TEMA 6
La piel. Estructura y funciones.
Estructura de la piel.
La piel es el órgano más extenso del organismo y el que nos separa
del mundo exterior.
En el individuo adulto, tiene un peso medio aproximado de 4 Kg y
una superficie media de 1.6 m2. Está constituida por tres capas
principales. Desde el exterior al interior, podemos distinguir:
Epidermis
Dermis
Hipodermis
Epidermis.
La epidermis es la capa más externa de la piel. Tiene un grosor de
entre 0.4 y 1.5 mm y está constituida por cuatro capas de células que
se renuevan continuamente.
Las células de la base de la epidermis van siendo empujadas
gradualmente hasta las capas más superficiales sufriendo cambios en
su forma durante esta migración. Este proceso de renovación recibe
el nombre de queratinización. La capa córnea superior se
va desprendiendo en un proceso constante.
La epidermis es avascular; es decir, no tiene vasos sanguíneos, y en
ella podemos encontrar 4 tipos de células:
Queratinocitos.
Melanocitos: sintetizan la melanina, que interviene en la
termorregulación local, en la síntesis de vitamina D y en la resistencia
a los efectos de la radiación ultravioleta. Esta sustancia es, además,
la responsable de que adquiramos el color moreno al exponernos de
forma continuada al sol.
Células de Langerhans: estas células están involucradas en gran
cantidad de respuestas inmunes.
Células de Merkel: intervienen en la percepción de la sensibilidad
táctil, de ahí que se localice fundamentalmente en la epidermis del
pulpejo de los dedos, en el folículo piloso...
Dermis.
Tiene una estructura parecida a la de una malla constituida por tejido
fibroelástico. En la dermis podemos encontrar fibras (colágeno,
elásticas,...), células, elementos vasculares, y elementos nerviosos.
En ella se encuentran los anejos cutáneos, que son los siguientes:
- Pelo: se distribuye por toda la superficie corporal excepto en las
mucosas, las palmas y las plantas. Son estructuras flexibles y
resistentes constituidas por queratina dura.
El proceso de crecimiento del pelo está regulado por factores
hormonales; por término medio, un cabello crece unos 0.3 mm al día.
- Uñas: son placas córneas transparentes constituidas también por
queratina dura.
Tienen un crecimiento aproximado de 3 mm al mes.
- Glándulas sebáceas: estas glándulas producen una sustancia
llamada sebo, que está formada por grasas, células y ácidos, y cuya
misión es engrasar la piel y el cabello como mecanismo de
protección.
- Glándulas sudoríparas:
. Ecrinas: son las encargadas de producir el sudor. La función más
importante del sudor es regular la temperatura corporal y responder
a estímulos tales como el calor, el estrés, los estímulos del sistema
nervioso, etc.
. Apocrinas: localizadas fundamentalmente en la axila, el área
genital, la areola y el pezón. El inicio de la secreción de estas
glándulas tiene lugar en la pubertad.
Hipodermis.
Constituye el estrato más profundo de la piel. En ella se almacena el
tejido adiposo, formado por células llamadas adipositos, que cumple
funciones de aislamiento y de almacén de energía en forma de
grasas.
Vascularización e inervación de la piel.
La vascularización cutánea interviene de forma activa en los
procesos de termorregulación cuando nos sometemos a cambios
bruscos de temperatura.
La inervación de la piel permite a ésta su importante función de ser
un órgano sensorial. Para poder captar estímulos externos, está
provista de gran cantidad de terminaciones nerviosas que se
clasifican en subgrupos, cada uno de los cuales se especializa en
captar un determinado tipo de estímulo. Estos subgrupos se
encuentran distribuidos en los tres estratos de la piel: epidermis,
dermis e hipodermis.
Los resumimos en el siguiente cuadro:
SUBGRUPO DE TERMINACIONES NERVIOSAS TIPOS DE ESTÍMULO DE CAPTA
Terminaciones libres. Sensibilidad térmica.
Picor.
Dolor.
Terminaciones relacionadas con el folículo piloso . Tacto.
Contracciones musculares
Corpúsculos de Paccini (localizados en palmas y plantas). Presión.
Vibración.
Corpúsculos de Meissner (localizados en manos, pies y labios. Sensibilidad táctil
Corpúsculos de Ruffini
. Sensibilidad al calor.
Corpúsculos de Krausse. Sensibilidad al frío
ESTRUCTURA DE LA PIEL
EPIDERMIS Capa basal.
Estrato espinoso.
Capa granulosa.
