Análisis de "El capital en el siglo XXI"
Análisis de "El capital en el siglo XXI"
Su conclusión: el sistema de mercado económico genera espontáneamente una creciente desigualdad, con
un período intermedio desde 1914 hasta finales de los años 70 (que explica por la existencia de shocks,
guerras, y no por el desarrollo "normal" de la sociedad capitalista); de ahí la necesidad de un impuesto
mundial sobre el patrimonio.
Es obvio que esta tesis no ha sido bien recibida por los neoliberales y ultraconservadores. Que trataron de
desacreditar los fundamentos de su análisis. Pero es precisamente ahí donde reside la importancia de la obra.
El autor, con un equipo de investigadores, trazó la ruta a largo plazo de la riqueza y su acaparamiento por
unos pocos; explotando los datos existentes.
El libro de Thomas Piketty ocupa casi mil páginas. No es fácil que cualquier ciudadano; si no es un
apasionado por los temas económicos, se adentre en este impresionante trabajo. Sin embargo, es fácil de
recorrer. No es necesario ser un experto en impuestos o en macroeconomía para bucear con entusiasmo en
esta obra ricamente documentada y de fácil lectura. Cada vez que el autor aborda una cuestión técnica, lo
anuncia y ofrece a aquellos que no quieren molestarse en tantos detalles pasar a la siguiente sección.
Con el fin de explicar las desigualdades de ingresos y riqueza y para proponer un impuesto alternativo basado
en la tributación de las grandes fortunas, el economista francés ofrece una imagen especialmente llamativa y
completa de doscientos años de capitalismo. Sin ser un marxista, el autor hace un análisis sensacional,
recorriendo largos periodos históricos, clases sociales y sus relaciones.
Por lo tanto, nos ha parecido interesante e importante presentar una visión general de la obra y de sus
principales conclusiones antes de señalar, en una segunda parte, sus debilidades.
No sólo analizaron esta materia prima, sino que también la ponen a disposición en su sitio web. 2 De hecho,
todos los cuadros, tablas y figuras utilizadas en el documento se enumeran en el sitio web del autor. Además,
hay un sitio más global,3 creado a partir de la obra inicial de Thomas Piketty y Emmanuel Saez, que establece
el estado de los ingresos en las principales naciones del mundo: trece estados de Europa Occidental
(Alemania, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Gran Bretaña, Italia, Irlanda, Noruega, Países Bajos,
Portugal, Suecia y Suiza), los dos países más grandes de América del Norte (Canadá y Estados Unidos), tres
países latinoamericanos (Argentina, Colombia y Uruguay), seis Estados de Asia (China, India, Indonesia,
Japón, Malasia y Singapur), las dos principales regiones que integran Oceanía (Australia y Nueva Zelanda), y
para finalizar 3 países africanos (Isla Mauricio, África del Sur y Tanzania). Para otros (como Bélgica) están en
marcha investigaciones para producir un esquema semejante de las desigualdades.
Obviamente, como siempre en economía, las estadísticas tienen que cogersecon pinzas. Las fuentes son
principalmente las declaraciones de la renta. Puede haber errores de manipulación o engaño por parte de los
contribuyentes para evitar pagar demasiados impuestos. Las series no son necesariamente uniformes en el
tiempo. En general, podemos estimar que las tablas y gráficos tienden a subestimar la realidad. Sin embargo
se puede partir de ellas para realizar un análisis global de las desigualdades en el mundo capitalista.
Desde el principio, Thomas Piketty pone los puntos sobre la 'ies'. Distingue entre flujos y stock en economía.
El primero es el conjunto de entradas y salidas en un lugar (país) durante un período determinado (por
ejemplo, un año). Es el caso de los ingresos, es decir, salarios, honorarios, rentas de la propiedad
(dividendos, intereses, alquileres, rentas,...), etc. El segundo es el inventario de los activos acumulados en un
solo lugar en un momento determinado (por ejemplo, el 31 de diciembre de cada año). Es el caso del capital
social, la propiedad o la riqueza. Está compuesto por la propiedad real y personal (acciones, bonos y otros
valores), joyas, cuadros y pinturas y otras formas de objetos acumulados que poseen valor (en principio poco
perecedero).
Esta diferencia es fundamental, porque el autor constata inmediatamente que la brecha de la riqueza es
mucho más grande en términos de acciones (yo creo q se refiere a stocks como acumulado no como acciones
de bolsa digamos) que en [Link] lo tanto, si el 1% más rico representa el 25% de todos los ingresos,
habitualmente acapara alrededor del 40% de los activos. 4 A menudo, el 40% más "pobre" no tienen ninguna
riqueza de ese tipo. Claramente, los datos sobre el capital son los más interesantes.
Al mismo tiempo, subraya que el mejor indicador de desigualdad es realizar un seguimiento en el tiempo de la
proporción que acumulan los deciles y percentiles superiores. El decil más alto corresponde al 10% más rico
de la población de un país. El percentil, al 1% de la población. Es, afirma el autor, un parámetro muy
interesante, visible y relevante, más que algunos factores abstractos que los economistas utilizan
tradicionalmente "Sólo el conocimiento del decil más alto ayuda a saber de qué manera una parte
desproporcionada del crecimiento ha sido acaparado por la parte superior de la distribución.” 5 Es el
acaparamiento de ingresos y riqueza por una fracción relativamente pequeña (10% o incluso el 1%) de la
población. Es lo que dicen los marxistas: acumulación de riqueza en un lado, pobreza y miseria al otro.
Un capitalismo desigual
Casi todo el mundo está de acuerdo en que la sociedad de"libre mercado” viene acompañadade una
divergencia más o menos importante en relación a las ganancias que cada uno recibe. Para los
socialdemócratas, reformistas6 y keynesianos7 es una prueba de que necesitamos una regulación pública para
moderar los efectos negativos de la economía. Para los liberales, son inconvenientes a corto plazo que se
reabsorben gradualmente con el tiempo.
