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Kandinsky, Wassily - 1911 - de Lo Espiritual en El Arte

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Wassily

Kandinsky
de lo
espiritual en el arte
premia
la nave de los locos

Título original: Über das Geistige der Kunst


Traducción: Elisabeth Palma
Diseño de la colección: Ascencio

Primera edición
1979
Quinta edición
1989

Derechos reservados de esta edición por Premia


editora de libros s. a.

ISBN 968-434-116-4

Premia editora de libros, S. A.


Tlahuapan, Puebla. (Apartado Postal
12-672 03020 México, D. F.).

Impreso y hecho en México


Printed and made in México

NOTA PARA LA EDICIÓN DIGITAL: Las pinturas que aparecen en


este documento no corresponden a la edición impresa, originalmente en
blanco y negro.

2
Desde su mismo título, este libro de Wassily Kandinsky nos sitúa en
gran medida en la formula pragmática de los expresionistas y, a la vez,
nos expresa, por primera vez, la tendencia a la unificación sistemática de
una teoría artística. No es casual que en lugar de una simbiosis de las
artes o de su aglomeración con miras a una eficacia, se vea intervenir el
concepto de la reciprocidad técnica entre ellas. De lo espiritual en el arte
es la respuesta personal de un pintor ante las dificultades particulares de
su oficio y a la necesidad de trazarse un esquema teórico en el cual
apoyarse para esclarecerse a sí mismo vital y artísticamente.

3
Índice

INTRODUCCIÓN .......................................................................................... 5
I. EL MOVIMIENTO .................................................................................. 9
II. EL CAMBIO DEL RUMBO ESPIRITUAL ...................................... 13
III. LA PIRÁMIDE ................................................................................... 22
IV. LOS EFECTOS DEL COLOR ........................................................... 24
V. EL LENGUAJE DE LAS FORMAS Y LOS COLORES ................. 28
VI. TEORÍA ............................................................................................... 53
VII. LA OBRA DE ARTE Y EL ARTISTA .............................................. 62
EPILOGO ....................................................................................................... 70

