El principio prosecución judicial se relaciona con el proceso, es de


competencia del las autoridades locales y federales (fuero federal y fuero
local). Fuero federal de competencia en todo el país y se ventila en salas.
Fuero común de competencia en su ámbito local y se ventila en juzgados.

Al respecto la ley de amparo establece en su artículo segundo, que


el juicio de amparo se tramitará en vía directa o indirecta. Se substanciará y
resolverá de acuerdo con las formas y procedimientos que establece la Ley.
A falta de disposición expresa se aplicará en forma supletoria el Código
Federal de Procedimientos Civiles y, en su defecto, los principios generales
del derecho.

215
Tesis de jurisprudencia 145/2008. Aprobada por la Segunda Sala de este Alto Tribunal,
en sesión privada del primero de octubre de dos mil ocho.
El Artículo tercero guarda relación con este principio, lo ilustra y es
ejemplo de estos procedimientos a establecer que en el juicio de amparo las
promociones deberán hacerse por escrito. Podrán ser orales las que se
hagan en las audiencias, notificaciones y comparecencias autorizadas por la
Ley, dejándose constancia de lo esencial. Dice la ley que es optativo para el
promovente presentar su escrito en forma impresa o electrónicamente.

PRINCIPIO DE RELATIVIDAD

El principio de relatividad ó formula Otero, no rige en todos los casos,


debido a la reforma reciente, pero establece en principio, que las sentencias
de amparo no pueden tener efectos generales; sin embargo, la Suprema
Corte de Justicia de la Nación ha reconocido que en algunas circunstancias
los efectos de las sentencias no sólo impactan la esfera jurídica de quienes
figuraron como partes en el juicio, sino también de otros sujetos, como por
ejemplo, en los siguientes casos:

a) En la ejecución de las sentencias de amparo. Si bien conforme al


principio de relatividad la sentencia que concede el amparo
únicamente puede ser condenatoria para las autoridades que en el
juicio fueron señaladas como responsables, el Alto Tribunal ha
determinado que el cumplimiento de una ejecutoria de amparo
obliga a todas las autoridades que, en razón de sus funciones,
tengan que intervenir para lograr el cabal cumplimiento de la
sentencia y también, y de modo fundamental, a los superiores
jerárquicos de ellas.

c) En el caso de los codemandados del quejoso, cuando entre ellos


existe litisconsorcio pasivo necesario y la ejecutoria de amparo
ordena reponer el procedimiento. Los efectos de la sentencia de
amparo que concede la protección de la Justicia Federal al
gobernado, al ordenar la reposición del procedimiento, se
extienden a los codemandados del quejoso, aun si éstos no
promovieron demanda de amparo, cuando en autos se encuentre
acreditado que entre ellos existe litisconsorcio pasivo necesario o
que la situación de los litisconsortes sea idéntica, afín o común a
la de quien sí promovió el juicio de garantías, ya que ello es
indispensable para el debido cumplimiento de la sentencia de
amparo, pues en el caso contrario se haría nugatoria la concesión
de la protección constitucional.

Conforme al artículo 107 constitucional fracción II, cuando en los


juicios de amparo indirecto en revisión se resuelva la inconstitucionalidad de
una norma general por segunda ocasión consecutiva, la Suprema Corte de
Justicia de la Nación lo informará a la autoridad emisora correspondiente.

Cuando los órganos del Poder Judicial de la Federación establezcan


jurisprudencia por reiteración en la cual se determine la inconstitucionalidad
de una norma general, la Suprema Corte de Justicia de la Nación lo
notificará a la autoridad emisora. Transcurrido el plazo de 90 días naturales
sin que se supere el problema de inconstitucionalidad, la Suprema Corte de
Justicia de la Nación emitirá, siempre que fuere aprobada por una mayoría
de cuando menos ocho votos, la declaratoria general de la ley reglamentaria.

El Artículo 73 de la ley vigente establece que las sentencias que se


pronuncien en los juicios de amparo sólo se ocuparán de los individuos
particulares o de las personas morales, privadas u oficiales que lo hubieren
solicitado, limitándose a ampararlos y protegerlos, si procediere, en el caso
especial sobre el que verse la demanda.

Pero agrega la ley que el Pleno y las Salas de la Suprema Corte de


Justicia de la Nación, así como los tribunales colegiados de circuito,
tratándose de resoluciones sobre la constitucionalidad de una norma general
o sobre la convencionalidad de los tratados internacionales y amparos
colectivos, deberán hacer públicos los proyectos de sentencias que serán
discutidos en las sesiones correspondientes, con la misma anticipación que
la publicación de las listas de los asuntos que se resolverán a que se refiere
el artículo 184 de la Ley.
Ahora bien cuando proceda hacer la declaratoria general de
inconstitucionalidad se aplicarán las disposiciones del Título Cuarto de la
Ley.

Y en el título cuarto el artículo 231 establece que cuando las salas o


el pleno de la Suprema Corte de Justicia, en los juicios de amparo indirecto
en revisión, resuelvan la inconstitucionalidad de una norma general por
segunda ocasión consecutiva, en una o en distintas sesiones, el presidente
de la sala respectiva o de la Suprema Corte de Justicia de la Nación lo
informará a la autoridad emisora de la norma. Lo dispuesto en este presente
Capítulo no será aplicable a normas en materia tributaria.

Dispone la nueva ley en su artículo 232 que cuando el pleno o las


salas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en los juicios de amparo
indirecto en revisión, establezcan jurisprudencia por reiteración, en la cual se
determine la inconstitucionalidad de la misma norma general, se procederá a
la notificación a que se refiere el tercer párrafo de la fracción II del artículo
107 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Una vez que se hubiere notificado al órgano emisor de la norma y


transcurrido el plazo de 90 días naturales sin que se modifique o derogue la
norma declarada inconstitucional, el pleno de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación emitirá la declaratoria general de inconstitucionalidad
correspondiente siempre que hubiera sido aprobada por mayoría de cuando
menos ocho votos. Cuando el órgano emisor de la norma sea el órgano
legislativo federal o local, el plazo referido en el párrafo anterior se
computará dentro de los días útiles de los periodos ordinarios de sesiones
determinados en la Constitución Federal, en el Estatuto de Gobierno del
Distrito Federal, o en la Constitución Local, según corresponda.

Los plenos de circuito, que también emiten jurisprudencia, conforme a


los acuerdos generales que emita la Suprema Corte de Justicia de la Nación,
podrán solicitar a ésta, por mayoría de sus integrantes, que inicie el
procedimiento de declaratoria general de inconstitucionalidad cuando dentro
de su circuito se haya emitido jurisprudencia derivada de amparos indirectos
en revisión en la que se declare la inconstitucionalidad de una norma
general.

Esta declaratoria en ningún caso podrá modificar el sentido de la


jurisprudencia que le da origen, será obligatoria, tendrá efectos generales.
La declaratoria general de inconstitucionalidad se remitirá al Diario Oficial de
la Federación y al órgano oficial en el que se hubiera publicado la norma
declarada inconstitucional para su publicación dentro del plazo de siete días
hábiles.
PRINCIPIO DE DEFINITIVIDAD

El principio de definitividad del juicio de amparo tiene su fundamento


en el artículo 107, fracciones III y IV, de la Constitución Federal. Conforme a
este principio rector, para que el amparo sea procedente previamente al
ejercicio de su acción deben agotarse los juicios, recursos o medios de
defensa que la ley que rige el acto reclamado establece para atacarlo y que
puedan provocar su revocación, modificación o anulación, puesto que el
amparo es un medio extraordinario de defensa que sólo procede contra
actos definitivos.

Luego, es imperativo para el agraviado acudir a las instancias


comunes que puedan producir la insubsistencia del acto de autoridad que
estima violatorio de sus garantías individuales antes de solicitar la protección
de la Justicia Federal, de modo que el amparo sea la instancia final que
utilice para lograr la anulación de dicho acto.

De conformidad con la Constitución Federal, la Ley de Amparo y los


criterios aislados y jurisprudenciales emitidos al respecto por los Tribunales
del Poder Judicial de la Federación, el principio de definitividad no es
absoluto, pues no es necesario que se agoten los medios ordinarios de
defensa previamente a la interposición del amparo.
En efecto la ley de amparo en su Artículo 170, establece, que para la
procedencia del juicio deberán agotarse previamente los recursos ordinarios
que se establezcan en la ley de la materia, por virtud de los cuales aquellas
sentencias definitivas o laudos y resoluciones puedan ser modificados o
revocados, salvo el caso en que la ley permita la renuncia de los recursos.

El capítulo VII en su artículo 61 fracción XX, establece que juicio de


amparo es improcedente, contra actos de autoridades distintas de los
tribunales judiciales, administrativos o del trabajo, que deban ser revisados
de oficio, conforme a las leyes que los rijan, o proceda contra ellos algún
juicio, recurso o medio de defensa legal por virtud del cual puedan ser
modificados, revocados o nulificados, siempre que conforme a las mismas
leyes se suspendan los efectos de dichos actos de oficio o mediante la
interposición del juicio, recurso o medio de defensa legal que haga valer el
quejoso, con los mismos alcances que los que prevé esta Ley y sin exigir
mayores requisitos que los que la misma consigna para conceder la
suspensión definitiva, ni plazo mayor que el que establece para el
otorgamiento de la suspensión provisional, independientemente de que el
acto en sí mismo considerado sea o no susceptible de ser suspendido de
acuerdo con la Ley.

Establece que no existe obligación de agotar tales recursos o medios


de defensa, si el acto reclamado carece de fundamentación, cuando sólo se
aleguen violaciones directas a la Constitución o cuando el recurso o medio
de defensa se encuentre previsto en un reglamento sin que la ley aplicable
contemple su existencia.

Si en el informe justificado la autoridad responsable señala la


fundamentación y motivación del acto reclamado, operará la excepción al
principio de definitividad contenida en el párrafo anterior de la propia ley.

El artículo 61 de la ley en su fracción XVI establece mas excepciones


al principio de definitividad, como cuando sean actos que importen peligro de
privación de la vida, ataques a la libertad personal fuera de procedimiento,
incomunicación, deportación o expulsión, proscripción o destierro,
extradición, desaparición forzada de personas o alguno de los prohibidos por
el artículo 22 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,
así como la incorporación forzosa al Ejército, Armada o Fuerza Aérea
nacionales; cuando el acto reclamado consista en órdenes de aprehensión o
reaprehensión, autos de vinculación a proceso, resolución que niegue la
libertad bajo caución o que establezca los requisitos para su disfrute,
resolución que decida sobre el incidente de desvanecimiento de datos, orden
de arresto o cualquier otro que afecte la libertad personal del quejoso,
siempre que no se trate de sentencia definitiva en el proceso penal y
cuando se trate de persona extraña al procedimiento.

Cuando la procedencia del recurso o medio de defensa se sujete a


interpretación adicional o su fundamento legal sea insuficiente para
determinarla, el quejoso quedará en libertad de interponer dicho recurso o
acudir al juicio de amparo.
FIGURAS
PROCESALES EN EL
JUICIO DE AMPARO
MAPA CONCEPTUAL
INCIDENTES IMPEDIMENTOS

NOTIFICACIONES JURISPRIDENCIA

FIGURAS
TÉRMINOS PROCESALES SOBRESEIMIENTO
PREJUDICIALES EN EL JUICIO
DE AMPARO

TÉRMINOS PRE JUDICIALES

El amparo es el instrumento por excelencia en nuestro sistema jurídico para


hacer valer frente a las autoridades del Estado, el respeto de las garantías
individuales y sociales que consagra nuestra Constitución tanto el estudiante
de Derecho como el abogado postulante encontrarán en esta obra los
fundamentos teóricos y los aspectos prácticos de este procedimiento de
fundamental importancia.

Conocer el trámite y desarrollo procesal del juicio de amparo, así


como las figuras y actos procesales que pueden existir en éste es el motivo
de este curso. Algunos aspectos de la nueva ley permiten la procedencia del
amparo por violación a derechos humanos contenidos en tratados
internacionales; regulan la procedencia del amparo por protección del interés
legítimo; adecuan el amparo a la reforma constitucional en derechos
humanos de junio de 2011; amplían los efectos de la sentencia tras la
relatividad de la fórmula Otero; regulan mejor la competencia de los
tribunales de amparo y los incidentes y que la Suprema Corte se vaya
convirtiendo en tribunal constitucional, y regulan más ampliamente la
suspensión. La Ley de Amparo reglamenta los artículos 103 y 107 de la
Constitución, que establecen los principios y las reglas básicos de ese medio
de control de las normas y los actos del Estado, para la protección de los
derechos fundamentales.

A través de la historia hemos podido comprender que el tener en


nuestras manos un medio por el cual uno pueda defenderse de cualquier
acto de la autoridad que violente nuestras garantías individuales, representa
una medida de vital importancia y trascendencia en la vida jurídica de
nuestra nación, ya que esta figura ha sido difundida a muchas otras
naciones, siendo de gran ayuda en la construcción de una mejor impartición
de justicia pugnando por la defensa de aquellos derechos a los cuales todos
somos acreedores y para ello debemos conocer el desarrollo procesal del
juicio.

Es un periodo o un lapso o un intervalo dentro del cual se puede y se


debe ejercitar una acción o un derecho o realizar válidamente cualquier acto
procesal ante una autoridad. El término o intervalo procesal, desde el punto
de vista de su consumación o fenecimiento y de las consecuencias jurídicas
que se derivan de estos, pueden ser prorrogable o improrrogable o fatal.
En el juicio de amparo existen dos tipos de términos procesales, hoy
llamados plazos, por la nueva ley: los prejudiciales y los judiciales:

Los primeros, como su denominación lo indica, son aquellos de que


dispone todo sujeto, antes de iniciar un juicio, para ejercitar la acción
constitucional.

Los segundos consisten en los periodos que legalmente se otorga a


las partes, dentro de un juicio, para desplegar determinados actos
procesales (recursos, rendición de informes, contestación de requerimientos,
cumplimiento de resoluciones entre otros).

La ley de amparo puntualiza en su artículo 17 que el plazo para


presentar la demanda de amparo es de quince días, salvo, cuando se
reclame una norma general auto aplicativa, o el procedimiento de
extradición, en que será de treinta días; Tampoco aplica este plazo cuando
se reclame la sentencia definitiva condenatoria en un proceso penal, que
imponga pena de prisión en cuyo caso el plazo para interponer la demanda
será de ocho años.

Cuando el amparo se promueva contra actos que tengan o puedan


tener por efecto privar total o parcialmente, en forma temporal o definitiva, de
la propiedad, posesión o disfrute de sus derechos agrarios a los núcleos de
población ejidal o comunal, el plazo para interponer la demanda será de
siete años, contados a partir de la autoridad responsable notifique el acto a
los grupos agrarios mencionados.

Ahora bien Cuando el acto reclamado implique peligro de privación de


la vida, ataques a la libertad personal fuera de procedimiento,
incomunicación, deportación o expulsión, proscripción o destierro,
desaparición forzada de personas o alguno de los prohibidos por el artículo
22 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como la
incorporación forzosa al Ejército, Armada o Fuerza Aérea nacionales, la
demanda de amparo se podrá presentarse en cualquier momento.

Los plazos a que se refiere la ley de amparo se contarán a partir del


día siguiente a aquél en que surta efectos la notificación al quejoso del acto
o resolución que reclame, o a partir del día siguiente a aquél en que haya
tenido conocimiento o se ostente sabedor del acto reclamado o de su
ejecución.

Para el computo de los plazos que marca la ley de amparo se


señalan como días hábiles para la promoción, substanciación y resolución
de los juicios de amparo todos los del año, con excepción de los sábados y
domingos, uno de enero, cinco de febrero, veintiuno de marzo, uno y cinco
de mayo, dieciséis de septiembre, doce de octubre, veinte de noviembre y
veinticinco de diciembre, así como aquellos en que se suspendan las labores
en el órgano jurisdiccional ante el cual se tramite el juicio de amparo, o
cuando no pueda funcionar por causa de fuerza mayor, en estos días no
correrán ni se computaran los términos que se han señalado anteriormente.

Ahora bien para la promoción del juicio por escrito, comparecencia o


medios electrónicos, puede hacerse cualquier día y hora, si se trata de actos
que importen peligro de privación de la vida, ataques a la libertad personal
fuera de procedimiento, incomunicación, deportación o expulsión,
proscripción o destierro, extradición, desaparición forzada de personas o
alguno de los prohibidos por el artículo 22 de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos, así como la incorporación forzosa al Ejército,
Armada o Fuerza Aérea nacionales. En estos casos, cualquier hora será
hábil para tramitar el incidente de suspensión y dictar las providencias
urgentes a fin de que se cumpla la resolución en que se haya concedido.

Por lo que hace a la presentación de las demandas o promociones de


término en forma impresa podrá hacerse el día en que éste concluya, fuera
del horario de labores de los tribunales ante la oficialía de partes
correspondiente que funciona hasta las veinticuatro horas del día.
En la nueva ley se introdujo la presentación de las demandas o las
promociones de término en forma electrónica a través de la Firma
Electrónica, por internet las cuales podrán enviarse hasta las veinticuatro
horas del día de su vencimiento.

Así mismo e independientemente de lo anterior, los órganos


jurisdiccionales de amparo podrán habilitar días y horas cuando lo estimen
pertinente para el adecuado despacho de los asuntos de trascendencia o a
criterio del propio órgano jurisdiccional.

NOTIFICACIONES

La notificación es el acto por virtud de cual una autoridad pone en


conocimiento de las partes cualquier acuerdo recaído en el negocio que ante
ella se ventila.

El capítulo IV de la ley establece de manera indistinta la reglas que


aplican a las notificaciones trátese de amparo directo o indirecto en virtud de
que la ley no hace el distingo en ese sentido, por lo que todas las reglas del
capítulo aplican a ambos tipos de juicio.

La primera regla establece que las resoluciones que se dicten en los


juicios de amparo deben notificarse a más tardar dentro del tercer día hábil
siguiente, salvo en materia penal, dentro o fuera de procedimiento, en que
se notificarán inmediatamente en que sean pronunciadas, Para tal fin el
quejoso y el tercero interesado podrán autorizar a cualquier persona con
capacidad legal exclusivamente para oír notificaciones aún las de carácter
personal e imponerse de los autos. Esta persona quien no gozará de las
demás facultades previstas en el artículo 12 de la Ley, que adelante
señalaremos.
Para efectos de la nueva figura de medios electrónicos y en materia
de notificación se establece en la ley, que cuando el quejoso y el tercero
interesado cuenten con Firma Electrónica y pretendan que los autorizados
en términos del párrafo anterior, utilicen o hagan uso de ésta en su
representación, deberán comunicarlo al órgano jurisdiccional
correspondiente, señalando las limitaciones o revocación de facultades en el
uso de la misma tratándose de notificaciones que se hagan por ese medio.

La ley de amparo establece que serán nulas las notificaciones que no


se hicieren en la forma que establece la misma y que a continuación
destacaremos:

AMPARO DIRECTO

En el amparo directo e indirecto se siguen las mismas reglas para las


notificaciones, en virtud de que la nueva ley no distingue entre unas y otras,
por lo que es de destacarse que las reglas establecidas a continuación son
aplicables indistintamente en los dos tipos de amparos, el directo e indirecto.

Establece la ley que las notificaciones al titular del Poder Ejecutivo


Federal se entenderán con el titular de la Secretaría de Estado, de la
Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal o de la Procuraduría General de la
República, que deba representarlo en el juicio de amparo, en ese tenor las
notificaciones a las entidades a que se hace referencia en el párrafo anterior
deberán ser hechas por medio de oficio impreso dirigido al domicilio oficial
que corresponda o en forma digital a través del uso de la firma electrónica,
como lo hemos destacado con antelación.

