Prédica sobre la fe
Tema: La fe es la fuerza vital del cristiano
Objetivo: Animar a los creyentes a vivir por fe en Cristo
Texto base: Hebreos 10:38
Pero mi justo vivirá por la fe.
Y, si se vuelve atrás,
no será de mi agrado
(Hebreos 10:38)
Introducción
¿Qué mueve tu vida en este mundo? Muchos viven para una carrera, un sueño, fama,
amasar riquezas, etc. Sea lo que sea lo que impulse tu vida, se convertirá en tu prioridad
diaria moldeando tu voluntad y tu carácter. Piénsalo: si tu "razón" de vivir es falible, tarde o
temprano te sentirás frustrado.
¿Qué significa vivir por la fe?
Vivir por la fe es tener confianza plena y constante en Dios como alguien sin quien no
podemos vivir. La Biblia da esta opción de vida totalmente contraria a lo que normalmente
ofrece el mundo. El mundo fomenta la autosuficiencia, la dependencia de los recursos
materiales y el apego a las garantías humanas. Pero si tu vida depende de las cosas, de las
personas, o incluso de tu fuerza, inteligencia o salud, tarde o temprano te encontrarás sin
nada de eso.
Por supuesto, todas nuestras habilidades son importantes y pueden impulsarnos para que
alcancemos muchas cosas en la vida. Pero, ¿y si un día te faltan todas esas cosas?
Recuerda lo que le sucedió a Job... ¿Qué te mantendrá en la vida? ¡Solo Dios! Pero
necesitarás creer en él con todas tus fuerzas.
La frase «el justo vivirá por la fe» aparece en otros 3 pasajes bíblicos: Romanos 1:17,
Gálatas 3:11 y Habacuc 2:4. En esta última referencia se hace una distinción nítida entre el
modo de vivir del insolente y el del justo:
El insolente no tiene el alma recta,
pero el justo vivirá por su fe.
(Habacuc 2:4)
La fe te mantiene de pie aunque parezca que el suelo ha desaparecido bajo tus pies. La fe
en Cristo te sostiene cuando las fuerzas disminuyen y cuando la oscuridad limita tu visión.
Decide vivir por fe mientras vivas, pase lo que pase. ¡No negocies tu fe! Deja que ella
moldee tu carácter y guíe tus decisiones todos los días. ¡Vive por fe!
Justos que vivieron por fe
Abraham - Considerado el padre en la fe de todos los que creen (Génesis 17:4).
Todas las familias de la tierra son bendecidas por medio de su descendiente, Jesús,
(Génesis 22:18). Abram fue llamado a una tierra que no conocía y comenzó su
caminar con Dios. Creyó en él (Génesis 15:6) y lo obedeció estando dispuesto a
ofrecer lo que más amaba. En tu vida puede que tengas que dar un primer
paso de fe ante una situación nueva o desconocida. Pero vale la pena
caminar por la fe en el Señor.
Noé - Este hombre y su familia pasaron cerca de 100 años construyendo un gran
barco confiando totalmente en Dios y en su Palabra. Por la fe en la bondad de Dios
(Génesis 6:8), Noé obedeció al Señor en todo lo que él le dijo (Génesis 7:5). En medio
de una sociedad corrupta, Noé andaba con Dios y por la gracia del Señor, Noé fue
salvo por la fe juntamente con su familia. Sigue firme en la Palabra del Señor,
aunque el mundo que te rodea viva bajo patrones diferentes y contrarios a
la voluntad de Dios. ¡Vale la pena ser fiel hasta el fin!
Job - Es el ejemplo más dramático de una persona con una vida impulsada por la fe.
Job perdió los recursos y bienes conquistados a lo largo de años de trabajo, perdió
empleados y a todos sus hijos en un día. Además de todo ese sufrimiento, él también
perdió su salud (Job, capítulos 1 y 2). Si todo eso hubiera sido la razón de la vida de
Job, solo le habría quedado maldecir a Dios y morir, que fue el consejo pésimo que le
dio su mujer (Job 2:9). Pero este hombre sufridor no pecó contra Dios. Creía que su
Redentor vivía, tenía una convicción (fe) y una esperanza futura de que el Señor
triunfaría sobre la tierra. Si Job se hubiera descarriado al final, Dios no se hubiera
complacido y Job habría perdido la oportunidad de conocer al Señor de manera más
personal (Job 42:5-6). No renuncies a tu verdadera fe en el Señor Jesucristo
aunque parezca que estás perdiendo todo lo más preciado de la vida. ¡Haz
de Dios tu mayor tesoro! Encuentra en él tu fuente de fe, fuerza y
esperanza para vivir.
Yo sé que mi redentor vive,
y que al final triunfará sobre la muerte.
(Job 19:25)
Conclusión de la predicación sobre la fe:
Vivir por la fe puede exigir que renunciemos a otros modos de vida que no están basados
en la confianza en Cristo. Creer en las garantías de este mundo que transmiten una falsa
sensación de seguridad, solo te causará frustración. La fe es la fuerza que te impulsará a
seguir adelante aun cuando parezca que todo está por desmoronarse. A pesar de las
adversidades que tengas que enfrentar, cree que Jesús es el Redentor vivo que te ayuda en
las aflicciones y sostiene tu fe.
Prédica sobre la oración
Tema: Regalos de la oración
Objetivo: Motivar a la práctica de una vida de oración, realzando lo bondadoso que es Dios
y que siempre responde a las oraciones.
Texto base: 1 Crónicas 4:9-10
Jabes fue más ilustre que sus hermanos. Su madre le llamó Jabes, diciendo: “Porque lo di a
luz con dolor”. Y Jabes invocó al Dios de Israel diciendo: “¡Oh, si realmente me dieras
bendición y ensancharas mi territorio, y tu mano estuviera conmigo y me libraras del mal,
de modo que no tuviera dolor!”. Y Dios le concedió lo que pidió.
(1 Crónicas 4:9-10)
Introducción
Hace algunos años salió un libro que analizaba este pasaje bíblico y que llegó a ser un libro
bastante conocido, «La oración de Jabes». Aunque sabemos poco sobre la vida de este
hombre, hay algunas verdades espirituales interesantes en esos dos versículos. Esta
oración nos recuerda que Dios escucha las oraciones de sus hijos y le gusta darles regalos.
Jabes era descendiente de Judá (hijo de Israel). La breve nota sobre su vida aparece dentro
de la genealogía del patriarca de quien descendieron el rey David y el Señor Jesús. Jabes,
que significa «triste» o «el que causa dolor», recibió este nombre porque su madre lo tuvo
en medio de mucho sufrimiento. A pesar de su nombre, era un hombre honorable en su
familia y temeroso del Señor.
Entendiendo el valor de la oración
La oración es el medio por el cual nos comunicamos con Dios. Si lo consideramos como
nuestro Padre celestial y mejor amigo, no dudaremos en pedirle consejos, comunicarle
nuestras aflicciones o darle gracias por sus buenas dádivas. Si lo tenemos como nuestro
Señor y Maestro, siempre pediremos su dirección, perdón y gracia. Por eso la oración es tan
importante para los hijos de Dios. Nos recuerda que el bondadoso Dios de amor está cerca
de nosotros y nos ayuda.
La oración de Jabes
Jabes clamó al Señor, Dios de Israel para pedirle:
La bendición de Dios - «si realmente me dieras bendición» - Jabes reconocía que
Dios es la fuente de todas las bendiciones. Él sabía que solo a través del Señor podía
alcanzar la gracia y la bondad para la vida. Él imploró con sinceridad que viniera una
bendición real, duradera y permanente de parte del Padre.
Ampliación de las fronteras - «ensancharas mi territorio» - Él sabía también que
del Señor vienen la provisión, la prosperidad y el crecimiento. Todas las cosas en la
tierra y en el cielo, le pertenecen al Señor. Jabes pidió que Dios le diera victoria en
sus proyectos bendiciendo sus esfuerzos y ayudándolo en sus limitaciones.
La presencia de la mano de Dios - «tu mano estuviera conmigo» - Esto significa
desear la presencia activa de Dios contigo. Jabes creía en el Dios vivo y poderoso que
actúa. Conocía las obras maravillosas del Señor soberano y creía que podía vivir en la
compañía de este Dios amoroso.
La protección contra el mal - «me libraras del mal, de modo que no tuviera dolor»
- El pedido final de Jabes fue por protección de los efectos del mal. Aunque nació en
un contexto de dolor y tenía un nombre que se lo recordaba constantemente, Jabes le
pidió a Dios que lo librara del mal. Sabía que cuando pasara por sufrimientos,
tristezas y pruebas, contaría con la ayuda del Señor para protegerlo de cualquier
daño.
Un regalo en la oración
A través del ejemplo de Jabes y de muchos otros casos en la Biblia, vemos la generosidad
de Dios al responder las oraciones. A Dios le gusta dar regalos a sus hijos y contestar sus
oraciones (Mateo 7:11). Por eso debemos orar siempre y expresarle nuestra gratitud por
sus bondades y su generosidad.
Los dones que se dan a través de la oración son una expresión del amor de Dios por
nosotros. Podemos reflejar ese amor amando a otras personas, enriqueciendo sus vidas con
los dones que hemos recibido. Podrás usar los dones y talentos, los regalos que Dios te ha
dado, para bendecir a tu familia, conocidos y hasta a personas que no conoces. Así verás la
multiplicación de los dones de Dios sobre todo lo que puedes aportar.
Oren sin cesar.
(1 Tesalonicenses 5:17)
Conclusión de la predicación sobre la oración:
Da gracias a Dios por la bendición de poder hablar con él y obtener respuestas a través de
la oración. Dios se complace en oírnos y en responder cuando le pedimos conforme a su
voluntad (1 Juan 5:14):
Dale gracias por su bondad constante y su generoso amor que nos da mucho más de
lo que pedimos o pensamos.
¡Ora sin cesar! (1 Tesalonicenses 5:17)
Reconoce, como lo hizo Jabes, que solo Dios puede conceder todas las bendiciones
que necesitas.
Pide la presencia del Señor a tu lado todos los días. Decide no ir solo por la vida...
Ora y pídele al Señor que te libre del mal. Él es Dios defensor - (Mateo 6:9-13;
Salmo121).
Comparte con otros las bendiciones recibidas en oración. Por ejemplo, si Dios te
concede un empleo y los recursos materiales, dona, ofrenda, ayuda a alguien con
necesidad. Si Dios te ha dado una familia unida y bendecida, pueden orar en familia y
bendecir a otros que no tienen esa bendición. Si Dios te ha dado salud, usa tus
fuerzas y tu buena disposición para visitar y orar por los enfermos. Si Dios te da
sabiduría, habilidades e inteligencia, usa esos dones para que otros sean
beneficiados: enseña a niños carentes a jugar futbol o a tocar un instrumento, a
hacer buen uso de los recursos informáticos, a bordar, pintar, a hablar inglés,
matemática, a cocinar, etc.
