Introducción:
El término de participación es uno de los elementos más relevantes y de
consideración primordial ya que implica el ser partícipe de algo, formar parte de un
grupo o colectivo más amplio que tiene un cierto objetivo o propósito, reconoce el
derecho de los mismos a expresarse libremente en los asuntos que les afectan, a
tener acceso a la información y cualquier persona puede intervenir en la toma de
decisiones y en la realización de las metas políticas, económicas, sociales y
culturales de la sociedad, que puede aportar y poner al servicio de la comunidad a
la que pertenece; ya que permite en mayor medida que cada miembro del grupo
despliegue sus atributos y potencialidades individuales y haga aportes decisivos a
la vida del conjunto.
Los niños también pueden participar ya que forman parte importante en la
sociedad. La participación infantil supone colaborar, aportar y cooperar para el
progreso común, así como generar en los niños, niñas y jóvenes confianza en sí
mismos. Por otra parte, la participación infantil ubica a los niños, niñas y
adolescentes como sujetos sociales con la capacidad de expresar sus opiniones y
decisiones en los asuntos que les competen directamente como la familia, la
escuela y la sociedad en general. La participación infantil nunca debe concebirse
como una simple participación de niños y jóvenes, sino como una participación en
permanente relación con los adultos, y debe ser considerada como un proceso de
aprendizaje mutuo tanto para los niños como para los adultos. Desde pequeños su
capacidad de exploración, acción y expresión es sumamente notoria y vívida. Son
por lo general poco reconocidos y con frecuencia reprimidos, a continuación, se
abordará más el tema para favorecer, que tanto niños como adultos puedan
expresar sus opiniones, argumentar sus puntos de vista, escuchar la opinión del
otro, tomarla en cuenta, buscar acuerdos y asumir compromisos.
Desarrollo:
El siglo XX supuso un cambio de paradigma para la infancia a raíz de
la Convención de los Derechos del niño/a aprobada como tratado internacional el
20 de noviembre de 1989. El principal giro supuso que los niños y las niñas
pasasen de ser objetos de tutela a sujetos de derechos con capacidad de ejercicio
de ciudadanía. Además de la Convención de los Derechos del niño/a, existen
diversas leyes que fomentan la creación de mecanismos participativos dirigidos a
las personas menores. La participación infantil, desde esta perspectiva del
derecho, ha sido guía de grandes organizaciones que apoyan a nivel mundial este
cambio de reconocimiento de los derechos civiles de la infancia.
Mas allá de eso, la comunidad debe crear una dinámica educadora que incorpore
a los ciudadanos en el diseño del proyecto social que la orienta y la define. Hace
falta incorporar el ciudadano no sólo para garantizar que todas las voces están
representadas dentro del objetivo y que, por lo tanto, nadie se sienta excluido, sino
para garantizar la formación de una ciudadanía cada vez más protagonista. Este
proceso también supone una comunidad que forme para la ciudadanía y que le
permita ejercer su derecho a tomar parte en las decisiones públicas.
La incorporación del niño, niña, o adolescente, de forma participativa garantiza
que estén en condiciones de formarse un juicio propio, así como expresarse
libremente sobre las situaciones que les afecten, teniéndose en cuenta las
opiniones del niño/a en función de su edad y madurez. Esto progresivamente
establece espacios de diálogos constructivos, por aprender a participar
participando, por establecer compromisos compartidos, para que las cosas sean
diferentes, hace falta que todos y todas sean conscientes de que los niños son
responsables del aquí, del hoy y del ahora. Y los adultos, han de asumir la
responsabilidad de desarrollar oportunidades para que así sea, y se debe hacer de
una forma comprometida con la formación personal y ciudadana de los niños.
Por estos motivos, se hace imprescindible impulsar el papel de los y las niñas
como agentes participativos de la comunidad ya que apenas disponen de estos
espacios. Reconocer que tienen formas propias de interpretar el mundo, de actuar,
de pensar, de sentir y de discutir sobre diversos temas es algo innovador y cambia
radicalmente la mirada existente sobre la infancia. No puede ser una iniciativa
aislada encargada a la escuela o a la administración pública, sino que todos y
todas debemos hacerla posible desde los principios democráticos que
compartimos. El niño no sólo tiene la oportunidad de ser cada vez más
competente en participación, sino que a la vez tiene la oportunidad de construir su
representación como persona autónoma altamente activa con responsabilidades y
con competencias para poder definir los proyectos personales y para implicarse en
los proyectos colectivos.
Por lo tanto, la participación se puede dar en diferentes escenarios como los son
el familiar, escolar y sociedad:
En la familia: El desarrollo autónomo del niño depende del equilibrio entre los
derechos a participar, ser escuchado y tenido en cuenta y la responsabilidad de
los padres en guiarlo y protegerlo.