En 1955, Simon Kuznets quería mostrar que las desigualdades se reducían en Estados Unidos, utilizando las
estadísticas sobre este tema desde el principio del siglo. 8 Demasiado corto, respondió Thomas Piketty. Dicho
análisis debe llevarse a cabo durante un período muy largo. Está claro que el capitalismo ha sufrido grandes
cambios en el período de entreguerras, especialmente con el efecto de las dos guerras mundiales y la terrible
crisis que comenzó en 1929.
Así que, Piketty, se replantea la escena y elabora el gráfico siguiente (Figura 8.5., P. 460), que muestra la
evolución de la participación del decil superior de la población estadounidense, es decir, el 10% de los más
ricos, en el ingreso total del país (incluyendo las ganancias de capital, es decir, las ganancias de capital sobre
valores en cartera).9
La desigualdad de ingresos en los Estados Unidos 1910-2010
Está claro que, en los años 50 y 60, podíamos hablar de relanzamiento y reducción de las desigualdades. En
2010, sin embargo, no hay duda. Por el contrario, el nivel alcanzado por los más ricos se sitúa de nuevo al
mismo nivel queen los años 20, justo antes de la crisis de 1929. Vuelven a acaparar el 50% que captaban
justo antes de la crisis de 1929.
El autor incluso incluye detalles de los cambios en este decil entre el 1% más rico, el siguiente 4% y,
finalmente, el último 5%. Lo que nos da la siguiente gráfica (Figura 8.6., P. 461).
Se observa que es principalmente el 1%superior el que varía con el tiempo, entre una caída a partir de 1929 y
un claro aumento a finales de los años 70. Para los demás, los cambios son menos claros.
Además esta parte de la población estadounidense vive principalmente de las rentas del capital. Así, en 1928,
el año previo al crack bursátil, la proporción del 1% más rico es la más importante - equivale a 23,9% del total
-, y de esa cantidad obtiene el 4,3% en forma de ganancias de capital sobre valores en bolsa. Con el desastre
financiero, este 4% desaparece. Así que en 1932 la renta de ese percentil (1%) asciende sólo al 15.6%, con
ganancias sobre los valores bursátiles o sin ellos.
En 1979, las ganancias del mercado de valores representan de nuevo el 2% de los ingresos totales para el
percentil más rico de América. En ese momento, posee el 10% de los ingresos. Los años de Reagan, Clinton
y Bush Jr. lo llevarán de nuevo a niveles récord. En el año 2007, tiene un 23,5% de las remuneraciones del
país, de las cuales un 5,2% se debió a las ganancias sobre el capital.
Thomas Piketty presenta otro cuadro interesante, que muestra, para el año 2000, 10 los distintos tipos de
compensación en el decil más rico, descomponiéndolas: las rentas del trabajo (salarios, bonificaciones, etc),
las rentas del capital (intereses, dividendos, rentas, ganancias del mercado de valores...) o la renta mixta
(honorarios, beneficios individuales, etc). Esto se muestra en la Tabla 8.10. (P. 476)
Gráfico 8.10: Composición de los ingresos más altos en EEUU, 2007
Fuentes y series ver [Link]/capital21c.
Lectura: los ingresos de capital son dominantes dentro del 0,1% de los más ricos de los Estados Unidos en
2007, y no en el seno del 1%, como en 1929.
Nota: los ingresos mixtos son aquellos derivados de actividades independientes, donde la distinción entre
beneficios y salarios se desvanece.
Es de destacar que la mayoría del 9% superior, viven principalmente de las rentas del trabajo. Sólo el 0,1% de
la población puede ser descrita como rentista, por la posesión de ganancias e ingresos de capital más
elevados que otras fuentes de remuneraciones. En 1929, esto ocurría para el 1% superior (es decir, una
proporción diez veces mayor).
Pero el hallazgo más notable es la identificación que hace Thomas Piketty entre este 1% y los principales
ejecutivos de empresa. Se tiende a hablar en los medios de comunicación de los exagerados salarios de
ciertos actores de cine y atletas - y efectivamente lo son -, pero sólo representan una vigésima parte de la
gente más rica. Por el contrario, los ejecutivos son el 60-70% de este grupo, en función de la definición más o
menos amplia que le demos. 11
Y no están sólo en el sector financiero (bancos, compañías de seguros, fondos de inversión, etc); el 80% no lo
están. Son directivos empresariales de todos los sectores. En la mayoría de estas empresas gigantes, por lo
general hay más de cinco directores y administradores que forman parte ese 1% superior.
Estamos viendo el boceto de la clase dominante en un país capitalista - y que sigue siendo, además, el más
poderoso del planeta.12 Podemos calificar de capitalistas al 1% más rico, sean rentistas o directivos de
grandes empresas (o eventualmente ambas cosas). Estos líderes son los capitalistas, aunque oficialmente
reciben un sueldo y pueden ser "despedidos" por los accionistas. Aparte, en este 1%, una veinteava parte son
artistas y atletas que aún no son capitalistas o no necesariamente. De hecho, pueden tener un salario más
alto, pero éste se define por el entorno en el que se mueven e incorpora primas u stock-options 13 según el
método de contabilidad en vigor en los Estados Unidos (que es muy discutible).
El siguiente 9% no son en general capitalistas en el sentido estricto. Algunos pueden ser propietarios de
empresas más pequeñas. Pero la mayoría vive de ingresos mixtos o del trabajo. Son empleados bien
remunerados (científicos, técnicos, cuadros de un nivel más bajo, corredores de bolsa, etc), profesiones
liberales o que tienen actividades semejantes (abogados, médicos, profesores universitarios, etc) o
propietarios de empresas de menor dimensión.
