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Uso Igualitario del Lenguaje Administrativo

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CURSO: EL USO

IGUALITARIO DEL
LENGUAJE
ADMINISTRATIVO
2.1. El lenguaje como base y órgano del pensamiento.
2.2. El lenguaje como medio de comunicación y producto social.
2.3. El género gramatical frente al género humano.
2.4. El uso androcentrista del lenguaje.
2.5. La transmisión de los prejuicios sexistas a través del lenguaje.
2.6. Discriminaciones semánticas y léxicas.
2.7. La asimetría en el uso de los nombres, apellidos y tratamientos.
2.8. Titulaciones y profesiones en masculino y en femenino.
2.9. El uso sexista del lenguaje administrativo.
2.10. Recomendaciones y alternativas al lenguaje sexista en la
administración pública.
22..11.. EEll lle
enng
guua
ajje
ecco
ommo
obba
asse
e yy ó
órrg
gaanno
odde
ell p
peennssa
ammiie
enntto
o..

E l lenguaje es algo tan familiar para las personas, que, tal vez por ello,
no se detienen a reflexionar sobre la importancia del mismo. Este
apartado trata de exponer su carácter social y su labor como elemento
vertebrador del pensamiento humano, estos dos axiomas influyen de un
modo notable en la de vida de las personas y, en consecuencia, en el
tipo de sociedad que éstas conforman.

El lenguaje juega un papel vital en la organización


de formas complejas de actividad mental.
Alexandra Luna

Como versa la frase anterior, nuestra actividad normal está


condicionada por el modo en el cual organizamos nuestro pensamiento
para afrontar las distintas situaciones que la vida nos propone, y un
elemento regulador, condicionante de esa planificación es el lenguaje,
el cual va a asegurar dos funciones básicas en el ser humano: la de
comunicar y la de representar, pero al hacerlo va a provocar directa o
indirectamente una regulación tanto de la conducta individual como
de la social. Estas funciones no aparecen aisladas, sino de una manera
interrelacionada en todas las actividades lingüísticas que desarrolla la
persona desde su nacimiento, de ahí que la enseñanza/aprendizaje de
esta área de conocimiento deba contemplar las diversas facetas
expresadas. El lenguaje se convierte así en parte esencial y fundamental
del funcionamiento de la vida humana.
22..22.. EEll lle
enngguuaajje
ecco
ommo
omme
eddiio
odde
ecco
ommuunniic
caac
ciió
ónn yy p
prro
odduuc
ctto
o
sso
oc ciia
all..

E l lenguaje es un producto social que acumula y expresa la


experiencia de las comunidades concretas. La lengua,
socialmente construida, influye en la forma en que una sociedad se
percibe a sí misma y a sus integrantes.
La palabra escrita y los medios de comunicación amplían la
influencia del lenguaje cuyo alcance no se limita ya a la relación
cara a cara, cotidiana, de las personas. Los libros, las revistas, la radio
y la televisión transmiten una serie de creencias, valores y actitudes
que configuran nuestras concepciones del mundo y nuestra
percepción de la realidad. Decir dama a las profesionales, madres a
las mujeres, en el primer caso subordina las profesionales al hecho de
ser mujer, y en el segundo, reduce a la mujer a una única dimensión
de madre.
A través de las palabras, los mitos y las narraciones se va moldeando
la subjetividad individual y colectiva en una sociedad. Cuentos
como el de la cenicienta, por ejemplo, estimulan la sumisión y
entrega de las mujeres, mientras que el gato con botas desarrolla el
espíritu aventurero y audaz de los hombres. A lo largo de la historia es
más común encontrar la palabra "bruja" referente a un personaje
femenino que la palabra "sabia", aunque en ambos casos estamos
hablando de alguien que tiene acceso a conocimientos poco
comunes. En el primer caso la connotación es negativa y en el
segundo positiva, es evidente que en la imaginación de las
generaciones de niños y niñas que han escuchado esos relatos se
perfila "sabio" como un hombre bueno y "bruja" como mujer mala.

Podemos decir entonces, en palabras de Mercedes Bengoechea,


que "todo cambio lingüístico tiene su origen en transformaciones
sociales y éstas, a su vez, se ven reforzadas y alentadas por los
cambios en la lengua". Esto quiere decir que en la medida en que las
mujeres se han incorporado decididamente a todos los espacios de
la vida social, política y económica han surgido nuevas palabras
destinadas a nombrar esa nueva realidad como por ejemplo
"Embajadora" ya no quiere decir "esposa del embajador" sino "una
representante de su país en otro". Esto es algo que comprendió la
UNESCO cuando promovió la feminización de todas las profesiones y
consideró correcto decir "abogada" "ingeniera" y otras.
22..33.. EEll g
géénne
erro
oggrra
amma
attiic
caall ffrre
enntte
eaall g
géénne
erro
o hhuum
maanno
o..

A ctualmente, en algunos ámbitos, se utiliza la palabra género


para referirse a los rasgos culturales relacionados
tradicionalmente con el sexo. Sin embargo, desde el punto de vista
lingüístico conviene aclarar la distinción entre género gramatical y
sexo.

Quizás la confusión haya estado favorecida por el concepto que del


género se ha tenido durante muchos años. Nuestra tradición
gramatical estableció una estrecha relación entre género y sexo. Así,
la Gramática de la Real Academia Española, todavía en su edición
de 1931, define el género como “[…] el accidente gramatical que
sirve para indicar el sexo de las personas y de los animales y el que
se atribuye a las cosas, o bien para indicar que no se atribuye
ninguno”. Esta es la definición que, con pequeñas variaciones en
cuanto a su contenido, se ha recogido durante muchos años en las
gramáticas y en los manuales para la enseñanza de nuestra lengua.

Es evidente lo inapropiado de esta definición en la que parece


identificarse el género gramatical con el sexo natural. A partir de
aquí no es extraño que se haya creado la confusión a la hora de
delimitar ambos conceptos. Todos los sustantivos de la lengua
española poseen género gramatical, y no todos los sustantivos
aluden a machos o a hembras. Así, las palabras mesa, lámpara o
casa tienen género femenino, mientras que cielo, libro o rascacielos
son de género masculino, pero obviamente ni unas ni otras designan
a realidades sexuadas.

Por tanto, el género puede aludir a aspectos de la realidad que no


siempre tienen que ver con la diversidad sexual. La caracterización
más general del género en nuestra lengua es la que se basa en el
punto de vista gramatical. Esto es, en la actualidad, la Academia y la
mayoría de los lingüistas han prescindido de la referencia al aspecto
sexual y han utilizado un criterio estrictamente gramatical; de esta
forma, consideran que el género es una categoría sintáctica que
responde a circunstancias de la lengua; es un hecho gramatical
inherente a la palabra que clasifica los nombres en masculinos y
femeninos, lo que permite establecer la concordancia con los demás
elementos de la oración. Como tal categoría, no se asocia a ningún
tipo de realidad extralingüística.

El género es una categoría gramatical que permite clasificar los


nombres en masculinos y femeninos, y que en castellano siempre se
asocia con la referencia extralingüística al sexo natural.
22..44.. EEll uusso
oaannd
drro
occe
ennttrriisstta
adde
ell lle
enng
guua
ajje
e..

