Jurisprudencia sobre abandono de procedimiento
Jurisprudencia sobre abandono de procedimiento
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DE DERECHO PÚBLICO RECIBIDO: 12/4/2024 • APROBADO: 24/6/2024 • PUBLICADO 31/7/2024
doctrina
ABSTRACT The institution of the abandonment of the procedure has not been exempt
from discussion, especially when it comes to its jurisprudential application. Its nature as a
special incident has not prevented important elements of its composition from being left
open and —often— contradictory by the High Courts of Justice, so that a unifying work
of the Supreme Court is required. A review of several sentences handed down in the last
twelve months shows that the jurisprudence seems to walk between two interpretative
positions: a wide one and a restrictive other.
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En primer lugar, es necesario realizar una lectura de lo que disponen las normas esta-
blecidas en los artículos 152 y siguientes del CPC, correspondientes al título 16 del libro
primero, sobre disposiciones comunes a todo procedimiento. En tal sentido, el aludido
artículo dispone que se entiende abandonado el procedimiento «cuando todas las par-
tes que figuran en el juicio han cesado en su prosecución durante seis meses, contados
desde la fecha de la última resolución recaída en alguna gestión útil para dar curso
progresivo a los autos». De la definición estrictamente legal se deduce que los requisitos
que habilitan para impetrar el derecho en cuestión consisten básicamente en: i) la exis-
tencia de una resolución que recaiga sobre una gestión útil; y ii) un comportamiento de
inactividad de todas las partes del juicio por, al menos, seis meses.
Con respecto a la oportunidad de promover el incidente, la ley hace una distinción
al señalar que este derecho compete únicamente a la parte demandada, descartando
de plano al actor, lo que tiene amplia justificación en la imposibilidad lógica de atentar
contra las propias pretensiones hechas valer en un juicio, existiendo otras herramientas
procesales más prácticas si lo que se quiere es no continuar con el juicio (por ejemplo,
el desistimiento o el retiro de la demanda, según corresponda). Así, la parte demanda-
da podrá promover el incidente del abandono durante todo el juicio y hasta la dictación
de sentencia ejecutoriada en la causa. Para ello, podrá impetrarlo ya sea como acción o
como excepción, mientras que se entenderá precluido su derecho en caso de que realice
cualquier gestión que no tenga por objeto alegar el abandono. Sin perjuicio de lo recién
mencionado, esta aparente laxitud a la hora de determinar la oportunidad de promover
el incidente se ha visto limitada por reciente jurisprudencia de la Corte Suprema, la que
se verá en su oportunidad.
Ahora bien, algo que no puede pasarse por alto es que el legislador de la Ley 18.705,
que modificó la norma a su redacción actual, expresamente dispuso que el plazo de seis
meses se debe contar, perentoriamente, desde la última resolución recaída en alguna
gestión útil, lo que implica realizar un ejercicio de revisión a fin de determinar cuál
es la última resolución. Esto se encuentra íntimamente relacionado con el concepto
de gestión útil, cuestión central del presente texto, por lo que también será analizada
posteriormente en más detalle.
Finalizando este punto, solo resta mencionar que el legislador dispuso algunas re-
glas especiales respecto del incidente de abandono que se promueva en los juicios eje-
cutivos, señalando que, además de la regla general, en estos casos el ejecutado también
podrá incidentar luego de ejecutoriada la sentencia definitiva o de vencido el plazo para
oponer excepciones, sin que se haya hecho uso de este derecho. En estas circunstancias,
el plazo para declarar el abandono será de tres años contados desde la fecha de la última
gestión útil hecha en el cuaderno de apremio.