4
INTRODUCCIÓN

Cualquier creación artística es hija de su tiempo y, la mayoría de las


veces, madre de nuestros propios sentimientos.
Igualmente, cada periodo cultural produce un arte que le es propio y
que no puede repetirse. Pretender revivir principios artísticos del pasado
puede dar como resultado, en el mejor de los casos, obras de arte que sean
como un niño muerto antes de nacer. Por ejemplo, es totalmente
imposible sentir y vivir interiormente como lo hacían los antiguos griegos.
Los intentos por reactualizar los principios griegos de la escultura,
únicamente darán como fruto formas semejantes a las griegas, pero la
obra estará muerta eternamente. Una reproducción tal es igual a las
imitaciones de un mono.
A primera vista, los movimientos del mono son iguales a los del
hombre. El mono puede sentarse sosteniendo un libro frente a sus ojos,
dar vuelta a las páginas, ponerse serio, pero el sentido de estos
movimientos le es ajeno totalmente.
Hay, a pesar de esto, otra igualdad exterior de las formas artísticas que
se asienta en una gran necesidad. La igualdad de la aspiración espiritual
en todo el medio moral-espiritual, la aspiración hacia metas que,
perseguidas primero, fueron luego olvidadas; es decir, la igualdad del
sentir interno de todo un periodo puede llevar lógicamente al empleo de
formas que en un periodo anterior sirvieron positivamente a las mismas
aspiraciones. Así nació parte de nuestra simpatía, nuestra comprensión y
nuestro parentesco espiritual con los primitivos. Como nosotros, esos
artistas puros buscaron reflejar en sus obras únicamente lo esencial: la
renuncia a lo contingente apareció por sí sola.
A pesar de su valor, este punto importante de unión espiritual no es
más que un aspecto. Nuestro espíritu, que después de una larga etapa
materialista se halla aún en los inicios de su despertar, posee gérmenes de
desesperación, carente de fe, falto de meta y de sentido. Pero aún no ha
terminado completamente la pesadilla de las tendencias materialistas que
hicieron de la vida en el mundo un penoso y absurdo juego. El espíritu
que empieza a despertar se encuentra todavía bajo el influjo de esta
pesadilla. Sólo una débil luz aparece como un diminuto punto en un gran
círculo negro. Es únicamente un presentimiento que el espíritu no se
arriesga a mirar, pues se pregunta si la luz es sólo un sueño y el círculo
negro la realidad.
Esta duda y los sufrimientos aún válidos de la filosofía materialista,
separan nuestro espíritu del de los primitivos. Nuestro espíritu tiene una
5
grieta, que cuando se logra tocar, produce el sonido de un fino jarrón
quebrado, hallado en el fondo de la tierra. Por eso, la inclinación a lo
primitivo, como la que hoy tenemos abiertamente tomada en préstamo,
será de corta vigencia.
Estas dos clases de semejanzas entre el arte nuevo y las formas de
etapas pasadas, son radicalmente diferentes. El primero es externo y, por
lo tanto, no tiene porvenir. El segundo es espiritual y por eso lleva en sí la
semilla del futuro. Tras la etapa de la tentación materialista, en la que
aparentemente murió y que, sin embargo, ahora rechaza como una
tentación negativa, el alma se levanta afinada por la lucha y el
sufrimiento. Los sentimientos más burdos, como el miedo, la alegría, la
tristeza, etc., que podrían usarse en esta etapa de tentación como
contenido del arte, atraerán poco al artista. Este buscará despertar
sentimientos más sutiles que en la actualidad no tienen nombre. El artista
tiene una vida compleja, sutil, y la obra surgida de él originará
necesariamente, en el público capaz de sentirlas, emociones tan matizadas
que nuestras palabras no las podrán manifestar.
El espectador es hoy incapaz, salvo en excepciones, de tales
vibraciones. Desea hallar en la obra de arte una simple imitación de la
naturaleza que le sirva para algún fin práctico (el retrato en su significado
corriente, etc.), o una imitación de la naturaleza que traiga consigo cierta
interpretación (pintura impresionista), o finalmente, estados de ánimo
disfrazados de formas naturales (lo que se llama emoción)1. Todas estas formas
de ser auténticamente artísticas, cumplen una finalidad y son (también en
el primer caso) alimento espiritual, y especialmente en el caso tercero, en
el que el espectador encuentra una relación con su alma. Naturalmente,
tal relación (o resonancia) no se queda en la superficie: el estado de ánimo
de la obra puede profundizarse y modificar el estado de ánimo del
espectador. En cualquier caso, estas obras evitan que el alma se envilezca
y la sostienen en un determinado tono, como el diapasón con las cuerdas
de un instrumento. Sin embargo, la depuración y la extensión de este
tono, en el tiempo y el espacio, son unilaterales y no agotan todo el efecto
posible del arte. Una construcción grande, muy grande, chica o mediana,
dividida en diversas salas. Las paredes de las salas llenas de cuadros
chicos, grandes, medianos. A veces miles de pinturas que reproducen por
medio del color trozos de naturaleza: animales en luz y sombra, tomando
agua, junto al agua, echados sobre la hierba; a su lado, una crucifixión
realizada por un artista que no cree en Cristo; flores, figuras sentadas,
caminando, paradas, a veces desnudas, muchas mujeres desnudas
(algunas vistas en perspectiva desde atrás); manzanas y bandejas de plata,

