[Link] INCIAL S ECCION N.
1
TOL EDO01 293/2 021
Rollo Núm. ……………….……………159/2020.-
Juzg. 1ª Inst. Núm…………...1 Bis de Toledo.-
J. Ordinario Contratación Núm… 1195/2020.-
SENTENCIA NÚM. 1293
AUDIENCIA PROVINCIAL DE TOLEDO
SECCION PRIMERA
Ilmo. Sr. Presidente:
D. JUAN RAMON BRIGIDANO MARTINEZ
Ilmos. Sres. Magistrados:
D. EMILIO BUCETA MILLER
D. ALFONSO CARRION MATAMOROS
Dª. MAR CABREJAS GUIJARRO
En la Ciudad de Toledo, a trece de octubre de dos mil veintiuno
Esta Sección Primera de la Ilma. Audiencia Provincial de TOLEDO,
integrada por los Ilmos. Sres. Magistrados que se expresan en el margen,
ha pronunciado, en NOMBRE DEL REY, la siguiente,
SENTENCIA
Visto el presente recurso de apelación civil, Rollo de la Sección núm.
159/2020, contra la sentencia dictada por el Juzgado de 1ª Instancia
Núm. 1 Bis de Toledo, en el juicio ordinario núm. 1195/2018, en el que
han actuado, como apelante BANCO CASTILLA LA MANCHA S.A,
Firmado por: MARIA DEL MAR Firmado por: JUAN RAMON BRIGIDANO Firmado por: EMILIO BUCETA MILLER Firmado por: ALFONSO CARRION Firmado por: [Link] SANZ
CABREJAS GUIJARRO MARTINEZ 18/10/2021 11:38 MATAMOROS RODERO
18/10/2021 10:24 18/10/2021 10:41 Minerva 18/10/2021 13:39 19/10/2021 09:59
Minerva Minerva Minerva Minerva
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representado por el Procurador de los Tribunales Sr/Sra. Graña Poyán; y
como apelados, MARIA NIEVES BRAVO MARCELINO y JUSTINO ANGEL
BALLESTEROS GARCIA representados por el Procurador de los Tribunales
Sr/Sra. Fraile Mena.
Es Ponente de la causa la Ilma. Sra. Magistrada Dª. Mar Cabrejas
Guijarro, que expresa el parecer de la Sección, y son,
ANTECEDENTES:
PRIMERO: Por el Juzgado de 1ª Instancia Núm. 1 Bis de Toledo,
con fecha 12/12/2019, se dictó sentencia en el procedimiento de que
dimana este rollo, cuyo FALLO dice: "ESTIMAR ÍNTEGRAMENTE la
demanda presentada por el Procurador de los Tribunales Sr. Fraile Mena,
en nombre de D. JUSTINO ÁNGEL BALLESTEROS GARCÍA y Dª MARÍA
NIEVES BRAVO MARCELINO, frente a BANCO CASTILLA LA MANCHA S.A.,
representado por la Procuradora de los Tribunales Sra. Graña Poyán y, en
consecuencia,
Declarar la nulidad de pleno derecho, de la cláusula relativa a la limitación
mínima al tipo de interés variable aplicable (cláusula suelo) contenida
como cláusula tercera bis de la escritura de préstamo hipotecario suscrito
entre las partes el 2 de agosto de 2005, subsistiendo el préstamo sin la
mencionada cláusula.
Declarar la nulidad de pleno derecho, del acuerdo privado suscrito entre
las partes en fecha 12 de marzo de 2015 teniéndolo por inexistente.
Condenar a la demandada, a restituir a D. JUSTINO ÁNGEL BALLESTEROS
GARCÍA y Dª MARÍA NIEVES BRAVO MARCELINO, todas las cantidades
cobradas en aplicación de la cláusula suelo desde el inicio del contrato de
préstamo hasta la fecha de resolución definitiva del presente proceso o
hasta que la misma dejara de aplicarse definitivamente al contrato.
Cantidad, que a falta de conformidad, habrá que determinar en ejecución
de sentencia, sobre las bases de las sumas reales que se hayan abonado y
abonen
durante dicho periodo conforme a la cláusula suelo y tipo fijo del acuerdo
privado declarados nulos y su diferencia con lo que se hubiera debido
cobrar sin aplicación del suelo y de dicho tipo fijo, conforme a la fórmula
pactada en la escritura objeto de autos de tipo variable de Euribor más el
diferencial pactado, sin perjuicio de las eventuales reducciones del
diferencial por la contratación adicional de diferentes productos bancarios.
Condenar a la entidad demandada abonar el interés legal de las
cantidades indebidamente abonadas en aplicación de la cláusula suelo
desde la fecha de cada cobro y hasta su completa satisfacción.
Se imponen las costas procesales a la parte demandada”.-
SEGUNDO: Contra la anterior resolución y por BANCO CASTILLA LA
MANCHA -LIBERBANK S.A-, dentro del término establecido, se formuló
recurso de apelación, que fue contestado de igual forma por los demás
intervinientes, con lo que se remitieron los autos a ésta Audiencia, donde
se formó el oportuno rollo, quedando los autos vistos para deliberación y
resolución.
SE CONFIRMAN Y RATIFICAN los antecedentes de hecho,
fundamentos de derecho y fallo de la resolución recurrida, en cuanto se
entienden ajustados a derecho, por lo que, en definitiva, son
FUNDAMENTOS DE DERECHO:
PRIMERO: Se interpone recurso de apelación frente a la sentencia
el juzgado de Primera Instancia número 1 BIS de Toledo que estimó una
demanda en materia de condiciones generales de la contratación y declaró
nula por falta de transparencia la cláusula financiera por la que se
establecía una limitación a la baja del tipo de interés contenida en de la
escritura de préstamo hipotecario otorgada entre las partes con fecha 5
de agosto de 2005; se declara a su vez nulo el acuerdo de novación
suscrito entre las partes en fecha 12 de marzo de 2015 por el que se
eliminaba ese límite y en consecuencia condenó a la entidad de crédito
recurrente a abonar a aquel las cantidades indebidamente percibidas en
aplicación de la cláusula declarada nula con sus intereses legales con
imposición de costas.
Recurre la entidad prestamista, alegando la validez del pacto novatorio y
de renuncia al ejercicio de acciones en relación al mismo, apelando al
principio de autonomía de la voluntad plasmado en el acuerdo y la
regulación de la transacción previstas en los artículos 1809 y 1819 del
CC.
