0% encontró este documento útil (0 votos)
25 vistas37 páginas

Tema 14

TEMA 14 MÉTODOS Y TÉCNICAS DE INVESTIG HISTÓRICA II
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
25 vistas37 páginas

Tema 14

TEMA 14 MÉTODOS Y TÉCNICAS DE INVESTIG HISTÓRICA II
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

TÉCNICAS PARA EL APRENDIZAJE

Capítulo 10 del libro: Alted Vigil, A. y Sánchez Belén, J.: Métodos y técnicas de
investigación histórica. Madrid, Editorial Universitaria Ramón Areces, 2005, pp. 221-
254, Segunda parte: Historia Contemporánea

Este capítulo presenta un carácter práctico y completa lo desarrollado en capítulos


anteriores. El objetivo es proporcionar unas orientaciones sobre las diferentes técnicas de
trabajo que se utilizan en el estudio y la enseñanza de la historia, centrándome en los
ejemplos en la historia contemporánea. Al final explico brevemente las fases de un
proyecto de investigación histórica. En la bibliografía se recogen ejemplos prácticos de lo
que aquí se trata y, por otra parte, se incluyen dos anexos, uno con un modelo de reseña de
un libro y otro con algunas abreviaturas usuales que se utilizan en la elaboración de
trabajos científicos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

El conocimiento de esta técnica resulta necesario para cualquier estudiante


universitario, pues los primeros instrumentos que tiene que aprender a buscar y manejar son
los libros y las publicaciones periódicas que se encuentran en las bibliotecas y hemerotecas.
Además, un trabajo de curso se elabora a partir de una bibliografía que debe citarse. Estas
referencias bibliográficas se ajustan a unas normas gracias a las cuales cualquier lector
puede entenderlas, lo que le permite a su vez buscarlas en repertorios bibliográficos,
ficheros o catálogos de bibliotecas.

Los catálogos son el conjunto ordenado de todos los asientos bibliográficos de


libros, folletos, publicaciones periódicas, videos...; que constituyen una biblioteca. Estos
asientos contienen los datos bibliográficos que permiten identificarlos, registrarlos y
localizarlos de acuerdo con unas reglas.

Ejemplos de asientos bibliográficos:

Ministerio de Cultura. Agencia Española del ISBN

1
ISBN: 84-8432-129-0
Autor: Beevor, Antony (1946- ) Chocano, Magdalena, tr.
Título: Stalingrado Lengua: publicación: Castellano traducida del: Inglés
Edición: 1ª. ed., 8ª. imp.
Publicación: Barcelona: Editorial Crítica , 09/2004
Descripción: 456 p.; 23x16 cm
Encuadernación: cartoné
Precio: 27,88 €
Colección: Memoria crítica
Materias: Historia de Europa. CDU: 940
Última modificación: 26/09/2005

Biblioteca Nacional, Madrid


Autor/es: Beevor, Anthony
Título: [Stalingrad. Español]
Stalingrado / Anthony Beevor ; traducción castellana de Magdalena Chocano
Edición: 1ª ed. en Colección Booket
Publicación: Barcelona: Crítica, 2005
Colección: Booket. Biblioteca Anthony Beevor ; 5013, 1
Notas: Bibliografía: p. 603-612. Índices
Traducción de: Stalingrad
Materias: Stalingrados, Batalla de, 1942-1943

Biblioteca Central de la UNED, Madrid


930.9.06BEE
Stalingrad
Beevor, Antony

Autor principal: Beevor, Anthony


Título: Stalingrad / Anthony Beevor

2
Publicación: London: Penguin Books, 1998
Descripción Física: XVII, 493 p., [8] h. de lám.
Materia: Guerra Mundial, II, 1939 – 1945
Materia: Batallas
Materia geográfica: Alemania
Materia geográfica: Rusia

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Autor Beevor, Anthony


Título Stalingrado / Antony Beevor ; traducción castellana de Magdalena Chocano.
Publicac. Barcelona: Crítica, 2000
Des. física 452p. ; 24 cm
Colección Memoria Crítica
Resumen La soberbia de Hitler: el retraso de la batalla por Moscú; La primera batalla
del general Paulus; La ciudad fatídica; La trampa de Zhukov; El
sometimiento del VI ejército.
ISBN 8484321290
Clasif. 940.53
Materia Guerra Mundial II, 1939-1945 – Campañas – Stalingrado

TIPO DE
UBICACION SIGNATURA ESTADO NOTAS
PRESTAMO
Económ. y Empr.-Sala S940BEE DISPONIBLE PR. NORMAL
Geografía e Ha.-
D940.53BEEsta DISPONIBLE PR. NORMAL
Depósitos

Existen diferentes tipos de catálogos en relación con los fondos de una biblioteca:
Por su extensión (colectivos, generales y especiales), por su uso (internos y públicos), por
su sistema de ordenación (topográficos, alfabéticos y sistemáticos), por su forma (en fichas,
en forma de lista o de listados, en línea). Hoy en día la forma de acceso de los usuarios a los
fondos de la mayoría de las bibliotecas es mediante Internet. Esto ha supuesto un cambio en
el modo de relación del lector frente al catálogo de la biblioteca, implica notables ventajas y

3
sobre todo un gran ahorro de tiempo en las consultas. Ya nadie pone en duda que los OPAC
(Online Public Access Catalogs) son indispensables para acceder y conocer los fondos de
una determinada biblioteca.

Pero una cosa es el asiento bibliográfico y otra la referencia bibliográfica. Hay una
similitud, aunque en el segundo caso la información es mucho más breve. Un trabajo de
curso y de manera obligada todo trabajo de investigación incluyen la bibliografía que el
estudiante o el investigador han manejado. Esta bibliografía la forman una serie de
referencias bibliográficas. Si revisamos distintas bibliografías nos daremos cuenta de la
diversidad de criterios que hay al respecto, no en los datos que se recogen, que son siempre
los mismos, sino en el orden y la forma de presentarlos. Esto ha llevado a que una gran
parte de las publicaciones periódicas y editoriales impongan sus propias normas para la
presentación de originales. A continuación voy a precisar los datos que deben incluir las
referencias bibliográficas de libros y artículos de revistas.

Referencias bibliográficas de libros

Autor o autores

- Tiene que aparecer primero el apellido o apellidos del autor o autores (cuando
no son más de tres) y a continuación el nombre o la inicial. Si son más de un
autor, aparecerán en el mismo orden que vienen en la portada de la obra y antes
del último autor se puede colocar la conjunción y.

- Si la obra tiene más de tres autores sólo se indicará el nombre del primero,
añadiendo después la abreviatura latina “et al.” (del latín et alii: y otros).

- Cuando una institución figura como autor corporativo, se la considera como


autora de la obra.

- Cuando hay varios autores y uno aparece como responsable, este encabezará la
referencia. En este caso, a continuación del nombre se colocará la abreviatura
ed. (editor), dir. (director), coord.. (coordinador), comp.. (compilador).

- Las actas de reuniones científicas u otro tipo de obras colectivas que carecen de
autor responsable pueden encabezarse por AA. VV. o [Link]. (Autores Varios
o Varios Autores) o directamente por el título.

4
Título del libro

- El título, y en su caso también el subtítulo, del libro se copiarán de la portada de


la obra, nunca de la cubierta, respetando la puntuación y ortografía. Se
destacarán topográficamente escribiéndolos en cursiva.

- Los títulos y subtítulos escritos con caracteres no latinos, deberán transliterarse


o romanizarse de acuerdo con la normativa internacional.

Otros datos

Después del título se indicará:

- Lugar de edición en la lengua vernácula. Si no consta se pone [s.l.] (sin lugar).

- Editorial

- Año de publicación. Si no aparece se pone [s.a.] (sin año). En ocasiones el año


se coloca entre el nombre del autor y el título de la obra.

- Páginas (número seguido de págs. o pp.)

- Si son dos o más volúmenes se indica en lugar de las páginas. Se pone entonces
el número de volúmenes (en caracteres arábigos) seguido de la abreviatura vols.
Si estos hubieran sido editados en distintos años, se hará constar entre
paréntesis el año de aparición del primero y del último separados por un guión.
Si la obra no ha terminado de publicarse, se pondrá entre paréntesis el año de
edición de cada uno de los volúmenes aparecidos.

- En una referencia más completa se puede indicar a continuación el número de


edición, si no es la primera; el lugar y el año de la primera edición; el nombre
del traductor, si es la traducción de una obra extranjera y si tiene ilustraciones.

