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Ciclos Económicos y Política Fiscal en ALC

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TEORÍA Y MÉTODO DE LA ECONOMÍA

Ciclos económicos y política fiscal en las principales economías de América


Latina: un análisis comparativo durante 2000-2020

TESIS
QUE PARA OPTAR POR EL GRADO DE:
Doctora en Economía
PRESENTA:
Cindy Gianella Tutiven Desintonio
TUTOR:
Dr. Juan Carlos Moreno Brid
Facultad de Economía, UNAM

MIEMBROS DEL COMITÉ TUTOR:


Dr. Carlo Panico
Facultad de Economía, UNAM

Dr. Martin Puchet Anyul


Facultad de Economía, UNAM

Dra. Isalia Nava Bolaños


Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM

Dr. Esteban Pérez Caldentey


Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL

Ciudad Universitaria, CD. MX, octubre 2024


UNAM – Dirección General de Bibliotecas
Tesis Digitales
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DERECHOS RESERVADOS ©
PROHIBIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL

Todo el material contenido en esta tesis esta protegido por la Ley Federal
del Derecho de Autor (LFDA) de los Estados Unidos Mexicanos (México).

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mencionando el autor o autores. Cualquier uso distinto como el lucro,
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respectivo titular de los Derechos de Autor.
PROTESTA UNIVERSITARIA DE INTEGRIDAD Y
HONESTIDAD ACADÉMICA Y PROFESIONAL
(Titulación o Graduación con trabajo escrito)

De conformidad con lo dispuesto en los artículos 87, fracción V, del Estatuto General, 68, primer

párrafo, del Reglamento General de Estudios Universitarios y 26, fracción I, y 35 del Reglamento

General de Exámenes, me comprometo en todo tiempo a honrar a la institución ya cumplir con los

principios establecidos en el Código de Ética de la Universidad Nacional Autónoma de México,

especialmente con los de integridad y honestidad académica.

De acuerdo con lo anterior, manifiesto que el trabajo escrito titulado “CICLOS ECONÓMICOS Y

POLÍTICA FISCAL EN LAS PRINCIPALES ECONOMÍAS DE AMÉRICA LATINA: UN ANÁLISIS

COMPARATIVO DURANTE 2000-2020” que presenté para obtener el grado de DOCTORA EN

ECONOMÍA, es original, de mi autoría y lo realicé con el rigor metodológico exigido por mi Entidad

Académica, citando las fuentes de ideas, textos, imágenes, gráficos u otro tipo de obras

empleadas para su desarrollo.

En consecuencia, acepto que la falta de cumplimiento de las disposiciones reglamentarias y

normativas de la Universidad, en particular las ya referidas en el Código de Ética, llevará a la

nulidad de los actos de carácter académico administrativo del proceso de titulación/graduación.

Atentamente

Alumna: Cindy Gianella Tutiven Desintonio


Número de cuenta: 517491816

División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía, UNAM.


Agradecimientos

A los miembros del comité, los doctores Juan Carlos Moreno Brid, Carlo Panico, Martin Puchet,
Esteban Pérez Caldentey e Isalia Nava, por sus observaciones y correcciones, que han sido
fundamentales para la materialización de esta investigación. Es un privilegio trabajar con
personas tan comprometidas con la investigación y con una calidad humana excepcional.
Un agradecimiento especial al Dr. Juan Carlos Moreno Brid, por acompañarme a lo largo
de esta travesía. Su brillantez académica y constante apoyo, especialmente en los momentos
más difíciles, me motivaron a seguir adelante. Espero que todos puedan tener un tutor como él,
una persona brillante y, sobre todo, un ser humano excepcional.
Agradezco también a la Universidad Nacional Autónoma de México por haberme
recibido y por contribuir de manera invaluable a mi formación académica. Soy orgullosamente
UNAM.

Mi más profundo agradecimiento al Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y


Tecnologías (CONAHCYT) por la beca otorgada, que me ha permitido concluir esta
investigación doctoral, y al gobierno de México, por haberme acogido durante todos estos años.
México es un país que me ha brindado innumerables cosas buenas, y lo considero un segundo
hogar.
A mi familia, por su apoyo incondicional a lo largo de estos años, especialmente a mi
mamá y mi abuela. A mi papá, por sus palabras de aliento. A mi hermana, por estar siempre
presente, y a mis sobrinas, por su cariño.
A mi mamá y a mi abuela.
Índice

Resumen 1
Introducción................................................................................................................................ 2
Capítulo 1. Los ciclos económicos: marco teórico y revisión de estudios seleccionados......... 6
1.1. Definición de los ciclos económicos: ciclos clásicos vs. ciclos de crecimiento............... 7
1.2. Principales enfoques para el análisis empírico de los ciclos económicos: enfoque clásico
y de crecimiento..................................................................................................................... 10
1.3. Tipos y causas de los ciclos económicos ........................................................................ 13
1.4. Métodos para estimar la tendencia en las series de tiempo ............................................ 18
1.5. Métodos para detectar los puntos giro en los ciclos de actividad económica ................ 21
1.6. Medición de las características del ciclo económico ...................................................... 26
1.7. Revisión de la literatura .................................................................................................. 28

Capítulo 2. Un análisis empírico comparativo de los ciclos económicos en economías


seleccionadas de América Latina ......................................................................... 37
2.1. Una comparación entre los ciclos económicos de Argentina, Brasil, Chile y México... 38
2.2. Características de la inversión ........................................................................................ 45
2.3. Comportamiento del gasto público ................................................................................. 49
2.4. Comportamiento del consumo ........................................................................................ 50
2.5. Comportamiento de las exportaciones ............................................................................ 50
2.6. Conclusiones................................................................................................................... 52
2.7. Metodología y descripción de los datos ......................................................................... 53
Anexos ................................................................................................................................... 56

Capítulo 3. Teoría de la medición de los saldos presupuestarios ajustados en función del ciclo:
el caso de economías seleccionadas de América Latina ..................................... 73
3.1. El concepto de Balance Cíclicamente Ajustado (BCA) ................................................. 74
3.2. ¿Por qué estimar los saldos presupuestarios ajustados cíclicamente? ............................ 75
3.3. Usos y problemas prácticos y conceptuales de la medición del Balance Cíclicamente
Ajustado ................................................................................................................................. 78
3.4. Metodología para estimar los balances cíclicamente ajustados...................................... 80
3.5. Metodología para estimar el PIB potencial y la brecha del producto ............................. 93
3.6. Chile y el BCA: caso pionero en América Latina .......................................................... 94
3.7. Revisión de la literatura para economías latinoamericanas: con énfasis en Argentina,
Brasil, Chile y México ........................................................................................................... 99
Anexos ................................................................................................................................. 102

Capítulo 4: ¿Cómo se ha llevado a cabo la política fiscal en países seleccionados de ALC


durante las diferentes fases del ciclo económico en el periodo 2000-2021? .... 106
4.1. Descripción de los datos ............................................................................................... 107
4.2. Metodología para estimar los balances estructurales y determinar el carácter cíclico de la
política fiscal discrecional ................................................................................................... 108
4.2.1. Determinación de tendencias y brechas con el filtro Hodrick-Prescott................. 109
4.2.2. Metodología aplicada para la estimación de los balances estructurales ................ 109
4.2.3. Impulso fiscal y carácter cíclico de la política fiscal ............................................. 112
4.3. Argentina: estimación del balance estructural como indicador de la posición fiscal ... 115
4.3.1. Evolución de los ingresos efectivos, ingresos estructurales y el gasto público ..... 115
4.3.2. Estimación del balance estructural ........................................................................ 117
4.3.3. Carácter cíclico de la política fiscal de Argentina durante 2000-2021.................. 120
4.3.4. Conclusiones para el caso argentino ...................................................................... 128
4.4. Brasil: estimación del balance estructural como indicador de la posición fiscal ......... 129
4.4.1. Evolución de los ingresos efectivos, ingresos estructurales y el gasto público ..... 129
4.4.2. Estimación del balance estructural ........................................................................ 130
4.4.3. Carácter cíclico de la política fiscal de Brasil durante 2000-2021 ........................ 133
4.4.4. Conclusiones para el caso brasileño ...................................................................... 136
4.5. Chile: estimación del balance estructural como indicador de la posición fiscal .......... 137
4.5.1. Evolución de los ingresos efectivos, ingresos estructurales y el gasto público ..... 137
4.5.2. Estimación del balance estructural ........................................................................ 138
4.5.3. Carácter cíclico de la política fiscal de Chile durante 2000-2021 ......................... 140
4.5.4. Conclusiones para el caso chileno ......................................................................... 144
4.6. México: estimación del balance estructural como indicador de la posición fiscal ....... 146
4.6.1. Evolución de los ingresos efectivos, ingresos estructurales y el gasto público ..... 146
4.6.2. Estimación del balance estructural ........................................................................ 148
4.6.3. Carácter cíclico de la política fiscal de México durante 2000-2021 ..................... 151
4.6.4. Conclusiones para el caso mexicano ..................................................................... 159
4.7. Conclusiones del capítulo ............................................................................................. 162
4.8. Reflexiones finales ....................................................................................................... 164

Capítulo 5: Comentarios finales ............................................................................................ 166


Glosario ............................................................................................................................... 168
Anexos ................................................................................................................................. 169

Bibliografía ............................................................................................................................. 183


Resumen
Este estudio analiza los ciclos económicos y la orientación de la política fiscal en Argentina,
Brasil, Chile y México durante el período 2000-2020. En particular, se enfoca en las
fluctuaciones cíclicas y en cómo la política fiscal ha respondido a estas variaciones,
especialmente en tiempos de crisis económicas. La importancia de este análisis radica en la
necesidad de implementar políticas económicas más estables que fomenten el crecimiento y
reduzcan la volatilidad cíclica, un rasgo característico de la región.

Los objetivos principales del trabajo son: (i) caracterizar los ciclos económicos en
términos de duración, amplitud y volatilidad; (ii) evaluar el comportamiento de los componentes
de la demanda agregada y su relación con el PIB; (iii) determinar si la política fiscal ha sido
procíclica, contracíclica o acíclica; y (iv) analizar la efectividad de la política fiscal a través del
balance estructural. Estos objetivos son fundamentales para comprender la interacción entre la
política fiscal y las fluctuaciones económicas en la región.

Se emplearon dos metodologías para identificar las fluctuaciones económicas: los ciclos
clásicos y los ciclos de crecimiento. Los puntos de giro en ambas metodologías fueron
determinados mediante la modificación del algoritmo de Bry y Boschan realizada por Harding
y Pagan (2002) y fueron aplicados a las series temporales del PIB y de los componentes de la
demanda agregada (consumo, inversión, gasto público y exportaciones). Además, se estimaron
los balances estructurales de cada país empleando tanto la metodología agregada del FMI como
la desagregada de la OCDE, ajustando los resultados por las fluctuaciones del ciclo económico
y los precios de las materias primas, factores clave en estas economías.

Los resultados muestran que las economías de América Latina han experimentado una
elevada volatilidad cíclica. Los análisis de los balances estructurales indican que la política
fiscal en los países estudiados ha sido mayoritariamente procíclica. En particular, México se
destaca por su persistente enfoque procíclico, mientras que Chile ha implementado políticas
contracíclicas de manera más consistente, especialmente en los periodos de crisis, como las
recesiones globales de 2008-2009 y la crisis económica derivada de la pandemia de COVID-19.
Además, se encontró que el desempeño fiscal en estos países está profundamente influenciado
por los ciclos económicos y las fluctuaciones en los términos de intercambio, lo que ha reducido
la eficacia de las políticas fiscales implementadas.

En vista de estos hallazgos, se recomienda que los países latinoamericanos fortalezcan


sus marcos institucionales y avancen hacia la adopción de políticas fiscales contracíclicas. Esto
no solo les permitiría estar mejor preparados para futuras recesiones, sino que también
contribuiría a la promoción de una mayor estabilidad económica a largo plazo.

1
Introducción
Para estimular la demanda agregada, los gobiernos recurren principalmente a dos herramientas
de política fiscal: los estabilizadores automáticos y las medidas discrecionales. Los
estabilizadores automáticos, como su nombre lo indica, están diseñados para activarse de
manera automática durante las distintas fases del ciclo económico, ajustando el gasto público o
los impuestos sin necesidad de intervenciones adicionales. En contraste, las medidas fiscales
discrecionales no cuentan con esta automaticidad y requieren decisiones específicas de las
autoridades fiscales para su implementación. Para distinguir entre la política fiscal discrecional
y los estabilizadores automáticos, es crucial eliminar el efecto del ciclo económico y de otros
factores no relacionados con estas fluctuaciones cíclicas, tales como los precios de los activos,
los precios de las materias primas y los cambios en la composición del producto. Al hacer esta
distinción, es posible determinar si la política fiscal es procíclica, acíclica o contracíclica
respecto al ciclo económico.
De ahí que es esencial que los gobiernos analicen el comportamiento subyacente de
diversas variables fiscales antes de formular e implementar sus objetivos de política. En este
contexto, el presente trabajo ofrece un marco teórico y empírico sobre los ciclos económicos y
la orientación de la política fiscal en las principales economías de América Latina: Argentina,
Brasil, Chile y México, durante el período 2000-2020. Estas economías fueron seleccionadas
por ser las más grandes de la región, con estructuras económicas diversas y una influencia
significativa en el contexto latinoamericano. A lo largo de las dos últimas décadas, enfrentaron
importantes desafíos, incluidos choques externos, crisis financieras y la reciente crisis derivada
de la pandemia de COVID-19. Estos eventos destacan la relevancia de comprender cómo las
políticas fiscales pueden utilizarse para mitigar las fluctuaciones económicas y promover una
recuperación sostenida.

Este estudio plantea dos hipótesis centrales relacionadas con los ciclos económicos y la
política fiscal en estas economías durante el período 2000-2020:

1. Ciclos económicos: El comportamiento cíclico de las principales economías de América


Latina revela diferencias importantes en términos de duración, amplitud y volatilidad,
vinculadas principalmente a las estructuras económicas y la exposición a choques
externos.
2. Política fiscal: Se anticipa que la política fiscal ha sido mayoritariamente procíclica
durante este período, con diferencias en la implementación de políticas contracíclicas en
momentos específicos. La efectividad de la política fiscal ha sido limitada debido a la

2
dependencia de los ingresos derivados de las materias primas y la falta de marcos
institucionales robustos.

Aunque los ciclos económicos y los balances estructurales han sido ampliamente
estudiados en los países desarrollados, existe una limitada cantidad de estudios centrados en los
países en desarrollo y aún menos en los latinoamericanos. Para abordar este vacío y ampliar el
alcance de la literatura actual, las preguntas a las que se busca responder en este estudio son:
¿Cómo se caracterizaron los ciclos económicos de las cuatro economías más grandes de
América Latina durante 2000-2020? Es decir, ¿cuál ha sido la duración, amplitud y volatilidad
del ciclo completo y de cada una de sus fases (expansivas/contractivas)? Además, ¿cuáles fueron
las posiciones fiscales de los gobiernos de estos países en relación con las distintas fases de sus
ciclos económicos? Es decir, ¿fue la política fiscal procíclica, contracíclica o acíclica? Debido
a la disponibilidad de datos, los ciclos económicos se analizan en el período 2000-2020, mientras
que los balances estructurales se extienden hasta 2021, permitiendo así incluir las repercusiones
fiscales de la crisis económica causada por la pandemia de COVID-19.

Para abordar la primera pregunta, se emplearon dos metodologías: los ciclos económicos
clásicos y los ciclos de crecimiento. Los puntos de inflexión, bajo ambas metodologías, fueron
identificados utilizando la modificación hecha por Harding y Pagan (2002) al algoritmo de
datación de Bry y Boschan, teniendo en cuenta las siguientes reglas: i) los ciclos deben tener
una duración mínima de 5 trimestres y ii) la duración mínima de cada fase debe ser de dos
trimestres consecutivos. Los aportes de esta investigación consisten en: i) proporcionar una
descripción detallada de las características cíclicas de estos países y determinar si tales
fluctuaciones siguieron un patrón similar en términos de duración, intensidad y temporalidad; y
ii) evaluar la importancia de los diferentes componentes de la demanda agregada en el impulso
del crecimiento económico.

La segunda pregunta se responde mediante la estimación de los balances estructurales,


utilizando dos metodologías: la agregada (metodología del FMI) y la desagregada (metodología
de la OCDE). Los balances fueron ajustados considerando tres factores: i) el ciclo económico,
ii) el ciclo económico y el precio de los activos, y iii) el ciclo económico y los términos de
intercambio. Sin embargo, el análisis se enfoca principalmente en el tercer ajuste, dado que las
fluctuaciones en las materias primas afectan significativamente los balances presupuestarios de
estas economías, ya que representan una fuente importante de ingresos. Por otro lado, el ajuste
por los precios de los activos resultó ser muy pequeño. Las dos principales contribuciones de
esta investigación son: i) estimar el balance estructural de las principales economías de América
Latina durante el periodo 2000-2021, a través del enfoque agregado del FMI y el desagregado
de la OCDE, ajustado por diversos factores exógenos; y ii) proporcionar y analizar un conjunto

3
de datos sobre la ciclicidad de la política fiscal que varía a lo largo del tiempo, permitiendo
evaluar la respuesta de estas economías en las diferentes fases del ciclo económico.

El documento está organizado de la siguiente manera. El capítulo 1 aborda la teoría de


los ciclos económicos, ofreciendo un marco teórico detallado y una revisión de estudios
relevantes. Se definen los ciclos clásicos y los de crecimiento, y se discuten los enfoques
principales para su análisis empírico. Se examinan los tipos y causas de los ciclos económicos,
los métodos de estimación de tendencias en series temporales, las metodologías utilizadas para
la detección de los puntos de giro y la medición de sus características principales. Asimismo, se
realiza una revisión crítica de la literatura existente, que ofrece un análisis comprensivo de los
ciclos económicos.

En el capítulo 2 se presentan y examinan los resultados empíricos de la estimación de


los ciclos económicos en Argentina, Brasil, Chile y México, a través de un análisis comparativo
de los ciclos completos y sus fases (expansivas/contractivas) en términos de duración, amplitud
y volatilidad. También se exploran las características de la inversión, el gasto público, el
consumo y las exportaciones en cada país, destacando las similitudes y diferencias. Los
hallazgos ofrecen una comprensión valiosa de las dinámicas económicas en estas economías
durante las dos últimas décadas, lo cual es fundamental para la formulación de estrategias de
desarrollo económico frente a choques macroeconómicos adversos.

El capítulo 3 describe la metodología utilizada para estimar los balances ajustados


cíclicamente (BCA). Se explica el concepto de BCA, su relevancia y los problemas inherentes
a su medición. Además, se describen los métodos para estimar el BCA, el PIB potencial y la
brecha del producto. Finalmente, se analiza su aplicación en el caso pionero de Chile en América
Latina, acompañado de una revisión de la literatura relevante en Argentina, Brasil y México.
Esta sección tiene como objetivo profundizar el entendimiento sobre la aplicación del BCA y el
balance estructural, una extensión del primero, en el contexto latinoamericano y su importancia
para la política fiscal.

Finalmente, el capítulo 4 proporciona y discute los resultados empíricos de la estimación


de los saldos fiscales estructurales bajo dos metodologías, ajustados por diversos factores
exógenos (ciclo económico, precios de los activos y términos de intercambio) para las
principales economías latinoamericanas. Para la estimación, primero se identifican tendencias y
brechas fiscales, luego se descomponen los saldos fiscales generales en componentes cíclicos y
estructurales, se estima el PIB potencial y se calcula la brecha del producto. Posteriormente, se
aplican las elasticidades de los ingresos y el gasto público para cada país y, por último, se
estiman los saldos estructurales ajustando los saldos fiscales de acuerdo con las metodologías
agregada y desagregada, considerando los factores previamente mencionados.

4
El capítulo 4 inicia describiendo las fuentes de los datos utilizados y presenta brevemente
la metodología empleada para estimar los balances estructurales. Luego, se exponen las
estimaciones para cada país y se realiza un análisis sobre la evolución de la política fiscal a lo
largo del período 2000-2021, prestando especial atención a la crisis financiera internacional de
2008-2009 y la crisis de COVID-19, debido a sus repercusiones económicas significativas. Se
observa que los ciclos económicos y las fluctuaciones en los términos de intercambio han
impactado de manera considerable los balances fiscales de estas economías. Por lo tanto, el
balance estructural se presenta como un indicador clave para estimar la posición fiscal
subyacente de los gobiernos, es decir, cómo habría sido la situación fiscal si los precios de las
materias primas se hubiesen mantenido en su nivel de referencia. El balance estructural permite
identificar mejoras o deterioros en la postura fiscal que no son evidentes en el balance primario
convencional. La investigación culmina con conclusiones y reflexiones relevantes para la
formulación de políticas económicas.

5
Capítulo 1. Los ciclos económicos: marco teórico y revisión de estudios seleccionados

La economía es vista como una máquina de crecimiento perpetuo, en la que


cada vez más gente gana un salario de subsistencia.
Mariana Mazzucato

Introducción

El análisis de los fenómenos macroeconómicos cíclicos es un campo de estudio de gran


relevancia, cuyo objetivo principal es caracterizar, analizar y comprender el ciclo económico
para identificar las respuestas de política más adecuadas para estabilizar las fluctuaciones
inherentes a estos ciclos. Un aspecto crucial en este análisis es determinar si las fluctuaciones
deben observarse en el nivel de actividad económica o en relación con una tendencia a largo
plazo. En este contexto, parte de la literatura se enfoca en los denominados ciclos clásicos, que
definen los ciclos económicos como secuencias de expansiones y contracciones en diversas
series representativas de la actividad económica agregada. Por otro lado, investigaciones
empíricas recientes centran su atención en las series temporales ajustadas a las tendencias de
crecimiento a largo plazo, conocidas como ciclos de crecimiento. Estos últimos han ganado
popularidad y se han utilizado ampliamente, especialmente porque los ciclos clásicos no se
observaron con la misma regularidad tras la Segunda Guerra Mundial.
Este documento busca responder a las siguientes preguntas: ¿Cómo se comparan los
ciclos clásicos y los ciclos de crecimiento en el análisis de las fluctuaciones cíclicas de la
actividad económica, tanto en la teoría como en la práctica? ¿Cuáles son las principales
metodologías para identificar los puntos de giro, es decir, los picos y valles? ¿Qué métodos
existen para eliminar la tendencia? ¿Cuáles son los hallazgos más relevantes en la literatura
sobre ciclos económicos en la región?
Para abordar dichas cuestiones, el capítulo se estructura de la siguiente manera. La
primera sección expone el marco teórico y metodológico de los ciclos económicos,
específicamente: i) definición de ciclos, ii) tipos y determinantes de los ciclos, iii) métodos
paramétricos y no paramétricos para fechar el ciclo económico, con sus respectivas ventajas y
desventajas, iv) principales filtros utilizados para eliminar la tendencia, también con sus ventajas
y desventajas, y v) características del ciclo económico, empleando las medidas propuestas por
Harding y Pagan (2002). La segunda sección presenta los principales hallazgos de la literatura
sobre los ciclos económicos en economías desarrolladas, América Latina y países seleccionados
de la región.

6
1.1. Definición de los ciclos económicos: ciclos clásicos vs. ciclos de crecimiento

El análisis de los fenómenos macroeconómicos cíclicos es un campo de investigación de gran


relevancia, cuyo objetivo es caracterizar, analizar y comprender el ciclo económico. Las
recientes y severas fluctuaciones económicas en América Latina han generado un renovado
interés en el estudio de los ciclos económicos. En este contexto, la política fiscal se presenta
como uno de los mecanismos más importantes para suavizar dichas fluctuaciones cíclicas. Por
ello, para implementar políticas de estabilización efectivas, es esencial contar con una
comprensión precisa de la situación cíclica de la economía. Este análisis es crucial no solo para
identificar el estado actual de la economía, sino también para proporcionar a los responsables
de la política económica información relevante que sirva de base para diseñar medidas que
garanticen la estabilidad económica de un país.
La medición del ciclo económico comienza, necesariamente, con su definición. El
término "ciclo económico" es ambiguo, ya que puede referirse a distintos tipos de fluctuaciones
económicas. En la actualidad, existen dos metodologías principales para identificar los ciclos
económicos y sus fases, cada una asociada a una teoría macroeconómica, con diferentes
supuestos, métodos econométricos, enfoques analíticos y recomendaciones de política fiscal o
monetaria. En la literatura moderna, las fluctuaciones económicas descritas por Burns y Mitchell
se conocen como "ciclos clásicos", debido a su afinidad con las teorías de economistas clásicos
como Karl Marx1. Este enfoque es el adoptado por el National Bureau of Economic Research
(NBER), institución encargada de fechar los ciclos económicos en Estados Unidos. Por otro
lado, las fluctuaciones descritas por la economista austriaca Ilse Mintz se denominan "ciclos de
crecimiento" o "ciclos de desviación".

El NBER, fundada en 1920, fue la autoridad pionera en la investigación sobre el fechado


de ciclos económicos. Wesley C. Mitchell, su primer director de investigación, junto con su
alumno Arthur Burns caracterizaron el ciclo económico de la siguiente manera:
Los ciclos económicos son un tipo de fluctuación que se encuentran en la actividad
económica agregada de las naciones que organizan su trabajo principalmente en
empresas comerciales: un ciclo consiste en expansiones que ocurren aproximadamente
al mismo tiempo en muchas actividades económicas, seguida de recesiones,
contracciones y reactivaciones generales similares que se unen en la fase de expansión
del siguiente ciclo (Burns y Mitchell, 1946, p. 3).

1
Una de las críticas frecuentes a este enfoque es que, a diferencia de Marx, la concepción del ciclo económico
propuesta por Burns y Mitchell carece de un marco teórico que explique por qué y cómo los ciclos pueden
considerarse recurrentes. Según Koopmans (1947):, se trata de "una medición sin teoría". No obstante, Burns y
Mitchell consideraban su trabajo como una etapa preliminar necesaria para el desarrollo de una teoría realista de
las fluctuaciones económicas. Mitchell falleció antes de poder escribir el correspondiente volumen teórico.

7
Es decir, bajo este concepto denominado ciclos clásicos, los ciclos se caracterizan por
alternar fases de crecimiento y estancamiento que, a pesar de ser recurrentes no siguen patrones
u oscilaciones de tipo armónico. Su duración puede variar de más de un año a diez o doce años.
Actualmente, la definición de Burns y Mitchell es ampliamente aceptada, convirtiéndose
en la piedra angular de la investigación aplicada sobre la medición y análisis de los ciclos
económicos. Sin embargo, en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, las
principales economías industrializadas, como Alemania y Japón, experimentaron una larga
recuperación económica en la que las fases bajas del ciclo no se distinguieron por caídas en el
nivel absoluto de la actividad económica, sino por tasas de crecimiento relativamente lentas y
desaceleración de la actividad. Esto resultó en largos periodos, según los estándares históricos,
caracterizados por la ausencia de ciclos clásicos (véase Mintz, 1969). Este fenómeno planteó
dudas sobre la utilidad práctica del enfoque clásico para analizar las fluctuaciones cíclicas en un
periodo de crecimiento basado en la reconstrucción y recuperación2.
La necesidad de un concepto más acorde con la realidad llevó a una revisión de la
definición clásica. Esta ampliación se le atribuye a Ilse Mintz, quien observó que la velocidad
del crecimiento económico, además de su dirección, es importante. Mintz encontró que, al
considerar los ciclos no solo como periodos de expansión y contracción absoluta en el nivel de
actividad económica agregada, sino como cambios cíclicos en la tasa de crecimiento económico,
era posible identificar muchos más ciclos. A la definición de ciclos económicos de Burns y
Mitchell —“(…) un ciclo consiste en expansiones que ocurren aproximadamente al mismo
tiempo en muchas actividades económicas, seguida de recesiones, contracciones y
reactivaciones generales similares”— Mintz (1969) le añade: “ajustados por sus tendencias a
largo plazo” (traducción propia)3.
Así, los ciclos de crecimiento o desviación se definen como las desviaciones positivas y
negativas de la tasa de crecimiento real de la economía respecto a su tendencia a largo plazo. La
fase de expansión (o recesión) ocurre cuando la tasa de crecimiento del PIB se encuentra por

2
Por ello, la definición propuesta por Burns y Mitchell no era adecuada para este tipo de crecimiento sostenido. Es
importante considerar que el contexto económico en el que se realizó la investigación de estos autores fue el de la
Gran Depresión en Estados Unidos, durante el cual el PIB real y la producción industrial experimentaron caídas
significativas. Aunque el trabajo de Burns y Mitchell se centra principalmente en los ciclos clásicos, incluye una
sección (capítulo siete) dedicada a los efectos de los ajustes de tendencia en las medidas cíclicas, anticipando así
la distinción entre ciclos clásicos y ciclos de crecimiento.
3
La autora señala que no habrá diferencia entre la definición de ciclos económicos clásicos y ciclos de crecimiento
siempre y cuando las tendencias a largo plazo sean horizontales.

8
encima (o debajo) de su tasa de crecimiento tendencial a largo plazo [definida aquí como la
posición de equilibrio óptima o producción potencial]4.

Aunque ambas perspectivas pueden compartir elementos comunes, se diferencian en su


definición y medición. Describir la cronología de los ciclos económicos implica varias
decisiones a priori. Por ejemplo, ¿cuál es el enfoque seleccionado para medir los ciclos
económicos? ¿Qué medida de actividad económica se debe utilizar? Si se opta por los ciclos de
crecimiento, la siguiente pregunta es: ¿cómo determinar y eliminar la tendencia? Finalmente,
¿qué algoritmo se utilizará para datar los puntos de inflexión? En resumen, la primera decisión
es la elección del enfoque del ciclo económico y la serie de referencia subyacente. Si se elige la
perspectiva de los ciclos de crecimiento, el siguiente paso es seleccionar el procedimiento para
eliminar la tendencia. Finalmente, se debe elegir una regla de datación para identificar los puntos
de inflexión y, por ende, el inicio y fin de los ciclos. Dado que el enfoque de los ciclos clásicos
se basa en identificar fluctuaciones en el nivel absoluto de la serie, mientras que el enfoque de
los ciclos de crecimiento se enfoca en las desviaciones respecto a una tendencia a largo plazo,
los puntos de inflexión no necesariamente coincidirán entre ambos enfoques. En los ciclos
clásicos, los puntos de inflexión se alcanzan cuando la producción está en un extremo local
(mínimo o máximo) o en un punto de giro en la evolución de la actividad económica,
denominados picos y valles (peaks and troughs). En contraste, en los ciclos de crecimiento, los
extremos se definen en relación con las brechas de producción. El gráfico 1.1 muestra un
ejemplo estilizado de la diferencia entre un ciclo clásico y un ciclo de crecimiento.

La línea punteada representa la tendencia lineal, mientras que la línea sólida muestra el
logaritmo del PIB. Las líneas verticales indican los puntos de giro según la perspectiva de los
ciclos clásicos. El período desde el pico hasta el valle representa la fase de contracción del ciclo
clásico, y el período entre el valle y el pico corresponde a su fase de expansión. Desde la
perspectiva de los ciclos de crecimiento, la fase de recesión se representa únicamente por el área
sombreada debajo de la tendencia lineal, mientras que el área sombreada por encima de dicha
tendencia indica el auge. Es importante destacar que las fases del ciclo no necesariamente
coinciden entre ambas definiciones. En el ciclo clásico, un nivel máximo relativo se alcanza más
tarde que en el ciclo de crecimiento, y lo mismo ocurre con el punto mínimo relativo de la serie.
Por consiguiente, la identificación, fechado y análisis de las características específicas de un
ciclo económico dependerá del enfoque utilizado.

4
Estos estudios se extendieron, especialmente, a partir del trabajo de Lucas (1977) y Kydland y Prescott (1990).
Posteriormente, los influyentes artículos seminales de McDermott y Scott (1999) y Harding y Pagan (2001 y 2002)
reavivaron el interés por los ciclos clásicos.

9
Gráfico 1.1. Ciclos económicos clásicos vs. ciclos de crecimiento
Un ejemplo estilizado

Fuente: Elaboración propia con datos hipotéticos para fines ilustrativos.

1.2. Principales enfoques para el análisis empírico de los ciclos económicos: enfoque clásico
y de crecimiento
Enfoque clásico5

El enfoque clásico de los ciclos económicos analiza la inestabilidad cíclica en función de dos
fases: expansiones y contracciones, que se observan en los niveles absolutos de indicadores
como el PIB real. Según la definición de Burns y Mitchell citada previamente, la cronología
estilizada del ciclo económico incluye: la fase de expansión, que abarca el periodo entre el valle
(mínimo) y el pico (máximo); y la fase de recesión, que cubre el periodo entre el pico y el valle6.
Como se muestra en el gráfico siguiente, la fase de expansión comienza una vez que la serie
alcanza un punto mínimo relativo, conduciendo al próximo punto de inflexión, es decir, un pico.
En ese momento, inicia un nuevo ciclo, que finaliza cuando la economía alcanza nuevamente
un punto máximo después de haber atravesado el valle correspondiente. En otras palabras, la
duración de una expansión es el intervalo comprendido entre la fecha del mínimo inicial y la del
pico de un ciclo, cuando la actividad económica es creciente (fase II del gráfico 1.2). La duración
de una recesión corresponde al intervalo entre la fecha del pico y la del valle subsiguiente,
cuando la actividad económica está en declive (fase I).

5
Esta definición de ciclo económico será la utilizada en la presente investigación para caracterizar los ciclos
completos y sus fases en los países seleccionados de la región.
6
Dado que la serie solo puede encontrarse en una de las dos fases en un momento dado, este enfoque proporciona
una variable binaria que facilita la comparación de perfiles cíclicos entre diferentes series.

10
Gráfico 1.2. Ciclos económicos clásicos

Fuente: Elaboración propia con datos hipotéticos para fines ilustrativos.

Enfoque de crecimiento

El enfoque de crecimiento, o de desviación, distingue cuatro fases del ciclo económico según
las desviaciones respecto a la tendencia a largo plazo, utilizando el PIB como referencia: (i)
expansión, cuando la actividad económica o el crecimiento del PIB se sitúan por encima de la
tendencia (brecha de producción positiva) y el ciclo presenta una pendiente ascendente; (ii)
desaceleración, cuando la actividad económica sigue por encima de la tendencia pero muestra
signos de deterioro, es decir, el ciclo tiene pendiente descendente; (iii) recesión, cuando la
actividad económica se encuentra por debajo de la tendencia (brecha de producción negativa,
ya que el crecimiento real está por debajo del crecimiento potencial) y el ciclo presenta
pendiente descendente, alcanzando un punto mínimo relativo; y (iv) recuperación, cuando la
actividad económica está por debajo de la tendencia pero muestra señales de mejoría, con una
pendiente ascendente que lleva a un punto máximo relativo (véase el siguiente gráfico).
En resumen, una de las principales diferencias entre ambas perspectivas es que el ciclo
de crecimiento tiende a ser más simétrico en términos de duración y amplitud, mientras que en
el ciclo clásico las recesiones son más breves que las expansiones debido a la tendencia
subyacente de crecimiento (véase Zarnowitz, 1992). Los ciclos de crecimiento son menos
sensibles a la tasa de crecimiento tendencial subyacente, lo que es especialmente relevante en
economías con altas tasas de crecimiento, como algunas de Europa Occidental durante la
posguerra, donde las caídas absolutas de la actividad económica fueron pocas y, por ende,
también los ciclos económicos clásicos. Por otro lado, el enfoque clásico presenta la ventaja de
ofrecer un análisis comparativamente sencillo y fiable. Para caracterizar el ciclo económico de
un país bajo este enfoque, basta con identificar los puntos de inflexión en las series
representativas de la actividad económica agregada, sin necesidad de estimar una tendencia a
largo plazo, que no es observable directamente. Esta simplicidad evita la subjetividad inherente

11
a la selección del método para aislar la tendencia, una necesidad en los ciclos de crecimiento.
En estos últimos, es imprescindible eliminar la tendencia de los datos para analizar el
componente cíclico, lo que puede generar dificultades significativas, como se discutirá más
adelante. No obstante, cabe destacar que los ciclos clásicos también presentan desventajas,
siendo comúnmente criticados por su falta de una base teórica sólida (véase Koopmans, 1947 y
pie de página 1 de este documento).

Gráfico 1.3. Ciclos económicos de crecimiento o desviación

Fuente: Elaboración propia con datos hipotéticos para fines ilustrativos.

De la descomposición de las series de tiempo económicas


Una serie de tiempo económica puede descomponerse en cuatro componentes: una tendencia,
que refleja la trayectoria a largo plazo (determinística o estocástica); un ciclo, que representa las
fluctuaciones alrededor de dicha tendencia; una estacionalidad, compuesta por patrones que se
repiten anualmente; y un componente irregular, que corresponde a movimientos erráticos sin un
patrón definido. Cuando se adoptan los ciclos de crecimiento, es fundamental analizar estos
componentes por separado. El ciclo económico, en general, se mide a partir de lo que resta de
la serie después de eliminar la tendencia y ajustar por estacionalidad. La literatura ofrece una
variedad de métodos estadísticos para separar el componente de tendencia del componente
cíclico en una serie temporal. Entre ellos destacan el Promedio de Fases (PAT), el filtro de
Christiano y Fitzgerald, el filtro de Hodrick y Prescott, y el filtro de Baxter y King, entre otros.
No obstante, en este análisis se revisarán dos de las técnicas más empleadas en la literatura
empírica: el filtro de Hodrick-Prescott (1997) y el filtro de paso de banda de Baxter y King
(1999). Cada uno de estos filtros presenta una estructura específica, con ventajas y desventajas
propias. El filtro de Hodrick-Prescott minimiza una función cuadrática para determinar el
componente de tendencia en una serie, mientras que el filtro de Baxter y King, basado en el
análisis espectral, descompone las series de tiempo económicas filtrando tanto la tendencia a
largo plazo como los movimientos de alta frecuencia, manteniendo solo los componentes

12
asociados a periodicidades típicas de un ciclo económico, es decir, entre seis trimestres y ocho
años.