E n muchas ocasiones el discurso está construido como si


únicamente existiera un sujeto. El masculino, y las mujeres sólo
existieran por su relación con él. Es necesario evitar que se
nombre a las mujeres como dependientes, complementarias,
subalternas o propiedad de los hombres.

SE PUEDE EVITAR DE ESTA MANERA

۞ Los nómadas se ۞ Los grupos nómadas


trasladaban con sus se trasladaban con sus
enseres, mujeres, enseres de un lugar a
ancianos y niños de un otro.
lugar a otro. ۞ Se organizan
۞ Se organizan actividades culturales
actividades culturales para las personas que
para las esposas de las acompañan a las y los
congresistas. congresistas.
۞ A las mujeres les ۞ Las mujeres
concedieron el voto conquistaron el derecho
después de la primera al voto después de la
guerra mundial primera guerra mundial
22..55.. LLaa ttrra
annssmmiissiió
ónn d
dee llo
oss p
prre
ejjuuiic
ciio
oss sse
exxiisstta
ass a
a ttrra
avvé
éss d
deell
lle
enng
guua ajje
e..

E l lenguaje registra una forma de representar el mundo, de


acuerdo con la historia social de cada pueblo, y lo transmite de
una generación a otra por medio de conceptos y reglas
gramaticales.

LA IMAGEN DE LA MUJER Y EL HOMBRE A TRAVÉS DEL


VOCABULARIO.

A través del vocabulario la cultura preserva el arquetipo del varón y


de la mujer que ha prevalecido a lo largo de la historia y son estos
estereotipos sexistas los que las niñas y niños asimilan
inconscientemente, a medida que se van afianzando en el lenguaje.

A continuación presentaremos algunos ejemplos de definiciones y


expresiones que actúan discriminando a la mujer:

SEXO DEBIL: Las mujeres.

FEMENINO, FEMENINA: Débil, endeble.

AFEMINAR: Hacer perder a uno la energía varonil.

FACIL: Que se puede hacer sin mucho trabajo. Aplicado a


la mujer, frágil, liviana.

SEXO FUERTE: Los hombres.

VARONIL: Esforzado, valeroso, firme.

HOMBRADA: Esforzado, valeroso, firme.

Otro ejemplo de clara discriminación hacia la mujer es la existencia


de expresiones que, siendo idénticas de forma, adoptan significados
diferentes según se empleen en masculino o en femenino. En todos
los casos la diferencia va en contra de las mujeres, en el sentido de
insultarla, menospreciarla o rebajar su importancia:

HOMBRE PÚBLICO: El que interviene públicamente en los


negocios o en la política.

MUJER PÚBLICA: Ramera.

En castellano no existe una expresión para referirse a una mujer que


interviene públicamente. Lo mismo ocurre con otros vocablos:

HOMBRE DE MUNDO: El que por su trato con toda clase de


gentes y por su experiencia y práctica de negocios merece
esta calificación.

MUJER MUNDANA: Prostituta.

GOBERNANTE: Que gobierna.

GOBERNANTA: Mujer que en los hoteles tiene a su cargo el servicio (la limpieza) de
un piso.

PROJIMO: Cualquier hombre respecto al otro, considerados


bajo el concepto de los oficios de la caridad y benevolencia
que todos recíprocamente nos debemos.

PRINCIPIANTE: Que empieza a estudiar, aprender o ejercer un oficio, arte,


facultad o profesión.

PRINCIPIANTE: Aprendiza de cualquier arte u oficio.

La existencia de este tipo de palabras, su correspondiente significado


y el vacío léxico en torno a otros conceptos actúan determinando las
actitudes de las niñas y niños hacia la identidad femenina. Los
mecanismos por los que se lleva a cabo esta influencia son muy
complejos: hay que tener en cuenta que en la palabra convergen
las aportaciones de la experiencia individual y las de la colectividad
que se transmiten, en forma de contenidos, en la escuela.
Si la cultura heredada es sexista, las palabras (su significado)
tenderán a transmitir el sexismo, forjando una asociación de ideas
entre los términos y el sexo con el que se identifica.

Por ejemplo, las palabras "labrar" y "labor", nos están transmitiendo "la
existencia de actividades específicas de mujeres".

LABRAR: Trabajar, oficio. Cultivar la tierra. Coser, bordar o hacer


otras labores mujeriles.

LABOR: Acción de trabajar y resultado de esta acción. Obra de


coser, bordar, etc., en que se ocupan las mujeres.

Esta información repetida incansablemente y nunca objetivada nos


hará aceptar inconscientemente este hecho como verdadero,
condenando a la mujer a ciertos espacios de la realidad. Por el
contrario, su entrada a otros, como ocurre con muchas profesiones
donde no existen términos para definir a la mujer trabajadora.

Un caso similar es el que ocurre con las palabras FEMENINO,


AFEMINAR, SEXO DEBIL. Cualquier persona que busque en el
diccionario cuál es la concepción que la colectividad tiene de la
mujer, descubrirá que el tipo de valores que se premian en ésta no
son precisamente los de la participación o el dominio. Y lo que es
más grave, el alumnado tendrá que optar por elegir entre la
seguridad de amoldar su personalidad a unos valores sociales
establecidos o la creación de nuevos valores, con el reto personal
que esto supone.
OCULTACIÓN DE LA MUJER EN EL LENGUAJE.

Tan cotidiana nos resulta nuestra lengua, que nos es difícil percibir
su carácter sexista. Sin embargo, un rápido análisis de las
estructuras gramaticales nos revela que continuamente estamos
utilizando mecanismos de gran sutileza que provocan la
ocultación de la mujer y la masculinización del pensamiento.

En el castellano el género masculino prima ante el femenino. Si se


habla de un grupo mixto se utiliza el masculino. Si no se conoce el
sexo, se utiliza el masculino. Son numerosas las ocasiones de la
vida diaria en las que nos encontramos identificando a grupos de
mujeres y hombres únicamente con el "colectivo" masculino.

En los libros de texto y material didáctico este problema se repite


sistemáticamente. A continuación analizaremos algunos de los
casos que tienen relación con el mundo del trabajo:

"El campesino recibe unos ingresos por la calidad y la cantidad de


su trabajo, más lo que obtiene de los productos del huerto... El
soujos es una extensa granja cultivada con obreros y dirigida por
técnicos de Estado".

Más adelante, acompañado por una fotografía en la que se


puede observar una mujer trabajando, encontramos el siguiente
texto:.

"A los fabricantes se les denominaba artesanos".

"El artesano es el propietario de los medios de producción y del


producto [...] es auxiliado por un reducido número de ayudantes
(aprendiz, oficial)..."

"Los caracteres que definen a esta forma de trabajo industrial,


aparte de los citados, son los siguientes: el propietario detecta los
medios de producción y el producto final. Emplean varias
decenas de obreros [...]. El producto final, propiedad del dueño
de la manufactura, es comercializado por éste...".
(Geografía Humana Económica del mundo actual 2º de B.U.P).

