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Julin B... Mpleta

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¡ANUNCIO IMPORTANTE!

¡Hola, gatitos! Espero se encuentren perfectamente


❤️

Cuando comencé a publicar Julián en septiembre de 2020,


lo hice por diversión, porque quería crear una historia con
las tantas ocurrencias e ideas locas que siempre pasan por
mi cabeza. Desde esa fecha hasta ahora me leído varios
libros de varias/os autoras/es y he detallado a profundidad
como narran sus historias, como la estructuran y ambientan
para dar esos giros inesperados que tanto enganchan,
aprendiendo yo muchas cosas que no sabía cuando inicié
Julián.

Aún así, con la poca experiencia que tenía, he logrado llegar


hasta los capítulos finales de mi historia, pero ahora que
veo el crecimiento que ha tenido Julián y todo el apoyo y
cariño que ustedes le han puesto, me he planteado que
ustedes merecen una mejor versión de todo, de Julián
corregido desde principio a fin.

Quiero corregir capítulo por capítulo los errores ortográficos


que encuentre, quitar ese mar de explicaciones que antes
les daba que hacía que se perdieran de la trama y otras
cosas.

Ya son más de 200k lecturas, y cada vez van aumentando


más las personas que comienzan a leer Julián y se terminan
enamorando de esos dos increíbles chicos y sus locuras.
No se imaginan lo feliz que me tiene el crecimiento de esta
historia y todo el amor que me han dado, por eso quiero
editar la historia, se merecen una mejor versión de todo.

Quiero dejar todo en orden para los lectores viejos y para


los nuevos lectores que se unan a la historia. Espero les
guste la idea tanto como a mí.

Instagram: @luissburgos

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos.
Prefacio.

NARRADOR INCÓGNITO.

Tomémonos un tiempo para aprender a diferenciar que


habrá personas que serán un viaje, y que también están
esas quienes simplemente son una visita.

Recuerden que hay personas que llegan para darte y


enseñarte, y otras que tan solo te restan y te quitan.

Y por último, es importante saber que no es cualquier


persona contigo en el momento indicado, es la persona
indicada en cualquier momento contigo, que decida
quedarse sin importar que tan frío y oscuro sea el camino.

Yo decidí estar a tú lado. Es muy triste que tú y yo ya


no podamos seguir en el mismo camino.

Descuida, que a nadie más podré amar con la misma


fuerza y coraje, cariño.

________________

¡Bienvenido/as!

🖤
Espero se puedan quedar y disfrutar esta historia conmigo.

Luis Burgos.
Capítulo 01. | La nota en
mi puerta.

Temothée Hammer

Caminar por las transitadas y frías calles de Madrid era algo


que me agradaba mucho cuando recién llegué a España, y
estaba empezando a conocer la ciudad. Hacerlo ahora para
buscar otro empleo, ya no es algo tan divertido.

Para ponerlos en contexto, hace unos días me despidieron


de la empresa en la que estaba trabajando como
community manager. La inflación del país los ha llevado a
aumentar de manera exagerada los precios de los
productos, dejándonos con pocas ventas y llevando la
empresa abajo. Una de las primeras alternativas que
tomaron los socios para no dejar que le empresa terminara
de quebrar, era la vieja confiable, reducción de personal.

Ahí salí yo, ahora me encontraba aquí, dejando mi síntesis


curricular en una cafetería cerca de la universidad a la que
voy.

Suena la campanilla de la puerta, anunciando mi salida de


la cafetería. El resplandeciente sol de la mañana me cubre
el rostro, pero apenas se puede sentir lo cálido de su
temperatura, el frío de la ciudad es más envolvente.
Luego de un suspiro cargado de no mucho ánimo, decido
cruzar la calle y subirme al coche para irme directo a la
universidad, tengo que retirar los resultados de mis últimas
calificaciones.

La universidad estaba a solo veinte minutos, podía llegar


rápido, pero al parecer alguien se antojó de que lo
atropellaran en la avenida principal y el tráfico comenzó a
aumentar.

Después de tomar varios atajos y pasar por mis notas en la


uni, decidí relajarme. Necesitaba ir a un lugar tranquilo y
poder disfrutar de un humeante café, mientras buscaba
algo bueno en la sección de empleos en el periódico.

Tristemente, no había muchas ofertas de trabajo. Observé


todo detenidamente y quisiera decir que los pocos empleos
ofrecidos eran buenos, pero lo que había eran puras ofertas
con horarios estrictos que no me dejaban tiempo para la
uni, aún así seguí buscando. Algo bueno podía presentarse.

No conseguí relajarme con el café ni con el lugar tranquilo,


lo único que gané fue un jodido dolor de cabeza con fuertes
punzadas de tanto pensar en los parciales que seguían para
la siguiente semana, sumado el tema de conseguir trabajo.
Agotado mentalmente, decido irme a mi apartamento para
poder descansar de este día tan caótico.

—Odio este jodido estacionamiento, es muy macabro —me


quejo en voz alta, mientras conduzco al lugar donde me
toca estacionar mi coche siempre.

No soy dramático, en serio es muy oscuro y tenebroso el


estacionamiento.

Me bajo del auto, paso seguro y no logro dar tres pasos


cuando comienzo a correr. No puedo evitar tener miedo,
odio los lugares tan oscuros como estos, además ¿En qué
jodido parking las luces se encienden y apagan cuando
quieren? Parece el parking de un hospital psiquiátrico.

—¡Buenas noches, Temothée! —saluda el Sr. Luis, subiendo


al ascensor en el tercer piso

—Buenas noches, Sr. Luis —no tenía ganas de hablar, pero


intenté sonar educado — ¿Va subiendo?

—Si, voy a tu mismo piso —se me hizo raro, pero me limité


a marcar el piso siete y quedarme callado.

Al bajar del ascensor el Sr. Luis camina con pasos confiados


y se detiene en el apartamento 28, él tampoco parece estar
muy contento. Toca la puerta bruscamente mientras yo sigo
caminando a mi apartamento sin perderme la escena.

¿Ahí no es donde se mudó el promiscuo que siempre mete


prostitutas a su apartamento?

La puerta se abre, permitiendo ver al chico alto con una


sonrisa de pocos amigos. Estaba sin camisa, sus brazos y
abdomen parecían cumplir con una serie de entrenamientos
que mi cuerpo no conocen ni conocerán jamás. Su cabello
despeinado apuntando a todos lados le sumaban puntos a
esa aura sombría.

¿Cómo se llama?
¿Juan?
¿Julio?
¿Juanito?

Es nuevo aquí, no recuerdo...

—¿Qué sucede? —inquiere con poco interés y una sonrisa


falsa.
—Solo vengo para advertirle que ya he recibido varias
quejas de usted, joven —indica el Sr. Luis, quien es parte del
condominio del edificio.

—¿Cuáles quejas? —el chico actúa extrañado.

—Comencemos por sus constantes ganas de colocar música


con volumen a todo dar, de verdad es muy grato que quiera
compartir la música con todos sus vecinos, pero algunos
necesitan descansar —el corpulento chico sin camisa
esboza una sonrisa que rápidamente convierte en seriedad.

Continuo buscando las llaves en mi bolso mientras la


discusión se da a tres metros de mi apartamento.

—Bien, ¿qué más? —parece que al chico no le importa nada


de lo que le dicen. Es de mal gusto que trate al Sr. Luis así,
es solo un anciano, y notificar ese tipo de inconvenientes es
su labor en el edificio.

—Y por último para no extenderme. Deje de estar trayendo


a sus citas para acá, a los vecinos les incómoda que sus
hijos vean eso y más si son cada semana una diferente —
finaliza y se retira del lugar.

El chico se limita a rodar los ojos en blanco, y en eso nota


que estoy parado frente a mi apartamento observándolo.

Me evalúa con cierto desprecio y me pregunta con un tono


grosero, —¿Te sucede algo? —lo ignoro y en eso aparecen
mis llaves mágicamente, así que termino de entrar a mí
apartamento.

No es que me haya tardado en buscar las llaves solo para


escuchar cuál era el problema, no.

El día de hoy fue fatal para mí.


No solo bastaba con no conseguir trabajo, también tenía
que sacar un 4 en matemáticas.

¿Podría ser peor?

Mi olfato capta algo raro —¿Qué huele así? —pienso en voz


alta —algo se está queman... ¡Mierda!

Corrí hasta la cocina para encontrarme la pasta con


albóndigas que se calentó más de lo que quería. Soy un
desastre.

Escucho el sonido de alguien tocando la puerta y me


extraño.

Me acerco para abrir, y cuando echo un vistazo, no hay


nadie.

¿Qué carajos?

El pasillo está completamente solo, y obviamente no iba a


salir, eso es lo que hacen los personajes de las películas
justo antes de morir. Cierro la puerta y camino de nuevo a la
cocina, pero me detuvo el mismo sonido de alguien tocando
la puerta nuevamente.

Me giro, observo la puerta y decido abrir por segunda vez.

—Buenísima les está quedando la broma —grito al vacío,


luego de haberme asomado de nuevo y no encontrar a
nadie en el pasillo.

Un pedazo de papel doblado en el suelo llama mi atención.


Observo primero a los lados del pasillo antes de cogerlo, y
luego de hacerlo, entro de nuevo cerrando la puerta con
seguro.
«Cuídate, niñito»

Esas son las palabras escritas en el papel que encontré en


el suelo.

Los nervios me invaden un poco, pero intento no ser tan


paranoico, aún así mi miedo se pronuncia mediante
escalofríos. Puede que ese mensaje no fuese para mí,
seguro se equivocaron de apartamento. Me siento inseguro
así que voy rápidamente a encerrarme en mi habitación.

Solo para asegurar, le envío un mensaje a Carla que es mi


amiga más cercana al edificio.

CHATS.

Carla:
«Tranquilo Temothée, seguramente solo es una broma de
mal gusto, además, si fuese algo real, pues suena hasta
amigable la persona que escribió la nota. "¿Cuídate, niñito?"
¿quién se preocupa de esa manera por una persona que
matará? Jajaja»

Yo:
«Carla, eso no me ayuda a calmarme».

Definitivamente escribirle a Carla no fue la mejor opción


para tranquilizarme, pero tal vez dormir un poco si me
ayude.

Me doy una ducha con agua tibia y me acuesto fresco en mi


cama. El cansancio se apodera de mi cuerpo, dejándome
bobo y con sueño. Cierro mis ojos casi dormido y recuerdo
las palabras escritas en la nota que dejaron frente a mi
puerta.

"Cuidate, niñito"
Aquella noche no sabía que esa corta frase, sería el
recuerdo más doloroso de esta historia.

___________________

Nota de autor:

¡Bienvenido/as!

Espero les guste mucho el romance y el drama porque estos


dos chicos son una locura juntos ❤️ojalá este capítulo
también les haya gustado y decidan quedarse.

Recuerden que aunque corrija mil veces la historia, esto es


solo un borrador, puede que se me escapen algunos errores
que yo paso por alto cuando escribo rápido, igual están en


la libertad de notificármelo en los comentarios y yo lo
arreglaré. ❤️

Bye 💗 ¡Nos leemos pronto!


Luis Burgos.
Capítulo 02. | Yo podía
solo.

Temothée Hammer.

La mañana comenzó con buenas noticias. Encontré una


página en internet en la que muchas empresas publican las
vacantes de trabajo que tienen, los oficios que ofrecen,
entre otras cosas. Descargué la app de la página y envié mi
currículum a varias empresas que se ajustaban a mi horario
de la uni.

Por supuesto que no me quedaría tranquilo con


simplemente enviar un correo de mi currículum a la
empresa, así que me arreglé para ir a visitar algunas de las
empresas que estaban en la App. En cada una aparecía su
dirección, sería más fácil.

No desperdicié ni un poco la mañana. Me bañe, me vestí y


desayuné en menos de veinticinco minutos... o tal vez fue
una hora y media, no sé.

Pasé por dos empresas de herramientas y un laboratorio


que fabrica medicinas. Siendo sincero, en la página de
internet se veían mejor. En un restaurante de comida
italiana, estaban solicitando ayudante de cocina, pero con lo
quemada que me había quedado la pasta con albóndigas de
anoche, no se me antojó ni asomarme por ahí.
La última empresa que me quedaba por visitar quedaba a
unos diez o quince minutos de mi apartamento, era un
supermercado o algo así, por lo que entendí en la
descripción. No esperé más y me puse en marcha en mi
coche.

En ese momento más que nunca me sentí agradecido por la


oferta de mis tíos de venderme y permitirme pagar por
cuotas este lindo coche que tenían sin usar en su casa.
Cuando me vine a España, esta fue una de las ofertas que
me dieron, aparte de ayudarme con la universidad. El coche
no es del año, pero está en buen estado y me facilita
muchas cosas.

Llegué al supermercado y tenía un gigante estacionamiento


al aire libre. Al parecer, faltaban pocos días o casi nada para
inaugurar el lugar, la fachada tenía una hermosa mezcla de
colores entre azul y violeta, pero aún no tenía el nombre
descubierto.

—¡Buen día!—saluda un señor en recepción — ¿En qué lo


puedo ayudar? —es amable.

—H-hola, ¡Buen día! —vacilé —vengo por la oferta de


trabajo, vi por internet que tienen una vacante aún.

—Ah sí, claro —asiente y me hace un ademán para que siga


—derecho, al pasar la puerta, subes las escaleras. Ahí
encontrarás la oficina de recursos humanos —señala.

—Muchas gracias, señor —digo y sigo adelante.

Me atendió la licenciada del supermercado, una señora


rubia y elegante, muy amable. Buscan a una persona que se
encargue de la publicidad de la empresa. Necesitan que la
gente empiece a conocer sus productos ya que apenas
están iniciando. Me encantó el trabajo porque es algo que
se relaciona con lo que estudio y eso también me gusta,
además de eso, el sueldo que ofrecen es muy bueno. Noté
que muchas personas llevaron currículum a ese lugar, todos
estaban sobre el escritorio, donde la licenciada colocó el
mío luego de entrevistarme.

Me desanimó un poco ver el mi hoja de trabajo entre tantas


más. Eran muchos los que vinieron a solicitar empleo.

Un par de minutos después de la entrevista, llegué a la


universidad. La ciudad no es tan grande, todo queda
relativamente cerca.

Camino por los largos y amplios pasillos de la universidad


hasta llegar al salón de clases dónde próximamente tenía
una prueba. Saludé a mi amiga Carla —mala consejera— y
me senté detrás de ella para presentar la prueba. Me había
preparado para esto pero mi cabeza daba muchas vueltas y
manejaba mucha información, por lo que me costó
concentrarme un poco.

—Si estudiaron, el examen seguro se les hizo fácil —supone


el profesor, mientras dejamos los exámenes en su escritorio
y salimos del salón.

—¿Qué harás hoy en la noche? —pregunta Carla,


acercándose a mí.

—Estar en el apartamento buscando trabajo por internet, tal


vez —comento aburrido.

—Deberías dejar de perder el tiempo en eso y crearte un


Onlyfans —bromea y no puedo evitar reír.

—Ganarías mucho más dinero ahí que en cualquier otro


lugar, y a ver ¿Qué es lo que necesitas para comenzar, una
cámara? ya la tienes, amigo —Tonny viene llegando y le
sigue el juego a Carla, dándome "ánimo".

—Además, tienes un excelente físico ¿Cierto amor? —le


pregunta Carla a Tonny, su novio.

—Sí, tienes buen físico hermano y una cara de niño travieso


pero angelical al mismo tiempo, algo así estilo sumiso que
provoc...

—Está bien Tonny, ya entendió, creo que me pondré celosa


—lo interrumpe Carla y yo rio incómodo.

—Ya en serio —habla Tonny —, iremos hoy en la noche al


callejón, tienes que ir.

—No lo creo chicos, no tengo dinero ahorita para eso —


admito.

—Tranquilo cariño, sabemos que perdiste tu empleo y que te


tienes que ocupar del alquiler de tu apartamento y otras
cosas, no me quiero ni imaginar tú preocupación en este
momento —Carla comprende lo que quise decir.

—Pero... —haciendo énfasis en la palabra, continúa


hablando Tonny —los chicos se colocaron de acuerdo en ir
hoy al callejón y obviamente no te excluimos, no tienes que
pagar nada, solo es para que te diviertas un poco y
despejes la mente de tantos líos hermano.

—Exactamente —afirma Carla, haciendo pucheros.

—No lo sé, chic...

—No, si lo sabes Temothée. Te pasaremos buscando más


tarde —Carla esta vez habla con autoridad —solo quedaban
dos lugares en el parking, así que Ander y Otis son quienes
llevarán auto.

No pude negarme, sabía que así lo hiciera mil y un veces,


los chicos me irían a sacar de mi apartamento
arrastrándome si fuese posible.

[...]

—Date prisa Temothée, desde aquí escucho el escándalo


que tienen Otis y Carla con la música del carro en el
estacionamiento —habla Tonny.

—Los van a sacar —carcajeo de risa mientras corro por todo


mi apartamento en busca de la camisa que había decidido
colocarme.

—¿Crees que a Carla le guste esta pulsera?


—pregunta Tonny, cuando por fin me termino de vestir —
faltan horas para nuestro sexto mes de aniversario y quería
darle algo bonito.

—Oye, está súper, se ve elegante —me acerco a él,


contemplando la pulsera —, estoy seguro de que le gustará
—le doy ánimos.

—Gracias, Temothée —esboza una sonrisa y la correspondo


con otra.

—Bueno, ya estoy listo, bajemos.

Salimos de mi apartamento y mientras le paso el seguro a la


puerta, vemos que sale de su apartamento el chico
promiscuo. Parece que va a una fiesta o algo así por como
viste, aunque las pocas veces que lo veo anda así. El sujeto
malhumorado nota nuestra presencia y nos regala una
mirada de pocos amigos antes de caminar al ascensor.
—¿Qué onda con este? —bufó Tonny enseguida.

—El idiota es así —comento con simpleza mientras


caminamos hacia el ascensor también.

El muy maldito no detuvo el ascensor para que Tonny y yo


nos subiéramos, en lugar de eso, vemos como presiona el
botón para cerrar la puerta los más rápido posible.

— ¡Mierda! —gruñí al ver cómo la puerta se terminaba de


cerrar.

Podría jurar que le ví una sonrisa de satisfacción al


promiscuo, mientras la puerta cerraba.

— ¿Le pica el culo a este o qué le pasa? —Tonny se molesta.

Me río por como reacciona.

—Que sutil y delicadas son tus palabras, amigo. —contuve


la risa.

— Uy, perdón, mi señor —imitó la voz de alguna persona


con clase —quise decir que, el joven a lo mejor tenía
comezón en lo más profundo de su epicentro anal.

No pude evitar reír a carcajadas.

Tardamos veinte minutos en llegar al Callejón, un parque


social súper grande. Tiene plazas, zonas verdes, trailers de
comida rápida, una heladería y una especie de disco que
cambia la temática cada mes. La última fue de Euphoria y el
tema de este mes es de los ochenta.

—Chicos —escuchamos a Ander llamarnos y cuando


giramos, lo vemos caminando hacia nosotros con su
hermano Jhonny, Tina y dos amigos de Jhonny.
Supongo que son amigos de Jhonny porque de Ander no
son, conozco a todos sus amigos y los más cercanos somos
nosotros.

Nos saludamos todos y nos dirigimos a la Mansión, así se


llama la disco.

—¡Hey chicos! adivinen quién se ganó hace rato un servicio


de vodka jugando póker con aquellos señores de allá —Tina
señala a los señores y se ve contenta por haberles ganado.

—¡Arrasando con los viejos, Tina! —Jhonny choca las manos


con Tina y ambos ríen.

—¡A disfrutar de la noche chicos! —grita Tina, destapando la


primera botella de vodka de la noche, y dándose un trago.

Todos brindamos y nos siguieron con silbidos y aplausos


muchos de los que se encontraban en la Mansión, como si
nuestro festejo fuese por alguna causa importante. Es un
lugar agradable para beber y pasar tiempo con amigos.

Todos bebimos, bailamos y nos olvidamos de nuestros


problemas por un rato. Siempre es satisfactorio tener algún
tipo de escape. Lo estábamos pasando increíble, al llegar las
doce de la noche, Tonny le entregó la pulsera a Carla por su
aniversario, y para su sorpresa, Carla le había comprado a
él un collar muy bonito. Los dos estaban contentos, y
nosotros igual al verlos.

Terminamos compartiendo parte de la noche con los señores


a los que Tina les ganó en póker. Resultaron ser divertidos y
conversadores. Sin darme cuenta, la noche se me pasó
volando. Ya muchos estaban ebrios, incluyéndome.

—¿Están listos? —pregunta Otis viendo si los que nos


íbamos con él, ya nos habíamos subido en el auto.
— ¡Sí capitán, estamos listos! —canto por inercia.

— ¡No los escucho! —Otis identifica y continúa la canción.

— ¡Sí capitán, estamos listos! —gritamos todos al unísono y


reímos como tontos.

Amo el toque de locura que tiene cada uno de mis amigos.

—Hasta luego, Temothée —se despide Otis de mí,


dejándome frente al edificio donde vivo.

Ya había repartido a los demás chicos en sus casas, al igual


que a mí. Otis insistió en ayudarme a subir hasta mi
apartamento, pero ya había hecho mucho con traerme, así
que le aseguré que podía subir solo.

Una de las costumbres que tengo con mis amigos, es que


cuando salimos a beber, siempre se queda alguno de
nosotros cuidándonos, para no estar todos ebrios. Fue una
decisión que tomamos tras una horrible experiencia,
además, no necesariamente tienes que ingerir alcohol para
divertirte un poco.

Esta noche fueron Otis y Ander quienes no tomaron


exageradamente para cuidarnos, además de que eran
quienes tenían que conducir.

—Hasta luego Otis, nos vemos en la uni, amigo —me


despido, y bajándome del auto casi caigo como un tonto.

No tenía mucho equilibrio que digamos.

—Claro que si, hermano, cuídate y entra rápido al edificio —


se despide y luego arranca el auto.
Ni estando ebrio se me olvida el temor al oscuro
estacionamiento del edificio. Tengo que pasar por ahí para
llegar al ascensor, así que con todo el temor del jodido
universo, abro el portón eléctrico y entro. Se cierra
automáticamente, pero solo pasan escasos segundos y el
portón se vuelve a abrir, anunciando que entró alguien más.

Una moto me pasa por un lado y se estaciona un poco más


adelante.

Me tranquilizo un poco al saber que hay alguien más en el


estacionamiento, y sigo caminando hacia el ascensor. El frío
me hace temblar y también me tambaleo un poco por los
efectos del alcohol.

Todo me empieza a dar vueltas y lo que más quiero, es


llegar rápido a mi apartamento y dormir.

—Diego, no puedo cubrirte mañana —escucho una voz


cerca del ascensor y supongo que es la persona que venía
en la moto —es mi noche libre y necesito descansar un
poco.

Se me hace familiar esa voz rasposa y molesta.

Al llegar, veo al chico promiscuo hablando por teléfono.

— ¡Ahs, idiota! —bufé enseguida y presioné el botón para


llamar el ascensor.

Lucho por mantener mi equilibrio, pero ese no es mi mayor


problema, siguen aumentando mis ganas de vomitar y
siento que en cualquier momento explotaré. Con precaución
de no caerme, me muevo lo más rápido que puedo al cesto
de basura. Sin poder evitarlo, hago sonidos raros y
asquerosos al tratar de vomitar, pero no sale nada, solo
arcadas vacías.
Vuelvo al ascensor y me doy cuenta de que hay un aviso
pegado a un lado.

«Ascensor en mantenimiento.»

—Perfecto, no pudo ser en mejor momento —mis quejas


hacen que el promiscuo se percate de mi presencia.

Luego de echarme un vistazo, simplemente me ignora y


sigue hablando por teléfono.

Decido ignorarlo también y sigo en lo mío, —Bien Temothée,


tú puedes —hago mi primer intento por subir las escaleras,
pero fallo enseguida.

Caigo como mierda de perro en el suelo.

Volteo a ver al chico y este lanza una mirada furtiva por


encima de su hombro hacia donde yo estoy tambaleando.

—De acuerdo, hablamos luego —se despide y guarda el


teléfono, me pasa por un lado y finge que no estoy mientras
comienza a subir las escaleras.

Hijo de puta.

¿Qué esperabas, Temothée? ¿Que te ayudara? Mi


subconsciente se burla de mí.

Me levanto para intentar subir por segunda vez, pero


camino y realmente todo me da vueltas, obteniendo una
nueva caída.

—No lo puedo creer —el promiscuo se queja y me mira


desaprobando mi estado desde unos escalones más arriba.

— ¿Qué ves? —me dirigo a él —piensas cerrar el paso en las


escaleras como también me cerraste el ascensor anoche, ¿O
qué? —bramo, un poco cabreado y a lo mejor algo
susceptible.

El idiota solo amplía su maldita sonrisa como cualquier


villano que logra su objetivo.

Lo ignoro e intento subir de nuevo, pero no lo logro y me


resigno a quedarme ahí, en el suelo a esperar que mi
equilibrio mejore.

Escucho los pasos del chico seguir su camino mientras mis


ojos se van cerrando por la batalla contra el sueño. Escucho
el aire salir de la ventilación. Tiemblo de frío. Me acuesto en
el suelo y empiezo a perder la batalla, el sueño se apodera
de mí...

— ¿Qué mierda? —siento que alguien me levanta del suelo.

Abro mis ojos para sorprenderme. Es el promiscuo.

— ¡Levántate de ahí, estúpido! —lo único a lo que le presté


atención es a que me llamó estúpido.

— ¿Cuál es tú problema, idiota? —forcejeo — me estaba


quedando dormido, ¿acaso no respetas el sueño ajeno?

Rueda los ojos y levanta sin mi consentimiento, mi


alcoholizado cuerpo.

—Suéltame —me ignora y sube conmigo encima.

Ay, acá está muy alto.

Colgando de su hombro, puedo notar lo lejos que estoy del


piso, me mareo y veo como todo gira. El chico es muy alto.

—Tranquilízate, tampoco es que me caigas muy bien, no me


costará nada volverte a dejar donde estabas.
Todo me da cada vez más vueltas.

Ágilmente me toma las manos para que yo deje de


golpearle la espalda. Estaba furioso, pero intenté callarme
para no irme en vomito.

No puedo más conmigo mismo.

Siento como saca las llaves de mi bolsillo.

—Yo podía solo... —musito vagamente, mientras me


quedaba rendido del sueño.

El sonido de las llaves lo escucho como un simple eco.

—Duerme, niño... —escuché que el promiscuo dijo algo,


pero no logré entender.

Finalmente quedé dormido.

_____________________

Nota de autor:

¡Hola sensuales lectore/as!

Espero que les haya gustado ver al pequeño Timmy


haciendo la del payaso ebrio frente a su misterioso vecino
Jajskssks ❤️

Temothée no escuchó eso último que su salvador le dijo


¡pero nosotrxs siii! SOMOS TESTIGOS.

Recuerden que pueden apoyarme dejando su voto y


comentarios por todos lados, amo leerlos y responderles ❤️

Los quiero mucho ✨


Instagram: @luissburgos

Luis Burgos.
Capítulo 03. | El promiscuo

Temothée Hammer.

—Maldita jaqueca —me quejo mientras camino a la caja del


supermercado, y un niño se me queda mirando feo por mis
palabras.

Yo como todo un adulto maduro que soy, no le doy mucha


importancia y simplemente le saco la lengua.

Termino de comprar lo que necesito de comida y también


unas pastillas para el dolor de cabeza.

Al llegar a mi apartamento, me ducho y me visto lo más


rápido posible. A las 4:00pm tengo que ir a una reunión que
programó el Sr. Luis en el edificio.

No tengo muchas ganas de salir, mejor dicho, me da mucha


vergüenza salir y encontrarme al chico promiscuo.

¿Qué pensará de mí? Cosas muy buenas no pueden ser,


luego de tener que ayudarme a subir hasta mi apartamento
por yo estar tan borracho. Que horror.

Bueno, igual él nunca asiste a ese tipo de reuniones.


Recuerdo ese agradable detalle y siento un poco de alivio.

Termino de vestirme y bajo enseguida al salón de eventos


del edificio. Se me estaba haciendo tarde.

—¡Buenas tardes, Sr. Felipe! —me lo consigo en el ascensor.


—¡Hola, Temothée! ¡Buenas tardes! —responde educado —
vas tarde a la reunión.

Veo la hora en mi teléfono y tiene razón, luego lo detallo un


poco y noto algo.

—¿Usted no irá? —observo que va vestido como si fuese a


una fiesta o algo parecido.

—Mi esposa está allá, yo iré a comprar unas cosas —


comenta sospechoso y el ascensor se detiene.

—Oh, de acuerdo. Bueno, hasta luego —me despido,


mientras salimos del ascensor en sentidos contrarios.

Pensé que la reunión sería en el apartamento del Sr. Luis,


pero noté la luz de la sala de eventos encendida, y visualicé
algunas personas allí sentadas.

—¡Buenas tardes! —saludo entrando y llamando la atención


de todos.

Mi corazón late con fuerza y nervios al ver al chico


promiscuo. Venía caminando hacia la salida, pero pareció
cambiar de opinión y sólo se sentó. Que vergüenza me da
verlo luego de lo de anoche.

Algunas personas respondieron mi saludo mientras yo me


sentaba en una silla de madera viendo en dirrección al Sr.
Luis.

Con algo de discreción, dejo que mi mirada caiga en el chico


promiscuo, noto que él me lanza una mirada furtiva,
mientras yo me siento completamente avergonzado y con
ganas de desaparecer. Nunca le agradecí por lo que hizo,
eso me hace sentir peor. A pesar de ser tan arrogante y
grosero, me ayudó a llegar vivo a mi apartamento.
—Espero que todos puedan colaborar para que todo sea
más fácil y rápido —dice el Sr. Luis.

No entiendo a lo que se refiere, debido a que posiblemente


me perdí la mitad de la charla por llegar tarde.

—Bueno, y para que no sea tan forzoso y complicado —


continúa y menciona la Sra. Martha —se trabajará en
parejas o grupos de tres.

¿Parejas y grupos? ¿De qué hablan? ¿Vamos a jugar a la


escondida?

—Lo siento, no entendiendo de qué hablan —se nota la


confusión en mi tono de voz.

Nuevamente, llamo la atención de todos en el salón.

La señora Martha me da una mirada comprensiva y una


breve explicación, permitiéndome entender todo
rápidamente.

—Aquí tengo anotadas a las personas que le tocaron juntas


—anuncia el Sr. Luis —pueden acercarse para saber con
quién quedaron, eso sería todo —finaliza, dejando la hoja
colgada en una cartelera sobre la pared y retirándose de la
sala.

Mientras me acerco al papel, le rezo a todos los santos


porque me haya tocado con la señora Martha o con Helen,
ellas son cariñosas conmigo.

—Me da mucha tristeza por ti —Nathy, una vecina, me da


una palmada en la espalda con un gesto de decepción.

—¿Por qué?—pregunté confundido.


—Te tocó con Julián, el grosero e irritante de tu piso.

— ¿Julián?

Volteo a verlo. ¿Se llama Julián?

Está sentado observándome con una expresión algo


¿Sombría?, pero aparte de eso, parecía estar complacido
por alguna extraña razón.

La verdad, da un poco de miedo ese tipo.

—Hasta luego —me despido de unos vecinos, saliendo de la


sala de juntas y subiendo al ascensor.

Marco el piso siete, donde vivo, y antes de cerrarse las


puertas, se sube de manera silenciosa el promiscuo, Julián.

Trago fuerte y respiro hondo.

No hace contacto visual conmigo, ni da señales de querer


hacerlo, simplemente ignora mi presencia hasta bajar del
ascensor.

«Sigue siendo un idiota» Pienso al ver su poca educación.

[...]

Escucho el timbre sonar y salgo a ver quién es.

— ¡Hola, Timmy! —la Sra. Helen, del piso de arriba, me


saluda con cariño —me acaban de avisar que el aseo pasará
más temprano mañana, por si no estabas enterado, ternura.

—Oh, no sabía eso. Muchas gracias por avisarme —


agradezco, regalándole una sonrisa —enseguida saco mi
basura.
Ella asiente de manera adorable y se retira para avisarle a
los demás. Es una señora agradable.

Recojo toda la basura y cuando estoy por botarla, noto que


me faltó una bolsa.

— ¡Carajo! Olvidé sacar la de la cocina —me quejo, dejando


la bolsa negra en el suelo y yendo a buscar la que dejé.

Para cuando vuelvo al pasillo, hay un chico pelinegro


caminando por el mismo, parecía esperar algo o a alguien.
No le presto mucha atención y sigo en lo mío.

— ¡Hola! Tú debes ser Temothée ¿Cierto? —el chico


pelinegro que estaba caminando por el pasillo, me habla
con mucha confianza.

—¿Hola?... sí, soy yo —respondo con el ceño fruncido,


expresando mi notable confusión.

«Podría ser un asesino en serie y tú revelas tu verdadera


identidad, ¿En serio, Timmy?»

—Algo me lo dijo —admite con una sonrisa cargada de


cariño, como si me conociera desde hace mucho.

—Disculpa, pero... no entiendo —balbuceo — ¿Nos


conocem...

Me interrumpe una llamada entrante en su teléfono.

—Un momento —se disculpa, atendiendo la llamada.

Es algo raro. No recuerdo haber visto al pelinegro antes en


ninguna fiesta o la universidad.

Termino de caminar hacia el ducto de basura, pero alguien


lo dejó atascado y sufrí un poco para abrirlo. Finalmente
pude.

—¡Mierda! Fue lo primero que te dije, Chris —escucho un


intento de grito de una varonil y característica voz que
reconocí enseguida.

Volteo y veo a Julián algo cabreado, haciendo pasar al


pelinegro a su apartamento con brusquedad.

—No seas tan dramático, Julián —reclama el pelinegro —no


dije nada malo.

El pelinegro termina de entrar al apartamento, pero antes,


me lanza una mirada furtiva.

—Ya regreso —anuncia Julián.

Al darme cuenta de que llevo mucho tiempo parado viendo


como Julián discute con su amigo, me dirijo a mi
apartamento.

—Alístate rápido —brama Julián, saliendo a botar la basura.

Me pasa por un lado observándome directo a los ojos.


Parecía querer decirme o preguntarme algo, pero tal vez su
rabia no lo dejó.

Es confuso. Entender sus expresiones es algo complicado,


siempre es muy serio y frío.

____________________

Nota de autor:

Hola preciosuras 🤗💗
Nuevo personaje: Chris ❤️estoy seguro de que amarán a
este flaco pelinegro, está jodidamente loco.
Julián amaneció serio y amargado ¿?

No olviden apoyarme con su voto marcando la estrellita, y


dejarme sus comentarios sobre la historia ❤️lxs adorx.

✨Instagram✨ : @luissburgos
Luis Burgos.
Capítulo 04. | ¿Estás
perdido, niñito?

Temothée Hammer.

—«De acuerdo, entonces lo espero acá en Bodegas


WindWood, joven Hammer» —citó la licenciada, y me
esforcé por no gritar de alegría.

—Por supuesto que sí, licenciada —nervioso y contento,


recorrí todo el apartamento mientras hablaba por teléfono
—a las 9:30am estoy allí —confirmé.

—«Perfecto, hasta luego» —finalizó, colgando la llamada.

La noticia me alegró mucho la mañana.

La llamada recién era de la licenciada de Bodegas


WindWood, el gigante supermercado que buscaba a una
persona que se encargara de gestionar las redes sociales de
la empresa, la publicidad y atraer la mayor cantidad de
clientes posible. Esa persona sería yo, tengo la segunda
entrevista para firmar el contrato de prueba y comenzar a
trabajar mañana mismo.

Por primera vez en mi vida, me duché con mucha alegría.


Me vestí y comí tostadas con queso para no tardar
cocinando.

Eran las 8:55am y ya estaba saliendo de mi apartamento


para ir a firmar el contrato. Me coloqué unos pantalones
negros un poco sueltos, una camiseta blanca y una
chaqueta de blue jean.

El repicar de mi teléfono me bajó de mis ensimismamientos.

—Hola, Tina —saludé a través de la llamada.

—«Hola, Timmy ¿Cómo estás?» —saludó con cariño, el


mismo de siempre.

—Súper, todo bien ¿Tú que tal? —delvoví la pregunta,


marcando planta baja en el ascensor.

—«Que bueno, cariño. Yo estoy bien, pero estaría mucho


mejor si me dices que sí me puedes ayudar con algo».

Río irónicamente, —Claro guapa, ¿en qué te puedo ayudar?.

—«Mi padre está ocupado en el trabajo y mí mamá anda


visitando a mi abuela fuera de la ciudad» —comentó —«y
necesito ir a una reunión de estudios cerca de la estación,
¿me podrías llevar?» —finalizó y el ascensor se detuvo.

—Por supuesto que sí, Tina —respondí, saliendo del


ascensor hacia mi auto —justo ahora tengo que ir a un lugar
cerca de la estación, voy saliendo.

—«Vale, te espero entonces, me terminaré de vestir» —dijo


eso último colgando la llamada.

—Ese maldito no tiene porqué decirme qué hacer —la voz


de alguien quejándose llamó mi atención.

Es Julián caminando hacia el ascensor. Se dió cuenta de que


lo estaba observando y sentí que me clavó diez puñaladas
con tan solo verme como lo hizo. Sentí un escalofrío, su aura
era completamente oscura y peligrosa. Algo realmente lo
hizo enojar.

Desapareció de mi vista para cuando llegué a mi auto, no


perdí mucho tiempo y salí primero por Tina para luego ir a la
firma del contrato.

[...]

—Wow hermano, eso me contenta —Otis se entusiasmó


cuando le dije que conseguí empleo.

—Lo mismo le dije yo —habló Tina sonriendo y dándome un


abrazo —sabíamos que conseguirías algo pronto.

—Muchas gracias, chicos —sabía que a ellos les agradaría la


noticia.

— ¿Quién será? —preguntó Tina, cuando su novio Ale llegó


de la nada tapándole los ojos —espero que sea el Capitán
América, aunque tampoco me molestaría si fuese el hombre
araña —todos reímos.

—Valentina Álvarez —hizo énfasis en su apellido, sin


permitirle ver aún.

—Pero por supuesto —comenzó a decir mientras giraba para


deslizar sensualmente sus manos desde el pecho de Ale,
hasta su parte baja —me encantaría mucho más que fuese
mi novio.

Este le devolvió la vista, dándole un beso que Tina


correspondió.

—Sabia que eras tú, este paquete lo reconozco —dijo


tocándole de nuevo su miembro.
—De acuerdo, la información fue excesiva —comentó Otis.

—Bueno, tengo que irme, amor —habló Ale —tengo clases


corridas hoy, solo quería saludarte y darte un beso. —hizo
pucheros.

—Está bien, mi algodón de azúcar —se despidió con otro


beso.

—Adiós chicos, los veo luego —se despidió de nosotros y


asentí en despedida.

—Nos vemos luego, algodón de azúcar —Otis se despidió


burlón de Ale y este le mostró su dedo del medio.

—Seré sincero, me empalagan —admití. Tina y Otis rieron.

Tina me respondió algo, pero no les presté atención ya que


me distraje viendo como Ale saludó a Julián y siguieron
caminando juntos por el pasillo. Julián lanzó una mirada
furtiva hacia atrás y se dió cuenta de que los miraba, así
que desvíe mi vista a otro lado. Cuando volví a mirar,
cruzaron y se perdieron de mí vista.

¿Estudian juntos? Es lo primero que se me ocurrió.

—Tina... ¿Qué carrera estudia Ale? —pregunté fingiendo


poco interés.

—Medicina —respondió.

¿Julián estudia medicina? Es raro, me lo imaginaba


lastimando personas, no sanándolas. Podría hasta
visualizarlo en una banda de rock, pero en una clínica u
hospital no.

— ¿Por qué lo preguntas? —me hizo reaccionar.


—Oh, esto... —balbuceo —solo curiosidad.

¿Qué me pasa?
¿Para qué busco información sobre Julián?

Bueno, supongo que me interesa la información solo porque


es un vecino nuevo y siempre hay que conocerlos.

—De acuerdo —se mostró convencida — ¿Vamos caminando


al salón?

—Sí, los muchachos ya deben estar allí, y el profesor seguro


llega pronto —siguió Otis.

—Adelántense ustedes —les pedí antes de comenzar a


caminar al sentido contrario a ellos.

— ¿A dónde vas? —Otis pregunta curioso.

—Mi cartera, creo que se me cayó cuando fui al baño —


mentí.

—Vale, date prisa e intenta llegar antes que el profesor —


finalizó Otis, antes de irse al salón con Tina.

Dios, no puedo creer lo que voy hacer.

Estoy invadiendo de algún modo la privacidad de una


persona, pero necesito confirmar qué carrera estudia Julián,
así que lo averiguaré.

Llego al ala 7B, y comienzo a ver los carteles de orientación


para buscar el que dice medicina.

El miedo recorrió mi cuerpo, junto con esa extraña


sensación de cuando se hace algo que no se debe, pero
igual no me importó
—Debe estar por aquí —me dije a mí mismo en voz alta.

— ¿Estás perdido, niñito? —me quedo tieso al escuchar esa


voz ronca detrás de mí, hizo que mi piel se erizara en un
escalofrío.

Ya se me empezaba a grabar el tono de su voz...

Me faltaba poco para morir de vergüenza cuando volteé, y


vi a Julián.

Tragame tierra.

___________________

Nota de autor:

¿Qué tal va la cosa eh?

Estoy corrigiendo los capítulos lo más rápido posible porque


cada que subo capítulo nuevo, Wattpad me cambia muchas
cosas, ejemplo: los guiones largos por cortos, o me une dos
palabras en una y esas cosas :(

Les dejo mi Instagram: @luissburgos

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos.
Capítulo 05.| Sonrisa
oculta.

Temothée Hammer.

—N-no... esto, yo —titubeo sin saber que responder —


¡Estaba buscando el baño!

¿No pude buscar otra excusa menos estúpida?

Ni un pelo de tonto se le veía, era obvio que no se la creyó.

— ¿Aún no sabes dónde quedan los baños? —arqueó una


ceja y esbozó una sonrisa que no daba muy buena espina —
te puedo guiar —noté algo de burla en su tono de voz.

—No, no —estaba nervioso, pero traté de actuar como si


nada —yo puedo solo.

—Claro, como subir las escaleras borracho ¿no? —bufó


sarcástico.

Idiota, entendí su indirecta. Se estaba burlando de mí.

—Ash —volqué los ojos y comencé a caminar a mi salón.

—Es de mala educación dejar hablando solo a una persona


—escuché su tono altanero y me detuve — además, si
buscabas los baños, son hacia este lado —señaló el pasillo
contrario a donde me dirigía.
Era obvio que no iba al baño.

— ¡Jódete! —musité muy enojado y seguí caminando.

—Que susceptible —logró escucharme —cuídate, niñito.

¿Qué mierda? eso es lo que decía la nota que dejaron frente


la puerta de mi apartamento.

"Cuídate, niñito".

Volteé a reclamarle y preguntarle si fue él quién dejó esa


nota, pero ya había entrado a su salón.

Deja de ser paranoico, no fue él. Intenté convencerme.

[...]

Dejé mi ropa lista y algunas otras cosas para mañana salir


temprano a mi primer día de trabajo en Bodegas WindWood.

También ordené mi apartamento y me di una ducha antes


de salir a comprar las brochas de pintura para comenzar a
pintar la sala de eventos y la recepción del edificio. Fueron
los dos lugares que nos encargó el Sr. Luis en la reunión que
hubo, para que Julián y yo arreglemos y pintemos. No me
gusta mucho compartir esta labor social con mi vecino
malhumorado.

No sabía cómo avisarle a Julián que debíamos comenzar hoy


con ese trabajo, y tampoco quería hablarle luego de lo de
hoy en la universidad.

Odio que sea tan cortante y grosero, me chocan las


personas así.

Escuché el timbre sonar repetidas veces y me terminé de


secar el cabello para salir, aunque aún estaba un poco
húmedo. Quedé levemente despeinado.

—Voooy —avisé cuando volvieron a tocar el timbre.

Mierda, —Eh... Hola —me tomó por sorpresa —tenemos que


comenzar hoy a pintar y arreglar allá abajo —Julián fue
directo al grano.

—Yo, eh... Justo me terminaba de alistar para ir a comprar


brochas —logré articular.

¿Por qué me pone tan nervioso? No me va hacer daño. Creo.

—Tengo unas aquí —mostró una bolsa —son suficientes,


solo falta una espátula o algo plano para abrir el pote de
pintura.

—De acuerdo, yo tengo una espátula —dije.

—Dime que no es la de la cocina, por favor —tocó su


entrecejo.

— ¿No sirve esa? —era justo en la que estaba pensando.

Rodó los ojos y soltó una risita burlona.

—Las vas a dañar, niño —habló — ¿Tienes un destornillador


plano?

—Sí tengo, ya lo busco.

Para cuando llegamos a la sala de eventos, notamos que


primero teníamos mucho que limpiar y ordenar antes de
comenzar a pintar. Iniciamos recogiendo todas las sillas, las
pusimos de un solo lado junto con la mesa directiva,
limpiamos el suelo y trapeamos.
—Creo que hoy solo podremos pintar esta pared —señalo
una de las más cortas.

—Pienso igual —en realidad yo no sabía que jodida estaba


haciendo, nunca había pintado ni nada así, y creo que Julián
ya se había dado cuenta de eso.

— ¿Por dónde empezarías tú? —me preguntó y quedé en


blanco mirando a los lados buscando que decir.

—Eh... Yo, bueno...

—Nada, no sabes nada ¿Cierto?

Yo la verdad es que no sabía por dónde comenzar a pintar, a


mi mamá nunca le gustó como pintaba cuando la ayudaba.

—No —admití.

Era algo que no podía ocultar.

—De acuerdo —frunció el ceño.

Se sentó sobre el escritorio y vi que sacó una cajetilla de


cigarros y encendió uno, me quedé mirándolo algo
confundido.

—¿Fumas? —pregunté, disimulando mi sorpresa.

—No —respondió serio, dándole una calada al cigarro —solo


es una metáfora, como en el libro de "Bajo la misma
estrella."

— ¿En serio? —inquirí.

—No pendejo, sí fumo —respondió jocoso.

«Que estúpido fui», Me insulté mentalmente.


Me senté en una silla algo cansado y vi la hora en mi
teléfono.

—Joder —pensé en voz alta.

—¿Qué pasa? —preguntó Julián, dejando salir lentamente el


humo del cigarrillo por su boca.

—Mañana es mi primer día en mi nuevo empleo, y son las


siete de la noche —le mostré la hora en la pantalla de mi
teléfono.

—¿Y? —se encogió de hombros.

—Pues que ya es algo tarde, y me quedaron algunas cosas


por ordenar —bufé — ¿Podemos continuar mañana?

—Vete si lo necesitas, puedo adelantar esta primera pared


yo solo —señaló la pared mencionada antes —igual no es
mucho lo que estás haciendo —insinuó.

— ¿Disculpa? —quedé boquiabierta —yo también me


esforcé limpiando el lugar —señalé la sala moviendo mi
dedo índice en círculos.

Él se ríe.

—Claro, como tú digas —esbozó una media sonrisa algo


maliciosa.

Estaba colmando un poco mi paciencia, parecía que le


gustaba verme molesto.

—Bueno, entonces me iré —me levanté de golpe.

—Alto —me detuvo tomándome de la mano con algo de


fuerza.
— ¡Auch! —me quejé y me soltó enseguida.

—Disculpa —por un momento se quedó en silencio y luego


reaccionó —antes de irte ayúdame a abrir esto —tomó el
cuñete de pintura.

Coloqué mi teléfono a un lado del escritorio y tomé el


destornillador de pala para abrir la tapa del cuñete de
pintura.

—Está algo dura —dije.

—Si quieres, tú la sostienes y yo la abro —hizo el amague


para quitarme el destornillador y no lo dejé.

—No, yo puedo hacerlo, tranquilo.

—Bien niño, pero no la abras de golpe, no me quiero llenar


de pintura —tomó de nuevo el cuñete con fuerza.

Metí el destornillador entre el borde de la tapa y no abría,


así que apliqué un poco más de fuerza.

—¡Diablos, Julián! —quedé totalmente avergonzado —no fue


mi intención.

—Te lo dije —se separó un poco la camisa del pecho.

Abrí la tapa de golpe y se llenó gran parte de la camiseta


negra que tenía, de pintura blanca.

—Lo siento mucho —mis mejillas ardían de vergüenza, pero


no pude evitar reír.

—No le encuentro gracia —su expresión fue sería y vacía.

Se terminó limpiando las manos de su camisa y se la quitó


con cuidado de no llenarse la piel.
Dejó descubierta su piel pálida. Tenía un cuerpo bien
trabajado, sus brazos estaban tonificados. Tenía un cuerpo
que cualquier chico podría envidiar. Me di cuenta de que lo
estaba mirando con descaro cuando comenzó a toser a
propósito.

—Creo que también me iré, tengo que colocar a remojar


está camisa —me lanzó una mirada de pocos amigos, y
desvié mi vista a otro lado.

—Bien —dije cogiendo mi teléfono y saliendo.

Me detuve en la puerta para verificar que viniese detrás de


mi y noté que mientras recogía sus cosas, tenía una gran
sonrisa plasmada en sus labios.

Es primera vez que lo veo sonriendo de esa manera...se ve


feliz.

Se dió cuenta de que lo estaba viendo y ocultó su sonrisa


fingiendo estar serio.

¿Qué fue eso?

Deberías estar molesto ¿Por qué sonríe y también lo oculta?

__________________

Nota de autor:

Julián es algo raro ¿Cierto? Pronto sabremos cuáles son las


cosas que se guarda este guapísimo vecino.

¿Cómo están?

Recuerden que pueden dejar libremente sus comentarios


por todos lados, eso me hace feliz ❤️me divierto mucho
leyéndolos y respondiendo sus locuras Jajsjs.
Instagram: @luissburgos

Luis Burgos.
Capítulo 06. | I'm still
discovering you.

Temothée Hammer.

—De acuerdo, Temothée, él es Andrés —señaló la licenciada


al rubio frente a mí, y el chico me extendió la mano —será
tu compañero.

—Mucho gusto —estreché su mano.

—El gusto es mío, Temothée —sonrió y me evaluó con la


mirada cuando comencé a caminar detrás de la licenciada.

Fue una sonrisa algo extraña ¿Tan rápido le caí mal?

—Como podrás ver —la licenciada me bajó de mis


pensamientos —es inmensa la cantidad de productos que
ofrecemos al público —señaló el inmenso lugar.

Bodegas WindWood es una gran tienda que ofrece todo tipo


de productos, es más que un simple supermercado, algo
parecido a Walmart.

—Tienen bastantes empleados —comenté viendo como


todos estaban ocupados laborando de un lugar a otro.

—Son compañeros que poco a poco irás conociendo, ahorita


el más esencial es Andrés que cumplirá la misma función
que tú —-habló con entusiasmo —darle publicidad a
Bodegas WindWood.
—Siendo sincero, me siento muy contento, me gusta mucho
el lugar —me emocioné —trabajar aquí será genial.

— ¡Ay, mi niño! —acarició mi hombro —me alegra saber que


te estés motivado —sonrió.

—Licenciada, acaba de llegar el señor WindWood —se


acercó hablándole, una joven chica —está preguntando por
usted.

—Gracias Yuli, enseguida voy —respondió cariñosa.

—De nada —finalizó la chica marchándose del lugar.

—Temothée ¿Viste el diseño de la nueva valla publicitaria en


la entrada del parking? —inquirió.

—Sí, la vi al entrar —respondí.

—De acuerdo, a nadie le gusta esa valla, los colores son


algo tétricos y no tiene nada llamativo, además tiene que
combinar con la fachada de Bodegas WindWood —se
desahogó.

Asiento para dejarla continuar.

—Bien, ¿Crees que Andrés y tú puedan diseñar algo mejor?


—preguntó —estoy segura que tienes mucha creatividad.

—Por supuesto que sí, licenciada —acepté —cuente con eso.

—Perfecto, me retiro entonces —se despidió sonriente y


contenta.

Es una señora muy agradable.

Tenía el trabajo de la valla publicitaria, y aparte comenzar a


tomarle fotos a los productos por sección y darles publicidad
en redes sociales. Comencé por lo fácil y dejé lo de la valla
para pensar y buscar diseños en mi casa. Luego
intercambiaría información con... ¿Andrés?

Pasé el resto de la mañana en eso de tomarle foto a los


productos y aún así faltaron muchísimos. La tienda es
enorme. Se me hizo la hora de salida y fui a recoger mis
cosas para irme a la universidad. Mi trabajo es darle
publicidad a la empresa y gestionar sus redes sociales, eso
me facilita la mayoría de veces hacer el trabajo desde mi
casa o donde pueda, es una gran ventaja.

[...]

—Wow, tengo que ir a visitar esa tienda nueva —habló Carla


refiriéndose a Bodegas WindWood —suena súper bien —
comentó luego de que yo le describiera sobre mi nuevo
empleo.

—Si suena grande el lugar con todo eso que cuentas —se
interesó Tina.

—Sí, y es súper elegante todo —añadí emocionado.

—Oigan chicos, les tengo una pregunta —Otis que viene


llegando, se une a la mesa donde estábamos sentados .

— ¿Qué sucede? —indagué al notar sus expresiones


confusas.

—Los ateos durante el sexo gimen ¡OHHHH MÉTODO


CIENTÍFICO! ¿O cómo le hacen? —preguntó realmente serio,
y reímos a carcajadas por la ironía en la pregunta.

—No jodas Otis —carcajeó Tina.


—No es un chiste —siguió serio —ayer salí con una chica
muy linda, era muy interesante la verdad, en una de los
temas de conversaciones salió la religión y me comentó que
ella no creía en Dios —nos contó.

—Bien, ¿Y eso a qué nos lleva? —pregunté sin entender.

—Lo mismo pregunto —me siguió Carla.

—Bueno, me imaginé teniendo sexo con ella y no escucharla


diciendo ¡Oh Dios, santo redentor, dame más! —imitó la
escena sin pudor ni vergüenza alguna —sería muy raro,
¿No?

—El raro aquí eres tú, amigo —dijo Tina entre risas y la
seguimos todos.

—Bien, veo que están contentos, pero les tengo una mala
noticia chicos —llegó Ander uniéndose a la conversación.

—Por favor hermano, estoy cansado de las malas noticias —


se quejó Otis.

—Es broma, la noticia es buena —confesó —el profesor no


pudo asistir hoy y mandó una guía por correo para la
próxima clase, así que nos podemos retirar —finalizó.

— ¿Qué? —exageré mi alegría —esto es un milagro, salir un


martes a la 1:14pm de la universidad, ¿en serio? —pregunté
eso último fingiendo que veía el cielo dentro de la uni y
extendiendo los brazos.

—Por eso yo si creo en Dios, esto es un milagro —continuó


Carla —agradecida con el de arriba. Iré a buscar a Tonny,
bye —se retiró luego de despedirse.
—Bueno, yo igual me voy chicos, quiero aprovechar de
dormir un poco —comentó Ander.

— ¿Aprovechar para dormir? Si eso es lo que más haces —


se burló Tina.

—Si Tina, nadie pidió información de eso —bufó volcando los


ojos juguetón.

—Bueno, yo me voy. Aprovecharé la tarde para adelantar


algunas cosas que tengo que hacer —me despedí de todos.

Llegué algo cansado pero tenía que ir a la sala de eventos


para poder adelantar algo de trabajo, a lo mejor terminaba
de pintar yo solo unas cuantas paredes. Julián seguramente
estaba estudiando o trabajando, así que lo más probable es
que llegue a eso de las cinco de la tarde para ayudarme.

En el fondo, la verdadera razón de yo querer adelantar solo


el trabajo, es para que cuando Julián llegue yo poder irme y
haberle dejado menos trabajo. No quiero quedarme solo con
él, siento que después de haberle manchado la camisa de
pintura ayer, me querrá matar, hoy llevará un cuchillo y me
apuñalará por la espalda en un descuido.

«Vaya que dejo volar mi imaginación», pensé.

Luego de terminar de almorzar, busqué en mi clóset algún


pantalón y camisa vieja que pudiera usar para pintar. No
quiero que me pase lo mismo que a Julián ayer.

— ¿No se me olvida nada? —me examiné antes de salir.


Tomé mi teléfono y bajé a la sala de eventos.

— ¡Puta ma... —musité entrando a la sala, y viendo a Julián


pintar una pared.
¿Y este tipo no tiene cosas que hacer?

—No sabía que ibas a llegar temprano —comentó Julián


como si tuviese idea de cuál es mi horario de clases o rutina
de vida.

—No pensé que tú estarías aquí tampoco.

—Estaba desocupado y quise adelantar algo de trabajo —


habló mientras deslizaba el rodillo por la pared.

Por un momento me distraje viendo la ropa vieja que se


colocó para venir a pintar, lucía muy bien hasta en esas
fachas. Algunas manchas pequeñas de pintura blanca
adornaban sus manos y brazos, pero su ropa intacta.

Reaccioné antes de que me pillara viéndolo, —De acuerdo


—terminé de entrar y tropecé con una tapa que había en el
suelo.

—Por favor, hoy no me quiero ir con la camiseta manchada


—prácticamente me dijo torpe —ten cuidado niño —me
habló como si se dirigiese a un pequeño niño con
esquizofrenia o algo así.

Me molestó un poco pero me limité a terminar de entrar sin


reprocharle nada. El continuó pintando en silencio por unos
minutos.

— ¿No deberías estar en clases? —luego de tanto silencio,


me asusté al escucharlo hablar.

— ¿Te importa? —inquirí cortante y algo enojado.

—No —admitió inexpresivo, su mirada era un poco fría.

«Creo que lo hice enojar», pensé y me reí mentalmente.


Tomé una brocha para pintar una columna ya que Julián
tenía el rodillo.

Comencé manchándome el pantalón, intenté limpiarlo con


mi mano y me quedaron los dedos manchados, y lo peor fue
que la pintura se regó aún más en mi pantalón.

—Ay n... —me quejé en un estornudo y le lancé una mirada


furtiva a Julián, noté que trataba de ocultar su risa por mi
estornudo.

No me preocupé por eso, a la mayoría de la gente les causa


gracia mis estornudos.

— ¿Por qué tienes tanto tiempo libre? —pregunté cortando


el silencio de nuevo — ¿No fuiste a clases?

— ¿Acaso te importa? —mostró una sonrisa de satisfacción y


malicia.

Eso me pasa por pendejo.

—No me interesa, pero si estaremos trabajando en esto


juntos, tenemos que al menos hablar algo ¿No? —espeté.

—Hoy tenía el día libre —respondió.

—Ok.

— ¿Ahora me responderás también sin ser grosero? —


arqueó una ceja.

Salió justo el hombre.

—¿Dónde dejas la moral con eso de ser grosero?

—¿A qué te refieres? —preguntó dejando de pintar y


dándome toda su atención.
—Siempre eres grosero con todo el mundo, y no soy el único
que se ha dado cuenta de eso —bufé.

—Eso no es cierto —se negó sin darle interés al asunto.

— ¿No? —estreché los ojos y quedé boquiabierta por su


descaro — ¿Olvidas cuando cerraste el ascensor para que
mi amigo y yo no entráramos? —fingí una sonrisa.

— ¿Solo lo dices por eso? —se burló en mi cara.

—No, hace unos días también trataste mal al señor Luis.

—Es un viejo insoportable —le restó importancia,


estirándose un poco —por eso lo traté así ese día.

Recordó cual día era, y actuaba como si no le importara


nada.

— ¿Y qué tanto hace para no caerte bien?

—Siempre se la pasa diciendo que meto a putas a mi


apartamento.

—Es lo que haces ¿no? —me encogí de hombros.

— ¿También te hizo pensar eso? —preguntó serio.

—Sí. Todos en el edificio dicen que se ve feo que estés


metiendo tantas mujeres a tu apartamento todas las
semanas, que eres un promiscuo —fui sincero, aunque no
mencioné que "promiscuo" solamente le digo yo, no quería
morir hoy.

— ¿En serio piensan eso de mí? —llevó una mano a su boca


fingiendo dolencia —no suena tan mal —sonrió.
—Ash, eres un idiota —me giré para seguir pintando y
finalizar la conversación.

—Oye niñito —me tomó del hombro obligándome verlo a la


cara. Su expresión ya era más seria, pero no lo vi molesto ni
nada de eso —la única razón por la que permito que ellas se
queden en mi apartamento es porque trabajan conmigo,
son solo amigas —explicó.

—Claro, y es solo causalidad que siempre te visiten de


noche —hablé.

—Trabajamos en un bar nocturno —me dejó en blanco.

¿Trabaja en un bar nocturno? Entonces no son mujeres


prepago, y el no es un promiscuo ¿cierto?

Por eso lo veo salir seguido de noche como si fuese a alguna


fiesta.

Un cosquilleo raro en el estómago y un pensamiento


estúpido me hicieron sonreír. Sacudí mi cabeza y hablé.

—No te creo.

—Bien —esbozó una sonrisa —te doy la dirección del bar y


vas mañana con tus amigos.

—Perfecto, iremos —acepté sin tan siquiera consultar con


los chicos.

—Pero... —hizo silencio por un momento dándole suspenso


a lo que diría —si vas y te das cuenta de que te mentí, te
cumpliré algún reto. El que quieras.

— ¿Qué? —se me hizo extraño.


—Así es —siguió —pero si llegas al prestigioso bar y me
encuentras trabajando, tú me cumplirás algún reto a mí —
finalizó.

Ya no me gustaba la idea.

—No lo sé, me parece algo infantil —rodé los ojos.

— ¿Tienes miedo? —rió a carcajadas

—Por supuesto que no —continuó riéndose de mí —de


acuerdo. Lo haré.

_____________________

Nota de autor:

¡Temothée, nooo! Estás cayendo en las garras de Julián...


Eso no importa tanto, solo te pido que por lo menos me
lleves ¿no? Jaksskss

Holaaa ¿Cómo están mi amores?

Les quiero decir que estoy súper contento, de verdad estoy


súper emocionado, me hacen reír muchísimo con sus

💗 ✨
comentarios y ocurrencias, y también les agradezco por
apoyarme con sus votos los adoro.

¡Nos leemos pronto!

Instagram: @luissburgos

Luis Burgos.
Capítulo 07. | ¿Mintió?

Temothée Hammer.

—¡Buen día! —Andrés se acerca y me saluda — ¿Tomas


café? —me extendió una taza.

Su cabello rubio estaba peinado hacia atrás de una manera


elegante y sus delicadas características faciales lo hacían
lucir como un chico angelical. Admiré el lindo color de su
camiseta celeste y luego recordé que tenía que responder a
su pregunta.

—Hola... por supuesto —la recibí con gusto el café mientras


me seguía desplazando por los pasillos de la tienda,
asegurándome de que todo cartel publicitario estuviese en
orden.

Le di una probada al café humeante en mis manos y estaba


al toque de dulzura que me gustaba. Sonreí.

— ¿Tienes alguna idea para la valla publicitaria? —me


preguntó dándole una probada a su café.

—Hice un par de cosas, algunos borradores, pero no me


terminan de convencer —expliqué — ¿Tú tienes algo?

—Sí, pero tampoco estoy seguro —comentó con algo de


frustración.

—Veamos el trabajo del otro, compartamos ideas y de ahí


sacamos algo bueno.
—Estoy de acuerdo. ¿Te parece si nos reunimos en mi casa
para iniciar ese diseño?

—Eh, claro ¿Cuándo podrías? —acepté.

— ¿Puedes este sábado?

—Puede que tenga mi agenda llena, pero sacaré algo de


tiempo para poder ir —bromeé.

—Bien, señorito agenda ocupada —continuó sonriente.

[...]

—¡Me encanta la idea! —aplaudió Tina, llamando la atención


de varios en la cafetería de la universidad. Le emocionó mi
propuesta de ir en la noche a un bar — ¡Hoy es noche de
beber y perrear hasta el subsuelo! —chilló.

—Como se debe —repicó Carla, riendo y chocando de


manos, a lo que Tonny, a su lado, se le quedó viendo a su
novia algo ofendido.

—Con la única persona que voy a perrear hasta el subsuelo


es contigo, amor —Carla sonrió grandemente.

—Eso espero —habló entre dientes y con ojos estrechados,


para luego sorber un poco de su jugo.

—Ander tiene cara de que no quiere ir —señaló Otis.

—No, no —aterrizó de ese viaje astral en el que estaba —si


quiero ir, solo que Jhonny me había dicho que lo
acompañara a otro lugar.

— ¿Eso que quiere decir? —inquirí —¿No irás?


—Obvio sí. Jhonny igual irá con unos amigos de él —
confirmó.

—Perfecto —me alegré cuando todos confirmaron su ida al


bar —Tina ¿Irás con Ale?

—No puede ir —señaló con una mirada triste —mañana


temprano tiene un examen de anatomía.

Si Ale tiene ese exámen temprano, entonces Julián también.


¿Se irá desvelado del trabajo a presentar ese examen?

—Entonces —reaccioné — ¿En casa de quién nos reunimos


para salir todos de un solo lugar? —pregunté.

—En mi casa —Tina se ofreció.

—Un problema, chicos —habló Ander —yo no podré llevar el


auto, mi hermano tenía planeado usarlo.

—Creo que sería mejor irnos en un solo auto. —sugirió Otis.

—No entraremos todos en un solo auto, siempre vamos en


dos —agregué.

—Puedo pedirle la camioneta a mi papi —Tina solucionó un


segundo problema —ahí cabemos todos.

Los padres de Tina tenían unas prestigiosas boutiques en


varias partes de la ciudad. Su posición económica es muy
buena, y siempre consienten en todo a su pequeña y única
hija. Era obvio que le darían permiso para tomar una de las
camionetas.

—Perfecto —dijo Tonny.

—Pero eso si —Tina alzó la mano al comenzar a hablar —yo


no conduciré. Hoy le voy a sacar tragos a cualquier viejo
verde que se me acerque, y me voy a embriagar hasta decir
basta.

Tiene dinero para comprarse lo que quiera, pero obvio que


se le hacía más divertido jugar con los hombres y sacarle
provecho a cualquier tonto que intentara conquistarla.

—¿Cómo sabes que habrán viejos verdes? —Ander inquirió.

—Mi instinto puterno me lo dice —respondió seria y reímos


a carcajadas —cada viejo verde que me quiera hablar o se
me insinúe, me tendrá que comprar un trago, no perderé mi
tiempo —habló decidida.

[...]

—Los demás están por llegar —habló Carla viendo la


pantalla de su teléfono.

Estábamos en la casa de Tina solo Carla, Tonny y yo,


faltaban por llegar Otis y Ander.

—Temotheé, tómame una foto antes de irnos —me pidió


Tina —quiero mandársela a mi algodón de azúcar —se
refirió a Ale.

Salimos para tomarle la foto en el jardín con más


iluminación.

Siempre me ha encantado el estilo de Tina, se crea outfits


increíbles con cualquier cosa por más sencilla que fuese,
todo le queda hermoso.

—Buenas, buenas —llegó Ander y detrás venía Otis.

—Todos se ven súper —halagó Otis viéndonos a todos —


parecen salidos de Disney.
—Lo sé, soy una princesa —bromeó Carla.

—Y yo soy tú muy hermoso príncipe azul —estableció Tonny


sonriendo.

—¿Hermoso príncipe azul? —Otis arrugó la nariz y arqueó


una ceja haciendo un gesto muy gracioso —tú pareces El
jorobado de Notre Dame.

Todos reímos a carcajadas por la expresión en respuesta de


Tonny con lo que recién dijo Otis.

Luego de haber estado unas horas en la casa de Tina


esperando que se hiciera un poco más tarde, salimos.

Ander fue quien condujo, pero dejó en claro que no le


tocaba quedarse a cuidarnos, había conducido la última vez
al igual que Otis.

—¡Genial! —se asombró Otis viendo la fachada del bar por


fuera, tenía muchas luces llamativas.

—Oh my god —Carla llevó una mano a su boca mostrando


asombro —se ven súper hermosas las luces neón.

—¿Por qué no habíamos venido acá antes? —preguntó


Ander, embobado también con la fachada del bar.

—¿Quién dijiste que te había invitado? —preguntó Tina,


enlazando su brazo con el mío luego de haber bajado de la
camioneta.

—Un amigo de donde vivo —respondí.

Obviamente no somos amigos, solo somos vecinos.

—Bien, no nos quedaremos aquí como pendejos ¡Entremos!


—ovacionó Tonny.
—Joder —susurré visualizando el lugar por dentro al igual
que los chicos.

Era un bar fascinante, pensé que sería algo rústico pero no


fue así. Era algo moderno y acogedor, no era muy grande,
pero cómodamente podrían estar más de cuarenta
personas.

Ander fue el primero caminar y todos los seguimos, Carla y


Tina llamaron la atención de varios tipos que se
encontraban sentados en grupos diferentes, muchos de
ellos guiaron sus miradas a mis amigas y lanzaron unos que
otros cumplidos, a lo que Tonny reaccionó tomando a Carla
de la cintura y fulminado a los mayores con la mirada.

Por fin encontramos un lugar desocupado y nos sentamos,


faltaban dos sillas para estar completos y Otis las fue a
buscar con Ander.

—Amo este lugar —Tina admitió maravillada.

—Si, yo igual —respondí algo distraído.

Estaba concentrado buscando a Julián con la mirada, no lo


veía por ningún lado, se me haría un poco difícil reconocerlo
porque apagaron algunas luces, lo único que iluminaba el
lugar eran unos reflectores rojos.

—Acompañame a la barra para pedir algo de tomar —Tonny


se dirigió a mí.

—No, yo voy contigo —Tina se levantó de golpe —quiero


recorrer el lugar.

—¿Te quedarás? —me preguntó Tonny y asentí.


