Capítulo 2
Concepto del Alcoholismo como Enfermedad
Primaria
La importancia de conceptualizar o definir un fenómeno reside en el hecho de que
a partir del concepto o la definición utilizados se desprenden actitudes, posiciones
y acciones ante dicho fenómeno.
En Medicina, en Psicología y en otras disciplinas relacionadas con el estudio de
los fenómenos humanos es particularmente importante el modo de entender los
problemas, ya que de un entendimiento particular se derivan acciones de
aceptación o de rechazo, de ayuda o de obstaculización, de intervención o de
indiferencia.
En la historia de la humanidad abundan los ejemplos en los que a partir de
modelos erróneos sobre los procesos patológicos, muchos enfermos han sido
ignorados, aislados, estigmatizados, castigados o tratados inadecuadamente. Por
ejemplo, la epilepsia entendida como una posesión demoniaca llevaba a la
realización de exorcismos; ciertos síntomas psicóticos entendidos como brujería
llevaban a la persecución y al castigo; el desconocimiento sobre los mecanismos
de transmisión de los gérmenes patógenos era responsable de múltiples
padecimientos infecciosos. De manera similar la ausencia de modelos adecuados
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para entender el Alcoholismo ha contribuido a que este problema, presente a lo
largo de la historia humana, se haya desarrollado en millones de personas con
una evolución frecuentemente fatal.
Los modelos y enfoques situados fuera del campo teórico de las ideologías
predominantes en ciertas épocas han sido con frecuencia ignorados o
marginados. El resultado de esta ignorancia fue la ausencia de alternativas
concretas y eficaces para ciertos problemas. Hoy en día, el predominio de ideas
obsoletas o incompletas en algunos sectores en relación con el Alcoholismo
contribuye a que muchas personas afectadas por el problema no reciban la ayuda
necesaria, a pesar de existir estrategias de tratamiento, desarrolladas con base
en el conocimiento creciente de los factores que inciden en su etiología, curso
clínico, evolución y pronóstico.
El modelo Monte Fenix se inscribe claramente en el enfoque del concepto del
alcoholismo como enfermedad primaria, concepto que es necesario abordar, ya
que de su adecuada comprensión derivan diferentes componentes terapéuticos
que conforman el modelo.
HISTORIA DEL CONCEPTO
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El concepto de enfermedad del Alcoholismo aparece en algunas citas desde la
antigüedad; sin embargo es hasta bien entrado este siglo que dicha idea fue
estudiada en forma sistemática, descrita con rigor clínico, difundida en diferentes
medios, aceptada por diferentes sectores científicos, aplicada como fundamento
básico en el programa de recuperación de Alcohólicos Anónimos y consolidada a
través del trabajo clínico y de investigaciones en los campos de la Bioquímica , la
Genética y la Neurofisiología.
En relación con el concepto de enfermedad como tal, hay que decir que esta
palabra está traducida del inglés: “disease”, que definida por el Diccionario Médico
Ilustrado de Dorland significa: “Cualquier desviación de o interrupción de la
estructura o función normales de cualquier parte, órgano o sistema (o
combinación de varias) del cuerpo que se manifiesta por un característico
conjunto de síntomas y signos cuya etiología, patología y pronóstico pueden ser
conocidos o desconocidos”. Esta definición es útil y permite enmarcar al
Alcoholismo en ella, sin embargo es incompleta ya que no incluye el concepto de “
la totalidad del hombre como el ser sui generis que es” (1), y por lo tanto no
considera los aspectos psíquicos y sociales inherentes a todas las enfermedades
que les confieren a todas éstas el carácter de enfermedades psicosomáticas
(integrales). El Alcoholismo debe enfocarse en estos términos.
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Por otra parte , la palabra “disease”, en su acepción original, procedente del
francés antiguo, significa “malestar”. La idea de malestar, de dolor o de
sufrimiento asociados a un proceso, justifica en los términos hipocráticos mas
puros, la intervención médica en su función primordial de “aliviar el dolor”.
La información recopilada a lo largo de este siglo nos permite ubicar al
Alcoholismo como una entidad con síntomas característicos, con una evolución
predecible, con una etiología - parcialmente entendida - compleja y multifactorial y
como un cuadro susceptible de responder a determinadas estrategias integrales
de tratamiento y rehabilitación.
El término utilizado para el Alcoholismo en los manuales de clasificación de
trastornos mentales es el de dependencia del alcohol (2,3). Del mismo modo se
catalogan las dependencias a otras sustancias en dichos manuales, en los que
queda documentada la dependencia de: alucinógenos, anfetaminas, cafeína,
cannabis, cocaína, fenciclidina, inhalantes, nicotina, opioides y sedantes o
ansiolíticos
Los términos de dependencia de sustancias, farmacodependencia y dependencia
química son equivalentes. Este último tiene una gran difusión en la literatura
norteamericana reciente sobre el tema y su utilización se ha incorporado en esta
obra.
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El hecho es que el alcoholismo a nivel mundial es la farmacodependencia de
mayor prevalencia y mas graves consecuencias , por lo tanto ha sido la mas
ampliamente estudiada y constituye un modelo útil para entender genéricamente
el fenómeno de la dependencia química.
El valor de este enfoque global radica sobretodo en el diseño de modelos de
tratamiento que empíricamente han demostrado su utilidad en el abordaje de los
adictos, independientemente de la(s) droga(s) o fármaco(s) de consumo.
Obviamente que el diseño de modelos de tratamiento genéricos no excluye, en
total concordancia con el modelo médico, el diseño de estrategias terapéuticas
individualizadas acordes con las características y necesidades particulares de
cada persona.
Retomando la idea de estudiar históricamente el concepto del Alcoholismo como
enfermedad encontramos que Séneca en la antigua Roma estableció cierta
diferenciación entre una persona ebria y una persona que pareciera no tener
control sobre episodios repetitivos de ebriedad . En el siglo XIV en Inglaterra,
Chaucer llegó a conclusiones semejantes a las de Séneca (4). Ambos visualizaron
el Alcoholismo como una condición cualitativamente diferente y no simplemente
como un consumo excesivo de alcohol.
A finales del siglo XVIII Benjamin Rush en Estados Unidos definió la “ebriedad
habitual” como una condición involuntaria, una enfermedad causada por los
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“licores espiritosos” (5). De sus escritos se identifican tres ideas sobre la
enfermedad:
- El alcohol como causa del problema
- La pérdida de control como síntoma característico
- La abstinencia total como única cura efectiva.
La primera idea resulta insuficiente, pero las dos segundas, novedosas para su
época, no dejan de tener validez clínica en nuestros días.
Este concepto da un primer fruto en 1841, la creación del primer hospital para
“ebrios” en Estados Unidos. Entre este año y 1874, once hospitales del mismo
corte abrirían sus puertas en diferentes ciudades de la Unión Americana. Entre
ellos, el Asilo de la ciudad de Nueva York fue inaugurado en 1869 utilizando el
lema “la intemperancia es una enfermedad”. Esta institución auspició la fundación
de la publicación “The Journal of Inebriety” en 1876, misma que circuló en forma
más o menos limitada durante 38 años, hasta que fue discontinuada en forma
definitiva a partir de la Prohibición del alcohol en 1919(6).