Aprendamos en oración a llevar nuestros pedidos, nuestros sueños y aflicciones delante de
Dios confiando siempre en su bondad.
Prédica sobre la vida cristiana
Tema: La espiritualidad cristiana
Objetivo: Mostrar que la espiritualidad cristiana se debe vivir teniendo en cuenta lo que la
Biblia enseña sobre la experiencia de vida con Dios.
Texto base: Gálatas 5:25
Ahora que vivimos en el Espíritu, andemos en el Espíritu.
(Gálatas 5:25)
Idea central: Vivir la vida cristiana de forma práctica en conformidad con la Palabra de
Dios
Introducción
La espiritualidad cristiana se traduce en la búsqueda de una existencia cristiana verdadera
y satisfactoria. Implica la unión de la relación con Dios a través de su Espíritu Santo, con
toda la práctica de la vida basada en la fe cristiana.
El pecado original destruyó la relación vertical, mi relación con Dios, y la horizontal, mi
relación con el prójimo. En Jesucristo tenemos el puente para cruzar ese abismo, amando a
Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. La verdadera
espiritualidad es la manifestación de esas relaciones restauradas por la reconciliación de
Cristo y la obra de su Espíritu Santo. De esa forma no viviremos una religión de apariencias,
enyesada y vacía, sino una vida transformada que actúa en espíritu y en verdad.
La espiritualidad en la vida cristiana
Vivir la espiritualidad cristiana envuelve algunos principios importantes que veremos a
continuación.
Tener la vida de Cristo en nosotros
He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora
vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.
(Gálatas 2:20)
Vivir en santidad - Las disciplinas espirituales (Colosenses 3:1-17)
Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y
de bondad, humildad, amabilidad y paciencia.
(Colosenses 3:12)
Vivir bajo la dirección del Espíritu de Dios (Romanos 8:14-39)
Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.
(Romanos 8:14)
Desarrollar y fortalecer la relación con Dios
¿Cómo sabemos que permanecemos en él, y que él permanece en nosotros? Porque nos ha
dado de su Espíritu..
(1 Juan 4:13)
Comunión con la comunidad cristiana y con el prójimo
Considerémonos los unos a los otros para estimularnos al amor y a las buenas obras. No
dejemos de congregarnos, como algunos tienen por costumbre; más bien, exhortémonos, y
con mayor razón cuando vemos que el día se acerca.
- Hebreos 10:24-25
Realidades espirituales
1. Dios es espíritu - «Dios es espíritu, y quienes lo adoran deben hacerlo en espíritu y
en verdad.» (Juan 4:24)
2. La espiritualidad debe unir el corazón, la mente y las acciones (fuerzas) -
«Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus
fuerzas.» (Deuteronomio 6:5)
3. Debe producirse el fruto del Espíritu - «En cambio, el fruto del Espíritu es amor,
alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No
hay ley que condene estas cosas.» (Gálatas 5:22-23).
4. Dios renueva y sustenta nuestro espíritu - «Crea en mí, oh Dios, un corazón puro
y renueva un espíritu firme
dentro de mí.» (Salmo 51:10)
Aplicación - La espiritualidad en la práctica
Practicar la devoción cristiana es una elección intencional, personal e intransferible. Nadie
puede hacerlo por ti. Se trata de aproximarse de forma afectiva a Dios a través de
Jesucristo. Es como profundizar una buena amistad: requiere tiempo, sinceridad y fidelidad.
La vida devocional del cristiano debe envolver algunas disciplinas espirituales que le
ayudarán en su andar con el Señor:
La oración - 1 Tesalonicenses 5:17
La lectura de la Biblia
El silencio, tomar tiempo a solas con Dios (desconectarse del mundo externo e
interno)
El ayuno, abstenerse de prácticas automatizadas (adictivas)
Contribuir, dar ofrendas y limosnas
La meditación bíblica, llenarse de la Palabra (es diferente de la meditación oriental)
Prédica sobre la familia
Tema: Dios es especialista en restauración
Objetivo: Enseñar que Dios puede restaurar familias
Texto base: Salmo 80:19
Restáuranos, Señor Dios Todopoderoso;
haz resplandecer tu rostro sobre nosotros, y sálvanos.
(Salmo 80:19)
Introducción El trabajo de restauración es siempre complicado y lento. Muchas obras
de arte demoran meses y a veces años hasta volver a tener sus características originales.
Pero, aun con toda la dificultad que la restauración puede acarrear, vale la pena invertir en
la renovación y rehabilitación de algo que es valioso.
1. Tu familia es preciosa a los ojos de Dios
La familia es un proyecto antiguo (y actual) de Dios. Él la instituyó desde el principio
(Génesis 2:18-25) y por eso es tan valiosa. La familia es la cuna de la sociedad y es donde
aprendemos las bases para la convivencia y el amor. Desafortunadamente, la familia
también es atacada por los enemigos de Dios, por eso vemos tantas familias desgastadas,
arruinadas y desmoronadas. ¡Pero Dios quiere restaurar tu hogar!
2. Dios es especialista en restaurar hogares rotos
En la Biblia vemos un sinnúmero de historias de restauración realizadas por Dios en vidas
individuales y en familias. Dios hace todo nuevo. Él reforma familias y reconstruye sueños:
Job - La historia de un hombre temeroso de Dios demuestra cómo un torbellino de
sufrimientos puede destruir nuestras familias y nuestros sueños. Pero el Señor
intervino en su historia y restauró la fortuna de Job (Job 42:10-17), trajo comunión
con su familia y amigos, le dio otros hijos y una larga vida.
Noemí - Esta mujer sufrió también una dura pérdida. Estando lejos de su tierra natal,
perdió a su marido y a sus dos hijos (Rut 1:1-5). Pero Dios siempre mantiene un hilo
de esperanza: Rut adoptó a su suegra con amor. Y así, Dios concedió una nueva
familia de cuyo linaje vendrían reyes y el mismo Redentor del universo: Jesús.
María y Juan - Jesús cuidó de su madre y de su discípulo amado (Juan 19:26-27).
Incluso en el sufrimiento desde la cruz, dio un nuevo hijo a la que estaba a punto de
perder a su primogénito y dio una madre a aquel discípulo que quedaría huérfano de
su Señor y Maestro.
3. Sigue creyendo aunque parezca que no hay solución
Aunque estés enfrentando crisis graves en tu familia (desempleo, enfermedad, separación,
drogas, peleas, etc.), para Dios no hay nada imposible (Lucas 18:27). El Señor puede traer
paz, reconciliación, puertas abiertas, transformación, sanidad, liberación y salvación a tu
hogar. Cree en el Señor y búscalo en nombre de tu familia. Como barro en las manos del
alfarero, así es nuestra familia en las manos de Dios (Jeremías 18:2-6).
Conclusión de la predicación sobre la familia:
Dios es el Alfarero, el Constructor y Restaurador por excelencia. Cree (Hechos 16:31). ¡Él es
el Salvador fiel, y él puede ayudar a que tu familia sea restaurada! Confía tu casa en las
sabias y poderosas manos del Padre (Salmo 37:5). Son sus manos las que pueden restaurar
y hacer todo nuevo en tu vida y familia. No desprecies tu hogar, sino ora, cuida y vela por
tu familia (1 Timoteo 5:8).
Prédica para jóvenes
Tema: Jóvenes, ¡no se contaminen!
Objetivo: Motivar a los jóvenes a vivir íntegramente para Dios
Texto base: Daniel 1:1-21
Pero Daniel se propuso no contaminarse con la comida y el vino del rey, así que le pidió al
jefe de oficiales que no lo obligara a contaminarse.
(Daniel 1:8)
Introducción
Vivimos en un contexto de amenazas virales, riesgo de contagio de enfermedades,
pandemias y brotes endémicos en varias partes del mundo. De alguna manera «viral»
también estamos influenciados por muchas ideas y prácticas que no son comunes a
nuestro contexto. Las series de televisión, las conversaciones en las redes sociales y las
tendencias de los medios de otras culturas se absorben fácilmente a menos que estemos
atentos.
Daniel y sus amigos
Este grupo de amigos fue tomado en cautividad cuando todavía eran muy jóvenes y los
llevaron a Babilonia. Lejos de su país, de la familia y de sus líderes religiosos, ellos podrían
haber asimilado fácilmente la cultura impuesta por los babilonios, sobre todo en las
prácticas comunes en la corte real del nuevo país. Pero Daniel y sus amigos tenían
cualidades dignas de destacar para muchos jóvenes.
Identidad - (usa un documento de identidad como ejemplo: ¿Cuál es la información
esencial que contiene un documento de identidad? El nombre - tu nombre está
escrito en el libro de la vida. Nombre de los padres - Dios es tu Padre. El lugar de
nacimiento - tú tienes una nueva naturaleza en Cristo. Foto o imagen - fuimos
hechos a imagen y semejanza de nuestro Creador, no necesitas parecerte a una
estrella de la moda, ¡necesitas parecerte más a Cristo!). Daniel y sus 3 amigos sabían
bien quienes eran, de dónde venían, para dónde iban y quién era su Dios y Rey.
¿Sabes quién eres? ¿Conoces tu identidad en Dios?
Carácter - (se refiere a la integridad, el carácter, la honestidad... es lo que realmente
eres cuando no hay nadie a tu alrededor). Esto no tiene nada que ver con la
reputación o lo que hace la mayoría de la gente. Aquellos jóvenes tenían buen
carácter, mantenían la misma norma que cuando estaban al frente de su comunidad:
eran sinceros en su fe. Fueron honestos en agradar a Dios, incluso cuando todos
pensaban solo en ellos mismos y en agradar al rey pagano.
Elecciones - (en la vida todo es una cuestión de elección la cual se basa en una
decisión personal). Daniel y sus amigos eligieron no contaminarse con la comida y la
bebida de ese reino. También decidieron vivir una vida pura y justa en el ambiente
corrupto en el que vivían. Cada uno de nosotros puede elegir no contaminarse con el
pecado y el patrón del mundo.
Compañías - (Puedes citar algunos refranes populares: «Dime con quién andas y te
diré quién eres...». Si bien Daniel evitaba las «malas» compañías, tenía buenos
amigos a su lado. Ese pequeño grupo de amigos se fortaleció en conjunto,
manteniendo las mismas convicciones y fe. Pero si se hubieran unido a jóvenes que
consideraban normales las costumbres babilónicas, con seguridad no tendríamos su
buen testimonio escrito en la Biblia.
El respeto a las autoridades - a pesar de la decisión de no contaminarse, ellos no
convirtieron su decisión en una revolución de confrontación, afrentando a los líderes
con insultos y agresiones. Respetuosamente, Daniel le preguntó al jefe si podía
permanecer sin contaminarse. Dios fue con él y bendijo su humildad y sumisión.
