Arbitraje Internacional en España
Arbitraje Internacional en España
EL ARBITRAJE INTERNACIONAL
El arbitraje es un medio de solución de controversias. Las nuevas leyes españolas, tanto la del
88 como la del 2003, hablan de las materias susceptibles de arbitraje las controversias que
se refieren a materias de libre disposición para las partes conforme a derecho. El eje del
arbitraje está precisamente en esa idea de la arbitrariedad de las materias que son de libre
disposición para las partes conforme a derecho.
Dentro de este concepto se integra lo que entendemos en derecho español como derecho
dispositivo, frente a las normas de derecho de obligado cumplimiento para las partes.
La Ley de arbitraje actual ha corregido alguno de los problemas y errores que la Ley de 1988
había creado. En 1985, España, tanto en la Comisión de Naciones Unidas para la Codificación de
Derecho comercial internacional (UNCITRAL) como en la Asamblea General, había dado su
apoyo a la Ley Modelo de Arbitraje Mercantil Internacional (de la UNCITRAL). Hay que recordar
que la Ley Modelo no vincula directamente a los Estados pero aparece como un referente al que
ir acomodando las normas y, en este caso, la Ley modelo de arbitraje internacional es
susceptible de ser escogida por las partes para regular el arbitraje que establece.
Resulta que la Ley Española de Arbitraje de 1988 no se inspiraba en la ley modelo de la
UNCITRAL. La cuestión tenía mucha relevancia en materia de Derecho Internacional privado
porque mientras que la ley modelo sí que califica cuando un arbitraje es internacional, la Ley de
1988, no decía cuando un arbitraje era internacional. Se definía lo que era un laudo arbitral
extranjero y se decía que era aquél que no hubiera sido pronunciado en España.
También existía el Título X, relativo al derecho aplicable por el árbitro del arbitraje y se podía
llegar a la conclusión de que un arbitraje pronunciado en España, por árbitro o árbitros que
cumplan la condición de abogados en ejercicio con independencia de su nacionalidad, sería
calificado como arbitraje español. Además, si ese arbitraje presentaba un elemento de
extranjería, el árbitro aplicaría las normas de DIPr del Titulo X.
Por el contrario, si el laudo arbitral no se había dictado en España, sería un laudo extranjero y
necesitaría la concesión del execuátur.
A pesar de que la ley española no establece cuando hay arbitraje internacional, la Ley Modelo
de NU establece que un arbitraje es internacional cuando las partes en el Convenio de
Arbitraje, estén establecidas en dos Estados diferentes o también aun cuando las partes estén
en un mismo Estado, se den las siguientes circunstancias:
- Que el lugar del arbitraje esté en un Estado diferente de aquel en el que se encuentran
establecidas las partes
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- Que el lugar de cumplimiento de la parte fundamental de la obligación esté en un Estado
distinto al Estado de las partes
- Las partes litigiosas acepten libremente, de acuerdo con el Convenio de Arbitraje, que la
cuestión litigiosa está conectada con más de un ordenamiento jurídico (acepten de
acuerdo con el principio de autonomía de la voluntad).
Con todo, la ley del 88 modernizó el arbitraje español incorporando en nuestra legislación las
modalidades de arbitraje que no existían en la legislación anterior. Por tanto, ya distinguía con
toda claridad entre el arbitraje institucionalizado y el arbitraje ad hoc,
- El arbitraje ad hoc es aquel arbitraje en el que las partes someten su litigio a árbitros que
no se encuentran integrados en ningún tipo de institución y que libremente acceden a
fallar ese litigio, de modo que las partes tienen que establecer las normas por las que se
tiene que regir ese arbitraje. El riesgo en este tipo de arbitraje es dejar lagunas sin
regular en el procedimiento arbitral, hasta el punto de que pueden hacer imposible la
realización del arbitraje.
- El arbitraje institucionalizado presupone la existencia de un sistema arbitral con normas
de arbitraje ya establecidas para el desarrollo del procedimiento arbitral. Aquí se ofrece a
las partes todo un sistema regulado que evita las lagunas normativas, que da
certidumbre y que facilita que el procedimiento arbitral discurra con éxito hasta dictar el
laudo arbitral y su posible ejecución. Por tanto, se ofrece seguridad jurídica y la
experiencia de esa institución, aunque pueden encorsetar a las partes, que siempre van
a poder establecer modificaciones a las reglas, al menos hipotéticamente.
Por otra parte, hay que hablar del Convenio Arbitral. Es el instrumento en el que se plasma la
voluntad de las partes de someter la cuestión litigiosa de libre disposición al arbitraje.
Solamente ha un caso donde NO se da el supuesto de voluntad: arbitraje forzoso instaurado por
el causante fallecido para el litigio de los herederos no forzosos.
Hay un debate a lo largo del Convenio que tiene que ver con la localización del arbitraje y su
fundamentación jurídica, porque hay que entender que el arbitraje convencional internacional
desempeña una función que es la de ser el brazo resolutivo de la sociedad internacional de
comerciantes.
La Lex Mercatoria (usos y prácticas del comercio internacional) se ha ido configurando como
un tercer genero frente al derecho estatal y al derecho internacional. Es un espacio normativo,
propio de los operadores comerciales internacionales. Estamos ante la idea de un espacio
jurídico no contaminado por el derecho estatal y la idea de que el espacio jurídico de las
grandes empresas multinacionales puede constituir un poder autosuficiente porque el derecho,
en definitiva, es la legitimidad de la coacción.