No obstante estas aportaciones, la mentalidad predominante respecto al
Alcoholismo a lo largo del siglo XIX y principios del actual - particularmente en
Estados Unidos - estuvo inmersa en el movimiento de la Temperancia, corriente
de fuertes tendencias moralizantes. Bajo esta perspectiva el alcohol era visto
como una sustancia peligrosa que usada por personas con insuficiente fuerza
moral o débil voluntad daba por resultado cuadros repetitivos de ebriedad. La
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Prohibición del alcohol en 1919 resultó de la aplicación de este modelo moral.
Esta medida no se tradujo en un menor consumo de alcohol, ni mucho menos en
una solución para el problema del Alcoholismo. Por el contrario creó, un tráfico
ilegal de proporciones inimaginables.
El fracaso de esta ley (suspendida en 1933) y el problema creciente del
Alcoholismo en la población estadounidense abrieron las puertas a nuevas
propuestas y enfoques para entender y abordar el Alcoholismo.
A partir de la década de los años 30 se inician dos grandes revoluciones en el
campo del Alcoholismo, cuyo escenario inicial fue la ciudad de Nueva York. Los
dos movimientos tuvieron como punto de partida la idea de que el Alcoholismo es
una enfermedad y ambos estuvieron mas interelacionados de lo que con
frecuencia se reconoce. Estos movimientos son: el de Alcohólicos Anónimos y el
del desarrollo científico en el campo del Alcoholismo.
En estos años William Silkworth, psiquiatra que dedicó su vida profesional al
tratamiento de alcohólicos, trabajaba en el Hospital Towns, un gran centro de
desintoxicación para alcohólicos. Entre 1933 y 1934, Bill Wilson, futuro
cofundador de Alcohólicos Anónimos tendría cuatro internamientos en dicho
centro a lo largo de los cuales entraría en fructífero contacto mutuo con Silkworth.
Este último compartió con Wilson sus ideas sobre el Alcoholismo como
enfermedad. Por primera vez en su vida, Bill escuchaba un punto de vista sobre el
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Alcoholismo no como una falta de voluntad ni como un defecto moral, sino como
una enfermedad auténtica. Silkworth entendía este problema como la
combinación de una “alergia física” con una obsesión mental. Diría Wilson al
referirse a una declaración del médico:
“En esta confirma que los que hemos sufrido la tortura alcohólica tenemos que
creer que el cuerpo del alcohólico es tan anormal como su mente. No nos
convencía la explicación de que no podíamos controlar nuestra manera de beber
sencillamente porque estábamos desadaptados a la vida; porque estábamos en
plena fuga de la realidad; o porque teníamos una franca deficiencia mental. Estas
cosas eran verídicas hasta cierto punto y, de hecho, en grado considerable en
algunos de nosotros, pero además estábamos convencidos de que nuestros
cuerpos también estaban enfermos, y opinamos que es incompleto cualquier
cuadro del alcohólico que no incluya este factor físico”(7)
Si bien la idea de la alergia como tal no es sostenible actualmente, a lo que
Silkworth se refería en realidad era a una respuesta “anormal” caracterizada por la
compulsión y la pérdida de control ante la bebida que, como bien sabemos
actualmente, es uno de los síntomas cardinales de cualquier dependencia
química. Silkworth entendía que esta respuesta incontrolable estaba determinada
físicamente o fisiológicamente, hecho que está siendo fundamentado por las
investigaciones modernas.
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La deuda con Silkworth no se agota en sus ideas sobre la enfermedad del
alcoholismo, sino que se amplía a la influencia que ejerció sobre Bill Wilson en su
recuperación. Este punto será abordado mas adelante, destacando por el
momento, los siguientes puntos como los mas claros e influyentes que aportó
respecto al Alcoholismo como enfermedad:
-En el Alcoholismo influyen factores biológicos y psicológicos, enfoque que
rompe con las ideas moralizantes o psicologizantes reduccionistas propias de la
época.
-Ante el fenómeno de la compulsión, que es de carácter biológico, la solución
es la abstinencia total del alcohol.
Silkworth no se orientó hacia la investigación protocolaria. No obstante sus ideas
se basaban en observaciones clínicas sistemáticas. En su paso por el Hospital
Towns se dice que tuvo la oportunidad de atender aproximadamente a 10,000
alcohólicos.
También en Nueva York, en la misma década, se inició un movimiento
relacionados con el estudio del Alcoholismo desde el punto de vista científico. El
escenario fue el Hospital Psiquiátrico de Bellevue, al que están ligados los
nombres de Norman Jollife, Mark Keller y E.M. Jellinek.
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En este hospital Jollife emprendió una investigación sobre los miles de pacientes
que ingresaban a esta institución. En la medida en que estudiaba las llamadas
“enfermedades alcohólicas” (complicaciones médicas del Alcoholismo) concluyó
que el problema primario era el Alcoholismo propiamente dicho y que por lo tanto
los estudios debían orientarse a este proceso. Para ello invitó a Jellinek, quien en
ese momento investigaba sobre aspectos neuroendocrinos de la Esquizofrenia.
Jellinek aceptó y desde 1940 hasta su muerte ocurrida en 1963 dedicó sus
esfuerzos al estudio y difusión del concepto de enfermedad del Alcoholismo (8).
Sus trabajos sobre el tema suman mas de 90 items, uno de los más importantes
es: “Etapas en la evolución del Alcoholismo”, estudio que se basó en encuestas
realizadas a miembros del movimiento de Alcohólicos Anónimos. Esta obra sentó
las bases para una comprensión sistemática del Alcoholismo como un proceso, al
cual un individuo ingresa y avanza progresivamente a través de fases o etapas de
compromiso creciente con el alcohol. Esta descripción ha tenido una gran
influencia en los cuestionarios de auto-evaluación diagnóstica de Alcoholismo y de
dependencia química en general. Otras de sus publicaciones notables son:
- “El deseo imperioso del alcohol”
- “El síndrome de privación del alcoholismo”
- “Alcoholismo como género y algunas de sus especies”
- “El concepto de enfermedad del Alcoholismo”.
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Esta última, publicada en 1960, representa, en buena medida, una compilación de
sus conclusiones acumuladas a lo largo de 20 años de intenso trabajo sobre el
tema.
Jellinek amplía y desarrolla, en el terreno de la investigación, los postulados de
Silkworth en torno a un componente físico en el Alcoholismo. Aborda y define con
claridad fenómenos cruciales para entender los cuadros de dependencia a
sustancias químicas: la tolerancia, la supresión y la pérdida de control. Por
primera vez estos fenómenos empezarían a ser entendidos en términos
fisiológicos o mejor dicho fisiopatológicos, sentando así las bases para toda la
investigación posterior sobre los factores biológicos del Alcoholismo.
Jellinek es considerado, con justificada razón, como el hombre mas influyente en
la creación de un enfoque científico, abierto y racional sobre el Alcoholismo,
superando de este modo los paradigmas anteriores que nulificaban las
posibilidades de un abordaje clínico adecuado.