Fueron a buscar la bebida y volvieron en menos de diez
minutos, comenzamos a tomar y hablar de la universidad y
otros temas triviales. Invitaron a Tina y a Carla a bailar
repetidas veces y se negaron, o por lo menos Carla lo hacía,
Tina solo aceptaba para conseguir más tragos gratis.

Había pasado unos veinte minutos y Julián no aparecía por


ningún lado, ya me estaba emocionando la idea de ganarle
su tonto trato, aunque también tenía cierta tristeza porque
pensé que lo vería. De cierto modo, era entretenido discutir
con él. Pensé en que tal vez me mintió y solo me hizo venir
aquí por molestarme con una de sus estupideces.

—No me voy a quedar con esta —pensé en voz alta.

—¿Dijiste algo? —preguntó Ander, casi gritando por el


volumen de la música.

—No, nada —negué.

Ese cretino tendrá que cumplir el trato que hizo. Sea como
sea terminará de pintar lo que falta en el edificio, ese será
mi reto.

No es que me moleste que me haya hecho venir hasta acá,


en realidad me gustó el lugar, lo que me molesta es que me
haya mentido, hubiese sido mejor que admitiera ser un puto
promiscuo.

—Iré a buscar más Vodka —indicó Tina, levantándose con


dificultad de la silla en la que estaba.

—Te acompaño —me ofrecí.

—De acuerdo, tenemos que buscar más municiones —


carcajeó e intentó reprimir el ataque de hipo que tenía.
Reí mentalmente.

—Bien, pero guardaré mi teléfono y las llaves de mi


apartamento en tu cartera —señalé —ya me estoy
mareando un poco y no quiero perder nada si me llego a
emborrachar.

—De acuerdo, ahí está mi cartera —señaló.

Guardé mis cosas en su cartera y comenzamos a caminar


en dirección a la barra.

—No puede ser —chilló alegre un chico pelinegro frente a


mí, y me observó atentamente —pensamos que no vendrías
—me abrazó y quedé confuso con la situación.

Observé a Tina y compartimos un gesto de "¿Quién es él?".

—Lo siento, pero ¿de qué habl... —dejé lo que iba a decir a
la mitad.

Alto, ya había visto antes a este chico.

—Disculpa, no pude presentarme la última vez —me


extendió la mano —soy Chris.

Claro que si lo conocía de algún lado, es el pelinegro que me


saludó en el edificio. Recuerdo que lo vi entrando al
apartamento de Julián. Seguro son amigos.

—Un gusto, Temothée. Ya te recuerdo —le sonreí a Chris, era


muy agradable.

Estaba vestido todo de negro a excepción de su camiseta


blanca que reflejaba un estampado de una bandera de
Orgullo LGTB, unos pantalones negros algo ajustados y una
botas negras altas muy bonitas, noté que tenía varias
perforaciones, entre una de esas un lindo arito tornasol en
la nariz.

—¡Hola, yo soy Tina! —se presentó mi amiga, observando la


situación —lo siento, quería presentarme también —habló
jocosa.

El pelinegro rió por bajo a lo que dijo Tina, y a la vez se dió


cuenta de que mi amiga ya estaba siendo controlada por el
alcohol y sus diversos efectos.

—Síganme —ordenó Chris —Julián ya estaba irritante, pensó


que no venías.

—¿En serio? —indagué curioso y una sonrisa intentó


formarse en mis labios.

—¿Julián es quien te invitó? —preguntó Tina en un susurro y


asentí como respuesta.

—Sí, ya me tenía algo cansado con el tema, pero no podía


reprocharle nada, siempre se aguanta todas mis cosas,
además me alegra mucho verlo como está, tenía tiempo sin
verlo... motivado, son escasas esas expresiones y actitudes
en él —comentó todo eso y quedé totalmente confundido,
no sabía a qué se refería.

—¿Actitud...?

—No le vayas a decir que te dije todo esto, me matará, en


serio lo hará —cambió su expresión terrorífica a una más
divertida, giró y gritó —¡Juuul! —acortó su nombre.

Ahí estaba Julián, del lado de adentro de la barra sirviendo


un trago. Lucía impecable con la camiseta negra del bar, era
lo único que no me impedía ver la barra entre nosotros dos.
Parecía algo sorprendido al principio por mi presencia, me
escaneó por un momento y dirigió su mirada algo
preocupado al pelinegro.

—Necesito ir al baño —avisó Tina —¿Dónde quedan?

—Yo te llevo, cariño —Chris se ofreció gentilmente —ya


sabes, no dije nada —susurró a mi oído retirándose de la
barra con mi amiga.

No sé si el alcohol estaba acabando con mis pocas


neuronas, pero no entendí lo que Chris quiso decir hace un
rato sobre las actitudes de Julián.

—Hol...

—¿Qué te dijo? —me interrumpe antes de poder saludarlo,


parecía algo... ¿nervioso? y algo irritado.

—¿Quién?

—Chris ¿Qué te dijo? —repitió la pregunta algo inquieto —


suele ser algo inoportuno ¿De qué hablaste con él? —se
reincorporó un poco e intentó no mostrar mucho interés
esta vez.

—No me ha dicho nada, solo me dijo que estabas aquí —


mentí —¿Debía decirme algo?

—No, nada —pude notar como se relajó, apoyándose en la


barra —solo que toma confianza muy rápido y dice cosas
que no...

—Hola hermano —Otis interrumpió —me mandaron a ver


porqué tardaban tanto.

—Tina fue al baño —despejé la duda de Otis, sin quitarle el


ojo de encima a Julián.
—Oh, de acuerdo —musitó —¿Él es el amigo que dijiste que
te invitó? —preguntó Otis sonriente.

—Esto...eh no, o bueno sí —intenté dar una respuesta y en


lugar de eso me salieron puros balbuceos.

—Genial —Otis sonrió sin darle mucho interés al tema,


también estaba un poco ebrio —¿Me puedes dar una de
vodka? —pidió.

Julián se giró sobre su eje y de una vitrina sacó una botella


que le extendió a mi amigo sonriéndole sin muchas ganas.

—Gracias —Otis se marchó cuando le dieron lo que quería.

—No creí que de verdad trabajabas aquí —confesé.

—No me imaginé que en realidad vendrías.

—Bueno, ambos nos equivocamos —sonreí con algo de


dificultad.

—Ahora puedes dejar de pensar que soy un promiscuo.

—Admito que me dejé llevar por lo que decía la gente y por


lo que ví superficialmente, y lo siento —me disculpé —no
suelo ser el tipo de persona que juzga un libro por su
portada.

—Todos juzgan un libro por su portada. Te dejaste llevar por


rumores que dicen de mí esas estúpidas personas que no
conocen una mínima parte de lo que soy —bufó enojado.

—De acuerdo, pero no deberías referirte a ellos así —


espeté.

—Claro que sí, merecen ser llamados estúpidos por hablar


mal de una persona sin siquiera conocerla —recriminó —y
entre esos estúpidos estás tú —amplió una sonrisa falsa que
dirigía a mí.

—Oye, acepto que me equivoqué —hablé irritado —no se


volverá a repetir, amigo, solo intento ser amable.

—¿Amigo? —frunció el ceño —no somos amigos, estúpido,


ni tampoco quiero tu amabilidad —hizo énfasis en la última
palabra, acompañándola con comillas formadas por un
ademán.

—Joder —me hizo enojar —¿Tus padres no te educaron? —su


mirada cambió a una más fría y seria.

—Volví —anunció Tina dando saltos como niña chiquita —


¿Pediste las municiones? —se tambaleó.

—Ya Otis las llevó a la mesa —respondí ignorando la


presencia de Julián —vamos.

—¡Yeiii! —se alegró mi compañera ebria.

Me quedé pensando unos minutos en Julián y la


conversación recién. Es irritante lo grosero que se colocaba
en algunas ocasiones, parece de ese tipo de personas que
no les gusta estar acompañado o algo así.

Dejé de darle tanta importancia al asunto y


seguí bebiendo y riendo con mis amigos, entre todos ellos
yo era quien menos embriagado estaba, eso hasta que sin
darme cuenta me mareé mucho por quedarme bebiendo en
mi asiento, sin levantarme y moverme así sea un poco.

—Joder —se quejó un tipo detrás de nosotros.

Tina le vomitó cerca de los zapatos.


—¡Tina! Ahí no, chica mala, chica mala —la regañó Carla,
como si fuese su mascota.

Algunos de mis amigos y otros que se encontraban


visualizando la situación rieron por eso, me di cuenta de que
Carla y Tina ya se encontraban fuera de razonamiento.

—Oye Tina, levántate —Tonny la sujetó de la cintura para


alzarla.

Creo que él y yo éramos los menos ebrios entre nuestros


amigos.

—Ay, pobre de quien tenga que limpiar eso —habló Chris, el


amigo de Julián que recién llegaba a la escena del crimen —
ah cierto, soy yo —ironizó.

—Creo que es hora de irnos —habló Ander —antes de que


Valentina siga vomitando todo el bar.

—No —se negó Tina—de aquí a que llegue luego de haber


dejado a cada uno en sus casas, ya habré vomitado siete
veces la camioneta de mi papi —señaló conteniendo las
ganas de vomitar.

—Todos vivimos cerca Tina, no será problema, iremos


directo a tú casa y de ahí nos vamos caminando a las
nuestras, no es mucho —sugirió Otis.

—Todos menos Temothée —señaló Carla observándome —


vive a sentido contrario —no mentía.

No la podían llegar rápido si me tenían que llevar primero a


mi casa.

—No hay problema con eso —se unió a la conversación el


pelinegro —Julián vive en el mismo edificio que Temothée, él
lo puede llevar —Chris sonrió y en eso llegó Julián
escuchando lo que su amigo decía.

—Nos ayudaría muchísimo —admitió Tonny.

—Yo podría pedir un U...

—¡Entonces no hay problema! —interrumpió Chris,


respondiéndole a Tonny —¿Verdad que no, Julián? —dirigió
su mirada al mismo indicándole que aceptara.

—No lo voy a llevar a ning... —Chris le dió un disimulado


pisotón antes de que terminará de hablar.

—Que sí, dijo —sonrió alegre.

—Bien, entonces hasta luego —se despidió Ander


recogiendo sus cosas de la mesa.

Otis y Tonny tomaron como pudieron a Tina y se la llevaron


cargada entre los hombros. Me despedí de todos y me
quedé sentado en donde estábamos antes. Julián había
desaparecido y Chris se acercó a limpiar la mesa.

—No te preocupes, Julián ya está recogiendo sus cosas para


irse —indicó amablemente.

—Gracias —le sonreí algo aturdido por los mareos


constantes.

Joder, me sentía avergonzado con Julián, ya me había


ayudado una vez cuando no podía subir las escaleras del
edificio gracias a mi estado de ebriedad, y ahora esto. Tenía
que agradecerle todo, aunque sería difícil si estamos medio
enojados.
—Listo —se presentó Julián, colocándose una chaqueta
negra algo ajustada sobre su camiseta del trabajo, la
chaqueta hacía marcar sus bien trabajados brazos —
vámonos —lo seguí.

—Hasta luego Temothée, espero volver a verte pronto —se


despidió Chris y le respondí con una sonrisa —a tí no espero
verte pronto, me canso de verte la cara —le habló a Julián.

—Jódete —contraatacó el alto chico que caminaba frente a


mí.

—Ve el lado bueno, no tendrás que limpiar el vómito


conmigo —bromeó el pelinegro.

Salimos del bar y Julián se detuvo, observándome


atentamente.

—¿Qué sucede? —inquirí confundido.

—¿Estás muy mareado? —respondió con otra pregunta.

—Pfff, por supuesto que sí —vacilé.

Julián me da una mirada de pocos amigos y se sube en una


moto.

Joder, cierto que tiene moto. Pensé preocupado.

No me quiero caer.

—¿Qué esperas para subirte? —reaccioné y me subí


cuidadosamente.

Encendió la moto y arrancó al mínimo para luego aumentar


la velocidad.
—De acuerdo, si te vas a sujetar de mí, por lo menos
considera dejarme respirar un poco —se quejó y noté que le
estaba presionando fuerte el estómago.

Llegamos relativamente rápido al edificio, entramos al


siniestro estacionamiento sin dificultad alguna, y nos
bajamos de la motocicleta. No sentía tanto miedo del
estacionamiento estando con Julián, debe ser porque él da
más miedo.

—Oye, muchas gracias por traerme —dije caminando con él


hacia el ascensor.

—Descuida, solo deberías fastidiar menos —habló serio pero


se notaba un tono burlón también.

Me limité a subirme al ascensor y quedarme callado.

El silencio nos acompañó hasta bajarnos del ascensor y fue


algo incómodo.

—Hasta luego —me despedí caminando rápido a mi


apartamento.

—Cuidate —cada vez que me dice eso, siento que él mismo


será quien acabe con mi vida.

—¡Mierda! —me quejé frente a la puerta de mi hogar.

Mis palabras llamaron la atención de Julián, que aún estaba


abriendo la puerta de su apartamento.

Dirigí mi mirada perdida a la pared tratando de recordar y...


¡Bingo!

—¿Qué pasa? —inquirió Julián sin mucho interés.

—Mis llaves, Tina se las llevó en su cartera.


Quedé en la calle por hoy.

Julián me observó mientras yo me dejaba deslizar de


espalda por la fría pared para quedar sentado en el piso. Ya
estaba cansado.

Julián carraspeó haciéndome verlo, —Puedes quedarte aquí


—señaló su puerta abierta —si quieres.

_________________________

Nota de autor:

*tose* ¡Inviten! *tose*

Temothée se dió cuenta de que nuestro querido Julián no


mentía, por fin.

Chris es un amor ¿Ok? Lo adoro.


Espero les haya gustado el capítulo ❤️ está escrito con
mucho cariño para ustedes, almas oscuras Jajsjsja

¡Nos leemos pronto!

Instagram: LuissBurgos

Luis Burgos.
Capítulo 08. | Diferente
convivir.

Temothée Hammer.

Joder, joder.

No supe qué responder, es la segunda vez en esta noche


que Julián me tiene que ayudar en algo, y molestarlo para
quedarme en su apartamento sería el límite.

¡Carajo! La puta cabeza me estaba dando muchas vueltas,


me mareé un poco más al sentarme en el suelo.

—No —respondí seguro. No quería darle otro problema —


aquí estaré bien. Gracias de todos modos.

—No te puedes quedar ahí afuera, el aseo ya pasó —señaló


jocoso.

—Oye, no seas idiota —me ofendí, pero en el fondo me dió


risa su oscuro humor —en serio, te he causado muchos
problemas, primero me ayudaste cuando estaba ebrio y no
pude subir las escaleras, me trajiste hasta acá porque mis
amigos no podían, ¿ahora esto?

—Eh, no olvides que también manchaste mi camiseta de


pintura.

—Sí, eso también, gracias por recordarlo —hablé.


—Pasa.

—No, de verdad no quiero moles...

—Solo deja de ser tan terco y pasa, no te quedarás ahí


afuera —alegó.

Analicé la situación y él tiene razón, no podía pasar la noche


aquí en el frío y desolado pasillo. Acepté y con la fuerza que
me quedaba me levanté de donde dejé reposar mi exhausto
cuerpo alcoholizado.

—Gracias —musité estando frente a él.

Respondió haciendo un gesto con su cabeza para que


terminara de entrar, y obedecí.

Me sorprendí bastante al entrar y visualizar el lugar, me


imaginé que su departamento sería algo caótico,
desordenado o con algún tipo de decoración aburrida o de
mal gusto; pero fue todo lo contrario. No era nada
pintoresco el departamento pero se veía muy bien la mezcla
de las paredes blancas con los muebles y la mayoría de las
cosas de color negro o grises, era algo muy moderno. Había
varias pinturas algo extrañas y peculiares colgadas en
algunas paredes, era todo muy acogedor.

—Toma —mientras yo estaba en mi burbuja mental


analizado el departamento de Julián, este buscó agua y me
ofreció.

—Gracias —la necesitaba, tenía la garganta un poco seca.

—Supuse que querías, es lo que la mayoría hace al llegar de


visita a alguna casa...pedir agua.
Me observó mientras tomaba agua y yo analizaba uno de
los cuadros que estaban en la pared.

—¿Qué es esto? —inquirí viendo una pintura algo


fascinante.

—Una mujer pintando una silueta.

—¿Está en una habitación llena de pinturas cierto?

—Sí, un taller —aclaró.

—Es muy hermosa esta pintura —hablé —debe ser costosa.

—Tiene valor sentimental —lo miré intrigado, pero antes de


que pudiese preguntar algo más, él habló —sigueme, niño.

Caminamos al pasillo junto a la sala y nos detuvimos frente


a lo que me imaginé que era una habitación para visitas.

—Aquí dormirás —señaló terminando de abrir la puerta.

Entré y me senté en la cama, era grande, estaba vestida


con sábanas blancas. En la habitación no había nada más
que un escritorio, un pequeño mueble junto al mismo y la
cómoda cama. Definitivamente era el cuarto de visitas.

Julián salió y en pocos minutos volvió a entrar dejándome


una cobija y más almohadas.

Sonreí al sentir las suaves almohadas y ya me imaginaba la


siesta que tendría, pero enseguida arqueé una ceja, —¿Por
qué me traes más almohadas? Aquí había —las señalé.

—Cuando te dejé en tu cama durmiendo, el día que estabas


ebrio, lo primero que me pediste fue que te colocara
almohadas al rededor para abrazarlas —mi cara ardió en
vergüenza —supuse que estás acostumbrado a dormir así y
te traje más.

Sus expresiones eran neutras, no mostraban sentimiento


alguno.

¿Por qué no recuerdo eso?

Bueno, ¿quizás porque estabas ebrio? Responde mi


subconsciente.

¿Y por qué no me lo dijo antes?

Tal vez no lo hizo porque ni le agradeciste al día siguiente,


idiota.

Estúpida subconsciente.

—Gracias —murmuré y este asintió.

Caminó hasta la puerta de la habitación y antes de salir giró


sobre su eje y me observó.

—¿Hasta mañana? —arrugó la nariz, como si se sintiera


extraño al decirlo.

—¡Buenas noches, Julián! —también me sentí extraño al


decírselo.

[...]

Jodida resaca, es lo único que odio de ingerir alcohol.

Me dormí extremadamente tarde, no sé a qué hora de la


madrugada pero me desperté temprano por instinto a
hacerlo cuando duermo en un lugar que no es mi casa o
algún lugar desconocido, es como si no pudiese dormir
hasta un poco más tarde aunque mi cuerpo lo quisiera.
Pestañeé un par de veces para enfocar mi vista y me
levanté de la cama. La ordené enseguida, no es algo que
acostumbro a hacer en mi casa, siempre lo hago de último o
a veces hasta se me olvida, pero obviamente aquí tengo
que hacerlo.

Terminé de ordenar la cama y debatía mentalmente si salir


o no. Se escucharon algunos ruidos afuera y también...
¿quejas? Sí, creo que ese era Julián quejándose. Lo pensé
repetidas veces antes de salir, aún me daba vergüenza
haber molestado a Julián para quedarme aquí aunque él
haya sido quién se ofreció, luego de pensarlo salí, no me
quedaría toda la vida ahí encerrado por vergüenza.

Seguí escuchando los ruidos y me dirigí hacia ellos.

—Puta madre —murmuró Julián en la cocina, pero lo pude


escuchar ya que venía entrando.

—Amén —respondí a lo que dijo y este se sorprendió al


verme.

Noté que se estaba sobando la mano.

—No pensé que ibas a despertar tan temprano.

—¿Te quemaste? —omití su comentario, enfocando mi vista


en que aún seguía sobando su mano.

—No es nada, solo fue torpeza —habló serio —tu debes


saber mucho de eso —dijo en un tono más burlón y lo miré
mal.

—Bien, por lo menos no dejo quemar el...¿Tocino? —señalé


viendo el sartén que humeaba.
No quemas el tocino, pero sí la pasta. Por supuesto, mi
subconsciente no me dejaría ileso.

—Joder, ¿Esto por qué es tan difícil? —se quejó y no pude


evitar reír.

Si supiera cómo me quedó la pasta con albóndigas de hace


unas noches, él también se hubiese reído de mí.

Terminó de sacar lo que quedó del tocino en el sartén y me


lanzó una mirada furtiva.

—Pensé que tendrías hambre, pero no estoy acostumbrado


a cocinar —comentó.

—¿Y qué? ¿Tienes a alguien que te cocina o algo así? —


arqueé una ceja y pregunté.

—No seas pendejo, la mayoría de comida la compro hecha.


Comida chatarra, en lata o cosas fáciles de hacer.

—¿Y el tocino es difícil de freír acaso? —carcajeé y este me


miró fulminante.

Luego de reincorporarme este respondió.

—Simplemente no me gusta la cocina. Es algo estresante.

—Puedo ayudarte —me ofrecí.

—Bueno, ya que tanto insistes —no aguantó dos pedidas —


iba a hacer pan con huevos revueltos, tocino y queso crema,
pero el tocino... se quemó.

—De acuerdo —intenté no seguir riendo al ver su cara de


decepción mientras visualizaba como dejó el tocino.
—Prepara lo que te apetezca y toma lo que necesites de la
nevera o de aquella repisa de allá —señaló —yo me daré
una ducha.

—Bien —asentí repetidas veces.

Tardé unos minutos en ordenar y limpiar el desastre que


dejó Julián con el intento fallido de tocino frito. Luego de eso
y de ver lo que tenía para hacer, me decidí y comencé a
cocinar.

En algo se equivocó Julián, no tenía mucho apetito, sentía


que si intentaba comer algo lo podía vomitar, así que
terminé preparando para mi solo pan con huevos revueltos
y a Julián le hice un improvisado sándwich con jamón,
queso, tomate, lechuga, el queso crema que el mencionó y
otras cosas.

Tardé menos de quince minutos, a lo mejor veinte.

—Julián —lo llamé al sentarme en la mesa con su comida y


la mía.

¿Será que no escuchó? a lo mejor no hablé muy alto.

—¡JULIÁN! —grité y escuchar mi eco en toda la casa fue


raro.

—¿Qué sucede? —apareció en la cocina en shorts y sin


camisa. Algunas gotas de agua aún caían de su cabello
impactando en su pecho, tenía la toalla colgando en su
hombro y en su mano traía su teléfono.

—Ya terminé de cocinar —establecí.

Pareció inhalar y sonreír ante el aroma de la comida.


—Bien —arrojó su teléfono en uno de los muebles y lo vi
retirándose de nuevo.

—¿A dónde vas?

—Ya vuelvo —se limitó a decir.

Comencé a probar mi comida sin muchas ganas, aún no


tenía apetito de nada. Solo moría de sed, pero había tomado
mucha agua ya.

—Discúlpame por colocarte a cocinar, en serio soy un


desastre en eso —volvió Julián, dejando una ropa en un
mueble, y sentándose en la mesa.

—No tienes que disculparte, yo fui quién se ofreció —aclaré


—discúlpame tú a mí por molestarte con eso quedarme a
dormir aquí.

—No tienes que disculparte, yo fui quién se ofreció —repitió


lo que dije antes en una mofa.

—Idiota —seguí comiendo.

Se acomodó bien en su asiento y probó el sándwich.

—Joder —soltó al morder el sándwich y me asusté.

—¿Qué? —inquirí nervioso —¿Eres alérgico a algo? lo siento


si no quedó bien, no tenía apetito para ir probando.

—Deja de ser tan modesto, sabes que está muy bueno —


habló y me sorprendió.

¿Qué?

—¿Me estás jodiendo, cierto?


¿Julián elogiándome en algo?, hoy acaba la existencia del
mundo. Me han dicho que cocino bien, pero a Julián no sabía
si creerle.

—No es juego —siguió probando el sándwich maravilloso,


como si estuviese probando la más exquisita comida del
mundo —¿Qué le pusiste?

Solo son ingredientes básicos y una salsa especial que mi


mamá me enseñó en Italia.

—Solo es un sándwich, la comida chatarra sabe mejor.

—Puede que sí, pero estoy cansado de comerla y esto está


delicioso.

—Bueno.

Terminé de comer como pude, y me levanté para lavar mi


plato, volteé para ver a Julián y noté como observaba y
degustaba el sándwich con ganas. Parecía un niño chiquito.

—Que tierno —las palabras salieron de mi boca por si solas


y en susurro.

¿Qué es lo que acabo de decir? Pensé.

Volví a la mesa y noté que Julián había terminado de comer.

—No, yo lo lavo —se dirigió a mi cuando hice el amague


para coger su plato —tú báñate para llevarte a buscar tus
cosas.

—¿Bañarme?

—Sí, eso hacemos algunas personas.

—No seas ridículo —bufé.


—El alcohol se desborda por tus poros, necesitas una ducha
—fue sincero —ahí te dejé algo de ropa, es lo que más se
acerca a tu talla.

Señaló la ropa que había dejado antes en el mueble.

—De acuerdo —no me negué, el tenía razón, apestaba a


alcohol.

—Junto a la habitación donde dormiste hay un baño —indicó


y asentí tomando la ropa y retirándome.

[...]

—Estoy listo —hablé sin mucho ánimo, Julián estaba


sentado en el mueble revisando su teléfono.

—No puede ser —soltó una carcajada de risa, se veía algo


de brillo en sus ojos también —pareces un hippie.

La ropa de Julián me quedaba algo holgada, más que todo la


camiseta negra, los pantalones era un poco más aceptables,
pero aún así parecía un desadaptado.

—No te rías.

—Vamos —ordenó luego de haberse reído lo suficiente.

Salimos de su apartamento y mientras le pasaba seguro a la


puerta, noté que aún le causaba gracia como me quedaba
su ropa.

—Timmy —escuché un chillido y al voltear encontré a Tina


corriendo hacia mí.

—Tina, no sabes cuánto me alegra verte. Dame mis llaves —


fui directo y ella rió llegando a mí.
—Ay, ¿qué te sucedió? —inquirió al percatarse de mi
vestimenta.

Escuché una pequeña risita detrás de mí y volteé a ver a


Julián.

—¡Hola! —Tina lo saludó y este le regaló una sonrisa corta


—Tú eres el chico del bar, ¿cierto?

—Sí, y tú eres la chica que vomitó, ¿Cierto? —no se me


hacía raro escuchar algo de sarcasmo en él.

—Siii, mucho gusto, Tina —se presentó sin vergüenza


alguna por lo que había hecho, podría decir que hasta la
veía orgullosa.

—Bien, hasta luego —Julián se dirigió al ascensor.

—¿A dónde vas? —la pregunta salió de mi boca antes de


que pudiera terminar de pensarla.

—No es tu asunto —su gentileza había durado mucho.

—Que linda persona —Tina ironizó.

—Sí...

Dejé la palabra en el aire.

Julián tiene muchos cambios de humor repentinos, desde


esta madrugada se había comportado bien conmigo, incluso
antes de salir estaba hasta riendo a carcajadas, cosa que es
primera vez que hace frente a mí, y ahora simplemente
vuelve su mal humor y se retira sin decir más.

¿Qué es lo qué le sucede?

______________________
Nota de autor:

Julián es un 10 pero sus cambios de humor 🤯


¿Cómo están, dulzuras?

¿Qué les pareció el capítulo?

Gracias a los viejos lectores por todo el apoyo, y a los


nuevos por darle una oportunidad a la historia ❤️estoy feliz
con todos sus comentarios.

Bye, los quiero <3

Instagram: @luissburgos

Luis Burgos
Capítulo 09. | El reto.

Temothée Hammer.

Siempre suelo ser puntual con las cosas del trabajo y


estudios, no me gusta quedar mal. La mayoría de veces
hago lo posible por hacer las cosas lo mejor que pueda, pero
está vez me estaba quedando corto de tiempo.

Había quedado con Andrés a la 1:00pm en su casa para


terminar el trabajo de la valla publicitaria. Me dio la
dirección de su casa pero me confundí y giré donde no era,
para colmo el tráfico estaba caótico, era de suponerse,
como cualquier sábado.

—¡Dios, te imploro paciencia! —dije mientras veía como


cruzaba la calle con mucha paciencia y "estilo", un tipo
tomado de la mano con su esposa

Podría jurar que si esos dos participaran en un certamen de


modelaje ganarían la mejor pasarela.

Era la una y media de la tarde.

—Andrés debe estar pensando que no iré y que soy un


irresponsable —me hablé a mi mismo.

Hablar solo es algo que acostumbro hacer, al igual que


reírme, pelear o insultarme. A veces pienso que mi mamá
me dejó caer de pequeño.
Luego de unos minutos, llegué a la residencia donde vive
Andrés.

—Buenas tardes, ¿hacia dónde se dirige? —preguntó un


guardia de seguridad en la entrada.

¿Por qué este protocolo para simplemente entrar?

—Buenas tardes, a la casa de Andrés —respondí incrédulo.

—¿Apellido?

—Hammer... Temothée Hammer, un gusto —respondí


amablemente.

—Apellido de la familia que visita ——aclaró el guardia


frunciendo el ceño.

¿Cómo puedo ser tan estúpido? Obvio no era mi apellido.

—Un momento —saqué mi teléfono para llamar a Andrés y


pude notar que el guardia ya estaba un poco irritado.

Luego de repicar un par de veces pude escuchar la voz del


chico hablándome.

— «Temothée ¿Dónde estás?» —inquirió.

—Estoy acá afuera en seguridad, necesito tu apellido —


expliqué.

— «De acuerdo, pásame a Joseph para decirle que te deje


pasar» —ordenó.

Supuse que Joseph se llamaba el guardia, así que le extendí


mi teléfono.
—Perfect... Sí, entiendo —titubeó el guardia. Le eché una
ojeada a las primeras casas que se podían ver desde afuera
de la recepción de la residencia y noté que eran muy
grandes y lujosas —de acuerdo, joven WindWood.

Quedé anonadado con eso último que escuché.

¿WindWood?

¿Andrés... WindWood?

El guardia me devolvió mi teléfono y me indicó el camino


para llegar a la casa de Andrés, no tardé mucho ni me perdí
para llegar.

Me estacioné con algo de duda frente a la casa y caminé


hasta la puerta principal pasando por un jardín algo
minimalista, no tenía árboles, ni flores o algún tipo de
decoración, simplemente era césped y un camino de
piedras.

—¡Andresito, están tocando la puerta! —escuché la familiar


voz de una mujer desde dentro de la casa.

—Voy, ya abro —la voz de Andrés se escuchó cerca.

—Hola —saludé incrédulo.

—Temothée, pensé que no venías —admitió —pasa.

—Me perdí un poco —dije y obedecí a su petición, dando


unos pasos para entrar en la bonita casa.

Tenía la necesidad de hacerle la pregunta referente a su


apellido.

—¡Bienvenido, corazón! —de nuevo esa voz femenina, esta


vez detrás de mí.
¿¡Qué coño!?

No estoy entendiendo nada.

—¿Licenciada? —la observé aturdido.

—Ah, sí —me saludó con un beso en mi mejilla antes de


continuar hablando —una historia algo compleja —añadió al
ver mis expresiones.

—Muy confusa —admití haciendo énfasis en la primera


palabra.

—Andrés es mi hijo —la mayor habló sonriente.

Andrés me miraba y reía por mis expresiones de confusión


total, las mismas que colocaba en la secundaria cuando veía
matemáticas.

—¿Y el apellido WindWood de Andrés? —indagué con mucha


intriga.

—Oh, por George, el papá de Andrés obvio —hizo una pausa


—George WindWood, mi esposo.

—Wow, esto está increíble —sonreí sorprendido —no sabía


que eran familia.

—Nadie en la empresa lo sabe —confesó Andrés —no nos


presentamos como familia para no mezclar los asuntos del
trabajo con los de la casa, y mantener un buen márgen.

—Genial, lo hacen muy bien —admití sorprendido aún y


ambos rieron.

—Bien, tengo otras ideas para la valla —mencionó Andrés


cambiando de tema —sígueme.
—Ok. Nos vemos —le dije eso último a la licenciada antes
de seguir a Andrés.

Se me hizo un tanto difícil procesar toda esa información


sobre Andrés, la licenciada y el Sr. WindWood, no era algo
que me esperaba.

El tiempo pasó y yo seguía mirando a Andrés y


comparándolo con la licenciada, en eso se basó la mayoría
del tiempo con Andrés haciendo el diseño publicitario.

[...]

Iba cansado camino a mi apartamento luego de haber


durado casi dos horas creando el nuevo diseño para la valla
publicitaria con Andrés. El tiempo pasó volando.

Tenía que llegar bañandome para luego ir a terminar de


pintar la sala de juntas, ya no faltaba mucho gracias a que
Julián había adelantado bastante; me había estado evitando
desde hace casi un día y medio, cuando nos tocaba ir a la
sala de juntas para pintar, él llegaba antes para adelantar
trabajo y luego cuando yo llegaba él no estaba. Se me hacía
muy raro, pero supuse que también podría ser por su
trabajo nocturno que siempre buscaba adelantar algo para
irse más temprano.

—Puto estacionamiento —susurré mientras me bajaba del


auto —nunca te voy a dejar de odiar —refunfuñé mientras
caminaba hacia al ascensor, pero me detuve para
desviarme a la sala de juntas.

Quería ver si Julián estaba ahí.

Me cuestioné nuevamente el porqué Julián tiene esa


personalidad tan...jodida. Es irritante y grosero a veces,
pero en realidad no es tan malo como parece, después de
todo me ha ayudado en varias ocasiones sin yo pedírselo, y
se comportaba menos grosero, hasta que recordaba quién
era y volvía con sus cambios de humor repentinos. Tiene
una personalidad muy compleja. Lo que más me estresa es
que soy jodidamente curioso y me enojo cuando no
entiendo algo o alguien.

Me equivoqué cuando pensé que encontraría a Julián en la


sala de juntas. Estaba el lugar vacío, así que me dirigí de
nuevo al ascensor para ir a mi apartamento.

Luego de llegar y darme una cálida ducha, ordené mi


apartamento para luego volver a bajar y continuar el trabajo
en la sala de juntas.

—Bueno, falta poco —visualicé la sala de juntas ya casi


terminada de pintar.

Solo faltaban dos paredes, eran grandes pero sería fácil y


rápido.

Coloqué mi teléfono y llaves en un lugar donde no se me


olvidaran, y tomé el destornillador para abrir el cuñete de
pintura, tuve cuidado para no mancharme yo está vez.

—No es tan difícil hacerlo solo —supuse.

En realidad si lo era, era difícil sin Julián guiándome y


diciéndome qué hacer, pero él no estaba y tenía que hacerlo
yo solo, así que comencé a pintar.

—Vamos, un poco más —me di ánimos para poder llegar a


lo más alto de la pared.

La escalera en la que estaba montado no me permitía llegar


completamente hasta arriba, tenía que estirarme y ponerme
de puntas sobre mis pies.
—Sí... ¡SÍ! —me alegré cuando pude llegar para pintar esa
parte alta —no, no. ¡NO!

Me pie se deslizó en la escalera y se enredó haciéndome


caer.

—Auch —maldije desde mis adentros cuando vi que mi codo


se raspó y estaba botando sangre —puta escalera, puta
pared, puta pintura, puto Michael Jackson...

Dolía mucho, tanto mi brazo y codo izquierdo como mi


pierna, todo mi peso cayó de ese lado.

—Carajo, niño ¿Qué pasó aquí? —por algún motivo, me


alegró verlo llegar.

Julián visualizó la escena del crimen. Todo regado por el


suelo, la escalera, la pintura, mi sangre y yo.

—Me caí —dije obvio, sonriendo con dificultad.

—¿Estás bien? —se acercó tomando mi brazo y viendo la


sangre en el mismo —¿Tu torpeza es todos los días o te
tomas descansos? —preguntó con enojo, pero se veía
preocupado.

—Lo siento —no entendí por qué me disculpé.

—¿Puedes caminar? —inquirió serio.

—Sí, creo —respondí —¿Por qué?

—Tengo que limpiar eso —se refirió a la sangre que


deslizaba cuesta abajo en mi brazo.

—No creo que sea necesar...


—¿Aparte de torpe también eres terco? —frunció el ceño —
hay una herida que se podría infectar, en mi apartamento
tengo lo necesario para limpiarla.

Me limité a quedarme en silencio dándole la razón. Me


extendió su mano para sujetarme y poder levantarme, luego
de eso me hizo pasar mi brazo sobre su hombro para así
comenzar a caminar al ascensor, e ir a su apartamento.

—Un momento —me apoyé de la pared para que pudiera


sacar la llave de su bolsillo.

Me dolía afincar el pie para caminar.

—A...Ah —intenté dar un paso y sentí el dolor aumentar.

—Ven —me tomó del brazo de nuevo, ayudándome a entrar


para sentarme en el mueble de la sala —ya vuelvo.

Intenté aguantar el dolor sin quejarme, pero era inevitable.


Busqué desviar mi dolor con distracción y me quedé
observando las peculiares pinturas sobre las paredes de la
sala.

Definitivamente, la pintura más bonita y extraña era la de


esa mujer en un taller lleno de muchas pinturas más.

Julián volvió en pocos minutos. Traía una maleta blanca, la


abrió y tenía muchas cosas como algodón, alcohol, curitas,
medicinas, pastillas, y muchas cosas de las cuales no tenía
conocimiento.

—Dame —hizo un gesto con su mano para que le extendiera


mi brazo y cedí a su petición.

Su mirada aún se veía algo preocupada, estaba concentrado


en lo que estaba haciendo mientras sostenía mi brazo con
delicadeza.

Vi como inundó de alcohol un pañuelo y luego lo acercó a mi


brazo, yo estaba tan concentrado en cada una de sus
expresiones faciales que se me olvidó por completo la
situación en la que estaba.

—Ah...Auch —me quejé al sentir el alcohol rozar la herida en


mi brazo.

—Quédate quieto, solo te dolerá un poco —me miró directo


a los ojos.

Sus ojos eran de un color negro oscuro, muy oscuro. Tenía


las cejas algo pobladas y largas pestañas oscuras al igual
que sus ojos.

—Joder —me quejé de nuevo al sentir más agudo el dolor —


dijiste que solo dolería un poco —reproché.

—Bueno, es lo que todos dicen para que las personas se


tranquilicen —sonrió burlón y lo fulminé con la mirada.

Siguió limpiando mi brazo e intenté soportar el dolor sin


gritar, fue difícil pero pude.

—Ya está listo —estableció guardando en la maleta varias


cosas que había sacado y botando lo usado.

—Gracias, te debo una —le agradecí.

—Me debes varias —claro, tenía que ser él.

—Sí...bueno, varias en realidad —me retracté.

—Ya son muchos favores los que me debes, muchos favores


y un reto que no has pagado —las esquinas de sus labios
formaron una maliciosa sonrisa.
Claro, le debo el reto por no creer que trabaja en el bar.

—Bien, tienes razón, hicimos un trato y yo soy un hombre


de palabra —hablé —¿Cuál será el reto?

Lo más posible es que me mandará a mudarme a China


para no tener soportar mis torpezas y fastidios.

—No seré malo contigo ... Esta vez —indicó firme, sentado
en el mueble frente a mí —solo quiero que me enseñes a
cocinar. No, mejor aún y más fácil para mi, quiero que
cocines mis almuerzos —finalizó.

—¿Qué? —lo miré extrañado, tenía la oportunidad de


hacerme daño, de clavarme un cuchillo directo al corazón,
de dispararme, ¿y solo me pide que le cocine?

—Bueno, si quieres puedo cambiar el reto a uno más


placentero para mi —dejó formarse su sonrisa maliciosa de
nuevo y volvieron a mi mente las ideas de él clavándome un
cuchillo y esas cosas.

—No, no —me negué —me quedo con este reto.

Siguió sonriendo, pero su sonrisa esta vez no era como la de


antes, esta vez sonreía triunfante, como si hubiese ganado
un Óscar a lo mejores retos del mundo, si es que el premio
existiese.

Me gustaban esas expresiones en Julián, las que poco a


poco me iba revelando. Eran tan diferentes a las de
siempre, sin ser grosero y malhumorado. Es interesante
descubrir sus emociones, no es algo que él muestre mucho,
siempre es serio y frío con todos, pero conmigo se permitía
cambiar en ocasiones, ya hasta lo había hecho reír en una
oportunidad.
Definitivamente, es agradable verlo sonreír.

______________________

Nota de autor:

💗
Holaa sensuales lectorxs
bien
✨ espero se encuentren súper
ayudado a promocionar la historia
por eso, me ayudan un montón
💗
Les quiero agradecer a esas lindas personitas que me han

✨ muchísimas gracias

Y también les doy gracias a quienes me leen, votan y

Wattpad 🧡
comentan, me ayudan a crecer y que la historia suene en
gracias y mil gracias.

¡Nos leemos pronto!

Instagram: @luissburgos

Luis Burgos
Capítulo 10. | Esto no está
bien.

Temothée Hammer.

—Bien, creo que eso es todo por hoy —me hablé a mi


mismo, mientras veía como me quedaron las etiquetas de
presentación para los productos en WindWood.

Eran las 10:30am y ya había adelantado muchas cosas


desde temprano en el trabajo, lo hice para poder ir a mi
casa antes de la universidad, y hacer el almuerzo de Julián y
el mío.

Ya le había cocinado el almuerzo estos últimos días, siempre


parecía satisfecho. Ayer el almuerzo que había hecho para
él me lo tuve que terminar comiendo yo, nunca llegó a su
casa. Fui con el almuerzo en repetidas ocasiones para
dárselo y nada, no había señales de él dentro del
apartamento.

Hoy supuse que se lo tendría que llevar a la universidad,


porque teníamos que estar antes de la hora de almuerzo
para poder ver la primera clase. No estábamos en la misma
carrera pero casi todos los horarios comenzaban a la misma
hora, y variaban luego de la hora de almuerzo.

—¿Timmy? —alguien me bajó de mis ensimismamientos —


wow, que sorpresa encontrarte aquí.
Era Mónica, mi ex compañera de trabajo.

—Mónica ¿Cómo estás? —extendió los brazos para


abrazarme y cedí.

Se veía muy bien, no había pasado mucho tiempo desde la


última vez que la vi, pero se hizo un cambio de look,
dejando atrás el color rubio de su cabello y pintándolo de
color negro. Fue un cambio drástico, pero le quedaba muy
bien y hacía resaltar su piel pálida de igual forma. Tenía
puesto un vestido no muy largo de color rojo oscuro y unos
tacones negros que hacían juego con su cartera, también
tenía algunas pulseras y un collar muy lindo que colgaba en
su cuello. Se veía hermosa.

—Muy bien, todo normal y aburrido —comentó —¿Y tú cómo


estás?

—Yo he estado muy bien, pero parece que a ti te va mejor,


¡Estás muy guapa! —admití con sinceridad.

—¡Muchas gracias! —el rubor en sus mejillas se pronunció


—que bueno que estés bien, me alegra mucho saber. ¿Y
estás de compras? —preguntó con una cálida sonrisa.

—No, estoy trabajando aquí —confesé —comencé hace un


tiempo.

Se me estaba haciendo tarde, pero no podía cortar la


conversación así de la nada, sería de mala educación.

—Que bueno que hayas conseguido trabajo rápido —se


mostró alegre —oye, me quedé esperando tu mensaje para
guardar tu número.

Recordé que el día que me despidieron, me había anotado


en un papel su número de teléfono para estar en contacto,
pero ese papel se me perdió.

—Lo siento, soy muy torpe y no sé que hice el papel donde


me anotaste el número.

—Descuida, entiendo perfectamente.

Quedamos en un momento de silencio incómodo y por los


gestos de Mónica comprendí que estaba esperando a que le
pidiera su número, así que fue lo que hice.

—Bien, intercambiemos números para estar en contacto —le


dicté mi número y enseguida lo agendó en su teléfono,
igualmente hice con número.

—Listo, te envié un mensaje —sonrió.

—De acuerdo, ahora me voy, tengo que ir a la uni —


comenté.

—Bien, me alegró mucho verte Temothée. Podemos quedar


un día y vernos un rato —habló sin rodeos.

—Oh, por supuesto —esbocé una sonrisa y me despedí con


un abrazo —hasta luego.

Prácticamente corrí al parking de la tienda para subirme al


auto e irme antes de que se me hiciera más tarde.

—Pero Sra. Werther, solo fueron unos minutos...

—¿Solo minutos? —arqueó una ceja —llegaste media hora


tarde a la clase.

Bueno, si tenía razón, pero no es algo que acostumbro


hacer, siempre soy puntual.
—Promet... —la profesora solo ignoró lo que le quería decir y
me cerró la puerta en la cara — puta.

Con mucha impotencia me retiré del lugar y comencé a


deambular por los pasillos de la universidad, no tenía más
nada que hacer que esperar.

Estaba completamente aburrido.

¿Julián estará en clases? Pensé.

Se me ocurrió la increíble idea de ir hasta su salón y


asomarme cuidadosamente para verificar si estaba ahí, pero
recordé la vergüenza que me dio cuando confesó que se
había dado cuenta de que lo seguí la última vez y no, no
quería volver a pasar por lo mismo.

—Bueno, esta vez seré más discreto —me dije mientras me


dirigía al ala 7B.

Me sentía un puto ninja tratando de que nadie me viera al


acercarme al salón de medicina, me movía de un lado a otro
escondiéndome detrás de las paredes aunque no había
nadie por los pasillos, literalmente estaba actuando como si
estuviese en una película, no aguanté la risa y me detuve a
reírme.

—¡Mierda! —me escondí al ver que salía una chica del salón
de fisioterapia y se alejaba del mismo.

Me dejé de tonterías y me acerqué de una vez por todas al


salón de medicina, discretamente me asomé por la pequeña
ventana de la puerta buscando con la mirada a Julián.
Estaban todos concentrados resolviendo algo, pero entre
ese "todos", no estaba Julián en ningún lugar.

—Joder, me volverá a dejar con la comida hecha.


Con más molestia de la que tenía antes, me fui a uno de los
baños más cercanos, me iba a lavar las manos antes de
irme a la cafetería a almorzar.

Me acerqué a uno de los lavamanos y abrí el grifo pero no


tenía agua.

—No faltaba más —me quejé y un ruido me hizo percatarme


de que no estaba solo en el baño, había alguien usando un
cubículo.

Me acerqué a otro lavamanos y este si funcionó. Me lavé las


manos y seguido la cara, el agua estaba fría y me produjo
una leve cosquilla, además de acentuar el rubor en mis
mejillas.

—Hola, niño —del susto di un saltito sobre mi eje y al


reconocer la voz, un escalofrío me recorrió el cuerpo.

Me sequé la cara para poder ver bien, y a través del espejo


frente a mi logré visualizar a Julián. Colocó un cigarrillo
encendido entre sus labios mientras pasaba su bolso por
encima de sus hombros.

—H-Hola —logré articular.

Me giré sobre mi eje quedando frente a él, me observó por


un momento retirando el cigarro de sus labios y dejando
salir el humo lentamente.

—¿Me permites?

Fruncí el ceño sin entender su pregunta.

—Me quiero lavar las manos, ese es el único que sirve —


indicó.
—Oh, disculpa —me moví para darle paso, y tomé papel de
la dispensadora para secarme bien las manos y cara.

—Joder —se quejó como pudo con el cigarro en la boca, se


le estaba cayendo de los labios y no podía tomarlo con las
manos mojadas.

Volteó y me miró fijamente.

Sus expresiones no eran claras, pero entendí que quería


ayuda con el cigarro, así que me acerqué para retirarlo de
sus labios.

Tomó papel para secarse las manos y luego de eso formó


una pequeña bola y la encestó en el cesto de basura.
Observé detenidamente el cigarrillo en mis manos y vi como
se esparcía el humo en el aire.

—¿Fumas? —preguntó arrugando la nariz.

—No, nunca lo he hecho.

—Nunca lo hagas, es malo.

—Gracias por el consejo, no sabía que era malo fumar —fui


sarcástico.

—Ahj —volcó los ojos y se giró para irse.

—Julián ¿Dónde estabas ayer? —inquirí molesto mientras lo


seguía —me dejaste ayer con la comida hecha.

Soltó una pequeña risa y habló.

—Pareces una vieja de telenovela reclamándole a su


marido.

—Idiota —musité.
—Estaba ocupado —respondió —tengo hambre ¿Me trajiste
comida hoy?

—Sí. Pensé que no habías venido hoy.

Julián caminaba algo rápido, sus piernas eran grandes, las


mías no, eso me hacía ver como si estuviese corriendo
detrás de él.

—¿Por qué pensaste eso? —se detuvo mientras miraba a los


lados verificando que no hubiese nadie, supuse.

¿Qué busca?

—No estabas... —me callé al darme cuenta de lo que iba a


decir.

Inconscientemente casi confieso que fui a su salón a ver si


estaba.

—¿En mi salón? —miró directo a mis ojos.

—No, no era eso...yo...

—¿Espiándome de nuevo, niñito? —sonrió ampliamente.

—Pff, por supuesto que no —rodé los ojos en blanco.

—Díselo al rubor en tus mejillas —soltó una carcajada de


risa.

—Eso es mentira —froté mi cara y ardía.

—No es mentira, pareces un tomate —sentí mis orejas


calientes.

—Como digas...
—Shhh —con su dedo índice me indicó que hiciera silencio.

—No me mandes a callar, idio...

Me tapó la boca con su mano y me jaló junto con él a un


salón que había cerca, me estaba asfixiando. Su mano
cubría la mitad de mi cara y me tenía tapada la boca y
nariz.

—Como le dije Sr. Franklin, los estudiantes no pueden hacer


lo que les de la gana ¡Tienen que acatar las normas! —una
profesora exclamó molesta —se supone que esta parte de la
universidad está restringida hasta que la terminen de
remodelar, pero he visto alumnos salir de acá.

—¿Por qué no los detiene y los envía a mi oficina cuando los


ve? —inquirió el director.

—Intento hacerlo, pero se dan cuenta de que los estoy


siguiendo y se pierden de mi vista rápidamente.

¿Restringida? ¿Para qué coño viene hasta acá este idiota?

—¡No hables, niño! —Julián susurró en mi oído.

Eso me produjo un extraño cosquilleo.

—Seguramente vienen a drogarse por estos lados desolados


—rugió nuevamente la profesora.

La respuesta del director no se logró escuchar debido a que


se fueron alejando mientras caminaban.

—¿¡Te vienes a drogar!? —inquirí molesto cuando me liberó


—si vas hacer tus cosas no me metas.

—Tú fuiste quién me siguió —se encogió de hombros


restándole importancia a lo que dije.
—No me contradigas cuando te hablo —ladré furioso.

¿Cómo es posible que se venga a drogar aquí? Está


completamente loco, tengo que irme, no pueden
involucrarme en eso.

—Oye, cálmate ya —salió del salón y seguido yo —no me


drogo, estúpido.

—¿Entonces por qué estamos aquí? —arqueé una ceja y


crucé mis brazos en espera de su respuesta.

—Simplemente no me gusta comer en la cafetería con tanta


gente estúpida mirándome.

Caminamos hasta una escalera y comenzamos a subir.

—Siento que mientes.

—Bien, si quieres podemos hacer otro trato por un nuevo


reto —rió por lo bajo —esta vez no sería tan bueno contigo.

—Cretino —bufé sin miedo alguno.

—Ya deja de quejarte, si no me creyeras no estarías aquí


conmigo ¿Cierto, niñito? —se detuvo al final de la escalera.

Tiene razón ¿Por qué estoy aquí?

—No me digas "niñito", me haces sentir estúpido.

—Lo eres —musitó.

—¡Te escuché! —liberó una carcajada de risa.

—Era la idea, niño —admitió.


—No me digas niño —arrastré las palabras —tengo
dieciocho.

—Tú nombre es largo y me aburre decirlo —excusó —y sé


que te incomoda que te llamen por tú apellido, por eso no lo
hago.

¿Cómo lo supo?

—No dije que me incomoda eso.

—Eres muy expresivo con la cara, te delatas fácilmente.

—¿En serio? —arrugé la nariz. No creo —¿Qué hacemos


aquí?

Estábamos en una abandonada azotea, era algo rústica y


solitaria, solo había unas cuantas mesas y sillas dañadas.
No tenía buen aspecto el lugar, pero aún así estaba limpio.

—Bueno, yo venía a disfrutar del silencio pero tú hablas


mucho.

—Perdón por existir —dramaticé, llevando una mano a mi


pecho fingiendo dolor por sus palabras.

—Siéntate —me dio una silla y el prefirió sentarse en el


suelo.

Dejé la silla a un lado y me senté junto a él.

—Toma —saqué la taza de mi bolso y se la entregué —buen


provecho.

Sé que quería sonreír, pero se estaba esforzando por no


hacerlo.

—Gracias —asentí y seguir visualizando el lugar.


La verdad es que si era muy silencioso y tranquilo, ya veo
porqué le gusta venir.

—Está delicioso —guié mi mirada a él en lo que habló.

—Solo es arroz con pollo y vegetales.

—Está delicioso —repitió —¿Por qué estudias comunicación


social? Deberías estudiar gastronomía o algo así.

Tampoco le dije cual era la carrera que estaba estudiando.

A veces me asusta porque pienso que me espía y por eso


sabe cosas de mí, pero recuerdo que yo también lo espio y
se me pasa.

—No seas dramático, tampoco es para tanto —rodé los ojos


en blanco, tanto halago de su parte ya me empezaba a
parecer burla.

—Solo te digo que deber...

Una llamada entrante en mi teléfono lo interrumpió.

—¿Mónica? —contesté luego de ver su nombre en la


pantalla.

—«Timmy, hola de nuevo» —se notaba nerviosa, pero


alegre a la vez —«te quería...te quería preguntar qué harás
el viernes por la tarde, tengo el día libre y quería saber si
quieres ir por un café o algo» —fue directa.

—Esto...eh —titubeé —claro, hablas de una... ¿Una cita? —


pregunté algo confundido.

— Ohj ohj —Julián tose.

—«¡Sí! Una cita» —rie nerviosa.


—De acuerdo, perfecto, nos vemos el viernes —aseguré.

—«Nos vemos» —finalizó colgando la llamada.

Quedé sorprendido y boquiabierta, no pensé que yo le


pudiera llamar la atención a Mónica, aunque una salida
cómo esta no significa que le guste, ¿o si?

—Entonces ¿Tienes una cita? —inquirió serio el chico junto a


mí.

—Si, creo —respondí algo asustado —creo que nunca había


tenido una cita.

Siempre me enfoqué en mis estudios o trabajo y nunca me


di tiempo para el amor, romance o esas cosas. La única vez
que salí con una chica fue a los once, no creo que eso
cuente, estudiábamos juntos.

—¿Por qué la cara de susto?

—No se qué se hace en las citas —admití serio y Julián volcó


los ojos.

—¿Me estás jodiendo, cierto?

—No, nunca tuve tiempo para eso, siempre estaba


estudiando o haciendo cualquier cosa —espeté.

—¿Nunca has salido con alguien? —esta vez estaba


sorprendido.

—A los once, creo —soltó una pequeña risa.

—¿A los once? Eso no cuenta. No me digas que aún eres


virgen —habló vacilante.

—Puto idiota —bufé y decidí irme.


—Un momento —me tomó del brazo —¿Si lo eres?

—¿Te burlarás de mí?

—No...

—Sí lo soy, soy virgen —admití.

—No puede ser niño —rie a carcajadas.

—Por supuesto que te burlarías —me liberé de su agarre y


caminé.

—Te voy a aconsejar —comenzó a habla y me detuve.

—Te escucho —dije atento.

—Si ves que se te está complicando todo gracias a tu


torpeza o algo así, intenta romper el hielo dándole un
pequeño beso. No creo que le moleste que lo hagas en la
primera cita ya que es muy atrevida, tanto como para ser
ella quien te invite a salir —no parecía contento.

—Bueno, que me haya invitado ella no la hace atrevida,


simplemente segura de ella misma —dije eso último
mirando hacia un punto no específico —pero, ¿Besarla?

—Por Dios Temothée... —lo miré y ya había entendido mi


nueva cara de preocupación —¿Tampoco has besado a
nadie?

—Me siento estúpido.

—Lo eres.

—Cállate.
—Pero no es malo, eso es tierno —lo miré a los ojos —que
no hayas dado tu primer beso y aún seas virgen.

¿Tierno?

—Estaba muy buena, gracias —me devolvió la taza.

—¿A dónde vas? —pregunté cuando se levantó para irse.

—Tengo cosas que hacer —alegó.

—Espérame...

[...]

Los días pasaron y Julián estuvo más raro de lo normal, no


podía decir que nos habíamos vuelto muy unidos, pero
estaba muy distante y serio.

Observé la hora en el reloj de mi sala y casi era medio día.


Estaba listo para mi cita con Mónica y la verdad, me
preocupaba más saber porqué Julián estaba tan serio.
Terminé de servir su comida para dejársela antes de irme.

Tomé la taza, mis cosas y me dirigí a su apartamento.

—¿Quién? —escuché su voz luego yo tocar su puerta.

—Soy Temothée.

—No hay nadie —respondió.

—¡No seas estúpido! —enseguida abrió la puerta y me


escaneó.

Estaba sin camisa, lo único que cargaba puesto era un


pantalón. Su piel pálida estaba expuesta y podría admitir
que sentía algo de envidia por no tener el cuerpo como el
de Julián, está muy bien definido. Su pecho, sus fuertes y
grandes brazos, sus largas piernas.

—¿Vas a tú cita?

—Sí.

—Suerte —sonrió sin ganas e hizo el amague para cerrar la


puerta, pero lo detuve con mi pie.

—¿Qué te sucede? —inquirí molesto por su actitud —has


estado más grosero de lo normal.

Terminé de abrir la puerta y entré.

—Estoy normal, no sé de qué hablas.

—Aquí está tu comida —la dejé sobre la mesa.

—Llegarás tarde a tu cita, vete —fue cortante pero no le


presté atención.

—Ni lo menciones, sigo nervioso con eso —caminé de un


lugar a otro.

—Solo se tú mismo.

—Soy muy aburrido —hablé sentándome en el mueble —¿Y


si después de ahí quiere ir a otro lugar? —no podía ver mi
cara, pero sé que se reflejaba mi pánico.

No tenía idea de cómo comenzar una escena sexual ni un


beso. Doy vergüenza con esas cosas.

—Si quiere ir a otro lugar, te niegas —habló serio.

—¿Por qué?
—No lo sé, solo digo —se encoge de hombros —eso haría yo
—le resta importancia.

—Alto ahí rompe corazones, se me ocurre algo.

—¿Qué? —Julián me vio extrañado.

—Tú debes ser un Don Juan con las chicas, debes tener
mucha experiencia —comencé a hablar.

—No perderé mi tiempo diciéndote qué tienes que hacer y


que no, niño —estableció enseguida.

—¡Por favor!

—No —pronunció lentamente.

—Solo explícame qué hacer cuando quiera besarme, o


bueno, yo tendría que besarla sino sería raro. ¡Ah! No sé
cuál sería el momento indicado —dije todo muy rápido y
frustrado.

Parecía pensarlo, por un momento me observó


detenidamente y sonrió sin mostrar los dientes.

—De acuerdo, te diré que tienes que hacer —terminó de


cerrar la puerta y se sentó junto a mí.

—¡Gracias! —dije con esperanza en mi cita.

—Para darle seguridad y que se sienta cómoda —comenzó a


decir tomándome de la mano.

—¿Qué haces? —aparté mi mano al sentir un cosquilleo por


su tacto.

—Cada detalle cuenta, te estoy mostrando lo que tienes que


hacer —tomó con delicadeza mi mano y comenzó a
acariciar la misma —a las mujeres les gusta que les den
atención, que sean cariñosos y delicados con ellas —se
acercó un poco más a mí.

Dios, la loción corporal de Julián era jodidamente buena.

—De acuerdo —mi voz se escuchó entrecortada, no podía


dejar de detallar el cuerpo de Julián.

—Tienes que tocarla como si de la porcelana más delicada


del mundo se tratase —sus caricias se extendieron por todo
mi brazo y hombro, produciendo placenteras corrientes
eléctricas por todo mi cuerpo.

Mordí mi labio tras una sensación extraña en mi estómago.

—Estos son uno de los resultados —sonrió complacido al


notar mi piel erizada —niño, tienes que ser paciente —su
mirada clavada en mis ojos estaba algo perdida, como si
estuviese pensando en muchas cosas al mismo tiempo.

Notablemente no me podía mover del lugar, mis piernas


estaban inmóviles.

—¿Qué más quieres que te explique? —su voz ronca y


gruesa pronunció las últimas palabras, su cara y la mía
estaban a pocos milímetros, podía sentir su cálida
respiración chocar con la mía.

Su respiración era segura y constante, mientras la mía era


entrecortada y yo luchaba por seguir firme.

—Yo... esto... —puso su dedo pulgar en mis labios.

—Eres muy tierno e inocente, niño —hizo pequeños círculos


en mis labios. Al mirarlo a los ojos, había un brillo en ellos
que no había visto antes en Julián.
El silencio se apoderó de la situación por un momento.
Nuestros cuerpos a una distancia peligrosa y nuestras
miradas curiosas conectadas una con la otra.

—Cierra los ojos —ordenó.

—No ¿Para qué? —balbuceé.

—¿Confías en mí?

—No —esbozó una sonrisa cargada de malicia por mi


respuesta.

—Bueno —terminó de restar el espacio entre nuestros


rostros uniendo sus labios a los míos en un pequeño beso.

Se separó y su mirada evaluó la mía, inexpresiva. Yo estaba


completamente congelado y con miedo. No pude moverme
y tampoco sabía si quería hacerlo. Lo miré sorprendido y mi
corazón amenazaba con salirse. Me sentí confundido.

Volvió a unir nuestros labios esta vez intensificando el beso,


pasó su mano por detrás de mi cabeza haciendo caricias en
mi cabello y está vez no me negué en seguirlo.

Dios ¿Qué estoy haciendo?

—No... —tartamudeé y me separé de él —esto no está bien,


no podemos...no podemos hacer esto.

Finalicé retirándome del lugar rápidamente.

__________________________

Nota de autor:

¡AAAAAH! Su primer besooo *toma foto*


Estoy emocionado al editar estos capítulos y revivir esas
sensaciones extrañas con la química de estos dos chicos. ❤️

Julián demostró algo, algo increíble, pero ¿Timmy? ¿Te gustó


o no te gustó el beso? Explícameee.

Si les gustó el capítulo no olviden votar y obviamente


comentar, también me gusta leerlos a ustedes. ❤️

¡Nos leemos pronto!

Instagram: @luissburgos

Luis Burgos.
Capítulo 11. | No me
gustan los chicos.

Temothée Hammer.

No me pude resistir ni un segundo más.

Sus besos repartidos por mi cuello me hacían estremecer,


era completamente excitante.

Me hizo girar y quedar de espalada a él para seguir con las


embestidas que se iban intensificando cada vez más.

— ¡Joder! que bien se siente —gemí.

—Niño, no me digas esas cosas... —musitó su voz ronca, y


pude sentir su respiración en mi cuello —me haces querer
devorarte sin compasión.

Me giró nuevamente. Julián tenía fuerza para manipularme a


su gusto, esta vez quedamos frente a frente, sentí su
miembro entrar de nuevo en mí y jadeé, estaba
completamente duro. Se afincó un poco y comenzó de
nuevo el vaivén, al mismo tiempo tomó mi miembro erecto
y comenzó a masajearlo delicadamente de arriba abajo.

—Julián, creo que... —jadeé cargado de placer.

Comencé a sentir esas cosquillas por todo mi cuerpo.

Estoy por venirme.


—Tranquilo, niño —se acercó para besarme —hazlo, quiero
verte.

Como si fuese posible, aumentó mucho más las embestidas


y el placer se hizo más grande.

—E-Estoy por... venirme...

El sonido del reloj me hizo despertar.

—Joder —me levanté exasperado —¿Qué coño acabo de


soñar? —chillé.

Hacía frío en la habitación y yo estaba sudando. ¿Qué me


pasa?

—No puede ser —articulé al pararme de la cama y ver mi


bóxer —estoy húmedo.

¿Qué diablos está pasando conmigo?

Caminé al baño, me quité mi bóxer y entré a la ducha. Sentí


las gotas de agua tibia chocar en mi cabeza para luego caer
recorriendo todo mi cuerpo.

Mientras me bañaba se me venía a la mente partes del


sueño con Julián, era inevitable pensar en eso.

Lo había intentado evitar desde lo sucedido ayer y lo estaba


haciendo bien, no me lo había topado en ningún lugar, a lo
mejor es porque él también está colaborando en evitarme
igual.

No sabía si hablar con él sobre lo sucedido, sentía que me


iba a consumir la vergüenza, no podía reclamarle nada, yo
permití desde un principio que él continuara el beso. No sé
por qué hice eso.
Me sentía confundido sobre lo que estaba pasando.

Ayer en mi cita con Mónica apenas y pude presentarle


atención a sus conversaciones, mi mente estaba enfocada
en Julián.

Intenté no pensar tanto en lo sucedido y me terminé de


bañar, al rato salí y cuando me vestía mi teléfono sonó.

—«Temothée, más tarde te pasaremos buscando» —


estableció Otis, al contestar la llamada.

—¿De qué hablas? —inquirí.

—«Más tarde es la reunión por el cumpleaños de Roger» —


lo había olvidado. Roger es un estudiante de otra carrera en
la uni —«te dije hace unos días que nos invitó a todos»

—Oh, cierto —dije —de acuerdo, me avisas cuando vengan


en camino.

—«Perfecto» —finalizó colgando la llamada.

El día me pasó súper lento, no tenía nada que hacer y me


puse a ordenar todo el apartamento para distraerme y no
pensar tanto en Julián, pero fue imposible.

Sentía la necesidad de hablar con él, incluso busqué la ropa


que él me había prestado hace unos días para entregársela
y poder verlo, quería dejar en claro lo que había pasado,
pero la valentía duraba poco.

Solo fue un error lo que había sucedido, no era algo que


debió haber pasado.

"No me gustan los chicos, no soy gay". Me repetía eso


último una y otra vez.
Terminé de cenar, me duché y seguido me vestí para salir a
lo de Roger, los chicos ya venían por mí, seguramente
estaban cerca.

Me había colocado unos jeans algo claros, una camiseta


negra y encima de esta una chaqueta de blue jean. Mis
converse negras se veían increíble luego de haberlas lavado
en la tarde.

Luego de unos minutos, después de dar tantas vueltas en


mi apartamento, y casi abrir un hueco en el suelo de tanto
pasar por los mismos lugares, me llegó un mensaje de
Carla, decía que estaban abajo esperando.

Enseguida tomé mis cosas y salí. Al pasar por el


apartamento de Julián solo había silencio, dudé si estaba
dentro.

—Seguro está trabajando —pensé en voz alta.

¿Qué coño te importa lo que haga? sigue caminando.

Y lo hice, seguí mi camino solo.

—¡Timmy! —gritó Carla, alegre al verme.

—¡Carla! —grité también esbozando una sonrisa y


subiéndome en el auto de Otis.

—Ojalá así se alegrara Carla al verme a mí —refunfuñó


Tonny y todos reímos.

En el auto íbamos Otis, quien conducía, Carla, Tonny y yo,


los demás chicos ya estaban en casa de Roger, se habían
ido con Ander.

[...]
En poco tiempo llegamos al lugar, había muchos carros
fuera de la casa, Roger conocía a muchas personas y tenía
muchos amigos. Se veía gente tanto dentro de la casa como
fuera de ella.

—¿Huelen eso? —preguntó Otis.

—No ¿A qué huele? —pregunté incrédulo.

—Huele a perreo intenso —rió e hizo un pequeño baile


ridículo.

—Idiota —bufé y reímos.

Nos adentramos a la inmensa casa pasando por la manada


de personas bailando, el lugar estaba iluminado por luces
de colores, se veía muy bien todo.

—Los chicos están en el patio trasero —anunció Otis en


gritos para que lo pudiésemos escuchar.

Asentimos y lo seguimos dirigiéndonos al lugar mencionado


antes.

—¡Chicos, por acá! —escuchamos a Tina llamarnos con una


mano alzada haciendo señas y nos acercamos.

Estaban sentados en una mesa cerca uno de los extremos


de la piscina, del lado contrario de la casa. La piscina estaba
llena de agua pero nadie estaba en ella aún.

—Tomen —Ander no esperó a que nos sentáramos para


ofrecernos bebida.

Tina estaba sentada cómodamente en las piernas de Ale


observando como terminamos de llegar.
—Wow, eficiencia o nada hermano —celebró Tonny
recibiendo con una sonrisa la botella.

—¿Dónde está Roger? —pregunté —no lo he felicitado.

—Si lo felicitas ahora no creo que lo recuerde para mañana


—comentó Ale.

—¿Por qué lo dices? —arqueé una ceja.

—Está súper borracho ya —respondió Tina —me invitó a


bailar hace rato y lo único que recibí de su parte fueron
pisadas. Créeme que ni amarrada por las tetas vuelvo a
bailar con él esta noche —bufó y no pudimos evitar reír por
sus expresiones.

—Igual iré a felicitarlo —habló Carla —¿Vamos, Timmy?

—Sí —fui detrás de ella, buscando a Roger por toda la casa.

Recorrimos casi todo el lugar y no lo encontramos, seguro


andaba de un lugar a otro. Era de suponerse, es su fiesta.

—Allá está —me alegré al verlo en una mesa cerca de la


rejilla del jardín. Tomé a Carla del brazo para ir hacia Roger
—¡Puta madre!

Me detuve de golpe observando la compañía de Roger.

—¿Qué sucede? —preguntó Carla —vamos.

Julián estaba en el grupo de personas con Roger.

¿Qué carajos hace aquí?

Que estúpido soy, era obvio que podían ser amigos. No debí
venir, ahora me siento incómodo.
—Carla, anda tú, yo lo saludo luego.

—No iré sola, vamos —me tomó de la mano arrastrándome


con ella —Roger ¡Feliz cumpleaños! —Carla lo saludó.

Julián la reconoció y dirigió su mirada a mí, era vacía y


mostraba indiferencia con la situación.

