CAMINO
Publicaciones
Por:
Obed Sanabria J.
HAMARTOLOGÍA
Y SOTERIOLOGÍA
Pecado y Salvación
Contenido...
Página
1. Introducción a la Hamartología 3
2. El Hombre Su Caída 11
3. Doctrina Bíblica del Pecado 18
4. El Pecado: Su Carácter y Universalidad 22
5. Introducción a la Soteriología 28
6. Salvación Del Poder Del Pecado 34
7. Cuatro Aspectos De La Justicia 37
8.
9.
CAMINO publicaciones
Impreso en Colombia
2011 Primera Edición
[email protected]
© Lic. Obed Sanabria J.
2 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
Introducción a la
Hamartología
Lección 1
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la
gloria de Dios” (Romanos 3:23).
Esta afirmación Bíblica nos presenta la magnitud de esta enfermedad del alma, y también nos
habla de sus efectos devastadores. Esta es una doctrina muy importante. De hecho, si no
conocemos la enfermedad, mal podríamos conocer el remedio.
El tema del pecado tiene una importancia fundamental en la Biblia; en efecto, las
intervenciones de Dios en la historia tienden a establecer o a restaurar las relaciones de
comunión con él, rotas o interrumpidas por el pecado del hombre. Jesús vino a este mundo
para liberar al pueblo del pecado (Mt 1,21). La infidelidad del hombre en sus relaciones con
Dios constituye el telón de fondo en el que se inscribe la acción redentora y salvífica de Dios.
Por eso el discurso bíblico sobre el pecado y sobre la humanidad pecadora no presenta un
interés por sí mismo, sino sólo en relación con la acción de recuperación llevada a cabo por
Dios mediante el perdón y la concesión de su favor
Hamartología es la rama de la teología sistemática que estudia la doctrina del Pecado. Esta
palabra viene de la voz griega "hamartia" que quiere decir pecado. En la teología sistemática la
Hamartología indaga en las Escrituras todo lo referente al pecado.
Sin embargo, este es un tema que ha incomodado a aquellos que pretenden decir que el
pecado es sólo un asunto creado por la religión para coartar la libertad humana. Otros por su
parte han tergiversado su significado y su alcance, de manera que lo que se piensa acerca del
pecado y lo que se hace con el pecado nada tiene que ver con lo que Dios enseña en su Palabra
1. LAS ESPECULACIONES HUMANAS SOBRE EL PECADO
Puesto que el pecado es un factor dominante en la experiencia humana a la vez que el tema
principal de la Biblia, ha sido motivo de discusiones sin fin. Aquellos que rechazan la revelación
escritural tienen con frecuencia conceptos inadecuados acerca del pecado. Una característica
familiar del modo no bíblico de enfocar la cuestión es considerar el pecado hasta cierto punto
como una ilusión, es decir, que el pecado es sólo un mal concepto basado sobre la falsa teoría
de que existe el bien y el mal en el mundo. Por supuesto, esta teoría fracasa al enfrentarse a
los hechos de la vida y a la maldad del pecado y niega la existencia de un Dios y principios
morales.
Otro antiguo enfoque del problema del pecado es mirarlo como un principio inherente, lo
opuesto de lo que Dios es, y relacionarlo con el mundo físico. Esto se encuentra en la filosofía
oriental y también en el gnosticismo griego y es el trasfondo tanto para el ascetismo, la
negación de los deseos del cuerpo, como para el epicureísmo, que aboga por la indulgencia del
cuerpo. El hecho, sin embargo, es que se niega que el hombre peque realmente y que sea
responsable ante Dios. Un concepto común, aunque inadecuado, es que el pecado es nada
3 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
más que egoísmo. Si bien es cierto que el pecado es a menudo egoísmo, este concepto no es
aplicable a todos los casos, porque el hombre peca a veces contra sí mismo.
El Catolicismo, por su parte, presenta al feligrés, todo aquel que es bautizado, una amplia
gama de divisiones del pecado, pero en esencia son de dos clases: mortales y veniales. Para
que el creyente sea librado de estos pecados, el Catolicismo ha creado el sistema de Confesión
y Penitencia, que lo libera de las penas eternas, pero no de las temporales.
Para el Catolicismo, el pecado acompaña a todo feligrés durante su vida, a pesar de su
crecimiento en el conocimiento de Dios, y solamente los que son considerados “santos” no
cometen pecados mortales.
El Catolicismo asegura que Cristo sí pago la cuenta por los pecados de los hombres, pero les
permite ciertos sufrimientos en esta vida, o en el Purgatorio, para purgar las consecuencias
temporales de sus desvíos. De acuerdo con esta doctrina, el excedente de los sufrimientos de
Jesús y de los santos, junto con los de la virgen María, fue almacenado en las arcas de la Iglesia
luego de haber hecho frente a las demandas inmediatas. El sacerdote ahora tiene acceso a ese
tesoro y lo administra para dar a los pecadores la liberación de los sufrimientos a través de las
indulgencias.
Las indulgencias son una gracia por la cual la Iglesia concede el perdón de la pena temporal
que se debe pagar por los pecados, ya sea en esta vida o en el Purgatorio. Existen dos clases
de indulgencias: las plenarias, que perdonan toda la pena temporal, y las parciales, que lo
hacen en parte. Para ganar indulgencias se debe hacer lo que la Iglesia manda a través de la
Penitencia.1
Todas estas teorías no alcanzan el nivel bíblico y son una negación de la revelación bíblica del
carácter y de la universalidad del pecado.
2. NATURALEZA Y ORIGEN DEL PECADO
«Pecado es la falta de conformidad a la ley de Dios, o la transgresión de ella». Estas palabras
del Catecismo menor de Westminster se basan en 1 Juan 3:4: «Pues el pecado es infracción a la
ley». El punto de vista bíblico del pecado, sin embargo, no depende enteramente del concepto
de ley, porque los escritores bíblicos apelan al carácter santo de Dios como base de la ley.
«Santos seréis, porque santo soy yo, Jehová vuestro Dios» (Lv 19:2) es la presuposición
constante. Fue la revelación del carácter santo de Dios (Is 6:1–6) lo que hizo a Isaías reconocer
su corrupción pecaminosa. Así el pecado no es solamente la violación de la ley divina, que es
una expresión de la voluntad de Dios; más profundamente, es la violación de la expresión del
carácter santo de Dios. Es la corrupción de la bondad que Dios impartió originalmente a sus
criaturas, especialmente es la corrupción de la santidad con que Dios dotó al hombre
originalmente cuando lo creó a su imagen.
1
Aportes tomados de:
RATZINGER, Joseph, et. al. Catecismo de la Iglesia Católica. Trad. José Manuel Estepa. et. al. Colombia:
Carvajal, 1992
RESINER, Luis, ed. Catecismos de Astete y Ripalda. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1987
BERSCHT, Ludwig. Penitencia y Confesión. Trad. José Cosgaya. Madrid: Fax, 1969.
4 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
El carácter divino es expresado por la voluntad divina en la ley divina. Los cristianos
generalmente entienden que los Diez Mandamientos y la ley del amor (cf. Éx 20:1–17 y Lc
10:27) constituyen un breve resumen de la santa ley moral de Dios para el hombre. Y todo esto
se basa en el carácter santo de Dios.
Luego, en conclusión, podemos definir el pecado como cualquier cosa en la criatura que no
exprese o sea contraria al carácter santo del Creador.
B. El origen del pecado en el universo
1. Pre–humano
Según la Biblia, el pecado original humano no es el primer pecado en el universo. El primer
pecado humano se atribuye sencillamente a la autocorrupción voluntaria de la criatura sujeta
a tentación. La narración se da en Génesis 3, y el hecho del pecado original humano se explica
en Romanos 5:12–21 y en otros lugares. Según el relato de Génesis 3, el hombre fue creado
con una naturaleza santa en comunión con Dios, y colocado en un ambiente que era
totalmente bueno; pero el hombre fue tentado a pecar por un ser personal de otro tipo u
orden, quien había pecado anteriormente contra Dios. Este hecho indica que la historia del
pecado original del hombre no pretende ser un relato del origen absoluto del pecado en el
mundo.
El relato del pecado humano original es de más valor para nosotros por causa de que este
pecado fue inducido por el tentador. Aparte de la doctrina de que Adán fue nuestro
representante, la cabeza «federal» de la raza humana, y que nosotros, representados por él,
pecamos en él, en nuestra experiencia común el pecado es inducido por el pecado anterior.
Somos, en Adán e individualmente, pecadores culpables y corrompidos, pero ningún ser
humano ha sido la fuente del origen absoluto del pecado en el universo. Por eso tenemos que
buscar el origen del pecado en el tentador.
2. El tentador original
El tentador en la narración de Génesis 3 se presenta como un ser astuto y traidor. Las palabras
«la serpiente» deben en mi opinión, leerse como un nombre propio, o como un título
funcionando como nombre propio. La narración de Génesis no tiene nada que decir acerca de
un reptil biológico. No se dice que la «serpiente» era uno de los «animales del campo», sino
más astuta que cualquiera de ellos (v. 1) y destinada a una maldición más grande que
cualquiera (v. 14). Las culebras no comen polvo literalmente (Gn 3:14; Is 65:25), sino el ser
postrado y comer polvo es una metáfora antigua para la humillación de un enemigo. No hay
tanta antipatía natural entre seres humanos y serpientes (v. 15) como la hay entre humanos e
insectos. Tenemos que enseñar a los niños a evitar los reptiles venenosos. El significado total
de la «enemistad» del versículo 15 es la enemistad entre «la serpiente» y el Redentor
prometido. «La serpiente» es Satanás y aparece en toda la Biblia como el enemigo principal de
Dios y el hombre, el instigador de todo tipo de mal.
¿Qué dice la Biblia acerca del origen prístino del pecado, antes de la caída del hombre? Hay
indicación definida en la Biblia de que la humanidad no es el único orden de seres personales
creados entre quienes el pecado ha llegado a ser una realidad. En Judas versículo 6 hay una
referencia a «ángeles que no guardaron su dignidad sino que abandonaron su propia morada».
El versículo paralelo, 2 Pedro 2:4, habla de «los ángeles que pecaron». Los escritores bíblicos
presumen que Satanás es el jefe de los ángeles caídos. En 1 Juan 3:8 leemos: «El diablo peca
desde el principio». 1 Timoteo 3:6 sugiere que el pecado raigal o básico de Satanás fue el
orgullo. Las palabras de Jesús son más explícitas: «El [el diablo] ha sido homicida desde el
5 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
principio, y no ha permanecido en la verdad; [esto es evidente] porque no hay verdad en él.
Cuando habla mentira de suyo habla, porque es mentiroso y padre de mentira» (Jn 8:44).
La declaración de Jesús de que el diablo es, desde el principio, un homicida y mentiroso se
basa probablemente en el hecho de que por la mentira Satanás obró la caída del hombre, en
que el hombre (1) llegó a ser sujeto a la muerte física, (2) sujeto al castigo eterno, «la muerte
segunda», y (3) llegó a ser muerto espiritualmente, eso es, alejado de la comunión con Dios.
Hay expositores que sostienen que, aparte de las referencias bien claras a la caída de Satanás
antes dadas, las acusaciones proféticas de Babilonia (Is 13 y 14, especialmente 14:12–14) y del
rey de Tiro (Ez 28:1–19 especialmente los versículos 12–19) contienen referencias al estado
original de Satanás y de su caída. Tenemos que rechazar «el significado doble» en exégesis,
pero no está fuera de razón sostener que ciertas partes de esta profecía pueden contener
analogías que arrojan luz sobre este estado original de Satanás y su caída.2
3. TERMINOLOGÍA DEL ANTIGUO TESTAMENTO
En contra de la general escasez de términos en la lengua hebrea, abundan en el AT los
términos que indican el pecado. Muchos de ellos están tomados de la vida ordinaria del pueblo
y describen unas situaciones concretas sacadas de la experiencia de Israel con sus resistencias
y sus fracasos a lo largo de su historia.
Los principales términos que se utilizan para indicar el pecado son:3
A. awen (ָאוֶֶֶ ן,), «iniquidad; vanidad; dolor». Este término tiene dos cognados arábigos,
(«estar fatigado, cansado») y («debilidad; dolor; pena»); además, está emparentado con el
vocablo hebraico («nada»). La relación entre estos cognados, según algunos estudiosos,
sugeriría que significa la ausencia de todo lo que tiene verdadero valor. Por tanto,
denotaría «sin valor moral alguno», lo cual es el caso donde hay maldad, designios
malvados y maledicencia.
Otros eruditos aseveran que el término indica una «carga o dificultad penosa», es decir, que el
pecado es un peso arduo y agotador de «penas y dolores», que el culpable acarrea sobre sí
mismo o sobre otros. Esta acepción se encuentra en Psa_90:10 : «Los días de nuestra edad son
setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y
trabajo, pronto pasan, y volamos». Un significado similar aparece en Pro_22:8 : «El que
siembra maldad cosecha desgracias; el Señor lo destruirá con el cetro de su ira» (nvi ).
awen puede servir de término general para denotar crimen u ofensa, como en Mic_2:1 (rva ):
«¡Ay de los que en sus camas planean iniquidad … !» (cf. Isa_1:13). En algunos pasajes, el
vocablo se refiere a falsedad o engaño: «Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; ha
dejado de ser cuerdo y de hacer el bien» (Psa_36:3). «Porque las imágenes han hablado
vanidad» (Zec_10:2 rv ; «iniquidad» lba ). En Isa_41:29 (rva ) se dice que los ídolos engañan a
sus seguidores: «He aquí que todos son iniquidad , y la obra de ellos nada es. Viento y vanidad
son sus imágenes de fundición».
2
Buswell, J. Oliver: eolog a iste ática, o o , l o re u ida De Pecador us ell,
Oliver. Miami, Florida, EE. UU. de A. : LOGOI, Inc., 1980, S. 251
3
VINE, W.E. Diccionario Expositivo de Palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. CARIBE
6 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
B. asham ()אָ שָ ם, «pecado; culpa; ofrenda por el pecado; transgresión; ofrenda por una
transgresión». Se encuentran cognados en arábigo: («pecado; ofensa; delito; crimen»),
(«pecar, errar, resbalar») y («pecaminoso; criminal; malvado; perverso»). Sin embargo, los
términos arábigos no incluyen la idea de restitución. En los textos ugaríticos de Ras
Shamra, el vocablo atm se encuentra en varios pasajes. Aunque no se puede constatar, los
estudiosos creen que este término ugarítico podría significar «ofensa» u «ofrenda por el
pecado».
asham implica la condición de «culpa» debido a una ofensa, como en Gen_26:10 : «Abimelec
le dijo … Por poco pudiera haber dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído
sobre nosotros culpabilidad». La palabra puede referirse a la propia ofensa que acarrea culpa:
«Porque no ha sido abandonado … aunque su tierra está llena de culpa delante del Santo de
Israel» (Jer_51:5 lba ). Una acepción semejante del término se encuentra en Psa_68:21 :
«Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la testa cabelluda del que anda en sus
pecados» (rvr ; «delitos» lba ; «crímenes» bj ; «maldad» bla ).