1.3. Tipos y causas de los ciclos económicos


A lo largo de los años, ha existido un interés constante en comprender el comportamiento cíclico
de las economías, identificando los hechos clave y las fuerzas que impulsan los ciclos. A pesar
de las significativas contribuciones teóricas y empíricas (Keynes, 1936; Schumpeter, 1939;
Burns y Mitchell, 1946; Friedman y Schwartz, 1963; Hodrick y Prescott, 1997), aún no se ha
alcanzado un consenso sobre qué factores impulsan los ciclos económicos. A continuación, se
resume la literatura más relevante sobre los tipos y determinantes de los ciclos económicos.
Schumpeter (1939), en su libro Business Cycles, propone una tipología de ciclos7 basada en su
periodicidad, con el objetivo de sintetizar su teoría de ciclo económico con la naturaleza de la
historia misma: i) el ciclo Kitchin (ondas cortas de tres años), ii) el ciclo Juglar (ciclo ordinario
de nueve años), y iii) el ciclo Kondratieff (ondas largas de 60 años) 8.
Los ciclos de Kitchin9 se manifiestan en las fluctuaciones de los inventarios de las
empresas y su duración promedio es de aproximadamente tres años (Tylecote, 1992). La lógica
de estos ciclos puede explicarse mediante las leyes neoclásicas del equilibrio de mercado,
concretamente por los retrasos en la información que influyen en las decisiones empresariales,
lo que, a su vez, determina la velocidad de ajuste de las variables económicas. Por ejemplo, ante
un crecimiento económico, las empresas aumentan su producción. Este aumento satura el
mercado, lo que provoca una caída en los precios y, en consecuencia, las empresas reducen su
producción. Sin embargo, este proceso de ajuste no es inmediato, ya que la producción tarda un
tiempo en ajustarse, que puede variar de meses a años, dependiendo de la frecuencia con que
las empresas revisan sus planes de producción. Algunas empresas podrían optar por satisfacer
la demanda reduciendo sus inventarios antes de aumentar la producción. Estos retrasos son los
que generan los ciclos de Kitchin10.
Los ciclos de Juglar son los ciclos típicos de las economías industriales y posindustriales
modernas, y deben su nombre al economista francés Clément Juglar (1862), quien descubrió y
describió estos ciclos en detalle. La inversión empresarial en maquinaria y equipo desempeña
un papel central en el ciclo de Juglar (Fukuda, 2009). Su duración media es de entre nueve y

7
Cabe señalar que Schumpeter (1939) fue quien designó el nombre de cada uno de estos ciclos en reconocimiento
a los autores que los descubrieron.
8
Las ondas largas de Kondratieff constituyen un marco combinado que incluye tanto el ciclo de Juglar como el de
Kitchin.
9
Para una revisión detallada, véase Kitchin (1923).
10
Schumpeter (1939) cuestiona la justificación histórica de los ciclos de Kitchin, ya que los resultados no fueron
concluyentes, y deja abierta la posibilidad de que estos ciclos sean meramente fluctuaciones adaptativas.

13
diez años11, lo que los convierte en ciclos más largos que los de Kitchin, dado que el capital fijo
tiene una vida útil más prolongada y no puede ajustarse tan rápidamente como los inventarios,
lo que implica mayores demoras en la toma de decisiones.
Por su parte, los ciclos de Kondratieff (también conocidos como ondas K), fueron
descritos por el economista ruso Nikolai Kondratieff en 1922. Kondratieff observó que ciertos
indicadores económicos12 mostraban una regularidad cíclica, caracterizada por fases de
incremento gradual en los valores de dichos indicadores, seguidas de fases de declive. En su
obra de 1935, Kondratieff explicó la dinámica de estas ondas largas sobre la base de la inversión
de capital13: “Durante la recesión de las ondas largas, se realiza un número especialmente grande
de descubrimientos e inventos importantes en la técnica de producción y comunicación, que, sin
embargo, generalmente se aplican a gran escala solo al comienzo de la siguiente fase ascendente
larga” (p. 111). La duración estimada de estos ciclos es de aproximadamente 60 años, dado que
“las innovaciones varían tanto en su periodo de gestación como en el tiempo que tardan en ser
absorbidas por el sistema” (Schumpeter, 1939, p. 178).

Schumpeter más tarde utilizó esta línea de razonamiento para desarrollar una
investigación influyente que vincula las ondas K con las olas de innovaciones tecnológicas.
Debido a su perspectiva histórica, Schumpeter presentó el ciclo Kondratieff como la
manifestación de un proceso económico general. Es decir, este ciclo no se asociaba a una
innovación específica, sino al proceso industrial de toda una era. Según Schumpeter, el primer
Kondratieff cubrió el periodo de la Revolución Industrial, desde los años ochenta del siglo XVIII
hasta 1842; el segundo, comprendió la era del vapor y el acero, entre 1842 y 1897; y el tercero,
abarcó la era de la electricidad, los motores y los productos químicos, a partir de 1898.
Schumpeter sugirió que el primer ciclo fue posible gracias a la disponibilidad de derechos de
propiedad; el segundo, a la promulgación de la ley de responsabilidad limitada; y el tercero, a
la legislación de patentes, que incentivó la inversión en investigación y desarrollo (I+D).
Business Cycles está lleno de ejemplos históricos y refleja la perspectiva de Schumpeter
sobre la importancia de la historia económica para comprender el sistema económico. En la
década de los treinta, Schumpeter explicó la depresión de aquel entonces como resultado de la
coincidencia de la fase de valle de tres ciclos: Kondratieff, Juglar y Kitchin. Es decir, la
superposición de las depresiones en ciclos de tres y nueve años con la fase baja de una onda

11
Para Kitchin (1923), los ciclos principales o comerciales "son simplemente el agregado general de dos, y en raras
ocasiones de tres, ciclos menores" (p. 10).
12
Tales como la tasa de interés, los precios, las exportaciones, las importaciones y el consumo de carbón, entre
otros. Este estudio se centró en las principales economías occidentales: Inglaterra, Francia, Alemania y Estados
Unidos (véase Kondratieff y Stolper, 1935).
13
Esta línea de investigación fue ampliada posteriormente por Van der Zwan (1980).

14
larga. Como él menciona: “si las innovaciones están en la raíz de las fluctuaciones económicas,
no se puede esperar que estas formen un solo movimiento ondulatorio” (1939, pág. 173). Para
Schumpeter, no hubo nada sin precedentes en el colapso de los años 1929-1932, ya que “la
intensidad de la depresión será de alguna manera proporcional a la intensidad del progreso
anterior” (1991). En este contexto, Schumpeter considera que las fluctuaciones económicas
desempeñan un papel beneficioso para el desarrollo a largo plazo; tanto la prosperidad como la
depresión tienen ventajas desde una perspectiva evolutiva del capitalismo. Durante los auges,
cualquiera podría obtener ganancias, pero en los periodos de depresión, solo los emprendedores
más aptos sobreviven14. En relación con ello, afirma que “todo lo que no es sólido por cualquier
razón aparece cuando los precios se desploman y el crédito deja de expandirse en respuesta a
una reducción de la demanda” (Schumpeter, 1989, p. 113). Así, Schumpeter creía en lo que él
describió como “los poderes de recuperación del capitalismo”, donde la recesión es un proceso
de adaptación y reajuste hacia bienes y tecnologías innovadoras, permitiendo que la economía
se reorganice y, más importante aún, se renueve a sí misma. De ahí que, para Schumpeter, las
crisis son necesarias para el proceso de reequilibrio y desarrollo a largo plazo.
Otras causas de los ciclos económicos

Teoría del ciclo económico de Schumpeter: El pensamiento económico de Joseph Schumpeter


está indisolublemente ligado a la innovación y el emprendimiento. En su libro Business Cycles
(1939)15, elabora un marco teórico donde ambos conceptos (innovación y emprendimiento) se
presentan como los principales impulsores de la evolución económica. Para Schumpeter (1944),
los nuevos bienes de consumo, los nuevos mercados, los nuevos métodos de producción o
transporte y las nuevas formas de organización industrial creadas por la empresa capitalista son
los factores que mantienen en movimiento al sistema capitalista, mientras que los ciclos
económicos son el resultado de un continuo proceso de destrucción creativa 16 (Schumpeter,

14
Durante las recesiones económicas, la competencia entre empresas —inducida por un colapso de la demanda
agregada— suele derivar en una reducción de los precios. Solo las empresas más eficientes, dotadas de tecnología
innovadora, están en condiciones de enfrentar dicha disminución de precios. Por otro lado, las empresas con
tecnología obsoleta y menos eficiente se ven en dificultades para competir y, en consecuencia, pierden cuotas de
mercado. Este proceso genera un cambio en la producción agregada hacia las empresas más eficientes e
innovadoras, lo que finalmente conduce a un incremento de la productividad media en la economía. En la literatura,
esta mejora de la productividad tras las recesiones se conoce como "virtudes de los malos tiempos" (Aghion y
Saint-Paul, 1998) o "el efecto limpieza de las recesiones" (Caballero y Hammour, 1994).
15
En este libro, Schumpeter insinúa que la teoría del ciclo económico de Kalecki pudo haber anticipado la Teoría
General de Keynes, destacando que fue publicada en inglés y polaco antes de 1936.
16
Schumpeter también distinguió cuatro tipos de fluctuaciones económicas: prosperidad, recesión, depresión y
recuperación. De estas fases, dos movimientos alejan a la economía de su equilibrio (prosperidad y depresión) y
dos la dirigen hacia él (recesión y recuperación). Aunque puede parecer extraño considerar la prosperidad como un
movimiento que aleja a la economía de su equilibrio y la recesión como uno que la acerca, esto se comprende mejor
si se visualiza a la economía fluctuando alrededor de su punto de equilibrio. Así, la “prosperidad” representa un

15
1939). La teoría de ciclos económicos de Schumpeter comienza en una situación de equilibrio.
La primera etapa se caracteriza por una ola de innovaciones empresariales que alejan a la
economía de esa posición inicial. En esta fase, una empresa innova y altera el equilibrio
existente, lo que atrae a nuevas empresas y genera un clima de mayor entusiasmo e
incertidumbre en el mercado. Las innovaciones tienden a reforzarse mutuamente, creando un
auge especulativo, hasta que la economía se expande y, eventualmente, entra en recesión
(segunda etapa). Para Schumpeter, los ciclos económicos se inician cuando las empresas
pioneras introducen innovaciones, impulsadas por el crédito bancario, lo que implica que las
desviaciones del equilibrio macroeconómico deben considerarse frecuentemente como
perturbaciones endógenas. Así, Schumpeter consideraba los ciclos económicos como una parte
inherente del capitalismo o, en otras palabras, como el resultado de una trayectoria de
crecimiento inestable y oscilante, característica del proceso de destrucción creativa. En sus
palabras: “analizar los ciclos económicos significa ni más ni menos que analizar el proceso
económico de la era capitalista” (1939).

Teoría del ciclo económico de Kalecki: En su teoría, Kalecki (1935 y 1937) identificó en el
carácter antagónico del capitalismo las causas de los ciclos. Según Kalecki, estas causas residen
en los factores que afectan las decisiones de inversión y en su carácter paradójico. Las
fluctuaciones económicas, para él, son un fenómeno intrínsecamente vinculado al modo de
producción capitalista:
“La inversión considerada como gasto de los capitalistas es la fuente de la prosperidad,
y cada aumento de la misma mejora los negocios y estimula un mayor aumento del gasto
para la inversión. Pero al mismo tiempo, la inversión es una adición al equipo de capital
y desde su nacimiento compite con la generación anterior de este equipo. La tragedia de
la inversión es que provoca la crisis porque es útil” (Kalecki, 1937, p. 95-96).

Lo anterior resume la visión de Kalecki sobre la causa del ciclo económico: este es
provocado por la naturaleza dual de la inversión. Dicha dualidad tiene efectos opuestos sobre la
tasa de beneficio actual, que es la variable que los inversionistas toman en cuenta al estimar la
rentabilidad y al tomar sus decisiones de inversión. La paradoja radica en que, por un lado, la
inversión incrementa el volumen de ganancias (en el momento en que se ejecuta), pero, por otro,
también aumenta el volumen de capital, lo que contribuye al eventual colapso del auge.

movimiento ascendente que lleva a la economía más allá de esa posición; luego, la “recesión”, como movimiento
descendente, supone un retorno hacia el equilibrio. La “depresión”, por su parte, aleja aún más a la economía de
esa trayectoria, ya que es un descenso más allá del punto de equilibrio. Finalmente, la “recuperación” —un
movimiento ascendente— permite el retorno de la economía a su posición de equilibrio, constituyendo la cuarta
fase del ciclo económico.

16
Perturbaciones de la política monetaria17: Otra forma de explicar los ciclos económicos es a
través de las perturbaciones en la oferta monetaria. Para Friedman y Schwartz (1963), los
choques monetarios son el factor central en los ciclos económicos. Demostraron que la
severidad de los ciclos analizados por el NBER estaba estrechamente relacionada con la
amplitud de los ciclos de crecimiento del dinero.
Choques tecnológicos: En la teoría del ciclo económico real (RBC), el shock tecnológico es la
causa de los ciclos. El trabajo más conocido en la literatura RBC es el de Kydland y Prescott
(1982), Time to Build and Aggregate Fluctuations. En él, los autores desarrollan un modelo de
equilibrio general donde los ciclos económicos son creados por agentes racionales que
responden de manera óptima a los choques reales (principalmente fluctuaciones en el
crecimiento de la productividad). Prescott (1986) sugiere que “los choques tecnológicos
representan más de la mitad de las fluctuaciones en el periodo de la posguerra, con una mejor
estimación cercana al 75%” (p. 29). Así, esta teoría sostiene que los periodos de bajo crecimiento
de la producción son el resultado de mejoras temporales en las tecnologías de producción.
Además, dado que el modelo se basa en mecanismos microeconómicos (a través de los cuales
la tasa de interés, los salarios y los precios permiten que los mercados se equilibren), los ciclos
económicos no necesariamente deben ser el resultado de fallos del mercado
Teoría del ciclo económico de Minsky: Minsky (1976 y 1977) desarrolló su teoría del ciclo
económico a partir de su concepción financiera de las fluctuaciones económicas, conocida como
la hipótesis de inestabilidad financiera (FIH, por sus siglas en inglés)18. La FIH es “una teoría
de cómo una economía capitalista genera endógenamente una estructura financiera que es
susceptible a crisis financieras, y cómo el funcionamiento normal de los mercados financieros
durante el auge desencadena una crisis” (Minsky, 1977, p. 25). Según esta hipótesis, las
tendencias económicas están determinadas en gran medida por cómo las empresas financian sus
inversiones. La teoría de ciclo de Minsky es la siguiente. En la fase inicial del ciclo (fase de
expansión), las empresas están más dispuestas a pedir prestado, comprometiendo una porción
creciente de sus ganancias brutas esperadas para pagar el servicio de la deuda. No obstante, este
comportamiento las expone a mayores riesgos. Si, en algún punto, los ingresos monetarios de
muchas empresas solo alcanzan para cubrir los intereses, pero no los pagos de capital, estas
recurrirán a nuevos préstamos para evitar la quiebra. A esta situación, Minsky la denomina
“finanzas especulativas”. Si los ingresos continúan cayendo y las tasas de interés suben, las

17
Antes de la Gran Depresión, se aceptaba de manera generalizada que el ciclo económico era un fenómeno
monetario (Fisher, 1934).
18
Como una adaptación del ciclo económico impulsado por la inversión de la Teoría General de Keynes.

17
finanzas especulativas se transforman en finanzas Ponzi, conduciendo inevitablemente a una
recesión, lo que revela la fragilidad acumulada en el sector privado.

1.4. Métodos para estimar la tendencia en las series de tiempo


El filtro Hodrick Prescott (HP)

En la literatura reciente sobre análisis de series de tiempo macroeconómicas, se observa un


creciente interés por el filtro Hodrick-Prescott. Actualmente, este es el método de suavizado
más destacado para series temporales económicas, como lo muestran estudios recientes de
Phillips y Jin (2015), Cornea-Madeira (2017) y Sakarya y De Jong (2020). La tendencia ajustada
por el filtro Hodrick-Prescott (HP) es equivalente a un proceso de ajuste de curvas, penalizando
todas las desviaciones al cuadrado de dicha tendencia. Según Hodrick y Prescott (1997),
cualquier serie de tiempo 𝑦𝑡 comprende la suma de un componente de tendencia 𝑔𝑡 (el
crecimiento a largo plazo) y un componente cíclico 𝑐𝑡 (la desviación del crecimiento a largo
plazo): 𝑦𝑡 = 𝑔𝑡 + 𝑐𝑡 . El filtro HP calcula la tendencia de la serie minimizando:

𝑚𝑖𝑛 ∑𝑇𝑡=1 𝑐𝑡2 + 𝜆 ∑𝑇𝑡=1[(𝑔𝑡+1 − 𝑔𝑡 ) − (𝑔𝑡 − 𝑔𝑡−1 )]2 (1.1)


[𝑔𝑡 ]𝑇𝑡−1

Sujeto a 𝑦𝑡 = 𝑔𝑡 + 𝑐𝑡

Donde 𝑐𝑡 = 𝑦𝑡 − 𝑔𝑡 , es el componente del ciclo económico o la desviación respecto a la


tendencia. La varianza entre el componente cíclico y el de tendencia está capturada por 𝜆, que
es un parámetro crucial, pues determina la penalización al ajustar la tendencia. El filtro HP
extrae una tendencia que, para un valor dado de 𝜆, se mueve suavemente en el tiempo y no está
correlacionada con el ciclo. Así, la descomposición de la serie temporal 𝑦𝑡 depende del valor de
𝜆, donde 𝜆 𝜖 (0, ∞). Para un valor dado de 𝜆, el filtro HP selecciona el valor de 𝑔𝑡 que minimiza
el componente cíclico. Así:

• Si 𝜆 = 0, no hay penalización por ajustar la tendencia. En este caso, la función objetivo


(1.1) se convierte en:

𝑚𝑖𝑛 ∑𝑇𝑡=1 𝑐𝑡2 (1.2)


[𝑔𝑡 ]𝑇𝑡−1

Sujeto a 𝑦𝑡 = 𝑔𝑡 + 𝑐𝑡

• Para valores grandes de 𝜆, la tendencia será menos flexible y la amplitud del ciclo mayor:

∑𝑇𝑡=1[(𝑔𝑡+1 − 𝑔𝑡 ) − (𝑔𝑡 − 𝑔𝑡−1 )]2 (1.3)

18
• En el caso extremo, si 𝜆 tiende al infinito, la penalización se vuelve máxima y el
componente de tendencia (𝑔𝑡 ) se vuelve lineal. En este punto, es óptimo establecer el
término de la ecuación (1.3) en 0 para todo el periodo, es decir: (𝑔𝑡+1 − 𝑔𝑡 ) −
(𝑔𝑡 − 𝑔𝑡−1 ), lo que implica una tendencia lineal constante.

El parámetro 𝜆 es fundamental para resolver la ecuación (1.1). La elección de 𝜆 depende


de la frecuencia de los datos. Para datos mensuales el valor típico de 𝜆 es 14,400; para datos
trimestrales es 1,600, y para datos anuales es 10019. Sin embargo, Mohr (2005) señala que, para
el análisis de series temporales económicas, se suelen utilizar valores altos de 𝜆, ya que valores
bajos darían lugar a tasas de crecimiento de tendencia inverosímilmente volátiles. Así, la
selección de 𝜆 se basa en gran medida en el supuesto de una volatilidad de tendencia aceptable.

En la práctica, el filtro HP se aplica utilizando una muestra finita. Diversos autores han
estudiado las propiedades de este filtro (King y Rebelo, 1993; Cogley y Nason, 1995). Cogley
y Nason (1995) argumentan que la dinámica del ciclo obtenida a través del filtro HP depende
sustancialmente de las propiedades de los datos subyacentes. Si la tendencia es estacionaria, el
procedimiento de eliminación de tendencia tendrá propiedades favorables; no obstante, cuando
los datos subyacentes son estacionarios en diferencias, el filtro HP puede generar fluctuaciones
espurias del ciclo económico. La ventaja de este método es que no requiere que la tendencia sea
estable en el tiempo, aunque esta ventaja disminuye para valores altos de 𝜆.

A pesar de su amplio uso en aplicaciones macroeconómicas, la literatura destaca varias


desventajas del filtro HP. Hamilton (2017) menciona las siguientes: i) el filtro puede generar
ciclos espurios que no tienen fundamento en el proceso de generación de datos subyacente —
esto ocurre teóricamente cuando se aplica a datos estacionarios en diferencias y empíricamente,
cuando se utiliza, por ejemplo, en variables como el PIB, precios de acciones y precios de
viviendas (véase King y Rebelo, 1993; Pedersen, 2001; Schüler, 2018)—; ii) los valores
filtrados al final de la serie son significativamente diferentes de los del medio; y iii) al formalizar
el problema estadísticamente, se obtienen valores del parámetro de suavizado que no coinciden
con los que se utilizan en la práctica. Por ejemplo, un valor de 𝜆 inferior a 1,600 para datos
trimestrales.

19
Hodrick y Prescott (1981) propusieron estos valores basándose en el argumento de que una desviación estándar
del 5% respecto a la tendencia es moderadamente grande, al igual que un cambio del 0.125% en la tasa de
crecimiento en un trimestre. Utilizando estos argumentos, se pueden obtener los valores de 𝜆 para datos mensuales,
trimestrales y anuales de la siguiente manera: i) para datos mensuales: i) para datos mensuales: 𝜆𝑞 = 𝜎1 2 /𝜎2 2 =
52 0.5 2 52
0.5 2
= 14,400; ii) para datos trimestrales: 𝜆𝑞 = 52 / [ ] = 1,600; y iii) para datos anuales: 𝜆𝑞 = [0.5]2 = 100.
[ ] 4
12
No obstante, Uhlig y Ravn (1997) señalan que en la literatura existe un desacuerdo sobre el valor apropiado del
parámetro 𝜆.

19
Filtro de Baxter-King
Los filtros de paso de banda (BP) son filtros de frecuencia que, en su representación ideal,
asignan un peso cero a las bandas de frecuencia a filtrar y un peso unitario al resto. Marianne
Baxter y Robert King (1999) desarrollaron filtros de paso de banda para medir los ciclos
económicos, adoptando la definición de Burns y Mitchell (1946). Este es un filtro lineal que
presta atención explícita a la duración de los ciclos y "pasa por componentes de la serie de
tiempo con fluctuaciones periódicas entre seis y 32 trimestres" (Baxter y King, 1999, p. 575).
Los autores proponen descomponer la serie de tiempo 𝑦𝑡 en un componente de tendencia 𝑡𝑡 , un
componente cíclico 𝑐𝑡 y un componente irregular 𝑟𝑡 . Es decir:

𝑦𝑡 = 𝑡𝑡 + 𝑐𝑡 + 𝑖𝑟𝑡 (1.4)

El objetivo de este filtro es eliminar de la serie los componentes de movimiento muy


lento (tendencia) y los componentes de alta frecuencia (irregulares), manteniendo los
componentes intermedios (ciclo económico). El filtro de paso de banda ideal solo deja pasar las
frecuencias que se encuentran en los rangos 𝜔 ≤ |𝜔| ≤ 𝜔
̅.. En consonancia con esto, Baxter y
King construyeron el filtro a partir de dos filtros de paso bajo con frecuencias de corte 𝜔 y 𝜔
̅,
con respuestas de frecuencia 𝛽̅ (𝜔) y 𝛽(𝜔), respectivamente. Para obtener la respuesta de
frecuencia de paso de banda deseada, los autores forman la respuesta de frecuencia del filtro
como 𝛽̅ (𝜔) − 𝛽(𝜔). Es decir:

1 𝑠𝑖 𝜔 ≤ |𝜔| ≤ 𝜔 ̅
𝛽(𝜔) = { (1.5)
0 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑐𝑢𝑎𝑙𝑞𝑢𝑖𝑒𝑟 𝑜𝑡𝑟𝑜 𝑐𝑎𝑠𝑜

Con base en estos pesos de frecuencias 𝛽(𝜔), es posible obtener los pesos del filtro 𝑏(ℎ)
aplicando la transformada inversa de Fourier a la función de respuesta de frecuencia:
1 𝜋
𝑏ℎ = 2𝜋 ∫−𝜋 𝛽 (𝜔)𝑒 𝑖𝜔ℎ 𝑑𝜔 (1.6)

Finalmente, los pesos del filtro 𝑏ℎ permiten obtener la representación en el dominio del
tiempo del filtro de paso bajo ideal:

𝑏(𝐿) = ∑∞
ℎ=−∞ 𝑏ℎ 𝐿

(1.7)

A partir de este filtro, se deriva el filtro Baxter-King (BK), que es la diferencia entre dos
filtros de paso bajo ideales. Sus pesos están dados por la siguiente expresión, donde 𝜔 y 𝜔
̅
representan los límites inferior y superior, respectivamente, y 𝐾 la longitud del filtro:
̅ −sin 𝐿𝜔
sin 𝐿𝜔 1 ̅ −sin 𝐿𝜔
sin 𝐿𝜔
𝑏̃ (𝐿) = − 2𝐾+1 ∑𝐿=𝐾
𝐿=−𝐾 (1.8)
𝐿𝜋 𝐿𝜋

20
Una de las propiedades de este filtro es que no impone restricciones respecto a si la
tendencia es determinista o estocástica, y permite cambios en el comportamiento de la tendencia
a largo plazo, siempre que estos no sean frecuentes. Baxter y King (1999) mencionan que el
filtro de paso de banda es más flexible y más fácil de implementar que otros filtros, lo que
debería conducir a una mejor estimación del componente cíclico de la serie de interés.
Una ventaja de este filtro —en comparación con el filtro HP— es que cancela las
frecuencias altas por encima de las variaciones cíclicas, lo que permite su aplicación teórica
incluso a series no desestacionalizadas. Otra ventaja es que la pérdida de información de
frecuencia que se produce por la agregación de datos es un problema menor para los filtros de
paso de banda. Aadland (2002) demostró que, al aplicar el filtro Hodrick-Prescott, los espectros
resultantes mostraban variaciones espurias cerca de las frecuencias del ciclo económico 20, lo
cual no ocurrió con los espectros filtrados por BK. Sin embargo, el principal problema de este
filtro es que se necesita tener una idea clara de las fluctuaciones que se desea analizar para
establecer los parámetros óptimos del filtro (Astolfi, Ladiray y Mazzi, 2001).

1.5. Métodos para detectar los puntos giro en los ciclos de actividad económica
La detección de los puntos de inflexión en una serie es un paso fundamental en el estudio de los
ciclos económicos, y su importancia radica en varias razones. Primero, una vez identificados
estos puntos, es posible separar las respectivas fases de expansión y contracción, determinar su
duración y amplitud, definir la simetría o asimetría de dichas fases y establecer la duración de
los ciclos completos. Segundo, permite comparar las características de los ciclos económicos
entre distintos países, lo que es esencial para examinar el grado de sincronización entre ellos.
Finalmente, proporciona puntos de referencia para que los responsables de la política económica
implementen las medidas necesarias que influyan tanto en las fluctuaciones económicas como
en su desempeño a largo plazo.
Las técnicas comúnmente utilizadas para identificar los puntos de giro que inician o
finalizan las fases pueden clasificarse en dos grandes categorías: paramétricas y no paramétricas.
A continuación, se presentan los principales métodos de ambas categorías seleccionados para
este estudio21, junto con sus características, ventajas y desventajas. Cabe señalar que los puntos
de inflexión son sensibles al algoritmo de datación seleccionado.

20
Cogley y Nason (1995) encuentran resultados similares al aplicar el filtro Hodrick-Prescott (HP) a una serie
estacionaria en diferencias. Estos ciclos espurios son más probables cuando los datos presentan una variación
significativa en las frecuencias altas.
21
Si bien en la literatura existen otros métodos disponibles, detallarlos está más allá del alcance de este documento.

21
Métodos paramétricos: Modelo de cambio de régimen de Markov-Switching
Para detectar los puntos de inflexión en series de tiempo, los modelos paramétricos especifican
un modelo estadístico y utilizan los parámetros estimados para obtener la cronología de los
puntos de giro. Partiendo del supuesto de que la caracterización del ciclo económico permite un
número finito de situaciones posibles (normalmente las dos fases: expansión y recesión), autores
como Hamilton (1989) y otros (véase, por ejemplo, Clements y Krolzig, 1998) han utilizado las
cadenas de Markov para representar las evoluciones económicas. De hecho, Hamilton (1989)
introdujo los modelos de cambio de régimen de Markov en el análisis macroeconómico
dinámico, desarrollando métodos computacionales para manejar variables endógenas rezagadas
y abordar la no estacionariedad inherente a algunas series de tiempo económicas que no pueden
ser capturadas por los modelos lineales clásicos.
Probablemente, el modelo paramétrico más famoso es el que propone Hamilton: un
modelo de cambio de régimen tipo Markov con probabilidades de transición fijas22.
Específicamente, Hamilton (1989) propone un modelo de Markov-Switching (MS) para el
crecimiento del PIB, en el cual se permite que el intercepto de la serie temporal varíe según el
régimen. La idea principal de Hamilton es que el valor esperado de la tasa de crecimiento del
PIB (o de cualquier otra variable que mida la actividad económica) es diferente en las fases de
expansión y recesión. En este contexto, se supone que 𝑦𝑡 puede modelarse a través de un proceso
AR(1):

𝑦𝑡 = 𝑐𝑠𝑡 + Φ𝑠𝑡 𝑦𝑡−1 + 𝜀𝑡 , 𝜀~𝑖. 𝑖. 𝑑. 𝑁(0, 𝜎 2 ) (1.9)

Donde 𝑡 = 1, … , 𝑇, 𝑐𝑠𝑡 es el intercepto dependiente del régimen MS, Φ es el coeficiente


autorregresivo, y 𝑠𝑡 es una variable no observada que indica en qué estado o régimen se
encuentra el sistema en el tiempo 𝑡. Esta variable toma el valor de 0 o 1, dependiendo de si la
economía está en recesión (𝑠𝑡 = 0) o en expansión (𝑠𝑡 = 1). En su forma general, no solo se
permite que 𝑐𝑠𝑡 varíe entre los dos estados, sino también Φ𝑠𝑡 y la varianza del término de error
(con media cero).
Hamilton señala que, aunque la variable de régimen (𝑠𝑡 ) no es observada directamente,
puede ser estimada aplicando restricciones adicionales al proceso de probabilidad subyacente al
cambio de régimen. Entonces, ¿cómo se transita de 𝑠𝑡 = 0 a 𝑠𝑡 = 1 y viceversa? La
especificación probabilística más simple es suponer que la trayectoria de 𝑠𝑡 sigue una cadena de
Markov de primer orden con dos estados. Es decir, cualquier conjunto de información Ω sobre
el régimen actual está contenido en el valor del estado del periodo anterior, lo que implica que

22
Para una revisión detallada de este tipo de modelos, véase Billio et al. (2007) y Hamilton (2005).

22
el régimen actual depende únicamente del régimen del periodo previo. El modelo se completa
definiendo las probabilidades de transición entre los dos estados [𝑖, 𝑗]:

𝑃(𝑠𝑡 = 𝑗|𝑠𝑡−1 = 𝑖) = 𝑝𝑖𝑗 𝑖, 𝑗 = 0, 1 (1.10)

Donde 𝑝𝑖𝑗 , denominada probabilidad de transición, es la probabilidad de que el estado


sea 𝑗 en el tiempo 𝑡, dado que en el tiempo 𝑡 − 1 fue 𝑖. Se asume además que la transición entre
dos regímenes o estados se rige por un proceso de Markov de primer orden:

𝑃𝑟𝑜𝑏[𝑆𝑡 = 1|𝑆𝑡−1 = 1] = 𝑝,

𝑃𝑟𝑜𝑏[𝑆𝑡 = 0|𝑆𝑡−1 = 1] = 1 − 𝑝,

𝑃𝑟𝑜𝑏[𝑆𝑡 = 0|𝑆𝑡−1 = 0] = 𝑞,

𝑃𝑟𝑜𝑏[𝑆𝑡 = 1|𝑆𝑡−1 = 0] = 1 − 𝑞

La siguiente etapa del procedimiento consiste en la estimación del vector de parámetros


𝜃 = (𝑐0 , 𝑐1 , Φ, 𝑝, 𝑞, 𝜎 2 ). La ventaja de este enfoque, en comparación con los métodos no
paramétricos, es que en cada punto del tiempo es posible inferir si la actividad económica se
está expandiendo o contrayendo. Sin embargo, esta misma ventaja —obtener probabilidades
para los puntos de inflexión— puede convertirse en una desventaja. En general, habrá un número
reducido de puntos cuya probabilidad sea insignificante, lo que no permitirá determinar de
manera concluyente en qué estado se encuentra la economía. En estos casos, solo una evaluación
basada en el juicio podría ser útil (véase Scheiblecker, 2018).

Este tipo de modelos, donde las probabilidades de transición no varían en el tiempo, se


conocen como modelos de probabilidades de transición fija, como se mencionó anteriormente.
De aquí deriva una de sus desventajas. El problema con estos modelos es que, aunque las
duraciones esperadas de las expansiones y contracciones son fáciles de calcular, están obligadas
a ser constantes en el tiempo. El supuesto de probabilidades invariantes en el tiempo puede
resultar costoso desde un punto de vista empírico. Con probabilidades de transición fija, las
duraciones esperadas condicionales no varían a lo largo del ciclo económico, lo que implica que
las políticas macroeconómicas, los shocks exógenos y los mecanismos internos de propagación
de la economía no influyen en la duración esperada de una expansión o recesión (Filardo y
Gordon, 1998). Claramente, relajar estos supuestos mejoraría la comprensión de los ciclos
económicos.

23
Métodos no paramétricos: El algoritmo de Bry-Boschan23
El procedimiento de Bry y Boschan (1971) es uno de los métodos más populares para detectar
los puntos de giro en la actividad económica, utilizando un conjunto de filtros y reglas ad hoc.
La metodología de datación Bry y Boschan (BB) busca imitar el proceso de fechado de ciclos
económicos realizado por el NBER. Sujeta a reglas de censura específicas, este algoritmo
detecta los máximos (picos) y mínimos (valles) locales en una serie de referencia mensual 24
desestacionalizada, generalmente el PIB real. Sin embargo, a diferencia del enfoque del NBER,
determina los picos y valles para una única serie temporal. El procedimiento de Bry y Boschan
pasa por las siguientes etapas25:
1. Suavizar la serie utilizando un promedio móvil durante un periodo de 12 meses y
determinar los posibles puntos de inflexión, es decir, los picos y valles de una serie. Los
puntos de inflexión se determinan de la siguiente manera:
a) Hay un pico o máximo local en el nivel de producción real de un país en el momento
𝑡 si: {(𝑦𝑡−2 , 𝑦𝑡−1 ) < 𝑦𝑡 > (𝑦𝑡+1 , 𝑦𝑡+2 )}, 𝑡 = 1, … , 𝑇26 (1.11)
b) Hay un valle o mínimo local en el nivel de producción real de un país en el momento
𝑡 si: {(𝑦𝑡−2 , 𝑦𝑡−1 ) > 𝑦𝑡 < (𝑦𝑡+1 , 𝑦𝑡+2 )}, 𝑡 = 1, … , 𝑇 (1.12)

2. Censura de fechas: Eliminar los puntos de giro que no representen un ciclo completo (de
valle a valle o de pico a pico) de al menos 15 meses y fases con una duración inferior a
5 meses.

3. Asegurar el cumplimiento de la alternancia: No pueden existir dos picos o dos valles


consecutivos. Los picos y valles que definen los periodos de expansión y contracción
deben alternarse. Si esta condición no se cumple, se deben eliminar los picos o valles
consecutivos. Por ejemplo, si hay dos picos sucesivos, se debe eliminar el menos
pronunciado y utilizar el de mayor valor27.

23
Para una descripción detallada del procedimiento, véase Bry y Boschan (1971).
24
Esta metodología fue inicialmente desarrollada para series temporales mensuales, pero desde entonces han
surgido adaptaciones para aplicarla a otras frecuencias de datos. Harding y Pagan (2002) realizaron las
modificaciones necesarias para generalizar el algoritmo a datos anuales o trimestrales, una versión conocida como
BBQ (por ser una aplicación trimestral del algoritmo BB).
25
En la práctica, este procedimiento consta de seis fases, aplicando sucesivamente filtros de promedios móviles y
tratando valores extremos. La Tabla 1.1 presenta este método paso a paso.
26
Donde 𝑇 generalmente se establece en cinco (véase Harding y Pagan, 2002). Cuando la frecuencia de los datos
es trimestral, un análogo sería establecer 𝑇 = 2. En este caso, 𝑦𝑡 es un máximo local relativo a dos trimestres, es
decir, ∆2 𝑦𝑡 > 0, ∆𝑦𝑡 > 0, ∆𝑦𝑡+1 < 0, ∆2 𝑦𝑡+2 < 0, donde: ∆2 𝑦𝑡+2 = 𝑦𝑡+2 − 𝑦𝑡 .
27
Si existen más de dos picos, se debe utilizar el de mayor valor dentro del conjunto de picos consecutivos. No
obstante, este enfoque presenta un problema: cuando la serie termina con dos o más picos, seleccionar el pico más
pronunciado podría sobrestimar la duración promedio de las expansiones (véase Krolzig y Toro, 2001).

24
En resumen, el procedimiento de Bry y Boschan (BB) primero identifica los principales
movimientos cíclicos y luego reduce el conjunto inicial de puntos de inflexión mediante la
aplicación de criterios predeterminados sobre la duración y amplitud del ciclo completo y sus
fases, eliminando aquellos puntos que no cumplen con los criterios que caracterizan los ciclos.
Finalmente, se determinan los puntos de giro definitivos basados en la serie original, asegurando
que sean coherentes con todas las fechas identificadas previamente según la serie suavizada. La
idea general de este procedimiento es aplicar distintos grados de suavizado, utilizando tres
curvas: i) un promedio móvil de 12 meses (paso II en la tabla siguiente), ii) la curva de Spencer
(paso III), y iii) un promedio móvil de 4 meses (paso IV).

Tabla 1.1. Procedimiento para la determinación programada de los puntos de giro


I. Determinación de extremos y sustitución de valores.
II. Determinación de ciclos en media móvil de 12 meses (extremos reemplazados).
A. Identificación de puntos superiores (o inferiores) a 5 meses a cada lado.
B. Cumplimiento de la alternancia. Asegúrese de que los picos y los valles estén
alternados. Caso contrario, seleccione el más alto de múltiples picos (o el más bajo de
múltiples valles). Si los valores son iguales, elija un pico anterior y un valle posterior.
III. Determinación de los giros correspondientes en la curva de Spencer (extremos reemplazados).
A. Identificación del valor más alto (o más bajo) dentro de ±5 meses de giros
seleccionados en el promedio móvil de 12 meses.
B. Cumplimiento de la duración mínima del ciclo de 15 meses. Compruebe que la
duración de un periodo de pico a pico o de valle a valle sea de al menos 15 meses.
Eliminando los picos más bajos y los valles más altos de ciclos más cortos.
IV. Determinación de giros correspondientes en promedio móvil de corto plazo de 3 a 6 meses,
dependiendo de MCD (meses de dominancia cíclica).
A. Identificación del valor más alto (o más bajo) dentro de ±4 meses o plazo MCD, el que
sea mayor del giro seleccionado en el promedio móvil a corto plazo.
B. Eliminación de turnos dentro de los 6 meses siguientes al inicio y fin de la serie.
C. Eliminación de picos (o valles) en ambos extremos de la serie que son más bajos (o
más altos) que los valores más cercanos al final.
D. Eliminación de ciclos cuya duración sea inferior a 15 meses.
E. Eliminación de fases cuya duración sea inferior a 5 meses.
VI. Declaración de puntos de inflexión finales.
Fuente: Bry y Boschan (1971).

