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Ejecución de Sentencias en Venezuela

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TEMA 14: LA EJECUCIÓN DE LAS SENTENCIAS CONTRA LA

ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

FUNDAMENTO DE LA EJECUCION DE LAS SENTENCIAS

1. Fundamento constitucional

La doctrina y jurisprudencia nacional han concebido el derecho a la ejecución de las


sentencias contra los entes públicos como una manifestación del derecho a la tutela
judicial efectiva, del derecho a la igualdad y del principio de legalidad, así como una
consecuencia de la concepción del Estado venezolano como un Estado de Derecho y de
Justicia y del sistema de responsabilidad patrimonial de la República.

A continuación, estudiaremos brevemente las disposiciones constitucionales que


resultan de interés en esta materia. La ejecución de sentencias como manifestación del
derecho a la tutela judicial efectiva. Los artículos 26 y 259 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela (“la Constitución”) consagran el derecho a la
tutela judicial efectiva en los siguientes términos;

Artículo 26. “Toda persona tiene derecho de acceso a los órganos de administración de
justicia para hacer valer sus derechos e intereses, incluso los colectivos o difusos, a la
tutela efectiva de los mismos y a obtener con prontitud la decisión correspondiente. El
Estado garantizará una justicia gratuita, accesible, imparcial, idónea, transparente,
autónoma, independiente, responsable, equitativa y expedita, sin dilaciones indebidas,
sin formalismos o reposiciones inútiles.”

Artículo 259. “La jurisdicción contencioso administrativa corresponde al Tribunal


Supremo de Justicia y a los demás tribunales que determine la ley. Los órganos de la
jurisdicción contencioso administrativa son competentes para anular los actos
administrativos generales o individuales contrarios a derecho, incluso por desviación de
poder; condenar al pago de sumas de dinero y a la reparación de daños y perjuicios
originados en responsabilidad de la Administración; conocer de reclamos por la
prestación de servicios públicos; y disponer lo necesario para el restablecimiento de las
situaciones jurídicas lesionadas por la actividad administrativa”. La ejecución de
sentencias contra los entes públicos como una manifestación del derecho a la tutela
judicial efectiva ha sido ratificada y desarrollada por la doctrina y jurisprudencia
nacional y extranjera.

Así mismo, la jurisprudencia de la Sala Político Administrativa de la entonces Corte


Suprema de Justicia ha sido unánime, al señalar que la ejecución de sentencias es una
manifestación del derecho a la tutela judicial efectiva. En efecto, en sentencia del 22 de
noviembre de 1990 señaló:
“En efecto, en primer término, en la garantía de la defensa judicial de los derechos, a
que se contrae el artículo 68 de la Constitución, se halla implícito el derecho a la
ejecución de las sentencias como forma efectiva de esa tutela. En este sentido vale la
pena traer a colación la doctrina del tribunal Constitucional español, que ha expresado
lo siguiente: “(omissis) la inejecución pura y simple de una sentencia contencioso
administrativa (omissis) dejaría ignorados los derechos e intereses de la parte que
obtuvo su tutela efectiva a través de la sentencia favorable a los mismos, derecho
también reconocido en (omissis) la Constitución que este Tribunal no puede desconocer
(...) El reconocimiento de tal derecho resulta, por otra parte, fundamental para el Estado
de Derecho (...)” (Sentencia de la Sala Político Administrativa de la entonces Corte
Suprema de Justicia del 22 de noviembre de 1990. caso E.L. Fuentes Madriz y otros
(Mochima II). Consultada en B r e w e r C a r ia s , A l l a n y O r t i z - A l v a r e z , L
u is A. Las Grandes Decisiones de la Jurisprudencia Contencioso Administrativa (1961-
1996). Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 1996, pág. 1002. En igual sentido,
sentencias de la Sala Político Administrativa de la entonces Corte Suprema de Justicia
de fechas 9 de mayo de 1981. Caso: Servicios Sanitarios Municipales, C.A. vs Instituto
Municipal de Aseo Urbano "IMAU", 18 de mayo de 1995. Caso: Plásticos El Guárico,
C.A.