Pues bien, hemos de traer a esta litis la reciente STJUE de 9 de julio de
2020 que resuelve la cuestión prejudicial planteada acerca de la validez
del pacto novatorio entorno a la cláusula de interés variable-clausula
suelo- en contratos de préstamo hipotecario, y en la que se planteaba
concretamente, si el artículo 6, apartado 1, de la Directiva 93/13 debía
interpretarse en el sentido de que se opone a que una cláusula de un
contrato celebrado entre un profesional y un consumidor, cuyo carácter
abusivo puede ser declarado judicialmente, pueda válidamente ser objeto
de un contrato de novación entre ese profesional y ese consumidor,
mediante el cual este último renuncia a los efectos que pudieran derivarse
de la declaración del carácter abusivo de dicha cláusula.
La Sentencia comienza por recordar el marco jurídico aplicable a la
cuestión, señalando como aplicables los siguientes preceptos del Derecho
de la Unión y del Ordenamiento Jurídico español:
- El artículo 3 de la Directiva 93/13, según el cual :
1. Las cláusulas contractuales que no se hayan negociado individualmente
se considerarán abusivas cuando, contrariamente a las exigencias de la
buena fe, causen en detrimento del consumidor un desequilibrio
importante entre los derechos y obligaciones de las partes que se derivan
del contrato.
2. Se considerará que una cláusula no se ha negociado individualmente
cuando haya sido redactada previamente y el consumidor no haya podido
influir sobre su contenido, en particular en el caso de los contratos de
adhesión.
El profesional que afirme que una cláusula tipo se ha negociado
individualmente asumirá plenamente la carga de la prueba.
- El artículo 4 de la Directiva, según el cual:
«1. Sin perjuicio del artículo 7, el carácter abusivo de una cláusula
contractual se apreciará teniendo en cuenta la naturaleza de los bienes o
servicios que sean objeto del contrato y considerando, en el momento de
la celebración del mismo, todas las circunstancias que concurran en su
celebración, así como todas las demás cláusulas del contrato, o de otro
contrato del que dependa.
- El artículo 6, apartado 1:
«Los Estados miembros establecerán que no vincularán al consumidor, en
las condiciones estipuladas por sus Derechos nacionales, las cláusulas
abusivas que figuren en un contrato celebrado entre este y un profesional
y dispondrán que el contrato siga siendo obligatorio para las partes en los
mismos términos, si este puede subsistir sin las cláusulas abusivas.»
- El punto 1, letra q), del anexo de la Directiva, que contiene una lista
indicativa y no exhaustiva de cláusulas que pueden ser declaradas
abusivas, entre las que figuran las «Cláusulas que tengan por objeto o por
efecto: q) suprimir u obstaculizar el ejercicio de acciones judiciales o de
recursos por parte del consumidor […]».
Y respecto del Derecho español señala como aplicable el Real Decreto
Legislativo 1/2007, la Ley 7/1998, de 13 de abril, sobre condiciones
generales de la contratación la cual quedó refundida, junto con otras
disposiciones que transponían diferentes directivas de la Unión en materia
de protección de los consumidores, por el Real Decreto Legislativo 1/2007,
de 16 de noviembre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley
General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes
complementarias en particular el art 10, según el cual «La renuncia previa
a los derechos que esta norma reconoce a los consumidores y usuarios es
nula, siendo, asimismo, nulos los actos realizados en fraude de ley de
conformidad con lo previsto en el artículo 6 del Código Civil.»
- El artículo 83 del texto refundido de la LGDCU precisa, asimismo,
que «las cláusulas abusivas serán nulas de pleno derecho y se tendrán por
no puestas». Por último el art 1208 del CC: «La novación es nula si lo
fuere también la obligación primitiva, salvo que la causa de nulidad solo
pueda ser invocada por el deudor o que la ratificación convalide los actos
nulos en su origen.»
Pues bien, tras el análisis de dicha normativa comunitaria e interna, el
TJUE concluye en primer lugar que “El artículo 6, apartado 1, de la
Directiva 93/13/CEE del Consejo, de 5 de abril de 1993, sobre las
cláusulas abusivas en los contratos celebrados con consumidores, debe
interpretarse en el sentido de que no se opone a que una cláusula de un
contrato celebrado entre un profesional y un consumidor, cuyo carácter
abusivo puede ser declarado judicialmente, pueda ser objeto de un
contrato de novación entre ese profesional y ese consumidor, mediante el
cual este último renuncia a los efectos que pudieran derivarse de la
declaración del carácter abusivo de esa cláusula, siempre que la renuncia
proceda de un consentimiento libre e informado por parte del consumidor,
extremo este que corresponde comprobar al juez nacional”.
Admite por tanto la sentencia que un consumidor pueda renunciar a hacer
valer el carácter abusivo de una cláusula en el marco de un contrato de
novación mediante el que este renuncia a los efectos que conllevaría la
declaración del carácter abusivo de tal cláusula, pero ello siempre y
cuando la renuncia proceda de un consentimiento libre e informado,
añadiendo que la renuncia de un consumidor a hacer valer la nulidad de
una cláusula abusiva únicamente puede ser tomada en consideración si,
en el momento de la renuncia, el consumidor era consciente del carácter
no vinculante de esa cláusula y de las consecuencias que ello conllevaba.
Solo en este supuesto cabe considerar que la adhesión del consumidor a
la novación de tal cláusula procede de un consentimiento libre e
informado, dentro del respeto de los requisitos establecidos en el artículo
3 de la Directiva 93/13, extremo este que corresponde comprobar al juez
nacional.
Concluye en segundo lugar que “El artículo 3, apartado 2, de la Directiva
93/13 debe interpretarse en el sentido de que cabe considerar que la
propia cláusula de un contrato celebrado entre un profesional y un
consumidor, con el fin de modificar una cláusula potencialmente abusiva
de un contrato anterior celebrado entre ambos o de determinar las
consecuencias del carácter abusivo de la misma, no ha sido negociada
individualmente y puede, en su caso, ser declarada abusiva”.
Al respecto señala que el artículo 3, apartado 2, de la misma Directiva
precisa que se considerará que una cláusula no se ha negociado
individualmente cuando haya sido redactada previamente por el
profesional y el consumidor no haya podido influir sobre su contenido, tal
como sucede, en particular, en el caso de los contratos de adhesión. A
este respecto, el Tribunal de Justicia ha declarado que es una cláusula no
negociada individualmente aquella que está redactada con vistas a una
utilización generalizada (sentencia de 15 de enero de 2015, Šiba, C-
537/13, EU:C:2015:14, apartado 31).
