Introducción
El síndrome de Burnout (SB) o también conocido como síndrome de desgaste
profesional, síndrome de sobrecarga emocional, síndrome del quemado o síndrome
de fatiga en el trabajo fue declarado, en el año 2000, por la Organización Mundial de
la Salud (OMS) como un factor de riesgo laboral, debido a su capacidad para afectar
la calidad de vida, salud mental e incluso hasta poner en riesgo la vida del individuo
que lo sufre. Pero el problema va más allá: un individuo con Síndrome de Burnout
posiblemente dará un servicio deficiente a los clientes, será inoperante en sus
funciones o tendrá un promedio mayor a lo normal de ausentismo, exponiendo a la
organización a pérdidas económicas y fallos en la consecución de metas.
Luego, en 1974, el psiquiatra germano-estadounidense Herbert J. Freudenberger
realizó la primera conceptualización de esta patología, a partir de observaciones que
realizó mientras trabajaba en una clínica para toxicómanos en New York y notó que
muchos de sus compañeros del equipo de trabajo, luego de más de 10 años de
trabajar, comenzaban a sufrir pérdida progresiva de la energía, idealismo, falta
empatía con los pacientes, además de agotamiento, ansiedad, depresión y
desmotivación con el trabajo.
En 1981, la psicóloga Cristina Maslach, de la Universidad de Berkeley, California y
el psicólogo Michael P. Leiter, de la Universidad de Acadia Scotia crearon el
Maslach Burnout Inventory (MBI) -que desde 1986 es el instrumento más importante
en el diagnóstico de esta patología-.
Definición
La definición más aceptada es la de C. Maslach, que lo describe como una forma
inadecuada de afrontar el estrés crónico, cuyos rasgos principales son el
agotamiento emocional, la despersonalización y la disminución del desempeño
personal. La OMS retomó lo escrito por dicho autor y definió al síndrome, como “el
resultado del estrés crónico en el lugar de trabajo, que no se ha manejado con éxito”
Este síndrome suele darse con mayor frecuencia en aquellos puestos de trabajo
relacionados con atención a terceros, como docentes, personal sanitario o personas
que trabajan en atención al cliente y puede llegar a ser motivo de baja laboral, ya
que llega un momento en que el empleado se encuentra física y mentalmente
incapacitado para desarrollar su trabajo.
Población de riesgo
El síndrome de desgaste profesional es muy frecuente en personal sanitario
(nutricionistas, médicos, enfermeras/os, psicólogas/os, psiquiatras, terapeutas
ocupacionales, trabajadores sociales, terapeutas familiares y consejeros
matrimoniales, así como personal administrativo) y docente no escapando por cierto
otros profesionales como deportistas de élite, teleoperadores (operadores de
centros de llamadas), ingenieros, personal de las fuerzas armadas y en general, en
diversas profesiones de las que actualmente, se observa un creciente interés por
analizar.
Respecto al género, diversas investigaciones apuntan a que las mujeres son las que
presentan mayor prevalencia que los hombres.
Tipos de burnout
El síndrome del trabajador quemado es algo que se va gestando en el tiempo, poco
a poco, y que no florece hasta que la carga de estrés es ya muy elevada. Y se
puede dividir en dos tipos diferentes que van relacionados con el estadio en el que
se encuentra el empleado:
Burnout activo: El burnout activo es la primera fase de la enfermedad. El
trabajador siente la carga del estrés laboral, pero su actitud es todavía
positiva e intenta controlar la situación sin perder el control.
Por ejemplo:
Tratarse a uno mismo y a los demás con respeto.
Ser educado pero firme.
Ser directo y honesto con los demás.
Saber expresar aquello que nos preocupa o desagrada frente a los demás
con educación.
Saber hablar y escuchar sin enojarse.
Ser capaz de controlar nuestras emociones.
Ver las críticas de los demás como una oportunidad de mejorar.
Burnout pasivo: El burnout pasivo es el segundo estadio, cuando ya
empiezan a aparecer los síntomas y el trabajador empieza a estar al límite.
En este punto, la actitud ya no es positiva ni gestiona de la misma forma las
críticas o exigencias ni de sus compañeros ni de sus superiores.
La irritabilidad está patente y empieza a reducir considerablemente su
productividad.
Por ejemplo:
Reprimir las emociones.
Enojarse fácilmente.