—Carla, Temothée, me alegra que hayan venido amigos —


habló Roger haciéndome aterrizar de mi nube.

—¡Feliz cumpleaños! —le sonreí ignorando la presencia de


Julián para no sentirme incómodo.

—Gracias a los dos —Roger nos abrazó y tambaleó un poco.

Julián le dijo algo a un chico junto a él y se retiró de manera


silenciosa.

Por inercia, mis pies dieron unos pasos para seguir detrás de
él, —¿A dónde vas? —Carla me detuvo enseguida.

La miré a ella y luego miré hacia donde Julián iba.

¿A dónde voy?

—A ningún sitio —respondí.

—Bueno, vamos con los chicos —me guió de nuevo


tomándome de la mano.

Me senté y decidí dejar de darle tantas vueltas al asunto


con Julián, comencé a beber con los muchachos ignorando
todo lo que había sucedido. Vine a celebrar no a lamentar.

Un grupo de amigos se unieron a nosotros luego de


escuchar nuestros gritos, estábamos jugando el peligroso
"verdad o reto", y cada vez se acercaban más personas a
jugar con nosotros o a solo ver el juego.

—¿Verdad o reto? —Ander se dirigió a Otis.

—¡Reto! —no lo pensó dos veces para gritarlo.

—Hazle un mini baile erótico a Keyla —ordenó Ander


señalando a la chica sentada a unos puestos junto a él.

Los gritos de todos los que estaban en el patio visualizando


la escena, se podían escuchar hasta en china. Todos
silbaban y aplaudían mientras mi amigo se destacaba con la
chica y su baile.

—Te toca —le indiqué a Otis y este asintió.

—Tina ¿Verdad o reto? —sonrió maliciosamente.

—Reto, amigo —respondió enseguida.

A todos mis amigos les gusta jugar con fuego.

—Bien chicos, ¡Se prendió el lesbianismo! —anunció Otis a


todos los presentes —Tina, beso con Carla —ordenó.

No pude evitar gritar al igual que todos.

Tina miró a su novio junto a ella y este asintió guiñándole el


ojo.

—Bien —se acercó a Carla mientras todos comenzaban a


corear "que se besen" —con tú permiso —le dijo esas
últimas palabras a Tonny antes de besar a su novia frente a
él.

—Joder, estas chicas no le temen al éxito —dijo un chico


robusto cerca de ellas.
Estas chicas. Dos mujeres. Un beso. ¡Flashback!

Sacudí la cabeza y saqué el beso con Julián de mis


pensamientos.

—Bien, me toca elegir una víctima —habló Tina luego de


finalizar el beso —¡Temothée!

Mi cuerpo se tensó, era mi primer turno.

—¿Verdad o reto? —preguntó sonriente mientras todos


escuchaban atentos.

—Bueno, ya que nadie ha elegido verdad...

— ¡Reto dijo! —me interrumpió Otis y todos celebraron.

Esto se fue a la mier...

—¡Perfecto! —Tina le siguió la corriente a Otis —noté que


esta chica de acá no te ha quitado el ojo desde que
comenzó el juego —se acercó a la rubia señalándola y esta
se sonrojó enseguida —proporcionale un apasionado y
salvaje beso a esos delicados labios que buscan placer,
amigo mío.

Se puso hasta poeta.

—De acuerdo —sonreí y me acerqué a ella mientras todos


comenzaban a corear "que se besen".

La chica se levantó ansiosa de donde estaba sentada para


poder corresponder al beso, pero justo antes de poder
acercarme a sus labios el sonido de algo partirse llamó la
atención de todos los que estábamos allí.

— ¡Ay, disculpen mi torpeza! —Julián sonrió falsamente.


Había dejado caer una botella de vodka —por favor, no se
detengan, yo limpio esto —dijo eso último viéndome directo
a los ojos.

¿Qué le sucede a este chico?

—Tranquilo hermano, todos estamos igual de ebrios —indicó


Roger acercándose al lugar mientras tambaleaba de la
borrachera —yo lo limpio.

—Ni se te ocurra, es tu cumpleaños y también estás ebrio,


te puedes cortar —lo alejé —yo limpio esto.

—De acuerdo, Timmy, gracias —esbozó una sonrisa cálida y


asentí sonriéndole también.

—Te ayudo —se ofreció Julián.

—No gracias, yo puedo solo —alegé mientras me adentraba


a la casa para buscar con qué limpiar el desastre.

—Esas palabras las he escuchado antes —ironizó mientras


caminaba detrás de mí.

—Silencio, idiota —gruñí.

—Bien.

Me giré cuando dijo eso último y lo vi alejarse.

Estúpido.

Luego de limpiar el desastre que había dejado Julián, volví a


sentarme con mis amigos.

Todo parecía estar bien, todos nos estábamos divirtiendo


mucho, se unieron a tomar y hablar algunas de las personas
que jugaron "verdad o reto" con nosotros.
Ya había pasado algunas horas y muchos estaban muy
ebrios, varios hasta se habían lanzado en la piscina y bebían
dentro de ella.

Tenía bastante rato sin ver a Julián ¿Dónde se mete este


chico?

—¡Por Dios, Temothée! Eso no te debe importar —me


susurré a mí mismo.

—¿Estás hablando solo? —Tina preguntó —¡Yo también lo


hago todo el tiempo! —gritó alegre y puso su mano para
chocarlas.

—Te adoro —reí por lo bajo.

—Vamos —me tomó de la mano —quiero ver qué tan fría


está el agua de la piscina.

—Bien —caminé con ella.

—Está perfecta, creo que me meteré con Alejandro —dijo.

—Hermosa ¿Bailamos? —un tipo se acercó a nosotros, se


notaba que estaba más que borracho.

—No, gracias cariño —respondió Tina con amabilidad —


estoy algo cansada.

—Vamos, no seas cruel conmigo —la tomó de la mano y


empezó a caminar.

—No, en serio —repitió al zafarse del agarre del tipo.

—¡Vamos! —insistió.

—Te dijo que no amigo —hablé intentando ser lo más


amable posible.
—¿Eres su novio? —inquirió con el ceño fruncido.

—No.

—Entonces no te metas —volvió a tomarla del brazo.

—¡Hey! —chilló Tina.

La atención de muchos se dirigió a nosotros.

—¡Te dijo que no! —quité su mano de encima de Tina.

—Anda a entrometerte en otro lado —gruñó el tipo


empujándome a la piscina.

Maldito idiota.

Los que estaban en la piscina me ayudaron a levantarme y


salir.

—¿Qué carajo? —musité al ver al tipo sentado en el suelo


con un golpe que sangraba en su nariz.

Ale, seguro escuchó a Tina.

—¡Auch! —me quejé al sentir que me jalaron del brazo.

—Vamos —era Julián, su mano y camisa estaban manchadas


con un poco de sangre.

Ladeé mi cabeza al darme cuenta de eso y hablé.

—Julián ¿Fuiste tú? —inquirí más sorprendido y confundido


que antes.

—El maldito se lo merecía —gruñó.


No sabía a dónde me llevaba, mi mente se quedó
meditando la situación.

Subimos unas escaleras y entramos a una habitación.

—¿Qué hacemos aquí? —inquirí luego de reaccionar.

—Roger me dijo que aquí estaban las toallas —habló con un


aura sombría y furiosa —toma, sécate —ordenó
extendiéndome la toalla.

—Gracias —la tomé inseguro.

Me quité la chaqueta de blue jean y me sequé por encima lo


que pude mientras Julián se quedó parado frente a mí
observándome.

—En un rato nos vamos —indicó como si mandara sobre mí.

—No eres mi padre, me voy cuando yo quiera —bufé.

—Estás húmedo, niño —mi cara ardió como mil infiernos


justo cuando escuché eso, recordé de inmediato el sueño de
esta mañana con él —te puede dar un resfriado.

—Te dije que no —me levanté de golpe para retirarme.

—Temothée —me sujetó del brazo.

—Julián, suéltame.

—No lo haré, te dije que nos vamos —vi como frunció sus
labios...

Sus labios.

Los vi nuevamente recordando el jodido beso.


—Si quieres ayudarme no tienes que tratarme como
cualquier cosa —indiqué señalando como me tomaba del
brazo.

—Lo siento —se disculpó dejando su agarre.

Asentí y se sentó en la cama, lo noté un poco tenso aún.

—Está bien —me senté junto a él, quedando ambos en


silencio por unos minutos.

—Disculpa —habló serio.

—Te dije que estaba bien, no pasa nada.

—No por esto —dicho eso lo miré —lo digo por el beso.

Me miró cabizbajo y silencioso, se veía como un cachorro


regañado, era tierno.

Sentí como me sonrojé de la vergüenza al recordar la


escena de nuevo.

—Bueno, me estabas explicando algo... aunque había otras


formas de hacerlo —escuché una pequeña risa de su parte.

—Lo sé, solo me aproveché de la situación y de tu jodida


inocencia, por eso me disculpo —me miró a los ojos.

¿Se aprovechó de la situación?

—Tranquilo, sé que no volverá a pasar.

—¿Puedo preguntar algo? —se giró quedando de frente y


más cerca de mí.

—De acuerdo —dudé al responder.


Me observó detenidamente y luego se reincorporó a como
estaba antes, quedando a mi lado con vista al frente. Ahora
era yo quien lo observaba.

Su perfil es hermoso y es algo que no puedo negar.

Sus expresiones en ese momento eran confusas, era difícil


adivinar en qué estaba pensando.

—Si no querías que te besara... —habló luego de unos


largos segundos —¿Por qué simplemente no lo impediste?

Quedé en blanco, tenía la razón. Pude haberme negado


desde un principio y ya, pero en lugar de eso, me quedé
probando sus labios y luego reaccioné.

Recordé sus caricias y delicadeza al besarme, la sensación


fue rara pero no fue algo que me haya desagradado.
Simplemente estaba asustado y confundido. Aún lo estoy.

"No me gustan los chicos, no soy gay" Me dije mentalmente.

¿Qué pasa conmigo?

Julián volteó a verme, yo inexpresivo no supe responder.

—Yo...

—Está bien si no quieres responder —pronunciaron los


labios que no podía dejar de observar.

—Julián, yo... —él estaba esperando que terminara de


hablar, pero las palabras no terminaban de salir de mi boca.

Me observó detenidamente y lamió sus labios, sus oscuros


ojos estaban clavados en mí, esperando respuesta.
—Yo quiero... yo... —musité lentamente acercándome un
poco a él.

"No me gustan los chicos, no soy gay"

"No me gustan los chicos, no soy gay"

"No me gustan los chicos, no soy gay"

Repetir eso en mi mente no ayudó en nada, no sé qué me


pasaba pero sentí la necesidad de besarlo de nuevo.

Julián se sorprendió cuando terminé de acercarme para unir


nuestros labios, enseguida me correspondió al beso con
ansias peligrosas.

Sentí una corriente eléctrica recorrer mi cuerpo, esa


sensación me estaba gustando, y mucho.

Sus labios eran suaves y besaba jodidamente bien.

Julián. Pensé en su nombre.

No sabía que es lo que estaba haciendo ni a dónde me


llevaría este beso, pero no quería que parara.

_______________________

Nota de autor:

Dios mío, ese sueño de Temothée, los cambios de humor de


Julián, las confusiones de Temothée, los celos de Julián
¡Aaaah!

#AmamosAJulianCeloso

¿Qué les pareció el capítulo?


Recuerden que pueden recomendarle la historia a quienes
consideren que le pueda gustar ❤️me ayudarían mucho.

🥺✨
Gracias por estar aquí, tal vez sean pocos lectorxs pero los
aprecio muchísimo

Bye, los quiero musho ❤️

¡Nos leemos pronto!

Ig: @luissburgos

Luis Burgos.
Capítulo 12. | Puedo irme
feliz.

POV JULIÁN

Se acercó un poco a mí, su cara era jodidamente expresiva.


Podía notar que estaba nervioso pero igual quería decir
algo, y tal vez no se sentía seguro de si yo pensaba igual.

En escasos segundos el chico me sorprendió mucho cuando


disminuyó por completo el espacio entre nosotros, y unió
nuestros labios. No pude evitar corresponderle el beso, y no
es porque él besara como un experto, apenas y tenía
experiencia, era algo torpe en eso y hasta me causaba
ternura, pero me hacía sentir diferente este niño, su
inocencia y torpeza me gustaban.

Me sentí en paz en ese momento junto a él, pero algo me


decía que no estaba bien que estuviese haciendo eso. El
estaba un poco ebrio y sabía que eso podía ser causa de
esta actitud repentina en él.

Que Temothée tomara la decisión de besarme estando


borracho, no era algo que yo quería, prefería que lo hiciera
estando completamente consciente. Que supiera con
certeza lo que quisiera hacer conmigo. Como lo hago yo.

Me separé de él un poco finalizando el beso, ladeó su


cabeza y me miró algo confundido cuando me levanté.
—Sécate para irnos —ordené con seriedad.

Antes de que pudiese reprocharme algo, Roger entró a la


habitación, —Wow, Temothée, discúlpame por esto —se
acercó más a nosotros.

—Tranquilo, Roger —habló Temothée —esto no fue tu culpa.

—Puedes buscar en mi armario algo que te quede para que


estés seco y cómodo —ofreció Roger —aún falta para que
acabe la noche.

—Descuida, con la toalla basta —indicó.

—De hecho, ya nos íbamos —avisé.

Temothée volcó los ojos y apartó su mirada de mí.

—Vamos, niño —continué hablando mientras me dirigía a la


puerta, este hizo un puchero ante mi petición e igualmente
obedeció.

Esperé que se despidiera de sus amigos mientras yo


encendía mi moto.

No entiendo que está pasando conmigo, parezco un total


estúpido con este chico. Primero no tenía ni la más mínima
idea de su existencia, y cuando lo conocí tampoco me
importó mucho, me estresaba su torpeza, pero luego de
pasar más tiempo con él, fue su misma torpeza y su
inocencia las que me comenzaron a gustar.

Soy un completo desastre cuando me gusta alguien. Por


instinto, comienzo a tratar a la persona como si no me
importara, ni yo mismo sé por qué lo hago.
—Listo —Temothée me hizo bajar de mi nube y prestarle
atención.

Estaba parado frente a mí con los brazos cruzados, aún se


veía molesto e indignado por hacerlo retirarse de la fiesta.
Esa imagen frente a mí me causó ternura. Aunque se
molestara no podía dejar que se quedara.

—Bien —me subí en la moto y volteé a verlo luego de unos


segundos —¿Quieres que te haga una invitación a subirte o
que esperas que te abra la puerta de la limosina? —fui
sarcástico.

Intentó contener la risa y falló —idiota —susurró eso último


pero logré escuchar, seguido a eso se subió a la moto.

Giré un poco la cara y por el rabillo del ojo vi que estaba


buscando de donde sostenerse, hasta que solo colocó sus
manos en sus piernas y se inclinó levemente hacia delante.

Arranqué la moto aumentando un poco la velocidad y


frenando repetidas veces, con cuidado.

—¿Qué haces, idiota? —inquirió asustado —¡Me harás caer!

Repetí la acción nuevamente y no le quedó de otra que


sostenerse de mí rodeándome con sus brazos.

—Si te caes a está velocidad que vamos, el raspón de una


caída en patines sería más grave —reí

—¡Podría morir de igual forma! —chilló.

Me limité a quedarme callado e ir aumentando la velocidad


poco a poco, luego de unos minutos pude sentir como
temblaba del frío por el estado en el que estaba, apoyó su
cabeza en mi espalda e intensificó su agarre en mí.
Se me dificultaba un poco respirar con él apretándome
tanto el estómago, pero no le reproché nada, el tenía
suficiente con el frío apoderándose de su cuerpo.

[...]

Hoy me levanté con el pie izquierdo, no tenía ganas de


nada, me sentía pesado, no quería moverme, ni siquiera
había desayunado, no tuve apetito ni fuerzas para eso.

Tenía que presentar un examen en la siguiente clase, pero


decidí no entrar, no me sentía preparado para presentarlo.
Sabía que la profesora me dejaría hacerlo luego.

Me encontraba fumando un cigarrillo en la terraza donde


había traído a Temothée el otro día. Quería alejarme del
bullicio de la gente y relajarme, necesitaba despejar la
mente un poco. Estar tranquilo.

Luego de unos largos minutos de estar en el silencioso


lugar, la sed me hizo retirarme, necesitaba beber algo, así
que me dirigí a la cafetería.

—Te vi y quise saludarte —escuché la voz de una chica


hablando con alguien, en un pasillo cercano.

—Esto...Bueno —esa voz la reconocí enseguida. Temothée —


me alegra saber que estés bien —me desvié hacia donde se
escuchaban las voces.

Me detuve antes de cruzar el pasillo para no interrumpir la


conversación.

—Bueno, no del todo bien, el sábado me quedé esperando


que cumplieras el reto —al escuchar eso último me asomé
un poco para visualizar quién era la chica.
Era la chica con la que Temothée se tenía que besar en la
fiesta justamente cuando sin intención alguna se me cayó la
botella de vodka.

—Estas a tiempo de cumplirlo ahorita que no hay tanta


gente viendo, sé que eres algo tímido —continuó hablando.

Lo estaba manipulando.

Temothée se veía algo incómodo con la situación, como si


no quisiera hacerlo.

—Bueno, no creo sea el momento indicado —habló


Temothée.

—¿Seguro? —se acercó demasiado a Timmy. Esta zorra


barata ya me está cansando —yo creo que es el momento
perfecto.

Yo también creo que es el momento perfecto...para


interrumpir.

—Ohj Ohj —aclaré mi garganta fuertemente para llamar la


atención de ambos y lo logré.

Temothée se vio un poco sorprendido, mientras que la chica


se mostró irritada por mi presencia.

—¿De nuevo tú? —dijo la rubia.

—Perdón por interrumpir, necesito hablar con...mi amigo —


no me gusta llamarlo así.

—Bien, hasta luego Timmy —se acercó para abrazarlo.

—Cuídate, nos vemos lue...


La estúpida lo interrumpió robándole un beso y se retiró
dando saltitos como idiota.

Temothée se quedó parado donde estaba meditando lo que


había sucedido.

—¿Querías decirme algo? —habló luego de largos segundos.

Irritado, me giré sobre mi eje y comencé a caminar rápido.

— ¡Julián! —Temothée trató de seguirme pero caminé


realmente rápido para perderlo de vista.

No quería hablar sobre lo que acababa de pasar, sabía que


no era su culpa, ella fue quien lo besó. Él tampoco tiene
porqué negarse a besarla si es lo que desea. Es su vida, no
puedo entrometerme más.

Se hizo la hora y yo me estaba terminando de vestir para


salir al bar. Mi teléfono marcaba las 9:30pm.

Decidí colocame un pantalón negro, una camiseta


totalmente blanca y sin estampados, encima de esta una
chaqueta de cuero negro, y unas botas deportivas oscuras
como todo casi todo lo que tenía puesto. La camiseta del
trabajo estaba limpia en el bar.

Chris llegó temprano al bar y me avisó que había mucho


movimiento, que debía apresurarme, pero con el ánimo que
tuve todo el día creo que sería algo difícil.

Terminé de coger mis cosas y salí.

— ¡Tú! —gritó Temothée asustándome, estaba parado frente


a su departamento cuando salí del mío —¿Por qué
desapareciste todo el día?
—No desaparecí —respondí sin ganas.

—No saliste en todo el día de tú apartamento —luego de


decir eso noté como se arrepintió.

—¿Estuviste todo este tiempo esperando que yo saliera? —


inquirí jocoso y el rubor en el rostro del niño frente a mi se
hizo presente.

—N-no...solo fue casualidad que salieras justo cuando yo lo


hacía —dicho eso reí a carcajadas.

—Bien, como digas —hablé al parar de reír.

—¿A dónde vas?

—Al bar —apoyé mi espalda en la pared.

—Oh, bueno...

—Oye, tendremos que continuar el trabajo del edificio el


jueves —comenté —estaré fuera de la ciudad hasta ese día.

—¿Fuera de la ciudad? —arqueó una ceja — ¿Qué harás?

—No es tú asunto —respondí y volcó los ojos.

—Eso quiere decir que faltarás a clases —dijo eso último


más como una pregunta.

No había notado que él estaba en pijamas.

—Exactamente.

—Bien —respondió cabizbajo —suerte en lo que tengas que


hacer.

¿Qué fue eso?


Dijo eso último girando sobre su eje y caminando a su
apartamento, quise decirle gracias, pero las palabras no me
salieron y luego ya era tarde. Temothée entró a su
apartamento.

—¡Solo tenías que responder gracias, imbécil! —me hablé e


insulté a mí mismo por no dejar de ser un iceberg cuando
Timmy es amable conmigo.

Soy un desastre frente al chico que me gusta.

Al menos hablé con él antes de irme. Puedo irme feliz.

_______________________

Nota de autor:

¿Qué tal el primer punto de vista de Julián? Es algo raro


escribir desde su perspectiva, él también está un poco
confundido y no lo ayuda mucho su personalidad, pero lo
entendemos. ❤️


Me alegra leer sus comentarios y ver que les esté gustando
la historia. Gracias por comentar y votar

Pueden seguirme en mi cuenta de Instagram:


@luissburgos

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos
Capítulo 13. | Día de lluvia.

Temothée Hammer.

El cielo prometía un fuerte tormenta, desde que salí de mi


casa en la mañana, estaba nublado y oscuro. Las calles
estaban más frías de lo normal y seguramente para
cualquiera sería un escenario muy triste, pero para mí era
increíble.

Amo los días lluviosos.

Siempre he pensado que los días de lluvia son de suerte


para mí. Puede que haya días en los que me pasen cosas
increíbles y no esté lloviendo, pero los mejores días y mis
favoritos son los de lluvia.

—¿En qué tanto piensas, Timmy? —preguntó Tina


bajándome de mis ensimismamientos.

Estabamos en la cafetería de la uni, tenía rato sin prestar


atención a lo que hablaban los chicos por estar pensando
tanto, y tampoco es que me interesaba mucho de lo que
estaban hablando en ese momento.

—Oh, nada —le di un pequeño sorbo a mi jugo de durazno


—solo tonterías.

—De acuerdo —Tina, sonrió cálidamente.

—Esa chica era mucho para tí, hermano —comentó Ander


mientras reía y todos lo escuchaban.
—No seas idiota —refutó Otis, riendo también —éramos el
uno para el otro.

—Meh...no lo creo —Tonny apoyó a Ander.

—Que sí —siguió defendiendo —éramos igual de pervertidos


los dos, en todo estábamos de acuerdo —hablaba mientras
miraba a un punto no específico, como si recordara los
momentos con la chica —Melanie me ponía más caliente
que sol de verano.

Reímos todos por su expresión romántica.

—Bueno, ya hablaste mucho —dijo Carla —ahora te toca a


tí, Temothée.

—¿Qué? ¿qué me toca? —pregunté confundido.

—Te toca decirnos cuál fue la chica que te dejó marcado en


el amor o con la que más te gustó haber estado —explicó
Tina.

Me repetí la pregunta en la mente mientras buscaba una


respuesta.

—Esto...yo... —solo había tenido algo "sentimental" con una


persona y fue de pequeño —no lo sé, creo que hasta ahora
nadie...

—Wow, el hombre de hielo. Más frío que el mismísimo Polo


Norte —habló Otis con sarcasmo.

—No seas idiota y déjalo terminar de hablar —bufó Tonny.

—Bueno, mi única novia la tuve a los once años o algo así —


fui sincero y reímos todos —pero no fue nada del otro
mundo —finalicé.
—Ay no, hermano —Otis se dirigió a mí —te tengo que dar
unas clases de cómo conquistar a una chica.

Julián. Su nombre fue lo único que se me vino a la mente al


escuchar eso último, recordé el momento exacto en el que
se acercó a mí para "enseñarme cómo besar", enseguida
sentí el ardor en mis mejillas, seguramente ya estaba
sonrojado hasta las orejas, así que coloqué mis brazos sobre
la gran mesa y hundí mi cara en ellos.

—Tina, te toca a tí —dijo Ander.

Mis oídos se ensordecieron omitiendo la conversación que


se presentaba a mi alrededor, solo escuchaba mis
pensamientos.

Se supone que Julián llegaba hoy de su viaje a no sé dónde


para hacer no sé qué. No me quiso decir qué es lo que
haría.

No le preparé nada de almuerzo porque no sabía a que hora


llegaba.

Ahora que lo pienso bien, Julián tenía razón. Parezco una


vieja de telenovela esperando con la comida hecha a su
marido para reclamarle por lo tarde que llega.

Reí mentalmente.

Esto es absurdo. No entiendo qué me pasa, no me gustan


los chicos y tampoco creo que me guste Julián, solo me
agrada pasar tiempo con él. Aunque sea arrogante la
mayoría de veces, también es algo interesante y no siempre
es grosero.

Es muy atento, me permitió quedarme en su apartamento


cuando olvidé mis llaves en la cartera de Tina.
Es educado, ese mismo día que me quedé en su
apartamento, luego de haber podido descansar, se ofreció a
llevarme a buscar las llaves a la casa de Tina.

Y algo que ni yo mismo puedo negar, es que es jodidamente


atractivo.

Pero una cosa no lleva a la otra, Temothée. Lo besaste de


nuevo, lo hiciste tú. ¿Qué es lo que te está haciendo sentir
ese chico?

[...]

—Ojalá hayan entendido todo —habló la profesora mientras


recogía sus cosas al igual que todos lo hacíamos —la
próxima clase es el examen de lo que vieron hoy.

Se escucharon algunos murmullos y ella continuó.

—Nada de quejas ni flojera, es el tema más fácil que les he


dado.

—Si este es el más fácil, no quiero ver cuál será el difícil —


se escuchó un chico al final del salón y todos rieron.

—Tengo fé en en que todos saldrán bien, Fleen —finalizó la


profesora sonriendo y retirándose del salón.

Idiomas con la profesora Jenny fue la última clase del día,


estuvo divertida la dinámica grupal para las conversaciones
fluidas. Me gustó mucho.

Caminaba hacia la salida y al observar a través de las


ventanas de la uni, pude admirar como caía la fuerte lluvia.

—Creo que no fue buena idea dejar mi auto hoy —murmuré


hablándome a mí mismo.
Sabía cuáles eran las posibilidades de que lloviera, y que
mojarme estaba entre una de las consecuencias, aún así fui
masoquista decidiendo caminar.

Para cuando me di cuenta, había llegado hasta la entrada


de la universidad. A veces me concentro tanto en mis
pensamientos que no me doy cuenta de lo que hago.

—Creo que tendremos que esperar —le dijo un chico a su


amigo y vi como este asintió.

—La tormenta está fuerte —comentó el otro.

Yo por mi lado, saqué un paraguas negro de mi bolso y


comencé a caminar. Tampoco me había venido sin
preparación.

La lluvia estaba fuerte, pero aún no había charcos de agua


impidiendo caminar por las calles con tranquilidad. Por otro
lado, el viento estaba un poco desenfrenado y me costaba
caminar, era como nadar contracorriente.

—Joder —refunfuñé al sentir como el viento tiraba de mi


paraguas.

Seguí caminando y sosteniendo con fuerza el paraguas


mientras caminaba por los lugares más techados de las
calle.

—¡Maldición! —gruñí cuando el viento tiró tan fuerte del


paraguas que lo partió, y parte de la tela se desgarró por lo
mismo.

Jodido viento.

Seguí caminando y en el primer bote de basura que me


encontré, arrojé el paraguas dañado con mucha rabia.
Ya no tenía nada con qué cubrirme y las gotas de agua
comenzaban a caer más fuerte sobre mí.

Esta lluvia no parece de suerte.

El claxon de un auto se escuchó detrás, para cuando volteé


a ver, el coche aceleró lo más que pudo haciendo que un
charco de agua me chispeara todo —¡hijo de la gran pu...

—Oye, que niño tan grosero —Julián llegó de la nada,


deteniendo su motocicleta junto a mi —deberías aprovechar
y lavarte la boca con esa misma agua —habló jocoso, pero
mi humor no estaba presente y solo recibió una mirada
fulminante de mi parte.

—Julián, no es el momento para tus bromas de mal gusto —


espeté y seguí caminando.

Estaba empapado de agua y se veía rudo con su vestimenta


oscura y chaqueta de cuero, parecía salido de Rebeldes con
causa.

—No seas tan aburrido —con una velocidad mínima, me


siguió montado en su moto —envejecerás rápido.

No tuvo respuestas de mi parte y continuó hablando, —¿Vas


al edificio?

—No.

—Sube —se refirió a su moto

—Te dije que no voy al edificio.

—No importa, te llevo.

—No, gracias.
—Parece que no entendiste, pero no fue una pregunta, es
una orden.

—No mandas sobre mi —respondí tajante y orgulloso.

—Eso lo veremos —dijo en un tono muy bajo pero logré


oírlo.

—¿Qué dices? —inquirí deteniendo mi caminata.

—Pregunté ¿Por qué no te quieres subir? —sé


perfectamente que eso no fue lo que dijo.

—Te estabas riendo de mí —respondí.

—No seas estúpido y súbete, niño —frunció el ceño.

—Deja de llamarme "niño" —me crucé de brazos, viéndolo


con enojo.

El agua seguía cayendo sobre nosotros pero no le dimos


mucha importancia. Solo tenía frío y era lo único que me
incomodaba.

—¿Te llamo niña entonces?

—No seas idiota, Julián —rió a carcajadas.

Su risa era muy enérgica y divertida.

Luego de reír volvió a mirarme con seriedad —si no te subes


por las buenas, me harás subirte por las malas.

—¡Ja! Quiero ver eso —hablé desafiante.

—Bien —dijo eso último parando su motocicleta, bajándose


y acercándose a mí.
—¡De acuerdo, de acuerdo! —alcé mi manos en son de paz
—me subo.

—Te haces de rogar —volcó los ojos.

—Como debe ser —añadí eso último y reí por inercia.

Julián me hizo una reverencia y estiró sus brazos hacia la


moto para que me subiera, así que lo hice. Me sostuve de él
con delicadeza y enseguida comenzó a rodar la motocicleta.

—¿A dónde vas? —inquirió.

—Al edificio —respondí.

—¿Eres idiota cierto? Dijiste que no ibas para allá —bufó.

—Deberías comprar cascos —comenté al notar lo peligroso


que es andar en moto, con lluvia y sin protección.

—Gracias por el consejo, lo haré.

Llegamos rápido al edificio, entramos y Julián estacionó la


moto cerca de la entrada a la recepción.

—Creo que sería mejor esperar aquí —Julián me dijo eso


último al ver que me dirigía hacia el ascensor.

—¿Aquí? —pregunté mirando el estacionamiento como si


fuese un cementerio.

—Estamos mojados.

A veces pienso que el destino coloca todas las palabras con


doble sentido en su boca para yo recordar momentos
incómodos.
Asentí entendiendo a lo que se refería. Podríamos dejar un
desastre de agua por todos lados si subimos así.

—¿No eres gay, cierto? —su pregunta luego de unos


minutos rompió el silencio y me sorprendió.

—Pff, por supuesto que no —mi cara ardió.

Julián no tenía pudor para preguntar o decir algunas cosas.


Se levantó de su moto y se acercó hasta donde yo me
encontraba recostado en una pared.

—¿Entonces por qué fuiste tú quien me besó en la fiesta de


Roger?

Aparté la mirada de Julián y miré a suelo. Sabía que esta


conversación llegaría, y no sabía si estaba preparado.

—Yo...yo simplemente estaba ebrio, no sabía lo que hacía —


por el rabillo del ojo pude ver cómo Julián se acercó aún
más.

—¿Y te gustó el beso?

Joder, la verdad era que sí pero...

—Julián, yo...

Dejé las palabras en el aire sin saber que decir.

—Di mi nombre de nuevo —susurró y su voz se escuchó


algo ronca cerca de mi oreja.

—Julián... —repetí confundido por su petición.

—Te escuché decirme antes que, yo no mandaba sobre ti —


me tomó del mentón guiando mi vista hacia él —pero te
acabo de ordenar que repitieras mi nombre, y lo hiciste
como todo un sumiso.

—Joder, suéltam...

Me tapó la boca con su mano y habló, —No grites, pensarán


que estamos haciendo algo malo —sonrió maliciosamente
mientras retiraba su mano de mi boca.

Solté una pequeña bocanada de aire y seguí mirándolo


directo a los ojos como él lo hacía conmigo.

En los oscuros ojos de Julián se podía ver que es lo que


quería hacer...a lo mejor yo también quería eso. Observé
sus labios, estaban húmedos. Desde su cabello despeinado
aún caían gotas de agua, deslizándose por sus mejillas.

Mi cuerpo estaba estático, y esta vez no era de miedo o


indecisiones, era porque quería volver a probar los suaves
labios de Julián.

Él me volvió a tomar del mentón haciendo leves caricias en


el mismo.

Lo que más quería en ese momento es que terminara


acercarse y me besara de una vez por todas.

Su mirada estaba puesta en mis labios mientras humedecía


los suyos, se decidió y su cara se acercó más a la mía para
besarme y enseguida cerré los ojos esperando el impacto...

—No puede ser... —escuché su risa y abrí los ojos enseguida


sin haber recibido ningún beso —¿No eres gay pero estás
esperando que te bese?

—Eres un... —apreté mis labios y reprimí mis insultos hacia


Julián mientras él solo caminaba al ascensor.
—¿Chico muy inteligente? —terminó de decir —no hace falta
que lo digas.

Miré a mi alrededor enojado y observé el solitario


estacionamiento. Enseguida di una carrera hasta donde
estaba Julián.

—Deja de reírte —le reproché mientras seguía escuchando


pequeñas risas de su parte.

—Entonces ¿No te gustan los chicos, pero si te gusta


besarlos? —preguntó en un tono jocoso con su vista dirigida
a la puerta del ascensor.

—Cállate.

—¿Por qué no me callas tú? —me codeó haciéndome verlo y


luego me guiñó el ojo.

No podía creerlo, este chico me ha llevado a hacer cosas


que nunca creí que iba hacer.

Lo más feo fue llegar al límite en el que me dejara


esperando su beso.

________________________

Nota de autor:

Temothée, Temothée ¿Los encantos de Julián?

Cuidado que a Julián ahora le dicen la espátula, porque


también voltea hue... Ok, chiste malo JAJAJA.

Espero se encuentren de maravilla, y ojalá que les haya


gustado el capítulo.❤️

Estoy ansioso por leer sus comentarios Jajsjssj <3


Instagram: @luissburgos

Luis Burgos.
Capítulo 14. | No me
provoques.

Temothée Hammer.

—Déjame tranquilo —ordené rotundo.

Se acercó hasta mi oído y habló entre susurros, —¿Estás


seguro de que eso es lo que quieres que haga?

Un cosquilleo recorrió mi cuerpo al sentir su caliente


respiración cerca de mi cuello.

—S-sí —quise sonar firme, pero solo salió un balbuceo.

—Tenemos que continuar con los arreglos de la recepción —


el ascensor se abrió y me subí mientras Julián repetía la
acción y hablaba —¿Estarás?

—Sí, supongo.

—Bien.

Nos quedamos en silencio, hasta que el ascensor hizo su


parada en nuestro piso y nos bajamos.

—Nos vemos en recepción en un rato —afirmé serio


mientras le pasaba por un lado.

—¿Es una cita? —inquirió jocoso y lo miré de mala gana.


—No seas idiota, Julián. Tenemos que terminar el trabajo —
esbozó una sonrisa y terminó de entrar a su apartamento
sin decir más nada.

Desde que paso más de tiempo con Julián y conozco su


verdadera personalidad , he notado que no es tan malo y
grosero como piensan los demás del edificio. Julián parecía
una rústica caja fuerte por fuera, pero cuando la abres, ves
que contiene muchos lindos e indefensos peluches.

¿No puede ser un poco más amable con las personas? así
no sacarían tantas teorías sobre su personalidad o las cosas
que creen que hace.

[...]

—¡Buenas tardes, Temothée! —saludó la Sra. Helen que iba


pasando por recepción justamente cuando yo llegué.

—Hola ¿Cómo está? —pregunté con amabilidad.

—Bien, todo muy bien. Espero que todo te quede bonito —


habló refiriéndose al trabajo de recepción —a mí me tocó la
azotea.

—Gracias, sé que la azotea quedará perfecta —le regalé una


sonrisa y se terminó de retirar.

Por lo que noté, Julián no había llegado aún.

No sabía por dónde empezar a arreglar o qué hacer primero,


así que decidí esperar un poco para que él llegara y
mientras tanto me distraje haciendo tonterías en mi
teléfono.

—Wow, veo que adelantaste bastante —me sobresalté al


escuchar a Julián llegar y decir eso último con sarcasmo.
Me causó gracia su comentario, pero reprimí cualquier gesto
parecido a la alegría, no me quería mostrar de buen humor
con Julián por lo que me había hecho hace pocos minutos en
el estacionamiento. Fue humillante.

Haberme quedado así frente a él fue patético de mi parte,


fue perder mi dignidad.

—¿Hey? —Julián chasqueó los dedos frente a mi cara para


hacerme reaccionar.

—L-lo siento —estaba tan enfocado en mis pensamientos


que no escuché que me hablaba, ni de lo jodidamente bien
que se veía con la ropa que tenía puesta.

Apesar de que la ropa era algo vieja y desgastada, todo le


lucía perfecto. Tenía una camisa sin mangas que dejaban
libres sus atléticos brazos, unas zapatillas deportivas negras
y unos jeans algo rotos un poco más arriba de las rodillas.
No se encontraban tan ajustados debido al tiempo de uso,
su cabello estaba desordenado y lo hacía ver salvaje
aumentando su estilo de "badboy"

—Estoy notando que te entretienes mucho viéndome —me


avergoncé y me miró triunfante —en mi apartamento te
puedo dejar ver más, si quieres —plasmó una perfecta
sonrisa de oreja a oreja cuando el color subió a mis mejillas.

—¿¡Qué dices!? —me sorprendió tanto que lo último que


dije salió como un chillido.

Julián por su lado rió abiertamente y negó con la cabeza.

Este cretino sabe cómo colocarme nervioso con simples


palabras, no puedo dejarme llevar por todo lo que dice.
Tengo que vengarme por estas cosas que me hace,
sobretodo por lo del estacionamiento.

¡Por Dios, Temothée! Eso de "venganza" suena tan infantil.

—Bien, comencemos —ordenó reincorporando su


compostura de chico misterioso —esto será más rápido, hay
que hacer menos.

Observó la recepción mientras pensaba por donde


comenzar, o eso supuse yo.

En un par de minutos me dijo qué hacer y obedecí


colocándome a forrar de periódico algunas cosas de la
recepción para que no se llenaran de pintura, él por otro
lado se encontraba pintando algunas paredes.

De esa manera pasamos largos minutos en silencio, cada


quién en lo suyo, aunque de vez en cuando le lanzaba una
mirada furtiva a Julián para apreciar lo que él hacia —o solo
porque tenía la necesidad de verlo—, él igual me miraba
tratando de que yo no me diera cuenta, pero era demasiado
obvio.

¿A qué jugamos con esto?

—Vaya, que bien va quedando todo —halagó el Sr. Luis,


quién iba entrando con algunas bolsas.

Le regalé una sonrisa a lo que dijo y Julián solo ignoró su


presencia mientras seguía en lo suyo. Él Sr. Luis continuó, —
Bien hecho, Temothée —me dio un apretón de mano.

—Gracias Sr. Luis.

—A ti también, muchacho —se dirigió a Julián y este fingió


demencia para no responderle.
El señor Luis lanzó una mirada desaprobatoria a su gesto
maleducado y continuó su camino.

—¿Podrías ser un poco más amable? —pregunté ganándome


su atención —son personas que viven en el mismo edificio
que tú, deberían tener una buena relación.

—No me importa nadie en este estúpido edificio —bufó sin


medir sus palabras.

No sé porqué me dolieron sus palabras, pero sentí una fea


sensación en el pecho.

—Casi nadie —aclaró su garganta y se corrigió luego de ver


mi expresión.

—Entiendo —me giré sobre mi eje y continué con lo que


hacía antes.

Chasqueó su lengua expresando disgusto y luego sus pasos


se escucharon cerca de mí.

—Mírame, niño —me habló pero me limité a escucharlo sin


verlo a la cara —l-lo de "no me importa nadie en este
estúpido edificio" no te...no te incluye a tí —balbuceó un
poco.

¿Estaba nervioso? eso de verdad me sorprendió.

—Tu no me caes tan mal ¡Oh! no, no —volteé a verlo y su


cara expresaba frustración al tratar de ordenar sus ideas, se
veía completamente tierno —no eres...joder ¿por qué es tan
difícil? —musitó.

Me levanté y quedé frente a él esperando que terminara de


hablar.
—¿Me entiendes no? —inquirió arrugando la nariz y
rascando su nuca —no eres como ellos, tú buscaste
confirmar si las cosas que ellos decían eran ciertas, fue
correcto, eso me gustó —finalizó.

—Sí —sonreí inconscientemente por lo tierno que se veía


expresándose, y este sin entender mi expresión, ladeó la
cabeza como un cachorro confundido.

Esta vez no era él quien veía a través de mí.

—Bien —asintió parado frente a mí, una idea vino a mi


mente y decidí hablar para comenzar a desarrollarla.

—Te ves muy lindo cuando te expresas —le lancé un


cumplido y reaccionó justo como quería.

Me miró pícaramente y lamió su labio inferior.

Creo que sería bueno aprovechar el momento para


desquitarme las que me hizo.

—¿Eso crees? —dejó escapar una pequeña sonrisa.

—Si, podría decir que también te ves algo...sexy —me miró


sorprendido y con una cara que decía "continúa, quiero
escuchar más" —eso es tan provocante...

Susurré eso último acercándome a él mientras posaba mi


mano en su pecho, y hacía leves caricias como él me indicó
que debía hacer con alguien cuando una situación como
esta se presentara. Me acerqué lentamente a sus labios
entrecerrando mis ojos y este hizo lo mismo.

Lo tenía para mí.


Antes de llegar a sus labios abrí mis ojos, lo miré
lentamente y hablé, —Solo te dije un cumplido. No te
emociones.

Él me miró completamente aturdido.

Jugué con él de la misma manera que lo hizo conmigo.

Reí y me aparté para caminar hacia el filtro de agua, pero


Julián me tomó de la nuca girándome hacia él y uniéndo
nuestros labios en un beso feroz y apasionado.

Sentí ese famoso cosquilleo del que todos hablan en las


películas y mi piel se erizó.

Sabía que alguien podía entrar a recepción en cualquier


momento y eso me preocupaba demasiado, pero Julián besa
jodidamente bien y no quería apartarme.

—No creo que sea buena idea eso de provocarme, niño —su
mirada perdida y su voz ronca eran fascinantes —no creo
que termine muy bien para tí —su mirada se clavó en la mía
y parecía luchar por controlarse, una sonrisa se formó sin
mostrar sus dientes y logré hablar.

—¿Qué pasa si lo hago? —lo miré incrédulo y luego


desafiante.

—Una vez que comience, no me lograré controlar...

_________________________

Nota de autor.

Julián hot entrando al chat JAJAAJAJA

Timmy, no juegues con Julián, saldrás perdiendo.


El capítulo fue corto, pero ¿Que les pareció?

Los quiero mucho mis fieles lectorxs ✨


Gracias por votar y por dejar esos divertidos comentarios

💗
que me hacen reír tanto, no me cansaré jamás de
agradecerles

Bye, ¡Nos leemos pronto!

Instagram: @luissburgos

Luis Burgos.
Capítulo 15. | Incógnitas.

Temothée Hammer

Todo mi hermoso cuerpo estaba adolorido y cansado. Me


había esforzado mucho con Julián en finalizar el trabajo en
recepción. Duramos tres días en terminar, ayer fue el último
día y nos quedamos hasta casi las nueve de la noche para
dejar todo en orden.

Tenía mucho sueño todavía por haberme dormido tarde y


despertar demasiado temprano. Anoche estaba muy
cansado y quería dormir, pero no podía conciliar el sueño.

—¡Buen día, joven! —una señora se dirigió a mi con cariño.

Me preguntó dónde podía conseguir un producto para el


cabello que estaba buscando y con toda la flojera del
mundo —aunque disimulándola— la guié hasta el pasillo
donde se encontraba el tipo de cosas que buscaba.

Recibiendo un sincero "gracias" seguido de una sonrisa


carismática, le asentí a la doña dejándola y devolviéndome
a terminar de ordenar algunas cosas.

Podría jurar que mis ojeras cubrían toda mi cara, sentía los
ojos algo pesados y del sueño me ardía la vista.

—¡Buenos di... ¡Oh!... —Andrés intentó saludarme pero al


ver mi cara de pocos amigos hizo una pausa —...tal vez ¿No
sea tan bueno el día?
Habló dudando de sus palabras.

Intenté sonreír pero me salió una mueca de cansancio.

—No tanto —por fin hablé.

—¿Fuiste a una fiesta o algo? —preguntó con algo de gracia,


como si recordara que él pasó en algún momento por algo
similar.

—No, nada de eso, Andrés —negué varias veces con la


cabeza. No quería que pensara que soy un irresponsable,
porque tampoco es que fue así —estuve haciendo un tipo de
"labor social" en el edificio donde vivo y duré hasta tarde.

Aunque era la verdad, eso no sonaba muy creíble.

Andrés rió por lo bajo y habló, —Puedes confiar en mí si lo


necesitas en algún momento —habló con seriedad, pero
transmitiendo tranquilidad y seguridad —una de las cosas
por las que no anunciamos que somos los dueños de la
empresa, es porque no nos gusta que no vean como jefes y
nos traten como si tuviesen que pulir antes el suelo por el
que caminaremos, o como si tuviesen que temer para
decirnos cualquier cosa. Que seamos dueños de la empresa
no nos hace diferente a los empleados. También salgo de
fiestas, también tengo problemas en mi casa, también
tengo días en los que no tengo ganas de hablar y así
muchas cosas.

Entendí a lo que se refería, aunque no había hecho lo que él


pensaba, asentí de manera aprobatoria.

—Gracias por la confianza —me limité a decir eso último y


esbozar una sonrisa de lado.
—Bueno ¿Tú tienes clases ahorita cierto? —su pregunta fue
como una alarma, había olvidado por completo que tenía
que ir a la uni.

—Joder... sí —masajeé mi entrecejo y apreté los ojos.

—Te llevo, también tengo que ir a estudiar —se ofreció.

Perfecto, me estaba acostumbrando a no salir en mi auto,


así que no tenía como llegar rápido.

—Oh, gracias Andrés ¿Dónde estudias? —le pregunté con


algo de intriga.

—En Holuwm, a unos minutos de donde tú estudias —


respondió.

—¿Sabes dónde estudio? —pregunté algo sorprendido.

—Sí, escuché cuando lo dijiste en la entrevista de trabajo


con... mi mamá —dijo lo último en un susurro para que
nadie escuchara y continuó —yo estaba ahí, solo que no me
viste porque una media pared tapa su oficina de la mía.

Tampoco sabía que Andrés tenía oficina.

—Ah, entiendo —sonaba creíble, aunque fue extraño que él


recordara un detalle tan equis como ese.

—Bueno, vámonos o sé hará más tarde.

—Bien —asentí.

Busqué rápido mi bolso y seguido fui hasta donde estaba


aparcado el auto de Andrés. Él estaba sentado en el capó,
esperándome.
Se subió al auto y repetí la acción sentándome en el asiento
del copiloto. Antes de que se formara un silencio incómodo
o que yo terminara dormido por el cansancio, decidí hacer
preguntas sobre temas triviales y así pasamos el corto rato
hablando hasta llegar a la uni.

[...]

—Mil gracias por haberme traído, Andrés, se me iba a hacer


tarde si venía en bus —agradecí una y otra vez antes de
bajarme.

—Tranquilo, no fue nada —sonrió —Temothée, esto... —


parecía dudar y tratar de buscar las palabras correctas —
nada, olvídalo.

Seguro no era nada importante y como tenía mucho sueño,


no lo forcé a hablar.

—Okey —respondí incrédulo y le sonreí para despedirme y


adentrarme a la uni.

Caminé hacia la entrada y antes de llegar noté que había


alguien en especial, estaba de espalda hacia mí revisando
su teléfono.

Era Julián. Tenía una camiseta negra que hacía marcar su


ancha y masculina espalda y unos jeans oscuros que no le
quedaban tan ajustados pero se le veían súper bien.
Calzaba unos deportivos blancos y al acercarme más, noté
que no traía con él su mochila.

—¡Hola, tú! —saludé colocándome frente a él, apartó la


vista de su teléfono y me analizó lentamente.

Su cara también se veía algo cansada, tenía ojeras y un


aura sombría, como si no tuviese ganas de hacer nada.
—¡Hola, niño! —saludó con simpleza.

—¿Y tú mochila? —Tenía que preguntarlo.

—La dejé.

—¿Y cómo harás con las clases si se te quedó tú mochila


con tus cosas?

Se encogió de hombros restándole importancia.

—¿Tienes pensado ha...

Antes de que Julián terminara la pregunta, una voz


masculina llamándome, interrumpió.

—¡Temothée! —una voz alta y masculina me llamó, volteé a


verlo y era Andrés que caminaba con prisa hacia mí.

Dejó escapar un jadeo y se reincorporó en seguida.

—Lo siento, tuve que correr para alcanzarte antes de que


entraras —noté como la expresión de su cara cambió de un
momento a otro y volvió a hablar —Julián.

Pronunció su nombre mientras lo veía fijamente.

¿Lo conoce?

Giré mi rostro para evaluar a Julián y este se encontraba con


una cara de poco asombro e interés.

—Andrés —dijo su nombre en forma de saludo.

Sí se conocen

—¿Estudias aquí? —inquirió intentando no mostrar mucho


interés.
—No, solo pasaba a preguntar si venden zapatos con alas —
respondió con su común tono cortante y sarcástico.

Andrés sin molestarse o darle importancia a eso, continuó,


—No cambias —soltó una risita falsa —¿Cómo está tú
padre?

Julián frunció su ceño y se pudo notar como se contrajeron


sus músculos, su mirada se volvió sombría y penetrante
hacia Andrés.

—No sé nada de él —su semblante era serio —ni tampoco


quiero saber.

¿Por qué Julián se puso de esa manera cuando Andrés le


preguntó por su padre?

¿Y por qué Julián hablaba sobre su padre como si no le


interesara lo más mínimo su existencia?

_________________________

Nota de autor

Capítulo corto, lo sé, nos leemos en el siguiente capítulo ❤️

INSTAGRAM: @LuissBurgos

Luis Burgos
Capítulo 16. | Experto en
acelerar mi ritmo cardíaco.

Temothée Hammer

—Un momento —me puse en medio de los dos para no


sentirme excluido —¿De dónde se conocen?

Muchas preguntas llegaron a mi mente.

—De la preparatoria —respondió Julián con expresiones


neutras y sin mucho interés.

Miré a Andrés y este me asintió afirmando lo que Julián


acababa de decir.

—Estudiamos juntos hasta el penúltimo año de preparatoria


—comentó Andrés e hizo una pausa —recuerdo que dejaste
de estudiar en Harrow luego de escaparte de tú casa
¿Cierto?

Eso me tomó por sorpresa, no sabía que Julián había


escapado de su casa, al igual que tampoco sabía que la
relación con su padre no era muy buena.

—Sí, Andrés —Julián habló entre dientes, completamente


cabreado, como si Andrés estuviese diciendo cosas que no
debe —nadie te está pidiendo tantas explicaciones.

—La ver... —intentó hablar pero Julián interrumpió.


—¿No tienes más nada qué hacer? o ¿A qué venías?

Julián inquirió eso último con una sonrisa falsa para cambiar
de tema.

—Sí, de hecho,Temothée —Andrés me habló y reaccioné,


estaba procesando mis ideas y teorías sobre la información
que acaba de recibir —quería invitarte a tomar algo pasado
mañana o salir a cualquier lugar, ya sabes, para romper el
hielo y socializar más.

—Oh —no me lo esperaba, quizás eso era lo que me quería


decir cuando bajé del auto —de acue...

—Estará ocupado ese día —interrumpió Julián y quedé


atónito con su reacción y respuesta —irá conmigo y sus
amigos a La mansión.

—¿Qué? —pronuncié confundido.

—Como lo oyes —su ceño estaba algo fruncido —Ale y yo


planeamos eso ayer, iremos con su novia... Tina —dijo al
recordar su nombre y siguió explicando —y todos sus
amigos, incluyéndote.

No estaba enterado de nada, a lo mejor porque no había


podido hablar con ninguno de los chicos este fin de semana.

—Bueno, siendo así —miré a Andrés quién habló


nuevamente —puede ser el viernes, que salgamos tú y yo.

—Andrés —Julián ladeó la cabeza, amplió una sonrisa con


toda la dificultad del mundo y habló —ahora que lo pienso,
sería buena idea que fueses con nosotros a La mansión.

—Oye, me gusta la idea —esbozó una sonrisa mientras me


veía a mí —entonces que así será.
—De acuerdo —por fin hablé.

—Me iré ya, tengo que llegar a la uni —anunció Andrés y


Julián susurró algo que logré escuchar, "hasta que por fin".
Pensé que Andrés lo había escuchado pero al parecer no fue
así —nos vemos luego.

Dejó un par de palmaditas en la espalda de cada uno y se


retiró.

—¿Cómo es eso de que planearon ir a La mansión y no me


habían avisado? —pregunté en voz alta para mi mismo.

—Era mentira.

—¿Qué? —fruncí el ceño.

—Aunque ahora sí se tendrá que planear, ya que está


invitado Andresito —hizo énfasis en su nombre de manera
burlona y entendí algo...

—¿Por qué armaste toda esa mentira para que no saliera


con Andrés? Igual lo terminaste invitando con nosotros a
unos planes ficticios —intenté formular la pregunta.

—Preferí incluirlo a él en los planes, a que tuviesen que salir


solos, creo que es mucho mejor ¿no?

Sonrió con falsedad.

Reí a carcajadas porque había confirmado lo que pensaba,


Julián me miró confundido y preguntó.

—¿De qué te ríes?

—Julián ¿Acaso estás celoso? —inquirí con diversión.


—Pfff, creo que el sueño te está afectando, niño —se negó
girándose y adentrándose en los pasillos de la universidad.

—Bien, entonces no estaría mal invitar a Andrés a mi


apartamento para beber algo en algún momento —detuvo
su caminata enseguida y apretó sus puños.

Reí por lo bajo. Era satisfactorio que Julián reaccionara como


quería, provocarlo a veces era divertido.

—Niño, no enciendas una llama que luego no sabrás cómo


apagar —fue lo único que dijo antes de retirarse.

Reí sin prestarle atención y continué mi día.

La clase de idiomas pasó relativamente rápido gracias a que


la profesora siempre hace dinámicas diferentes y fáciles,
aún así tenía demasiado sueño y ardor en la vista, también
me constaba prestar atención a lo que hablaba la profesora.

Todos nos encontrábamos sentados en nuestros asientos —o


al menos yo lo hacía por la pereza— esperando que llegara
el profesor de la siguiente clase.

Un par de minutos después el profesor de economía anunció


su presencia dándole un fuerte golpe a su escritorio con una
pequeña ruma de libros que cargaba en sus manos, lo cual
me tomó de sorpresa haciéndome dar un brinco en mi
asiento.

—Saquen todos sus libretas y anoten —ordenó algo


alterado.

Se veía molesto por algo, pero nadie se atrevía a preguntar


nada, ni yo. No es el tipo de profesor al que se le puede
agarrar confianza tan fácil. Todos nos limitamos a obedecer
sus peticiones y comenzamos a tomar dictado de cada una
de las cosas dichas por él.

Mi cuerpo y mis ojos ya nos aguantaban más. El cansancio


era grande, mucho más grande que la vergüenza de Will
Smith cuando su esposa le confesó que le era infiel.

No sé si soy exagerado, pero cada vez que pestañeaba


sentía que dormía quince minutos. De un momento a otro
dejé de escuchar lo que el profesor dictaba y quedé dormido
sobre mi escritorio.

—¡HAMMER! —di un brinco por el chillido cerca de mí oído,


levantándome de mi asiento y todos comenzaron a reír.

El profesor estaba frente a mí con una vena casi saliéndose


de su amplia frente, acomodó los anteojos que caían hacia
la punta de su nariz y habló, —Puede retirarse.

—¿Cómo? —pregunté incrédulo —¿Ya terminó la clase?

Todos rieron de nuevo y parece que eso lo hizo enojar más.

—RE - TÍ - RE - SE —vociferó pausadamente, pero igual de


cabreado.

Rápidamente tomé mis cosas y me encaminé hasta fuera


del salón escuchando detrás de mi pequeñas risas de parte
de mis compañeros.

Que estúpido eres. Me insultó mi subconsciente.

Sin más nada que hacer, caminé en dirección a la cafetería


para dormir un rato sobre las incómodas mesas.

—No creo que ese sea el lugar apropiado para dormir —


susurré para mi mismo —ni tampoco el más tranquilo.
Me detuve a pensar y recordé un lugar perfecto.

—La terraza —mencioné mientras giraba sobre mi eje para


dirigirme a dicho lugar.

Julián se la pasa ahí porque es tranquilo y silencioso el


lugar, podré dormir mientras pasa la hora de historia.

No tardé casi nada en llegar a la terraza sin que nadie me


viera. Como lo imaginé, estaba solo el lugar, encontré un
espacio con sombra y limpio, y ahí me senté sobre el caico
color terracota.

Sentado, abracé mis piernas y coloqué mi bolso sobre ellas


para hacer una especie de almohada, recosté mi cabeza y
luego de unos minutos caí en coma. Me dormí.

[...]

Un sonido extraño y continuo me hizo despertar de mi


sueño, pero aún así no abrí los ojos. Al parecer el bolso
sobre el que puse mi cabeza se había vuelto más cómodo...

¿De dónde viene esa lejana musiquita?

Sentí que mi bolso vibró y se movió un poco, ahí recordé no


haber guardado mi teléfono o algo que lo hiciera vibrar.

Y también me di cuenta que no me había quedado dormido


en esa posición, ahora me encontraba acostado
completamente.

Pestañeé un par de veces para aclarar mi vista y vi unas


largas piernas que se extendían desde donde yo estaba
recostado, hacia delante de mi vista.

¿¡QUÉ COÑO¡?
—Pensé que no ibas a despertar nunca.

—¡AAAH! —chillé asustado y sorprendido por la presencia


de Julián.

Me levanté de sus piernas y lo vi jugando con su teléfono.

—A veces eres irritante —volcó los ojos —deja de gritar,


niño.

—No sabía que estabas aquí.

—Llevas aproximadamente una hora y media durmiendo


sobre mis piernas

¿UNA HORA Y MEDIA?

Maldición, perdí la clase siguiente a la de economía.

—¿Por qué no me despertaste? —inquirí un poco alterado.

—Sabía que también tenías sueño, cuando te vi durmiendo


en el suelo abrazando tu bolso preferí dejarte descansar y te
coloqué sobre mis piernas —explicó con simpleza —
agradece que te salvé de una tortícolis segura.

—Tenía que entrar a la siguiente clase.

—Ya no puedes hacer nada, la clase está que acaba.

Es cierto.

—¿Y tú qué? ¿También te sacaron de clases? —inquirí sin


entender por qué se quedó cuando tuvo oportunidad de ver
sus clases.

—Estaba lo suficientemente cansado como para no querer


ver clases, preferí salir del salón y venir acá, pero cuando
llegue pude ver que alguien había invadido mi lugar de
descanso —me lanzó una mirada acusatoria y sentí como
ardió mi cara mientras comenzaba a ruborizarse.

—Lo siento.

—Tranqui —dijo tranquilo, guardando su teléfono —¿Por qué


te sacaron de clases?

—No te vayas reír —le advertí antes de hablar.

—No lo haré —alzó sus manos en forma de inocencia.

—Me quedé dormido en plena clase de economía —sus


carcajadas de risas eran enérgicas y vibrantes.

Lo fulminé con la mirada y este se calló.

—Lo siento —dijo intentando contenerse —es muy gracioso


y vergonzoso.

Quedamos en silencio los dos, pero no fue un silencio


incómodo, fue uno de esos momentos en los que
simplemente se debe disfrutar de la compañía sin tener que
decir mucho.

Luego de unos minutos recordé las preguntas que tenía


para Julián, y después de pensar una manera discreta de
preguntárselas, me decidí a hacerlo.

—¿Por qué te molestaste cuando Andrés mencionó a tú


papá? —ahora que lo digo, en mi mente sonaba más
discreto.

Julián frunció el ceño y apretó la mandíbula, pero luego


inhaló y exhaló calmado para hablar.
—Es un tema que no debemos hablar en estos momentos,
todo tiene su tiempo —dicho esto lamió sus labios y me
evaluó con la mirada.

—¿Qué pasó? —inquirí incómodo por su mirada sobre mí.

—Te ves tierno durmiendo —musitó.

Enseguida el color en mis mejillas se podía notar desde mil


kilómetros de distancia.

—Acosador —desvié mi mirada de Julián antes de hablar.

—Miren quién lo dice —mi corazón latió un poco más rápido,


Julián no dejaba de causar eso en mí —el niño que me
seguía a mis clase el otro día y el mismo que espero tras su
puerta a que yo saliera para hablarme.

—Ahs, son argumentos viejos, Julián —espeté mirándolo,


pero aún con vergüenza.

Julián estaba junto a mi con una media sonrisa mientras me


veía, no sé si eran ideas mías pero sus labios se veían más
rosaditos de lo normal y más apetecibles.

—Pero esos argumentos siguen siendo reales y te siguen


colocando nervioso.

—Los argumentos no me coloca nervioso —bufé.

En la mirada de Julián se encendió una chispa y se acercó


más a mí, quedando más alto que yo aún estando sentados
—¿Entonces soy yo quien te coloca así? —rozó suavemente
mi cuello para luego tomarme del mentón con delicadeza y
alzar mi vista a él.
Quisiera negarme a eso, pero sí tiene razón, es él quien me
coloca de esa manera.

Es experto en acelerar mi ritmo cardíaco con tan solo


mirarme o rozar mi piel.

—No tienes que responder —susurró muy cerca de mis


labios, tanto así que sentí su respiración chocar con la mía
—te he dicho antes que demuestras todo con la mirada.

Se terminó de acercar a mi boca, pero sin besarme. Solo


recorrió con lentitud el borde de mis labios abiertos,
tentando y provocándome con un pequeño beso al final.

Lo observé con atención separarse y poner su vista al


frente, admirando el increíble cielo azul.

Su perfil es hermoso.

—Me gustas, niño —su mirada seguía fija al cielo, mientras


sonreía completamente seguro de lo que decía —me gustas
mucho.

__________________________

Nota de autor

Esto es demasiado para mi delicado corazón 😭 por qué


nadie me quiere de esa manera? Por qué?

Está entrando un nuevo personaje, el padre de Julián. Pronto


sabremos más sobre él y la razón de porqué Julián no lo
menciona.

preciosos comentarios ✨
Si les gustó el capítulo no olviden regalarme su voto y sus
sé que hay quienes no comentan
porque les da vergüenza, pero si quieren hacerlo, háganlo
con toda la confianza del mundo mis preciosuras, amo que
dejen sus comentarios por todo el capítulo ❤️

Ustedes son quienes me motivan a seguir esta historia


los amo con toda mi oscura alma.
💗
BYE ✨
Luis Burgos
Capítulo 17. | Hoy es
viernes.

Temothée Hammer

Ya había salido del trabajo, y no justamente solo. Andrés se


ofreció en llevarme hoy nuevamente a la uni, van varios
días que lo hace. A veces, es incómodo porque me imagino
las intenciones por las cuales lo hace, aunque no estoy
completamente seguro.

—Me pasas tú dirección —pidió mientras hacía movimientos


en el volante.

Solo estábamos a una calle para llegar a la uni.

Ladeé mi cabeza confundido y pregunté sin sonar grosero o


algo así, —¿Y eso para qué?

—No sé dónde queda La Mansión, así que pasaré por ti, y


así tú me guías —respondió como si nada.

Pensé en que también podía simplemente pedirme la


dirección de La Mansión y llegar allá, pero no quería sonar
grosero y me limité a asentir a eso y agradecerle por
haberme traído cuando por fin estábamos en la entrada de
la universidad.

—Tranquilo, es un gusto —me dió una media sonrisa —nos


vemos más tarde.
Me despedí haciendo movimientos con mi mano y
sonriéndole, caminé a la entrada de la uni con pasos rápidos
y cuando giré para ver nuevamente, ya Andrés se había
marchado.

—No sabía que ahora tienes transporte —la voz de Julián


detrás de mi me hizo dar un brinco del susto. No sabía que
estaba cerca.

—Él se ofreció en traerme.

—Duren —alegó con sarcasmo y cara de culo —me molesta


que él esté cerca de ti.

—Trabajamos juntos —expliqué —solo es un compañero de


trabajo más.

Sin darme cuenta, se me estaba haciendo costumbre darle


explicaciones a Julián como si tuviese razones.

—¿No te das cuenta, niño? —inquirió en voz alta y algunos


estudiantes en la entrada de la universidad nos vieron. Me
preocupé por lo molesto que estaba Julián y lo que fuese a
decir con tanta gente presente, pero se controló —le gustas
a Andrés.

Dijo eso último en un tono de voz más discreto.

No me sorprendió mucho lo que dijo, ese era el leve


presentimiento que tenía.

—Pero él a mi no —respondí rotundo.

—Tampoco dejaré que pase —dijo.

—¿Qué dijiste? —fingí no haber escuchado solo para que lo


repitiera.
Me gustaba cuando Julián se colocaba celoso, se veía muy
posesivo.

¿Y por qué te gusta que sea posesivo, Temothée? ¿Qué está


pasando contigo?

—Que eso no pasará nunca —repitió con molestia.

Intenté reprimir una sonrisa y hablé.

—Voy a buscar a mis amigos —terminé de entrar a la


universidad.

Escuché sus pasos seguirme por el pasillo, —Están todos en


la cafetería —me giré a verlo confundido.

—¿Cómo lo sabes?

—Te estuve buscando —explicó —cuando vi que no estabas


con tus amigos en la cafetería, supuse que no habías
llegado de tú trabajo y decidí esperarte en la entrada de la
uni.

Sentí como me sonrojaba por eso que dijo, fue inevitable,


Julián llegaba a ser muy tierno y atento conmigo.

Seguimos caminando en silencio, entramos a la cafetería y


había dispersos grupos de estudiantes sentados en
diferentes mesas, o simplemente estaban parados
hablando.

Visualicé a mis amigos en una mesa casi al final y seguido


comencé a caminar en dirección a ellos. Mientras caminaba,
lancé una mirada furtiva hacia atrás para verificar que Julián
me estuviese siguiendo y sí lo hacía.
—¡Hola chicos! —saludé —¿Si nos veremos más tarde en La
Mansión? —todos en la mesa se concentraron en Julián.

Estaban sorprendidos. Volteé a ver a Julián y él solo me


estaba viendo con cara de enfado mientras yo hablaba.
Entendí dos cosas. La primera es que a Julián todavía no le
entraba en la cabeza que Andrés no me llama la atención, y
la segunda, los chicos no conocían formalmente al sujeto
que me estaba matando con la mirada y por eso estaban
así, además de que Julián cuando está molesto realmente
intimida.

—Oh, cierto —reaccioné —chicos, él es Julián —lo presenté.

Todos bajaron la guardia enseguida y se presentaron


individualmente. Luego me senté en la mesa con ellos y
Julián junto a mí, en silencio.

—Tonny y yo no podremos ir —señaló Carla —tenemos una


cena con nuestras familias esta noche.

—Yo sí voy —Tina habló emocionada —Ale me comentó lo


de hoy y la idea me encantó.

Seguido confirmaron Otis y Ander que sí iban.

Nos colocamos de acuerdo con varias cosas como siempre


lo hacíamos antes de salir, que si la hora, quienes se iban
con quién y otras cosas.

[...]

Estaba inseguro con lo que me estaba colocando para ir a


La Mansión, ya me había cambiado como tres veces. Al final
terminé colocándome un pantalón negro algo holgado, una
camisa blanca de botones algo ajustada con un sobretodo
negro encima que me llegaba hasta unos centímetros más
abajo del culo, y por último unos botines negros que hacían
juego con el pantalón y el sobretodo.

Escuché mi teléfono sonar y lo revisé para darme cuenta de


que había un mensaje de Andrés diciendo que ya estaba
abajo esperando, me había terminado de arreglar justo a
tiempo. Tomé lo básico y necesario: mi cartera y teléfono y
luego salí del apartamento.

Caminé hasta la puerta de Julián para llamarlo.

—Se supone que ya debería estar listo —musité

Toqué la puerta y unos segundos después apareció.

—Julián, es hora de irnos —no había terminado de abrir la


puerta, solo estaba medio asomado evaluándome con la
mirada.

—Voy —dejó la puerta entreabierta y antes de salir se


perdió unos segundos buscando algo —listo —salió con su
teléfono en la mano.

Dios mío, Julián se veía demasiado atractivo, me quedé


detallándolo fijamente mientras cerraba la puerta.

Tenía un pantalón beige ajustado que marcaban sus grandes


piernas, estaba de espalda y admito que Julián no era nada
plano. Tenía una camisa de cuadros blanco y gris, y unas
cadenas discretas de color plateadas colgaban de su
cuello...

—Sería buena idea que cerraras la boca —sugirió con tono


ganador mientras comenzaba a caminar.

Enseguida me di cuenta de que lo estaba mirando como un


completo estúpido y me sentí aún más estúpido.
Julián se detuvo en el ascensor y yo igual.

—Te ves muy bien, niño —habló con seguridad —estás muy
hermoso.

Me miró fijamente a los ojos y dejó escapar un pequeña


sonrisa de lado.

—Tú-tú igual... —balbuceé.

¿Por qué me cuesta responderle ese tipo de cosas?

Quisiera tener la valentía para admitirle que me encanta


mucho, pero no, llegó el ascensor y bajamos sin decir nada.