En una primera lectura es posible que no percibamos nada


extraño, pero si intentamos encontrar a las mujeres que trabajan
en los colectivos presentadas en el texto descubriremos con
sorpresa que éstas no existen. Los términos "obreros", "técnicos",
propietario", "dueño", "artesano", "aprendiz", "oficial", ocultan su
existencia.

El género masculino aparece en estos casos como genérico,


integrando a hombres y a mujeres; sin embargo, la mente
identifica, por rutina, al varón como protagonista de las diferentes
profesiones y oficios.

Se procede de esta forma a ocultar a la mujer que realiza estas


profesiones su oficios.

Ahora, realicemos un nuevo ejercicio de lectura no sexista


comparando los siguientes textos:

1. "El nómada para practicar esta ganadería extensiva ha


precisado de técnicas de desplazamiento."

2. "Y ha constituido, a lo largo de los siglos, el medio


adecuado de transporte para mujeres, niños y enseres
de desplazamiento regulares."

Sin fijarnos en el contenido (el primer texto presenta a los hombres


como activos, mientras que el segundo equipara a las mujeres,
pasivas, con los enseres), nos preguntamos:

El nómada, en este caso, ¿es genérico?, ¿Se refiere a hombres y


mujeres?.

Los niños, ¿son un término genérico?, ¿Son también transportadas las


niñas?.
Como vemos en el ejemplo, en castellano el género femenino tiene
un empleo exclusivamente específico y sólo se utiliza en aquellos
casos en los que se predica algo de la mujer o de un grupo
específicamente femenino, por lo que solemos considerar a la mujer
como un caso aparte, a la que hay que hacer referencia en
contadas ocasiones. "En cambio, el género masculino aparece muy
frecuentemente, unas veces con carácter específico y otras
genérico. El resultado es que la mente identifica por rutina, de modo
inconsciente, a lo masculino con lo total, al varón con la persona".

Aunque la palabra hombre originalmente significaba persona,


paulatinamente se ha ido identificando con varón, y hoy se
conservan las dos acepciones en castellano. El número de veces en
que la voz del hombre oculta a la mujer es continuo en la vida diaria.

Cuando "hombre" aparece en el discurso acompañado en


proximidad por su opuesto "mujer", no hay ambigüedad semántica;
pero cuando aparece el vocablo solo y podemos identificarlo con
"personas" o con "varón", es entonces, cuando la ambigüedad
existe. Y como los y las hablantes tienden a identificar hombre con
varón (incluso en los casos en que se refiere a "personas", incluyendo
por tanto a las mujeres), el proceso discriminatorio es continuo.

Como consecuencia, el género femenino se ve sistemáticamente


desvalorizado u ocultado, e induce a confundir lo que sólo afecta a
los hombres como humanos, y a creer que cuanto se dice del
hombre atañe indistintamente a mujeres y hombres de distintas
condiciones, como seres humanos que somos todas y todos.

Veamos un ejemplo:

"El desarrollo industrial solicitó hombres, que se acumularon en los


núcleos urbanos."

"Sin embargo, son las nuevas relaciones hombre-máquina quienes


han introducido las modificaciones más sobresalientes".
En estos dos casos, la utilización del género masculino para designar
a las mujeres y a los hombres tiene como consecuencia la
invisibilidad del género femenino. Este hecho, sumado a la prioridad
que se le otorga al género masculino (las reglas gramaticales
establecen que en caso de dos nombres, uno masculino y otro
femenino, los adjetivos y pronombres que hagan referencias al
conjunto de los dos deben ir en masculino plural), induce al
alumnado a sentir que la población femenina es una identidad de
segundo orden.
22..66.. D
Diissc
crriim
miinna
acciio
onne
ess sse
emmá
ánnttiic
caass yy llé
éxxiic
caass..

LOS GENÉRICOS

En castellano, como ya hemos indicado, el masculino es el género


no marcado y tiene un doble uso: como genérico (incluye a los
dos sexos) y como específico (se refiere al sexo masculino). Sin
embargo, como vamos a comprobar, el uso abusivo del
masculino genérico o el de determinadas palabras, como, por
ejemplo, hombre, puede provocar problemas en la interpretación
del discurso.

El término hombre

El término hombre funciona unas veces como genérico


(con el sentido de ‘persona’) y otras como específico
(con el sentido de ‘varón’). Este doble uso, además de
provocar frecuentes ambigüedades, oculta a la mujer,
por lo que recomendamos:

۞ Utilizar la palabra hombre solo cuando atañe al


sexo masculino, en cuyo caso puede sustituirse
también por el término varón.

NO PROPUESTA DE
CAMBIO
Los hombres que realizaron el Los varones que
servicio militar entre 1970 y 1980 realizaron el servicio
quedan exentos. militar entre 1970 y 1980
quedan exentos.
۞ Emplear para ambos sexos otros genéricos (persona,
individuo, miembro) o colectivos (humanidad, gente).

NO PROPUESTA DE
CAMBIO
Se advierte a los hombres que Se advierte a las
deseen licitar que está abierto personas que deseen
el plazo de inscripción. licitar que está abierto el
plazo de inscripción

۞ Sustituirlo por expresiones como ser humano, género


humano, etc.

NO PROPUESTA DE
CAMBIO
Los estudios sobre el hombre. Los estudios sobre el ser
humano

۞ Emplear los desdoblamientos hombres y mujeres o


mujeres y hombres.

Los hombres y mujeres que Las mujeres y hombres


opten a la plaza deberán que opten a la plaza
presentar la deberán presentar la
documentación en el plazo documentación en el
de 15 días plazo de 15 días.

Es conveniente usar el término hombre solo cuando nos refiramos


al sexo masculino. Para englobar a los dos sexos es preferible emplear
términos genéricos, colectivos o los desdoblamiento hombres y
mujeres o mujeres y hombres.
Uso sistemático del masculino

El uso sistemático del masculino (en singular o en plural) para


referirse a los dos sexos no siempre consigue representarlos,
pues, además de crear constantes ambigüedades y
confusiones en los mensajes, puede ocultar a la mujer. Para
evitar el abuso del masculino es posible acudir a otros recursos
de los que la lengua dispone.

Entre ellos se encuentran, no solo procedimientos léxico-


semánticos, sino también morfosintácticos, pero por razones
didácticas hemos creído conveniente aunarlos como sigue:

۞ La utilización de sustantivos genéricos o colectivos,


۞ El empleo de perífrasis,
۞ La introducción de las construcciones metonímicas,
۞ El uso de desdoblamientos,
۞ El uso de barras,
۞ La introducción de aposiciones explicativas,
۞ La omisión de determinantes,
۞ El empleo de determinantes sin marca de género,
۞ La utilización las estructuras con se,
۞ El empleo de determinadas formas personales de los
verbos,
۞ El uso de las formas no personales de los verbos.

De todos modos, y teniendo en consideración estas


alternativas, se puede seguir utilizando, de acuerdo con las
normas del castellano, el masculino plural como genérico en
aquellos contextos en los que resulte suficientemente claro que
incluye a ambos sexos y no resulte confuso.