La ejecución de sentencias como manifestación del derecho a la igualdad. El derecho a


la igualdad y no discriminación se encuentra consagrado en el artículo 21 de la
Constitución en los siguientes términos:

Artículo 21. “Todas las personas son iguales ante la ley, y en consecuencia: 1. No se
permitirán discriminaciones fundadas en la raza, el sexo, el credo, la condición social o
aquellas que, en general, tengan por objeto o por resultado anular o menoscabar el
reconocimiento, goce o ejercicio en condiciones de igualdad, de los derechos y
libertades de toda persona. 2. La ley garantizará las condiciones jurídicas y
administrativas para que la igualdad ante la ley sea real y efectiva; adoptará medidas
positivas a favor de personas o grupos que puedan ser discriminados, marginados o
vulnerables; protegerá especialmente a aquellas personas que por alguna de las
condiciones antes especificadas, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta
y sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se cometan (...)”

De acuerdo con la disposición antes transcrita, podemos afirmar que existe un derecho
de igualdad procesal entre las partes, que debe mantenerse, incluso, en la etapa de
ejecución de las sentencias contra la Administración. Así, en el proceso contencioso
administrativo debe mantenerse la igualdad administrado- Administración. En este
sentido, se ha pronunciado el autor Carlos Ayala Corao cuando señala:
“La tendencia en el proceso administrativo es la subjetivación del mismo,
considerando como en todo proceso, que el mismo está integrado por partes. Por lo
cual, las partes deben concurrir al proceso en condiciones de igualdad “sin
preferencia ni desigualdades” (art. 15 C.P.C). En consecuencia en respeto al derecho a
la igualdad procesal, el particular debe- al igual que la Administración-poder hacer
ejecutar los fallos estimatorios contra la Administración, pues de lo contrario se le
estaría tratando con una desigualdad discriminatoria.” ( A y a l a C o r a o , C a r l o s
M. La Ejecución de Sentencias Contencioso Administrativas. Consultado en Primeras
Jornadas Internacionales de Derecho Administrativo "Alian Randolph Brewer-
Carias”, Editorial Jurídica Venezolana, Caracas, 1995, pág. 521).

La ejecución de sentencias como manifestación del principio de legalidad

El principio de legalidad se encuentra consagrado en el artículo 137 de la Constitución


en los siguientes términos: Artículo 137. “La Constitución y la ley definirán las
atribuciones de los órganos que ejercen el Poder Público, a las cuales deben sujetarse
las actividades que realicen”.

La ejecución de sentencias como consecuencia de la concepción del Estado


venezolano como un Estado de derecho y de justicia

El artículo 2 de la Constitución señala:

Artículo 2. “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y


de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su
actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la
responsabilidad social y, en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética
y el pluralismo político”.

Al respecto, la Exposición de Motivos de la Constitución dispone: “Los principios


de solidaridad social y del bien común conducen al establecimiento de ese Estado
social, sometido al imperio de la Constitución y de la ley, convirtiéndolo, entonces, en
un Estado de Derecho. Estado social de Derecho que se nutre de la voluntad de los
ciudadanos, expresada libremente por los medios de participación política y social para
conformar el Estado democrático. Estado social y democrático de Derecho
comprometido con el progreso integral que los venezolanos aspiran, con el desarrollo
humano que permita una calidad de vida digna, aspectos que configuran el concepto de
Estado de Justicia”. La inejecución o tardanza en la ejecución de las sentencias por
parte de la Administración quebranta el Estado de Derecho. En efecto, pretender que los
administrados accionen contra la Administración cuando se ven afectados en sus
derechos e intereses por la actuación de ésta y luego obtener una sentencia que carezca
de utilidad, por ser inejecutable, definitivamente constituye una absoluta negación del
Estado de Derecho y de Justicia en los términos propugnados por la Constitución.
El derecho a la responsabilidad patrimonial del Estado por la inejecución o
tardanza en la ejecución de las sentencias

El sistema de responsabilidad patrimonial del Estado se encuentra consagrado en los


artículos 25, 138, 139, 140 y 259 de la Constitución,

Artículo 25. “Todo acto dictado en ejercicio del Poder Público que viole o menoscabe
los derechos garantizados por esta Constitución y la ley es nulo, y los funcionarios
públicos y funcionarías públicas que lo ordenen o ejecuten incurren en responsabilidad
penal, civil y administrativa, según los casos, sin que les sirvan de excusa órdenes
superiores.”

