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Inconstitucionalidad de Cámaras Paritarias

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Caso: “Fernandez Arias Elena y otros c/ Poggio, José s/ sucesión”

El Congreso sancionó las leyes 13.246, 13.897 y 14.451, que ordenaban al Poder Ejecutivo
a organizar en el Ministerio de Agricultura las Cámaras Regionales Paritarias de
Conciliación y Arbitraje obligatorio, y una Cámara Central.

Estas cámaras estaban integradas por representantes de los propietarios de terrenos


rurales y de los arrendatarios y aparceros.

Creados los organismos, se organizaron de la siguiente manera, las Cámaras Regionales


tenían competencia exclusiva en la decisión de todas las cuestiones suscitadas entre
arrendadores y arrendatarios o aparceros, con motivo de los respectivos contratos de
arrendamiento o aparcerías rurales, las decisiones de esta Cámara debían apelarse ante la
Cámara Central cuyas decisiones eran susceptibles del recurso extraordinario ante la Corte
Suprema.

El caso se origina por un conflicto entre Fernández Arias y Poggio en el cual la Cámara
Regional de Trenque Lauquen, condenó a Poggio a entregar el predio en cuestión; contra
dicho pronunciamiento, el condenado dedujo recurso extraordinario, que al ser denegado
motivó una queja ante la Corte Suprema, donde impugnó la constitucionalidad de las leyes
13.246, 13.897 y 14.451, ya que por éstas se crearon órganos administrativos dotados de
facultades jurisdiccionales lo que contraria al Artículo 95 de la Constitución Nacional, que
impide al Poder Ejecutivo el ejercicio de funciones judiciales, resulta violatorio el Art. 67 inc.
11 de la Constitución toda vez que se faculta a las Cámaras Paritarias para resolver sobre
materias propias de autoridades judiciales de las provincias, e incumple el Artículo 18 de la
Constitución Nacional, en cuanto se reconoce a toda persona el derecho de defensa en
juicio ante el Poder Judicial. Las leyes cuestionadas extraen de la esfera judicial ciertos
conflictos para que sean resueltos exclusivamente por tribunales administrativos.

Se revoca la sentencia apelada y la corte declara la inconstitucionalidad de las normas


impugnadas. Dejando sentando que, resulta compatible con la Constitución Nacional la
creación de órganos administrativos con facultades jurisdiccionales, teniendo en cuenta que
se han ampliado las funciones de la administración, como medida necesaria para la ágil
tutela de los intereses públicos. Si bien nuestra Constitución recepta la doctrina de
separación de poderes, por lo que la función de juzgar le correspondería sólo al Poder
Judicial, este precepto debe interpretarse dinámicamente según las cambiantes
necesidades sociales.
Las decisiones de los órganos en discusión deben quedar sujetas a revisión judicial, de lo
contrario se violaría el Art. 18 de la Constitución Nacional, que reconoce a todos los
habitantes del país el derecho a acudir a un órgano judicial. Hay que diferenciar la
adecuación del principio de división de poderes en la vida contemporánea, y la violación de
su esencia, lo que sucedería si se privara totalmente al Poder Judicial de sus atribuciones.

La instancia judicial obligatoria no se satisface con la posibilidad de interponer recurso


extraordinario ante la Corte Suprema, ya que no es un proceso de amplio conocimiento, por
lo tanto no es suficiente para garantizar el derecho a una instancia jurisdiccional profunda y
completa.

Disidencia de fundamentos. Dres. Boffi, Boggero, Aberasturi.

Coinciden con el fallo de la mayoría pero disienten con los argumentos, son más restrictivos
en cuanto a la procedencia de conceder funciones jurisdiccionales a órganos
administrativos.

El Art. 95 de la Constitución Nacional prohíbe al Poder Ejecutivo el ejercicio de funciones


judiciales, contrariando este precepto constitucional las leyes en examen confieren
facultades jurisdiccionales a órganos creados en el ámbito de la Administración.

Si bien las necesidades sociales pueden requerir que organismos administrativos ejerzan
excepcionalmente funciones judiciales, el Art. 18 de la Constitución Nacional exige que
siempre exista una instancia judicial.

Los integrantes de las Cámaras Paritarias son designados y removidos por el Poder
Ejecutivo, no gozan por lo tanto de la independencia necesaria para desempeñar la función
judicial, como así tampoco poseen título habilitante para ejercer una función jurídica.

Por disposición del Art. 67 inc. 11 de la Constitución Nacional las provincias se reservan la
aplicación del derecho común, contrariamente las normas impugnadas establecen un
sistema por el cual el derecho será aplicado por las cámaras creadas, las que tienen
jurisdicción nacional, no provincial.

Es aceptado el ejercicio de funciones jurisdiccionales por órganos administrativos.

El Poder Judicial debe conservar la atribución de revisar las decisiones que dicten los
tribunales administrativos.

El recurso extraordinario federal no satisface el requisito de revisión judicial.

Caso: “Angel Estrada y Cía. S.A. c/ resol. 71/96 - Sec. Ener. y Puertos”
En el caso "Estrada" la Corte afirmó la responsabilidad de las empresas de servicios
públicos y aseguró el derecho de los usuarios a exigir una reparación de los daños sufridos
por la falta de servicio.

Hechos:

A fines de 1993 y comienzos de 1994, la empresa EDESUR interrumpió el servicio eléctrico


durante un mes y medio. El ENRE (organismo de contralor de las empresas que prestan el
servicio público de electricidad) sancionó a EDESUR por este incumplimiento y le impuso
una multa de casi 4 millones de [Link] sociedad comercial “Estrada y Cia, S.A” demandó
a EDESUR ya que el incumplimiento del servicio durante ese tiempo había impedido que
funcionara su planta industrial. Por ello exigió que le indemnizara los dañados causados por
un total de $ 163.770 pesos.

El caso llegó a la Corte Suprema para que determinara si a EDESUR se le podía exigir que
pagara esta indemnización o, bien, si la ley y el contrato de servicio público limitaba la
responsabilidad de esta empresa al pago de la multa. La segunda cuestión que debía
resolver la Corte era si el reclamo por esta indemnización podía ser resuelto por el ENRE o
si sólo podía ser decidido por la justicia.

Decisión de la Corte:

La Corte Suprema resolvió que EDESUR podía ser demandada por los daños y perjuicios
causados por no haber prestado el servicio de provisión de energía eléctrica en las
condiciones previstas en el contrato (Voto de los jueces Petracchi, Boggiano, Maqueda,
Highton de Nolasco, Belluscio, Zaffaroni y Lorenzetti. Fayt votó en disidencia, rechazando el
recurso por cuestiones formales. Argibay consideró innecesario resolver esta cuestión).Los
jueces basaron su decisión en que el contrato de servicio público con EDESUR
expresamente establecía esta obligación. Además, señalaron que la limitación a la
responsabilidad civil sólo podría surgir de una ley dictada por el Congreso que justificara,
debidamente, la razón de ser de esa medida.

Los jueces Petracchi, Boggiano, Maqueda, Highton de Nolasco y Lorenzetti rechazaron el


argumento de que por reconocerse esta responsabilidad civil se causaría el aumento de las
tarifas lo que al final perjudicaría a todos los usuarios. Para estos jueces, esto no sería una
consecuencia posible porque la ley no autoriza aumentar las tarifas para amortizar los
costos causados por el propio incumplimiento del servicio.
Zaffaroni fue el único juez que argumentó que esta posición encontraba justificativo en el
artículo 42 de la Constitución Nacional que asegura la protección económica de los usuarios
de los servicios públicos.

En segundo lugar, la Corte resolvió que este reclamo no podía ser resuelto por el ENRE
sino que correspondía que fuera analizado y decidido por la justicia (Voto de los jueces
Petracchi, Boggiano, Maqueda, Highton de Nolasco, Lorenzetti, Belluscio y Argibay).

Zaffaroni votó en disidencia. Para este juez, la ley que regula la actuación del ENRE le
otorga competencia para resolver este tipo de reclamos y que ello no era violatorio de la
división de poderes porque existía la posibilidad de que la justicia revisara esa decisión.
Fayt votó en disidencia, rechazando el recurso por cuestiones formales. Argibay consideró
innecesario resolver esta cuestión.

Importante: La Corte Suprema resolvió que el Ente Nacional Regulador de la Electricidad


(ENRE) no tiene competencia para pronunciarse sobre la procedencia de una acción por
daños y perjuicios entablada por una empresa contra EDESUR. Citando jurisprudencia
americana sobre “agencias administrativas”, afirmaron los jueces que el conflicto debe ser
resuelto por jueces del Poder Judicial.

El ENRE fue creado para resolver aquellas cuestiones de índole preponderantemente


técnicas que puedan suscitarse entre generadores, transportistas, distribuidores, usuarios y
grandes usuarios del sistema eléctrico. “Para ese exclusivo fin fue creado y no para sustituir
a los jueces en la resolución de conflictos que caen dentro de su normal ámbito de
actuación, como lo es el dirimir una pretensión de daños y perjuicios “afirmaron los
ministros.

-La corte en este fallo ratificó el control judicial suficiente para atender al prestatario y al
usuario. Y este control, no es una actividad administrativa propiamente dicha, sino que es
una actividad administrativa jurisdiccional.

Caso: “Asociación Benghalensis y otros c/ Ministerio de Salud y Acción Social -


Estado Nacional s/ amparo ley 16.986”

El caso se originó en 1996 cuando la Asociación Benghalensis y otras entidades cuyo


objeto es el desarrollo de actividades contra el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida
(VIH/SIDA) promovieron acción de amparo, con el patrocinio de los abogados Liliana
Fontán, Roberto Suhotliv y Adriana Taranto, contra el Ministerio de Salud y Acción Social de
la Nación a los fines que se lo obligue a cumplir con la asistencia y tratamiento, en especial,
de suministro de medicamentos -en forma regular, oportuna y continua- para las personas
que lo requieran.

El planteo de la asociaciones tuvo lugar en un contexto de escasez en la provisión de


medicamentos para tratamientos y se basó en una ley del Congreso Nacional, la 23.798,
que declaró de interés nacional la lucha contra el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida
y estableció una serie de deberes y acciones a cargo del Estado Nacional.

El Estado Nacional respondió que el Ministerio había cumplido con su obligación legal en el
marco del Programa Nacional de SIDA que prevé un mecanismo de distribución a través de
efectores externos de distintas jurisdicciones (Provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires), las que actúan a requerimiento de los pacientes en la medida de sus posibilidades
presupuestarias, a las que la autoridad de aplicación nacional siempre entregó los
medicamentos. Además, señaló que gestionó los fondos necesarios para el financiamiento
del Programa y que el presupuesto es un acto institucional no sujeto al control de los jueces.
Por último, objetó que las asociaciones actoras no se encontraban legitimadas dado que no
invocaron lesión a un derecho.

La jueza en lo contencioso administrativo federal que entendió en primera instancia, Claudia


Rodríguez Vidal, reconoció la legitimación de las demandantes con base en el artículo 43 de
la Constitución Nacional que habilita a las asociaciones a la defensa de derechos colectivos
de incidencia en general, máxime cuando en un caso así, por mandato de la propia ley
23.798, es necesario preservar la privacidad de los afectados a fin de evitar cualquier
marginación o humillación.

De tal modo, hizo lugar a la acción de amparo, determinó que el Estado Nacional es
responsable primario de la atención de los enfermos y lo condenó a cumplir, a través del
Ministerio de Salud, con la provisión de medicamentos, drogas y reactivos en forma
oportuna a las distintas jurisdicciones del país. Además advirtió que la conducta estatal
colocó en grave riesgo no sólo a los pacientes afectados sino a toda la comunidad.

El Estado Nacional apeló pero la decisión fue confirmada por la Sala I de la Cámara en lo
Contencioso Administrativo Federal, con voto de los jueces Pedro Coviello y Bernardo Licht,
quien advirtió que el accionar de incumplir o cumplir mal con su deber de proveer los
medicamentos constituye una omisión que roza la violación de los derechos humanos
reconocidos en la Constitución Nacional.
La causa llegó a la Corte Suprema y esta, por remisión al dictamen del procurador general
Nicolás Becerra, confirmó –por mayoría– la sentencia.