۞ Sustantivos genéricos y colectivos


En nuestra lengua existe un buen número de
sustantivos que, con independencia de que tengan
género gramatical masculino (personaje, colectivo,
grupo, pueblo, equipo) o femenino (persona, pareja,
criatura, gente, colectividad, asamblea, asociación),
hacen referencia tanto a hombres como a mujeres.
Su uso es preferible, siempre que sea posible, a la
utilización del masculino genérico.

NO Propuesta de cambio:
Los trabajadores de la empresa. La plantilla de la empresa.
Los funcionarios que prestan sus El funcionariado que presta
servicios en esta empresa tienen su servicio en esta empresa
derecho a usar el aparcamiento tiene derecho a usar el
gratuitamente. aparcamiento
gratuitamente.

۞ Perífrasis

Para que el masculino genérico no produzca


confusión, puede, en ocasiones, sustituirse por
perífrasis del tipo personal sanitario, las personas que
ejercen, etc.

NO Propuesta de cambio:
Solo podrán tomar parte en el Solo podrán tomar parte en
concurso licenciados en el concurso personas
Derecho. licenciadas en Derecho.
Los españoles tienen derecho a La población española tiene
recibir educación gratuita. derecho a recibir educación
gratuita.

۞ Construcciones metonímicas

Para evitar el masculino genérico podemos, en


determinadas circunstancias, aludir al cargo,
profesión o titulación que se posee y no a la persona
que los desempeña.

Podemos utilizar En lugar de


Gerencia los gerentes
Dirección los directores
jefatura los jefes
secretaría los secretarios
presidencia los presidentes
vicepresidencia los vicepresidentes
tesorería los tesoreros
ingeniería los ingenieros
abogacía los abogados
judicatura los jueces
asesoría los asesores
tutoría los tutores
licenciatura los licenciados
coordinación los coordinadores

Estas propuestas son orientativas y no deben interpretarse


como soluciones válidas en todos los contextos, pues no
siempre términos como dirección, jefatura, etc. Pueden
sustituir en el discurso a directores-directoras, jefes-jefas,
etc. Estos términos que indican cargo, profesión o
titulación suelen ser, sobre todo, una opción en rótulos o
en impresos.

NO Propuesta de cambio:
Jefe de Estudios Jefatura de Estudios

۞ Desdoblamientos

La posible ambigüedad del masculino genérico


puede evitarse desdoblando los términos y alternando
el orden de presentación para no dar
sistemáticamente prioridad al masculino sobre el
femenino.

No Propuestas de cambio
Los trabajadores de la Los trabajadores y las
empresa. trabajadoras de la empresa.
Las trabajadoras y los
trabajadores de la empresa

۞ Barras

Si en los documentos hay problemas de espacio, se


pueden utilizar los dobletes mediante barras.

Ejemplos:
Impreso para el/la cliente/a.
Queda obligado/a a dejar la vía pública en las debidas
condiciones.
Representante de los/las trabajadores/as.

۞ Aposiciones explicativas

Para evitar la pesadez que generan tanto los


desdoblamientos como los dobletes con barras, se
puede recurrir a aposiciones explicativas u otro tipo
de complementación similar que clarifiquen que el
masculino está utilizado de modo genérico,
impidiendo así otra interpretación.

NO Propuesta de cambio:
Los afectados serán Los afectados, tanto mujeres
indemnizados. como hombres, recibirán
una indemnización.
El objetivo es proporcionar a los El objetivo es proporcionar a
jóvenes una formación plena. los jóvenes, de uno y otro
sexo, una formación plena.
۞ Omisión del determinante

Los sustantivos de una sola terminación para ambos


géneros necesitan del artículo para diferenciar el sexo
del referente, como ocurre con adquirente, solicitante,
compareciente, declarante, otorgante, denunciante,
cedente, contribuyente, recurrente, representante,
estudiante, docente, profesional, joven, avalista, titular,
progenitores, etc. En estos casos, cuando es posible
omitir el artículo, se consigue englobar sin problemas
tanto a las mujeres como a los hombres.

NO Propuesta de cambio:
Podrán optar al concurso los Podrán optar al concurso
profesionales con experiencia. profesionales con
experiencia.
El titular de la cuenta. Titular de la cuenta.

۞ Determinantes sin marca de género

Otra forma de evitar el abuso del masculino consiste en


emplear, junto a sustantivos de una sola terminación,
determinantes sin marca de género, como, por ejemplo,
cada.

NO Propuesta de cambio:
Se hará saber individualmente a Se hará saber
todos los contribuyentes. individualmente a cada
contribuyente.
Se recibió a todos los recurrentes. Se recibió a cada recurrente.
Del mismo modo, en ocasiones, se pueden eludir los
adjetivos y participios en género masculino y recurrir a
otras estructuras.

۞ Estructuras con se

A veces, es posible prescindir de la referencia directa al


sujeto recurriendo al se impersonal (se recomienda…), de
pasiva refleja (se debatirá…) o de pasiva perifrástica (se
va a elegir…).
.
NO Propuesta de cambio:
Cuando el usuario solicite la Cuando se solicite la
devolución de la fianza, deberá devolución de la fianza, se
aportar fotocopia de la licencia. deberá aportar fotocopia de
la licencia.

۞ Algunas formas personales del verbo

También, a veces, se puede omitir la referencia directa al


sexo del sujeto y utilizar el verbo en la primera persona
de plural, en la segunda persona del singular, y en la
tercera persona del singular o del plural. Esto será posible
siempre y cuando el sujeto esté claro y no cree ningún
tipo de ambigüedad omitirlo, por ejemplo en los textos
que recogen normas, recomendaciones, órdenes, etc.

NO Propuesta de cambio:
Si el usuario decide abandonar Si decide abandonar la zona
la zona antes de lo estipulado, antes de lo estipulado, debe
debe advertirlo. advertirlo.

۞ Formas no personales del verbo


Por último, otra manera de evitar la recurrencia al
masculino genérico, consiste en emplear infinitivos o
gerundios de interpretación genérica.

NO Propuesta de cambio:
Es necesario que el Es necesario prestar más atención
usuario preste más
atención

Para evitar el abuso del masculino genérico, la lengua española


posee muchos recursos, por ejemplo, colectivos, perífrasis,
construcciones metonímicas, desdoblamientos, barras, explicativas,
omisión de determinantes (o empleo de determinantes sin marca de
género) ante sustantivos de una sola terminación, estructuras con
se, utilización de formas personales genéricas o formas no
personales de los verbos.

Todas estas soluciones no son posibles en todos los contextos. Se


trata de optar por la más adecuada, es decir, aquella que, sin
atentarcontra la gramática, visualice a la mujer en el discurso.
22..77.. LLa a aassiim
meettrríía
a eenn e
ell uusso
o d
dee llo
oss nno
ommb
brre
ess,, a
appe
elllliid
dooss yy
ttrra
atta
ammiieenntto
oss..

E l discurso administrativo se ha caracterizado por el empleo de


fórmulas de tratamiento y de cortesía que muestran el estilo
arcaizante del lenguaje. En la Orden Ministerial de 7 de julio de 1986,
publicada en el Boletín Oficial del Estado del 22 de julio, se proscribía
el uso de las fórmulas de tratamiento de carácter honorífico.