Capa córnea.
Células: células de Merkel, células de
Langerhaus, melanocitos y queratinocitos.
DERMIS Fibras.
Células: fibroblastos, mastocitos y macrófagos.
Elementos vasculares.
Elementos nerviosos.
Anejos cutáneos: pelo y uñas.
HIPODERMIS Tejido adiposo. Células: adipositos
.
Funciones de la piel.
A medida que describíamos la estructura de la piel hemos ido
comentando sus funciones.
De forma simplista, podríamos decir que la piel es nuestra barrera de
protección frente al exterior y, por otro lado, es el enlace entre
nuestro interior y el mundo externo.
La piel desempeña las siguientes funciones:
Capacidad de resistencia y protección a nuestro medio interno de
agresiones externas.
Protección frente al ataque de microorganismos: la piel actúa a modo
de escudo protector. De este modo, una herida en la piel es una
puerta de entrada de gérmenes
a nuestro organismo.
Protección frente a la radiación ultravioleta: la piel absorbe e impide
que pase al interior de nuestro organismo gran parte de la radiación
ultravioleta que recibimos.
Una excesiva exposición a ésta propicia alteraciones estructurales y
mutaciones que, en el peor de los casos, serían causantes de tumores
de piel.
Termorregulación: la existencia en la piel de plexos vasculares
permite retener o eliminar calor según las necesidades de nuestro
organismo en cada momento.
Percepción y localización de estímulos táctiles, dolorosos, presión,
vibración, etc.: en la piel se encuentran gran cantidad de
terminaciones nerviosas que son las encargadas de percibir y localizar
los distintos estímulos.
Intervención en el metabolismo de la vitamina D: esta vitamina se
sintetiza a partir de un precursor del colesterol. Cuando se expone la
piel a la luz solar, la radiación ultravioleta penetra en la epidermis y
convierte este precursor en vitamina D3. Una vez sintetizada, la
vitamina abandona la piel y pasa a la circulación.
Con el envejecimiento, disminuye la capacidad de la piel para formar
esta vitamina. A esto se le une que el anciano generalmente pasa
poco tiempo al sol. Ambas cosas favorecen el déficit vitamínico y
aumentan el riesgo de desmineralización ósea.
Absorción de sustancias: gracias a esta función, podemos utilizar la
piel como vía de administración de fármacos.
Cosmética y estética: nuestra apariencia es lo que primero perciben
los demás. Nos esforzamos por mantener nuestro cuerpo limpio y
atractivo, aspecto en el que la piel desarrolla un papel fundamental.
Identificación personal: las huellas dactilares, también llamadas
dermatoglifos, son nuestro sello de identificación más personal y se
encuentran en la piel.
La piel del anciano.
Los cambios de la piel como consecuencia del envejecimiento.
Con el envejecimiento se producen cambios en la piel que no sólo se
deben al deterioro natural de nuestras estructuras, sino también a las
agresiones externas que nuestra piel recibe por ser barrera frente al
exterior.
Los cambios más importantes que se producen en la piel como
consecuencia del paso del tiempo afectan a la estructura de la misma
de distinto modo.
Cambios en la epidermis.
Como consecuencia del envejecimiento, en la epidermis se producen
los siguientes cambios:
Atrofia generalizada con adelgazamiento del área epidérmica.
El número de melanocitos disminuye en un 10 – 20 % con cada
década de la vida, aunque hay zonas de melanización intensa (léntigo
senil) que se concentran fundamentalmente en zonas descubiertas.
De todo esto se deduce que la función fotoprotectora de la piel está
disminuida y que hay que extremar las precauciones ante la
exposición a radiación ultravioleta.
(El léntigo senil son las manchas que aparecen en cara, manos y
antebrazos de los ancianos y que tienen el aspecto de pecas).
Las células de Langerhans disminuyen en un 50 % con la edad
madura. Como su función era inmune, esto podría explicar el
aumento de tumores cutáneos con el avance de la edad.
Cambios en la dermis.
A consecuencia del envejecimiento, se produce una atrofia intensa en
la dermis que da la apariencia de piel fina que tienen los ancianos.
Una persona de 80 años tiene reducido el grosor de su dermis en,
aproximadamente, un 80%. De ahí la mayor fragilidad, que se
traduce en pérdida de elasticidad (aparición de arrugas) y en mayor
facilidad para la producción de los hematomas (púrpura senil).
Cambios en la hipodermis.
