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TEMA 11.

LA CRISIS DE LOS SETENTA.

1. LOS FUNDAMENTOS ECONÓMICOS DE LA CRISIS


En octubre de 1973 tropas egipcias y sirias atacaron Israel por sorpresa. La guerra finalizó
con la interposición de los cascos azules. En medio del conflicto, la OPEP (Organización
de Países Exportadores de Petróleo), compuesta en su mayoría por países árabes, decidió
incrementar los precios del crudo y anunció su intención de utilizar el petróleo como
nuevo instrumento de su lucha contra Israel.
Este aumento del precio del oro negro se tradujo en una crisis inmediata de las economías
occidentales. Como sucediera en 1929, volvió a aparecer el debate entre los partidarios
de mantener la economía de libre mercado y aquellos otros intervencionistas. Pero
surgieron dos debates nuevos: el papel de los países del Tercer Mundo en las economías
internacionales; y la percepción acerca de los límites de un modelo de crecimiento basado
en el consumo indiscriminado de los recursos naturales y la necesidad de revisar el
modelo de desarrollo dentro de la sostenibilidad. Se popularizó el concepto de
“crecimiento cero”.
Lo esencial de la crisis del 73 es que impactó en los cuatro ejes del modelo de desarrollo
seguido hasta entonces:
-Revolución científico-técnica. Estimuló la producción en masa y la democratización del
consumo, pero también hizo que los beneficios empresariales pasaran a depender del
abaratamiento de los costes de producción mediante la venta masiva del producto, por lo
que cualquier freno al consumo se traducía en parón de la producción y este, a su vez, en
un aumento del desempleo. Esto es lo que ocurrió desde el 73. Por otro lado, la crisis
estimuló la búsqueda de salidas basadas en nuevas respuestas tecnológicas, centradas
ahora en la aplicación de microelectrónica y telecomunicaciones.
-Fuente de energía barata y abundante, como el petróleo. Con la crisis del 73 esto pasa a
ser falso.
-Sistema monetario estable.
-Expansión de la intervención del Estado.
Todos estos factores alterados fueron los que hicieron plantear tantos cuestionamientos
en la época. Pero a pesar de su gran complejidad, la crisis de 1973 estuvo lejos de ser una
crisis tan global, de ahí que las respuestas no fueran muy novedosas. La crisis hizo girar
el péndulo hacia las fórmulas liberales clásicas de primacía de lo individual frente al poder
del Estado. En otros términos, la respuesta general de las sociedades desarrolladas a la
crisis del capitalismo de los años 70 fue, paradójicamente, profundizar en el capitalismo.
2. LA CRISIS DEL PETRÓLEO
La existencia de una fuente de energía abundante y barata como el petróleo había
alimentado el fuerte desarrollo industrial de los ´50-´60. Buen ejemplo de ello lo
constituyó la industria del automóvil, seguramente la más característica del período. La
crisis afectó directamente a los costes de producción y, por tanto, a las posibilidades de
seguir manteniendo una fórmula de beneficio basada en el abaratamiento de costes por la
producción y venta en masa. La nueva situación obligó a una reducción de costes vía
mano de obra y empleo, deteriorando la situación socioeconómica de muchos
trabajadores.
El incremento de precios entre enero 73-enero 74 fue del 475%, y siguió creciendo en los
siguientes años. En apenas siete años, el precio del barril de petróleo había experimentado
un alza del 1.725%, lo que multiplicaba por tres la experimentada por otras materias
primas.
Por otra parte, las dos devaluaciones del dólar llevadas a cabo por la Administración
Nixon (1971, 1973) habían hecho perder valor real al petróleo ya que su cotización se
fijaba en dólares. Las devaluaciones perjudicaron al comercio internacional. Para los
países exportadores de petróleo, era una injusticia de la economía internacional ya que
ellos exportaban materias primas de bajo precio mientras que tenían que importar
productos manufacturados de alto valor añadido, por lo que su tasa real de intercambio
siempre era negativa. Por eso subieron el precio del petróleo como una reivindicación
general de los países del Tercer Mundo a favor de la plena soberanía de sus recursos
naturales y como fórmula de mejorar esa tasa real de intercambio que expresaba su
situación de dependencia estructural respecto de los países avanzados.
Pero estos argumentos de fondo fueron esencialmente un instrumento más de guerra
utilizado por los países árabes en su enfrentamiento contra Israel.
El impacto de la crisis fue mayor en Europa occidental que en EEUU, ya que, aunque los
norteamericanos tuvieron que asumir medidas de racionamiento de combustible
desconocidas hasta entonces, su dependencia energética era menor que la de los europeos.
De hecho, en EEUU la crisis no sólo no impactó en el consumo de energía, sino que este
se disparó en más de un 50% durante los siete años siguientes.
En definitiva, el incremento de los precios petrolíferos impactó de formas profunda y
duradera en la economía mundial, tanto en los países desarrollados como en los menos
avanzados. Sólo la URSS se libró de sus repercusiones directas ya que era prácticamente
autosuficiente. La crisis estimuló un deslizamiento hacia posiciones económicamente más
liberales y políticamente más conservadoras.