Preferir ignorar el problema o alejarse de él antes que buscar una
solución.
No ser capaz de expresar nuestros sentimientos o reclamar nuestros
derechos.
Dar demasiada importancia a lo que puedan decir los demás de nosotros.
Causas
Las causas que favorecen la aparición de este cuadro están ligadas a los siguientes
factores:
Factores laborales o profesionales: condiciones deficitarias en cuanto al
medio físico, entorno humano, organización laboral, bajos salarios, escaso
trabajo real de equipo, acoso laboral.
Sobrecarga laboral, a menudo desplazada hacia tareas burocráticas y
marginales.
Presión en el trabajo con exigencias de rendimientos a través de
resultados.
Baja implicación laboral, escasa autonomía, poca participación en la
organización, gestión y planificación, indefinición de actividades, carencia
de innovaciones laborales e incomodidad física.
Falta de apoyo de los mandos que, a menudo, son responsables de una
organización poco afortunada en la que el profesional/trabajador recibe
poco reconocimiento, está sometido a una gran demanda y control.
Factores ambientales: cambios significativos de la vida como muerte de
familiares, matrimonios, divorcio, nacimiento de hijos.
Síntomas
Síntomas físicos: fatiga, dolor de cabeza, insomnio, alteración del peso,
malestar abdominal, tensión muscular
Síntomas emocionales: irritabilidad, ansiedad, depresión, frustración,
aburrimiento, distanciamiento afectivo, desorientación
Síntomas conductuales: ausentismo laboral, empeoramiento de las
relaciones interpersonales, tono de voz elevado, llanto inespecífico, dificultad
de concentración, conflicto con los compañeros, abuso de drogas.
Dichos componentes se presentan de cíclica, puede repetirse a lo largo del tiempo,
de modo que una persona puede experimentar los tres componentes varias veces
en diferentes épocas de su vida y en distintos trabajos.
Diagnóstico
El diagnóstico del síndrome de burnout debe realizarse tras una evaluación
psicológica mediante procedimientos validados y llevada a cabo por un profesional
acreditado. Por tanto, si una persona cree padecer este síndrome, es importante
que recurra a un profesional para que descarte otros trastornos como trastornos
depresivos o trastornos de ansiedad.
Test del síndrome de burnout
Para detectar el síndrome de burnout, el instrumento más utilizado es el cuestionario
de Maslach, cuyo nombre es Maslach Burnout Inventory (MBI). El Maslach Burnout
Inventory sirve para medir los 3 aspectos principales del burnout: agotamiento
emocional, despersonalización y realización personal, mediante 22 ítems. Los ítems
del MBI consisten en afirmaciones que deben ser puntuadas de 0 a 6 según la
verdad de las mismas.
Tratamiento del síndrome de burnout
El tratamiento del síndrome de burnout empieza por los cambios en la empresa o
lugar de trabajo. En primer lugar, se debe mejorar la organización con el objetivo de
que los trabajadores no tengan una sobrecarga de trabajo. También es necesario
facilitar a los empleados los recursos necesarios, las herramientas y la formación
adecuadas para desempeñar su trabajo correctamente.
Síndrome de burnout: tratamiento psicológico
El síndrome de burnout debe ser abordado de forma global, desde cambios
organizativos en la empresa hasta tratamiento psicológico. En cuanto al tratamiento
psicológico del síndrome de burnout, los puntos más importantes son:
Psicoeducación: Este primer paso del tratamiento consiste en conocer el
síndrome de burnout, reconocer los síntomas, entender la situación e
identificar los factores que lo han originado y que lo mantienen.
Autoconocimiento: Mediante registros y análisis, se trata de detectar ante
qué situaciones presentas respuestas de estrés desadaptativas.
Ajustar las expectativas: algunos de los factores que predisponen a
padecer el síndrome están relacionados con el perfeccionismo y el
desequilibrio entre las expectativas y la realidad. Por ello, es necesario
acercar las expectativas a la realidad y ajustar el nivel de autoexigencia a las
posibilidades reales.
Mejorar la autoestima: para mejorar la autoestima hace falta un trabajo de
fondo que incluye diversas áreas. Es importante identificar las propias
debilidades y fortalezas, aceptarlas y trabajarlas, es decir, utilizar las
fortalezas para mejorar, si procede, las debilidades. Además, también es
necesario detectar y eliminar los juicios hacia uno mismo. Otro aspecto
relevante consiste en tratarse amablemente a uno mismo.