Por tanto, la utilización de tratamientos no es exigible en un


documento administrativo, aunque suele mantenerse en los casos de
máxima representación pública y en los documentos de carácter
protocolario. Salvo en estos casos, se recomienda anteponer
simplemente a la denominación del empleo o cargo la fórmula
normal de don/doña y señor/señora.

No obstante, hemos advertido algunas asimetrías en el tratamiento


según los sexos. Veamos algunas de ellas.

Nombre y apellido

Ocurre con frecuencia que cuando se trata de un hombre se


emplea solo el apellido, mientras que, cuando se trata de una
mujer, se suele usar, o bien el nombre de pila precedido de
alguna fórmula de tratamiento (señora o señorita), o bien el
nombre y el apellido. Evidentemente, lo recomendable es, sin
embargo, dar un trato simétrico a ambos sexos.

Ejemplo:
El Sr. Pérez y la Srta. Ana Sánchez
Propuesta de cambio:
El Sr. Pérez y la Sra. Sánchez
Fórmulas de tratamiento en masculino

En el lenguaje administrativo aparecen con asiduidad las


formas de tratamiento y cortesía formuladas en masculino,
sobre todo en documentos abiertos que pueden ser
cumplimentados tanto por hombres como por mujeres.

Ejemplos:
Sr. D. Señor don
D. Don
Dr. Doctor
Lcdo. Licenciado

En los impresos y formularios deben evitarse estas formas de


tratamiento y se recomienda incluir epígrafes como nombre y
apellidos o firmado. No obstante, si es necesario que aparezca
la fórmula de tratamiento, esta debe presentar la doble forma.

Ejemplos:
D. /Dña. Don/Doña
Sr./Sra. Señor/Señora
Dr./Dra. Doctor/Doctora
Lcdo.
Lcda. Licenciado/Licenciada

Relación de dependencia

Son muchos los textos administrativos que presentan a la mujer


desempeñando un papel secundario o subordinado, por
ejemplo, cuando la designan en su relación de dependencia
con respecto al varón (señorita, mujer de, esposa de o señora
de.
a) El tratamiento “señorita”

Hasta hace relativamente poco tiempo se ha empleado


con profusión la forma señorita/señora para referirse a la
mujer soltera o casada respectivamente, que reflejaba el
mayor prestigio social de esta última. Para el varón, sin
embargo, ha utilizado señor con independencia de su
estado civil. Esto manifiesta que la cultura tradicional
otorga una personalidad al hombre en sí mismo, mientras
mujer la adquiere en relación con él (es decir, si está
casada o no).

Para no incurrir en sexismo conviene presentar a las


personas como son definirlas en términos de sus
relaciones con otras personas, por lo que debemos
emplear el término señora para todas las mujeres,
solteras o casadas, jóvenes o maduras.

Como ya hemos comentado, señorita es también un


tratamiento de cortesía que se da a maestras,
profesoras, secretarias, empleadas de la administración o
del comercio, etc., independientemente de si están
casadas o solteras, de si son jóvenes o mayores.
Este tratamiento que no conoce dual para el varón,
puede evitarse acudiendo simplemente a la forma
señora o la profesión en cuestión (profesora,
dependienta, etc.).

b) El tratamiento “mujer de”

No debe utilizarse la palabra mujer como sinónimo de


‘esposa’, dado que hombre no significa, en ningún caso,
‘esposo’.
c) El tratamiento “esposa de”

Conviene no usar frases en las que la mujer se presente


en relación de dependencia del varón cuando ambos
comparten una situación de igualdad. Así, en el siguiente
ejemplo que presentamos, la condición de cónyuge solo
se le atribuye a la mujer, cuando, obviamente, también
la comparte el hombre. Mediante el determinante su, no
solo se indica relación, sino que al mismo tiempo se
connota la idea de pertenencia. Por tanto, es un
tratamiento que debe evitarse.
Ejemplo:
Notificando el embargo a D. Antonio Gómez y a su
esposa Dña. Ana Pérez.
Propuestas de cambio:
Notificando el embargo a los cónyuges D. Antonio
Gómez y Dña. Ana Pérez.
Notificando el embargo a los cónyuges Dña. Ana Pérez y
D. Antonio Gómez.

d) El tratamiento “señora de”

Para no ocultar la individualidad de la mujer tras el apellido del marido


conviene eliminar la fórmula señora de y emplear el nombre y el
apellido de la mujer precedido o no del tratamiento señora, según se
estime oportuno.

۞ El tratamiento dado a los dos sexos debe ser simétrico, por lo que no debe
utilizarse el término mujer como sinónimo de esposa, ya que hombre no lo es
de esposo.
۞ La mujer no debe presentarse con un papel secundario o subordinado, por
tanto, han de evitarse los tratamientos de señorita, esposa o señora de, que
inciden en su estado de dependencia con respecto al varón.
Proponemos:
Utilizar nombre y apellido seguido, si es necesario, de don/doña o
señor/señora.
22..88.. TTiittuulla
acciioonneess yy p
prro
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maassc
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o yy e
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ffe
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L as ocupaciones de la esfera pública han estado durante siglos


reservadas a los varones, en consecuencia, no ha de extrañarnos
que el léxico que las designa haya acuñado en masculino por la
asociación que, como hemos visto, establece la comunidad
hablante del castellano entre género y sexo.

Esta asociación género-sexo ha supuesto también que, con la


incorporación progresiva de la mujer al mundo laboral, se hayan
creado los femeninos de muchos oficios o profesiones para los que
solo existía el masculino.

abogado abogada
árbitro árbitra
arquitecto arquitecta
bombero bombera
fontanero fontanera
médico médica
notario notaria
juez jueza

Es más, una Orden de 22 de marzo de 1995 (BOE 28/3/95) del


Ministerio de Educación y Ciencia insta a reflejar en los títulos
académicos oficiales el sexo de quienes los obtienen. La importancia
que tiene el lenguaje en la formación de la identidad social de las
personas y en sus actitudes, ha motivado la necesidad de plantear la
diferenciación del uso del masculino o femenino en la designación
de las múltiples profesiones y actividades para las que se venía
empleando tradicionalmente el masculino.

Asimismo, la preocupación por evitar discriminaciones por razón de


sexo y de representar adecuadamente a las mujeres, ha llevado a
sectores significativos de la sociedad española y a las autoridades
educativas a la idea de que, en coherencia con la política de
propiciar un uso adecuado del lenguaje, se adopten las medidas
necesarias a fin de que los títulos académicos oficiales se adecuen
en su expresión a la naturaleza masculina o femenina de quienes los
obtengan.