3. LA QUIEBRA DEL MODELO KEYNESIANO DE DESARROLLO


El keynesianismo se había configurado como la teoría económica triunfadora tras la
Segunda Guerra Mundial al aportar un conjunto de propuestas divergentes y novedosas
respecto de las clásicas recetas liberales. La teoría es inseparable de la crisis del 29, de
ahí que su gran preocupación fuese explicar el ciclo económico y encontrar las
condiciones en las que una economía llega al pleno empleo. De forma muy simple el
keynesianismo parte de la idea de que la renta se puede dedicar a inversión, ahorro o
consumo, siendo inversión y consumo actividades productivas, mientras que el ahorro no
lo es ya que deja recursos sin movilizar, lo que se traduce en paro. En consecuencia,
cuando el consumo o la inversión decaen, la economía tenderá a decrecer. Para Keynes,
para asegurar el alcance suficiente de la inversión es imprescindible la intervención del
Estado.
En resumen, según Keynes el mercado tiende naturalmente a dejar recursos ociosos que
se traducen en desempleo, por lo que el Estado es el único capaz de movilizar esos
recursos no utilizados y el único que puede crear condiciones de certidumbre que animen
la inversión privada. Esta intervención pública debía realizarse a través de la política
fiscal y no a través de la política monetaria, recurso más técnico y políticamente más
neutro. La política fiscal permitía al Estado distribuir de forma diferente las cargas de
acuerdo con criterios de renta, mientras que permitía elegir opciones de inversión y gasto,
con lo que el gobierno adquiría plena capacidad para dirigir sus opciones políticas hacia
la dirección más adecuada. Esto era a costa de niveles de inflación considerables y de un
alto gasto público. Pero para los keynesianos, el pleno empleo era preferible al control de
la inflación y del déficit público.
La política fiscal es una rama de la política económica que configura el presupuesto del
Estado, y sus componentes, el gasto público y los impuestos, como variables de control
para asegurar y mantener la estabilidad económica, amortiguando las variaciones de los
ciclos económicos, y contribuyendo a mantener una economía creciente, de
pleno empleo.
Su modelo sustentó el desarrollo de los 50-60, pero fue incapaz de resistir los retos de la
crisis de 1973.
El keynesianismo dio base económica al compromiso político e ideológico que desarrolló
el Estado de Bienestar, cuya legitimidad descansaba en la oferta de prestaciones sociales
a los ciudadanos con objeto de mejorar sus condiciones de bienestar y seguridad, lo que
convirtió al Estado en el principal actor de las economías capitalistas desarrolladas. Las
nacionalizaciones, subvenciones, oferta de servicios y prestaciones públicas, y la gestión
directa de distintos sectores económicos desarrollaron un modelo basado en un
elevadísimo gasto público financiado a través de incrementos constantes de impuesto. Lo
que la crisis de los setenta puso de manifiesto es que ese modelo había alcanzado un punto
que amenazaba con desbordarse. En primer lugar por la denominada crisis fiscal del
Estado, es decir, por la imposibilidad de elevar indefinidamente los impuestos como vía
de financiación de un Estado cada vez más grande y costoso. Por lo que la única forma
de aumentar los ingresos fiscales era hacer que más personas contribuyeran justo lo
contrario de lo que sucedió a partir de 1973 debido al alza del nº de parados.
Esto llevó a opciones menos intervencionistas y más abiertas al libre mercado.
4. LA VICTORIA DE FRIEDMAN
La crisis les dio la oportunidad a los defensores del liberalismo económico de recuperar
posiciones de influencia perdidas en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y,
en efecto, sus postulados pasaron a constituir referencias esenciales de las políticas
económicas puestas en marcha desde entonces.
Lo hicieron por dos razones esencial: 1) ofrecieron soluciones a problemas concretos que
el keynesianismo no respondía, en especial de confluencia de una situación de
estancamiento económico con altas tasas de inflación y desempleo (estanflación); 2) al
ser exitosas en el Reino Unido y, sobre todo, en los EEUU, se aprovecharon de un proceso
de expansión por emulación fruto del poder y prestigio que volvieron a adquirir los
norteamericanos. De ahí la importancia de la escuela monetarista de Milton Friedman.
El monetarismo friedmaniano se inscribe en el liberalismo económico, aunque centrado
en el análisis de los efectos que genera la oferta monetaria sobre la economía. Postulados:
1) La inflación es un fenómeno esencialmente monetario. Esto es, la inflación guarda
relación directa con la oferta monetaria existente en una economía por lo que su
control dependerá de que esa oferta crezca a una tasa constante y moderada ya
que una política monetaria fuertemente expansiva o altamente restrictiva crea
crisis económicas. Por eso son necesarias las políticas de estabilización: si la
economía se calienta, es decir, si la demanda agregada crece en exceso, será
necesario reducir la oferta monetaria, y al contrario, si se deteriora la inversión
habrá que ajustarla por medio de una política monetaria expansiva adecuada.