El resto es la población, asalariados que representan alrededor del 85% de los activos, trabajadores por
cuenta propia, quienes ejercen una profesión liberal sin sueldos tan altos o tienen un pequeño negocio, y
quienes se quedan por el camino (desempleados, excluidos, etc). La mayoría forma parte de la clase obrera
en sentido amplio. Desde 1979, su poder adquisitivo no ha aumentado en el Estados Unidos. 14
La sociedad es pues muy desigual, contrariamente a la presentación habitual donde una supuesta clase
media domina, al menos, en números. En resumen, los que realmente se benefician del capital y que viven de
él apenas representan el 1% de la población. Luego está un 9% que se lucran con las ”migajas” del sistema,
sin ser los privilegiados, los que deciden y aquellos cuyos ingresos aumentan de forma desproporcionada. Y
el 90% restante son la mayoría. Estos son los empleados y trabajadores por cuenta propia, los beneficiarios
de prestaciones, los excluidos, quienes se quedan por el camino, los marginados…
Es obvio que hay transferencias de un grupo a otro: los que suben en la escala social y los que están
cayendo, que van a la quiebra. Pero incluso en los Estados Unidos, Thomas Piketty estima que no son más
de un 10% por generación. Así que es una minoría y lo que domina es la estabilidad dentro de las clases
sociales.
El autor no se limita a los Estados Unidos y analiza los países más importantes. Establece una observación un
tanto similar, en particular para Francia, que conoce, y explica con gran detenimiento. No queremos explicarlo
en toda su extensión. Solo recogemos el siguiente gráfico (Figura 9.7.), que muestra la evolución de la
participación del decil más alto (10%) en los ingresos totales de los otros estados europeos importantes en el
siglo 20.
Grafico 9.7: El porcentaje del decil superior, EEUU y Europa, 1900-2010
Fuentes y series ver [Link]/capital21c.
Lectura: en los años 1950-1970, la participación del decil superior es de alrededor del 30-35% de la renta
nacional en Europa y Estados Unidos.
Se observan tendencias idénticas: una fuerte caída desde los años 20 - es un hecho que en las naciones
europeas que experimentaron la Primera Guerra Mundial en su territorio, el descenso ha tenido un impacto
más fuerte que en los Estados Unidos; reducción continua hasta 1950; una estabilización durante los
siguientes treinta años; y por último, un aumento constante desde entonces.
El economista francés señala que a principios del siglo 20, las desigualdades eran mayores en Europa. El
efecto de las guerras y la crisis es generalmente mayor que en los Estados Unidos. La participación del decil
superior llega a mantenerse incluso con un 22,3% del total en 1984 en Suecia. Se trata de un nivel
históricamente bajo, lo que el autor llama una sociedad "relativamente" igualitaria o “débilmente” desigual.
Pero, para el conjunto de los países, la recuperación para los ricos aparece a finales de los 70, también en los
países escandinavos. Sólo que es mucho más notable en los Estados Unidos y Gran Bretaña que en otros
lugares. De ahí que en 2010 haya una mayor desigualdad, y que en el otro lado del Atlántico la participación
del decil superior vuelve a la lograr lo que obtenía en los años 20 e incluso más. Los Estados Unidos se han
convertido en el país más desigual de los principales estados capitalistas.
Estas escasas diferencias, debidas a especificidades que sería largo de explicar aquí, no pueden ocultar que
globalmente las disparidades de ingresos se ensanchan a favor de los ricos y que éstos se benefician
principalmente de las rentas del capital. Así, en el caso de Francia, tras estudiar los crecientes sueldos del 1%
más rico, Thomas Piketty señala: "Otra regularidad interesante es que si uno descompone con más precisión
las rentas del capital (las que más suben - ndT) en rentas de la propiedad y las rentas de capital (dividendos e
intereses), se observa que el gran aumento de la proporción de los ingresos del capital en el decil más alto se
debe principalmente a las rentas del capital de cartera (sobre todo debido a los dividendos).”15
La acumulación es de capital
Como hemos señalado anteriormente en este artículo, las divergencias en el patrimonio son aún mayores que
las de los ingresos. Esto no nos sorprende. El que obtiene poca remuneración generalmente debe consumirlo
todo y no logra ahorrar. Sin embargo, el que gana mucho no podrá gastarlo todo y conservará una parte que
irá acumulando poco a poco.
En consecuencia, los primeros tendrán un patrimonio muy escaso, mientras que el de los segundos se
ampliará gradualmente. Al final, la brecha se hará cada vez más importante. Es lo que muestran las
estadísticas.
Pero primero esquematicemos nuestra relación. Para empezar, el trabajo es la fuente de toda la riqueza del
mercado. Los bienes o servicios se pagan porque hubo que invertir una cantidad de trabajo en ellos. El
resultado de la venta de las mercancías es posteriormente distribuida, de manera general, en salarios y
beneficios. Por lo general, el empleado recibe poco más de lo que consume. 16 Sus ahorros serán, en el mejor
de los casos, escasos. No podrá acumular. El dinero que gana se utiliza principalmente para su reproducción
como mano de obra.
Por el contrario, el que obtiene sus ingresos de los beneficios, deberá gastar también en vivir, pero guardará
una parte, un superávit, para ahorrar, y, por tanto, invertir. De esta manera, acumulará capital y por tanto
patrimonio. Esto se muestra muy brevemente el siguiente diagrama.
Si se sigue esta lógica, este proceso es acumulativo. De este modo, el patrimonio aumenta. Permite aumentar
la producción, contratar personal adicional. Esto aumentará las ganancias, el ahorro y, por tanto, en última
instancia, el patrimonio que se posee.