Desarrollar la resiliencia: Es decir, entrenar la habilidad de fortalecerse tras
las dificultades.
Trabajar el asertividad: Mejorar las habilidades comunicativas y potenciar la
asertividad serán de utilidad para establecer una mejor comunicación con
compañeros, superiores y usuarios, así como defender tus derechos desde el
respeto.
Hábitos saludables: Es importante mantener una rutina de autocuidado y
hábitos saludables que comprenden desde el ejercicio físico y la
alimentación, hasta las relaciones sociales y la meditación.
Prevención
A nivel individual
Aunque sean a nivel individual, algunas pueden partir de la propia empresa:
Establecer mecanismos de organización del trabajo y el tiempo que se
ajusten a nuestras necesidades.
Aprender a manejar la ansiedad y el estrés a través de técnicas de relajación,
yoga.
Formarse en resolución de problemas para poder afrontar situaciones reales
que se pueden producir durante nuestro desempeño profesional.
Entrenar el manejo de la distancia emocional, especialmente en profesiones
con un contacto directo con personas como pueden ser los sanitarios.
Realizar pausas durante la jornada laboral.
Desconectar realmente del trabajo fuera de la jornada laboral, lo cual implica
no atender al teléfono ni consultar el correo electrónico o quedarse siempre
más tiempo de lo establecido.
Realizar actividades de ocio que permitan una desconexión real del ámbito
laboral.
Fomentar el vínculo social con actividades que no tienen por qué ser
estrictamente laborales, como comidas, asistencia a congresos, excursiones,
convenciones de empresa, etc.
Consecuencias
El síndrome de burnout se caracteriza porque es un proceso que va creciendo de
manera progresiva si no se toman medidas para impedirlo.
Esto puede provocar que el desgaste laboral evolucione y alcance otros aspectos
como los ideales y la percepción de los logros. A medida que avanza, el trabajador
puede tener dificultades para resolver problemas y ejecutar tareas que antes le
resultaban sencillas.
La frustración comenzará a estar presente de manera constante, permanecerá en
un estado continuo de agotamiento y los síntomas podrán evolucionar a estados
más graves. En algunos casos, los trabajadores pueden llegar a abusar de los
psicofármacos, del alcohol y las drogas.
Por último, algunos pueden llegar a tener síntomas depresivos, de psicosis e incluso
tener ideas de suicidio.
Síndrome de Burnout en enfermería
Uno de los aspectos clave del Síndrome de Burnout en enfermeros es el hecho de
tener que tratar con un gran número de pacientes a lo largo de la jornada. Estos
pacientes por lo general se encuentran de mal humor debido a factores que
escapan del control del personal sanitario, como por ejemplo largos de tiempos de
espera. Tratar con gente irritable y malhumorada, que paga su frustración con el
profesional acaba generando un "efecto contagio" en el propio trabajador.
Otro aspecto importante, a menudo olvidado, respecto de este "efecto contagio" es
el que se produce entre los propios trabajadores sanitarios. De el mismo modo que
la ilusión, la alegría o la motivación se contagian, el pesimismo, la desilusión y la
apatía también.
Por último, no podemos olvidar que estos profesionales se encuentran expuestos de
modo continuo al sufrimiento y al dolor ajenos, por lo que están sometidos a una
enorme presión emocional. Además, en muchas ocasiones la vida de otra persona
depende de sus decisiones y sus acciones lo que supone una fuente de presión
difícilmente igualable.
¿Por qué se suele dar este síndrome en enfermería?
Este síndrome aparece como respuesta al estrés laboral de forma continuada en
profesiones que se caracterizan por prestar servicios a otras personas.
Los profesionales de la enfermería son un ejemplo claro de trabajo con
predisposición a sufrir el síndrome de Burnout. El objetivo de estas personas, es
cuidar de los intereses o satisfacer las necesidades de los pacientes, y se
caracterizan por el contacto directo.
Si estas personas permanecen mucho tiempo entre el punto intermedio de estrés y
sus consecuencias, pueden presentar alteraciones negativas en su estado de salud,
ya sea en forma de enfermedad o alteraciones psicosomáticas como: dificultad para
dormir, mareos y vértigos.