El máximo tribunal, con el voto de los jueces Belluscio, López, Bossert y los propios
fundamentos de Moliné O'Connor, Boggiano y Vázquez, sostuvo que las asociaciones se
encontraban legitimadas para promover la acción de amparo dado que el artículo 43 de la
Constitución habilita a personas potencialmente diferentes de los afectados en forma
directa. Agregaron que esa legitimación de la asociación surge de su carácter de titular de
un derecho de incidencia colectiva como es la protección de la salud, cuando tienen por
objeto la prevención, asistencia y rehabilitación de los enfermos que padecen el SIDA y sus
patologías derivadas, además de accionar para el cumplimiento del objeto estatutario de su
creación.

El derecho a la salud –explicó el máximo tribunal– está comprendido dentro del derecho a la
vida y se halla reconocido en tratados internacionales con rango constitucional como el
Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, la Convención
Americana sobre Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos.

La Corte, por otra parte, advirtió que la responsabilidad del Estado Nacional no se agota con
la entrega de los medicamentos a los hospitales provinciales, sino que debe velar por que
eso se cumpla en si carácter de responsable primario, y si esto no ocurre, las asociaciones
o la persona afectada pueden requerir su cumplimiento ante los tribunales, sin perjuicio de
la responsabilidad que puedan luego tener ante la Nación, las instituciones, las obras
sociales y las medicinas prepagas.

Con estos argumentos, se rechazó el recurso extraordinario del Estado Nacional y se


confirmó la sentencia que admitió la acción de amparo.

Por su parte, los jueces Nazareno, Fayt y Petracchi, en su disidencia, postularon la


desestimación del recurso por remisión al artículo 280 del Código Procesal Civil y Comercial
de la Nación.

Caso: “Centro de Estudios para la Promoción de la Igualdad y la Solidaridad y Otros


s/ Ministerio de Energía y Minería s/ Amparo colectivo” (Tomo 339. Lo importante en
considerando 18)

1. Las resoluciones impugnadas


Mediante la Resolución N° 28/2016, el Ministerio determinó los nuevos precios del gas
natural en el punto de ingreso al sistema de transporte y del gas propano destinado a
distribución por redes. Asimismo, dejó sin efecto los cargos tarifarios establecidos para la
financiación de infraestructura de transporte e importación de gas.

Por otra parte, mediante la Resolución N° 31/2016, el Ministerio instruyó al ENARGAS a


llevar adelante el procedimiento de revisión tarifaria integral del servicio de transporte y
distribución de gas —conforme lo previsto en los acuerdos de renegociación de licencias
entre las empresas licenciatarias y el gobierno— a efectos de restablecer el equilibrio
económico de las licencias alterado por las medidas adoptadas en el marco de la Ley de
Emergencia Económica N° 25.561 del año 2002, el cual debía implementarse mediante
audiencias públicas.

Asimismo, se instruyó al ENARGAS a efectuar una adecuación tarifaria transitoria de estos


servicios de modo tal de permitir a las licenciatarias: cumplir con el plan de inversiones
correspondiente al año en curso, afrontar sus gastos de funcionamiento, mantenimiento,
administración y comercialización y mantener la cadena de pagos, asegurando con ello la
continuidad de los servicios públicos hasta tanto se establezcan los cuadros tarifarios
definitivos. Por último, el Ministerio requirió al ENARGAS la creación de tarifas sociales para
los sectores más vulnerables.

Consecuentemente, el ENARGAS aprobó las nuevas tarifas para los servicios de transporte
y distribución de gas natural. Las tarifas para usuarios residenciales incluyeron también los
nuevos precios correspondientes al gas natural aprobados por el Ministerio.

2. La acciones contra el nuevo régimen tarifario

Diversas acciones judiciales fueron iniciadas contra el nuevo régimen tarifario ante distintos
tribunales federales del país. La asociación de consumidores “Centro de Estudios para la
Promoción de la Igualdad y la Solidaridad” promovió una acción de amparo colectivo contra
el Estado Nacional ante la Justicia Federal de la Plata. La actora impugnó las Resoluciones
argumentando que se había omitido la audiencia pública requerida por el marco regulatorio
del sector (Ley N° 24.076 y sus reglamentaciones) y requirió una medida cautelar
solicitando la suspensión de los nuevos cuadros tarifarios.

El juez de primera instancia rechazó la medida cautelar solicitada pero requirió al Ministerio
que convoque a audiencia pública para asegurar la participación de los usuarios y de las
asociaciones consumidores. La resolución fue apelada por las partes ante la Cámara
Federal de Apelaciones de la Plata. La Sala II de esa Cámara por su parte modificó la
sentencia recurrida, declaró la nulidad de las resoluciones impugnadas y retrotrajo la
situación tarifaria al estado anterior a su dictado por haberse omitido a efectos de su
aprobación el procedimiento de audiencia pública. Ante esta decisión, el Gobierno Nacional
presento un recurso extraordinario ante la CSJN.

3. La decisión de la CSJN

La CSJN confirmó parcialmente el fallo de la Cámara de Apelaciones en cuanto la nulidad


de las Resoluciones impugnadas, únicamente respecto de los usuarios residenciales.
Asimismo, mantuvo las tarifas sociales aprobadas por el ENARGAS, en la medida que las
mismas resulten más beneficiosas para los usuarios.

Los principales fundamentos de esta decisión fueron los siguientes:

i. La audiencia pública era obligatoria

La sentencia de la CSJN hizo hincapié en que la audiencia pública es un requisito necesario


y previo para dar cumplimiento con el procedimiento de aprobación de nuevas tarifas. Con
fundamento en el Artículo 42 de la Constitución Nacional y en la Ley de Gas Natural N°
24.076, la CSJN señaló que las audiencias públicas son uno de los medios para que los
ciudadanos puedan participar en la toma de decisiones políticas.

La CSJN sostuvo que la participación previa de los ciudadanos en la determinación de


tarifas constituye un factor de previsibilidad que integra el derecho constitucional de acceder
a una información adecuada y veraz (Artículo 42 de la Constitución Nacional), garantiza la
legitimidad de las decisiones estatales y disminuye la litigación judicial.

Al respecto la Corte destacó que las audiencias públicas deben ser un espacio de debate
que permita el intercambio de ideas en igualdad de condiciones y que las situaciones y
argumentaciones que en allí se expongan deben ser tenidas en cuenta de manera fundada
por las autoridades a la hora de tomar decisiones.

ii. La audiencia pública también es obligatoria para la aprobación de nuevos precios del gas

La CSJN reconoció que, conforme la Ley de Hidrocarburos N° 17.319, y sus modificaciones,


y la Ley del Gas N° 24.076, la producción y comercialización de gas natural no constituyen
servicios públicos y que, bajo estas leyes, los precios del gas natural en el punto de ingreso
al sistema de transporte no eran regulados pues se determinaban mediante el libre juego de
la oferta y demanda. Sin embargo este esquema cambió en 2004 a partir del Decreto 181.
Desde ese entonces, el precio del gas natural fue objeto de una serie de acuerdos entre el
Gobierno y los productores. Por este motivo y hasta tanto los precios del gas vuelvan a ser
fijados por la libre interacción de la oferta y la demanda, la Corte concluyó que el proceso
para su análisis y aprobación debe asimilarse a de las tarifas de los servicios públicos que
contempla la celebración de audiencias públicas. La Corte descartó el argumento basado en
el carácter transitorio de las nuevas tarifas en atención al importante aumento que las
mismas representan respecto de las anteriores.

La CSJN justificó su apartamiento en este caso respecto del criterio adoptado el precedente
“Soldano” (Fallos, 337:877) en el cual resolvió que la audiencia pública no era un requisito
necesario para la aprobación de ciertos cargos tarifarios incluidos en las facturas de los
servicios públicos de gas. No obstante lo señalado por el máximo tribunal, lo cierto es que el
precio del gas natural que abonan los usuarios tampoco aumenta los ingresos de las
licenciatarias ya que éstos son trasladados a los productores del gas. Por otra parte, tal
como ocurre con el precio del gas natural aprobado por el Ministerio, los valores de los
cargos tarifarios que motivaron la decisión en la causa Soldano también fueron fijados por la
administración y se incluían en las facturas que pagaban los usuarios de los servicios
públicos de gas.

iii. Lineamientos para las nuevas tarifas

La CSJN tomó nota de las condiciones precarias en que se encuentra el suministro de gas
natural en el país como consecuencia de las políticas adoptadas desde el año 2002 y que
resultaron en la pérdida del autoabastecimiento del país en términos de gas natural, el
aumento del gasto público y altos costos de importación de combustibles a cargo del Tesoro
Nacional.

Sin embargo, la Corte señaló que la importancia de los cambios que implican las decisiones
y objetivos de política económica imponen al Estado una especial prudencia y rigor en la
aprobación de las nuevas tarifas y en su transparencia con el fin de asegurar su certeza,
previsibilidad, gradualidad y razonabilidad.

Con respecto a la gradualidad de los ajustes tarifarios, la Corte reconoce su fundamento en


la protección que consagra el Artículo 42 de la Constitucional Nacional a los intereses
económicos de los usuarios. Y señala que la aplicación de este criterio permitiría, por una
parte, la recuperación del retraso tarifario y por la otra parte favorecería la previsibilidad de
los usuarios para su programación económica individual y familiar.

Caso: “Jorge Mario Gentini y Otros c/ Estado Nacional – Ministerio de Trabajo y


Seguridad” (Tomo 331; página 1815. Lo importante en considerandos 18 y 19)

La Corte Suprema de Justicia de la Nación, dictó sentencia en el expediente “Gentini, Jorge


Mario y otros c/Estado Nacional – Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y otros s/Part.
Accionariado obrero”, y reconoció el derecho de los trabajadores de Telefónica, que
reclamaron la percepción de daños y perjuicios derivados de la falta de emisión de los
bonos de participación en las ganancias previstos en la ley 23.696, que reguló los procesos
de privatizaciones iniciados en 1989, durante la presidencia del doctor Carlos Menem.

La demanda había sido dirigida contra el Estado Nacional y contra la empleadora de los
actores, Telefónica de Argentina S.A.. A juicio del Tribunal, la citada ley estableció
expresamente dicha participación -de raigambre constitucional (art. 14 bis)- en el terreno de
las empresas creadas como consecuencia del proceso de privatización llevado a cabo en la
última década del siglo pasado, en los supuestos de que se decidiera implementar
programas de propiedad participada.

El Tribunal afirmó que las normas que rigen la controversia revelan que si bien fue voluntad
del legislador conferir al Poder Ejecutivo facultades de tipo discrecional para resolver, frente
a cada caso de privatización, la implementación de un programa de propiedad participada,
en la hipótesis de que aquél se hubiera decidido por ese programa, como ocurrió en este
litigio, resultaba obligatoria la emisión de los mencionados bonos.

Asimismo estableció la Corte, que cualquier duda interpretativa al respecto quedó zanjada
por las específicas previsiones del pliego de licitación.

Por otro lado, juzgó que el decreto del Poder Ejecutivo 395, de 1992, por el cual se había
dispuesto que las licenciatarias telefónicas no estaban obligadas a emitir dichos bonos,
resultaba indudablemente viciado de inconstitucionalidad, por contrariar claramente lo
establecido por la ley que debía reglamentar.

Finalmente, la Corte dispuso que los encargados de discernir la medida y el carácter de la


responsabilidad de cada uno de los dos demandados fueran los jueces de la causa. Para
ello, indicó a los magistrados que deberán tomar en consideración que la norma
inconstitucional emanó del Poder Ejecutivo y que la obligación que pesaba sobre la
empresa privatizada se encontró claramente establecida, así como que el detrimento
patrimonial sufrido por los trabajadores tuvo como contrapartida un beneficio para aquélla,
la cual, a su vez, había quedado colocada en una situación de privilegio respecto de las
restantes empresas privatizadas, que no se vieron eximidas de emitir los bonos en juego.

Como se recordará, el 7 de mayo del corriente año, la Corte realizó una audiencia pública
durante la cual las partes respondieron preguntas formuladas por los ministros sobre
aspectos fundamentales del expediente, lo que allanó la decisión del alto tribunal en un
lapso muy breve.