Era extraño sentir este tipo de cosas bonitas por otro chico,
y ya no sabia si el problema era sentir cosas por un chico, o
que nunca nadie me había hecho sentir como lo hace este
chico.

Vi la hora en mi teléfono y marcaba las nieve de la noche,


también vi que tenía un mensaje de Tina.

CHATS

—La rubia que tenías que besar en la casa de Roger


está aquí esperando por tí, creo que quiere su beso
jajajaja.

Recordé cuando Julián nos vio besándonos en la uni y me


sentí incómodo, aunque fue ella quién me besó. Guardé mi
teléfono y salimos del ascensor en lo que se abrió la puerta.

—¡Temothée! Te ves increíble —dijo Andrés, que estaba


esperando en recepción.

Pude sentir un peso en mi espalda y creo que era la mirada


matadora de Julián esperando mi respuesta para Andrés.
—Gracias —dije pero con una amplia sonrisa, sin mostrar
mis dientes.

Julián y Andrés se saludaron solo con un movimiento de


cejas y una sonrisa, o al menos Andrés era el que sonreía.

—Vamos —indica Andrés —mi auto está afuera, no me


dejaron entrar.

—Se irá conmigo —Julián respondió de inmediato.

—Oh, pero insisto en que venga conmigo, no sé cómo llegar


al lugar, tú también Julián, cabemos todos —señaló Andrés.

El ambiente se sentía raro.

Una llamada en mi teléfono intervino antes de que


continuara la estúpida discusión entre estos dos.

Lo que faltaba, —¿Mónica? —contesté.

—«Hola, Timmy, espero que estés bien» —saludó.

—Sí, todo bien, espero que tú igual —respondí —¿Pasó algo?

No sabía para qué llamada.

Andrés me miraba tratando de saber quién era y Julián solo


estaba obstinado por la presencia del otro.

—«Quería invitarte a tomar algo hoy» —dijo.

—Mónica, justo ahora estoy ocupado con cosas del trabajo


—hablé algo cansado pero sin sonar mal —puede ser otro
día ¿Vale?

Del otro lado de la línea respondió un amable "claro,


entiendo" y colgó la llamada.
La rubia esperando por mí en La mansión, Mónica
llamándome para salir y estos dos aquí peleando por ver
quién me llevará. Parezco perra en celo.

—¡Me iré en mi coche! —hablé irritado.

—Voy contigo —Julián habló.

—No sé dónde queda el lugar al que iremos, así que


también voy contigo.

Solo asentí en respuesta para los dos y caminamos hasta el


coche para subirnos.

Llegamos al Callejón y aparqué mi auto en una placita cerca


de La Mansión, ahí bajamos y comenzamos a caminar en
dirección a la disco, los tres en silencio, uno muy incómodo.

Llegamos y fuera de la disco estaban Tina, Ale y la rubia con


dos personas más.

—¡Que guapos todos! —Tina habló agarrada de mano a su


novio.

Lo soltó un momento para abrazarme, seguido lo hizo con


Julián y como a Andrés no lo conocía, se lo presenté, a ella y
Ale.

Julián y Ale se colocaron a un lado y se dijeron un par de


cosas que solo ellos escucharon, luego se unieron a
nosotros. Julián me miraba y Ale detallaba a Andrés quién
aún no tomaba confianza.

—¡Hola, Timmy! —la rubia se acercó a saludarme con un


abrazo cuando se percató de que estaba ahí, antes de eso
estaba hablando con dos tipos que yo no conocía.
—¡Hola, cariño! —correspondí su abrazo.

Uno de los tipos con los que ella estaba hablando, la tomó
de la mano mientras el otro se acercaba detrás de él.

¿Tenía novio y aún así me besó en la universidad? que


mujer...

—¿Qué tal si entramos ya? —propuso el novio fornido de la


rubia, de manera amable.

Todos estuvimos de acuerdo con él, así que entramos en


conjunto. La temática de la disco ya había cambiado, todo
parecía formar parte de una decoración de Halloween,
estábamos cerca de las fechas. Nos sentamos en una
esquina donde había unos muebles bajos en los cuales
podríamos estar todos. No era una parte exclusiva, había
muebles así en varios lugares de la disco, pero la verdad sí
se sentía como estar en la parte VIP.

Julián se sentó a mi derecha en uno de los muebles largos y


Andrés estaba a mi izquierda, Ale estaba sentado al lado de
Andrés en el mismo mueble que nosotros, y Tina estaba en
un mueble individual frente a su novio. La rubia, su novio y
su amigo decidieron sentarse en una mesa aparte, pero
cerca de nosotros.

—¿Qué pasó con Otis y Ander? —pregunté.

—Andaban caminando por los trailers de comida rápida —


respondió Tina.

—No deben tardar en venir —añade Ale.

—Oh, de acuerdo —asentí.

—Iré a pedir una de vodka —anunció Ale.


—¡No, no! Yo voy —me ofrecí.

Ale se volvió a sentar, —Ah, está bien —aceptó y le dió un


beso a Tina antes de sentarse.

Me levanté y caminé entre el alboroto de personas bailando.


Muchos sostenían vasos con bebidas de colores y otras
personas llevaban cigarros en sus manos, logré llegar a la
barra y me senté en una silla alta.

—¿Que desea beber? —preguntó el barman.

—Una de vodka, por favor —respondió Julián sentándose


junto a mí.

Lo miré y me guiñó el ojo mientras sonreía y esperaba la


botella.

—Me gustas —dijo de la nada, luego de unos segundos. Lo


miré sorprendido y me aseguré de que nadie escuchara lo
que dijo, aunque era imposible con la música tan alta.

Moriría si mis amigos se dieran cuenta, no sé cómo


reaccionarían, ellos son de mente abierta y no juzgan a las
personas por lo que son, pero igual me preocupa aún el
"qué dirán".

—Ju-Julián —titubeé —los chicos te pueden escuchar.

—Eh... —volteó hacia donde ellos estaban —... ellos están


algo lejos, y hay mucho ruido ¿No?

Deslizó su mano desde mi rodilla hasta mi entrepierna y


apretó un poco.

—Julián —jadeé —¿Qué haces? —tomé su brazo y lo aparté.


—Nada —alzó sus manos fingiendo inocencia —solo que
esta semana he visto clases de anatomía en la uni... —hizo
una pausa y se acercó a mí oído para susurrar —...y ahora
que lo pienso, me encantaría aprender del cuerpo humano
contigo.

—¿Así son los cumplidos de doctores? —inquirí en un tono


burlón.

—No es un cumplido, es nuestro futuro —dejó escapar una


sonrisa traviesa.

Sentía que alguien nos escucharía hablar y eso me colocaba


aún más nervioso de lo que estaba con Julián tocándome
así.

¿Por qué el tipo tarda tanto con una sola botella de vodka?
¿La está fabricando?

—¿Cómo puedes estar tan seguro de que eso pasará? —


inquirí desafiante.

Estaba nervioso, pero también me gustaba el salseo.

—Solo digo qu...

—Silencio, viene Andrés —avisé mirando hacia adelante.

—Perfecto —dijo Julián.

Al instante se levantó, movió mi silla con facilidad


dejándome frente a él y me besó.

Sentí mí corazón latir a millón.

Sabía perfectamente lo que estaba haciendo Julián.


Abrí un poco mis ojos y pude ver a Andrés a una distancia
considerable, observándonos, cerré mis ojos y me aferré al
beso de Julián.

Quería seguir probando sus labios pero...

—Viene el barman —me separé de él.

—Acá está la botella —nos la dejó y se retiró enseguida.

Volteé a ver si Andrés aún estaba ahí pero ya se había ido.

Observé a Julián y estaba en un momento de satisfacción.

—¡Nos vio! —bramé enojado.

—No dirá nada.

—¿¡No dirá nada!? —reprimí un chillido.

—Niño, créeme —tomó mi mano —lo conozco, no dirá nada


—habló con seguridad.

Me esforcé en calmarme un poco y luego lo miré nervioso.

—También me gustas —admití por fin —me gustas mucho —


apretó mi mano.

Sonrió de oreja a oreja inconscientemente.

Me tomó del cuello y me acercó a él para besarlo,


correspondí el beso con seguridad. Sus labios eran muy
suaves y tibios, mordió mi labio inferior y me quejé en
seguida, pero no me detuve.

—Oh, my god! —Tina nos encontró en esa escena y


rápidamente me separé de Julián y la vi como si fuese un
fantasma.
—Tina... —dejé las palabras al aire.

— ¡ME ENCANTA! —chilló y se acercó a nosotros


abrazándonos —pensé que se habían perdido buscando la
botella, pero ahora me doy cuenta de porqué tardaban
tanto —levantó sus cejas con fervor.

—¡Tú! —continuó señalándome —¿Por qué no me contaste


nada?

—Pensé... pensé que reaccionarias de mala manera —


respondí algo avergonzado.

—¡Ay, cariño! Love is love —citó —cada quién lleva su vida a


su manera.

No sabía que reaccionaria así.

—Me caes bien —dijo Julián.

—Gracias, Julián —respondió Tina sonriente —tú también


eres genial. Ahora vamos, nos están esperando.

Me dio la botella sobre la barra, y tomó de la mano a Julián y


luego a mí, llevándonos hasta donde estaban los
muchachos.

Cuando llegamos, estaban un grupo de personas rodeando


el lugar donde se supone que estábamos sentados.

—Un tipo se quiso pasar con la rubia que venía con nosotros
—Andrés apareció detrás de nosotros explicando.

—¿Uno de los dos que venían con ella? —inquirí preocupado.

—No, otro que la sacó a bailar.


—Vayamos —les dije a los chicos mientras empujaba a la
gente para poder pasar.

Ahí estaban ahora Ander y Otis junto a Ale, y uno de los dos
tipos con la rubia tomada de la mano, mientras que el otro
discutía con un tipo igual de robusto.

—Esperemos que a Gerardo no se le pase la mano —Tina se


refirió al amigo de la rubia, que discutía con el tipo robusto.

Ale y Otis se acercaron a Gerardo, le dijeron unas palabras


sin que el oponente escuchara y seguido, los tres se
regresaron hacia nosotros dejando la discusión hasta ahí. El
otro tipo bajó la guardia y se sentó en su mesa con los
amigos, las personas se dispersaron y nosotros nos
sentamos.

—¿Qué es lo que harán? —le inquirió Gerardo a Otis y Ale


algo alterado.

—¿Hacer de qué? —Tina preguntó confundida quitándome la


palabra de la boca.

—No se van a meter con uno de nosotros y quedarse así


como si nada —dijo Otis sonriendo maliciosamente.

¿Que están planeando estos?

Julián me miró confundido, tampoco estaba entendiendo


mucho.

—Bien chicos, tomen sus cosas y esperen aquí —ordenó Ale


para todos nosotros.

—Ale —Tina lo jaló del brazo —no están pensando en pelear


¿o sí?
—Tranquila, nosotros no lo haremos —respondió Otis
caminando hacia el tipo robusto del problema, y Ale detrás
de él.

—¿Qué harán? —Andrés pregunta.

—No lo sé —respondí.

Todos estábamos expectantes, viendo lo que harían Ale y


Otis.

Ale se acercó por el frente de el tipo robusto y sus amigos y


comenzó una corta conversación con ellos. Otis espero un
momento y luego pasó por detrás del tipo robusto, sacando
el teléfono del tipo de su chaqueta y comenzando una
conversación con otros hombres en la mesa que estaba
justo a un lado de Ale y los otros. Otis solo dijo un par de
cosas a esos hombres que se notaban borrachos y se retiró
despidiéndose de ellos amablemente y ellos igual, seguido
le hizo una seña a Ale y este asintió disimuladamente.

Otis llegó hasta nosotros y noté algo.

—¿Dónde está el teléfono? —inquirí asustado y todos


miramos a Otis.

¿Lo va a robar?

—Los tipos con los que hablé, están tan fuera de sus casillas
que ni se han dado cuenta de que dejé un teléfono sobre su
mesa —explicó —ahora observen —hizo un ademán para
que viésemos a la mesa donde estaba Ale.

Ale sacó su teléfono mientras el robusto y sus amigos reían,


luego el robusto busco su teléfono en su chaqueta pero no
estaba, seguido se paró observando la mesa.
—¿Mi teléfono? Estaba aquí —buscó en sus bolsillos algo
alterado —llama a mi número —le ordenó a uno de sus
amigos.

El amigo obedeció y el teléfono comenzó a sonar en la mesa


de al lado.

—¿¡Me querías robar o verme la cara de estúpido!? —gruñó


el robusto tomando y alzando de la camisa a un sujeto de la
otra mesa donde Otis dejó el teléfono.

Ale se retiró del lugar y vino hasta nosotros observando la


situación.

—Le ofrecí tú número pero cuando sacó su teléfono para


anotarlo, no estaba —Ale se dirigió a la rubia y todos
escuchamos.

—¿Cuál es tú problema? —el sujeto que el robusto tomó de


la camisa se cabreo.

—Mi teléfono lo tenías en tu me...

El sujeto no lo dejó terminar de hablar y estampó un fuerte


puñetazo en la cara del robusto y comenzaron a pelear
como animales descontrolados que luchan por instinto.

Unos segundos después los amigos de cada mesa de


metieron en la pelea, golpeándose unos con otros, algunos
los comenzaron a rodear y muchos también se alejaron.

El lugar se volvió un caos en poco tiempo.

_________________________

Nota de autor

¡Diablos! Estos malentendidos en clubes nocturnos son 🤯


¿A quién más le gusta ver a Julián celoso?

y dejarle todo su amor expresado en comentarios y votos


los quiero mucho.

Amo a estos chicos, en serio ❤️gracias por leer esta historia

Instagram: @luis_burgossss

¡Nos leemos pronto! 📚❤️


Luis Burgos
Capítulo 18. | Lujuria.

Temothée Hammer.

Las mesas donde antes estaban sentados los tipos, ahora


estaban volteadas en el suelo al igual que algunas sillas. Las
personas se alejaron un poco para prevenir que algunos de
los tipos sin querer los golpearan. Vasos desechables y
hasta algunos líquidos extraños se veían alzarse sobre ese
torbellino de golpes.

Mis amigos y yo estábamos a una distancia considerable. La


rubia y sus amigos estaban sonrientes al ver como aquellos
peleaban, Otis y Ale mostraban gestos de satisfacción al ver
lo que lograron sin hacer mucho esfuerzo. Ander, Tina y
Andrés se veían preocupados pero a la vez disfrutaban de la
película que se daba frente a ellos.

Julián, él solo estaba observando la pelea sin mostrar


ninguna expresión, su semblante era neutro.

¿En qué estará pensando?

Yo por otro lado no sabía que pensar, es primera vez que


presencio un alboroto de esta magnitud, y además, causado
por mis amigos, sin ellos verse involucrados.

—¡Vámonos! —Ander grita para que podamos oírlo.

Todos nos dirigimos hasta afuera de la disco y caminamos


hasta una pequeña plaza cerca de donde estaban
aparcados nuestros coches.
—Lo siento chicos —se disculpó la rubia —nosotros nos
iremos a otro lugar —mordió su labio, miró a sus amigos y
nuevamente a nosotros para esbozar una sonrisa.

Antes de que pudiésemos despedirnos, la rubia se giró


sobre su eje, dando unos cortos pasos y tomando de la
mano a los dos tipos al mismo tiempo.

¿Qué?

Quedé.

Se puso de puntillas para poder darle un beso en la boca al


tipo a su izquierda y luego giró la cara para besar al otro sin
pudor alguno, así siguieron caminando a quién sabe dónde.

—¿Qué mierda fue eso? —inquirió Andrés confundido.

—Todos quedamos igual, cariño —respondió Tina.

—¡Esa tipa es una crack! —Otis comentó jocoso.

—O una alborotada social —soltó Julián con cierto rencor,


imagino que recordó cuando la rubia me besó, lo codeé pero
todos rieron por su comentario.

—Bueno, que a la chica le guste el poliamor o no, no es


nuestro asunto —habló Tina —lo importante aquí es...

—¿Qué haremos ahora? —interrumpió Otis y podría jurar


que le quitó las palabras de la boca a Tina.

—Eso te preguntamos a tí —Ander respondió sentándose en


una acera —Ale y tú fueron los que quisieron dársela de
héroes y miren cómo les pagaron —señaló a la rubia y los
dos tipos que aún estando lejos, se podían visualizar.
—No lo hicimos esperando nada a cambio —espetó Otis —
estaban con nosotros y si se meten con uno, se meten con
todos.

—Bueno, el mosquetero tiene razón, pero no tienen que


comenzar una discusión ahora ustedes dos —Tina se situó
en medio del círculo que hicimos para poder vernos todos.

—Así es —Andrés habló luego de tanto tiempo —creo que


mejor deberíamos enfocarnos en qué haremos ahora. No
pudimos ni darle el primer trago a la botella —señaló.

—Eso es lo que más me duele —admitió Ander.

—Bueno, podríamos ir a un bar o a otra disco —sugirió Ale.

—¡SÍ! ¡UN BAR! —Tina chilló alegre —Julián trabaja en uno


muy bueno.

Olvidaba eso.

—Cierto, es bueno el bar —apoyó Ander.

—Claro, podemos ir allá —Julián curvó la boca hacia abajo


con indiferencia.

—Pero Tina ¡Por favor, no le vomites los zapatos a nadie


esta vez! —Otis habló entre risas.

—Shhhh —Tina puso su dedo índice en sus labios


indicándole que se callara.

— ¿Vomitaste? —inquirió Ale mirándola serio y Tina le lanzó


una mirada fulminante a Otis.

— ¡UPS! —Otis tapó su boca con una mano.


—Era una prueba social, amor —comentó Tina haciéndose la
tonta.

—Mejor vayámonos ahora mismo —Ander interrumpió —


estoy desesperado por el vodka.

Todos nos dirigimos a nuestros vehículos para partir al bar


donde trabaja Julián.

—¿Puedes conducir? —Julián se dirige por primera vez en la


noche a Andrés.

—Claro —aceptó y Julián me quitó las llaves de la mano


extendiéndoselas a Andrés.

Andrés se subió y cuando me decidí en rodear el auto para


subirme en el lugar del copiloto, Julián me detiene
tomándome del brazo y señala la puerta trasera mientras la
abre.

—Sube —ordenó en un tono bajo pero asegurándose de que


pudiese oírlo.

Obedecí a su petición sin protesta alguna, subiéndome a la


parte trasera del auto y luego él lo hizo.

Andrés encendió el auto y comenzó a rodar detrás de Ander


quién iba delante de nosotros.

El bar queda relativamente cerca gracias a que la ciudad no


es tan grande.

—¿Hoy no tenías que trabajar? —corté el silencio lanzado la


pregunta.

Andrés iba distraído, viendo por dónde se metía Ander para


el poder seguirlo y no perderse, aunque es obvio que Julián
se sabía la dirección perfectamente porque él trabaja en el
bar.

—Se cambia el horario de la barra cada mes —explicó —hoy


está de turno Diego.

—Oh, entiendo.

No tenía más nada que preguntar o algún tema para


conversar, así que dirigí mi mirada al lado contrario de
Julián, observando la calle a través de mi ventana.

Siento la mano de Julián deslizarse lento por mi pierna y


luego se inclina hacia mi para besar mi cuello, tensando
todo mi cuerpo.

—Ju-Julián —apreté mis labios para reprimir un gemido, pero


Julián solo continuó besando y succionando mi cuello.

Subió una de mis piernas a las suyas y me jaló hacia él con


mucha facilidad. Lancé una mirada furtiva a Andrés y estaba
distraído conduciendo.

Julián seguía con su mano en mi entrepierna y con la otra


me tomo de la nuca para hundir más su cara en mi cuello
aumentando los besos. La sensación era extraordinaria, el
cosquilleo en mi cuello y todo mi cuerpo no paraba, estaba
haciendo todo lo posible por no hacer ningún ruido pero sin
querer, dejé escapar un jadeo de placer y sentí como a
Julián se le formó una sonrisa en mi cuello.

La mano que Julián antes tenía estática en mi entrepierna,


ahora estaba moviéndose dolorosamente lento hacia donde
se me estaba formando una leve erección.

—¿Puedo? —su voz ronca en mi oído me hace estremecer.


Me fascina, por favor, ¡Sigue!

No podía hablar, sentía que saldría algún sonido extraño.


Solo lo miré y asentí mientras mordía mi labio inferior. Noté
como Julián apretó su mandíbula por mi gesto luego de que
acepté complacido. Luego lamió sus labios y continuó su
recorrido por mi erizada piel.

Sus caricias continuaron sobre mi pantalón, en mi miembro


completamente erecto, lo miré directo a los ojos y no me
resistí. Me acerqué y lo besé con algo de desespero y él
correspondió enseguida. Lo tomé del cuello haciendo suaves
caricias en el mismo y mordió mi labio un poco haciendo
que soltara un jadeo, por inercia jalé un poco su cabello
intensificando el beso.

Julián se separó dejando un beso corto en mis labios, y


luego se terminó de reincorporar en el asiento mirando por
su ventana.

Ladeé mi cabeza confundido.

¿Qué pasó?

Dirigió su mirada de nuevo a mi y tenía una hermosa


sonrisa plasmada.

—¿Me vas a dejar así? —inquirí bajo para que solo él me


oyera.

Se acercó un poco para susurrar, —No pensarás en hacer


algo con Andrés aquí en el auto ¿O sí? —soltó con una
sonrisa pícara.

Había olvidado que estaba Andrés y que íbamos en el auto.

Julián hace que me pierda en tiempo y espacio.


—¡Te odio! —terminé diciendo a regañadientes.

—¿A quién odias? —preguntó un Andrés confundido.

—El internet —mentí —lo odio, está demasiado lento.

Julián me observaba con diversión.

—Eres muy travieso, niño.

No dejaba de mirarme con esa mirada ganadora. Odio que


me haga estas cosas, pero no puedo molestarme con él, es
imposible no derretirse ante este chico, es jodidamente
atractivo y provocante.

[...]

—Repito, amo este lugar —señala Otis mientras entramos al


bar.

—Por favor, no hagas que nadie pelee y destruyan el sitio —


pidió en tono sarcástico, Julián —aquí trabajo —Otis soltó
una risa y siguió adentrándose igual que todos.

Pasamos por el pasillo y enseguida vimos a un pequeño


grupo de personas bailando, la barra estaba llena de
personas sentadas y alguna de pie, conversando y
chocando tragos.

Casi todas las mesas estaban ocupadas.

Julián me tomó de la mano, rodeando el grupo de personas


bailando para guiarnos a una mesa vacía cerca de la barra.

Nos dejó ahí y mientras nos sentábamos y poníamos


cómodos, él fue a la barra, saludó a un chico moreno de
gafas y volvió con una botella y unos vasos de chupitos.
—Uuh, tequila —Ander miró la botella con ánimo.

—Ya vuelvo con limón y sal —mencionó Julián y Ander


asintió.

Andrés y Otis observaban a Tina y Ale que se unieron al


grupo de personas bailando salsa.

—Listo —volvió rápido Julián y preparó los primeros shots de


tequila.

—¡Que comience la diversión! —gritó Otis antes de tomarse


el chupito y arrugar la cara.

—Que débil —rió Julián tomando su trago como si fuese


agua.

Ander quiso hacer lo mismo que Julián pero no pudo evitar


estrechar la mirada.

Andrés aún no tomaba.

— ¡TIMMY! —escuché gritar a Chris. Venía caminando hacia


mi con pasos rápidos y muy contento de verme también.

—¿Cómo estás? —me levanté y lo abracé.

Tenía una braga azul oscuro con la camiseta negra del


trabajo bajo la misma y unas converse negras. Algunos
flequillos descansaban en su frente y se veía que sus ojos
estaban perfectamente delineados. Tan sencillo y tan cool.

—No tan bien como tú —me halaga —me alegra mucho


verlos de nuevo.

Les sonrió a Otis y Ander, estos le devolvieron la sonrisa y


sirvieron más tragos.
—Bueno, a tí no te conozco —Chris sonrió al notar a Andrés
a un lado de Otis y Ander.

Andrés llevaba todo el rato detallándolo.

—Oh, él es Andrés —lo presentó Otis como si se conociesen


de toda la vida —es algo callado.

—Un gusto —se levantó Andrés sonriendo y extendiendo la


mano que en pocos segundos Chris tomó para estrechar.

—Bien —Ander habló mientras cerraba la botella luego de


haber servido los chupitos —tenemos que brindar.

Cada uno tomó un trago y lo alzamos.

Observé a Julián y enseguida sintió mi mirada, me sonrió y


me guiñó el ojo.

—¡Por una noche increíble! —dijeron Ander y Otis al unísono


y brindamos repitiendo lo mismo luego de ellos.

La salsa terminó y comenzó a sonar algo más moderno, Ale


y Tina dejaron de bailar y se acercaron para tomar unos
cuantos tragos de tequila, Ander sacó en diferentes
oportunidades a una pelirroja a bailar al igual que Otis con
una linda chica de ojitos azules. Ya la primera botella había
acabado, muy rápido, puede que sea porque éramos varios
o porque estábamos tomando sin control.

Comenzamos a hablar de temas triviales y en repetidas


ocasiones, algunos comenzamos a reír por cosas estúpidas,
los efectos del alcohol ya se estaban manifestando.

La noche estaba divertida y pasaba rápido.

—¿Dónde queda el baño? —le pregunté a Chris.


Me indicó dónde y me dirigí hasta ahí tambaleando.

Necesitaba lavarme la cara con agua fría para poder


animarme un poco, el alcohol me estaba ganando y el
sueño se estaba apoderando de mí.

La puerta se escuchó abrir y cerrar, luego la voz de Julián


apareció.

—¿Pasa algo? —preguntó desde cierta distancia.

Me giré sosteniéndome del lavamanos y quedando apoyado


en el mismo.

—Nada —respondí —solo necesitaba lavarme la cara para


levantar el ánimo.

—Si quieres te puedo ayudar a levantar ese ánimo —me


lanzó una mirada pícara y dió un trago a una mini botellita
de vodka que tenía en su mano.

—No —respondí.

Recordé enseguida cómo me había dejado en el auto y


estreché la mirada.

—Aunque... —continué y me subí sobre el mesón del


lavamanos quedando sentado —no sería mala idea.

Le dediqué una sonrisa traviesa para provocarlo y funcionó


a la perfección. Julián se acercó a mi y abrió mis piernas
para meterse en ellas y llegar mejor a mi cara.

Me incliné para jalar de su cabello un poco hacia atrás, y


dejar un beso en sus labios. Él movió su mano hasta mi
nuca, atrayéndome de nuevo a él y besándome ferozmente.
No solo era sexy, también besaba como un puto experto.
Sabía perfectamente lo que me gustaba.

Me bajé del mesón, aún sin despegarme de sus labios.

—Julián, súbete —le pedí.

Ladeó la cabeza y habló, —Soy mucho más alto que tú, si


me subo al mesón no me llegarás a los labios —explicó.

—No es a tus labios donde quiero llegar —admití sin pudor,


y me acerqué para presionar mi pierna en su creciente
erección.

Su mirada de sorpresa se hizo presente y quedó


boquiabierta con una sonrisa de satisfacción.

¿Este soy yo bajo los efectos del alcohol?

Es primera vez que me coloco de esta manera cuando bebo.


No sé qué me pasa, pero no me puedo controlar.

Julián se subió con facilidad al mesón y se recostó sobre la


pared tapada con un espejo grande, me vio con lujuria y
deseo mortal, sus ojos me pedían que comenzara la función.

Abrió sus grandes y largas piernas para que yo pudiera


tener facilidad de irrumpir en él.

—¿Puedo? —inquirí mordiendo mi labio inferior y


humedeciéndolo.

Él asistió algo desesperado.

Desabroché los primeros botones de la parte baja de su


camisa y la subí con lentitud dejando desnudo parte de su
muy definido abdomen, podía visualizar esa V que se
marcaba y se perdía entrando en sus pantalones.
Su enorme paquete se veía presionado con su pantalón. Me
acerqué a su abdomen succionándolo y dejando besos
húmedos por todos lados, su abdomen se contrajo
enseguida al igual que sus piernas, lancé una mirada furtiva
y Julián estaba con la cabeza apoyada en el espejo,
inclinada hacia arriba y con los ojos completamente
cerrados.

Seguí besando su abdomen mientras desabroché su


pantalón, me ayudó bajándose el jean hasta cierta distancia
y lo único que faltaba por quitar era el bóxer negro que
cargaba. Julián se inclinó para besarme mientras yo
masajeaba constantemente su gran atributo por encima de
su bóxer.

Era increíble el tamaño y lo duro que estaba, podía sentir


como latía en mis manos cada vez que lo tocaba.

—Tengo que pasarle seguro a la puerta —avisé.

Gruñó y luego aceptó, —De acuerdo.

Caminé hasta la puerta y volteé a verlo, me quedé ahí


parado unos segundos y sonreí.

-Te va a matar por esto -mi subconsciente me habló antes


de que hiciera lo que tenía en mente.

Julián ladeo su cabeza confundido por mi risa repentina y


antes de que él hablara salí del baño casi que corriendo.

_____________________

Nota de autor:

Diossss, estas escenas eróticas 🛐🛐🛐


¿Creen que Timmy se pasó al dejar a Julián así?

Amo la conexión de Julián y Temothée, a pesar de que son


polos opuestos, encajan perfectamente. ❤️

Déjenme sus comentarios por todo el capítulo que yo amo


leerlos y responderlos ❤️


No olviden dejar su huella (voto) si les gustó el capítulo mis
sensuales lectorxs

Instagram: @luis_burgossss

Luis Burgos.
Capítulo 19. | Apóyate en
mí, niño

POV JULIÁN

Desgraciadamente tuve que esperar en el baño para que mi


erección bajara. Me gustaría decir que fue corto el tiempo
que estuve esperando que bajara así sea un poco, pero la
verdad es que Timmy me descontroló y me puso muy duro,
todo para dejarme ahí.

Maldije una y mil veces antes de salir del baño.

Timmy se pasó con esto que hizo.

Terminé de salir del baño y me dirigí a la barra para pedirle


a Diego un trago de vodka que me sirvió en seguida.

—¿Ahora si me vas a decir por qué te ves tan molesto? —


pregunta Diego, extendiéndome el vaso lleno de alcohol.

La respuesta era obvia para mí.

Cogí el vaso y mientras tomo el trago veo a Timmy sentado


en la mesa con los demás chicos. Sintió mi mirada sobre él
y seguido dirigió su vista a mí, me evaluó rápidamente y
luego solo me guiñó el ojo y sonrió con suficiencia.

Apreté los puños de impotencia, lo que me provoca en estos


momentos no lo puedo hacer, tengo que controlarme. Lo
único que quiero es tomar a Temothée, besarlo, devorarlo y
hacerlo mío.

Me está jodiendo de la manera más fácil que puede.


Provocándome.

—No es nada, Diego —respondí —sabes como soy, todo me


molesta.

—Bueno, sí tienes razón en eso —se acomoda sus lentes —


seguiré en lo mío entonces —se movió al otro lado de la
barra para atender a una chica.

Guié mi mirada al frente pensando aún en lo estúpido que


me vi con Timmy dejándome así.

—¿No encontraste mejor manera para mostrarme que él y


tú están saliendo? —inquirió Andrés, sorprendiéndome más
por su presencia que por su pregunta.

Me imagino que se refiere a cuando besé a Timmy frente a


él en La Mansión.

Se sentó en una silla alta junto a mí y observándolo bien, no


lo noté molesto.

—Eres muy irritante —fui directo —desde un principio sabías


que él me gustaba.

—Pero él no se veía seguro de lo que quería —dijo con


mucha facilidad y apreté la mandíbula.

—Y por eso decidiste meterte ¿No? —tomé otro trago.

—Solo intenté que Temothée se fijara en mí —fue sincero —


pero descuida, me quedó claro que él también te quiere a tí
—una sonrisa se formó inconscientemente en mis labios.
Miré a Timmy de nuevo y se veía muy feliz riendo con sus
amigos, es tan tierno.

—Pero dime algo ¿Ya le has hablado de de tú familia? —


apreté mi mandíbula —te vi muy molesto cuando la nombré
el otro día, me imagino que es porque no le has hablado de
tú padre ¿Cierto?

—Haces muchas preguntas estúpidas.

—Son importantes si de verdad quieres estar con él —me


quedé en silencio viendo mi trago y pensando en sus
palabras.

Sí, son importantes.

—Eso es lo único que me jode todo, no quiero involucrarlo


con mi papá ni mi hermano —luego de un minuto por fin
respondo —mi papá nunca estuvo de acuerdo con eso de
que me gustaran los chicos y bueno, tampoco es que a mí
me gustaban las cosas que él hacía... que aún hace.

Recordé muchas cosas que creí olvidadas.

—Siempre intenta saber de mí para estar pendiente de lo


que hago o con quien lo hago, pero hace tiempo que no
sabe de mí —expliqué —ni yo de él.

—Eso sería un gran problema entonces, si sabe que estás


con Temothée, que estás con un chico —Andrés conoce mi
situación —¿Tienes alguna idea de dónde puede estar
escondido?

Andrés también sabe cómo se mueve Charlie, mi padre.

—No creo que esté en su vieja casa, tiene que estar


moviendose con mi hermano de un lugar a otro por las
cosas en las que están metidos.

POV TEMOTHÉE

Me entretuve riendo tanto con los chicos que no me di


cuenta del caos en la barra. Julián y Andrés estaban juntos.

Me levanté enseguida arrastrando a Chris conmigo a la


barra.

—¿De qué tanto hablan, nobles caballeros? ——inquirí aún


sosteniéndome de Chris.

Prácticamente estaba guindando en su hombro para no


caerme, estaba muy mareado pero aún razonaba, o eso
creo yo.

—Solo temas sin importancia —respondió Julián y Andrés


ladeó la cabeza.

—Buuh, que aburridos son —Chris bufó —vamos a la mesa


—jaló a Julián y Andrés y así nos unimos de nuevo al grupo.

La noche pasó entre tragos y risas, y yo ya me encontraba


extrañamente alcoholizado y mareado. No me podía parar
de la silla, si lo hacía me caía por lo torpe que estaba mi
equilibrio.

—Nos vemos chicos —se despidió Ale al igual que Tina,


Ander y Otis que se iban juntos.

Eran las tres y media de la madrugada, aún había gente en


el bar pero nosotros estábamos cansados y también nos
íbamos, ya teníamos nuestras cosas a la mano, bueno, casi
todos.

—¿Dónde está Andrés? —inquirió Julián.


Andrés dejó su auto aparcado en el edificio y por ende se
tenía que regresar con nosotros.

—En la... —eructé —barra con Chris.

—Ah.

Julián estaba menos ebrio que yo.

—Andrés, ya nos vamos —avisó Julián cuando llegamos a


dónde estaban hablando Andrés y Chris.

—Me quedaré un rato más.

—Tu auto está aparcado en mi edificio —le recordé —¿Cómo


te irás?

—Me voy en Uber y después voy por el coche —explicó.

Miré a Chris y sonreía juguetón mientras veía a Andrés y


entendí todo.

—Oh, bueno, está bien —acepté.

Julián y yo nos despedimos rápidamente y nos fuimos del


bar.

[...]

—Levántate de ahí, niño —escucho a Julián hablarme —no


estás en tú cama.

—Está cómoda.

—Es el asiento de tú coche, Temothée, levántate —me jaló


del brazo y me hizo salir del auto.
—Está bien, está bien —alcé las manos rendido —puedo
caminar solo hasta el ascensor.

—No puedes, mira como estás.

—¿Bello? ¿Perfecto? —inquirí jocoso.

—No seas estúpido —dijo —así andas siempre, me refiero a


que estás borracho —me sostuvo de la cadera cuando casi
me tropiezo y caigo.

—De acuerdo —cedí a su ayuda, de todas formas a Julián se


le había pasado el efecto del alcohol y estaba consciente.

—Jodido condominio —se quejó.

Tenía los ojos entrecerrados y cuando miré el ascensor tenía


un cartel que reconocí.

"Ascensor en mantenimiento".

—¿Cada vez que vengo borracho se daña el ascensor o qué


mundos? —inquirí enojado.

—Súbete —ordena Julián colocándose de espalda.

—¿Qué-Qué haces?

—Tardarás lo que queda de noche en subir las escaleras en


el estado que estás, súbete a mi espalda —ordena por
segunda vez.

No sé por qué razón, pero mis mejillas ardían.

—Julián, yo... puedo solo —titubeé y se volteó, acercándose


a mí.
Me observó por un momento y estaba serio, sus expresiones
eran neutras. Sentí como si estuviese molesto, así que bajé
la mirada al suelo e hice un puchero.

Tomó mi mentón levantando mi vista a él, es dos cabezas


más alto que yo. Me sentía protegido a su lado.

Se acercó y me dio un delicado beso, no fue uno salvaje o


apasionado, fue algo más dulce que logró transmitirme
tranquilidad, —Déjame ayudarte. Apóyate en mí, niño.

—De acuerdo —accedí hipnotizado con el beso, subiéndome


en su ancha espalda.

Julián tiene mucha fuerza, lo digo porque yo peso mucho y


él no muestra debilidad ni flaquea conmigo encima, sube las
escaleras con total normalidad.

Yo lo rodeo con mis brazos por arriba de sus hombros


abrazándolo, y él sosteniendo mis piernas al rededor de su
cintura. El perfume de Julián se unía con el aroma natural de
su cuerpo y era magnífico.

—No me dejes solo —murmuré en su oído.

—¿A qué te refieres?

—Quiero quedarme contigo.

Volteó levemente la cara para verme y tenía una sonrisa


enérgica en ella, —Bien, te quedarás conmigo entonces —
estableció mientras terminaba de llegar conmigo hasta la
puerta de su apartamento.

Entramos y me bajé de su espalda


—Me voy a bañar ¿Me acompañas? —inquirió en tono jocoso
y con una amplia sonrisa.

—Juliáaan —alargué su nombre en forma de reclamo.

—Está bien —alzó sus manos fingiendo inocencia —tenía


que intentarlo, pero ¿Te quieres duchar?

—Sí, apesto a borracho.

—Bien —desapareció por un momento y volvió con una


toalla, la tomé y habló de nuevo —¿Quieres un sándwich?

—No, gracias —respondí —no tengo nada de apetito.

—De acuerdo, mientras te duchas me prepararé uno para


mí —asentí y me retiré para irme al baño.

Entré al mismo que la última vez, me comencé a bañar y el


agua estaba deliciosa. Se deslizaba tibia por mi cuerpo
cansado.

—Se te olvidó algo —le dije a Julián cuando ya hube salido


del baño, y aparecido en la sala.

Julián ya estaba bañado y cambiado, ahí me di cuenta de


que había tardado bañándome. Estaba sin camisa y ¡Dios
mío! Son estos los momentos donde entiendo la tentación
de Eva al morder la manzana. Él estaba descalzo y tenía
unos shorts cortos azules que le quedaban algo ajustados,
tuve fuerza de voluntad y no miré hacia su miembro,
aunque en realidad no miré allí era porque no quería ser tan
descarado debido a que Julián me estaba observando
también mientras me devoraba con la mirada.

¿Por qué digo que me estaba devorando con la mirada? Fácil


de responder.
—¿Qué olvidé? —pregunta fingiendo demencia y sorpresa.

—No me prestaste un short o algo —le respondí con mi


cuerpo cubierto únicamente por un bóxer y encima una
toalla.

Las gotas de agua aún caían de mi cabello impactando en


mi cuerpo y el frío se estaba adueñando de mi cuerpo
ahora.

—No olvidé nada entonces —sonrió de lado levantándose


del mueble, pasándome por un lado y caminando hacia el
pasillo de las habitaciones.

—¿A dónde vas? —pregunté.

—A dormir, tenemos que descansar —respondió con


obviedad.

Una tristeza me invadió, me sentí estúpido al pesar que


Julián de verdad se quedaría conmigo.

Caminé hasta la puerta de la habitación donde me quedé la


otra vez y Julián ya iba llegando a otra puerta al final del
largo pasillo.

—¿Qué crees que estás haciendo? —inquirió Julián


haciéndome detener antes de entrar a la habitación.

—Ir a dormir.

—¿Quién dijo que ahí es donde vas a dormir? —arqueó una


ceja —me pediste que no te dejara solo, dormirás conmigo.

Se acercó a mi tomándome de la mano y llevándome a su


habitación.

Mi tristeza desapareció enseguida.


Su habitación es bonita y cómoda, se nota lo ordenado que
es Julián con sus cosas, todo está en orden. Estaba una
cama grande con una mesita de noche a un lado, un
escritorio con varios dibujos en ella y algunas pinturas
decoraban sobre la pared del escritorio, aparte de la puerta
de entrada a la habitación, había otras dos, las cuales
supuse que una era de otro baño y la otra tal vez un
armario.

—¿Te quedarás toda la noches ahí parado? —inquirió


lanzándose sobre la cama.

—Eh, no —respondí incrédulo.

—Termina de secarte y ven acá —dio varias palmaditas al


espacio de cama vacío junto a él.

Sentí un poco de vergüenza por solo estar en bóxer, no


quería quitarme la toalla por eso, pero me decidí y terminé
de secarme el cabello colocando la toalla extendida en una
silla junto al escritorio.

Mi seguridad vaciló un poco cuando me acerqué para


acostarme, pero lo hice. Quedé a una distancia considerable
de Julián, tenía mucho sueño, pero el frío por estar recién
bañado no me dejaba descansar, estaba temblando
demasiado.

—Eres hermoso, niño —dice Julián jalándome de espalda a


él y presionándome contra su pecho.

Sentí como dejaba besos repartidos en mi espalda, estaba


caliente a comparación de mi cuerpo, me relajé y quedé
cómodo entre sus grandes brazos y sus piernas
rodeándome.

—Tengo... frío —dije con dificultad.


—Debes estar cansado también —escucho que dice, me
cubre con una sábana, pero mis ojos estaban ya cerrados y
lo oía lejos —descansa niño.

[...]

Pestañeé un par de veces para poder aclarar mi vista, me


estiré un poco sobre la cama y escuché un quejido.

—Deja de moverte tanto, niño —Julián me abraza y me


presiona fuerte contra él.

Siento su miembro en una semi-erección rozando contra mi


entrepierna. Fue imposible no pensar cosas sucias, mis
mejillas ardieron enseguida.

Aclaré mi garganta y musité, —Julián.

—Dime, niño — respondió con voz ronca en mi oído, y un


agradable cosquilleo hizo erizar mi piel.

—Nada, quería saber si estabas despierto.

—Sí, llevo rato despierto —se separó de mi con cuidado y se


dirigió al baño.

Me senté sobre la cama esperando a que saliera y me di


cuenta de que yo también tenía una semi-erección,
enseguida me tapé con una almohada.

—¿Cómo amaneces? —pregunta Julián, recostado sobre el


marco de la puerta.

Duro, pero obvio no iba a responder eso.

—Bien —sonreí. Mi mirada recorrió todo su cuerpo, su


perfecto abdomen y los marcados músculos de sus brazos.
Mi mirada se detuvo en su short y el gigante bulto que se le
marcaba.

—No me molestaría si aparte de ver, también tocaras —su


sonrisa ganadora y maliciosa se formó al darse cuenta de lo
que yo estaba observando en él.

Instantáneamente mi ritmo cardíaco se aceleró, mi corazón


latía a mil por segundo y mis mejillas se incendiaban.

Se subió en la cama y gateo ágilmente hasta mí.

—Yo...yo —balbuceé.

Me besó dulcemente mientras quitaba la almohada que me


cubría. Nuestras lenguas iban sincronizadas, me
descóntrolaban sus tibios y suaves labios.

No quería que parara.

—Veo que no soy el único —habló refiriéndose a la creciente


erección bajo mi bóxer.

Tomé la almohada de nuevo esta vez tirándome sobre la


cama y cubriendo mi rostro por la vergüenza.

No sabía qué hacer, nunca había estado en este tipo de


situaciones, nunca había tenido relaciones con alguien.

—Está bien, niño, es normal —musitó quitando la almohada


de mi cara.

Unió de nuevo nuestros labios, esta vez en un beso más


apasionado, correspondiéndo lo tomé de la nuca para
intensificar más el beso. Aún besándonos, me guió para
estirar mis piernas a lo largo de la cama y acostarme para el
quedar sobre mí.
La sensación por todo mi cuerpo era increíble, el cosquilleo
que sentía cada vez que Julián me besaba era divino.

Se separó de mis labios y se acercó a mí oído para susurrar,


—¿Puedo? —su voz ronca y sus palabras hicieron que una
corriente eléctrica recorriera todo mi ser.

—Sí —acepté en un jadeo.

Comenzó a besar mi cuello, succionando y dejando besos


húmedos por doquier.

Su pierna rozaba sobre mi erección haciendo que esta


aumentara aún más.

Recorrió todo mi pecho y abdomen entre besos hasta llegar


a mi parte baja, aún sobre mí e inclinado sobre sus piernas,
me observó con detenimiento y sonrió.

Con una mano acarició mi erección sobre el bóxer, mientras


succionaba mi entrepierna. Gemí complacido.

Comenzó a bajar con lentitud mi bóxer hasta dejarme


completamente desnudo ante él, mis mejillas ardían y
coloqué una mano sobre mi cara para ocultar mi vergüenza.

—¡Quiero verte! —ordenó Julián, quitándome la mano de la


cara.

Sus expresiones me excitaban aún más, parecía que


luchaba y daba todo de él para poder controlarse.

Tomó mi erección sobre sus manos y comenzó a masajearla


de arriba abajo, mientras me veía directo a los ojos,
penetrante.
Mi cuerpo se contrajo por el huracán de sensaciones que me
cubría.

Esto es mucho mejor que cuando me toco yo mismo.

—¿Te gusta? —su voz ronca me descontrola, es jodidamente


sexy y provocante.

Me limité a asentir repetidas veces como respuesta.

—Dilo —ordenó mordiendo su labio —quiero escucharlo.

—Me-me encanta —jadeé.

Apretó su mandíbula y aumentó un poco los movimientos en


mi miembro, me jaló hacia la orilla de la cama quedando él
de rodillas en el suelo.

¿Hará eso?

Miedo, deseo, nervios, excitación, placer y muchas cosas


más era lo que sentía en ese momento.

Julián me dejó sentado en la cama frente a él.

Tomó mi erección y comenzó lamerla de abajo arriba


mientras seguía masturbandome, mi abdomen se contrajo
enseguida y mi espalda se arqueó.

—Mmm, se-se siente muy bien —dejé salir un gemido y


Julián aumento los movimientos mientras chupaba mi
glande.

Detuvo los movimientos y guié mi mirada a él, seguido


tomó de nuevo mi miembro introduciéndolo en su boca
comenzando un oral.

—¡Ahh!—jadeé inconscientemente.
La excitación cada vez era más grande, las felaciones de
Julián más seguidas y yo estaba comenzando a sentir los
pequeños espasmos por todo mi cuerpo.

Esto se siente muy bien.

—Julián —saqué mi miembro de su boca y él continuó


masturbándome —estoy... estoy por...Ahhh...

—Adelante, hazlo —ordenó y no pude resistir más.

Me vine enseguida llenado su mano y parte de su pecho de


mi líquido.

_____________________

Nota de autor:

El ambiente se puso algo caluroso señoras y señores


¡muajaja!

¿Temothée le devolverá el favor a papi Julián? 😏

Esas conversaciones entre Julián y Andrés ¿¿?? Muchos


cabos sueltos sobre la familia de Julián.

Los adoro con todo mi corazón, muchísimas gracias por su

comentarios y cosas locas ✨


apoyo, no se imaginan lo mucho que me alegran con sus
❤️

¡Nos leemos pronto!

Instagram: @luissburgos

Luis Burgos.
Capítulo 20. | Quiero que
repitas mi nombre.

Temothée Hammer

—Julián... —dejé su nombre al aire.

Eso fue excitante, quedé boquiabierta y él sonrió.

—Me encantas —dijo serio.

Se levantó y me tomó de la cintura para subirme sobre él,


haciéndome sentirlo fuerte contra mí. Quedé rodeándolo
con mis piernas por su cintura mientras me sostenía con
mis brazos de su cuello.

Me siguió besando mientras nos dirigía al baño, era un beso


rudo y apasionado.

Ya estando dentro de la ducha, me bajé de Julián, él abrió la


pila y una tibia agua comenzó a descender por nuestros
cuerpos.

Julián me presionó de nuevo contra él mientras comenzaba


a besar mi cuello. Mis manos se apoderaron de su espalda y
lentamente bajé hasta su cintura.

Aún tenía puesto su short.

Me separé de él y ladeó su cabeza.


Sonreí sin abrir la boca y me puse de rodillas para bajar su
short y boxer al mismo tiempo, me veía extremadamente
pequeño frente a Julián, su mirada estaba sobre mí y
reflejaba deseo.

Dios santo, su pene parecía Barney, cuando crece es


realmente sorprendente.

Si antes había dicho que su perfecto abdomen y los


músculos de sus brazos parecían haber sido esculpidos por
los dioses y todos sus ángeles, ahora digo que su pene fue
creación del diablo y todos sus demonios.

El agua tibia de la ducha nos cubría y calentaba, o a lo


mejor lo caliente no era por eso.

Sostuve el miembro de Julián y mis manos se veían


pequeñas con esa gran cosa en ellas.

Mi mirada viajó por todo su cuerpo hasta su rostro, Julián


estaba rojo de excitación, firmemente mantuve mi mirada
en sus ojos mientras introduje parte de su miembro en mi
boca.

Sus labios se abrieron y liberó un jadeo.

Seguí lamiendo y succionando, su parte estaba firme y muy


dura, sentía como palpitaba en mi boca.

Continué mis lamidas hasta sus testículos y sus músculos se


contrajeron, recorrí con mi lengua desde ahí hasta volver a
su pene.

—¿Te gusta? —la voz ronca de Julián inquiere.

Me fascina.
Asentí varias veces y continué.

Julián me jala del cabello guiando mi mirada a él y habla —


Me gusta más cuando lo dices —lamió y mordió su labio
inferior.

—Me gusta... mucho —no vacilé al decirlo y lo introduje de


nuevo en mi boca.

Sólo quería seguir ahí escuchando como Julián dejaba


escapar gemidos y jadeos de placer por como yo lo ponía.
Era increíble saber que yo producía esas cosas en él.

Julián aún con sus dedos entrelazados en mi cabello me


guiaba con movimientos más rápidos en el oral que le
estaba haciendo.

Su miembro era grande y no podía tenerlo todo dentro de


mi boca, Julián me soltó el cabello cuando tomé el ritmo
rápido y seguí solo.

No era un experto en hacer sexo oral pero de igual forma


quería intentarlo...

Y terminé en una arcada cuando introduje completamente


su miembro en mi boca y Julián dejó escapar un gemido
ronco.

—No aguanto más —Julián dijo eso último algo desesperado


levantándome del suelo y colocándome de espalda a él
contra la pared.

Sentí su firme y dura erección rozar en mi parte baja


mientras él succionaba y dejaba beso húmedos en todo mi
cuello y espalda. Su mano derecha me tomó por delante del
cuello un momento mientras él me seguía devorando, luego
la llevó hasta mis rostro dejando leves caricias en mis
mejillas y seguido dos de sus dedos estaban sobre mis
labios.

Instintivamente abrí mi boca y comencé a lamerlos.

—Aah —gimió Julián y presionó fuerte su miembro contra


mí.

Estaba luchando por controlar sus gemidos.

Retiró sus dedos de mi boca y en poco tiempo sentí como


introdujo uno de ellos lentamente en mi parte baja.

—Aah —sentí algo de dolor.

—Tranquilo, solo dolerá un poco —dijo.

—Típica frase de doctores y estudiantes de medicina —


repondí con sarcasmo.

Sentí como metió otro dedo más dentro de mi y gemí fuerte,


era doloroso pero placentero.

—¿Te duele? —preguntó sin mover los dedos esperando a


que me adapte.

—Solo un poco —respondí —, pero sigue.

—¿Quieres sentirme dentro de ti? —su cálida respiración


chocaba en mi espalda.

—Sí quiero.

Sentí sus labios contra mi espalda formar una sonrisa.

Me dilató un poco más con sus dedos y luego me llevó


nuevamente encima de él hasta la cama.
Mi quedé ahí sobre la cama mojado, viendo cómo sacó de
su mesita de noche un sobresito de plástico y luego se
colocó el condón.

Se dirigió a mí y con sus fuertes brazos me colocó de


espalda a él cerca a la orilla de la cama, quedando yo
apoyado sobre mis piernas y brazos.

Introdujo sus dedos lentamente y comenzó a moverlos con


ritmo dentro de mí, dilatando y produciendo placenteros
escalofríos en mi cuerpo.

—¿Estás seguro de que quieres esto?

—Si, es lo que quiero —me limité a decir.

De momento sentí como introdujo lentamente la punta de


su duro miembro y gemí de placer y deseo.

—Julián —volteé mi rostro para poder verlo —comienza, por


favor —pedí lamiendo mi labio.

Su rostro se vio sumamente excitado ante mi suplica y


seguido Julián comenzó las embestidas, eran lentas pero
profundas mientras me adaptaba al ligero dolor.

El placer que sentía cada vez que entraba y salía de mí era


increíble, podía pedirle que me lo hiciera mil y un veces
seguidas, la sensación era adictiva.

Me jaló del cabello terminando de meter su pene


completamente en mí y tapé mi boca para reprimir los
gemidos.

Estiró uno de sus largos brazos y me quitó mi mano de la


boca.
—¡Quiero escuchar lo que provoco en tí, niño! Quiero que
tus gemidos retumben por toda la habitación —susurró a mi
oído y una corriente eléctrica de excitación recorrió cada
rincón de mi cuerpo.

—Ahh... ¡Julián! —gemí su nombre al sentir el aumento de


sus fuertes embestidas.

Succionó varias veces mi cuello y las cosquillas hacían mis


piernas flaquear.

Eso me dejaría muchas rosetas y morados pero no me


importó en el momento.

Julián me gira con habilidad dejándome boca arriba, alineó


de nuevo su miembro en mi entrada y lo introdujo
lentamente para seguir entrando y saliendo de mí, lo rodeé
con mis piernas para presionarlo fuerte.

Quería sentirlo todo de él.

Entra y sale, entra y sale, una y otra vez.

Se acerca a mis labios aún penetrándome y me besa


ferozmente con esos jodidos labios que me matan.

Besándome el cuello me ordena, —¡Quiero que repitas mi


nombre! —jadeó.

Como todo un sumiso obedecí y repetí su nombre entre


gemidos de placer y jadeos inundados de deseo.

Unos segundos después, roncos y masculinos gemidos


salieron de su boca. Sus músculos se contrajeron y sacó su
miembro de mí para quitarse el condón y venirse sobre mi
cuerpo.
Nos tiramos en la cama uno al lado del otro con nuestras
respiraciones agitadas.

—Julián —me voltea a ver cuando le hablo —te quiero —


sonrío de felicidad al igual que él.

_____________________

Nota de autor:

Todos quedamos 👁️👄👁️


No dejen que la emoción los lleve sin dejar su voto y
comentarios, no sean malos y pervertidos ehh.

Espero que el capítulo les haya gustado y llenado de


emoción ;)

¡MUCHÍSIMAS GRACIAS POR SU APOYO!

Instagram: @luissburgos

Luis Burgos.
Capítulo 21. | La cabaña.

Temothée Hammer.

—No puedo creer que en serio hayan causado ese desastre


y salieran de ahí como si nada —se impresionó Carla con
una mano en su boca.

Había pasado varios días, y apenas es que podemos hablar


sobre lo sucedido en La Mansión. Estuvimos en días de
exámenes radicales y no tuvimos tiempo de hablar de nada
antes.

—La adrenalina que sentí al quitarle el teléfono al tipo y


colocarlo en la mesa de al lado fue increíble —Otis golpeó la
mesa emocionado.

Estábamos en la cafetería de la universidad, el lugar estaba


lleno de estudiantes y muchos cuando pasaban parecían
querer quedarse para escuchar lo que hablábamos. La
gente es muy chismosa.

Me incluyo en la gente.

—¿Adrenalina? —inquirió Ander desde el otro lado de la


mesa —yo estaba cagado.

—Pues yo podría jurar que te vi muy contento también —


bufé.

—Bueno... sí, pero también estaba preocupado —respondió


jocoso.
Todos guiaron la mirada detrás de mí e instintivamente yo lo
hice luego.

Julián. Estaba ahí detrás viéndome, tenía unos pantalones


azul claro, una camiseta blanca y una chaqueta de blue jean
encima, y su cabello estaba en un desorden perfecto.

¿Cómo podía lucir tan bien estando despeinado? Mi cabello


lo dejo así y se pone necio.

—¡Hola! —Julián saludó a todos y se sentó junto a mí.

Todos le respondieron al momento, ya parecían haberle


agarrado confianza. Ander y Otis le estrecharon la mano con
empatía, Tonny y Carla solo agitaron sus manos con una
gran sonrisa y Tina nos miró a ambos estrechando los ojos y
moviendo las cejas de arriba abajo con disimulo.

Olvidaba la situación en la que Tina nos encontró a Julián y a


mí, pero nuestro secreto estaba a salvo con ella. Estoy
seguro de eso.

—Lo importante es que todos llegamos bien a nuestras


casas —siguió Otis, volviendo al tema.

—¿Todos se fueron juntos? —preguntó Tonny.

Julián pasó su mano por debajo de la mesa y me comenzó a


acariciar en la entrepierna.

Lo miré con cara de suplica y preocupación que decía


claramente "aquí no, por favor", pero Julián solo me miró
divertido y me guiñó el ojo mientras seguía con lo suyo.

—No —respondió Tina —Timmy, Julián y Andrés se fueron


luego.
Julián estaba jugando un juego sucio, me intentaba provocar
ahí en público, intenté zafarme de su agarre pero fue
imposible.

Si seguía tocándome así alguien nos podía ver.

¿Será buen momento para un ataque cardíaco?

—Cierto ¿Ustedes a qué hora se fueron? —mi mirada viajó


hasta Otis quien fue el interrogante, intenté mostrarme
tranquilo.

—Andrés decidió quedarse un poco más y Julián y yo nos


fuimos unos minutos después de ustedes —respondí como
si nada pasara.

—¿Y llegaron bien a sus casas? —preguntó Ander —¿Todo


bien?

¿Todo bien?

Lo primero que se me vino a la mente fue a Julián dentro de


mí y sentí que mis mejillas se iban a incendiar en poco
tiempo.

Julián apretó un poco mi entrepierna y habló, —¡Claro! Todo


estuvo perfecto —respondió con una sonrisa muy amplia —
mejor no la pudimos haber pasado.

—En eso estoy de acuerdo —Otis chocó palmas con Julián y


rieron.

—Timmy, cariño ¿Te sientes bien? —Carla me vio


preocupada —estás rojo.

Julián rió y respondió por mi, —El calor lo pone así.


Puto imbécil, sabe que es por él y sigue manoseándome
aquí.

—Es cierto, hay mucho calor hoy —continuó Tonny como si


fuese por eso que estoy así.

El sonido de la campana indicó que era hora de entrar a


clases y todos nos levantamos para dirigirnos a nuestros
salones.

—Más tarde quiero que vayamos a un lugar —Julián me


susurra al oído —tienes que llevar ropa para pasar la noche.

—¿Pasar la noche? ¿Qué lugar es?

—No preguntes tanto y solo obedece, niño —habló


autoritario.

—Pero Julián, mañana tengo que llegar al trabajo a las ocho


—dije sincero y con algo de tristeza.

No es que no quiera ir, solo es la verdad, no me gusta faltar


al trabajo.

—Tranquilo, ahí estarás a tiempo.

—¿Por qué no puedo saber a dónde iremos?

—Hammer, solo obedece y deja de hacer tantas preguntas


—dijo llamándome por mi apellido.

Ahora me gusta más cuando me llama niño.

—Hicks, no sé si eres un secuestrador —bromeé llamándolo


por su apellido también.

—Si fuese así, creo que lo disfrutarías ¿No? —dijo eso último
cruzando el pasillo hacia su salón.
Bueno, de cierta forma tiene razón, disfruto mucho cada
momento que paso a su lado, aunque él no se refería
exactamente a solo para tiempo juntos cuando hablamos de
secuestro.

Me encanta todo de él, desde su voz hasta la manera en


como me sumerge en un huracán de emociones con nada
más que su presencia.

[...]

Cuando salí de la universidad, me vine enseguida a mi


apartamento y lo primero que me encontré cuando crucé la
puerta de entrada, fue un pequeño papel con una nota de
Julián.

Me imagino que la pasó por debajo de la puerta.

NOTA:

Salí a buscar unas cosas, alístate niño, saldremos a las 5:00


pm.

Te quiero.

Firma, Julián H.

Sonreí inconscientemente al terminar de leer la nota. Julián


llegaba a ser algo antiguo en algunas ocasiones, dejar notas
así es algo que ya no se usa tanto, pero que haga eso me
gusta. Las personas ahora son tan básicas que solo envían
un voice en WhatsApp y listo.

Parece que dejar notas como esta por debajo de mi puerta


es algo que le gusta a Julián, justo de esa manera fue que
nos conocimos.
—Cuídate, niñito —pronuncié con algo de alegría las
palabras escritas en aquella primera nota que me dejó.

No me imaginé todo lo que él cambiaría en mi vida, y


mucho menos la facilidad con la que lograría hacerlo. Es
como si él hubiese sabido todo lo que tenía que hacer para
enamorarme, como si el destino y él fuesen cómplices en
una loca idea para ganar mi cariño.

El reloj que colgaba en medio de mi sala señalaba que eran


las 3:30pm, ese era el tiempo suficiente para poder
alistarme, así que me apresuré en hacerlo.

Unos cuantos toques en la puerta se escuchan justo cuando


intento peinarme.

—¿Estás listo? —inquiere Julián mientras me evalúa con la


mirada cuando abro la puerta.

Estaba ahí parado, no tenía bolso ni nada parecido. Lucía


una bermuda beige con una camiseta negra. Calzaba unos
deportivos del color de la camiseta y tenía su cabello
peinado delicadamente hacia atrás.

—Eso creo —respondí pasando mi bolso por encima de mi


hombro.

En su mano derecha llevaba un manojo de llaves que no


eran las de su apartamento. Sí, ya me las conocía.

—Bueno, tal vez sí debí decirte que vamos a un bosque —


comentó Julián aún observándome y sonriendo.

Yo tenía puesto un pantalón blue jeans con una sudadera


azul y deportivos rojos. Lo sé, parecen los colores del disfraz
que usa el hombre araña, pero me sentía cómodo.
—¿Al bosque? —inquirí —¿Estás seguro de que esto no
forma parte de un secuestro? —pregunté con la mirada
estrechada.

—No seas tonto y camina —reí y obedecí a su petición,


saliendo del apartamento y pasándole seguro.

—¡Un momento! —me detiene del brazo.

Pensé en que se le había quedado algo.

Me tomó de la cintura presionándome a él y uniendo


nuestros labios en un beso inesperado, fue corto pero con
mucha energía.

Ya lo necesitaba.

Dejó un último beso y pasó su dedo por mejilla, —Gracias —


dijo.

—¿Por qué?

—Por aceptar venir conmigo —me tomó de la mano y nos


guió al ascensor.

Unos minutos después nos encontrábamos en el oscuro


estacionamiento subiéndonos a su motocicleta, y luego de
otros minutos más ya estábamos rodando por la cuidad.

Rodamos en la moto aproximadamente media hora hasta


llegar a las afueras de la ciudad. En un lugar de la carretera
Julián cruzó por un camino estrecho hacia el bosque, y unos
metros después se detuvo en una especie de parqueadero
con algo de malezas y la hierba un poco alta.

—Aquí tendremos que caminar —señaló.


Me bajé y luego lo hizo Julián, comenzando a caminar entre
los árboles conmigo siguiéndolo.

—Esto me da un poco de miedo —admití.

Hacía un poco de frío, el clima era algo húmedo y ya estaba


empezando a oscurecer.

Caminamos durante unos minutos y luego de un rato ya


estábamos parados en frente de una aislada cabaña, se veía
grande y algo rústica, mayormente forrada por madera.

—¿Es aquí? —pregunté con emoción.

Me gustan las cabañas.

—Sí, sígueme —responde e indica por dónde caminar.

Subimos los escalones de madera para adentrarnos en la


cabaña y debo admitir que el interior era mucho más
hermoso.

Era cálida y tenía un aura otoñal, la espaciosa sala de estar


estaba separada de la cocina por nada más que una isla
hecha de madera ubicada del lado derecho de la cabaña. En
la sala había varios muebles largos y una pequeña mesa de
madera en medio de estos mismos, un pasillo por un lado
de la sala parecía guiar a las habitaciones, pero también
había otro pasillo similar aún lado cerca de la cocina.

—Es muy hermosa... —dije sincero, aún recorriendo la sala y


fijándome que había pinturas muy lindas colgadas en la
paredes de la sala.

Eran algo familiares el estilo de esas pinturas, tal vez había


visto algún trabajo de ese pintor antes.
Julieth H.

Esa era la firma en la parte baja de las pinturas.

Las pinturas son igual de peculiares y extrañas a las que


están en el apartamento de Julián.

—Tiene muchos recuerdos de mi infancia —Julián me bajó


de mis ensimismamientos.

—¿Vivías aquí? —indagué.

—No, era de mis abuelos, pero veníamos todos los veranos


a visitarlos —algo de nostalgia se notaba en su voz.

—¿Venían? —la preguntas salió por si sola.

—Mi hermano, mi papá... —apretó la mandíbula un poco y


frunció los labios, parecía enojado y triste al mismo tiempo
—mi mamá y yo.

¿Hermano?

—No sabía que tenías hermanos —la sorpresa en mi rostro


era real.

—Sí, solo uno en realidad —responde y me mira directo a


los ojos —bueno, deberías cambiarte.

Dijo eso último cambiando de tema, no me sorprendió que


lo hiciera. Se me hizo raro que lograra hablar de él y su
familia, pero poco a poco me dejaba conocer de ellos un
poco más.

¿Qué le habrá hecho su padre para colocarse de esa manera


cada que habla de él?

_________________________
Nota de autor:

¡Holaaa mis sensuales lectorxs!

Julieth H. Ya se imaginan quién es, ¿Cierto?

Les quería contar que me descargué una app para dibujar y


hacer ilustraciones, pero fue un fracaso. Me quedo con la
escritura, solo salían garabatos JAJAJA, así que bueno, si
alguno/a de ustedes sabe dibujar o hacer ilustraciones y se
les ocurre algún día hacer una sobre uno de mis personajes,
estaré encantado de verlo, me lo podrían enviar a mi
Instagram (@luissburgos) los quiero ❤️

Luis Burgos.
Capítulo 22. | Para algunas
cosas es tarde.

Temothée Hammer.

Luego de terminar de cambiarme y haberme colocado una


ropa acorde con el sitio en el que estamos, decidí dar una
pequeña vuelta fuera de la cabaña.

Lo primero que sentí al salir fue el potente frío chocar contra


mi cuerpo.

Todo estaba oscuro y lo único que iluminaba los alrededores


era la tenue luz de la luna, que se colaba entre los inmensos
árboles. La neblina cubría con suavidad el bosque
impidiendo ver más dentro del mismo.

Estoy de frente a la cabaña de nuevo y me sigue


impresionando lo grande, rústica y hermosa que es a la vez.
Es de solo dos niveles, pero también es ancha.

No aguanto más el frío y tanta soledad en este lugar


expuesto y oscuro, así que decido entrar de nuevo para
calentarme. Al entrar noto que sobre la puerta en la entrada
hay una enorme caña de pescar.

¿Eso estaba ahí cuando llegamos?

Me entretuve tanto admirando la fachada de la cabaña que


no noté esa caña de pescar.
—¿Es real esa caña de pescar? —le pregunto a Julián cuando
termino de entrar.

—¿La que está colgada sobre la puerta? —asentí en


respuesta —sí, esa era de mi abuelo.

—Oh, ¿El pescaba? —me daba curiosidad.

—Todo el tiempo —respondió con sencillez — mucha gente


venía al lago a pescar también.

—¿Hay un lago cerca de aquí? —me sorprendí.

Julián me vio extrañado por mi sorpresa y siguió —Sí, a unos


minutos, se puede llegar fácil caminando.

Una cabaña hermosa y un lago cerca, es increíble, este sitio


parece sacado de una película de Netflix o algún libro en
Wattpad.

—Si quieres podemos venir otro día un poco más temprano


para tener tiempo de pescar o bañarnos en el lago —sugirió.

No podía protestar, era obvio que ahorita no podíamos ir por


lo oscuro que está y por el frío, y mañana teníamos que salir
temprano para yo poder llegar a tiempo a mi trabajo.

—Me parece buena idea —sonreí ampliamente.

No me había dado cuenta de que Julián estaba cocinando, a


veces hablo tanto que omito muchas cosas que pasan
alrededor, pero esta vez el exquisito olor fue lo que me hizo
reaccionar.

—Te ayudo —fue más un ofrecimiento y orden de mi parte,


que una pregunta.
Sabía que cocinar no era lo de Julián, pero la verdad es que
olía muy bien.

—No, está bien —abofeteó mi mano cuando intenté tomar


un cuchillo —son cosas sencillas de cocinar.

Eché un ojo y entendí porqué lo decía, como no iba a oler


tan bien, todo lo que estaba cocinando era comida chatarra.
Papitas fritas, salchichas, huevos, había pan rebanado.

—¿Acaso me quieres engordar como un cerdo para luego


comerme a mí? —inquirí juguetón luego de ver todas las
cosas que estaba friendo, y él rió a carcajada abierta.

Su risa era potente y marcada, era una risa muy contagiosa.


Me encanta verlo así.

Se acercó a mi para responder, —No es que te quiera


engordar, solo que esto es lo más complicado que sé del
arte gastronómico —comentó sincero y luego una sonrisa
pervertida se formó en su rostro, dando pasos hacia mi y yo
retrocediendo hasta que sentí mi espalda chocar con una
pared, quedando acorralado entre sus músculosos brazos,
habló —aunque, no voy a negar que comerte si quiero.