Sigan el ejemplo de Cristo, que es manso y humilde de corazón (Mateo 11:29). Los
padres, maestros, líderes, policías, jefes, gobernantes, etc., son autoridades. Respeta
y honra a las autoridades dadas por Dios sobre tu vida (¡incluso si no estás de
acuerdo con ellas!) Ver: Romanos 13:1.
¿Qué es lo que contamina?
El pecado. Este es el peor de todos los virus que ha entrado en nuestras vidas y nos
corrompe por completo. Jesús explicó lo que contamina al hombre (Mateo 15:18-20).
¡Mantente atento! Hay muchas formas de propagar este mal, pero debes saber que hay
una parte suya dentro de ti. Todos necesitamos la sanidad ofrecida por Dios a través de
Jesucristo.
¿Cómo puedes combatir esa enfermedad?
Confiesa, arrepiéntete y apártate (Proverbios 28:13). José tuvo que huir para no pecar
contra Dios (Génesis 39:9-12). Tal vez tú necesitas huir, desligarte o alejarte de lo que te
hace pecar. Lucha con las armas que Dios te dio para vencer el pecado (Efesios 6:11-17). Si
hay algo en tu vida que te lleva a pecar, arráncalo y aléjate hoy mismo (Mateo 5:29-30). No
seas insensible, no ignores las advertencias (Efesios 4:19-32). ¡Combate el virus del
pecado! Esfuérzate en parecerte más a Cristo. Cuando estés en medio de una situación
difícil, intenta imaginarte lo que haría Jesús si estuviera en tu lugar.
Les he escrito a ustedes, jóvenes,
porque son fuertes,
y la palabra de Dios permanece en ustedes,
y han vencido al maligno.
(1 Juan 2:14b)
Conclusión de la prédica para jóvenes:
A través del ejemplo de Daniel y sus amigos vemos el modo en el que el joven puede
mantenerse firme sin contaminarse. Según la Biblia hay solo una forma: «¿Cómo puede el
joven llevar una vida íntegra? Viviendo conforme a tu palabra.» - Salmo 119:9).
Serás fuerte si permaneces firme en la Palabra de Dios y así vencerás el mal. Esfuérzate en
seguir la receta que te dan las Escrituras aprendiendo a parecerte a Cristo cada día más. Él
es la cura contra el mayor mal del mundo (1 Pedro 2:24).
Prédica sobre el mandamiento más importante
Tema: La importancia para el cristiano de obedecer el gran mandamiento
Objetivo: Animar a cada creyente a crecer en su amor a Dios
Texto base: Mateo 22:36-38
Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con
todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande
mandamiento.
(Mateo 22:36-38)
Introducción
Hoy día se usa la palabra amor de una forma muy ligera. Podemos decir que amamos a
nuestra familia, a nuestro gato, ir de compras, estar solos... Sin embargo, en la Biblia el
amor es algo primordial que nace en el corazón de Dios. El versículo de 1 Juan 4:8 dice que
Dios es amor. Esto quiere decir que el amor es la esencia de Dios y viene de él.
En el texto base de esta prédica, Jesús conversaba con unos fariseos. Los que pertenecían
a la secta religiosa de los fariseos intentaban tenderle una trampa con la pregunta sobre el
gran mandamiento de la ley. Al parecer, deseaban entablar un debate con Jesús sobre la
ley y su importancia.
Jesús no se dejó entretener por ellos. Él sabía que los fariseos daban especial importancia
al aspecto exterior, a la apariencia de la piedad. Jesús fue directo al grano: lo que
realmente le importa a Dios es la actitud del corazón. Si hacemos o decimos las
cosas para impresionar a los demás, para Dios no tiene valor. Lo que vale es tener un
corazón tan lleno de amor hacia él, que se vive el día a día buscando agradarle y hacer su
voluntad.
Jesús les recordó el "shemá", la oración más importante de la religión judía, la cual es muy
probable que ellos recitaran cada día.
Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu
corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
(Deuteronomio 6:4-5)
Amando a Dios con todo el corazón, el alma y la mente
Ahora bien, ¿qué significa amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la
mente? En realidad, es una decisión que se toma, no un sentimiento que va y viene según
las circunstancias. Es un amor que surge de una experiencia real y transformadora
con Dios que lleva a amar a Dios de forma tan firme y fuerte que se busca hacer
su voluntad y obedecerle en todas las áreas de la vida.
Amar a Dios implica obedecer sus mandamientos, tal como leemos en Juan [Link]
¿Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que
me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él
(Juan 14:21)
Quien ama a Dios vive una vida de obediencia porque Dios es su tesoro más
grande, la persona más importante, aquel por el cual se vive. Como todas las relaciones,
el amor a Dios se debe cultivar. ¿Por qué? Porque el amor crece según conocemos mejor a
Dios y pasamos tiempo con él. Claro que quien ama a Dios de esa forma tan real y
profunda, anhela pasar tiempo con su Padre celestial.
Es un tipo de amor que se nota, pues nos lleva a estar vigilantes en cuanto a nuestras
elecciones cotidianas. No nos dejamos llevar por la emoción del momento o la presión de
los demás. La meta es parecernos más a Jesús y vivir una vida que alegra el corazón
de Dios.
Ahora bien, ¿cómo se refleja ese amor a Dios en nuestro día a día? Algunas formas
prácticas en las que podemos mostrar nuestro amor por Dios son:
1. La toma de decisiones
Una persona que ama a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente,
toma sus decisiones conforme a lo que agrada a Dios. Su motivación no es complacer a los
demás, sino obedecer a Dios de todo corazón y hacer las cosas que le agradan a él. Las
decisiones que toma reflejan quién es el Rey de su corazón.
2. El uso del tiempo
Pasa tiempo con Dios cada día en alabanza, oración y leyendo la Palabra para fortalecer su
fe. También administra su tiempo de forma sabia, pues sabe que es un regalo de Dios. Se
enfoca en cosas que fortalecen su fe o que le ayudan a desarrollarse y crecer como ser
humano. Toma tiempo para Dios, para su familia, para sus amigos, para trabajar, para estar
a solas, para disfrutar de la naturaleza y para jugar o tener tiempo de ocio.
3. El uso de los recursos
Todo lo que tiene lo ve como provisión de Dios y usa cada uno de esos recursos para la
gloria de Dios. Por ejemplo, abre su hogar a otras personas para que vengan a estudiar la
Palabra o simplemente para tomar un café y pasar un ratito agradable. Da de su dinero
para el establecimiento de la iglesia en su país y alrededor del mundo.
Quien ama a Dios con todo su ser, sabe que todo lo bueno viene de Dios y que la provisión
de Dios debe ser usada para su gloria. Por eso, busca bendecir a otras personas, sin
acaparar todo para sí mismo. Según recibe bendiciones de Dios, las administra de forma
sabia y usa una buena porción para bendecir a otros.
4. La elección de libros, películas, actividades de ocio
La vida no es solo trabajar, es importante tener pasatiempos y divertirse. Pero todo debe
hacerse conscientes de que Dios nos ve y que él desea que llenemos nuestra mente con
cosas buenas que nos acercan a él y a su propósito para nuestra vida. Por eso, el amor a
Dios también se reflejará en lo que elegimos durante nuestro tiempo de ocio.
¿Cómo nos divertimos? ¿Qué dejamos entrar en nuestras mentes? ¿Toleramos los mensajes
de odio, el racismo, la pornografía o cosas que no agradan a Dios? Debemos ser selectivos
con nuestro tiempo de ocio y usarlo para compartir tiempos de calidad con amigos y
familiares, o para nutrir nuestro intelecto con temas que nos ayudan a ser mejores
personas y que son agradables a Dios.
Conclusión Estos son solo unos pocos ejemplos de cómo el amar a Dios con el
corazón, el alma y la mente influye en nuestro diario vivir. ¿Por qué? Porque amar a Dios
de esa forma es decidir que él reine sobre cada una de nuestras elecciones. En
lugar de buscar lo que deseamos nosotros mismos, nos enfocamos en lo que agrada a Dios.
¿Cómo te ves? ¿Cuán profundo es tu amor por Dios? ¿Qué áreas de tu vida has rendido a
Dios? ¿En cuáles te estás resistiendo? Decide hoy amar a Dios con todo tu corazón, con
toda tu alma y con toda tu mente. Permite que él sea el Rey de tu vida en su totalidad y
verás cómo tu vida se llenará de más paz al saber que vives cada día de la mano del Señor.
Vestida para triunfar
Tema: Permitir que Dios nos transforme y nos ayude a ser de bendición.
Objetivo: Que la mujer cristiana fortalezca su espíritu y reciba la transformación que viene
de Dios. Que se proponga impactar su entorno positivamente para la gloria de Dios.
Texto bíblico: Proverbios 31:25-26
Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir. Cuando habla, lo hace con
sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor.
(Proverbios 31:25-26)
Otros versículos que pueden servir de apoyo: 1 Pedro 3:3-4; Efesios 6:10-18
Introducción
La sociedad de hoy pone mucho énfasis en nuestro aspecto exterior: la ropa, el cabello, el
maquillaje... Se valora excesivamente cómo nos vemos, lo que llevamos puesto, las marcas
que usamos. ¡Qué bueno saber que Dios no se fija en eso! Sí, él desea que nos cuidemos,
que nos alimentemos bien y vigilemos nuestra salud. Pero a nuestro Padre celestial le
interesa aun más nuestro crecimiento espiritual.
Dios anhela que cada una de nosotras reciba su amor. Su amor nos llena, nos transforma y
nos capacita para bendecir a los demás en su nombre. No hacemos esto por nuestras
propias fuerzas. Necesitamos cultivar una comunión diaria con Dios y permitir que su
Espíritu Santo nos llene. Cuando abrimos nuestro corazón a su mover, él comienza a limar
las asperezas de nuestra vida y a capacitarnos para que seamos de bendición a otros.
Puede que sea un proceso largo y hasta doloroso, pero vale la pena.
Desarrollo del tema
En la Biblia hay unos versículos muy conocidos que nos hablan sobre la mujer que teme al
Señor. Se encuentran en Proverbios 31:10-31. A muchas mujeres nos intimida ese capítulo,
porque lo vemos como una lista inacabable de deberes por hacer... Sin embargo, ese
capítulo contiene en realidad las enseñanzas de una madre para su hijo "el rey Lemuel". En
los versículos 1-9 ella le advierte sobre la inmoralidad sexual. El resto del capítulo habla
sobre la mujer virtuosa que teme al Señor, esa que sería buena como esposa para el rey
Lemuel.
Es en esa sección que encontramos los dos versículos base para nuestro estudio de hoy,
los versículos 25-26.
Se reviste de fuerza y dignidad, y afronta segura el porvenir. Cuando habla, lo hace con
sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor.
(Proverbios 31:25-26)
Prestemos atención porque aquí encontramos una vestimenta que nos hará brillar y triunfar
de verdad. Junto con la armadura de Dios en Efesios 6:10-18, estos dos versículos de
Proverbios nos hablan de la mejor vestimenta que podemos llevar. Aquí en Proverbios
31:25 se nos habla de fuerza, de dignidad y de una gran seguridad. Luego, en el versículo
26, leemos sobre la sabiduría y la instrucción amorosa. Veamos cada una de las frases en
detalle.
