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Habitar la virtud
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Lucio Anneo Séneca (4 a. C-65 d. C, Córdo-
Cartas a
CARTAS A LUCILIO
ba-Roma). Filósofo, político, estadista y ora-
dor. Fue la figura intelectual más destacada de
Roma en el siglo I d. C. Realizó sus escritos de
Lucilio
→ → → ética
→ → práctica
→ → mientras
→ → →hacía → las
→ veces
→ →de→ cón-
→ → → → → → → → → → → → SÉNECA
sul, senador y consejero de los emperadores
Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón, e incluso
fue tutor de este último. Gobernó de facto el
Imperio romano mientras su pupilo tomaba el
mando. Aunque Séneca es considerado uno de
los grandes filósofos estoicos, nunca ocultó su
interés por el epicureísmo, pensamiento que
nutre y afina su mirada. Al retirarse de la vida
pública escribió Cartas a Lucilio, epístolas en
las que ofrece consejos y reflexiones a un su-
puesto amigo que ejercía como procurador en
Sicilia. Murió por su propia mano para evitar
que Nerón lo asesinara.
Grupo SURA reedita una selección adaptada de Cartas
a Lucilio, de Séneca, al considerar la vigencia y la per-
tinencia de esta obra frente a los desafíos que vivimos
como humanidad.
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HABITAR LA VIRTUD
CARTA 91
Nuestro amigo Liberalis se en- marcó la diferencia entre una ciudad en todo su esplendor y
Sobre disponerse cuentra decaído, porque se ha una ciudad que no existe más. En resumen, su final se tomó
para el azar enterado del incendio que aca- menos tiempo del que me he tomado yo para contártelo.
bó por completo la ciudad de Todo esto ha afectado a nuestro amigo Liberalis doblegando
Lyon. Un desastre que afligiría su ánimo, que por lo general es firme y resuelto de cara a sus
a cualquiera, con mayor razón a un hombre que ama profunda- propias adversidades. Y tiene razones para estar deprimido, lo
mente la tierra en la que nació, pero le ha servido para pregun- inesperado pone una carga más pesada sobre nuestros hom-
tarse por la fortaleza de su carácter entrenado para afrontar bros. No hay mortal que no aumente el tamaño de su pena
situaciones que supuso desde antes que le causarían miedo. No cuando la sorpresa se suma a su pérdida.
obstante, no me sorprende que no haya anticipado temor ha- Por tanto, no debemos dejar que nada nos encuentre sin pre-
cia esta desgracia tan imprevista y prácticamente inimaginable, paración. Nuestra mente debería anticiparse a todos los pro-
dado que no existen antecedentes. El fuego ha causado daños blemas y considerar, ya no lo que normalmente ocurre, sino lo
en muchas ciudades, pero no al punto de aniquilarlas. Aun que podría ocurrir. ¿Existe acaso algo que la fortuna, cuando
cuando los incendios son causados por acción de los enemigos, se decide, no pueda arrastrar hasta el suelo aunque se encuen-
muchos lugares se salvan de la destrucción; y no es común que tre en su máxima capacidad?, ¿qué cosa hay que entre mayor
el fuego, incluso reiniciado varias veces, consuma por completo sea su brillo no ataque y sacuda ella con más fuerza? Para la
de tal forma que no quede nada para resolver con las espadas. fortuna nada es difícil, nada es laborioso. No siempre ataca en
Ni siquiera un terremoto ha llegado a ser tan violento y severo el mismo sentido, y no siempre de las formas más conocidas.
como para arrasar toda una ciudad. Es decir, ningún incendio A veces usa nuestras propias manos en contra nuestra; otras
había sido antes tan devastador que no dejara absolutamente veces, confiada en su propio poder, nos pone en peligro sin que
nada para quemar después. intervenga nada más. Ningún momento está exento: en medio
Tantas construcciones hermosas, cada una de las cuales po- del placer, surge alguna causa de sufrimiento. La guerra apare-
dría, por sí misma, embellecer una ciudad, destruidas en una ce en medio de la paz, y todo lo que nos había dado protección
sola noche. En tiempos de una paz tan prolongada, un evento se transforma en una causa de miedo: los amigos se convierten
ha causado más pérdidas que las que se habrían podido temer en adversarios, los aliados se convierten en enemigos. La calma
en tiempos de guerra, ¿quién creyera? Cuando las armas están de un día de verano se transforma de repente en una tormenta
en reposo en todas partes y la tranquilidad se extendía en el más salvaje que las de invierno.
