Formación de la clase obrera en Inglaterra
Formación de la clase obrera en Inglaterra
La
formación
de la
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clase
obrera E
Este material es para uso de los estudiantes de la Universidad Nacional de Quilmes, sus fines
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ste libro tiene un título un tanto tosco, pero que cumple su
cometido. Formación, porque es el estudio de un proceso ac-
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experiencia de clase está ampliamente determinada por las relacio- cuál es la mejor forma de que a «ella» se le pueda condicionar para
nes de producción en las que los hombres nacen o en las que entran que acepte su papel social y cuál es el mejor modo de «manejar y
de manera involuntaria. La conciencia de clase es la forma en que canalizar» sus quejas.
se expresan estas experiencias en términos culturales: encarnadas Si recordamos que la clase es una relación, y no una cosa, no
en tradiciones, sistemas de valores, ideas y formas institucionales. podemos pensar de este modo. «Ella» no existe, ni para tener, un
Si bien la experiencia aparece como algo determinado, la con- interés o una conciencia ideal, ni para yacer como paciente en la
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ciencia de clase no lo está. Podernos ver una cierta lógica en las mesa de operaciones del ajustador. Ni podemos poner las cosas
respuestas de grupos laborales similares que tienen experiencias boca abajo como ha hecho un autor que —en un estudio sobre la
similares, pero no podemos formular ninguna ley. La conciencia clase, que manifiesta una preocupación obsesiva por la metodolo-
de clase surge del mismo modo en distintos momentos y lugares, gía hasta el punto de excluir del análisis cualquier situación de clase
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pero nunca surge exactamente de la misma forma. real en un contexto histórico real— nos informa de lo siguiente:
Hoy en día, existe la tentación, siempre presente, de suponer
que la clase es una cosa. Este no fue el sentido que Marx le dio en Las clases se basan en las diferencias de poder legítimo asociado a
sus propios escritos de tipo histórico, aunque el error vicia muchos ciertas posiciones, es decir, en la estructura de papeles sociales con
respecto a sus expectativas de autoridad (...) Un individuo se convierte
de los recientes escritos «marxistas». Se supone que «ella», la clase
en miembro de una clase cuando desempeña un papel social relevante
obrera, tiene una existencia real, que se puede definir de una forma desde el punto de vista de la autoridad (...) Pertenece a una clase porque
casi matemática: tantos hombres que se encuentran en una deter- ocupa una posición en una organización social; en suma, la pertenencia
minada relación con los medios de producción. Una vez asumido de clase se deriva de la posesión de un papel social.2
esto, es posible deducir qué conciencia de clase debería tener «ella»
—pero raras veces tiene—, si fuese debidamente consciente de su El problema es, por supuesto, cómo este individuo llegó a des-
propia posición y de sus intereses reales. Hay una superestructura empeñar este «papel social» y cómo llegó a existir esa organización
cultural, a través de la cual este reconocimiento empieza a evolu- social determinada, con sus derechos de propiedad y su estruc-
cionar de maneras ineficaces. Estos «atrasos» culturales y esas distor- tura de autoridad. Y estos son problemas históricos. Si detene-
siones son un fastidio, de modo que es fácil pasar desde ésta a alguna mos la historia en un punto determinado, entonces no hay clases
teoría de la sustitución: el partido, la secta o el teórico que desvela la sino simplemente una multitud de individuos con una multitud
conciencia de clase, no tal y como es, sino como debería ser. de experiencias. Pero si observamos a esos hombres a lo largo de
Pero en el otro lado de la divisoria ideológica se comete diaria- un período suficiente de cambio social, observaremos pautas en
mente un error parecido. En cierto sentido, es una simple impug- sus relaciones, sus ideas y sus instituciones. La clase la definen los
nación. Puesto que la tosca noción de clase que se atribuye a Marx hombres mientras viven su propia historia y, al fin y al cabo, esta es
se puede criticar sin dificultad, se da por supuesto que cualquier su única definición.
idea de clase es una construcción teórica perjudicial que se impone Si he mostrado una comprensión insuficiente de las preocupa-
a los hechos. Se niega que la clase haya existido alguna vez. De otro ciones metodológicas de ciertos sociólogos, espero sin embargo
modo, y mediante una curiosa inversión, es posible pasar de una que este libro sea considerado como una contribución a la com-
visión dinámica de la clase a otra estática. «Ella» —la clase obrera— prensión de la clase. Porque estoy convencido de que no podemos
existe y se puede definir con cierta exactitud como componente de comprender la clase a menos que la veamos como una formación
la estructura social. Sin embargo, la conciencia de clase es una mala social y cultural que surge de procesos que sólo pueden estudiarse
cosa inventada por intelectuales desplazados, puesto que cualquier mientras se resuelven por sí mismos a lo largo de un período
cosa que perturbe la coexistencia armoniosa de grupos que repre- histórico considerable. En los años que van entre 1780 y 1832, la
sentan diferentes «papeles sociales» —y que de ese modo retrasen mayor parte de la población trabajadora inglesa llegó a sentir una
el desarrollo económico—, se debe lamentar como un «indicio de
identidad de intereses común a ella misma y frente a sus gober-
perturbación injustificado».1 El problema reside en determinar
nantes y patronos. Esta clase gobernante estaba muy dividida y de
hecho sólo ganó cohesión a lo largo de los mismos años porque
Un ejemplo de este enfoque, que abarca el período de este libro, se encuentra en la
obra de un colega, el profesor Talcott Parsons: N. J. Smelser, Social Change in the Indus-
trial Revolution, 1959.
2 R. Dahrendorf, Class and Class Conflict in Industrial Society, 1959, pp. 148-149.
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se superaron ciertos antagonismos —o perdieron su importancia tradiciones estuviesen muriendo; es posible que su hostilidad hacia
relativa— frente a una clase obrera insurgente. De modo que en el nuevo industrialismo fuese retrógrada; es posible que sus ideales
1832 la presencia de la clase obrera era el factor más significativo de comunitarios fuesen fantasías; es posible que sus conspiraciones
la vida política británica. insurreccionales fuesen temerarias: pero ellos vivieron en aquellos
El libro está escrito del siguiente modo. En la Primera parte tiempos de agudos trastornos sociales y nosotros no. Sus aspiracio-
se estudian las tradiciones populares con continuidad en el siglo nes eran válidas en términos de su propia experiencia y, si fueron
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XVIII, que tuvieron influencia en la agitación jacobina de la década víctimas de la historia, siguen siendo víctimas, si se condenan sus
de 1790. En la Segunda parte se pasa de las influencias subjetivas propias vidas.
a las objetivas: las experiencias de grupos de obreros durante la Nuestro único criterio no debería ser si las acciones de un hom-
Revolución industrial, que en mi opinión tienen una significación bre están o no justificadas a la luz de la evolución posterior. Al fin y
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especial. También intento hacer una estimación del carácter de la al cabo, nosotros mismos no estamos al final de la evolución social.
nueva disciplina del trabajo industrial y la relación que la Iglesia En algunas de las causas perdidas de las gentes de la Revolución
Metodista puede tener con aquella. En la Tercera parte, se recoge industrial podemos descubrir percepciones de males sociales que
la historia del radicalismo plebeyo y se lleva a través del ludismo tenemos todavía que sanar. Además, la mayor parte del mundo está
hasta la época heroica del final de las guerras napoleónicas. Al final, todavía hoy sufriendo problemas de industrialización y de forma-
se tratan algunos aspectos de teoría política y de la conciencia de ción de instituciones democráticas, análogas en muchas formas a
clase en las décadas de 1820 y 1830. nuestra propia experiencia durante la Revolución industrial. Toda-
Esta obra es más un conjunto de estudios sobre temas relacio- vía en Asia o en África se podrían ganar causas que se perdieron
nados, que una narración continuada. Al seleccionar estos temas en Inglaterra.
he sido consciente, a veces, de que escribía contra la autoridad de Finalmente una nota de disculpa para los lectores escoceses y
ortodoxias predominantes. Está la ortodoxia fabiana, en la que galeses. He omitido estas historias, no por chauvinismo, sino por
se considera a la gran mayoría de la población obrera como víc- respeto. Precisamente porque la clase es una formación tanto cul-
timas pasivas del laissez faire, con la excepción de un puñado de tural como económica, he sido cauteloso en cuanto a generalizar
organizadores clarividentes: principalmente, Francis Place. Está la más allá de la experiencia inglesa. Por otra parte, he tomado en
ortodoxia de los historiadores de la economía empírica, en la que consideración a los irlandeses, no por su situación en Irlanda, sino
se considera a los obreros fuerza de trabajo, como inmigrantes o como inmigrantes en Inglaterra. La historia de Escocia, en parti-
como datos de las series estadísticas. Está la ortodoxia de El pro- cular, es tan terrible y atormentada como la nuestra. La agitación
geso del peregrino, según la cual el período está salteado por los jacobina en Escocia fue más intensa y más heroica, pero la historia
pioneros-precursores del Welfare State, los progenitores de una escocesa es sensiblemente diferente. El calvinismo no era lo mismo
Commonwealth socialista o —más recientemente— los primeros que el metodismo, aunque es difícil decir cuál era peor a principios
ejemplares de las relaciones industriales racionales. Cada una de del siglo XIX. En Inglaterra no teníamos un campesinado compara-
estas ortodoxias tiene cierta validez. Todas han añadido algo a ble a los emigrantes de las Highlands y la cultura popular era muy
nuestro conocimiento. Mi desacuerdo con la primera y la segunda distinta. Es posible, al menos hasta la década de 1820, considerar
se debe a que tienden a oscurecer la acción de los obreros, el grado que las experiencias inglesa y escocesa son algo distinto, puesto que
en que contribuyeron con esfuerzos conscientes a hacer la historia. los vínculos de tipo sindical y político eran pasajeros e inmaduros.
