TÍTULO: EL IMPACTO DEL USO DE LA FOTOGRAFÍA EN PERSONAS CON
ENFERMEDADES PSIQUIÁTRICAS.
INTRODUCCIÓN: La fotografía terapéutica es positiva para todo aquel que quiera
comenzar un diálogo profundo consigo mismo. Cualquiera puede hacerlo. Así lo
hizo la ahora fotógrafa Cristina Núñez, que en 1988 comenzó a autorretratarse
para superar sus problemas de autoestima que en la adolescencia le llevaron a la
drogadicción
No es necesario ser médico ni fotógrafo profesional. No tiene más que coger una
cámara en un momento de estrés o tristeza, autorretratarse y posteriormente
examinar los resultados. Eso ya es un paso hacia un conocimiento interior
personal.
En los últimos tiempos varios profesionales de la salud han tratado a sus
pacientes compaginando ciertas técnicas fotográficas con los procedimientos
médicos habituales. La fotografía terapéutica se basa en la utilización de la
cámara o de fotografías con fines de autoexploración para sacar del interior del
paciente todo tipo de recuerdos o sentimientos que le permiten llegar a un
autoconocimiento. Se trata de ver lo invisible a través de las imágenes.
El uso de la fotografía sirve a la salud mental para que los pacientes se abran,
rompan tabúes y superen el estigma. La fotografía va ligada al mundo emocional
de los autores de las imágenes y ayuda a explorar aspectos del psiquismo en los
que no se repara habitualmente, hablando del mundo emocional de la persona y
del entorno en el que vive.
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA:
La fotografía es un medio tanto de expresión como de comunicación que traspasa
toda frontera cultural y lingüística. Y la fotografía terapéutica es el lugar donde arte
y terapia se fusionan para convertirse en una herramienta de curación. Se utiliza
comúnmente en enfermedades que deterioran a la persona tanto física como
mentalmente. Esta forma de terapia se ha utilizado en centros de arte,
universidades, empresas e incluso en prisiones.
En los últimos tiempos varios profesionales de la salud han tratado a sus
pacientes compaginando ciertas técnicas fotográficas con los procedimientos
médicos habituales. La fotografía terapéutica se basa en la utilización de la
cámara o de fotografías con fines de autoexploración para sacar del interior del
paciente todo tipo de recuerdos o sentimientos que le permiten llegar a un
autoconocimiento. Se trata de ver lo invisible a través de las imágenes. En la
fotografía terapéutica, no se debe confundir con fototerapia, se incluyen fotografías
del paciente tomadas por otras personas, fotografías tomadas por el propio
paciente o “tomadas” en el sentido de coleccionar para sí imágenes de otros;
autorretratos del paciente, fotografías del álbum familiar y las foto proyectivas.
JUSTIFICACIÓN:
La relación entre Psiquiatría y Fotografía a lo largo del tiempo no ha sido fácil,
mostrándose la primera generalmente muy prevenida y temerosa frente a la
segunda. Algo que podemos comprender al considerar ciertos aspectos
relacionados con la necesaria confidencialidad y derecho a la intimidad individual
de los pacientes, aunque la prevención es evidente que también tiene que ver con
que algunas de las prácticas psiquiátricas no han sido, o pueden ser, ni estética ni
éticamente presentables.
El uso de la fotografía sirve a la salud mental para que los pacientes se abran,
rompan tabúes y superen el estigma. La fotografía va ligada al mundo emocional
de los autores de las imágenes y ayuda a explorar aspectos del psiquismo en los
que no se repara habitualmente, hablando del mundo emocional de la persona y
del entorno en el que vive.
OBJETIVOS GENERAL:
Mediante el uso de la fotografía en pacientes mentales se intentara conocer
su sentir como el de sus familiares y así poder intentar o planear nuevos
programas para su recuperación.
OBJETIVOS PARTICULARES:
Analizar las fotografías que tomen los pacientes e intentar interpretarlas.
Evaluar los métodos que se han estado utilizando en pacientes hasta antes
de utilizar la fotografía como una ayuda para sus tratamientos.
MARCO TEÓRICO
Generalmente se suele citar a Diamond, miembro fundador en 1853 de la
Sociedad Fotográfica de Londres, como el padre de la fotografía psiquiátrica
(Gilman, 1976), con la que había empezado a experimentar poco después de que
Talbot diera a conocer sus descubrimientos en 1839. Fue entre 1848 y 1858,
ocupando la plaza de superintendente del departamento de mujeres del Surrey
County Lunatic Asylum, cuando, aunando su profesión médica y su afición
fotográfica, retrató a diversos pacientes con el fin de ilustrar los diferentes tipos de
locura, convencido, de acuerdo a las corrientes fisiognómicas en boga, de que el
diagnóstico podía deducirse de la expresión facial de los enfermos.