La decisión de la Corte fue suscripta por los jueces Lorenzetti, Highton de Nolasco,
Maqueda y Zaffaroni, mientras que los jueces Petracchi y Argibay votaron en disidencia.
Caso: “A.M Delfino y Cía. s/ apelando de una multa interpuesta por la Prefestura
Marítima, por infracción al art. 117 del reglamento del Puerto de la Capital” (Tomo 148;
pág. 430)

La ley 3.445 sancionada en el año 1986 otorgó el poder de policía de los mares, ríos,
canales y puertos nacionales a la Prefectura General de la Nación, organismo perteneciente
al Poder Ejecutivo. En el Art. 3 facultó al mencionado organismo a juzgar las faltas o
contravenciones a las ordenanzas policiales cuando la pena no excediera de un mes de
arresto o multa de $100, entre otras. Esto hasta tanto se sancionara el Código de Policía
Fluvial y Marítima.

En cumplimiento de la mencionada disposición, la prefectura dictó el Reglamento de Puerto


de la Capital, que en el Art. 43 prohibía a los buques a arrojar objeto alguno en el interior del
puerto.

Los agentes del buque alemán “Bayen” infringieron esta norma, lo que motivó que la
Prefectura General de Puertos le impusiera una multa de $50, sanción prevista en el Art.
117 del Reglamento. Esta resolución administrativa fue confirmada por el juez de primera
instancia en lo federal.

Los interesados apelaron la sentencia alegando la inconstitucionalidad de los arts. 43 y 117


del aludido reglamento, por resultar violatorios de los siguientes preceptos constitucionales,
Art. 86 inc. 2 (actual 99 inc. 2), Art. 67 inc. 11 (actual 75 inc. 12), inc. 12 (actual inc. 13) y
Art. 18.

La Cámara de Apelaciones confirmó la sentencia por considerar que: ni la ley 3.445 ni los
arts. 43 y 117 del Reglamento constituyen una delegación legislativa incompatible con la
Constitución Nacional, debido a que el Congreso no ha puesto facultades conferidas por los
incs. 11 y 12 del Art. 67 de la C.N. En manos del Poder Ejecutivo, “existe una distinción
fundamental entre la delegación de poder para hacer la ley y la de conferir cierta autoridad
al Poder Ejecutivo a fin de reglar los pormenores necesarios para la ejecución de aquella.
Lo primero no puede hacerse lo segundo es admitido”.

Cuando el Poder Ejecutivo ejerce sus poderes reglamentarios en presencia de una ley
previa como la 3.445 no lo hace en virtud de una delegación legislativa, sino en ejercicio de
la facultad conferida por el Art. 86 inc. 2, el único límite que tiene es el de no alterar la
intención de la ley, en el caso, la Prefectura de Puertos al dictar el reglamento que se
cuestiona, no hizo más que cumplir con la voluntad legislativa expresada en la ley 3.445.
El mandato del Artículo 18 de la Constitución Nacional, en lo que se refiere a la necesidad
de una ley previa para aplicar una sanción penal, se cumple en el caso, ya que la ley 3.445
inc. 3 facultó al Poder Ejecutivo para crear las sanciones que le fueron aplicadas al buque
“Bayen”.

A través del presente fallo la doctrina deja asentado, que el Poder Legislativo no puede
delegar en el Ejecutivo poderes que le fueron conferidos privativamente por la Constitución
Nacional, sin embargo por el Art. 86 inc. 2 nada impide al Poder Ejecutivo reglamentar una
ley previa dictada por el Congreso, siempre que dicha reglamentación no altere su espíritu o
intención.

Importante: en este caso se apelaba una multa impuesta por prefectura a un buque por
arrojar residuos en el agua. Aquí, la propia ley atribuía la posibilidad de aplicar multas
dentro de un máximo y un mínimo que ella misma señalaba, mientras que el decreto
señalaba detalles y montos. Lo que se discutía en este caso, era la constitucionalidad de la
multa y el reglamento, pues a criterio del accionante, se violaban los Arts. 18, 67 inc. 11º,
12º y 28º y 86 inc. 2º. La Corte dijo que “existe delegación cuando la autoridad investida de
un poder determinado, hace pasar el ejercicio de ese poder a otra autoridad o persona
descargándola sobre esta” Distingue la delegación para hacer la ley y la de conferir cierta
autoridad al poder ejecutivo o cuerpo administrativo, a fin de reglar los pormenores y
detalles necesarios para la ejecución de aquella. En este caso, la ley permitía la delegación
y a la vez el poder ejecutivo estaba habilitado para dictar ordenanzas y reglamentos
definiendo pormenores y detalles. La corte expresa que estos reglamentos son tan
obligatorios para sus habitantes como si sus disposiciones estuvieran en la ley, siempre y
cuando se encuentren dentro de las limitaciones establecidas en el inc. 2º del Art. 86 CN.

“Artículo 76. Se prohíbe la delegación legislativa en el Poder Ejecutivo, salvo en materias


determinadas de administración o de emergencia pública, con plazo fijado para su ejercicio
y dentro de las bases de la delegación que el Congreso establezca.

La caducidad resultante del transcurso del plazo previsto en el párrafo anterior no importará
revisión de las relaciones jurídicas nacidas al amparo de las normas dictadas en
consecuencia de la delegación legislativa.”

Caso: “Administración de Impuestos Internos c/ Chadwick, Weir y Cía. Ltda.” (Tomo


151; pág. 5)

Caso: “Mouviel, Raúl Oscar y otros desórdenes” (Tomo 237; pág. 636)
R. Mouviel y otros fueron condenados a una pena de treinta días de arresto por infracción a
los edictos policiales sobre “desordenes y escándalo”. Esta condena fue impuesta por el jefe
de la policía de la Capital Federal en virtud de lo dispuesto en el Art. 7 inc. a) del Estatuto de
la Policía Federal. Esta norma autorizaba al jefe de la policía a emitir edictos, dentro de la
competencia asignada por el Código de Procedimiento en lo Criminal y para reprimir actos
no previstos por las leyes, en materia de policía de seguridad.

Esta medida policial fue apelada ante el Juez en lo penal correccional, quién confirmó la
medida. Contra esta sentencia, los imputados dedujeron recurso extraordinario alegando
que el régimen de faltas vigentes concentraba en cabeza del jefe de policía las facultades
legislativa, ejecutiva y judicial, lo que resultaba violatorio del principio de división de
poderes.

Los jueces de la Corte Suprema deciden por unanimidad hacer lugar al recurso
extraordinario, y revocar la sentencia condenatoria, teniendo en cuenta que:

El Art. 18 de la Constitución Nacional dispone que ningún habitante de la Nación puede ser
penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, en este sentido el Art.
19 establece que, nadie está obligado a hacer lo que la ley no manda ni privado de lo que
ella no prohíbe. Teniendo en cuenta estas dos normas constitucionales podemos decir que
rige el principio que sólo al Poder Legislativo le corresponde establecer, a través de las
leyes, los presupuestos necesarios para que se configure una falta y las sanciones
correspondientes.

El Art. 86 inc. 2 de la C.N. indica como atribución del Poder Ejecutivo la de expedir las
instrucciones y reglamentos que sean necesarios para la ejecución de las leyes de la
Nación, cuidando de no alterar su espíritu con excepciones reglamentarias. Este precepto
constitucional fue invocado por la Corte Suprema en casos anteriores como fundamento de
la facultad del poder administrador de fijar ciertas normas de policía. Sin embargo no se
debe dejar de lado que reglamentar es tornar explícita una norma que ya existe y que el
Poder Legislativo le ha dado sustancia y contornos definidos.

El Art. 7 inc. a) del Estatuto de la Policía Federal faculta a este cuerpo administrativo a
emitir y aplicar edictos y a reprimir actos no previstos por las leyes en materia de policía de
seguridad, esta atribución genérica de crear faltas, excede la facultad reglamentaria del
Poder Ejecutivo e importa la delegación por parte del Poder Legislativo de potestades que le
son exclusivas y propias. De esta manera al conferirse al poder administrador funciones
claramente legislativas se vulnera el principio constitucional de la división de poderes.
Se establece en el fallo que el Poder Ejecutivo podrá reglamentar los pormenores y
circunstancias concretas de las acciones reprimidas, pero esta facultad reglamentaria
presupone la existencia de una ley anterior lo suficientemente precisa y definida por el
Poder Legislativo. Sólo así se respeta el principio de división de poderes que ordena la
Constitución Nacional y se da cumplimiento a la garantía de ley previa establecida por la
interpretación armoniosa de los Arts. 18 y 19 de la C.N.

Caso: "Cocchia, Jorge Daniel c/ Estado Nacional y otro s/ acción de amparo" (Tomo
316; pág. 2624)

Distinguió a los reglamentos de ejecución en sustantivos y adjetivos o delegación impropia


por el estrecho limite que existe con los reglamentos delegados.

Caso “Colegio Público de Abogados de la Capital Federal c/ Estado Nacional - Poder


Ejecutivo Nacional” (Tomo 331; pág 2406)

Al confirmar la inconstitucionalidad de dos artículos del Decreto 1204/01 que eximían a los
abogados del Estado de matricularse en colegios públicos y pagar tasas por dicha
matriculación, la Corte estableció, luego de realizar una Audiencia Pública, expresas
limitaciones al Poder Ejecutivo para el ejercicio de funciones legislativas delegadas por el
Congreso en el marco de la Ley 25.414.

Con el voto de los ministros Lorenzetti, Fayt, Petracchi, Maqueda, Zaffaroni y Argibay, la
Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó la sentencia de la Sala V de la Cámara
Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal que había declarado la
inconstitucionalidad de los artículos 3º y 5º del decreto 1204/01, según los cuales los
abogados del Estado Nacional estaban eximidos del pago de cualquier tasa o gravamen
establecido por leyes nacionales, provinciales o de la Ciudad de Buenos Aires, y que sólo
necesitaban estar inscriptos en el Registro de Abogados del Estado, sin que, por lo tanto, se
requiriera otra matriculación profesional. El Tribunal tomó tal decisión luego de evaluar los
antecedentes y escuchar a las partes en la audiencia pública realizada el 24 de septiembre
pasado.

La causa fue iniciada como consecuencia de la demanda interpuesta por el Colegio Público
de Abogados de la Capital Federal, que veía afectada la percepción del “derecho fijo” y la
potestad de controlar la matrícula de los abogados que litigan en esta Ciudad, tal como
había sido establecido en el año 1985 por la ley 23.187. En la referida Audiencia Publica, el
Colegio Publico de Abogados insistió en que la emergencia económica ha terminado y que
la delegación legislativa tiene limitaciones.
La Corte señaló que las normas citadas fueron dictadas por el Presidente de la Nación en el
marco de la delegación legislativa contemplada en el art. 1º, inciso “f”, de la ley 25.414.

No obstante -remarcó el Tribunal- el Congreso no delegó en el Poder Ejecutivo una potestad


genérica de derogar cualquier ley con el fin de lograr una reducción del gasto público -como
alegó el Estado Nacional, demandado en este pleito- puesto que ello no sólo no surgía del
texto de la ley sino que, además, tal criterio sería tan indeterminado que violaría el art. 76 de
la Constitución Nacional.

El citado art. 1º, inc. “f”, permite al Ejecutivo derogar total o parcialmente leyes que “afecten
o regulen el funcionamiento operativo de organismos o entes de la administración”, lo que
debe entenderse en referencia a leyes cuya derogación, por su especificidad, no altera o
modifica de manera grave otros fines o políticas legislativas que las dirigidas explícitamente
al funcionamiento de la administración pública.

El decreto 1204/2001, destacó la Corte, excede los términos de esta delegación, porque no
afecta ni regula de manera específica a la administración o sus entes descentralizados, sino
que lo hace respecto de quienes ejercen la abogacía. En este sentido, dijo que no es
relevante que la administración pueda verse “indirectamente” beneficiada al no tener que
afrontar los gravámenes que deben pagar sus abogados y no se advierte, ni se ha alegado,
qué beneficio sobre algún organismo público se derivaría de la exención de la matriculación
en el Colegio Público de Abogados.

