Novena a los Santos Ángeles
con la Oración de la Súplica Ardiente
revelada a la Madre Gabriela Bitterlich, Fundadora del Opus Sanctorum Angelorum
Santos Ángeles,
¡acudan a socorrernos!
Durante la novena, invocamos a los Santos Ángeles por la mañana y durante el día
invocándolos frecuentemente de esta manera:
San Miguel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ¡ayúdanos y ruega por nosotros!
San Rafael, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ¡ayúdanos y ruega por nosotros!
San Gabriel, lucha a nuestro lado con tus ángeles, ¡ayúdanos y ruega por nosotros!
Súplica Ardiente a los Santos Ángeles
¡Dios todopoderoso y eterno, Uno en Tres Personas! Antes de invocar a los Santos
Ángeles, tus servidores y de llamarlos en nuestro socorro, nos postramos ante ti y
te adoramos, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Bendito y alabado seas por toda la
eternidad. ¡Que todos los ángeles y los hombres que has creado te adoren, te
amen y te sirvan, Dios santo, Dios fuerte, Dios inmortal!
Y tú, María, Reina de los ángeles, medianera de todas las gracias, todopoderosa en tu oración, recibe
bondadosamente la oración que dirigimos por medio de tus servidores y hazla llegar hasta el trono del
Altísimo para que obtengamos gracia, salvación y auxilio. Amén.
Ángeles grandes y santos, Dios los envía para protegernos y ayudarnos. Los invocamos, en el nombre de
Dios Uno en Tres Personas, ¡acudan a socorrernos!
Les suplicamos en nombre de la Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo,
¡acudan a socorrernos!
Les suplicamos en el nombre todopoderoso de Jesús, ¡acudan a socorrernos!
Les suplicamos por todas las heridas de Nuestro Señor Jesucristo, ¡acudan a
socorrernos!
Les suplicamos por todas las torturas de Nuestro Señor Jesucristo, ¡acudan a
socorrernos!
Les suplicamos por la santa palabra de Dios, ¡acudan a socorrernos!
Les suplicamos por el Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, ¡acudan a
socorrernos!
Les suplicamos en nombre del amor de Dios por nosotros tan pobres, ¡acudan a
socorrernos!
Les suplicamos en nombre de la fidelidad de Dios para con nosotros tan pobres,
¡acudan a socorrernos!
Les suplicamos en nombre de la misericordia de Dios para con nosotros tan
pobres, ¡acudan a socorrernos!
Les suplicamos en nombre de María Reina del Cielo y de la Tierra, ¡acudan a socorrernos!
Les suplicamos en nombre de María vuestra Reina y Soberana, ¡acudan a socorrernos!
Les suplicamos en nombre de María, Madre de Dios y Madre nuestra, ¡acudan a socorrernos!
Les suplicamos por vuestra propia felicidad, ¡acudan a socorrernos!
Les suplicamos por vuestra propia fidelidad ¡acudan a socorrernos!
Les suplicamos por vuestra fuerza combativa por el Reino de Dios, ¡acudan a
socorrernos!
Les suplicamos, ¡cúbrannos con su escudo!
Les suplicamos, ¡protéjannos con su espada!
Les suplicamos, ¡ilumínennos con su luz!
Les suplicamos, ¡cobíjennos bajo el Manto de María!
Les suplicamos, ¡escóndannos en el Corazón de María!
Les suplicamos, ¡confíennos a las manos de María!
Les suplicamos, muéstrennos el camino hacia la puerta de la vida: ¡el Corazón
abierto de Nuestro Señor!
Les suplicamos, condúzcannos a salvo hasta la casa del Padre Celestial.
Todos los Coros de los Espíritus bienaventurados, ¡acudan a socorrernos!
Ángeles de la vida, ¡acudid a socorrernos!
Ángeles de la fuerza de la palabra de Dios, ¡acudan a socorrernos!
Ángeles de la caridad, ¡acudan a socorrernos!
Ángeles que Dios nos atribuyó especialmente como compañeros, ¡acudan a
socorrernos!
¡Acudan a socorrernos, les rogamos! porque hemos recibido en herencia la
Sangre de Nuestro Señor y Rey.
¡Acudan a socorrernos, les rogamos! porque hemos recibido en herencia el
Corazón de Nuestro Señor y Rey.
¡Acudan a socorrernos, les rogamos! porque hemos recibido en herencia el
Corazón Inmaculado de María Purísima y Reina suya. ¡Acudan a
socorrernos, les rogamos! Amén.
San Miguel Arcángel, tú eres el príncipe de las milicias celestiales, el
vencedor del dragón infernal, has recibido de Dios la fuerza y el poder para
aniquilar por medio de la humildad el orgullo de los poderes de las tinieblas.
Te conjuramos, suscita en nosotros la auténtica humildad del corazón, la fidelidad inquebrantable para
cumplir siempre la voluntad de Dios, la fortaleza en el sufrimiento y las necesidades, ¡ayúdanos a subsistir
delante del tribunal de Dios!
San Gabriel Arcángel, tú eres el ángel de la encarnación, el mensajero fiel
de Dios, abre nuestros oídos para captar los más pequeños signos y
llamamientos del Corazón amante de nuestro Señor; permanece siempre
delante de nuestros ojos, te conjuramos, para que comprendamos
correctamente la palabra de Dios, la sigamos y obedezcamos y para que
cumplamos aquello que Dios quiere de nosotros. ¡Haznos vigilantes en la
espera del Señor para que no nos encuentre dormidos cuando llegue!
San Rafael Arcángel, tú eres el mensajero del amor de Dios. Te conjuramos:
hiere nuestro corazón con un amor ardiente por Dios y jamás dejes que esa
herida se cierre para que permanezcamos en el camino del amor en la vida
diaria y venzamos todos los obstáculos por la fuerza de este amor.
¡Ayúdennos hermanos grandes y santos, servidores como nosotros delante
de Dios! Protéjannos contra nosotros mismos, contra nuestra cobardía y
tibieza, contra nuestro egoísmo y nuestra avaricia, contra nuestra
suficiencia y comodidad, contra nuestro deseo de ser apreciados. ¡Deslíguennos de los lazos del pecado y
de toda atadura al mundo! Desaten la venda que nosotros nos hemos
puesto sobre nuestros ojos para dispensarnos de ver la miseria que nos
rodea y poder mirar nuestro propio yo sin incomodarnos.
¡Claven en nuestro corazón el aguijón de la santa ansia de Dios para que no
dejemos jamás de buscarlo con pasión, contrición y amor!
¡Busquen en nosotros la Sangre que Nuestro Señor derramó por nosotros!
¡Busquen en nosotros las lágrimas de su Reina vertidas por nuestra causa!
¡Busquen en nosotros la imagen de Dios destrozada, desleída, deteriorada;
imagen a la cual Dios quiso crearnos por amor!
Ayúdennos a reconocer a Dios, a adorarlo, amarlo y servirlo. Ayúdennos en
la lucha contra los poderes de las tinieblas que nos rodean y nos oprimen
solapadamente; ayúdennos para que ninguno de nosotros se pierda y para
que un día, gozosos, podamos reunirnos en la felicidad eterna. Amén.