La implementación del algoritmo de Bry y Boschan, como cualquier otro método, tiene
ventajas y desventajas. Una de sus principales ventajas es que la detección de los puntos de
inflexión depende de los movimientos en torno a los valores mínimos y máximos locales. Por

25
esta razón, la adición de nuevas observaciones rara vez afecta los puntos de giro previamente
identificados. Sin embargo, una de las desventajas de este procedimiento es que, al ser un
enfoque puramente determinista, no permite considerar la incertidumbre al momento de detectar
los puntos de giro (véase Scheiblecker, 2018). Otra desventaja es que, al ser un método
univariado, el enfoque de Bry y Boschan no es adecuado para analizar más de una serie
temporal, a diferencia de los comités de fechados de ciclos económicos del NBER y el Centre
for Economic Policy Research (CEPR). A pesar de estas desventajas, Harding y Pagan (2003),
basándose en criterios como simplicidad, transparencia, robustez y replicabilidad, argumentan
que este algoritmo es superior al modelo Markov-Switching para determinar los puntos de
inflexión en el ciclo económico.

1.6. Medición de las características del ciclo económico


Una vez identificados los máximos y mínimos en la serie, se pueden determinar las
características de las expansiones y contracciones de la economía en términos de duración,
amplitud y movimientos acumulativos dentro de las fases. En este apartado, se revisan las
características del ciclo económico descritas por Harding y Pagan (2002), quienes consideran
una fase como un triángulo, como se ilustra en el gráfico 1.4. Este gráfico muestra una recesión
estilizada, donde 𝐴 representa el pico, 𝐶 el valle, la altura del triángulo es la amplitud y la base
es la duración. Siguiendo a Harding y Pagan (2002), para producir medidas de las características
del ciclo económico es necesario, en primer lugar, definir una variable binaria 𝑆𝑡 que tome el
valor de 1 cuando la economía está en la fase expansiva en el momento 𝑡 y 0 en caso contrario.

La primera característica a analizar es la duración promedio de las fases del ciclo. La duración
(𝐷) mide la persistencia de una fase de expansión o contracción. La duración de una expansión
(o contracción) es el número de periodos (en meses, trimestres o años) entre un mínimo
(máximo) y un máximo (mínimo) local. Entonces, la duración promedio (𝐷) de una fase de
expansión (o contracción) se define como la relación entre el número total de periodos de
expansión (o contracción) y el número total de picos o máximos locales (valles o mínimos
locales) en la serie. Utilizando la variable binaria 𝑆𝑡 y la serie original 𝑦𝑡 , la duración promedio
de una expansión se expresa matemáticamente como:
∑𝑇
𝑡=1 𝑡𝑆
𝐷 = ∑𝑇−1(1−𝑆 (1.13)
𝑡=1 𝑡+1 )𝑆𝑡

La serie 𝑦𝑡 está en fase de expansión si 𝑆𝑡 = 1 y en fase de contracción si 𝑆𝑡 = 0. De


manera similar, se puede definir la variable 𝐶𝑡 se podría definir para la fase de contracción:

𝐶𝑡 = 1 − 𝑆𝑡 (1.14)

26
La segunda característica es la amplitud28. La amplitud (𝐴) de una expansión (o
contracción) mide el cambio en 𝑦𝑡 desde un valle (pico) hasta el siguiente pico (valle). De ahí
que, la amplitud de una expansión (o contracción) se calcula como la relación entre el cambio
en la actividad económica agregada durante las expansiones (o contracciones) y el número total
de picos (o valles). En otras palabras, 𝐴 es un porcentaje que muestra las pérdidas o ganancias
en el PIB como resultado de las respectivas recesiones o expansiones:
∑𝑇 𝑡𝑆 ∆𝑦𝑡
𝐴 = ∑𝑇−1𝑡=1 (1.15)
(1−𝑆
𝑡=1 𝑡+1 )𝑆𝑡

La tercera característica del ciclo es el movimiento acumulativo en cada fase.


Conociendo la duración y amplitud de las fases del ciclo, es posible calcular el área del triángulo,
que aproxima los movimientos acumulativos. Estos movimientos acumulativos pueden ser de
dos tipos: i) para las recesiones, las pérdidas acumuladas en la producción desde el pico hasta
el valle, en relación con el pico anterior; y ii) para las expansiones, las ganancias acumuladas
en la producción desde el valle hasta el pico, en relación con el valle anterior. Si la duración de
la fase i-ésima es 𝐷𝑖 y la amplitud es 𝐴𝑖 , el área aproximada del triángulo que representa los
movimientos acumulativos (𝐶𝑇𝑖 ) se define como: 𝐶𝑇𝑖 = 0.5 ∗ (𝐷𝑖 ∗ 𝐴𝑖 ). En la práctica, los
movimientos acumulativos reales (𝐶𝑖 ) pueden diferir de 𝐶𝑇𝑖 , ya que solo es una aproximación
basada en un triángulo. Para eliminar este sesgo, Harding y Pagan (2002) proponen un índice
del exceso de movimientos acumulados: 𝐸𝑖 = (𝐶𝑇𝑖 − 𝐶𝑖 + 0.5 ∗ 𝐴𝑖 )/𝐷𝑖 . Donde el término 0.5 ∗
𝐴𝑖 elimina el sesgo que se produce al utilizar una suma de rectángulos para aproximar un
triángulo.

Gráfico 1.4. Fase de recesión estilizada

28
En este documento, se utilizarán los términos "profundidad" como sinónimo de "amplitud" para las recesiones,
e "intensidad" como sinónimo de "amplitud" para las expansiones, según corresponda al contexto.

27
1.7. Revisión de la literatura
NBER y otras instituciones seleccionadas (CEPR)

En la literatura sobre ciclos económicos, el punto de referencia estándar es el fechado del NBER
para los Estados Unidos. El Business Cycle Dating Committee del NBER29, creado en 1978, es
el encargado de mantener dicha cronología, identificando los puntos de giro que enmarcan las
recesiones y expansiones económicas del país. Según el NBER:

La expansión es el estado normal de la economía; la mayoría de las recesiones son


breves. Sin embargo, el tiempo que tarda la economía en volver a su nivel máximo de
actividad anterior a su trayectoria de tendencia puede ser bastante prolongado (2022)30.

El comité del NBER ha documentado la existencia de 34 ciclos en los Estados Unidos


desde 1850 hasta 2020, con una periodicidad promedio de aproximadamente cinco años. Para
fechar los ciclos económicos, el comité basa su análisis en el consenso de series de tiempo
coincidentes que miden la actividad económica agregada con frecuencia mensual. Entre las
variables clave utilizadas se encuentran: i) la producción industrial, ii) el empleo medido por la
encuesta de hogares, iii) el empleo de nómina no agrícola, iv) el ingreso personal real menos
transferencias, v) los gastos de consumo personal real, y vi) las ventas mayoristas-minoristas
ajustadas por cambios de precios31. De este modo, los ciclos no se determinan basándose en una
única serie de tiempo32.

El NBER analiza tres características del ciclo: profundidad, difusión y duración, y las
considera como intercambiables. Esto significa que, aunque es importante que se cumplan
simultáneamente las tres características, condiciones extremas en una pueden compensar
indicaciones más débiles en otra. Por ejemplo, el último anuncio del comité, realizado en julio
de 2021, señaló que el punto más bajo de la actividad económica en los Estados Unidos ocurrió
en abril de 202033. A pesar de que esta recesión fue extremadamente corta (duró solo dos meses,
la más breve registrada en EE. UU.), la caída fue tan pronunciada y altamente difundida. Por lo
tanto, aunque el criterio de duración fue débil, se consideró una recesión debido a la
predominancia de los otros dos criterios: la profundidad y la difusión.

29
La ventaja de contar con un comité para fechar los ciclos económicos es que permite que el juicio humano
desempeñe un papel importante, un aspecto difícil de modelar.
30
Mientras que una recesión ocurre cuando se produce “una disminución significativa en la actividad económica
que se extiende por toda la economía y dura más de unos pocos meses” (NBER, 2022).
31
El comité no sigue una regla fija para ponderar esta información ni para tomar decisiones. No obstante, en las
últimas décadas, las medidas que han tenido mayor relevancia en sus análisis han sido el ingreso personal real
menos las transferencias y el empleo de nómina no agrícola.
32
Dado que el PIB se mide de forma trimestral, su papel en el juicio del comité es menor.
33
El pico previo de la actividad económica ocurrió en el cuarto trimestre de 2019.

28
En Europa, el Comité de Datación del Ciclo Económico de la Zona del Euro (EABCDC)
del Centre for Economic Policy Research (CEPR)34 desempeña un papel similar al del NBER
en los Estados Unidos. Fundado en 2003, el comité establece las fechas del ciclo económico de
la zona del euro. Define una recesión como:

Una disminución significativa en el nivel de actividad económica, que se extiende por


toda la economía de la zona del euro, generalmente visible en dos o más trimestres
consecutivos de crecimiento negativo en el PIB, el empleo y otras medidas de la
actividad económica agregada para la zona del euro en su conjunto (EABCN, s.f.).

El comité del CEPR adopta una definición similar a la del NBER, pero enfrenta desafíos
adicionales debido a la heterogeneidad institucional y política de los países miembros. Otra
diferencia clave es que el CEPR realiza el fechado de ciclos de forma trimestral, argumentando
que es más confiable para ese propósito. Además, para asegurarse de que las expansiones o
recesiones sean generalizadas en la zona del euro, el comité basa su juicio tanto en las
estadísticas agregadas como en las de cada uno de los países miembros35. Aunque el PIB real es
la principal medida de la actividad macroeconómica, el comité también analiza variables como
el empleo, la producción industrial, la inversión empresarial y el consumo, que resultan útiles
cuando los datos del PIB no son concluyentes. Las características del ciclo, como profundidad,
duración y severidad, se miden de manera informal, y aunque una recesión suele definirse como
dos o más trimestres consecutivos de crecimiento negativo, no es una regla estricta (véase
Marcellino et al., 2003).

El comité de datación del CEPR fue el primero en fechar los ciclos económicos de la
zona del euro como un bloque económico único. Para los 11 miembros originales de la zona
más Grecia, la cronología de ciclos cubre el periodo de 1970 a 1998, y para toda la zona del
euro desde 1999 a 200336. Según el comité, entre 1974 y 2020 se han registrado cinco ciclos
completos (recesión seguida de expansión)37. La última declaración del comité señaló que la
recesión iniciada tras el cuarto trimestre de 2019 alcanzó su punto más bajo en el segundo
trimestre de 2020, marcando el final de la recesión y el inicio de una nueva fase de expansión.
Esta recesión fue considerada sin precedentes, siendo la más corta y profunda registrada en la
zona del euro, reflejando la magnitud y naturaleza inusual del impacto del COVID-19.

34
Desde 2019, el comité ha sido auspiciado por la Red del Ciclo Económico de la Zona Euro (EABCN).
35
No existe una regla fija para ponderar las diferentes series de datos ni la importancia relativa de cada economía
en la información agregada.
36
Artis et al. (2004) replicaron estos datos y encontraron que las amplitudes de los periodos de expansión son
mayores que las de los periodos de recesión, y que existe un alto grado de sincronización entre los ciclos
económicos de los países de la zona del euro.
37
Desde 2010, los datos utilizados para la cronología de los ciclos se obtienen principalmente de Eurostat.

29
Revisión de la bibliografía para economías latinoamericanas: con énfasis en Argentina,
Brasil, Chile y México

La literatura existente sobre ciclos económicos se enfoca casi exclusivamente en el mundo


desarrollado, particularmente en Estados Unidos, Europa y Japón. Poca o ninguna atención se
ha prestado a la investigación aplicada a países en desarrollo, a pesar de su creciente
participación en la economía global en las últimas décadas. Esto se refleja en una escasez
relativa de estudios que exploren cómo operan los ciclos económicos en estos países. Una
destacada excepción es el artículo de McDermott, Prasad y Agénor (1999), que establece un
conjunto de hechos estilizados sobre las fluctuaciones macroeconómicas de 12 países en
desarrollo. Otros estudios, como los de Zarazaga y Kydland (1997) y Aiolfi et al. (2011),
destacan que la volatilidad del ciclo económico es significativamente mayor en las economías
en desarrollo, especialmente en las latinoamericanas. Si bien los hechos estilizados sobre los
ciclos económicos de los países desarrollados están bien documentados (Kydland y Prescott,
1990; Backus, Kehoe y Kydland, 1995; Wall, 2007; Owyang, Rapach y Wall, 2009; Doz,
Ferrara y Pionnier, 2020), la escasez de estudios empíricos sobre el fechado de ciclos
económicos en América Latina es notable. Dado que la mayoría de estos estudios se centran en
el nivel regional, primero se resumen las principales características de esta línea de literatura.
Posteriormente, se analiza la literatura existente sobre los ciclos económicos de los países
seleccionados de la región.
Raúl Prebisch desarrolló diversas ideas clave para entender las fluctuaciones cíclicas en
América Latina. Para Prebisch, los ciclos económicos consisten en fases ascendentes y
descendentes continuas, siendo la fase descendente del ciclo “natural” e “inevitable”, ya que la
profundidad de la contracción estaba directamente relacionada con la intensidad del auge o
expansión (Pérez Caldentey y Vernengo, 2011). Similar a Schumpeter, Prebisch consideraba
que la intensidad de la caída dependía de la intensidad del auge. Su visión hacía hincapié en que
los factores externos, en particular los cambios en el flujo de dinero eran la principal causa de
las fluctuaciones en los ciclos económicos de América Latina.
Más tarde, Mejía-Reyes (1999), aplicando un enfoque clásico, fechó los puntos de
inflexión y analizó las asimetrías y la sincronización internacional de los ciclos económicos en
ocho países de la región durante el periodo 1951-1995. Sus resultados sugieren que los ciclos
en la mayoría de los países analizados presentan un comportamiento asimétrico, con recesiones
caracterizadas por ser profundas, menos persistentes y más volátiles que las expansiones.
En estudios más recientes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe
(CEPAL, 2017), se examinan las características de los ciclos económicos de la región entre 1990
y 2016. El análisis empírico identifica tres ciclos: el primero de 1990 a 2001, el segundo de

30
2002 a 2008 y el tercero de 2009 a 2016. La comparación de estos ciclos permite observar el
papel que desempeñó cada componente de la demanda agregada en cada uno. En los dos
primeros ciclos, la inversión desempeñó un papel más importante que en el tercero. En el último
ciclo, el consumo privado y el gasto público fueron los componentes con mayor duración y
amplitud en la fase expansiva. La CEPAL concluye que, en el ciclo 2009-2016, la reducción de
la inversión, acompañada por la fortaleza del consumo privado, limitó el potencial de
crecimiento sostenido de América Latina, ya que el crecimiento del consumo no necesariamente
implica un aumento en la capacidad productiva.

Titelman et al. (2013) también analizan los ciclos y sus características en la región a
través del enfoque de ciclos clásicos y de crecimiento. Encuentran que, durante el periodo 1989-
2012, el ciclo económico en América Latina presenta características distintivas:
i) Las fases expansivas son más cortas y moderadas que las de otras regiones38.
ii) Las contracciones no difieren significativamente ni en duración ni en amplitud
con respecto a otras regiones.
iii) Las fluctuaciones a corto plazo de la actividad económica afectan la tendencia
de largo plazo a través de variables reales y financieras.
iv) Las recuperaciones del PIB suelen preceder a las recuperaciones del crédito.
En América Latina, tradicionalmente se ha asociado las perturbaciones en la cuenta de
capital con los ciclos económicos (véase Izquierdo et al., 2008). Esto se evidencia en la forma
en que choques como la crisis de deuda de los años 80, la crisis financiera internacional (2008-
2009) y la reciente crisis del COVID-19 han afectado a la región. La CEPAL no solo ha fechado
y analizado los ciclos económicos de la región, sino también ha estudiado los mecanismos
subyacentes a estas fluctuaciones. Según Titelman y Pérez Caldentey (2015), los altos niveles
de volatilidad de la actividad económica en América Latina se deben no solo a factores externos,
sino también a las características específicas de su ciclo económico. Desde una perspectiva
estructuralista, la CEPAL plantea que existe una interdependencia entre el ciclo económico y la
tendencia a largo plazo, en lugar de verlos como dimensiones separadas del crecimiento
económico39. Esto implica que las fluctuaciones cíclicas no son meros movimientos en torno a
una tendencia estable, sino que la dinámica y características del ciclo afectan tanto el corto como
el largo plazo.

38
Asia Oriental y el Pacífico, Europa y Asia Central, Oriente Medio y Norte de África, Asia Meridional y África
Subsahariana.
39
Kalecki (1968) fue el primero en señalar la interdependencia entre el ciclo económico y la tendencia a largo
plazo.

31
Titelman et al. (2013) destacan que las crisis en América Latina y el Caribe generan
efectos a largo plazo que se reflejan en una ruptura estructural de la tendencia del PIB. En este
sentido, la tendencia es endógena al ciclo y está determinada por variables reales y financieras.
Por un lado, el comportamiento de las variables reales, como la productividad y la inversión,
que están asociadas al crecimiento a largo plazo, refleja las fases de expansión frágiles del ciclo.
Por otro lado, el sistema financiero y el comportamiento del crédito amplifican las fluctuaciones
del PIB, especialmente durante las contracciones (Titelman y Pérez Caldentey, 2015).
La perspectiva de la CEPAL difiere de manera significativa de la teoría macroeconómica
convencional, que sostiene que la producción eventualmente retorna a su nivel natural (véase
Blanchard, 2017). Esta diferencia tiene importantes implicaciones para la política
macroeconómica de estabilización. Según la CEPAL (véase Titelman y Pérez Caldentey, 2015),
las políticas macroeconómicas contracíclicas no son neutrales en cuanto al comportamiento a
largo plazo de las economías, ya que pueden influir en el ciclo mediante variaciones en la
demanda agregada. Así, el momento y la forma en que se implementan las políticas
contracíclicas, así como los instrumentos monetarios y fiscales utilizados, configuran la
tendencia del crecimiento económico a largo plazo. En América Latina, esta tendencia ha sido
baja debido a las débiles recuperaciones y a las fases de expansión cortas y poco intensas.
Con base en estos hallazgos, la CEPAL recomienda que, en primer lugar, el diseño de
las políticas económicas debe considerar la interrelación entre las políticas contracíclicas y el
desarrollo productivo del país. En segundo lugar, las políticas contracíclicas no deben centrarse
únicamente en gestionar el nivel de la demanda agregada, sino también en su composición,
considerando el comportamiento de las variables reales y financieras que conectan las
fluctuaciones a corto plazo con la tendencia a largo plazo.
Finalmente, utilizando un vector autorregresivo factorial, Reyes (2019) estima los ciclos
económicos de las cuatro economías más grandes de América Latina (Argentina, Brasil, Chile
y México) durante el periodo 1987-2017. Este estudio investiga en qué medida los ciclos
económicos de la región están influenciados por las condiciones globales, y si la resiliencia de
la región —en términos de crecimiento— ante las recientes crisis se debe a una mayor
integración con la economía china y a una menor dependencia del comercio con Estados Unidos.
Los resultados indican que los ciclos económicos de América Latina están fuertemente
impulsados por shocks globales, ahora más que antes, y que la mayor resiliencia de la región se
debe efectivamente a una mayor alineación de sus ciclos con los de China.

32
Argentina
Kydland y Zarazaga (1997) investigan si los ciclos económicos en Argentina presentan
regularidades similares a las de otros países como Estados Unidos, el promedio de la OCDE y
los países del G-7. Encuentran que la volatilidad del PIB real y del consumo es
significativamente mayor en Argentina que en Estados Unidos o en países europeos. Los autores
también señalan que, en América Latina, la influencia de la teoría monetarista en la literatura
sobre ciclos económicos es evidente. La tradición académica latinoamericana ha tendido a
favorecer la teoría de que los factores nominales (como los cambios en el régimen del tipo de
cambio nominal) impulsan las fluctuaciones económicas, algo que sus resultados refutan
empíricamente. Sugieren que los factores nominales no parecen explicar una fracción
significativa de los ciclos económicos de la región en general, ni de Argentina en particular.
Capello y Grión (2003) investigan los principales hechos estilizados sobre las
fluctuaciones macroeconómicas en Argentina durante el periodo de convertibilidad. Sus
hallazgos indican que solo el consumo público es menos volátil que el PIB, mientras que la
volatilidad del consumo privado es un 12% mayor que la del producto. La inversión privada y
pública resultaron ser considerablemente más volátiles que el producto, siendo tres y 16 veces
más volátiles, respectivamente. Entre los componentes de la demanda agregada, la inversión
privada, el consumo privado y las importaciones presentan una alta correlación contemporánea
con el PIB, mientras que las exportaciones no muestran correlación alguna. Además, los autores
observan que el consumo y la inversión pública siguen el ciclo del PIB, aunque con un retraso
de tres trimestres.
El trabajo de Gadea y Sanz-Villarroya (2020) analiza los ciclos económicos de Argentina
desde una perspectiva de largo plazo, cubriendo el periodo 1870-2015. Encuentran que los ciclos
se caracterizan por caídas profundas y auges breves, lo que limita el potencial a largo plazo del
país. Los resultados también sugieren que existe un comportamiento cíclico diferente antes y
después de la Segunda Guerra Mundial. Después de 1945, las expansiones son más cortas
(comienzan con gran dinamismo, pero se frustran rápidamente) y las recesiones son más
amplias.
Por último, en un estudio reciente, Perrotti (2021) utiliza el enfoque de ciclos clásicos y
de crecimiento para analizar los ciclos económicos de Argentina, dada la alta volatilidad
macroeconómica que el país ha experimentado en las últimas décadas. Los principales hallazgos
del estudio son: i) para el periodo 1980q1 a 2018q2, el PIB de Argentina muestra ciclos con una
duración promedio de entre tres años y medio y cuatro años; ii) en términos de duración, las
expansiones superan a las contracciones; y iii) los ciclos clásicos tienen una mayor duración,
con una duración promedio de 2.5 años para las expansiones y 1.5 años para las contracciones,

33
en comparación con los ciclos de crecimiento, que presentan una duración promedio de 2.0 años
para las expansiones y 1.3 años para las contracciones.

Brasil
El Comité Brasileño de Datación de Ciclos Económicos (Comitê de Datação de Ciclos
Econômicos, CODACE) es el encargado de determinar las cronologías de referencia para los
ciclos económicos en Brasil. Este comité, creado en 2004 por la Fundación Getulio Vargas
(FGV), funciona de manera independiente y está compuesto por ocho miembros. Siguiendo los
estándares internacionales, el CODACE asocia una recesión con una disminución generalizada
de la actividad económica en diferentes sectores de la economía, mientras que la fase entre un
valle y un pico del ciclo se denomina expansión (CODACE, 2020). El comité ha identificado
que entre 1981 y 2019, Brasil ha experimentado nueve recesiones40, encontrándose actualmente
en su décimo ciclo. El último pico previo a la crisis del COVID-19 se registró en el cuarto
trimestre de 2019, lo que marcó el final de una expansión que duró 12 trimestres —desde el
primer trimestre de 2017— y el inicio de una recesión en el primer trimestre de 2020.

¿Qué impulsa las fluctuaciones económicas en Brasil? Diversos estudios han abordado esta
pregunta. Bugarin et al. (2010) argumentan que el progreso tecnológico, medido por la
Productividad Total de Factores (PTF), fue el principal motor de los ciclos económicos de Brasil
entre 1980 y 1988. Por otro lado, Sabioni et al. (2017) identifican los ciclos de actividad
económica en Brasil durante el periodo 1947-2012, promediando una variedad de filtros
Hodrick-Prescott (HP). Sus principales hallazgos muestran que los ciclos brasileños son
asimétricos, las expansiones son más largas que las recesiones y, a partir de la década de los
ochenta, la tendencia de largo plazo es más plana (la tasa de crecimiento real de largo plazo se
redujo en un 50%).
Weller (2019) señala que la volatilidad y el estancamiento caracterizaron los ciclos
económicos brasileños entre 1981 y 2017, un periodo en el que el país atravesó nueve
recesiones. Las recesiones fueron más severas y prolongadas en las décadas de los ochenta y
principios de los noventa, cuando la inflación era elevada. Weller sugiere que los principales
impulsores de las fluctuaciones económicas en Brasil han sido las políticas orientadas por la
demanda y los shocks exógenos41, más que el crecimiento del lado de la oferta. Específicamente,
las recesiones de 1981-1983 y 1987-1988 fueron causadas por la caída de los términos de
intercambio, la crisis de deuda de los ochenta y las políticas monetarias y fiscales ortodoxas

40
Una inspección más detallada de estos ciclos puede consultarse en CODACE (2020).
41
En la década de los noventa, el primer shock fue la corrida contra el peso mexicano, que depreció la moneda y
desencadenó una salida de capitales del resto de América Latina. El segundo shock que afectó a la economía
brasileña fue la crisis asiática y rusa, que redujeron significativamente las entradas de capitales.

34
implementadas para controlar la inflación42, con las finanzas públicas siendo el factor
determinante detrás de los malos resultados. Weller concluye que, aunque las políticas han
impulsado los ciclos económicos, los ciclos también han influido en las decisiones políticas.
Chile

La literatura sobre la medición de los ciclos económicos en Chile es limitada. Franken et al.
(2006) miden el ciclo económico de Chile entre 1950 y 2004 y encuentran ocho ciclos en ese
periodo. La duración promedio de los ciclos es de siete años, aunque hasta la década de los
sesenta eran mucho más cortos, con un promedio de cinco años. Los autores señalan que los
choques externos reales —como los términos de intercambio, flujos netos de capital y tasas de
interés internacionales— tienen efectos significativos en la actividad económica interna del país.

Mejía-Reyes (2004), mediante un enfoque de ciclos clásicos, analiza la sincronización


de los ciclos económicos de Chile (y otros países latinoamericanos) con los de Estados Unidos
y Canadá. Encuentra que las fluctuaciones económicas chilenas durante 1960-2001 estuvieron
más correlacionadas con las de Estados Unidos y Canadá que con las de otros países
latinoamericanos, con la excepción de Brasil.
Utilizando un modelo de equilibrio general estocástico dinámico con rigideces
nominales y reales, Medina y Soto (2007) describen las fuentes de las fluctuaciones del ciclo
económico en Chile. Usando datos sobre producción, empleo, cuenta corriente, tipo de cambio
real, tasa de interés y precios del petróleo y cobre, identifican la evolución histórica de catorce
choques que explican las fluctuaciones de la actividad económica en Chile. Según los autores,
las perturbaciones externas y de la oferta monetaria representaron una gran parte de las
fluctuaciones del producto entre 1987 y 2005.

Sarrias y Aroca (2012) estudian el grado y las causas de la sincronización de los ciclos
regionales en Chile. Los resultados econométricos revelan que, entre 1988 y 2005, la
sincronización intranacional fue baja. Entre las posibles causas de esta baja sincronización se
encuentran las diferencias en las estructuras productivas y la ubicación geográfica. Los autores
argumentan que las regiones chilenas se caracterizan por una distribución espacial heterogénea
de la inversión privada, lo que podría hacer que los ciclos económicos sean volátiles y
asimétricos.

México
Sosa (2008) examina la importancia de los choques externos en las fluctuaciones de la economía
mexicana. Sus resultados confirman que los choques de variables reales de Estados Unidos,

42
El gobierno dependía de la impresión monetaria para financiar el déficit fiscal.

35
como la producción industrial estadounidense, explican gran parte de las fluctuaciones de la
producción y las exportaciones de México. Estas son las mayores fuentes externas de
fluctuaciones macroeconómicas del país. En esta misma línea, Cuauhtémoc y Hernández (2017)
investigan las dinámicas de las fluctuaciones económicas de México en el contexto de su
integración con Estados Unidos y Canadá durante el periodo 1993-2013. Durante ese periodo,
los investigadores identifican cuatro ciclos económicos. Todas las variables seleccionadas
muestran un comportamiento procíclico, particularmente el gasto público (consumo más
inversión pública), lo cual se atribuye al ajuste macroeconómico y a las políticas de
estabilización implementadas desde 1988. Los autores también señalan que la economía
mexicana internalizó las crisis macroeconómicas de Estados Unidos en 2001 y 2007. En este
estudio, no solo se analizan los ciclos económicos, sino también los factores subyacentes a dicho
patrón cíclico. Según Cuauhtémoc y Hernández, la dinámica de los ciclos económicos en
México se explica principalmente por: i) el PIB de Estados Unidos (variable externa) y ii) los
choques provenientes del consumo privado (variable interna). La influencia del gasto público y
las exportaciones en el ciclo fue menor.
Sánchez-Juárez (2019), utilizando los filtros Hodrick-Prescott y Christiano-Fitzgerald,
fechó los ciclos económicos de México entre el primer trimestre de 1993 y el segundo trimestre
de 2017, exponiendo su duración, volatilidad, profundidad y correlación con los componentes
de la demanda agregada. Durante este periodo, se identificaron tres ciclos completos, tres
recesiones y dos crisis. Sánchez-Juárez también muestra que, de los tres ciclos, el primero fue
el más amplio y volátil. En cuanto a la volatilidad de los componentes de la demanda agregada,
la inversión, las importaciones y las exportaciones resultaron ser más volátiles que el producto,
mientras que el consumo es el componente que presenta mayor correlación con el ciclo del PIB.
A mediados de 2019, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el
Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) formaron el Grupo Técnico de Expertos
para diseñar un Comité para el Fechado de los Ciclos de la Economía de México. Este comité
fue finalmente instalado en 2021 por el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF),
y su primera tarea fue determinar las fechas de inicio y término de las expansiones y recesiones
con base en la información disponible (véase GTDCFC, 2020).

Como se ha mostrado, este capítulo ha revisado distintas acepciones sobre ciclos


económicos, tanto el enfoque clásico como el de crecimiento. Asimismo, se realizó una reseña
sobre la historia de la medición de los ciclos y los principales métodos para identificar los puntos
de giro en la actividad económica de un país. En el siguiente capítulo, se procederá a caracterizar
y analizar los ciclos del PIB y de los componentes de la demanda agregada en cuatro economías
seleccionadas de América Latina: Argentina, Brasil, Chile y México durante 2000-2020.

36
Capítulo 2. Un análisis empírico comparativo de los ciclos económicos en economías
seleccionadas de América Latina

Introducción

Una revisión del crecimiento económico de las últimas dos décadas en las economías de
Argentina, Brasil, Chile, México, y en general de América Latina, revela que la inestabilidad
macroeconómica ha sido una característica distintiva de este periodo. Esto resalta la necesidad
de realizar una estimación empírica rigurosa de los ciclos económicos en estos países. Aunque
este tema ha sido ampliamente estudiado en economías desarrolladas, los estudios centrados en
países en desarrollo son escasos, y aún menos numerosos son aquellos que se enfocan en
América Latina. Con el fin de abordar esta brecha y ampliar el alcance de la literatura existente,
este estudio se dedica a caracterizar y analizar el comportamiento del ciclo económico en cuatro
países de América Latina (Argentina, Brasil, Chile y México) desde principios de 2000 hasta
finales de 2020, tanto para el PIB como para los componentes de la demanda agregada.
El fechado de los ciclos económicos en estas economías durante las dos últimas décadas
se lleva a cabo utilizando métodos gráficos y no paramétricos43. Específicamente, se emplean
los enfoques clásico (como referencia) y de crecimiento para caracterizar el ciclo completo del
PIB44 y de los componentes de la demanda agregada, así como sus fases expansivas y
contractivas, en términos de duración, amplitud45 y volatilidad.
El objetivo principal de este estudio es delinear las características cíclicas de los países
y determinar si estas fluctuaciones económicas siguieron un patrón similar en términos de
duración, intensidad y momento. Asimismo, se evalúa la importancia de cada uno de los
componentes de la demanda agregada46 en el crecimiento de la producción. Este documento se
estructura en dos secciones. La primera presenta los resultados empíricos, mientras que la
segunda expone brevemente las cuestiones metodológicas aplicadas en esta investigación.
Además, el estudio se complementa con anexos.

43
Se utilizan datos trimestrales que cubren el periodo 2000-2020.
44
La CEPAL ha realizado un análisis empírico similar para América Latina y sus subregiones durante el periodo
1990-2016 (véase Hanni et al., 2017).
45
Se refiere a la magnitud del cambio en el PIB durante una fase del ciclo económico. Se utilizarán los términos
"profundidad" como sinónimo de "amplitud" para las recesiones, e "intensidad" como sinónimo de "amplitud" para
las expansiones, según corresponda
46
La importancia de los componentes de la demanda agregada se analiza en función de la profundidad y duración
de sus fases expansivas respecto al PIB.

37
2.1. Una comparación entre los ciclos económicos de Argentina, Brasil, Chile y México47

En esta sección se presenta la cronología cíclica del PIB real de Argentina, Brasil, Chile y
México. Se utilizan dos enfoques empíricos bien conocidos: el clásico (basado en cambios en
los niveles de las series del PIB) y el de crecimiento (basado en las fluctuaciones de la serie
respecto a su tendencia a largo plazo). Cabe resaltar que, para el fechado de los ciclos del PIB y
de los componentes de la demanda agregada, fue necesario desestacionalizar los datos
trimestrales48 para garantizar su calidad y permitir comparaciones precisas a lo largo del tiempo
(véanse anexos 2.1 y 2.2).

Es importante subrayar que el análisis de los ciclos del PIB y de sus componentes se
basa principalmente en la metodología clásica. Sin embargo, para fines comparativos, también
se fechan los ciclos de crecimiento, pero únicamente para el PIB de cada economía. Para aplicar
esta metodología fue necesario extraer la tendencia utilizando el filtro Hodrick-Prescott. Todos
los ciclos están medidos de pico a pico, es decir, de una fase expansiva a la siguiente.
Los resultados de la caracterización de los ciclos del PIB durante las dos últimas décadas
se encuentran en la tabla 2.1, en los anexos 2.3 a 2.6, así como en las gráficas respectivas. En
estas últimas, las recesiones se indican mediante áreas sombreadas, mientras que las fases
expansivas se representan en áreas blancas. Una primera revisión de los datos revela que los
ciclos económicos de las cuatro principales economías de América Latina presentan tanto
características similares como distintivas.
Los hechos estilizados de los ciclos del PIB medidos bajo el enfoque clásico muestran
los siguientes aspectos clave:
1. En general, las fases expansivas son más duraderas e intensas que las fases
contractivas49.
2. En términos de duración, las contracciones tienden a converger entre los cuatro países,
con una duración promedio de entre 3 y 5 trimestres.
3. Existe coincidencia entre los países en cuanto a la fase recesiva más profunda y la fase
expansiva con mayor duración y amplitud. El algoritmo de Bry y Boschan detectó que
la fase recesiva más profunda fue la del periodo 2019q2-2020q3 (en México, esta fase
comenzó un año antes), con una profundidad que osciló entre el 3% y el 8%. Respecto

47
Para ofrecer una visión más detallada de los ciclos económicos de Argentina, Brasil, Chile y México, se incluye
en el anexo 2.36 información sobre la duración, profundidad y volatilidad de los ciclos del PIB y sus componentes.
Este anexo complementa el análisis presentado al ilustrar de manera conjunta las dinámicas de todas las variables
analizadas, enriqueciendo la comparación realizada en este capítulo.
48
Véase la sección 2.7, para una revisión más detallada de los datos y la metodología empleada en este estudio.
49
Como sostienen Titelman et al. (2013), quienes analizan los ciclos económicos de las regiones en desarrollo.

38
a la fase expansiva más duradera y de mayor intensidad, los resultados del fechado bajo
la perspectiva clásica indican que, para Argentina, Brasil y México, esta se extendió
aproximadamente entre 2002 y 2008 (véanse anexos 2.7 a 2.10 y 2.36). Este ciclo
coincide con el auge de las materias primas, el cual influyó considerablemente en el
crecimiento de las economías latinoamericanas.
México se benefició notablemente de este auge, con una fase expansiva del PIB que
alcanzó una amplitud del 17%. Como se analizará más adelante en el capítulo 4, esto
tuvo un impacto significativo en los resultados positivos de sus balances presupuestarios.
A diferencia de los otros países, la fase expansiva más intensa y duradera de Chile fue
la que se produjo entre 2009q2 y 2016q3. Esta expansión coincidió con un aumento
significativo del gasto público, el componente más importante en el crecimiento del PIB
chileno durante ese periodo.

Tabla 2.1. Ciclos clásicos del PIB de Argentina, Brasil, Chile y México
Medias del periodo
Expansión Recesión Duración
Número Volatilidad*
Ciclos del Duración Amplitud Duración Amplitud del ciclo
de ciclos (porcentajes)
PIB (trimestres) (porcentajes) (trimestres) (porcentajes) (trimestres)
Argentina 7.0 13.3 3.4 7.7 7 10.9 2.9
Brasil 14.3 16.1 4.5 5.4 4 18.8 1.6
Chile 19.5 20.0 2.5 2.5 2 22.0 2.4
México 20.3 16.7 4.0 6.6 3 24.3 1.9
* Medida utilizando la desviación estándar de la tasa de crecimiento.
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

En cuanto a las características cíclicas distintivas de los cuatro países analizados, se


destacan las siguientes:

1. Chile registró el menor número de ciclos y, por ende, la mayor duración de estos (como
se observa en el gráfico 2.1). De acuerdo con el algoritmo Bry y Boschan, la economía
chilena experimentó dos ciclos completos (medidos de pico a pico) durante el periodo
de estudio50. En promedio, un ciclo clásico completo en Chile tiene una duración de
alrededor de 6 años (22 trimestres), con expansiones que se extienden casi cinco años
(19.5 trimestres) y contracciones de aproximadamente 3 trimestres51. Esto sugiere que
el ciclo económico de Chile se caracteriza por auges duraderos e intensos.

50
Registrando dos expansiones (con una duración de 29 y 10 trimestres, respectivamente) y tres recesiones (con
una duración de entre 2 y 4 trimestres).
51
Asimismo, la perspectiva clásica muestra que las contracciones en Chile tienden a ser menos profundas en
comparación con los demás países analizados, con una amplitud promedio de 2.5%.