Observaciones

- Cuando es un trabajo de un libro colectivo o un capítulo de una monografía, se


pondrá el nombre del autor, a continuación el título del trabajo o capítulo
entrecomillado. Después anteponiendo “En” se indicarán los datos de la
monografía indicando en el apartado de las páginas la inicial y la final de
trabajo o capítulo en cuestión.

5
- Si es una monografía que forma parte de una serie, a continuación de los datos
de la misma y entre paréntesis aparecerán: apellidos y nombre del director de la
serie (si lo hubiera), título de la serie y número o volumen que hace en la
misma.

- En el caso de las reimpresiones y ediciones facsimilares su correcta descripción


exige que se haga constar los datos de la edición consultada y al final entre
paréntesis: “Reprint” o “Reprod. facs.” de la edición original con cita de su
lugar de edición y año.

Algunos ejemplos:

- REMOND, R. et al.: Hacer la Historia del siglo XX. Madrid, Biblioteca Nueva-
UNED-Casa de Velázquez, 2004, 381 págs.

- Agencia EFE: Imágenes inéditas de la guerra de la guerra civil 1936-1939.


Madrid, Agencia EFE, 2002, 200 págs.

- TABÁKOVA, L. K.: “Los exiliados de la guerra civil española y su presencia


en la cultura búlgara”. En: A. ALTED y M. LLUSIA (drs.): La cultura del
exilio republicano español de 1939. Madrid, UNED, 2003, vol. 2, pp. 553 –
571.

Referencias bibliográficas de artículos de revistas

Autor o autores

- Se ponen los apellidos y a continuación el nombre o la inicial. Si hay más de un


autor, se respetará el orden en el que aparecen.

- Cuando sean más de tres autores, figurará el primero seguido de la abreviatura


“et al.”

- Si el autor es una institución, aparece como autora del artículo.

- Cuando el artículo es un “editorial” que no tiene autor identificable, se pone el


título del artículo y entre paréntesis ese carácter de editorial.

Título

6
- El título y en su caso el subtítulo se transcribirán íntegros respetando la
puntuación y ortografía. Irán entre comillas.

Revista

- Se indicará después el título de la revista donde se ha publicado el artículo. Se


destacará topográficamente escribiéndolo en cursiva.

Otros datos

- El lugar de edición va tras el título de la revista entre paréntesis.

- A continuación, el volumen o tomo normalmente en números arábigos, aunque


también se pueden utilizar los números romanos.

- Después, el número del ejemplar, año de publicación y páginas.

- En el caso de un artículo periodístico se consigna el autor o autores, el título, el


periódico (en cursiva), lugar entre paréntesis y fecha de publicación.

Algunos ejemplos:

- GAYA, A. M.: “El film de género histórico: una experiencia didáctica”.


Historia, Antropología y Fuentes Orales (Barcelona), nº 18, 1997 (2ª época),
pp. 109-130.

- SOTELO, I.: “La ‘superación del pasado’ en Alemania”. El País (Madrid), 19


de junio de 2005.

FICHAS DE CONTENIDO

Las fichas de contenido constituyen un instrumento útil que nos sirve para sacar el
máximo partido posible a un libro, artículo, folleto o cualquier otro tipo de documento que
consultemos en función del diseño de investigación y la guía temática que previamente se
debe elaborar para dar cumplimiento a los objetivos propuestos. Desde el punto de vista
formal hay que mantener el mismo tamaño para todas las fichas, así como una uniformidad
en la presentación de sus elementos: encabezamiento y contenido. Existen varios modelos
de fichas de contenido, y cada investigador adopta un tipo u otro según le sea más
conveniente. Aquí doy unas ideas generales que pueden servir de referencia. El
encabezamiento se sitúa en la parte superior izquierda. En la parte superior derecha se

7
puede indicar más concretamente el contenido de la ficha y su número dentro de una serie,
por ejemplo 3/5 (quiere decir que es la ficha 3 de un total de 5). En ocasiones conviene
poner la fecha en la parte superior central. Si es un libro o artículo indicamos la referencia
bibliográfica en la parte inferior de la ficha, que puede ser sintética, pero indicando siempre
la página de donde extraemos la información. Es importante añadir la signatura
catalográfica (en el caso por ejemplo de que sea un libro sacado de una biblioteca) y la
fecha de consulta. Es conveniente escribir sólo por una cara con el fin de que se puedan
añadir con posterioridad anotaciones en el reverso.

Ejemplo de ficha de contenido

Exilio de 1939. Repatriaciones años cincuenta Repatriaciones de la URSS


y retornos 1/4

“El año 1955 fue clave en ese progresivo acercamiento que iba a posibilitar las
primeras expediciones oficiales de retornados ... El gesto de mayor trascendencia por
parte de la URSS hacia España tuvo lugar en diciembre de ese año, cuando ese país
votó en el Consejo de Seguridad de la ONU a favor de la admisión de España como
miembro de la misma”.

[Comentario personal]

A. ALTED, E. NICOLÁS y R. GONZÁLEZ: Los niños de la guerra de España en la


Unión Soviética. De la evacuación al retorno (1937-1999), pp. 191-192.

Para poder extraer el contenido fundamental de un texto, hay que leerlo de forma
pausada y reflexiva. Después es cuando se procede hacer un resumen sintético de su
contenido o de una parte del mismo, en función del interés del libro o documento... y del
tema que trabajemos. En la ficha se ha de separar claramente el resumen o paráfrasis de los
contenidos, de las citas textuales, comentarios personales o aclaraciones referidas a
personas, lugares geográficos, expresiones antiguas o palabras en otras lenguas... Las citas
se tienen que transcribir literalmente entre comillas. Si incluimos una precisión por nuestra
parte al hilo de la cita, se pone entre paréntesis cuadrado o corchetes. Es conveniente
utilizar una redacción ágil, con frases sencillas y párrafos cortos que permita una lectura
rápida de las fichas. Estas se deben guardar ordenadas de manera alfabética por autores o
por materias de acuerdo a nuestra guía temática. Es importante elaborar bien las fichas. Hay
que pensar que durante la carrera y después en nuestra vida profesional vamos a leer y a
trabajar con una gran cantidad de libros y documentos de muy diverso tipo. En este sentido

8
las fichas nos ayudan, pues en ellas reseñamos lo más importante, a nuestro juicio, de un
texto, nuestras opiniones personales sobre aspectos que se tratan en el mismo y datos
complementarios útiles, que se pueden consultar en cualquier momento de forma rápida sin
necesidad de volver a consultar el libro o documento en cuestión. En otro sentido, cuando
estemos realizando una investigación y tengamos confeccionadas las fichas de contenido,
conviene hacer periódicamente un balance de la información recogida para conocer los
temas de los que tenemos suficiente información y de cuales no. En un fichero aparte, se
organizan las fichas bibliográficas, con las referencias completas de los libros y
publicaciones periódicas.

RESEÑAS DE LIBROS DE HISTORIA

Reseñar un libro de historia o de otro carácter implicas analizar de manera


pormenorizada el contenido de la obra con el fin de elaborar un comentario crítico y
valorativo de la misma. Este análisis se ajusta a las siguientes pautas:

Ficha bibliográfica: Primero hay que proporcionar una referencia bibliográfica del
libro: nombre del autor, título, lugar de edición, editorial, fecha de publicación y número de
páginas. Se puede indicar también, si es un libro traducido de otra lengua, el nombre del
traductor y la fecha de publicación en su lengua original, así como si contiene ilustraciones.

Autor de la reseña: Nombre de la persona que escribe la reseña.

Introducción: Presentación inicial que introduce el tema que se aborda en el libro.

Autor o autores: A continuación se esbozan brevemente algunos rasgos


biobibliográficos del autor o autores de la obra reseñada. Es interesante destacar los
aspectos más sobresalientes de la biografía intelectual de un autor y situar la obra que se
analiza tanto en el marco de su trayectoria profesional como en el contexto más amplio de
la historiografía sobre el tema que trata en el libro. Cuando tiene un carácter colectivo nos
ceñimos a este último aspecto.

Organización formal y de contenidos y resumen temático global: En un siguiente


paso se ha de proceder a mostrar como el autor ha estructurado el libro, para después hacer
un resumen de conjunto de su contenido señalando las líneas argumentales básicas sobre las
que se asienta.

9
Análisis crítico: Este obviamente es el apartado más importante y el que requiere
una elaboración más personal por parte del autor de la reseña. Lo que se debe hacer aquí es
un estudio detallado de los contenidos de la obra en cuestión. Para ello se pueden adoptar
básicamente dos métodos. El “método literal” que implica seguir el orden de los diferentes
capítulos y comentar de manera progresiva lo que contienen, destacando las cuestiones más
relevantes y las aportaciones desde una perspectiva historiográfica; y el método lógico que
consiste en seleccionar los temas, líneas o ideas fundamentales que vertebran el libro a
partir de los cuales desarrollamos el análisis.

