Tema 14
Tema 14
Capítulo 10 del libro: Alted Vigil, A. y Sánchez Belén, J.: Métodos y técnicas de
investigación histórica. Madrid, Editorial Universitaria Ramón Areces, 2005, pp. 221-
254, Segunda parte: Historia Contemporánea
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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ISBN: 84-8432-129-0
Autor: Beevor, Antony (1946- ) Chocano, Magdalena, tr.
Título: Stalingrado Lengua: publicación: Castellano traducida del: Inglés
Edición: 1ª. ed., 8ª. imp.
Publicación: Barcelona: Editorial Crítica , 09/2004
Descripción: 456 p.; 23x16 cm
Encuadernación: cartoné
Precio: 27,88 €
Colección: Memoria crítica
Materias: Historia de Europa. CDU: 940
Última modificación: 26/09/2005
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Publicación: London: Penguin Books, 1998
Descripción Física: XVII, 493 p., [8] h. de lám.
Materia: Guerra Mundial, II, 1939 – 1945
Materia: Batallas
Materia geográfica: Alemania
Materia geográfica: Rusia
TIPO DE
UBICACION SIGNATURA ESTADO NOTAS
PRESTAMO
Económ. y Empr.-Sala S940BEE DISPONIBLE PR. NORMAL
Geografía e Ha.-
D940.53BEEsta DISPONIBLE PR. NORMAL
Depósitos
Existen diferentes tipos de catálogos en relación con los fondos de una biblioteca:
Por su extensión (colectivos, generales y especiales), por su uso (internos y públicos), por
su sistema de ordenación (topográficos, alfabéticos y sistemáticos), por su forma (en fichas,
en forma de lista o de listados, en línea). Hoy en día la forma de acceso de los usuarios a los
fondos de la mayoría de las bibliotecas es mediante Internet. Esto ha supuesto un cambio en
el modo de relación del lector frente al catálogo de la biblioteca, implica notables ventajas y
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sobre todo un gran ahorro de tiempo en las consultas. Ya nadie pone en duda que los OPAC
(Online Public Access Catalogs) son indispensables para acceder y conocer los fondos de
una determinada biblioteca.
Pero una cosa es el asiento bibliográfico y otra la referencia bibliográfica. Hay una
similitud, aunque en el segundo caso la información es mucho más breve. Un trabajo de
curso y de manera obligada todo trabajo de investigación incluyen la bibliografía que el
estudiante o el investigador han manejado. Esta bibliografía la forman una serie de
referencias bibliográficas. Si revisamos distintas bibliografías nos daremos cuenta de la
diversidad de criterios que hay al respecto, no en los datos que se recogen, que son siempre
los mismos, sino en el orden y la forma de presentarlos. Esto ha llevado a que una gran
parte de las publicaciones periódicas y editoriales impongan sus propias normas para la
presentación de originales. A continuación voy a precisar los datos que deben incluir las
referencias bibliográficas de libros y artículos de revistas.
Autor o autores
- Tiene que aparecer primero el apellido o apellidos del autor o autores (cuando
no son más de tres) y a continuación el nombre o la inicial. Si son más de un
autor, aparecerán en el mismo orden que vienen en la portada de la obra y antes
del último autor se puede colocar la conjunción y.
- Si la obra tiene más de tres autores sólo se indicará el nombre del primero,
añadiendo después la abreviatura latina “et al.” (del latín et alii: y otros).
- Cuando hay varios autores y uno aparece como responsable, este encabezará la
referencia. En este caso, a continuación del nombre se colocará la abreviatura
ed. (editor), dir. (director), coord.. (coordinador), comp.. (compilador).
- Las actas de reuniones científicas u otro tipo de obras colectivas que carecen de
autor responsable pueden encabezarse por AA. VV. o [Link]. (Autores Varios
o Varios Autores) o directamente por el título.
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Título del libro
Otros datos
- Editorial
- Si son dos o más volúmenes se indica en lugar de las páginas. Se pone entonces
el número de volúmenes (en caracteres arábigos) seguido de la abreviatura vols.
Si estos hubieran sido editados en distintos años, se hará constar entre
paréntesis el año de aparición del primero y del último separados por un guión.
Si la obra no ha terminado de publicarse, se pondrá entre paréntesis el año de
edición de cada uno de los volúmenes aparecidos.
Observaciones
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- Si es una monografía que forma parte de una serie, a continuación de los datos
de la misma y entre paréntesis aparecerán: apellidos y nombre del director de la
serie (si lo hubiera), título de la serie y número o volumen que hace en la
misma.