Las notificaciones en los juicios de amparo deberán ser de carácter


personal cuando se realicen:

a) Al quejoso privado de su libertad, en el local del órgano


jurisdiccional que conozca del juicio, o en el de su reclusión o a su
defensor, representante legal o persona designada para oír
notificaciones;

b) La primera notificación al tercero interesado y al particular


señalado como autoridad responsable;

c) Los requerimientos y prevenciones;

d) El acuerdo por el que se le requiera para que exprese si ratifica


su escrito de desistimiento;

e) Las sentencias dictadas fuera de la audiencia constitucional;

f) El sobreseimiento dictado fuera de la audiencia constitucional;

g) Las resoluciones que decidan sobre la suspensión definitiva


cuando sean dictadas fuera de la audiencia incidental;

h) La aclaración de sentencias ejecutorias;

i) La aclaración de las resoluciones que modifiquen o revoquen la


suspensión definitiva;
j) Las resoluciones que desechen la demanda o la tengan por no
interpuesta;

k) Las resoluciones que a juicio del órgano jurisdiccional lo


ameriten; y

l) Las resoluciones interlocutorias que se dicten en los incidentes


de reposición de autos;

Las notificaciones en los juicios de amparo podrán ser por oficio


cuando:
a) A la autoridad responsable, salvo que se trate de la primera
notificación a un particular señalado como tal.

b) A la autoridad que tenga el carácter de tercero interesado; y

c) Al Ministerio Público de la Federación en el caso de amparo contra


normas generales.

Las notificaciones en los juicios de amparo podrán ser por lista


cuando, no estén previstas en los casos anteriores.

Procederán por vía electrónica también cuando las partes


expresamente así lo hayan solicitado y previa la obtención de la Firma
Electrónica.

Para las notificaciones personales se seguirá el procedimiento que


marca la ley que establece, siempre que obre en autos el domicilio de la
persona, y se encuentre señalado uno para recibir notificaciones ubicado en
el lugar en que resida el órgano jurisdiccional que conozca del juicio, en
estos casos el actuario del Juzgado o Tribunal procederá a buscar a la
persona que deba ser notificada, se cerciorará de su identidad, le hará saber
el órgano jurisdiccional que ordena la notificación y el número de expediente
y le entregará copia autorizada de la resolución que se notifica y, en su caso,
de los documentos a que se refiera dicha resolución. Si la persona se niega
a recibir o a firmar la notificación, la negativa se asentará en autos y aquélla
se tendrá por hecha.

Si no se encuentra a la persona que deba ser notificada, el actuario


se cerciorará de que es el domicilio y le dejará citatorio para que, dentro de
los dos días hábiles siguientes, acuda al órgano jurisdiccional a notificarse,
especificándose el mismo y el número del expediente. El citatorio se dejará
con la persona que se encuentre en el domicilio; si la persona por notificar
no acude a la cita, la notificación se hará por lista; y por lista en una página
electrónica.
Si el actuario encuentra el domicilio cerrado y ninguna persona acude
a su llamado, se cerciorará de efectivamente es el domicilio correcto, lo hará
constar y fijará aviso en la puerta a fin de que, dentro de los dos días hábiles
siguientes, acuda al órgano jurisdiccional a notificarse. Si no se presenta se
Notificará por lista y por lista en una página electrónica pudiendo, el referido
órgano, tomar las medidas necesarias para lograr la notificación personal si
lo estima pertinente; esta es la llamada coloquialmente la notificación por
fijación que es una innovación en materia de amparo.

En todos los casos anteriores, el actuario asentará razón de las


circunstancias del acto en el expediente.

La notificación por exhorto procede, cuando el domicilio señalado de


la persona a notificar, no se encuentre en el mismo lugar en que resida el
órgano jurisdiccional, y se trate de la primera notificación en estos casos el
exhorto o se hará en los términos del Código Federal de Procedimientos
Civiles, los que podrán ser enviados y recibidos haciendo uso también de la
multicitada y novedosa “Firma Electrónica”. Las subsecuentes notificaciones
le surtirán por lista si no señalase domicilio en la competencia territorial del
órgano jurisdiccional que conoce.

Si la notificación fuere en la zona conurbada, el juez,


magistrado o ministro: “podrá comisionar al notificador, para que la realice en
los mismos términos, aunque se trate de otra competencia territorial, siendo
esta una nueva figura procesal innovadora en nuestro sistema que era muy
estricto y celoso en materia de competencia, en este sentido”.

Cuando no conste en los autos por no haber señalado domicilio para


oír notificaciones, o el señalado resulte inexacto las notificaciones
personales al quejoso se efectuarán por lista.
Tratándose de la primera notificación al tercero interesado y al
particular señalado como autoridad responsable, el órgano jurisdiccional
dictará las medidas que estime pertinentes con el propósito de que se
investigue su domicilio y podrá requerir a la autoridad responsable para que
proporcione el que ante ella se hubiera señalado. Siempre que el acto
reclamado emane de un procedimiento judicial la notificación se hará en el
último domicilio señalado para oír notificaciones en el juicio de origen.

Si a pesar de lo anterior no pudiere efectuarse la notificación, se hará


por edictos a costa del quejoso en términos del Código Federal de
Procedimientos Civiles. En caso de que el quejoso no acredite haber
entregado para su publicación los edictos dentro del plazo de veinte días
siguientes al en que se pongan a su disposición, se sobreseerá el amparo.
En estos casos y cuando se trate de personas de escasos recursos a juicio
del órgano jurisdiccional, se ordenará la publicación correspondiente en el
Diario Oficial de la Federación sin costo para el quejoso.

AMPARO INDIRECTO

En el amparo directo e indirecto se siguen las mismas reglas para las


notificaciones, ya que la nueva ley no distingue entre unas y otras en este
rubro, por lo que es de destacarse que las reglas señaladas continuación
también aplican indistintamente en los dos tipos de amparos.

Establece la ley que las notificaciones por oficio se harán conforme a


las reglas siguientes:

a) Si el domicilio de la oficina principal de la autoridad se


encuentra en el lugar del juicio, un empleado hará la entrega,
recabando la constancia de recibo correspondiente. Si la
autoridad se niega a recibir el oficio, el actuario hará del
conocimiento del encargado de la oficina correspondiente que
no obstante esta circunstancia, se tendrá por hecha la
notificación. Si a pesar de esto subsiste la negativa, asentará la
razón en autos y se tendrá por hecha.

b) Si el domicilio de la autoridad se encuentra fuera del lugar del


juicio, se enviará el oficio por correo en pieza certificada con
acuse de recibo, el que se agregará en autos. En casos
urgentes, cuando el domicilio se encuentre fuera de la
circunscripción territorial del órgano jurisdiccional que conozca
del juicio, pero en zona conurbada, podrá ordenarse que la
notificación se haga por medio del actuario.

c) En casos urgentes, cuando lo requiera el orden público o fuere


necesario para la eficacia de la notificación, el órgano
jurisdiccional que conozca del amparo o del incidente de
suspensión o de cualquier otro previsto por esta Ley, podrá
ordenar que la notificación se haga a las autoridades
responsables por cualquier medio oficial, sin perjuicio de
practicarla por oficio o personalmente a la autoridad. Cabe
señalar que las oficinas públicas de comunicaciones están
obligadas a transmitir, sin costo alguno, los oficios a que se
refieren las anteriores fracciones.

Otra modalidad de notificación son las notificaciones por lista que se


harán en una lista que se fijará y publicará en el local del órgano
jurisdiccional, en lugar visible y de fácil acceso, así como en el portal de
internet del Poder Judicial de la Federación. La fijación y publicación de esta
lista se realizará a primera hora hábil del día siguiente al de la fecha de la
resolución que la ordena y contendrá:

I. El número del juicio o del incidente de suspensión de que se


trate;
II. El nombre del quejoso;
III. La autoridad responsable; y
IV. La síntesis de la resolución que se notifica.
El actuario asentará en el expediente la razón respectiva.

En la nueva ley se introdujo la modalidad de las notificaciones por vía


electrónica mismas que se sujetarán a las reglas siguientes:

I. A los representantes de las autoridades responsables y


a las autoridades que tengan el carácter de terceros
interesados, así como cualesquier otra que tuviere
intervención en el juicio, la primera notificación deberá
hacerse por oficio impreso, en los términos precisados
en el artículo 28 de la Ley de amparo y
excepcionalmente a través de oficio digitalizado
mediante la utilización de la Firma Electrónica.

II. Cuando el domicilio se encuentre fuera del lugar del


juicio, la primera notificación se hará por correo, en
pieza certificada con acuse de recibo por medio de oficio
digitalizado, con la utilización de la Firma Electrónica.

En todos los casos la notificación o constancia respectiva se agregará


a los autos. Las autoridades responsables que cuenten con Firma
Electrónica están obligadas a ingresar al sistema electrónico del Poder
Judicial de la Federación todos los días y obtener la constancia de la
notificación a que se refiere la fracción III del artículo 31 de la Ley, en un
plazo máximo de dos días a partir de que el órgano jurisdiccional la hubiere
enviado, con excepción de las determinaciones dictadas en el incidente de
suspensión en cuyo caso el plazo será de veinticuatro horas.

De no generarse la constancia de consulta antes mencionada, el


órgano jurisdiccional que corresponda tendrá por hecha la notificación y se
dará por no cumplida por la autoridad responsable la resolución que
contenga. Cuando el órgano jurisdiccional lo estime conveniente por la
naturaleza del acto podrá ordenar que las notificaciones se hagan por
conducto del actuario, quien además, asentará en el expediente cualquiera
de las situaciones anteriores.

Por lo que respecta a los quejosos o terceros interesados que


cuenten con Firma Electrónica están obligados a ingresar al sistema
electrónico del Poder Judicial de la Federación todos los días y obtener la
constancia de notificación a que se refiere la fracción III del artículo 31 de la
Ley, “ en un plazo máximo de dos días a partir de que el órgano
jurisdiccional la hubiere enviado, con excepción de las determinaciones
dictadas en el incidente de suspensión, en cuyo caso, el plazo será de
veinticuatro horas.”

De no ingresar al sistema electrónico del Poder Judicial de la


Federación dentro de los plazos señalados, el órgano jurisdiccional que
corresponda tendrá por hecha la notificación.

Cuando el órgano jurisdiccional lo estime conveniente por la


naturaleza del acto podrá ordenar que las notificaciones se hagan por
conducto del actuario, quien además, hará constar en el expediente
cualquiera de las situaciones anteriores.

Cuando por caso fortuito, fuerza mayor o por fallas técnicas se


interrumpa el sistema de notificación electrónica haciendo imposible el envío
y la recepción de promociones dentro de los plazos establecidos en la ley,
las partes deberán dar aviso de inmediato, por cualquier otra vía, al órgano
jurisdiccional que corresponda, el que comunicará tal situación a la unidad
administrativa encargada de operar el sistema. En tanto dure ese
acontecimiento, se suspenderán, únicamente por ese lapso, los plazos
correspondientes.

Una vez que se haya restablecido el sistema, la unidad administrativa


encargada de operar el sistema enviará un reporte al o los órganos
jurisdiccionales correspondientes en el que deberá señalar la causa y el
tiempo de la interrupción del sistema, para efectos del cómputo
correspondiente.

El órgano jurisdiccional que corresponda deberá notificar a las partes


sobre la interrupción del sistema, haciéndoles saber el tiempo de
interrupción, desde su inicio hasta su restablecimiento, así como el momento
en que reinicie el cómputo de los plazos correspondientes.

INCIDENTES

Incidente es una locución que puede significar: acontecimiento, tema,


circunstancia o accidente que sobreviene en el curso de un asunto. La
noción puede ser ambigua, ya que por incidente se concibe tanto la figura
procedimental, como la causa o razón que la provoca, lo cual puede
provenir de un obstáculo, circunstancias, dificultad, problema, cuestión
controvertida, litis accesoria o secundaria; pero que afecta o incide sobre el
mérito o fondo de la controversia.

En este sentido, Arellano García, dice que: “…los incidentes


son toda cuestión controvertida que surge dentro del proceso como
accesoria de la controversia principal:”

Esta idea, en el juicio de amparo resulta apenas parcial, pues se


deben incluir, también, los riesgos para la subsistencia de la materia a
restituir, las dificultades de facto o jurídicas para el cumplimiento de las
sentencias, la participación conjunta de órganos diversos para la
sustanciación de los recursos, etcétera; todo lo cual lleva a la necesidad de
ampliar el concepto para abarcar así la problemática integral del juicio de
garantías.

A manera de síntesis los incidentes, pueden definirse como: un mini-


proceso en forma de juicio, que se dan dentro de un proceso principal, cuya
finalidad es resolver algún obstáculo de carácter procesal o controversial,
excepcionalmente de fondo o sustantivo, que impide o dificulta la tramitación
o ejecución del juicio principal o que pueda provocar que el juicio
constitucional llegue a quedar sin materia. En incidente se satisfacen las
formalidades esenciales del procedimiento tales como:

1) Emplazamiento y transparencia procesal


2) Alegar
3) Probar
4) Resolución legal del conflicto

Particularmente en el juicio de Amparo solo están contemplados los


incidentes observados en la propia Ley de Amparo, los cuales pueden ser
de especial pronunciamiento y de previo y especial pronunciamiento. Los
primeros, son los que deben resolverse junto a la sentencia definitiva,
mientras los segundos, son los que deben resolverse antes de la sentencia
definitiva. A su vez los incidentes de especial pronunciamiento no
interrumpen el curso del juicio, en cambio los de previo y especial
pronunciamiento, suspenden el proceso en el principal hasta en tanto se
dicte resolución interlocutoria sobre el incidente.

Existen incidentes que demandan tramitación o que se substancian y


otros, no, esto es, se establecen incidentes que seguirán una tramitación
establecida por la misma Ley de Amparo y otros cuya tramitación se
sujetará al Código Federal de procedimientos Civiles. De igual manera hay
incidentes que no deberán tener forma de substanciación alguna, sino que
se decidirán de plano.

Los incidentes que requieren tramitación, son aquellos que atienden


cuestiones que exigen prueba o que debe darse intervención a los probables
afectados, para que aleguen lo que a su derecho convenga. Los restantes
incidentes en el amparo se substancian aplicándose supletoriamente al
Código de Procedimientos Civiles de conformidad a lo establecido por el
numeral dos de la Ley de Amparo.

Únicamente tres cuestiones incidentales dentro del juicio de amparo


son las que constituyen un artículo de previo y especial pronunciamiento: la
nulidad de actuaciones, la competencia o incompetencia jurisdiccional y la
acumulación de juicio de garantías. Las que no sean de esta índole se
fallarán conjuntamente con el amparo.

La ley de amparo en su artículo 66 establece que en los juicios de


amparo se substanciarán en la vía incidental, a petición de parte o de oficio,
las cuestiones a que se refiere expresamente esta ley y las que por su
propia naturaleza ameriten ese tratamiento y surjan durante el
procedimiento.

El órgano jurisdiccional determinará, atendiendo a las circunstancias


de cada caso, si se resuelve de plano, amerita un especial pronunciamiento
o si se reserva para resolverlo en la sentencia.

En el escrito con el cual se inicia el incidente deberán ofrecerse las


pruebas en que se funde, con el se dará vista a las partes por el plazo de
tres días, para que manifiesten lo que a su interés convenga y ofrezcan las
pruebas que estimen pertinentes. Atendiendo a la naturaleza del caso, el
órgano jurisdiccional determinará si se requiere un plazo probatorio más
amplio y si suspende o no el procedimiento. Transcurrido el plazo, dentro de
los tres días siguientes se celebrará la audiencia en la que se recibirán y
desahogarán las pruebas, se oirán los alegatos de las partes y, en su caso,
se dictará la resolución correspondiente.

En la ley de amparo identificamos los siguientes incidentes


nominados: incidente de suspensión, incidente de reposición de autos,
incidente de reclamación, incidente por exceso o defecto en la ejecución de
las sentencias de amparo, incidente de nulidad, incidente de cumplimiento
sustituto, incidente de reparación el daño.
IMPEDIMENTOS

“Un impedimento es una circunstancia o situación de hecho,


establecida o contemplada por la ley, que objetiva o subjetivamente puede
afectar la imparcialidad del Juez, Magistrado(s) o Ministro(s) que conozca de
la causa”.
Cuando un funcionario de esta naturaleza tiene un impedimento
manifiesto o no, para conocer de un asunto, debe de excusarse del
conocimiento del mismo; sino se excusare voluntariamente será recusado,
por la parte interesada o cualesquiera de ellas. La recusación es entonces
la denuncia de un impedimento que tiene una autoridad de amparo, que no
se excusó voluntariamente, a pesar de tener ese impedimento.

Los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, los


magistrados de circuito, los jueces de distrito, así como las autoridades que
conozcan de los juicios de amparo, deberán excusarse cuando tengan un
impedimento. Un impedimento es una situación fáctica que afecta la
imparcialidad del juez, magistrado o ministro de la corte, se considera que
hay impedimento cuando, éstos:

a) Son cónyuges o parientes de alguna de las partes, de sus abogados o


representantes, en línea recta por consanguinidad o afinidad sin
limitación de grado; en la colateral por consanguinidad dentro del
cuarto grado, o en la colateral por afinidad dentro del segundo.

b) Si tienen interés personal en el asunto que haya motivado el acto


reclamado o lo tienen su cónyuge o parientes en los grados antes
expresados.

c) Si han sido abogados o apoderados de alguna de las partes en el


asunto que haya motivado el acto reclamado o en el juicio de amparo.

d) Si hubieren tenido el carácter de autoridades responsables en el juicio


de amparo, o hubieren emitido en otra instancia o jurisdicción el acto
reclamado o la resolución impugnada, excepto cuando se trate del
presidente del órgano jurisdiccional de amparo en las resoluciones
materia del recurso de reclamación.

e) Si hubieren aconsejado como asesores la resolución reclamada.

f) Si figuran como partes en algún juicio de amparo semejante al de su


conocimiento.

g) Si tuvieren amistad estrecha o enemistad manifiesta con alguna de


las partes, sus abogados o representantes; y

h) Si se encuentran en una situación diversa a las especificadas que


implicaran elementos objetivos de los que pudiera derivarse el riesgo
de pérdida de imparcialidad.

Sólo las causas antes mencionadas constituyen impedimento y solo


estas podrán invocarse como excusas o motivo de recusación. El Juez,
magistrado o ministro que se excuse voluntariamente deberá, en su caso,
proveer sobre la suspensión excepto cuando aduzca tener interés personal
en el asunto, salvo cuando proceda legalmente la suspensión de oficio. El
que deba sustituirlo resolverá lo que corresponda, en tanto se califica la
causa de impedimento.

De las excusas y recusaciones resolverán según sea el caso: El


pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en los asuntos de su
competencia, la sala correspondiente de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, en los asuntos de su competencia, los tribunales colegiados de
circuito de uno de sus magistrados, de dos o más magistrados de otro
tribunal colegiado de circuito, de los jueces de distrito, de los titulares de los
tribunales unitarios y demás autoridades que conozcan de los juicios de
amparo, y que se encuentren en su circuito.
Los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación
manifestarán estar impedidos ante el tribunal pleno o ante la sala que
conozca del asunto de que se trate.

Los magistrados de circuito y los jueces de distrito manifestarán su


impedimento y lo comunicarán al tribunal colegiado de circuito que
corresponda.

En caso de que uno de los ministros se manifieste impedido en


asuntos del conocimiento del pleno o sala, los restantes calificarán la
excusa. Si la admiten, éstos continuarán en el conocimiento del asunto; en
caso de empate, quien presida tendrá voto de calidad.

Si se manifiesten impedidos dos o más ministros de una de las salas,


se calificarán las excusas por otra sala. Si las admiten, se pedirá al
presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación la designación de
los ministros que se requieran para que la primera pueda funcionar
válidamente.

Para el caso de que uno de los integrantes de un tribunal colegiado


de circuito se excuse o sea recusado, los restantes resolverán lo
conducente. En caso de empate, la resolución corresponderá al tribunal
colegiado de circuito siguiente en orden del mismo circuito y especialidad y,
de no haberlos, al del circuito más cercano.
Si sólo es fundada la excusa o recusación de uno de los magistrados,
el asunto se devolverá al tribunal de origen para que resuelva. Si fueren dos
o más los magistrados que resulten impedidos, el propio tribunal que así lo
decidió resolverá el asunto principal.

