INTRODUCCIÓN
Es el proceso de adaptación emocional que sigue
a cualquier pérdida (pérdida de un empleo,
pérdida de un ser querido, pérdida de una relación,
etc.). Aunque convencionalmente se ha enfocado
la respuesta emocional de la pérdida, el duelo
también tiene una dimensión física, cognitiva,
filosófica y de la conducta que es vital en el
comportamiento humano y que ha sido muy
estudiado a lo largo de la historia.
UNA DEFINICIÓN DEL DUELO
■ El término duelo etimológicamente, proviene del latín
dolus (dolor) y han sido muchos los autores que lo han
definido. Así, Freud en su trabajo Duelo y melancolía
(1915), lo definió como “una reacción a la pérdida de un
ser amado o de una abstracción equivalente”. Bowlby
(1993) define el duelo como “todos aquellos procesos
psicológicos, conscientes e inconscientes, que la
pérdida de una persona amada pone en marcha,
cualquiera que sea el resultado”.
■ “un conjunto de procesos psicológicos y psicosociales
que siguen a la pérdida de una persona con la que el
sujeto en deudo estaba psicosocialmente vinculado”
DESARROLLO DEL DUELO
■ “Entumecimiento y embotamiento” (Shock): en
esta fase aparece fundamentalmente
embotamiento afectivo, sentimientos de
irrealidad (“no puede ser verdad”), incredulidad.
DESARROLLO DEL DUELO
■ Anhelo y languidez: largos períodos de pena y anhelo
intercalados con otros de ansiedad y tensión. Se
pueden añadir a esta confusión emocional
sentimientos de ira, autoreproches, baja autoestima y
aturdimiento. La persona se puede sentir insegura y
con la sensación de estar esperando cualquier
desastre de un momento a otro.
DESARROLLO DEL DUELO
■ Desorganización y desesperación: disminuye la
intensidad emocional y aparecen amplios
períodos de apatía y de desesperación. Todos
los deseos se ven disminuidos y se prefiere no
mirar al futuro. Puede aparecer aislamiento
social y el doliente puede comportarse como si
hubiese sido mutilado físicamente.
DESARROLLO DEL DUELO
■ Reorganización y Recuperación: Primero se
recupera el apetito por la comida. Los
aniversarios suelen ser momentos de revivir el
duelo, pero una vez pasan puede haber una
mejora del humor y la energía. Las vacaciones
pueden ser un momento de escape de todo lo
que recuerda al fallecido. Aparecen otra vez,
paulatinamente, las motivaciones.
REACCIONES ANTE LA PÉRDIDA
■ Manifestaciones físicas: vacío en el estómago,
opresión en el pecho o garganta, hipersensibilidad al
ruido, despersonalización, falta de aire, debilidad y
sequedad en la boca.
■ Sentimientos: tristeza, enfado, culpa, ansiedad, fatiga,
impotencia, shock, anhelo, alivio e insensibilidad.
■ Pensamientos: incredulidad, confusión, preocupación,
sentido de presencia y alucinaciones.
■ Conductas: trastornos del sueño, alimentarios,
aislamiento, desorganización soñar con la pérdida,
evitar o frecuentar recuerdos, buscar al fallecido o
llamarlo, suspirar, hiperactividad y llanto.
RESOLUCIÓN
DEL DUELO
1. Aceptar la realidad de la pérdida
■ Durante los primeros días existe una cierta tendencia
natural a no admitir la muerte o no darse cuenta en el
plano real de su ausencia.
■ Esta primera tarea es básica para poder seguir
haciendo el trabajo del duelo. Aunque parezca algo
evidente, incluso si la muerte es esperada, como
sucede en los casos de enfermedad terminal, en los
primeros momentos casi siempre existe la sensación
de que no es verdad, una sensación de incredulidad
que generalmente se resuelve en poco tiempo.
2. Trabajar las emociones y el dolor de la
pérdida
■ Después del aturdimiento y la confusión el dolor y
otras emociones aparecen y es imprescindible
sentirlas en toda su dimensión. Cualquier evitación o
retraso del natural sufrimiento prolongará el duelo
innecesariamente.
■ Se hace referencia tanto al dolor emocional como al
dolor físico que muchas personas sienten tras una
pérdida significativa. Es importante reconocer los
sentimientos que ésta despierta y no intentar evitarlos,
sentir el dolor plenamente y saber que algún día
pasará.
3. Adaptarse a un medio en el que el
fallecido está ausente
■ La realización de esta tarea implica cosas muy
diferentes en función del rol del fallecido y del doliente
y de la relación que existiese entre ambos, pues no es
lo mismo el que el fallecido sea el padre, la pareja o un
hijo.
3. Adaptarse a un medio en el que el
fallecido está ausente
■ Adaptaciones externas: el doliente debe adaptarse a un
entorno en el que ya no está su ser querido. Esta
adaptación vendrá influenciada por la relación con el
fallecido y los diferentes roles que desempeñaba en su
vida. La persona no suele ser consciente de todos los roles
que desempeñaba el difunto hasta un tiempo después de la
muerte. El superviviente tendrá que aprender a afrontar
nuevos roles y se debe afrontar esto como algo beneficioso
y enriquecedor para la persona, dotando de un significado a
la pérdida.