En 1952, bajo el título de “Tipos de locura”, presentó parte de su trabajo en la
primera exposición que organizó la Society of Arts como exclusivamente dedicada
a la fotografía. Seguidamente, en 1856, dio una conferencia en la Royal Society,
donde describió con entusiasmo la utilidad de la fotografía defendiendo tres
posibles funciones en relación con el tratamiento de los enfermos mentales: 1) El
registro del aspecto externo con ánimo descriptivo y diagnóstico, tal y como
propugnaban las teorías fisiognómicas de la locura; 2) Medio ideal de
identificación y recuerdo en caso de necesitarse una readmisión; 3) Presentados
sus propios retratos a los pacientes, estos recibirían una auto-imagen muy precisa,
lo que ayudaría al tratamiento. En relación con esta última funcionalidad,
precursora sin duda de la actual fototerapia, Diamond hace referencia a un par de
casos sin profundizar mucho más en ello (Diamond, 1856).
Pero no todo el mundo está de acuerdo en otorgar esa paternidad a Diamond,
habiendo quien asegura: “No fueron los psiquiatras europeos quienes primero
utilizaron la fotografía con fines terapéuticos. Una vez más fue América quien
marcó el camino. Tan temprano como en 1849 Thomas Story Kirkbride… utilizó
las recientemente inventadas trasparencias fotográficas para la linterna mágica
como parte del tratamiento y programa recreativo de sus pacientes. Su utilización
de la fotografía no fue casual sino parte deliberada de su programa de tratamiento
Moral” (Burns, 1983). Para Kirkbride, uno de los fundadores de la Asociación
Psiquiátrica Americana y diseñador de imponentes edificios asilares, cada hospital
debía de mostrarse agradable e incluso bonito, con jardines y áreas de
esparcimiento que contribuyeran a generar un ambiente de confianza y apoyo.
Cuando se pudiera el paciente tendría que ocuparse en alguna actividad diaria,
programándose otras diversas para el tiempo libre del atardecer, y entre ellas
destacaremos aquí las proyecciones de trasparencias con la linterna mágica en el
Pennsylvania Hospital for the Insane. Estas sesiones se iniciaron en el invierno de
1843, primero con imágenes pintadas a mano, para añadirse diapositivas
fotográficas sobre cristal a partir de 1849. Las imágenes, denominadas hialotipos y
patentadas por los pioneros hermanos Langenheims, fueron un entretenimiento
muy popular en todo el mundo en décadas posteriores, pero disfrutadas mucho
antes intramuros del manicomio, que también fue fotografiado, así como muchos
de sus eventos y actividades por los Langenheims (Haller, 2005).
A partir de esos años la técnica fotográ- fica se fue extendiendo con cierta rapidez,
despertando el interés general de los psiquiatras de la época. Legrand du Saulle
(Legrand du Salle, 1863), en 1863, presentó una sesión a la sociedad médico
psicológica francesa donde abordó la utilidad de la fotografía en el estudio de las
enfermedades mentales, citándolas como apoyo para las mediciones
fisiognómicas, constatación de los cambios clínicos observables en la evolución de
la enfermedad, e incluso como base para un eventual atlas psicopatológico visual
por procedencia geográfica con fines de consulta. Pero más interesante puede
resultarnos su referencia a las objeciones morales que señala frente a la
utilización pública de las reproducciones fotográficas y el posible riesgo
proveniente de los propios fotógrafos, no obligados profesionalmente como los
médicos al secreto profesional, por el que algún paciente o su familiar encontrara
su retrato expuesto en la vitrina de una papelería, posibilidad que acompaña
incluso con un ejemplo de un caso real. Fueron prevenciones que le llevan a
proponer posiblemente la primera normativa referida a la aplicación de la
fotografía en las instituciones psiquiátricas.
En nuestro entorno, y en aquellos años pioneros, existieron también algunas
experiencias relacionadas con la fotografía digna de destacar. Un ejemplo fueron
las llevadas a cabo por Tomàs Dolsa i Ricart (1816-1909) y Pau Llorach i Malet
(1839-1890) en el Instituto Frenopático de Las Corts, desde donde el primero de
ellos viajó a Francia para conocer de primera mano la aplicación de la fotografía
en el campo psiquiátrico. En un folleto publicitario de la institución editado en
1865, se incluye un pequeño capítulo refiriéndose a la fotografía “como medio
diagnóstico en el conocimiento locura” (Dolsa, 1874), donde se anuncia la reciente
compra de una cámara que aseguran pronto empezaría a funcionar prometiendo
así “una nueva vía de contento y de provecho para la ciencia y la humanidad”.