Si se tratare de que se declare impedido a un juez de distrito o


magistrado de tribunal unitario de circuito, conocerá del asunto otro del
mismo distrito o circuito, según corresponda y, en su caso, especialización;
en su defecto, conocerá el más próximo perteneciente al mismo circuito.
En su caso la recusación se promoverá por escrito y en él deberán
manifestarse, bajo protesta de decir verdad, los hechos que la fundamentan
y exhibirse en billete de depósito la cantidad correspondiente al monto
máximo de la multa que pudiera imponerse en caso de declararse infundada.
De no cumplirse estos requisitos la recusación se desechará de plano, salvo
que, por lo que hace al último de ellos, se alegue insolvencia. En este caso,
el órgano jurisdiccional la calificará y podrá exigir garantía por el importe del
mínimo de la multa o exentar de su exhibición.

El escrito de recusación se presentará ante el servidor público a


quien se estime impedido, quien lo comunicará al órgano que deba
calificarla. Éste, en su caso, la admitirá y solicitará informe al servidor público
requerido, el que deberá rendirlo dentro de las veinticuatro horas siguientes
a su notificación.

Si el servidor público admite la causa de recusación, se declarará


fundada; si la negare, se señalará día y hora para que dentro de los tres días
siguientes se celebre la audiencia en la que se ofrecerán, admitirán y
desahogarán las pruebas de las partes y se dictará resolución.

En caso de no rendirse el informe a que se refiere el párrafo primero,


se declarará fundada la causa de recusación, en cuyo caso se devolverá al
promovente la garantía exhibida.

Si se declara infundada la recusación el servidor público seguirá


conociendo del asunto. Si el órgano que deba calificar la recusación la
hubiere negado y ésta se comprobase, quedará sujeto a la responsabilidad
que corresponda conforme a esta Ley.

1.1.[2.1.] SOBRESEIMIENTO

Hay que distinguir entre la improcedencia y el sobreseimiento debido a


que en algunos casos una causa e improcedencia superveniente, se puede
convierte en una causa de sobreseimiento, cuando acontece durante la
tramitación del amparo. Así tenemos que la causa de sobreseimiento es
posterior a la presentación de la demanda, es decir durante el trámite del
amparo y la improcedencia se da cuando la demanda de amparo de inicio
no prospera, ni es admitida, por encontrarse en alguna de las causas de
improcedencia que marca el artículo 61 de la ley.

El sobreseimiento deja insubsistente y termina con la acción de amparo


por imposibilidad de resolverlo, atendiendo a que por alguna circunstancia
superveniente ha quedado sin materia.

Las causas que provocan el sobreseimiento en el juicio de amparo y


que marca la ley son:

a) Cuando el quejoso desista de la demanda o no la ratifique en los


casos en que la ley establezca requerimiento. En caso de
desistimiento se notificará personalmente al quejoso para que
ratifique su escrito en un plazo de tres días, apercibido que de no
hacerlo, se le tendrá por no desistido y se Continuará el juicio.
Cuando se reclamen actos que tengan o puedan tener como
consecuencia privar de la propiedad o de la posesión y disfrute de sus
tierras, aguas, pastos y montes a los ejidos o núcleos de población
que de hecho o por derecho guarden el estado comunal, no procede
el desistimiento del juicio o de los recursos, o el consentimiento
expreso de los propios actos, salvo que lo acuerde expresamente la
Asamblea General, pero uno y otro sí podrán decretarse en su
beneficio.

b) Cuando el quejoso no acredite sin causa razonable a juicio del órgano


jurisdiccional de amparo haber entregado los edictos para su
publicación en términos del artículo 27 de esta Ley una vez que se
compruebe que se hizo el requerimiento al órgano que los decretó.

c) El quejoso muera durante el juicio, si el acto reclamado sólo afecta a


su persona.
d) De las constancias de autos apareciere claramente demostrado que
no existe el acto reclamado o cuando no se probare su existencia en
la audiencia constitucional.

e) Durante el juicio se advierta o sobrevenga alguna de las causales de


improcedencia a que se refiere el capítulo anterior.

Si las partes tienen conocimiento de alguna causa de sobreseimiento,


la comunicarán de inmediato al órgano jurisdiccional de amparo y, de ser
posible, acompañarán las constancias que la acrediten.

Po el contrario si el órgano jurisdiccional de amparo advierte de oficio


una causal de improcedencia no alegada por alguna de las partes ni
analizada por un órgano jurisdiccional inferior, dará vista al quejoso para que
en el plazo de tres días, manifieste lo que a su derecho convenga y después
acordará lo procedente.

Cabe aclarar que el sobreseimiento no prejuzga sobre la


constitucionalidad o legalidad del acto reclamado, ni sobre la responsabilidad
de la autoridad responsable al ordenarlo o ejecutarlo y solo podrá decretarse
cuando no exista duda de su actualización.

JURISPRUDENCIA

La jurisprudencia que desde luego juega un papel trascendental en el


amparo y la propia ley la regula tanto en su creación como en su aplicación
en los juicios de amparo a que haya lugar invocarla. Así por ejemplo el
artículo 79, establece que, la autoridad que conozca del juicio de amparo
deberá suplir la deficiencia de los conceptos de violación o agravios, en los
casos en que el acto reclamado se funde en normas generales que han sido
consideradas inconstitucionales por la jurisprudencia de la Suprema Corte
de Justicia de la Nación y de los Plenos de Circuito.
La jurisprudencia de los Plenos de Circuito sólo obligará a suplir la
deficiencia de los conceptos de violación o agravios a los juzgados y
tribunales del circuito correspondientes.

Por su parte el artículo 118 establece que en los casos en que el


quejoso impugne la aplicación por parte de la autoridad responsable de
normas generales consideradas inconstitucionales por la jurisprudencia
decretada por la Suprema Corte de Justicia de la Nación o por los Plenos de
Circuito, el informe con justificación se reducirá a tres días improrrogables, y
la celebración de la audiencia se señalará dentro de diez días contados
desde el siguiente al de la admisión de la demanda, resolución fundada y
motivada.

El Titulo Cuarto de la ley de amparo establece las disposiciones


generales aplicables a la jurisprudencia su creación, aplicación y naturaleza
jurídica, destacando que la jurisprudencia se establece por reiteración de
criterios, por contradicción de tesis y por sustitución.

La jurisprudencia por reiteración se establece por la Suprema Corte


de Justicia de la Nación, funcionando en pleno o en salas, o por los
tribunales colegiados de circuito.

Por el contrario la jurisprudencia por contradicción se establece por el


pleno o las salas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y por los
Plenos de Circuito.

La jurisprudencia que establezca la Suprema Corte de Justicia de la


Nación, funcionando en pleno o en salas, es obligatoria para éstas
tratándose de la que decrete el pleno, y además para los Plenos de Circuito,
los tribunales colegiados y unitarios de circuito, los juzgados de distrito,
tribunales militares y judiciales del orden común de los Estados y del Distrito
Federal, y tribunales administrativos y del trabajo, locales o federales.
La jurisprudencia que establezcan los Plenos de Circuito es
obligatoria para los tribunales colegiados y unitarios de circuito, los juzgados
de distrito, tribunales militares y judiciales del orden común de las entidades
federativas y tribunales administrativos y del trabajo, locales o federales que
se ubiquen dentro del circuito correspondiente.

“La jurisprudencia que establezcan los tribunales colegiados de


circuito es obligatoria para los órganos mencionados en el párrafo anterior,
con excepción de los Plenos de Circuito y de los demás tribunales
colegiados de circuito. La jurisprudencia en ningún caso tendrá efecto
retroactivo en perjuicio de persona alguna.”

La jurisprudencia se publicará en el Semanario Judicial de la


Federación se publicarán las tesis que se reciban y se distribuirá en forma
eficiente para facilitar su conocimiento. De esta manera Cuando las partes
invoquen tesis de jurisprudencia o precedentes expresarán los datos de
identificación y publicación. De no haber sido publicadas, bastará que se
acompañen copias certificadas de las resoluciones correspondientes.

La ley de amparo clasifica a la Jurisprudencia de dos formas:

a) Por reiteración de criterios: que se establece cuando se sustente un


mismo criterio en cinco sentencias no interrumpidas por otra en contrario,
resueltas en diferentes sesiones, por una mayoría de cuando menos ocho
votos. La jurisprudencia por reiteración de las salas de la Suprema Corte de
Justicia de la Nación se establece cuando se sustente un mismo criterio en
cinco sentencias no interrumpidas por otra en contrario, resueltas en
diferentes sesiones, por una mayoría de cuando menos cuatro votos.

b) Por contradicción se establece al dilucidar los criterios discrepantes


sostenidos entre las salas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,
entre los Plenos de Circuito o entre los tribunales colegiados de circuito, en
los asuntos de su competencia. Las contradicciones de tesis serán resueltas
por:

I. El pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación cuando


deban dilucidarse las tesis contradictorias sostenidas entre sus
salas;

II. El pleno o las salas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,


según la materia, cuando deban dilucidarse las tesis
contradictorias sostenidas entre los Plenos de Circuito de distintos
Circuitos, entre los Plenos de Circuito en materia especializada de
un mismo Circuito, o sus tribunales de diversa especialidad, así
como entre los tribunales colegiados de diferente circuito; y

III. Los Plenos de Circuito cuando deban dilucidarse las tesis


contradictorias sostenidas entre los tribunales colegiados del
circuito correspondiente. Al resolverse una contradicción de tesis,
el órgano correspondiente podrá acoger uno de los criterios
discrepantes, sustentar uno diverso, declararla inexistente, o sin
materia. En todo caso, la decisión se determinará por la mayoría
de los magistrados que los integran.

La resolución que decida la contradicción de tesis no afectará las


situaciones jurídicas concretas de los juicios en los cuales se hayan dictado
las sentencias que sustentaron las tesis contradictorias.

De acuerdo a la ley de amparo la jurisprudencia se interrumpe y deja


de tener carácter obligatorio cuando se pronuncie sentencia en contrario. En
estos casos, en la ejecutoria respectiva deberán expresarse las razones en
que se apoye la interrupción, las que se referirán a las consideraciones que
se tuvieron para establecer la jurisprudencia relativa. Interrumpida la
jurisprudencia, para integrar la nueva se observarán las mismas reglas
establecidas para su formación.
El capítulo V de la ley de amparo establece también la jurisprudencia
por sustitución, que se da cuando la jurisprudencia por reiteración o
contradicción es sustituida por otra bajo las reglas de la propia ley. Por
ejemplo un tribunal colegiado de circuito, previa petición de alguno de sus
magistrados, con motivo de un caso concreto una vez resuelto, podrán
solicitar al Pleno de Circuito al que pertenezcan que sustituya la
jurisprudencia que por contradicción haya establecido, para lo cual
expresarán las razones por las cuales se estima debe hacerse. Para que los
Plenos de Circuito sustituyan la jurisprudencia se requerirá de las dos
terceras partes de los magistrados que lo integran.
UNIDAD 4

AMPARO INDIRECTO
MAPA CONCEPTUAL
DEMANDA

AUTO INICIAL EN LA
CONCEPTO DEMANDA DE
AMPARO INDIRECTO

INFORME
AMPARO INDIRECTO ELEMENTOS
JUSTIFICADO

PROCEDIMIENTO INTERVENCIÓN DEL


MINISTERIO
PÚBLICO

TERCERO
PERJUDICADO

AUDIENCIA
CONSTITUCIONAL

SENTENCIA

CONCEPTO

Dentro de la Península de Yucatán en su descontento por el régimen


centralista enmarcado en la entonces vigente Constitución de1836,
comúnmente conocida como Las Siete Leyes de 1836 amenazó con su
intención de separarse de la República mexicana. Con la consiguiente
preocupación, se le otorgó la facultad de legislar su propio régimen jurídico,
como si se tratase de un Estado federalista dando origen a la Constitución
de Yucatán del 31 de marzo de 1841.

Esta constitución tuvo a bien recoger un proyecto en el artículo 53,


elaborado por Manuel Crescencio Rejón, que expresaba textualmente:
"Corresponde a este tribunal (la Corte Suprema de Justicia) reunido: 1º.
Amparar en el goce de sus derechos a los que pidan su protección contra las
providencias del Gobernador o Ejecutivo reunido, cuando en ellas se
hubiese infringido el Código Fundamental o las leyes, limitándose en ambos
casos a reparar el agravio en la parte que procediere". Así se habló por
primera vez en el derecho legislado, del amparo decretado por órganos
jurisdiccionales para combatir agravios contra las garantías individuales, en
el proyecto de Rejón y en la Constitución yucateca de 1841.

Tiempo después este juicio se plasmó con la colaboración de Mariano


Otero en el congreso constituyente, sobre el artículo 25 del Acta de
Reformas 1847, con lo que se estableció el juicio de Amparo a nivel Federal,
para después plasmarse en la Constitución Federal de 1857 y 60 años más
tarde en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917,
actualmente vigente en el país.

Un factor a resaltar en la reciente reforma donde se abrogó la ley de


amparo para dar paso a un nuevo ordenamiento es lo relativo a la
declaratoria general de inconstitucionalidad de normas generales, cuando
estas conlleven una afectación al orden constitucional, aspecto que viene a
superar la llamada “fórmula Otero”, la cual establecía que los efectos de las
sentencias de amparo sólo podían ser relativos.

Esta limitante en los efectos, trajo durante mucho tiempo, estragos y


mermas en la vigencia plena de los Derechos Humanos, así como para la
estabilidad del sistema constitucional, pues alentaba la existencia de
regímenes de excepción, contrario al Estado Constitucional y Democrático
de Derecho. Desafortunadamente esta modificación sólo fue parcial, pues
por una razón de Estado, se excluyó la materia tributaria, siendo que las
normas generales encargadas de regular esta materia contienen aspectos
propensos a inadecuarse al texto constitucional y afectar la esfera jurídica de
las personas.

Ahora, cualquier persona podrá interponer un amparo ante el máximo


tribunal del país, es decir, ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación,
pero las consecuencias de ese juicio pueden aplicarse a cualquier persona.
Con ello se tutelan los derechos de todas las personas, aun cuando no
hayan interpuesto el juicio; la sentencia que resulte de un juicio de amparo
aplicará para todos los ciudadanos.

Las promociones de juicio de amparo podrán efectuarse en línea,


mediante el uso de la firma electrónica, con lo que se agilizan tiempos,
elementos fundamentales en estos juicios federales.Los jueces federales
deberán ahora no sólo velar por la “constitucionalidad” de los actos de
autoridad y proteger a los ciudadanos ante la violación de sus derechos, sino
también ser garantes del control de la “convencionalidad”, cuando exista la
demanda de protección de los derechos derivados de alguna norma que
esté contenida en un tratado internacional ratificado por México.

Cuando la SCJN resuelva la inconstitucionalidad de una norma —en


juicios de amparo indirecto— por segunda ocasión, deberá informar a la
autoridad emisora para su conocimiento; y si transcurrido el plazo de 90 días
naturales no se ha superado el problema de inconstitucionalidad, la Corte
emitirá —siempre que sea aprobada por mayoría de ocho votos— la
declaratoria general de inconstitucionalidad.
La suspensión del acto de autoridad reclamado, en tanto se dicta una
sentencia definitiva de amparo, se acotará cuando su aplicación afecte el
interés social o el orden público; se evite que continúen funcionando centros
de vicio, lenocinio y establecimientos de juegos con apuestas y sorteos;
asimismo, para privilegiar y ponderar el criterio de “interés social” en el
otorgamiento de suspensiones, cuando se trate de concesiones relacionadas
con bienes públicos.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación podrá separar de su cargo


y consignar ante el Juez de Distrito, tanto a la autoridad responsable como a
su superior jerárquico cuando incumplan una sentencia de Amparo.

Sin duda alguna, la reforma constitucional en conjunto con la


aprobada y puesta en vigor en materia de Derechos Humanos y la reforma a
los artículos 103 y 107 Constitucionales en materia de amparo, vienen a
configurar un nuevo esquema de protección, pero sobre todo de dimensión
acerca de la primacía y universalidad de los Derechos Humanos. Ahora
corresponde a los órganos jurisdiccionales, así como al foro jurídico y
académico, dar el impulso a dicha reforma, para que ésta pueda desarrollar
y consolidar su contenido en un sentido real e integral.

El juicio de amparo es un medio procesal constitucional


del ordenamiento jurídico mexicano que tiene por objeto específico hacer
reales, eficaces y prácticos los derechos humanos establecidos en la
Constitución, buscando proteger de los actos de todas las autoridades sin
distinción de rango, inclusive las más elevadas, cuando violen dichas
garantías. Está regulado por los artículos 103 y 107 de la Constitución
Federal y la Ley de Amparo.
Se basa en la idea de limitación del poder de las autoridades
gubernamentales, la cual jurídica y lógicamente resulta de la decisión de
la soberanía que en los primeros artículos de la Constitución garantiza los
derechos fundamentales. Tan sólo los actos emitidos por la Suprema Corte
de Justicia y así como actos relacionados con materia electoral quedan fuera
de su acción

El amparo indirecto, en particular, por su forma y por su contenido es


propiamente un juicio. En lo formal, se inicia ante un juez de distrito, con
una demanda, que debe plantear una verdadera controversia sobre la
constitucionalidad de un acto de autoridad o una ley dañosos al quejosos por
que vayan en contra de la norma suprema, señalando el nombre del
particular que impugna el acto, que es denominado quejoso, la autoridad
responsable, que es la que emitió el acto, el acto reclamado, las garantías
que se consideran violadas y los argumentos que demuestren la violación a
las garantías individuales, denominados conceptos de violación.

El Poder Judicial de la Federación a través del juicio de amparo antes


llamado de garantías, controla los actos de los demás poderes y los suyos
propios, e impone la supremacía de la Constitución, al privar de eficacia
legal y material a los actos de autoridad que no se ajustan a los términos y al
sentido de los preceptos constitucionales relativos a los derechos humanos,
y en ciertos casos, por la extensión del sistema en la garantía de legalidad,
controla particularmente las resoluciones de los tribunales de justicia,
administrativos y del trabajo federales y locales, que no se apegan a las
leyes que dichos tribunales deben aplicar en el ejercicio de sus atribuciones.

Sin embargo, al realizar el propósito indicado, el Poder Judicial


Federal no se erige en superior de los demás poderes, porque aun cuando
juzga a sus actos concretos y a veces puede obligarlos, en ejecución
de sentencia protectora, a que ejerzan de nuevo sus atribuciones en el
sentido que resulte de esa sentencia, no lo hace así como autoridad superior
jerárquica, sino como autoridad jurisdiccional encargada de resolver una
controversia en la cual interviene como parte la autoridad de que se trate, la
que si pierde en el litigio, debe someterse al sentido del fallo.

En efecto, los jueces de amparo no son superiores jerárquicos de las


autoridades responsables, no están facultados para prescribirles el sentido
en que deben actuar, ni menos las órdenes concretas que deben expedir; en
principio la decisión del juez de amparo no revoca ni nulifica la ley o el acto
de autoridad sometido a su conocimiento, sino que la estimación de
inconstitucionalidad y la consiguiente protección concedida al agraviado,
tienen solamente el efecto de poner a la persona, a los bienes o a
los derechos del quejoso, a salvo de la aplicación de la ley o de la ejecución
del acto reclamado, sin perjuicio ninguno de que dicha ley y dicho subsistan
íntegramente en sus términos, en cuanto respecta a las terceras personas
que no acudieron al amparo; de esa manera, la actuación del juez
constitucional no redunda en un conflicto de poderes, pues la concesión del
amparo deja a la autoridad responsable en el pleno ejercicio de sus
atribuciones, y si bien en un gran número de casos la obliga, cuando es
administrativa, judicial o del trabajo, a dictar una nueva resolución que
restituya al agraviado el uso y disfrute de su garantía que había sido violada,
esa nueva resolución no obedece a la supremacía del juez de amparo, que
la motiva por su fallo protector; sino directa y exclusivamente de la
supremacía de la Constitución, en el sentido declarado en cada caso
concreto por el órgano respectivo del Poder Judicial Federal, al que la propia
Constitución ha facultado para interpretarla, pues ése es el sentido natural y
jurídico de los diferentes preceptos que determinan sus atribuciones en la
materia de garantías.

