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Kuru

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Kuru:

Francia
13:40 pm

En una pequeña cafetería se encontraban degustando un buen café dos compañeros de vida o
quizás dos grandes amigos de distintos tamaños. Un joven de cabellos rubios y una pequeña
pelirroja charlaban tranquilamente mientras disfrutaban del clima agradable que les otorgaba esa
tarde.

- ¿Cuál será nuestro siguiente viaje? – pregunto lo pequeña entusiasmada mientras partía
otro pedazo de su pastel de arándanos
- Acabamos de llegar hace poco, y ¿Ya te quieres ir?
- Yo solo decía...

La conversación se detuvo cuando uno de los meseros se acercó a ellos

- ¿Qué problemas estás dando ahora Diona? – dijo el mesero mientras revolvía algunos
mechones rojizos de la pequeña
- ¡Ninguno! ¡ninguno! Dile Noel – pidió haciendo un puchero a su acompañante
- Déjala un rato Nicolás, la pequeña tiene razón, no está dando problemas solo que no
hemos ni llegado y ya se quiere ir.
- ¡¿La pequeña Diona ya se va?! – se unió una cuarta voz a la charla
- ¡Oh! María ¿Por qué le estás creyendo a estos odiosos? – le recriminó la pequeña a la
joven que sostenía una cafetera.

Entre risas, discusiones y chistes dejaron en ridículo a la pelirroja, Nicolás y María acabaron
marchándose pues la cafetería estaba desatendida y ellos como dueños y servicio no podían darse
el lujo de dejarla libre, antes de irse le entregaron un paquete a la pelirroja con la dulce frase “para
la niña más linda de París”, un detalle que enterneció el corazón de Diona.

La puesta de sol se veía en todo su esplendor y mientras está adornaba las calles, ambos
compañeros regresaban a su hogar.

- Noel... – llamo la joven


- ¿Qué sucede Diona?
- Me duelen los pies ¿Podrías llevarme alzada?
- No has dicho la palabra mágica muchachita
- Por favor...

Con esa simple palabra el rubio se dispuso a tomar entre sus brazos a la pequeña, la levanto en su
espalda para continuar su camino, ya casi llegando al apartamento Noel sintió como una
respiración ajena se iba calmando, dio por enterado que su pequeña se había quedado dormida.
Una vez llegaron a casa confirmo lo sospechado, acomodo a Diona en la cama y se quedó unos
minutos observándola, quito con suavidad algunos cabellos rojizos que le caían en el rostro, cubrió
su cuerpo con la manta de animalitos que tanto le gustaba para después seguir su labor de
vigilante. El corazón de Noel dio un vuelco cuando al levantarse una manita lo sostuvo del abrigo,
dio media vuelta, pudo ver a la pequeña pelirroja con los ojitos medio abiertos, esta entre sueños
soltó una frase que derrumbo el interior del mayor, “no te vayas papá”, Noel se quedó un rato
más al lado de la joven hasta que logró levantarse y abandonar la habitación.

Entre la soledad de la sala, Noel, pensaba en las palabras de la pequeña, no se sentía mal ¡En lo
absoluto! Simplemente se cuestionaba si estaba bien, después de todo la pequeña fue
abandonada y al único familiar que ha conocido es a su madre, una prostituta drogadicta callejera
que sin opciones y por miedo a “arruinar” su carrera decidió dejar entre basuras y ratas a una
pobre bebé de menos de un año de nacida, la cruel mujer presentaba una belleza inigualable, su
cabello rojizo y sus ojos turquesa le daban ese toque de rareza para atraer clientes, de entre
tantos alguno tuvo que ser el padre de la pequeña.

Ese día que el la encontró adentro de una caja con un pedazo de trapo viejo se prometió a si
mismo cuidar de esa criatura adorable que se había topado en su camino, cuando llegó a casa la
limpio y cuido como suya a la pequeña de 6 meses, junto a sus amigos decidieron colocarle
“Diona” una lucecita que iluminó el camino de esos adolescentes.

Después de tener su mente aclarada, Noel se sintió preparado para aceptar a su ahora “hija” o
quizás para que más adelante ella tuviera la libertad de llamarle así sin causar alguna
incomodidad, de tanto pensar se hizo un café y con el sueño a flor de piel se rindió en los brazos
de Morfeo, quedando dormido en un segundo después de tocar la cama.

El sol les saludo colándose entre las ventanas, ya era de mañana y eso significaba un nuevo día,
para algunos una oportunidad más de vida y de aventuras, para otros un bucle de sufrimiento del
cual no podrían escapar.

La pequeña pelirroja se levantó con ánimos decida a ser ella quien despertara a su rubio amigo, se
colocó las pantuflas de garritas rosadas entusiasmada para dirigirse a la habitación de al lado, una
vez adentro salto encima del bulto de cobijas mientras gritaba.