El debate sobre la Lex Mercatoria es muy largo. No se puede negar la juridicidad de esta ley ya
que es indudable que es un espacio jurídico.
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Según F. Rigaux, había un solo espacio u ordenamiento jurídico transnacional, sino que los
comerciantes internacionales construían pluralidad de ordenamientos de órdenes jurídicos en
función de sus necesidades. El planteamiento de este autor se funda en las teorías de Santi
Romano que parte de un planteamiento muy básico derecho es aquello que ordena y regula
las relaciones en una comunidad humana (concepto muy antropológico).
Esto significa que efectivamente hay órdenes jurídicos transnacionales, cuyo tratamiento
jurídico es discutible (si son órdenes u ordenamientos jurídicos autosuficientes o no, si su
legitimidad es suficiente o no tienen legitimidad democrática…).
Dicho todo esto, el arbitraje comercial internacional aparece como el brazo jurisdiccional del
orden jurídico transnacional. Una especie de ‘’parapeto’’ frente a la jurisdicción estatal para
evitar que el Estado toque las relaciones económicas internacionales.
Hay 3 teorías sobre el encuadramiento del arbitraje internacional y su relación con los derechos
estatales.
- Subordinación del arbitraje comercial internacional al derecho estatal. El arbitraje
internacional y la autonomía de la voluntad de las partes para acudir al mismo, se funda
en un derecho u ordenamiento generalmente del ordenamiento del Estado donde el
arbitraje tiene la sede.
Hay que tener en cuenta que hay un gran debate teórico sobre si la naturaleza del
arbitraje es meramente contractual. También hay una visión mas jurisdiccional donde el
elemento publico del arbitraje como sistema de solución de controversias pesa más.
Después hay una tesis mixta entre lo privado y lo jurisdiccional.
Todo este debate sobre el Convenio Arbitral tiene mucha más importancia de la que parece
porque esa autonomía o no del orden jurídico de la Lex Mercatoria y del arbitraje condicionará
su despegue o desvinculación con los ordenamientos estatales y también condicionará el juego
del orden público y de las normas imperativas.
B. Goldman, en el Curso de la Haya de 1963, decía que el arbitro no tiene foro. Esta
consideración está vinculada con lo dicho anteriormente: si el arbitraje comercial internacional
depende o no de un derecho estatal, condicionando así toda la aplicación de las normas
imperativas y del orden público.
Si el arbitraje tiene Lex fori, el foro operaría como ley del estado de Sede del arbitraje y,
por tanto, el árbitro no solamente va a tener que aplicar las normas imperativas y la
excepción del orden público internacional, sino que aplicará también las normas
imperativas del foro como verdaderas normas que no son de libre disposición para las
partes.
Por el contrario, si el arbitraje NO tiene lex fori, la ley del estado de la sede del arbitraje
operaría como un orden jurídico tercero, de tal modo que el juego de las normas
imperativas quedaría casi exclusivamente a la Ley del Estado de ejecución.
En este sentido, hay que pensar que una de las ventajas del arbitraje comercial internacional
frente a las jurisdicciones estatales es que el litigio arbitral puede no conocerse y no ser público,
porque puede haber un pacto de no conocimiento y de discreción. Esto es así porque el arbitraje
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internacional puede resolver controversias entre empresas que tienen relaciones continuas y
que utilizan el arbitraje para interpretar una cláusula del contrato.
La ejecutividad del laudo arbitral deriva de que hay un sistema de sanción social. En un
mercado con un sistema de sanción social, si el árbitro es autosuficiente, no tiene foro y no
aplica normas imperativas de ninguna ley del foro, luego las partes ejecutan voluntariamente el
laudo y NO HAY CONTROL de la ejecución de las normas de orden público. Por tanto, estamos
ante sistemas que eluden la aplicación de normas imperativas de los Estados.
Finalmente, el laudo arbitral es la sentencia arbitral que necesita ser ejecutada (cumplida). El
modo usual de cumplimiento de los laudos es el cumplimiento voluntario y en algunos ámbitos
del comercio internacional de modo muy claro. Pero, en último término, existe posibilidad de un
cumplimiento coactivo si NO existe un cumplimiento voluntario y esto depende del Estado, que
pone su sistema jurisdiccional al servicio del sistema arbitral internacional. La vía de
reconocimiento y ejecución de laudos arbitrales es la Convención de NY de 1958 de las NU.
Serán también las partes las que determinen el carácter del arbitraje como derecho de equidad
y también las partes decidirán si remiten el desarrollo del arbitraje a una institución estatal o si
diseñan su propio procedimiento o su propio sistema arbitral a través de un arbitraje ad hoc.
Lo relevante es que queda en manos de las partes la determinación del número de árbitros, el
procedimiento de nombramiento, la recusación, el procedimiento a seguir en el desarrollo del
arbitraje, el idioma, la capacidad de los árbitros para establecer medidas cautelares, etc.
La ley también recoge el deber de diligencia de las partes, el cual les obliga (al menos
teóricamente) a no obstaculizar el desarrollo del arbitraje.
Contra el laudo arbitral solamente se va a poder ejercitar por las partes una acción de
anulación (NO recurso). Esta acción estará basada en alguna de las causas tasadas que se
recogen de modo expreso en los arts. 40 y ss de la Ley de Arbitraje.