39
Las expansiones en este país tienen una amplitud del 20% (8 veces más que las de sus
recesiones) y suelen durar cerca de 20 trimestres o cinco años. En promedio, la relación
entre la duración de las expansiones y las contracciones es de 8 a 1, es decir, las fases
expansivas duran ocho veces más que las recesivas. No obstante, Chile se destaca como
una de las economías con mayor volatilidad entre las analizadas.
2. Brasil y México presentan ciclos más largos, con duraciones promedio de 19 trimestres
y 24 trimestres, respectivamente.
3. Los datos también muestran que Argentina es el país con más ciclos económicos, lo que
implica una menor duración promedio de estos, registrando un total de 7 ciclos con una
duración media de 2.7 años.

Gráfico 2.1. Ciclos clásicos del PIB de Argentina, Brasil, Chile y México

Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

4. Asimismo, la metodología clásica encontró que las fases expansivas de México tienen
una duración promedio de alrededor de 5 años (20.3 trimestres, véanse anexos 2.6 y
2.36), colocándolas como las más duraderas. Las estimaciones indican que, entre 2000
y 2020, el PIB creció en promedio un 16.7% durante las fases expansivas: desde el inicio
de una expansión hasta alcanzar un nuevo punto máximo.

40
5. En contraste, las expansiones más breves del periodo de estudio se registraron en
Argentina. En promedio, estas expansiones duraron apenas siete trimestres, como se
observa en la tabla 2.1 y en el gráfico 2.1 (áreas en blanco).

6. En cuanto a las contracciones económicas, una inspección visual de las fases presentadas
en el gráfico 2.1 muestra que Argentina registró el mayor número de periodos recesivos
(7) entre los cuatro países analizados durante el periodo 2000-2020. Además, estos
periodos se caracterizan por ser los más profundos, con una caída promedio del 7.9%
desde el inicio de la recesión hasta su punto más bajo. No obstante, en términos de
duración, las recesiones en Argentina no son tan diferentes a las del resto de los países,
con una duración promedio de poco más de 3 trimestres.

Ciclos de crecimiento
Desde el enfoque de los ciclos de crecimiento, se observan varios hechos estilizados (véanse
anexos 2.11 a 2.14):
1. Al aplicar el algoritmo Bry-Boschan a la serie suavizada del PIB, se detectó una mayor
cantidad de ciclos en comparación con los ciclos clásicos; en el caso de México y Chile,
el número de ciclos se duplica o incluso triplica.

2. Las fases recesivas tienden a ser más profundas (mayor amplitud) que las expansivas en
todos los países. Ello significa que cuando la economía se desacelera o entra en recesión,
la caída es más intensa que el crecimiento que se produce durante las fases expansivas.
3. Esta metodología identificó que la recesión más profunda del periodo de estudio tuvo
lugar durante segundo trimestre de 2020 (en Argentina se extendió hasta el tercer
trimestre del mismo año).
4. La metodología de los ciclos de crecimiento tiende a producir contracciones más
profundas que sus expansiones en las cuatro economías analizadas. Esto podría reflejar
que las economías son más vulnerables a retrocesos significativos durante las fases de
contracción, mientras que las recuperaciones o expansiones no son tan fuertes en
términos de crecimiento por encima de la tendencia (véanse anexos 2.15 y 2.16).

41
Tabla 2.2. Ciclos de crecimiento de Argentina, Brasil, Chile y México
Medias del periodo
Expansión Recesión Duración
Número Volatilidad*
Ciclos del Duración Amplitud Duración Amplitud del ciclo
de ciclos (porcentajes)
PIB (trimestres) (porcentajes) (trimestres) (porcentajes) (trimestres)
Argentina 5.6 6.4 4.9 7.5 7 10.4 2.8
Brasil 4.7 3.0 6.0 4.3 7 10.7 1.7
Chile 3.6 2.1 11.4 4.9 5 15.0 1.3
México 5.0 2.6 7.2 5.8 6 12.2 1.9
* Medida utilizando la desviación estándar del componente cíclico de la serie temporal.
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

En cuanto a las características distintivas en los ciclos de crecimientos de estas cuatro


economías, destacan las siguientes:
1. En Chile, los ciclos de crecimiento se caracterizan por tener una volatilidad baja, es
decir, que las fluctuaciones en el PIB en relación con la tendencia de largo plazo son
más suaves y predecibles (véase tabla 2.2. y anexo 2.13).

2. Aunque Chile presenta la mayor duración de los ciclos bajo este enfoque –con un
promedio de aproximadamente cuatro años–, esto se debe a que sus recesiones son
significativamente más largas (11.4 trimestres) que sus expansiones (3.6 trimestres).
Lo que a su vez sugiere que los períodos de contracción en relación con la tendencia
son mucho más prolongados que en los demás países– (véase gráfico 2.2).
3. Argentina tiene la expansión más intensa (6.4%) y también la recesión más profunda
(7.5%), lo que indica ciclos más extremos en términos de crecimiento y contracción.
Además, la comparación entre los enfoques clásico y de crecimiento ofrece resultados
interesantes:
1. El enfoque clásico muestra una mayor duración de los ciclos completos, alrededor
de 2 veces más que los ciclos de crecimiento.

2. Las expansiones en los ciclos clásicos son más largas e intensas que en el enfoque
de crecimiento.

3. Bajo el enfoque de crecimiento, las recesiones son más largas, pero menos profundas
que en los ciclos clásicos (excepto en Chile). Es decir, aunque las recesiones duran
más bajo el enfoque de crecimiento, el impacto económico en términos de
profundidad es menor, lo que sugiere una caída más gradual en lugar de una
contracción abrupta.
4. Finalmente, es importante destacar que tanto el enfoque clásico como el de
crecimiento identificaron la misma fase recesiva más profunda del periodo (2019-

42
2020). Ambos enfoques detectaron un valle en el segundo trimestre de 2020, lo cual
no sorprende, dado el severo impacto de la crisis del COVID-19.

Gráfico 2.2. Ciclos de crecimiento del PIB de Argentina, Brasil, Chile y México

Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Importancia de los componentes de la demanda agregada en las fases del PIB52


La siguiente pregunta clave a responder es: ¿cuál es la importancia relativa de cada uno de los
componentes de la demanda agregada para explicar las fases de los ciclos del PIB de los países
analizados? El análisis empírico revela marcadas diferencias en la relevancia de estos
componentes a lo largo de las fases expansivas y recesivas (véase anexo 2.36).
Fases expansivas

En Argentina, los componentes más significativos para apuntalar la fase ascendente de la


demanda agregada han sido la inversión y el gasto público. La inversión destaca por su
intensidad durante las expansiones, alcanzando un 42%, tres veces más que la del PIB. El gasto

52
Corresponden a los ciclos económicos medidos bajo la metodología clásica.

43
público también juega un papel clave, con una duración de casi 13 trimestres, lo que duplica la
duración de la fase expansiva del PIB53.

En Brasil, el principal impulsor de la fase expansiva del producto es el consumo privado,


lo cual se refleja en la notable duración de sus fases ascendentes, con una media de siete años y
dos meses, es decir, el doble de la duración de las expansiones de la producción. La amplitud
del consumo durante estas fases es del 37.9%, considerablemente superior al 16.1% del PIB.

En Chile, al igual que en Argentina, el gasto público es el motor principal de la fase


expansiva, con una duración promedio de 17 años y una amplitud del 103.8%, cinco veces
superior a la del PIB durante el periodo 2000-2020.
En México, las expansiones del consumo y las exportaciones impulsan el crecimiento
del PIB a través de una mayor duración e intensidad, respectivamente. El consumo se expande
durante aproximadamente ocho años (un 55 % más que el PIB), mientras que las exportaciones
presentan una amplitud del 28.2%, el doble de la del producto.

Fases recesivas

Al observar las fases recesivas, ciertos componentes destacan por sus caídas más profundas y
su mayor duración. En el caso de Argentina, destacan las exportaciones. Las fases recesivas de
este componente de la demanda agregada suelen durar más que las de cualquier otro
componente. No obstante, la duración de sus expansiones duplica a la de sus recesiones. Lo
mismo ocurre con su amplitud.
En Brasil, nuevamente el consumo desempeña un papel crucial en la explicación de las
fases recesivas de su ciclo económico, con una duración de seis trimestres y una caída del 46%,
nueve veces mayor que la contracción del PIB.
En Chile, la inversión y el consumo son los componentes con la mayor duración y
amplitud en las recesiones, respectivamente. Las recesiones de la inversión duran, en promedio,
un año y cinco meses, mientras que la caída del consumo alcanza el 23%, nueve veces más de
la del PIB.

Por último, en México, la inversión y el consumo privado desempeñan el papel más


importante para explicar las recesiones, con una duración de dos años y cuatro meses y una
caída del 16%, respectivamente.

53
Si bien estos componentes son esenciales para el crecimiento económico, su manejo adecuado en las distintas
fases del ciclo económico es crucial para garantizar su efectividad. Este aspecto será abordado en detalle en el
capítulo 4, donde se analizará si la gestión de estos componentes ha sido procíclica, acíclica o contracíclica.

44
2.2. Características de la inversión

La Formación Bruta de Capital Fijo es un componente crucial de la demanda agregada,


estrechamente vinculada al crecimiento económico debido a su impacto directo en el stock
productivo de capital. Un análisis detallado del comportamiento cíclico de la inversión en
Argentina, Brasil, Chile y México54 se presenta en la tabla 2.3 y en su respectiva gráfica. A lo
largo de esta sección, se destacan cinco características clave de los ciclos de inversión que son
fundamentales para entender su dinámica en estas economías (véanse anexos 2.17 a 2.20 y 2.36).
1. Las fases recesivas de la inversión tienden a durar más que las del ciclo del PIB:
Excepto en Brasil, donde las recesiones de ambas variables tienen duraciones muy
similares (2 años). La inversión en las otras economías latinoamericanas analizadas
experimenta contracciones más prolongadas, con duraciones entre un 17% y un 120%
superiores a las del PIB.

2. Duración más corta de las expansiones de la inversión en comparación con las del
PIB: En Brasil, por ejemplo, las expansiones de la inversión duran solo la mitad que las
del PIB. En términos generales, las expansiones de la inversión en estas economías son
entre un 10% y un 49% menos prolongadas que las de su producción.

3. Expansiones y contracciones más intensas que las de la producción55: En particular,


la caída de la inversión durante las fases contractivas, que varía entre el 10% y el 13%,
supera ampliamente las contracciones del PIB, que oscilan entre el 3% y el 8%. Esta
tendencia sugiere que las políticas para mitigar las fases recesivas han penalizado la
inversión, utilizándola como variable de ajuste en detrimento del crecimiento futuro.
Además, las expansiones de la inversión tienden a ser más intensas que las del PIB, con
amplitudes que varían entre 1.4 veces (en México) y 3.1 veces (en Argentina) las del
PIB (véase tabla 2.1). Este comportamiento sugiere que las expansiones más intensas en
la inversión aumentan la capacidad productiva de la economía, lo que indica que invertir
más en inversión podría ser una estrategia favorable para impulsar el crecimiento a largo
plazo. Sin embargo, aunque la inversión es clave para el crecimiento, es fundamental
que la calidad y eficiencia de dicha inversión sean óptimas para maximizar sus
beneficios y evitar inversiones ineficaces o mal orientadas.

54
Este conjunto de países representa el 77% de la inversión total de América Latina.
55
Estos hallazgos están en línea con estudios como el de Hanni et al. (2017), quienes encuentran que las recesiones
de la inversión, tanto para América Latina como para sus subregiones, son más profundas que las del PIB.

45
Tabla 2.3. Ciclos clásicos de la inversión de Argentina, Brasil, Chile y México
Medias del periodo
Ciclos de Expansión Recesión Duración
Número Volatilidad
la Duración Amplitud Duración Amplitud de ciclos del ciclo (porcentajes)
inversión (trimestres) (porcentajes) (trimestres) (porcentajes) (trimestres)
Argentina 6.3 41.8 4.0 9.8 7 10.3 6.4
Brasil 7.3 15.2 4.2 11.9 6 11.5 3.7
Chile 13.0 51.7 5.5 12.8 4 18.5 4.0
México 9.4 22.9 5.0 12.9 5 14.4 3.0
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7

Gráfico 2.3. Ciclos clásicos de la inversión de Argentina, Brasil, Chile y México

Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7

4. La duración de las expansiones de la inversión ha disminuido a lo largo del periodo:


Excepto en Brasil, donde no se observa un patrón claro, las fases expansivas de la
inversión se han acortado a lo largo del periodo 2000-2020. Esto implica que las
reducciones en la inversión, particularmente en infraestructura, tienden a prolongarse
más que los aumentos registrados en las fases expansivas, lo que constituye un factor
clave en la desaceleración económica observada en estos países.

46
5. Alta volatilidad de los ciclos de inversión: Las fluctuaciones de la inversión son
aproximadamente el doble de volátiles que las del PIB56, con Argentina presentando la
mayor volatilidad (6.4%).
Al comparar los resultados del fechado de ciclos entre países, se identifican
características relevantes. El algoritmo de Bry y Boschan detecta que los ciclos de inversión en
Chile tienden a tener una mayor duración promedio, alcanzando aproximadamente 19 trimestres
o cerca de 5 años. Lo que plantea la pregunta: ¿qué factores explican esta mayor duración de los
ciclos? En Chile, las expansiones y las recesiones tienen una duración promedio de 13 y 5.5
trimestres, respectivamente, lo que equivale a una relación de 2.4 a 1. Por lo tanto, la mayor
duración del ciclo de inversión en este país se debe a que las expansiones son considerablemente
más largas que sus contracciones. Otra característica destacable es la profundidad de los ciclos.
En Brasil, las expansiones y contracciones de la inversión presentan una profundidad similar,
mientras que en Chile se observa una mayor asimetría: las expansiones son más intensas (51.7%)
en comparación con las recesiones (12.8%).

En Argentina, al analizar la contribución de los componentes de la demanda agregada


en las fases expansivas del ciclo económico, destacan dos elementos: la inversión, que presenta
la mayor amplitud (42%), y el gasto público, con la mayor duración. A pesar de que las
expansiones de la inversión en Argentina tienden a durar un poco menos que las del PIB57, este
suele ser el componente que se expande con más fuerza durante las fases altas del ciclo
económico. Por otro lado, en Brasil, los ciclos de la inversión ocurren aproximadamente cada 2
años, lo que equivale a 8 trimestres menos en comparación con la duración completa de los
ciclos del PIB, según se detalla en la tabla 2.3. A diferencia de otras economías, aunque las
expansiones de la inversión son significativamente más cortas que las del PIB (49% menos), las
recesiones de la inversión y del PIB tienen duraciones muy similares (poco más de cuatro
trimestres).

Stock de capital y crecimiento económico: Comparación entre América Latina y países


desarrollados
El siguiente gráfico muestra la intensidad de capital (stock de capital por trabajador o miembro
de la fuerza laboral) en países desarrollados y economías seleccionadas de América Latina. A
pesar de que México registró el mayor promedio de stock de capital por trabajador durante el
periodo 2000-2019, su crecimiento ha sido relativamente bajo, con un incremento de tan solo el

56
En Argentina y Chile, la inversión se destaca como el componente más volátil de la demanda agregada.
57
Los ciclos de inversión en Argentina tienen una duración promedio de aproximadamente 3 años (12.1 trimestres),
con una volatilidad casi el doble que la del PIB (32.9%)

47
1%. En contraste, Chile registró un crecimiento significativo del 4% durante el mismo periodo.
En 2000, el stock de capital por trabajador en México superaba al de Chile en una proporción
de 1.7 a 1, pero para 2019 esa brecha se redujo a 0.98, lo que ha favorecido el crecimiento del
PIB per cápita en el caso chileno.

Dicho comportamiento se refleja en los ciclos recesivos de la inversión en México, que


suelen durar, en promedio, poco más de dos años (véase tabla 2.3). Además, las expansiones y
recesiones de estos ciclos no solo tienen una duración similar, sino que también muestran una
intensidad comparable en ambas fases. Por otro lado, en Chile se observa una clara asimetría
entre las fases expansivas y recesivas, ya que las expansiones de la inversión son más
prolongadas e intensas, lo que refleja una dinámica de crecimiento más sólida.

Gráfico 2.4. América Latina y países desarrollados seleccionados: PIB y stock de capital
per cápita, 2019
(En dólares de paridad de poder de compra de 2017)
70,000
Suiza
Dinamarca
60,000
Suecia
Estados Unidos
50,000
Alemania
PIB per cápita

Finlandia
40,000
Francia
Corea Japón
30,000
Argentina Chile Portugal
20,000 México

10,000 Brasil

0
0 50,000 100,000 150,000 200,000 250,000 300,000 350,000 400,000
Stock de capital por trabajador

Fuente: Elaboración propia con datos del Fondo Monetario Internacional (stock
de capital) y Banco Mundial (PIB per cápita y fuerza laboral total).

La evidencia empírica confirma que el acervo o stock de capital es un factor determinante


para el crecimiento económico. Según los datos presentados en el gráfico 2.4, la media del PIB
per cápita entre 2000 y 2019 (medido en dólares de paridad de poder de compra de 2017) en las
economías avanzadas seleccionadas es 2.5 veces superior a la media de los países
latinoamericanos incluidos en este estudio. Esta diferencia está estrechamente relacionada con
una brecha en la intensidad de capital de 3.2 veces.

48
Este análisis preliminar del comportamiento del stock de capital y su relación con la tasa
de crecimiento revela que los países latinoamericanos han mantenido bajos niveles de inversión,
lo que ha limitado su capacidad de cerrar la brecha con las economías más desarrolladas.

2.3. Comportamiento del gasto público

La política fiscal es un instrumento clave para crear las condiciones necesarias que impulsen la
economía. Un breve análisis de sus fluctuaciones se presenta en la siguiente tabla, permitiendo
extraer las siguientes conclusiones a partir del contraste entre los ciclos económicos del PIB y
del gasto público (véanse anexos 2.21 a 2.25):

1. Una característica fundamental de los ciclos del gasto público, que los distingue del resto
de los componentes de la demanda agregada, es la gran asimetría entre expansiones y
contracciones. La duración promedio de las fases expansivas de este componente es
entre 2 (Brasil) y 22 (Chile) veces mayor que la de las fases recesivas. Además, las
expansiones son considerablemente más intensas, entre 3 y 16 veces superiores a las
contracciones.

2. Las fases recesivas de los ciclos del gasto público se han incrementado en Argentina y
Brasil a lo largo del periodo 2000-2020.

3. Las recesiones del gasto público resultaron ser menos profundas que las del producto,
con la excepción de Chile.

4. En Chile, el algoritmo de datación Bry-Boschan identificó un único ciclo en el gasto


público (véase anexos 2.36), con una duración media de 17 años (69 trimestres). De
estos, 66 trimestres correspondieron a una fase expansiva y solo 3 a una contracción. Las
fases expansivas del gasto público en Chile presentan una profundidad notable del
103.8%, lo que significa que los auges del gasto público son cinco veces más intensos
que los del producto. En contraste, México presenta tanto expansiones como recesiones
menos prolongadas y profundas que las del PIB, con una duración de 2 años y una
amplitud de 6.3 %.

Tabla 2.4. Ciclos clásicos del gasto público de Argentina, Brasil, Chile y México
Medias del periodo
Ciclos del Expansión Recesión Duración
Número Volatilidad
gasto Duración Amplitud Duración Amplitud del ciclo
de ciclos (porcentajes)
público (trimestres) (porcentajes) (trimestres) (porcentajes) (trimestres)
Argentina 12.8 21.5 3.3 6.9 4 16.0 2.2
Brasil 8.5 7.8 4.7 2.6 6 13.2 1.4
Chile 66 103.8 3.0 6.5 1 68.5 2.4
México 8 6.3 3.2 1.9 6 5.8 0.9
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

49
2.4. Comportamiento del consumo

El algoritmo BBQ, aplicado a las series del PIB y del consumo privado en las cuatro economías
seleccionadas durante el periodo 2000-2020, reveló las siguientes características (véanse anexos
2.26 a 2.30):
1. El consumo presenta menos ciclos que el PIB, lo que implica que cada ciclo de consumo
tiende a durar más tiempo. En términos comparativos, los ciclos del consumo tienen una
duración que varía entre 1.1 veces (en Argentina) y 2 veces (en Chile) la duración de los
ciclos del PIB.
2. En todos los países, las fases expansivas y recesivas del consumo privado son más
prolongadas y amplias que las del PIB de cada economía.
3. Las fluctuaciones del consumo privado son más volátiles que las de la demanda agregada
(véanse tablas 2.1 y 2.5).
Respecto a las características distintivas de los ciclos del consumo, destacan los siguientes:

1. Argentina presenta el mayor número de ciclos, lo que explica que su duración promedio
sea la más baja (véase anexo 2.26). En total, se identificaron seis ciclos clásicos, con una
duración promedio de tres años. Las fases expansivas duraron, en promedio, dos años,
mientras que las contracciones duraron uno.

2. En Chile, el consumo privado permanece más tiempo en expansión que en contracción.


Las fases expansivas tienen una duración promedio de poco más de diez años (41
trimestres) y su intensidad es la mayor de las economías analizadas (67%). Véase anexo
2.30, donde las fases expansivas se representan en las áreas en blanco.

3. Las recesiones del consumo duran más tiempo en Argentina, con una duración de poco
más de un año o, específicamente, 5.5 trimestres. Sin embargo, son más amplias en
Brasil, donde alcanzan un 46% de profundidad.

Tabla 2.5. Ciclos clásicos del consumo de Argentina, Brasil, Chile y México
Medias del periodo
Expansión Recesión
Duración
Ciclos del Número Volatilidad
Duración Amplitud Duración Amplitud del ciclo
consumo de ciclos (porcentajes)
(trimestres) (porcentajes) (trimestres) (porcentajes) (trimestres)
Argentina 8.0 19.7 4.0 9.7 6 12.0 3.3
Brasil 28.5 37.9 5.5 45.6 2 34.0 2.1
Chile 41.0 66.9 3.0 23.0 1 44.0 3.4
México 31.5 26.2 3.5 15.6 2 35.0 2.3
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

50
2.5. Comportamiento de las exportaciones
Al aplicar el método no paramétrico de Bry y Boschan a la serie trimestral de las exportaciones
y comparar los resultados con los del PIB, se obtienen las siguientes conclusiones (véanse
anexos 2.31 a 2.35):

1. Los auges de las exportaciones tienden a durar menos que los del PIB58.
2. Las características cíclicas de las exportaciones indican que la fase expansiva de mayor
duración e intensidad59 tuvo lugar entre 2001 y 2008, aproximadamente. Este periodo
coincidió con el ciclo de auge de las materias primas, al igual que otras variables
analizadas.
3. Asimismo, el algoritmo detectó que la fase recesiva más profunda ocurrió entre 2011 y
2015, con la excepción de México, donde tuvo lugar entre el segundo trimestre de 2019
y el segundo trimestre de 2020.

4. Por último, como era de esperarse debido a la influencia de los mercados internacionales,
la volatilidad de las exportaciones es mayor que la del PIB.

En cuanto a las características distintivas de estos ciclos, se destacan los siguientes puntos:
1. En promedio, Brasil tiene los ciclos de expansión de exportaciones más largos, con una
duración de 13.0 trimestres, seguido por México con 11.2 trimestres. Brasil también
presenta la mayor amplitud en la fase expansiva del ciclo de exportaciones, alcanzando
un 35.7%.
2. Argentina presenta una mayor caída durante las recesiones de exportaciones (12.7%),
seguida de México (11.8%), mientras que Chile y Brasil presentan caídas más
moderadas (4.1% y 10.9%, respectivamente).
3. La volatilidad de las exportaciones es mayor en Argentina (5.6%), mientras que es
mucho más estable en Chile (2.4%).

Tabla 2.6. Ciclos clásicos de las exportaciones de Argentina, Brasil, Chile y México
Medias del periodo
Expansión Recesión Duración
Ciclos de las Número Volatilidad
Duración Amplitud Duración Amplitud del ciclo
exportaciones de ciclos (porcentajes)
(trimestres) (porcentajes) (trimestres) (porcentajes) (trimestres)
Argentina 8.4 24.9 4.4 12.7 5 12.8 5.6
Brasil 13.0 35.7 3.0 10.9 4 16.0 4.8
Chile 5.0 5.3 5.0 4.1 4 10.0 2.4
México 11.2 28.2 3.6 11.8 5 14.8 3.7

58
Excepto en Argentina donde duran 1 trimestre más.
59
Excepto en Chile, donde ocurrió entre 2009 y 2011, debido a los altos precios del cobre.

51
2.6. Conclusiones

El objetivo del presente estudio fue analizar las fluctuaciones cíclicas de las economías de
Argentina, Brasil, Chile y México durante el periodo 2000-2020. Para ello, se examinaron los
ciclos de la serie trimestral del PIB y de los componentes de la demanda agregada mediante los
enfoques clásicos y de crecimiento. El filtro Hodrick-Prescott se utilizó para eliminar la
tendencia de las series y analizar los ciclos desde la perspectiva del crecimiento. Los dos
enfoques metodológicos aplicados, junto con sus componentes por el lado de la demanda y las
fases correspondientes, revelan tanto similitudes como diferencias en cuanto a duración,
volatilidad, amplitud (profundidad o intensidad, según corresponda) y número de fases. Los
principales hallazgos son los siguientes:
1. Duración y amplitud de las fases expansivas:
Bajo la metodología clásica, las fases expansivas tienden a ser más prolongadas que las
contracciones, especialmente en Chile y México. Sin embargo, en Chile estas suelen ser más
intensas, con una amplitud del 20%.
2. Volatilidad

Argentina presenta la mayor volatilidad del PIB, con un 2.9%, lo que refleja una mayor
inestabilidad en su ciclo económico. Por su parte, Brasil se caracteriza por un ciclo
económico más estable.
3. Número de ciclos:
Argentina presenta el mayor número de ciclos económicos durante el período analizado, con
un total de siete ciclos. Esto implica que Argentina experimenta cambios más frecuentes
entre expansiones y recesiones, en comparación con Brasil, Chile y México, que tienen
menos ciclos, pero de mayor duración.
4. Ciclos de crecimiento y clásicos:
Bajo el enfoque de crecimiento, las recesiones son más largas, pero menos profundas que en
los ciclos clásicos (excepto en Chile). Es decir, aunque las recesiones duran más bajo el
enfoque de crecimiento, el impacto económico en términos de profundidad es menor, lo que
sugiere una caída más gradual en lugar de una contracción abrupta.
5. Componentes de la demanda agregada:
Las expansiones en Argentina y Chile son impulsadas principalmente por el gasto público,
mientras que en México las exportaciones juegan un papel clave. En Brasil, el consumo
privado es el principal motor de las fases expansivas.

52
2.7. Metodología y descripción de los datos
Los objetivos que guiaron este capítulo fueron los siguientes:

1. Determinar la duración, amplitud y volatilidad del ciclo completo, así como de cada una
de sus fases (expansión y contracción) en economías seleccionadas de América Latina
(Argentina, Brasil, Chile y México) durante el periodo 1990-2020.
2. Evaluar el comportamiento cíclico de cada uno de los componentes de la demanda
agregada (consumo, inversión, gasto público y exportaciones) en el mismo periodo.
3. Analizar y comparar los ciclos clásicos y de crecimiento en cada país y entre países.

Fuente y descripción de los datos


Para cumplir con estos objetivos, se utilizaron diversas herramientas y métodos que se detallarán
a continuación. Los enfoques empíricos empleados para identificar los ciclos económicos fueron
el clásico y el de crecimiento. Para caracterizar los ciclos económicos del PIB y de los
componentes de la demanda agregada, se utilizaron series trimestrales de alta frecuencia que
cubren el periodo 2000:01 a 2020:4. Los datos fueron obtenidos de las Oficinas Nacionales de
Estadística de los países analizados:

• Argentina: Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Debido a problemas


con la disponibilidad de datos, se emplearon series con dos bases diferentes, que fueron
unificadas mediante el método de interpolación. Como resultado, las series se
consolidaron en una nueva base correspondiente al año 2004:
1. Series del PIB y de los componentes de la demanda agregada en pesos
argentinos con base 1993, para el periodo 2000-2003.
2. Series del PIB y de los componentes de la demanda agregada en nuevos pesos
argentinos con base 2004, para el periodo 2004-2023.

• Brasil: Instituto Brasileiro de Geografía y Estadística (IBGE). Series del PIB y


componentes a precios constantes de 2010 para el periodo 2000-2020.

• Chile: Instituto Nacional de Estadísticas. Series del PIB y componentes a precios


constantes de 2018 para el periodo 2000-2020.

• México: Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Series del PIB y


componentes a precios constantes de 2013 para el periodo 2000-2020.

53
Metodología
El primer paso fue construir series de tiempo trimestrales para el PIB y cada componente de la
demanda agregada de los países seleccionados, ajustando los datos estacionalmente60 con el
software X-13ARIMA-SEATS, desarrollado por el Buró de Censos de los Estados Unidos. Este
software utiliza promedios móviles de diferente orden para descomponer las series temporales.
Cabe destacar que, el fechado de los ciclos de crecimiento depende del filtro utilizado
para eliminar la tendencia de las series y de la metodología para detectar los puntos de giro. Se
aplicó el filtro Hodrick-Prescott61 para extraer la tendencia y obtener el componente cíclico. Los
puntos de inflexión fueron identificados mediante la modificación de Harding y Pagan (2002)
al algoritmo de datación de Bry y Boschan. Este algoritmo se aplicó a los niveles logarítmicos
de las series trimestrales, respetando las reglas de censura de Harding y Pagan:

• Miniciclo = 5 trimestres.
• Minifase = 2 trimestres consecutivos.
Una vez aplicados estos enfoques, se pudo determinar la duración y amplitud del ciclo
completo y de sus fases para el PIB real y los componentes de la demanda agregada. Todos los
ciclos están medidos de pico a pico, es decir, de una fase expansiva a la siguiente. La volatilidad
se evaluó utilizando la desviación estándar de la tasa de crecimiento de la variable en cuestión
en el caso de los ciclos clásicos, y del componente cíclico en el caso de los ciclos de crecimiento.
Todas las estimaciones se realizaron utilizando el paquete estadístico R.
Detalles metodológicos adicionales:
1. Aunque los ciclos del PIB pueden medirse utilizando ambos enfoques, el presente capítulo se
basa en la estimación de los ciclos clásicos de las diferentes variables. La elección del método
clásico responde a dos razones principales:
i) Permite identificar con claridad las fases del ciclo económico (expansión y recesión),
lo que facilita el análisis de la duración, amplitud e intensidad de cada fase, sin
depender del crecimiento promedio.

60
Véanse anexos 2.1 y 2.2.
61
Una de las ventajas clave del filtro de Hodrick-Prescott es su capacidad para descomponer una serie temporal
en componentes de tendencia y ciclo sin necesidad de asumir una tendencia lineal rígida. Esta flexibilidad lo
convierte en una herramienta adecuada para analizar fluctuaciones cíclicas en diversas series temporales. Sin
embargo, es importante tener en cuenta que el filtro puede presentar distorsiones en los periodos más recientes
debido al llamado 'efecto de bordes'. A pesar de esta limitación, sigue siendo ampliamente utilizado cuando se
busca una estimación flexible de la tendencia subyacente y las fluctuaciones cíclicas a lo largo del tiempo. Además,
a diferencia de otros métodos, el filtro HP permite un ajuste adaptable a diferentes frecuencias de datos y horizontes
temporales, lo que es especialmente útil para series macroeconómicas de alta frecuencia, como el PIB trimestral.

54
ii) Facilita el análisis de la magnitud de las expansiones y recesiones, centrando su
atención en los cambios absolutos de la actividad económica. Esto es particularmente
útil para estudiar crisis severas o expansiones significativas, características
recurrentes en varias economías latinoamericanas, debido a su vulnerabilidad a
choques externos y a los ciclos de auge y caída en los precios de los commodities.
2. La amplitud de los ciclos clásicos no se mide directamente en valores absolutos. Dado que en
el método clásico la amplitud se expresa en términos absolutos, las economías de diferentes
tamaños (PIB) o niveles de desarrollo experimentan fluctuaciones de distinta magnitud. Para
realizar comparaciones más equitativas, es recomendable normalizar la amplitud dividiendo los
cambios absolutos por el nivel del PIB al inicio del ciclo. Esto genera una medida de amplitud
relativa o un porcentaje de cambio, lo que permite comparar economías, independientemente de
su tamaño:
𝐴𝑚𝑝𝑙𝑖𝑡𝑢𝑑 𝐴𝑏𝑠𝑜𝑙𝑢𝑡𝑎
𝐴𝑚𝑝𝑙𝑖𝑡𝑢𝑑 𝑟𝑒𝑙𝑎𝑡𝑖𝑣𝑎 (%): ( ) ∗ 100
𝑃𝐼𝐵 𝑎𝑙 𝑖𝑛𝑖𝑐𝑖𝑜 𝑑𝑒𝑙 𝑐𝑖𝑐𝑙𝑜

55
Anexos

Anexo 2.1. Argentina, Brasil, Chile y México: PIB real y componentes de la demanda
agregada (en valores absolutos, sin ajuste estacional)
En moneda nacional

Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

56
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

57
Anexo 2.2. Argentina, Brasil, Chile y México: PIB real y componentes de la demanda
agregada (en valores absolutos, con ajuste estacional)
En moneda nacional

Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

58
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

59
Anexo 2.3. Argentina: Ciclos clásicos del PIB
Expansión Recesión
Duración del Volatilidad
Amplitud
Duración Duración Amplitud (en ciclo (en
Ciclos (en
(trimestres) (trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2002q1-2003q4 7 17.03 2 2.06 9 3.27
2 2003q4-2009q2 17 36.39 3 11.18 20 2.68
3 2009q2-2012q2 9 23.13 3 5.36 12 3.09
4 2012q2-2014q3 5 7.05 4 4.07 12 2.31
5 2014q3-2016q3 3 5.19 5 3.98 8 1.52
6 2016q3-2018q4 6 4.85 3 6.59 9 2.35
7 2018q4-2020q2 2 1.74 4 18.85 6 4.9
Media del periodo 7.0 13.34 3.4 7.73 10.9 2.87
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.4. Brasil: Ciclos clásicos del PIB


Expansión Recesión
Duración Volatilidad
Amplitud
Ciclos Duración Amplitud (en Duración del ciclo (en
(en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2001q3-2003q2 5 5.39 2 0.79 7 1.07
2 2003q2-2009q1 21 30.24 2 1.52 23 1.37
3 2009q1-2016q4 20 23.17 11 5.58 31 1.22
4 2016q4-2020q2 11 5.77 3 8.17 14 2.61
Media del periodo 14.3 16.14 4.5 5.40 18.75 1.57
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.5. Chile: Ciclos clásicos del PIB


Expansión Recesión
Duración Volatilidad
Amplitud
Ciclos Duración Amplitud (en Duración del ciclo (en
(en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2009q2-2017q1 29 32.15 2 2 31 0.86
2 2017q1-2020q2 10 7.93 3 3 13 3.87
Media del periodo 19.5 20.04 2.5 2.5 22 2.36
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.6. México: Ciclos clásicos del PIB


Expansión Recesión Duración Volatilidad
Ciclos Duración Amplitud (en Duración Amplitud (en del ciclo (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes)
1 2002q1-2009q2 26 18.72 3 0.82 29 1.31
2 2009q2-2013q2 14 16.77 2 0.08 16 0.98
3 2013q2-2020q2 21 14.64 7 18.92 28 3.45
Media del periodo 20.3 16.71 4 6.61 24.3 1.91
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

60
Anexo 2.7. Argentina: Fases del ciclo clásico del PIB
PIB inicial PIB final Amplitud
Duración (millones (millones (millones
Fases Inicio Final
(trimestres) de pesos de pesos de pesos
argentinos) argentinos) argentinos)
1 Recesión - 2002q1 - - 41,920,654 -
2 Expansión 2002q1 2003q4 7 41,920,654 49,057,334 7,136,680
3 Recesión 2003q4 2003q4 2 49,057,334 48,047,502 1,009,832
4 Expansión 2003q4 2008q3 17 48,047,502 65,534,364 17,486,862
5 Recesión 2008q3 2009q2 3 65,534,364 58,207,298 7,327,066
6 Expansión 2009q2 2011q3 9 58,207,298 71,676,492 13,469,194
7 Recesión 2011q3 2012q2 3 71,676,492 67,832,308 3,844,184
8 Expansión 2012q2 2013q3 5 67,832,308 72,614,231 4,781,923
9 Recesión 2013q3 2014q3 4 72,614,231 69,659,128 2,955,103
10 Expansión 2014q3 2015q2 3 69,659,128 73,277,173 3,618,045
11 Recesión 2015q2 2016q3 5 73,277,173 70,361,867 2,915,306
12 Expansión 2016q3 2018q1 6 70,361,867 73,772,998 3,411,130
13 Recesión 2018q1 2018q4 3 73,772,998 68,908,202 4,864,795
14 Expansión 2018q4 2019q2 2 68,908,202 70,108,303 1,200,100
15 Recesión 2019q2 2020q2 4 70,108,303 56,895,589 13,212,714
16 Expansión 2020q2 - - 56,895,589 - -
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.8. Brasil: Fases del ciclo clásico del PIB


PIB inicial PIB final Amplitud
Duración (millones (millones (millones
Fases Inicio Final
(trimestres) de pesos de pesos de pesos
chilenos) chilenos) chilenos)
1 Expansión - 2008q2 - - 3,502,810 -
2 Recesión 2008q2 2009q2 4 3,502,810 3,405,292 97,518
3 Expansión 2009q2 2016q3 29 3,405,292 4,500,190 1,094,898
4 Recesión 2016q3 2017q1 2 4,500,190 4,494,137 6,053
5 Expansión 2017q1 2019q3 10 4,494,137 4,850,513 356,376
6 Recesión 2019q3 2020q2 3 4,850,513 4,081,645 768,869
7 Expansión 2020q2 - - 4,081,645 - -
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.9. Chile: Fases del ciclo clásico del PIB


PIB inicial
PIB final Amplitud
(miles de
Duración (millones (millones
Fases Inicio Final millones
(trimestres) de pesos de pesos
de pesos
argentinos) argentinos)
mexicanos)
1 Expansión - 2000q3 - - 1,301,753 -
2 Recesión 2000q3 2002q1 6 1,301,753 1272,688 2,906
3 Expansión 2002q1 2008q3 26 1272,688 1510,968 23,8280
4 Recesión 2008q3 2009q2 3 1510,968 1387,698 12,3270
5 Expansión 2009q2 2012q4 14 1387,698 1620,377 232,679
6 Recesión 2012q4 2013q2 2 1620,377 1619,110 1,267
7 Expansión 2013q2 2018q3 21 1619,110 1856,229 237,118
8 Recesión 2018q3 2020q2 7 1856,229 1505,011 351,217
9 Expansión 2020q2 - - 1505,011 - -
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