En la mayoría de los casos, se refieren a la compensación que se paga para satisfacer al
damnificado o bien a la «ofrenda por culpa u ofensa» que el culpable arrepentido presentaba
después de pagar una compensación equivalente a las seis quintas partes del daño ocasionado
(Num_5:7-8). Esta «ofrenda por culpa» consistía del sacrificio de la sangre de un carnero: «él
traerá al sacerdote como sacrificio por la culpa un carnero del rebaño, sin defecto, evaluado
según tú lo estimes. El sacerdote hará expiación por él, por su pecado cometido por
inadvertencia, y le será perdonado» (Lev_5:18 rva ; cf. Lev_7:5, Lev_7:7; Lev_14:12-13). La
declaración teológica más significativa que contiene el vocablo está en Isa_53:10, que dice que
el siervo de Yahveh se declaró en favor de una humanidad pecaminosa. Esto sugiere que su
muerte brindó una compensación de 120% por la ley quebrantada de Dios.
C. amal () ָעמָל, «mal; pena; infortunio; daño; queja; maldad; trabajo». Este nombre está
relacionado con el verbo hebreo amal («trabajar»). El cognado arábigo amila significa
«cansarse de arduo trabajo». El vocablo arameo amal quiere decir «hacer», pero sin que
esto necesariamente involucre ardua labor. El uso fenicio y cananeo del término se
aproxima más al arábigo; el libro de Eclesiastés (que demuestra una considerable
influencia fenicia) es un claro ejemplo de este uso: «Asimismo, aborrecí todo el duro
trabajo con que me había afanado debajo del sol» (Ecc_2:18 rva ). «Y también, que es un
don de Dios que todo hombre coma y beba y goce del fruto de todo su duro trabajo»
(Ecc_3:13 rva ). Un ejemplo relacionado aparece en Psa_107:12 (rva ): «Por eso sometió
sus corazones con dura labor; cayeron, y no hubo quien les ayudase».
En general, amal se refiere a los problemas y sufrimientos que el pecado causa al pecador o
bien a los problemas que esto provoca para otros. En Jer_20:18 se describe el dolor que recae
sobre el pecador: «¿Para qué salí del vientre? ¿Para ver trabajo [`amal ] y dolor [yagôn ], y que
mis días se gastasen en afrenta? Otro caso se encuentra en Deu_26:7 : «Y clamamos a Jehová
el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción [onî ], nuestro
trabajo [`amal ] y nuestra opresión [lahas ]».
Job_4:8 (rva ) ilustra el significado de problema como malicia contra otros: «Como he visto, los
que aran iniquidad [] y siembran sufrimiento [`amal ] cosechan lo mismo». El vocablo se
encuentra en Psa_140:9 (rva ): «En cuanto a los que me rodean, la maldad de sus propios
labios cubrirá sus cabezas». En Hab_1:3 (rva ) también se hace referencia a las aflicciones que
infligimos a otros: «¿Por qué me muestras la iniquidad [] y me haces ver la aflicción [amal ]?
He aquí que surgen pleitos y contiendas; la destrucción y la violencia están delante de mí».
7 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
D. awon ()עָוין, «iniquidad». Este vocablo derivado de la raíz awah , significa «doblado,
doblegado, torcido, pervertido» o bien «torcer y perverso». El cognado arábigo awa quiere
decir «torcer, doblegarse»; algunos estudiosos consideran que el verdadero cognado es el
término arábigo ghara («desviarse del camino»), pero hay menos justificación para esta
interpretación. Awon presenta el pecado como perversión de la vida («torcerla fuera del
camino correcto»), una perversión de la verdad («torcer hacia el error»),o una perversion
de la voluntad («doblar la rectitud a una desobediencia deliberada»). El vocablo
«iniquidad» es la mejor palabra equivalente, a pesar de que el significado real de la raíz
latina iniquitas es «injusticia; falta de equidad; hostilidad; contrariedad».
awon aparece a menudo en el Antiguo Testamento en paralelismo con otros vocablos que
expresan pecado, tales como jattatt («pecado») y pesha («transgresión»). Algunos ejemplos se
encuentran en 1Sa_20:1 : «David … acudió a Jonatán y le dijo: ¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi
maldad [awon ], o cuál es mi pecado [jattat ] contra tu padre, para que él trate de quitarme la
vida?» (rva ; cf. Isa_43:24; Jer_5:25). Véase también Job_14:17 (rva ): «Mi transgresión [pesha
] tienes sellada en una bolsa y recubres mi iniquidad [awon ]» (cf. Psa_107:17; Isa_50:1).
El malhechor penitente reconoce su «iniquidad» en Isa_59:12 (rva ): «Porque nuestras
transgresiones se han multiplicado delante de ti, y nuestro pecado ha testificado contra
nosotros. Porque con nosotros permanecen nuestras transgresiones; reconocemos nuestras
iniquidades» (cf.1Sa_3:13). La «iniquidad» debe confesarse: «Aarón pondrá sus dos manos
sobre la cabeza del macho cabrío vivo y confesará sobre él todas las iniquidades, las rebeliones
y los pecados de los hijos de Israel» (Lev_16:21 rva ). «Los del linaje de Israel … confesaban sus
pecados y la iniquidad de sus padres» (Neh_9:2 rva ; cf. Psa_38:18).
La gracia de Dios puede quitar o perdonar la «iniquidad»: «Y a él le dijo: Mira, he quitado de ti
tu iniquidad y te vestiré de ropas de gala» (Zec_3:4 rva ; cf. 2Sa_24:10). La propiciación divina
puede cubrir nuestra «iniquidad»: «Con misericordia y verdad se expía la falta, y con el temor
de Jehová uno se aparta del mal» (Pro_16:6; cf. Psa_78:38).
awon puede indicar la «culpa de la iniquidad», como en Eze_36:31 : «Y os acordaréis de
vuestros malos caminos … y os avergonzaréis de vosotros mismos por vuestras iniquidades, y
por vuestras abominaciones» (cf. Eze_9:9). El vocablo puede también indicar el «castigo por la
iniquidad»: «Entonces Saúl le juró por Jehová, diciendo: Vive Jehová, que ningún mal te vendrá
por esto» (1Sa_28:10). En Exo_28:38, awon sirve de complemento a nasha («cargar, llevar,
perdonar»), y señala cargar el castigo por la «iniquidad» de otros. En Isa_53:11 leemos que el
siervo de Yahveh carga con las consecuencias de las «iniquidades» de una humanidad
pecaminosa, incluyendo Israel.
E. rasha ()רשָ ע,
ָ «malvado; criminal; culpable». Algunos estudiosos relacionan este vocablo y
el término arábigo rasha («estar flojo, suelto o dislocado»), si bien ese término es escaso
en arábigo literario. El cognado arameo resha significa «ser malvado» y el siríaco apel
(«hacer maldad»).
En general rasha expresa cierta turbulencia y agitación (desasosiego; cf. Isa_57:21) o algo que
está dislocado o mal organizado. Por eso, Robert B. Gilderstone sugiere que el vocablo tiene
que ver con la agitación y confusión en la que los malvados viven y al desasosiego constante
que causan en otros.
En algunos casos, rasha tiene el sentido de «ser culpable de un crimen»: «No suscitarás
rumores falsos, ni te pondrás de acuerdo con el impío para ser testigo perverso» (Exo_23:1 rva
); «Quita de la presencia del rey al malvado, y el rey afirmará su trono en la justicia» (Pro_25:5
8 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
nvi ). «El testigo perverso se burla del juicio, y la boca de los impíos expresa iniquidad »
(Pro_19:28 rva ; cf. 20:26). Indultar al «malvado» se considera un crimen abominable:
«Absolver al culpable y condenar al inocente son dos cosas que el Señor aborrece» (Pro_17:15
NBI; cf. Exo_23:7).
El rasha es culpable de hostilidad hacia Dios y su pueblo: «¡Vamos, Señor, enfréntate a ellos!
¡Derrótalos! ¡Con tu espada rescátame de los malvados!» (Psa_17:13 nvi ); «Acábese ya la
maldad de los impíos, y establece al justo» (Psa_7:9 rva ). El vocablo se refiere al pueblo de
Babilonia en Isa_13:11 y a los caldeos en Hab_1:13.
F. jattat ()חַטָ את, «pecado; pecado-culpa; pecado-purificación; ofrenda por el pecado». El
nombre jattat aparece unas 293 veces y durante todos los períodos de la literatura bíblica.
El matiz bíblico de este vocablo es «pecado»: errar en el camino o no dar en el blanco (155
veces). Jattat puede indicar una ofensa en contra del prójimo: «Entonces Jacob se enojó, y riñó
con Labán; y respondió Jacob y dijo a Labán: ¿Qué transgresión [pesha ] es la mía? ¿Cuál es mi
pecado [jattat ], para que con tanto ardor hayas venido en mi persecución?» (Gen_31:36). Un
pasaje como este comprueba que jattat no es simplemente otro término general para
«pecado»; puesto que Jacob usó dos palabras diferentes es probable que quisiera resaltar dos
matices distintos. Además, un estudio a fondo de términos muestra que jattat tiene
diferencias fundamentales con otras palabras que se traducen «pecado».
En gran parte, el vocablo se refiere a pecado contra Dios (Lev_4:14). Los seres humanos deben
volverse del «pecado», que es un camino, un estilo de vida o una acción que se aparta de
aquello que Dios ha fijado (1Ki_8:35). Por tanto, deben apartarse del «pecado» (2Ki_10:31),
preocuparse por ello (Psa_38:18) y confesarlo (Num_5:7). El nombre se encuentra por primera
vez en Gen_4:7, donde Caín recibe la advertencia de que el «pecado está a la puerta». Quizás
esta cita dé paso a un segundo matiz del término, el «pecado» en general. Sin lugar a dudas,
este énfasis se halla en Psa_25:7 (rva ), donde el nombre se refiere al pecado rebelde (que por
lo general se indica con pasha ): «No te acuerdes de los pecados de mi juventud ni de mis
rebeliones».
En algunos pasajes el término expresa la culpa o condición de pecado: «Por cuanto el clamor
contra Sodoma y Gomorra se aumenta mas y mas, y el pecado de ellos se ha agravado en
extremo» (Gen_18:20).
En dos pasajes, el vocablo también quiere decir «purificación del pecado»: «Así harás con ellos
para purificarlos: Rocía sobre ellos el agua para la purificación » (Num_8:7 rva ; cf. 19:9).
Jattat significa «ofrenda por el pecado» 135 veces. La ley de la «ofrenda por el pecado» está
registrada en Lev 4-5:13; 6:24-30. Esta era una ofrenda por algún pecado específico que se
cometía por ignorancia, sin querer hacerlo y tal vez sin darse cuenta de ello (Lev_4:2;
Lev_5:15).
El nombre jet, también derivado del verbo jatta, se encuentra 33 veces en hebreo bíblico. El
vocablo significa «pecado» en el sentido de no alcanzar el blanco o desviarse del camino. Esto
puede consistir de algún pecado contra el prójimo (Gen_41:9 : primer caso del término) o en
contra de Dios (Deu_9:18). Segundo, indica la «culpa» que acompaña un acto como este
(Num_27:3). El salmista confesó que su madre se encontraba en una condición de pecado y
culpa cuando lo concibieron (Psa_51:5; cf. Rom_5:12). Por último, varios pasajes usan este
vocablo para comunicar la idea del «castigo por el pecado» (Lev_20:20).
9 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
Además de nombre, jattat , a partir de su raíz, se usa también como adjetivo (enfático) 119
veces. Se habla de los seres humanos como «pecadores» (1Sa_15:18) que están sujetos al
castigo por su ofensa (1Ki_1:21). La primera vez que el término se usa como adjetivo es en
Gen_13:13 (rva ): «Los hombres de Sodoma eran malos y muy pecadores contra Jehová».
Una observación de las palabras vistas es que los vocablos (tum’ah, zonah, ta’ab, zimah)
caracteriza al pecado como impureza, como acción detestable e ignominiosa, como
prostitución. Los otros términos como (‘awen, Saw, Seqer) acentúan el aspecto de vanidad,
engaño, mentira, malicia. El grupo de palabras procedentes de las raíces segg, sgh, thl, usadas
especialmente en Isaías, Jeremías y Job, subraya el carácter de desviación y de impiedad típico
del pecado. El término ‘asam indica la culpabilidad, como resultado de la mala acción que se
ha cometido y por la que hay que ofrecer una expiación (Lev Sss; Jc 21,22 1S 6,3ss; Is 53,10;
Jr42,21 ). La voz hnf(mancharse de culpa) expresa de forma penetrante la naturaleza del
pecado.
Taller...
1. ¿Por qué es importante estudiar sobre el tema del Pecado? _________________________
__________________________________________________________________________
2. ¿Qué es la Hamartología? ____________________________________________________
3. ¿Cuáles son algunos conceptos inadecuados sobre el pecado que se presentan? _________
__________________________________________________________________________
__________________________________________________________________________
4. Según el catolicismo ¿Cuáles son las dos clases de pecados? ________________________
__________________________________________________________________________
5. ¿Qué es pecado? ___________________________________________________________
__________________________________________________________________________
6. ¿Cómo explica la Biblia el origen del pecado en el universo y en el género humano? ______
__________________________________________________________________________
__________________________________________________________________________
7. Escriba y defina los principales términos que se utilizan en el A.T. para indicar el pecado
__________________________________________________________________________
__________________________________________________________________________
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__________________________________________________________________________
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10 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
EL HOMBRE: Su Caída
Lección 2
Y ordenó el SEÑOR Dios al hombre, diciendo:
De todo árbol del huerto podrás comer,
pero del árbol del conocimiento del bien y del mal
no comerás, porque el día que de él comas,
ciertamente morirás.
Gen 2:16,17
El problema de cómo el pecado entró en el universo es un asunto en el cual cada sistema
encuentra obstáculos. Sin embargo, solamente la Biblia provee una explicación razonable.
Como fue visto en el estudio previo de los ángeles, el pecado entró primeramente en el
universo en la rebelión de algunos de los santos ángeles guiados por Satanás, lo cual ocurrió
bastante antes de que el hombre fuera creado. Los primeros capítulos del Génesis registran la
caída en el pecado por Adán y Eva. Las varias interpretaciones de este hecho nos llevan a
considerarlo un evento literal que explica la pecaminosidad de la raza humana o al intento de
explicarlo como algo no histórico o como un mito. La interpretación ortodoxa, sin embargo, es
que el acontecimiento tuvo lugar exactamente como se registra en la Escritura, y ésta es la
manera en que se relata en el resto de la Biblia.
La caída del hombre en pecado puede considerarse desde tres aspectos: 1) Adán antes de la
caída, 2) Adán después de la caída, y 3) el efecto de la caída de Adán sobre la raza humana.
A. Adán antes de la caída.
En palabras de peculiar sencillez, la Biblia introduce en la historia al primer hombre y a la
mujer que le fue dada por compañera. Estos dos seres fueron unidos como «una sola carne», y
según el concepto divino esto es lo que constituye la verdadera unidad. Aunque tanto el
hombre como la mujer pecaron y cayeron, la Biblia se refiere a este fracaso mutuo como a la
caída del hombre.
