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Fuck

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Esta traducción fue hecha sin fines de lucro.


Es una traducción de fans para fans.
Ninguna correctora, traductora o diseñadora recibe a cambio dinero
Página | 2 por su participación en cada uno de nuestros trabajos. Todo proyecto
realizado por Sombra Literaria es a fin de complacer al lector y así dar a
conocer al autor.
Si tienes la posibilidad de adquirir sus libros, hazlo como muestra de tu
apoyo. También puedes apoyarlo con una reseña, siguiéndolo en las redes
sociales y ayudándolo a promocionar su libro.
¡Disfruta de tu lectura!
Página | 3
STAFF
Página | 4
MODERADORA DE TRADUCCIÒN
-Patty

TRADUCTORAS

Andrea M. Yuli Beth LouLo


FerGonz Lucia BJ LilyCarstair99 Majo L
Jenny MV Paola AG VivianaG2509 Liv

MODERADORAS DE CORRECCIÒN
-Patty & VivianaG2509

CORRECTORAS

Beth Paola AG VivianaG2509


-Patty Jenny MV LouLo
Yuli

LECTURA FINAL DISEÑO

-Patty Jani LD
Sinopsis
Página | 5
Hace dos años, el esposo de Billie Tarrow la dejó por otra
mujer. Avergonzada y divorciada, Billie se retiró a la casa de
su familia en Port Townsend, lejos de su antigua vida en
Nueva York. Después de un encuentro cercano a la muerte,
Billie decide regresar a la ciudad que le quitó todo.
Pero a veces, en medio de la angustia, la esperanza sofoca
el dolor.
Satcher Gable ha guardado un fuego por Billie durante
diez años. Cuando de repente regresa a Nueva York como una
mujer soltera, no puede creer su buena suerte. Pero
convencerla de que aleje el dolor de su corazón está resultando
más difícil de lo que Satcher anticipó.
Es una mujer cambiada, el único objetivo de Billie es la
venganza.
Índice
Página | 6 PARTE I Capítulo 15 Capítulo 29
Capítulo 1 Capítulo 16 Capítulo 30
Capítulo 2 Capítulo 17 Capítulo 31
Capítulo 3 Capítulo 18 Capítulo 32
Capítulo 4 Capítulo 19 Capítulo 33
Capítulo 5 Capítulo 20 Capítulo 34
Capítulo 6 Capítulo 21 Capítulo 35
Capítulo 7 Capítulo 22 PARTE III
Capítulo 8 Capítulo 23 Capítulo 36
Capítulo 9 Capítulo 24 Capítulo 37
Capítulo 10 Capítulo 25 Capítulo 38
Capítulo 11 Capítulo 26 Capítulo 39
Capítulo 12 Capítulo 27 Capítulo 40
Capítulo 13 PARTE II Capítulo 41
Capítulo 14 Capítulo 28 Sobre la Autora
Página | 7

Primera parte
1
Traducido por: Beth
Página | 8 Corregido por: Beth & -Patty

Billie.

E
l salón es cálido, todas las ventanas dan al oeste. Miro
hacia el estacionamiento deseando un ventilador, una
brisa, cualquier cosa para enfriar el calor de mi piel.
Observo cómo una madre persigue a su pequeño por el asfalto
agrietado; él se cae. Rodando sobre su espalda, grita, brazos y
piernas agitándose como un escarabajo volteado. Cuando ella lo
levanta, veo que su cabello está pegado a su cara en mechones
húmedos. Ella está en el borde de su paciencia, ya sea por el calor
o por el chico. La entiendo. Todo el estado de Washington es un
horno, y nosotros somos su pan.
Con la madre y el niño metidos a salvo en su auto y en su
camino, no hay nada para distraerme de mi malestar actual. Mi
mente se desvía a la nicotina, mi lengua doblándose alrededor del
sabor imaginario. Quiero tanto un cigarrillo que estoy nerviosa.
Suena la campana de la puerta y una de las estilistas entra
cargando dos ventiladores de mesa bajo sus brazos. Frunce los
labios para soplar el flequillo de su frente, pero se queda en su
lugar.
—Es todo lo que les quedaba. —le dice a una estilista diferente.
Ellas conversan sobre dónde poner los ventiladores y, al final,
arrastran una mesa al centro de la habitación y hacen un alboroto
por organizarlos. Si me inclino hacia la izquierda, puedo recibir
algo de la brisa que están creando.

—¿P uedes sentarte derecha? —pregunta mi estilista,


dándome un golpecito en el hombro—. Pensaba que querías
cortarlo —Se inclina sobre mí, con las manos suspendidas en
medio de la acción. Siempre lucen tan decepcionados cuando les
dices que no quieres cortarte el cabello.
Página | 9 Puedo ver la humedad en su blusa justo debajo de sus brazos.
Ella abre y cierra las tijeras para enfatizar, atrayendo mis ojos de
vuelta a su rostro. Pienso en compararla con Edward Manos de
tijera 1 , pero ella tiene apenas veinticinco años y dudo que sepa
quién es él.
—Cambio de planes—digo—. Me voy a mi hogar la próxima
semana.
La palabra hogar es una palabra amarga en mi boca. Incluso
mientras lo digo, mi lengua se curva hacia atrás en protesta. Para
mí, hogar es una ciudad, no una casa, ni un marido, ni una
familia. Tal vez porque realmente ya no tengo esas cosas, o tal vez
porque no estoy hecha para tener esas cosas.
—Nadie ahí me ha visto nunca con el pelo largo —explico, como
si fuera una razón suficientemente buena.
No es totalmente la verdad. No queda nadie para verme. Mis
amigos se han ido. En mi éxodo de la ciudad hace dos años, tomé
la decisión por ellos. Durante un tiempo, intentaron mantenerse en
contacto, pero en mi dolor, envié sus esfuerzos al buzón de voz. Y
solo así, dejaron de intentarlo. Mi ex fue el que se quedó, así que
heredó la custodia de nuestros amigos. Suena tonto pensar eso,
pero es la verdad. Cuando hay un divorcio, se trazan líneas, se
toman lados.
Extiendo la mano, pasando mis dedos a lo largo de su longitud.
Está más allá de la mitad de mi espalda, colgando en elegantes
ondas de sirena, gracias al cuidado de Tina. Me gusta la idea de
que me vean en mi nuevo cuerpo, con mi nuevo cabello: soy más
delgada, más alta, más inteligente… más feroz. Me digo a mí misma
que estar enojada me da una ventaja. Si Woods me conociera

1 N/T: Para quien no sepa quién es, lo que me ofendería mucho: Edward manos de
tijera, titulada El joven manos de tijera en Latinoamérica o Eduardo Manostijeras en
España, es una película de 1990 dirigida por Tim Burton. Cuenta la historia de un
hombre creado artificialmente (Edward), que tiene tijeras en vez de manos. Edward es
adoptado por una familia de clase media que vive en un idílico barrio residencial.
ahora, no habría forma de que me llamara confiada como lo hizo
hace todos esos años.
—Hogar, ¿uh? Pensaba que te criaste aquí en Port Townsend2 —
dice Tina.
Página | 10
Le gusta burlarse de mi lealtad dividida; sin embargo, si me
apuntaran con una pistola a la cabeza, elegiría Nueva York cada
vez.
—¿Tienes un cigarrillo? —pregunto.
—Buen intento. Me dijiste que no te diera uno por mucho que
suplicaras.
—Solo quiero ponerlo en mi boca.
—Eso dices —bromea Tina.
Ella hurga en su bolso y saca uno: Marlboro 3. Ew. Lo coloco
entre mis labios y cierro los ojos con placer.
—Eres patética —dice cuando se lo devuelvo.
—Lo sé.
—…pero hermosa.
—En Nueva York soy Billie, y aquí soy la simple y vieja Wendy.
—Oh, querida —dice, girando mi asiento para mirar hacia el
espejo—. Eres cualquier cosa menos simple.
Sonrío ante mi reflejo. Mucho ha cambiado desde que llegué a
casa hace dos años, con la cola metida entre las piernas. Y Tina
está en lo cierto, parcialmente en lo cierto: ya no soy la chica
sencilla que alguna vez fui. El rechazo es un buen motivador.
—¿Cuándo te vas? —Desabrocha la bata de mi cuello y yo me
levanto de su silla. La brisa del ventilador me encuentra y cierro los
ojos con placer.
—Mañana —Me volteo hacia ella.
—¿Verás a Woods?
2Ciudad ubicada en el condado de Jefferson en el estado estadounidense de
Washington
3 N/C: Marca de cigarrillos.
La silla de estilista de Tina ejerció como silla de terapia en mi
primer año en casa. Probablemente ella sepa más sobre mi
matrimonio fallido que mi propia familia.
—Ese es el plan —digo.
Página | 11
Ella frunce el ceño. —Espero que sepas lo que estás haciendo,
Wendy. Sé cuidadosa, ¿de acuerdo?
¿Cuidadosa? Eso es lo que no seré esta vez. Cuidadosa es lo que
me metió en este lío en primer lugar.
—Claro —digo, y Tina frunce el ceño—. ¿Deséame suerte?
—¿Suerte? No necesitas suerte para vengarte. Solo necesitas
pelotas.
2
Traducido por: Beth
Página | 12 Corregido por: Beth & -Patty

L
a casa de invitados. Tiene setecientos pies cuadrados con
una pared de ventanas y un dormitorio en el ático que da
a una zona verde. No es un mal lugar para esconderse
cuando estás avergonzada con el corazón roto. Aparte de una cama
y un sofá de cuero agrietado, no tengo muchos muebles. La falta de
espacio en Nueva York me enseñó a ser minimalista. Lo que sí
tengo es un equipo de ejercicio. Una caminadora, una máquina de
remo, pesas y una máquina de Pilates. Comencé con la caminadora
unos meses después de mi regreso. Estaba a mitad de la segunda y
tercera etapas del duelo: ira y negociación. Me miré largo y tendido
en el espejo (desnuda) y decidí que mi marido me dejó porque era
gorda. Si fuera más delgada, más en forma, más tonificada,
seguramente podría atraerlo de regreso. Demostrar mi valía. Yo no
era gorda. Pero no puedes lidiar con tus grandes problemas
primero, tienes que ir ascendiendo gradualmente. En todo caso,
tenía curvas. De acuerdo, tal vez era un poco gordita. Entonces,
compré una caminadora y un par de zapatos para correr y saqué
mi ira en esa cinta transportadora humana. Tan pronto estuve lo
suficientemente sobria como para notar los resultados, me volví
adicta al ejercicio. Ahora, donde solía haber capas de grasa, hay
capas de músculo. Ni siquiera estoy segura de que me guste ser así
de fibrosa y dura, pero cuando pierdes el control de tu vida, buscas
recuperar el control en alguna otra área, y aquí estoy. ¡Oh, hola! Me
dejaste, pero probablemente pueda darte una paliza ahora. Oh,
claro, tienes una mujer más joven, pero ¿puedes rebotar una moneda
en su trasero?
Vendo mi equipo en Craigslist4, y para el momento en que he
empacado todo lo que he acumulado en Washington durante los
últimos dos años, se llena una miserable maleta. Me paro junto al

4N/T: Craigslist es un sitio web estadounidense de anuncios clasificados con secciones


dedicadas al empleo, vivienda, contactos personales, ventas, ítems, servicios,
comunidad, entre otras
equipaje cerrado con cremallera y lista para llevar sintiéndome
bastante patética. Mi padre me encuentra allí, con las manos en las
caderas.
—Esto es todo —digo—. Tengo treinta años y esto es el resumen
Página | 13 de mi vida —Le doy una patada al costado con desprecio.

Me lo digo más a mí misma que a mi padre. Cualquier tipo de


proclamación emocional incomoda a mis padres. Como resultado,
fui una niña en gran parte silenciosa. Mi padre se ríe como si
acabara de decir el remate de una broma y luego arrastra mi
maleta al auto sin decir una palabra. Una vez se ha ido, le doy al
lugar una última mirada. No sé si lo voy a extrañar. Fue un buen
lugar para descansar… Disfruté estar desnuda sin preocuparme de
que alguien pudiera verme. Suspiro profundamente y me dirijo a la
puerta.
—Adiós, casita. Nos vemos.

P
erdí mi virginidad con Carter Benini cuando tenía dieciséis
años. Esto fue después de que me entregó una barra de
Snickers derretida y me dijo con esa voz suya de
demasiado-genial-para-la-escuela que me amaba. La verdad es que
Carter y yo solo habíamos estado saliendo durante un mes, pero él
era el capitán del equipo de fútbol y el tipo de chico que decía: “Oye
chica, estás tan buena", mientras mordía su labio inferior. La cosa
de morder su labio me había acabado; la atención pegajosa era mi
afrodisíaco favorito. Estaba viviendo el momento, o al menos creía
que lo estaba. Carter, desafortunadamente, solo duró un momento
antes de colapsar sobre mí, y después de que hicimos el acto, se
quitó el condón y proclamó que tenía hambre, preguntando si podía
tener mi Snickers. Él tomó mi virginidad y mi Snickers, y una
semana después rompió conmigo. Tan frío. Descubrí que yo fui
parte de un compromiso de un año que él tenía para desvirgar a
tantas chicas de segundo año como pudiera. Hablando sobre
problemas de confianza; siempre los he tenido. Estaba devastada,
por supuesto. Los adolescentes pueden decir mentiras, pero rara
vez tienen el estómago para aceptarlas. Me tomé un año entero
libre de citas, me teñí el pelo de negro y escuché a mis chicas,
Fiona, Meredith, Stevie y Alanis 5 una y otra vez. Finalmente cedí
cuando Philip Von me pidió que fuera su novia en mi tercer año. Le
dije a Philip que bajo ninguna circunstancia me acostaría con él
antes de que lleváramos seis meses saliendo (la cantidad de tiempo
acordada que mis amigas y yo decidimos que era apropiada para
Página | 14
juzgar si un chico era un idiota).
—Está bien —Había dicho él. Yo valía la espera.
Y me hizo creerlo hasta que mi mejor amiga lo sorprendió en
una fiesta de Halloween con una chica vestida como Vivian de
Mujer Bonita6. Faltaba una semana para nuestro aniversario de seis
meses. Salvada por la zorra. Aun así me dolió y lloré durante dos
semanas. Después de eso, hubo una serie de relaciones. Pasé por
un breve período de puta en la universidad cuando me acosté con
chicos de fraternidad con nombres con letra R: Ryan, Ross, Rick y
Reid. Y luego, durante mi último año de universidad, vino Woods:
sexy, modesto y autocrítico Woods. Siempre olía a Juicy Fruit7, y
tenía la cabeza grande. Era imposible encontrar un sombrero que le
quedara. Me encantaba sostener su cabeza entre mis manos,
pasando mis dedos por los gruesos rizos castaños. Era una cabeza
sólida, no la podías perder entre la multitud, y era mía. Charla real:
Soy la chica que siempre cree en el conjunto de palabras más
nuevas. Las de Brandon... Las de Philip... Las de Woods...
No importa cuán endebles sean, si las sumerges en alguna
deliciosa mentira, las devoraré.

E
n mi primera cita con Woods, me dijo que era
demasiado confiada.
—¿Qué te hace decir eso? —Tuve una reacción
visceral, lanzando mi cabeza hacia atrás antes de
sentir lentamente el peso de la inseguridad.

5N/T: Fiona Eileen Flanagan, solo conocida como Fiona; Meredith Brooks; Stevie Nicks y
Alanis Morissette. Todas son cantantes de rock o alguna de sus variaciones.
6N/T: Película de comedia romántica estadounidense protagonizada por Julia Roberts y
Richard Gere
7N/T: Juicy Fruit es una marca de chicle hecha por Wrigley Company, se caracteriza por
su envoltura amarilla y el nombre en letras azules.
Habíamos cerrado el restaurante donde cenamos. Después de
decidir mutuamente que no queríamos que terminara la cita,
caminamos doce cuadras en busca de un lugar aún abierto para
tomar otra copa. Encontramos un antro en First llamado American
Trash, y me quité los zapatos tan pronto como nos sentamos en el
Página | 15
bar. Mi cabello en ese momento era rubio, corto y desgreñado, y él
se estiró para tirar de un mechón cerca de mi mejilla mientras el
camarero de ojos soñolientos mezclaba nuestras bebidas.
—Déjame ver tus pies—había dicho él.
Sin dudar, había puesto mis pies en su regazo y él había
comenzado a frotarlos.
—Ves. Apenas me conoces.
—Son solo pies—señalé.
—Si te hubiera pedido tu billetera, también me la habrías dado.
Probablemente tenía razón. Hablaba de ello como si fuera una
novedad encontrar a alguien que no estuviera hastiado y por eso yo
me creí especial. Al menos para él. Para el chico de los suaves rizos
de chocolate y la sonrisa fácil. Eso debería haber hecho sonar las
alarmas en mi cabeza: un chico que buscaba una chica que
confiara en él probablemente no estaba obteniendo una A+ en el
departamento de honestidad.

R
esultó que Woods tenía una F, grande y gorda 8. Cuando
decía que iba al gimnasio, en realidad estaba cenando
con la editora de estilo de vida de nuestro blog, una chica
que yo había contratado. El perfume de su camisa que olía a
caramelo: era de ella, aunque él afirmaba que pertenecía a nuestro
cliente de sesenta años. Llegó a casa una noche, apenas un mes
después de que celebráramos nuestro tercer aniversario de bodas,
y me dijo que no era feliz y que quería divorciarse. Me reí. Me reí,
como si me estuviera haciendo una broma. La vida me estaba
haciendo una broma, el amor me estaba haciendo una broma;
Woods, lo decía jodidamente en serio.

8N/T: Esto es, para quien no lo sepa, el sistema de calificación en los Estados Unidos,
que va de la A a la F. Para aprobar, hay que obtener como mínimo la letra C. El máximo
es la A+ (sobresaliente), y el mínimo es F (muy deficiente)
D
e cualquier forma, ahora estamos divorciados. Pero
durante ocho años, ese hombre masajeó mis pies cada
vez que estuviéramos juntos en un bar. Resulta que la
Página | 16 experiencia más dolorosa de mi vida fue poner esos ocho años de
relación en una tumba que me vi obligada a cavar yo misma. La
persona que te está dejando te da una pala y tú entierras algo que
una vez viviste para nutrir.
Así es como sucede durante la muerte de un matrimonio: la
negación, la ira, el dolor y luego, la inevitable purga del alma.
3
Traducido por: Beth
Página | 17 Corregido por: Beth & -Patty

N
ueva York sobresale frente a mí, dividiendo las vetas de
su ciudad en el horizonte. La emoción crepita en mi
vientre mientras la veo aparecer. Me han ridiculizado por
mi amor por esta ciudad en casa, pero no me importa. Ella es
irritable, ambiciosa; todo sobre ella palpita a la velocidad de un
rayo. Es agradable a los ojos y dura con la nariz. Un viento cálido
entra por la ventana abierta y arrugo la nariz ante el olor de los
gases de escape y la orina. Débil, Billie. Te vas por dos años y ahora
estás arrugando la nariz como un turista. Sonrío, apoyando la
cabeza contra el respaldo del asiento. Se siente tan bien estar de
regreso.

S
iempre me siento más como en casa aquí porque Nueva
York soy yo: la ciudad de mi alma. Ninguna de los dos
sabe cómo dormir, por ejemplo. Y está el hecho de que
hacemos que la gente de los pueblos pequeños se sienta incómoda.
Miro por la ventana mientras el taxi gira a la izquierda y luego a
la derecha, desviándose en el último minuto para tomar la salida.
Es el tipo de conducción errática de un taxi del que los turistas se
quejan durante años después de su visita. Dios mío, no creerías
cómo conducen en la ciudad...
En mi opinión experta, no has experimentado realmente Nueva
York hasta que piensas que vas a morir durante un viaje en taxi.
Mi cabello, un desastre enredado después del vuelo nocturno que
tomé, me golpea en la cara mientras el viento de la ventana abierta
zigzaguea a través del auto. Mi taxista es un buen hombre llamado
Frank que tiene tres tatuajes de serpientes. Se detiene frente a un
edificio en la Quinta Avenida y cruza el brazo por el respaldo del
asiento para mirarme.
—¿Vas a estar bien? Estás del color de la sopa de guisantes de
mi tía Bee.
—Lo juro —digo—. Deberías ver cómo lucen mis entrañas.
—Así de mal, ¿eh?
Miro el cigarrillo apoyado detrás de su oreja.
Página | 18 —¿Puedo oler tu cigarrillo?
Lo arranca de su lugar de reposo y me lo entrega sin hacer
comentarios. Levantándolo hasta mi nariz, lo huelo.
—De acuerdo —digo, devolviéndoselo—. Mejor.
Cuando salgo, todo mi cuerpo se estremece de anticipación.
Flexiono los dedos y miro hacia el edificio, mientras Frank saca mi
bolso del maletero. De repente, me siento tonta por haberme ido de
Nueva York. Este es el lugar que amo. Jules, mi amiga desde la
universidad, ha aceptado un trabajo en Brasil durante un año. Ella
me está dejando quedarme en su apartamento hasta que esté de
vuelta sobre mis pies. Eso significa que tengo exactamente un año
para resolver las cosas; si no puedo revertir lo que he hecho en un
año, con mucho gusto volveré a Washington. El apartamento está
en el tercer piso y, después de pagar el pasaje, subo mi exigua
maleta por las escaleras. El llavero que Jules me envió por correo
se entierra en mi palma sudorosa. Conozco esta ciudad, amo esta
ciudad y, sin embargo, me tiemblan las manos mientras giro la
llave y abro la puerta. El alivio me golpea tan pronto como entro.
No son los espaciosos dormitorio y dormitorio y medio, ni los pisos
de madera, ni siquiera la impresionante colección de muebles de
segunda mano lo que me alegra ver. Es el hecho de que regresé,
que volví después de lo que pasó. No dejé que el dolor me tragara
por completo. Solo pensar en el dolor me duele, así que me ocupo
en mirar a mí alrededor.
Jules hizo que viniera una compañía de limpieza; huelo cera
para madera y lejía. Camino por el apartamento tocando el lomo de
sus libros, las alas de madera tallada que se asientan en la mesa
de café, como un ángel invisible listo para despegar. No puedo creer
que esté aquí.

P
asé mi primera mañana de regreso desempacando las
pocas cosas que traje, examinando la excelente luz que se
filtra a través de las persianas haciendo que todo brille
como miel cálida, y examinando el contenido de la despensa de
Jules, que está casi vacía excepto por algunas latas de crema de
maíz y judías verdes. Encuentro el café, una bolsa de algo de una
tienda en la parte alta de la ciudad, el nombre de los granos escrito
a mano con un marcador en la bolsa azul índigo. Jules tiene una
máquina de café muy elegante. Ella escribió instrucciones sobre
Página | 19
cómo usarla en el mostrador. Miro sus instrucciones durante unos
minutos, mis palmas sudando por la responsabilidad. Las
máquinas de café expreso son para adultos, no para chicas como
yo, que nunca han tenido una Keurig9. En Port Townsend, hacía la
cosa más inteligente y caminaba hasta una cafetería para mi café
matutino.
Para mi deleite, hay varias cafeterías en el vecindario. Primero
pruebo la más cercana, un lugar llamado Crunchy que tiene un
gato sentado en la ventana. Sonrío débilmente al barista cuando
me entrega mi taza reciclada, mi nuevo nombre escrito en el
costado con un Sharpie rosa intenso. ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! ¡Esa soy yo,
Wendy de Nueva York! Estoy en la zona alta, y llevo una talla
cuatro, y ningún hombre se atrevería a engañar a una mujer con
un cabello de sirena tan magnífico.
Paso la tarde comprando suministros. En lugar de una cadena
de supermercados, examino un pequeño mercado de agricultores
en la acera, sacando verduras de las cestas. Por la noche, para no
romper el horario que he mantenido, me pongo mis Nike10 y salgo a
correr. Y luego, cuando termina el día, en las frescas sábanas de la
cama de otra persona, me acurruco y lloro. Es algo muy propio de
Billie, pero bueno, nadie puede verme de todos modos. Mañana
vuelvo a ser Wendy.

A
la mañana siguiente, reviso mis correos electrónicos en
mi viejo ordenador portátil. Ni siquiera se enciende a
menos que esté enchufado, y doy golpecitos en el
mostrador con los dedos mientras espero que se cargue la pantalla.
Le había dado a Woods un poco de consideración y le envié un
correo electrónico antes de irme de Washington, informándole que

9Keurig es un sistema de elaboración de bebidas para uso doméstico y comercial.


Básicamente la marca de la cafetera de Jules.
10Empresa multinacional dedicada al diseño, desarrollo, fabricación y comercialización
de equipamiento deportivo; en este caso, se refiere a sus zapatos para correr
me mudaría de regreso a la ciudad. Él había respondido de
inmediato, fue agradable. Me dio la bienvenida y me preguntó si me
estaría quedando en nuestro antiguo loft. Nunca le respondí. Había
puesto un anuncio en Craigslist sobre el loft 11 y recibí veinte
mensajes el primer día. Había elegido a un hombre de unos treinta
Página | 20
años que se tomaba en serio su carrera y trabajaba en finanzas.
Supuse que era menos probable que hiciera fiestas salvajes en el
caso de que estuviera trabajando todo el tiempo. Todo lo que queda
por hacer es recoger una caja de cosas que la compañía de limpieza
guardó y entregarle las llaves. Con mis jeans más raídos y una
camisa vieja de Pearl Jam12, me dirijo a mi calle favorita del SoHo 13.
Es casi imposible evitar los recuerdos dolorosos en una ciudad en
la que pasaste diez años viviendo, pero lo intento de todos modos,
tomando el camino más largo alrededor de los lugares donde mi ex
marido y yo pasamos mucho de nuestro tiempo. El gimnasio, por
ejemplo, no puedo decir que me encantara ir, pero Woods y yo
íbamos allí tres veces a la semana, tomados de la mano, con bolsas
de gimnasio colgando sobre nuestros hombros. Formaba parte de
nuestra vida diaria, una monotonía que aprecié en ese momento.
Descubrí que los pequeños momentos dolían más que los grandes.
El bar de jugos en Spring Street donde parábamos para desayunar
de camino a la oficina, probando la bebida del otro y riéndonos
cuando siempre nos gustaba más del otro. El cine al que fuimos la
Calle 181, porque tenía las mejores palomitas de maíz y la Coca-
Cola Light más burbujeante. Todos los lugares donde Woods y yo
compartimos los momentos más íntimos, momentos que
solidificaron mi amor por él y nuestra vida juntos. Verlos enciende
un dolor que reduzco hasta un nivel humeante. Apenas.
El loft está dolorosamente vacío cuando entro. Mis zapatos
resuenan en los pisos de madera; me gusta el sonido porque me
recuerda a mis entrañas huecas. Lavado, restregado y
desempolvado de nuestros recuerdos, el loft es apenas reconocible.
Ahogo una carcajada, porque me río cuando me siento incómoda, y

11
Un loft, desván o galería es un gran espacio con pocas divisiones, grandes ventanas y
muy luminoso
12 Grupo de grunge y rock alternativo
13Barrio de Manhattan, Nueva York. SoHo proviene de la contracción de
«Southof Houston Street» («Al sur de la calle Houston»).
me siento incómoda como en el infierno en la casa que compartí
con mi primer amor.
Huele igual y eso es lo que me hace temblar. Trato de
sacudírmelo, recordándome a mí misma que han pasado dos años.
Página | 21 ¡Dos! Me digo con fuerza. Cuando nos mudamos, Woods comentó
que olía a talco para bebés. Yo había arrugado mi nariz y estado de
acuerdo, esperando que no se le ocurriera ninguna idea. Los bebés
no estaban en mi radar... todavía. Nunca supimos de dónde venía
el olor, aunque en varias ocasiones nuestros amigos también lo
mencionaron.
Hago un recorrido rápido, tratando de respirar por la boca, mis
zapatillas deportivas sudando sobre los pisos recién pulidos.
Noches bebiendo vino tinto frente a nuestra vista; sábados por la
mañana revolviendo huevos en la estufa, Billie Holiday14 sonando
en el estéreo. Una pelea que tuvimos sobre el color de la pintura del
baño que terminó en una botella de perfume rota y ambos riendo
histéricamente. Recuerdos pesados y felices que me hacen
hincharme y desinflarme al mismo tiempo. Pensé que me amaba,
pero estaba equivocada. Para cuando llego a la cocina arrastrando
los recuerdos detrás de mí como globos desinflados, mi nuevo
inquilino está zumbando por el intercomunicador. Recojo la caja
que me dejó la gente de la limpieza y me encuentro con él en la
puerta.
¡Me despido, goodbye, adiós, vete a la mierda! Pienso.

14Billie Holiday, apodada Lady Day, fue una cantante estadounidense de jazz,
considerada una de las tres voces femeninas más importantes e influyentes de este
género musical
4
Traducido por: FerGonz
Página | 22 Corregido por: -Patty

P
erla Lajolla es cinco años menor que yo. Cinco años; no
parece mucho, pero lo es. Cinco años significan menos
arrugas, probablemente menos alrededor de los ojos y las
tetas más grandes, y más inocencia. La inocencia es la peor parte.
Los hombres, especialmente Woods, se sienten atraídos por esa
mierda. Actúan como si no fueran los que nos hubieran cansado en
primer lugar, y luego nos castigan por tener heridas de guerra
dejándonos por alguien a quien aún no han jodido. Perla, ¿era
realmente inocente o sólo estaba fingiendo? Quién sabe. Hay una
línea que Shakespeare escribió en Sueño de una noche de verano:
`Aunque sea pequeña, es feroz`. Eso fue lo primero que me vino a
la mente cuando entró en la oficina de Rhubarb el día que la
contraté. Estaba allí en respuesta a un anuncio que puse en el New
York Times. Puse el anuncio en el periódico porque me gustaba a la
manera antigua. Woods se burló de mí: `¡Cien sitios de trabajo en
Internet y tú pones un anuncio en el periódico!` Noticia de última
hora, Woods: el periódico no es una palabra sucia, es sólo un poco
anticuado.
El anuncio decía así: Se necesita un bloguero de mente abierta
para una futura marca! ¡Debe amar la moda, la comida y la
diversión!
Me avergüenzo ahora de la redacción, pero mi joven e intachable
yo había sido esperanzada y aparentemente grandiosamente
entusiasta.
Perla había estado usando demasiado de todo cuando caminó
por las puertas para su entrevista: joyas, maquillaje, perfume...
ganas. Pero debajo de la cara fuertemente maquillada y el olor
embriagador de Chanel había una mujer que nunca se perdía
nada. Era bonita, excepto que no lo notabas de inmediato. Lo que
notas primero es su pequeñez, y luego los grandes y expresivos ojos
que siempre estaban mirándote. Su belleza era secundaria a sus
expresiones, que a menudo eran cómicas. En ese primer encuentro,
llevaba el pelo recogido en un moño impresionantemente grande.
Su cabello era un rico color castaño que imaginé que se
desplegaba hasta su cintura. En dos minutos, confesó que era una
gran admiradora del blog y que no se había topado con el anuncio
que había puesto en el periódico por casualidad. Ella lo había
estado esperando, me dijo. Perla tenía un amigo en el New York
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Times que trabajaba en los clasificados. Cuando vio mi anuncio,
llamó a Perla inmediatamente. Me dijo todo esto con la misma falta
de vergüenza que había visto en su cara cuando descubrí que se
estaba acostando con mi marido.
Por consiguiente, fue esa misma falta de disculpa la que me hizo
contratarla en primer lugar. Ella era una emprendedora y la forma
sin excusas en que se movía por la vida era su mayor activo.
Compartí mucho de mí misma con ella ese primer año. Estaba
ansiosa por aprender. Una fácil amiga, parecía que me apoyaba.
Pero lo único que hizo fue apuñalarme en la espalda.

E
l bar donde me encontrare con Woods es más un antro
que uno de los lugares de moda para beber en
Manhattan. Llamo un taxi en lugar de caminar las siete
cuadras y me deslizo al asiento trasero, aliviada. El taxista está
volando el aire acondicionado. Tengo que empezar a usar el metro
si quiero que mi dinero dure. Sólo esta vez, me digo a mí misma.
Pequeños y peligrosos lujos. Digo la dirección cuando casi nos
mata con su conducción extra terrible.
—Eres súper malo en esto —le digo. Pero mi voz se ahoga por la
motocicleta que nos pasa. Dios, amo esta ciudad. Me encanta este
taxi, y el sutil peligro en el que siempre estoy sólo por vivir aquí.
Apoyo mi cabeza contra el asiento y cierro los ojos. El taxi se
sacude a la izquierda y me arrojan contra la puerta. Fuera del
coche hay una sinfonía de bocinazos. Ni siquiera me molesto en
abrir los ojos.
Si muero, muero en Nueva York.
Estoy de acuerdo con eso.
Diez minutos después, llegamos al bar y salgo del coche,
aturdida. El taxista me llama... olvidé pagarle. Poniéndole un
billete de veinte en la mano le ofrezco una humilde disculpa. Él
acelera sin responder, y yo camino inestablemente hacia el bar.
Woods solía acusarme de estar demasiado distraída con la vida
como para acordarme de hacer tareas básicas como pagar al
taxista o apretar el botón del ascensor. Hago esas cosas, y supongo
que sólo empeoro al no hacerlas a medida que envejezco.
Empujo a través de la puerta del bar y busco una mesa en la
habitación. Necesito estar en el lugar correcto para tomar la
Página | 24
delantera.

L
amo el sudor de arriba de mi labio y me muevo en el
taburete, abanicándome con el menú de laminado
pegajoso. Woods llega tarde. Lo esperaba, pero mientras
miro nerviosamente alrededor de la barra, desearía haber planeado
llegar tarde en lugar de intentar llegar a tiempo. Quién sabe
cuándo aparecerá realmente. Tiene un don para llegar demasiado
pronto o vergonzosamente tarde. Como aún no ha llegado, supongo
que será lo último. Cuando el camarero se acerca, pido un lemon
drop15. Mi garganta ya puede sentir el vodka. Frunzo los labios y
pido dos.
—Así no tengo que molestarte por otra —le digo.
—Otra es nuestra especialidad —dice—. Somos un bar, no un
gimnasio.
Estoy realmente absorbiendo esa respuesta cuando mi teléfono
suena. Woods me avisa que va a llegar tarde cuando es obvio que
ya lo está.
Estoy en mi tercer trago, con la lengua en carne viva por el
limón, cuando la puerta se abre y mi ex-marido entra. Hay algo
sobre Woods: tiene los ojos más sinceros y expresivos. Marrones y
acogedores como una cabaña en el bosque... como un fuego en la
chimenea cuando tienes frío... como el sexo cuando estás caliente.
Él es todo eso, y todavía lo sé.
Los gilipollas infieles no deberían tener caras tan sinceras.
Ya no estoy sobria y estoy muy emocionada cuando lo veo
buscarme en la habitación, con las manos en los bolsillos. Eso es lo
que hace cuando se siente fuera de lugar, se mete las manos en los
bolsillos. Es curioso cómo puedes conocer a una persona tan bien
mientras sientes que no la conoces en absoluto. Me emociono
cuando sus ojos pasan justo sobre mí. Como si Billie no estuviera

15 Es un Martini.
aquí. Y no lo está. Wendy16 levanta una mano para hacer señas a
Woods. Wendy sonríe cuando él la ve y levanta las cejas con
genuina sorpresa. Wendy sólo tiene una sombra de Billie. Mi
estómago se tambalea cuando me paro a saludar al hombre que me
jodió por casi una década, y luego me jodió en todo el sentido de la
Página | 25
palabra.
—Vaya —dice cuando llega a la mesa—. Casi no te reconozco.
Imagino que me ha hecho un cumplido porque su rostro está
medio asombrado, medio en shock. Es el rostro de un hombre que
acaba de darse cuenta de que su abuela fuma marihuana.
—Creía que la gente se mudaba a Washington para que les
creciera el vello púbico y beber Kombucha de vidrio reciclado.
—Dice el chico de Georgia que se mudó a Nueva York para
comer pizza de un dólar y se considera poderoso porque viste de
negro.
—Hey, hola —dice—. La pizza a dólar es buena incluso cuando
es mala.
Sonrío porque puedes decirle lo que quieras a Woods y él
siempre lanza algo de regreso incluso si eres demasiado tonta para
entenderlo.
Toma mi vaso vacío, inclinándolo hacia su nariz mientras
olfatea. —Lemon drop —anuncia como si no lo supiera ya. Se lame
los labios y tengo un destello de su cabeza entre mis piernas, su
lengua... parpadeo, mientras grito internamente.
Aparece el camarero, uno nuevo esta vez. Agradezco la
distracción, mis mejillas están sonrojadas. Antes de que Woods
pueda pedir para sí mismo, digo—: Va a pedir un IPA 17 , pero
realmente quiere un lemon drop.
Se desliza en el taburete frente a mí, con una expresión
divertida en su rostro.
—Ella tiene razón —asiente—, así que adelante y trae el lemon
drop.

16
N/C: Sep, tal parece que nuestra protagonista cambio de imagen y se hace llamar
Wendy. Bien por ti, chica.
17 N/C: India Pale Alen (IPA) Cerveza de tradición inglesa.
Las bromas familiares son dolorosas. Dios. Tan pronto como el
camarero se da la espalda, Woods me sonríe. Se le arrugan las
comisuras de los ojos y no le hace parecer cansado, ni viejo, ni
demacrado; en todo caso, parece encantador. Alguien que quiera
alagarlas podría decir que sus arrugas le dan carácter. No quiero
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halagarlo.
—Te ves bien.
Siempre va directo al grano. Y me veo bien. He perdido casi 20
kilos desde la última vez que me vio. Yo también voy directo al
grano porque no confío en mí misma.
—Estoy alquilando el loft —le digo—. La compañía de limpieza
encontró esto... —Deslizo el sobre por la mesa.
Woods abre la apertura y mira dentro. —Dios mío, la tarjeta del
seguro social y el certificado de nacimiento que faltan. Peleamos
por esto durante tres días. ¿Dónde los encontraron?
—Debajo de la nevera.
—Imagínate —dice. Pone el sobre en la mesa. Hace una semana,
envié un correo electrónico a Woods para decirle que tenía algunas
de sus cosas que estaría feliz de enviarle. No respondió ni diez
minutos después, pidiendo reunirse en su lugar.
—¿Dónde te estás quedando? —me preguntó.
Estudie los bellos de sus antebrazos. —Alquilé un apartamento.
—¿Por qué no te vuelves a mudar al loft?
—Ya he estado allí, ya lo he hecho. —Sonrío. Y luego añado—:
Demasiados recuerdos. Si estoy de vuelta en la ciudad quiero hacer
nuevos recuerdos, no recordar todos los viejos.
Llega su lemon drop y toca su vaso lleno con mi vaso vacío en
un grito de alegría.
—¿Otro? —pregunta el camarero.
Sonrío débilmente. —Mejor no.
—Tomaré otro —dice Woods—, y que sigan viniendo.
Despliega un trozo de Juicy Fruit en su lengua.
—¿Todavía con los Juicy Fruit? —pregunto.
Woods masticaba Juicy Fruit como si fuera su manta de
seguridad. —Siempre. —Tan pronto como el camarero está fuera
del alcance del oído, se vuelve hacia mí—. ¿Y Satcher sabe que has
vuelto?
Página | 27 Es una pregunta extraña. No he hablado con el mejor amigo de
Woods en años.
—No... Estaba pensando en llamarlo.
Antes de nuestra separación, Woods y yo habíamos empezado
nuestro propio negocio, un blog de estilo de vida llamado Rhubarb.
El día que firmé los papeles de mi divorcio, vendí mi parte del
negocio al amigo de Woods, Satcher Gable. Todo lo que quería
hacer era volver a casa en Washington. En retrospectiva, fue una
idea estúpida. La empresa había sido mi idea, mi trabajo de amor.
Me dolía pensar que se la entregué a Satcher y a mi infiel ex-
marido.
Me frote la frente tratando de recordar lo que mi terapeuta me
dijo que debía hacer en momentos como estos. Creo que se suponía
que debía repetir algo una y otra vez.
Algo sobre el éxito... el perdón... Al diablo.
En cambio, maldigo en voz baja, y luego, como me gusta cómo
se siente, lo digo una y otra vez como mi mantra olvidado.
Joder, joder, joder, joder, joder, joder. Mierda.

—¿E
stas bien, Billie?
Woods de repente parece que realmente
necesita ese próximo trago, así que decido
cambiar de tema.
—Ya no me llamo Billie.
—¿Por qué no?
—Ella estaba casada contigo.
Se estremece pero se abstiene de hacer un comentario, los
músculos de su frente se mueven en la emoción.
—Está bien —dice—. Entonces, ¿cómo te llamo ahora?
—Me imagino que nada. Soy tu ex-esposa. No hay razón para
llamarme nada.
—Vamos, Bil...

Página | 28
—Royden...
—Oh no, Billie, no. ¿Por qué me llamas así? Es trágico —dice,
sacudiendo la cabeza.
No puedo evitar la sonrisa que se me dibuja en los labios.
Intento ocultarla con el ceño fruncido, pero él se ha dado cuenta y
me mira con ojos tiernos. Ojos que han visto lo mejor y lo peor de
mí durante casi una década.
—Es un buen nombre —digo—. Nunca te ha gustado, pero es
un buen nombre.
Sacude la cabeza como si estuviera avergonzado, pero puedo
decir que le gusta lo que he dicho. Cuando lo conocí, nos
presentaron unos amigos en común en una pequeña fiesta. Me
tomó la mano y me dijo que se llamaba Woods.
—¡No se llama así! —mi amiga Samantha gritó desde el otro
lado de la habitación. Ella estaba borracha, y mientras nos
llamaba, su bebida se derramó sobre el borde de su copa y sobre la
alfombra—. Joder —dijo—. Joder.
—¿Cuál es tu verdadero nombre? —le pregunté, volviéndome
hacia él. Pude escuchar a Samantha detrás de mí pidiendo un
trapo, arrastrando sus palabras.
—Mi nombre completo es Royden Lynwood Tarrow.
—Vaya —dije.
—Exactamente. —Luego agachó la cabeza, con la boca curvada
en una sonrisa, con los ojos fijos... en mi cara, y había caído. Caído
por él, caído por esa vergüenza sexy, caído tan fuerte que me
pregunté en silencio si los dos sorbos que había tomado de mi
bebida se me subieron a la cabeza.

A
hora miro al hombre que dio y quitó mi alegría, y no
puedo evitar preguntarme si le permití hacerlo. Woods
nunca me pidió nada. En nuestros ocho años de estar
juntos, rara vez hizo demandas, y cuanto menos necesitaba, más
me sentía obligada a dar. Era una presión auto impuesta para
satisfacer sus necesidades no expresadas. Y creo que me había
equivocado al final, ambos lo habíamos hecho, lo que nos llevó a
nuestra lenta separación.
Página | 29 Su teléfono vibra sobre la mesa, girando en un círculo lento. Lo
miramos al mismo tiempo. Perla parpadea en la pantalla. Woods se
rasca la parte de atrás de su cabeza, claramente avergonzado.
—Se suponía que debía estar en casa hace diez minutos.
Enarco las cejas, divertida. —¿Un toque de queda? ¿El gran
Woods Tarrow tiene un toque de queda?
—Detente —dice, riéndose—. Ya sabes cómo es...
De hecho, no lo sabía. Cuando Woods y yo nos casamos nunca
le decía cuándo, dónde o cómo estar. Yo era lo opuesto a controlar,
tanto que una vez me acusó de no preocuparme por nuestro
matrimonio.
De repente se pone serio. —Nunca fuiste del tipo controlador.
No digo nada. No tengo que hacerlo. Woods golpea sus dedos en
la mesa, los dedos de su mano libre masajean la nuca.
—¿Qué te parece si tomamos un trago más, mujer sin nombre?
Miro alrededor de la barra, las parejas se inclinan una hacia la
otra, las bocas revoloteando cerca, las manos presionando en la
parte baja de la espalda. Hay anticipación en el aire. Todos están
disfrutando de la noche, con la sangre llena de alcohol. Woods y yo
nos paramos bajo el brillo de las luces del bar y nos miramos
fijamente.
—No puedo —digo después de una larga pausa. Para mi deleite
su cara cae. Me quedo mirando con asombro: su cara y mi efecto
sobre ella.
Cuando te han herido tan profundamente como a mí, son los
pequeños triunfos los que alivian la herida. Cuando Woods me dijo
que me dejaba, me puse histérica, primero llorando y luego
rogándole que cambiara de opinión. Su rostro había permanecido
impasible durante mi berrinche. Pensé que había estado tratando
de mantener la calma, que estaba tan angustiado como yo por el
fracaso de nuestro matrimonio, pero cuando se mudó con Perla al
día siguiente me di cuenta de que su cara había sido un reflejo de
lo que sentía por mí en ese momento: nada.
Levante mi bolso al hombro, pero parece tan angustiado que
siento como si necesitara para darle algo.
Página | 30
—Wendy —digo—. Ahora me llamo Wendy.
Su cara se ilumina. Está tan encantado como sorprendido. —
Odias tu segundo nombre.
Me encogí de hombros. —No tanto como odio a Billie Tarrow y
todo lo que ella era —digo.
—Bien, Wendy —dice cuidadosamente—. Nos vemos.
—Nos vemos —le respondo. Me giro con propósito hacia la
puerta y salgo, asegurándome de no mirar atrás.
En la acera fuera del bar, un corredor casi me atropella. Respiro
profundamente por primera vez en la noche, el humo de la ciudad
golpeando la parte posterior de mi garganta. Eso salió mejor de lo
esperado. Por lo menos no había llorado. No, me digo. Por supuesto
que no lloraste, ya no eres una llorona. Pienso en Perla, dondequiera
que esté, el teléfono presionado en su oído mientras marcaba a
Woods. Hubo una vez en que yo había estado llamando a Woods y
él había estado con ella. Cómo han cambiado las cosas. Perla robó
a un hombre casado, y ahora voy a asegurarme de que su
matrimonio nunca ocurra. Woods es mío.
5
Traducido por: FerGonz
Página | 31 Corregido por: -Patty

—¡B illie! —Escucho mi nombre siendo llamado desde


algún lugar detrás de mí.
Me detengo, escudriñando la multitud. Hay
multitudes de gente por todas partes. Olvidé lo abarrotada que está
la ciudad en verano. Puede que no sea yo a la que llamaban… Billie
es un nombre masculino bastante común, especialmente en una
gran ciudad como Nueva York. Me siento tonta por haberme
detenido. Dando la vuelta, lo escucho de nuevo, y esta vez hay
algo en el tono que me hace saber que es para mí. Es a través del
medio de un grupo de chicas adolescentes que emerge un rostro
familiar: hombros anchos, cabello oscuro y dos hoyuelos que
surgen de las mejillas. Mi cara se convierte inmediatamente en una
sonrisa.
—Satcher —digo. Está ligeramente cansado cuando me alcanza
y veo que está usando ropa para correr...
—Estaba corriendo cuando te vi a dos cuadras de distancia,
tuve que correr para alcanzarte...
—Vaya, vaya —digo, ni siquiera tratando de reprimir mi
sonrisa—. Debo ser la primera chica que has tenido que perseguir
desde… la secundaria.
La sonrisa de Satcher es contagiosa cuando me abraza. Me doy
cuenta de que ni siquiera huele a sudor después de correr en un
clima de noventa grados. Me abanico a mí misma conscientemente
cuando me deja ir.
—¿Te he mojado? —pregunta.
—¿Qué... qué? —Aprieto mis muslos juntos.
—Estoy sudando. —Una esquina de su boca se convierte en
una sonrisa cargada.
—No estoy mojada —digo en voz alta.
Satcher se ríe. —Me estás haciendo sentir como un fracaso,
Billie.
—Oh Dios...

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—¿Quieres tomar una cerveza? ¿Una cerveza muy, muy fría?
Lo miro, nerviosa. Necesito algo para refrescarme, y no es sólo
el calor que me hace sudar en este momento. Levanto la pequeña
bolsa de la compra.
—Podemos dejarla en el camino —dice, quitándome la bolsa—.
¿Qué tan lejos estás de aquí?
—Sólo una cuadra.
Él asiente y nos ponemos en marcha. Me doy cuenta de cuántas
mujeres dejan de hacer lo que están haciendo para mirarlo. Sus
miradas son furtivas, inseguras de lo que están viendo. Satcher
siempre ha captado este tipo de atención femenina. No lo ignora,
pero tampoco parece preocuparse demasiado por ello. Uno, porque
es hermoso, pero más aún (y esto es todo opinión personal) es su
presencia. No me gustan las tonterías hippie a pesar de haber
habitado el noroeste del Pacífico durante la mitad de mi vida, pero
si creyera en las auras, diría que Satcher tiene una muy atractiva:
posiblemente hecha a la luz de la luna, con champán y dinero,
todas las cosas que hacen que una mujer se sienta cálida, borrosa
y romántica.
—Woods mencionó que habías vuelto.
—¿Qué más mencionó? —pregunto, lanzándole una mirada de
reojo.
—Que te ves muy bien.
—¿En serio? —Me reprendo por dentro por la forma en que me
animo.
—Sí. Sí, aunque ahora que te veo yo mismo, eso fue un
eufemismo.
Siento el calor deslizarse por mis mejillas. —Deja de coquetear
conmigo, Satcher. Me he ruborizado tres veces en los últimos cinco
minutos.
—Mira eso —dice—. Te he mojado y te he hecho sonrojar. Tal
vez yo todavía lo tengo.
Me detengo en seco para mirarlo, y él se ríe. Cuando comienzo a
moverme de nuevo lo golpeo juguetonamente y él baila lejos de mí.
—Woods dijo que alquilaste el loft.

Página | 33
—Sip. —Miro mis pies.
—Y que necesitas un trabajo.
—Ugh. En primer lugar, no necesito un trabajo —le digo. Me
paro delante de mi edificio—. Y además, ¿quién demonios...?
—En realidad no dijo eso. —Miro a Satcher, que está
sonriendo—. Esperaba que necesitaras un trabajo, y así podría
convencerte de que vuelvas a Rhubarb.
Me giro hacia la puerta para que no pueda ver mi cara.
—Satcher, ¿estás escuchando lo que estás diciendo? ¿Quieres
que vuelva a Rhubarb con Woods y Perla allí?
—Sí, ¿por qué no? Son profesionales. Pueden mantener sus
sentimientos bajo control por el bien del blog.
Yo me la detengo, con mi tarjeta en el acceso.
—¿Estás bromeando? Ellos no pudieron controlar sus
sentimientos cuando empezaron a follar a mis espaldas.
Entramos en el vestíbulo de mi edificio. —Billie, no voy a
mentirte. Cuando te fuiste, el blog recibió un golpe. Es... tomó dos
años para recuperar nuestros lectores.
—Entonces, ¿por qué me necesitas? Suena como si tuvieras las
cosas bajo control.
Paso a través de la puerta y Satcher me sigue, sosteniendo mi
bolsa de víveres.
Satcher hace una mueca. —Soy un inversor. No compré el blog
para trabajar allí por el resto de mi vida.
—¿Y qué? ¿Quieres contratarme para que lleve el blog por ti? —
Me paro frente a la pared de buzones, resistiendo el impulso de
cruzar los brazos sobre el pecho.
—Exactamente.
—¿Y Perla?
—Tú serías su jefe.
Estudio su cara. —Woods no dejará que eso suceda. Están
comprometidos. Él es parte propietario...
Satcher ya está negando con la cabeza. —Soy accionista al
sesenta por ciento, Billie. Woods sólo retiene el cuarenta por ciento
Página | 34 del Rhubarb

Mi boca se abre. —Estás bromeando. —No tenía ni idea de que


Woods vendió la mayoría de su porcentaje, pero supongo que
nunca pregunté. Estaba demasiado decidida a salir de la ciudad
para poder ir a lamer mis heridas—. ¿Por qué vendió? —pregunto.
Esto no es asunto mío, y normalmente mantengo mi nariz fuera
de cosas que no tienen nada que ver conmigo. Pero esta era mi
compañía, la que empecé, de la que me sentí obligada a alejarme.
Satcher sonríe. Es el tipo de sonrisa malvada que dice que tiene
información que yo disfrutaría. —Perla quería comprar un lugar en
el Upper East Side. Ella estaba en la pelea por tu loft, creo. Una vez
los oí discutir sobre por qué te quedaste con el loft en el divorcio.
Ella lo quería.
Así es, creo, la obsesión de Perla con mi loft. Woods y yo a
menudo invitamos gente... especialmente en los primeros días
cuando recién comenzamos con el Rhubarb. Recuerdo que levanté
la vista de la jarra de margaritas que estaba haciendo en la cocina
para ver a Perla con su teléfono afuera, tomando fotos de varias
partes de mi casa. Me convencí de que me sentía halagada, pero
recuerdo que pensé que también había algo extraño.

—E ntonces, ¿qué dices? —pregunta Satcher—. ¿Tú


me ayudas, yo te ayudo? Tú respiras vida de vuelta al blog para
mí, te ayudo a irritar la mierda en Perla.
Mi vecino mayor, el Sr. Morse, atraviesa la puerta y lleva su taza
de té bajo el brazo. Veo que lleva el mismo chaleco de suéter malva
que llevaba cuando lo conocí. No importa el calor que haga afuera,
siempre se viste como si fuera otoño. El Sr. Morse trajo una
cacerola vegetariana y una botella de tequila caro cuando me mudé
por primera vez, diciéndome que su pareja había muerto seis meses
antes de cáncer. Me habían encantado sus manos cuidadas y su
acento sureño. Nos convertimos rápidamente en amigos en
nuestro mutuo estado de tristeza.
Su sonrisa se congela cuando ve a Satcher, sus ojos se alinean
con los míos en interés.
Página | 35
—Hola, Sr. Morse —le digo, extendiendo la mano para acariciar
a Bluffin.
—Wendy —dice en el saludo.
—Este es Satcher Gamble —me detengo a mirar a Satcher a los
ojos de manera significativa—, mi nuevo jefe.
Una esquina de la boca de Satcher se levanta con una sonrisa,
sus ojos oscuros pasan de la travesura a la risa.
—Ahh —dice—. Es un buen día para estar vivo. —El Sr. Morse
mira entre nosotros divertido—. Bueno, fue un placer conocerte —
le dice a Satcher—. Subiré a darle a Bluffin su almuerzo.
Lo vimos subir las escaleras con la energía de un joven hombre.
Satcher se vuelve hacia mí y no sé si es el aire acondicionado del
vestíbulo o la forma en que me mira, pero mis brazos se ponen en
piel de gallina. Mírate, pienso. Poniéndote nerviosa bajo los ojos de
un hombre guapo.
—¿Todavía quieres tomar esa cerveza? —Él cambia mi bolsa de
un brazo a otro, y yo me ruborizo en disculpa.
—Lo siento, me preocupé mucho por mi nuevo trabajo. —Lo
llevo por el pasillo hasta las escaleras—. Estoy en el tercer piso —le
digo.

—Bonito edificio. —Satcher sube las escaleras a mi lado—. ¿Por


qué el Sr. Morse te llama Wendy?
—Lo estoy subarrendando con una amiga —digo—. Y Wendy es
como me llamo ahora.
Entramos en el pasillo y yo tanteo con mis llaves, maldiciendo
en voz baja. Satcher se ríe detrás de mí y le echo un vistazo.
—Prueba esa —dice de mi llavero. Jules tiene un millón de
llaves en su anillo; aún tengo que separar las que realmente
necesito, lo que resulta en una sesión de diez minutos cada vez que
llego a casa. Me maldigo a mí misma por mi tardanza al meter la
llave que Satcher sugirió en el ojo de la cerradura, y milagro de los
milagros, resulta. La puerta se abre. Me hago a un lado para
dejarlo pasar y él lleva mi bolso a la cocina sin preguntar dónde
está. Oh, estar tan cómodo en la piel como Satcher Gable. Le
sonrío cuando empieza a desempaquetar mis comestibles y a
ponerlos en la encimera.
Página | 36
—No tienes que hacer eso —le digo.
—¿Estás bromeando? Quiero ver lo que has comprado.
Me río, tomando la botella de cerezas amaretto que me entrega.
—Las empapas en whisky —digo cuando me mira con
curiosidad.
—Delicioso. —Su única respuesta es una ceja ligeramente
arqueada y el hundimiento de sus hoyuelos.
—Sabes, tengo cerveza aquí —le digo, mirando fijamente a la
nevera—. A menos que estés ansioso por volver a estar en ese calor.
—Jules tiene tres unidades de aire acondicionado en su enorme
sala de estar, lo que pone la temperatura del apartamento a unos
razonables 25 grados.
—Estoy a favor de eso. —Satcher asiente con la cabeza. Apila
algunas latas en la despensa para mí y luego se va a la sala de
estar. Me puse a preparar nuestras bebidas, cogiendo provisiones
de la nevera de Jules. Por el rabillo del ojo, lo veo parado en la
ventana que da a la calle.
—¿Cómo están las cosas entre tú y Woods? —digo.
Es entrometido, lo sé, pero Woods siempre estuvo un poco
celoso de Satcher, y con el desigual porcentaje de Rhubarb
repartido entre los dos, tuvo que haber causado algún
resentimiento por parte de Woods. Me escabullo de mi apartamento
y camino el espacio hasta donde él se ha movido para sentarse en
una de las hermosas sillas de Jules.
—Esto no es una cerveza. —Levanta el vaso que le di a la luz,
examinando su contenido.
—No. Es un lemon drop —lo admito—. Mentí acerca de tomar
cerveza.
Levanta su vaso y yo lo golpeo con el mío antes de sentarme
frente a él. Toma un sorbo y pone una cara. —Woods y yo somos
geniales. Al principio se enfureció, pero luego se dio cuenta de que
le gustaba ganar dinero sin tener que hacer nada.
Mi risa estalla como un disparo, y presiono el dorso de mi mano
contra mi boca para sofocarla.
Página | 37
—Es agradable oírte reír de nuevo.
—¿Perla se ríe? —pregunto.
Satcher sonríe. —Todavía no lo has superado, ¿eh?
—Lo he superado totalmente. Lo he superado completamente.
Nadie puede estar más por encima de un chico que yo por encima
de Woods.
—Sí, claro.
—¿Qué?
Satcher se detiene. Se encoge de hombros como si no supiera de
qué estoy hablando. —Estoy preocupado por ti, Billie —dice,
poniéndose de pie—. Nadie debería beber una mierda como esta.
Pone su vaso vacío sobre la mesa y yo pongo los ojos en
blanco. Hay una mancha de azúcar en su labio desde el borde. —
Ya veo que te lo bebiste todo —le respondo con una sonrisa.
Se dirige a la puerta y me siento confundida por su abrupta
necesidad de salir. —Lunes —lanza sobre su hombro—. Te dejaré
elegir tu oficina.
—Mientras sea más grande que la de Perla —le digo.
—¡Buenas noches, Sasquatch! —Levanta una mano por encima
de su cabeza para decirme que me ha oído y entonces la puerta se
cierra y se va. Me preparo otro trago y me dirijo al armario de
Jules. Gracias a Dios por Satcher. Siempre, no sólo hoy en mi triste
condición de divorciada. Siempre ha aparecido cuando he
necesitado a alguien.
6
Traducido por: Majo L
Página | 38 Corregido por: -Patty

¿P or qué la gente sale a citas? Una vez hice esa pregunta


en la sala de chat del blog, esperando una respuesta
más profunda. La respuesta que más sentido tuvo para
todos fue que, en general, estábamos solos. Excepto que nunca me
sentí así. Nunca me sentí sola de la forma en que otras personas
describieron, no hasta Woods. Me enseñó el amor y luego,
inevitablemente, me enseñó la perdida. Cuando se fue, entendí el
concepto de soledad tal como lo había descrito tanta gente. Estaba
avergonzada del sentimiento: un vacío ingrávido. ¿Por qué no pude
seguir adelante? ¿Por qué no quería ducharme, comer, ni pensar
más en el futuro? Mi necesidad me avergonzaba. Era como una
muela adolorida. Me dolía menos eso. Woods me había dado
gravedad, había plantado mis pies en Nueva York y mi corazón se
había plantado en él, su misma existencia. Yo era tan joven cuando
nos juntamos que mi propósito se entrelazó con el suyo. Eran
enredaderas conjuntas que crecieron juntas: mi matrimonio y mis
metas. Dos cosas que se habían adquirido tan temprano en la vida
que era difícil separarlas.
Por eso salí de Nueva York tres días después de que terminó mi
matrimonio y reservé un boleto de ida a Seattle. Ahora, mirando
hacia atrás, fue una retirada débil. Había sido derrotada, superada
por una mujer mucho más joven y más delgada. Quería volver al
lugar más triste que conocía para lamer mis heridas. Entrar en la
ciudad llorona en la que crecí, perpetuamente lluviosa, con olor a
tierra y sal. Mis padres, sin saber qué hacer con mi dolor, me
dieron las llaves de la casa de huéspedes junto con miradas
furtivas que llegué a odiar. Es allí donde acampé durante los
siguientes dos años, mi comportamiento se volvió rutinario con
toda la amargura que sentía. Había engordado cuarenta libras
antes de perderlo, bebía vodka para el desayuno y fumaba porros
desnuda en el jacuzzi. Además, me follé a un tipo llamado Keith
Gus que lloraba cada vez que los Seahawks perdían un juego. No
fueron mis años más orgullosos. No fue hasta el accidente que todo
cambió. Todo, pero sobre todo yo.
E
l accidente: un simple accidente de coche, nada del otro
mundo. No fue culpa mía (milagrosamente). El conductor
del otro automóvil se quedó dormido al volante, y cuando
se desvió hacia mi carril, chocamos como dos HotWheels 18 en
manos de niños pequeños. Había que sacarlo con las fauces de la
Página | 39
vida. La escena se volvió surrealista mientras veía cómo lo subían a
la ambulancia, temblando y envuelta en la tosca manta que me
había entregado un paramédico. Los rojos y azules parpadeantes
de los coches de policía tiñeron nuestra piel. Me había ido con una
muñeca torcida, un rasguño en la frente y su vida. No había tenido
tanta suerte. Lo aceché en Facebook después, queriendo saber
quién había sido antes de que perdiera la vida por una siesta al
volante. Era Angus Erwin, de veintiséis años. Un mecánico de
PortLudlow. Tenía un hijo de un año, aunque no estaba casado. Su
gente se reunió en el lugar del accidente dos semanas después,
colocando coronas y letras contra una cruz de madera hecha a
mano. Aparqué al otro lado de la calle y miré, los limpiaparabrisas
perezosamente sobre el cristal.
También trajeron velas, pero para entonces la lluvia había caído
sobre Washington y la niebla los había apagado. Me senté allí por
lo que me parecieron horas, y después de que todos se fueron y la
lluvia amainó, salté de mi auto, corriendo por la calle hacia el
santuario de Angus. Con la capucha de mi sudadera colocada
sobre mi cabello, saqué el mechero del bolsillo de mis jeans y
encendí las velas de Angus una a una, que se apagaron después de
unos minutos, pero quería hacer algo por él.
Después, me fui a casa, me metí en la cama completamente
vestida y húmeda por la lluvia, y sollocé más fuerte que nunca en
mi vida. Nunca le conté a nadie sobre el accidente, y en ese
momento de mi vida realmente no había nadie a quien contárselo.
Mis padres estaban fuera de Rock Island durante la semana con
amigos, y cuando regresaron yo tenía un auto nuevo, sin
preguntas. Ni siquiera un: `Oye, hija, me gusta tu nuevo vehículo`.
A pesar de la actitud mediocre de mis padres, y a pesar del hecho
de que estaba fingiendo estar bien, el impacto discordante del
metal chocando contra el metal había anidado algo en mi mente;
un pensamiento oscuro, los bordes teñidos de pesar. Dejo que todo
se vaya sin luchar por ello. Mi mente se aferró a la realización como
si estuviera sobrio por primera vez en dos años. Se fue, se fue, se
18
Carros de juguete.
fue. Mi amor, mi mejor amiga, mi hermosa vida. ¿Por qué? Porque
había venido a verme con su tristeza y me tapaba los oídos. Lo
recuerdo ahora que hay cierta distancia entre mí y el dolor inicial.
Woods quiere llevarme a Aruba en nuestro primer aniversario y yo
digo que no. El blog era nuevo y estaba funcionando bastante bien
Página | 40
y no había sentido que fuera un buen momento para irme. En
cambio, había hecho reservas en el Ivy Room, pero luego tuve que
trabajar hasta tarde y me olvidé por completo de la cena y nuestro
aniversario. Después de eso, fue diferente.
No importa cuánto yo me disculpé, nunca perdió la mirada de
dolor en sus ojos. Y, finalmente, me aburrí de eso. Es
emocionalmente perezoso saber que estás lastimando a alguien y
tratar de olvidar el hecho porque te incomoda. El matrimonio en su
conjunto es incómodo. Dos personas de dos mundos diferentes
tratando de juntar todas sus pertenencias emocionales en una sola
vida. Resulta que yo estaba acostumbrado a que me dejaran sola y
Woods estaba acostumbrado a que lo sofocaran. Uno de nosotros
siempre está molesto y el otro siempre herido. Así es como vivimos
durante mucho tiempo hasta que supongo que Woods hizo algo al
respecto.

