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Soberanía de Dios y la Elección Divina

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JUSTICIA, MISERICORDIA Y GRACIA: LA

SOBERANÍA DE DIOS
Palabras claves:
Soberanía de Dios, maldecido, anatema, guerra santa, adopción, gloria, pactos, ley
mosaica, patriarcas, elección, descendientes físicos y espirituales, plan redentor, albedrío
humano, misericordia, alfarero, condenación, salvación, remanente, piedra de tropiezo,
oración de fe, confesar, primicia, masa, raíz, savia, olivo cultivado y silvestre, rama,
injertado, endurecimiento espiritual, nuevo pacto.
Objetivos:
Conducir al estudiante a una satisfactoria comprensión de la doctrina de la elección
como expresión de la gracia y misericordia de Dios.
Resumen:
Los capítulos 9 al 11 de la epístola abordan de lleno el tema de la elección soberana de
Dios que se halla implícita en la noción de predestinación y las problemáticas y
malentendidos que suscita, en este caso en relación con la elección de Israel en el
Antiguo Testamento y la iglesia en el Nuevo.

6. Justicia, misericordia y gracia: La soberanía de Dios

Los capítulos 9 al 11 de la epístola abordan de lleno el tema de la elección soberana


de Dios que se halla implícita en la noción de predestinación y las problemáticas y
malentendidos que suscita, en este caso en relación con la elección de Israel en el
Antiguo Testamento y la iglesia en el Nuevo. Tanto así que la Biblia de Estudio Plenitud
hace la siguiente observación panorámica a estos tres capítulos: “¿Puede ser justo
Dios si muchos miembros de la nación escogida en el antiguo pacto se pierden?
Después de esta larga exposición sobre la forma como la justicia divina es preservada
en el evangelio, y aun los pecadores pueden ser salvados, surge otra pregunta: ¿Cómo
podemos decir que Dios es recto o justo si de acuerdo con el evangelio hay que
confiar en Cristo para ser salvados? Esto significaría que muchos judíos que no han
confiado en Cristo se pierden. ¿Pero cómo entonces puede Dios ser fiel a las
promesas dadas a los judíos en su calidad de pueblo escogido? Pablo contesta esta
pregunta en los capítulos 9-11”. Dicho de otro modo: “Aquí comienza Pablo su
discusión de las cuestiones que ponen a uno perplejo acerca del pueblo judío. ¿Por
qué rechazaban el evangelio? ¿Cómo se relaciona este nuevo esquema de justicia
aparte de la ley con la privilegiada posición de los judíos? ¿Han fracasado las

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promesas contenidas en sus pactos?” (Biblia de Estudio Ryrie).
En los versículos 1 al 5 leemos: “Digo la verdad en Cristo; no miento. Mi conciencia me
lo confirma en el Espíritu Santo. Me invade una gran tristeza y me embarga un
continuo dolor. Desearía yo mismo ser maldecido y separado de Cristo por el bien de
mis hermanos, los de mi propia raza, el pueblo de Israel. De ellos son la adopción
como hijos, la gloria divina, los pactos, la ley, el privilegio de adorar a Dios y el de
contar con sus promesas. De ellos son los patriarcas, y de ellos, según la naturaleza
humana, nació Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas. ¡Alabado sea por
siempre! Amén”. Pablo apela con frecuencia en sus escritos al testimonio de su propia
conciencia, confirmada aquí por el Espíritu Santo, respecto de lo cual MacArthur
afirma: “La conciencia es confiable solo al ser controlada por el Espíritu, aunque no
deja de ser imperfecta y sus advertencias siempre deben someterse a prueba con la
Palabra de Dios (cp. 1 Co. 4:3-5)” (Biblia de Estudio MacArthur). En esta sección:
“Pablo expresa su preocupación por sus «hermanos» judíos al decir que estaría
dispuesto a recibir el castigo que a ellos corresponde si esto los salvara. Teniendo en
cuenta que solo Cristo puede salvarnos, Pablo expresa una profundidad de amor rara.
Como Jesús, estaba dispuesto a sacrificarse por otros…” (Biblia de Estudio del Diario
Vivir). La Biblia de Estudio Mathew Henry se refiere a la “gran tristeza” expresada aquí
por el apóstol, describiendo así su causa: “Debido a que los judíos rechazaban a Cristo
el Mesías. Podemos compararlo con el dolor de un judío escribiendo tras la caída de
Jerusalén”. Y en la misma línea, la Biblia de Estudio Plenitud dice: “Pablo expresa
genuino pesar por los incrédulos entre los judíos… Pablo no desea ser separado de
Cristo con tal de que otros judíos se salven, pero su dolor por ellos es tan profundo
que virtualmente se pone en esa actitud”. De hecho, la palabra griega que Pablo utiliza
aquí y que la NVI traduce como “maldecido” es anathema: “… que significa ‘consagrar
a destrucción en el infierno eterno’ (cp. 1 Co. 12:3; 16:22; Gá. 1:8, 9). Aunque Pablo
entendía que esa clase de intercambio es imposible… el apóstol expresó con
sinceridad su amor profundo por sus compatriotas judíos…” (Biblia de Estudio
MacArthur), a semejanza de la emotiva intercesión de Moisés por el pueblo de Israel:
“Sin embargo, yo te ruego que les perdones su pecado. Pero, si no vas a perdonarlos,
¡bórrame del libro que has escrito!” (Éxodo 32:32). En cuanto al concepto evocado con
la palabra griega anathema, éste tiene su origen en el hebreo jérem o hérem que en el
Antiguo Testamento denotaba todo aquello consagrado a la destrucción como ofrenda
a Dios, en especial en el contexto de la “guerra santa” de conquista de la Tierra
Prometida, en la que las vidas de la totalidad de los miembros de los pueblos
conquistados (hombres, mujeres y niños) y el botín de guerra (rebaños y posesiones de
todo tipo) debían ser exterminados y destruidos por completo, sin reservarse nada
para el uso de los vencedores. De ahí el uso que adquiere en el griego del Nuevo
Testamento para expresar una maldición irrevocable y definitiva.
Spurgeon se detiene de manera especial en esta declaración del apóstol: “Los judíos

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odiaban a Pablo intensamente. Nada superaba la malicia que tenían contra el hombre
que ellos consideraban un apóstata de la fe verdadera porque se había convertido en
seguidor de Cristo, el Nazareno. Sin embargo, él estaba dispuesto a perder –por así
decirlo− su propia salvación si con eso los judíos podían salvarse. Debemos entender
las palabras del apóstol como una expresión que brotó de lo profundo de un corazón
bondadoso, palabras que no son según las leyes de la lógica, sino según sus propios
sentimientos insondables. Hubo momentos cuando casi pensó que preferiría ser
maldito, «anatema», abandonado, separado de Cristo, si con eso podía salvar a la casa
de Israel; así de grande era su amor por ellos. Por supuesto, eso no podía ser, y nadie
lo sabía mejor que Pablo, porque hay un solo Sustituto y un único sacrificio por los
pecadores. Solamente expresó su deseo para mostrar cuánto amaba a los judíos,
para que supieran la carga pesada y la amargura de corazón que sentía por sus
hermanos, sus parientes según la carne” (Biblia de Estudio Spurgeon). Juan Calvino
hizo también observaciones a esta declaración paulina diciendo fundamentalmente:
“El apóstol no podía expresar un amor más vehemente que por medio de esta
afirmación…” (Biblia de Estudio Matthew Henry).
En el cierre de la sección inicial que estamos considerando, los versículos 4 y 5
enumeran: “Los privilegios del pueblo judío [que] incluían la adopción como nación
(Ex. 4:22), la gloria (Ex. 16:10), los pactos (Ef. 2:12), la ley mosaica, el servicio cultual
en el tabernáculo y en el templo, miles de promesas, los patriarcas y Cristo” (Biblia de
Estudio Ryrie). Es oportuno y conveniente delimitar aquí el alcance del “pueblo de
Israel” al que se refiere el apóstol: “El «pueblo de Israel» se refiere a los descendientes
de Jacob (a quienes Dios les puso por nombre Israel, véase Gn 32:28). El nombre se
usó para la nación entera (véase Jue 5:7), luego para el reino del norte, después de
que la nación se dividió (véase 1R 12), al reino del sur se le llamó Judá. Durante el
periodo intertestamentario y luego en los tiempos del Nuevo Testamento, los judíos
palestinos usaron el título para indicar que eran el pueblo escogido de Dios, sus «hijos»
adoptados…” (Biblia de Estudio Arqueológica).
MacArthur se toma el trabajo de describir con mayor detalle todos estos privilegios: “…
adopción. No en el sentido de proveer salvación a toda persona que nace judía (… cp.
9:6), sino en la elección soberana de toda una nación para recibir su llamamiento, su
pacto y su bendición especiales, a fin de que le sirviera como su testigo a las demás
naciones… gloria. La nube de la gloria (Shekiná) que representaba la presencia de
Dios en el AT… Su gloria se hizo presente en el Lugar santísimo tanto en el
tabernáculo como en el templo, que sirvieron como la habitación del trono de Yahweh,
el Rey de Israel… el culto. Se traduce mejor ‘servicio del templo’ y se refiere a todo el
sistema de sacrificios y ceremonias que Dios reveló a través de Moisés… las
promesas. Una referencia probable al Mesías prometido y proveniente de Israel, quien
habría de traer vida eterna y un reino eterno…” (Biblia de Estudio MacArthur).
Valga decir que la mayoría de traducciones, entre las que está la NVI, adopta la