No es posible hacer cálculos en cuanto a la extensión del período durante el cual Adán y Eva
permanecieron en su condición original; sin embargo, es evidente que fue un tiempo suficiente
como para que pudieran acostumbrarse a la situación en que habían sido colocados, para
observar con cuidado y darle nombre a las criaturas vivientes y experimentar la comunión con
Dios. Semejante a todas las obras de Dios, el hombre fue creado «bueno en gran manera» (Gn.
1:31), que significa que él era agradable al Creador. Esto implica más que Adán era inocente,
siendo este último término de carácter negativo y sugiriendo simplemente que el primer
hombre no había cometido pecado. La santidad, que es el principal atributo de Dios, es un
término positivo e indica que El es incapaz de pecar.
El hombre, dado que fue hecho a la imagen de Dios, tenía una personalidad completa y la
capacidad moral de tomar decisiones. En contraste con Dios quien no puede pecar, tanto los
hombres como los ángeles podían pecar. Como fue visto en el estudio anterior sobre los
ángeles, Satanás pecó (Is. 14: 12-14; Ez. 28:15), y tras él fueron otros ángeles, de quienes se ha
escrito que «no guardaron su original estado (Jud. 6, V.M.). Debido al hecho de que Satanás y
los ángeles caídos pecaron primero, el hombre no originó el pecado, pero se convirtió en un
pecador debido a la influencia satánica (Gn. 3:4-7).
11 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
El relato de cómo pecaron Adán y Eva está revelado en Génesis 3:1-6. De acuerdo a esto,
Satanás apareció en la forma de una serpiente, una criatura la cual en ese tiempo era un
animal muy hermoso y atractivo. Como lo registra la Biblia, Dios había dado a Adán y Eva una
prohibición: ellos no deberían comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. De acuerdo
a Génesis 2: 17, Dios dijo: «Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el
día que de él comieres, ciertamente morirás.» Esta prohibición relativamente simple era una
prueba para ver si Adán y Eva obedecerían a Dios.
En su conversación con Eva, Satanás introdujo esta prohibición diciéndole a Eva: «¿Conque
Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?» (Gn. 3:1). Lo que quiso implicar era
que Dios estaba escondiendo algo que era bueno y que El estaba siendo muy severo
innecesariamente en su prohibición. Eva le contestó a la serpiente: «Del fruto de los árboles
del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios:
No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis» (Gn. 3: 2-3).
En su respuesta Eva cayó en la trampa de Satanás al dejar fuera la palabra «libremente» en el
permiso de Dios de comer de los árboles del huerto, y también ella dejó fuera la palabra
«seguramente» en la advertencia de Dios. La tendencia natural del hombre de minimizar la
bondad de Dios y de magnificar su severidad son, desde entonces, características familiares de
la experiencia humana. Satanás inmediatamente se aferró de la omisión de la palabra
«seguramente» en cuanto al castigo y le dijo a la mujer: «No moriréis: sino que sabe Dios que
el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el
mal» (Gn. 3:4-5).
En su conversación con la mujer, Satanás se revela como el engañador. La seguridad del
castigo se desafía directamente y se niega así expresamente la Palabra de Dios.
El hecho de que comiendo del fruto sus ojos serían abiertos al conocimiento del bien y del
mal era verdad, pero lo que Satanás no reveló fue que ellos tendrían el poder de conocer el
bien y el mal sin el poder de hacer el bien.
De acuerdo a Génesis 3:6, la caída de Adán y Eva en el pecado está registrada así: «y vio la
mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable
para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual
comió así como ella.» Si Satanás le sugirió esto a la mujer o si ella llegó a estas conclusiones
por sí misma no lo dice la Escritura.
Sin embargo, se nota aquí el modelo familiar de la tentación en tres líneas indicadas en 1
Juan 2:16: el hecho de que el fruto era bueno para comer apeló a la «concupiscencia de la
carne»; el hecho de que era «agradable a los ojos» apeló a la «concupiscencia de los ojos»; y el
poder del fruto del árbol de hacerlos sabios apeló a la «vanagloria de la vida». Un ejemplo
similar de tentación fue seguido por Satanás en la tentación de Cristo (Mt. 4:1-11; Mr. 1:12-13;
Lc. 4:1-13).
Eva fue engañada en tomar del fruto, y Adán siguió su ejemplo aunque él no fue engañado (1
Ti. 2:14).
B. Adán después de la caída.
Cuando Adán y Eva pecaron perdieron su bendito estado en el cual ambos habían sido
creados y vinieron a ser objeto de varios cambios trascendentales.
1. El hombre cayó bajo el dominio de la muerte espiritual y física. Dios había dicho: «Porque
el día que de él comieres, ciertamente morirás» (Gn. 2:17); y esta divina sentencia se cumplió.
Adán y Eva sufrieron inmediatamente la muerte espiritual, que significa separación de Dios. Y a
12 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
su debido tiempo sufrieron también el castigo de la muerte física, que significa el acto por el
cual el alma se separa del cuerpo.
2. El juicio de Dios también cayó sobre la serpiente fue condenada a arrastrarse en el suelo
(Gn. 3:14) La lucha entre Dios y Satanás se describe en Génesis 3:15 en lo que se relaciona con
la raza humana, y Dios dice: ¡«y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la
simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.» Esto se refiere al
conflicto entre Cristo y Satanás, en el cual Cristo murió en la cruz, pero no pudo ser retenido
por la muerte, como se anticipó en la expresión «Tú le herirás en el calcañar».
Sin embargo, la última derrota de Satanás está indicada en el hecho de que la simiente de la
mujer le «herirá en la cabeza», esto es, infringirle una herida mortal y permanente. La simiente
de la mujer se refiere a Jesucristo, quien en su muerte y resurrección conquistó y venció a
Satanás.
3. Un juicio especial también cayó sobre Eva, la cual experimentaría dolor al dar a luz sus
hijos y se debería de someter a su esposo (Gn. 3:16). El hecho de que se produciría la muerte
haría necesario que se produjeran múltiples nacimientos.
4. Una maldición especial cayó sobre Adán, al cual le fue asignada la dura labor de trabajar la
tierra, ahora maldita con espinos y cardos, para obtener la comida necesaria para su continua
existencia. De acuerdo con esto, la misma creación sería cambiada por el pecado del hombre
(Ro. 8:22).
Más adelante la Escritura indica cómo los efectos del pecado serían parcialmente aliviados
por medio de la salvación en el caso del hombre y por un levantamiento parcial de la maldición
en el futuro reino milenial. Adán y Eva, sin embargo, después de la caída fueron conducidos
fuera del huerto y comenzaron a experimentar el dolor y la lucha que han caracterizado a la
raza humana desde entonces.
C. El efecto de la caída de Adán sobre todo el género humano.
El efecto inmediato del pecado sobre Adán y Eva fue que éstos murieron espiritualmente y
llegaron a estar sujetos a la muerte espiritual. Su naturaleza se depravó y, por tanto, la raza
humana experimentaría la esclavitud del pecado. Además del cambio de la suerte del hombre
y su ambiente, la Biblia también revela una profunda doctrina de imputación, que pone de
relieve la verdad que Dios ahora acusó a Adán con pecado y, como resultado, acusó a sus
descendientes con la responsabilidad del primer pecado de Adán.
Las Escrituras mencionan tres grandes imputaciones: 1) El pecado de Adán es imputado a su
posteridad (Ro. 5: 12-14) ; 2) el pecado del hombre es imputado a Cristo (2 Co. 5: 21) ; y 3) la
justicia de Dios imputada a los que creen en Cristo (Gn. 15:6; Sal. 32:2; Ro. 3:22; 4:3,8,21-25; 2
Co. 5:21; Flm. 17-18).
Es obvio que se efectuó un traspaso de carácter judicial del pecado del hombre a Cristo,
quien llevó sobre su cuerpo en el madero el pecado del género humano. «Mas Jehová cargó en
El el pecado de todos nosotros» (Is. 53:5; Jn. 1:29; 1 P. 2: 24; 3: 18). De igual manera hay un
traspaso de carácter judicial de la justicia de Dios al creyente (2 Co. 5:21), puesto que no podía
haber otro fundamento de justificación o aceptación delante de Dios. Esta imputación
pertenece a la nueva relación espiritual que el creyente disfruta con Dios en la esfera de la
nueva creación.
Estando unidos al Señor por el bautismo del Espíritu (1 Co. 6:17; 12:13; 2 Co. 5:17; Gá. 3:27),
y vitalmente relacionados con Cristo como un miembro de su cuerpo (Ef. 5:30), se sigue que
cada virtud de Cristo es comunicada a los que han llegado a ser una parte orgánica de El. El
creyente está «en Cristo» y, por consiguiente, participa de todo lo que Cristo es.
13 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
Así, también los hechos de la antigua creación son traspasados de manera real a aquellos que
por generación natural están «en Adán». Ellos poseen la misma naturaleza de Adán, y se dice,
además, que ellos han pecado en él. Esto es un hecho tan real que llega a ser en sí mismo la
base suficiente del juicio divino decretado en contra del pecado; al igual que la imputación de
la justicia de Dios en Cristo es el fundamento satisfactorio para la justificación. Y el resultado es
el juicio de Dios sobre todos los hombres, ya sea que. ellos hayan pecado o no según la
transgresión de Adán. A pesar de que los hombres sostengan, como generalmente lo hacen,
que ellos no son responsables del pecado de Adán, la revelación divina afirma que, debido a
los efectos trascendentales de la relación representativa que todos los seres humanos tienen
con Adán, el pecado original del primer hombre es inmediata y directamente imputado a todos
los miembros de la raza, con la invariable sentencia de muerte descansando sobre todos ellos
(Ro. 5:12-14). De igual manera, el pecado original de Adán es transmitido en la forma de
naturaleza pecaminosa indirectamente, o sea, por herencia, de padre a hijo, a través de todas
las generaciones. El efecto de la caída es universal; así también lo es la oferta de la divina
gracia.
La caída de los hombres no se efectúa cuando cometen su primer pecado; ellos han nacido
ya en pecado, como criaturas caídas, procedentes de Adán. Los hombres no se convierten en
pecadores por medio de la práctica del pecado, sino que ellos pecan debido a que por
naturaleza son pecadores. Ningún niño necesita que se le enseñe a pecar, pero cada niño tiene
que ser estimulado a realizar el bien.
Debe observarse que, no obstante que la caída de Adán pesa sobre toda la Humanidad, es
evidente que hay una provisión divina para los infantes y para todos aquellos que no tienen
responsabilidad moral.
Los santos juicios de Dios tienen que caer sobre todos los pecadores no redimidos: 1) por
causa del pecado imputado; 2) por causa de la naturaleza pecaminosa que todos han
heredado; 3) por causa de que todos están bajo pecado; y 4) por causa de sus propios
pecados.
Si bien es cierto que estos juicios divinos no pueden atenuarse, el pecador puede escapar de
ellos por medio de Cristo. Estas son las buenas nuevas del Evangelio.
La pena que descansa sobre la antigua creación es: 1) muerte física, por la cual el alma se
separa del cuerpo; 2) muerte espiritual, la cual, semejante a la de Adán, es el estado presente
de los perdidos y la separación entre el alma y Dios (Ef. 2:1; 4:18-19); y 3) la segunda muerte, o
sea, la eterna separación entre el alma y Dios y la expulsión de los perdidos de la presencia de
El para siempre (Ap. 2:11; 20:6,14; 21:8).
14 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
Taller...
1. ¿Cuál era el estado del hombre antes que pecara?
2. ¿Cómo tentó Satanás a Eva?
4. ¿Cómo relató Eva falsamente la prohibición de Dios?
5. ¿Cómo mintió Satanás a Eva y negó expresamente la Palabra de Dios?
6. ¿Cómo Satanás disfrazó lo apetecible del poder del conocimiento del bien y del mal?
7. ¿Cómo indica 1 Juan 2:16 las tres líneas de la tentación?
8. ¿Cuál fue el efecto sobre Adán y Eva después que ellos hubieron pecado?
9. ¿Cuál fue el efecto sobre Satanás y la serpiente después que Adán y Eva pecaron?
10. ¿Cuál fue el efecto sobre los descendientes de Adán y Eva por el pecado de Adán?
11. Mencionar las tres imputaciones presentadas en las Escrituras.
12. ¿Por qué es verdad que el hombre no se vuelve pecador pecando?
13. ¿Por qué los santos juicios de Dios están sobre los hombres que están fuera de Cristo?
14. ¿Cuál es la pena que está sobre la vieja creación?
15. ¿Por qué la salvación en Cristo es la única esperanza para el hombre en su estado caído?
15 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
LA DOCTRINA BIBLICA DEL
PECADO
Lección 3
Reconociendo que hay varios pecados definidos en la Palabra de Dios, llegamos, a base de las
Escrituras, a la conclusión de que el pecado es cualquier falta de conformidad al carácter de
Dios, ya sea en obra, disposición o estado. En la Palabra de Dios se definen varios pecados,
como se ilustran, por ejemplo, en los Diez Mandamientos que Dios dio a Israel (Ex. 20:3-17). El
pecado es tal porque es diferente de lo que Dios es, y Dios es eternamente Santo. El pecado
siempre es contra Dios (Sal. 51:4; Lc. 15:18), aun cuando pueda ser dirigido contra seres
humanos. Una persona que peca es, de acuerdo a ello, sin semejanza a Dios y sujeta al juicio
de Dios. La doctrina del pecado se presenta en cuatro aspectos en la Biblia:
1. EL PECADO PERSONAL (Ro. 3:23) es la forma de pecado que incluye todo lo que en la
vida diaria está en contra o fracasa en conformidad con el carácter de Dios. Los hombres son
conscientes con frecuencia de sus pecados personales, y los pecados personales pueden tomar
una gran variedad de forma. Hablando en forma general, el pecado personal se relaciona con
algún mandamiento particular de Dios en la Biblia. Incluye el aspecto de rebelión o
desobediencia. Al menos ocho palabras importantes se usan para el pecado en el Antiguo
Testamento y unas doce en el Nuevo Testamento; la idea básica es la falta de conformidad al
carácter de Dios y el obrar por medio de actos ya sea de omisión o de comisión. La idea
esencial es que el hombre no alcanza a la norma y fracasa en alcanzar el nivel del propio
carácter de santidad de Dios.
2. LA NATURALEZA PECADORA DEL HOMBRE (Ro. 5:19; Ef. 2:3) es otro aspecto
importante del pecado tal como se revela en la Biblia. El pecado inicial de Adán le llevó a la
caída, y en la caída él se volvió un ser completamente diferente, depravado y degenerado y
sólo capaz de engendrar seres caídos como él mismo. Por lo tanto, cada hijo de Adán es nacido
con la naturaleza adámica, siempre está predispuesto a pecar, y aunque su naturaleza fue
juzgada por Cristo en la cruz (Ro. 6:10), una fuerza vital y activa permanece en cada vida del
cristiano. Nunca se dice que será quitada o erradicada en esta vida, pero para el cristiano hay
poder vencedor provisto a través del Espíritu que mora en él (Ro. 8:4; Gá. 5:16-17).
Muchos pasajes bíblicos hacen alusión a este importante asunto. De acuerdo con Efesios 2:3,
todos los hombres «éramos por naturaleza hijos de ira», y toda la naturaleza del hombre es
depravada. El concepto de la total depravación no es que cada hombre es lo más malo posible
que él pueda ser, sino más bien que el hombre, a través de su naturaleza, está corrompido por
el pecado (Ro. 1: 18 3: 20). De acuerdo a ello, el hombre, en su voluntad (Ro. 1:28), su
conciencia (1 Ti. 4:2) y su intelecto (Ro. 1:28; 2 Co. 4:4), está corrompido y depravado, y su
corazón y entendimiento están cegados (Ef. 4:18).
