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El león y la rata: lecciones de humildad

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Sonia Quiroga
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El león y la rata.

No se debe despreciar nunca a los que son pequeños o más débiles, pues en cualquier momento pueden ser necesarios.
Así ocurrió una vez que un león estaba descansando recostado sobre sus patas, cuando, de pronto, salió de tierra, delante mismo de
él, una pequeña rata que miro asustada al rey de la selva.
-¡Oh, señor león! –Suplicó la espantada ratita-. Os ruego que me perdonéis la vida. No sabía que estabais aquí y no tenía ninguna
intención de molestaros.
El gran animal miró a la pequeña rata y, sintiéndose magnánimo, tuvo compasión de ella y no la devoró, sino que la dejó irse en
paz. Sucedió, pues, que al cabo de un rato, el león se levantó y se dirigió hacia los límites del bosque; pero cuando ya salía de él
tuvo la mala suerte de caer en una trampa preparada por unos cazadores y, en menos tiempo en que se tarda en decirlo, se vio
atrapado dentro de una gran red. El rey de los animales rugía furiosamente y se revolvía sin cesar, pero cuanto más quería salir,
tanto más se enredaba en la cuerda de la red.
La ratita, a quien había perdonado la vida, oyó sus rugidos y acudió presurosa al lugar.
-No os preocupéis, señor león- dijo tranquila: -En un minuto os abre sacado de aquí.
El león la miró con incredulidad; pero vio que el animalito comenzaba a roer las mallas de la red y deshacía esta con sus
dientes, de forma que pronto libertó a su bienhechor. El león le dio las gracias y se alejo satisfecho, pensando que en determinados
momentos vale más actuar despacio y con paciencia que tentar utilizar la fuerza u obrar de modo furioso.
La Fontaine, Jan.

El león y la rata.
No se debe despreciar nunca a los que son pequeños o más débiles, pues en cualquier momento pueden ser necesarios.
Así ocurrió una vez que un león estaba descansando recostado sobre sus patas, cuando, de pronto, salió de tierra, delante mismo de
él, una pequeña rata que miro asustada al rey de la selva.
-¡Oh, señor león! –Suplicó la espantada ratita-. Os ruego que me perdonéis la vida. No sabía que estabais aquí y no tenía ninguna
intención de molestaros.
El gran animal miró a la pequeña rata y, sintiéndose magnánimo, tuvo compasión de ella y no la devoró, sino que la dejó irse en
paz. Sucedió, pues, que al cabo de un rato, el león se levantó y se dirigió hacia los límites del bosque; pero cuando ya salía de él
tuvo la mala suerte de caer en una trampa preparada por unos cazadores y, en menos tiempo en que se tarda en decirlo, se vio
atrapado dentro de una gran red. El rey de los animales rugía furiosamente y se revolvía sin cesar, pero cuanto más quería salir,
tanto más se enredaba en la cuerda de la red.
La ratita, a quien había perdonado la vida, oyó sus rugidos y acudió presurosa al lugar.
-No os preocupéis, señor león- dijo tranquila: -En un minuto os abre sacado de aquí.
El león la miró con incredulidad; pero vio que el animalito comenzaba a roer las mallas de la red y deshacía esta con sus
dientes, de forma que pronto libertó a su bienhechor. El león le dio las gracias y se alejo satisfecho, pensando que en determinados
momentos vale más actuar despacio y con paciencia que tentar utilizar la fuerza u obrar de modo furioso.
La Fontaine, Jan.