Algunos ejemplos:
- REMOND, R. et al.: Hacer la Historia del siglo XX. Madrid, Biblioteca Nueva-
UNED-Casa de Velázquez, 2004, 381 págs.
Autor o autores
Título
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- El título y en su caso el subtítulo se transcribirán íntegros respetando la
puntuación y ortografía. Irán entre comillas.
Revista
Otros datos
Algunos ejemplos:
FICHAS DE CONTENIDO
Las fichas de contenido constituyen un instrumento útil que nos sirve para sacar el
máximo partido posible a un libro, artículo, folleto o cualquier otro tipo de documento que
consultemos en función del diseño de investigación y la guía temática que previamente se
debe elaborar para dar cumplimiento a los objetivos propuestos. Desde el punto de vista
formal hay que mantener el mismo tamaño para todas las fichas, así como una uniformidad
en la presentación de sus elementos: encabezamiento y contenido. Existen varios modelos
de fichas de contenido, y cada investigador adopta un tipo u otro según le sea más
conveniente. Aquí doy unas ideas generales que pueden servir de referencia. El
encabezamiento se sitúa en la parte superior izquierda. En la parte superior derecha se
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puede indicar más concretamente el contenido de la ficha y su número dentro de una serie,
por ejemplo 3/5 (quiere decir que es la ficha 3 de un total de 5). En ocasiones conviene
poner la fecha en la parte superior central. Si es un libro o artículo indicamos la referencia
bibliográfica en la parte inferior de la ficha, que puede ser sintética, pero indicando siempre
la página de donde extraemos la información. Es importante añadir la signatura
catalográfica (en el caso por ejemplo de que sea un libro sacado de una biblioteca) y la
fecha de consulta. Es conveniente escribir sólo por una cara con el fin de que se puedan
añadir con posterioridad anotaciones en el reverso.
“El año 1955 fue clave en ese progresivo acercamiento que iba a posibilitar las
primeras expediciones oficiales de retornados ... El gesto de mayor trascendencia por
parte de la URSS hacia España tuvo lugar en diciembre de ese año, cuando ese país
votó en el Consejo de Seguridad de la ONU a favor de la admisión de España como
miembro de la misma”.
[Comentario personal]
Para poder extraer el contenido fundamental de un texto, hay que leerlo de forma
pausada y reflexiva. Después es cuando se procede hacer un resumen sintético de su
contenido o de una parte del mismo, en función del interés del libro o documento... y del
tema que trabajemos. En la ficha se ha de separar claramente el resumen o paráfrasis de los
contenidos, de las citas textuales, comentarios personales o aclaraciones referidas a
personas, lugares geográficos, expresiones antiguas o palabras en otras lenguas... Las citas
se tienen que transcribir literalmente entre comillas. Si incluimos una precisión por nuestra
parte al hilo de la cita, se pone entre paréntesis cuadrado o corchetes. Es conveniente
utilizar una redacción ágil, con frases sencillas y párrafos cortos que permita una lectura
rápida de las fichas. Estas se deben guardar ordenadas de manera alfabética por autores o
por materias de acuerdo a nuestra guía temática. Es importante elaborar bien las fichas. Hay
que pensar que durante la carrera y después en nuestra vida profesional vamos a leer y a
trabajar con una gran cantidad de libros y documentos de muy diverso tipo. En este sentido
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las fichas nos ayudan, pues en ellas reseñamos lo más importante, a nuestro juicio, de un
texto, nuestras opiniones personales sobre aspectos que se tratan en el mismo y datos
complementarios útiles, que se pueden consultar en cualquier momento de forma rápida sin
necesidad de volver a consultar el libro o documento en cuestión. En otro sentido, cuando
estemos realizando una investigación y tengamos confeccionadas las fichas de contenido,
conviene hacer periódicamente un balance de la información recogida para conocer los
temas de los que tenemos suficiente información y de cuales no. En un fichero aparte, se
organizan las fichas bibliográficas, con las referencias completas de los libros y
publicaciones periódicas.
Ficha bibliográfica: Primero hay que proporcionar una referencia bibliográfica del
libro: nombre del autor, título, lugar de edición, editorial, fecha de publicación y número de
páginas. Se puede indicar también, si es un libro traducido de otra lengua, el nombre del
traductor y la fecha de publicación en su lengua original, así como si contiene ilustraciones.