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variante en plural para referirse a “los pactos” y no al “pacto”, en singular, como lo
hace la RVR, pues en realidad Israel ha sido beneficiario no de un solo pacto (aunque
sobresalga entre todos ellos el llamado “pacto de la alianza” suscrito por Dios con
Israel en el contexto del éxodo y la entrega de la Torá, más conocida como la Ley o el
Pentateuco); sino varios, como aparece también de manera inequívoca en Efesios
2:12: “recuerden que en ese entonces ustedes estaban separados de Cristo, excluidos
de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin
Dios en el mundo”, como los enumerados así por MacArthur: “… Los seis pactos
bíblicos incluyen: 1) el pacto con Noé (Gn. 9:8-17), 2) el pacto con Abraham (Gn. 12:1-
3…), 3) el pacto de la ley dado a través de Moisés en el Monte Sinaí (Ex. 19-31; cp. Dt.
29, 30), 4) el pacto sacerdotal (Nm. 25:10-13), 5) el pacto de un reino eterno a través
del Hijo más grande de David (2 S. 7:8-16) y 6) el nuevo pacto (Jer. 31:31-34; Ez.
37:26; cp. He. 8:6-13). Todos estos pactos son eternos y unilaterales, con la única
excepción del pacto mosaico porque el pecado de Israel lo abrogó y ha sido
reemplazado por el nuevo pacto (cp. He. 8:7-13)…” (Biblia de Estudio MacArthur).
La referencia a los patriarcas es, por supuesto, a “Los patriarcas Abraham, Isaac y
Jacob, en quienes fueron cumplidas las promesas del Mesías. Cristo, el cual es Dios…
bendito por los siglos” (Biblia de Estudio MacArthur), en una declaración que algunos
comentaristas consideran una doxología, es decir, una fórmula de alabanza a Dios
−especialmente a la Trinidad− en las liturgias cristianas y en la Biblia. Sea como fuere,
doxología o no, Pablo afirma aquí una vez más la condición mesiánica de Cristo, así
como su plena divinidad y su indudable pertenencia al pueblo judío en cuanto a su
naturaleza humana como descendiente directo de los patriarcas en quien se cumplen
las promesas dadas por Dios a ellos en su momento.
Una vez establecido lo anterior, el versículo 6 da un giro: “Ahora bien, no digamos que
la Palabra de Dios ha fracasado. Lo que sucede es que no todos los que descienden
de Israel son Israel”. En este caso la alusión a la Palabra de Dios es una: “…
Referencia específica a los privilegios y las promesas que Dios había revelado a
Israel…” (Biblia de Estudio MacArthur). Y la Palabra de Dios no ha fracasado en este
caso, es decir no se ha dejado de cumplir, debido fundamentalmente a que: “…no
todos los que descienden de Israel son Israel”, es decir que: “No todos los
descendientes físicos de Abraham son herederos verdaderos de la promesa” (Biblia
de Estudio MacArthur). La alusión de MacArthur a Abraham y no a Israel o Jacob, que
es como se encuentra en el versículo 6, se anticipa a la manera en que Pablo retoma
esta idea en los versículos 7 al 9, pero remontándola ahora a Abraham, el primero de
los patriarcas, y no a su nieto Jacob quien fue el que dio nombre a la nación de Israel,
pues con Abraham Pablo puede ilustrar el punto de manera más clara, así: “Tampoco
por ser descendientes de Abraham son todos hijos suyos. Al contrario: «Tu
descendencia se establecerá por medio de Isaac.» En otras palabras, los hijos de Dios
no son los descendientes naturales; más bien, se considera descendencia de

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Abraham a los hijos de la promesa. Y la promesa es esta: «Dentro de un año vendré, y
para entonces Sara tendrá un hijo»”.
Valga decir que: “… Esta sorprendente paradoja no es una nueva idea para Pablo. Ya
había expuesto él que los de la fe son los verdaderos hijos de Abraham (Gál. 3:7-9).
Esta idea ha sido desarrollada en Rom. 4. Así que aquí no está haciendo una treta
para escapar a la dificultad. Ahora muestra cómo éste era el propósito original de
Dios, la inclusión sólo de los que creyeran” (Biblia de Estudio Matthew Henry). Más
bien: “… Pablo recuerda a sus lectores que hasta las promesas raciales y nacionales
hechas a Abraham no iban dirigidas a todos sus descendientes físicos, sino sólo a los
que descendieran de Isaac…”, de modo que: “Solo los descendientes de Isaac podían
ser llamados verdaderos hijos de Abraham, los herederos legítimos de aquellas
promesas raciales y nacionales… Los otros hijos de Abraham a través de Agar y Cetura
no fueron elegidos para recibir las promesas nacionales hechas a él… El punto de
Pablo es que así como no todos los descendientes de Abraham pertenecían al pueblo
físico de Dios o el Israel nacional, no todos los que son hijos verdaderos de Abraham a
través de Isaac son el verdadero pueblo espiritual de Dios que disfruta las promesas
hachas a los hijos espirituales de Abraham…” (Biblia de Estudio MacArthur).
De hecho, al hacer referencia a Isaac, estos versículos nos revelan que: “El objeto de
San Pablo es mostrar que la elección secreta de Dios está por encima de la vocación
externa, sin contradicción y antes por el contrario confirma el cumplimiento de esta
última. Para señalar estos dos puntos ordenadamente dice, en primer lugar, que la
elección de Dios no se sujeta a la descendencia carnal de Abrahán, y ni siquiera se
halla comprendida en la condición y en el pacto de la Alianza. Esto lo demuestra por
un ejemplo muy adecuado; porque si ha existido algún linaje verdadero que no se
haya apartado de la participación de la Alianza, eso se ha cumplido principalmente en
aquellos comprendidos en lo primero. Mas como vemos entre los primeros hijos de
Abrahán, estando todavía éste vivo y siendo la promesa reciente, cómo uno fue
separado de la descendencia, cuánto más esto habrá podido acontecer en la
posteridad más alejada de él. Esta sentencia está tomada de Gn 17:19-21, en donde
el Señor responde a Abrahán que ha escuchado sus oraciones respecto a Ismael, pero
que la bendición prometida recaerá sobre otro. Se deduce, pues, que por privilegio
especial, Dios elige de entre el pueblo a determinados hombres en quienes la
adopción general muestra su eficacia y es confirmada” (Biblia de Estudio Matthew
Henry).
Así, pues: “Pablo establece aquí una distinción entre los descendientes físicos de
Abraham y los espirituales. No todos aquellos forman parte de los segundos. Los
descendientes espirituales son hijos de la promesa, como Isaac, que nació cuando ya
era humanamente imposible que fuera concebido (cf. 4.19). De modo que todos los
que comparten la fe de Abraham en la promesa de Dios, sean judíos o gentiles, son
verdaderamente sus descendientes espirituales” (Biblia de Estudio Harper Caribe). O

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dicho de otro modo: “Aquí, y en lo que sigue, Pablo distingue dos clases de Israel y dos
clases de elección. Dios escogió al Israel físico e histórico al seleccionar a Abraham y
sus descendientes (la «elección» mencionada en el versículo 11), Dios escogió a la
nación histórica de Israel, a través de la cual logró muchos propósitos, incluso el
establecimiento de la Escritura (v. 4; 3:2) y la línea del Mesías (v. 5). Pero no todo el
Israel étnico elegido constituye el Israel espiritual elegido, salvado (v. 8). Pablo
distingue dos clases de elección: (1) la elección de la nación de Israel para llevar a
cabo ciertas tareas (también explica la de ciertos individuos: los patriarcas y el faraón,
v. 17); y (2) la elección para salvación. Para estar en este último grupo (es decir, para
alcanzar la justicia), es necesaria la fe en Cristo (vv. 30-33; recordar lo que hace a un
verdadero judío, en 2:28-29)” (Biblia de Estudio de Apologética).
En los versículos 10 al 13 el apóstol continúa exponiendo el carácter soberano de la
elección divina que no obliga a Dios a tratar del mismo modo a todos los
descendientes de Abraham, deteniéndose en este caso en los hijos de Isaac: “No solo
eso. También sucedió que los hijos de Rebeca tuvieron un mismo padre, que fue
nuestro antepasado Isaac. Sin embargo, antes de que los mellizos nacieran, o hicieran
algo bueno o malo, y para confirmar el propósito de la elección divina, no en base a
las obras, sino al llamado de Dios, se le dijo a ella: «El mayor servirá al menor». Y así
está escrito: «Amé a Jacob, pero aborrecí a Esaú»”. Es claro aquí que: “El hecho de que
Dios escogiese a Jacob en lugar de Esaú, no se basó en nada que hubiesen hecho o
pusiesen hacer en el futuro. Este es el misterio de la elección divina” (Biblia de Estudio
Plenitud), complementado por MacArthur de este modo: “… Más bien, la elección de
Jacob por parte de Dios solo dependió de su propio plan soberano, un ejemplo
perfecto de elección para salvación. Dios ha escogido a algunos judíos y a algunos
gentiles, pero no a todos, para salvación…” (Biblia de Estudio MacArthur). En cuanto a
la cita que Pablo hace de Malaquías 1:2-3: “… Sin embargo, amé a Jacob pero
aborrecí a Esaú…” MacArthur aclara: “El punto aquí no es alguna emoción de odio
hacia Esaú y sus hijos. Malaquías, quien escribió esta declaración más de mil
quinientos años tras la muerte de todos ellos, miraba en retrospectiva a estos dos
hombres y por extensión a las naciones (Israel y Edom) que salieron de sus lomos.
Dios escogió a uno para recibir su bendición y protección divinas, y al otro lo dejó a
juicio divino” (Biblia de Estudio MacArthur).
A su vez, la Biblia de Estudio de Apologética hace aquí las siguientes precisiones:
“Estos vv. pueden dar la impresión de que Dios actúa arbitrariamente y sin
cooperación humana, lo cual sugiere que no tiene en cuenta la libertad del hombre y
que, en consecuencia, no puede responsabilizar a la gente de sus acciones. Nada de
esto refleja correctamente lo que Pablo señala aquí. El plan de la gracia y la
misericordia de Dios no viola la libertad humana. La elección de Jacob por encima de
Esaú refleja que el Señor decidió que Israel surgiera a través de los descendientes de
Jacob, no de Esaú. Al decir que Dios «aborreció» a Esaú, Pablo no implica que Él lo

