Derechos del agua para niños
Derechos del agua para niños
Antecedentes.
El derecho al agua potable y el saneamiento se encuentra dentro del séptimo objetivo del milenio 2
identificado como garantizar la sustentabilidad del medio ambiente; y en cuanto al agua, éste
consistió en reducir a la mitad la cantidad de personas sin un acceso sustentable a agua potable y
saneamiento básico. Sin embargo, aun en estos momentos 2.5 billones de personas en países en vías
de desarrollo continúan sin acceso a mejor infraestructura de saneamiento.
Fundamento
(Observación General nº 15)
El derecho humano al agua es el derecho de todos a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable,
accesible y asequible para el uso personal y doméstico. Un abastecimiento adecuado de agua
salubre es necesario para evitar la muerte por deshidratación, para reducir el riesgo de las
enfermedades relacionadas con el agua y para satisfacer las necesidades de consumo y cocina y las
necesidades de higiene personal y doméstica.
En el párrafo 1 del artículo 11 del Pacto 3 se enumeran una serie de derechos que dimanan del
derecho a un nivel de vida adecuado, "incluso alimentación, vestido y vivienda adecuados", y son
indispensables para su realización. El uso de la palabra "incluso" indica que esta enumeración de
derechos no pretendía ser exhaustiva, por lo cual se entiende que el derecho al agua se encuadra
1
Trabajo final correspondiente a la materia de Derechos Sociales, Económicos y Culturales, impartida por el Dr.
Rodolfo Gutiérrez, en la maestría en Derechos Humanos de la Facultad de Jurisprudencia, de la Universidad
Autónoma de Coahuila. 6 de diciembre de 2014.
2
Objetivos del Milenio (ODM), son ocho propósitos de desarrollo humano fijados en el año 2000, que los 189 países
miembros de las Naciones Unidas acordaron conseguir para el año 2015.
3
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
claramente en la categoría de las garantías indispensables para asegurar un nivel de vida adecuado,
en particular porque es una de las condiciones fundamentales para la supervivencia.
Además, el Comité4 ha reconocido anteriormente que el agua es un derecho humano amparado por
el párrafo 1 del artículo 11 (véase la Observación general Nº 6 (1995)) 5 del Pacto. El derecho al
agua también se encuentra vinculado al derecho al más alto nivel posible de salud (párrafo 1 del
artículo 12)6 y al derecho a una vivienda y una alimentación adecuadas (párrafo 1 del artículo 11) 7
Este derecho también debe considerarse conjuntamente con otros derechos consagrados en la Carta
Internacional de Derechos Humanos, en primer lugar el derecho a la vida y a la dignidad
humana.
El Comité se ha ocupado constantemente del derecho al agua en su examen de los informes de los
Estados Partes, de conformidad con sus directrices generales revisadas sobre la forma y el
contenido de los informes presentados por los Estados Partes con arreglo a los artículos 16 y 17 del
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y sus observaciones generales.
El agua es necesaria para diversas finalidades, aparte de los usos personales y domésticos, y para el
ejercicio de muchos de los derechos reconocidos en el Pacto. Por ejemplo, el agua es necesaria para
producir alimentos (el derecho a una alimentación adecuada) y para asegurar la higiene ambiental
(el derecho a la salud). El agua es fundamental para procurarse medios de subsistencia (el derecho a
ganarse la vida mediante un trabajo) y para disfrutar de determinadas prácticas culturales (el
derecho a participar en la vida cultural). Sin embargo, en la asignación del agua debe concederse
prioridad al derecho de utilizarla para fines personales y domésticos. También debe darse prioridad
a los recursos hídricos necesarios para evitar el hambre y las enfermedades, así como para cumplir
las obligaciones fundamentales que entraña cada uno de los derechos del Pacto8
4
Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la Organización de las Naciones.
5
Véanse los párrafos 5 y 32 de la Observación general Nº 6 (1995) del Comité, relativa a los derechos económicos,
sociales y culturales de las personas mayores.
6
Véase la Observación general Nº 14 (2000) sobre el derecho al disfrute del más alto nivel posible de salud, párrafos
11, 12 a), b) y d), 15, 34, 36, 40, 43 y 51.