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Análisis crítico: Este obviamente es el apartado más importante y el que requiere
una elaboración más personal por parte del autor de la reseña. Lo que se debe hacer aquí es
un estudio detallado de los contenidos de la obra en cuestión. Para ello se pueden adoptar
básicamente dos métodos. El “método literal” que implica seguir el orden de los diferentes
capítulos y comentar de manera progresiva lo que contienen, destacando las cuestiones más
relevantes y las aportaciones desde una perspectiva historiográfica; y el método lógico que
consiste en seleccionar los temas, líneas o ideas fundamentales que vertebran el libro a
partir de los cuales desarrollamos el análisis.
Valoración del autor de la reseña: Tras el estudio crítico procede hacer una
valoración personal, pues con la reseña lo que pretendemos es dar noticia a otras personas
del libro. Esa opinión debe centrarse en el interés que presenta, en su novedad y
aportaciones historiográficas (en nuestro caso) en relación con el tema que aborda. Es
evidente que la formación profesional del autor de la reseña condicionará la calidad y
profundidad de la valoración que haga de la obra. En este sentido, toda buena revista cuida
mucho el apartado de las reseñas críticas de libros que suelen encargar a especialistas, ya
que una reseña no es sólo una manera de informar sobre un libro, sino que también supone
un juicio positivo o negativo del mismo ante la comunidad académica y científica y de cara
a un público más amplio interesado.
Comentar un texto histórico no es hacer una paráfrasis del mismo ni utilizarlo como
pretexto. Lo primero suponer repetir lo que se dice en el texto en cuestión con otras
palabras, y lo segundo utilizarlo como pretexto para hablar de un tema general que guarda
una relación directa o indirecta con aquel. En cambio el comentario de un texto histórico
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consiste en analizar su estructura interna e interpretar lo que nos dice dentro del marco
histórico que lo generó y al que se refiere. Es, pues, este contexto el que da sentido y
significado al texto, de ahí la necesidad de que los estudiantes tengan unos conocimientos
generales previos, que luego irán profundizando conforme progresen en la técnica del
comentario de los documentos.
Las pautas que debe observar en lo que se refiere al comentario de textos son las
siguientes:
I. Acercamiento al texto
2. Autor
3. Destinatario
5. Contexto histórico
IV. Conclusión
V. Bibliografía
I. Acercamiento al texto
En primer lugar conviene leer el texto de manera rápida para hacernos una idea
global de su contenido. Después procederemos a leerlo despacio tratando de comprender
las palabras, ideas y argumentaciones desarrolladas en el mismo. Con ayuda de diccionarios
y enciclopedias aclararemos las dudas que nos plantee su lectura. Podemos subrayar
aquellas frases que consideremos más significativas, numerar los párrafos... Una tercera
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lectura nos debe proporcionar una comprensión más profunda de su contenido
permitiéndonos iniciar el comentario.
Antes de nada hay que precisar el carácter que presenta y su procedencia. En cuanto
a su carácter los textos pueden ser jurídicos, políticos, económicos, literarios, filosóficos,
testimoniales... con respecto al origen se tiene que ver si es un texto emanado de una
autoridad pública, eclesiástica o de un particular. Determinar quien es el autor o autores es
importante para comprender la intencionalidad de un texto. Hay que tener en cuenta
también si el autor es coetáneo o posterior a los hechos que narra, y tenemos que destacar
de su biografía aquellos aspectos que nos ayuden a entender mejor el contenido del texto. Si
este no tiene autor o autores conocidos, habrá que buscar quienes o que ideas lo han
inspirado.
Está claro que los textos van dirigidos a alguien. En este sentido tenemos que tener
claro quienes son los destinatarios puesto que en ocasiones se redactan en función de los
receptores.
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expresivos que se utilizan... En segundo lugar, determinamos esas ideas o conceptos
básicos y la manera como se exponen desde el punto de vista lingüístico.
IV. Conclusión.
No se puede terminar un comentario sin realizar una reflexión global sobre el interés
del mismo. Esta no es una simple valoración subjetiva sino que en realidad lo que tenemos
que hacer es una síntesis interpretativa en la que establezcamos la similitud de los hechos
que hemos analizado con otros fenómenos y su trascendencia histórica, así como las
posibles valoraciones realizadas por la historiografía dedicada al tema.