Debido al proceso de envejecimiento, se produce atrofia del tejido
graso de cara, manos y plantas de los pies, el cual se acompaña de
una hipertrofia o aumento del tamaño del tejido graso de abdomen y
muslos. La grasa corporal total aumenta proporcionalmente con la
edad.
Cambios en los anejos cutáneos.
Los cambios fundamentales que se producen en los anejos cutáneos
como consecuencia del envejecimiento son:
Gradualmente, se produce una pérdida del número y densidad de
folículos pilosos en el cuero cabelludo, así como una disminución de
los melanocitos activos. Estos cambios se traducen como muestras
visibles de senectud: pérdida de cabello y encanecimiento.
Las glándulas sebáceas aumentan de tamaño pero disminuye la
producción de sebo debido, fundamentalmente, a los cambios
hormonales como consecuencia del envejecimiento.
Las glándulas sudoríparas también producen menos cantidad de
sudor. Esta producción disminuida de ambos tipos de glándulas
contribuye a la sequedad cutánea, alteración en la termorregulación y
aparición de comedones, que son puntos negros producidos por el
cúmulo de queratina y sebo en el orificio de salida de un folículo
piloso.
En las uñas disminuye el grosor y el tamaño de la lúnula, crecen más
lentamente y se agrietan y fisuran con facilidad. En algunos casos, se
engrosan anormalmente (hiperqueratosis), sobre todo en los pies.
Cambios en la vascularización e inervación.
Existe menor vascularización por pérdida de asas capilares y
disminución en la comunicación de ambos plexos. Los vasos
presentes se adelgazan y se vuelven más frágiles. De ahí se deriva la
facilidad en la aparición de hematomas y las alteraciones en la
termorregulación.
También se aprecia una disminución en el número de terminaciones
especializadas o corpúsculos con el proceso involutivo. Las
terminaciones libres apenas varían en número.
Conclusiones.
De todo ello, podemos extraer las siguientes conclusiones en relación
a la piel del anciano:
Es más frágil y vulnerable, especialmente, a la radiación ultravioleta,
por pérdida de melanocitos, y a los cambios de temperatura por
disminución del plexo vascular.
Es más sensible a los traumatismos por pérdida de la red fibro-
elástica de sostén.
Presenta una cicatrización enlentecida y tendencia a la formación de
ampollas debido a un desorden en su arquitectura interna.
- Vesícula: elevación de pequeño tamaño de contenido líquido.
- Pústula: vesícula de contenido purulento.
- Ampolla: también se conoce con el nombre de flictena. Es una
elevación de contenido líquido de tamaño superior a 5 mm.
- Placa: elevación en meseta de más de 1 cm. de diámetro.
- Quiste: lesión redondeada de consistencia elástica.
- Equimosis: coloración rojo - azulada que aparece tras la agresión
mecánica y evoluciona a un color amarillo - verdoso. Se produce por
extravasación sanguínea.
- Hematoma: abultamiento de varios centímetros que implica
extravasación de sangre mayor que la equimosis.
- Costra: se forma por la evolución de otras lesiones anteriores; Ej.:
vesículas, pústulas,...
- Fisura: solución de continuidad en la piel de aspecto lineal.
- Úlcera: pérdida de sustancia que afecta a la epidermis y a la dermis
pero que puede seguir avanzando hasta capas más profundas.
Patologías dérmicas más frecuentes en ancianos.
El anciano presenta con frecuencia ciertos cuadros clínicos
dermatológicos que, en la mayoría de los casos, tienen una etiología
relacionada con el envejecimiento. Los más comunes son:
Prurito.
El prurito es un síntoma que consiste en picor y provoca la necesidad
urgente de rascarse.
La primera causa de prurito cutáneo es la sequedad de la piel, pero
también puede ser síntoma centinela de enfermedades sistémicas
que hay que descartar.
Infecciones bacterianas.
Las más frecuentes son:
Foliculitis y forúnculos de uno o más folículos pilosos. Aparecen como
nódulos alrededor del folículo piloso y luego evoluciona a pústula y
costra.
Impétigo: infección cutánea por bacterias. Comienza por un eritema
que evoluciona a vesícula, pústula y costra. Adopta forma
redondeada en relación con los orificios naturales.
Infecciones víricas.
Herpes simple: comienza como una zona eritematosa con aparición
de vesículas en pequeños grupos. Muy frecuente en los labios.
Herpes zoster: entidad bastante frecuente en el anciano. Se produce
por una reactivación del virus de la varicela en situaciones de déficit
inmunitario. La lesión es similar a la del herpes simple, pero es más
dolorosa, y se extiende a lo largo del recorrido de un nervio.
