El año Litúrgico
Asignatura: Año Litúrgico y Lit de las Horas Israel Berroa M.
Profesor: P. Zacarías Castro Restituyo 2016-0036
La problemática actual del año litúrgico gira en torno a la manera en que las comunidades
católicas experimentan y celebran sus festividades y las temporadas litúrgicas. Con el
tiempo, algunos críticos señalan que se ha producido una desconexión entre la vivencia
litúrgica y la vida cotidiana de los fieles. La rutina o el enfoque excesivo en ciertas
tradiciones culturales pueden haber diluido el sentido profundo y espiritual de las
celebraciones litúrgicas. Además, algunos cuestionamientos involucran cómo las
variaciones culturales permiten o inhiben una cálida experiencia de lo divino durante el
ciclo anual de servicios religiosos y celebraciones, llamando a una posible actualización
en la catequesis y formación litúrgica.
El año litúrgico no siempre ha sido un ciclo fijo e inmutable. Ha experimentado un
desarrollo progresivo a través de la historia de la Iglesia. Inicialmente, las primeras
comunidades cristianas celebraron principalmente la Resurrección de Cristo en la Pascua.
Con el tiempo, otras festividades y temporadas, como Adviento, Cuaresma, Navidad, y
Pentecostés, fueron desarrollándose. Este desarrollo buscó reflejar en la vida de la Iglesia
el misterio de Cristo y el camino de salvación, con el fin de ayudar a los fieles a vivir su
fe de manera más profunda y en sintonía con los eventos fundamentales de la vida de
Jesús.
A saber, el año litúrgico de la Iglesia comienza con el primer domingo de adviento y
culmina con la solemnidad de Cristo Rey. Hay que tenerlo presente porque no lleva el
mismo ritmo que el año civil.
El año litúrgico se cimenta en profundas raíces bíblicas y teológicas. La Sagrada Escritura
es la fuente principal que ilumina y da sentido a las celebraciones litúrgicas. Por ejemplo,
la Pascua celebra la victoria de Cristo sobre la muerte, tal como se narra en los Evangelios,
mientras que la Cuaresma es un periodo de reflexión y penitencia que encuentra su sentido
en el llamado a la conversión y preparar el corazón para la resurrección de Cristo.
Teológicamente, el ciclo litúrgico está diseñado para interactuar con la vida del creyente,
recordándole constantemente el amor de Dios y el camino hacia la santidad.
El Concilio Vaticano II introdujo importantes reformas al año litúrgico en su esfuerzo por
renovar la vida de la Iglesia y hacer que la liturgia fuera más accesible y comprensible
para todos los fieles. La constitución "Sacrosanctum Concilium" fue la iniciativa primaria
que impulsó estos cambios. El concilio buscó restaurar ciertas tradiciones perdidas,
expandir el calendario para incluir fiestas de santos relevantes, así como estructurar mejor
los tiempos litúrgicos para fomentar una participación más activa y consciente de los
fieles. Además, se hizo un gran esfuerzo por traducir y adaptar los textos litúrgicos a las
lenguas vernáculas, con el objetivo de que todos los creyentes participen plena, consciente
y activamente en la liturgia.