Concilio de Calcedonia
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Concilio de Calcedonia
IV concilio ecuménico
de la Iglesia católica
Representación del Concilio de Calcedonia por Vasily Surikov
Inicio 8 de octubre de 451
Término 1 de noviembre de 451
Aceptado por Iglesia católica, Iglesia
ortodoxa, Iglesia
Reformada e Iglesia anglicana
Convocado por Emperador romano de
Oriente Marciano
Presidido por Anatolio I de Constantinopla
Asistencia 520-630
Temas de Nestorianismo, monofisismo
discusión
Cánones 28
Cronología
Concilio de Concilio de Concilio de
Éfeso Calcedonia Constantinopla II
[editar datos en Wikidata]
El Concilio de Calcedonia fue un concilio ecuménico que tuvo lugar entre el 8
de octubre y el 1 de noviembre de 451 en Calcedonia, ciudad de Bitinia,
en Asia Menor y es considerado como uno de los siete primeros concilios
ecuménicos.
Es el cuarto de los primeros siete concilios ecuménicos de la Cristiandad, y sus
definiciones dogmáticas fueron desde entonces reconocidas como infalibles por
la Iglesia católica y por la Iglesia ortodoxa. Es también reconocido por
la Comunión anglicana y por el luteranismo, pero rechazado por las Iglesias
ortodoxas orientales y por la Iglesia asiria del Oriente. Rechazó la doctrina
del monofisismo, defendida por Eutiquio, y estableció el Credo de Calcedonia,
que describe la plena humanidad y la plena divinidad de Cristo, segunda
persona de la Santísima Trinidad.
Precedentes
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Mural retratando el Concilio de Éfeso
En el Concilio de Éfeso (431) había sido condenada la herejía
nestoriana (difisitas), que defendía que las dos naturalezas (divina y humana)
de Cristo eran completamente independientes entre sí, es decir, que Cristo era
solo un hombre que fue poseído y habitado por Dios. En el concilio, San Cirilo
de Alejandría se había distinguido rebatiendo las tesis de Nestorio.
Según sus oponentes, Cirilo, al atacar a Nestorio, había incurrido a su vez en
error, llegando a negar la existencia de dos naturalezas en Cristo. Había escrito
que en Cristo no hay más que una physis, la del Verbo encarnado, utilizando la
fórmula «La única physis encarnada de Dios Verbo» (mia physis tou Theou
logou sesarkoménee) (Epíst. 17; Epíst. 46). En 433, dos años después del
concilio, la controversia entre Cirilo y sus adversarios se resolvió con un edicto
de unión, en el que explícitamente se hablaba de las dos naturalezas de Cristo.
Eutiquio
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En 444, dos años después de la muerte de Cirilo, un
anciano archimandrita de Constantinopla, llamado Eutiquio, comenzó a
predicar que la naturaleza humana de Cristo estaba absorbida por la divina, de
modo que, en la unión de ambas, no había sino una naturaleza. Eutiquio se
proclamaba seguidor de Cirilo de Alejandría; sus tesis tuvieron muchos
seguidores, entre ellos Dióscoro, sucesor de Cirilo en la sede de Alejandría. La
herejía de Eutiquio se denomina monofisita, del griego monos («uno»)
y physis («naturaleza»)
Las ideas de Eutiquio encontraron pronto opositores convencidos: entre
ellos, Teodoreto de Ciro, Eusebio de Dorilea y Flaviano, patriarca de
Constantinopla. En cierto modo, el conflicto monofisita se planteó también
como una pugna entre las sedes de Alejandría y Constantinopla.
En un sínodo regional celebrado en Constantinopla en 448, Eusebio de Dorilea
denunció las tesis de Eutiquio. El sínodo expresó inequívocamente la ortodoxia
de la doctrina de las dos naturalezas y requirió la presencia de Eutiquio. Este
se negó rotundamente a aceptar la decisión del sínodo, reafirmándose en su
doctrina de una sola naturaleza de Cristo, por lo que el sínodo
lanzó anatema contra él y sus partidarios.