- ¡NOEL! ¡NOEL! – decía su nombre a todo volumen - ¡Vamos levántate! – exigía la menor
sin tener respuesta
- Es muy temprano Diona – balbuceo Noel mientras hacia el intento de quitar a la niña
- ¡No! ¡no! Y ¡NO!

Comenzaron una pequeña pelea donde la pequeña intentaba quitarle la cobija al más grande y
este intentaba quitarla de encima para volver a dormir, al final a Noel no le quedó de otra que
levantare, sus cabellos rubios desaliñados y sus ojos verdes ojerosos eran prueba del cansancio
por el cual estaba pasando el muchacho. Una vez en la cocina se dispuso a servir unos cereales con
panqueques, sabía que a su pequeña acompañante le gustaba tener un desayuno dulce, para el
siempre estaba su té con unos huevos y tostadas.

Desayunaron en un bonito ambiente familiar, se arreglaron juntos, el rubio se colocó una camisa
blanca y unos jeans de mezclilla para combinar con sus botas negras, un vestuario simple pero que
le quedaba bien al joven francés, la pequeña se colocó un bonito vestido azul y dejó sus cabellos
otoñales sueltos adornado con un listo blanco, una vez listos salieron del cómodo apartamento a
dar un par de vueltas, pasar la tarde en familia mientras aprovechaban el día libre de los padrinos
de la niña.

Cuando llegaron a la cafetería, la pareja ya los esperaba en la entrada, una vez cerca de ellos la
pelirroja se abalanzó encima de la castaña, María alzó alegremente a la niña.

- ¡Mira! ¡Me puse la cadenita que me regalaron, Noelito me la colocó! – hablaba


alegremente la pequeña
- ¿Noelito? – pregunto Nicolás
- Sip! Noelito, ese rubio de allá – señaló al joven mientras le sacaba la lengua
- Me ha llamado asi desde el viaje que hicimos a Roma, lo hace para molestar – Explicó Noel
rápidamente al ver la confusión de su amigo
- Comprendo.

Pasaron la tarde en algunos parques de París, Nicolás reía mientras María y Diona se revolcaban
en el pasto, Noel les invito unos helados y así la amorosa e improvisada familia se divirtió un buen
rato. Dieron las 5 y se devolvieron a la cafetería, la pelirroja le suplico a su acompañante dejarla
quedarse esa noche con sus padrinos, el rubio no tuvo otra opción que aceptar pues la pareja de
castaños estaba detrás de la niña haciendo ojitos.

Una vez dejó a la pequeña, se dispuso a volver al apartamento, aprovecharía un poco el tiempo a
solas para ordenar los cuartos y hacer aseo, no le gustaba el polvo y la pequeña casa estaba un
poco descuidada, cuando finalizó su acción cansado y agotado se dio un baño para dar por
terminado otro día más, sin saber que aquella tranquilidad se iría de a poco en picada.

CAP 2

Alemania
23:30 pm

Las jornadas en los hospitales suelen ser largas y no era lo contrario para Saro, el pelinegro se
encontraba entre los pasillos agitado subiendo al despacho de su jefe, había dejado solo el puesto
como enfermo por la agresividad del llamado, sabía de antemano que no eran noticias buenas
pues había escucho entrada la tarde que urgencias estaba por explotar. Una vez se encontró al
frente de la puerta tocó dos veces y entró al llamado, frente a él, un señor de más de 40 años lo
veía con una carpeta entre sus manos.

- Saro, siéntate un momento – le hablo el hombre canoso


- Señor, me disculpo si ha visto un comportamiento indeseado ¡Trabajaré duro para
arreglarlo! – decía en un intento por excusarse ante cualquier altercado
- No es nada de eso, tranquilízate chico, eres muy joven para estresarte – lo calmo el mayor
- Eh? ¿Entonces porque me ha llamado? – Contesto el azabache
- Me he visto en la obligación de mandarte turnos en urgencias, necesitamos personal por
eso te he llamado – le ofreció la carpeta mientras seguía hablando – ahí encontrarás el
historial médico de algunos pacientes bajo tu mando, necesito que bajes y empieces a
ayudar, archiva cada caso y mantén a los más críticos en vigilancia, esta noche nadie
puede morir ¿Entendido?

Saro asintió con la cabeza para después levantarse con la carpeta en manos, se inclinó hacia el
mayor como forma de despedida y salió de la oficina, en su camino veía los pasillos del hospital
algo silenciosos, podía ver en algunas habitaciones a familias unidas y enfermeras disponiendo su
ayuda para cuidar a otros, pasaba por su visto madres e hijos juntos y en alegría al saber que no
había peligro entonces se empezó a imaginar ¿Cómo habría sido su situación si su madre no
hubiera muerto? ¿Su madre se sentiría orgullosa? ¿Qué le diría al verlo?, sus preguntas se
quedaron sin responder al llegar a urgencias, todo era un desastre, enfermeras corrían de un lado
a otro y médicos se veían ojerosos pasar por instrumentos limpios para volver a atender a los
necesitados, el pelinegro decidido dejó de perder tiempo y antes de entrar por completo se
cambió los guantes por unos limpios.