2) El cuestionamiento de la curva de Phillips, de inspiración keynesiana, que


establecía relación inversa entre paro e inflación, o sea, que la inflación iba
asociada a bajo desempleo. Esto suponía que los gobiernos podían y debían elegir
entre una economía que tendiese al pleno empleo pero con altas tasas de inflación
y una economía con la inflación controlada pero con alto nivel de paro. Los
intentos de los gobiernos de reducir el paro creando inflación podían ser efectivos
como mucho a corto plazo, pero estériles a medio-largo plazo. En este caso se
acaba produciendo un incremento de ambos factores. Por tanto, la confluencia de
paro e inflación era consecuencia de la intervención de los gobiernos. La única
salida real era, a su juicio, eliminar las regulaciones políticas que impedían al
mercado ajustar de forma natural la tasa d parto.

De estos dos elementos se deduce la sustancia liberal del autor: la consideración del
mercado como el instrumento más eficiente en la asignación de los recursos.
5. LAS REPERCUSIONES POLÍTICAS DE LA CRISIS
Fueron años en los que explotó en forma de terrorismo ideológico de extrema izquierda
grupos como la Baader-Meinhof en la RFA, las Brigadas Rojas en Italia, los GRAPO
(Grupo de Resistencia Antifascista Primero de Octubre) o el FRAP (Frente
Revolucionario Antifascista y Patriota) en España, tiñeron de sangre una quimera
revolucionaria, al tiempo que impregnaron ideológicamente a quienes como ETA
(Euskadi Ta Askatasuna, País Vasco y Libertad) en España o el IRA (Real Irish
Republican Army) en Irlanda utilizaban el terror para justificar reivindicaciones
nacionalistas.

Estos gobiernos asumieron políticas no intervencionistas y reductoras del gasto público.


En la RFA el gobierno de coalición socialdemócrata-liberal liderado por Willy Brand fue
sustituido por el también socialdemócrata Helmut Schmidt (1974-82).
En Gran Bretaña los laboristas tardía y finalmente lograron tomar medidas adecuadas
contra la recesión, por el fuerte poder de los sindicatos.
En Italia la Democracia Cristiana sacó adelante las nuevas medidas de recuperación
económica. Además, después del gran golpe del secuestro y asesinato del líder
democristiano Aldo Moro a manos de las Brigadas Rojas, consiguió mejorar sus
instrumentos de lucha antiterrorista.

6. CRISIS ECONÓMICA Y TRANSICIONES POLÍTICAS


EN PORTUGAL, GRECIA Y ESPAÑA

El impacto de la crisis de 1973 fue especialmente relevante en la Europa meridional ya


