Edad Moderna
La Edad Moderna en Europa empieza con una revolución del pensamiento. El período que va
desde el 1450 ca. hasta el 1789 supone un cambio radical en la forma de pensar y de vida de
muchas de las personas en el continente. En términos de transmisión de conocimiento, la Edad
Moderna ve la invención de uno de los mecanismos más revolucionarios de la historia: la imprenta.
La imprenta permitió que los libros se multiplicaran, dando acceso a la información a mucha más
gente (aunque todavía estamos hablando de un porcentaje pequeño de la población). Y sobre
todo, que cualquiera pudiera pedir una copia de un libro, sin necesidad de un intermediario (que
solía ser un monje en un monasterio) que lo copiara. Al mismo tiempo, a nivel cultural
encontramos varios factores: el Renacimiento da vida al humanismo, la creencia en las
posibilidades de superación del ser humano, en su intrínseco potencial y el de su herramienta más
poderosa, la razón; la reforma protestante, liderada por Martín Lutero (desde el 1517), señala el fin
del dominio político y cultural de la Iglesia católica en Europa; finalmente, la teoría heliocéntrica
de Copérnico es el primer verdadero hito de la ciencia moderna: la aceptación social de que la
Tierra no está en el centro del universo, sino que se mueve alrededor del Sol, así como los otros
planetas (contrario a lo que creía el ‘Filósofo’, Aristóteles). Todo esto hace que los pensadores de la
Edad Moderna se distancien de lo que veían como la época oscura de la Edad Media, para entrar en
un período caracterizado por la luz de la razón (según ellos, claro). A nivel político, la Edad
Moderna se vio afectada por la Guerra de los Treinta Años, una guerra que influenciará a muchos
de los pensadores que conoceremos, y por la decadencia de los regímenes totalitarios (que verán
su fin con la Guerra Civil inglesa primero y con la Revolución Francesa después). A nivel
económico, estamos en la época en la que comienza el comercio global, que enriquece Europa y
será el preludio a la Revolución Industrial. Aunque es difícil hacer una generalización, sí podemos
afirmar que los pensadores que encontraremos en esta época vienen de estratos sociales altos.
Un apunte importante: mientras que Descartes y Hobbes son pensadores del siglo XVII, el resto
(Hume, Rousseau y Kant) son pensadores del siglo XVIII, y, por ende, hijos de la Ilustración.
Haremos más hincapié en la Ilustración cuando lleguemos a ella.
Descartes: Vida y Obra
Descartes nace en 1596 en Descartes (antiguamente conocido como La Haye, los habitantes le
cambiaron el nombre). Hijo de una familia de la pequeña nobleza, recibió una educación de
primera categoría en el colegio de La Fléche.
La Francia en la que nació Descartes es la Francia de las guerras de religión a raíz de la reforma
protestante. Lutero llegó a decir que la única fuente de verdad son las escrituras y la Iglesia no
tiene el rol de interpretadora. Se puede acceder directamente. Esta es la causa ideológica de la
Guerra de los Treinta Años, que llevó literalmente a matanzas por distintas formas de entender la
verdad.
A los veinte años Descartes decidió entrar en la Guerra de los Treinta Años, y después de
abandonar la vida militar se trasladó primero a París, y luego a Países Bajos. Estamos frente a un
personaje que ha viajado y ha sido militar, antes de decidir dedicarse al saber. Es famoso por haber
sido un matemático extraordinario (es el inventor del ‘eje cartesiano’), y por haber intentado
sentar las bases de una filosofía que se asemejase lo más posible a la ciencia.
Publicó su Discurso sobre Método a los cuarenta años, y cuatro años después sus Meditaciones
Metafísicas. Este libro fue la causa de sus desgracias, porque no gustó ni a católicos ni a
protestantes. Se refugió en Suecia, donde la reina le había prometido una vida tranquila y sin
persecuciones (qué movida). En 1649 aceptó la oferta y se mudó, pero murió pocos meses
después, no sabemos si por muerte natural o envenenamiento.
El Problema del Conocimiento
1. El problema: la búsqueda de la verdad
Descartes se enfrenta a un panorama de crisis filosófica y escepticismo en el siglo XVII, similar al
desafío de Platón frente a los sofistas. Mientras Platón buscaba un concepto universal de justicia
para combatir el relativismo, Descartes busca una verdad indudable que supere el escepticismo
reinante. En su época, los sistemas filosóficos medievales estaban en decadencia, y el
conocimiento carecía de un método sólido que garantizara certezas. Como hijo de la revolución
científica, Descartes veía los éxitos de la ciencia y quería reflejar esos éxitos en la filosofía.