7
Véase el apartado b) del párrafo 8 de la Observación general Nº 4 (1991). Véase también el informe del Relator
Especial de la Comisión de Derechos Humanos sobre una vivienda adecuada como parte del derecho a un nivel de vida
adecuado, el Sr. Miloon Kothari (E/CN.4/2002/59), presentado de conformidad con la resolución 2001/28 de la
Comisión, de 20 de abril de 2001. En relación con el derecho a una alimentación adecuada, véase el informe del Relator
Especial de la Comisión sobre el derecho a la alimentación, el Sr. Jean Ziegler (E/CN.4/2002/58), presentado de
conformidad con la resolución 2001/25 de la Comisión, de 20 de abril de 2001.
8
Véase también Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, Plan de Aplicación de 2002, párrafo 25 c).
Contenido esencial del derecho al agua potable.9
Los elementos del derecho al agua deben ser adecuados a la dignidad, la vida y la salud humanas,
de conformidad con el párrafo 1 del artículo 11 y el artículo 12. Lo adecuado del agua no debe
interpretarse de forma restrictiva, simplemente en relación con cantidades volumétricas y
tecnologías. El agua debe tratarse como un bien social y cultural, y no fundamentalmente como un
bien económico. El modo en que se ejerza el derecho al agua también debe ser sostenible, de
manera que este derecho pueda ser ejercido por las generaciones actuales y futuras10
Saludable. El agua necesaria, tanto para el uso personal como doméstico, debe ser saludable; es
decir, libre de microorganismos, sustancias químicas y peligros radiológicos que constituyan
una amenaza para la salud humana11. Las medidas de seguridad del agua potable vienen
normalmente definidas por estándares nacionales y/o locales de calidad del agua de boca. Las Guías
para la calidad del agua potable de la Organización Mundial de la Salud (OMS) proporcionan la
bases para el desarrollo de estándares nacionales que, implementadas adecuadamente, garantizarán
la salubridad del agua potable.
Aceptable. El agua ha de presentar un color, olor y sabor aceptables para ambos usos, personal y
doméstico. Todas las instalaciones y servicios de agua deben ser culturalmente apropiados y
sensibles al género, al ciclo de la vida y a las exigencias de privacidad.
9
[Link]
10
Para una definición de sostenibilidad, véanse los principios 1, 8, 9, 10, 12 y 15 de la Declaración sobre el medio
ambiente y el desarrollo, en Informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo, Río de Janeiro, 3 a 14 de junio de 1992; y el Programa 21, en particular los principios 5.3, 7.27, 7.28, 7.35,
7.39, 7.41, 18.3, 18.8, 18.35, 18.40, 18.48, 18.50, 18.59 y 18.68.
11
El Comité remite a los Estados Partes a OMS, Guías para la calidad del agua potable, segunda edición, vols. 1 a 3
(Ginebra, 1993), cuyo objetivo es "servir de base para la elaboración de normas nacionales que, debidamente aplicadas,
aseguren la inocuidad del agua mediante la eliminación o la reducción a una concentración mínima de los componentes
peligrosos para la salud".
Físicamente accesible. Todo el mundo tiene derecho a unos servicios de agua y saneamiento
accesibles físicamente dentro o situados en la inmediata cercanía del hogar, de las instituciones
académicas, en el lugar de trabajo o las instituciones de salud. De acuerdo con la OMS, la fuente de
agua debe encontrarse a menos de 1.000 metros del hogar y el tiempo de desplazamiento para la
recolección no debería superar los 30 minutos.
Asequible. El agua y los servicios e instalaciones de acceso al agua deben ser asequibles para todos.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sugiere que el coste del agua no
debería superar el 3% de los ingresos del hogar. Asimismo, no deben comprometer ni poner en
peligro el ejercicio de otros derechos reconocidos en el Pacto.
No discriminación. El agua y los servicios e instalaciones de agua deben ser accesibles a todos de
hecho y de derecho, incluso a los sectores más vulnerables y marginados de la población, sin
discriminación alguna por cualquiera de los motivos prohibidos.