Infecciones por hongos.
Candidiasis mucocutánea: es la infección de la piel o mucosas
producida por el hongo
Cándida Albicans. Se ve favorecido su crecimiento por la existencia
de humedad en la zona. Es muy frecuente la afectación de los
pliegues submamarios y genitales que se conoce con el nombre de
intertrigo.
Infecciones por parásitos.
Sarna: enfermedad contagiosa producida por el parásito Sarcoptes
Scabiei y caracterizada por intenso prurito y erosiones en la piel
debido al rascado.
Pediculosis: infestación por piojos en cuero cabelludo, párpados,
pestañas o vello púbico.
Tumores cutáneos.
Benignos:
Verruga: lesión cutánea de origen vírico con superficie rugosa y
papilomatosa.
Angioma: tumor benigno constituido por vasos sanguíneos
(hemangioma) o vasos linfáticos (linfagioma). La mayoría son
congénitos.
Nevus o lunares: son pápulas o máculas hiperpigmentadas por
cúmulo de melanocitos.
Malignos:
Melanoma: neoplasia maligna de la piel constituida por melanocitos.
La mayoría se desarrollan sobre nevus pigmentados. Cualquier
mancha negra o marrón de borde irregular que haya presentado
cambios de tamaño, forma o consistencia se debe biopsiar
Epitelioma basocelular: es el más común de todos los tumores
cutáneos malignos.
Son muy raras las metástasis.
Epitelioma espinocelular: presenta una base infiltrada y superficie
hiperquerátósica. Se localiza en áreas expuestas al sol. Es
responsable de metástasis a distancia.
Procesos clínicos más frecuentes en el pelo del anciano.
Alopecia: caída del cabello que suele ser gradual, difusa o en placas.
Está relacionada con la edad, pero también algunos tratamientos y
afecciones pueden precipitarla.
Hipertricosis: aumento del número de pelos de forma difusa o
localizada.
Procesos clínicos más frecuentes en la uña del anciano.
Onicomicosis: infección micótica (por hongos) de la uña.
Onicolisis: fragilidad en las uñas.
Onicogrifosis: endurecimiento y engrosamiento de las uñas,
fundamentalmente las del pie, que hace muy difícil incluso su corte.
Otros.
Psoriasis: es una enfermedad hereditaria, crónica y frecuente. Se
caracteriza por placas rojas circunscritas cubiertas de escamas
gruesas que se forman por un crecimiento excesivo de células
epiteliales. Las localizaciones más frecuentes son las prominencias
óseas y superficies de extensión, cuero cabelludo y orejas. Se puede
acompañar de afectación articular.
Eccema: reacción inflamatoria de la piel a diferentes irritantes cuando
se produce contacto con ellos. Comienza con eritema y prurito y
evoluciona con vesículas y descamación.
La higiene integral.
Conceptos.
Entendemos por higiene aquellos procedimientos empleados en la
prevención y conservación de la salud. Incluye, por tanto, todos los
hábitos saludables de vida, como dieta, posturas corporales, ejercicio,
aseo, etc.
Por otra parte, la higiene integral serán todos aquellos
procedimientos de prevención y conservación de la salud referidos a
la totalidad de la persona.
En condiciones de salud, la persona es capaz de realizar por sí misma
y de forma privada las tareas encaminadas a mantener una adecuada
higiene. Sin embargo, en situaciones de enfermedad necesitará en
muchas ocasiones la ayuda de familiares y del equipo sanitario para
llevarlas a cabo.
El personal auxiliar es el encargado de satisfacer la necesidad
de higiene, planificando, evaluando y realizando cuidados
encaminados al logro de la higiene integral. Además,
respetará en todo momento la dignidad del paciente
humanizando su tarea.
Entendemos como aseo aquellas medidas higiénicas empleadas para
conservar limpios y en buen estado piel y anejos. El aseo persigue:
Eliminar de la piel el exceso de grasa, sudor y suciedad.
Evitar el sobrecrecimiento bacteriano que favorece la infección.
Eliminar las células muertas que hay en la superficie cutánea por
descamación continua.
Provocar sensación de confort y bienestar y ayudar al descanso.
Estimular la circulación sanguínea.
Mantener la piel en buenas condiciones para que pueda realizar
correctamente sus funciones.
El aseo en pacientes geriátricos.
Normas generales de aseo al paciente geriátrico.