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excluyera de la salvación. Como linaje del Mesías, Dios escogió la tribu de Judá (que
no fue uno de los personajes más nobles), en lugar de los descendientes de José (un
verdadero creyente). (En ese sentido, «aborreció» a José, pero «amó» a Judá). Dios
ejecuta su plan redentor por gracia, como a Él le parece. Los seres humanos no
pueden reclamarle nada. Por lo tanto, en lo que a la nación respecta, Dios decidió de
manera soberana tener misericordia de Israel (incluso de los patriarcas). De todos
modos, los hijos físicos de Abraham no pueden reclamar haber sido «elegidos»
automáticamente para salvación y, por lo tanto, ser «justos», sin una genuina fe en
Cristo… Sin embargo, la elección de Dios mediante la gracia también opera para
salvación: Él ha decidido salvar a aquellos que confían en Su Hijo. Dios tendrá
misericordia de quien quiera tenerla, y ningún reclamo, ni siquiera de la descendencia
judía, invalidará lo que el divino Alfarero decida hacer. Curiosamente, el profeta
Jeremías también usó al alfarero para ilustrar cómo obra Dios y reconoció claramente
que Él puede variar Su respuesta según la reacción humana a Sus palabras (Jer. 18:-
5-10). Dios desea que la gente se arrepienta y se vuelva a Él. La ilustración del
alfarero muestra que Dios no es inflexible ni impasible, y que no lleva a cabo sus
planes de manera caprichosa”.
Los versículos 14 al 18 que dicen: “¿Qué concluiremos? ¿Acaso es Dios injusto? ¡De
ninguna manera! Es un hecho que a Moisés le dice: «Tendré clemencia de quien yo
quiera tenerla, y seré compasivo con quien yo quiera serlo.» Por lo tanto, la elección no
depende del deseo ni del esfuerzo humano, sino de la misericordia de Dios. Porque la
Escritura le dice al faraón: «Te he levantado precisamente para mostrar en ti mi poder,
y para que mi nombre sea proclamado por toda la tierra». Así que Dios tiene
misericordia de quien él quiere tenerla, y endurece a quien él quiere endurecer”, son
aún más contundentes para establecer el punto de la elección soberana e inmerecida
de Dios, no condicionada a nada de lo que nosotros podamos hacer o dejar de hacer
para merecerla, citando para ello lo ya declarado a Moisés en Éxodo 33:19. De hecho:
“Si Dios no fuese libre para mostrar Su misericordia, nadie sería bendecido, porque
nadie merece Su gracia, y ésta no puede ser ganada con nada” (Biblia de Estudio
Ryrie). En el versículo 14 que inicia este segmento: “Pablo anticipa una vez más la
objeción de sus lectores a la teología presentada: Si Dios elige a unos para salvación y
no tiene en cuenta sus méritos o acciones, esto hace a Dios arbitrario e injusto” (Biblia
de Estudio MacArthur), a lo cual el apóstol responde de nuevo de manera tajante:
“…¡De ninguna manera!”. Y en el versículo 15: “En respuesta a la acusación de que
esa enseñanza acerca de la elección soberana de Dios es incompatible con su
ecuanimidad, Pablo cita este texto del AT [Éxodo 33:19] que indica con claridad que
Dios posee soberanía absoluta y elige quienes se salvarán sin violar sus demás
atributos. Él determina quien recibe misericordia” (Biblia de Estudio MacArthur). Así,
pues: “Dios nunca es injusto al tratar con su pueblo. Como Creador soberano, tiene el
derecho de actuar de acuerdo con su voluntad, ya sea en ejercicio de su compasión
(vv. 14-16), o en ejercicio de su ira (vv. 17, 18)” (Biblia de Estudio Plenitud).

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El versículo 16 establece, entonces, que la elección divina de ciertas personas para
vida eterna conforme a la gracia de Dios, no depende, o “… no es iniciada por decisión
humana porque hasta la fe es un don de Dios [que]… no se gana por los méritos del
esfuerzo humano” (Biblia de Estudio MacArthur). Así, pues, la fe; sin dejar de ser un
ejercicio voluntario del albedrío humano, es al mismo tiempo un don de lo alto, de
dónde sin la previa iniciativa y benévola influencia divina sobre los elegidos mediante
la convicción del Espíritu, nunca llegaríamos a ejercer la fe en Cristo que nos otorga la
salvación. Efesios 2:8 da a entender que la fe es un don de Dios: “Porque por gracia
ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el
regalo de Dios”, idea ratificada en Filipenses 1:29 que dice: “Porque a ustedes se les
ha concedido no solo creer en Cristo, sino también sufrir por él”. El carácter
determinante de la soberana iniciativa de Dios para otorgarnos y llevarnos a la fe,
tanto en su origen como en su consumación final, está también implícita en la
designación que se hace de Cristo en la epístola a los Hebreos como el autor o
iniciador y el consumador o perfeccionador de la fe: “Fijemos nuestra mirada en Jesús,
pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona…” (Hebreos 12:2 DHH).
En el versículo 17, una cita de Éxodo 9:16: “… esta es una cita del AT que el apóstol
utiliza para probar que Dios elige en su soberanía quién servirá sus propósitos y
cómo… Sin lugar a dudas faraón creía que su posición y sus acciones eran producto
de su determinación libre para cumplir sus propios fines, pero en realidad fue puesto
allí para servir el propósito de Dios” (Biblia de Estudio MacArthur). Lo cual nos remite,
de nuevo a Romanos 8:28 cuando dice que: “… Dios dispone todas las cosas para el
bien de quienes los aman”, disposición divina que incluye la utilidad que aún los
pecadores más contumaces e impenitentes pueden aún a su pesar prestar a la
causa de Dios. Al fin y al cabo: “Toda obra del SEÑOR tiene un propósito; ¡hasta el
malvado fue hecho para el día del desastre!” (Proverbios 16:4). Así, pues, el malvado
cumple también un papel providencial: el de servir de escarmiento para los que
observan, pues no puede negarse que, con todo y ser un mal ejemplo, el resultado
visible de sus malas acciones puede cumplir un importante y gráfico papel didáctico
disuasivo en quienes observan, glorificando así el nombre de Dios y exaltando su
soberanía entre todos los testigos en cuanto a la manera en que Dios cumple sus
propósito, sirviéndose incluso de los malvados.
Juan Calvino comentó así este versículo: “San Pablo echa mano de un testimonio del
Éxodo (9:16), en donde el Señor afirma que Él ha levantado exactamente a Faraón
con este fin, para que al esforzarse resistiendo obstinadamente al poder divino y
siendo abatido y vencido, sirva de ejemplo para demostrar que el brazo de Dios es
invencible y que no existe poder humano capaz de detenerlo y mucho menos
quebrantarlo. Esta es la advertencia de Dios por medio del Faraón. La palabra
‘levantar’ en hebreo se lee ‘establecer’, por la que se demuestra que la obstinación y
la rebeldía del Faraón no impedirían a Dios libertar a su pueblo, asegurando que no

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sólo Dios previó el odio del Faraón, sino también los medios para reprimirlo y, al
mismo tiempo, que con un propósito deliberado Dios lo ordenó así para que se viera, a
través de ello, la potencia magnífica del Señor”. Acto seguido Charles Hodge hace la
siguiente necesaria aclaración puntual: “Pero Dios no hizo malo a Faraón; solamente
se retuvo de hacerlo bueno haciendo uso de su gracia especial” (Biblia de Estudio
Matthew Henry).
El versículo 18 deduce y reitera a su vez un principio derivado de la soberanía de Dios
tal y cómo ésta se describió en el versículo 15 que, sin ser arbitrario ni mucho menos,
se aplica a todas sus decisiones en relación con los seres humanos en general y, en
este caso, con faraón en particular, que consiste en que: “… Dios tiene misericordia de
quien él quiere tenerla, y endurece a quien él quiere endurecer”. A este versículo se
refiere con extensión MacArthur diciendo: “El acto poderoso de Dios al liberar a Israel
de la mano del faraón demostró dos grandes verdades. Tanto Moisés como Faraón
eran pecadores malvados y hasta homicidas, y eran por igual dignos de la ira y el
castigo eterno de Dios. Moisés recibió misericordia mientras que Faraón recibió el
juicio de Dios porque esa fue la voluntad soberana de Dios… endurece. El significado
literal de la palabra griega tiene que ver con endurecer algo, pero se utiliza con
frecuencia en sentido figurado para referirse a volver terco u obstinado. En diez
ocasiones se dice en Éxodo que Dios endureció el corazón del Faraón… y otras veces
habla de que Faraón endureció su propio corazón… Esto no significa que Dios haya
creado incredulidad o cualquier otra maldad en el corazón del Faraón… sino más bien
que retiró toda influencia divina que actuará como restricción al pecado y permitió que
el corazón perverso del Faraón procurara su propio pecado sin estorbo alguno” (Biblia
de Estudio MacArthur). Dicho de manera puntual, no es que Dios tomara la iniciativa
para endurecer al Faraón, sino que él, habiéndose endurecido primero
voluntariamente contra Dios hasta pasar el punto de no retorno (Éxo. 7:13, 22; 8:15,
32; 9:7, 35), fue, entonces, a su vez, endurecido aún más por Dios para poder ponerlo
de escarmiento (Éxo. 9:12; 10:20, 27; 11:10; 14:8), pues Él ya había previsto este
endurecimiento voluntario del Faraón y había decidido soberanamente ratificarlo,
incrementarlo eventualmente quitándole todo freno restrictivo y servirse de él para el
cumplimiento de Sus propósitos.
El versículo 19 se anticipa, una vez más, a las objeciones que sus lectores pudieran
dirigir al planteamiento del apóstol malentendiéndolo y tergiversándolo: “Pero tú me
dirás: «Entonces, ¿por qué todavía nos echa la culpa Dios? ¿Quién puede oponerse a
su voluntad?»”. La Biblia de Estudio Plenitud precisa con mayor detalle esta objeción:
“Pablo se anticipa a esta objeción común a lo que ha enseñado en el versículo
anterior. Si Dios escoge tener misericordia de «quien Él quiere» y endurecer el corazón
a «quien Él quiere»… y si su decisión se basa en última instancia en su propia
voluntad… ¿entonces como puede ser considerado justo que Dios juzgue a aquellos
que se nieguen a creer?”. O dicho de otro modo: “… Esta es la objeción: ¿cómo puede