La influencia de la nueva visión del Alcoholismo fue enorme. La Asociación
Médica Americana (AMA) publicó la siguiente recomendación en 1956:
“El Alcoholismo debe ser visto dentro del contexto de la práctica médica. El
Consejo de salud de la AMA, su comité de Alcoholismo y la profesión médica en
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general reconocen el Síndrome del Alcoholismo como enfermedad que
justificadamente debe recibir atención de los médicos”(5)
En la misma década la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluiría la
Dependencia del Alcohol dentro de la clasificación internacional de enfermedades.
John Wallace, un autor contemporáneo estudioso de los modelos del Alcoholismo
y su tratamiento afirma:
“Es difícil identificar un concepto que haya tenido mayor impacto en el campo de
la dependencia química que el concepto tradicional de la enfermedad del
Alcoholismo. La noción de que las personas dependientes químicos sufren de
enfermedades permitió que surgieran respuestas sociales y personales no
imaginables bajo otras propuestas teóricas La aceptación del concepto de
enfermedad sirvió para reducir el estigma asociado al problema, ayudó a muchos
a buscar tratamiento, alentó el desarrollo de fondos para la investigación,
prevención y tratamiento y aseguró un lugar en el sistema de salud de Estados
Unidos para los dependientes químicos”(9).
En nuestro país la difusión y aceptación del concepto no se han generalizado
homogéneamente, aún en los círculos profesionales. La actualización en dicho
concepto es indispensable, tanto en los profesionales relacionados con el campo
de la salud, como en el público en general, a fin de generar actitudes y estrategias
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compatibles con la prevención y el tratamiento del Alcoholismo y la dependencia
química.
Las aportaciones de algunos estudios en los campos de la Genética y de la
Neuroquímica nos permiten profundizar en el modelo integral de la enfermedad
del Alcoholismo. Las contribuciones mas significativas se resumen a continuación.
LOS ESTUDIOS GENÉTICOS
El hecho de que la prevalencia de Alcoholismo es mayor en personas con
familiares directos alcohólicos es una observación antigua bien documentada en
la actualidad. Entre los factores de riesgo claramente definidos para el desarrollo
de alcoholismo se encuentra el antecedente de algún familiar directo alcohólico.
Sin duda el Alcoholismo tiende a la repetición en algunas familias. El estudio de
los papeles respectivos de los genes y del medio ambiente social en el desarrollo
de Alcoholismo requería del diseño de estudios especiales; estos fueron los
estudios en gemelos y los estudios de adopción. A ambos nos referiremos en
forma sintética.
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Estudios en gemelos
El hecho de que los gemelos monocigóticos (“idénticos”) posean exactamente la
misma carga genética entre ellos, permite el estudio comparativo con los gemelos
dicigóticos (“fraternos”) cuyas cargas genéticas son solo tan similares como
puedan ser las de dos hermanos no gemelos entre sí.
Este hecho permite establecer hasta que punto un rasgo o característica puede
ser dependiente de los genes, del ambiente o de ambos. De acuerdo con este
razonamiento si una condición esta determinada en forma absoluta por la
Genética, la concordancia entre gemelos idénticos debe ser del 100%. Si
interactúan factores genéticos con factores psicosociales puede esperarse que la
concordancia en gemelos monocigóticos sea menor al 100 %, pero tendría que
ser superior a la observada en gemelos dicigóticos.
Entre los estudios mas importantes de este tipo están el de Kay en Suecia y el de
la Administración de Veteranos en Estados Unidos (10). Los resultados de
concordancia para Alcoholismo en ambos estudios son de: 58% para gemelos
idénticos y de 28% para gemelos fraternos, siendo esta diferencia significativa
entre ambos grupos.
La mayoría de los estudios de este corte - no todos - coinciden con estos
resultados, mismos que apoyan la idea de que en el Alcoholismo participan
factores genéticos. Sin embargo, también puede inferirse de estos datos que otros
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factores tienen que interactuar con los genes para que se desarrolle el
Alcoholismo, ya que de ser la herencia el único factor la concordancia esperada
en monocigóticos sería igual o muy cercana al 100%.
Estudios en Hijos de Alcohólicos
Estos también representan un método útil para discriminar el papel del ambiente y
de la Genética en relación al desarrollo de Alcoholismo. Entre los autores mas
importantes que han incursionado en este terreno están: Schuckit en Estados
Unidos, Goodwin en Dinamarca y Cloninger en Suecia.
Mark Schuckit encontró en un estudio en 1974 una mayor prevalencia de
Alcoholismo en hijos biológicos de alcohólicos comparados con hijos adoptivos de
alcohólicos (10). Este autor realizo un estudio (10,11) en el cual da seguimiento a
dos poblaciones homogéneas en cuanto a una serie de variables; todos son
hombres jóvenes, blancos y de clase media estadounidense. La diferencia entre
ambos grupos radica en que uno está compuesto por hijos de padre alcohólico y
el otro por hijos de padre no alcohólico. En ambas poblaciones estudia la
sensibilidad inicial al alcohol y el desarrollo de Alcoholismo.
Los resultados preliminares de este estudio orientan a ubicar, tanto el
antecedente del padre alcohólico, como la alta tolerancia inicial al alcohol, como
factores decisivos de alto riesgo para el desarrollo de Alcoholismo. Se amplían los
resultados preliminares del estudio en el apartado sobre marcadores biológicos.
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Goodwin, en 1976, publicó los resultados de un estudio realizado en Dinamarca
(12). En la primera etapa de este protocolo comparó dos grupos de hijos
adoptivos. En un grupo, uno de los padres biológicos (generalmente el padre) era
alcohólico, en el otro este antecedente era negativo. En los hogares de crianza
también se controló esta variable siendo el antecedente de Alcoholismo mínimo y
similar para ambos grupos. Los resultados de esta fase mostraron que la
prevalencia de Alcoholismo fue 2.5 veces superior en los hijos biológicos de
alcohólicos que en los hijos biológicos de no alcohólicos.
La segunda etapa llevó a comparar la población alcohólica de hijos biológicos de
alcohólicos criados en hogares no alcohólicos con sus hermanos biológicos que
habían permanecido al lado del padre alcohólico. Los resultados mostraron que
no había diferencias estadísticamente significativas entre ambos grupos. Estos
hallazgos reafirmaron las hipótesis del componente genético en el Alcoholismo.
Los estudios de Cloninger en Suecia arrojan resultados similares a los del estudio
danés (13), sin embargo sugieren fuertemente algo que ya Jellinek había
mencionado: la existencia de varios tipos de Alcoholismo. Concretamente se
describen:
El Alcoholismo tipo I que ocurre en hombres y mujeres, es menos severo que el
tipo II y está asociado con Alcoholismo de instalación en la adultez en alguno
de los padres biológicos. En esta variedad la influencia ambiental se considera
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importante ya que factores psicosociales afectaban su ocurrencia y severidad
en la población predispuesta genéticamente.
El tipo II se caracterizó por un Alcoholismo severo, significativamente
influenciado por factores genéticos y cuya expresión pareció relativamente
inafectada por factores ambientales. Esta forma de Alcoholismo se presentó
solo en hombres, mas tempranamente, con frecuencia en la adolescencia y se
asoció con conducta agresiva.