61
Anexo 2.10. México: Fases del ciclo clásico del PIB
PIB inicial
PIB final Amplitud
(miles de
Duración (millones (millones
Fases Inicio Final millones
(trimestres) de pesos de pesos
de pesos
argentinos) argentinos)
mexicanos)
1 Expansión - 2000q3 - - 1,301,753 -
2 Recesión 2000q3 2002q1 6 1,301,753 1272,688 2,906
3 Expansión 2002q1 2008q3 26 1272,688 1510,968 23,8280
4 Recesión 2008q3 2009q2 3 1510,968 1387,698 12,3270
5 Expansión 2009q2 2012q4 14 1387,698 1620,377 232,679
6 Recesión 2012q4 2013q2 2 1620,377 1619,110 1,267
7 Expansión 2013q2 2018q3 21 1619,110 1856,229 237,118
8 Recesión 2018q3 2020q2 7 1856,229 1505,011 351,217
9 Expansión 2020q2 - - 1505,011 - -
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.11. Argentina: Ciclos de crecimiento del PIB


Expansión Recesión Duración del Volatilidad
Ciclos Duración Amplitud (en Duración Amplitud (en ciclo (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes)
1 2002q1-2004q2 6 10.1 3 5.6 9 2.78
2 2004q2-2005q3 3 6.9 2 7.6 5 2.69
3 2005q3-2008q4 9 5.1 4 7.3 13 2.07
4 2008q4-2010q3 3 9.2 4 5.5 7 3.8
5 2010q3-2012q2 2 2.7 5 6.5 7 2.01
6 2012q2-2016q2 12 6.7 4 5.2 16 1.97
7 2016q2-2020q2 4 4.3 12 15.9 16 4.2
Media del periodo 5.6 6.4 4.9 7.5 10.4 2.79
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.12. Brasil: Ciclos de crecimiento del PIB


Expansión Recesión
Duración Volatilidad
Amplitud
Duración Amplitud (en Duración del ciclo (en
Ciclos (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2001q3-2003q1 2 2.2 4 2.8 6 1.13
2 2003q12005q3 5 3.5 5 2.7 10 1.08
3 2005q3-2008q4 6 2.5 7 5.8 13 1.52
4 2008q4-2011q3 4 6.3 7 2.6 11 1.90
5 2011q3-2015q2 7 1.8 8 3.7 15 0.83
6 2015q2-2018q4 7 3.3 7 1.8 14 0.87
7 2018q4-2020q2 2 1.6 4 11.1 6 4.19
Media del periodo 4.7 3.0 6.0 4.3 10.7 1.65
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

62
Anexo 2.13. Chile: Ciclos de crecimiento del PIB
Expansión Recesión
Duración Volatilidad
Amplitud
Duración Amplitud (en Duración del ciclo (en
Ciclos (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2001q3-2003q4 6 1.7 3 1.1 9 0.47
2 2003q4-2008q4 2 2.1 18 3.5 20 0.76
3 2008q4-2015q3 6 4.2 21 3.2 27 0.86
4 2015q3-2017q1 2 0.5 4 0.7 6 0.31
5 2017q1-2020q2 2 2.1 11 16.0 13 4.07
Media del periodo 3.6 2.12 11.4 4.9 15 1.29
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.14. México: Ciclos de crecimiento del PIB


Expansión Recesión Duración Volatilidad
Ciclos Duración Amplitud (en Duración Amplitud (en del ciclo (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes)
1 2002q1-2004q3 8 2.8 2 2.1 10 0.71
2 2004q3-2006q4 6 1.6 3 1.3 9 0.64
3 2006q4-2009q1 2 0.7 7 6.7 9 1.99
4 2009q1-2013q2 2 8.4 15 2.6 17 1.69
5 2013q2-2017q3 4 1.8 13 2.2 17 0.57
6 2017q3-2020q2 8 0.4 3 19.7 11 5.62
Media del periodo 5 2.62 7.2 5.8 12.2 1.87
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.15. Argentina, Brasil, Chile y México: Evolución del PIB real y tendencia de
largo plazo (2000-2020)

63
Anexo 2.16. Argentina, Brasil, Chile y México: Ciclos de crecimiento y tendencias de
largo plazo de la tasa de crecimiento del PIB real (2000-2020)

64
Anexo 2.17. Argentina: Ciclos clásicos de la inversión
Expansión Recesión Duración Volatilidad
Ciclos Duración Amplitud (en Duración Amplitud (en del ciclo (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes)
1 2002q2-2004q4 8 86.00 2 5.27 10 10.23
2 2004q4-2009q2 14 85.12 4 31.16 18 7.14
3 2009q2-2012q2 9 61.38 3 15.06 12 5.6
4 2012q2-2014q4 2 10.82 8 12.26 10 4.09
5 2014q4-2016q3 3 24.17 4 11.61 7 2.47
6 2016q3-2018q4 6 23.27 3 25.29 9 6.27
7 2018q4-2020q2 2 1.99 4 38.23 6 9.05
Media del periodo 6.3 41.82 4.01 19.84 10.29 6.41
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.18. Brasil: Ciclos clásicos de la inversión


Expansión Recesión
Duración Volatilidad
Amplitud
Ciclos Duración Amplitud (en Duración del ciclo (en
(en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2001q4-2003q2 4 7.54 2 9.24 6 3.97
2 2003q2-2005q1 5 14.04 2 9.01 7 3.69
3 2005q1-2009q1 14 45.92 2 17.45 16 4.50
4 2009q1-2012q3 11 4.32 3 1.28 14 4.63
5 2012q3-2016q4 3 9.43 14 32.11 17 3.26
6 2016q4-2019q1 7 9.96 2 2.07 9 2.20
Media del periodo 7.3 15.20 4.2 11.86 11.5 3.71
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.19. Chile: Ciclos clásicos de la inversión


Expansión Recesión
Duración Volatilidad
Amplitud
Ciclos Duración Amplitud (en Duración del ciclo (en
(en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2001q4-2009q3 27 129.92 4 4.02 31 3.67
2 2009q3-2014q3 13 53.69 7 15.61 20 3.81
3 2014q3-2017q3 4 7.17 8 10.76 12 2.36
4 2017q3-2020q2 8 13.92 3 20.62 11 6.05
Media del periodo 13.0 51.68 5.5 12.75 18.5 3.97
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.20. México: Ciclos clásicos de la inversión


Expansión Recesión Duración Volatilidad
Ciclos Duración Amplitud (en Duración Amplitud (en del ciclo (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes)
1 2002q2-2003q3 3 2.21 2 1.22 5 0.75
2 2003q3-2009q2 19 43.00 4 13.47 23 2.99
3 2009q2-2013q3 13 20.76 4 6.23 17 1.90
4 2013q3-2017q2 8 13.40 7 7.68 15 2.21
5 2017q2-2020q2 4 35.28 8 35.34 12 7.31
Media del periodo 9.4 22.93 5.0 12.79 14.4 3.03
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

65
Anexo 2.21. Argentina: Ciclos clásicos del gasto público
Expansión Recesión Duración Volatilidad
Ciclos Duración Amplitud (en Duración Amplitud (en del ciclo (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes)
1 2004q2-2006q2 6 17.48 2 16.88 8 3.01
2 2006q2-2016q2 37 61.54 3 0.39 40 1.5
3 2016q2-2018q4 6 4.98 4 3.20 10 1.27
4 2018q4-2020q2 2 2.02 4 7.05 6 2.8
Media del periodo 12.8 21.51 3.3 6.88 16 2.15
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.22. Brasil: Ciclos clásicos del gasto público


Expansión Recesión
Duración Volatilidad
Amplitud
Ciclos Duración Amplitud (en Duración del ciclo (en
(en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2000q3-2003q1 8 7.61 2 1.34 10 0.79
2 2003q1-2004q4 5 7.72 2 0.40 7 1.88
3 2004q4-2007q4 10 10.36 2 1.00 12 1.26
4 2007q4-2011q4 14 12.14 2 0.63 16 1.63
5 2011q4-2017q1 8 5.47 13 2.75 21 0.89
6 2017q1-2020q2 6 1.86 7 9.39 13 2.09
Media del periodo 8.5 7.79 4.7 2.59 13.2 1.42
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.23. Chile: Ciclos clásicos del gasto público


Expansión Recesión
Duración Volatilidad
Amplitud
Ciclos Duración Amplitud (en Duración del ciclo (en
(en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2003q1-2020q2 66 103.76 3 6.52 68.5 2.36
Media del periodo 66.0 103.76 3 6.52 68.5 2.36
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.24. México: Ciclos clásicos del gasto público


Expansión Recesión Duración Volatilidad
Ciclos Duración Amplitud (en Duración Amplitud (en del ciclo (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes)
1 2001q2-2004q3 8 1.71 5 3.12 13 0.82
2 2004q3-2006q4 7 6.56 2 6.55 9 1.03
3 2006q4-2013q1 22 19.19 3 1.29 25 0.70
4 2013q1-2015q3 8 6.25 2 1.12 10 1.02
5 2015q3-2017q2 5 4.18 2 1.21 7 0.86
6 2017q2-2019q3 4 4.65 5 3.06 9 0.95
Media del periodo 8 6.28 3.17 1.88 5.77 0.90
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

66
Anexo 2.25. Ciclos clásicos del gasto público de Argentina, Brasil, Chile y México

Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.26. Argentina: Ciclos clásicos del consumo


Expansión Recesión Duración Volatilidad
Ciclos Duración Amplitud (en Duración Amplitud (en del ciclo (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes)
1 2002q2-2004q4 6 20.23 4 4.28 10 3.84
2 2004q4-2009q2 14 42.09 4 10.41 18 3.64
3 2009q2-2014q3 17 35.92 4 8.41 21 2.95
4 2014q3-2016q2 3 7.59 4 3.09 7 2.15
5 2016q2-2018q4 6 7.24 4 11.28 10 2.64
6 2018q4-2020q2 2 4.83 4 20.46 6 4.83
Media del periodo 8 19.65 4 9.65 12 3.34
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.27. Brasil: Ciclos clásicos del consumo


Expansión Recesión
Duración Volatilidad
Amplitud
Ciclos Duración Amplitud (en Duración del ciclo (en
(en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2003q2-2016q4 46 67.52 8 1.98 54 1.19
2 2016q4-2020q2 11 8.31 3 12.65 14 2.98
Media del periodo 28.5 37.91 5.5 45.62 34 2.09
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

67
Anexo 2.28. Chile: Ciclos clásicos del consumo
Expansión Recesión
Duración Volatilidad
Amplitud
Ciclos Duración Amplitud (en Duración del ciclo (en
(en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2009q2-2020q2 41 66.88 3 22.99 44 3.43
Media del periodo 41.0 66.88 3.0 22.99 44 3.43
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.29. México: Ciclos clásicos del consumo


Expansión Recesión Duración Volatilidad
Ciclos Duración Amplitud (en Duración Amplitud (en del ciclo (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes)
1 2002q4-2009q2 22 20.23 4 9.73 26 1.45
2 2009q2-2020q2 41 32.18 3 21.56 44 3.17
Media del periodo 31.5 26.20 3.5 15.64 35 2.31
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.30. Ciclos clásicos del consumo de Argentina, Brasil, Chile y México

Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

68
Anexo 2.31. Argentina: Ciclos clásicos de las exportaciones
Expansión Recesión Duración Volatilidad
Ciclos Duración Amplitud (en Duración Amplitud (en del ciclo (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes)
1 2000q3-2001q4 3 6.65 2 2.63 5 2.58
2 2001q4-2009q3 27 75.36 4 22.79 31 5.94
3 2009q3-2010q4 3 27.22 2 5.86 5 6.91
4 2010q4-2015q1 5 8.54 12 29.44 17 5.92
5 2015q1-2016q3 4 11.27 2 2.81 6 6.66
Media del periodo 8.4 24.92 4.4 12.71 12.8 5.6
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.32. Brasil: Ciclos clásicos de las exportaciones


Expansión Recesión
Duración Volatilidad
Amplitud
Ciclos Duración Amplitud (en Duración del ciclo (en
(en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2002q2-2009q1 24 86.44 3 11.22 27 6.63
2 2009q1-2014q4 19 28.53 4 13.53 23 4.62
3 2014q4-2016q4 6 15.61 2 9.93 8 4.03
4 2016q4-2018q2 3 12.38 3 8.96 6 3.99
Media del periodo 13 35.74 3.0 10.91 16 4.82
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.33. Chile: Ciclos clásicos de las exportaciones


Expansión Recesión
Duración Volatilidad
Amplitud
Ciclos Duración Amplitud (en Duración del ciclo (en
(en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) (trimestres) porcentajes)
porcentajes)
1 2009q2-2012q3 10 8.76 3 5.95 13 2.13
2 2012q3-2014q4 3 8.55 10 4.57 13 3.33
3 2014q4-2017q2 2 1.87 4 3.70 6 1.51
4 2017q2-2019q2 5 2.10 3 2.10 8 2.54
Media del periodo 5.0 5.32 5.0 4.08 10 2.38
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

Anexo 2.34. México: Ciclos clásicos de las exportaciones


Expansión Recesión Duración Volatilidad
Ciclos Duración Amplitud (en Duración Amplitud (en del ciclo (en
(trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes) (trimestres) porcentajes)
1 2001q4-2003q2 4 5.58 2 3.74 6 1.24
2 2003q2-2009q2 17 34.44 7 17.81 24 3.26
3 2009q2-2013q1 12 50.99 3 1.83 15 3.29
4 2013q1-2017q3 16 29.46 2 4.04 18 2.02
5 2017q3-2020q2 7 20.29 4 29.54 11 8.53
Media del periodo 11.2 28.15 3.6 11.79 14.8 3.67
Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

69
Anexo 2.35. Ciclos clásicos de las exportaciones de Argentina, Brasil, Chile y México

Fuente: estimaciones de la autora con datos detallados en la sección 2.7.

70
Anexo 2.36. Argentina, Brasil, Chile y México: Ciclos económicos del PIB y sus componentes, 2000-2020

Argentina

Duración (trimestres) Amplitud (porcentajes) Ciclos en promedio Fase expansiva Fase recesiva Ciclo más Ciclo más
Número Ciclo más volátil
Variable largo corto
de ciclos Más Más Más Más (porcentajes)
Expansión Recesión Expansión Recesión Duración Volatilidad* (trimestres) (trimestres)
duradera** profunda* duradera** profunda*
2003q4- 2003q4-2008q4 2015q2-2016q3 2019q2-2020q2 2003q4-2009q2 2018q4-2020q2 2018q4-2020q3
Clásicos 7.0 3.4 13.3 7.7 7 10.9 2.9
2008q3 (17) (36.4) (5) (18.9) (20) (6) (4.9)
2012q2-2016q2
PIB
2012q2- 2002q1-2003q3 2017q2-2020q2 2017q2-2020q3 (16) 2004q2-2005q3 2016q2-2020q2
Crecimiento 5.6 4.9 6.4 7.5 7 10.4 2.8
2015q2 (12) (10.1) (12) (15.9) 2016q2-2020q2 (5) (4.2)
(16)
2004q4- 2002q2-2004q2 2012q4-2014q4 2019q2-2020q2 2004q4-2009q2 2018q4-2020q2 2002q2-2004q4
Inversión 6.3 4.0 41.8 9.8 7 10.3 6.4
2008q2 (14) (8) (86) (38.2) (18) (6) (10.2)
2017q4-2018q4
2006q2- 2006q2-2015q3 2005q4-2006q2 2006q2-2016q2 2018q4-2020q2 2004q2-2006q2
Gasto público 12.8 3.3 21.5 6.9 4 16.0 2.2 (4) 2019q2-
2015q3 (37) (61.5) (16.9) (40) (6) (3.01)
2020q2 (4)
2009q2- 2004q4-2008q2 2019q2-2020q2 2009q2-2014q3 2018q4-2020q2 2018q4-2020q3
Consumo 8.0 4.0 19.7 9.7 6 12.0 3.3 -
2013q3 (17) (42.1) (20-5) (21) (6) (4.8)
2000q3-2001q4
2001q4- 2001q4-2008q4 2010q2-2010q4 2012q1-2015q1 2001q4-2009q3 2009q3-2010q4
Exportaciones 8.4 4.4 24.9 12.7 5 12.8 5.6 (5) 2009q3-
2008q3 (27) (75.4) (12) (29.4) (31) (6.9)
2010q4 (5)

* En porcentajes
** Entre paréntesis, la duración

Brasil

Duración (trimestres) Amplitud (porcentajes) Ciclos en promedio Fase expansiva Fase recesiva Ciclo más Ciclo más
Número Ciclo más volátil
Variable largo corto
de ciclos Más Más Más Más (porcentajes)
Expansión Recesión Expansión Recesión Duración Volatilidad* (trimestres) (trimestres)
duradera** profunda* duradera** profunda*
2003q2- 2003q2-2008q4 2014q1-2016q4 2019q2-2020q2 2009q1-2016q4 2001q3-2003q2 2016q4-2020q2
Clásicos 14.3 4.5 16.1 5.4 4 18.8 1.6
2008q3(21) (30.2) (11) (8.2) (31) (7) (2.6)
2011q3-
PIB
2013q2 (7) 2008q4-2009q4 2013q2-2015q2 2019q2-2020q2 2011q3-2015q2 2001q3-2003q1 2018q4-2020q2
Crecimiento 4.7 6.0 3.0 4.3 7 10.7 1.7
2015q2- (6.3) (8) (11.1) (15) (6) 2018q4- (4.2)
2017q1 (7) 2020q2 (6)
2005q1- 2005q1-2008q4 2013q2-2016q4 2013q2-2016q5 2005q1-2009q1 2001q4-2003q2 2009q1-2012q3
Inversión 7.3 4.2 15.2 11.9 6 11.5 3.7
2008q3 (14) (45.9) (14) (32.1) (17) (7) (4.6)
2007q4- 2007q4-2011q2 2013q4-2017q1 2018q3-2020q2 2007q4-2011q4 2003q1-2004q4 2017q1-2020q2
Gasto público 8.5 4.7 7.79 2.6 6 13.2 1.4
2011q2 (14) (12.14) (13) (9.39) (21) (7) (2.1)
2003q2- 2003q2-2014q5 2014q4-2016q4 2019q3-2020q2 2003q2-2016q4 2016q4-2020q2 2016q4-2020q3
Consumo 28.5 5.5 37.9 45.6 2 34.0 2.1
2014q4 (46) (67.5) (8) (12.7) (54) (14) (2.9)
2002q2- 2002q2-2008q3 2013q4-2014q4 2013q4-2014q5 2002q2-2009q1 2016q4-2018q2 2002q2-2009q1
Exportaciones 13.0 3.0 35.7 10.9 4 16.0 4.8
2008q2 (24) (86.4) (4) (13.5) (23) (6) (6.6)

* En porcentajes
** Entre paréntesis, la duración

71
Chile

Duración (trimestres) Amplitud (porcentajes) Ciclos en promedio Fase expansiva Fase recesiva Ciclo más Ciclo más
Número Ciclo más volátil
Variable largo corto
de ciclos Más Más Más Más (porcentajes)
Expansión Recesión Expansión Recesión Duración Volatilidad* (trimestres) (trimestres)
duradera** profunda* duradera** profunda*
2009q2- 2009q2-2016q4 2019q3-2020q2 2019q3-2020q3 2009q2-2017q1 2017q1-2020q2 2017q1-2020q3
Clásicos 19.5 2.5 20.0 2.5 2 22.0 2.4
2016q3 (29) (32.15) (3) (3) (31) (13) (3.87)
2001q3-
PIB
2003q1 (6) 2008q4-2010q2 2010q2-2015q3 2017q3-2020q2 2008q4-2015q3 2015q3-2017q1 2017q1-2020q2
Crecimiento 3.6 11.4 2.12 4.9 5 15.0 1.3
2008q4- (4.2) (21) (16) (27) (6) (4.07)
2010q2 (6)
2014q3- 2001q4-2008q3 2015q3-2017q3 2012q4-2014q3 2001q4-2009q3 2017q3-2020q2 2017q3-2020q3
Inversión 13.0 5.5 51.7 12.8 4 18.5 4.0
2015q3 (27) (129.9) (8) (20.6) (31) (11) (6.05)
2003q1- 2003q1-2019q4 2019q3-2020q2 2019q3-2020q3 2003q1-2020q2
Gasto público 66.0 3.0 103.8 6.5 1 68.5 2.4 - -
2019q3 (66) (103.8) (3) (6.5) (68.5)
2009q2- 2009q2-2019q4 2019q3-2020q2 2019q3-2020q3 2009q2-2020q2
Consumo 41.0 3.0 66.9 23.0 1 44.0 3.4 - -
2019q3 (41) (66.88) (3) (22.99) (44)
2009q2-2012q3
2009q2- 2009q2-2011q5 2013q2-2014q4 2011q4-2012q3 (13) 2014q4-2017q2 2012q3-2014q4
Exportaciones 5.0 5.0 5.3 4.1 4 10.0 2.4
2011q4 (10) (8.8) (10) (6) 2012q3-2014q4 (6) (2.5)
(13)

* En porcentajes
** Entre paréntesis, la duración

México

Duración (trimestres) Amplitud (porcentajes) Ciclos en promedio Fase expansiva Fase recesiva Ciclo más Ciclo más
Número Ciclo más volátil
Variable largo corto
de ciclos Más Más Más Más (porcentajes)
Expansión Recesión Expansión Recesión Duración Volatilidad* (trimestres) (trimestres)
duradera** profunda* duradera** profunda*
2002q1- 2002q1-2008q4 2018q3-2020q2 2018q3-2020q3 2002q1-2009q2 2009q2-2013q2 2013q2-2020q2
Clásicos 20.3 4.0 16.7 6.6 3 24.3 1.9
2008q3 (26) (18.7) (7) (18.9) (29) (16) (3.5)
2002q1-
PIB 2009q1-2013q2 2004q3-2006q4
2004q1 (8) 2009q1-2009q3 2009q3-2013q2 2019q3-2020q2 2017q3-2020q2
Crecimiento 5.0 7.2 2.6 5.8 6 12.2 1.9 (17) 2013q2- (9) 2006q4-
2017q3- (8.4) (15) (19.7) (5.6)
2017q3 (17) 2009q1 (9)
2019q3 (8)
2003q3- 2003q3-2008q3 2018q2-2020q2 2018q2-2020q3 2003q3-2009q2 2002q2-2003q3 2017q2-2020q2
Inversión 9.4 5.0 22.9 12.8 5 14.4 3.0
2008q2 (19) (43) (8) (35.3) (23) (5) (7.3)
2003q2-2004q3
2006q4- 2006q4-2012q3 2006q2-2006q4 2006q4-2013q1 2015q3-2017q2 2004q3-2006q4
Gasto público 8.0 3.2 6.3 1.9 6 5.8 0.9 (5) 2018q2-
2012q2 (22) (19.2) (6.6) (25) (7) (1.03)
2019q3 (5)
2009q2- 2009q2-2019q4 2008q2-2009q2 2019q3-2020q2 2009q2-2020q2 2002q4-2009q2 2009q2-2020q2
Consumo 31.5 3.5 26.2 15.6 2 35.0 2.3
2019q3 (41) (32.2) (4) (21.6) (44) (26) (3.2)
2003q2- 2009q2-2012q2 2007q3-2009q2 2019q2-2020q2 2003q2-2009q2 2001q4-2003q2 2017q3-2020q2
Exportaciones 11.2 3.6 28.2 11.8 5 14.8 3.7
2007q3 (17) (51) (7) (29.5) (24) (6) (8.5)

* En porcentajes
** Entre paréntesis, la duración

72
Capítulo 3. Teoría de la medición de los saldos presupuestarios ajustados en función del
ciclo: el caso de economías seleccionadas de América Latina

Introducción

Las crisis financieras más recientes, como la crisis internacional de 2008 y la crisis derivada de
la pandemia de COVID-19, han renovado el interés en el papel de la política fiscal discrecional
como herramienta de estabilización macroeconómica. Hasta ahora, el enfoque común para
evaluar la posición fiscal en los países de América Latina ha consistido en analizar indicadores
presupuestarios en términos nominales. Sin embargo, estos indicadores están influenciados por
factores temporales vinculados a la actividad económica. De ahí surge la importancia de contar
con indicadores que ofrezcan a los hacedores de política información más precisa sobre el
carácter discrecional de los componentes presupuestarios. Un paso en esa dirección es evaluar
la política fiscal no solo en función de los saldos presupuestarios generales, sino ajustándolos
cíclicamente, es decir, mediante la estimación del saldo presupuestario estructural, el cual refleja
la verdadera posición fiscal del gobierno, aislada de los efectos del ciclo económico y otros
factores exógenos.

Este documento proporciona una guía teórica para descomponer los saldos fiscales
generales en componentes cíclicos y ajustados cíclicamente. El capítulo comienza explorando
el concepto del Balance Cíclicamente Ajustado (BCA), sus aplicaciones, y las dificultades
conceptuales relacionadas con su interpretación y medición. A continuación, se discuten las
metodologías empleadas para estimar el BCA, diferenciando entre el enfoque agregado y el
desagregado. También se aborda el cálculo del producto potencial y la brecha del producto,
elementos esenciales para la estimación de balances estructurales.
El caso de Chile se destaca como pionero en América Latina en la implementación del
BCA, ya que desde 2001 ha adoptado una regla fiscal basada en el concepto de Balance
Estructural. Finalmente, se realiza una revisión de la literatura pertinente para Argentina, Brasil,
Chile y México, lo que permite profundizar en el uso y aplicación de estas metodologías en los
contextos específicos de la región. El capítulo concluye con una serie de anexos que
proporcionan información adicional sobre los temas tratados.

73
3.1. El concepto de Balance Cíclicamente Ajustado (BCA)
Al analizar la interacción entre la política fiscal y las condiciones de demanda, surgen preguntas
fundamentales, como las siguientes: ¿cómo afectan las condiciones macroeconómicas a las
posiciones fiscales? Es decir, ¿cómo reaccionan los saldos fiscales ante las fases del ciclo
económico? Y, ¿cómo influye la política fiscal en la demanda agregada? Es decir, ¿Contribuye
al crecimiento económico? Este capítulo y el siguiente se centrarán en responder teórica y
empíricamente la primera pregunta.
En la práctica, la política fiscal contracíclica opera a través de dos canales principales:
el canal discrecional y el canal automático.
1. Canal discrecional62: Se refiere a cambios deliberados en la política fiscal, como
modificaciones en impuestos o gasto público, que responden a las condiciones
económicas y tienen un carácter estructural o de largo plazo. Estos ajustes se reflejan en
el saldo presupuestario ajustado en función del ciclo y en el saldo presupuestario
estructural, que es una extensión del primero, capturando los efectos de las decisiones
fiscales discrecionales.
2. Canal automático: Corresponde a los efectos automáticos de la política fiscal, es decir,
variaciones en los ingresos y gastos del gobierno que ocurren de manera automática en
función de las fluctuaciones del ciclo económico (factores cíclicos o de corto plazo), sin
necesidad de cambios explícitos en la legislación fiscal. Ya que ciertos componentes del
presupuesto gubernamental están diseñados para activarse automáticamente en las
distintas fases del ciclo económico. Esto hace que la política fiscal sea automáticamente
contractiva durante las fases de expansión y expansiva durante las recesiones. Estos
cambios son capturados por el saldo presupuestario cíclico.
El Balance Cíclicamente Ajustado (BCA) se define como el saldo presupuestario que
prevalecería si la economía operara a su nivel potencial de producción agregada, es decir, un
nivel que no generaría presiones inflacionarias. El objetivo del ajuste cíclico es proporcionar un
indicador que permita evaluar la postura fiscal neta de los efectos de las fluctuaciones
económicas. Así, si en algún momento el déficit fiscal aumenta, se puede inferir que este cambio
responde a una decisión deliberada del gobierno hacia una política fiscal contracíclica, como
una modificación en las leyes tributarias. Este indicador se obtiene ajustando el saldo

62
Este fenómeno es especialmente relevante en las economías en desarrollo, debido a que los estabilizadores
automáticos suelen ser pequeños o incluso inexistentes (véase Kraay y Serven, 2013).

74
presupuestario nominal para reflejar las desviaciones en ingresos y gastos ocasionadas por las
fluctuaciones cíclicas de la actividad económica63.

Es importante destacar que el Balance Cíclicamente Ajustado (BCA) no es sinónimo de


balance estructural, aunque ambos términos son comúnmente utilizados como equivalentes.
Existen, sin embargo, ligeras diferencias conceptuales entre ellos. El BCA captura los cambios
en la política fiscal que están directamente relacionados con los efectos del ciclo económico
sobre el presupuesto del gobierno. Por otro lado, el balance estructural va un paso más allá, ya
que ajusta no solo los efectos cíclicos, sino también una serie de factores que no están vinculados
a la evolución del ciclo económico. Estos incluyen, por ejemplo, variaciones en los precios de
los activos y materias primas, cambios en la composición del producto, y partidas puntuales o
temporales de ingresos y gastos que no reflejan la situación fiscal subyacente (Bornhorst et al.,
2011; Morris y Schuknecht, 2007; Price y Dang, 2011).

Por lo tanto, los balances estructurales complementan a los saldos ajustados en función
del ciclo, ya que el ajuste cíclico por sí solo puede no captar el impacto de un aumento temporal
en los precios de las materias primas o activos sobre los ingresos fiscales del gobierno. Esto
puede llevar a interpretaciones erróneas, ya que un incremento temporal en los precios de los
activos puede inducir a políticas fiscales procíclicas, como recortes impositivos o incrementos
en el gasto público en respuesta a ingresos inesperadamente altos. Este tipo de políticas es
generalmente considerada subóptima tanto por la escuela keynesiana como por la neoclásica
(Halland y Bleaney, 2011).

3.2. ¿Por qué estimar los saldos presupuestarios ajustados cíclicamente?


Cuando la actividad económica se ralentiza, comienzan a operar los estabilizadores
automáticos64: disminuye la recaudación de impuestos y ciertos componentes del gasto público
—como el seguro de desempleo— pueden reaccionar al ciclo y aumentar, lo que resulta en un
deterioro del equilibrio fiscal65. Es decir, las fluctuaciones endógenas en los ingresos y el gasto
público, que obedecen a las variaciones de la actividad económica, suavizan el ciclo
económico66. Durante una recesión, el déficit del gobierno puede estar sobreestimado67,

63
La posición de una economía dentro de su ciclo económico se suele medir a través de la brecha del producto.
64
Una de las principales ventajas de los estabilizadores automáticos frente a la política fiscal discrecional es que la
expansión fiscal a través de este canal se revierte automáticamente cuando cambian las fases del ciclo económico.
El efecto de estos estabilizadores varía entre países, dependiendo de la estructura de sus sistemas impositivos y de
gastos, así como del tamaño relativo de estos componentes en proporción al PIB y su respuesta a los cambios
cíclicos.
65
Incluso si la política fiscal discrecional permanece inalterada, los estabilizadores automáticos inducen variaciones
cíclicas en los saldos fiscales.
66
La combinación del patrón cíclico de los ingresos públicos con la inercia cíclica del gasto público impulsa el
funcionamiento de los estabilizadores fiscales.
67
Es decir, el déficit observado será mayor al déficit estructural.

75
enmascarado temporalmente por la caída del crecimiento económico68. Esta situación refleja la
respuesta automática de las variables fiscales al entorno económico. Sin embargo, los
estabilizadores automáticos pueden no ser suficientes ante grandes choques económicos, lo que
requiere el uso de un segundo canal: la política fiscal discrecional. En tiempos de crisis, el
gobierno debe reducir los impuestos y aumentar el gasto público (junto con la deuda); mientras
que, en tiempos de auge, debería aumentar las tasas impositivas y reducir el gasto, al tiempo que
disminuye la deuda. Esto subraya la necesidad de distinguir entre ambos tipos de política.
El BCA, al descomponer los saldos fiscales en componentes cíclicos y ajustados
cíclicamente, permite diferenciar entre los efectos de los estabilizadores automáticos y las
decisiones de política fiscal discrecional69. Esto facilita el análisis de si la política fiscal de un
país responde adecuadamente a las crisis y cuánto del cambio en el equilibrio primario del
presupuesto se debe a los estabilizadores automáticos en las distintas fases del ciclo, en
comparación con las acciones discrecionales del gobierno.
El BCA, por lo tanto, permite evaluar el carácter de la política fiscal discrecional y
responder a la pregunta de si esta fue procíclica, neutral o contracíclica en un periodo
determinado70. La naturaleza cíclica de la política fiscal discrecional se determina al comparar
el cambio anual en el saldo primario ajustado cíclicamente con un indicador de la condición del
ciclo económico, como la brecha del producto. Por ejemplo, una reducción del déficit (o un
aumento del superávit) durante un periodo en el que la brecha del producto es negativa sugiere
una política fiscal procíclica.

Saber qué parte de la política fiscal es temporal y cuánto es permanente o discrecional


es relevante para determinar el tipo de política fiscal más adecuada a aplicar. Por ejemplo, si los
saldos presupuestarios se han deteriorado como consecuencia de la respuesta de los
estabilizadores automáticos al ciclo económico, puede que no sea necesario implementar

68
Durante un auge, ocurre lo contrario. Un aumento de la actividad económica incrementa los ingresos
presupuestarios y reduce los gastos relacionados con el desempleo, lo que eleva el componente cíclico del balance
presupuestario y, en última instancia, aumenta el superávit o reduce el déficit. Es decir, los estabilizadores
automáticos contribuyen a un superávit más elevado (o a un déficit más bajo) incluso si la política fiscal no cambia
a lo largo del ciclo económico. Esto implica que las mejoras a corto plazo en las posiciones presupuestarias,
derivadas de un repunte económico, pueden revertirse cuando la actividad económica se desacelera, lo que significa
que tales mejoras no deben interpretarse como un fortalecimiento subyacente de las finanzas públicas. Esta
situación puede generar una falsa sensación de seguridad respecto a la necesidad de construir amortiguadores
fiscales para mitigar futuros choques económicos.
69
Esta es la posición fiscal subyacente del gobierno central asociada a la sostenibilidad de las cuentas públicas a
largo plazo.
70
Una caída en el saldo presupuestario ajustado cíclicamente indica una política fiscal expansiva, mientras que un
aumento sugiere una política fiscal restrictiva.

76
medidas correctivas. Esto es especialmente importante para aquellos países donde la evolución
de los déficits presupuestarios estructurales subyacentes es motivo de preocupación.

El ajuste en el concepto del BCA implica no solo corregir por el estado de la economía,
sino también por los efectos de la inflación en los pagos de intereses del gobierno. Por lo tanto,
el balance presupuestario general no es una medida adecuada para evaluar la contribución de la
política fiscal al PIB cuando los pagos de intereses nominales son el resultado de alta inflación,
en lugar de altas tasas de interés reales. En este caso, el saldo primario —que excluye el pago
de intereses— es una mejor medida. Luego, dicho saldo se ajusta por los movimientos cíclicos
para obtener el saldo presupuestario corregido por los efectos del ciclo económico. Otro ajuste
que se realiza a los saldos presupuestarios, particularmente en países cuyos ingresos fiscales
provienen en gran parte de las exportaciones de materias primas, es el ajuste por los choques de
los términos de intercambio. Por ejemplo, en un país exportador de cobre como Chile (como se
discutirá más adelante), es fundamental realizar este ajuste. Si no se realizara este ajuste, las
fluctuaciones en el precio del cobre afectarían los saldos presupuestarios, mostrando una imagen
distorsionada de la verdadera posición fiscal del país. Este ajuste va más allá de lo contemplado
por el BCA, ya que corrige no solo las variaciones de la actividad económica, sino también los
efectos transitorios, como las perturbaciones en los términos de intercambio.
Tales ajustes permiten a los formuladores de políticas públicas calcular el saldo fiscal
estructural y obtener una comprensión más completa del alcance y la efectividad de la política
fiscal discrecional. Al mismo tiempo, este indicador puede ser utilizado para establecer una
regla fiscal que no sea rígida en cuanto a la relación entre el presupuesto estructural y el PIB,
facilitando la implementación eficiente de políticas fiscales contracíclicas.

Visto de esta manera, el uso del balance fiscal general como herramienta para evaluar
la política fiscal subyacente puede llevar a conclusiones erróneas. No es suficiente observar
únicamente el saldo fiscal general, ya que este puede aparentar ser el resultado de una política
fiscal expansiva o contractiva, cuando en realidad está influido por factores cíclicos. El uso de
medidas fiscales inapropiadas puede tener un alto costo para la sociedad, ya que una política
fiscal ineficiente puede impactar negativamente el desempeño macroeconómico y social de un
país. Para evaluar la postura fiscal, las medidas tradicionales consisten en analizar los saldos
presupuestarios generales y primarios. Si las autoridades basan su política fiscal en estos
indicadores y buscan mantener el presupuesto equilibrado, necesitarán ajustar sus gastos según
los ingresos presupuestarios. No obstante, esta estrategia llevaría a una política fiscal procíclica,
lo que exacerbaría aún más la situación durante las recesiones económicas al contraer la
demanda agregada. Este enfoque contradice las teorías keynesianas, que sugieren que la política
fiscal debe ser contracíclica para mitigar los efectos de las fluctuaciones económicas.

77
Instituciones como el FMI, la OCDE y la Comisión Europea generan estimaciones de
saldos presupuestarios corregidos cíclicamente, utilizando metodologías específicas y
parámetros respectivos. Muchos países desarrollados han incorporado este concepto en sus
marcos fiscales. De hecho, desde la reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) en
2005, este se ha convertido en un indicador fiscal clave para la Unión Europea en la elaboración
de políticas presupuestarias y la evaluación de los objetivos fiscales a mediano plazo de los
países miembros71 (véase Tribunal de Cuentas Europeo, 2018).