Se desechó también el argumento del Estado Nacional, según el cual mediante el decreto
aludido se ejercían atribuciones que eran de competencia exclusiva del Presidente de la
Nación. Se dijo en la sentencia que desde la presidencia de Urquiza hasta la ley 23.187,
existieron al menos siete leyes que regularon esta materia.

La Corte recordó que el artículo 76 de la Constitución Nacional prohíbe que el Congreso


delegue facultades en el Poder Ejecutivo, pero también estableció excepciones específicas
que se inspiran en criterios jurisprudenciales imperantes en los Estados Unidos de
Norteamérica. La idea fundamental de esta prohibición radica en que el Congreso no puede
delegar el poder de hacer las leyes.

Por ello, la delegación que de modo excepcional se admite debe reunir ciertos recaudos,
entre los que cabe subrayar: 1º) que la delegación sin bases o criterios inteligibles para su
ejercicio está prohibida; 2º) cuando las bases estén formuladas en un lenguaje demasiado
genérico e indeterminado, la actividad delegada será convalidada por los tribunales si el
interesado supera la carga de demostrar que la disposición dictada por el Presidente es una
concreción de la específica política legislativa que tuvo en miras el Congreso.

De tales premisas, la Corte deduce que cuanto más amplia e imprecisa sea la delegación,
menor será el alcance de las atribuciones que podrá ejercer el Poder Ejecutivo. Y a la
inversa, cuanto más claras sean las directivas de la ley delegatoria, mayores probabilidades
de éxito tendrá quien defienda la validez de las normas dictadas en su cumplimiento porque
con mayor facilidad podrá demostrar su adecuación a la ley.

En el presente caso, el Tribunal objetó los argumentos del Estado Nacional, quien se apoyó
en una lectura sumamente amplia e indeterminada de la ley 25.414 y no demostró que,
pese a ello, el decreto formaba parte de una política que efectivamente adoptó el Congreso.
Por el contrario, se limitó a solicitar una aplicación mecánica del texto legal, en la versión
vaga e inexpresiva por él mismo propuesta.

La doctora Highton de Nolasco votó en disidencia. Para ella, en el decreto 1204/2001, el


Presidente ejerció una competencia que se encuentra dentro de la zona de reserva de la
Administración, esto es, una competencia que la propia Constitución Nacional en su artículo
99, inciso 1º, le atribuyó al Presidente de la Nación como responsable político de la
administración general del país. Señaló que el Colegio Público de Abogados de la Capital
Federal es una “persona pública no estatal”, a la que la ley 23.187 le encomendó una
actividad cuya titularidad corresponde al Estado Nacional, como es la de controlar la
legalidad del ejercicio profesional de los abogados en dicha ciudad. Y que si bien es cierto
que mientras no se organizó un registro de abogados del Estado, éstos cumplieron con las
exigencias de la ley 23.187, no existe óbice para que esa circunstancia cambie, tal como
ocurrió con la ley 12.954 o, en la actualidad, con el decreto 1204/2001, máxime cuando la
ley 23.187 no contemplaba expresamente la situación de los abogados del Estado.

Importante: Se había dictado un decreto que eximia a los abogados que litigaban para el
poder ejecutivo de matricularse. La corte analiza las bases que la ley había establecido y
señala que quien invoque la delegación deberá probar la ley de la nación. En la ley 25414
que había establecido la delegación, no estaba incluida la eliminación de ningún tipo de La
delegación era válida pero el poder ejecutivo se había excedido en las atribuciones.

El PL sobre una materia legislativa, transfiere parte de sus facultades legislativas al PE.
Debe haber una norma que delega emanada del legislador, y una norma que hace uso de
esa delegación, emanada del PE. Se subordina a la existencia de una ley previa. Completa
la voluntad del legislador. Tienen la misma jerarquía que la ley. Antes se los llamaba
reglamentos de delegación impropia. El art 76 establece dos reglas: el plazo y las bases
para el ejercicio de la delegación, deben estar determinados. Además tienen un trámite
posterior, que surge del art 100, que es la cámara bicameral permanente.

Caso: “Camaronera Patagónica SA c. Ministerio de Economía y otros s/amparo”


(Tomo 337)

Todos los jueces coinciden en que sólo el Congreso tiene facultades para fijar tributos,
declarando la inconstitucionalidad de las resoluciones 11/02 y 150/02 del Ministerio de
Economía. Los jueces Lorenzetti, Fayt, Maqueda, Zaffaroni, declaran que la invalidez de tal
resolución -que estableció derechos de exportación, conocidos como “retenciones”- estaba
limitada al lapso comprendido entre marzo y agosto de 2002, porque hubo una ley del
Congreso que ratificó expresamente la legislación delegada. Los jueces Petracchi y Argibay,
en cambio, no limitan los alcances de la inconstitucionalidad y no dan efectos alas leyes
ratificatorias.

En la causa “Camaronera Patagónica S.A. c/ Ministerio de Economía”, la Corte Suprema


declaró la inconstitucionalidad de una resolución del Ministerio de Economía e
Infraestructura por la cual se fijaron derechos de exportación (retenciones) a las
mercaderías procesadas por una firma dedicada a la actividad pesquera.

El voto de los doctores Lorenzetti, Fayt y Maqueda señaló que las retenciones son tributos y
que, de acuerdo a los artículos 4°, 17 y 52 de la Constitución Nacional, sólo el Congreso de
la Nación puede crearlos.

Destacaron los ministros que esa limitación es propia del régimen representativo y
republicano de gobierno y que ninguna carga tributaria puede exigirse a las personas si no
ha sido creada por el Poder Legislativo, único poder del Estado investido de tal atribución.

Agregaron que la Constitución Nacional confió al Congreso Nacional el poder de crear los
recursos y votar los gastos públicos y sólo asignó al Poder Ejecutivo la facultad de recaudar
los recursos para emplearlos en los gastos designados.

Remarcaron, con cita de Juan Bautista Alberdi, que esta manera de distribuir el poder
tributario fue adoptada con el objeto de evitar que en la formación del tesoro sea “saqueado
el país”, desconocida la propiedad privada y abatida la seguridad personal así como que, en
la elección y cantidad de los gastos, se dilapide la riqueza pública.

Sostuvieran los ministros que suscribieron el voto que las leyes que el Estado Nacional
invocaba para justificar la resolución dictada por el Ministerio de Economía no habían
delegado al Poder Ejecutivo Nacional el poder de establecer retenciones como las que
pretendía aplicar.

También señalaron que si bien es cierto que en materia de comercio internacional es


necesario que el Poder Ejecutivo cuente con herramientas que le permitan en forma ágil
implementar políticas económicas para proteger la producción local, los precios del mercado
interno o la competitividad, ellas deben provenir de una ley sancionada por el Congreso que
establezca de manera cierta e indudable pautas claras para su ejercicio, lo que no ocurría
en el caso.

En este sentido, manifestaron que el Código Aduanero no cumple tal exigencia pues no sólo
no prevé una alícuota para las retenciones que se pretendía aplicar a Camaronera
Patagónica, sino que ni siquiera fija topes máximos que limiten la actuación del Poder
Ejecutivo.

Por estas razones los ministros Lorenzetti, Fayt y Maqueda sostuvieron que la resolución
11/02 del Ministerio de Economía e Infraestructura es inconstitucional pues avanza sobre
una materia que la Constitución Nacional reservó en forma exclusiva al Congreso Nacional.

Sin perjuicio de ello, pusieron de relieve que los constituyentes de 1994, además de
incorporar el actual artículo 76, agregaron la Cláusula Transitoria Octava, referente a la
legislación delegada preexistente, y facultaron al Congreso de la Nación a ratificarla
expresamente mediante una ley. Señalaron que en el marco de dicha disposición
constitucional fueron dictadas las leyes 25.418, 25.645, 25.918, 26.135 y 26.519.

Sobre esa base, y teniendo en cuenta que de esa manera se produjo la ratificación de la
legislación delegada dictada al amparo de la legislación delegante preexistente a la reforma
constitucional de 1994, la Corte aclaró que la invalidez de la resolución 11/02 se
circunscribe al período comprendido entre el 5 de marzo de 2002 (fecha en que entró en
vigor) hasta el 24 de agosto de ese mismo ano, “momento a partir del cual rige la ley
25.645, disposición que le otorga a su contenido rango legal”.

La mayoría del Tribunal estuvo integrada por los doctores Lorenzetti, Fayt y Maqueda -que
suscriben el mismo voto- y el doctor Zaffaroni, que voto en forma concurrente.

El Dr. Zaffaroni señaló que los productos empresa actora (pescados y crustáceos)
representaban menos del 3% de los derechos de exportación percibidos anualmente, razón
por la cual lo decidido en el juicio respecto de la resolución 11/02 no debería repercutir
significativamente desde el punto de vista macroeconómico.
Agregó el juez Zaffaroni que el derecho de exportación examinado es un tributo, más
precisamente un impuesto, que debe pagarse en virtud de una ley que así lo establezca.

Recordó que la ley es la única fuente de las obligaciones tributarias pues la competencia del
Congreso es exclusiva en la materia y no puede ser ejercida por ninguno de los otros dos
poderes del Estado, ni siquiera en situaciones de emergencia.

Señaló que respecto de las retenciones examinadas el Congreso de la Nación no había


previsto cual era la alícuota aplicable, ni siquiera mediante el establecimiento de parámetros
mínimos y máximos y que ese silencio sellaba la suerte respecto de la constitucionalidad y
validez de la resolución 11/02 pues se había deja al arbitrio del Poder Ejecutivo Nacional
uno de los aspectos estructurales del tributo.

Finalmente, y en virtud de las ratificaciones legislativas operadas en virtud de las leyes


25.418, 25.645, 25.918, 26.135 y 26.519, limitó la declaración de inconstitucionalidad al
lapso comprendido entre marzo y agosto de 2002.

Los Doctores Petracchi y Argibay consideraron, al igual que la mayoría, que la resolución
11/02 es inconstitucional por no cumplir con los estándares establecidos en la Constitución
Nacional en materia tributaria. Destacaron que en el caso no existe una ley que establezca
los elementos esenciales del tributo que se pretende exigir a la actora, lo que lleva a su
descalificación constitucional.

Sin embargo, manifestaron que las leyes dictadas como consecuencia de la Cláusula
Transitoria Octava de la reforma constitucional de 1994 no resultan aptas para ratificar el
contenido de la resolución 11/02, razón por la cual declararon su inconstitucionalidad sin
límite temporal alguno.

Sobre DNU:

Caso: “Luis Arcenio Peralta y Otro v. Nación Argentina (Ministerio de Economía -


B.C.R.A)”(Tomo 313; pág. 1513)

Sentenciado por la CSJN el 27 de diciembre de 1990.

Antecedentes del caso:

En el año 1989, bajo el gobierno de Raúl Alfonsín, la hiperinflación produjo una situación
límite que obligó a traspasar anticipadamente el mando al nuevo presidente electo, Carlos
S. Menem.
El nuevo gobierno logró, por escaso tiempo, un relativo control de la situación que, sin
embargo y tras el cambio de tres ministros de Economía, no impidió volver a una nueva
hiperinflación.

Ante la necesidad de tomar medidas contundentes, el P.E.N. dictó el Decreto 36/90 (llamado
Plan Bonex) por el que dispuso que todas las entidades financieras del país satisficiesen las
obligaciones derivadas de los depósitos en australes a plazo fijo, mediante la entrega de
bonos externos 1989, así como también el canje de las obligaciones de la deuda pública
interna vigentes al 28 de diciembre de 1989, en dichos bonos externos.

Luis Arcenio Peralta y otros interpusieron acción de amparo contra esta medida a fin de
proteger sus ahorros, caso que llegó a la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Trascendencia del fallo:

La importancia de este fallo radica en haber reconocido al Poder Ejecutivo amplias


facultades para legislar en situaciones de emergencia, con fundamentos sumamente
endebles y que merecieran la crítica generalizada del espectro político y de la doctrina.

Fundamentos del fallo:

1. Afirma la Corte: Los derechos constitucionales no son absolutos y están limitados, como
surge del art. 14 de la CN. El derecho de propiedad que los actores consideran vulnerado,
es también un derecho no absoluto y por consiguiente no está eximido de limitación.