Artículo 49. “El debido proceso se aplicará a todas las actuaciones judiciales y
administrativas y, en consecuencia: (...). 8. Todos podrán solicitar del Estado el
restablecimiento o reparación de la situación jurídica lesionada por error judicial,
retardo u omisión injustificados. Queda a salvo el derecho del particular para exigir la
responsabilidad personal del magistrado o juez y del Estado de actuar contra éstos”.
Artículo 138. “Toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos.”

Artículo 139. “El ejercicio del Poder Público acarrea responsabilidad individual por
abuso o desviación de poder o por violación de esta Constitución o de la ley.”

Artículo 140. “El Estado responderá patrimonialmente por los daños que sufran los
particulares en cualquiera de sus bienes y derechos, siempre que la lesión sea imputable
al funcionamiento de la Administración Pública.” Artículo 141. “La Administración
Pública está al servicio de los ciudadanos y ciudadanas y se fundamenta en los
principios de honestidad, participación, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia,
rendición de cuentas y responsabilidad en el ejercicio de la función pública, con
sometimiento pleno a la ley y al derecho.”

Artículo 259. “La jurisdicción contencioso administrativa corresponde al Tribunal


Supremo de justicia y a los demás tribunales que determine la ley. Los órganos de la
jurisdicción contencioso administrativa son competentes para anular los actos
administrativos generales o individuales contrarios a derecho, incluso por desviación de
poder; condenar al pago de sumas de dinero y a la reparación de daños y perjuicios
originados en responsabilidad de la Administración; conocer de reclamos por la
prestación de servicios públicos; y disponer lo necesario para el restablecimiento de las
situaciones jurídicas lesionadas por la actividad administrativa.”

Antes de la entrada en vigencia de la LOPGR de 2001 la ejecución de sentencias contra


los entes públicos se regía, por analogía, por lo dispuesto en el artículo 104 de la Ley O
orgánica de Régimen Municipal (“LORM”). Ahora, resultan aplicables los artículos de
la LOPGR de 2001, cuyo texto es muy similar al artículo 104 de la LORM. En
consecuencia, el artículo 104 de la LORM sólo se aplicará a los entes públicos
nacionales para llenar los vacíos de la LOPGR del 2001. Sobre este punto volveremos
más adelante.

El artículo 104 de la LORM dispone:

Articulo 104. “Cuando el Municipio o el distrito resultare condenado enjuicio, el


tribunal encargado de ejecutar la sentencia lo comunicará al Alcalde, quien dentro del
término señalado por el Tribunal, deberá proponer al Concejo o Cabildo la forma y
oportunidad de dar cumplimiento a lo ordenado en la sentencia. El interesado, previa
notificación, aprobará o rechazará la proposición del Alcalde, y en este último caso, el
Tribunal fijará otro plazo para presentar una nueva proposición. Si ésta tampoco fuere
aprobada por el interesado o el Municipio no hubiere presentado alguna, el Tribunal
determinará la forma y oportunidad de dar cumplimiento a lo ordenado por la sentencia,
según los procedimientos siguientes:

1°. Si se trata de cantidades de dinero, el Tribunal, a petición de parte interesada,


ordenará que se incluya el monto a pagar en la partida respectiva en el próximo o
próximos presupuestos, a cuyo efecto enviará el Alcalde copia certificada de lo actuado.
El monto que se ordene pagar, se cargará a una partida presupuestaria no imputable a
programas. El monto anual de dicha partida no excederá del cinco por ciento (5%) de
los ingresos ordinarios del presupuesto del Municipio o Distrito. Cuando la orden del
Tribunal no fuere cumplida o la partida prevista no fuere ejecutada, el Tribunal a
instancia de parte, ejecutará la sentencia conforme al procedimiento ordinario pautado
en el Código de Procedimiento Civil; y

2°. Si se tratare de entrega de bienes, el Tribunal pondrá en posesión de ellos a quien


corresponda, pero si tales bienes estuvieren afectados al uso público, a un servicio
público o a actividades de utilidad pública prestados en forma directa por el Municipio,
el Tribunal acordará la fijación del precio mediante peritos, en la forma establecida en
la Ley de Expropiación por Causa de Utilidad Pública o Social; y determinado el
precio, ordenará su entrega a quien corresponda, conforme a lo previsto en el ordinal
anterior. En este último caso, la fecha de la sentencia se equipará a la fecha del Decreto
de Expropiación”.

