SÍLABO DE ORIENTACIÓN PROFÉTICA
CAPÍTULO 3
LA NECESIDAD DEL DON DE PROFECÍA
A fin de suplir la necesidad de conocer y de buscar a Dios, Él se ha revelado al hombre en
muchas formas. Desde el principio lo ha hecho mediante sus siervos los profetas. El profeta
se constituye entonces en el eslabón que une la cadena de comunicación una vez rota. Dios
quiso revelar su voluntad y sus propósitos a sus hijos, aun estando estos en estado pecami-
noso. Ya no podría hablar cara a cara con ellos, pero les hablaría mediante sus siervos los
profetas (Números 12:6).
De esta forma el hombre no ha quedado a merced de Satanás sin esperanza y sin posibili-
dad alguna de salvación. Satanás hubiese destruido para siempre en el hombre la imagen de
su Hacedor y todo deseo de conocerle. Lo ha logrado en parte, pero no en su totalidad. Hoy
hay millones que buscan con sinceridad a Dios sin encontrarlo, porque lo buscan donde no
está. Y, ¿quiénes fueron los profetas?
El profeta: perfil e imagen. Dios llamó a sus siervos los profetas desde el principio. Los
eligió por su soberana voluntad para que fueran sus portavoces e intermediarios. Los tomó
del pueblo mismo a quien deberían ellos servir. No los escogió por pertenecer a una casta
especial; no por su sabiduría, ni fama ni fortuna, sino por su marcada sensibilidad a la in-
fluencia de su Santo Espíritu. Los profetas eran hombres y mujeres comunes, “de pasiones
semejantes a las nuestras” (Santiago 5:17). En la mayoría de los profetas vemos que estas
pasiones a veces desbordaban y se salían de su cauce, haciendo que ellos cometieran graves
errores. Pocos son aquellos de los cuales la Palabra de Dios no registra alguna debilidad.
Aun los grandes hombres de la Biblia como Abraham, Moisés, David, fueron víctimas
de sus pasiones. Pero Dios decía: “es profeta” (Génesis 20:7) y eso era lo que importaba.
Acerca del profeta se puede decir con seguridad: “Nadie toma para sí la honra, sino el que
es llamado por Dios...” (Hebreos 5:4).
Un autor citado por A. G. Daniells dice acertadamente respecto al llamado del profeta:
“Los profetas no heredaban el cargo ni lo recibían por designación humana; sino que
eran llamados por Dios; y el llamamiento era acompañado con frecuencia por un profundo
escudriñamiento del corazón” (El permanente don de profecía, 27:3).
Es una cosa muy grave y peligrosa que alguien a quien Dios no llama para este cargo
sagrado intente colocarse en él. Algunos lo han hecho, pero de los tales Dios ha dicho: “No
envié yo a aquellos profetas, y ellos corrían: yo no les hablé y ellos profetizaban”. “He aquí
estoy contra los profetas, dice Jehová, que endulzan sus lenguas, y dicen: Jehová ha dicho”
(Jeremías 23:31).
Por otro lado, es igualmente peligroso que un profeta a quien Dios llama y le ha dado
indicaciones específicas respecto a la conducta a seguir, no obedezca dichas indicaciones.
Un ejemplo claro de este caso se halla en la historia del profeta joven que fue a Bethel para
llevar un mensaje a Jeroboam hijo de Nabat, cuando este ofrecía un sacrificio en plena
rebeldía al mandato de Dios (Véase 1 Reyes 13:1-10).
Formas en que se comunicaba Dios con los profetas. Las Sagradas Escrituras regis-
tran con muchos detalles la manera como Dios comunicaba su voluntad a sus siervos los
profetas. El apóstol Pablo dice: “Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas mane-
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LA CREACIÓN DEL HOMBRE Y EL DON DE PROFECÍA
ras en otro tiempo a los padres por los profetas” (Hebreos1:1). Moisés registra las palabras
mismas de Dios, cuando se dirige a Aarón y a María diciendo: “Oíd ahora mis palabras.
Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión y en sueños hablaré
con él” (Números 12:6). Aquí aparecen las dos formas más comunes en que Dios se comu-
nicaba con los profetas: sueños y visiones. Hay, sin embargo, en las Escrituras otras formas
que Dios usó para revelar su voluntad a sus siervos los profetas. Anotamos a continuación
algunas de esas formas:
1. Visiones: Generalmente estas eran dadas de noche, aunque también podían suceder
de día como en el caso de Daniel (Daniel 10).
2. Sueños: Generalmente eran dados de noche (Génesis 37; Daniel 2:1 y Génesis 20:3).
3. Torbellino: Dios le habló a Job desde un torbellino (Job 38:1)
4. Silbo apacible: De esta manera le habló Dios a Elías (1 Reyes 19:12-13).
5. Fuego: Así le habló Dios a Moisés al darle la misión de sacar a Israel de Egipto
(Éxodo 3:2-6).
6. Urim y Tumim. Dios respondía las peticiones de su pueblo Israel, por medio de estas
dos piedras que estaban en el pectoral del sacerdote (1 Samuel 28:6 y Esdras 2:63).
Dios no hizo excepción de profesiones u oficios en el llamado profético. Al estudiar la
vida de los profetas vemos que algunos de ellos desempeñaban oficios humildes, mientras
que otros eran príncipes. Observa la lista a continuación, que por supuesto no es exhausti-
va, de algunos ejemplos:
1. Agricultores:.............................................................................Eliseo (1 Reyes 19:19)
2. Pescadores:........................................................................Juan y Jacobo (Mateo 4:21)
3. Pastores:.............................................Moisés y David (Éxodo 3:1 y 1 Samuel 16:19)
4. Aduaneros o cobradores de impuestos:.................................Leví Mateo (Mateo 9:9)
5. Médicos:..................................................................................Lucas (2 Timoteo 4:11)
6. Músicos:....................................................................Jedutum y Asaf (1 Crónicas 16)
La lista es larga, y solo anotamos aquí unos cuantos ejemplos para destacar el hecho de
que Dios siempre se interesa por los que están dispuestos a cumplir su voluntad.
Dios no hace excepción de géneros en el oficio profético. Así como Dios no hace excep-
ción de oficios para llamar a sus profetas, tampoco se limita a un solo género. Tanto en el
Antiguo como en el Nuevo Testamento bíblico, encontramos mujeres que fueron llamadas
por Dios para ser profetisas. Veamos algunos ejemplos:
1. María, hermana de Moisés (Éxodo 15:20).
2. Débora, mujer de Lapidot (Jueces 4:4).
3. Hulda (2 Crónicas 34:22).
4. La esposa de Isaías (Isaías 8:3).
5. Ana, de la tribu de Aser (Lucas 2:36).
6. Las hijas de Felipe el evangelista (Hechos 21:9).
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Importancia del oficio profético. El rol profético en la historia de la humanidad es vital.
No sería posible conocer, comprender y obedecer a Dios, si no hubiera profetas. Considera
los siguientes versículos:
1. Proverbios 29:18 “Sin profecía el pueblo se desenfrena, mas el que guarda la
ley es bienaventurado” (NVI). “Donde no hay visión, el pueblo se extravía”.
2. 2 Crónicas 20:20 “Creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a
sus profetas y seréis prosperados”.
3. 1 Tesalonicenses 5:20 “No menospreciéis las profecías”.
Funciones del profeta. El profeta no solo existe para “profetizar” o anunciar eventos
futuros, aunque esa es una de sus funciones. Es conveniente recordar algunas otras que en
algún momento hicieron los profetas:
1. Ser atalaya (NVI: centinela) (Ezequiel 3:17-21).
2. Ser maestro del pueblo (1 Samuel 12:1-4).
3. Escribir los mensajes que Dios le indicaba (Apocalipsis 1:19).
4. Reprender al pueblo en el nombre de Dios (Mateo 3:7-11).
5. Encontrar cosas perdidas (1 Samuel 9:1-20; 2 Reyes 6:1-6).
6. Orientar en los juicios (Números 15:33).
7. Dar a conocer la voluntad de Dios sobre si se debía salir a la guerra o no (2 Crónicas
18:14), sugerir movimientos estratégicos durante la batalla (2 Reyes 6:8-23).