Cabe mencionar que otro autor, Hill, describió un tercer tipo de Alcoholismo,
similar al tipo II de Cloninger, pero sin conducta agresiva.
Con base en los estudios referidos es posible concluir que el estado actual de
conocimientos nos permite hablar de la presencia de factores genéticos en la
transmisión del Alcoholismo. Queda por resolver cuáles son específicamente
estos factores, cómo se transmiten y cuál es su importancia relativa en la
expresión de la enfermedad. De acuerdo con Schukitt un factor que sin duda se
hereda es la tolerancia al alcohol. Por el momento resulta científicamente válido
hablar de una susceptibilidad o vulnerabilidad genética, cuya ponderación en la
génesis del alcoholismo podría estar en relación con diferentes tipos de la
enfermedad. Se requieren más estudios en esta dirección para llegar a
conclusiones definitivas.
MARCADORES BIOLÓGICOS
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Este término se refiere a características heredadas que pueden asociarse con una
enfermedad, ya sea directamente en su etiología o a través de factores que
transmiten vulnerabilidad. En el caso del Alcoholismo se han estudiado variables
bioquímicas, electrofisiológicas y de respuesta individual al alcohol en población
alcohólica o de alto riesgo (hijos de alcohólicos), encontrando en algunos estudios
datos interesantes que mencionamos a continuación (13).
Marcadores bioquímicos:
Actividad de la enzima monoaminoxidasa (MAO) plaquetaria disminuida en
alcohólicos. En algunos estudios este hallazgo se ha limitado a los alcohólicos
tipo II de Cloninger.
Actividad de la enzima adenilciclasa plaquetaria disminuida en alcohólicos en
abstinencia.
Índice de captura plaquetaria de serotonina aumentada en individuos de alto
riesgo(hijos de alcohólicos).
Ausencia de una isoenzima de la aldehidodeshidrogenasa, responsable de la
degradación del primer metabolito del alcohol, el acetaldehido, en el hígado.
Específicamente entre el 30 y 50% de los orientales carecen de esta enzima, lo
que produce, al contacto con el alcohol, enrojecimiento facial, taquicardia y
ardor epigástrico. Este cuadro, genéticamente determinado, es un buen
ejemplo de un factor ligado a una menor vulnerabilidad para el desarrollo de
Alcoholismo en esta población.
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Marcadores electrofisiológicos:
Aumento de la actividad del ritmo beta y disminución de la actividad del ritmo
alfa en el electroencefalograma de sujetos de alto riesgo.
Reducción de la amplitud de la onda P300 (potencial evocado) en respuesta a
estímulos sensoriales en hijos de alcohólicos.
Respuesta al Alcohol:
Los estudios de Schuckit han mostrado los siguientes datos al comparar
poblaciones de hijos de padre alcohólico (H.A.) con hijos de padre no alcohólico
(H.N.A.) (10):
Hipersensibilidad a los efectos placenteros de la intoxicación inicial en los H.A.
Severidad reducida a los efectos intoxicantes del alcohol en dosis bajas a
moderadas en los H.A. (alta tolerancia al alcohol), manifestada por mejor
desempeño motor que el grupo de H.N.A.
Cambios neurohormonales menores en el grupo de H.A., al contacto con el
alcohol, manifestados en los niveles de cortisol, prolactina y hormona
adenocorticotrópica.
Menor respuesta electroencefalográfica en los H.A. después de ingerir alcohol
con respecto a los H.N.A.
El estudio de los marcadores biológicos permite inferir la existencia de factores
metabólicos heredados que parecen estar relacionados con la vulnerabilidad para
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desarrollar Alcoholismo. Estos hallazgos pueden llevar, en un futuro no lejano, a
la identificación precisa de poblaciones de alto riesgo, lo que permitirá el diseño
de estrategias de prevención primaria orientadas a modificar los hábitos con la
bebida, incluyendo la posibilidad de elegir la abstinencia.
LOS ESTUDIOS NEUROBIOQUÍMICOS
Los avances en las neurociencias han permitido entender mecanismos inherentes
a la tolerancia y a la dependencia física, síntomas bien conocidos desde el punto
de vista clínico, en el nivel molecular.
El alcohol y otras drogas psicoactivas interfieren con la disponibilidad de ciertos
neurotransmisores* a nivel sináptico,** lo que da lugar a la aparición de síntomas
específicos. Los síntomas dependerán de la influencia particular de cada una de
las sustancias psicoactivas sobre los diferentes neurotransmisores. *
Los neurotransmisores más comúnmente alterados en los proceso de abuso de
drogas son: el ácido gamaminobutírico (GABA), la acetilcolina, la noradrenalina,
la dopamina, la serotonina y la beta endorfina.
La correlación entre las diferentes drogas de abuso el neurotrasmisor afectado y
la función alterada se muestran en la siguiente tabla (14).
*
Neurotransmisror: sustancia química mediadora en las funciones del sistema nervioso.
** Sinapsis: es el punto de unión anatómico-funcional entre dos neuronas
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NEUROTRANSMISOR ACCIÓN FUNCIONAL DROGA DE ABUSO
GABA Inhibición general de otros Alcohol
neurotransmisores Sedantes
(función reguladora) Fenciclidina
Acetilcolina Balancea dopamina Fenciclidina
Memoria
Noradrenalina Modula el afecto Anfetaminas
Mantiene el sueño Cocaína
Fenciclidina
Dopamina Balancea acetilcolina Anfetaminas
Estimula centro del placer Cocaína
Modula el afecto Fenciclidina
Afecta procesos
intelectuales
Serotonina Modula el afecto Agentes psicodélicos
Mantiene el sueño Fenciclidina
Participa en sueño REM*
Beta endorfina Modula el afecto Opiáceos
Modula la percepción del Fenciclidina
dolor
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Inhibe la liberación de
noradrenalina
Fuente: GianniniJ., Miller N. ASAM. Review Course Syllabus.
* Sueño REM o MOR es el sueño de movimiento oculares rápidos durante el cual
se produce los sueños y que juega un papel importante en el descanso y la
reposición.
En la persona dependiente el sistema nervioso se adapta al uso continuo de la
droga, de modo que funciona adecuadamente cuando ésta se encuentra
presente. Desde una perspectiva neurobioquímica puede entenderse que el uso
repetitivo y compulsivo del adicto obedece a dos factores:
1. La evitación de los síntomas de supresión desencadenados por la suspensión
del alcohol o la droga y,
2. El reforzamiento positivo creado por los sistemas de recompensa.
El desarrollo de la tolerancia se explica, desde el punto de vista bioquímico como
una alteración progresiva en la estructura y en la función neuronal,
particularmente en la sinapsis en la que los neurotransmisores modifican su
cantidad y su función.
Los síntomas supresivos son la respuesta del “nuevo equilibrio bioquímico” ante la
suspensión del alcohol o droga. Es decir, en el adicto la droga implica estabilidad
neuroquímica.