Valoración del autor de la reseña: Tras el estudio crítico procede hacer una
valoración personal, pues con la reseña lo que pretendemos es dar noticia a otras personas
del libro. Esa opinión debe centrarse en el interés que presenta, en su novedad y
aportaciones historiográficas (en nuestro caso) en relación con el tema que aborda. Es
evidente que la formación profesional del autor de la reseña condicionará la calidad y
profundidad de la valoración que haga de la obra. En este sentido, toda buena revista cuida
mucho el apartado de las reseñas críticas de libros que suelen encargar a especialistas, ya
que una reseña no es sólo una manera de informar sobre un libro, sino que también supone
un juicio positivo o negativo del mismo ante la comunidad académica y científica y de cara
a un público más amplio interesado.

COMENTARIO DE TEXTOS HISTÓRICOS

El historiador trabaja con documentos históricos que se conservan en archivos,


bibliotecas, hemerotecas... Por ello es necesario que desde el mismo momento en que un
estudiante inicia sus estudios en este ámbito del conocimiento, comience a ejercitarse en el
dominio de una técnica que formará parte consustancial de su actividad profesional
posterior. Ya hablamos del documento como fuente histórica en el capítulo segundo. Aquí
lo que me interesa es proporcionar pautas que sirvan para la comprensión del sentido
histórico de diversos tipos de documentos. Me voy a centrar en primer lugar en los textos.

Comentar un texto histórico no es hacer una paráfrasis del mismo ni utilizarlo como
pretexto. Lo primero suponer repetir lo que se dice en el texto en cuestión con otras
palabras, y lo segundo utilizarlo como pretexto para hablar de un tema general que guarda
una relación directa o indirecta con aquel. En cambio el comentario de un texto histórico

10
consiste en analizar su estructura interna e interpretar lo que nos dice dentro del marco
histórico que lo generó y al que se refiere. Es, pues, este contexto el que da sentido y
significado al texto, de ahí la necesidad de que los estudiantes tengan unos conocimientos
generales previos, que luego irán profundizando conforme progresen en la técnica del
comentario de los documentos.

Las pautas que debe observar en lo que se refiere al comentario de textos son las
siguientes:

I. Acercamiento al texto

1. Lectura atenta y comprensiva

2. Aclaración de conceptos, palabras, expresiones... que planteen dudas.

II. Crítica externa

1. Naturaleza y origen del texto

2. Autor

3. Destinatario

4. Marco cronológico y geográfico

5. Contexto histórico

III. Crítica interna

1. Análisis de las unidades formales y temáticas

2. Explicación del contenido

IV. Conclusión

V. Bibliografía

I. Acercamiento al texto

En primer lugar conviene leer el texto de manera rápida para hacernos una idea
global de su contenido. Después procederemos a leerlo despacio tratando de comprender
las palabras, ideas y argumentaciones desarrolladas en el mismo. Con ayuda de diccionarios
y enciclopedias aclararemos las dudas que nos plantee su lectura. Podemos subrayar
aquellas frases que consideremos más significativas, numerar los párrafos... Una tercera

11
lectura nos debe proporcionar una comprensión más profunda de su contenido
permitiéndonos iniciar el comentario.

II. Crítica externa

Antes de nada hay que precisar el carácter que presenta y su procedencia. En cuanto
a su carácter los textos pueden ser jurídicos, políticos, económicos, literarios, filosóficos,
testimoniales... con respecto al origen se tiene que ver si es un texto emanado de una
autoridad pública, eclesiástica o de un particular. Determinar quien es el autor o autores es
importante para comprender la intencionalidad de un texto. Hay que tener en cuenta
también si el autor es coetáneo o posterior a los hechos que narra, y tenemos que destacar
de su biografía aquellos aspectos que nos ayuden a entender mejor el contenido del texto. Si
este no tiene autor o autores conocidos, habrá que buscar quienes o que ideas lo han
inspirado.

Está claro que los textos van dirigidos a alguien. En este sentido tenemos que tener
claro quienes son los destinatarios puesto que en ocasiones se redactan en función de los
receptores.

El siguiente paso es delimitar las coordenadas temporales y espaciales en las que se


encuadra el documento. Puede ser que nos encontremos que no tiene fecha o con una
localización geográfica indeterminada. En uno u otro caso se tendrá que proceder con
cautela tratando de inferir de manera aproximada la época en la que fue escrito o el lugar a
partir del contenido.

Por último dentro de este apartado de la crítica externa procede enmarcarlo en su


contexto histórico, pues todo documento es producto de una época que se debe conocer en
líneas generales para poder entender su contenido.

III. Crítica interna

La crítica interna implica dos operaciones intelectuales. Una analítica y otra


interpretativa. La primera a su vez se aborda en un doble nivel. Primero tenemos que
conocer el entramado o esqueleto lógico y narrativo del texto así como sus elementos
expresivos y estilísticos. Para ello lo dividimos en partes e identificamos sus ideas
fundamentales, los argumentos que las sostienen, el estilo de redacción, los elementos

12
expresivos que se utilizan... En segundo lugar, determinamos esas ideas o conceptos
básicos y la manera como se exponen desde el punto de vista lingüístico.

Tras esta fase aunque en ocasiones también de forma paralela, procedemos a


explicar el contenido del documento. Explicar significa dar cuenta de lo que se dice en
relación con la situación histórica dentro de la cual surgió; lo que implica relacionar y
vincular las ideas contenidas en el texto con personas, instituciones y fenómenos históricos
coetáneos. Esta labor de explicación o interpretación es propiamente lo que entendemos por
comentario de texto.

IV. Conclusión.

No se puede terminar un comentario sin realizar una reflexión global sobre el interés
del mismo. Esta no es una simple valoración subjetiva sino que en realidad lo que tenemos
que hacer es una síntesis interpretativa en la que establezcamos la similitud de los hechos
que hemos analizado con otros fenómenos y su trascendencia histórica, así como las
posibles valoraciones realizadas por la historiografía dedicada al tema.

V. Bibliografía.

Parra llevar a cabo un comentario de texto es indispensable consultar una


bibliografía mínima que puede ir desde obras generales, manuales, diccionarios o
enciclopedias que proporcionan una visión rápida y general sobre un acontecimiento o
período histórico determinados o bien permiten aclarar dudas en cuanto a personajes,
términos técnicos...; a libros especializados o monografías y artículos de revistas que
ayudan a profundizar en los conocimientos sobre el contexto histórico y los aspectos
concretos que se tratan en el texto facilitando su explicación. Esta bibliografía debe
relacionarse en este apartado siguiendo las normas de descripción bibliográficas ya
comentadas.

Este esquema de comentario de texto que he propuesto no es cerrado, en sus líneas


generales coincide con otros que se pueden consultar en los libros que menciono al final del
capítulo. Cuando tenemos que comentar dos o más textos de forma comparada, les
aplicamos las diversas fases del esquema y procedemos al análisis y explicación de manera
interrelacionada.

13
COMENTARIO DE MAPAS

Los procesos históricos se insertan en la doble coordenada espacio-tiempo. Esto


hace que sea imposible estudiar la historia sin recurrir a los mapas y planos en los que se
refleja el marco espacial o geográfico de los diferentes fenómenos históricos. Estos mapas
se elaboran a partir de datos primarios y siguen unas normas utilizadas por la cartografía.

Los mapas geohistóricos son los más comunes. En ellos se representan hechos o
movimientos sobre escenarios geográficos convencionales (nombre de ciudades, países o
accidentes geográficos). Para esa representación se utilizan signos, ideogramas o colores
cuya interpretación se encuentra en la leyenda o clave que, en forma de recuadro, acompaña
al mapa. Estos signos varían según las ediciones cartográficas, los más usados son: el
relleno de cada unidad o agrupación en colores distintos, la trazada (línea recta, de puntos,
ondulada... en distintas direcciones), los símbolos que unas veces son meros puntos
geométricos y otras pequeños cuadrados, triángulos u otro tipo de silueta representativa del
elemento al que se refiere (ideogramas) y las flechas que resultan adecuadas para expresar
acontecimientos de carácter dinámico.

Pautas de comentario:

[Link]ón atenta del mapa.