3.3. Usos y problemas prácticos y conceptuales de la medición del Balance Cíclicamente


Ajustado
Usos del BCA

Blanchard (1990) sugiere varios usos del Balance Estructural (BE) o del Balance Cíclicamente
Ajustado (BCA) en el análisis de la política fiscal:

i. Como un índice de cambios discrecionales en la política fiscal: El BCA permite


descomponer la posición fiscal en dos partes: una que refleja la respuesta de la política
fiscal ante cambios en la actividad económica y otra que indica la postura fiscal
independientemente del entorno económico. De esta manera, el BCA responde a la
pregunta: “¿De los cambios en la posición fiscal, qué parte se debe a variaciones en la
situación económica y cuál se debe a cambios en la política fiscal?”.

ii. Como un índice de sostenibilidad fiscal: La sostenibilidad fiscal puede evaluarse en


función de la deuda pública. Al comparar el balance estructural con un punto de
referencia —como el balance presupuestario necesario para estabilizar el nivel de
deuda—, se puede determinar en qué medida el curso actual de la política fiscal es
sostenible sin necesidad de ajustar los ingresos o gastos del gobierno. Así, el BCA
responde a la pregunta: “¿Es posible sostener el curso actual de la política fiscal sin
deteriorar la dinámica de la deuda pública?”.
iii. Como un índice del impacto de la política fiscal en la economía: Los cambios en el
presupuesto del gobierno también pueden indicar el impacto de la política fiscal sobre
la actividad económica. Por ejemplo, un aumento del déficit estructural señala una
política fiscal expansiva o una contribución positiva de la política fiscal a la demanda
agregada. No obstante, el efecto real dependerá de otros factores. En este caso, el BCA

71
El Tratado de Estabilidad, Coordinación y Gobernanza en la Unión Económica y Monetaria (TSCG), que
concluyó el 2 de marzo de 2012 y entró en vigor el 1 de enero de 2013, refuerza aún más el marco del PEC al exigir
que los países adopten una regla de equilibrio presupuestario en sus ordenamientos jurídicos internos.

78
sirve como un indicador complementario para medir el impacto de la política fiscal sobre
el producto y responde a la pregunta: “¿Cuál es el efecto de la política fiscal sobre la
demanda agregada?”.
iv. Como un índice normativo: El BCA también puede ser utilizado para evaluar las
distorsiones que la estructura fiscal provoca sobre la inversión, el ahorro, y la oferta y
demanda laboral. En este sentido, responde a la pregunta: “¿Cuáles son las distorsiones
que genera la estructura impositiva sobre las principales variables económicas, como el
ahorro, la inversión o la oferta laboral?”.

Problemas conceptuales relacionados con la interpretación y medición del BCA


Una vez analizados los posibles usos del BCA, es necesario discutir algunos problemas
conceptuales relacionados con su interpretación y medición:
i. BCA como medida de política fiscal discrecional: Frecuentemente, las variaciones en el
BCA se interpretan como el resultado de decisiones de política fiscal discrecional, en
lugar de respuestas automáticas a cambios en la actividad económica —como es el caso
de los estabilizadores automáticos—. No obstante, esta interpretación no siempre está
plenamente justificada. Por ejemplo, la decisión de no modificar la tasa impositiva en
respuesta a grandes oscilaciones en la base imponible puede ser tan discrecional como
la decisión de modificarla. Por lo tanto, aunque el BCA refleje un cambio en la política
fiscal, no siempre puede atribuirse exclusivamente a decisiones discrecionales.
ii. BCA como medida de la postura de la política fiscal estructural: Una interpretación
equívoca del BCA es su uso para representar cambios estructurales o permanentes en la
política fiscal. Esta visión se basa en el supuesto de que las variaciones cíclicas del
producto son desviaciones transitorias y aleatorias de una tendencia no estocástica. Sin
embargo, en presencia de rupturas estructurales o choques de tendencia estocástica, el
BCA no puede distinguir claramente entre los componentes estructurales y los cíclicos
del presupuesto. Esto dificulta su uso para evaluar cambios permanentes en la postura
fiscal.
iii. BCA como indicador de cómo la política fiscal impacta en la economía: Blanchard
(1990) advierte contra el uso del BCA como un indicador del impacto de los choques
fiscales en la economía. Estimar el impacto de la política fiscal solo a partir de las
variaciones en el balance presupuestario es problemático. Incluso en el modelo de
multiplicador keynesiano más sencillo, las variaciones en un presupuesto equilibrado
implican un multiplicador de producción unitaria. Por tanto, una estadística como el

79
BCA no puede sustituir un modelo completamente especificado de política fiscal en
equilibrio general.

iv. BCA como indicador de sostenibilidad fiscal: Un problema importante con esta
interpretación del BCA es que cualquier superávit primario —ajustado cíclicamente o
no— puede tener implicaciones muy diferentes para la dinámica de la deuda y la
solvencia del país. Esto depende de la relación entre la tasa de crecimiento económico,
la tasa de interés real y la estructura de la deuda. Este problema es especialmente
relevante en los países emergentes, donde problemas de liquidez pueden convertirse en
problemas de solvencia (Calvo, 2005). Por lo tanto, basar el análisis exclusivamente en
el saldo presupuestario ajustado no sustituye un análisis integral de la sostenibilidad de
la deuda.
v. BCA como objetivo de política: Blanchard (1990) también señala que los defensores de
establecer objetivos basados en el BCA argumentan que los balances presupuestarios
ajustados por el ciclo económico son útiles tanto para la estabilidad a corto como a largo
plazo. Las implicaciones políticas de esta interpretación son similares a la afirmación de
que "se debe permitir que los estabilizadores automáticos operen libremente". Sin
embargo, existen pocas razones para pensar que los estabilizadores automáticos ofrecen
la cantidad óptima de estabilización. De hecho, su efectividad varía significativamente
de un país a otro, ya que dependen de la estructura impositiva y de gastos, así como del
tamaño relativo de los ingresos y gastos públicos con relación al PIB (Fatás y Mihov,
2001). Además, aunque los estabilizadores automáticos actúan como una protección
frente a los choques de demanda, pueden ser ineficaces —e incluso contraproducentes—
cuando se trata de amortiguar la respuesta de la economía ante choques de oferta
(Blanchard, 1990).

3.4. Metodología para estimar los balances cíclicamente ajustados


En la práctica, la metodología para estimar el Balance Cíclicamente Ajustado (BCA) se reduce
esencialmente a dos enfoques:
1. El método agregado: Este enfoque, también conocido como procedimiento de dos
etapas, consiste en estimar un componente cíclico del saldo presupuestario y restarlo del
presupuesto en niveles nominales. Es el método más utilizado por gobiernos nacionales
e instituciones internacionales, como el FMI. En este enfoque, la elasticidad de los
ingresos y gastos totales se calcula directamente con base en la brecha de producción
agregada, utilizando la producción potencial como referencia.

80
2. El método desagregado: Desarrollado por Bouabdallah et al. (2019) y aplicado
actualmente por el Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC), este enfoque calcula
la elasticidad de cada componente individual de ingresos y gastos en relación con su
base macroeconómica relevante, y luego calcula la elasticidad de esa base en relación
con la brecha de producción agregada. El producto de estas dos elasticidades da como
resultado la elasticidad de cada categoría de ingresos y gastos respecto a la brecha de
producción agregada.
El enfoque agregado es conocido así porque utiliza la brecha del producto como única
medida del ciclo económico que se aplica a todos los componentes del saldo presupuestario. En
cambio, el enfoque desagregado identifica un patrón cíclico específico para cada una de las
partidas fiscales. Estas metodologías difieren principalmente en la forma en que seleccionan la
base para el cálculo de la elasticidad de los ingresos y gastos presupuestarios. Además, difieren
en su enfoque para la estimación del potencial de crecimiento económico72. El FMI utiliza una
función de producción, mientras que los estados miembros de la UE aplican el filtro de Hodrick-
Prescott (1997), debido a su simplicidad y su capacidad de generar resultados comparables entre
países73.

Es importante destacar que no existe un método único para ajustar los saldos fiscales. El
enfoque elegido dependerá de las características específicas de cada país, como la disponibilidad
de datos, la estructura económica y el régimen fiscal. Cada uno de estos métodos presenta
fortalezas y debilidades, lo que implica que el ajuste debe ser adaptado a las condiciones
particulares de cada economía.
Metodología agregada del FMI
El Fondo Monetario Internacional (FMI), al igual que muchas instituciones internacionales,
emplea una metodología de dos pasos para calcular el balance estructural. El FMI ha sido
pionero en el cálculo del Balance Cíclicamente Ajustado (BCA) y en la evaluación de las
posiciones fiscales de sus países miembros. Este procedimiento consiste en calcular el BCA
eliminando los efectos del ciclo económico sobre el balance convencional, es decir, se calcula
el componente cíclico del presupuesto del gobierno y se resta del saldo presupuestario real
(véase Bornhorst et al., 2011; Fedelino et al., 2009). El proceso se divide en tres etapas
principales:

72
Dado que el BCA se calcula a partir del PIB potencial —el cual es no observable— los resultados variarán según
la metodología empleada. Los métodos disponibles incluyen el modelo autorregresivo de vectores estructurales
(VAR), la función de producción y el filtro de Hodrick-Prescott, entre otros que se detallan más adelante.
73
Otras técnicas econométricas también se pueden utilizar para descomponer los componentes de tendencia y
cíclicos de una serie temporal, tales como la regresión lineal, el VAR estructural y el filtro de paso de banda.

81
1. Estimación de la producción potencial: Se estima la producción que es consistente con
una tasa de inflación constante, dado el uso óptimo de los factores de producción.

2. Estimación de los componentes cíclicos de los ingresos y gastos públicos: Se calcula


qué parte de los ingresos y gastos del gobierno varía automáticamente con el ciclo
económico.
3. Obtención del BCA: Se eliminan los componentes cíclicos del saldo presupuestario
real para obtener el BCA.
El balance fiscal global (OB) se descompone en dos partes: el saldo primario (PB)74 y
los pagos de intereses (INT). A su vez, el saldo primario se puede descomponer en:
1. Balance primario ajustado cíclicamente (CAPB)75: El componente de tendencia del
saldo primario, ajustado por los efectos del ciclo.
2. Saldo primario cíclico (CPB): La parte del saldo fiscal que reacciona automáticamente
al ciclo económico76.
De esta manera, el balance fiscal global se puede descomponer en:

1. Balance primario cíclico (CPB).


2. Balance primario ajustado cíclicamente (CAPB).
3. Pagos de intereses (INT).
Por lo tanto, la relación entre el balance fiscal global y estos componentes puede
expresarse como:

𝑂𝐵 = 𝑃𝐵 − 𝐼𝑁𝑇 = 𝐶𝐴𝑃𝐵 + 𝐶𝑃𝐵 − 𝐼𝑁𝑇 (3.1)

Frecuentemente, los pagos de intereses (INT) se excluyen del cálculo de la posición


fiscal subyacente, ya que no son autónomos ni responden a acciones discrecionales de la política
fiscal actual, sino que son el resultado de deudas pasadas. Además, no son un componente
automático, ya que no necesariamente están correlacionados con cambios cíclicos en la
producción.

A partir de la ecuación (3.1), los cambios en el balance fiscal global (OB) se pueden
descomponer de la siguiente manera:

1. Respuesta automática de las variables fiscales a las variaciones en la producción.

74
Que es aquel que esencialmente refleja si hay suficientes recursos para cubrir, al menos, los pagos de intereses
de la deuda.
75
El balance primario ajustado cíclicamente (CAPB) es el componente que representa la naturaleza real de la
política fiscal, ya que refleja las acciones discrecionales del gobierno, excluyendo los efectos cíclicos.
76
Ambas definiciones son consistentes en términos metodológicos.

82
2. Respuesta discrecional de las variables fiscales a cambios en la política fiscal.
3. Cambios en los pagos de intereses.

Esto se puede expresar algebraicamente como:

∆𝑂𝐵 = ∆𝐶𝐴𝑃𝐵 + ∆𝐶𝑃𝐵 − ∆𝐼𝑁𝑇 (3.2)

Donde ∆ denota la variación entre dos años consecutivos, 𝑡 y 𝑡 + 1.

Para analizar la política fiscal durante el ciclo económico, se utiliza el saldo primario
ajustado cíclicamente (CAPB) en lugar del saldo general. Este saldo ajustado se deriva a partir
de los ingresos y gastos ajustados por el ciclo. Las elasticidades de los ingresos y gastos respecto
al producto se calculan a través de una regresión del logaritmo de los ingresos (o gastos) sobre
el logaritmo de la producción. Por ejemplo, para los ingresos, se utiliza una ecuación de este
tipo: ℇ𝑅 = 𝑐 + 𝜀log (𝐺𝐷𝑃) (3.3)

Una vez calculadas las elasticidades y obtenida la serie de tiempo del producto potencial,
se calcula el componente de los ingresos ajustado cíclicamente a través de la ecuación:

𝑌 𝑝 ℇ𝑅,𝑌
𝑅 𝐶𝐴 = 𝑅 ( 𝑌 ) (3.4)

Donde:

𝑅 es el ingreso primario en términos nominales.


𝑌 𝑝 es la producción potencial (el producto máximo sin generar inflación inesperada).
𝑌 es la producción efectiva.
ℇ𝑅,𝑌 es la elasticidad ingreso respecto a la brecha del producto77.

La brecha de la producción se define de la siguiente manera:


𝑌−𝑌 𝑝
𝑔𝑎𝑝 = ( ) (3.5)
𝑌𝑝

El gasto primario ajustado cíclicamente se define de manera similar:

𝑌 𝑝 ℇ𝐺 ,𝑌
𝐺 𝐶𝐴 = 𝐺 ( ) (3.6)
𝑌

Donde 𝐺 es el gasto primario nominal y ℇ𝐺 es la elasticidad del gasto respecto a la brecha


del producto. El saldo primario ajustado cíclicamente (CAPB) se calcula como:

𝑌 𝑝 ℇ𝑅,𝑌 𝑌 𝑝 ℇ𝐺,𝑌
𝐶𝐴𝑃𝐵 = 𝑅 ( 𝑌 ) −𝐺(𝑌) (3.7)

77
La brecha del producto se define como el porcentaje de desviación del PIB real respecto a su nivel potencial.

83
Este ajuste implica que cada componente del presupuesto se ajusta de manera
proporcional a la relación entre el producto potencial y el observado, determinado por su
elasticidad respecto a la brecha del producto78. Suponiendo que la elasticidad de los ingresos es
igual a uno (es decir, los ingresos están perfectamente correlacionados con el ciclo económico)
y la elasticidad del gasto es igual a cero (es decir, los gastos no se ven afectados por las fases
del ciclo), el saldo primario ajustado cíclicamente se convierte en:
𝑌𝑝
𝐶𝐴𝑃𝐵 = 𝑅 ( 𝑌 ) − 𝐺 (3.8)

En otras palabras, el balance cíclicamente ajustado es el balance ajustado por el ciclo


económico, medido como la relación entre la producción potencial y la observada. Por ende, el
saldo primario cíclico se expresa como:
𝑌𝑝 𝑌𝑝 𝑅
𝐶𝑃𝐵 = 𝑂𝐵 − 𝐶𝐴𝑃𝐵 + 𝐼𝑁𝑇 = 𝑅 − 𝐺 − [𝑅 ( ) − 𝐺] = 𝑅 [1 − ] = 𝑌 𝑝 𝑔𝑎𝑝 (3.9)
𝑌 𝑌 𝑌

Si se asume que la elasticidad del gasto es cero, el saldo primario cíclico será una función
de los impuestos como proporción del PIB y de la brecha del producto entre la producción
efectiva y la potencial. Dado que el balance primario ajustado cíclicamente suele medirse en
relación con el PIB potencial79, la ecuación (3.7) se expresa de la siguiente manera:

𝐶𝐴𝑃𝐵 𝑅 𝐶𝐴 𝐺 𝐶𝐴 𝑅 𝑌 𝑝 ℇ𝑅 −1 𝐺 𝑌 𝑝 ℇ𝐺 −1
𝑐𝑎𝑝𝑏 = = − = 𝑌(𝑌) −𝑌(𝑌) (3.10)
𝑌𝑝 𝑌𝑝 𝑌𝑝

𝑐𝑎𝑝𝑏 = 𝑟(1 + 𝑔𝑎𝑝)−(𝜀𝑅−1) − 𝑔(1 + 𝑔𝑎𝑝)−(𝜀𝐺−1) (3.11)

Donde 𝑐𝑎𝑝𝑏 denota la relación entre el saldo primario ajustado cíclicamente y el PIB
potencial, 𝑔𝑎𝑝 es la brecha del producto y, 𝑟 y 𝑔 representan la participación de los ingresos y
gastos en el PIB, respectivamente.
Cuando las brechas de producción son pequeñas, la expresión (3.10) que captura el saldo
primario estructural (es decir, aquel que no se ve afectado por las fluctuaciones cíclicas) puede
aproximarse como:
𝑐𝑎𝑝𝑏 = 𝑟(1 + 𝑔𝑎𝑝)−(𝜀𝑅 −1) − 𝑔(1 + 𝑔𝑎𝑝)−(𝜀𝐺−1) ≈ 𝑟(1 − (𝜀𝑅 − 1)𝑔𝑎𝑝) − 𝑔(1 − (𝜀𝐺 − 1)𝑔𝑎𝑝) (3.12)

78
A diferencia de la OCDE, que calcula las elasticidades de las distintas categorías de ingresos de forma separada,
en este caso la elasticidad de los ingresos totales se determina como un promedio ponderado de las elasticidades
de cada grupo de ingresos. Los pesos utilizados en este promedio son las participaciones de cada una de las
categorías en los ingresos totales. Se asume que estas categorías siguen un patrón cíclico, por lo que están sujetas
a ajustes cíclicos. Entre estas categorías se incluyen los impuestos directos sobre hogares y empresas, los impuestos
indirectos y las contribuciones sociales. Por el lado del gasto, las únicas partidas que se corrigen son los
desembolsos relacionados con el desempleo, como las prestaciones por desempleo, las cuales se ajustan teniendo
en cuenta los cambios en la tendencia de la tasa de desempleo a lo largo del tiempo.
79
Ya que busca reflejar cuál habría sido el saldo fiscal si la economía hubiera estado en su nivel potencial.

84
Una vez definido el saldo primario ajustado cíclicamente, la parte automática o cíclica
del presupuesto se calcula como residual. Esta metodología es una de las más utilizadas para
calcular el BCA debido a sus ventajas, tales como el requerimiento mínimo de datos, su
simplicidad y su interpretación directa, lo que facilita la comparación entre países.

Desventajas del enfoque agregado


A pesar de sus ventajas, el enfoque agregado presenta algunas limitaciones:

1. Comportamiento similar respecto a la brecha del PIB: El enfoque agregado solo arroja
resultados precisos si los principales agregados fiscales se comportan de manera similar
respecto a la brecha del PIB.
2. Cambios en la composición de los ingresos fiscales: Si existen pocos cambios en la
composición de los ingresos, los resultados son más fiables. Sin embargo, si la
participación de los impuestos varía, como sucede con los impuestos sobre la renta (que
tienden a aumentar en periodos de auge y disminuir en recesiones), los resultados pueden
verse afectados.

Para que las variables fiscales ajustadas cíclicamente reflejen el promedio ponderado de
los ajustes desagregados de las categorías de ingresos y gastos, deben cumplirse las siguientes
condiciones:
1. La composición de ingresos y gastos debe permanecer constante. De no ser así, los pesos
aplicados a las elasticidades individuales cambiarán, afectando el promedio ponderado.
2. Las elasticidades de las categorías individuales de ingresos y gastos deben permanecer
constantes. Cambios en la política tributaria afectan estas elasticidades, alterando la
sensibilidad cíclica de las variables fiscales.
En caso de que estas condiciones no se cumplan, el enfoque desagregado es más adecuado
para detectar y modelar dichas características.

Metodología semiagregada
La metodología semiagregada80 utilizada por la Comisión Europea para calcular el Balance
Cíclicamente Ajustado (BCA) consiste en calcular la elasticidad total de ingresos y gastos como

80
La principal diferencia con el método agregado del FMI radica en la selección de la base para el cálculo de la
elasticidad. En la metodología del FMI, la elasticidad de los ingresos y gastos totales se calcula directamente sobre
la brecha de producción agregada. En cambio, la metodología semiagregada primero calcula la elasticidad de los
componentes individuales de ingresos y gastos respecto a su base macroeconómica pertinente, y luego se calcula
la elasticidad de esta base respecto a la brecha de producción agregada. El producto de ambas elasticidades da como
resultado la elasticidad de los componentes individuales de ingresos y gastos sobre la brecha de producción.

85
una suma ponderada de las elasticidades de las categorías individuales de ingresos y gastos que
son sensibles al ciclo económico. Los pesos asignados a cada categoría son su participación en
los ingresos y gastos totales, respectivamente (véase Larch y Turrini, 2009; Bouabdallah et al.,
2019).

En términos algebraicos, el BCA puede expresarse como:


𝐵𝑡
𝐵𝐶𝐴𝑡 = − 𝐶𝐶 (3.13)
𝑌𝑡

Donde:
𝐵𝑡
• representa la relación entre el balance presupuestario real81 (déficit/superávit) y el PIB
𝑌𝑡

nominal.
• 𝐶𝐶 el componente cíclico.

El componente cíclico del saldo presupuestario es el producto de un parámetro de ajuste


cíclico (𝜀, la semielasticidad del balance presupuestario general respecto al producto) y una
medida de la posición cíclica de la economía en relación con su nivel potencial (brecha de
producción, 𝑂𝐺𝑡 ).

La ecuación puede reescribir de la siguiente forma:


𝑅𝑡 −𝐺𝑡
𝐵𝐶𝐴𝑡 = − 𝜀 ∙ 𝑂𝐺𝑡 (3.14)
𝑌𝑡

Donde:
• 𝑅𝑡 y 𝐺𝑡 representan los ingresos y gastos del gobierno en términos nominales,
respectivamente.
• 𝐵𝑡 es el saldo presupuestario nominal, que se define como la diferencia entre ingresos y
gastos.
La expresión (3.14) es una aproximación lineal de orden uno de una expresión
exponencial82. Dado que se asume que las semielasticidades son constantes a lo largo del tiempo,
el componente cíclico será proporcional a la brecha del producto. Actualmente, el SEBC
(Sistema Europeo de Bancos Centrales) utiliza una función de producción para medir la brecha
del producto83.

81
También llamado saldo presupuestario general.
82
Véase el anexo 3.1 para la derivación matemática de esta aproximación.
83
Una desventaja del enfoque basado en la función de producción para estimar el PIB potencial es el alto grado de
incertidumbre asociado. Esto implica que las estimaciones están sujetas a revisiones frecuentes, que pueden tener
un impacto más significativo en el BCA que las revisiones de la semielasticidad (Vandermeulen et al., 2015).

86
Semielasticidad presupuestaria: aspectos teóricos y cálculos
Los elementos clave para calcular BCA son la brecha del producto y el parámetro de ajuste
cíclico, es decir, la semielasticidad presupuestaria. Esta semielasticidad mide la sensibilidad del
balance presupuestario (como porcentaje del PIB) frente al ciclo económico84.
Matemáticamente, captura la variación absoluta (primera diferencia) del saldo presupuestario
como porcentaje del PIB en relación con la variación relativa de la brecha del producto 85. En
otras palabras, mide cuántos puntos porcentuales cambia la relación saldo presupuestario/PIB
por cada 1% de aumento en el PIB86:
𝐵𝑡 𝑑𝐵𝑡 𝑑𝑌
𝑑( ) 𝑌 − 𝑡𝐵
𝑌𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝑡 𝑑𝐵𝑡 𝐵
𝜀= 𝑑𝑌𝑡 = 𝑌𝑡2 = 𝑑𝑌𝑡
− 𝑌𝑡 (3.15)
𝑡
𝑌𝑡 𝑌𝑡

Esta definición de 𝜀, multiplicada por la brecha del producto y restada del saldo
presupuestario real, produce el cálculo correcto del BCA:
𝑝
𝐵𝑡 𝐵𝑡 𝑑𝐵𝑡 𝐵𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝐵𝑡 𝑑𝐵𝑡 𝑌𝑡 − 𝑌𝑡 𝐵𝑡 𝑑𝐵𝑡
𝐵𝐶𝐴 = − 𝜀 ∙ 𝑂𝐺𝑡 = − ( − ) 𝑝 = (1 + 𝑝 ) − 𝑝 = (1 − 𝑝 ) − 𝑝
𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡
𝐵𝑡 −𝑑𝐵𝑡 𝐵𝑝
𝐵𝐶𝐴 = 𝑌𝑡
𝑝 = 𝑌𝑝 (3.16)
𝑡

Esto se debe a que 𝑑𝐵 mide el diferencial entre el saldo presupuestario real y el saldo
que prevalecería cuando la economía opera en su nivel potencial, es decir, 𝑑𝐵𝑡 = 𝐵𝑡 − 𝐵𝑡𝑝 . Así,
el término −𝜀 ∙ 𝑂𝐺𝑡 ajusta el equilibrio presupuestario para expresar el saldo ajustado
cíclicamente en términos de la producción potencial (𝐵𝑡 /𝑌𝑡𝑝 ), restando el componente cíclico
(𝑑𝐵𝑡 /𝑌𝑡𝑝 ).

84
Hasta 2012, se utilizaba un parámetro de sensibilidad para capturar la reacción cíclica del presupuesto y medir
el BCA. Este parámetro se definía como la tasa marginal de cambio del nivel del balance presupuestario en
respuesta a un cambio en el nivel del PIB (matemáticamente, la primera derivada del balance presupuestario en
𝑑𝐵
términos monetarios): 𝑠𝑒𝑛𝑠𝑖𝑏𝑖𝑙𝑖𝑑𝑎𝑑 = 𝑡
𝑑𝑌𝑡
La razón por la cual se dejó de usar esta medida es que solo ajustaba el numerador del BCA (el balance
presupuestario nominal), pero no corregía el denominador, es decir, el producto real que también se ve afectado
por las fluctuaciones de la actividad económica. Para más detalles sobre esta metodología y el cálculo de las
sensibilidades, véase European Commission (2005) y (2006), especialmente el cuadro II.3 sobre la definición y
construcción de sensibilidades presupuestarias.
85
Esto significa que este ajuste capturaba el impacto del ciclo económico tanto en el numerador (el saldo
presupuestario en términos nominales) como en el denominador (el producto o PIB) del saldo presupuestario.
86
La semielasticidad presupuestaria es diferente del concepto de elasticidad presupuestaria
𝑑𝐵
𝐵
(𝑒𝑙𝑎𝑠𝑡𝑖𝑐𝑖𝑑𝑎𝑑 𝑑𝑒 𝐵, definida como 𝜂𝐵 = 𝑑𝑌 , q), que mide el cambio relativo en el saldo presupuestario debido a
𝑌
un cambio relativo en la producción. Es decir, la elasticidad presupuestaria indica cuánto porcentaje cambia el saldo
presupuestario por cada 1% de incremento en el PIB.

87
Descomposición de la semielasticidad
La semielasticidad presupuestaria se define como la diferencia entre la semielasticidad de los
ingresos y la semielasticidad de los gastos. Al descomponer el balance presupuestario real
(déficit o superávit) en términos de ingresos y gastos, la semielasticidad presupuestaria 𝜀 se
puede descomponer en el promedio ponderado de las elasticidades cíclicas de los ingresos
menos uno87 y las elasticidades cíclicas del gasto público menos uno (ambos componentes
expresados en términos nominales. En términos simples, la elasticidad presupuestaria refleja el
diferencial entre la elasticidad de la relación ingresos/PIB (ponderada por los ingresos) y la
elasticidad de la relación gasto/PIB (ponderada también por los ingresos).
Formalmente, se expresa de la siguiente manera:
𝐵 𝑅 𝐺 𝑅 𝑌 𝐺 𝑌
𝑑 ( 𝑡) 𝑑 ( 𝑡) 𝑑 ( 𝑡) 𝑑 𝑡 𝑌𝑡 − 𝑑 𝑡 𝑅𝑡 𝑑 𝑡 𝑌𝑡 − 𝑑 𝑡 𝐺𝑡
𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡
𝜀= = − = −
𝑑𝑌𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝑌𝑡2 𝑌𝑡2
𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡
𝑑𝑅𝑡 𝑑𝐺𝑡
𝑑𝑅𝑡 𝑅 𝑑𝐺𝑡 𝐺 𝑅 𝑅𝑡 𝐺 𝐺𝑡 𝑅𝑡 𝐺𝑡
=( − 𝑡) − ( − 𝑡 ) = ( 𝑑𝑌𝑡𝑡 − 1) − ( 𝑑𝑌𝑡𝑡 − 1) = (𝜂𝑅,𝑡 − 1) − (𝜂𝐺,𝑡 − 1) (3.17)
𝑑𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡
𝑌𝑡 𝑌𝑡

Donde:
𝑑𝑅𝑡


𝑅𝑡
𝜂𝑅,𝑡 = 𝑑𝑌𝑡 es la elasticidad de los ingresos respecto a la brecha del PIB.
𝑌𝑡
𝑑𝐺𝑡


𝐺𝑡
𝜂𝐺,𝑡 = 𝑑𝑌𝑡 es la elasticidad del gasto respecto a la brecha del PIB.
𝑌𝑡
𝑅𝑡 𝐺𝑡
• y son las relaciones ingresos/PIB y gastos/PIB, respectivamente88.
𝑌𝑡 𝑌𝑡

La semielasticidad de los ingresos es bastante cercana a cero (véase Mourre et al., 2019),
lo que indica que la mayoría de los ingresos (excepto los no tributarios) tienden a seguir la
evolución cíclica del PIB (es decir, la brecha del PIB). Esto significa que los ingresos como
proporción del PIB se mantienen relativamente constantes a lo largo del ciclo económico. Desde
un punto de vista técnico, la relación ingresos/PIB es estable a lo largo del tiempo, ya que las
fluctuaciones grandes en el denominador (PIB) se compensan en gran medida con las
fluctuaciones en el numerador (ingresos), lo que implica que ambos varían de manera conjunta.
Dado que la elasticidad de los ingresos es pequeña, el componente cíclico que resulta de

87
El término menos uno se refiere a la elasticidad del denominador (PIB) en las relaciones ingresos/PIB y gasto/PIB
respecto a sí mismo. Esto se debe a que el PIB es el denominador en ambas relaciones y cambia en proporción a sí
mismo. Por lo tanto, cuando se mide la elasticidad de los ingresos o gastos en relación con el PIB, el menos uno
ajusta por el hecho de que el denominador (PIB) cambia de manera directa en una relación de uno a uno.
88
Tales relaciones son válidas en el primer orden, como se muestra en el anexo 3.1.

88
multiplicar esta semielasticidad por la brecha del producto también es pequeño. Como resultado,
la diferencia entre los ingresos reales (en proporción al PIB) y los ingresos ajustados
cíclicamente (en proporción al PIB potencial) es mínima.
En contraste, la semielasticidad del gasto público es negativa y está cercana a la relación
gastos totales/PIB, ya que frecuentemente el gasto público se considera discrecional en su
totalidad. Aunque esta es una aproximación razonable en algunos casos, en la práctica ciertas
partidas de gasto, como los gastos relacionados con el desempleo, presentan un patrón cíclico,
dado que siguen las variaciones de la tasa de desempleo, que a su vez está estrechamente
vinculada al ciclo económico. Sin embargo, este tipo de gasto representa solo una pequeña
fracción del gasto total89 (véase Mourre et al., 2019, p. 13). El resto de los elementos del gasto
público nominal se supone que son discrecionales e independientes de los movimientos del PIB.
Debido a la inercia cíclica del gasto público, o su baja ciclicidad, la relación gastos/PIB es muy
cíclica, ya que está influenciada principalmente por el denominador (PIB) con poco efecto
compensatorio en el numerador (gasto total). Como resultado, la relación gasto público/PIB
tiende a aumentar durante las fases contractivas y a disminuir en las fases expansivas del ciclo.

Componentes de la semielasticidad de los ingresos y gastos

La metodología para calcular la semielasticidad del BCA se basa en una suma ponderada de
elasticidades individuales de los distintos tipos de ingresos y gastos. Para obtener la
semielasticidad presupuestaria, se deben seguir los siguientes pasos:
1. Estimación de las elasticidades frente a la brecha de producción de las cinco principales
categorías de ingresos 𝜂𝑅𝑖 ,𝑡 :
• Impuesto sobre la renta personal
• Impuesto sobre la renta de sociedades
• Contribuciones a la seguridad social
• Impuestos indirectos
• Otros ingresos fiscales
Así como la estimación de la elasticidad de una única categoría de gasto sensible al ciclo
económico:

• Gasto relacionado con el desempleo, 𝐺𝑈

89
En el caso de América Latina, una región con significativas tasas de empleo informal, tan solo 8 países cuentan
con un seguro de desempleo: Argentina, Bahamas, Barbados, Brasil, Chile, Ecuador, Venezuela y Uruguay
(Velásquez, 2021).

89
2. Las elasticidades de ingresos individuales se agregan para obtener una elasticidad de
ingresos general (𝜂𝑅,𝑡 ), utilizando como ponderación90 la participación de cada tipo de
𝑅𝑖,𝑡
ingreso en el total de ingresos, es decir, .
𝑅𝑡

3. Un cálculo similar se realiza para obtener la elasticidad del gasto público (𝜂𝐺,𝑡 ). Sin
embargo, en este caso, al tratarse de un único tipo de gasto que está estrechamente
vinculado al ciclo económico, la elasticidad del gasto relacionado con el desempleo se
utiliza como base. Esta elasticidad se transforma en la elasticidad del gasto público total
al ponderarla por la participación de dicho gasto en el gasto total del gobierno, es decir,
𝐺𝑈,𝑡
.
𝐺𝑡

Después de restar 1 a la elasticidad del nivel de ingresos y del nivel de gastos, ambas
elasticidades se multiplican, respectivamente, por la relación ingresos/PIB (𝑅𝑡 /𝑌𝑡 ) y la relación
gastos/PIB (𝐺𝑡 /𝑌𝑡 ) para obtener la semielasticidad de ingresos y de gastos 91. Este proceso se
detalla en el anexo 3.2, donde se muestra cómo derivar la semielasticidad presupuestaria a partir
de las elasticidades individuales y sus parámetros de ponderación.

En resumen, para obtener la semielasticidad presupuestaria es necesario estimar los


siguientes componentes:
1. Elasticidades individuales de ingresos y gastos
- Las elasticidades individuales de las cinco categorías de ingresos respecto a la brecha
de producción, 𝜂𝑅𝑖 ,𝑡 .
- La elasticidad del gasto relacionado con el desempleo respecto a la brecha de
producción, 𝜂𝐺𝑈 ,𝑡 .
2. La estructura de ingresos y gastos (es decir, la participación de las partidas específicas
de ingresos y gastos en el total de ingresos y gastos, respectivamente)
- El peso de las cinco categorías de ingresos individuales en el ingreso total del
𝑅𝑖,𝑡
gobierno, .
𝑅𝑡

90
Para obtener la semielasticidad presupuestaria, es fundamental calcular los siguientes parámetros de ponderación:
1. La estructura de ingresos y gastos: Determinar la composición del total de ingresos y gastos del gobierno,
identificando las principales fuentes y categorías.
2. Participación porcentual de las cinco categorías de ingresos individuales en el total del ingreso del gobierno
(𝑅𝑖,𝑡 /𝑅𝑡 ).
3. Participación porcentual del gasto relacionado con el desempleo en el total del gasto público (𝐺𝑈,𝑡 /𝐺𝑡 ).
91
Esto se hace debido a que las variables fiscales, generalmente, se expresan como porcentajes del producto.

90
- La ponderación del gasto por concepto de desempleo en el gasto total del gobierno,
𝐺𝑈,𝑡
.
𝐺𝑡

3. Las dos proporciones agregadas de ingresos y gastos (esto es, la participación del
ingreso y el gasto total en el PIB)
R
- El ingreso total del gobierno en porcentajes del PIB, Yt.
t

G
- El gasto total del gobierno en porcentajes del PIB, Yt.
t

De lo anterior se deriva que la semielasticidad presupuestaria (3.2) respecto a la brecha


del producto se puede reescribir como:
𝑅 𝐺 𝑅𝑖,𝑡 𝑅 𝐺𝑈,𝑡 𝐺
𝜀 = 𝜀𝑅,𝑡 − 𝜀𝐺,𝑡 = (𝜂𝑅,𝑡 − 1) 𝑌𝑡 − (𝜂𝐺,𝑡 − 1) 𝑌𝑡 = (∑5𝑖=1 𝜂𝑅𝑖,𝑡 𝑅𝑡
− 1) 𝑌𝑡 − (𝜂𝐺𝑈 ,𝑡 𝐺𝑡
− 1) 𝑌𝑡 (3.18)
𝑡 𝑡 𝑡 𝑡

Metodología desagregada o de la OCDE


La metodología desagregada, originalmente utilizada por la OCDE, se basa en el ajuste cíclico
de categorías individuales de ingresos y gastos. Este enfoque implica identificar bases
macroeconómicas relevantes para cada categoría presupuestaria y, posteriormente, estimar el
componente cíclico multiplicando las posiciones cíclicas de cada base por sus respectivas
elasticidades presupuestarias. Una vez calculados los componentes cíclicos individuales, se
suman para obtener el componente cíclico agregado del saldo presupuestario.

El resultado global ajustado cíclicamente se puede expresar como:


𝐶𝐴
𝐵𝐶𝐴 = [(∑𝑁 𝐶𝐴
𝑖=1 𝑅𝑖 ) − 𝐺𝑐𝑢𝑟 + 𝑅
𝑁𝐶𝐴
− 𝐺 𝑁𝐶𝐴 ] (3.19)

Donde:

• 𝑅𝑖𝐶𝐴 representa el componente ajustado por el ciclo de la i-ésima categoría de


ingresos.
• 𝐶𝐴
𝐺𝑐𝑢𝑟 representa los gastos primarios corrientes ajustados por el ciclo.
• 𝑅 𝑁𝐶𝐴 y 𝐺 𝑁𝐶𝐴 son las categorías de ingresos y gastos que no requieren ajuste
cíclico, como ingresos no tributarios y gastos de capital (véase Girouard y
André, 2005).

Por el lado de los ingresos, la elasticidad de cada categoría de ingresos puede


descomponerse en dos factores. La elasticidad producto de los ingresos tributarios (𝜀𝑅𝑖 ,𝑌 ) es el
producto de la elasticidad de los ingresos tributarios (𝑅𝑖 ) respecto a la base imponible relevante
(𝐵𝑖 ) (es decir, 𝜀𝑅𝑖 𝐵𝑖 ) y la elasticidad de la base imponible relativa a la brecha del producto 𝜀𝐵𝑖 ,𝑌 :
𝜀𝑅𝑖 ,𝑌 = 𝜀𝑅𝑖 𝐵𝑖 ∙ 𝜀𝐵𝑖 ,𝑌

91
Aplicando esta descomposición al cálculo de los ingresos ajustados cíclicamente:
𝜀
𝑌 ∗ 𝜀𝐵𝑖 ,𝑌 𝑅𝑖 𝐵𝑖
𝑅𝑖𝐶𝐴 = 𝑅𝑖 (( 𝑌 ) ) (3.20)

El primer paso es derivar el valor de la elasticidad del impuesto respecto a su base.