- Que las partes no hayan hecho una revisión válida del arbitraje
- Que no se haya notificado debidamente la designación de un árbitro
- Que una de las partes no haya podido hacer valer sus derechos.
- Que los árbitros hayan resuelto sobre cuestiones no sometidas al arbitraje, es decir que
han excedido el mandato de las partes.
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- Que la designación de los árbitros o del procedimiento arbitral no se haya ajustado al
acuerdo de las partes, salvo que este acuerdo fuera contrario a una norma imperativa
estatal o, en defecto de acuerdo, no se hayan ajustado a la ley.
El laudo arbitral, desde el momento en que es firmado y tiene firmeza, va a tener efecto de cosa
juzgada y frente a él, únicamente cabe solicitar su revisión de acuerdo con lo establecido en la
LEC para las sentencias firmes.
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Aquí son de intereses diversos aspectos.
Por un lado, parece que este precepto establece alguna referencia al método de la norma de
conflicto (normas jurídicas escogidas por las partes, normas jurídicas aplicables al fondo o el
derecho español).
Al establecer puntos de conexión alternativas, se establece con toda claridad el favor negoti
pero van más allá de la autonomía de la voluntad de las partes porque si el convenio NO es
válido de acuerdo con la ley elegida por las partes, y sin embargo, lo es para las normas
aplicables al fondo de la controversia o para el derecho español, el convenio será válido.
Esta es una solución curiosa que lo que hace es favorecer en todo caso, la validez del convenio
arbitral, más allá de la voluntad de las partes.
Por otro lado, la referencia a la que se hace no es a una ley aplicable, sino a normas jurídicas.
Esto quiere decir que se está refiriendo a usos y prácticas del comercio internacional: la lex
mercatoria. Está aceptando la deslocalización del arbitraje. La voluntad de las partes es capaz
por sí misma de funda el arbitraje internacional sin necesidad de fundarlo en un ordenamiento
jurídico estatal concreto.
Por tanto, lo que se busca es que no necesariamente esté un Derecho estatal detrás, sino que
puedan ser los usos y prácticas del derecho internacional los que se recogen como aplicables.
En cuarto lugar, hablamos de la arbitrabilidad de la disputa. El art. 2.1 LA establece que son
susceptibles de arbitraje las controversias sobre materias de libre disposición conforme a
Derecho. No obstante, esta regla general hay que matizarla para el arbitraje internacional en un
doble aspecto:
- El art. 9.6 no solo establece que sean controversias sobre materias de libre disposición
de las partes conforme a derecho, sino que además, deben cumplirse los requisitos
establecidos por las normas establecidas por las partes para regir el convenio arbitral,
por las normas aplicables al fondo del litigio o por el Derecho Español.
- El 2.2 LA se refiere al arbitraje mixto entre un Estado y un particular. Establece que si la
controversia es entre un particular y un Estado como empresa, organización o sociedad,
el Estado no va a poder alegar las prerrogativas de su propio derecho para sustraerse de
las obligaciones que deriven del Convenio Arbitral. Esto es una norma paraguas de los
contratos de inversión y del Convenio Arbitral, de tal modo que el compromiso privado
del Convenio Arbitral viene amparado por el derecho español a través de la ley de
arbitraje. Esto es lo que se llama ‘’neutralización del poder jurisdiccional del Estado por el
arbitraje’’.
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Por último, en cuanto a la Ley Aplicable al fondo de la controversia por los árbitros, el
art. 34.2 LA aborda la cuestión de la Ley aplicable al fondo del litigio (una de las cuestiones más
delicadas y relevantes del arbitraje comercial internacional).
En primer lugar, el art. 34.1 LA distingue entre arbitraje de equidad y arbitraje de derecho y
establece expresamente que los árbitros solamente resolverán en equidad si las partes le han
autorizado de modo expreso para ello.
Por su parte, el art. 34.2 LA sobre el arbitraje de derecho, parte de diferenciar los supuestos en
que las partes han manifestado su voluntad en relación con la ley aplicable al fondo del litigio
respecto de aquellos supuestos en los que las partes NO han manifestado nada:
- Cuando las partes han escogido la ley aplicable, la Ley de Arbitraje recoge expresamente
el principio de la autonomía de la voluntad en relación con la ley aplicable al fondo y con
los arbitrajes internacionales desarrollados en España. Esto lo hace con absoluta
liberalidad.
Aquí el legislador español no habla de ley aplicable o derecho aplicable, sino que usa la
expresión ‘’normas jurídicas’’, de modo que las partes no solo vana. Poder seleccionar
una o varias leyes estatales a la hora de regular el fondo del litigio, sino que tienen
abierta la posibilidad de referir el mismo a los usos y prácticas del comercio internacional
(lex mercatoria).
- Cuando las partes no hayan decidido nada, son los árbitros los que determinarán que
normas jurídicas se aplican según lo que ellos consideran apropiado. Por tanto, pueden
deslocalizar el arbitraje sin ningún problema.
Aunque la ley no dice nada, según parte de la doctrina, los árbitros deberían actuar a la
hora de determinar la ley aplicable, de acuerdo con una pauta de conducta ordinaria. Es
decir, de acuerdo con una pauta de conducta sobre la base de la buena fe y que
aplicando las normas de modo ordinario se entiende que las partes deberían aplicar en el
desarrollo de su actividad.