1. Localización geográfica y temporal.

2. Determinación de su naturaleza tipológica.

3. Análisis.

5. Explicación

Lo primero que tenemos que hacer ante un mapa es observarlo atentamente en su


conjunto y en cada una de sus partes. Debemos fijar sus límites geográficos y situarlo en un
marco temporal. Estudiaremos en detalle los diferentes signos que aparecen y como se
encuentran distribuidos. Hay que determinar después su naturaleza tipológica de acuerdo
con su contenido temático: político (división y evolución de las fronteras entre los estados o
regiones, expansión de imperios, conflictos bélicos...), político social (hechos
revolucionarios, implantación de un sindicato o partido político, zona de influencia
electoral...), económica (vías de comunicación, diferentes zonas de producción agrícola,

14
áreas de industrialización), demográfica (densidad de población, movimientos
migratorios...) y cultural (área de implantación de una lengua, expansión de un movimiento
artístico...).

A continuación pasamos a analizar el mapa. Para ello procedemos a su


reconocimiento cartográfico con el fin de determinar las distintas zonas en las que se
divide, las relaciones que se dan entre ellas y su carácter estático o dinámico. Una vez
extraída la información que contiene, tenemos que explicarla en función del contexto
histórico dentro del cual se inserta. Esto implica conocer personajes, instituciones y
procesos que no aparecen en el mapa, pero que, sin embargo, fueron los elementos que
configuraron una realidad que si tiene su configuración cartográfica. A partir de aquí
elaboramos un comentario que debe ajustarse de la forma más precisa posible a los
contenidos del mapa.

COMENTARIOS DE GRÁFICOS

Los gráficos han constituido una herramienta fundamental de la historia económica


y social y hasta hace relativamente poco tiempo no solían utilizarse en otros ámbitos
históricos. En la actualidad cualquier acontecimiento o fenómeno histórico puede
representarse de forma gráfica.

Un gráfico es el resultado de la elaboración visual de una realidad que puede ser


cuantificada en series homogéneas y continuas con un número mínimo de dos magnitudes,
siendo una de ellas la medida del tiempo. Esa realidad contable y serial es muy variada y
constituye un material primario susceptible de ser considerado como fuente histórica:
registros de nacimientos, matrimonios y defunciones, censos de población, libros de
contabilidad, datos de producción industrial...

El desarrollo informático y los avances en los diseños de programas han posibilitado


la elaboración de gráficos en ocasiones muy complejos y en los que predominan los
elementos cromáticos. Esto es utilizado ampliamente por las editoriales en la elaboración
de libros de texto. Sin embargo, los gráficos que se utilizan de manera usual tienen una
representación más sencilla. Son los siguientes: cuadros o tablas estadísticas, ejes de
coordenadas, gráficos de barras, representaciones en círculo, pirámides de población y
organigramas. Los primeros representan realidades cuantificables, en cambio los

15
organigramas son adecuados para reflejar realidades que responden a criterios jerárquicos,
organizativos y direccionales, por ello se utilizan para reproducir estructuras sociales o
institucionales, escalas administrativas, militares...

Pautas de comentario:

1. Observación atenta del gráfico.

2. Descripción formal y temática.

3. Análisis.

4. Explicación.

Los gráficos, al igual que los mapas, presentan unas características que los
diferencian a la hora del comentario de otros documentos históricos. Como ocurre con los
mapas tampoco con el gráfico es necesario indagar sobre el autor, el destinatario ni la
intencionalidad salvo que tengan un claro componente propagandístico. Así, tras la
observación cuidadosa del gráfico, procede su descripción en la que hay que precisar la
tipología, el marco geográfico y temporal y el fenómeno histórico al que hace referencia. A
continuación entramos en el análisis que supone detallar lo que nos reflejan las magnitudes
contenidas en el gráfico en cuestión. En la explicación debemos contextualizar las fases y
ritmos que hemos apreciado y relacionarlos con los fenómenos históricos que están en la
base de su origen y evolución.

COMENTARIO DE IMÁGENES FIJAS

La imagen debe incorporarse al estudio de la historia no como mera ilustración de


un pasado, sino como un documento que puede proporcionar elementos significativos sobre
el mismo. Pero, como ya se dijo, para utilizarla como fuente histórica hay que comprender
su sentido y significado profundos a partir de lo que nos muestra, lo que implica aprender a
“leerla” de una manera diferente a como lo hacemos con un texto escrito, en el doble plano
de la expresión y del contenido.

Pautas de comentario:

I. Plano de la expresión

1. Descripción perceptiva (lo que se ve en la imagen)

16
2. Marco formal en el que se inserta lo que se ve

II. Plano del contenido

1. Contexto histórico

2. Análisis o composición interna

3. Interpretación

III. Conclusiones

IV. Bibliografía

Ante una imagen hemos de fijarnos atentamente en todos y cada uno de los
elementos que la integran y que percibimos. Procedemos entonces a describir de manera
detallada lo que vemos y lo que se infiere de determinadas actitudes de quienes aparecen en
ella. Por ejemplo podemos contemplar una fotografía de personas en el interior de un
autobús que se sujetan a las barras perpendiculares al suelo o laterales al techo, por lo que
se puede inferir que la foto ha congelado el instante de un vehículo que en ese momento
estaba en movimiento. Es decir, en ese primer proceso de la descripción perceptiva tenemos
que procurar captar hasta los más nimios detalles de lo que nos muestra la imagen y que en
una primera mirada siempre pasan desapercibidos. Esos detalles pueden ser muy
significativos a la hora de la interpretación. En segundo lugar debemos precisar que es
exactamente lo que reproduce la imagen que hemos descrito, quien es su autor, cuáles son
sus coordenadas espacio-temporales, cual es su procedencia y las características técnicas
del soporte.

Al igual que cualquier otro documento histórico una imagen pertenece a una época
determinada y para desentrañar su significado se tiene que conocer el contexto histórico en
el que surgió. Después hay que analizar con detalle la composición de los diferentes
elementos que la integran, su organización, como se presentan, la utilización de los colores,
la luz...; en suma de todo aquello que nos ayude a comprender tanto la intencionalidad del
autor como el sentido y significado de lo que nos transmite y la manera como quiere que la
imagen sea captada por el receptor. Por último, trataremos de explicarla con el objetivo de
comprender lo que significa. En cuanto a la conclusión y bibliografía es aplicable lo mismo
que hemos mencionado en el caso del comentario de texto.

17
COMENTARIO DE PELÍCULAS

El cine es un medio para el entretenimiento, pero también es transmisor de ideas y


valores, por ello no sólo hay que conformarse con ver una película sino que se deben
aprender los códigos de la técnica y el lenguaje cinematográficos para poder sacarle todo el
partido en el estudio de la historia y su aprendizaje en el aula.

Analizar una película entraña para los historiadores cierta complejidad por las
características del medio que obliga a la adquisición de unos conocimientos técnicos
mínimos, y porque nos movemos en un ámbito en donde se utilizan unos mecanismos
expresivos muy diferentes a los que maneja el historiador que trabaja con textos escritos. El
cine hace uso de la invención, como ya señalé, para recrear una historia que presenta en
secuencias narrativas condensadas. Pero ¿hasta qué punto esa invención se adecua a la
realidad de un pasado histórico? Ese es el quid de la cuestión que hay que dilucidar.

Pautas de comentario:

1. Ficha técnica

2. Argumento o sinopsis

3. La producción y el director

4. El guión

5. La fotografía, la música y los actores

6. Contexto histórico

6.1. En el que rodó la película.

6.2. El que refleja la película

7. Análisis e interpretación de los elementos históricos y sociales a partir de los


recursos cinematográficos que se utilizan.

8. Recepción de la película

8.1. Cuando se estrenó

8.2. Con posterioridad

9. Conclusión

18
10. Bibliografía

Para comentar una película lo primero que tenemos que hacer es identificarla
mediante su ficha técnica que debe contener los elementos siguientes:

Título, país, año, duración, blanco y negro o color, director, guión, fotografía,
música, reparto, productora, género y crítica (premios conseguidos). Además se tendrá que
precisar si es un remake de otra anterior.

Después de exponer el argumento o sinopsis nos centramos en el análisis del guión.


La base de una buena película descansa en un buen guión y es importante para un
historiador ver en que obra está inspirado. También interesa conocer la trayectoria
profesional del guionista y del director, así como otros aspectos referidos a la producción,
fotografía, música y actores principales.

Pasamos después a estudiar el contexto histórico en un doble plano: El de la época


en la que se realiza la película y la que esta recrea en la pantalla. Los siguientes pasos son el
análisis y la explicación de la historia tal y como se nos narra en la película en relación con
los recursos técnicos y expresivos utilizados y con nuestros conocimientos historiográficos
sobre el tema. Ya he insistido en el hecho de que una película es importante por cuanto
proyecta la imagen de una determinada sociedad, de ahí que interese su recepción tanto en
el momento del estreno como su vigencia posterior. Al igual que al comentar otros
documentos, terminamos con una conclusión a modo de síntesis global y la relación de
bibliografía y filmografía manejadas. Si tenemos que citar una película, lo que se reproduce
es su ficha técnica.