El león y la rata.
No se debe despreciar nunca a los que son pequeños o más débiles, pues en cualquier momento pueden ser necesarios.
Así ocurrió una vez que un león estaba descansando recostado sobre sus patas, cuando, de pronto, salió de tierra, delante mismo de
él, una pequeña rata que miro asustada al rey de la selva.
-¡Oh, señor león! –Suplicó la espantada ratita-. Os ruego que me perdonéis la vida. No sabía que estabais aquí y no tenía ninguna
intención de molestaros.
El gran animal miró a la pequeña rata y, sintiéndose magnánimo, tuvo compasión de ella y no la devoró, sino que la dejó irse en
paz. Sucedió, pues, que al cabo de un rato, el león se levantó y se dirigió hacia los límites del bosque; pero cuando ya salía de él
tuvo la mala suerte de caer en una trampa preparada por unos cazadores y, en menos tiempo en que se tarda en decirlo, se vio
atrapado dentro de una gran red. El rey de los animales rugía furiosamente y se revolvía sin cesar, pero cuanto más quería salir,
tanto más se enredaba en la cuerda de la red.
La ratita, a quien había perdonado la vida, oyó sus rugidos y acudió presurosa al lugar.
-No os preocupéis, señor león- dijo tranquila: -En un minuto os abre sacado de aquí.
El león la miró con incredulidad; pero vio que el animalito comenzaba a roer las mallas de la red y deshacía esta con sus
dientes, de forma que pronto libertó a su bienhechor. El león le dio las gracias y se alejo satisfecho, pensando que en determinados
momentos vale más actuar despacio y con paciencia que tentar utilizar la fuerza u obrar de modo furioso.
La Fontaine, Jan.