Tanto Platón como Descartes comparten un rechazo a la percepción como fuente fiable de
conocimiento: los sentidos, al igual que las opiniones para Platón, son cambiantes y no aseguran
la verdad. Así como Platón proponía el mundo inteligible como fuente de conocimiento verdadero,
Descartes postula algo parecido, relacionado con la razón y un concepto que llamará ideas
innatas. Además, Descartes rompe con la idea medieval de que se pueda encontrar el
conocimiento apelando a la autoridad (de la Iglesia o del ‘Filósofo’).
2. El racionalismo y la ciencia
Descartes entonces crea un sistema filosófico que tiene la razón como base. Por eso, se le
considera el padre del racionalismo, la corriente filosófica que tiene a la razón como fuente del
conocimiento1. Inspirándose en la certeza matemática, su objetivo es extender este rigor a todas
las disciplinas, como si fueran ramas de un único árbol cuyo tronco es la física y cuyas raíces son la
metafísica.
El racionalismo cartesiano también rechaza el empirismo. Descartes cree que la verdad no puede
depender de lo contingente ni de la experiencia, sino de principios a priori deducidos por la razón.
Por ello, la matemática se convierte en el modelo ideal del saber: precisa, universal y objetiva2.
3. El método cartesiano
Descartes entonces cree que la Ciencia Moderna está funcionando porque ha encontrado un
método seguro de alcanzar el conocimiento verdadero, mientras que la filosofía se encuentra en
profunda crisis porque las palabras de los antiguos ya no valen (la ciencia ha demostrado que
mucho de lo que decían no está respaldado). Entonces se plantea diseñar un método universal que
permita alcanzar la verdad, inspirado en la solidez de la geometría analítica. Este método se
articula en cuatro reglas principales:
1. Evidencia: aceptar solo ideas claras y distintas, indudables para la razón3.
2. Análisis: descomponer los problemas en partes más simples.
3. Síntesis: reconstruir el conocimiento desde los elementos simples hacia los complejos.
4. Enumeración: revisar exhaustivamente cada paso para no omitir nada.
Ejemplo del método: Imagina que necesitas organizar una mudanza y transportar tus cosas desde
tu casa actual a la nueva. Me pregunto entonces cuál es la forma más eficaz y certera posible para
mudar4. Aplicamos las cuatro reglas del método cartesiano:
1. Evidencia: Identificamos claramente el problema: ¿cómo mover todo de forma eficiente?
Es evidente que necesitamos un plan para evitar olvidos y desorden.
2. Análisis: Dividimos el problema en partes:
○ Hacer una lista de los objetos que debemos trasladar.
○ Clasificarlos por tipo (ropa, muebles, libros, etc.).
○ Decidir el orden en que se transportarán.
1
Ojo que usa palabras nuevas pero que al final es un Platón francés.
2
Exactamente lo mismo que opinaba Platón. Qué pensador poco original.
3
Esta concepción de idea clara y distinta puede ser debatible. Por ahora, vamos a aceptarlo y a ver a dónde
nos lleva.
4
Este es el método infalible que uso cada vez que me mudo.
3. Síntesis: Organizamos las soluciones simples en un plan: primero empaquetamos objetos
pequeños (ropa, libros), luego trasladamos muebles grandes, y finalmente colocamos todo
en la nueva casa.
4. Enumeración: Revisamos que no olvidemos nada:
○ Comprobamos la lista de objetos.
○ Verificamos que todo está empaquetado y transportado.
Resultado final: Siguiendo este método paso a paso, la mudanza es ordenada, sin estrés ni
olvidos.
4. Las facultades de la razón
Según Descartes, dos son las facultades de la razón: intuición y deducción. Esta distinción es
interesante porque por mucho que Descartes intente llegar a un método fiable de conocimiento, la
intuición sigue existiendo como una facultad casi sobrenatural del ser humano. La describe como
una especie de ‘luz natural’, que nos permite captar las ideas que emanan directamente de la
razón. Dice Descartes que “la intuición es una "visión" racional tan clara y distinta que no deja
lugar a dudas” (Manuel Lama, pág. 12). Todo conocimiento viene de la intuición de ideas simples e
indudables. Por otro lado, la deducción es el proceso de conectar ideas simples a través del
razonamiento, es lo que nos permite producir conocimiento nuevo a partir de las ideas iniciales.