1 Lamentablemente se ha abusado también de esta palabra, que describe las


intenciones poéticas de un alma viva y artística, y finalmente, se la ha tomado a burla.
Pero, ¿ha existido alguna palabra que la muchedumbre no haya tratado de profanar?
6
retrato del Consejero N; anochecer; dama en rosa: platos volando; retrato
de la baronesa X; gansos volando; dama de blanco; terneros en la sombra,
con manchas de sol amarillas; retrato de su excelencia el Sr.; dama en
verde. Todo esto se halla impreso en un libro; los nombres de los artistas,
los nombres de los cuadros. La gente tiene estos folletos en la mano y va
de un cuadro a otro, busca y lee los nombres. Luego se va, tan pobre o tan
rica como entró, y se deja absorber inmediatamente por sus
preocupaciones, que no tienen nada que ver con el arte. ¿Para qué
vinieron? Cada cuadro guarda misteriosamente toda una vida, una vida
con muchos sufrimientos, dudas, horas de entusiasmo y de luz. ¿Hacia
dónde va esta vida? ¿Hacia dónde busca el alma del artista, si también se
entregó en la creación? ¿Qué anuncia?
Iluminar las profundidades del corazón humano es la misión del artista, dice
Schumann. El artista es un hombre que lo sabe dibujar y pintar todo, dice
Tolstoi.
De estas dos definiciones sobre la función del artista elegimos la
segunda, pensando en la exposición descrita anteriormente; con mayor o
menor habilidad, virtuosismo y energía, surgen en el cuadro objetos
relacionados entre sí por medio de pintura, más tosca o más fina. Esta
armonización del todo en el cuadro es el medio que conduce a la obra de
arte. Esta es mirada con ojos fríos y espíritu indiferente. Los expertos
admiran la factura (así como se contempla a un equilibrista), gozan la
pintura (como se goza con una empanada).
Las almas hambrientas se van hambrientas.
La muchedumbre camina por las salas y encuentra las pinturas bonitas
o grandiosas. El hombre que podría decir algo no ha dicho nada, y el que
podría escuchar no ha oído nada.
Este estado del arte se llama l’art pour l’art.
La eliminación de los sonidos internos, que son el ser de los colores, la
dispersión de las fuerzas del artista en la nada, es el arte por el arte.
A través de su habilidad, fuerza inventiva y emotiva, el artista desea la
recompensa material. Satisfacer su ambición y su codicia se alza como su
destino final.
A cambio de un trabajo profundo y solidario entre los artistas, aparece
la lucha por estos fines materiales. Todos se lamentan de la excesiva
competencia y la excesiva producción. Odio, partidismo, camarillas,
intrigas y celos son los resultados de este arte materialista al que se ha
robado su sentido2. El espectador se aleja tranquilamente del artista, que

2 Las excepciones, escasas y aisladas, no cambian este sórdido y funesto panorama;


se trata además de artistas cuyo credo es el arte por el arte. Sirven a un ideal superior,
que finalmente no es más que la dispersión sin objeto de su fuerza. La belleza externa
es un elemento formativo de la atmósfera espiritual, pero al margen de su lado
7
no le encuentra sentido a su vida en el arte sin fines, sino que busca
objetivos más importantes.
Comprender es formar y aproximar al espectador al punto de vista del
artista. Ya dijimos que el arte es hijo de su tiempo. Un arte así sólo puede
repetir artísticamente lo que está reflejando nítidamente la atmósfera del
momento. Este arte, que no guarda ningún germen del futuro, que es sólo
hijo de su tiempo y que nunca crecerá hasta ser engendrador de futuro, es
un arte castrado. Tiene escasa duración y moralmente muere en el
instante en que desaparece la atmósfera que lo ha originado.
El otro arte, capaz de evolucionar, se basa también en su época
espiritual, pero no sólo es eco y espejo de ella, sino que contiene una
energía profética vivificadora que actúa amplia y profundamente. La vida
espiritual, en la que también se halla el arte y de la que el arte es uno de
sus más fuertes agentes, es un movimiento complejo pero determinado,
traducible a términos simples, que conduce hacia adelante y hacia arriba.
Este movimiento es el del conocimiento. Puede adoptar muchas formas,
pero en el fondo mantiene siempre un sentido interior idéntico, el mismo
fin.
Son oscuras las razones por las que todo movimiento progresivo y
ascendente debe realizarse con el sudor de la frente con sufrimientos,
malos momentos y penas. Cuando se ha concluido una etapa y se ha
superado otro escollo del camino, una mano perversa e invisible arroja
nuevas piedras que parecen cerrar y borrar por completo el camino por el
que se andaba.
Entonces aparece un hombre parecido en todo a nosotros, pero que
tiene dentro de sí una fuerza visionaria y misteriosa. Él observa y enseña.
Por momentos desea liberarse de ese don superior que a menudo es una
pesada cruz. Pero no puede. A pesar de las burlas y los odios, lleva hacia
adelante y hacia arriba el pesado y reacio carro de la Humanidad que se
detiene entre las piedras.
En algunas ocasiones, cuando no queda ya nada de su ser físico en la
tierra, se usan todos los materiales para reproducirlo ya sea en mármol,
hierro, bronce o piedra. Como si representara algo el cuerpo de estos
servidores del hombre, mártires casi divinos, que despreciaron lo físico y
sólo valoraron al espíritu. El recurso del mármol demuestra que una gran
multitud ha llegado finalmente al lugar que en su día ocupó el ahora
homenajeado.

