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Regulación del Patrimonio del Estado

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BOLETÍN OFICIAL DEL ESTADO

LEGISLACIÓN CONSOLIDADA

concepto no pretende hacer referencia a una relación de titularidad, de difícil construcción


jurídica desde el momento en que falta el referente subjetivo, sino que su acuñación tiene
una finalidad meramente instrumental, y sirve a los objetivos de permitir un tratamiento
conjunto de esos conjuntos de bienes a determinados efectos de regulación, y destacar la
afectación global de los patrimonios de la Administración General del Estado y de sus
organismos públicos, como organizaciones subordinadas al cumplimiento de los fines del
Estado.
En lo que se refiere al ámbito objetivo de regulación, la ley se aparta de la tradición
encarnada en el Decre to 1022/1964, de 15 de abril, por el que se aprueba el texto articulado
de la Ley de Bases del Patrimonio del Estado, y se inclina por considerar que los bienes
demaniales se encuentran plenamente incardinados en el patrimonio de las
Administraciones Públicas. El patrimonio público pasa así a definirse como un conjunto de
bienes y derechos que pueden estar sujetos a un doble régimen: de carácter jurídico público,
los bienes y derechos demaniales, y de carácter jurídico privado, los patrimoniales.
Este nuevo tratamiento de los bienes y derechos públicos, en línea con el que reciben en
las diversas legislaciones autonómicas y en el Real Decreto 1372/1986, de 13 de junio, por
el que se aprueba el Reglamento de Bienes de las Entidades Locales, destaca los elementos
de gestión comunes a ambas categorías, al tiempo que parece responder de forma más
adecuada al carácter abierto o variable por el juego de las instituciones de la afectación y
desafectación de su calificación jurídica, mutabilidad que se manifiesta de forma
especialmente acusada en relación con los edificios administrativos.
En todo caso, la regulación de los bienes y derechos de dominio público notoriamente
más extensa, por otra parte, que la que se contiene en el Decreto 1022/1964, de 15 de abril,
por el que se aprueba el texto articulado de la Ley de Bases del Patrimonio del Estado está
pensada para operar con carácter supletorio respecto de la legislación especial. La
aplicación en primer grado de sus normas se producirá, por tanto, sólo en relación con
aquellos bienes demaniales por afectación que carecen de una disciplina específica,
señaladamente, los edificios administrativos, cuyos problemas de gestión son objeto de
particular consideración en el texto, y que han servido de guía para la regulación efectuada.
Apoyándose en el nuevo concepto de Patrimonio del Estado, el texto elaborado ha
pretendido reforzar la coordinación de la gestión de bienes en todo el ámbito estatal. En
cualquier caso, y al igual que ocurre con la definición de aquella categoría, la idea de
coordinación parte de un pleno respeto a la autonomía de gestión que corresponde a los
diferentes titulares de bienes para, desde esta base, establecer mecanismos que permitan
hacer efectiva la común y general afectación de los bienes y derechos de la Administración
General del Estado y sus organismos públicos a la realización de los fines y al ejercicio de
las competencias estatales.
En cuanto a los medios instrumentales, la coordinación se ha construido, en lo que atañe
a su vertiente organizativa, sobre la sistematización y clarificación de las competencias del
Consejo de Ministros y del Ministro de Hacienda, la institucionalización de la Comisión de
Coordinación Financiera de Actuaciones Inmobiliarias y Patrimoniales, y el refuerzo del papel
de la Junta Coordinadora de Edificios Administrativos. La transposición del principio a las
normas de funcionamiento ha llevado a una revisión de las figuras que sirven de cauce para
las transferencias de bienes y derechos entre la Administración General del Estado y sus
organismos públicos, con el fin de ampliar las posibilidades de utilización de los mismos por
sujetos distintos de sus titulares, y permitir así su más eficiente asignación.
La articulación de la política patrimonial se cierra con la enunciación de los principios a
que ha de sujetarse la gestión de los bienes y derechos, principios que responden en última
instancia a la consideración de estos bienes y derechos como activos que deben ser
administrados de forma integrada con los restantes recursos públicos, de acuerdo con los
criterios constitucionales de eficiencia y economía, y haciendo efectiva su vocación de ser
aplicados al cumplimiento de funciones y fines públicos. Avanzando en esta idea respecto de
los bienes patrimoniales, la ley reclama una gestión de los mismos plenamente integrada
con las restantes políticas públicas y, en particular, con la política de vivienda, lo que obligará
a tener en cuenta, en la movilización de dichos activos, las directrices derivadas de aquéllas.

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