Especificamos estos elementos porque Thomas Piketty no lo hace. Para él, la desigualdad en la riqueza es un
hecho. Se indigna cuando es exagerada, pero no se cuestiona la existencia de esa desigualdad. De hecho,
esta desigualdad aparece y se agrava, precisamente porque situados en el sistema capitalista, el motor es el
beneficio y la acumulación de capital.
Por tanto, el siguiente gráfico (Gráfico 10.6., P. 556) es mucho más comprensible. Compara la evolución de la
participación de los deciles y percentiles más altos en las fortunas nacionales entre Europa (sus principales
países: Francia, Gran Bretaña, Suecia) y los Estados Unidos desde 1810.
Gráfico 10.6: La desigualdad en patrimonio, EEUU y Europa1810-2010
¿De qué nos damos cuenta? En primer lugar, los niveles son mucho mayores que para los ingresos. El 10%
más rico posee más del 60% del patrimonio durante todo el período y la élite del 1% por lo general acapara
alrededor del 30% (a veces mucho más).
Además, la evolución a ambos lados del Atlántico en el siglo 19 es de una progresión casi continua. En
Europa, la participación del decil superior se incrementó del 82.2% en 1810 al 89,5% en 1910. El 1% superior
pasó a su vez del 52,1% al 62,5% durante el mismo período. En los Estados Unidos, el 10% superior pasa del
58% al 81,1% y el 1% del 25% al 45,1%,desde las guerras napoleónicas a las vísperas de la Primera Guerra
Mundial.
Después, hay una disminución generalizada en Europa y Estados Unidos. En 1980, el decil superior “sólo”
tiene el 59,3% en el viejo continente, y el 67,2% en el nuevo. Desde los años 70, la tendencia se invierte
completamente y las desigualdades explotan, sobre todo en la tierra del Tío Sam. En 2010, a pesar de la
crisis, el 10% de los estadounidenses más ricos acaparael 71.5% de la riqueza total y la élite el 33,8% (frente
al 64,2% y el 28,2% respectivamente en 1970).
El autor trabaja a partir del concepto contable del patrimonio. Éste incorpora todos los bienes, los activos de
una persona o de una familia, es decir, tanto en su capital productivo como sus negocios o acciones, como las
propiedades inmobiliarias, terrenos, casas, y otros signos visibles de riqueza. De esta manera, especialmente
después de 1945, una creciente parte de la población de las naciones capitalistas avanzadas pudo adquirir
algunos activos propios, por lo general su propia casa. Para el 90% de las personas que no participan en este
estudio, "su" casa es casi el único activo que tienen. Pero si asumimos una definición más estricta del capital,
las desigualdades serían mucho más grandes y se mantendrían en el tiempo (aunque con el desarrollo de los
fondos de pensiones, los empleados se convierten indirectamente en propietarios a pequeña escala de la
empresa, y por tanto de capital). 17
Sin embargo, Thomas Piketty señala que la distribución desigual de la riqueza es bastante similar para cada
grupo de edad, en contra de idea generalizada. "La guerra de edades no ha sustituido a la guerra de
clases.” 18 Añade, para no dar lugar a equívocos, que ”la verdadera riqueza siempre se compone
principalmente de los activos financieros y profesionales.” 19
Está claro que la evolución "normal" de las disparidades en términos de fortuna está empeorando, con una
breve pausa entre 1914 y 1970 que discutiremos en la siguiente sección. El economista francés no llega a
esta conclusión, pero de todos modos anota: "Que yo sepa, no hay sociedad, no hay período en el que se
puede observar una distribución de la propiedad del capital que pueda ser descrita razonablemente como de
ligeramente desigual, es decir, un reparto en el que la mitad más pobre de la sociedad posea una parte
significativa - por ejemplo, una quinta parte o cuarto - del total del patrimonio.” 20 En Francia, esta apenas
alcanza el 4% en 2010-2011.
El análisis también muestra que es la variación del 1% más rico la que explica en gran parte los repartos
globales en materia de patrimonio. En función de sus ganancias o pérdidas de capital, obtiene o pierde un
tanto por ciento en términos de patrimonio. Vemos todo lo que monopoliza desde el siglo 19 hasta vísperas de
la Primera Guerra Mundial. Luego cede un poco con los conflictos internacionales y la crisis de los años 30 y
la situación se estabiliza en la década 70-79. Desde entonces, su proporción tiende a aumentar de nuevo.
El choque de entreguerras
Hasta ahora nos hemos centrado en nuestra presentación en la creciente desigualdad entre el ingreso y la
riqueza, en parte debido a que es la opción elegida por el autor y en parte porque es la situación que hoy en
día vivimos en la historia del capitalismo. Pero hubo un momento en que estas disparidades se redujeron, y a
veces notablemente: durante el periodo de entreguerras (incluyendo ambos conflictos), aproximadamente
desde 1914 hasta 1945. Desde entonces, la situación se estabiliza hasta finales de los 70.
Esta es la "edad de oro" del capitalismo, aunque con algunas reservas... más soportable para los empleados
de los países capitalistas desarrollados que para el resto; y desde luego más después de 1950 - antes, los
trabajadores sin duda lo pasaron muy mal durante las guerras, la crisis y el fascismo-, debido a la seguridad
social, al constante aumento de los ingresos, a la institucionalización de las organizaciones sindicales, al
acceso al crédito, la baja tasa de paro... Los defensores de este sistema a menudo se refieren a este período
para demostrar que la economía de mercado tiene o ha tenido contribuciones positivas para los trabajadores y
que éstos están interesados en seguir creyendo en él.
De hecho, como hemos señalado en los diferentes gráficos, lo que varió fundamentalmente fue el nivel de
riqueza de los más ricos, que perdieron una parte del reparto tras las guerras y los choques de los años 30.
Los conflictos destruyeron capital, el crack bursátil de 1929 también. De ahí las grandes caídas en los
ingresos y el patrimonio.