positivo (ya que lo bello es bueno), tiene el defecto del talento no aprovechado hasta el
agotamiento (talento en el sentido evangélico).
8
Esta exposición esquemática no concluye la imagen completa de la
existencia espiritual. Entre otras cosas, no muestra una de sus partes
negativas, una gran mancha muerta y negra. Porque ocurre muchas veces
que ese pan espiritual se transforma en el alimento de los que ya viven en
una parte superior. Para ellos, el pan se convierte en veneno: en dosis
ínfimas se comporta de tal forma que el alma desciende lentamente de
una parte superior a otra inferior; ingerido en grandes dosis, el veneno
lleva a la caída, que envía al espíritu a partes cada vez inferiores. En una
de sus novelas, Sienkiewicz compara la vida espiritual con la natación:
quien no trabaja infatigablemente y lucha sin detenerse contra el
naufragio, termina por hundirse irremediablemente. Las cualidades de un
ser humano, el talento (en el sentido del Evangelio), se transforman en
una maldición -no únicamente para el artista que lo posee, sino para
todos los que comen el pan venenoso.
El artista emplea su fuerza para satisfacer bajas necesidades; de una
manera aparentemente artística ofrece un contenido impuro, atrae hacia sí
los elementos débiles, los mezcla continuamente con elementos malos,
engaña a los hombres y colabora a que se engañen a sí mismos,
convenciendo a todos de que tienen sed espiritual y que pueden saciarla
en una fuente pura. Obras así no llevan hacia arriba el movimiento, sino
que lo detienen, atrasan a los elementos progresivos y extienden la peste a
su alrededor.
Las épocas en que el arte no cuenta con un representante de altura, en
que no se halla el pan transfigurado, son épocas de decadencia en el
mundo espiritual. Las almas descienden continuamente de las partes
superiores y todo el triángulo parece encontrarse inmóvil. Se diría que se
mueve hacia abajo y hacia atrás. En aquellas épocas mudas y ciegas, los
hombres dan una valoración excesiva al éxito exterior, se interesan
únicamente en los bienes materiales y festejan como una gran proeza el
desarrollo tecnológico que sólo sirve y sólo servirá al cuerpo. Las fuerzas
puramente espirituales son desestimadas o simplemente ignoradas.
Los hambrientos y visionarios son motivo de burla o considerados
anormales. Las escasas almas que no se pierden en el sueño y persisten en
un oscuro deseo de vida espiritual, de saber y progreso, se lamentan en
medio del grosero canto del materialismo. La noche espiritual se cierne
más y más. Las grises tinieblas descienden sobre las almas asustadas, y las
superiores, acosadas y debilitadas por la duda y el temor, eligen algunas
veces el oscurecimiento paulatino a la inmediata y violenta caída en la
oscuridad total.
El arte, que entonces vive humillado, es empleado únicamente con
fines materiales. Busca su realidad en la dura materia, pues ignora la
exquisita. Los objetos, cuya reproducción piensa que es su única meta,
continúan inmutables. El qué del arte desaparece eo ipso. La pregunta