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El abandono del procedimiento en la reciente jurisprudencia de la Corte Suprema
Concepto y naturaleza
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llamativa, quizá, resulta la conclusión a la que llega la Corte al referir que las normas del
incidente en cuestión «han de ser interpretadas y aplicadas restrictivamente», circuns-
tancia derivada de la naturaleza sancionatoria de aquel, lo que, sin embargo, pareciera
ser solamente una de las aristas que presenta y ofrece al intérprete el conocimiento de
dicha naturaleza, por lo que a primera vista se echa en falta un desarrollo más extendi-
do acerca de las distintas implicancias del contenido sanción del incidente de abando-
no del procedimiento.
Resultaría interesante, en este sentido, que la doctrina y la jurisprudencia entrega-
ran un estudio relativo al conjunto de sanciones procesales. No obstante, ambas con-
sideraciones pueden llegar a tener un impacto directo en la manera en la que el juez
determina si acoger o rechazar el incidente de abandono.
Elementos
Existe una estrecha relación entre el concepto y la naturaleza del incidente de abandono
del procedimiento y sus elementos, pues estos —y la forma en que los entendemos—
derivan de aquellos. Los elementos que aquí se proponen se obtienen del simple ejer-
cicio de desfragmentar los requisitos legamente establecidos. Así, para que opere esta
sanción procesal, como ya se dijo anteriormente, será necesario que concurran como
elementos: i) la existencia de una resolución que recaiga sobre una gestión útil; ii) el
transcurso del tiempo, en este caso, de al menos seis meses; y iii) la omisión de realiza-
ción de gestiones útiles (inactividad). A estos elementos mencionados se puede agregar
la negligencia o culpabilidad del demandante, según las directrices entregadas por la
jurisprudencia revisada.
Para efectos prácticos conviene advertir, no obstante, que el transcurso del tiempo
va tan íntimamente relacionado con la pasividad o falta de diligencias útiles que es casi
imposible separarlos y se entienden como un solo requisito, lo que implica la necesi-
dad de realizar su estudio de manera común. Al respecto, la norma del artículo 152 del
CPC explicita que el procedimiento se entiende abandonado cuando todas las partes
han «cesado» en su prosecución durante seis meses, lo que equivale a un periodo de
inactividad en el que ni demandado ni demandante, y ni siquiera el tribunal, cuando
corresponda, deben de haber realizado esfuerzos por mantener el curso del juicio. La
sentencia dictada en autos rol 114.590-2022, de 20 de diciembre de 2023, razona al efec-
to e indica en su considerando tercero, párrafo segundo:
En el análisis de la expresión «cesación» de las partes en la prosecución del juicio,
la doctrina la asimila al silencio en la relación jurídica, inactividad motivada por su
desinterés por obtener una decisión de los tribunales sobre el conflicto sometido a
su conocimiento. Sin embargo, tal pasividad debe ser voluntaria, esto es, advirtiendo
y aceptando las consecuencias perjudiciales que podrían derivarse de su desidia, no
obstante lo cual nada hacen por activar el procedimiento.
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El abandono del procedimiento en la reciente jurisprudencia de la Corte Suprema
Gestiones útiles
Retomando la consagración legal del incidente, conviene recordar que, según el artícu-
lo 152 del CPC, el plazo del abandono se cuenta «desde la fecha de la última resolución
recaída en alguna gestión útil para dar curso progresivo a los autos». En este sentido,
al momento de referir acerca de los elementos del abandono se ha señalado que resulta
necesaria la concurrencia del plazo de inactividad de las partes durante seis meses y la
existencia de negligencia por parte del demandante, sin que se haya hecho un mayor
detenimiento para la revisión de lo que se entiende por «gestión útil». Esto se justifica
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Así, de acuerdo con esta línea jurisprudencial, «gestión útil» sería equivalente a
«cualquier diligencia» tendiente a continuar con el juicio, resultando evidente que
dentro de esta amplitud quedan amparadas distintas actuaciones procesales, como la
presentación de pruebas y otras solicitudes (desarchivos, por ejemplo), y no solamente
aquellas que dicen relación con el necesario transcurso de un estadio procesal a otro.