V. Bibliografía.
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COMENTARIO DE MAPAS
Los mapas geohistóricos son los más comunes. En ellos se representan hechos o
movimientos sobre escenarios geográficos convencionales (nombre de ciudades, países o
accidentes geográficos). Para esa representación se utilizan signos, ideogramas o colores
cuya interpretación se encuentra en la leyenda o clave que, en forma de recuadro, acompaña
al mapa. Estos signos varían según las ediciones cartográficas, los más usados son: el
relleno de cada unidad o agrupación en colores distintos, la trazada (línea recta, de puntos,
ondulada... en distintas direcciones), los símbolos que unas veces son meros puntos
geométricos y otras pequeños cuadrados, triángulos u otro tipo de silueta representativa del
elemento al que se refiere (ideogramas) y las flechas que resultan adecuadas para expresar
acontecimientos de carácter dinámico.
Pautas de comentario:
3. Análisis.
5. Explicación
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áreas de industrialización), demográfica (densidad de población, movimientos
migratorios...) y cultural (área de implantación de una lengua, expansión de un movimiento
artístico...).
COMENTARIOS DE GRÁFICOS
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organigramas son adecuados para reflejar realidades que responden a criterios jerárquicos,
organizativos y direccionales, por ello se utilizan para reproducir estructuras sociales o
institucionales, escalas administrativas, militares...
Pautas de comentario:
3. Análisis.
4. Explicación.
Los gráficos, al igual que los mapas, presentan unas características que los
diferencian a la hora del comentario de otros documentos históricos. Como ocurre con los
mapas tampoco con el gráfico es necesario indagar sobre el autor, el destinatario ni la
intencionalidad salvo que tengan un claro componente propagandístico. Así, tras la
observación cuidadosa del gráfico, procede su descripción en la que hay que precisar la
tipología, el marco geográfico y temporal y el fenómeno histórico al que hace referencia. A
continuación entramos en el análisis que supone detallar lo que nos reflejan las magnitudes
contenidas en el gráfico en cuestión. En la explicación debemos contextualizar las fases y
ritmos que hemos apreciado y relacionarlos con los fenómenos históricos que están en la
base de su origen y evolución.
Pautas de comentario:
I. Plano de la expresión
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2. Marco formal en el que se inserta lo que se ve
1. Contexto histórico
3. Interpretación
III. Conclusiones
IV. Bibliografía
Ante una imagen hemos de fijarnos atentamente en todos y cada uno de los
elementos que la integran y que percibimos. Procedemos entonces a describir de manera
detallada lo que vemos y lo que se infiere de determinadas actitudes de quienes aparecen en
ella. Por ejemplo podemos contemplar una fotografía de personas en el interior de un
autobús que se sujetan a las barras perpendiculares al suelo o laterales al techo, por lo que
se puede inferir que la foto ha congelado el instante de un vehículo que en ese momento
estaba en movimiento. Es decir, en ese primer proceso de la descripción perceptiva tenemos
que procurar captar hasta los más nimios detalles de lo que nos muestra la imagen y que en
una primera mirada siempre pasan desapercibidos. Esos detalles pueden ser muy
significativos a la hora de la interpretación. En segundo lugar debemos precisar que es
exactamente lo que reproduce la imagen que hemos descrito, quien es su autor, cuáles son
sus coordenadas espacio-temporales, cual es su procedencia y las características técnicas
del soporte.
Al igual que cualquier otro documento histórico una imagen pertenece a una época
determinada y para desentrañar su significado se tiene que conocer el contexto histórico en
el que surgió. Después hay que analizar con detalle la composición de los diferentes
elementos que la integran, su organización, como se presentan, la utilización de los colores,
la luz...; en suma de todo aquello que nos ayude a comprender tanto la intencionalidad del
autor como el sentido y significado de lo que nos transmite y la manera como quiere que la
imagen sea captada por el receptor. Por último, trataremos de explicarla con el objetivo de
comprender lo que significa. En cuanto a la conclusión y bibliografía es aplicable lo mismo
que hemos mencionado en el caso del comentario de texto.
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COMENTARIO DE PELÍCULAS
Analizar una película entraña para los historiadores cierta complejidad por las
características del medio que obliga a la adquisición de unos conocimientos técnicos
mínimos, y porque nos movemos en un ámbito en donde se utilizan unos mecanismos
expresivos muy diferentes a los que maneja el historiador que trabaja con textos escritos. El
cine hace uso de la invención, como ya señalé, para recrear una historia que presenta en
secuencias narrativas condensadas. Pero ¿hasta qué punto esa invención se adecua a la
realidad de un pasado histórico? Ese es el quid de la cuestión que hay que dilucidar.