Hasta el momento la Corte venía sosteniendo en otros precedentes que cualquier medida
que originase mermas o quitas de más del 33% del capital o renta, resultaba confiscatoria.
En “Peralta” pasa por alto que los Bonos externos 1989 entregados a los depositantes en
sustitución de sus acreencias, cotizaban a la fecha del fallo con una pérdida mayor al 33%
del capital original.

2. El fallo sostiene que los decretos de necesidad y urgencia son válidos en la medida en
que se comunique su dictado al Congreso y éste no se expida en contrario.

a. Es una innovación de la Corte que toma al silencio prolongado del Congreso como acto
ratificatorio de la validez de un decreto de necesidad y urgencia.

3. Agrega la Corte: La emergencia económica obliga a interpretar la Constitución para


adecuarla a circunstancias impensadas por los constituyentes.
4. Sostiene la Corte que el decreto de necesidad y urgencia no ha violado el principio de
igualdad porque:

I.- Lo realizado es equivalente a una devaluación de la moneda, que afecta a todos y que el
Gobierno resuelve por los fundamentos técnicos que él conoce.

II.- Que existe una correlativa capacidad económica de todos aquellos que han depositado
tales importantes sumas de dinero (supuesto de que cuentan con mayor capacidad
contributiva).

5. Sigue el fallo afirmando que la norma del PEN es razonable porque los medios arbitrados
no parecen desmedidos en relación a la finalidad que persiguen, ni son, en sustancia,
novedosos.

6. Lo dispuesto por el Decreto impugnado es una medida esencialmente monetaria, cuyo


manejo ha sido delegado por el Congreso al Poder Ejecutivo, desde hace larga data.

Importante: a partir de este caso se reconoce la posibilidad de dictar estos decretos de


necesidad y urgencia. Aquí se valida el decreto 36 del año 1990 a través del cual se dispuso
el pago de plazos fijos en bonos de la deuda pública. Los actores interponen amparo contra
el poder ejecutivo y el banco. En primera instancia se rechaza por no ser una vía idónea y
no haber agotado las otras vías y además porque esta cuestión requería un mayor debate
del que se podía dar en una acción de amparo. La cámara revoca el fallo y declara la
inconstitucionalidad del decreto. Contra esto, se interpone un recurso extraordinario: Todos
los jueces, menos Bellucio, convalidaron este decreto. Este fallo es de suma importancia, ya
que hasta ese año (1990) no existían antecedentes en cuanto a los decretos de necesidad y
urgencia. La Corte, fundó su decisión en que existía una situación de grave riesgo social. La
corte sostiene la no inconstitucionalidad de este decreto, ya que el mismo no elimina ni viola
los derechos de los ciudadanos, sino que los limita en el tiempo. No hay derechos
absolutos, todos están sujetos a las leyes que reglamentan su ejercicio.

Caso: “Video Club Dreams c/ Instituto Nacional de Cinematografía s/ amparo” (Tomo


318; pág. 1154)

En los hechos, mediante la determinación de dos decretos, el Poder Ejecutivo, había


extendido el hecho imponible de gravación a la presencia en espectáculos cinematográficos
hacia otros medios de reproducción de películas.

A través del Decreto N° 2736/91, se “flexibilizó” el objeto de imposición tributaria, a partir de


una conjunción interpretativa de los artículos 24 y 76 de la Ley N° 17.741. La norma,
caracterizaba únicamente en su texto la gravación de la presencia de espectáculos
cinematográficos cualquiera fuera el ámbito donde se efectúe (artículo 24, inciso a).

En ese sentido, a partir del artículo 76 -el que conceptualiza a la noción de película- el
Poder Ejecutivo fundamentó en los considerandos del decreto la extensión del hecho
imponible para cualquier otro medio donde sea reproducible una película.

En segundo orden, mediante el Decreto 949/92, se determinó que el tributo del artículo 24
mencionado se aplicará, también, “a la venta o locación de todo tipo de videograma grabado
destinado a su exhibición pública o privada, cualquiera fuera su género; y a la exhibición de
todo tipo de películas, cualquiera fuera su género, a través de los canales de televisión
abierta o por cable y en los videobares y/o en todo otro local en los que la misma se realice
por cualquier medio".

Ante aquella disposición, Video Club Dreams inició una acción de amparo contra el Instituto
Nacional de Cinematografía -ente encargado de la recaudación y fijación del tributo- con el
fin de que se declare la inconstitucionalidad de los decretos. En primera instancia, se hizo
lugar al planteo de la actora, sin embargo, la resolución fue apelada.

La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal estimó, en


primer lugar, que el plazo de 15 días para iniciar la acción de amparo, luego de que el acto
fue ejecutado o debió producirse, no era obstáculo para la procedencia de la demanda.
Asimismo, desestimó la objeción acerca de la falta de la legitimación de la actora y la
existencia de otras vías idóneas para iniciar la petición.

Sobre el fondo de la cuestión, interpretó que el acto de autoridad nacional estaba viciado de
nulidad absoluta porque vulneraba el principio de legalidad tributaria. En ese sentido,
confirmó la decisión del órgano anterior.

Ante aquella resolución, la Procuración del Tesoro de Nación interpuso recurso


extraordinario, mediante el cual el caso llegó a la Corte. El Máximo Tribunal, a través del
voto mayoritario de Carlos Fayt, Augusto Belluscio, Enrique Petracchi, Antonio Boggiano,
Guillermo López, Gustavo Bossert, y en disidencia parcial, Eduardo Moliné O’Connor,
confirmó la sentencia de la Cámara.

En primer lugar, con respecto al plazo para interponer la acción, la Corte dijo que se trata de
una cuestión de índole procesal que no autoriza - en principio- la intervención de ella.
Además, consideró que la actora tenía la legitimación suficiente para iniciar la acción, ya
que al ser agente de percepción del tributo, poseía un interés jurídico sustancial.

Por otra parte, en cuanto a la procedencia del ejercicio presidencial de facultades


legislativas en materia tributaria, consideró que en la configuración de los decretos, el Poder
Ejecutivo había creado un nuevo hecho imponible, distinto al receptado en la Ley N° 17.741.
Con fundamento en el Fallo Eves, entendió que la disposición obviaba los alcances del
principio de legalidad tributario.

En tercer lugar, con respecto a las circunstancias de hecho que motivaron la de decretos de
necesidad y urgencia, el Máximo Tribunal expresó que “no se exhiben como respuesta a
una situación de grave riesgo social que hiciera el dictado de medidas súbitas como las
tratadas”.

En ese sentido, la Corte Suprema señaló, en base al principio de reserva de ley tributario,
que es al Congreso a quien le compete la decisión política de creación de un impuesto. Por
último, se diferenció de lo expuesto en el Fallo Peralta, ya que en este caso, sostuvo, hay
una diferencia sustancial con la situación de “descalabro económico generalizado” marcado
en ese precedente.

Para finalizar, es destacable el voto en disidencia parcial de Eduardo Moliné O’Connor,


donde precisa el principio de reserva de ley tributario, de rango constitucional, y reafirma lo
dicho por el Máximo Tribunal en otras oportunidades: “El cobro de un impuesto sin ley que
lo autorice es una exación o un despojo que viola el derecho de propiedad reconocido en el
artículo 17 de la Constitución”.

Otro resumen:

El Poder Ejecutivo, invocando emergencia cinematográfica, dictó dos decretos (anteriores a


la reforma de 1994 que convalidó expresamente los decretos de necesidad y urgencia) para
extender dicho impuesto al alquiler y venta de videos. Como el Video Club Dreams pagó el
impuesto una sola vez, el Instituto Nacional de Cinematografía lo intimó para que regularice
su situación, pero éste interpuso una acción de amparo, impugnando la constitucionalidad
de los decretos por violar el derecho a trabajar y a ejercer la industria licita.

Primera y segunda instancia: hicieron lugar al amparo y declararon la inconstitucionalidad


de los decretos en base al principio de legalidad tributaria (los impuestos sólo pueden ser
creados por ley). El Estado Nacional dedujo recurso extraordinario alegando:
- En Peralta (1990) se reconoció que el poder ejecutivo puede dictar decretos de
necesidad y urgencia -situaciones excepcionales- aunque no estén expresamente
reconocidos en la Constitución.
- La corte confirmó la sentencia de cámara -le dio la razón al videoclub- porque: el
poder ejecutivo puede dictar estos decretos, pero en situaciones excepcionales, las
cuales no existen en este caso; violan el principio de legalidad tributaria: El poder
legislativo es el único que puede crear impuestos -artículo 17- confirmado por la
reforma en el artículo 99 inciso 3: el poder ejecutivo no puede dictar decretos de
necesidad y urgencia en materia tributaria.

Entonces: los impuestos sólo pueden ser creados por ley del Congreso; el Poder Ejecutivo
puede dictar Decretos de Necesidad y Urgencia pero sólo en circunstancias excepcionales;
los jueces pueden evaluar la existencia de las características de la emergencia invocada por
el poder ejecutivo al dictar estos decretos.

Importante: “Video Club Dreams” de 1995. Aquí, se sienta un principio totalmente contrario,
en este caso se habían dictado dos decretos del poder ejecutivo de necesidad y urgencia
extendiendo un hecho como ser el impuesto a la entrada de cine (10%) al alquiler de
películas en los video clubes. La corte sienta que estos decretos tienen un límite, en cuanto
a tributos, ya que con estas medidas en poder ejecutivo se estaba arrogando facultades
exclusivas del poder legislativo. Estableció que este impuesto (10%) no era una ampliación
de la norma, sino que era un hecho imponible nuevo (el cobro por alquiler de las películas –
impuesto-). Es decir, que la corte sostiene que no puede haber una convalidación mediante
el silencio por parte del congreso, por lo que la falta de tratamiento legislativo hace entender
que el poder legislativo no sostiene esta medida.

Caso: "Verrocchi, Ezio Daniel d Poder Ejecutivo Nacional-Administración Nacional de


Aduanas sI acción de amparo" (Tomo 322; pág. 1726)

El Poder Ejecutivo dictó los decretos de necesidad y urgencia Nº. 770/96 y 771/96 mediante
los cuáles suprimió las asignaciones familiares a los trabajadores cuyas remuneraciones
superaran los $1.000. Afectado por la medida Verrochi presentó una acción de amparo
aduciendo de inconstitucionalidad los mencionados decretos por resultar violatorios de la
garantía de protección integral de la familia, reconocida en el Art. 14 bis de la Constitución
Nacional.
El actor alegó además que el decreto no estaba fundado en una situación de necesidad y
urgencia. El amparo resultó procedente tanto en primera como en segunda instancia, por lo
que el fisco interpuso recurso extraordinario federal.

La Corte Suprema confirmó la inconstitucionalidad de los decretos impugnados,


disponiendo que el Poder Ejecutivo no estaba facultado para dictar disposiciones de
carácter legislativo. Agregó que para que fuera procedente la emisión de los decretos de
necesidad y urgencia debían concurrir algunas de las circunstancias excepcionales a saber:
que el Congreso no pudiera reunirse por razones de fuerza mayor o que la situación que
requiriera solución legislativa fuera de tal urgencia que no permitiera aguardar el dictado de
una ley por el Congreso, causales que no se encontraban en el presente caso.

Además alegó que el Poder Judicial estaba facultado para controlar que en el caso concreto
existieran las circunstancias excepcionales alegadas por el Poder Ejecutivo.

Concurrencia de Petracchi.

Declara la inconstitucionalidad de los decretos en cuestión en base a que el art. 99 inc. 3 de


la Constitución Nacional exige como requisito de validez de los decretos de necesidad y
urgencia la intervención de una comisión bicameral permanente como fase de control, que
debía ser creada mediante una ley especial, aún no dictada. Por ello los decretos en
examen no podían ser emitidos porque de lo contrario dejarían de ser actos concurrentes de
dos poderes para ser actos unilaterales y discrecionales del Poder Ejecutivo

Concurrencia de Boggiano.

Señala que el Poder Legislativo dictó la ley 24.714 que derogó los decretos en cuestión
como manifestación de su disconformidad con las normas en examen.

Disidencia de Nazareno, Moline O'connor y López.