A continuación, se exponen las principales causas que se dan en enfermería:
1- Continuo y sostenido contacto con el sufrimiento, el dolor y la muerte
Los profesionales sanitarios como los enfermeros, atienden a todo tipo de personas
independientemente de la enfermedad que tengan. En muchas ocasiones, estas
personas no sobreviven siendo, en algunos casos, una pérdida que resulta
dramática e injusta.
2- Caída del valor social de la profesión en nuestro país
Un tiempo atrás, los enfermeros estaban muy bien valorados por la sociedad. Sin
embargo, este prestigio social ha caído, siéndose más valorada la labor de otros
compañeros de profesión como los médicos.
3- Sobrecarga laboral
Debido a la cantidad de pacientes, número de patologías sin cura, carencia de
recursos y presión horaria.
Actualmente, en la sociedad que vivimos, un enfermero puede estar más
sobrecargado que hace un tiempo atrás. Esta difícil situación provoca que su trabajo
se vea afectado de forma drástica y tenga que realizar más funciones con menos
recursos y tiempo.
4- No reciben un reforzamiento positivo de lo que realizan
Aunque también son capaces de salvar vidas por el trabajo que realizan, las
personas a las que atienden no suelen agradecerle el trabajo bien hecho. Por el
contrario, ponen quejas a su desempeño profesional.
5- Amenazas de sufrir juicios por un mal trabajo
En ocasiones, es imposible poder salvar la vida de una persona debido a la
avanzada enfermedad que presentan. Esto puede traer consecuencias negativas a
los profesionales sanitarios como los enfermeros, que tienen que lidiar con sus
familiares, los cuales ponen a juicio su profesionalidad.
6- Resolver dilemas éticos resultantes de las nuevas tecnologías
Con la llegada de las nuevas tecnologías, salvaguardar la intimidad del paciente o
incluso su identificación es algo casi imposible. Esto es otro de los puntos sobre los
que tienen que lidiar estos profesionales.
7- Naturaleza de la tarea
Algunas tareas, dentro de lo posible, son más placenteras de hacer que otras por el
sentimiento que crean en el paciente. Por lo que no será lo mismo extraerle sangre
que tener que operarle de un tumor.
8- Variable organizacional e institucional
El tipo de organización e institución en el que se trabaje, es otro añadido más que
puede afectar negativamente en las emociones del enfermero. Por ejemplo, no es lo
mismo trabajar en un hospital que en una clínica privada o geriátrico.
9- Variable interpersonal
Nos referimos a la familia, compañeros, amigos, etc. En ocasiones, las relaciones
con las personas que se encuentran cercanas a tu entorno pueden facilitar tu día a
día e incluso mejorarlo drásticamente. Sin embargo, el horario de un enfermero
puede entorpecer estas buenas relaciones y convertirse en un signo de estrés y
malestar.
10- Variable individual
Referido a las características como la edad, el sexo, los rasgos de la personalidad
etc. Otro factor a tener en cuenta es el sexo del profesional. Las mujeres solemos
ser más sensibles, por lo que nos puede afectar más un determinado caso.
Por otro lado, no nos podemos olvidar del factor de la edad, ya que pueden
afectarnos más determinadas situaciones cuanta más baja edad tengamos. Por
último, la personalidad que tengamos e incluso nuestra filosofía de vida puede hacer
que veamos este trabajo como algo negativo o positivo.
Por último, otras razones de las causas pueden ser:
11- Bajo salario
Otro de los motivos que pueden hacer que aparezca es la pobre remuneración que
presenta este trabajo, el cual no ayuda ni compensa ni anima a los enfermeros.
12- Pérdida de control sobre la propia profesional
Debido al mundo en el que vivimos en continua evolución y rapidez de
descubrimientos. El ámbito sanitario mejora y cambia constantemente. Esto obliga a
los enfermeros a que tengan que ir periódicamente a recibir formación de nuevas
enfermedades y tratamientos, que en ocasiones pueden llegar a desencadenar
sentimientos de frustración.
13- Falta de apoyo por las instituciones
Las instituciones y organizaciones especializadas en estos profesionales, en
ocasiones hace que no se sientan lo suficientemente apoyados en su continuo
sufrimiento y lucha. Por lo que también puede generar sentimientos negativos que
favorezcan que se de este síndrome.
BIBLIOGRAFÍA:
[Link]
00152015000100014
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#causas-del-sindrome-burnout
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