Mi desacuerdo con la tercera es que interpreta la historia bajo la luz
de las preocupaciones posteriores y no como de hecho ocurrieron. Este libro se escribió en Yorkshire y a veces está ilustrado con
Sólo se recuerda a los victoriosos: en el sentido de aquellos cuyas fuentes del West Riding. Mis más efusivos agradecimientos son
aspiraciones anticipaban la evolución subsiguiente. Las vías muer- para la Universidad de Leeds y para el profesor S. G. Raybould
tas, las causas perdidas y los propios perdedores caen en el olvido. por permitirme, hace algunos años, iniciar la investigación que
Trato de rescatar de la enorme prepotencia de la posteridad al ha dado lugar a este libro; y a los administradores del Leverhul-
pobre tejedor de medias, al tundidor ludita, al «obsoleto» tejedor me Trust por la concesión de una beca de investigación que me
en telar manual, al artesano «utópico» e incluso al iluso seguidor ha permitido completar el trabajo. También he aprendido mucho
de Joanna Southcott. Es posible que sus oficios artesanales y sus de los que participaban en mis clases seminarios, con quienes he
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discutido muchos de los temas que aquí se tratan. También mere-
cen mis agradecimientos los autores que me han permitido citar 6
fuentes manuscritas y con derechos de autor; los agradecimientos
particulares se encuentran al final de la primera edición del libro. Explotación
Tengo que dar también las gracias a muchos otros. Christopher
Hill, el profesor Asa Briggs y John Saville criticaron partes del libro
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cuando aún era un borrador, aunque no son responsables en modo
alguno de mis opiniones. R. W. Harris mostró una gran pacien-
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cia editorial cuando el libro sobrepasó el límite de páginas de la
colección para la que había sido encargado en un primer momento.
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Perry Anderson, Denis Butt, Richard Cobb, Henry Collins, Derrick
Crossley, Tim Enright, el doctor E. P. Hennock, Rex Russell, el doc- ohn Thelwall no era el único que veía en cada «manufactura»
tor John Rex, el doctor E. Sigsworth y H. O. E. Swift me han ayu- un centro potencial de rebelión política. Un viajero aristocráti-
dado en diferentes aspectos. Y también tengo que dar las gracias a que visitó los valles del Yorkshire en 1792 se alarmó al descubrir
Dorothy Thompson, historiadora con quien estoy relacionado por una nueva hilandería en el «valle pastoril» de Aysgarth: «Ahora,
el accidente del matrimonio. He discutido cada uno de los capítulos hay aquí una fábrica grande y ostentosa, cuyo arroyo ha acaparado
con ella y he estado en situación inmejorable para tomar prestadas la mitad del agua de los saltos de más arriba del puente. Con el
no sólo sus ideas, sino material de sus cuadernos de notas. Su cola-
tañido de la campana y el griterío de la fábrica, todo el valle está
boración no se encuentra en este o aquel aspecto particular, sino en
trastornado; la traición y los sistemas igualitarios son los temas de
la forma en que se ha enfocado todo el problema.
conversación, y la rebelión puede estar próxima.» La fábrica apare-
cía como un símbolo de energías sociales que estaban destruyendo
el mismo «curso de la Naturaleza». Encarnaba una doble amenaza
hacia el orden establecido. En primer lugar la de los propietarios
Halifax, agosto de 1963
de la riqueza industrial, aquellos advenedizos que gozaban de una
injusta ventaja sobre los terratenientes cuyo ingreso dependía de
los libros del registro de sus rentas:
Cuando los hombres acceden así a las riquezas, o cuando las riquezas
que provienen del comercio se consiguen con demasiada facilidad, el
infortunio se cierne sobre nosotros, hombres de ingresos medianos y
renta fija; como lo hizo sobre todos los Nappa Halls y la Yeomanry de
la tierra.
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de producción y sociales era algo común entre los observadores, con términos que sugieren algo amenazador y pavoroso (...) como el
entre 1790 y 1850. A fin de cuentas es lo que expresaba Marx, con lento crecimiento y la plenitud de un océano que, en un futuro no lejano,
una energía poco corriente, cuando decía: «el molino de agua lo tiene que arrebatar a todos los elementos de la sociedad en la cresta de
sus olas y transportarlos Dios sabe dónde. Hay poderosas energías que
asociamos con el señor feudal; la fábrica a vapor, con el capita-
yacen inactivas en esas masas (...) La población manufacturera no es
lista industrial.» Y no sólo era el propietario de la fábrica lo que nueva únicamente en su formación: es nueva en sus hábitos de pensa-
les parecía «nuevo» a los contemporáneos, sino también la pobla- miento y acción, que han sido conformados por las circunstancias de su
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ción obrera que se había establecido en las fábricas y alrededor de condición, con poca instrucción, y menor guía, a partir de influencias
ellas. «Nada más llegar a las lindes de las zonas manufactureras del exteriores.6
Lancashire —escribió un magistrado rural en 1808— encontramos Cuando Engels describía La situación de la clase obrera en Ingla-
una nueva estirpe de seres, tanto por lo que se refiere a las cos- terra en 1844 le parecía que «los primeros proletarios estaban rela-
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tumbres y la ocupación como a la subordinación.»; mientras que cionados con la manufactura, fueron engendrados por ella (...) los
Robert Owen afirmaba, en 1815, que «la difusión generalizada de
trabajadores fabriles, primogénitos de la Revolución industrial, han
manufacturas en todo un país da lugar a un nuevo carácter en sus
formado desde el comienzo hasta el presente el núcleo del Movi-
habitantes (...) un cambio esencial en el carácter general del grueso
miento Obrero».
de la población».
Por muy distintos que fuesen sus juicios de valor, los observado-
En las décadas de 1830 y 1840, los observadores todavía se sor-
res conservadores, radicales y socialistas sugerían la misma ecua-
prendían ante la novedad del «sistema fabril». Peter Gaskell, en
ción: la energía del vapor y la fábrica de algodoneros = la nueva
1833, hablaba de la población manufacturera como de «un Hér-
clase obrera. Se veía a los instrumentos físicos de la producción
cules todavía en la cuna», «sólo desde la introducción del vapor
como fuerza motriz ha adquirido su importancia primordial». La dando lugar, de forma directa y más o menos compulsiva, a nue-
máquina de vapor había «reunido a la población en densas masas» vas relaciones sociales, instituciones y formas culturales. Al mismo
y Gaskell había visto ya en las organizaciones de la clase obrera un tiempo, la historia de la agitación popular durante el período 1811-
«imperium in imperio de la más detestable descripción».3 Diez años 1850 parece confirmar esa imagen. Es como si la nación inglesa
más tarde Cooke Taylor escribía en términos similares: entrara en un crisol en la última década del siglo XVIII y surgiera
con una nueva forma después de las guerras. Entre 1811 y 1813,
La máquina de vapor no tenía precedente, la spinning-jenny4 no tiene la crisis ludita; en 1817 el motín de Pentridge;7 en 1819, Peterloo;
ascendencia, la mulé5 y el telar mecánico iniciaron un patrimonio durante toda la década siguiente, proliferación de la actividad de
imprevisto: surgieron de forma repentina como Minerva de la cabeza las trade unions, propaganda owenita, periodismo radical, el movi-
de Júpiter. miento por las diez horas, la crisis revolucionaria de 1831-1832, y,
Pero lo que más inquietud causaba a este observador eran las además de eso, la multitud de movimientos que constituyeron el
consecuencias humanas de esas «innovaciones»: cartismo. Quizá sea la escala e intensidad de esa agitación popu-
lar multiforme la que, más que cualquier otra cosa, ha dado lugar
Cuando un extraño atraviesa las masas de seres humanos que se han —tanto entre los observadores contemporáneos, como entre los
aglomerado alrededor de las hilanderías y estampaciones (...) no puede historiadores— a la sensación de algún cambio catastrófico.
contemplar esas «atestadas colmenas» sin sentimientos de ansiedad y Casi todo fenómeno radical de la década de 1790 se puede encon-
aprensión que llegan a consternarle. La población, como el sistema al trar reproducido, diez veces mayor, después de 1815. El puñado de
que pertenece, es nueva; pero está creciendo por momentos en exten-
panfletos jacobinos dio lugar a una multitud de publicaciones ultra-
sión y fuerza. Es un agregado de multitudes, que nuestras ideas expresan
rradicales y owenitas. Donde, antes, Daniel Eaton cumplía prisión
por publicar a Paine, Richard Carlile y sus vendedores cumplían
3 P. Gaskell, The Manufacturing Population of England, 1833, p. 6; Asa Briggs, «"Class"
un total de más de doscientos años de cárcel por delitos similares.
in Early Nineteenth-century England», en Essays in Labour History, compilado por Bri-
ggs y Saville, 1960, p. 63.
Donde las Sociedades de Correspondencia mantenían una precaria
4 La spinning-jenny era una máquina de hilar con varios husos, fue inventada por existencia en muchas ciudades, los Clubes Hampden de la posguerra
James Hargreaves en 1764. (N. de la T.)