S
aque la ropa del armario de Jules y la coloque en la cama.
Dejó el noventa por ciento de su guardarropa cuando se
fue a su nuevo trabajo en Sao Paolo. Por primera vez en
mi vida, soy de su talla: un cuatro. `Úsalo`, dijo antes de irse. Y así
lo haré. Realmente no tengo otra opción, ya que la única ropa que
traje conmigo de Washington son mis franelas, jeans rotos y botas
de lluvia. Mi cuenta bancaria se ha reducido, solo me permite lo
necesario por algún tiempo. El guardarropa de Jules es una
bendición. Me poso en un vestido tubo verde oliva y tacones
desnudos. Woods es un chico de piernas y los tacones desnudos
harán que mis piernas parezcan más largas. Me avergüenza ese
pensamiento, pero no tanto como para guardar el vestido. Esto es
guerra y estoy armando cada activo que tengo. Es por eso que
regresé y voy a seguir adelante. Woods aún no está casado. Tengo
tiempo.
7
Traducido por: Majo L
Página | 41 Corregido por: -Patty

E
l asistente de Satcher me lleva a su oficina el lunes por la
mañana. Se presenta como Bilbo, y tengo que pedirle que
lo repita tres veces antes de que suspire profundamente y
me diga que sus padres eran grandes admiradores de los libros de
Tolkien19.
—Bill-bow —dice, pellizcando el aire con cada sílaba. Noto que
la mayoría de los cubículos no están ocupados y lo menciono
mientras caminamos por el amplio círculo hacia donde el personal
editorial principal tiene sus oficinas.
—Satcher les da de baja al personal en verano. Todos deben
regresar esta semana.
Buena idea. Nunca pensé en hacer eso. Mi nómina siempre fue
gigantesca.
—Puestos de regreso a clases —termina Bilbo.
Bilbo tiene la costumbre de cantar la última palabra en cada
oración. Mientras canta las publicaciones de palabras, hace
grandes ojos para indicar la importancia del frenesí del regreso a
clases. Lo recuerdo muy bien: publicaciones sobre qué poner en los
almuerzos de su hijo, dónde comprar útiles escolares y las mejores
recetas de cócteles de regreso a clases para mamá. Bilbo me deja
con una botella de agua y me dice que Satcher está en camino. Con
una sonrisa de suficiencia, me acomodo en una silla verde de
terciopelo que compré para la oficina hace dos años. Ha mantenido
las cosas como las dejé, solo reemplazando mi escritorio delgado de
Ikea con un escritorio de madera mucho más grande. Levanto los
ojos a los tres monitores, preguntándome cuánto ha tomado
Satcher encima de Rhubarb. Se abre la puerta; Espero a Satcher,
pero Perla entra en su lugar. Lleva el pelo recogido hacia atrás y
enrollado en un nudo en la nuca, su estilo característico. Mechones

19 Personaje de `El señor de los anillos`.


sueltos de cabello enmarcan su rostro en lo que se supone que es
un aspecto "sin esfuerzo", pero sé que pasó treinta minutos
perfeccionándolo.
—Billie —respira—, supongo que debería darte la bienvenida de
Página | 42 nuevo.

Perla deja su café sobre el escritorio y se pasa un mechón de


cabello detrás de la oreja. Ella mira al borde, pero tal vez estoy
buscando.
—Supongo que deberías —repito. No siento, bajo ninguna
circunstancia, la necesidad de ser cortés con Perla—. Es Wendy
ahora, en realidad.
Ella levanta una ceja, pero antes de que pueda decir algo,
Satcher camina con dos cafés.
—Perla. —Parece sorprendido de verla—. Pensé que te ibas a
tomar la mañana para tu cita.
¿Soy solo yo o su cara se sonroja?
—Fue cancelada —dice rápidamente.
Satcher la mira pensativamente por un momento, los ojos
entrecerrados y los labios fruncidos. Con la misma rapidez, aparta
la mirada. Está rebuscando en su escritorio cuando dice—: El café
es para ti, Bil… Quiero decir, Wendy.
—Oye, gracias, Sasquatch —le digo.
—¿Hay algún lugar en particular en que te gustaría instalarte?
—Hay un cubículo abierto al final del pasillo —ofrece Perla. Ella
ha hecho de la oficina su casa. Satcher levanta la vista de lo que
está haciendo.
—Billie…
—Wendy —corrijo.
—Wendy estará en la oficina abierta. ¿Te importaría mostrarle
dónde está, Perla?
Perla lo mira fijamente, con la boca entreabierta. —¿La antigua
oficina de Kimberly?
Satcher frunce el ceño, molesto.
—Sí.
—Pensé que mantendríamos esa oficina abierta para el bloguero
de contenido señor.

Página | 43
—Lo estábamos —dice Satcher—. Y ahora el puesto está
cubierto. Así que, como ya estás aquí, ve a llevar a Wendy a su
nueva oficina.
Nos giramos para irnos, Perla rígidamente, cuando Satcher
dice—: ¿Wendy...?
—¿Sí?
—Si me llamas Sasquatch de nuevo, estás despedida.
Le guiño un ojo.
Perla, que se niega a usar perlas de cualquier tipo, muestra su
anillo de compromiso gigante mientras yo la sigo. Lo entiendo;
Consigo la oficina, pero ella consiguió el anillo de compromiso. La
sigo por el pasillo y algunas cabezas salen de sus cubículos para
mirarme. Solo hay dos caras conocidas: Loren, a quien contraté
para cubrir la sección de alimentos y bebidas del blog, y Dave, el
chico del sitio web. Ambos me sonríen cuando paso. Perla habría
instado a Woods a reemplazar a algunas de las personas que me
eran leales, y otras se habrían ido por su propia voluntad cuando
vendí. Dobla una esquina y se detiene frente a una puerta,
parpadeando ante mí. Antes de abrirla, se da la vuelta.
Perla, que mide al menos medio pie, más baja que yo, no tiene
ningún problema en mirarme a los ojos. Si yo fuera ella, me
avergonzaría, pero supongo que tuvo el valor de acostarse con el
marido de otra mujer en primer lugar.
—Ni siquiera sabía que estabas de vuelta en la ciudad. Ahora
Satcher te trae café y estás en la oficina de la esquina.
Me toma un momento darme cuenta de lo que está insinuando.
La miro, mortificada.
—No todo el mundo tiene que follar a alguien para llegar a la
cima, Perla —digo.
—Por lo que puedo ver, no has hecho nada para ganarte este
trabajo.
Ahí es cuando me doy cuenta. Perla quería mi puesto.
Probablemente ella también tenía una buena oportunidad antes de
que yo llegara.
—¿Quieres decir como comenzar este blog, obtener ganancias y
Página | 44 venderlo por lo suficiente para vivir del dinero durante dos años?
Sus delicadas fosas nasales se ensanchan mientras me mira. Ella
está a punto de dispararme alguna palabra veneno, lo puedo decir
por la forma en que todo su cuerpo está enrollado como un perro
pequeño defendiendo su territorio. Con un collar, quizás. Ella tiene
los pelos al descubierto.
—No tenías ninguna razón para volver —dice—. No te queda
nada aquí.
Ladeo la cabeza hacia un lado.
—¿Es así?
Para mi disfrute, las comisuras de la boca de Perla se doblan en
un ceño, opacando sus ojos.
—Pareces mucho mayor —dice, inclinando la cabeza hacia un
lado—. El divorcio se apoderó de ti.
Y luego se marcha antes de que pueda decir nada más. Más
vieja y más sabia, Perla, pienso mientras entro en mi nueva oficina.
Más vieja, más sabia y más mala.

H
ay mucho que decir sobre la mezquindad rencorosa. Es
subestimado por aquellos benefactores morales que se
mueven al ritmo del karma. Hago una especie de colgar
mi nueva placa de identificación junto a la puerta, y luego, por si
acaso, les compro a todos en la oficina el almuerzo a pesar de que
mi cuenta bancaria está disminuyendo peligrosamente. Ella
obtendrá el suyo, me dijeron. Pero cuando miro a Perla, que está
haciendo todo lo posible por fingir que yo no existo, decido que
definitivamente no "consiguió lo suyo" como todos me dijeron que
haría. Tomando las decisiones en la empresa que comencé,
montando la polla gigante de Woods todas las noches. Me imagino
que el karma debe ser una perra genial, pero está demasiado
ocupado para mí. En cuyo caso, he decidido ser el karma.
S
atcher viene a ver cómo me estoy adaptando y se ofrece a
devolver mis muebles.
-He estado tratando de descargar esa silla verde en
alguien durante dos años —dice.
Página | 45
—Basta. Esa silla es hermosa y me costó mil dólares.
Él sonríe como si lo supiera.
—Se ve bien en tu oficina —digo—. Voy a empezar con una
pizarra limpia si no te importa.
Deja una botella de champán y dos vasos en el alféizar de la
ventana.
—¿Cómo estuvo Perla?
Incluso mientras pregunta, se arremanga y se pone a trabajar
en armar mi nuevo escritorio.
—Aturdida.
—Sabes, Billie, podrías seguir adelante. Olvídate de esta
vendetta que tienes contra los dos. Puedo hacerte una cita con
algunos de los hombres más elegibles de Nueva York.
—Es Wendy —digo—. ¿Y qué vendetta? Nueva York es tanto mi
hogar como el de ellos.
—No estoy discutiendo eso —dice Satcher—. Pero si crees que
no reconozco esa mirada en tus ojos, estás equivocada.
Pongo una mano sobre mi corazón, y agitando mis ojos
inocentemente, digo—: Satcher Gable. Siempre piensas lo peor de
mí.
Sonríe desde donde está sentado en el suelo clasificando tablas
y tornillos en montones organizados.
—Por cierto, vi esos tres monitores en tu oficina. ¿Cuánto has
tomado exactamente? Quiero decir, no es ningún secreto que eres
un adicto al trabajo, pero, Satch...
—No es nada —dice—. No tengo familia. Tengo que mantenerme
ocupado, y también podría estar ocupado ganando dinero.
—Es cierto —digo—. ¿Por qué no abres la botella? Me gusta
beber mientras trabajo.
Los dos estamos sentados en el suelo bebiendo de nuestros
vasos y riéndonos de algo que he dicho cuando se abre la puerta y
entra Woods.
—Mucho trabajo para tocar —digo, tirando el resto hacia atrás.
Página | 46 Lleva una chaqueta de mezclilla sobre su cuello en V blanco, lo que
lo hace parecer el tipo de idiota que le compra a su novia un nuevo
par de tetas y bebe cócteles de vodka mientras usa un anillo
meñique, ¡oh, espera! Ese es él.
Sus ojos viajan entre nosotros dos y luego aterrizan en el
escritorio que Satcher está ensamblando. Estoy mareada por el
champán, encorvada contra la pared, pero Woods apenas me mira;
sus ojos están fijos en Satcher. Trato de esconder mi sonrisa detrás
de mi vaso recién llenado. Este era exactamente el tipo de
subterfugio que esperaba, ¿no? Para meterme bajo la piel de mi ex
marido tan a fondo como sea posible.
—¿Tomando un pequeño descanso, Satch? —dice Woods—.
Difícilmente podemos arrastrarte fuera de tu oficina, y aquí estás
bebiendo champán y armando muebles como un recién casado.
Veo un músculo en la mandíbula de Satcher saltar. Deja caer
su destornillador y endereza el escritorio para que se ponga de pie,
examinando su trabajo.
—Hablando de recién casados, ¿cuándo es tu fecha de boda,
Woods? Debería llegar pronto.
Me quito los zapatos y lo miro fijamente.
—Octubre, en realidad —dice, sin quitar los ojos de Satcher—.
Del año que viene...
—¡Encantador! Cuando todo empiece a morir —digo. Woods
sonríe, no puede evitarlo. Le he llamado la atención ahora. Sus
cálidos ojos giran sobre mí como manos y se me pone la piel de
gallina en los brazos. Mientras el resto del mundo clamaba por
cosas con sabor a calabaza y gritaba y gritaba mientras las hojas
cambiaban de color, Woods siempre llamaba amargamente al otoño
la muerte del verano.
—Supongo que no recibiré una invitación, ¿verdad?.
Woods no muerde. Actúa como si no me hubiera escuchado,
pero Satcher sí.
—Siempre puedes ser mi más uno.
Satcher levanta la vista de donde está levantando el monitor de
mi computadora sobre el escritorio, sus ojos brillantes con
picardía. Miro a mi ex marido, quien sobresale en la evitación de
Página | 47 confrontaciones.

Está aturdido; Lo estamos atacando y él lo odia. Satcher me


guiña un ojo. —¡Todo listo! —dice, poniéndose de pie. Da un paso
atrás para admirar su trabajo. Los tres estamos revisando mi
escritorio cuando Perla se apresura, con una expresión de
estreñimiento en el rostro.
—Ha sido divertido, Billie —dice Satcher—. Haré que Claire
venga para informarte sobre nuestro programa de otoño; todavía
tenemos algunos espacios por llenar.
Está a medio camino de la puerta cuando sus anchos hombros
giran. —Además, necesitarás contratar a un nuevo editor de moda.
Marie está embarazada.
Marie, no Perla, gracias a Dios. Le doy el visto bueno y luego se
va, dejando a una Perla con aspecto enojado y un Woods con
aspecto estresado a su paso.
—¿Hay algo en lo que pueda ayudarlos a ustedes dos?
Empiezo a llevar cosas al escritorio: los montones de papeleo
que necesito revisar, una taza de bolígrafos... No tengo una foto;
todos los demás tienen fotos de sus seres queridos colocadas donde
pueda verlas... pienso de quien podría colocar una foto en mi
escritorio, y desafortunadamente nada llega.
—Estaba buscando a Woods —dice Pearl. ¡Buscando! Su voz es
como el hielo. Levanto la vista de lo que estoy haciendo, medio
divertida, y veo que ambos me miran. ¿Necesitaban un despido?
—Llévatelo... —Les hago señas para que se vayan y me siento
aliviada cuando se dirigen hacia la puerta, Woods parece que
todavía tiene algo que decirme. Lástima, pienso. Te han venido a
buscar. Cinco minutos después, Loren asoma la cabeza por la
puerta.
—Bienvenida de nuevo. —Ella sonríe—. Te habría traído un
cactus para tu escritorio, pero... um... Satcher no nos dijo que ibas
a regresar
—Está bien, todo sucedió en el último minuto. Es bueno estar
de regreso.
Loren mira por encima del hombro y luego se desliza por la
puerta, cerrándola silenciosamente detrás de ella.
Página | 48
—Perla está enojada.
—¿Ah, sí?
Me recuesto en mi silla, tratando de mantener la sonrisa fuera
de mi rostro. Loren y yo no hemos sido más que amigas de
Facebook durante dos años, pero se siente natural recuperar
nuestra antigua camaradería en la oficina. Apoyo las palmas de las
manos en el escritorio y empujo hacia arriba para estar de pie.
—Ella está... —Sus palabras se cortan cuando la puerta de mi
oficina se abre de nuevo y Satcher entra. Ella se agarra al brazo de
la silla más cercana mientras Satcher se sienta dentro de ella.
—¿Qué está haciendo ella?
—Discutir con Woods. —dice Loren.
—¿Por qué?
—Por dejar que volvieras.
—Ella debería estar enojada con Satcher entonces —digo,
encogiéndome de hombros. Debo ser muy mala ocultando mi
deleite porque Satcher enarca una ceja y sonríe conscientemente.
Loren se dirige a la puerta. —Todos pongan sus cinturones de
seguridad. Va a ser un viaje desordenado —dice antes de
escabullirse.
—Cabalgamos hacia el infierno. —Èl me mira fijamente y yo me
encojo de hombros.
No me importa. Ya he estado en el viaje de la vida desde el
infierno. Sé todos los giros. Él hace una mueca y luego se pone de
pie, dirigiéndose hacia la puerta. Se detiene en el último minuto
para decir—: No llevamos a Rhubarb en ese viaje, ¿no?
—Fuera de aquí, Sasquatch —le digo sin levantar la vista—.
Necesito trabajar.
—Mañana, el resto del personal está de regreso —advierte
Satcher—. Mejora tu comportamiento.
8
Traducido por: Majo L
Página | 49 Corregido por: -Patty

E
l ambiente en la oficina a la mañana siguiente es algo así
como el primer día de clases. Renovados y listos, los
empleados de Rhubarb se reúnen en el área común,
colocan cápsulas en la máquina de café y discuten adónde fueron
de vacaciones. Escucho fuera de la puerta, la ansiedad se abre
camino hasta mi garganta. Hay voces familiares: Dee, que asistió a
mi boda. La contraté a tiempo parcial después del nacimiento de su
bebé para cubrir la sección Crunch & Mom del blog. Probablemente
ella intentó más duro después de que me fui, enviándome mensajes
de texto actualizados incluso cuando no respondí. También
escuché a Perla, ella los está actualizando sobre la planificación de
su boda mientras ellos ooh y ahh como buenos secuaces. Estoy
casi hiperventilando cuando Satcher aparece por la puerta
principal, con un portavasos en la mano. Reacciona. Mierda. Se
suponía que debía traerle un café. Su ceja se arquea cuando ve mi
cara.
—Era mi turno —digo cuando me da una taza.
—Sabía que lo olvidarías —dice. Nuestras miradas se
encuentran y de repente siento calor bajo el vestido de Rebecca
Minkoff de Jules. La habitación de repente se ha quedado en
silencio. Han escuchado nuestras voces. Cierro los ojos con fuerza,
pero Satcher me empuja hacia adelante, forzándome a entrar por la
puerta abierta.
—Maldita sea, cabrón —digo en voz baja.
—Buenos días.
Él lanza una sonrisa por la habitación, sus hoyuelos hacen que
sus ojos se pongan vidriosos: hombres y mujeres. ¡Sonrío, sonrío,
sonrío! Tan grande y tan genuino, al menos a sus ojos. De repente,
hay brazos alrededor de mi cuello, exclamaciones de sorpresa.
Janelle, nuestra fotógrafa, Dee, Loren... y Eric, que dirige una
columna llamada Pretty Gay. La sonrisa de Perla se congela en su
rostro como un maniquí. Veo que un par de ellos miran hacia atrás
para evaluar su reacción a mi presencia. Después de unos minutos
de preguntas de todos ellos, Dee va a la nevera y saca la botella de
Champagne, la sonrisa presionada tan sinceramente en sus labios,
mi pecho se aprieta.
Página | 50 La Champagne es una tradición que comencé cuando nos
mudamos al edificio. Siempre dejábamos una botella fría en la
nevera lista para celebrar. Ahora Dee abre el corcho a las ocho de
la mañana y todos extienden sus vasos de plástico para tragar.
Todos excepto Perla, que declina recatadamente, diciendo que está
cuidando su peso para la boda.
—Es solo un sorbo —presiona Loren—. Para darle la bienvenida
a nuestra Billie.
El rostro de Perla se tensa cuando acepta el vaso, agarrado
entre sus dedos como un objeto sucio que preferiría no tocar.
—¿Dónde está Woods? —Alguien llama—. Ve a buscarlo.
Uno de los empleados que no reconozco sale corriendo. Espero,
tensa, el vaso sudando entre mis dedos. Cambio de mano y froto mi
vestido con la palma abierta. Cuando Woods sigue a la chica de
regreso a la habitación, el aire se calma. Me mira a los ojos y mi
estómago da un vuelco rebelde. Déjalo, quiero decir.
—Ustedes siempre están buscando una razón para beber —
bromea.
Loren hace el brindis—: Por la mejor editora y bloguera que
jamás haya existido —dice ella, levantando su vaso—. ¡Bienvenida!
¡Hay aplausos! ¡Se escuchan! y luego todo el mundo está
echando atrás su champán de la mañana. Noto que Perla solo ha
fingido beber el suyo. Sus ojos están en el suelo cerca de los
zapatos de Woods. Alerta y duros como el grafito, lo siguen cuando
camina hacia mí. Está abriendo la boca para decir algo cuando
Satcher se pone delante de él, bloqueando su ruta directa.
—Has estado entrando mucho en la oficina. Pensé que el plan
era retroceder demasiado.
—No sabía que tenía que pedir permiso para entrar a mi oficina
—responde Woods.
Hay algo en su intercambio que está apagado. Normalmente,
Woods y Satcher mantienen un flujo constante de bromas; su
relación depende de su sentido del humor compartido. Pero los
hombros de Satcher están tensos y el rostro de Woods es
tormentoso. Ambos parecen estar a punto de explotar. Todos los
miran o miran hacia otro lado incómodos.
Página | 51 —¿Sabes qué es lo mejor que pueden hacer en una situación
como esta? —pregunto. Ahora soy el centro de atención, o al menos
debería decir el centro de un tenso silencio—. Sacar sus pollas y
medírselas...
Hay una pausa y luego estalla la risa. La gente nueva parece
aliviada (el nuevo jefe no es tan malo) y los viejos levantan sus vasos
vacíos sonriendo como si fuera bueno tenerme de regreso. La
tensión se rompe. Incluso Satcher sonríe y Woods me mira con una
especie de entrañable expectativa. Está acostumbrado a mi sentido
del humor; ocho años en una relación harán eso. Todos se disipan
después de eso, los vasos de plástico golpean la basura y la sala
común se vacía mientras la gente se dirige a sus escritorios. Loren
me da una palmada en el hombro mientras se marcha, con una
sonrisa de suficiencia en el rostro.
—Te han echado mucho de menos. Bienvenida de nuevo.
Le devuelvo la sonrisa, sintiendo un sentido de pertenencia. Sí,
es bueno estar de vuelta. Este es mi paso, esto es lo que me he
perdido. Y ahí es cuando me doy cuenta: no es solo un hombre por
el que regresé. Lo quiero todo... hasta la última cosa.
Después de mi primer día de regreso, Woods inicialmente viene
a la oficina cada dos días, pero al final de la segunda semana está
allí de nueve a cinco como el resto de nosotros. Deduzco que está
ahí para vigilarme a mí o a Perla. Aparte de las duras miradas que
nos damos cuando nos cruzamos en la oficina, Perla nos separa
mucho. Si ha notado que Woods está en la oficina más, no lo deja
ver; sin embargo, cada vez que él viene a mi oficina por algo, ella lo
sigue en unos minutos, encontrando una razón u otra para
arrastrarlo. Creo que era así antes, cuando nos casamos. Tengo
recuerdos de Perla siempre necesitando alejarlo por esto o aquello.
—Tan obvio —le digo a Loren después de que Perla nos
interrumpe a Woods y a mí para decirle que su impresora está
atascada. Una impresora atascada, una emergencia en su
apartamento, problemas con el lugar de la boda, y todo en una
semana. Su creatividad para inventar problemas para alejarlo de
mí es impresionante.
—Deberías programar un almuerzo solo con ustedes dos para
ver qué se le ocurre a ella para sacarlo de esto —sugiere Loren.
Me río, pero la verdad es que pasar tiempo con Woods me afecta
profundamente. Estar cerca de él tiene el efecto contrario al que
Página | 52 solía tener. Donde su presencia solía darme energía, ahora me hace
sentir agotada y cansada. Le digo esto a Loren y asiente como si lo
entendiera.
—Es porque nunca conseguiste un cierre —dice—. La lucha. Lo
intentan por última vez. La honestidad desgarradora: esas son
todas las cosas que necesitas experimentar para seguir adelante.
Tiene razón, pero la falta de cierre no es culpa de Woods. Salí
de la ciudad sin una pelea.
—Todavía hay dolor —dice Loren.
—No —discuto—. Han pasado muchos años. Lo superé.
—Claro. —Se encoge de hombros, como si no quisiera discutir—
. Te conoces a ti misma.
Ella no me cree. Yo tampoco me creo, a veces creo que he
superado a Woods. A veces, cuando soy realmente honesta conmigo
misma, puedo reconocer que la persona que mejor me conoce en
este mundo no es mi madre o mi padre; apenas me conocen, o mis
amigos que solo llegan a ver mi mejor lado, pero Woods… Woods,
con quien pasé ocho años. Me vio desde todos los ángulos
emocionalmente poco favorecedores, en cada momento desnudo de
honestidad y... sin mi maquillaje. El hecho de que nadie me
conozca tan bien como mi ex marido, que me dejó por otra mujer,
es a la vez devastador y aterrador, como si no fuera digna de ser
conocida por completo. No hubo señales de advertencia, ningún
momento en el que supe que nuestro vínculo se había roto y roto,
ni meses de inminente perdición. Me sorprendió.

A
principios de septiembre entrevisto a candidatos para
ocupar el puesto de Marie. Marie, que se encuentra en su
último mes de embarazo y que parece estar incómoda
cada minuto de cada día, participa en las entrevistas. Evalúo sus
expresiones faciales para ver cuánto le gusta cada solicitante.
Aprendo que cuando frunce el ceño está dudando de su
experiencia, y cuando sonríe, ya los ha descartado. Entrevistamos
a una mujer más joven llamada Zoe, que tiene el pelo largo y
pelirrojo y viene con un pañuelo de terciopelo. María complementa
el color, un azul cobalto brillante. Es la primera vez que la escucho
felicitar a un solicitante y, a mitad de la entrevista, interrumpe mis
preguntas para hacer las suyas. Cuando Zoe se va, Marie me
Página | 53
informa que ella es la única. ¡La única! Como si nos estuviéramos
casando con ella. Sin embargo, estoy de acuerdo. Satcher, que se
encuentra con ella brevemente en el pasillo fuera de su oficina,
parece gustarle también.
No es hasta que Marie ha tenido su último día y es expulsada de
baja por maternidad permanente que me doy cuenta de que me
han estafado. Zoe se ha mudado a su cubículo, ha desempacado su
portalápices de mármol y su engrapadora a juego. Le damos la
bienvenida con un brindis con champán, donas y una placa con su
nombre para su escritorio. Todo va bien hasta que me voy
caminando a casa del trabajo una noche. Estoy de muy buen
humor. Desde que regresé a Rhubarb, el número de lectores ha
crecido en un veinte por ciento, contraté a dos nuevos empleados y
me acerqué a Satcher con un plan de crecimiento y expansión. Voy
a repasar lo que voy a hablar en la próxima reunión de personal.
Cuando veo a Zoe sentada en un bar popular en la calle. Me
detengo en la acera preguntándome si debería entrar y saludar, tal
vez tomar una copa, cuando veo a Perla caminar hacia ella desde la
parte trasera del bar. Su saludo es familiar: Zoe se levanta de un
salto, rodea el cuello de Perla con los brazos y me doy cuenta de
que están celebrando, porque se conocen. Me pregunto si serán
viejas compañeras de la universidad y si Perla fue quien la animó a
postularse para el trabajo. Tengo una sensación de hundimiento en
el estómago durante el resto del camino a casa. Cuando vuelvo al
apartamento, tiro las llaves sobre el mostrador y saco el teléfono.
Suena tres veces antes de que suene el brusco: `Hola` de Marie en
mi oído.
—Marie, soy Wendy —digo.
Hay una pausa antes de que vuelva la voz, en el momento más
suave... más cautelosa. —Hola —dice—. ¿En qué puedo ayudarte?
—¿Sabías que Perla y Zoe se conocen?
Suspira. —Sí.
—¿Entonces estabas en su plan?
—Mira, tengo que irme. Lo que suceda en Rhubarb ya no es de
mi incumbencia.
Me río. —En unos años, cuando quieras volver a trabajar
porque estás harta de ser una ama de casa, será tu preocupación.
Página | 54 No lo olvides, soy yo quien tendré que darte una referencia

Está callada y creo que ha colgado el teléfono cuando dice—:


Crecieron juntas. Perla no pensó que la contratarías si lo
supieras... —La línea se interrumpe; ella ha colgado. Dejo el
teléfono y me acerco a la ventana. Mirar el tráfico siempre me
ayuda a pensar. Supongo que podría ser tan simple como que Perla
quisiera trabajar junto a su amiga, pero nada es tan simple como
parece con ella. Perla siempre tiene un plan, un plan de respaldo y
un respaldo a su plan de respaldo. Tendré que estar atenta a las
cosas. El lunes encuentro a Zoe en la oficina temprano, trabajando
en su escritorio. Perla aún no ha aparecido por el día, así que tengo
unos minutos ininterrumpidos para hablar con ella.
—¿Te estás acomodando bien?
Ella está radiante cuando se gira para mirarme. —Sí, estoy
súper emocionada.
Súper: una palabra usada en grandes cantidades por cualquier
persona menor de veintisiete años. Eso es genial, quiero decir.
Súper impresionante.
—Bueno, te dejaré volver al trabajo.
Sonríe sin dientes y se vuelve hacia su computadora.

E
n el almuerzo, me encuentro en la sala común
calentando las sobras de la noche anterior y escuchando
a una mujer llamada Diane dar detalles explícitos sobre
su cesárea. Diane es una de las amigas de Perla y, por esta razón,
nunca me mira a los ojos. He hecho todo lo posible para poner a
prueba mi teoría, una vez me interpuse en su camino para que
chocara contra mí, tirando mi botella de agua de mi mano. Ella
tomó la botella de agua y murmuró: `Lo siento`, antes de correr
hacia su escritorio. Sin contacto visual. Ella termina su historia
con `y se desmayó`. Considero que él es su marido, Víctor. Ella me
mira antes de llegar a la mesa para palmear la mano de Perla.
—No te preocupes. Woods lo hará genial. Él está tan interesado
en cuidar todas tus necesidades. Vic es un bebé.
Algo estalla en mi pecho: conmoción, pánico, dolor. Y luego
Perla rápidamente anuncia a la habitación que no está embarazada
Página | 55 y Diane hace referencia a "el futuro". Su risa vibra como el ladrido
de un perro pequeño y enojado.
No hace falta decir que varios pares de ojos se posan en mi
rostro para medir mi respuesta. Intento ocultar lo que estoy
sintiendo, pero me temo que no soy lo suficientemente rápida.
Woods tendría un bebé con alguien que no soy yo. ¿Por qué todavía
se siente como si me estuviera engañando? Diane parece
complacida consigo misma. Puedo decirlo por la forma en que le
sonríe a Perla. Woods no había querido tener hijos. Ambos
amábamos a los niños, pero él tenía un miedo mortal de estropear
el suyo. Claramente, sus opiniones han cambiado. O tal vez los
quiera con Perla. Perla sabía que Woods y yo no habíamos
planeado tener hijos; Tuvimos una discusión al respecto…
—No podemos esperar a formar una familia —afirma—. Woods
quiere mucho a los niños.
Le doy la espalda al microondas para que no me vean la cara.
Cuando empiezan a hablar de los nombres de los bebés, pienso en
cómo puedo irme sin parecer obvia, hasta que Peter, el informático,
hace la declaración más incómoda
—¿No sería extraño que su hijo con Woods tenga el mismo
apellido que Billie?
Tómatelo con calma. Enarco las cejas y clavo la mirada en Perla,
esperando a ver qué dirá. Ha sido frustrada por Peter de todas las
personas. Parpadea rápidamente, obviamente molesta.
—No podemos culpar a Billie —dice finalmente—. Tarrow es un
apellido deseable, mientras que su apellido de soltera... ¿cuál era,
Billie? ¿Bolster...?
—Sí, Bolster. —Asiento con la cabeza.
—Bien —dice Pearl—. Billie Bolster... —Ella se ríe—. Yo también
me gustaría quedarme con Tarrow.
—Sería Wendy Bolster —digo, tontamente.
—Cambias tu nombre y no el apellido —dice ella—. Interesante.
Es una pequeña victoria para Perla, quien se escabulló de la
vergüenza avergonzándome. Sonrío débilmente y revuelvo mi té con
la diminuta pajita roja. Está bien, Perla, pienso. Si quieres jugar
así...
Página | 56 —Hey, Diane —digo—. Deberías escribir un artículo sobre tu
cesárea para el blog. Me encantaría publicarlo.
Diane parece afligida. Nunca le han pedido que escriba nada,
pero sé que eso es lo que quiere hacer. Saqué su solicitud la
semana pasada; escribió periodismo en la sección de interés.
—¿En serio? —Ella tropieza—. Quiero decir, creo que podría
hacer un gran trabajo si estás hablando en serio...
—Seguro. —sonrío—. Si pudieras enviarme un correo
electrónico antes de fin de mes...
Ella está tratando de actuar con calma, pero le tiemblan las
manos. Los momentos que ha estado esperando. No miro a Perla
antes de salir, pero puedo sentir la molestia irradiando de su
cuerpo. Diane le pertenece y acabo de cruzar una línea. Tan pronto
como estoy de regreso en mi oficina, acuno mis brazos sobre mi
escritorio y dejo caer mi cabeza en ellos. Pensé que, en su mayor
parte, el dolor había remitido, pero escuchar a Perla hablar sobre
tener hijos con Woods me ha dejado una herida cerrada durante
mucho tiempo. ¿Cómo puede un hombre querer cosas diferentes
dependiendo de con quién esté? No soy muy maternal, tal vez por
eso no quería tener hijos conmigo. Estoy obsesionada con el
trabajo, muy motivada y, a menudo, tensa y enérgica, y eso fue
especialmente cierto en el último año de nuestro matrimonio. Se
oye un golpeteo de nudillos en mi puerta y me enderezo
rápidamente.
—Entre —digo.
¿Por qué la gente siempre elige mis momentos más bajos para
hacerme una visita? Perla entra con la propuesta que me debe.
Creo que el horario está planeado.
—Gracias —digo secamente cuando lo deja en mi escritorio. Ella
estudia mi rostro y me pregunto si está buscando las lágrimas que
estaba tan dispuesta a derramar hace un minuto.
—¿Dejo que tú o Satcher sepan cuáles son mis días de
vacaciones?
Me pilla desprevenida su pregunta.
—Um... Supongo que me puedes dar las fechas —digo. Acerco
un bloc de notas para poder escribirlas

Página | 57
—Del diez al veinte de octubre —me dice. Y luego agrega—:
Estaremos en Portugal durante ocho días.
Portugal. Mi estómago se revuelve. Woods y yo siempre
habíamos planeado ir juntos a Portugal. Era lo nuestro. Me trago el
nudo en la garganta y digo—: Del décimo al veinte. Lo tengo. —Ella
duda. Me pregunto si quiere que comente sobre sus vacaciones—.
Um... bueno, ya tengo las fechas. ¿Algo más?
—No. Eso es todo. —A regañadientes se dirige hacia la puerta.
—Perla... —Se vuelve expectante—. ¿Por qué Portugal?
La mirada de autosatisfacción en su rostro me informa que le
hice las preguntas que ella quería responder. —Woods dijo que
siempre quiso llevarse allí al amor de su vida.
Ahora que ha dejado caer su bomba, el resto de sus pasos fuera
de mi oficina tienen más fuerza.
9
Traducido por: LilyCarstair99
Página | 58 Corregido por: -Patty

—¿P
or qué me estas evitando?
Miro hacia arriba de mi
computadora, sorprendida. No había
escuchado
Woods entra.
—Porque estoy súper enamorada de ti y ya estás comprometido.
—Lo dije en serio como una broma, pero cuando miro hacia arriba,
su expresión dice que no lo sabe.
—¿Es esto incómodo para ti? —pregunta—. ¿Estás bien?
—Woods... —Me aparto de mi escritorio y cruzo las piernas
ceremoniosamente. Mi suspiro resuena por la habitación—.
Primero que nada, estaba bromeando. Y no trates de actuar
preocupado por mí ahora, no después de lo que hiciste.
Él asiente lentamente, absorbiendo lo que dije. —Yo solo... esto
es...
—Duro... —termino por él.
—Sí.
Me rasco la cabeza. —Será menos duro a medida que
avancemos —digo. No lo creo ni por un segundo, pero Woods
parece animado. Descruzo mis piernas y deslizo mi silla hacia mi
escritorio, esperando que él se vaya. Me pregunto por qué todavía
puedo separar el olor de su piel de todo lo demás en la habitación,
por qué sigue siendo tan familiar después de todo este tiempo.
—¿Perla está siendo rara contigo?
Mis dedos se ciernen sobre el teclado. Pienso en Zoe, Portugal y
la discusión sobre bebés en la sala de descanso.
—No —digo—. Ella está siendo una perra.
Él ríe. Me recuesto y estiro los brazos por encima de la cabeza.
—Hablaré con ella...
—No te molestes. Honestamente, Woods...
Página | 59 —Billie, no te lo mereces. No después... de lo que hicimos.
Entonces, hablaré con ella. Y lo siento.
Me quedo en silencio, durante ese tiempo, Woods se dirige hacia
la puerta. Observo su espalda retirarse. Sonaba... genuino. Casi
una disculpa, creo.
Entiendo que él ha seguido adelante con su vida, y que se
supone que yo también, pero el hecho de que se lleve a Perla a
Portugal se siente como uno de los golpes más duros desde el
divorcio. ¿Portugal? ¿De verdad, pedazo de mierda? ¿El lugar al que
teníamos dedicada una carpeta entera? Ambos agregaríamos
artículos, reseñas de restaurantes y algún que otro billete de cien
dólares para gastar dinero. Portugal era nuestro, junto con
nuestros planes para un cachorro sheltie al que íbamos a llamar
Annie, y la casa que construiríamos con una escalera de caracol de
metal que conducía a nuestro dormitorio. Habíamos hecho planes
que habían sido específicos y especiales para nosotros como pareja,
o al menos eso pensé. Lo que ahora me doy cuenta es que esos
planes habían sido de Woods todo el tiempo, no eran
específicamente para mí. Me hizo sentir especial, pero no lo había
sido. Yo era una mejora para la vida que quería, no la pareja con la
que quería capear cualquier tormenta en la vida; una guarnición en
lugar de la entrada.

M
is celos me consumen; Me avergüenza decir que me
está carcomiendo. Woods nota la diferencia. Siempre
me está mirando, y sé que se pregunta qué está
pasando por mi cabeza. Cuando finalmente me pregunta al
respecto, salgo de la oficina por el día. Me atrapa cerca del
ascensor. Puedo olerlo antes de verlo; la colonia familiar y el olor de
Woods, tiñe los bordes con la leve dulzura de Juicy Fruit. Pongo los
ojos en blanco, principalmente porque sé que estoy acorralada.
—Billie. —Intenta que su voz suene sorprendida. Como si
hubiera caminado hacia mí en lugar de perseguirme.
—Oh, oye —digo casualmente. Un bostezo llega en el momento
perfecto y hago una demostración de encubrirlo.
—¿Cómo has estado? —pregunta tan pronto como los dos
estamos en el ascensor—. Siento que estás a un millón de millas de
Página | 60 distancia.

—Estoy a un millón de millas de ti —le digo sin mirarlo.


—Auch. ¿Que hice ahora?
Yo suspiro. Realmente no quiero meterme en eso. Ha sido una
semana larga. Estamos llegando a nuestra fecha límite trimestral, y
el trabajo para tener todo listo casi me ha aniquilado. El Rhubarb
es tres veces más grande de lo que solía ser y ya ni siquiera trabajo
para mí. Se siente un poco como si estuviera poniendo veinticinco
centavos en la alcancía de Woods y Satcher, pero a menos que sea
dueño de su propia empresa, así es en general la fuerza laboral.
—Está bien, Woods. Nada nuevo.
Está callado hasta que las puertas del ascensor se abren y,
justo cuando estoy a punto de salir, habla—: Lo siento. Por lo que
sea.
Me giro y lo miro con dureza. Las disculpas son molestas
cuando quieres enojarte.
—No, no eres tú. Esa es la peor parte.
—Dios, Billie. Soy una mierda, pero eso no significa que disfrute
haciendo daño a la gente.
La comisura de mi boca se eleva hasta mi mejilla. Estaba tan
segura de mi enojo, pero la especialidad de Woods siempre ha sido
hacerme sentir como una mierda por pensar que él es una mierda.
Estoy burbujeando por dentro, y no de la manera buena y llena
de alegría; todas mis emociones negativas están en ebullición. Soy
una olla de ira, resentimiento, celos y amargura, y me estoy
acercando precariamente a todas esas cosas hirviendo por encima,
quemando a cualquiera que esté cerca. Me sigue fuera del ascensor
y sale a la calle. Salimos con prisa como dos niños pequeños,
tambaleándonos y esquivando el torrente de neoyorquinos de rostro
pétreo. De alguna manera, nos dirigimos en la misma dirección a
pesar de que sé que Perla y Woods comparten un apartamento
cinco cuadras en dirección contraria.
—¿A dónde vas? —pregunto con sospecha. No quiero hablar con
él, pero no importa lo rápido que camine, él me sigue. A este ritmo,
tendré que correr hacia el tráfico para perderlo.
—Te acompaño a casa —dice.
Página | 61
Me detengo en medio de la acera y alguien golpea mi hombro
derecho.
—Nunca me has acompañado a casa. Ni siquiera cuando
estábamos casados.
—Bueno, debería haberlo hecho —dice. Lo dice con tanta
convicción que parpadeo, sorprendida.
—¿Qué? —digo tontamente, como si mi boca y mi cerebro
estuvieran llenos de algodón.
—Debería haberte acompañado a casa. Y debería haber
prestado más atención a lo que amabas, no a lo que pensé que
deberías amar. Y debería haberte tratado como si necesitaras
protección, incluso si no la necesitabas.
Miro a mí alrededor tratando de discernir si estoy soñando o si
esto realmente está sucediendo.
A mi izquierda hay un restaurante Subway y al otro lado de la
calle hay un Urban Outfitters; ninguna de estas cosas llegaría a
formar parte de mis sueños.
El rostro de Woods es innegablemente sincero. Tiene un rostro
sincero, me recuerdo.
No es necesariamente que esté siendo sincero. Woods es un
Golden retriever; incluso si un Golden retriever tiene rabia, estarías
tentado de extender la mano y acariciarlo porque (hola) Golden
retriever. Mi hervor se calma a fuego lento. Dejé que me
acompañara a casa.
No hablamos mucho porque es difícil tener una conversación
seria cuando caminas entre el ruido masivo de Nueva York.
Cuando llegamos al exterior del edificio de Jules, él se inclina para
darme un beso en la mejilla y luego se aleja.
Toco mi mejilla cada pocos minutos, pero el lugar en el que besó
me duele durante más de una hora. Llamo a Jules, que responde al
tercer tono, con voz adormilada.
—¿Qué pasa? —insulta.
Puedo oírla comprobar la hora. Solo lleva unas horas de ventaja,
pero en la universidad la llamábamos la reina de la siesta.

Página | 62
—Jules —le digo. Y es todo lo que tengo que decir. Ella sabe.
—Que se joda Woods —dice antes de que pueda sacar algo
más—. Que se joda en el infierno ida y vuelta.
No es mala idea. Woods fue un buen polvo20… No digo esto en
voz alta, ella me regañaría. Mantengo los labios cerrados contra las
confesiones sexuales y espero a que termine su griterío. Tan pronto
como termina, me lanzo a mi historia y le cuento lo que ha estado
sucediendo en Rhubarb: Perla, Diane... y finalmente mi camino a
casa con Woods.
—Como sea, Billie —dice—. Has vuelto y él se está pateando a sí
mismo por irse. No te dejes atrapar por su peligroso remordimiento.
Me gustaría regañarle por acompañarte a casa. Tan viscoso.
Sonrío al teléfono. Un hombre que lleva a una mujer a casa está
viscoso ahora.
—Es más difícil de lo que pensaba. Todavía siento cosas.
—Por supuesto que sí... —Su tono es más suave esta vez. Y me
maravilla su capacidad para hacerme sentir siempre validada—. A
menos que no haya sentimientos, no puedes simplemente volver a
la vida de tu ex. Eso es una locura.
Estoy de acuerdo en lo loco que es mientras me retuerzo
silenciosamente en mi extremo de la línea.
Quizás fue una idea estúpida aceptar el trabajo. Realmente no
lo pensé antes de aceptar la propuesta de Satcher. La idea de estar
tan cerca de Woods y Perla era demasiado tentadora. Un accidente
de tren del que no podías apartar la mirada, excepto que yo quería
estar en el tren.
—Fue estúpida —digo—. Pero necesitaba el trabajo... —Mi voz
vacila en la última parte. La verdad es que podría haber encontrado
trabajo en otro lugar. Probablemente debería haber encontrado un
trabajo en otro lugar.

20Jules dice en ingles: `Fuck Woods` Que significaría `que se joda Woods` o más
específicamente: `Joder a Woods` por eso el pensamiento de Billie.
—¿Cómo se ve Satcher? —pregunta. Su pregunta es extraña.
Satcher parece... Satcher.
—Bien. Quiero decir, es Satcher. Él tenía su mierda junta
cuando estaba en pañales.
Página | 63
Ella ríe. Todos hemos sido amigos marginales desde la
universidad. Jules es mi mejor amiga y Satcher es el de Woods. Ha
habido muchos intercambios sociales a lo largo de los años,
aunque los dos nunca fueron particularmente cercanos.
—Parece estar bien —le aseguro—. Le gusta venir a mi oficina a
cotillear sobre Perla.
Ella se ríe, pero luego tiene que irse. Colgamos y me siento
mejor de inmediato. Toco el lugar de mi mejilla donde Woods me
besó. No siento nada. Perfecto.
10
Traducido por: Paola AG
Página | 64 Corregido por: Paola AG, -Patty & VivianaG2509

E
s la última semana de nuestro catálogo de otoño-
Navidad, lo que significa que todos están dentro de una
fecha límite para presentar al menos cuatro ideas de
publicaciones navideñas, así como las fotos que los acompañarán
para nuestra publicación de invierno. No es necesario que se
terminen por completo, pero las ideas deben estar presentes y ser
bastante coherentes con nuestro tema. Durante semanas como
esta, todo el mundo se queda hasta tarde trabajando horas extra,
así que me sorprende cuando Perla entra a la oficina y anuncia que
se marcha temprano.
—¿Te vas temprano? —digo sin levantar la vista de lo que estoy
haciendo.
Satcher, que está de pie junto a mi escritorio esperando a que
termine de firmar algunos papeles, hace la inevitable pregunta de
seguimiento.
—¿Qué es tan importante que te estás perdiendo nuestras horas
extra trimestrales? —Él está usando sus lentes hoy debido a la
picazón en sus ojos, y baja la cabeza para mirarla por encima de
ellos.
Es increíblemente sexy y todavía lo estoy mirando cuando ella
dice—: Cenamos esta noche con nuestros padres.
No echo de menos la nota posesiva en su voz cuando dice
nuestros padres. Lo que supongo que se refiere a ella y a Woods.
Como en... mis antiguos suegros. Me siento posesiva también.
Tenía una buena relación con ellos, incluso genial.
—Ah, bueno, entonces dejaré que ustedes dos lo hagan —digo
con desdén. Mejor que ambos se larguen de aquí, de todas formas,
empañan el ánimo. Pero aparentemente Satcher no está de acuerdo
con ella.
—Es importante que estés aquí para esto —dice. Lo miro
preguntándome por qué está siendo tan duro.
Abre y cierra la boca, y puedo ver la montaña de excusas que
está lista para darle. Pero discutir con Satcher es como discutir con
tus padres. Él te hace sentir estúpida solo por la forma en que te
mira. Perla debe saber esto porque cierra la boca con fuerza y
murmura algo sobre mover la hora.
Página | 65
—¿Por qué hiciste eso? —Le pregunto cuándo Perla está fuera
del alcance del oído.
—¿Por qué no? —dice, indiferente—. Se toma muchas libertades
debido a Woods. Tenemos trabajo que hacer.
—Está bien —le digo—. A veces das un poco de miedo, ¿sabes?
—Lo sé —dice.
Le pellizco la mejilla y me golpea con el ceño fruncido.
—De alguna manera, nunca podré asustarte —dice.
—Te conozco desde hace demasiado tiempo, Sasquatch.

—D ime, no sabes a qué restaurante irán esta noche, ¿lo


sabes? —Pregunto.
—Lo sé —dice Loren, entrando en mi oficina y dejando caer una
pila de muestras de tela en mi escritorio.
—No lo harías. —Satcher enarca una ceja.
—Lo haría —le digo, mirando expectante a Loren.
—Están cenando en The Modern. —Ella me guiña un ojo y
sonrío mientras se va, con una sonrisa de suficiencia en su rostro.
—¿Qué estás haciendo esta noche, Satch?
—¿Supongo que iré a The Modern contigo...?
—Me alegro de que estemos en la misma página. Ahora trabaja
tu magia y consíguenos una reserva.

D
ado que Satcher se ha acostado con la mayoría de las
mujeres elegibles en Nueva York, no tiene ningún
problema en conseguirnos una reserva.
Por el bien del tiempo, acepto encontrarme con él frente al
restaurante a las siete. Llego cinco minutos antes y me paro
incómoda en la acera, mi espalda baja sudando bajo el vestido de
diseñador de Jules. Había elegido un vestido negro con cuello y
dejado los botones abiertos para mostrar algo de escote. La cintura
Página | 66
del vestido es ceñida y la falda es acampanada y corta. Tuve que
usar mis propios zapatos, ya que los pies de Jules son más grandes
que los míos, y me decidí por un par de tacones que envuelven mis
tobillos. Estoy nerviosa, mi conciencia tan anudada como yo por
dentro. Esto es algo turbio y de mierda. Pero volviste a Nueva York
para ser sombría y mierda, me recuerdo. Dos mujeres están a unos
metros de mí fumando. Me acerco a ellas, oliendo
desesperadamente su aire.
—Billie.
Satcher viene detrás de mí y me doy la vuelta.
—Es Wen…
—Bonito vestido —dice.
Sus ojos se detienen en mi escote. Me sonrojo, luchando por
mantener mi boca en una línea neutra. En la escuela secundaria,
Brett Galloway me dijo que tenía bonitas piernas a pesar del hecho
de que tenía frenillos, anteojos y una uniceja. Dije gracias y luego
procedí a tropezar con mis propios pies, despellejándome la rodilla
en el proceso. Satcher y el cumplido tiene un efecto similar.
Tropiezo un poco con una grieta en la acera y gracias a Dios no
parece darse cuenta.
—Ojalá pudiera decir que extrañé los vestidos conservadores de
Martha Stewart —dice.
—No me vestía como Martha Stewart —digo, agravada. Pero
incluso cuando las palabras salen de mi boca, sé que tiene razón.
Doné la mayoría de ellos a Goodwill cuando volví a Washington,
cambiando mi guardarropa de chica de carrera por prácticos jeans
y sudaderas.
Quiero decirle a Satcher que el vestido que llevo pertenece a
Jules, pero su cumplido me hizo sentir tan cálida que no quiero
arruinarlo admitiendo que no soy tan elegante.
—Entonces, ¿cuál es el objetivo esta noche? —pregunta,
sosteniendo la puerta abierta para mí.
—¿El objetivo?
—Perla... Woods...
—Oh. —Arrugo la frente. Casi me había olvidado que estábamos
Página | 67
aquí para eso. Tengo un fugaz pensamiento sobre que sería bueno
cenar con Satcher sin nada más en la agenda. Satcher huele a
adulto: caliente y caro. Yo creo que es la colonia que usa Woods; la
mitad de los hombres de Manhattan huelen a bosque. Yo solía
olerlo por todas partes.
—Me gustaría hacerlos sentir incómodos —digo—. Los padres
de Woods me amaban. —Bajo mi voz—. Supongo que eso es todo,
solo quiero que se sientan incómodos.
—Pone a Perla en desventaja —dice.
—Exactamente. —No es hasta que nos llevan a nuestra mesa
que me doy cuenta de a qué se refería con desventaja, como si
estuviéramos compitiendo por el mismo hombre. Estoy frunciendo
el ceño cuando escucho que me llaman por mi nombre. Miro hacia
arriba, de repente fijando una sonrisa en mi rostro. De acuerdo. ¡Es
por eso que estoy aquí! ¡Verme feliz!
Denise Tarrow es una mujer alta y esbelta, elegante en todos los
sentidos. Ella se graduó de Yale y pasó algunos años enseñando en
la Universidad de Georgia antes de dejar de fumar para formar una
familia. Cuando Woods se mudó a Nueva York, sus padres
vendieron su casa y la siguieron. Actualmente, enseña Historia del
Arte en NYU y lo que más me gusta de ella: es que es una groupie
de Taylor Swift. Se para cuando ella me ve, su rostro se ilumina de
emoción. En automático, yo camino hacia ella con los brazos
extendidos. Me dejo arrastrar a su abrazo y respiro el aroma
familiar de su perfume.
—¡Billie, Billie! —ella exclama—. No sabía que estabas de vuelta
en la ciudad... Dios mío, ¿Lo sabías, Woods? —Se vuelve acusadora
hacia su hijo que mira la escena como si se hubiera tragado un pez
dorado.
Sonrío a Denise, notando que sus ojos están más arrugados en
las esquinas.
—Solo he vuelto unas semanas —digo—. Realmente no he
tenido tiempo de contactar a todos.
—Por supuesto —dice ella—. Bueno, te extrañamos, mi querida
niña. —Ella me abraza firmemente por la parte superior de mis
brazos, mirándome a la cara como si estuviera tratando de ver los
dos últimos años de dolor. Miro sus ojos grises, mis emociones
tiemblan bajo la superficie. Amaba a la familia de Woods, había
Página | 68
sido fácil amarlos. Desde el momento en que nos conocimos, su
madre me trató como si fuera la hija que había esperado toda su
vida. Había sido la mayor prisa de mi vida desde que su hijo me
trató como la mujer que había esperado toda su vida.
Denise mira por encima de mi hombro y mira de lleno a
Satcher. Su expresión va de la sorpresa a la realización. Ella me
libera, sus ojos clavados en mi cara, el sonido de su nombre
sacudiendo a todos en la mesa para apartar la mirada de nosotros
y en mi cita para cenar. Con todos distraídos, puedo echar un
vistazo a sus expresiones escaneo la mesa, mis ojos recorren seis
caras, tratando de ver todo. Woods está mirando a Satcher, con
una expresión de asombro en su rostro, mientras que Perla parece
que quiere vomitar.
Denise me saca de mis pensamientos, una vez más dice mi
nombre.
—¿Por qué no se unen a nosotros?
Ya estoy negando con la cabeza incluso mientras lo dice. Para
mi disfrute, el rostro de Perla se congela de mortificación. Me
escucho decir—: Gracias, pero Satcher y yo tenemos algunas cosas
que debemos revisar para Rhubarb.
Denise parece decepcionada. —Almuerzo entonces. La próxima
semana.
—Me encantaría. —Sonrío.
Nos vamos en una ráfaga de despedidas. Satcher coloca su
mano sobre la parte baja de mi espalda mientras me lleva lejos de
la mesa. Siento sus ojos calientes en mi espalda. Pequeña victoria,
pienso.

—B
ueno, eso fue ... incómodo —dice Satcher, tomando
un sorbo de su bebida unos minutos más tarde.
— ¿Tú crees? —Todavía estoy en lo alto por la
expresión de Perla.
— La madre de tu ex marido te invitó a almorzar.
Tomo un sorbo de mi lemon drop. —Soy consciente.
Parece incrédulo. —¿Hasta dónde vas a llevar esta cosa de la
Página | 69
venganza, Billie?
—Wendy —le corrijo—. Y no es una venganza almorzar con tu
ex suegra. Fuimos parte de la vida de la otra durante años.
—Podrías haberla llamado si quisieras verla.
—Está bien, está bien —siseo—. Quería jodidamente lastimar a
Perla. ¿Estás feliz?
La cabeza de Satcher se echa hacia atrás. —La verdadera
pregunta es: ¿lo estás tú?
Tomo el resto de mi bebida y lo miro.
—Vete a la mierda, Satcher. No tienes idea de lo que pasé.
—¿No es así?
Nuestro servidor nos interrumpe y viene a tomar nuestro
pedido. Mientras garabatea cosas en su cuaderno, considero mis
opciones. Podría preguntarle a Satcher qué quiere decir. O podría
ignorar el comentario. Probablemente solo me está provocando de
todos modos. Mi curiosidad gana.
—¿Cómo lo sabes?
Es la primera vez que veo sus hoyuelos esta noche. —¿Qué,
crees que eres la única que ha tenido el corazón roto?
Debería haber sabido. Un hombre tan inalcanzable como
Satcher Gamble debe haber resultado herido en algún lugar del
camino. Golpeado de una manera que lo dejó lo suficientemente
crudo para nunca tener una relación seria de nuevo.
—Soy la única que ha tenido mi tipo de corazón roto.
—Bastante justo —dice Satcher—. El de mi tipo se llamaba
Gretchen.
—Oh Dios —digo—. ¿Ese nombre no te dio una pista?
—Al menos se quedó con el nombre que le dieron...
Ambos seguimos riendo cuando llega nuestra segunda copa. En
ese momento miro hacia arriba y veo a Woods mirándome desde el
otro lado del restaurante. Le doy una débil sonrisa antes de
volverme hacia Satcher. Extraño a Woods. Yo lo extraño mucho.

D
Página | 70
espués de la cena, me excuso para ir al baño. Me estoy
lavando las manos en un lavamanos con flores
atrapadas en el plexiglás cuando Perla sale de un
cubículo detrás de mí. Ella vacila cuando me ve y luego se dirige al
lavamanos junto al mío como una mujer que se acerca a una
serpiente. La miro en el espejo esperando que diga algo, pero ella
simplemente termina de lavarse las manos, las sacude sobre el
lavabo y sale del baño sin una palabra. Me desconcierta su falta de
reacción. Estaba preparada para algo más agudo que una fría
indiferencia. Termino en el baño, secándome las manos. Cuando
salgo por la puerta, casi choco con Woods.
—Hola —digo.
—Hola tú... —Hay una pausa incómoda antes de que Woods
diga—. ¿Así que ustedes están hablando de negocios o hay algo
más?
—¿Disculpa?
Salta sobre sus talones, con las manos en los bolsillos.
—Sólo dímelo directamente, Billie.
—¿Como tú lo hiciste conmigo cuando empezaste a follar con
Perla?
Pasa una mano por su cabello. —No quise lastimarte.
—Pero lo hiciste.
Deja caer la mirada, los músculos de su mandíbula trabajan.
Da un paso más cerca de mí para que alguien pueda pasar detrás
de él. Estamos a la distancia de los amantes, nuestro aire se
mezcla. Miro sus labios y él mira los míos. Cuando solíamos
besarnos, me sentía borracha. Él era tan bueno. Su voz es baja
cuando dice—: Te conozco, Billie. Se siente como si hubieras vuelto
para crear problemas.
Sonrío con satisfacción, arqueando una ceja. —¿Lo haces
ahora?
—¿Woods? —Perla rodea la esquina. Cuando me ve, su rostro
palidece.
Los ojos de Woods no dejan los míos. —Estaré allí ahora mismo
—dice.
Página | 71
Sostengo su mirada, mi pecho palpitante. —Ve —digo con
firmeza.
Sus fosas nasales se ensanchan mientras sostiene mi mirada
durante cinco segundos más, luego se gira abruptamente y sigue a
Perla de regreso a su mesa. Vuelvo al baño para calmarme. Estoy
temblando. Soy un desastre mocoso cuando se abre la puerta del
baño. Trato de ocultar mi rostro, avergonzada por mi descuidada
emoción, pero luego veo a Satcher de pie en la puerta. Señala un
cubículo y ambos nos apretujamos.
—¿Qué pasó?
—Nada. ¿Por qué? ¿Qué crees que pasó?
—Estás llorando.
—¿Lo estoy? No, no lo estoy. No lloro.
Estamos prácticamente apretujados, nuestros pechos
tocándose.
—Maldita sea, Billie... —Huelo a cerveza en su aliento. Me
encantaba cuando el aliento de Woods olía a cerveza.
Es como si la más fina grieta se expandiera repentinamente
hacia el Gran Cañón. Empiezo a sollozar, mis puños presionados
contra mis ojos como un niño. Satcher tiene que poner sus brazos
alrededor de mí, y lloro más fuerte porque la parte de atrás de mis
pantorrillas está tocando el inodoro y es muy asqueroso.
—Satch —lanzo—. ¿Por qué... yo... yo... volví...?
—Billie… —lo dice como Billieee—. Aquí es donde tú perteneces.
No puedes permitir que nadie te persiga desde donde perteneces.
Satcher tiene razón. Tenía una amiga en Washington cuyo
esposo dormía con su vecina. Situación espeluznante, la mujer solo
compró la casa de al lado porque estaba obsesionada con la familia.
Hubo algo de acecho involucrado. Cuando toda la situación estalló,
mi amiga se negó a irse a pesar de que siempre tendría que ver a la
mujer que había separado a su familia.
—Ya lo hice —digo.
Se inclina para arrancar un trozo de papel higiénico del rollo. Lo
amontona y me frota las mejillas y la nariz. Me siento patética.
Técnicamente, es mi jefe y estoy teniendo un ataque de nervios en
Página | 72 un inodoro frente a él.

—Pero no volverás a hacerlo. Nunca más. Nadie tiene derecho a


tu felicidad. Es un asunto privado y tienes derecho a defenderla.
Asiento, sobre todo porque no sé qué decir a eso. Satcher es un
hada madrina cuando se trata de palabras. Probablemente por eso
el blog ha funcionado tan bien sin mí. Enderezo los hombros,
decidida a salvar lo que queda de mi orgullo.
—Me voy a limpiar un poco.
Me mira fijamente antes de alcanzar detrás de su espalda para
abrir el pestillo. Mientras lo hace, su brazo roza mi pecho y aguanto
mi respiración. Afortunadamente, Satcher no se da cuenta de mi
reacción. Lo escucho saludar a alguien mientras sale del puesto y
sonrío a pesar de lo mal que me siento.

C
uando salgo del baño diez minutos más tarde, Satcher
está entregando su tarjeta de crédito al servidor.
—Se suponía que esto era por mi cuenta —digo.
Se lleva el último trago a los labios. —Bienvenida de nuevo a
Nueva York —dice secamente.
Miro la mesa de Woods y veo que se han ido. Un servidor está
configurando la mesa para la próxima reserva. Estoy decepcionada.
—¿Quieres tomar otra copa en el bar? —Miro hacia la barra
para ver si hay asientos disponibles.
—No.
Mi cabeza se mueve bruscamente hacia atrás. Satcher está
firmando su recibo, garabateando en el monto de la propina. No me
mira.
—¿Por qué no?
—Porque hice mi buena acción de la noche —dice—. Me
necesitabas para sea lo que sea esto y ahora hemos terminado.
—Satch… —digo—. No es así.
—Sí lo es. —Se pone de pie y se guarda el clip para billetes en el
bolsillo. Yo quiero extender la mano, agarrarlo, decirle que significa
mucho para mí, pero en cambio me paro allí tontamente—. Buenas
Página | 73 noches, Wendy. —Sus labios se encuentran con mi mejilla y luego
se va.