10
exclusiva que les preocupa es cómo se representa determinado objeto en
relación con el artista. El arte pierde su espíritu.
El arte continúa por la senda del cómo, se especializa, los artistas son
los únicos que lo entienden y que se lamentan de la indiferencia del
espectador hacia él. En esos tiempos, el artista no necesita decir mucho.
Resalta y sobresale por un mínimo de diferencia, apreciable por
determinados círculos de mecenas y conocedores (¡lo que puede dar
también inmensas ganancias materiales!). Un gran número de personas
superficialmente capacitadas y hábiles se dirige hacia el arte con la
seguridad de la facilidad de su conquista. En cada centro cultural habitan
millares y millares de artistas de este tipo, que únicamente buscan formas
nuevas de crear millones de obras de arte sin entusiasmo, con el corazón
frío y el alma dormida.
La competencia arrecia. La carrera en pos del éxito conduce a
preocupaciones cada vez más externas. Grupos reducidos que
casualmente han sobresalido de este caos artístico, se protegen tras sus
posiciones. El público, abandonado, contempla sin entender, pierde el
interés por este tipo de arte y le vuelve despreocupadamente la espalda.
A pesar de toda esta ceguera, a pesar del caos y de la carrera
desaforada, el triángulo espiritual rota realmente, despacio pero con
seguridad e indomable fuerza, hacia delante y hacia arriba.
Moisés, invisible, desciende de la montaña y contempla la danza
alrededor del becerro de oro. Pero, a pesar de todo, lleva consigo una
nueva sabiduría para los hombres.
El artista es el primero en oír sus palabras, imperceptibles para la
masa, y va tras su llamado. Inicialmente de manera inconsciente y sin
darse cuenta. Ya no pregunta cómo se encuentra el germen de su
curación.
Aunque este cómo no de frutos, en la misma diferencia (lo que todavía
llamamos personalidad) se encuentra una posibilidad de no ver
únicamente lo duro y material en el objeto, sino lo que es menos corpóreo
que el objeto de la época realista, en la que se pretendió sólo reproducirlo
tal y como es, sin fantasear6.
Además, este cómo encierra la emoción espiritual del artista y es capaz
de irradiar su experiencia más sutil. El arte emprende el camino en el que

6 Aquí nos referimos constantemente a lo material y lo inmaterial, y a los estados


intermedios “más o menos” materiales. ¿Es todo “materia”? ¿O es espíritu? Las
diferencias que fijamos entre materia y espíritu, ¿no son más que matices de la materia
o del espíritu? El pensamiento, definido por la ciencia positiva como producto del
“espíritu”, es también materia, pero sensible únicamente a los sentidos refinados y no
a los toscos. ¿Es espíritu lo que la mano no puede tocar? Aquí, en este pequeño libro,
no puede discutirse más extensamente el asunto y por ahora basta con que no se tracen
fronteras muy estrictas.
11
más adelante hallará el perdido qué, que constituirá el pan espiritual del
despertar que empieza. Este qué no es el qué material y objetivo de la
época superada, sino un contenido artístico, el alma del arte, sin la que su
cuerpo (el cómo) no puede tener una existencia plena y sana, al igual que
un individuo o un pueblo.
Este qué es el contenido que únicamente el arte puede tener, y que
únicamente el arte puede expresar claramente con los medios que le son propios
en exclusividad.