que coincidió con sus procesos de transición hacia la democracia.
La primera dictadura en caer fue la portuguesa. El régimen de Marcelo Caetano, que había
sucedido a Antonio de Oliveira Salazar en el 68, se desmoronó por un golpe de Estado
(1974) protagonizado por las Fuerzas Armadas debido a dos factores esencial:
imposibilidad de encontrar soluciones a las guerras coloniales y nuevas aspiraciones
político-sociales entre la población. La radicalización experimentada entre los militares
por las guerras africanas y la oclusión del sistema político acabaron propiciando un golpe
militar que, si bien demostró el acuerdo existente en poner fin a la dictadura, no fue capaz
de generar igual consenso sobre las formas políticas y económicas del futuro.
El proceso revolucionario fue complejo, discontinuo y de orientaciones alternativas. La
extrema izquierda civil y militar intentó desbordar la legitimidad democrática imponiendo
una legitimidad revolucionaria que llevó al país al borde del conflicto civil. La potente
reacción moderada y conservadora se trasladó al ámbito militar donde también los
elementos moderados acabaron imponiéndose a los revolucionarios. El proceso de
radicalización continuó, aunque se fue configurando un sistema de democracia limitada
vigilada por los militares, constitucionalizado en 1976. Finalmente, el consenso entre las
dos grandes fuerzas políticas del país, el partido socialista y el socialdemócrata, permitió
acabar con esos rescoldos no democráticos provenientes del período revolucionario. En
el 82 una reforma constitucional suprime el Consejo de la Revolución y termina con el
control militar de la vida política. Cinco años después, la normalidad democrática se
impuso definitivamente con la elección del primer presidente no militar de la República:
el socialista Mario Soares.
La crisis política ahondó todavía más en los problemas de la economía. Pero la
Revolución permitió poner en marcha cimientos de un Estado de Bienestar y medidas
sociales y legislativas favorables a los trabajadores. Aunque la transici´´on fue difícil, la
democracia portuguesa consisguió estabilizarse. A ello contribuyó la definición de un
esquema político de bipartidismo imperfecto, que en el 79 dio la primera mayoría
parlamentaria a una coalición de centro derecha: la Alianza Democrática (compuesta por
el Partido Social-Demócrata, el Centro Democrático Social y el Partido Popular
Monárquico, liderada por Francisco Sá Carneiro. Su sucesor Francisco Pinto Balsemao
fue incapaz de mantener la cohesión interna, por lo que acabó por disgregarse a partir del
82. Un año después, accedieron de nuevo al poder los socialistas.
La Dictadura de los Coroneles o Junta de los Coroneles en Grecia hace referencia a un
periodo dictatorial compuesto por juntas militares de extrema derecha que gobernaron
Grecia desde 1967 hasta 1974.

En España la transición a la democracia fue más sencilla por tres razones esenciales:
- Fuerte crecimiento económico de los 60 que da lugar a una extensa clase media
con cultura política de base democrática.
- Búsqueda del consenso como fórmula para el cambio. Todas las fuerzas políticas,
incluyendo el partido comunista y los sectores reformistas provenientes del
franquismo, asumieron que el modelo de la nueva España democrática debía ser
el de una democracia de tipo occidental basada en un sistema multipartidista y en
una economía de mercado con fuerte intervención del Estado. Por tanto, no
existieron alternativas que contaran con una base social sólida.
- Existencia de la institución monárquica con legitimidad: sucesor legal según las
leyes franquistas; legitimidad por su potencial papel democratizador.
La transición española, como la griega y la portuguesa, tuvo que superar una situación de
crisis económica muy compleja. La dependencia prácticamente total del país respecto de
las energías fósiles hizo que la repercusión de la subida de los precios petrolíferos se
tradujera en un enorme incremento del déficit público, en unas tasas de inflación
descomunales y en un desbordamiento de los niveles de desempleo. En octubre de 1977
se firmaron los Pactos de la Moncloa que establecían un conjunto de medidas de ajuste
económico que fueron compensadas por ampliación de los derechos civiles y políticos:
fin de la censura, libertad de expresión, derechos de reunión, derogación de la estructura
del Movimiento Nacional, despenalización del adulterio o reconocimiento de la tortura
como delito. Se tomaron además medidas de ajuste antiinflacionista.
Políticamente, el período de la transición estuvo dominado por la Unión de Centro
Democrático, de centro-derecha, una amalgama de personalidades de muy distinta
procedencia cuyo nexo identificador dependía del carisma y atractivo electoral de su líder,
Adolfo Suárez. El contraste de intereses acabó haciendo inviable la formación, por lo que
pronto comenzó a ceder terreno ante la pujanza del PSOE, que había sufrido una fuerte
renovación gracias a la figura de Felipe González (1982-96). Como en Portugal, el
socialismo acabó consolidándose como la verdadera alternativa de la izquierda política,
muy por delante de unos partidos comunistas que perdieron gran parte de su atractivo
electoral.
De hecho, el centro-derecha nacional español vivió un proceso de refundaciones y nuevos
liderazgos hasta la llegada de José María Aznar, que alcanzó el poder en 1996 (Partido
Popular).
La Constitución de 1978 concluyó el período de transición democrática. Junto con
Portugal, España se incorporó oficialmente a las Comunidades Europas. Previamente,
también había definido su inserción militar dentro del sistema defensivo occidental tras
su incorporación condicionada al Tratado del Atlántico Norte.
En definitiva, como resumen general, cabe decir que la crisis obligó a soluciones políticas
y económicas muy similares con independencia del color político o de la orientación
ideológica de los diferentes gobiernos. Estas respuestas privilegiaron las políticas
deflacionistas y de ajuste que se adecuaban ideológicamente mejor a las opciones liberal-
conservadoras que a las social-demócratas. De ahí que las preferencias electorales
acabaran confirmando esta tendencia y donde no ocurrió así, los gobiernos socialistas
acabaron adoptando posiciones muy templadas y crecientemente desideologizadas.