De modo general, a la hora de realizar las tareas de aseo al paciente
geriátrico se atenderá a las siguientes normas:
Se realizará preferiblemente entre dos personas para favorecer la
movilización del paciente.
Se hará tantas veces como sea necesario y, al menos, una vez al día.
Siempre se explicará al enfermo lo que se va a hacer. Se procurará
un ambiente íntimo y respetuoso y, si hay familiares en la habitación,
se les invitará a salir; si existen más pacientes, se aislarán con un
biombo.
Se pedirá colaboración al paciente para fomentar su autoestima e
independencia.
Se mantendrá la temperatura ambiente entre 22 y 24ºC; y la del
agua, a 37ºC aproximadamente.
Se cerrarán puertas y ventanas para evitar corrientes de aire.
Se utilizarán jabones no irritantes.
Se aprovechará el momento del aseo para masajear la piel y así
favorecer la circulación sanguínea.
Se seguirá un orden de lavado de cada una de las partes del cuerpo.
Se prestará especial cuidado a las vías y sondajes si el paciente los
tuviere, evitando tracciones bruscas y desconexiones.
Aseo del paciente geriátrico en ducha o bañera.
Este tipo de aseo se lleva a cabo cuando el paciente puede levantarse
de la cama.
Material necesario.
- Equipo para el lavado: jabón líquido no irritante, manopla, peine,
cepillo dental y vaso. Se puede utilizar también un poco de colonia
siempre que ésta sea suave (con poco contenido en alcohol) y se
tenga la precaución de no verterla en mucosas, heridas o sitios
próximos a catéteres.
- Toalla para el cuerpo y toalla para la cara.
- Ropa del paciente: camisón o pijama, zapatillas y bata.
- Bolsa para la ropa sucia.
Procedimiento en bañera.
- Explicar al paciente la necesidad del baño.
- Lavarnos las manos.
- Llenar la bañera con agua caliente (alrededor de 36ºC)
comprobando la temperatura con un termómetro de agua.
- Ayudar al paciente a desvestirse y a entrar en la bañera. En caso de
que tenga dificultad para ello, existen grúas que facilitan esta tarea.
- El suelo de la bañera debe estar provisto de alfombra antideslizante.
- Ayudar al paciente en su aseo y observar el estado de la piel.
- Finalizado el baño, que durará aproximadamente unos 10-12
minutos, ayudar al enfermo a secarse, teniendo especial cuidado en
mantener seca la zona de pliegues cutáneos (submamario,
genital,...).
- A los pies de la bañera deberá haber otra alfombra que evite
resbalones y caídas.
- Ayudar al paciente a vestirse y acomodarle de nuevo en la
habitación.
- Recoger el baño guardando la ropa sucia en la bolsa.
Procedimiento en la ducha.
- Preparar el equipo necesario.
- Explicar al paciente la necesidad de ir a la ducha y el procedimiento
a realizar.
- Ayudar al paciente con las tareas de aseo que supongan dificultad:
lavado de cabeza, espalda,...
- La ducha debe estar provista de una barandilla que sirva de
sujeción por si resbala.
Algunas incluyen un asiento de ducha que permite el descanso del
paciente durante las tareas de aseo.
- Ayudar al paciente a vestirse y ponerse cómodo.
- Recoger el equipo y la ropa sucia y acompañar al asistido a su
habitación.
En ambos procedimientos, se anotará en un registro de
observaciones cualquier anomalía que se haya encontrado y se le
comentará al DUE.
Aseo del paciente geriátrico encamado.
El aseo del paciente se producirá en la cama cuando, por su
enfermedad y situación general, éste no pueda o no deba moverse.
Debe hacerse entre dos personas para facilitar las movilizaciones y
disminuir el tiempo empleado.
Material necesario.
- Equipo para el aseo: jabón líquido, manopla o esponja jabonosa de
un solo uso, dos palanganas con agua caliente, peine, tijera, cepillo
dental, dentífrico, colonia, loción o crema para el masaje.
- Ropa de baño: dos toallas grandes y una pequeña.
- Ropa del paciente.
- Ropa limpia de cama: bajera, entremetida, encimera, colcha y
funda de almohada.
- Bolsa de plástico para guardar la ropa sucia.
- Guantes desechables.
Procedimiento.
- Informar al paciente de la necesidad de higiene y del procedimiento
que vamos a realizar.
- Preparar el material.
- Lavarnos las manos y ponernos los guantes.
- Asegurarnos de que existe suficiente intimidad para el enfermo. Si
es necesario, colocar un biombo.
