Título: LA IMPORTANCIA DEL CABALLO EN EL SIGLO XVI AL XVIII EN NUESTRA REGION
CUSCO. [Link]
FORMULACIÓN DEL PROBLEMA
¿?
OBJETIVOS
OBJETIVO GENERAL.
Demostrar la potencialidad del turismo vivencial para el desarrollo sostenible de los habitantes de
las rutas del Distrito de Pampamarca, Yanaoca, Quehue y Túpac Amaru-Surimana.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS
a) Identificar la potencialidad del turismo vivencial en artesanía para el desarrollo
sostenible de los habitantes de las rutas del Distrito de Pampamarca, Yanaoca, Quehue y
Túpac Amaru-Surimana.
¿Cómo llegaron los caballos a América?
La repoblación comenzó con cinco yeguas y veinte caballos
andaluces que zarparon con Cristóbal Colón en su segundo viaje
Los caballos poblaron el continente americano en tiempos remotos, tal y como
acreditan vestigios arqueológicos. Pero se extinguieron hace unos diez mil
años por causas desconocidas. Su historia en el Nuevo Continente volvió a
comenzar con la orden de los Reyes Católicos de mandar a sus nuevas
posesiones veinte caballos y cinco yeguas. Estos animales llegaron a la actual
República Dominicana en el segundo viaje de Cristóbal Colón, que zarpó de
Cádiz el 25 de septiembre de 1493.
Las diecisiete naves al mando de Colón partieron de Andalucía para trasladar a
los artesanos necesarios para desarrollar los nuevos territorios ultramarinos.
Entre otros se contaban labradores, curtidores, tejedores, carpinteros o
herreros que viajaron con sus herramientas: azadas, palas, sillas de montar,
arados y aparejos de todo tipo.
Los colonos tendrían a su disposición los caballos, vacas, ovejas, mulas, burros
y cabras que viajaron en esa segunda expedición de Colón. Los reinos
hispanos llevaron al Nuevo Mundo el patrimonio cultural hispano del siglo XV,
que era un compendio de todo lo que aportaron los griegos, romanos, árabes,
judíos y visigodos que se asentaron en la Península.
Todos los historiadores coinciden en que la conquista de América fue posible
gracias a los caballos, cuya presencia en los campos de batalla causaba pavor
a los aztecas, incas y otros pueblos autóctonos. Los que viajaron en la segunda
travesía de Colón eran equinos de las marismas del Guadalquivir, poco
vistosos y de pequeña alzada, pero bien adaptados a los espacios naturales
que se encontraron en América, como las pampas argentinas o las grandes
praderas del Medio Oeste estadounidense.
El paso del tiempo no ha borrado de los caballos
americanos los rasgos inequívocos de las razas de equinos
hispanoárabes
Desde la actual República Dominicana, algunos equinos pasaron a Cuba y
años más tarde saltaron al continente. Los que poblaron las grandes llanuras
norteamericanas llegaron desde México con la expedición de Juan de Oñate.
La cultura del caballo hispana se llevó a América con todos sus derivados,
como el rancho y la hacienda de ganaderos, la silla de montar y el vaquero, con
sus zahones y espuelas.
Los Mustang que cabalgaban sioux y apaches eran
descendientes de los caballos de los colonizadores
españoles
El vaquero andaluz que cruzó el océano se transformó en el charro mexicano,
el gaucho argentino o el cowboy estadounidense. Con el tiempo, algunos
caballos huyeron a los montes y se asilvestraron. Muchos fueron domesticados
por tribus indias.
Origen e historia de la raza
Sin duda, el origen del Caballo Peruano de Paso, se remonta al conjunto
de caballos que llegaron con la conquista española de América. A través
de la historia, sabemos que los primeros caballos que pisaron el territorio del
actual Perú fueron 62 caballos que llegaron con los 170 hombres que
acompañaban a Francisco Pizarro, y que capturaron al inca Atahualpa, en
noviembre de 1532.
Estos caballos provenían de los criaderos de Nicaragua, zona a la que llegaron
gran cantidad de caballos traídos por Cristóbal Colon en su segundo viaje, que
zarpara del puerto de Cádiz, el 25 de septiembre de 1493.