Los artículos 85 y 86 de la LOPGR del 2001 disponen;

Artículo 85. “Cuando la República sea condenada en juicio, el Tribunal encargado de


ejecutar la sentencia notificará al Procurador o Procuradora General de la República
quien, dentro del lapso de sesenta (60) días siguientes, debe informarle sobre su forma y
oportunidad de ejecución. Dentro de los diez (10) días siguientes de su notificación, la
Procuraduría General de la República participará al órgano respectivo de lo ordenado en
la sentencia. Este último deberá informar a la Procuraduría General de la República
sobre la forma y oportunidad de ejecución de lo ordenado en la sentencia, dentro de los
treinta (30) días siguientes de recibido el oficio respectivo.

Artículo 86. La parte interesada, previa notificación, puede aprobar o rechazar la


proposición del organismo público que corresponda y, en el último caso, el Tribunal
debe fijar otro plazo para presentar nueva propuesta; si la misma no es aprobada por la
parte interesada, o si el organismo respectivo no hubiere presentado alguna, el Tribunal
debe determinar la forma y oportunidad de dar cumplimiento a lo ordenado por la
sentencia, según los procedimientos siguientes:

1. Si se trata de cantidades de dinero, el Tribunal, a petición de la parte interesada, debe


ordenar que se incluya el monto a pagar en la partida respectiva de los próximos dos
ejercicios presupuestarios, a cuyo efecto debe enviar al Procurador o Procuradora
General de la República copia certificada de la decisión, la cual debe ser remitida al
organismo correspondiente. El monto que se ordene pagar debe ser cargado a una
partida presupuestaria no imputable a programas.

2. Si se trata de entrega de bienes, el Tribunal debe poner en posesión de los mismos a


quien corresponda. Si tales bienes estuvieren afectados al uso público, a actividades de
utilidad pública o a un servicio público prestado en forma directa por la República, el
Tribunal debe acordar la fijación del precio mediante avalúo realizado por tres peritos,
nombrados uno por casa parte y el tercero de común acuerdo. En caso de desacuerdo, el
tercer perito es nombrado por el Tribunal”.

Por su parte, la Ley Orgánica del Poder Judicial regula la ejecución de sentencias
en los siguientes términos.

Artículo 2°. “La jurisdicción es inviolable. El ejercicio de la potestad jurisdiccional de


juzgar y hacer ejecutar lo juzgado, corresponde exclusivamente a los tribunales y
comprende a todas las personas y materias en el ámbito del territorio nacional, en la
forma dispuesta en la Constitución y las leyes. Las decisiones judiciales serán
respetadas y cumplidas en los términos que ellas expresen”.

Artículo 10. “Corresponde al Poder Judicial conocer y juzgar, salvo las excepciones
expresamente establecidas por la ley de las causas y asuntos civiles, mercantiles,
penales, del trabajo, de menores, militares, políticos, administrativos y fiscales.
Cualesquiera que sean Jas personas que intervengan; decidirlos definitivamente y
ejecutar o hacer ejecutar las sentencias que dictare. Corresponde al Poder Judicial
intervenir en todos los actos no contenciosos indicados por la ley, y ejercer las
atribuciones correccionales y disciplinarias señaladas por ella”.

Artículo 11. “Los tribunales para la ejecución de todos los actos que decreten o
acuerden, pueden requerir de las demás autoridades el concurso de la fuerza pública que
de ellas dependa, y, en general, valerse de todos los medios legales coercitivos de que
dispongan. Se exceptúa el caso de conflicto de poderes, el cual deberá ser sometido a la
decisión de la Corte Suprema de Justicia”. La autoridad requerida por un tribunal que
obre en ejercicio de sus atribuciones, debe prestar su concurso sin que le corresponda
calificar el fundamento con que se le pida, ni la legalidad o la justicia de la sentencia o
decreto que se trate de ejecutar”.

COMPETENCIA DE LOS JUECES CONTENCIOSO ADMINISTRATIVOS


PARA EJECUTAR LAS SENTENCIAS CONTRA LOS ENTES PÚBLICOS

Al respecto, el artículo 253 de la Constitución dispone: Artículo 253. “La potestad


de administrar justicia emana de los ciudadanos o ciudadanas y se imparte en nombre
de la República por autoridad de la ley. Corresponde a los órganos del Poder Judicial
conocer de las causas y asuntos de su competencia mediante los procedimientos que
determinen las leyes, y ejecutar o hacer ejecutar sus sentencias”.

