63.
Es más, debéis profesar vuestra fe con pureza de corazón de día y de noche para
que puedan compararos, en este aspecto, con el más sabio de los profetas, que dijo:
Calicem salutaris accipiam. Que quiere decir: 'Yo beberé de la copa de salvación.'
Lo cual significa: 'Vengaré la muerte de Cristo con mi muerte. Porque de la misma
manera en que Cristo Jesús dio su cuerpo por mí, de la misma forma estoy preparado
para dar mi alma por mis hermanos.' Esta es una ofrenda apropiada; un sacrificio
viviente y del agrado de Dios.
Sobre los Sacerdotes y clérigos que sirven a la Caridad.
64. La totalidad del concilio en consejo os ordena rendir ofrendas y toda clase de
limosnas sin importar el modo en que puedan ser dadas, a los capellanes y clérigos
y a los que restan en la caridad por un tiempo determinado. Siguiendo los mandatos
de Dios nuestro Señor, los sirvientes de la iglesia pueden solo recibir ropa y
comida, y no pueden presumir de poseer nada a menos que el Maestre desee dárselo
por caridad.
Sobre los Caballeros seglares.
65. Aquellos que por piedad sirven y permanecen con vosotros por un tiempo
determinado son caballeros de la casa de Dios y del Templo de Salmón. Por lo tanto
con piedad rezamos y así disponemos finalmente que si durante su estancia, el poder
de Dios se lleva a alguno de ellos, por amor a Dios y propio de la fraternal
misericordia, un mendigo sea alimentado durante siete días para la salvación de su
alma, y cada hermano en esa casa deberá rezar treinta paternosters.
Sobre los Caballeros Seglares que Sirven por tiempo determinado.
66. Ordenamos que todos los caballeros seglares que deseen con pureza de corazón
servir a Cristo Jesús y la casa del Templo de Salomón por un periodo determinado
que adquieran, cumpliendo con la norma, un caballo y armas adecuados y todo lo
necesario para la tarea. Es más, que ambas partes den un precio al caballo y que
este precio quede por escrito para no ser olvidado; y dejad que todo lo que el
caballero, su escudero y su caballo necesiten, provenga de la caridad fraternal
según los medios de la casa. Si durante ese tiempo determinado, ocurre que el
caballo muere en el servicio de la casa, si la casa lo puede costear, el Maestre lo
repondrá. Si al final de su estadía, el caballero desea regresar a su país, deberá
dejar en la casa por caridad, la mitad del precio del caballo, y la otra mitad
puede, si lo desea, recibirla de las limosnas de la casa.
Sobre la Promesa de los Sargentos
67. Dado que los escuderos y sargentos que deseen caritativamente servir en la casa
del Temple, por la salvación de su alma y por un periodo determinado, vienen de
regiones muy diversas, es prudente que sus promesas sean recibidas, para que el
enemigo envidioso no los haga arrepentirse y renunciar a sus buenas intenciones.
Sobre las Capas Blancas.
68. Por unánime consenso de la totalidad del capítulo, prohibimos y ordenamos la
expulsión, por vicioso, a cualquiera que sin discreción haya estado en la casa de
Dios y de los Caballeros del Temple. También, que los sargentos y escuderos no
tengan hábitos blancos, dado que esta costumbre ha traído gran deshonra a la casa;
pues en las regiones más allá de las montañas falsos hermanos, hombres casados y
otros que fingían ser hermanos del Temple las usaron para jurar sobre ellas; sobre
asuntos mundanos. Trajeron tanta vergüenza y perjuicio a la Orden de Caballería que
hasta sus escuderos se rieron; y por esta razón surgieron muchos escándalos. Por
tanto, que se les entreguen hábitos negros; pero si éstos no se pueden encontrar,
se les deberá dar lo que se encuentre en esa provincia; o lo que sea más económico,
que es burell.
Sobre hermanos Casados.
69. Si hombres casados piden ser admitidos en la fraternidad, favorecerse y ser
devotos de la casa, permitimos que los recibáis bajo las siguientes condiciones: al
morir deberán dejar una parte de sus propiedades y todo lo que hayan obtenido desde
el día de su ingreso. Durante su estancia, deberán llevar una vida honesta y
comprometerse a actuar en favor de sus hermanos, pero no deberán llevar hábitos
blancos ni mandiles. Es más, si el señor fallece antes que su esposa, los hermanos
se quedarán solo con una parte de su hacienda, dejando para la dama el resto, a
efecto de que pueda vivir sola de ella durante el resto de su existencia; puesto
que no es correcto ante nosotros, que ella viva como cofrade en una casa junto a
hermanos que han prometido castidad a Dios.