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Dios culpar a alguno de pecado e incredulidad si Él mismo ha determinado en su
soberanía el destino de esa persona?” (Biblia de Estudio MacArthur).
Los versículos 20 y 21 dan respuesta a esta objeción así: “Respondo: ¿Quién eres tú
para pedirle cuentas a Dios? «¿Acaso le dirá la olla de barro al que la modeló: ‘¿Por
qué me hiciste así?’» ¿No tiene derecho el alfarero de hacer del mismo barro unas
vasijas para usos especiales y otras para fines ordinarios?”, a lo que Ryrie comenta:
“Un contradictor podría decir que la conclusión de Pablo en el v. 18 conduce al
fatalismo. Sin embargo, Pablo no da una respuesta analítica, sino que reprende al que
se atreve a deducir una conclusión tan absurda. Si un alfarero puede hacer lo que
desee con sus vasijas, ciertamente Dios puede hacerlo con las suyas” (Biblia de
Estudio Ryrie). De hecho: “Cuestionar la moralidad de las acciones de Dios es
inadecuado. Las criaturas no tienen derecho a objetar lo que su Creador hace. Sin
embargo, tales enseñanzas no deben conducirnos a pensar que los pecadores ‘no
pueden’ creer aunque lo quisieran porque la Escritura no enseña eso. Ella afirma
repetidamente que «todo aquel que invocaré el nombre del Señor, será salvo» (10.13).
Esta apelación de la Escritura a los incrédulos se mantiene tanto en el AT como en el
NT…” (Biblia de Estudio Plenitud). En últimas la condenación de los réprobos nunca se
deberá a que quisieron creer y no pudieron hacerlo, sino que ni siquiera quisieron,
porque sin la compasiva, bondadosa y misericordiosa influencia de Dios sobre sus
elegidos para iluminarlos y convencerlos, nadie querrá creer. Al final no se trata, pues,
de impotencia o incapacidad, sino antes que nada, de falta de voluntad.
En estos versículos también entramos de lleno en la analogía del alfarero ya
anticipada en algunos comentarios a versículos anteriores, respecto de la cual la Biblia
de Estudio Arqueológica dice: “Los rabinos (incluyendo a Jesús) usaban con
regularidad ilustraciones simples de la vida diaria para hacer accesibles puntos
teológicos profundos. Describir a Dios como el alfarero ilustra su soberanía. Pero las
analogías no tenían la intención de ser declaraciones teológicas exhaustivas. Las
analogías entre Dios y el alfarero y entre el hombre y la olla de barro no deben llevarse
al extremo. Un ser humano es más que un objeto de barro inanimado…”. Hecha esta
necesaria advertencia podemos considerar los aspectos ilustrativos de la analogía,
como lo hace MacArthur: “Con el uso de la analogía familiar del alfarero que está
presente en el AT (cp. Is. 64:6-8; Jer. 18:3-16), Pablo argumenta que es igualmente
irracional y mucho más arrogante que los hombres cuestionen la elección divina de
ciertos pecadores para salvación, en comparación a un pedazo de barro que
cuestiona los propósitos del alfarero” (Biblia de Estudio MacArthur). La Biblia de
Estudio Harper Caribe hace un comentario abordando las posibles inconveniencias y
malentendidos a los que la analogía del alfarero y el barro pueden conducir, diciendo:
“Si leemos aisladamente este v. [21] y todo el resto del tema desarrollado en vv. 14-
24, puede parecer que Pablo habla del hombre como un vaso impotente en las manos
de Dios y, por lo tanto, completamente libre de responsabilidad por sus propios actos y

10
su destino final. Pero en el contexto de otras enseñanzas bíblicas, se puede ver con
claridad que Pablo subraya aquí la libertad de Dios al otorgarnos su misericordia. La
redención del hombre, en última instancia, se debe únicamente a la misericordia de
Dios y no a la voluntad humana”.
La advertencia hecha en cuanto a no llevar la analogía a extremos extremadamente
simplificadores y simplistas también es tenida en cuenta por Charles Hodge mediante
la siguiente explicación al considerar la amonestación de Pablo dirigida a quienes se
creen con derecho de pedirle cuentas a Dios: “La objeción se funda en la ignorancia o
mala comprensión de la relación existente entre Dios y sus pecaminosas criaturas,
quienes suponen que él está bajo obligaciones de extender su gracia a todos, en vista
de que no está bajo obligaciones para con ninguno [la misma lógica cuestionable,
equitativa pero no necesariamente justa, que se quiere dar a entender con el dicho “o
todos en la cama, o todos en el suelo”]. Más por cuanto todos son pecadores y han
perdido todo derecho a la misericordia de Dios, compete perfectamente pues a Dios
perdonar a unos sí y a otros no, hacer un vaso para honra y otro para deshonra. Pero
hay que tener en cuenta que Pablo no habla aquí del derecho de Dios sobre sus
criaturas como ‘criaturas’, sino como ‘criaturas pecaminosas’: como él mismo intima
claramente en los siguientes versículos. Él contesta a la cavilación de una criatura
pecaminosa contra Dios, y lo hace demostrando que Dios no está obligado a dar su
gracia a nadie, sino que es tan soberano como quien da forma al barro” (Biblia de
Estudio Matthew Henry). En realidad, si se trata de méritos, todas las vasijas se han
echado a perder por sí mismas y su uso y destino por parte de Dios para “fines
ordinarios” estaría por completo justificado. Lo sorprendente es que, a pesar de lo
anterior, Dios en Su soberana gracia y misericordia, decida elegir, restaurar y destinar
algunas de ellas para “usos especiales”. Lo cual no elimina, de nuevo, la disposición
voluntaria de las vasijas a dejarse moldear por el alfarero, como lo da a entender el
apóstol en 2 Timoteo 2:20-21: “En una casa grande no solo hay vasos de oro y de
plata, sino también de madera y de barro, unos para los usos más nobles y otros para
los usos más bajos. Si alguien se mantiene limpio, llegará a ser un vaso noble,
santificado, útil para el Señor y preparado para toda obra buena”.
Los versículos 22 al 24 enfatizan la soberanía de Dios y sus propósitos al ejercerla de
manera selectiva diciendo: “¿Y qué si Dios, queriendo mostrar su ira y dar a conocer
su poder, soportó con mucha paciencia a los que eran objeto de su castigo y estaban
destinados a la destrucción? ¿Qué si lo hizo para dar a conocer sus gloriosas riquezas
a los que eran objeto de su misericordia, y a quienes de antemano preparó para esa
gloria? Esos somos nosotros, a quienes Dios llamó no solo de entre los judíos, sino
también de entre los gentiles”. En este punto la Biblia de Estudio de Apologética hace
un muy útil y esclarecedor comentario para identificar las diversas posturas en juego:
“De aquí, se desprenden tres interpretaciones. (1) Pablo enseñó la «doble
predestinación»: antes de la creación, Dios determinó salvar a algunos y condenar a