Hay una posibilidad de secreto del arbitraje, es decir, que no sea conocido públicamente (a
diferencia de la jurisdicción que exige publicidad). Esto tiene un perjuicio y es que pueden no
cumplirse normas de orden público y nadie lo sabría.
Por otro lado, tenemos varios problemas. Podemos estar ante inexistencia de una Lex fori en
el arbitraje. Esto implica que NO se apliquen normas imperativas del orden público de un Estado
determinado en el arbitraje.
Además, puede que no haya lex causae, porque si las normas aplicables al fondo son los usos y
prácticas del comercio internacional, no hay derecho de fondo.
El tercer problema es el propio concepto de ‘’orden público internacional’’. La excepción de
orden público permite aplicar las normas doblemente imperativas (no las meras normas que no
son de libre disposición para las partes dentro de la regulación del fondo). Pero resulta que, en
algunas materias, en todos los ordenamientos existen normas comunes en la regulación del
fondo que NO son de libre disposición para las partes y que se van a aplicar en función de cual
sea la ley del estado aplicable al fondo del litigio.
Ej: la prohibición de enriquecimiento sin causa NO es una norma imperativa, sino que cada
Estado la regula de modo diferente.
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Laudo Arbitral
Desde el punto de vista de DIPr, el laudo arbitral es eficaz en España desde que se produce la
notificación por las partes.
No obstante, puede ser que una de las partes NO cumpla el laudo arbitral y, para este supuesto,
la ley prevé que en los 10 días siguientes a la notificación se podrá solicitar la ejecución forzosa
ante el juez de Primera instancia del lugar donde se dictó el laudo.
La ejecución debe hacerse conforme a las normas de la LOPJ.
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En determinados Estados NO basta con que el arbitraje se desarrolle en su territorio para
considerar que es un arbitra o un laudo nacional.
El reconocimiento del acuerdo arbitral vincula directamente a los tribunales de los Estados
contratantes y, en particular, del Estado contratante ante el que se plantee un litigio respecto
del cual las partes hayan concluido un acuerdo. Es decir, el efecto negativo del acuerdo de
arbitraje es incluido en el Convenio de NY de tal modo que el juez de un Estado parte del
Convenio estaba obligado a remitir a las partes al arbitraje salvo que compruebe que el acuerdo
es nulo, ineficaz o inaplicable.
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cerradas como numerus clausus que aparecen en el propio texto convencional (5 que van a ser
alegables a instancia de parte y 2 que serán verificables de oficio por el juez).
En principio, a instancia de parte, el reconocimiento y ejecución puede ser rechazado por la
parte frente a la que se invoca si la parte prueba ante la autoridad competente del país donde
se pide reconocimiento y ejecución, alguna de las 5 causas siguientes, y de no probarse, el
laudo será reconocido y ejecutado.
Estos 5 motivos son de carácter formal, es decir, el juez no puede entrar a valorar la respuesta
que ha dado el árbitro en relación con el fondo del litigio o con el derecho aplicado al fondo si se
tratara de un arbitraje de derecho. Por tanto, el juez tiene vedado entrar en el fondo.
Las 5 causas son:
- Invalidez del acuerdo arbitral, el rechazo se da ya sea por falta de capacidad de una de
las partes, ya sea porque el acuerdo no sea válido conforme a la ley elegida por las
partes, o en caso de no haber elegido, por la ley del país donde se haya dictado el laudo
arbitral.
Aquí cabe separar aquello que excede dentro de la resolución del laudo, lo que excede
de la competencia, y aquello que queda dentro de lo sometido por las partes. Lo que este
dentro se puede ejecutar, y lo que exceda no se reconocería ni ejecutaría.
- La parte contra la que se busca reconocimiento del laudo puede oponer errores en el
desarrollo del procedimiento, por tanto, el rechazo se da porque no se hayan ajustado al
acuerdo celebrado entre las partes, a la ley del país donde se ha desarrollado el
procedimiento arbitral.
Aquí se incluyen también los errores por la inaplicación, por no ajustarse a las normas de
un procedimiento institucional, si se ha escogido el procedimiento institucional como la
vía de solución del arbitraje.
- Falta de firmeza del laudo arbitral: que el laudo no fuera obligatorio para las partes, bien
porque el laudo ha sido anulado o suspendido por una autoridad competente del país de
acuerdo con cuya ley ha sido dictada, o bien porque todavía el laudo no es firme (porque
se haya presentado una demanda de anulación). se rechazará el reconocimiento o
ejecución.
Por otra parte, hay 3 motivos apreciables de oficio por la autoridad del país donde se pide el
reconocimiento o ejecución:
Se rechazará el reconocimiento y ejecución si de acuerdo con la ley del país donde se
pide reconocimiento y ejecución el objeto de la diferencia no es susceptible de solución
por vía arbitral (por la razón que sea).
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Se rechazará el reconocimiento y ejecución si el laudo vulnera el orden público de ese
país (excepción de orden público).
Por último, el Convenio de Ginebra contiene 4 causas de denegación en las que NO entramos
porque a esos efectos el Convenio de NY se superpone sobre el Convenio de Ginebra.