Como se ha visto en un estudio previo, la razón por la cual los hombres tienen una naturaleza
pecaminosa es porque les fue transmitida por sus padres. Ningún niño nacido en el mundo se
ha visto libre de esta naturaleza de pecado excepto en el único caso del nacimiento de Cristo.
No es que los hombres pequen y se conviertan en pecadores; más bien es que los hombres
16 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
pecan porque tienen una naturaleza pecaminosa. El remedio para esto, así como para el
pecado personal es, por supuesto, la redención, la cual es provista en la salvación en Cristo.
3. PECADO IMPUTADO. También se presenta en la Biblia el pecado como imputado o
computado en nuestra cuenta (Ro. 5:12-18). Como se vio en conexión con la caída del hombre
en el capítulo anterior, hay tres imputaciones principales presentadas en las Escrituras: a) la
imputación del pecado de Adán a su descendientes, en cuyo hecho se basa la doctrina del
pecado original; b) la imputación del pecado del hombre a Cristo, en cuyo hecho está basada la
doctrina de la salvación; y c) la imputación de la justicia de Dios en aquellos que creen en
Cristo, en cuyo hecho se basa la doctrina de la justificación.
La imputación puede ser tanto a) actual, o b) judicial. La imputación actual es poner en la
cuenta de alguien algo que originalmente ya pertenecía al deudor. Aunque Dios pueda hacer
esto en su justicia, por la obra reconciliadora de Cristo Dios no está ahora imputando al
hombre el pecado, el cual es suyo desde un principio (2 Co. 5:19).
La imputación judicial es cargar a la cuenta de alguien algo que no pertenece al deudor (Flm.
18).
Aunque ha habido desacuerdo en cuanto a si la imputación del pecado de Adán a cada
miembro de la raza es actual o judicial, Romanos 5:12 declara claramente que la imputación es
actual, en vista de la cabeza representativa; la posteridad de Adán pecó cuando él pecó.
Los próximos dos versículos (Ro. 5:13-14) se han escrito para probar que no es una referencia
a pecados personales (cf. He. 7:9-10). Sin embargo, Romanos 5:17-18 implica que su
imputación también es judicial, puesto que se establece que por el pecado de un hombre vino
juicio sobre todos los hombres. Sólo el pecado inicial de Adán está en cuestión. Su efecto es la
muerte, tanto para Adán, así como de Adán hacia los miembros de la Humanidad. La cura
divina provista para el pecado imputado es el don de Dios, lo cual es vida eterna a través de
Jesucristo.
4. EL ESTADO JUDICIAL DEL PECADOR. El estado judicial resultante de pecado para toda
la raza humana también se presenta en la Escritura. Por consideración divina el mundo entero,
incluyendo judíos y gentiles, está ahora «bajo pecado» (Ro. 3:9; 11:32; Gá. 3:22). Estar bajo
pecado es estar contado desde el punto de vista divino sin ningún mérito que pueda contribuir
a la salvación. Puesto que la salvación es solamente por gracia y la gracia excluye todos los
méritos humanos, Dios ha decretado, con respecto a la salvación de los hombres, que sea
«bajo pecado», o sin ningún mérito. Este estado bajo pecado sólo es remediado cuando el
individuo, a través de las riquezas de la gracia, es contado para permanecer en los méritos de
Cristo.
Tomado como un todo, la Biblia indica claramente los efectos devastadores del pecado sobre
el hombre y la ausencia total de esperanza para el hombre en cuanto a solucionar su propio
problema de pecado. El correcto entendimiento de la doctrina de pecado es esencial para
entender el remedio de Dios para el mismo.
5. LAS DIMENSIONES DEL PECADO
La falta de conformidad personal al carácter moral o a los deseos de Dios es multifacética,
tiene varias dimensiones, tal como sucede en la física. Según la física, ¿cuáles son las tres
dimensiones? Largo, ancho, alto. ¿Qué es un objeto de dos dimensiones (bidimensional)?
¿Qué es un objeto de tres dimensiones (tridimensional)?
17 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
Sin embargo Einstein, el gran físico teórico del siglo pasado, existía otra dimensión. ¿Cuál es? El
tiempo. De Einstein para acá, en las investigaciones físicas, el tiempo es una dimensión que
necesariamente se debe tomar en cuenta para producir resultados correctos en los estudios
de la física.
En cuanto al pecado, es necesario también tomar en cuenta todos los factores, todas sus
dimensiones, si hemos de entender cómo es, cuáles son sus efectos, y cómo podemos
vencerlo.
I. EL PECADO COMO DISPOSICIÓN DEL CORAZÓN (es decir, como un ESTADO)
Originalmente el corazón del hombre era perfecto y recto, sin inclinación alguna hacia el mal.
¿Cuál fue la materia prima con la que Dios creó al hombre? La parte material del hombre fue
hecha del polvo de la tierra; la parte inmaterial del hombre se originó en el soplo de Dios en
ese cuerpo hecho de tierra. Podemos afirmar categóricamente que ¡EL PECADO NO FORMABA
PAR D LA “MA RIA PRIMA” CON LA QUE DIOS HIZO AL HOMBRE!
El hombre adquiere y transmite una naturaleza pecaminosa a partir del pecado de Adán y Eva.
A. Génesis 8:21: “… el intento del corazón de hombre es malo desde su juventud”.
B. Salmo 51:5: “En maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”.
II. EL PECADO COMO PENSAMIENTO (es decir, como IMPULSO o INTENTO)
La naturaleza pecaminosa engendra pensamientos pecaminosos.
A. Mateo 5:27–28: “… el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su
corazón”.
III. EL PECADO COMO ACTO
La naturaleza pecaminosa engendra pensamientos pecaminosos que se expresan en actos
pecaminosos.
A. 2 Samuel 11:1–4, 14–17: El deseo de David le llevó al adulterio y al asesinato.
B. Salmo 53:1. El pensamiento pecaminoso conduce a actos de corrupción.
IV. EL PECADO COMO OMISIÓN
La naturaleza pecaminosa engendra pensamientos pecaminosos que frenan al hombre en sus
intentos de hacer lo bueno.
A. Levítico 5:17–19. Bajo la ley de Moisés, el que pecaba sin saberlo, era culpable.
B. 1 Samuel 12:23: Dejar de orar es un pecado.
C. Santiago 4:17: “… al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”.
Delante de Dios no vale nada la actitud de “no me di cuenta… no sabía… fue mas fuerte que
yo…” etc. El pecado es pecado, y debe ser pagado o confesado. Sin embargo debemos recordar
que Cristo llevó todos nuestros pecados, aún los del pensamiento y la omisión, y su sangre nos
limpia de todo pecado.
18 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
Taller...
1. ¿Cómo define la Biblia en general al pecado?
2. ¿Cuáles pecados se mencionan específicamente en los Diez Mandamientos?
3. ¿Por qué el pecado es siempre contra Dios?
4. ¿Qué cuatro aspectos del pecado se presentan en la Biblia?
5. ¿Qué quiere decirse por pecado personal?
6. ¿Qué enseña la Biblia en cuanto a la naturaleza pecaminosa del hombre?
7. ¿Hasta qué grado el hombre está depravado?
8. ¿Cómo explica el hecho de que todos los niños nazcan pecadores?
9. ¿Cuáles son las tres imputaciones principales?
10. ¿Qué quiere decirse por imputación actual?
11. ¿Qué quiere decirse por imputación judicial?
12. ¿Hay evidencia escritural de que todo el mundo está en un estado judicial de pecado?
13. ¿Por qué es importante un correcto entendimiento de la doctrina del pecado para
comprender la doctrina de la salvación?
19 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
INTRODUCCIÓN A LA
SOTERIOLOGÍA
Lección 1
“Oh profundidad de las riquezas de la sa idur a y de la
ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e
inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la
mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le
dio a él primero, para que le fuese recompensado?
Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él
sea la gloria por los siglos. Amén.” (Romanos 11:33–36)
Al final de su magistral exposición de lo que es el Evangelio, el apóstol San Pablo exclama
gozosamente estas palabras contenidas en su carta a los Romanos. Este sentir del apóstol
también debería ser nuestro sentir al estudiar la doctrina de la salvación. Por lo tanto,
maestro, volvamos a maravillarnos y gozarnos como sucedió en el momento cuando fuimos
salvos aceptando la obra de Cristo a nuestro favor. ¡Y si fuera necesario volvamos al primer
amor!
La Soteriología es el estudio de la Salvación de Dios mostrada en la Escritura. La palabra
“soteriología” se deriva de dos palabras griegas, sotería y logos. La primera significa
“salvación”, y la última palabra, “disertación, o doctrina”. Habiendo visto el fracaso y pecado
de la humanidad en el estudio de la hamartología, nos es traída a conciencia la extrema
necesidad de un plan de salvación suficiente para cerrar la vasta brecha entre estos dos
extremos infinitos, la pecaminosidad del hombre y la santidad de Dios.
I. EL PROBLEMA EN LA CULTURA MODERNA.
La cultura contemporánea es una cultura de la crisis; al hacer al hombre el redentor de sí
mismo, registrando por otra parte sus continuos fracasos, es incapaz de ofrecer esperanza y
acentúa las razones de la inseguridad, de la desorientación y de la duda. Se convierte incluso
en una cultura nihilista. El gran filósofo marxista heterodoxo E. Bloch ha trazado la figura del
hombre de la crisis en su “héroe rojo” así descrito: “Confesando hasta la muerte la causa por la
cual ha vivido, avanza claramente, fríamente, hacia la nada, en la que ha aprendido a creer en
cuanto espíritu libre. Por eso su sacrificio es diverso del de los antiguos mártires: éstos morían,
sin excepción, con una oración en los labios, creyendo así haber ganado el cielo. En cambio, el
héroe comunista, bajo los zares, bajo Hitler o bajo cualquier otro régimen, se sacrifica sin
esperanza de resurrección”. El héroe rojo es el hombre adulto, racional, sin ilusiones, pero
también nihilista de la cultura moderna, que lucha por un mundo más justo y humano,
sabiendo que va hacia la nada. Es el hombre que pretende redimirse a sí mismo, aquí y ahora,
y no esperar la salvación de otro.
La “redención” cuyo sentido bíblico indagamos es, en cambio, la acción liberadora de Dios, que
llega a nosotros aquí y ahora, confiándonos el don-cometido de testimoniar con una praxis
renovada los nuevos cielos y la tierra nueva que están ya germinalmente presentes en
esperanza, pero que encontrarán pleno cumplimiento en la venida del Señor Jesús.
20 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
Al héroe rojo blochiano se contrapone la esperanza del apóstol Pablo: “Si lo que esperamos de
Cristo es sólo para esta vida, somos los hombres más desgraciados. Pero Cristo ha resucitado
de entre los muertos como primicias de los que mueren. Porque como por un hombre vino la
muerte, así por un hombre la resurrección de los muertos; y como todos mueren en Adán, así
también todos revivirán en Cristo” ico 15,19-21). Del hombre viene la muerte, de Cristo viene
la vida; del hombre no viene la esperanza, pero Cristo da motivo para esperar también más allá
de la muerte, porque él ha vencido la muerte.
Frente al desafío de la cultura moderna, el cristiano está llamado a responder de su fe en el
redentor. La! fe cristiana, en efecto, no cree solamente en un Dios que da, como lo admitía
también Aristóteles, sino que perdona. Y del perdón redentor de Dios nace la esperanza del
cristiano. Pero Dios redime a través del acontecimiento histórico, particular y singularísimo, de
la muerte-resurrección de Jesús; de ese acontecimiento brota la salvación para todos. Es una
redención divina, verificada a través de la mediación humana e histórica de la vida de Jesús,
para cuya comprensión hay que interrogar a toda la Biblia.
II. LA DOCTRINA DE LA REDENCIÓN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.
1. LOS VERBOS GA’AL Y “PADAH’: SOLIDARIDAD Y REDENCIÓN.
Dos raíces hebreas: (118 veces) y (70 veces) tienen una función peculiar para
determinar el concepto veterotestamentario de redención. En ambos casos es común la idea
de “rescate” de una situación jurídica de esclavitud, de deuda; en general, de necesidad. Mas
mientras que padah no es típico y exclusivo de un determinado sector del derecho, ga ‘al nace
y se desarrolla sobre todo en el ámbito del derecho de familia, del clan, de la tribu. Tratándose
de verbos jurídicos, somos remitidos al contenido de la legislación israelita, y por tanto a la
“liberación” o al “rescate” onerosos de propiedades o de personas por obra de otros hombres
con vistas a la libertad o para salvar la misma vida.
La historia humana de las relaciones sociales crea condiciones de esclavitud, de injusticia, de
miseria, de las cuales el derecho israelita estimula a salir mediante una serie de obligaciones
jurídicas. En particular, dos principios inspiran el derecho de Israel: a) la libertad del individuo
supone un mínimo de independencia económica; b) solamente en una relación armoniosa con
la comunidad (familia, clan, tribu) está el individuo en condiciones de realizar su libertad. La
“redención’ es, pues, restitución de la libertad en un contexto de armoniosas relaciones con la
comunidad.
Por ejemplo, la utópica legislación sobre el año sabático y sobre el año jubilar (Lv 25) tiende a
garantizar la propiedad familiar, que con el jubileo vuelve a las familias de origen: “Si tu
hermano empobrece y tiene que vender una parte de su propiedad, venga su pariente más
próximo (go ‘aló haq-qarob) a ejercer el derecho de rescate (ga’al) sobre cuanto vende el
hermano” (Lv 25,25). Por tanto, la familia israelita vive libremente sólo sobre la base de una
propiedad de terreno. La institución jurídica del go’el (= pariente próximo que rescata) -que
encontramos en el estupendo relato de Rt- se funda bien sea en la solidaridad familiar, bien en
el principio de la radicación de la familia en la propiedad del terreno. La redención es, pues, un
acto de solidaridad con vistas a la restitución de la libertad de la miseria, de la esclavitud o, en
una palabra, de la marginación social de la comunidad de los hombres libres con plenos
derechos.
No solamente las propiedades, sino las mismas personas pueden ser vendidas, por lo cual
tienen necesidad de rescate: “Si el huésped o extranjero residente en medio de ti se
21 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
enriquece, y un hermano tuyo empobrece contrayendo deuda con aquél y se ve obligado a
venderse al huésped o al extranjero o a un descendiente de su familia, gozará del derecho de
rescate (ge’ullah) una vez vendido; uno de sus hermanos, su tío, su primo o un pariente
cercano, lo podrá rescatar; y si llega a tener medios, puede rescatarse a sí mismo” (Lv 25,4 7-
49). Es siempre la solidaridad familiar la que funda el derecho-deber del rescate, incluso en el
caso de la “venganza de la sangre’ (cf Núm 35,9-29) [1 Levítico].