- Mantener cerradas puertas y ventanas para evitar que haya
corriente.
- Ofrecer la cuña al paciente antes de empezar.
- Desvestir al enfermo y cubrirlo con la sábana superior. Sólo se
quedará al descubierto la zona del cuerpo a lavar.
- Durante el aseo, se cambiará el agua tantas veces como sea
necesario.
- Si se realiza entre dos personas, una enjabona y aclara y la otra
seca.
- Realizar en primer lugar el afeitado.
- Lavar en primer lugar cara, cuello y hombros.
- Continuar con los miembros superiores comenzando desde la axila
hasta los dedos.
- El tórax se lava a continuación con movimientos circulares. Secar
cuidadosamente haciendo hincapié en los pliegues submamarios de la
mujer.
- El abdomen se lava siguiendo el mismo procedimiento que con el
tórax.
- Los miembros inferiores se limpian en sentido descendente desde la
ingle hasta los pies.
- Colocar al paciente sobre su lado para lavar la espalda desde la
nuca a los glúteos. Se debe observar meticulosamente la piel en esta
zona por el riesgo de aparición de úlceras por presión; así, cualquier
cambio percibido se debe comunicar al DUE. Se puede aprovechar
para dar un pequeño masaje con loción hidratante y así reactivar la
circulación.
- La zona perineal - genital es la última en lavarse. Se utilizará agua
limpia en otra palangana. Colocar al paciente boca arriba (decúbito
supino) y poner la cuña bajo su pelvis. Hacer resbalar el agua desde
el pubis hacia el ano. En la mujer, limpiar bien los labios mayores y
menores separándolos para lavar la vulva y el ano. En el hombre,
limpiar primero el escroto y pliegues inguinales; luego retraer el
prepucio para limpiar el glande. Finalmente se limpiará el ano.
- Tras finalizar el baño, vestir al paciente. Si tuviera perfusión
intravenosa, primero se introduce el bote de suero y el brazo
correspondiente y luego el otro brazo.
- Colaborar en el aseo de la boca y el cabello.
- Cambiar la ropa de cama.
- Recoger el material y guardar la ropa en una bolsa de sucio.
- Ordenar la habitación.
- Lavarnos las manos.
- En un registro de observaciones anotar cualquier anomalía
encontrada y notificarla al DUE.
Para la realización del aseo al paciente se seguirá el siguiente
orden:
1. Afeitado.
2. Ojos.
3. Cara y orejas.
4. Cuello y hombros.
5. Brazos, manos y axilas.
6. Tórax y mamas.
7. Abdomen.
8. Piernas y pies.
9. Espalda y nalgas.
10. Región genital.
Cuidados de la boca del paciente geriátrico.
Los cuidados de la boca son fundamentales para mantener un buen
estado de salud y bienestar.
La cavidad bucal es un lugar donde habitan gran cantidad de
microorganismos que tienden a proliferar si las condiciones de higiene
no son óptimas, dañando las encías, dientes y mucosa.
Como en casos anteriores, si encontráramos cualquier anomalía
mientras realizamos el procedimiento para la higiene bucal, la
anotaremos en un registro de observaciones y la notificaremos al
DUE.
La higiene bucal se debe fomentar cada vez que el paciente
haga una comida. Si está inconsciente se efectuará cada vez
que se realice la higiene corporal.
Paciente geriátrico consciente.
Material necesario
- Riñonera o batea.
- Cepillo dental.
- Dentífrico.
- Vaso de agua.
- Toalla.
Procedimiento
El mismo paciente podrá realizar su higiene bucal. El personal auxiliar
debe observar que la técnica sea adecuada; de no ser así, le instruirá
sobre cómo hacerlo correctamente:
- El cepillo debe barrer en sentido vertical, desde la encía hasta la
corona.
- Debe limpiarse la cara externa, interna, superior e inferior de los
dientes y muelas, así como la superficie de la lengua.
Paciente geriátrico con prótesis dental.
Material necesario
- Riñonera o batea.
- Toalla.
- Gasas.
- Guantes desechables.
- Cepillo dental.
- Dentífrico.
Procedimiento
- Lavarnos las manos y colocarnos los guantes.
- Extender la toalla sobre el pecho del paciente.
- Quitar la prótesis y dejarla en la riñonera protegida con una gasa.
- En un lavabo cepillar la prótesis con el cepillo dental y dentífrico.
- Aclarar con agua fría.
- Ofrecer un vaso de agua al paciente para que se enjuague la boca y
colocarle la prótesis.