5 La mulé era una variante de la spinning-jenny inventada por Samuel Crompton en 6 W. Cooke Taylor, Notes of a Tour in the Manufacturing Districts of Lancashire, 1842,
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o las organizaciones políticas echaban raíces en las pequeñas pobla- deberíamos dar por sentada cualquier correspondencia automática,
ciones industriales. Y cuando toda esa agitación popular se asocia al o demasiado directa, entre la dinámica del crecimiento económico y
espectacular ritmo de cambio de la industria del algodón, es natural la dinámica de la vida social o cultural. Porque medio siglo después
suponer una relación causal directa. La fábrica de algodoneros apa- del «avance decisivo» de la fábrica de algodón, alrededor de 1780,
rece no ya como el agente de la Revolución industrial, sino también los trabajadores fabriles seguían siendo una minoría de la fuerza de
de la social; produce no sólo las mercancías, sino también el propio trabajo adulta en la propia industria del algodón. A principios de
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«Movimiento Obrero». La Revolución industrial, que empezó como la década de 1830, los tejedores manuales del algodón eran todavía,
una descripción, se invoca hoy como una explicación. ellos solos, más numerosos que todos los hombres y las mujeres
Desde la época de Arkwright hasta los tumultos de Plug8 y más empleados en el hilado y el tejido de las fábricas algodoneras, laneras
allá, la imagen que domina nuestra reconstrucción visual de la y sederas reunidas.12 El hilador adulto no era aún, en 1830, más repre-
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Revolución industrial es la «sombría fábrica satánica». En parte, sentativo de aquella figura esquiva, el «obrero medio», de lo que, en
quizá, porque es una imagen visual dramática: los edificios parecidos la década de 1960, lo es el obrero de la Coventry.13
a cuarteles, las grandes chimeneas, los niños trabajando en la fábrica, La cuestión es importante, porque el énfasis exagerado en
los chanclos y las pañoletas, las viviendas arracimándose en torno de la novedad de las fábricas de los algodoneros puede conducir a
las fábricas como si éstas las hubieran parido. Es una imagen que nos una subestimación de la continuidad de las tradiciones políticas
obliga a pensar primero en la industria y sólo en segundo lugar en la y culturales en la formación de las comunidades obreras. Los tra-
gente relacionada con ella o que está a su servicio. En parte, porque bajadores fabriles, lejos de ser los «primogénitos de la Revolución
a los contemporáneos les parecía que la fábrica de algodoneros y la industrial», eran los recién llegados. Muchas de sus ideas y formas de
nueva ciudad fabril —lo repentino de su crecimiento, la ingeniosi- organización habían sido ya adoptadas por los trabajadores a domi-
dad de sus técnicas y la novedad o severidad de su disciplina— eran cilio, como los cardadores de lana de Norwich y el West Country, o
espectaculares y portentosas: un indicador más satisfactorio para el los tejedores de cintas de Manchester. Y es discutible si la mano de
debate sobre el problema de la «condición de Inglaterra»9 que aque- obra fabril —excepto en los distritos algodoneros— «formó el núcleo
llos distritos manufactureros, anónimos y dispersos, que aún más del movimiento obrero» antes de los últimos años de la década de
a menudo figuran en los «libros de disturbios» del Ministerio del 1840; y, en algunas ciudades del norte y las Midlands, los años 1832-
Interior. Y de ambos se derivó una tradición literaria e histórica. 1834, que conducen a los grandes cierres patronales. Como hemos
Casi todos los relatos clásicos de los contemporáneos acerca de las visto, el jacobinismo echó raíces muy profundas entre los artesanos.
condiciones de vida en la Revolución industrial se basan en la indus- El ludismo fue la obra de obreros cualificados en pequeños talle-
tria del algodón; y en su mayoría en el Lancashire: Owen, Gaskell, res. Desde 1817 hasta el cartismo, los trabajadores a domicilio, en el
Ure, Fielden, Cooke, Taylor, Engels, por mencionar a unos pocos. norte y las Midlands, desempeñaron un papel tan destacado como
Novelas como Michael Armstrong o Mary Barton o Tiempos difíciles10 la mano de obra fabril en todas las agitaciones radicales. En muchas
perpetúan la tradición. Y el mismo énfasis se encuentra, de manera ciudades, el núcleo real de donde el movimiento obrero extrajo ideas,
notable, en la literatura posterior de historia económica y social. organización y líderes estaba constituido por zapateros, tejedores,
Pero quedan muchos puntos oscuros. El algodón fue, desde luego, talabarteros y guarnicioneros, libreros, impresores, obreros de la
la industria puntera de la Revolución industrial11 y la fábrica de algo- construcción, pequeños comerciantes y otros por el estilo. El vasto
dón sirvió de modelo básico para el sistema fabril. Sin embargo, no mundo del Londres radical, entre 1815 y 1850, no sacó su fuerza de
las principales industrias pesadas —la construcción naval tendía a
8 Los cartistas recogieron 3.315.752 firmas para su segunda petición de 1842. El Parla- declinar y los mecánicos no dejarían sentir su influencia hasta más
mento se negó de nuevo a tomarla en consideración. Este mismo año hubo serias huel- avanzado el siglo—, sino de la multitud de oficios y ocupaciones
gas y motines en el norte de Inglaterra y en las áreas industriales. (N. de la T)
9 Se refiere a la larga polémica sobre las condiciones de vida de la población obrera
menores.14
inglesa durante la Revolución industrial. (N. de la T)
10 Michael Armstrong fue escrita por Throllope, Mary Barton por Gaskell y Tiempos 12 Estimación para el Reino Unido de 1833. Total de la fuerza de trabajo adulta en
difíciles es de Dickens (hay varias traducciones al castellano). (N. de la T.) todas las fábricas textiles; 191.671. Número de tejedores manuales; 213.000. Véase más
11 Para una admirable exposición de las razones de la primacía de la industria del algo-
adelante, p.346.
dón en la Revolución industrial, véase E. J. Hobsbawm, The Age of Revolution, 1962, cap. 2. 13 Téngase en cuenta que el libro se publicó por primera vez en 1963. (N. de la T.)
(Hay trad. cast.: Las revoluciones burguesas, Ediciones Guadarrama, Madrid, 1976, 2 vols.) 14 Cf. Hobsbawm, op. cit., cap. 2.
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Esa diversidad de experiencias ha llevado a algunos autores La formación de la clase obrera es un hecho de historia política
a poner en duda tanto la noción de una «Revolución industrial» y cultural tanto como económica. No nació por generación espon-
como la de una «clase obrera». No hace falta detenerse en el primer tánea del sistema fabril. Tampoco debemos pensar en una fuerza
reparo.15 El término es bastante útil en su connotación habitual. externa —la «Revolución industrial»— que opera sobre alguna
En cuanto al segundo, muchos autores prefieren el término clases materia prima de la humanidad, indeterminada y uniforme, y la
trabajadoras, que subraya la gran disparidad por lo que hace a posi- transforma, finalmente, en una «nueva estirpe de seres». Las rela-
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ción, adquisiciones, calificaciones y circunstancias, que incluye en ciones de producción cambiantes y las condiciones de trabajo de
su seno aquella híbrida expresión. Y en este sentido se hacen eco de la Revolución industrial fueron impuestas, no sobre una materia
las quejas de Francis Place: prima, sino sobre el inglés libre por nacimiento; un inglés libre por
nacimiento tal y como Paine lo había legado o los metodistas lo
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habían moldeado. Y el obrero fabril o el calcetero era también el
Si el carácter y la conducta de la gente trabajadora han de deducirse heredero de Bunyan, de derechos locales no olvidados, de nociones
a partir de los estudios, revistas, folletos, diarios, informes de las dos
Cámaras del Parlamento y de los Comisionados fabriles, les encontra-
de igualdad ante la ley, de tradiciones artesanas. Era el objeto de un
remos a todos mezclados en los «órdenes inferiores»; los trabajadores adoctrinamiento religioso a gran escala y el creador de tradiciones
más cualificados y los más prudentes con los obreros más ignorantes e políticas. La clase obrera se hizo a sí misma tanto como la hicieron
imprudentes y los mendigos, aunque la diferencia es muy grande y, en otros.
realidad, en muchos casos apenas admitirá comparación.16 Considerar a la clase obrera de ese modo es defender una
visión «clásica» del período frente a la actitud predominante de
las escuelas contemporáneas de historia económica y sociología.
Por supuesto, Place tiene razón: el marinero de Sunderland, el Porque el territorio de la Revolución industrial, que fue primero
labriego irlandés, el baratillero judío, el asilado de un pueblo de acotado y examinado por Marx, Arnold Toynbee, los Webb y los
East Anglia obligado a trabajar en una workhouse,17 el cajista de The Hammond, hoy parece un campo de batalla académico. La cono-
Times; todos podrían ser considerados por sus «superiores» como cida visión «catastrófica» del período ha sido discutida punto por
pertenecientes a las «clases bajas», aunque ni siquiera pudiesen punto. En lugar de contemplar esa etapa al modo habitual, como
entenderse en el mismo dialecto. de desequilibrio económico, intensa miseria y explotación, repre-
Sin embargo, cuando se han tomado todas las precauciones sión política y agitación popular heroica, hoy se dirige la atención
oportunas, el hecho destacable del período comprendido entre hacia la tasa de crecimiento económico, así como a las dificul-
1790 y 1830 es la formación de «la clase obrera». Esto se revela, pri- tades del «despegue» en la reproducción tecnológica autososte-
mero, en el desarrollo de la conciencia de clase; la conciencia de nida. Ahora, el proceso de las enclosures18 importa menos por
una identidad de intereses a la vez entre todos esos grupos diversos su rigor en desplazar a los pobres de las aldeas, que por su éxito
de población trabajadora y contra los intereses de otras clases. Y, en alimentar una población que crecía con rapidez. Se considera
en segundo lugar, en el desarrollo de las formas correspondientes que los infortunios del período se deben a las convulsiones que
de organización política y laboral. Hacia 1832, había instituciones trajeron las guerras, a las comunicaciones defectuosas, a la inma-
obreras —sindicatos, sociedades de socorro mutuo, movimientos durez bancaria y crediticia, a los mercados inseguros y al ciclo
educativos y religiosos, organizaciones políticas, publicaciones comercial, más que a la explotación o a la competencia salvaje. El
periódicas— sólidamente arraigadas, tradiciones intelectuales malestar popular se ve como resultado de la coincidencia inevita-
obreras, pautas obreras de comportamiento colectivo y una con- ble de los elevados precios del trigo y las depresiones comerciales,
cepción obrera de la sensibilidad. y resulta explicable en términos de un cuadro de «tensión social»
elemental derivado de esos datos.19 En general, se sugiere que la
situación del obrero industrial en 1840 era, en muchos aspectos,
15 Hay un resumen de esta controversia en E. E. Lampard, Industrial Revolution, Ame-
rican Historical Association, 1957. Véase también Hobsbawm, op. cit., cap. 2.