Mi corazón late fuerte, creo que ambos podíamos


escucharlo fácilmente.

Había olvidado lo nervioso que Julián me puede poner con el


simple hecho de hablarme con tanta cercanía.

Su mirada era penetrante, sentía como me podía desvestir


con la misma.

—Se te va a quemar la comida —señalé y funcionó como


estrategia para liberarme de sus pervertidas garras.
— ¡Joder! —se acercó rápido a la cocina tomando un
cubierto y sacó las salchichas del aceite —no se quemaron
—me mostró una mientras sonreía como niño travieso.

Sonreí inconscientemente. Julián es muy sexy y varonil, pero


también puede llegar a ser muy tierno.

Luego de comer y conversar un rato sobre temas triviales,


Julián decidió que sería mejor seguir la conversación en otro
lugar. Obviamente, por lo pervertido que es, me imaginé
que se refería a la cama pero no fue así.

Terminamos en el segundo piso en una especie de balcón


unido a una habitación que no era la misma donde dejamos
nuestras cosas. Esa habitación era más pequeña, aunque si
se tomaba en cuenta el amplio balcón al que se unía, podría
ser ésta la más grande de la cabaña.

El suelo del balcón estaba cubierto con la misma madera de


casi toda la cabaña, lo único que había ahí era un largo
mueble.

—Sé que hay mucho frío para estar aquí afuera, pero me
gusta mucho ver el cielo de noche —comentó Julián con
algo de vergüenza en su voz, como si pensara tal vez que la
idea no me gustaría.

—¿Estás bromeando? —inquirí en una risita baja mientras


me sobaba los brazos para calentarme un poco —amo el
frío, y esta vista de la noche aquí es perfecta.

Confesé con sinceridad y Julián sonrió ampliamente con un


brillo de inocencia en su mirada.

—De acuerdo —se giró quedando de lado en el mueble con


su espalda apoyada en uno de los reposabrazos, me jaló con
suavidad de la cintura dejándome de espalda a él, contra su
pecho y entre sus largas piernas estiradas en el mueble.

Me relajé sobre Julián, mi cabeza reposando sobre su pecho


podía sentir su respiración y como la misma me hacía subir
y bajar con ella.

El silencio se apoderó del momento mientras observábamos


las estrellas, estábamos bien así, no faltaba más para que
este momento fuese magnífico y en un futuro se convirtiera
en un hermoso recuerdo.

Mi mente viajaba entre mil y un pensamientos al mismo


tiempo, muchas cosas e ideas locas venían a mi mente.

Cuando conocí a Julián, no me imaginé nunca que


llegaríamos a esto, estar así, juntos de esta manera tan
especial.

Es increíble como la llegada de una persona a tú vida puede


hacerte cambiar por completo, dándole un giro a tú forma
de pensar y de ver el mundo.

Nunca me visualicé estar con un hombre, pero me siento


cómodo estando con Julián.

Fue tan fácil dejarlo entrar, encajó a la perfección conmigo y


mi vida, como si antes de que él llegara ya hubiese un lugar
esperándolo en mi corazón.

—Cuando venía a visitar a mi abuelo, este era mi


pasatiempos favorito por las noches —rompió el silencio con
sus palabras —siempre me quedaba hasta tarde viendo el
cielo y las estrellas.

La verdad es que las estrellas se pueden apreciar mucho


mejor desde lugares como este que desde la ciudad.
—Aparte del verano, ¿Venías muy seguido?

—No tanto —no podía ver su cara pero sabía que mostraba
tristeza ya que eso fue lo que noté en su voz —mis padres
no tenían mucho tiempo para venir...o eso inventaba mi
papá.

—¿Esta cabaña era de tus abuelos paternos?

—No, era de mis abuelos por parte de mamá —respondió —


ellos nunca aceptaron a mi papá, pero accedían a qué
viniera por nosotros. Por Javier y por mí.

Supuse que Javier era su hermano. Julián no se escuchaba


bien hablando de esto, se notaba perfectamente la tristeza
al hablar esas cosas, así que me quedé en silencio, no
quería incomodarlo más con mis preguntas.

Pasaron largos segundos y Julián habló de nuevo, —La


última vez que vine con mi mamá y mi hermano Javier fue
porque mi abuelo había fallecido por causa de un infarto.

Una presión se hizo presente en mi pecho al incorporarme y


ver la mirada perdida de Julián.

No tenía palabras para él, decir el típico lo siento mucho no


es algo que me guste hacer.

Me acomodé y logré abrazarlo quedando de lado en el


mueble y sobre su pecho, entré en calor con su cuerpo.

POV JULIÁN

Tenía mucho tiempo queriendo venir a la cabaña pero no


quería hacerlo solo, tampoco quería venir acompañado de
cualquier persona, por eso quizás, tardé tres años en venir
desde la última vez con mi madre y Javier. Estoy seguro de
que Temothée es la persona correcta para estar aquí
acompañándome.

Este lugar es muy especial para mí, y no me gusta


compartirlo con nadie, pero sé que hice lo correcto en
traerlo a él. Temothée también se está volviendo importante
para mí, muy importante.

—No tienes que seguir hablando si no te sientes cómodo —


acarició mi pecho haciendo círculos con sus dedos.

—Tranquilo, me siento bien hablando de esto contigo, es


como si por fin pudiese desahogarme —fui sincero.

Asintió.

—Extrañé mucho venir acá —continué viendo las estrellas.

—¿Por qué no seguiste viniendo con tú familia?

—Un poco después de que mi abuelo murió, yo me mudé de


la casa de Charlie, mi papá.

—¿Te mudaste? —inquirió enseguida y recordé que el


imprudente de Andrés mencionó frente a Timmy que yo
escapé de casa así que no valía la pena seguir negando eso.

—Me escapé —retracté.

—¿Por qué hiciste eso, Julián? —inquirió compartiendo la


tristeza.

—La manera de pensar de Charlie y la mía eran muy


distintas —mi tono de voz salió amargo.

Temothée dudó en seguir hablando.

—¿Estás seguro de que fue por eso nada más?


Él no es tonto, Julián —mi conciente me reclamó —él sabe
que esa es una corta y tonta razón para escapar de casa.

Tardé unos segundos para hablar, —Él no aceptaba el hecho


de tener un hijo homosexual. Decía que era una decepción,
y mi mamá no dijo nada al respecto, no me defendió. Sé
que ella no sería capaz de rechazarme solo por mi
orientación sexual, pero Charlie la manipulaba para que no
me tratara bien. Él buscó la manera de hacerme sentir peor
para que yo cambiara de opinión sobre lo que quería. Me
parecía injusto que para ellos mi sexualidad fuese una
decepción pero las cosas que hacia Charlie no, todos sus
negocios, maneras de conseguir dinero y como involucraba
a Javier en todas esas cosas. Nunca estuve de acuerdo con
todo eso.

» Eran muchas las injusticias que pasaba con ellos en casa,


me prohibieron muchas cosas —seguí explicando —yo
nunca fui de recibir muchas órdenes, soy más de seguir mis
instintos. Por eso preferí irme de casa que seguir
aguantando todo lo que pasaba con mis padres y sus cosas.

Terminé de explicar sin mencionar los problemas en los que


siempre estaba metido Charlie, y en como eso siempre
terminaba afectándonos a todos.

—Tu padre fue muy injusto al manipular a tú madre para


que te tratara diferente a como ella quería.

—Siempre fue así de injusto.

—¿No la extrañas? —inquirió.

Un nudo se formó en mi garganta.

—Sí.
—Seguro ella también, y tú hermano Javier —comentó
inocente de la situación —deberías tratar de arreglar las
cosas con ellos, seguro su forma de pensar cambió un poco
luego de que te fuiste.

—Para algunas cosas es tarde, niño.

Cerré los ojos por un momento recordando su rostro.

—¿A qué te refieres?

Traté de contenerme, pero finalmente las lágrimas


escaparon de mis ojos.

—Ella ya no está —sollocé.

_________________________

Nota de autor:

Capítulo triste, lo sé, pero ya era hora que de Julián hablara


sobre su pasado y un poco sobre lo que pasó con su padre.

Sé que ya se están imaginando muchas cosas sobre Charlie,


quiero leer sus teorías aquí.

Si encuentran algún error ortográfico o algo incoherente,


siéntanse con libertad de comunicármelo, lo corregiré
enseguida, muchas veces escribo rápido para no perder las
ideas y no me percato de esos errores.

No me cansaré de agradecerles por su apoyo con esta


historia, por todos sus votos y comentarios, los adoro ❤️

¡Nos leemos en el próximo capítulo!

Instagram: @luissburgos
Luis Burgos.
Capítulo 23. | Nuevo
despertar.

Temothée Hammer

Mi corazoncito se arrugó al escuchar como su tétrica voz,


pronunció esas dolorosas palabras.

La tristeza en él debe ser inimaginable al saber que pudo


haber hecho algo, haberse acercado a ella, hablarle, y no lo
hizo a tiempo.

Ahora me doy cuenta de que para algunas cosas sí es tarde.

—Julián... yo —quería decirle algo para hacerlo sentir mejor,


pero no encontraba las palabras adecuadas.

Antes de yo continuar, él habló de nuevo, —La impotencia al


recordar que no pude despedirme de ella es enorme, y a
pesar de que eso me llena de tristeza aún, lo que tenía que
llorar ya lo lloré, así que no tienes que sentirte mal por mí —
indicó —solo agredezco que estés aquí para mí.

—Siempre estaré contigo cuando me necesites —las


palabras salieron de mi boca antes de que pudiera
pensarlas.

—Te quiero, niño —musitó.

Su mirada se suavizaba cada que encontraba la mía.


—Yo también te quiero, Julián. Te quiero mucho.

Hace caricias en mi cabello.

Cuando alguien me hace cariños en el cabello es peligroso


para mí. Suelen pasar dos cosas: La primera, es relajarme, y
la segunda es lo que acaba de pasar.

Quedé profundamente dormido encima de mi chico.

[...]

Estoy sobre mi costado y entre bostezos, lucho por


pestañear para restablecer mis vista, me doy cuenta de que
estamos en la cama del cuarto unido al balcón y lo primero
que veo es la perfección de Dios ante mis ojos.

Julián está de frente a mí, sus ojos cerrados me permiten


ver sus largas y oscuras pestañas, sus cejas un poco unidas
en disgusto, como si tuviese una pesadilla o algo así. Sus
apetecibles labios están un poco más rojos de lo usual,
perfectos para ser besados.

Una sábana blanca cubre su cuerpo hasta su cintura,


dejando descubierto los trabajados músculos de sus brazos,
mi vista baja hasta la V que se forma en la parte baja de su
abdomen y mis mejillas arden al ver la notable erección de
Julián a través de las sábanas.

Enseguida el deseo recorre mi cuerpo hasta llegar a mi


miembro haciéndome poner duro también.

Me giro sobre la cama para bajarme e ir al baño pero siento


un fuerte agarre en mi cintura.

—¿A donde vas, niñito? —Julián me atrae a él de espalda,


presionándome contra su duro y caliente miembro. Sin
querer, dejó escapar un gemido por la sensación.

—Al baño —respondo nervioso —llegaremos tarde sino nos


damos prisa.

—Aún tenemos tiempo —su voz ronca me hace estremecer


mientras desliza su mano por debajo de mi camisa y mi
abdomen se contrae por el contacto.

Aún se podía ver por el balcón que claramente no había


aclarado, así que sí teníamos tiempo.

—Julián yo... —dejo las palabras al aire.

—Tranquilo —susurra a mi oído mientras termina de meter


su mano en mi short y boxer para masajear con lentitud mi
erección —no haré nada que no desees.

Ese es el problema, te deseo a ti, quiero sentirte dentro de


mi nuevamente.

Lo sé, Julián me ha convertido en todo un pervertido


también.

Se quita la sábana que lo cubre para acercarse mejor a mí y


puedo notar como su erección se escapa de su bóxer negro.

Barney, ahí estás.

No pude evitar recordar cuando lo tuve en mi boca mientras


lo veía directo a los ojos, esas lujuriosas expresiones que me
mostraba y todo el placer que desbordaba de su mirada.

¡Santo Cristo!

Perdóname señor por mis pensamientos impuros.


Se estampa en mi cuello para succionar y besar ferozmente.
Tenerlo así, solo en boxer frente a mí me hacía excitarme
aún más, como si fuese posible, pero una mueca se forma
en mi rostro cuando Julián se separa.

—¿Qué pasa? —le pregunto cuando veo una leve sonrisita


en su boca.

Me acomodo, sentándome en la cama.

—A lo mejor si sea un poco tarde.

—¿Pero si aún no sale el...

Detengo mis palabras cuando veo una sonrisa victoriosa


formarse en su rostro.

—Continua —me pide —quiero escuchar como me pides


indirectamente que te folle.

Sentí mis mejillas incendiarse, al escuchar a Julián hablando


sin pudor alguno.

— ¡Oh, no! —protesté —eso sí jamás.

— ¿No? —lame sus labios y se sienta contra el espaldar de


la cama.

Ladeo mi rostro y veo como comienza a bajar jodidamente


lento su bóxer, dejando su gran cosa a la vista.

Trago fuerte.

—No me queda de otra que tocarme yo mismo —comienza


a masturbarse frente a mí.

Masajea con delicadeza, de arriba abajo.


No había palabras para describir lo duro que me ponía verlo
haciendo eso.

—Julián, por favor... —dirigí mi vista a otro lugar para poder


contenerme.

— ¿Qué? ¿Me vas a pedir que te folle?

Si quiero.

—Detente —le pido casi en suplicas.

Acercó su largo brazo hasta mi cara para tomarme del


mentón y hacerme verlo, — ¿Por qué? —muerde su labio y
continua masturbándose — ¿Tienes miedo a no poder
controlarte?

Me suelta y no respondo.

Lo sigo viendo por un momento más y el cierra los ojos para


seguir en lo suyo.

POV JULIÁN

Admito que me excita mucho saber que Temothée me está


viendo mientras me masturbo.

Cierro mis ojos para seguir tocándome.

Espero que se decida pronto.

—¡Fóllame! —sus palabras me hacen abrir los ojos y verlo


moverse con agilidad hasta mí.

Detengo mis movimientos y hablo, —Me estaba


preocupando —admito y uno nuestros labios con deseo...
besando, chupando, mordiendo.
Lo empujo con suavidad para dejarlo con la espalda sobre la
cama y lo saco de su ropa con facilidad.

Me muevo con rapidez hacia la mesita de noche para buscar


algo y lo encuentro rápido porque estaba donde lo había
guardado cuando llegamos.

—Hoy harás algo nuevo —digo, tomándolo de la parte


trasera de sus rodillas para acercarlo a mí y el me ayuda
rodeando mi cadera con sus piernas.

—¿A qué te refieres? —parece curioso.

Alzo el pote de lubricante para que lo vea y mientras me lo


aplico en mi erección, él se da cuenta de que no usaré
condón pero no se preocupa.

Verlo en esa posición ante mí me hace excitar aún más,


desesperado y ansioso de que lo penetre.

Paso mis dedos con lubricante por su entrada e introduzco


uno.

—¡Ahh! —el gemido de Timmy me hace jadear y sonreír.

Dilato su entrada por un momento, introduciendo y sacando


mi dedo repetidas veces, luego introduzco dos más con
cuidado de no lastimarlo.

—¡Dios, Julián! —gime desesperado.

Mis músculos se contraen mientras sigo moviendo mis


dedos dentro de él. Dentro, fuera, en círculos.

—¿Quieres que comience ahora? —muerdo y lamo mi labio.

El asiente repetidas veces.


—Pídelo.

—Julián, por favor... Ahhh —gime de nuevo cuando saco y


meto mis dedos en su entrada —comienza ya, por favor
¡Fóllame!

Una corriente eléctrica recorre mi cuerpo y no necesito más


para comenzar.

Posiciono mi miembro en su entrada ya dilatada y meto solo


la punta.

—Oh, carajo —dejé escapar un gemido.

La sensación es mucho más placentera cuando siento el


roce de mi erección directo en su entrada, sin condón.

—Lo quiero todo —Timmy me pide travieso —quiero sentirte


completo dentro de mí —sus palabras me hacen abrir los
ojos sorprendido.

Lo complazco con lo que pide e introduzco completa y


lentamente mi polla en él.

—Ahh ¡Santos cielos! —gime y muerde su labio para


contenerse del dolor al principio.

Me detengo un momento para que se adapte a la sensación,


pero él vuelve a hablar, —No te detengas.

No sé si son ideas mías, pero creo que cada palabra que


sale de su boca me pone más duro.

El vaivén de mi cuerpo comienza, entrando y saliendo


repetidas veces de él.

Soy un chico muy visual y tenerlo así frente a mí y para mí,


me hace sentir poderoso, me llena de placer.
Me acerco a su boca para besarlo con rudeza, él con sus
piernas rodeando mis caderas y me presiona más a su
cuerpo para profundizar las estocadas.

Se sostiene con sus brazos de mi cuello y aprovecho para


tomar con una de mis manos sus erección y comenzar a
masturbarlo.

—Eso... ¡Ahh! —nuestros gemidos y jadeos hacen eco en la


habitación —me encanta —termina de decir Temothée.

Dejo otro beso en sus labios antes de separarme un poco


para penetrar con más profundidad. Los gemidos de Timmy
se intensifican cada vez más, anunciando que está cerca del
orgasmo y eso hace que me excite aún más y también me
acerque al mío.

Escucho el sonido de nuestros cuerpos chocar y mis


movimientos se descoordinan al ver a Temothée
masturbarse mientras se viene sobre su abdomen. Eso es
suficiente para dejarme ir y venirme dentro de Timmy,
desplomándome sobre la cama junto a él.

Nuestras respiraciones agitadas se escuchan claramente,


nuestros pechos suben y bajan con continuidad.

—Fue increíble —Temothée habla y volteo para verlo a los


ojos complacido, eso me llena de energía.

—Tú eres increíble, niño.

Una alarma suena fuerte y Temothée se levanta para callar


su teléfono.

—¡Joder, son las siete! Llegaré tarde al trabajo

________________________
Nota de autor:

No sé ustedes, pero yo quiero un Julián en mi vida.

A los que siempre votan y dejan sus hermosos comentarios


por toda la historia, ¿Qué quieren para navidad?

Los adoro un montón, no se imaginan la alegría que me da


tenerlxs como lectorxs ❤️

Recuerden que pueden recomendarle esta historia a sus


amigos lectores para que seamos más lo que disfrutemos
de Julián ❤️

Aprecio mucho su apoyo.

Instagram: @luis_burgossss

Luis Burgos
Capítulo 24. | Secretos.

Temothée Hammer

Ya les había mencionado antes que una de las cosas que no


me gusta es ser impuntual, bueno, eso mismo le comenté a
Julián y lo tomó como excusa para bañarnos juntos y así
ahorrar tiempo.

Claro que acepté, no me juzguen, necesitaba llegar rápido.

Logré llegar justo a tiempo y fue porque en moto es más


fácil andar entre el tráfico.

Windwood ya estaba abriendo, caminé rápidamente para


entrar y me topé con Andrés bebiendo café.

—¡Buen día! —saludé agitado, pero con una gran sonrisa.

Andrés me evaluó con la mirada, —Te ves algo contento hoy


¿Polvo mañanero? —preguntó jocoso y no pude evitar
sonrojarme y reír.

Sí, estas últimas semanas agarramos una buena confianza


como para hablarnos de esa manera.

Carraspeé, —Eh...no —mentí —solo estoy... ¿Contento?

Andrés me miró incrédulo y luego se encogió de hombros


restándole importancia al asunto.
—El viernes cumplo año —anuncia —haré una fiesta en mi
casa con mis compañeros de clase, amigos y otras
personas. Estás invitado y no tienes derecho a decir no.

—Oh, cool —sonreí —aunque no conozco a ninguno de tus


amigos, creo que eso no me hará sentir muy cómodo —fui
sincero.

—Ah, casi lo olvido. Cumplo años el viernes pero haré la


reunión el sábado —probó el café —Julián también irá, y tus
amigos también están invitados, todos son súper
agradables y divertidos.

¿Julián irá?

¿Ahora son amichis forever?

No entiendo.

—¡Perfecto entonces! —acepté sonriente —ahí estaremos.

Puede que se torne interesante esa fiesta, siempre pasa


algo, además, irá Julián también. Por ley tiene que pasar
algo bueno.

La mañana en el trabajo pasó rápido y sin mucho ajetreo.

Ya en la cafetería de la universidad, les comenté a los chicos


sobre la reunión por el cumpleaños de Andrés.

Todos se emocionaron. Les encanta una pachanga.

Por momentos, mi mente se perdía en un viaje astral


recordando las cosas que había hablado con Julián en la
cabaña.

La cabaña.
Su pasado

Su abuelo, su madre, su hermano. Charlie, su papá.

Me dio curiosidad que no haya hablado sobre su hermano,


aunque lo mencionó en algunas ocasiones.

Pasaron las primeras horas de clase y en la segunda hora de


descanso pensé que me encontraría con Julián en la
cafetería pero no fue así, no estaba por ningún lado.

Prestándole más atención a los informes que tenía que


entregar para mañana, me coloqué a leer.

[...]

Termino de recoger mis cosas y los informes que me quedé


haciendo hasta tarde ayer y salgo enseguida de mi
apartamento.

Con pasos rápidos camino hacia el ascensor, pero me


detengo en la puerta del apartamento de Julián.

Ayer no apareció por ningún lado en la universidad, no


respondió ninguno de mis mensajes. Cuando llegué aquí
tampoco lo vi, su moto no estaba en el estacionamiento del
edificio.

Por un momento se me ocurrió la idea de tocar para


averiguar si ya había llegado, quería preguntarle dónde se
había metido, pero se vería muy controlador y tóxico de mi
parte, creo. No somos nada, solo ¿Amigos con derecho?

Mi seguridad vaciló un poco, pero me terminé decidiendo


por seguir mi camino.
Al bajar al estacionamiento para buscar mi auto me di
cuenta de que la moto de Julián aún no estaba donde
siempre la deja aparcada.

Seguido recuerdo mi temor a los sitios oscuros y solos como


este, y corro hasta mi auto para dirigirme al trabajo.

—Se abrió un nuevo pasillo de herramientas para el jardín y


otros productos para el hogar —la licenciada nos anunció a
Andrés y a mí —en una de las encuestas que hiciste por
Instagram, Temothée, esas fueron unas de las cosas más
pedidas por los clientes.

Como me encargo de la publicidad de la empresa junto con


Andrés, hace una semana hice una encuesta por Instagram
sobre cosas que les gustaría a los clientes que en Windwood
se vendieran, y bueno, las que acaba de mencionar la
licenciada fueron las más pedidas.

—Lo que necesito ahora —continuó ella —es que hagan una
sesión de fotos para esa nueva sección en los pasillos D-2 y
D-3, luego las suban a las redes sociales y que se les haga
saber a los clientes que lo que pidieron, ya está en
Windwood —finalizó.

Cuando se trata de los asuntos de la empresa, la licenciada


actúa con mucha firmeza y autoridad, le gusta que las cosas
fluyan bien y por el camino correcto.

—De acuerdo, licenciada —responde Andrés sin salirse de


los parámetros de profesionalidad que ellos tienen en su
familia.

Yo por mi lado asiento y camino detrás de Andrés hasta los


pasillos indicados, comenzando de una vez lo pedido por la
licenciada.
Unos minutos después, mientras ordenaba mis ideas y al
mismo tiempo le tomaba las fotos a los estantes, recordé
que Andrés y Julián se conocen desde hace más tiempo.
Seguro Andrés sabe más sobre Julián.

A lo mejor pueda hablarme más sobre la familia de Julián.

¿Será bueno preguntar?

Dios, ¿Por qué rayos me hiciste tan chismoso y metiche?

Intento quedarme tranquilo y no preguntar nada.

Temothée, es tú chico, te importa saber que pasa en su


vida.

—Andrés... —no me resistí.

—¿Uhm?

—¿Desde hace cuánto se conocen Julián y tú? —intento


sonar desinteresado en el asunto aunque no es así.

—Desde hace unos... —se detiene para calcular el tiempo —


siete años o más, creo —responde con simpleza.

Siete años o más. Es bastante tiempo, obvio que debe tener


algo más que pueda aportar.

—¿Y tú en alg...

Me interrumpió, —No te daré ningún tipo de información


sobre Julián. No es algo que a mí me compete —señaló.

La seriedad en su voz me sorprendió.

¿Lo estará diciendo por decisión propia o Julián lo habrá


amenazado?
Puede que no quiera hablar de eso porque le parece de
mala educación hablar de las personas a sus espalda, pero
no estamos hablando mal. Él ya sabe qué pasa entre Julián
y yo.

No soy ningún desconocido.

Me quedó claro que Andrés no hablaría de más, así que me


rendí rápido y seguí en lo mío.

Un par de horas después ya estaba en la universidad, en


uno de los jardines traseros, sentado en la grama con Tina y
Ander. Cabe destacar que estaba exhausto por el trabajo de
hoy y todas las tareas.

—¿Entregaron sus informes? —Ander pregunta.

En todo el rato aquí en la uni tampoco he visto a Julián. Eso


me empieza a preocupar.

—Sí, todo estaba bien —responde Tina.

Los dos guiaron su mirada hasta mí esperando mi


respuesta, luego de unos largos segundos caí en cuenta.

—Ehm, sí... esto —farfullé —también lo entregué, pero no


me fijé bien en cuál fue la nota —mi mente estaba enfocada
en otras cosas.

Otras cosas= Julián.

Antes de que pudiesen reprocharme algo por no estar con lo


pies en la tierra y prestarles atención como se debe, me
levanto, —Vuelvo en un rato.

—¿Qué harás? —inquiere Tina.

—Iré al baño —mentí.


Fui a la terraza donde Julián me llevó aquella vez.

Donde se queda para evitar la molestia de los demás seres


humanos.

Por desgracia, él no estaba ahí. Me devolví por donde me


vine y luego sí me dirigí al baño. Lavé mi cara, me miré al
espejo y pensé:

¿Así de feo me vi en todo el rato?

Sacudí la cabeza y salí del lugar.

Antes de cruzar el primer pasillo choqué con un alto cuerpo


que —por el golpe del empujón— no pude reconocer hasta
que escuché su voz y restablecí mi vista.

—Lo siento, niño.

Sentí un escalofrío y una sensación extraña en el estómago.


No dejaba de colocarme así en presencia de Julián.

—¿Dónde has estado? —es lo primero que sale de mi boca


en forma de protesta.

—Ocupado —responde rígido.

—¿Ocupado? ¿Haciendo qué? —pregunto intentando sonar


un poco menos molesto.

—Cosas —intento no enojarme, pero sus respuestas de poca


información no me ayudan.

¿Acaso está ocultando algo?

¿Por qué?
Tal vez suene paranoico y muy excesivo, pero no descarté la
idea de que Julián estaba así de rígido y misterioso porque
había estado en este tiempo "desaparecido" con otro chico
tal vez.

—¿Timmy?—antes de que pudiese seguir indagando en


Julián, apareció Tina —el timbre sonó hace minutos —
anuncia tomándome del brazo.

—En un momento voy —no dejo de mirar a Julián con una


tristeza enorme y un profundo vacío en el pecho, buscando
alguna señal en sus expresiones faciales.

—Oh, hola —Tina saluda al chico frente a nosotros, y luego


se dirige a mí —no podemos esperar. Nos toca defender el
informe ¿Lo olvidas?

Tenía razón, el informe contenía dos notas, el trabajo y la


defensa.

—Lo olvidé —supiré con cansancio.

—Bueno, deberían correr, se les hará tarde —sugirió Julián


—yo voy al baño.

Y así fue como cada quien tomó su camino, él por el suyo y


yo por el mío.

Fue sumamente difícil concentrarme para la defensa del


informe. Mi mente solo enfocaba las raras actitudes de
Julián.

¿Qué es lo que le sucede?

Si solo estaba haciendo cosas sin importancia, pudo haberlo


dicho sin ningún problema, pero en lugar de eso, su actitud
fue diferente. Sé que oculta algo.
Nunca se comporta de esa manera conmigo.

No sé por qué mi mente de intento de detective me guía a


unas teorías, pero mis celos me guían a otras.

¿Acaso está con otra persona?

_______________________

Nota de autor:

Odio que se oculten cosassss :c ¿Por qué tiene qué ser así?

Las cosas se comienzan a poner oscuras aquí, pero


mantengamos la calma ❤️

¡Nos leemos pronto!

Instagram: Luissburgos

Luis Burgos.
Capítulo 25. |
Desconfianza.

Temothée Hammer

La mañana de hoy estuvo muy cansona, o a lo mejor es que


yo no tenía ánimo para nada.

Me inclino más a la segunda opción.

A lo mejor es porque es viernes y ya mi cuerpo sabe que


descansará del trabajo, por eso se adelanta a los sucesos.

—Timmy, ayer estuviste muy raro y hoy igual —Ander


rompió el silencio en la mesa y todos guiaron su mirada a
mí.

Con todos me refiero a mis amigos. Estamos todos sentados


en una de las largas mesas de la cafetería almorzando, por
eso estábamos en silencio, omitiendo el bullicio de las
demás personas en la cafetería.

No sé si eran ideas mías, o las vibras del día tampoco


ayudaban. El cielo se podía ver oscuro desde los ventanales.

Tina está a mi lado y junto a ella está Ale, de mi otro lado


tengo a Tonny y a su lado a Carla, y frente a mí se
encuentran sentados Ander y Otis. Todos observándome en
espera de una respuesta.
No me gusta causar problemas ni llamar la atención de esta
manera, pero gracias Ander.

—Pienso igual —Carla apoya —¿Pasa algo?

—Nada, yo... —medito lo que diré —solo he estado


pensando en las tareas y eso —miento.

—¿Desde ayer? —inquiere Otis —deben ser muchas tareas.

—Sí, son muchas —Tina me sigue la mentira, lo sé porque la


observo y me guiña el ojo discretamente.

—Bueno, ni tantas —comenta Ander que estudia


comunicación social al igual que nosotros dos. Tina le regala
una mirada de pocos amigos y Ander se retracta —aunque
ahora que recuerdo, si hemos estado llenos esta semana.

Rascó su nuca. Otis entendió la escenita.

La verdad es que mi estado de ánimo y mis constantes


ensimismamientos junto con la déficit de atención, es
debido a la actitud que tuvo Julián ayer conmigo. Sé que es
estúpido que me coloque en ese plan tóxico, pero es
inevitable no hacerlo.

Ya me ha contado algunas cosas sobre su familia, y sé que


eso algo fuerte para él por todo lo que escuché, entonces
¿Qué intentó ocultar ayer?

Si pudo decirme todo eso ¿Qué es lo que aún me quiere


esconder?

No es tanto lo que oculta, sino el cambio de actitud hacia


mí. Se comportó seco, serio, rígido y de pocas palabras.
Pude notar hasta como hizo un intento de evitarme de
alguna manera.

—Bueno, deberían correr, se les hará tarde, yo voy al baño.

Tuvo esas mismas actitudes que tenía cuando nos


conocimos. Actuando como si no le importara mi presencia.
Como si quisiera alejarme. Como si fuese algo que no
encaja en su vida.

—¿Todos irán a lo de Andrés? —Otis decidió cambiar el tema


—¿Ander tú vas? Me voy contigo.

—De acuerdo —aceptó él moreno.

—Todos vamos —comunicó Carla.

Mi mente estaba tan absorta en mis pensamientos que la


conversación la logré escuchar baja, pero por alguna razón
no emití ningún comentario.

—¿Ustedes dos también se van conmigo? —pregunta Ander.

—Sí —Tonny respondió.

De tanto pensar y darle vueltas a las cosas, sentí un leve


mareo y náuseas. Vinieron de la nada.

—Ya vuelvo —avisé retirándome de la mesa.

Tina me siguió con la mirada hasta que desaparecí de su


campo de visión al salir de la cafetería.

Necesitaba un poco de aire fresco, tantos pensamientos, el


bullicio de las personas en la cafetería, tantos olores de
comidas y perfumes, todas esas cosas juntas me causaron
náuseas.
Salí de la cafetería y caminé por los anchos pasillos de la uni
en dirección a la salida. Aprovecharía la idea de tomar aire
fresco para ir por una pastilla, las tenía en la guantera del
auto.

—¿Julián? —pronuncié al verlo.

Se percató de mi presencia y se giró para verme. Estaba


sentado en la corta escalera de entrada a la universidad.
Parecía ansioso.

—Temothée...

Dejó el nombre al aire, abrió la boca para decir algo más,


pero no dijo nada y volvió a cerrarla.

—¡Julián! —exclamó alguien.

Guié mi mirada al parking de la uni y vi a la persona que


acababa de hablar.

—Chris, por fin... —Julián se levantó de golpe y caminó


hasta donde se quedó parado el pelinegro.

Yo me quedé confundido con la situación.

¿Qué vino a hacer Chris?

Para más confusión a mi pobre mente, pude notar unos


segundos después aparecer a Andrés y unirse a la
conversación de Julián y Chris.

Wtf?

¿Qué hacen? ¿Para qué Andrés y Chris vinieron juntos?

Salí de mi burbuja mental y decidí acercarme a ellos.


—Chicos... —intenté saludarlos pero me di cuenta de algo.

Fue incómodo eso. Apenas me terminé de acercar a ellos


noté como hicieron silencio y dejaron de hablar sobre lo que
sea que hablaban. Sus caras eran serias, parecían hablar de
algo importante.

Pero mi mente solo se enfocó en el simple hecho de que me


excluyeron de alguna manera, fue cruel y de mala
educación eso. Me sentí demás. Me sentí un estorbo. Fuera
de lugar.

Entendí rápidamente todo eso, pero necesitaba confirmar sí


era verdad lo que pasaba, y al parecer el de arriba me
escuchó y quería que confirmara mis dudas porque
enseguida habló Julián:

—Timmy, esto... —balbuceó —creo que sería...

—Entiendo —lo interrumpí y asentí varias veces antes de


que terminara, no quería que me doliera más de lo que ya.

Retrocedí, sintiéndome más estúpido aún.

Más estorbo.

Más excluido.

POV JULIÁN

Andrés y Chris son quienes mejor me conocen hasta ahora.


Andrés desde pequeños gracias a que estudiamos juntos, y
Chris desde que lo conocí ese primer día de trabajo mío en
el bar. Se fue volviendo como mi caja de recuerdos y
secretos. Ambos me conocen muy bien y saben lo delicado
que es esto para mí. Por eso reaccionaron e hicieron silencio
en lo que Timmy se acercó.
—Timmy, esto... —intenté no sonar grosero con él. Es lo
menos que quiero —creo que sería...

—Entiendo —me interrumpió antes de terminar de hablar y


retrocedió unos pasos.

—Bueno —Chris me hizo darle de nuevo mi atención —hubo


varios muertos, aún no sabemos nada de Javier o Charlie,
pero están relacionados con todo.

Al escuchar eso último mis latidos aumentaron por inercia...


O mejor dicho, miedo.

Era lo que me temía.

Ayer en la mañana me llegó por medio de unos contactos


que tengo fuera de la ciudad, la noticia de que Charlie y
Javier tuvieron un fuerte enfrentamiento con una gente más
peligrosa que ellos.

¿En qué se metieron?

Se me hace imposible no preocuparme por ellos, después


de todo son mi familia, mi padre y mi hermano. A pesar de
lo mierda que hayan hecho que sea mi vida. No soy tan
cruel como para no preocuparme por ellos.

Chris me acaba de confirmar que la información que me dio


mi contacto fuera de la cuidad, es verdadera.

El papá de Chris es policía y hace trabajos especiales de


seguridad también. Chris está haciendo sus cursos y
pasantías para estudiar lo mismo que su padre. No porque
se lo impuso en algún momento, es porque Chris tiene un
fetiche con las armas de fuego y esas cosas. Y como él y su
papá están metidos en eso de la policía, les llega la
información de Charlie y Javier, así es como Chris me la da a
mí.

—No te preocupes, es más posible que estén escondidos y


que por eso no sepamos nada de ellos aún —Andrés habló,
sé que fue intentando darme ánimos.

Aunque tiene razón, mi padre sabe lo que hace y planea


muy bien sus jugadas, puede que solo esté escondido
mientras se calman las aguas. Pero también está esa
posibilidad de que...

No sé qué pensar.

—¿Cuándo se fue Temothée? —inquirió Andrés mirando


detrás de mí.

¡Mierda!

Timmy.

Volteé y efectivamente no estaba cerca.

—Se fue hace un rato, no se veía muy contento para ser


sincero —comentó Chris.

—Joder... —gruñí y fruncí el ceño.

—No le has hablado de tu familia aún, por lo que veo —veía


venir un "te lo dije" por parte de Andrés —y eso que te lo
dije.

No me equivoqué.

—Sí le hablé de mi familia —dije —pero no lo suficiente.

Sé que necesito hablarle a Timmy sobre eso, pero no


encuentro la manera adecuada para hacerlo aún.
O sea ¿cómo coño se llega a un conversación de esas?

El sonido de una llamada entrante en mi teléfono me hace


salir de mi burbuja de pensamientos negativos.

Veo el nombre de la persona que me llama y contesto


enseguida con las bolas llegándome a la garganta.

—¿Igo? —hablé a través del teléfono.

—« Julián, carajo. Te he estado llamando hoy y la jodida


señal está patética por acá, todo parece estar mal aquí».

Todo parece estar mal aquí.

—Ve al grano, Igo —alegé algo alterado.

—«Tengo buenas noticias» —adelantó — «Charlie, Javier y


su gente están bien, están escondidos al norte hasta donde
pude saber. No sé dónde, solo sé que su gente también
tiene varios heridos. El enfrentamiento fue fuerte, Julián.
Muy sangriento, se metieron con un político» —Sentí un
gran alivio al escuchar que ellos estaban bien.

Andrés y Chris también se vieron aliviados al escuchar lo


que Igo decía al altavoz de mi teléfono.

—Igo, joder. Eres el mejor —agradecí.

—«Lo sé, no hace falta que lo digas» —sacó su lado


egocéntrico y sarcástico.

—Gracias —no tuve ánimos de cortarsela como suelo


hacerlo, así que solo le agradecí.

—«Cualquier cosa te estoy llamando, amigo» —dijo


—«Hablamos luego» —cortó la llamada.
Mi respiración fue adquiriendo un ritmo estable de nuevo.
______________________

Nota de autor:

Me muero por saber en qué están metidos el padre y


hermano de Julián, pero no nos adelantemos. Calma.

Las cosas se están colocando raras con Julián, pero aún falta
mucho por descubrir, por reír, por asustarse, por llorar, por
alegrarse y repetir lo mismo jeje.

¡Nos leemos pronto!

Instagram: @luis_burgossss

Luis Burgos.
Capítulo 26. | La fiesta de
Andrés.

Temothée Hammer

Payaso.
Así me sentí.

Es primera vez que me hacen sentir tan estúpido y excluido,


no me gustó que Julián y los chicos hayan dejado de hablar
—de lo que sea que hablaban—, justo cuando yo me
acerqué

¿Es que acaso Julián aún no me tiene confianza?

Sí, eso es. No confía en mí.

Lágrimas impotentes salen por si solas de mis ojos.

Pensé que le importaba, que confiaba en mí como yo lo he


hecho en él. Nunca en mi vida me pasó por la mente hacer
todas las cosas que he hecho junto a él en estas semanas.

¿Estar con un chico? Nunca me imaginé así. Claro, ya eso


forma parte de lo que siente el corazón.

Pero también abrí mi mente a otras cosas, confié en él


cuando Tina y Andrés nos vieron besarnos y él me dijo que
me calmara y confiara en él. Que todo estaría bien.
Eso hice, confié en él.

Julián no soportaba a Andrés y de igual forma estaba ahí


con él también. Confía en él, pero en mi no, que le he dado
tanto de mí.

Tal vez estoy siendo muy dramático y egoísta con todo esto
que está pasando, o a lo mejor no.

Quizás no le importo a Julián como yo pensé.

Quizás me equivoqué cuando me imaginé lo que él quería


conmigo.

A lo mejor solo fui un reto para él. Una de esas típicas


situaciones donde un chico se propone enamorar a un
hetero e ilusionarlo, y cuando se dió cuenta de que había
llegado demasiado lejos decidió parar.

Me ilucionó, lo logró. No sé cómo. No sé en qué momento.


Pero lo logró.

¿Me enamoré de Julián?

Él ha demostrado querer estar conmigo de una manera


bonita, pero luego viene y hace esto. No quiero ser el tipo
de personas que olvidan todas las cosas buenas por una
sola cosa mala pero ¡Diosss!

Es frustrante.

—Aún pensando en eso ¿Cierto? —pregunta Tina,


colocándose unos aretes color esmeralda igual que su
vestido.

—Es imposible no hacerlo —respondo, secando la lágrimas


que quedaban en mis mejillas.
Le conté a Tina todo lo que había pasado ayer con Julián en
la entrada de la universidad. Le pareció que sí fue grosero
que hicieran eso de excluirme de esa manera, pero que
quizás era algo muy personal y que lo más posible es que
Julián me lo contaría en su momento.

Creo que Tina si tiene razón. Puede que me cuente todo


luego, cuando llegue el momento indicado. Claro que eso no
quita lo mal que me sentí cuando me excluyeron tan feo.

—Obvio que es difícil dejar de pensar en cosas como esas,


pero no llores, cariño —señala. Coloca su mano en mi
hombro y soba como muestra de apoyo —por eso mismo te
insistí para que no dejaras de ir a lo de Andrés hoy, tienes
que relajarte un poco.

Sí, cuando le terminé de contar lo que sucedió con Julián,


también le dije que yo no iría a la fiesta por el cumpleaños
de Andrés. No quería ir porque me sentía mal con todo el
tema, mas no porque no quería ver a Julián, pero me
convenció de ir y aquí estoy, en su casa terminando de
alistarnos.

—Gracias —la abrazo y me corresponde.

—Nada de gracias —sonríe —¿Ya estás listo?

—Sí, lo estoy —respondo, terminando de acomodarme la


camisa formal, color blanco que me puse.

—Mi papá está listo para llevarnos.

—Bajemos para irnos entonces.

Eso hicimos.
Una vez en la camioneta con Tina y el papá, rumbo a la casa
de Andrés, no pronuncié una sola palabra, ellos tampoco.
Todo fue silencio. Veía la ciudad pasar a través de la
ventana, las luces de los postes iluminando las oscuras
calles. Todo tan frío. Tan solo.

—Cuídense muy bien —ordena el papá de Tina.

Se detuvo en vigilancia. Le dijimos que no era necesario que


entrara.

—Siempre lo hacemos, papá.

—La cuidaré, señor.

El asiente y nos guiña el ojo. Arranca y se va.

—¿Vamos? —le pregunto a Tina para verificar que esté lista.

—No, si quieres nos quedamos aquí en vigilancia toda la


noche —responde jocosa.

Le doy una mirada de pocos amigos y avanzamos. El


guardia de la última vez que vine nos dejó pasar luego de
buscar nuestros nombres en una lista en su mano.

No era mucha la distancia de la vigilancia a la casa de


Andrés, solo dos calles y media. Al acercarnos pudimos
visualizar la cantidad de vehículos que había aparcados
fuera de la casa y frente a otras también. Eran muchos.

—Hay mucha gente —le comento a Tina, viendo los autos y


las personas que entraban a la casa de Andrés con cavas y
botellas de alcohol en sus manos.

—Sí, que cool —responde con emoción —los chicos ya


vienen en camino también —informa.
Carla, Tonny, Ander, Otis e incluso Ale, se venían aparte.
Solo Tina y yo nos pusimos de acuerdo en venirnos juntos.

—Me pregunto si... —dejo las palabras al aire.

—Si Julián vino —completa y acierta a lo que quise decir —


¿Cierto?

No puedo negarlo, mi mirada me delata. Tina solo me mira


como si yo no tuviese remedio.

—No —de igual forma intenté negarlo para no ser tan obvio.

—¡Ay parfavar! —bufó Tina —como si no te conociera.

Tiene razón, no se lo puedo ocultar a ella. Me conoce bien.

Seguimos caminando y entramos a la casa. La puerta


estaba abierta porque aún entraban personas
continuamente.

Joder, todo se veía como una tentación para embriagarse y


pasarla de lo mejor. Desde la entrada se podía visualizar
fácilmente como tomaron la espaciosa sala como pista de
baile. Todo estaba oscuro y lo que medio iluminaba el lugar
era una cliché esfera de luces de colores y reflectores de
luces led color rojo. Aún con tan poca iluminación pude
notar la masa de gente en la pista de baile y también como
llevaban en sus manos vasos rojos o cigarrillos encendidos.

—Vamos por allá —indico, tomando a Tina de la mano.

No pudimos ni dar cinco pasos cuando siento que alguien


me jala con fuerza del brazo que tengo libre.

Se me dificulta ver su rostro por la baja iluminación, pero


luego de enfocar un poco la vista, logro identificarlo.
—¡Temothée, si vinieron! —habla Andrés, con entusiasmo —
vengan por acá —nos guía, rodeando la gran cantidad de
personas bailando y brincando.

Debo admitir que cuando sentí que me tomaron del brazo,


me emocioné porque pensé que era Julián.

En ese momento pasó por mi mente una escena un poco


dramática en la que me tomaba del brazo y me decía "—
María Carlota del Valle, perdóname por herir tus
sentimientos". Y yo le respondía "—Oh, mi querido Laureano
Alfonso de la Santísima Trinidad, te perdono". Y nos
besábamos como si no lo hubiésemos hecho en toda una
vida.

Pero eso solo pasa en la novela que veía antes con mi


mamá a las tres de la tarde, no en la vida real.

Luego de rodear la pista de baile con las personas en ella,


pasamos por una mini sala adicional en la que también
había personas bebiendo y conversando. Llegamos a una
gran puerta de vidrio corrediza y al atravesarla quedamos
en un bonito patio expuestos a la luz de la hermosa luna
llena que había.

Hay mesas situadas en varios puntos del patio con grupos


de personas charlando, riendo, fumando y alcoholizándose.
Andrés nos fue guiando hasta una de esas mesas con sus
amigos más cercanos.

—Chicos, ellos son Temothée y Valentina —nos presenta a


sus amigos.

En la mesa hay tres chicos y dos chicas. Un pelirrojo alto. Un


rubio ojos azules, fitness. Un moreno que también parece
que lo hubiesen dado a luz en un gimnasio. Una de las dos
chicas era una pelinegro algo rellena, no tiene un cuerpo de
modelo pero igual se ve muy bien con sus curvas, y por
último una chica que bien puede ser china, coreana o de
algún país asiático, sus rasgos eran muy pronunciados y
peculiares, muy bonita.

—Temothée y Tina, ellos son amigos de la universidad —


señala.

La chica pelinegro habla, —Hola, me llamo Karen y ella es


Jim —se presenta a ella y su amiga asiática, con amabilidad.

—Yo soy Robert —alza la mano para presentarse, el pelirrojo


alto. Nos analiza y deja formarse en sus labios una sonrisa
pretenciosa.

—Yo soy Anthony, un gusto chicos —el moreno también se


presenta y sonríe ampliamente mostrando su perfecta
dentadura.

—Karin, un placer —el rubio también se presentó.

Todos tenían ese aura de niños ricos pero no noté en


ninguno actitudes que buscaran rebajar u opacar a los
demás.

—Siéntense y pónganse cómodos —invita Andrés —yo iré


por otra de Vodka.

Asentimos e hicimos lo que pidió, nos sentamos.

Tina y yo, en silencio seguimos detallando a las personas


que había por todo el patio disfrutando de la fiesta.

—Timmy, el pelirrojo lleva rato mirando para acá de una


manera extraña —Tina susurra de manera discreta cerca a
mi oreja —espera unos segundos y voltea disimuladamente.
¿Qué es ser discreto?

Volteo la mirada enseguida y noto que efectivamente


Robert, el pelirrojo alto nos está evaluando. Se da cuenta de
que lo estoy viendo y me sonríe sin mostrar los dientes.
Unos hoyuelos se marcan en su rostro y debo admitir que se
ve muy atractivo.

Yo le sonrío también, no hay razones para no hacerlo,


seguramente ya le puso el ojo a Tina. Lo triste para él es
que Tina tiene novio y viene en camino.

—Gracias por disimular, idiota —bufa.

—Creo que te ganaste un seguidor nuevo —le comento y


muevo mis cejas con fervor.

—¿De qué hablas?

—No te hagas la tonta. Si aquel chico lindo está mirando


para acá es porque le gustaste, matona —Tina ríe a
carcajadas luego de que hablo.

—No lo sé —arruga la nariz —no creo que sea así.

—¿¡Quién quiere más alcohol!? —inquiere con ánimo Andrés


que viene llegando y todos silban y gritan victoriosos.

—Hermano, eso es algo que no se pregunta —responde


Anthony el moreno, extendiendo su vaso.

Todos reímos. Los amigos de Andrés comenzaron a hablar


sobre temas triviales y Tina se les unió. Yo por otro lado
estaba pensando en otra cosa, o para ser sincero, en
alguien.

Julián.
¿Acaso decidió no venir?

Tomo de mi tercer vaso de vodka mientras sigo sumergido


en mi burbuja. El trago está algo fuerte para estar apenas
comenzando a beber, pero como no me importa y lo único
que quiero es olvidarme de los problemas y disfrutar, solo
sigo bebiendo como si nada.

Unos minutos más tarde recibo un mensaje por el grupo de


WhatsApp que tenemos los chicos y yo. El mensaje es para
notificar que ya están por llegar.

Decido levantarme para ir al baño y antes de seguir, Tina


que antes estaba hablando con los amigos de Andrés, ahora
me sujeta del brazo.

—¿A dónde vas? —inquiere.

Los amigos de Andrés estaban atentos a mi respuesta.

—Al baño, ya vuelvo —Tina asiente y me suelta.

Vuelve a su conversación con los amigos de Andrés y yo me


adentro a la casa. Pasando por la gente que no se cansaba
de bailar. Recibiendo empujones guiados por el ritmo de la
música, humo de cigarrillo, roces y más.

Al terminar de pasar por ahí me di cuenta de dos cosas.

La primera es que pude haber rodeado a la gente bailando


para no tener que pasar entre ellos, pero los tragos de
Vodka afectando mi sentido común no me dejaron ver esa
parte.

Y la segunda es que me levanté y me vine para ir a un baño


que ni siquiera sé dónde coño queda, cuando pude pedirle a
Andrés que me indicara por dónde ir o que él me llevara.
Sacudo la cabeza en negación a lo estúpido que soy con tan
solo un poco de alcohol en mi cuerpo, y sigo caminando,
esta vez en dirección a una puerta situada en uno de los
laterales de la sala, o pista de baile

Al pasar la puerta me doy cuenta de que entré a la cocina.


Una muy moderna, por cierto.

Me regreso por donde entré ya que no es lo que buscaba, y


decido subir las escaleras que están cerca de la entrada de
la casa. Cuando ya estoy arriba se escucha un poco más
bajo el bullicio de la música electrónica. Lo primero que se
ve es un pasillo con varias puertas y me da miedo entrar y
encontrar a dos personas o más haciendo el frutifantástico.
Sería algo embarazoso.

Camino en el pasillo y paso dos puertas de madera blanca


dejándolas detrás, sabía que una era de Andrés por la
última vez que vine, y la otra era su oficina. Luego veo una
de madera también pero color marrón. No sé la razón, pero
mi instinto de brujo me dice que ese sí es el baño.

Es una puerta de color diferente, algo debe significar.

Tomo la manilla de la puerta y antes de abrirla intento


escuchar si se oyen voces dentro de ella. Como no se
escucha nada, la abro.

Quedo con la boca abierta con lo que veo. Mi instinto de


brujo nunca falla. Efectivamente era un baño. Cada vez me
sorprendo más, debería estar leyendo cartas o algo así para
ganar dinero.

Dejo a un lado mis pensamientos estúpidos y termino de


entrar al baño para orinar. El baño es enorme comparado
con los que se pueden encontrar en edificios como en el que
vivo.
—Que rico es orinar —hablo para mí mismo.

Termino de vaciar el tanque y me lavo las manos.

—Que horror, me veo fatal —susurro viéndome en el espejo


de la pared encima del lavamanos.

—Bueno, creo que opinamos diferente —la voz ronca y


gruesa me toma por sorpresa y me hace dar un brinco del
susto.

No hace falta girar para ver quién es. Por el espejo se ve


claramente quién estaba entrando al baño, y cuando
reconozco al dueño de la voz, me sorprendo aún más

—Me parece que te ves muy hermoso —Robert, el pelirrojo


termina de entrar y cerrar la puerta del baño.

_____________________

Nota de autor:

¡SALUDOS PARA USTEDES!

Pobrecito nuestro pequeño Timmy, está tan triste y


decepcionado que ya no sabe qué pensar :c

Ok, pero hablemos de este atrevido que entró al baño


¿Quién eres tú? Llamaremos a Julián ok??

¡Nos leemos pronto!

Ig: luis_burgossss

Luis Burgos.
Capítulo 27. | No siempre
podré estar para tí.

Temothée Hammer

¿Qué está pasando?

—Esto... ¿Gracias? —vacilo al responder.

No tengo ni idea de cómo actuar.

¿Cómo puedo diferenciar si está coqueteándome o solo está


siendo educado?

—Vi que llegaste con tu amiga. No creo que tengan una


relación, no se ven como una —comenta, muy seguro de lo
que dice y, da unos pasos ágiles para acercarse más a mí.

—Ehm... No—balbuceo —¿A qué va la pregunta?

Aunque los nervios se me desbordaban por los poros,


intento ser lo más directo posible y verme seguro y sereno.

Intento...

—¿Tienes pareja o perro que te ladre?

¿Perro que me qué? ¿Cuál perro?

Arrugo mi entrecejo.
Bueno, omitiendo la parte del perro que ladra, lo de la
pareja lo entiendo.

Julián. Él y todas las cosas que hemos hecho juntos, pasan


por mi mente. Sé que formalmente no somos nada, pero
con todo lo que ya ha pasado, siento como si tuviéramos
algo concreto, algo bonito.

Lo que ya ha pasado: Sexo salvaje.

No sólo eso, también me ha tratado muy bien siempre. O


bueno, casi siempre. Aún no olvido lo qué pasó en la
entrada de la universidad.

—¿Qué pasó, niño? —inquiere, esta vez terminando de


acercarse a mí y, presionando su cuerpo contra el mío,
reteniéndome contra el lavamanos. Por seguridad, me
inclino hacia atrás —¿El gato te comió la lengua?

Puedo sentir su respiración sobre mi cuello.

Coloco la palma de mi mano sobre su pecho y lo aparto de


mí, —Primero, no me digas niño.

Solo Julián me puede decir así. Aunque esté molesto con él


en estos momentos.

—Y segundo, mi lengua no se la comió ningún gato.

—Que bueno que tengas tu lengua entonces —comienza a


hablar —porque la quiero probar, junto con esos lindos
labios que tienes —mi cara queda en shock total.

Que descarado y creído es este sujeto. Además ¿Es que


acaso cree que soy fácil?

Imbécil.
—Eso es algo que está fuera de tu alcance —lo empujo para
liberarme y camino hacia la puerta para salir —jodido
imbécil.

—Puede que te arrepientas de lo que dices —escucho eso


último antes de salir del baño.

Que idiota, y de los grandes.

Relativamente corro para bajar las escaleras, eso me marea


más de lo que estaba. Llego de nuevo al patio y veo que
Tina no está en la mesa con los amigos de Andrés, pero si
veo a alguien que no estaba ahí antes.

Su figura imponente, sus expresiones frías y neutras, su


cuerpo atlético y todo en él es increíble.

Mierda.

Sí, quería verlo, y ahora que está ahí, mis piernas flaquean.
¿Qué coño me pasa?

Julián se ve hermoso en todos los sentidos, todo su outfit


que parece sacado de Pinterest, y lo hace aún más atractivo
ese aura de chico fuckboy y misterioso que lo caracteriza.

Pero no solo belleza es lo que veo. Cuando saluda a todos


los amigos de Andrés —que supongo ya los conocía de
antes, por la confianza que fluye entre ellos —Julián se
sienta y puedo notar en su rostro que no se encuentra
cómodo o satisfecho. No se ve contento.

O sea, no es que siempre ande en modo feliz y alegre, pero


ahora se ve algo... ¿Frustrado?

Se me dificulta leerlo. Sus expresiones son casi iguales a las


que siempre tenía cuando lo conocí. Podría decir que hasta
más neutras.

—¡Timmy! —escucho la voz de Tina en el mismo patio —¡Por


aquí! —consigo su mano alzada en una mesa diferente.

Cuando analizo bien la mesa, me percato de que mis


amigos están todos ahí sentados.

Por fin llegaron.

Tina me hace señas para que me acerque.

Siento el peso de una mirada y antes de dar mi primer paso,


tengo la necesidad de volver a mirar a Julián. Luego de
lanzarle una mirada furtiva, entiendo de dónde provenía ese
peso.

Julián estaba desde su asiento, aún con esa postura


imponente observándome, solo hasta que conectamos
miradas y él desvió su vista a sus amigos.

¿Qué carajos fue eso?

¿Por qué volteó de esa manera? Como si me quisiera evitar.

La expresión en mi cara muestra mi desconcierto.

Intento omitir que eso pasó y camino hacia la mesa donde


están mis amigos.

—¿Te perdiste buscando el baño? —pregunta Tina, en lo que


termino de llegar a la mesa —tardaste como mil años.

Si supieras lo que pasó, amiga.

—A lo mejor estaba cagando, déjalo tranquilo —bromea Otis


y, todos ríen al mismo tiempo.
Me siento entre Ander y Otis a pensar. Ale también llegó
unos minutos después que los chicos. Luego de saludarlos a
todos, comenzamos a hablar sobre temas de la universidad.

Debo admitir que las miradas furtivas y llenas de curiosidad


entre Julián y yo, fueron constantes. Lo noté raro, como si
de verdad me estuviese ignorando de cierta forma.

No entiendo a qué se deben sus actitudes estos últimos


días. Me preocupa.

—¡Hola, chicos! —saluda Chris, que viene acercándose a


nuestra mesa. Se ve muy contento.

—¡Holaaa! —algunos saludan en coro.

Yo solo me quedo en silencio recordando que él también


estaba en la conversación de Julián, la conversación en la
que de cierto modo me excluyeron de una manera
desagradable.

—Me encanta volver a verlos, son súper geniales.

—Aww, tú también nos caes de lo mejor, cariño —responde


Tina, con sinceridad.

—Ay, lo sé, nena. A todo el mundo le encanto —dramatiza


una risa sofisticada y luego habla de nuevo —es broma,
entiendan el sarcasmo.

Todos ríen y seguimos bebiendo, trago tras trago. Alcohol


más alcohol.

Robert ya había llegado de nuevo a su grupo hace unos


minutos atrás, el mismo grupo donde se encuentra el
misterioso y serio Julián de la noche. En un momento Andrés
se acercó para buscar a Chris y se lo llevó al interior de la
casa.

¿Sospechoso?

—¿Julián y tú se saludaron? —Tina musita la pregunta en mi


oído.

—No.

Respondo, sin mencionar mis sospechas de que me está


ignorando.

—¿Por qué no lo saludas? —inquire ella —¿No le quieres


hablar?

—Si le quiero hablar.

—Entonces hazlo.

—De acuerdo —acepto —lo haré.

Tampoco necesitaba que me insistieran mucho.

—Mira, anda y aprovecha —me señala a Julián que se va


adentrando a la casa —es ahora o nunca.

Decidido, me levanto de la silla y me dirijo al mismo lugar


por donde vi a Julián entrar. Me tambaleo un poco, gracias a
que el alcohol ya está haciendo efecto en mi cuerpo. Paso la
puerta que da con la pista de baile y aún hay muchas
personas bailando y bebiendo como locos. Veo a Julián
perderse entre la pequeña masa de personas bailando y
también entro ahí. Me empujan de nuevo, me tocan, me
molesto y a pesar de que son pocas personas, me siguen
empujando.

¿Por qué carajos no los rodeé?


Al salir de la estampida de gente alcoholizada y alborotada,
no veo a Julián en ningún lado y me molesto aún más por
eso. El esfuerzo no valió la pena.

Pero no me rindo fácil. Veo la puerta de la cocina


entreabierta y me acerco. Seguro Julián entró allí.

Estoy decidido a hablar con él y saber a qué se debe su


indiferencia, no puedo continuar así.

Entro rápido a la cocina cerrando la puerta y cuando volteo,


me doy cuenta de que me equivoqué, —¡Que coincidencia!
—se alegra Robert.

Me equivoqué pensando que Julián era quien estaba aquí.

—Hola —es lo primero que se me ocurre decir —pensé que


aquí estaba Jul...

Dejo las palabras al aire porque en realidad, no me interesa


darle explicaciones a Robert.

—Julián —completa con astucia —sí, noté como se han


estado mirando las últimas horas. Al parecer están en algo
¿Cierto? —una sonrisa se forma en su boca luego de
preguntar eso último.

No tengo idea de qué es lo que lo hace sonreír así, pero le


respondo.

—Sí.

—Perfecto —se ensancha su sonrisa, aún más.

—¿Perfecto por qué?

—Que estés con alguien, hace que lo nuestro —nos señala a


ambos repetidas veces —sea aún más divertido y
apasionado.

—¿Lo nuestro? —pregunto, llevando una mano a mi pecho


de manera altanera.

—Sí, lo que pasará entre tú y yo hoy —dice con mucha


seguridad.

La puerta de la cocina se abre dos segundos antes de que


Robert terminara de decir eso último, permitiendo que la
persona que acaba de entrar, lo escuche.

—¿Qué dices que va a pasar entre ustedes dos? Robert —


inquiere Julián, con fingida confusión y su presencia
intimidante.

Me derrito. Esa sudadera negra que lleva puesta hace que


se le marquen sus trabajados brazos y su firme pecho. El
olor de su varonil perfume refrescó toda la cocina en un
momento. Es magnífico.

—Nada. Solo que Temothée y yo nos haremos muy buenos


amigos —me mira a mí y luego a Julián con una mirada
retadora.

—A otra persona con esas mentiras, Robert —bufa Julián —


te conozco.

—Bien, solo me quiero divertir hoy —alza sus manos en son


de paz y sale de la cocina cogiendo una botella de cerveza
de un mesón.

Julián no contraataca, se limita a dejar que Robert


desaparezca de su vista, dejándonos a nosotros solos en la
cocina.
—¡Tú! —me señala, parado a unos cuantos pasos de mí —
conozco el tipo de persona que es Robert. No te quiero
cerca de él.

—¿Desde cuándo tú eres quien me dice qué puedo hacer y


qué no? —inquiero, con tono cortante y enojado —ni si
quieras me saludas, solo has estado evitándome, ¿y ahora
vienes a darme órdenes así de la nada?.

—Eso no tiene nada que ver.

—Oh, ¿Pero no niegas que me has estado evitando? —


intento que mi expresión de sorpresa sea fingida, pero fallo.

Sí, me sorprende que no lo haya negado.

—Eso no es verdad, eso... —abre la boca para decir algo


pero solo balbucea —eso...

—Eso nada, Julián —interrumpo —¿Qué está pasando? ¿Por


qué me estás evitando?

—Joder, no te estoy evitando.

—Ok, ahora mismo no, pero desde que llegaste sí, y en la


universidad también lo hiciste.

Mi enojo hizo que me olvidara de lo alcoholizado que está


mi cuerpo, hablaba firme y directo.

—Te-Temothée, yo... —titubea y busca decir algo —


simplemente no pued...

—¿Estás con alguien más? —la pregunta sale de mi boca


antes de que mi mente la pudiese planificar.

—¡Noo! —bufa desconcertado.


«Bueno, necesitaba descartar esa posibilidad, amigos» De
cierto modo, me sentí más tranquilo por eso.

—¿Entonces no puedes decirme lo que está pasando y ya?

—No es fácil, Temothée.

—De acuerdo. Entonces no insistiré más —finalizo y salgo de


la cocina cerrando la puerta de un portazo, antes de que él
pudiese decir algo más.

No voy a negarlo, estoy furioso, pero no puedo obligarlo a


contarme lo que le pasa.

Rodeé tambaleando a las personas en la pista de baile, salí


al patio y el aire fresco invadió mis pulmones. Desde el
grupo de amigos de Andrés me ve Robert y me guiña un ojo.
Lo ignoro y sigo hasta llegar a mis amigos.

¿Dónde están Chris y Andrés? Rato sin verlos.

Antes de llegar a sentarme, casi me caigo por tropezarme


con mis propios pies, pero me logro estabilizar y llego para
sentarme a un lado de Tina. El momento de furia pasó y mis
pies comenzaron a vacilar de nuevo.

—¿Qué hablaron? —enseguida pregunta Tina.

—No pude hablar con él.

Sí, le mentí. Tampoco se me ocurrió decirle la verdad de lo


que pasó con Robert.

—¿Por qué?

—Se me perdió de vista. La casa es grande.

Oculté la tristeza en mi rostro, no quería preocuparla.


—De acuerdo.

Seguí bebiendo con los chicos, vodka más vodka,


alcoholizándome para relajarme un poco más y no pensar
tantos en cosas que solo me llenan de rabia y ansiedad.

A Julián no lo vi en un buen rato, por otro lado, a Robert sí,


al igual que a Chris y Andrés que aparecieron de nuevo con
más alcohol para todos.

Ya yo no necesito más alcohol, llegué a mi punto de


explosión y gracias a que he estado bebiendo sentado, mis
sentidos están más que descoordinados.

—¿Bailas? —me pregunta una chica que se posa frente a mí


con su cuerpo curvilíneo.

El vodka y sus grados de alcohol también conspiraron


contra mí y lograron ralentizarme.

Luego de unos largos segundos, por fin logro articular, —Por


supuesto —sonrío tontamente.

La chica deja escapar una risita baja y vuelve a hablarme, —


¿Quieres bailar conmigo?

—Sí quiere, cariño —Tina se adelanta a responder por mí.

Giro mi rostro para verla con confusión y capto su seña.

Tina quería que bailara con la chica. Pero no había


necesidad de que respondiera por mí. Yo también quiero
bailar con ella.

—Vamos.

Me levanto con algo de dificultad de mi asiento, y la tomo


de la mano guiándola a la pista de baile, o mejor dicho, ella
me guía a mí. Antes de pasar la puerta que nos adentra a la
casa, echo una ojeada para ver si Julián estaba con los
amigos de Andrés, pero no sé encontraba ahí.

Ya en la pista de baile, comienzo a moverme con la chica, al


ritmo de la música electrónica que suena al momento.

Me dejo llevar, cerrando los ojos y bailando, sintiendo el


cuerpo de ella frente a mí, sus manos sobre mis hombros y
las mías sobre su cadera.

Estoy bien, me siento bien.

Problemas: 0.

Preocupaciones: 0.

Todo en un perfecto balance.

Las discusiones con Julián, dejan de preocuparme por un


momento. Las tareas de la uni, se me olvidan y el trabajo en
Windwood también. Todo correcto.

La música cambia a una más lenta, y sin abrir los ojos aún,
me muevo más lento junto con el cuerpo de la chica. De
momento, sus manos quitan las mías de su cintura, y es ella
quien me toma de la mía, presionándome contra ella. Sigo
bailando lento, relajado y con la vista negra por mis ojos
cerrados y la poca luz del lugar.

Mi cuerpo se tensa cuando siento los labios de la chica


estampándose con los míos en un apasionado beso. Me
toma por sorpresa y mis ojos se abren de inmediato sin
detener el beso por no saber cómo llevar la situación y no
ser grosero con la chica al apartarme. La deficiente
iluminación en la pista de baile me impide verle la cara a la
chica, pero al tomarla de los brazos para apartarla, mi
sorpresa y gelidéz aumentó.

Los brazos que mis manos están tocando son muy gruesos
para ser de esa delicada mujer. Me separo de inmediato y
parpadeo repetidas veces para aclarar mi vista.

—Te dije que esta noche pasaría algo entre nosotros dos —la
ronca voz de Robert se pronuncia con picardía, llenándome
de rabia y odio.

Este abuso no lo pasaré por alto.

Antes de que lo pudiese maldecir o al menos reclamarle


algo, un puñetazo impacta contra su cara, produciendo un
crujido.

Hasta a mi me dolió.

—Vamos —la voz de Julián me ordena, seguido de un jalón


de brazo para que me apresurara.

No me niego a salir de esa masa de gente bailando porque


la verdad es que ya no me sentía cómodo ahí. Caminamos y
salimos del lugar, pero no al patio donde estaban los
demás. Salimos de la casa, por la puerta principal.

Cuando veo que Julián me sigue arrastrando con él, decido


hablar —¿Qué haces? ¿A dónde vamos? —inquirí,
liberándome de su agarre.

—Nos vamos de aquí —alegó eufórico.

Me sorprendió lo jodidamente enojado que está.

Pero...
—No me voy a ningún lugar —arrugué la nariz —no voy a
irme y dejar de divertirme por ese idiota de mierda —
sentencié, decidido.

Julián no dijo nada, solo apretó la mandíbula y pensó unos


segundos. Sin decir más nada y con una expresión decidida,
se acercó a mí y con fuerza me levantó llevándome hasta
donde estaba aparcada su motocicleta. Antes de llegar le
reclamé y le dije que me bajara, eso junto con unos cuantos
insultos a los cuales no les dio importancia.

—Julián, bájame ahora mismo.

Me bajó, ya frente a su moto.

—¡No puedes sacarme de lugares así como si yo fuese un


objeto, Julián! —grité, lleno de ira —¡Tú no eres mi jodido
dueño! —bramé.

Frunció el ceño y apretó la mandíbula, conteniendo las


cosas que quería soltar.

—¿Qué querías? —inquirió alterado —¿Qué te dejará ahí


dentro, indefenso a las garras del puto de Robert?