Además, la acción de la justicia federal, en el ámbito de las garantías


no ataca el régimen federal, pues los fallos de los tribunales federales que
imparten amparo contra las leyes o a los actos de autoridades locales,
propiamente no invaden la soberanía del Estado al que dichas autoridades
pertenecen, porque por virtud y efecto del Pacto Federativo, las soberanías
de los estados quedaron limitadas en todas aquellas materias que la
Constitución reservó expresamente a la Federación, de acuerdo con el
sentido de su artículo 124, y el 103, fracción I, atribuye a los tribunales
federales la resolución de las controversias que se susciten por leyes o actos
de la autoridad que violen las garantías individuales y como ese precepto no
distingue cuál sea particularmente la autoridad a que se refiere, las
comprende a todas, tanto a las federales como a las locales, y aún hay que
agregar que “el artículo 133 previene que la Constitución es la ley suprema
de la Unión” 3, de todo lo cual se sigue que constitucionalmente las
autoridades de los estados deben someterse a las resoluciones que los
tribunales federales pronuncien en relación con el régimen de garantías
instituido en la propia Constitución; así se ve que la intervención de los
tribunales federales para controlar en un proceso judicial la actuación de las
autoridades de los estados en lo que atañe a la efectividad de las garantías
constitucionales, no invade en manera alguna las respectivas soberanías
locales, sino que nuestro régimen federativo los autoriza expresamente a
actualizar y realizar el sistema de garantías en el ámbito de las jurisdicciones
locales.

A diferencia de otros sistemas jurídicos con medios de control


constitucional, el juicio de amparo no anula ni deroga la ley que es
impugnada y que los tribunales declaran inconstitucional, sino que el quejoso
es otorgado protección en contra de dicha ley de manera particular, bajo el
principio de relatividad de las sentencias (efecto inter partes). Solamente el
quejoso que obtenga la protección constitucional contra el acto o ley
impugnado, sin que dicha protección se pueda hacer extensiva a otras
personas. Sin embargo, a través de jurisprudencia, la Suprema Corte de
Justicia de la Nación al resolver los juicios de amparo en última instancia
puede declarar la inconstitucionalidad de una ley, lo que obligaría a los
tribunales de menor jerarquía a aplicar la jurisprudencia al resolver juicios
sobre el mismo tema.

3
Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos ob.cit. pp. 156
El juicio de amparo (trátese de indirecto o el directo) tiene dos
características fundamentales:

 Se trata de un juicio impugnativo autónomo, es decir, no consiste en un


recurso o apelación que meramente constituya otra instancia, sino que
implica iniciar un proceso completamente nuevo; no es parte del mismo
juicio, sino que es otro juicio.

 Es un juicio de garantías (véase al respecto "Control Constitucional


Incidental") es decir, no obstante que se trata de un juicio de orden
constitucional, el juzgador no se limita a ver si existieron violaciones
constitucionales, sino que puede incluso dejar subsistentes las
violaciones constitucionales, siempre que se demuestre que nadie
resultó afectado en sus derechos fundamentales. Asimismo, puede exigir
la suspensión de un acto que, no obstante ser constitucional, viole las
garantías individuales. En otras palabras, no se ocupa de cualquier
violación a la Constitución, sino de aquellas cuyo resultado es el
menoscabo de un derecho humano o garantía constitucional, que resulta
en daño personal y directo a una o varias personas concretas.

El juicio de amparo es un medio de control jurisdiccional del sistema


jurídico mexicano, en adición a la acción de inconstitucionalidad y
la controversia constitucional. A diferencia de estos dos últimos, el juicio de
amparo es promovido por cualquier particular que considere que sus
derechos humanos y otros derechos constitucionales que han sido violados
por alguna autoridad.

Este juicio de garantías se extiende a un minucioso control de la


constitucionalidad y legalidad, que consiste, primero, en revisar la aplicación
concreta de la ley hecha por la autoridad responsable, y segundo, en
examinar si el acto reclamado expresa su fundamento legal y motivo de
hecho, con el objeto de determinar si ese fundamento y ese motivo son o no
pertinentes, pero todo esto restringido a los actos de las autoridades que
tengan alguna relación con los derechos del hombre garantizados en la
Constitución. Asimismo, el juicio de amparo tiene como fin evitar que actos
de autoridades contravengan directamente la Constitución o que las leyes en
que dichos actos se apoyan sean contrarios a la Constitución.

La Constitución Política es la ley suprema, ella debe prevalecer sobre


cualquiera otra ley, y sus disposiciones referentes a los derechos
fundamentales, que garantiza en sus primeros 28 artículos, deben ser norma
limitativa de la actuación de todas las autoridades, porque tales derechos
son base imprescindible de la convivencia social, y en consecuencia, su
efectividad práctica debe ser reconocida y aplicada por los órganos
gubernativos, a fin de que sus actividades se desarrollen sin violación de
ninguno de los derechos fundamentales.

El juicio de amparo indirecto o bi instancial, (llamado así porque tiene


dos instancias) es un procedimiento judicial propiamente dicho, y entraña
una verdadera contención entre la persona agraviada que lo promueve y la
autoridad que dicho promovente considera que ha afectado o trata de
afectar sus derechos garantizados en la Constitución, con un acto que no
sea una sentencia o ponga fin a un juicio o una ley, que vulnere la esfera de
los derechos constitucionales y humanos del gobernado:

 El agraviado o "quejoso" asume el papel de actor en la


controversia y la autoridad designada como responsable
interviene como demandada;
 La materia de la controversia es el acto concreto o la omisión
de autoridad que el interesado considera lesivo de sus garantías
individuales;
 La decisión incumbe, en única o en última instancia, a
los tribunales judiciales federales.
ELEMENTOS

Para que el juicio de amparo indirecto prospere se requieren de los


siguientes elementos que determinan su procedencia, es decir el juicio de
amparo indirecto es procedente cuando se dan los siguientes elementos:

a) Que el juicio se interponga contra normas generales que por su


sola entrada en vigor o con motivo del primer acto de su
aplicación causen perjuicio al quejoso, es decir norma auto
aplicativas, como son: los tratados internacionales, las leyes
federales, las constituciones de los Estados y el Estatuto de
Gobierno del Distrito Federal, las leyes de los Estados y del
Distrito Federal, los reglamentos federales, los reglamentos
locales y los decretos, acuerdos y todo tipo de resoluciones de
observancia general.

b) Se trate de actos u omisiones que provengan de autoridades


distintas de los tribunales judiciales, administrativos o del
trabajo.

c) Se trate de actos, omisiones o resoluciones provenientes de un


procedimiento administrativo seguido en forma de juicio,
siempre que se trate de, la resolución definitiva por violaciones
cometidas en la misma resolución o durante el procedimiento si
por virtud de estas últimas hubiere quedado sin defensa el
quejoso, trascendiendo al resultado de la resolución.

d) Se trate de actos en el procedimiento que sean de imposible


reparación, entendiéndose por ellos los que afecten
materialmente derechos sustantivos tutelados en la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en los
tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea
parte.
e) Se trate de actos de tribunales judiciales, administrativos,
agrarios o del trabajo realizados fuera de juicio o después de
concluido. Si se trata de actos de ejecución de sentencia sólo
podrá promoverse el amparo contra la última resolución.

f) Procede contra actos en juicio cuyos efectos sean de imposible


reparación, entendiéndose por ellos los que afecten
materialmente derechos sustantivos tutelados en la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en los
tratados internacionales de los que el Estado Mexicano sea
parte.

g) Se trate de actos dentro o fuera de juicio que afecten a


personas extrañas;

h) Se trate de actos contra las omisiones del Ministerio Público en


la investigación de los delitos, así como las resoluciones de
reserva, no ejercicio, desistimiento de la acción penal, o por
suspensión de procedimiento cuando no esté satisfecha la
reparación del daño.

i) Se trate actos de autoridad que determinen inhibir o declinar la


competencia o el conocimiento de un asunto.

PROCEDIMIENTO

Después de que una demanda de amparo indirecto se presenta y en


un plazo de veinticuatro horas, el órgano jurisdiccional deberá resolver si la
desecha, previene o la admite a menos que se trate de actos que importen
peligro de privación de la vida, ataques a la libertad personal fuera de
procedimiento, incomunicación, deportación o expulsión, proscripción o
destierro, extradición, desaparición forzada de personas o alguno de los
prohibidos por el artículo 22 de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, así como la incorporación forzosa al Ejército, Armada o
Fuerza Aérea nacionales, y el agraviado se encuentre imposibilitado para
promover el amparo; en cuyos supuestos, el órgano jurisdiccional de amparo
deberá resolver de inmediato sobre su admisión, prevención o
desechamiento en su caso.

El órgano jurisdiccional que conozca del juicio de amparo indirecto


examinará el escrito de demanda y si existiera causa manifiesta e indudable
de improcedencia la desechará de plano. Por el contrario si notare defecto
en la misma prevendrá promovente que aclare la demanda, señalándole
con precisión en el auto relativo, las deficiencias, irregularidades u
omisiones que deban corregirse.

De no existir prevención, o cumplida ésta, el órgano jurisdiccional


admitirá la demanda y señalará día y hora para la audiencia constitucional,
que se celebrará dentro de los treinta días siguientes y en el mismo auto
pedirá informe con justificación a las autoridades responsables,
apercibiéndolas de las consecuencias que implica su falta en términos del
artículo 117 de la Ley, así mismo ordenará correr traslado al tercero
interesado y en su caso, tramitará el incidente de suspensión.

Cuando a criterio del órgano jurisdiccional exista causa fundada y


suficiente, la audiencia constitucional podrá celebrarse en un plazo que no
podrá exceder de otros treinta días.

En la audiencia constitucional que será pública se desahogaran por


su orden las pruebas ofrecidas con antelación, por requerir preparación y
las que en la propia audiencia se ofrezcan, debido a que desahogan desde
luego atendiendo a su propia y especial naturaleza.

Las pruebas ofrecidas y desahogadas en la audiencia constitucional


van encaminadas, o tienen como finalidad a demostrar la constitucionalidad
o anticonstitucionalidad del acto reclamado, según las ofrezca el quejoso, el
ministerio público en su caso o la autoridad responsables desde luego.
En la propia audiencia y después de desahogadas las pruebas se
presentara los alegatos o conclusiones por escrito y el asunto pasará a
sentencia.

DEMANDA

La demanda de amparo indirecto deberá formularse por escrito o por


medios electrónicos en los casos que la ley lo autorice, en la que se
expresarán de acuerdo a la ley:

I. El nombre y domicilio del quejoso y del que


promueve en su nombre, quien deberá acreditar su
representación;

II. El nombre y domicilio del tercero interesado, y si no


los conoce, manifestarlo así bajo protesta de decir
verdad;

III. La autoridad o autoridades responsables. En caso de


que se impugnen normas generales, el quejoso
deberá señalar a los titulares de los órganos de
Estado a los que la ley encomiende su promulgación.
En el caso de las autoridades que hubieren
intervenido en el refrendo del decreto promulgatorio
de la ley o en su publicación, el quejoso deberá
señalarlas con el carácter de autoridades
responsables, únicamente cuando impugne sus
actos por vicios propios;

IV. La norma general, acto u omisión que de cada


autoridad se reclame;
V. Bajo protesta de decir verdad, los hechos o
abstenciones que constituyan los antecedentes del
acto reclamado o que sirvan de fundamento a los
conceptos de violación;

VI. Los preceptos que, conforme al artículo 1o de esta


Ley, contengan los derechos humanos y las
garantías cuya violación se reclame;

VII. Si el amparo se promueve con fundamento en la


fracción II del artículo 1o de esta Ley, deberá
precisarse la facultad reservada a los estados u
otorgada al Distrito Federal que haya sido invadida
por la autoridad federal; si el amparo se promueve
con apoyo en la fracción III de dicho artículo, se
señalará el precepto de la Constitución General de la
República que contenga la facultad de la autoridad
federal que haya sido vulnerada o restringida; y

VIII. Los conceptos de violación.

Cuando se promueva el amparo en contra de actos que importen


peligro de privación de la vida, ataques a la libertad personal fuera de
procedimiento, incomunicación, deportación o expulsión, proscripción o
destierro, extradición, desaparición forzada de personas o alguno de los
prohibidos por el artículo 22 de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, así como la incorporación forzosa al Ejército, Armada o
Fuerza Aérea nacionales, y el agraviado se encuentre imposibilitado para
promover el amparo los términos del artículo 15 de esta Ley, bastará para
que se dé trámite a la demanda, que se exprese:

I. El acto reclamado;
II. La autoridad que lo hubiere ordenado, si fuere posible;
III. La autoridad que ejecute o trate de ejecutar el acto; y
IV. En su caso, el lugar en que se encuentre el quejoso.

En estos supuestos, la demanda podrá formularse por escrito, por


comparecencia o por medios electrónicos. En este último caso no se
requerirá de firma electrónica.

A la demanda de amparo indirecto se deberán anexar: una copia para


cada una de las partes y dos para el incidente de suspensión, siempre que
se pidiere y no tuviere que concederse de oficio. Esta exigencia no será
necesaria en los casos que la demanda se presente en forma electrónica.

El órgano jurisdiccional de amparo, de oficio, mandará expedir las


copias cuando el amparo se promueva por comparecencia, por vía
telegráfica o por medios electrónicos, lo mismo que en asuntos del orden
penal, laboral tratándose de los trabajadores, cuando se puedan afectar
intereses de menores o incapaces, así como los derechos agrarios de los
núcleos de población comunal o ejidal o de los ejidatarios o comuneros, así
como cuando se trate de quienes por sus condiciones de pobreza o
marginación se encuentren en clara desventaja social para emprender un
juicio.

La demanda presentada puede ampliarse cuando: no hayan


transcurrido los plazos para su presentación o cuando el quejoso tenga
conocimiento de actos de autoridad que guarden estrecha relación con los
actos reclamados en la demanda inicial. En este caso, la ampliación deberá
presentarse dentro de los plazos previstos por la ley de amparo en el artículo
de la ley.

Dentro del plazo de veinticuatro horas contado desde que la demanda


fue presentada, o en su caso turnada, el órgano jurisdiccional deberá
resolver si desecha, previene o admite. En el supuesto de los artículos 15 y
20 de la Ley deberá proveerse de inmediato.
AUTO INICIAL EN EL JUICIO DE AMPARO INDIRECTO

Dentro del plazo de veinticuatro horas contado desde que la demanda


fue presentada, o en su caso turnada, el órgano jurisdiccional se deberá
dictar por el juzgado o tribunal que la reciba: el auto inicial del amparo
indirecto y decidiendo en el mismo, si desecha, previene o admite, para los
supuestos del artículo 22 constitucional el auto deberá proveerse de
inmediato.

El órgano jurisdiccional que conozca del juicio de amparo indirecto


para proveer sobre el auto admisorio, de prevención o desechamiento
examinará el escrito de demanda y si existiera causa manifiesta e indudable
de improcedencia la desechará de plano.

Si el auto fuere de prevención el órgano jurisdiccional mandará


requerir al promovente que aclare la demanda, señalando con precisión en
el auto relativo las deficiencias, irregularidades u omisiones que deban
corregirse y estas pueden darse por ejemplo, cuando: hubiere alguna
irregularidad en el escrito de demanda, se hubiere omitido alguno de los
requisitos que establece el artículo 108 de la Ley, no se hubiere
acompañado, en su caso, el documento que acredite la personalidad o éste
resulte insuficiente, no se hubiere expresado con precisión el acto reclamado
o no se hubieren exhibido las copias necesarias de la demanda entre otras
causas. Si no se subsanan las deficiencias, irregularidades u omisiones de
la demanda dentro del plazo de cinco días, se tendrá por no presentada, la
misma.

De no existir prevención, o cumplida ésta, el órgano jurisdiccional se


dictará el auto admisorio de demanda en al cual se señalará:

1.- Día y hora para la audiencia constitucional, que se celebrará


dentro de los treinta días siguientes;
2.- Se pedirá informe con justificación a las autoridades responsables,
apercibiéndolas de las consecuencias que implica su falta en
términos del artículo 117 de la Ley;

3.-Se ordenará correr traslado al tercero interesado;

4.- En su caso, tramitará el incidente de suspensión.

INFORME JUSTIFICADO

Una vez admitida la demanda se señalará día y hora para la


audiencia constitucional, que se celebrará dentro de los treinta días
siguientes; y se él pedirá informe con justificación a las autoridades
responsables, apercibiéndolas de las consecuencias que implica su falta en
términos del artículo 117 de la Ley.

Al pedirse el informe con justificación a la autoridad responsable, se le


remitirá copia de la demanda, si no se hubiese enviado al requerir el informe
previo.

Una vez notificada la autoridad o autoridades responsables deberán


rendir su informe con justificación por escrito o en medios magnéticos dentro
del plazo de quince días, con el cual se dará vista a las partes. El órgano
jurisdiccional, atendiendo a las circunstancias del caso, podrá ampliar el
plazo por otros diez días. Se debe cuidar que entre la fecha de notificación al
quejoso del informe justificado y la de celebración de la audiencia
constitucional, medie un plazo de por lo menos ocho días; de lo contrario, se
acordará diferir o suspender la audiencia, según proceda, a solicitud del
quejoso o del tercero interesado.
Los informes justificados rendidos fuera de los plazos establecidos en
la ley y que hemos señalado hará presumir se presumir que es cierto el acto
reclamado, salvo prueba en contrario, quedando a cargo del quejoso
acreditar su inconstitucionalidad cuando dicho acto no sea en sí mismo
violatorio de los derechos humanos y garantías a que se refiere el artículo 1o
de esta Ley.

En el informe justificado la autoridad expondrá las razones y


fundamentos que se estimen pertinentes para sostener la improcedencia del
juicio y la constitucionalidad o legalidad del acto reclamado que emitió, este
informe se acompañará, en su caso, copia certificada de las constancias
necesarias para apoyarlo.

No procederá que la autoridad responsable al rendir el informe


pretenda variar o mejorar la fundamentación y motivación del acto
reclamado, ni que ofrezca pruebas distintas de las consideradas al
pronunciarlo, salvo las relacionadas con las nuevas pretensiones deducidas
por el quejoso.

Tratándose de actos materialmente administrativos, cuando en la


demanda se aduzca la falta o insuficiencia de fundamentación y motivación,
en su informe justificado la autoridad deberá complementar en esos
aspectos el acto reclamado. En esos casos, deberá correrse traslado con el
informe al quejoso, para que en el plazo de quince días realice la ampliación
de la demanda, la que se limitará a cuestiones derivadas de la referida
complementación. Con la ampliación se dará vista a las responsables así
como al tercero interesado y, en su caso, se emplazará a las diversas
autoridades que en ampliación se señalen. Para tales efectos deberá
diferirse la audiencia constitucional.

Para los casos en que el quejoso impugne la aplicación por parte de


la autoridad responsable de normas generales consideradas
inconstitucionales por la jurisprudencia decretada por la Suprema Corte de
Justicia de la Nación o por los Plenos de Circuito, el informe con justificación
se reducirá a tres días improrrogables, y la celebración de la audiencia se
señalará dentro de diez días contados desde el siguiente al de la admisión
de la demanda.