Tres, cuatro, cinco horas pasaron, afuera se veía como reinaba la fría madrugada, no había tenido
tiempo de comer pues en menos de lo que pensó se presentó un accidente cerca del hospital,
gente herida, en estado crítico, sin brazos o con la cara desfigurada pasaban en camillas para su
atención, urgencias se llenaba de llamados a médicos del piso mayor para que bajarán a ayudar,
en medio de tanto caos empezó a atender a una mujer embarazada que había sufrido un atentado
y tenía clavados entre su piel pedazos de vidrio, el más grave siendo el que entraba en contacto
con su abultado estómago, Saro empezó a canalizar y aplicar lo que el médico le indicaba y una vez
la embarazada se relajaba con unas pinzas empezaron a remover los vidrios, en el proceso de
quitar el vidrio del vientre Saro presentó un inconveniente.

- ¡Doctor! ¡Doctor! ¡El vidrio está muy profundo, me temo que si lo jalamos podamos llegar
a romper parte del vientre de la madre! – exclamaba saro al ver la sangre que salía al
intentar mover el pedazo de cristal
- ¿¡Que!? Maldita sea – fue lo que soltó el médico antes de mirar la gravedad del asunto
- ¡Vamos a acomodar el cristal y lo sacaremos por partes! – ordenó el médico a ambos
enfermeros que estaban presentes

El Doctor acomodaba con delicadeza el vidrio mientras un enfermero lo sacaba con cuidado y el
pelinegro estaba atento mirando que este no lastimara al bebé pues se había clavado más
profundo de lo que pensaron, una vez sacaron la parte más grande decidieron mandarla por
cirugía para no colocar en riesgo al bebé, trasladaron a la mujer a otro piso viéndola en buen
estado para que entrara a cirugía, saro encargo el caso a su compañero y se dirigió otra vez a otra
sala para atender otro caso.

Las horas y el día se pasó, entre sangre, llantos, accidentes, desmayos y posibles muertes el
enfermero se sentó en una banqueta al ver que urgencias volvía a estar un poco más suave, no
había dormido en más de 20 horas y se sentía moribundo, como si de un ángel se tratarse alguien
le dio una botella de agua, ese alguien era su mejor amiga, Sabrina.

- ¿Qué haces aquí? – interrogó el enfermero para después tomar el agua como si fuera
bendita
- Hace unas horas acabé mi turno en el hospital y vine porque me avisaron que estabas en
urgencias desde ayer en la noche, sabía que no habías comido nada por eso te traje la
cena – dijo la chica con una sonrisa

Saro miro a su mejor amiga, una hermosa chica de cabellos negros como el suyo que le llegaban
hasta los hombros, un corte bastante alborotado para su gusto, tenía algunos mechones de un
rosado y unos brillantes ojos azules, era alta que él y podía jugar que se había bañado antes de
venir pues no veía rastro de sudor y su cabello no estaba grasosos como suele estarlo siempre que
sale de su turno. Sabrina también era una enfermera como él, aunque sus turnos si eran fijos.

- Aún no me puedo ir, en el archivo dice que debo cumplir con el turno, debo atender y
ayudar en urgencias al menos hasta que todo quede bajo control – explicaba Saro
mientras agarraba el sándwich que le ofrecía la pelinegra
- Claro siempre es duro, ¿Recuerdas cuando me tocaban esos turnos a mí también? Duraba
toda una semana metida en el hospital entre partos y casos de gravedad – una risa
mientras decía eso
- Lo más probable es que regrese a casa mañana en la tarde, ¿tienes turno a esa hora? – el
pelinegro vio de reojo a la joven esperando una respuesta
- Nah, mi jefe de asignó turnos de noche por estos meses, tengo el día libre por si quieres
salir – veía a su amigo comer hambriento, le daba pena pues era unos años joven y aun así
decidió estudiar eso a toda costa
- No creo poder salir, solo necesitaba que cuidaras a mis bebés – le hablo para pararse y
organizar su uniforme
- Eso no se pregunta bobo, sabes que siempre los cuidare gustosa
- Debo volver nana
- Cuídate lalo

Miro de reojo como Sabrina se desvanecía entre la gente y se iba, se conocían desde pequeños y
ambos tenían apodos ridículos que usaban para despedirse y molestarse, organizo su uniforme
una vez más y se dirigió a los pasillos en dirección a la recepción donde pidió el historial médico de
uno de sus pacientes y volvió al trabajo, debía chequear a algunos que estaban bajo su mando
antes de volver a urgencias, mañana en la tarde saldría del hospital y no volvería hasta el otro día
que su llamado se diera y le entregaran su horario final, era algo cansado ser enfermero pero
debía hacerlo pues su meta estaba en ese camino, entre inyecciones, sueros y medicamentos, ese
era su futuro.