As mismo, el artículo 21 del CPC y el artículo 10 de la Ley Orgánica del Poder Judicial
atribuyen a los jueces la función de ejecutar los fallos.

MODOS DE EJECUCION DE LAS SENTENCIAS CONTRA LOS ENTES


PUBLICOS. EL PROBLEMA DE LOS PRIVILEGIOS Y PRERROGATIVAS
PROCESALES DE LOS ENTES PUBLICOS. AVANCES
JURISPRUDENCIALES EN ESTA MATERIA. APLICACION DEL
MECANISMO DE EJECUCIÓN DE SENTENCIAS PREVISTO EN LA
LOPGAR DEL 2001

Conforme al principio a la tutela judicial efectiva, las sentencias deben ser ejecutadas
por la parte vencida de forma exacta a lo ordenado, bien sea voluntaria o forzosamente.

La ejecución voluntaria de las sentencias se encuentra prevista en los artículos 523 y


524 del CPC. Tales disposiciones habían sido aplicadas por los tribunales contenciosos
administrativos en los casos de ejecución voluntaria de las sentencias contra los entes
públicos nacionales, vista la ausencia de regulación expresa en esta materia en la
LOCSJ. A hora bien, creemos que con la entrada en vigencia de la LOPGR del 2001 los
tribunales procederán a la aplicación del procedimiento de ejecución de sentencias
previsto en el artículo 85 de la mencionada ley, cuyo texto fue anteriormente transcrito.
A todo evento, vale la pena resaltar la aplicación de los artículos 523 y 524 del CPC por
parte de los tribunales contencioso administrativos, antes de la entrada en vigencia de la
LOPGR del 2001, para lograr la ejecución voluntaria de las sentencias que le eran
adversas a la Administración, lo cual puede evidenciarse de las siguientes citas
jurisprudenciales.
RESPONSABILIDAD PATRIMONIAL DE LA ADMINISTRACION Y DEL
ESTADO-JUEZ POR LA INEJECUCION O TARDANZA EN LA EJECUCION
DE LAS SENTENCIAS

Como hemos expuesto a lo largo del presente trabajo, la Administración que resulta
vencida en juicio incurre en tardanza o inejecución del fallo. La jurisprudencia nacional
se ha dedicado a sentar criterio en los modos de ejecución de las sentencias contra los
entes públicos, a fin de salvaguardar los intereses de los administrados frente a los
ilegales privilegios y prerrogativas procesales que la ley concede a la Administración.
Sin embargo, el tema de la ejecución de las sentencias no se agota allí, sino que existen
disposiciones constitucionales (artículos 25, 26, 49, 139, 140, 141 y 259 de la
Constitución) que permiten lograr que la Administración responda patrimonialmente
por los daños causados a los particulares afectados por la inejecución o tardanza en la
ejecución de las sentencias.

EXCEPCIONES AL PRINCIPIO DE LA INEMBARGABILIDAD

La inembargabilidad en la ejecución de sentencias contra la Administración Pública en


Venezuela implica que ciertos bienes o recursos no pueden ser embargados en virtud de
una sentencia judicial. Esto se basa en la necesidad de proteger el patrimonio público y
asegurar que los servicios fundamentales del Estado no se vean afectados. Sin embargo,
el sistema actual de ejecución de sentencias enfrenta obstáculos significativos, ya que
no cuenta con una regulación clara en la Ley Orgánica de la Corte Suprema de Justicia,
lo que dificulta la materialización de estas sentencias.

Inembargabilidad de los bienes de los entes públicos.

El tema de la inembargabilidad de los bienes y caudales públicos ha sido objeto de


extenso tratamiento por parte de la doctrina, y arroja como conclusión general que tal
prerrogativa debe interpretarse en el sentido de que han de tratarse de bienes del
dominio público o afectados a la prestación de un servicio público, para armonizar tal
prohibición con el derecho constitucional a la tutela judicial efectiva. No obstante, en
nuestra legislación, conforme a lo dispuesto en el artículo 87 del Decreto-Ley Orgánica
de la Procuraduría General de la República y 9 de la Ley Orgánica de Bienes
Públicos143, los bienes que formen parte del patrimonio de la República no están
sujetos a medida preventiva o ejecutiva de ningún tipo (la norma impropiamente
incluye a la hipoteca, garantía real que no es una medida judicial). En el caso de las
medidas de embargo ejecutivo, la jurisprudencia previa a la Constitución de 1999 había
venido evolucionando en el sentido de flexibilizar la prohibición. No obstante, el
criterio actual sostenido por la Sala Constitucional ha declarado la plena
constitucionalidad de tal inembargabilidad (tanto en materia de medidas cautelares
como ejecutivas) sin ningún tipo de matiz o limitación144, lo que constituye una
desmesurada ventaja para los entes públicos, puesto, en definitiva, que no se admite un
mecanismo eficaz para lograr la ejecución de los fallos judiciales ante la contumacia de
la Administración condenada.