mundo, Lyon, el orgullo de Galia, se ha perdido de vista. Por lo Incluso sin un enemigo a la vista, somos víctimas de los efec-
general, cuando el infortunio llega de manera colectiva, quie- tos de la guerra, y si no hay razón alguna para el desastre, la
nes van a padecerlo han podido anticipar el temor que van a buena suerte excesiva encuentra una por sí misma. Las per-
sentir; ninguna edificación de gran importancia ha caído en sonas que más se cuidan, de repente se enferman, y las más
ruinas de un momento a otro. En este caso, una sola noche fuertes sufren de males debilitantes; los castigos llegan para
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quienes no tienen culpa alguna y las protestas alcanzan a los ¡Cuántas veces ciudades de Asia y de Acaya han quedado alla-
más recluidos. nadas con un solo sacudón de un terremoto! ¡Cuántos pueblos
Cuando cree que lo hemos olvidado, el poder del azar en- de Siria, cuántos de Macedonia han sido devorados! ¡Con qué
cuentra un arma nueva con la cual golpearnos. Cualquier frecuencia desastres así han dejado a Chipre en ruinas! ¡Cuántas
estructura que haya sido levantada tras muchos años, con veces ha colapsado Pafos! No es raro que nos lleguen noticias
grandes esfuerzos y gracias a la benevolencia de los dioses, la de ciudades destruidas, y qué pequeña parte somos del mundo
arruina y dispersa en un solo día. Pero decir «en un día» es quienes recibimos con frecuencia estas noticias. Por eso, levan-
posponer a muy largo plazo los infortunios que se avecinan témonos para confrontar los riesgos del destino, sabiendo que
con prisa; una hora, un instante bastan para acabar un impe- los rumores siempre exageran el tamaño de lo que ha sucedido.
rio. Sería un gran consuelo para nuestra fragilidad y nuestras Se incendió una ciudad próspera, y aunque ubicada entre las
preocupaciones si todo decayera tan lentamente como llega a provincias, no era una más de ellas, era un adorno entre ellas;
existir, pero en realidad, la creación es un paso lento, mientras aun así, estaba en una simple colina, una no muy extensa, ade-
que la ruina es uno rápido. más. Pero de todas esas ciudades que hoy gozan de una repu-
Sea público o privado, nada permanece inamovible. Las per- tación de grandeza y gloria, el tiempo no dejará ni un rastro.
sonas, como las ciudades, están atrapadas dentro de los giros del ¿Acaso no ves que en Acaya se han demolido famosas ciudades
destino. En medio de la mayor calma, surge el terror, y aunque hasta sus bases y no queda ni la huella de que una vez existieron?
ninguna causa externa provoque la conmoción, el mal emerge de No sólo decae el trabajo de nuestras manos, o se derrumba al
donde menos se le espera. Reinos que habían sobrellevado gue- pasar los días lo que ha sido establecido con el arte y el esfuerzo
rras internas y extranjeras colapsan sin la intervención de nadie. de los hombres; las cumbres de las montañas se desmoronan,
¡Pocos estados han permanecido prósperos por largo tiempo! regiones enteras se hunden, y las olas llegan a inundar lugares
Por lo tanto, debemos tenerlo todo en cuenta y fortalecer nues- que estaban alejados de la orilla del mar. El poderoso fuego
tra mente para enfrentar cualquier contingencia que se presente. volcánico erosionó las colinas por las que antes solía brillar y
El exilio, la tortura de las enfermedades, la guerra, los naufra- redujo la altura de elevados picos que servían de faro y alivio
gios; hay que tenerlos todos en mente. El azar te puede arrancar a los navegantes. Y dado que hasta las mismas obras de la na-
de tu país, o a tu país de ti; puedes ser enviado a un desierto, o el turaleza sufren daños, no deberíamos quejarnos de la destruc-
mismo lugar en el que estás rodeado de gente convertirse en un ción de una ciudad.