PRESENTACIÓN DE UN PROYECTO DE INVESTIGACIÓN HISTÓRICA

Durante los años de la carrera el estudiante adquiere unos conocimientos que le


deben permitir el ejercicio profesional. La investigación supone una etapa superior, son los
estudios de postgrado que conducen a la formación de quienes los inician como
investigadores y a la realización de la Tesis Doctoral. En las líneas que siguen voy a
completar lo que comenté en la primera parte del capítulo segundo, Metodología de la
investigación científica, dando unas breves pinceladas sobre las fases que se deben seguir
en la ejecución de un proyecto de investigación histórica.

19
Fases de un proyecto de investigación:

- Selección y determinación del tema

- Estado de la cuestión bibliográfica

- Definición del problema y planteamiento de objetivos

- Formulación de hipótesis

- Guía temática o esquema de contenidos

- Búsqueda de fuentes y recogida de la información.

- Selección, organización y análisis de los datos

- Redacción

Son diversas las motivaciones que nos pueden inducir a trabajar sobre un
determinado tema, que debemos delimitar en sus coordenadas espacial y temporal, pero
para que se pueda convertir en objeto de investigación debe reunir al menos tres
condiciones: primero debemos tener la certeza de que es un tema que constituye en sí un
problema teórico o práctico, segundo, que es investigable y tercero, que su estudio
científico pueda aportar nueva luz sobre él. Cumplidos estos requisitos, es importante saber
lo que se ha escrito hasta ese momento, y elaborar un estado de la cuestión lo más completo
posible en torno a la bibliografía existente en relación con lo que pretendemos estudiar, lo
cual nos permite ver hasta que nivel y con qué profundidad se ha abordado, y las carencias
que existen. Después se pasa a definir el tema como problema, es decir como pregunta
necesitada de respuestas, y en función del tipo de pregunta que nos planteamos, estarán los
objetivos que nos proponemos alcanzar. Después procedemos a formular las hipótesis, que
son las suposiciones o puntos de partida que están en la base de una investigación, con un
marco teórico adecuado y preciso, que nos guiarán en la recogida de la información y que
debemos verificar o refutar a lo largo del desarrollo del trabajo investigativo. En otras
palabras, el problema es “lo que se quiere investigar”, “para qué” son los objetivos, y las
posibles respuestas nos dan las hipótesis y los tipos de investigación.

Una vez establecidas estas premisas, procederemos a elaborar una guía temática o
de contenidos que nos va a orientar en la recogida de la información a partir de la búsqueda
y consulta de los distintos tipos de fuentes; y, por otra parte, confeccionaremos los

20
instrumentos precisos de recogida de información. Por ejemplo, la delimitación de la
muestra y la elaboración del cuestionario en el caso de trabajar con testimonios orales. De
manera periódica conviene hacer balance de la información recogida para saber sobre que
aspectos tenemos que incidir. Una vez cerrado el proceso de recogida de datos, llevamos a
cabo la selección, organización y análisis de la documentación, siguiendo los
procedimientos de la crítica externa e interna de fuentes, antes de iniciar la redacción del
trabajo.

Toda investigación debe proyectarse en una publicación porque el conocimiento


científico avanza a partir de lo que se conoce. En este sentido, el investigador novel tiene
que tener en cuenta que su prestigio se irá forjando a partir de la valoración que la
comunidad de especialistas haga de sus publicaciones. Por esto no sólo debe aprender cómo
investigar sino también cómo transmitir a la comunidad científica los resultados de su
investigación a través de la tesis doctoral, la monografía en forma de libro, el artículo
científico, el informe...

21
PARA PROFUNDIZAR

- CARRERAS PANCHÓN, a. (coord.) (1994): Guía práctica para la


elaboración de un trabajo científico. Universidad de Salamanca.
- CASSAGNES, S. et alii (1996) : Le commentaire de document iconographique
en histoire. Ellipses, Paris.
- CLANCHY, J. y BALLARD, B. (1995): Cómo se hace un trabajo académico.
Guía práctica para estudiantes universitarios. Prensas universitarias de
Zaragoza, Zaragoza
- EGIDO, A. (coord..), ALTED, A., MONTERO, F. Y SEPÚLVEDA, I. (1996):
La historia contemporánea en la práctica (Textos escritos y orales, mapas,
imágenes y gráficos comentados). Editorial Centro de Estudios Ramón Areces,
Madrid.
- JOVER ZAMORA, J. M. (1974): “Benito Pérez Galdós: La de los tristes
destinos, caps. I y II”, en El comentario de textos, 2. De Galdós a García
Márquez. Castalia, Valencia, pp. 15-110.
- MARTÍNEZ-SALANOVA SÁNCHEZ, E. (2002): Capítulo 9 “Análisis de
películas”, de: Aprender de cine, aprender de película. Grupo Comunicar
Ediciones, Huelva, pp. 301-324. Se puede ver en:
[Link]
- MORADIELLOS, E. (1994): El oficio del historiador. Siglo XXI de España
Editores, Madrid.
- MORADIELLOS, E. (2000): Sine i’ra et et studio. Ejercicios de crítica
historiográfica. Universidad de Extremadura. Servicio de Publicaciones,
Cáceres.
- ROMANO, D. (1987, 8ª ed.): Elementos y técnicas del trabajo científico. Teide,
Barcelona.

22
LECTURA

JACKSON, G. (1993): Historia de un historiador. Anaya&Mario Muchnik, Madrid


(Fragmentos extraídos del capítulo 2: “El bagaje intelectual de un historiador”, pp. 35-44)

En todas las muy diferentes instituciones en las que he enseñado, los estudiantes
me han preguntado con franqueza y con cierto aire de reto, en la intimidad de mi
despacho: “¿Por qué tenemos que estudiar historia?”. A1 desarrollar el tema afirman que
no ven la importancia que pueden tener en sus vidas cuestiones como la organización de
la Iglesia medieval, la naturaleza de la monarquía borbónica o el crecimiento de Prusia en
los siglos XVII ó XVIII. Cualquiera, según ellos, puede aprender los “hechos”
(pronunciado con desdén) para “regurgitarlos” en un examen, ¿pero eso qué tiene que ver
con la vida en el mundo contemporáneo? Les parece claro que el estudio de la psicología
puede ayudarles a entenderse mejor como individuos y quizá también a vivir vidas
personales más felices y “ordenadas”. Consideran que la sociología les ayuda a
comprender problemas críticos como la delincuencia juvenil o el racismo. Ven la
importancia inmediata de la ciencia política para la mejora del gobierno interno o la
consecución de la paz internacional. Pero precisamente a los estudiantes con más
motivaciones éticas la historia les parece remota, sin importancia y casi frívola.

No quiero exagerar el asunto. La verdad es que la historia es una especialidad


muy extendida en la mayoría de las universidades, y muchos de los estudiantes que
me han preguntado por qué hay que estudiar historia habían elegido, sin embargo, una
asignatura de esa especialidad después de completar sus asignaturas obligatorias. Pero
una pregunta seria merece una respuesta seria y los que, como yo, enseñamos
asignaturas obligatorias bajo el lema de “Civilización Occidental” o “Humanidades”
tenemos una responsabilidad especial que es la de justificar esos temas ante los
estudiantes que se ven obligados a seguir los cursos. Muchos profesores se refugian en
afirmaciones tan plausibles como que el conocimiento de la historia les permitirá
comprender los asuntos políticos actuales “con perspectiva”; o que las escuelas de
posgraduados quieren personas formadas. La segunda de estas afirmaciones no es más

23
que una forma de chantaje y la primera no le atribuye a la historia más valor que el de
ser parte de un medio dirigido hacia otro fin.

Un poco más digno en su tono es el argumento –empleado por profesores y


decanos que no son historiadores– de que el conocimiento de la historia es “signo de
distinción del hombre culto”. Tengo colegas que se sienten consternados cuando un
estudiante de primero demuestra una ignorancia total de la República romana.
Personalmente no lo encuentro más lamentable que la ignorancia total de la biología
molecular o la cultura de los indios mayas. No hay nada sacrosanto en la educación de
los caballeros europeos de antes de 1914, y el continuo aumento de conocimientos
hace absolutamente esencial hacerles lugar en el currículum a disciplinas y conceptos
desarrollados en las últimas décadas.