16 Citado por M. D. George, London Life in The Eighteenth Century, 1930, p. 210.
18 Proceso de aplicación del principio de propiedad absoluta de la tierra, cuya mani-
17 Edificios públicos irlandeses destinados a emplear y dar cobijo a pobres. Su origen
festación externa era el cercado de los campos. (N. de la T.)
data de mediados del siglo XVII. (N. de la T.) 19 Véase W. W. Rostow, British Economy in the Nineteenth Century, 1948, especialmen-
son exclusivamente didácticos. Prohibida su reproducción parcial o total sin permiso escrito de la editorial correspondiente.
notables —sir John Clapham, doctora Dorothy George, profe- época de la que se ocupan estas páginas aparece como una historia
sor Ashton—, por una crítica adusta de la imprecisión de ciertos de guerra civil.» Este es el comienzo del capítulo introductorio de
autores de la vieja escuela. Los estudios de la nueva ortodoxia han The Skilled Labourer. Y en la conclusión a The Town Labourer, entre
enriquecido la erudición histórica y han modificado y revisado el otros comentarios más mediocres, hay una perspicacia que realza
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trabajo de la escuela clásica en aspectos importantes. Pero como con imprevista claridad todo el período:
hoy en día la nueva ortodoxia está, a su vez, envejeciendo y se
encuentra atrincherada en la mayoría de los centros académicos, En la época en que media Europa estaba embriagada y la otra media
está expuesta, también, al desafío de la crítica. Y los sucesores de aterrorizada por la nueva magia de la palabra ciudadano, la nación
inglesa estaba en manos de hombres que contemplaban la idea de la ciu-
los grandes empiristas manifiestan con demasiada frecuencia una
dadanía como un desafío a su religión y su civilización; que pretendían
complacencia moral, una estrechez de miras y un conocimiento convertir deliberadamente las desigualdades de la vida en la base del
insuficiente de los movimientos reales de la población obrera de Estado y acentuar y perpetuar la posición de los obreros como una clase
la época. Están más enterados de las posturas empíricas ortodoxas sometida. De ahí el hecho de que la Revolución francesa haya dividido
que de los cambios en las relaciones sociales y en las formas cultu- menos al pueblo francés de lo que la Revolución industrial ha dividido
rales que provocó la Revolución industrial. Lo que se ha perdido es al pueblo de Inglaterra.
un sentido de todo el proceso: el contexto político y social global
del período. Lo que, en principio, eran aportaciones valiosas se han Ese «De ahí el hecho» se puede poner en duda. Y sin embargo,
convertido, a través de imperceptibles etapas, en nuevas generali- es en esa intuición —que la revolución que no tuvo lugar en Ingla-
zaciones que los hechos pocas veces pueden confirmar, y de gene- terra fue tan completamente devastadora y en algunos aspectos
ralizaciones en actitudes arbitrarias. más lacerante que la que tuvo lugar en Francia— donde encontra-
La ortodoxia empírica se define a menudo en función de una mos una clave para la naturaleza verdaderamente catastrófica del
crítica sistemática de la obra de J. L. y Barbara Hammond. Es período. En toda esa época hay tres grandes influencias, y no dos,
cierto que los Hammond eran propensos a moralizar la historia que actúan simultáneamente. Está el tremendo crecimiento demo-
y a organizar en exceso sus materiales desde el punto de vista de gráfico: en Gran Bretaña, de 10,5 millones en 1801 a 18,1 millones
la «sensibilidad ofendida».21 Muchos aspectos de su obra han sido en 1841, con el mayor índice de crecimiento entre 1811-1821. Está
criticados o modificados a la luz de investigaciones posteriores y la Revolución industrial en sus aspectos tecnológicos. Y está la
nosotros pretendemos también señalar otros. Pero una defensa de contra-revolución política de 1792 a 1832.
los Hammond tiene que basarse no sólo en el hecho de que sus Al final, tanto el contexto político como la máquina de vapor
volúmenes sobre los trabajadores, con sus copiosas citas y amplia tuvieron una influencia determinante sobre la conciencia y las ins-
documentación, seguirán siendo una de las fuentes más impor- tituciones de la clase obrera que estaban en proceso de configura-
tantes para estudiar este período, sino también en que a través de ción. Las fuerzas que contribuían a la reforma política a finales del
su narración nos aproximaron al contexto político en el que tuvo siglo XVIII —Wilkes, los negociantes de la City, la pequeña gentry
de Middlesex, la «muchedumbre»; o Wyvill y la pequeña gentry y
20 Algunas de las visiones que aquí se han bosquejado se encuentran, de forma im-
yeomen, los pañeros, los cuchilleros y los artesanos— estuvieron
plícita o explícita, en T.S. Ashton, Industrial Revolution, 1948 (hay una traducción cas-
en vísperas de conseguir al menos algunas victorias aisladas en la
tellana en F.C. E, México) y A. Radford, The Economic History of England, 2.a edición, década de 1790: a Pitt le correspondió el papel de primer minis-
1960. Una variante sociológica es desarrollada por N.J. Smelser, Social Change in the tro reformista. Si los hechos hubieran seguido su curso «natural»,
Industrial Revolution, 1959, y una confusa popularización se encuentra en John Vaizey, hubiera sido lógico esperar algún conflicto, mucho antes de 1832,
Success Story, WEA, sin fecha.
21 Véase E. E. Lampard, op. cit, p. 7.
entre la oligarquía agraria y comercial y los fabricantes y la pequeña
222 223
gentry, con la clase obrera a remolque de la agitación de la clase de que la mayoría de los tejedores, calceteros o los que hacían cla-
media. E incluso en 1792, cuando los industriales y los profesiona- vos se convirtiesen en trabajadores a domicilio asalariados con un
les liberales destacaban en el movimiento de reforma, el equilibrio empleo más o menos precario. Estos son los años del empleo de
de fuerzas aún era ése. Pero después del triunfo de Los derechos del niños —y de mujeres, de forma clandestina— en las fábricas y en
hombre, la radicalización y el terror de la Revolución francesa, y muchas áreas mineras; y la empresa a gran escala, el sistema fabril
la arremetida de la represión de Pitt, sólo la plebeya Sociedad de con su nueva disciplina, las comunidades de las fábricas —donde
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Correspondencia se mantuvo firme contra las guerras contrarre- el fabricante no sólo se enriquecía con el trabajo de la «mano de
volucionarias. Esos grupos plebeyos, a pesar de lo pequeños que obra», sino que se podía ver cómo se enriquecía en una genera-
eran en 1796, formaron una tradición «subterránea» que actuó ción—, todo contribuía a la transparencia del proceso de explota-
hasta el fin de las guerras. La aristocracia y los fabricantes, alar- ción y a la cohesión social y cultural de los explotados.
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mados por el ejemplo francés y en el fervor patriótico de la guerra, Podemos ver ahora algo de la naturaleza verdaderamente catas-
hicieron causa común. El ancien régime inglés recobró su vigor, no trófica de la Revolución industrial, así como algunas de las razones
sólo en los asuntos nacionales, sino también en la perpetuación por las cuales en esos años se conformó la clase obrera inglesa.
de las antiguas corporaciones municipales que administraban mal El pueblo estaba sometido, a la vez, a una intensificación de dos
las abultadas poblaciones industriales. Los fabricantes recibieron a tipos de relaciones intolerables: las de explotación económica y
cambio importantes concesiones y señaladamente la derogación o las de opresión política. Las relaciones entre patrón y obrero se
revocación de la legislación «paternalista» que protegía el aprendi- volvían más estrictas y menos personales; y aunque es cierto que
zaje, la regulación de los salarios o las condiciones de trabajo en la eso aumentaba la libertad potencial del trabajador, puesto que el
industria. La aristocracia estaba interesada en reprimir las «conspi- jornalero agrícola o el oficial en la industria doméstica estaba, en
raciones» jacobinas del pueblo, los fabricantes estaban interesados palabras de Toynbee, «situado a medio camino entre la condición
en frustrar sus «conspiraciones» para aumentar los salarios: las del siervo y la condición del ciudadano», esa «libertad» hacía que
Combination Acts servían para ambos propósitos. percibiese con más claridad su no libertad. Pero en cada uno de los
De ese modo, los obreros se vieron abocados al apartheid polí- aspectos que buscase para resistir la explotación, se enfrentaba con
tico y social durante las guerras, en las que, en parte, también tuvie- las fuerzas del patrono o del Estado, y normalmente con las dos.