S
iento eso. Mi egoísmo crece dentro de mí como una masa.
Está comenzando a agruparse. Miro mis pies donde
debería estar mi feo charco; en cambio, solo hay pisos de
concreto y mis tacones baratos.
Deje The Modern, la cena me pesa en el estómago. Estoy
haciendo un lío de todo. Satcher es actualmente mi único amigo y
está enojado conmigo. ¿Y puedo culparlo siquiera? Lo usé esta
noche, y no importa cuán distante e indiferente lo veo ser, es un
ser humano con sentimientos. Recuerdo donde vive y decidí
apresurarlo con mis disculpas. Me dirijo allí ahora, todavía un poco
tomada de mi último trago. Siempre me ha impresionado su
apartamento.
Mientras el resto de sus amigos (yo) estábamos alimentando el
trasero, Satcher ya había comprado su primer lugar. Siempre dos
pasos mayores por delante del resto de nosotros. Y eso no es que
venga del dinero, afirma que estaba en el lugar correcto y en el
tiempo correcto, que resultó ser la ciudad de Nueva York antes de
la crisis financiera. Él salió justo a tiempo, su cuenta bancaria
exuberante y su corazón puesto en comprar su primera empresa de
nueva creación.
Satcher es inteligente y puede convertir las cosas en oro
simplemente invirtiendo en ellas, por eso le vendí mi mitad de
Rhubarb. Si iba a alejarme de mi querido blog sería vendérselo a
alguien con el toque de Midas.
La acera fuera de su edificio está vacía, aparte de un taxi
parado contra ella. Me pregunto si estará esperando a Satcher,
pero luego la puerta se abre y un par de piernas largas se
despliegan sobre el asfalto.
—Woods —respiro.
No me ve de inmediato. Sus ojos están enfocados en el edificio
de Satcher, con una extraña expresión en su rostro. Me acerco por
detrás de él sin saber exactamente qué hacer. ¿Lo llamo? ¿Tocarlo
en el hombro? ¿Qué está haciendo él aquí de todas formas? Decido
esperar hasta que me note. Revoloteo por la acera detrás de él,
Página | 74
esquivando un vaso de papel volcado que derramaba un fango azul
neón. Satcher tiene un portero y nos mira a los dos mientras nos
acercamos. Woods siente a alguien detrás él y se vuelve. Proceso su
mirada de sorpresa, que se convierte en apreciación cuando mira
mis piernas.
—¿Qué estás haciendo aquí? —él pide.
No llamaría exactamente a su voz fría, pero definitivamente es
sospechoso.
—Vete a la mierda. ¿Qué estás haciendo aquí?
Mi cambio de humor funciona. Parece nervioso.
—Necesito hablar con Satch —dice.
Espera a que le anuncie por qué estoy aquí, pero aprieto la
mandíbula para hacerle saber que no va a suceder. Pasamos junto
al portero y entramos en el vestíbulo y luego nos congelamos,
incómodos.
—¿Dónde está Perla? —pregunto.
—En casa.
—¿Pelearon?
Frunce el ceño, luciendo molesto. —¿Cómo lo supiste?
—Te conozco —le digo—. Como a la palma de mi mano.
Frunce los labios y asiente.
—Entonces —dice—. ¿Quieres saltarte este lugar e ir a tomar
una copa?
Echo un vistazo a los ascensores, insegura. Realmente necesito
hablar con Satch. Asegurarme que estamos bien.
—¿Y ser la chica por la que me dejaste? De ninguna manera.
Estoy tan orgullosa de mí misma que ni siquiera me doy cuenta
de que Satcher baja del ascensor. Al menos no de inmediato. Sus
ojos se abren cuando nos ve a los dos parados en su vestíbulo, y de
mala gana, se dirige a nosotros, un ceño fruncido estropea su
rostro.
—Satcher —le digo antes de que él pueda hablar—. Vine a
disculparme. Y preguntar si tomarías una copa conmigo.
Página | 75
Satcher levanta una ceja y mira a Woods.
—Yo también quería tomar algo —dice.
—Vinimos por separado —explico, mirando a Woods desde el
rabillo de mi ojo.
—En realidad, estaba por salir. —Satcher mira su reloj.
—Caminaré contigo... — ofrezco.
Satcher parece molesto. —Es una cita —dice—. Tengo una cita.
—¿Entonces ustedes dos no son algo? — Woods se mueve entre
nosotros.
— ¿Estás bromeando, Woods?, mierda ¿Por eso viniste aquí? ¿A
preguntar que somos? —Mis manos encuentran su camino hacia
mis caderas.
—Él es mi mejor amigo. Tengo derecho a saber cuáles son sus
intenciones contigo.
—No. No, no tienes ningún derecho. —Mi pecho palpita y las
lágrimas arden en mis ojos. No puedo creer que después de todo lo
que hizo, sienta que tiene algún derecho en mi vida. Miro a
Satcher, mis entrañas rodando—. ¿Podemos salir de aquí? Por
favor.
Solo vacila por un segundo antes de asentir. Y en ese momento
siento como si hubiera elegido entre su mejor amigo y la ex esposa
de su mejor amigo.
Él asiente con la cabeza a Woods y yo lo agarró del brazo,
caminando rápidamente para mantener el paso.
No miro hacia atrás. Si miro hacia atrás, daré la vuelta.
11
Traducido por: Paola AG
Página | 76 Corregido por: Paola AG, -Patty & VivianaG2509

S
e detiene abruptamente una vez que estamos fuera de vista
y me tambaleo hacia adelante en mis tacones. Satcher
extiende una mano para estabilizarme. Sus dedos rozan la
parte inferior de mis senos y me escucho a mí misma tomar aire.
—Lo siento —digo—. Soy un idiota. No debería ponerte en medio
de... lo que sea esto.
—Venganza —ofrece.
Mi labio inferior sobresale cuando asiento.
—Olvídalo —dice Satcher. Sus ojos escanean la calle; ya me ha
despedido. Me siento incomoda. Claramente Satcher no quiere
hablar de eso y yo no tenía un plan para disculparme. Estoy a
punto de retroceder para no estar detrás de él como un cachorro
perdido cuando le tiran un hueso.
—Aunque no sé cómo me siento por ser un jugador clave en la
perdida de mi mejor amigo.
Me muerdo el labio. —No quise ponerte en esa posición... estaba
siendo egoísta. —Y luego le pregunto—: ¿Son ustedes todavía...
cercanos?
No me mira cuando responde; su cabeza está vuelta hacia el
tráfico.
—Realmente no.
—¿Por qué no? ¿Qué pasó? —Mi interés es genuino, pero puedo
decir que Satcher está irritado.
—Realmente tengo una cita.
—Por supuesto que sí. ¿Necesitas un taxi? —pregunto
débilmente.
Mira su reloj. —Podemos caminar.
Estoy empoderada por la palabra nosotros mientras partimos, el
aire otoñal es frio y eriza los vellos de mi cuerpo, pero estoy sin
chaqueta. Mirándolo por el rabillo del ojo, noto que se ha puesto
ropa más informal: vaqueros y un polo que le queda bien a través
de su pecho. No sé hacia dónde nos dirigimos y tengo demasiado
Página | 77
miedo de preguntar…
Satcher parece una nube de tormenta esperando a estallar.
Quiero extender la mano y tocarlo. Presiono mis dedos en su piel
para medir su ira. Yo tampoco quiero que se enfade conmigo.
—¿Quién es la chica? —pregunto finalmente.
Cuando gira la cabeza, es como si se sorprendiera al verme
caminar junto a él.
—¿Qué?
—Tu cita... ¿quién es ella?
—Solo es una chica. No es nuestra primera cita.
—Oh —digo—. ¿Te gusta mucho?
—Me gusta lo suficiente.
Caminamos en silencio durante unos minutos, la ciudad
quemando su energía a nuestro alrededor. Satcher extiende un
brazo, impidiéndome pasar la calle, y un motor de bicicleta zumba
un segundo después.
—Lo siento —digo, avergonzada—. Sólo estoy…
—¿Distraída? —el ofrece. Su sonrisa no llega a sus ojos y eso me
molesta. Siempre he sido muy buena para hacer sonreír al Satcher
serio y profesional—. ¿Puedo hacerte una pregunta?
—Sí —le digo. Aunque no lo digo en serio. Satcher hace
preguntas crudas, del tipo que te hacen tener pensamientos
incómodos.
—¿Volverías a aceptar a Woods, si realmente quisiera estar
contigo de nuevo?
Tengo que hablar con un nudo en la garganta. —No lo sé. ¿Está
bien que yo no lo sepa? —Arrugo la frente. Lo he pensado un millón
de veces, ¿no es así? Fantaseé con la posibilidad de que Woods se
diera cuenta de que todavía quiere estar conmigo, pero nunca sé si
es porque realmente lo quiero o porque me han hecho daño.
—No lo sé —dice Satcher, mirándome—. ¿Lo es?
—Fue mi primer amor —digo—. Hay algo que te ata a tu primer
amor, ¿No lo crees? Algo que no te deja ir.

Página | 78
Me mira de forma extraña.
—Encontrarás a alguien y te sentirás así por ella —le digo.
Satcher parece divertido. — ¿Lo haré ahora?
—Sí. Tal vez pases esta noche con ella. Nunca sabes…
Él ríe. —Dios, eso espero.
Lo miro furtivamente, su hermosa línea de la mandíbula
sombreada por una barba incipiente, hoyuelos en forma de luna.
Tiene suerte, sea quien sea. Satcher tiene un gusto ecléctico en las
mujeres. No puedo incluso imaginar quién lo está esperando.
Podría ser cualquiera, desde una supermodelo hasta un genio de
las matemáticas, las cuales ha traído a nuestras cenas.
Cinco minutos más tarde, nos detenemos frente a un bar de
moda en Second y barajamos nuestros pies como dos adolescentes
que no saben qué decirse.
—Bueno… —anuncio cómicamente, mirando alrededor de su
hombro hacia el sofisticado bar hípster donde se encontrará con su
cita—. No es Pimbilly's Pub...
Por un minuto creo que no se acuerda, la broma volando sobre
su cabeza como el balón de fútbol que dos adolescentes se mueven
de un lado a otro en la acera. Pero luego él se ríe, nada loco. Es
solo una pequeña risa. La verdadera alegría está en sus ojos que se
iluminan mientras mira el recuerdo.
—Pub Pimbilly's —repite.
Cuando nuestro grupo estaba en quiebra en la universidad, nos
reuníamos en Pimbilly's todos los viernes por la noche para
celebrar haber sobrevivido a otra semana del semestre con giros de
tres dólares. Era un antro en la pared, situado en el mismo edificio
que una lavandería y una de esas tiendas de alimentos sin nombre
que cobra cinco dólares por medio galón de leche. Afuera estaba
uno de esos contenedores gigantes que vendía bolsas de hielo con
un cartel aún más grande que decía: NO OLVIDES EL HIELO.
Cerrábamos el bar y luego nuestro grupo tropezaba gritando—: ¡No
olvides el hielo! —mientras marchábamos de regreso a los
dormitorios a través de la nieve, lluvia o un verano especialmente
húmedo.
—No te olvides del hielo —dice Satcher en voz baja.

Página | 79
Sonrío, levanto el pie para dar el primer paso. No quiero irme... o
tal vez no quiero dejarlo.
Pero luego dice—: ¿Crees que todavía está allí?
—¿Pimbilly's?
—Sí —dice.
—No lo sé. No he salido de esa manera en años.
Saca su teléfono y veo cómo sus dedos se mueven rápidamente
por la pantalla.
—Todavía está allí —dice, guardando su teléfono en el bolsillo.
Parece reconfortado por ese hecho—. Oye, gracias por
acompañarme a mi cita.
Me han despedido. Nuestro lindo momento, de corta duración,
estalla como una burbuja de jabón.
—La caballerosidad está viva. —Posiciono mi mano para golpear
el puño, pero él se ríe de mí y me da un abrazo en su lugar.
—Nos vemos mañana en el trabajo —le digo.
Satcher duda. Él no me ha soltado, y me quedo congelada en el
lugar insegura de qué hacer. Si acaba de disculparse por algo, es
de mal gusto apartarse de la persona, incluso si es para permitirle
seguir su camino.
—¿Estás segura de que estás preparada para esto, Billie?
Trabajando en Rhubarb... viéndolos ¿todos los días?
No lo estoy. Puede que esté sobre mi cabeza. Estoy sobre mi
cabeza. Pero se necesitaría semanas y tal vez meses para encontrar
otro trabajo, y hay algo reconfortante en estar de vuelta en el blog
que creé. Me recuerda quien puedo ser si lo intento.
—Sí —digo con confianza—. Cien por ciento.
Me suelta y asiente, mirando lentamente hacia la barra. —De
acuerdo entonces.
—Puedo manejarlo.
Parece menos seguro, pero le pongo mi sonrisa más
deslumbrante.
—Traeré el café mañana —digo por si acaso.

Página | 80
Escucho a alguien decir su nombre y ambos nos volvemos hacia
la voz. Caminando hacia nosotros en la acera es el tipo de mujer
que induce miedo a otras mujeres. Es un hecho que ella no nació
de esa manera, puedo decirlo por la leve forma en que sus labios
sobresalen, bombeados por completo por un médico con una aguja
preparada. Pero sus tetas son reales son pequeñas, y su cabello es
espeso, colgando casi hasta su cintura.
—Una rubia —le digo a Satcher.
La última mujer con la que salió fue una modelo de fitness
brasileña.
—Rojo, amarillo, negro, marrón, ¿qué diferencia hay?
—Claramente ninguna para ti. El hombre que no tiene un tipo.
Ella está casi encima de nosotros ahora.
—Oh, tengo un tipo —dice Satcher—. Mi tipo de chica tiene un
tipo. Ese es el problema.
No tengo tiempo para preguntarle qué quiere decir porque ella
está besando a Satcher en la mejilla y mirándome con curiosidad
descubierta.
—Esta es Willa —me dice. Y a Willa le dice—: Es Billie, la amiga
de la que he estado hablándote...
—Oh, cierto, Billie. —Ella parece aliviada—. Bienvenida de nuevo
a la ciudad. ¿Te estás instalando?
—Oh, ya sabes, es un ajuste estar de vuelta. Todavía tengo una
capa de musgo creciendo en mi espalda desde Washington.
Ella se ríe, un retoque elegante y educado. Ja, ja, eres tan
graciosa. ¿Por qué estás arruinando mi cita?
—Será mejor que me vaya —digo. Los ojos de Willa me dicen que
eso es exactamente lo que debería hacer.
De repente estoy exhausta, con ganas de escabullirme a mi
apartamento lejos de estas dos hermosas personas que tienen sus
cosas juntas y probablemente están en el proceso de
enamoramiento. Willa me saluda y luego se agarra al brazo de
Satcher mientras se dirigen hacia la puerta. Entre sus anchos
hombros y su estrecha cintura, hacen la pareja más linda. Justo
antes de que crucen, Satcher se vuelve. Hago una pausa, insegura
de lo que está pasando. ¿Me atrapó mirándole? Estoy siendo
Página | 81
¿extraña?
—¡Billie! —lo dice lo suficientemente alto como para que todos en
la calle se vuelvan hacia él—. ¡No olvides el hielo! —Y luego se ha
ido.
Me paro en la acera sintiéndome fuera de lugar con mi enorme
sonrisa e inhalando el humo del cigarrillo de alguien. Soy
escombros de Nueva York, un vaso de papel, un chip vacío, la
colilla de un cigarrillo, vacía, salada y apagada. Un accesorio y, sin
embargo, una molestia.
12
Traducido por: Paola AG
Página | 82 Corregido por: Paola AG, -Patty & VivianaG2509

B
ebo demasiado, no solo recientemente... probablemente
siempre. Bebo tanto que lo siento por mí misma. Mi
autocompasión tiene la personalidad de un niño pequeño:
ruidoso, exigente, errático. Tu marido te engaña y de repente estás
culpando a tus gruesos muslos de la caída de tu matrimonio, ¿ya
sabes? O tal vez tu papada, por supuesto que hizo trampa con
alguien que tiene menos barbilla. Pero una vez que perdí peso,
culpé a mi aburrida personalidad, mi personalidad opresiva, mi
personalidad exigente. Todavía estoy atrapada allí, tratando de
demostrarles a todos que he cambiado. Tratando de demostrarme a
mí misma que yo cambie.

M
e preparo para trabajar lentamente, la cabeza me
palpita. Tengo que parar de beber, pero el pensamiento
me deprime. Algunos días son más difíciles que otros,
aunque difícil es la nueva normalidad. Recuerdo una diferente
versión de mí misma: un poco superficial... ocupada, tan, tan
ocupada. Yo era el tipo de mujer que no se detenía porque si lo
hiciera tendría que pensar. Pensar es para estudiantes de filosofía,
personas deprimidas y activistas. Yo era una blogger de estilo de
vida a quien le gustaba exprimir mis comidas y nunca comentaba
sobre política. Los artículos que escribí: ¡Las mejores zapatillas de
tenis por tu dinero! Y recetas de salsa de queso que lo harán ¡Haz
que tus amigos se desmayen! El divorcio me curó de algo de eso.
Cuando tu mundo perfecto se derrumba, no queda nada más que
hacer que pensar.

—Q
uiero llevar el Rhubarb en una nueva dirección —
digo a el personal en la reunión del lunes por la
mañana. Miro a mí alrededor a sus caras y aclaro
mi garganta mientras las cejas se elevan. El rostro
de Perla, sin embargo, permanece estoico incluso cuando Zoe le
lanza una mirada—. Cuando comencé el blog hace cuatro años,
quería ser identificable, pero ahora mirando hacia atrás, el único
tipo de mujer con la que quería relacionarse era la mujer blanca de
clase media alta. —Varias personas se miran el uno al otro,
moviéndose en sus asientos, incómodos—. Les decimos a las
Página | 83
mujeres cómo comprar, cómo cocinar, cómo organizar sus
despensas, pero lo que no hemos logrado es ser honestos.
Satcher aparece en la puerta; se apoya en el marco, con los
brazos cruzados, sus ojos vagando por sus reacciones. Hablé de
esto con él ayer y él no mostró desaprobación ni entusiasmo.
—Este es tu bebé —dijo—. Haz lo que creas que es mejor.
—¿Estarás en la reunión para apoyarme?
—Nop. Ahora eres su jefa. No te necesito micro gestionar.
Su respuesta me puso nerviosa, era su dinero el que dependía
del éxito del blog, no el mío. Cuando dije eso, se rio de mí.
—Billie, esto siempre fue lo tuyo. Lo construiste de la nada siendo
superficial. Si quieres cambiar de marca y ser profunda, adelante.
Confía en tu instinto.
Quiero recordarle a Satcher que había confiado en mi esposo y
mira cómo eso resultó para mí.
Preparé un PowerPoint la noche anterior, trabajando con cuatro
vasos de vino.
Ahora, con todos sus ojos en mí, toco el mouse y la pantalla de
arriba salta a la vida.
—Vamos a expandirnos más allá de nuestro estrecho grupo
demográfico agregando varias funciones nuevas en el blog...
Woods aparece detrás de Satcher, entrecerrando los ojos
alrededor de la habitación. Sé que se pregunta por qué nadie le dijo
que había una reunión de personal. Porque tú realmente ya no
funcionas aquí, quiero explicar. Y pronto tu futura esposa tampoco lo
hará.
Hago clic con el mouse y aparece la siguiente página de la
presentación. Hay una lista de los nuevos temas que cubrirá el
blog.
Loren levanta el dedo para decir algo. Asiento con la cabeza hacia
ella.
—¿Quién escribirá la columna “Vida después del divorcio”? —Hay
una pequeña sonrisa en sus labios; es evidente que sabe
Página | 84 exactamente quién será.

—Yo.
Woods palidece.
Perla habla a continuación, su voz metálica en la gran sala de
conferencias. —¿No es eso un poco sin clase?
—¿Qué parte? —Intento mantener mi voz uniforme, pero puedo
sentir la vena en el costado de mi cabeza palpitando.
—Estás escribiendo sobre el divorcio cuando tu ex marido
todavía es dueño del blog...
Miro su rostro: barbilla afilada, nariz afilada, pómulos afilados.
Perla es toda ángulos, tanto en apariencia como en vida.
—Tan elegante como su antigua amante a cargo de Salud y
Bienestar del blog. —¡Maldita sea! No tengo autocontrol.
Satcher palmea desde la puerta. Ignoro la cara roja de Perla y las
risitas y paso a la siguiente diapositiva. Mis manos están
temblando.
—Debido a que estamos haciendo espacio para nuevas áreas,
habrá algunos cambios en las asignaciones. —Miro directamente a
Perla cuando digo esto—. He contratado a Kerri Watter para entrar
y hacerse cargo de Salud y Bienestar.
Veo que una de sus amigas se acerca para apretarle la mano.
Perla enojada le golpea la mano lejos y me mira.
—Nadie discutió esto conmigo. No puedes moverme a mitad de
año...
—Yo puedo —digo con calma—. Su contrato dice que fue
contratada para ser escritor editor y seguirás siendo uno, solo que
en un área para la que estés más calificada.
—¿Y cuál es esa área? —pregunta ella bruscamente.
—Accesorios —digo.
Hay algunas risas. La cabeza de Perla se mueve bruscamente
mientras busca al culpable.
KerriWater es una sensación de fitness. Tiene más de dos
millones de seguidores en Instagram y recientemente firmó un
Página | 85 acuerdo para diseñar una línea de zapatillas para una marca
popular.
—Como lectora de Rhubarb desde hace mucho tiempo, Kerri está
emocionada de formar un equipo con nosotros.
Hay susurros emocionados por todas partes. Lo que no les digo
es que Satcher y Kerri eran amigos de follar hace unos años, y
todavía lleva una llama por él. Apenas tuvo que dar a torcer su
brazo cuando le pedí que se acercara a ella.
—También vamos a incorporar a dos bloggers de moda más que
serán más propicios para la diversidad.
—¿Qué significa eso? —pregunta Perla.
—No son blancos —digo—. O heterosexuales.
Loren aplaude. Le sonrío antes de continuar.
—Nuestro cambio de marca incluirá una sección para madres
solteras, comunidad LGBTQ, y todas las semanas presentaremos
una pequeña empresa local para que podamos dar un paso
adelante a las empresas de nueva creación. Y este año asistiremos
a la conferencia Blogstyle en San Francisco.
Hay aplausos emocionados por todos lados. Durante los dos
primeros años del Rhubarb no había estado en el presupuesto para
llevar a todos a la conferencia. Satcher y yo lo discutimos y decidió
que era importante que la marca se fuera.
Cuando miro hacia arriba de nuevo, Satcher se ha ido y el único
que queda en la puerta es Woods, que todavía tiene el ceño
fruncido.

T
an pronto como cubro el presupuesto y la reunión termina,
él se dirige a donde voy a cerrar mi computadora portátil.
—Nunca me lo dijiste. —Su tono es acusatorio.
—No sabía que tenía que hacerlo. —Evito sus ojos mientras
agarro la última de mis cosas y me dirijo a la puerta.
—Aún tienes que responder a…
—¿A quién? —Interrumpo, poniéndome de pie. No dice nada—.
Respondo a Satcher, quien me contrató para hacer exactamente lo
que estoy haciendo. Ahora, si me disculpas yo... —Lo empujó hacia
Página | 86 el pasillo, donde casi me tropiezo con una lívida Perla.

—¿Qué crees que estás haciendo? —Mientras habla, gira su


cuerpo de lado, bloqueando mi camino a mi oficina.
Me sorprende su descaro. No solo soy su jefa, sino que soy el
doble de su tamaño. Esta pequeña perra cree que es invencible,
pienso. ¿Cuánto tiempo estuvo esperando aquí para confrontarme,
fuera del alcance del oído del resto del personal?
Suspiro. Acorralada por los gemelos traidores. Miro sobre mi
hombro para ver a Woods todavía detrás de mí. Me sorprende su
expresión: ojos entrecerrados, su boca se estiró en una línea de
apretada desaprobación. Pero no me está mirando; sus ojos están
puestos en Perla. Me pregunto si esto es una mierda. Puedo hablar
una mierda de mi ex mujer, pero tú no puedes.
Cuando miro a Perla, me las arreglo para mantener mi rostro
neutral. —Ese es mi trabajo —digo, respondiendo a su pregunta.
—Crees que puedes venir aquí y desarraigar todo por lo que
hemos estado trabajando duro durante años después de que
abandonaste el Rhubarb…
—¡Guau! ¿Me estás tomando el pelo? —Dejé de intentar pasar.
Mis brazos están llenos y desearía tener un lugar para tirar todo
por esto para una excitante confrontación, pero con Woods detrás
de mí y Perla al frente, estoy arrinconada.
Ella cruza los brazos sobre el pecho.
—Perla, dejé Rhubarb porque te acostabas con mi esposo —lo
digo con mucha naturalidad, pero en el momento en que las
palabras salen de mi boca, todo color se drena de la cara de Perla.
—Eso es cosa del pasado —dice.
— Bueno, no es eso conveniente para ti —Trato de empujarla,
pero ella cuadra sus hombros, manteniéndose firme.
—No voy a cambiar de departamento —dice—. Tendrás que
encontrar a alguien más…
—¿Puedes poner eso en un correo electrónico?
—¿Qué? —Ella parece aturdida por mi interrupción.
—Un correo electrónico —repito—. Necesito todo documentado
Página | 87
para cuando te despida por rompimiento de tu contrato...
Abre y cierra la boca y luego mira fijamente por encima de mi
hombro a quien presumo es Woods.
—Billie... —Le escucho decir mi nombre en voz muy baja detrás
de mí.
—Es Wendy — digo esto lo suficientemente alto para que todos lo
escuchen.
—No puedes despedirme. —La voz de Pearl es cada vez más
fuerte, más aguda.
Probablemente tenga razón, considerando que está convivida con
un accionista. Pero ahora mismo no me importa; todo lo que quiero
es salir de este sándwich tóxico en el que estoy acorralada.
—¿Por qué no?
Ha causado suficiente conmoción que la gente está empezando a
escuchar. Escucho a Woods decir mi nombre nuevamente, esta vez
con más urgencia. Y luego sucede lo inesperado: Perla se agarra el
estómago mientras sangre roja cruza sus pantalones blancos. Ella
grita al mismo tiempo que dejo caer todo lo que estoy sosteniendo
para atraparla.
13
Traducido por: Jenny MV
Página | 88 Corregido por: Jenny MV & -Patty

E
l viaje a la sala de emergencias es uno de los más largos
que he hecho. Mi taxi se atasca detrás de dos accidentes,
y cuando entro al hospital, Perla ha perdido a su bebé.
Satcher me envió un mensaje de texto para decírmelo. Encuentro a
Satcher ya en la sala de espera sentado junto a un rostro verde
como el bosque. Woods está mirando fijamente una taza de café fría
como si quisiera ahogarse en ella. Se lo quito y lo tiro a la basura,
luego bajo a la cafetería y le traigo un té verde. Woods no es un
bebedor de café. Como el comensal más saludable de los dos,
siempre estaba tratando de que yo hiciera el cambio del café al té
verde. Le puse la taza de té de papel en la mano. Parpadea con
fuerza como si estuviera tratando de no llorar. Puedo sentir los ojos
de Satcher sobre mí, pero no lo miro. Estoy avergonzada… Me
enfrenté a Perla y ella perdió a su bebé. Soy la peor persona del
mundo.
—Gracias —dice Woods. Lo dice sinceramente como si lo dijera
en serio y yo le ofrezco una débil sonrisa.
Sé que no me culpa por lo que le pasó a Perla, no realmente. En
todos los años que la acusé de cosas, ella nunca me volvió a
acusar. Creo que eso me enfureció más, que mientras yo
despotricaba y me quejaba, ella nunca se rebajó a mi nivel de ira
mezquina.
Me siento junto a él y me miro las manos.
—¿Cómo es ella? —pregunto.
— La están revisando ahora —dice.
Quiero preguntarle por qué no está con ella, pero mantengo la
boca cerrada. Muchas mujeres son privadas sobre ese tipo de
cosas.
Nos sentamos así durante veinte minutos antes de que el
médico salga a buscar a Woods.
Me mira antes de ponerse de pie.

Página | 89
— Gracias —dice—. Por el amor.
Asiento, las lágrimas me queman los ojos. Sigue al médico por
un pasillo. Ahí es cuando finalmente miro a Satcher.
— ¿Por el amor? —La ceja de Satcher se levanta en cuestión.
Me retuerzo en mi asiento presionando mis labios juntos.
Cuando todavía estábamos casados y las cosas se estaban
poniendo difíciles, hicimos el examen del lenguaje del amor por
sugerencia de uno de nuestros amigos. Con una botella de vino y
una actitud decidida, nos acomodamos en el sofá con nuestras
computadoras portátiles para tomar el cuestionario. Fue una
buena idea, pero un intento a medias perezoso de mejorar nuestra
comunicación. Necesitábamos más que un cuestionario en ese
momento. Woods consiguió un empate entre Actos y servicio y
Tiempo de iguales. Gane el contacto físico.
— Es contraproducente —dije mirando nuestros resultados—. No
tengo tiempo suficiente para dedicarme a lo que necesitas y no
quieres tocarme a menos que estemos en un buen lugar y yo
satisfaga tus necesidades.
— No tiene que ser tan simple —argumentó.
— Mi cerebro no podría aceptar eso. Sí, lo hace. Somos demasiado
diferentes para amarnos de la manera correcta —Me levanté,
tambaleándome de lado por el vino.
— Obviamente teníamos bastante en común para casarnos —dijo.
Todavía estaba sentado, con los pies apoyados en la mesa de café y
la computadora portátil en equilibrio sobre su regazo. Recuerdo
que lo miré y pensé en lo despistado que era. La vida no era tan
simple. La gente cambió, sus gustos y disgustos evolucionaron con
el tiempo y la experiencia. Lo que teníamos en común ya no estaba.
— No te estoy pidiendo que renuncies a tus sueños… —Parecía
frustrado y mis paredes se derrumbaron de inmediato. Estaba a la
defensiva… mal.
— Entonces, ¿qué estás pidiendo exactamente? —espeté.
Woods parecía herido. Yo era la que gritaba, mientras él estaba
tranquilamente sentado en el sofá tratando de hablar.
— Interés, consideración, una relación, Billie. Por eso te casas,
para tener una relación con alguien…
Página | 90
— Tenemos una maldita relación —había argumentado.
— Ni siquiera sabes que odio el café, Billie. Ya no bebo café…
— ¿De qué diablos estás hablando, Woods? —Estaba siendo
mezquina… necesitada. Me cernía sobre él, mi voz y mi rostro
estaban llenos de ira.
— Té verde —había dicho lentamente—. Cambié al té verde hace
unos seis meses…
Culpa. Tanta, pero en lugar de reconocer lo que acababa de
decir mi esposo actué como si fuera ridículo.
— Esto es tan estúpido.
Eso fue todo para mí. Salí de la habitación, golpeando nuestra
puerta de la habitación.
Eso fue todo para mí. Salí furiosa de la habitación, cerré de un
portazo la puerta de nuestra habitación y me metí en la cama para
regodearme en la justicia propia. ¿Qué quería de mí, por el amor de
Dios? Estaba metida hasta la barbilla en Rhubarb, tratando de
despegarlo para que pudiéramos vivir cómodamente sin
preocupaciones. Apenas dormí y mi médico acababa de recetarme
medicamentos para la ansiedad. Cuando comenzamos el negocio,
ambos estábamos en el mismo camino, pero en algún momento del
camino, el rhubarb había dejado de ser algo que nos unía y, en
cambio, comenzó a destrozarnos.
— Sólo quiere decir para el té —le respondo Satcher.
Puedo decir que Satcher no lo cree, pero afortunadamente no
dice nada más.
—Debería irme — Me levanto.
— Sí —dice Satcher
No sé por qué, pero su tono me enoja. Lo miro una vez más
antes de tomar mi bolso y marchar hacia los ascensores. No me
despido. Lo último que necesito es el buen juicio de Satcher. Pensé
que había cambiado, crecido, pero en momentos como estos, sé que
sigo siendo la misma mierda defensiva de siempre.

P
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erla se toma dos semanas sin trabajar. Durante el tiempo
que ella no está el rhubarb se siente más ligero, más
alegre. Los empleados que normalmente se mantienen
alejados de mí debido a su lealtad a Perla, se calientan, conversan
conmigo en la sala común e incluso una vez me invitan a la hora
feliz con ellos después del trabajo. Me siento culpable por lo mucho
que disfruto de su ausencia. Especialmente porque soy la razón por
la que tuvo un aborto espontáneo. Satcher me evita, nunca me
mira a los ojos y solo me habla si es para responder a una pregunta
que le hago o para hacer frente al asunto de Rhubarb. Woods entra
a la oficina dos veces para recoger algunas cosas para Perla.
Chocamos en el pasillo, sus brazos llenos de papeleo y los míos
llenos de los accesorios que acabo de ir a buscar al almacén.
— Oye —digo.
— Oye, tú
—¿Cómo sigue Perla?
Su rostro se nubla de inmediato. —No lo sé. Ella no quiere
hablar de eso. Está… cerrada.
Asiento con la cabeza. Las mujeres tratan las cosas de manera
diferente a los hombres. Queremos que se encuentren nuestras
necesidades emocionales sin que tengamos que explicárselo. Es un
si me amas, deberías saber qué tipo de cosas necesito.
— Ella está de duelo. Abrázala. Pide la comida que le gusta y
preocúpate por ella —le digo—. Ella solo necesita que se reconozca
su dolor y que la atiendan.
El asiente. —Gracias.
Nos quedamos ahí por otros treinta segundos, Woods
simplemente mirándome como si quisiera decir algo más. Pero
nunca le doy la oportunidad.
—Te veré —le digo, rodeándolo.
No he dado cinco pasos cuando me llama. —Wendy…
Me giro. El letrero de madera que estoy sosteniendo se clava
dolorosamente en mi cintura y muevo los pies para aliviar la
presión.
— No fue tu culpa —dice.
Página | 92
Se siente como si alguien me hubiera empujado hacia un lado.
Me siento desequilibrada… en pánico.
— Sé que te estás culpando —Hace una pausa cuando alguien
pasa caminando para ir al baño. Woods baja la voz cuando dice—:
El médico dijo que fue un embarazo ectópico…
Asiento, las lágrimas llenan mis ojos. De alguna manera eso
debería hacerme sentir mejor, pero no es así. Fui criada como
católica, soy buena con la culpa.
— Bueno, míranos reconfortándonos el uno al otro —le digo.
Woods sonríe. —Hemos recorrido un largo camino
¿Pero es la forma correcta? Quiero preguntar. Porque no se
siente bien. Nada de esto lo hace. Quizás yo sea la exmujer
amargada y celosa. Sí, probablemente sea eso. Incluso si no hay
sentimientos involucrados, me molestaría que mi exmarido
estuviera tratando de procrear con otra persona. Es solo…
incómodo… Como si nuestra vida anterior no importara. Se supone
que el divorcio no debe suceder, pero sucede, y nadie sabe
realmente cómo lidiar con él. Te libera de una cosa mientras te
aprisiona con mil más. La vida no es ni remotamente justa.
— Está bien, mejor me voy —digo, sintiendo de repente toda la
fuerza de la incomodidad.
Mis palmas están sudando. Cuando llego a mi oficina, cierro la
puerta y me acuesto en la alfombra con las palmas de las manos
apoyadas en el suelo, mirando al techo.
Estoy a punto de quedarme dormida cuando mi teléfono suena
en mi bolsillo. Pienso en ignorarlo, pero al final levanto las caderas
y lo sacó del bolsillo trasero. Me incorporo enseguida.
14
Traducido & Corregido por: -Patty
Página | 93

D
enise Tarrow nunca anda por las ramas. La primera vez
que ella me conoció me dijo: Entonces, ¿me vas a dar
nietos o eres una de esas chicas de carrera?
Estaba demasiado sorprendida para responder, y cuando
encontré mi voz, Woods la había reprendido y la conversación
había pasado a otra cosa. Me gustó ella a pesar de su falta de filtro
y su inclinación general a entrometerse en los negocios de los
demás. Una vez que te acostumbraste a su personalidad, fue difícil
no apreciar el cuidado detrás de sus acciones.
Casi me había olvidado de que ella mencionó que almorzamos
hasta que envía un mensaje de texto preguntando si quiero
encontrarme en Gramercy Tavern el martes.
Me quedo mirando ese texto durante mucho tiempo debatiendo
qué hacer. Almorzar con la madre de Woods siente que estoy
cruzando una línea. Y mientras eso es exactamente lo que volví a
hacer a Nueva York, hacerlo tan pronto después del aborto
espontáneo de Perla se siente mal.
Es de mal gusto, sin duda.
Casi como si estuviera leyendo mi mente, envía un mensaje de
texto de seguimiento.
Perla no tiene por qué saber...
No puedo reprimir mi sonrisa. Eso cierra el trato porque le envió
un mensaje de texto y le digo Me encantaría verte.
Decidimos cenar temprano, y dejé mi teléfono con un pavor que
se hunde. Esto es lo que había querido hace unos meses. Para
demostrarle a Woods, que casarse con otra persona es una idea
terrible. Pero ahora que mi plan es de la manera que yo quería, se
siente... sucio.
E
l martes salgo de la oficina una hora antes de lo
habitual para mi encuentro con Denise cuando me
encuentro con Woods en la escalera. Yo normalmente
no uso las escaleras, pero hay un letrero de Fuera de
servicio en las puertas del ascensor.
Página | 94
—Aún tienes esa camisa, ¿eh? —Miro la camiseta que lleva. Las
letras se desvanecieron, pero aún puedes distinguir las palabras.
—Es mi favorita.
—¿La banda o la camiseta? —pregunto.
—Ambos.
Compré la camiseta para Woods en un concierto al que fuimos
en una de nuestras primeras citas.
Todavía puedo recordar la forma en que olía su piel cuando se
inclinó para besarme, la cerveza en su aliento y la forma en que sus
pulgares frotaban círculos en mi espalda baja mientras su lengua
se abrió camino en mi boca.
—¿Quieres comer algo? —él dice.
Tiene piel de gallina y la tierna piel alrededor de sus ojos se ve
gris. Como si no hubiera dormido en una semana. Me imagino que
todo esto le está pasando factura.
—Hipocresía. —sonrío—. Tal vez en otro momento…

—Vamos —dice— Te necesito.


Al principio, sus palabras me golpearon en ese lugar dolorido e
inseguro donde guardo las cosas que pretendo no me importan:
problemas de papá, problemas de mamá, problemas de Woods...
Te necesito. Solía decirme eso mientras sus labios besaban una
línea en mi cuello, dedos recorriendo mi cuerpo. Siento que el calor
sube a mi cara al recordarlo.
Pienso en todas las veces que lo necesité, como cuando nuestro
matrimonio no existía y me estiraron tan delgada como una
membrana, y metió su polla en alguien más en lugar de cumplir
sus votos conmigo.
—Hoy no, Woods —digo con soltura. Doy dos pasos más,
maldiciendo al ascensor.
—¿Por qué no?
No me atrevo. ¿Debería simplemente decírselo? No quiero ser
cruel cuando su vida es ya es difícil, pero eventualmente lo
descubrirá.
Página | 95
—Estoy de camino a ver a tu mamá.
Aprieta un ojo para cerrarlo mientras se rasca la parte posterior
de la cabeza. —Eso es tonto.
—No más de lo que es que me invites a almorzar cuando tu
prometida está en casa recuperándose de un aborto espontáneo.
Él sonríe. —Qué pareja somos.
—Éramos —digo, trotando por las escaleras—. Qué pareja
éramos.
—¡Pesimista! —me grita. Su voz resuena.
Se siente bien alejarse de él. Me pregunto si así empezaron las
cosas con Perla: el ocasional intercambio de coqueteos en la
escalera, salidas a almorzar cuando estaba demasiado ocupada
para darme cuenta.
No tengo tiempo para pensar en eso; Ya llego tarde.

D
enise acaba de regresar de un crucero. Cuando la
abrazo, te juro que puedo todavía oler su loción
bronceadora en su piel. Ella se aferra a mí por unos
pocos segundos extra.
—Estás radiante —le digo cuando me deja ir.
—Oh. No brillas a mi edad. Acabo de recibir un poco de sol, eso
es todo. —Ella toma su asiento con delicadeza, doblando la
servilleta sobre su regazo.
Pero lo está, está radiante.
—Robert me engañó —dice.
El mesero que se estaba acercando a la mesa escucha su
comentario y hace un arco amplio para darnos algo de tiempo.
Le sonrío disculpándome antes de volverme hacia Denise y
decirle—: ¿Qué?
—No te veas tan sorprendido. ¿Dónde crees que Woods aprendió
su mal comportamiento?
—Pensé que era por su pene.

Página | 96
—Touché
Niego con la cabeza, tratando de asimilarlo todo. Woods ya es
un tramposo. Decido empezar las preguntas con mi ex suegro. —Lo
ha hecho ¿antes de…?
—Si. Comenzó nuestro tercer año de matrimonio, y ha sido
intermitente desde entonces. A veces tenemos buenos cinco años
sin trampas, pero él siempre lo inicia. Otra vez.
—¿Y tú... te quedaste con él?
Denise levanta su menú, frunciendo los labios; Veo sus ojos
escanear algo antes de que lo ponga sobre la mesa y lo deslice.
Siempre he visto a Denise como feminista: independiente,
desconcertada por las opiniones, no se toma ninguna mierda.
Conciliar lo que está diciendo con la mujer que siempre pensé que
era se va un nudo en la garganta. Espero a que ella hable ya que
no sé qué decir de todas formas.
—Siempre lo siente mucho. Vuelve, llora, nos vamos de
vacaciones, actualiza mi anillo.
Durante los ocho años que Woods y yo estuvimos juntos,
recuerdo que Denise recibió un nuevo anillo cada pocos años, el
diamante crece en tamaño. Miro su dedo ahora, sintiéndome
enferma. ¿Por qué me dice esto?
—¿Te estás preguntando por qué te cuento todo esto ahora?
—Sí, en realidad.
Ella cruza las manos sobre la mesa, la parte superior de su
cuerpo se inclina hacia mí. Ella es tan esbelta, me recuerda a una
rama que se dobla con el viento.
—Mi hijo todavía está muy enamorado de ti —dice ella. Es como
si simplemente metí mi dedo en un enchufe de luz; cada parte de
mí se ilumina en estado de shock.
—Esta cosa con Perla
Hace un resoplido desdeñoso —No es real, ni es sostenible.
Estoy sorprendida. Tiemblo. Conmocionada y conmovida por
sus palabras. —Lo siento por tu situación, Denise, pero en mi
opinión poco experta sobre el amor, creo que si un hombre está
enamorado de ti no debería arrojarse a los brazos de otra mujer.
Página | 97 —No seas condescendiente, Billie. No has vivido lo suficiente
para saber eso. Los hombres no engañan porque no están
enamorados, engañan por no sentirse amados.
—Él no solo me engaño. Llegó un día a casa y me dijo que me
dejaba para alguien más.
—Un grito de ayuda —dice—. Quieren ser adorados. Ellos
quieren una mujer que cree que es la más grande, la más fuerte, la
más sexual.
—¿Y yo no lo era?
—Estabas ocupada.
—Denise, ¿me estás diciendo que mi esposo me engañó por no
acariciar su ego con suficiente fuerza?
Ella me mira fijamente.
—Está bien —digo. Cierro mis ojos—. Digamos que lo que estás
diciendo es verdad. ¿Por qué Robert te engañó? Eres prácticamente
la esposa perfecta
—Oh, querida, las cosas no siempre son lo que parecen. Tú lo
sabes.
No puedo imaginarme de qué está hablando. Todo sobre sus
vidas y el matrimonio siempre ha representado la perfección. Me
siento como si tuviera seis años y solo descubrí que Santa Claus no
es real.
—Se ha convertido en un ciclo con el que, lamentablemente, nos
sentimos cómodos. Cuanto más tiempo permanecemos en una
relación enfermiza, cuanta más drogadicta se vuelve. Estás
dispuesto a lidiar con los efectos secundarios porque son
predecibles. Puedes confiar en lo malo en una manera en que no
puedes confiar en lo desconocido
Nos interrumpe el mesero que se acercó, una mirada de
aprensión en su cara. Una vez que ordenamos y se retira de la
mesa, hay un silencio embarazoso entre nosotras.
—Supongo que no te gusta Perla. —Me sale silbando. Si solo
hubiera una manera de absorber las palabras como espaguetis.
—Oh, ella está bien. Básica. Woods solo estaba tratando de
encontrar las mejores partes de ti en alguien más. No durará.
Página | 98 Gracias a Dios que ocurrió el aborto espontáneo.

Woah. ¡Vaya! Una cosa es no quererlos juntos y otra


completamente distinta es alegrarse de que haya tenido un aborto
espontáneo. Pero luego también está la cuestión de lo que está
diciendo sobre Woods y Perla. ¿Podría tener razón? Pensé que
Woods ya no podía encontrar ninguna parte buena de mí, y por eso
se había ido. Arrugo la frente y bajo en mi bebida.
—No lo sé, Denise. Parecen estar muy felices.
—Tú también pensabas que eras feliz, ¿recuerdas? —Ella
acaricia mi mano—. Tiene tiempo. La boda no es hasta dentro de
un año. Y espero que no se consiga embarazar de nuevo.

D
urante la próxima semana no puedo dejar de pensar en
mi almuerzo con Denise Tarrow. En mi vigésimo tercer
cumpleaños, Woods me regaló un reproductor de DVD
portátil, mientras Satcher apareció en mi fiesta con una copia de la
primera edición de mi libro infantil favorito. Donde mi reacción al
DVD jugador había sido tibio, entusiasmo fingido, mi reacción al
libro de Satcher presentado había sido una alegría infantil. Vi el
dolor en la cara de Woods y me sentí terrible. Fue un pequeño
incidente, ninguno de los dos lo recordaría ahora, pero se quedó
conmigo porque en los ocho años que estuvimos juntos, Woods
nunca hizo bien un regalo. Con los años, me dio una silla de playa,
un juego de ollas y sartenes, una guitarra, lecciones de guitarra,
cosas para las que no tuve tiempo. Él estaba tratando de enviarme
un mensaje o no me conocía en absoluto. Lo resumí como el
último. Y si mi propio socio no me conocía, tal vez era
incognoscible.

H
ay un regalo envuelto en mi escritorio una mañana
cuando entro en el oficina. Me siento, mirándolo con
recelo. Tiene el tamaño de una caja de anillos y envuelto
profesionalmente en papel plateado dorado con una cinta de raso.
Yo lo pincho con el dedo y se desliza por mi escritorio. No confío en
los regalos. Ahí está siempre un motivo detrás de ellos.
—¿Qué es eso? —Loren entra con una taza de fideos de
Página | 99 poliestireno en la mano. Ella se sienta en la silla vacía, cruza las
piernas y comienza a envolver los fideos alrededor de su tenedor.
—No lo sé. Simplemente estaba aquí.
—Bueno, ábrelo —dice. Un fideo golpea su barbilla y saca una
servilleta de su sostén para limpiar el chapoteo.
Cojo la caja y le doy la vuelta en la mano. No hay tarjeta. Con
cautela, yo meta el dedo en el espacio entre la cinta y el papel y lo
separo.
Debajo del envoltorio hay una caja de terciopelo. Abro la tapa.
Cuando Loren ve mi cara, deja su taza de fideos y gira mi silla para
ver lo que estoy agarrando.
—Caray —dice ella. Ella alcanza sus fideos sin quitarse los ojos
fuera de la caja.
En el interior, descansando sobre una almohada negra, hay un
colgante de plata en forma de mano.
En lugar de un dedo medio extendido, el dedo anular está
levantado y vacío.
—¿Qué significa eso? —pregunto.
—Que se joda el matrimonio 21 —dice Loren—. Y un grito de
ayuda.
—¿Crees que Woods dejó esto? —Pienso en lo que dijo su
madre.
Loren se encoge de hombros. —Podría haber sido cualquiera,
supongo. Ciertamente dieron en el blanco, ¿no es así?
Extiendo ambas manos sobre mi escritorio. Una pequeña joya
ha provocado una idea. Miro mis manos mientras pienso, las ideas
corriendo más rápido de lo que lo haría mi mano si estuviera
sosteniendo una pluma. —Esto es—digo.

21 Fuck Marriage
—¿Qué?
—El encabezado del blog: Lo llamaré FUCK MARRIAGE. Márcalo
con el vacío dedo anular.

Página | 100
Lo asiente lentamente. —Parece un poco agresivo, pero puede
funcionar.
—Por supuesto que funcionará— digo, poniéndome de pie—.
Eso es lo que buscamos cuando las relaciones terminan; estamos
enojados. ¿Sabes cuantas veces deseé que hubiera alguien, algún
lugar al que pudiera ir en busca de ayuda? Compré los libros de
autoayuda, y fui a un consejero. Nada de eso era lo que necesitaba.
Quería una comunidad, yo quería un amigo. Y eso es exactamente
lo que puede ser esta columna: Unas amigas. Trae a Dave aquí
para que podamos marcar esto.
Saco el colgante de la caja. Desabrochando mi collar, deslizo el
colgante en la cadena y devolverlo a mi cuello.
Esto es exactamente lo que necesita el blog: una dosis de
realidad dura. Mierda
El matrimonio podría ser mi carta de disculpa no oficial para
Woods. A mi matrimonio. Y quién sabe, tal vez escribir un blog
sobre mi corazón roto ayude a sanarlo.
15
Traducido & Corregido por: -Patty
Página | 101

L
a membresía al gimnasio East Side cuesta $150 al mes.
Cambio pronunciado para fitness comunitario. El
gimnasio de cadena dos cuadras más allá ofrece su
membresía mensual en volantes de neón brillante por $49. Pero el
East Side es el gimnasio donde Woods hace ejercicio cinco días a la
semana, así que desembolsé el dinero y seguí a Rocket, el idiota
demasiado entusiasta cuyo rostro se parece a Ernie de Barrio
Sésamo, mientras me da un recorrido.
—Rocket22, ese es un nombre interesante —digo mientras me
muestra dónde van las toallas sucias.
—Me nombré a mí mismo. Mis padres me dieron un mal
nombre, así que simplemente lo cambié.
—Genial —digo—. ¿Cuál era tu nombre antes?
—Simón. —Hace una mueca.
—Simón dice: cambia tu nombre —bromeo.
Pero Rocket es demasiado joven para obtener la referencia. Me
deja en las maquinas elípticas donde cinco mujeres ya están
sudando por su diseñador equipo de entrenamiento. Me dirijo a las
máquinas de pesas, donde sé que Woods irá primero.
—Bien…
Me doy la vuelta y me encuentro frente a Satcher, con una
sonrisa de suficiencia comisuras de sus labios.
—Ahora, ¿por qué Billie Tarrow obtendría una membresía en un
gimnasio que está en la dirección opuesta a su apartamento
cuando hay un gimnasio perfectamente bueno al otro lado la calle
de dónde vive?

22 Cohete
Puedo sentir que mi cara se pone roja. Me doy la vuelta, mi
única respuesta es un ruido que hago en la parte de atrás de mi
garganta. Satcher, sin inmutarse, me sigue.
—¿Podría ser que cierto exmarido tenga una membresía aquí?
Página | 102
Reclamo una máquina de remo abierta a unos metros de las
alfombrillas y empiezo mi trabajo, ignorando a Satcher. No quiero
remar, quiero fingir que hago ejercicio mientras espero a que llegue
Woods. Satcher se para sobre mí, sus Nike blancas perfectamente
limpias, ni un solo roce.
—¿Por qué estás aquí? —Chasqueo—. Es viernes. ¿No deberías
estar jodiendo a una supermodelo?
Él toma la máquina junto a la mía cuando la chica que está a
mi lado se levanta y comienza a ejercitar. —Estamos dándonos un
tiempo —dice.
Miro para comprobar su rostro, que no revela nada. —¿Por qué?
—¿Por qué no? —Se encoge de hombros.
—Tienes problemas de compromiso. —Empujo hacia atrás más
fuerte de lo que quería y mi el cuello se mueve dolorosamente hacia
adelante. Cada pocos minutos miro a la puerta para ver si Woods
ha llegado.
—Sí —dice Satcher simplemente.
Dejo de remar y lo miro. —Así que, haz algo al respecto.
Satcher me mira por el rabillo del ojo. —¿Cómo qué? —él pide,
divertido.
—No lo sé —digo, mirando la forma en que los músculos de sus
brazos se flexionan cada vez que retrocede. —Consejería, obligarse
a permanecer en una relación hasta tus miedos se van...
—¿Eso es lo que hiciste?
—En serio, Satcher... —Me paso la mano en el pelo, apartándolo
de la cara—. ¿Estás intentando pelear conmigo?
—Tal vez.
No esperaba eso. Me limpio las palmas de las manos en los
pantalones sin saber qué decir.
Afortunadamente, es él quien habla primero. —Tienes esta
percepción de mí. Yo no sé de dónde vino, pero está mal.
—Está bien —le digo—. ¿Así que no eres un tipo rico, superficial
y mujeriego al que le gustan las mujeres hermosas?
Página | 103
Él gruñe. —¡Guau! Espera un maldito minuto. ¿Superficial?
Me río, lo que Satcher parece disfrutar.
—¿Algún insulto te perturba, Sasquatch?
—Solo los verdaderos.
—Debe ser agradable tener tanta confianza. —suspiro.
—Debe ser lindo ser tan hermosa —dice.
Miro a mí alrededor para ver de quién está hablando; hay
mujeres en todas partes.
—¿Dónde?
Cuando miro de nuevo a Satcher, me mira fijamente. Estoy
congelado, calor trepando por mi cuello mientras trato de entender
si se está metiendo conmigo. Parpadeo, me obligo a concentrarme.
—Um... —A medida que aumenta mi malestar, también
aumentan los hoyuelos de Satcher—. Honesto como Dios, Satcher.
Siempre me haces esto. Te encanta hacerme sentir incomoda y
confundida.
Satcher, que parece disfrutar inmensamente de esto, coloca una
mano sobre su corazón y frunce el ceño. —Billie…
—Uh-uh…
—Wendy —corrige—. Te aseguro que no es mi intención hacerte
sentir incómoda o confundida. Pero definitivamente deberías
explorar por qué es exactamente que te hago sentir confusa e
incómoda. Suena como un problema personal.
Abro y cierro la boca. No ha habido muchos momentos en mi
vida donde el gato me ha comido la lengua. No me gusta lo fuera de
control que me siento actualmente, o cómo sus cejas se elevan
prácticamente hasta la línea del cabello mientras se mete conmigo.
—¿Estas coqueteando conmigo?
No dice nada, pero su sonrisa es suficiente para enviar una
sensación que hace ponerme toda chica embelesada. Me mantengo
firme contra las mariposas y trato de mirar imperturbable. A falta
de algo mejor que hacer con las manos, tomo un sorbo de agua de
la botella que traje y derramé la mitad por la parte delantera de mi
Página | 104
camisa.
—Mierda... —Me estoy sacudiendo el agua, caliente de
vergüenza, cuando escucho la voz de Woods.
—¿Entonces ustedes son compañeros de gimnasio ahora?
Mis ojos no abandonan inmediatamente el rostro de Satcher, se
demoran en la curva engreída de sus labios antes de que gire la
cabeza para mirar a mi ex marido.
—Hola a ti también —digo.
Woods está molesto; sus ojos siempre se vuelven muy pequeños
cuando está molesto. Él tiene un fajo de Juicy Fruit en su boca, y
lo sostiene allí mientras mira entre Satcher y yo como si fuéramos
dos adolescentes que volviéramos a casa tarde del baile de
graduación.
Mantengo mi camisa lejos de mi piel, sintiéndome incómoda. No
sé cómo los dos de ellos llegaron a este lugar, pero hay una tensión
palpable entre ellos.
—Te veré luego, Billie. —Satcher me guiña un ojo antes de
alejarse, nunca reconociendo realmente la presencia de Woods.
Lo miro irse, decepcionada. Nos habíamos divertido, incluso si
él estaba bromeando conmigo. No soy la única que lo mira
fijamente; la mitad del gimnasio femenino en los alrededores voltea
la cabeza cuando pasa.
—Eso es algo que nunca esperé —dice Woods.
—¿Qué? —Todavía estoy mirando la espalda de Satcher.
—Mi mejor amigo y mi ex esposa...
Mi atención vuelve a Woods y quiero reírme, lo hago. Estoy muy
lejos del tipo de Satcher es triste pensar en ello. Casi lo corrijo y
luego cambio de opinión. Dejemos que Woods piense que hay algo
entre mí y Sasquatch. Levanto las cejas de una manera de ´qué en
el mundo´.
Woods suspira. —Será mejor que me ponga a trabajar.
Empiezo a alejarme y él me llama—: ¡Oye, Billie!
—Si.
Página | 105 —Te ves genial.
Reprimo mi sonrisa. —Gracias. Igualmente. —Y luego toma todo
en mí para alejarse. Puedo sentir sus ojos vagando... vagando, pero
sigo caminando. Lento y constante ganare la carrera.
16
Traducido por: Lucia BJ
Página | 106 Corregido por: -Patty

T
omé el red-eye 23a San Francisco sola. Todos los demás
volaron ayer, pero lanzaremos la nueva marca F*ck
Marriage la semana que viene, y todavía tengo que ultimar
muchos de los detalles con Dave, que se quedó atrás para que todo
siguiera funcionando. Ahora, con una hora antes del almuerzo, el
primero de los eventos, tengo ropa esparcida por toda la cama del
hotel y crema para los granos en la barbilla. ¿Cuáles son las
posibilidades de que tenga un gran evento y me salga un granito
por primera vez en dos años? Echo un vistazo a mis opciones de
atuendo para el día.
Empaqué selectivamente las cosas del armario de Jules,
sabiendo que tendría que usarlas ya que eran todo lo que traje.
Ahora, al mirar los ajustados pantalones negros con un brillo que
los hace parecer empapados de aceite, siento una oleada de
aprensión. Quizás esto no soy yo. Me los pongo de todos modos, a
pesar de mi fuerte protesta interior, y me pongo la blusa sin
mangas verde esmeralda que traje para combinarla. Luzco bien.
Realmente bien. Pero no como yo.
Algo acerca de tener el corazón roto y divorciarse te da una
especie de ventaja. Me siento como Sandy en Grease24 cuando se
pone los pantalones de cuero y los tacones fóllame y va a reclamar
a Danny con su nueva actitud. Esto es lo que soy por dentro, y
solo se necesitará un poco de práctica para sentirme cómoda
expresándolo con mi (de Jules) guardarropa.

23Básicamente un vuelo red eye o red-eye flight, es un vuelo en el que el pasajero no


podrá dormir adecuadamente por la hora de salida de mismo, generalmente de la
noche hasta la mañana. Se llaman red eye ya que los pasajeros tendrán los ojos rojos al
llegar a su destino al pasar la mayoría de la noche sin dormir bien.
24Vaselina, hace referencia a un personaje de esa película. Protagonizada por John
Travolta.
Una hora después, cuando entro en el almuerzo, sé que he
tomado la decisión correcta. Los vendedores me saludan con feliz
sorpresa y varios de los otros blogueros se acercan para darme la
bienvenida y decirme que me veo genial. Estoy entusiasmada con
toda la afirmación cuando tomo mi primera mimosa de una
Página | 107
bandeja para servir y me dirijo hacia una de mis antiguas amigas
blogueras, Annalise. Grita de emoción cuando me ve. Nos
apartamos del bullicio para hablar y nos paramos junto a la mesa
de las bebidas, donde tomo otra mimosa de la bandeja.
—No era lo mismo cuando te fuiste. Satcher hizo un gran
trabajo manteniendo las cosas juntas, pero supongo que te trajo de
vuelta por una razón. —Esto de Annalise; Ella comenzó el blog
Fab, Fit, Five25 casi al mismo tiempo que yo lancé Rhubarb. Tiene
cinco hijos, todos rubios y de ojos azules, y su blog es básicamente
una receta para la depresión si no tienes talla dos, no amamantas
durante un año y tira mantequilla de maní y mermelada en una
bolsa de papel, en lugar de preparar almuerzos escolares gourmet
saludables.
—Yo también lo asumo —digo, señalando que Annalise tiene un
anillo de compromiso nuevo y mejorado en su dedo. Adiós a los
humildes comienzos. Su esposo, Ned, es desarrollador.
Recientemente les construyó una nueva mansión, que Annalise
publica regularmente en la sección de decoración del blog. A pesar
de mi paso por la depresión cuando estaba en Washington, siempre
me mantuve al día con lo que hacía Fab, Fit, Five; Hay algo
entrañable en Annalise, hasta la forma en que sus dedos y uñas
siempre combinan con su lápiz labial.
Una vez que terminamos de cubrir los negocios, baja
considerablemente la voz y pregunta—: ¿Cómo te ha ido con Perla?
Si Annalise alguna vez maldijera, imagino que la palabra
ofensiva se diría en el mismo tono en el que dice el nombre de
Perla.
Ambas miramos hacia arriba al mismo tiempo hacia donde
Perla está del brazo con Woods, hablando con un vendedor. Ha
elegido un conjunto blanco, probablemente para recordarles a
todos su próxima boda, con tacones verde azulado y una gruesa

25Fabuloso, En forma, Cinco.


cadena de oro alrededor de su cuello. Su anillo de diamantes se
puede ver claramente al otro lado de la habitación.
—Ow-ow —dice Annalise—. Su brillo me está cegando. —El
anillo de Annalise puede rivalizar con el de Perla, pero agradezco el
Página | 108 apoyo.

—No necesitas un anillo como ese cuando comenzaste —dice


ella—. Ganaste los quilates más grandes estando casada y teniendo
que aguantar su mierda.
Me río. —¡Maldijiste!
Ella se sonroja. —Sí, lo siento. A veces me pongo nerviosa. Y
siempre ha habido algo en ti que me hace sentir libre de decir lo
que quiero.
—¡Ha!
—Él todavía te ama, sabes. —Ella me mira de reojo, con un
ligero brillo en sus ojos—. Mira, ahí va de nuevo...
—¿Woods? —pregunto sorprendida.
—¿Quién más, tonta? No puede apartar sus ojos de ti.
Sigo la mirada de Annalise hasta donde están Woods y Perla, y
es cierto que sus ojos están fijos en mí. Me emociona y me
mortifica a la vez: él está con Perla y me mira tan descaradamente.
—Es un tramposo —digo—. Tal vez esté aburrido de Perla y
recuerde lo flexible que soy.
Annalise suelta una carcajada que atrae la atención de varios
transeúntes. Se cubre los labios rojo rubí con una mano y me mira
con sorpresa. Me río porque sus ojos ya son tan grandes.
—Sabes que no todo hombre que engaña es un tramposo.
—¿Qué carajo, Annalise? —digo—. ¿Leíste eso en el manual de
Positive Southerner26?
Me golpea juguetonamente en el brazo. —Es lo mismo para las
mujeres. Y no mentiría si dijera que cuando estaba enojada con
Ned cuando trabajaba todo el tiempo, no consideré buscarme un
chico de veintidós años con un paquete de seis.

26Sureño positivo.
—¿De cerveza o músculo?
—Chica, no seas tonta. Cerveza.
Niego con la cabeza. Dondequiera que vaya, las mujeres tienen
Página | 109
diferentes opiniones sobre los engaños y sobre cómo deben
tratarse. Tengo la sensación de que Annalise lo escondería bajo la
alfombra siempre que Ned le comprara una chuchería nueva.
—En serio, Billie. Woods siempre te miraba como si fueras un
vaso frío de algo sobre lo que quería poner su boca. Estabas
demasiado ocupada para darte cuenta.
Me desinflo inmediatamente. Ella no está diciendo nada que yo
no haya pensado. Tengo una tendencia a tener una visión de
túnel, y en ese entonces me enfocaba únicamente en Rhubarb,
también conocido como yo misma.
—Va a coquetear contigo esta noche —dice ella—. Marca mis
palabras. En esos pantalones de sexo líquido tuyos. Verás. Si
menciona los pantalones, sabrás que está pensando en ellos.
Abro la boca para decir algo, pero la expresión de Annalise
cambia.
—Shh-shhh. —Annalise agarra mi brazo y aprieta. Observo
fascinada cómo sus rasgos se reorganizan para parecerse a una
mujer completamente diferente. Perla y Woods caminan hacia
nosotros. Woods, me doy cuenta, me está mirando fijamente.
Annalise los saluda primero con su acento sureño, que es más
pesado que hace cinco segundos. Me estoy preparando para que
ella "bendiga sus corazones", lo que me hace reír nerviosamente.
—Hola a todos. Me alegro de que hayas decidido salir este año.
Me preguntaba cuándo volvería a verte. —Estoy sumamente
agradecida por ella en este momento, por la facilidad con la que se
desliza a través de la incómoda situación.
Perla está tratando de actuar con normalidad, pero veo la
forma en que me mira cuando no estoy mirando, catalogando mi
cabello, mi atuendo, mi comportamiento. La conozco lo suficiente
como para saber que cuando se siente insegura, sus ojos se
agrandan aún más de lo normal y deja de hacer contacto visual.
Charlamos sobre la blogósfera durante unos minutos y me ponen
al día con algunos de los dramas: los blogueros que han vendido,
los que están ganando el doble de lo que solían ganar. Mientras
Pearl y Annalise se separan en su propia conversación, Woods se
vuelve hacia mí.
—Tus pantalones —dice.

Página | 110
Mi boca quiere abrirse, pero la mantengo con aire de
suficiencia; una mueca indiferente.
—¿La forma en que lucen puestos o quitándolos? —pregunto.
Ahora le toca a él parecer sorprendido.
—Supongo que una cosa lleva a la otra…
No puedo evitar reírme. Sigue siendo el mismo Woods
encantador y coqueto.
Perla está luchando por mantenerse concentrada en lo que dice
Annalise mientras también intenta escucharnos a escondidas.
Recuerdo esto sobre ella de los viejos tiempos: íbamos a un evento
y ella regresaba con chismes de casi todos los que estaban allí.
—¿Cómo sabes todo eso? —Le preguntaba.
—Siempre estoy involucrada en cinco conversaciones a la vez,
incluso si la gente no sabe que lo estoy.
Me pregunto si Woods conoce este pequeño detalle sobre su
futura esposa.
—¿Estarás alrededor está noche para tomar una copa? —
pregunta en voz baja.
Levanto las cejas con sorpresa. ¿Realmente me está pidiendo
que tome una copa con su prometida allí mismo? ¿Soy yo o todo su
cuerpo se pone rígido?
Me lamo los labios antes de hablar, tratando de ganar tiempo
para formular una buena respuesta. —Yo... eh... no. Estoy
tomando unas copas con Annalise y un par de chicas.
Su decepción es aceptable. —¿Dónde?
Miro a Perla. —¿Me estás jodiendo ahora mismo, Woods? —
Siseo.
—¿Dónde?— pregunta de nuevo.
Yo suspiro. —El ViableVine. ¿Woods…?
—Silencio —dice—. No estaba pidiendo permiso.
Su voz es baja, pero hay algo en sus ojos que me hace mover la
cabeza con un breve asentimiento.

Página | 111
Soy bastante buena leyendo a mi ex marido. Dos años han
hecho poco para cambiar las ligeras señales de su lenguaje
corporal. Y por la mirada en sus ojos, el leve fruncimiento de sus
labios carnosos como si acabara de lamer un limón, sé que algo
está pasando. No puedo usarlo en mi beneficio si no sé qué es.