Se reviste de fuerza y dignidad
La mujer que teme al Señor está vestida de fuerza y de dignidad. ¡Qué vestidos más
maravillosos! ¿Cuántas veces vamos por la vida cargadas de problemas, pensando que no
podremos salir adelante? Los afanes del hogar y del trabajo, los problemas sociales que nos
rodean... Necesitamos detenernos a orar y pedir al Señor que nos dé su fuerza, esa que nos
ayuda a fijar nuestros ojos en Dios y no en los problemas o dificultades de la vida.
Es al detenernos en su presencia que logramos sentir el abrazo del Señor llenándonos de
fuerza y de ánimo. Nuestra confianza en él crece y vemos las cosas de otra manera.
Sabemos que Dios puede obrar y que lo hará a su debido momento. Mientras esperamos,
recibimos el ánimo y la fuerza necesarios para seguir adelante con la frente alta, con
dignidad, confiadas en nuestro Papá. Porque sabemos que en él estamos completas
(Colosenses 2:9-10).
No teme al futuro
Esta mujer no teme al futuro, más bien lo afronta con seguridad porque sabe quién tiene el
control: su Padre celestial. Como un bebé que duerme en los brazos protectores de su
papá, nosotras podemos descansar confiadas sabiendo que Dios tiene nuestro futuro en
sus manos. Sabemos que él obrará en medio de cualquier situación que tengamos que
afrontar. Nuestro Padre nos ayudará venga lo que venga. ¡Preciosa certeza!
En la sociedad de hoy nos enteramos de los problemas del otro lado del mundo casi tan
rápido como si ocurrieran en nuestro propio barrio. Esto nos puede causar ansiedad: las
enfermedades, las guerras, los conflictos, el desempleo... Puede ser una carga demasiado
pesada para nosotras. Entreguemos todas nuestras preocupaciones al Señor. El futuro está
en sus manos. No nos afanemos por lo que no podemos controlar o ni siquiera sabemos si
sucederá. Confiemos en nuestro Señor y descansemos en él.
Habla con sabiduría
¿Cómo son las palabras que salen de nuestra boca? ¿Son palabras de ansiedad? ¿Son
palabras hirientes? ¿Son chismes? ¡Evaluemos nuestras palabras! Busquemos la sabiduría
que viene de Dios y hablemos cosas que reflejen su corazón (Santiago 3:17). Nuestras
palabras muestran nuestro nivel de madurez en el Señor. Según crecemos en nuestro
andar con Dios nuestras palabras tenderán más a edificar y bendecir.
La Biblia dice que de la abundancia del corazón habla la boca (Mateo 12:34-35). Por esta
razón, si deseamos hablar con sabiduría necesitamos llenar nuestra mente y nuestro
corazón con la sabiduría que se encuentra en la Palabra de Dios. ¿Cuánto tiempo pasamos
al día leyendo cosas que no edifican o viendo series que no nos aportan gran cosa? Sí, está
bien tener algo de tiempo de ocio, pero no bajemos la guardia. Vigilemos lo que dejamos
entrar en nuestra mente y en nuestro corazón.
Busquemos cosas que nos edifican. Crezcamos en el Señor y en su sabiduría. ¡Leamos su
Palabra!
Enseña con amor y con bondad
Por último, la mujer que teme al Señor no solo crece en fuerza, en dignidad, en seguridad y
en sabiduría, sino que aporta a la vida de otros enseñándoles con amor y con bondad.
¡Recibimos para dar! Podemos enseñar con nuestras palabras y con nuestras acciones.
Podemos ser ejemplo de bondad y de amor a los que nos rodean. ¡Podemos marcar la
diferencia en este mundo!
Comenzamos con los más cercanos: nuestra familia, nuestros vecinos, los hermanos de la
iglesia. De ahí, nuestra influencia se extiende a la gente con la que trabajamos y al
vecindario en general.
¿Qué enseñamos a los demás? ¿Enseñamos a decir gracias y buenas tardes? ¿Honramos a
los demás en nuestro trato diario? ¿Hablamos bendición sobre los demás? Hay muchas
maneras de enseñar, probablemente la mejor es con nuestras acciones. Seamos
bondadosas y demos amor. Podemos impactar a los demás con solo sonreír y tratarlos con
dignidad. No seamos perezosas en dar lo que nos gustaría recibir de parte de los demás.
Conclusión
Son muchas las cosas buenas que podemos aportar a esta sociedad. ¡Hagámoslas!
Bendigamos a los que nos rodean, movámonos en amor. Es verdad que no lo lograremos
solas. Lo haremos con las fuerzas que el Señor nos da. Que nuestro deseo sea de vestirnos
cada día más de él, que su corazón y sus actitudes vengan a ser nuestra norma. Pidamos al
Espíritu Santo que nos llene y nos capacite para impactar a nuestras familias y a la
sociedad que nos rodea en el nombre de Jesús, con su amor y su poder.
Mujer: ¡usa tus dones!
Tema: Todos tenemos por lo menos un don dado por Dios y él desea que lo usemos para el
bien de los demás.
Objetivo: Animar a las mujeres a descubrir y a usar sus dones para la edificación de la
iglesia.
Texto bíblico: 1 Corintios 12:4-11
Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu. Hay diversas maneras de servir,
pero un mismo Señor. Hay diversas funciones, pero es un mismo Dios el que hace todas las
cosas en todos.
A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás. A
unos Dios les da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otros, por el mismo Espíritu, palabra
de conocimiento; a otros, fe por medio del mismo Espíritu; a otros, y por ese mismo
Espíritu, dones para sanar enfermos; a otros, poderes milagrosos; a otros, profecía; a otros,
el discernir espíritus; a otros, el hablar en diversas lenguas; y a otros, el interpretar
lenguas. Todo esto lo hace un mismo y único Espíritu, quien reparte a cada uno según él lo
determina.
(1 Corintios 12:4-11)
Otros versículos que pueden servir de apoyo: Romanos 12:6-8; Efesios 4:7-13;
Proverbios 31:16, 19-20
Introducción
Dios nos ha dado a todos los seres humanos un potencial que debemos usar para ayudar y
edificar a los demás. Es muy triste ver a una persona desperdiciar sus dones porque se
deja vencer por las dificultades de la vida o por adicciones. Cada una de nosotras, cada hija
de Dios, tiene algo precioso que contribuir a esta sociedad en este momento. No estamos
aquí por azar: Dios nos ha puesto donde estamos con un propósito. ¿Permitiremos que este
se cumpla?
Desarrollo del tema
A menudo, cuando hablamos sobre los dones y talentos, pensamos en gente muy exitosa:
predicadores y evangelistas famosos o cantantes que han grabado discos... Sin embargo, la
palabra «don» significa dádiva o regalo. Un don es una habilidad que Dios nos ha dado y
que podemos regalar a los demás espontáneamente. Cuando usamos nuestros dones nos
sentimos felices porque contribuimos al bienestar de los demás y de la iglesia en general.
Piensa, por ejemplo, en una ocasión en la que estabas muy triste. Estabas pasando por una
temporada muy dura y ya casi ni te quedaban fuerzas emocionales para continuar.
Recibiste una llamada de una amiga. Ella te escuchó, te consoló, oró contigo y cuando
terminaste de hablar con ella descubriste que te sentías mucho más animada y tranquila.
¡Felicidades! Fuiste la receptora del don de animar o exhortar (Romanos 12:8).
O quizás recuerdas una vez en la que estuviste enferma por varios días y ya no te quedaba
compra en la alacena. Una hermana de la iglesia se enteró de que llevabas varios días
sintiéndote mal y llegó una tarde con una bolsa llena de comida y un envase con sopa de
pollo calentita, lista para comer. ¡El maravilloso don del servicio puesto en acción!
¿Conoces tus dones? ¿Podrías enumerar las cosas que haces que te hacen sentir feliz y
realizada? Algo se renueva dentro de nuestro ser cuando usamos los dones que Dios nos ha
dado. Hemos sido diseñadas para usarlos, para compartirlos. Para ser más efectivas
debemos conocer los dones que Dios nos dio.
En la Biblia encontramos varias listas de dones. Las principales se encuentran en los libros
de Romanos, Efesios y 1 Corintios. Algunos de los dones que menciona la Biblia son los
siguientes:
Sabiduría: ser capaz de decir y hacer lo correcto, lo que está de acuerdo con la
voluntad de Dios, en una situación específica. (1 Corintios 12:8; Santiago 3:13-18;
Efesios 1:17; Salmo 111:10)
Conocimiento: Recibir de forma sobrenatural revelación sobre una situación o una
persona. (1 Corintios 12:8; Proverbios 2:6; Salmo 119:66; Proverbios 15:14)
Fe: Tener absoluta confianza de que Dios cumplirá lo que ha prometido y actuar
conforme a esa confianza. (1 Corintios 12:9; 1 Juan 5:4; Hebreos 11)
Dones de sanidad: Orar por las personas enfermas física o emocionalmente en el
nombre de Jesús y ver cómo recuperan la salud. (1 Corintios 12:9; 1 Corintios 12:28;
Mateo 10:7-8; Marcos 16:17-18)
Milagros: Traer la manifestación sobrenatural del poder y la presencia del Señor a
una situación específica. (1 Corintios 12:10; 1 Corintios 12:28; Mateo 17:20; Hebreos
11:29-30)
Profecía: Dar una palabra de parte de Dios que aplica a una situación específica, con
el propósito de exhortar. (1 Corintios 12:10; 1 Corintios 12:28; Romanos 12:6; Hechos
19:5-6; 2 Pedro 1:21)
Discernimiento de espíritus: Lograr percibir o distinguir el tipo de espíritu que
actúa en una persona o situación, si viene de Dios o no. (1 Corintios 12:10; Hechos
5:3; Hechos 16:18; Mateo 16:17)
Hablar en diversas lenguas: Comunicar el mensaje del evangelio en un idioma sin
haberlo estudiado. También hay lenguas angélicas, que solo entiende Dios y que
sirven como ofrenda de adoración de la persona que las habla hacia Dios. (1 Corintios
12:10; 1 Corintios 12:28; Hechos 19:1-7; Hechos 2:4; 1 Corintios 14:27-28)
Interpretar lenguas: Lograr decir en el idioma que entienden las personas reunidas
un mensaje que se ha dado en lenguas. (1 Corintios 12:10; 1 Corintios 14:13; 1
Corintios 14:27-28)
Ayudar a otros, servir: Capacidad para percibir las necesidades reales de una
persona junto con el empuje para ponerse en acción y aliviar esa necesidad.