Thomas Piketty concluye con toda claridad: "En gran medida, son las guerras las que durante el siglo 20
olvidaron el pasado y crearon la ilusión de una superación estructural del capitalismo.” 21 Si hay un cambio,
dice, es el de una sociedad de rentistas en un sistema de cuadros (de directivos). La primera se suicidó, dice,
sobre todo en Europa. 22 Durante la Belle Époque, las desigualdades eran fuertes, favoreciendo a aquellos
que vivían del "corte de cupón” (rentistas). Pero la caída de los ingresos y el capital de los más ricos explica
claramente la disminución de estas disparidades entre 1914 y 1945: como la producción total sigue
aumentando (sobre todo después de 1945), los empleados ven como mejora gradualmente su situación
económica.
Podemos imaginar y comprender que las guerras y los cracks causan pérdidas considerables a los ricos.
¿Pero cómo justificamos que estos ingresos y fortunas se hayan mantenido a partir de entonces en un nivel
“tan” bajo hasta finales de los años 70, como vemos en los gráficos?
Para el autor, hay una razón principal: la introducción de una fiscalidad progresiva. De este modo antes de
1914 no había ningún impuesto sobre las rentas del capital y allí donde se creó, era anecdótico. Los
impuestos de sucesión también eran mínimos. Desde 1945, aumentaron al 20-30%, incluso más a veces, en
la mayoría de los países capitalistas avanzados. 23
En Estados Unidos, el presidente Roosevelt, en 1933, aumentó del 25 al 63% el tipo marginal, 24 el que se
aplica a las rentas más altas. Este nivel se elevó al 79% en 1937, luego en 1942, en plena guerra, al 88%.
Dos años más tarde, se ascendió al 94%. Se estabilizó después de la Primera Guerra Mundial en
aproximadamente el 90%. John Kennedy lo redujo al 70% en los años 60, una tasa que se conservó hasta la
llegada de Ronald Reagan como presidente en 1981,25 quien los redujo al 28% durante la siguiente década.
Gracias a este esfuerzo fiscal, el Estado era capaz de asegurar la redistribución de la riqueza de ricos hacia
otros considerados más pobres y establecer una regulación del capitalismo para evitar sus excesos más
flagrantes. Esta es el apogeo de las soluciones keynesianas.
Para nosotros, hay otros dos factores clave que el economista francés se olvida o descuida: en primer lugar la
formación de un poderoso movimiento social en Europa, en particular, pero también en los Estados Unidos,
sobre la base de unos sindicatos más cada vez más activos y partidos “obreros” (primero socialdemócratas,
después comunistas); y luego, a raíz de la aparición de un país socialista en 1917, y posteriormente de un
campo socialista al finalizar la Segunda Guerra Mundial. La desigualdad extrema ya no era posible cuando
aparecían alternativas creíbles al capitalismo y cuando el movimiento obrero y político había desarrollado
luchas importantes y logrado grandes victorias como la reducción de la jornada laboral. No hacerlo habría
significado entregar a las masas en los brazos de los comunistas, los peores enemigos de los ricos. Era
necesario suavizar el sistema, otorgando más derechos y facilidades a los empleados. Inicialmente, en 1918,
las potencias occidentales habían apoyado a las fuerzas que querían restaurar el zarismo en Rusia. El
proyecto fracasó, no quedaba otra opción que lidiar.
Los primeros elementos de la tributación progresiva aparecen a partir de 1914 y se introducirán gradualmente,
señala Thomas Piketty. Lo mismo pasa con la Seguridad Social. El sufragio universal para los hombres se
instaura en todas partes. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) se funda en 1919 para defender los
derechos de los trabajadores, al menos en teoría. Se traslada a Ginebra en [Link] precursor de las
Naciones Unidas, la Sociedad de Naciones (SDN) se establece para promover la paz entre los países, un
objetivo que no va se cumplirá.
Estos esfuerzos se amplían después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el socialismo penetra en Europa
del Este y Asia. La seguridad social se extiende masivamente. Los sindicatos son reconocidos oficialmente
como socios en la negociación social. El sufragio universal se extiende a las mujeres. Los impuestos se
fortalecen. Se crean oficinas capacitadas para garantizar un mayor control de la economía por parte del
Estado. Las empresas se nacionalizan. Se establecen servicios públicos reales.
La existencia de esta "amenaza comunista" fuera y dentro de las naciones también explica que Europa sea
más igualitaria que Estados Unidos, mientras que previamente, a principios de siglo, era lo contrario. Además,
los países liberados por el Ejército Rojo soviético, como Yugoslavia y Albania, estaban fuera del redil
capitalista y la guerra todavía estaban en su apogeo en Grecia y Turquía. En el otro extremo del continente
eurasiático, China se deshizo de la tutela del Kuomintang nacionalista. Corea y Vietnam fueron divididos
porque las potencias occidentales no querían reconocer el predominio del Partido Comunista en esos países.
Las fuerzas estadounidenses presentes en Europa, al igual que en Japón, permitieron a estas regiones
reiniciarse con gran fanfarria, para que no cayesen en manos socialistas. En aquel momento, el Partido
Comunista era potente en Francia, Italia e incluso Japón.
La elección que tuvieron que hacer los gobernantes capitalistas no era la de escoger entre un capitalismo
salvaje u otro regulado, sino entre socialismo y capitalismo regulado. Por lo tanto, optaron por este último,
sabiendo que cuando llegase el momento, cuando la correlación de fuerzas se invirtiese de nuevo, podrían
recuperar lo cedido.
