Autoimagen: qué es, características y
cómo mejorarla
La autoimagen es la representación mental que nos construimos de
nosotros e incluye nuestro físico y nuestra manera de ser y
relacionarnos.
¿Alguna vez te has preguntado cómo te ves a ti mismo? Con esto tiene que
ver la autoimagen, la cual se define como ‘un espejo interno de la propia
persona’.
Es algo que se construye desde que nacemos y que se alimenta de nuestras
experiencias. Basándonos en ello dirigimos nuestra atención hacia nuestros
defectos o fortalezas. En este artículo te contamos más sobre este concepto y
sus características. Además, te proponemos 4 ideas clave para potenciarla.
Autoimagen: ¿qué es?
La autoimagen se define como ‘aquella imagen o representación mental que
tenemos de nosotros mismos’. Normalmente, es algo estable, aunque puede
cambiar ligeramente con el tiempo y las experiencias.
La autoimagen se configura a través de cómo nos vemos tanto a nivel físico
(altura, peso, color de pelo, etc.) como a nivel intelectual, social y
personal. Esta representación mental influye en cómo nos tratamos, en nuestra
autoestima y también en nuestro autoconcepto.
Características de la autoimagen
La autoimagen puede ser más positiva o más negativa. No es algo estático en el
tiempo, aunque sí suele tener una base bastante sólida. También podemos
hablar de una autoimagen más o menos saludable. Cuando esta es saludable,
significa que es realista y coherente con lo que somos y sentimos.
Pero ¿cuáles son las características de una autoimagen saludable? Algunas de
ellas son las siguientes:
• Tener una concepción realista de uno mismo (autoconcepto).
• Tener confianza en uno mismo.
• Tratarse con respeto y amor.
• Ser conscientes de nuestras dificultades, pero también de
nuestras fortalezas.
• Tener una visión positiva de nosotros mismos.
• Amar cómo somos por dentro y por fuera.
Cómo mejorarla
Aunque la autoimagen es bastante estable, se puede mejorar. ¿Cómo podemos
hacerlo? Os dejamos algunas ideas claves para ello.
No te compares
Es inevitable, todos nos comparamos, y es algo bastante normal. Según la teoría
de la comparación social, desarrollada por el psicólogo Leon Festinger en
1954, las personas evaluamos nuestras propias capacidades, opiniones y
habilidades y las comparamos con las de los demás. Lo hacemos, sobre todo,
en situaciones de incertidumbre.
Siguiendo con la teoría de Festinger, nos comparamos con personas similares a
nosotros. Cuando comparamos nuestras capacidades, lo hacemos con alguien
mejor por el deseo de seguir desarrollándonos.
Con las opiniones, habitualmente lo hacemos con personas que piensan
diferente. Finalmente, ante situaciones que nos generan ansiedad, nos
comparamos con personas que están pasando por lo mismo, buscando la
comprensión.
Busca tu mejor versión
Sin embargo, si no es por el deseo de mejorar o aprender, compararse no sirve
para nada. Es más, nos genera con frecuencia malestar, celos y ansiedad. Por
ello, a la hora de construir tu autoimagen, presta atención únicamente a tu
avance.
Valora cómo eres tú y establece tú mismo los criterios a la hora de compararte
contigo. Es más constructivo compararse con tu mejor versión, o con aquella a
la que quieres aspirar, que con otra persona.
Conócete a ti mismo
La autoimagen se construye a través de las vivencias con uno mismo y con los
demás. Cuanto más nos conozcamos, más realista será la visión que tengamos
de nosotros mismos.
Por ello, te animamos a conocerte y a invertir tiempo en ti. Esto te ayudará a
conocer mejor tu manera de ser y de reaccionar a los eventos de la vida y, a
partir de ello, podrás ir construyendo una autoimagen cada vez más saludable.
Cuida tu diálogo interno
El diálogo interno tiene que ver con cómo nos hablamos a nosotros mismos.
¿Cómo te hablas a ti mismo? ¿Te hablas en positivo o en negativo? ¿Cuidas tu
lenguaje interno?
Ten en cuenta que la autoimagen también se construye a través de este diálogo
interno. Por ello es importante que este sea saludable, coherente y realista.
Intenta no ser demasiado crítico contigo mismo. Refuerza aquellas cosas que
haces bien con mensajes positivos hacia ti mismo y, a partir de ahí, desarrolla la
imagen que tienes de ti.
Identifica tus fortalezas
La autoimagen también se construye a partir de las fortalezas que eres capaz de
identificar en ti mismo. Esto incluye tus capacidades y habilidades. Aprende a
detectarlas y haz una lista con ellas. Pero, sobre todo, toma conciencia de las
mismas.
Esto te ayudará a construir una imagen más realista de ti mismo y, sobre todo, a
mirarte con amor. Esto no quiere decir que debamos obviar los propios defectos;
está claro que ahí están, pero no les des más protagonismo del necesario.
Y tú, ¿qué imagen tienes de ti mismo? ¿Crees que reconoces cómo eres
realmente y te sientes orgulloso de ello? ¿Qué sientes cuando te miras
al espejo? ¿Eres capaz de reconocerte?
Como vemos, la autoimagen tiene que ver con nuestra capacidad de conectar
con nuestra esencia. Implica reconocernos como personas valiosas, aunque
también vulnerables en ciertos momentos.