(Romanos 12:7; 1 Corintios 12:28; Marcos 9:35; Juan 13:14)
Enseñanza: Habilidad para transmitir con claridad las verdades del evangelio de
salvación. (Romanos 12:7; 1 Corintios 12:28; Deuteronomio 11:18-19; Tito 1:9; Mateo
28:19-20)
Generosidad, socorrer a los necesitados: Un gran anhelo de compartir lo que
uno tiene con los más necesitados y con los que llevan la Palabra de Dios a otras
personas y naciones. (Romanos 12:8; Proverbios 11:25; 2 Corintios 9:7; 2 Corintios
9:11)
Liderazgo y/o administración: Disposición para ayudar, cuidar y guiar a otros en
su andar con el Señor. También la capacidad de organizar las tareas necesarias para
el buen desarrollo de la iglesia. (Romanos 12:8; 1 Corintios 12:28; Hebreos 13:7;
Marcos 10:43; Hebreos 13:17; Tito 3:12-14)
Mostrar compasión: Identificación y afecto especial hacia los necesitados y las
personas que sufren. No se queda en el sentimiento sino que se pone en acción.
(Romanos 12:8; Efesios 4:32; 1 Pedro 3:8; 2 Corintios 1:3-4)
Dar palabras de ánimo: La facilidad de aliviar el dolor o la preocupación de otra
persona a través de palabras llenas de fe, inspiradas por el Espíritu Santo. (Romanos
12:8; 1 Timoteo 6:12; Deuteronomio 31:8; 1 Tesalonicenses 5:11-14)
Preguntas para reflexionar:
1. ¿Cuál de esos dones piensas que tienes? ¿Cómo lo usas o cómo podrías usarlo?
2. ¿Cuál de esos dones te han dicho que tienes? ¿Has hablado sobre tus dones con otras
hermanas de la iglesia o con tu pastor?
3. ¿Le has preguntado a Dios cuál don o dones te ha concedido? Pide al Espíritu Santo
que te ayude a identificar tu don (o tus dones) y que te llene de valor para comenzar
a usarlos.
Conclusión
Dios anhela que usemos nuestros dones no solo por nuestro bienestar espiritual, sino por el
bien de la Iglesia en general. Descubramos y usemos nuestros dones para la gloria de Dios.
Seamos mujeres de acción, participemos activamente en la edificación de la iglesia.
Veremos a Dios obrar en nuestra vida y a través de nosotras. No hay mayor satisfacción
que la de saber que estamos viviendo la vida como Dios desea, usando nuestros dones y
los recursos que él nos da para impactar a otros en su nombre.
Tu identidad en Cristo
Tema: Nuestra identidad no viene de nuestro aspecto físico o de nuestro éxito financiero.
Tampoco viene de nuestro pasado sin Cristo o de lo que digan otras personas sobre
nosotras. Nuestra identidad viene de Dios, de quiénes somos en él y gracias a él.
Objetivo: Animar a cada mujer a fijar sus ojos en Dios. Así logrará entender que su
identidad y su valor vienen de Jesús, de la obra redentora que él hizo en la cruz por ella.
Texto bíblico: Efesios 2:1-10
En otro tiempo ustedes estaban muertos en sus transgresiones y pecados, en los cuales
andaban conforme a los poderes de este mundo. Se conducían según el que gobierna las
tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia.
En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos, impulsados por nuestros
deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los
demás, éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios. Pero Dios, que es rico en
misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando
estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados! Y en unión con
Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con él en las regiones celestiales, para
mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad
derramó sobre nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia ustedes han sido salvados
mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras,
para que nadie se jacte. Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para
buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.
(Efesios 2:1-10)
Otros versículos que pueden servir de apoyo: Efesios 4:22-24; 2 Corintios 5:17;
Gálatas 3:28; Romanos 6:3-4; Romanos 8
Introducción
Nuestra identidad, quiénes somos, qué nos hace valiosas... ¿Te has preguntado alguna vez
qué es lo que te caracteriza frente a los demás? ¿Tus posesiones o estatus social? ¿Tu éxito
laboral? Algunas personas se escudan tras esas cosas pensando que su verdadero valor
procede de ellas. Otras se sienten marcadas por su pasado, por acciones cometidas por
ellas o contra ellas. Esto las lleva a esconderse o a andar siempre a la defensiva.
La realidad es que nuestra verdadera identidad está en Dios. Cuando buscamos a Dios de
todo corazón y le permitimos que transforme nuestra vida, descubrimos quiénes somos en
realidad.
¿Qué dice la Biblia sobre nuestra identidad? ¿Habla la Biblia sobre esto? ¡Sí! Hay pasajes
muy claros en los que podemos ver cómo éramos sin Cristo y cómo somos ahora que le
hemos permitido ser el dueño y Rey de nuestra vida. Uno de esos pasajes es el que usamos
como base de este estudio: Efesios 2:1-10. Pero nuestra identidad en Cristo abarca mucho
más que las 4 cosas que veremos hoy. Pídele a Dios que te ayude a entender la plenitud de
tu nueva identidad en él.
Desarrollo del tema
Vivas en Cristo
Nuestra vida antes de aceptar a Jesús como nuestro Salvador no era una vida plena porque
estábamos muertas espiritualmente (Efesios 2:1-3). El pecado y sus consecuencias nos
dominaban, nos afligían. La culpabilidad por cosas que habíamos hecho, o cosas malas que
otros nos habían hecho, marcaba la forma en la que nos veíamos. Pero, ¡qué dicha más
grande! ¡Dios nos alcanzó con su amor y ya no somos así! Su perdón nos limpió y nos dio
vida.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con
Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. ¡Por gracia ustedes han sido salvados!
(Efesios 2:4-5)
«Pero Dios»... Esta es una de las frases más poderosas de la Biblia. ¡Dios intervino! ¡Dios se
acercó a nosotras cuando aun estábamos muertas en pecados! Dios vio nuestra condición
y no nos dio la espalda sino que llegó, nos extendió su mano y nos aceptó tal como
éramos. ¡Maravillosa gracia del Señor!
Hijas amadas de Dios
La vida abundante y plena es nuestra porque somos hijas amadas de Dios. Romanos 8:17
dice «Y, si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo...» Y
esa es nuestra nueva identidad. Somos herederas de Dios y coherederas con Cristo. Qué
honor más grande. Dios, el creador y dueño de todo, es nuestro Papá y nos hace partícipes
de su herencia eterna.
Dios nos amó y nos recibió como hijas porque quiso. Él nos dio vida con Cristo porque así le
plació. No es por nuestros méritos, no es porque lo hemos ganado. ¡No! Fue por su amor. Él
te amó a ti y él me amó a mí. Vivimos rodeadas de su amor. Solo necesitamos tener un
corazón receptivo para sentirlo.
Una vez recibimos ese amor paternal de Dios, somos transformadas. Saber que podemos
acudir a nuestro Padre en cualquier momento para recibir su abrazo trae paz y sosiego a
nuestro corazón. No importa la situación por la que estemos pasando, Papá está a nuestro
lado. Nos podemos apoyar en él para recibir su amor, su consuelo, su aceptación. ¡Así de
maravilloso es nuestro Dios!
Tenemos valor
Pero no termina ahí: para Dios también somos valiosas. Dios hasta sabe el número de
cabellos que hay en nuestra cabeza (Lucas 12:6-7). Una vez más, no es por nuestros
méritos sino porque él así lo desea. Nuestro valor viene de él. Él nos creó, él nos salvó, en
él estamos completas (Colosenses 2:9-10).
Pero cuidado: es cierto que no valemos menos que los demás, pero tampoco somos más
importantes que ellos. Dios nos ama a todos y desea transformarnos porque para él todos
somos valiosos. Por lo tanto, debemos agradecer la obra de Dios en nosotras, el valor que
tenemos en él y también necesitamos apreciar su obra en los demás.
Lo que sí debemos hacer es dejar de compararnos con los demás. Fijemos nuestra mirada
en Jesús, recibamos la afirmación del Padre y llenémonos del Espíritu Santo. Estemos
atentas a las oportunidades que se presentan para impactar a otros compartiendo con ellos
la sanidad del alma que nosotras hemos disfrutado. Apreciemos a los demás y busquemos
también su bienestar espiritual.
Somos vencedoras
Sin embargo, ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa, sino según el Espíritu...
(Romanos 8:9a)
En Cristo hemos vencido el poder del pecado y el Espíritu Santo mora ahora en nosotras.
¡Vivimos para Cristo, con Cristo y en Cristo! (Hechos 17:28) El Espíritu Santo nos capacita
para vencer ante las tentaciones y los problemas de la vida. Es cierto que todavía
enfrentamos problemas y dificultades. Pero ahora los vemos desde la perspectiva divina.
En Cristo somos más que vencedoras (Romanos 8:37) porque sabemos que Dios obrará
conforme a su voluntad. Si permanecemos aferradas a él, nuestra confianza crecerá y nos
fortaleceremos en su amor.
La vida está llena de contratiempos, pero no los enfrentamos solas. ¡Dios está con
nosotras! Ese debe ser nuestro pensamiento y nuestra convicción ya que esa es nuestra
realidad. El Rey de Reyes, el Dios todopoderoso no nos abandona. Y es por esto que
tenemos la seguridad de que venceremos con la fuerza que él nos da y para su gloria.
Una forma de vencer es enfocarse en hacer las buenas obras que Dios dispuso de
antemano para que las llevemos a cabo (Efesios 2:10). Nuestra vida debe marcar una
diferencia y lo hará si permitimos que se cumpla en nosotras el propósito para el cual Dios
nos creó (Salmo 138:8). Enfoquémonos en lo que Dios dice sobre nosotras y permitamos
que él obre a través de nosotras.
Conclusión
¿Tienes a Cristo en tu vida? Pídele que te muestre cómo él te ve y quién eres en él. Fija tus
ojos en Cristo y en lo que él dice de ti. ¡Esa es tu identidad! No permitas que las críticas de
las personas o el recuerdo de cosas del pasado te impidan andar en tu nueva realidad.
Pídele al Espíritu Santo que te llene cada día y te permita entender su perspectiva en
medio de cualquier situación. Que puedas ver a las personas y a las situaciones como él las
ve. No te dejes intimidar porque Dios está contigo siempre y él es más poderoso que
cualquier dificultad.
Dios quiere usarte con tus debilidades
Texto Bíblico: 2 Corintios 12:9
Introducción
Hoy, celebramos un momento especial al acercarnos a la mesa del Señor para participar en
la Santa Cena, recordemos que la comunión no solo es un acto simbólico, sino un
recordatorio de la gracia que transforma nuestras vidas.
La Santa Cena nos invita a reflexionar sobre el sacrificio redentor de nuestro Señor
Jesucristo, pero también nos llama a examinar nuestras propias vidas. Es un momento de
humildad y rendición, donde reconocemos nuestra dependencia absoluta de la gracia
divina.
Hermanos, a menudo, en nuestra vida cristiana, nos esforzamos por ser fuertes, por
superar nuestras debilidades y luchar contra las adversidades. Sin embargo, la Palabra de
Dios nos presenta una contradicción reveladora: la fortaleza se perfecciona en la debilidad.