desierto. Debemos mantener siempre a la vista todas las posi- Están en pie para caerse, un destino que les espera a cada
bilidades del destino humano, y para evitar que nos sobrepasen una de ellas. Ya sea porque la presión de un viento subterráneo
y nos confundan las desgracias como hechos extraordinarios, empuje las barreras que lo oprimen, o porque las corrientes de
preparemos de antemano nuestras mentes no para el mal que agua bajo tierra irrumpan con violencia contra lo que bloquea
con frecuencia sucede, sino para el mal más grande que podría su poder, o que una erupción volcánica quiebre la corteza de
suceder. Debemos considerar el destino en su totalidad. la tierra, o que el tiempo, del que nada se salva, las reduzca
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poco a poco, o que un clima pestilente acabe con su población una injusticia te afecte en lo individual, pero si es una norma
y el descuido corroa sus muros abandonados. Tomaría mucho que obliga en igual medida a quienes están en lo más alto y en lo
tiempo hacer la lista de todas las formas en las que el infortunio más bajo, reconcíliate con el destino, que todo lo lleva a su fin.
puede llegar, pero de algo estoy seguro: toda obra construida No debes calcular nuestra valía por nuestras tumbas ni por
por mortales está condenada a perecer. En medio de cosas que esos monumentos de alturas desiguales que se encuentran a
van a morir, vivimos. lo largo del camino: una vez hechos cenizas, todos tenemos la
Consuelos de este tipo son los que le ofrezco a nuestro amigo misma altura. Somos desiguales al nacer, pero iguales al mo-
Liberalis, que arde de un amor por su tierra de no creer. Tal rir. Digo lo mismo para las ciudades que para sus habitantes:
vez su destrucción se dio sólo para ser reconstruida con mejor Roma fue ocupada al igual que Ardea. Aquel que estableció las
fortuna. No es extraño que un infortunio abra espacio para leyes humanas trazó diferencias entre nosotros basadas en el
una prosperidad mayor. Muchas estructuras han caído sólo linaje o los nombres ilustres sólo para cuando estamos vivos;
para reaparecer más altas. Timógenes, opositor del éxito de una vez llegamos a nuestro final como mortales, dijo: «¡Fue-
nuestra ciudad, decía que la única razón por la que lamentaba ra ambición! Que una sola y única ley rija para todos los que
los incendios de Roma era por la convicción de que las estruc- pisen la tierra». Somos iguales en la capacidad para soportar
turas reconstruidas serían superiores a las quemadas. También todo sufrimiento, nadie es más vulnerable que otro, nadie tiene
en Lyon es seguro que todos procurarán levantar edificaciones su vida más asegurada para el siguiente día.
más altas y seguras que aquellas que perdieron. ¡Esperemos que Alejandro, rey de Macedonia, comenzó a estudiar geometría.
sus construcciones perduren y tengan mejores auspicios para Hombre infeliz, porque así aprendería cuán diminuta era la
una vida más larga! De hecho, este es el centésimo año desde la tierra, de la que había capturado sólo una fracción. Lo repi-
fundación de esta colonia, ni siquiera es tan vieja como la vida to: hombre infeliz, porque estaba condenado a entender que
humana más larga. Fundada por Planco, las ventajas naturales portaba un título falso; ¿quién puede ser «Magno» en un área
de su ubicación la llevaron a ser el centro densamente poblado tan minúscula? Las lecciones que estudiaba eran complicadas
que conocemos, pero cuántas calamidades graves ha tenido y sólo se podían aprender con dedicación constante, no eran
que soportar en el tiempo de vida de una persona anciana. nada que pudiera aprender fácilmente un insensato que deja-
Dispongamos nuestras mentes, por tanto, para entender y ra volar su pensamiento más allá del océano. «Enséñame algo
aceptar nuestra suerte, con el conocimiento de que no hay nada fácil», decía; a lo que su maestro respondía: «Son las mismas
a lo que no se atreva la fortuna, que ejerce su derecho sobre enseñanzas para todos, e igual de difíciles para todos».