12
IV. LOS EFECTOS DEL COLOR

Al contemplar una paleta llena de colores obtendremos dos resultados:


1.-Un efecto puramente físico: la fascinación por la belleza y las
cualidades del color. El espectador podrá sentir o bien una satisfacción y
una alegría semejantes a las del sibarita cuando disfruta de un buen
manjar, o bien una excitación como la del paladar ante un manjar picante.
Luego se sosiega y la sensación desaparece, como tras haber tocado hielo
con los dedos. Se trata pues de sensaciones físicas que, como tales, son de
corta duración, superficiales y no dejan una impresión permanente en el
alma. De la misma forma que al tocar el hielo sólo se siente el frío físico y
se olvida esta sensación cuando el dedo se calienta de nuevo, así
desaparece el efecto físico del color al apartar la vista. Y así como la
sensación física del hielo frío puede ser más penetrante, despertar
sensaciones más profundas y provocar una serie de vivencias
psicológicas, la impresión superficial del color puede también convertirse
en vivencia.
Los objetos habituales son los únicos que tienen efectos superficiales en
una persona medianamente sensible. Los objetos que percibimos por
primera vez nos producen una impresión psicológica. El niño, como todo
es nuevo para él, percibe así el mundo. Ve la llama y se siente atraído por
ella, al querer tocarla se quema, y le producirá miedo y respeto en lo
sucesivo. Luego aprenderá que el fuego posee cualidades útiles además
de las peligrosas, que elimina la oscuridad y alarga el día, que calienta y
hace la comida, aparte de ser un divertido espectáculo. Tras realizar estas
experiencias se sabe lo que es el fuego y este conocimiento queda
integrado en la mente. El interés y la curiosidad desaparecen, y las
cualidades que posee como espectáculo no encuentran más que
indiferencia. Así es como el mundo va perdiendo su misterio. Sabemos
que los árboles dan sombra, que los caballos y los coches corren, que los
perros muerden, que la luna está muy lejos y que la imagen del espejo no
es real.
A medida que el ser humano se desarrolla, aumenta el número de
cualidades que atribuye a los objetos y los seres. Cuando se alcanza un
alto nivel de desarrollo de la sensibilidad, los objetos y los seres adquieren
un valor interior y, por último, hasta un sonido interno. Lo mismo sucede
con el color, que cuando el nivel de sensibilidad no es muy alto
únicamente produce un efecto superficial, que desaparece al desaparecer
el estímulo. Aunque también a este nivel se tenga que matizar. Por
ejemplo, los colores claros atraen la vista con una intensidad y una fuerza
24
que es mayor aún en los colores cálidos; el bermellón atrae y excita como
la llama, a la que se contempla con avidez. El estridente amarillo limón
duele a la vista como el tono alto de una trompeta al oído, la mirada no
podrá fijarse y buscará la calma profunda del azul o el verde. En un nivel
de sensibilidad superior, este efecto elemental trae consigo otro más
profundo: una conmoción emocional. Entramos en la consideración de. 2.-
el efecto psicológico producido por el color. La fuerza psicológica del
color provoca una vibración anímica. La fuerza física elemental es la vía
por la que el color llega al alma.
Cabe plantearse si este segundo efecto es realmente directo, como
suponemos más arriba, o se produce por asociación. Al estar el alma
inseparablemente unida al cuerpo, es posible que una conmoción psíquica
provoque otra correspondiente por asociación. Por ejemplo, el color rojo
puede provocar una vibración anímica parecida a la del fuego, con el que
se le asocia comúnmente. El rojo cálido quizá sea excitante, hasta el punto
de que puede ser doloroso, por su parecido con la sangre. El color, en este
caso, recuerda a otro agente físico que produce un efecto psíquico
doloroso.
Si esto fuera así, podríamos explicar sin dificultad, mediante la
asociación, los efectos físicos del color no sólo sobre el sentido de la vista,
sino también sobre los demás sentidos. Podríamos deducir, por ejemplo,
que el amarillo claro produce una sensación ácida por asociación con el
limón.
Sin embargo, no es posible generalizar este razonamiento. Respecto al
sabor del color, concretamente, hay varios ejemplos en los que no se
puede aplicar. Un médico de Dresde cuenta que uno de sus pacientes, al
que describe como una persona de un nivel intelectual extraordinariamente
alto, tenía la sensación de que una determinada salsa sabía azul, es decir,
la sentía como el color azul20. Una explicación, parecida pero diferente,
sería que, precisamente en los seres más sensibles, los accesos al alma son
tan directos y las impresiones sobre ésta tan inmediatas, que el sabor le
alcanza inmediatamente produciendo vibraciones en las vías que la unen
con otros órganos sensoriales (en este caso el ojo). Sería una especie de
eco o resonancia como la que se produce en aquellos instrumentos
musicales que sin ser tocados directamente vibran al unísono con otro.
Los seres tan sensibles serían como los buenos violines muy usados,
que con cada ligero contacto del arco vibran en todas sus partes y
partículas.