1. Títulos previstos en la Ley Orgánica 1/1990, de 3 de octubre, de


Ordenación General del Sistema Educativo
Graduado en Educación Secundaria/Graduada en Educación
Secundaria
Técnico/Técnica
Técnico Superior/Técnica Superior
Bachiller/Bachiller
2. Títulos universitarios
Diplomado/Diplomada
Ingeniero Técnico/Ingeniera Técnica
Arquitecto Técnico/Arquitecta Técnica
Graduado Social Diplomado/Graduada Social Diplomada
Maestro/Maestra
Licenciado/Licenciada
Ingeniero/Ingeniera
Arquitecto/Arquitecta
Doctor/Doctora
Doctor Ingeniero/Doctora Ingeniera
3. Títulos postgrados
Profesor Especializado/Profesora Especializada
Médico Especialista/Médica Especialista
Farmacéutico Especialista/Farmacéutica Especialista
Enfermero Especialista/Enfermera Especialista
4. Títulos deportivos
Técnico Deportivo Elemental/Técnica Deportiva Elemental
Técnico Deportivo de Base/ Técnica Deportiva de Base
Técnico Deportivo Superior/Técnica Deportiva Superior
Esta feminización del léxico está afectando incluso a sustantivos de
una sola terminación para ambos géneros.

conserje conserja*
gerente gerenta
juez jueza
jefe jefa
presidente presidenta

Todas las formas femeninas de los ejemplos anteriores (excepto


conserja*) han sido sancionadas por el uso y como tales se registran
en el Diccionario de la RAE. Evidentemente, no hay razón para
rechazar conserja* en tanto que aceptamos y empleamos gerenta,
salvo por la generalizada opinión de que “suena mal”. Y lo mismo
ocurre si extrapolamos el problema a la masculinización de voces
que aluden a profesiones, por tradición, femeninas. Así, podemos
comprobar que no hay ningún motivo para admitir modisto mientras
que de momento se rehúsa (aunque cada vez se utiliza más), por
ejemplo, la forma azafato*. En ambos casos, se respeta la regla
habitual de -o para el masculino, con el agravante de que con el
sufijo -ista se forman sustantivos de género masculino o femenino:
almacenista, periodista, taxista y que, por tanto, es correcto utilizar el
vocablo modista con independencia de que quien confeccione las
prendas sea una mujer o un varón, pero una vez más “no nos suena
bien”.

modista. (De moda e -ista). f. p. us. Mujer que posee una


tienda de modas. || 2. com. Persona que tiene por
oficio hacer prendas de vestir.|| 3. ant. Persona que
adoptaba, seguía o inventaba modas. (DRAE)
modisto. m. Hombre que tiene como oficio hacer
prendas de vestir (DRAE).
Así mismo, no deja de ser, cuando menos, revelador que el
masculino modisto con respecto a modista (al igual que ocurre con
otros muchos pares como cocinero/cocinera,
comadrón/comadrona, peluquero/peluquera o verdulero/verdulera)
tenga una connotación de prestigio social de la que carece la
forma femenina.
partero, ra. m. y f. Persona con títulos legales que asiste a la
parturienta. || 2. f. Mujer que sin tener estudio o titulación,
ayuda o asiste a la parturienta (DRAE).

En ocasiones, incluso, al incorporarse los varones a oficios


habitualmente femeninos se ha sentido la necesidad de crear
neologismos del tipo auxiliar de vuelo (azafato*), ATS (enfermero)
para prestigiar o reputar trabajos realizados durante mucho tiempo
exclusivamente por mujeres.

También ese mayor prestigio de las profesiones masculinas explicaría,


como se ha señalado con frecuencia, que muchas mujeres prefieran
utilizar la forma masculina para designar el cargo que ocupan o la
profesión que ejercen: “Me llamo Raquel Castro y trabajo como
ingeniero en esta fábrica”

En definitiva, para la masculinización o feminización de los términos


por medio del morfema de género no parecen existir normas fijas, lo
que desconcierta y crea inseguridad en la comunidad hablante. Esta
vacilación es más evidente en las palabras que terminan, por
ejemplo, en -ente, -ante, -al, o -z.

la asistente la asistenta
la ayudante la ayudanta
la juez la jueza
la oficial la oficiala
la practicante la practicanta
A esto hay que añadir los problemas planteados por la asimetría
provocada por los llamados duales aparentes, esto es, que el
femenino tenga connotaciones inferiores, peyorativas o insultantes, o
que, en el mejor de los casos, se haya ido empleando para nombrar
a la esposa de quien ejerce realmente la profesión.

asistenta. f. Mujer que sirve como criada en una casa sin residir
en ella y que cobra generalmente por horas. || 2. Criada
seglar que sirve en convento de religiosas de las órdenes
militares. || 3. En algunas órdenes religiosas de mujeres, monja
que asiste, ayuda y suple a la superiora. || 4. Mujer del antiguo
asistente. (II funcionario público). || 5. Criada que servía en el
palacio real a damas, señoras de honor y camaristas que
habitaban en él. (DRAE)

asistente. (Del lat. assistens, -entis, del ant. part. act. de asistir).
m.
J Cada uno de los dos obispos que ayudan al consagrante
en la consagración de otro. || 2. En algunas órdenes
regulares, religioso nombrado para asistir al general en el
gobierno universal de la orden y en el particular de las
respectivas provincias. || 3. Funcionario público que en
ciertas villas y ciudades españolas, como Marchena,
Santiago y Sevilla, tenía las mismas atribuciones que el
corregidor en otras partes. || 4. Soldado que estaba
destinado al servicio personal de un general, jefe u oficial. ||
~a Cortes. m. Cada uno de los consejeros de la real cámara
que, de orden del rey, reconocían los poderes de los
procuradores a Cortes y asistían a sus deliberaciones. ||
~social. com. Persona titulada, cuya profesión es allanar o
prevenir dificultades de orden social o personal en casos
particulares o a grupos de individuos, por medio de consejo,
gestiones, informes, ayuda financiera, sanitaria, moral, etc.
(DRAE).

Juez. (Del lat. udex,-icis). com. Persona que tiene autoridad


y potestad para juzgar y sentenciar […]. Ï (DRAE)
jueza. f. Mujer que desempeña el cargo de juez. || 2. coloq.
p. us. Mujer del juez (DRAE).
Incluso, puede ocurrir que la forma femenina se haya utilizado en
castellano con sentidos bien distintos de los designados por el
correspondiente masculino, pero esto no tiene por qué ser un
impedimento, pues, en la mayoría de los casos, el contexto evitará la
ambigüedad que pudiera provocar la polisemia del término. Es decir,
igual que empleamos basurero para referirnos tanto al ‘varón que
tiene por oficio recoger basura’ como al ‘sitio en donde se arroja y
amontona la basura’ podemos hacer uso de fresadora para aludir a
la ‘mujer encargada de manejar las diferentes clases de máquinas
para fresar’ y para designar a la ‘máquina provista de fresas que
sirve para labrar los metales’.

En contra de los desdoblamientos se suele argumentar que la


repetición atenta contra la ley de la economía lingüística y que
genera un recargamiento que complica innecesariamente la
expresión; por eso, dentro de la corriente feminista han surgido
algunos estudios que defienden la disociación de género y sexo.
Quienes se inclinan por esta postura insisten en que no se deben ver
en los sustantivos conceptos específicos de varón o de mujer y que,
por tanto, no hay por qué crear formas femeninas para profesiones
tradicionalmente masculinas, o a la inversa. Es decir, todos los
nombres que designan profesiones tendrán un género gramatical
determinado, pero aludirán a las personas que las ejerzan con
independencia de su sexo. Estas ideas, sin embargo, no están
teniendo acogida y, como ya se ha dicho, se tiende a la doble
forma en los términos que nombran a los oficios, profesiones y cargos
de responsabilidad.