Estos requisitos pueden también concurrir respecto de una cláusula que
tiene por objeto modificar una cláusula potencialmente abusiva de un
contrato anterior celebrado entre las mismas partes o determinar las
consecuencias del carácter abusivo de esa otra cláusula. “La circunstancia
de que la nueva cláusula tenga por objeto modificar una cláusula anterior
que no ha sido negociada individualmente no exime por sí sola al juez
nacional de su obligación de comprobar si el consumidor ha podido
efectivamente influir, en el sentido del artículo 3, apartado 2, de la
Directiva 93/13, sobre el contenido de esta nueva cláusula”.
En el asunto objeto del litigio principal, nos dice el TJUE que la
circunstancia de que la celebración del contrato de novación al que se
refiere al litigio principal se enmarque dentro de la política general de
renegociación de los contratos de préstamo hipotecario de tipo variable
que incluían una cláusula «suelo», iniciada por Ibercaja Banco a raíz de la
sentencia 241/2013 del Tribunal Supremo, de 9 de mayo de 2013, podría
constituir un indicio de que XZ no pudo influir en el contenido de la nueva
cláusula «suelo».
En cualquier caso, dice, “la circunstancia de que XZ introdujera antes de
su firma en el contrato de novación la mención, escrita de su puño y letra,
en la que indicaba que comprendía el mecanismo de la cláusula «suelo»
no permite por sí sola concluir que esa cláusula fue negociada
individualmente y que el consumidor pudo efectivamente influir en el
contenido de la misma”.
En tercer lugar la sentencia establece que “El artículo 3, apartado 1, el
artículo 4, apartado 2, y el artículo 5 de la Directiva 93/13 deben
interpretarse en el sentido de que la exigencia de transparencia que tales
disposiciones imponen a un profesional implica que, cuando este celebra
con un consumidor un contrato de préstamo hipotecario de tipo de interés
variable y que establece una cláusula «suelo», deba situarse al
consumidor en condiciones de comprender las consecuencias económicas
que para él se derivan del mecanismo establecido por medio de la referida
cláusula «suelo», en particular mediante la puesta a disposición de
información relativa a la evolución pasada del índice a partir del cual se
calcula el tipo de interés.”
En relación a ello señala que la exigencia de que una cláusula contractual
debe redactarse de manera clara y comprensible se ha de entender
también como una obligación de que el contrato exponga de manera
transparente el funcionamiento concreto del mecanismo al que se refiere
la cláusula de que se trate, así como, en su caso, la relación entre ese
mecanismo y el prescrito por otras cláusulas, de manera que el
consumidor esté en condiciones de valorar, basándose en criterios
precisos e inteligibles, las consecuencias económicas que se deriven para
él (sentencia de 20 de septiembre de 2017, Andriciuc y otros, C-186/16,
EU:C:2017:703, apartado 45).
Por último en lo que aquí interesa, concluye el Tribunal que “El artículo 3,
apartado 1, considerado en relación con el punto 1, letra q), del anexo, y
el artículo 6, apartado 1, de la Directiva 93/13 deben interpretarse en el
sentido de que la cláusula estipulada en un contrato celebrado entre un
profesional y un consumidor para la solución de una controversia
existente, mediante la que el consumidor renuncia a hacer valer ante el
juez nacional las pretensiones que hubiera podido hacer valer en ausencia
de esta cláusula, puede ser calificada como «abusiva» cuando, en
particular, el consumidor no haya podido disponer de la información
pertinente que le hubiera permitido comprender las consecuencias
jurídicas que se derivaban para él de tal cláusula.
- la cláusula mediante la que el mismo consumidor renuncia, en lo
referente a controversias futuras, a las acciones judiciales basadas en los
derechos que le reconoce la Directiva 93/13 no vincula al consumidor.”
Hemos de recordar a su vez, la doctrina establecida por el TS sobre la
predisposición y por tanto la ausencia de negociación individual, esto es la
valoración sobre un contrato o una clausula de un contrato que no ha sido
fruto del consenso alcanzado después de una fase de tratos previos, tal y
como advierte la STS, Sala 1.ª, núm. 241/2013, de 9 de mayo de 2013
(ROJ: STS 1916/2013).
Mas debemos destacar que ha de tenerse en cuenta que la
predisposición de la cláusula, y del acuerdo de novación o transaccional
alegado, la hemos de presumir con carácter "iuris tantum" en los
contratos con consumidores, por disposición del art. [Link] del TRLGDCU,
a tenor del cual corresponde al profesional que afirme que una
determinada cláusula ha sido negociada individualmente la carga de la
prueba. Precepto que obedece, según la STS, Sala 1.ª, 265/2015, de 22
de abril de 2015 (ROJ: STS 1723/2015), a que resulta ser un hecho
notorio que en determinados sectores de la contratación con los
consumidores, en especial los bienes y servicios de uso común a que hace
referencia el art. 9 TRLCU, entre los que se encuentran los servicios
bancarios, los profesionales o empresarios utilizan contratos integrados
por condiciones generales de la contratación. Esta misma resolución
dispone que al objeto de enervar la presunción no basta con incluir en el
contrato predispuesto un epígrafe de "condiciones particulares" o
menciones estereotipadas y predispuestas que afirmen su carácter
negociado, ni con afirmar sin más en el litigio que la cláusula fue
negociada individualmente. Para destruir la presunción es preciso que el
profesional o empresario explique y justifique las razones excepcionales
que le llevaron a negociarla individualmente con ese concreto consumidor,
en contra de lo que de modo notorio, es habitual en estos sectores de la
contratación y acorde a la lógica de la contratación en masa, y que se
pruebe cumplidamente la existencia de tal negociación y las
contrapartidas que ese concreto consumidor obtuvo por la inserción de
cláusulas que favorecen la posición del profesional o empresario.
Es mas, el hecho de que el cliente haya firmado un documento o incluso
aunque hubiera suscrito de puño y letra uno en que se afirma que
comprendía el mecanismo de la cláusula suelo y el significado y
consecuencias del pacto novatorio, no va a permitir por sí solo concluir
que esa cláusula fue negociada individualmente y que el consumidor pudo
efectivamente influir en el contenido de la misma como señala la STJUE
antes mencionada ni que esté en condiciones de valorar, basándose en
criterios precisos e inteligibles, las consecuencias económicas que se
deriven para él.