Admiten la validez de los decretos de necesidad y urgencia ya que su emisión es una


atribución constitucional del Poder Ejecutivo que no puede quedar subordinada al dictado
de una ley reglamentaria. De no ser así la omisión legislativa privaría al Presidente de una
facultad que le es expresamente reconocida por la ley suprema. Asimismo no resulta
imprescindible la creación de una comisión bicameral para que el Congreso pueda controlar
los decretos emitidos. Finalmente alegaron que si bien la ley 24.714 derogó los decretos en
cuestión no los anuló retroactivamente. Por ende el Congreso convalidó tácitamente los
efectos generados por los decretos durante su vigencia.
Este fallo sienta el carácter excepcional de los decretos de necesidad y urgencia, y la
función de contralor constitucional por parte de la Corte Suprema de Justicia de los actos de
gobierno.

Fallos bolilla 15: Servicio Público

Caso: “Gómez, Juan B. c/ Empresa del Ferrocarril Central Córdoba. Martino,


Leonardo c/ Ferrocarril Central Argentino”

En 1926 el Sr. Juan Bautista Gómez, obtuvo de la Corte Suprema de Justicia de la


Argentina una sentencia que resultó favorable a su oposición al aumento de las tarifas del
Ferrocarril Central Córdoba (CSJN, Gómez, Juan B. c/ Empresa del Ferrocarril Central
Córdoba. Fallos: T. 146 , P. 207). La empresa del Ferrocarril Central Córdoba había elevado
sus tarifas sin requerir la previa aprobación del gobierno. Gómez se opuso y su pretensión
tuvo que ser resuelta por el máximo tribunal de justicia de la Argentina. En esa oportunidad
el Supremo Tribunal señaló que “La absoluta libertad de contratar y de fijar el precio de las
cosas o de los servicios, existe solamente cuando la propiedad o la actividad personal se
hallan dedicados a objetos puramente privados, pero no cuando lo son a cosas públicas,
especialmente si se explota alguna concesión, privilegio o monopolio concedido por el
Estado, como ocurre tratándose de ferrocarriles; por lo que, toda concesión para la
explotación de servicios públicos que importe un monopolio, aún cuando sólo sea virtual,
como es el caso de los ferrocarriles, lleva implícita la condición de que sus precios o tarifas
están sometidos al contralor de la autoridad administrativa”.

Caso: “Ventafrida, Víctor c/ Cía. Unión Telefónica”

Corte Suprema de Justicia de la NaciónVentafridda, Víctor c. Compañía Unión Telefónica del


Río de la Plata Corte: 184:306 1ª Instancia. - Buenos Aires, agosto 23 de 1937.

Considerando:

1°. Que reducida esta causa a sus verdaderas proporciones y a lo fundamental del litigio, puede
sintetizarse en lo siguiente: a) El actor solicitó y obtuvo de la demandada la instalación de un
aparato auxiliar conectado a su teléfono, mediante el pago de $ 15 por trimestre. Enterado algún
tiempo después de que la compañía no estaba autorizada para cobrar dicha tarifa adicional al
abono común, reclamó la devolución de las cantidades pagadas en aquel concepto, hasta la
suma de $ 75, y ante la negativa de ese reintegro, y asimismo por no aceptársele el pago del
abono ordinario sin el suplemento referido, deduce esta demanda para que se tenga por válida
la consignación que realiza y las que realizará en lo sucesivo por $ 40.12, en pago de su servicio
telefónico simple, y se declare que la demandada no ha podido cobrarle ningún adicional por el
conmutador, ordenándose, en consecuencia, el reembolso de lo percibido indebidamente en
aquel concepto, con costas. Funda el actor su derecho en disposiciones que cita y comenta del
Código Civil, leyes 750 1/2, 4408 y 11.253, como en decretos del P. E. Nacional y antecedentes
administrativos. Fojas 6 a 9, y 23 a 24. b) La demandada impugna la consignación por ser
parcial y no total de $ 57.12, como correspondería incluyendo los $ 15 que el actor se niega a
pagar. Reconviene por cobro de las sumas no depositadas, y agrega que, el servicio especial
que motiva la demanda proporciona a su beneficiario una comodidad extraordinaria, de
disponer, para una línea, de dos aparatos telefónicos en vez de un solo teléfono, aumentando
con esas posibilidades el tráfico de sus comunicaciones. El servicio del aparato auxiliar no es
común y debe por eso ser retribuido especialmente, tanto más, cuanto así fue solicitado y
convenido, en acto libre y espontáneo, sin dolo, error ni fuerza. Desarrolla "in extenso" esta
posición jurídica, con acopio de citas legales y dictámenes administrativos, y solicita el rechazo
de la demanda y se acepte la reconvención, con costas. c) Incidencias varias suscitadas en el
curso del juicio, fueron resueltas oportunamente, fojas 56, 71 y 239 vta., quedando sólo para
considerar en la definitiva la rebeldía de posiciones acusada al administrador de la demandada
Petley, fojas 57 vta., y la falta de personería del procurador de la misma parte, Seco Pon,
opuesta por el actor a fojas 66.

2°. Que en cuanto a las posiciones de Petley: atento a la forma categóricamente negativa como
ha sido contestada la demanda; la amplia y extensa absolución de posiciones hecha por el
doctor Mayer, vicepresidente de la compañía demandada, fojas 137 a 146, y a la definida
situación de ambas partes en este pleito; como asimismo atendiendo al trámite sumario con que
debe instruirse y resolverse la causa, por su monto inferior a $ 200, art. 60, ley. 50, el suscripto
estima no necesarias aquellas primeras posiciones ni su rebeldía.

3°. Que en lo relativo a la falta de poderes suficientes del procurador Seco Pon, para
representar a la demandada, atento a la relación de mandatos otorgados y substituidos que
contienen los instrumentos públicos testimoniados de fs. 26 a 28 y de fs. 250 a 264, y a la falta
de prueba, ofrecida al respecto, fs. 64 vta., ordenada a fs. 149, y no producida por negligencia
del actor, fs. 249 y 267 vta., tal cuestión parece improcedente y así se declara.

4°. Que por tratarse, como se ha dicho, de un caso de trámite sumario y verbal, que conforme al
art. 60, ley 50, debió iniciarse y terminarse en una sola audiencia, con demanda, contestación,
pruebas y sentencia, debe el Juez resolverlo en vista a lo fundamental de la controversia,
prescindiendo de argumentos no estrictamente esenciales. Hay acuerdo de partes sobre el
hecho de que el servicio auxiliar o conmutador telefónico del actor, fue solicitado, por éste,
aceptando la tarifa trimestral de $ 15, cuyo pago verificó sin discusión en los primeros tiempos.

Resulta también de autos, que tal servicio es extraordinario, no está comprendido en el abono
común, ni ha sido reglamentado, ni aprobada su tarifa por el Poder Ejecutivo Nacional. En esas
condiciones y en consecuencia, entiende el suscripto que no son aplicables al aludido servicio
las leyes de telégrafos y teléfonos números 7501 1/2, 4408 y 11.253, ni los decretos pertinentes,
que invoca el actor. La cuestión, tal como se plantea, es puramente de derecho privado y no
administrativo o público, rigiéndose por principios del Código Civil (Libro II, Sec. III, Capítulo
VIII), y en concreto por aplicación del art. 1197, del mismo: "Las convenciones hechas en los
contratos forman para las partes una regla a la cual deben someterse como a la ley misma". El
actor está obligado por el servicio auxiliar o de conmutador que le presta la compañía, a pagar el
precio o tarifa que aceptó libremente. No se trata aquí de apreciar si dicho precio es justo o
injusto; si es equitativamente compensatorio de la contraprestación o excesivo; si este pleito
trasciende de lo particular y afecta al interés público..

. Son cuestiones esas que, si existen, atañen al Congreso, para corregirlas con leyes
adecuadas, y al órgano administrativo del Gobierno para reglamentarlas, pero que no puede
juzgarlas ni resolverlas el Poder Judicial, por ser ajenas a sus funciones y jurisdicción. Este es,
por lo demás, el criterio aplicado por el suscripto en causa que guarda en cierto modo analogía
con la presente: Santos Antonio contra la misma demandada; sentencia de primera instancia de
mayo 11 y confirmatoria de la Cámara Federal de la Capital de noviembre 25/1936, que puede
verse en el expediente original, agregado sin acumular.

Por las consideraciones que preceden, fallo: rechazando la demanda en lo principal y haciendo
lugar parcialmente a la reconvención. Condeno a Víctor Ventafridda a pagar a la Compañía
Unión Telefónica del Río de la Plata Limitada, dentro de diez días, las sumas reclamadas de
quince pesos m/n. por trimestre, por el servicio del aparato auxiliar conectado a su teléfono, de
que se trata este juicio; entregándosele también las cantidades consignadas por el abono
ordinario de dicho teléfono. Costas por su orden y las comunes por mitad, atenta la naturaleza
de la causa. - Raúl M. Escobar. Dictamen del Procurador General El actor invocó disposiciones
de leyes nacionales y decretos del P. E. en esta causa; por ello V. E. abrió a fs. 340 el recurso
extraordinario de apelación. Creo que tal invocación no resulta suficientemente fundada toda vez
que, como lo expresé en mi dictamen de fs. 339, tales leyes y decretos no son de aplicación al
caso de autos, con el que no tienen la relación directa e inmediata que requiere el art. 15 de la
ley 48. Correspondería, pues, no hacer lugar a la apelación de fs. 286. Abril 4 de 1938. - Juan
Alvarez. Buenos Aires, agosto 4 de 1939.

Considerando: Que la actora persigue a la compañía nombrada para que se la obligue


judicialmente a aceptar la consignación que formula de la suma de $ 40,12 y las que realizará en
lo sucesivo, en pago del servicio telefónico simple. Solicita, asimismo, la declaración de que la
compañía no ha podido cobrarle ningún adicional por el conmutador colocado en su instalación
telefónica y, se ordene, consiguientemente, el reembolso de lo percibido en tal concepto. Que
ambos contendientes están de acuerdo sobre los hechos fundamentales alrededor de los cuales
gira esta causa, a saber: a) que el servicio auxiliar o conmutador telefónico fue solicitado por el
actor aceptando la tarifa trimestral de quince pesos, cuyo pago efectuó sin observación en el
primer momento; b) que el servicio de conmutador es extraordinario, no está comprendido en el
abono común ni ha sido reglamentado ni aprobada su tarifa por el poder público.

Que la compañía demandada beneficia de una concesión obtenida del P. E., y su régimen se
halla determinado por las leyes nacionales 4408, 750 1/2 y 11.253 y los decretos reglamentarios
que en consonancia con aquéllas dicte el P. E. La ley 4408 declara comprendidas en las
disposiciones de la 750 1/2 sobre telégrafos nacionales las empresas de teléfono que, como la
de la demandada, liguen un territorio federal con una provincia, dos provincias entre sí, o un
punto cualquiera de la Nación con un estado extranjero. Acuerda al P. E., la facultad de autorizar
la conexión de las líneas existentes o el establecimiento de otras nuevas y le otorga
expresamente el derecho de ejercer sobre su instalación, funcionamiento y tarifas para el
servicio público, el mismo contralor que dispone la susodicha ley 750 1/2. Que ésta, a su turno,
previene que las empresas concesionarias fijarán sus tarifas de acuerdo con el P. E., agregando,
la 11.253 que los telégrafos establecidos en la República (y por ende los teléfonos a mérito de lo
dispuesto por la ley 4408) no podrán cobrar al público mayores ni menores tarifas que las que
fueren aprobadas.

Por último, el decreto del P. E., de 13 de julio de 1912 afirma también el principio de que todas
las tarifas telefónicas se establecerán siempre de acuerdo con el P. E. Que del examen
combinado de estos textos legales se pueden inferir las consecuencias siguientes: a) los
concesionarios de teléfonos no se hallan facultados para cobrar servicio alguno de los
comprendidos en su concesión, sin la conformidad del P. E., y en su caso sin la decisión de la
Corte Suprema, trátese de servicios generales o especiales; b) la tasa percibida por el
concesionario de los usuarios no es un precio sujeto a la ley de la oferta y la demanda ni al mero
arbitrio del empresario, sino la retribución de un servicio público regulada por la Administración y
sujeta, como los impuestos, al principio general del art. 16 de la Constitución Nacional. De ahí
que aquellas leyes dispongan que el precio del servicio no puede ser aumentado o disminuido
por el concesionario; c) la necesidad de las tarifas y de su aprobación existente no sólo respecto
del servicio público en sí mismo, sino también del valor de los instrumentos o aparatos
indispensables por medio de los cuales aquél es susceptible de prestarse.