Aunque no reconoce el papel decisivo del campo socialista y el movimiento social en la mejora de la vida de
los trabajadores en Europa y Japón, Thomas Piketty es claro en la naturaleza específica, transitoria y efímera
de este período de "oro" del capitalismo. Es "el producto tanto de las guerras como de la democracia. 26 Fueron
necesarios violentos choques - nada deseables - para que apareciese”. Si queremos volver a este tipo de
soluciones, será necesario lógicamente poner en marcha grandes cambios (en “la correlación de
fuerzas”.): 27 "El cambio de régimen es necesario, incluso imprescindible, pero sería ingenuo imaginar que
todo esto se puede hacer en un ambiente tranquilo y dulce.28"
En concreto, propone un impuesto del 0% para bienes inferiores a un millón de euros, del 1% entre 1 y 5
millones y un 2% a partir de ahí.29 En el conjunto de la UE, estima que podría aportar 300 mil millones de
euros, aproximadamente el 2% del PIB europeo (actualmente valorado en 16 billones de €). 30 En un país
como Bélgica, el 2% de un PIB estimado en alrededor de 380 mil millones de €, lograría alrededor de 7.600
millones de euros. Por tanto, no hablamos de una cantidad trivial.
Thomas Piketty es consciente de la dificultad política de poner en práctica de inmediato tal alternativa, más
aún a nivel mundial. A nivel internacional, el proyecto tiene pocas posibilidades de éxito en el futuro. Pero,
escribe, podemos empezar por algún sitio ¿y por qué no en Europa?
Después de dedicar unas 800 páginas a mostrar la evolución de la desigualdad en los ingresos y patrimonios,
haciendo hincapié en el hecho de que estas disparidades son más fuertes en términos de capital que de
remuneraciones, su impuesto sobre la fortuna parece una solución muy lógica. Se trata de introducir una
justicia tributaria, allí donde la justicia es menos respetada.
Pero da otros argumentos que justifican una tasa tan importante sobre los patrimonios en lugar de los
ingresos. Pongamos, dice, el caso de Liliane Bettencourt. Es la heredera de la fortuna de la firma de artículos
de lujo francés, L'Oreal, que ha causado una gran controversia en Francia a raíz de su relación personal con
el ex presidente de la República, Nicolas Sarkozy, y de la financiación secreta de su campaña presidencial. Su
patrimonio en la actualidad asciende a más de 30.000 millones. Pero nunca declaró más de 5 millones en
ingresos a Hacienda. Incluso asumiendo un bajo rendimiento, de un 5% anual, debería obtener alrededor de
1.500 millones de intereses al año.
¿Qué hizo? Ella (o sus predecesores) probablemente hayan constituido un holding familiar o una estructura
legal ad hoc (fundaciones, que en algunos países se benefician de exenciones fiscales). Los 1.500 millones
de dólares llegan a esta organización, que acumula el capital para la familia. Y éste ingresa a la heredera lo
necesario para su consumo y su cómoda vida, es decir: aproximadamente 5 millones de dólares, que son los
que declara a Hacienda. Ese es el secreto. 31
En estas circunstancias, el economista francés concluye: "El impuesto sobre el capital permite completar al
impuesto sobre la renta para todas aquellas personas cuyo impuesto sobre la renta es manifiestamente
inadecuado en comparación con su patrimonio.” 32 Esta explicación muestra, en todos los casos, la necesidad
de un impuesto de este tipo frente a propuestas fiscales, que también pueden tener su justificación, pero que
probablemente no tengan tanta importancia. De hecho, si queremos llegar a la gente realmente rica en lugar
de al contribuyente ordinario, si queremos ayudar a pagar la deuda pública y sus costes, si queremos
restaurar algo de justicia fiscal, es la solución que se impone.
En este sentido, Thomas Piketty da otro argumento para reducir aún más el nivel de deuda pública, vista
como exageradamente alta en Europa (de alrededor del 90% de media en la UE). Se necesitaría un impuesto
sobre la fortuna excepcional, para lograr reducirla. Explica que si las sociedades capitalistas son ricas, su
estado, generalmente, es pobre. Para reducir este problema, “se pueden combinar tres métodos principales
en una cierta dosis: el impuesto sobre el capital, la inflación y la austeridad. Un impuesto excepcional sobre el
capital privado es la solución más justa y más eficaz."33
En efecto, la austeridad no es deseable para los pueblos que la sufren. Y, como se ha visto en el sur de
Europa, para nada logra obtener los resultados deseados. Reduce el poder adquisitivo, y por lo tanto la
demanda de bienes y servicios. Esto disminuye la actividad económica. Sin embargo, ya que el impuesto se
basa en esta última, los ingresos del gobierno también caen. El déficit presupuestario no disminuye y se
necesita un nuevo plan para volver a intentar limitar el aumento de la deuda pública.
Por otra parte, la inflación no puede ser controlada adecuadamente: puede elevarse mucho más de lo
esperado. Si se pronostica un aumento de precios del 5%, ¿cómo hacer para que no se dispare? Por otra
parte, es muy difícil seleccionar a los grupos que pueden beneficiarse y quiénes van a perder con esa
situación.34 Normalmente, quienes tienen deudas salen ganando y los acreedores perdiendo (ya que el
aumento de precios devalúa relativamente al capital). Pero ¿quiénes son realmente? ¿Son pobres o ricos?
Los empresarios endeudados o aquellos cuya empresa está cubierta de deudas se beneficiarían. ¿Ese es el
objetivo?
Apoyamos plenamente este punto de vista. Actualmente, muchos trabajadores pagan unos impuestos
proporcionalmente, incluso cuantitativamente, mayores que los grandes accionistas y ejecutivos de empresas
que utilizan extensamente la ingeniería fiscal para evitar pagar parcial o totalmente los impuestos. También se
benefician de las exenciones específicas hechas a medida de los inversores y de bajadas de impuestos
promulgadas desde los años 80 en favor de los más ricos y de las empresas en la mayoría de los países
capitalistas avanzados.