Si bien el Pacto prevé la aplicación progresiva y reconoce los obstáculos que representa la escasez
de recursos, también impone a los Estados Partes diversas obligaciones de efecto inmediato. Los
Estados Partes tienen obligaciones inmediatas por lo que respecta al derecho al agua, mismas que
pueden señalarse como:
1. La garantía de que ese derecho será ejercido sin discriminación alguna (art. 2, párr. 2).
2. La obligación de adoptar medidas (art. 2, párr. 1) en aras de la plena realización del párrafo 1 del
artículo 11 y del artículo 12. Esas medidas deberán ser deliberadas y concretas e ir dirigidas a la
plena realización del derecho al agua.
12
“Continuo” significa que la periodicidad del suministro de agua es suficiente para los usos personales y domésticos.
13
En este contexto, el "consumo" se refiere al agua destinada a bebidas y alimentos.
14
Véase J. Bartram y G. Howard, "Domestic water quantity, service level and health: what should be the goal for water
and health sectors", OMS, 2002. Véase también P. H. Gleick (1996), "Basic water requirements for human activities:
meeting basic needs", Water International, 21, págs. 83 a 92.
3. Avanzar con la mayor rapidez y efectividad posibles hacia la plena realización del derecho al
agua. La realización de ese derecho debe ser viable y practicable, ya que todos los Estados Partes
ejercen control sobre una amplia gama de recursos, incluidos el agua, la tecnología, los recursos
financieros y la asistencia internacional, como ocurre con todos los demás derechos enunciados en
el Pacto.
4. La adopción de medidas regresivas con respecto al derecho al agua está prohibida por el Pacto 15.
Si se adoptan medidas deliberadamente regresivas, corresponde al Estado Parte demostrar que se
han aplicado tras un examen sumamente exhaustivo de todas las alternativas posibles y que
esas medidas están debidamente justificadas por referencia a la totalidad de los derechos enunciados
en el Pacto en el contexto de la plena utilización del máximo de los recursos de que dispone el
Estado Parte.
El derecho humano al agua impone tres tipos de obligaciones: respetar, proteger y cumplir.
a) Obligación de respetar:
La obligación de respetar exige que los Estados Partes se abstengan de injerirse directa o
indirectamente en el ejercicio del derecho al agua.
Esto es abstenerse de toda práctica o actividad que deniegue o restrinja el acceso al agua potable
en condiciones de igualdad, de inmiscuirse arbitrariamente en los sistemas consuetudinarios o
tradicionales de distribución del agua, de reducir o contaminar ilícitamente el agua, y de limitar
el acceso a los servicios e infraestructuras de suministro de agua o destruirlos como medida
punitiva.
El Comité observa que durante los conflictos armados, las situaciones de emergencia y los desastres
naturales el derecho al agua abarca las obligaciones que impone a los Estados Partes el derecho
internacional humanitario16. Ello incluye la protección de objetos indispensables para la
supervivencia de la población civil, incluidas las instalaciones y reservas de agua potable y las obras
de regadío, así como la protección del medio natural contra daños generalizados, graves y a largo
plazo y la garantía de que los civiles, los reclusos y los prisioneros tengan acceso al agua potable 17
15
Véase la Observación general Nº 3 (1990), párr. 9.
16
En cuanto a la relación recíproca entre las normas de derechos humanos y el derecho humanitario, el Comité toma
nota de las conclusiones de la Corte Internacional de Justicia en Legalidad de la amenaza o el empleo de armas
nucleares (Solicitud de la Asamblea General), Informes de la CIJ (1996), párr. 25, pág. 226 del texto inglés.