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En esta medida la ingesta de droga puede explicarse, parcialmente por la
necesidad de mantener el equilibrio que equivale a evitar dolorosos síntomas de
supresión.
En el caso de la dependencia y la supresión del alcohol el neurotransmisor
directamente involucrado es el GABA. Este neurotransmisor, con características
moduladoras y reguladoras participa en numerosas funciones del sistema
nervioso central. De ahí la severidad y complejidad del síndrome de supresión del
alcohol y de los sedantes que también interfieren con este neurotransmisor.
El segundo mecanismo que explica la dependencia desde el punto de vista
bioquímico es el efecto “recompensante” de las drogas psicoactivas (15). Los
mecanismos de recompensa a nivel cerebral han sido estudiados en mamíferos
no humanos, en los que se ha visto que tienden a la administración voluntaria y
repetitiva de sustancias psicoactivas. Esta conducta se explica por la activación
de sistemas recompensantes (placenteros) en el cerebro, en los que el
componente dopaminérgico es crucial. También se sabe que las neuronas
relacionadas con opioides y los receptores opioides juegan un papel en este
proceso (15,16). Hasta que punto estos sistemas se encuentran desbalanceados
previamente a la adicción es un punto sobre el que se ha especulado sin llegar a
conclusiones definitivas, sin embargo esta hipótesis puede ligarse con la
vulnerabilidad genética, que pudriera explicarse como una deficiencia en ciertos
sistemas de neurotransmisores.
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El modelo de recompensa cerebral explica el abuso de ciertas sustancias,
particularmente en los estadios tempranos de la adicción en el que los efectos y
connotaciones subjetivas son ampliamente placenteros. Este modelo también
puede aportar elementos para desarrollar estrategias auxiliares de tratamiento
farmacoterapéutico a través del bloqueo a los sistemas recompensantes.
Muchos tipos de drogas de abuso, incluyendo morfina, heroína, cocaína,
anfetaminas, nicotina son capaces de activar el sistema recompensante. Es muy
posible que otras drogas, menos estudiadas, también se relacionen con centros
placenteros.
La propiedad de activar estos sistemas recompensantes marca la diferencia entre
las sustancias de abuso y otros fármacos, cuyas propiedades farmacológicas, no
incluyen la activación de sistemas placenteros.
En relación con esta gran cantidad de evidencias, en 1982 la Asociación
Americana de Medicina Adictiva (ASAM) emitió la siguiente declaración:
“Con base en muchos años de experiencia clínica, reforzada por investigación
reciente y continua sobre los aspectos genéticos, bioquímicos y fisiológicos de los
efectos del alcohol en los sistemas vivientes y sobre los alcohólicos y sus familias,
la ASAM concluye que el Alcoholismo es una enfermedad compleja, primaria y
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fisiológica, y no un trastorno primario de la conducta ni una manifestación
sintomática de ningún otro proceso mórbido” (17).
Mas tarde, como se verá en otro apartado, la ASAM consideraría la participación
de los factores no biológicos en el Alcoholismo, sin embargo, se infiere que en
esta declaración el objetivo era llamar la atención sobre la importancia de los
hallazgos realizados en el campo biológico, dejando fuera para siempre cualquier
explicación que no tomara en cuenta estos factores.
DEFINICIÓN CLÍNICA INTEGRAL
Existen múltiples definiciones del Alcoholismo, muchas de ellas con elementos
útiles. Por su carácter actualizado y por incluir los diferentes factores que influyen
en la etiología y en el desarrollo del Alcoholismo el modelo Monte Fenix adopta la
definición de la ASAM (Asociación Americana de Medicina Adictiva). Por otro lado
el modelo adopta los criterios diagnósticos del DSM IV por constituir un
instrumento clínico útil y homogéneo, aplicable a la dependencia de cualquier
sustancia psicoactiva.
Definición de la ASAM
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Entre muchas definiciones existentes, la adoptada por la ASAM y por el NCADD
(National Council on Alcohol and Drug Dependence) resulta la más útil, completa
y actualizada. La transcribimos a continuación literalmente como fue publicada en
1990 y analizamos el sentido de cada uno de los términos utilizados.
“El Alcoholismo es una enfermedad primaria y crónica, con factores
genéticos, psicosociales y ambientales, que influyen sobre su desarrollo y
manifestaciones. La enfermedad es frecuentemente progresiva y fatal. Se
caracteriza por presentar en forma continua o periódica: pérdida de control
sobre la bebida, preocupación por la droga alcohol, uso del alcohol a pesar
de sus adversas consecuencias, y distorsiones en el pensamiento,
principalmente negación”(18).
Enfermedad: Se refiere a una discapacidad involuntaria. Se manifiesta en un
conjunto de fenómenos anormales presentados por un grupo de individuos.
Estos fenómenos se asocian con una serie de características, por las que estos
individuos difieren de la norma, y que los coloca en desventaja.
Primaria: Se refiere al Alcoholismo como una entidad clínica (enfermedad)
adicional o independiente de otros estados fisiopatológicos que puedan
asociarse con ella. El término sugiere que el Alcoholismo, como proceso
adictivo, no es un síntoma de un estado mórbido subyacente
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Frecuentemente progresiva y fatal: Significa que la enfermedad persiste a lo
largo del tiempo y que los cambios físicos, emocionales y sociales son
frecuentemente acumulativos y progresan en la medida en que la bebida
continua. El Alcoholismo produce muerte prematura a través de sobredosis,
complicaciones orgánicas que incluyen el cerebro, hígado, corazón y muchos
otros órganos, y contribuyendo al suicidio, homicidio, accidentes vehiculares y
otros eventos traumáticos.
Pérdida de control: Se refiere a la incapacidad para limitar el uso de alcohol, o
para limitar consistentemente la duración del episodio, la cantidad consumida
y/o las consecuencias conductuales del beber.
Preocupación: En relación al uso de alcohol significa atención focalizada,
excesiva dada al alcohol, sus efectos y/o su uso. El valor relativo asignado al
alcohol por el individuo, frecuentemente lo lleva a desviar sus energías de
asuntos importantes de la vida.
Consecuencias adversas en las siguientes áreas de la vida:
Salud física: Síndromes de supresión, enfermedades hepáticas, gastritis,
anemias, problemas neurológicos.
Funcionamiento psicológico: Trastornos cognitivos, cambios en el ánimo
y en el comportamiento.
60
Funcionamiento interpersonal: Problemas maritales, abuso infantil,
relaciones sociales afectadas.
Funcionamiento ocupacional: Problemas escolares o laborales;
Problemas legales, financieros o espirituales.
Negación: Se emplea no solo en el sentido psicoanalítico de un mecanismo de
defensa psicológico único que distorsiona el significado de los eventos, sino
mas ampliamente para incluir un conjunto de maniobras psicológicas
destinadas a reducir la conciencia del hecho de que el uso del alcohol es la
causa de los problemas del individuo y no la solución a esos problemas. La
negación se convierte en una parte integral de la enfermedad y un obstáculo
mayor a la recuperación.