Estas dos facultades de la razón se relacionan con el segundo y el tercer paso del método. El
análisis es la parte intuitiva, la que nos permite ver las partes simples de un problema, mientras
que la síntesis tiene que ver con la capacidad deductiva de juntar las distintas partes y tener una
visión de la totalidad.
5. La duda metódica
Para asegurar que sus conocimientos sean verdaderos, Descartes somete todas sus creencias a la
duda. Es necesario, según él, llegar a una verdad que no sea en algún modo dudable, que sirva de
cimiento para la construcción de todo el saber. “Esta duda es metódica, es una exigencia del
método cuya primera regla (la de la evidencia) impone la exigencia de eliminar todo aquello que
no sea absolutamente evidente, es decir, que admita la más mínima duda. Descartes va a dudar
hipotéticamente de todo.” (Manuel Lama, p.13) Resumidamente, este es el proceso de la duda:
1. Duda de los sentidos, que pueden engañar.
2. Duda de la distinción entre soñar y estar despierto.
3. Duda incluso de las verdades matemáticas, al imaginar un genio maligno que podría
manipular su percepción y razonamiento.
4. Duda de todo lo posible e imaginable, ¿y qué te queda? Te queda el hecho indudable de
estar dudando.
Esta duda radical conduce a un punto irrebatible: si dudo, existo como sujeto que piensa. Así se
formula el cogito ergo sum, la famosa fórmula “pienso, luego existo.”5
6. El cogito como criterio de verdad
El cogito, “pienso, luego existo”, es la primera verdad indudable de Descartes. Esta verdad no solo
establece la existencia del yo pensante (res cogitans), sino que también funciona como prototipo y
criterio de toda verdad: una idea es verdadera si es percibida de manera clara y distinta. Esto
quiere decir que todo lo que puedo percibir con la misma claridad y certeza que mi propio
pensamiento será indudablemente cierto.
La claridad y distinción se convierten en los pilares para discernir el conocimiento verdadero,
asegurando que las ideas examinadas bajo este criterio resistan toda duda razonable.
7. Reconstrucción del conocimiento
Con este criterio de verdad, Descartes tiene que demostrar, o en sus términos deducir la
existencia del mundo empezando por la existencia del pensamiento. Esto es necesario para
que Descartes no caiga en un solipsismo, o sea en una postura filosófica en lo que lo único que
puedes afirmar es tu propia existencia. En este momento Descartes tiene a disposición dos
verdades: existe el pensamiento, y existen las ideas (lo que piensa el pensamiento). Siguiendo en
su razonamiento nota que hay tres clases de ideas:
1.- Adventicias: las que supuestamente me llegan de fuera (oír un ruido, ver un caballo, sentir el
frío, etc.)
2.- Facticias: las que construye la mente a partir de otras ideas (la idea de centauro formada de la
combinación de la idea de hombre y caballo).
3.- Innatas: las que no parecen proceder del exterior ni han sido producidas por mí (la idea de
infinito y la idea de perfección). Estas son pocas, pero existen, están ahí presentes. Están son ideas
sobre las que podemos construir.
8. Dios como garante del mundo
Descartes afirma que la idea de Dios es una idea innata, la idea de un ser infinito, y por ende afirma
demostrar desde la idea de Dios la existencia de Dios (entraremos en detalle de esto en otro
capítulo). Lo que importa ahora mismo es que Dios como ser infinito y perfecto no es maligno, y
5
Ya veremos a nivel detallado qué significa para el ser humano, pero esta conclusión llevará Descartes a
plantear un dualismo, ¿exactamente como quién? Efectivamente, Platón.
entonces no intentará engañarnos. Por ende, el mundo existe porque Dios existe.6 Entonces si
nuestro conocimiento del mundo no es correcto será un error nuestro.
El Problema de Dios
1. Introducción: El lugar de Dios en el sistema cartesiano
En el sistema filosófico de Descartes, Dios ocupa una posición clave como la segunda verdad
fundamental, después del cogito ("pienso, luego existo"). Si bien el cogito establece la certeza del
sujeto pensante, la existencia de Dios es necesaria para garantizar la validez de las ideas claras y
distintas y para salir del solipsismo inicial del pensamiento cartesiano.
El Dios cartesiano no se identifica plenamente con el Dios cristiano tradicional. Su rol es más
filosófico que religioso: garantiza la veracidad del conocimiento y la existencia de una realidad
externa al pensamiento7. Así, en las Meditaciones metafísicas, Descartes presenta a Dios como el
fundamento último de la certeza, la verdad y la realidad.