E
n el almuerzo, Rhubarb comparte mesa con Chic Creek 27
(lo llamamos Shit Creek28para reír). Todos nos reunimos
alrededor de la mesa, sosteniendo nuestros cócteles y
haciendo preguntas amables. Cuando nos dicen que se servirá el
almuerzo, nos sentamos y de alguna manera termino entre Woods
y Courtney, la fundadora y chica principal de Shit Creek. Courtney
solía parecerse a la chica de al lado, pero Shit Creek hizo un
montón de dinero y ahora parece una mujer que ha hecho un
montón de dinero y se lo ha puesto todo en la cara. Tiene lápiz
labial en los dientes cuando me sonríe.
—¿Regresaste tan pronto? —Tiene un acento country incluso
más fuerte que el de Annalise. Me estremezco, pero a mitad de
camino trato de redirigirlo y termino temblando como si tuviera un
maldito tic.
—No creo que dos años sea pronto. —digo.
—Bueno, pensé que te asentarías en el PNW29. Encuentra un
leñador y ten algunos bebés…
Perla, que está escuchando desde el otro lado de la mesa,
dice—: No seas tonta, Court, su tipo de chicos es Woods. Que
definitivamente no es un leñador.
¿Court? Por supuesto que ahora son amigas. Perla se va a
casar con Woods, lo que le da una invitación al club de esposas

27Riachuelo Elegante.
28Riachuelo de mierda.
29PNW es un acrónimo para Pacific Northwest (Noreste del Pacífico), que incluye
Oregon, Washington, Idaho, y British Columbia en Canada.
blogueras. Recuerdo claramente que se quejaba de que Courtney
la rechazó hace unos años. Ella sugirió hacer un libro de
quemaduras, al estilo de Mean Girls, 30 y presentando a Court.
Han planeado esto, veo el intercambio que hacen con sus ojos.
Página | 112
—Creo que todas tenemos el mismo gusto por los hombres, en
realidad —digo. Miro a Courtney inocentemente—. ¿Recuerdas
cuando hiciste un pase a Woods cuando te ibas a divorciar?
La regla es que puedes ser tan malo como quieras sin ser
directo. Cortar, pero con azúcar en polvo. Cuando aparece alguien
como yo blandiendo la verdad como un cuchillo, todos se levantan
en armas. Hay un silencio de asombro alrededor de la mesa.
Woods parece que necesita otro trago. Perla mira hacia otro lado,
con una mirada de disgusto en su rostro.
—Estoy segura de que estás equivocada. —Courtney sonríe con
fuerza—. Siempre parecías pensar que Woods te estaba engañando.
Honestamente, es probablemente tu inseguridad lo que lo alejó.
Yo jadeo. Abro la boca y la palma al mismo tiempo. Estoy a
punto de darle a Shit Creek Courtney un latigazo con la lengua y la
mano cuando escucho la voz de Satcher detrás de mí.
—Lo siento, llego tarde. Billie, hay un problema en la oficina.
¿Puedo robarte un minuto?
Cuando me doy la vuelta, me sonríe sin darse cuenta. Cada
mujer en la mesa agita sus pestañas hacia él. Estoy molesta. La
mierda estaba a punto de caer y ahora Satcher me está alejando.
Echo mi silla hacia atrás y, disculpándome, tomo mi bebida de la
mesa para seguir a Satcher fuera del salón de banquetes y a través
de las puertas abiertas del patio.
—¿Estás bien, Billie?
—¿Wendy está bien? Diablos, no. ¿Soy solo yo o el nivel de
perra estaba alto allí?
—Ehhh... —Se rasca la parte posterior de la cabeza, mirándome
con los ojos entrecerrados—. Fue lo que era de esperarse.
Lo rodeo. —¿Eres el Equipo Perla ahora?

30 Chicas pesadas.
—Estoy en tu equipo; por eso estoy aquí. Te fuiste por un largo
tiempo. Perla ha trabajado duro por esa relación.
—Sí, bueno, nunca tuve la lealtad de Courtney de todos modos.
Perra.
Página | 113
—Por lo que escuché, eras igual de perra.
—¿De qué lado estás? —Tengo que dejar mi bebida para poner
mis manos en mis caderas. Satcher me mira divertido.
—Escúchate a ti misma. Hace unos años nadie se metía contigo,
¿sabes por qué?
Niego con la cabeza.
—Porque no te involucrabas con los mezquinos. Eras la reina y
nunca te rebajaste a su nivel.
El tiene razón. Yo era una reina gordita, pero aún así la reina.
—Bueno, la reina ha atravesado tiempos difíciles. Y ahora estoy
aquí para jugar a la perra.
Satcher pone los ojos en blanco. Poner los ojos en blanco es
algo a lo que normalmente no se inclina, así que ahora me siento
más infantil.
—Eres hipersensible y crees que todo el mundo quiere
atraparte.
—Lo hacen.
—Exactamente.
Cruzo mis brazos sobre mi pecho, mirándolo de cerca por
primera vez. Huele como un balde de billetes de cien dólares
empapados en madera de cedro y whisky. Realmente lleva un
chaleco azul marino debajo de su chaqueta a medida. Entiendo el
alboroto, lo hago, pero él me está molestando con su actitud de
jovialidad.
—Nada me sale bien.
—¿Nada… realmente? ¿Woods lo abarca todo? Porque puedo
pensar en muchas cosas que funcionan para ti cuando realmente
lo intentas.
Ahora está mirando el agua, con los codos apoyados en la
barandilla. No hay rastro de los hoyuelos; está frustrado conmigo.
Tal vez estoy siendo una mocosa. Tal vez. Me muevo para pararme
a su lado, ambos admiramos el agua en silencio.
—Mi vaso está casi vacío —digo, levantándolo—. Literal y
figurativamente.
Página | 114
Eso me consigue media sonrisa, un destello de hoyuelo.
—Odio decir esto, Billie, pero todo este asunto de “sentir lástima
por ti misma” se está volviendo viejo…
Pongo los ojos en blanco. Solo Satcher podía decirme algo así
sin que yo me enojara. Todavía hago pucheros.
—Tu matrimonio terminó. Muchos matrimonios terminan por
culpa de un imbécil infiel…
Me encojo de hombros.
—Has tenido tu tiempo para llorar, te lo mereces después de lo
que pasó. Pero ahora estás de regreso y es hora de vivir. Si no
vives ahora, ¿cuándo?
—No recuerdo cómo —lo admito. Me avergüenza lo
malhumorada que suena mi voz—. Vivir después de un corazón
roto no es como andar en bicicleta. Realmente olvidas cómo
hacerlo.
—Respeto eso. Pero es vida o muerte, ¿no? Y eres demasiado
rencorosa para dejar que Perla y Woods te maten.
Satcher se frota la cara con las manos. Luce cansado. Soy
una mala amiga. Él es hermoso. Es el mejor amigo de mi ex
marido, pero es hermoso.
—¿Estás bien? —pregunto. Sé por experiencia que a menudo
confundimos a las personas que tienen todo junto con “felices y
emocionalmente saludables”, cuando todo es un disfraz.
Todavía está apoyado contra la barandilla, pero gira la cabeza
para estudiarme como si estuviera realmente sorprendido de lo que
estoy preguntando. Tomo nota mental de no ser tan egocéntrica
todo el tiempo.
—Dime —le insto.
Duda por un momento y luego dice—: Encontraron una masa
en el pecho derecho de mi madre. Hoy se entera de los resultados
de su biopsia.
—Y no estás allí... —Asiento con la cabeza en comprensión.
Satcher es un hombre de familia. Todavía no tiene una propia,
pero recuerdo lo cercano que solía ser con sus hermanas.

Página | 115
—Sí... —dice rotundamente.
No estoy segura de qué hacer. No quiero decirle que lo siento
aunque lo estoy; se siente como una palabra débil.
—Ve.
—¿Qué?
—Ve a Nueva York. Vete a casa y quédate con ella. No deberías
estar aquí.
Parece sorprendido por mi sugerencia y me pregunto si siquiera
lo consideró o si se sintió obligado a estar aquí.
—Este es mi negocio. Yo debería…
Agarro sus dos manos y lo obligo a mirarme. —Puede que sea
tu negocio, pero es mi blog —lo interrumpo—. Me encargaré de todo
como si todavía me perteneciera. Promesa.
Frunce los labios. Estamos uno frente al otro, tomados de la
mano. Me imagino que debemos parecer una pareja pasando un
momento romántico en la terraza.
—¿Estás segura? —La frente de Satcher está arrugada y, sin
pensarlo, levanto la mano para alisarla, pensando en el día en que
me vio en la calle y vino corriendo detrás de mí para ofrecerme un
trabajo. Siempre aparece cuando necesito ayuda.
—Estoy cien por ciento segura. —Me siento hinchada por esto…
bien. Poder hacer algo por el hombre que siempre está haciendo
algo por mí.
Lo que hago a continuación lo culpo al champán.
Inclinándome de puntillas, apunto a su boca. Para cuando veo
la mirada en sus ojos, es demasiado tarde. Gira la cabeza y mi
boca se encuentra con la barba incipiente en su mejilla,
sobresaltando mis labios. Es un fuerte rechazo y doy un paso atrás
de inmediato. Veo la compasión en el rostro de Satcher y de repente
estoy sobria. Aparto la mirada rápidamente. Junto con lo que pasó
por dentro, me siento patética. Una tonta.
Con la vergüenza quemándome la garganta, toco la mano de
Satcher, que aún descansa sobre la barandilla. —Lo siento mucho,
Satch. Vete a casa, ¿de acuerdo?
Y luego hago la única cosa respetable que me queda por hacer:
Página | 116 corro.

No sé si estoy huyendo de Satcher, mi vergüenza, Woods y


Perla, o de mi misma, bajando las escaleras que conducen al paseo
marítimo, mirando mi reloj mientras me dirijo hacia el muelle. El
almuerzo solo se terminará. No necesito estar en ningún lado por
unas horas más, lo que me da algo de tiempo para lamer mis
heridas y recomponerme.
Ugh, Billie.
Mi odio a mí misma se acelera a toda marcha mientras esquivo
a los turistas, lamiendo mis labios donde se acumula la sal de mis
lágrimas. Realmente patético. Y lo peor es que tengo hambre.
Ojalá hubiera sido una idiota después de comer. Miro a mí
alrededor en busca de algo de comer y veo un puesto de perritos
calientes y un carrito de helados uno al lado del otro. Me detengo
en las salchichas por un minuto y luego doy la vuelta al carrito
para unirme a la línea de helados. Si no puedo estar en casa con
una pinta de Ben & Jerry's31, comeré todas las primicias que me
den aquí.

M
i plan es caminar de regreso al hotel, pero diez
minutos después de caminar me doy cuenta de que
no tengo ni idea de dónde estoy. Me fusiono con los
turistas que buscan un punto de referencia que reconozco cuando
escucho que me están llamando por mi nombre. Satcher se detiene
a mi lado en lo que supongo que es un auto de alquiler. Bajando la
ventanilla, vuelve a llamar mi nombre.
—¡Billie! —y cuando no respondo dice—: ¡Wendy!
—Estoy bien, Satcher —le digo sin mirarlo—. Solo necesito algo
de tiempo...
Sigo caminando y él conduce lentamente a mi lado. Los autos
se detienen detrás de él y tocan la bocina, pero Satcher no les

31Marca de helados.
presta atención incluso cuando aceleran a su alrededor, gritando
por la ventana.
—Déjame llevarte de regreso al hotel. —Hay una avalancha de
tráfico mientras los autos pasan, y no escucho el resto de lo que
Página | 117 dice.

—No. Estoy bien —digo de nuevo. Una ráfaga de viento levanta


mi cabello y lo azota contra mi helado.
—Estas molesta…
No, estoy avergonzada. Levanto un poco la barbilla y aprieto
los labios. Ojalá me dejara en paz, me dejara para mi vergüenza.
—Si hiciera lo que querías que hiciera, sería como él —dice
Satcher.
Me toma un minuto en darme cuenta de quién es él. Me siento
mareada y enferma; Me estoy derrumbando de un zumbido
bastante bueno.
—Ugh —es mi única respuesta. No había considerado a Willa
en todo esto. Willa y su cuerpo perfecto. Willa y su rostro
simétrico. Supongo que fue egoísta de mi parte, que la chica con la
que estaba saliendo ni siquiera me vino a la mente cuando intenté
besar borracha a su novio.
—Billie…
—Es Wendy —Muerdo de vuelta—. Wen-dy.
—¿Dejarás ya esta maldita mierda de Wendy?
Su tono me sorprende tanto que dejo de caminar y me quedo
mirando. La luz ha cambiado de nuevo y hay una nueva ronda de
bocinazos cuando Satcher bloquea todo un carril de tráfico.
—¿Por qué?
—Porque no te conviertes en una persona diferente cambiando
tú nombre. Sigues siendo la misma mujer rencorosa, infantil y
ridícula que eras.
—Bien —escupo. De todos modos, estoy harta de Wendy,
siempre tan jodidamente junta. Lanzo mi cono de helado a su auto
y se conecta con un golpe húmedo.
—En serio, Billie? —Sacude la cabeza, con una expresión de
total desconcierto en su rostro.
—¡Wendy era la madura!

Página | 118
Acelera y yo miro con nostalgia el charco de menta con chispas
de chocolate que se derrite.
17
Traducido por: Lucia BJ
Página | 119 Corregido por: -Patty

E
stoy sombría esa noche en El ViableVine, mi pelea con
Satcher pende fuertemente de mi corazón. Escojo los
aperitivos que piden y solo escucho a medias su
conversación. Somos cinco, Courtney, quien dice que no bebe pero
que siempre lleva una botella de agua que sospeché desde hace
mucho tiempo que es vodka. Las chicas se están riendo, ya están
tomando su tercer trago y se están volviendo descuidadas. Estoy
jugando con la base de mi vaso, mi Lemon drop tibio, y me
pregunto si Woods realmente va a aparecer. He tenido dolor de
cabeza durante la mayor parte de las cuatro horas, uno que siento
que merezco, que es probablemente la razón por la que no he
tomado el Tylenol32 en mi bolso. A las nueve y media se ponen de
pie y me miran expectantes.
—Billie —dice Annalise—. Tierra a Billie…
—¿Qué? Oh. Lo siento.
—Nos dirigimos de regreso al hotel, ¿vienes?
—Voy a quedarme por un poco. Sigue adelante.
Annalise parece insegura, pero luego su teléfono comienza a
sonar y sale con él pegado a su oído, saludándome. Tiro mi lemon
drop y pido otra. Me estoy preparando para cerrar la cuenta y salir
cuando Woods entra tranquilamente. Ya ha llamado y me doy
cuenta de que debe haber salido con Perla antes de esto. ¿A dónde
le dijo que iba? Seguramente no para reunirse conmigo.
—Oye. —Se desliza en el asiento que Annalise había ocupado no
hace treinta minutos.
—Oye, tú.

32Marca de pastillas.
Toma un sorbo de mi lemon drop. —Como caramelos. —Él
sonríe.
—Entonces —digo casualmente—. ¿Qué pasa?

Página | 120
—¿Qué quieres decir?
Yo lo miro. —Dijiste que necesitabas hablar conmigo sobre
algo.
—Oh, cierto —dice. —Vamos a relajarnos por un minuto.
Relajarnos. Olvidé que solía decir cosas como: Relajarnos. Es
doloroso recordar cosas buenas de la persona que te rompió el
corazón. Es mejor recordar las cosas que odiabas, aunque solo sea
para mantener la ira más fuerte que la tristeza. Pregunta cómo
están mis padres y si salí con alguien mientras estuve en
Washington. Le hablo de Keith Gus.
—¿Saliste con un tipo llamado Keith Gus? Whoa. Cuéntame la
parte del llanto otra vez…
Pongo los ojos en blanco. —Solía sollozar cuando los
Seahawks 33 perdían. Una vez estaba tan deprimida que vagó
borracho por el bosque en bóxers y no salió hasta la mañana
siguiente.
—¿Y dónde estaban sus boxers?
—Oh, Dios mío, Woods. —No puedo evitar sonreír—. Se habían
ido.
Se dobla por la cintura y se ríe con tanta fuerza. Cuando
vuelve a subir, hay un rizo colgando sobre su ojo y tengo que evitar
tocarlo.
—Vaya —dice—. Olvidé lo divertida que eres. —Sus ojos brillan
cálidos como la miel.
—Estas borracho. —Niego con la cabeza, presionando mi
sonrisa en una sonrisa tensa y de desaprobación.
—Keith Gus... —Él niega con la cabeza.
Entonces digo—: Tú y Perla...

33Los Seattle Seahawks son un equipo de fútbol americano profesional con sede en Seattle.
Saca su paquete de Juicy Fruit y me ofrece uno. —Tuve que ir
y matar el estado de ánimo…
—Eso no es feliz en el lenguaje del amor —le digo—. ¿Qué pasa?

Página | 121
Woods hace una mueca. —Ella no está feliz de que hayas
vuelto.
—No me lo imagino.
Se frota la frente. —Quiere que hable con Satcher. Que le pida
que te deje irte.
El calor sube a mi cara y siento una opresión en mi pecho. —
¿Estás bromeando? El Rhubarb es mi… mi...—
—...Era —dice Woods—. Era tuyo. Tú lo vendiste.
—Solo lo vendí porque me engañaste. Tú y yo sabemos que
nunca me habría ido si no hubiera tenido que hacerlo. —Estoy
prácticamente de pie ahora, lista para salir corriendo.
Levanta las manos en señal de rendición. —No tenías que irte.
Te quité tu confianza, no tu negocio.
Estoy tan enojada que mi visión se vuelve borrosa. —¿Tienes
alguna idea de lo que eso me hizo? Tu solo quitaste la alfombra de
debajo de mi. No tenía ni idea de que hubiera algo mal entre
nosotros.
—Eso es exactamente correcto, Billie. Porque estabas
demasiado ocupada para darte cuenta.
—No vas a poner esto sobre mi —me enfurezco.
Pero a pesar de mi enojo, una punzada familiar de culpa me
atraviesa. Algo que ya he considerado. Algo que probablemente les
dijo a nuestros amigos y familiares. Siempre trabajando… esposa
negligente... no quiere formar una familia. Obsesionada con su
carrera. Quito mi agarre de la mesa.
—Puedes decirle a Perla que no voy a ir a ninguna parte —le
digo. Hago una pausa, una mentira gestando en mi mente—. Estoy
follando con Satcher, no me va a despedir.
Disfruto la forma en que el impacto lo golpea, llena sus ojos
primero con incredulidad y luego con ira. Es tan satisfactorio que
desearía haberlo grabado en la cámara de mi teléfono para poder
verlo una y otra vez. Empiezo a marchar hacia la puerta y luego
recuerdo mi lemon drop, la que acaba de llegar a la mesa. Vuelvo
en círculo a la mesa y lo bebo en tres grandes tragos con Woods
mirando.
—Gracias por las bebidas —le digo.
Página | 122

V
oy directamente a la habitación de Satcher cuando
vuelvo al hotel. Abre la puerta a mi quinto golpe,
vistiendo solo pantalones Jersey de pijama. Lo miro,
lo hago. Su pecho es la octava maravilla del mundo.
—Tenemos que tener sexo —le digo, empujándolo hacia la
habitación.
—¿Qué, qué?
—Hace mucho frío aquí. —Me detengo en el termostato y veo
que lo ha puesto en sesenta.
—Me gusta el frio.
Me acerco a la ventana frotándome los brazos.
—Woods se reunió conmigo para tomar algo. Me dijo que Perla
quiere que me vaya. Se supone que debe hablar contigo sobre eso.
Satcher frunce el ceño. —Ah. Entonces, ¿por qué tendremos
sexo?
—Le dije a Woods que estábamos jodiendo y que no podían
despedirme.
Aún sosteniendo la puerta abierta, Satcher la cierra. Se toma
un momento para cerrar los ojos y suspirar. —Billie…
—Lo sé, lo sé. Lo siento, ¿de acuerdo? No quería que pensara
que podía convencerte.
—¿Y qué te hace pensar que podría?
Frunzo los labios y tiro incómodamente del cuello de mi
camisa. —¿Podría?
—No.
—¿Podemos decir entonces que estamos durmiendo juntos?
Inclina la cabeza hacia atrás y mira al techo con los ojos
entrecerrados. —¿De verdad me estás preguntando eso?
—Absolutamente. Cien por ciento.
El aleteo de una sonrisa. Satcher está divirtiéndose.
—No se lo diremos a tu novia —le digo—. Será estrictamente
Página | 123
una mentira de oficina.
—¿Y dime qué consigue exactamente esta mentira tuya?
Me siento en el borde de la cama. —Me quitará a Perla de la
espalda. No te va a sugerir que despidas a tu novia.
—¿Mi novia? —Tiene las manos en las caderas—. Pensé que
solo estábamos jodiendo en este escenario tuyo.
Me muerdo el labio mientras pienso. —Sí, pero será más eficaz
si estamos juntos–juntos.
Camino de un lado a otro entre la cama y la cómoda. Suspiro
por la expresión de dolor que tiene. ¿Es realmente tan terrible
pretender estar conmigo? No soy modelo de traje de baño
brasileño, pero tampoco soy precisamente fea.
—O simplemente podría decir que no cuando Woods lo
mencione...
—La mitad del personal es amigo de Perla. Los va a usar en mi
contra. Pero si creen que soy tu novia, se retirarán.
—Quieres poner celoso a Woods —dice.
—Eso también.
Satcher suspira; es un suspiro profundo y cansado, y de
inmediato me siento culpable.
—Oh Dios. Lo estoy haciendo de nuevo. Lo siento…
Me dirijo a la puerta. Dios mío, ¿en qué me estoy convirtiendo?
Usando a Satcher para mí beneficio.
Me agarra por la cintura mientras trato de pasar. Manos
cálidas rozan mi piel. Mi cara está caliente de vergüenza. Estoy
avergonzada de mí misma, avergonzada de lo que esto le está
haciendo a mi cerebro. Me cubro la cara con las manos para que
no pueda mirarme, pero Satcher las aparta con suavidad. No me
suelta y, sosteniendo mis dedos entre los suyos, me obliga a
mirarlo.
—Estás sufriendo.
—No —digo—. Estoy bien.
—Te conozco, Billie…
Página | 124 Quiero preguntarle cómo me conoce cuando ni yo misma me
conozco.
—No es así —le digo—. Cualquier cosa que crees que sabes que
está mal. No soy la misma persona que solía ser.
—Espero que no —dice.
Mi cabeza se levanta y busco el significado en sus ojos.
—No estamos destinados a permanecer igual. La vida nos
golpea en todas direcciones, y construimos piel gruesa en esos
lugares… callosos. Es la forma en que sobrevivimos.
—No tengo un callo todavía —espeto—. En ese lugar... donde
estaba mi matrimonio.
Miro hacia otro lado para que no pueda ver el agua salada
acumulada, lista para derramarse y hacerme parecer débil.
—No, no lo tienes.
Yo lo miro. Está tan… completo. Y yo no. En comparación, es
completamente diferente a Woods, que es grande y robusto y tiene
ojos de cachorro. Satcher es cincelado y sereno y sus ojos son
traviesos. Pero siempre ha habido un elemento en Satcher que lo
coloca en una liga propia.
—Siempre me has intimidado —le digo.
—¿Qué? —Se ríe, una risa breve y desconcertada, como si no
pudiera imaginarse por qué.
—Siempre has parecido mayor que el resto de nosotros. Más
maduro. Tengo treinta años, y todavía me siento como una niña
cuando estoy contigo.
—No sé cómo me siento al respecto. —Frunce el ceño y ahora
me río.
—Nos estábamos tirando a la basura y faltando a clases
mientras tú ya estabas trabajando en tu maestría. Cuando nos
mudamos a nuestro primer apartamento, ya estabas comprando
tu primera empresa. Nos casamos; hiciste tu primer millón. Ni
siquiera sé por qué pasabas el rato con nosotros, siempre estabas
en un nivel diferente.
—Vamos... —Sus hoyuelos están afuera mientras niega con la
cabeza hacia mí. Siempre que sus hoyuelos se muestran, tengo
Página | 125 que apartar la mirada u observar—. ¿Recuerdas el parque
acuático?
Me río. ¿Como podría olvidarlo? Había estado saliendo con
Woods un poco más de nueve meses y las cosas empezaban a
ponerse serias. Seis de nosotros decidimos que necesitábamos un
poco de diversión bien merecida, de ahí el parque acuático.
Satcher acababa de ser aceptado en su programa de maestría y
estábamos celebrando. El día era brillante y también nuestro
estado de ánimo. Satcher metió de contrabando una botella de
vodka barato que pasamos alrededor, de esos que te golpean con
fuerza en la garganta y te dan arcadas. Mis recuerdos son
borrosos: recuerdo haber tenido tres tragos frente a los seis de
Satcher. Recuerdo estar en la fila para el gran tobogán, bromeando
con él sobre su falta de bronceado, cuando sus ojos de repente se
quedaron en blanco. Había abierto la boca, su respuesta lista,
cuando me miró y dijo: "No me siento bien". Lo siguiente que supe
fue que estaba cayendo hacia atrás, con la cara pálida. El
salvavidas llamó a la ambulancia y todos nos quedamos con los
ojos muy abiertos hasta que vinieron a buscarlo y lo subieron a
una camilla. Satcher pasó una noche en el hospital por
deshidratación y agotamiento. No teníamos idea de que algo
andaba mal, que estaba sobrecargado de trabajo o de otra
manera... porque Satcher siempre tenía sus cosas juntas.
Demuestra que nunca se puede saber quién está luchando o no.
—Eso no fue tu culpa —le digo—. Te hicimos beber demasiado y
tenías mucho en tu plato
—Según recuerdo, fui yo quien trajo el vodka. Estás olvidando
que fui tan imprudente como el resto de ustedes. Solo era
ambicioso en mi tiempo libre.
—Atenuación.
Se encoge de hombros.
—Nos salimos del camino. Siempre haces eso: diriges la
conversación en una dirección diferente cuando te sientes
incómodo.
Extiende la mano y sostiene la parte superior de mis brazos en
sus manos, apretándolos un poco, y yo lo miro a la cara.
—Vas a resolver esto.

Página | 126
—¿Cómo lo sabes? —pregunto.
—Porque quieres ser feliz. Puede que aún no lo sepas, pero es
por eso que regresaste.
—Regresé para vengarme —digo rotundamente.
—Sí, porque crees que eso te hará feliz.
No tengo nada que decir al respecto. Supongo que podría tener
razón. Me muerdo el labio y cierro los ojos con fuerza.
—Buenas noches, Satch. Viaje seguro a casa, ¿no? Déjame
saber cómo está tu mamá. —Me dirijo a la puerta y esta vez no me
detiene.
18
Traducido por: Lucia BJ
Página | 127 Corregido por: -Patty

F
*ck Marriage se lanza el lunes después de que
regresamos. Mi primera publicación es la más honesta
que he escrito, y por esa razón, me encierro en mi oficina,
apago las luces y bebo media botella de vino para el desayuno.
Estoy sentada en la oscuridad cuando Loren entra en mi oficina
haciendo un twerk de victoria. Intento esconder la botella debajo
de mi escritorio, pero ella señala que mis dientes están manchados
de rojo.
—¿Qué quieres decir con que no has verificado? —Su rostro es
incrédulo mientras vierte un poco de mi vino en su propia copa.
—Tengo miedo —lo admito.
Da la vuelta a mi escritorio y se inclina sobre mí para encender
mi monitor. Puedo oler su champú, su cabello todavía húmedo por
la ducha matutina. Aprieto los ojos cerrados mientras ella mueve
mi ratón, haciendo que la pantalla cobre vida.
—Mira —ordena.
Abro un ojo y luego el otro.
—Tres mil comentarios, Billie. Tres mil.
Mi mandíbula cae.
—Ellos. Están. Amándolo.
La aparto de un empujón para poder ver la pantalla.
—Mira. —Señala uno de los comentarios.
Esto es increíblemente valiente. ¿Por qué no tenemos más blogs
como este? La vida no es perfecta y nos tenemos el dolor para
conquistar. ¡Gracias, Billie!
—¡Has publicado bajo Billie! —dice, sorprendida.
Me muevo incómoda en mi asiento, recordando la pelea que
tuve con Satcher en una calle pública. —Sí, supongo que volveré a
eso.
Loren me abraza. —Estoy tan feliz. Verdaderamente.
Página | 128
Leímos el resto de los comentarios, y cuando ella deja mi
oficina, ambas tenemos los dientes rojos, y estoy emocionada de
que no tiene nada que ver con el vino que bebí. Me inclino sobre
mi escritorio enterrando mi cabeza en mis brazos. Funcionó.
Realmente funcionó.
No he visto a Satcher desde que regresamos. Me envió un
mensaje de texto después de llegar a casa diciendo que el bulto en
el pecho de su madre era cáncer. Lo habían detectado a tiempo y
ella había elegido someterse a una mastectomía doble en lugar de
simplemente extirpar el cáncer.
Su plan es trabajar desde la casa de sus padres hasta que ella
se recupere. Pero envía un ramo enorme a la oficina para
felicitarme por el éxito de mi nueva columna. Estoy zumbando
como una abeja drogada con polen cuando Woods entra.
—¿Qué diablos, Billie? —Cierra la puerta detrás de él y me
preparo para luchar.
Sabía que a Woods no le gustaría lo que tenía que decir, pero la
verdad es la verdad, después de todo. Si él no quería que escribiera
sobre eso, no debería haberlo hecho. Simple como eso.
Yo suspiro. —¿Qué diablos de verdad?
—Esa es nuestra historia personal. ¿Cómo pudiste ventilar así
nuestra ropa sucia? —Señala con un dedo la computadora y luego
me observa con una mirada particularmente desagradable.
Puedo ver la vena saliendo a un lado de su frente. Estoy
familiarizada con esa vena. Solía aparecer cuando teníamos una
mala pelea.
—No, Woods, nuestra historia personal dejó de existir después
de que abandonaste nuestro matrimonio. Entonces se convirtió en
mi historia. Mi historia posterior al divorcio. Y es mía para
contarla. —Me siento tan quieta como puedo, con las manos
apoyadas en los reposabrazos de mi silla. No quiero decirle que me
está agotando. Como su vena.
—Mierda, Billie…
—Si no quieres que tu ropa sucia se ventile, vive una vida de la
que no te avergüences —le digo, poniéndome de pie. Me acerco a la
puerta y la mantengo abierta para él—. Ahora, por favor. Tengo
Página | 129 mucho trabajo que hacer.

Se ve furioso mientras se dirige hacia la puerta, sus ojos


taladrándome como si tuviera mucho más que decir.
—Woods... —lo llamo y se detiene, pero no se da la vuelta—.
Léelo de nuevo. Y léelo como si Perla no estuviera enojada y
respirando en tu cuello. —Cierro la puerta antes de que pueda
responder.
La publicación se vuelve viral en Facebook y el seguimiento de
Rhubarb se duplica de la noche a la mañana. Perla se toma un día
por enfermedad y Satcher me da un aumento. Cada vez que yo
salgo de mi oficina, el Equipo Perla me fulmina con la mirada y el
Equipo Billie me choca los cinco. La vida es rara.

F*ck Marriage.
Tengo que decirte algo real. Te he dicho cosas que no son reales;
de hecho, te he dicho mentiras flagrantes: que cierta marca de
pantalones de yoga puede cambiar tu vida, que la receta perfecta
puede hacer feliz a tu hombre, que si usas la crema hidratante
adecuada (a $94.00 la botella) siempre te sentirás hermosa y joven.
He escrito blogs sobre la necesidad de los ejercicios de Kegel (¡serás
una diosa sexual si sigues estas cinco reglas!), Y te he dicho en
términos inequívocos sobre el poder del pensamiento positivo (¡Si
quieres tener éxito, cree desde ya que lo eres!).
Contabas conmigo y yo entregué aceite de serpiente; un
ungüento tópico para heridas profundas.
Perdóname
Mi marido me dejó por otra mujer. Aquí está la cosa: pensé que
nunca podría suceder. Pensé que teníamos un vínculo y nuestro
compromiso era impenetrable. Que de alguna manera los votos que
hicimos eran un hechizo mágico que alejaría la realidad. Imagínense
mi sorpresa cuando me di cuenta de que los pantalones de yoga me
fallaron y el lomo de ternera perfecto con el glaseado de vino tinto no
pudo salvar mi matrimonio. Incluso mi piel joven y húmeda (a
$94.00 dólares la botella) no podía mantener sus ojos pegados
solamente a mi cara.
La distancia entre nosotros tomó un tiempo, y sería injusto dejar
la carga de nuestro fracaso únicamente en él. Estaba demasiado
Página | 130 ocupada para darme cuenta de las cosas que amontonaba entre
nosotros: mi éxito, mi negocio, mi cansancio, mis excusas. De vez en
cuando me daba cuenta de que las pequeñas cosas no me hacían
sonreír. O que su presencia me hacía sentir culpable y molesta más
que feliz. Usé mis nuevos sentimientos hacia él y hacia mí como un
muro; era un muro de culpa subconsciente.
Entraba en una habitación y yo pensaba: ¿Qué quieres de mí
ahora? ¿Por qué no puedes resolver esto por tu cuenta? ¿Por qué
sigues dándome miradas heridas?
Es un pedazo de mierda por hacer lo que hizo. No le estoy
poniendo excusas. Pero me niego a ver la caída de mi matrimonio a
través de la lente del narcisismo. Dicen que el amor es un campo de
batalla, pero yo no fui una guerrera. Yo era una romántica suave;
mi armadura era un culo firme y una cara llena de maquillaje.
Armadura tonta para una niña tonta. La guerra por el amor se libra
diciendo: eres el que quiero, eres el que necesito, eres el que lucharé
por conservar.
Ninguno de los dos luchó
Cuando te engañan, construyes una casa a tu alrededor. La
construyes fuerte. Las paredes están hechas de Nunca más. Los
ladrillos, todas las cosas que hiciste bien, el mortero, tu ira. El
divorcio te hace vivir en una casa alta porque pones más esfuerzo en
tu duelo del que nunca pones en tu matrimonio. Eso es lo que
hacemos como seres humanos, sufrimos más de lo que jamás
intentamos y construimos una magnífica fortaleza de dolor e
indignación moralista. Frente a esta fortaleza hay un jardín donde
cultivas tus deficiencias. Es un jardín magnífico porque ahí es donde
pones todo tu esfuerzo ahora. Un jardín de auto-abuso bien cuidado.
Riegas la mierda de tu jardín y crece y crece.
Cultivé una variedad de cosas en mi jardín: amargura, odio hacia
mí misma, entumecimiento, autocompasión, resentimiento y derrota.
Cuidé ese jardín con tanto detalle, recortando y alimentando mi
infierno personal hasta que no pude encontrar la salida. Y déjame
decirte que es un trabajo de tiempo completo odiarte tanto a ti
mismo. Porque una vez que comienzas a cultivar la vid de la
amargura, ahoga todo lo saludable que comienza a brotar.
Perdí dos años de mi vida en ese jardín. Lo hice crecer hasta
convertirlo en una jungla. Y en algún lugar en medio de mi jungla
Página | 131 personal, me deshidraté. Estaba regando las cosas equivocadas,
muriendo lentamente. Nadie venía a salvarme, nadie sabía cómo. Y
fue entonces cuando me di cuenta de que si no me salvaba a mí
misma, no solo perdería dos años de mi vida, sino todo. Lo quemé:
la casa, el jardín, las paredes... y volví a Nueva York. Regresé a mi
antiguo trabajo, volví a enfrentar lo que me hizo correr. Estoy aquí;
Soy diferente, pero estoy aquí. Y estoy aquí para decirte lo que
aprendí: joder el amor, joder el matrimonio, joder el divorcio, joder las
paredes, joder cualquier cosa que requiera nuestra capacidad para
sobrevivir y sobrevivir bien. Nos levantaremos y construiremos una
casa nueva, no una fortaleza, sino una casa llena de luz natural,
rodeada de un jardín de perdón y amor propio.
Bienvenidos a F * ck Marriage. Vamos a salir vivos. Lo prometo.
19
Traducido por: Liv
Página | 132 Corregido por: -Patty

S
atcher me escribió antes de dejar la oficina por la noche.
Él está de regreso en la ciudad y me preguntó si quería
reunirme con él para unos tragos y celebrar. Fui a casa
para cambiarme y reunirme con él en la dirección que me dio.
—¿Tu mamá? —dije tan pronto como lo vi.
—Una verdadera guerrera. Ella estaba horneando doscientas
galleas para una venta en la iglesia cuando la deje.
—Pero ¿cómo esta de aquí? —dije tocando mi cabeza.
Satcher se encogió de hombros. —Tiene esa cosa silenciosa del
sufrimiento. Pienso que eso viene con las mujeres de esa
generación.
Sonreí. Es verdad. Mi generación enyesa su sufrimiento en
redes sociales, pero la generación de nuestros padres es todo lo
contrario.
—Todo lo que podemos hacer para alguien como mi madre es
aparecer, ese es su lenguaje del amor. Ella lidiara con lo que está
pasando previamente, a su manera.
Asentí.
—¿Qué es este lugar? —pregunte, distraída de repente.
Satcher sonrió —Es un templo de adoración a la cerveza.
—¿Llamado Castillo del Burp 34 ? —El asintió seriamente
mientras yo miraba alrededor.
El muro estaba cubierto de murales de monjes. Cuando miré de
cerca vi el humor negro en el arte. Un barco ardía, hundiéndose en
el océano de fondo, mientras en el primer plano, un monje
sorprendido flotaba sobre un barril de cerveza mientras varios de

34 Eructo.
sus amigos monjes bebían alegremente en un trozo de madera
cercano.
No se permite hablar en voz alta. Solo susurrar. Por
órdenes de los monjes cerveceros.
Página | 133
Leí el letrero en voz alta y uno de los camareros levanto la vista
de repente y me hizo callar.
Satcher sonrió por mi expresión.
—¿Qué demonios? —dije en voz baja.
—Shhh —Se inclinó cerca de mi ido y su respiración hizo
cosquillas en mi lóbulo.
Pellizque la parte más cercana de su carne, que resultó ser su
pectoral. Difícil, apenas hay piel para agarrar, pero grita de todos
modos y el camarero nos miró. Si íbamos a tener una conversación
en este lugar tendrá que ser susurrando en la cara del otro. Por un
momento fugaz me pregunté si ese era el plan de Satcher, pero
luego me reí de la idea. Satcher no tiene que hacer cosas furtivas
para acercarse a una mujer; él puede tener a cualquiera que desee
sin los trucos que necesitaría un hombre menor.
—Hay una mesa por ahí —El apunto su barbilla hacia la parte
de atrás de la barra, donde un grupo acababa de levantarse para
irse.
—Yo la tomo —dije—. Tu… —lo golpee en el pecho—. Ve por las
bebidas.
Me giño un ojo y se dirigió hacia la barra.

L
o mire desde donde me encontraba sentada. La forma
segura de sí mismo por la que se movía por el bar,
abriéndose camino en un lugar recién desocupado por dos
chicas universitarias. Levanto un dedo y el camarero lo vio de
inmediato. Si yo hubiera subido al bar me habrá quedado allí diez
minutos antes de que el camarero me notara, Satcher tenía
presencia. Cuando el camina en una habitación las personas lo
miran preguntándose si es alguien importante. En dos minutos
tomó nuestras bebidas y regresaba hacia mí. Mire la forma en la
que sus mangas están dobladas sobre sus codos, exponiendo sus
antebrazos bronceados. Tome la bebida que me ofreció sacudiendo
mi cabeza.
—¿Qué? —preguntó—. Tienes una mirada en tu cara.

Página | 134
No tengo que preguntarle qué clase de mirada. Estoy
avergonzada. Lo estaba mirando. Jugué con mi collar, tocando el
dedo anular levantado. Bajo los ojos para mirarlo y luego me
golpeo.
—¿Me diste esto, ¿No?
Una comisura de su labio se levantó. —Solías usar cosas como
estas siempre, ¿recuerdas?
—Si —dije—. Antes de que comenzara a vestirme como Martha
Stewart, aparentemente…
Ambos nos reímos y después Satcher dijo—. De todas formas,
¿Qué diablos fue eso?
Jugué con una servilleta, doblándola en un pequeño cuadrado y
luego alisándolo hasta que puso su mano mucho más grande sobre
la mía para calmarme.
Tome un poco de mi cerveza e infle mis mejillas, agrandando
mis ojos.
—Cuando comencé el blog creí que funcionaria en mi beneficio
para parecer más convencional.
—¿Convencional? —repitió
—Si…tu sabes el cuero y los jeans rotos se relacionaban con mi
audiencia, así que lo atenué un poco.
—Ugh! —dije cuando vi la mirada en su rostro—. Cállate, Satch.
Es importante ser identificable. Aburrido. Estampas florales y todo
eso…
—Ciertamente tenías el estampado floral abajo…
—Te odio —dije, pero no había suficiente convicción en mi voz
par que alguno de nosotros lo creyera.
Se rio calentándome hasta los dedos de los pies que menee en
mis zapatos. Negué con la cabeza reprimiendo mi sonrisa.
—Sin embargo, no fue solo tu apariencia lo que cambio,
¿Verdad, Billie?
—¿A qué te refieres?
Sé exactamente a que se refiere.
Se inclinó hacia abajo como si fuera a contarme un secreto, y
Página | 135
automáticamente me incline hacia el también.
—Erase una vez, una niña con medias de rejilla, una chaqueta
de cuero y largas uñas negras que se drogo conmigo y bailo en la
mesa de mi cocina.
—Hasta que rompí la mesa… lo siento por eso.
—Era una linda mes —asintió con el ceño fruncido—. Y murió
de manera honorable…
Me reí.
—Ibas a fiestas solo por comida y bebida gratis…
—Aumente diez libras es año.
—Te hiciste un tatuaje en la parte interna del muslo que decía:
De esta manera al paraíso.
—Me costó mil quinientos dólares removerlo. —Sacudí la
cabeza.
—Dejaste de ser dueña de quien eras y te convertiste en algo
más.
—Las personas evolucionan, Satcher. No se supone que nos
quedemos de la misma manera. —Le devuelvo sus palabras, pero él
niega con la cabeza antes de que termine.
—Las personas evolucionan, sí. Eso es sano. Pero no cambian
todo lo que son a menos de que tengan una buena razón, y Billie,
tu eres irreconocible.
Frunzo el ceño ante como sus palabras me hacen sentir.
¿Cuándo fue exactamente que cambié mi borde para una buena
receta de sopa de maíz? El blog… Comencé a cambiar cuando el
blog lo hizo también. Recuerdo haber explorado otros blogs,
estudiado lo que ellos hacían que generaba más lectores. Entonces
me reinvente a mí misma para encajar con el blog, en lugar de que
el blog encajara conmigo. Me desinfle, presionando mis labios
juntos mientras miraba a Satcher.
—No hagas eso.
—¿Hacer qué?
—Ponerte triste por lo que perdiste.
—¿Tu acabas de remarcarme que me perdí a mi misma y
Página | 136
esperas que no este triste?
—Bueno, tal vez es tiempo de que te encuentres a ti misma,
conoce a tu antiguo yo en alguna parte en el medio.
—Buen concejo. —Tome mi cerveza y la vacíe, después sacudí
mi vaso en a cara de Satcher—. Otra.

N
o sé cómo sucedió, excepto que, si lo sé. Estaba teniendo
un sorprendentemente buen rato: Satcher burlándose de
mí y yo de él. En algún momento salte para bailar una
canción de Billy Idol que sonaba mientras Satcher se giró en su
taburete para mírame. Si alguna vez me había sentido
despreocupada, era ahora, en este bar, con este hombre.
Despreocupada: la vieja yo. Estampado pre-floral y el blog. Trajes y
perlas.
Tres tragos y dos shots y Satcher está ayudándome a subir las
escaleras hacia el departamento de Jules.
—¿No hay malditas luces en este edificio? —gruño.
La punta de mi zapato se atoro en la escalera y él me ayudo a
estabilizarme. Llegamos a la puerta de entrada y me apoye contra
la pared mientras Satcher buscaba en mi bolso las llaves.
—Todavía puedes verlo ¿Sabes?
Puso mi llave en la cerradura y la giró —¿Qué?
—Mi tatuaje, De esta manera al paraíso.
Parece sorprendido por un momento y luego su rostro estalla en
una risa. —Mil quinientos dólares no podrían borrar quien eres en
realidad.
Sacudí la cabeza. No estoy borracha-borracha, pero estoy muy
borracha.
La habitación se balanceo a mi alrededor mientras entre y
encendí el interruptor de la luz. Nada sucedió. Lo intente otra vez y
el cuarto continuo oscuro.
—No hay energía —dije.
Me quede quieta en el medio de la habitación, balanceándome
en la oscuridad. Odiaba que cuando estaba borracha lo sentía todo.
Pensaba que emborracharte te ayudaba a dejar de pensar en cosas.
Página | 137
—Se fue del paraíso
Satcher entro y cerró la puerta. Camino hacia la caja de
interruptores y la abrió. —¿Quién?
—Woods, el dejo el paraíso.
Cerró la caja y giro para mirarme.
−Paraíso perdido. Pobre Woods —Me reí a carcajadas, luego
comencé a llorar.
—No son los interruptores. —dijo Satcher caminando hacia mí—
. Debe ser en todo el edificio.
—Estoy borrachea y le temo a la oscuridad. —dije, levanté mis
manos al techo y di vueltas.
Satcher me atrapo antes de que golpeara el suelo.
—No te olvides de lo dramático —agrego poniéndome de pie—.
Podemos ir a mi casa. No te voy a dejar aquí en la oscuridad.
—¿Es así como funciona? ¿Atraes a una mujer a tu brillante
piso con la promesa de calor y bebida?
—Y pene —dijo, lo que me hizo reír hasta que mi estómago
dolió—. Pero no bebidas —terminó—. Has tenido suficiente.
—Probablemente soy una alcohólica. —admití
Ahora Satcher me da la espalda mientras agarra una bolsa de
lona del armario del pasillo. —Sip —dijo—. Probablemente.
Asentí, agradecida, preguntándome como él sabía que estaba
allí. —Solo déjame agarrar algunas de mis cosas.
Utilice la linterna e mi celular para agarrar pijamas y ropas para
el día siguiente, arrojándolos a la bolsa. Después regrese a la sala
de estar donde Satcher estaba esperando. Miraba su teléfono y
cuaco me vio, una comisura de su boca se levantó. Es tan natural
que caminé directo a su brazo y lo abracé.
—¿Por qué el abrazo? —dijo contra mi cabello.
—No lo sé, solo se siente como si tú has estado salvándome
desde que regrese a Nueva York.
—Billie, tu eres la última mujer que necesita ser salvada. Un día
te darás cuenta de ello.
Página | 138

D
ormite en el asiento trasero del carro durante el viaje de
diez minutos. Para el momento en el que salimos del
ascensor en su edificio, estaba sobria y tuve el comienzo
de un dolor de cabeza.
Mientras el preparaba un sándwich entre al baño para
cambiarme a mi pijama. Reí cuando mire hacia abajo y vi que tome
mi combo de pantalón y camisa de abuela adornado con rosas
rosas. Los volví a meter al bolso y me puse una camiseta que traje
en su lugar. Cuando me uní a Satcher en la sala, miro mis piernas
y silbó bajo.
—Veo el paraíso. —dijo
Me incline por la cintura y estudie mi muslo. —Imposible —
dije—. Tienes que estar realmente cerca para verlo.
—No es eso de lo que estoy hablando, Billie.
Me enderece y él se rio de mi sonrojo. Entonces hago algo tan
completamente impropio de mí. Levante la camiseta por encima de
mi cabeza hasta que me pare enfrente de Satcher en bragas.
—¿Por qué solo miras? —dije.

E
stoy sobre mi estómago, el edredón suave debajo de mí;
mis dedos se cerraron en puños sobre el material. Estoy
nerviosa, pero sin incomodidad. Conozco a Satcher desde
hace demasiado tiempo para estar realmente de mal humor. Él está
detrás de mí, puedo sentir su calor en mi piel. Gire la cabeza para
verlo, mi cabello oscureció parcialmente mi visión. Froto sus
palmas calientes por mi espalda, poniendo presión en todos los
lugares correctos para arquearme bajo sus manos como a un gato.
Cuando sentí que las cosas no podrían ir más intensas, agarro mis
nalgas entre sus manos, amasando. Estoy mojada con su toque, y
aparto la cara para que no pueda ver la súplica desesperada en mis
ojos.
Gentilmente, tomo mi tobillo y empujó mi pierna hacia arriba de
modo que mi rodilla estuvo doblada contra mi pecho. Después él se
deshizo de sus pantalones con una mano, mientras un dedo de la
otra se deslizaba dentro de mí. Parpadee con fuerza respirado por
la nariz mi pecho palpitante mientras mordía el interior de mis
Página | 139
mejillas. Me estoy retorciendo, incapaz de quédame quieta mientras
su dedo me penetra. Gime cuando me siente, como si fuera la
primera vez que toca a una mujer de esta manera. Mientras
trabajaba con un dedo después dos dentro de mí, se inclinó para
besar mi hombro… mi cuello. Estoy jadeando; el sonido me da
vergüenza y trato de callarme, pero cuando lo hago, Satcher
retuerce los dedos de tal manera que empiezo otra vez.
Me golpea en la parte más carnosa de mi trasero y mis ojos se
abren con pregunta.
—Levanta las caderas —ordenó.
Deslizo mi pierna recta para que coincida con la otra y con la
cara aún presionada contra la cama, levanto ligeramente las
caderas. Puedo sentirlo mirándome mientras acaricia mi trasero,
pasando su pulgar por la humedad entre mis piernas hasta que
quiero gritar: ¡rápido!, ¡rápido!, más rápido!
Lo siento posicionándose contra mí, pero no me penetra, es una
dura presión que me abre y promete cumplir.

Gimo, moviendo las caderas. —Satcher…


Tan pronto como dije su nombre, empujo dentro de mí; una
gota y un tobogán tan dulce y doloroso, el resto de mis palabras se
cortan de mis labios y son reemplazados por un grito ahogado.
Se arrastró hacia adentro y hacia afuera movimientos perezosos
que frotaban mis músculos palpitantes, haciéndome temblar en
anticipación al próximo. Y mientras el empujaba y retiraba, dentro,
fuera, dentro, fuera, masajeaba mi espalda, mis hombros… duro
cuando empujaba hacia dentro y suave cuando se retiraba. Estoy
perdida en el ritmo, los músculos de mi cuerpo en éxtasis.
Cuando gire la cabeza para mirarlo, sus ojos están abiertos y
vidriosos, su lengua entre sus dientes. Está haciendo un zumbido
bajo en su garganta. Cuando me atrapa mirando sonríe
somnolientamente con la boca cerrada.
—Date vuelta. —dijo—. Quiero verte cuando te corras.
Gire mi cuerpo y él estaba entre mis piernas, agachándose
sobre mí. Cerré los ojos por el puro placer de su peso. Corrí mis
manos a lo largo de sus brazos y espalda, me envolví alrededor de
él. En los cinco segundos que tomo darme vuelta estaba
desesperada de sentirlo dentro de mi otra vez. Miro mi cara cuando
Página | 140
se hundió abajo y me lleno una vez más.
—No estás usando un condón —dije. No es una reprimenda, es
más una observación. Satcher ha hecho bromas sobre nunca ser
atrapado sin un condón.
—¿Quieres que me ponga uno? —su aliento atrapo mi cabello y
se deslizo a lo largo de mi oreja.
Vacile. —No —dije—. ¿Tú quieres ponerte uno?
—No, ni si quiera un poco. —respiró—. No he hecho esto en…
un largo tiempo.
Estoy consciente de sus manos, sus dedos, presionando en las
partes más suaves de mi espalda baja, mientras levantaba mis
caderas para enfrentar sus envestidas.
El comenzó a moverse nuevamente y mi cuerpo responde
instantáneamente, abriéndose para él con una confianza que me
asusta. Este es Satcher. No tengo que estar asustada de él. Sé todo
acerca de él, bueno y malo. Él ha estado aquí todo el tiempo, pienso.
Justo enfrente de ti y casi lo pierdes.
—Voy a venirme duro. –—su voz es áspera con placer, sus ojos
cerrados—. Pero primero quiero que tú te corra en mi polla.
¿Puedes hacer eso, Billie?
El apenas termino su oración cuando lo hice. Fue el diciendo mi
nombre con esa voz la que me tiro por el borde. Mis piernas se
enrollaron alrededor de su cuerpo y grite en su hombro, levantando
la parte superior de mi cuerpo para encontrarlo mientras me
sostiene para mirarme.
—Si —jadee—. Eso fue bueno.
Él se rio con la cara enterrada en mi cuello, y lo sostengo,
mientras se mueve más fuerte.
Hay presión y dolor tan bueno que mis ojos rodaron hacia atrás
en mi cabeza cuando todo su cuerpo se puso rígido, sus músculos
se tensaron bajo mis manos. Lo sentí venirse. Nunca había sentido
a un hombre correrse antes; pero de repente se pone más duro y
tengo que ajustar mis piernas, abriéndolas, para acomodarlo.
Conmigo extendida debajo de él lloriqueando, me mira con una
expresión tensa en el rostro. No me detengo mientras aprieto
alrededor de su polla levantado ms caderas para tomarlo todo de él.
Página | 141
Puedo sentir su semen dejando su cuerpo y vertiéndose dentro de
mí. Es uno de los momentos más eróticos de mi vida.

M
ás tarde, hicimos algo que no había hecho en un muy
largo tiempo: nos mantuvimos juntos, nuestros cuerpos
se acurrucaron uno alrededor el otro.
—La última vez que estuve así fue con el buldog de ms padres.
—dije.
Satcher rio en mi cabello, apretando su agarre alrededor de mi
cintura. —¿Cuál es su nombre?
—Gerard.
—Gerard suertudo. —dijo
20
Traducido por: Liv
Página | 142 Corregido por: -Patty

C
uando desperté, estaba adolorida. Enterré la cara en una
de las almohadas de Satcher. ¿Cuánto tiempo ha pasado
desde que hice esto, y con tanto entusiasmo? No puedo
imaginarme a Keith Gus tacándome de la manera en la que Satcher
lo hizo. Él era un chico más de bum bam, gracias. En más de una
ocasión tuve que guiarlo para que me corriera. Y Woods, bueno, él
siempre se aseguró de cuidar de mí antes de que tuviéramos sexo,
de manera en la que podía enfocarse en el mismo el resto del
tiempo.
Satcher tenía un latte esperando por mí en el mostrador de la
cocina cuando Salí de la habitación. Mire dentro de la taza
sorprendida; es la leche perfecta para la proporción de expresso. La
máquina de expresso está humeando mientras él hace uno para sí
mismo, pulsando botones y utilizando el vaporizador como un
barista profesional.
—¿Eres bueno en todo?
El levanto la mirada de lo que estaba haciendo. Tiene una barba
incipiente en la barbilla. Tuve una visión de él con los ojos medio
cerrados mientras empujaba dentro de mí, y mi estómago hizo un
inoportuno revoloteo.
—Tu dímelo —dijo arqueando una ceja.
Escondí el rubor detrás del borde de mi taza.
—Tu teléfono está sonando.
Mire hacia el mostrador donde mi teléfono estaba parpadeando.
Woods.
—Es Woods. —Anuncie como si él no pudiese ver eso por su
cuenta
—¿Por qué ese bastardo está llamando a mi novia? —Satcher se
recostó contra el mostrador sosteniendo su pequeña taza de
expresso
Reí mientras mis ojos recorrían su cuerpo descaradamente.
Página | 143 Toma mucho trabajo lucir de esa manera. ¿Cuántas horas pasara
en el gimnasio?
—¿Por qué no estás contestando? —enjuago la taza y la coloco
en el trastero.
—Por qué el necesita aprender su lugar. —sonreí—. Estoy
contigo ahora.
Sacudió la cabeza de modo divertido. —Juegos de chicas.
Eso es justo. A las mujeres nos gusta tirar pruebas al azar por
ahí solo para ver lo que podría pasar. No le dije a Satcher que la
verdadera razón por la que no respondí fue porque no quería la
intrusión. Me gustaba la manera en la que se sentía estar aquí con
él, solo nosotros. La noche pasada no fue un acoston. Me he
acostado con los suficientes hombres para saber la diferencia.
Tal vez el folla a cada chica así. Tal vez es por eso que los ojos
de las mujeres se agrandan cuando entra a una habitación.
—¿Quieres correr y después desayunar? —Dejo mi taza vacía en
el fregadero.
—Seguro. —dije—. Solo tengo que parar en casa para tomar mis
tenis.
Asintió y fue a cambiarse. Camine alrededor mientras él estaba
en la habitación, estudiando sus muebles, las pinturas en las
paredes y los pequeños pedazos de él que estaban esparcidos
alrededor. Él es ordenado, pero no demasiado. Me gusta el balance.
Hay libros por todos lados, me pregunto cuándo encuentra el
tiempo para leer.
—¿Estas juzgando mi colección de libros? —se acercó por detrás
y se inclinó para darme un pequeño beso en la nuca.
—Thrillers, basura. —dije sacudiendo la cabeza—. ¿Cómo tienes
tiempo?
—No puedo dormir. —dijo—, pero si leo unos cuantos capítulos
antes de ir a la cama…
—Tu mente nunca descansa. —dije.
—No, no lo hace. Excepto ayer. Dormí bien.
Sonreí. No le dije que ayer tuve la mejor noche de sueño de los
Página | 144
últimos años,
No pesadillas, sin dar vueltas y vueltas, sin estar despierta
mirando al techo con el temor del mañana oprimiendo mi pecho.
Acurrucada contra su duro y cálido cuerpo, me sentí segura. Fue
como dormir bajo un techo de hojalata mientras llovía afuera, un
fuego ardiente en el hogar. Me di vuelta y sus brazos
automáticamente me rodearon. El cuerpo de Satcher se sentía
diferente al de Woods. Él es más alto para empezar, más duro.
Sus manos se mueven como las de un masajista; cada vez que me
toca hace eso con la presión justa de las yemas de los dedos y las
palmas, me hace sentir somnolienta. Se inclinó para besarme y
terminamos haciendo el amor una vez más.

F
uimos a correr, y cuando regresábamos, Satcher me llevo
a un pequeño café para desayunar. Nos sentamos afuera,
el calor ya golpeaba nuestras cabezas y pedimos omelets.
Satcher ordeno todos los vegetales imaginables en el suyo y cuando
hice una mueca se rio de mi por la libra de queso chédar que
ordené para la mía. Caímos en un silencio cómodo mirando a la
gente de la ciudad navegando por la acera. Hay un dolor entre mis
piernas que me recuerda las cosas que él me hizo.
Es dulce, la casual manera en la que comemos el desayuno, el
camino de regreso a su casa, durante el cual él me tomo la mano.
Woods intento llamarme algunas veces más y lo mande al correo de
voz, aunque nunca dejara un mensaje. No importa. Nada importa
hoy. Por primera vez en mucho tiempo recuerdo como es sentir y
disfruta las cosas simples inmensamente.

N
os quedamos en la casa de Satcher mucho. Esta cerca de
la oficina. Me gusta la manera en la que siempre huele
como puros y café. Cuando le pregunte sobre el olor a
puros, me llevo hacia un cajón en la cocina. Es uno de esos cajones
grandes, el doble de ancho que uno normal. Dentro se encontraba
su propia tienda de puros. Cientos de ellos, alineados y
etiquetados.
—¿Cuándo los fumas? —pregunte, pasando mi dedo sobre las
etiquetas.
—En la noche de puros. —respondió.

Página | 145
—¿Y eso es?
—Lunes y viernes.
—¿Por qué esos dos días?
—Porque necesito algo para atravesar el peor día de la semana y
para celebrar el mejor día de la semana.
—¡Oh¡ —dije, realmente divertida—. Supongo que tengo algo
como eso también. —Levante un cigarro hacia mi nariz e inhale el
olor a chocolate.
—¿Qué es?
Le sonreí a Satcher, encogiendo mis hombros. —Supongo que
tendrás que salir conmigo uno de esos días para verlo.
Me miro, diversión bailaba en sus ojos. Es lindo ser mirada de
esa manera. Como si fuera algo que le intrigara.
En una de las noches que dormí en su casa, desperté para
encontrar a Satcher en la cocina sentado en la isla y mirando una
taza de café vacía.
—¿Qué pasa contigo? —pregunte, deslizándome en el asiento
junto a él.
Su sonrisa es tenue y mire su rostro con preocupación.
—Insomnio —se encogió de hombros—. Siempre ha estado
conmigo.
Sigo medio dormida y proceso sus palabras en silencio por un
momento.
—¿Quieres que me vaya o la compañía está bien? —Frote mis
brazos, repentinamente dándome cuenta del frio que hace aquí.
Satcher se levantó y camino hacia el termostato, subiendo la
temperatura unos grados.
—Tu compañía siempre está bien.
Camine hacia donde él estaba parado y tome su rostro entre
mis manos. Hay círculos negros bajo sus ojos. ¿Por qué nunca lo
noté?
—¿Ha empeorado últimamente?
Página | 146
—No, en realidad, ha mejorado.
Cuando lo mire con curiosidad, sonrió. —Sexo… el sexo me
hace dormir.
—¡O por dios¡ —dije—. ¡Eres un hombre por una razón¡
El retumbar de su risa provino de lo profundo de su pecho. Me
empujo contra él en un fuerte abrazo que correspondí, mi propia
risa presionaba contra su pecho.
—Vamos —dije, tomando su mano y llevándolo hacia el
dormitorio—. Te ayudare a dormir.
Mi intención era acostarlo sobre su espalda y demostrarle mis
habilidades para montar, pero tan pronto como llegamos a la cama
vi que él tenía otros planes. Me empujo hacia abajo y subió encima
de mí en cambio, abriendo mis piernas y descansando entre ellas.
Podía sentir su dureza presionando contra la grieta de mi vagina y
me retorcí, impaciente. El me beso, tomándose su tiempo. Cuando
estoy frenética, se levantó de mí y me empujo encima de él.
¡Finalmente¡ Pero antes de que pueda bajar hacia su muy dura
polla, me movió hacia arriba hasta que estuve sentada en su cara.
—No —dije—. Nunca he…
Su boca me alcanzo antes de que mis palabras lo alcanzaran a
él.
—Oh, mierda. —dije, tensándome. Lo mire con sorpresa y
asombro.
—¿Qué decías? —pregunto, su lengua quieta.
Apreté mis manos en su cabello. —Nada. Por favor continua…
Se rio con esa risa profunda gutural antes de que su lengua se
moviera he hiciera círculos lentos a través de mi muy ruidoso final.
21
Traducido por: Liv
Página | 147 Corregido por: -Patty

C
uando abrí la puerta, la primera cosa que note fueron
unos zapatos: tenis blancos inmaculados. No eran míos.
Dejando la puerta abierta de par en par, di unos cuantos
pasos cautelosos adentro. ¿Qué clase de ladrón se quita los zapatos
antes de robarte? Doble hacia la esquina y entre a la sala de estar,
y ahí es cuando vi una maleta. Es de una dura cascara práctica,
negra resbaladiza como la piel de foca. Mire furtivamente alrededor
del apartamento, mi corazón galopeando. Escuché su voz antes de
verla.
—¡Billie! Oh por Dios, Billie. —ella vino desde el dormitorio
lanzándose hacia mí, envolviendo sus brazos alrededor de mi cuello
en un abrazo tan fuerte que me ahoga.
—¿Jules? ¿Qué estás haciendo aquí?
Cuando se apartó sus ojos estaban llorosos. —Odie estar ahí.
—Pero… tú trabajo…
—Lo sé —dijo—. Pero extrañe New York y estaba viento a
alguien cuando me levante y me fui, y seguía preguntándome si
acababa de alejarme de lo mejor que me ha pasado.
La mire sin saber que decir. Aún sigo procesando de hecho de
que Jules está de regreso, mientras también intentaba descifrar lo
que eso significaba para mí.
—Nunca me dijiste. A cerca del chico…
Justo como con todo lo demás, mi amistad con Jules había
pasado a segundo plano durante mi divorcio. Pero algo tan grande
como conocer al hombre de tus sueños y después terminar, parecía
digno de un correo electrónico al menos.
—Tú estabas… ocupada. —dijo e inmediatamente me sentí
culpable. Ocupada con mi propia autocompasión. Taaaan ocupada.
Mordí mi labio.
—Dime —deje.
Las mejillas de Jules se sonrojaron cuando hablo de él.
—Er…bueno, estuvimos viéndonos poco a poco. Aun no lo
Página | 148
hemos hecho oficial, pero nosotros dijimos te amo y entonteces
obtuve la oferta de trabajo…
—Okay, Okay. —dije empujándola atreves de la sala de estar—.
Cuéntamelo todo.