Además de las tasas impositivas legales, la derivación también requiere conocer la distribución
del ingreso. El segundo paso consiste en la estimación econométrica de la sensibilidad de las
bases imponibles relevantes respecto a la brecha del producto. Para esto, es necesario especificar
proxies macroeconómicas para las bases imponibles. Un proxy frecuentemente utilizado para
los impuestos sobre la renta y las contribuciones a la seguridad social es la masa salarial,
mientras que el consumo privado sirve como base para los impuestos indirectos.
Con ambas elasticidades, es posible calcular las elasticidades de los ingresos fiscales
respecto a la brecha del producto. Estas elasticidades tienden a ser mayores que uno para los
impuestos sobre la renta (reflejando la progresividad de estos regímenes), alrededor de uno para
los impuestos indirectos, y menor que uno para las contribuciones a la seguridad social.
Por el lado de los gastos, las elasticidades de las categorías de gasto corriente92 también
se descomponen en dos factores. La elasticidad del gasto público (𝜀𝐺𝑐𝑢𝑟 ,𝑌 ) es el producto de la
elasticidad de los gastos corrientes (𝜀𝐺𝑐𝑢𝑟 ) respecto a su base (por ejemplo, el desempleo) y la
elasticidad de la base respecto a la brecha del producto (𝜀𝑈,𝑌 ):

𝜀𝐺𝑐𝑢𝑟 ,𝑌 = 𝜀𝐺𝑐𝑢𝑟 ,𝑈 ∙ 𝜀𝑈,𝑌 (3.21)

Aplicando esta descomposición al cálculo del gasto ajustado cíclicamente:


𝜀
𝐶𝐴 𝑌 ∗ 𝜀𝑈,𝑌 𝐺𝑐𝑢𝑟 ,𝑈
𝐺𝑐𝑢𝑟 = 𝐺𝑐𝑢𝑟 (( 𝑌 ) ) (3.22)

Al igual que en el caso de los ingresos, las elasticidades del gasto público respecto a su
base también se pueden derivar. Si la categoría de gasto incluye estrictamente beneficios por
desempleo, se puede suponer una elasticidad proporcional respecto a su base (desempleo), es
decir, una elasticidad de 1. De esta manera, la elasticidad del producto de esa categoría de gasto
estará determinada por la elasticidad del desempleo respecto a la brecha del producto. Este valor
puede obtenerse a través de estimaciones econométricas.

A pesar de que la metodología desagregada requiere un mayor volumen de datos, ofrece


varias ventajas sobre la metodología agregada, especialmente en términos de estabilidad y una

92
Es muy probable que las transferencias corrientes, como las prestaciones por desempleo, muestren un
comportamiento cíclico. Por otro lado, el gasto en salarios y en bienes y servicios suele ser independiente del ciclo
económico y, por lo tanto, no requiere ajuste (Girouard y André, 2005).

92
mejor comprensión de la respuesta cíclica de diferentes categorías de ingresos y gastos. En el
enfoque agregado, las elasticidades promedio pueden introducir una fuente de inestabilidad. Al
permitir elasticidades específicas para cada categoría de ingresos y gastos, la metodología
desagregada proporciona una mayor estabilidad y aumenta la fiabilidad de los resultados.
Además, este enfoque permite identificar cuáles componentes de los ingresos y gastos impulsan
el equilibrio cíclico, ofreciendo una visión detallada de la composición de los estabilizadores
automáticos. La información sobre las sensibilidades cíclicas de las categorías individuales de
ingresos también puede ser valiosa para analizar el impacto de una desaceleración económica
en las finanzas públicas de un país, especialmente si ciertos impuestos están ligados a la
participación en los ingresos.

3.5. Metodología para estimar el PIB potencial y la brecha del producto


Existen varios métodos para calcular la tendencia del PIB potencial y la correspondiente brecha
del producto, que se agrupan en cuatro categorías: métodos no estructurales univariados,
métodos no estructurales multivariados, métodos directos, y métodos estructurales.

Métodos no estructurales univariados: Estos métodos calculan la tendencia de la


producción potencial en función de los resultados reales, sin vinculación directa con la teoría
económica. Son métodos simples que no requieren suposiciones sobre la estructura económica
y son útiles en países que carecen de información suficiente para aplicar enfoques complejos.
Ejemplos incluyen: el filtro de Hodrick-Prescott, la eliminación de tendencia lineal, el método
de componentes no observables, el filtro Henderson, el método de tendencia de promedio de
fase, el filtro paso de banda de Baxter y King, el filtro Christiano-Fitzgerald, el filtro Beveridge-
Nelson, el filtro Butterworth, el filtro de Kalman y el modelo de Markov (véase Horn et al.,
2007; Hosszú et al., 2015).
Métodos no estructurales multivariados: Estos métodos integran información de
diversas variables económicas. Relacionan funciones de producción o la curva de Phillips con
los enfoques univariados, extendiéndolos. Ejemplos incluyen: la ley de Okun, los choques de
oferta y demanda agregada de Blanchard y Quah, la curva de Phillips (tradicional y
neokeynesiana) y el método del tipo de interés natural (véase Chagny et al., 2004; Murray,
2014).

Métodos estructurales: Se basan en teorías y modelos económicos específicos. Estos


métodos utilizan funciones de producción agregada y modelos con supuestos teóricos en
autorregresiones de vectores estructurales (SVAR). Ejemplos incluyen: el uso de la función de
producción, los modelos dinámicos estocásticos de equilibrio general (DSGE) y los modelos de

93
ciclos económicos reales (véase Denis et al., 2002; Vrbanc, 2006; Horn et al., 2007; Havik et
al., 2014).

3.6. Chile y el BCA: caso pionero en América Latina


Marco institucional de la política fiscal
En las últimas cuatro décadas, Chile ha sido ampliamente reconocido como un modelo de
responsabilidad fiscal en América Latina93, destacándose por su fuerte crecimiento económico,
estabilidad y baja deuda pública (Frankel, 2013; OECD, 2018). Según la CEPAL (2024), la
deuda pública del gobierno central de Chile pasó del 41.3% en 1990 al 3.9% en 2007. Durante
el período 1990-2008, el presupuesto chileno mantuvo un superávit promedio del 3.4%.

La responsabilidad fiscal en Chile es resultado de la adopción gradual de un marco


institucional moderno para gestionar la política fiscal. Este proceso comenzó con la
implementación de la Ley Orgánica de Administración Financiera del Estado en 1975, seguido
por la creación del Fondo de Estabilización del Cobre en 1985. Desde 2001, la política fiscal
chilena ha sido guiada por una regla fiscal de balance estructural94 (véase el anexo 3.3). El
Ministerio de Hacienda (2001) define el balance estructural como:

(…) el balance presupuestario que hubiera existido en el Gobierno Central si el producto


estuviese en su nivel potencial y el precio del cobre fuese el de mediano plazo,
excluyendo por lo tanto los efectos cíclicos y aleatorio de dos factores de principal
importancia: la actividad económica y el precio del cobre (p. 10).

La regla fiscal de Chile no solo corrige las fluctuaciones del ciclo económico, como
sucede en la mayoría de las economías avanzadas, sino que también ajusta las desviaciones
cíclicas del precio del cobre, un factor determinante de los ingresos fiscales mineros95. Esta regla
busca vincular el gasto público con los ingresos fiscales estructurales96, estableciendo una meta
inicial de superávit estructural del 1% del PIB anual, con el objetivo de promover la estabilidad

93
Este caso es particularmente interesante porque presenta varias similitudes con el resto de los países aquí
analizados. Además de ser las principales economías emergentes de la región, una parte considerable de los ingresos
de sus gobiernos proviene de la exportación de commodities, cuyos precios, altamente volátiles, se determinan en
los mercados internacionales.
94
En contraste con otras economías de la OCDE, que aplican una variedad de reglas fiscales, como las reglas de
gasto, ingreso y deuda pública, Chile ha adoptado únicamente un tipo de regla fiscal.
95
Es importante destacar que, aunque la regla fiscal distingue entre ingresos públicos corrientes y ajustados
cíclicamente, no realiza ningún ajuste al gasto público. Esto se debe a que el gasto público en Chile —y en gran
parte de los países latinoamericanos— es relativamente insensible al ciclo económico, dado el escaso papel que
juegan los estabilizadores automáticos del lado del gasto, como los beneficios de desempleo durante las crisis
económicas.
96
A diferencia de los ingresos fiscales efectivos, que reflejan las fluctuaciones cíclicas de la actividad económica
y del precio internacional del cobre, los ingresos estructurales equivalen a los ingresos efectivos ajustados
cíclicamente (Cerda, 2021).

94
fiscal y reducir la volatilidad del gasto público frente a las fluctuaciones en los ingresos del
gobierno97 (Marcel et al., 2001; Engel et al., 2007; Cerda, 2021).

Aunque esta regla fiscal ha sido un componente clave del sólido régimen fiscal de Chile,
ha sido modificada para adaptarse a los cambios en la estructura presupuestaria y los objetivos
de política. Entre los ajustes institucionales más relevantes se encuentra la creación de dos
Comités de Expertos independientes encargados de estimar el PIB tendencial y el precio de
referencia del cobre (o precio de largo plazo). El Comité de Expertos del PIB Tendencial
(anteriormente conocido como Comité del PIB Potencial) se estableció en 2001, mientras que
el Comité del Precio de Referencia del Cobre fue creado en 2003 (DIPRES, 2002; Tapia, 2003).
Cada año, los dos comités proporcionan estimaciones de la trayectoria del precio del cobre y de
insumos clave (tasa de inversión bruta, la variación de la fuerza de trabajo y la productividad
total de los factores) con el fin de calcular el PIB potencial para el siguiente ejercicio
presupuestario. Además, para evitar el "sesgo del punto final", el Comité del Precio de
Referencia del Cobre debe presentar proyecciones tanto para el año en curso como para los
próximos cinco años.
Posteriormente, el 30 de septiembre de 2006, la política presupuestaria estructural fue
institucionalizada con la aprobación de la Ley de Responsabilidad Fiscal (No. 20.128). El
objetivo de esta ley no fue simplemente aplicar medidas de ajuste fiscal, sino el de establecer
un sólido marco institucional que permitiera fortalecer los vínculos entre la regla fiscal, la
gestión del ahorro del gobierno y la creación de dos fondos soberanos: el Fondo de Reserva de
Pensiones (FRP) y el Fondo de Estabilización Económica y Social (FEES). El primero se
constituyó con el objetivo de proporcionar respaldo financiero para cumplir con las obligaciones
fiscales que surgen de la garantía gubernamental de las pensiones básicas solidarias de vejez e
invalidez, así como los aportes previsionales solidarios incluidos en la Reforma Previsional de
2008 (DIPRES, 2022a; Ministerio de Hacienda de Chile, 2006, Artículo 5, véase Anexo 3.4).
En cuanto al segundo fondo98, fue constituido unificando los recursos de los ingresos fiscales a
los que se refiere el Decreto Ley N. 3.653, de 1981, y los del Fondo de Estabilización de los

97
Lo que corresponde a una política fiscal restrictiva debido a tres consideraciones conjeturales. En primer lugar,
existía la necesidad de recapitalizar el Banco Central debido a la existencia de un déficit operacional sostenido y
un patrimonio negativo como consecuencia del rescate de la banca privada en la década de 1980 y la política
cambiaria de la década de 1990. En segundo lugar, se buscaba establecer una reserva contra las vulnerabilidades
externas relacionadas con descalces cambiarios y, a su vez, limitar el endeudamiento del gobierno, especialmente
en moneda nacional. Por último, se debía a la existencia de pasivos contingentes, principalmente los relacionados
con la garantía estatal de pensiones mínimas y asistenciales (véase Engel et al., 2007).
98
FEES recibe anualmente el saldo positivo resultante de restar del superávit fiscal los aportes en efectivo al Fondo
de Reserva de Pensiones (FRP) y al Banco Central de Chile, conforme a lo dispuesto en la Ley de Responsabilidad
Fiscal (Ministerio de Hacienda de Chile, 2006, Artículo 10). Si se realizaron amortizaciones de deuda o
aportaciones anticipadas en el año anterior, estas se restan del cálculo.

95
Ingresos del Cobre (Ministerio de Hacienda de Chile, 2006, Artículo 10) con la finalidad de que
el gobierno pueda financiar déficits presupuestarios, pagar la deuda pública y financiar las
contribuciones anuales al FRP – pero, a discreción del Ministro de Finanzas99 – protegiendo así
el gasto público contra las fluctuaciones tanto en la economía global como en los ingresos por
impuestos, cobre y otras fuentes100.
La Ley de Responsabilidad Fiscal provee a los gobiernos de este país flexibilidad para
establecer tanto la fórmula como los parámetros de la regla fiscal a la que se comprometen al
inicio de su gestión y no impone restricciones en cuanto a la forma en que se financian los
déficits presupuestarios. De manera que el Ministerio de Finanzas goza de discreción para elegir
entre la emisión de deuda pública, la utilización de ahorros de los fondos soberanos o la venta
de activos gubernamentales. No obstante, establece el requisito legal para que cada nueva
administración de gobierno establezca y publique el marco de política fiscal que se aplicará
durante su administración, incluyendo las implicaciones que tendrá sobre el equilibrio
presupuestario en términos estructurales, es decir, ajustado cíclicamente (Ministerio de
Hacienda de Chile, 2006, Artículo 1; Rodríguez et al, 2006).
Finalmente, al marco fiscal chileno se adicionó un consejo fiscal. Este comenzó
inicialmente como un Consejo Fiscal Asesor establecido por un decreto del Ministerio de
Finanzas en 2013, caracterizado por un conjunto limitado de funciones, sin independencia ni
financiamiento. Después de seis años, el 16 de febrero de 2019, fue reemplazado por el Consejo
Fiscal Autónomo mediante la Ley N. 21.148. A este consejo se le otorgó un conjunto más amplio
de tareas, incluyendo las funciones limitadas del anterior consejo y otras adicionales como
expresar su opinión sobre posibles desviaciones en el cumplimiento de los objetivos del balance
estructural, proponer al Ministerio de Hacienda cambios metodológicos para la estimación del
balance estructural, “analizar el cumplimiento de las metas fiscales, los factores que explican
las desviaciones respecto a dichas metas y realizar recomendaciones para asegurar una
convergencia fiscal compatible con la sostenibilidad de las finanzas públicas”, entre otras (CFA,

99
Los fondos pueden retirarse en cualquier momento, siempre que se respeten las condiciones de la regla del
balance estructural. Estos se invierten en activos altamente líquidos y de bajo riesgo para garantizar la
disponibilidad inmediata de recursos y evitar pérdidas significativas. Por ello, las inversiones se realizan
principalmente en bonos de gobiernos extranjeros como los de Estados Unidos, Alemania y Japón, debido a su bajo
riesgo. La asignación estratégica de activos del FEES es la siguiente: 30% en instrumentos del mercado monetario,
66.5% en bonos soberanos y 3.5% en bonos soberanos indexados a la inflación. La gestión y rendición de cuentas
del FEES y el FRP es llevada a cabo por diversas instituciones internas y externas, incluyendo el Banco Central,
que subcontrata la administración de aproximadamente el 35% del FRP a gestores externos.
100
En momentos de recesión económica, cuando los ingresos fiscales disminuyen, el FEES puede utilizarse para
financiar parte del presupuesto nacional, evitando así recurrir a la deuda pública, como se hizo durante la crisis de
2008-2009.

96
2023). Actualmente, el Consejo Fiscal Autónomo es una entidad fiscal independiente, bajo la
fiscalización de la Contraloría General de la República y con patrimonio propio.

La regla de balance fiscal de Chile: ¿una respuesta efectiva ante las crisis económicas?
En las últimas décadas, la comunidad financiera internacional y organizaciones como el Banco
Mundial y el FMI han destacado a Chile como un ejemplo de sólida gestión macroeconómica
(Daban, 2011; OECD, 2018; IMF, 2022). Las políticas macroeconómicas implementadas en el
país representan un modelo que combina una regla fiscal, fondos soberanos, objetivos de
inflación, tipo de cambio flotante y apertura comercial. Este marco ha sido ampliamente
estudiado por su efectividad en la gestión fiscal y macroeconómica (Franken et al., 2006; Larraín
y Parro, 2008; Céspedes et al., 2014; Tapia, 2015). Franken et al. (2006) señalaron que la
reducción de la volatilidad de la política fiscal y monetaria entre 1991 y 2003 contribuyó
significativamente a la disminución de la volatilidad del PIB. Según Larraín y Parro (2008),
aproximadamente el 60% de dicha reducción se debió a la implementación de la regla fiscal y
el régimen cambiario flexible. Asimismo, Céspedes et al. (2014) identificaron un fuerte impulso
contracíclico en la política económica chilena frente a la crisis financiera de 2008-2009, aunque
esta postura no se mantuvo tras el colapso de los precios del cobre en 2013. Hadzi-Vaskov
(2019) argumenta que la regla fiscal ha servido bien al país, al fortalecer su disciplina fiscal y
planificación a mediano plazo, contribuyendo tanto a la acumulación de amortiguadores fiscales
antes de la crisis de 2008 como a mantener la deuda pública en niveles bajos según los estándares
internacionales.

A pesar de estos éxitos, la Gran Recesión de 2008-2009 y la consecuente caída en los


ingresos por cobre evidenciaron limitaciones importantes en la regla fiscal. Inicialmente, la regla
se fijó en un superávit estructural del 1% del PIB, el cual fue reducido al 0.5% debido al
significativo ahorro generado por los altos precios del cobre. Sin embargo, este saldo estructural
limitaba la implementación de políticas fiscales contracíclicas. En respuesta a la crisis, se
suspendió temporalmente la regla fiscal y se implementaron dos ajustes clave. Primero,
considerando los fondos soberanos acumulados, se redujo el objetivo de equilibrio estructural
al 0.5% del PIB, permitiendo así políticas fiscales contracíclicas (véase Kumhof y Laxton,
2010)101. Entre 2006 y 2007, las salidas netas de capitales sumaron un 8.1% del PIB,
principalmente por los egresos de los fondos soberanos, que el gobierno decidió ahorrar en el
exterior (DIPRES, 2014; Banco Central de Chile, 2022). En 2009, Chile repatrió esos fondos
para financiar un déficit fiscal del 4.7% del PIB, aumentando el gasto público en un 14.5%, pese

101
Este cambio en la regla fiscal, cuidadosamente deliberado por las autoridades, permitió que, en un contexto de
baja deuda pública (5.8% del PIB), el balance primario del gobierno central pasara de un superávit del 4.4% del
PIB en 2008 a un déficit del 3.8% del PIB en 2009 (CEPAL, 2024).

97
a que los ingresos fiscales disminuyeron un 20.5% en ese mismo año (DIPRES, 2017). Como
resultado, en el último trimestre de 2009, la economía chilena ya mostraba una recuperación
significativa, evidenciando la efectividad de las políticas contracíclicas implementadas. No
obstante, este proceso también condujo a un incremento en la deuda pública, que pasó del 11.9%
en 2012 al 17.4% en 2015 (CEPAL, 2024).
Segundo, con el objetivo de ampliar el espacio fiscal, se modificó la definición de la
regla, extendiendo el alcance del ajuste cíclico a los componentes de la partida "Otros ingresos".
Sin embargo, estas modificaciones fueron revertidas más adelante por recomendación de la
Comisión Corbo, que argumentó que dichos ingresos mantenían una baja correlación con el
PIB, lo que hacía su efecto sobre el balance cíclicamente ajustado poco significativo (véase
Corbo et al., 2011, p. 9).
En 2018, Chile adoptó un programa de consolidación fiscal con el objetivo de elevar
gradualmente la meta del BCA desde un -2.0% del PIB en 2017 hasta un -1.0% en 2021,
buscando estabilizar la deuda pública en un 26% del PIB para ese mismo año. Este proceso se
llevó a cabo durante 18 meses, hasta septiembre de 2019. No obstante, tras la crisis interna que
estalló en octubre de 2019, el gobierno implementó una política fiscal expansiva para 2020 y
años posteriores, lo que implicó una salida significativa del proceso de consolidación previo.
La pandemia de COVID-19 y la subsiguiente recesión llevaron al gobierno chileno a
adoptar medidas fiscales contracíclicas adicionales. El gasto público real aumentó un 11.4%,
mientras que los ingresos totales cayeron un 10.6% respecto a los niveles de 2019 (CEPAL,
2024). Esto resultó en un incremento significativo de la deuda pública, el déficit efectivo y el
déficit estructural en 2021, alcanzando el 36.3%, 5.1% y 10.8% del PIB, respectivamente
(DIPRES, 2022b). La fuerte política fiscal contracíclica permitió a Chile superar el shock
externo y, para el cuarto trimestre de 2020, el PIB ya había superado los niveles precrisis
(CEPAL, 2021).
La crisis y las medidas tomadas implicaron una reversión significativa en la postura de
la política fiscal adoptada hasta 2019, así como en las metas del BCA. Las modificaciones a la
regla fiscal pueden justificarse por las imperfecciones en su diseño o por su incapacidad para
enfrentar choques adversos extremos. A pesar de los avances significativos en la creación de un
marco institucional moderno—con la participación de un organismo independiente que
establece hipótesis presupuestarias y supervisa la aplicación de la regla, así como la
implementación de una ley de transparencia fiscal—existen áreas que requieren mejoras. Entre
las tareas pendientes está la necesidad de definir cláusulas de escape explícitas, implementar
correcciones ex post en caso de desviaciones de la regla y complementarla con un objetivo de
deuda a largo plazo.

98
La experiencia de Chile subraya varios aspectos clave que los países en desarrollo con
abundantes recursos naturales deben considerar para mejorar el impacto de sus políticas
públicas. Primero, la importancia de desarrollar un marco institucional sólido102 para gestionar
los recursos naturales, un proceso gradual que requiere revisiones continuas (Keita y Turcu,
2022). En el caso chileno, la regla de presupuesto estructural fue adoptada antes de que existiera
un marco institucional sólido, que se estableció formalmente solo seis años después de la
implementación de la regla fiscal.
Segundo, la regla fiscal debe estar respaldada por un objetivo claro y preciso que
justifique su implementación y genere un consenso nacional sobre su pertinencia (Zack y
Sotelsek, 2018). Este objetivo puede centrarse en aislar la economía de las fluctuaciones de los
precios de las materias primas, asegurar un ahorro determinado para el futuro o mantener un
patrón de gasto específico. Las reglas fiscales deben ser claras, simples y fáciles de monitorear,
equilibrando la credibilidad con la flexibilidad necesaria para enfrentar grandes shocks103. Esta
flexibilidad debe estar incorporada en el marco fiscal y ser explicada de forma que su uso pueda
ser evaluado, evitando abusos.
Tercero, es esencial que las políticas fiscales se apoyen en políticas monetarias y
cambiarias efectivas para mantener la estabilidad macroeconómica y evitar la "enfermedad
holandesa". Aunque la literatura económica ha resaltado los posibles efectos negativos de los
recursos naturales en el desarrollo (Sachs y Warner, 2001; van der Ploeg, 2011), Chile ha
logrado evitar en gran medida la "maldición de los recursos" gracias a sus sólidas instituciones
(OECD, 2021).
3.7. Revisión de la literatura para economías latinoamericanas: con énfasis en Argentina,
Brasil, Chile y México
En América Latina, son pocos los estudios que abordan la estimación de los balances
cíclicamente ajustados (BCA). La escasez de estos estudios limita la evaluación precisa de la
posición fiscal de los países, lo que puede llevar a subestimar su vulnerabilidad fiscal. Chile es
el país más avanzado en el estudio de los BCA (Franken et al., 2006; Larraín y Parro, 2008;
Daban, 2011; Céspedes et al., 2014; OECD, 2018; IMF, 2022). En este país, el cálculo del saldo
estructural sigue la metodología del FMI y la OCDE, con dos ajustes que reflejan las
particularidades de la economía chilena. Primero, solo los ingresos se ajustan por el ciclo

102
Frankel et al. (2013) proporcionan evidencia de que la causalidad va desde la calidad de las instituciones hacia
una política fiscal menos procíclica o contracíclica.
103
De ahí, que la gran recesión de 2008-2009 representó una importante prueba para la utilidad de la regla fiscal
en Chile y la capacidad del gobierno en su aplicación.

99
económico, no los gastos. Segundo, debido a la importancia de los ingresos derivados del cobre,
los ingresos estructurales también se ajustan por las fluctuaciones de los precios de este mineral.

Alberola et al. (2006) calculan los balances estructurales de las nueve principales
economías latinoamericanas para el periodo 1981-2004104. Los datos muestran que la política
fiscal en la región es procíclica. Esta prociclicidad está estrechamente relacionada con la
vulnerabilidad financiera de estos países y la percepción sobre la sostenibilidad de la deuda. El
análisis revela que la postura fiscal de los países tiende a endurecerse cuando la percepción de
la sostenibilidad de la deuda se deteriora, con un efecto más pronunciado en momentos en que
la deuda es percibida como menos sostenible105.
Chávez et al. (2010) analizan el balance presupuestario de México ajustado por el ciclo
económico y el precio internacional del petróleo para el período 1990-2009. Encuentran que la
política fiscal en México ha sido mayormente procíclica, excepto durante la crisis de 2008-09,
cuando se implementó una política fiscal contracíclica, aunque de menor magnitud que la
sugerida por el equilibrio presupuestario tradicional106.

Daude et al. (2010) realizan un análisis exhaustivo de la política fiscal en diversas


economías latinoamericanas, desde inicios de los 90 hasta la crisis de 2009. Estiman los ingresos
públicos ajustados cíclicamente para Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, México,
Perú y Uruguay, utilizando la metodología de la OCDE y ajustando por los ciclos de las materias
primas. Los resultados muestran que, desde 2000, la política fiscal ha sido, en general, más
procíclica (con un coeficiente de correlación de -0.49, en comparación con -0.22 entre 1990 y
1999). Sin embargo, estos promedios esconden diferencias importantes. Chile exhibe un patrón
contracíclico moderado, con un coeficiente de 0.35, mientras que Colombia y Perú muestran
una política fiscal neutral (con coeficientes de 0.01 y -0.07, respectivamente). En contraste,
Argentina y Uruguay presentan el mayor grado de prociclicidad, influenciado principalmente
por la crisis de 2002107.
Ardanaz et al. (2016) llevan a cabo una serie de estimaciones del saldo presupuestario
estructural para analizar el comportamiento cíclico de la política fiscal en América Latina y el
Caribe, basándose en datos fiscales de 20 países de la región durante el periodo 1990-2014. El
estudio revela que las estimaciones varían considerablemente según los supuestos

104
Estas economías son Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú, Uruguay y Venezuela.
105
Todos estos resultados son consistentes y robustos al emplear diferentes especificaciones y métodos de
estimación.
106
Reflejando la debilidad de los mecanismos de estabilización en la economía mexicana.
107
Si se excluye dicho episodio, la política fiscal en Uruguay ha sido en gran medida neutral.

100
metodológicos utilizados108, lo que sugiere la necesidad de cautela al interpretar estos
indicadores. En promedio, la política fiscal en la región ha seguido un patrón procíclico, donde
un incremento del 1% en la brecha del producto se asocia con un deterioro de hasta 0.55 puntos
porcentuales en el resultado primario estructural. Sin embargo, este patrón esconde una notable
heterogeneidad regional, siendo más pronunciado en países que enfrentan fuertes choques en
los términos de intercambio. Los autores también destacan que la existencia de instituciones
sólidas puede mitigar la prociclicidad de la política fiscal en la región.
Alberola et al. (2017) examinan la respuesta de la política fiscal en América Latina en
dos periodos: 1990-2001 y 2002-2014. Los resultados muestran una mejora en la orientación de
la política fiscal en países como Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica y Perú, donde se observaron
episodios de políticas contracíclicas109. No obstante, en Argentina y Uruguay las políticas
siguieron siendo más procíclicas, un hallazgo robusto incluso al excluir el periodo de crisis de
deuda. El estudio concluye que las condiciones de financiamiento son un factor clave en la
orientación de la política fiscal, ya que su deterioro durante periodos de baja actividad
económica restringe la capacidad de implementar políticas fiscales efectivas, mientras que, en
épocas de bonanza, las condiciones favorables facilitan un mayor gasto público.

Un informe reciente de la OCDE (2023) revela que los países de América Latina y el
Caribe (ALC) presentaron un déficit fiscal estructural promedio del 3.8% del PIB potencial en
2018, incrementándose en 2.3 puntos porcentuales desde 2007, cuando el déficit era del 1.5%
del PIB potencial. Este aumento contrasta con la tendencia de los países de la OCDE, donde el
déficit promedio se redujo de 3.1% en 2007 a 2.7% en 2018. Entre los países de ALC con
mayores déficits estructurales destacan Surinam (6.4%) y Brasil (6.1%), mientras que Chile
(1.5%), Paraguay (1.4%) y Barbados (0.3%) presentaron los menores déficits estructurales en
2018, aunque ninguno de los países de la región logró superávits estructurales ese año.

108
En particular para aquellos países cuyos ingresos fiscales provienen en gran medida de la exportación de
materias primas, con precios altamente volátiles.
109
Los autores mencionan que se debe tener precaución al interpretar estas estimaciones, debido a la pequeña
muestra analizada. Además, sugieren que, a pesar de que este hallazgo de "graduación" de las políticas monetarias
y fiscales es coherente con lo demostrado por Frankel, et al. (2013), es necesario llevar a cabo investigaciones
adicionales y recopilar evidencia más sólida para concluir que la política fiscal en América Latina ha alcanzado,
efectivamente, un nivel de "graduación" (al menos en ciertos países). Ello, ha sido recientemente señalado tanto
por el Banco Interamericano de Desarrollo (Powell, 2015) como por el FMI (Celasun et al., 2015).

101
Anexos
Anexo 3.1. Derivación matemática del balance fiscal al BCA: una aproximación de
primer orden

Debido a la no aditividad, el BCA no puede derivarse exactamente del balance presupuestario,


sino de la definición misma de una elasticidad:
𝑝 𝑝 𝑝 𝑝 𝑝
𝐵 (𝑅𝑡 −𝐺𝑡 ) 𝑅 𝑅 𝐺 𝐺𝑡
𝐵𝐶𝐴𝑡 = 𝑌𝑡𝑝 = 𝑝 = 𝑌 𝑝𝑡 𝑅𝑡 − 𝐺𝑝𝑡 (3.23)
𝑡 𝑌𝑡 𝑡 𝑡 𝑡 𝐺𝑡

Donde el superíndice 𝑝 corresponde al nivel potencial del saldo presupuestario, ingresos,


gasto público y producto cuando la economía está operando a su nivel potencial. Las
elasticidades de ingresos y gastos (𝜂𝑅 y 𝜂𝐺 , respectivamente) permiten vincular la desviación
de los ingresos y gastos respecto al potencial con la desviación del producto respecto a su
potencial110. Resolviendo la ecuación diferencial de orden uno, se obtiene:
𝑝 𝑝 𝜂𝑅,𝑡 𝑝 𝑝 𝜂𝐺,𝑡
𝑅𝑡 𝑌 𝐺𝑡 𝐺
= ( 𝑌𝑡 ) y = ( 𝐺𝑡 ) (3.24)
𝑅𝑡 𝑡 𝐺𝑡 𝑡

Usando la expresión anterior en la fórmula del BCA, se tiene:


𝑝 𝜂𝑅,𝑡 𝑝 𝜂𝐺,𝑡 𝑝 𝜂𝑅,𝑡−1 𝑝 𝜂𝐺,𝑡−1
𝑅 𝑌 𝐺 𝐺 𝑅𝑡 𝑌𝑡 𝐺 𝐺
𝐵𝐶𝐴𝑡 = 𝑌 𝑝𝑡 ( 𝑌𝑡 ) − 𝐺𝑝𝑡 ( 𝐺𝑡 ) = ( ) − 𝑌𝑡 ( 𝐺𝑡 ) (3.25)
𝑡 𝑡 𝑡 𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑡 𝑡

Entonces, es posible aproximar la ecuación previa con un desarrollo de primer orden


alrededor de 𝑂𝐺 = 0:
𝑅𝑡 𝐺
𝐵𝐶𝐴𝑡 = 𝑌𝑡
(1 + 𝑂𝐺𝑡 )1−𝜂𝑅,𝑡 − 𝑌𝑡 (1 + 𝑂𝐺𝑡 )1−𝜂𝐺,𝑡 (3.26)
𝑡

𝑅𝑡 𝐺𝑡 𝑅𝑡 𝐺 𝐵𝑡
𝐵𝐶𝐴𝑡 = − + [(1 − 𝜂𝑅,𝑡 ) − (1 − 𝜂𝐺,𝑡 ) 𝑡 ] 𝑂𝐺𝑡 = − (𝜀𝑅,𝑡 − 𝜀𝐺,𝑡 )𝑂𝐺𝑡 (3.27)
𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌 𝑡 𝑌𝑡

𝐵𝑡
𝐵𝐶𝐴𝑡 = 𝑌𝑡
− 𝜀𝑡 ∙ 𝑂𝐺𝑡 (3.28)

Así, esta última ecuación puede verse como el resultado de un supuesto (elasticidades
constantes de los componentes de ingresos y gasto público), una aproximación de primer orden
(véase ecuaciones 3.24 y 3.27) y una simplificación (ponderaciones constantes del total de
ingresos y gastos en el PIB).

110
Esta fórmula es el resultado de un desarrollo de Taylor de primer orden alrededor de sus potenciales.

102
Anexo 3.2. De las elasticidades a las semielasticidades

Aquí, la semielasticidad presupuestaria mide la sensibilidad al ciclo económico de los ingresos


y el gasto público como porcentajes del PIB. En el caso de los ingresos, mide el cambio en
puntos porcentuales de la relación ingresos/PIB dado un aumento del 1% en el PIB.
𝑅
𝑑( 𝑡 )
𝑌𝑡
𝜀𝑅 = 𝑑𝑌𝑡 (3.29)
𝑌𝑡

Existe un vínculo directo entre elasticidades y semielasticidades de los ingresos y gastos


con relación al PIB.
𝑅 𝑑𝑅𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝑅𝑡 𝑑𝑅𝑡 𝑑𝑌𝑡
𝑑( 𝑡 ) 𝑌𝑡
− 2𝑅
𝑌𝑡
( − ) 𝑅𝑡 𝑌
𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑅𝑡 𝑌𝑡
𝜀𝑅 = 𝑑𝑌𝑡 = 𝑑𝑌𝑡 = 𝑑𝑌𝑡 = 𝑌𝑡
(𝜂𝑅 − 1) ⇒ 𝜂 = 𝜀𝑅 𝑅𝑡 + 1 (3.30)
𝑡
𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡

El término 1 entre ambos conceptos corresponde a la elasticidad del denominador (PIB)


𝑅𝑡
de la relación ingresos/PIB respecto a sí misma. Mientras que realiza correcciones en los
𝑌𝑡

cambios en la relación ingresos/PIB para la semielasticidad y los cambios en el ingreso como


fracción del ingreso total para la elasticidad. La misma definición y relación entre la elasticidad
y semielasticidad se aplica para el gasto público y sus componentes:

𝐺 𝐺 𝑑𝐺𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝐺𝑡 𝑑𝐺𝑡 𝑑𝑌𝑡


𝑑 ( 𝑡)
𝑌𝑡
𝑑 ( 𝑡)
𝑌𝑡 𝑌𝑡 − 𝑌𝑡2 𝐺 (
𝑌 𝐺𝑡

𝑌𝑡
) 𝐺
𝑡 𝑌𝑡
𝜀𝐺 = = = = 𝑡 = (𝜂𝐺 − 1) ⇒ 𝜂 = 𝜀𝐺 + 1
𝑑𝑌𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝐺𝑡
𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡

𝑑𝐺𝑡 ∑𝑛𝑖=1 𝑑𝐺𝑖,𝑡 𝑑𝐺𝑈,𝑡


𝐺𝑡 𝐺𝑡 𝐺𝑈,𝑡 𝐺𝑈,𝑡 𝐺𝑈,𝑡
𝜂𝐺 = = = = 𝜂𝐺,𝑈
𝑑𝑌𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝑑𝑌𝑡 𝐺𝑡 𝐺𝑡
𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡
𝑅𝑖,𝑡 𝐺𝑈,𝑡
𝜂𝑅 = ∑5𝑖=1 𝜂𝑅,𝑖 𝑅𝑡
y 𝜂𝐺 = 𝜂𝐺,𝑈 𝐺𝑡
(3.31)

Elasticidades agregadas

Las elasticidades agregadas son el promedio ponderado de las elasticidades de sus componentes.
Tomando como ejemplo las elasticidades de ingresos, se tiene lo siguiente:
𝑑𝑅𝑡 ∑𝑛
𝑖=1 𝑑𝑅𝑖,𝑡
𝑑𝑅𝑖,𝑡
𝑅𝑡 𝑅𝑡 𝑅 𝑅 𝑅𝑖,𝑡
𝜂𝑅 = 𝑑𝑌𝑡 = 𝑑𝑌𝑡 = ∑𝑛𝑖=1 𝑑𝑌𝑖,𝑡𝑡 𝑖,𝑡 = ∑𝑛𝑖=1 𝜂𝑅,𝑖 (3.32)
𝑅𝑡 𝑅𝑡
𝑌𝑡 𝑌𝑡 𝑌𝑡

Dado que cinco categorías de ingresos 𝜂𝑅,𝑖 (impuesto sobre la renta personal, impuesto
sobre la renta de sociedades, impuestos indirectos, contribuciones a la seguridad social e
impuestos indirectos) y una categoría de gasto 𝜂𝐺𝑈 ,𝑡 (gasto relacionado con el desempleo) son

103
sensibles al ciclo económico, las elasticidades agregadas de ingresos y gastos se pueden
𝑅𝑖,𝑡 𝐺𝑈,𝑡
reescribir como: 𝜂𝑅 = ∑5𝑖=1 𝜂𝑅,𝑖 y 𝜂𝐺 = 𝜂𝐺,𝑈 (3.33)
𝑅𝑡 𝐺𝑡

Anexo 3.3. La regla fiscal chilena

Chile es el país más avanzado de América Latina en cuanto al estudio y uso del balance ajustado
cíclicamente. En este país, el indicador del BCA se obtiene al restar del Balance efectivo o
devengado del Gobierno Central Total111 -en un periodo concreto- los ajustes cíclicos de cada
una de las categorías de ingresos que están sujetas a estos ajustes (DIPRES, 2021).
Formalmente, se puede describir a través de la siguiente ecuación:

𝐵𝐶𝐴𝑡 = 𝐵𝐷𝑡 − 𝐴𝐶𝑡 (3.34)

Claramente, 𝐵𝐷𝑡 es el resultado de restar a los ingresos los gastos efectivos del Gobierno
Central Total en un determinado período. Mientras que 𝐴𝐶𝑡 es el resultado de la suma de un
conjunto de ajustes cíclicos independientes realizados a las principales categorías de ingresos
efectivos: 𝐵𝐶𝐴𝑡 = 𝐵𝐷𝑡 − (𝐼𝑇𝑁𝑀𝑡𝑐 + 𝐼𝐶𝑆𝑡𝑐 + 𝐼𝐶𝑡𝑐 + 𝐼𝑇𝑀𝑡𝑐 ) (3.35)

Donde:

𝐵𝐶𝐴𝑡 = balance estructural en el periodo t


𝐵𝐷𝑡 = balance efectivo (devengado) en el periodo t
𝐼𝑇𝑁𝑀𝑡𝑐 = ingresos tributarios no mineros
𝐼𝐶𝑆𝑡𝑐 = cotizaciones previsionales de salud
𝐼𝐶𝑡𝑐 = ingresos del cobre bruto (Codelco)
𝐼𝑇𝑀𝑡𝑐 = ingresos de la GMP10112

Por lo tanto113:
𝑌 ∗ 𝜀𝑖 𝑌 ∗ 𝜀𝑖
𝐵𝐶𝐴𝑡 = 𝐵𝐷𝑡 − {∑ [𝐼𝑇𝑁𝑀𝑡,𝑖 − (𝐼𝑇𝑁𝑀𝑡,𝑖 − 𝑀𝑇𝑇𝑅𝐴𝑡,𝑖 ) ∙ ( 𝑡 ) ] + [𝐼𝐶𝑆𝑡 − 𝐼𝐶𝑆𝑡 ∙ ( 𝑡 ) ] + [𝑉𝐶𝑡 ∙ (𝑃𝑡𝑐 − 𝑃𝑡∗ ) ∙ 2.204,62 ∙ 𝑇𝐶𝑁𝑡 ] + (𝐼𝐸𝑡𝑐 + 𝐼𝑅𝑡𝑐 + 𝐼𝐴𝑐𝑡 )} (3.36)
𝑌𝑡 𝑌𝑡

El uso de este balance requiere la estimación de varios parámetros estructurales (no


observables), tales como: a) el precio del cobre a largo plazo y b) la tasa de crecimiento del PIB
tendencial. Ambos parámetros son estimados con insumos proporcionados anualmente por los

111
El Gobierno Central Total está compuesto por el Gobierno Central Presupuestario y Extrapresupuestario.
Dejando fuera a las empresas públicas no financieras y a los municipios.
112
Ingresos correspondientes al conjunto de 10 grandes empresas mineras privadas: Escondida, Collahuasi, Los
Pelambres, Anglo American Sur, El Abra, Candelaria, Anglo American Norte, Zaldívar, Cerro Colorado y
Quebrada Blanca.
113
Para una explicación más detallada véase DIPRES (2021).