3. Adaptarse a un medio en el que el
fallecido está ausente
■ Adaptaciones internas: la identidad personal también
se ve afectada tras una pérdida. El doliente puede ver
alterada su definición de sí mismo, su autoestima y su
autoeficacia. Esta última se ve especialmente afectada
cuando la persona fracasa en el desempeño de sus
nuevos roles.
■ Adaptaciones espirituales: Los valores y creencias de
la persona en duelo también deben atravesar este
proceso de adaptación. El doliente buscará significado
un a su vida que dote de sentido a su pérdida.
4. Recolocar emocionalmente al fallecido
y continuar viviendo
■ Básicamente se trata de poder continuar
la vida de un modo satisfactorio, sin que el
dolor por la pérdida impida la vivencia
plena de sentimientos positivos respecto a
los otros.
DUELO PATOLÓGICO
■ Criterio A: el individuo ha experimentado la muerte de un ser
querido hace al menos 12 meses.
■ Criterio B: Desde el fallecimiento ha experimentado al menos
uno de estos síntomas de forma intensa y perturbadora casi al
menos diariamente:
• Anhelo por lo que se ha perdido.
• Dolor intenso por la separación.
• Preocupación por el difunto.
• Preocupación por las circunstancias del fallecimiento.
DUELO PATOLÓGICO
■ Criterio C: o Dolor por la pérdida: desde el fallecimiento ha
experimentado al menos seis de estos síntomas de forma
intensa y perturbadora casi al menos diariamente:
• Dificultad marcada para aceptar la muerte.
• Aturdimiento.
• Dificultad para recordar positivamente al fallecido.
• Evaluaciones desadaptativas sobre uno mismo en relación hacia
el fallecido o la muerte, como sentimientos de culpa.
• Tristeza o ira.
• Evitación excesiva de recordatorios del fallecido.
DUELO PATOLÓGICO
■ Interrupción de la identidad social:
• Deseo de morir y reunirse con el fallecido.
• Dificultad para confiar en otros.
• Sentimientos de soledad.
• Sentir que la vida ya carece de sentido.
• Sentimientos de confusión sobre la propia identidad y rol en la
vida.
• Dificultad o evasión para plantearse metas futuras.
■ Criterio D: la alteración afecta al funcionamiento de la persona,
provocando malestar clínicamente significativo o deterioro social,
ocupacional o de otro tipo.
DUELO PATOLÓGICO
■ Criterio E: La reacción de duelo es
desproporcionada en relación a las normas
culturales, religiosas o adecuadas a la edad del
doliente.
■ Se debería especificar en caso de duelo
traumático (tras una muerte por suicidio,
homicidio, catástrofe, etc.) si hay pensamientos
recurrentes y angustiantes relacionados con las
características traumáticas de dicha muerte.
Asesoramiento en el duelo normal
Algunas de las intervenciones que el profesional puede realizar previo a
la situación:
■ Identificar las necesidades, dificultades, preocupaciones y temores
de la familia para aliviarlos o suprimirlos.
■ Facilitar la expresión de sentimientos.
■ Evaluar y potenciar los recursos familiares para facilitar un adecuado
manejo de sus emociones, pensamientos y conductas. Se intentará
disminuir su sensación de impotencia e incrementar la de control de
la situación, ayudar a repartir las tareas de cuidado al enfermo entre
los miembros de la familia.
■ Valorar los factores de riesgo de duelo complicado y actuar sobre
ellos para prevenir complicaciones.
■ Proporcionar información a la familia.
■ Ayudar en la aceptación de la futura pérdida.
ACOMPAÑAMIENTO
Lo más adecuado para la persona en duelo es poder recibir un
acompañamiento, de forma que el proceso de duelo ocurra de
una manera natural, dejando el tratamiento para aquellas
personas que presenten un duelo muy complicado o patológico.
Este acompañamiento es mucho mejor que pueda realizarlo
alguna persona querida, familiares o allegados, ya que en los
duelos se necesita sobretodo al inicio sentirse apoyado, querido,
comprendido.
En los primeros momentos tras la pérdida la tarea más básica es
la contención fundamentalmente la autocontención; se trata de
poder acompañar interviniendo lo menos posible. Conforme va
pasando el tiempo, cuando la persona en duelo ha de
readaptarse al mundo, es cuando las intervenciones prácticas
adquieren mayor peso.
ASESORAMIENTO
El asesoramiento ha de ser realizado por una
persona con conocimientos específicos sobre el
tema. Uno de los aspectos básicos del
asesoramiento es hacer saber a las personas que
el duelo es un proceso largo y que su culminación
no será un estado como el que tenían antes. Así
como también que, durante ese tiempo, habrá
malos momentos aunque el proceso sea bueno ya
que no se trata de un proceso lineal.
TERAPIA
La terapia hace referencia al uso de técnicas
específicas que ayudan en la resolución del duelo
complicado o patológico. Ambos términos han
sido utilizados indistintamente en la literatura
para hacer referencia a la dificultad o
imposibilidad de resolución de forma adaptativa
de un proceso de duelo, aunque en la mayor parte
de los estudios se utiliza el término duelo
complicado.