3. EL ARBITRAJE SOBRE CONTROVERSIAS DE INVERSIONES
Hay que decir que el arbitraje sobre controversia de inversiones se inserta dentro de un
conflicto histórico por la regulación de la inversión internacional, un conflicto que se remonta al
siglo XIX al momento en el que aparecen las sociedades comerciales privadas, que a lo largo de
este siglo son utilizadas como un instrumento de internacionalización del capital.
El ámbito más claro donde se desarrolla este conflicto en el siglo XIX es en América Latina,
donde las sociedades europeas (muy especialmente británicas) se establecen en los Estados
llegados a la independencia entre 1810 y 1824. A partir de ahí comienza una ocupación de
inversiones europeas en los países latinoamericanos, a través de contratos de concesión o
similares las empresas europeas van desarrollando actividades económicas en los países de
América Latina.
El problema es que en su actualidad la sociedad mercantil, radicada en el extranjero, pueda
sufrir un daño que le cause el Estado de acogida.
Los países de América Latina durante todo el siglo XIX reclamaron la aplicación del principio de
tratamiento nacional, y los países europeos consideraban que los países de América Latina
trataban con discrecionalidad, entonces había que establecer un estándar mínimo de trato
internacional que consuetudinariamente se fue elaborando sobre la base de dos principios:
- Trato justo y equitativo: prohibición de la arbitrariedad y discriminación injustificada.
- Plena protección y seguridad: el Estado era garante también por la omisión de
protección.
En este conflicto la institución que se utilizaba era la protección diplomática, una institución
un poco cínica en su denominación porque dio lugar durante todo el siglo XIX a la llamada
diplomacia de la cañonera. La protección diplomática era una institución de DIPúblico por la que
un Estado nacional puede proteger a sus nacionales (personas físicas o jurídicas) cuando otro
Estado les ha producido un daño en su persona o sus bienes.
En realidad, el origen de esta protección viene de la idea del origen del Derecho internacional
como una especie de derecho interfamilias, entre los grandes reyes, donde en realidad se les
aplicaba entre ellos una especie de adaptación del derecho civil, del derecho de familia y del
derecho de contratos.
La protección diplomática entre soberanos venía a ser una suerte de aplicación de la ley del
Talión (‘’ojo por ojo, diente por diente’’), de tal forma que si un monarca dañaba a otro monarca
o producía a uno de sus súbditos un daño en su persona o bienes, estaría dañando al otro
monarca porque era alguien bajo su soberanía.
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La historia del S. XIX entre América Latina y Europa, está plagada de casos, de reacciones del
uso de la fuerza por parte europea contra los países de América Latina por daños económicos.
Hasta tal punto es así, que los países latinoamericanos, frente a la protección diplomática,
fueron muy creativos en la construcción de teorías o de doctrinas para desactivarla o atenuar
sus efectos. Así, se pueden mencionar 3 doctrinas:
- Doctrina Irigoyen: era un canciller argentino en 1876, cuando se produce la quiebra del
Banco de Londres y Río de la plata en la ciudad del Rosario. El Banco de Londres y Río de
la Plata era un banco de capital británico que emitió una suerte de moneda que competía
con la moneda nacional. Este Banco llevó a cabo algunas actuaciones no muy claras ni
muy legales con esa moneda y, la provincia de Santa Fe decidió su liquidación.
La cancillería británica lo que hizo fue enviar la cañonera por el Río de la Plata a
bombardear la ciudad de Rosario.
Este canciller dijo una frase que creó doctrina: ‘’el dinero no tiene patria’’. Es decir, las
sociedades mercantiles no tenían nacionalidad. Se discutía con esa frase la legitimación
para ejercer la protección diplomática en beneficio de las sociedades.
- Doctrina Calvo: tiene que ver con la idea de que la protección diplomática supone un
privilegio para Carlos Calvo. Éste consideraba que la protección diplomática era un
privilegio para las sociedades extranjeras que debían ser tratadas de acuerdo con el
principio de tratamiento nacional. Inspiró una cláusula en los contratos de Estado
llamada ‘’cláusula calvo’’ por al que los inversionistas renunciaban a reclamar a su
Estado la protección diplomática.
- Doctrina Drago: se inicia en 1902 con un hecho del uso de la fuerza que fue el
bombardeo y bloqueo de los puertos de Venezuela por Alemania, Italia y Reino Unido,
debido al impago por parte de Venezuela de la deuda que tenía con los acreedores de
esos 3 países.
El bombardeo fue tan salvaje que en 1907 se firma la convención Drago Porter, que lo
que busca es limitar el uso de la fuerza en la reclamación de deudas. Esto produce una
evolución en la prohibición paulatina del uso de la fuerza en las relaciones
internacionales.
Cuando desaparece el uso de la fuerza, la protección diplomática queda disminuida. Hay dos
casos paradigmáticos que tienen importancia en materia diplomática:
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Esta cláusula arbitral atribuye la competencia para todos los litigios sobre la conversión
al Presidente del Tribunal Permanente de Justicia Internacional. Se trataba de un arbitraje
ad hoc que falla porque dicho presidente considera que la sucesión del TIJ respecto del
TPJI, es una sucesión de DIPúblico y, en esto, se estaría ante un ámbito que no es
DIPúblico. En consecuencia, esa sucesión no tiene efectos en este ámbito.
El hecho es que la BT solicita el pago de los intereses después de la guerra civil española
a las autoridades españolas y, en consecuencia, pide divisas a la autoridad monetaria
española, la cual justificándose por los daños de la guerra le deniega la entrega de las
divisas.