ron que combatir. Es cierto que eso no era completamente nuevo. La mayor parte de los trabajadores sintió la crucial experiencia
Lo que era nuevo era que coincidiese con una Revolución francesa; de la Revolución industrial en términos de cambio en la naturaleza
con una conciencia creciente de la propia identidad y unas aspi- y la intensidad de la explotación. Esta no es una idea anacrónica
raciones más amplias —se había plantado el «árbol de la libertad» extraída abusivamente de la documentación. Podemos describir
desde el Támesis al Tyne—; con un aumento demográfico, en el algunas partes del proceso de explotación tal como las veía un
que la pura sensación de cantidad, en Londres y en los distritos notable operario de la industria del algodón en 1818, el año en que
industriales, se volvió más impresionante de año en año —y a nació Marx. El relato —una declaración dirigida al público de Man-
medida que crecían en cantidad, probablemente disminuía el res- chester, que estaba al borde de la huelga, firmada por «Un Oficial
peto hacia el patrono, el magistrado o el párroco—; y con unas for- Hilandero de Algodón»— comienza describiendo a los patronos y
mas de explotación económica más intensas y transparentes. Más a los obreros como «dos clases distintas de personas»:
intensivas en la agricultura y en las viejas industrias domésticas,
más transparentes en las nuevas fábricas y quizá en las minas. En la En primer lugar, pues, por lo que se refiere a los patronos: con muy
agricultura, los años comprendidos entre 1760 y 1820 son los años pocas excepciones, son un grupo de hombres que han surgido del nego-
cio del algodón sin educación ni preparación, excepto la que hayan
de la generalización de las enclosures, durante los cuales se pierden
podido adquirir, gracias a su relación con el pequeño mundo de comer-
los derechos comunales, pueblo tras pueblo, y al que no tiene tierra ciantes en la lonja de Manchester; pero para contrarrestar ese defecto,
y —en el sur— al trabajador empobrecido no le queda más remedio dan unas apariencias, gracias a un ostentoso despliegue de mansiones
que sustentar a los arrendatarios, los terratenientes y los diezmos elegantes, ajuares, libreas, parques, caballos, perros de caza, etc., que se
de la Iglesia. En las industrias domésticas, desde 1800 en adelante, cuidan de exhibir ante el comerciante extranjero de la forma más fas-
se consolida la tendencia de que los menestrales dejen paso a los tuosa. Por supuesto, sus casas son elegantes palacios que superan con
mucho, en volumen y extensión, las residencias refinadas y fascinantes
patronos más grandes —ya sean fabricantes o intermediarios— y
224
225
que se pueden ver en los alrededores de Londres (...) pero el observador que conduce a una fábrica, un poco antes de las cinco de la mañana, y
puro de las bellezas de la naturaleza y el arte combinados advertirá en que observe el aspecto miserable de los pequeñuelos y de sus padres,
ellas una deplorable falta de gusto. Educan a sus familias en las escuelas arrancados de sus camas a una hora tan temprana y en todo tipo de
más caras, decididos a dar a su descendencia una doble ración de lo que tiempo; dejadle que examine la miserable ración de comida, compuesta
a ellos les falta. Así, sin que apenas haya en sus cabezas una segunda básicamente de gachas y torta de avena troceada, un poco de sal y a
intención, son materialmente pequeños monarcas, absolutos y despóti- veces coloreado con un poco de leche, junto con unas pocas patatas y
cos en sus distritos particulares; y para que todo eso se mantenga, ocu- un trocito de tocino o manteca para comer; ¿comería esto un trabajador
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pan todo su tiempo en maquinar cómo obtener la mayor cantidad de manual de Londres? En la fábrica están encerrados hasta la noche —si
trabajo a cambio del menor gasto (...) En resumen, me atreveré a decir, llegan algunos minutos tarde, se les descuenta una cuarta parte del sala-
sin miedo a la contradicción, que se observa una mayor distancia entre río— en estancias con una temperatura más elevada que la de los días
el amo y el hilandero aquí, de la que hay entre el mayor comerciante de más calurosos de este verano, y no se les deja tiempo en todo el día,
Londres y su último criado o el más humilde artesano. Desde luego no excepto tres cuartos de hora para comer: cualquier otra cosa que coman
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se puede comparar. Sé que es un hecho que la mayor parte de los patro- en otro momento la deben ingerir mientras trabajan. El esclavo negro
nos de hilanderos desean mantener bajos los salarios con el propósito que trabaja en las Indias Occidentales, cuando trabaja bajo un sol abra-
de mantener a los hilanderos indigentes y sin ánimos (...) así como con sador, tiene probablemente una pequeña brisa, de vez en cuando, para
el propósito de llevarse el beneficio a sus bolsillos. airearse; tiene un trozo de tierra y un tiempo permitido para cultivarlo.
Los patronos de hilanderos son una clase de hombres distinta de El esclavo hilandero inglés no disfruta de un espacio abierto ni de las
todos los demás maestros artesanos del reino. Son ignorantes, orgu- brisas del cielo. Encerrado en fábricas de ocho pisos de altura, no tiene
llosos y tiránicos. ¿Cómo deben ser los hombres, o mejor dicho los descanso hasta que el pesado motor se detiene, y entonces se va a su
seres, que son los instrumentos de tales amos? Porque, durante años y casa a recuperarse para el día siguiente; no hay tiempo para mantener
años, han sido, con sus esposas y sus hijos, la paciencia personificada, una agradable relación con su familia; todos están igual de fatigados y
esclavos y esclavas para sus crueles amos. Es inútil ofender nuestro sen- agotados. No se trata de una imagen exagerada, es literalmente cierto.
tido común con la observación de que aquellos hombres son libres; de Yo pregunto de nuevo, ¿se someterían a esto los trabajadores manuales
que la ley protege por igual a los ricos y a los pobres, y que un hilan- del sur de Inglaterra?
dero puede abandonar a su amo si no le gustan los salarios que paga. Cuando la hilatura del algodón estaba en sus inicios, y antes de que
Es cierto, puede, pero, ¿dónde debe ir?; por supuesto, a otro amo. De se utilizaran esas terribles máquinas, llamadas máquinas de vapor, des-
acuerdo, va. Le preguntan dónde trabajó antes: «¿Te despidieron?» No, tinadas a suplir la necesidad de trabajo humano, había gran número
no nos poníamos de acuerdo acerca de los salarios. Bueno, no puedo de lo que luego se llamaron pequeños patronos; hombres que con un
darte empleo a ti ni a nadie que deje a su amo por este motivo. ¿Por pequeño capital se podían procurar unas pocas máquinas y emplear a
qué ocurre esto? Porque existe un abominable pacto vigente entre los unos pocos trabajadores, hombres y muchachos —es decir, de veinte a
amos, que se estableció por primera vez en Stockport, en 1802, y desde treinta años—, el producto de cuyo trabajo se llevaba todo al mercado
entonces se ha generalizado tanto, que abarca a todos los grandes amos central de Manchester y se ponía en manos de los agentes de negocios
en un área de muchas millas alrededor de Manchester, aunque no a los (...) Los agentes lo vendían a los comerciantes, gracias a los cuales el
pequeños patronos: éstos están excluidos. En opinión de los grandes, patrono de hilanderos podía seguir trabajando en su casa y ocuparse
son los seres más detestables que se puedan imaginar (...) Cuando se de sus trabajadores. En aquellos días, el algodón en rama siempre se
estableció el pacto, uno de sus primeros artículos fue que ningún amo distribuía en pacas a las esposas de los hilanderos en casa, donde lo
debía emplear a un hombre hasta que hubiese averiguado si su último calentaban y lo limpiaban a punto para los hilanderos de la fábrica. Con
patrono le había despedido. ¿Qué debe hacer entonces el hombre? Si va ello podían ganar 8, 10 o 12 chelines a la semana, y cocinar y atender a
a la parroquia, que es la tumba de toda independencia, le dicen: «No sus familias. Pero ahora nadie tiene ese trabajo, porque todo el algodón
podemos ayudarte, si riñes con tu amo te mandaremos a prisión, y no se desmenuza con una máquina, accionada por la máquina de vapor,
vamos a mantener a tu familia»; de modo que el hombre se ve obligado, que se llama diablo; de modo que las esposas de los hilanderos no tie-
debido a una combinación de circunstancias, a someterse a su amo. No nen trabajo, a no ser que vayan a trabajar todo el día en la fábrica en
puede viajar y encontrar trabajo en cualquier ciudad como zapatero, lo que pueden realizar niños a cambio de unos pocos chelines, cuatro
ensamblador o sastre, está confinado en el distrito. o cinco por semana. En aquel momento, si un hombre no se ponía de
En general, los obreros son un grupo inofensivo de hombres ins- acuerdo con su amo, le dejaba y podía emplearse en cualquier otro sitio.
truidos y sin pretensiones, aunque es casi un misterio para mí el cómo Sin embargo, hace pocos años cambió el cariz de las cosas. Se empeza-
adquieren esa instrucción. Son dóciles y tratables, si no se les irrita ron a utilizar las máquinas de vapor y se requería un gran capital para
demasiado; pero esto no es sorprendente, sí tenemos en cuenta que comprarlas y para construir edificios suficientemente grandes para que
están acostumbrados a trabajar, a partir de los seis años, desde las cupiesen aquéllas y seiscientos o setecientos trabajadores. La máquina
cinco de la mañana hasta las ocho y las nueve de la noche. Dejad que producía artículos más vendibles, aunque no mejores, que los que podía
uno de los defensores de la obediencia al amo se aposte en la avenida hacer el pequeño patrón por el mismo precio. El resultado fue su ruina
226 227
en poco tiempo; y los prósperos capitalistas triunfaron con su caída, versaron sobre temas que no están englobados por los baremos del
puesto que aquéllos eran el único obstáculo que quedaba entre ellos y el coste de la vida. Los temas que provocaron la mayor intensidad de
absoluto control de los obreros.