N
os sentamos en el sofá después de que Jules insistiera
preparar nuestras bebidas.
—No puedo contarte toda mi historia de sollozos sin
alcohol —Suspiro dejándose caer a mi lado.
Ella me conto sobre el chico al que conocía desde siempre a
través de amigos. Ellos empezaron a verse hace un año y las cosas
se pusieron bastante serias. Entonces ella obtuvo la oferta de
trabajo y escogió irse incluso cuando él le pido que se quedara.
—Me siento tan mal —dijo—. Espero que el pueda perdonarme.
Regrese por él, ¿Verdad? Eso significa algo.
Asentí. Jules nunca había estado en eso de las citas, siempre
estuvo más enfocada en la carrera que el resto de nosotros. El
hecho de que ella regresara, escogiendo a un hombre por encima de
su carrera, es algo grande. Enorme.
—¡Estas enamorada¡ —dije con sorpresa. Por primera vez desde
que la conozco, luce vulnerable.
—Sí. Es todo nuevo para mí. Aterrador…
—Ugh, Julia. No te preocupes por eso. Él va a estar
entusiasmado de que estés en casa.
—No me llames Julia —rio—. Es raro.
Ella es sexy, distante, exitosa y amable. Cualquier hombre
saltaría por los aros para tenerla.
—¿Qué tal si el ya está viendo a alguien más? ¿O si no puede
perdonarme por haberme ido? —Su rostro esta genuinamente
preocupado.
Me estire a través del sofá y tome su mano.
—A él no le importara el por qué te fuiste, solo que estas de
vuelta. —Quería ser reconfortante, pero ella estallo en lágrimas.
—Lo siento —dijo, cuando me levante para traerle un pañuelo—
. Solo estoy tan emocional. Y solo, tu sabes eres bienvenida de
Página | 149 quedarte aquí. Estaba pensando que, si todo salía bien, me
mudaría con él.
Sonreí. —Gracias.
Su rostro se ilumino de repente. —Oh por dios, luces tan bien.
Miré hacia abajo a mi figura mucho más delgada y me sentí
avergonzada. Una cosa es estar más delgada y otra es que las
personas estén constantemente señalándolo.
—Sí, tu guardarropa me hace sentir como una persona
diferente. Fue la confianza que necesitaba ganar para regresar a la
ciudad.
—Bueno, no te detengas ahora. Siempre quise una hermana. —
Tiro sus brazos alrededor de mi cuello y yo la abrace fuertemente.
Será lindo tenerla de regreso. Actualmente, ella es mi única amiga.
Estaba a punto de preguntarle si tenía hambre cuando sonó el
timbre.
—¿Esperas a alguien? —pregunto, mirándome.
Mierda. Con toda la emoción, olvide que Satcher me recogería
para el almuerzo. Jules ya está en el intercomunicador. Ella lo
llama sin saber quién es. Miro hacia abajo a mi ropa de ejercicio
preguntándome si me veo tan mal como me siento.
Tenía la intención de bañarme, lavarme el cabello…
La puerta se abre y Satcher entra, con la cabeza gacha mientras
se quita los zapatos.
Cuando el levanta la mirada, Jules y yo estamos paradas lado a
lado.
Hablamos a la vez. Al mismo tiempo que dije—: Hola
Jules dijo—: ¿Cómo sabias que había regresado?
Y luego se precipitó a sus brazos, saltando en el último
momento y envolviendo sus piernas alrededor de su cintura.
La mirada en el rostro de Satcher es de sorpresa mientras me
mira por encima del hombro de Jules. Tan solo puedo imaginar
cómo es que luce mi rostro.
Mi boca se seca repentinamente cuando me doy cuenta de todo,
Página | 150 y se siente como si me golpearan en el estómago. Jules se
desenreda de Satcher, aterrizando sobre sus pies, pero sin
separarse de su lado. Ella coloco un brazo posesivamente alrededor
de su cintura y se volvió para sonreírme.
—Es èl, Billie. He estado viendo a Satcher.
22
Traducido por: Yuli
Página | 151 Corregido por: Yuli & -Patty

B
usque las palabras, pero ellas se deslizaban, nadando
debajo de mi habilidad para articularlas. Satcher
también estaba sin palabras; alzando su mano la paso
por su barba insipiente. Jules siguió hablando con él, balbuceando
felizmente, pero él estaba mirando hacia mí y no puede leer lo que
había en sus ojos.
Me sentía como si estuviera bajo el agua, todo se movía
lentamente. Incluso los latidos de mi corazón se sienten como si
fueran arrastrados por el fondo del océano. Todo tiene sentido,
claro. Él siempre se veía cómodo en el apartamento de Jules. Cruzo
por mi mente que él siempre sabía dónde estaban las cosas, pero lo
atribuí a que tenía suerte adivinando el lugar de las cosas. Había
sido una estúpida. ¿Por qué no me había dicho que estaba saliendo
con ella?
—Estoy hambrienta —escuche decirle—, ¿Quieres ir a almorzar
para que hablemos?
Sus ojos brillaron; eran los ojos de una mujer llena de
esperanza por el futuro.
No espere a escuchar lo que él respondía.
—Bueno, los dejo a ustedes dos —dije—, necesito un baño. —
Me fui del cuarto antes de que cualquiera de los pudiera responder.
Deje que el agua caliente callera en mi espalda hasta que se
enfrío, solo entonces salí de la ducha. Envolviendo una toalla a mí
alrededor, presione mi oreja en la puerta para escuchar si ellos
seguían en el apartamento. Todo en silencio. Me vestí rápido,
agarrando mis cosas de diferentes lugares. No quería estar aquí
cuando regresaran. No sería capaz de mantener una expresión
neutral. Jules vería todo en mi cara. Pensé en mandarle un
mensaje de texto a Satcher, pero no sabía que decir. El lucia tan
sorprendido como yo lo estaba, esperando a tomar el almuerzo
conmigo y en su lugar encontrándose con su ex novia. Por lo que
sabía, Jules y Satcher solo habían estado unas pocas veces en
nuestras reuniones grupales. Ambos adictos al trabajo, fue difícil
tenerlos a los dos en el mismo lugar al mismo tiempo. Hace años
recuerdo pensar que harían una grandiosa pareja, pero en aquella
época Satcher se estaba abriendo camino por el Upper East Side
Página | 152
mientras Jules estaba casada con el trabajo. Me pregunto cómo se
reconectaron. ¿Si tuvo algo que ver con Woods? Pero no, Jules
odiaba a Woods; después de que me engañara ella dijo que nunca
quería volver a verlo.

T
omé un largo paseo por Central Park y cuando pasaron
algunas horas, me dirigí al apartamento. Jules estaba en
casa cuando llegué, suspiré aliviada cuando vi que estaba
sola. Esta sentada en un taburete en su pijama, su cabello en un
desordenado chongo. Su laptop estaba abierta delante de ella, pero
hace tiempo que se ha ido a modo suspendido.
—Hey —dice.
—Hola.
Trato de leer su estado de ánimo. Esta relajada, neutral. Pero
podría ser el jet lag. Si le pregunto cómo está sin contarle lo de
Satcher y yo, la estaría engañando. Y no quiero hacer eso Camino
hacia el dormitorio y luego recuerdo que no se en donde dormiré.
—Limpie la oficina —dice Jules—, voy a dormir en ella hasta
que todo esté resuelto.
¿Resuelto?
—De ninguna manera —dije—, deberías de quedarte con el
cuarto. Es tu apartamento.
—Absolutamente no, yo soy la intrusa. Tenemos un trato.
Además, cuando empiece a trabajar de nuevo, difícilmente estaré
en casa, no necesito el espacio.
Dudé, pero estaba avergonzada, no se sentía bien. Jules se dio
la vuelta hacia su computadora, mirando la pantalla negra. Debería
solo ir a la cama, permanecer fuera de esto, pero ella luce tan
desolada.
Aprieto mis ojos cerrados. —¿Todo bien?
La escucho tomar aire, gracias a Dios no es un sollozo más
como una respiración decidida.
—Sí, lo vamos a resolver. Él ha estado viendo a alguien. Solo me
hace sentir enferma saber que alguna otra mujer lo ha estado
Página | 153 tocando. ¿Y qué pasa si él la ama?

Puedo sentir mi cara volverse rosa. Camino hacia el


refrigerador, agarro dos botellas de Perrier y pongo una enfrente de
ella.
—De hecho ¿podemos tomar algo más fuerte? ¿Algo que haga
que este malestar en mi estomago desaparezca?
—Creo que si quieres que la molestia se vaya probablemente no
deberías beber —río. Retiro el Perrier y saco la botella de Grey
Goose en su lugar.
—Dijo que necesita tiempo para pensar —dice—, ¿Qué piensas
que significa? —Su cara se contrae con preocupación.
Quiero abrazarla, pero eso me haría sentir como una mala
persona.
—Probablemente que necesita pensar —digo.
Ella hace una mueca y yo me encojo de hombros.
—Fue una sorpresa verte. Probablemente necesite un tiempo
para ordenar sus sentimientos.
Ella asiente. Le paso un vodka con refresco y procedo a hacerme
uno doble.
—Solo me he ido por cuatro meses. Pensarías que podría haber
esperado un poco más antes de saltar en algo nuevo.
—Eso no es justo. —le digo— ¿Qué tan abstinente fuiste en
Brasil?
Ella resopla, sus dedos jugando con la condensación de su vaso.
—Él dice que tiene que hablar con ella. —espeta.
Estoy a punto de preguntar quién es ella cuando recuerdo que
soy yo. Satcher necesita hablar conmigo. Darme cuenta de que lo
que me ha hecho feliz estas últimas semanas está a punto de
desaparecer, hace un nudo en mi interior. Me trago mis lágrimas y
sonrió.
—Me voy a la cama —digo, besando la frente de Jules—, te veo
en la mañana.
Esta distraída cuando asiente. Llevo mi trago al cuarto y cierro
silenciosamente la puerta detrás de mí. Checo mi teléfono y veo que
Página | 154 Satcher me ha llamado dos veces. Hay un mensaje de él también:

Llámame cuando tengas un minuto.


No quiero llamarlo. Prefiero retrasar lo inevitable. Dejo mi
teléfono boca abajo en la cómoda y me meto en la cama
completamente vestida, enterrando mi cara en la almohada. No mi
almohada… la almohada de Jules. No mi apartamento… el
apartamento de Jules. No mi Satcher… el Satcher de Jules.
Soy una completa perdedora.
23
Traducido por: Yuli
Página | 155 Corregido por: Yuli & -Patty

N
o veo a Satcher hasta el lunes en la mañana en el
trabajo. Está esperando por mí en mi oficina, un café
descansando en mi escritorio y el otro en su mano. Me
doy cuenta en que ni si quiera pensé en hacer café esta mañana o
parar por uno en el camino; he estado dependiendo de sus entregas
matutinas. Se ha convertido en nuestro ritual: lattes en mi oficina
antes de que el resto del equipo llegue, una banda de los noventa
tocando a través de mis altavoces.
—Hey —dice.
—Hey —respondo
Hay un momento de silencio en el cual rodeo mi escritorio y me
siento en mi silla. Me quedo mirando el vaso de café a falta de un
lugar mejor para mirar. Rebel Grinds, dice en el vaso. Una raya café
corre por la parte blanca de un costado donde el café debe haberse
derramado. Me siento adormecida, peligrosamente adormecida, del
tipo que se queda y con el que aprendes a vivir. Una cruel
herramienta de sobrevivencia que cambia quien eres, llevando tus
emociones al extremo.
—Billie, puedes mirarme por favor.
Levanto mis ojos a su cara. No hay señales de hoyuelos. Sus
ojos son negros como si apenas hubiera dormido. Pienso en como
duerme mejor después de haber tenido sexo e inmediatamente mi
mente piensa en Jules y siento que voy a vomitar.
—Tú sabías —dije—, sabias que estaba viviendo en el
apartamento de Jules y jamás mencionaste que estabas saliendo
con ella.
—Pasado. Nos estábamos viendo antes de que ella se fuera.
Terminamos las cosas ¿Por qué traería eso a colación?
—¡Porque estoy viviendo en el apartamento de tu ex novia!
—Para, Billie. Es tu amiga.
Me detengo, porque él tiene razón. Pero se siente como el tipo de
situación en donde necesito enfurruñarme. Agarro el café que me
trajo y tomo un sorbo. Apretando mis labios juntos tomo una
Página | 156 decisión.

P
ero se siente como el tipo de situación por la que necesito
enfurruñarme. Cojo el café que me trajo y tomo un sorbo.
No voy a dejar que esto se interponga en mi camino por lo
que regrese. Satcher ha estado distrayéndome. Un pequeño
romance temporal que termino antes de que fuera muy lejos.
—Fue una mala idea de todos modos, Satch. Solo olvidémonos
de esto, ¿está bien?
—Yo no estoy olvidándolo —dijo—, no quiero.
—Bien —digo, parándome—, yo lo olvidare y tú puedes
recordarlo con cariño mientras follas a mi compañera de cuarto.
Sabía que era doloroso, pero quería herirlo. Parece ser que no
puedo hacerlo bien no importa lo que haga. Siempre hay otra
mujer… una mejor mujer para que tome mi lugar.
No sé a dónde voy, pero salgo de mi oficina para escapar de
Satcher. Loren acaba de llegar a su escritorio, su casco aun está en
su cabeza. Está sacando cosas de su portafolio. La mire mientras
sacaba una lata de sopa, un termo de metal y una pila de folders.
Brinco en cuanto me vio. —Que de…
—Lo siento —dije.
Veo a Satcher salir de mi oficina de reojo. Mira hacia mí pero
mantengo mis ojos pegados a Loren.
—¿Problemas en el paraíso? —Sus ojos fueron de Satcher hacia
mí.
Desecho su pregunta con mi mano, pero hago una mueca.
—¡Oye! —digo alegremente— ¿Tienes los numero listos para el
siguiente trimestre?
Ella acepta mi cambio de tema, desamarrando el casco de su
barbilla, mientras revuelve los folders de su escritorio con su mano
libre. Cuando tengo el presupuesto debajo de mi brazo, regreso a
mi oficina. Vacía. Cierro la puerta detrás de mí y espero que todos
me dejen sola por algunas horas.

L
Página | 157
lego a casa por la noche para encontrar a Jules paseando
por el recibidor. Parece como si no se hubiera molestado
en ducharse o vestirse para el día. Su cabello esta
trenzado desordenadamente con mechones sueltos formando
pequeñas colas; el valor de un día de rímel está manchado y
corrido debajo de sus ojos.
Dejo caer las bolsas de la compra que llevé y me acerco a ella.
—¿Qué es? —pregunto—. ¿Ha pasado algo?
—Creo que cometí un error. Él no me quiere. No debería haber
regresado. —Un sollozo escapa de su garganta.
Jules, una mujer con una gran carrera y determinada, llorando
por un hombre. Nunca la había visto así. Vacilo, no segura de como
consolarla. Para la amiga loca por los chicos: ¡Era un imbécil!
¡Conocerás a alguien mejor! Pero puedo asegurar que Jules nunca
se ha sentido de esta manera antes, entonces la charla
motivacional normal no funcionara.
—¿Es la primera vez que te has enamorado?
Veo la respuesta en sus ojos cuando me mira y siento una
nueva ola de culpa por no decirle la verdad. La mayoría de
nosotros, para cuando tenemos la edad de Jules, hemos superado
varios corazones rotos. Nos convertimos en viejos profesionales del
dolor. Nuestras listas de rupturas están guardadas en Spotify y
sabemos dónde encontrar nuestro helado favorito en el congelador.
—Pensé que estaba siendo romántica, regresando aquí como si
pudiéramos retomar las cosas donde las dejamos… —Su nariz esta
rosa—. Soy una estúpida.
—No lo eres —digo—, eres hermosa e hiciste una cosa valiente
—Sí, bueno, me hizo mucho bien…
Hice a un lado a mis propios sentimientos, quería sacudir a
Satcher. ¿Cómo podía dejar ir a una chica como Jules? Sacudo mi
cabeza hacia ella. Alcanzando su trenza saco la liga del pelo y
comienzo a desenredarlo, pasando mis dedos a través de las sucias
ondas rubias. Le estoy limpiando los ojos con mi manga cuando el
intercomunicador suena. Jules se acerca para presionar el botón.
—Jules, abre. Soy yo —Las dos nos congelamos cuando oímos
la voz de Satcher.
Página | 158
—¿Él está aquí? Oh Dios mío —Salta del taburete, mirando con
horror su albornoz. Hay una mancha de café de tamaño
considerable en el frente. Mira de mí a la puerta con pánico.
—Ve —digo—, lo mantendré ocupado.
Ella me sonríe agradecida y luego corre hacia el baño. Me tomo
un momento para armarme de valor antes de abrir la puerta de
golpe.
Èl no se ve sorprendido de verme. Está usando unos viejos
Levis, rasgados en la rodilla y una camisa de los Yankees. Puedo
ver el contorno de los músculos que estaba acariciando hace unos
días. Cierro los ojos contra los recuerdos.
—¿Podemos hablar?
Miro sobre mi hombro a la puerta del baño. Puedo escuchar la
ducha funcionando. —Tienes diez minutos.
Me sigue hacia la sala. Tomo el sillón, poniendo mis piernas
debajo de mi, abrazo una almohada contra mi pecho y lo miro
esperando. Podría llorar, es una gran posibilidad.
—Tengo sentimientos por ti… —empieza.
Quiero empujar mis manos sobre su boca para que no pueda
decir nada más, pero me quedo sentada, mordiéndome tan fuerte
que me duele la mandíbula.
—… no quiero parar de salir contigo, Billie.
Miro el vello de sus brazos, a los tenis brillantes y blancos que
no se quito. Siempre se quita los zapatos cuando viene.
—Antes de que ella se fuera… antes de que yo regresara,
¿creíste que podías enamorarte de ella?
Mis oídos se esfuerzan por escuchar la ducha, pero ha sido
reemplazada por el sonido de la secadora de cabello.
—Si… —Hace una pausa—. Pero eso fue antes. Las cosas han
cambiado.
—Nada ha cambiado. —digo—, no puedo herir a mi amiga,
Satcher. Es todo lo que tengo.
—Tú me tienes.

Página | 159
Trago. Puedo oír su dolor. Es el mejor amigo de mi ex marido;
mi mejor amiga está enamorada de él. No importa lo que siento.
—Se acabó, ¿vale? Solamente... no puede pasar.
Él me mira, sin decir nada, sus ojos negros con ¿Ira…
arrepentimiento…? No lo sé. Me paro. Necesito dejar el cuarto
antes de que me vea llorar.
—Ella está ahí luchando para estar lista… —Hago una pausa—.
Te sugiero que la lleves a una linda cena. Es buena persona… —mi
voz se apaga.
Satcher mira hacia otro lado—. Lo sé
—Bien, no la lastimes.
Paso a Jules en la cocina mientras camina hacia la sala donde
deje a Satcher hace un momento. Ella me sonríe emocionada y
hace un pequeño giro para que pueda comprobar su atuendo: jeans
ajustados y un simple top blanco. Su cabello todavía está un poco
húmedo, colgando en suaves rizos alrededor de su cara. Solo se ha
puesto un poco de rímel y algo de brillo labial, pero ella se ve
hermosa sin esfuerzo. Le enseño mis pulgares arriba, mi sonrisa
desapareciendo tan pronto como ella deja de ver mi cara.
Lo escucho saludarla, el timbre profundo de su voz hace que me
duela el corazón. Oh bueno, pienso. Puedo haber sido bueno, pero
ahora nunca lo sabremos.
En el baño, pongo mi frente contra el espejo, que sigue
empañado por la ducha de Jules. Con mis ojos cerrados, giro mi
cabeza de lado a lado, presionando mis dedos contra la pared.
Siento que estoy siendo una dramática, pero también que tengo
derecho a serlo. Cinco minutos de drama y luego ya me las
arreglare. Me prometo a mí misma.
—Estoy bien, estoy bien, esto bien… —le digo a nadie.
Nadie me crearía de todos modos.
24
Traducido por: Yuli
Página | 160 Corregido por: Yuli & -Patty

E
n las siguientes dos semanas me vuelvo una experta en
evitar. Si hubiera trofeos por esquivar a dos personas,
serian míos. Mi estomago se siente continuamente
inestable: ansiedad y acido. Para distraerme, tomo largas
caminatas, mirando a los rascacielos que disparan desde el suelo
como un pistón. Permanezco fuera hasta tarde luego del trabajo
frecuentando el mismo bar al que Woods y yo fuimos en nuestra
primera cita. Después de una semana, el bartender levanta un
dedo carnoso en el aire para reconocer que me ha visto y luego me
trae un lemon drop sin que yo tenga que preguntar.
—Me gusta el tatuaje de cara —dije.
El único indicio de que me ha escuchado es el levantamiento de
sus cejas. Él camina de regreso detrás de la barra sin ninguna
palabra. Apesto en hacer amigos.
Los fines de semana, me levanto temprano y me escabullo antes
de que Jules pueda preguntar a donde voy. Cuando comenta un
día que apenas me ha visto, miento y le digo que he empezado a
salir de nuevo. La emoción en su rostro rompe mi corazón. Ella
quiere sinceramente que sea feliz. Tengo suerte de tener una amiga
como ella, lo que hace el haber dormido con el hombre del que está
enamorada incluso peor. Compro hierba a un chico en Central Park
con cuatro dedos en su mano derecha y lo fumo en las escaleras de
emergencia de Jules, tirando los restos en el inodoro.
Regreso a casa tarde una noche después de un agotador día de
trabajo, segura de que ellos no estarán ahí, pero cuando cierro la
puerta, veo sus zapatos junto a los de Jules, unos tenis, lo que
significa que probablemente paro aquí después de ir al gimnasio.
Hay música en la cocina, Billie Holiday. Retrocedo un paso,
planeando mi escape, una excusa lista en mis labios por si alguno
de los dos me encuentra.
—¡Billie!
Me giro lentamente hacia la cocina, mi cara sin expresión. Jules
permanece en el espacio entre la cocina y el pequeño comedor con
una espátula en su mano. Esta peinada con una coleta de lado y
usando unos calcetines a la rodilla y no puedo evitar sonreír.
Página | 161 —Estoy haciendo la cena —dice—, tienes que comerla o herirás
mis sentimientos. No voy a tomar un no por respuesta. Podemos
fumar algo de tu hierba después de cenar —sonríe.
Siento mi cara calentarse. Ella lo ha sabido todo este tiempo.
Casi huelo mi ropa para ver si así es como me ha atrapado.
—No eres la única que disfruta la mariguana, Billie —dice,
poniendo los ojos en blanco.
Dudo solo un momento antes de quitarme las zapatillas y
seguirla con cuidado a la cocina. Satcher está sentado en un
taburete aun en su ropa de entrenamiento. Cuando me ve, se para.
Que caballero, pienso. Quiero poner mis ojos en blanco, pero mi
pecho duele.
Él me está mirando con mucha familiaridad, demasiada
suavidad ¿Están las comisuras de su boca apretadas como si
estuviera fingiendo normalidad, o es mi imaginación? Miro con
nostalgia la puerta de mi habitación preguntándome que excusa
puedo encontrar para desaparecer detrás de ella.
—¿Cómo has estado? —pregunta suavemente mientras Jules
golpea la estufa.
Triste. Patética. Deprimida.
—Genial.
—Que bueno. —mi mira minuciosamente como si estuviera
tratando de descubrir alguna verdad que no estoy diciendo.
Supongo que está en lo correcto en pensar eso.
—Nunca nadie ha hecho tanto para evitarme —dice.
No es una queja, hay algo de diversión en su voz.
—Es porque apestas en la cama. —digo antes de que pueda
detenerme.
Satcher sofoca una risa y Jules se aparta de la estufa,
alarmada.
—Es graciosa. —Agacha su cabeza hacia mí y Jules sigue
cocinando.
No tengo ganas de bromear con él, así que aparto la mirada.
Jules baila por la cocina sin darse cuenta. Esta de un humor
Página | 162 excepcionalmente bueno. Seguramente acaban de tener sexo, lo
que me hace querer vomitar.
—Satcher ¿Puedes hacernos unas bebidas? —pregunta Jules—.
Lo que quieras. Incluso tomare uno de esos sucios Manhattans que
amas.
Observo como camina hacia el pequeño bar, levantando las
botellas de vidrio para examinar lo que tiene. Jules se toma un
descanso en la cocina para ir y besarlo. Satcher se tensa al
principio y luego se inclina para besarla de vuelta. Miro hacia otro
lado.
—Entonceeeees, ¿vas a decirnos acerca de este chico al que has
estado viendo? —Jules me mira a través de una neblina de vapor
mientras vacía verduras en un colador. Por el rabillo de mi ojo, veo
la cabeza de Satcher girar, solo un poco para que su oreja nos
enfrente.
—No es nada —digo.
Jules frunce el ceño. —No es Woods al que estás viendo ¿o sí?
Mi corazón está latiendo rápidamente detrás de mis costillas. —
¿Podemos no hacer esto? —digo entre dientes.
Satcher está caminando hacia nosotras. Salvada por las
bebidas. Él pone un vaso frente a mí un poco más fuerte de lo
normal. Algo del líquido salpica por un lado y sobre el mostrador.
Pretendo no notarlo.
Es un lemon drop.
—¿Qué es eso? —pregunta Jules, tiene la nariz arrugada y las
cejas enroscadas en la confusión.
Satcher y yo intercambiamos una mirada. La calidez en sus ojos
me hace sentir incomoda.
—Es la bebida simbólica de Billie —dice.
Jules sacude lo último del agua de sus manos y recoge su vaso,
aceptando su simple explicación.
—Por Billie y su nuevo comienzo… —Ella alza su vaso.
Es un buen Martini lemon drop. Me pregunto donde aprendió a
hacerlo y si lo aprendió por mí. Claro que no lo hizo, pienso, Chica
tonta. Cuando la cena esta lista jules nos sienta alrededor de su
Página | 163 pequeño desayunador para comer. Fuerzo unos pocos bocados
entre mis labios, mirando solo mi plato. Satcher se para en algún
punto y regresa con un lemon drop fresco. Lo veo fruncir el ceño
cada vez que toma un sorbo y no puedo decidir si es porque le
gusta o lo odia. Jules habla lo suficiente por los tres, balbuceando
ajena a la extraña tensión. Llama a Satcher “bebe” y toca su brazo
cada vez que habla con él. Veo sus elegantes dedos amasar su
brazo, su cuello; su piel es sorprendentemente blanca contra la
suya. Me siento separada de mi cuerpo como si estuviera siendo
forzado a ver suceder todo desde arriba. Puedo verme flotando
cerca del techo mirando hacia abajo a la alfombra de color verde
azulado debajo de la mesa, las estanterías de nogal que ella es de
color codificado en lugar de alfabético. No hay manera de decir que
es lo que está pensando o sintiendo Satcher. Me pregunto si está
en su cuerpo o flotando en algún otro lugar también.
Después de cenar, insisto en que se queden sentados mientras
lavo los platos. Necesito espacio entre nosotros incluso si solo son 6
metros a la cocina. Cuando levanto la vista del fregadero, la silla de
Satcher esta desplazada a un lado y Jules sentada en su regazo.
Termino tan rápido como puedo y hago una carrera a mi cuarto.
Me meto en la cama cubriendo mi cabeza con las sabanas. En
lugar de ir a dormir, que es probablemente lo que debería de hacer,
le mando un mensaje a Woods.
¿Qué estás haciendo?
Su respuesta viene dos minutos después acompañada de una
foto.
En un bar. Ellos dicen hola.
Estudio la foto. Woods esta en el frente, su brazo estirado para
sostener el teléfono. Detrás de él están Desi y Xavier, dos de
nuestros amigos de la universidad. Sus ojos brillan en rojo como
demonios de bar. Miro con nostalgia sus bebidas, sudando en la
barra frente a ellos, y es como si Woods me hubiera leído la mente.
Ven. A los chicos les gustaría verte.
Me manda la dirección de inmediato y la miro largo y tendido.
¿Mala idea?
Una ráfaga de risas se filtra por debajo de mi puerta. Escucho a
Satcher decir algo y luego a Jules responder. Meto mi cabeza
Página | 164 debajo de mi almohada tratando de bloquear el sonido de su
felicidad, y luego así de rápido ruedo sobre mi espalda sosteniendo
el celular por encima de mi cara.
Okay, respondo, estoy ahí en diez.

E
s un típico bar con poca iluminación, madera negra,
unas cuantas televisiones. Los chicos están alineados
con cerveza delante de ellos, encorvados viendo la
pantalla. Desi me ve primero.
—Bien, bien, bien, la hija prodiga ha regresado. —Deja su banco
para abrazarme. Xavier, quien nunca tiene mucho que decir, me da
un coque de puños. Miro a Woods, que me está mirando de arriba
abajo con una sonrisa escandalosa en su cara.
—Hey —dice enganchando un brazo alrededor de mi cadera y
me atrae para darme un beso en la mejilla.
—Estas borracho. —río alejándome.
—No aun —Se gira hacia al bartender—. Un lemon drop para la
señorita.
El bartender hace contacto visual conmigo y sacudo la cabeza.
No más lemon drops por esta noche.
—Voy a tomar una cerveza —digo.
Asiente y se mueve para conseguir mi bebida. Digo tonterías con
los chicos por unos minutos. Desi saca su celular y me muestra
fotos de su nuevo bebe. Su esposa y yo solíamos ser buenas amigas
hace un tiempo. Woods tomo la custodia de su amistad cuando me
fui. Cuando el juego vuelve, me muevo por la barra y me deslizo
hacia el asiento junto a Woods, empuja mi rodilla con su pierna.
—Entonces —dice.
—Entonces… —digo.
—Escuche que Satcher y Jules comenzaron a salir. ¿Qué paso
entre ustedes dos? —Vacía su vaso y voltea a ver el televisor para
revisar el marcador. Me doy cuenta de que está disfrutando de esto.
—¿Qué te importa? —Mi cerveza llega y tomo un sorbo.
Página | 165
—Oh, ya sabes… mi ex se engancha con mi mejor amigo y estoy
interesado en saber que pasa…
—No se nota que ustedes dos sigan siendo mejores amigos —
digo—. ¿Quieres decirme que paso con eso?
Woods respira. Dos puntos abajo, Desi golpea su puño en la
barra, sus ojos pegados a la pantalla por encima de él.
—No le gusto lo que paso con Perla. Hablamos de ello el día
después de que te fueras de la ciudad.
—¿De ello? ¿Como `de ello`?
Nadie se había molestado en mencionarme esto, incluyendo a
Satcher. Incluso le pregunte a él acerca de la tensión y había
ignorado mis comentarios como si todo estuviera en mi cabeza.
—Nosotros peleamos…
—¿Físicamente?
—Sí, físicamente —dice—, él me golpeo y yo le regrese el golpe.
Vamos Billie… ¿me estás diciendo que jamás lo menciono?
Pensarías que lo habría hecho, ya que ha tenido una vela
encendida para ti durante años.
No puedo creer lo que está diciendo. Me quedo callada por un
minuto procesando todo.
—No fue así para Satcher y para mí. Sólo hemos sido
amistosos…
—Tal vez de tu lado, pero conozco a Satch de toda la vida. Él ha
estado enamorado de ti por un largo tiempo.
Hago una cara. —Vamos, estas bromeando ahora mismo.
Satcher ¿Quién tiene problemas con el compromiso y a dormido
con la mitad de las mujeres de Manhattan?
—Las mujeres sobre piensan todo y los hombres apenas
piensan —sacude su cabeza.
—¿Entonces tu tensión con Satcher es sobre mí?
—Sí, ahí fue cuando comenzó.
Me muevo hacia atrás en mi asiento, sin poder creerlo.
—Bueno… —hago una pausa para tomar un largo trago de
Página | 166
cerveza—. Lo que sea que fuese, se ha terminado ahora. Satcher
está con Julia.
—Ciertamente un extraño giro de los eventos. —dice Woods,
estudiando mi cara—. ¿Estás triste por ello?
—¿Por qué no estabas tan preocupado por mis sentimientos
cuando estábamos juntos?
Una comisura de su boca se hunde. —Lo estaba, pero cuando
estás hasta las rodillas con inseguridades y la negación de tu papel
en las cosas, es difícil demostrarlo.
—Wow, diez años de terapia en una noche —Me lamo los labios,
mirando las botellas detrás de la barra—. Hora de algo más fuerte
—digo.
—Oye, ¿recuerda esa vez que fuimos a terapia?
Ruedo mis ojos. —Si puedes llamarlo así…
—Te extraño Billie.
Eso corta atreves de mí. Hecho un vistazo a Desi y Xavier para
ver si han escuchado, pero sus caras están inclinadas hacia la
televisión.
El bartender se para enfrente de nosotros.
—Cuatro shots de algo fuerte. —Levanto cuatro dedos mientras
lo digo.
—No para mí —Xavier se para, el juego a terminado, se encoje
de hombros en su chaqueta—. Mi esposa necesita que pase a
recoger unos tampones. —sonríe.
—¿Quieres compartir el taxi? —pregunta Desi.
Xavier se encoge de hombros y me pregunto si alguna vez se ha
comprometido con algo con un fuerte sí. Quizás con su esposa. Los
chicos salen y luego solo somos Woods y yo. No hablamos los
primeros minutos y me recuerda la comodidad que las personas
desarrollan cuando pasan años alrededor del otro. Nuestros shots
llegan y deslizo dos de ellos hacia él. Tocamos los vasos pequeños
juntos y luego ambos inclinamos nuestras cabezas hacia atrás al
mismo tiempo.
—Ugh… maldición —dice Woods. Limpia su boca con la parte
trasera de su mano—. Estoy demasiado viejo para esto.
Página | 167
—Uno más, viejito —digo, empujado el segundo shot.
Frunce el ceño, pero sus ojos bailan.
El segundo shot baja más fuerte. Hago una mueca de dolor por
la quemadura de ácido que me hace cosquillas en la garganta.
Woods se ve verde. El licor me calienta las partes muertas; me
siento acelerando, volviendo a la vida. Esto es como uno se convierte
en alcohólico, pienso. Recostándome en mi silla, estiro mis brazos
sobre mi cabeza. Se siente bien estar fuera de esa casa, lejos de
Satcher y Jules.
Probablemente necesito empezar a pensar en conseguir mi
propio lugar, pero entonces pienso en lo que dijo Jules acerca de
mudarse con Satcher si todo sale bien, y empiezo a sentirme
enferma.
—¿Qué? —dice Woods. Sus ojos están nublados y arrastra un
poco las palabras—. Tu rostro cayó de repente.
Sacudo mi cabeza, alejando a Satcher y a Jules dentro de un
armario imaginario y trabando la puerta.
—Estoy bien. Esto es divertido.
—See —dice
—¿Tu y Perla salen a tomar?
Sus ojos se entrecierran un poco, pero conozco sus expresiones
lo suficiente para captarlo.
—No… a Perla no le gustan las calorías. —Su voz es plana…
aburrida.
—Oh —digo.
Cuando se inclina y me besa no lo estoy esperando. Mis ojos
están abiertos mientras su suave boca se presiona contra la mía.
No hay lengua, ni saliva ni manos errantes, solo un tierno beso
entre dos viejas llamas.
Debería de haberlo apartado antes de que lo hice.
—¿Por qué tenias que ir y hacer eso? —Me hecho hacia atrás
para mirarlo a la cara. No hay ni una pizca de arrepentimiento.
—El espíritu me guio.

Página | 168
Suspiro. —Mejor me voy.
Woods agarra mi mano. —Quédate —dice.
Sacudo mi mano. —Otro día, cuando estés sobrio.

L
lego a casa cerca de las dos de la mañana. Luchando con
la cerradura, dejo caer las llaves. Me inclino para
recuperarlas cuando me enderezo la puerta se abre y
Satcher me está mirando.
Grito, saltando hacia atrás por la sorpresa.
—¿Qué estás haciendo? —Puedo oír mi voz a la defensiva.
—Abriéndote la puerta así no despiertas al edificio entero.
—¿Donde está Jules? —Miro alrededor de él con sospecha.
—Está en la cama. Me estaba preparando para irme… —su voz
es baja, apenas un murmullo.
Tuve un recuerdo fugaz de nuestros cuerpos desnudos
moviéndose juntos mientras hablaba con una voz grave en mi
oído—: Estas tan mojada, Billie…
Me estremezco, hubiera sido tan fácil enamorarme de él.
Demasiado fácil. Presiono la palma en mi pecho donde aún siento
en carne viva lo que paso entre nosotros.
Me tambaleo hacia delante, ansiosa por alejarme de él y mi
tacón se engancha con la alfombra de Jules. El me agarra,
doblando las rodillas para rodearme la cintura con un brazo.
—¿Cuántas bebidas has tomado?
—Tú lo sabes. Eres el que las estaba haciendo —Intento
caminar, por un lado, pero él me bloquea.
—Apestas a Licor. No es por lo que te di.
—Bueno, la última vez que lo cheque era una adulta y no
necesito contestarte acerca de lo que he estado bebiendo.
En mi mente, él está tratando de detenerme de caminar hacia
mi cuarto. Salgo corriendo, pero el apartamento esta oscuro. Mis
rodillas golpean algo y estoy fuera de balance. Me siento cayendo,
mis manos palpando inútilmente el aire, intentando ayudar
Satcher se extiende para agarrarme y falla, su codo conectándose
Página | 169
con mi ojo.
—Maldita sea, Billie —lo escucho murmurar.
Estoy en el suelo una pierna torcida detrás de mí. Enderezo mi
pierna y ruedo sobre mi espalda, mirando hacia el techo oscuro.
—Mierda. Lo siento… —se sienta a lado mío en el suelo donde
estoy ahuecando el ojo herido.
—Soy una perdedora —digo—. Una perdedora borracha.
—No —Satcher aleja mi mano de mi ojo y lo examina con la luz
de su celular—. Vas a tener un ojo morado.
Resoplo. Nos quedamos así por unos minutos luego Satcher se
para, extendiendo las manos para que pueda levantarme.
—Estoy triste —digo con lágrimas en los ojos.
Satcher me da un beso en la frente. —Lo sé. Vamos, vamos a
meterte en la cama.
Dejo que me lleve a mi cuarto, el calor de su mano viaja por mi
brazo dentro del frio de mi corazón. Me trato de alejar de él, pero él
no me deja... excepto para ir a buscar una bolsa de guisantes
congelados para mantener sobre mi ojo. Me sienta en el borde de la
cama y se arrodilla enfrente de mí para quitarme los zapatos.
Poniéndolos uno al lado del otro en el piso, levanta su mirada a mí.
—¿Con quién fuiste a beber?
Me lamo el labio inferior tratando de pensar en una buena
mentira. Ambos sabemos que no tiene derecho a preguntarme eso,
pero no puedo apartar la mirada de sus ojos. Me encojo de
hombros. —Woods.
—Ugh, Billie… —Se recuesta en cuclillas y menea su cabeza.
La única luz en el cuarto viene de las lámparas de afuera. Me
pregunto por que no ha prendido la luz mientras estudio su cara en
la oscuridad.
—Cállate —digo—, no me des sermones.
Caigo de espaldas sobre el edredón y lo escucho reír
suavemente. Mi paquete de guisantes congelados se ha caído al
suelo. Giro mi cabeza hacia los lados y la miro, mi ojo palpita.
Apenas he comido nada hoy, la cena que Jules hizo en su mayoría
la empuje alrededor de mi plato. No me extraña que el licor me
Página | 170
golpeara tan fuerte.
Espero que se vaya después de ayudarme con los zapatos, pero
me quita gentilmente mis jeans y luego levanta mi camiseta por
encima de mi cabeza. Estoy acostada de espaldas con mi ropa
interior mirando hacia él.
—¿Qué paso? Estabas en un mejor lugar. Habías dejado la
mierda con Woods.
—¿Y por mierda te refieres a mi relación de ocho años con el
amor de mi vida?
—Venga, Billie. El amor de tu vida no te deja por otra mujer.
Nos quedamos en silencio, yo sopesando sus palabras. Estaría
mintiendo si dijera que no me dolieron. Está bien para mi saber
que Woods no me amaba realmente, pero que los demás lo sepan
me hace querer llorar.
—Él cometió un error.
—Tú malditamente tienes razón, lo hizo. Y es el tipo de hombre
que comete esos errores. Perla no será la excepción.
Pienso en nuestro beso, los suaves labios de Woods contra los
míos. Me cuesta trabajo creer que llegue a su casa y le cuente a
Perla acerca de eso.
—Estaba en un mejor lugar por ti. —suelto de repente.
Mi mano quiere alcanzar y cubrir mi propia boca. Doble mis
dedos. No. Esto me pertenece. Esto es lo que siento y no tengo
nada de que avergonzarme. Excepto tal vez del hecho de que aun
estoy acostada en mi ropa interior mientras discutimos. Busco una
manta y me siento, envolviéndola alrededor de mis hombros. Ya no
me siento tan borracha.
—Me estaba enamorando de ti, Satcher. Pero eso resulto ser
una cosa estúpida. ¿No es así? Supongo que debería haberlo
consultado con el cementerio de corazones que has acumulado a lo
largo de los años. —Comienzo a alejarme, pero su voz replica con
ira.
—Eso no es justo. Tú me alejaste. Sigues enamorada de tu
jodido ex marido.
Página | 171
Él está en lo cierto, claro, pero no es como si él nos hubiera
visto como algo serio. Solo era su chica del medio; la perra básica
que follo en medio de sus novias modelos.
—Correcto. ¡Y realmente luchaste por eso!
—Maldita sea Billie… —Desliza su mano por su cabello—. Es
como si estuvieras tratando de que fallara.
Se levanta, girando para irse.
—Woods me dijo por que pelearon —suelto de repente cuando
su mano está en la perilla—, ¿es cierto? ¿Tú lo golpeaste cuando
me engaño?
—Yo lo golpe porqué te engaño —dice sin volverse.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—¿Por qué lo haría?
—No lo sé… ¿porque defendiste mi honor?
—Te fuiste. Ninguno de nosotros te vio por dos años. Y no olvido
lo que te envió a ese lugar, Billie, donde dejaste todo lo que amabas
y te metió en un agujero por dos años de tu vida.
—¿Por qué estás diciendo eso? —Aprieto más fuerte la manta
alrededor de mis hombros. La habitación se siente como si se
estuviera encogiendo sobre nosotros. Es así como se siente la
verdad… ¿claustrofóbica?
—Porque lo puedo ver por toda tu cara. Te estás enamorando de
él otra vez.
Si tratara de negarlo, Satcher vería a través de mí. Muerdo el
interior de mis mejillas para evitar mentir.
—No es de tu incumbencia Satcher. Tú estas con Jules. Con
quien escojo pasar el rato no es de tu interés.
El está en mi cara y no tengo ni idea de cómo paso. Un minuto
estaba sosteniendo la perilla y el siguiente estamos prácticamente
cara a cara
—Dime que me quieres. Dime que me quieres y la dejare para
estar contigo.
Mi pulso late con fuerza detrás de mi oreja; puedo sentir el
palpitar debajo de mi carne. Mi boca se abre sin gracia. Puedo oler
Página | 172 su piel, su aliento esta tibio en mi mejilla. Estoy tentada a estirar la
mano y acercar su boca a la mía, pero ya cometí un error esta
noche besando a Woods.
—No. —Giro mi rostro—. No puedo… Jules…
Ya está retrocediendo con una expresión triste en su cara.
—Necesito otro trago —digo, parándome.
Salgo por la puerta y llego a la mitad del camino a la cocina
antes de sentir sus manos sobre mí. De repente, el suelo ya no está
debajo de mis pies. Jadeo cuando Satcher me lanza sobre su
hombro y me lleva de regreso a mi habitación. Me arroja a la cama
y lo miro, demasiado enojada para hablar.
Me señala con un dedo. —No más bebidas.
Abro mi boca para discutir, pero me da la espalda.
—A veces, Billie, Dios nos manda un ex para ver si sigues
siendo estúpido.
Se ha ido antes de que pueda tirar algo a su cabeza. Lloro hasta
quedarme dormida. Sobria.
25
Traducido por: LilyCarstair99
Página | 173 Corregido por: -Patty

H
ay todo tipo de razones por las que la gente se divorcia:
se distancian, hay abuso, nunca estuvieron enamorados
en primer lugar, quieren cosas diferentes…
Pero cuando dos personas se divorcian porque una de ellas
permitió que una tercera persona se metiera, la persona que quedó
atrás enfrenta años de guerra psicológica que se lanzan contra sí
misma. Tu persona no te amaba lo suficiente. ¿Sabes lo devastador
que es eso? Darte cuenta de que no eras lo suficientemente amada.
Pasé dos años preguntándome qué podría haber hecho mejor,
buscando en mis recuerdos señales de que él no estaba contento.
¿Por qué no me lo dijo? Podría haber cambiado, podría haberme
esforzado más, podría haber...
Quizás no debería haber esperado para mejorar. ¿Es ese el
problema con todos nosotros, necesitamos un recordatorio para ser
una esposa decente, una hija decente, una madre decente? De
todos modos, ahora no importa.

E
l lunes por la mañana, me dirijo al trabajo, con mi ojo
negro escondido detrás de un par de enormes lentes de
sol que tomo prestados del armario de Jules. Intenté
cubrirlo con maquillaje, pero eso lo hizo más obvio. Para mi total
consternación, Woods me espera cuando abro la puerta de mi
oficina.
—Dios, me asustaste. —Paso a su lado, arrojando mis cosas
sobre mi escritorio.
—Quería hablar contigo sobre...
—Nada de qué hablar —digo con desdén.
Mi estómago se aprieta. No quiero escuchar cómo se arrepiente
de besarme. Las disculpas de ese tipo hacen que el corazón duela.
—Detente, Billie, reina de la evasión. Necesitamos discutir lo
que sucedió.
—No. —Por un momento, me olvido de mi ojo morado y lo miro
directamente.
Página | 174
—¿Qué pasó? —Está sobre mí en un minuto, me quita las gafas
de sol y me examina el ojo.
—Nada. Fue un accidente.
Tiene mi barbilla entre sus dedos y puedo sentir su aliento en
mi cara.
—¿Qué tipo de accidente?
Hago una pausa. —Me dieron un codazo en la cara, no es nada.
La cara de Woods se oscurece. —¿De quién es el codo?
—Por el amor de Dios, Woods —le digo, alejándome de él—.
Nadie me golpeó si eso es lo que estás insinuando. Aparte de ti, por
supuesto. Pero el corazón se esconde fácilmente.
Me dejo caer en mi silla, pero Woods se queda dónde está.
—Billie, ¿qué pasó en el bar?
—Basta… —Me tapo los oídos con las manos, y cuando me doy
cuenta de lo infantil que debo lucir, las dejo caer—. Tú...
estábamos borrachos. No es necesario que digas nada.
Muevo el mouse y la pantalla cobra vida. Rezo para que sea
suficiente para él y se valla, pero cuando miro hacia arriba, todavía
está allí.
—No solo es eso. No estaba tan borracho.
Lo miro.
—No estaba tan borracho —dice de nuevo.
Camina hacia la silla frente a mi escritorio, en la que siempre se
sienta Satcher, y se deja caer en ella. Afuera de mi ventana
comienza a llover, el agua salpica el vidrio y luego se escurre.
—Te fuiste tan rápido después... que nunca tuvimos la
oportunidad de hablar. Quería explicarlo.
Levanto las cejas. Mi boca está seca, mi corazón late con fuerza
por mi dolor.
—Sabías dónde estaba.
—Tienes razón. Fui un cobarde. Después de lo que hice, tenía
miedo de enfrentarte a ti, especialmente en tu territorio.

Página | 175
Doblo las manos en mi regazo para que no las vea temblar. ¿Por
qué soy así?
Necesito ser más fuerte... más dura. Regresé aquí para
demostrar mi valía y ni siquiera puedo controlar la reacción de mi
cuerpo hacia él.
—Ha sido un largo tiempo. Está en el pasado. Hemos seguido
adelante. —Me imagino que Satcher se reiría de esa parte si
estuviera aquí.
—No lo he hecho —dice Woods.
—Te vas a casar —le recuerdo.
Se lame los labios, mirando hacia la ventana. —Solo amas la
lluvia en tus propios términos. En Washington había demasiado;
aquí hay muy poco.
Solía decirme eso todo el tiempo. Él sugirió que nos mudáramos
a Seattle y tuviéramos una aventura y yo lo ignoraría diciendo que
no podría vivir bajo una lluvia constante.
—Deberíamos vivir donde tus ojos coincidan con el cielo...
—¿Por qué no vivimos donde tus ojos coinciden con el cielo? —Me
reía.
—¿El Caribe?
—No te hagas ilusiones...
—A pesar de lo que piensas, no quise que eso sucediera. Amo…
Mi puerta se abre y los dos miramos hacia arriba al mismo
tiempo. El rostro de Satcher es ilegible cuando entra a mi oficina.
Lleva un traje azul marino, los botones superiores de su camisa
blanca están abiertos para revelar su clavícula. Tan pronto como
camina, su olor está en todas partes. Se traga la habitación y por
un breve momento me olvido de Woods.
Camina directamente hacia donde estoy sentada, y al igual que
Woods, toma mi barbilla en su mano para examinar mi ojo.
—Un desagradable ojo negro. —Rompe el silencio.
—Tú me lo hiciste. Era como si mi corazón no estuviera lo
suficientemente golpeado, vamos a darle también moretones
externos.
Aparece el hoyuelo. Siempre ha apreciado con mi humor seco.
Página | 176
—Espere. ¿Le hiciste eso? —Woods mira de uno a otro.
—Sí. Otra cosa que tú y yo tenemos en común —digo
alegremente—. Ojos negros, cortesía de Satcher Gable.
—¿Qué carajo, Satcher? —dice Woods, ignorando mi
comentario.
Satcher apenas lo mira. —Cuando tengas tiempo, Billie. Estaré
en mi oficina.
Asiento con la cabeza y sale sin reconocer a Woods.
Salvaje.

D
espués del almuerzo, me dirijo a la oficina de Satcher.
Estoy tratando de fingir que lo que sea que tenga que
decirme no es importante. Cuando entro, él está sentado
detrás de su escritorio trabajando, con un recipiente de ensalada a
medio comer frente a él.
—¿En que estas trabajando? —Me siento en la silla verde
pasando los dedos por la tela.
—Ahora que está aquí, puedo invertir mi tiempo en hacer crecer
mis otras empresas. Gracias por cierto. Me hiciste más un favor
que yo a ti.
Me encojo de hombros. —El Rhubarb se siente como lo único
bueno que me queda... aunque no es mío.
Tiene una mirada extraña en su rostro.
—Entonces, ¿de qué querías hablarme?
Se inclina hacia atrás, apoya las manos detrás de la cabeza y
mira al techo.
—No quiero decirte qué hacer —dice.
—Entonces, ¿por qué tengo la sensación de que eso es
exactamente lo que vas a hacer?
Sus ojos parpadean desde el techo hasta mi cara.
—Esta sigue siendo mi empresa, Billie. Me importa lo que pase
aquí. Y si Perla se entera de que te vas a reunir con Woods en los
bares...
Página | 177
—Ella no se va a enterar. Y no volverá a suceder —me apresuro.
—Tiene mucha lealtad con los demás empleados. Si se marcha,
la seguirían. Eso podría retrasarnos durante meses. Sin mencionar
que Woods todavía tiene una parte significativa de Rhubarb; si
quisiera, podría ponernos las cosas muy difíciles.
—Detente —le digo.
Estoy nerviosa conmigo misma y con Satcher. No tiene ningún
derecho.
—Lo que hago en mi tiempo libre no es asunto tuyo. —Me
levanto—. ¡No tienes que protegerme de Woods! Sé cómo manejarlo.
—Estoy tratando de protegerte de ti —dice.
Se me seca la boca y me hormiguean las puntas de las orejas,
como siempre ocurre cuando hay demasiada emoción con la que
lidiar.
—Nunca intentamos resolverlo. Corrí y eso le dio la excusa para
tomar el camino fácil.
—Dios, eres tonta. —Se inclina hacia atrás en su silla, dando
golpecitos con un dedo en su escritorio distraídamente—. Debería
haberte perseguido. Nada de lo que pasó fue tu culpa, Billie. Él es
el que la cagó. No hay excusa para hacer trampa, nunca. Si
hubiera querido salir de tu matrimonio, podría haberlo hecho sin
ser un completo cabrón.
—Pero no lo hizo. —Mi voz se eleva—. Todos cometemos errores.
¿Por qué te importa, Satcher?
Estoy lívida. No puedo creer que el hombre más mujeriego de
Manhattan me esté dando un sermón sobre las relaciones.
—Porque yo te habría perseguido.
El silencio que sigue a su declaración está hinchado. Al
principio estoy demasiado sorprendida para responder. Cuando la
ira finalmente me alcanza, me paro tan abruptamente que los ojos
de Satcher se agrandan.
—Vete a la mierda —digo—. Eres solo otro hombre que me dejó
por otra persona.
Sé que es horrible. No debería haberlo dicho, y definitivamente
no es justo considerando que fui yo quien lo alejó. Pero a pesar del
Página | 178 papel que tuve en su decisión de estar con Jules, a pesar de cómo
argumentó en contra, lo hizo.
Me dejo por ella. No tiene derecho a juzgar a Woods.
—Creo que deberías irte —dice—. No estás siendo racional.
Palabras desencadenantes. Me paro tan abruptamente que la
silla de terciopelo verde se cae.
—Eres un idiota —le digo antes de marchar hacia la puerta.
—Pero al menos soy un idiota que sabe lo que quiere —me dice.
Cierro la puerta de su oficina con tanta fuerza que escucho a
Satcher maldecir al otro lado.
¿Desde cuándo Satcher sabe lo que quiere? Ha estado pasando
de una modelo a otra durante años.
26
Traducido por: Beth
Página | 179 Corregido por: Beth & -Patty

E
l domingo por la mañana voy a ver un apartamento en
alquiler en Brooklyn. Tomo un taxi ya que el tiempo ha
cambiado y no quiero molestarme con el metro... aun. El
vecindario no es terrible, y viajar hacia y desde el trabajo será una
molestia, pero la idea de tener mi propio espacio supera todos los
pensamientos negativos que tengo. Antes de que Woods me
engañara y yo corriera a casa en Washington, solo había tenido
compañeras de cuarto: las chicas de la universidad y luego mi
esposo. Y aunque pasé dos años viviendo en la casa de huéspedes
de mis padres, todavía se sentía como si estuviera viviendo en casa
con ellos. Este será mi primer apartamento en solitario y voy a
estar completamente quebrada pagando por él. La dueña, una
rubia muy entusiasta vistiendo una sudadera con capucha que
dice Novia, se va a casar y se va a vivir con su futuro esposo.
—Queremos formar una familia de inmediato —me dice,
pateando una pelota de tenis perdida debajo de la cama.
La veo rodar por el otro lado y golpear la pared. Apilados cerca
de la puerta principal hay un par de raquetas destartaladas. Veo
una foto de dicho prometido en la mesita de noche; es un tipo
americano estándar usando una chaqueta de cartero y sosteniendo
una cerveza. Apostaría mi vida a que sus padres eran miembros de
un club de campo en el norte del estado, donde jugaban al tenis
juntos.
—De todos modos, necesitamos un lugar más grande —termina.
No parece tener más de veintitrés años. Quiero decirle que
corra, que evite el asunto del matrimonio hasta que haya vivido con
él unos años. Pero estoy familiarizada con este tipo de devoción
esperanzadora. Parlotea sobre el vestidor de dos habitaciones de su
prometido, los pisos de madera originales y el espacio extra del
armario mientras me muestra su pequeño estudio (que no tiene
armario). Hay un baño en el que apenas puedo darme la vuelta,
una pequeña estufa de gas, una nevera verde oliva que gime como
si le doliera cuando la abre, y una vista de un callejón con un
contenedor rebosante de basura. Miro a un gato que está abriendo
una bolsa de basura con sus garras y digo—: Lo quiero.
Ella parece aliviada, y recuerdo lo ansiosa que estaba por
Página | 180 comenzar mi vida con Woods hace todos esos años. Ella me pide
que complete una solicitud y le escribo un cheque del primer pago,
el último y de seguridad. Puedo mudarme justo después de las
festividades, lo cual es perfecto porque Jules se irá por Navidad
para visitar a su familia. Tendré el apartamento para mí sola hasta
que llegue el momento de mudarme.
Cuando vuelvo a lo de Jules no hay nadie en casa, así que me
preparo un sándwich y enumero mis pertenencias. No tengo mucho
más de con lo que llegué. Voy a necesitar cosas: una cama, una
mesita, un armario. Tendré que decírselo a Jules esta noche. Me
pregunto si subarrendará este lugar y se mudará con Satcher. El
pensamiento me hace perder el apetito y tiro el resto del sándwich
a la basura. Me digo que no será tan malo. Todo lo que tengo que
hacer es pasar las fiestas y luego seré maravillosamente libre. No
más toparme con ellos en el camino a casa después de una cita
nocturna, no más ver los zapatos de Satcher junto al paragüero, no
más angustia por si están teniendo sexo detrás de la puerta
cerrada de su dormitorio. Mi único consuelo en toda esta situación,
en comparación con la de Woods y Perla, es que amo a Jules y de
verdad quiero que sea feliz.
Mis sentimientos por y sobre Satcher son confusos. Él era mi
amigo, y luego mi amante, y ahora estamos en un callejón sin
salida donde no estoy segura de cómo puedo llamarlo además de
jefe. La tensión entre nosotros no pasa desapercibida. Para el
miércoles, hemos hecho un trabajo tan bueno evitándonos el uno al
otro, que Woods entra a mi oficina para preguntar si todo está bien.
Lo miro por un largo tiempo, la pregunta colgando entre nosotros.
Woods es la persona que más me conoce; es algo incómodo de
admitir, pero pasamos un poco menos de una década
mostrándonos lo mejor y lo peor. Tal vez compartir mi situación
con alguien que me conoce tan bien como él... ayudaría.
Abro la boca para decir algo, pero no sale nada. Puedo oler su
Juicy Fruit desde el otro lado de la habitación y tengo que abrirme
camino para superar las punzadas de nostalgia que se agitan en mi
corazón: juventud, un amor que creía infinitamente poderoso, todo
mi futuro por delante. Supongo que lo único que puedo decir es la
verdad.
—Estoy confundida —admito—. Aturdida y confundida35.

Página | 181
Woods sonríe ante la referencia de la película y se sienta en la
silla frente a mi escritorio.
—Suéltalo —ordena.
—Eres mi ex esposo —digo—. Totalmente inapropiado.
—¡Y vas!
No puedo reprimir mi sonrisa por la forma en que ignoró mi
excusa, porque me conoce. Tengo que ser presionada para
compartir sentimientos. Nunca ha sido fácil para mí hablar de
asuntos del corazón.
—Conseguí un lugar propio —digo—. En Brooklyn.
Él asiente lentamente. —Ah. ¿Le has hecho saber a Jules?
Niego con la cabeza.
—Tú y Satcher...
Gimo. —No quiero hablar de eso.
—Ustedes dos eran un desastre esperando a suceder.
Me siento más erguida, molesta por sus palabras. —¿Que se
supone que significa eso?
—Vamos, Billie. ¿Qué tienen ustedes dos en común?
—¿Qué tienen Perla y tú en común? —Lanzo de vuelta.
Woods me mira estupefacto, que es por lo que no advierto
inmediatamente la puerta abriéndose detrás de él.
—Claramente más de lo que ustedes dos tuvieron.
Levanto la mirada para ver a Perla parada en la puerta de mi
oficina. Lleva una camiseta y jeans, su cabello recogido en su
característico nudo desordenado. No la había oído entrar, pero por

35 N/T: Rebelde o en este caso colocamos `aturdida`. Es una película de 1993. ‘Rebeldes
y confundidos’ es el título en Argentina. En México se conoce como ‘El último día de
clases’, y en España como ‘Jóvenes desorientados’ o ‘Movida del 76’.
supuesto que está aquí. Woods no puede estar a solas conmigo sin
su supervisión. Perla y yo hemos tenido poca o ninguna interacción
desde su aborto espontáneo. Volvió al trabajo con lo que parecía
una nueva determinación de fingir que yo no existo, y he estado
perfectamente bien con el hecho de que nunca tengo que hablar
Página | 182
con ella.
—Entonces, ¿por qué te sientes tan amenazada? —Las palabras
salen antes de que pueda detenerlas. Palabras de lucha. No tenía
intención de pelear, pero a veces la pelea te encuentra.
Woods gime y Perla se adentra más en mi oficina como si
estuviera lista para lidiar con las cosas de frente. Sus labios están
fruncidos y sus ojos muy abiertos me disparan con cada parpadeo.
Genial, acabo de empezar una pelea de chicas.
—Estaba casado contigo y no quería estarlo. Ahora se casa
conmigo. ¿De qué hay que sentirse amenazada? —Ella se siente
muy bien con sus palabras.
La miro mientras cruza los brazos sobre su pecho. Es mi turno
de servir el insulto, pero estoy demasiado enojada para formular
palabras. La rabia me marea. Mi visión entra y sale de foco y mis
extremidades hormiguean mientras hago un esfuerzo por no saltar
de mi asiento. Ya es bastante malo que ella hiciera lo que hizo, pero
¿ser moralista al respecto?
Me pregunto si mi verdadero yo todavía está allí, enterrado
debajo de las diversas formas de mí misma que he cultivado a lo
largo de los años: la Billie de blog, la Billie divorciada, Wendy, la
Billie que regresó a Nueva York para demostrar a todos que está
bien. Pero la Billie de antaño, a la que Satcher se ha referido en
ocasiones, no discutiría con alguien que pensaba que estaba por
debajo de ella. Perla se cree la heroína de Woods. Es realmente
cómico que ella piense que se abalanzó y lo salvó de algo malo (yo).
—Perla...—Es Woods quien rompe el silencio, Woods quien se
pone de pie y mira de una a otra como si estuviera decidiendo cómo
manejar la situación.
—Vamos—dice.
Muevo mi mirada de Perla a Woods. El movimiento abatido de
sus ojos y su rápido pastoreo de Perla hacia la puerta me hace
querer arremeter contra él, llamar su debilidad. ¿Realmente
esperaba que me defendiera frente a su prometida? No, pero
tampoco esperaba que estuviera con alguien como Perla tampoco.
¿Cómo podía? Ella es una versión diluida de mí. Y ella sabe eso, lo
sabe. Que es por lo que mi presencia la molesta tanto. Los veo irse
y luego levanto mi puño y golpeo con fuerza el escritorio,
estremeciéndome cuando hace contacto. Los odio. Los odio a todos.
Página | 183
Pero sobre todo, me odio a mí misma. Perdí a mi marido y mi
negocio, todo ante esa criatura insoportable. No me importa lo que
me he dicho en el pasado acerca de Woods cargando la
responsabilidad por engañarme; ahora mismo estoy enojada, y
cada gramo de ese enojo está dirigido a Perla.
27
Traducido por: Beth
Página | 184 Corregido por: Beth & -Patty

L
a fiesta anual de Navidad... Me ofrezco como voluntaria
como organizadora de fiestas principalmente para
mantenerme ocupada. Actúo como si no fuera gran cosa,
que quiero llamar a cientos de restaurantes para hacer cosas como
asegurar una habitación privada y establecer un menú. En
realidad, solo quiero mantenerme ocupada y no ir a casa. Casa es
donde está Satcher, y el trabajo es donde está Woods. Y ahora cada
centímetro de mi vida está invadido por los hombres a los que no
podía aferrarme. El lado positivo: si realizo la mejor fiesta de
Navidad, me ganaré el favor del personal. Actualmente, la mitad de
ellos son del Equipo Perla, mientras que la otra mitad está
conmigo. Elijo un lugar llamado Summertime Sunday, todo
decoración bohemia. Parece un mercado extranjero en el interior
con bufandas de colores brillantes esparcidas desde el techo y
linternas en tonos de joyas en cada mesa. En Navidad, encienden
luces por todas partes y el efecto me deja sin aliento. Es perfecto.
El día de la fiesta, hemos terminado las últimas publicaciones
navideñas antes del mediodía. La oficina está llena de emoción
navideña. En la sala de descanso hay bandejas de galletas
navideñas y ponche de huevo con alcohol. Satcher recibió veinte
botellas de champán esta mañana y la gente está dando vueltas
con suéteres navideños y bebiendo el suministro interminable de
champán. Todo el mundo está de buen humor siendo el último día
de trabajo antes de que cierre la oficina hasta después del año
nuevo. Loren ha colgado oropel de un escritorio a otro, y Perla
instaló un árbol de Navidad la semana anterior. Satcher llega al
trabajo usando un gorro de Santa y las mujeres se desmayan,
incluyéndome.
Estoy caminando por la sala de descanso cuando una de las
lacayas de Perla dice—: Yo sería su elfo travieso...
Pongo los ojos en blanco, aunque no puedo culparlas. Durante
las últimas semanas he tratado de no mirarlo. Cada vez que
nuestros ojos se encuentran, siento una punzada de tristeza. Me
odio por sentirme así; no es como si hubiéramos pasado años en
una relación, aunque a juzgar por mi nivel de dolor, así es
exactamente cómo se siente. Me recuerdo a mí misma que fuimos
amigos mucho antes de nuestra entrada en el romance, y que
podemos volver a ser amigos con un poco de esfuerzo de mi parte.
Página | 185
Solo necesito... olvidar.

S
algo temprano de la oficina para correr a casa y
cambiarme. El apartamento está vacío cuando llego.
Nuestro árbol de Navidad se encuentra frente a la
ventana, las luces encendidas. Es la primera vez que he estado sola
en el apartamento desde hace meses y me empapo, de pie en la casi
oscuridad y mirando las luces parpadeantes esperando por una
recarga emocional. Después de diez minutos, me dirijo a
regañadientes al dormitorio para cambiarme.
La semana pasada, mientras compraba regalos para enviar a
casa a mis padres, vi un vestido colgado en la ventana de una
boutique. Estaba fuera de mi presupuesto, mis ojos se hincharon
cuando vi la etiqueta del precio. Inicialmente se lo devolví a la
vendedora, pero durante los cinco pasos que me tomó llegar a la
puerta cambié de opinión. Después de todo, era Navidad; podía
derrochar y comprarme algo esta vez. Regresé a donde ella estaba
todavía parada, y tomándolo de sus manos, lo llevé a la caja
registradora y saqué mi tarjeta de crédito antes de que pudiera
cambiar de opinión. Ahora corto con cuidado las etiquetas antes de
arrojarlo sobre mi cabeza. El vestido es plateado, la tela tan suave y
resbaladiza que corre por mis dedos como agua. Cuando cae
alrededor de mi cuerpo, abraza todos los lugares correctos. Tomo
prestado uno de los abrigos de Jules y salgo por la puerta. El
tráfico navideño se acumula en cada intersección, y cuando me
detengo en la panadería para recoger el pastel, ya estoy retrasada
veinte minutos para la fiesta. Cuando finalmente entro por las
puertas, todos ya están parados con una bebida en la mano.
Cuando me ven, me animan. Me río, sacudiendo la nieve de mi
cabello y me quito el abrigo.