Pues bien, no obstante la doctrina alegada aplicable a la validez de los
pactos novatorios o transaccionales al que se pacta de sustitución del tipo
de interés variable con unos límites mínimo y máximo, en unos casos por
un interés fijo durante un determinado periodo y a continuación uno
variable sin límite mínimo o en otros con límite mínimo inferior al
originario, o por uno fijo para toda la duración restante del contrato, es la
entidad recurrente la que ha de acreditar que el consentimiento prestado
a dicho pacto por el consumidor fue un consentimiento libre e informado y
ha de acreditar a su vez que el mismo era consciente en el momento de la
renuncia mediante el pacto novatorio, del carácter no vinculante para él
de la cláusula suelo y de las consecuencias que ello conllevaba, prueba
que en absoluto consta en el caso presente, en que el cliente acepta la
novación en la creencia errónea de que la cláusula suelo era vinculante
para él y que por tanto le era beneficioso modificar el contrato, pasando
de un interés variable con cláusula suelo a uno fijo durante un
determinado periodo y luego a uno variable sin clausula suelo o con una
que estableciera un suelo inferior. De haber sabido el consumidor que la
cláusula que se estaba novando no le era vinculante y que tenía derecho a
que se suprimiera en su integridad y a que se le devolviera absolutamente
todo lo indebidamente cobrado por aplicación de la cláusula desde el inicio
del contrato, con absoluta seguridad habría rechazado la novación que se
le propuso.
La reciente STS de 9 de febrero de 2021, en la que se estudia una
renuncia de acciones, que no va más allá de la controversia suscitada en
torno a la cláusula suelo, como la contenida en el supuesto que nos ocupa
afirma que “ 16.- Es cierto que en las sentencias de Pleno de esta Sala
Primera 580/2020 y 581/2020, ambas de 5 de noviembre, apreciamos, a
los efectos de la información que debía suministrarse al prestatario
consumidor a fin de permitirle conocer las consecuencias económicas
derivadas del mantenimiento de la cláusula suelo en un determinado nivel,
en relación con la evolución pasada del índice a partir del cual se calcula el
tipo de interés, que:
"Este criterio de transparencia se habría cumplido en este caso, pues
consta el conocimiento de esta evolución del índice y sus concretas
consecuencias económicas, por la incidencia práctica que había tenido
esta evolución en la concreción de la cuantía de la cuota periódica que
había venido pagando, y en el propio documento se especifica el valor del
índice en ese momento (0,583%).
"Además, esta información de la evolución de los índices de referencia
oficiales era objeto de publicación oficial y periódica por el Banco de
España, conforme a la disposición adicional segunda de la Orden del
Ministerio de Economía de 5 de mayo de 1994, y a la Circular 5/1994, de
22 de julio, del Banco de España".
Pero este criterio no puede extrapolarse al caso de la cláusula de
renuncia, en el marco de un acuerdo transaccional, pues no se trata de
comprender el riesgo futuro de que no pueda beneficiarse el deudor de la
bajada del índice de referencia por debajo del suelo, sino de determinar
las consecuencias económicas de la renuncia del consumidor, lo que exige
que la información proporcionada permita, al menos, un cálculo estimativo
de las mismas.
17.- Por ello, debemos concluir que en este caso el consumidor no ha
podido conocer cabalmente las consecuencias económicas derivadas de la
renuncia y, por tanto, la cláusula de renuncia litigiosa no supera el control
de transparencia material.
18.- La consecuencia derivada de la falta de transparencia de la cláusula
de renuncia al ejercicio de acciones, al no haber podido conocer el
consumidor sus consecuencias jurídicas y económicas, consecuencias que
no se advierten beneficiosas para el consumidor, es su consideración
como abusiva, lo que lleva, por tanto, a que declaremos su nulidad de
pleno derecho ( arts. 83 TRLGDCU, 8.2 LCGC y 6.1 de la Directiva 93/13).
“
Así resulta de la aplicación de la doctrina establecida en la sentencia del
TJUE de 9 de julio de 2020, en la que se concluyó que "la cláusula
estipulada en un contrato celebrado entre un profesional y un consumidor
para la solución de una controversia existente, mediante la que el
consumidor renuncia a hacer valer ante el juez nacional las pretensiones
que hubiera podido hacer valer en ausencia de esta cláusula, puede ser
calificada como "abusiva" cuando, en particular, el consumidor no haya
podido disponer de la información pertinente que le hubiera permitido
comprender las consecuencias jurídicas que se derivaban para él de tal
cláusula".
En este caso, el documento de novación se compone de cláusulas
predispuestas por el empresario, es decir, de cláusulas que no han sido
objeto de negociación individual. Ha quedado probado de manera palmaria
que estamos ante un documento modelo, de carácter estandarizado y
despersonalizado. redactado previamente por la entidad financiera y que
no proporcionó información suficiente y completa sobre las consecuencias
de su firma; es decir, sobre su carga económica y jurídica. Se ocultaron
los derechos del consumidor, de modo que éste mal pudo ser consciente
de a qué estaba renunciando. Sí, no se dio posibilidad al cliente de
conocer el alcance de la adhesión. Y por supuesto el documento de
novación no obedece ni es manifestación de un pretendido estado de
confrontación o litigio. No ha propuesto prueba alguna para demostrar que
los clientes influyeron en la génesis y culminación del documento de
novación.
El texto del contrato modelo contiene la siguiente clausula de renuncia : “
Para el otorgamiento del presente contrato de novación resulta esencial el
compromiso que asume la parte prestataria ante el Banco de Castilla-La
Mancha, recogido en la presente estipulación , en virtud del cual se
compromete de forma irrevocable a no instar en el futuro cualquier
reclamación , ya sea judicial o extrajudicial, que guarde relación con el
tipo mínimo y máximo pactado en el referido contrato de préstamo y que
ha dejado de tener aplicación por medio del presente. Igualmente, en
consonancia con lo anterior, si la parte prestataria mantuviese cursada en
la actualidad algún tipo de reclamación , ya sea judicial o extrajudicial,
relativa a dicha cuestión , se obliga a presentar de modo inmediato, el
correspondiente escrito de desistimiento y acreditarlo debidamente al
Banco de Castilla-La Mancha , SA:”
No consta acreditada ninguna información precontractual anterior o
coetánea a la firma de la novación, que hiciera saber de modo claro y
expreso al cliente consumidor la carga económica y jurídica del
mantenimiento de esa cláusula. La posición de dominio del banco sobre el
cliente, la falta de información clara y real sobre los derechos que tenía el
cliente descartan los pretendidos efectos liberatorios de la novación.
