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La Liebre y La Tortuga

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La liebre y la tortuga

Una liebre se estaba burlando de la tortuga un día por ser tan lenta_

- ¿Alguna vez has llegado a alguna parte andando tan lento?, preguntó con una risa
burlona.

- Sí, respondió la Tortuga, y llego antes de lo que piensas. ¿Hacemos una carrera y lo
probamos?

A la liebre le divirtió la idea de correr una carrera con la tortuga, y así, con todos los
animales del bosque de testigos, comenzó la carrera.

La liebre echó a correr y pronto se perdió de vista, y para poner en ridículo a la tortuga
y demostrar lo lenta que era, se tumbó en el campo para tomar una siesta hasta que la
tortuga la alcanzara.

Mientras tanto, la tortuga siguió avanzando lenta pero sin descanso y, después de un
tiempo, pasó por el lugar donde dormía la liebre. Pero la Liebre siguió durmiendo muy
tranquilamente, y cuando por fin despertó, la tortuga estaba cerca de la meta. La liebre
corrió lo más rápido que pudo, pero no pudo alcanzar a la tortuga a tiempo, que ganó
la carrera.
La cigarra y la hormiga
Un día de finales de otoño, una familia de hormigas trabajaba secando el grano que
habían almacenado durante el verano, cuando una cigarra hambrienta, con el violín
bajo el brazo, se acercó y suplicó humildemente a una de ellas que le diera un poco de
comida.

- ¡Qué!, gritño la hormiga sorprendida, ¿no has guardado nada para el invierno?,
¿qué has estado haciendo todo el verano?

- No tuve tiempo de almacenar comida, se quejó la cigarra; Estaba tan ocupada


tocando música en mi violín que casi sin darme cuenta, el verano se había ido.

La hormiga se encogió de hombros y respondió:

- ¿Haciéndo música, no?, pues ahora, solo te queda... bailar.

Y dándole la espalda continuó con su trabajo.


La zorra y la cigüeña
La zorra simempre había comentado que la cigüeña era muy boba y le gustaba reírse
de ella ante los demás.

Un día la invitó a cenar a su casa y preparó una deliciosa comida. Cuando llegó la
cigüeña y se sentó a la mesa, se dio cuenta de que la zorra había puesto toda la
comida en platos muy grandes y planos, así que, no podía llevarse ni un solo
bocado porque su largo y fino pico le impedía comer en estos recipientes.

La cigüeña no protesó, miró a la zorra, le agradeció la invitación y se fue. Y allí quedó


la zorra, muerta de la risa.

Pocos días después, la cigüeña invitó a cenar a la zorra. La zorra aceptó pensando
que era tan boba que no podría siquiera sentir rencor.

A la hora indicada, la zorra se presentó en la casa de la cigüeña y se sentó a la mesa


para poder disfrutar de la comida. Pero, se dio cuenta de que todos los alimentos
estaban servidos en tarros y vasijas de cuello muy largo, tanto que solo cabía el pico
de una cigüeña, y no el hocico de una zorra.

La cigüeña comenzó a comer con apetito y, cuando hubo terminado, le dijo a la zorra
que la miraba con disgusto:

- ¿Ves? Es una comida tan sabrosa como la que tu preparaste.


El bosque encantado
Había una vez, un bosque bellísimo, con muchos
árboles y flores que alegraban la vista a todos los niños
que jugaban allí. Todo era paz y tranquilidad. Hasta
que un día la tierra empezaba a temblar y en el bosque
apareció un brujo muy malvado. No quería que nadie
fuera felíz.

Por esto, cuando escuchó la risa de los niños y el


canto de los pájaros, se enfureció de tal manera que rápidamente, tocó con su varita mágica al árbol,
y este empezó a dejar caer sus hojas y a perder su color verde pino. Lo mismo hizo con las flores, el
césped, los animales y los niños.

Después de hacer su gran y terrible maldad, se fue riendo, y mientras lo hacía repetía:

- ¡Nadie tendrá vida mientras yo viva!

Pasaron varios años y nadie se atrevió a pisar ese oscuro y espantoso lugar, hasta que
una paloma llegó volando y cantando alegremente, pero se asombró muchísimo al ver ese bosque,
que había sido hermoso se había convertido en un lugar horrible.

- ¿Qué pasó aqui?... Todos perdieron su color y movimiento... Está muy tenebroso ¡Cómo si fuera de
noche!... Tengo que hacer algo para que éste bosque vuelva a hacer el de antes.

Y despues de meditar un rato dijo:

- ¡Ya sé!

La paloma se posó en la rama seca de un árbol, que como por arte de magia, empezó a recobrar su
color natural y a moverse muy lentamente. Después se apoyó en el lomo del conejo y empezaron a
levantarse sus suaves orejas y, poco a poco, pudo notarse su brillante color gris claro.

Y así fue como a todos los habitantes del bosque les fue devolviendo la vida. Los chicos volvieron a
jugar y a reir otra vez, ellos junto a los animalitos les dieron las gracias a la paloma, pues, fue por ella
que volvieron a la vida. La palomita, estaba muy feliz y se fue cantando. ¡Y vino el viento y se llevó al
brujo y al cuento.
La lechera
Había una vez una niña que iba con su cántaro de leche, bien puesto a la cabeza, de
camino hacia la ciudad. En su paseo comenzó a imaginar el dinero que podría sacar al
vender la leche y lo que haría con él.

Así equipada, revolvía en su imaginación lo que sacaría de la leche y la manera de


emplearlo.

- Compraré una docena de huevos, mis gallinas los incubarán, y cuando nazcan los
doce pollitos, los cambiaré por un hermoso lechón.

- Una vez criado, seguía imaginando, será un cerdo enorme. Entonces regresaré al
mercado y lo cambiaré por una ternera que cuando crezca me dará mucha leche a
diario que podré vender a cambio de un montón de dinero.

Al pensar en todo lo que haría con un simple cántaro de leche, la niña comenzó a
brincar de alegría. Sin embargo, tropezó con una piedra del camino y el cántaro salió
volando por los aires y se estrelló en el suelo en mil pedazos y derramando toda la
leche.

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