Análoga regulación se encuentra para el caso de los bienes del municipio y demás
entidades municipales en el artículo 156 de la Ley Orgánica del Poder Público
Municipal, pero con el importante añadido de que tal limitación se impone salvo
previsión legal en contrario, como es el caso del procedimiento para la ejecución
forzosa de sentencias, en el cual sí se admite el embargo ejecutivo sobre bienes del
dominio privado municipal, en virtud del reenvío al Código de Procedimiento Civil.

GARANTÍAS JUDICIALES DE LA EJECUCIÓN DE LA SENTENCIA

Las garantías judiciales de la ejecución de una sentencia en Venezuela están relacionadas


con la tutela judicial efectiva, la legalidad, la judicialidad, la humanidad de las penas y la
igualdad:

 Tutela judicial efectiva


La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) consagra en su
artículo 26 el derecho a la tutela judicial efectiva, que es el derecho de toda persona a
acceder a los órganos de administración de justicia para hacer valer sus derechos.
 Legalidad
La ejecución de la pena debe responder a los parámetros constitucionales de legalidad.
 Judicialidad
La ejecución de la pena debe responder a los parámetros constitucionales de judicialidad.
 Humanidad de las penas
La ejecución de la pena debe responder a los parámetros constitucionales de humanidad
de las penas.
 Igualdad
La ejecución de la pena debe responder a los parámetros constitucionales de igualdad.
La ejecución de una sentencia es un procedimiento judicial en el que quien obtuvo una
sentencia a su favor solicita al Juzgado que se cumpla forzosamente el contenido de la
resolución.

. El derecho constitucional a la tutela judicial efectiva y el derecho a la ejecución cabal


de la sentencia como atributo de este
Como lo ha señalado un destacado administrativista y procesalista , la Constitución
venezolana de 1999 consagra en una fórmula generosa el derecho constitucional a la tutela
judicial efectiva, al disponer en su artículo 26 que: Toda persona tiene derecho de acceso a
los órganos de administración de justicia para hacer valer sus derechos e intereses, incluso
los colectivos o difusos, a la tutela efectiva de los mismos y a obtener con prontitud la
decisión correspondiente. El Estado garantizará una justicia gratuita, accesible, imparcial,
idónea, transparente, autónoma, independiente, responsable, equitativa y expedita, sin
dilaciones indebidas, sin formalismos o reposiciones inútiles.

La potestad judicial de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado

La potestad de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado siempre ha correspondido a los


órganos del Poder Judicial en el ordenamiento jurídico venezolano. Así por ejemplo,
disponen los artículos 2º y 10 de la Ley Orgánica del Poder Judicial (24):

La jurisdicción es inviolable. El ejercicio de la potestad jurisdiccional de juzgar y hacer


ejecutar lo juzgado, corresponde exclusivamente a los tribunales y comprende a todas
las personas y materias en el ámbito del territorio nacional, en la forma dispuesta en la
Constitución y las leyes. Las decisiones judiciales serán respetadas y cumplidas en los
términos que ellas expresen. Corresponde al Poder Judicial conocer y juzgar, salvo las
excepciones expresamente establecidas por la ley, de las causas y asuntos civiles,
mercantiles, penales, del trabajo, de menores, militares, políticos, administrativos y
fiscales, cualesquiera que sean las personas que intervengan; decidirlos definitivamente
y ejecutar o hacer ejecutar las sentencias que dictare.

Por su parte, el Código de Procedimiento Civil, supletorio de las demás leyes


procesales, dispone: Artículo 523. La ejecución de la sentencia o de cualquier otro acto
que tenga fuerza de tal, corresponderá al Tribunal que haya conocido de la causa en
primera instancia. Si fuere un Tribunal de arbitramento el que haya conocido en primera
instancia, la ejecución corresponderá al Tribunal natural que hubiere conocido del
asunto de no haberse efectuado al arbitramento.

