El personal de enfermería, a la hora de actuar hacia un problema (en este caso,
soledad en las personas mayores), debe seguir un proceso que, utilizando el
método científico, planifica y aplica las atenciones de la profesión de enfermería,
utilizando éstas como herramienta de trabajo.
Para trabajar sobre el diagnóstico tratando el riesgo de soledad (NANDA) (16),
debe haber realizado anteriormente la valoración. Seleccionaremos las
intervenciones más adecuadas, entre ellas:
• Valorar la percepción de la soledad que tiene el usuario (¿la persona está sola por
elección o esta situación ha sido impuesta por los demás?).
• Valorar la capacidad y/o incapacidad del usuario para satisfacer las necesidades
físicas, psicosociales, espirituales y financieras, y cómo las necesidades no
satisfechas ponen en duda la habilidad para integrarse socialmente (por ejemplo,
pérdida de trabajo que conduce a la incapacidad para afrontar una interacción
social familiar y usual, fatiga, falta de energía necesaria para la interacción social y
la implicación personal, deterioro del integumento cutáneo y su relación con el
aislamiento social y/o percibido) (véase el Plan de Cuidados de Trastorno de la
Imagen Corporal si la soledad está asociada con alteraciones del integumento
cutáneo).
• Utilizar habilidades de escucha activa. Establecer una relación terapéutica y pasar
tiempo con el usuario.
• Ayudar al usuario a identificar la soledad como un sentimiento y las causas
relacionadas con la soledad. La soledad fue el temor número uno identificado. El
análisis chi cuadrado demostró que las personas sin hogar que no estuvieron en
asilos fueron residentes significativamente a más largo plazo (p < 0,0001) de la
comunidad y explicaron con más frecuencia tener temor a la soledad (Reichenbach
y cols., 1998).
• Evaluar el deseo del usuario de interacción social en relación con la interacción
social real.
• Explorar las vías para aumentar el sistema de apoyo del usuario y la participación
en grupos y organizaciones. El estímulo de las enfermeras es importante para
ayudar a los usuarios a formar parte de los grupos de apoyo (Perese y cols., 2003).
• Fomentar que el usuario se implique en relaciones sociales significativas
caracterizadas por dar y recibir apoyo. EBE: es importante reconocer que la
relevancia positiva de relaciones sociales está relacionada con el contenido y con la
calidad de las relaciones (Gulick, 1994).
• Si el usuario experimenta quejas somáticas, evaluarlas para asegurar que las
necesidades físicas están satisfechas y, posteriormente, identificar la relación entre
quejas somáticas y soledad. Se han encontrado tres factores que aumentan los
niveles de soledad entre los individuos ancianos que residen en residencias
enfermeras: falta de relaciones íntimas, aumento de la dependencia y pérdida. Las
enfermeras en centros de atención a largo plazo están en posición de intervenir
directamente con el residente anciano (Hicks, 2000).
• Ayudar a los usuarios a identificar recursos/situaciones que pueden atender o en
los que pueden participar para mejorar un sentido de encaje valioso.
• Ayudar al usuario a identificar períodos en los que la soledad es mayor (por
ejemplo, ciertos momentos del día, aniversarios de eventos especiales del pasado).
Con el permiso del usuario, derivar a servicios de visitas de voluntarios. El único
orden del día de los voluntarios es satisfacer las necesidades sociales del usuario.
En ocasiones, a partir de experiencias con voluntarios, se desarrollan amistades a
largo plazo.
• Para mantener independientes a los ancianos deberían explorarse intervenciones
para impedir la soledad. Considerar el uso del arte como una intervención. El
estudio demuestra que la soledad extrema predice la admisión en una residencia
enfermera (PSL Consulting Group, 1999).
• Identificar alternativas a estar solo. Los usuarios, a menudo, son susceptibles a la
soledad en las horas de la comida. La soledad puede contribuir a déficit o excesos
nutricionales.
• Identificar alternativas a estar solo (por ejemplo, contacto telefónico).
• Considerar el uso de ordenadores e Internet para mitigar o reducir la soledad y el
aislamiento social. En un estudio cualitativo descriptivo se utilizó un cuestionario de
una página web y una entrevista a través de chat con participantes de 65 años y
más que vivían solos. Siete de los diez participantes utilizó el ordenador para
compartir la soledad (Clark, 2002). En él, se encontró que el uso de Internet reducía
significativamente la soledad y la depresión, mientras que el apoyo social percibido
y la autoestima aumentaron significativamente (Shaw y Gant, 2002). Este estudio
controlado aleatoriamente valoró el impacto psicosocial de proporcionar acceso a
Internet a los ancianos durante un período de más de 5 meses. Entre los usuarios
de Internet (n = 29) en el grupo de intervención, existían tendencias hacia una
menor soledad y una menor depresión (White y cols., 2002).
• Apoyarse en las creencias religiosas. Creer en un ser supremo proporciona un
sentimiento de ayuda omnipresente e impide la soledad. Si los usuarios tienen
remordimientos respecto a su vida, pueden separarse de su fuente usual de confort
religioso.
• Comentar el significado de la muerte y de los temores asociados con morir solo.
Explorar la posibilidad de que seres queridos estén con el usuario en el momento de
la muerte. En las últimas etapas de la vida, los individuos tienen pensamientos
significativos sobre la muerte y el significado de sus vidas. Si perciben su vida como
no deseable, pueden temer a la muerte.
Conclusiones
La soledad es un sentimiento que, vivido durante la vejez, puede llegar a
representar importantes dependencias de tipo social, funcional, cognitivo y/o
desencadenar problemas de salud que pueden causar dificultades en la vida
cotidiana. Esperamos que este trabajo nos invite a reflexionar sobre los retos que
supone poder actuar y colaborar desde el ámbito personal y/o profesional para
paliar esta problemática que, estamos seguros, creará un gran debate, tanto
individual como colectivo.