Ya sea para financiar las necesidades colectivas más urgentes o para reducir la deuda pública, que pesa
sobre el futuro y que pone al estado a merced de los acreedores financieros internacionales, el impuesto
sobre el capital aportaría fondos bienvenidos para cubrir las necesidades y los esfuerzos necesarios.
Obviamente, para ser eficaz, una medida de este tipo implica la creación de otras disposiciones que el autor
evoca poco, ya que se centra más en los efectos macroeconómicos que en los detalles de su propuesta. En
primer lugar, sería necesaria la creación de un catastro de fortunas que Thomas Piketty desea expresamente,
y que evaluaría exactamente los patrimonios y su lógica contribución a los ingresos fiscales. Además,se
debería combatir radicalmente la fuga de capitales, lo que significa tener al menos el suficiente número de
inspectores para sancionar el gran fraude, pero también para prohibir la repatriación de capital hacia las islas
del Caribe o cualquier otro paraíso fiscal. Pero esto va claramente más allá del marco establecido por el libro.
¿Regular el capitalismo?
Al mismo tiempo que apreciamos mucho la puesta a disposición del público de una increíble cantidad de
estadísticas sobre la distribución de la riqueza en la sociedad capitalista, y apoyamos plenamente la creación
de un impuesto sobre el patrimonio, sin embargo, somos más reacios frente a la perspectiva dada por el autor
en lo esencial de su análisis. Thomas Piketty no es marxista. Al contrario, se opone a esta corriente. En lo
económico, utiliza básicamente las teorías tradicionales,36 que no son capaces de explicar el fenómeno que
describe.
Aunque por otro lado recula rápidamente, porque reconoce la importancia de los cambios, del examen de los
hechos y cifras y de la obligación de reubicar a la economía en el conjunto de las ciencias humanas. Escribe
con mucha razón: “Solo puedo imaginar a la economía como una sub-disciplina de las ciencias sociales, junto
a la historia, la sociología, la antropología, las ciencias políticas, y tantas otras.” 37 La economía oficial, por el
contrario, se ve a sí misma como la única ciencia social verdadera, raramente incorpora los descubrimientos
de otras disciplinas humanas, se centra principalmente en definir las condiciones para un equilibrio teórico
más allá de toda evolución y apenas se interesa en los datos, que en general contradicen la mayor parte de
sus tesis.
Sin embargo, la opción de utilizar los conceptos y el razonamiento de la economía tradicional se debe a la
orientación del autor, que esencialmente busca reformar el sistema en el que vive. En efecto, subraya: "Lo
que me interesa es tratar de hacer una modesta contribución para determinar los modos de organización
social, las instituciones y las políticas públicas más adecuadas que permitan poner en marcha realmente y
eficazmente una sociedad justa, dentro del marco del Estado de Derecho, en el que las reglas se conocen de
antemano,son aplicables a todos, y se puedan debatir democráticamente.”38
Frente al análisis propuesto, no destaca el carácter necesario y casi implacable de las fuerzas económicas del
capitalismo. A diferencia de los marxistas, presenta esta divergencia cada vez mayor - en las desigualdades y
en el hecho de que el aumento de la remuneración del capital con tasas de crecimiento decrecientes está
erosionado el futuro - como un resultado posible. "Es posible", añade, "imaginar instituciones y políticas
públicas que permitan contrarrestar los efectos de esta lógica inexorable - como un impuesto global y
progresivo sobre el capital.”40 Asigna pues a esta reivindicación un propósito explícito: "La función principal del
impuesto sobre el patrimonio no es financiar el estado del bienestar, sino regular el capitalismo." 41
Nosotros creemos que se engaña a sí mismo, sobre todo en dos áreas: en la fuerza de la lógica capitalista,
por un lado, y la posibilidad de oponerse a ella a partir de un Estado de Derecho y de instituciones
democráticas, por el otro.
El poder de la obra de Thomas Piketty es mostrar que el desarrollo capitalista se acompaña en el mejor de los
casos de una estabilización de la desigualdad. Pero, en general, las diferencias aumentan en favor de los
propietarios de capital. Afirma, con razón, que el período entre las dos guerras mundiales y el que sigue hasta
los años 70, vinieron determinadas por las guerras y las crisis, es decir por violentos golpes que debilitaron a
los capitalistas, pero que también fueron desastrosos para los trabajadores.
La lógica capitalista es implacable y de hecho está fijada, en última instancia, por el mercado: el que vende,
acumula ganancias, convirtiéndose en líder en su sector o sectores, se mantiene, crece y se hace fuerte hasta
el punto de obtener un control significativo, no sólo económico sino también político o ideológico; y el que no
lo logra es inexorablemente eliminado y por tanto refuerza el poder del primero. Esta lógica es impulsada por
el beneficio y la búsqueda de la competitividad, que es hoy el objetivo de casi todas las empresas. Las
grandes empresas dominan la economía a través de sus decisiones de invertir o desinvertir, a través de sus
opciones estratégicas que tienen un impacto en los trabajadores, en sus puestos de trabajo, en sus
condiciones de trabajo y en su remuneración, con las que controlan regiones enteras que dependen
esencialmente de ellas para obtener puestos de trabajo. Tienen, por lo tanto, una importancia política capital.
Llegamos por tanto a la segunda ilusión: la de tener un gobierno democrático basado en el Estado de Derecho
y las instituciones democráticas para contrarrestar la fuerza de las grandes empresas, multinacionales... En
primer lugar debemos señalar que esta situación está lejos de ocurrir. Cualquier observador un poco lúcido y
honesto debe darse cuenta de que hoy en día, los gobiernos imponen pocas restricciones a las empresas, en
especial a las más importantes, muy al contrario: ponen una alfombra roja para acogerlas en su territorio. Con
frecuencia hay una connivencia casi total entre los principales responsables de los estados capitalistas
avanzados y aquellos que dirigen las grandes empresas. Este personal proviene de las mismas escuelas
secundarias o universidades. Fueron educados sobre la base de una ideología muy similar, por lo general
tienen los mismos valores y tradiciones.