El león y la rata.
No se debe despreciar nunca a los que son pequeños o más débiles, pues en cualquier momento pueden ser necesarios.
Así ocurrió una vez que un león estaba descansando recostado sobre sus patas, cuando, de pronto, salió de tierra, delante mismo de
él, una pequeña rata que miro asustada al rey de la selva.
-¡Oh, señor león! –Suplicó la espantada ratita-. Os ruego que me perdonéis la vida. No sabía que estabais aquí y no tenía ninguna
intención de molestaros.
El gran animal miró a la pequeña rata y, sintiéndose magnánimo, tuvo compasión de ella y no la devoró, sino que la dejó irse en
paz. Sucedió, pues, que al cabo de un rato, el león se levantó y se dirigió hacia los límites del bosque; pero cuando ya salía de él
tuvo la mala suerte de caer en una trampa preparada por unos cazadores y, en menos tiempo en que se tarda en decirlo, se vio
atrapado dentro de una gran red. El rey de los animales rugía furiosamente y se revolvía sin cesar, pero cuanto más quería salir,
tanto más se enredaba en la cuerda de la red.
La ratita, a quien había perdonado la vida, oyó sus rugidos y acudió presurosa al lugar.
-No os preocupéis, señor león- dijo tranquila: -En un minuto os abre sacado de aquí.
El león la miró con incredulidad; pero vio que el animalito comenzaba a roer las mallas de la red y deshacía esta con sus
dientes, de forma que pronto libertó a su bienhechor. El león le dio las gracias y se alejo satisfecho, pensando que en determinados
momentos vale más actuar despacio y con paciencia que tentar utilizar la fuerza u obrar de modo furioso.
La Fontaine, Jan.
El zagal y la oveja.
Apacentando un joven su ganado grito desde la cima de un collado: “¡Favor!, ya que viene el lobo labradores.”
Estos, abandonando sus labores acuden prontamente, y hallan que es una chanza solamente.
Vuelve a aclamar, y temen la desgracia; segunda vez los burla. ¡Linda gracia! Pero, ¿Qué sucedió la vez tercera? Que vino en
realidad la hambrienta fiera.
Entonces el zagal se desgañita, y por más que patea, llora y grita, no se mueve la gente escarmentada, y el lobo le devora la
manada.
¡Cuantas veces resulta de un engaño contra el engañador el mayor daño!
El zagal y la oveja.
Apacentando un joven su ganado grito desde la cima de un collado: “¡Favor!, ya que viene el lobo labradores.”
Estos, abandonando sus labores acuden prontamente, y hallan que es una chanza solamente.
Vuelve a aclamar, y temen la desgracia; segunda vez los burla. ¡Linda gracia! Pero, ¿Qué sucedió la vez tercera? Que vino en
realidad la hambrienta fiera.
Entonces el zagal se desgañita, y por más que patea, llora y grita, no se mueve la gente escarmentada, y el lobo le devora la
manada.
¡Cuantas veces resulta de un engaño contra el engañador el mayor daño!
El zagal y la oveja.
Apacentando un joven su ganado grito desde la cima de un collado: “¡Favor!, ya que viene el lobo labradores.”
Estos, abandonando sus labores acuden prontamente, y hallan que es una chanza solamente.
Vuelve a aclamar, y temen la desgracia; segunda vez los burla. ¡Linda gracia! Pero, ¿Qué sucedió la vez tercera? Que vino en
realidad la hambrienta fiera.
Entonces el zagal se desgañita, y por más que patea, llora y grita, no se mueve la gente escarmentada, y el lobo le devora la
manada.
¡Cuantas veces resulta de un engaño contra el engañador el mayor daño!
El zagal y la oveja.
Apacentando un joven su ganado grito desde la cima de un collado: “¡Favor!, ya que viene el lobo labradores.”
Estos, abandonando sus labores acuden prontamente, y hallan que es una chanza solamente.
Vuelve a aclamar, y temen la desgracia; segunda vez los burla. ¡Linda gracia! Pero, ¿Qué sucedió la vez tercera? Que vino en
realidad la hambrienta fiera.
Entonces el zagal se desgañita, y por más que patea, llora y grita, no se mueve la gente escarmentada, y el lobo le devora la
manada.
¡Cuantas veces resulta de un engaño contra el engañador el mayor daño!
El zagal y la oveja.
Apacentando un joven su ganado grito desde la cima de un collado: “¡Favor!, ya que viene el lobo labradores.”
Estos, abandonando sus labores acuden prontamente, y hallan que es una chanza solamente.
Vuelve a aclamar, y temen la desgracia; segunda vez los burla. ¡Linda gracia! Pero, ¿Qué sucedió la vez tercera? Que vino en
realidad la hambrienta fiera.
Entonces el zagal se desgañita, y por más que patea, llora y grita, no se mueve la gente escarmentada, y el lobo le devora la
manada.
¡Cuantas veces resulta de un engaño contra el engañador el mayor daño!
El zagal y la oveja.
Apacentando un joven su ganado grito desde la cima de un collado: “¡Favor!, ya que viene el lobo labradores.”
Estos, abandonando sus labores acuden prontamente, y hallan que es una chanza solamente.
Vuelve a aclamar, y temen la desgracia; segunda vez los burla. ¡Linda gracia! Pero, ¿Qué sucedió la vez tercera? Que vino en
realidad la hambrienta fiera.
Entonces el zagal se desgañita, y por más que patea, llora y grita, no se mueve la gente escarmentada, y el lobo le devora la
manada.
¡Cuantas veces resulta de un engaño contra el engañador el mayor daño!
El zagal y la oveja.
Apacentando un joven su ganado grito desde la cima de un collado: “¡Favor!, ya que viene el lobo labradores.”
Estos, abandonando sus labores acuden prontamente, y hallan que es una chanza solamente.
Vuelve a aclamar, y temen la desgracia; segunda vez los burla. ¡Linda gracia! Pero, ¿Qué sucedió la vez tercera? Que vino en
realidad la hambrienta fiera.
Entonces el zagal se desgañita, y por más que patea, llora y grita, no se mueve la gente escarmentada, y el lobo le devora la
manada.
¡Cuantas veces resulta de un engaño contra el engañador el mayor daño!
El zagal y la oveja.
Apacentando un joven su ganado grito desde la cima de un collado: “¡Favor!, ya que viene el lobo labradores.”
Estos, abandonando sus labores acuden prontamente, y hallan que es una chanza solamente.
Vuelve a aclamar, y temen la desgracia; segunda vez los burla. ¡Linda gracia! Pero, ¿Qué sucedió la vez tercera? Que vino en
realidad la hambrienta fiera.
Entonces el zagal se desgañita, y por más que patea, llora y grita, no se mueve la gente escarmentada, y el lobo le devora la
manada.
¡Cuantas veces resulta de un engaño contra el engañador el mayor daño!
El zagal y la oveja.
Apacentando un joven su ganado grito desde la cima de un collado: “¡Favor!, ya que viene el lobo labradores.”
Estos, abandonando sus labores acuden prontamente, y hallan que es una chanza solamente.
Vuelve a aclamar, y temen la desgracia; segunda vez los burla. ¡Linda gracia! Pero, ¿Qué sucedió la vez tercera? Que vino en
realidad la hambrienta fiera.
Entonces el zagal se desgañita, y por más que patea, llora y grita, no se mueve la gente escarmentada, y el lobo le devora la
manada.
¡Cuantas veces resulta de un engaño contra el engañador el mayor daño!

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