17
Véanse los artículos 54 y 56 del Protocolo adicional I de los Convenios de Ginebra (1977), el artículo 54 del
Protocolo adicional II (1977), los artículos 20 y 46 del tercer Convenio de Ginebra de 12 de agosto de 1949 y el artículo
3 común de los Convenios de Ginebra de 12 de agosto de 1949.
b) Obligación de proteger:
La obligación de proteger exige que los Estados Partes impidan a terceros que menoscaben en
modo alguno el disfrute del derecho al agua. Por terceros se entiende particulares, grupos,
empresas y otras entidades, así como quienes obren en su nombre. La obligación comprende, entre
otras cosas, la adopción de las medidas legislativas o de otra índole que sean necesarias y efectivas
para impedir, por ejemplo, que terceros denieguen el acceso al agua potable en condiciones de
igualdad y contaminen o exploten en forma no equitativa los recursos de agua, con inclusión de las
fuentes naturales, los pozos y otros sistemas de distribución de agua.
Cuando los servicios de suministro de agua (como las redes de canalización, las cisternas y los
accesos a ríos y pozos) sean explotados o estén controlados por terceros, los Estados Partes deben
impedirles que menoscaben el acceso físico en condiciones de igualdad y a un costo razonable a
recursos de agua suficientes, salubres y aceptables. Para impedir esos abusos debe establecerse un
sistema regulador eficaz de conformidad con el Pacto y la presente Observación general, que prevea
una supervisión independiente, una auténtica participación pública y la imposición de multas por
incumplimiento.
c) Obligación de cumplir:
1. La obligación de facilitar exige que los Estados Partes adopten medidas positivas que permitan y
ayuden a los particulares y las comunidades a ejercer el derecho.
2. La obligación de promover impone al Estado Parte la adopción de medidas para que se difunda
información adecuada acerca del uso higiénico del agua, la protección de las fuentes de agua y los
métodos para reducir los desperdicios de agua.
3. La obligación de garantizar el derecho en los casos en que los particulares o los grupos no están
en condiciones, por razones ajenas a su voluntad, de ejercer por sí mismos ese derecho con los
medios a su disposición.
Asimismo, la obligación de cumplir exige que los Estados Partes adopten las medidas necesarias
para el pleno ejercicio del derecho al agua. Esta obligación comprende, entre otras cosas, la
necesidad de reconocer en grado suficiente este derecho en el ordenamiento político y jurídico
nacional, de preferencia mediante la aplicación de las leyes; adoptar una estrategia y un plan de
acción nacionales en materia de recursos hídricos para el ejercicio de este derecho; velar por que el
agua sea asequible para todos; y facilitar un acceso mayor y sostenible al agua, en particular en las
zonas rurales y las zonas urbanas desfavorecidas.
Para garantizar que el agua sea asequible, los Estados Partes deben adoptar las medidas necesarias,
entre las que podrían figurar:
c) suplementos de ingresos. Todos los pagos por servicios de suministro de agua deberán basarse en
el principio de la equidad, a fin de asegurar que esos servicios, sean públicos o privados, estén al
alcance de todos, incluidos los grupos socialmente desfavorecidos. La equidad exige que no
recaiga en los hogares más pobres una carga desproporcionada de gastos de agua en
comparación con los hogares más ricos.
e) examen de las repercusiones de ciertas actividades que pueden afectar la disponibilidad del agua
y en las cuencas hidrográficas de los ecosistemas naturales, como los cambios climáticos, la
desertificación y la creciente salinidad del suelo, la deforestación y la pérdida de biodiversidad;
f) aumento del uso eficiente del agua por parte de los consumidores; g) reducción del desperdicio de
agua durante su distribución;
[…] Toda persona tiene derecho al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo
personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible. El Estado garantizará
este derecho y la ley definirá las bases, apoyos y modalidades para el acceso y uso equitativo y
sustentable de los recursos hídricos, estableciendo la participación de la Federación, las entidades
federativas y los municipios, así como la participación de la ciudadanía para la consecución de
dichos fines. […]
Sin embargo, en la actualidad, no existe una norma de carácter general que regule o desarrolle la
precitada norma constitucional, pues aunque existe la Ley de Aguas Nacionales, este ordenamiento
es reglamentario del diverso artículo 27 constitucional relativo a los recursos naturales de la nación.
No obstante lo anterior, existe una iniciativa de ley que pretende regular el agua en el país,
entendiéndola no sólo como recurso natural, sino también desde la óptica de un derecho
indispensable para una vida digna.