2. La idea de Dios
Descartes analiza la idea de Dios partiendo de su naturaleza y de su procedencia. Esta idea es
especial porque se distingue de las demás ideas que el sujeto puede tener. Primero de todo,
Descartes llega a la conclusión que es una idea innata. Podemos afirmar que no es adventicia, ya
que no proviene de la experiencia sensorial (nadie ha visto a Dios). Tampoco es facticia según
Descartes, pues no es creada por la mente combinando otras ideas.8 Por tanto, es innata, inscrita
en el pensamiento humano desde su origen como parte de las ideas que la razón posee por sí
misma. Si no aceptamos esta premisa, todo el constructo del pensamiento cartesiano se
derrumba. Si no, seguimos.
Además de innata, la idea de Dios, según Descartes, es clara y distinta. Esta idea tiene el nivel más
alto de evidencia. Es una idea que resalta en la mente con total claridad y distinción, lo que
refuerza su veracidad según el criterio cartesiano (es decir, será muy probable que Dios exista,
porque la idea es tan clara).
Una vez aceptada la existencia de la idea de Dios, falta un salto lógico y ontológico bastante
importante: demostrar la existencia del mundo empezando por la idea de Dios. ¿Cómo lo consigue
Descartes? Planteando tres demostraciones.
6
“El origen de todo lo bueno y todo lo bello”, diría Platón.
7
Por esto sigo insistiendo que al fin y al cabo las conclusiones de Descartes son las mismas que las de Platón.
Pero aquí nadie me quiere publicar.
8
Aquí algunos autores que consideran que esta demostración de Descartes no es tan efectiva, porque afirma
que la idea de infinito es innata, y no deriva de la idea de límites.
1) Argumento de la causalidad de la idea de perfección: todo efecto debe tener una causa
proporcional a su naturaleza. Por ejemplo, yo no puedo ser la causa de un terremoto, porque el
efecto es mucho más grande y devastador que yo.9 La idea de un ser infinito y perfecto no puede
proceder de un ser imperfecto y finito como el yo pensante. Por tanto, la causa de esta idea debe
ser un ser realmente infinito y perfecto: Dios.10
2) Argumento de la dependencia: el yo pensante existe, pero no posee las cualidades necesarias
para ser autosuficiente (infinitud, perfección, eternidad). Si el yo no puede ser la causa de su
propia existencia, debe depender de un ser externo que sea autosuficiente y perfecto. Este ser es
Dios.
3) Argumento ontológico: este argumento lo mencionamos en clase y fue elaborado por primer
vez en la Edad Media por San Anselmo. Descartes lo recoge: si Dios es un ser perfecto, tendrá que
tener todas las perfecciones. La existencia es una perfección, por lo que un ser perfecto no puede
carecer de ella sin contradicción. Por tanto, Dios, como ser perfecto, debe existir necesariamente.
Este argumento ontológico, que si lo pensamo llega a una conclusión parecida a la cuarta vía de
Santo Tomás, es fundamental también para el proyecto epistemológico de Descartes: si Dios es
perfecto, entonces será omnipotente, omnisciente y, sobre todo, bueno.
3. Implicaciones filosóficas
La existencia de Dios no solo es una verdad filosófica, sino que también tiene implicaciones
epistemológicas y metafísicas clave: garantiza la certeza de los conocimientos humanos y la
existencia del mundo.
1. Criterio de claridad y distinción: Para Descartes, las ideas claras y distintas son
verdaderas. Sin embargo, esta certeza depende de que Dios sea un ser veraz. Al demostrar
la existencia de un Dios perfecto y bondadoso, se asegura de que este no permite que el ser
humano sea engañado en sus percepciones claras y distintas.
2. Garantía de la realidad externa: la existencia de Dios refuerza la idea de que las
percepciones no son ilusorias ni fruto de un genio maligno. Si Dios es veraz, no puede
permitir que el ser humano sea engañado constantemente al creer en la existencia del
mundo externo. Así, el mundo material queda validado como real.
3. Relación con las sustancias: Dios, como sustancia infinita, es la fuente última de las otras
dos sustancias: la sustancia pensante (res cogitans): el yo como entidad cuya esencia es el
9
Por mucho que me gusta pensar en mi mismo como un supervillano.
10
Un posible diálogo entre Descartes y Santo Tomás sobre Dios también es interesante. La concepción de Dios
de Descartes es bastante curiosa, aunque manteniendo muchas cosas en común con el Dios cristiano. Además,
aquí podemos ver que emplea el concepto de causa también.
pensamiento. La sustancia extensa (res extensa): el mundo físico que percibimos por los
sentidos. Dios no solo crea estas sustancias, sino que las mantiene en existencia, actuando
como fundamento ontológico de todo lo real.