La ejecución de una sentencia contencioso-administrativa en Venezuela puede ser


voluntaria o forzosa:

 Ejecución voluntaria: El municipio cumple con la condena de forma voluntaria.


 Ejecución forzosa: Se inicia cuando el municipio se niega a acatar el mandato del tribunal
en el plazo establecido.
La sentencia contencioso-administrativa establece un plazo prudencial para que el órgano
administrativo correspondiente ejecute lo resuelto.
En el sistema contencioso-administrativo venezolano, las acciones más frecuentes
son: Indemnización de daños, Incumplimiento de obligaciones públicas, Pago de dinero
debido, Obtención de prestaciones administrativas, Corrección de la inacción ilegítima de
la Administración.
La jurisdicción contencioso-administrativa es competente para conocer de los actos y
relaciones jurídicas sometidas al derecho administrativo.
Esa garantía al debido proceso1 con esa extensión, como ha ocurrido en todas las
Constituciones contemporáneas, fue desarrollada detalladamente en el artículo 49 de la
Constitución venezolana de 1999,2 como una “garantía suprema dentro de un Estado de
Derecho,”3 denominándose como tal debido proceso, “aquél proceso que reúne las
garantías indispensables para que exista una tutela judicial efectiva”, de manera que
“cualquiera sea la vía escogida para la defensa de los derechos o intereses legítimos, las
leyes procesales deben garantizar la existencia de un procedimiento que asegure el derecho
de defensa de la parte y la posibilidad de una tutela judicial efectiva”4 .

El artículo 49 de la Constitución dispone: “El debido proceso se aplicará a todas las


actuaciones judiciales y administrativas; en consecuencia:

1. La defensa y la asistencia jurídica son derechos inviolables en todo estado y grado de la


investigación y del proceso. Toda persona tiene derecho a ser notificada de los cargos por
los cuales se le investiga, de acceder a las pruebas y de disponer del tiempo y de los medios
adecuados para ejercer su defensa. Serán nulas las pruebas obtenidas mediante violación
del debido proceso. Toda persona declarada culpable tiene derecho a recurrir del fallo, con
las excepciones establecidas en esta Constitución y en la ley.

2. Toda persona se presume inocente mientras no se pruebe lo contrario.

3. Toda persona tiene derecho a ser oída en cualquier clase de proceso, con las debidas
garantías y dentro del plazo razonable determinado legalmente por un tribunal competente,
independiente e imparcial establecido con anterioridad. Quien no hable castellano, o no
pueda comunicarse de manera verbal, tiene derecho a un intérprete.

4. Toda persona tiene derecho a ser juzgada por sus jueces naturales en las jurisdicciones
ordinarias o especiales, con las garantías establecidas en esta Constitución y en la ley.
Ninguna persona podrá ser sometida a juicio sin conocer la identidad de quien la juzga, ni
podrá ser procesada por tribunales de excepción o por comisiones creadas para tal efecto.

5. Ninguna persona podrá ser obligada a confesarse culpable o declarar contra sí misma, su
cónyuge, concubino o concubina, o pariente dentro del cuarto grado de consanguinidad y
segundo de afinidad. La confesión solamente será válida si fuere hecha sin coacción de
ninguna naturaleza.
6. Ninguna persona podrá ser sancionada por actos u omisiones que no fueren previstos
como delitos, faltas o infracciones en leyes preexistentes.

7. Ninguna persona podrá ser sometida a juicio por los mismos hechos en virtud de los
cuales hubiese sido juzgada anteriormente.

8. Todos podrán solicitar del Estado el restablecimiento o reparación de la situación jurídica


lesionada por error judicial, retardo u omisión injustificados. Queda a salvo el derecho del o
de la particular de exigir la responsabilidad personal del magistrado o de la magistrada, el
juez o de la jueza; y el derecho del Estado de actuar contra éstos o éstas”. Véase sobre
nuestra participación en la redacción de esta norma, en la sesión del 21 de octubre de 1999
de la Asamblea nacional Constituyente, en Allan R. Brewer-Carías, Asamblea
Constituyente y Proceso Constituyente 1999, Fundación de Derecho Público, Editorial
Jurídica Venezolana, Caracas 2014, p. 631.

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