Tratándose, en efecto, de un servicio cuya explotación se confiere por el Estado en forma de


franquicia, concesión o privilegio, la única defensa del público llamado a usar de él consiste en
el contralor permanente de aquél sobre los precios, por medio de las tarifas. Es por eso que
ninguna tarifa tiene validez legal sin una ley o decreto que la autorice, pero una vez establecida
ella es obligatoria para el público y para el concesionario.

Que la absoluta libertad de contratar y de fijar el precio de las cosas sólo existe cuando la
propiedad o la actividad personal se encuentran dedicados a objetos y fines puramente privados
porque cuando lo son a usos públicos, especialmente si se explota alguna concesión, privilegio
o monopolio concedido por el Estado, el propietario o concesionario se encuentra sometido por
el carácter de la dedicación de su actividad y por la naturaleza misma del favor que le ha sido
otorgado a un contralor especial de la autoridad administrativa, contralor que comprende
también el punto relativo al precio o tarifa compensatoria del servicio que está encargado de
prestar. Fallos: 146: 207; 158: 268 y otros.

Que si pues, toda concesión para el ejercicio de un servicio público lleva implícita la condición
de que sus precios o tarifas se hallen sometidos al contralor de la autoridad administrativa, es
evidente, que cuando un concesionario, como en el caso de autos, reclama de los particulares el
pago de sumas de dinero como compensación de servicios prestados con motivo del privilegio
que ejercita y no tiene ni tarifa aprobada sobre el particular ni autorización general para celebrar
contratos especiales acerca de aquellos servicios, se coloca fuera del espíritu y de la letra de su
concesión y ningún derecho tiene contra los usuarios. Que nada importa que haya contratado
con los particulares para la prestación de determinado servicio abarcado por la concesión si ese
servicio no ha sido autorizado por la Administración, ni tampoco le ha señalado su precio. Los
usuarios, salvo el caso de autorización legal expresa, sólo pueden obligarse y obligar al
concesionario mediante el contrato de adhesión que presupone otorgar el consentimiento sobre
la existencia de una tarifa aprobada por el poder público. Cuando no es así, cuando el
consentimiento recae sobre un precio y un servicio que no han sido objeto del contralor
administrativo, el acto es nulo desde que es condición ínsita en todo acto de concesión que el
titular de la franquicia en ejercicio del servicio público que presta por delegación del Estado, sólo
puede obligar a los usuarios cuando existe un servicio o una modalidad del mismo
administrativamente autorizados con su respectiva tarifa aprobada.

Admítese, asimismo, que el concesionario puede obligar al usuario, cuando aquél ha sido
autorizado a celebrar contratos por servicios especiales con una tarifa también especial en cada
caso. En suma, la conclusión de que el concesionario no podrá realizar otros servicios que los
que tengan una tarifa expresamente señalada y que, como se ha visto, surge de las leyes
analizadas, se induce también del carácter de la concesión y del privilegio que ella comporta.
Que el P. E., ajustándose a esta interpretación, con fecha 28 de marzo de 1934 dictó un decreto
por cuyo artículo segundo "reconoció a las compañías de teléfono de jurisdicción nacional el
derecho a percibir el importe que hayan facturado y que facturan por los servicios a que se
refiere el artículo anterior ("cambio de domicilio", "de la extensión", "servicio de extensión de
líneas", "extensiones de llaves", "extensiones interceptando", "extensión al conmutador" y
"conmutadores") y otros que pueden conceptuarse como "especiales" en razón de no estar
previstos en el decreto de 28 de mayo de 1907 y en el de octubre 10 de 1910 hasta nuevo
pronunciamiento del P. E.". Que esta última parte fue modificada por el decreto de mayo 24 de
1934 en los términos siguientes: "entiéndese que lo prescripto en el art. 2° del decreto de 28 de
marzo último se refiere a los servicios prestados hasta esa fecha inclusive". Que con arreglo a
esos decretos sucesivos la situación legal entre la empresa y los usuarios es la siguiente: a) el
P. E. entiende que los "servicios especiales" deben ser autorizados por la Administración y
establecida la tarifa pertinente; b) ambos decretos son generales y aluden tanto a los servicios
especiales prestados a las dependencias del Gobierno cuanto a los prestados a los particulares;
c) uno y otro validan y autorizan los servicios especiales que enumera, prestados con antelación
a la fecha del primer decreto fijando como tarifa la misma que la empresa facture; d) después de
esa fecha será indispensable ponerse de acuerdo sobre las tarifas y, entretanto, la empresa no
podrá cobrar tales servicios ni contratarlos; e) la referencia a los decretos del año 1907 y de
octubre 10 de 1910 muestran que el de 28 de marzo de 1934 es de carácter general y
complementario de aquéllos en cuanto a los "servicios especiales" "hasta nuevo
pronunciamiento" y después hasta el 28 de marzo de 1934.

Que tal decisión del P. E., dictada en ejercicio de atribuciones legítimas desde que ella se ajusta
estrictamente a las disposiciones de las leyes examinadas, es administrativamente obligatoria
para la empresa demandada y ésta no puede eludirla so color de sus facultades de contratar,
pues en materia de concesiones ellas están subordinadas, como se ha dicho, al derecho público
ante el cual deben ceder. La regla de derecho civil según la cual los contratos privados forman
para sus otorgantes una ley a la cual están sometidos como a la ley misma, no funciona cuando
una de las partes ha procedido violando otras leyes de carácter administrativo que la obligaban
a solicitar previamente la autorización para prestar el servicio y obtener a la vez la fijación del
valor. Los actos prohibidos por las leyes son de ningún valor para el caso de contravención, art.
18 del Cód. Civil. Que la parte de la demanda relativa a la devolución de lo cobrado de más
durante el año 1931 y en todo el tiempo anterior a la fecha del decreto de 28 de marzo de 1934,
no puede prosperar, toda vez que esos cobros han quedado legitimados por el art. 2° del
susodicho decreto, que reconoció a las compañías de teléfono el derecho a percibir el importe
de lo que facturen y hayan facturado por servicios especiales hasta la preindicada fecha. Es
visible que acerca de tales servicios el P. E., al autorizar los que enumera en el art. 2° del
decreto y al señalarles el precio que la compañía de teléfonos "haya facturado", ha usado de la
facultad que le otorga la ley 750 1/2 en términos generales. Nada se opone a que para fijar tales
tarifas se acepten las cobradas hasta determinado momento con la declaración expresa de que
el acuerdo requerido por la ley sea provisional y tenga efecto en el pasado debiendo fijarse otras
tarifas a partir de cierta fecha o después de estudiadas las nuevas propuestas por la empresa.
Que la apreciación de la autoridad administrativa acerca de la justicia y razonabilidad de las
tarifas a los fines de su aprobación, es por la ley 750 1/2 facultad privativa del P. E. y éste puede
usarla tanto respecto del pasado, diciéndolo expresamente, como del porvenir, sin que los
jueces tengan facultad para revisarlas dejándolas sin efecto o para modificarlas en cualquier
sentido. Que, en cambio, la parte de la demanda referente a las consignaciones debe ser
admitida desde que ellas corresponden a pagos de servicios especiales posteriores al 28 de
marzo de 1934, es decir a servicios acerca de los cuales no existe ya según el decreto ni
autorización ni tarifa, definitiva o precaria, acordadas por el P. E. El actor no estaba, pues,
obligado a pagar otra tarifa que la general aprobada con arreglo a las consideraciones anteriores
y, por consiguiente, de acuerdo con los arts. 757 y 758 del Cód. Civil, la empresa demandada ha
debido recibir lo ofrecido en pago por el actor y así se declara admitiéndose la consignación y
desestimándose la reconvención a su respecto. Que esta solución no obsta a que la empresa de
teléfonos tenga el derecho de reclamar dentro de cada servicio especial el valor de costo o de
uso del material invertido y el de la mano de obra requerida por las instalaciones, pues de lo
contrario resultaría un desplazamiento de riqueza sin causa del patrimonio de ella al del actor.
Este mismo se anticipa a reconocerlo así en el escrito iniciando el juicio. En mérito de estas
consideraciones y oído el Procurador General, se revoca la sentencia de fs. 280 en la parte que
ha podido ser materia del recurso y, en consecuencia, se desestima la demanda en cuanto
reclama la devolución de setenta y cinco pesos moneda nacional pagados de más antes del
decreto de 28 de marzo de 1934; se hace lugar a la consignación, la que se declara bien hecha
sin perjuicio del derecho de la compañía para reclamar el valor del material y de la mano de obra
de que el actor ha aprovechado; y se rechaza la reconvención propuesta a fs. 131. Las costas
que de acuerdo con el art. 760 del Cód. Civil deben ser a cargo de la empresa, se declaran
compensadas con las que corresponde aplicar al actor por el rechazo de la parte de la demanda
referente a la restitución de lo pagado de más. - Roberto Repetto. - Antonio Sagarna. - Luis
Linares. - B. A. Nazar Anchorena. - F. Ramos Mejía.

Caso: “PRODELCO c/ PEN s/ amparo”

Cristina Zuccardi es Diputada de la Nación. La acción de amparo es presentada en forma


conjunta por esta diputada y por una Asociación de Defensa de los Consumidores
(Prodelco). Lo que se cuestionaba es un decreto emitido por el PE, que modificaba todo el
régimen tarifario del servicio básico telefónico, disminuyendo algunos rubros y elevando
otros. Es decir, se hacía un rebalanceo (que tiene que dar cero): aquellos elementos que se
suben en una tarifa deben disminuirse en otras para que dé neutro el resultado final.
Cuestionan que ese rebalanceo se traduce en un perjuicio para el consumidor que afecta
los derechos previstos en el art. 42 CN.

Tanto en primera como segunda instancia se le hace lugar al planteo, pero la Corte
considera que no debe entender en la materia (se declara incompetente) porque considera
que no existe caso judicial. No se cuestionaba que el PE no podía hacer este rebalanceo de
tarifas (que no era una atribución suya), sino el modo en el cual el mismo había sido
realizado. Entonces la Corte dice que esto se trata de un examen de la oportunidad, mérito
o eficacia de la medida, que queda excluido de la decisión judicial (estamos dentro de los
“aspectos” políticos de las funciones de ciertos órganos del estado, que están fuera del
alcance del CC). Por ello entonces consideró que no existía caso judicial.
Luego la Corte dice que ningún cuestionamiento ha habido en cuanto a la forma en que fue
realizado el rebalanceo, incluso se realizaron audiencias públicas en las que se tomó en
cuenta la opinión de diferentes asociaciones de consumidores y usuarios, y que nadie
desconoce que es facultad del PE realizar esa modificación de tarifas. Es decir que no hay
cuestionamiento en cuanto a la forma y el procedimiento utilizado para la modificación del
régimen de tarifas. Lo que se cuestiona es el modo en que se realizó y eso es lo que la
Corte considera e incluye dentro de la regla general de que las cuestiones atinentes al
mérito, conveniencia o eficacia de la medida quedan excluidas del control judicial, por ser
cuestiones exclusivas a ser ejercidas por un poder políticos del Estado (en este caso, el
Presidente de la Nación). Luego esta autoridad va a tener que responder a través del
sufragio popular, por el cual el pueblo puede premiarlo revalidándolo en su cargo o
castigarlo.