4. Superación del solipsismo: Antes de demostrar la existencia de Dios, Descartes solo podía
afirmar la certeza de su propia existencia como sujeto pensante. Con la existencia de Dios,
se establece que el pensamiento humano no está atrapado en un aislamiento absoluto y
que existe una realidad externa al yo.
La realidad según Descartes (dentro del problema de realidad y conocimiento)
Ahora que podemos afirmar con tranquilidad que el mundo existe y que podemos llegar a un
conocimiento verdadero,11 vamos a explorar de qué está hecho este mundo.
Para Descartes, abordar la realidad implica descomponerla en los principios fundamentales que la
constituyen (que es la segunda regla del método, el análisis). Este análisis lo lleva a desarrollar una
metafísica sustancialista, donde el concepto de sustancia es clave para explicar el mundo y el
lugar del ser humano en él12.
1. La noción de sustancia
En su metafísica, Descartes define la sustancia como “todo aquello que no necesita de ninguna
otra cosa para existir”. Según esta definición estricta, solo Dios, como ser infinito y autosuficiente,
podría considerarse una sustancia en sentido absoluto. Sin embargo, Descartes extiende el
concepto de sustancia a los ámbitos finitos, considerando que hay dos tipos de sustancias
creadas13: la sustancia pensante (res cogitans) y la sustancia extensa (res extensa). Estas
sustancias no son autosuficientes en sentido absoluto, ya que dependen de Dios para existir, pero
no dependen entre sí, lo que les confiere independencia relativa14.
Cada sustancia tiene un atributo esencial, que define su naturaleza:
11
¿Por qué lo sabemos? Según Descartes lo sabemos porque Dios existe y es bueno. Según Platón este
conocimiento verdadero (el episteme) vendrá de la existencia del mundo inteligible.
12
¡Anda! Claro, Descartes había estudiado en un colegio donde enseñaban a través de la escolástica
medieval, y conocía muy bien el concepto de sustancia aristotélica. Sin embargo, desarrollará su propia
concepción.
13
¿Por qué Dios crea el mundo? Una pregunta que todos los filósofos se plantean. La respuesta de Descartes
tiene que ver con el hecho de que un ser perfectamente creador estará creando algo para evidenciar su
perfección creativa, y que el universo, a través de su orden matemático y físico, refleja el plan divino y
permite a la razón humana darse cuenta de ello.
14
Esto suena raro, pero básicamente es un dualismo ontológico a la Platón.
● En la res cogitans, el atributo es el pensamiento.
● En la res extensa, el atributo es la extensión (longitud, anchura y profundidad).
● En Dios, el atributo esencial es la perfección o infinitud.
Además, las sustancias presentan modos, que son las maneras particulares en las que se
manifiestan sus atributos, sus cambios. Los modos de la sustancia pensante son el entendimiento
y la voluntad y los de la sustancia extensa se dividen en cualidades primarias (son objetivas y, por
tanto, medibles, como la figura, el tamaño y el movimiento) y cualidades secundarias (son
subjetivas, como el color, el olor o el sabor). Como Dios es perfecto y no cambia, no tiene modo.
2. El conocimiento del mundo
Según Descartes, las cualidades primarias son entonces las únicas que pueden ser objeto de
conocimiento científico, ya que son medibles y objetivas. Las cualidades secundarias (colores,
olores, sabores), al depender del sujeto que las percibe, son subjetivas y no tienen realidad
independiente. El mundo físico está determinado por una serie de leyes mecánicas inscritas por
Dios en la naturaleza, y la Física es la ciencia que estudia la sustancia extensa o materia.
El saber humano (que él identifica con la Filosofía) es «un árbol cuyas raíces son la Metafísica, el
tronco es la Física y las ramas que parten de ese tronco son todas las demás ciencias». Descartes
utiliza la metáfora del árbol para ilustrar esta idea: la metafísica es la raíz, que fundamenta todo el
sistema del conocimiento; la física, como estudio de la sustancia extensa, es el tronco, y las
ciencias particulares (moral, mecánica, medicina) son las ramas. Esta visión unifica el saber
humano y muestra que todo se origina en las certezas primarias establecidas por la metafísica15.
El Problema del Ser Humano
15
Esto es súper relevante porque lo que está diciendo Descartes en el siglo XVII es que la filosofía sigue
siendo fundamental para justificar la ciencia. Sin Metafísica, que es objeto de estudio de la filosofía, no
habría ciencias particulares.