INTERVENCIÓN DEL MINISTERIO PÚBLICO

De acuerdo a la ley de amparo el ministerio público es parte en el


juicio de amparo en todos los juicios, donde podrá interponer los recursos
que señala la ley de amparo,

Podrá también interponer los recursos existentes en amparos penales,


cuando se reclamen resoluciones de tribunales locales, independientemente
de las obligaciones que la misma ley le precisa para procurar la pronta y
expedita administración de justicia.

Establece la ley de amparo, sin embargo que tratándose de amparos


indirectos en materias civil y mercantil, donde sólo se afecten intereses
particulares, el Ministerio Público Federal solo podrá interponer los recursos
que la Ley señala si los quejosos hubieren impugnado la constitucionalidad
de normas generales este aspecto se aborde en la sentencia, si esto no
ocurre no podrá intervenir, por tratarse de intereses particulares que dada su
naturaleza social el no puede representar.

Excluyéndose de este supuesto, desde luego, la materia familiar


donde el ministerio público si podrá intervenir en todos los casos.

TERCERO PERJUDICADO

El tercero interesado es parte también en el juicio y tienen tal carácter:


a) La persona que haya gestionado el acto reclamado o tenga
interés jurídico en que subsista;

b) La contraparte del quejoso cuando el acto reclamado emane


de un juicio o controversia del orden judicial, administrativo,
agrario o del trabajo; o tratándose de persona extraña al
procedimiento, la que tenga interés contrario al del quejoso;

c) La víctima del delito u ofendido, o quien tenga derecho a la


reparación del daño o a reclamar la responsabilidad civil,
cuando el acto reclamado emane de un juicio del orden penal y
afecte de manera directa esa reparación o responsabilidad;

d) El indiciado o procesado cuando el acto reclamado sea el no


ejercicio o el desistimiento de la acción penal por el Ministerio
Público;

e) El Ministerio Público que haya intervenido en el procedimiento


penal del cual derive el acto reclamado, siempre y cuando no
tenga el carácter de autoridad responsable.

AUDIENCIA CONSTITUCIONAL

La audiencia constitucional se celebra con el fin de que las pruebas


se desahogarán en la misma, salvo aquéllas que a juicio del órgano
jurisdiccional puedan recibirse con anterioridad o las que deban
desahogarse fuera de la residencia del órgano jurisdiccional que conoce del
amparo, vía exhorto, despacho, requisitoria o en cualquier otra forma legal,
que podrán ser enviados y recibidos haciendo uso de la Firma Electrónica.

Esta audiencia será pública y una vez iniciada, se procederá a la


relación de constancias y pruebas desahogadas, y se recibirán, por su
orden, las que falten por desahogarse y los alegatos por escrito que
formulen las partes; acto continuo se dictará el fallo que corresponda.

El quejoso podrá alegar verbalmente cuando se trate de actos que


importen peligro de privación de la vida, ataques a la libertad personal fuera
de procedimiento, incomunicación, deportación o expulsión, proscripción o
destierro, extradición, desaparición forzada de personas o alguno de los
prohibidos por el artículo 22 de la Constitución Política de los Estados
Unidos Mexicanos, así como la incorporación forzosa al Ejército, Armada o
Fuerza Aérea nacionales, asentándose en autos extracto de sus
alegaciones, si lo solicitare.

En la audiencia constitucional donde se admiten y desahogan las


pruebas, serán admisibles toda clase de éstas, que se ofrezcan y se
desahogaran en la propia diligencia, excepto la confesional por posiciones,
que está prohibida en materia de amparo.

La documental podrá presentarse con anterioridad, sin perjuicio de


que el órgano jurisdiccional haga relación de ella en la audiencia y la tenga
como recibida en ese acto, aunque no exista gestión expresa del interesado.

“Las pruebas testimonial, pericial, inspección judicial o cualquier otra


que amerite desahogo posterior, deberán ofrecerse a más tardar, cinco días
hábiles antes de la audiencia constitucional, sin contar el del ofrecimiento ni
el señalado para la propia audiencia.”

Este plazo no podrá ampliarse con motivo del diferimiento de la


audiencia constitucional, salvo que se trate de probar o desvirtuar hechos
que no hayan podido ser conocidos por las partes con la oportunidad legal
suficiente para ofrecerlas en el plazo referido, por causas no imputables a su
descuido o negligencia dentro del procedimiento.
En estos casos, el plazo para el ofrecimiento de tales pruebas será el
señalado para la audiencia constitucional, tomando como indicador la nueva
fecha señalada para la audiencia.

Para el ofrecimiento de las pruebas testimonial, pericial o inspección


judicial, se deberán exhibir original y copias para cada una de las partes de
los interrogatorios al tenor de los cuales deberán ser examinados los
testigos, proporcionando el nombre y en su caso el domicilio cuando no los
pueda presentar; el cuestionario para los peritos o de los puntos sobre los
que deba versar la inspección. No se admitirán más de tres testigos por cada
hecho.

Por otra parte al admitirse la prueba pericial, se hará la designación


de un perito o de los que estime convenientes para la práctica de la
diligencia, sin perjuicio de que cada parte pueda designar a uno para que se
asocie al nombrado por el órgano jurisdiccional o rinda dictamen por
separado, designación que deberá hacer dentro de los tres días siguientes a
aquél en que surta sus efectos la notificación del auto admisorio de la
prueba.

SENTENCIA

En la sentencia se analizará el acto reclamado considerando la


fundamentación y motivación que para defenderlo o desvirtuarlo, hayan
expresado las partes, llámense quejoso y autoridad responsable. la
autoridad judicial de amparo determinará en la sentencia la
constitucionalidad o no del acto, ordenando (en caso de concederse el
amparo) su anulación inmediata y la restitución al quejoso en el goce de sus
derechos vulnerados.

Para el caso de no concederlo, en la sentencia se negará la


protección de la justicia federal al quejoso y se dejará subsistente el acto
reclamado, procediendo a notificar a las partes a efecto de que conozcan la
resolución y hagan valer, en uno y otro caso, si lo desean, el recurso o
medio de impugnación procedente, que lo es la revisión, por permitirlo este
juicio indirecto, llamado también bi instancial, porque precisamente permite
que esto sea posible en una revisión en segunda instancia.

Las sentencias de amparo conservarán la forma tradicional de este


tipo de resoluciones, estableciendo su encabezado, los resultados, los
considerandos y los resolutivos finales. Una vez dictadas serán firmadas,
desde luego; por el juez, magistrados o ministro(s) que las dictaron y el
secretario de acuerdos que da fe la misma se agregará al expediente de
amparo y se notificará legalmente a las partes.

La sentencia de amparo directo podrá ser dictada en tres sentidos:

a) Conceder el amparo, otorgar protección al quejoso contra el


acto reclamado,

b) Negar el amparo, que significa que la inconstitucionalidad del


acto reclamado no fue demostrada, y

c) Sobreseer en el juicio, que significa que el juez advirtió que se


actualiza alguna causal de improcedencia o sobreseimiento del
juicio.
AMPARO DIRECTO
MAPA CONCEPTUAL
DEMANDA

AUTO INICIAL EN EL
CONCEPTO JUICIO DE AMPARO
INDIRECTO

ELEMENTOS INFORME JUSTIFICADO

INTERVENCIÓN DEL
AMPARO DIRECTO
PROCEDIMIENTO MINISTERIO PÚBLICO

TERCERO
AMPARO DIRECTO PERJUDICADO
ANTE LA SUPREMA
CORTE DE BASURA

AUDIENCIA
AMPARO DIRECTO CONSTITUCIONAL
ANTE LOS TRIBUNALES
COLEGIADOS DE
CIRCUITO
SENTENCIA

CONCEPTO

La reciente reforma constitucional al juicio de amparo, sin duda alguna,


establece un cambio en la cultura jurídica mexicana sin precedente, pues no
sólo renueva aspectos estructurales indispensables en la eficacia procesal
de este instrumento de tutela, sino que ponen al sistema jurídico mexicano
en la vanguardia y sintonía internacional, en lo relativo a la salvaguarda de
los Derechos Humanos. Hay puntos que resultan ser los más sustanciales
para la estructura constitucional del país, y que conllevan en sí, un cambio
material e integral de la Constitución.

Los derechos humanos previstos en la Constitución y en los tratados


internacionales serán objeto de protección directa. Se evidencia la
supremacía de los tratados internacionales en materia de Derechos
Humanos, ya que, como consecuencia de la reforma, la autoridad no sólo
estará obligada a respetar los Derechos Humanos garantizados en el texto
constitucional, sino también aquellos que se encuentren reconocidos por
estos tratados. El resultado de este bloque de constitucionalidad, es la
ampliación de la esfera de protección de las personas, poseyendo un
espacio lo suficientemente dúctil, grande y efectivo, para hacer valer
cualquier posible violación de Derechos Humanos.

Se pasa de la “afectación de forma directa” al “interés legítimo”. Hasta


antes de la reforma, sólo podía solicitar un amparo el afectado “directo”.
Pero ahora, la nueva Ley de Amparo permite que cualquier persona que
tenga un “interés legítimo” pueda interponer amparo. Esto es que si alguien
ve afectados sus derechos por alguna decisión del gobierno, pueda
ampararse por la justicia federal. En otras palabras, se otorga la calidad de
parte agraviada a quien tenga un interés legítimo, ya no necesariamente
jurídico.

Limitación acto reclamado en el amparo de empresas que


exploten recursos o concesiones del Estado. No se otorgarán, bajo la nueva
Ley de Amparo, suspensiones del acto reclamado que causen más
perjuicios sociales que beneficios para el quejoso. Es decir, que no por
ampararse las empresas que exploten recursos naturales o concesiones del
Estado, y que tengan como efecto inmediato la suspensión del acto
reclamado, podrán conseguir dicha suspensión. Con la nueva ley, las
empresas podrán seguir amparándose, sin embargo, mientras este proceso
termine, tendrían qué cumplir con la resolución que el organismo de
competencia interpuso.

Se crean los Plenos de Circuito, encargados de resolver todas las


contradicciones de criterios que surjan en el seno de un mismo circuito y de
una misma especialidad.

La reforma obliga al juez positivista y “autómata”, a transformarse en


un juez intérprete constitucional, y a preferir en todo momento de su
actuación judicial a la persona, favoreciendo en todo momento, por alguna
razón o indicio que encuentre o descubra en el expediente a la “persona”
como centro de imputación y tutela de los derechos humanos. Así, deja de
ser el Estado el centro de gravitación de todo el poder y, ahora, los agentes
del gobierno están obligados, como autoridades, a respetar en primer lugar
los Derechos Humanos de todos los mexicanos antes de pensar y actuar en
función del órgano, primero, y ahora el motivo y fin de su actividad es el ser
humano.

El Amparo Directo es contrario al que usualmente llamamos Amparo


Indirecto o Bi-Instancial, toda vez que llega directamente a los Tribunales
Colegiados de Circuito y su substanciación se realiza en una sola instancia.
Las Características que distinguen al amparo Indirecto del Directo o Uni-
instancial son las siguientes:

a) Conocen los Tribunales Colegiados de Circuito.


b) Solo tiene una instancia.
c) Opera contra sentencias definitivas, laudos o resoluciones que ponen
fin al juicio.
d) No se dan las etapas procedimentales que hay en el Amparo
Indirecto.

El juicio de amparo directo tiene como finalidad la revisión de la


legalidad y/o constitucionalidad de una sentencia dictada por un tribunal
ordinario. No obstante, este tipo de juicio no sólo procede contra sentencias
definitivas, sino también, contra resoluciones que sin ser sentencias o
laudos, pongan fin a un juicio.

En este juicio de amparo directo, se pueden reclamar también,


violaciones cometidas en el curso del juicio, que, habiendo sido impugnadas
sin éxito en el curso del mismo juicio y en la apelación en su caso, afecten
las defensas del quejoso y propicien un fallo desfavorable.

La sentencia que se impugna a través de un juicio de amparo directo


debe ser la litis principal de juicio, por lo que las sentencias interlocutorias no
podrán ser impugnadas a través de juicio de amparo directo. Sin embargo,
las sentencias interlocutorias, una vez agotados los recursos ordinarios,
podrán ser impugnadas a través de un juicio de amparo indirecto.

Como su nombre lo indica, la demanda de amparo directo se


interpone directamente ante el tribunal que dictó la sentencia. A diferencia
del juicio de amparo indirecto, el amparo directo es resuelto por un tribunal
colegiado de circuito.

Al igual que el amparo indirecto, el tribunal colegiado podrá admitir,


desechar o prevenir sobre la demanda de garantías. Sin embargo, a
diferencia del juicio de amparo indirecto, el juicio de amparo directo no tiene
una etapa probatoria, por lo que no existe audiencia constitucional.
En el juicio de amparo directo, el tribunal que dictó la sentencia que
se impugna tiene la calidad de autoridad responsable, por lo que cuando
envíe el expediente judicial con la demanda de amparo al tribunal colegiado
también deberá acompañar un informe con justificación. Aunque en este
caso el informe no es extenso, pues el propio acto reclamado, es decir, la
sentencia, expresa los razonamientos y antecedentes mismos que pudieran
ser pertinentes para el juicio.

A pesar de que el juicio de amparo directo se ocupa de la revisión de


una sentencia, no es un recurso, por lo que no puede considerarse como
una instancia adicional. En este sentido se ha pronunciado la Suprema Corte
de Justicia de la Nación a través de jurisprudencia. Sin embargo, en los
asuntos contenciosos el juicio de amparo tiene prácticamente el mismo
efecto que un recurso final, puesto que de hecho se traduce en la
confirmación, en la modificación o en la revocación de la resolución
reclamada, con las consecuencias procesales o sustanciales que en cada
caso procedan; pero esa identidad de resultados no justifica que en tales
casos el juicio de amparo sea calificado o considerado como recurso, porque
siempre subsisten las diferencias técnicas antes puntualizadas, tanto más en
la revocación resultante del amparo concedido, en principio deja a la
autoridad responsable en libertad de decidir en una nueva resolución lo que
estime procedente, con la única taxativa de no insistir, ni abierta, ni
encubiertamente, en la decisión que motivó el amparo.

Las características específicas del Amparo Directo según Espinoza


son las siguientes:

 Puede ser conocido y resuelto por la Suprema Corte de Justicia de


la Nación, en el caso de que decida ejercer la facultad de atracción
referida en la fracción V del numeral 107 Constitucional;
 Puede llegar a tener una segunda instancia ante la Suprema Corte de
Justicia de la Nación, en el supuesto de que alguna de las partes
interponga el recurso de revisión contra la sentencia dictada por el
Tribunal Colegiado, siempre que en ésta se decida sobre la
constitucionalidad de leyes federales, locales o del Distrito
Federal, tratados internacionales, reglamentos expedidos por el
Presidente de la República, por los gobernadores de los Estados o del
Distrito Federal, o sobre la interpretación directa de un precepto de
la Constitución.

En conclusión la naturaleza o principal diferencia entre el amparo


indirecto y el Amparo Directo reside en la naturaleza de los actos
reclamados en éste consisten en sentencias definitivas, laudos o
resoluciones que ponen fin al juicio.

ELEMENTOS

Los elementos que deben darse para que un juicio de amparo directo
prospere, son principalmente los relativos a los actos contra los que procede
y al respecto es tos son:

a) Sentencias definitivas, laudos y resoluciones que pongan fin al juicio,


dictadas por tribunales judiciales, administrativos, agrarios o del
trabajo, ya sea que la violación se cometa en ellos, o que cometida
durante el procedimiento, afecte las defensas del quejoso
trascendiendo al resultado del fallo. Se entienden por sentencias
definitivas o laudos, los que decidan el juicio en lo principal; por
resoluciones que pongan fin al juicio, las que sin decidirlo en lo
principal lo den por concluido. En materia penal, las sentencias
absolutorias y los autos que se refieran a la libertad del imputado
podrán ser impugnadas por la víctima u ofendido del delito en los
casos establecidos por la ley.

b) Para la procedencia del juicio deberán agotarse previamente los


recursos ordinarios que se establezcan en la ley de la materia, por
virtud de los cuales aquellas sentencias definitivas o laudos y
resoluciones puedan ser modificados o revocados, salvo el caso en
que la ley permita la renuncia de los recursos.

c) Cuando dentro del juicio surjan cuestiones sobre constitucionalidad de


normas generales que sean de reparación posible por no afectar
derechos sustantivos ni constituir violaciones procesales relevantes,
sólo podrán hacerse valer en el amparo directo que proceda contra la
resolución definitiva.

d) Contra sentencias definitivas y resoluciones que pongan fin al juicio


dictadas por tribunales de lo contencioso administrativo cuando éstas
sean favorables al quejoso, para el único efecto de hacer valer
conceptos de violación en contra de las normas generales aplicadas.
En estos casos, el juicio se tramitará únicamente si la autoridad
interpone y se admite el recurso de revisión en materia contencioso
administrativa previsto por el artículo 104 de la Constitución Política
de los Estados Unidos Mexicanos. El tribunal colegiado de circuito
resolverá primero lo relativo al recurso de revisión contencioso
administrativa, y únicamente en el caso de que éste sea considerado
procedente y fundado, se avocará al estudio de las cuestiones de
constitucionalidad planteadas en el juicio de amparo.

PROCEDIMIENTO

El proceso inicia con la demanda de amparo que deberá presentarse


por conducto de la autoridad responsable, con copia para traslado cada una
de las partes.
En cinco días contados a partir del siguiente al de presentación de la
demanda, la autoridad responsable que emitió el acto reclamado deberá:

a) Certificar al pie de la demanda, la fecha de notificación al quejoso de


la resolución reclamada, la de su presentación y los días inhábiles
que mediaron entre ambas fechas.

b) Correr traslado al tercero interesado, en el último domicilio que haya


designado para oír notificaciones en los autos del juicio de origen o en
el que señale el quejoso;

c) Rendir el informe con justificación acompañando la demanda de


amparo, los autos del juicio de origen con sus anexos y la constancia
de traslado a las partes.

El expediente se remitirá por la responsable, al tribunal colegiado de


circuito, el presidente del tribunal al recibirlo deberá resolver en el plazo de
tres días si admite la demanda, previene al quejoso para su regularización, o
la desecha por encontrar motivo manifiesto e indudable de improcedencia.

Si el presidente del tribunal colegiado de circuito no encuentra motivo


de improcedencia o defecto en el escrito de demanda, o si este último fuera
subsanado, la admitirá y mandará notificar a las partes el acuerdo relativo,
para que en el plazo de quince días presenten sus alegatos o promuevan
amparo adhesivo.

Después de este plazo el presidente del tribunal colegiado turnará el


expediente al magistrado ponente que corresponda, a efecto de que formule
el proyecto de resolución, dentro de los noventa días siguientes. El auto de
turno hace las veces de citación para sentencia.

Una vez elaborado el proyecto se presentará por el magistrado


ponente en sesión y se discutirá en audiencia pública, por los tres titulares
del tribunal colegiado, las audiencias donde se discutan y resuelvan los
asuntos de competencia de los tribunales colegiados de circuito serán
públicas, salvo que exista disposición legal en contrario.

El día señalado para la sesión, que se celebrará con la presencia del


secretario quien dará fe, el magistrado ponente dará cuenta de los proyectos
de resolución; el presidente pondrá a discusión cada asunto; se dará lectura
a las constancias que señalen los magistrados, y, estando suficientemente
debatido, se procederá a la votación; acto continuo, el presidente hará la
declaración que corresponda y el secretario publicará la lista en los estrados
del tribunal.

La resolución se tomará por unanimidad o mayoría de votos. En este


último caso, el magistrado que no esté conforme con el sentido de la
resolución deberá formular su voto particular dentro del plazo de diez días
siguientes al de la firma del engrose, voto en el que expresará cuando
menos sucintamente las razones que lo fundamentan.

Transcurrido el plazo señalado en el párrafo anterior sin que se haya


emitido el voto particular, se asentará razón en autos y se continuará el
trámite correspondiente. Si no fuera aprobado el proyecto, pero el
magistrado ponente aceptare las adiciones o reformas propuestas en la
sesión, procederá a redactar la sentencia con base en los términos de la
discusión. Si el voto de la mayoría de los magistrados fuera en sentido
distinto al del proyecto, uno de ellos redactará la sentencia.