En relación con el modelo de tratamiento Monte Fenix, la definición de la ASAM
aporta elementos claves, que se reflejan en el abordaje clínico, tales como el
concepto de enfermedad primaria y las distorsiones en el pensamiento. En esta
definición confluyen elementos provenientes de los campos de la clínica y de la
investigación aportados por muchos estudiosos del Alcoholismo a lo largo de 60
años.
61
Definición del DSM IV*
*
Este manual, en forma similar a la clasificación internacional de enfermedades
(CIE 10), define genéricamente la dependencia de sustancias considerando que
los elementos básicos son esencialmente similares, en cualquier dependencia
química, independientemente de la sustancia de que se trate. A continuación
transcribimos textualmente los criterios diagnósticos contenidos en dicho manual
(2).
Dependencia de sustancias
Un patrón desadaptativo de consumo de la sustancia que conlleva un deterioro o
malestar clínicamente significativos, expresado por tres (o más) de los ítems
siguientes en algún momento de un período continuado de doce meses:
1. Tolerancia, definida por cualquiera de los siguientes ítems:
a)Necesidad de cantidades marcadamente crecientes de la sustancia para
conseguir la intoxicación o el efecto deseado.
b)El efecto de las mismas cantidades de sustancia disminuye claramente
con su uso continuado.
2. Abstinencia, definida por cualquiera de los siguientes ítems:
a) El Síndrome de Abstinencia característico para la sustancia.
*
Manual Diagnóstico y Estadístico de Transtornos Mentales de la Asociación Psiquíatrica Americana.
Cuarta edición.
62
b) Se toma la misma sustancia (o una muy parecida) para aliviar o evitar
los síntomas de abstinencia.
3. La sustancia es usada frecuentemente en cantidades mayores o durante un
período mas largo de lo que inicialmente se pretendía.
4. Existe un deseo persistente o esfuerzos infructuosos de controlar o interrumpir
el consumo de la sustancia.
5. Se emplea mucho tiempo en actividades relacionadas con la obtención de la
sustancia, en el consumo de la sustancia o en la recuperación de los efectos de
su uso.
6. Reducción de importantes actividades sociales, laborales o recreativas debido
al consumo de sustancia.
7. Se continua ingiriendo la sustancia a pesar de tener conciencia de problemas
psicológicos o físicos recidivantes o persistentes, que parecen causados o
exacerbados por el consumo de la sustancia.
El DSM IV agrega que en tanto se encuentren presentes los criterios 1 y/o 2 es
válido hablar de dependencia fisiológica. Al resto de los criterios no les da una
connotación fisiológica, lo que es limitado como visión, ya que a la luz de los
63
estudios actualizados, la compulsión y la pérdida de control en el adicto (síntomas
a los que hacen alusión los puntos 3 a 7) responden a mecanismos de la
bioquímica y fisiología cerebrales que vamos conociendo paulatinamente. Por otro
lado tampoco enfatiza el elemento de la distorsión cognitiva (negación), tan
necesario para entender y abordar a los enfermos adictos.
No obstante estas limitaciones, el DSM IV y el CIE 10 permiten sistematizar el
diagnóstico de una manera clara, con criterios concretos, que incluyen los
aspectos de: tolerancia, supresión, compulsión, pérdida de control y
consecuencias adversas, por lo tanto representan instrumentos de apoyo para un
diagnóstico clínico preciso y homogéneo.
EL MODELO DE ENFERMEDAD BIOPSICOSOCIAL
El entusiasmo generado por las aportaciones de los estudios genéticos,
neuroquímicos y neurofisiológicos, llevó a algunos autores a caer en extremos
exclusivistas, llegando a considerar al Alcoholismo únicamente en términos de sus
factores biológicos. Un enfoque simplista y reduccionista, independientemente de
que proceda de la Moral, de la Psicología o de la Biología tiene poca cabida en la
Medicina actual, mucho mas tratándose de entidades complejas como lo son las
farmacodependencias.
64
La definición de la ASAM contiene los elementos necesarios para considerar el
problema en su totalidad bajo un enfoque biopsicosocial. La adopción de este
modelo tiene varias ventajas, que de acuerdo con Wallace son (19):
Permite incluir en lugar de excluir. Estimula la libre exploración entre y al
interior de disciplinas importantes del campo clínico y científico.
Corresponde con la compleja realidad mucho mejor que cualquier modelo
unidimensional proveniente del campo biológico, psicológico o social.
Fomenta los esfuerzos colaborativos interdisciplinarios.
Este autor destaca que: “los programas de tratamiento que operan bajo un
modelo unidimensional fracasan en informar y tratar pacientes desde un enfoque
integral”.
El Modelo Monte Fenix se propone dar una respuesta integral al problema de la
adicción a sustancias químicas. Por lo tanto se basa en un modelo conceptual
firmemente sustentado en un concepto de enfermedad, en el que se pueden
conjugar las mejores aportaciones de diferentes campos que conduzcan al
objetivo de lograr la rehabilitación de los adictos.
Se han enfatizado los fundamentos biológicos de la enfermedad para ubicar
claramente al Alcoholismo en su contexto de enfermedad primaria. A continuación
se abordan algunas visiones emanadas de diferentes campos, intentando enfocar
65
aquellas aportaciones que enriquecen el modelo biopsicosocial de enfermedad
del Alcoholismo y que, por lo tanto tienen implicaciones directas para el modelo
Monte Fenix.
MODELO DE JOHNSON
El Instituto Johnson de Minneapolis propone un modelo surgido del trabajo directo
con miles de alcohólicos y dependientes químicos el cual es útil para entender la
experiencia del alcohólico y sus distorsiones cognitivas (20).
Un gran mérito de este modelo es que permite comprender las dificultades -
inherentes al proceso de la enfermedad- para abordar terapéuticamente al
alcohólico; siendo a partir de esta comprensión desde donde surgen las
estrategias de intervención y de tratamiento de las que se ocupa esta texto.
Este esquema explica la utilización de mecanismos de defensa inconscientes que
tienden a perpetuar el uso adictivo, no a partir de pulsiones autodestructivas sino
por la connotación positiva que tienen los efectos de la sustancia en la mente del
adicto. Johnson explica en el plano psicológico lo que la Neuroquímica estudia
sobre los sistemas de recompensa cerebral. Desde estas perspectivas la “lógica”
de la adicción esta ligada a la búsqueda de la gratificación y a la evitación del
dolor.
66
El modelo propone cuatro fases emocionales en la progresión del Alcoholismo.
En la primera de ellas, el alcohol mueve al bebedor en la dirección de una
experiencia placentera. Gradualmente aprende que la modificación del estado de
ánimo es predecible e inequívoca. Es decir, el uso produce consecuencias
emocionales positivas. En esta fase el bebedor aprende que el alcohol opera
siempre, y continúa no solo usándolo, sino desarrollando una relación íntima con
él, en la que el ingrediente básico es la confianza. La experiencia construida sobre
la experiencia y consolidada a lo largo del tiempo, configura una relación
profundamente arraigada y permanente entre el alcohólico y el alcohol.
En la segunda fase, el bebedor puede empezar a presentar episodios excesivos y
repetitivos de consumo, pero aún regresa al punto de partida, es decir aún no hay
costo desde el punto de vista emocional, o estos son mínimos.