El «latrocinio de Éfeso»
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Artículo principal: Latrocinio de Éfeso
Eutiquio no aceptó la autoridad del sínodo y recurrió al papa León I. Este
respondió con la Epístola Dogmática, en la que reafirmaba la doctrina de las
dos naturalezas. Esta solución no fue aceptada por Eutiquio ni por sus
partidarios; a instancias de Dióscoro, el emperador romano de
Oriente, Teodosio II, monofisita, convocó un sínodo general en Éfeso en agosto
del año 449. Este acontecimiento es denominado por los historiadores católicos
«latrocinio de Éfeso», siguiendo una expresión del papa León I. El nuevo
sínodo declaró la absolución de Eutiquio, anatematizando la doctrina de las dos
naturalezas, y depuso a Flaviano, patriarca de Constantinopla, quien fue
conducido al destierro y falleció a consecuencia de los malos tratos que le
dispensaron sus captores.
El papa movió todos los hilos a su alcance para modificar la situación: escribió
al emperador Teodosio II, a su hermana Pulqueria, partidaria del entendimiento
con Roma, e intentó hacer intervenir al emperador de Occidente, Valentiniano
III. Se abrió una profunda crisis entre León I y Dióscoro, patriarca de Alejandría,
quien llegó a excomulgar al papa.
La muerte de Teodosio II en 450 produjo un giro en la situación: fue sucedido
por Pulqueria; ella, y su marido Marciano eran partidarios de las tesis de
Flaviano y León, y realizaron varios gestos, como conducir a Constantinopla los
restos de Flaviano para darles solemne sepultura. Finalmente, decidió
convocarse el concilio, no en Italia, como pretendía el papa, sino en
Calcedonia, en Asia Menor.
El Concilio
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Concilio de Calcedonia
El Concilio se reunió en Calcedonia en octubre de 451. Asistieron unos 350
obispos, de los que solamente dos eran occidentales, dejando aparte los
legados pontificios1. Frente a la mayor estabilidad del imperio romano oriental,
en occidente hay que tener en cuenta que en ese año 451 se produciría el
enfrentamiento con los hunos de Atila (Batalla de los Campos Cataláunicos) y
la famosa intervención, evitando que el huno marchara sobre Roma, del propio
papa León I. Unos años más tarde, en 455, en una situación similar,
los vándalos de Genserico saquearon Roma, pero el papa consiguió que se
respetara la vida de sus habitantes y que no fuera incendiada1.
La presidencia del Concilio fue ocupada por el patriarca de
Constantinopla, Anatolio, al lado de los representantes del papa. El
emperador Marciano apoyaba decididamente la ortodoxia. En la tercera sesión,
se reconoció la Epístola Dogmática del papa como documento de fe.
Terminada su lectura los padres conciliares exclamaron «Pedro ha hablado por
boca de León».2 Dióscoro fue condenado por unanimidad -parece ser que los
obispos egipcios fueron presionados- [cita requerida], y todos sus decretos fueron
declarados nulos.
Los partidarios de Eutiquio debieron aceptar la Epístola del papa para continuar
formando parte de la Iglesia. Trece obispos egipcios, sin embargo, rehusaron
aceptarla, arguyendo que solo aceptarían «la fe tradicional».
El texto principal de las decisiones del Concilio es el siguiente:
Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de
confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo
perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios
verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de
cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo
consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a
nosotros, menos en el pecado [Hebr. 4, 15]; engendrado del Padre antes de los
siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y
por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto
a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo
Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin
separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de
la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y
concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o
dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo
Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y
el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres. Así, pues,
después de que con toda exactitud y cuidado en todos sus aspectos fue por
nosotros redactada esta fórmula, definió el santo y ecuménico Concilio que a
nadie será lícito profesar otra fe, ni siquiera escribirla o componerla, n