H
e estado demasiado ocupada para preguntarme si
Satcher llevaría una cita a la fiesta. Y, por supuesto, esa
cita sería Jules. Suavizo una sonrisa en mi rostro,
maravillosamente vacío, y camino hacia ellos. Soy tan buena en
esto. ¿Cuándo me volví tan buena en esto?
—¡Billie! —Jules me abraza mientras Satcher mira en silencio.

Página | 186
Tan pronto como Jules completa su abrazo, vuelve al lado de
Satcher. Ella entrelaza su brazo con el de él y agarra su bíceps,
mirando alrededor de la habitación.
El sangrado palpitante de emoción llega, vaciándose en mi
pecho, contrayéndose dolorosamente y luego cae como plomo a mi
estómago.
—Hola, Satch —digo en voz baja.
Está enojado conmigo. No hay expresión en su rostro cuando
me mira, pero sus ojos destellan. No puedo soportarla, su ira.
Agacho la cabeza, lágrimas de vergüenza subiendo hasta mis
ojos. Y luego siento una mano en mi espalda. Conozco esa mano,
me apoyo en ella gracias a años de práctica.
—Satch. Encantado de verte, Jules —La suave voz de Woods
seca mis ojos.
Nunca me había alegrado tanto de verlo. ¿Cómo puede una
persona que te dejó para ahogarte también tener el poder de
hacerte sentir bien?
—Ojalá pudiera decir lo mismo —bromea Jules.
—Han pasado tres años, Julia —dice Woods—. Quizás podamos
jugar bien solo por una noche. ¿Especialmente desde que Billie
organizó la noche?
Los labios de Jules se tensan, pero no discute.
—¿Dónde está Perla? —pregunta Satcher.
—Se estaba sintiendo mal.
—Parecía bien en la oficina esta tarde.
Miro a Satcher. ¿A qué quiere llegar? Francamente, estoy
bastante agradecida de que Perla no esté aquí para arruinar la
noche. Déjala quedarse en casa bebiendo su té orgánico y
sintiéndose superior.
—Bueno, ya sabes cómo es. En esta época del año siempre hay
algo acechándote —Woods sonríe rígidamente y noto que ya tiene
un cóctel en la mano.
—Oye, ¿te importaría conseguirme uno de esos? —pregunto.
Página | 187
Él sonríe genuinamente por primera vez y asiente con la cabeza
a Jules y Satcher antes de dirigirse al bar.
—Creo que también tomaré una copa —anuncia ella—. Algo
sobre la cara de Woods me hace querer beber...
—Te la conseguiré —dice Satcher, tocando su brazo.
—No, estoy bien. Esta es tu fiesta de Navidad, mi amor.
Socializa.
Retrocedo ante el apodo cariñoso. Ella se va y luego solo
estamos Satcher y yo parados torpemente en el medio de la
habitación. Mi lengua se siente cubierta de incomodidad, todo
codos y rodillas36.
—¿Tu mamá nunca te dijo que nunca debes dejar que un viejo
amor te queme dos veces?
—Tienes más polla37 en tu personalidad que en tus pantalones,
¿lo sabías, Satch?
—¿Qué crees que va a pasar, Billie? Todos salen lastimados en
este escenario.
Echo un vistazo a la barra. Jules y Woods están en extremos
opuestos sin mirarse.
—¿Qué escenario, Satcher? —digo su nombre con la misma
cantidad de agriedad que usó al decir el mío—. Me está
consiguiendo una bebida.
Siento que me está juzgando por algo que ni siquiera he hecho.
Sacude la cabeza, decepcionado. Antes de que alguno de los dos
36 La expresión se suele utilizar para describir a una persona muy torpe y delgada, tipo
los adolescentes que aún se están desarrollando y crecen tan rápido que son más hueso
que músculo. Pero en esta ocasión la usa para describir lo incómodo y torpe de la
situación
37Juego de palabras. El original dice ‘You have more dick in your personality than your
pants’. Dick puede ser polla, pero también ‘imbécil, capullo, gilipollas’…
pueda decir otra palabra, Woods regresa con mi bebida. Después
de que me la entrega, se queda parado cerca, casi de manera
protectora. Me pregunto de quién quiere protegerme y mis ojos se
posan en Satcher. Algo está sucediendo entre ellos incluso ahora,
un silencioso intercambio de miradas.
Página | 188
—Vamos —dice Woods, alejándome—. Esta es tu fiesta,
deberías mezclarte.
Permito que me lleve lejos de Satcher. A pesar del duro pavor
rondando mi estómago, la noche es un éxito rotundo. Todo el
mundo se maravilla con el ambiente del restaurante, y cuando llega
la comida, dicen ooh y ahh sobre la presentación. Woods nunca se
aparta de mi lado, y casi se siente como solía hacerlo cuando
estábamos juntos. Hago una broma y él se ríe, mirándome como si
fuera la persona más divertida del mundo. Él hace una broma y yo
bromeo diciendo que no tiene nada de gracioso, y luego todos los
demás se ríen. Es algo que siempre hemos hecho y funciona, somos
divertidos juntos. La gente siempre decía que teníamos esta
química que puedes sentir. Yo también lo había pensado hasta el
día en que se levantó y me dejó. Durante la cena, cuando miro a
Jules, ella lo está mirando como si quisiera arrancarle la garganta.
Satcher, por otro lado, no me mira en absoluto. Cuando estoy en el
bar tomando una copa y tomando un segundo para respirar lejos
de todos, Loren se acerca detrás de mí. Apoyando sus codos en la
barra, me sonríe.
—He bebido demasiado —dice.
—Yo también —admito.
—¿Es por eso por lo que parece que tú y Woods están a punto
de follar?
Le doy una mirada, la mirada que dice ¡cuidado!
—Todos pueden verlo. Hay tanta energía sexual entre ustedes
dos que creo que cargó mi teléfono.
—Cállate —digo, riendo—. Él es el jefe, yo soy la jefa; solo
trabajamos en la sala, asegurándonos de que todos se diviertan.
—Bueno, Satcher también es el jefe y todo lo que ha hecho en
toda la noche es ponerte mala cara.
Frunzo el ceño. —Está siendo un idiota.
—Quizás solo esté preocupado por ti.
Hago una pausa para considerarlo y luego decido no hacerlo. —
Por favor...—Mis palabras vacilan porque no sé qué más decir.

Página | 189
Miro por encima del hombro hacia la larga mesa de caoba. Jules
se inclina contra él, acurrucada como si se estuviera congelando y
él fuera la única fuente de calor. Él tiene su brazo colgando
casualmente alrededor de sus hombros. Siento una punzada de
celos y la aparto. Yo había estado allí, bajo su cálida consideración.
Cuando fija su atención en ti, te hace sentir como la única mujer
del planeta.
El camarero me entrega mi bebida y yo apoyo la espalda contra
la barra para observar la escena. Me niego a tener una lápida ahí.
No permitiré que Satcher Gable tenga ningún poder sobre mí. Lo
tuvo... y luego se acabó y eso es todo.
Página | 190

SEGUNDA parte
28
Traducido por: LouLo
Página | 191 Corregido por: LouLo & -Patty

Satcher.

S
e parece a ella misma, pero es otra persona. Hago
inventario: mismas piernas, misma voz, mismas
expresiones faciales... diferentes palabras. ¿Amargada?
No. La amargura aún no la ha alcanzado; sorprendentemente lo ha
evitado. Sus hombros son indudablemente más delgados, pero no
tan rígidos como hace una década. Sin embargo, la vida les hace
eso a todos. Me propongo estar lo más erguido que pueda, aunque
solo sea para engañar a la muerte. Esta noche lleva algún tipo de
prenda mágica. Mis pensamientos se remontan a la escuela
secundaria, rompiendo el libro de Harry Potter, libros en noveno
grado. Excepto que, en lugar de invisibilidad, su vestido le da
visibilidad. La plata reluciente me llama la atención cada vez que se
mueve, incluso si es solo para levantar su copa de vino. Estoy
tratando de ignorarla, excepto que una vez que miras el vestido,
tienes que mirar sus piernas... y sus tetas, y luego,
inevitablemente, vuelves a su cara, que carece de la simetría de los
tipos de modelos con las que suelo salir. En más de una ocasión he
escuchado a mujeres hacer comentarios sobre ella. "Ni siquiera es
tan bonita…" o "No entiendo lo que los hombres ven en ella..."
Si me preguntaran, podría decírselos. Billie tiene un atractivo
sexual: puedes engordarla, adelgazarla, ponerla en esos horribles
vestidos de Martha Stewart que solía usar, y todavía tiene atractivo
sexual. Frank Sinatra conocía a una mujer como Billie; cantó sobre
ella en "Witchcraft". Excepto que estoy tratando de no mirarla,
maldita sea. Mirarla me da hambre. En cambio, miro a Jules. Nos
hemos vuelto a ver desde hace dos meses. Antes de que se fuera a
Brasil, estaba seguro de que podía ver un futuro con ella. Fue una
agradable sorpresa enamorarse de Jules tan fácilmente. Tal vez era
el momento adecuado para enamorarme, o tal vez ella era la chica
adecuada; de cualquier manera, las estrellas se alinearon y por
primera vez en años me sentí feliz. No es el mismo tipo de felicidad
que me dio cuando vendí una empresa por un millón de dólares, o
la felicidad que vino con tener a mi sobrina en brazos por primera
vez, era una felicidad privada. Una alegría que me confundió al
Página | 192
principio. Y luego, cuando estaba en mi pico de jodida felicidad,
Jules anunció que se iba. Al principio me devastó, ella fue la
primera mujer que me hizo pensar en asentarme. Cuando se fue,
me lo quité de la cabeza. Esa es la clave para ser bueno en
cualquier cosa: la capacidad de no estar tan envuelto en algo que
no pueda sacárselo de la cabeza. Estar obsesionado con una cosa y
todo lo demás sufrirá por ello. Pero ahora, mientras trato de sacar a
Billie y su vestido plateado de mi mente, no puedo. Trago lo último
de mi bebida. He bebido demasiado, todos lo hicimos. Desde el otro
lado de la mesa, Celeste se ríe con su risa de burro y su esposo la
mira con amor. Felicitaciones a cualquier hombre que pueda amar
a una mujer con una risa así. Beso la parte superior de la cabeza
de Jules, y cuando ella me mira, sus ojos se llenan de afecto. Pica
como sal en una herida. Varias veces esta noche me susurró su
enojo al oído por Woods. Ella es una buena amiga y una buena
persona. Miro a Woods, que está sentado junto a la silla vacía de
Billie. Sus ojos están fijos en algo más allá de la mesa a pesar de
que alguien le está diciendo algo. Sé que está mirando a Billie.
Eso me enfurece. Necesito otro trago.
—¿Estás bien, Satch? —Woods me llama la atención.
Se está burlando de mí. Éramos así de niños, siempre tratando
de meternos en la piel del otro. Siempre había sido divertido. Pero
ahora, hay una nueva tensión, una que no es para nada divertida.
—¿Por qué no lo estaría? —lo digo más en beneficio de Jules
que de Woods. Ella me mira con preocupación y le sonrío para
tranquilizarla.
—Pareces un poco distraído —dice Woods.
Está provocando una escena. Todos en la mesa están
deteniendo sus conversaciones para mirarme.
—¿Cómo se siente Perla? —redirijo la conversación y Woods de
repente parece culpable.
Ni siquiera se ha molestado en enviar mensajes de texto y
comprobar cómo está su prometida enferma, aunque dudo que ella
esté realmente enferma. En todo caso, tiene un caso grave de odio
por Billie.
—Ella está descansando —dice.

Página | 193
Sonrío. Me pregunto si Pearl tiene alguna idea de lo mal que
Woods lo tiene con su ex esposa. Me pregunto si Woods tiene
alguna idea de lo mal que lo tengo por su ex esposa. Hermanos
antes que hembras. Recuerdo el sentimiento de la escuela
secundaria y la universidad. Pollas antes que chicas. Resulta que
es un ideal falible. Billie se ha interpuesto entre mi mejor amigo y
yo, y supe que lo haría la primera vez que la vi.

E
lla había entrado en la fiesta de mi casa con una botella
de vino caro en lugar de las botellas gigantes de licor
barato que traían todos los demás. Supe de inmediato
que era ella, la nueva novia de Woods. Cuando me dijo que estaba
saliendo con alguien en serio, le di una palmada en la espalda.
—El gran tiburón blanco ha sido asesinado.
La describió con gran detalle cada vez que estábamos juntos,
casi hasta el punto de que estaba harto de escuchar su nombre.
Nunca lo había visto así, enamorado de una chica en lugar de
todas las chicas. —Algo especial —había dicho—. Elegante y
divertida como el infierno.
Ella estaba nerviosa, me di cuenta por la forma en que me
empujó la botella. Llevaba la chaqueta de cuero hasta los codos,
como si pasara mucho tiempo con la cabeza apoyada en las manos.
—Debes ser Satcher —dijo.
—Ahora mismo prefiero ser Woods —le quité la botella y sus
labios se torcieron ante mi descarado coqueteo.
—Hablando de él, ¿dónde está? —sus ojos recorrieron la
habitación, tratando de desenterrarlo del grupo de personas.
—Nos quedamos sin licor.
Su mirada viajó a la mesa de licores donde tres botellas sin
abrir de tequila barato estaban una al lado de la otra.
—Mentí —le dije—. Fue por marihuana...
La sonrisa llegó a sus ojos esta vez.
—Así que lo primero que aprendo sobre ti es que no puedes
mentir por una mierda —ella sonrió.
Me encogí de hombros.

Página | 194
—¿Por qué mentir cuando la verdad es tan interesante?
—Entonces dime, Satcher, ¿cuánto le gusto a Woods?
Oh, mierda. Ella ya estaba usando mi debilidad en mi contra.
Me quedé mirando su cabello, que era corto y ondulado alrededor
de su rostro, con un lado detrás de la oreja. Llevaba pendientes de
pistola. ¿Qué tipo de mujer usaba aretes Glock? Cogí el abridor de
vino y quité el corcho mientras ella me miraba.
—Está dominado —dije—. Es algo triste, triste de ver.
Ella se rio, una risa profunda y gutural.
—Te ríes como un villano —le dije, vertiendo vino en dos copas
Solo.
—Oh, va a ser divertido conocerte —dijo, tomándome el vino.
Incliné mi taza hacia la de ella y la toqué ligeramente en un
brindis.
—Ídem38.

C
uando miro hacia arriba, Woods se ha unido a Billie en el
bar. Su cabello es largo, casi hasta la cintura. Todavía se
lo coloca detrás de una oreja, pero en algún momento de
los veinte perdió el gusto por las chaquetas de cuero y los
pendientes de pistola. Extraño a la vieja, imprudente y tosca Billie.
La que le diría a Woods que se fuera a la mierda.
—¿Lista para irnos? —le pregunto a Jules, apretando su rodilla.
—¿No es muy pronto? ¿No necesitas quedarte un rato más?
Mis ojos parpadean hacia la barra. Están parados cerca, solo un
trago entre ellos.
—No. Volvamos a mi casa —digo.

38 Significa: `Lo mismo`


Jules asiente. Casi no pasamos tiempo en mi apartamento, pero
no quiero arriesgarme a encontrarme con Billie esta noche. Nos
despedimos alrededor de la mesa y nos dirigimos hacia la puerta, la
mano de Jules en la mía. Escucho que Billie me llama por mi
nombre, pero finjo no escuchar.
Página | 195
—Baño —dice Jules, soltando mi mano.
Ella gira a la izquierda y yo me acerco a la puerta con las manos
en los bolsillos. Está lloviendo, la calle parece manchada de aceite.
—Satcher… —escucho mi nombre detrás de mí y me giro
lentamente—. No dijiste adiós… —sus ojos están heridos. Se ve
vulnerable, con las manos juntas en la cintura, el cabello cayendo
sobre un ojo.
No digo nada y ella da un paso hacia mí.
—No sé si te volveré a ver... antes de Navidad… —mira por
encima del hombro y luego, en tres pasos de pájaro, está frente a
mí. Toma mi mano, desdoblando suavemente mis dedos de mi
palma.
Observo el movimiento oscuro de sus pestañas mientras mira
mi mano. Ella levanta los dedos y coloca algo en mi palma. Luego
dobla mi mano cerrada sobre ella.
—Feliz Navidad, Satcher —dice.
La veo alejarse. Cuando se ha ido, miro hacia abajo a lo que
puso en mi mano. Al principio, no sé lo que estoy viendo: es
pequeño, del tamaño de un guisante y blanco iridiscente. Creo que
podría ser una perla, pero luego veo el pequeño aro en la parte de
atrás. Es un botón. Lo toco con mi dedo índice, presionándolo
contra mi palma. Cuando Jules me encuentra, se ríe de mi
expresión.
—¿Qué es eso? —pregunta, mirando en mi mano.
—Nada —digo rápidamente—. Está lloviendo…
Guardo el regalo de Billie en mi bolsillo mientras Jules dirige su
mirada hacia afuera.
—Vamos a correr —dice.
29
Traducido por: LouLo
Página | 196 Corregido por: LouLo & -Patty

U
na vez que regresamos a mi apartamento, no puedo dejar
de pensar en ellos: Billie y Woods. Cómo miraban la
barra, sus cabezas juntas como en los viejos tiempos. Al
principio de su relación eran así: susurrando, tocando,
intercambiando chistes internos. Hacían que el resto de nosotros
nos sintiéramos como extraños cada vez que estábamos con ellos.
Pero no les había importado, habían existido en un mundo propio
en forma de corazón.
No sé exactamente cuándo se arruinó su relación, pero recuerdo
claramente haber notado la forma en que comenzaron a alejarse el
uno del otro, las miradas dulces que solían darse el uno al otro
reemplazadas por el enojo de las cejas arqueadas. Esta noche, sin
embargo, había sido un flashback de esos años anteriores, y eso
me hizo preocuparme: una retrospección color de rosa.
Jules se ha quedado dormida en mi cama. Las mantas se bajan
hasta la cintura y sus manos se presionan debajo de la mejilla
como si estuvieran rezando. Lleva el camisón de seda blanco que
deja en mi apartamento. No puedo evitar preguntarme si eligió el
color para insinuar el matrimonio que desea tan
desesperadamente. La sutileza de las mujeres siempre me ha
confundido. Donde los hombres dicen directamente lo que quieren;
las mujeres dejan huevos de Pascua, haciendo de conocer sus
corazones un juego. Supongo que por eso siempre me ha atraído
Billie; aunque ella también puede jugar, en poco tiempo su
franqueza gana.
Me levanto en silencio y me dirijo a la sala de estar,
preparándome una bebida.
Estamos hechos para sufrir en esta vida. No puedes decirme lo
contrario. Cuando no obtenemos las cosas que queremos, ellas nos
obtienen a nosotros, convirtiéndose en una obsesión, controlando
nuestros pensamientos y comportamiento. Eso es lo que es Billie,
lo decidí hace mucho tiempo. Reviso mi correo electrónico, escribo
las respuestas. Pienso en enviarle un mensaje de texto, pero no,
eso no estaría bien, no con Jules durmiendo en la habitación de al
lado. Cruzo la ventana, la ciudad lenta debajo de mí. Woods, podría
probarlo, pero probablemente no respondería. "No es de tu
incumbencia," me digo. Es lo mismo que me he dicho durante años.
Página | 197
Y nunca he podido apartar mis manos de sus asuntos: literal y
figurativamente. Miro el reloj: 4:49. Necesito dormir. Billie
probablemente esté durmiendo, ya que se acostó hace horas. No
hay necesidad de preocuparse. Es entonces cuando recuerdo el
botón que puso en mi mano en la fiesta. Encuentro mis pantalones
en la pila de tintorería y hurgo en los bolsillos hasta que siento la
dureza redonda entre mis dedos. Sosteniéndolo hacia la luz,
estudio el botón, tratando de entender lo que quiso decir con
dármelo.
—¿Satcher...?
Aprieto mis ojos cerrados antes de darme la vuelta, el botón
enterrado en mi puño.
—¿Por qué estás levantado? ¿Qué pasa?
Jules se apoya contra el marco de la puerta. Su cabello está
despeinado por su sueño. Observo cómo apoya un pie en la
espinilla de la otra pierna. Intento invocar todas las cosas que solía
sentir por ella. Las emociones habían llegado tan fácilmente
antes... ¿antes de qué? Billie. Billie se había apoyado en el mismo
marco de la puerta meses atrás, y cuando le mentí, ella vio a través
de mí.
—Nada —digo—. Solo tenía que terminar algunas cosas.
Jules asiente. Ambos somos del tipo que piensa en el trabajo
durante todo el tiempo que no deberíamos estar pensando en el
trabajo. Ella sonríe levemente antes de regresar al dormitorio. Billie
me habría ladrado. Me enviaría de regreso a la cama. Una pequeña
sonrisa toca mis labios ante el pensamiento. Cuando se enteró por
primera vez, se había sorprendido... comprensiva, pero luego me
reprendía por no despertarla para poder "ayudarme a dormir." Odio
ser impotente, especialmente conmigo mismo. Niego con la cabeza,
tratando de aclararlo. Independientemente de lo que sienta, Billie
tomó su decisión. Chispeamos por un momento, incluso
comenzamos a arder un poco antes de que la llama se apagara. Fue
un buen intento, pero no fue suficiente. Sus sentimientos por mí
no fueron suficientes.
Soy un hombre de negocios: conocía mis posibilidades.

—S
atcher... tierra a Satcher —me despierto de
Página | 198
golpe.
Debo haberme quedado dormido en mi
escritorio. Billie está parada en la puerta, con
los brazos cruzados como si no estuviera
segura de sí es bienvenida para cruzar el umbral. No está vestida
con uno de sus atuendos habituales; en cambio, usa jeans con
rotos por encima de las rodillas y un suéter viejo que le cuelga del
hombro como si estuviera cansado de colgar. Se ve exhausta y
sexy, y si estuviéramos juntos, le frotaría los hombros y le besaría
el cuello. Tengo un destello de memoria: mordiendo ese hombro
mientras ella se retorcía debajo de mí.
—¿Qué estás haciendo aquí? —frunzo el ceño, más por el
recuerdo que por ella—. Son las vacaciones de Navidad. Deberías
estar de vacaciones.
—Hola, olla, es un placer conocerte. Soy la sartén.
Entra y mira la silla verde que solía ser suya. Luego la arrastra
hasta mi escritorio y se pliega en él. Observo con curiosidad cómo
apoya los codos en el escritorio y apoya la cabeza entre las manos,
mirándome.
—Sé real, Satch. Ninguno de nosotros tiene dónde estar. —Sus
dedos tamborilean en sus mejillas y me acuerdo de una noche en la
universidad cuando fuimos juntos a un restaurante después de
una noche de discotecas. Los demás querían irse a casa, pero Billie
y yo teníamos hambre, así que visitamos una cadena que estaba
abierta toda la noche. Apoyó los codos en la mesa y pidió dos
desayunos solo para ella.
—Podrías irte a casa —sugiero.
No quiero que se vaya a casa; me gusta más la ciudad con ella
en ella.
—He estado en casa durante dos años y cambiado. He tenido
suficiente lluvia y miradas paternales extrañas para que me dure
toda la vida.
Me río.
—Bueno, entonces parece que estaremos trabajando durante
las vacaciones.
Quiere decir algo. Observo la lucha, su rostro se arruga. Sus
dedos están extendidos por sus mejillas y su boca está arqueada
Página | 199 hacia un lado. Sus ojos marrones se encuentran con los míos,
pestañas turbosas parpadean lentamente.
—Escúpelo, Billie.
Las comisuras de su boca se hunden y pone los ojos en blanco.
Sus siguientes palabras me atraviesan.
—Me acosté con Woods anoche.
Intento mantener mi rostro neutral, pero ella capta lo que hay
en mis ojos y se desinfla visiblemente.
—Lo sé... —dice en voz baja—. No tienes que decirlo. Lo sé.
Pero ella no lo sabe. Ella no sabe que sus palabras han
empujado mi corazón hacia un doloroso gemido que está
reverberando a través de mi pecho. O que quiero levantarme y
sacudirla. O que he empezado a sentir lástima de mí mismo por
suspirar. El gran y malo soltero con el corazón roto. Me quedo en
silencio porque no tengo nada bueno que decir. Billie toma mi
silencio como un paso para escupir todo lo que está pensando y
sintiendo.
—No quise que sucediera. O tal vez lo hice. Ni siquiera lo sé.
Una cosa acaba de llevar a la otra, ya sabes…
Sé que una cosa lleva a la otra: soy un hombre de treinta y tres
años con una gran polla y una gran cara.
—Así que le hiciste a Perla lo que ella te hizo a ti. ¿Significa esto
el final de tu venganza o planeas robar a su prometido por
completo?
Ella se endereza, su espalda tocando el respaldo de la silla.
—Ella robó a mi esposo —dice.
—Así que le vas a robar a su prometido. ¿Es por eso que
volviste?
Ella no confirma ni niega.
—No me gusta tu tono —ella inclina la barbilla hacia arriba
desafiante, pero su labio inferior tira hacia afuera con emoción,
delatándola.
—¿Por qué? —desafío—. ¿Es el tono de un hombre que dice la
Página | 200 verdad?

—Se supone que eres mi amigo, Satcher. Los amigos deberían


poder contarse cosas sobre sí mismos sin temor a ser juzgados.
—Los amigos deberían poder decirse la verdad cuando alguien
está siendo un idiota —digo. Además, no quiero ser su amigo.
Ella se pone de pie enfadada. Puedo ver visiblemente su pecho
subiendo y bajando debajo de su fino suéter.
—Esto fue un error —dice, dirigiéndose a la puerta.
—Sólo la parte con Woods —digo justo antes de que ella cierre
la puerta.
No necesitaba ser tan idiota. Pero quiero ser uno. Los hombres
no crecen realmente. Somos malos cuando lastimamos a las
mujeres; somos malos cuando las mujeres nos lastiman. Es
nuestra opción. Pero tan pronto como ella sale por la puerta, la
culpa se abre camino a través del terrible dolor que todavía estoy
aguantando. La hacía vulnerable al decirme eso. Ella vino aquí
posiblemente queriendo que la ayudara a superar tanto su culpa
como sus sentimientos, y le dije que se fuera al infierno. Me levanto
y me vuelvo a sentar. No. No necesito ir a correr para disculparme.
Estoy cansado de los juegos de Billie. Ella no tiene ni idea de lo que
quiere y, en mi experiencia, las mujeres así son peligrosas: cambiar
de un lado a otro con las decisiones, tener un pie adentro y otro
afuera. Me vuelvo hacia el zumbido de mis tres monitores y muevo
el ratón agresivamente. Yo diría que fue un error contratarla para
dirigir Rhubarb, pero los números no mienten. Billie es buena para
los negocios, mala para el corazón. Creo que Woods probablemente
estaría de acuerdo con eso.
Necesito seguir adelante y concentrarme en lo que es bueno
para mí. Mis días de suspirar por una mujer emocionalmente
inaccesible han terminado.
30
Traducido por: Andrea M
Página | 201 Corregido por: -Patty

L
a llamada llega cuando estoy cerrando la puerta para
reunirme con Jules para cenar. Al principio, creo que está
llamado pata decirme que llegará tarde, pero cuando levanto
y escucho su voz, sé que algo terrible ha ocurrido. Su voz alcanza
notas altas de pánico, gargajeando inestable a través de la línea. —
Jules —me tapo la otra oreja para bloquear al taxista que está
tocando la bocina—. No entiendo lo que estás diciendo. ¿Puedes
detenerte un poco y decirlo otra vez?
Ella no es del tipo histérica, y ese simple hecho retuerce mis
entrañas en un nudo mientras espero a que se calme.
Escucho el nombre de Billie… dos veces… Mi estomago ha
subido desde su lugar en mi abdomen hasta mi garganta, y
mientras saco la llave de la cerradura, Jules repite su historia con
una voz un poco menos histérica.
—¡Ella estaba cruzando la calle, en la interacción! Un coche se
pasó la luz y la golpeó a ella y a otras dos personas.
—¿Adónde la llevaron? —Mi voz es todo negocios, pero me
tiemblan las manos.
Salto por la calle esquivando oleadas de personas, mientras
Jules grita el nombre del hospital en mi oído. Le digo que estoy en
camino y cuelgo tan pronto como tengo la información. El hospital
al que llevaron a Billie está es sólo veinte cuadras de la zona, pero
el trafico de las fiestas ha congestionado gravemente todas las
calles en esa dirección. Tardaré al menos una hora en llegar en
taxi.
Corro.

E
l hospital está abarrotado, la ciudad llena de emergencias
al estilo de Nueva York. Hay una mujer delante de mí en
el escritorio que hace preguntas estúpidas a la única
persona que maneja el escritorio. Toco mi pie, deseando impaciente
que siguiera adelante. Cuando finalmente lo hace, tomo su lugar.
—Billie Tarrow. Ella acaba de ser admitida. Choque y fuga… —La
mujer de atrás me mira por encima de sus gafas y luego se pone a
trabajar en la computadora. Después de alrededor de un minuto,
Página | 202
me inclino sobre el escritorio—. ¿La ha encontrado…?
—Solo estaba terminando algo. Mirare ahora —dice ella.
La recepcionista tiene ojos grandes detrás de unas gafas
redondas aún más grandes. Toco el escritorio con los dedos. —La
mujer que amo yace en algún lugar de este hospital mientras usted
está terminado algo…
Se sube las gafas por la nariz. —¿Y crees que eres el único aquí
que tiene un ser querido al que quiere ver?
—No, pero ahora mismo soy el que está frente a ti, así que soy el
que importa.
Ella aprieta los labios, los dedos se mueven por el teclado.
Finalmente dice—: Ella está en cirugía. Puede esperar en el cuarto
piso con su familia.
Me dirijo al ascensor preguntándome qué familia tiene Billie en
Nueva York. No es hasta que entro a la sala de espera que veo que
Woods ya está aquí, junto con una Perla pálida a su lado. Es
evidente que Perla no quiere estar aquí, y no la culpo, pero Woods
sí. Eso es lo que me molesta: la dedicación en su rostro como si
aun fuera responsable de ella de alguna manera. Quiero quitarle
esa mirada de la cara, sacarlo de aquí. Woods está hablando con
Jules, que tiene rímel untado en las mejillas y se retuerce las
manos cuando me acerco.
—Oh, gracias a Dios. —Jules se lanza hacia mí. Enterrando su
rostro en mí pecho.
—¿Como esta ella? —No le pregunto a nadie en particular.
—No lo sabemos todavía —dice Woods.
Se ve tan afligido, mi instinto de mejor amigo se activa y quiero
preguntarle cómo está. En cambio, me vuelvo hacia Jules,
alejándola de mi pecho para poder ver su rostro.
—¿Qué paso?
—Estaba hablando por teléfono con ella. Estaba realmente
alterada… llorando. Ella dijo que iba a regresar a Washington —Es
como si estuviera recordando el ruido porque tiembla—. Seguí
diciendo su nombre y luego alguien levantó su teléfono del suelo y
me dijo lo que paso.
Página | 203
La abrazo fuerte mientras ella solloza contra mí. —¿Alguien ha
llamado a sus padres? —Dirijo esto a Woods, que es la única
persona en la sala que podría tener su número. El asiente con la
nariz roja.
—Ni siquiera dijeron que iban a venir —dice—. Simplemente me
dijeron que los mantuviera informados.
Estoy demasiado preocupado para esta enojado. —¿Qué
cirugía? ¿Qué le están haciendo?
—Hubo una hemorragia interna… —la voz de Jules se apaga.
Estoy congelado: mi cara, mi corazón, todo. No quiero pensar en
el estado en el que se encuentra Billie, pero no puedo evitarlo. En
la siguiente hora, otra familia entra a la sala de espera. No
enteramos de que son los padres y el marido de la otra mujer que
fue atropellada por el vehículo. Estaba empujando a su pequeño en
un cochecito cuando la camioneta verde se acercó a toda velocidad
por la esquina. Su hijo de tres años, Dakota, no sobrevivió al
impacto; su madre, como Billie, todavía está en cirugía.

C
uando un medico entra dos horas más tarde, todos en la
sala se ponen de pie. Todavía está en su bata, que noto
con alivio, no está cubierta de sangre. Esto tiene que ser
una buena señal, ¿verdad?
—¿La familia de Billie Tarrow? —Me mira cuando pregunta esto
y yo asiento—. Estaba sangrando internamente cuando la
ambulancia la trajo. Logramos detener la hemorragia, pero no
sabemos el alcance de sus heridas hasta que despierte. Ella está en
estado crítico. Desafortunadamente no podemos dejar que la vean a
hora.
Asentimos simultáneamente. Miro a Woods, que se ve
desaliñado, y veo que Perla también lo está mirando.
—Vamos a ponernos en marcha —dice Perla—. ¿Llámanos si
algo cambia?
Jules aparta la mirada. Preferiría morir antes de llamar a Perla,
pero asiento. Puedo decir que Woods no quiere irse, pero Perla lo
agarra del brazo y lo saca. Jules y yo colapsamos en las illas de
plástico. Me doy cuenta de que son casi las ocho y ninguno de los
dos ha comido.
Página | 204
—Iré a buscar algo. —Ofrece—. No puedo sentarme aquí y
esperar más. Siento que me estoy volviendo loca.
—Está bien —digo lenta, lentamente—. Llamare si pasa algo.
Ella se va, sus ojos teñidos de rosa y sus puños se encresparon
en bolas debajo de las mangas de su suéter. Me vuelvo a sentar a
esperar. Jules se ha ido por no más de veinte minutos cuando
entra una enfermera y me informa que puedo ver a Billie.
—¿Esta despierta? —Le pregunto siguiéndola por el pasillo.
Ella niega con la cabeza mientras me lleva a la puerta de la
habitación de Billie. Ella me deja allí y dudo un momento antes de
entrar. Billie es el único color en la habitación, su piel pálida y
moteada con cortes y magulladuras de color de la fruta madura. Me
estremezco cuando veo los tubos de oxígeno serpenteando en su
nariz hinchada y me doy cuenta de que está rota.
—Oh, Dios mío —me digo a mi mismo.
Me paro por lo que se siente como una eternidad, mirando su
cuerpo roto. Esto es mi culpa. Peleé con ella, dije cosas horribles.
Salió de la oficina molesta y distraída. Acerco la única silla de la
habitación hasta su cama. No puedo abrazarla debido a los tubos y
las agujas, así que toco la única pate de su brazo que no está
raspada ni magullada.
—Billie —digo—. Soy Satch. Estoy aquí, ok. Y no me voy a
ninguna parte. Lo juro.
No hay movimiento en las maquinas que leen sus signos vitales,
ningún movimiento en su rostro. ¿Y si nunca se despierta? pienso.
No creo que pueda vivir conmigo mismo. Le envió un mensaje de
texto a Jules para decirle que he visto a Billie, pero cuando llega
con dos bolsas de comida para llevar, me han dicho que las horas
de visita han terminado.
—Pero no pude verla —se queja.
—Regresaremos a primera hora mañana —digo.
No tengo planes de dejar el hospital esta noche, pero Jules
asiente a pesar de que no parece convencida.
—Puedo salir del trabajo mañana. No quiero que esté sola
cuando se despierte.
Página | 205
—No. Te tomaste tu tiempo de vacaciones por Navidad —le
recuerdo. Ella frunce el ceño. Jules se tomo dos semanas para ir a
visitar a su familia durante las vacaciones. Vuela pasado mañana.
—Me quedaré. La oficina está cerrada de todos modos —digo.
De mala gana, asiente.
Comemos en la sala de espera, aunque probablemente
podríamos habernos ido a casa ya que no nos dejan volver a ver a
Billie. Cuando acabamos de comer, limpiamos nuestro desorden,
tirando silenciosamente los contenedores vacíos a la basura.
—No me quiero ir. Me siento tan culpable —dice.
—Ella no se va a despertar esta noche —le digo—. Descansa un
poco y podrás volver mañana después del trabajo.
Ella asiente, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura. —
Tengo suerte de tenerte —dice ella—. Billie y yo tenemos suerte.
Lo dudo, especialmente porque soy la razón por la que Billie
está acostada en esa cama en primer lugar.
Cuando salimos por la puerta, hay dos taxis esperando en la
fila. —Dos taxis. Perfecto —dice ella.
La puse en el primer taxi, agachándome para poder verla.
—Te veré mañana. —La beso en la frente.
Tan pronto como su taxi desaparece, camino de regreso al
hospital.

M
e quedo dormido en la sala de espera, mi cabeza
inclinada hacia atrás y mis piernas estiradas frente a
mi hasta que un adolescente cuya cabeza está
inclinada sobre su teléfono tropieza con mis piernas. Me despierto
de un tirón y el murmura una disculpa antes de pasar a una silla
cerca de la ventana. Tan pronto como la enfermera de turno lo
permite, estoy de vuelta en la habitación de Billie ocupando la
única silla de visita. Ella me dice que no ha habido cambios desde
anoche. Pasó las próximas horas frotando mi pulgar sobre sus
dedos y mirándola a la cara en caso de que decida abrir los ojos.
Estoy enfermo de preocupación y, para empeorar las cosas,
ninguna persona en este maldito hospital me dará una respuesta
Página | 206
directa. Me dirijo a internet, que me alimenta página tras página de
deprimentes estadísticas sobre lesiones en la cabeza. Intento
razonar con ella, decirle que tiene que despertarse, pero se queda
técnicamente quieta. Memorizo las venas de la fina piel de sus
parpados.
Jules llega al hospital durante la hora del almuerzo. Cuando me
ve con la misma ropa de ayer, frunce el ceño.
—¿Te quedaste toda la noche?
Antes de que pueda responder, Woods entra por la puerta con
un ramo de flores silvestres en la mano. Sus ojos se abren cuando
ve a Billie.
—Excelente toda la tripulación está aquí —digo.
El me ignora y se acerca a ella, mirándola. Se lo daré al chico
parece preocupado.
—Probablemente no deberías dejar que Perla vea esa mierda
lunática en tu cara —digo.
—Vete a la mierda, Sachar.
Las notas de polvo bailan en la luz que fluye. Los miro en lugar
de mirar a Billie y Woods. Está en coma y estoy celoso de que esté
tan cerca de ella. No sé si reírme de mi mismo o sentirme
disgustado.
—¿Arrestaron al conductor?
—Si —le digo.
Un oficial vino esta mañana para avisarme. El conductor se
llama Rey y afirma que tuvo una convulsión y no sabía que había
golpeado a la mujer y al niño hasta diez minutos más tarde,
cuando se despertó en su automóvil a una cuadra de distancia. La
policía no se lo cree. Le dije que era su esposo y ahora todas las
enfermeras me llaman Sr. Tarrow.
—Perla y yo nos vamos a Missouri esta noche. —Se pasa una
mano por la mandíbula mientras mira a Billie.
—Estaré aquí —digo—. Me quedare con ella.
Jules me agarra del brazo y lo aprieta ligeramente. Ella sugirió
cancelar su viaje a casa, pero le dije que no lo hiciera. Billie estaría
mortificada si supiera que Jules había renunciado a la Navidad con
Página | 207 su familia para sentase en el hospital. —De alguna manera eso no
me consuela —dice Woods.
Sus ojos dejan a Billie y de repente está estudiando mi rostro.
Aprieto los puños. El hecho de que esté aquí me enfurece. Hace
cuarenta y ocho horas estaba teniendo sexo con Billie mientras su
prometida lo esperaba en casa. Estoy harto de Woods y su
incapacidad para tomar una decisión en la vida y mantenerla.
—Satch… —Jules que puede sentir mi ira, me mira, sus ojos
escudriñan mi rostro.
La habitación del hospital se encoge a nuestro alrededor. Jules
está transmitiendo una mirada que dice que no es el momento ni el
lugar, pero estoy tan enojado que me quito su mano de mi brazo y
doy un paso hacia Woods.
—No tienes derecho de estar aquí —le digo—. No eres dada para
ella. La dejaste.
Woods se ríe. —Tengo más derecho que tu… oh, espera… —
Tiene una sonrisa enfermiza en su rostro y sé lo que vendrá
después—. Siempre has querido ser esa persona para ella, ¿No es
así, Satch?
Un denso silencio llena la habitación. Siento que Jules se pone
rígida a mi lado, luego, inevitablemente, el calor de sus ojos me
perfora. Pero no puedo mirarla porque Woods y yo nos miramos a
los ojos. Durante veinte años he amado a mi mejor amiga, cuando
las cosas se pusieron mal, cuando le rompió el corazón a Billie, yo
la amaba. Pero ahora, cuando miro al hombre con el que solía
andar en patineta, y luego voy a fiestas de barriles, no siento más
que desprecio. Incluso de niño Woods era voluble. Nuestros
almuerzos en la escuela fueron un ejemplo perfecto. Todos los días
mi madre me preparaba el mismo almuerzo: un sándwich de
jamón, un plátano, dos Capri Suns. Woods pasaba por fases,
juraba por los sándwiches de rosbif y luego decía que nunca
volvería a comer y cambiaba al pavo. Nunca pudo decir lo que le
gustaba o lo que quería. Eso también se aplicaba en sus
actividades extracurriculares: cambiar de fútbol a beisbol, a
lecciones de piano, todo en un lapso de cuatro meses. Quería ser
un atleta profesional y luego decidía que preferiría ser músico. Ni
siquiera puedo imaginar la cantidad de dinero que perdió su madre
cada vez que decidió emprender un nuevo pasatiempo y luego
dejarlo. Antes de Billie, había salido con una hippie llamada Zion
Página | 208
durante nueve meses. Zion tenía rastas y vestía faldas con
cascabeles cosidos en el dobladillo. Durante su relación, Woods se
dejo crecer la barba, se perforo la nariz y se unió a un estudio de
yoga. Me dijo que se imaginaba a si mismo comprando un rancho y
cultivando sus propias verduras (ahora era vegano). Nos habíamos
mudado a Nueva York juntos porque odiábamos los suburbios y el
acento lento con el que hablaba la gente de Georgia, de repente, él
estaba hablando de pilas de abono y energía sostenible. Le dijo a
Zion que la amaba y que había comenzado a buscar anillos de
compromiso de zafiro (sin diamantes de sangre para Zion), solo
para romper las cosas tan pronto como Billie entro a escena. Pensé
que se mataría cuando se juntó con Billie. Woods, que llevaba
hippie, se transformó en un Woods neoyorquino que iba de bar en
bar. De repente, llevaba chaqueta de cuero que robó en una tienda
de segunda mano y hablaba de vivir en un loft. La primera vez que
salimos a cenar juntos, pidió un Rib Eye de 18 onzas.
—Pensé que eras vegano —le dije.
—Era es la palabra clave —respondió, cortando su bistec con un
cuchillo.
Pensé que sería él quien se quedaría con Billie. Tenía
veinticuatro años caminando por el Upper East Side con corazones
en los ojos.
Woods no sabe quién es y mata corazones en su intento de
averiguarlo. No ha hecho una diferencia para mi… demonios,
incluso lo he encontrado divertido, hasta que lastimó a alguien a
quien amo, más de lo que lo quiero a èl.
—Deberías irte —oigo que Jules le dice.
Apenas reconozco su salida, eligiendo mirar fijamente la forma
inmóvil de Billie en su lugar. Escucho el clic de la puerta cerrarse
suavemente y luego Jules se para frente a mí. No quiero hacer esto
ahora mismo, pienso. Se trata de Billie, no de celos mezquinos y de
orinarse el uno al otro por la propiedad. Creo que me va a
preguntar sobre lo que dijo Woods, pero en cambio, sonríe
débilmente y me dice que se va para ponerse en marcha.
—Claro —digo, todavía un poco aturdido.
Me inclino para besar su mejilla, lo que la hace parecer aún
más triste que hace un minuto. No me pregunta si me voy a
quedar, ni se ofrece a traerme una muda de ropa, y cuando se va,
Página | 209 me siento tan aliviado que me siento culpable.

—¿Señor. Tarrow? —Una enfermera interviene, sacándome de


mis pensamientos—. Su madre está aquí para ver a Billie.
—Déjala entrar —digo.
Un minuto después, Denise entra por la puerta.
—Hola, hijo —dice, levantando las cejas—. Solo vengo a
sentarme con Billie y su esposo…
Miro a Denise que fue como una segunda madre para mí
cuando era niño. Todavía tenemos el tipo de relación en la que me
golpea el brazo cada vez que me ve. Esta vez, sin embargo, no
recibo un beso.
—Hola, Denise —digo secamente.
—Vi a mi hijo en el vestíbulo —ofrece—. Estaba echando humo.
—¿Sí? —Mi voz suena aburrida.
—Me pregunto —se acerca a la cama de Billie y la mira con el
ceño fruncido—, Si está enojado contigo o consigo mismo.
Yo no respondo. Así es como Denise se comunica, con
observaciones y declaraciones. Debes decidir por ti mismo tu
propio significado y comentar si te apetece; de lo contrario, ella
sigue adelante.
Extiende una mano para alisar en cabello de Billie y, de repente,
desearía que alguien me tocara, me dijera que todo va a estar bien.
—Woods se parece mucho a su padre. Siempre vuelve a su
verdad.
Quiero decirle que le está dando demasiado crédito a Woods…
él no tiene idea de cuál es su verdad.
—Una persona no puede ser tu verdad —digo.
Denise me mira son sorpresa. No sé si está fingiendo o si está
realmente sorprendida por mi declaración. —¿No pueden?
Vacilo y luego digo—: No —con firmeza.
Ella frunce los labios asintiendo lentamente. —¿Entonces Billie
no es tu verdad?

Página | 210
Se siente como si hubiera metido el dedo en un enchufe de luz;
una corriente eléctrica atraviesa mi cuerpo.
—¿Ella no es contra la que has estado reteniendo a todas las
demás?
No dije nada. ¿Cómo lo sabe ella? La madre de Woods en una
bruja.
—Nuestra verdad es algo que sabemos sobre nosotros mismos
sin lugar a dudas. Está entretejido en nuestro ADN.
—Amar a alguien no puede estar en tu ADN —digo.
—¿De verdad? Entonces, ¿Por qué no puedes sacarla? ¿Sacar a
Billie?
Ahora estoy respirando con dificultad. Si se acerca, podría ver
mis fosas nasales dilatadas por el esfuerzo que me cuesta
mantener mis emociones bajo control.
—Has salido con todo el mundo bajo el sol, y sigues volviendo a
Billie. ¿Estoy en lo correcto?
Yo no respondo.
—Ella está ahí ahora. Todo el tiempo. Parte de quien eres. Que
tienes contra el amor.
No entiendo porque dice todo esto hasta que hace su siguiente
declaración.
—Eso es lo que Woods es para Billie. Y quién es Billie para
Woods.
Todo en mi se vuelve frio y rígido. Siento que me acabo de
convertir en madera, y no en el buen sentido.
—Si me disculpas —le digo a Denise—. Me iré a casa por unas
horas si estas con ella.
Ella me despide, sus ojos ya en Billie. No puedo salir de allí lo
suficientemente rápido.
31
Traducido por: Andrea M
Página | 211 Corregido por: -Patty

C
uando regrese del hospital varias horas más tarde, duchado
y con ropa limpia, Denise ha sido remplazada por una mujer
que no reconozco inmediatamente. Ella es delgada, con un
corte de pelo corto y ordenado que no llega hasta sus hombros. Su
cárdigan es morado y sus zapatos también. Cuando ella me
escucha entrar, jira la cabeza sin levantarse. Hay algo en su perfil,
la nariz aguileña y labios carnosos…
—¿Señora. Bolster?
La madre de Billie se pone de pie y veo que tiene un bolso
morado entre ambas manos.
—Yo soy Satcher —digo—. Uno de los amigos de Billie.
Ella sonríe levemente. —Te recuerdo —dice ella—. De la boda.
Así es. ¿Cómo lo había olvidado? Fue la última vez que estuve
con los padres de Billie.
—¿Ella ha…?
Ella niega con la cabeza. —Sin cambios —dice.
Me acerco a la cama y miro hacia abajo a Billie, queriendo
tocarla pero sin querer asustar a su madre.
—Estoy tan contento de que esté aquí —le digo, y lo digo en
serio. Billie puede afirmar que no tiene vínculos familiares, pero a
la luz del accidente, el apoyo es importante.
—Vi a Denise —Tiene los ojos vidriosos y siento que solo busca
algo que decir.
—Sí. Ella estuvo aquí antes de que me fuera. Ella realmente se
preocupa por Billie
—Eso es bueno —dice—. Que las cosas continúen siendo
civilizadas después…
—¿Después…?
—Después de que Billie quisiera el divorcio.
—Bien —digo
Página | 212

E
ntonces Billie les ha mentido a sus padres. No la culpo
exactamente. Seguro que facilita las cosas. Cuando eres
el único que queda en la relación, experimentas un nivel
de lastima y mimos por parte de tus seres queridos que hace que la
situación se sienta un peor. Si ella es la que supuestamente dejo a
Woods, puede cerrar las preguntas y mantenerse al margen. Billie
odia ser compadecida, odia la atención indebida. El divorcio
equivale a un nivel de infierno personal, separado de la angustia
real.
—¿Woods ha venido a verla?
La pregunta es bastante ligera. Su tono desgarrador:
esperanzado. Me pregunto qué tipo de relación tuvo Woods con sus
padres. Conociéndolo, probablemente los cautivo hasta la mierda.
—Si —le digo.
Su rostro se ilumino y me pregunto qué tan difícil es esa parte
para Billie, asumir la culpa por el fin del matrimonio, ser la chica
mala de sus padres.
—Eso es bueno —ella dice de nuevo.
Su voz suela lejana, como si no fuera parte de esta habitación ni
de Billie, ni siquiera de Nueva York. Ella está aquí porque tiene que
estar, pienso. Esto es con lo que Billie creció, esta persona… estos
padre. Pienso en mi propia infancia, en mis propios padres.
Jennifer y Jeff Gable, tienen mucha emoción, especialmente
cuando se trata de sus hijos. Somos una familia que habla y puedo
garantizar que si yo fuera el que te estuviera acosando en la cama
del hospital, toda mi familia habría volado en la primera noche,
incluidas mis seis hermanas. Todos estarían peleando, pero
estarían aquí.
—¿Está aquí el señor Bolster? —pregunto.
Ella niega con la cabeza. —Tuvo que quedarse atrás para cuidar
la casa. —Su voz es aireada, apenas perceptible.
La casa. Débil. Ni un perro, ni un padre enfermo. Ni siquiera un
trabajo, ninguno de los cuales es digno de no estar aquí para su
hija. La casa. Algo que no necesita cuidados. Miro a Billie, y se me
hace un nudo en el estómago.
Página | 213 Tengo una docena de preguntas más para ella, pero puedo decir
que ya se está saliendo de la convencional. Quiero quedarme con
Billie, pero me siento incomodo de estar aquí… especialmente
desde que descubrí lo mucho que me desagradaba su madre.
—¿Se quedara cerca? —preguntó finalmente.
Ella niega con la cabeza. —Tengo un vuelo esta noche. Me
quedare aquí con ella unas cuantas horas más.
—¿Esta noche? Pero Billie ni siquiera se ha despertado…
Ella frunce la seño ante mi proclamación como si no le
importara escucharla.
—No puedo permanecer lejos por mucho más tiempo… Steven…
—Su voz se apaga al final de su excusa, demasiado débil para
verbalizar.
Digo lo único en lo que estoy pensando, lo único que importa. —
Billie la necesita.
Ella mira a Billie y notó que todavía esta agarrando su bolso, los
nudillos de sus dedos blancos como si tuviera miedo de que alguien
se lo vaya a arrancar de las manos aquí mismo en el hospital. La
gran, mala Nueva York. Siempre el villano de los forasteros.
—Lo siento —dice, sacudiendo la cabeza.
Y no sé si me está pidiendo perdón, o a Billie, o a la habitación
en general. Miro mi reloj, una estrategia para salir de la habitación
antes de decirle a esta mujer lo que pienso de ella.
—Tengo que irme —digo con un breve asentimiento.
Y luego me voy antes de que ella pueda responder. Son las
vacaciones, me digo. Probablemente no quiera estar fuera de casa
durante las vacaciones. Pero incluso mientras trato de visualizar la
transgresión de la Dra. Bolster, no puedo. Billie es su familia.
Decido volver a mi condominio y esperar. El hecho de que Billie
todavía no se haya despertado es un gran peso para mi corazón.
Quiero estar allí cuando ella despierte.
U
n par de horas después de dejar a la señora Bolster en el
hospital, me encuentro con Jules para cenar. No quería
ir, pero como Jules se va a casa por la mañana, me
siento obligado a verla por última vez. Estoy tan distraído que no
puedo concentrarme en nada de lo que me dice.
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—¿Satch, estas escuchándome?
Dejo mi tenedor, que he estado sosteniendo sin comer nada.
—No. Lo siento —digo.
—Estas preocupado por Billie, ¿no?
Yo no respondo. Parece bastante obvio. Tenemos planes de ir al
hospital después de la comida, pero le temo.
Me he acostumbrado a reprimir mis sentimientos acerca de
Billie: restricción cuidadosa, un tono distante cuando hablo con ella
o sobre ella, la forma en que he entrenado mis ojos para que solo se
derramen sobre ella un poco para que nadie se dé cuenta. Con ella
yaciendo mallugada en una cama de hospital, es más difícil
permanecer neutral. La única forma en la que sé cómo lidiar con su
pregunta es preguntándole una de las mías.
—¿No debería estarlo?
—Por supuesto —dice ella.
Le cuento que había visto a la madre de Billie en el hospital, que
me dijo que tenía que volver a casa en lugar de quedarse con su
hija, que estaba en coma.
—Quizá hay algo que no sabemos —sugiere—. Una enfermedad
familiar, o el papá de Billie puede que no sepa cómo utilizar el
microondas.
Ella está tratando de mejorar mi estado de ánimo, pero me
estremezco de todos modos.
—Probablemente tengas razón con el microondas —digo. He
bebido más de lo que he comido—. Joder —digo, frotándome los
ojos—. Estoy borracho.
Jules parece desconcertada. Ella mira su teléfono. —Satcher…
—Si…
—Ella está despierta.
Me levanto tan de repente que la mesa se tambalea,
derramando mi vaso lleno de agua. Tiro los billetes sobre la mesa…
cuarenta… sesenta… ochenta. Nuestra cena no costó tanto, pero
no quiero esperar la cuenta. Jules agarra su chaqueta, y su
bufanda y salimos por la puerta en menos de cuatro minutos
Página | 215
después.

C
uando llegamos al hospital, Woods está ya allí esperando
afuera de la habitación de Billie. Me pongo tenso. No
debería haber bebido tanto como lo hice. Miro a través
del cristal y veo a varias enfermeras alrededor de su cama. Yo no
puedo ver nada más que los pies de Billie, un bulto debajo de la
sábana. Mi boca tiene el sabor amargo del bourbon.
—¿Qué están haciendo? —pregunto con brusquedad. Y
luego…—. ¿Dónde está su mama?
—Están revisando sus signos vitales. Se supone el doctor estará
aquí en unos minutos. Y se fue al aeropuerto hace una hora. Le
envié un mensaje de texto.
Él le envió un mensaje de texto. Como si todavía fuera su
marido. Estoy siendo irracional. Trato de encogerme de hombros,
deseando por enésima vez no haber bebido ese último trago. No soy
un borracho enojado exactamente, pero soy irritable… menos
tolerante. En la universidad Billie me dijo que soy demasiado
controlado en mi vida normal, y cuando bebo pierdo algo de eso.
Quiero putamente perder eso con Woods.
El médico asiente con la cabeza en su camino a la habitación de
Billie. Parece un científico loco: el pelo blanco asomándose en
ángulos extraños y una cara caída que parece que se está
derritiendo en su cráneo. Estamos en el pasillo, tensos e
impacientes. Woods mira su teléfono cada pocos minutos. Quiero
preguntarle si la madre de Billie regresara, pero sé que su
respuesta solo me decepcionará. Finalmente, la habitación se
despeja y podemos verla. El médico entra al pasillo.
—¿Señor. Tarrow? —Me mira.
—Soy Woods Tarrow. —Woods da un paso hacia el médico con
aire de importancia.
—¿El marido de Billie? —dice.
Los colores de la cara de Woods llegan. —No… soy su ex marido
El doctor frunce el ceño. —Me temo que solo puedo entregar
información a su esposo.

Página | 216
—Ese soy yo —digo
—¿Ella se caso con su hermano? —No espera a que yo
responda; en cambio se lanza al diagnóstico de Billie. Conmoción
cerebral, esguince de muñeca, tobillo roto, tres costillas rotas y
hematomas graves en la cara—. Ella tendrá que tomárselo con
calma. Sin escaleras. Vamos a tenerla otro día para controlar si
conmoción cerebral.
—Gracias —le digo cuando termina de hablar—. ¿Puedo verla?
—Puedes —dice, mirando a Jules y Woods—. Uno a la vez.
Asiento con la cabeza. Ignoro las miradas que Jules y Woods me
dan y empujo la puerta. Billie está sentada, pero sus ojos están
cerrados. Cuando escucha la puerta abre un ojo.
—Oye —digo.
—Hola. —Su voz es ronca. Se lame los labios cuando me acerco
a la cama—. Creen que eres mi marido —dice.
—Si —digo agachando la cabeza—. Puede que les haya dicho
eso.
Ella comienza a reír e inmediatamente se estremece. —Ay…
—Por suerte para ti no soy realmente tan divertido, así que fue
cosa de una sola vez. —Acerco la silla su lado y me siento en el
borde, inclinándome hacia ella.
—No puedo creer que me haya casado con un hombre con un
sentido del humor tan asqueroso.
No puedo esconder mi sonrisa. Aquí esta acostada en una cama
de hospital agrietada y mallugada y está haciendo bromas.

—Estábamos realmente preocupados por ti —le digo—. Te tomó


un tiempo despertarte.

—Me tomo un tiempo hacer todo —dice—. Soy una aprendiz


lenta.
—Aparentemente. ¿Alguien te enseño a cruzar una calle?
Su ceño se ensancha. —Deja de ser gracioso —dice—. Duele.
—Tu mamá estuvo aquí —le digo—. Se fue a casa antes de
saber que te despertabas.

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—Ah —es todo lo que dice.
—Escucha Billie, antes de que vengan aquí tengo que pedirte
perdón…
—¿Por qué?
—Bueno, no me gusta tu mamá, Pero también por la discusión
que tuvimos. Estaba fuera de lugar.
Esta vez se sujeta la costilla mientras se ríe. —Está bien, Satch.
Honestamente no sé qué estaba pensando. Tenías razón en estar
enojado.
—No. No es asunto mío.
—Está bien —respira ella—, así que olvidémonos de eso.
—Pelear no es bueno para nuestro matrimonio —digo—. Woods
está afuera.
La sonrisa desaparece de su rostro. —Oh…
Me anime de inmediato. —¿No quieres verlo? Puedo decirle
que…
—No, está bien, Satcher —dice—. Supongo que tengo que poner
fin a todo esto.
—Jules también está aquí.
—Bueno. Quizás envía a Jules primero. Cómprame algo de
tiempo para que pueda averiguar que le voy a decir a Woods.
—Tengo un cuaderno. Puedo escribir algo para ti.
—Cállate —dice, con una sonrisa en su rostro. E incluso con los
ojos negros y los moretones amarillos que le rozan los pómulos y la
mandíbula, es realmente hermosa.
Estoy en camino hacia la puerta cuando las palabras queman
un camino desde mi corazón hasta mi boca. —Billie… Estaba
asustado. Tenía miedo de perderte para siempre. No sé si alguna
vez he estado realmente asustado antes de esto.
No puedo ver si sus ojos se llenan de lágrimas o es un truco de
la luz. —Eres un buen amigo Satcher —dice.
Obligo una sonrisa. No quiero ser solo su amigo.

E
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l día siguiente es el primer día que siento que finalmente
puedo respirar en semanas. Jules sale temprano para el
aeropuerto. La veo fuera de mi edificio, todavía con mis
pantalones de pijama mientras la meto en un taxi. Me envía un
mensaje de texto desde el aeropuerto pare decirme que vio a Wood
y Perla dirigiéndose a su puerta.
Pensé que se fueron anoche, le respondo el mensaje.
El texto de Jules vuelve rápidamente y es solo una palabra:
Retrasados.
Falta una semana para Navidad y la ciudad se ha vaciado
mientras los neoyorquinos hacen su peregrinaje a casa para las
fiestas. Dejarán que Billie se vaya a casa mañana, pero tendrán
que operarla del tobillo justo después de Navidad. Ella se queja de
esa noticia y tengo que hacer bromas sobre el pelo de la oreja del
médico antes de que vuelva a sonreír. Le preparo mi apartamento a
pesar de que no sabe que se quedará conmigo. El médico me dio
instrucciones estrictas de que debía tomarse las cosas con calma
para permitir que sus costillas se curen. Sin escaleras. Como mi
edificio tiene ascensor y el de ella no, tomé la decisión ejecutiva de
llevarla a casa conmigo. Cuando la recogí en el hospital a la tarde
siguiente, llevaba una sudadera con capucha rosa de Adidas y
pantalones deportivos. Le tiro mi gorro y ella suavemente se lo pasa
por el cabello, estremeciéndose cuando sus dedos rozan los cortes
de su frente,
—¿Cómo me veo? —pregunta en broma. Ella todavía tiene dos
ojos morados y un labio partido, pero su sonrisa es brillante y
hermosa.
Le respondo honestamente. —Como un hermoso infierno —digo.
Su risa resuena en el vestíbulo del hospital y las cabezas giran para
encontrar la fuente de la alegría.
Una vez en el taxi, Billie mira por la ventana, con la cabeza
apoyada en el puño, el aliento congelado en el vidrio. Los
compradores de última hora fluyen de un lado a otro de la acera,
con las chaquetas subidas hasta el rededor de la cara mientras sus
dedos enguantados agarran bolsas de compra. Cuando nos
detenemos fuera de mi edificio, frunce el ceño.
—¿Por qué estamos en tu casa?
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—Aquí es donde te quedaras por unas semanas —digo,
ignorando su mirada amarga.
—¿Por qué? ¿Qué le pasa a mi casa?
Enumero todas las razones por las que todavía no puede irse a
su casa y su ceño solo se hace más profundo
—Ordenes del doctor —digo—. Además, los dos estamos aquí
para las vacaciones, así que bien podríamos aprovecharlo al
máximo.
Eso parece apaciguarla. Llevo su pequeña bolsa a mi edificio
caminando lentamente mientras ella pasa sus muletas por las
grietas de la acera. Su rostro está lleno por la concentración y
posiblemente el dolor, pero cuando le pregunto si está sufriendo, se
encoge de hombros como si no fuera gran cosa. Mi apartamento
está listo para ella. Había pasado cada momento que no estaba en
el hospital haciendo cosas como llenar el refrigerador y cambiar las
sabanas de mi cama. Cuando a llevo a la habitación, se detiene
abruptamente en la puerta sacudiendo la cabeza.
—De ninguna manera. No voy a dormir en tu cama.
—¿Por qué no? —pregunto
Su cara se sonroja y murmura algo sobre Jules.
—Estás herida —discuto—. Dormir en el sofá no es una opción”.
Ella duda. —Puedo ir a casa.
—¡Tampoco es una opción! —digo—. Hasta que camines sin
muletas.
Se lame los labios y miera a su alrededor. Está tratando de
pensar en otra excusa, pero ya la he vencido, anticipándome a sus
excusas de mierda. No hay otra opción a menos que quiera alquilar
una habitación de hotel por unas semanas. Se lo digo yo.
Ambos sabemos cómo los hoteles suben sus precios durante las
vacaciones. La resignación se asienta en sus ojos, y puedo ver
visiblemente sus hombros subir y bajar en un suspiro.
—¿Jules lo sabe?
—Si —miento.
No se lo he dicho a Jules todavía, pero planeo hacerlo esta
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noche cuando ella llame. Es una victoria temporal. Billie cojea
hasta el sofá y se baja con cuidado.