En paralelo, Juan Mark se dedica a ir comprando a bajo precio las obligaciones propiedad
de los canadienses transfiriéndoselas también a alguno de los testaferros, que en un
momento dado presentan una solicitud de quiebra ante el Juzgado de Reus fundándose
en que el tendido eléctrico de alguna de sus empresas subsidiarias pasaba por el término
municipal de Reus en Tarragona. Los manejos de Juan Mark, concertado con el juez de la
quiebra, llevan a la BT hasta la venta en pública subasta, aunque nunca se notificara su
quiebra en su sede en Canadá.
Al final, la BT y sus bienes se venden en pública subasta a través de una operación muy
espiritual (porque lo único que tenía la BT eran las acciones de sus filiales). Esto se
concede a Juan Mark por un precio ridiculizar y crea FECSA (Fuerzas Eléctricas de
Cataluña).
Bélgica y España tenían firmado un Convenio para acudir al TPJI. Hubo en realidad dos
demandas porque Juan Mark intentó negociar con los propietarios norteamericanos y el
litigio duró 22 años, hasta la sentencia de la BT el 5 de febrero de 1970.
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que les vulneró sus intereses. Un derecho subjetivo es el interés jurídicamente
reconocido.
Frente a esto, los países exportadores de capital, lo que reclaman es el respeto del
derecho de propiedad y el derecho de propiedad extranjera.
- Arbitraje internacional: así, un sector doctrinal, varios laudos arbitrales, sostenían que se
trataba de un arbitraje de derecho internacional. La debilidad de esta posición es que
ante la existencia de un sujeto de derecho privado, como era la empresa, no se podía
entender que fuera un arbitraje internacional. Es lo que F. RIGAUX llamó la
‘’internacionalización salvaje del arbitraje de inversiones y de los contratos de Estado’’..
- Arbitraje de DIP: con elemento de extranjería y que debía localizarse en un ordenamiento
estatal.
- Arbitraje trasnacional o trasfronterizo: no debía ubicarse ni en los ordenamientos
estatales ni en el derecho internacional sino que siguiendo la teoría de los ordenes
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jurídicos trasnacionales, se trataba de un espacio jurídico autónomo, deslocalizado de
cualquier OJ interno y también del derecho internacional.
El eje alrededor del que se articula la protección son los llamados “contratos de Estado”, que
son contratos entre una empresa (normalmente multinacional) y un Estado, en el que la persona
privada se compromete a realizar una inversión. Lo característico de este contrato es que el
Estado se compromete a respetar la inversión y a no someterla a sus competencias soberanas,
especialmente a las modificaciones legislativas.
Finalmente, el kit de la cuestión está también en el carácter del laudo arbitral y los medios
para su ejecución. Con la idea de que en muchas ocasiones la ejecución de este tipo de
laudos es voluntaria, porque la inaplicación de los laudos genera efectos en el ámbito del
comercio internacional.
Así, los Tratados bilaterales de inversión, recogían cláusulas paraguas de los contratos de
Estado, de tal modo que los compromisos bilaterales establecidos en un contrato de Estado
entre el particular y la empresa, se transformaban a través de la cláusula paraguas, en
compromisos internacionales entre los Estados miembros del tratado.
Este tratado incluía también cláusulas o normas sobre el tratamiento de la inversión donde el
Estado se comprometía a no nacionalizar ni expropiar, salvo a través de procedimientos legales
y con una indemnización pronta y efectiva. De modo que los tratados de inversión aparecieron
como el instrumento de vinculación con el arbitraje de inversiones, porque otra de las cláusulas
usuales en estos tratados es el compromiso o apertura de la competencia en la materia al
arbitraje de inversiones y singularmente al arbitraje del Convenio de Washington de 1965 al
arbitraje del CIADI (Centro Internacional para el Arreglo de Diferencias sobre Inversiones).
El segundo instrumento es el CIADI. Fue promovido por el Banco Mundial en el contexto de las
nacionalizaciones de los años 50 y 60 y, muy particularmente, como respuesta al caso de la
Angloiraña, que mostró el fallo del arbitraje ad hoc en el ámbito del arbitraje de inversiones.
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El objeto del Convenio de Washington es resolver mediante la conciliación o el arbitraje las
controversias que se susciten entre un Estado miembro y el nacional de otro Estado por las
inversiones que el particular hubiera realizado en el primero de los Estados.
La convención tuvo durante largo tiempo una importancia relativa, limitada en cuanto a los
logros que hubiera podido alcanzar. En realidad porque la adhesión a la Convención fue durante
largo tiempo bastante modesta. No obstante, su éxito se produce después de la crisis de la
deuda (crisis de la inversión) a partir de 1981, arrastrado por el éxito del Convenio de Seúl que
crea el MIGA (Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones).
El Convenio de Washington producía todas las reticencias de los Estados receptores de capital,
como la reticencia de los países recientemente descolonizados, que consideraban el respeto de
la propiedad de las empresas coloniales que se hubieran mantenido como una herencia colonia
que había que desterrar.
A partir de los años 80 y comienzos de los 90 se produce una especie de boom del CIADI hasta
llegar a incluir a más de 160 Estados adheridos y convertirse, en algunos casos, en el sistema
ordinario para resolver las controversias sobre inversiones.