En ambos casos el plazo para redactar la sentencia será de


diez días, debiendo quedar en autos constancia del proyecto original. .

La lista de los asuntos que deban verse en cada sesión se publicará


en los estrados del tribunal cuando menos tres días antes de la celebración
de ésta, sin contar el de la publicación ni el de la sesión. Los asuntos se
discutirán en el orden en que se listen, salvo casos de excepción a juicio del
órgano jurisdiccional. Si fueran aprobados en votación se procederá a la
firma del engrose dentro de los diez días siguientes.

De no ser aprobados, los asuntos sólo se podrán aplazar o retirar. En


estos supuestos, se asentará a petición de quien y la causa que expuso. El
asunto deberá listarse dentro de un plazo que no excederá de treinta días
naturales.

DEMANDA

La demanda de amparo directo deberá formularse de acuerdo a la ley


por escrito y en dicho escrito deberán asentarse:

I. El nombre y domicilio del quejoso y de quien promueve en su


nombre;

II. El nombre y domicilio del tercero interesado;

III. La autoridad responsable;

IV. El acto reclamado. Cuando se impugne la sentencia definitiva,


laudo o resolución que haya puesto fin al juicio por estimarse
inconstitucional la norma general aplicada, ello será materia
únicamente del capítulo de conceptos de violación de la demanda,
sin señalar como acto reclamado la norma general, debiéndose
llevar a cabo la calificación de éstos en la parte considerativa de
la sentencia;

V. La fecha en que se haya notificado el acto reclamado al


quejoso o aquélla en que hubiese tenido conocimiento del mismo;
VI. Los preceptos que, conforme a la fracción I del artículo 1o de
esta Ley, contengan los derechos humanos cuya violación se
reclame; y

VII. Los conceptos de violación.

La demanda de amparo deberá presentarse por conducto de la


autoridad responsable, con copia para cada una de las partes. Cuando no se
exhiban las copias a que se refiere el artículo anterior o no se presenten
todas las necesarias, la autoridad responsable prevendrá al promovente
para que lo haga dentro del plazo de cinco días, a menos de que la
demanda se haya presentado en forma electrónica.

Transcurrido éste sin que se haya subsanado la omisión, remitirá la


demanda con el informe relativo al tribunal colegiado de circuito, cuyo
presidente la tendrá por no presentada. Si el presidente determina que no
existe incumplimiento, o que éste no es imputable al quejoso, devolverá los
autos a la autoridad responsable para que siga el trámite que corresponda.

La autoridad responsable, de oficio, mandará sacar las copias en


asuntos del orden penal, laboral tratándose de los trabajadores, cuando se
puedan afectar intereses de menores o incapaces, así como los derechos
agrarios de los núcleos de población comunal o ejidal o de los ejidatarios o
comuneros, o de quienes por sus condiciones de pobreza o marginación se
encuentren en clara desventaja social para emprender un juicio, o cuando la
demanda sea presentada por vía electrónica.

Dentro del plazo de cinco días contados a partir del siguiente al de


presentación de la demanda, la autoridad responsable que emitió el acto
reclamado deberá certificar al pie de la demanda, la fecha de notificación al
quejoso de la resolución reclamada, la de su presentación y los días
inhábiles que mediaron entre ambas fechas.
Si no consta en autos la fecha de notificación, la autoridad
responsable dará cumplimiento a lo dispuesto en este artículo, sin perjuicio
de que dentro de las veinticuatro horas siguientes a la en que obre en su
poder la constancia de notificación respectiva proporcione la información
correspondiente al órgano jurisdiccional competente.

AUTO INICIAL EN EL JUICIO DE AMPARO DIRECTO

Una vez que la responsable ha enviado al colegiado el expediente


con sus anexos el presidente del tribunal colegiado de circuito deberá
resolver en el plazo de tres días si admite la demanda, previene al quejoso
para su regularización, o la desecha por encontrar motivo manifiesto e
indudable de improcedencia. Este sería el auto inicial propiamente dicho
ante el colegiado de circuito.

Si hubiera irregularidades en el escrito de demanda por no haber


satisfecho los requisitos que establece el artículo 175 la Ley, el presidente
del tribunal colegiado de circuito dará en el auto inicial al promovente un
plazo que no excederá de cinco días, para que subsane las omisiones o
corrija los defectos precisados en la providencia relativa. Si el quejoso no
cumple el requerimiento, el presidente del tribunal tendrá por no presentada
la demanda y lo comunicará a la autoridad responsable.

Si por el contrario el presidente del tribunal colegiado de circuito no


encuentra motivo de improcedencia o defecto en el escrito de demanda, o si
este último fuera subsanado, la admitirá y mandará notificar a las partes el
acuerdo relativo, para que en el plazo de quince días presenten sus alegatos
o promuevan amparo adhesivo.
INFORME JUSTIFICADO
La responsable remitirá la demanda de amparo con el informe relativo
que es el equivalente al justificado y sus demás anexos de ley al tribunal
colegiado de circuito.

El artículo 178 de la ley de amparo vigente establece que: “Dentro


del plazo de cinco días contados a partir del siguiente al de presentación de
la demanda, la autoridad responsable que emitió el acto reclamado deberá:

I. Certificar al pie de la demanda, la fecha de


notificación al quejoso de la resolución reclamada, la
de su presentación y los días inhábiles que mediaron
entre ambas fechas.

II. Correr traslado al tercero interesado, en el último


domicilio que haya designado para oír notificaciones
en los autos del juicio de origen o en el que señale el
quejoso;

III. Rendir el informe con justificación acompañando la


demanda de amparo, los autos del juicio de origen
con sus anexos y la constancia de traslado a las
partes. Deberá dejar copia certificada de las
actuaciones que estime necesarias para la ejecución
de la resolución reclamada o para proveer respecto
de la suspensión.”

El informe justificado al igual que en el amparo indirecto es de


contenido justificativo por parte de la responsable donde explica y razona por
que la sentencia o resolución definitiva que dictó es apegada a la norma
suprema y no adolece de daño a los derechos constitucionales ni humanos
del quejoso
INTERVENCIÓN DEL MINISTERIO PÚBLICO

De acuerdo a la ley de amparo el ministerio público es parte en el juicio


de amparo en todos los juicios, donde podrá interponer los recursos que
señala la ley de amparo,

Podrá también interponer los recursos existentes en amparos penales,


cuando se reclamen resoluciones de tribunales locales, independientemente
de las obligaciones que la misma ley le precisa para procurar la pronta y
expedita administración de justicia.

Establece la ley de amparo, sin embargo que tratándose de amparos


indirectos en materias civil y mercantil, donde sólo se afecten intereses
particulares, el Ministerio Público Federal solo podrá interponer los recursos
que la Ley señala si los quejosos hubieren impugnado la constitucionalidad
de normas generales este aspecto se aborde en la sentencia, si esto no
ocurre no podrá intervenir, por tratarse de intereses particulares que dada su
naturaleza social el no puede representar.

Excluyéndose de este supuesto, desde luego, la materia familiar


donde el ministerio público si podrá intervenir en todos los casos.

TERCERO PERJUDICADO

El tercero interesado es parte también en el juicio y tienen tal carácter:

a) La persona que haya gestionado el acto reclamado o tenga


interés jurídico en que subsista;
b) La contraparte del quejoso cuando el acto reclamado emane
de un juicio o controversia del orden judicial, administrativo,
agrario o del trabajo; o tratándose de persona extraña al
procedimiento, la que tenga interés contrario al del quejoso;

c) La víctima del delito u ofendido, o quien tenga derecho a la


reparación del daño o a reclamar la responsabilidad civil,
cuando el acto reclamado emane de un juicio del orden penal y
afecte de manera directa esa reparación o responsabilidad;

d) El indiciado o procesado cuando el acto reclamado sea el no


ejercicio o el desistimiento de la acción penal por el Ministerio
Público;

e) El Ministerio Público que haya intervenido en el procedimiento


penal del cual derive el acto reclamado, siempre y cuando no
tenga el carácter de autoridad responsable.

Dentro del plazo de cinco días contados a partir del siguiente al de


presentación de la demanda, la autoridad responsable que emitió el acto
reclamado deberá certificar fechas y copias que recibe, pero también
deberá, correr traslado al tercero interesado, en el último domicilio que haya
designado para oír notificaciones en los autos del juicio de origen o en el que
señale el quejoso.

AUDIENCIA CONSTITUCIONAL

Recibido el expediente por el colegiado se turnara al presidente y


este dentro de los tres días siguientes lo turnará al magistrado ponente que
corresponda, a efecto de que formule el proyecto de resolución, dentro de
los noventa días siguientes. El auto de turno hace las veces de citación para
sentencia.

El proyecto elaborado por el ponente será presentado y discutido en


sesión y el día señalado para la sesión, que se celebrará con la presencia
del secretario quien dará fe, el magistrado ponente dará cuenta de los
proyectos de resolución; el presidente pondrá a discusión cada asunto; se
dará lectura a las constancias que señalen los magistrados, y, estando
suficientemente debatido, se procederá a la votación; acto continuo, el
presidente hará la declaración que corresponda y el secretario publicará la
lista en los estrados del tribunal.

Las audiencias donde se discutan y resuelvan los asuntos de


competencia de los tribunales colegiados de circuito serán públicas, salvo
que exista disposición legal en contrario. La lista de los asuntos que deban
verse en cada sesión se publicará en los estrados del tribunal cuando menos
tres días antes de la celebración de ésta, sin contar el de la publicación ni el
de la sesión.

Los asuntos se discutirán en el orden en que se listen, salvo casos de


excepción a juicio del órgano jurisdiccional. Si fueran aprobados se
procederá a la firma del engrose dentro de los diez días siguientes. De no
ser aprobados, los asuntos sólo se podrán aplazar o retirar. En estos
supuestos, se asentará a petición de quien y la causa que expuso. El asunto
deberá listarse dentro de un plazo que no excederá de treinta días naturales.

La resolución se tomará por unanimidad o mayoría de votos. En este


último caso, el magistrado que no esté conforme con el sentido de la
resolución deberá formular su voto particular dentro del plazo de diez días
siguientes al de la firma del engrose, voto en el que expresará cuando
menos sucintamente las razones que lo fundamentan.

Si no fuera aprobado el proyecto, pero el magistrado ponente


aceptare las adiciones o reformas propuestas en la sesión, procederá a
redactar la sentencia con base en los términos de la discusión. Si el voto de
la mayoría de los magistrados fuera en sentido distinto al del proyecto, uno
de ellos redactará la sentencia. En ambos casos el plazo para redactar la
sentencia será de diez días, debiendo quedar en autos constancia del
proyecto original.

SENTENCIA

Las sentencias del tribunal colegiado deberán ser firmadas por todos
sus integrantes y por el secretario de acuerdos. Cuando por cualquier motivo
cambiare el personal del tribunal que haya dictado una sentencia, antes de
que haya podido ser firmada por los magistrados que la hubiesen dictado, si
fue aprobado el proyecto del magistrado relator, la sentencia será autorizada
válidamente por los magistrados que integran aquél, haciéndose constar las
circunstancias que hubiesen concurrido.

Firmada la sentencia se notificará por lista a las partes, en los casos


en que proceda el recurso de revisión la notificación a las partes se hará en
forma personal. Para los efectos anteriores, la autoridad responsable solo
será notificada al proveerse la remisión de los autos a la Suprema Corte de
Justicia de la Nación o haya transcurrido el plazo para interponer el recurso.

En la sentencia el órgano jurisdiccional de amparo procederá al


estudio de los conceptos de violación atendiendo a su prelación lógica y
privilegiando en todo caso el estudio de aquellos que, de resultar fundados,
redunden en el mayor beneficio para el quejoso. En todas las materias, se
privilegiará el estudio de los conceptos de violación de fondo por encima de
los de procedimiento y forma, a menos que invertir el orden redunde en un
mayor beneficio para el quejoso.

En los asuntos del orden penal, cuando se desprendan violaciones de


fondo de las cuales pudiera derivarse la extinción de la acción persecutoria o
la inocencia del quejoso, se le dará preferencia al estudio de aquéllas aún de
oficio.

La sentencia de amparo directo podrá ser dictada en tres sentidos:


conceder el amparo y otorgar protección al quejoso contra el acto
reclamado; negar el amparo, que significa que la inconstitucionalidad del
acto reclamado no fue demostrada, y; sobreseer en el juicio, que significa
que el juez advirtió que se actualiza alguna causal de improcedencia o
sobreseimiento del juicio.

En el supuesto de que el tribunal colegiado otorgue el amparo, el


tribunal que dictó la sentencia reclamada deberá dictar una nueva sentencia
siguiendo los lineamientos señalados por el tribunal colegiado en su
sentencia o, en su caso, reponer el procedimiento si así fue ordenado.

Al igual que en el juicio de amparo indirecto, la sentencia dictada en


un juicio de amparo directo puede ser impugnada a través de un recurso de
revisión. Sin embargo, la procedencia de este recurso está seriamente
limitada, por lo que se le ha denominado revisión extraordinaria. Algunos de
los requisitos de dicha revisión son entre otros que existan cuestiones de
constitucionalidad pendientes por resolver o que no se hayan resuelto
adecuadamente y que el tema de constitucionalidad sea trascendental.

AMPARO DIRECTO ANTE LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA

La Suprema Corte de Justicia de la Nación es el Máximo Tribunal


Constitucional del país, en virtud de lo cual, tiene como responsabilidad
fundamental la defensa del orden establecido por la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos, además de solucionar, de manera definitiva,
otros asuntos jurisdiccionales de gran importancia para la sociedad. De
manera más específica, entre los asuntos cuya atención le corresponde, se
encuentran los siguientes:

a) El Juicio de Amparo
a. Amparos directos trascendentales.
b. Recursos.
c. Casos de incumplimiento de sentencias o repetición de actos
reclamados.
d. Casos de violaciones a la suspensión del acto reclamado o de
admisión de fianzas ilusorias o insuficientes.
b) Las controversias constitucionales.
c) Las acciones de inconstitucionalidad.
d) La facultad de investigación de la SCJN.
e) Las contradicciones de tesis, sustentadas entre dos o más órganos
jurisdiccionales.
f) Las controversias que por razón de competencia surjan entre los
Tribunales Locales y Federales.
g) Los recursos de apelación contra las sentencias dictadas por los
Jueces de Distrito en aquellos procesos en que la Federación sea
parte y que por su interés y trascendencia así lo ameriten.
h) Los juicios de anulación que interpongan las entidades federativas
contra la declaratoria de exclusión del Sistema Nacional de
Coordinación Fiscal, que emita la Secretaría de Hacienda y Crédito
Público.
i) Las controversias que surjan con motivo de la falta de cumplimiento
de los convenios de colaboración en materia fiscal entre la Secretaría
de Hacienda y Crédito Público y los Gobiernos de las Entidades
Federativas o del Distrito Federal.
j) Los recursos de revisión administrativa contra las resoluciones del
Consejo de la Judicatura Federal que se refieran a la designación,
adscripción, ratificación o remoción de Jueces de Distrito y
Magistrados de Circuito.
k) Las controversias que se susciten con motivo del cumplimiento de los
convenios de coordinación administrativa en materia de readaptación
social.

En ciertos casos, la SCJN puede resolver juicios de amparo directo


cuyo conocimiento corresponda originalmente a los Tribunales Colegiados
de Circuito, siempre que la trascendencia de los problemas jurídicos
planteados en tales asuntos, requiera de un pronunciamiento por parte del
Máximo Tribunal del país. La SCJN, de oficio o a petición fundada del
correspondiente Tribunal Colegiado de Circuito, o del Procurador General de
la República, podrá conocer de este tipo de amparos. A esta atribución se le
llama facultad de atracción.

La corte puede resolver un recurso es un medio de impugnación que


procede contra actos procesales, y que puede promover la parte que se
estima agraviada, con el fin de que los referidos actos sean revisados y, en
su caso, revocados, modificados o anulados. En materia de amparo
únicamente son admisibles tres recursos: de revisión, de queja y de
reclamación. La Suprema Corte de Justicia de la Nación puede atender los
tres tipos de recursos, en los siguientes casos:

 Recursos de revisión en amparos indirectos, en casos especiales.


Contra las sentencias que pronuncien en amparo los Jueces de
Distrito o los Tribunales Unitarios de Circuito procede el recurso de
revisión. De este conocerá la SCJN cuando habiéndose impugnado
leyes federales o locales, tratados internacionales o reglamentos,
subsista en el recurso el problema de constitucionalidad, o bien,
cuando se trate de leyes o actos de las autoridades federales que
vulneren o restrinjan la soberanía de los Estados, o en los casos de
leyes o actos de los Estados que invadan la esfera de la autoridad
federal.

 Recursos de revisión en amparos directos. La SCJN podrá conocer


del recurso de revisión contra sentencias que en amparo directo
pronuncien los Tribunales Colegiados de Circuito, cuando habiéndose
impugnado la inconstitucionalidad de una ley federal, local, del
Distrito Federal o de un tratado internacional, o cuando en los
conceptos de violación se haya planteado la interpretación directa de
un precepto de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, dichas sentencias decidan u omitan decidir sobre tales
materias, debiendo limitarse en estos casos la materia del recurso a
la decisión de las cuestiones propiamente constitucionales.

 Recursos de queja. La SCJN es la encargada de atender los recursos


de queja interpuestos contra las resoluciones que dicten los Juzgados
de Distrito o los tribunales que hayan conocido del juicio –en el caso
de jurisdicción concurrente– o los Tribunales Colegiados de Circuito,
respecto de las quejas interpuestas ante ellos, siempre que el
conocimiento de las revisiones en los juicios de garantías en los que
las quejas se hagan valer, le hayan correspondido a la SCJN. A este
recurso se le conoce también como "queja de la queja" pues, como
puede verse, se trata de una queja que se promueve en contra de la
resolución recaída a un recurso de queja anterior.

 Recursos de reclamación. Corresponde al Pleno de la SCJN conocer


de los recursos de reclamación interpuestos contra las providencias o
acuerdos del Presidente de la SCJN, dictados durante la tramitación
de los asuntos jurisdiccionales de la competencia del propio Pleno de
la SCJN.

 Casos de incumplimiento de sentencias o repetición de actos


reclamados. Si concedido el amparo la autoridad responsable
insistiere en la repetición del acto reclamado o tratare de eludir la
sentencia de la autoridad federal, y la SCJN estima que es
inexcusable el incumplimiento, dicha autoridad será inmediatamente
separada de su cargo y consignada al Juez de Distrito que
corresponda. Cuando la naturaleza del acto lo permita, la SCJN, una
vez que hubiera determinado el incumplimiento o repetición del acto
reclamado, podrá disponer de oficio el cumplimiento substituto de las
sentencias de amparo, cuando su ejecución afecte gravemente a la
sociedad o a terceros en mayor proporción que los beneficios
económicos que pudiera obtener el quejoso.

 Casos de violaciones a la suspensión del acto reclamado o de


admisión de fianzas ilusorias o insuficientes. La SCJN, al igual que
otros tribunales de amparo, consignarán a la autoridad responsable
ante el Ministerio Público Federal, cuando esta no suspenda el acto
reclamado debiendo hacerlo, y cuando admita fianza que resulte
ilusoria o insuficiente, siendo en estos dos últimos casos, solidaria la
responsabilidad civil de la autoridad con el que ofreciere la fianza y el
que la prestare.

MATERIA PENAL

Establece la ley de amparo que en los juicios del orden penal se


considerarán violadas las leyes del procedimiento con trascendencia a las
defensas del quejoso, cuando: se desarrolle cualquier audiencia sin la
presencia del juez actuante o se practiquen diligencias en forma distinta a la
prevenida por la ley, el desahogo de pruebas se realice por una persona
distinta al juez que deba intervenir, intervenga en el juicio un juez que haya
conocido del caso previamente, habiéndolo solicitado no se le caree, en
presencia del juez, en los supuestos y términos que establezca la ley.