Por otro lado, la misma Corte Suprema, partiendo de la definición del abandono del
procedimiento recién entregada, en otras instancias ha delimitado más el concepto en
análisis, reduciéndolo al agregar que:
Tanto la doctrina como la jurisprudencia han entendido que una gestión útil es aque-
lla que interrumpe el plazo para el abandono del procedimiento y que la utilidad tiene
que ver con que el juicio continúe adelante, esto es, darle el movimiento necesario para
que, cumpliendo los hitos legales, el proceso pueda otorgar el pronunciamiento reque-
rido sobre la cuestión puesta en conocimiento de los tribunales para su resolución.2
Vale decir que la gestión útil se caracterizaría por tener un efecto concreto corres-
pondiente a dar movimiento efectivo al procedimiento, es decir, que se cumplan los
«hitos legales».
Desde un punto de vista más armonizador, cabe resaltar que, en las últimas dos
sentencias citadas, se concuerda en que «gestión útil» es aquella con aptitud suficiente
para interrumpir el cómputo del plazo del abandono del procedimiento; concordancia
que, aunque positiva y destacable en un sentido general, no dice gran cosa con respecto
al fondo o esencia del concepto de gestión útil.
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El abandono del procedimiento en la reciente jurisprudencia de la Corte Suprema
Subsiste, en consecuencia, el hecho de que las notorias divergencias entre las pos-
turas, constitutivas de la problemática a la que se ha hecho alusión en estas líneas,
impiden la existencia de una sola y armónica interpretación del incidente en estudio, lo
que conlleva —a su turno— a que, para efectos prácticos, se tenga que optar por la rea-
lización de una revisión casuística de aquello que se ha de entender como gestión útil, a
fin de verificar si es posible establecer la predominancia de una inclinación por sobre la
otra, o si el conjunto de argumentos esgrimidos permite descartar una y abrazar la otra.
Notificaciones
Con respecto de las notificaciones, cabe señalar que la casuística se encuentra, en un alto
grado, relacionada a la determinación de si la notificación de la sentencia interlocutoria
de prueba es apta para producir el efecto interruptor del abandono como gestión útil,
aunque también ocurre respecto de la notificación de otro tipo de sentencias similares,
como es el caso de la resolución que cita a las partes a la audiencia de conciliación. En
estos casos, nuevamente se observa la constante pugna entre dos posturas claramente
definidas: aquella que establece que la notificación hecha a una sola de las partes cons-
tituye gestión útil (postura amplia), y la contraria, cuya opinión estima que solamente
es gestión útil la notificación que se hace a todas las partes (postura restringida).
Comenzando con aquella línea jurisprudencial que reconoce la aptitud de «útil» a
la notificación realizada a cualquiera de las partes, se puede citar, en primer término,
la sentencia dictada por la Tercera Sala, rol 175.061-2023, del 5 de enero de 2024, consi-
derando noveno:
La notificación de la resolución que cita a conciliación a cualquiera de las partes del
juicio, resulta necesaria para que dicho trámite se realice. En consecuencia, habiendo
realizado la parte demandante, dentro de plazo, actuaciones tendientes a la notifica-
ción del demandado, la cual unida a la que debe efectuarse al actor, permite que se
lleve a cabo la audiencia de conciliación, no es posible entender configurados los pre-
supuestos para una declaración de abandono del procedimiento, desde que esta última
institución tiene por fin castigar la inactividad e indolencia de las partes.
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También se pronuncian en este rigor las sentencias dictadas en autos rol 2.601-2023,
de 6 de septiembre de 2023; 26.222-2023, de 1 de agosto de 2023; y 91.938-2020, de 1 de
junio de 2023. Esta última, para los efectos de este texto, resulta del todo llamativa, en
tanto señala en su considerando quinto, párrafo tercero, que la notificación a una de
las partes:
Es una actuación que, sin lugar a dudas, tiene por objeto la prosecución del juicio,
pues resulta necesaria para continuarlo o llevarlo adelante, toda vez que la notificación
de esa resolución, aun a solo una de las partes, constituye un acto de prosecución,
puesto que las normas que regulan el procedimiento la requieren para continuar o
seguir el juicio, produciendo además efectos procesales, dado que confiere a la parte
notificada la oportunidad de realizar actos procesales como lo son el impugnar la re-
solución o el presentar una minuta con los puntos de prueba o una lista de testigos.