El sentido de la “redención’ en las relaciones sociales se puede definir como “liberación del
poder extraño de lo que pertenece a la familia’ (K. Koch). Si luego la gran familia es la nación,
entonces el go’elde todos los oprimidos es el rey: “El liberará al pobre que suplica, al miserable
que no tiene apoyo alguno; se cuidará del débil y del pobre; a los pobres les salvará la vida; él
los defenderá contra la explotación y la violencia; su sangre tendrá un gran precio a sus ojos”
(Sal 72,12-14).
La propiedad, la libertad de las personas, la vida humana son bienes fundamentales, que
obligan a todos los miembros de la comunidad (familia, clan, tribu, nación) en la recíproca
corresponsabilidad y solidaridad. Sobre la base de la solidaridad de tipo familiar que une a los
israelitas entre sí nace y se afirma el derecho-deber de la redención.
Presentes sobre todo en los textos jurídicos, comprendida la legislación cultual (cf, p.ej., Ex
34,19-20, sobre el rescate de los primogénitos), las dos raíces verbales mencionadas se usan
también en el lenguaje religioso para designar el rescate por parte de Dios. Siendo el derecho
israelita de carácter religioso, es decir, estando considerado como ley divina, es lógico que
Israel considerara la redención interhumana como reflejo e imitación de la acción redentora de
Dios. Sin embargo, históricamente está demostrado que algunas costumbres de manumisión
de cosas o personas (cf, p.ej. Ex 21,30) por medio de una suma de rescate corresponden a las
leyes babilónicas de Es-nunna ( 54) y del código de Ham-murabi(251).
2. El Dios liberador en / éxodo.
El uso religioso del término/concepto de “redención’, expresado además de por los verbos
ga’al y padah, también por jasa’ (= hacer salir), jasa’ (= salvar) y nasal (= sustraer), pierde su
connotación jurídica y sobre todo deja caer la idea de pago de un contravalor por el rescate.
Dios libra y salva gratuitamente, sin deber nada a nadie. También en el uso religioso de los
verbos indicados permanece, en cambio, la idea de la solidaridad como razón de la
intervención liberadora.
En el ámbito religioso, el acontecimiento fundamental de salvación-redención es la liberación
de la esclavitud de Egipto orientada a la “formación” del pueblo de Dios. De hecho, es en las
tradiciones del Exodo donde aparece con frecuencia el léxico de la redención.
La liberación del Éxodo es una iniciativa totalmente libre y gratuita de Dios: “Di a los israelitas:
Yo soy el Señor; yo os libertaré (de la opresión de los egipcios; os libraré) de su esclavitud y os
rescataré (gv con gran poder y haciendo justicia. Yo os haré mi pueblo, seré vuestro Dios, y
vosotros reconoceréis que yo soy el Señor, vuestro Dios, el que os libró (js’)de la esclavitud
egipcia” (Ex 6,6-7). Aquí la liberación de Egipto es parangonada, en virtud del uso de los verbos
indicados, a un rescate de la esclavitud, pero no hay pago alguno de precio; Dios obra como
“amo”, con gran fuerza y poder, tomando lo que es suyo. En el versículo 5 -“Me he acordado
de mi / pacto”- se afirma explícitamente que Dios encuentra en sí mismo, en su libre promesa
de salvación, la razón de su intervención redentora. Precisamente porque ha querido
comprometerse con Israel, escogerlo como su “familia” o / “pueblo” (‘am), estableciendo así
una solidaridad familiar indisoluble, Dios se ha convertido en el go’el de Israel. Yhwh es el
redentor porque es el “creador” de Israel; es decir, ha escogido y bendecido a Israel porque
22 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
desde siempre, en su plan redentor, pensaba tomarlo como su pueblo y ser su / Dios. La
comunión o alianza con Israel es el fin de toda la acción redentora divina.
De la acción redentora de Dios aprende, pues, Israel a conocer quién es su Dios: “Sabréis que
yo soy el Señor, vuestro Dios, que os ha sacado de la opresión de Egipto”. Por la soteriología,
es decir, por la acción salvífica de Yhwh, Israel tiene acceso al misterio ontológico de Dios:
solamente Yhwh salva; por eso sólo él es Dios.
La redención del pueblo de Egipto tuvo lugar “porque el Señor os amó y porque ha querido
cumplir el juramento hecho a vuestros padres” (Dt 7,8). Israel ha sido salvado porque era la
heredad de Yhwh, que lo ha redimido con su grandeza (Dt 9,26). El israelita debe, pues,
recordar siempre la redención del Exodo: “Recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que el
Señor tu Dios te dio la libertad (padah)” (Dt 15,15 cf Dt 24,18). En el Dt el verbo preferido para
indicar la Kberación del Exodo es padah: Dios aparece así como el que hace valer sus derechos
sobre el pueblo que le pertenece.
La epopeya del éxodo culmina, y es reasumida, en el canto de Ex 15,2: “Mi fortaleza y mi
cántico es el Señor; él ha sido mi salvación”. Israel hará continuamente “memoria” del éxodo
para proclamar y afirmar su fe en el Dios que salva.
La redención de la esclavitud de Egipto no fue una liberación sólo socio-política, sino también
“interior”, en el sentido de que miraba a crear al “pueblo de Dios”, es decir, la comunidad de
los que creen en Yhwh, su redentor. La esclavitud de Egipto no es solamente socio-política,
sino que es también esclavitud de la idolatría y de los pecados, que son su fruto: Dios, en
efecto, libera dando una ley en el Sinaí, instituyendo una relación vital íntima con sus fieles (el
culto), estableciendo su presencia en medio del pueblo (tienda sagrada). Interior y
socialmente, por don gratuito de Dios, pero también mediante la llamada divina a la
responsabilidad activa y al compromiso generoso, el pueblo liberado de la esclavitud de Egipto
se convierte en una comunidad nueva, íntegramente renovada y estructurada por la acción de
su Dios. El pueblo de Dios es, pues, simultáneamente “misterio”, en cuanto criatura de Dios,
que escoge habitar en medio de él, y “sujeto histórico”, en cuanto comunidad histórica que
hace historia. Lo que caracteriza al pueblo de Dios es la memoria permanente y viva de la
redención divina que lo ha hecho nacer, y al mismo tiempo la misión de testimoniar, frente al
mundo, las maravillas de su Dios.
La redención divina no excluye, antes bien implica, una mediación humana: “Israel vio el
prodigio que el Señor había obrado contra los egipcios, temió al Señor y creyó en él y en
Moisés, su siervo” (Ex 14,31). Así también Dios, en el desierto, da la ¡ley liberadora mediante ¡
Moisés. Y todo israelita creyente que observa la ley sobre el rescate se convierte de algún
modo en “mediador” y representante de la redención divina recibida en don.
3. lsaías (Is 40-55) y otros profetas.
Con particular insistencia, el Déutero-lsaías llama la atención sobre el tema de Dios como
redentor (go’el), uno de los títulos preferidos junto con “creador”. Es más, se puede resumir el
pensamiento del anónimo profeta del exilio juntando la idea de creación y de redención: “De
la nueva redención de Israel a la creación del entero mundo de Israel; de la creación del entero
mundo de Israel a la creación del mundo entero simpIiciter de la creación del mundo entero a
la redención de este mundo” (C. Stuhlmueller).
Yhwh rescata a su pueblo porque es su go ‘el, ligado por una “familiaridad” generadora-
creadora: “Esto dice el Señor, tu redentor, el que te formó desde el seno materno: Yo soy el
Señor, el que lo ha hecho todo; el que despliega, él solo, los cielos; el que afirma la tierra sin
23 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
ayuda alguna” (Is 44,24). Yhwh está unido a Israel porque él lo ha creado y redimido; es para él
como una madre (Is 49,15).
Sin embargo, la solidaridad casi familiar no es para Yhwh una necesidad de intervenir: “Por mí,
sólo por mí lo haré” (1s48,11).
Dios es movido únicamente por su amor libérrimo e incondicional. Nada fuera de él le urge a
obrar. Él salva porque ama.
Por la redención de Israel, Dios no debe pagar ningún precio: “Ésto dice el Señor: ‘Gratis habéis
sido vendidos, y también sin pagar seréis rescatados (ga’al)” (Is 52,3). Pues Dioses el dueño
soberano; no es deudor de nadie.
Lo que opone resistencia a la redención divina es el pecado, la rebeldía de Israel. El mismo
destierro no es solamente un asunto político, sino la consecuencia de una conducta
pecaminosa: “Hablad al corazón de Jerusalén y gritadle que se ha cumplido su servicio, que
está perdonado su pecado, que ha recibido de la mano del Señor el doble de castigo por todos
sus pecados” (Is 40,2 cf Is 50,1, “Por vuestras culpas fuisteis vendidos”).
El poder salvífico divino, que no se arredra ni siquiera ante la muerte, había sido cantado por el
profeta Oseas poniendo de manifiesto la fuerza irresistible de Dios: “Pero yo los libraré (padah)
del poder del abismo (ie’ol); los salvaré (ga’al) del poder de la muerte. ¿Dónde están, muerte,
tus estragos? ¿Dónde están, abismo, tus azotes?” (Os 13,14). La redención no ocurre porque el
pueblo la necesita o la invoca, sino porque Dios es el redentor (go ‘el) de su pueblo. En Os 7,13
se repite la promesa divina: “Cuando yo los quería salvar (padah), proferían mentiras contra
mí’.
4. Los Salmos.
En los Salmos, sobre todo en las súplicas o lamentaciones, se invoca con obstinada confianza la
redención. Ella da cuerpo al grito del orante: “Rescátame (padah), Señor, y ten piedad de mí”
(Sal 26,11); “Ven junto a mí, rescátame’ (Sal 69,19); “Rescátame de la opresión de los
hombres” (Sal 119,134).
El orante no da razones; no pretende, no avanza derechos: “Levántate, ven a socorrernos;
rescátanos por tu misericordia” (Sal 44,27). Confía en la misericordia (hesed) divina, que es la
única razón a la que apelar para invocar la redención. La misericordia de Dios, o sea su
capacidad y disponibilidad para salvar es el fundamento de la confiada oración del israelita.
Los redimidos del Señor cantan en la oración de acción de gracias la misericordia del Dios que
los salva:
“Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Que lo digan los que
el Señor ha liberado, los que ha rescatado de la mano de los opresores” (Sal 107,1-2). La
redención divina experimentada históricamente por Israel no sólo se convierte en el objeto y
en la razón del agradecimiento, sino también en la sustancia de la memoria cultual: “Yo te
ensalzaré con el arpa por tu fidelidad, Dios mío, y con la cítara tocaré para ti, oh Santo de
Israel; porque tú has rescatado mi vida, tocaré para ti, mis labios cantarán alegres” (Sal 71,22-
23). La súplica tiene la garantía de ser escuchada en el hecho de que el Señor ya en el pasado
rescató a sus siervos que recurrieron a él con confianza. Y en la acogida y reconocimiento de la
redención divina, el hombre percibe concretamente y reconoce su necesidad de redención y
pasa por la experiencia más radical de su culpa frente al amor gratuitamente libre, no debido
ni condicionado, de su Dios.
24 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
Taller...
1. ¿Qué es la Soteriología?
2. ¿Por qué se dice que la cultura contemporánea es una cultura de la crisis?
3. ¿Cuál es el sentido bíblico de la “redención”?
4. Explique las dos palabras hebreas usadas en la Biblia para redención
5. Escriba los principios sobresalientes que encuentras en el Éxodo, los profetas y las Salmos
sobre el tema de la redención
25 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
Salvación De La Pena
Del Pecado
Lección 2
Afortunadamente para todos los involucrados, Dios previó todo lo que tomaría lugar en la
caída del hombre, y planeó justamente la salvación necesaria justo antes de la fundación del
mundo. Antes de que fuera cometido el primer pecado en el universo y antes de la triste
condición caída por el hombre rebelde, que había sido hecho a la imagen de Dios, el Señor
había planeado y provisto el medio de escape de los rebeldes y la condenación del pecado.
Nuestro Dios no fue tomado desprevenido. Él previó la caída y pre-ordenó el plan de rescate.
El plan de salvación es tan simple que hasta el menor entre los hijos de los hombres podría
tomar suficiente de él para experimentar su poder transformador. Al mismo tiempo es tan
profundo que jamás se ha descubierto ninguna imperfección en él. En realidad, aquellos que
mejor lo conocen están continuamente asombrados de que un, y sólo un plan de salvación
fuera necesario para satisfacer la vasta cantidad de necesidades espirituales entre casi una
limitada variedad de necesidades en los hombres de toda raza, cultura y condición entre las
naciones e este mundo.
A. El significado de la salvación
La revelación divina en cuanto a la salvación debería ser dominada por cada hijo de Dios: 1)
puesto que la salvación personal depende de ello, 2) es el mensaje que Dios ha comisionado al
creyente a proclamar al mundo, y 3) descubre la completa medida del amor de Dios.
De acuerdo a su amplio significado como se usa en la Escritura, la palabra «salvación»
representa la obra total de Dios por medio de la cual Él rescata al hombre de la ruina eterna y
la sentencia del pecado y le confiere las riquezas de su gracia, incluyendo la vida eterna ahora
y en la gloria eternal en los cielos. «La salvación es de Jehová» (Jon. 2:9). Por lo tanto, en cada
aspecto es una obra de Dios en favor del hombre, y no es en ningún sentido una obra del
hombre a favor de Dios.
Ciertos detalles de esta empresa divina han variado de edad en edad. Estamos seguros de
que, comenzando con Adán y continuando con Cristo, aquellos individuos quienes ponen su
confianza en Dios han sido renacidos espiritualmente y hechos herederos de la gloria en los
cielos. De igual manera, la nación de Israel renacerá espiritualmente de una vez» en el tiempo
de la venida del Señor (Is. 66:8).
También se dice que las multitudes tanto de judíos como de gentiles que vivan en la tierra
durante el reino venidero conocerán al Señor desde el más pequeño hasta el más grande (Jer.
31:34). Sin embargo, la salvación ofrecida a los hombres en la edad presente no solamente
está revelada más completamente en la Biblia en cuanto a sus detalles, sino que también
excede grandemente cualquier otra obra salva-dora de Dios en las maravillas que lleva a cabo,
puesto que la salvación que se ofrece en la edad presente incluye cada una de las fases de la
obra de gracia de Dios tal como el morar, el sellar y el bautismo del Espíritu.
B. La salvación como el remedio de Dios para el pecado
Aun cuando se hacen ciertas distinciones en la doctrina bíblica del pecado, hay dos hechos
universales que deben considerarse en primer lugar:
26 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
1. El pecado es siempre condenable, ya sea que lo cometa el salvaje o el civilizado, el no
regenerado o el regenerado. Aunque puede haber diferentes grados de castigo para el
pecador (Lc. 12:47-48), todo pecado es invariablemente «pecaminoso» en sí mismo, porque
constituye una ofensa contra la santidad de Dios.
2. El único remedio para el pecado está en la sangre derramada del Hijo de Dios. Esto es tan
cierto cuando se trata de los que por medio de sacrificios de animales anticiparon la muerte de
Cristo en la cruz, como lo es de aquellos que por fe miran ahora retrospectivamente hacia el
sacrificio del Cordero de Dios.