La verdadera fortaleza
Es natural buscar la fortaleza en nuestras propias habilidades, pero la Escritura nos desafía
a considerar que la verdadera fortaleza se encuentra en reconocer nuestras debilidades y
depender por completo de la gracia de Dios. La contradicción divina nos invita a cambiar
nuestra perspectiva y entender que es en nuestras limitaciones donde la gracia de Dios
brilla con mayor intensidad.
Para adentrarnos en esta verdad transformadora, dirigimos nuestra atención al libro de 2
Corintios 12:9 donde el apóstol Pablo comparte una revelación profunda. La Palabra de Dios
nos dice: “pero él me dijo: Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en tu
debilidad. Por lo tanto, gustosamente presumiré más bien de mis debilidades, para que
permanezca sobre mí el poder de Cristo.” (NVI)
En este pasaje, Pablo nos revela la esencia misma de la gracia divina. La gracia de Dios no
solo cubre nuestras debilidades, sino que las transforma en un testimonio vivo del poder de
Cristo. Este versículo será nuestro faro hoy, guiándonos a comprender que en nuestras
debilidades, encontramos el lienzo perfecto para que la gracia de Dios pinte sus maravillas.
I. LA GRACIA SUFICIENTE EN LA DEBILIDAD
EXÉGESIS DE 2 CORINTIOS 12:9
Las Aflicciones de Pablo: Antes de sumergirnos en el versículo 9, es crucial entender el
contexto de las palabras de Pablo. El apóstol ha compartido previamente sus experiencias
de sufrimiento y dificultades. En 2 Corintios 11, detalla los desafíos que ha enfrentado,
incluyendo persecuciones, peligros y sufrimientos por causa del Evangelio.
La Oración de Pablo por Liberación:
En este contexto de aflicción, Pablo nos revela que había elevado fervientes oraciones al
Señor, buscando liberación de sus circunstancias difíciles. Imaginemos el corazón
apasionado de Pablo, buscando alivio y esperanza en medio de su sufrimiento.
Aquí, Pablo comparte las palabras divinas que resonaron en su corazón: “Bástate mi
gracia”. En este breve pero poderoso fragmento, la dependencia en la gracia de Dios se
destaca. La palabra “bástate” implica que la gracia de Dios es suficiente para afrontar
cualquier situación. Pablo, en sus debilidades, aprendió a depender por completo de la
gracia de Dios.
“Mi Poder se Perfecciona en la Debilidad”
La paradoja divina se revela en esta declaración. Mientras el mundo busca fortaleza en la
autosuficiencia, Dios revela que Su poder alcanza su perfección en medio de nuestras
debilidades. Aquello que el mundo considera como falta o debilidad, se convierte en el
lienzo perfecto para que la gracia y el poder de Dios se manifiesten.
“De Buena Gana (gustosamente) Me Gloriaré en Mis Debilidades”
Pablo no solo acepta sus debilidades; las abraza con alegría. Aquí vemos la disposición del
apóstol para gloriar en sus debilidades. Esta actitud va en contra de la lógica humana, pero
refleja una profunda comprensión de la soberanía y el propósito de Dios. Pablo reconoce
que, en sus debilidades, Dios obra de manera extraordinaria.
“Para Que Repose Sobre Mí el Poder de Cristo”
La culminación de esta declaración nos revela el propósito divino detrás de esta paradoja.
La transformación divina ocurre cuando, en lugar de esconder nuestras debilidades, las
presentamos ante Dios. Al gloriar en nuestras debilidades, permitimos que el poder de
Cristo repose sobre nosotros, manifestando Su gracia de manera tangible.
Este pequeño análisis nos lleva a comprender las profundidades del corazón de Pablo y
cómo su experiencia con la gracia de Dios en medio de la debilidad tiene implicaciones
significativas para nuestras propias vidas y experiencias. La Escritura nos anima a abrazar
nuestras debilidades con la seguridad de que es en ellas donde la gracia de Dios se
manifiesta de manera extraordinaria.
II. TRES PRINCIPIOS PARA PERMITIR QUE DIOS USE NUESTRAS DEBILIDADES
Muchas veces, caemos en la trampa de creer que somos autosuficientes, capaces de
manejar todos los aspectos de nuestras vidas por nuestra propia fuerza. Esta falsa creencia
nos impide reconocer nuestra dependencia absoluta de Dios. Reconocer nuestras
limitaciones es el primer paso hacia una rendición genuina.
La Humildad como Clave para el Uso Divino
Humildad es la llave que abre la puerta para que Dios utilice nuestras debilidades. Al
admitir nuestras limitaciones y reconocer que necesitamos la gracia de Dios en cada área
de nuestras vidas, nos colocamos en una posición donde Dios puede trabajar
poderosamente a través de nosotros.
La gracia de Dios es un regalo divino que nos sostiene en nuestras debilidades. No se gana,
se merece ni se alcanza por nuestras propias obras. Es un regalo que fluye de Su amor
inagotable. Al abrazar la gracia, reconocemos que no estamos solos en nuestras luchas,
sino que contamos con el respaldo sobrenatural de nuestro Padre celestial.
Cómo la Gracia Transforma Nuestra Perspectiva
La gracia no solo cubre nuestras debilidades; también transforma nuestra perspectiva. En
lugar de ver nuestras limitaciones como obstáculos insuperables, empezamos a verlas
como oportunidades para que la gracia de Dios se manifieste. La gracia cambia nuestra
forma de ver nuestras debilidades, permitiéndonos experimentar el poder transformador de
Dios.
La Escritura nos presenta la paradoja o contraste sorprendente de que al gloriar en
nuestras debilidades, encontramos verdadera gloria. Al renunciar a la falsa imagen de
perfección, permitimos que la verdadera gloria de Cristo brille a través de nuestras grietas
y fracturas.
La Importancia de Testimoniar el Poder de Cristo en Nuestras Vidas
Nuestro testimonio cobra poder cuando compartimos cómo Dios ha trabajado en medio de
nuestras debilidades. Al gloriar en nuestras debilidades, no nos jactamos de nosotros
mismos, sino que exaltamos la obra redentora de Cristo. Nuestro testimonio no es sobre lo
fuertes que somos, sino sobre cuán grande es nuestro Salvador.
III. APLICACIÓN PRÁCTICA
Relación Entre la Santa Cena y la Gracia de Dios. La Santa Cena no es simplemente un
ritual religioso; es un encuentro sagrado con la gracia transformadora de Dios. Cada
elemento de la comunión nos recuerda la obra redentora de Cristo y la profundidad de Su
gracia.
El Pan Sin Levadura; Representa el cuerpo sin pecado de Cristo, que fue quebrantado
para nosotros. Al participar de este pan, recordamos que nuestras debilidades fueron
llevadas por Él en la cruz.
La Copa; Simboliza la sangre derramada de Cristo, el nuevo pacto sellado en Su sacrificio.
Al beber de la copa, reconocemos que nuestra redención viene solo a través de Su gracia.
La Comunión; Al compartir juntos en este acto, recordamos que somos un cuerpo, la
familia de Dios. La gracia de Dios nos une y nos capacita para apoyarnos mutuamente en
nuestras debilidades.
Momento de Reflexión Personal y Confesión de Debilidades. Antes de participar en la Santa
Cena, tomémonos un momento de reflexión personal. Este es un tiempo para mirar hacia
adentro, examinar nuestras vidas a la luz de la Palabra de Dios y reconocer nuestras
debilidades.
Reflexión; Consideramos nuestras vidas a la luz de la gracia de Dios. ¿En qué áreas
hemos dependido de nuestra propia fuerza en lugar de confiar en Su gracia suficiente?
Confesión; En humildad, confesamos nuestras debilidades al Señor. Admitamos nuestras
limitaciones y depositemos nuestras cargas a los pies de la cruz.
En este momento, permitamos que la Santa Cena sea más que un ritual; que sea una
experiencia profunda de encuentro con la gracia de Dios. Que nuestra participación no solo
sea un acto simbólico, sino una expresión tangible de nuestra dependencia de Su gracia
transformadora.
CONCLUSIÓN
En este tiempo juntos, hemos explorado las profundidades de 2 Corintios 12:9,
descubriendo la poderosa verdad de que en nuestras debilidades, la gracia de Dios se
manifiesta de manera asombrosa. Recordemos brevemente los puntos clave que hemos
considerado hoy:
Reconocer Nuestras Limitaciones. En nuestra autosuficiencia, a menudo nos alejamos
de la gracia. Reconocer nuestras limitaciones es el primer paso para permitir que Dios nos
use.
Abrazar la Gracia en Medio de las Debilidades. La gracia de Dios es un regalo que
transforma nuestras perspectivas y nos capacita para superar nuestras debilidades.
Gloriar en las Debilidades para que Cristo Sea Exaltado. Al renunciar a la pretensión
de perfección, permitimos que la gloria de Cristo brille a través de nuestras debilidades,
dando testimonio del poder redentor de nuestro Salvador.
Hermanos y hermanas, la verdad que hemos explorado hoy no es simplemente un
concepto teológico, sino una realidad transformadora que busca permear cada aspecto de
nuestras vidas. La invitación hoy es rendirnos ante la gracia de Dios. No es un llamado a
ser perfectos, sino a ser humildes receptores de Su gracia suficiente.
Quizás haya áreas en tu vida donde has intentado ser fuerte por ti mismo, donde has
luchado contra debilidades que parecen insuperables. La gracia de Dios está aquí para ti
hoy. No tengas miedo de admitir tus limitaciones y permite que Dios te use precisamente
en esas áreas donde te sientes débil.
¿Por qué les va bien a quienes hacen mal?
lectura bíblica de hoy: Jeremías 12:1-13
Serie: Las quejas contra Dios
Introducción
¿No se ha hecho usted esa pregunta en algún momento? ¿Por qué Jeremías se quejó contra
Dios de esta manera? Jeremías fue un sacerdote israelita que vivió y trabajó en Jerusalén
durante las últimas décadas del reino de Judá. Como profeta anunciaba que Dios juzgaría
los pecados de Israel con un exilio en Babilonia a través de una inminente invasión debido
a la idolatría.
A Jeremías se le conoce como el “profeta llorón” porque lloró lágrimas de tristeza, no solo
por el juicio venidero, sino también porque sin importar cuánto se esforzó, el pueblo no le
escuchó. Este profeta no encontró consuelo de parte de nadie. Dios le prohibió casarse
(Jeremías 16:2), y sus amigos le habían dado la espalda.
A él le tocaría vivir la época más dolorosa del juicio de Dios contra Jerusalén, de allí su libro
de Lamentaciones. Tan frustrante fue su ministerio que predicó durante 40 años y no vio
ningún cambio en Israel, siguiendo en su camino de desobediencia. Sus palabras eran
como perlas echadas a los puercos.