Con el nuevo sistema de justicia oral y adversarial, se consideran


también transgredidas los derechos de los imputados cuando: la
presentación de argumentos y pruebas en el juicio no se realice de manera
pública, contradictoria y oral, la oportunidad para sostener la acusación o la
defensa no se realice en igualdad de condiciones, el juzgador reciba a una
de las partes para tratar el asunto sujeto a proceso sin la presencia de la
otra, no se respete al imputado el derecho a declarar o guardar silencio, la
declaración del imputado se obtenga mediante incomunicación, intimidación,
tortura o sin presencia de su defensor, o cuando el ejercicio del derecho a
guardar silencio se utilice en su perjuicio; también cuando el imputado no
sea informado, desde el momento de su detención, en su comparecencia
ante el Ministerio Público o ante el juez, de los hechos que se le imputan y
los derechos que le asisten; no se reciban al imputado las pruebas
pertinentes que ofrezca o no se reciban con arreglo a derecho, no se le
conceda el tiempo para el ofrecimiento de pruebas o no se le auxilie para
obtener la comparecencia de las personas de quienes ofrezca su testimonio
en los términos señalados por la ley, el imputado no sea juzgado en
audiencia pública por un juez o tribunal, salvo cuando se trate de los casos
de excepción precisados por la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos. no se faciliten al imputado todos los datos que solicite para su
defensa y que consten en el proceso o se restrinja al imputado y a la
defensa el acceso a los registros de investigación cuando el primero esté
detenido o se pretenda recibirle declaración o entrevistarlo, no se respete al
imputado el derecho a contar con una defensa adecuada por abogado que
elija libremente desde el momento de su detención, o en caso de que no
quiera o no pueda hacerlo, el juez no le nombre un defensor público, o
cuando se impida, restrinja o intervenga la comunicación con su defensor;
cuando el imputado sea indígena no se le proporcione la asistencia de un
defensor que tenga conocimiento de su lengua y cultura, así como cuando el
defensor no comparezca a todos los actos del proceso.

En caso de que el imputado no hable o entienda suficientemente el


idioma español o sea sordo o mudo y no se le proporcione la asistencia de
un intérprete que le permita acceder plenamente a la jurisdicción del Estado,
o que tratándose de personas indígenas no se les proporcione un intérprete
que tenga conocimiento de su lengua y cultura.

Cuando no se cite al imputado para las diligencias que tenga derecho


a presenciar o se haga en forma contraria a la ley, siempre que por ello no
comparezca, no se le admita en el acto de la diligencia o se le coarten en
ella los derechos que la ley le otorga. También se violan sus derechos
constitucionales cuando: no se permita interponer los recursos en los
términos que la ley prevea respecto de providencias que afecten partes
sustanciales del procedimiento que produzcan indefensión.

También se violan derechos de la victima u ofendido y éste puede


interponer amparo cuando al dictarse una sentencia definitiva absolutoria o
un auto que se refiera a la libertad del imputado no se hayan respetado,
entre otros, los siguientes derechos de la víctima u ofendido del delito:

a) A que se le proporcione asesoría jurídica y se le informe tanto


de los derechos que le asisten como del desarrollo del
procedimiento penal.

b) A coadyuvar con el Ministerio Público, a que se le reciban


todos los datos o elementos de prueba con los que cuente tanto
en investigación como en el proceso y a que se le permita
intervenir en el juicio.

c) Al resguardo de su identidad cuando sean menores de edad o


por delitos de violación, secuestro, delincuencia organizada o trata
de personas y cuando a juicio del juzgador sea necesaria su
protección, salvo que tal circunstancia derive de la debida
salvaguarda de los derechos de la defensa.

d) A solicitar las medidas cautelares y providencias necesarias


para la protección y restitución de
sus derechos.

También se vulneran derechos constitucionales cuando la sentencia


se funde en alguna diligencia cuya nulidad haya sido establecido
expresamente por una norma general.
Una transgresión importante en materia penal ocurre cuando seguido
el proceso por el delito determinado en el auto de vinculación a proceso, el
quejoso hubiese sido sentenciado por diverso delito. No se considerará que
el delito es diverso cuando el que se exprese en la sentencia sólo difiera en
grado del que haya sido materia del proceso, ni cuando se refiera a los
mismos hechos materiales que fueron objeto de la investigación, siempre
que, en este último caso, el Ministerio Público haya formulado conclusiones
acusatorias cambiando la clasificación del delito hecha en el auto de
vinculación a proceso, y el quejoso hubiese sido oído en defensa sobre la
nueva clasificación, durante el juicio.

MATERIA ADMINISTRATIVA

En los juicios tramitados ante los tribunales administrativos, se


considerarán violadas las leyes del procedimiento y que se afectan las
defensas del quejoso, trascendiendo al resultado del fallo, cuando:

I. No se le cite al juicio o se le cite en forma distinta de la


prevenida por la ley;

II. Haya sido falsamente representado en el juicio de que se trate;

III. Se desechen las pruebas legalmente ofrecidas o se


desahoguen en forma contraria a la ley;

IV. Se declare ilegalmente confeso al quejoso, a su representante


o apoderado;

V. Se deseche o resuelva ilegalmente un incidente de nulidad;

VI. No se le concedan los plazos o prórrogas a que tenga derecho


con arreglo a la ley;
VII. Sin su culpa se reciban, sin su conocimiento, las pruebas
ofrecidas por las otras partes;

VIII. Previa solicitud, no se le muestren documentos o piezas de


autos para poder alegar sobre ellos;
IX. Se le desechen recursos, respecto de providencias que
afecten partes sustanciales del procedimiento que produzcan
estado de indefensión;

X. Se continúe el procedimiento después de haberse promovido


una competencia, o la autoridad impedida o recusada, continúe
conociendo del juicio, salvo los casos en que la ley expresamente
la faculte para ello;

XI. Se desarrolle cualquier audiencia sin la presencia del juez o se


practiquen diligencias judiciales de forma distinta a la prevenida
por la ley; y

XII. Se trate de casos análogos a los previstos en las fracciones


anteriores a juicio de los órganos jurisdiccionales de amparo

MATERIA CIVIL

En los juicios tramitados ante los tribunales civiles, también se


considerarán violadas las leyes del procedimiento y que se afectan las
defensas del quejoso, trascendiendo al resultado del fallo, cuando:

I. No se le cite al juicio o se le cite en forma distinta de la


prevenida por la ley;

II. Haya sido falsamente representado en el juicio de que se trate;


III. Se desechen las pruebas legalmente ofrecidas o se
desahoguen en forma contraria a la ley;

IV. Se declare ilegalmente confeso al quejoso, a su representante


o apoderado;

V. Se deseche o resuelva ilegalmente un incidente de nulidad;

VI. No se le concedan los plazos o prórrogas a que tenga derecho


con arreglo a la ley;

VII. Sin su culpa se reciban, sin su conocimiento, las pruebas


ofrecidas por las otras partes;

VIII. Previa solicitud, no se le muestren documentos o piezas de


autos para poder alegar sobre ellos;
IX. Se le desechen recursos, respecto de providencias que
afecten partes sustanciales del procedimiento que produzcan
estado de indefensión;

X. Se continúe el procedimiento después de haberse promovido


una competencia, o la autoridad impedida o recusada, continúe
conociendo del juicio, salvo los casos en que la ley expresamente
la faculte para ello;

XI. Se desarrolle cualquier audiencia sin la presencia del juez o se


practiquen diligencias judiciales de forma distinta a la prevenida
por la ley; y

XII. Se trate de casos análogos a los previstos en las fracciones


anteriores a juicio de los órganos jurisdiccionales de amparo

MATERIA LABORAL
En los juicios tramitados ante los tribunales agrarios o del trabajo, se
considerarán violadas las leyes del procedimiento y que se afectan las
defensas del quejoso, trascendiendo al resultado del fallo, cuando:

I. No se le cite al juicio o se le cite en forma distinta de la


prevenida por la ley;

II. Haya sido falsamente representado en el juicio de que se trate;

III. Se desechen las pruebas legalmente ofrecidas o se


desahoguen en forma contraria a la ley;

IV. Se declare ilegalmente confeso al quejoso, a su representante


o apoderado;

V. Se deseche o resuelva ilegalmente un incidente de nulidad;

VI. No se le concedan los plazos o prórrogas a que tenga derecho


con arreglo a la ley;

VII. Sin su culpa se reciban, sin su conocimiento, las pruebas


ofrecidas por las otras partes;

VIII. Previa solicitud, no se le muestren documentos o piezas de


autos para poder alegar sobre ellos;
IX. Se le desechen recursos, respecto de providencias que
afecten partes sustanciales del procedimiento que produzcan
estado de indefensión;

X. Se continúe el procedimiento después de haberse promovido


una competencia, o la autoridad impedida o recusada, continúe
conociendo del juicio, salvo los casos en que la ley expresamente
la faculte para ello;

XI. Se desarrolle cualquier audiencia sin la presencia del juez o se


practiquen diligencias judiciales de forma distinta a la prevenida
por la ley; y

XII. Se trate de casos análogos a los previstos en las fracciones


anteriores a juicio de los órganos jurisdiccionales de amparo

AMPARO DIRECTO ANTE LOS TRIBUNALES COLEGIADOS DE CIRCUITO

Los tribunales colegiados de circuito se integran de tres magistrados,


de un secretario de acuerdos y del número de secretarios, actuarios y
empleados que determine el presupuesto. Sus resoluciones se tomarán por
unanimidad o mayoría de votos de sus integrantes, quienes no podrán
abstenerse de votar sino cuando tengan excusa o impedimento legal.

El magistrado de circuito que disintiere de la mayoría podrá formular


voto particular, el cual se insertará al final de la ejecutoria respectiva si fuere
presentado dentro de los cinco días siguientes a la fecha del acuerdo.
Cuando un magistrado estuviere impedido para conocer de un asunto o
faltare accidentalmente, o se encuentre ausente por un término mayor de un
mes, será suplido por el secretario que designe el tribunal.

Con las salvedades a que se refieren los artículos 10 y 21 de la ley


de amparo, son competentes los tribunales colegiados de circuito para
conocer de los juicios de amparo directo contra sentencias definitivas,
laudos o contra resoluciones que pongan fin al juicio por violaciones
cometidas en ellas o durante la secuela del procedimiento.
Los magistrados de los colegiados de circuito conocerán también de
asuntos de un órgano de reciente creación llamado los Plenos de Circuito
son los órganos facultados para desarrollar las funciones señaladas en el
artículo 107, fracción XIII de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, que se compondrán por los magistrados adscritos a los
Tribunales Colegiados del circuito respectivo o, en su caso, por sus
presidentes, en los términos que establezcan los acuerdos generales que al
efecto emita el Consejo de la Judicatura Federal, en los que además se
establecerá el número, y en su caso especialización de los Plenos de
Circuito, atendiendo a las circunstancias particulares de cada circuito judicial.

Estos órganos de nueva creación son competentes para:

I. Resolver las contradicciones de tesis de jurisprudencia


sostenidas entre los tribunales colegiados del circuito
correspondiente, determinando cuál de ellas debe
prevalecer;

II. Denunciar ante el pleno o las salas de la Suprema Corte de


Justicia, según la materia, las contradicciones de tesis de
jurisprudencia en las que contienda alguna tesis sostenida
por ese Pleno de Circuito;

III. Resolver las solicitudes de sustitución de jurisprudencia


que reciban por parte de los tribunales colegiados del
circuito correspondiente o de sus integrantes; y

IV. Solicitar a la Suprema Corte de Justicia, conforme a los


acuerdos generales que emita el Consejo de la Judicatura
Federal, que inicie el procedimiento de declaratoria general
de inconstitucionalidad cuando dentro de su circuito se haya
emitido jurisprudencia derivada de amparos indirectos en
revisión en la que se declare la inconstitucionalidad de una
norma general.

MATERIA PENAL

En materia penal los colegiados conocen de sentencias o


resoluciones dictadas por autoridades judiciales del orden común o federal, y
de las dictadas en incidente de reparación de daño exigible a personas
distintas de los inculpados, o en los de responsabilidad civil pronunciadas
por los mismos tribunales que conozcan o hayan conocido de los procesos
respectivos o por tribunales diversos, en los juicios de responsabilidad civil,
cuando la acción se funde en la comisión del delito de que se trate y de las
sentencias o resoluciones dictadas por tribunales militares cualesquiera que
sean las penas impuestas

MATERIA ADMINISTRATIVA

En materia administrativa de acuerdo a la ley orgánica del poder


judicial federal ya a la propia ley de amparo, los tribunales colegiados de
circuito conocen de sentencias o resoluciones dictadas por tribunales
administrativos o judiciales, sean locales o federales.

MATERIA CIVIL

En materia civil o mercantil y de acuerdo a la ley orgánica del poder


judicial federal y a la propia ley de amparo, los tribunales colegiados de
circuito conocen de sentencias de sentencias o resoluciones respecto de las
que no proceda el recurso de apelación, de acuerdo a las leyes que las
rigen, o de sentencias o resoluciones dictadas en apelación en juicios del
orden común o federal.

MATERIA LABORAL
En materia laboral, de acuerdo a la ley orgánica del poder judicial
federal ya a la propia ley de amparo, los tribunales colegiados de circuito
conocen de sentencias de laudos o resoluciones dictados por juntas o
tribunales laborales federales o locales.
SUSPENSIÓN
DEL ACTO
RECLAMADO
MAPA CONCEPTUAL

SUSPENSIÓN DE
OFICIO Y A
PETICIÓN DE PARTE

INCIDENTE DE
SUSPENSIÓN
SUSPENSIÓN DEL
ACTO RECLAMADO
REVOCACIÓN DEL
ACTO RECLAMADO

MODIFICACIÓN DEL
ACTO RECLAMADO
SUSPENSIÓN DE OFICIO Y A PETICIÓN DE PARTE

Dentro del procedimiento del juicio de amparo indirecto pueden presentarse


algunos incidentes, entre los cuales se encuentra el de suspensión. El
incidente de suspensión es una institución de seguridad en el juicio de
amparo, que tiene por objeto evitar que se causen daños y perjuicios de
difícil reparación a los agraviados, y así conservar la materia objeto del
conflicto, impidiendo que el acto reclamado se consume irreparablemente;
de esta manera, al concederse la protección constitucional pueden restituirse
las cosas al estado que guardaban antes de la violación.

La suspensión tiene por objeto paralizar los efectos del acto


reclamado manteniendo las cosas en el estado que guarden en el momento
de decretarse. El juzgador debe precisar el acto o actos que hayan de
suspenderse para evitar todo tipo de confusiones en el quejoso y
autoridades responsables. Al resolverse sobre la suspensión no procede
estudiar cuestiones relativas al fondo del amparo. La jurisprudencia de la
Suprema Corte de Justicia de la Nación acepta que la suspensión procede
en contra de la aplicación de una ley.

Pero la reforma la acotó la institución cuando se pueda afectar el


orden público como lo estudiaremos en este capítulo, ya que se ha abusado
mucho de esta figura para transgredir la ley y ha sido utilizada jurídicamente
por los gobernados a consejo de los litigantes como un escudo para cometer
conductas ilícitas, que de otra forma no podrían ser realizadas lícitamente ;
tales como operar centros de vicio, no pagar impuestos de importación,
realizar actividades que requieren permisos reglamentarios especiales y
hasta para sustraerse a la acción de la justicia, por lo que el legislativo la ha
regulado de una manera más cuidadosa en la nueva ley.

La suspensión del acto reclamado: es la institución del amparo en


donde la autoridad judicial de amparo, ordena a una autoridad responsable
de un acto presuntamente violatorio de la constitución, que suspenda la
ejecución de éste de manera provisional, hasta en tanto se determine si es
violatorio de la constitución o no, se decretará de oficio o a petición del
quejoso.

La suspensión se concederá de oficio por parte del juez o magistrado


amparista y de plano cuando se trate de actos que importen peligro de
privación de la vida, ataques a la libertad personal fuera de procedimiento,
incomunicación, deportación o expulsión, proscripción o destierro,
extradición, desaparición forzada de personas o alguno de los prohibidos por
el artículo 22 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,
así como la incorporación forzosa al Ejército, Armada o Fuerza Aérea
nacionales

La suspensión también se concederá de oficio y de plano cuando se


trate de actos que tengan o puedan tener por efecto privar total o
parcialmente, en forma temporal o definitiva, de la propiedad, posesión o
disfrute de sus derechos agrarios a los núcleos de población ejidal o
comunal.

El incidente de suspensión también se abrirá de oficio y se sujetará en


lo conducente al trámite previsto para la suspensión a instancia de parte, en
lo caso de extradición; y siempre que se trate de algún acto que, si llegare a
consumarse, haría físicamente imposible restituir al quejoso en el goce del
derecho reclamado.
Con excepción de los casos en que proceda de oficio, la suspensión
se decretará, en todas las materias, siempre que concurran los requisitos
siguientes:
I. Que la solicite el quejoso; y

II. Que no se siga perjuicio al interés social ni se


contravengan disposiciones de orden público.

De esta manera tenemos que en este artículo encontramos la


disposición de la suspensión provisional que procede de oficio.

Por otro lado se considera, por la ley, entre otros casos, que se siguen
perjuicios al interés social o se contravienen disposiciones de orden público,
cuando, de concederse la suspensión:

I. Continúe el funcionamiento de centros de vicio o de lenocinio, así


como de establecimientos de juegos con apuestas o sorteos;

II. Continúe la producción o el comercio de narcóticos;

III. Se permita la consumación o continuación de delitos o de sus


efectos;

IV. Se permita el alza de precios en relación con artículos de primera


necesidad o de consumo necesario;

V. Se impida la ejecución de medidas para combatir epidemias de


carácter grave o el peligro de invasión de enfermedades exóticas en
el país;

VI. Se impida la ejecución de campañas contra el alcoholismo y la


drogadicción;
VII. Se permita el incumplimiento de las órdenes militares que tengan
como finalidad la defensa de la integridad territorial, la independencia
de la República, la soberanía y seguridad nacional y el auxilio a la
población civil, siempre que el cumplimiento y ejecución de aquellas
órdenes estén dirigidas a quienes pertenecen al régimen castrense;
VIII. Se afecten intereses de menores o incapaces o se les pueda
causar trastorno emocional o psíquico;

IX. Se impida el pago de alimentos;

X. Se permita el ingreso en el país de mercancías cuya introducción


esté prohibida en términos de ley o bien se encuentre en alguno de lo
supuestos previstos en el artículo 131, párrafo segundo de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; se incumplan
con las normas relativas a regulaciones y restricciones no
arancelarias a la exportación o importación, salvo el caso de las
cuotas compensatorias, las cuales se apegarán a lo regulado en el
artículo 135 de la Ley; se incumplan con las Normas Oficiales
Mexicanas; se afecte la producción nacional;

XI. Se impidan o interrumpan los procedimientos relativos a la


intervención, revocación, liquidación o quiebra de entidades
financieras, y demás actos que sean impostergables, siempre en
protección del público ahorrador para salvaguardar el sistema de
pagos o su estabilidad;

XII. Se impida la continuación del procedimiento de extinción de


dominio previsto en el párrafo segundo del artículo 22 de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. En caso de
que el quejoso sea un tercero ajeno al procedimiento, procederá la
suspensión;
XIII. Se impida u obstaculice al Estado la utilización, aprovechamiento
o explotación de los bienes de dominio directo referidos en el artículo
27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Dispone la ley que el órgano jurisdiccional de amparo


excepcionalmente podrá conceder la suspensión, aún cuando se trate de los
casos previstos en este artículo, si a su juicio con la negativa de la medida
suspensional pueda causarse mayor afectación al interés social.