Además de no querer dar una respuesta trivial a 1a pregunta “¿Por qué estudiar
historia?”, recuerdo también cómo, durante el servicio militar en la Segunda Guerra
Mundial, perdí mi rumbo intelectual. Algunas personas deseosas de brillar o por puro
deporte pueden estudiar a fondo cualquier materia que se les exija. Pero yo no he podido
concentrarme nunca en mis estudios sin tener en cuenta los intereses y problemas de la
gente entre la cual vivía. Daba por sentado que ése era el problema esencial de mis
estudiantes. Veían la relación directa de las ciencias sociales, y a veces de la literatura, con
sus vidas, pero no la de la historia. Sí hoy puedo responder con seguridad a la pregunta lo
debo a las muchas conversaciones exploratorias con estudiantes a lo largo de los años. La
esencia de mi respuesta aparece en los párrafos que siguen.

Defino mi interés por la historia con referencia a tres ideas generales, que
conciernen a la motivación, al método y al valor. En cuanto a la motivación, estudio la
historia por curiosidad y preocupación por el comportamiento humano en su conjunto, tal y
como se manifiesta en muy diferentes condiciones geográficas de organización social,
desarrollo económico e ideales espirituales. La insistencia sobre los efectos de la conducta
humana en su totalidad es lo que para mí diferencia la historia de las ciencias sociales. Con
respecto al método: la masa de datos que componen la materia prima de la historia tiene
que organizarse, al menos de una forma narrativa y cronológica aproximada, para que los
acontecimientos se puedan comprender en su contexto y para que el lector perciba cómo
cada nueva situación es producto de otra previa. Gran parte del valor, y casi todo el goce ,

24
de estudiar historia procede del estímulo de la imaginación de cada uno, del reconocimiento
en términos concretos y específicos de la enorme variedad de formas que adopta la
iniciativa humana.

Si el estudio de la historia está inspirado por la curiosidad con respecto a la


conducta humana en su conjunto, después la materia prima se convierte, sencilla y
abrumadoramente, en la prueba fidedigna que descubre las actividades humanas en
cualquier lugar o tiempo: documentos políticos, producciones literarias y artísticas, restos
arquitectónicos, herramientas primitivas, tradiciones orales... Literalmente, cualquier cosa
que nos permita saber lo que han hecho los hombres. Reconozco que al hacer hincapié en la
totalidad de los asuntos humanos contradigo ideas adquiridas sobre la naturaleza de la
historia. Antes del siglo XX lo normal era que los historiadores, reflejando sus orígenes
como miembros del “establishment”, se ocuparan sobre todo de dirigentes, sistemas de
gobierno y relaciones internacionales. La mayoría de los “clásicos” de la historia son, sobre
todo, relatos de política, guerra y diplomacia.

Pero en décadas recientes los historiadores –en respuesta al avance de la


democracia, al impacto de la ciencia y a las necesidades de la educación general– han
ampliado considerablemente el concepto de su disciplina. Desde la aparición en los [Link].
de personalidades como James Harvey Robinson y Charles y Mary Beard, en Francia de
Charles Seignobos y las magníficas series escritas colectivamente como Peuples et
Civilisations y, con la influencia de historiadores de la cultura como Jacob Bunckhardt y
Jan Huizinga, historiadores de ambos lados del Atlántico han hecho grandes esfuerzos por
relacionar todos los aspectos de la conducta humana y no conformarse con la política, la
guerra y la diplomacia. Hoy los libros de texto empleados en toda Europa y los [Link].
contienen capítulos dedicados a los logros científicos, culturales y artísticos de los períodos
y naciones que estudian. Quien rechace en la actualidad la historia con el argumento de que
sólo se ocupa de la política del pasado está alanceando a un moro muerto.

La historia se diferencia de las ciencias sociales por la amplitud de su materia y por


las consecuencias metodológicas resultantes de esa mayor amplitud. Las ciencias sociales,
como las ciencias naturales sobre las cuales están modeladas, abstraen de la totalidad de la
actividad humana aquellos aspectos que ha decidido analizar. En términos generales, el
economista se centra en los sistemas de producción, intercambio y distribución; el

25
psicólogo en el comportamiento del individuo; el sociólogo en el comportamiento de la
clase, la casta o cualquier otro tipo definible. Estas disciplinas especiales aportan datos cada
vez más exactos y, lo que es más importante, herramientas superiores para el análisis de
problemas complejos dentro de un contexto premeditadamente limitado. Sus técnicas
cuantitativas se aplican mejor a la historia reciente de las sociedades muy desarrolladas
porque son sociedades de las que es posible recoger datos cuantitativos exactos. Pero un
análisis, por ejemplo, de una estructura social urbana en una ciudad industrial
contemporánea arrojará alguna luz sobre la naturaleza de las ciudades en general. Cuanto
más inteligentemente defina el sociólogo los factores limitativos de sus propios resultados,
mayores serán las posibilidades de que un historiador pueda hacer una analogía parcial
precisa de las primitivas condiciones urbanas. Desde luego mis archivos de notas contienen
tanto material procedente de publicaciones de economía, ciencia política y sociología como
de publicaciones históricas.

Sin embargo, la vida no se puede entender únicamente de forma cuadriculada y los


aspectos parciales de la realidad revelados por varias disciplinas académicas deben ser
situados, de una manera u otra, en un contexto humano global. Cuando leo acerca de la
historia del pasado o de la política actual, me llama mucho la atención el papel de lo
contingente. Los análisis de la economía de mercado y de la revolución gerencial ayudan
considerablemente a entender los diversos “milagros económicos” ocurridos después de
la Segunda guerra mundial, pero no explican por qué la economía japonesa se ha
desarrollado con mucha más celeridad que la francesa. Por poner un ejemplo más
limitado y angustioso: los ordenadores del Pentágono proporcionan sin duda a los
mandos militares y al Presidente información exacta de una gran variedad de posibles
opciones militares y sus probables consecuencias; pero un hombre, el presidente,
decide si se bombardea Hanoi o no.

Por muchos datos que se puedan conseguir sobre un acontecimiento público, el


historiador que intente interpretar ese acontecimiento debe tener en cuenta las
peripecias de carácter personal y de grupo, los anhelos y las disyuntivas
contradictorias del momento y la secuencia de los acontecimientos relacionados. Ésa
es la razón de que la cronología y la narración sean tan cruciales para escribir la
historia, y también la razón de que los historiadores no puedan enfocar la historia

26
basándose exclusivamente en factores objetivos. En términos relativos, para el
científico social los datos cuantificables y los modelos abstractos serán los más
importantes que los casos individuales. Para el historiador el énfasis principal debe
recaer sobre la consecuencia específica de los acontecimientos: ¿Qué ocurrió? ¿Quién
hizo qué? ¿En qué circunstancias? ¿Con qué motivos? Datos cuantificables y modelos
de comportamiento repetidos servirán indudablemente para explicar una gran parte de
lo ocurrido. Pero siempre será necesario comprender las idiosincrasias individuales y
los contextos únicos. Este último principio se aplica tanto a los acontecimientos
artísticos y científicos como a la historia política. Es significativo que el doctor Freud
descubriera el inmenso papel del subconsciente al tratar los síntomas de la histeria
entre mujeres de clase media en la Viena de finales de siglo. También es significativo
que el concepto de cerebro como un sistema de procesamiento de datos se desarrollara
a partir de experimentos psicológicos que demostraban la naturaleza eléctrica de la
actividad cerebral, y que las analogías entre cerebros y máquinas electrónicas
influyeran tanto en el diseño de los ordenadores como en el diseño de los
experimentos psicológicos.

Este ejemplo vale asimismo para ilustrar mi tercer punto, el valor de la historia
como estímulo de la imaginación. Desde el momento en que los primeros hombre
primitivos, impotentes para dominar su entorno, crearon dioses del fuego y del agua,
los hombres han estado razonando tanto a partir de las apariencias y conocimiento de
lo que los rodea como de las apariencias y conocimiento de sus vidas interiores. Es
una experiencia gratificante y liberadora –que amplía la concepción del individuo
acerca de las posibilidades humanas– aprender de qué distintas maneras han
respondido los seres humanos ante diferentes condiciones. Citaré varios ejemplos de
mi experiencia como docente.