Hay que decir también que a partir de mediados de los años 90, una vez conseguido un sistema
de protección con los países en desarrollo, se produjo lo que se puede llamar ‘’nueva frontera’’,
en la regulación de las inversiones; que es trasladar el sistema de protección de la inversión no
solo con los países en desarrollo sino también con los países desarrollados, aplicando el CIADI.
En virtud de ello, se planteaba establecer un sistema que neutralizara el poder normativo del
Estado en Estados que tenían una fluctuación política e inseguridad jurídica bastante notable, lo
que generaba una clara incertidumbre para la inversión internacional.
- Sometimiento de las partes: para acudir al arbitraje del CIADI no basta con que el Estado
receptor de la inversión que haya producido hipotéticamente un daño sea miembro del
Convenio de Washington sino que es necesaria una manifestación de consentimiento de
someterse al arbitraje (consentimiento escrito, bilateral e irrevocable).
Ahora bien, con los Tratados bilaterales de inversión, se comienza a modificar lo relativo
al consentimiento y éstos incluyen el compromiso de los 2 Estados de sometimiento al
arbitraje de inversión. Aquí el compromiso solamente lo firman los Estados, lo que
convierte al arbitraje del CIADI en un arbitraje unilateral. Esto produce con toda claridad
un desequilibrio entre las partes.
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- Los sujetos que participan en el arbitraje del CIADI van a ser un Estado miembro del
Convenio del Washington (o empresa pública) y una persona física o jurídica de otro
Estado miembro (nacional). La determinación de la nacionalidad del particular respecto
de un Estado miembro aparece muy abierta en el Convenio de Washington.
Lo característico del sistema del CIADI es que no es necesario el agotamiento previo de los
recursos internos del Estado.
En la protección diplomática y su configuración histórica, se consideraba que había que agotar
los recursos internos del Estado por el particular. Esto dilataba el ejercicio de la protección
diplomática, pero los procedimientos del CIADI sustituyen a la jurisdicción estatal.
En el marco procedimental se plantea la existencia de una conferencia preliminar entre las
partes para fijar los términos de la controversia, donde desde el primer momento quede claro
cuáles son los términos en los que hay desacuerdo entre las partes, y los aspectos en los que
hay desacuerdo.
Hay que entender que el recurso al CIADI significa la renuncia a cualquier otra vía de arreglo,
significa la renuncia a las vías internas de arreglo de controversias.
En cuanto a inicio de la instancia, el inicio de la instancia se produce a través de demanda
presentada ante el Secretario General del CIADI. El Secretario General del CIADI puede
rechazarla si entiende que cede la competencia del centro o si no satisface las condiciones de
admisibilidad de la demanda. Ahora bien, puede que algún aspecto pueda ser controvertido, se
sigue una regla que normalmente se hace referencia a ella en alemán, significa que los árbitros
son competentes para determinar la competencia (kompetenz-kompetenz).
La competencia la determina el propio Tribunal, en el ámbito del CIADI en numerosos casos hay
un cuestionamiento de la competencia, y es el propio Tribunal el que emite una decisión sobre
su propia competencia, previa al laudo final.
Se dan casos donde una de las partes reclama al Secretario General del CIADI que rechace la
demanda porque excede la competencia. El Secretario General admite la demanda
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considerando que es controvertido y va a resolverlo el Tribunal, y al final el Tribunal se declara
competente y llega hasta un laudo final admitiendo no sólo la competencia, sino el daño al
inversor.
El rechazo o admisión de la demanda por el Secretario General del CIADI es una decisión
definitiva, no tiene recursos ni apelación. Esto implica que el rechazo es absolutamente
extraordinario, tiene que estar muy claro y ser un supuesto muy evidente, tiene que estar muy
fuera de la competencia del centro para que el Secretario General rechace el registro de la
demanda.
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Tiene efecto de cosa juzgada y es un título de ejecución, de tal modo que si el Estado parte de
la diferencia se niega a su ejecución se va a poder ejecutar sobre bienes del Estado que estén
en cualquier Estado miembro del Convenio de Washington.
El Convenio de Seúl de 1985
El MIGA es una organización multilateral de carácter financiero, inserta dentro de la estructura
del Banco Mundial que tiene por finalidad la promoción del movimiento de inversiones en los
países en desarrollo.
Son más de 150 Estados miembros, fue la respuesta del Banco Mundial a la crisis de la deuda y
la crisis de la inversión de 1981. El MIGA utiliza dos medios para la protección de las inversiones
y para la gestión y aseguramiento de las mismas:
1. Un medio de tipo diplomático: el establecimiento de contactos para promover
inversiones en Estados en vías de desarrollo, lo que constituyen de modo fundamental su
principal propósito establecimiento de contratos de seguro para las inversiones. El MIGA
tiene personalidad jurídica propia en el orden internacional, va a tener recursos propios,
tiene 3 órganos principales, un Consejo de Administradores (1 por cada Estado miembro)
que eligen un Presidente, una Junta de Directores cuyo Presidente es el Presidente del
Banco Mundial, y el Presidente del organismo multilateral nombrado por la Junta de
Directores a propuesta del Presidente del Banco Mundial.
Es una organización integrada dentro del grupo del Banco Mundial, junto con el CIADI,
está inspirada en principios de liberalismo económico y que apareció como una especie
de acuerdo entre los planteamientos soberanistas de los Estados descolonizados, y los
planteamientos proteccionistas de la inversión extranjera de los países de la OCDE
(desarrollados y exportadores de capital).