Pautas de comentario:
1. Ficha técnica
2. Argumento o sinopsis
3. La producción y el director
4. El guión
6. Contexto histórico
8. Recepción de la película
9. Conclusión
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10. Bibliografía
Para comentar una película lo primero que tenemos que hacer es identificarla
mediante su ficha técnica que debe contener los elementos siguientes:
Título, país, año, duración, blanco y negro o color, director, guión, fotografía,
música, reparto, productora, género y crítica (premios conseguidos). Además se tendrá que
precisar si es un remake de otra anterior.
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Fases de un proyecto de investigación:
- Formulación de hipótesis
- Redacción
Son diversas las motivaciones que nos pueden inducir a trabajar sobre un
determinado tema, que debemos delimitar en sus coordenadas espacial y temporal, pero
para que se pueda convertir en objeto de investigación debe reunir al menos tres
condiciones: primero debemos tener la certeza de que es un tema que constituye en sí un
problema teórico o práctico, segundo, que es investigable y tercero, que su estudio
científico pueda aportar nueva luz sobre él. Cumplidos estos requisitos, es importante saber
lo que se ha escrito hasta ese momento, y elaborar un estado de la cuestión lo más completo
posible en torno a la bibliografía existente en relación con lo que pretendemos estudiar, lo
cual nos permite ver hasta que nivel y con qué profundidad se ha abordado, y las carencias
que existen. Después se pasa a definir el tema como problema, es decir como pregunta
necesitada de respuestas, y en función del tipo de pregunta que nos planteamos, estarán los
objetivos que nos proponemos alcanzar. Después procedemos a formular las hipótesis, que
son las suposiciones o puntos de partida que están en la base de una investigación, con un
marco teórico adecuado y preciso, que nos guiarán en la recogida de la información y que
debemos verificar o refutar a lo largo del desarrollo del trabajo investigativo. En otras
palabras, el problema es “lo que se quiere investigar”, “para qué” son los objetivos, y las
posibles respuestas nos dan las hipótesis y los tipos de investigación.
Una vez establecidas estas premisas, procederemos a elaborar una guía temática o
de contenidos que nos va a orientar en la recogida de la información a partir de la búsqueda
y consulta de los distintos tipos de fuentes; y, por otra parte, confeccionaremos los
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instrumentos precisos de recogida de información. Por ejemplo, la delimitación de la
muestra y la elaboración del cuestionario en el caso de trabajar con testimonios orales. De
manera periódica conviene hacer balance de la información recogida para saber sobre que
aspectos tenemos que incidir. Una vez cerrado el proceso de recogida de datos, llevamos a
cabo la selección, organización y análisis de la documentación, siguiendo los
procedimientos de la crítica externa e interna de fuentes, antes de iniciar la redacción del
trabajo.
21
PARA PROFUNDIZAR
22
LECTURA
En todas las muy diferentes instituciones en las que he enseñado, los estudiantes
me han preguntado con franqueza y con cierto aire de reto, en la intimidad de mi
despacho: “¿Por qué tenemos que estudiar historia?”. A1 desarrollar el tema afirman que
no ven la importancia que pueden tener en sus vidas cuestiones como la organización de
la Iglesia medieval, la naturaleza de la monarquía borbónica o el crecimiento de Prusia en
los siglos XVII ó XVIII. Cualquiera, según ellos, puede aprender los “hechos”
(pronunciado con desdén) para “regurgitarlos” en un examen, ¿pero eso qué tiene que ver
con la vida en el mundo contemporáneo? Les parece claro que el estudio de la psicología
puede ayudarles a entenderse mejor como individuos y quizá también a vivir vidas
personales más felices y “ordenadas”. Consideran que la sociología les ayuda a
comprender problemas críticos como la delincuencia juvenil o el racismo. Ven la
importancia inmediata de la ciencia política para la mejora del gobierno interno o la
consecución de la paz internacional. Pero precisamente a los estudiantes con más
motivaciones éticas la historia les parece remota, sin importancia y casi frívola.
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que una forma de chantaje y la primera no le atribuye a la historia más valor que el de
ser parte de un medio dirigido hacia otro fin.
Además de no querer dar una respuesta trivial a 1a pregunta “¿Por qué estudiar
historia?”, recuerdo también cómo, durante el servicio militar en la Segunda Guerra
Mundial, perdí mi rumbo intelectual. Algunas personas deseosas de brillar o por puro
deporte pueden estudiar a fondo cualquier materia que se les exija. Pero yo no he podido
concentrarme nunca en mis estudios sin tener en cuenta los intereses y problemas de la
gente entre la cual vivía. Daba por sentado que ése era el problema esencial de mis
estudiantes. Veían la relación directa de las ciencias sociales, y a veces de la literatura, con
sus vidas, pero no la de la historia. Sí hoy puedo responder con seguridad a la pregunta lo
debo a las muchas conversaciones exploratorias con estudiantes a lo largo de los años. La
esencia de mi respuesta aparece en los párrafos que siguen.