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o sse
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E n las Administraciones Públicas existen departamentos o unidades


caracterizados por mantener una relación intensa con la
ciudadanía, por lo que la repercusión del lenguaje utilizado en este
ámbito es enorme.
Si el lenguaje es el vehículo más preciado de comunicación que
poseemos, debemos contribuir a velar por su eficacia. Y esta eficacia
está relacionada con la corrección y con el buen uso del idioma.

El lenguaje, como construcción social e histórica que es, contribuye


a nuestra percepción y a nuestra interpretación del mundo. Supone,
por tanto, una herramienta eficaz de comunicación y también de
poder, pues al mismo tiempo que es el vehículo de nuestras ideas y
de nuestro pensamiento, ayuda a su perpetuación. Por ello depende
de cómo usemos el lenguaje, este puede afianzar el sexismo
lingüístico o no, entendiendo como tal el trato discriminatorio que, a
través de la forma del mensaje, se da a cualquiera de los sexos
(aunque sea el femenino el que resulta afectado más
frecuentemente). Por tanto, un discurso sexista, desde el punto de
vista de la lengua, será aquel que emplee estructuras o palabras que
oculten o discriminen a alguno de los sexos.

Es el caso del siguiente ejemplo, en el que se da un trato desigual al


hombre, quien es aludido con el tratamiento de señor y el apellido;
sin embargo, para la mujer se ha omitido el correspondiente trato de
señora, prefiriendo el nombre de pila. Este tratamiento más familiar y
cercano del sexo femenino y más distanciado en cuanto al
masculino, nos presenta al hombre como un ser superior y más
prestigioso, cuando lo socialmente correcto sería dar un trato
igualitario a ambos.
EJEMPLO
Asistieron a la reunión el señor González y Carmen Ramírez.
Asistieron a la reunión el señor González y la señora Ramírez.

Otra cuestión es el sexismo social. Este se debe a la mentalidad


patriarcal existente en la actualidad, que oculta y discrimina a las
mujeres en la vida social, profesional, etc., todo lo cual se refleja no
en la forma, sino en el contenido del mensaje.
Así una frase como la siguiente se limita a dar cuenta de una
realidad: el acceso de las mujeres a los puestos de responsabilidad
es todavía una asignatura pendiente.

EJEMPLO
La Junta Directiva está compuesta por dos mujeres y quince hombres.

Puesto que la discriminación social es la causa de la discriminación


lingüística, parece lógico pensar que si las desigualdades sociales
van desapareciendo también desaparecerán en la lengua. Pero
esto desgraciadamente no siempre es así. Si la Administración
Pública, los medios de comunicación y todas las plataformas con
influencia sobre la ciudadanía no reflexionan sobre el lenguaje y no
toman conciencia de que los cambios también deben reflejarse en
el idioma, este puede quedar anquilosado, perpetuando así las
fórmulas sexistas heredadas.

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2.10.1. Sugerencias para las editoriales, autoras y autores de textos, y


enseñantes.

Para evitar los contenidos y expresiones sexistas en los manuales


escolares y material didáctico, habrá que tener en cuenta las
siguientes consideraciones:

Aspectos generales.
Los personajes deben ser presentados como seres humanos, sin que se
produzca ningún estereotipo por razón de sexo. Ninguno de los dos
sexos debe aparecer como superior o inferior al otro.

En el conjunto de los ejemplos y representaciones icónicas debe haber


un equilibrio numérico entre uno y otro sexo.

Se debe presentar a mujeres y hombres en una gran diversidad de


papeles, evitando las representaciones tradicionales. Los oficios
descritos serán atribuidos tanto a mujeres como a hombres y no se
sugerirá nunca que puedan ser incompatibles con la feminidad o la
masculinidad.

Se debe mostrar que las mujeres tienen las mismas posibilidades de


elección que los varones, sin dar por sentado que todas las mujeres
tienen como objetivo único el matrimonio y los hijos; pudiendo escoger
el quedarse solteras, el tener o no hijos, o el continuar ejerciendo su
oficio, sin que existan connotaciones peyorativas al respecto.

Cuando aparezcan padre y madre trabajando, ambos compartirán la


educación de sus hijos e hijas y las tareas domésticas.

No se mostrará ninguna diferencia entre sexos al describir la realización


de tareas domésticas.

Mujeres y hombres se representarán con la misma dignidad. Las mujeres


no serán presentadas exclusivamente bajo sus atributos físicos ni los
hombres sólo por su profesión o inteligencia.

Hace falta reflejar diferentes tipos de familias y distintas formas de


convivencia, así como personas de edades diferentes.

Las cualidades como: ternura, compasión, fuerza, dinamismo,


autoridad, dignidad, seguridad, etc., serán válidas para los dos sexos,
según la situación que se presente.

No se deberán estereotipar las imágenes de niñas jugando con


juguetes relacionados con el ámbito doméstico y de niños con juguetes
más creativos e ingeniosos. Se procurará igualar el tipo de juegos para
que desarrollen en ambos sexos la creatividad, la imaginación y la
sensibilidad.

Los ejemplos referidos a deportes o tiempo de ocio deben representar a


los dos sexos en actividades equivalentes.

Sería importante que los diferentes recursos didácticos ofrecieran


“modelos positivos” de mujeres ejerciendo puestos de responsabilidad,
para contrarrestar los estereotipos existentes: ingenieras, abogadas,
directoras de empresas, diputadas, alcaldesas, ministras, etc. En todo
caso, se cuidará que las figuras que representan alguna autoridad:
directiva, profesional o política, no sean siempre masculinas, sino que
exista un equilibrio entre ambos sexos.

Se prestará especial atención a que aparezcan en los manuales


mujeres que hayan sido conocidas en el desempeño de su profesión:
científicas, escritoras, políticas, etc.

En las narraciones se deberá cuidar que existan protagonistas del sexo


femenino y masculino, héroes y heroínas, y que la actitud de las mujeres
o niñas no sea siempre pasiva y la de los varones esté ligada a la
aventura y al riesgo; sino que se potenciará la distribución equilibrada
de las cualidades y actitudes entre los dos sexos.

Los trabajos no remunerados: atención y cuidado de la infancia,


personas ancianas, enfermas o discapacitadas, serán valorados
socialmente, procurando que en su representación gráfica no
aparezcan asumidos sólo por las mujeres, sino como un deber para
ambos sexos.

Se recomienda la utilización de términos como: seres humanos,


humanidad o persona, en lugar de emplear el genérico hombre para
designar a la humanidad.

Se alternará el “ELLA” y “EL” todo lo que sea posible según el contexto.

Lenguaje

1. En la enseñanza de la lengua se debería estimular la


reflexión del alumnado, analizando:

a. El uso convencional de los géneros gramaticales; la


ambivalencia del género, los verdaderos masculinos no
marcados, y la ocultación de la mujer tras el género
masculino.
b. El uso repetitivo de adjetivos, verbos, adverbios..., etc.,
estereotipados para ambos sexos.
c. La diferencia semántica de algunos adjetivos atribuidos
a mujeres y a hombres.
d. Cualquier otro uso sexista que se descubra en las
lecturas o en la lengua hablada.