- Si no se va a utilizar la dentadura, dejarla en un vaso junto a la
cama.
- Recoger el material.
Paciente geriátrico inconsciente.
La higiene bucal se realiza con más frecuencia cuando se trata de
pacientes comatosos o con ventilación mecánica.
Material necesario
- Riñonera.
- Toalla.
- Depresor de la lengua.
- Torunda de gasa.
- Pinza de Kocher.
- Antiséptico bucal.
- Guantes.
Procedimiento
- Lavarnos las manos y colocarnos los guantes.
- Colocar la cabeza del paciente hacia el lado en que se encuentra en
auxiliar.
Extender la toalla bajo la cara del paciente y situar la riñonera bajo el
mentón.
- Preparar una torunda con unas gasas o y unas pinzas o depresor.
Impregnar la torunda en un antiséptico bucal y limpiar con ella todas
las zonas de la cavidad bucal: interior de las mejillas, paladar,
lengua, encías, dientes y labios. Cambiar la torunda para cada zona.
- Aplicar vaselina en los labios para evitar que se agrieten.
- Recoger el equipo.
- Lavarnos las manos.
Lavado del cabello del paciente geriátrico.
El lavado del cabello es necesario para completar los cuidados de la
higiene personal. Si el paciente puede levantarse, se realizará
durante el baño o la ducha. Si esto no ocurre, lo lavaremos en la
cama.
Lavado del cabello del paciente geriátrico en la cama.
Material necesario
- Champú.
- Palangana grande.
- Dos toallas.
- Hule o plástico.
- Silla.
- Jarra de agua caliente.
- Peine.
- Algodón.
- Guantes.
- Secador.
Procedimiento
- Preparar el material necesario y explicar al paciente la necesidad del
aseo del cabello y la técnica a realizar.
- Poner la cama en posición horizontal.
- Colocar la cabeza del paciente sobre la orilla de la cama, sin
almohada, y enrollar alrededor de su cuello el hule de plástico
sujetándolo con una toalla.
- El otro extremo del hule terminará en el cubo o palangana; de esta
forma, se ha creado un canal por donde va a circular el agua desde la
cabeza del paciente hasta la palangana.
- Cubrir el cuerpo del paciente con una sábana.
- Tapar sus oídos con algodón para evitar que entre agua en ellos.
- Mojar el pelo y aplicar champú. Masajear el cuero cabelludo con las
yemas de los dedos extendiendo el champú.
- Aclarar bien y repetir la misma operación para efectuar un segundo
lavado.
- Secar con la toalla y retirar el equipo.
- Desenredar el cabello y secarlo con el secador.
- Comprobar que no se ha mojado la ropa del paciente durante el
lavado y acomodarlo de nuevo en la cama.
- Recoger todos los utensilios.
- Cualquier anomalía encontrada la anotaremos en un registro de
observaciones y la comentaremos al DUE.
Colocación de la cuña y la botella.
Es un procedimiento muy frecuente en los hospitales, ya que permite
la micción y defecación en la propia cama cuando el paciente, por
motivo de su enfermedad, no puede o no debe levantarse.
Se realiza entre uno o dos auxiliares de enfermería, dependiendo del
grado de movilidad del paciente.
Como para el resto de las técnicas anteriormente explicadas, debe
procurarse siempre mantener un ambiente de respeto y de intimidad
para el enfermo.
La cuña es un orinal plano que se usa para la defecación, tanto del
hombre como de la mujer, y para la micción de la mujer. La botella
se usa para la micción del hombre.
Material necesario.
- Cuña o botella.
- Guantes desechables.
- Papel higiénico.
- Biombo.
- Ropa para cambiar la cama si fuese necesario.
Procedimiento de colocación de la cuña.
Si el paciente colabora:
- Aislar al paciente con un biombo.
- Lavarnos las manos y colocarnos los guantes.
- Explicar al paciente la técnica a emplear y solicitar su colaboración.
- Pedir al paciente que, apoyando los talones en la cama, levante las
caderas; entonces, introducir la cuña con el mango hacia los pies y la
parte plana debajo del cóccix.
Si el paciente no colabora
- La tarea la realizarán dos auxiliares de enfermería.
- Entre los dos levantan la pelvis del paciente para poder introducir la
cuña; o bien, se gira al paciente hacia un lado, se coloca la cuña
sobre la cama a la altura correcta y, a continuación, se vuelve al
paciente sobre ella.
Una vez la cuña colocada, realizar las siguientes actuaciones:
- Tapar al enfermo y esperar a que termine la evacuación.