20 Dr. med. Freudenberg, Spaltung der Persönlich keit (en Uebersinnliche Welt, 1908,
No. 2. págs. 64-65). El autor trata también de la audición de colores (pág. 65) señalando
que los gráficos comparativos no reflejan ninguna ley general. Véase L. Sabajeneff en el
semanario Musik (Moscú, 1911, No. 9), que anuncia categóricamente el pronto des
cubrimiento de una ley.
25
Si se acepta esta explicación, tendremos que admitir también que la
vista no sólo está en relación con el sabor, sino también con todos los
demás sentidos. Y así ocurre, en efecto. Algunos colores parecen ásperos
y erizados, y otros son como pulidos y aterciopelados e invitan a la caricia
(como el azul ultramarino oscuro, el verde óxido de cromo, el barniz de
granza). Hay colores que parecen blandos (el barniz de granza) y otros
que parecen tan duros (el verde cobalto, el óxido verde-azul) que al salir
del tubo ya parecen secos. Es corriente, por otra parte, la expresión colores
fragantes.
Finalmente, la cualidad acústica de los colores es tan concreta, que a
nadie se le ocurriría reproducir la impresión que produce el amarillo claro
sobre las teclas bajas del piano, o describir el barniz de granza oscuro
como una voz de soprano21.
Sin embargo, esta explicación, que en el fondo está basada en la
asociación, no será suficiente en algunos casos que nos parecen muy
importantes. Quien haya oído hablar de la Cromoterapia sabe que la luz
de color puede producir determinados efectos en el cuerpo. Se ha
intentado aprovechar esta fuerza del color en el tratamiento de diversas
enfermedades nerviosas, y se ha constatado que la luz roja estimula el
corazón mientras que el azul puede producir una parálisis momentánea.
Si se pudieran observar efectos parecidos sobre los animales, o incluso las
plantas, quedaría invalidada la argumentación por asociación. Esto
demuestra, en cualquier caso, que el color tiene una fuerza enorme pero
poco estudiada, y que puede influir sobre el cuerpo humano en tanto que
organismo físico.
La asociación, insuficiente como explicación, no nos bastará para
comprender el efecto del color sobre la psique. En general, el color es un
medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El color es la tecla,
el ojo el macuto, y el alma es el piano con sus cuerdas. El artista es la
mano que, mediante una u otra tecla, hace vibrar adecuadamente el alma
humana.

21 En este terreno se ha avanzado mucho, teórica y prácticamente Sobre la base de


su parecido con la música (vibraciones físicas del aire y la luz) se pretende crear el
contrapunto de la pintura. También se ha logrado en la práctica, gracias a los colores,
hacer que niños con poco oído musical aprendan una melodía (por ejemplo, con
flores). La señora Sacharjin-Unkowsky ha trabajado muchos años en este campo
creando un método propio para copiar la música de los colores de la naturaleza, pintar sus
sonidos, ver los sonidos en colores y oír los colores musicalmente. Estos métodos se utilizan
desde hace años en el colegio de su inventora y han sido reconocidos por el
conservatorio de San Petersburgo. Skriabin, por su parte, ha establecido empírica
mente una tabla paralela de tonos musicales y cromáticos muy parecida a la tabla física
de la señora Unkowsky. Skriabin ha utilizado su método con resultados convincentes
en Prometeo (véase el semanario Musik. Moscú, 1911, No. 9).
26
La armonía de los colores debe fundarse únicamente en el principio
del contacto adecuado con el alma humana, es decir, en lo que
llamaremos el principio de la necesidad interior.

27

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