Si la pena del pecado puede ser remitida es porque hubo otro que en su carácter de sustituto
satisfizo todas las demandas que la justicia divina tenía contra el pecador. En el antiguo orden,
el pecador no era perdonado sino hasta que el sacerdote había presentado el sacrificio cruento
para expiación, el cual anticipaba la muerte de Cristo en la cruz (Lv. 4:20, 26, 31, 35; 5:10, 13,
16, 18; 6:7; 19:22; Nm. 15:25-26, 28). Y después que el sacrificio del Hijo de Dios se ha
consumado, prevalece la misma verdad tocante a que su sangre derramada en el Calvario es la
base del perdón para todo pecador. Este es el testimonio de la Palabra de Dios:«En quien
tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia» (Col.
1:14; Ef. 1:7).
La muerte vicaria de Cristo es infinitamente perfecta en su eficacia redentora, y, por lo tanto,
el pecador que confía en Él es no solamente perdonado, sino también justificado para siempre
(Ro. 3:24). Dios nunca ha tratado el pecado con lenidad. Al pecador no se le impone ninguna
carga por el perdón; pero si es perdonado se debe tan sólo a que el castigo divino por el
pecado cayó con todo su rigor sobre el Cordero de Dios (1 P.2:24; 3:18).
C. El pecado antes de la cruz y después de la cruz
1. Se dice que el método divino de tratar con el pecado antes de La cruz fue la expiación.
Según su uso bíblico, la palabra «expiación» significa sencillamente «cubrir». «La sangre de los
toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados» (He. 10:4). La sangre del sacrificio
indicaba de parte del que lo ofrecía su reconocimiento de la justa pena de muerte impuesta
sobre el pecador (Lv. 1:4); y de parte de Dios era una anticipación de la sangre eficaz que Cristo
derramara en la cruz. Por el hecho de simbolizar la sangre derramada de Cristo, la sangre de la
expiación servía para cubrir el pecado como en un pacto de promesa hasta el día cuando Cristo
viniera a tratar en forma definitiva con el pecado del mundo.
Hay en el Nuevo Testamento dos pasajes que arrojan luz sobre el significado de la palabra
antiguo testamentaria expiación.
a) En Romanos 3:25 la palabra «remisión» tiene el significado de «pasar por alto», y es en
relación con este significado que se declara que Cristo demostró en su muerte que Dios
había sido justo en pasar por alto los pecados cometidos antes de la cruz y por los cuales la
sangre de los sacrificios se había vertido. Dios había prometido enviar al Cordero que sería
capaz de quitar el pecado del mundo, y en base de esta gran promesa había perdonado el
pecado antes de la cruz.
Por consiguiente, por medio de la muerte de Cristo quedó plenamente demostrado que
Dios ha sido justo en todo lo que Él ha prometido.
b) En Hechos 17:30 se afirma que Dios «pasó por alto» los tiempos de esta ignorancia.
27 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
2. En Romanos 3:26 se declara cuál ha sido el método divino de tratar con el pecado después
de la cruz. Cristo ha muerto. El valor de su sacrilegio no es ya un asunto de expectación que
debe tomarse coma un pacto de promesa y simbolizarse par la sangre de las animales
ofrecidos en el altar; la sangre de Cristo ha sida derramada, y ahora lo único que se demanda
de toda persona, sin tomar en cuenta cual sea su grada de culpabilidad, es que crea en la que
la gracia infinita ha consumado para salvación del pecador. El versículo que tenemos delante
revela que los juicios que pesaban sobre cada pecador Cristo los llevó completamente en la
cruz, a fin de que Dios pudiera permanecer justo, a sea inalterable en su santidad. Aparte de
todo castigo, Él justificará al pecador que tan sólo crea en Jesús.
Como antes se ha dicho, la palabra expiación, la cual aparece sólo en el Antiguo Testamento,
significa. <Pasar sobre», «pasar por alto» y (<cubrir» el pecado; pera cuando Cristo trató con el
pecado en la cruz, Él no solamente lo pasó por alto o lo cubrió. De su sacrificio infinitamente
eficaz se ha dicho: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jun. 1:29;
Cal. 2:14; He. 10:4; 1 Jn. 3:5). «Quien llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el
madero» (1 P.2:24). Cristo no contemporizó con el pecado, ni lo trató parcialmente en la cruz.
El gran problema existente entre Dios y el hombre fue allí solucionado en tal forma que aun la
santidad de Dios quedó plenamente satisfecha, y la única pregunta que aun permanece en pie
es si el hombre está satisfecho con lo que satisface a Dios. Aceptar la obra que Cristo realizó en
el Calvario por nosotros es creer en Él para salvación del alma.
D. Los tres tiempos de la salvación
1. El tiempo pasado de la salvación está revelado en ciertos pasajes los cuales, cuando hablan
de la salvación, se refieren a ella siendo completamente en el pasado, o completada para el
que ha creído (Lc. 7:50; 1 Co. 1:18; 2 Co. 2:15; Ef. 2:5, 8). Tan perfecta es esta obra divina que
del salvado se dice que está salvado para siempre (Jn. 5:24; 10:28, 29; Ro. 8:1).
2. El tiempo presente de la salvación, tiene que ver con la salvación presente del poder del
pecado (Ro. 6:14; 8:2; 2 Co. 3:18; Ga. 2:19-20; Fil. 1:19; 2:12-13; 2 Ts. 2:13).
3. El tiempo futuro de la salvación contempla que el creyente será aún salvo dentro de total
conformidad con Cristo (Ro. 8:29; 13:11; 1 P.1:5; 1 Jn. 3:2). El hecho de que algunos aspectos
de la salvación están aún por ser cumplidos para el que cree no implica que hay terreno de
duda en cuanto a su cumplimiento final; pues en ninguna parte se enseña que ningún rasgo de
la salvación depende sobre la fidelidad del hombre. Dios es fiel y, habiendo comenzado una
buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Fil. 1:6).
E. La salvación como la obra terminada de Cristo
Cuando se contempla la obra de Dios para los hombres perdidos, es importante distinguir
entre la obra acabada de Cristo por todos, la cual está completa en una perfección infinita, y la
obra salvadora de Dios, la cual es aplicada para y en el individuo en el momento en que el cree
en Cristo.
«Consumado es» es la última frase registrada de Cristo antes de su muerte (Jn. 19:30). Es
evidente que Él no se estaba refiriendo a su propia vida, su servicio o su sufrimiento; sino más
bien a una obra especial la cual su Padre le había dado para hacer, la cual ni aun había
comenzado hasta que Él estuvo en la cruz y que fue completada cuando murió.
Esto era definidamente una obra para todo el mundo (Jn. 3:1ó; He. 2:9), y proveyó redención
(1 Ti. 2:6), reconciliación (2 Co. 5:19) y propiciación (1 Jn. 2:2) para cada hombre.
El hecho de que Cristo haya muerto no salva a los hombres, pero provee una base suficiente
sobre la cual Dios, en completa armonía con su santidad, es libre para salvar aún al peor de los
pecadores. Estas son las buenas nuevas las cuales el cristiano está comisionado a proclamar a
28 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
todo el mundo. La sangre del Unigénito y amado Hijo de Dios fue lo más precioso delante de
sus ojos; sin embargo, fue el pago para el rescate del pecador. La ofensa del pecado había
separado al pecador de Dios, pero Dios proveyó a su propio Cordero para quitar el pecado para
siempre. Los santos juicios de Dios estaban contra el pecador a causa de su pecado; no
obstante, Cristo fue la propiciación para el pecado de todo el mundo.
El hecho de que todo esto esté ya terminado constituye un mensaje el cual se pide al
pecador que crea como el testimonio de Dios. Uno apenas puede creer que alguien que haya
oído este mensaje no haya experimentado un sentido de alivio de que el problema del pecado
ha sido solucionado de esta manera, y que haya respondido en un sentido de gratitud a Dios
por esta bendición gratuita.
F. La salvación como obra salvadora de Dios
La obra salvadora de Dios, la cual se cumple en el momento en que uno cree, incluye varias
fases de la obra de Dios en la gracia: redención, reconciliación, propiciación, perdón,
regeneración, imputación, justificación, santificación, perfección, glorificación. Por medio de
ella somos hechos capaces de ser partícipes de la herencia de los santos (Col. 1:12), hechos
aceptos en el Amado (Ef. 1:6), hechos hijos de Dios (Jn. 1:12), hechos ciudadanos de los cielos
(Fil. 3:20), hechos una nueva creación (2 Co. 5:17), hechos miembros de la familia de Dios (Ef.
2:19; 3:15), hechos justicia de Dios (2 Co. 5:21), hechos cercanos a Dios (Ef. 2:13) y hechos
completos en Cristo (Col. 2:10). El hijo de Dios ha sido liberado del poder de las tinieblas y
trasladado al reino del amado Hijo de Dios (Col. 1:13), y ahora posee toda bendición espiritual
(Ef. 1:3).
Entre las maravillosas obras de Dios mencionadas recientemente, la culpa y la pena del
pecado han sido quitadas; puesto que se dice del que es salvo que es perdonado de todas sus
transgresiones y justificado para siempre. Dios no podría perdonar y justificar aparte de la cruz
de Cristo, pero puesto que Cristo ha muerto, Dios es capaz de salvar hasta lo sumo a todos los
que vienen a Él por medio de Cristo Jesús.
G. La salvación en relación al pecado del salvo
1. El perdón de los pecados se cumple para el pecador cuando él cree en Cristo y es una
parte de su salvación. Muchas cosas que constituyen la salvación son forjadas por Dios en el
momento que uno cree; pero el perdón nunca se recibe por parte del no salvo aparte de la
obra completa de la gracia salvadora sobre la base de creer en Cristo como Salvador.
2. En el trato divino con tos pecados del cristiano, es sólo la cuestión del pecado lo que se
tiene en vista, y el pecado del cristiano es perdonado, no sobre la base del creer para
salvación, sino sobre la base de la confesión del pecado (1 Jn. 1:9).
El efecto del pecado del cristiano, entre otras cosas, es Ia perdida de la comunión con el
Padre y con el Hijo y el contristar al Espíritu que mora en el. El hijo de Dios que ha pecado será
restaurado a la comunión, gozo, bendición y poder cuando confiese su pecado.
Mientras que el efecto del pecado sobre el creyente es la perdida de bendición, la cual puede
ser renovada por medio de la confesión, el efecto del pecado creyente sobre Dios es un asunto
mucho más seno. Pero Si no fuera por el valor de la sangre de Cristo derramada y de la
presente abogacía de Cristo en los cielos (Ro. 8:34; He. 9:24; 1 Jn. 3:1-2), el pecado separaría a
los cristianos de Dios para siempre. Sin embargo, se nos asegura que la sangre es eficáz (1 Jn.
2:2) y la causa del Abogado es justa (1 Jn. 2:1). El santo que peca no se pierde por su pecado,
puesto que, aun cuando ha estado en el momento del pecado, el tiene un Abogado con el
Padre. Esta verdad, la cual forma únicamente las bases en las cuales cualquier cristiano
siempre ha sido mantenido salvo, lejos de animar a los cristianos a que pequen, Se presenta en
la Escritura con el fin de que el cristiano «no peque» 0 «no permanezca en pecado» (1 Jn. 2:1).
29 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
La gratitud al Salvador abogado por nosotros en los cielos debe encauzarnos a dudar
seriamente antes de rendirnos a la tentación.
H. La salvación está condicionada solamente por la fe
En unos 115 pasajes del Nuevo Testamento se declara que la salvación del pecador depende
sólo de creer, y en aproximadamente 35 pasajes se dice que depende de la fe, lo cual es un
sinónimo de creer. Creyendo, un individuo ejerce el deseo de confiar en Cristo. Es un acto del
hombre en su totalidad, no solamente de su intelecto o su emoción. Mientras que el
asentimiento intelectual no proviene de la fe real, y es meramente una motivación de las
emociones, por lo tanto escasa en fe, el creer es un acto definido en el cual el individuo desea
recibir a Cristo por la fe.
En todas partes la Escritura armoniza con esta abrumadora verdad. Sólo Dios puede salvar un
alma, y Dios sólo puede salvar a través del sacrificio de su Hijo. El hombre no puede sostener
ninguna otra relación para la salvación que creer en el mensaje de Dios hasta el grado de
volverse de sus propias obras para depender solamente en la obra de Dios a través de Cristo.
Creer es lo opuesto a hacer cualquier cosa; es, en lugar de ello, confiar en otro. Por lo tanto, se
viola la Escritura y toda la doctrina de la gracia se confunde cuando la salvación se hace
depender de cualquier otra cosa que no sea creer. El mensaje divino no es «cree y ora», «cree
y confiesa pecado», «cree y confiesa a Cristo», «cree y sé bautizado», «cree y arrepiéntete» o
«cree y haz restitución». Estos seis puntos añadidos se mencionan en la Escritura, y allí tienen
su total significado propuesto; pero si fueran tan esenciales para la salvación como creer,
nunca hubieran sido omitidos de ningún pasaje donde se declara la manera para ser salvo
(notar Jn. 1:12; 3:16, 36; 5:24; 6:29; 20:31; Hch. 16:31; Ro. 1:1ó; 3:22; 4:5, 24; 5:1; 10:4; Ga.
3:22). La salvación es sólo a través de Cristo y, por lo tanto, los hombres son salvos cuando le
reciben como su Salvador.
30 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
Taller...
1. ¿Por qué un hijo de Dios debe dominar la doctrina de la salvación?
2. ¿Qué se incluye en la salvación en su más amplia dimensión?
3. ¿Hasta qué grado la salvación es la misma en cada edad, y hasta qué grado es más completa
en la edad presente?
4. ¿Qué dos hechos universales se muestran en la Escritura concerniente a la relación de la
salvación del pecado?
5. ¿Cómo trataba Dios con el pecado en relación con la salvación en el Antiguo Testamento?
ó. ¿Cómo difiere el trato de Dios con el pecado después de la cruz del método del Antiguo
Testamento?
7. ¿Qué se muestra en los pasajes que tratan con la salvación en el pasado?
8. ¿Cómo se revela la salvación como una obra presente de Dios?
9. ¿Qué se contempla cuando la salvación se ve como futura?
10. Distinguir entre la obra terminada de Cristo y la obra salvadora de Dios aplicada al
individuo cuando este cree.
11. ¿Por qué es verdad que el hecho de que Cristo haya muerto no salva a todos los hombres?
12. ¿Qué debe de esperarse como una respuesta de parte del creyente cuando es salvo?
13. Nombrar algunas de las fases importantes de la obra de gracia de Dios en salvar a los
hombres que están incluidas en palabras doctrinales importantes.
14. ¿Cuáles son algunos de los aspectos de la obra de Dios cumplida cuando un individuo es
salvo?
15. ¿Cómo se relaciona la salvación con el perdón de los pecados?
1ó. En el trato con los pecados del cristiano, qué está incluido en su perdón?
17. Si un cristiano no confiesa su pecado, ¿qué es lo que pierde?
18. ¿Por qué la doctrina de que Cristo es nuestro abogado en el cielo puede llevar al cristiano a
vivir una vida de pecado?
19. Exponga la base escritural que demuestra que la salvación es sólo por la fe.
20. ¿Por qué el convencimiento intelectual no es evidencia suficiente de una fe real?
21. ¿Por qué la respuesta emocional es insuficiente para la salvación?
22. ¿Por qué la fe es un acto del hombre en su integridad, intelecto, sentimientos y voluntad?