Defino mi interés por la historia con referencia a tres ideas generales, que
conciernen a la motivación, al método y al valor. En cuanto a la motivación, estudio la
historia por curiosidad y preocupación por el comportamiento humano en su conjunto, tal y
como se manifiesta en muy diferentes condiciones geográficas de organización social,
desarrollo económico e ideales espirituales. La insistencia sobre los efectos de la conducta
humana en su totalidad es lo que para mí diferencia la historia de las ciencias sociales. Con
respecto al método: la masa de datos que componen la materia prima de la historia tiene
que organizarse, al menos de una forma narrativa y cronológica aproximada, para que los
acontecimientos se puedan comprender en su contexto y para que el lector perciba cómo
cada nueva situación es producto de otra previa. Gran parte del valor, y casi todo el goce ,
24
de estudiar historia procede del estímulo de la imaginación de cada uno, del reconocimiento
en términos concretos y específicos de la enorme variedad de formas que adopta la
iniciativa humana.
25
psicólogo en el comportamiento del individuo; el sociólogo en el comportamiento de la
clase, la casta o cualquier otro tipo definible. Estas disciplinas especiales aportan datos cada
vez más exactos y, lo que es más importante, herramientas superiores para el análisis de
problemas complejos dentro de un contexto premeditadamente limitado. Sus técnicas
cuantitativas se aplican mejor a la historia reciente de las sociedades muy desarrolladas
porque son sociedades de las que es posible recoger datos cuantitativos exactos. Pero un
análisis, por ejemplo, de una estructura social urbana en una ciudad industrial
contemporánea arrojará alguna luz sobre la naturaleza de las ciudades en general. Cuanto
más inteligentemente defina el sociólogo los factores limitativos de sus propios resultados,
mayores serán las posibilidades de que un historiador pueda hacer una analogía parcial
precisa de las primitivas condiciones urbanas. Desde luego mis archivos de notas contienen
tanto material procedente de publicaciones de economía, ciencia política y sociología como
de publicaciones históricas.
26
basándose exclusivamente en factores objetivos. En términos relativos, para el
científico social los datos cuantificables y los modelos abstractos serán los más
importantes que los casos individuales. Para el historiador el énfasis principal debe
recaer sobre la consecuencia específica de los acontecimientos: ¿Qué ocurrió? ¿Quién
hizo qué? ¿En qué circunstancias? ¿Con qué motivos? Datos cuantificables y modelos
de comportamiento repetidos servirán indudablemente para explicar una gran parte de
lo ocurrido. Pero siempre será necesario comprender las idiosincrasias individuales y
los contextos únicos. Este último principio se aplica tanto a los acontecimientos
artísticos y científicos como a la historia política. Es significativo que el doctor Freud
descubriera el inmenso papel del subconsciente al tratar los síntomas de la histeria
entre mujeres de clase media en la Viena de finales de siglo. También es significativo
que el concepto de cerebro como un sistema de procesamiento de datos se desarrollara
a partir de experimentos psicológicos que demostraban la naturaleza eléctrica de la
actividad cerebral, y que las analogías entre cerebros y máquinas electrónicas
influyeran tanto en el diseño de los ordenadores como en el diseño de los
experimentos psicológicos.
Este ejemplo vale asimismo para ilustrar mi tercer punto, el valor de la historia
como estímulo de la imaginación. Desde el momento en que los primeros hombre
primitivos, impotentes para dominar su entorno, crearon dioses del fuego y del agua,
los hombres han estado razonando tanto a partir de las apariencias y conocimiento de
lo que los rodea como de las apariencias y conocimiento de sus vidas interiores. Es
una experiencia gratificante y liberadora –que amplía la concepción del individuo
acerca de las posibilidades humanas– aprender de qué distintas maneras han
respondido los seres humanos ante diferentes condiciones. Citaré varios ejemplos de
mi experiencia como docente.