11
otros (punto de vista que se asocia frecuentemente con los calvinistas). Él fijó el
número de personas que glorificará y el que destruirá. Dado que todos los pecadores
merecen la condenación, la decisión de Dios de salvar a algunos demuestra su
misericordia. (2) Dios elige a algunos para que sean salvos y deja al resto librado a su
merecida suerte. En ambos puntos de vista, los no elegidos, objetos de Su ira,
merecen justamente su destino; por lo tanto, Él no es injusto al no elegirlos. (3) Dios
predetermina los resultados generales, tanto la ira como la gloria, pero los salvados o
los destruidos determinan su propia suerte (en respuesta a la iniciativa de la gracia de
Dios). Según esta visión, el criterio de inclusión o exclusión en «mi pueblo» es
determinar si los pecadores buscan la justicia por la fe o por cuenta propia… Es decir,
los destruidos se prepararon para su propia destrucción. La gente está predestinada a
la condenación en tanto y en cuanto escojan seguir en sus caminos y rechazar la
gracia de Dios”.
MacArthur dice algo similar, aunque con algunos matices adicionales: “Dios sería justo
en destruir a los pecadores la primera vez que pecan, pero Él en su paciencia soporta
su rebelión y permite que vivan en lugar de darles lo que todo pecado merece de
inmediato: castigo eterno… Pablo sigue con la analogía del alfarero para referirse a
aquellos que Dios no ha escogido para salvación porque permitió que recibieran el
castigo justo por su pecado: la ira de Dios… Debido a su propio rechazo de Dios, quien
no hace pecadores a los hombres, sino que los abandona al pecado en que ellos
mismos han escogido vivir” (Biblia de Estudio MacArthur). De hecho: “Dios ejerce su
soberanía con abundante misericordia, no con estricta justicia. Su sufrida paciencia
con Israel prueba su deseo de salvar esa nación, y confirma el hecho de que el
fracaso judío no es responsabilidad de Dios” (Biblia de Estudio Plenitud). Así, pues, si
Pablo ya ha establecido que Dios es paciente con los seres humanos, en primer lugar y
de manera principal, para darles tiempo al arrepentimiento; ahora podemos añadir
también que lo es por una segunda causa no por eso menos importante: porque ha
decidido soportar durante un tiempo a los malvados para quienes ya no existe
esperanza de arrepentimiento, debido a que han pasado ya el punto de no retorno
llegando a un nivel de endurecimiento contra Dios irreversible, con el fin de utilizarlos
como medio de contraste para realzar su trato misericordioso para con sus escogidos.
Respecto al versículo 24 la Biblia de Estudio Matthew Henry comenta: “Aquí por
primera vez en este capítulo se introduce la vocación de los gentiles; todo lo anterior
tenía que ver, no con la sustitución de los gentiles llamados en lugar de los judíos
rechazados, sino con la elección de una porción y con el rechazo de otra porción del
mismo Israel. Si el rechazo de Israel hubiese sido total, la promesa de Dios a Abrahán
no hubiera sido cumplida por haber sido sustituidos los gentiles en lugar de ellos; pero
siendo sólo parcial el rechazo de Israel, la conservación de un ‘resto’, en el que la
promesa se confirmó, no fue sino de ‘acuerdo con la elección de gracia’. Y ahora, por
primera vez, el apóstol nos dice que junto con este electo remanente de ‘Israel’ es el

12
propósito de Dios «sacar de entre los ‘gentiles’ un pueblo para su nombre» (Hc. 28:14);
y dicho tema, ahora propuesto, continúa hasta el fin del capítulo once”. El versículo 24
es, entonces, el preámbulo de lo que sigue, comenzando por la pequeña sección
comprendida por los versículos 25 al 29: “Así lo dice Dios en el libro de Oseas:
«Llamaré ‘mi pueblo’ a los que no son mi pueblo; y llamaré ‘mi amada’ a la que no es
mi amada», «Y sucederá que en el mismo lugar donde se les dijo: ‘Ustedes no son mi
pueblo’, serán llamados ‘hijos del Dios viviente’». Isaías, por su parte, proclama
respecto de Israel: «Aunque los israelitas sean tan numerosos como la arena del mar,
solo el remanente será salvo; porque plenamente y sin demora el Señor cumplirá su
sentencia en la tierra». Así había dicho Isaías: «Si el Señor Todopoderoso no nos
hubiera dejado descendientes, seríamos ya como Sodoma, nos pareceríamos a
Gomorra»”. De este modo: “Pablo termina su argumento de que la incredulidad de
Israel no es incompatible con el plan de redención de Dios, y usa el AT para mostrar
que la falta de fe de esta nación refleja con exactitud lo que registraron los profetas…
y que es compatible con el requisito previo de fe establecido por Dios” (Biblia de
Estudio MacArthur).

En relación con las citas de Oseas a favor de los gentiles: “La misericordia de Dios
también se evidencia en su trato con los gentiles. Como apoyo de la enseñanza de que
no todos los llamados a convertirse en «vasos de misericordia» (v. 23) pertenecen al
pueblo de Israel, Pablo cita a Oseas 2.23 y 1.10 En su contexto original, estos
versículos se refieren a la restauración de Israel ante Dios. Pablo ve en ellos la
inclusión de los gentiles… para indicar que existe un Israel espiritual (la iglesia), más
allá de la nación judía” (Biblia de Estudio Plenitud). Adicionalmente: “Oseas habló de la
restauración definitiva de Israel con su Dios, pero el apóstol llama la atención sobre el
hecho de que esa restauración implica necesariamente su alienación de Dios en la
actualidad. Por lo tanto, la incredulidad de Israel es consecuente con la revelación del
AT” (Biblia de Estudio MacArthur). Eso en lo que tiene que ver con las dos citas de
Oseas, pues en lo relativo a las de Isaías: “Pablo cita a Isaías 10.22, 23 y 1.9 para
confirmar que Dios en su misericordia ha preservado un remanente del Israel físico.
De no haber hecho eso, la nación apóstata entera hubiese sido barrida” (Biblia de
Estudio Plenitud). Dicho con mayor precisión: “Isaías profetizó que el reino de Judea en
el sur sería conquistado y esparcido, es decir, rechazado por Dios durante cierto
tiempo a causa de su incredulidad. El punto de Pablo es que el esparcimiento descrito
por Isaías solo fue una visión anticipada del rechazo de Israel al Mesías y su
destrucción y dispersión subsecuentes… solo un remanente de Israel sobrevivirá la ira
de Dios, de forma única y exclusiva a causa de su misericordia” (Biblia de Estudio
MacArthur).
Los versículos 30 al 33 son concluyentes al decir: “¿Qué concluiremos? Pues que los
gentiles, que no buscaban la justicia, la han alcanzado. Me refiero a la justicia que es

13
por la fe. En cambio Israel, que iba en busca de una ley que le diera justicia, no ha
alcanzado esa justicia. ¿Por qué no? Porque no la buscaron mediante la fe, sino
mediante las obras, como si fuera posible alcanzarla así. Por eso tropezaron con la
«piedra de tropiezo», como está escrito: «Miren que pongo en Sión una piedra de
tropiezo y una roca que hace caer; pero el que confíe en él no será defraudado»”. En
ellos: “Pablo concluye la lección sobre la elección soberana de Dios al recordar a sus
lectores que aunque Dios elige a algunos para que reciban su misericordia, aquellos
que reciben su juicio no lo hacen por medio de algo que Dios les haga, sino a causa
de su propia decisión para no creer el evangelio… Los pecadores son condenados por
sus pecados personales, el peor de los cuales es su rechazo de Dios y de Cristo…”
(Biblia de Estudio MacArthur). El versículo 33 es, una vez más, una cita libre de los
versículos de Isaías 8:14 y 28:16 combinados que indican que: “Mucho antes de su
venida, los profetas del AT había predicho que Israel rechazaría a su Mesías, otra
ilustración de que su incredulidad no es algo ajeno a las Escrituras” (Biblia de Estudio
MacArthur). Y la “piedra de tropiezo” mencionada por el profeta: “… es Jesucristo, el
Mesías (véase 1 P 2.6-8), quien ofrece salvación por la fe, no por las obras y por tanto
requiere que el orgullo humano sea humillado” (Biblia de Estudio Plenitud).
6.1. Judíos, gentiles e iglesia
En el capítulo 10 Pablo, sin abandonar el tema general que viene abordando
expresamente desde el capítulo anterior, se concentra en la condición de igualdad
de los judíos y los gentiles en el seno de la iglesia y la providencial interacción
histórica que se da entre ambos grupos en el cumplimiento de los planes
soberanos de Dios para ambos. El apóstol comienza, de nuevo, manifestando en
los versículos 1 al 3 su profundo anhelo por la salvación de sus compatriotas
elogiando su celo por Dios, a la par que denuncia también la equivocación
cometida por la generalidad de los judíos que los termina marginando de la
salvación: “Hermanos, el deseo de mi corazón, y mi oración a Dios por los
israelitas, es que lleguen a ser salvos. Puedo declarar en favor de ellos que
muestran celo por Dios, pero su celo no se basa en el conocimiento. No
conociendo la justicia que proviene de Dios, y procurando establecer la suya
propia, no se sometieron a la justicia de Dios”. Es algo admirable y significativo a
este respecto que: “El llamado de Pablo como apóstol a los gentiles… no
disminuyó sus ruegos continuos a Dios para que Israel como nación fuera salva…
o sus propios esfuerzos evangelizadores en beneficio de los judíos” (Biblia de
Estudio MacArthur). Ryrie hace, como lo acostumbra, un resumen de todo el
capítulo diciendo: “Pablo expresa su hondo anhelo por la salvación de Israel (v. 1),
que estaba tratando de establecer la justicia que es por la ley, en vez de aceptar
la justicia que es por fe (vv. 2-4), a pesar de que la última está al alcance de todos
(vv. 5-13). Dios dio a los judíos toda clase de oportunidades para recibir el
evangelio, pero ellos no respondieron con fe (vv. 14-21)” (Biblia de Estudio Ryrie).