Los estudiantes avispados se han mostrado siempre perplejos e intrigados por las
evidencias de homosexualidad en partes de la Iliada y en los diálogos platónicos. Todo en
sus orígenes culturales les hace reírse, despreciar u ocultar esas prácticas. ¿Es que Aquiles y
Patroclo eran unas “locas”? ¿Se meneaban las caderas los invitados del banquete de Platón
unos a otros? Si los estudiantes leyeran literatura política y biográfica de las ciudades-
estado griegas se enterarían de que el “hombre de la calle” griego despreciaba a los

27
homosexuales, pero con la misma claridad verían que la homosexualidad era tolerada y que
no provocaba reacciones de escándalo moral como despierta constantemente en el
Occidente moderno. Es una experiencia que amplía los horizontes, verdaderamente liberal
y liberadora, para los estudiantes norteamericanos, sobre todo para los de las ciudades y
pueblos del Medio Oeste, enterarse de que las desviaciones sexuales se toleraban, en
general, aunque no necesariamente se las admirara, en una de las civilizaciones más
grandiosas que ha creado hasta ahora el hombre.

Una profunda ampliación de perspectivas en las relaciones raciales se produce con


frecuencia cuando los estudiantes tienen la oportunidad de comparar la expansión de
[Link]. con la de los imperios ruso y brasileño en el siglo XIX. Saben que [Link]. firmó
repetidas veces solemnes tratados con los indios para luego despojarlos de sus tierras.
Saben que para los pioneros que marchaban hacia el Oeste el mejor indio era el indio
muerto, que en general los indios que se resistían eran asesinados y que a los restantes los
encerraban en reservas. Piensan que todo eso fue una “lástima” desde el punto de vista
humano. Sin embargo, dado que los indios eran primitivos, analfabetos, con frecuencia
belicosos y su economía de cazadores exigía extensiones de tierra absurdamente inmensas
para proporcionar sustento a una pequeña población, ¿no era inevitable que los pioneros
blancos los echaran de sus tierras?

En la Rusia del siglo XIX la expansión hacia el Este del dominio de los blancos
moscovitas se desarrolló a través de las escasamente pobladas llanuras de Siberia.
También éstas estaban habitadas por tribus analfabetas de cazadores y pastores,
racialmente diferentes de los europeos invasores, tan incapaces como los propios indios
norteamericanos de comprender el concepto occidental de propiedad privada. No
conocemos en detalle la colonización rusa de Siberia, pero sí sabemos que no se diezmó
por completo a la población nativa, como ocurrió en las Grandes Praderas indias. Y,
además, si se tienen en cuenta la composición racial y la ausencia de tensiones raciales, es
evidente que en la Siberia moderna los administradores, granjeros, empresarios, mineros
y ferroviarios rusos no dudaron en casarse con mujeres siberianas. La prueba de este
fenómeno en sí mismo es suficiente para sugerir a los estudiantes norteamericanos que los
hombres civilizados que colonizan una zona habitada anteriormente por hombres
primitivos no tienen forzosamente que exterminar o aislar a la población indígena.

28
El caso de Brasil en el siglo XIX es igualmente ilustrativo. Las zonas
semitropicales de Brasil, igual que los estados del Sur antes de la Guerra civil, poseían
una economía de plantación dependiente del trabajo de los esclavos negros. En la historia
de los [Link]. todos los norteamericanos leen que las múltiples luchas económicas,
políticas y morales entre el Norte y el Sur adquirieron el carácter de un “conflicto
irremediable”. Sean las que fueren sus simpatías sentimentales el norteamericano medio
tiende a “aprender” de la Guerra civil y sus consecuencias: 1) que la cuestión de la
esclavitud frente a la libertad sólo se podía solventar mediante una guerra; 2) que los
negros y los blancos podían vivir pacíficamente en el mismo territorio únicamente si se
establecían límites claros entre las dos comunidades raciales.

Sin embargo, en Brasil la esclavitud se abolió paulatinamente y sin guerra.


Durante unos quince años antes de 1889 se estaba imponiendo la “libertad de vientres”;
en otras palabras, todos los niños nacidos de mujer esclava serían libres a los veintiún
años, y en 1889 la esclavitud se abolió por completo. Además nunca se practicó la
segregación. La población negra brasileña sufrió, y sigue sufriendo hoy, las desventajas
originadas por la pobreza y la carencia de enseñanza. En la competencia por conseguir
una posición económica y social tienen parecidas desventajas que los inmigrantes
italianos o de Europa del Este en los [Link]. Pero no existe en absoluto segregación por
el color en cuestiones de enseñanza, oportunidades profesionales o matrimoniales. Hace
mucho tiempo que el censo de Brasil ha eliminado los diversos términos que antes se
utilizaban para clasificar a grupos de población con diferentes proporciones de
antepasados blancos y negros. Lo han hecho porque hoy nadie puede identificar con
exactitud las mezclas y porque no existe ningún deseo político ni ideológico de perpetuar
ninguna clase de castas raciales.

En mi experiencia docente de historia brasileña en el siglo XIX abrí los ojos a


los estudiantes norteamericanos. No es cuestión de dar un color romántico a un país
cuya historia está plagada de conflictos sociales y de pobreza, cuyos niveles
económicos y de sanidad son abismalmente bajos, pero aprender que la esclavitud se
puede abolir y que se puede desarrollar una comunidad multirracial sin los conflictos
traumáticos que han acompañado esos cambios en los [Link]. es un saludable desafío a
supuestos rutinarios. Si los estudiantes se dan cuenta de que existen situaciones

29
similares en la historia de Hispanoamérica, el sureste de Asia e Indonesia, eso puede
llevarles quizás a una reversión general de los supuestos. En lugar de presuponer que
los prejuicios de “color” son “normales” entre las razas humanas pueden empezar a
preguntarse por qué el sentimiento del color ha sido mucho más fuerte entre los
anglosajones que entre otros grupos humanos.

30
ANEXOS

RESEÑA DE LIBRO

C. NARANJO OROVIO y C. SERRANO (eds.): Imágenes e imaginarios nacionales en el


Ultramar español, Madrid, CSIC-Casa de Velázquez, 1999, 391 págs.
Autora de la reseña: Alicia ALTED VIGIL

En la Introducción al sugestivo libro: El nacimiento de Carmen. Símbolos, mitos y


nación; Carlos Serrano nos recuerda que “la historia -o la Historia- no es hija de una mera
racionalidad en marcha serena hacia la realización de su propia plenitud; procede más bien
por convulsiones y envites, provocados por la brusca adhesión de los hombres a unas
imágenes en las que, en un momento dado, reconocen algo de sí mismos”. Imágenes,
momentos en la secuencia del tiempo histórico que, en el libro objeto de este comentario,
Imágenes e imaginarios nacionales en el Ultramar español, están nucleados en torno a la
fecha de 1898. Un 98 que tiene que dejar de verse desde la óptica española como
catalizador de la crisis finisecular, para centrarse en su “significado primero, básico” que
atañe a las relaciones entre la que hasta entonces había sido metrópoli con sus antiguas
colonias; como subrayan los editores Consuelo Naranjo Orovio y Carlos Serrano.

El libro es el resultado del Coloquio celebrado en septiembre de 1998 en Madrid, en


la Casa de Velázquez y el Instituto de Historia del CSIC, entidades que patrocinaron su
publicación. En el mismo se recogen veintitrés trabajos en los que se trata, en mayor o
menor medida, de ahondar en primera instancia en los imaginarios que anidan en la
memoria de un colectivo social y que constituyen el poso último de la representación de la
realidad del mismo y de cada uno de sus miembros, en aras a definir su propia identidad.
De esta manera, los términos imágenes e imaginarios del título no sólo constituyen los ejes
articuladores del libro, sino que insertan el mismo en la fructífera corriente historiográfica
de la “Nouvelle Histoire” que, ya desde finales de los años setenta, trataba de explorar la
realidad desde otros parámetros más cercanos a la filosofía, psicología o antropología.
Recordemos a modo de ejemplo los libros de Georges Duby: Les trois ordres ou
l’imaginaire du féodalisme (1978), Jacques Le Goff: L’imaginaire medieval (1985), Michel

31
Vovelle: Imagen e imaginario en la historia (1989) o el conjunto de trabajos que Roger
Chartier recoge en su libro: El Mundo como Representación. Historia cultural: entre
práctica y representación (1992); sin olvidar títulos tan sugestivos como el de Alain
Corbin: Le miasme et la jonquille. L’odorat et l’imaginaire social. XVIIIe-XIXe siècles
(1982) que nos traslada ese mundo del imaginario a otro nivel, o el del antropólogo Gilbert
Duran: Les structures antropologiques de l’imaginaire (1984).