Debemos destacar que la acción es presentada por una diputada. La Corte se expide en
relación a esto diciendo que no tiene legitimación esta diputada, se la desconoce porque
tanto la señora Zuccardi como la asociación, se presentaron como legitimados colectivos en
representación de todos los usuarios afectados por el incremento de las tarifas, por ende,
no están actuando en relación a un derecho subjetivo individual sino en representación de
todo el grupo de incidencia afectado. La Corte nunca le ha reconocido legitimación colectiva
a los Diputados o Senadores para actuar en representación de sus conciudadanos en el
ámbito judicial. Ellos tienen la representación del pueblo pero dentro del órgano respectivo,
que es el Congreso de la Nación. La reforma del 94 en ningún momento los habilitó para
actuar como legitimados colectivos, es decir, ir ante la justicia a representar a un grupo de
titulares de derechos afectados. Esa es la regla general. Obvio que se les reconoce
legitimación respecto de un derecho individual (ej., si a un Diputado no se le dejó votar en el
debate parlamentario). Este criterio de la Corte no lo comparten algunos tribunales
inferiores, ya

que tanto en primera como segunda instancia se le había reconocido legitimación a


Zuccardi.

Por su parte, en ninguna instancia se desconoció la legitimación que tienen las asociaciones
de defensa del consumidor o usuario para representar al grupo de incidencia afectado.
Aunque no se hizo lugar a su planteo porque se consideró que versaba sobre una CPNJ

Caso: “Maruba SCA. Empresa de Navegación Marítima c/ Estado Nacional - Ministerio


de Obras y Servicios Públicos - Secretaría de la Marina Mercante s/ incumplimiento de
contrato”
Caso: “Centro de Estudios para la Promoción de la Igualdad y la Solidaridad y otros
c/ Ministerio de Energía y Minería s/ amparo colectivo”

En los hechos el Centro de Estudios para la promoción de la Igualdad y la Solidaridad


(CEPIS) interpuso acción de amparo colectivo contra el Ministerio de Energía y Minería de la
Nación (MINEM) con el objeto de que se garantizara el derecho constitucional a la
participación de los usuarios. Además en sintonía con ello cautelarmente solicitó que se
suspendiera el nuevo “cuadro tarifario” previsto por la Resolución MINEM 28/2016 hasta
tanto se diera efectiva participación a la ciudadanía.

Expresaron que la entrada en vigencia dicho aumento tarifario sin que mediare participación
ciudadana conforme el artículo 42 de la Constitución Nacional y Resolución 2756/02 del
ENERGAS, importaba una manifiesta lesión a derechos de incidencia colectiva -de carácter
individual homogéneo- al cercenar la posibilidad de que los usuarios se expresen e
interpongan impugnaciones previas a la decisión del aumento.

Además y en virtud del trámite colectivo de la causa se acumuló el expediente "Marrero",


procedente de la Justicia Federal de Mar del Plata donde la impugnación era análoga
sumando la Resolución 31/16 del Ministerio de Energía de la Nación.

En primera instancia el expediente recayó en el Juzgado Federal N° 4 de La Plata, a cargo de


Alberto Osvaldo Recondo, quien aceptó, la pretensión como "acción de clase colectiva" y
ordenó la inscripción del proceso en el Registro Público de Proceso Colectivos, creado por la
Acordada 32/2014 de la Corte Suprema de Justicia.

Al decidir el magistrado consideró, por un lado, que era una acción colectiva en estos
términos: "se trata esta de una pretensión dirigida a derechos individuales homogéneos,
toda vez que existe "un hecho único -la normativa en cuestión- que causa una lesión a una
pluralidad relevante de derechos individuales (conf. 'Halabi Ernesto c/ PEN' Fallos 332:111 y
'PADEC c/ Swiss Medical SA s/ Nulidad'), por lo que corresponde declarar formalmente
admisible la acción colectiva" y, por el otro, que el CEPIS era una persona legitimada con
base en el objeto social de la asociación y el principio pro actione".

De esta forma, la Causa "CEPIS" se convirtió la primera en ser inscripta en el referido registro
y diversos jueces federales del país comenzaron a remitir sus causas a La Plata en virtud de
esta inscripción. A su vez, otros jueces no aceptaron remitir debido a que, entendieron, que
las particularidades de su región configuraba otro tipo de "clase" acorde a esas
singularidades.

Al resolver el fondo, se dio una curiosa decisión judicial, ya que señaló que las resoluciones
tenían un vicio por cuanto no se habían realizado las audiencias públicas previas a la suba
de las tarifas gasíferas y, con base en ello, ordenó al Poder Ejecutivo Nacional la realización
de las mismas pero, sin embargo, rechazó el amparo.

Esta decisión fue recurrida por ambas partes y el expediente recayó en la Sala II de la
Cámara Federal de La Plata. Este Tribunal resolvió modificar la resolución del juez Recondo
y anuló las Resoluciones 28 y 31 del Ministerio de Energía que establecieron el aumento en
la tarifa del gas.

La Cámara, ordenó retrotraer la situación previa a las subas y acumular a este proceso todos
los juicios colectivos que coincidan con el objeto de "CEPIS" en los términos de las
Acordadas 32/14 y 12/16 de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

La decisión, contó con el voto los jueces César Álvarez, Leopoldo Schriffrin y Ángela Olga
Calitri, y consideró que la audiencia pública es un requisito constitucional y su omisión torna
nulas las resoluciones administrativas impugnadas. Pero lo más relevante de lo dispuesto
fue el carácter erga omnes de la decisión, ello porque consideró inválido el aumento para
todos los usuarios del servicio de gas.

Llegado a los estrados de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, esta por el voto
unánime de los ministros Lorenzetti, Highton de Nolasco, Maqueda y Rosatti (quien además
debutaba como ministro) dispuso la anulación de las resoluciones del Ministerio de Minería
y Energía ya referidas para todos los usuarios residenciales.

Lo dicho por tanto marca que, respecto de lo dispuesto por la Cámara Federal de La Plata,
se acogió parcialmente a la pretensión del amparo colectivo. Los efectos de lo resuelto ya
no serían sobre todos los usuarios de gas sino, únicamente para los residenciales.

En lo relevante y virtud de análisis constitucional y convencional se estableció que no serán


válidos los aumentos tarifarios sin previa audiencia pública y por tanto le otorga carácter de
obligatorias a dichos efectos.
La Corte resalta que la audiencia pública previa es un requisito esencial para la adopción de
decisiones en materia de tarifas. Se trata del derecho de los usuarios a la participación con
carácter previo a la determinación de la tarifa y ello, dice el Tribunal, "constituye un factor de
previsibilidad, integrativo del derecho constitucional a una información 'adecuada y veraz'
(artículo 42, Constitución Nacional) y un elemento de legitimidad para el poder
administrador, responsable en el caso de garantizar el derecho a la información pública,
estrechamente vinculado al sistema republicano de gobierno (artículo 10, Constitución
Nacional) Asimismo, otorga una garantía de razonabilidad para el usuario y disminuye las
estadísticas de litigación judicial sobre las medidas que se adoptan".

Respecto de los argumentos además de la interpretación del artículo 42 de la Constitución


Nacional, la Corte dirá que la causa produce efectos colectivos respecto de los usuarios
residenciales puesto que es el único grupo respecto del cual se acreditó una posición de
mayor vulnerabilidad en el acceso a la justicia.

Esto último será la principal modificación respecto a la decisión de la Cámara Federal de La


Plata ya es que limitó el alcance de los efectos de la sentencia, como se dijo, a usuarios
residenciales.

Esto constituyó una notable singularidad dado que el Estado Nacional (parte demandada)
no se lo había pedido, siendo la propia Corte, de oficio, la que limitó el alcance.

El argumento de esta circunscripción se basó en los presupuestos de procedencia de las


acciones colectivas. La Corte consideró que se acreditaba "un hecho único susceptible de
ocasionar una lesión a una pluralidad de sujetos" y una pretensión "concentrada en los
'efectos comunes' para todo el colectivo, es decir, la necesidad de audiencia previa" pero
más adelante, precisó que "por el contrario, el recaudo de estar comprometido seriamente el
'acceso a la justicia' -cuyo cumplimiento, según se expresó en 'Halabi', resulta ineludible para
la viabilidad de una acción colectiva que tenga por objeto la defensa de intereses
individuales homogéneos- no se encuentra cumplido respecto de todos los miembros del
colectivo cuya representación se pretende asumir" (Considerando 12).

Por tanto, para los usuarios residenciales, por estar comprometido el acceso a la justicia,
procede la acción colectiva y el CEPIS era el representante adecuado de esa clase, a
diferencia de los "usuarios no residenciales" donde no se encuentra comprometido el
acceso a la justicia dado que, en palabras del Máximo Tribunal, "no se ha demostrado, ni
resulta de manera evidente de las constancias de autos, que el ejercicio individual de la
acción no aparezca plenamente posible en atención a la entidad de las cuestiones
planteadas".

La Corte se basaría en su precedente "Sociedad Rural Río V", cuya resolución había acaecido
catorce días antes de esta resolución. Ello genera ciertas críticas ya que por un lado, si el
hecho único que genera una lesión a un pluralidad de sujetos (la falta de audiencia) se
acreditó en el proceso y derivó en la anulación de las resoluciones no se entiende de qué
modo dichas normas pueden ser nulas para un sector (usuarios residenciales) y vigentes
para otro (usuarios no residenciales).

La decisión de la Corte, en ese sentido, solo comprendió a una clase pero deja abierta la
puerta a un sinnúmero de planteos individuales de usuarios no residenciales a los cuales
también se les afectó su derecho a la participación (falta de audiencia), lo que no podría
tener otra solución que decisiones judiciales análogas aunque limitadas en sus efectos a
quienes las deduzcan.

Otro aspecto de singular trascendencia es que los cuatro ministros coincidieron en que la
audiencia es para todos los tramos que componen la tarifa.

Dijeron que “es razonable que hasta el momento en que efectivamente el precio del gas en el
PIST se determine sobre la base de la libre interacción de la oferta y la demanda, su análisis
se efectúe conjuntamente con la revisión de tarifas para la cual es necesaria, como ya se
dijo, la celebración de una audiencia pública” (voto conjunto de Ricardo Lorenzetti y Elena
Highton). En su voto, Juan Carlos Maqueda consignó que la audiencia pública debe incluir
“todos los tramos que componen la tarifa final: precio en boca de pozo (PIST), transporte y
distribución del gas natural” y Horacio Rosatti precisó que “corresponde que el análisis del
precio en el punto de ingreso al sistema de transporte (PIST) se efectúe conjuntamente con
la revisión integral de tarifas”.

Esto fue de gran importancia dado que, sobre el tramo referido al punto de ingreso en el
sistema de transporte (PIST), persistían las dudas acerca de si era necesaria la audiencia
pública.

Otro punto relevante de la sentencia fue que el Tribunal por aplicación del principio pro
persona mantuvo vigente las pautas establecidas para la tarifa social de dichas
resoluciones.
Además señaló la Corte precisa que el Poder Ejecutivo es quien se encuentra habilitado para
"la implementación de la política energética, que abarca la fijación de las tarifas del servicio
público" pero, aclara, que es el Poder Judicial quien debe efectuar "el control de la
razonabilidad de tales decisiones y su conformidad con los derechos fundamentales".

En esa inteligencia, adelantó el Tribunal, "los criterios rectores con relación a la razonabilidad
de la política tarifaria a adoptarse respecto a servicios públicos esenciales, con la
expectativa de que sean asumidos en el futuro para casos similares".

De esta forma, asumiendo que existía un atraso en materia tarifaria precisó las pautas que
se debían respetar para la futura modificación. Señaló que es "condición de validez jurídica"
(con base en el artículo 42 de la Constitución Nacional) el "criterio de gradualidad, expresión
concreta del principio de razonabilidad" y, añadió, que "la aplicación de dicho criterio
permitiría la recuperación del retraso invocado y, a la vez, favorecería la previsión de los
usuarios dentro de la programación económica individual o familiar".

También remarcó los caracteres de los servicios público que el Estado debe respetar:
continuidad, universalidad y accesibilidad. A su vez, con cita de la a Observación General 4
del Comité de Derechos Económicos Sociales y Culturales de Naciones Unidas sobre "El
derecho a una vivienda adecuada", apunta que los Estados deben adoptar "medidas para
garantizar que el porcentaje de los gastos de la vivienda sean, en general, conmensurados
con los niveles de ingreso".

Por último la Corte puso en conocimiento del Congreso de la Nación la necesidad de dar
cobertura al cargo de Defensor del Pueblo de la Nación y recordó a los tribunales el riguroso
cumplimiento de la acordada de la Corte Suprema de Justicia sobre procesos colectivos.

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