Logró sobrevivir a todo y salió victorioso del hospital, se quitó su uniforme y se colocó su ropa,
pantalones holgados y una sudadera negra, camino con el bolso por las calles de Alemania y llego
a su casa, su morada y humilde hogar, un séptimo piso que compartía con su mejor amiga y sus
dos gatos, al abrir la puerta tiro la maleta encima del hermosos juego de sala color azul, se
encaminó cansado hacia la cocina y agarró un par de toper’s que tenían su nombre, supuso que los
había dejado Sabrina para que el comiera, se tumbó en el sofá más grande y prendió la televisión.
El apartamento contaba con tres habitaciones y dos baños, saro ocupaba la habitación principal
con el baño incluido y Sabrina la segunda habitación más grande del lugar, en la otra poseían un
espacio tranquilo, lleno de libros y hojas para dibujar o escribir, era un tipo “sala de juegos” pero
para dos psicópatas adictos a la lectura, en la sala además del juego de sillones estaba un hermoso
piano negro con detalles en gris, a las patas del piano se podía ver una alfombra de un gris
brillante que combina perfectamente con el estilo del apartamento, la cocina tenía un barandal
que usaban algunas veces como comedor pues ambos siendo enfermeros no suelen estar
presentes en casa, aun así su vivienda era hermosa y tenía una bonita vista de una de las tantas
calles de Alemania, ambos habían planeado vivir aquí y tenía la idea de más adelante trabajar
independientes para estar más tiempo en casa, los Reyes de ese lugar eran dos gatos, Kuru el gato
mayor siendo un lindo siamés y Taro siendo un lindo gato gris con negras, ambos peludos, ambos
siendo las bellezas de los pelinegros.

Sabrina llego a su hogar y cuando la puerta estuvo abierta pudo contemplar al pelinegro dormido
en el sofá con Taro y Kuru encima de él, soltó una risita y dejó las compras en la cocina, se quitó su
abrigo y se sentó en el sofá individual para empezar a mirar a los gatos

- Saro ha estado trabajando muy duro, ¿No es así? – le decía al siamés – a veces pienso que
se esfuerza de más, está metido en tantas cosas – alzó al gato
- Miau – fue la respuesta de Kuru, un maullido fino mientras la observaba con sus grandes
ojos
- Lo sé, lo sé, pero ya renunció a uno de sus tres turnos en hospitales diferentes, estoy
segura que en vacaciones hará los turnos en el otro hospital, no es que me importe, pero
si sigue así acabará más rápido cerca de la señorita Irisa y no es porque me haya mal ni
nada, pero Saro está muy metido en sus cosas que ya no me cuenta nada
- Miau – otro maullido, pero está vez de Taro
- Taro de mi lado, después de la muerte de Irisa cambio todo, un muchacho que no soporto
ver morir a su madre a tan corta edad es impresionante
- Miau – Taro se movía entre las piernas de Sabrina
- Vamos al cuarto antes de que Sarkoma despierte

La muchacha se fue con ambos gatos y dejó al joven dormir, unas horas tarde Saro se levantó algo
adolorido y se fue a su habitación después de todo necesitaba descansar para volver a recibir
turno y debía organizar su tiempo para empezar a hablar con su tía sobre el inicio de sus estudios.
Cap. 3

Francia
9:10 am

En una habitación estaba Noel intentado despertara su pequeña pelirroja pero no lo lograba, ese
día se había levantado y estaba arreglando sus maletas pues debía dejar todo listo para darle la
noticia a la pequeña, había sido contratado en una residencia en Brasil para hacer una pintura y
unas foto de una boda además habían pedido sus servicios para valorar un cuadro y podían
quedarse en la residencia de la misma familia con todo pago, él les había explicado que tenía una
niña sin embargo no le colocaron problema y debía estar viajando a más tarde el último día de ese
mes, dando como caso perdido el despertar a Diona decidió hacer unas llamadas mientras hacia el
desayuno, ya tenía su maleta lista pero falta la maleta de la niña.

- Buenos días Nico, ¿Cómo se encuentra María? – saludo el rubio


- Siempre que llamas es porque te vas ¿Y bien, a donde será esta vez? – respondieron del
otro lado del teléfono
- Tengo una petición, en Brasil amigo mío -soltó una risita

Al otro lado de la línea pudo oír un sonido de sorpresa y una carcajada de parte de su amigo, sabía
que estaba feliz pues su viejo amigo siempre reaccionaba así cuando eran destinos lejanos

- Fils de pute, qué suerte tienes imbécil – otra risa se escucho


- Que puedo decir, tengo talento y mi edad me ayuda
- No estoy tan viejo amigo mío
- No dije eso – soltó una risa el rubio – la niña parece ser que ya se despertó así que
salúdame a María, la próxima semana estaré pasando con Diona – recordó a su amigo
- Es cierto, prepararé tu postre favorito solo para que extrañes tu hogar ¡No se te ocurra
comparar mi comida con las extranjeras o te mato! – grito en su oído
- Nos estamos hablando – y así finalizó la llamada