Siguiendo a Le Goff y a Chartier, la historia de las ideas, la historia de las


mentalidades y la historia del imaginario se englobarían en lo que se ha llamado la historia
de las representaciones; así, la imagen, el imaginario, constituirían un tercer nivel en la
manera como un grupo social se construye y se piensa a sí mismo a partir de una
determinada visión o captación de la realidad y en relación con los otros. En el caso del
libro que nos ocupa, se trataría de ver como han funcionado los imaginarios de unas nuevas
naciones como eran Cuba, Puerto Rico y Filipinas en torno a esa fecha de “ruptura” con la
metrópoli, en la que cristalizó un acontecimiento que “cobra sus reales significaciones en su
relación con los procesos lentos que más que determinarlo en el sentido estricto, parecen
crear las condiciones de su posibilidad”. En estos procesos intervienen factores políticos,
económicos, militares..., pero, sobre todo, culturales, como señalan los editores en la
Introducción.

Esta manera de ver y de verse en relación con los otros, implica la utilización de
fuentes “no usuales” hasta ahora en la investigación histórica y obliga a una práctica
interdisciplinaria. De esta forma, junto a historiadores sensu stricto, escriben en el libro
otros procedentes de los ámbitos literario, artístico, científico... Por otra parte, el conjunto
de los trabajos forman un todo bastante homogéneo en torno a una serie de temas que
ahondan, desde diferentes perspectivas, en ese proceso de creación de unos imaginarios
como elementos definidores de identidades nacionales colectivas. En este sentido, una serie
de trabajos se centran en la manera como se vivió y trató de explicar el “desastre” en
España, explicaciones en las que se argumentaba con aseveraciones procedentes del mundo
de la ciencia y en las que subyacía un deseo de redefinir una identidad nacional en crisis a
partir de una compresión del elemento “pueblo”.

32
Otros, en contrapunto de perspectivas, se refieren a la manera como se vieron las
nuevas naciones necesitadas de construir un sentimiento nacional propio, deslindado de la
influencia de la antigua metrópoli y contrario a los deseos anexionistas y de absorción
cultural de la gran potencia emergente como era Estados Unidos. En algunos trabajos se
abordan las ambigüedades y contradicciones que se produjeron en las relaciones entre
España y sus ex-colonias. En otros, la manera como los intelectuales buscaban en la historia
de sus respectivos países unas señas para la construcción de un Estado nación, en contraste
con la realidad de los mismos, cuerpos enfermos de atraso y pobreza. El caso del intelectual
cubano Fernando Ortiz es especialmente paradigmático. Frente a una concepción de la
nacionalidad a partir de su identificación con la “raza” blanca, Ortiz y otros intelectuales
de la llamada por Juan Marinello “Década Crítica”, reivindicaron la recuperación de las
raíces “afrocubanas”, igualmente claves en el proceso de formación de una nación, la
cubana, integradora, ya que, junto a esa recuperación, no se desdeñaban aquellos elementos
procedentes de otros países, y por ende de otras culturas, que arribaban al país en continuo
e ininterrumpido flujo.

La elaboración de una memoria histórica partiendo de aspectos comunes en los


imaginarios de España y sus ex-colonias, constituye el leit motiv de otro grupo de estudios
recogidos en el libro. Por último, sendos trabajos inciden en el reencuentro de España y sus
ex-colonias a lo largo del siglo XX, libres del anterior dominio, y en la manera como
estadounidenses dibujaron para sus compatriotas su visión de puertorriqueños y cubanos;
imágenes que han llevado a Estados Unidos a una confrontación con su propia historia, a la
par que le han obligado a “repensar” y “reformular” su experiencia de frontera.

El libro se presentó el 30 de marzo de 2000 en la Casa de Velázquez. Intervinieron


en el acto los historiadores Juan Pablo Fusi, Elena Hernández Sandoica y Santos Juliá. De
lo que allí se dijo nos interesa reseñar el apunte de Hernández Sandoica referido al término
imaginario, no siempre utilizado en el libro en la acepción en la que lo define la
historiografía francesa. Juan Pablo Fusi destacó las dos grandes conclusiones que se
desprenden de la lectura del libro. En primer término, el hecho de que la derrota del 98

33
provocó en España una reflexión sobre aspectos esenciales de su identidad nacional con un
talante pesimista. En cambio, y en segundo término, para Cuba, Puerto Rico y Filipinas el
98 significó el origen de la definición de su identidad nacional. Finalmente Santos Juliá
lanzó una idea que bien podría dar pie a un enriquecedor debate al señalar como el libro en
cierto sentido constituye un reflejo de nuestra época, en la que hay una crisis de las
identidades nacionales. Sin embargo, para las gentes del cambio de siglo –añadía- esas
identidades tenían unos claros referentes como eran la idea de la raza o una lengua común.
En el marco de esta argumentación se preguntaba a que nos referimos cuando utilizamos el
término imaginario: a las representaciones de aquellos que vivieron hace un siglo o bien a
las nuestras, porque ¿cómo deslindar unas de otras?.

Como se ve, el libro encierra un sinnúmero de planteamientos y proposiciones que


nos hacen repensar desde el ayer nuestra propia historia de hoy en día, a la par que abre
brechas para nuevos enfoques del 98 en el ámbito de la llamada historia cultural o historia
sociocultural, que no excluye la presencia del elemento político.

34
ALGUNAS ABREVIATURAS USUALES QUE SE UTILIZAN EN LA REDACCIÓN
DE LOS CONTENIDOS, EN LAS NOTAS Y EN LA BIBLIOGRAFÍA DE LOS
TRABAJOS CIENTÍFICOS

[Link].: autores varios. También [Link].: varios autores


a.m.: ante meridien (antes del mediodía)
a. de C., a. de J. C.: antes de Cristo, antes de Jesucristo
anal.: anales
anón.: anónimo
ap.: apéndice
art. y artº.: artículo
bibl.: bibliografía
bol.: boletín
c.: circa (hacia. Por ejemplo, c. 1100 d. C., hacia el año 1100 después de Cristo)
cap.: capítulo
cf., conf., confr., cfr.: confero (véase, confróntese o compárese)
cit.: citado
col.: colección
col.: columna
comp.: compliador
d. de C., d. De J.C.: después de Cristo, después de Jesucristo
dir.: director
ed., edic.: edición
ed., edit.: editor, editorial
et al. (del latín et alii): y otros
f., fol.: folio
facs.: facsímile
fig.: figura
ib. ibíd. (del latín ibídem): en el mismo lugar (cuando se remite al mismo autor y obra
citado en la nota inmediatamente anterior)

35
id. (del latín idem):lo mismo (se emplea en el caso de que el autor sea el mismo al citado
anteriormente, pero la obra distinta)
l. c., loc. cit. (del latín loco citato): en el lugar citado (se utiliza al citar de nuevo una parte
de una obra –capítulo o páginas- ya mencionada en una nota anterior
lam.: lámina
ms.: manuscrito
n.: nota
n. a.: nota del autor
n. b. (del latín nota bene): nótese bien (llamada de atención aclaratoria del texto)
n. del c.: nota del compilador
n. del e.: nota del editor
n. de la r.: nota de la redacción
n. del t.: nota del traductor
núm.: número. También nº
op. cit. (del latín opere citato): obra citada (se usa cuando tras nombrar a un autor y a una
obra se le vuelve a citar, aunque no sea la misma página. En este caso la abreviatura seguirá
al nombre del autor)
p. y pág.: página. En plural pp. ps.y págs.
pass. (del latín passim): en diversas partes (se emplea cuando se desarrolla una idea a lo
largo de todo un artículo o libro)
[Link].: por ejemplo
p.m.: post meridiem (después del mediodía)
pref.: prefacio
pról.: prólogo
p.s.: post scriptum o pos(t) data
publ.: publicación, publicado
r.: recto, en los folios sin paginar se dice de la cara impar
recop.: recopilación
ref.: referencia
reg.: registro
reimpr.: reimpresión

36
rev.: revista
s. y sig.: siguiente. En plural ss. y sigs.
s.a.: sin año
s. d. (del latín sine data): sin fecha
s. e.: sin editor
s. f.: sin fecha
s. i.: sin imprenta
s.l.: sin lugar
s. n. (del latín sine nomine): sin nombre
sep.: separata
ser.: serie
sic: así (escrito así por el autor en el original. Puede destacar también un error o falta del
texto original)
sign.: signatura
supl.: suplemento
t.: tomo
trad.: traductor, traducción
v.: véase, vuelto, se dice de la cara par en los folios no paginados
vº.: vuelto
[Link].: verbigracia (ejemplo)
vid. (del latín vide): véase
vid. supr. (del latín vide supra): véase más arriba
vid infr. (del latínvide infra): véase más abajo
vol.: volumen. En plural vols.
vto.: vuelto

37

También podría gustarte