23. ¿Por qué es un error adjuntar ciertas obras al acto de creer?
24. Explicar el hecho de que las obras son un resultado de creer en la salvación y no una
condición para obtener la salvación.
25. Explicar lo que el hombre debe hacer para ser salvo.
31 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
Salvación Del Poder Del
Pecado
Lección 3
A. LIBERACION DEL PECADO (UNICAMENTE PARA LOS
CRISTIANOS)
Puesto que la salvación del poder del pecado es una provisión de la gracia de Dios para los que
ya son salvos de la culpa y de la pena del pecado, la doctrina que en este capítulo
consideramos se limita en su aplicación solamente a los regenerados. Aunque ya están salvos y
seguros en Cristo, los cristianos tienen todavía la disposición a pecar y cometer pecados. De
esto tenemos pruebas abundantes en las Escrituras y en la experiencia humana. Basándose en
el hecho de que los cristianos pecan, el Nuevo Testamento procede a explicar cuál es el camino
divinamente trazado para que el hijo de Dios se libere del poder del pecado.
Por suponer que el cristiano no debiera pecar ni tener la inclinación al pecado, muchos
creyentes que no han alcanzado la madurez espiritual se alarman y confunden —y aun dudan
de su salvación— cuando descubren en su vida el poder dominante del pecado. Es una actitud
positiva que se preocupen del pecado, debido a la ofensa que éste ocasiona a la santidad de
Dios; pero en lugar de poner en duda su salvación o entregarse a la práctica del pecado,
debieran escudriñar lo que Dios en su gracia ha provisto para que los suyos puedan liberarse
del dominio del pecado.
Con excepción del plan de salvación no hay otro tema más importante que demande un
conocimiento cabal por la mente humana que el plan divino por el cual un cristiano puede vivir
para la gloria de Dios. La ignorancia y el error pueden resultar en un trágico error espiritual. En
la predicación del evangelio existe una gran necesidad de claridad en la exposición de la
doctrina bíblica de la salvación del poder del pecado.
B. EL PROBLEMA DEL PECADO EN LA VIDA DE UN CRISTIANO.
Habiendo recibido la naturaleza divina (2 P. 1:4), pero reteniendo todavía la naturaleza
antigua, cada hijo de Dios posee dos naturalezas; la una es incapaz de pecar, y la otra es
incapaz de practicar la santidad. La antigua naturaleza, algunas veces llamada «pecado»
(significando la fuente del pecado) y «viejo hombre», es una parte de la carne; porque, según
el uso de la Escritura, el término carne, cuando se usa en su sentido’ moral, se refiere al
espíritu y al alma, como también al cuerpo, especialmente en el caso del hombre no
regenerado. Por esto es que el apóstol declara: «Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no
mora el bien» (Ro. 7:18). Por otra parte, teniendo en vista la naturaleza divina que es
impartida al creyente, el apóstol Juan dice: «Todo aquel que es nacido de Dios permanece en
él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios» (1 Jn. 3:9). Este versículo enseña que todo
cristiano que ha nacido de Dios no practica el pecado (el verbo en. el tiempo presente implica
una acción continua). Sin embargo, debe observarse que es en esta misma epístola donde se
advierte a cada hijo de Dios que no pretenda no poseer una naturaleza pecaminosa (1:8) o que
no ha cometido pecado (1:10).
Estas dos Fuentes de actividad que el cristiano tiene en sí mismo se consideran también en
Gálatas 5:17, donde tanto el Espíritu Santo y la carne están activos en incesante y mutuo
32 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
conflicto: «Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne;
y éstos se oponen el uno al otro.» El apóstol no se está refiriendo en estas palabras al cristiano
carnal, sino al que es más espiritual, y aun al que no está satisfaciendo la concupiscencia de la
carne (Gá. 5:16). Este conflicto existe ciertamente en el cristiano espiritual, y si él se ve libre de
los efectos y concupiscencias de la carne, es porque está caminando bajo la dirección del
Espíritu.
C. La ley como una norma de vida.
Para comprender el programa de Dios para la liberación del poder del pecado, es importante
distinguir entre la ley y la gracia como reglas de vida. La palabra «ley» se usa en la Escritura
con muchos sentidos diferentes. Algunas veces se usa como regla de vida. Cuando se usa en
este sentido, la palabra tiene varios significados.
1. Los Diez Mandamientos; escritos por el dedo de Dios sobre tablas de piedra (Ex. 31:18).
2. Todo el sistema de gobierno de Israel que incluía los mandamientos (Ex. 20:1-26), las leyes
(Ex. 21:1 - 24:11) y las ordenanzas (Ex. 24:12 - 31:18).
3. Los principios de gobierno del aun futuro reino del Mesías sobre la tierra, los cuales están
contenidos en la Ley y los profetas (MT. 5:1 - 7:29; Cf. 5:17, 18; 7:12).
4. Algunos aspectos de la voluntad revelada de Dios a los hombres (Ro. 7:22, 25; 8:4).
5. Algunas reglas de conducta establecidas por los hombres para su propio gobierno (Mt.
20:15; Lc. 20:22; 2 Ti. 2:5). La palabra «ley» es usada también algunas veces como una fuerza
en operación (Ro. 7:21; 8:2).
6. En el Antiguo Testamento especialmente, la ley es presentada también como un pacto de
obras. Bajo este concepto de ley, su alcance se extiende más allá de los escritos del sistema
mosaico, e incluye toda acción humana intentada (en conformidad a la enseñanza de la
Escritura o no) con el objeto de conseguir el favor de Dios. La fórmula de la ley es:
«Si hacéis el bien, yo os bendeciré.» Así, el ideal supremo de una buena conducta —si se
emprende con el propósito de conseguir el favor de Dios en lugar de ser una manifestación de
la seguridad del favor por medio de Cristo— se convierte en algo puramente legal en su
carácter.
7. La ley se presenta también como un principio de dependencia sobre la carne. La ley no
provee capacidad para su observancia. No se esperaba más de sus mandamientos de lo que el
hombre natural podía hacer. Sin embargo, todo lo que es acometido en la carne, es legal en su
naturaleza: los mandamientos contenidos en la ley, las exhortaciones de la gracia, o cualquier
actividad espiritual.
D. La gracia como regla de vida.
Para el hijo de Dios bajo la gracia, cada aspecto de la ley ha sido eliminado (Jn. 1:16, 17; Ro.
6:14; 7:1-6; 2 Co. 3:1-18; Gá. 3:19-25; Ef. 2:15; Col. 2:14).
1. Las ordenanzas legales del sistema mosaico y los mandamientos instituidos para el
gobierno del reino no son ahora las guías principales del cristiano. Han sido reemplazados por
una regla de conducta nueva y de gracia que incluye en sí misma todo lo que es vital en la ley,
aunque la reafirma bajo el orden y el carácter de la gracia.
2. El hijo de Dios bajo la gracia ha sido liberado del peso de un pacto de obras. Ahora él no
lucha para ser aceptado, sino que es libre como uno que es aceptado en Cristo (Ef. 1:6).
33 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
3. El hijo de Dios no está llamado ahora a vivir por la energía de su propia carne. El ha sido
liberado de este rasgo de la ley y puede vivir en el poder del Espíritu. Desde que la ley escrita
fue dada a Israel, ella pudo liberarse de los mandamientos escritos de Moisés solamente por la
muerte de Cristo. Sin embargo, tanto el judío como el gentil fueron liberados por esa muerte
del desesperado principio del mérito humano y del vano esfuerzo de la carne.
4. En contraste con la ley, la palabra «gracia» se refiere al favor inmerecido que representa el
método divino de tratamiento con el hombre que fue introducido con Adán. Bajo la gracia,
Dios no trata a los hombres como ellos se lo merecen, sino que con una misericordia y gracia
infinitas, sin hacer referencia• a lo que realmente merecen. Esto es libre de hacerlo sobre la
base de que el justo castigo por el pecado, que de otro modo su santidad podría imponer
sobre los pecadores como retribución a sus hechos, fue satisfecho por el Hijo de Dios.
Aunque el pueblo de Israel experimentó la gracia de muchas maneras, como regla de vida
ellos pasaron de una relación de gracia con Dios a una relación legal con Dios. Cuando
aceptaron la ley, como se aprecia en Éxodo 19:3-25, ellos neciamente presumieron que
podrían guardar la ley de Dios completamente ignorando su necesidad de la gracia como la
única base posible de ser aceptado delante de Dios. La experiencia de Israel bajo la ley, por
consiguiente, demuestra a todos los hombres la imposibilidad de ser liberado del poder del
pecado por medio de la ley como principio.
5. En contraste con la ley, la gracia es revelada en tres aspectos diferentes: a) salvación por
gracia, b) seguridad por medio de la gracia, y c) la gracia como una regla de vida para el
salvado.
a) Dios salva a los pecadores por gracia, y no hay otro camino de salvación ofrecido a los
hombres (Hch. 4:12). La gracia salvadora es el amor sin límites y libre de Dios por el perdido en
conformidad con las exactas e invariables demandas de su propia justicia a través del sacrificio
sustitutorio de Cristo. La gracia es más que el amor; es amor que libera y hace al cristiano
triunfante sobre el justo juicio de Dios contra el pecador.
Cuando El salva a un pecador por gracia, es necesario que Dios termine con cada pecado,
porque de otro modo éstos demandarían un juicio y así dificultarían su gracia. Esto es lo que El
ha hecho en la muerte de su Hijo. También es necesario que cada obligación sea satisfecha,
con este objeto la salvación ha sido efectuada como un absoluto regalo de Dios (Jn. 10:28; Ro.
6:23; Ef. 2:8). Además, es necesario que todo mérito humano sea eliminado, para que ninguna
cosa que Dios realice esté basada en ningún modo en los méritos de los hombres y no en su
gracia soberana solamente (Ro. 3:9; 11:32; Gá. 3:22). Ya que todo elemento humano está
excluido, el evangelio de la gracia es la proclamación de la gracia poderosa, redentora y
transformadora de Dios, la cual ofrece vida y gloria eternas a todo aquel que cree.
b) El programa divino de la seguridad por medio de la gracia demuestra que únicamente por
medio de la gracia Dios guarda a aquellos que son salvos. Habiendo provisto un camino por el
cual El puede actuar libre de sus propias demandas de justicia contra el pecado; habiendo
dispuesto la retribución de cada acción humana, y habiendo puesto a un lado eternamente
todo mérito humano, Dios ha de continuar el ejercicio de su gracia hacia el salvado para darle
la seguridad de su protección eterna. Esto es lo que El hace y al hijo de Dios se le dice que está
en la gracia (Ro. 5:2;1 P. 5:12).
c) Dios también provee una regla de vida para el salvado basada únicamente en el principio de
la gracia. Dios enseña a aquellos que están salvados y seguros la manera cómo deben vivir en
la gracia y cómo vivir para su eterna gloria. Del mismo modo como la ley ha provisto una
34 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
completa regla de conducta para Israel, así Dios ha provisto una completa regla de conducta
para el cristiano. Puesto que todas las reglas de vida que están presentadas en la Biblia son
completas en sí mismas, no es necesario que sean combinadas. Por lo tanto, el hijo de Dios no
está bajo la ley como una regla de vida, sino bajo los consejos de la gracia. Lo que él hace bajo
la gracia no tiene como objetivo conseguir el favor de Dios, sino porque él ya ha sido aceptado
en el Amado. El no está confiando en la energía de la carne, sino en la manifestación del poder
del Espíritu. Es una vida que se vive sobre el principio de fe: «Mas el justo por su fe vivirá.»
Estos principios están declarados en los evangelios y en las epístolas.
E. EL UNICO CAMINO DE VICTORIA.
Se han sugerido varias enseñanzas que pretender señalar el camino por el cual el cristiano
puede liberarse del poder del pecado.
1. Se ha dicho que el cristiano será impulsado a vivir para la gloria de Dios si observa
suficientes reglas de conducta. Este principio legalista está condenado al fracaso porque hace
que la victoria dependa de la misma carne de la cual se busca la liberación (Ro. 6:14).
2. Se ha afirmado muchas veces que el cristiano debe buscar la erradicación de la vieja
naturaleza, para así quedar permanentemente libre del poder del pecado. Pero esta teoría
tiene sus objeciones:
a) No hay base bíblica para la enseñanza de que la naturaleza adámica pueda erradicarse.
b) La vieja naturaleza es una parte de la carne, y es claro que ella debe tratarse en la misma
forma en que Dios trata a la carne. La carne es uno de los tres poderosos enemigos del
cristiano: el mundo, la carne y el Diablo. Dios no erradica el mundo, o la carne, o el Diablo;
pero provee la victoria sobre estos enemigos, por medio del Espíritu (Gá. 5:16; 1 Jn. 4:4; 5:4).
De manera semejante, El da la victoria sobre la vieja naturaleza, por medio del Espíritu (Ro.
6:14; 8:2).
c) Ninguna experiencia humana actual confirma la teoría de la erradicación, y si esta teoría
fuera verdadera, los padres en este estado engendrarían hijos no afectados por la caída.
d) Cuando se acepta la teoría de la erradicación no hay lugar ni significado alguno para el
ministerio del Espíritu que mora en cada hijo de Dios. Muy por el contrario, los cristianos más
espirituales son advertidos de la necesidad de andar en el Espíritu, rindiéndose a la voluntad
de Dios, impidiendo que el pecado reine en sus cuerpos mortales, mortificando las obras de la
carne y permaneciendo en el Señor.
3. Algunos cristianos suponen que, aparte del Espíritu y simplemente por el hecho de que ya
son salvos, podrán vivir para la gloria de Dios. En Romanos 7:15 - 8:4 el apóstol testifica de su
propia experiencia con esta teoría. El afirma que conocía lo que era el bien, pero él no sabía
cómo llevar a cabo lo que conocía (7:18). Por lo tanto, llegó a las siguientes conclusiones:
a) Que aun cuando él procuraba hacer lo mejor, era siempre derrotado por una ley que aún
estaba presente en sus miembros, rebelándose contra la ley de su espíritu (7:23);
b) que su estado era espiritualmente miserable (7:24); c) que, aun cuando ya era salvo, lo que
le dio la libertad fue la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús, y no sus propias obras (8:2);
d) que la completa voluntad de Dios se cumple en el creyente, pero nunca por el creyente(8:4).
En Romanos 7:25 se declara que la libertad del poder del pecado viene por medio de
Jesucristo nuestro Señor. Puesto que se trata de un problema que atañe a la santidad de Dios,
la liberación del poder del pecado puede venir solamente por medio de Jesucristo. El Espíritu
Santo no podría ejercer dominio sobre una naturaleza caída que todavía no estuviese juzgada;
35 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
pero en Romanos 6:1-10 se afirma que la naturaleza caída del creyente fue ya juzgada al ser
crucificada, muerta y sepultada con Cristo, lo que hizo posible para el Espíritu dar la victoria.
Debido a esta provisión de la gracia de Dios, el creyente puede caminar en el poder de un
nuevo principio de vida que consiste en dependen solamente del Espíritu, reconociéndose a sí
mismo muerto en verdad al pecado (6:4, 11). Por lo tanto, la liberación del poder del pecado
es por el Espíritu y por medio de Cristo.