—Eso no justifica nada —contraataqué.

Julián se monta en la moto en un ágil movimiento y la


enciende rápido.

—De acuerdo, te dejaré decidir —comenzó a decir —¿Te


quedas a disfrutar la fiesta con Robert o te vas conmigo?

¿Acaso me está haciendo elegir entre ellos dos? Eso es algo


inmaduro. Además, es obvio que elegiría a Julián.
—¡Eres un estúpido! —lo insulté antes de subirme a la moto
con él.

—Y tú un tonto, tienes que aprender a cuidarte solo —


espetó —aunque quisiera, no siempre podré estar para tí.

Sus palabras me sorprendieron y me hicieron sentir algo


raro en el estómago. Eso que dijo no me gustó
imaginármelo, a estas alturas no me quiero imaginar sin él.
Me siento muy bien junto con Julián, me sentía cómodo
antes de todo esto.

Arranca la moto y la marcha a casa comienza con el frío de


la hermosa noche impactando contra nuestros cuerpos. El
rugido de la moto resonando y los efectos retardados del
alcohol pronunciándose en mi cuerpo, pero esta vez ya no
me siento relajado y despreocupado como antes.

No estoy tan bien ahora, no me quiero quedar solo.

¿Sería tonto si le pido a Julián que se quede conmigo? Ash,


el vodka me pone estúpido.

Estoy seguro de que no lo haría en estos momentos, todo se


está jodiendo.

___________________

Nota de autor

¿Qué tal están, mis preciados lectorxs?

Saludos desde Venezuela, ¿Desde dónde leen Julián?

¿Qué opinan de Robert y el beso que le dio a nuestro


Timmy?

¿Creen que haya merecido ese golpe por parte de Julián?


Déjenme sus lindos comentarios que tanto amo ❤️

Pueden seguirme aquí en Wattpad para ver los comunicados


que doy de la historia, y en mi Instagram para estar
pendiente de los anuncios sobre Julián.

Ig: luis_burgossss

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos.
Capítulo 28. | Uno de los
mejores abrazos.

Temothée Hammer

El portón eléctrico del estacionamiento se abre, dejándonos


entrar. Está oscuro y tenebroso como siempre, las luces
dañadas se apagaban y encienden continuamente. Julián se
aparca un poco lejos de la entrada al ascensor.

Me bajo de la moto.

Viene a mi mente el beso que me robó Robert cuando


bailamos y el puñetazo que le dio Julián también.

¿Cómo pudo golpearlo de esa manera?

Aún cabreado por toda la situación, Julián también se baja


de la moto lanzándome una mirada de pocos amigos y con
pasos largos, comienza a caminar hacía el ascensor.

—¿Crees que me intimidas mirándome así? —inquiero


enojado, mientras él sigue caminando.

No emite ni una sola palabra.

Observo furioso como sigue alejándose, dejándome solo en


el oscuro estacionamiento. Analizo rápidamente todo el
lugar, las luces parpadeantes y sonidos raros, solo me bastó
eso para entrar en pánico.
—Ey, idiota —grito para llamar su atención —espérame —
corro hasta el ascensor donde está él.

Me detengo frente al ascensor, unos pasos detrás de Julián.


Él ya marcó el botón que llama el ascensor.

Julián se gira sobre su eje y me observa con la mandíbula


apretada, a punto de estallar de ira —¿Es que acaso te dejas
besar por cualquier loco en una fiesta? —brama, alterado.

Mi cara es de sorpresa por su pregunta tan estúpida. ¿Acaso


cree que soy un cualquiera? ¿Un chico fácil?

—¿Qué te pasa? —chillo ofendido —¿Acaso crees que yo


quería que él me besara?

—Parecía que sí —espeta.

Ah, sí, claro.

—¡Eres un idiota, Julián! —le reprocho con un nudo en la


garganta.

No me siento nada bien con esta situación en la que


estamos. Su trato de estos últimos días sí me ha dolido
mucho, que me haya apartado de sus cosas, que me haya
ignorado y evitado en varias ocasiones, y ahora que me
trate como si yo fuese un cualquiera que se anda besando
con todo el mundo, como si no me conociera.

—¿Sabes algo? No quiero hablar más sobre esto y lo que


pasó en esa jodida fiesta —se vuelve a girar, con vista al
ascensor —ya nada de eso tiene importancia.

—Claro, nada de eso tiene importancia, al igual que yo


tampoco para tí.
A lo mejor suene dramático, pero es lo que siento.

—¿Qué dices? —se gira para verme, su nariz está arrugada


con una expresión de confusión.

—Me ocultas cosas, me evitas, me ignoras. Te miro y


desvías la mirada, actúas raro —enumero todo eso con mis
dedos — ¿Crees que soy estúpido? ¿Que no noto esas
cosas?

—No te he ocultado nada, simplemente son mis asuntos y si


no me da la gana, no tengo que contarte —responde con
hostilidad y mala gana.

Esas palabras hacen que mi corazoncito haga un clic y se


rompa. No pensé que Julián me trataría de esta manera, que
me llegara a decir cosas como esas.

Quiero ser fuerte pero la molestia e impotencia siempre me


llevan a llorar.

Muerdo mis labios y pienso en lo que me acaba de decir


Julián, —Te odio.

—Eso es lo que debiste hacer desde un principio. Odiarme


—articula.

¿Por qué actúa de esta manera?

¿En serio todo esto está pasando?

Su semblante es serio.

—Me equivoqué contigo.

—Ambos nos equivocamos —responde.


Sus expresiones son neutras. No logro conseguir tan
siquiera una señal de arrepentimiento en él por las cosas
que está soltando, pero estoy completamente seguro de
que mis expresiones no son las mismas, no puedo ser tan
frío y rudo como él, no puedo ocultar lo que siento en estos
momentos.

Sé que yo sí me arrepentiré, porque con él había conseguido


estar bien, estar cómodo y tranquilo.

La puerta del ascensor ya estaba abierta desde hace un


rato.

—Jamás debí dejar que esto pasara —admito en un hilo de


voz y con otra lágrima descendiendo por mi mejilla.

Julián solo se encogió de hombros restándole importancia a


lo que digo.

Eso me duele mucho más, su desinterés por tan siquiera


hablar bien las cosas. Todo lo que hicimos juntos, todo lo
que fuimos... ¿Eso no significa nada para él?

No quiero verlo a la cara, así que le paso por un lado


subiéndome en el ascensor y marcando el piso siete, antes
de que las puertas se cerraran ya Julián no estaba ahí.

Seguro fue por las escaleras.

Lo único que logro al entrar en mi apartamento y caer sobre


mi cama, es entrar en llanto. Siento que quiero destrozar
todo a mi alrededor, la furia, impotencia y tristeza me
desbordan.

Estoy al tanto de que Julián también estaba algo ebrio,


puede ser por eso que también dijo esas cosas tan feas.
No Temothée Hammer, no lo excuses. Él estaba consciente
de las cosas que dijo.

Ahogo mi llanto en mi almohada, me desahogo con ella y


maldigo a la vida mil y un veces.

Odio el amor y sus consecuencias.

¿Por qué tiene que doler tanto?

Y de tanto llorar, quedo dormido.

[...]

Transcurre el fin de semana y me la paso como un estúpido


llorando en mi habitación por mi discusión con Julián. Pensé
varias veces en ir a su apartamento para hablar y arreglar
las cosas con él, pero el miedo y mi orgullo no me dejaron.

—Tienes los ojos hinchados y unas ojeras que se notan


desde China —me reprocha Tina, saliendo de la universidad.

—Lo sé, llegaré durmiendo —respondo sin mucho ánimo.

—Eso espero —me da un abrazo y se dirige al auto donde su


papá la está esperando.

Le conté todo lo que pasó con Robert en la fiesta a Tina y


quedó sorprendida porque no se dio cuenta de eso, y
tampoco se imaginó que él pudiese ser tan atrevido como
para darme un beso. Me comentó también que le vio el
morado en la cara y se extrañó. También me consoló por lo
del tema con Julián y me llenó de muchos consejos.

No volví a ver a Julián el fin de semana ni estos últimos días.


Ya es jueves y no sé nada de él. No ha venido a la
universidad y tampoco me lo he cruzado en el edificio.
Quisiera no preocuparme por él, pero lo hago
inconscientemente.

No puedo sacarlo de mi cabeza así de fácil, además, no


estoy seguro de que eso sea algo que en realidad quiera
hacer.

Cruzo la calle para subirme a mi auto, pero antes de eso me


doy cuenta de que algo me falta. Toco como loco, repetidas
veces los posibles bolsillos donde pude haber guardado mi
teléfono, y en ninguno está.

Me quedo viendo al infinito mientras intento recordar donde


lo pude haber dejado, pero no recuerdo nada. Nada me
viene a la mente. Observo la fachada de la universidad
mientras intento buscar en mi mente el lugar donde dejé mi
teléfono, y en eso noto algo en una de las terrazas de la
universidad.

Visualizo una silueta, una figura, un cuerpo que conozco


muy bien.

Julián está ahí, en la terraza donde fuimos aquel día.


Nuestras miradas se conectan por apenas unos
microsegundos. Él enseguida desvía su mirada a otro lugar.

—El escritorio de la profesora de Álgebra —susurro para mí


mismo, al recordar donde dejé mi teléfono.

Lo puse ahí cuando le entregué mi examen de hoy a la


profesora.

Enseguida corro hasta el salón de Álgebra en busca de mi


teléfono. Luego de tenerlo conmigo, decido poner en
marcha un plan que se me ocurrió mientras corría al salón
por mi teléfono. Ir a la terraza donde está Julián.
Lo sé, tengo ideas muy creativas.

Pero lamentablemente mis planes no se dieron, cuando


llegué a la terraza, ya Julián no estaba ahí.

No lo voy a negar, la desilusión y tristeza se manifestaron


como punzadas en mi pecho, mis mejillas se pusieron
calientes y unas tremendas ganas de llorar me consumieron
de nuevo, y no me contuve.

Luego de llorar un rato ahí en la terraza solo, decido no ir a


mi casa todavía. Necesito desahogarme... desahogarme
más.

Salgo de la universidad y una vez montado en mi auto, me


dirigo al bar más cercano a mi apartamento, para no tener
que manejar un largo trayecto si quedo borracho.

Entro a un pequeño bar y la música de fondo colabora con


mi estado de ánimo, sonando más que todo canciones muy
nostálgicas.

Me bebo unos cuantos tragos de tequila, pero no tomo


apresurado, me relajo y me quedo sentado escuchando la
hiriente letra de la canción que suena por todo el lugar.

"No había sentido este vacío tan inmenso, ya va mucho


tiempo que no percibo tu aliento, desde ese momento me
siento tan diferente, no había notado cuanto me faltan tus
besos".

"Tú ibas borrando cada manchón de mi lienzo, lo siento


tanto amor pero más siento el peso de que esto es
imprudente pero vuelve, por favor. Actué con impulsividad y
cometí un error".
—Acá está su cambio —la cajera del bar me extiende el
dinero —hasta luego, cariño —esboza una cálida sonrisa.

Resulta que ella misma era quien estaba poniendo las


canciones sad que sonaban en el bar, también andaba en
modo despecho. No recuerdo cómo, pero entablamos una
conversación ella y yo, y resulta que estamos en una
situación similar. Hablamos durante un largo rato y
tomamos confianza rápido. Fue extraño, porque le hablé con
franqueza sobre todo lo mío, sin omitir mi relación con un
chico. Me sentí libre hablando con alguien más sobre eso.

—¡Muchas gracias! —le correspondo la sonrisa y me retiro


del lugar.

Salgo del bar algo mareado, mas no ebrio. Estoy como


sabrosito. Estoy apto para manejar hasta mi apartamento.

Son aproximadamente las siete y media de la noche. Había


pasado toda la tarde en ese bar. Logré llegar rápido al
edificio y entro para aparcar mi coche.

Salgo corriendo del estacionamiento hasta el ascensor, casi


que con el corazón en la mano.

El ascensor marca el piso siete y las puertas se abren


dejándome salir. Lo primero que llama mi atención es la alta
música que retumba por todo el pasillo. Sin ánimos, camino
en dirección a mi apartamento, pero me detengo antes de
llegar en otro lugar.

Me encuentro frente al apartamento de Julián. De ahí


proviene la alta música que suena y hace vibrar el piso y
paredes.

Julián tenía mucho tiempo sin colocar la música así de alta.


Y también tenía tiempo sin quedarse en su apartamento.
Algunos recuerdos llegan a mi mente junto con esa tediosa
nostalgia y antes de que ese sentimiento aumentara y me
dejara ahí frente al apartamento de Julián llorando, preferí
terminar de entrar a mi hogar y llorar ahí.

Preparo algo fácil y rápido para cenar y luego busco una


pijama para colocarme después de bañarme. Entro a la
ducha y abro sin mucho ánimo la pila, dejando que las tibias
gotas de agua impacten contra mi cuerpo, relajándome un
poco. Cierro los ojos e intento pensar en algo bonito,
también busco tararear una canción que me inspire alegría.

De momento, un ruido me hace abrir los ojos de nuevo.


Salgo intrigado de la ducha, colocándome una toalla para
salir a ver quién toca la puerta principal.

Apenas y me pude secar parte del cuerpo, mi cabello quedó


todo empapado, goteando y permitiendo que las gotas
caigan y se deslicen sobre mi pecho y espalda.

— ¡Voy! —grito algo irritado cuando tocan la puerta con


desesperación —ya voy.

¡Joder!

Mi ritmo cardíaco se acelera a millón al abrir la puerta. Eso


es lo que él sigue provocando en mí.

—¡Perdón, mi niño! —articula Julián, frente a la puerta de mi


apartamento.

Yo quedo gélido frente a él, inexpresivo.

Se ve muy cansado, huele a alcohol, tiene unas ojeras


notables y los ojos un poco hinchados y rojos.

Su cabello está muy despeinado.


—Actué como un completo estúpido... —dice en un hilo de
voz —te dije cosas que no quería solo porque no encontraba
la manera de alejarte para protegerte. Eres muy valioso
para mí, no te imaginas cuanto.

Sin permiso, termina de entrar a mi apartamento y cierra la


puerta.

Retrocedo un par de pasos, sorprendido. No me lo esperaba.

—Julián... —intento decir algo pero él me interrumpe.

—Prometo contarte todo lo que quieras, explicarte todo y


buscar soluciones juntos. Arreglar todo para que estemos
bien —su voz se escuchaba débil y temblorosa —no quiero
perderte, Timmy.

Un nudo se forma en mi garganta enseguida, el ardor se


pronuncia nuevamente en mis mejillas y lucho por retener
las lágrimas.

Se ve tierno, arrepentido e indefenso.

Julián puede ser muy rudo y varonil, pero por dentro es una
hermosa persona, estoy seguro de eso.

Sonrío dejando escapar una lágrima, —Yo tampoco te quiero


perder.

Julián me observa con una chispa de alegría y esperanza en


su mirada.

—¡Te amo, niño! —se acerca a mí y me abraza con todas sus


fuerzas.

Fue uno de los mejores abrazos que recibí en mi vida. De


esos que llegan cuando menos te lo esperas, y cuando más
lo necesitas.

__________________________

Nota de autor:

Estamos algo emotivos, no griten porque lloro :c

Espero les haya gustado el capítulo, es algo triste, pero es


necesario para el crecimiento de la historia y los personajes
❤️

Recordemos que no todo es color de rosa.

Quería agradecerles por todos sus votos y comentarios, me


han hecho reír mucho con sus locuras, y le han dado un
crecimiento gigante a la historia. Cada vez somos más los

🥺✨
lectores de Julián ❤️Los quiero un montón, ustedes son mi
motivación

INSTAGRAM: @luis_burgossss

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos
Capítulo 29. | ¿Quién toca
el timbre?

Temothée Hammer

Me aferré a su cuerpo por largos segundos, llenando mis


pulmones del increíble aroma de su cuerpo junto con el
alcohol. Necesitaba esto.

—¿Por qué quisiste alejarme de ti? —pregunto enseguida,


recordando lo que me dijo hace un instante.

Él aún se encuentra rodeándome con sus largos y fuertes


brazos

—Quería protegerte.

—¿De qué?

—De mí.

Enarco la ceja en confusión, —No eres alguien que pueda


hacerme daño.

—Yo no, pero las cosas o personas que se vinculan conmigo


sí, por ejemplo, mi padre —es un poco más claro al hablar.

—¿Por qué él habría de hacerme algo? —inquiero,


separando nuestro abrazo.
—Nunca aceptó que su hijo fuese gay —responde con tono
amargo y una falsa sonrisa —además, está metido en
muchas cosas ilegales de las que prefiero mantenernos
alejados. Esa fue una de las razones por las que también me
escapé de su casa.

—¿Por estar metido en esos asuntos?

—Eso, junto con el hecho de que a mí me despreciaban por


mi orientación sexual, pero a mi padre por sus mañas de
robar y otras cosas, no se le encontraba ningún defecto —
comenta y noto su ceño fruncido.

—Eso es injusto —fue horrible por lo que tuvo que pasar


Julián, no tenía idea de esto que me cuenta.

—¿Tus padres cómo son contigo? —pregunta.

—Mi madre siempre ha sido muy protectora conmigo, me ha


apoyado en todo lo que me propongo —comento —cuando
me fui de casa para venir a España, lo que me repetía a
cada momento era "eres fuerte e inteligente, hijo. Actúa
bien y te irá bien".

—Fue muy linda —sonríe y seca una última lágrima que se


desliza por su mejilla.

Su nariz está roja y sus ojos se hincharon un poco más por


llorar hace un rato.

—¿Y tú padre? ¿Cómo te la llevas con él? —inquiere


inocente.

—Nunca lo conocí —respondo con simpleza.

Julián entreabre los labios para decir algo y seguido los


cierra. Su expresión cambia, parece estar arrepentido de
haber hecho la pregunta.

—Tranquilo, no me incomoda decirlo —me encogo de


hombros, restándole importancia.

—¿Desde cuándo no ves a tú madre? —cambia la última


pregunta por otra nueva.

Toma mi muñeca alzando mi mano y colocándola en su


cuello y luego me abraza

—Desde el año pasado cerca de estas fechas, cumple


dentro de poco y siempre viajo a su casa para pasarla juntos
—respondo.

—¿En qué fecha cumple?.

—16 de Diciembre.

—¿Irás este año a visitarla?

—Lo más probable es que sí.

Lo guío a sentarnos en el mueble de mi sala.

—Entonces me dejarás solo, tengo que aprovechar el


tiempo que estés aquí —insinúa y me presiona más al calor
de su cuerpo.

Sus manos rodean mi cintura y las mías sujetan con


delicadeza su cabello. Deja un dulce beso en mis labios y
luego otro en mi frente.

—Hueles a alcohol —digo inhalando el aroma del perfume


que se mezcla con el del vodka.

—¿Que tal si nos duchamos juntos?


El condenado consigue esbozar una sonrisa muy tierna y
pervertida al mismo tiempo.

—No lo sé... somos hombres, hacer eso juntos no estaría


bien —respondo serio y él ladea la cabeza completamente
aturdido.

—¿Te metiste mi polla en la boca con naturalidad y ahora


bañarnos juntos es un pecado?

—¡JULIÁN! —no pude evitar reír a carcajadas por las


expresiones tan grotescas que usa cuando está ebrio.

Julián sonríe y me carga con fuerza sobre él, besando


fuertemente mis labios con pasión.

—¿Dónde está el baño? —pregunta entre besos


desesperados.

—Al final del pasillo, a la derecha —respondo rápido y


agitado.

Mi cuerpo ya comienza a pedir una dosis de lo que solo


Julián puede darme de muchas formas. Placer.

Extrañaba sus besos, sus agarres posesivos, su manera de


tocarme. Es increíble.

En el baño, se le hizo muy fácil a Julián quitarme la toalla,


dejándome descubierto e indefenso frente a él. Me observa
detenidamente, examinando todo mi cuerpo.

—Extrañaba tenerte así para mí —una sonrisa se forma en


sus rojos y varoniles labios.

Puedo notar una chispa de lujuria y deseo mientras me


observa.
—¿No te piensas quitar la ropa? —inquiero lamiendo mi
labio inferior.

La sonrisa en sus labios se hace más amplia, y es ahí


cuando me doy cuenta de lo necesitado que me escuché al
preguntarle eso último.

—¿Me ayudas con eso? —pide con una atractiva y suave voz
—es que el vodka me pone torpe.

Niego con la cabeza un par de veces y me acerco a él para


comenzar. Sujeto la parte baja de su camiseta y comienzo a
subirla para quitársela, él cede subiendo sus brazos para
hacerlo más fácil. Arrojo la camiseta a un lado donde está
mi ropa. Lo miro a los ojos y una corriente eléctrica me
recorre por completo mi cuerpo.

Quiero continuar y quitarle el pantalón pero, de momento


me siento avergonzado, pasamos tiempo sin vernos y hacer
esto que ahora me siento un poco extraño. No puedo dejar
de observar el gran bulto que se marca en el pantalón de
Julián. Su erección es muy grande y obvia.

Me sonrojo y aparto la mirada a otro punto del baño.

Julián lo nota y con delicadeza, sujeta mi mentón y me hace


verlo —¿Qué sucede?

—N—Nada —balbuceo, apretando mis labios.

—¿Estás nervioso? —sonríe lleno de gloria —eso me pone


aún más, niño. Verte así de frágil me hace querer devorarte
y follarte muy duro.

Quedo boquiabierto con las palabras de Julián. El alcohol


realmente lo deja expuesto y sincero a lo que piensa. No es
algo que me moleste, escucharlo decir esas cosas también
me ponen, lo quiero haciéndome todo lo que él quiera, que
me domine, me controle. Que me haga suyo de las maneras
que quiera.

Su mano pasa de mi mentón a la parte trasera de mi


cabeza, guiándome a sus labios, uniéndonos en un salvaje y
potente beso. Nuestras lenguas desesperadas recorren
nuestro labios, chupando, succionando y lamiendo.

—¡Quiero que me beses hasta no poder más! —suplico en


un suspiro agitado y lleno de lujuria.

—Enséñame tus lugares favoritos —sus voz ronca y lo


caliente de su respiración en mi cuello hacen que mi piel se
erice.

Mis manos bajan a su pantalón, desabrochándolo. Con su


ayuda logro quitárselo dejándolo en bóxer.

¿Otra prenda que quitar? ¿El proceso se me está haciendo


muy lento o es que estoy muy desesperado porque me haga
la penetración?

Masajeo su erección por encima del bóxer y descubro que


está completamente duro como una roca, listo para la
acción. Listo para mí.

Lo beso y meto mi mano en el bóxer, sujetando su miembro.


Un jadeo cargado de satisfacción escapa de sus labios.

Su expresión es excitante, le están gustando mis toques.

—Por favor, continúa —ruega.

Bajo su bóxer y comienzo a masajear su parte dura de


arriba abajo.
—¡Dios mío, Timmy! —gime mi nombre y siento una presión
en mi miembro —me tienes loco... —muerde su labio con
mucha desesperación.

Entramos a la ducha y el agua tibia nos rodea ayudándonos


a calentarnos aún más, como si eso es posible.

—Arrodíllate —me ordena.

Su voz ronca y demandante me ponen a millón.

Como su sumiso, obedezco y me arrodillo, viéndome aún


más pequeño frente a él.

Sostengo su caliente y latente atributo por un momento,


pero Julián quita mi mano.

Lo observo con extrañeza y él habla, —deja tus manos


detrás de tu espalda, niño —habla con autoridad y una
enorme sonrisa pervertida.

Hago lo que me dice, dejo mis mano detrás de mi espalda,


sin tocarlo con ellas. Julián se posiciona mejor frente a mí,
con su postura imponente y varonil. Su gran figura, grandes
piernas, musculosos brazos, trabajado abdomen, y el gran
regalo que Dios le dio entre las piernas.

Muerde su labio y entrelaza los dedos de su mano derecha


en mi cabello, con la otra sostiene su miembro duro, y con
delicadeza me guía para introducirlo en mi boca.

Impaciente, lo recibo con la boca abierta y mi mirada


conectada con la de él. Se ve salvaje y dominante,
completamente sexi.

Su latente erección en mi boca se ve más enorme de lo


normal, no me cabe por completo. Comienzo a lamer y
succionar, sintiendo lo caliente de su piel y escuchando sus
roncos gemidos llenos de placer.

—¡Continua así Timmy, por favor! —su voz suplicando por


más, me excita en cuestión de segundos.

Julián no es el único con una erección, ya yo estoy duro


también, lubricando.

—Quiero que te vengas sobre mí —pido desesperado,


mientras lamo y succiono.

El rostro de Julián está muy rojo, sus expresiones extasiadas


me ponen mucho, su boca entreabierta, su mirada perdida.
Siento la necesidad de sacar mi mano para tomar el control
yo, e introducir más su miembro en mi boca.

Julián no quería que me ahogara, por eso me sostenía él,


pero yo quiero hacerlo.

Sujetando mi cabello aún, da un poco más de velocidad en


el vaivén de su miembro en mi boca, es placentero
escucharlo gemir por el placer que mis lamidas y succiones
le generan.

No aguanto y sostengo su miembro con mis dos manos y


Julián aún tomándome del cabello.

Sigo con el oral...

—Más....más rápido, niño —pide desesperado.

Introduje más su miembro en mi boca, quedándome sin


respirar por segundos.

Una arcada me hace soltar una lágrima cuando intento


meter todo su pene en mi boca, pero sigo intentándolo.
—¡Carajo, es increíble! —su voz se escucha ronca y perdida.

Julián lo saca y comienza masturbarse cerca de mi cara,


rozando su glande con mis labios. Su mirada posesiva fija en
mis ojos, desbordada de lujuria y deseo.

—Eres un niño malo —susurra con una atractiva voz


entrecortada —mira lo que provocas en mí —sigue
masajeando su miembro cada vez más rápido.

Veo sus músculos contraerse y sé que está cerca de venirse,


le falta muy poco, y para darle motivación, abro mi boca y
saco la lengua en espera de su líquido.

Sus gemidos se vuelven mucho más fuertes y salvajes al


verme así. Siento el tibio líquido impactar en mis labios,
lengua y partes de mi cara.

El sabor es muy extraño.

—Levántate —Julián me toma del brazo y me alza para


besarme —eres muy atractivo —besa mis labios con
ferocidad y lame los restos de su líquido en mi mejilla y
labios.

—¿Cómo haces para ser tan sexi? —inquiero completamente


idiotizado, luego de él haberme lamido la cara.

—Salí de una noche de pasión —se encoje de hombros y


responde con una sonrisa coqueta.

No puedo evitar sonreír, Julián me vuelve loco.

—¿Estás cansado? —inquiere en un tono sospechoso


mientras sale de la ducha.

Toma una toalla y se seca el cabello solamente.


—Un poco —respondo dudoso —¿Por qué?

Sonríe con malicia.

—Te espero en la cama.

Con esas palabras se retira del baño arrojándome la toalla y


dejando al descubierto su perfecto trasero.

Tardo unos segundos para reaccionar.

Sin pensarlo dos veces, me salgo de la ducha, me seco


rápidamente y me dirijo a la habitación.

Esa noche confirmé que Julián es más rudo haciendo el


amor cuando está ebrio que sobrio. Fue una noche salvaje,
nos conectamos de muchas maneras. Fuimos uno solo,
nuestros labios danzaron y probaron lo dulce del amor.

Fuimos la lluvia en tempestad.

[...]

—¿Qué fue eso? —inquiere la voz ronca de Julián, recién


levantándose.

—¿Mmm? —yo lucho por abrir los ojos. No quiero


levantarme aún.

—Eso —repite Julián. Presto más atención a lo que dice y


luego escucho el timbre del apartamento sonar —¿Alguien
está llamando?

Reacciono parpadeando reiteradas veces para poder


restablecer mi vista correctamente.

—No estoy esperando a nadie —frunzo el ceño con


extrañeza.
Me levanto y voy rápido hacia la puerta de entrada, sin
responder aún, ni dar respuesta de mi presencia dentro del
apartamento.

Tengo a un hombre desnudo conmigo en mi apartamento,


no puedo abrirle a la persona que toca a la puerta así como
si nada.

La persona aún toca el timbre con ansiedad.

Observo a través de la mirilla de la puerta principal para ver


quién llama.

Al reconocer a la persona del otro lado de la puerta, mi


ritmo cardíaco pronosticó que si no conseguía donde
esconder a Julián pronto, sufriría un infarto.

—¿Quién es? —Julián susurra la pregunta a mi oído y me


sorprende con su presencia.

Por la expresión en mi cara Julián nota mi preocupación,


pero aún no entiende nada.

—¡Temothée, hijo! —mi madre esta vez no toca el timbre.

¿Qué carajos voy hacer ahora?

______________________

Nota de autor:

Gatitooos ¿Cómo han estado mis sensuales lectorxs?

No me cansaré de agradecer por todo el apoyo que me han


dado, por leerme, dejarme sus votos y divertidos
comentarios por todos lados, por recomendar mi historia
con sus amigos y conocidos, por todo.
Sigo aquí por ustedes, ustedes son mi motivación
amo un mundo entero.
🌻 los
¿Qué carajo haremos ahora con Julián desnudo adentro y la
mamá de Timmy afuera esperando?

Instagram: @luis_burgossss

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos
Capítulo 30. |I'll hold you
when things go wrong.

Temothée Hammer

¿Qué carajos voy hacer ahora?

Tengo mucho tiempo sin ver a mi mamá y es obvio que la


extraño, que tengo ganas de abrazarla hasta que los huesos
de su espalda suenen y que entienda la falta que me ha
hecho, pero ¿Qué le digo cuando vea a Julián a estas horas
aquí? Desnudo.

"Bueno, mamá. Él es el señor que destapa la cañería jaja"

No, seas pendejo, Temothée. Mi subconsciente me regaña.

—Anda a vestirte rápido —le ordeno a Julián, con miedo del


qué pensará mi mamá al verlo.

—¿Y qué? ¿Tú si la vas a recibir desnudo? —pregunta,


ladeando la cabeza en confusión.

Me veo y recuerdo que yo también estoy desnudo.

Diosito, help me.

—Temothée Hammer, hijo.

¿Por qué me llama por mi nombre completo? Que horror.


Corro hasta mi habitación con Julián siguiéndome. Para
disimular un poco la situación, decido vestirme lo más
rápido que daba mi ser, pero con ropa de vestir, si mi mamá
me ve en pijama sospechará más, ¿No?

Salgo a recibirla mientras que Julián se termina de vestir.

— ¡Voy! —grito llegando a la puerta —un momento.

Abro la puerta y la veo ahí ansiosa, con su cálida sonrisa de


oreja a oreja, sus notables ojeras por quedarse seguramente
hasta tarde diseñando o tejiendo su ropa. Su cabello
castaño oscuro recogido en una cola de caballo.

Me acerco a ella, sonriendo ampliamente también, —Mami


—sus ojos están un poco llorosos, conteniendo la lágrimas
—te extrañé mucho —la abrazo y sin poder evitarlo, unas
cuantas lágrimas se me escapan.

Le queda hermoso ese pantalón holgado como cualquier


persona mayor los usaría, tiene puesta una camisa blanca
sin estampado y un abrigo negro para protegerse del frío
que hay por la llegada de la época decembrina.

Inhalo el familiar aroma del perfume que la caracteriza a


ella, y me siento feliz de tenerla entre mis brazos.

—¡También te extrañé mucho, mi amor! —articula y se


separa de mí para observarme —Dios, estás grande —
exagera.

—Mamá estoy igual.

—No, no. Estás más grande —insiste.

Un ruido suena dentro de la casa y nos hace guiar nuestra


vista adentro.
De pronto comienzo a sudar, a pesar de que hace frío. Aún
no sé qué le voy a decir a mi mamá sobre Julián.

—¿Qué fue eso? —inquiere mi mamá con el ceño fruncido —


¿Vives con alguien más ahora?

—N—No... yo... —titubeo pero no logro completar nada.

—¡Listo, Temothée! —Julián sale del apartamento hablando


como si nada —ya anoté lo que que mandó el profesor para
la siguiente clase... Oh, hola, buen día —saluda a mi mamá
con total naturalidad.

Yo por otro lado, tengo mis manos temblorosas.

—¡Hola! —sonríe mi mamá —soy Terisse, la mamá de


Temothée —se presenta.

Julián actúa muy bien.

¿Por qué lo digo? Pues:

Con una cara realmente impresionada observa a mi mamá,


—¿En serio? —inquiere —es un gusto, yo soy Julián, vecino y
compañero de clase de Timmy —miente al presentarse.

Le crecerá la nariz por mentiroso... pero admitiré que no


será al único.

—Sí, también estudia comunicación social —le sigo el rollo.

—Oh, entonces es un placer, Julián —mi mamá le regala una


sonrisa de esas que esboza cuando alguien le cae bien.

—Su hijo me ha hablado mucho de usted.

—Me imagino que cosas maravillosas —supone mi mamá,


observándome con una mirada amenazante.
Sonrío con picardía.

—Por supuesto, me mostró la ropa que diseña y es muy


bonita.

Me sorprendió que Julián recordara ese detalle, son cosas


que le conté en esos momentos en los que las personas
hablan de todo un poco.

—Bueno, se hace lo que se puede —se encoge de hombros


y sonríe satisfecha.

—Bueno, los dejo solos —anunció Julián —seguro tienen


muchas cosas que contarse.

—De acuerdo —acepté con rapidez.

Julián se retira y mi mamá y yo entramos a mi apartamento.

—Que jovencito tan guapo y educado —elogia a Julián.

Eso pues, las amigas.

Apenas entramos al apartamento, mi mamá me comienza a


llenar de historias de cosas que le han pasado durante todo
el tiempo que llevábamos sin vernos, de lo mucho que me
extrañó y de sus quejas por no llevársela bien con la
tecnología.

Hablamos hasta que tuve que comenzar a alistarme para ir


a trabajar. Quería pasar el día con ella y no dejarla aquí sola,
pero tengo que trabajar e ir a la uni.

Pero le prometí que en la noche saldríamos a dar un paseo


para pasar tiempo juntos.

[...]
Mis profesores al parecer se colocaron de acuerdo en
llenarme de guías, tareas y exámenes para esta semana,
dejándome sin mucho tiempo libre. Todos conspiran en mi
contra, seguro odian verme y me quieren expulsar de la
univers...

Ya Temothée, deja el drama. Está comenzando diciembre y


los profesores tienen que terminar de hacer sus
evaluaciones antes de comenzar las vacaciones por la
llegada de la navidad, nadie tiene nada en tú contra.

La penúltima clase finaliza. Todos nos retiramos del salón


rápidamente y yo me dirijo directo a la cafetería de la
universidad para buscar a Julián, pero no lo encuentro
cuando paso por ahí.

Fui hasta su salón a ver si aún estaba en clases, pero


cuando llegué solo me encontré con una pareja comiéndose
a besos.

—¿Dónde estás, Julián? —susurro la pregunta para mí


mismo.

Un lugar vino a mi mente.

Claro, ahí debe estar. Enseguida comienzo mi marcha hasta


la terraza restringida, con la esperanza de que Julián
estuviese ahí. Es la única opción que me queda para
buscarlo. Siempre va ahí para poder estar en silencio y lejos
del bullicio de los demás estudiantes.

Entro a la terraza, buscando con la mirada a Julián, el rústico


lugar parece estar solo y sin vida.

Al notar que no está ahí tampoco, chasqueo la lengua


manifestando decepción.
Creo que le dejaré un mensaje.

Pienso y saco mi teléfono para escribirle.

Sentí un pequeño aire de tristeza al pensar en las


posibilidades de que Julián se haya ido de nuevo, que haya
desaparecido y no me dijera antes de irse.

—¿Me buscabas a mí, niñito? —escucho el susurro muy


cerca de mi oído, sintiéndolo cerca, detrás de mí.

Una corriente eléctrica recorre mi cuerpo al sentir la


respiración de Julián cerca de mi cuello. Es increíble como
aún puede descontrolarme así de esta manera.

Alegre, me giro y lo observo directo a los ojos, —¿Qué más


podría estar buscando aquí?

—Peligro —su respuesta y sonrisa traviesa, me hacen


arrugar mi entrecejo y ladear la cabeza en confusión.

—¿Peligro en este lugar? —enarco mi ceja.

—Claro —responde como si fuese obvio —podrías toparte


con un loco... —se acerca más a mí, restando el espacio que
nos separaba —... O aún peor, con una persona que quiera
hacerte muchas cosas malas.

Su puta sonrisa es perfecta, es muy atractivo el destello de


maldad en sus ojos, lo sexi que se ven sus varoniles labios
rojos y húmedos. Me provoca besarlo hasta quedar sin
aliento.

Vacilo un poco antes de responder, pero al final hablo, —Y


en este caso ¿Con qué me encontré? —inquiero intentando
verme tranquilo y con el control de la situación.
Me acerco a sus labios para dejar un pequeño e incitador
beso, luego lamo y muerdo suavemente su labio inferior.
Julián emite un bajo gemido ronco de dolor.

—Te encontraste a un loco que quiere hacerte muchas cosas


malas, niño —envuelve mi cadera con su brazo derecho y
me presiona a él, regalándome un apasionado beso.

A pesar de no estar duro, puedo sentir perfectamente su


miembro presionado contra mi pierna.

Nuestras lenguas danzando, recorriendo y lamiendo. Coloco


mis manos sobre el cuello de Julián y él usa su mano libre
para tomarme del cabello.

«Ay Julián, no me agarres así que me emociono»

—Eso es lo que quiero.

¡Joder, pensé en voz alta!

Siento su sonrisa dibujarse sobre mis labios y luego seguir


con la acción.

Desliza su mano desde la parte trasera de mi cabeza hasta


mi cuello, sujetándome delicadamente del mismo, de una
manera posesiva e imponente.

—¡Aah! —dejo salir un gemido de placer al sentir la mano


de Julián tocar mi semi erección.

¿Será la terraza de la universidad un lugar muy loco para


follar? Porque Julián me está encendiendo y no sé si me
logré controlar.

_____________________

Nota de autor:
Uy, ¿Qué pasará en la terraza? 😏

¿Se imaginan qué cosas nos esperan con la mamá de


nuestro pequeño Timmy?


Vienen muchas cosas nuevas, pongámonos los pantalones
bien ok?? Las quiero ❤️

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos.
Capítulo 31. | El causante
del problema.

Temothée Hammer

Muchos dicen que el morbo en la mente de un hombre, es


constante, que siempre está despierto ese deseo y
necesidad de ver, sentir, oler o interactuar de alguna
manera, con lo que socialmente se cataloga como prohibido
o proscrito.

Yo, Temothée Hammer, soy consciente de que esas teorías,


son de algún modo ciertas.

¿Cómo lo confirmo? Fácil.

Julián y yo estando en la terraza teníamos todo a


colaboración para poder follar sin que nadie nos viera, pero
en lugar de eso, preferimos mudarnos para hacer el amor,
en un lugar más propenso a que nos encuentren.

—¡Me excita que gimas mi nombre, niño! —aumentando las


embestidas a un nivel salvaje, Julián musita esas últimas
palabras a mi oreja.

El eco de nuestros cuerpos chocando se pueden escuchar


claramente fuera del salón de biología, a un pasillo de la
cafetería de la universidad.
—Ju... Julián —gimo su nombre y muerdo mi labio. Su
respiración caliente y agitada la siento muy cerca de mi
cuello —dame más, quiero sentirte todo.

Escucho sus masculinos gemidos, sus jadeos y gruñidos


mientras me toma de la cadera para darle más impulso a
sus increíbles movimientos.

No puedo pensar en más nada que Julián entrando y


saliendo de mí, desbordándome de placer.

—Eres mi niño travieso y pervertido, Timmy —articula y me


nalguea con posesividad.

Siento una corriente recorrer mi cuerpo junto con pequeños


espasmos, indicando que estoy por venirme.

— ¡Joder! —Julián gime con más fuerza —eres tan sexi —


dice luego de sacar su miembro de mí, y retirar el
preservativo lleno de su líquido.

—¿Hay alguien aquí? —una voz femenina pregunta y toca la


puerta del salón que Julián trancó con seguro y una silla
inclinada.

—No... —el pánico que me entra porque nos vieran


desnudos a los dos, me lleva a contestar por inercia, pero
Julián ahoga mis palabras con su mano sobre mi boca.

—¿Estás loco? —susurra Julián, conteniendo la risa al ver lo


cagado que estoy ahora.

—¿Hola? —insiste la persona fuera del salón.

Al parecer, no me escuchó.
Unos minutos pasan mientras Julián y yo nos vestimos de
nuevo y la chica que llama a la puerta se desaparece.

—¿Cómo estuvo tu mañana en el trabajo? —indaga Julián,


mientras caminamos a la cafetería en busca de nuestros
amigos.

—Estuvo movido el día en WindWood, con muchas ventas —


respondo —pero me la pasé preocupado pensado en que mi
mamá está en casa.

—¿Qué hay con eso? ¿No estás satisfecho con ella ahí?

—Llegó sin avisar, estábamos desnudos y justo ayer


follamos en mi habitación —digo todo eso esperando que
sea obvio para él pero, se encoje de hombros sin entender
— ¿Y si encuentra un condón por ahí en mi cuarto? Con ella
ahí no pude limpiar nada.

La atractiva risa de Julián se pronuncia y hace eco por los


pasillos.

—Yo lo boté, no creo que sea tan maniática como para


sospechar algo y buscar huellas en la basura —comenta
jocoso.

—¿No crees que sea tan maniática? ¡Ja! —inquiero y río con
sarcasmo —lo dices como si la conocieras de toda la vida.

—Bueno, creo que la conocí un poco mejor esta mañana—


ladeo mi cabeza como cachorro confundido —hablamos de
tantas cosas —hace énfasis en tantas y suelta un suspiro
acompañado de una sonrisa traviesa.

—¿Qué esta mañana qué?


—Sí, como lo escuchas —sonríe con satisfacción al ver la
preocupación en mi rostro —pasó casi toda la mañana
hablándome de las travesuras que hacías de pequeño.

—¿Qué fuiste a hacer en mi apartamento? —interrogo con


miedo —¿Mi mamá preguntó algo raro o crees que sospeche
de lo nuestro?

—Cálmate.

—No puedo ¿Te imaginas cómo se pondrá cuando y...

—¡Dios mío, Timmy! —me sujeta de los hombros y me calla


con un beso en pleno pasillo de la universidad, me consigo
relajar y bajo la guardia —todo está bien, no sospecha nada.

Observo hacia los lados para confirmar que nadie nos haya
visto besarnos y vuelvo a mirar a Julián.

—¿Entonces que fuiste a hacer en mi apartamento? —


pregunto con el ceño fruncido.

—A pedirte una fórmula del examen de cálculo —responde


sonriente.

—¿Fórmula de examen? Ni siquiera estudiamos juntos,


además, sabías perfectamente que yo no estaba porque
tenía que trabajar.

—Sí, pero ella no sabía que yo sabía eso —su jodida sonrisa
cargada de maldad me deja embobado —solo quería
compartir un poco más con ella.

—Dios mío, dime que no me hizo pasar vergüenza —me


tapó la cara con mis mejillas sonrojadas.
A mi mamá no le falta agarrar mucha confianza con una
persona para comenzar a soltarle comentarios sobre mis
inseguridades o problemas personales.

—Tranquilo, aunque lo intenté, Terisse no dijo nada fuera de


lo normal sobre tí.

Suspiro y me relajo.

—Le prometí que esta noche saldría con ella para compartir
juntos —entramos a la cafetería pero no visualizamos a los
chicos en ninguna mesa.

—Si, Terisse me contó sobre lo hoy también —se refiere a


ella como una amistad de muchos años —también me dijo
que los acompañara esta noche. Que está alegre de que el
vecino de su hijo sea un chico tan educado y amable como
yo, soy un buen ejemplo para el pequeño Timmy.

Abro mi boca como una «O» y entorno los ojos con


decepción mientras Julián se muestra ganador al caminar
hasta la barra de la cafetería.

—¿Buen ejemplo para mí? —inquiero exagerando mi


sorpresa —se nota que no te conoce bien, tonto. Lo menos
que haces es enseñarme cosas buenas.

Julián ríe abiertamente y con su elegante y atractiva


sonrisa, llama la atención de muchas chicas en la cafetería.

—Te enseñé a gemir mi nombre como sumiso y también te


ahogas menos cuando tienes mi polla en la boca. Algo es
algo.

Mis mejillas se encienden y me lleno de vergüenza al


escucharlo decir semejantes barbaridades. Gracias a Dios,
nadie está cerca para escucharlo.
— ¡Julián! —lo golpeo en el brazo pero eso solo le causa
gracia.

—Me da dos gaseosas, por favor —le pide a la señora que


atiende la cafetería.

—Que sea una sola —interrumpo y Julián me observa con el


ceño fruncido —tengo que irme ahora mismo a la casa de
Tina a buscar unas guías para mañana —confieso.

—Oh, de acuerdo, niño —acepta.

—Nos vemos en la noche.

—¿Ya tienes algo en mente para nuestra cita? —me regala


una sonrisa pervertida.

—No es una cita, estará mi mamá —hago énfasis en la


última palabra.

—Nos podemos escapar un rato a algún baño, no se dará


cuenta —alza con fervor sus cejas.

Niego con la cabeza un par de veces y me giro para


marcharme.

Julián no tiene remedio, me encanta.

[...]

Juegos de bolos es unos de los mejores entretenimientos


que mi mamá tenía cuando íbamos juntos al centro
comercial cerca de casa. Yo de iluso pensé que le encantaría
la idea de ir a jugar bolos esta noche, pero en lugar de eso,
la idea le pareció aburrida para dos personas que tienen
más de un año sin verse.
—Chicos, quiero que vayamos a un bar —la petición de mi
mamá nos deja sorprendidos a Julián y a mí.

—¿Un bar? —inquiero con un tono de madre preocupada


que ella debería tener.

Aunque no es algo que me debería sorprender de ella,


siempre ha sido una mujer libre y divertida. Mis amigos en
Italia siempre querían estar en mi casa solo para poder
divertirse con ella, más que conmigo. Es como una
adolescente atrapada en el cuerpo de una mujer
cuarentona.

—Si amor, necesitamos ir preparando nuestros cuerpos con


alcohol, para el día de mi cumpleaños, faltan pocos días —
comenta ansiosa, mientras coge su cartera para salir —el
año pasado no estuviste conmigo para estas fechas, ahora
tenemos que festejar el doble.

Abre la puerta del apartamento y sale para caminar al


ascensor. Julián y yo quedamos en silencio por un momento
y nos miramos a la cara.

Le regalo una sonrisa con un poco de vergüenza a Julián, a


lo mejor piense que mi mamá tenga un toque en la cabeza
por lo impredecible que es.

—Me encanta mi suegra —su sonrisa es enorme y el brillo


en sus ojos muestran mucha felicidad.

Dimos un pequeño paseo para que mi mamá conociera un


poco de Madrid, y luego nos dirigimos a nuestro destino, el
bar donde justo la noche de ayer, la cajera y yo, nos
desahogamos juntos hablando sobre nuestros problemas
amorosos.
Por mi mente pasó la idea de ir al bar donde Julián trabaja,
pero eso seria arriesgarnos a que ella descubra cual es el
trabajo de él o que alguien que nos haya visto juntos a
Julián y a mí dentro del bar, suelte algo sobre nuestra
relación.

Hombre prevenido vale por camarón que ladra pero no


muerde.

— ¡Buenas noches, bienvenid... —la cajera guarda silencio


al reconocerme — ¡Temothée! ¿Llegaste bien a tu casa ayer
en la noche? —me pregunta alegre de verme mientras
acaricia mi hombro.

—¿Ayer en la noche? —las cejas de Julián se unen y parece


querer hacerme preguntas, pero se retiene por la presencia
de mi madre.

La cajera, Rossie, se da cuenta de que metió la pata y se


queda callada. Mi madre me observa esperando una
respuesta de mi parte también.

—Si, bueno... —balbuceo —Tina y yo llegamos bien. Nos


divertimos mucho —digo la primera mentira que se me
ocurre.

Julián parece saber que miento pero actúa como si nada y


mi mamá, ni sospechas tiene de lo que digo.

—Oh sí, Tina —continúa Rossie —estaba muy linda ayer, es


una morena muy simpática.

¿Morena?

Julián sonríe al darse cuenta de que todo es una mentira.


Trágame tierra. Ahora le tengo que explicar que estuve aquí
ayer bebiendo y llorando por él. Que vergüenza.

—Tienes que presentarme a esa tal Tina —dice mi mamá


mientras se dirige a una mesa.

—De acuerdo, conocerás a todos mis amigos —acepto


complacido —te caerán bien.

—Espero que todos sean tan guapos e inteligentes como


Julián —se sienta y coloca su cartera sobre la mesa.

La sonrisa de suficiencia en el rostro de Julián es algo


inocultable. Mi mamá estaba alimentando su ego y él
disfrutaba que yo escuchara todo eso.

—Claro —digo aún viendo a Julián —todos son increíbles —la


sonrisa de Julián cambia a una expresión de rabia, y sus
mejillas se ruborizan un poco mientras su vista está fija en
algo detrás de mí.

Frunzo el ceño y antes de poder voltear, una mano se posa


en mi hombro.

—Temothée, Julián. Me alegra mucho verlos de nuevo —


saluda Robert el pelirrojo, con una sonrisa muy amplia
dibujada en su rostro.

____________________

Nota de autor:

Oooooh, creo que será un poco tensa la noche para estos


tres ¿No?

¿Será que Julián podrá contener sus celos?

Son muchas las cosas que pueden pasar...


Instagram: @luis_burgossss

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos.
Capítulo 32. | No te va a
doler, tranquilo.

Temothée Hammer

Después de todo, funcionaron los diez mil rezos que le hice


papá Dios en un minuto, para que Julián no agarrara a
golpes a Robert de nuevo.

Para mi sorpresa, el pelirrojo simplemente nos saludó y se


marchó a otra mesa.

—¿Por qué no le dicen a su amigo que se siente con


nosotros a beber? —mi mamá pregunta incrédula, sin saber
las impertinencias que esconde Robert bajo esas pecas y
cabello rojizo.

Es un pelirrojo increíblemente necio e insistente. No sé si


fue solo conmigo, pero lo cierto que es me generó un
problema con Julián que no quiero que se repita.

—Creo que no sería buena idea —niega Julián enseguida —


es de los que beben y arman escándalos —alza las cejas y
hace una mueca con su boca agregándole más drama a lo
que dice.

Estrecho los ojos y aunque tampoco quiero que venga


Robert, le doy una mirada desaprobatoria a lo que dijo, por
otro lado, Julián me sonríe como un niño que acaba de hacer
una travesura. Es muy tierno.

—Oh, entiendo —mi madre asiente mientras observa a


Robert y niega un par de veces con la cabeza —bueno,
mientras llegan los tragos, iré al baño.

—Ni siquiera has comenzado a ingerir líquidos y ya quieres


ir al baño, ¿Es en serio? —inquiero en una carcajada.

—Bueno, Timmy, te recuerdo que tú mamá cumplirá en


pocos días cuarenta y seis años —comenta ella misma,
levantándose de la mesa para ir al baño —mi cuerpo no es
el de antes.

—¡De acuerdo, de acuerdo! Entiendo —alzo mis manos en


señal de comprensión y Julián ríe observándonos.

Su sonrisa es hermosa, me encanta verlo así. Mi mamá y yo


juntos, y Julián feliz ¿Puede ser mejor?

Mientras estamos solos, el silencio reina y mi vista a veces


viaja hasta la mesa donde está sentado Robert para
verificar que está tranquilo, y no con ganas de jodernos la
paciencia.

Julián tose intencionalmente, —¿Se te perdió algo en su


mesa? —celos, huele a celos.

Amo a Julián celoso, es muy sexi.

—Solo estoy viendo que no int...

—No lo hagas, verlo es darle la atención que él busca —


Julián tiene razón —y si se te acerca Timmy, solo dímelo y le
parto la cara.
—¡Julián! —exclamé en voz baja y lo fulminé con la mirada.

—¿Qué? Es lo que se merece —actúa como un niño posesivo


—eres mi chico, si te toca, lo mato y ya.

Lo dice con mucha naturalidad.

— ¡¿Lo matas y ya?! —chillo y me sujeto de la mesa —no


puedes hacerle eso a cualquier tipo que se me acerque —le
reclamo.

—Relájate amor, es mentira, no le haré nada —se acomoda


en la silla y me tranquilizo —aunque si quieres no es
mentira.

—Julián... —alargo su nombre en tono de reproche y él ríe


abiertamente, con malicia.

—Te ves hermoso cuando estás nervioso —admite Julián con


una sonrisa ladina.

—Ah, ¿Y el resto del tiempo entonces me veo feo? —mi


sarcasmo se pronuncia.

—Me arruinas el momento, niño —señala —quería hacerte


un cumplido inocente y sin intenciones sexuales.

—¿Cumplido inocente? —inquiero con una risa burlona —no


soy una princesa de Disney para que me trates con
inocencia. Me gusta más cuando eres rudo —esbozo una
sonrisa perversa.

Sé que a Julián le encanta cuando admito que me fascina lo


varonil y dominante que es.

Como respuesta a mis palabras, se lame los labios y me


mira directo a los ojos.
—¿Te gusta que sea rudo contigo?

Un chico delgado y moreno trae nuestros tragos a la mesa,


los deja junto con algunas servilletas y una canastita llena
de maní.

—Me excita que seas rudo y posesivo —le echo más leña al
fuego, llevando la conversación a otro nivel —¿A tí no te
gusta dominarme y hacer lo que quieras conmigo?

Coge el vaso de cristal con fuerza e ingiere el alcohol de


golpe, aún si desviar su vista de mí.

—No me provoques aquí, niño —me advierte, pero me gusta


verlo perder el control —no tendré ningún problema con
llevarte al baño y darte una buena cogida.

Reí satisfecho al conseguir mi objetivo. Estoy cada vez más


experto en eso de provocar a Julián.

—No te rías que hablo en serio —su sonrisa es desafiante.

—Sé perfectamente que hablas en serio —tomo mi vaso de


vodka y me doy un trago corto —pero eso no pasará —me
niego.

—¿Por qué lo dices? —frunce su ceño.

—Por ella —señalé a mi madre que iba saliendo del baño de


mujeres —no quiero que sospeche nada, no sabría cómo
explicarle Julián.

—Entiendo, niño —acepta y se relaja en la silla.

—Permiso, señores —el chico moreno y delgado que trajo


los tragos hace un rato, se dirige a mí —esto es para usted.

Me deja un trago de color rojo en la mesa.


—¿Que es esto? —inquiero en confusión igual que Julián.

—Un tequila Smash de c...

—Ya sabemos que es, pero ¿Quién lo manda? —Julián


interrumpe al jóven mesero con firmeza y una mirada
asesina.

—Ehm, yo —duda en hablar —lo manda el jóven señor de


aquella mesa —efectivamente, el moreno señala a Robert.

—¿Qué sucede? —mi madre termina de llegar y toma


asiento.

—Nada —respondo por automatismo.

—¡Muchas gracias, amigo! —Julián le agradece con mucha


educación al mesero y este se retira un poco nervioso.

—¿Seguro que no pasa nada? —mi mamá sabe que pasa


algo, siempre ha tenido instintos de bruja —el ambiente
está un poco tenso.

—Nada, señora Terisse, que mi amigo Robert me regaló un


trago —le comenta Julián a mi madre, ocultando la verdad.

—Oh, que gentil —comenta y sonríe.

—Sí, siempre ha sido así de atento —Julián intenta fingir una


sonrisa y prueba el cóctel mientras saluda a Robert que está
ubicado a un par de mesas.

También observo a Robert y este finge otra sonrisa aún más


amarga al ver que es Julián quien se toma el trago.

Julián saborea y degusta el trago, —Pero Robert olvidó que


me gusta más el Whisky —aparta el cóctel y toma de nuevo
su vaso.
—¿Estás bebiendo whisky? —pregunta mi madre y yo me
doy un trago más de vodka.

Julián asiente como respuesta.

—No deberías mezclar el alcohol así, cariño —sugiere —este


mejor me lo quedo yo —esboza una amplia sonrisa al
agarrar el cóctel que mandó Robert.

Reímos al unísono cuando entendimos que mi madre solo


quería quedarse con el trago que se veía muy interesante.

Bebimos y hablamos sobre muchas cosas mientras la noche


pasaba. Nos divertíamos mucho, aunque era incómodo
cuando mi mamá comenzaba a hablarle a Julián sobre cosas
vergonzosas que yo hacía de pequeño, intentaba cambiar el
tema pero ella era realmente insistente.

Típico de una madre hacerte avergonzar con tus amigos, o


el chico que te gusta.

—¿En serio no dormías si la luz estaba apagada? —Julián


pregunta luego de haberse reído una eternidad.

El alcohol ya estaba haciendo efecto en él.

— ¡Tenía ocho años! —bufo y lo observo con los ojos


entornados.

—De acuerdo, te lo pasaré solo por eso —muerde su labio


para contener la risa.

Ambos le damos un trago más a nuestras bebidas.

—¡Esto está bueno! —mi mamá se estaba comiendo como


loca el maní que nos dejó el mesero.
Julián también lo prueba y lo mezcla en su boca con el
alcohol. Ambos se ven afectados por el vodka y el whisky y
yo parezco ser el único sobrio en la mesa.

—No lo has probado, Timmy —habla Julián extendiendo su


mano llena de maní hacia mí —¿No te gustan?

—Es alérgico —mi mamá señala, sacando las palabras de mi


boca.

—Oh, lo siento —retira su mano enseguida —eso no lo


sabía.

—Descuida —dije moviendo mis piernas continuamente, y


mi vejiga casi explotando —ya vuelvo, voy al baño —
anuncio levantándome de la silla.

Tanto líquido llenó mi tanque.

—No te tardes, o seguiremos hablando sobre otras cosas


que hacías de pequeño —Julián advierte con diversión y
malicia.

—Ahora que se conocen, me da miedo dejarlos juntos —


admito y se ríen.

Entro al baño y los únicos dos chicos que habían, salieron en


lo que yo entré. Al terminar de orinar, me lavo las manos
con el agua fría del grifo y me observo en el espejo.

—¿Cómo va tú noche, Timmy? —me sobresalto del susto al


escuchar la arrogante voz de Robert detrás de mi.

No lo escuché entrar al baño. Lo veo por el espejo y me giro


enseguida para encararlo.
—¿Qué carajo haces sin camisa? —es lo primero que logro
decir al verlo.

Levanta su camisa de vestir y me muestra una mancha azúl


en ella.

—Un chico furioso allá fuera me lanzó un trago encima,


estaba intentando lavar esa parte un poco para que no se
viera tan grande la mancha, pero es imposible —río cuando
finaliza la explicación.

—Así de problemático serás que ese chico te lanzó el trago


encima.

—En realidad, creo que ese chico tiene algún problema


psicológico o familiar, es muy grosero y parece actuar como
un cavernícola —su comentario parecía ser una indirecta,
pero solo lo omito.

—¿Siempre te le apareces así en los baños a la gente? —


inquiero con sarcasmo y sin mucho ánimo.

—Solo a veces —sonríe con picardía y ruedo los ojos.

Nos quedamos en silencio por unos segundos y casi olvido


que Robert está sin camisa. Su cuerpo está bien formado y
cubierto de muchas pecas.

—Si quieres me quito el resto de la ropa para que aprecies


mi cuerpo de mejor forma —insinúa y el ardor en mis
mejillas se forma de inmediato.

Me dió vergüenza que notara mi vista fija en su increíble


cuerpo, pero yo no tenía culpa, el baño es pequeño y él está
lindo.
—Temothée, ¿Ya terminaste? —Julián entra de golpe al baño,
acercándose a mí.

—Sí —me limito a responder.

Estos dos no pueden estar cerca.

—Pensé que te había quedado claro lo que te dije allá fuera


—esta vez Julián se dirige a Robert.

Fruncí el ceño al escuchar lo que Julián dijo.

—Por supuesto. Me quedó claro a mí y a mi camisa —le


regala una sonrisa de pocos amigos a Julián.

¿A su camisa?

—¿Fuiste tú quien le lanzó el trago encima? —le reprocho a


Julián.

Julián me observa y veo como busca la manera de


responderme.

—Por supuesto que el chico con problemas psicológicos del


que te hablé, era tú celoso noviecito —admite Robert.

—Cállate, Robert —bramé con furia —Julián, ¿Dónde dejaste


a mi mamá? Dime que no armaron una escenita allá fuera.

—Timmy, yo s...

—No hubo ninguna escenita porque yo me quedé tranquilo


cuando me amenazó y tiró el trago sobre mi camisa —
Robert interrumpe —y solo lo hice para que no pasaran un
mal rato tu madre y tú.

—Robert, ¿No te dijeron que te callaras? —Julián es cortante.


—¿Pueden dejar de pelear? parecen dos niños pequeños —
me quejé y salí del baño.

Me siento de nuevo en la mesa que estábamos, y mi mamá


no estaba, la busco con la mirada y la encuentro bailando
con un sujeto bien parecido, aparentaba su misma edad o
un poco mayor.

—Lo siento mucho, Timmy —Julián se sienta y se disculpa


conmigo.

No quería verlo a la cara, mi enojo por como actuó no me lo


permitía.

—No creas que actuaré así con cualquier chico o chica que
se te acerque, no soy tan tonto así —admite —pero conozco
muy bien a Robert y sé cuáles son sus intenciones contigo,
lo veo en sus ojos.

Escucho sus palabras y decido mirarlo, parece estar


pensando en esas supuestas intenciones que Robert tiene
conmigo, porque su entrecejo está fruncido y sus
expresiones son frías, como si le quisiera entrar a golpes a
cualquier cosa.

Toma un trago de whisky y luego come con ansiedad unos


cuantos maníes

—¿Me perdonas? —hace puchero y se ve como un cachorrito


jodidamente inocente y arrepentido.

Dios, ¿Cómo me resisto a él?

No puedo.

—¡Que esto no se repita, Julián! —esa es mi única condición.


Esboza una dulce sonrisa y me permite ver esa perfecta
dentadura.

—Te adoro, niño —sorpresivamente, se inclina sobre la mesa


y me sujeta de la barbilla para darme un beso.

Me quedo tieso del miedo, nos estamos besando con mucho


público y con mi mamá cerca, pero no tuve las fuerzas para
separarme de esos suaves labios que tanto me encantan y
que me besan tan bien.

Julián se separa y vuelve a sentarse bien, lo observo con el


corazón un poco acelerado y sonrío, —Yo te adoro mucho
más, idiota.

— ¡Dios mío! —exclama mi mamá sentándose en la mesa —


tenía años que no bailaba así —su sonrisa era enorme y sus
ojos brillaban llenos de energía.

—¿No estás cansada? —inquiero preocupado y me rasco los


brazos.

—¿Cansada? Lo que quiero es seguir bailando.

—Que ironía, hace unas horas me decías que tú cuerpo no


tenía la misma resistencia de antes —señalo con una
sonrisa y niego con la cabeza.

—Hijo mío, te sorp... —hace una pausa y me observa


detenidamente —¿Timmy?

Frunce el ceño y se acerca a mí para verme mejor, la poca


iluminación no le colaboraba.

—¿Qué pasa, mamá? —me comienza a revisar la cara y


siento que me arde.
—¿Qué sucede? —Julián se acerca para verme también —
¿Acaso está...?

—Intoxicado —completa mi mamá —Temothée Hammer,


¿Comiste maní? —inquiere enojada.

— ¡No! —respondo —Yo no...

Dejo las palabras al aire cuando recuerdo que Julián estaba


comiendo maní antes de besarme.

Guío mi mirada a Julián y sus expresiones son diferentes a


las que suelo ver en él, se nota la preocupación y miedo en
su rostro. Me ve directo a los ojos e intenta disculparse.

—Te estás brotando, hijo, necesitamos ir a un...

—En mi apartamento tengo lo necesario para desintoxicarlo


—Julián la interrumpe con la voz temblorosa.

Se me vino a la mente la vez que me caí de las escaleras en


la sala de juntas y Julián me limpió las heridas y cuidó de mí
muy bien.

—Sí, Julián estudia medicina, él sabe lo que tiene que hacer


—me alegré al saber que no tendría que ir a un médico.

—¿Julián no estudiaba comunicación social contigo? —mi


mamá frunce el ceño.

¡Joder!

Dos problemas en uno.

—No tenemos mucho tiempo —Julián apresura la decisión.

—De acuerdo —mi madre accede confusa.


Salimos del bar con prisa, mi cuerpo me ardía y la comezón
era constante, me sentí débil y pesado. No había probado
directamente el maní y aún así los efectos de la intoxicación
eran fuertes y rápidos.

Julián condujo mi auto hasta el edificio y no tardamos en


llegar, el bar quedaba a un par de calles.

—Vamos, tienes que caminar —mi mamá me sostiene de un


brazo.

—No puedo, me siento cansado mamá, me pica todo —no


mentía cuando decía que todo me picaba.

Me estaba costando respirar.

Julián me sostenía del otro brazo, ayudándome a caminar


hasta el ascensor. Mi cuerpo decayó en un leve desmayo y
Julián me sujeto de la cadera para no dejarme caer.

— ¡Timmy! —mi mamá se escuchaba preocupada — ¡No te


duermas, Temothée!

—Vamos, niño —escuché a Julián, sus voces parecían


alejarse por momentos.

Siento cuando Julián me carga sobre sus brazos para


subirme al ascensor y luego de unos minutos me deja
recostado en un lugar acolchonado. Abro los ojos con
pesadez y reconozco su apartamento. Yo estaba recostado
en el mueble, no ví a mi madre por ningún lado.

Julián aparece frente a mí con la misma maleta blanca de la


otra vez que me caí, —Lo siento, niño, no quería que esto
pasara —mi vista cansada no me permitió verlo con
claridad, pero su voz se escuchaba preocupada y
arrepentida.
—Volví —escucho a mi madre cerca —traje unos
antialérgicos que tenía en mi equipaje.

—Terisse, la intoxicación avanzó rápido, eso no funcionará.

—¿Entonces que harás? —pregunta nerviosa.

Por favor, que no sea...

—Inyectarlo —sentencia.

—Mamá, ya me siento mejor —lucho para poder articular —


no necesito inyecciones.

—Deja de ser tan cobarde —mi madre me regaña.

Ño quero.

Julián me voltea sobre el mueble y me baja un poco el


pantalón, siento que pasa un tipo de algodón que me
refresca un poco la piel, seguro era alcohol.

—No te va a doler, relájate —Julián intenta tranquilizarme.

—Lo he escuchado antes, idiota —bufé.

—Temothée, respeta a Julián —reclama mi madre.

—Es cariño —agrego con sarcasmo — ¡AAAAH! —chillé y


maldije para mis adentros al sentir la inyección.

—No te quejes, eso también es cariño —entiendo su


sarcasmo, pero no me queda energía para refutarle algo.

—Tengo sueño, quiero dormir —no tenía más fuerza, el


alcohol en mi cuerpo, la intoxicación y el efecto de la
inyección se llevaron toda mi energía.
Escuché las voces de Julián y mi madre hablado pero no
entendí nada, solo oí susurros antes de caer en un profundo
sueño.

________________

Nota de autor:

¿Hasta cuándo Robert causando problemas?

Casi muero de preocupación por Timmy, ojalá se mejore ❤️


:c

Si les gustó el cap, no olviden apoyarme con sus votos, o si


quieren comentar, muchísimo mejor, también me encanta
leerlos a ustedes ❤️

Instagram: @luis_burgossss

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos.
Capítulo 33. | Una
promesa de amor.

Temothée Hammer

El horrible dolor de cabeza, zumbidos y fuertes


palpitaciones eran las que me estaban haciendo revolcarme
en la cama con incomodidad.

¿Qué sucede? ¿Por qué me duele tanto la cabeza y el


cuerpo?

Me disgustaba el dolor, pero no quería terminar de abrir los


ojos, me sentía cansado, así que busqué una posición
cómoda boca arriba e intenté relajarme. Unos segundos
después siento el colchón hundirse y una mano se posa
sobre mi entrepierna con delicadeza.

¡¿Qué carajos?!

—J-Julián —musité su nombre al darme cuenta de que pasé


la noche con él, aunque al analizar la habitación, me di
cuenta de que no solo dormí con él, si no que también dormí
en su apartamento.

En su habitación.

—Dime, mi niño hermoso —su referencia hacia mí me hace


sentir un cosquilleo en el estómago.
Me le quedo observando y su rostro está en dirección al
mío, muy cerca, pero sus ojos están cerrados y su
respiración es silenciosa.

Se ve tranquilo y satisfecho por alguna razón.

—¿Sucede algo? —le pregunto al ver la media sonrisa que


se dibuja en sus labios.

—Me gusta mucho esto, ¿Sabes? —menciona y no le


entiendo.

Abre los ojos y me observa, recorriendo cada parte de mi


rostro. Un brillo peculiar en su mirada y la pícara sonrisa
que aún tenía, me hacen sonreír inconscientemente.

—Me gusta tenerte así conmigo, me hace muy feliz —


admite y los colores se me suben a las mejillas —me gusta
despertar y verte a mi lado, me gusta mucho escuchar tú
voz, me gusta ver tú hermoso rostro, me gusta poder estar
para cuidarte, me gusta haberle agradado a tú madre... Me
gusta todo eso, niño.

Un nudo se forma en mi garganta y lágrimas me nublan un


poco la vista.

Espero unos segundos para poder hablar, —Te amo, Julián —


me abro sin miedo a él, expresando lo que sentía como él
también lo hizo conmigo —y le agradezco al universo por
haber cruzado nuestros caminos. Quiero que esto sea
eterno, que podamos estar juntos siempre.

Finas lágrimas terminan de deslizarse por mis mejillas.