En la tercera fase empieza a existir costo emocional. La dependencia se ha
instalado. El alcohólico, después de beber, no regresa al punto emocional de
partida. Hay incomodidad sobre la bebida y sus consecuencias. A medida que los
costos emocionales se incrementan surgen las racionalizaciones para explicar la
conducta alcohólica. La racionalización trabaja a favor de la enfermedad y se
incrementa paralelamente a ella. En la medida en que la conducta se vuelve mas
bizarra y dolorosa las racionalizaciones aumentan para satisfacer la necesidad
67
creciente de autoengaño. Evidentemente que este proceso de distorsión del
pensamiento se da en forma automática e inconciente. El enfermo se encuentra
atrapado entre el alivio real que experimenta cada vez que usa y los costos reales
de la dependencia que sus mecanismos defensivos crecientes no le permiten ver.
En la fase cuarta la dependencia se agrava, así como sus consecuencias en
todas las áreas de la vida. El alcohólico se siente invadido por sentimientos de
ansiedad, culpa, vergüenza, remordimiento y depresión. La intoxicación alivia
efímeramente estos síntomas sin producir ya los episodios placenteros de antaño.
El sistema defensivo crece: la proyección alcanza niveles inimaginables, el
enfermo se concibe como víctima en un mundo que no lo comprende. Es incapaz
de interconectar el mal estado de las cosas en su vida con su uso compulsivo; las
consecuencias negativas no se entienden como tales. Se ha instalado el sistema
de la negación que tiende a incrementarse en forma paralela a la progresión de la
dependencia.
Este modelo nos muestra una visión psicodinámica del Alcoholismo partiendo de
los componentes cognitivos inherentes a la enfermedad misma, con la ventaja de
poder intervenir directamente sobre el proceso mismo y no sobre otros aspectos
de la psicodinamia individual que, abordados en el curso de la dependencia activa
tienden a desviar o a retrasar el logro de una introspección sobre el problema
primario. Esta introspección debe incluir en primer término el restablecimiento de
68
una visión realista que relacione directamente el uso adictivo con sus
consecuencias.
Las implicaciones de este enfoque en el modelo Monte Fenix son amplias y serán
abordadas en los capítulos correspondientes.
Otros enfoques psicodinámicos
Las teorías psicoanalíticas tempranas hicieron énfasis en aspectos relacionados
con la regresión a etapas libidinales tempranas (Freud), la homosexualidad
(Abraham), el narcisismo infantil (Rado) y la agresión (Glover, Knight) (21). A la
luz de los conocimientos actuales ninguna de estas observaciones es sostenible y
mucho menos generalizable.
Los enfoques psicodinámicos tradicionales han visto al Alcoholismo
fundamentalmente como un síntoma secundario a conflictos inconscientes no
resueltos y no como un síndrome primario con características propias. Esto
implica que la atención clínica se desvía hacia los supuestos “conflictos
psicológicos primarios”, esperando que al aclararlos el “síntoma” remita
espontáneamente. El resultado de este enfoque es, con frecuencia, el
reforzamiento de los mecanismos defensivos del alcohólico: racionalización,
69
proyección y negación, con la consecuente progresión de la enfermedad
alcohólica.
El trabajo psicodinámico en los alcohólicos y otros adictos es necesario en la
medida en que se sitúa en un modelo integral de la adicción y se desprende del
enfoque lineal determinista: causa (conflicto inconciente primario) y efecto (beber
compulsivamente), logrando ver los síntomas psicológicos y psicopatológicos en
un contexto mas amplio en el que éstos:
Inciden en la expresión o aparición de la enfermedad.
Inciden en su mantenimiento y desarrollo.
Con frecuencia representan consecuencias mas que causas del Alcoholismo y,
Con frecuencia inciden en el síndrome de recaída.
Entre las contribuciones útiles, desde este enfoque, debe mencionarse en primer
término a Harry Tiebout, quien fuera un psiquiatra con orientación psicodinámica,
cercano a los principios y a los miembros de Alcohólicos Anónimos (A.A.) en las
décadas de los años 40 y 50.
El retomó la idea de A.A. sobre la necesidad de “rendirse” o “derrotarse” (aceptar
la propia incapacidad para controlar el alcohol) y estudió los factores del Ego,
entendido como, los elementos persistentes en la mente adulta de la naturaleza
original del niño, es decir: omnipotencia, pobre tolerancia a la frustración e
70
incapacidad para esperar y posponer. Tiebout señaló la necesidad de reducir
estos factores en los alcohólicos para lograr el cambio (22).
Kernberg elabora la idea de un Yo grandioso patológico, alimentado por el
alcohol, que se aísla afectiva y cognitivamente del Yo débil que vive sentimientos
crónicos de pobre autoestima (23). Bajo este enfoque la soberbia y la
grandiosidad son totalmente compensatorias.
Otro punto de vista que ha recibido atención es el de Khantzian sobre los
trastornos en la autorregulación de los afectos, del autocuidado y autoprotección
(24). Este autor afirma que las dificultades en las relaciones objetales
(interpersonales) están conectadas con esta pobre capacidad autoreguladora.
John Bradshaw explica la adicción como producto de una identidad personal
basada en la vergüenza, definiendo este término como el sentimiento profundo de
inadecuación esencial (25). Para Bradsaw esta identidad se gesta en familias
disfuncionales a través del abandono y del abuso en cualquiera de sus variantes :
físico, sexual o emocional. El dolor de una identidad vergonzante se cubre
desarrollando defensas hipertróficas (negación, proyección), jugando roles que
proveen de una pseudoidentidad, adoptando actitudes compensatorias
relacionadas con el perfeccionismo y el control y finalmente a través del desarrollo
de adicciones.
71
La respuesta a la adicción, en última instancia, se da al lograr transformar esta
vergüenza tóxica en culpa y vergüenza sanas. Este proceso lo relaciona
Bradshaw, tal como se explicará en el capítulo 5 con el trabajo de los doce pasos
en un contexto grupal.
Una premisa general para la aplicación de modelos psicodinámicos en el Modelo
Monte Fenix consiste en atender inicialmente la conducta adictiva, buscando
interrumpirla y solo a partir de ahí desarrollar el proceso psicoterapéutico de
estructuración psíquica y psicosocial.
Modelo Cognitivo
Este modelo enfatiza la importancia de los pensamientos, creencias e ideas
(factores cognitivos) como determinantes con respecto a las emociones y a los
comportamientos.
Este enfoque y particularmente la Teoría Racional Emotiva (TRE) de Albert Ellis
reconoce el carácter multifactorial y especialmente el papel de los factores
biológicos en la génesis del Alcoholismo. Su aportación se enfoca en la
participación que tienen los factores cognitivos en el mantenimiento y desarrollo
de las adicciones (26).
72
La TRE postula que las ideas irracionales relacionadas con una baja tolerancia a
la frustración juegan un papel importante en la adicción. Desde esta perspectiva
las creencias irracionales tales como: “No puedo aguantar, resistir o funcionar sin
beber o usar”, crean un estado de ansiedad, ligado a la baja tolerancia a la
frustración, que es aliviado en forma rápida y efectiva a través del consumo de
químicos. Los alcohólicos y otros farmacodependientes no se permiten estar
incómodos el tiempo suficiente como para alcanzar a aprender estrategias
efectivas para lidiar con la realidad. Estas estrategias se orientan a lograr los
cambios cognitivos necesarios que eleven la capacidad de tolerar la frustración.