sentimiento fueron aquellos en los que estaban en litigio valores
Luego surgieron diversas disputas entre los obreros y los patronos
con respecto a la pulcritud del trabajo, puesto que los obreros cobraban
como las costumbres tradicionales, «justicia», «independencia»,
de acuerdo con el número de madejas o yardas de hebra que producían seguridad o economía familiar, más que los simples temas de
a partir de una cantidad de algodón dada, que siempre debía ser verifi- «pan y mantequilla». Los primeros años de la década de 1830 están
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cada por el supervisor, cuyo interés le obligaba a inclinarse en favor del encendidos por agitaciones que versaban sobre temas en los que
patrono y a considerar el material como más burdo de lo que era. Si el los salarios tenían una importancia secundaria: los alfareros contra
obrero no se sometía debía emplazar a su patrón ante un magistrado; el el Truck System;23 los trabajadores de la industria textil en favor del
conjunto de magistrados en activo de aquel distrito, con la excepción
de dos honestos clérigos, eran caballeros cuyo origen era el mismo que
proyecto de ley de las diez horas; los obreros de la construcción, en
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el de los patronos de hilanderos del algodón. El patrono, en general, se favor de la acción directa cooperativa; todos los trabajadores en favor
contentaba con enviar a su supervisor para que respondiese a cualquiera del derecho a afiliarse a las trade unions. La gran huelga de la cuenca
de esos requerimientos, considerando que situarse frente a frente con minera del noreste, en 1831, se hizo por la seguridad de empleo, los
su sirviente era rebajarse. La decisión del magistrado era, por lo gene- tommy shops24 y el trabajo de los niños.
ral, favorable al patrono, aunque sólo se basaba en la declaración del La relación de explotación es más que la suma de injusticias y
supervisor. El obrero no se atrevía a apelar a los tribunales a causa del
antagonismos mutuos. Es una relación que puede verse que adopta
gasto (...)
Estos males que se infligen a los hombres han surgido de aquel terri- formas distintas en contextos históricos diferentes, formas que
ble monopolio que existe en aquellos distritos, en donde la riqueza y están en relación con las formas correspondientes de propiedad y
el poder están en manos de unos pocos, qué, con la arrogancia en sus poder del Estado. La relación de explotación clásica de la Revo-
corazones, se creen los señores del universo.22 lución industrial es despersonalizada, en el sentido de que no se
admiten obligaciones durables de reciprocidad: de paternalismo
Esta lectura de los hechos, en su lógica notable, es una mani- o deferencia, o de intereses del «Oficio». No hay indicios del pre-
festación ex parte tanto como lo es la «economía política» de lord cio «justo» o de un salario justificado en relación a las sanciones
Brougham. Pero el «Oficial Hilandero de Algodón» describía sociales o morales, como algo opuesto a la actuación de las fuerzas
hechos de una clase diferente. No es necesario que nos preocu- del libre mercado. El antagonismo se acepta como intrínseco a las
pemos por la solidez de todas sus afirmaciones. Lo que hace esta relaciones de producción. Las funciones de dirección o supervisión
declaración es especificar, una detrás de otra, las injusticias que los exigen la represión de todos los atributos excepto aquellos que pro-
obreros sentían como cambios en el carácter de la explotación capi- mueven la expropiación del máximo valor excedente del trabajo.
talista: la ascensión de una clase de patronos que no tenía autoridad Esta es la economía política que Marx analizaba minuciosamente
tradicional ni obligaciones; la creciente distancia entre el patrono en El capital. El trabajador se ha convertido en un «instrumento» o
y el hombre; la transparencia de la explotación en el origen de su una entrada entre las demás partidas del coste.
nueva riqueza y poder; el empeoramiento de la condición del tra- De hecho, ninguna empresa industrial compleja se podría diri-
bajador y sobre todo su pérdida de independencia, su reducción a gir con esa filosofía. La necesidad de paz industrial, de una fuerza
la dependencia total con respecto a los instrumentos de producción de trabajo estable y de un cuerpo de trabajadores cualificados y con
del patrono; la parcialidad de la ley; la descomposición de la econo- experiencia exigía la modificación de las técnicas de dirección —y,
mía familiar tradicional; la disciplina, la monotonía, las horas y las por supuesto, el desarrollo de nuevas formas de paternalismo— en
condiciones de trabajo; la pérdida de tiempo libre y de distraccio- las fábricas de los algodoneros hacia la década de 1830. Pero en las
nes; la reducción del hombre a la categoría de un «instrumento». industrias que tenían un exceso de trabajo externo, donde siempre
El hecho de que los obreros sintiesen esas injusticias de alguna había una cantidad suficiente de «mano de obra» desorganizada que
manera —y que las sintiesen de forma apasionada— es suficiente competía por el empleo, esas consideraciones no afectaban. Ahí, dado
en sí mismo para merecer nuestra atención. Y nos recuerda, a la
23 Sistema de pago de salarios en vales intercambiables por productos, en lugar de
fuerza, que algunos de los conflictos más ásperos de aquellos años
dinero. (N. de la T.)
24 Almacenes en los que pueden cambiarse los vales que obtienen los trabajadores,
22 Black Dwarf (30 de septiembre de 1818). en lugar de dinero, por productos. (N. de la T.)
228 229
que las viejas costumbres se habían erosionado y se había desechado Pero hay un segundo nivel en el que el empirista puede volver a
el viejo paternalismo, la relación de explotación surgía omnipotente. juntar de nuevo todos esos estudios fragmentarios, construyendo
Eso no significa que podamos echar la «culpa» de cada una de un modelo del proceso histórico compuesto de una multiplicidad
las penurias de la Revolución industrial a «los patronos» o al laissez de elementos inevitables entrelazados, una sucesión fragmentaria.
faire. El proceso de industrialización debe acarrear sufrimiento, en Cuando examinamos las facilidades de crédito o la relación real de
cualquier contexto social que podamos concebir, y la destrucción intercambio, en las que cada hecho es explicable y además aparece
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de las formas de vida más antiguas y apreciadas. Muchas investiga- como una causa, suficiente en sí misma, de otros hechos, llegamos
ciones recientes han arrojado luz sobre las dificultades particulares a un determinismo post facto. Se pierde la dimensión de la inter-
de la experiencia británica: los riesgos de los mercados, las múltiples vención humana y se olvida el contexto de las relaciones de clase.
consecuencias comerciales y financieras de las guerras, la deflación Es absolutamente cierto que existía aquello que señala el empi-
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de la posguerra, los movimientos en la relación real de intercambio rista. Las Ordenes Reales llevaron, en 1811, a ciertos oficios a la casi
y las presiones resultantes de la «explosión» demográfica. Además, paralización; los precios crecientes de la madera, después de las
las preocupaciones del siglo xx nos han hecho tener conciencia de guerras, aumentaron excesivamente los costes de la construcción;
la magnitud de los problemas del crecimiento económico. Se puede un cambio pasajero en la moda —encaje en vez de cinta— podía
argüir que Gran Bretaña, en la Revolución industrial, se tropezó silenciar los telares de Coventry; el telar mecánico competía con el
con los problemas del «despegue»: la fuerte inversión a largo plazo telar manual. Pero incluso estos hechos evidentes, con sus limpias
—canales, fábricas, vías férreas, fundiciones, minas, infraestruc- credenciales, merecen ser cuestionados. ¿Consejo de quién, y por
tura— se hizo a costa del consumo cotidiano; las generaciones de qué las Órdenes? ¿Quién sacaría más beneficio del acaparamiento
trabajadores situadas entre 1790 y 1840 sacrificaron al futuro parte con la escasez de madera? ¿Por qué deberían permanecer ociosos
de, o todas, sus perspectivas de aumento del consumo.25 los telares, si decenas de miles de muchachas del país suspiraban
Todos estos argumentos merecen una atención cuidadosa. Por por las cintas, pero no se podían permitir comprarlas? ¿Por medio
ejemplo, los estudios de la fluctuación de la demanda del mercado de qué alquimia social se convertían los inventos para ahorrar
sudamericano o la crisis bancaria en el país, nos pueden decir trabajo en máquinas de empobrecimiento? El hecho en sí —una
mucho acerca de las razones del crecimiento o retraso de indus- mala cosecha— parece estar más allá de la elección humana, pero el
trias determinadas. La crítica que se hace a la ortodoxia académica modo en que aquel hecho operaba tenía que ver con las condiciones
predominante no se dirige a los estudios empíricos per se, sino a la de un complejo particular de relaciones humanas: ley, propiedad,
fragmentación de nuestra comprensión del proceso histórico com- poder. Cuando nos tropezamos con alguna frase sonora como ésta:
pleto. En primer lugar, el empirista separa determinados hechos «el intenso flujo y reflujo del ciclo del comercio», debemos poner-
de este proceso y los examina de forma aislada. Como se dan por nos en guardia. Porque detrás de este ciclo del comercio hay una
sentadas las condiciones que dan lugar a los hechos, éstos apare- estructura de relaciones sociales, que fomenta algunas clases de
cen no sólo como explicables en sus propios términos, sino como expropiación —renta, interés y beneficio— y proscribe otras —el
inevitables. Las guerras se debían pagar con una fuerte imposición robo, derechos feudales—, que legitima algunos tipos de conflicto
fiscal; aceleraron el crecimiento de ese modo y lo retrasaron en —la competencia, la guerra armada— e inhibe otros —el trade
aquel otro. Dado que esto se puede demostrar, implica que nece- unionism, los motines de subsistencia, las organizaciones políticas
sariamente fue así. Pero miles de ciudadanos ingleses de la época populares—; una estructura que, a los ojos del futuro, puede pare-
estaban de acuerdo con la condena que Thomas Bewick hacía de cer a la vez bárbara y efímera.