Siguió preparando el desayuno de su querida niña, la pequeña se había levantado con su cabello
desordenado y su pijama algo arrugada, frotaba sus ojos para acostumbrarse a la luz y se sentó en
el comedor a esperar, desde la cocina el rubio se sentía conmovido y sabía que su mejor decisión
había sido recoger a esa pelirroja

- Buenos días Diona – le dijo mientras dejaba en la mesa un plato con crepas y un jugo
natural
- Buenos días Noelito – dio un bostezo y abrió sus brazos para recibir el abrazo del mayor
- ¿Dormiste bien pollito? – el mayor le llamo así debido a sus cabellos rojos que le daban
una imagen a un pollito de esos de colores
- Si, soñé con dragones y un lindo príncipe con cabellos negros que venía a rescatarme
- ¿Príncipe? ¿Cabellos negros? – comento Noel mientras se miraba un mechón de su
cabello, él no tenía el pelo de ese color ¿Ya lo había cambiado tan rápido?
- Sii y también estaba un gran rey, eras tú, pero me gustó más el príncipe, tenía unos ojos
brillantes y hermo.. ¡Ay! – soltó la pequeña al recibir un golpecito en su cabeza
- Muchos príncipes y princesas, vamos a comer, no más fantasía – sentenció el rubio con
una cara sería, no le había gustado para nada ese sueño con esa persona rara, él era quien
debía ser el salvador de su princesa no otra persona.

Después del desayuno decidieron jugar un rato por petición de la pelirroja, para después salir por
un helado aprovechando el día fresco y las calles vacías de Francia, mientras Diona jugaba con
otros niños, Noel aprovechaba en hacer bocetos y dibujar en su cuaderno, tenía una meta y era
llenar un cuaderno completo de las cosas donde estuviera la pequeña niña y de ella misma por eso
la portada del cuaderno era de un color rojo con detalles dorados para simular el color de sus ojos
y la primera hoja de todo el cuaderno era un retrato de ella, el resto eran dibujos que se
intercalaban entre lugares favoritos y el rostro de la niña, entre esas páginas había pegado una
foto de su “familia” salían juntos los castaños y en medio de ellos estaba el rubio arrodillado con
una pelirroja de no más de dos años de edad, todos reían y se veían como una familia, claro que
más jóvenes y algo inexpertos pues Noel no tenía si no 19 años y los castaños estaban entre los
25-28 años, detrás de ellos se veía la cafetería de María y Nicolás en sus años donde la pintura era
de otro color, todos sonreían y en los ojos de cada uno se veía una chispa única de alegría.

Después de jugar decidieron ir a tomar un café, la pelirroja quería ir donde sus padrinos así que
Noel le cumplió el capricho, una vez que llegaron Nicolás vio por los ventanales a aquel rubio que
se acercaba con el característico libro que solía cargar cuando salía con la niña, una vez dentro se
sentaron y pidieron dos cafés con una rebanada de torta de chocolate, la niña cayó rendida
después de comer y subió al segundo piso a explorar.

- Sigues con esa idea, ¿No es así? – dijo María mientras se acercaba y se sentaba al frente
del muchacho más joven
- ¿idea? – cuestionó Noel a lo que María asintió mirando el libro – oh... eso.
- Si, ¿Cuándo piensas dárselo? – le pregunto la castaña
- Aún no lo termino y me gustaría que fuera un regalo para su adolescencia – la mujer lo
miro confundida – ya sabes cuando sea más grande y nosotros estemos viejos y arrugados,
cuando tenga 15 talvez
- Ya veo – dirigió su mirada a la niña que saltaba al lado de su esposo – es una niña feliz,
hicimos un buen trabajo ¿No lo crees?
- Aún me falta tiempo y cosas por enseñarle – el rubio miro también a la pequeña
- Lo sé, pero le das cada día que puedes una experiencia nueva, un viaje, un regalo, ella
crecerá y estará feliz por ver a quién consiguió de padre
- ¿Padre? – repitió con los ojos abiertos
- Claro – soltó una risita – eres su padre, su cuidador, su mundo
- Aún recuerdo cuando solo era una recién nacida – desvió su vista a donde estaba su amigo
- Para esos tiempos eras un muchacho prófugo de 20 años – la castaña le revolcó el cabello
a su compañero – eras un desastre y ahora ¡mírate! Todo un padre
- Soy un aprendiz a padre – sonrió el rubio para después soltar un suspiro
- Yo sé que puedes
Se fue levantando de su puesto dejando al rubio solo, pasaron unos minutos y el rubio al verse
nublado decidió colocarse a dibujar un rato, pensaba en aquella niña que acogió hace 6 años, en
como su vida había cambiado desde sus 16, en su futuro e imaginaba a su pequeña siendo grande,
la visualizaba como una jovencita alta y hermosa, con su cabello rojizo brillante suelto y largo,
vestida de una forma clásica pero linda, con esos ojos color ámbar brillantes, le hacía ilusión estar
a su lado para verla de esa forma, para guiarla y protegerla de lo que fuera. Una media hora
después la pelirroja bajo y se acercó hasta la mesa del rubio, intentaba no hacerse notar, aunque
el joven ya la había visto, se colocó detrás y con disimulo observaba lo que su compañero estaba
dibujando, grata fue su sorpresa al verse a ella misma en un boceto algo borroso, sonrió y salió de
su espalda para acercarse a Noel.

