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Amar A Dios Sobre Todas Las Cosas

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Amar a Dios sobre todas las cosas: lo

que significa (reflexión bíblica)


Amar a Dios con todo el corazón, alma, mente y fuerzas, es el primer
mandamiento. El versículo con ese mandamiento se encuentra en Deuteronomio
6:5 y ese es el mandamiento más grande y más importante de toda la ley de Dios.

Los hijos de Dios somos llamados a amarle con todo nuestro ser, no es algo
opcional. Amar a Dios de esa forma nos ayuda a enfocarnos en lo que es
realmente importante: nuestra relación con Dios. Todo lo demás va mejor, cuando
nuestra relación con Dios es correcta y primordial.

Jesús mismo explicó que amar a Dios sobre todas las cosas es el mandamiento
más importante. En una ocasión, un maestro de la ley le preguntó cuál era el
primer mandamiento.

El más importante es: “Oye, Israel. El Señor nuestro Dios es el único


Señor —contestó Jesús—. 30 Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”.
(Marcos 12:29-30)

Si amamos a Dios sobre todas las cosas, él es lo primero para nosotros en todo
momento. Cuando amamos a Dios con todo nuestro ser, buscamos su presencia,
su compañía y compartimos con él todo lo que nos sucede. Nos esforzamos en
agradarle en todo, porque él es lo más importante.

Podemos decir que el amor a Dios se nota. Se hace evidente en la obediencia a


sus mandamientos y la decisión de vivir conforme a su voluntad. Nuestro amor por
Dios influye en la forma en la que tratamos a las demás personas y en cómo
enfrentamos los problemas diarios. Si nuestro amor por Dios es sincero y real, se
notará en todos los ámbitos de la vida.

Significa amar a Dios con todo el corazón


El corazón representa los sentimientos, los anhelos y las emociones. Esto quiere
decir que, sintamos lo que sintamos, sea alegría o tristeza, esperanza o
desilusión, nuestro amor por Dios no se acaba. Es un amor que no depende de
las circunstancias, pues está basado en nuestra relación con Dios.

En la vida enfrentamos muchos retos y son muchas las emociones que


experimentamos en medio de cada situación. Unos deseos se cumplen, pero otros
no, y eso nos afecta. Sin embargo, nuestro amor por Dios debe permanecer firme.
Y al hacerlo, recibimos nuevas fuerzas para seguir amando a Dios y vivir dentro de
su propósito.

Significa amar a Dios con toda tu alma


El alma es parte de nuestro ser interior, representa nuestro carácter y nuestra
capacidad de tomar decisiones. Al amar a Dios, nos sometemos a él, hacemos lo
que él desea que hagamos, porque sabemos que es lo mejor. El amor a Dios
moldea nuestro carácter y nos capacita para reflejar ese amor en medio de
cualquier situación.

El amor a Dios nos ayuda a controlar nuestras reacciones y a analizarlas a la luz


de la voluntad de Dios. En lugar de explotar ante algo que no entendemos o
decidir sin pensar, oramos y buscamos la dirección de Dios. Esto es así, porque
sabemos que todo obra para el bien de los que aman a Dios (Romanos 8:28).

Significa amar a Dios con toda tu mente


Nuestros pensamientos tienen mucho poder sobre nosotros. Por eso es tan
importante que nuestras mentes estén bajo el dominio de Dios (2 Corintios 10:5).
Esto implica conocer la Palabra de Dios y memorizar pasajes bíblicos que nos
ayudarán en medio de situaciones difíciles.

Profundizar en nuestro conocimiento de Dios nos ayuda a sentirnos más cerca de


él y a llenarnos de su sabiduría. Cuando nuestro ser interior, incluida nuestra
mente, se llenan de Dios, nuestros hechos reflejan su amor y nuestras acciones
serán las que él desea.

Significa amar a Dios con todas tus fuerzas


Amar a Dios con todas las fuerzas es enfocar nuestra energía en hacer lo que le
agrada a él. ¿Cómo reflejan mis acciones que amo a Dios sobre todas las cosas?
¿Obro conforme a su voluntad? ¿Invierto mi tiempo y mis fuerzas en hacer lo que
Dios desea?

Muchas veces nos enfocamos en dar lo mejor a nuestro trabajo, a la gente que
nos rodea, o a cumplir las metas que nos hemos propuesto. Sin embargo,
debemos preguntarle a Dios si estamos invirtiendo nuestro tiempo y nuestras
fuerzas en aquello que es prioridad para él. Usemos nuestra salud y las fuerzas
que tenemos para hacer lo que alegra el corazón de nuestro Señor.

Puede que no nos parezca fácil amar a Dios con todo el corazón, con toda nuestra
alma, nuestra mente y nuestras fuerzas. Pero no es algo que hacemos por
nosotros mismos. Contamos con el Espíritu Santo de Dios que nos fortalece
cada día y nos ayuda a amar a Dios de forma más profunda y real. Llénate
cada día del Espíritu Santo y ama a Dios tal como él lo desea y lo merece.

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