«esta guerra extremadamente malvada».26 El peso desigual de los Plantear esas amplias preguntas podría ser innecesario, puesto
impuestos, los inversores en deuda pública que sacaban benefi- que el historiador no puede estar cuestionando siempre las cre-
cios de la deuda nacional, el papel moneda, no eran aceptados por denciales de la sociedad que estudia. Pero, de hecho, todas esas
muchos contemporáneos como datos dados, sino que eran el punto preguntas fueron planteadas por los contemporáneos; no sólo
central de una agitación radical intensiva. por hombres de las clases más elevadas —Shelley, Cobbett, Owen,
Peacock, Thompson, Hodgskin, Carlyle—, sino por miles de obre-
25 Véase S. Pollard, «Investment, Consumption, and the Industrial Revolution», Econ.
ros organizados. Sus portavoces pusieron en cuestión no sólo las
Hist. Review, 2.a serie, XI (1958), pp. 215-226.
26 T. Bewick, Memoir, edición de 1961, p. 151. instituciones políticas, sino la estructura social y económica del
230
231
capitalismo industrial. Opusieron sus propios hechos y sus propios fluctuaciones de mercado, malas cosechas y todo lo demás; pero,
cálculos a los hechos que presentaba la economía política ortodoxa. mientras que la experiencia de la explotación intensificada era
Así, en fecha tan temprana como 1817, los tejedores de punto de constante, las causas de las penurias eran variables. Éstas afecta-
Leicester propusieron, en una serie de resoluciones, una teoría del ban a la población obrera, no de forma directa, sino a través de
subconsumo de las crisis capitalistas: la refracción de un sistema particular de propiedad y poder que
distribuía las ganancias y las pérdidas con una gran parcialidad.
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Que el consumo de nuestros fabricantes se debe reducir en la misma Estas consideraciones más amplias han estado recubiertas,
proporción en que la reducción de los salarios hace a la gran mayoría
durante algunos años, por el ejercicio académico conocido como la
del pueblo pobre y desgraciado.
Que si, en general, se dieran salarios abundantes a los trabajadores
«controversia acerca del nivel de vida», por la cual los estudiantes
manuales de todo el país, el consumo interior de nuestras manufacturas pasan y vuelven a pasar. ¿Aumentó o disminuyó el nivel de vida
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sería, de inmediato, más del doble, y en consecuencia todo trabajador del grueso de la población entre 1780 y 1830, o entre 1800 y 1850?28
encontraría empleo pronto. Para entender el significado de la discusión, debemos repasar bre-
Que reducir el salario del trabajador manual en este país a un nivel vemente su desarrollo.
tan bajo que no puede vivir de su trabajo, para vender manufacturas El debate sobre los valores es tan viejo como la Revolución
extranjeras a un precio inferior en un mercado extranjero, es ganar un
cliente fuera y perder dos en el país.27
industrial. La controversia acerca del nivel de vida es más reciente.
La confusión ideológica es todavía más reciente. Podemos empe-
zar por uno de los puntos más lúcidos de la controversia. Sir John
Si los que tienen empleo trabajaran menos horas, y si se restrin- Clapham escribió en su prefacio a la primera edición de su Econo-
giera el trabajo de los niños, habría más trabajo para los trabajado- mic History of Modern Britain, en 1926:
res manuales y los desempleados podrían trabajar por su cuenta y
cambiar los productos de su trabajo de forma directa, substrayén- La leyenda de que todo empeoró para el obrero, a partir de una fecha no
dose a los caprichos del mercado capitalista; las mercancías serían especificada que se sitúa entre la preparación de la Carta del Pueblo y la
más baratas y el trabajo estaría mejor remunerado. Oponían, a la Gran Exposición [1837 y 1851: E. P.T.], es dura de pelar. El hecho de que,
después de la caída de los precios de 1820-1821, el poder adquisitivo de
retórica del libre mercado, el lenguaje del «nuevo orden moral».
los salarios en general —por supuesto, no de todos los salarios— fuera
El hecho de que el historiador sienta, todavía hoy, la necesidad claramente mayor de lo que había sido antes de las guerras revoluciona-
de tomar partido se debe a que, entre 1815 y 1850, se enfrentaban rias y napoleónicas, encaja tan mal con la tradición que pocas veces se
puntos de vista alternativos e irreconciliables respecto del orden menciona; los historiadores sociales ignoran constantemente el trabajo
humano. de los estadísticos acerca de los salarios y los precios.
Apenas es posible escribir la historia de la agitación popular
durante esos años, a no ser que hagamos, al menos, el esfuerzo J. L. Hammond dio, en la Economic History Review (1930), una
imaginativo de entender cómo interpretaba la realidad un hom- respuesta de dos tipos: en primer lugar, criticó las estadísticas de
bre como el «Oficial Hilandero de Algodón». Él hablaba de los ingresos agrícolas que utilizaba Clapham. Éstas se basaban en la
«patronos», no como un agregado de individuos, sino como una suma de los promedios del país, y luego su división por el número
clase. Como clase, «ellos» le denegaban sus derechos políticos. Si de condados, para llegar a un promedio nacional; como sea que
había una recesión comercial, «ellos» recortaban sus salarios. Si la población con bajo nivel de salarios de los condados del sur era
el comercio mejoraba, tenía que luchar contra «ellos» y su Estado más numerosa que la de los condados con altos niveles salaria-
para obtener cualquier porción de la mejora. Si la comida era abun- les —en los que los ingresos de la agricultura se hinchaban por la
dante, «ellos» sacaban beneficio. Si era escasa, algunos de «ellos» proximidad de la industria—, Hammond pudo demostrar que el
sacaban más beneficio. «Ellos» conspiraban, no sobre este o aquel «promedio nacional» ocultaba el hecho de que el sesenta por ciento
hecho aislado, sino sobre la relación esencial de explotación, dentro de la población trabajadora se encontraba en condados donde los
de la cual todos los hechos tenían validez. Verdaderamente había
28 La inutilidad de una parte de esta discusión se demuestra por el hecho de que to-
mando distintos grupos de datos puede llegarse a diferentes respuestas. Los del período
27H. 0.42.160. Ver también Hammond, The Town Labourer, p. 303, y el testimonio de 1780-1830 favorecen la visión de los «pesimistas»; los de 1800-1850 favorecen la de los
Oastler sobre los tejedores manuales, más abajo, p. 329. «optimistas».
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salarios estaban por debajo de la cifra «promedio». La segunda 1791», aunque no ofrece ninguna tabla de salarios correspondiente.
parte de su respuesta consistió en una desviación hacia las discu- Su conclusión consiste en sugerir la existencia de dos grupos prin-
siones de valor —felicidad— en su forma más nebulosa e insatis- cipales dentro de la clase obrera: «una amplia clase situada muy por
factoria. Clapham aceptó la primera parte de esta respuesta, en el encima del nivel de la mera subsistencia» y «masas de trabajadores
prefacio a la segunda edición de su libro (1930); refutó la segunda no cualificados o poco cualificados —obreros agrícolas empleados
parte con una seca prudencia («un rodeo en palabras», «asuntos de manera estacional y tejedores manuales, en particular— cuyos
son exclusivamente didácticos. Prohibida su reproducción parcial o total sin permiso escrito de la editorial correspondiente.
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más importantes») pero, sin embargo, reconoció: «Estoy profunda- ingresos quedaban casi por completo absorbidos con el pago de las
mente de acuerdo (...) en que las estadísticas sobre bienestar mate- escuetas necesidades de subsistencia». «Mi suposición sería que el
rial nunca pueden medir la felicidad de la población.» Además, número de los que podían compartir los beneficios del progreso
afirmaba que cuando había criticado el punto de vista de que «todo económico era mayor que el número de los que estaban excluidos
Este material es para uso de los estudiantes de la Universidad Nacional de Quilmes, sus fines
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empeoró», «no quería decir que todo mejorase. Sólo quería decir de esos beneficios y que aquél crecía constantemente.»29
que los historiadores actuales han subrayado demasiado a menudo De hecho, por lo que se refiere al período 1790-1830, hay muy
(...) los empeoramientos y omitido o ignorado las mejoras.» Los pocas mejoras. La situación de la mayoría era mala en 1790, y
Hammond, por su parte, en una posterior revisión de The Bleak siguió siendo mala en 1830 —y 40 años son mucho tiempo—, pero
Age, edición de 1947, hicieron las paces: «Los estadísticos nos dicen existe algún desacuerdo en cuanto al tamaño de los grupos rela-
que (...) están convencidos de que los salarios aumentaron y de que tivos dentro de la clase obrera. En la década siguiente el asunto
la mayoría de los hombres y mujeres eran menos pobres cuando no está mucho más claro. Sin duda, los salarios reales aumentaron
ese descontento hacía ruido y estaba activo, que cuando el siglo entre los obreros organizados, durante el estallido de actividad de
XVIII empezaba a envejecer en un silencio de otoño. Los datos, las trade unions, entre 1832 y 1834; pero el período de buenos nego-
por supuesto, son insuficientes y su significado no es muy sencillo, cios, entre 1833 y 1837, estuvo acompañado por la destrucción de las
pero esta visión general es más o menos correcta.» La explicación trade unions mediante los esfuerzos conjugados del gobierno, los
al descontento «se debe buscar fuera de la esfera de las condiciones magistrados y los patronos; mientras que los años 1837-1842 son de
estrictamente económicas». depresión. De modo que, ciertamente, en «alguna fecha no espe-
Hasta aquí, bien. Los historiadores sociales del período, más cificada que se sitúa entre la preparación de la Carta del Pueblo
fecundos —pero menos consistentes—, se han tropezado con la y la Gran Exposición» la marcha de los acontecimientos empieza
severa crítica de un notable empirista; y finalmente ambas partes a cambiar; digamos, con el boom del ferrocarril en 1843. Por otra
han cedido terreno. Y a pesar del acaloramiento que más tarde se parte, incluso a mediados de la década de los cuarenta la situación
ha generado, la divergencia real entre las firmes conclusiones eco- de grupos muy grandes de obreros continúa siendo desesperada, en
nómicas de los protagonistas es insignificante. En la actualidad, tanto que la quiebra del ferrocarril condujo a los años de depresión
si bien ningún investigador serio está dispuesto a sostener que de 1847-1848. Esto no se parece mucho a la «historia de un triunfo»;
todo iba peor, tampoco ninguno que lo sea sostendrá que todo iba durante medio siglo del más pleno desarrollo del industrialismo, el
mejor. Tanto el doctor Hobsbawm —un «pesimista»— como el nivel de vida todavía se mantenía —para grupos muy grandes aun-
profesor Ashton —un «optimista»— coinciden en que los salarios que indeterminados de población— en el límite de subsistencia.