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Recordemos, una vez más aquí, lo establecido por el apóstol en los capítulos 3 al
5 de la epístola y que ya podríamos y deberíamos dar por descontado en cuanto a
la justicia que proviene de Dios ignorada por los israelitas para tratar de
establecer la suya propia: “La justicia propia excluye la justicia de Dios, que se
concede por medio de la fe en Cristo, y la reemplaza con una seudojusticia
humana que no tiene validez ante Dios… Se basa en la equivocada suposición de
que el hombre por sí está bien con Dios, o puede estarlo mediante sus propios
esfuerzos. El rechazo de la justicia ofrecida por Dios, sustituyéndola por la
pretendida justicia del hombre, es una necedad propia del pecado” (Biblia de
Estudio Harper Caribe). Esto constituye una clara advertencia en el sentido que el
celo por Dios, siendo bueno en principio, no es por sí sólo garantía de no
extraviarse si no viene acompañado por un conocimiento adecuado,
recordándonos las palabras del profeta Oseas cuando declaraba: “pues por falta
de conocimiento mi pueblo ha sido destruido…” (Oseas 4:6) y el importante papel
que el conocimiento desempeña con miras a la fe y en el marco de ella,
siguiéndola muy de cerca, junto con la virtud, en el orden de importancia y
prioridad en un crescendo que debe estar coronado por el amor: “Por esta razón
también, obrando con toda diligencia, añadan a su fe, virtud, y a la virtud,
conocimiento; al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia,
y a la perseverancia, piedad, a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor.” (2
Pedro 1:5-7 NBLA).
El versículo 4 es muy puntual: “De hecho, Cristo es el fin de la ley, para que todo el
que cree reciba la justicia”. Y por lo mismo, requiere ciertas aclaraciones para que
su carácter puntual no se preste a malas interpretaciones: “Algunos consideran
que Cristo es el fin de la ley en el sentido de que Él constituye la meta y
representa la consumación de esta. Sin embargo, «la Ley» se refiere aquí al
sistema de obtener la justificación por nuestros esfuerzos. Cristo es ciertamente
la realización perfecta de todo lo que pide la Ley, pero también el fin de la Ley
como vía de alcanzar la justicia para todo aquel que cree. De ahí que Pablo haga
énfasis en la suficiencia de la fe para recibir la justicia de Dios, porque al llenar
los requerimientos de la Ley, Cristo satisfizo sus reclamos. Este versículo no
significa que un cristiano deba ignorar las normas morales o los mandamientos
de Dios” (Biblia de Estudio Plenitud). Como de costumbre, Ryrie es más escueto:
“Cristo es la terminación de la ley. Esta no podía proveer justicia basada en
méritos, pero Cristo provee justicia basada en la gracia de Dios en respuesta a la
fe” (Biblia de Estudio Ryrie). MacArthur comparte todas estas apreciaciones:
“Aunque la palabra griega que se traduce ‘fin’ puede significar ‘cumplimiento’ o
‘terminación’ esta no es una referencia a que Cristo cumplió la ley a perfección
por medio de su enseñanza… o a través de su vida libre de pecado… Más bien,
como la segunda mitad del versículo muestra, Pablo quiere decir que la creencia

15
en Cristo como Señor y Salvador pone fin a la búsqueda fútil de justicia por parte
del pecador mediante sus intentos imperfectos para salvarse a sí mismo y sus
esfuerzos para obedecer la ley” (Biblia de Estudio MacArthur).
Lo lamentable es que, a pesar del carácter puntual y claro de la anterior
afirmación, la tendencia natural del ser humano caído es a buscar justificarse
mediante la ley, es decir mediante algún tipo de mérito independiente de cuál sea,
como la atestigua el papel salvador que las obras de todo tipo desempeñan en la
generalidad de las religiones de la historia, con excepción del cristianismo; siendo
así que al final todas las religiones terminan siendo variaciones y expresiones
diversas del mismo moralismo de base que relega y deja de lado la fe y la gracia
de Dios. A esto se refirió Spurgeon comentando este versículo con estas palabras:
“Con la misma fascinación con que el mosquito se siente atraído hacia la vela que
quema sus alas, las personas vuelan por naturaleza hacia la ley en busca de la
salvación y no consiguen alejarse de ella. La ley no puede hacer nada salvo
revelar el pecado y pronunciar su condena sobre el pecador. Y aun así, no
podemos alejar a los hombres de la ley, aun cuando les mostramos con cuanta
dulzura Jesús se coloca entre ellos y la ley. Están tan enamorados de su
esperanza legalista que se aferran a la ley aun cuando no hay nada a qué
aferrarse. Prefieren el Sinaí al Calvario, aunque el Sinaí no tiene nada que
ofrecerles sino advertencias con truenos y trompetas sobre el juicio venidero.
Cristo es el «fin de la ley» por cuanto Él es el propósito y el objetivo de ella, y su
cumplimiento y consumación” (Biblia de Estudio Spurgeon).
Los versículos 5 al 11 forman otra unidad de ideas que iremos desglosando
después de citar todo el pasaje para no romper su unidad: “Así describe Moisés la
justicia que se basa en la ley: «Quien practique estas cosas vivirá por ellas». Pero
la justicia que se basa en la fe afirma: «No digas en tu corazón: ‘¿Quién subirá al
cielo?’ (es decir, para hacer bajar a Cristo), o ‘¿Quién bajará al abismo?’» (es decir,
para hacer subir a Cristo de entre los muertos). ¿Qué afirma entonces? «La
palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón». Esta es la palabra
de fe que predicamos: que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees
en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el
corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser
salvo. Así dice la Escritura: «Todo el que confíe en él no será jamás defraudado»”.
Pablo comienza aquí su argumentación una vez más con una cita del Antiguo
Testamento; Levítico 18:5 que indica que: “Para poder abrigar la esperanza de
una justicia basada en la obediencia a la ley se requiere de conformidad perfecta
en todos los detalles (Gá. 3:10; Stg. 2:10; cp. Dt. 27:26), una imposibilidad
absoluta” (Biblia de Estudio MacArthur).
Utilizando un recurso que ya aparece en el libro de Proverbios, en donde la
sabiduría es personificada y se dirige, entonces, personalmente a los hombres

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invitándolos a adquirirla; aquí Pablo confiere también un carácter personal a la
justicia basada en la fe y la describe dirigiéndose a sus oyentes de manera
directa, poniendo en sus labios otra cita del Antiguo Testamento: Deuteronomio
30:12. Cita que: “Pretende mostrar así que la justicia de la fe no requiere una
odisea imposible por todo el universo para encontrar a Cristo” (Biblia de Estudio
MacArthur). En este caso las Escrituras hacen temprana referencia a los méritos
requeridos por la ley comparándolos a proezas heroicas imposibles e
innecesarias, al mejor estilo del mito griego de Prometeo robando el fuego de los
dioses para darlo a los hombres. Y Pablo asegura aquí, una vez más: “que la
justicia que es por la fe no demanda mérito o esfuerzo humano alguno. Cristo ya
ha hecho lo necesario para nuestra salvación” (Biblia de estudio Plenitud). Por
contraste con estas proezas heroicas, el versículo 8, citando en este caso
Deuteronomio 30:14, indica que: “La travesía de los vv. 6, 7 es innecesaria
porque Dios ha revelado con claridad el camino de salvación: es por fe… El
mensaje de fe es el camino a Dios” (Biblia de Estudio MacArthur). Una fe que está
cercana y al alcance de todos, a la distancia de una oración, pues el evangelio: “…
está ‘cerca’, listo para que el hombre lo tome en sus labios y lo reciba en su
corazón” (Biblia de Estudio Ryrie).
Los versículos 9 al 10 son el punto culminante de esta sección, respecto del cual
ha habido controversia por el carácter casi mágico que muchas iglesias confieren
a la llamada “oración de fe” basada en este pasaje, como si fuera una fórmula
que funciona de manera automática al pronunciarla, al estilo de “Ábrete Sésamo”
o “Abracadabra” y otras similares de la cultura popular. Por eso es pertinente
aclarar que: “Con sólo confesar que «Jesús es el Señor» y proclamar que se
levantó de los muertos, no nos aseguramos la salvación. Supuestamente el diablo
(ver Stg. 2:19) y mucha gente (Mt. 7:21-23) podrían cumplir con estos
requerimientos, sin ser verdaderos seguidores de Cristo. Una sincera confesión
del señorío de Jesús marca un compromiso para toda la vida desde lo profundo
del ser, el corazón. Lo que importa no es ‘decir’ que Jesús es el Señor, sino
‘hacerlo’ Señor en el centro de nuestra existencia. Esto es lo que Pablo quiso decir
cuando habló de invocar el nombre del Señor para ser salvo (10:13)” (Biblia de
Estudio Apologética). El pasaje es claro en cuanto a la necesidad de ambas: la
creencia del corazón y la confesión oral, al punto que podría decirse que: “La
confesión oral declara, confirma, y sella la creencia del corazón” (Biblia de Estudio
Plenitud). MacArthur también considera oportuno explicar con más detalle en qué
consiste esta confesión para evitar los equívocos populares a los que se ha
prestado, aclarando que no se trata de: “… un simple reconocimiento de que Él es
Dios y el Señor del universo, ya que hasta los demonios reconocen que esto es
verdad (Stg. 2:19). Se trata de una convicción personal profunda y sin reservas,
de que Jesús ejerce un señorío directo y soberano sobre esa persona. Esta frase
supone el arrepentimiento del pecado, la plena confianza en Jesús para obtener