Los estudiantes avispados se han mostrado siempre perplejos e intrigados por las
evidencias de homosexualidad en partes de la Iliada y en los diálogos platónicos. Todo en
sus orígenes culturales les hace reírse, despreciar u ocultar esas prácticas. ¿Es que Aquiles y
Patroclo eran unas “locas”? ¿Se meneaban las caderas los invitados del banquete de Platón
unos a otros? Si los estudiantes leyeran literatura política y biográfica de las ciudades-
estado griegas se enterarían de que el “hombre de la calle” griego despreciaba a los
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homosexuales, pero con la misma claridad verían que la homosexualidad era tolerada y que
no provocaba reacciones de escándalo moral como despierta constantemente en el
Occidente moderno. Es una experiencia que amplía los horizontes, verdaderamente liberal
y liberadora, para los estudiantes norteamericanos, sobre todo para los de las ciudades y
pueblos del Medio Oeste, enterarse de que las desviaciones sexuales se toleraban, en
general, aunque no necesariamente se las admirara, en una de las civilizaciones más
grandiosas que ha creado hasta ahora el hombre.
En la Rusia del siglo XIX la expansión hacia el Este del dominio de los blancos
moscovitas se desarrolló a través de las escasamente pobladas llanuras de Siberia.
También éstas estaban habitadas por tribus analfabetas de cazadores y pastores,
racialmente diferentes de los europeos invasores, tan incapaces como los propios indios
norteamericanos de comprender el concepto occidental de propiedad privada. No
conocemos en detalle la colonización rusa de Siberia, pero sí sabemos que no se diezmó
por completo a la población nativa, como ocurrió en las Grandes Praderas indias. Y,
además, si se tienen en cuenta la composición racial y la ausencia de tensiones raciales, es
evidente que en la Siberia moderna los administradores, granjeros, empresarios, mineros
y ferroviarios rusos no dudaron en casarse con mujeres siberianas. La prueba de este
fenómeno en sí mismo es suficiente para sugerir a los estudiantes norteamericanos que los
hombres civilizados que colonizan una zona habitada anteriormente por hombres
primitivos no tienen forzosamente que exterminar o aislar a la población indígena.
28
El caso de Brasil en el siglo XIX es igualmente ilustrativo. Las zonas
semitropicales de Brasil, igual que los estados del Sur antes de la Guerra civil, poseían
una economía de plantación dependiente del trabajo de los esclavos negros. En la historia
de los [Link]. todos los norteamericanos leen que las múltiples luchas económicas,
políticas y morales entre el Norte y el Sur adquirieron el carácter de un “conflicto
irremediable”. Sean las que fueren sus simpatías sentimentales el norteamericano medio
tiende a “aprender” de la Guerra civil y sus consecuencias: 1) que la cuestión de la
esclavitud frente a la libertad sólo se podía solventar mediante una guerra; 2) que los
negros y los blancos podían vivir pacíficamente en el mismo territorio únicamente si se
establecían límites claros entre las dos comunidades raciales.
29
similares en la historia de Hispanoamérica, el sureste de Asia e Indonesia, eso puede
llevarles quizás a una reversión general de los supuestos. En lugar de presuponer que
los prejuicios de “color” son “normales” entre las razas humanas pueden empezar a
preguntarse por qué el sentimiento del color ha sido mucho más fuerte entre los
anglosajones que entre otros grupos humanos.
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ANEXOS
RESEÑA DE LIBRO
31
Vovelle: Imagen e imaginario en la historia (1989) o el conjunto de trabajos que Roger
Chartier recoge en su libro: El Mundo como Representación. Historia cultural: entre
práctica y representación (1992); sin olvidar títulos tan sugestivos como el de Alain
Corbin: Le miasme et la jonquille. L’odorat et l’imaginaire social. XVIIIe-XIXe siècles
(1982) que nos traslada ese mundo del imaginario a otro nivel, o el del antropólogo Gilbert
Duran: Les structures antropologiques de l’imaginaire (1984).
Esta manera de ver y de verse en relación con los otros, implica la utilización de
fuentes “no usuales” hasta ahora en la investigación histórica y obliga a una práctica
interdisciplinaria. De esta forma, junto a historiadores sensu stricto, escriben en el libro
otros procedentes de los ámbitos literario, artístico, científico... Por otra parte, el conjunto
de los trabajos forman un todo bastante homogéneo en torno a una serie de temas que
ahondan, desde diferentes perspectivas, en ese proceso de creación de unos imaginarios
como elementos definidores de identidades nacionales colectivas. En este sentido, una serie
de trabajos se centran en la manera como se vivió y trató de explicar el “desastre” en
España, explicaciones en las que se argumentaba con aseveraciones procedentes del mundo
de la ciencia y en las que subyacía un deseo de redefinir una identidad nacional en crisis a
partir de una compresión del elemento “pueblo”.