No habiéndose pues llevado a cabo ninguna actividad probatoria suficiente
por la parte recurrente a fin de destruir la presunción de falta de
negociación individual del acuerdo de novación o transacción alegado ,
mas allá de la valoración de parte de las declaraciones contenidas en el
documento modelo aportado a los autos, hemos de concluir la no
vinculación al consumidor , como estableció la STJU de 9 de julio de 2020
.
No consta acreditada ninguna información precontractual anterior o
coetánea a la firma de la novación, que hiciera saber de modo claro y
expreso al cliente consumidor la carga económica y jurídica del
mantenimiento de esa cláusula. La posición de dominio del banco sobre el
cliente, la falta de información clara y real sobre los derechos que tenía el
cliente descartan los pretendidos efectos liberatorios de la novación.
El reciente Auto del Tribunal de Justicia de 1 de junio de 2021 dando
respuesta a la cuestión prejudicial que planteaba el Juzgado de Primera
Instancia 7 de Orense sobre contrato de novación de la cláusula suelo de
un contrato de préstamo hipotecario, en el asunto C-268/19 en el
procedimiento entre UP y Banco Santander, en el que manifestaba dudas
sobre la jurisprudencia del Tribunal Supremo que ha declarado que no
cabe aplicar el régimen correspondiente a las cláusulas abusivas previsto
en la Directiva 93/13 en el caso de contratos de novación relativos a
cláusulas suelo, ya que estos son el resultado de una negociación
individual, preguntando a su vez sobre la información que el profesional
debe proporcionar al consumidor en el momento de celebrar un contrato
de novación para cumplir el requisito de redacción clara y comprensible
previsto en esta disposición, se ha pronunciado afirmando que : “ El
Tribunal de Justicia recuerda que, de acuerdo con el artículo 99 del
Reglamento de Procedimiento del Tribunal de Justicia, cuando la respuesta
a una cuestión prejudicial pueda deducirse claramente de la jurisprudencia
o no suscite ninguna duda razonable, el Tribunal de Justicia podrá decidir
en cualquier momento, a propuesta del Juez Ponente y tras oír al Abogado
General, resolver mediante auto motivado. Y considera aplicable dicha
disposición en el presente asunto.
El Tribunal de Justicia (Sala Séptima) declara:
1) El artículo 6, apartado 1, de la Directiva 93/13/CEE del Consejo, de 5
de abril de 1993, sobre las cláusulas abusivas en los contratos celebrados
con consumidores, debe interpretarse en el sentido de que no se opone a
que una cláusula de un contrato celebrado entre un profesional y un
consumidor, cuyo carácter abusivo puede ser declarado judicialmente,
pueda ser objeto de un contrato de novación entre ese profesional y ese
consumidor, siempre que, en el momento de la celebración de este
contrato de novación, el consumidor fuera consciente del carácter no
vinculante de esa cláusula y de las consecuencias que ello conllevaba, de
forma que su adhesión a dicho contrato de novación proceda de un
consentimiento libre e informado, extremo este que corresponde
comprobar al órgano jurisdiccional remitente.
2) Los artículos 3, apartado 1, y 4, apartado 2, de la Directiva 93/13
deben interpretarse en el sentido de que la exigencia de transparencia que
tales disposiciones imponen a un profesional implica que, en el momento
de la celebración de un contrato de novación entre un profesional y un
consumidor, cuyas cláusulas no se han negociado individualmente y que
tiene por finalidad modificar una cláusula potencialmente abusiva de un
contrato anterior celebrado por estas mismas partes, ese profesional
proporcione a ese consumidor la información pertinente que le permita
comprender las consecuencias jurídicas que se derivan para él de esta
circunstancia y, en particular, el hecho de que la cláusula inicial podía ser
eventualmente abusiva, extremo este que corresponde comprobar al
órgano jurisdiccional remitente.
Tomando en consideración lo expuesto procede la confirmación de la
sentencia , como aplicación de la doctrina establecida en la sentencia del
TJUE de 9 de julio de 2020, en la que se concluyó que "la cláusula
estipulada en un contrato celebrado entre un profesional y un consumidor
para la solución de una controversia existente, mediante la que el
consumidor renuncia a hacer valer ante el juez nacional las pretensiones
que hubiera podido hacer valer en ausencia de esta cláusula, puede ser
calificada como "abusiva" cuando, en particular, el consumidor no haya
podido disponer de la información pertinente que le hubiera permitido
comprender las consecuencias jurídicas que se derivaban para él de tal
cláusula".
De lo expuesto cabe concluir la desestimación de la causa de impugnación
expuesta
SEGUNDO: Se impugna a su vez, la declaración de nulidad de la clausula
contenida en la estipulación de la escritura de préstamo hipotecario
otorgado el día 2 de agosto de 2005 por entender que superan los
controles de incorporación y transparencia.