Del análisis de la iniciativa antes mencionada, se advierte que la misma observa en sus objetivos y
principios las obligaciones generales y específicas contenidas en la Observación General No. 15
antes apuntadas, lo cual se desprende de sus artículos 1, 4 y 5, mismos que a continuación se citan.
Sus disposiciones son de orden público e interés social y tienen por objeto establecer las facultades de la
Federación, las entidades federativas, y los municipios, así como de la ciudadanía, a través de la
participación para:
ARTÍCULO 4. Los planes y actos de autoridad de los tres niveles de gobierno, se regirán por los siguientes
principios:
I. La gestión ciudadanizada y planificada, integral y sustentable de las cuencas y sus aguas superficiales
y subterráneas así como de los sistemas locales de agua potable y saneamiento, como la vía para
garantizar el acceso de calidad y en cantidad al agua por parte de las generaciones actuales y futuras.
II. La restauración de los sistemas de flujos subterráneos y superficiales y los ecosistemas asociados, y
la armonización de las actividades humanas con ellos, como única manera de garantizar la disponibilidad de
agua de calidad y cantidad para las generaciones actuales y futuras.
III. La no contaminación del ciclo hidrológico, a través de la eliminación progresiva de sustancias y
actividades contaminantes del aire, suelo y agua y del confinamiento, remoción y reúso o disposición segura
de los contaminantes que han sido emitidos.
IV. El aprovechamiento máximo de las aguas pluviales y el reúso de aguas residuales tratadas como
estrategias vitales para conservar el volumen de agua ecológicamente disponible en cada cuenca.
V. La priorización de acciones a nivel local y en cuenca alta, en forma consensuada entre los habitantes
de la cuenca para el mantenimiento y preservación del ciclo hidrológico.
VI. La reducción máxima del empleo de energéticos fósiles que generan gases de efecto invernadero,
la transición progresiva a fuentes de energía limpias, lo cual implica el manejo de ciclos locales de agua
para evitar su sobre extracción o traslado, y el uso de tecnologías de tratamiento que generan energía en
vez de consumirla.
VII. La preferencia por tecnologías, proyectos y obras con beneficios máximos y mínimos costos
sociales, ambientales, energéticos y económicos evaluados considerando la vida útil del proyecto.
VIII. La preservación sobre cualquier otra actividad de los ríos, cauces o cuerpos de agua que aún
conserven su estado prístino.
Casos judiciales.
Amparo en revisión 158/2014. Resuelto por el Noveno Tribunal Colegiado en materia penal del
Primer Circuito con sede en la Ciudad de México, Distrito Federal, el dos de octubre de dos mil
catorce.
En este caso, el amparo fue interpuesto por un recluso del Reclusorio Preventivo Varonil Oriente
del Distrito Federal, señalando como acto violatorio de sus derechos humanos, la omisión de las
autoridades del referido centro de proveer agua a los internos.
Sin embargo, el Juez federal ante el cual presentó el amparo, sobreseyó el juicio, en virtud de que el
quejoso no señaló con precisión las autoridades a quienes les atribuía la violación a sus derechos
humanos, y en virtud de que los encargados del reclusorio negaron el acto reclamado, pues
mencionaron que si bien había una falla técnica en el pozo que abastecía de agua el reclusorio, no se
ha dejado de recibir el líquido vital, pues los dormitorios son proveídos con agua tanto en la mañana
como en la tarde.
Inconforme con la resolución anterior, el quejoso interpuso el recurso de revisión ante el Noveno
Tribunal Colegiado en Materia Penal del Distrito Federal, el cual consideró que la reclamación era
atendible, obedeciendo al principio pro persona previsto en la Constitución Federal, así como a su
obligación, en carácter de autoridad, de promover, proteger y garantizar el goce y ejercicio de
derechos humanos.
Lo anterior aunado a que, existía una constancia en el expediente, en la cual se asentó que una
funcionaria judicial acudió al centro de reclusión, y al momento de la visita no había agua, y al
preguntarle a los internos sobre tal situación, éstos dijeron que tenían que acarrear el agua desde un
área común hasta su celda por medio de botes y cubetas, y que el agua se almacenaba en tambos
dentro de sus celdas.
