Canibalismos
30/11/2016 cAracas, venezuela-madrid, españa
N°23
catálogo de aperitivos literarios
GOLDFINCH
I was the matter,
muddy,
sinful
and half-blinded.
Lights were fading as I started becoming deaf.
Blurred verses among our poetry head,
lingering goldfinch on tinplate cage;
but your farewell exploded in between head and heart.
Claimed clairvoyant
and halted brain surgery.
Sin in flames.
Surely slanderer.
Albert Lloret
Literatura General y Comparada (UCM)
Nacido en Barcelona, España en 1996.
PROCESIÓN
Alexis Maldonado (Valencia, 1995)
Educación Mención Lengua y Literatura en la Universidad de Carabobo.
La tierra de mi padre era seca
pero larga y honda como un segundo horizonte
a veces me espanta la suerte de los hombres donde pertenezco
este horizonte abismal de alientos reunidos en torno a los árboles que cortan en
círculos
este nombre que me bautiza como parte de una norma
esta sed que no se desprende aun cuando la noche despierta bajo el suelo una voz
divina
mis pies entonces la escuchan pero no mis oídos
no soy parte del fuego que despide el humo como si avanzara en una polvorienta ruta
y viviera en forma de eremita que escupe contra los extranjeros
o lanza piedras a sus visitantes como en las leyendas de Los Taques
esta respiración unida de todas maneras al universo no me define como hombre
ni siquiera he dormido un día completo contra la piel de un árbol
no he palpado el sexo de más animales que los míos
no he hojeado las voces entre las manchas de chicle y ceniza sobre la acera
el muro se rompe como decidido a perderse en definitiva viajando hacia el oficio
insalubre de un hielo que yace esperando
allí hay más hombres, en ese hielo que se derrite en una despedida paciente del
reencuentro hay como piezas que descubren el olvido que están fragmentadas en un
vaso que bebo
día a día
todos los días con la misma constancia con la que busco en mi olfato un cerrojo invis-
ible con la llave invisible que sin embargo suena
cuando cae y la escucho a mi lado pero sin encontrarla la huelo, ahí está ese aro-
ma cobrizo y palatal de una moneda, allí se escucha como respira al igual que algo
desubicado
cuando encuentras algo fuera de su lugar, así me despierta ese sonido de caída
así el sueño de la tierra es muy alto para oírlo caer
no proviene del dormir como un dormir es olvidar y por ello a veces duermo
para borrar de pasos hacia mí una pista infructuosa:
una hormiga enterrada en el azúcar
una gata que ensaya sus garras con la raíz sobresaliente de un chaguaramo
un asiento con olor a óxido y la ventana abierta contra un edificio de nadie
un durmiente entregado que discute, como el hombre imaginario de Borges con sus
estudiantes, con las ratas y un hombre que mira al sol a través de una tusa perforada
una mujer tatuada la palabra destino bajo el perfil de una bestia
el hueso de un mango pellizcado por el hambre de un perro
así como ese mismo perro después de la lluvia
que aparece con pasos perdidos mirando si la tierra ha cambiado
temiendo en su interior el final de todo
en absoluto ajeno, así camino hacia el fin de este día caliente,
el cuerpo será aposento
la piel puesta a secar a la sombra
la letra minúscula contra el punto final
la procesión que precede el fin del poema.
SIN TÍTULO
Cuando la soledad caminaba por la ciudad encontró al hombre, en-
tonces él dijo: “Llorando escribí a la mujer que yo quiera. Y desde mi
más pequeño rincón de humano le dije que no me abandonase, ni
fuese tan estúpida de quererme por encima de lo que soy. Ni siquiera
que me amase bajo la pena de una madre que adopta un hijo. O me
tratase como merezco, o yo mismo pueda imaginar que merezca.
Le dije que me mirase, que me encontrase, y que hablase conmigo.
Que fuese mujer. Le dije que fuese inteligente y tratase este perfil de
estúpido como el niño que es, y al que la sabiduría engaña continua-
mente con mentiras piadosas para no sufrir. Le dije que jamás dijese
la verdad ni pidiese que yo actúe; porque si la quisiera significaría
que veo en ella la posibilidad de encontrar aquel abrigo del pasa-
do que envolvía mi inocencia, y que me hacía jugar en mi patio de
recreo. O perseguir otras chicas.
Le escribí; si soy infiel lo habrás logrado. Y egoísta sería decirte que
te quedes conmigo, pero hazlo. Porque yo soy el estúpido, y tú, que
bien sabes, eres aquello que más quiero, aunque yo no sepa.
A la mujer que yo quiera; por favor le dije, entiende lo que soy. No
por cómo me he hecho, sino por naturaleza.”
Sirio
JESÚS
Gabriel Roa
Estudiante de la UCLA, Barquisimeto. Joviano.
[Link]
una vez, un colega me dijo
que su mayor error
era hacer catarsis
mediante sus letras.
yo, por supuesto,
descarté sus errores,
y, acto seguido,
escribí sobre ello.