A petición de parte, la suspensión se podrá pedir en cualquier tiempo


mientras no se dicte sentencia ejecutoria y cuando el quejoso que solicita la
suspensión aduzca un interés legítimo. El órgano jurisdiccional la concederá
cuando el quejoso acredite el daño inminente e irreparable a su pretensión
en caso de que se niegue, y el interés social que justifique su otorgamiento.

El otorgamiento de la medida cautelar en ningún caso podrá tener


por efecto modificar o restringir derechos ni constituir aquéllos que no haya
tenido el quejoso antes de la presentación de la demanda.

El quejoso promovente de amparo deberá otorgar garantía bastante


para reparar el daño e indemnizar los perjuicios que con la suspensión se
causaren si no obtuviere sentencia favorable en el juicio de amparo. en los
casos en que sea procedente la suspensión pero pueda ocasionar daño o
perjuicio a tercero y la misma se conceda,

Si la suspensión puedan afectarse derechos del tercero interesado


que no sean estimables en dinero, el órgano jurisdiccional fijará
discrecionalmente el importe de la garantía. La suspensión concedida a los
núcleos de población no requerirá de garantía para que surta sus efectos.

La suspensión, en su caso, quedará sin efecto si el tercero otorga


contragarantía para restituir las cosas al estado que guardaban antes de la
violación reclamada y pagar los daños y perjuicios que sobrevengan al
quejoso, en el caso de que se le conceda el amparo. No se admitirá la
contragarantía cuando de ejecutarse el acto reclamado quede sin materia el
juicio de amparo o cuando resulte en extremo difícil restituir las cosas al
estado que guardaban antes de la violación.

Cuando puedan afectarse derechos que no sean estimables en


dinero, el órgano jurisdiccional fijará discrecionalmente el importe de la
contragarantía. La contragarantía que ofrezca el tercero conforme al artículo
anterior deberá también cubrir el costo de la garantía que hubiese otorgado
el quejoso, que comprenderá:

A) Los gastos o primas pagados, conforme a la ley, a la empresa


legalmente autorizada que haya otorgado la garantía;

B) Los gastos legales de la escritura respectiva y su registro, así


como los de la cancelación y su registro, cuando el quejoso
hubiere otorgado garantía hipotecaria; y

C) Los gastos legales acreditados para constituir el depósito.

De solicitarse el amparo se solicite en contra de actos relativos a


determinación, liquidación, ejecución o cobro de contribuciones o créditos de
naturaleza fiscal, podrá concederse discrecionalmente la suspensión del
acto reclamado, la que surtirá efectos si se ha constituido o se constituye la
garantía del interés fiscal ante la autoridad exactora por cualquiera de los
medios permitidos por las leyes fiscales aplicables.

El juez de amparo está facultado para reducir el monto de la garantía


o dispensar su otorgamiento, en los siguientes casos:

1.-Si realizado el embargo por las autoridades fiscales, éste haya


quedado firme y los bienes del contribuyente embargados fueran
suficientes para asegurar la garantía del interés fiscal;
2.-Si el monto de los créditos excediere la capacidad económica
del quejoso;

3.- Si se tratase de tercero distinto al sujeto obligado de manera


directa o solidaria al pago del crédito.

En los casos en que se niegue el amparo, cuando exista


sobreseimiento del mismo o bien cuando por alguna circunstancia se deje
sin efectos la suspensión en el amparo, la autoridad responsable hará
efectiva la garantía.

La suspensión de oficio o a petición de parte , cualquiera que sea su


naturaleza, surtirá sus efectos desde el momento en que se pronuncie el
acuerdo relativo, aún cuando sea recurrido. Los efectos de la suspensión
dejarán de surtirse, en su caso, si dentro del plazo de cinco días siguientes
al en que surta efectos la notificación del acuerdo de suspensión, el quejoso
no otorga la garantía fijada y así lo determina el órgano jurisdiccional.

Al vencimiento del plazo, dicho órgano, de oficio o a instancia de


parte, lo notificará a las autoridades responsables, las que podrán ejecutar el
acto reclamado. No obstante lo anterior, mientras no se ejecute, el quejoso
podrá exhibir la garantía, con lo cual, de inmediato, vuelve a surtir efecto la
medida suspensional.

Dispone la nueva ley que la Federación, los Estados, el Distrito


Federal y los municipios estarán exentos de otorgar las garantías que la Ley
exige.

6.1. INCIDENTE DE SUSPENSIÓN

La suspensión se tramitará en incidente por separado y por duplicado.


En los lugares donde no resida juez de distrito y especialmente cuando se
trate de actos que importen peligro de privación de la vida, ataques a la
libertad personal fuera de procedimiento, incomunicación, deportación o
expulsión, proscripción o destierro, extradición, desaparición forzada de
personas o alguno de los prohibidos por el artículo 22 de la Constitución
Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como la incorporación forzosa
al Ejército, Armada o Fuerza Aérea nacionales, el juez de primera instancia
dentro de cuya jurisdicción radique la autoridad que ejecute o trate de
ejecutar el acto reclamado, deberá recibir la demanda de amparo y acordar
de plano sobre la suspensión de oficio conforme a las siguientes reglas:

I. Formará por duplicado un expediente que contenga la demanda


de amparo y sus anexos, el acuerdo que decrete la suspensión de
oficio y el señalamiento preciso de la resolución que se mande
suspender; las constancias de notificación y las determinaciones
que dicte para hacer cumplir su resolución;

II. Ordenará a la autoridad responsable que mantenga las cosas en


el estado en que se encuentren o que, en su caso, proceda
inmediatamente a poner en libertad o a disposición del Ministerio
Público al quejoso y que rinda al juez de distrito el informe previo; y

III. Remitirá de inmediato el original de las actuaciones al juez de


distrito competente y conservará el duplicado para vigilar el
cumplimiento de sus resoluciones, hasta en tanto el juez de distrito
provea lo conducente, con plena jurisdicción. En caso de la
probable comisión del delito de desaparición forzada, el juez de
primera instancia procederá conforme lo establecido por el artículo
15 de la Ley.

Cuando el amparo se promueva contra actos de un juez de primera


instancia y no haya otro en el lugar o cuando se impugnen actos de otras
autoridades y aquél no pueda ser habido, la demanda de amparo podrá
presentarse ante cualquiera de los órganos judiciales que ejerzan
jurisdicción en el mismo lugar, siempre queen él resida la autoridad ejecutora
o, en su defecto, ante el órgano jurisdiccional más próximo.

Si el acto reclamado sea la orden de deportación, expulsión o


extradición, la suspensión tiene por efecto que no se ejecute y el interesado
quede en el lugar donde se encuentre a disposición del órgano jurisdiccional
de amparo, sólo en lo que se refiere a su libertad personal. Cuando el acto
reclamado consista en la orden de traslado del quejoso de un centro
penitenciario a otro, la suspensión, si procede, tendrá por efecto que éste no
se lleve a cabo.

Si el acto reclamado consista en una orden de privación de la libertad


o en la prohibición de abandonar una demarcación geográfica, la suspensión
tendrá por efecto que no se ejecute o cese inmediatamente, según sea el
caso. El órgano jurisdiccional de amparo tomará las medidas que aseguren
que el quejoso no evada la acción de la justicia, entre ellas, la obligación de
presentarse ante la autoridad y ante quien concedió la suspensión cuantas
veces le sea exigida.

De acuerdo con las circunstancias del caso, la suspensión podrá tener


como efecto que la privación de la libertad se ejecute en el domicilio del
quejoso.

Si el amparo se pida contra actos que afecten la libertad personal


dentro de un procedimiento del orden penal, de conformidad con lo
dispuesto en el artículo 166 de esta Ley, la suspensión producirá el efecto de
que el quejoso quede a disposición del órgano jurisdiccional que conozca del
amparo, sólo en lo que se refiere a dicha libertad, pero a disposición de la
autoridad que deba juzgarlo, para la continuación del procedimiento.
Cuando el acto reclamado consista en la detención del quejoso
efectuada por autoridades administrativas distintas del Ministerio Público, en
relación con la comisión de un delito, se ordenará que sin demora cese la
detención, poniéndolo en libertad o a disposición del Ministerio Público.

Cuando en los supuestos del caso anterior, la detención del quejoso


no tenga relación con la comisión de un delito, la suspensión tendrá por
efecto que sea puesto en libertad. Como ocurre con las detenciones del
famoso alcoholímetro.

Suponiendo que el acto reclamado afecte la libertad personal del


quejoso y se encuentre a disposición del Ministerio Público por cumplimiento
de orden de detención del mismo, la suspensión se concederá para el efecto
de que dentro del término de cuarenta y ocho horas o en un plazo de
noventa y seis, tratándose de delincuencia organizada, contadas a partir del
momento de la detención, sea puesto en libertad o consignado ante el juez
penal correspondiente.

El quejoso que se encuentre a disposición del Ministerio Público por


haber sido detenido en flagrancia, para determinar las 48 horas o 96 en
delincuencia organizada que se requieren para integrar la averiguación y
determinar , en estos casos el plazo se contará a partir de que sea puesto a
su disposición.

En cualquier caso en los que el Ministerio Público restrinja la libertad


del quejoso sin que haya justificante legal o este en los términos o tiempos
de ley la suspensión se concederá para el efecto de que sea puesto en
inmediata libertad o consignado a su juez.

Tratándose de orden de aprehensión o reaprehensión o de medida


cautelar que implique privación de la libertad, dictadas por autoridad
competente, se observan las siguientes prevenciones:
I. Si se trata de delitos de prisión preventiva oficiosa a que se
refiere el artículo 19 constitucional, la suspensión sólo producirá el
efecto de que el quejoso quede a disposición del órgano
jurisdiccional de amparo en el lugar que éste señale únicamente
en lo que se refiera a su libertad, quedando a disposición de la
autoridad a la que corresponda conocer el procedimiento penal
para los efectos de su continuación;

II. Si se trata de delitos que no impliquen prisión preventiva


oficiosa, la suspensión producirá el efecto de que el quejoso no
sea detenido, bajo las medidas de aseguramiento que el órgano
jurisdiccional de amparo estime necesarias a fin de que no evada
la acción de la justicia y se presente al proceso penal para los
efectos de su continuación y pueda ser devuelto a la autoridad
responsable en caso de que no obtenga la protección de la
justicia federal.

Cuando el quejoso ya se encuentre materialmente detenido por orden


de autoridad competente y el Ministerio Público que interviene en el
procedimiento penal solicite al juez la prisión preventiva porque considere
que otras medidas cautelares no sean suficientes para garantizar la
comparecencia del imputado en el juicio, el desarrollo de la investigación, la
protección a la víctima, de los testigos o de la comunidad, así como cuando
el imputado esté siendo procesado o haya sido sentenciado previamente por
la comisión de un delito doloso, y el juez del proceso penal acuerde la prisión
preventiva, el efecto de la suspensión sólo será que el detenido quedara a
disposición del juez que lo requiera para efectos del amparo en el lugar que
este señale pero no implica forzosamente su libertad.

Promovida la suspensión del acto reclamado el órgano jurisdiccional


deberá realizar un análisis ponderado de la apariencia del buen derecho y la
no afectación del interés social y, en su caso, acordará lo siguiente:
I. Concederá o negará la suspensión provisional; en el primer caso,
fijará los requisitos y efectos de la medida; en el segundo caso, la
autoridad responsable podrá ejecutar el acto reclamado;

II. Señalará fecha y hora para la celebración de la audiencia


incidental que deberá efectuarse dentro del plazo de cinco días; y

III. Solicitará informe previo a las autoridades responsables, que


deberán rendirlo dentro del plazo de cuarenta y ocho horas, para lo
cual en la notificación correspondiente se les acompañará copia de
la demanda y anexos que estime pertinentes.

En el informe previo la autoridad responsable se concretará a


expresar si son o no ciertos los actos reclamados que se le atribuyan, podrá
expresar las razones que estime pertinentes sobre la procedencia o
improcedencia de la suspensión y deberá proporcionar los datos que tenga a
su alcance que permitan al órgano jurisdiccional establecer el monto de las
garantías correspondientes. Las partes podrán objetar su contenido en la
audiencia.

La falta de informe previo hará presumir cierto el acto


reclamado para el sólo efecto de resolver sobre la suspensión definitiva.

Tratándose de amparo contra normas generales, las autoridades que


hayan intervenido en el refrendo del decreto promulgatorio de la norma
general o en su publicación, únicamente rendirán el informe previo cuando
adviertan que su intervención en el proceso legislativo o de creación de la
norma general, se impugne por vicios propios.

La falta del informe previo de las autoridades legislativas, además de


lo señalado en el párrafo anterior, no dará lugar a sanción alguna.
El órgano jurisdiccional podrá solicitar documentos y ordenar las
diligencias que considere necesarias, a efecto de resolver sobre la
suspensión definitiva. En el incidente de suspensión, únicamente se
admitirán las pruebas documental y de inspección judicial.

Tratándose de los casos a que se refiere el artículo 15 de la Ley de


amparo, será admisible la prueba testimonial.

En la audiencia incidental, a la cual podrán comparecer las partes, se


dará cuenta con los informes previos; se recibirán las documentales que el
órgano jurisdiccional se hubiere allegado y los resultados de las diligencias
que hubiere ordenado, así como las pruebas ofrecidas por las partes; se
recibirán sus alegatos, y se resolverá sobre la suspensión definitiva y, en su
caso, las medidas y garantías a que estará sujeta.

Si aparece que quedo debidamente probado que ya se resolvió sobre


la suspensión en otro juicio de amparo, promovido con anterioridad por el
mismo quejoso o por otra persona en su nombre o representación, contra el
mismo acto reclamado y contra las propias autoridades, se declarará sin
materia el incidente de suspensión.

La resolución que decida sobre la suspensión definitiva, deberá


contener:

I. La fijación clara y precisa del acto reclamado;

II. La valoración de las pruebas admitidas y desahogadas;

III. Las consideraciones y fundamentos legales en que se apoye


para conceder o negar la suspensión; y

IV. Los puntos resolutivos en los que se exprese el acto o actos por
los que se conceda o niegue la suspensión. Si se concede, deberán
precisarse los efectos para su estricto cumplimiento.
REVOCACIÓN DEL ACTO RECLAMADO

Cuando la suspensión provisional de oficio o a petición de parte sea


procedente, el órgano jurisdiccional deberá fijar la situación en que habrán
de quedar las cosas y tomará las medidas pertinentes para conservar la
materia del amparo hasta la terminación del juicio, pudiendo establecer
condiciones de cuyo cumplimiento dependa el que la medida suspensional
siga surtiendo efectos.

Atendiendo a la naturaleza del acto reclamado, ordenará que las


cosas se mantengan en el estado que guarden y, de ser jurídica y
materialmente posible, restablecerá provisionalmente al quejoso en el goce
del derecho violado mientras se dicta sentencia ejecutoria en el juicio de
amparo.

El órgano jurisdiccional tomará las medidas que estime necesarias


para evitar que se defrauden los derechos de los menores o incapaces, en
tanto se dicte sentencia definitiva en el juicio de amparo. En los juicios de
amparo en que se reclame una norma general auto aplicativa sin señalar un
acto concreto de aplicación, la suspensión se otorgará para impedir los
efectos y consecuencias de la norma en la esfera jurídica del quejoso.

En el caso en que se reclame una norma general con motivo del


primer acto de su aplicación, la suspensión, además de los efectos
establecidos en el párrafo anterior, se decretará en relación con los efectos y
consecuencias subsecuentes del acto de aplicación.

En ese sentido la resolución que conceda o niegue la suspensión


definitiva podrá modificarse o revocarse de oficio o a petición de parte,
cuando ocurra un hecho superveniente que lo motive, mientras no se
pronuncie sentencia ejecutoria en el juicio de amparo, debiendo tramitarse
en la misma forma que el incidente de suspensión.
En lo conducente, se aplicará al auto que resuelve sobre la
suspensión provisional lo dispuesto para la resolución que decide sobre la
suspensión definitiva. Para la ejecución y cumplimiento del auto de
suspensión se observarán las disposiciones relativas al Título Quinto de esta
Ley.

En caso de incumplimiento, cuando la naturaleza del acto lo permita,


el órgano jurisdiccional de amparo podrá hacer cumplir la resolución
suspensional o podrá tomar las medidas para el cumplimiento

La libertad otorgada al quejoso con motivo de una resolución


suspensional podrá ser revocada cuando éste incumpla con cualquiera de
las obligaciones establecidas por el órgano jurisdiccional de amparo o
derivadas del procedimiento penal respectivo.

Para la procedencia de la suspensión contra actos derivados de un


procedimiento penal que afecten la libertad personal, el órgano jurisdiccional
de amparo deberá exigir al quejoso que exhiba garantía, sin perjuicio de
otras medidas de aseguramiento que estime convenientes. Para fijar el
monto de la garantía se tomará en cuenta:

a) La naturaleza, modalidades y características del delito que se


le impute;

b) Las características personales y situación económica del


quejoso; y

c) La posibilidad de que se sustraiga a la acción de la justicia.

Cuando haya temor fundado de que la autoridad responsable trate de


burlar la orden de libertad del quejoso o de ocultarlo, el órgano jurisdiccional
de amparo podrá hacerlo comparecer ante él através de los medios que
estime pertinente o trasladarse al lugar de su detención para ponerlo en
libertad.
Para tal efecto las autoridades civiles y militares estarán obligadas a
brindar el auxilio necesario al órgano jurisdiccional de amparo.

MODIFICACIÓN DEL ACTO RECLAMADO

Si por mandato expreso de una norma general o de alguna autoridad,


un particular tuviere o debiera tener intervención en la ejecución, efectos o
consecuencias del acto reclamado, el efecto de la suspensión será que la
autoridad responsable ordene a dicho particular la inmediata paralización de
la ejecución, efectos o consecuencias de dicho acto o, en su caso, que tome
las medidas pertinentes para el cumplimiento estricto de lo establecido en la
resolución suspensional.

En los casos en que la suspensión sea procedente, se concederá en


forma tal que no impida la continuación del procedimiento en el asunto que
haya motivado el acto reclamado, hasta dictarse resolución firme en él; a no
ser que la continuación de dicho procedimiento deje irreparablemente
consumado el daño o perjuicio que pueda ocasionarse al quejoso.

En caso de promoverse el amparo contra actos o resoluciones


dictadas en un procedimiento de remate de inmuebles, la suspensión
permitirá el curso del procedimiento hasta antes de que se ordene la
escrituración y la entrega de los bienes al adjudicatario. Si se tratase de
bienes muebles, el efecto de la suspensión será el de impedir su entrega
material al adjudicatario.

Para el caso de de la última resolución que se dicte en el


procedimiento de ejecución de un laudo en materia laboral la suspensión se
concederá en los casos en que, a juicio del presidente del tribunal
respectivo, no se ponga a la parte que obtuvo, si es la obrera, en peligro de
no poder subsistir mientras se resuelve el juicio de amparo, en los cuales
sólo se suspenderá la ejecución en cuanto exceda de lo necesario para
asegurar tal subsistencia.
La resolución que conceda o niegue la suspensión definitiva podrá
modificarse o revocarse de oficio o a petición de parte, cuando ocurra un
hecho superveniente que lo motive, mientras no se pronuncie sentencia
ejecutoria en el juicio de amparo, debiendo tramitarse en la misma forma que
el incidente de suspensión.

En lo conducente, se aplicará al auto que resuelve sobre la


suspensión provisional lo dispuesto para la resolución que decide sobre la
suspensión definitiva. Para la ejecución y cumplimiento del auto de
suspensión se observarán las disposiciones relativas al Título Quinto de la
Ley de Amparo. En caso de incumplimiento, cuando la naturaleza del acto lo
permita, el órgano jurisdiccional de amparo podrá hacer cumplir la resolución
suspensional o podrá tomar las medidas para el cumplimiento

Leyes
CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS,
Editorial Porrúa, México 2012.

LEY DE AMPARO, Editorial Porrúa, México 2013.

LEY ORGANICA DEL PODER JUDICIAL FEDERAL, Agenda ISEF , México


2013.

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