Por lo cual, el tribunal federal procedió al estudio del amparo en los términos siguientes.
Del análisis del artículo 4 constitucional, estimó que el acceso al servicio de agua potable para
consumo personal y doméstico es un derecho humano que las autoridades responsables
penitenciarias están obligadas a garantizar.
Asimismo, invocaron la Ley de Aguas del Distrito Federal 4, 5, 6, 7, 15, 16, 20, 36, 50, 51, 52, 53,
54, 93 y 94, así como la Ley de Ejecución de Sanciones Penales y Reinserción Social para el
Distrito Federal, en sus artículos 2, 5, 123, 124, 125, 127, y a partir de ellos se consideró que:
El acceso a los servicios de agua potable para consumo personal y doméstico, no solo es un derecho
protegido por la Carta Magna que el Estado está obligado a garantizar, sino que además los
gobernados están obligados a solicitar
Que el peticionario del amparo no goza del agua debido a que las autoridades responsables no hacen
lo necesario para restituirle el suministro de agua del que disfrutaba, bajo el pretexto que el pozo
que surte a dicho centro carcelario tiene una falla técnica, pues las autoridades responsables en el
ámbito de sus competencias legales, han omitido tomar decisiones tendientes a respetar, proteger y
garantizar ese derecho humano.
De igual forma, se consideró que el agua es un líquido vital para la subsistencia de la comunidad, e
impone al Estado la obligación de garantizar, sin discriminación de ninguna especie, la efectividad
de ese derecho fundamental para la subsistencia de los gobernados.
En cuanto al ámbito internacional, el tribunal señaló que el derecho internacional del agua incluye
la satisfacción de necesidades tales como la alimentación, la salud, el desarrollo en un medio
ambiente sano, los servicios públicos básicos, la calidad de vida, la vivienda, entre otras. Además
invocó la Observación General No. 15 antes estudiada en este trabajo; la Resolución 64/292, de la
Asamblea General de las Naciones Unidas; y la Resolución aprobada por la Asamblea General el
28 de julio de 2010, número 64/292, destacando que tales resoluciones son obligatorias para el
Estado Mexicano, en virtud de su adhesión al Pacto Internacional de Derechos Económicos y
Culturales (PIDESC) en marzo de mil novecientos ochenta y uno.
En este contexto, el tribunal de amparo hizo énfasis en que las personas privadas de la libertad
como sujetos especialmente vulnerables merecen una garantía prioritaria y reforzada de su derecho
fundamental al agua, por lo cual el Estado tiene el deber de adoptar medidas con el fin de que tanto
los presos como los detenidos tengan agua suficiente y de calidad para atender sus necesidades
diarias, teniendo en cuenta las prescripciones del derecho internacional humanitario y las reglas
mínimas para el tratamiento de los reclusos.
Y partir de ello, el tribunal destacó los puntos siguientes en materia del derecho humano al agua de
personas privadas de su libertad.
Las personas privadas de la libertad históricamente han tenido dificultades para ejercer de forma
plena y efectiva su derecho fundamental al agua, puesto que los reclusos (as) en establecimientos
carcelarios o penitenciarios se encuentran en imposibilidad absoluta de proveerse ellos mismos el
servicio público de agua; lo anterior por cuanto no pueden obtenerlo a cambio de una prestación
económica, ni por otros medios pues su derecho a la libre locomoción se encuentra suspendido, a
diferencia de quienes disfrutan de su libertad.
De este modo, por encontrarse los internos bajo la custodia del Estado en virtud de la especial
relación de sujeción, deben ser las autoridades carcelarias las que garanticen el derecho fundamental
al agua de los reclusos con criterios de disponibilidad, calidad y accesibilidad.
En este mismo tenor, consideró que la restricción al acceso de agua vulnera la dignidad de las
personas en reclusión, pues estos se encuentran en condiciones el hacinamiento; altas temperaturas;
pésimas condiciones de higiene y salubridad; deplorables condiciones del sistema sanitario (duchas,
inodoros); falta de un suministro de agua suficiente y de calidad; y los olores nauseabundos, todo lo
cual, favorece la proliferación de enfermedades, que consecuentemente afectan la salud de los
reclusos, de ahí que debe reforzarse su protección al derecho humano al agua potable y
saneamiento.