F. Victoria por el Espíritu Santo.
Como se ha dicho en los estudios anteriores sobre la doctrina del Espíritu Santo, un creyente
puede ser liberado del poder del pecado por el Espíritu Santo.
«Si estáis caminando por medio del Espíritu, no satisfaréis los deseos de la carne» (Gá. 5:16,
lit.). La salvación del poder del pecado, al igual que la salvación de la pena del pecado, es de
Dios y, desde un punto de vista humano, depende de una actitud de fe, así como la salvación
de la pena del pecado depende de un acto de fe. El que ha sido justificado vivirá por fe —fe
que depende del poder de otro— y la persona justificada no conocerá una época en esta vida
cuando necesite depender menos del Espíritu.
Existen tres razones para una vida de dependencia del Espíritu.
1. Bajo las enseñanzas de la gracia el creyente se encuentra ante una norma de vida que
humanamente es imposible alcanzar. Siendo un ciudadano de los cielos (Fil. 3:20, un miembro
del cuerpo de Cristo (Ef. 5:30) y un miembro de la familia de Dios (Ef. 2:19; 3:15), el cristiano es
llamado a vivir de acuerdo a su elevada posición celestial. Puesto que este modo de vida es
sobrehumano (Jn. 13:34; 2 Co. 10:5; Ef. 4:1-3, 30; 5:20; 1 Ts. 5:16-17; 1 P. 2:9), el hijo de Dios
debe depender completamente del Espíritu que mora en su corazón (Ro. 8:4).
2. El cristiano se enfrenta a Satanás, el príncipe de este mundo. A causa de esto, debe
fortalecerse en «el Señor y en el poder de su fuerza» (Ef. 6:10-12; 1 Jn. 4:4; Jud. 9).
3. El cristiano posee la vieja naturaleza, la cual le es incapaz de controlar.
La Escritura revela que no solamente Dios nos salva de la culpa del pecado, sino que también
nos libera del poder del pecado. Finalmente, cuando el cristiano se encuentre en el cielo, será
liberado de la presencia del pecado.
36 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
Taller...
1. ¿Por qué la liberación del pecado es para los cristianos únicamente?
2. ¿Hasta qué punto el pecado es un problema para los cristianos?
3. ¿Qué evidencia se da en la Escritura de que el cristiano tiene dos naturalezas?
4. ¿De qué manera se relaciona el Espíritu Santo con la vieja naturaleza?
5. ¿Cuáles son algunos de los sentidos en que la palabra «ley» es usada en la Biblia?
6. ¿Hasta qué punto falla la ley en proporcionar capacidad para su observancia?
7. ¿Por qué el cristiano no está bajo el sistema de la ley mosaica?
8. ¿Por qué un cristiano no lucha para ser aceptado por Dios?
9. ¿Por qué un hijo de Dios no debe intentar vivir por medio de la energía de su propia
carne?
10. Comparar las relaciones de Israel con la gracia como regla de vida con la relación de la
iglesia con la gracia como regla de vida.
11. ¿Hasta qué punto se revela la gracia en la «salvación por gracia», y cuál es la parte de
Dios?
12. ¿Cómo se relaciona la gracia con la seguridad de un creyente?
13. ¿De qué manera es la gracia una regla completa de vida?
14. ¿Por qué es la ley un principio destinado al fracaso?
15. ¿Qué objeciones pueden hacerse ante la teoría de que la antigua naturaleza puede ser
erradicada?
16. ¿Por qué es erróneo el planteamiento de que solamente porque uno es salvo puede
llevar una vida cristiana fácil?
17. ¿A través de qué medios es posible la liberación del poder del pecado y cómo está
relacionada a Jesucristo y al Espíritu Santo?
18. ¿De qué manera la salvación del poder del pecado depende de la fe?
19. ¿De qué forma las inalcanzables normas de vida para un creyente hacen necesaria una
vida de dependencia del Espíritu que mora en el creyente?
20. ¿De qué forma el poder de Satanás se relaciona con la liberación del creyente?
21. ¿Por qué se necesita la liberación del poder de la antigua naturaleza?
22. Contrastar el alcance presente de la liberación del pecado con el que existirá en el cielo.
37 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
CUATRO ASPECTOS DE LA JUSTICIA
Lección 4
Una diferencia vital entre Dios y el hombre que la Escritura enfatiza
es que Dios es justo (1 Jn. 1:5), mientras que, según Romanos 3:10,
el cargo fundamental hecho a los seres humanos es que <<no hay
justo, ni aun uno>>. De la misma manera, una de las glorias de la
gracia divina es el hecho de que una justicia perfecta, semejante a la blanca e inmaculada
vestidura de una novia, ha sido provista en Cristo y es gratuitamente concedida a todos los que
creen en Él (Ro. 3:22).
Las Escrituras distinguen cuatro aspectos de la justicia.
A. DIOS ES JUSTO
Esta justicia de Dios es invariable e inmutable (Ro. 3:25, 26). Él es infinitamente justo en su
propio Ser e infinitamente justo en todos sus caminos.
Dios es justo en su Ser. Es imposible que Él se desvíe de su propia justicia, ni siquiera como
por una <<sombra de variación>> (Stg. 1:17). Él no puede mirar el pecado con el más mínimo
grado de tolerancia. Por consiguiente, puesto que todos los hombres son pecadores, tanto por
naturaleza como por práctica, el juicio divino ha venido sobre todos ellos para condenación. La
aceptación de esta verdad es vital para llegar a un correcto entendimiento del evangelio de la
gracia divina.
Dios es justo en sus caminos. Debe también reconocerse que Dios es incapaz de considerar
con ligereza o con ánimo superficial el pecado, o de perdonarlo en un acto de laxitud o
debilidad moral. El triunfo del evangelio no radica en que Dios haya tratado con lenidad o
blandura el pecado; sino más bien en el hecho de que todos los juicios que la infinita justicia
tenía necesariamente que imponer sobre el culpable, el Cordero de Dios los sufrió en nuestro
lugar, y que este plan que procede de la mente del mismo Dios es, de acuerdo a las normas de
su justicia, suficiente para la salvación de todo el que cree en Él. Por medio de este plan Dios
puede satisfacer su amor salvando al pecador sin menoscabo de su justicia inmutable; y el
pecador, que en sí mismo está sin ninguna esperanza, puede verse libre de toda condenación
(Jn. 3:18; 5:24; Ro. 8:1; 1 Co. 11:32).
No es raro que los hombres conceptúen a Dios como un Ser justo; pero donde fallan a
menudo es en reconocer que cuando Él efectúa la salvación del hombre pecador, la justicia de
Dios no es ni puede ser atenuada.
B. LA AUTOJUSTICIA DEL HOMBRE
En completa armonía con la revelación de que Dios es justo tenemos la correspondiente
declaración de que ante la mirada de Dios la justicia del hombre (Ro. 10:3) es como <<trapo de
inmundicia>> (Is. 64:6). Aunque el estado pecaminoso del hombre se revela constantemente a
través de las Escrituras, no hay descripción más completa y final que la que se encuentra en
Romanos 3:9-18; y debe notarse que, como en el caso de otras evaluaciones bíblicas del
pecado, tenemos aquí una descripción del pecado como Dios lo ve. Los hombres han
establecido normas para la familia, la sociedad y el estado; pero ellas no son parte de la base
sobre la cual él ha de ser juzgado delante de Dios. En su relación con Dios los hombres no son
sabios comparándose consigo mismos (2 Co. 10:12). Porque no están perdidos solamente
aquellos que la sociedad condena, sino los que están condenados por la inalterable justicia de
Dios (Ro. 3:23). Por lo tanto, no hay esperanza alguna fuera de la gracia divina; porque nadie
38 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
puede entrar en la gloria del cielo si no es aceptado por Dios como lo es Cristo. Para esta
necesidad del hombre Dios ha hecho una provisión abundante.
C. LA JUSTICIA IMPUTADA DE DIOS
Como se ha recalcado en las discusiones previas en cuanto a la doctrina de la imputación, la
importante revelación de la imputación de la justicia de Dios (Ro. 3:22) es esencial que la
comprendamos tanto sobre los principios sobre los cuales Dios condena al pecador como
sobre los principios sobre los cuales Dios salva al cristiano. Aunque la doctrina es difícil de
entender, es importante comprenderla como uno de los mayores aspectos de la revelación de
Dios.
1. El hecho de la imputación es subrayado en la imputación del pecado de Adán a la raza
humana con el efecto de que todos los hombres son considerados pecadores por Dios (Ro.
5:12-21). Esto se desarrolla más aún en el hecho de que el pecado del hombre fue imputado a
Cristo cuando Él se ofreció coma ofrenda por el pecado del mundo (2 Co. 5:14, 21; He. 2:9; 1
Jn. 2:2). Así también la justicia de Dios es imputada a todos los que creen, para que ellos
puedan permanecer delante de Dios en toda la perfección de Cristo. Por causa de esta
provisión se puede decir de todos los que son salvos en Cristo que ellos son hechos justicia de
Dios en Él (1 Co. 1:30; 2 Co. 5:21). Siendo que esta justicia es de Dios y no del hombre y que,
según lo afirma la Escritura, ella existe aparte de toda obra u observancia de algún precepto
legal (Ro. 3:21), es obvio que esta justicia imputada no es algo que el hombre pueda efectuar.
Siendo la justicia de Dios, ella no puede ser aumentada por la piedad de aquel a quien le es
imputada, ni tampoco disminuir por causa de su maldad.
2. Los resultados de la imputación se ven en que la justicia de Dios es imputada al creyente
sobre la base de que el creyente está en Cristo por medio del bautismo del Espíritu. A través de
esa unión vital con Cristo por el Espíritu el creyente queda unido a Cristo como un miembro de
su cuerpo (1 Co. 12:13), y como un pámpano a la Vid verdadera (Jn. 15:1, 5). Por causa de la
realidad de esta unión Dios ve al creyente como una parte viviente de su propio Hijo. Por lo
tanto, Él ama al creyente como ama a su propio Hijo (Ef. 1:6; 1 P. 2:5), y considera que él es lo
que su propio Hijo es: la justicia de Dios (Ro. 3:22; 1 Co. 1:30; 2 Co. 5:21). Cristo es la justicia de
Dios; por consiguiente, aquellos que son salvos son hechos justicia de Dios por estar en Él (2
Co. 5:21). Ellos están completos en Él (Co. 2:10) y perfeccionados en Él para siempre (He.
10:10, 14).
3. En las Escrituras se nos dan muchas ilustraciones de la imputación. Dios proveyó túnicas de
pieles para Adán y Eva y para obtenerlas fue necesario el derramar sangre (Gn. 3:21). A
Abraham le fue imputada justicia por haber creído a Dios (Gn. 15:6; Ro. 4:9-22; Stg. 2:23), y
como los sacerdotes del tiempo antiguo se vestían de justicia (Sal. 132:9), así el creyente es
cubierto con el manto de la justicia de Dios y será con esa vestidura que estará en la gloria (Ap.
19:8).
La actitud del apóstol Pablo hacia Flemón es una ilustración tanto del mérito como del
demérito imputado. Refiriéndose al esclavo Onésimo, dice el apóstol: <<Así que, si me tienes
por compañero, recíbele como a mí mismo (imputación de mérito). Y si en algo te dañó, o te
debe, ponlo a mi cuenta (la imputación de demérito)>> (Flm. 17, 18; cf. también Job 29:14; Is.
11:5; 59:17; 61:10).
4. La imputación afecta la posición y no el estado. Existe, por lo tanto, una justicia de Dios,
que nada tiene que ver con las obras humanas, que está en y sobre aquel que cree (Ro. 3:22).
Esta es la posición eterna de todos los que son salvos. En su vida diaria, o estado, ellos se
39 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
hallan muy lejos de ser perfectos, y es en este aspecto de su relación con Dios que deben
<<crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo>> (2 P. 3:18).
5. La justicia imputada es la base de la justificación. De acuerdo a su uso en el Nuevo
Testamento, las palabras <<justicia>> y <<justificar>> vienen de la misma raíz. Dios declara
justificado para siempre a aquel que Él ve en Cristo. Este es un decreto equitativo, ya que la
persona justificada está vestida de la justicia de Dios. La justificación no es una ficción o un
estado emotivo; sino más bien una consideración inmutable en la mente de Dios. Al igual que
la justicia imputada, la justificación es por fe (Ro. 5:1), por medio de la gracia (Tit. 3:4-7), y se
hace posible a través de la muerte y resurrección de Cristo (Ro. 3:24; 4:25). Es permanente e
inmutable, pues descansa solamente en los méritos del eterno Hijo de Dios.
La justificación es más que el perdón, porque el perdón es la cancelación de la deuda del
pecado, mientras que la justificación es la imputación de justicia. El perdón es negativo
(supresión de la condenación), en tanto que la justificación es positiva (otorgamiento del
mérito y posición de Cristo).
Al escribir de una justificación por medio de obras, Santiago se refería a la posición del
creyente delante de los hombres (Stg. 2:14-26); Pablo, escribiendo de la justificación por la fe
(Ro. 5:1), tenía en mente la posición del creyente delante de Dios. Abraham fue justificado
delante de los hombres demostrando su fe por medio de sus obras (Stg. 2:21); asimismo, él fue
justificado por fe delante de Dios por la justicia que le fue imputada (Stg. 2:23).
D. LA JUSTICIA IMPARTIDA POR EL ESPIRITU
Lleno del Espíritu, el hijo de Dios producirá las obras de justicia (Ro. 8:4) del «fruto del
Espíritu» (Ga. 5:22-23) y manifestará los dones para el servicio que le han sido dados pon el
Espíritu (1 Co. 12:7). Se establece claramente que estos resultados se deben a la obra que el
Espíritu realiza en y a través del creyente. Se hace referencia, por tanto, a un modo de vida que
en un sentido es producido por el creyente; mejor dicho, es un modo de vida producido a
través de él por el Espíritu. Para aquellos que <<no andan conforme a la carne, sino conforme
al Espíritu>>, la justicia de la ley, la cual en este caso significa nada menos que la realización de
toda la voluntad de Dios para el creyente, se cumple en ellos.
Esto nunca podría ser cumplido por ellos. Cuando es realizada por el Espíritu, ella no es otra
cosa sino la vida que es la justicia impartida por Dios.
Taller...
1. Con relación a la justicia, ¿qué diferencia hay entre Dios y el hombre?
2. ¿Cuáles son los cuatro aspectos de la justicia revelados en las Escrituras?
3. ¿En qué sentidos Dios es completamente justo?
4. ¿Hasta qué punto llega el hombre en su auto justicia y por qué ésta es insuficiente?
5. ¿Por qué es necesaria para el hombre la justicia imputada de Dios?
6. ¿Cuáles son los resultados de la imputación de justicia en el hombre?
7. Proporcionar algunas ilustraciones bíblicas de la imputación.
8. ¿De qué manera afecta la imputación la posición y el estado ante Dios?
9. ¿Cómo se relaciona la justicia imputada con la justificación?
10. Contrastar la justificación y el perdón.
11. ¿Cuál es la diferencia entre la justificación por las obras y la justificación por la fe?
12. ¿Hasta qué punto se extiende la justicia impartida por el Espíritu?
40 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes
41 Hamartología y Soteriología Lic. Obed Sanabria Jaimes