—No sé que sería de mí si no te hubiese conocido, niño —su


voz suena entrecortada y sus labios se ven temblorosos —
pero tampoco me interesa saberlo ya, estoy muy bien así.
Sonrío con amplitud al escuchar sus cálidas palabras. Julián
siempre encuentra la manera de hacerme sentir mejor. El
dolor de cabeza había desaparecido por completo y el dolor
en mi cuerpo ya no parecía tan fuerte.

—Julián... —intento decir algo, pero un miedo se forma


dentro de mí.

—¿Mmm?

—Prométeme algo, por favor.

Estrecha sus ojos dándome toda su atención y una


expresión curiosa. Asiente y hace un ademán para que
continúe.

—Prométeme que nunca te irás, que siempre estarás


conmigo, por favor —siento una horrible presión en mi
pecho con solo imaginar que desaparezca de nuevo como
hace días.

Julián hunde su cabeza en mi cuello e inhala mientras me


cubre con sus brazos. Siento el cosquilleo que me produce
su cercana respiración y mi piel se eriza.

—Te llevaría a cualquier parte del mundo conmigo, si en


algún momento me tuviese que ir —su voz sale
entrecortada y lo escucho reprimir un sollozo —pero
también prométeme algo tú, Temothée Hammer.

Escucharlo pronunciar mi nombre, me hace erizar la piel,


me acostumbré a que me llamara "niño".

Se separa un poco para poder verme a la cara, y al ver sus


ojos, noté que también estaba llorando. Miedo,
desesperación e inseguridad es lo que sentía en ese
momento al ver a Julián así. Era lo que me transmitían sus
tristes y oscuras expresiones.

—Si en algún momento, por alguna razón tengo que irme y


no puedo llevarte conmigo... —comienza a decir y siento
que mi pecho arde y mis lágrimas comienzan a descender
de nuevo —por favor, prométeme que no me olvidarás.

Lo único que salió de mi boca fue un gemido cargado de


tristeza y desilusión. No podía imaginarme en esa situación
sin romper en llanto.

—¡Por favor, niño! —llora pero intenta contenerse.

—¿Cómo podría olvidarte, amor? Si le diste ese giro


inesperado que le hacía falta a mi vida. Me acostumbré muy
fácil a tí, a tus palabras, besos, abrazos... no quiero dejar de
tener eso, jamás.

Ambos mantuvimos nuestras miradas conectadas, deslicé


con delicadeza mi mano por su mejilla y me tranquilicé al
sentirlo, al saber que aún estaba ahí, conmigo.

—Te amo —nuestras palabras salieron al unísono y reímos


por lo bajo.

—Hasta llorando te ves hermoso, eh —admito y Julián sonríe


y me mira como si yo fuera el tesoro más valioso del
mundo.

Luego de unos minutos en un silencio tranquilizante, Julián


dice, —Ayer cuando fuimos al bar, esa chica dijo que habías
ido la noche anterior ¿Qué hacías allí solo?

Joder, ahora le tengo que admitir que estaba llorando


despechado por él, que vergüenza.
Invéntate algo.

—No estaba solo, estaba con Tina, fuimos y bebimos un...

—¿La supuesta Tina morena que mencionó la chica del bar?


—inquiere burlón —Tina no es morena, esa chica solo te
siguió el rollo.

Dios, que astuto me diste a este hombre.

—De acuerdo, ya, está bien —me rindo —si estuve en ese
bar la noche anterior, solo y bebiendo. Te extrañaba
mucho... Ahora búrlate de mí por eso.

Julián sonríe, y no me logro molestar por enfocarme en lo


sexy y provocativo que es cuando lo hace.

—¿Por qué me burlaría de tí? No tendría sentido —dice —te


recuerdo que fui yo el que entró a tu apartamento ebrio y
llorando. Actué como un idiota y solo conseguí embriagarme
durante días mientras te extrañaba.

Todo el tiempo miré su cara, no me estaba vacilando,


hablaba enserio.

—No tiene que suceder de nuevo, no tenemos que


extrañarnos —digo —si podemos estar así juntos todo el
tiempo que queramos —lo abrazo y él me coloca su pierna
encima.

Nos quedamos en silencio, uno relajante, cierro mis ojos y


jadeo de dolor cuando Julián mueve su pierna sobre mí.

—¿Pasa algo? —inquiere.

—Me duele un poco el cuerpo.

—¿Mucho?
—No, es doloroso pero soportable.

—Ahh ¿cómo cuando te follo?

— ¡Julián!

Su risa es potente y embriaga mis oídos.

—¡Eres un idiota! —bufé.

—Parece que ese dolor corporal te pone algo sensible.

—¿Sensible? —uno mis cejas.

—Si... ¿O cómo explicas esto? —lleva su mano hasta mi


miembro y sujeta mi semi-erección.

Lo más seguro es que mis mejillas ya estaban coloradas.


Cubro mi rostro con vergüenza pero Julián me hace verlo de
nuevo.

—¿Cómo no voy a ponerme así si mueves y rozas tu pierna


ahí a propósito? —reclamo y Julián ríe con malicia.

—Pido perdón, pero es que me gusta provocarte.

—¿En serio? No lo había notado —respondo sarcástico.

—¿Sabes? Puedo hacer algo para desestresar tu cuerpo,


claro, si quieres —insinúa levantándose un poco.

Veo esa chispa de perversión en su mirada y se me es


imposible no ser curioso para indagar.

—¿Qué cosa podrías hacer? —inquiero, encendiendo un


poco más la llama de fuego.
Se mueve con agilidad en la cama y se posiciona frente a
mí, justo a la altura de mis piernas. Observa mi erección,
sonríe descaradamente y me mira de nuevo a los ojos con
una expresión ganadora.

—Otra de las cosas que me gustan de tí, es lo rápido que


consigo ponerte duro —admite y baja con lentitud un short
de él que ni puta idea de que lo tenía puesto yo.

Sostiene mi miembro y lo masajea continuamente de arriba


abajo, muerdo mi labio inferior y líbero un gemido al sentir
el contacto de su tibia lengua rozar mi pene.

Sus buenas lamidas me hacen arquear mi espalda y jadear


fuerte.

—¡Dios mío, Julián! —gimo con fuerza —es... increíble —me


cuesta articular.

Lo introduce más a su boca, cubriéndolo y chupando. La


sensación es increíble, ver sus posesivas expresiones y
sentir sus lamidas me estaban descontrolando. Siguió un
buen rato así y no me faltaba mucho para venirme.

—Bésame —le pido con un jadeo.

Me obedece acercándose a mis labios y besándome con


ferocidad y deseo mientras continua masturbándome.

—Julián... ca-casi me...

—Shhh, solo relájate, niño —susurra a mi oído y lame el


lóbulo de mi oreja.

—Ahh... Mmm —su voz ronca y masculina fue lo que me


hizo explotar y venirme a chorro.
—¿Te sientes un poco mejor? —me pregunta y ríe bajo
mientras se quita su camiseta.

—¿Un poco? Quedé como nuevo, cariño —respondo y


respiro agitado —siento que vuelo —bromeo mientras hago
la forma de un angelito en la cama.

Julián se ríe abiertamente y habla, —Pendejo —bufa y


acerca la camiseta que se quitó hasta mi miembro.

—¿Qué vas a hacer? —inquiero con el ceño fruncido.

—Limpiarte eso, niño —lo pasa por dónde quedaron restos


de mi líquido —aunque igual nos bañaremos juntos en un
rato.

No puedo evitar sonreír, Julián me trata como un niño.

—Julián —le hablo cuando termina de limpiarme —¿Cómo es


que tengo puesto un short tuyo, sino recuerdo habérmelo
colocado?

—No lo recuerdas porque te lo coloqué yo cuando tú mamá


se fue a tu apartamento —menciona —te bañé, te vestí y te
acosté a dormir.

_____________________________

Nota de autor:

¡Holaa mis pervertidxs lectorxs! Les quiero recordar que los


amo con todo mi cocoro JAJAJA, enserio, los adoro un
montón y los extraño mucho ❤️

Necesito una relación así en mi vida XDD.

¿Cómo pueden pasar de un momento tan emotivo y triste a


otro súper cachondo? XDD
Recuerden que estoy más activo en Instagram
(@luis_burgossss) me pueden seguir allá también ✨
¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos.
Capítulo 34. | Pobre de tus
piernas.

Temothée Hammer

Los días estaban pasando muy rápido, diciembre ya había


comenzado y faltaban menos días para el cumpleaños de mi
mamá. La he pasado increíble con ella y Julián.

Al principio me aterraba la idea de tenerlos juntos, pero


resultó ser algo mágico. Ver a las dos personas que tanto
amo compartiendo y sonriendo juntos, eso es felicidad para
mí.

—¿Crees que les gusten las Gyosas a mi suegra? —inquiere


Julián, sintiéndose orgulloso al decir suegra.

Casi me babeo viendo su hermosa sonrisa, perdida en una


perfecta mezcla de inocencia y maldad.

—Seguro que sí —respondo —es fan de la comida china.

Julián y yo salimos a comprar algo para cenar. Por supuesto


que pudimos haber pedido un delivery, pero aprovechamos
la oportunidad para estar solos y manosearnos un rato.

—Me da también una ración de gyosas, por favor —Julián le


pide amablemente a la chica que nos toma el pedido.

Tan gruñón y grosero que solía ser cuando lo conocí, ni un


buenos días decía, ahora hasta por favor le dice a la chica.
Sonrío inconscientemente y niego con la cabeza.

— ¿Pasa algo? —Julián acerca su mano discreto hacia la mía,


y la acaricia con suavidad.

Volteo a verificar que nadie nos haya visto, pero un grupito


de chicos que comía en una mesa, nos observa con
atención y ríen.

Los ignoré y respondí.

—Nada, solo estaba pensando.

— ¿Pensando en mí? Porque te estás babeando un poco —


finge limpiarme la mejilla.

—Eres un pendejo —bufé entre risas.

—Si soy —ríe —acompáñame a pagar mientras sacan la


comida —me pide.

—Adelántate tú, yo primero iré al baño, este frío me tiene


mal, no debí bañarme antes de salir —bromeé.

Julián ríe y asiente mientras se dirige a cancelar la cuenta.


Busco el baño con la mirada y me pongo en marcha cuando
lo encuentro. A pesar de que el frío siempre ha sido mi
temperatura favorita, desde que comenzó la temporada
decembrina no he parado de quejarme por el potente frío
que ataca mi débil cuerpo.

Entré a la cabina para orinar, pero me asomé y noté que


alguien tuvo algún accidente y dejó la licuadora llena de
chocolate, así que no me quedó de otra que usar el urinario,
cosa que no me gusta hacer porque prefiero tener
privacidad para orinar tranquilo dentro de la cabina.
— ¡Por fin! —jadeo de placer, cuando comienzo a orinar.
Tenía rato aguantando.

Se escucha la puerta abrirse y visualizo entrar a un sujeto


alto de cabello castaño. Camina y se detiene a orinar en el
urinario junto a mí.

— ¿Eres el marica que se estaba agarrando de mano con el


otro tipo afuera, cierto? —tardé unos largos segundos en
darme cuenta que era conmigo con quién hablaba.

No logro articular nada, solo termino de abrochar mi


pantalón.

—Claro que sí, eres tú —continúa — ¿Sabes? Eso no me


gusta. Odio ver a dos tipos agarrados de la mano mientras
estoy tranquilo con mis amigos bebiendo, comiendo y
disfrutando. Son desagradables las personas como tú.

—Creo que tengo Alzheimer, porque no recuerdo haberte


preguntado —fue lo único que dije, de manera cortante.

Algo se me había contagiado de Julián.

— ¡No me hables, estúpido homosexual! —brama el castaño


terminando de orinar y abrochando su pantalón.

¿El universo tiene algún raro fetiche con que me pasen este
tipo de cosas siempre en un baño?

—Tú fuiste quien me habló —fruncí mi ceño.

—Los fenómenos como tú deberían ser exterminados —


espeta el castaño.

—¿Crees que tus comentarios homofóbicos me van a hacer


daño? —no sé porque aún le sigo respondiendo, pero lo
hago —fenómeno eres tú, que en pleno siglo XXI aún sigues
siendo tan tonto como para creer que ofendes a alguien
diciéndole homosexual.

— ¿Quieres que te parta la cara para que dejes de creerte


listo? —el tipo ya estaba rojo de tanta rabia. Me llegué a
asustar y retroceder mis pasos.

— ¿Y si mejor te la parto yo a tí? —la voz de Julián entrando


al baño me alivia —digo, para ver si eres tan machito como
te pintas.

Julián estaba totalmente cabreado y a la defensiva. Sus


puños estaban apretados esperando una mínima señal para
atacar.

—Julián...

—Ah, tú eres el otro marica —me interrumpe el castaño.

Solo bastó eso para que Julián sacara su lado amable y le


obsequiara un fuerte puñetazo en la cara al castaño.

El sujeto intenta defenderse pero Julián ataca de nuevo con


otro golpe, esta vez directo al estómago. En un forcejeo, el
castaño logra golpear a Julián en la boca. El desconocido era
alto, pero no más que Julián.

— ¡Basta, Julián! —grito desesperado y nervioso, sin saber


qué hacer.

—Eres un hijo de p... —casi termina la oración, pero Julián lo


interrumpió con un puñetazo.

—Cuidado con lo que dices —advierte Julián —agradece que


está mi novio aquí, sino ya te hubiese dejado la cara
desfigurada.
Novio. La palabra se repitió en mi mente.

—¡Julián, por favor, vámonos! —mi voz estaba temblorosa.

Mi piel se eriza de miedo mientras veo a Julián respirar


agitado y sangrando un poco en su labio. Dirige su vista a
mí y luego se acerca para abrazarme.

—Tranquilo, niño —susurra a mi oreja, rodeándome con sus


brazos —estoy bien.

Lo abracé fuerte e inhalé profundo, impregnando mis fosas


nasales de su perfecto jodido perfume. Me sentí seguro con
él abrazándome.

—Me quiero ir —dije.

—De acuerdo —aceptó Julián. El castaño se encontraba


recostado sobre el lavamanos aún, sobando su nariz,
furioso.

Retiramos nuestro pedido y salimos rápido del restaurante.


Los demás chicos que andaban con el castaño, nos
observaron desde su mesa.

—Fue un completo idiota ese sujeto —recordé las cosas que


me dijo.

No tenía ganas de llorar, pero la impotencia y rabia me


estaban haciendo temblar.

—Lo sé, escuché todo lo que te dijo —admitió.

—¿En serio?

—Siempre estuve del otro lado de la puerta, esperando a


que se agotara mi paciencia para partirle la cara —apretó
con fuerza el volante de mi auto.
Lo observo y tiene la mandíbula apretada, su entrecejo
fruncido y su mirada perdida en rabia. Acerco mi mano a su
entrepierna y la acaricio para relajarlo. Me observa y debilita
su mirada.

—Tranquilo, todo salió bien... creo —digo al ver la sangre


secándose en su labio.

—Te amo, niño —acarició con una de sus manos, la mía que
seguía puesta sobre su entrepierna.

Hago un puchero y me apoyo con cuidado sobre su hombro,


mientras sigue conduciendo a casa.

—Yo te quiero más —beso su hombro y veo su labio un poco


hinchado —¿Te duele mucho?

—No es nada.

—Tiene un poco de sangre.

Siento que tiembla y se acomoda en su asiento.

—Tranquilo, lo único que me jode es este frío —dice y


enseguida termino de subir el cristal de mi ventana.

—¿Te caliento, papi? —inquiero en juego.

—Lo terminarás haciendo si continúas acariciándome así —


se refiere a mi mano, que aún está en su entrepierna, cerca
de su atributo.

Río abiertamente e intento alejar mi mano, pero Julián la


atrapa y la lleva directo a su parte baja.

—No te dije que dejaras de tocarme.

Su sonrisa es divertida y llena de perversión.


— ¿Está bien que cada vez que te vea, quiera coger?—
inquiero sin pudor y con la verdad.

—No, no está bien. Debes tener algún problema u obsesión


conmigo —explica —como la que yo tengo contigo, que
cada que te veo me provoca colocarte en cuatro y
escucharte gemir mi nombre desesperado.

Solo con su puta sonrisa siento un vacío en el estómago que


me hace jadear. Es jodidamente sexy y pervertido, me
encanta.

—Entonces, somos dos locos obsesionados el uno con el


otro ¿No?

—Así es, niño —afirma —obsesionados y enamorados.

Agilizo mis caricias sobre su miembro, por encima de sus


shorts mientras él muerde su labio de una forma varonil e
irresistible. Julián jadea y me mira con una expresión de
"quiero más".

Estábamos a solo una calle del edificio. En cinco minutos


podríamos llegar al apartamento, pero si seguíamos en este
curso tan caliente, creo que tardaríamos un poco más.

— ¿Alguna vez has cogido en un auto? —inquiere Julián, con


insinuación.

—Nopi, esta será mi primera vez —le doy una mirada


lujuriosa y muevo mis cejas con fervor.

— ¿Esta será tu primera vez? ¿Entonces ya estás aceptando


mi propuesta indecente? —ríe ganador.

—Acepté tu propuesta en el momento que saqué tu pene de


tus shorts y te comencé a masturbar —mi sonrisa fue
inevitable.

Julián ríe abiertamente y estaciona el auto fuera del edificio.

—Quería hacerme el loco —ríe nuevamente y me sujeta del


cuello para besarme con autoridad sobre mis labios.

Sigo masajeando su pene de arriba abajo, mientras él no se


contiene y deja libres sus gemidos que tanto me ponen,
pero no me podía dejar llevar.

—Vamos, mi mamá nos espera arriba —digo bajándome del


auto.

Julián me observa con los ojos estrechos y la boca


entreabierta.

—No es justo, ¿me pones duro y luego te vas como un


cobarde? —gruñe Julián guardando su animal en el short —
"no calientes la comida si no te la vas a comer" ¿Te suena el
dicho?

Reí como loco al escucharlo y verlo decepcionado. Sigo


caminando en dirección al estacionamiento y Julián me
sigue con la comida en mano, refunfuñando.

—Me siento usado, esto no se va a quedar así.

—Acomoda tu... —señalé su miembro que se marcaba


exageradamente en sus shorts.

—No, que los vecinos vean como me dejaste.

—Haz silencio, nos van a escuchar —nuestras voces hacen


eco en todo el estacionamiento del edificio.

Estábamos solos, pero igual prefería prevenir.


Julián se acercó a mi oreja para susurrar, —No me importa
que se entere el jodido universo de lo loco que me tienes,
niño.

Siento mis mejillas arder a millón y una sensación rara en la


boca del estómago. Subimos al ascensor y como Julián tiene
las bolsas de comida en las manos, yo marco el piso para
que el ascensor suba.

Julián no me quita su mirada asesina de encima, así que rio


y me coloco de espalda. En un fracaso de intentar ignorarlo,
me lo encuentro en el reflejo del espejo en el ascensor.

—¡Hola! —me saluda tontamente — ¿Me sostienes las


bolsas? Necesito amarrar mis trenzas.

Observo el suelo y realmente las trenzas de sus zapatos


estaban sueltas.

—Claro, amor —me extiende las bolsas.

—Me encanta cuando me dices amor —menciona Julián —


pero me encanta más cuando me dices papi.

Fue inevitable sonreír. Julián se agachó para arreglar sus


trenzas y yo me veo de nuevo en el espejo.

—¿Así de divino me ví todo este rato? Con razón me querías


follar.

—Todavía lo quiero hacer —no tardó mucho en responder.

—No todo es coger, Julián —contuve la risa.

—Somos jóvenes, siempre está la curiosidad en nuestras


mentes —comienza a decir —somos hombres, eso nos hace
un poco más cachondos y menos complicados a la hora de
un polvo, a todo eso súmale también que somos
homosexuales y nos da placer saciar la peligrosa sed de una
fantasía prohibida.

Mi mirada pasa de mi reflejo en el espejo, a Julián agachado.


Me observa y sonríe con un ápice de picardía. Se acomoda,
poniéndose de rodillas y con su largo brazo, detiene el
ascensor a mitad de camino.

Trago fuerte y humedezco mis labios.

Se acerca a mí, y sobre la tela de mi pantalón deja un beso


a la altura de mi creciente erección. Solo verlo en esa
posición me ponía a mil.

Alza mi camiseta y lame mi abdomen, repartiendo besos


que encienden mi piel. Sentí su cálida respiración. Su ágil
boca succionó provocándome cosquillas y gemí sin
contenerme.

Desabrocha mi pantalón con facilidad y aprieto las bolsas en


mis manos, conteniendo mis ganas.

Con lentitud, baja mi pantalón y bóxer, provocando y


desesperando mis ganas de que me follara. Lo observo y
muerdo mi labio inferior con sensualidad, esperando que
continúe.

—Suelta las bolsas —me ordena y obedezco.

Me sujeta con autoridad de la cintura y me hace girar,


dejándome de espalda a él. Lo veo por el reflejo del espejo y
muerdo mi labio cuando sospecho lo que quiere hacer.

Su puta mirada estaba cargada de lujuria y deseo, se acercó


sin esperar más y la aventura comenzó. Gemí de placer al
sentir el contacto de su tibia lengua detrás de mí.
— ¡Carajo! —no lograba contener mis jadeos y gemidos.

Mis respiración agitada estaba empañando el espejo sobre


el que apoyaba mi rostro. Julián seguía explorando,
lamiendo y succionando mi entrada. Esto era muchísimo
mejor que una chupada de p...

— ¡Oh, Dios! —mis pensamientos impuros son


interrumpidos por la increíble sensación.

Luego de un rato, mi paciencia se agota, el placer y


excitación me desborda y mis piernas flaquean ante las
salvajes lamidas de Julián.

— ¡Julián, por favor..

—¿Quieres que te folle, cierto? —asentí sumiso.

Me mira una vez más, a través del espejo, lame sus labios y
escupe mi entrada para lubricar.

Joder, eso fue salvaje y sexy para mí.

Se levanta y se posiciona detrás de mí, acomodando su


miembro en mi entrada.

Que nadie llame el ascensor, por favor.

—Te quiero escuchar pedirlo —ordena.

Sé perfectamente a qué se refiere.

—Fóllame —fui simple a propósito

Julián se siente retado y lo demuestra con la mirada. Me


sujeta del cuello, apoyándome contra el espejo e
introduciendo la punta de su atributo.
—Aah —gemí y rodé los ojos de placer al sentir parte de él,
dentro de mí.

—Pídelo.

— ¡Papi, follame! ¡Te lo suplico!

Comenzaron las embestidas bestiales de Julián, me afincaba


con fuerza contra el espejo mientras nuestros gemidos
hacían juego.

Recorre sus besos por mi cuello mientras me penetra, llega


al lóbulo de mi oreja y la lame, erizando mi piel con tantas
sensaciones juntas.

—No pares por favor —le pedí y Julián gimió al escuchar mis
palabras y ver mi expresión de placer.

Ambos nos veíamos a través del espejo. Era excitante ver


cómo disfrutaba follarme, ver sus varoniles expresiones de
placer y escuchar su ronca voz gemir detrás de mí.

— ¡Carajo, niño! Me tienes adicto a tí.

Julián me gira desesperado y en un movimiento ágil me


levanta, haciéndome rodearlo con las piernas para poder
penetrarme de frente. Me apoya de nuevo contra la pared y
me ve directo a los ojos mientras me embiste.

—Se siente muy bien —jadeo con los ojos en blanco y mi


cuerpo caliente.

—Si sigues gimiendo así, me harás perder el control.

—¿Qué pasa si lo pierdes? —lo reto.

—Pobre de tus piernas.


Su maldita sonrisa al decirlo. Grabé esa perfecta imagen en
mi mente.

___________________________
Nota de autor:

Holaa gatitos ❤️✨


Espero les guste la historia, y disfruten de estos capítulos
que aceleran un poco el ritmo cardíaco, porque lo que se
viene en los próximos capítulos está turbio ok?

Cualquier pregunta o sugerencia la acepto, pueden


buscarme en Instagram: @luis_burgossss

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos.
Capítulo 35. | Mi suegra.

POV JULIÁN

—Tú camisa aún está desordenada, arréglate rápido —le


aviso agitado, mientras me termino de subir y acomodar
mis shorts.

—¡Buenas noches, jovencitos! —saluda la Sra. Helen,


subiéndose al ascensor.

—¡Buenas noches, Sra. Helen! —responde Timmy nervioso y


con el ritmo cardíaco acelerado.

—¿Van subiendo?

—Sí.

Respondo enseguida y ella debate mentalmente algo.

Jodida vieja ¿No podía usar el ascensor otro día?

—Bueno, yo bajaré, pero no importa, los acompaño a subir.

No faltaba más.

—Bien —presioné el botón de nuevo.

La Sra. Helen ríe bajo y se intenta ver en el espejo del


ascensor.
—Vaya, está algo empañado el espejo —menciona con
extrañeza y dirige su vista a nosotros.

Inconscientemente, sonrío. Por otro lado, el corazón de mi


niño amenaza con salir de su pecho.

—Oh, también fueron por algo para cenar —habla de nuevo,


al notar nuestras bolsas de comida.

—Esto...sí —balbucea Timmy.

—Voy a lo mismo, aunque debí haberme traído un abrigo, el


viento debe estar muy fuerte en la calle —supone ella, y se
toma el atrevimiento de pasar su mano por el cabello de
Timmy —nada más mira cómo te dejó el cabello, estás muy
despeinado.

Timmy se sonroja y mi risa es espontánea al verlo


avergonzado. Helen me mira con extrañeza por mi risa, pero
no se preocupa por indagar más.

—Sí, el viento está algo... Salvaje —dice Timmy.

La puerta del ascensor se abre y nos despedimos de Helen


al bajar.

—¿Entonces soy salvaje? —se me hizo imposible no hacer la


pregunta.

—¡Cállate, tonto! —me saca la lengua con cara de gruñón y


se me hace tierno.

—Oblígame.

Temothée se para justo frente a mí, me observa directo a los


ojos, y se pone de puntitas para poder dejar en mis labios
un dulce beso.
Es notoria la calma que su beso le transmitió a mi cuerpo.

—Ahora no sé si callarme o seguir molestándote para que


me des más besos.

Mi niño ríe y niega repetidas veces con la cabeza. Entramos


al apartamento de Timmy, y Terisse nos esperaba viendo
una película vieja en la tele.

—Dios, muero de hambre —es lo primero que dice.

—El restaurante queda algo retirado — Timmy miente, y lo


observo como un detective a un sospechoso —además, tu
decidiste quedarte.

Coloco la comida sobre la mesa y Terisse continúa.

—Necesitaba quedarme para terminar de hacerles este


detallito de mi parte —alza sus manos mostrando dos
paquetes de papel rojo.

—¿Terminar de hacerlos? —enarco mi ceja al curiosear.

—Sí, los hice yo misma, pero primero a comer —se termina


de acercar y coloca los regalos en la mesa al sentarse —
¡Julián, cariño! ¿Qué te pasó en la boca?

Es notable su preocupación al verme.

—Eh, me golpeé tontamente con la puerta del carro, no es


nada —mentí.

—Que descuidado —admite ella.

—Bueno, tengo hambre —dice Timmy sentándose y seguido


yo.
Comienzo a servir la comida y Timmy acerca su mano a uno
de los regalos, pero Terisse le da un golpe a la extremidad
curiosa de mi niño.

—¡Come primero, Temothée Hammer! —lo regaña Terisse


por ansioso.

—Sabes que no podré aguantar a que terminemos de comer


para abrir el regalo, soy muy chismoso —se queja Timmy y
fue imposible reír a carcajadas.

—Te aguantas —sentencia mi suegra.

Mi suegra

Esa frase podría ser real, si mis miedos no me atacaran.

Necesito dejar de ser tan cobarde cuando de amar se trate,


dejar de guardarme todo lo bonito que siento por él.

—¿Qué tal está? —pregunta Timmy.

—¡Buenísima! —Terisse se ve satisfecha.

Visualicé por unos segundos la situación, y me sentí extraño


en la mesa junto a ellos. No comía en familia desde hace
años, y debo admitir que mis cenas en familia no son los
recuerdos más bonitos que tengo.

—Debería darle vergüenza sentarse en la mesa junto a


nosotros —la severa voz de Charlie, mi padre, bufa con
desprecio.

— ¡Charlie, por favor! No empieces de nuevo —mi madre a


pesar de no apoyarme del todo, empezaba a ceder y me
defendía.
Cada comida compartida en la mesa se ha vuelto un
desastre para mi familia desde que les hablé sobre mi
orientación sexual.

—¿Pueden dejarme comer en paz solo un día? —bufa Javier,


mi hermano mayor —es problema de Julián si es marica o
no.

Expresarse de manera correcta nunca ha sido su fuerte.

—Sra. Julieth, ya dejamos los nuevos materiales en su


taller...

—¿No te educaron bien, muchacho? —Charlie se dirige al


joven cartero que entra y habla sin previo aviso —
interrumpes nuestro almuerzo en familia.

El sujeto se queda estático, sin responder. Es nuestro


cartero desde hace casi un año y conoce a Charlie cuando
se enoja, y de lo que es capaz de hacerle a alguien que no
le obedece.

—Carajo, Charlie ¿Esto te parece un almuerzo en familia? A


mí me parece una pelea de gallos —espeta mi madre,
reposando sus cubiertos sobre los costados del plato —
gracias por avisar, Phillips.

—Siempre a la orden, Sra. Julieth —responde el cartero —


pero no me llamo Phillips, me llamo Poe.

—A nadie le importa cómo te llamas, Phillips —refunfuñó


Charlie —ahora retírate, hazme el favor.

Mi paciencia se agotó y decidí levantarme de la mesa, me


generaba dolor de testículos las discusiones estúpidas y sin
sentido de Charlie.
—¿A dónde vas, Julián? —inquiere mi madre.

—¿A caso importa? —respondí entre dientes —cualquier


lugar en el mundo es mejor que esto.

Ella a pesar de enojarse por la actitud déspota y bruta de


Charlie, siempre termina perdonándolo y tapándole todos
sus daños.

Timmy guía su mirada a mí y es ahí cuando vuelvo a la


realidad. Su mirada buscaba mi opinión sobre la cena, o eso
supuse.

—Elegimos bien, todo está muy bueno —agrego y llevo un


poco más de comida a mi boca.

Temothée me observa extrañado, no hacía falta que me


hablara, su mirada estrecha hace la pregunta por si sola.
¿Pasa algo?

Ni yo mismo sé exactamente qué sucede conmigo.

Terminamos la cena hablando de temas triviales, Terisse


decidió recoger la mesa para luego darnos esos detalles que
nos tenía a Timmy y a mí. Debo admitir que estoy igual de
ansioso que mi niño.

¿Qué me podría haber hecho Terisse? No se me viene nada


a la mente.

—El más grande es el mío, supongo —dice Timmy como un


niño chiquito y consentido, sujetando uno de los regalos
rojos.

Reí por lo bajo porque sé que lo hace adrede, y aun así se


ve tierno.
—Supones mal, cariño —
­ responde Terisse retirándole el
regalo y dándomelo a mí —este es de Julián, es solo un poco
más grande porque él es obviamente más grande que tú.

—Ni Judas era tan traicionero —Timmy finge estar herido.

Sujeto mi regalo y siento lo blandito que es el contenido,


debe ser una camiseta.

—Deja el drama, acá está el tuyo.

—¿Qué es? —
­ pregunto con notable curiosidad.

—Ya los pueden abrir, espero les guste —Terisse se ve


contenta.

Ya entiendo por qué Timmy es tan emotivo.

Timmy abre desesperadamente su regalo y exhibe un lindo


suéter tejido de color verde. Abro mi regalo y me encuentro
con un suéter tejido de color rojo, también está muy lindo.

—Wow, están muy...

—Perfectos —termino la oración de Timmy al ver los detalles


en los suéteres.

Las iniciales de nuestros nombres estaban centradas en


nuestros suéteres, y a la altura de nuestros corazones un
símbolo que ya había visto antes.

—Stand by me —musito, observando el suéter con


admiración y recordando el significado de símbolo.

—¿Conoces el símbolo? —Terisse parece sorprendida —es


algo antiguo.

—¿Cuál símbolo? —Timmy frunce el ceño.


—Estos dos círculos entrelazados, significan Stand by me —
(Quédate conmigo), explica Terisse.

—Cuando una persona te obsequia algo con estos dos


círculos grabados, es porque quiere que te quedes a su
lado... —hablo, guardando la tristeza que me produce el
recordar el significado y quién me lo explicó —disfruta de tu
compañía y está feliz de que el destino los haya unido.

—Vaya, mamá —Timmy detalla su suéter y guía su vista a


Terisse —está muy lindo, muchas gracias.

Se unen en un cálido abrazo, Terisse se ve satisfecha y


Timmy parece sentirse cómodo en sus brazos.

—Muchas gracias, Terisse, me encantó el detalle —la abrazo


y me permito sentir tranquilidad durante unos segundos.

—Los quiero chicos —nos sujeta de las manos a ambos —


recuerden que la vida es solo una, hay que vivirla sin
cohibirnos de nada.

¿Indirecta?

Parecía querer darnos un consejo, pero también intentaba


ser discreta, ¿o solo era mi imaginación?

Timmy le regala otro abrazo.

—Bueno, tengo que irme, es tarde y mañana tengo que


hacer algunas cosas temprano.

—De acuerdo, cariño, descansa —Terisse sonríe con dulzura.

Timmy aún me ve con extrañeza. Aunque me esforcé por no


demostrar mi tristeza, fue imposible que mi niño no lo
notara. Me conoce mejor que yo.
Al estar en mi apartamento, decido darme una ducha para
relajarme. Sé que al revisar mi teléfono tendré algunos
mensajes de Timmy.

Dejo que el agua tibia impacte contra mi cuerpo por unos


minutos y al salir del baño, busco algo cómodo para
ponerme. Tomo mi teléfono de la mesita de noche y me
acerco a mi armario para buscar algo.

—Recuerdo que la dejé por aquí —musité para mí mismo,


buscando entre los bolsillos de una chaqueta —acá está.

Sujeté y guardé en mi bolsillo una cajetilla de cigarros que


tenía tiempo guardada allí. Salí de mi apartamento y cogí el
ascensor marcando el último piso para salir a la azotea.

Llego al sitio y siento el frio viento rozar mi piel, inhalo


fuerte y lleno mis pulmones.

Enciendo un cigarrillo y le doy la primera calada para


tranquilizar mi ansiedad. Reviso mi teléfono y efectivamente
tengo un mensaje de mi niño.

CHATS

—¿Pasa algo? —
­ hace casi treinta minutos.

—¿Niño, estás dormido? —respondo enseguida.

—Nop, acá estoy.

—Estoy en la azotea, sube.

—Voy —acepta y sale de línea.

Leo su último mensaje y guardo mi teléfono en mi bolsillo.


Me acerco a la barandilla, y desde la altura de la azotea veo
algunos coches pasar y las calles iluminadas por los faros de
luz y letreros publicitarios.

Sujeto el frío acero de la barandilla y me doy cuenta de lo


sudadas que están mis manos a pesar del constante viento
que acompaña la noche. Las seco contra mis shorts y le doy
otra calada al cigarrillo.

Al colocarlo entre mis labios de nuevo, veo como tiemblan


mis nerviosas manos, — ¡Carajo, Julián! Cálmate —me
reclamo.

Inhalo e intento relajarme viendo el cielo lleno de pequeñas


y lejanas estrellas, pero mi mente solo se enfoca en la
puerta de la azotea, en espera de mi niño, mi pequeño niño.

Luego de varias caladas y muchos pensamientos confusos,


por fin se abre la puerta.

—¿Qué haces aquí, Julián? ¿Pasa algo? —inquiere Timmy


con preocupación.

—No pasa nada, tranquilo, estoy bien —arrojo el cigarrillo a


un lado.

—¿Estás fumando? —se ve confundido e intenta acercarse,


pero su miedo a las alturas lo retrocede de nuevo —¿Qué
sucede?

Quiero hablarle y desahogarme con él, pero me siento


inseguro, no porque no confíe en Temothée, solo no quiero
ser motivo de lastima, ni una carga negativa para él, tiene
suficiente con sus propios problemas.

Me consideraba un hombre rudo y fuerte, pero desde que


estoy con Timmy me he vuelto muy vulnerable, el claro
ejemplo es mi cuerpo que tiembla con vergüenza y miedo.
Me siento un poco acalorado y mi cara arde por tanto
contener mi tristeza.

—Cariño... —mi voz entrecortada apenas se escucha, y mi


dolor se acumula en mis ojos hasta no poder más, y
terminar deslizándose por mis mejillas.

Así es, estoy llorando frente al chico que me gusta.

—¿Julián? —Timmy camina hasta a mí, y me rodea con sus


pequeños brazos. Me aferro a él y le doy un beso en la
frente —¿Sabes que estoy aquí contigo, no? En las buenas y
en las malas.

Su voz... solo escuchar su voz me transmite felicidad y me


tranquiliza con más eficacia que cualquier cigarrillo.

—Los círculos entrelazados que tejió tu mamá sobre


nuestros suéteres, son un símbolo muy antiguo y lindo —
logro calmar mis lágrimas y hablo —yo aprendí el
significado hace algunos años, cuando mi mamá me
obsequió algo con ese mismo símbolo grabado.

POV TEMOTHÉE

No me gusta ver a Julián de esta manera, sé que lo que me


quiere decir es importante para él, y más si se trata de su
madre. En pocas oportunidades me habló de ella y noté lo
incómodo y triste que se sentía al hacerlo.

—A ella le apasionaba el arte, le gustaba pintar y hacerse


sentir a través de sus pinturas, por eso siempre fueron algo
extrañas las cosas que pintaba —continúa Julián y recuerdo
todas las extrañas pinturas en su apartamento y las de la
cabaña —el regalo que me dio fue un retrato mío que pintó
unas semanas antes de yo irme de casa —solloza.
Lo veo directo a los ojos y su mirada está perdida, como
recordando esos momentos con su madre.

—La extraño, niño, me arrepiento de haberla dejado sola —


un nudo se forma en mi garganta, obstruyendo el paso de
mis palabras.

Siento como se acumulan algunas lágrimas en mis ojos pero


intento contenerlas. Quiero responderle algo a mi chico,
alentarlo a sentirse mejor, pero no encuentro las palabras
adecuadas.

—Julián —dije en un hilo de voz —llora todo lo que


necesites, aquí estoy contigo —no libero su cuerpo de mis
brazos, aunque me cueste rodearlo por completo.

—No pude despedirme de ella ni decirle lo mucho que la


amaba, falleció y lo supe por rumores que me llegaron luego
de un mes —su llanto reflejaba el dolor y arrepentimiento —
fui un completo idiota, ella me regaló la pintura con mi
retrato y el símbolo. Quédate conmigo es lo que significa el
puto símbolo Temothée, y yo me fui.

No aguanto más y mis lágrimas salen por si solas sin poder


controlar la triste situación.

Siento el cuerpo de Julián débil y lo guío con delicadeza para


sentarnos en el suelo de la azotea, aunque su estado de
ánimo no lo llevó a sentarse sino a acostarse en el.

Decido acostarme también y me acomodo a su lado,


escucho su agitada respiración aún y sujeto su mano.
Ambos quedamos en silencio apreciando el cielo lleno de
estrellas, lo único que se escuchaba ahora era el viento.
Poco a poco el cuerpo de Julián entra en calma.
—Niño, no permitiré que me pase lo mismo contigo —
escucho su voz luego de unos minutos. Guío mi vista a él y
lo observo concentrado en el cielo. Su perfil es hermoso —
no voy a dejarte solo.

—Te amo, Julián —mis palabras salen de mi boca antes de


pensarlas.

Julián me da su atención a mí, ahora mirándome directo a


los ojos, recorriendo mi rostro con su mirada y una linda
sonrisa, me sonrojo y vuelvo a observar el cielo.

—¿Niño?... —musita nervioso.

—¿Mmm?

—Hemos pasado muchas cosas juntos en estos últimos


meses —él toma una bocanada de aire —me he divertido y
he aprendido a valorar contigo cosas que antes no me
importaban. Me enamoré de tí, de tú forma rara de pensar,
de tú sonrisa, de la forma en la que me ves, de cómo aún te
pones nervioso cuando estamos juntos...

Sujeto firmemente su mano mientras escucho cada palabra.

» Solo odio algo de nosotros, y es que aún sabiendo lo


mucho que nos amamos, no tenemos una palabra que
defina lo que somos.

Mi cuerpo está congelado y no es exactamente por el frío de


acá afuera, creo saber a dónde llevan las palabras de Julián
y eso me da un poco de temor.

—Sé que no es el mejor lugar, ni el mejor momento para


esto...
—O tal vez si lo es —digo, y mi corazón empieza a latir un
poco más fuerte.

Julián me observa y muerde su labio inferior, un brillo en su


mirada me hace esbozar una media sonrisa. Para ese
momento seguro que ambos estábamos igual de
enamorados y nerviosos.

—Tal vez, esperabas algo más romántico para cuando esto


pasara, pero, no puedo dejar que pase más tiempo, o solo
pasará lo mismo que con mi madre. No puedo dejar que mi
cobardía de nuevo me retenga a decirle a una persona
especial lo mucho que la quiero, porque no sé hasta cuando
tenga la oportunidad de decírselo. ¿Me entiendes?

Mi rostro ardía y seguro estaba sonrojado, mi vista estaba


un poco borrosa por las lágrimas que se acumulaban en mis
ojos.

Asiento a su pregunta —Claro que entiendo, cariño —una de


mis lágrimas logra escaparse.

—Quiero hacerte una pregunta muy importante, y creo que


ya sabes cuál es —supone Julián.

—Sí, y si esa pregunta importante es la que creo que es,


también creo que sabes perfectamente cuál será mi
respuesta —ambos sonreímos como tontos.

Quedamos en silencio por unos segundos.

—Temothée, ¿aceptas ser novio de este desastroso e


imperfecto chico?

Una sensación rara en mi estómago me produce un


cosquilleo. Llevaba tiempo imaginándome diferentes
situaciones como estas en las que Julián me hacía esa
pregunta, y ahora que está pasando, parece irreal.

—¿Desastroso e imperfecto? Me gustan así, cariño —sonrío


y me lanzo sobre él abrazándolo con fuerza —por supuesto
que sí, Julián. Quiero ser tu novio.

Inhalo sobre su cuello y mis pulmones se inundan de la


mezcla entre su divino perfume y cigarrillo. Me siento
seguro entre sus brazos y él parece sentirse igual porque
solo se separa de mi para dejar un delicado beso en mi
frente.

Estoy enamorado de Julián, no puedo negarlo.

_______________________________

Nota de autor:

Un capítulo muy emotivo e importante eh, ¿Qué les pareció


mis gatitxs hermosxs?

Tal vez no faltan muchos capítulos para que finalice la


historia, estoy algo triste con eso, no quiero dejar a Julián y
Temothée :(((

Estoy muy contento de ver como han aumentado las


lecturas, son más de 200k OH SIII

Recuerden que siempre estoy subiendo reels, fragmentos o


anuncios sobre la historia en mi cuenta de Instagram
(luissburgos) pueden estar pendiente de las
actualizaciones por allá <3

¡Nos leemos pronto!

Luis burgos.
Capítulo 36. | She knows.

Nota de autor
¡Hola mi amores!
De aquí en adelante se vienen los capítulos nuevos, espero
les encante todo lo que sigue. Les advierto también que
estos nuevos capitulos están abiertos a modificaciones en
algún momento, gracias.❤️

Temothée Hammer

—¿Por qué este lugar en específico para hablar? —inquiere


curiosa, mi madre.

Caminamos por el antiguo parque de la ciudad, sumergidos


en una espesa neblina. El frío era increíble.

—Es más... Privado —enfaticé.

—Entonces debe ser importante eso que quieres contarme.

Frota sus manos en busca de un poco de calor.

Nos sentamos en un banco algo incómodo, supongo que por


lo antiguo y deteriorado que está.

—Lo es —admití.

—Bueno, suelta la sopa, cariño —me da su atención, y una


mirada comprensiva.
Siento mi cuerpo frío y algo sudado, no precisamente por el
clima, son mis nervios. Por alguna razón, siento que mi
madre sospecha sobre lo que quiero hablar.

—Mamá, tú y yo siempre hemos sido... Hemos sido muy


unidos —titubeo secando el sudor de mis manos contra mis
pantalones —siempre hablamos sobre todo y nos contamos
todo.

—Por supuesto que sí, Timmy —sujeta mi mano y acaricia


con delicadeza —hasta que decidiste mudarte para estudiar,
desde entonces ya no me cuentas tanto sobre tí —hace un
puchero en tristeza.

—Lo sé, por eso ahora quiero contarte algo... —hago una
pausa y muerdo mi labio inferior —importante.

—Te escucho.

El tiempo me estaba pasando muy lento. Observé a mi


alrededor el aburrido y tétrico parque y tragué grueso antes
de empezar a hablar.

—Ju... Julián y yo... —alargué la última palabra para darme


tiempo de poder respirar y soltar lo demás.

—Julián y tú están saliendo —me interrumpió.

No lo preguntaba, lo afirmaba de manera segura.

Me quedé sin palabras, con los ojos muy abiertos por los
nervios y mi sorpresa.

—¿Timmy? —escucho una voz gruesa y ronca.

Con la vista busco al dueño de la voz, pero todo se me hace


borroso.
—¿Timmy? —todo se vuelve oscuro y mi mamá desaparece
—¡Timmy! Despierta niño —ahora reconozco la voz.

Abro mis ojos y mi respiración agitada preocupa a Julián que


está sentado junto a mí, en mi cama.

—¿Qué sucede? —inquirí confundido.

—Creo que tenías una pesadilla.

Lleva su mano hasta mi frente y peina mi cabello hacia


atrás, con delicadeza.

—Estás sudando —desliza su mano desde mi cabello hasta


mi cuello para medir mi temperatura —¿Éstas bien?

—Sí, solo fue... —recuerdo mi extraño sueño y veo a Julián


—nada, estoy perfectamente.

Llevaba varias noches soñando lo mismo, o declaraciones


parecidas a las de mi sueño. No solo con mi mamá, también
con algunos de mis amigos, los que aún no sabían sobre mi
relación con Julián.

—¿Seguro, niño?

—Sí —es muy tierno ver a Julián preocupándose por mí.

Una sonrisa inconsciente adorna mis labios.

—Bueno, está bien —pasa por encima de mí, quedando


acostado a mi lado. Quise girar hacia donde él estaba, pero
se adelantó y con movimientos ágiles me sujetó y me
colocó sobre su cuerpo.

—¿Acaso no te peso? —pregunté.


—Nop, estás chiquito —admite abrazándome, no me resisto
y reposo mi cabeza sobre su pecho.

Siento como estira su mano para apagar la luz en la mesita


de noche y luego la devuelve para hacer caricias en mi
cabello.

—¿Qué hora es? —pregunté sin moverme, Julián es cómodo.

—Cuando te desperté por tu pesadilla, eran las 10:47pm —


responde sin detener sus caricias en mi cabello.

Si sigue haciéndolo me quedaré dormido, es una de mis


debilidades.

—No fue una pesadilla, amor.

—Bueno...

—Mi mamá casi cumple.

—¿Harás lo que me contaste?

—¿Qué? ¿Despertarla cuando se hagan las 12:00am?

—Sí —responde con una risita.

—Sí, es una tradición —respondí —de pequeño, en cada


cumpleaños me despertaba a primera hora para felicitarme
—reí recordando aquellos años con deivi byeternura —lo
mismo hacía yo con ella, aunque hace unos años me quedé
dormido y la desperté en la mañana al salir el sol.

—Por favor, en mi cumpleaños no hagas eso —ríe y siento


su pecho vibrar — preferiría que me dejaras durmiendo y
luego cuando yo despierte, me felicitas. Nada de festejos de
madrugada, a excepción de que me vayas a dar algún tipo
de sorpresa especial —insinúa.
Río y le doy un golpecito en el hombro.

Nos quedamos en silencio por un largo rato, hasta llegué a


sospechar que Julián se había quedado dormido. Su
respiración era suave y tranquila, llena de paz.

Una sonrisa se forma en mis labios gracias a la hermosa


imagen que llega a mi cabeza.

¿Julián y mi mamá juntos? Ambos compartiendo y


llevándosela tan bien que hasta a veces siento que me
olvidan, aun me parece irreal lo bonito que es todo. Estas
dos personas son el motor de mi vida.

Sería increíble que la madre de Julián estuviese también,


pero ya no es posible. Si al menos Julián tuviese una parte
de su madre con él. Es la única persona de su familia que
recuerda con cariño.

—¿Niño? —la voz de Julián me sobresalta.

—Pensé que estabas dormido.

Me muevo, colocándome a un lado de él.

—También pensé que estabas dormido.

—Solo estaba pensando...

—¿Pensando en qué?

Dudé en hablar con la verdad.

Lo pensé una vez.

A la segunda organicé mis ideas.


Y a la tercera, —¿No quisieras tener algo de tú madre
contigo? Digo, algo que te lleve a un bonito recuerdo con
ella, algo que puedas tener contigo aparte de solo
memorias en tu mente —intenté ser lo más claro posible.

—Sí, sería... —lo escucho con atención —sería increíble,


¿pero a qué viene todo eso? —sabe que insinúo algo.

—Bueno, tú nos mencionaste a mi madre y a mí sobre esa


pintura especial que te hizo tu mamá, estaba pensando, tal
vez, podríamos...

—¿Buscarla? —me interrumpe.

—Sí —admito con ilusión.

—Imposible —dice rotundo.

—¿Qué? ¿Por qué?

—Esa pintura está en casa de Charlie, es muy arriesgado ir


allá —confiesa.

—Julián, es tu papá, por más cruel que haya sido contigo en


el pasado, no creo que se niegue a devolverte esa pintura.

—Temothée, el problema no es que no me quiera devolver


la pintura, mi padre no es un hombre de buenos hábitos, es
peligroso que vaya hasta allá.

—Es solo buscar la pintura y devolvernos.

—Niño, mi padre es un carterista muy dedicado, no es de


los que roba cosas pequeñas, no se divierte solo con eso —
confiesa —la última vez que supe de él y mi hermano, fue
porque estaban metidos en líos con un político peligroso,
tuvieron que abandonar la casa por un tiempo, no sé si aún
estén ahí.

—De acuerdo, está bien, lo siento.

—No, no sientas nada, digo, no está mal que tengas ese


bonito gesto de querer que yo tenga algún recuerdo físico
de mi madre conmigo, pero es que ir a esa casa es una
locura —dice —apenas logré ir a la cabaña de mis abuelos y
eso porque accediste a acompañarme. No hubiese podido ir
con otra persona.

Me sentí importante para él al escuchar esas últimas


palabras.

—Tranquilo, te entiendo amor —me acerqué y lo abracé con


fuerza, inhalando el aroma de su loción corporal.

A media noche Julián y yo despertamos a mi madre para


felicitarla, como es de costumbre hacer en nuestra familia.
Le dimos los regalos que le habíamos comprado y la
emoción en su rostro era notable, la situación se prestó para
dejar salir unas cuantas lágrimas y darnos fuertes abrazos,
de esos que no quieres que acaben nunca.

—¡Feliz cumpleaños, señora mamá de Temothée! —saluda


Tina, entrando a mi apartamento y abrazando a mi madre —
soy Tina, una amiga y compañera de Timmy en la
universidad —se presenta enseguida.

—Hola cariño, un gusto —responde mi madre, sonriente —,


pensé que eras morena —frunció su ceño.

Recordé cuando la chica del bar mencionó frente a Julián y


mi madre a una tal Tina morena.
—¿Morena? —Tina sonrió confusa ante el comentario de mi
madre.

—Bueno, los bronceados artificiales ya no duran tanto como


antes mamá —pensé en una excusa tan rápido como pude
—pero, terminen de pasar —señalo viendo al novio de mi
amiga detrás de ella.

Tina aún me observaba sin entender nada, pero me siguió la


corriente cuando entendió que estaba mintiendo.

—¡Mucho gusto! Soy Ale, novio de Tina —Ale entra detrás


de Tina —este regalo es de nuestra parte —le sonríe con
amabilidad.

Eran los últimos en llegar. Ander no podía venir, se había ido


de viaje con su familia aprovechando los días libres en la
universidad.

—¡Muchas gracias, jovencito! —agradece y le permite


seguir.

Saludo a Tina y Ale, ofreciéndoles un lugar en el mueble y


les sirvo el cóctel. Mi madre había quedado encanta con el
trago del bar al que habíamos ido, por lo que Julián compró
de donde trabaja lo necesario para preparar un cóctel igual.

Mis tíos viven a unas horas de Madrid, en la mañana


llamaron a mi mamá para darle las felicitaciones y avisar
que se les había complicado algunas cosas en sus negocios,
por lo que no podrían asistir. Por suerte mi madre no le dió
mucha importancia, de cierto modo imaginaba que dirían
algo así. Ella unos días antes me pidió conocer a mis
amigos, por eso dijo que los invitara a su reunión de
cumpleaños.
—Están muy lindos los abrigos —comenta Tina con su vista
en Julián y en mí —les queda increíble —nos guiña el ojo
discretamente.

Teníamos puestos los abrigos que nos regaló mi madre.

—Gracias —dice mi mamá con exagerada modestia y Tina


no entiende del todo.

—Los hizo Terisse —añade Julián.

—¿En serio? —Carla se sorprende —que trabajo tan pulcro,


esas letras quedaron muy bien tejidas —se refiere a
nuestras iniciales.

—Gracias, gracias —sonríe contenta mi madre.

Continuamos hablando del pasado y de muchos recuerdos


bonitos, aunque a veces tenía que interrumpir a mi madre
para que no contara una que otra cosa vergonzosa sobre
mí.

Bebimos y disfrutamos la noche, mi madre rió muchísimo


con las ocurrencias de Otis y Chris, todos le cayeron muy
bien, eso les decía cada cinco minutos. Era tarde y ya
estaba algo ebria, habíamos comenzado a beber temprano.

—¡Felices cuarenta y seis para mí! —brinda mi madre, luego


de cantar cumpleaños y cortar el pastel.

Todos repetimos sus palabras al unísono y brindamos


también.

—Cuarenta y seis, dieciséis... ¿Cuál es la diferencia? —


bromea ella —es casi igual.
—Por supuesto que sí —la apoya Otis —tan solo son
números.

—Y arrugas —dice jocosa mi madre, tocándose la cara, a lo


que fue inevitable reír.

[...]

Días después

Olvidaba lo bien que se sentía pasar noche buena y año


nuevo en familia, con mi madre y ahora Julián. Todo se sintió
tan especial y mágico, cada momento fue perfecto. Estoy
seguro de que esos recuerdos serán siempre mis favoritos,
la primera vez que mi madre, mi novio y yo pasábamos
navidades juntos. Aunque mi mamá era inocente de mi
relación con Julián, siempre lo trató como otro hijo para ella.

—No quiero que te vayas, te voy a extrañar mucho—musito


con tristeza al abrazarla.

—Ojalá pudiese quedarme más tiempo, hijo —mi mamá


también se escuchaba triste.

Julián y yo estábamos en el aeropuerto acompañándola a


tomar su vuelo de regreso a casa.

—Es dos de enero apenas —insisto sin soltarla aún.

—Tengo mucho trabajo que hacer —repite por quinta vez.

Me separo mirándola a los ojos y haciendo un puchero. Me


iba a hacer mucha falta, en estas últimas semanas me
acostumbré de nuevo a tenerla siempre cerca.

—Volveré a visitarte apenas pueda —dejó un beso en mi


frente —o pueden ir ustedes a visitarme —nos observa a
ambos.

Julián sonríe y parece motivado, —Sería increíble, Terisse —


admite.

—Bueno, nos vemos, el avión va a dejarme —se despide con


fuertes abrazos de nosotros.

—¡Te amo! —digo y una lágrima se desliza por mi mejilla.

—Yo también te amo, cariño. ¡Muchísimo! —señala.

Coje su maleta y la rueda junto a ella mientras camina hacia


un grupo de personas y luego se pierde de nuestras vistas.

_____________________________

Nota de autor

No se imaginan cuánto odio las despedidas, me ponen muy


nostálgico :'(

¿Qué les pareció el capítulo? Dejen sus comentarios aquí ❤️

¿Vieron el último reel que subí a mi Instagram sobre


Temothée y Julián? Jajajaja vayan a verlo @luis_burgossss

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos
Capítulo 37. | El retrato.

POV JULIÁN

Salimos del aeropuerto luego de dejar a Terisse para tomar


su vuelo, pero Temothée no había quedado nada feliz con
eso, quería pasar más tiempo con su madre, y lo entiendo
perfectamente.

—Pronto la veremos de nuevo —lo intento animar —


podemos planificar un viaje e ir a visitarla —acerco mi mano
y sujeto la suya entrelazando nuestros dedos.

—Faltan algunos meses para las próximas vacaciones —


menciona con poco ánimo —pero bueno, eso hará más
deseado y alegre el reencuentro ¿No?

—Por supuesto que sí, niño —sonrío viendo lo tierno que


siempre es.

—La luz está en verde —señala.

—Oh, cierto —digo al ver el semáforo y acelero el coche.

He estado un poco distraído en lo que va de día, mi mente


está enfocada en los planes que tengo para esta semana
con Timmy, no estoy seguro de si le gustará del todo la
idea.

—¡Estamos a poco días! —menciona Timmy ansioso.


Las esquinas de mis labios forman una sonrisa cargada de
satisfacción al saber a lo que se refiere Temothée.

—Nueve de enero, nuestro primer mes de novios —muerdo


mi labio lleno de alegría, no puedo creerlo aún.

Suena tan bonito que a veces hasta parece irreal. Novios.


Desde que conocí a Timmy y descubrí lo maravilloso que es
y el gran corazón que tiene, me moría por poder decir en
algún momento "este chico tan increíble es mi novio", ahora
tengo el placer de hacerlo, de tenerlo conmigo, de presumir
la gran persona que tengo a mi lado.

Estoy ansioso porque llegue el nueve de enero.

—Estaba pensando en que ese día tal vez podríamos ir a la


cabaña —sugiere haciendo un puchero y se ve jodidamente
tierno.

—Me parece perfecta la idea —acepto —podríamos ir desde


temprano y pasar la mañana en el lago. Te prometí que
iríamos ahí la última vez.

—¡Sí! —se veía muy feliz, y eso me hacía más feliz a mí —


será increíble.

Llevé hasta mis labios nuestras manos entrelazadas aún y le


di un pequeño beso a la suya.

—Te amo, niño —dije con mi vista puesta en la carretera.

Timmy se acercó lo suficiente para darme un dulce y rápido


beso en los labios.

—Te amo aún más, Julián.


Antes de ir a casa hicimos una parada para comprar pizza,
Temothée insistió en que era una exageración pedir la de
tamaño familiar, pero igual terminamos comprado esa.

—¿No te parece que este estacionamiento es muy


tenebroso? —inquiere Timmy bajando del auto con la pizza
en mano —nada más mira como aquellas luces se
encienden y apagan, es aterrador.

—Si puede que de un poco de miedo, pero es solo un


estacionamiento al final de todo —digo cerrando el coche —
nada va a pasarte.

—Sigue siendo aterrador —insistió como niño chiquito.

—Bueno, dame tu mano —la extendió y la sujeté —


pasaremos juntos, sin correr como sueles hacerlo.

Él sonrió tontamente.

Atravesamos el estacionamiento hasta llegar al ascensor y


noté como Temothée empezaba a caminar más rápido
inconscientemente, queriéndome arrastrar con él, pero lo
frenaba y lo hacía caminar lento a mi lado.

—No fue difícil —menciono sonriente mientras terminamos


de subir en el ascensor.

—Si, claro —bufó y parecía sudar.

El ascensor se detuvo en nuestro piso.

—Pronto dejarás de temerle —señalo.

—Bueno, mientras tanto seguiré corriendo —admite sin


vergüenza y ambos reímos.
Nos detenemos frente a mi apartamento y saco mis llaves
de mi bolsillo, se escucha un ruido dentro del mismo y
Timmy me observa con sorpresa.

—¿Escuchaste eso? —musita asustado.

—Por eso era la pizza familiar —abro la puerta y le permito


ver a Chris y Andrés dentro.

—¡Temothée! —saluda Chris al verlo —¿Cómo estás? Pasa,


siéntete como en la casa de tu novio.

Timmy los saluda a ambos y aún parece confundido.

—¿Esto será una doble cita o qué? —suelta una risita al


preguntar.

—No sería mala idea —dice Andrés arqueando sus cejas y


acomodando algunos papeles en la mesa.

—Julián ¿No le has dicho? —Chris me pregunta con voz baja.

—¿Decirme qué? —Timmy lo logró escuchar.

—Quería terminar de llegar aquí para contarle todo —digo y


Temothée está confundido aún esperando mi explicación —.
Esta última semana Chris me ha ayudado a buscar
información de dónde está mi padre, todo lo que ha
conseguido señala lugares muy lejos de casa.

—Con esto quiere decir —me interrumpe Chris —que la


última vez que fueron visto su hermano, su padre y sus
hombres, fue hace pocas semanas al sur de España, en
Málaga. Cerca de unas nuevas playas turísticas dónde llega
mucha gente con billeteras llenas y joyas carísimas.
—Por lo que creemos que debe estar rebuscándose con
robos pequeños por aquellos lados ya que está metido en
problemas serios y no puede volver a Madrid por los
momentos —dice Andrés buscando algo en la laptop.

—La casa debe estar sola Timmy —sonrío al decirlo —podría


ser la oportunidad perfecto para buscar la pintura que me
hizo mi madre.

La sonrisa se formó inmediatamente en sus labios.

—¡Podrás tener la pintura de tu madre contigo! —celebró


con alegría y sentí un cosquilleo en la boca del estómago.

Enseguida Temothée se me lanzó encima abrazándome con


fuerza.

—Me alegra mucho que hayas tomado la decisión —admite


al separarse.

—Lo pensé mucho luego de que lo sugeriste aquella noche


—fui sincero.

La idea no dejaba de darme vueltas en la cabeza, sabía que


Chris podría conseguir información, aunque tuviese que
romper algunas reglas y hacerlo todo a escondidas de su
padre, el no se negó y consiguió lo necesario. Me animé
mucho más cuando supe que Charlie no estaba en casa y
podría ir por la pintura de mi madre.

Por fin lo tendría conmigo, ese retrato hecho por ella misma.
Su último regalo y el más especial para mí.

—¿Cuándo iremos por ella? —preguntó ansioso.

—Mañana mismo —responde Andrés, quitándome la palabra


de la boca —no podemos perder tiempo.
—Oh... ¡Fantástico! —Timmy se sorprendió seguramente por
lo pronto del viaje —bueno, será una aventura.

Sonrío incómodo. Lo que más me he debatido luego de


saber que puedo ir a buscar la pintura, es si deba o no llevar
a Temothée.

No me perdonaría si voy y no lo llevo a él.

—Hora de comer, tengo hambre —anuncia Chris —pensé


que nunca llegarías con esta pizza —toma y prueba una
rebanada.

Timmy lo sigue a comer y luego Andrés y yo.

[...]

—¿Todo correcto? —pregunta Andrés antes de salir.

Nos despertamos temprano para alistarnos, desayunar y


salir a la casa de Charlie, mi antiguo hogar. Si así se le
puede llamar.

—Todo estaría mejor si nos hubiesemos despertado un poco


más tarde —reprochó Chris arrastrando los pies al caminar.

—No seas perezoso amor, al que madruga Dios lo ayuda —


dice Andrés.

—Que ayude a otro, yo quería dormir.

Timmy no aguantó la risa y yo tampoco pude contenerme


mucho tiempo. Chris siempre lucha por despertarse
temprano para sus entrenamientos con su padre en la
comisaría ah. Además, se acostumbró también a estar hasta
tarde despierto por nuestro trabajo en el bar, así que lo
entiendo, es difícil salir de esa rutina de sueño.
—¡Vamos! —Timmy lo arrastró con él hasta el ascensor.

—¿Tú cómo estás? —me pregunta Andrés con su mirada


puesta en mí.

—Asustado —respondo —tengo mucho tiempo sin pisar esa


casa. Son muchas cosas las que pasé ahí, Andrés.

—Lo sé, hermano —me da una palmada en la espalda como


apoyo —pero iremos por esa pintura y luego que se joda el
pasado, seguirás adelante y olvidarás todo lo malo, tienes lo
necesario para hacerlo —dirige su vista a Timmy.

Lo observo y está con Chris esperando el ascensor, habla y


se ríe con ternura. No puedo evitar mirarlo con amor.

—Él me ha ayudado a olvidar muchas cosas, a enfocarme


en el presente y en mí mismo. Me sorprende mirar atrás y
ver el asco de persona que era antes de conocerlo —admití
—ha cambiado muchas cosas en mí, todo para bien.

—No eras un asco de persona, solo no estabas en tu mejor


momento ni tenías el apoyo necesario —dice —ahora
enfócate en disfrutar todo lo bueno.

—Ey, ¿Se quedarán ahí? —nos llama Timmy y señala el


ascensor abierto.

—¡Vamos! —apresura Chris.

Andrés y yo compartimos miradas y sonreímos.

El camino a la casa de Charlie se tornó agradable con la


compañía de Timmy, él y yo íbamos en su coche hablando
sobre nuestras teorías de extraterrestres y viajes en el
tiempo, mientras que Andrés iba en su coche con Chris.
Le mandé un mensaje a Andrés recordándole dónde parar,
ya lo habíamos marcado anoche en un mapa digital que
teníamos en nuestros móviles.

Nos adentramos a un camino de tierra que conectaba una


antigua y abandonada granja con el bosque.

—¿Es aquí? —indaga Timmy observando la granja.

—No, aún falta, tendremos que caminar desde aquí —


señalé.

El auto de Andrés se detiene detrás de nosotros y todos


bajamos de los coches.

—¿Qué tal el viaje? —pregunta Andrés estirándose.

—Bien, creo que mareé a Julián de tanto hablar —comento


Timmy.

—Por lo menos ustedes hablaron, este señorito de acá


durmió todo el camino —Andrés le da a Chris una mirada
acusatoria.

Chris solo sonríe somnoliento.

—Desde aquí es de dónde comenzamos a caminar ¿Cierto?


—inquiere Chris.

—Sí —respondo —la casa de Charlie está algo retirada de


aquí, tardaremos unos quince o veinte minutos en llegar
caminando.

—¡Perfecto! Empecemos ya —comienza a caminar —ya no


tengo tanto sueño.

—Vas en sentido contrario —avisé.


—Por supuesto —se devuelve —era solo una prueba para
verificar si están aptos para trabajar en equipo. Pasaste la
prueba Julián.

El camino por el bosque se hizo más rápido de lo que


esperaba, más con Chris como guía. Estaba ansioso por
llegar y usar el baño.

—Es ahí, amor —Andrés le avisa a Chris.

Salimos de las zonas verdes hasta pisar el asfalto de la vía


principal frente a la casa de Charlie.

—¿Es ahí? —pregunta Timmy sujetando mi mano.

—Sí —respondí detallando la casa y recordando muchas


cosas, buenas y malas.

—Cuanto tiempo —dice Andrés que ya había venido antes a


mi casa.

Mi antigua casa. Me corregí mentalmente

—Es enorme —señala Chris evaluando los tres pisos de casa


y el inmenso y descuidado jardín.

Abrimos la reja principal y nos adentramos al deteriorado


jardín, tenía los arbustos con más hojas secas que vivas y
las flores... Ya no había flores.

—Es increíble —menciona Temothée inocente de lo que era


antes esto.

Parecía un palacio cuando mi madre estaba viva, siempre


mantenía todo en orden y llevaba las cosas del hogar con
mucho amor.

Hasta cierto tiempo.


—Bueno, entremos —pide Chris —me estoy orinando.

—Claro... —camino para acercarme hasta una de las fuentes


de agua cerca de la entrada de la casa —vaya, aún no se ha
secado el agua —meto mi mano en una parte específica de
la fuente y saco la llave de respuesto del agua helada.

Solíamos dejarla ahí cuando nos íbamos de viajes por


negocios de Charlie o cuando se metía en problemas y
teníamos que irnos.

—Ingenioso —admite Timmy al ver la llave.

—No es de la puerta —mencioné y caminé hasta la entrada


de la casa con los chicos siguiéndome.

Busqué con la mirada y lo reconocí enseguida. Levanté del


suelo un florero con una planta en especial y luego de
arrancarla, introduje la llave de la fuente en el cerrojo
escondido en la tierra del florero y este se abrió, de ahí
saqué la verdadera llave de la puerta.

—Más ingenioso aún —se sorprende Chris.

Timmy me observa con atención sin perder la sorpresa de


su rostro.

—Es hora —acepté susurrante introduciendo la llave en el


cerrojo de la puerta.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo tembloroso de nervios, una


parte de mi aún tenía miedo de entrar y ver de nuevo todo
lo que un día me hizo sentir encerrado e infeliz.

Pero era más triste la sensación de entrar y saber que mi


mamá ya no estaba en casa, es doloroso recordar que la
última vez que estuve en esta casa fue cuando escapé y
ella me ayudó porque solo quería que su hijo fuese libre y
feliz.

Porque si, eso es lo único que quita un poco de culpa del


pecho. Ella estuvo de acuerdo con mi escape, pero igual me
lamentaré toda la vida de no haber vuelto por ella.

____________________________

Nota de autor

Este capítulo está cargado de muchas cosas, me sentí un


poco triste escribiéndolo :c siento que Julián está muy triste
por dentro.

Aviso: El capítulo está abierto a cambios y/o modificaciones.

Instagram: @luis_burgossss

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos
Capítulo 38. | Después de
tanto tiempo.

JULIÁN HICKS

La decisión está tomada, no hay nada que pueda


detenerme a escapar de casa esta noche, todo estaba
cuidadosamente calculado. Saldría de aquí e
inmediatamente tomaría un bus al centro de Madrid, ahí me
estaría esperando Igo. Él me ayudó a conseguir un lugar
para quedarme allá unos días mientras yo buscaba algo
mejor, habló con uno de sus amigos cerca de la zona, un
tipo que es dueño de clubes nocturnos y restaurantes, dijo
que podría darme un lugar como mesero.

