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La Gula: Análisis Filosófico y Moral

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Universidad San Buenaventura – Sede Bogotá

Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación


Programa de Licenciatura en Filosofía
Seminario Filosófico
Docente: Nino Ángelo Rosanía
Estudiantes: Sebastián Ospina Rodríguez
Fecha: 9 de octubre del 2024

La gula y su connotación moral

La gula como pecado capital es reconocido socialmente como el acto de comer en exceso y
más allá de la saciedad, algo que entre otras cosas es condenado por algunos, indiferente
para muchos y hasta problemático para otros. Sin embargo, como ya se ha apreciado en la
dinámica de Tomasini, tocar el tema es mucho más que solo hablar del exceso de comida,
presentando pues algunas connotaciones mucho más profundas desde varios indoles.

Se propone a partir de la postura del autor poder establecer su delimitación conceptual (con
santo Tomás a bordo), al igual que las relaciones que pueden destacarse de este “pecado
capital” como lo son: La filosófica, desde Aristóteles, Kant, Mill y Marx; la gula como
fenómeno, para finalizar con una interesante crítica realizada por el mismo Tomasini, que
dará paso a una conclusión personal del texto.

En la mayoría, sino en todos sus análisis sobre pecados capitales, una de las preguntas del
autor parte de: si es válido o no condenarlos moralmente, dándoles dicha categoría de
pecado y más aún capital.

Si comer mucho no afecta a nadie externamente ¿por qué habría de ser pecado?, ¿qué
diferencia habría entre el glotón y el bulímico, más que el hecho de que el segundo padece
de un trastorno o enfermedad? Estos son cuestionamientos introductorios que se pueden
rastrear desde el juicio del autor.

El glotón es entonces alguien que no solo quiere saciar al hambre, sino que además quiere
ir más allá de la saciedad (cf. Tomasini 2012, p182) mientras que el bulímico según la Rae,
condicionado por un trastorno sufre una alteración en su conducta que le hace perder la
sensación de saciedad por medio de vómitos, generando por ende la necesidad de comer
más. Ciertamente este cuadro patológico en una medida total o parcial eximiría del juicio
moral al bulímico respecto a la ingesta desaforada de alimentos.

Por lo tanto, al iniciar con las aclaraciones conceptuales del término Tomasini (2012)
expresa:

Si por haber caído en una depresión terrible, por frustraciones, ansiedades causadas
por factores como problemas en el trabajo, una vida sexual insatisfactoria, la
inseguridad callejera, alguien come desmesuradamente, la persona en cuestión no es
un glotón, o por lo menos no necesariamente lo es. Su motivación no es el placer,
sino la ansiedad, la angustia. (p.184)

Con esto se alude nuevamente a que un condicionamiento que ralla con lo patológico no
puede ser considerado como inmoral, como sí se podría afirmar del glotón, quien solo
buscaría la ingesta placentera, y no de cualquier tipo de comida sino de aquella que genera
un gasto ostentoso, por lo que adicional a esto el glotón no puede ser avaro.

Es igualmente interesante la delimitación que el autor hace de algunos conceptos que en lo


coloquial pueden ser ambiguos y referirse como lo mismo. Inicialmente define “goloso”
como una expresión derivada de “golosina” algo que provoca comer de paso sin ser
indispensable. Por su parte el término glotón presenta dos variables significativas. La
primera, que el autor llama “glotón1” es una referencia más a la manifestación facial de
gozo y satisfacción por lo que se ingiere, si se quiere es la parte sana de esta subdivisión ya
que es una conducta eventual, mientras que el “glotón2” si está referido propiamente a una
debilidad del carácter de modo tal que su presentación es sistemática, es decir esta
incorporada prolongadamente en la conducta de la persona, aunque su modo de
manifestación sea discreto. (cf. Tomasini, 2012, p 186)

Santo Tomás, quien ha sido constantemente consultado por Tomasini a lo largo del texto en
cuestión enumera cinco características o “rasgos esenciales” del glotón como lo son la
frecuencia, el alto costo de lo que se come, la cantidad, la importancia casi trascendental
que se le da al comer y la elegancia con que se hace, es decir su carácter pomposo que su
vez va de la mano con un actitud hedonista excesiva siempre vista con recelo por la parte
religiosa. De hecho, ante el cuestionamiento de si es tan grave la gula, se presenta en
ejemplo gráfico de la Película “La gran Comilona” de Marco Ferreri, en entre otras cosas
destaca que una consecuencia, (bastante extrema, por cierto) del lugar a donde puede
conducir esta práctica es la muerte. Cuestión que, aunque posible sigue siendo exagerada y
ambigua, razón por la cual Tomasini introduce un análisis filosófico, pretendiendo
esclarecer un poco más la cuestión

Descartando de entrada la calificación religiosa o de carácter divino, se acoge en la


discusión la perspectiva aristotélica, mirando la gula desde la actitud virtuosa resaltando
esta como el fruto de entrenar el alma para actuar lo más razonable posible. Ante esta
premisa de entrada Aristóteles no tolerara algún tipo de exceso, por lo que la gula sería
“moralmente inaceptable” por obvias razones (Cf Tomasini, 2012, p 196)

Analizando lo que opinaría Kant, Tomasini descarta la gula de manera más sencilla al
sentenciar que esta simplemente no puede ser una actitud universalizable, por tanto, carece
de valor moral. Sería además algo antiecológico si todo un planeta estuviera regido bajo
esta conducta.