Se reúnen en asambleas en las mismas instituciones. Algunas son formales otras semi-secretas. Hoy en día,
muchas reuniones se llevan a cabo en los think tanks, 41 grupos en los que que sólo determinadas
personalidades elegidas a dedo puede participar con una invitación y que discuten temas clave de economía,
gobiernos y relaciones internacionales. Los líderes empresariales clave, los políticos más importantes y
algunos periodistas y académicos influyentes podrán asistir regularmente. Y por si esto fuera poco, se
organizan foros (como Davos), 42 seminarios y conferencias. Para preparar las decisiones más importantes,
grupos de expertos seleccionados cuidadosamente de entre esta élite, recibiendo así una etiqueta de
neutralidad científica, pero que a menudo ofrecen soluciones extremadamente favorables para las grandes
empresas.
Por último, muchos de estos líderes son completamente intercambiables, los podemos encontrar al frente de
diferentes empresas, pero también pueden pasar del Estado a una multinacional o viceversa. Acordémonosde
Mario Draghi, el actual presidente del Banco Central Europeo y ex de Goldman Sachs, de Hank Paulson, el ex
secretario del Tesoro en la administración Bush que había sido presidente de ese mismo banco. O del
recorrido de Peter Sutherland, comisario europeo, que pasó de los bancos privados irlandeses a ser el primer
Director General de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para terminar de presidente de la poderosa
compañía petrolera BP.
¿Cómo pensar que podemos contrarrestar el poder de las corporaciones multinacionales con esta maquinaria
burocrática? Está incrustado, imbricado en el ejercicio de esa dominación. No se opondrá a los líderes con los
que se reúne con regularidad y a quienes incluso podría tener que sustituir en un momento dado.
Si hay una fuerza capaz de resistir las grandes empresas, es la población: no se ve comprometida con este
poder; sufre las consecuencias negativas en términos de ingresos, de condiciones de trabajo, de empleo; y lo
más importante, tiene una gran ventaja: su número. Pero el movimiento social, su desarrollo y la lucha que ha
librado son precisamente los grandes ausentes del análisis histórico de Thomas Piketty. El que es, en última
instancia, el gran motor de la mejora social en los países capitalistas avanzados. Quien lideró las grandes
peleas que lograron la reducción de la jornada laboral, el sufragio universal, el reconocimiento de la seguridad
social, la mejora de las condiciones de trabajo en las empresa... Quien produjo sociedades alternativas,
aunque los experimentos socialistas no hayan podido realizarse hasta el final.
Se requerirá por tanto de algo muy diferente que la mera aplicación del estado de derecho y unas instituciones
algo más democráticas. Será necesaria una participación democrática activa en todos los órganos políticos de
la nación. Hará falta una política radicalmente diferente basada en las necesidades de la población.
Por eso, el impuesto sobre el patrimonio, a pesar de su importancia, no resolverá los problemas del
capitalismo como piensa Thomas Piketty. Repartirá con mayor justicia los incrementos de productividad dentro
de la sociedad. Financiará la seguridad social y muchos servicios públicos. Pero no va a evitar que los
empresarios busquen aumentar cada vez más los beneficios y traten de acumular sin fin, siendo los maestros
del juego en términos económicos (y, por lo tanto, en otras áreas). No detendrá el trasvase entre el mundo
político actual y de negocios. En este contexto, será un avance social, pero que podrá ser impugnado y
anulado por los empresarios en cuanto la correlación de fuerzas les sea más favorable de nuevo (como
vemos hoy en día con la seguridad social concedida después la Segunda Guerra Mundial).
Conclusiones
“El capital en el siglo XXI” es una obra contemporánea magistral e imprescindible. El autor ofrece una gran
cantidad de información fundamental sobre la historia del capitalismo, sobre todo acerca de la desigualdad en
el ingreso y el patrimonio. Aboga por una ciencia humana global, que incorpore la economía, la sociología, las
ciencias políticas, la historia... Está a favor de una mayor transparencia en las estadísticas. En todo esto, lo
apoyamos plenamente.
Para los marxistas, su contribución es fundamental. Muestra con datos que el capitalismo es un sistema
basado en la desigualdad para poder desarrollarse y, frente a lo que nos suelen decir, estas diferencias no
tienden a resolverse. ¡Todo lo contrario! El período 1914-1980 es revelador: los cambios que se observan en
la desigualdad son causados por choques sucesivos de 1914, 1929, 1933 y 1939. Y no nos olvidemos de
1917, que permitió una primera experiencia de una sociedad no capitalista, lo que tuvo un gran impacto en la
correlación de fuerzas mundial entre empresarios y asalariados.
A pesar del apoyo de todos estos datos, y del análisis de esta tendencia subyacente de aumentar la
desigualdad, Thomas Piketty cree que es posible reformar el capitalismo. No estamos de acuerdo. Creemos,
por el contrario, que las fuerzas patronales son irreductibles, y, mientras existan, esta tendencia continuará sin
cesar.
Del mismo modo, somos más cautos que el autor en la afirmación de que las desigualdades dentro de los
países son mucho más fuertes y peligrosas que las que existen entre los estados. No lo hemos discutido aquí,
porque no es el foco central del libro. Pero parece que el economista francés, a tenorde las cifras oficiales,
subestima la transferencia de riqueza de las naciones del tercer mundo, del Sur al Norte.
Sin embargo, a pesar de estas limitaciones y reservas, sólo podemos recomendar la lectura del libro. Y
aconsejo ir más allá en este estudio brillantemente iniciado.