Esto hizo que el profeta se desgastara, colapsara y se hundiera en un lodazal, hasta el
punto de dudar de Dios (Jeremías 15:18). La situación experimentada por Jeremías rebasó
cualquier otra que se haya conocido. Su queja contra Dios quedó plasmada en Jeremías
20:17-18.
Otros hombres habían pedido la muerte a Dios, pero este profeta hace una especie de
apología sobre su caso. Él maldice el día de su nacimiento, maldice al hombre que dio al
anuncio, y le reclama a Dios por qué no le mató en el vientre de su mamá, convirtiéndose
en su propia tumba. ¿Por qué Jeremías utilizó las quejas como su reclamo delante de Dios?
¿Por qué las quejas son una especie de drenaje de nuestra impotencia ante el Señor?
I. LAS QUEJAS SON COMO LA PROTESTA DEL ALMA
a. “Justo eres tú, oh Jehová, para que yo dispute contigo…” (vers. 1)
Otra versión dice: “Señor, tú eres justo, aunque yo discuto contigo”. En estas palabras no
hay arrogancia, enojo y falta de respeto. Más bien hay humildad y reconocimiento de quién
es Dios, y por qué su justicia llega a ser uno de sus más grandes atributos.
Es como si le dijera: “Dios, cualquier cosa que diga delante de ti tendrá que pasar la prueba
de mi justicia frente a la tuya”.
Pero el hombre sin Dios al hacer esta pregunta lo va a irrespetar, se va a enojar contra Él, y
hasta niega su existencia, porque ve tan mal las cosas en el mundo, y Dios no hace nada.
Sin embargo, esa no es la actitud del profeta. Más bien él reconoce su debilidad, y por eso
dice: “justo eres tú, oh Jehová”. Y con esto en mente Jeremías sabe que, aunque él es un
hombre con sus debilidades para entrar y discutir su causa, no se detiene y viene delante
de Dios en una especie de “protesta silenciosa”.
En el capítulo 20:7-9 reveló esa queja de su alma hasta sentirse engañado por Dios. En sus
palabras expresa un amargo clamor acusando a Dios de haberle mentido y de haberse
aprovechado de él.
¿Alguna vez te has sentido así con Dios? Jeremías probablemente está pensando en la
promesa con la cual comenzó su ministerio donde Dios le dijo que estaría siempre con él,
pero ahora está preso y se siente abandonado. En no pocas ocasiones nos sentimos iguales
al no ver la respuesta de Dios.
b. ¿Por qué a los malos les va tan bien? (vers. 1b).
Ese es el cuestionamiento de Jeremías. Ha visto tanta injusticia, y aunque sabía que al final
Dios obraría con Su justicia, él se impacienta porque deseaba que esto sucediera pronto.
Job mucho antes se había hecho la misma pregunta con gran agudeza, cuando dijo: “¿Por
qué viven los impíos, y se envejecen, y aun crecen en riquezas?” (Job 21:7).
Mientras que Habacuc la hizo de esta manera: “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no
oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?” (Habacuc 1:1). Bueno, para
todos los que nos hacemos esta pregunta, el salmista nos deja esta respuesta: “Por poco
resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los
impíos” (Salmos 73:2-6).
De acuerdo con estas preguntas, pareciera natural que demandemos un obrar justo delante
de Dios, clamando por justicia en contra de los que se aprovechan de los demás. Pero
cuando pidamos por justicia, debemos darnos cuenta de que nosotros mismos estaremos
en grandes dificultades si Dios nos da a cada uno lo que realmente merecemos.
Dios oyó la pregunta quejumbrosa del profeta, y por la manera cómo le responde, el
profeta no preguntaría más. Entonces, la pregunta no es por qué a los malos le van bien,
sino por qué nosotros estamos mal.
II. EL DESAFÍO QUE ENFRENTAN ALGUNAS QUEJAS
a. “Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los
caballos?” (vers. 5)
Otra traducción sería “¿Qué es lo que vas a hacer cuando sea peor? ¿Cómo competirás con
caballos, cuando te rindes frente a los hombres a pie?”. En los primeros versículos Jeremías
le presentó más argumentos a Dios como para tener una buena respuesta ante su queja.
Le recordó a Dios que Él es quien les prosperaba (vers. 2). De acuerdo con la perspectiva
del profeta, Dios era el causante de las riquezas del impío, porque al final Él da la tierra, la
lluvia, el sol y los demás recursos. Y en medio de su queja, Jeremías le recordó a Dios cómo
él había vivido todo el tiempo en su presencia (vers. 3).
Es como si le hubiera dicho: “¿No has evaluado mi testimonio de cómo he vivido en
integridad y me tratan mal, mientras estos se portan tan mal y les va bien?”.
Sin embargo, la respuesta de Dios es muy interesante. Fue algo así como: “Jeremías, si
ahora te estás quejando ¿qué vas a hacer cuando vengan los tiempos peores?
Si ahora estás molesto, si tu fe está siendo puesta a prueba, ¿qué harás cuando llegue la
destrucción? Si has estado corriendo con los hombres a pie y te cansas, ¿qué vas hacer
cuando tengas que correr con caballos?
La vida fue sumamente difícil para Jeremías a pesar de su amor y obediencia a Dios. Una
vida consagrada a Dios no siempre es sinónimo de prosperidad, más bien llega a ser una
vida de sufrimiento.
b. “Aun tus hermanos, miembros de tu propia familia… conspiran y se quejan de
ti” (vers. 9)
Otra vez, Jeremías esperaba que Dios lo alentara. ¡Creo que la mayoría de nosotros nos
vamos a sorprender en nuestras vidas cristianas cuando lleguemos a la etapa en el
desarrollo cristiano en la cual esperamos que Dios constantemente solucione nuestros
problemas de forma fácil… y un día no lo haga! Jeremías estuvo sometido a una prueba
nacional (por Israel), y a otra familiar, por la conspiración que ellos hacían contra él.
Esto pudiera ser sorprendente, pero es ahí donde está Jeremías ahora mismo. Note que
Dios no le dice a Jeremías: “No te preocupes, Jeremías; todo estará bien con tu problema.
Me encargaré de que no tengas más estrés. Regresa en paz por donde has venido”. Pero,
no le dice esto; más bien le dice: “Jeremías, las cosas se van a poner peor, mucho peor;
¿qué vas a hacer entonces?”.
Me gusta un pensamiento que he leído últimamente sobre el resto: “Dios no nos mima en
nuestros temores con falsas promesas”. Claro que Dios oye nuestras quejas, pero Él no
toma nuestra queja como una presión para responder. Entonces, no ande declarando y
dándole órdenes a Dios. A veces Dios tiene la intención de desanimarnos para que sigamos
clamando como la viuda y el juez injusto, hasta obtener una respuesta.
III. LA DECISIÓN DE DIOS A PESAR DE LA QUEJA
a. “Yo he abandonado a mi pueblo, mi posesión más preciada…” (vers. 7)
Jeremías siguió “reclamándole” a Dios porque sentía que no actuaba, y su respuesta fue:
“Jeremías, no me pidas que cambie, ya yo he entregado mi posición al enemigo”. ¿Cuál
sería la reacción del profeta cuando oyó esto? Aún le añade más en la manera como
califica a su pueblo: “Por haber rugido como león… lo traté con desprecio” (vers. 8).
Mi pueblo se comportó como un buitre, “pero están rodeados de buitres”, y se comerán sus
cadáveres (vers. 9). Los gobernantes han transformado “su belleza en un lugar desolado”
(vers. 10). Ahora veo los ejércitos en la cumbre para atacar a mi pueblo (vers. 12). Y
termina, diciendo: “Mi pueblo sembró trigo, pero cosecha espinos” (vers. 13).
Así respondió Dios a la queja de Jeremías. No todas las respuestas de Dios a la oración son
agradables, ni fáciles de aceptar. Cualquier cristiano que ha experimentado una guerra,
dolor o enfermedad seria lo sabe. Sin embargo, debemos estar comprometidos con Dios
aun cuando los tiempos se vuelvan difíciles, y aún si sus respuestas a nuestras oraciones
no nos den un alivio inmediato.
b. “Cosechará vergüenza debido a la ira feroz del Señor” (vers. 13)
Lo que Dios le está diciendo a Jeremías fue algo así como prepárate porque todavía no has
visto nada. Mi ira contra mi pueblo está determinada. Mi juicio vendrá sobre todos los que
se oponen. Es verdad que mi paciencia ha sido elástica para con Israel, pero no confundan
mi paciencia con demora.
Mi más grande deseo es que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento
y lleguen al conocimiento de la verdad. Sin embargo, Israel no se arrepintió, y esa fue la
razón por la que Dios estaba tan frustrado por la condición de su pueblo.
El pecado de la idolatría fue tan grande que enfureció a Dios, y ya el tiempo del
arrepentimiento había pasado, ahora venía el juicio. Por supuesto que Dios oyó la queja de
su profeta, pero ya era tarde. Jeremías claramente oyó decir a Dios, algo así: “Muy pronto,
por mi mandato, vendrán multitudes de enemigos.
Israel será asolada con gran devastación”. En el año 587 a. C Jerusalén fue arrasada por
Nabucodonosor. La pregunta de Dios ahora es ¿dónde está la prosperidad del impío? La
prosperidad del impío es como el tamo que arrebata el viento. Todas sus riquezas
acumuladas las perderán. El juicio de Dios es un hecho. Dios es mucho amor, pero también
es fuego consumidor (Hebreos 12:28-29).
IV. LA MANERA CÓMO DIOS RESPONDE A LAS QUEJAS
a. “Volveré y tendré misericordia de ellos …” (vers. 15)
Si bien es cierto que un pasaje como este nos deja una sensación de frustración,
impotencia y desilusión, por la manera cómo Dios actúa con Jeremías, la verdad es que Él
no cambia, porque, aunque que castigue el pecado de su pueblo, Él vuelve a tener
misericordia.
Judá sufrió la deportación. Una gran diáspora ocurrió con la invasión de Babilonia, pero la
profecía decía que después de 70 años, un remanente regresaría a su tierra otra vez. La
historia es la misma. Dios vuelve a tener misericordia de sus hijos. Dios es soberano.
Él ve el panorama general. Dios sigue su plan con la humanidad. A Él no le toma por
sorpresa las cosas que están pasando en el mundo. Dios está más preocupado por el mal
que nosotros mismos. Las quejas de Jeremías como las nuestras no le son ajenas.
El profeta comenzó hablando que Dios es justo, y por esta razón ha actuado así con su
pueblo. Lo ha castigado, pero a la vez ha dicho que su misericordia no se agotó en ese
tiempo. Las misericordias de Dios se revelan como auténticas promesas del amor de Dios
que no abandona a sus hijos (Miqueas 7:19).