Objetivos que poco más tarde dan por cumplidos “con felicísimos resultados…
contando ya con un álbum completo de ejemplares de las diferentes especies
nosológico-mentales conocidas” (Dolsa, 1874).
También en el manicomio de Sant Boi se utilizó la fotografía como terapia. Así, en
1892, el doctor Artur Galcerán i Granés (1850-1910) publicó “El moderno
Manicomio de San Baudilio de Llobregat”, donde se apunta: “La ganadería y la
labranza ocupan un gran número de asilados, mayormente durante la recolección
de los granos, frutas y flores… Hay talleres de cromolitografía y fotografía,
mereciendo elogio los especiales trabajos de esta sección… Los talleres que en la
actualidad funcionan son: la panadería, la herrería, la carpintería, la ebanistería, la
sastrería y la zapatería y recientemente el de fotografía que es de utilidad suma, a
título de auxiliar del estudio de las manifestaciones expresivas de las vesanias”
(Galcerán i Granés, 1892).
Fotografía y auto-imagen Saltando en el tiempo hasta mediados del siglo XX, hubo
quien se interesó por la utilidad que la fotografía podía ofrecer en el estudio y
abordaje de pacientes con grave sintomatología psicótica. Cornelison y Absenian
(Cornelison, 1980) utilizaron para ello una cámara Polaroid de revelado inmediato,
que les permitía mostrar seguidamente la imagen captada y observar las
reacciones de las personas fotografiadas para luego agruparlas en cuatro grandes
apartados: 1) Auto-reconocimiento; 2) Reacción ante las imágenes; 3)
Sentimientos expresados frente a los retratos; y 4) Diferencias observables por
sexo. Tras las diez sesiones programadas para la experiencia, pusieron en
relación todo lo observado a lo largo de las mismas con los posibles cambios en el
estado clínico y en los test psicológicos utilizados pre y post intervención. La
favorable evolución percibida en algunos pacientes, sin descartar otras posibles
variables que influyeran en esos resultados, les indujo a desarrollar algunas
hipótesis desde un punto de vista psicoanalítico acerca del positivo papel que la
experiencia tuvo en los pacientes. Una experiencia que, quizás debido a la
novedad de la técnica utilizada para aquellos años, despertó también gran interés
por parte de la prensa no especializada (Blakeslee, 1961).
Pocos años después, con el nombre de “Photodrame” (Castro, 1973-1974), se
desarrolló en Francia una estrategia en cierto modo similar en el ámbito
adolescente, para poco después adaptarse su utilización a un entorno psiquiátrico.
En un proyecto de varias semanas de duración, tras una larga preparación
psicológica del paciente (“discusiones previas”), el terapeuta toma más de 120
instantáneas del paciente en cualquier postura o actitud que él mismo sugiriera
(“foto drama” propiamente) para, tras el procesado (“revelado e impresión”), ser
discutidas en común (“lectura de las fotos”), con un especial interés en la auto
imagen corporal así reconocida (Kimelman, 1983).
Este tipo de fotografías, basadas en el retrato del propio paciente, es el
fundamento de una primera fase en su aplicación práctica en el campo
terapéutico, para poco más tarde trasferir el protagonismo activo a la hora de
apretar el disparador de la cámara a los propios pacientes, tal y como veremos
más adelante. Una evolución que también se ve reflejada en cómo en un primer
momento las técnicas terapéuticas que utilizan la fotografía se apoyan y priman el
análisis de las instantáneas personales y álbumes familiares, para más tarde
pasar ese protagonismo al propio acto creativo como medio de construcción de
narrativas personales.
METODOLOGÍA:
Cronograma de actividades
MES Y ACTIVIDADES ABRIL MAYO JUNIO JULIO
Planeación del proyecto x
Investigación bibliográfica x
Visita al hospital
psiquiátrico Dr. Samuel
Ramírez Moreno. *
x x x
Toma de fotografías por
parte de los pacientes
x x x
Toma de evidencia sobre
lo que realizan los
pacientes
x x x
Realizar una nota
periodística patrocinada
por la UAM
x
*Estas visitas son con la ayuda y acercamiento del docente y psicólogo de la
UAM Alberto Carvajal ya que sin su apoyo no se hubiera logrado el poder realizar
las mismas.