Este enfoque proporciona un esquema útil de trabajo en la recuperación temprana
y es compatible con el modelo de enfermedad.
Modelo Gestáltico
Desde esta perspectiva el Alcoholismo representa un trastorno en la
autoregulación del organismo (27). El proceso de autoregulación normalmente se
logra a través de la identificación de necesidades y estableciendo las acciones
que llevan al contacto apropiado para lograr la satisfacción de dichas
necesidades.
73
Este ciclo se altera en el Alcoholismo, en el cual se trastorna el proceso por medio
del cual el individuo identifica sensaciones, sentimientos y necesidades. En el
contexto de la dependencia química las acciones se dirigen rígidamente hacia el
consumo, mismo que no se traduce en un contacto satisfactorio y nutricio.
El alcohólico bebe en respuesta a la experiencia de sí mismo, del ambiente y de
otras personas. Las sensaciones internas que normalmente indicarían
necesidades biológicas o afectivas se organizan y acceden a la conciencia como
una necesidad de beber o usar. Lo mismo ocurre con una gran gama de
estímulos ambientales y experiencias sensoriales relacionados con la interacción
social e interpersonal.
El Alcoholismo representa entonces, una alteración extrema en la autoregulación,
en la que dejan de atenderse una gran cantidad de necesidades biológicas y
afectivas creando carencias, desequilibrios y vacíos.
En contraste con el modelo cognitivo que enfatiza la identificación de ideas y
pensamientos, el enfoque Gestáltico se centra en la identificación de sensaciones
y sentimientos, lo que a su vez lleva a la identificación de necesidades. Ambos
enfoques representan vías de autoexploración y en la práctica pueden ser
complementarios. Comparten su preocupación por el “que” y el “como” mas que
por el “porque”.
74
Modelo Sistémico familiar
La teoría de los sistemas asume que todas las personas de una unidad familiar
juegan un papel, en el modo como los miembros se interrelacionan y en el modo
como los síntomas emergen . Este enfoque se interesa por los hechos: qué pasa,
cómo pasa, cuándo y dónde pasa. Evita le preocupación casi automática del
porqué (28).
La bebida puede ser la expresión directa de la tensión creada por conflictos
dentro del sistema, o como una parte integral y mantenedora del sistema,
especialmente de la distribución del poder y de los roles establecidos.
En muchas familias con alcoholismo, el alcohol es el foco central y el principio
organizador alrededor del cual se centran las interacciones familiares. Son las
familias a las que Steinglass llama familias alcohólicas (29). En ellas la estabilidad
llega a depender de los fenómenos relacionados con el alcohol. Estas familias
suelen enfatizar la estabilidad momentánea a costa del crecimiento a largo plazo.
El desarrollo de la familia se trastorna por las consecuencias y la organización de
la familia alrededor del alcohol. Steinglass encuentra también que en torno al
alcohólico activo (bebiendo), o sobrio ocurren diferentes conductas familiares.
Este enfoque ha mostrado su utilidad en la medida en que, al provocar cambios
en la organización del sistema familiar, se producen cambios en los diferentes
75
miembros del mismo. Este hecho es de particular importancia en la recuperación
del Alcoholismo, en la que óptimamente los cambios deben abarcar los diferentes
elementos del sistema.
En la medida en que este enfoque se mantiene abierto y no se limita a ver el
alcoholismo como una problema reactivo u organizacional, sino que logra incluir la
perspectiva biológica y psicoemocional individual del modelo de enfermedad su
aportación es particularmente valiosa.
El modelo sistémico comparte con el modelo Cognitivo y el modelo Gestáltico el
interés prioritario por los fenómenos (pensamientos, sentimientos o modos de
organización) que ocurren en el presente mas que por las causas que les dieron
origen.
Modelo centrado en patología secundaria
Este enfoque ha predominado durante muchas décadas en las aulas de la
carrera de Medicina, en los hospitales generales y, en ocasiones en los hospitales
psiquiátricos.
Este modelo enfatiza las complicaciones del alcoholismo. En el plano médico, se
ocupa de: Cirrosis Hepática, Pancreatitis, Neuropatías, Cardiopatías, Hemorragias
de Tubo Digestivo, entre otras. En el plano psiquiátrico: cuadros depresivos,
ansiosos y otros trastornos secundarios que reciben la atención prioritaria. El
76
tratamiento de estas complicaciones y de otras, como los accidentes, es
necesaria y con frecuencia urgente. Además puede representar la crisis idónea
que el alcohólico o adicto requiere para confrontarse con su problema adictivo y
ser canalizado a alguna modalidad de tratamiento idónea.
Sin embargo no es raro que en cuanto el paciente supera la fase aguda o
compensa el padecimiento crónico, es dado de alta sin un enfoque adecuado para
la atención de su problema adictivo primario. Algunas veces la recomendación se
orienta a beber con moderación, pasando por alto el diagnóstico de Dependencia.
En el caso de algunos padecimientos se establece en forma adecuada la liga
causal entre la bebida y sus complicaciones. En otras ocasiones la conexión no se
explora, quedando subestimada la relación de muchos accidentes, homicidios,
suicidios (intentados o consumados) y traumatismos diversos relacionados con el
Alcoholismo o, en su caso, con el Abuso de sustancias como factor causal.
Hace aproximadamente 60 años Jollife se dio cuenta de la necesidad de estudiar
al alcoholismo como problema primario. No obstante, hoy en día, en muchos
casos no se incorpora a la práctica médica cotidiana un concepto de enfermedad
del alcoholismo suficientemente claro y completo.
En el terreno psiquiátrico, los manuales de clasificación de enfermedades (DSM
IV y CIE 10) brindan la metodología necesaria para poder clasificar un trastorno
psiquiátrico como primario o como inducido por abuso o dependencia de
77
sustancias. Una parte importante del trabajo clínico de los psiquiatras debe
orientarse al diagnóstico diferencial entre trastornos duales (comorbilidad
psiquiátrica) y trastornos inducidos por substancias. Esto es particularmente
importante para los cuadros de depresión, ansiedad e insomnio, que en el sujeto
adicto frecuentemente son inducidos por la dependencia misma.
El médico, es con certeza, un profesionista muy bien colocado para brindar la
ayuda inicial al adicto. A través del conocimiento de los fenómenos
fisiopatológicos y psicopatológicos inherentes al alcoholismo puede enfocar
integralmente el problema y canalizarlo a tratamiento primario y/o al tratamiento
de las complicaciones médico-psiquiátricas. Una visión médica integral,
necesariamente toma cuenta de ambas necesidades.
Los diferentes enfoques descritos dan pie al diseño del modelo de tratamiento
integral que se definió en el capítulo anterior y que es descrito en mayor detalle en
los capítulos subsiguientes de este texto.
78
Referencias Bibliográficas
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