CONCLUSIÓN
De todo esto concluimos que Dios sí responde a nuestras quejas, pero nuestra molestia con
Dios no dará como resultado una respuesta precipitada. Dios sabe que el mal seguirá
empeorando progresivamente. De esta manera, la queja de Jeremías “por qué le va bien a
quienes hacen mal” (12:1), llegó delante de Dios, y aunque Él no respondió de inmediato,
al final ya lo había animado con estas palabras: “Antes de formarte en el vientre de tu
madre, yo ya te conocía” (1:5).
Cuando no veía resultados en su clamor, Dios le dijo: “Porque yo sé los pensamientos que
tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin
que esperáis.” (29:11). Cuando se sintió huérfano del amor de Dios, escuchó estas
hermosas palabras: “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi
misericordia” (31:3b).
Pero, además, le añadió: “¿No es Efraín hijo precioso para mí? ¿no es niño en quien me
deleito? (vers. 20. Y cuando no oía a Dios, Él le dijo: “Clama a mí y yo te responderé…”. Por
otro lado, fue en ese mismo capítulo que Dios le reveló la venida del nuevo pacto a través
de Jesucristo (31:33).
Jeremías deseó la muerte, pero Dios no respondió a su petición, porque él iba a ser un tipo
de Cristo. Cuando Jesús preguntó a sus discípulos “… y vosotros ¿quién decís que soy yo?”
(Mateo 16:14-17), uno de ellos le comparó con Jeremías. No muchos profetas tuvieron ese
privilegio. No se preocupe por qué prosperan los malos, preocúpese por su propia
prosperidad que comienza con su vida espiritual.
La Promesa de Dios a Zorobabel
Lectura Bíblica: Hageo 2:21-23
Introducción
Queridos hermanos y hermanas en Cristo, hoy exploraremos la vida de
Zorobabel, un hombre que recibió una promesa de Dios. Los versículos de Hageo
revelan una verdad trascendental. Vivimos en tiempos donde las promesas de
Dios son una fuente de esperanza y fortaleza.
¿Quién era Zorobabel para Dios y qué significa su nombre espiritualmente? Este
estudio nos guiará a través de su vida, propósito y la promesa divina que le fue
dada. Su historia, relevante hoy más que nunca, nos muestra cómo Dios cumple
Sus promesas y utiliza a los llamados para Su gloria.
Zorobabel, cuyo nombre en hebreo significa “semilla de Babilonia” o
“descendiente de Babilonia”, representa a aquellos plantados en tierras de
prueba pero que llevan en sí la promesa de redención y restauración de Dios. Fue
un líder valiente, llamado por Dios para guiar a Su pueblo en un tiempo de
reconstrucción. La promesa de Dios a Zorobabel no solo fue para su época, sino
que resuena hasta hoy, recordándonos que Dios está con nosotros y que Su
poder está obrando en nuestras vidas.
La historia de Zorobabel nos enseña sobre fidelidad, liderazgo y confianza en las
promesas divinas. Este estudio explorará quién era Zorobabel para Dios, qué
podemos aprender de su vida y cuál fue la promesa que Dios le hizo.
En medio de las pruebas y las incertidumbres, la vida de Zorobabel nos ofrece
una guía clara sobre cómo mantenernos firmes en nuestra fe y confiar en las
promesas de Dios. Acompáñenme en este viaje a través de las Escrituras,
mientras descubrimos juntos las lecciones que la vida de Zorobabel tiene para
nosotros hoy.
I. ¿Qué significa Zorobabel en lo espiritual?
El nombre Zorobabel lleva un significado profundo y relevante. Representa a
aquellos que han sido sembrados en tierras extranjeras, enfrentando desafíos y
pruebas, pero que llevan dentro de sí la promesa de Dios. En hebreo, Zorobabel
significa “semilla de Babilonia”. Este nombre nos recuerda que, aunque estemos
en un lugar de prueba, Dios tiene un plan y un propósito para nosotros.
a. Semilla de Babilonia
Zorobabel nació en el exilio, en Babilonia. Esto simboliza la situación de muchos
creyentes que viven en un mundo lleno de desafíos y pruebas.
Como una semilla, Zorobabel llevaba la promesa de crecimiento y renovación.
Dios planta a sus hijos en lugares de prueba para que florezcan y den fruto.
“Habla a Zorobabel, gobernador de Judá, diciendo: Yo haré temblar los cielos y la
tierra; y trastornaré el trono de los reinos, y destruiré la fuerza de los reinos de
las naciones” (verss. 21-22).
b. Restauración y Esperanza
La vida de Zorobabel es un testimonio de la restauración y la esperanza que Dios
ofrece a Su pueblo. Aunque nació en el exilio, Dios tenía un plan para él.
Zorobabel fue elegido para liderar la reconstrucción del templo en Jerusalén,
simbolizando la restauración de la relación entre Dios y Su pueblo.
En Esdras 3:8 se nos dice: “En el segundo año de su venida a la casa de Dios en
Jerusalén, en el segundo mes, Zorobabel hijo de Salatiel, y Jesúa hijo de Josadac,
y los otros de sus hermanos, los sacerdotes y los levitas, y todos los que habían
venido de la cautividad a Jerusalén, comenzaron la obra de la casa de Jehová“.
c. Liderazgo y Fe
Zorobabel fue un líder valiente y fiel. Su fe en las promesas de Dios lo llevó a
emprender la tarea monumental de reconstruir el templo. En momentos de duda
y oposición, Zorobabel se mantuvo firme, confiando en que Dios cumpliría Su
palabra. “Entonces respondió y me habló diciendo: Esta es palabra de Jehová a
Zorobabel, que dice: No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho
Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6). Su liderazgo nos enseña la importancia de
la fe y la perseverancia en los propósitos de Dios.
De este modo, vemos que Zorobabel no solo simboliza la semilla en tierras de
prueba, sino que también fue llamado para un propósito mayor. Ahora,
exploraremos quién era Zorobabel para Dios y su importancia en la historia
redentora.
II. ¿Quién era Zorobabel para Dios?
Zorobabel no era solo un líder cualquiera; era un instrumento elegido por Dios
para cumplir Su propósito. Su vida y acciones fueron guiadas por la mano divina,
demostrando el poder de Dios en medio de las circunstancias más difíciles.
a. Descendiente de David
Zorobabel era un descendiente directo del rey David, lo que lo colocaba en la
línea mesiánica. Esta conexión real subraya la importancia de su papel en la
historia de Israel y en el plan redentor de Dios. “Y los hijos de Pedaías:
Zorobabel y Simei; y los hijos de Zorobabel: Mesulam y Hananías, y Selomit,
hermana de ellos” (1 Crónicas 3:19). Su linaje nos recuerda la promesa de un
Salvador que vendría de la casa de David.
b. Líder del Retorno
Dios escogió a Zorobabel para liderar el retorno del pueblo de Israel del exilio en
Babilonia. Esta tarea monumental requería fe, coraje y una confianza
inquebrantable en las promesas de Dios.
Bajo su liderazgo, se colocaron los cimientos del segundo templo, simbolizando
un nuevo comienzo para el pueblo de Dios. “Entonces se levantaron Zorobabel
hijo de Salatiel, y Jesúa hijo de Josadac, y comenzaron a reedificar la casa de
Dios que estaba en Jerusalén; y con ellos los profetas de Dios que les ayudaban”
(Esdras 5:2).
c. Modelo de Obediencia
Zorobabel es un ejemplo de obediencia a la voluntad de Dios. A pesar de las
dificultades y la oposición, siguió adelante con la misión que Dios le había
encomendado.
“Y oyó Zorobabel hijo de Salatiel, y Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y
todo el resto del pueblo, la voz de Jehová su Dios, y las palabras del profeta
Ageo, como le había enviado Jehová su Dios; y temió el pueblo delante de
Jehová” (Ageo 1:12).
Habiendo visto la importancia de Zorobabel en el plan de Dios, veamos ahora la
promesa específica que Dios le hizo y su impacto en la historia redentora.
III. ¿Qué promesa le hizo Dios a Zorobabel?
Dios le hizo una promesa específica a Zorobabel, una promesa que no solo afectó
su vida, sino que también tuvo un impacto duradero en la historia de la
redención.
a. Ser el Signo
Dios prometió que haría de Zorobabel un “anillo de sellar”, simbolizando la
autoridad y el favor divino. “En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré,
oh Zorobabel hijo de Salatiel, siervo mío, dice Jehová, y te pondré como anillo de
sellar; porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos” (vers. 23). Este anillo de
sellar era una señal de autenticidad y poder, indicando que Zorobabel sería un
representante legítimo de Dios en la tierra.
b. Poder y Protección
Dios aseguró a Zorobabel que Su poder y protección estarían con él. Esta
promesa le dio la fortaleza y el valor necesarios para liderar la reconstrucción del
templo y guiar al pueblo de Israel. “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi
Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos. ¿Quién eres tú, oh gran monte?
Delante de Zorobabel serás reducido a llanura; él sacará la primera piedra con
aclamaciones de Gracia, gracia a ella” (Zacarías 4:6-7). La protección de Dios es
una garantía para aquellos que confían en Él y siguen Su llamado.
c. Cumplimiento de la Promesa Mesiánica
La promesa a Zorobabel también tenía implicaciones mesiánicas. Como
descendiente de David, Zorobabel estaba en la línea del Mesías prometido. Esta
promesa subraya la fidelidad de Dios en cumplir Sus pactos y la esperanza de la
venida del Salvador. “Después de la deportación a Babilonia, Jeconías engendró
a Salatiel; Salatiel a Zorobabel” (Mateo 1:12-13).
Aplicación
La vida y las promesas dadas a Zorobabel tienen aplicaciones prácticas para
nosotros hoy. Enfrentamos pruebas y desafíos, pero como Zorobabel, podemos
confiar en que Dios tiene un propósito y un plan para nuestras vidas.
Debemos recordar que, incluso en tiempos difíciles, Dios está con nosotros,
guiándonos y protegiéndonos. La fe y la obediencia a la voluntad de Dios nos
ayudarán a superar cualquier obstáculo que enfrentemos. Zorobabel nos muestra
que, con la ayuda de Dios, podemos ser líderes valientes y fieles, dispuestos a
cumplir con la misión que Dios nos ha encomendado.
Conclusión
La historia de Zorobabel es un poderoso recordatorio de la fidelidad y el poder
de Dios. A través de su vida, vemos cómo Dios cumple Sus promesas y utiliza a
los fieles para Sus propósitos. Que su ejemplo nos inspire a confiar en Dios, a ser
valientes en nuestra fe y a seguir adelante con la certeza de que Dios está con
nosotros.
Que cada uno de nosotros pueda reflexionar sobre las lecciones de la vida de
Zorobabel y aplicarlas en nuestras propias vidas, confiando en las promesas de
nuestro Señor. La promesa de Dios a Zorobabel nos recuerda que,
independientemente de las circunstancias, Dios tiene un plan y un propósito
para cada uno de nosotros. Al igual que Zorobabel, estamos llamados a ser
líderes valientes y fieles, confiando en que Dios está obrando en nuestras vidas.