—¡Joder! —me quejé viendo que no cabía nada más en mi


bolso de viaje.

Mi habitación estaba hecha un desastre, no podía ver muy


bien pero estaba seguro de eso. Eran las once y media de la
noche y tenía la luz apagada, no quería que ningún hombre
que trabaje con mi padre vea desde el jardín alguno de mis
movimientos, no quiero que nadie sospeche. Me arriesgaría
a ser pillado.

Tomé mi teléfono e hice una llamada rápida.

Repica, repica, repica...


¡Contesta, ya!

—Ahh, esto... ¿NJ? —hablé rápido a través del teléfono.

NJ era un amigo de Igo, me dió su número y me dijo que lo


llamara unos minutos antes de salir de mi casa, él me
llevaría a una estación de pasajeros cercana. Tenía que ser
cuidadoso de no meterlos a ellos en problemas, podría ser
peligroso si mi padre se entera de que quiero escapar y que
ellos me ayudan a hacerlo.

—«¿Vas a salir? Estoy cerca» —señala áspero.

—Sí, en quince minutos estoy afuera —fui directo.

—«De acuerdo» —aceptó y colgué la llamada.

Es hora de irme. Observo a través de la ventana y había


solo dos hombres en el jardín de enfrente, junto a una de
las fuentes de agua. No sería problema, saldré por detrás
igual, ahí nunca hay nadie.

Me colgué el bolso de viaje en los hombros y decidido salí


silencioso de mi habitación, el pasillo estaba despejado pero
aún tenía que bajar las escaleras y podría haber alguien en
la sala.

Doy pasos sigilosos y temo que Javier escuche algo y me


descubra, su habitación estaba junto a la mía frente a las
escaleras. Me termino de acercar a las escaleras para echar
un vistazo y efectivamente había un sujeto ahí.

¡Maldición!

—Hijo... —me sobresalto al escuchar la voz detrás de mi, era


mi madre.
Se notaba triste, mucho. Estaba vestida con una bermuda
gris oscura y una blusa amarilla, parecía que venía de su
taller. Su cabello estaba un poco desordenado.

—¡Mamá! —susurré muy bajo, casi y pudo escucharme.

Mi corazón latía con fuerza, asustado e inconforme de tener


que irme. ¿Por qué tenía que llegar a este límite? Porque no
pudimos ser una familia normal, todo hubiese sido muy
diferente sin papá.

Una lágrima se desliza por la mejilla de mi madre.

—Toma —extiende su mano y veo una gran cantidad de


billetes envueltos con una liga —lo necesitarás —su voz es
temblorosa.

Un nudo en mi garganta me impide hablar.

La abracé muy fuerte y lloré, no tenía ganas de hacerme el


fuerte, sé que la extrañaría.

Estoy seguro de que ella luchaba día a día por seguir con
Charlie y hacer que nuestra familia funcionara, pero
también podía ver en sus ojos que estaba cansada de toda
esta mierda. De todos sus negocios, sus robos, sus amigos y
de todo en lo que había caído arrastrandonos junto a él.

—Gracias —logré decir en un hilo de voz.

—Te amo, no olvides eso —ella siempre lograba ser fuerte


hasta en los momentos más difíciles —ahora vete mientras
yo lo distraigo, aprovecha que tú padre está dormido.

Asentí y esperé que ella bajara las escaleras, observé como


le dijo unas cosas al tipo cerca de las escaleras y luego
caminó en dirección al jardín con él siguiéndola.
Es mi única oportunidad.

Bajé con velocidad las escaleras y lancé una mirada al


jardín, la puerta estaba abierta aún y mi madre podía verse
de frente hablando con los sujetos que me daban la
espalda.

Esbocé una sonrisa amarga y varias lágrimas cayeron.

Fue la última vez que vi a mi madre.

—Ahora se siente tan vacía —me referí a la casa una vez


que logramos entrar.

La casa por dentro sigue con la misma decoración que


cuando me fui, los muebles y todos los detalles como los
recordaba, pero ya no se sentía igual, no se sentía como un
hogar.

Timmy se para a mi lado y con su mano busca sujetar la


mía.

—¿Estás bien? —pregunta intentando ser discreto.

—Sí.

Me limité a decir.

Temothée me abrazó tomándome por sorpresa, no me


negué, lo necesitaba. Sus abrazos me daban tranquilidad, y
era justo lo que necesitaba en ese momento.

—Eres fuerte —musitó cerca de mi oreja antes de separarse.

Asentí y le sonreí como respuesta.

—Andrés, sabes dónde queda el baño, lleva a Chris —


recordé que lo necesitaba.
—Gracias —dice Chris antes de irse con Andrés.

Camino por la sala con Timmy de la mano y obsevo los


polvorientos muebles azules y el televisor frente a ellos, en
un estante alto con algunas fotografías alrededor.

—¿Eres tú? —pregunta Timmy viendo la foto de un niño


pequeño jugando ajedrez.

Reí al recordarlo.

—No —respondí con cierta sonrisa en mis labios —ese es


Javier, mi hermano. Nunca me gustó el puto ajedrez,
siempre perdía contra él.

Temothée ríe.

—Tal vez él hacía trampa —dijo.

—O tal vez yo era malo jugando —admití vacilante —esa si


es mía.

Sujeté el portaretratos con mi foto. Estaba en el jardín


jugando con un balón de fútbol, sonriente y lleno de lodo.

—¡Que tierno! —los ojos de Timmy brillaban al ver la foto y


su sonrisa era genuina. Enseguida mis mejillas ardieron —
mini Julián era un niño muy dulce.

—¿Que no lo sigo siendo? —bromeé.

—Por supuesto que sí —presiona nuestros labios dejando un


pequeño beso.

Evaluamos un rato más el primer piso y Chris volvió con


Andrés.

—La cocina es hermosa —menciona Chris acercándose.


—Es antigua —dice Andrés.

—Exacto —apunta Chris —me hubiese gustado vivir en una


época ochentera. ¿Te imaginas mi estilo con pantalones
holgados, camisas de vestir y un copete alto?

Reímos al escuchar sus ocurrencias.

—Sin el copete, por favor —dijo Timmy.

—El taller de mi mamá está arriba —indiqué —seguro la


pintura está ahí.

—¡Vamos! —dice Temothée y sube las escaleras.

—Primero tengo que ver esto —chilla Chris al ver mi foto


cerca del televisor —¡No puede ser! Eras gordo.

Reí y negué con la cabeza antes de subir las escaleras.


Ignorando la puerta de mi habitación, seguí con Timmy
hasta el taller de mi mamá, tanto mi niño como yo íbamos
atentos a cada detalle de la casa.

Él conociendo y yo recordando.

Recordé las veces que Javier y yo jugamos las escondidas y


corríamos como locos por toda la casa, éramos pequeños e
inocentes. Luego comenzaron los problemas, los robos de
Charlie eran más grandes y contínuos. Muchas veces
tuvimos que irnos de casa por semanas o casi meses hasta
que él lograra resolver lo que sea que haya hecho mal.

Odiaba tener que huir y esconderme, me sentía inseguro


todo el tiempo. Nuestros juegos fueron cambiando con el
tiempo, a veces no podíamos salir a jugar en el jardín y
había que cumplir con algunas reglas. Me sentía asfixiado
de muchas maneras.
Entramos al taller de mi madre y percibí cierto olor a
humedad y tal vez a cosas que llegan mucho tiempo
guardadas.

—¡Vaya! —se sorprende Timmy —son hermosas, muy


parecido al estilo de las de tu apartamento y la cabaña.

—Todas las pintó ella —informé.

Caminamos por el piso cubierto de manchas de pintura


observando cada lienzo. Busqué mi retrato pero aún no
aparecía por ningún lado. Temí porque tal vez Charlie lo
hayan tirado a la basura.

—Dijiste que era un retrato tuyo ¿Cierto? —asentí ante su


duda —¿Eras un adolescente o niño?

—Tenía dieciséis —respondí mientras seguía buscando —no


la veo por ningún lado.

—Tampoco yo —dijo —no hay nada parecido a tí por aquí.

Había muchas pinturas, algunas las recordaba y otras no,


incluso había unas que estaba seguro de que eran nuevas
para mí. Seguro las hizo luego de yo irme.

—Creo que buscaré en otro lugar —avisé.

—¿Puedo quedarme a verlas? Esta está increíble, parece


muy real —señala la pintura de un extraño barco en medio
de un tempestuoso mar.

—Claro, ya vuelvo —avisé.

Salí del taller en dirección a mi habitación, no tenía muchas


ganas de entrar ahí, tenía el presentimiento de que mis
cosas tal vez ya no estén y hayan usado el lugar como
depósito.

Sujeto la fría manija de metal y abro la puerta, para mi


sorpresa me encuentro con mi habitación intacta. Tenía
sábanas diferentes a las que dejé cuando me fui, pero todo
parecía seguir igual. Observé mi escritorio con algunas
notas y en el suelo estaban unos viejos tenis rojos. El closet
estaba cerrado y permitía ver las líneas que marqué para ir
midiendo mi estatura.

¡Increíble! Jadeé al verlo todo. Sentí algo raro en el


estómago y la nostalgia comenzaba a atacar nuevamente.
En pocos segundos noté lo único diferente en la habitación.

¡Claro, ahí está! ¿Cómo no la ví antes?

Me acerqué hasta mi cama y evalué el retrato colgado


encima de la misma.

Ahí estaba yo en el retrato, sentado en una silla alta en su


taller con el resto de sus pinturas rodeándome por los lados.
Me dibujó con aquella guardacamisa color esmeralda, era
mi favorita, tenía puesta una bermuda marrón y en mi mano
sostenía un pincel. Parecía sonreír.

—Bien, te vas conmigo —dije descolgando la pintura —


¡Temothée, la encontré! —grité desde dentro de la
habitación mientras observaba las cosas en mi escritorio,
seguro él no lograría escucharme bien porque dejé la puerta
cerrada.

—¡Julián! —su chillido me alarmó y mi corazón se aceleró al


instante. No escuché más de su parte y salí enseguida de la
habitación.
—¡No des un paso más! —un hombre me detiene con un
arma apuntando a mi cabeza —¿Para quién trabajas?

El sujeto era de más de treinta años, se veía a la defensiva y


fuera de control. Sus ojos escaneaban mi cara en espera de
una respuesta.

Miré en dirección al taller de mi mamá y otro sujeto traía a


Temothée sobre sus hombros.

—¡Timmy! —grité y recé porque solo estuviese inconsciente.

—Esa voz... —escuché que dijo alguien subiendo las


escaleras, y lo que dijo fue mi misma reacción al escucharlo
a él —no podría olvidarla —estableció.

Mi rostro se mostró inexpresivo aunque por dentro no era


así.

—Déjalo, Isaac. Es mi hijo —ordenó Charlie.

_____________________________

Nota de autor

Como dice Ari, se oscurecieron las aguas XDD

¿Qué tal todo gatitxs? Espero se encuentren perfectamente.


❤️

¿Qué le hicieron a nuestro pequeño Timmy? :((

Charlie, no sé que pensar de él.

Recuerden que estos últimos capítulos están abiertos a


cambios y/o modificaciones.

Instagram: @luis_burgossss
¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos
Capítulo 39. | El lago.

JULIÁN HICKS

Tanto el hombre que tiene a Timmy cargado como el que


me apunta con el arma se quedan extrañados, pero
obedecen a lo que Charlie pide.

El sujeto a mi lado llamado Isaac me deja de apuntar con su


arma en la cabeza y siento que mi cuerpo va perdiendo lo
tenso de hace solo segundos.

—¿Qué le hicieron a Timmy? —inquiero lleno de furia y


dejando el retrato en el suelo.

Intento acercarme, pero el sujeto que tiene a Timmy


cargado hace un movimiento para tomar el arma de su
cintura.

—Tranquilo, solo está desmayado —responde Charlie con


voz fría y sencillez.

—¿Solo está desmayado? ¡Estás loco! —bramé —dile que lo


libere —le ordené a Charlie, como si fuera a hacerme caso.

—No puedo hacer eso aún —responde sereno —¿Qué haces


aquí? ¿Por qué apareces justo ahora?

—¿Qué estás insinuando? Solo vine por eso —señalé la


pintura.

—Es peligroso que vengas sin avisar —protestó Charlie.


—Se suponía que tú y tu gente estaban al sur en Málaga, no
aquí —bufé.

Charlie se sorprendió al escucharme.

—¿Cómo sabes eso?

—«Uno de los dos que están aquí abajo es amigo de Julián,


papá» —la voz de Javier se escucha a través de un walkie
talkie en la cintura de Charlie —«creo que lo conozco».

—Julián está aquí arriba, Javier —avisó y soltó el botón del


walkie talkie.

Al momento nuestras miradas se dirigieron a las escaleras


donde se escuchaban marcados y desesperados pasos.
Javier venía rápido y se detuvo asombrado cuando por fin
me vio.

—¡Hermano! —logró decir antes de acercarse a mí para


abrazarme —¡Te extrañé, carajo!

Su abrazo fue sincero, así lo sentí.

También estaba alegre de verlo y eso podía confirmarlo los


escalofríos en mi cuerpo. Correspondí el abrazo rodeándolo
y apretando su cuerpo.

—¡También te extrañé! —respondí luego de un minuto.

Se separó y me sujetó de los hombros evaluando cada parte


de mi con una sonrisa enérgica.

—Creciste... —frotó mis brazos —y estás en forma por fin —


añadió.

—Idiota —bufé y él rio.


—¿Julián? —Temothée reaccionó —¿Qué sucede? —lo vi
pestañear para ajustar su vista.

—¡Timmy! —me acerqué enseguida —¡Bájalo ahora, ya está


consciente!

El tipo primero miró a Charlie para verificar y este asintió.


Bajó a Timmy y lo sostuve mientras terminaba de
estabilizarse.

—¿Estás bien? —acaricié su mejilla y asintió.

—¿Quién es él? —inquirió Javier confundido.

—Mi novio. —Fui directo.

Silencio, eso fue lo que hubo por unos segundos. Un silencio


incómodo para todos.

—Bien, vamos abajo. Tiene que sentarse, debe estar


desorientado —señaló Charlie.

¿Sin refutar? Bastante sorprendente.

Ayudé a Timmy bajando las escaleras hasta llegar a la sala


donde tenían inmóviles a Andrés y Chris. Estaban sentados
en los muebles con algunos hombres armados a su
alrededor, aproximadamente quince sujetos. Chris parecía
estar tranquilo con la situación, sabía cómo manejar las
cosas con delincuentes armados, por otro lado, Andrés se
veía un poco pálido.

—Julián, tienen muchas pistolas —musita con voz


temblorosa Temothée.

—Tranquilo, no nos harán nada. Confía en mí, niño —le pedí.


—¡Sabía que te conocía de algún lado! —anunció Javier
acercándose a Andrés y se sentó en un mueble individual
frente a mis amigos —por favor, relájate. Ellos no van a
hacerles nada al menos que se lo pidamos —ríe como si en
realidad fuese gracioso.

Aun así, Andrés se reincorporó y recuperó un poco el color


natural de su piel.

—Bueno, vine varias veces para acá a hacer tareas con


Julián, por eso tienes un vago recuerdo de mi cara —
menciona Andrés con voz desconfiada, volviendo al tema.

—Por supuesto que sí, estudiaban juntos —parecía recordar


más —cuanto tiempo ha pasado.

Javier sigue charlando y veo que Charlie habla


discretamente con un sujeto que parece militar, aunque
estoy seguro de que no lo es. El sujeto le dice un par de
cosas a Charlie para luego asomarse sigilosamente por una
ventana hacia el jardín principal.

—Sí, han pasado muchos años —sigue Andrés.

—A él no lo recuerdo —mi hermano se refiere a Chris que


solo es oyente de la conversación.

—Oh, él no estudiaba con nosotros. Es mi novio —añade


Andrés y Chris sonríe como saludo.

Vaya, y yo pensé que iba rápido con Temothée.

—Oh, también son novios —entiende Javier alternando su


vista entre Temothée y yo, y luego la regresa a mis amigos
—¿Cómo lo conociste?
—No creo que sea importante —corté su conversación, no
sé si Chris se sentía cómodo con eso.

—Nos conocimos en un bar, dónde trabajo con tu hermano


Julián —responde mi amigo Chris.

Tal vez no es tan incómodo para él.

—¿Un bar? Vaya —mi hermano estaba muy entretenido con


la vida personal de mis amigos —debió ser increíble.

Andrés ríe y responde, —Si bueno, es una historia muy


larga.

—Y gruesa —continúa Chris y mira entre las piernas de su


novio, negué con la cabeza cuando entendí.

Javier por otro lado no pareció incomodarse por la respuesta


pervertida de mi amigo, solo rio a carcajadas y se levantó
cuando Charlie lo llamó para hablar. Ahora estaban los tres
observando a través de la ventana. Charlie, Javier y el otro
hombre que parecía militar, se veían preocupados por algo.

—¿Qué sucede? —susurra Timmy para que solo yo lo pueda


oír. También había notado las actitudes extrañas y alertas
de los individuos escondidos detrás de la ventana.

—No lo sé —fui sincero.

—¿Y la pintura? —recordó —escuché que la habías


encontrado antes de que ese hombre me durmiera con ese
pañuelo húmedo.

Cloroformo, claro.

—La dejé arriba cuando vi que ese hombre te traía


desmayado —respondí.
Andrés y Chris conversaban entre ellos hasta que notaron
nuestras miradas enfocadas en algo sospechoso.

Chris se levanta y se acerca a nosotros, —¿Quieres que nos


vayamos ya?

—Sería lo mejor, me alegra mucho haber visto a Javier, pero


debemos tomar la pintura e irnos de una vez por todas —
dictaminé.

—Bueno, iré por la pintura —se ofrece Timmy.

Asentí, —la dejé junto a la puerta de mi habitación, es la


segunda a la derecha.

Temothée desapareció enseguida por las escaleras sin


problema alguno.

El tipo que parece militar se desapareció por un momento


en dirección a la cocina, Charlie y Javier debatieron sobre
algo y luego llamaron a dos hombres y por lo que se pudo
apreciar le dieron alguna orden. Esos dos últimos sujetos se
fueron por un pasillo que da al jardín trasero.

—¡Sabía que no debíamos confiar en ellos, Charlie! —


vociferó el hombre militar que venía notablemente cabreado
—¡Están por todos lados, rodeando la casa!

Charlie y Javier guían su mirada a nosotros, específicamente


a mí. Con sus miradas pude entender que esperaban una
respuesta de mi parte, por lo que me limité a negar con la
cabeza.

—¡Imposible, Mark! —Javier se negó rotundamente —es mi


hermano, confío en él.
—Debe haber una explicación... —habló Charlie con la
mirada perdida en un punto no específico.

—¿Una explicación? —bramó Mark —Ellos aparecieron aquí


de la nada y ahora esos tipos están allá afuera, seguro es la
guardia nacional. Explícame como lidiaremos con eso.

—¡Nosotros no trajimos a nadie! —alegué cansado de ese


irritante sujeto.

—¡Cállate, hijo de p...

—Shhh —lo interrumpió Charlie —no olvides que es mi hijo,


Mark.

El tipo se contuvo de decirme quien sabe qué y pude notar


lo rojo que se tornó su rostro por la furia, esbocé una leve
sonrisa al verlo así por órdenes de Charlie.

Charlie se acercó a la ventana para observar una vez más,


solo movía un pedazo de la cortina para que no lograran
verlo. En un minuto se dio vuelta con la vista concentrada
en el infinito, pensando y buscando respuestas tal vez.

—Son los hombres de Sergio —señaló seguro de lo que


decía.

—¿Qué dices? —Mark estaba confundido y era notable lo


pesado que se puso el ambiente para todos los que estaban
presente luego de escuchar ese nombre.

¿Ahora quién coño es Sergio?

Todos nos alarmamos por los pasos rápidos en las escaleras,


tanto así que varios de los hombres de Charlie por
automatismo apuntaron con sus armas hacia las mismas.
Temothée inocente de lo que sucedía, bajó el ritmo de sus
pasos y alzó ambas manos en muestra de inocencia, en una
mano traía la pintura que me hizo mi madre.

—¿Por qué tardaste tanto? —pregunté y todos bajaron sus


armas. Mi niño terminó de acercarse a mi todo asustado por
lo recién.

—Estaba viendo tu habitación —admitió sujetando mi brazo


en busca de protección.

Asentí y acaricié su cabello, sabía que no se sentía cómodo


con tantos hombres cargados de pistolas y rifles.

—Tranquilo niño, iremos a casa —establecí —fue bueno


verte, Javier, pero tenemos que irnos ya.

Le hice un par de señas a Chris y Andrés para que se


colocaran en marcha.

—¡Por supuesto que aún no se van! —espeta Charlie.

—¿De qué hablas? —inquirí ceñudo.

—Julián, hay sujetos más peligrosos que nosotros allá afuera


—señaló Javier.

¡Carajo! Tal tiene razón, pero no podemos quedarnos aquí...

—¿Eso es lo que tanto veían? —Timmy susurra la pregunta


cerca de mi oreja y asentí.

—Tiene razón, Julián. No podemos salir así —dice Andrés y


la mirada de Chris está de acuerdo con lo que él dice, al
igual que yo.

—Si salen ahora, no dudarán en darles un tiro en la cabeza


—las palabras de Charlie fueron frías, pero ciertas.
—Mayor, el lugar está despejado. Cero obstáculos —los dos
sujetos que hace un rato desaparecieron hacia el jardín
trasero habían regresado, uno con ojos verdes fue quien dio
esa última noticia.

—Gato, camino acá mencionaste que viste un mismo


camión negro en repetidas ocasiones ¿Cierto? —Charlie
preguntó enseguida.

—Así es, Mayor —respondió el mismo hombre de ojos


verdes.

—Y hasta ahora me entero —bufa Mark.

—¡Tú mismo me dijiste que los sensores del jardín en la casa


habían captado movimiento! Y que la puerta había sido
abierta —bramó todo eso muy rápido y al borde —nos
concentramos más en lo que nos encontraríamos aquí en
casa, que en lo que supuestamente nos venía siguiendo.

—No busquemos culpables, busquemos soluciones —sugirió


Javier.

Mis compañeros y yo estábamos desconcertados


observando y escuchando la escena que se daba frente a
nosotros.

¿En qué nos metimos? No debí haber venido acompañado.

—Por supuesto que tengo una solución —mi atención cayó


en las palabras de Charlie —Gato, guía a los chicos por el
túnel.

Nos señaló a los cuatro.

¿Túnel?
—¿Saldremos por el túnel? —inquiere Mark.

—Nosotros saldremos mañana en la noche, ahorita saldrán


ellos —Javier señala ecuánime —si esos tipos intentan
entrar sabremos defendernos, ellos no.

Nadie dice más nada, solo asienten de acuerdo, hasta el


impertinente de Mark.

—No pueden irse directamente a sus casas, les recomiendo


que se escondan unos dos o tres días en un lugar que nadie
de su círculo social conozca —habló Charlie con
determinación —no tenemos la certeza de que los tipos de
allá fuera hayan llegado luego que ustedes. Puede que
hayan estado desde antes, y si es así ya habrán investigado
hasta sus horas de nacimiento.

Charlie le hace una seña al Gato y este entiende la orden.


Era nuestra única oportunidad para irnos sanos y salvos.

—¡Detrás de mí! —señaló el hombre ojos verdes y mis


amigos comenzaron a caminar detrás de él.

Los seguí no sin antes de despedirme de Javier y de


agradecerle a Charlie de encontrar la manera de sacarnos
de ahí.

Irónicamente, van dos veces que consigue sacarme de casa.

Descubrí que la casa ahora tenía un sótano, algo parecido a


una guarida. Desde ahí abajo, un estrecho y casi infinito
túnel era la salida a una parte inespecífica del bosque. No
hubo señales de luz en unos diez minutos, solo la linterna
del sujeto guiándonos.

—Intenten no llamar mucho la atención —sugirió el Gato


cuando por fin llegamos al extremo del túnel.
Sin palabras salimos de ahí y nos vimos cubiertos por el
amplio y frondoso bosque. Una vez que salimos del túnel,
me di cuenta de que la salida del mismo se camuflaba muy
bien con las ramas y hojas de los árboles.

—¿Qué haremos ahora? —la pregunta de Chris fue un


susurro.

—Buscaremos la vía principal y luego nuestros autos —


indicó Andrés.

—Exactamente —acepté —e iremos a la cabaña de mis


abuelos.

Los tres mostraron confusión por mi idea.

—¿Ahí pasaremos refugiados los días que dijo tu padre? —


indagó Timmy.

—Creo que es el mejor lugar —dije con sencillez.

—No sabía que tus abuelos tenían una cabaña —habló


Andrés.

—Por eso es la mejor opción para escondernos, nadie sabe


sobre esa cabaña —dije antes de empezar a caminar.

Tardamos algunos minutos en encontrar la vía principal,


luego de ahí reconocimos el camino hasta la granja
abandonada donde dejamos parqueados los coches. Todo se
veía normal, no había nada extraño alrededor. Los coches
estaban tal y como los habíamos dejado. No dudamos en
subirnos y arrancar de una vez por todas, en marcha hacia
la cabaña.

Esta vez Temothée iba callado escuchando la radio, no quise


buscarle conversación porque mi mente estaba en un
colapso de pensamientos y decisiones por tomar.

Andrés me siguió todo el camino hasta llegar al desvío que


da con la cabaña, dejamos los coches parqueados donde
dejé mi moto la última vez que vine con Temothée.

Caminamos hasta la cabaña cubiertos por los cálidos rayos


naranjas del atardecer.

—Te tenías esto bien guardado —habló Chris una vez dentro
de la cabaña.

Intentamos omitir todo lo que nos pasó y nos enfocamos en


la cabaña. Les conté a Andrés y Chris un poco sobre la
historia del viejo lugar, luego los dejé en la habitación
principal del primer piso, mientras Temothée y yo nos
pusimos cómodos en la habitación que conecta con el
espacioso balcón donde pasamos la noche de la primera vez
que lo traje.

Nos bañamos juntos y decidimos acostarnos. Ambos


estábamos agotados física y mentalmente por el viaje y
todos sus percances.

—Lo bueno de todo esto es que recuperamos la pintura —


mencionó mi niño entre bostezos.

La pintura la dejamos en la parte trasera del coche de


Timmy.

Abracé el delicado cuerpo de mi lindo novio, sintiéndome


tranquilo al tenerlo entre mis brazos. Acaricié su cabello
como le gusta que lo haga y antes de caer en un profundo
sueño, le di un beso en la mejilla.

[...]
—¡Buenos días, niño! —saludé a mi novio cuando lo vi
acercarse a la cocina entre bostezos.

—¡Buen día, guapo! —responde, me abraza y se sienta en la


mesa —¿Por qué no me despertaste?

—Sé que estabas cansado, no quería molestarte —respondí


sincero.

—¿Y los chicos?

—Fueron por el cargador del móvil de Chris, lo dejó en el


coche.

—¿Es seguro que salgamos? —escuché su pregunta


mientras le dejaba un sándwich en la mesa.

—No, no es seguro —respondí —ellos no saldrán del bosque,


y es difícil que alguien los vea ahorita, no hay gente cerca.
La mayoría de personas de aquí siempre se va de viaje
luego de año nuevo.

Temothée muerde el sándwich y me mira travieso.

—¿Qué sucede? —pregunté confundido

—¿Eso significa que podemos ir al lago? —vi la ilusión en


sus ojitos y se me hizo imposible negarme.

—Sí, podemos ir un rato —acepté.

—¡Sí! —gritó victorioso —¡Te amo! —me besó dulcemente y


empezó a comer su sándwich con entusiasmo.

Terminó de desayunar y no esperó más para ir al lago.

—Estas camisetas están increíbles —dice Temothée cuando


vamos saliendo de la cabaña.
Se refería a la vieja y holgada ropa que usaba Javier antes
en sus tiempos de hippie. Encontramos eso en la habitación
que siempre usaba cuando veníamos de visita.

—Javier tenía flow —admití cerrando la puerta.

El crujir de algunas ramas anuncian los pasos de alguien


acercándose a la cabaña. Nos alertamos enseguida y
quedamos en un silencio sepulcral. Ambos giramos la
cabeza dejando la oreja hacia el bosque para intentar
escuchar más.

Seguían los pasos cada vez más cerca y Timmy sujetó mi


mano con fuerza, su corazón amenazaba con salir de su
pecho al igual que el mío. En estos momentos cualquier
persona que nos encontrara sería una amenaza.

Para nuestro alivio, vimos a Andrés y Chris salir algo


agitados y ruborizados de la profundidad del bosque.

—¡Idiotas! Nos asustaron —bufó Timmy —¿Qué estaban


haciendo?

Mi respiración volvió a su velocidad natural.

No vi el cargador que dijeron que buscarían. Ellos solo


compartieron miradas cómplices y sonrisas pervertidas, fue
suficiente para entenderlo todo. Con razón tardaron tanto.

—En nuestra defensa, el bosque es como un laberinto —


Chris alzó sus manos fingiendo inocencia.

—Bueno, nosotros iremos al lago —cambié el tema —


¿Vienen?

—No sabía que también había un lago —se sorprende


Andrés.
—Los alcanzamos en un rato, creo que primero vamos por
un segundo round —Chris bromeó y se llevó a Andrés al
interior de la cabaña.

—Bueno —me encogí hombros y Timmy soltó una risita —


tendremos tiempo a solas —sonreí insinuante y noté como
el rubor de mi niño se hizo presente en sus mejillas. Es
jodidamente adorable.

Caminamos entre el bosque hasta llegar al no muy lejano


destino. El lago era inmenso, pero aún así se sentía
acogedor desde donde estábamos con el pequeño muelle y
las gigantes rocas. Nos quitamos los zapatos y parte de la
ropa, quedando en boxers. Mis pies descalzos sentían
cosquillas al rozar con la hierba corta del suelo.

Le di una mirada a Temothée y admiré su fino cuerpo, para


mí era perfecto, pero nada más lindo y tierno que sus
mejillas ruborizadas cuando sentía mi mirada acosadora en
él.

—Te amo, Julián —me sujetó del brazo al caminar hacia el


agua.

Me encanta cada vez que lo hace. Cada que me sujeta del


brazo de esa manera, es como si rozar nuestros cuerpos nos
volviéramos uno mismo.

—Yo también te amo, niño —su mano entrelazada con la


mía siempre hacia que la vida se sintiera menos fría —
desde un principio sabía que te amaría, aunque intenté
hacerme el rudo solo tuviste que sonreírme y ahí caí yo
frente a tí —no tuve vergüenza en admitir eso último.

Timmy mordió su labio y su vista se cristalizó.

—Gracias por quererme —dijo y dejó escapar una lágrima.


—¿Por qué lo agradeces? El amor no es algo que pasa, es
algo que se siente —llevé su mano hasta mi pecho
dejandolo sentir mis fuertes latidos —y tú me hiciste
colapsar.

Lamí mi labio inferior y desvié mi vista al cielo negando con


la cabeza. Una sonrisa tonta se formó en mis labios y pensé
en el verdadero cambio que ese chico produjo en mí.

—¿De dónde se me ocurrieron esas palabras tan cursis? Yo


no era así —admití —¿Acaso me embrujaste? —bromeé.

—¡Ja! —soltó sarcástico.

—Eso fue, en los almuerzos que me hacías colocabas algo


para enamorarme ¿Cierto?

Temothée colocó una mano en su pecho fingiendo sentirse


herido.

—No tengo la culpa de cocinar la mejor pasta con


albóndigas del mundo —se encogió de hombros.

Reímos y lo cargué contra su voluntad para lanzarnos juntos


al lago. El agua estaba fría y era algo de suponerse.
Temothée se enganchó en mi espalda como un monito y lo
sentí temblar.

—¿No sabes nadar? —pregunté cuando noté que se aferraba


a mi cuerpo.

—Sí se nadar, pero tengo frío y tú estás caliente —respondió


con simpleza.

—Siempre estoy caliente, niño.

Golpeó mi hombro.
Lo ayudé a rodearme para quedar de frente y darle un beso
en la nariz.

—¿Sabes? Cuando te prometí que volveríamos para venir al


lago, no me imaginé que sucedería tan pronto y menos por
la situación en la que estamos —admití con tristeza —¿Me
disculpas?

—Yo fui quien insistió en que buscáramos la pintura —se


negó a que la culpa fuese solo mía.

—Pero no debí haberte llevado a ese lugar tan peligroso —


fruncí la nariz en disgusto.

—No sabíamos que ellos llegarían, punto —insistió —no


tienes la culpa de nada, Julián —me dijo viéndome directo a
los ojos.

Asentí varias veces y conecté nuestros labios en un delicado


beso, mi cuerpo vibró de energía y quise liberarla.

—¿Nos lanzamos desde el muelle? —sugerí.

Temothée observó el muelle a unos metros de nosotros y


sonrió.

—Vamos —aceptó.

Salimos con prisa del agua y corrimos hacia el muelle.

—¡El que llegue de último hace la cena! —reté tramposo


cuando vi que Timmy no me alcanzaría.

—¡No es justo! —bufó corriendo unos metros detrás de mí.

Llegué al muelle y corrí sobre la madera, a la mitad volteé a


ver a Timmy y apenas estaba llegando al muelle. No esperé
más para reír a carcajadas y lanzarme al lago. Aproveché el
impulso para intentar tocar fondo pero no lo logré, me
quedaría sin oxígeno.

—No pensé que fuese tan profundo —dije al llegar a la


superficie y agitar la cabeza para sacudirme el agua de la
cara.

Enfoqué mi vista y no tuve respuesta de Timmy.

—¿Timmy? —lo llamé y noté que el agua a mi alrededor no


estaba agitada —no te lanzaste, miedoso —reí y nadé hacia
la orilla buscándolo con la mirada.

Mi ceño se frunció cuando sentí que algo no andaba bien.

—¿Niño? —no respondió y salí con prisa del agua,


recorriendo con mi vista preocupada todo el lugar —
¿Temothée? —grité.

—¡Ayuda! —su gritó venía del bosque y mi piel se erizó.

No lograba ver nada dentro del bosque, pero mi corazón


latió más fuerte que nunca cuando no escuché más nada
que una moto acelerar con brusquedad.

Ahí supe que Temothée estaba en peligro y maldije para mis


adentros sintiéndome culpable de todo.

___________________________

Nota de autor:

Me reservaré mis comentarios sobre el capítulo, pero quiero


que ustedes se desahoguen aquí. Los leo ❤️

No olviden dejar su voto y comentarios, adoro leerlos


recuerden que estos últimos capítulos están abiertos a

cambios y/o modificaciones.
Instagram: @luis_burgossss

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos.
Capítulo 40. | Tétrico
sonido.

JULIÁN HICKS

Me sentí asfixiado en ese bosque, observando con


desesperación a todos lados sin saber qué hacer. Jalé mi
cabello con frustración y caminé rápido hasta donde
visualicé nuestra ropa tirada en el suelo. La de Timmy
también estaba ahí, se lo habían llevado con nada más que
su ropa interior.

¿Por qué? ¿Por qué a él? ¡Maldición! Temothée no merece


pasar por todo esto.

Apenas logré terminarme de colocar el short, salí corriendo


hacia la cabaña, mi corazón bombeaba fuerte y mis ojos
contenían las lágrimas. Estaba a punto de romper en llanto,
pero no podía dejarme caer, tenía que ser fuerte y
recuperarlo. La carrera se me hizo eterna devuelta a la
cabaña, pero por fin llegué.

—¿Ya se regresan? Íbamos para allá —menciona Chris con


una sonrisa, saliendo de la cabaña con Andrés.

Me miró a los ojos y su expresión cambió por completo, —Se


llevaron a Temothée —dije en un hilo de voz.

Silencio y terror en sus expresiones fue lo que tuve como


respuesta.
—Regresaré a la casa de Charlie —señalé seguro.

—¡No puedes volver ahí, Julián! —espetó Andrés —estoy


seguro de que esos tipos siguen rodeando la casa.

—Entraré por el túnel que salimos. Nadie me verá —las


lágrimas comenzaron a descender por mis mejillas —¡No
voy a dejar solo a Temothée!

Chris me abrazó cuando rompí en llanto, —Iré contigo,


amigo.

—Por supuesto que no —me negué —no me perdonaría que


te pase algo a ti también.

—Chris, es mejor si vamos por la ayuda de tu padre —


sugirió Andrés con mucha razón.

—Vayan, me mantendré en contacto con ustedes —avisé


antes de entrar en la cabaña por las llaves del coche de
Timmy.

Con las llaves en mano me bastó para ir en busca de


Temothée. No me permití perder tiempo en buscar una
camisa o colocarme al menos unos zapatos. Conduje sin
control por la carreta rodeada de gigantes árboles y hierba
mala, derramando lagrimas e intentando ser optimista,
imaginando que todo saldría bien.

Te encontraré, niño. Prometo hacerlo.

Llegué a la granja abandonada y dejé el coche de Timmy


parqueado ahí. Caminé cautelosamente entre el bosque,
sintiendo frío por mi cuerpo semidesnudo y mi short
húmedo. Las palmas de mis pies me dolían cada vez que
ramas puntiagudas se partían contra ellas, pero nada de eso
no fue impedimento para seguir mi caminata hasta
encontrar la salida —o en tal caso, la entrada— del túnel.

Una vez dentro del túnel quise correr para llegar rápido al
interior de la casa, pero no había nada que iluminara el
camino y si iba muy rápido a ciegas, lo más probable es que
caiga. Entro al sótano por fin y subo las cortas escaleras
para dirigirme a la sala de la casa.

—¿Dónde está Temothée? —mi presencia y pregunta dejan


sorprendidos y alertas a todos en la sala.

Casi todos se habían preparado para disparar, pero en ese


momento no sentí miedo, solo furia e impotencia.

—Julián... ¿Qué haces aquí? —inquirió Javier separándose de


la mesa que todos rodeaban y dirigiéndose a mí.

Parecía que antes de yo llegar estaban planeando algo.

—¡Secuestraron a mi novio! —bramé —¿Dónde está?

Algunos se mostraron confundidos y otros inexpresivos, y


esta vez fue Charlie quien habló, —No secuestramos a tu
novio, hijo.

—¡No me llames así! —grité cabreado y confundido.

Mi respiración se tornó más entrecortada cuando Charlie


con sus palabras confirmó que no era él quien tenía a
Temothée.

Un teléfono repicó haciendo eco en la sala y pensé que era


el mío, pero no.

Charlie parecía extrañado cuando descubrió que el sonido


provenía de su bolsillo. Sacó el móvil con desconfianza y
contestó la llamada colocándola en altavoz.

—«Si quieres que algo salga bien, asegúrate de hacerlo tú


mismo. Es solo un consejo que te doy, Charlie» —la ronca
voz del sujeto a través de la llamada alerta a Mark, Javier y
Charlie —«mandé a uno de mis hombres por tu hijo y el muy
imbécil se equivocó de sujeto, pero por lo menos trajo algo
bueno, parece ser su... ¿Novio?»

Sabía que en algún momento todo acabaría mal, soy un


maldito egoísta por no alejarme de Temothée a tiempo.

—¿Dónde está ese tipo? —la pregunta sale instintivamente


de mi boca, sin poder controlarme.

Javier me tapa la boca con su mano y Charlie hace un


ademán para que me callara.

—«Perfecto, me parece excelente que tu hijo me esté


escuchando» —continua el sujeto —«si eres como tu padre,
y si amas mucho a tu noviecito, vendrás por él, y contigo tu
padre» —colgó la llamada y mi cuerpo no paraba de sudar a
pesar del frío.

—Necesito que salgan de la sala ¡Ahora! —ordena Charlie —


y vigilen ese maldito túnel, si mi hijo volvió a entrar por ahí
cualquiera de los hombres de Sergio podría hacerlo.

Sergio, el mismo hombre del que hablaron ayer cuando


miraban preocupados por la ventana.

No logro sentirme mejor, mi cuerpo sigue temblando y mi


corazón late con fuerza mientras continúan llegando a mi
mente mil y un situaciones escasas de felicidad.

—Tranquilo, Julián —habló Charlie —haremos algo para ir


por él —apuntó.
Sus palabras no me inspiraban confianza, solo me producía
amargura escucharlo, siempre ha sido él la causa de mis
desgracias y dolores de cabeza.

—No quiero que te metas en esto, solo necesito la dirección


de Sergio y yo iré por Timmy —espeté sin dar mi
información completa.

Por supuesto no iría solo a rescatar a Timmy de las manos


de peligrosos delincuentes como lo es ese tipo Sergio, tenía
planeado ir con el padre de Chris y sus compañeros policías.
Era más seguro.

—Julián... —Javier dejó las palabras al aire.

—¡Claro que me meteré en esto y en todo lo que pueda


para salvar a tu novio! —bufó Charlie —aunque no lo creas,
también me duele esto que está pasando. Me duele toda la
mierda que le cayó a mi familia por mi culpa, por todos mis
negocios ilegales y robos, pero claro, me di cuenta tarde del
daño que estaba causando, Julián. No abrí los ojos sino
hasta que tu madre falleció. Muy tarde, lo sé.

Guié mis expresiones confundidas a Javier y este parecía


creerle a nuestro padre ¡Por el amor a Dios!

—Me sentí un jodido fracasado cuando tu madre estaba


agonizando por la leucemia y no podía hacer nada. Lo único
que nos repetía a tu hermano y a mí era tu nombre, te
quería a su lado para despedirla —dejé de estar a la
defensiva al escuchar sus últimas palabras —me culpo día a
día de haber dañado nuestra familia y perder a mi pareja, lo
menos que puedo hacer por ti es ayudarte a recuperar la
tuya.

Mi mente estaba en un colapso con las confesiones de


Charlie, no llegaba a concretar un pensamiento lógico para
darle alguna respuesta.

—Mark secuestró a la nieta de Sergio en uno de nuestros


robos, según él fue su única salida para poder escapar del
sitio con vida —indicó Javier—luego de eso las cosas se
complicaron con la niña en nuestras manos. Mark no
encontró qué hacer, las cosas se estaban saliendo de
control y la mató sin nuestro consentimiento. Sergio está
buscando venganza —admitió.

POV TEMOTHÉE

Una gran cantidad de agua helada me hace despertar con


un sobresalto y desesperados jadeos. Pestañeé un par de
veces para restablecer mi vista.

Observé con cansancio a mi alrededor y noté que no estaba


en la misma habitación en la que me dejaron cuando llegué.
Siento que han pasado horas desde que estoy aquí, no sé
cuánto tiempo exactamente, pero podría haber sido un día
entero.

Guío mi vista al frente y visualizo al tipo que planeó todo


esto, escuché su nombre muchas veces cuando hablaba por
teléfono con Charlie y yo permanecía amarrado y
amordazado. Sergio, estaba viéndome directo a los ojos con
una sonrisa sínica. Detrás de él había otro sujeto con un
arma en sus manos.

—Es una pena que tengas que pagar tú por las acciones de
esa asquerosa familia de delincuentes —soltó con repulsión.

Mi vista recorrió una vez más la habitación, detallando que


lo único que la ocupaba era la silla donde yo estaba sentado
con mi cuerpo tembloroso cubierto solo por mi ropa interior.
—Julián no es un delincuente —bufé forcejeando mis manos
que estaban amarradas detrás de mi espalda en los tubos
de la silla.

—¿Julián? Debe ser el nombre del otro hijo de Charlie, el que


escapó de su casa.

—En tal caso, usted también es un delincuente —señalé —


me tiene secuestrado aquí, amarrado en quién sabe dónde
—mi garganta estaba seca y ardía.

—Yo soy un político, jovencito —dice Sergio —Charlie se


metió con mi familia y robó algo muy preciado para mí. Está
equivocado si cree que me quedaré de brazos cruzados.

—No es mi problema, Julián y yo no tenemos nada que ver


con eso.

—La vida no es justa, grábate eso —dijo y parecía estar


dolido por algo muy fuerte —mandaré a alguien para que te
cuide.

Se retira enseguida con su guarda espalda e instintivamente


comienzo a forcejear y luchar por desatar mis manos,
aunque solo conseguía lastimarme lo seguí intentando
hasta que la puerta del cuarto se abrió nuevamente.

Un sujeto grande y gordo entra a la habitación, —¡Hola,


pequeño! —su sonrisa era sádica —me enviaron a cuidarte
—me recorrió un escalofrío al sentir su asquerosa mirada
evaluar mi cuerpo con lujuria.

—Bueno, yo estoy muy bien solo —intenté no sonar grosero.

—Tranquilo, me encantará hacerte compañía —ríe con


maldad al acercase a mí y agacharse.
—¡No! ¡Por favor! —me negué y traté de apartar mis piernas
cuando sentí el contacto de su viscosa y repulsiva lengua
recorrer mis muslos.

—La pasaremos muy bien... —continúa lamiendo y procede


a besar mi pecho mientras acerca su mano para tocar mi
parte baja.

Las lágrimas nublaron mi vista y rogué una y otra vez


porque esto fuese solo otra de mis pesadillas.

Comienza a explorar por encima de mi ropa interior y luego


se levanta un poco para presionar su erección contra mi
pierna.

Mis lágrimas caen sobre mi pecho y mi cara arde de


impotencia.

—Veamos que escondes ahí abajo —ríe con altanería antes


de sujetar mi única prenda para quitarla.

—¡No! —le di una fuerte patada en las bolas y este se


defendió con una bofetada que me hizo marear.

Siento el sabor metálico de la sangre dentro de mi boca y


observo como el asqueroso hombre se levanta.

—Me las vas a pagar —escupió el suelo.

Una vez solo en la fría y oscura habitación, me permití llorar


y rogar porque todo esto acabara ya. Perdí la cuenta de las
veces que lloré y observé la puerta con esperanzas de que
Julián entrara por ahí a buscarme, que lográramos salir de
aquí y podamos irnos a casa tranquilos. No quería más
problemas.

Totalmente cansado y adolorido, caí en un profundo sueño.


[...]

Gritos y disparos me hicieron sobresaltar en la silla. Mi vista


estaba imperativa y preocupada por lo que afuera estaba
pasando. Sentí un leve cosquilleo por la idea de que Julián
estuviese ahí.

La puerta se abre abruptamente y mi esperanza se disipa


cuando solo veo a Sergio con un arma en la mano. Estaba
alterado, despeinado y furioso. Eso me preocupó hasta a mí.

—¡Nos vamos! —estableció cortando con una navaja la soga


que ataba mis manos de la silla. —Ponte esto, ¡Rápido! —,
ordenó moviendo con brusquedad el arma.

Recibo el jogger negro y me lo pongo tan rápido como


puedo. Me indica que me voltee para atar mis manos de
nuevo, y mi corazón late con fuerza. Quisiera poder huir,
pero él tiene las de ganar, él tiene el arma entre sus manos.
Obediente, accedo y él continúa con su arma apuntando mi
espalda.

—¿Qué sucede?

No respondió.

Me arrastró con él para salir de la habitación y llevarme a


quien sabe dónde, mi vista fue atacada por los rayos del sol
que me encandilaron, estaba descalzo y con medio cuerpo
desnudo, al sentir grama en mis pies abrí mis ojos para
aclarar mi panorama.

Este lugar... es la granja abandonada cerca de la casa de


Charlie. Estábamos justo en su frente, pero dentro de la
propiedad.
—¡Sergio! —la voz llamó la atención de ambos. Era Charlie
entrando por la reja de la entrada, frente a donde
parqueábamos nuestros coches —¡Libera al muchacho! No
tiene nada que ver con todo esto.

—¡Me sabe a mierda lo que digas, Charlie! —bramó el


hombre a mi lado, con una increíble furia.

Mark estaba a un lado de Charlie, con otros hombres más,


todos armados. Dentro del establo del que salimos se
escucharon dos disparos más que asustaron a Sergio. Este
lanzó una mirada furtiva y volvió su vista al frente con
Charlie.

Una sensación extraña erizó mi piel y me hizo echar un


vistazo al establo nuevamente. Julián y venía detrás de
Javier, ambos con pistolas en sus manos. Mis ojos se
alarmaron cuando apareció el hombre pervertido de la
habitación detrás de ellos.

—¡Detrás de ustedes! —grité con todas mis fuerzas.

Fue tarde, el hombre disparó su arma y la bala impactó en


la espalda de Julián. El tétrico sonido me dejó sin oxígeno en
mis pulmones. Desde el momento en que vi la expresión
adolorida de mi novio y su cuerpo caer sobre sus rodillas, mi
desesperación se tornó inmensa al igual que mis ganas de
llorar.

—¡Te dije que me las pagarías! —advirtió el hombre


pervertido antes de que Javier le diera un balazo en la
cabeza.

Todo empezó a pasar lento, el mundo me daba vueltas y


antes de caer desmayado escuché sirenas lejanas, eran
policías seguramente. Luego la voz de Sergio.
—Ojo por ojo, nieta por hijo —otro disparo y su cuerpo cayó
frente a mí.

__________________

Nota de autor

Advertencia: Estos capítulos están abiertos a cambios y/o


modificaciones.

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¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos.
Capítulo final. | Cuídate,
niñito.

Temothée Hammer

Mi respiración inconstante y todo el dolor que me invadía,


me hizo golpearme en el pecho una y otra vez para verificar
que todo esto de verdad estaba pasando. Todo estaba
sucediendo tan rápido y lento al mismo tiempo que se me
hacía irreal, y con todas las ganas quería que así fuera.
Quería que todo esto fuese solo otra de mis estúpidas
pesadillas, pero no era así.

Como si el universo quisiera darme una bofetada de


realidad, Charlie frenó con brusquedad frente al hospital.
Mis manos temblorosas y llenas de la sangre sujetaban el
cuerpo frío de Julián en la parte trasera de la pick up, estaba
descansando sobre mis piernas sudado y casi inconsciente.

—Todo va a estar bien, amor. Sé que eres fuerte, podrás


superar esto.

No sabía si podía escucharme con claridad, pero quería que


supiera que yo estaba ahí con él. En las buenas y en las
malas, no importa lo que pase.

—¡Ayuda!

Javier fue quién bajó primero de la camioneta y advirtió


entre gritos.
—No podemos quedarnos, nos arrestarán apenas nos
reconozcan.

Me ayudó a bajarme con Julián y lo acomodó para que yo


pudiera sostenerlo mejor. Tres paramédicos aparecieron
rápidamente con una camilla, subiendo con precaución a mi
novio en la misma.

—Todo estará bien ¿De acuerdo? Vamos a estar cerca.

Esas fueron las palabras de Javier antes de que Charlie


arrancara la camioneta para irse.

Dejamos atrás aquella entrada del hospital y todas las


ambulancias aparcadas afuera. La camilla alta de Julián
rodaba con agilidad por los limpios y fríos pasillos del
hospital, mi cuerpo lo sentía desorientado y mi mente
estaba volando en mil pensamientos.

—Si en algún momento, por alguna razón tengo que irme y


no puedo llevarte conmigo, por favor, prométeme que no
me olvidarás.

Sacudí mi cabeza para sacarme el recuerdo de sus palabras


de mi mente porque me negaba a aceptar una vida sin
Julián.

Todo lo nuestro quizá no comenzó como en un cuento de


hadas, pero fue lo mejor que me pudo haber pasado en esta
jodida vida. Que él se haya atrevido a dejar esa nota frente
a mi puerta, que me haya retado, que me haya atraído a él.

Nunca me imaginé que terminaría perdidamente


enamorado de Julián.

Girábamos en distintas orbitas, no nos conocíamos ni


tampoco me importaba su existencia al principio de todo,
pero hubo algo en él que encendió una chispa en mí, y hubo
algo en mí que llamó su atención. Así comenzó todo.

Fueron simples roces, miradas y palabras las que


comenzaron ese peligroso juego en el que caímos y
perdimos los dos.

Un letrero rojo en el umbral de una puerta anche decía


claro: Sala de emergencias.

Me apartaron y me indicaron que no podía entrar. En las


películas siempre veía como el acompañante del paciente
en riesgo de muerte insistía en entrar a la sala de
emergencias, me parecía estúpido, ellos no tenían ninguna
función ahí. Ahora entiendo la situación y veo que no eran
solo escenas cliché. La desesperación por entrar y
acompañar a tu ser amado es un sentimiento que carcome
y llena de impotencia.

Desearía estar ahí adentro al menos, dándole mi apoyo,


aunque suene estúpido, que sepa que sigo aquí con él y que
no está solo. Pero lamentablemente no podía hacer más que
esperar.

—¡Temothée! —escuché la voz de Chris por los pasillos y lo


vi acercándose con Andrés y un policía de uniforme negro.

Los tres se detuvieron frente a mí, pero no tuve la fuerza de


emitir una palabra, solo logré romper en llanto una vez más.
Andrés me sujetó y me sostuvo entre sus brazos, Chris daba
palmaditas de apoyo en mi espalda y me permití liberar
todo el dolor y miedo que sentía.

No quería perder a Julián, preferiría morir yo antes de ver a


alguien que amo hacerlo.
Los chicos me guiaron a sentarnos en uno de los largos y
metálicos bancos del hospital. La espera se me hizo eterna
mientras veía pasar a los doctores. Observé muchas veces
la hora en un gran reloj en lo alto de la pared frente a
nosotros y ya había pasado más de media hora. El policía
resultó ser el padre de Chris, nos acompañó por un rato,
pero tuvo que irse nuevamente a la escena donde todo el
caos había ocurrido.

—¿Acompañantes de Julián Hicks? —inquirió el doctor que


apareció por las puertas de sala de emergencias.

—¡Aquí! —respondió Chris y nos paramos enseguida


dándole nuestra atención al doctor.

—El paciente perdió mucha sangre, si hubiese logrado llegar


un poco antes mi equipo hubiera logrado hacer algo mejor
—habló —aun así, el paciente es fuerte y por milagro, está
mejor de lo que pensamos que podría quedar.

Un alivio me refrescó el cuerpo y de pronto sentí el aire más


ligero.

Lágrimas de esperanza se escaparon de mis ojos y suspiré


profundamente.

—Está consciente pero su estado sigue siendo sumamente


débil —continúa el doctor —le sacamos la bala, casi perfora
uno de sus pulmones, pero hasta ahora marcha todo en
orden.

—¿Puedo entrar a verlo? —la pregunta estaba atascada en


mi garganta desde hace un rato.

—Sí, pero solo por unos minutos, aún tenemos que hacerle
un par de exámenes para verificar que la bala no haya
provocado alguna fisura en algún órgano y que no hayamos
podido ver durante la extracción —señaló —además, el
paciente ha estado preguntando por un tal Teo... Tomas...
Te...

—¡Temothée! —completa Andrés.

Una sonrisa inconsciente se forma en mis labios al


imaginarme eso. Hasta en su estado más crítico despierta
preguntando por mí. Amo a este chico con toda mi alma.

—Anda, iremos afuera un rato —señaló Chris —necesito


fumar, estoy muy ansioso.

Asentí y continúe para entrar a la habitación de Julián.

Ahí estaba él, cubierto hasta un poco más arriba de la


cintura por una sábana blanca, con su mirada fija en el
techo. Sus pies sobresalían por debajo y noté lo rotos y
rasguñado que estaban. Mi cuerpo se tensó y un horrible
nudo se formó en mi garganta, me dolía verlo así.

—Me prometí que te encontraría y te sacaría de ahí, niño,

Su voz sonó débil y temblorosa.

—Julián, amor...

Sollocé.

—Todo está bien, mi niño, tranquilo —aún en esa camilla,


herido y conectado a esa máquina su prioridad era hacerme
sentir seguro.

Sus palabras iban en desacuerdo con lo que su aspecto


mostraba. Se veía débil y cansado, pálido. Estaba
acostumbrado a verlo fuerte, imponente y seguro, pero
ahora su mirada estaba un poco apagada.
Mis ojos llorosos no esperaron más para desplomarse. Me
acerqué y acaricié su cabello dejando un beso en su frente.

—No quería que termináramos así.

Sollocé sosteniendo su mano con cuidado de no lastimarlo.

—Créeme, tampoco era lo que quería —jadeó y liberó


algunas lágrimas.

—¡Julián, eres fuerte! ¿De acuerdo? Todo va a salir bien.

Guardó silencio y me aparté un poco para enfrentarlo.


Seguía sosteniendo mi mano esta vez con una sonrisa
ocupando sus labios.

Lo observé extrañado.

—¡Gracias, Temothée! Estás aquí conmigo luego de toda la


mierda por la que te hice pasar.

—No te culpes por eso, tu n...

—Nunca me había sentido tan feliz, aunque no sea esta la


mejor situación. Me alegra que seas tú quien está a mi lado.

Se detuvo un momento para respirar y dejar salir las


lágrimas.

—Siempre que me necesites, Julián.

Le recordé y deposité un suave beso en sus labios.

—¿Puedes besarme de nuevo? Lo haría yo, pero me cuesta


moverme —sonrío con dificultad.

Sonreí y acepté complacido. Nuestros labios se encontraron


en un sincronizado beso, nuestras lenguas ansiosas
invadiendo la boca del otro. Su respiración cerca de la mía,
extrañaba eso. Secuestrado dentro de esa solitaria
habitación no sabía si tendría la oportunidad de volver a
probar esos agiles besos. Pensé que no saldría vivo de esa
situación, ahora Julián era quién estaba sobre esa camilla
mal herido.

La vida da muchas vueltas, muchos giros inesperados.

—Ahora no sé si pueda cumplir nuestra promesa.

Mencionó una vez me hube apartado.

—¿De qué hablas?

—No sé si pueda quedarme contigo y acompañarte toda la


vida.

—Julián, no hagas eso —jadeé —por favor no hagas como si


te estuvieses despidiendo.

—Te he traído muchos problemas, niño. No mereces todo


esto.

—¡No me importa! Yo decidí quedarme a tu lado porque te


amo, y siempre será así.

Sonrió.

—Me encanta cuanto lo dices con esa determinación —


admitió —yo también te amo, no te imaginas cuánto.

Mis mejillas ardieron y supuse que ya me había sonrojado


hasta las orejas.

—Me siento muy débil, creo que debo descansar —hizo una
mueca de dolor.
—Solo duerme, cada granito de fuerza es necesario para tu
recuperación.

Obedeció y se quedó en silencio con sus ojos cerrados.


Observé como subía y bajaba su pecho por un largo rato y
supe que había caído en un profundo sueño. Yo también
estaba a punto de quedarme dormido, pero no podía
hacerlo, tenía que estar pendiente de que todo marchara
correctamente, así que decidí ir por un café.

Quisiera poder avisarle a Javier o Charlie que Julián estaba


estable, pero no sabía dónde se habían metido. Javier solo
me dijo que estarían cerca antes de asegurarme que todo
saldría bien.

Fui a la cafetería de hospital y ordené el café más fuerte que


tenían. Fuertes truenos se escuchaban fuera del hospital y
la inesperada tormenta se veía desde la ventana. Sentí paz
mientras veía las gotas de agua impactar contra el suelo y
recordé aquella teoría tonta que tenía sobre los días de
lluvia.

Supuestamente para mi eran de buena suerte.

—¡Maldición! —gruñí porque ese día la lluvia y el viento


eran tan fuertes que habían dañado mi paraguas. Quedaría
totalmente empapado de agua.

—Oye, que niño tan grosero —Julián apareció de la nada en


su motocicleta —deberías aprovechar y lavarte la boca con
esa misma agua.

Siempre con ese humor oscuro y su sarcasmo que lo


caracteriza.

Ese día me llevó al edificio, ambos quedamos cubiertos por


completo de agua, pero él parecía disfrutarlo.
Julián de alguna manera encontraba la forma de aparecer
en el momento justo para salvarme, como la vez que me
cargó a mi apartamento porque yo estaba borracho
resignado a dormir en el suelo de la recepción.

Desde un principio fue atento conmigo, me demostró a su


manera que le importaba de verdad.

Estaba absorto en mis pensamientos hasta que una alarma


invadió el silencio de los pasillos y dirigí mi vista hacia
dónde se dirigían los doctores.

Mi cuerpo quedó inmóvil, observando todo, sin poder


reaccionar. Los doctores corriendo alarmados por el pasillo,
mi corazón amenazó con salirse de mi pecho cuando
confirmé que se dirigían a sala de emergencias.

—Aquí está su café, joven —escuché la voz de alguien, pero


mis oídos lo ignoraron por completo.

Mis lágrimas bajaron por mis mejillas y una sensación


extraña en mi estómago me provocó nauseas. De pronto
logré correr, mis piernas me llevaron hacia la habitación de
Julián. Mis movimientos y mente estaban consumidos por el
miedo. Mi respiración entrecortada, agitada.

Escuché algunas voces detrás de mí, siguiéndome,


hablándome o quizás intentando detenerme, pero mis
sentidos lo ignoraban.

Llegué por fin a la puerta de la habitación donde se


encontraba mi novio. Cinco doctores rodeaban la camilla de
Julián impidiéndome ver su cuerpo. No estaban solos en la
habitación, antes de que alguien cerrara la puerta pude
notar que iban acompañados de ese horripilante sonido de
la maquina conectada a Julián que señalaba algo
desgarrador
El grito salió de mi boca desgarrando mi garganta, mi pecho
ardía y de pronto había olvidado cómo respirar. Caí de
rodillas al suelo con mis manos cubriendo mi rostro. Unos
brazos cubrieron mi espalda y no quise levantar mi vista, no
quería seguir afrontando esta realidad.

—Lo lamento mucho, Temothée.

Escuché el susurro de Chris cuando me abrazó, me aferré a


él correspondiendo el abrazo y al abrir mis ojos me encontré
a pocos pasos a un Andrés con los ojos enrojecidos. Casi
pude escucharlo cuando movió sus labios, pero sus palabras
no lograron salir.

Lo siento.

3 Meses después.

09 Marzo, 2023

Estaríamos cumpliendo tres meses de novios.

Julián ya no estaba, y era jodidamente doloroso para mí


sobrellevar eso aún.

Cada mes pasó y nunca perdí la esperanza de verlo salir de


su apartamento, de encontrármelo en la universidad. Perdí
la cuenta de las veces que fui hasta su salón con la ilusión
de que él estaría ahí, como si nada hubiera pasado.

Con su sonrisa sarcástica, su humor oscuro, su posesividad


y amor por mí. Su extraña y complicada personalidad. Su
mente siempre lujuriosa y como todo parecía un reto
divertido para él.

Continué pagando el arriendo de su apartamento todo este


tiempo, me rehusaba a perderlo por completo. Había
muchos recuerdos ahí, aunque no me había atrevido a
entrar al apartamento de Julián desde su partida. No había
tenido el valor suficiente, sabía que me desplomaría, pero
era hora de ser fuerte por él, tenía que hacerlo. Tenía que
aceptar lo que pasó.

El día de hoy estaríamos en nuestro tercer mes de novios,


decidí recordarlo esta vez de otra manera, por eso tomé el
valor de entrar por fin a su apartamento.

Al estar en la sala aun podía percibir el suave aroma de su


loción masculina, sonreí amargamente al inhalar, deseaba
tenerlo conmigo. Mi vista se cristalizó y mis ojos enrojecidos
permitieron liberar las pesadas lágrimas. Me sorprende
como podían quedarme luego de todo lo que había llorado
estos meses.

¡Tienes que ser fuerte! Me exigí para continuar.

Todo estaba en su lugar, como lo dejamos esa mañana que


decidimos ir por la pintura que le había regalado su mamá.
La sala ordenada con los muebles despejados, las pinturas
decorando las paredes, la vista a la cocina luego de la isla
que la separaba de la sala. Observé el pasillo con tristeza
antes de dirigirme a su habitación.

Me sorprendí cuando entré y vi un gran cuadro sobre la


cama de Julián. Me acerqué secando mis mejillas y
respirando con inconstancia. Al detallar el cuadro solo logré
llorar aún más.

Sostuve la pintura sobre mis manos y me dejé caer en el


suelo con ella, recostando mi espalda en un lateral de la
cama. Admiré el detalle entre mis manos.

Era un retrato de los dos. Estábamos sentados en el mueble


de mi casa, con los suéteres que nos había regalado mi
madre para navidad, pero ambos usábamos el suéter del
otro.

Julián con la inicial de mi nombre en su pecho y yo con la de


él en el mío. En una parte alta del retrato estaba aquel
símbolo del que mi madre y él hablaron aquella noche.

Cuando una persona te obsequia algo con estos dos círculos


grabados, es porque te quiere a su lado. Disfruta de tu
compañía y está feliz de que el destino los haya unido.

Julián explicó el significado esa vez.

Mi corazón me dolía, dejé que pasara un buen tiempo para


poder entrar aquí y que fuera menos duro para mí, pero
dolía y ardía como mil infiernos.

Observé su firma detrás del retrato, Julián Hicks. Bajo la


firma, unas palabras escritas.

Cuídate, niñito. ¿Recuerdas la nota? Sé que aun la guardas


en tu mesita de noche, lo descubrí hace un tiempo jeje.

Este es mi regalo por nuestro primer mes de novios, estoy


nervioso, espero te guste.

09 de enero 2023.

Te amo, niño.

FIN.

_________ Nota de autor _________

Estamos tristes, lo sé, todo esto es muy doloroso. Les


permito lanzarme tomates y quejarse aquí.
El epílogo lo subiré en la noche para hacerlos sufrir un poco
más. Hay algo importante en él.

Estoy muy feliz y triste de haber terminado esta historia. No


me quiero despedir de estos dos chicos, ha sido increíble
escribirlos ❤️Es mi primer libro, estoy emotivo, lo siento.
Gracias una vez más quienes se quedaron a leer la historia
y llegaron hasta aquí, gracias a quienes siempre estuvieron
preguntando por mi Instagram por las actualizaciones, a
quienes leían y comentaban justo cuando subía un capítulo
en la madrugada y pensana que nadie estaba atento para
leerlo a esas horas. Siempre me dejan sorprendido. ❤️

No quiero llorar más de lo que lloré escribiendo este


capítulo, así que me despido. Nos leemos en otra de mis
historias, chicxs.

¡Cuídense, niñitxs!

Instagram: luis_burgossss

Luis Burgos
EPÍLOGO

Temothée Hammer.

—¿Estás listo?

Mi madre preguntó ansiosa con su mirada evaluando mi


traje. Ella llevaba un vestido color salmón que hacía
contraste con su piel blanca y cremosa.

—Por supuesto que sí, mamá.

Su sonrisa fue genuina.

—Estoy orgullosa de ti, hijo.

—Gracias, mami.

La abracé y me reincorporé para que sujetara mi brazo. Era


hora de que saliera.

Era el día de mi boda. Rodeado de pocas personas, pero las


más especiales. Algunos de mis viejos amigos viajaron para
acompañarme este día. Todos se alegraron cuando les envié
la invitación.

Observé a todos mientras caminaba para llegar a mi chico.

Pensé que me estaba volviendo loco cuando veía su rostro


aparecerme en todos lados, siempre lejano, como si solo
fuese producto de mi imaginación.
Continué con mi madre llevándome del brazo para dejarme
frente a él.

Se veía elegante con ese traje negro y peinado ligeramente


hacia atrás, no acostumbra a peinarse así, de igual forma se
veía hermoso. Nada le hacía perder esa sonrisa encantadora
y adictiva, siempre insinuándome tanto con su mirada. El
suave aroma de su colonia embriagó mis fosas nasales
haciéndome suspirar en una sonrisa satisfecha. Me sentía
inexplicablemente feliz teniéndolo aquí, conmigo.

El padre dijo un par de palabras mientras yo seguía perdido


en la mirada de mi chico. Sus ojos tenían un brillo autentico.

Ansioso pronunció la palabra acepto luego de yo haberle


colocado el anillo. Seguido por otras palabras del padre, mi
casi esposo coloca el anillo en mi dedo y pronuncio también.

—Acepto.

Los aplausos cubrieron la sala donde se daba la ceremonia,


todos felices y sonrientes por nuestra unión.

—Te amo, niño.

Me sujetó de la cintura para acércame a él y besarme con


deseo, con ansias, con amor. Nuestros labios danzando en
una perfecta sincronía, sintiéndose cómodos ante el
contacto del otro.

Evalué sus ojos enrojecidos al separarnos, con algunas


lágrimas al igual que los míos.

—Yo también te amo, Julián.

Seguro están confundidos y querrán saber si esto es solo


otro de mis sueños, pero, aunque parece irreal hasta para
mí, es lo que está pasando.

—Y te amaré por siempre.

También estoy completamente seguro de que me pedirán


una buena explicación, pero eso ya sería otra historia por
contar.
Temothée

¿Habrá continuación de JULIÁN?

Me da mucha ilusión cada que preguntan si Julián tendrá


continuación, me hace saber que el libro les gustó tanto
como a mí.

💛
Una vez más les doy las gracias por estar aquí,
acompañándome en esta aventura.

Me alegra mucho decirles que Julián si tendrá continuación.

¡SERÁ UNA TRILOGÍA! El orden es el siguiente:

Julián (#1)

Temothée (#2)

Ethan (#3)

Seguro se preguntan ¿Quién es Ethan? pues aún nos falta


un libro más para saberlo, lo siento.

La trilogía no tiene nombre aún porque no soy tan creativo y


no se me ocurre nada bueno aún. Nada más vean los
nombres de los tres libros JAJJAAJAJA, son los nombres de los

💛
protagonistas. Así que si tienen alguna idea interesante,
comentenla aquí.

Otra cosa importante, la fecha para el comienzo de


actualizaciones del siguiente libro no está decidida. No
prometo que sea pronto porque tengo planes con otra
historia. Si quieren estar al tanto de todo, pueden seguirme
en Instagram, estoy activo allá con promociones de JULIÁN.

Instagram: @luis_burgossss

Esa es mi cuenta secundaria, pero la tengo exclusivamente


para Julián, nada que ver con mis otras historias. Sin más

💛
nada que decir, me despido con un beso y un abrazo virtual
mis amores.

¡Nos leemos pronto!

Luis Burgos

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