- Te está quedando muy lindo noelito – se sentó a su lado mientras seguía mirando el
cuaderno
- ¿si? Es porque tengo una gran musa – le dedico una gran sonrisa a la niña
- ¿Qué es una “musa? – pregunto la menor
- Es una persona que inspira a un artista – hizo una pausa para mirarla – también es de
quien se basa la obra, digamos, eres mi musa porque lo que hago se resume en ti –
acaricio los cabellos rojizos de la pequeña – es lo que haces, el cómo lo haces, por qué lo
haces, eres todo ¿comprendes?
- Waa! entonces seguiré siendo la musa de noelito – empezó a reír diona

Ambos jóvenes soltaron risitas, Noel poso su brazo en los hombros de la pequeña y la empujo un
poco a su pecho, envolviéndola en un suave abrazo lleno de cariño, la pelirroja solo pudo sonreír y
abrazarlo también, duraron unos momentos asi hasta que el rubio se separó y decidió terminar el
día, ambos se despidieron de sus amigos y arrancaron su camino a casa siendo espectadores de
una puesta de sol en el cielo, Diona estaba contenta, daba brincos mientras caminaba de la mano
del mayor, pensaba en miles de cosas por hacer y donde ir la mañana siguiente, se cuestionaba
muchas veces si Noel la quería, veía a muchas familias pasar del otro lado de la calle y ella misma
se quedaba mirando, a veces deseando tener una familia igual, otras veces simplemente deseando
pronto conocer alguna pareja del rubio para tener completa su imagen de “familia perfecta”, lo
que no sabía era que aquella chica linda que imaginaba como madre nunca aparecería, en cambio,
la vida le daría sorpresas en el camino que ambos tenían.

Al llegar a casa viéndose lleno de trabajo por parte de Noel, Diona decidió irse a su habitación para
dejarlo concentrar, sabía que después de un rato la llamaría a comer o quizás a ver una película
juntos para después dormir. El rubio se quedó en la sala, dos minutos después de que la menor se
despareciera de su vista empezó a sonar su celular, cansado soltó un suspiro y decidió contestar,
se hacía una idea del que era, al contestar solo recibió palabras inglesas y fechas que decidió
anotar en su libreta, más adelante organizaría todo, no le fue difícil abrirse a una conversación de
negocios y acabar colgando tras un par de “I count on you” y “I hope to see you son”, froto su cara
para retirar la pereza y el agotamiento y decidió dejar pasar el tiempo mientras hacia la cena,
debía pensar que película ver con la niña y acabar de hacer las cosas para solo quedar darle la
noticia, había ido algunas veces a Brasil hace mucho pero no se quedó tanto tiempo, estaba
planeando a donde llevar a su pequeña y darle una buena experiencia de vivencias latinas.
Cap. 4

Alemania
8:20 am

Aquellos fríos rincones de un cuarto en Múnich/Alemania se podían escuchar suspiros cansados


provenientes de un cuerpo en cama, un cuerpo débil y agotado que se recuperaba después de una
larga jornada, un joven delgado y pálido era el dueño de aquellos suspiros, estaba en un sueño
entre los brazos de Morfeo y tenía en su rostro una expresión de paz, la puerta de aquella
habitación soltó un chirrido al ser abierta mientras unos maullidos se escuchaban cada vez más
cerca, Taro y Kuru habían entrado a la habitación de su dueño en busca de levantar aquel cuerpo
para luego chillar y pedir su alimento, los maullidos desesperaron el oído del joven, quién sin tener
escapatoria se levantó del colchón y aún adormilado se dirigió a la cocina para darle de comer a
los gatos. Entre su vaivén tropezó con algo del piso, un libro.