El sistema organizativo del MIGA clasifica a los Estados miembros en dos listas de
Estados en un Anexo al final, encontramos los Estados receptores y los Estados
exportadores de capital. Los votos en el marco del organismo se dividen por grupos de
Estados, buscando un equilibrio entre cada grupo de Estados.
España en el momento de la firma del Convenio estaba entre los Estados receptores de
capital. Se trata en definitiva de una institución que tiene por función promover las
inversiones, y aconsejar a los gobiernos receptores, para sustancialmente garantizar la
inversión. El MIGA fue la palanca a través de la cual se consiguió el éxito del Convenio de
Washington, porque el MIGA establece como mecanismo de solución de controversias el
arbitraje del CIADI.
2. Técnica del arbitraje: establece condiciones para garantizar y asegurar las inversiones.
Se establece un sistema de seguros, termina siendo el medio de solución de
controversias previsto en el Convenio. El quid de la cuestión es el establecimiento de un
sistema de seguros, aparecen cuatro tipos de siniestros:
Las cuatro operaciones cubiertas son situaciones clásicas de los daños a la inversión,
aparecen en los Tratados bilaterales de inversión como situaciones de daño. En el caso
específico del Convenio de Seúl se refieren a inversiones productivas, que suponen un
beneficio para el desarrollo del país receptor de la inversión.
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tiempo terrible: el llamado caso de aguas del Tunari (caso de la privatización del agua en
Cochabamba). El Banco Mundial promovió la privatización del agua dándole la gestión
del agua a un Consorcio donde había dos empresas (Bachlet y Abengoa), el problema es
que las condiciones de la privatización eran tan leoninas que el precio del agua se había
multiplicado exponencialmente, de tal modo que la gente común no podía acceder al
agua. Hubo varios muertos, una verdadera revolución ciudadana y el Gobierno no tuvo
más remedio que dar marcha atrás al proceso de privatización, hubo un arbitraje al
respecto, donde las empresas española y norteamericana aprovecharon lo que llamamos
como “treaty shopping”, crearon una sociedad holandesa para beneficiarse de un
Tratado de inversiones con Holanda, siendo un uso claramente fraudulento.
Una inversión como esta que cumplía formalmente, era una inversión finalmente
aberrante y que trastocó los principios de inversiones responsables y de contribuciones
al desarrollo.
La figura jurídica básica ideada por el Convenio de Seúl es el contrato de garantía, de
seguro de la inversión, del que son parte por un lado el propio MIGA, y por otro lado, las
personas jurídicas que han realizado la inversión, respecto de las que se garantiza la operación
de inversión.
¿Quiénes son los beneficiarios del seguro? El Estado tiene que ser un Estado miembro del
Convenio, ubicado en la lista de Estados receptores de inversión. La persona física o jurídica
debe ser nacional del Estado exportador de inversiones, o también se acepta el criterio de
control, de tal modo que la empresa beneficiaria pueda estar controlada por accionistas
nacionales del Estado exportador de inversiones.
Los Estados en el Convenio de Seúl hacen una aportación dineraria al MIGA para la
realización de los contratos de seguro. El contrato de seguro de garantía puede cubrir
hasta el 90% del valor de la inversión. En función de lo que cubra será la consideración del
contrato, y el contrato supone que los derechos judiciales y extrajudiciales de reclamación
cuando se produce un siniestro los va a tener el MIGA.
El organismo del MIGA se subroga en los derechos del inversionista para poder
reclamar contra el Estado receptor de la inversión. La garantía que se preste va a ser
proporcional al capital social que haya suscrito el Estado receptor de la inversión en el MIGA, de
tal modo que si se produce el siniestro el organismo paga al inversor la indemnización
correspondiente, y se lo detrae al Estado de ese capital social suscrito en el organismo
multilateral de inversiones.
El Convenio de Seúl prevé tres procedimientos:
1. Procedimiento de negociación: cuando se produce el litigio el organismo multilateral se
pone en contacto con la empresa y durante un período de 120 días se busca una
negociación.
2. Procedimiento de conciliación: a través del cual las dos partes proponen un conciliador
elegido de común acuerdo, si no hay acuerdo lo puede elegir el Presidente del Banco
Mundial o el Presidente del TIJ. Si las partes no aceptan, se acaba el procedimiento de
conciliación, y si aceptan, se iniciará este procedimiento siguiendo las normas del CIADI.
En la conciliación puede haber una determinada finalidad: determinar en qué aspectos
están de acuerdo y en qué aspectos hay desacuerdo entre las partes. Eso también tiene
una consecuencia jurídica, que es la de delimitar las cuestiones sobre las que hay
desacuerdo y limitar el tercero de los procedimientos (el arbitraje).
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Esta norma del Convenio de Seúl sobre la ley aplicable a la inversión y a la garantía tiene
una enorme singularidad, porque el Tribunal arbitral será libre de establecer la jerarquía
en la aplicación de estas normas.
El laudo arbitral será un laudo definitivo, firme, título de ejecución (tiene efecto de cosa
juzgada), y es directamente ejecutable (no requiere de exequátur). Se impide por tanto
el control por parte de los Tribunales estatales, no cabe apelación, en consecuencia, el
laudo tiene plena eficacia en todos los Estados miembros del Convenio de Seúl.
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