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salvación, y un sometimiento incondicional a Él como Señor. Este es el elemento
volitivo de la fe…” (Biblia de Estudio MacArthur).
En cuanto a la acción en sí misma de “confesar”, si bien lleva implícita la
confesión de los pecados y el arrepentimiento de ellos, como lo indicó ya
MacArthur, en este caso designa una declaración o proclamación oral en los
términos descritos por el apóstol.
Los versículos 12 al 13 Pablo nos recuerda que no hay ninguna diferencia entre
judíos y gentiles porque existe un solo Dios para todos. “No hay diferencia entre
judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice
abundantemente a cuantos lo invocan, porque «todo el que invoque el nombre del
Señor será salvo».” Tanto judíos como gentiles han pecado y están privados de la
gloria de Dios (Romanos 3:23). Así mismo hay un solo camino para llegar al Padre
(Juan 14:6). Así lo comenta MacArthur “Recalca una vez más que la salvación está
disponible para personas de todas las naciones y razas…. no se refiere a un
clamor desesperado dirigido a cualquier deidad, sino al único Dios verdadero.
(Biblia de Estudio MacArthur).
Los versículos 14 al 15 “Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han
creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay
quien les predique? ¿Y quién predicará sin ser enviado? Así está escrito: «¡Qué
hermoso es recibir al mensajero que trae buenas nuevas!»” son otro conjunto de
preguntas retoricas donde Pablo hace referencia del mensaje verdadero del
evangelio que es a través de la verdadera fe, como lo comenta MacArthur “El
punto principal de Pablo en esta serie de preguntas retoricas es que una
presentación clara del mensaje del evangelio debe preceder la verdadera fe que
salva….siempre tiene contenido y es la Palabra revelada de Dios. (Biblia de
Estudio MacArthur). Cabe destacar que nosotros siendo creyentes debemos llevar
el verdadero evangelio, las buenas nuevas que proclaman paz y la verdad de Dios.
Es necesario ser proactivos siendo mensajeros de la verdad. “¡Qué hermosos son,
sobre los montes, los pies del que trae buenas nuevas; del que proclama la paz,
del que anuncia buenas noticias, del que proclama la salvación, del que dice a
Sión: «Tu Dios reina»! Isaías 52:7. Cabe mencionar que el pueblo judío si conocía
las buenas nuevas a partir de Genesis Dios siempre les revelo el plan de
salvación, es decir el evangelio, pero no todos lo aceptaron como lo dice el
versículo 16 “Sin embargo, no todos los israelitas aceptaron las buenas nuevas.
Isaías dice: «Señor, ¿quién ha creído a nuestro mensaje?»” Pablo hace mención
citando Isaías 53:1, indicando que las buenas nuevas no solo es un ofrecimiento
gratuito de perdón como lo comenta MacArthur “La buena nueva no solo es una
oferta gratuita de perdón, sino un mandato a creer y arrepentirse. (Biblia de
Estudio MacArthur). Es necesario creer y tener un arrepentimiento genuino.

18
Los versículos 17 al 18 “Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el
mensaje que se oye es la palabra de Cristo. Pero pregunto: ¿Acaso no oyeron?
¡Claro que sí! «Por toda la tierra se difundió su voz, ¡sus palabras llegan hasta los
confines del mundo!” Hacen mención, primero: el mensaje que se oye tiene como
resultado la fe es el evangelio acerca de Cristo. Segundo: Israel no puede dar
como excusa que no ha tenido la oportunidad de oír. ¿No sabía Israel por sus
propias Escrituras, de la intención de Dios de su plan de salvación? Claro que si,
pero cuando se dio el cumplimiento del tiempo señalado del plan, no creyeron.
¿No sabía Israel, por sus propias Escrituras, de la intención de Dios de incluir a los
gentiles? En los versículos 19 al 21 se cita Deuteronomio 32:21 e Isaías 65:1-2,
“Pero insisto: ¿Acaso no entendió Israel? En primer lugar, Moisés dice: «Yo haré
que ustedes sientan envidia de los que no son nación; voy a irritarlos con una
nación insensata». Luego Isaías se atreve a decir: «Dejé que me hallaran los que
no me buscaban; me di a conocer a los que no preguntaban por mí». En cambio,
respecto de Israel, dice: «Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo
desobediente y rebelde».” Dios les amenaza de traer sobre ellos un pueblo que ni
si quiera merece tener el nombre de pueblo o nación. Este “pueblo” no elegido por
Dios, iban a vencer a los judíos en el sentido de arrebatarles por algún tiempo los
privilegios que ellos poseían como nación única escogida por Dios. Israel fue un
pueblo necio, rebelde e ignorante frente a la revelación de Dios de su verdad de
primera mano hacia ellos. “Israel fue ignorante de la verdad sobre la salvación
que contenían sus propias escrituras, incluido el hecho de que el Evangelio
alcanzaría también a los gentiles como se promete Deuteronomio 32:21, Isaías
65:1-2. (Biblia de Estudio MacArthur)

6.2. El Remanente de Israel


Nos podríamos preguntar leyendo una vez más el final del capítulo 10, ¿será que
Dios abandonará a su pueblo escogido por su rebeldía?, ¿será que algunas de las
promesas hechas por Dios a su pueblo elegido no se cumplirán? En el capítulo 11
como lo comenta MacArthur hace referencia del proceder de Dios a su pueblo.
“Pablo responde a la pregunta lógica finalizando el capítulo anterior….¿Acaso es
permanente la separación divina de Israel por su rechazo a Cristo? De esto
depende que pueda confiarse en que Dios cumpla sus promesas incondicionales
a esa nación.” (Biblia de Estudio MacArthur).
En los versículos 1 al 6 “Por lo tanto, pregunto: ¿Acaso rechazó Dios a su pueblo?
¡De ninguna manera! Yo mismo soy israelita, descendiente de Abraham, de la
tribu de Benjamín. Dios no rechazó a su pueblo, al que de antemano conoció.
¿No saben lo que relata la Escritura en cuanto a Elías? Acusó a Israel delante de
Dios: «Señor, han matado a tus profetas y han derribado tus altares. Yo soy el

19
único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!» ¿Y qué
le contestó la voz divina? «He apartado para mí siete mil hombres, los que no se
han arrodillado ante Baal». Así también hay en la actualidad un remanente
escogido por gracia. Y, si es por gracia, ya no es por obras; porque en tal caso la
gracia ya no sería gracia.” “Pudiera parecer, por lo dicho hasta ahora sobre la
ceguera y obstinación de los judíos, que por la venida de Cristo, las promesas
divinas pasaron a otros y los judíos quedaron por tanto privados de toda
esperanza de salvación….(Biblia de Estudio Matthew Henry) El apóstol Pablo sale
al paso de esta objeción y colocándose como ejemplo describiendo su condición
de ser también israelita perteneciendo a la línea de los mejores servidores de
Dios demostrando que la gracia divina pertenece todavía a Israel citando 1 Reyes
19:10, 14, 18 mostrando que la gracia de Dios es tan poderosa que asi se vea un
panorama desastroso lleno de impiedad e incertidumbre el resultado es
diferente, “….Y así como entonces, ahora hay un remanente fiel, pero no de
personas mejores que las incrédulas multitudes, sino de personas escogidas por
gracia para la salvación”. (Biblia de Estudio Matthew Henry).
En los versículos 7 al 10 “¿Qué concluiremos? Pues que Israel no consiguió lo
que tanto deseaba, pero sí lo consiguieron los elegidos. Los demás fueron
endurecidos, como está escrito: «Dios les dio un espíritu insensible, ojos con los
que no pueden ver y oídos con los que no pueden oír, hasta el día de hoy». Y
David dice: «Que sus banquetes se les conviertan en red y entrampa, en
tropezadero y en castigo. Que se les nublen los ojos para que no vean, y se
encorven sus espaldas para siempre». El apóstol Pablo combina los siguientes
versículos Isaías 29:10, Deuteronomio 29:4, Salmo 69:23, 34:8, 28:4. “El objeto
de Pablo al poner estas citas es demostrar que lo que se había visto obligado a
decir de la condición existente de la nación y del presagio de su porvenir estaba
más que confirmado por las Escrituras”. (Biblia de Estudio Matthew Henry). Una
vez más se señala que Israel es incapaz de obtener la Justicia de Dios y mediante
un acto judicial de ÉL fueron endurecidos como respuesta a sus corazones
obstinados y resistentes a creer.
Aunque el pueblo judío veía en Cristo un obstáculo irremediable y no existía para
él esperanza alguna de arrepentimiento y enmienda. En los versículos 11 al 12
“Ahora pregunto: ¿Acaso tropezaron para no volver a levantarse? ¡De ninguna
manera! Más bien, gracias a su transgresión ha venido la salvación a los gentiles,
para que Israel sienta celos. Pero, si su transgresión ha enriquecido al mundo, es
decir, si su fracaso ha enriquecido a los gentiles, ¡cuánto mayor será la riqueza
que su plena restauración producirá!” Pablo niega, con razón, que no es preciso
creer que el pueblo judío sea rechazado por Dios, hasta el punto de que jamás la
alianza contraída por Dios con ellos sea abolida, puesto que la cimiente de la
bendición se encuentra siempre en esta nación. Siendo que la intención de Dios