Ya se estableció por esta Sección en sentencias de 11 de noviembre de
2019 y 31 de octubre de 2018 reproduciendo las de 6 de julio de 2018, 10
de marzo de 2017 y 5 de julio de 2017 que "debe sentarse de principio
que el criterio sobre la abusividad de las clausulas suelo de la STS de
9.5.13 , que es ya Jurisprudencia por el art 1, 6 del C. Civil pues ha sido
seguido y confirmado en múltiples sentencias posteriores, es seguido por
esta Sala (auto de 8 de marzo de 2017 por citar solo la última), que
partiendo de la citada STS ha señalado "Esta Sala ha declarado en varias
sentencias la procedencia de realizar un control de transparencia de las
condiciones generales de los contratos concertados con consumidores, y
en especial de aquellas que regulan los elementos esenciales del contrato,
esto es, la definición del objeto principal del contrato y la adecuación entre
precio y retribución . Esta línea jurisprudencial se inicia en sentencias
como las núm. 834/2009, de 22 de diciembre, 375/2010, de 17 de junio,
401/2010, de 1 de julio, y 842/2011, de 25 de noviembre, y se perfila con
mayor claridad en las núm. 406/2012, de 18 de junio, 827/2012, de 15 de
enero de 2013, 820/2012, de 17 de enero de 2013 , 822/2012, de 18 de
enero de 2013, 221/2013, de 11 de abril, 638/2013, de 18 de noviembre
y 333/2014, de 30 de junio . Y, en relación a las condiciones generales
que contienen la denominada "cláusula suelo", puede citarse tanto la
referida sentencia núm. 241/2013, de 9 de mayo, como la posterior
sentencia núm. 464/2014, de 8 de septiembre." Y continua "el art. 4.2 de
la Directiva1993/13/CEE, de 5 abril, sobre cláusulas abusivas en contratos
celebrados con consumidores, establece que «la apreciación del carácter
abusivo de las cláusulas no se referirá a la definición del objeto principal
del contrato ni a la adecuación entre precio y retribución, por una parte, ni
a los servicios o bienes que hayan de proporcionarse como contrapartida,
por otra, siempre que dichas cláusulas se redacten de manera clara y
comprensible». La sentencia núm. 241/2013, de 9 de mayo , con
referencia a la anterior sentencia núm. 406/2012, de 18 de junio ,
consideró que el control de contenido que puede llevarse a cabo en orden
al posible carácter abusivo de la cláusula no se extiende al equilibrio de
las "contraprestaciones", que identifica con el objeto principal del
contrato, a que se refería la Ley General para la Defensa de los
Consumidores y Usuarios en el artículo 10.1.c en su redacción originaria,
de tal forma que no cabe un control del precio. En este sentido, la
sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (en lo sucesivo,
STJUE) de 30 de abril de 2014, asunto C-26/13, declara, y la de 26 de
febrero de 2015, asunto C-143/13, ratifica, que la exclusión del control de
las cláusulas contractuales en lo referente a la relación calidad/precio de
un bien o un servicio se explica porque no hay ningún baremo o criterio
jurídico que pueda delimitar y orientar ese control. Pero, se añadía en la
citada sentencia núm. 241/2013, con la misma referencia a la sentencia
anterior, que una condición general defina el objeto principal de un
contrato y que, como regla, no pueda examinarse la abusividad de su
contenido, no supone que el sistema no las someta al doble control de
transparencia.
Este doble control consistía, según la sentencia núm. 241/2013 (seguida
por la de 24.3.15 o la de 23.12.15 entre otras) en que, además del control
de incorporación, que atiende a una mera transparencia documental o
gramatical, existe «conforme a la Directiva 93/13/CEE y a lo declarado por
esta Sala en la Sentencia 406/2012, de 18 de junio , el control de
transparencia, el cual, como parámetro abstracto de validez de la cláusula
predispuesta, esto es, fuera del ámbito de interpretación general del
Código Civil del "error propio" o "error vicio", cuando se proyecta sobre los
elementos esenciales del contrato tiene por objeto que el adherente
conozca o pueda conocer con sencillez tanto la "carga económica" que
realmente supone para él el contrato celebrado, esto es, la onerosidad o
sacrificio patrimonial realizada a cambio de la prestación económica que
se quiere obtener, como la carga jurídica del mismo, es decir, la definición
clara de su posición jurídica tanto en los presupuestos o elementos típicos
que configuran el contrato celebrado, como en la asignación o distribución
de los riesgos de la ejecución o desarrollo del mismo. Por ello, seguía
diciendo esta sentencia, «la transparencia documental de la cláusula,
suficiente a efectos de incorporación a un contrato suscrito entre
profesionales y empresarios, es insuficiente para impedir el examen de su
contenido y, en concreto, para impedir que se analice si se trata de
condiciones abusivas. Es preciso que la información suministrada permita
al consumidor percibir que se trata de una cláusula que define el objeto
principal del contrato, que incide o puede incidir en el contenido de su
obligación de pago y tener un conocimiento real y razonablemente
completo de cómo juega o puede jugar en la economía del contrato».
Por tanto, que las cláusulas en los contratos concertados con
consumidores que definen el objeto principal del contrato y la adecuación
entre precio y retribución, por una parte, y los servicios o bienes que
hayan de proporcionarse como contrapartida, por otra, se redacten de
manera clara y comprensible no implica solamente que deban posibilitar el
conocimiento real de su contenido mediante la utilización de caracteres
tipográficos legibles y una redacción comprensible, objeto del control de
inclusión o incorporación (arts. 5.5 y 7.b de la Ley española de
Condiciones Generales de la Contratación -en adelante, LCGC. Supone,
además, que no pueden utilizarse cláusulas que, pese a que
gramaticalmente sean comprensibles y estén redactadas en caracteres
legibles, impliquen subrepticiamente una alteración del objeto del contrato
o del equilibrio económico sobre el precio y la prestación, que pueda pasar
inadvertida al adherente medio como señalo la STS 3.6.16 , alteración
provocada esta que lo es no del equilibrio objetivo entre precio y
prestación, que con carácter general no es controlable por el juez, sino del
equilibrio subjetivo de precio y prestación, es decir, tal y como se lo pudo
representar el consumidor en atención a las circunstancias concurrentes
en la contratación ( sentencias de esta Sala núm. 406/2012, de 18 de
junio ; 827/2012, de 15 de enero de 20 ; 820/2012, de 17 de enero de
2013 ; 822/2012, de 18 de enero de 2013; 221/2013, de 11 de abril;
241/2013, de 9 de mayo ; 638/2013, de 18 de noviembre; 333/2014, de
30 de junio ; 464/2014, de 8 de septiembre; 138/2015, de 24 de marzo ;
139/2015, de 25 de marzo ; 222/2015, de 29 de abril ; y 705/2015, de
23 de diciembre.
El art. 4.2 de la Directiva1993/13/CEE conecta esta transparencia con el
juicio de abusividad («la apreciación del carácter abusivo de las cláusulas
no se referirá a [...] siempre que dichas cláusulas se redacten de manera
clara y comprensible» ) , porque la falta de transparencia trae consigo un
desequilibrio sustancial en perjuicio del consumidor, consistente en la
privación de la posibilidad de comparar entre las diferentes ofertas
existentes en el mercado y de hacerse una representación fiel del impacto
económico que le supondrá obtener la prestación objeto del contrato
según contrate con una u otra entidad financiera, o una u otra modalidad
de préstamo, de entre los varios ofertados.