¿Se ve el glotón más beneficiado que perjudicado en su debilidad por la comida y la bebida
o no? ¿No le hace el glotón ningún daño a nadie? No. ¿Se regodea él con su conducta
culinaria y alimenticia? Sí. ¿Hay más felicidad en el mundo con un glotón satisfecho que
sin él? (Tomasini, 2012, p 201). Al responder de primer impacto estas preguntas desde la
visión utilitarista representada por John Stuart Mill, pareciera que la gula al fin tendría
quien la apoye y podría encontrar un punto de salvación moral, desde el llamado
“utilitarismo de acto”. Sin embargo, existe bajo la manga otra variable de este pensamiento;
el utilitarismo de regla que resumen mira las consecuencias a largo plazo del acto y sus
beneficios en relación, con lo que, concluyentemente, de nuevo la gula quedaría
descalificada al representar daños significativos en la salud de quien la prolonga en el
tiempo.

Desde el juicio del marxismo, de manera simple pero profunda a la vez, quedaría por acotar
una imagen que devela en la gula un retroceso moral del hombre, pues este evento
representaría un privilegio de lo animal por encima de lo humano, en palabras del filósofo
una enajenación alimenticia y culinaria. Darle a la comida un valor más trascendente que a
la realización que el hombre realiza por medio del trabajo sería un declive antropológico.
Cabe mencionar que el trabajo del que habla Marx no es aquel que se hace de mala gana y
con desidia, como ocurre a un alto porcentaje de ciudadanos, sino aquel que se convierte en
una actividad generadora de vida. (Cf, Tomasini 2012, 203) Por lo que queda definido que,
al menos, desde el argumento filosófico estudiado por el autor la gula no tiene defensa ni
propósito de imitación.

A pesar de todo lo anterior el núcleo de la discusión para Tomasini girara en torno a su


análisis de la gula como concepto y fenómeno.

Permeado por los conceptos de placer, voluntad y razón, se puede afirmar a que la ingesta
alimenticia es un acto sin duda alguna deseable. Es su prolongada practica la que empieza a
generar la controversia, es decir su consecución como hábito. ¿Puede este no ser bueno
entonces? Paradójicamente si se pueden extraer consecuencias positivas de dicha práctica,
destacando entra las mencionadas la posibilidad de crear encuentros agradables entorno a la
comida, el aumento del factor esfuerzo laboral por obtener lo que se desea, además de la
generosidad que deriva de estos gastos. Sin embargo y como se mencionó en análisis del
utilitarismo las consecuencias que deterioran la salud siguen jugando en contra para llevar a
cabo su defesa, una voluntad que se deja vencer por el placer carece de razón y por tanto se
traduce en la consecución de un vicio.

Aun así, no sobra aclarar que una “gula ocasional” no ha de ser mal vista desde esta mirada
pues no alcanza a tener una frecuencia tal que juegue en contra de los beneficios
considerados. Incluso como fenómeno cultural se puede ver que una proporción exagerada
de alimentos varía mucho dependiendo de la geografía y costumbres desde donde se
analice. Inclusive desde algunas perspectivas teológicas es algo ambiguo pues si bien la
gula puede dar pie a otras conductas nocivas, como se ha demostrado también puede ser
entrada a actos loables, por lo cual como lo afirma el autor: “Lo que todo esto hace pensar
es que en realidad la categoría de ‘pecado capital’ estuvo mal concebida, puesto que
prácticamente cualquier pecado puede convertirse en un pecado capital o puede
simplemente no ser pecado en lo absoluto” (Tomasini, 2012. P 214).

Una síntesis critica del autor se basa en ver la gula como el acto injusto de comer
exquisiteces en abundancia, en una sociedad permeada por el hambre. Igualmente el glotón
es incoherente al menospreciar la comida sana, optando e invirtiendo constantemente
grandes cantidades en darse comida escasa o diferente a la común, al final le quita el
sentido su práctica más preciada que se esconde detrás del acto de comer, que es compartir
la vida con los semejantes, de manera que el glotón invierte sus juicios de valor.

A pesar de esto una crítica más tajante aun apunta a resaltar que el hecho de que alguien
coma más de los estándares concebidos en la época actual no es más escandaloso ni
problemático que el fenómeno de que existan aún personas que conviviendo cerca a otros
“más afortunados” continúen pasando hambre. Esto es considerado un verdadero “pecado
capital” colectivo (cf. Tomasini 2012, p 219)

De modo conclusivo es posible apreciar como nuestro autor ha hecho toda una elaboración
sistemática procurando desmembrar lo mejor posible el concepto de gula y su asociación a
la categoría de pecado capital. Si fuera competencia personal quedarse con una postura
atendería principalmente a destacar el elemento aristotélico que promueve a través de la
virtud un equilibrio de la conducta; asociando esté a la visión utilitaria que busca un mayor
bien. Sin duda alguna, una acción, cualquiera que sea que conduzca a la destrucción de la
persona amerita un corte radical. Entendiendo esto también se tiene en consideración que
las circunstancias de cada individuo son tan variables como únicas, por lo que juzgar una
conducta como pecado, no sería competencia de un agente externo, no al menos sin tener
un panorama que abarque toda la realidad del sujeto en cuestión.
Bibliografía

Bassols, T. (2012). Pecados capitales y Filosofía: ( ed.). México D.F, Plaza y Valdés
(México). Recuperado de
ttps://[Link]/es/ereader/usanbuenaventura/102093?

Real academia española: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.7 en
línea]. <[Link]

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