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es que Israel sea provocado a celos, no quiere decir que ÉL desee precipitarlos a
la ruina eterna, sino que la gran bendición de elección y salvación por parte de
Dios ha sido despreciada por ellos, recibiéndola los paganos, para que este
pueblo rebelde se despierte y busque a Dios. “La ceguera, el endurecimiento y la
apostasía de Israel no son irreversibles…El rechazo de Jesucristo por parte de
Israel, salvación a los gentiles…Dios se propone utilizar su oferta de salvación a
los gentiles menospreciados con el fin de atraer su nación de regreso” (Biblia de
Estudio MacArthur).
En los versículos 13 al 16 “Me dirijo ahora a ustedes, los gentiles. Como apóstol
que soy de ustedes, le hago honor a mi ministerio, pues quisiera ver si de algún
modo despierto los celos de mi propio pueblo, para así salvar a algunos de
ellos. Pues, si el haberlos rechazado dio como resultado la reconciliación entre
Dios y el mundo, ¿no será su restitución una vuelta a la vida? Si se consagra la
parte de la masa que se ofrece como primicias, también se consagra toda la
masa; si la raíz es santa, también lo son las ramas.” Mencionando la restitución
del pueblo de Israel que será una manifestación tan asombrosa del poder de Dios
sobre el espíritu de los hombres, y su presencia con los proclamadores de la cruz,
que no solamente activará el asombro de veneración por todas partes, sino que
también se cambiará el modo sobresaliente de pensar y de sentir con respecto a
las cosas espirituales en tal forma que se parecerá a una resurrección de los
muertos, tal cual así será. Habrá una renovación espiritual en el futuro, es decir
todo espíritu muerto que aun no cree en Jesucristo se le dará vida en el momento
en que crea, de muerte espiritual a vida espiritual. “Si el rechazo de los judíos ha
sido tan poderoso como para promover la reconciliación de los paganos ¿cuánto
más poderoso será su recibimiento? ¿No será como resucitarles de los muertos?”
(Biblia de Estudio Matthew Henry). En cuanto a las primicias los judíos estaban
obligados a ofrecer a Dios lo nuevo de la tierra, en lo crudo y en lo elaborado, de
esta manera toda la cosecha sería santificada, refiriéndose también a la masa
como la segunda forma de ofrenda. El apóstol Pablo argumenta que la
separación para Dios de Abraham, Isaac y Jacob, del resto de la humanidad,
como primicias o raíz que originó la raza. Igualmente, real la separación de toda
la masa de mencionada nación o ramas contemplando a Israel como un árbol.
En los versículos 17 al 24 “Pablo endulza, muy prudentemente, la dureza de este
asunto diciendo que no todo el árbol ha sido cortado hasta su raíz, sino que
algunas ramas solamente han sido quebradas, porque entre los paganos Dios
escogía a algunos por acá y por allá para injertarlos en esta santa cepa y en esta
bendita raíz” (Biblia de Estudio Matthew Henry). Esas viejas ramas o
improductivas (judíos que no creyeron o que aún no creen en Jesucristo como el
Mesías) fueron desgajadas de un olivo cultivado y ramas de un olivo silvestre
fueron injertadas para dar un fruto mucho mejor. Al ser injertados, los gentiles o

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paganos participaron de la riqueza de las bendiciones del pacto de Dios, como
herederos espirituales de Abraham. En efecto Pablo hace una advertencia a los
gentiles, “Pablo advierte con firmeza a los gentiles en contra del orgullo y la
arrogancia a causa del rechazo de Israel y por haber sido injertados” (Biblia de
Estudio de MacArthur). Los gentiles no son la fuente de bendición, sino que han
sido injertados en el pacto de salvación que Dios hizo con Abraham. Esto quiere
decir que se debe tener siempre en cuenta de dónde viene la salvación. La
venida de Cristo rompió el muro de separación, y el aroma de la gracia, que
anteriormente solo estaba reservado para el pueblo judío también llegó a los
gentiles por ser injertados al conjunto de ese pueblo. Por otro lado todos los
atributos de Dios operan en armonía. No existe conflicto entre su bondad y amor
por un lado y su justicia e ira por otro lado. Si Dios ha sido severo con su pueblo
también lo será con los gentiles si no responden a la realidad de una conversión
sincera. El permanecer o mantenerse en su bondad hay seguridad en el vinculo
de la continuación en el favor de Dios. Así como Dios puso el olivo silvestre en el
olivo cultivado e hizo que se transformara el olivo silvestre en buen olivo, de este
modo Dios irá contra todo proceso natural, en ese caso injertara toda rama que
fue desgajada del olivo cultivado si se ha arrepentido y dará un buen fruto.
En los versículos 25 al 32, conviene resaltar que la definición de misterio según el
contexto en este fragmento lo define Matthew Henry muy claramente como
“Misterio no en el sentido pagano de una doctrina esotérica para los iniciados,
secretos ignotos, ni como las religiones de misterio de aquellos tiempos, sino la
oculta voluntad de Dios ahora dada a conocer a todos lo que también incluye a los
gentiles”. (Biblia de Estudio Matthew Henry). En efecto este misterio para empezar
Israel ha experimentado en gran parte un endurecimiento espiritual, luego ese
endurecimiento solo durará un periodo de tiempo que Dios ya lo ha determinado.
Hay un momento específico en el tiempo que finalmente se dará cumplimiento
total. El endurecimiento de Israel que comenzó con su rechazo de Jesús como
Mesías, durará hasta que se hayan salvado todos los gentiles elegidos. Lo
mencionado por el apóstol en cuanto al pacto de Dios a su pueblo con base a
Jeremías 31:31-34, prácticamente se puede definir que se borra la impresión de
un pueblo obstinado diciendo que el nuevo pacto consiste en el perdón gratuito de
sus pecados. “Vienen días —afirma el Señor— en que haré un nuevo pacto con el
pueblo de Israel y con la tribu de Judá. No será un pacto como el que hice con sus
antepasados el día en que los tomé de la mano y los saqué de Egipto, ya que ellos
lo quebrantaron a pesar de que yo era su esposo —afirma el Señor—. Este es el
pacto que después de aquel tiempo haré con el pueblo de Israel —afirma el
Señor—: Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y
ellos serán mi pueblo. Ya no tendrá nadie que enseñar a su prójimo, ni dirá nadie
a su hermano: “¡Conoce al Señor!”, porque todos, desde el más pequeño hasta el
más grande, me conocerán —afirma el Señor—. Yo les perdonaré su iniquidad, y

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nunca más me acordaré de sus pecados. Jeremías 31:31-34.
Dios no cambia su manera de pensar a su llamamiento. Aun cuando en el
presente la situación de Israel sea de incredulidad, los propósitos de Dios se
cumplirán. De este modo Dios extenderá su gracia al Israel incrédulo tal como lo
hizo a favor de los gentiles no creyentes. La salvación bien sea de judíos o
gentiles, fluye a partir únicamente de la misericordia de Dios. Además, permitió
que el hombre siguiera sus inclinaciones pecaminosas para que ÉL pudiera recibir
gloria al demostrar su gracia y misericordia a pecadores, desobedientes. En
conclusión, así son las dadivas de Dios “irrevocables”.
En los versículos 33 al 36 para concluir este capítulo a modo de cierre “Pablo
expresa naturalmente en modo de alabanza dirigida a Dios, cuya sabiduría y
conocimiento han dado a conocer su gran plan de salvación para los judíos y
también para los gentiles”. (Biblia de Estudio NVI) .

Cuestionario de repaso
1. ¿Qué expresión griega utiliza Pablo para dar a conocer su dolor por el pueblo
judío? Explicar su significado.
2. El apóstol Pablo estaba dispuesto a perder su salvación. ¿Cuál fue el motivo?
3. ¿Cuáles son los privilegios del pueblo judío mencionados por Pablo? Explique cada
uno.
4. Las promesas raciales y nacionales hechas por Dios al patriarca Abraham no iban
dirigidas a sus descendientes físicos. ¿A quiénes iban dirigidas? Explique.
5. Explique uno de los ejemplos que Pablo expone sobre el carácter soberano de la
elección divina de Dios.
6. ¿Somos elegidos por Dios porque de alguna u otra manera hemos sido buenos? Si
o no, justifique.
7. Explique cuál es el aspecto que se debe tener en cuenta cuando se comenta la
condenación de los réprobos.
8. Identifique las diversas posturas que menciona la Biblia de Estudio de Apologética
con base a los versículos 22 al 24.
9. Si Dios con base a su atributo de ser soberano elige algunos para que reciban su
misericordia, ¿será que también elige a otros para condenación? Si o no,
justifique.
10.¿Cuál es la causa del rechazo de la justicia ofrecida por Dios?
11.¿En qué sentido nuestro Señor Jesucristo es el fin de la ley?
12. Pablo al asegurar que la Justicia de Dios es por la fe, no requiere ningún merito o
esfuerzo humano. Específicamente que significa esta afirmación.

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13. ¿Qué aspectos son consecuentes cuando se hace una confesión sincera del
señorío de Jesucristo?
14. Describa brevemente el plan de Dios frente a su pueblo elegido incrédulo y
rebelde.
15.¿A qué se refiere el apóstol cuando menciona que el pueblo de Israel estando en
muerte espiritual pasará en los últimos tiempos a una renovación espiritual?
Recursos Adicionales:

Bibliografía Básica:
Justicia, misericordia y gracia: La soberanía de Dios.pdf
Bibliografía complementaria:
Epístola a los Romanos en el Comentario Bíblico de Mathew Henry, Clie, Barcelona,
1999

Comentarios a la Epístola a los Romanos en las siguientes Biblias de estudio: Biblia de


Estudio Ryrie, Biblia de Estudio NVI Arqueológica, Biblia de Estudio de Apologética,
Biblia del Diario Vivir, Biblia Plenitud, Santa Biblia La Justicia de Dios, Biblia de Estudio
Palabra Clave, Biblia de Estudio Harper/Caribe, Biblia de Estudio MacArthur y Biblia de
Estudio Spurgeon

Libro Creer y razonar, Clie, Barcelona, 2018

Libro Mensajes de Dios, Clie, Barcelona, 2016

Libro Creer y comprender, Clie, Barcelona, 2011

Libro Creer y pensar, Clie, Barcelona, 2008

Criterios de Evaluación:

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