- Limpiar con papel higiénico el área genital.
- Observar las excretas.
- Vaciar la cuña en el retrete y limpiarla.
- Lavarnos las manos.
- Anotar en un registro de observaciones cualquier anomalía y
comunicarla al DUE.
Procedimiento de colocación de la botella.
- Preparar el material y aislar al paciente con un biombo.
- Lavarnos las manos y colocarnos los guantes.
- Si el paciente puede, se colocará él la botella; si no es así, el
auxiliar introducirá el pene en la botella.
- Tapar al paciente con la sábana.
- Una vez que el paciente haya finalizado la micción, ofrecerle papel
higiénico para que se limpie; o bien, limpiarlo.
- Observar la orina.
- Si se estaba midiendo la diuresis, anotar la cantidad de orina en una
gráfica.
- Vaciar la botella en el retrete y limpiarla. Ésta debe limpiarse
meticulosamente y desinfectarse con lejía para evitar la transmisión
de enfermedades. Además, es importante que cada paciente tenga su
propia botella.
- Lavarnos las manos.
- Anotar en un registro de observaciones cualquier anomalía y, en
caso de haberla, comunicarla al DUE.
REPASANDO
1. Enumera cuatro funciones de la piel y detalla los cambios
que el envejecimiento tiene sobre ellas.
- Protección frente a radiaciones ultravioleta.
- Protección frente al ataque de microorganismos.
- Protección frente a agresiones externas.
- Termorregulación.
Con el envejecimiento:
- Disminución del número de melanocitos y las células de
Langerhans. Se ve afectada la función de protección frente a
radiación y microorganismos.
- Atrofia de las tres capas de la piel y pérdida de la arquitectura
interna. Se enlentece la cicatrización, hay tendencia a formación de
ampollas y, por la fragilidad capilar, se producen hematomas con
mucha facilidad.
- Disminución de los plexos vasculares. Ello conlleva deficiente
termorregulación que dificultará la adaptación a los cambios de
temperatura.
2. Señala brevemente la finalidad del aseo.
- Eliminar de la piel el exceso de grasa, sudor y suciedad.
- Evitar el sobrecrecimiento bacteriano que favorece la infección.
- Eliminar las células muertas de la superficie cutánea.
- Estimular la circulación sanguínea.
- Ayudar al descanso aportando sensación de confort y bienestar.
3. Describe brevemente las normas generales para la
realización del aseo.
- Se realizará preferiblemente entre dos personas para favorecer la
movilización del paciente.
- Se hará tantas veces como sea necesario y, al menos, una vez al
día.
- Siempre se explicará al paciente lo que vamos a hacer. Se
procurará un ambiente íntimo y respetuoso y, si hay familiares en la
habitación, se les invitará a salir; si existen más pacientes, se
aislarán con un biombo.
- Se pedirá colaboración al paciente para fomentar su autoestima e
independencia.
- Se mantendrá la temperatura ambiente entre 22 y 24ºC; y la del
agua, aproximadamente, a 37ºC.
- Se cerrarán puertas y ventanas para evitar corrientes de aire.
- Se utilizarán jabones no irritantes.
- Se aprovechará el momento del aseo para masajear la piel y así
favorecer la circulación sanguínea.
- Se seguirá un orden de lavado de cada una de las partes del
cuerpo.
- Se prestará especial cuidado a las vías y sondajes si el paciente los
tuviere, evitando tracciones bruscas y desconexiones.
4. El aseo en el baño y ducha se realiza cuando el paciente
puede levantarse y colabora en la tarea. ¿Significa esto que no
hay que tomar ninguna precaución especial?
No. Deberemos vigilarlo en todo momento y asistirlo en las tareas
que sea preciso.
Tomaremos precauciones especiales para evitar que caiga al resbalar
con la superficie húmeda.
5. Enumera el orden a seguir en el baño del paciente
encamado.
- Ojos.
- Cara y orejas.
- Cuello y hombros.
- Brazos, manos, axilas.
- Tórax
- Abdomen.
- Piernas y pies.
- Espalda y nalgas.
- Región genital.
6. A un enfermo inconsciente que no está comiendo, ¿hemos
de limpiarle la boca a diario?
En el paciente inconsciente los cuidados de la boca deben hacerse con
más frecuencia. Como mínimo, cada vez que se proceda al aseo
general se deberá limpiar la cavidad bucal, aunque es aconsejable
hacerlo más a menudo por el riesgo de infección que presenta.