reales disminuyeron durante las guerras napoleónicas y sus con- Sin embargo, esta no es la impresión que se da en muchas obras
secuencias inmediatas. El doctor Hobsbawm no afirma que haya contemporáneas. Ya que, del mismo modo que una generación
con seguridad un aumento notable del nivel de vida hasta media- anterior de historiadores, que también eran reformadores socia-
dos de la década de 1840; mientras que el profesor Ashton observa les —Thorold Rogers, Arnold Toynbee, los Hammond—, deja-
un clima económico «más benigno» después de 1821, un «acusado ban que su solidaridad con los pobres les condujera en ocasiones
movimiento hacia arriba sólo interrumpido por los retrocesos de
1825-1826 y 1831»; y en vista de las crecientes importaciones de té, 29 La cursiva es mía. T. S.Ashton, «The Standard of Life of the Workers in England,
café, azúcar, etc., «es difícil creer que los obreros no participaron 1790-1830», en Capitalism and the Historians, compilado por F.A. Hayek, pp. 127 y si-
de la ganancia». Por otra parte, su propia lista de precios de los guientes; E. J. Hobsbawm, «The British Standard of Living, 1790-1850», Economic History
distritos de Oldham y Manchester muestra que «en 1831 la dieta Review, x (agosto 1957). (De este último hay trad. cast: «El nivel de vida en Gran Bretaña
entre 1790 y 1850», en Trabajadores. Estudios de historia de la clase obrera, Crítica, Bar-
normal de los pobres apenas podía costar mucho menos que en celona, 1979, pp. 84-121.)
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a una confusión de la historia con la ideología, hoy encontramos veces como «imponderables». De la alimentación pasamos a las
que la solidaridad de algunos historiadores de la economía hacia viviendas, de las viviendas a la salud, de la salud a la vida familiar,
el patrón capitalista les ha conducido a una confusión de la histo- y de aquí al ocio, a la disciplina del trabajo, la educación y el juego,
ria con las disculpas.30 El punto de transición estuvo marcado por la intensidad del trabajo, etc. De un estándar de vida pasamos a un
la publicación, en 1954, de un simposio sobre Capitalism and the modo de vida. Pero las dos cosas no son lo mismo. La primera es
Historians, compilado por el profesor F. A. Hayek, que era el tra- una medición de cantidades, la segunda una descripción, y a veces
son exclusivamente didácticos. Prohibida su reproducción parcial o total sin permiso escrito de la editorial correspondiente.
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bajo de un grupo de especialistas «que durante algunos años se han una valoración, de calidades. Mientras que los datos estadísticos
venido reuniendo con regularidad para tratar los problemas de la son apropiados para la primera, en cuanto a la segunda debemos
salvaguardia de una sociedad libre contra la amenaza totalitaria». apoyarnos ampliamente en los «testimonios literarios». Sacar con-
Puesto que este grupo de especialistas internacionales consideraba clusiones para una de ellas a partir de los datos apropiados sólo
Este material es para uso de los estudiantes de la Universidad Nacional de Quilmes, sus fines
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que «una sociedad libre» era, por definición, una sociedad capita- para la otra da lugar a un importante foco de confusión. A veces
lista, los resultados de una mezcla tal de teoría económica y argu- parece que los estadísticos sostuvieran lo siguiente: «los índices
mentos falaces fueron deplorables; y no lo fueron menos en la obra revelan un aumento del consumo per capita de té, azúcar, carne
de uno de los colaboradores, el profesor Ashton, cuyos prudentes y jabón, por consiguiente la clase obrera era más feliz», mientras
descubrimientos de 1949 se han trasmutado ahora —sin nuevos que los historiadores sociales respondían: «las fuentes literarias
datos— en la categórica afirmación de que «en general, hoy día se demuestran que el pueblo no era feliz, por consiguiente su nivel de
reconoce que, para la mayoría, el aumento de los salarios reales vida debió empeorar.»
fue substancial».31 En este punto la controversia degeneró en una Esto es una simplificación. Pero se deben establecer argumentos
confusión. Y a pesar de los intentos más recientes de rescatarla para sencillos. Es perfectamente posible que los promedios estadísti-
la investigación,32 la controversia sigue existiendo desde muchos cos y las experiencias humanas vayan en direcciones opuestas.
puntos de vista como una confusión de aseveraciones y falacias Pueden tener lugar al mismo tiempo un aumento per capita de
arguméntales. factores cuantitativos y un gran trastorno cualitativo en la forma
La controversia se divide en dos partes. En primer lugar, está de vida, las relaciones tradicionales y las legitimaciones de la
la auténtica dificultad de construir tablas de salarios, de precios población. La población puede consumir más bienes y a la vez
e índices estadísticos a partir de los abundantes pero desiguales ser menos feliz y menos libre. Junto con los obreros agrícolas,
datos. Cuando tratemos de los artesanos examinaremos algunas el grupo uniforme de población trabajadora más numeroso,
de las dificultades que existen al interpretar los datos. Pero en este durante todo el período de la Revolución industrial, era el de los
punto empieza una serie adicional de dificultades, puesto que el criados. Muchos de ellos eran criados domésticos que vivían con
término «nivel» nos conduce desde los datos susceptibles de medi- la familia que los había empleado, compartían estrechas habita-
ción estadística —salarios o artículos de consumo— hacia aquellas ciones y trabajaban excesivas horas a cambio de unos pocos che-
satisfacciones de las necesidades que los estadísticos describen a lines. Sin embargo, los podemos catalogar, con seguridad, entre
los grupos más favorecidos, cuyos niveles de vida, o de consumo
30 Para que el lector no juzgue con demasiada severidad al historiador, podemos re-
de alimento y vestido, mejoraron un poco, por término medio,
cordar la explicación de sir John Clapham respecto de la forma en que el principio se- durante la Revolución industrial. Pero el tejedor manual y su
lectivo puede organizar la información: «Es muy fácil hacerlo de manera involuntaria.
Hace treinta años leí y subrayé el libro de Arthur Young Travels in France, e impartí mis
esposa, en el límite de la miseria, seguían considerando que su
clases a partir de los párrafos señalados. Hace cinco años volví a leerlo, y descubrí que posición social era superior que la de un «lacayo». O de nuevo,
siempre que Young hablaba de un francés desgraciado, yo lo había subrayado, pero que podríamos citar aquellos oficios, como la minería del carbón, en
muchas de sus referencias a los franceses felices o prósperos las había dejado sin seña- los que los salarios reales mejoraron entre 1790 y 1840, pero lo
lar.» Tengo la sospecha de que durante diez o quince años, la mayor parte de historiado-
res de la economía se han dedicado a subrayar la información próspera y feliz del texto.
hicieron a costa de más horas y mayor intensidad de trabajo, de
31 T. S. Ashton, «The Treatment of Capitalism by Historians», en Capitalism and the modo que la persona que mantenía a la familia estaba «acabada»
Historians, p. 41. El ensayo del profesor Ashton sobre «The Standard of Life of the Wor- antes de los cuarenta años. En términos estadísticos, esta realidad
kers in England», que está reimpreso en este volumen, apareció originariamente en el revela una curva ascendente. Para las familias implicadas podía
Journal of Economic History (1949).
32 La valoración más constructiva de la controversia se encuentra en A. J. Taylor, «Pro-
significar la depauperización.
gress and Poverty in Britain, 1780-1850», History (febrero, 1960).
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Así, es perfectamente posible sostener dos proposiciones que,
vistas por encima, parecen ser contradictorias. A lo largo del
período 1790-1840, hubo una pequeña mejora en la media del nivel
de vida material. A lo largo del mismo período hubo una explota-
ción intensificada, una mayor inseguridad y una miseria humana
creciente. Hacia 1840, la mayor parte de la población estaba «más
son exclusivamente didácticos. Prohibida su reproducción parcial o total sin permiso escrito de la editorial correspondiente.
33 He seleccionado estos grupos porque parece que su experiencia tiñe más la con-
ciencia social de la clase obrera, durante la primera mitad del siglo. La influencia de los
mineros y los obreros del metal no se sentirá plenamente hasta más avanzado el siglo.
Los otros grupos clave —los hilanderos del algodón— son el tema de un estudio admi-
rable en la obra de los Hammond, The Skilled Labourer.
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