A estos 62 nombrados se agregarían luego, 84 que trajo Diego de Almagro
junto a otros más traídos por Hernando de Soto, quien, a decir del Inca
Garcilaso de la Vega, era un extraordinario jinete y había ido a entrevistar a
Atahualpa, por encomienda de Francisco Pizarro.
Por último, Pedro de Alvarado gobernador de Guatemala llegó, a principios de
1534, a la provincia de Quito del imperio inca, al mando de 500 hombres con
227 caballos.
En el segundo viaje de Colón fue cuando se introdujo el caballo,primero en la
isla de La Española y después pasó al continente. Los primeros que entraron
fueron dieciséis ejemplares traídos por Hernán Cortés en 1519, y después De
Soto y Coronado fueron incluyendo más animales traídos tanto de España
como de los que se empezaron a criar en el Caribe. La intención inicial era
introducir la raza hispano-árabe pero, debido a una serie de cambios antes de
embarcar y según indican algunos textos, se introdujeron los llamados
matalones, animales de baja estatura y resistentes ante las inclemencias del
tiempo que se adaptaron muy bien a estos territorios.
La llegada de los primeros caballos y
yeguas a América
Margarita Cossich Vielman
18/06/2021 - 05:15
El caballo se ha consolidado a lo largo de los siglos como un gran símbolo de la
conquista de América / Foto: Revista Equino
Los primeros caballos y yeguas pisaron suelo americano en
1493 durante una de las expediciones de Cristóbal Colón al
continente. Éstos venían acompañados de otros animales como
perros, cerdos, gallinas, cabras y ovejas. Los reportes de la cantidad
de caballos y yeguas que llegaron con los españoles son tan diversos
como las fuentes que los contienen. Sin embargo, la constante
mención de su presencia da cuenta de la importancia de los caballos
durante la Conquista.
Bernal Díaz del Castillo, en el capítulo XXIII, de su Historia verdadera
de la conquista de la Nueva España, refiere detalladamente a los
españoles que venían de Cuba con Cortés (ver “La vida cotidiana en
la isla de Cuba” de Martín Ríos Saloma). Asimismo, describe
cuidadosamente los once caballos y cinco yeguas que salieron de la
Isla de Cuba. Según Bernal, los caballos fueron repartidos en los
diferentes navíos donde se les hicieron pesebres y se les
alimentó con maíz y hierba seca. Detalla sus pelajes, sus destrezas
ecuestres, los nombres de sus propietarios y, en algunos casos, sus
propios nombres son parte de la detallada descripción del cronista. Se
lee, por ejemplo: “… Francisco de Montejo y Alonzo de Ávila, un
caballo alazán tostado: no fue para cosa de guerra… Ortiz El músico,
y un Bartolomé García, que solía tener minas de oro, un muy buen
caballo oscuro que decían “el arriero”: este fue uno de los buenos
caballos que pasamos en la armada”.
La Historia verdadera menciona, además, lo costoso que eran los
caballos, equiparando su valor al de los esclavos negros (ver
“Conquistadores africanos” de Rosario Nava Román): “Juan Sedeño,
vecino de la Habana, una yegua castaña, y esta yegua parió en el
navío. Este Juan Sedeño pasó el más rico soldado que hubo en toda la
armada, porque trajo navío suyo, y la yegua y un negro, e cazabe e
tocinos; porque en aquella sazón no se podía hallar caballos ni negros
si no era a peso de oro, y a esta causa no pasaron más caballos,
porque no los había. Y dejarlos he aquí, y diré lo que allá nos avino,
ya que estábamos a punto para nos embarcar”.
Una de las primeras representaciones gráficas que tenemos de estos
animales desembarcando en la Nueva España nos la proporciona el
cronista Diego Muñoz Camargo, quien ilustra y describe: “Acalli yc
quitlatlati capitan, el barco así fue quemado por el capitán. La llegada
de Cortés al Puerto de Cempoala de la Nueva España con su armada
y gente, y cuando hizo barrenar los navíos y echarlos a fondo”. Al
fondo de la lámina 26 de la Descripción de la Ciudad y Provincia de
Tlaxcala de Muñoz Camargo aparece un navío en llamas, y en primer
plano, el desembarco de los caballos; el preciso momento en que un
caballo está desembarcando sujetado, por su centro de equilibrio,
mediante poleas, antes de comenzar su camino por el territorio
mesoamericano. (Véase imagen de Muñoz).