En la escuela: Es importante que la participación sea voluntaria, comprometida y
en equipo, también es necesario que promueva la presencia de los padres en
actividades escolares. Esto influye positivamente en los vínculos
intergeneracionales. Por ejemplo: consejos de convivencias, campamentos
familiares, asociación cooperadora, etc.
En la comunidad: Son muchos los espacios donde niños, niñas y adolescentes
pueden participar y transformar, como: clubes de barrio: proveen un lugar seguro
para aprender, jugar, compartir y realizar actividades que beneficien a la
comunidad. Redes y movimientos: proveen un espacio para coordinar acciones en
el ámbito local, nacional e internacional. Cada movimiento o red tiene, muchas
veces, una meta específica y un enfoque temático que focaliza sus acciones. Un
ejemplo son las redes de jóvenes y los grupos de jóvenes de movimientos
religiosos.
Esto con el fin que el niño desde temprana edad, tome la iniciativa de participar y
este en constante participación en los asuntos que le competen. Para lograr el
proceso de desarrollo de niñas, niños y adolescentes en la vida pública, es
necesario el papel de los adultos, para lo cual es necesario:
• Escuchar, con actitud atenta y con interés, generando espacios de consulta de
carácter público con niños, niñas y adolescentes.
• Creer en la capacidad que tienen las niñas, niños y adolescentes para formular y
crear. Hacer planificaciones compartidas es un ejercicio que moviliza intereses y
propuestas.
• Tener en cuenta las diferencias de las niñas, niños y adolescentes; los contrastes
de su edad, de su cultura, sus experiencias de vida y su personalidad.
• Aprender que las niñas, niños y adolescentes también pueden enseñarles a los
adultos.
• Servir como modelo de conducta: Escuchar con empatía y respeto, compartir el
poder y manejar recursos de forma honesta son la mejor manera para que ellos
hagan con lo mismo con otros.
Los beneficios serian:
*Adecuado desarrollo y autonomía personal.
*Identificación como ciudadanos de pleno de derechos.
*Herramientas de autoprotección: se acostumbran a manifestar sus opiniones y a
que éstas sean tenidas en cuenta, siendo más propensos a la hora de denunciar
malos tratos o abusos.
*Habilidades de resiliencia necesarias para esquivar la victimización, la pasividad y
el silencio.
*Generar inclusión.
*Construcción de la democracia: puesto que los niños y niñas se reconocen como
actores sociales y desarrollan un alto sentido de pertenencia, justicia y ciudadanía
global.
NO es participación cuando en un evento, actividad o proyecto:
• Te piden o te obligan llevar un cartel o una camiseta con algún mensaje o dibujo
con el que no estás de acuerdo.
• Sólo hablan las personas adultas y no te permiten hablar.
• No puedes decidir qué hacer, qué decir o cómo vestirte.
• Presentan un trabajo hecho por adultos y dicen que lo hicieron “las niñas y los
niños”.
• Piden tu opinión para tomar una decisión, pero no te avisan cómo se incluyó tu
idea.
Los niños y las niñas que participan activamente en su ciudad son capaces de que
se impliquen en experiencias participativas, incorporen nuevos procedimientos,
como el autoconocimiento, el conocimiento de los demás, la comprensión crítica,
el juicio, las habilidades dialógicas, la toma de conciencia, la autorregulación y la
construcción de valores democráticos.
La participación no solo es un derecho por ser emanado de una ley, sino un
derecho que tienen todas las personas por su condición humana, por tanto, debe
ser fortalecido en los niños y niñas desde su nacimiento, por medio de
experiencias y vivencias que les permitan ser reconocidos en sus individualidades,
y también como actores dentro de los grupos sociales; solo así se podrán crear
mecanismos y ambientes que favorezcan la autonomía infantil y la toma de
decisiones en procesos participativos.
Conclusión:
Por eso es primordial para asegurar el respeto de las opiniones de los niños y
jóvenes, porque todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a ocupar un
papel activo en su entorno. Además, el uso de este derecho permite el
cumplimiento de otros derechos de la infancia. Es importante propiciar la
participación infantil, ya que es una tarea que tiene un gran poder transformador
porque enfatiza la centralidad del niño como posible fundamento de un estado
democrático, del vínculo entre adulto/niña que implica el reto de encontrar nuevas
formas de relación que sean más equitativas pero que a la vez consideren las
características específicas de su momento de desarrollo.
Y se tome en cuenta que los años de la infancia son aquellos en que la humanidad
está mejor dispuesta para el aprendizaje y tendríamos que exigir en generar una
participación más directa en todos los ámbitos de la niñez, de manera que su
relación con el mundo pudiera desarrollarse de una manera crítica, reflexiva y
comprometida.
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