- Uhg – fue lo único que pudo soltar el chico


- Que ánimos – se unió la voz de su compañera
- No sabía que eras tan desordenada – el pelinegro siguió su camino mientras observaba a
Sabrina, está vestía con una camiseta oscura y unos pantalones algo desgastados, no era
muy su gusto pues parecía una pandillera – saldrás? – fue su única pregunta mientras le
servía de comer a los gatos, de antemano se hacía esa suposición pues siempre que salía
se colocaba sus llamativos anillos y cadenas
- Si, quede de verme con alguien – la pelinegra respondió mientras soltaba una ligera risa al
ver a su compañero con los cabellos desaliñados y la camisa a caer – no tardó mucho.
- Aprovecha para completar lo que nos falta – Saro se acerco a la chica y le entrego una lista
– consígueme un buen pan

Fue lo último que soltó para pasar de lado a ella e irse otra vez a dormir, estaba cansado después
de los turnos que había completado en los hospitales, porque si, el contaba con dos trabajos en
diferentes hospitales de la ciudad, llego a tener tres aunque renunció a uno al verse muy
presionado y al no contar con tiempo suficiente para sus otros estudios, pensó incluso en mudarse
a Berlín pero descartó la idea pues donde estaba tenía comodidad y aunque no era su lugar
favorito, en alguna parte de su corazón, le dolía dejar a la familia que se había conseguido.

Con Sabrina, después de verse obligada a cumplir los deseos de Saro, se terminó de preparar en su
habitación, según ella, a su estilo le faltaba aquella chaqueta de cuero y puas que siempre usaba,
le encantaba hacerse la mala, le gustaba la forma en la que su cabello corto se revolcaba y los
mechones rosas combinaban con sus estilos góticos, se veía bien. Al salir no pudo contener su
emoción y se encaminó hacia el parque, un parque transcurrido algo lejos de su casa donde había
quedado, cuando llegó miro a todos lados hasta encontrarla, una muchacha alta con cabello
plateado hasta la cadera, se veía espléndida y radiante, siempre con sus gafas negras sobre su
cabeza y su porte elegante, los tacones plata que llevaba solo le daban más elegancia a su
vestuario y la hacia ver mucho más alta de lo que era, la chica se percató de su compañera y corrió
para abrazarla, no sabía cómo podía en tacones pero no se quedó atrás, ambas se juntaron en un
gran abrazo lleno de cariño.

- Pensé que no ibas a llegar – dijo la peliplata mientras le daba un pellizco en el brazo
- Auch – se quejo la más baja – Saro me pidió algunas cosas antes de salir
- Ese enano – soltó entre dientes la más alta
- Déjalo de lado – carraspeo – por cierto, te ves hermosa el día de hoy – la pelinegra quedó
satisfecha al ver que sus palabras habían sacado a relucir un color en las mejillas de la
contraria
- Tonta – soltó una risita la menor – a mí también me gusta como te ves hoy – los azules
ojos de Sabrina brillaron mientras se abrían por la sorpresa
- Dejémonos de juegos, vámonos – fue lo último que le dijo para seguir adelante su camino
apenada

Ambas chicas se dirigieron al centro comercial, dieron vueltas, compraron y jugaron, las dos
fascinadas por la sonrisa de la otra y las miradas disimuladas que se daban, miradas llenas de
cariño y respeto, corazones llenos de amor y consuelo, aunque si pasarás por la calle y las vieras
pensarías que solo son simples amigas riendo de tonterías pero para aquellos observadores
notarían de inmediato que esas risas no son más que teatro para pasar desapercibidas de la
opinión, una opinión cruel y destructiva sobre su relación, aún así eran felices las dos, con casi un
año de amorío y cuatro de amistad, las dos muchachas estaban agradecidas con la vida y vivían en
armonía. Una realidad para ellas, un sueño para otros.

De vuelta en casa, Sabrina dejó las compras en su respectivo lugar, se despojo de su chaqueta y
cambio su estilo gótico por los típicos pantalones chándal y camisas anchas para estar en casa, no
estaban acostumbrados a vestir de manera elegante o casual, a excepción de cuando traían visitas
o sabían que iban a salir, al ser ambos trabajadores de salud solían aburrirse del uniforme
impecable y preferían en casa estar lo más desaliñados y cómodos posibles. La chica se hizo un
café mientras miraba el apartamento, lo veía muy silencioso además de limpio, no es que fuera
desordenada o sucia pero el sofá, los sillones y algunas ventanas estaban llenas de pelos aunque
ahora las veía impecable, pensó entonces en Saro y echo un vistazo a su habitación, el chico
pelinegro estaba dormido con los dos gatos encima, se veía agotado por lo que en agradecimiento
comenzó por preparar la comida, era costumbre tener turnos para cada cosa cómo la limpieza, la
comida, la salida, los gatos, el baño entre otras cosas, dejaría pasar esta vez esa lista de turnos y
sería ella por cuenta propia la que sorprendería al muchacho.