J
ules no se toma las noticias tan bien como esperaba.
—Satcher, eres mi novio. Yo conozco a Billie es
nuestra amiga, pero te negaste a venir a casa conmigo
en Navidad y ahora estás pasando las vacaciones con
una mujer que no soy yo.
Estoy corriendo a la licorería, y cuando las palabras de Jules
llegan a mis oídos, cruzo la calle para pagarle a un taxi.
—No fui a casa a ver a mi propia familia —digo—. Billie no tiene
nada que ver con mi estadía en la ciudad.
—No dije que lo hiciera. Supongo que estoy un poco celosa —
admite Jules.
Me ablanda a pesar de que todavía estoy molesto. —Jules —le
digo—. Ella acaba de tener un terrible accidente…
A pesar de los fuertes ruidos de la ciudad, la escucho suspirar
al otro lado de la línea —Lo entiendo, está bien. Como dije, estoy
un poco celosa de que mi novio esté gastando la navidad con mi
hermosa amiga.
Veo la licorería más adelante y no quiero tener más esta
conversación. Me imagino a mi mismo arrancando la tapa de una
botella de Vodka y tomando un trago largo, la quemadura
polvorienta se desliza lentamente por mi garganta. Eso no puede
ser una buena señal. Queriendo beber licor como un chico
universitario cuando hablo con mi novia por teléfono.
Probablemente necesito tener un par de pensamientos profundos
sobre esta realidad y tan perturbadora. El problema de pensar
profundamente en tu comportamiento es que debe ir seguido de
una responsabilidad personal. Una vez que reconoces que eres un
imbécil, o tienes que dejar de ser un imbécil o tienes que aceptar
ser un imbécil, y ambas opciones son incómodas.
Le digo a Jules que tengo que irme. Puedo escuchar el dolor en
su voz, la vacilación como si no estuviera segura de que decir. En
lugar de sentirme culpable, me siento irritado. Mis amigos me
dirían que estado soltero durante demasiado tiempo y cuando
alguien viene y trata de decirme que hacer, me opongo. Pero no
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creo que eso sea el caso en absoluto. No, cuando estas con la
persona adecuada, pueden decirte que bailes como un pato en
Central Park mientras vistes un tutú y cantas a Lisa Minnelli
consideras hacerlo. El amor es una droga convincente.
Para cuando salgo de la licorería, con mis bolsas de plástico
llenas de ingredientes para hacerle a Billie su bebida favorita, se
está formando una idea aproximada.
32
Traducido por: Yuli
Página | 222 Corregido por: Yuli & -Patty

—S
atcher… —El brazo de Billie está congelado en el
aire, sus dedos aún agarran su teléfono cuando
me mira. Acaba de colgar con Jules y estoy
asumiendo que le ha contado.
—Satcher —dice de nuevo y esta vez su noto desborda
impaciencia—, ¿rompiste con Jules cinco días antes de navidad…
por teléfono?
—Sí.
Ella golpea su teléfono en la mesa y cojea. Los moretones en su
cara casi han desaparecido; el color que tiene debajo de sus ojos es
amarillo opaco. Veo como la ira baila en sus ojos mientras me mira
como un niño rebelde.
—¿En qué demonios estabas pensando, tu insensible cerdo? ¡No
puedes tratar así a las personas! —Esta revolviendo las cosas
alrededor, levantando chaquetas y la pila de cosas bolsas de papel
que reserve para reciclar. Quiero preguntarle que es lo que busca,
pero estoy muy entretenido viéndola. Finalmente, lo encuentra, una
caja envuelta con papel de bastones de azúcar. La sonrisa en mi
cara cae cuando veo a Billie fruncir el ceño. Jules había dejado el
regalo antes de que pusiera el árbol y me había hecho prometerle
que esperaría hasta que ella volviera para abrirlo. Ella me dijo que
era nuestro regalo. Tenía la intención de ponerlo debajo del árbol,
pero luego me preocupe por Billie quedándose conmigo y me olvide
de él.
—¿Qué estás haciendo?
Billie está girando el paquete en sus manos pensativamente.
—Nada. Jules solo quería que rescatara esto por ella.
—¿Rescatar? ¿Jules uso la palabra rescatar?
—Si —dijo Billie sin mirar hacia arriba.
Entonces soy una transacción ahora. Jules volvió a la jerga de
los negocios, su manera de ser fría. El cuchillo se desliza a través
de la piel del limón, rociando una niebla de vinagre. Puedo sentir
de nuevo los ojos de Billie sobre mí, furiosos y calientes.
Página | 223 —¿Qué Billie? Escúpelo.
—No sé si quiero —dice—, esto es incómodo y yo estoy en el
medio de dos amigos…
—Bebe.
—¿Qué? —Sus ojos están vidriosos mientras me mira
confundida.
—Te hice un trago.
Tuerce el gesto como si no estuviera segura de que quiere mi
trago. Al final extiende la mano para agarrar el vaso mirándose
disgustada consigo misma. Billie no puede decir no al alcohol, es
su vicio.
—Solo porque es un lemon drop. —dice.
Ella toma un sorbo y puedo decir que espera estar decepcionada
porque su cara es de sorpresa después del primer trago. Levante
mis cejas preguntando y ella parpadeo molesta.
—¿Qué? Esta bueno, ¿sí?
—Estas tan enfadada por eso —digo, mientras me volteo para
ocultar mi sonrisa.
—Por que estoy molesta contigo Satcher… porque tú eres…
molesto.
—¿Alguna vez has pensado en el porqué de repente me
encuentras tan molesto? —Inclino mis antebrazos en el mostrador
frente a ella y hace un buen trabajo evitando el contacto visual. Veo
como juega con algunos granos perdidos de azúcar en el
mostrador, recogerlos con la almohadilla de su dedo y luego
esparcirlos alrededor.
—¿De repente? —Pone los ojos en blanco—. Y no. Algunas
personas solo son molestas.
—¿Es así? —Me enderezo, apoyando mis manos en mis caderas
mientras la miro—. Nunca te habías quejado antes…
—¿Qué estás diciendo?
No puedo quitarme la sonrisa de mis labios y ella está evitando
mirarme a causa de eso. Quiero decirle que la conozco demasiado
bien. Que cuando le gusta algo pretende que no lo hace solo para
Página | 224 probar su autocontrol. Que el hecho de que le haya hecho el más
asombroso lemon drop la hace enojar porque está buscando
razones para estar enojada conmigo.
—No quiero poner palabras en tu boca, Billie, una vez te
escuche decir que te encendían los hombres que podían mezclar un
trago y hacerlo genial.
—Estaba borracha cuando lo dije. No quise hacerlo. Y deja de
usar mis propias palabras en mi contra.
Se desliza fuera del taburete, probando su tobillo con cautela en
el suelo antes de dar un paso. Está a medio camino de la sala de
estar cuando se da la vuelta, habiendo olvidado su vaso.
—Solo porque no lo quiero desperdiciar —dice, cojeando hacia
atrás—, los hombres que tienen novias no deberían hacerles
cócteles a otras mujeres.
Rio más fuerte de lo que pretendía—: No sabía que eso era una
regla —digo—, eres mala cuando estas bajo los analgésicos.

S
u humor solo empeora cuando hago la cena. Para cuando
estoy limpiando los trastes ella esta desanimada y
mirando a todas partes menos a mí. No debería estar
disfrutándolo, pero lo estoy.
—Ve a la cama —digo.
—No me digas que hacer —contesta bruscamente—. Soy un
adulto.
Levanto mis cejas mientras termino de vaciar el lavavajillas. —
Bueno, era una sugerencia, pero si prefieres estar despierta toda la
noche, adelante. —Cierro el lavavajillas y me dirijo a la sala, pero
ella me llama.
—¡Satcher!
—¿Qué?
Sacude su copa vacía hacia mí.
—No más —le digo—, ese era el trato. Estas bajo muchos
analgésicos.
—¡Ugh! —Ella se va a la habitación y da un portazo. Un
berrinche de adulto.
Página | 225
Sonrío, recordando los peligros de crecer con seis hermanas, los
constantes gritos y golpes de puertas. Cuanto más ridícula es ella,
más me gusta. La comprensión me hace sentir... incómodo.
Dos horas más tarde, estoy sentado con las piernas apoyadas
en la otomana preparándome para ver una película cuando
escucho la puerta de la recamara abriéndose. Ella aparece en la
entrada y yo mantengo mis ojos en la televisión. Mi pecho está
desnudo ya que pensaba ir a la cama... la única cosa que estoy
usando son los pantalones de franela de la pijama de Navidad que
mi madre envía fielmente cada año. Sin levantar la mirada, acaricio
el asiento a mi lado. Ella sólo duda un momento antes de venir. Me
sorprende cuando se acurruca a mi lado, y estoy más sorprendido
cuando pone su cabeza en mi regazo. Cuando empieza a llorar, mis
manos automáticamente encuentran su cabello, su cara, su
espalda. Acaricio y froto mientras ella llora y llora.
—Lo siento —dice finalmente. Su voz llena de lágrimas—, por
ser una idiota.
No digo nada. Le froto la espalda mientras Will Ferrell 39 pone
jarabe en sus espaguetis
—Satcher —dice.
—Si…
—Eres un buen hombre. Gracias.
Me levanto para hacerle otro lemon drop.

39 Actor de cine.
33
Traducido por: Yuli
Página | 226 Corregido por: Yuli & -Patty

P
or la mañana encuentro a Billie sentada en la isla, viendo
dentro de una taza de café. Faltan tres días para navidad
y quiero proponer una salida que potencialmente podría
animarla.
—¿Me dejarías poner una sonrisa en tu cara hoy? —pregunto,
pasando alrededor de ella hacia la cafetera.
Ella mira hacia arriba lentamente y veo que sus ojos siguen
hinchados de anoche. Sólo se suma a su belleza por desgracia,
miro hacia otro lado para evitar la mirada obvia.
—Satcher…
—No —digo, levantando una mano—, cualquier excusa que
vayas a decir solo déjala ir, déjame poner una sonrisa en tu cara
hoy.
Su cara se contorsiona mientras lucha con su respuesta.
Contengo el aliento, es una cosa, en realidad estoy conteniendo el
aliento esperando por su respuesta.
—Pero, hay algo que deberías saber…
—No quiero saber nada. Solo quiero hacer mierdas de navidad y
verte sonreír.
—Eso es tan cursi.
—Buena idea. Deberíamos hacer fondue40 para cenar. Conozco
un lugar…
—¡Satcher!
—Cállate —digo—, y prepárate.

40 En ingles Billie dice: It´s so cheesy. Satcher hace el juego de palabras con Fondue.
Por cualquier razón, obedece, marchando con paso cortos a mi
cuarto para prepararse. Cuando sale veinte minutos después, está
usando un vestido negro que es lo suficientemente largo para
cubrir la bota en su pie izquierdo. Tiene su chamarra de cuero en
un brazo y en el otro está sosteniendo una bufanda y un sombrero.
Página | 227
Para ocultar los moretones alrededor de sus ojos se puso una
sombra ahumada y lápiz labial rojo brillante.
—Wow, te ves como en la universidad Billie. —digo.
Sonríe. —Billie emo ¿entonces?
Golpeo su puño en respuesta y de repente, me siento desaliñado
y mal vestido.
—Diez minutos —digo—, tengo que cambiarme.
Se sienta en un taburete en la isla de la cocina, apoya el pie
sano en los soportes del taburete y planta la bota en el suelo. Mi
habitación huele como Billie: su perfume, su piel, su loción. Paso
por encima de su bolsa de lona, que está junto a las puertas de mi
armario, la ropa se amontona como órganos derramados. Le mando
un mensaje a mi portero con instrucciones y me cambio
rápidamente poniéndome colonia. Y en diez minutos estamos
saliendo por la puerta. Me las arreglé para pasar de contrabando
mi manta térmica debajo de mi abrigo, y cuando salimos a la calle
frente a mi edificio, le doy un billete de veinte a Fred y tomo a Billie
del brazo para conducirla a través de la acera helada.
—Ya me estoy arrepintiendo de esto —Frunce el ceño—. Hace
frio. ¿Por qué estamos siquiera dejando tu apartamento caliente?
—Porque te estás volviendo una bruja. Necesitas aire fresco y
alegría navideña.
—A la mierda eso —dice—, necesito un trago.
—Y una bebida es lo que tendrás —le digo, llevándola a la acera
donde nos espera nuestro vehículo.
Billie mira más allá de él al principio, sin duda buscando un
taxi. Cuando me acerco al carruaje tirado por caballos, su risa
resuena y me calienta todo el cuerpo.
—No. ¿En serio? ¿Esto es verdad?
Se quita los guantes para acariciar la nariz del caballo. Él
inclina la cabeza con encanto, los labios color regaliz buscan en la
palma de su mano una golosina. El conductor (que se presenta
como Phil) le da un terrón de azúcar y ella se lo da al caballo,
riendo cuando él le mordisquea la palma en busca de más.
—¿Cuál es su nombre? —la escucho preguntar—. Oh dios mío
Página | 228 ¿Pimienta? ¿es en serio? —le dice al conductor— ¡Su nombre es
pimienta! —me dice.
Una vez que la he ayudado a subir al carruaje, subo tras ella y
extiendo la manta caliente a nuestro alrededor. El conductor nos
muestra dónde podemos encontrar más mantas y nos entrega un
termo y dos tazas de ron caliente con mantequilla.
—Oh Dios mío, ¡Oh Dios mío! —Billie se contorsiona en su
asiento como una niña pequeña, sus ojos iluminándose con
emoción—. ¿A dónde vamos? ¿Nos llevara a ver Rockefeller Center?
—Nos llevara a donde sea que queramos ir —digo.
—No jodas. —Sus ojos son grandes y emocionados—. ¡Me voy a
poner muy borracha! ¡Esto es genial!
El carruaje se tambalea hacia adelante. Parpadeo rápidamente
cuando Billie encuentra mi mano debajo de las mantas y la aprieta
suavemente, sus pequeños dedos se enredan con los míos.
—Gracias. Había olvidado cómo se sentía emocionarse —sus
ojos están empañados cuando la miro.
Por los siguientes quince minutos, Pimienta trota confiadamente
hacia delante mientras nosotros bebemos nuestro ron caliente con
mantequilla y miramos la magia de la ciudad bajo el hechizo de la
navidad. Cuando llegamos al primer pub, Billie está tirando sus
mantas y subiendo su vestido para que nuestro conductor pueda
ayudarla a bajar.
—Tienen 20 minutos en cada lugar —dice, guiñándome un ojo—
, suficiente para un pequeño mordisco y algunos besos —Tiene un
fuerte acento irlandés y cejas blancas aún más espesas que están
acumulando nieve incluso cuando me las mueve.
—Está nevando —dice Billie desde la entrada del pub.
Corro para alcanzarla y vamos dentro del interior cálido de The
Dog and Drink, el olor a cerveza rancia y cera para madera
remplazando el olor de la ciudad. Veo la cara de Billie iluminada
con las luces del bar y su placer. Mi padre siempre decía que no
había nada más hermoso que la cara de mi madre cuando ella
estaba emocionada. Él era el tipo de hombre que, durante toda mi
niñez, hacia todo lo posible para obtener una reacción favorable de
su esposa, su nueva proeza siempre superando a la última. A lo
largo de los años, lo he visto construirle un invernadero, una
Página | 229
glorieta, una hoguera con columpios a su alrededor, un estanque
Koi y finalmente un estudio de arte cuando ella dijo que la
habitación de invitados no tenía la luz adecuada ni el espacio
suficiente.
Ver la cara de Billie transformarse con un carruaje y un poco de
cerveza hace algo nostálgico e importante para mí corazón.
Entiendo a mi padre de una manera que nunca lo había hecho,
siempre he desacreditado el romance como una estrategia y no
como algo puro del corazón. Y, sin embargo, aquí estoy, muchas
mujeres me llamarían cretino, malnacido, mujeriego, inventando
formas para hacer que la ex esposa de mi mejor amigo se desmaye.
Patético.
Pedimos dos pintas 41 y nos quedamos parados en el bar
bebiendo cerveza en jarras antiguas, escuchando música de los
ochentas en los altavoces. Cuando se termina el tiempo,
regresamos con Pimienta. Phil está fumando con la espalda
apoyada en el caballo, viendo el frente del pub. Billie le pregunta si
puede sostener su cigarrillo, él saca el paquete para darle uno, pero
ella sacude su cabeza.
—Solo necesito sostenerlo —dice.
Se lo entrega y ella cierra los ojos mientras el humo se dirige
hacia su rostro. Phil y yo intercambiamos una mirada, pero luego
ella le devuelve el cigarro y extiende el brazo para que la ayude a
subir al carruaje.
—¿Dónde vamos ahora? —pregunta, tirando de las mantas
hasta su barbilla—. ¿Crees que Phil las lave? —susurra.
—No —contesto, advirtiéndole con la mirada.
Ella tira de mi manta alrededor de nosotros y luego pone las
controvertidas mantas de Phil sobre la parte superior de la misma

Pinta es una unidad de volumen inglesa en el sistema imperial usada en los Estados
41

Unidos. La versión imperial usada en el Reino Unido es de 20 onzas líquidas, mientras que
en los [Link]. es de 16 onzas líquidas.
para que no nos estén tocando. Debajo de las mantas, su mano
para alcanzar la mía.
—¿Es esa la mano de tu cigarrillo? —Bromeo.

Página | 230
—Cállate —Sonríe—. Lo extraño ¿sabes? Solo me gusta
pretender a veces.
—¡Pretender que vas de camino al cáncer de pulmón! Una idea
excelente.
—Dios, ¿cuándo te convertiste en un santurrón? —pregunta—.
Por lo que puedo recordar, solías fumarlos conmigo.
—Solo estaba tratando de pasar el rato —digo.
Billie se inclina hacia delante y llama a Phil—: Necesito dos
colillas, Phillip.
La mira confundido.
—Cigarros —aclara, rodando los ojos.
Phil le pasa dos Marlboros y su encendedor.
—No, Billie, absolutamente no —digo mientras ella prende uno.
—Por los viejos tiempos, Sasquatch.
Le da unas caladas hasta que la punta brilla roja y se vuelve
para poner el cigarrillo restante en mi boca. No protesto cuando se
inclina hacia mí, permitiendo que su cigarrillo encienda el que está
entre mis labios. Mi boca no tiene problemas para recordar que
hacer. Billie me observa con los ojos ligeramente entrecerrados
mientras mis mejillas se cóncavan para llevar el humo acre a mis
pulmones. Ella no tose en absoluto, pero yo jadeo como si fuera mi
primera vez.
—Estas fuera de práctica, viejo —sonríe.
Sopla el humo por sus labios rojo manzana se ven tan dulces
que quiero inclinarme y besarlos, su labial me mancharía toda mi
cara y amaría cada segundo. Tengo más pensamientos
inapropiados acerca de su lápiz labial en otras partes de mi cuerpo
cuando giramos por una esquina y ella se inclina contra mí.
Maldita sea. Me froto la cara con la mano tratando de ignorar mi
pene, que se está hinchado.
Nuestros cigarrillos ahora son colillas; los pellizcamos entre
nuestros dedos mientras nos sonreímos el uno al otro.
—Sólo dos ancianos que se esfuerzan demasiado —le digo,
golpeándome el trasero cuando pasamos una rejilla.
Página | 231
—¿Qué? ¡No! —finge ofenderse—. ¡Todavía lo tenemos!
El carruaje se mueve hacia una parada y Billie rompe nuestro
contacto visual para mirar alrededor.
—¿Vamos a ir de compras?
Pimienta se ha detenido afuera de una tienda departamental
llena de gente. Un flujo constante de compradores empuja a través
de una puerta giratoria, sus rostros alternando entre felices y
asesinos. Ayudo a Billie a bajar y ella se tambalea torpemente sobre
su bota mientras espera a que hable con Phil.
—Tenemos treinta minutos —digo, agarrando su mano.
—Okay ¿Para quién estamos comprando?
—Uno al otro —le digo a ella—, con un límite de veinte dólares.
Se detienen en seco, forzándome a retroceder o ser atropellado
por los determinados peatones.
—¿Qué crees que es esto? ¿Target? No puedes comprar unas
agujetas en Barneys por veinte dólares —dice.
—Cincuenta —acuerdo—, y tenemos treinta minutos para
escoger sabiamente.
Golpeamos nuestros puños y nos separamos cuando estamos
dentro. Billie cojea hacia la derecha a los elevadores y yo voy por la
izquierda a través de los perfumes y maquillaje. No tengo ni idea de
que es lo que estoy buscando además ya compre el regalo de Billie.
Mareado ligeramente por la cerveza y el ron caliente con
mantequilla que nos dio Phil, deambulo sin rumbo fijo, esperando
que algo me llame la atención antes de que Phil y Pimienta
obtengan una multa por holgazanear. Veo algo en el departamento
del hogar que creo que le gustara. Cuesta ciento veinte dólares,
pero lo agarro de todos modos y lo llevo a una caja registradora. El
botón que me dio Billie está en el fondo del bolsillo de mi abrigo,
mis dedos lo tocan cuando busco mi teléfono. Pienso en
preguntarle a Billie acerca de el, pero hay algo acerca de esa noche
cuando me lo dio, que se siente sagrado. Si pregunto y ella me dice,
el hechizo se romperá. Ni si quiera se que mierda significa eso, pero
se siente como la verdad. Billie ya está esperando en el carruaje
con una amplia sonrisa en su cara cuando salgo. Entro y ella
automáticamente se acurruca seca de mí, buscando calor.
Página | 232 —¿Y bueno…? —dice—. ¿Hacemos esto ahora o más tarde?
Esta rebotando en su asiento, como una pequeña chispa llena
de energía. Beso su nariz porque estamos así de cerca y sus ojos se
pliegan en una sonrisa.
—Deja de ser lindo —dice. Rueda sus ojos, pero no importa
porque están bailando con una luz que no he visto en un tiempo.
—Está bien —digo—. Tu primero.
Agarra una bolsa de sus pies justo cuando Pimienta se
tambalea hacia adelante y me la ofrece con un entusiasmo
inducido por el alcohol. Chocamos cabezas y luego reímos mientras
frotamos los puntos doloridos.
Mientras excavo alrededor del papel de seda, mi mente regresa
al botón. Billie me está mirando ansiosa. Mis dedos rozan con algo
duro en el fondo de la bolsa. Ella se muerde el labio, su rostro en
algún lugar entre la emoción y el nerviosismo. Cuando saco mi
mano no estoy seguro que es lo que estoy mirando.
—¿Qué es esto? —Le doy la vuelta en mi mano. Parece una
muñeca muy brillante y nudosa hecha completamente de… espera
un minuto… botones. Botones de todos los colores y tamaños
componen su rostro, extremidades y torso. Miro sus ojos negros,
confundido.
—Es un bebe de botones —dice suavemente.
—¿Un bebe de botones? —repito.
Ella asiente, quitándomelo. —La idea es que si necesitas un
botón, digamos que perdieras un de tu abrigo, encontrarías un
remplazo en este chico. Y también ¿sabes de esos botones extras
que vienen con las camisas, pantalones y demás cosas?
Asiento, voltea el bebe de botones y me enseña un cierre. —Los
pones aquí para cuando los necesites.
—Hmm... —Busco en mi bolsillo, decidiendo que es el momento
de traer a colación el botón blanco que me dio la noche de la fiesta
de navidad en el Rhubarb. Se lo ofrezco y su cara se ilumina.
Cuidadosamente lo toma de mi palma y lo deposita dentro del bebe
de botones cerrando el cierre para mantener a salvo el botón.
—Entonceess…. Acerca del botón…

Página | 233
—No te acuerdas ¿verdad?
Puedo ver la decepción en su rostro y me hace sentir como la
mierda. Casi sugiero que se ha equivocado de persona, no hay
posibilidades de que sea el verdadero propietario del recuerdo del
botón.
—N…No.
Su risa llena mis oídos. —Bueno… tal vez algún día lo hagas. Y
luego mi regalo de navidad no se verá tan estúpido.
—¿Por qué no puedes solo decirme?
Billie sacude su cabeza, una sonrisa tímida y burlona aparece
en sus labios. —No hoy. Lo recordaras algún día.
Le frunzo el ceño.
—Ahora yo —Extiende su mano, moviendo sus dedos.
Saco mi regalo menos confuso de entre mis pies y le ofrezco la
bolsa —Tengo miedo de que mi regalo no sea tan profundo ni con
un significado olvidado.
—Oh, shh…
Busca dentro de la bolsa justo cuando Pimienta nos guía sobre
un bache, y lo que sea que está sosteniendo se resbala de sus
dedos antes de que ella pueda verlo. Jura con frases subidas de
tono antes de volver a meter la mano dentro, y cuando emerge,
para mi gran alivio, comienza a reír. No puedo sino unirme a ella.
Pasando la sección de maquillaje encontré una estación de joyería,
donde, usando letras chiquitas, puedes hacer tu propio brazalete
para decir lo que sea que quieras. Yo escogí un brazalete de plata
para Billie y luego deletreé las palabras: Jodete Wendy.
—Dios mío, Satcher ¿Qué tienes en contra de Wendy de todas
formas?
—No era tú —digo—, era una versión modificada.
—Eso es cierto —suspira Billie, deslizando el brazalete en su
muñeca—. Bueno, estoy de vuelta, con toda mi fuerza.
No tengo tiempo de responder; hemos llegado al siguiente pub.
—¿Vamos? —Salto del carruaje y extiendo mi mano.

P
Página | 234 hil nos da un poco más de tiempo para cenar, ya que todo
lo que hemos tenido en el estómago durante cuatro horas
es alcohol.
—¡Coman! —Nos dice mientras caminamos hacia el
restaurante—. O se ahogaran desde adentro hacia fuera.
Billie tiene los ojos entrecerrados cuando nos deslizamos en una
mesa en la esquina. Mete su cabello detrás de sus orejas, luego
descansa sus manos en la mesa mientras espera a que me quite el
abrigo y me siente. Ella es hermosa, su nariz roja besada por el
viento. Hay un profundo escondite en mi corazón, un lugar que
callo, que duele cada vez que miro a Billie. Por esa razón miro hacia
otro lado, a cualquier cosa menos a ella.
—¿Puedo hacerte una pregunta personal?
Ella levanta la vista de su menú con las cejas arqueadas.
—Supongo que sí —dice, bajando el menú—, ¿me hará llorar?
—Oh Dios —digo—, por favor no. No sé que hacer cuando las
mujeres lloran.
—Realmente lo dudo, Satcher. Con el camino de corazones rotos
que has dejado, te apuesto a que eres bueno consolando.
Sonrío. Esta en lo cierto, por su puesto.
Hacemos una pausa para pedir al camarero. Cuando se ha ido,
Billie se gira hacia mí. —Dispara —dice.
—¿Por qué le dijiste a tus padres que fuiste tú quien dejo a
Woods?
Sus labios desaparecen mientras los aprieta y mira hacia otro
lado.
—¿Cómo es que sabes acerca de eso?
—En el hospital… tu madre…
—Ah —dice—, ¿le dijiste la verdad?
Sacudo mi cabeza.
—Gracias —su voz es suave, y mi corazón siente su tristeza de
una manera en la que me siento obligado a tocarla, como si pudiera
absorber un poco de ella.
—Ellos me abrían culpado. Sin importar que… —dice
Página | 235 rápidamente cuando ve la expresión de mi cara—. Si Woods me
engaño significaría que le estaba fallando de alguna manera.
Supongo que no quería escuchar eso, ¿sabes?
—Entendible.
Juega con la correa de su bolso, mordiéndose un labio.
—¿Te hace pensar diferente de mí?
—No. Claro que no. Dios, le dije a mi madre que la razón por la
que no quiero casarme es porque tengo un pene pequeño y nadie
me va a querer —le digo a ella.
—Oh bueno, eso es mentira —canta, sus ojos bailan con
picardía.
—Ella lo sabe. Me cambio los pañales por tres años.
Reímos cuando el mesero trae las bebidas. Hacemos bromas de
penes a mis expensas. Lo amo. Amo que no se censure a sí misma
por nadie, y amo que se burle de mí sin piedad. Cuando sales con
tantas mujeres como yo lo he hecho, aprendes que todos tienen
una estructura que quieren aparentar. Las personalidades se
convierten en atuendos: cuidadosamente seleccionados, una
pantalla de humo para el interior roto. Es difícil decir que hay
debajo de las capas que todo el mundo usa. Billie es la primera
mujer que conozco que viene a ti desnuda. Ella admite cuando no
está en lo correcto, no tiene miedo de decirte la terrible verdad
acerca de lo que ha hecho, y no tiene una agenda secreta. Ella es lo
que es y eso es exactamente por lo que me enamore.
—Sláinte42 —digo levantando mi vaso.
—Sláinte —dice, encontrando mis ojos.
Chocamos los vasos.

42 Salud en irlandés.
34
Traducido por: Yuli
Página | 236 Corregido por: Yuli & -Patty

P
asamos el siguiente día en el departamento echados en el
sofá, recuperándonos de nuestros exuberantes esfuerzos
por beber del día anterior. Billie escogió las películas y
para mi sorpresa, eligió historias completamente no-románticas en
lugar de las películas navideñas que pensé que elegiría. Untamos
queso crema sobre galletas y bebemos de nuestros enormes vasos
de agua, recordándonos uno al otro que debemos mantenernos
hidratados. A falta de una palabra mejor, encuentro la tarde
adorable en su simplicidad, fácil. Pero esa es la manera en la que
siempre ha sido con Billie. En algún punto, me encuentro acostado
con la cabeza en su regazo, Billie juega con mi cabello casualmente
mientras Liam Neeson 43 emite su famoso "Te encontraré" en el
teléfono. Mis ojos se cierran y despierto con los créditos cuando
Billie levanta los brazos sobre su cabeza en un estiramiento. Entre
películas, tomamos turnos para quejarnos de lo enfermos que nos
sentimos, y alrededor de las seis, Billie se ofrece a hacer el
desayuno como cena. Está nevando afuera cuando me uno a ella
en la cocina, las luces del árbol de navidad proyectando perezosos
reflejos en la ventana.
—Esto es casi divertido, sabes —Rompe el último huevo en un
bowl y tira los cascarones—. Como una pijamada.
Sonrío por encima de su cabeza y le entrego el cuenco de
cebollas que me pidió que cortara en pedazos—: ¿Esto significa que
puedo compartir la cama contigo esta noche?
Su risa es poco entusiasta.
—Mi madre me dijo que siente como si aun estuviera teniendo
una pijamada con mi padre después de treinta y seis años —le
cuento.
43N/C: Actor famoso. Si mi memoria cinéfila no me falla, la película que están viendo es:
`Búsqueda Implacable` (o algo así) En donde al protagonista le secuestran a su hija y él
como padre hace de TODO para encontrarla.
Mis padres dieron asco a sus hijos durante gran parte de
nuestra adolescencia. Como adultos, hemos aprendido a apreciar
su festival del amor, pero todos seguimos mirando hacia otro lado
cuando se besan como dos adolescentes.
Página | 237 —Eso es dulce —dice, evitando mis ojos—, mis padres no se
hablan a menos que sea para comentar el clima.
—Eso es deprimente —Me meto un tomate cherry en la boca
mientras trato de no dejar ver lo cerca que estoy observando sus
reacciones.
—Sí. Quería lo contrario de su matrimonio. Y mírame ahora. Sin
matrimonio. Una vieja divorciada sin prospectos.
Me río. —Oh, por favor. Tendrías un montón de prospectos si
estuvieras lista.
Ella finge no escucharme mientras busca en el cajón de los
cubiertos. Escucho el ruido del metal y frunzo el ceño.
—¿Espátula? —Lo saco de un cajón diferente y se lo doy.
Nuestros dedos se rozan y ella retira su mano como si la
hubiera sorprendido.
—¿Eras verdaderamente feliz con Woods? —Pienso en su post
del blog. Lo leí en el sofá de mis padres, tres o cuatro veces,
preguntándome si era la idea del amor del que había estado
enamorada en lugar de Woods.
—No lo sé. Supongo que era un ignorante. Así que en cierto
modo... sí. Cumplió mi idea del matrimonio y lo disfruté.
—Y la persona que eres ahora, la mujer en la que te
convertiste… ¿Estaría ella feliz en un matrimonio con Woods?
Me sorprendo cuando ella se ríe.
—No —dice—, esta persona es mucho más complicada.
—¿Entonces por qué quieres volver con él?
Sus manos se quedan quietas. Deja todo y se da la vuelta para
mirarme, apoyando su espalda contra el mostrador mientras se
seca las manos con una toalla.
—Porque hicimos un compromiso. Se suponía que teníamos que
luchar para superarlo. Yo estaba dispuesta.
—Entonces ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué no te quedaste y
peleaste?
Sus labios se movieron, pero las palabras se quedaron
atrapadas en su garganta.
Página | 238
Ella se retrae completamente después de eso, su sonrisa
desaparece de su rostro. Debería de preguntar por qué, pero me
divierte en parte la forma en que sigue mirándome cuando cree que
no estoy mirando. Después de comer, ella mira su plato vacío
cuando finalmente le pregunto que es lo que le está molestando.
—Tengo que decirte algo —dice—, no sé si debería, pero estoy en
una difícil posición y honestamente, he perdido de vista a quién
estoy traicionando en este momento.
Me recuesto en mi asiento después de haber empujado mi plato.
—¿Jules?
Ella asiente lentamente.
—Está bien... —Hago crujir mis nudillos, inspeccionando la
cocina.
La lengua de Billie está bloqueada en su promesa a Jules.
Tendré que adivinar si quiero averiguarlo.
—Necesito saber por dónde empezar —digo.
Gira la cabeza para mirar el mostrador y yo sigo sus ojos. El
presente que Jules envolvió y dejo en mi casa junto al porta
cuchillos. No estaba allí antes, así que supongo que Billie lo puso
donde yo pudiera verlo.
—¿Quieres que lo abra?
Ella se encoje de hombros casualmente, aunque sus ojos son
salvajes.
—¿Billie…?
Se encoje de hombros de nuevo, sus ojos parpadeando
lentamente como si estuviera tratando de transmitir la importancia
del regalo de Jules.
—Está bien. Todo bien. Voy a abrirlo. Es mi culpa, no tuya…
Recupero el paquete, esperando que su colocación por el porta
cuchillos no sea un presagio, y lo doy vuelta en mi mano. Billie lo
mira como si tuviera miedo.
—Me estas asustando, Billie.
Página | 239
—Yo tengo miedo —dice—, mucho.
Miro de ella al paquete en mi mano con confusión.
—Dame una pista —digo.
Sin una palabra, se para y camina a la cocina. Miro mientras
ella consigue dos caballitos del gabinete y luego agarra una botella
de tequila de mi cantina.
—Ese es tequila de sorbo —le digo—, muy caro.
—Bueno, entonces bajará suavemente y trabajará rápido.
No discuto mientras ella nos sirve a cada uno un trago y desliza
el mío por el mostrador. Lo recojo, sin apartar los ojos de su rostro.
—¿Qué te podría dar Jules que querría que lo abrieran juntos?
—No tengo ni idea.
Ella muerde su labio y levanta su caballito, indicándome que
haga lo mismo. Nuestras cabezas se inclinan hacia atrás al mismo
tiempo.
—Si ustedes fueran una feliz pareja que planea estar juntos por
el resto de sus vidas… —su voz se rompe.
La miro mientras ella se muerde el interior de su mejilla,
claramente en desacuerdo con su lealtad. Sus cejas están
arqueadas sobre sus ojos y parece estar urgiéndome hacia la
respuesta levantándolas más.
De repente siento frío por todas partes—: Billie… no… ¿tu
estas…? ¿Esta ella…?
No me responde. Mis manos están temblando cuando
desenvuelvo la caja, el tequila cuajándose en mi estomago como
leche agria. Debajo del alegre envoltorio de lazos y bastones de
caramelo hay una simple caja de cartón blanco. Levanto la tapa,
mis manos tiemblan.
—Mierda —suelto todo en el mostrador.
—Asumo que sabes que es eso —dice Billie secamente.
Me froto la cara con una mano. —¿Sabias de esto y no dijiste
nada? Maldita sea, Billie.

Página | 240
—Ella me dijo que no lo hiciera.
Me agacho para recuperar el delgado palo blanco que está entre
mis pies. Antes de darle la vuelta, me vuelvo hacia Billie, que está
mirando todo menos a mí.
—¿Es una prueba de embarazo positiva?
Ella asiente. Respiro por mi nariz tratando de calmarme. En
mis, a menudo escandalosos, años de soltero, nunca he tenido ni
una vez un susto de embarazo. Giro el extraño palo blanco en mi
mano y miro hacia abajo a la única palabra en la pequeña caja
rectangular: EMBARAZADA. Todo se congela cuando veo esa
palabra. ¿Hace cuantos días se ha ido? Cuento en mi mente.
Termine nuestra relación que… ¿hace tres… cuatro días?
Me volteo hacia Billie. —¿Ella sigue embarazada?
—No lo sé. Le mande mensaje, pero no me ha contestado. Creo
¿Qué también está enojada conmigo?
Paso una mano por mi cabello deseando haber insistido en ver
que es lo que había adentro de la caja antes. ¿Pero cómo podría
haberlo sabido? Jules y yo jamás hablamos acerca de tener niños.
Ella mencionó el matrimonio en varias ocasiones, y aunque yo no
me había comprometido con la idea, tampoco la desalenté. Debió
de haber sido muy estresante para ella poner esa prueba en la caja
y envolverla sin saber cuál sería mi reacción. En un jadeo, busco
mi teléfono. Necesito llamar a Jules. Billie camina de un lado a otro
por la cocina, mirando el bar.
La señalo y digo—: No —Firmemente.
—¿Por qué no? —se queja—. Esto es estresante.
—Bebes demasiado. Y si tengo que hacer esto sobrio, tú
también.
Ella levanta sus manos al aire. —¿Quién dice que tienes que
estar sobrio?
Encuentro mi teléfono bajo una pila de mantas descartadas en
la sala y marco el número de Jules. Me siento en el sillón
esperando a que responda; Billie se inclina en la puerta viéndose
como si estuviera a punto de vomitar. La voz de Jules es
somnolienta cuando responde.
—Hey —digo.
Página | 241
—Hey de regreso.
Me rasco la parte trasera de mi cabeza preguntándome por qué
no pensé en algunas palabras antes de hacer esta llamada.
—Así que, abrí el regalo que dejaste…
Hay un silencio en el otro lado de la línea.
—Aun estas…
—Si —dice rápidamente.
Respiro un suspiro de alivio, masajeando mi frente donde
empiezo a sentir el pinchazo de un dolor de cabeza.
—¿Estás bien?
Puedo escuchar su respiración en el otro lado de la línea,
respiraciones metódicas lentas que reprimen las lágrimas.
—Estoy bien —dice ella finalmente.
—¿Le has dicho a alguien?
—No ¿Por qué lo haría? Mira, rompiste conmigo. Lo entiendo.
No quieres estar conmigo y yo no espero nada de ti. Lidiare con
ello.
—No quiero que tengas un aborto… quiero decir, no a menos tú
quieras tener uno —Espero a que diga algo—. Te apoyare a través
de lo que sea que tu decidas —termino.
Me siento como un idiota. Aquí esta ella tratando de tener una
Navidad con su familia, y no solo se entero de que estaba
embarazada, si no también corte con ella antes de que pudiera
decirme.
Escucho el sonido de un sollozo y aprieto más el teléfono contra
mi cara, mi corazón se desgarra en mi pecho.
—Jules... —digo suavemente.
—Sí.
Ella está llorando. Oh Dios, ella tiene el corazón roto y es mi
culpa. Huelo a Billie antes de verla; el suave aroma de mujer
confundido con su perfume que siempre me hace pensar en el
jazmín fuera de la ventana de la cocina de mis padres. Es
embriagador. Mi cabeza da vueltas. Toca mi hombro, su calidez se
Página | 242
filtra más allá de mi camisa y me calienta la piel. Es reconfortante y
desconcertante al mismo tiempo. La mujer que amo me está
consolando después de que embaracé a su mejor amiga.
—Todo va a estar bien ¿sí?
—Está bien.
Colgamos después de eso y ni Billie ni yo decimos nada acerca
de la llamada. Ella lava los platos diligentemente mientras yo
limpio la sala de mantas y envoltorios de dulces. Después de eso
vamos a la cama. Mañana es navidad, aunque ninguno de los dos
se siente con ganas de celebrar.
35
Traducido por: Beth
Página | 243 Corregido por: Beth & -Patty

M
e despierto ante los golpes en la puerta de mi casa.
Hace frío. Envuelvo mis hombros con una manta y me
tambaleo hacia la puerta principal, casi tropezando con
los zapatos abandonados de Billie. Los pateo a un lado y cuando
abro la puerta, mi anciana vecina, la Sra. Chartuss, está parada
allí en su bata, con un extraño sombrero en la cabeza. Tras una
inspección más cercana, me doy cuenta de que no es un sombrero,
sino unos rodillos de espuma gruesa. Nunca la he visto más que
con estilo y lista con uno de sus diversos abrigos de piel.
—Señora Chartuss —digo, apretando más la manta alrededor de
mis hombros—. Feliz Navidad.
Me mira con el ceño fruncido como si yo fuera quien llama a su
puerta al amanecer de la mañana de Navidad.
—Soy judía—dice secamente.
—Felices fiestas entonces —corrijo—. ¿Qué puedo hacer por
usted? —Detrás de mí oigo la puerta del dormitorio abrirse y las
pisadas de Billie.
—No hay luz —dice—. En todo el edificio. Te presté una linterna
hace dos años...
—Sí, lo hizo —digo—. Déjeme conseguirla para usted —La dejo
en la puerta luciendo disgustada mientras saco la linterna del
armario del pasillo. No me extraña que hiciera tanto frío. Solo por si
acaso, enciendo el interruptor de la luz en el pasillo. La luz
permanece obstinadamente apagada. Excelente. Cuando se la
entrego, murmura un comentario acerca de que tiene pilas nuevas
y vuelve arrastrando los pies hacia la puerta de su casa.
—Bueno —digo, cerrando la puerta detrás de ella y volviéndome
hacia Billie—. La Navidad está cancelada.
—Siempre ha estado cancelada —Billie bosteza.
—No. Nope. Vístete. No podemos quedarnos aquí. Nos
congelaremos.
—Estoy segura de que lo arreglarán pronto—dice—. Que no
cunda el pánico.
Página | 244
—Es Navidad y está nevando. No hay forma. Apenas se puede
localizar al propietario de este edificio en caso de emergencia.
—Bueno. ¿Entonces adónde vamos?—Levanta las manos para
frotarse los brazos, que están salpicados de piel de gallina, como si
acabara de darse cuenta del frío.
—A algún lugar cálido—le digo.
—Mmm, Florida—dice con voz soñadora.
Sorprendentemente, ella no discute; en cambio, desaparece en
el dormitorio para vestirse. Una hora más tarde, estamos en
camino. Billie enciende el calentador de su asiento al máximo y se
hunde en el cuero como un animal en su nido.
El viaje hacia el norte del estado toma menos tiempo del
planeado, las carreteras afortunadamente vacías. No hablamos
mucho. Escuchamos música navideña con algún comentario
ocasional de Billie en contra de las fiestas.
—¿Por qué eres tan Scrooge44 de todos modos? —digo—. Por lo
que recuerdo, te encantaban las festividades.
—¿Te refieres a cuando tenía un marido, un hogar y podía
cocinar esas estúpidas comidas, y decorar ese estúpido árbol y
fingir que estaba viviendo en una comedia de la década de 1950?
Me estremezco.
—Punto tomado—digo—. Pero hoy... hoy celebramos.
Considéralo tu primer año de regreso de tu año sabático de
Navidad.
—Pero no quiero—refunfuña.

44Un clásico que todos conocemos. Hace referencia a Ebenezer Scrooge, un hombre de
corazón duro, egoísta y al que le disgusta la Navidad, los niños o cualquier cosa que
produzca felicidad. Pertenece a la obra ‘Un Cuento de Navidad’, o ‘A Christmas Carol’,
de Charles Dickens.
—Muy mal —Me inclino y bajo el calor. Comienza a sentirse
como Florida aquí dentro.
—¿A dónde vamos de todos modos?—Toma un sorbo de la taza
de café de papel que me hizo detener a comprar antes de llegar a la
Página | 245 autopista.

—Ya verás.
—¿Por qué no puedes simplemente decírmelo?—se queja.
—Porque no quiero escuchar tus quejas.
Gruñe como si estuviera demasiado cansada para discutir, y no
trato de reprimir mi sonrisa. Incluso cuando hace el papel del
Grinch, es linda. Inmediatamente arrojo ese pensamiento de mi
cabeza. Me acabo de enterar de que voy a ser padre. No necesito
enumerar mentalmente todos los encantos de Billie.
Estaciono mi auto contra la acera exactamente una hora
después y miro hacia el extenso patio cubierto de nieve. En la parte
trasera de la propiedad se encuentra una impresionante casa estilo
victoriano con un porche cubierto. Un rizo de humo se eleva hacia
el cielo desde la chimenea, y parece que todas las ventanas (y hay
muchas ventanas) están iluminadas por una luz amarilla
parpadeante que sé por experiencia que son pequeñas velas falsas
que mi madre usa para decorar. Salgo del coche y camino hacia el
lado de Billie para abrir la puerta.
—No lo hiciste—dice ella, con los ojos muy abiertos. Estudia la
casa, con una expresión de temor en su rostro.
—¿No hice qué?
—Traerme a tu casa por Navidad…—sisea—. Oh por Dios, oh
por Dios ¿quién es esa?
Miro por encima de mi hombro para ver a mi madre parada en
la puerta, con los brazos cruzados mientras nos espera.
Billie se desliza hacia abajo en su asiento para que su cabeza
descanse donde debería ir la parte baja de la espalda. —¿Esa es tu
madre?—susurra.
—Sí—digo, mirando hacia la puerta de nuevo—. Parece que nos
está esperando...
—Ni siquiera me maquillé—dice miserablemente—. Parezco una
broma.
—Bueno, sí, lo haces —digo, mirando la forma en que se ha
encorvado en su asiento—. Te pareces a mi sobrina cuando hace
Página | 246 una rabieta.

—¡Ugh!—Arruga la nariz mientras le ofrezco mi mano para


ayudarla a salir del coche.
Noto que mientras caminamos hacia la puerta principal, ella
deja de quejarse y una mirada de interés llena su rostro. Hay
ruidos provenientes de la casa: gritos de alegría de mis sobrinas y
sobrinos, la risa aullante de mi hermana mayor. Son sonidos
alegres, de esos que me llenan de una agradecida calidez. Somos
recibidos con el tipo de entusiasmo que se guarda para las
festividades. Mi madre, una elegante mujer de cincuenta y nueve
años, saluda a Billie con un abrazo luego la sostiene con el brazo
extendido, declarando que es la chica más bonita que he traído a
casa. Mi madre, que también es hermosa con el cabello castaño
rojizo espeso recogido y ojos azul brillante, luce como su pudiera
ser la madre de Billie. Billie se sonroja furiosamente por el
cumplido antes de que sea mi turno de ser saludado. Noto el
delantal con estampado de cerezas de Mamá con cariño mientras
me abraza, Billie esperando justo detrás de su hombro en el
vestíbulo. Ha usado el mismo delantal desde que yo era niño; mis
hermanas la molestan constantemente por eso, pero a mi madre no
le importa. Es su delantal y le encanta. La verdadera pregunta es
cómo se las ha arreglado para mantenerlo en tan buenas
condiciones durante tanto tiempo. La cosa parece nueva.
—Estoy a punto de poner el desayuno en la mesa—dice,
llevándonos a la sala de estar, que parece una zona de guerra de
papel, juguetes y pequeños humanos gritando que se parecen a mis
hermanas.
En un instante, soy un parque de diversiones humano mientras
once de mis sobrinas y sobrinos corren hacia mí gritando
emocionados. El mayor tiene diez años y el menor acaba de escupir
en mi camisa. Beso sus cabezas a ambos mientras todos miran con
curiosidad a Billie.
La presento por la habitación a los distintos cónyuges, tías y
tíos, y para cuando termino, ella luce completamente abrumada.
—Vamos —Mi madre la agarra del brazo—. Necesito ayuda en la
cocina... y tengo mimosas45... —la escucho susurrar
Observo mientras Billie se deja llevar con gratitud en dirección a
la cocina. Cuando ella se ha ido, empiezan las preguntas.
Página | 247
—¿Esa es tu novia?—pregunta mi sobrina—. Es realmente
linda.
—Sólo una amiga —Tiro de su cola de caballo mientras mis
hermanas me rodean.
—¿Pero quién…?
—¿Dónde se…?
—¿Qué hace ella…?
—¡Whoa, whoa!—Levanto las manos para silenciarlas—. Feliz
Navidad a ustedes también. Y dejen de ser tan malditamente
entrometidas.
—No has traído a una chica a casa desde el 2014 —dice mi
hermana Heidi—. ¿Cómo se llamaba…? —Chasquea los dedos
mirando alrededor de la habitación en busca de ayuda.
—¡Gladys! —grita mi abuela. Levanta su dedo doblado en el aire
en señal de triunfo.
—Gladys era el nombre de tu hermana, Nana—dice mi hermana
Beatrice, dándole palmadas en la rodilla.
—Oh.
—¡Glenda! —dice mi padre desde la alfombra donde está
armando un juguete para uno de mis sobrinos.
—Noooo, era Gloria —dice alguien más.
—Era Gillian —digo suavemente—. Pero todos estaban
demasiado borrachos para recordar eso, especialmente tú, Nana —
digo, besándola en la frente.
Ella levanta la mano para acariciar mi mejilla. —Tu madre hace
un gran ponche de huevo. —se queja—. No fue mi culpa.

45Cóctel compuesto por una parte de champán y una parte de zumo de naranja. Es
considerado un cóctel suave y refrescante debido a su baja graduación alcohólica
Miro más allá de ella, hacia las puertas de la cocina,
preguntándome qué está haciendo mi madre allí. Escucho una
carcajada que identifico como la de Billie y me relajo de inmediato.
Emergen cinco minutos después llevando los platos hacia la mesa.
Página | 248

E
n el desayuno, pasamos la comida alrededor mientras
hablamos extensamente sobre el delantal de mi madre.
—No debería parecer nuevo—dice Heidi—. Es brujería.
—Ella ha tenido esa cosa desde que éramos niños... —explica
Beatrice a Billie—. Hablamos de esto cada vez que estamos juntos.
—Porque no nos dirá cómo es que usa la maldita cosa todos los
días y se ve nueva —Nora echa huevos en su plato. Está en su
último trimestre de embarazo y su barriga es tan grande que no
puede acercarse a la mesa.
Mi madre sonríe como el gato de Cheshire y le guiña un ojo a
Billie, quien a cambio le sonríe. ¿Con qué frecuencia había
imaginado llevar a Billie a casa para conocer a mi familia?
Probablemente me avergonzaría admitirlo. Y aquí está, justo como
me imaginaba, encajando perfectamente con la multitud Gable.
—Entonces, Billie, eres la mente detrás de Rhubarb —dice
Nora—. Sabes que leí esa cosa antes de que mi hermano te la
comprara. Estaba bastante sorprendida cuando nos lo contó.
—¿Y cómo crees que ha terminado?—Billie se inclina hacia
adelante en su asiento—. Siendo un lector desde hace mucho
tiempo...
Nora me sonríe. —Bueno, puedo ser parcial, pero mi hermano
tiene el toque de Midas 46 . Y en todo caso, su movimiento más
inteligente fue traerte de vuelta.
Billie se sonroja furiosamente. Si estuviera sentada a mi lado,
me estiraría para apretar su rodilla. Mi madre, siempre siendo la
anfitriona proactiva, la sentó entre Beatrice y ella. Sé que la
disposición de los asientos es con el propósito de interrogar a Billie.

46La expresión de ‘tener el toque de Midas’ aplica para todas las personas que tienen el
deseo y convicción de alcanzar el éxito, de sobresalir y marcar la diferencia
Estoy sentado entre mi tío y mi padre. Hacemos una pequeña
charla sobre el trabajo mientras yo le echo un vistazo a Billie. Su
cabello es salvaje; sin el uso de su plancha, los rizos se han dado a
conocer. Quiero decirle que prefiero su cabello de esta manera,
pero sé que simplemente descartará mi comentario. Mi padre, que
Página | 249
ha sido detective en la comisaría de Nueva York durante veinte
años, se da cuenta y me mira enarcando las cejas. Me encojo de
hombros. Más tarde, cambiamos de roles; los hombres están
limpiando la cocina mientras las mujeres se relajan en la sala de
estar. Mi padre carga el lavavajillas mientras yo enjuago.
—¿Estás enamorado de ella? —No me mira cuando pregunta
esto.
Lo miro por el rabillo del ojo. —Sí. —digo, entregándole una
sartén.
—Ella es la chica de tu chico Woods, ¿no es así?
—Ex —digo.
—Es lo mismo. No tocas lo que ha pertenecido a otro hombre.
Bajo el cuenco que estoy sosteniendo y enfrento a mi padre.
Nuestra relación se puede describir mejor como... un lago. A veces
todo es claro y cálido: puedes ver hasta el suelo debajo del agua,
nuestros problemas se encuentran en el fondo como un viejo
naufragio, sin ser molestados; otras veces, es como si algo
levantara el limo y volviera el agua turbia. La temperatura baja y el
naufragio sube a la superficie para mirarnos a la cara. Ya puedo
decir que hoy será uno de esos días. Feliz Navidad para mí, pienso
con ironía.
—Las mujeres no son propiedades. Estaban en una relación.
Esa relación terminó.
—Estaba casada con tu mejor amigo, hijo. Hermanos antes que
p…47
Levanto una mano para detenerlo antes de que termine.
Al otro lado de la cocina, Julian, el marido de Beatrice, hace
una pausa en su conversación con mi tío. Me mira a los ojos y
niega levemente con la cabeza. Me está diciendo que lo deje pasar.

47 Lo que el padre iba a decir era: `Hermanos (o amigos) antes que putas`.
Morderme la lengua y ser un buen hijo. Julian, que ha sido testigo
de primera mano de las explosivas discusiones que he tenido con
mi padre, es el pacificador de la familia, pero algo sobre mi padre
usando la palabra puta en referencia a Billie me empuja al límite.
Página | 250 —¿Por qué se divorciarían, diferencias irreconciliables? ¿Ella no
pudo soportarlo cuando él dejaba sus calcetines junto a la cesta?
—Se ríe mientras cierra el lavavajillas.
Desde que yo era niño se burlaba de las diferencias
irreconciliables como motivo de divorcio. Es de la vieja escuela: el
divorcio no es una opción. Las mujeres deberían renunciar a sus
carreras para ser amas de casa, y los hombres que lloran son
"putos maricones".
—Él estaba teniendo una aventura con una de mis empleadas.
Todos nos volteamos al mismo tiempo para ver a Billie parada
en la puerta, con una cacerola en la mano. —Olvidaron ésta en la
mesa —dice, ignorando todas las miradas y mirándome
directamente.
Una sonrisa presiona las comisuras de mi boca como siempre lo
hace cuando la miro. —Gracias—digo, quitándosela.
En lugar de darla vuelta y marcharse, se adentra más en la
cocina. —Entonces, ¿necesitan ayuda o les gustaría limpiar y
practicar su misoginia en privado? —Mira directamente a mi papá
cuando dice esto, sus ojos muy abiertos e inocentes.
—Ahh, no tomes de corazón nada de lo que digo, Billie. Solo
estoy bromeando.
—Oh, no lo tomé de corazón. Ni siquiera tengo corazón, Woods
consiguió eso en el divorcio.
Hay un momento de silencio antes de que el rostro de mi padre
se rompa en una sonrisa, y luego se ríe con su carcajada,
agarrándose del mostrador para mantener el equilibrio. Miro
alrededor de la habitación y veo que las sonrisas de todos se alivian
dolorosamente. Billie acaba de hacer lo que la mayoría de nosotros
somos incapaces de hacer: abrirse camino hasta el corazón de mi
padre. Ya puedo decir que está embelesado.
—Vamos, Billie —dice, pasando su brazo alrededor de sus
hombros—. Puedo contarte algo de mierda sobre nuestro Satcher
aquí, mierda realmente buena, vergonzosa.
Ella me guiña un ojo mientras se deja llevar fuera de la cocina.
—¿Quién lo hubiera pensado…? —Julian se seca las manos con
uno de los paños de cocina de mi madre—. Todo lo que teníamos
que hacer era insultarlo de regreso y él nos aceptaría.
Página | 251
—Hermano, no... —El esposo de Nora, Chris, sale del
refrigerador sosteniendo una cerveza—. Intenté eso una vez y me
amenazó con matarme.
Todos nos reímos y luego las cosas se calman. Puedo escuchar
la voz de Billie desde la sala de estar y luego la resonante respuesta
de mi padre. Están bromeando entre ellos.
—Sabes que ella aún no ha llegado ahí...—Julian es psiquiatra.
Dice cosas de loquero y quiero darle un puñetazo en la cara.
—No estoy en esto para que ella esté ahí—digo—. No todo el
mundo hace las cosas con expectativas.
—No, hombre, no. Sé que no eres así. Beatrice dijo...
Lo interrumpo. —No me importa lo que dijo Beatrice. Es una
primogénita entrometida. Quita las manos de Billie. Ella está fuera
de discusión.
—Maldita sea—oigo decir a Chris mientras salgo de la cocina—.
Está realmente enamorado de esta.
Aprieto los dientes. ¿No es esa la verdad?

N
os vamos tarde, después de que mi madre nos haya
llenado los brazos con recipientes de comida de
Tupperware 48. Los contenedores todavía están calientes
al tacto mientras los apilo en el asiento trasero.
—Se van a caer—dice Billie, acercándose detrás de mí.
Me aparto para dejar que los arregle. Cuando se endereza, me
lanza una mirada que dice que le divierto.

48Es una empresa multinacional, centrada principalmente en productos de cocina y


hogar, particularmente conocido por su línea de envases de plástico para
almacenamiento y preparación de alimentos.
—Puedo organizar sitios web, módulos de negocios y…—Le doy
un golpe en el trasero antes de que pueda terminar y grita
juguetonamente. Una vez que estamos en la autopista, gira en su
asiento para mirarme y dice—: Está bien, hablemos...
Página | 252 La miro y veo que está sonriendo.
—¿De qué te gustaría hablar?
—Pues, los amo—dice, y de repente mi corazón se siente enorme
y cálido como si alguien le hubiera echado gasolina y encendido
con un fósforo—. ¿Qué? ¿Por qué tienes esa expresión en tu rostro?
—Ella se acerca y mete un dedo en mi hoyuelo.
En lugar de apartar el dedo, lo mantiene allí en el hueco de mi
mejilla.
—Acidez estomacal...—Golpeo mi pecho con el puño como si
fuera especialmente doloroso.
Ella mete la mano en su bolso mientras dice los nombres de los
miembros de mi familia, cada uno suena como una nota diferente
en un piano. Mientras habla, saca una botella de Tums49 y agita
hasta tener dos de los círculos pastel en su palma. Espero que me
los entregue, pero se acerca y las pone entre mis labios. Cierro los
ojos cuando sus dedos tocan mi boca, luchando contra el impulso
de ponerlos entre mis labios para poder saborearla. Ella sigue
balbuceando, dándome un resumen de cada persona de mi familia.
Ella termina su pequeño discurso con—: Y nadie está de
acuerdo con nadie más, pero no importa. Todos dicen su pieza y
hay tanto amor. Tanto.
Recuerdo a su madre en el hospital sentada junto a su cama,
callada y rígida. Si eso es con lo que ella creció, mi familia
definitivamente sería un shock cultural: ruidosa, abrasiva... y como
ella dijo, llena de amor.
Cuando entro en el estacionamiento debajo de mi edificio, Billie
está desplomada en el asiento del pasajero, dormida, sus labios
carnosos fruncidos como si estuviera pidiendo un beso. La miro por
un minuto, su respiración constante, sus párpados quietos. Nunca
me había enamorado, no hasta ella, y no quiero volver a estarlo

49 Es un medicamento de marca registrada, con efecto antiácido. Se utiliza para dar


alivio rápido a la acidez estomacal. Su presentación es en tabletas masticables
nunca más, duele. El amor duele como un dolor de muelas: no
puedes ignorarlo, y siempre está ahí, palpitando y doliendo,
recordándote... ¿qué? Pienso desesperadamente. ¿Qué te está
recordando?
Página | 253 Que eres humano. Que tienes una debilidad. Que tu debilidad es
otra persona.
Maldita sea. Paso mis manos por mis ojos, mis mejillas, mi
barbilla. Esto es malo. Esto es muy malo. Mi ex novia va a tener a
mi bebé, y estoy enamorado de una mujer que no está disponible.
La vida tiene muchos defectos, pero el más destacado de ellos es la
imprevisibilidad. ¡Giro de la trama! Pienso mientras me estiro para
despertar a Billie. Toco su mano, pasando mis dedos por la piel
arrugada de sus nudillos y diciendo su nombre. Ella respira
profundamente y abre los ojos, concentrándose en mí.
—Estamos en casa—digo.
Ella sonríe levemente, estirándose.
—Casa —dice suavemente—. ¿Dónde es eso de todos modos?
—El lugar que te hace sentir en paz—respondo.
Ella me mira a través de sus pestañas, luciendo
momentáneamente confundida, su cuerpo en ángulo hacia mí, las
palmas presionadas entre sus rodillas en busca de calor. Ella
parece estar considerando lo que dije porque al minuto siguiente
ella me alcanza. Su movimiento es lento, como si estuviera bajo el
agua. Observo mientras su mano flota hacia mí; se engancha
alrededor de la parte de atrás de mi cuello, el calor de su toque
provocando una ráfaga de piel de gallina en mis brazos.
—Satcher...—dice.
Suena como si me estuviera haciendo una pregunta, así que le
respondo. Extiendo la mano para agarrarla por detrás de la cabeza,
tirando de ella hacia mí. Con mis dedos agarrando su cabello, nos
besamos. Nuestra respiración entrecortada se amplifica en la
quietud del coche, el estacionamiento casi vacío es un vacío aún
más amplio más allá de eso. Se siente como si estuviéramos
flotando en nuestro propio mundo. Sin el auto encendido, el frío se
filtra y pronto el único calor proviene de nuestros cuerpos. Nos da
más hambre de contacto. Billie está a medio camino de su asiento y
en el mío. Sus manos están dentro de mi camisa, sostenidas contra
mi piel como si estuviera tratando de calentarse mientras nuestros
labios se mueven lentamente juntos.
—Te sientes tan bien —digo en su cabello. Mis manos están
debajo de su suéter, sobre sus pechos, que están calientes al tacto.
Página | 254
—Es solo porque hace mucho frío —Entierra su rostro contra mi
pecho para que su voz se apague. Ahueco su cabeza con mi mano
libre, sin soltar mi agarre sobre su pecho, y me agacho para besar
su coronilla.
—Billie —digo, y juro que puedo ver mi aliento—. Todo sobre ti
se siente bien: tu cuerpo, tu mente, tu compañía. El frío es
conveniente, pero no tiene nada que ver contigo y cómo me haces
sentir.
Se sienta muy quieta aunque sé que debe sentirse incómoda
estirada a la mitad del apoyabrazos. Entonces pienso en algo, y
soltando su cabeza, busco en mi bolsillo con torpeza, tirando del
diminuto botón blanco que me dio esa noche que estuvimos en el
Summertime Sunday. Lo sostengo hacia ella en el centro de mi
palma.
—¿Qué es...—Su rostro registra reconocimiento—. Oh... —Su
voz es tranquila, cayendo a un susurro—. Todavía no te acuerdas
—dice.
Suena decepcionada, lo que me hace sentir culpable.
—Estabas borracho... supongo que solo pensé...—Su voz se
apaga y mira por la ventana del lado del pasajero.
La estoy perdiendo. Agarro su barbilla y giro su rostro hacia mí,
mirándola a los ojos.
—Recuérdame—digo.
Hace mucho frio. Probablemente deberíamos subir al
apartamento, pero tengo miedo de que si dejamos el coche, el
hechizo se romperá.
—Fue en la boda, la de Woods y mía. A la mitad de la recepción
me escabullí al balcón para tomarme un respiro, solo para alejarme
de todos durante cinco minutos y ordenar mis pensamientos,
¿sabes?
Asiento con la cabeza, urgiéndola a continuar.
—Ya estabas ahí afuera—dice.
Y luego recuerdo, débilmente. Estaba borracho, Billie tenía
razón. Había salido a hacer algo similar mientras la música del DJ
sonaba rítmicamente desde adentro. Había estado contemplando la
Página | 255 ciudad, una ciudad que veía todos los días pero de la que nunca
me cansaba. Esa era la forma en que Billie y yo éramos iguales:
ambos amábamos Nueva York.
Escuché la puerta abrirse, la explosión de música desde
adentro, y luego se cortó abruptamente cuando la puerta se cerró
de nuevo. Sabía que era ella antes de darme la vuelta. Siempre he
sabido cuando está en una habitación, puedo sentirla. Dejando mi
bebida en el borde con vistas al lado oeste de la ciudad, me di la
vuelta. Su vestido blanco estaba enmarcado contra el fondo oscuro
de las puertas que conducían al interior. Dirigía a cualquiera que
no fuéramos nosotros. Caminó hacia mí sin decir una palabra y
apoyó los codos en la barandilla, sus ojos siguiendo las luces de la
ciudad.
—Quiero que esto termine ya —dijo.
Cuando la miré, el espacio alrededor de su cabeza se bamboleó
como si el aire se estuviera moviendo. Había bebido demasiado.
Froté mis ojos. Pensé en decirle la verdad en ese mismo momento,
que compartía su sentimiento y no podía esperar a que terminara la
noche. Que mi corazón palpitaba en mi pecho como si alguien lo
hubiera apretado hasta que estuviera dolorido. Antes de que pudiera
decir algo, se volvió hacia mí.
—Mi cabello está atorado.
—¿Qué?
Se volvió de espaldas a mí y se quitó el pelo del cuello. En mi
neblina de alcohol y autocompasión vi un mechón de color marrón
enganchado en su vestido. Extendí la mano, tirando del cabello y
Billie gritó.
—Lo siento —dije, avergonzado—. Espera…
Esperó pacientemente, sus brazos aun sosteniendo su cabello, su
cuello expuesto. Esparcida frente a ella estaba toda la ciudad que
amábamos, y tuve la necesidad de inclinar la cabeza y besar la
elegante inclinación de su cuello. Pero ella no era mi novia.
Luché con el cabello durante lo que parecieron cinco minutos, pero
no se despegaría de lo que lo tenía atrapado.
—¿Eres feliz?—Fue una pregunta espontánea que debería haber
recibido una respuesta bastante típica. Me di cuenta demasiado
Página | 256 tarde de que no quería escuchar su respuesta, y que con el estado
actual de mi corazón, era una estupidez preguntar.
Cuando dijo—: No lo sé —con esa voz humeante suya, mi mano
se detuvo.
—Bueno, lo serás —dije con confianza porque creía que lo sería.
Ella suspiró profundamente. —¿Y si no lo soy?
Un último tirón y, para mi consternación, el botón superior de su
vestido se desprendió y rebotó en el suelo de concreto. Me incliné
para recuperarlo mientras Billie daba la vuelta para ver qué pasó.
—Lo siento.
Ella se rio de la mirada de consternación en mi rostro. —Es solo
un botón.
—Está bien —dije, todavía sosteniéndolo, todavía mirándolo con
horror.
—¿Y si no lo soy? —preguntó de nuevo.
La miré a la cara y vi que hablaba en serio. Había aprehensión
en sus ojos, tal vez el nerviosismo de la boda. Tenía el ceño fruncido
y en ese momento supe que necesitaba algo de mí, no lo que yo
quería darle, sino algo.
—Entonces dame este botón y vendré a rescatarte —Lo coloqué
en su palma ahora abierta, cerrando sus dedos sobre él. Su rostro
nadó frente a mí. Estaba tan borracho, tan borracho y tan herido.
Ella había sonreído y había llegado hasta sus ojos.
—Te creo —dijo.
Y luego la puerta se abrió, y el ruido de la fiesta llegó entre
nosotros, rompiendo el hechizo. La vi correr de regreso adentro, casi
en cámara lenta, una de sus damas de honor sosteniendo la puerta
abierta para ella.
Página | 257
—B illie... —digo. Mis palabras se atascan.
¿Cómo pude olvidar eso?
Ella me lo recordó. Ella me lo recordó.
—Vamos arriba—dice.
Página | 258

TERCERA parte
36
Traducido por: Yuli
Página | 259 Corregido por: Yuli & -Patty

Billie.