7. LA TRANSICIÓN IINTERNACIONAL HACIA LA ÚLTIMA GUERRA


FRÍA
La crisis económica y el descontento social, sumados a la crisis institucional desatada por
el caso Watergate*, que había restado autoridad a la propia institución de la presidencia,
obligaron a una reconsideración general del papel internacional del país que favoreció un
clima de distensión y consenso entre las superpotencias. En el fondo, suponía el
reconocimiento de que la bipolaridad iba a ser permanente y que dada la imposibilidad
de vencer al otro bloque, había que establecer un modelo de coexistencia lo más estable
y duradero posible.
*El escándalo Watergate fue un gran escándalo político que tuvo lugar en Estados
Unidos a principios de la década de 1970 a raíz del robo de documentos en el complejo
de oficinas Watergate de Washington D. C., sede del Comité Nacional del Partido
Demócrata de Estados Unidos, y el posterior intento de la administración Nixon de
encubrir a los responsables.
Esta nueva concepción se plasmó en una triple dirección:
- Búsqueda de soluciones a la guerra de Vietnam y al conflicto árabe-israelí.
- Negociaciones directas de desarme entre ambas superpotencias.
- Esquema multilateral de cooperación y seguridad en Europa.

La mediación en el conflicto árabe-israelí fue mucho más positiva para los intereses
americanos. El secretario de Estado Henry Kissinger llevó a cabo la llamada diplomacia
de ida y vuelta consistente en continuos viajes a Egipto, Siria e Israel. Fruto de eta
frenética actividad diplomática, EEUU consiguió la reapertura del Canal de Suez, la
retirada parcial de Israel del Sinaí y del Golán, y lo que era más importante, apartó a
Egipto de la órbita soviética. El reconocimiento de Israel por parte de Egipto constituyó
un triunfo diplomático muy considerable: rompió la unidad árabe y deslizó al país
norteafricano a la órbita norteamericana. Sin embargo, siguió sin resolver el problema de
fondo que era, evidentemente, la creación de un Estado palestino.
Los Acuerdos de SALT (Strategic Arms Limitation Talks, 1972), lo que supuso además
la revisión del papel que Estados Unidos debía desempeñar en la defensa de Europa. De
hecho, ya desde el 69 Alemania había adoptado una política autónoma de apertura al Este
(Ostpolitik, por el canciller socialdemócrata Willy Brandt), para asentar un esquema de
seguridad europeo y de distensión Este/Oeste. Se habían firmado acuerdos con la RDA y
la URSS, entre otros países. Esto hizo que ambas Alemanias pasaran a ser miembros de
las Naciones Unidas desde 1973. El nuevo clima introducido por la Ostopolitik propició
la convocatoria de una Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa en la que
participaron todos los Estados europeos excepto Albania, más EEUU y Canadá. El
resultado, recogido en el Acta de Helsinki de 1975 fue muy pobre en cuanto a resultados
concretos, aunque estableció un foro de diálogo multilateral que acabó
institucionalizándose.
Pero el clima de distensión se vio amenazado a partir de 1976 bajo la Administración
Carter. La razón de fondo fue la política expansiva de la URSS por Asia y África. La
URSS demostraba una capacidad expansiva extraordinaria que amenazaba con expulsar
a EEUU de zonas esenciales desde un punto de vista estratégico y económico, lo que
convenció a amplios sectores norteamericano de lo limitado de su estrategia de distensión.
A eso se sumó un paso más para el enrarecimiento de ese clima de cooperación abierto
años atrás entre las dos superpotencias: alianza chino-norteamericana (1979).
El estallido de la revolución islamista en Irán acabó con un bastión esencial para EUU, al
tiempo que desestabilizó nuevamente el precario mercado de abastecimiento de crudo. La
nueva subida del precio del petróleo tuvo consecuencias todavía más devastadoras sobre
las economías occidentales, alcanzando también a las principales economías de la Europa
del Este. La crisis hizo todavía más difícil cualquier posibilidad de acuerdo que,
finalmente, acabó por desvanecerse después de que ese año tropas soviéticas cruzaran las
fronteras de Afganistán. La Guerra Fría volvió a cobrar intensidad.

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