Aunque solían comer afuera y cada uno dependiendo del turno pagaba, está vez la azabache tomo
el riesgo de cocinar sola, su idea principal era hacer una pasta (siendo lo más fácil que había
encontrado) pero no contaba con que el agua se podía quemar, la pasta romper y los tomates
explotar, la cocina acabo un desastre e inevitablemente el sueño del pelinegro se vio cortado a la
mitad tras llegar un olor a quemado a su nariz, alterado se levantó y corrió a la cocina para
encontrarse unos mechones rosas culpables mientras intentaba mantener todo “bajo control” o
eso era lo que ella se repetía, Saro se acerco rápidamente para ayudar a su amiga o más bien
salvar la vida de sus gatos y evitar dejar el apartamento más hundido en humo de lo que ya estaba

- ¡Idiota! ¡Abre las ventanas! – le grito el pelinegro a la muchacha


- ¡Pero la cocina se quema! – la chica estaba desesperada, sus ojos llorosos y sus manos
temblando eran testigo de los nervios
- ¡Solo haz caso! – fue lo que soltó el, para arreglar la cocina con lo que tenía a su alcance

De la puntas rosas se fue rápidamente a abrir las ventanas y siguiendo las instrucciones que le
habían dado estaba ventilando cada cuarto para evitar no solo olores si no desgracias, Saro en
cambio decidió acabar con todo al encontrar un extintor, tendría que limpiar luego todo el
apartamento y arreglar por tercera vez la cocina ya que no era la primera (ni la última) que alguno
de los dos estaba al borde de quemar la casa, la primera vez fue de Sabrina quién no le había dicho
a su compañero que no sabía cocinar y acabo dejando desastres al intentar preparar algo para
almorzar, eso sucedió cuando eran jóvenes, la segunda vez fue del pelinegro el cual no se fijó del
gas y casi provoca no solo un incendio si no la intoxicación de su compañera por monóxido de
carbono y ahora la tercera vez volvía a ser de la mujer, en ese momento más grande a cuando
sucedió hace casi 5 años o más, y pensar que el joven le estaba tomando confianza.

Luego de solucionar el problema y ventilar el humo, Saro se acerco con aura oscura y mirada
siniestra a la muchacha, tocó el hombro de la chica mientras le daba la misma charla de hace 5
años donde “la importancia de la vida ajena cuenta” era el mensaje principal, el azabache le
regalaba y gritaba además de que con cada palabra presionaba el hombro de su compañera, tanto
así que en la piel caramelo de la chica se podía ver aún marcas de sus dedos aunque el pelinegro
fuera más bajo y pareciera un frágil muñeco. La disputa de los dos dio su fin en el momento en que
Saro llegó con pizza al cuarto de la de puntas rosas, quedaron en avisarle al otro cuando fueran a
cocinar (o por el contrario no hacerlo más) y disfrutar de la comida mientras veían películas.

- ¿Cómo te fue con Nataly? – pregunto el chico


- Bien, salimos un rato y nos divertimos – contesto simple la muchacha
- Ya veo – se quedo en silencio pensando, aunque no lo pareciera, el más bajo era muy
agresivo y tuvo su peleas con aquella mujer de cabellos plata
- Ah, también quiere volver a visitarme por acá, hablamos de muchas cosas entre esas que
va a sacar tiempo para venir a verme, cosas así – hizo un resumen pues sabía que su amigo
aún desconfiaba de la mujer
- Bien, avísame el día – sus palabras fueron secas, casi un mandato y dio por terminada la
charla para seguir viendo la película que se reproducía en la pantalla.

El pelinegro por naturaleza era desconfiado y al haber tenido sus diferencias en el pasado no
soportaba la idea de dejar solos a sus gatos y a su mejor amiga con una “loca maniática” como
solía decirle, puede que se disculparan y casi obligados convivieran un rato pero al saber que salía
con quién consideraba su hermana, no solo fue un golpe duro si no también empezó esa disputa
en donde siempre que se encontraban se peleaban, puede que así fuera su relación y su
“amistad”, no se podía cambiar, parecían perro y gato, agua y aceite, tan diferentes, más alejados
que la A y la Z, todo un caos pero sus riñas sacaban risas y alegría a la “metalera” de su amiga.
Acabaron la película y el chico fue a su habitación, ambos tenían trabajo la mañana siguiente,
antes de dormir el teléfono del pelinegro sonó, extrañado contestó y diez minutos después colgó,
abrumado decidió dormir pues se acercaba una visita y una decisión obligatoria que cambiaría su
vida, decidiría por fin iniciar su ciclo de estudio para volverse doctor o quizás seguiría siendo
enfermero mientras ahorraba más, junto a eso le esperaba el hecho de que tendría que llevar sus
medicamentos para poder estar tranquilo con sus dosis diarias y no sufrir algún ataque o para
mayor riesgo de todos lastimar a alguien y lastimarse, ese era un tema en el que el tiempo libre
solo lo encadenaba y sufría como si estuviera atrapado, se sentía ahogado por el peso de una
cadena, una cadena llamada pasado..

Cap. 5

Francia
14:10 pm

Un rubio pasaba por la capital de Francia, necesitaba terminar de comprar algunos productos para
su trabajo

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