L
a lluvia no ha cesado y el bar del domingo de verano está
cerrando. La fiesta de Navidad terminó hace horas, el
último de los empleados flotando fuera de la puerta poco
después. Woods y yo hemos estado sentados en una cabina cerca
de la ventana durante las últimas tres horas. A través de las
ventanas empañadas por la lluvia, la ciudad es un borrón de
letreros de neón y luces de freno. La chaqueta de su traje cuelga de
mis hombros y mis pies descansan en su regazo. Cada pocos
minutos él está diciéndome algo y sus manos comenzarán a frotar
mis arcos. Varias veces he pensado en detenerlo, pero el
sentimiento es tan familiar que no tengo la fuerza mental para
decírselo.
—Lo leí de nuevo, ¿sabes?
—¿Qué? —Estoy distraída. Sus manos están tan calientes.
—Tu entrada de blog.
—¿De verdad? —Me animo. Me sentaría más derecha si no fuera
por tirar de mis pies de su regazo.
—Sí. Me lo pediste.
—¿Qué significa eso? ¿Desde cuándo haces las cosas que te
pido que hagas?
—No siempre tienes que ser tan dura conmigo, lo sabes —Sus
ojos se arrugan en las esquinas cuando dice esto.
Me está tomando el pelo. Me gusta. Aprieto mis labios y finjo
que estoy molesta.
—Tú tenías razón. Una vez que di un paso atrás y lo leí con mi
propios ojos…
—Gracias —digo.

Página | 260
—Yo... yo sabía que te había herido. Eso no es exactamente
ciencia espacial. Pero leyendo los detalles...
Eso es todo. Quería que Woods leyera esa publicación; en cierto
modo, la escribí para él. No tengo el valor de preguntarle qué es lo
que realmente quiere saber, así que me conformo con esto.
—¿No necesitas llegar a casa? —le pregunto.
Woods mira su reloj. —No. Todavía es temprano.
—Woods…
—Basta, Billie. Deja de pensar demasiado en todo.
¿Soy culpable de eso? ¿Pensando demasiado? No más de lo que
Woods es culpable de su pensar. Sonrío ante la mirada desafiante
en su rostro... las arrugas en su frente que no solían estar allí. Él
solía tener esa mirada conmigo y eso me enfurecía. Ahora Perla es
el objetivo de su desafío y no me importa. No hay de que.
—¿Deberíamos salir de aquí?
Su sugerencia no me sorprende. Me sorprende cuando me paro
y lo sigo. Me sorprende cuando caminamos de la mano bajo la
lluvia hacia el apartamento de Jules. Me sorprende cuando lo invito
a pasar.

L
e digo a Satcher que Woods y yo dormimos juntos. No sé
por qué, yo creo que es la forma sospechosa en que me
mira... o tal vez por mi momento débil al darle el botón. La
mentira se desenrolla de mi lengua en un momento de
imprudencia, y no estoy segura de quién está más sorprendido por
mi confesión: Satcher o yo. La peor parte es que ni siquiera me
avergüenzo. Lo hago por la frialdad que se filtra en sus ojos. Sé que
está luchando con sus sentimientos por Jules, los efectos
persistentes de lo que tuvimos juntos todavía nublan su
pensamiento. Jules me confió sus sospechas sobre estar
embarazada una semana antes de la fiesta de Navidad. Dos noches
antes de que nos encontráramos todos en el restaurante, se hizo
una prueba y vino a mi habitación para mostrarme los resultados.
Satcher está enojado conmigo. Él piensa que soy mejor que
acostarme con mi ex marido, quien actualmente está comprometido
con mi némesis. No estoy segura de serlo, la noche que dije que me
acosté con Woods fue completamente diferente a la historia que
ocurrió.
Página | 261

D
espués de que Woods y yo llegamos al apartamento de
Jules, toda nuestra química en rápido desarrollo se
extinguió. Era como si el paseo desde el restaurante
hasta el apartamento (apenas a cinco cuadras) hubiera enfriado la
atracción, dejándonos cansados y emocionalmente tensos. Hice
bebidas de todos modos, sintiendo una creciente pesadez en mi
pecho. ¿Qué hubiera hecho si las cosas siguieran como en el
restaurante? ¿Me habría acostado con él? Mi madre siempre decía
que nuestro nuestras intenciones representaban nuestra
depravación, mientras que nuestro comportamiento real mostraba
quiénes elegimos ser. Actualmente, estaba eligiendo ser una
anfitriona amable, no toparme con los ojos de Woods. Preparé
bebidas que eran demasiado fuertes y cuando vi mi reflejo en la
tetera, mi delineador se había corrido y mi rímel estaba manchado.
Eso es lo que obtuve por comprar cosas baratas. Parecía una
prostituta callejera. Me excusé para ir al baño tan pronto como le
di a Woods su bebida y me lavé la cara con agua hirviendo. Salí con
la cara rosada y usando mi bata de invierno mullida. No había
nada en mi apariencia actual que dijera que estaba tratando de
seducir a alguien.
—Te ves hermosa —dijo Woods tan pronto como salí del baño.
—¿Qué? No —dije, deteniéndome en seco.
Él rio. —Te pusiste tu bata de abuela para enviar un mensaje,
¿no?
Lo miré con recelo mientras recorría la isla poniendo un metro
de distancia entre nosotros.
—¿Cómo lo supiste?
—Solías ponerte esa bata cuando no querías tener sexo.
Me reí no solo porque él tenía razón, sino porque me conocía
muy bien.
Jugué con el cinturón de mi bata mientras lo miraba. Me
miraba tan de cerca, que sentí una corriente que me puso la piel de
gallina deslizarse sobre mis brazos.
—¿Por qué regresaste realmente?
Página | 262
Su pregunta me perturbó. Sin embargo, estaba demasiado
borracha para mentir, así que cuando respondí lo hice con la
insegura y fea verdad.
—Quería saber por qué no era suficiente.
Dejó caer la cabeza tan repentinamente como hizo la pregunta,
y me le quedé mirando seriamente. Por favor, por favor, estoy tan
cerca de obtener las respuestas.
Cuando Woods miró hacia arriba, su expresión era una que solo
había visto en su rostro dos veces antes: una cuando murió su
abuelo, y la otra cuando me derrumbé y solloce después de que me
dijo que quería el divorcio.
—Billie —su voz era tensa—. Fuiste suficiente. Fui yo quien
nunca fue suficiente. Todos los días traté de cumplir con tus
expectativas y todos los días fracasé.
Un grito escapó de mi garganta. ¿Cómo pudo decir eso? Lo
adoraba. En un instante había pasado de adorarme a tratarme
como a una extraña. Fue impactante. Careció tanto de su identidad
que nunca he podido averiguarlo: por qué a los hombres se les dio
ese interruptor interno y a las mujeres no. Un pequeño chasquido
de dedos y podrían encender y apagar sus sentimientos. Tan en
control. Solía amar esto y ahora amo eso. Los hombres eran más
leales a los equipos de fútbol que a las mujeres. Ellos nunca los
engañarían.
—Nunca te pedí nada. ¿Cómo puedes decir eso?
—Eso es exactamente correcto, Billie. Porque no me
necesitabas. Nunca me he sentido más como una mierda inútil en
mi vida.
Me quedé en silencio. En los ocho años que estuvimos juntos,
tres de ellos casados, Woods nunca mencionó nada como esto.
—Eras el cerebro, el talento, la ambición. Todo lo que te ofrecí
fue un aburrimiento cuchillo afilado.
—Eso no es cierto —le dije—. ¿Qué hice para hacerte sentir así?
—Me hice sentir de esa manera. Al principio fue lo que me
atrajo a ti, cómo estabas tan segura de ti misma. Tan capaz y
brillante. Tu cerebro recordó que era de una gran ciudad, siempre
iluminado y dando vueltas y vueltas. Yo era un simple chico de un
pueblo pequeño que intentaba triunfar en la gran ciudad.
Página | 263
—Maldita sea, Woods.
—Solo cállate y escucha, Billie.
Cerré mi boca. Sostuvo su sudoroso vaso entre las manos, pero
yo no lo había visto beber nada.
Sacudió la cabeza, los rizos cayeron por todas partes. Woods y
sus grandes manos, y sus ojos grandes y sus grandes rizos.
Siempre me encantó estar debajo de esas manos.
—Fue fácil con Perla. Ella pensó que yo era el principio y el
final.
Sus palabras fueron como una mano helada alrededor de mi
corazón, dedos cavando, cavando.
—¿Entonces me dejaste por Perla porque ella alimentó tu ego?
Bravo. —yo ya estaba dándome la vuelta, terminando con esta
conversación. El ladrón del amor era el ego. ¿Cuán débil era el
amor que no podía sostener la inseguridad? ¿No se suponía que iba
a hacer lo opuesto?
—No era amor...
Me detuve.
—Escúchame —dijo.
—Estoy escuchando.
Dio la vuelta para mirarme.
—Lo que sentí por ti fue amor. Los poetas, los filósofos, dicen
cosas sobre que el amor perfecto. Cómo se cura, cómo se comporta,
cómo se enfrenta a todas las cosas. Pero lo están idealizando. En el
mejor de los casos: el amor salva el día. Pero yo era el peor de los
casos. El amor a veces es lo suficientemente poderoso como para
autodestruirse. Porque cuando una persona imperfecta empuña el
arma más poderosa del universo, están obligados a tropezar con
sus propios pies.
—¿Cómo puedes decirme esto ahora? —Mi voz se elevó y se
retorció como vieja linóleo. Palabras que podrían haberme salvado
antes, nos salvaron antes, no lo hicieron tarde.
—Solo soy un hombre estúpido, Billie. Siempre tuviste
Página | 264 demasiada fe en mí.

Era cierto... tal vez. Pero no era en Woods en quien confiaba, era
en el amor. Yo creía que era el redentor definitivo, sin considerar
nunca que cuando algo tan perfecto fue entregado a lo imperfecto,
fue mal utilizado.
—Lo decía en serio cuando dije que era para siempre. Pero
excedí mi capacidad para cumplir con esa promesa. Y lo siento.
Mi corazón se hinchó de dolor y fluyó hacia mi pecho. Me deje
sentir en lugar de apartarlo como lo hacía normalmente.
— ¿La amas? —le pregunté.
—Sí.
—Bien —dije—. Trátala mejor.
Esta vez mis pies no se arrastraron cuando se alejaron.
37
Traducido por: Yuli
Página | 265 Corregido por: Yuli & -Patty

A
sí es como lo dejamos y así creo que se va a quedar.
Pase una Navidad mágica e inesperada con Satcher,
durante la cual mi corazón se hincha tres tallas más su
tamaño. Apenas recuerda que soy una lisiada
emocional, que tengo problemas de abandono o que
estoy en Nueva York para vengarme. Solo soy Billie, feliz Billie...
divertida Billie... ingeniosa Billie. Algunas personas tienen algo
sobre ellos. Te hacen sentir como... una versión sin trabas de ti
mismo. Una realidad alternativa Billie.
Dos días después de Navidad, estoy en el sofá de Satcher en
pijama trabajando en algunas cosas de última hora para el blog.
Satcher se fue antes de que me despertara, así que estoy sola con
mi pie apoyado cuando suena un golpe en su puerta. Frunzo el
ceño por el alboroto, preguntándome si debería levantarme o
simplemente fingir que no hay nadie en casa. Como nadie llamó,
probablemente sea un vecino. Decido ignorarlo, acomodándome de
vuelta en el sofá, pero luego vuelven a llamar, esta vez más fuerte.
Maldiciendo, me levanto del sofá y me acerco cojeando, justo
cuando la intensidad de los golpes aumenta. Quien esté al otro lado
de esa puerta está a punto de recibir una bofetada de mi parte.
Abro la puerta sin mirar por la mirilla y me encuentro cara a cara
con Woods. Jadeo, y es algo gracioso. Oh por dios ¿jadeos en la
vida real? Tiene una barba de unos cuatro días a lo largo de la
mandíbula y lleva gafas en lugar de lentes de contacto. Pienso en la
última vez que vi a Woods usar lentes, quizás fue en la universidad.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Suena más agresivo de lo que
pretendía, pero cuadro mi mandíbula y miro hacia abajo.
Mi lugar en Nueva York está cambiando, mis pies finalmente
encuentran terreno firme. Puede que me haya mudado por las
razones equivocadas, pero voy a hacer una vida aquí
correctamente.
—Necesitamos hablar —dice.

Página | 266
Se me cae el estómago a los pies. Las mismas palabras que me
dijo la noche que me contó lo de Perla.
—Ya lo hemos hecho. Se supone que debemos seguir adelante
con nuestra vida.
—Cinco minutos —dice.
Hay algo en su rostro que me hace apartarme y dejarlo entrar.
Entra en el lugar de Satcher y mira a su alrededor como si lo
estuviera viendo por primera vez. Sus ojos recorren la habitación,
deteniéndose en mi camisón, que está arrojado en la parte de atrás
de un taburete.
—¿Dónde duermes? —pregunta.
—En la cama.
Finjo no notar la expresión de su rostro. Se aclara la garganta y
luego levanta la mano para quitarse las gafas.
—Terminé las cosas con Perla —Woods se frota los ojos.
Lo miro, congelada por la incredulidad. —¿Qué?
Una pequeña oración rechoncha y mi interior se revuelve. Me
desvío hacia la ventana, mi puño agarrando el cuello de mi camisa,
y miro hacia el tráfico.
Siento que necesito tiempo para procesar, pero Woods está
esperando que diga alguna cosa.
—¿Por qué?
Da un paso hacia mí. —Después de nuestra conversación...
Sostengo su mirada esperando que termine.
—Después de nuestra conversación, pensé mucho... en mí... en
ti.
¿Pensando? ¿Ahora estás pensando? Años demasiado tarde.
—Bueno…
Me lo imagino merodeando por Perla y sus padres el día de
Navidad, simplemente picoteando su comida. Es triste imaginarlo
hasta que se incluye el hecho de que él estaba pensando en mí, tal
vez incluso queriendo estar conmigo en lugar de su futura familia.
Esta noticia todavía se está asentando sobre mí cuando Woods dice
Página | 267
sus próximas palabras. Me preparo porque la mirada en sus ojos
me dice que algo se acerca.
—Todavía estoy enamorado de ti, Billie.
Sus palabras me golpean como agua fría en la cabeza. Mis
hombros tiemblan con el impacto de ella.
—No me asustes, ¿De acuerdo, Billie?
Está mirando mi rostro con atención, buscando una
aprobación. Todavía tiene miedo de mí, me doy cuenta. Su
mandíbula solía cerrarse así cuando tenía miedo de mi reacción. No
dejo que nada se vea, y no es como si realmente tuviera que tratar
de no hacerlo, mi cuerpo se ha detenido de anticipación.
—Está bien —dice Woods—. Esto es... —Se pasa una mano por
la cara, su boca abriéndose cuando sus dedos llegan a su
barbilla—. Traté de reemplazarte con una mujer que no me
cuestionaría, desafiaría, pelearía conmigo. Porque me hizo sentir…
—mira hacia otro lado mientras busca las palabra y luego voltea de
vuelta—… más grande.
Todo se siente frío: mis manos, mi cara, mi corazón. No digo
nada porque no confío en mí misma para hablar.
—Solo estaba buscando una versión más fácil de ti. Pero eso no
es lo que quiero. Yo quiero la versión completa, la versión que me
asustaba muchísimo antes.
—Woods... —sueno sin aliento. Estoy sin aliento—. Creo… —
digo lentamente—, que nuestro tiempo ha llegado a su fin.
No sé por qué lo digo. ¿No volví a Nueva York esperando esto?
¿Qué pasará? ¿No era mi plan interponerme entre él y Perla?
Entonces ¿Por qué siento tanta inquietud?
—No. —Da un paso hacia mí.
Me sorprende ver sus lágrimas, la determinación en su rostro.
—Billie, perdóname. Quiero hacer las cosas bien. Pertenecemos
juntos.
No tengo tiempo para responder. Woods cae de rodillas en lo
que solo puedo interpretar como una súplica y envuelve sus brazos
alrededor de mi cintura, presionando su mejilla en mi abdomen. No
tengo dónde poner mis manos, así que las dejo suavemente sobre
las suyas. Sobre su cabeza.
Página | 268

Y
así es como Satcher nos encuentra: yo de pie en el
vestíbulo acunando la cabeza de Woods contra mi vientre,
mi rostro se relajó por la sorpresa. Se llena la puerta con
su cuerpo, su expresión pasó de la sorpresa a la ira. Nuestros ojos
se encuentran y los sostengo. Los sostengo sin saber que decir o
hacer… rogando mentalmente para que vea la situación por lo que
es. Pero no, ¿cómo podría? Él ve lo que está claramente frente a él:
dos viejas llamas abrazándose en un ambiente íntimo y de forma
emocionalmente cargada. Mientras Woods solloza en mi vientre,
Satcher primero descansa una mano en el marco de la puerta como
si estuviera tratando de sostenerse. Cierra los ojos y estoy
congelada en el lugar, me duele el corazón, mi razón se enreda con
mis emociones. Y con la misma rapidez, se ha ido. No se molesta en
mirarme de nuevo o cerrar la puerta de su propia casa. Su
ausencia es alarmante. Se siente permanente.
No lo vuelvo a ver en mucho tiempo.
38
Traducido por: Liv
Página | 269 Corregido por: -Patty

S
on las cuatro de la tarde. Mis ojos están cerrados y
alguien está tomándome la cara, su voz es suave y he
estado entrando y saliendo del sueño durante los últimos
veinte minutos. Es el día antes de mi boda y mi futuro esposo me
compro un paquete de spa. Sé que se supone que debo de estar
relajada, pero estoy tan tensa que hace unos minutos la señorita
tuvo que decirme que me relajada y dejará de apretar los puños.
—Entonces, déjame entender esto bien, tú regresaste para robar
a tu ex marido de la mujer con quien te engañó, y tomaste de
reclutador a su mejor amigo para que fingiera estar en una relación
contigo. Entonces después los dos cayeron por el otro, sólo para ser
frustrado por la mujer con la que él solía tener una relación y que
también era tu amiga.
—Sí —dije débilmente—. Eso lo resume todo.
—Demonios chica. Eso es un desastre.
—Correcto. —dije.
—¿Y eres feliz?
—Si…No lo sé. Estoy confundida.
—Yo diría que… Esto tal vez este frío…
Ella deslizó una sustancia espesa y fangosa por mis mejillas que
olía a toronja. No hablo por varios minutos mientras el frío cepillo
tocaba mi piel una y otra y otra vez, sus golpes eran energéticos y
experimentados. Cuando terminó, la escuche levantarse de su
taburete y moverse por la habitación. No abrí los ojos; en cambio,
fingí que no había compartido con una completa extraña todos los
problemas de mi vida.
—Entonces, mañana te vas a casar con tu ex marido. Eso es
algo. Uno no escucha una historia como esta todos los días.
—Lo sé —dije débilmente.
—Espero que no te importe que pregunte esto, pero ¿cómo
sabes que ni te volverá a engañar?
Por supuesto que sus palabras me golpearon en donde me
duele. ¿No había pensado eso miles de veces? Una vez infiel,
Página | 270 siempre infiel… un leopardo nunca cambia sus manchas…

—No lo sé, supongo. El hizo un gran trabajo explicando el por


que pasó, pero siempre va a estar esa preocupación en el fondo de
tu mente.
Tuve que morder mi labio para evitar llorar. Ella volvió a
trabajar en silencio por un momento y agradecí la oportunidad
para ponerme en orden nuevamente.
Cuando terminó con el tratamiento me tocó ligeramente en el
hombro para hacerme saber que había terminado.
—He terminado. Espero que todo resulte para ti, Billie.
Palabras tan simples pero que se hunden profundamente. Yo
también lo espero, yo también.

C
omo el facial fue el último tratamiento del día, me vestí y
me dirigí a la recepción donde la recepcionista me dedico
una somnolienta sonrisa mientras me revisaba. Mañana
me casaría con el hombre al que había amado desde que era una
niña en el colegio. Y claro nos hemos devastado el uno al otro,
hemos dado vuelta a nuestras vidas como una ensalada y hemos
arrastrado a personas menos que inocentes a nuestro lío. Pero…
somos más grandes ahora, más sabios… más preparados por el
compromiso que tenemos por delante. Firme mi recibo y guarde la
tarjeta de crédito.
—No te olvides del hielo —dijo.
Mi cabeza, que estaba inclinada sobre mi hombro se levantó,
ella no me miraba. Deslice mi cabello detrás de la oreja y la mire
con cautela, mi corazón latiendo con fuerza.
—¿Disculpe, que dijo?
Ella parecía sorprendida de verme aún parada ahí.
—Oh, no estaba hablando contigo… —Apunto su dedo hacia la
puerta, donde una chica con bata y chaqueta gruesa estaba
saliendo del salón—. Fiesta de navidad hoy. Ella tiene que llevar el
hielo.
—Oh —soné tonta incluso para mis propios oídos—. Felices
fiestas. —dije dócilmente.
Página | 271

E
staba en mi coche regresando a mi apartamento cuando
me di cuenta de que mi camisa estaba al revés. Me eché
a llorar sin saber realmente el por qué. No estoy llorando
por la camisa; es un paso en falso a penas obvio.
Estoy llorando porque… ¿por qué? Porque los últimos once
meses han sido como una tormenta de nieve en verano. Por que
deje que todo pasará como si yo fuera un mero espectador de mi
vida en lugar de participar activamente en ella. Ha habido muchas
luchas, arrebatos de emociones y lagrimas… Cubos llenos de
lágrimas. Volé de casa hasta Washington justo después de que
Woods hiciera su confesión. Otro ejemplo de mí huyendo cuando
estoy asustada. Dios, soy como el jodido León cobarde.

M
e siguió hasta allí con el verdadero estilo de Woods,
apareciendo en casa de mis padres en medio de la
noche, empapado hasta los huesos y valiente en su
esfuerzo. Sólo el sonido de su voz me hizo sentir pánico. Me oculte
detrás de la puerta de la sala mientras mi padre hablaba con el e
inevitablemente lo mandaban de regreso. Mis padres estaban
decepcionados de mí. Ellos amaban a Woods, y aquí estaba el,
persiguiéndome. A su hija descarriada.
Woods para no desanimarse, condujo hasta la ciudad y
consiguió una habitación en el Palace. Fueron mis padres los que
me convencieron para hablar con él dos días después, mis padres,
los que siempre habían amado a Woods y no sabían lo que él había
hecho. Cuando finalmente me senté con el (después de haberme
tomado el Xanax de mi madre), estaba rígida y con los ojos lechosos
por los días de llanto.
—Si te quieres mudar aquí, lo haré también. —dijo. Estaba
sentado frente a mí en el sillón favorito de mi padre, inclinado
hacia adelante y las manos entrelazadas sobre las rodillas—. Lo
venderé todo y vendré contigo.
Le creía. Resople. Lo último que quería hacer era volver a vivir
en Washington: un Washington miserable y lloroso. —Billie, lo que
sea. Soy un hombre cambiado. Haré lo que sea.

L
Página | 272
e tomaron dos semanas más convencerme de regresar a
New York con él, y tuve la sensación de que ese fue su
último hurra antes de irse para volver a ser el mismo.
Había venido a sentarme en mi porche, que en realidad era sólo
cuatro pies de concreto y dos viejas sillas destartaladas que había
encontrado en una tienda de segunda mano. Yo estaba sentada
tomando un sorbo de te cuando él había caminado por el sendero
desde la casa, con la cabeza inclinada contra la llovizna.
—Billie. —había dicho de modo saludo.
—Woods. —imite de regreso.
—¿Hay algo de alcohol en eso? —pregunto.
Le entregue la taza porque, Si, había. El tomo algunos sorbos
apreciativos antes de regresarme la taza.
—Sólo dame un mes —dijo—. Puedes regresar si no quieres
quedarte. Yo pagaré por todo.
Mire las gotas de agua valiendo de su cabello y tome mi
decisión. No podía quedarme aquí, podía escoger cualquier otro
lugar o regresar a New York , pero no podía quedarme aquí. Estuve
de acuerdo, en parte porque quería creerle y en parte porque mis
viejos hábitos se estaban asentando. Esa misma mañana había
estado en Craigslist en busca de una cinta para correr usada.
Necesitaba alejarme de la lluvia y los árboles, un bosque de árboles
que me presionaba hasta que sentía que no podía respirar. Dame
rascacielos cualquier día pero los árboles eran los que me hacían
sentir claustrofóbica. Mis padres estaban comenzando a mirarme
de esa manera dudosa que decía que no me entendían. Y odiaba
eso, odiaba la sensación de no ser entendida. Entonces, empaque
mis cosas un lunes y para el martes estaba sentada en la parte
trasera de un taxi a toda velocidad por el túnel Midtown con Woods
sosteniéndome la mano. Deberías estar feliz. El pensamiento se
reproducía una y otra vez en mi cabeza mientras intentaba captar
está esquiva felicidad. Felicidad…felicidad… ¿Qué es la felicidad?
¿Conseguir lo que deseabas?
M
e quedé con Loren, rehusándome a ir a cualquier lugar
cerca del apartamento que Woods compartió con Perla.
Perla abandono su vida y hogar el día que él se fue de
New York para recuperarme de Washington. Dijo que había vuelto
a casa del trabajo y confesó que todavía estaba enamorado de mí.
Página | 273
Ella lo había abofeteado y salió furiosa, ganando su auto. Pero a
Woods no le importo lo del auto. Había reservado un ticket a
Seattle y había tomado un taxi hasta el aeropuerto. Para cuándo
regresamos juntos a New York lo único que había quedado de su
relación había sido una tarjeta de crédito de $10,000 que había
dejado en el mostrador, Woods hizo una nueva cuando la recogió.
—Ella fue de compras después de la ruptura. —Había dicho.
Ya que el contrato de arrendamiento de Woods no vencía hasta
dentro de unos meses, nos quedamos ahí hasta que encontramos
nuestro propio lugar.

J
ules, quien no me había hablado desde que Satcher le
había dicho sobre nosotros, estaba todavía en su
apartamento. Imagino que convirtió su oficina en una
guardería. Escuché de Woods que ella me llamo una serpiente y
que nunca quería volver a verme. Creí que ella nunca quería ver a
Woods de nuevo después de que él me engaño, y aún así, ella
estaba divulgando sus sentimientos sobre mí con él. Intenté
acercarme a ella pero enviaba mis llamadas al buzón de voz y
eventualmente me vi obligada a mandarle un correo electrónico.
Aunque yo no sabía que estuvieron juntos antes de que Satcher y
yo lo estuviéramos, ella no quería hablar conmigo. Yo era la razón
por la que ellos no estaban juntos; me culpo por su falta de
felicidad. Su bebé nació en septiembre, era un niño. Vi una foto de
él en internet, una minúscula versión de Satcher al que habían
llamado Clive.
No había visto a Satcher, no desde esa noche en la que él nos
vio a Woods y a mí abrazándonos en su vestíbulo. Le envié un
correo electrónico para entregar mi renuncia a Rhubarb y
disculparme por… todo. Mi corazón había caído cuando en lugar de
Satcher, fue Bilbo el que había respondido mi e-mail, preguntando
por la dirección a la cual podía mandar mis cosas. El leve dolor del
hecho de que prefería que Bilbo tratara conmigo antes de hablar el
mismo conmigo. No sabía cómo estaba o donde estaba. Cada vez
que Woods y yo salíamos juntos lo buscaba; en restaurantes, en los
bares, en las oficinas postales. Buscaba sus hombros, su parte
lateral, su hoyuelo. Busque con el corazón dolorido, pero la ciudad
que amaba parecía haber tomado su lado y esconderlo de mi. Hubo
dos ocasiones en las que olí su colonia: una había sido en un
Página | 274
restaurante y la otra en un bar. Me había dado la vuelta para
buscarlo en ambas ocasiones, pero siempre había un extraño en su
lugar.
No olvides el hielo.

W
oods trajo a casa a un perrito después de estar tres
meses oficialmente juntos. Es un San Bernardo y ya
tiene la talla de una maleta pequeña. Me resistí cuando
lo vi, lo cual hizo enfadar a Woods.
—Hablamos sobre esto —dijo—. Creí que estabas lista….
—Estaba lista para… un Chihuahua —dije, acariciando la
sedosa cabeza del cachorro—. No para un gigantesco perro, vivimos
en un apartamento en la ciudad.
—Estaba pasando por una tienda de mascotas —Woods lucía
afligido, como si necesitara desesperadamente mi aprobación—. Se
veía tan triste en su jaula. —termino.
Típico de Woods. A él le gustaban las mujeres tristes y los
animales tristes. Lo había asumido a un complejo salvador. No
mencioné el hecho de que el apartamento iba a sentirse como una
jaula cuando el perro creciera por completo.
He estado sin trabajo desde que me fui de Rhubarb y a pesar de
mis dudas de ser dueña de una mascota, actualmente tenía todo el
tiempo del mundo para adaptarme a él.
—Ok —dije—. ¿Cómo lo nombraremos? —El ya se estaba
metiendo en mi porque, si tenía ojos tristes.
Woods pareció aliviado mientras se sentaba a mi lado en el sofá.
—Percy —dijo.
Tome a Percy y lo mire a los ojos.
—Lamento de antemano ser una terrible dueña de perros,
Percy.
Lloriqueo y lamió mi cara y yo instantáneamente estaba
enamorada del perro.

P
Página | 275
ercy resultó ser un perro de una sola persona. Yo fui la
elegida y rara vez dejaba mi lado, patinando en las
esquinas para seguirme y durmiendo en mis pies mientras
cocinaba. Era difícil no reírse de las miradas heridas que Woods le
dedicaba al perro, como si lo hubiera traicionado de la peor
manera. Woods se quejo de eso también—: Yo fui el que quería al
perro. Yo fui quien lo salvó. Y todo lo que él hace es seguirte a ti.
Tres meses después de tener a nuestro perro, Woods sugirió
tener otro. Su excusa fue que Percy necesitaba compañía, pero yo
sabía que la verdadera razón era que el necesitaba favoritismo. Me
metí en una de las peores depresiones que jamás había
experimentado. Woods fue silenciado temporalmente por mi
conmovedora caída emocional. Así es como Woods era, ni si quiera
había sido su culpa. Las personas eran capaces de cambiar
pequeñas cosas en su comportamiento: ser ordenado, comer sano,
y controlar su temperamento. Pero hubo cosas centrales como la
propensión de Woods de buscar en otra parte llamar la atención.
Eso no era un comportamiento si no un defecto innato que llevo a
la desaparición de nuestro matrimonio. Fue un problema mucho
mayor que recordar poner los calcetines en la cesta y puso en
riesgo mi corazón. Cuando finalmente emergí de las tres oscuras
semanas, Woods se me propuso. Otra vez.

M
e había llevado a las Bahamas de vacaciones que según
el necesitaba desesperadamente. Bebimos, comimos,
nadamos hasta que nuestros dedos se arrugaron y
nuestras pieles se oscurecieron. Me sentí… mejor. Y entonces, una
noche después de la cena, se arrodilló ante mí en el restaurante y
me presento una caja azul. Todo el mundo estaba mirando, todos
estaban animando cuando me sentí obligada a decir, si. Esa noche,
cuando Woods roncaba a mi lado, me reprendí mentalmente por
estar demasiado preocupada por lo que la gente pensaba para
expresar mis miedos. Miedo de casarme con alguien otra vez
después de que me hirió tan profundamente, miedo de nunca ser
suficiente para mantener a Woods atado a nuestra relación, miedo
de que estuviera tratando de salvar algo que había muerto hace
mucho tiempo atrás.
Tú querías esto, me recordé. Por esto regresaste.

Página | 276
Y entonces regresamos a New York y todos estaban tan felices
que lo solucionamos. Ellos siempre creyeron que pertenecíamos
juntos, dijeron. Y entonces fui arrastrada a esta pertenencia, por
qué yo misma estaba convencida de esto no hace mucho tiempo. Se
fijó la fecha de la boda. Conseguí lo que quería.
39
Traducido por: VivianaG2509
Página | 277 Corregido por: VivianaG2509 & -Patty

E
stoy cerrando el apartamento cuando un repartidor sale
del ascensor. Tiene la lengua enrollada alrededor del
labio superior y la cabeza inclinada mientras estudia la
dirección en un sobre.
—Oh, mierda —dice cuando casi choca conmigo—. Lo siento.
Todavía tiene un auricular en su oreja, mientras que el otro está
sobre su hombro. Puedo escuchar la música sonando débilmente
mientras su cabeza se mueve hacia arriba y hacia abajo al ritmo.
Mira la puerta detrás de mí y luego vuelve al sobre.
—¿Billie Tarrow? —dice.
—Esa soy yo.
Me entrega el sobre. —Firme aquí y aquí —dice, indicando las
líneas.
Estoy a punto de pedir un bolígrafo cuando me coloca uno.
—Gracias —Garabateo mi firma en las líneas y él arranca el
recibo antes de devolvérmelo.
—Buen día —murmura.
Levanto la mano en un adiós a pesar de que está de espaldas a
mí.
Echo un vistazo a la dirección del remitente. Es la oficina de un
abogado; No reconozco el nombre. Suena mi teléfono. Es Woods.
Voy tarde. Guardo el sobre en mi bolso y corro hacia las escaleras
para no tener que esperar al ascensor.
Estoy revolviendo en mi bolso buscando la pequeña caja que
empaqué con mis aretes cuando mis dedos tocan el sobre. Me
había olvidado de eso. Dudo, mirando la dirección del remitente.
Realmente no tengo tiempo, pero ¿y si es algo importante?
La abro, cubriendo el cartón. Dentro hay un sobre marrón más
pequeño. Hay una nota adhesiva de color rosa brillante pegada al
frente, la letra audaz de Satcher llena la mayor parte del pequeño
cuadrado. Parpadeo con fuerza, un repentino torbellino en mi
pecho. Hay dolor, nostalgia y arrepentimiento... tanto
Página | 278
arrepentimiento. Mis ojos se vuelven borrosos mientras leo. Incluso
su letra es hermosa. ¿Cómo puede la escritura hacer que extrañes
tanto a alguien?

Billie,
Esto siempre fue tuyo. Solo me estaba ocupando de eso en tu
ausencia.
Mi corazón solo quiere cosas buenas y hermosas para ti.
Perdóname por no leer entre líneas.

Con amor,
Satcher

Tomo más tiempo para abrir el siguiente sobre, me tiemblan las


manos. En el interior hay una única hoja de papel firmada por
Satcher y su abogado. Me toma un momento procesar lo que veo.
Hay una línea en blanco donde va mi firma. Me entregó su parte de
Rhubarb. Levanto una mano para cubrirme la boca, las lágrimas
me arden en los ojos. ¿Había sido siempre este su plan? Digo su
nombre en voz alta.
—Satcher... Oh Dios mío, Satcher.
Hay un golpe.
—Billie —llama mi madre a través de la puerta—. ¿Estás lista?
No lo estoy.
—Un minuto más, mamá. —Tengo que esforzarme para
mantener la voz firme, pero incluso si me hubiera escuchado llorar,
no habría entrado sin una invitación. La realidad de esto ya no me
molesta; Tratar de fingir que la situación es diferente no cambia la
situación, solo te deja en un sueño lo suficientemente profundo
como para que nunca aprendas a aceptar. Mi familia está
separada, y por eso, me uní a Woods con tanta fiereza, con la
esperanza de encontrar lo que me había perdido toda mi vida. Mi
corazón está al revés mientras camino hacia la ventana y miro
hacia el estacionamiento. Veo a Woods cerrando su auto. Dobla las
Página | 279
rodillas para comprobar su reflejo en la ventana. Se ve tan guapo
con su traje. He amado a Woods durante tanto tiempo. Dejé mi
casa y mi familia en busca de aventuras, siendo Nueva York el
epicentro de emoción y poder en mi mente. Encontré a Woods en el
camino. Él había estado tan interesado en mí, en la forma en que
los hombres de veinte años estaban con sus novias de veinte años.
Pero como la mayoría de las mujeres veinteañeras, había
cambiado... evolucionado. A Woods no le habían gustado los
cambios. En retrospectiva, no había sido lo suficientemente
maduro para lidiar con ellos, especialmente cuando pasé de ser
una chica sana y soñolienta a una neoyorquina obsesionada con su
carrera.
Me alejo de la ventana y me siento en la única silla de la
habitación.
A Satcher siempre le gustó quién era yo, incluso cuando llevaba
los vestidos de Martha Stewart, incluso cuando era una perra
amargada. ¿Cómo no había visto lo que estaba frente a mí? Es
porque estaba obsesionada con lo que había detrás de mí, mi
futuro siempre estaba nublado por mi incapacidad para dejarlo ir.
Camino hacia la puerta, apoyando la palma de mi mano en la
rica caoba. —¿Mamá? —respiro.
Escucho el roce de pies, el roce de la tela cuando ella se para al
otro lado de la puerta. Ella ha estado esperando todo este tiempo,
sin decir nada, pero ahí. Yo abro la puerta. Al principio parece
sorprendida, pero cuando me ve con mi vestido, las lágrimas brotan
de sus ojos. Ella levanta sus manos y cruza sus palmas sobre su
corazón. Es algo que la he visto hacer desde que era una niña, la
emoción que no puede expresar verbalmente, reprimida en esa
única acción. Agarro sus muñecas y la arrastro a la habitación,
cerrando la puerta de una patada detrás de nosotros.
—Billie, ¿qué estás haciendo? Creo que están listos para…
—Shh, mamá —digo con firmeza.
Ella se queda en silencio y empiezo a caminar por el pequeño
espacio entre la ventana y el espejo, retorciéndome las manos. Le
cuento todo lo que debería haberle dicho antes: sobre la trampa de
Woods, sobre Angus y el accidente... sobre Satcher, Perla y Jules.
Cuando termino, me lleva a la silla en la que estaba sentada antes
Página | 280
y me sienta.
—No soy buena con las palabras, Billie.
Es la primera vez que me dice algo tan sincero y no estoy segura
de qué decir, así que espero a que continúe.
—Pero eres mi hija y quiero estar ahí para ti. No nos
entendemos. No lo hacemos. Pero quiero intentarlo.
Empiezo a llorar y ella no sabe qué hacer, entonces me pongo a
reír.
Ella no se ríe conmigo; en cambio, estira sus labios en una línea
apretada y me da una palmada en el hombro.
—No quería dejarte —dice ella.
—¿Woods? —pregunto a través de mis lágrimas de risa.
—No —dice lentamente—. Satcher. Cuando estabas en el
hospital, estuvo a tu lado todo el tiempo. Se puso verdaderamente
molesto conmigo cuando le dije que no me quedaría.
Por alguna razón, no puedo mirarla a los ojos. Hablar de
Satcher me da vergüenza.
—Sí —digo en voz baja, pensando en la escritura de Rhubarb—.
Siempre ha sido muy bueno conmigo.
—Bueno, ahí tienes tu respuesta, ¿no?
La miro a los ojos esta vez, tratando de entender lo que está
diciendo.
—¿Mamá…?
—No lo sabía —dice, sin mirarme a los ojos—. Sobre lo que hizo
Woods... si lo hubiera sabido...
Levanto la mano para detenerla. —No es tu culpa. No les dije a
ustedes chicos porque pensé que estarían del lado de él de todos
modos... diciéndome que fue mi culpa...
—Bueno —dice lentamente—. No lo fue. Y te mereces algo mejor
que estar siempre preguntándote si lo volverá a hacer.
Las lágrimas que estaba conteniendo se derraman.

Página | 281
—Creo que estás más enamorada de Satcher de lo que estás
dispuesta a admitir. Y creo que casarse con alguien a quien se
compara con otra persona es un error muy, muy grande.
Nunca lo había pensado así, pero ¿cuántas veces los había
comparado a lo largo de los años? Satcher hablaba español con
fluidez, fundó y vendió empresas, convirtiéndose en millonario a los
veintisiete años. Satcher trabajaba con una organización benéfica
que lo enviaba a África dos semanas al año. Cuando tú hablabas, él
realmente, realmente, escuchaba; no solo estaba esperando para
hablar. Me había intimidado, había acudido a él en busca de
asesoramiento empresarial... y, más recientemente, asesoramiento
personal. Y cuando le pedí que hiciera cosas estúpidas y ridículas
como fingir ser mi novio, lo había hecho... por mí. No estaba
confundido por la forma en que cambié a lo largo de los años; había
apoyado cada nueva personalidad y estilo en el que había intentado
encajar.
Cuando miro hacia arriba, mi madre está mirando mi rostro con
atención.
—Enviaré a Woods para que puedas hablar con él —dice.
Asiento con la cabeza. Veo cómo su espalda recta desaparece
por la puerta antes de que la cierre suavemente, el pestillo hace clic
como una lengua enojada. Ahora es el momento de pensar.
Necesito tener algo que decirle a Woods, quien está desprevenido,
vestido con su traje y listo para casarse conmigo... de nuevo. Esto
es tan ridículo, pienso. Esto es exactamente por lo que me mudé
aquí. Conseguí todo lo que quería y ahora...
Se oye un ligero golpe en la puerta, la voz insegura de Woods
preguntando si puede entrar. Me dirijo hacia el espejo que llega
hasta el suelo y siento como si hubiera un centenar de rocas
resonando en mi estómago.
—Adelante —le grito con los dientes apretados.
Cuando me doy la vuelta, se queda paralizado, su sonrisa es
sincera y dulce. Mi corazón late un poco más rápido, y en los cinco
segundos que le toma caminar hacia mí, lo dudo todo: él, Satcher,
yo misma...
—Billie —dice en voz baja—. Woah. Eres incluso más hermosa
que la primera vez que hicimos esto.
Página | 282
Un sonido ahogado sale de mi garganta y estoy tentada a
cubrirme la cara con las manos.
—Oh, no —dice, al ver la expresión de mi rostro.
Me siento. Me hundo en la silla, mis piernas atrapadas por mi
vestido que me ajusta a los muslos. Si me viera obligada a correr,
al estilo de una novia fugitiva, me caería de bruces tan pronto como
me levantara.
—Woods... —comienzo—. ¿Por qué quieres casarte conmigo...
otra vez? —El apresurado agregado otra vez lo hace sonreír.
—Porque no deberíamos habernos divorciado en primer lugar.
Eso picó. Saco mi labio inferior, parpadeando con fuerza. —Me
engañaste —le digo.
Woods se ve momentáneamente nervioso y luego su rostro se
relaja, pero no sin esfuerzo.
—Sí. Déjame reformular. Debería haberte sido fiel y nunca
hubiéramos necesitado divorciarnos.
—Me engañaste porque no eras feliz. No te gustaba la persona
que era.
—Eso es cierto —dice—. Pero me gusta la persona que eres
ahora.
Soplo aire a través de mis labios fruncidos. —Esa es la cuestión,
Woods, no sé si seguiré igual. No puedo prometer eso. Siento que la
persona que más puede amarme es alguien a quien no le importa
cuando pruebo algo nuevo.
—Puedo ser eso —dice rápidamente.
Lo miro con duda.
—Woods, has estado masticando Juicy Fruit durante los
últimos veinte años. No te gusta que tu mundo sea sacudido.
—¿Qué estás diciendo, Billie?
—Estoy preguntando si realmente crees que deberíamos hacer
esto.
—Sí —dice sin pausa—. Absolutamente.

Página | 283
Lo miro con curiosidad. —¿Por qué?
—Porque somos los primeros amores del otro.
Reflexiono sobre sus palabras. Bonitas palabras. Palabras
tranquilizadoras... y, sin embargo, ellas no hacen nada para
tranquilizarme. La gente se recupera de las trampas, es totalmente
plausible que se suponía que estábamos juntos. Pero nos
desviamos y ahora...
—No se siente bien, Woods. —Es lo más honesto que puedo
decir. Espero que proteste, pero solo me mira, esperando—. No soy
suave, adorable y dulce. Y me temo que eso es lo que necesitas. Eso
es lo que siempre has necesitado. No tengo confianza en mí misma
para ser eso para ti.
—Te aceptaré como eres, Billie. Eso es el amor.
—¿A qué precio? —le pregunto—. ¿Qué tan pronto te haré sentir
miserable de nuevo? ¿Qué tan pronto hasta que…?
—No. Nunca te volvería a hacer eso.
Aspiro porque no sé qué decir, qué creer. ¿Cuánto tiempo hasta
que me haga sentir miserable? Cuando estábamos juntos, siempre
estaba atrapado entre tratar de hacerlo feliz y tratar de hacerme
feliz a mí. Tal vez sea egoísta pensar de esa manera, pero tal vez
exista el tipo de relación en la que ambos podrían ser ustedes
mismos y hacerse felices el uno al otro.
—Woods —le digo con calma—. No puedo casarme contigo.
No parece tan sorprendido como pensé. Es un alivio saber que
no lo he pillado con la guardia baja y que podría haber estado
sintiendo lo mismo.
Camina y se arrodilla frente a mí, tomando mis manos entre las
suyas. —Eres todo para mí. Me equivoqué y ahora aquí es donde
estamos. Asumo la responsabilidad por eso. Pero te conozco, Billie.
Te vas a arrepentir de esto en el momento en que salgas de aquí.
Saco mis manos de su agarre.
—No me conoces —le digo.
Espero verlo herido, pero Woods parece enojado.
—No digas tonterías, Billie. Te conozco mejor que nadie.
Pienso en nuestros últimos meses juntos. Todo lo que condujo a
Página | 284
su reciente propuesta. El esfuerzo estaba ahí, Woods había estado
ansioso por mostrarme que era una persona diferente. Pero incluso
cuando hicimos todas las cosas que habrían salvado nuestro
matrimonio en primer lugar, un gran peso se cierne sobre mí. Traté
de decirme a mí misma que estaba colgada de heridas pasadas;
Woods no había hecho nada para hacerme dudar de él... esta vez.
Pero eso es todo, ¿no? Uno no puede quedarse colgado del pasado
cuando se trata de avanzar.
Lo miro a los ojos cuando digo mis siguientes palabras. —Estoy
aún más lejos de lo que era cuando me engañaste, Woods. Soy más
de todo lo malo y menos de todo lo bueno. —Mi garganta arde
mientras mis ojos se llenan de lágrimas. No quiero llorar. Quiero
evaporarme: desaparecer.
—Tomará tiempo... curarse —me asegura Woods—. Solo
necesitas ver que estoy aquí para quedarme. Las cosas serán
diferentes.
—No. —Niego con la cabeza—. Creo que lo que es diferente soy
yo. Pasé años queriendo rebobinar el tiempo y arreglar las cosas
entre nosotros. Estaba tan obsesionado con eso que me perdí algo
importante. Eso, ya no soy esa chica. La que quería estar contigo.
Quería volver a ser ella pero me gusta más que quien soy ahora.
Él ríe. Es un sonido amargo en este pacífico lugar. Realmente
no puedo culparlo. Nos metí en este lío al regresar a Nueva York
con él. Al decir que sí cuando me pidió que me casara con él por
segunda vez. Al ignorar la voz en mi propia mente que nunca me ha
guiado mal.
—¿Y con quién quieres estar, Billie? ¿Satcher? ¿Encaja él con
quién eres ahora? —Hay tanta ira en sus palabras que aparto la
mirada.
—Lo siento mucho, Woods —le digo, las lágrimas se deslizan
lentamente por mis mejillas. Extiendo la mano para limpiarlas.
—Me estás tomando el pelo. —Da un paso lejos de mí, mirando
por la ventana.
Me estremezco ante su tono. Entonces pienso en Satcher y
tengo que usar todo mi control para no romperme y sollozar. No
estoy bien sin Satcher. La idea de no volver a verlo nunca, de no
poder escuchar su voz o de ver los hoyuelos aparecer en sus
mejillas me da ganas de doblarme de dolor.
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—Él no te ama. Satcher solo se ama a sí mismo.
—Deberías irte —le digo.
No tengo que preguntarle dos veces. Woods sale corriendo de la
habitación, cerrando la puerta detrás de él.
—Vas a estar bien —me digo.
Todavía estoy sentada en la silla, atrapada por mi vestido,
cuando alguien golpea la puerta. No espera a que la invite en este
momento; mi madre camina directamente hacia donde estoy
sentada y me ayuda a levantarme.
—Hay un taxi esperándote abajo —dice—. Puedes irte por la
parte de atrás.
—¿Qué pasa con todos los que vinieron? Les debo…
—Nada —interrumpe—. No le debes a nadie una explicación
sobre tus elecciones.
—Vaya, mamá.
Ella parece nerviosa. —Me preocupo demasiado. —Su voz está
apenas por encima de un susurro, pero sus palabras salen con
tanta fuerza que me sobresalto—. Y solo porque me torturo a mí
misma por preocuparme demasiado no significa que tú también
debas hacerlo.
Entonces la agarro y la abrazo con tanta fuerza que es su turno
de asustarse. Después de unos segundos de conmoción, siento que
sus manos se levantan hacia mi espalda en nuestro primer abrazo
recíproco en una década.
—Lo siento mucho, mamá. Te amo.
—Yo también te amo. Será mejor que te vayas.
Asiento, dejándola ir y agarrando lo último de mis cosas.
—Te llamaré —le digo—. Para hacerte saber dónde estoy.
—¿Vas a encontrar a Satcher?
Mis manos todavía en la cremallera de mi bolso. —Sí. No sé si él
quiera... —Quiero decir Perdonarme, pero no puedo pronunciar las
palabras.
—Él lo hará —dice ella—. Él lo pasa muy mal.
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Yo sonrío.
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Traducido por: VivianaG2509
Página | 287 Corregido por: VivianaG2509 & -Patty

E
l taxi me lleva a casa donde dejo mi bolso y agarro mi
abrigo. Camino las veinte cuadras hasta su edificio a
pesar de que está nevando, y aún estoy en mi vestido de
novia. Necesito algo de tiempo para formular palabras... palabras
para expresar cuánto lo siento. Tengo las manos entumecidas y los
pulmones me duelen por el aire frío, pero me siento viva y eso es lo
que cuenta. Si no está allí, no sé qué haré. Enormes montículos de
nieve sucia se acumulan contra los bordillos. Camino por el camino
hacia su edificio y el portero me saluda con una sonrisa.
—¿Está dentro? —pregunto.
—No. Se fue al aeropuerto. —Mira mi vestido, que no se puede
ocultar ni siquiera detrás de un pesado abrigo de invierno.
—¿El aeropuerto? ¿A dónde va él?
—No dijo.
—¿Cuándo se fue?
— Temprano esta mañana. Me pidió que le consiguiera un taxi.
—Mierda —digo—. Mierda. Mierda. Mierda.
Saco mi teléfono para llamarlo, pero va directo al buzón de voz.
Probablemente ya esté en el aire.
—Prueba con su mamá.
Todavía estoy estudiando mi teléfono tratando de decidir mi
próximo plan de acción, así que no estoy segura de haberlo
escuchado bien.
—¿Qué?
—Su mamá. Las mamás siempre saben dónde están sus hijos.
Incluso si sus hijos tienen cuarenta. El mío es un gran dolor en el
culo. Me hace enviarle mensajes de texto todas las noches cuando
llego a casa para que sepa que estoy a salvo.
—Dios mío, ¿tienes cuarenta? Pareces tener veinte años.
—Los tengo. —Él sonríe—. Pero mi hermana mayor tiene treinta
y siete años y mi mamá también la llama.

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Me río y luego digo—: Yo… yo realmente no la conozco tan bien.
Sería extraño llamarla.
Se encoge de hombros. —Si quieres saber dónde está, ese es el
camino a seguir...
Le doy las gracias y me alejo de la puerta. Muerdo mi labio,
mirando al suelo. La parte de abajo de mi vestido es gris, la tierra
se mezcla con la seda como un tatuaje. Supongo que ahora es el
momento de dejar de ser tan cobarde. Casi me vuelvo a casar con
mi ex marido porque era demasiado cobarde para seguir adelante
con mi vida. Respiro profundamente y presiono llamar.

J
ennifer Gable responde al primer timbre y su tono es
alegre pero serio.
—Residencia Gable.
Hay una larga pausa después de que digo mi nombre.
—¿Cómo puedo ayudarte, Billie? —ella pregunta.
—Yo... yo se suponía que me casaría hoy —le digo.
A lo que ella responde—: Lo sé.
—Bueno, no lo hice. Y estoy enamorada de tu hijo. Y se fue al
aeropuerto esta mañana. Y esperaba que me dijeras adónde fue.
Hay otra pausa larga y luego suspira.
—Está sufriendo mucho, Billie. Como su madre, quiero decirte
que te mantengas alejada de él...
Agacho la cabeza avergonzada.
—Entiendo —digo. Y luego agrego—: Tampoco te culpo.
—Espera un minuto, Billie, mi esposo quiere hablar contigo. —
Escucho el cambio de manos del teléfono y luego la voz ronca del
Sr. Gable llega a la línea.
Me estoy preparando para lo peor, una verdadera bronca,
cuando dice—: Se fue a Tulum. Le dije que irrumpiera en la boda y
se opusiera, pero ya sabes lo caballeroso que es Satcher.
—Sí —digo débilmente—. Lo hago.
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—Será mejor que te des prisa. Si yo fuera él, estaría yendo a
clubes de striptease y putas...
Escucho la fuerte reprimenda de Jennifer y luego el Sr. Gable
grita—: Estoy en problemas ahora, Billie. Supongo que no debería
decirle que le di dinero para una puta decente... ¡OUCH!
La voz de Jennifer vuelve a la línea mientras confisca el teléfono
de su esposo.
—Billie —dice ella—. No vayas tras él a menos que lo digas en
serio.
—Señora Gable
—Sí.
—Lo digo en serio.
—Bueno. Será mejor que te des prisa. Va a estar muy borracho
en unas horas.
Ella me da el resto de la información que necesitaré para
encontrarlo y cuelgo después de darle las gracias entre lágrimas.
Luego reservo un vuelo a México. No tengo tiempo de cambiarme ni
de hacer las maletas. Si quiero hacer el vuelo tengo que salir ahora
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Traducido por: VivianaG2509
Página | 290 Corregido por: VivianaG2509 & -Patty

Satcher

M
éxico se ha quedado sin sol, pero afortunadamente
todavía tiene una gran cantidad de tequila. Las
tormentas, que según el canal meteorológico
continuarán durante la semana, coinciden con mi estado de ánimo.
Dejo mis maletas en el alquiler y salgo a buscar licor. Al salir, dejo
caer el botón de Billie que me dio en una rejilla más cercana a la
calle y le quito la tapa a una botella de vodka del avión. Lo vuelco
sobre el regalo de Navidad de colores chillones y luego enciendo
una cerilla, dejándola caer ceremoniosamente. Lo veo arder a
través de los ojos entrecerrados, el plástico estallando y
derritiéndose debajo de las llamas.
No quiero pensar en Billie, pero se casó con Woods y el dolor es
difícil de evitar. Mi corazón ha estado enfermo durante once años.
No recuerdo lo que es no quererla. Prefiero tener dolor físico que
este dolor de corazón.
Cuando las llamas se apagan, hay un arco iris de plástico
derretido que cubre la rejilla como crayones derretidos.
—Vete a la mierda —le digo.
Paso sobre la rejilla donde el botón yace boca arriba,
carbonizado pero lo suficientemente colorido como para burlarse de
mí. En minutos, la lluvia empapó mi camiseta. Encuentro un mini
mercado y lleno una canasta con lo esencial, deteniéndome al salir
para comprar tamales de una taquería. Cuando vuelvo a casa me
cambio de camisa y deshago las compras. Estoy a punto de
prepararme el almuerzo cuando alguien golpea la puerta.
Cuando abro la puerta, Billie está en el umbral. Su cabello
gotea agua sobre sus hombros y sus brazos están envueltos
protectoramente alrededor de su cintura. Parpadeo en estado de
shock, preguntándome cómo una cuarta parte de whisky me
emborrachó lo suficiente como para imaginar a mi rompecorazones
en mi puerta. Al mirar más de cerca, veo la oscuridad que rodea
sus ojos, y cómo su labio inferior, más lleno que el superior, está
Página | 291
agrietado. Esta no es una fantasía de Billie. Se ve ansiosa, un puño
apretado contra su estómago, sus ojos parpadean rápidamente,
como lo hacen cuando su mente va a una milla por minuto. Un
vistazo rápido muestra una bolsa de lona desechada tirada en el
camino detrás de ella, donde la dejó caer para llamar. Nos miramos
el uno al otro por un incómodo minuto antes de que finalmente
hable.
—Se supone que debes estar de luna de miel.
—Sí —dice encogiéndose de hombros.
El encogimiento de hombros podría verse como desdeñoso, pero
noto la forma en que sus hombros se curvan hacia mí. Ella está
sufriendo.
—¿Entonces por qué estás aquí?
Su pequeña barbilla sobresale. La he visto hacer eso un millón
de veces y nunca pasa de moda.
—He cancelado mi boda —le tiembla la voz—, porque estoy
enamorada de ti. Me he sentido así durante mucho tiempo, pero
nunca quise admitirlo. Entonces, si me amas, déjame entrar. De lo
contrario, solo cierra esta puerta en mi cara y seguiré mi camino —
Su voz se apaga, dejando espacio para la posibilidad. Considero el
golpe, lo hago. Un hombre solo puede tomar hasta cierto punto.
Pero se ve tan devastada allí de pie bajo la lluvia, goteando sobre
mi felpudo, que no cierro la puerta.
Me apoyo en el marco de la puerta, cruzo los brazos sobre el
pecho y la miro entrecerrando los ojos. Ella se retuerce y yo lo
disfruto de la forma en que un hombre quemado disfruta de esas
cosas.
—Así que déjame ver si lo entiendo. Si te amo, te dejo entrar, y
si no te amo, te cierro la puerta en la cara y no tengo que volver a
verte nunca más.
Ella asiente.
—¿Nunca, nunca más...? —reitero.
Aprieta los labios y creo que podría llorar.
—Nunca, nunca.
Me hago a un lado. El alivio inunda su rostro. Ella me agarra,
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envolviendo sus brazos alrededor de mi torso y presionando su
rostro contra mi pecho. Beso la parte superior de su cabeza. Billie
llora contra mí durante mucho tiempo, sus lágrimas empapan mi
camisa. Supongo que tiene años de lágrimas para dejar salir y se le
permite tomarse su tiempo. Lágrimas por un matrimonio perdido,
lágrimas de miedo, tristeza y alivio. Cuando ha agotado su
suministro de agua salada, levanto su barbilla con mis pulgares y
estudio su rostro.
—Te he amado durante mucho tiempo, Billie.
—¿Por qué no me lo dijiste?
—Lo intenté.
—Supongo que nunca he sido buena escuchando —dice.
—Pues yo te amo.
—¿Qué has estado haciendo con todas esas chicas entonces?
La comisura de mi boca se contrae en una sonrisa, pero Billie
me frunce el ceño. Pongo una cara seria y me aclaro la garganta.
—Buscándote. En cada una de ellas.
Su labio inferior desaparece debajo de sus dientes mientras me
mira parpadeando, y puedo decir que tiene algo que necesita decir.
—No creo que quiera volver a casarme nunca más, Satcher —
dice con seriedad.
—Al diablo con el matrimonio, Billie. Solo te quiero a ti. No me
importa en qué forma se presente.
—Está bien —dice ella.
Me abraza de nuevo y la respiro. Es difícil describir lo que estoy
sintiendo. Estoy asustado. Ella me ha lastimado y tiene el poder de
lastimarme más. Para seguir lastimándome. Pero aparentemente
esa es la naturaleza del amor, un gran riesgo. Mantengo mi riesgo
cerca, acariciando su espalda.
—Tengo tamales —le digo cuando finalmente nos separamos.
—¿Los originales?
—Estamos en México, por supuesto que son originales. —La
llevo hasta la pequeña mesa de mimbre y las sillas, abro el
recipiente y le entrego un tenedor.
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Billie come como si no hubiera comido en un mes. Abro una
cerveza, me siento y la miro.
—¿Cómo me encontraste?
—Tu mamá.
—No, ella nunca...
—Bien, fue tu papá. Y se metió en muchos problemas por
decirme dónde estabas.
Se limpia las palmas de las manos en la pernera de sus jeans y
me mira directamente.
—Satch, nunca me acosté con Woods la vez que te dije que lo
hice. Estaba tratando de hacer que me odiaras.
—Buen trabajo.
Su sonrisa es dolorosa. —Lo siento.
Estudio su rostro, su postura. Parece una mujer que necesita
desesperadamente que le crean.
—Rompí con Willa la noche en que me acompañaste al bar.
—Fingiste salir con ella durante semanas después de eso.
—Sí. —Tomo otro sorbo de cerveza y luego Billie toma la botella
de mi mano y la termina.
—¿Por qué rompiste con ella? —Se lame los labios y va al
frigorífico, agarrando dos cervezas más. Colocando una frente a mí,
se desliza hacia atrás en su asiento.
—Porque las vi a las dos, una al lado de la otra, y ella palideció
en comparación.
Su rostro registra sorpresa. Me mira fijamente durante unos
segundos como si esperara que gritara ¡Te tengo!
—¿Una supermodelo palideció en comparación a mi lado? —Ella
se ríe, pero yo no.
—Sí, Wendy —le digo—. Todo el mundo palidece en
comparación contigo.
Deja su cerveza. —¿Lo dices en serio?

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—Lo digo en serio.
Se pone de pie y se sienta a horcajadas sobre mí. Ahora es mi
turno de sorprenderme.
—No me vuelvas a llamar así, Sasquatch —dice, poniéndose
sobre mis piernas.
Envuelvo mis manos alrededor de su cintura y beso su nariz. —
Está bien, Wendy.
Creo que me va a besar, pero luego apoya la cabeza en mi
hombro.
—Satcher, ¿quemaste el botón?
—Sí.
Ella suspira. —Eso era especial.
—Por eso tenía que irse.
Paso las manos por su espalda, las palmas presionando, los
dedos amasando. Se siente bien tenerla cerca. Ella respira
profundamente y después de unos minutos me doy cuenta de que
está dormida. Me río en su hombro.
—¿Adivina qué, Billie? —digo en su cabello. Ni siquiera se
mueve, simplemente sigue respirando profundamente.
—Mentí antes. Nos vamos a casar. Y vamos a tener un par de
bebés. No lo pienses demasiado. Solo te lo hago saber.
Ella murmura en sueños y yo me levanto y la llevo al
dormitorio. Cuando la acuesto en la cama, se pone de lado y se
acurruca en una bolita. Voy a tener que volver a la tienda para
poder prepararle una cena adecuada. Poniendo una manta sobre
su forma dormida, la beso suavemente.
—Satcher... —dice mientras cierro la puerta. La abro un poco y
miro por si acaso está hablando en sueños—. No te olvides del
hielo.
Página | 295 FIN.
SOBRE LA AUTORA
Página | 296
Tarryn Fisher
Nació en Sudáfrica, vivió allí durante la mayor parte de
su infancia, luego se mudo a Seattle; actualmente vive
en Washington con su familia. Es la autora de la
trilogía `Love me with lies`, convertida en todo un
bestseller, según el New York Times.
`Me gustaría escribir una novela que a todo el mundo le
encante, pero ni siquiera JK Rowling podría hacerlo. En
cambio, trato de escribir historias que atraigan las
emociones de las personas. Creo que la tristeza es la
emoción más poderosa, y arremolinados con pesar, los
dos se convierten en una fuerza dominante`.

Su sitio web oficial es: [Link]


Página | 297

SL
Sombra Literaria
Juntos desde 2019

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