2. Al presentar ejemplos, se debe evitar la utilización de


clichés sexuales, que son los primeros que nos vienen a la
mente.
3. Un texto con estereotipos sexuales deberá analizarse para
encontrar soluciones alternativas, promoviendo la reflexión
sobre los mismos.
4. En los ejercicios de lengua, matemáticas...,etc., se debe
evitar:

a. El uso predominante de sujetos masculinos.


b. Marcar los sujetos masculinos y femeninos con adjetivos,
diminutivos, sustantivos o verbos estereotipados.
c. Atribuir, de manera predominante, objetos de
propiedad o uso a mujeres u hombres según criterios
estereotipados. Por ejemplo, niña: casa, objetos de
cocina, vestidos, muñecas, costura... y niño: trenes,
automóviles, periódicos, herramientas mecánicas... ,etc.
d. En las instrucciones para el uso de los textos o de los
ejercicios se debe evitar referirse a la alumna con el
genérico masculino (masculino no marcado). Por
ejemplo, en lugar de decir: el alumno debe analizar... se
puede usar el discurso directo: leed, escribid...

Contenidos.

Se debe evitar la identificación de la mujer exclusivamente con


los roles tradicionales de “madre, esposa, ama de casa... ,etc.”,
Tratando de resaltar otros aspectos de la mujer actual: trabajadora,
conductora, médica...,etc.

Para esto se propone:


1. La utilización de ejemplos en los que aparezcan mujeres y
niñas no tradicionales, resolviendo cuestiones importantes
o en actitudes activas, y hombres y niños en actitudes de
servicio a los demás y mostrando sus emociones.
2. En ciencias humanas, cuando se hace referencia al
pasado, se debe explicar la presencia de mujeres: qué
hacían las mujeres de tal época, cómo eran las relaciones
que mantenían mujeres y hombres, etc., tanto en textos
antológicos como en ilustraciones y biografías.
Es conveniente resaltar el papel de las mujeres en cada
cultura, espacio, civilización o época y su importancia
dentro del grupo humano para el sostenimiento de la
economía y de la especie.

Ilustraciones.

1. Debe corregirse la desigualdad numérica entre las personas


de diferentes sexos, en todo tipo de materiales y niveles,
evitando la mayor presencia de las imágenes masculinas,
tanto en representaciones de la infancia como de la vida
adulta.
2. La representación icónica de tareas y actitudes
tradicionales debe corregirse por imágenes indistintas y
variadas de ambos sexos realizando todo tipo de tareas,
incluido el trabajo doméstico, y asumiendo diversas
actitudes.
3. En las ilustraciones en las que se represente el cuerpo
humano y su evolución, deben incluirse imágenes de
cuerpos femeninos y masculinos.

2.10.2. Formas lingüísticas sexistas que se deben evitar y propuestas


alternativas.

1. Genérico masculino.

1.1. Se propone la sustitución de las palabras “hombre” y


“hombres”, con sentido universal, por: persona/personas;
ser/seres humanos; especie humana, género humano,
pueblo, población... ,etc.; Mujeres y hombres alternado
con hombres y mujeres (pero no dar preferencia al
masculino ni al femenino).

Ejemplos:

NO SÍ
El hombre La humanidad
Los derechos del hombre Los derechos humanos La
inteligencia del hombre La
inteligencia humana
El trabajo del hombre El trabajo humano
El cuerpo del hombre El cuerpo humano
El hombre de la calle La gente de la calle
A medida del hombre A medida humana/ de la
humanidad, A medida del ser
humano.

1.2. Se debe evitar el uso del plural masculino


omnicomprensivo cuando se habla de pueblos,
categorías, grupos, etc. deberá expresarse mediante
géneros.

NO SI

Los romanos, los El pueblo romano, español o los


españoles, etc. romanos y las romanas
Los niños Los chicos y chicas / la
Los chicos adolescencia . Los niños y niñas/
la infancia
Los ancianos Los ancianos y ancianas/ la vejez

Los hermanos (tanto para el Hermanas y hermanos o


masculino como para el hermanos y hermanas
femenino)
1.3 Utilizar en la medida de lo posible términos epicenos en
lugar de los marcados con desinencias masculina o
femenina.

NO SÍ
Profesor Profesorado
Alumno Alumnado

1.4. En el caso en que no sea posible o no existan términos


epicenos vacíos, explicitar detrás “hombres y mujeres”,
o ambos géneros.

1.5. Se debe evitar citar a las mujeres como categoría


aparte:

a. Después de una serie de masculinos no marcados que,


según las reglas gramaticales, deberían y podrían
incluirse.
b. Insertándolas en el texto como apéndices o
propiedades del hombre:

NO SÍ
Estudiantes, mujeres, Hombres y mujeres
desocupados, jubilados... ,etc. estudiantes, desocupadas,
(En esta frase citar a las jubiladas... ,etc. o Mujeres y
mujeres aparte equivale a hombres estudiantes,
excluirlas de las otras desocupados, jubilados... ,etc.
categorías)
Estos pueblos... se trasladaban Estos pueblos se
con las mujeres, ancianos y trasladaban buscando
niños... buscando zonas más zonas más templadas
templadas.
2. Uso asimétrico de nombres, apellidos y títulos.

2.1. Evitar la designación asimétrica de mujeres y hombres en el


campo político, social y cultural. La designación debe ser
paralela.

NO SÍ
La Thatcher...Reagan Thatcher... Reagan
La Sra. Thatcher... Reagan La Thatcher... El Reagan
La Sra. Thatcher... El Sr.
Reagan.

2.2. Abolir el uso del título “señorita” que tiende a disminuir y es


asimétrico respecto a “señorito” para el hombre (ya
desaparecido) o con distinto valor del de “señorita”.
NO

NÓ SÍ
Ha llegado el doctor Marcos con Han llegado las señoras González
la señora González y la señorita y Llopis con el doctor Marcos.
Llopis.

3. Títulos, carreras, profesiones, oficios.

3.1. Evitar el uso exclusivo del masculino para nombres de


profesiones, oficios y carreras, que señalan posiciones de prestigio,
cuando el femenino existe y es frecuentemente usado tan sólo para
trabajos jerárquicamente inferiores y tradicionalmente unidos al “rol
femenino”.

NO S
Juana Válmez, médico Juana Válmez, médica.
Secretario de Estado Secretaria de Estado.
Director de orquesta Directora de orquesta.
Embajador, gobernador, concejal... Embajadora, gobernadora, concejala...
3.2. Evitar el uso exclusivo del masculino con artículos y
concordancias masculinas para nombres de cargos que tiene su
correspondiente forma en femenino.

NO SÍ
El senador Teresa... La senadora Teresa...
El diputado Elena... La diputada Elena...
El notario Pilar... La notaria Pilar...
El juez Pilar... La Juez Pilar...
El alcalde Ana... La alcaldesa Ana...
El ministro María... La ministra María.
El famoso arquitecto Isabel... La famosa arquitecta Isabel...
El médico encargado Elena... La médica encargada Elena...
El cirujano López... La cirujana López...
El ingeniero Campos... La ingeniera Campos...
El jefe de sección Josefina López... La jefa de sección Josefina López....

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