En Mesoamérica, el único animal que podía ser comparable con
las dimensiones y la anatomía de los caballos eran los
venados. Es por esto que los equinos eran llamados con las
palabras quiej y mazatl, que en los idiomas kaqchikel y náhuatl
quieren decir, respectivamente, ‘venado’.
El Lienzo de Tlaxcala y el Códice Florentino -dos fuentes que
presentan la visión de la conquista de los tlaxcaltecas y de los
mexicas, respectivamente- ofrecen distintas representaciones de los
caballos y las actividades que éstos realizaban. Sabemos por estos
documentos que los caballos se ahogaron en la llamada Noche Triste;
que eran beneficiados con el tributo, al ofrendarles sus alimentos
(que consistían en yerba y sal); y que fueron, también, objeto de
sacrificio. En el capítulo 35 del Libro XII del Códice Florentino se nos
relata cómo los mexicas mataron a 53 españoles, tlaxcaltecas,
tezcocanos, chalcas y xochimilcas y con ellos a cuatro caballos cuyas
cabezas fueron puestas en el Tzompantli, junto a las de los españoles
e indígenas sacrificados.
Margarita Cossich Vielman
Arqueóloga por la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos
de Guatemala
Referencias:
Díaz del Castillo, Bernal “Historia Verdadera de la Conquista de la
Nueva España, (1568). Editado por Carmelo Sáenz de Santa María
(México: Patria, 1983).
Márquez Ruiz, Miguel Ángel “El caballo en la conquista de México.
Antecedentes históricos del caballo. El caballo español. La diáspora
del Equus caballus a Las Indias” en “La gesta del caballo en la historia
de México. M.A. Márquez Ruiz (coordinador).UNAM, Facultad de
Medicina Veterinaria y Zootecnia, pp. 39-54 (2010).
Muñoz Camargo, Diego “Descripción de la ciudad y provincia de
Tlaxcala” (1585). Editado por René Acuña (México: UNAM- 1981).
De Sahagún, fray Bernardino “Códice Florentino” Libro XII.
(1589). [Link] consultado 7
de mayo de 2019.
La Nota Curiosa: Los primeros
caballos de América
El 23 de mayo de 1493 comenzó la historia del caballo en América
con un escrito de los Reyes Católicos que ordenaba el envío al Nuevo
Mundo de veinte caballos y cinco yeguas escogidos en el reino de
Granada.
Estos caballos llegaron a América gracias a Cristóbal Colón que, en su
segundo viaje, los llevo con él.
Los Reyes Católicos escribieron a su secretario Fernando de Zafra
para que escogiese veinte lanzas jinetas junto a cinco «dobladuras»
hembras de entre la gente de la Santa Hermandad y esos fueron los
caballos que llegaron a América.
Cuando el equino se aclimató en la isla de Santo Domingo, su cría se
extendió a las otras Antillas ya Centroamérica, de donde se
proveyeron de caballos a casi todas las expediciones del
descubrimiento y la conquista. Pizarro fue autorizado a llevar
montados de Jamaica al Perú, y de allí Valdivia se abasteció para ir a
Chile, de donde pasarían a la Argentina.
Durante mucho tiempo el caballo que se trajo a América era español,
no solo porque la colonización del Nuevo Mundo fue hecha por los
españoles, sino porque los conquistadores y colonizadores de
cualquier nacionalidad buscaban al caballo español por ser el mejor
de esos tiempos.
Con excepción del caballo árabe, no ha habido otro como el español
de los siglos X al XVII que haya tenido tanta merecida fama y recibido
tantos elogios. Baste decir que para ponderar a un caballo se decía
«parece español» y que Guillermo el Conquistador y Ricardo Corazón
de León lo prefirieron.