Por último, citó el caso de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Vélez Loor contra
Panamá, en el cual el órgano de justicia regional de derechos humanos consideró que la ausencia de
condiciones mínimas que garanticen el suministro de agua potable dentro de un penitenciario
constituye una falta grave del Estado a sus deberes de garantía hacia las personas que se
encuentran bajo su custodia, toda vez que las circunstancias propias del encierro impiden que las
personas privadas de la libertad satisfagan por cuenta propia una serie de necesidades básicas que
son esenciales para el desarrollo de una vida digna.
Con base en lo anterior, concluyó que las autoridades del centro de reclusión estaban violando los
derechos humanos de los reclusos al omitir el cumplimiento de sus obligaciones en materia del
acceso, respeto y garantía al derecho al agua potable y saneamiento, y concedió el amparo
solicitado para el efecto de:
Suministrar al recluso que promovió el amparo, de forma gratuita, un mínimo de 15 litros de agua al
día, esto considerando que la CIDH estableció que debe proporcionarse un mínimo de 10 a 15 litros
de agua por persona siempre que las instalaciones sanitarias estén funcionando adecuadamente, en
tanto que el suministro de agua regresara al centro penitenciario en cuestión de forma permanente y
continua.
El caso antes relatado, fue considerado de tal relevancia, que produjo la tesis aislada publicada en el
Semanario Judicial de la Federación el 28 de noviembre de 2014, que reza lo siguiente.
Conforme al artículo 1o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, todas las
autoridades del país, incluyendo las jurisdiccionales, están obligadas a promover, respetar,
proteger y garantizar los derechos humanos y, en caso de advertirse violación a alguno, proceder a
su reparación. Por otro lado, de la interpretación sistemática de los artículos 4o., párrafo sexto, de
la Constitución Federal; 4o., fracción II, 5o. a 7o., 15, 16, 20, 36, 50 a 54, 93 y 94 de la Ley de
Aguas del Distrito Federal; y 2o., 5o., 123 a 125 de la Ley de Ejecución de Sanciones Penales y
Reinserción Social para la entidad, se advierte que el acceso al agua potable para consumo
personal y doméstico de los sentenciados es un derecho protegido por la Constitución que el
Estado está obligado a garantizar. En ese sentido, cuando las autoridades penitenciarias eluden su
responsabilidad para solucionar la falta del vital líquido en los centros de reclusión, vulneran el
mencionado derecho humano, pues en el ámbito de sus respectivas competencias, omiten tomar
decisiones tendientes a respetarlo, protegerlo y garantizarlo, por lo que, en consecuencia, violan
los artículos 1o. y 4o. constitucionales; máxime que conforme al artículo 127, fracciones I y IX, de
la mencionada Ley de Ejecución, el Consejo Técnico Interdisciplinario está obligado a establecer
medidas de carácter general para la adecuada atención y operación del centro carcelario, lo que
implica hacer del conocimiento de las instancias competentes (Sistema de Aguas de la Ciudad) los
aspectos relacionados con el funcionamiento del servicio y sus irregularidades, con el objeto de
que dicho organismo cumpla con la prestación directa del servicio público de abasto y distribución
de agua para uso y consumo humano en cantidad y calidad suficientes para satisfacer las
necesidades de la población18
Conclusiones
18
NOVENO TRIBUNAL COLEGIADO EN MATERIA PENAL DEL PRIMER CIRCUITO. Amparo en revisión
158/2014. 2 de octubre de 2014. Unanimidad de votos. Ponente: Emma Meza Fonseca. Secretario: Martín Muñoz Ortiz.
Época: Décima Época. Registro: 2008055. Instancia: Tribunales Colegiados de Circuito. Tipo de Tesis: Aislada.
Fuente: Semanario Judicial de la Federación. Publicación: viernes 28 de noviembre de 2014 10:05 h. Materia(s):
(Constitucional). Tesis: I.9o.P.67 P (10a.)