Se aprecia, por tanto, una más que establecida línea jurisprudencial en orden a re-
conocer la calidad de gestión útil, que interrumpe el plazo del abandono de las notifi-
caciones de la resolución que recibe la causa a prueba (así como de la notificación de
la resolución que cita a las partes a conciliación) realizadas a una sola de las partes, en
tanto dichas diligencias revelarían inequívocamente la intención de la parte de conti-
nuar la tramitación del procedimiento y, por ende, permiten descartar la existencia de
desidia, negligencia o desinterés, conductas o motivaciones por las cuales el legislador
ha establecido la sanción del abandono del procedimiento.
Por la vereda contraria, sin embargo, también existe una nutrida jurisprudencia que
se ha encargado de refutar la hipótesis anterior. Ejemplo de ello es la ya citada sentencia
dictada en autos rol 138.835-2022, de 8 de marzo de 2024, que sanciona:
La sola notificación al demandante de la interlocutoria de prueba el 18 de enero de
2022, no ha podido tener el efecto de provocar la interrupción del término consignado
en el artículo 152 del citado código procesal y carece de la utilidad que le atribuye la
recurrente, en tanto no importa ni da cuenta de un actuar destinado efectivamente a
la continuación en la tramitación del proceso con el objeto de obtener finalmente la
dictación de la sentencia definitiva que decida el asunto controvertido, en la medida
que la notificación a la contraparte no se efectuó sino hasta el 22 de junio de 2022,
oportunidad a partir de la cual recién pudo comenzar a correr el término probatorio,
pero habiendo ya transcurrido más de seis meses desde la dictación de la resolución
de 30 de noviembre de 2021 que resolvió un anterior incidente de abandono del proce-
dimiento, desestimándolo, incidencia que por su naturaleza de previo y especial pro-
nunciamiento, impedía dar curso a la notificación de la resolución de 19 de octubre de
2020 que fijó los hechos pertinentes, sustanciales y controvertidos sobre los que debe
recaer la prueba.
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El abandono del procedimiento en la reciente jurisprudencia de la Corte Suprema
Finalmente, otro aspecto que resulta muy llamativo a la luz de las sentencias expues-
tas y que debe tenerse en consideración es que, al menos desde el mes de junio de 2023
hasta la fecha de redacción de este texto, las posturas enunciadas han sido sostenidas
respectivamente por la Tercera Sala (Constitucional), que se ha inclinado por reco-
nocer la aptitud y utilidad de las notificaciones realizadas a una sola de las partes, y la
Primera Sala (Civil), que ha declinado en favor de la tesis contraria. Ello, claro está, sin
perjuicio de considerables fluctuaciones en ambas.
Además de los casos relacionados a la aptitud que tiene la notificación realizada a una
sola de las partes, en el último tiempo también se han elevado para conocimiento del
máximo tribunal varias causas cuyos elementos fácticos dicen relación con el régimen
jurídico de excepción establecido con ocasión de la dictación de las leyes 21.226 y 21.379,
a propósito de las medidas sanitarias por el impacto de la pandemia por covid-19 en
nuestro país. Al efecto, en la sentencia de causa rol 106.535-2023, de 23 de noviembre
de 2023, el máximo tribunal, a través de la Tercera Sala, indica que la simple solicitud
de reactivación del término probatorio tiene la aptitud de interrumpir el plazo para el
cómputo del abandono:
En el caso concreto, habiéndose interrumpido el plazo de seis meses, computable
desde el 13 de octubre de 2021, con la presentación de la actora del 25 de marzo de 2022,
en la que solicita la reactivación del probatorio, el cómputo del plazo de inactividad
solo puede volver a computarse desde que se dictó la última resolución que accedió
a la solicitud de la reclamante de reactivar el probatorio y ordenó la notificación por
cédula, el 29 de marzo de 2022.