8. Interceder por otros (Génesis 20:7).
9. Resucitar muertos (1 Reyes 17:17-24).
10. Llamar a reconsagración y reforma al pueblo de Dios (1 Reyes 18:20-21).
11. Descubrir pecados ocultos y anunciar castigos (1 Reyes 21:1-24; 2 Samuel 11:1-
12:14).
12. Para ungir reyes (1 Samuel 16:1-13).
13. Llevar mensajes solemnes a naciones paganas (Jonás; Isaías 15, 17, 18, 19, 23;
Ezequiel 21:28-32; 25:1-2).
Peligros del ministerio profético. Muchas veces las encomiendas divinas dadas a los
profetas estaban rodeadas de sufrimientos, peligros y hasta muerte. Algunos reyes eran
crueles, despóticos y sanguinarios; sin embargo, el varón de Dios debía llevar el mensaje
sin importarle el precio que debía pagar. Muchos sufrieron el rechazo, la burla, fueron per-
seguidos y hasta muertos. Otros fueron apedreados, azotados y acuchillados por denunciar
la maldad y los crímenes cometidos.
1. Miqueas fue puesto en prisión y sustentado con pan y agua (2 Crónicas 18:26).
2. Jeremías fue amenazado de muerte (Jeremías 26:8).
3. Urías fue perseguido encarnizadamente hasta ser encontrado y muerto a espada
(Jeremías 26:20-23).
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LA CREACIÓN DEL HOMBRE Y EL DON DE PROFECÍA
4. Zacarías fue muerto por orden del rey Joás (2 Crónicas 24:20-21).
La ciudad de Jerusalén, escenario de luchas, sitio donde se practicaron los más negros
pecados por parte de los príncipes, los reyes y el pueblo mismo, fue también el escenario
del ministerio de los profetas. En Jerusalén muchos fueron llamados y allí mismo ofren-
daron su vida en el cumplimiento de su misión. Por eso Jesús cuando contempla la ciudad
llora, y dice: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son
enviados! ¡Cuántas veces quise juntar tus hijos como la gallina junta a sus pollos debajo de
sus alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37).
No podían hablar sino la palabra misma de Dios. Balaam fue contratado por el rey Balac,
rey de Moab, para maldecir a Israel. Aun en medio de su descarrío y su ambición por el
dinero, Balaam sabía cuán peligroso era pronunciar sus propias palabras. Por eso en vez de
maldecir a Israel; lo bendijo con bendiciones de lo alto. Por eso Balac en su desesperación
le reclama y le dice: “Para maldecir a mis enemigos te llamé, y tres veces los has bendecido
ya”. Balaam le responde: “¿No declaré a tus mensajeros: aunque Balac me diera su casa
llena de plata y oro, no podré traspasar el dicho del Señor, para hacer cosa buena o mala de
mi arbitrio, sino lo que Jehová hable, eso hablaré?” (Números 24:10-13).
Lo mismo expresó Micaías hijo de Imla, al mensajero enviado por el rey Acab, cuando
este le dice: “Te ruego que tu palabra sea como la de uno de ellos” -refiriéndose a los pro-
fetas que anunciaban éxito a los reyes en la campaña contra los sirios-. Micaías le contestó:
“Vive Jehová que lo que mi Dios me diga, eso hablaré” (2 Crónicas 18:13).
Algunos tuvieron miedo, al principio, para aceptar el cargo. Ante tal responsabilidad y
compromiso, algunos de los profetas del Antiguo Testamento no querían aceptar el divino
llamado al ministerio profético. Moisés, por ejemplo, le dijo al Señor: “No me creerán”;
“no sé hablar”. “¡Ah!, Señor, envía a otro” (Éxodo 4:1, 10, 13). Jeremías, siendo muy
joven, y conociendo la pesada responsabilidad que le aguardaba al ser llamado al oficio
profético dijo: “¡Ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño”. Jonás huyó
a Tarsis ante la responsabilidad de ir en nombre de Jehová a predicar a Nínive. No, no era
fácil ser portavoz de Dios. Tenía sus riesgos. Si el profeta no cumplía su ministerio con
fidelidad, y el pecador moría por no recibir el mensaje de Dios a través del profeta, la vida
del profeta estaba en peligro mortal, pues Dios la demandaba a cambio.
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