PILOTO
Juan Carlos Rubio Vizcarrondo,
soy abogado, músico y escritor
“Clic” y “Clic” de nuevo, en las redes escarbé todas las noticias
sobre el suceso. Frente a doce pestañas abiertas en el navegador una
cuchara funge de caldero del escape y mi pulso sobre el yesquero
teoriza un eterno retorno. “¿Jonathan por qué lo haces?”, “¿Jonathan
qué hicimos mal?”, “¿por qué no sigues el ejemplo de David?” eran
las preguntas que englobaban al subterfugio de diálogo, ese viejo
programa de opinión del cual yo era solo audiencia. El problema
venía siendo de lenguaje, creo yo; considerando el conservadurismo
de mi familia, capaz nunca se hubiese empezado con un pie izquier-
do si hubiese dicho que me gusta el “felatio” en vez de sexo oral y la
posición “a tergo” en vez de ser un sodomita. Pero este ejercicio de
especulación es vano como el pavo real o el núcleo familiar, la acepta-
ción no puede ser forzada dentro de la garganta de las personas, no
como otras cosas por supuesto; ya que el derecho de amar siempre
da lugar al derecho de odiar. David era el Adonis de los ideales de
nuestros padres y nuestra sociedad: atlético, conservador, católico,
piloto de aeronaves y hombre casado con tres hijos y un perro. Él
era la antonomasia de la vida en carril que siempre te traerá cosas
consideradas deseables: compañía, dinero, reconocimiento y famil-
ia. Por mi parte solo fui catalogado de aberrante, pero en mi defensa
subrayo que lo deseable no es más que una quimera sin dueño.
Tengo que darle ya oportunidad a la aguja de que rinda su testimo-
nio:
Yo soy un degenerado en una sociedad que se cree recta y Da-
vid era su campeón, un ejemplar de los valores y los principios que
funcionan, o bueno, que al menos funcionaban hasta que David de-
cidió un día llevarse a sus pasajeros a un viaje gratuito al fondo del
mar. Aún recuerdo cuando me enseñó sobre el caldero y la pócima,
cuando me llevó al primer bar con personas “alternativas”, cuando
me presentó a mi primer amante. No puedo olvidar tampoco que
me quitó el habla cuando le supliqué frente a nuestros padres que
les dijera la verdad, que yo no inventé la rueda sino que le seguí
el ruedo. ¡Pero nada de eso importa ya! ¿Qué mejor gesto de arre-
pentimiento de su parte que haber terminado como terminó? Un
asesino en masa repudiado por todos. Definitivamente la virtud es
una prostituta que en la elección entre el homicida condenable y el
suicida lastimero afirma que lo deseable persiste entre lo detestable.
CALEIDOSCOPIO
Vanessa Fazzolari
Licenciada en Letras, UCAB
Cantante y humanista
De niño me gustaba ir al parque y subirme a la rueda de
colores, esa que daba vueltas infinitas, mientras yo disfrutaba de
las millones de imágenes desordenadas que captaban mis ojos;
esas fotografías collage que giraban también en mi mente, como
si por pedacitos, trajeran a colación presente, pasado y futuro.
Aumentaba la velocidad de la máquina, y también mis ganas
de querer desconectarme de todo y sentir únicamente la fuerza
del viento golpeando mi cara. Sin saberlo, pasaban de prisa las
horas y también los días, yo volvía a ese lugar y cada vez, con
menos fuerzas, agitaba el volante, para una y otra vez sentir que
miraba a través de un caleidoscopio. Ya no era niño, sino un
hombre al que se le pasaba la vida al ritmo de la rueda giratoria,
y ya mis recuerdos habían rebasado mi memoria. Ahora, no
era yo quien jugaba en la atracción, sino la atracción que jug-
aba conmigo. Ese continuo revoloteo en torno al tiempo, y ese
llorar sin lágrimas por la pérdida de un familiar, o de un amigo.
Ahora, tenía noventa años, solo me acercaba al parquecito y
me sentaba en la banca mirando de lejos todas sus atracciones,
escuchaba atentamente el gorjeo de los pájaros, las sonrisas de
los niños, el continuo rechinar del sube y baja, y miraba el ir y
venir de los columpios, cuando entonces me dije: todo esto es el
fluir de la vida, que con furia pasa ante nuestros ojos, como esa
rueda giratoria que nos pasea alrededor de un mismo espacio, y
solo se detiene cuando dejamos el mundo.
!AY¡
Juan Solo
UCM, España
“tren de carga moviéndose por un simple giro del destino”.
En la ausencia de pan encontré
mi más potente combustible,
cuando la realidad
encadenaba mis rodillas al suelo.
Y aún sin poder soltarme,
erguí la cabeza y hallé
muertos los árboles, las piedras
rotas, desmembrados
los hombres y extintas
todas las especies
de los parques naturales.
No obstante, el sol brillaba y
los flotantes cadáveres
dirigían hacia él
su alma,
su sangre, su orgullo
y su ignorancia.
RETRATO
Sergio Daniel Mere Ames
1998, Literatura General y Comparada (UCM)
Mas solo resta un asterisco en
este abanico de coronas
y comprendo, cuando tus ojos
muestran la estela de mi mano,
que existe un planeta vencido,
un universo en tu costado.