Por ello la STJUE de 26.2.15 señala que "para satisfacer la exigencia de
transparencia reviste importancia capital la cuestión de si el contrato de
préstamo expone de manera transparente los motivos y las
particularidades del mecanismo de modificación del tipo del interés, así
como la relación entre dicha cláusula y otras cláusulas relativas a la
retribución del prestamista, de forma que un consumidor informado pueda
prever, sobre la base de criterios precisos y comprensibles, las
consecuencias económicas que para él se derivan"
También señala la citada sentencia del Tribunal Supremo de 9.5.13 que
"Una vez sentado que la denominada "cláusula suelo" debe ser objeto de
un control de transparencia que vaya más allá del control de
incorporación, que verifique que la información suministrada permite al
consumidor saber que se trata de una cláusula que define el objeto
principal del contrato y puede incidir de forma importante en el contenido
de su obligación de pago, y que el adherente puede tener un conocimiento
real y razonablemente completo de cómo juega en la economía del
contrato, ha de abordarse la impugnación que el recurso hace de los
criterios empleados por la sentencia recurrida, en tanto que esta asume la
doctrina sentada en la sentencia de esta Sala núm. 241/2013 , para
verificar si se ha cumplido esa exigencia de transparencia.
La doctrina sentada en la sentencia núm. 241/2013 no infravalora la
normativa vigente cuando se interpuso la demanda, y en concreto la
Orden de 5 de mayo de 1994, sino que le otorga la trascendencia
adecuada, que es la de garantizar razonablemente la observancia de los
requisitos exigidos por la LCGC para la incorporación de las cláusulas de
determinación de los intereses y sus oscilaciones en función de las
variaciones del Euribor. Pero el cumplimiento de las prescripciones de
dicha norma no garantiza, por sí solo, la necesaria transparencia de las
condiciones generales que recogen la cláusula suelo, de modo que el
consumidor adherente pueda hacerse una idea cabal y suficiente de las
importantes consecuencias económicas que puede tener la inserción de
dicha cláusula.
Posteriormente añade dicha sentencia que "Tampoco la exigencia de
exhaustividad en la información y la contratación en masa justifica, como
alega el recurso, que no pueda darse la información sobre un elemento
esencial del contrato, en cuanto que conformador del precio, con un
tratamiento adecuado a tal carácter y de un modo que permita al
consumidor hacerse una idea adecuada de las consecuencias económicas
que dicha cláusula puede suponer para él, de modo que pueda hacer una
comparación adecuada con otras ofertas de préstamos teniendo en cuenta
no solo el importe del diferencial que debe sumarse al índice de
referencia, sino también la existencia o no de un suelo por debajo del cual
nunca bajará el tipo de interés, y conocer adecuadamente su posición
jurídica y económica derivada del contrato que suscribe". Todo ello sobre
la base de que, como señalo la STS 23.12.15, y conforme a la STS de
9.11.13, "La razón de que la cláusula suelo deba ser objeto de una
"especial comunicación" al cliente es que su efecto -más o menos
pronunciado según los tipos en vigor y según la altura del suelo- es que
convierte un préstamo a interés variable en un préstamo a interés mínimo
fijo que no podrá beneficiarse de todas las reducciones que sufra el tipo
de referencia (el Euribor). Es decir, la cláusula suelo puede inducir a error
al cliente sobre un aspecto fundamental del contrato y llevarle a adoptar
una decisión irracional, esto es, elegir una oferta cuyo tipo variable es
inferior pero que, por efecto de la cláusula suelo, en realidad lo es a un
tipo superior durante la vida del contrato que otra oferta del mercado a
tipo variable puro con un diferencial superior, pero que se aprovecha de
las bajadas del tipo de referencia ilimitadamente".
La STS de 4 de junio de 2018 analiza un supuesto en el que se establece
una clausula suelo gramaticalmente clara, pero no lo considera suficiente,
señalando que “no basta con la simple claridad gramatical. Parece que la
sentencia recurrida considera que el mero control de incorporación de los
arts. 5 y 7 LCGC es suficiente para que la cláusula pueda pasar también el
control de transparencia que imponen los arts. 4.2 de la Directiva y 60.1 y
80.1 TRLCU. Sin tener en cuenta que el contrato no contenía más
información acerca de que se trataba de un elemento definitorio del objeto
principal (afectaba al precio del préstamo), la cláusula estaba
enmascarada entre otros datos relativos a la revisión del interés, no
constaban simulaciones de escenarios diversos, ni se había advertido de
forma clara y comprensible sobre el coste comparativo con otros
productos de la propia entidad. En tales circunstancias, considerar que el
cumplimiento de los requisitos que los arts. 5 y 7 LCGC establecen para
que la condición general supere el control de incorporación permite que
también se supere el control de transparencia que hemos llamado
«material», infringe la doctrina jurisprudencial de esta sala, puesto que en
esas condiciones no es posible la comprensibilidad real de la importancia
de la cláusula suelo en el desarrollo del contrato, en concreto, su
incidencia en el precio a pagar por los consumidores.”
El mismo criterio es confirmado por otras sentencias del Tribunal
Supremo, como la más reciente de 7 de julio de 2020.
Así, en el presente supuestos no consta acreditación por la entidad
financiera con la prueba practicada, que el consumidor comprendiera que
contrataba un préstamo con un tipo de interés mínimo fijo del que no se
beneficiará en un futuro de las bajadas del tipo de referencia. Las
circunstancias a tener en cuenta según el f. 225 de la STS de 9 de mayo
de 2013 serán: a) Haber facilitado una información suficientemente clara
de que se trata de un elemento definitorio del objeto principal del
contrato; b) La existencia de simulaciones de escenarios diversos
relacionados con el comportamiento razonablemente previsible del tipo de
interés en el momento de contratar; d) La existencia de información
previa clara y comprensible sobre el coste comparativo con otras
modalidades de préstamo de la propia entidad o advertencia de que al
concreto perfil de cliente no se le ofertan las mismas; e) la ubicación de la
cláusula en el contrato, si esta resaltada y destacada o totalmente carente
de precisión y concreción.
No se cumplen tales requisitos en el presente supuesto y no obstante
conforme a la sentencia del TS de 4 de junio de 2018 antes citada, la
cláusula sea gramaticalmente clara no es en modo alguno suficiente,
pues ni la escritura indica que el suelo establecido se trataba de un
elemento definitorio del objeto principal; no consta simulaciones de
escenarios diversos, ni aparece tampoco estudio comparativo con otros
productos de la propia entidad.