32
Otros, en contrapunto de perspectivas, se refieren a la manera como se vieron las
nuevas naciones necesitadas de construir un sentimiento nacional propio, deslindado de la
influencia de la antigua metrópoli y contrario a los deseos anexionistas y de absorción
cultural de la gran potencia emergente como era Estados Unidos. En algunos trabajos se
abordan las ambigüedades y contradicciones que se produjeron en las relaciones entre
España y sus ex-colonias. En otros, la manera como los intelectuales buscaban en la historia
de sus respectivos países unas señas para la construcción de un Estado nación, en contraste
con la realidad de los mismos, cuerpos enfermos de atraso y pobreza. El caso del intelectual
cubano Fernando Ortiz es especialmente paradigmático. Frente a una concepción de la
nacionalidad a partir de su identificación con la “raza” blanca, Ortiz y otros intelectuales
de la llamada por Juan Marinello “Década Crítica”, reivindicaron la recuperación de las
raíces “afrocubanas”, igualmente claves en el proceso de formación de una nación, la
cubana, integradora, ya que, junto a esa recuperación, no se desdeñaban aquellos elementos
procedentes de otros países, y por ende de otras culturas, que arribaban al país en continuo
e ininterrumpido flujo.
33
provocó en España una reflexión sobre aspectos esenciales de su identidad nacional con un
talante pesimista. En cambio, y en segundo término, para Cuba, Puerto Rico y Filipinas el
98 significó el origen de la definición de su identidad nacional. Finalmente Santos Juliá
lanzó una idea que bien podría dar pie a un enriquecedor debate al señalar como el libro en
cierto sentido constituye un reflejo de nuestra época, en la que hay una crisis de las
identidades nacionales. Sin embargo, para las gentes del cambio de siglo –añadía- esas
identidades tenían unos claros referentes como eran la idea de la raza o una lengua común.
En el marco de esta argumentación se preguntaba a que nos referimos cuando utilizamos el
término imaginario: a las representaciones de aquellos que vivieron hace un siglo o bien a
las nuestras, porque ¿cómo deslindar unas de otras?.
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ALGUNAS ABREVIATURAS USUALES QUE SE UTILIZAN EN LA REDACCIÓN
DE LOS CONTENIDOS, EN LAS NOTAS Y EN LA BIBLIOGRAFÍA DE LOS
TRABAJOS CIENTÍFICOS
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id. (del latín idem):lo mismo (se emplea en el caso de que el autor sea el mismo al citado
anteriormente, pero la obra distinta)
l. c., loc. cit. (del latín loco citato): en el lugar citado (se utiliza al citar de nuevo una parte
de una obra –capítulo o páginas- ya mencionada en una nota anterior
lam.: lámina
ms.: manuscrito
n.: nota
n. a.: nota del autor
n. b. (del latín nota bene): nótese bien (llamada de atención aclaratoria del texto)
n. del c.: nota del compilador
n. del e.: nota del editor
n. de la r.: nota de la redacción
n. del t.: nota del traductor
núm.: número. También nº
op. cit. (del latín opere citato): obra citada (se usa cuando tras nombrar a un autor y a una
obra se le vuelve a citar, aunque no sea la misma página. En este caso la abreviatura seguirá
al nombre del autor)
p. y pág.: página. En plural pp. ps.y págs.
pass. (del latín passim): en diversas partes (se emplea cuando se desarrolla una idea a lo
largo de todo un artículo o libro)
[Link].: por ejemplo
p.m.: post meridiem (después del mediodía)
pref.: prefacio
pról.: prólogo
p.s.: post scriptum o pos(t) data
publ.: publicación, publicado
r.: recto, en los folios sin paginar se dice de la cara impar
recop.: recopilación
ref.: referencia
reg.: registro
reimpr.: reimpresión
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rev.: revista
s. y sig.: siguiente. En plural ss. y sigs.
s.a.: sin año
s. d. (del latín sine data): sin fecha
s. e.: sin editor
s. f.: sin fecha
s. i.: sin imprenta
s.l.: sin lugar
s. n. (del latín sine nomine): sin nombre
sep.: separata
ser.: serie
sic: así (escrito así por el autor en el original. Puede destacar también un error o falta del
texto original)
sign.: signatura
supl.: suplemento
t.: tomo
trad.: traductor, traducción
v.: véase, vuelto, se dice de la cara par en los folios no paginados
vº.: vuelto
[Link].: verbigracia (ejemplo)
vid. (del latín vide): véase
vid. supr. (del latín vide supra): véase más arriba
vid infr. (del latínvide infra): véase más abajo
vol.: volumen. En plural vols.
vto.: vuelto
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