Sobre Hermanas.
70. La compañía de las mujeres es asunto peligroso, porque por su culpa el provecto
diablo ha desencaminado a muchos del recto camino hacia el Paraíso. Por tanto, que
las mujeres no sean admitidas como hermanas en la casa del Temple. Es por eso,
queridos hermanos, que no consideramos apropiado seguir esta costumbre, para que la
flor de la castidad permanezca siempre impoluta entre vosotros.
Que no tengan intimidad con mujeres.
71. Creemos imprudente para un religioso mirar mucho la cara de una mujer. Por esta
razón ninguno debe atreverse a besar a una mujer, sea viuda, niña, madre, hermana,
tía u otro parentesco; y recomendamos que la caballería de Cristo Jesús evite a
toda costa los abrazos de mujeres, por los cuales muchos hombres han perecido, para
que se mantengan eternamente ante Dios con la conciencia pura y la vida inviolable.
No ser Padrinos.
72. Prohibimos que los hermanos, de ahora en adelante, lleven niños a la pila
bautismal. Ninguno deberá avergonzarse de rehusar ser padrino o madrina; ya que
esta vergüenza trae consigo más gloria que pecado.
Sobre los Mandatos.
73. Todos los mandatos que se han mencionado y escrito aquí, en esta Regla actual
están sujetos a la discreción y juicio del Maestre.
Estos son los Días Festivos y de Ayuno que todos los Hermanos deben Celebrar y
Observar.
74. Que sepan todos los presentes y futuros hermanos del temple que deben ayunar en
las vigilias de los doce apóstoles. Que son: San Pedro, San Pablo, San Andrés, San
Jaime, y San Felipe; Santo Tomás, San Bartolomé, San Simón y San Judas Tadeo, San
Mateo. La vigilia de San Juan Bautista; la vigilia de la Ascensión y los dos días
anteriores; los días de rogativas; la vigilia de Pentecostés; las cuatro Témporas;
la vigilia de San Lorenzo, la vigilia de Nuestra Señora de la Ascensión; la vigilia
de Todos los Santos; la vigilia de la Epifanía. Y deberán ayunar en todos los días
citados según la disposición del Papa Inocencio en el Concilio de la ciudad de
Pisa. Y si alguno de los días de ayuno cae en Lunes, deberán ayunar el Sábado
anterior. Si la Natividad de Nuestro Señor cae en Viernes, los hermanos comerán
carne en honor de la fiesta. Pero deberán ayunar en el día de San Marcos debido a
las Letanías: porque así ha sido establecido por Roma para los hombres mortales.
Sin embargo, si cae durante la octava de Pascua, no deberán ayunar.
Estos son los Días de Ayuno que deberán ser observados en la Casa del Temple.
75. La natividad de Nuestro Señor; la fiesta de San Esteban; San Juan Evangelista;
los Santos Inocentes; el octavo día después de Navidad que es el día de Año Nuevo;
la Epifanía; Santa María Candelaria; San Matías Apóstol; la Anunciación de Nuestra
Señora en Marzo; Pascua y los tres días siguientes al día de San Jorge; los Santos
Felipe y Jaime, dos apóstoles; el encuentro de la Vera Cruz; la Ascensión del
Señor; Pentecostés y los dos días siguientes; San Juan Bautista; San Pedro y San
Pablo, dos apóstoles; Santa María Magdalena; San Jaime Apóstol; San Lorenzo; la
Ascensión de Nuestra Señora; la natividad de Nuestra Señora; la Exaltación de la
Cruz; San Mateo Apóstol, San Miguel; Los Santos Simón y Judas; la fiesta de Todos
los Santos; San Martín en invierno; Santa Caterina en invierno; San Andrés, San
Nicolás en invierno; Santo Tomás Apóstol.
76. Ninguna de las fiestas menores se debe observar en la casa del Temple. Y
deseamos y aconsejamos que se cumpla estrictamente: todos los hermanos del Temple
deberán ayunar desde el Domingo anterior a San Martín hasta la Natividad de Nuestro
Señor, a menos que la enfermedad lo impida. Si ocurre que la fiesta de San Martín
cae en Domingo, los hermanos no tomarán carne el Domingo anterior.