imperios y emperadores por igual, y el mismo poder sobre las Imagina que la naturaleza nos dice lo mismo: «Eso de lo
ciudades y sobre los ciudadanos que las habitan. No tenemos que te quejas es igual para todos. No puedo hacerlo más fá-
razones para ofendernos por estas cosas. A tal mundo hemos cil para nadie, pero quien lo desee puede hacerlo más fácil
llegado y bajo tales reglas vivimos; acéptalas y cúmplelas, o re- para sí mismo». ¿Cómo? Con serenidad. Debes sufrir dolor,
cházalas y sal por el camino que prefieras. Puedes resentir que sed, hambre, y si se te concede una estadía más larga entre los
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humanos, también vejez; debes enfermarte, sufrir pérdidas y
finalmente morir.
Sin embargo, no hay razón para que tengas que aceptar lo
que claman algunos a tu alrededor; pues nada de esto es un
mal, o una carga que no estés en capacidad de soportar, o una
crueldad. Simplemente es un lugar común temerles. Que le te-
mas a la muerte es como si le temieras al chisme, y ¿qué hay
más absurdo que un hombre que tenga miedo de las palabras?
Nuestro amigo Demetrio dice con mucho ingenio que lo
que hablan las personas ignorantes significa para él lo mismo
que los ruidos que hace el estómago. Dice: «¿Qué diferencia
hay si los ruidos vienen de arriba o de abajo?». ¡Qué locura
preocuparse por ser despreciable a juicio de los despreciables!
Así como no hay razones para preocuparse por lo que dice la
gente, tampoco las hay para preocuparse por estas cosas que
no temerías si la gente no hubiera dicho que eran de temer.
¿Qué daño puede hacer a un hombre bueno ser difamado por
un chisme injusto? Ninguno, seguramente; entonces tampoco
oigamos chismes injustos sobre la muerte, que también goza de
mala fama. Ninguno de los que critican la muerte la ha expe-
rimentado nunca. Hasta que eso ocurra, es grosero condenar
aquello que se ignora. Pero algo que sí sabemos con certeza es
que para muchos la muerte es conveniente; a cuántos los libera
de torturas, carencias, enfermedades, sufrimientos y tedio. No
estamos bajo el poder de nada, mientras que la muerte está en
nuestro poder.
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CLAVE ORIENTAL DEL ARCO DE TITO. FORO ROMANO.
(Símbolo de la virtud)
El arco fue construido en el primer siglo de nuestra era. La clave fue considerada durante mucho
tiempo una de las más bellas del Imperio. Una mujer militar, entre dos volutas dobles, da la
bienvenida a los visitantes y soldados que van de camino al Capitolio.
: Elemento básico o decisivo de algo.
: Piedra central y más elevada con la cual este se cierra y activa.
: Símbolo del cobijo, del paso y la bienvenida.
: Adorno en forma de caracol, rollo o espiral que se usó en la arquitectura griega y romana.
Forma que representa la evolución y la virtud geométrica.
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«Dominio Público Keystone of the eastern side of the arch of Titus». Desgodetz, Antoine (1653-1728).
antiques de Rome (1682 Paris). Tomado de Knight, William M.A (1896). The Arch of Titus. Página 72:
oeRvqD-oeQHgB-ow4hrX-owkse4-ouiybG-oeQQvf-ow4h3v-owkqVc-oy6bmM/.
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Este libro fue impreso en los talleres de Artes y Letras S. A. S. Medellín, marzo de
Sabon,
diseñada por Jan Tschichold en 1967. También se usó la fuente Unit Pro, diseñada por
Erik Spiekermann y Christian Schwartz en 2003. El tiraje fue de 1.000 ejemplares
impresos en papel Avena de 90 gramos.
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Las posibilidades del desarrollo más
humano en una sociedad para todos,
nos implican tender puentes y
reconocer la ética como punto de
encuentro, más allá de dogmas y
visiones extremas. Esta condición es
necesaria para un buen vivir,
individual y colectivo, que nos
permita avanzar hacia una
existencia consciente, coherente y
plena. Requerimos abrazar la virtud
para comprender nuestro papel en
el mundo.
Séneca nos dejó esta invitación hace
dos mil años; Ricardo Silva
vigencia. Conversación intemporal
para comprendernos mejor y buscar
un desarrollo armónico.