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bía necesariamente contarse con una petición de parte, favorablemente proveída por
el tribunal y legalmente notificada a las partes del proceso, siendo explícita la norma
en orden a que la reanudación produce sus efectos solo a partir de dicha notificación.
Impulso procesal
Se trata, pues, de una conclusión lógica el aceptar que, mientras no le sea exigible
al demandante el impulso del procedimiento, tampoco le es imputable la inactividad
y, por tanto, no procede el abandono de aquel. Así también lo refiere expresamente la
sentencia dictada por la Primera Sala en autos rol 161.169-2022, de 19 de enero de 2024,
considerando séptimo:
Con arreglo a las reflexiones que anteceden y considerando lo obrado en el proceso
debe concluirse que, en la especie, el impulso procesal que permitía que el proceso
avanzara de la etapa de discusión a la etapa de prueba recaía exclusivamente en el tri-
bunal de la causa, por cuanto la audiencia de conciliación a que se citó a las partes re-
sultó frustrada con fecha 24 de noviembre de 2021, por lo que solo restaba al tribunal,
en virtud de lo dispuesto en el artículo 318 del Código de Procedimiento Civil, recibir
la causa a prueba.
provenir de las partes, también de terceros que, por haber recibido un cometido del
tribunal a instancia de una de las partes, se ha radicado en ellos el impulso procesal.
Diligencias probatorias
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En el ámbito doctrinario, para definir si las gestiones que realiza una parte en segunda
instancia tienen el mérito de interrumpir el plazo del abandono, Allende Pérez de Arce
propone —luego de revisar algunas sentencias del máximo tribunal— que dicha parte
debe estar válidamente habilitada para invocar el principio de la unidad del proce-
so. Para esto, deberá verificar la concurrencia de cuatro elementos: i) la existencia de
un cuaderno de apelación incidental que verse sobre un recurso concedido en el solo
efecto devolutivo; ii) que la cuestión de fondo por la que se recurre de apelación diga
relación con alguna gestión útil; iii) que existan gestiones en el cuaderno incidental
realizadas por alguna de las partes; y iv) que dicha diligencia tenga, a su vez, la calidad
de útil para hacer avanzar la tramitación del recurso de apelación (Allende Pérez de
Arce, 2020: 12).
Ahora bien, sin perjuicio de los aportes que realiza el recién citado autor, lo cierto es
que la jurisprudencia más actual de la Corte Suprema respecto del incidente en estudio
parece ser más extensiva que lo que propone Allende Pérez de Arce. Esto se observa en
la amplitud o generalidad con que aborda el tema la Corte Suprema, señalando al efecto
que también resultan relevantes aquellas diligencias desarrolladas en segunda instancia
de las que se desprenda la intención de continuar con el procedimiento, ampliando
con ello la aplicación del principio de la unidad del procedimiento, el que se entiende
como un todo y no limitándolo al concepto de «instancia». Así lo indica expresamente
el máximo tribunal del país al conocer de la causa rol 33.623-2023, en sentencia dictada
el día 31 de agosto de 2023, considerando octavo:
En este orden de consideraciones, tal como anteriormente ha resuelto esta Corte,
valga como ejemplo, en autos rol 12.761-2022, el procedimiento es una unidad que
debe ser apreciado de manera global, razón por la cual las gestiones realizadas en se-
gunda instancia deben ser consideradas a la hora de evaluar si concurre efectivamente
el presupuesto de inactividad o desidia de la parte demandante que, a su vez, constituye
el elemento esencial para la aplicación de la sanción de abandono del procedimiento.