La llamada "oferta vinculante" que se aporta por la parte recurrente como
supuesta muestra de negociación no es prueba de un verdadero contraste
con el cliente; no basta con el cumplimiento de determinados criterios
formales, sino que es preciso que el consumidor conozca y comprenda las
consecuencias y efectos reales de la novación realizada. Como recuerda la
STS de 8 de junio de 2017, Pte: Sarazá Jimena, nº 367/2017 , del Pleno
(FJ Sexto, apartado 11), "en la sentencia 464/2013, de 8 de septiembre ,
declaramos que la lectura de la escritura pública y, en su caso, el
contraste de las condiciones financieras de la oferta vinculante con la del
respectivo préstamo hipotecario, no suplen por sí solos el cumplimiento
del deber de transparencia”
Sobre la intervención del notario en cuanto a la transparencia de los
préstamos hipotecarios se dice en la Sentencia del Tribunal Supremo nº
593/2017, lo siguiente:
"También considera la Audiencia Provincial que la cláusula suelo era
transparente porque la escritura fue leída por el notario. Como hemos
dicho en las sentencias 464/2013, de 8 de septiembre , y 367/2017, de 8
de junio (RJ 2017, 2509), la lectura de la escritura pública y, en su caso,
el contraste de las condiciones financieras de la oferta vinculante con la
del respectivo préstamo hipotecario, no suplen por sí solos el
cumplimiento del deber de transparencia. En la sentencia 138/2015, de 24
de marzo (RJ 2015, 845), llamamos la atención sobre el momento en que
se produce la intervención del notario, al final del proceso que lleva a la
concertación del contrato, en el momento de la firma de la escritura de
préstamo hipotecario, a menudo simultáneo a la compra de la vivienda (lo
habitual en el caso de consumidores es que el préstamo hipotecario sirva
para pagar el precio de la vivienda que acaba de comprarse en la escritura
otorgada justo antes y ante el mismo notario), por lo que no parece que
sea el momento más adecuado para que el consumidor revoque una
decisión previamente adoptada con fundamento en una información
inadecuada, pues si lo hace, no podría pagar el precio de la vivienda que
acaba de comprar.
Tanto la jurisprudencia comunitaria, como la de esta sala, han resaltado la
importancia que para la transparencia en la contratación con los
consumidores tiene la información precontractual que se les facilita,
porque es en esa fase cuando se adopta la decisión de contratar.
(...)
Ciertamente, en la sentencia 171/2017, de 9 de marzo (RJ 2017, 977),
dijimos que "en la contratación de préstamos hipotecarios, puede ser un
elemento a valorar la labor del notario que autoriza la operación, en
cuanto que puede cerciorarse de la transparencia de este tipo de cláusulas
(con toda la exigencia de claridad en la información que lleva consigo) y
acabar de cumplir con las exigencias de información que subyacen al
deber de transparencia. [...]". Pero tal declaración no excluye la necesidad
de una información precontractual suficiente que incida en la
transparencia de la cláusula inserta en el contrato que el consumidor ha
decidido suscribir. En el supuesto objeto de ese recurso, el consumidor
había sido informado previamente de la existencia de tal cláusula suelo,
hasta el punto de que este la había comparado con la ofertada por otras
entidades bancarias y consiguió una rebaja en el suelo propuesto. Sin
entrar en hasta qué punto tal circunstancia excluía el carácter no
negociado de la cláusula, extremo este que en dicho recurso no era
cuestionado por los litigantes ni por las sentencias de instancia, sí que
servía para acreditar que en la fase precontractual el consumidor tuvo
cumplida información de la existencia y trascendencia de la cláusula
suelo".
Así pues, la intervención del notario no puede suplir, por sí misma, la falta
de comprensión real de la trascendencia económica de la cláusula suelo,
comprensión que debe conseguirse en la fase precontractual, que es
cuando el prestatario tiene posibilidad de decisión sobre el contrato y sus
condiciones.
En consecuencia, la cláusula no cumple los requisitos de transparencia
exigidos por la STS 241/2013, de 9 de mayo en el sentido de que: "la
información suministrada permita al consumidor percibir que se trata de
una cláusula que define el objeto principal del contrato, que incide o
puede incidir en el contenido de su obligación de pago, y tener un
conocimiento real y razonablemente completo de cómo juega o puede
jugar en la economía del contrato".
Como ha declarado recientemente el TS en Sentencia de 23 de Enero de
2020, “ la información precontractual es la que permite realmente
comparar ofertas y adoptar la decisión de contratar. NO se puede realizar
una comparación fundada entre las distintas ofertas si al tiempo de
realizar la comparación el consumidor no puede tener un conocimiento
real de la transcendencia económica y jurídica de alguno de los contratos
objeto de comparación porque no ha podido llegar a comprender lo que
significa en él una concreta clausula, que afecta a un elemento esencial
del contrato, en relación con las demás, y las repercusiones que tal
cláusula puede conllevar en el desarrollo del contrato”
La doctrina expuesta es perfectamente aplicable al supuesto que nos
ocupa en el que no se ha practicado prueba suficiente sobre la información
precontractual imprescindible, argumentando que la clausula suelo cumple
con los requisitos de transparencia al deducir el conocimiento de su
existencia y alcance del contenido del propio texto del documento
contractual, extremos que, en aplicación de la doctrina extensamente
expuesta no es suficiente para superar el control cualificado de
transparencia.
Se desestima por tanto el recurso de apelación interpuesto, confirmando
la sentencia dictada en las presentes actuaciones.
TERCERO: Las costas procesales se impondrán al recurrente, en
aplicación del art. 398 de la Ley 1/2000, de Enjuiciamiento Civil. -
F A L L O:
Que DESESTIMANDO el recurso de apelación que ha sido
interpuesto por la representación procesal de BANCO CASTILLA LA
MANCHA -LIBERBANK S.A-, debemos CONFIRMAR Y CONFIRMAMOS la
sentencia dictada por el Juzgado de 1ª Instancia Núm. 1 Bis de Toledo,
con fecha 12/12/2019, en el procedimiento núm. 1195/2018, de que
dimana este rollo, imponiendo las costas procesales causadas en el
presente recurso a la parte apelante.
Contra la presente resolución cabe interponer recurso de
casación si se dictase para la tutela civil de derechos fundamentales o si la
cuantía del procedimiento superase los 600.000 euros o por interés
casacional, y asimismo recurso extraordinario por infracción procesal, a
interponer en este Tribunal y para ante el Tribunal Supremo en el plazo de
los 20 días siguientes a la notificación de la sentencia
Así por esta nuestra sentencia, de la que se llevará certificación al
Rollo de la Sección, definitivamente juzgando, lo pronunciamos,
mandamos y firmamos.
PUBLICACION. - Leída y publicada la anterior resolución mediante
su lectura íntegra por la Ilma. Sra. Magistrada Ponente Dª. Mar Cabrejas
Guijarro, en audiencia pública. Doy fe. -