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instancia, por lo que cabe asumir que entre ellas pueden contarse no solo los escritos
de apelación o casación, sino también las solicitudes o anuncios de alegatos, la presen-
tación de pruebas en segunda instancia, los exhortos, entre otros.
Con relación a estos dos últimos tópicos, vale decir, a la realización de diligencias
útiles en cuaderno separado o en segunda instancia, lo cierto es que su discusión gira
más bien en torno —nuevamente— a determinar cuándo se está en presencia de una
gestión útil o no, y no tanto a si una gestión útil en alguno de dichos casos tiene la ap-
titud para interrumpir el plazo del abandono.
Conclusiones
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Bajo este prisma, es necesario entender que, al consignar la frase «alguna gestión
útil para dar curso progresivo a los autos», la intención del legislador no pudo ser otra
que obligar a las partes a realizar gestiones que revelen inequívocamente su propósito
de continuar con el procedimiento, como se expone en la sentencia rol 239.538-2023,
de 27 de marzo de 2024, considerando noveno. De manera que el contenido de una
«gestión útil» no puede sustraerse de su propósito, que no es otro que el de «dar curso
progresivo a los autos», finalidad que se revela mucho más inclusiva que la de significar
un «avance efectivo del proceso hacia la decisión final», como sinónimo de progreso
«hacia etapas más avanzadas» (Cortez Matcovich, 2018: 154).
Por lo demás, la casuística revisada también da cuenta no tanto de un aparente
predominio de la postura amplia, sino más bien de la gran amplitud de situaciones o
contextos fáctico-procesales en los que puede tener ocasión el incidente del abandono
del procedimiento, en tanto las potenciales gestiones útiles no se limitan a aquellas que
conllevan como efecto directo el avance de un estadio procesal al siguiente, sino que
se aperturan hacia el reconocimiento de un sinnúmero de variables, entre las que se
encuentran gestiones en segunda instancia, en cuaderno separado, diligencias proba-
torias, actuaciones del propio tribunal e incluso de terceros, entre otras. Ejemplo de lo
anterior es una mención, aunque breve, ilustrativa que realiza la Corte Suprema en la
anteriormente citada sentencia rol 91.938-2020, en orden a reconocer que otros tipos de
diligencias, como la actividad «consistente en evacuar traslado y formular alegaciones
en torno a la intervención de un tercero coadyuvante», lo que también demostraría un
accionar proclive a la realización de gestiones útiles.
Por tanto, considerando el carácter sancionatorio de la institución y su interpreta-
ción restrictiva, de los que emana la imposibilidad de añadir presupuestos no estable-
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El abandono del procedimiento en la reciente jurisprudencia de la Corte Suprema
cidos por el legislador —como podría ser, por ejemplo, el mencionado requisito hacer
avanzar efectivamente el proceso—, una postura amplia parece ser la que responde
de mejor manera a las exigencias y circunstancias fácticas que cotidianamente le toca
resolver a la Corte Suprema, por lo que cabe su proposición como solución para los
casos difíciles.
Finalmente, en cuanto a la oportunidad para impetrar el incidente, esta tesis todavía
se puede estimar como algo reciente y que aún no se ha asentado de todo, ni siquiera
en la propia jurisprudencia de la Tercera Sala, apareciendo en el último caso solamente
como un voto de prevención. Con todo, se presenta como una interpretación intere-
sante que limita el actuar del demandado según la regulación general de los incidentes,
exigiéndole también una actividad diligente en la presentación de sus defensas y alega-
ciones. Habrá que esperar para ver el desarrollo que tiene y su evolución en el devenir
de la jurisprudencia de la Corte Suprema.
Referencias
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NoVq.
Romero Seguel, Alejandro (2017). Curso de Derecho Procesal Civil. Tomo 4. Legal
Publishing.
Sobre el autor
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