104
dos comités de expertos independientes: el Comité de Expertos del PIB Tendencial y el Comité
del Precio de Referencia del Cobre. Para una revisión más detallada de esta metodología véase
DIPRES (2021).

Anexo 3.4. Ley No. 20.128 sobre responsabilidad fiscal de Chile

Ministerio de Hacienda
Ley No. 20.128
Ley sobre responsabilidad fiscal

Artículo 1°.- El Presidente de la República, dentro de los 90 días siguientes a la fecha en que asuma sus
funciones, mediante decreto supremo expedido por intermedio del Ministerio de Hacienda, establecerá las
bases de la política fiscal que se aplicará durante su administración, que deberá incluir un pronunciamiento
explícito acerca de las implicancias y efectos que tendrá su política sobre el Balance Estructural
correspondiente al período de su administración. Copia de este decreto, así como de las modificaciones
que se le introduzcan durante su vigencia, deberán ser remitidas a las Comisiones de Hacienda del Senado
y de la Cámara de Diputados, y a la Comisión Especial de Presupuestos a que se refiere el artículo 19 de
la ley N° 18.918, Orgánica Constitucional del Congreso Nacional.

3. Del Fondo de Reserva de Pensiones


Artículo 5°.- Créase un Fondo de Reserva de Pensiones, en adelante "el Fondo de Reserva", destinado a
complementar el financiamiento de obligaciones fiscales derivadas de la Pensión Garantizada Universal,
la pensión básica solidaria de invalidez y el aporte previsional solidario de invalidez.

4. Del Fondo de Estabilización Económica y Social


Artículo 10.- Facúltase al Presidente de la República para que, mediante uno o más decretos con fuerza
de ley expedidos por intermedio del Ministerio de Hacienda, refunda en un Fondo los recursos adicionales
de estabilización de los ingresos fiscales a que se refiere el decreto ley N° 3.653, de 1981, y los del Fondo
de Compensación para los Ingresos del Cobre constituido conforme al Convenio de Préstamo BIRF N°
2625 CH, y, asimismo, fije la normativa para su operación. Dicho nuevo Fondo se denominará "Fondo de
Estabilización Económica y Social".
En uso de esta facultad, el Presidente de la República establecerá normas de definición y
determinación de los recursos que ingresarán a este Fondo, que deberá incluir, en todo caso, el saldo que
resulte de restar al superávit efectivo, el aporte a que se refiere la letra a) del artículo 6° y el aporte
efectuado en uso de la facultad señalada en el artículo 11, siempre que este saldo sea positivo. Además,
dictará, respecto del nuevo Fondo a que se refiere el inciso primero, las normas de su administración,
inversión, destino de los recursos que acumule y las demás disposiciones necesarias para su
funcionamiento, supervisión y control.
Los recursos que a la fecha de entrada en vigencia del decreto con fuerza de ley que regule el nuevo
Fondo, se encontraren depositados en las cuentas correspondientes a los Fondos referidos en el inciso
primero del presente artículo, se traspasarán a dicho Fondo, al que se efectuarán, además, los íntegros que
procedan por aplicación del artículo 2° transitorio de la ley N° 19.030.

105
Capítulo 4: ¿Cómo se ha llevado a cabo la política fiscal en países seleccionados de ALC
durante las diferentes fases del ciclo económico en el periodo 2000-2021?

Introducción
El balance primario convencional puede no capturar de manera precisa los cambios en la política
fiscal, ya que refleja tanto variaciones discrecionales como fluctuaciones económicas que
inciden en los ingresos y el gasto público. Por ello, es fundamental diferenciar entre los
componentes cíclicos y estructurales del saldo presupuestario. El balance estructural, al aislar el
componente discrecional, elimina los efectos del ciclo económico y otros factores exógenos,
como los precios de los activos, la composición del producto y las fluctuaciones en los términos
de intercambio, factores particularmente relevantes en países exportadores de materias primas,
como los de América Latina. Este enfoque permite revelar la posición fiscal subyacente de los
gobiernos, es decir, cómo habría sido la situación fiscal si los precios de las commodities se
hubiesen mantenido en su nivel de referencia. De este modo, se puede evaluar si la política fiscal
ha sido procíclica, contracíclica o acíclica.
Este documento estima y evalúa la orientación de la política fiscal discrecional en
Argentina, Brasil, Chile y México entre 2000 y 2021. El balance estructural se utiliza como
indicador de las acciones fiscales discrecionales del gobierno central, mientras que la brecha del
producto actúa como indicador de la posición cíclica. Los balances se estiman empleando las
metodologías agregada (FMI) y desagregada (OCDE), ajustadas por el ciclo económico, los
precios de los activos y las fluctuaciones de los términos de intercambio. Sin embargo, el análisis
se centra en los ajustes cíclicos y en los términos de intercambio —cruciales para las economías
dependientes de materias primas— dado que el ajuste por precios de activos resultó
insignificante. Asimismo, se presta especial atención a las crisis financieras internacionales de
2008-2009 y la del COVID-19, debido a sus profundas repercusiones económicas.
Los resultados empíricos del periodo 2000-2021 muestran que: i) los balances
estructurales ajustados por factores exógenos indican que gran parte del desempeño fiscal de
estos países está estrechamente relacionado con los ciclos económicos y las fluctuaciones en los
precios de las materias primas; ii) México se distingue como una de las economías más
procíclicas de la región; iii) Chile es el único país entre los cuatro que ha logrado implementar
políticas fiscales contracíclicas de manera sostenida y efectiva, especialmente durante las crisis
de 2008-2009 y del COVID-19; y iv) los balances ajustados solo por el ciclo económico, según
la metodología agregada y desagregada, son similares, lo que indica que no hubo cambios
significativos en la composición de ingresos y gastos ni en las elasticidades durante el periodo
analizado.

106
4.1. Descripción de los datos

Dado que las materias primas constituyen una fuente relevante de ingresos para las cuatro
economías analizadas en este estudio, y considerando que algunos de estos ingresos podrían no
ser permanentes, los balances presupuestarios de estos países se ajustan tanto por el ciclo
económico como por las variaciones en los precios de las materias primas114. Según Alberola et
al. (2016), la volatilidad en los precios de estas materias puede comprometer la sostenibilidad
fiscal a mediano y largo plazo, y afectar la postura fiscal en el corto plazo, debido a la dificultad
de separar los componentes transitorios de los permanentes en dichos precios (véase Baunsgaard
et al., 2012).

La base de datos para la estimación de estos balances se construyó a partir de fuentes


oficiales, como la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de México (SHCP), los Bancos
Centrales y Ministerios de Finanzas de los países involucrados, la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (CEPAL), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco
Mundial y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).
Las principales variables macroeconómicas y fiscales seleccionadas para el periodo 2000-2021
incluyen (véase los anexos 4.1 y 4.2 para una explicación más detallada):

• PIB a precios corrientes y • Ingresos por intereses


constantes • Gasto público total
• Ingresos totales del gobierno central • Saldo de cuenta corriente
• Impuestos directos • Índices de precios al consumidor
• Impuestos indirectos (sobre bienes • Índices de precios de exportación
y servicios) • Índices de precios de importación
• Contribuciones sociales • Términos de intercambio

Todos los datos fiscales corresponden al nivel de gobierno central de cada país, salvo
que se indique lo contrario. Asimismo, es importante destacar que los datos macroeconómicos
y fiscales utilizados están expresados en relación con el PIB potencial de cada país, igualmente,
salvo que se especifique lo contrario. Aunque medir el PIB potencial presenta ciertos desafíos,
es conceptualmente más preciso que utilizar el PIB nominal. Por ejemplo, la proporción de gasto
público puede variar debido a fluctuaciones en el PIB nominal, incluso si el gasto nominal (𝐺)
permanece constante; este efecto no ocurre cuando se calcula en relación con el PIB potencial.

114
La estimación de estos se realiza a través de las desviaciones de los términos de intercambio respecto a su nivel
de referencia, es decir, la brecha de los términos de intercambio.

107
4.2. Metodología para estimar los balances estructurales y determinar el carácter cíclico
de la política fiscal discrecional115

El problema clásico de la endogeneidad plantea la interrogante sobre si la política fiscal


responde a las fluctuaciones del PIB o si, por el contrario, las fluctuaciones del PIB son
influenciadas por la política fiscal. Esta cuestión resalta la importancia de seleccionar enfoques
adecuados para analizar empíricamente la relación entre la política fiscal y el ciclo económico.
Gran parte de la literatura examina la ciclicidad del gasto público, dado que los ingresos fiscales
son endógenos respecto a las fases del ciclo económico, mientras que el gasto público tiende a
ser relativamente insensible a estas fluctuaciones, debido al escaso papel de los estabilizadores
automáticos (Riascos y Vegh, 2003; Suescun, 2007; Yackovlev et al., 2009; Roulleau-
Pasdeloup, 2021).
En el presente estudio se contrastó el gasto ajustado y no ajustado, observándose una
diferencia prácticamente nula, lo que sugiere que el gasto público no se ve significativamente
influenciado por las fluctuaciones económicas. No obstante, se optó por utilizar el gasto
ajustado, junto con los ingresos, para controlar las pequeñas variaciones. Así, para estimar el
balance primario estructural, se ajustan ambos componentes, diferenciando entre sus versiones
efectivas (sin ajustes) y estructurales (con ajustes).
Dado que los gobiernos no controlan directamente los pagos de intereses, ya que estos
están determinados por las políticas fiscales de años anteriores y no por las decisiones del año
en curso, es más prudente analizar la postura fiscal a través del saldo presupuestario primario
estructural, en lugar del global. Por lo tanto, en este estudio, el balance presupuestario se define
como la diferencia entre los ingresos y el gasto público (𝑇 − 𝐺), excluyendo los intereses de la
deuda pública.

La metodología de este trabajo se sustenta en tres aspectos fundamentales. Primero, se


aplica el filtro Hodrick-Prescott para identificar tendencias y brechas en las variables
macroeconómicas116. Segundo, se emplean tanto enfoques agregados como desagregados para
calcular la elasticidad de los ingresos y gastos públicos, con el fin de estimar los balances
estructurales. Tercero, se evalúa la postura de la política fiscal mediante el análisis del impulso
fiscal y la clasificación de Alesina y Perotti (1995). Es relevante señalar que este estudio utiliza

115
Aquí, se refiere a las variaciones en la política fiscal que no pueden explicarse únicamente por el impacto de los
ciclos económicos o los precios de las materias primas. Estas variaciones responden a decisiones deliberadas por
parte del gobierno, como ajustes en impuestos o gasto público, que buscan influir en las condiciones económicas
de manera estructural o de largo plazo.
116
Los anexos 4.3 a 4.6 presentan detalladamente todas las brechas utilizadas en este estudio.

108
datos 'ex-post', en contraste con las medidas 'en tiempo real', que capturan la información
disponible al momento de la toma de decisiones.

4.2.1. Determinación de tendencias y brechas con el filtro Hodrick-Prescott


Existen diversos métodos para descomponer una serie temporal en una tendencia y un
componente cíclico, cada uno con sus respectivas ventajas y desventajas, dependiendo de las
propiedades estadísticas y económicas del método y del objetivo del análisis. En este
documento, se utiliza el filtro Hodrick-Prescott (HP) para estimar el PIB potencial y eliminar
las tendencias de las bases macroeconómicas de las categorías de ingresos y gastos. Este filtro
se seleccionó por su simplicidad y transparencia, criterios fundamentales para su elección en
estudios empíricos. Aunque el filtro de Hodrick-Prescott ha sido criticado en la literatura
estadística, sigue siendo uno de los más utilizados en análisis de políticas y estudios empíricos
para identificar componentes de tendencia en diversas series macroeconómicas. Su ventaja
principal es que permite determinar los componentes cíclicos que se equilibran estrictamente
durante el período de estimación y tienden a estabilizarse en el mediano plazo con un parámetro
de suavizado apropiado.

El filtro HP calcula la tendencia de la serie minimizando:

𝑚𝑖𝑛 ∑𝑇𝑡=1 𝑐𝑡2 + 𝜆 ∑𝑇𝑡=1[(𝑔𝑡+1 − 𝑔𝑡 ) − (𝑔𝑡 − 𝑔𝑡−1 )]2 (4.1)


[𝑔𝑡 ]𝑇𝑡−1
Sujeto a 𝑦𝑡 = 𝑔𝑡 + 𝑐𝑡

Donde 𝑐𝑡 = 𝑦𝑡 − 𝑔𝑡 , es el componente del ciclo económico, y 𝜆 captura la varianza entre


el componente cíclico y el de tendencia (es decir, este parámetro determina la penalización por
ajustar la tendencia). Para los datos anuales empleados en este trabajo, y siguiendo a Baxter y
King (1999) se utiliza un valor de 100 para 𝜆.

4.2.2. Metodología aplicada para la estimación de los balances estructurales

La metodología para calcular el Balance Cíclicamente Ajustado (BCA) se basa en dos enfoques
principales: el enfoque agregado, utilizado por el FMI, y el enfoque desagregado, empleado por
la OCDE. La diferencia fundamental entre ambos radica en el cálculo de la elasticidad de los
ingresos y del gasto público. En el enfoque agregado, la elasticidad total de los ingresos y gastos
se calcula directamente en función de la brecha del PIB. Por otro lado, el enfoque desagregado
primero estima la elasticidad de los componentes individuales de ingresos y gastos respecto a
su base macroeconómica específica, para luego calcular la elasticidad de dicha base respecto a
la brecha de producción agregada. La elasticidad final de cada categoría se obtiene
multiplicando ambas elasticidades.

109
El balance estructural, que incluye ajustes por variaciones en los precios de los activos
y los términos de intercambio117, es una extensión del balance ajustado cíclicamente118. Al igual
que en el cálculo de los saldos ajustados por el ciclo económico, ambos enfoques, agregado y
desagregado, pueden aplicarse para ajustar los saldos estructurales. La metodología utilizada
para ajustar por precios de los activos y las materias primas es idéntica en ambos enfoques. No
obstante, este análisis se enfoca en el ajuste del balance presupuestario por los precios de las
materias primas, incorporando un término adicional que refleja la desviación de los precios de
𝐶∗
estas respecto a su nivel de referencia ( 𝐶 ), tal como se detalla a continuación.

Enfoque agregado o metodología del FMI119


En el enfoque agregado, la siguiente ecuación refleja los ingresos ajustados por el ciclo
𝑌 ∗ 𝜀𝑅,𝑌 𝐶 ∗ 𝜀𝑅,𝐶
económico y los precios de materias primas120: 𝑅 𝐶𝐴,𝐶 = 𝑅 ( 𝑌 ) (𝐶 ) (4.2.)

Donde 𝑅 𝐶𝐴,𝐶 representa los ingresos ajustados por las brechas del PIB y de los precios de
las materias primas. Si la elasticidad de los ingresos respecto a los precios de las materias primas
es cero 𝜀𝑅,𝐶 = 0, la ecuación se reduce a la utilizada para el ajuste cíclico de los saldos
presupuestarios. Si la elasticidad es mayor a cero, la brecha de precios de las materias primas
afectará a los ingresos estructurales. Una ventaja clave de esta extensión metodológica es que
la elasticidad puede ser probada empíricamente. Este enfoque también captura los efectos
directos e indirectos: parte del efecto riqueza (particularmente su impacto sobre el PIB) es
𝑌∗ 𝐶∗
capturada por el término de ajuste cíclico ( 𝑌 ), mientras que el resto es capturado por ( 𝐶 ).

Suponiendo que la elasticidad de ingresos (𝜀𝑅,𝑌 ) es igual a uno (es decir, los ingresos
están perfectamente correlacionados con el ciclo económico) y la elasticidad de gastos (𝜀𝐺,𝑌 ) es

117
La razón para incorporar los precios de los activos en el cálculo de los equilibrios presupuestarios estructurales
radica en que las fluctuaciones de estos precios suelen considerarse estructurales (reflejando cambios en las
ganancias, productividad o primas de riesgo). Sin embargo, estos movimientos pueden tener un componente
transitorio, característico de las burbujas económicas. Esto adquirió relevancia tras la crisis financiera de 2008-09,
ya que previamente la burbuja inmobiliaria y de acciones enmascaró el desempeño fiscal subyacente de algunas
economías (véase Kanda, 2010). Las fluctuaciones de los precios de los activos afectan los ingresos del gobierno a
través de dos vías: i) indirectamente, mediante el efecto riqueza que influye en el comportamiento económico,
alterando la magnitud de las bases imponibles; y ii) directamente, si los precios de los activos son en sí mismos una
base imponible, como los impuestos sobre las ganancias de capital.
118
Este documento utiliza los términos saldos estructurales y ajustados cíclicamente como dos conceptos distintos.
119
Para ajustar los balances, en este estudio se utilizan las elasticidades de ingresos y gastos comúnmente asumidas
de 1 y 0. Esto implica que los ingresos del gobierno están perfectamente correlacionados con el ciclo económico,
mientras que el gasto público se considera completamente discrecional e independiente de las fluctuaciones del
ciclo económico.
120
La estimación conjunta de estas dos elasticidades es importante para evitar la doble contabilización, dado que
la brecha de producción y los ciclos de materias primas pueden estar correlacionados.

110
igual a cero (los gastos no se ven afectados por el ciclo)121, el saldo primario estructural (ajustado
𝑌∗ 𝐶 ∗ 𝜀𝑅,𝐶
por ciclo y precios de las materias primas) es: 𝑆𝑃𝐵 = 𝑅 ( 𝑌 ) ( 𝐶 ) −𝐺

Esta ecuación indica que los ingresos del gobierno central se ajustan proporcionalmente
a: i) la relación entre el producto potencial y el observado; y, ii) la brecha de los precios de las
materias primas respecto a su nivel de referencia, determinada por la elasticidad de los ingresos
frente a esta brecha. Así, el saldo primario cíclico, que representa la parte del presupuesto que
reacciona automáticamente al ciclo económico y al precio de las materias primas, se expresa:
𝑌∗ 𝐶 ∗ 𝜀𝑅,𝐶 𝑌∗ 𝐶 ∗ 𝜀𝑅,𝐶
𝐶𝑃𝐵 = 𝑅 − 𝐺 − [𝑅 ( ) ( ) − 𝐺 ] = 𝑅 − [1 − ( ) ( ) ] (4.3)
𝑌 𝐶 𝑌 𝐶

Enfoque desagregado o metodología de la OCDE

Al igual que en el enfoque agregado, el enfoque desagregado utilizado para el ajuste cíclico
puede ampliarse para incluir un término que represente la brecha de los precios de las materias
primas. Un ejemplo claro es el impacto de los impuestos sobre la renta de las empresas, ya que
precios más altos de las materias primas pueden incrementar la rentabilidad empresarial y, por
ende, la recaudación del impuesto corporativo. En este enfoque, los ingresos gubernamentales
provenientes del impuesto sobre la renta corporativo ajustados tanto por la brecha del producto
𝐶𝐴,𝐶
como por la brecha de los precios de las materias primas (𝑅𝐶𝐼𝑇 ) son función de: i) la
recaudación actual del impuesto sobre la renta corporativo; ii) las elasticidades de la base
imponible (ganancias corporativas) respecto al producto (𝜀𝐵𝐶𝐼𝑇 ,𝑌 ) y a los precios de las materias
primas (𝜀𝐵𝐶𝐼𝑇 ,𝐶 ); y, iii) la elasticidad de la recaudación respecto a la base (𝜀𝑅,𝐵𝐶𝐼𝑇 )122.

La ecuación que representa esta relación es la siguiente:


𝜀
𝐶𝐴,𝐶 𝑌 ∗ 𝜀𝐵𝐶𝐼𝑇 ,𝑌 𝐶 ∗ 𝜀𝐵𝐶𝐼𝑇 ,𝐶 𝑅,𝐵𝐶𝐼𝑇
𝑅𝐶𝐼𝑇 = 𝑅𝐶𝐼𝑇 (( ) ( ) ) (4.4)123
𝑌 𝐶

Para captar los efectos indirectos, es fundamental que el ajuste por la brecha de precios
de materias primas se aplique también a otras categorías impositivas, como los impuestos

121
Aunque el enfoque agregado no distingue entre diversos componentes de ingresos y gastos, Girouard (2005)
encontró que el promedio ponderado de las elasticidades de los componentes individuales respalda el supuesto de
elasticidad 1-0.
122
En términos generales, el ajuste cíclico y estructural de los ingresos del gobierno puede representarse de manera
𝜀𝑅𝑖 𝑋𝑗 𝜀𝑅𝑖 𝐵𝑖
𝑁 𝑁𝑗 𝑥∗
unificada mediante la siguiente ecuación: 𝑅𝐶𝐴 = ∑𝑖=1
𝑖
𝑅𝑖 (∏𝑗=1 ( 𝑗 ) )
𝑥𝑗
Donde 𝑖 es una categoría desagregada de ingresos, 𝑁𝑖 es el número de categorías desagregadas de ingresos, 𝑋𝑗 es
un ciclo o factor por el que se ajustará, y 𝑁𝑗 es el número de ciclos por los que se ajustará.
123
Si el efecto de los precios de las materias primas en los ingresos del gobierno resulta ser insignificante, entonces
𝜀
𝑌 ∗ 𝜀𝐵𝑖 ,𝑌 𝑅𝑖 ,𝐵𝑖
la ecuación anterior puede simplificarse de la siguiente manera: 𝑅𝑖𝐶𝐴 = 𝑅𝑖 (( ) )
𝑌
Es decir, el ajuste de los ingresos solo será por concepto del ciclo económico.

111
indirectos, debido al probable impacto del efecto riqueza en el consumo privado. El balance
estructural global puede expresarse así: 𝑂𝑆𝐵 = [(∑𝑁 𝐶𝐴 𝐶𝐴
𝑖=1 𝑅𝑖 ) − 𝐺𝑐𝑢𝑟 + 𝑅
𝑁𝐶𝐴
− 𝐺 𝑁𝐶𝐴 ]

Aquí, 𝑅𝑖𝐶𝐴 denota el componente ajustado por el ciclo de cada categoría de ingresos;
𝐶𝐴
𝐺𝑐𝑢𝑟 , los gastos primarios ajustados por el ciclo; y 𝑅 𝑁𝐶𝐴 y 𝐺 𝑁𝐶𝐴 representan ingresos y gastos
que no requieren ajustes cíclicos. A diferencia del enfoque agregado, esta metodología calcula
las elasticidades de cada categoría de ingresos de forma separada. La elasticidad de los ingresos
totales se obtiene como un promedio ponderado de las elasticidades individuales, donde los
ponderadores son las participaciones de cada categoría en el total de los ingresos. Para estimar
los balances estructurales de Argentina, Brasil, Chile y México en el período 2000-2021, se
utilizan las elasticidades calculadas por el FMI (véanse anexos 4.3 y 4.4).
4.2.3. Impulso fiscal y carácter cíclico de la política fiscal

Impulso fiscal

El impulso fiscal (𝐼𝐹) mide el cambio en la postura de la política fiscal (expansiva, neutra o
contractiva) de un año a otro, haciendo referencia a la adición o retiro de recursos a la demanda
agregada a través de las políticas fiscales. Se calcula como la variación del saldo primario
estructural (como porcentaje del PIB potencial) entre dos años consecutivos. Una variación
negativa124 indica una política fiscal expansiva, mientras que una variación positiva125 refleja
una política fiscal contractiva. Cabe destacar que el impulso fiscal no mide el impacto
económico de la política fiscal, sino que muestra el cambio en la magnitud y orientación de la
política fiscal entre dos periodos126. El impulso fiscal se define como: 𝐼𝐹 = 𝐵𝐸𝑡 − 𝐵𝐸𝑡−1

Es decir, el impulso fiscal es la diferencia entre el 𝐵𝐸 del año t y el 𝐵𝐸 del año 𝑡 − 1.


Siguiendo a Alesina y Perotti (1995), se puede clasificar la postura fiscal según el valor del
impulso fiscal de la siguiente manera:

Tabla 4.1. Magnitud del impulso fiscal

En cualquier año dado, la postura fiscal es:


Expansión muy relajada o fuerte si 𝐼𝐹 ≤ −1.5
Expansión relajada o pequeña si 𝐼𝐹 ∈ (−0.5 , −1.5)
Neutral si 𝐼𝐹 ∈ (−0.5 , 0.5)
Contractiva o un pequeño ajuste si 𝐼𝐹 ∈ (1.5 ,0.5)
Muy contractiva o un ajuste fuerte si 𝐼𝐹 ≥ 1.5

124
Una reducción (aumento) del superávit (déficit) estructural.
125
Un aumento (reducción) del superávit (déficit) estructural.
126
Es decir, nos permite entender cuánto y en qué dirección ha cambiado la orientación de la política fiscal.

112
Carácter cíclico de la política fiscal
El carácter cíclico de la política fiscal en un año específico se evalúa comparando la variación
anual del saldo primario estructural (impulso fiscal) con un indicador del ciclo económico, como
la brecha del producto127. Este análisis permite determinar si la política fiscal es procíclica,
contracíclica o acíclica en un momento determinado.
La política fiscal se considera procíclica cuando el impulso fiscal se alinea con el ciclo
económico. Es decir, en periodos de expansión (brecha del producto positiva), el impulso fiscal
es expansivo (disminución del saldo primario estructural), y en periodos de recesión (brecha del
producto negativa), el impulso fiscal es contractivo (aumento del saldo primario estructural).
Por el contrario, la política fiscal es contracíclica cuando el impulso fiscal se mueve en la
dirección opuesta al ciclo económico. Durante fases expansivas, el impulso fiscal es contractivo,
y durante recesiones, es expansivo. Finalmente, la política fiscal es acíclica cuando no responde
de manera sistemática a las fluctuaciones del ciclo económico, manteniéndose sin cambios
significativos en relación con la brecha del producto.

La tabla 4.2 ilustra el carácter cíclico de la política fiscal:

Tabla 4.2. Carácter cíclico de la política fiscal


Brecha del producto
Impulso fiscal (cambio en la Positiva (PIB real por encima Negativa (PIB real por debajo
postura fiscal) del PIB potencial) del PIB potencial)
Contractiva Política fiscal contracíclica Política fiscal procíclica
Expansiva Política fiscal procíclica Política fiscal contracíclica

Este análisis señala si la política fiscal es "correcta" (contracíclica) 128 o "incorrecta"


(procíclica), pero no detalla la magnitud del impulso fiscal respecto a la brecha del producto.
Para un análisis más detallado, se combina este enfoque con la clasificación de Alesina y Perotti
(1995), lo que permite identificar no solo la dirección de la política fiscal, sino también su
intensidad. Las siguientes categorías se definen a partir de este enfoque:
i) Muy contracíclica: Se cumple alguna de estas dos condiciones:

127
La brecha del producto se calculó como la desviación del PIB real de su nivel potencial en porcentaje del PIB
potencial. Para separar el componente cíclico de la tendencia de las tasas de crecimiento del PIB, se aplicó el filtro
Hodrick-Prescott (1997). Dado que se utilizó datos anuales, el valor de 𝜆 se fijó en 6.25.
128
En otras palabras, se espera que la política fiscal discrecional tenga la intención de contribuir positivamente a la
demanda agregada; sin embargo, el impacto real dependerá de otros factores, y los resultados podrían diferir de los
efectos inicialmente previstos.

113
1. El impulso fiscal es una "expansión muy relajada o fuerte" (menor o igual a -1.5% del
PIB) durante una recesión.

2. El impulso fiscal es "muy contractivo o un ajuste fuerte" (mayor o igual a 1.5% del PIB)
durante una expansión.

ii) Contracíclica: Se cumple alguna de estas dos condiciones:


1. El impulso fiscal es una "expansión relajada o pequeña" (entre -0.5% y -1.5% del PIB)
durante una recesión. Es decir, el gobierno está implementado acciones contracíclicas,
pero con una intensidad moderada.

2. El impulso fiscal es "contractivo o un pequeño ajuste" (entre 0.5% y 1.5% del PIB)
durante una expansión.

iii) Procíclica: Se cumple alguna de estas dos condiciones:


1. El impulso fiscal es una "expansión relajada o pequeña" (entre -0.5% y -1.5% del PIB)
durante una expansión.
2. El impulso fiscal es "contractivo o un pequeño ajuste" (entre 0.5% y 1.5% del PIB)
durante una recesión.
iv) Muy procíclica: Se cumple alguna de estas dos condiciones:

1. El impulso fiscal es una "expansión muy relajada o fuerte" (menor o igual a -1.5% del
PIB) durante una expansión.

2. El impulso fiscal es "muy contractivo o un ajuste fuerte" (mayor o igual a 1.5% del PIB)
durante una recesión.

Para asegurar que los años con cambios muy pequeños en el balance presupuestario no
distorsionen el análisis, se establece la siguiente categoría.

v) Acíclica o neutral: Se cumple alguna de estas tres condiciones:


1. El impulso fiscal está entre -0.5% y 0.5% del PIB, independientemente del ciclo
económico.
2. No hay una relación clara entre el signo del impulso fiscal y la brecha del producto, por
ejemplo, un impulso fiscal ligeramente expansivo durante una leve recesión.
3. La magnitud del impulso fiscal es muy pequeña para tener un impacto significativo en
el ciclo económico. En este caso, aunque el signo del impulso fiscal coincida con la
orientación contracíclica, su magnitud es tan pequeña que no se espera que tenga un
efecto considerable en la economía.

114
4.3. Argentina: estimación del balance estructural como indicador de la posición fiscal
Esta sección se enfoca en la evaluación de la política fiscal de Argentina durante el período
2000-2021, analizando tres aspectos fundamentales para comprender la dinámica fiscal del país
en ese tiempo. La sección 4.3.1 examina la evolución de los ingresos efectivos, los ingresos
estructurales y el gasto público. La sección 4.3.2 presenta las estimaciones del balance
estructural129, empleando las metodologías del FMI y la OCDE, ajustadas por el ciclo
económico, los términos de intercambio y los precios de los activos. Este enfoque proporciona
una evaluación más precisa de la posición fiscal subyacente del gobierno argentino,
especialmente en un contexto de crisis económicas recurrentes, al eliminar los efectos
transitorios de las fluctuaciones en los mercados internacionales. Finalmente, la sección 4.3.3
analiza el carácter cíclico de la política fiscal en el país, destacando cómo su postura osciló entre
acíclica y procíclica, y cómo en ciertos años se adoptaron políticas contracíclicas. Este análisis
permite identificar los desafíos estructurales que han limitado la efectividad de las medidas
fiscales en la estabilización económica y reducción de la volatilidad. En conjunto, esta sección
ofrece una visión comprensiva de los componentes cíclicos y estructurales de la política fiscal
argentina, proporcionando un entendimiento profundo de cómo las decisiones políticas han
interactuado con factores exógenos y endógenos en la configuración de la trayectoria económica
del país.

4.3.1. Evolución de los ingresos efectivos, ingresos estructurales130 y el gasto público


En el panel a) del gráfico 4.1 se observa la evolución de los ingresos efectivos —sin ajustes—,
los ingresos estructurales (ajustados por el ciclo económico y los precios de las materias primas),
y el gasto público entre 2000 y 2021, con datos correspondientes al nivel del gobierno central.
El panel b) muestra las barras grises, que indican los ingresos efectivos como porcentaje del PIB
potencial, mientras que las barras negras reflejan los ajustes realizados por factores cíclicos y
precios de materias primas, presentando valores tanto positivos como negativos a lo largo del
tiempo. Finalmente, la línea roja punteada representa los ingresos estructurales.

Las finanzas públicas de Argentina experimentaron transformaciones significativas


durante este periodo. En estas dos décadas, Argentina registró el mayor incremento en los
ingresos como proporción del PIB entre los países analizados —Brasil, Chile y México—. No

129
El balance estructural debe interpretarse como la posición fiscal subyacente del gobierno de Argentina que
habría prevalecido si los precios de las materias primas se hubieran mantenido en su nivel de referencia.
130
Como se mencionó en la sección metodológica 4.2 de este capítulo, el ajuste más relevante es el realizado a los
ingresos efectivos del gobierno central debido a su endogeneidad respecto a las fases del ciclo económico. Por su
parte, el gasto público en América Latina muestra una relativa insensibilidad a estas fluctuaciones como resultado
del limitado papel que desempeñan los estabilizadores automáticos.

115
obstante, a pesar de este crecimiento, los ingresos efectivos131 no fueron suficientes para
compensar el marcado aumento del gasto público, especialmente a partir de 2011 132. En 2002,
el gasto público representaba alrededor del 14% del PIB, cifra que aumentó considerablemente
hasta alcanzar el 26% en 2016, antes de descender al 21% en 2019 (véase anexo 4.9).

Gráfico 4.1. Argentina: Evolución del gasto público, ingresos efectivos e ingresos
estructurales del Gobierno Central, 2000-2021

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

Dada la considerable expansión del gasto público, es necesario analizar sus principales
componentes. Según las estadísticas de la CEPAL (2024), este crecimiento se debió
principalmente al incremento de los gastos corrientes, que representan aproximadamente el 90%
del gasto total. Entre 2002 y 2016, los gastos corrientes aumentaron del 12.6% al 23.8% del PIB
(CEPAL, 2024). Dentro de estos gastos, el aumento en subsidios y transferencias corrientes,
especialmente en pensiones, fue un factor clave (aumento de 8.4 puntos porcentuales del PIB),
impulsado por la incorporación de pensionistas no contributivos, alcanzando una cobertura casi
universal (93% en 2010, véase Cetrángolo y Grushka, 2020).
En contraste, el gasto de capital creció solo levemente durante el mismo período,
pasando del 0.6% al 2.1% del PIB, lo que subraya las dificultades de Argentina para equilibrar
sus cuentas fiscales. Aunque se lograron aumentar los ingresos, la gestión del gasto —

131
Los ingresos estructurales siguen muy de cerca el mismo patrón de crecimiento.
132
Además, hay que tener en consideración que Argentina depende en gran medida de los impuestos indirectos.
Entre 2000 y 2020, estos representaron el 41.5% del total de ingresos tributarios (incluyendo contribuciones
sociales). Estudios como el de Snowdon (2013) y Abdur et al. (2024) encuentran que los impuestos indirectos son
una fuente importante de gastos para aquellos que viven en la pobreza y que, por ende, el aumento en los mismos
incrementa notablemente las tasas de pobreza y desigualdad, particularmente en países altamente dependientes de
la tributación indirecta.

116
particularmente el corriente— fue un factor determinante que complicó la estabilidad fiscal,
debido a la rigidez inherente a estas partidas.

4.3.2. Estimación del balance estructural

Para ajustar los balances primarios de las cuatro principales economías de América Latina
(Argentina, Brasil, Chile y México) durante el periodo 2000-2021, se utilizan las metodologías
agregada y desagregada (véase Bornhorst et al., 2011). El panel a) del gráfico 4.2 presenta el
balance primario de Argentina y los distintos balances estructurales estimados con ambas
metodologías, ajustados por el ciclo de actividad económica y los términos de intercambio. En
el panel b), se muestran el balance global, primario y estructural, calculados con la metodología
desagregada y ajustados únicamente por las fluctuaciones cíclicas y los términos de intercambio,
los principales factores exógenos que explican las variaciones en los saldos presupuestarios.
Es fundamental recordar que el balance estructural estima el equilibrio presupuestario
del gobierno central que se habría obtenido en un año determinado si la actividad económica
(medida a través del PIB) hubiera estado en su nivel de tendencia. Aunque el ciclo económico
es una de las principales fuentes de las fluctuaciones macroeconómicas, estas también pueden
originarse por otros choques, como las variaciones en los precios de los activos o las materias
primas. Por ello, este estudio ajusta los balances presupuestarios de las principales economías
de América Latina por todos estos factores. No obstante, se prioriza el análisis del balance
primario ajustado por el ciclo económico y los términos de intercambio133, debido a su
relevancia en la variación cíclica de los saldos presupuestarios de estos países. Como se verá
más adelante, el ajuste por el efecto de los precios de los activos es relativamente pequeño para
todos los países.

El gráfico 4.2 y el anexo 4.10 muestran que los balances ajustados únicamente por el
ciclo económico, calculados mediante las metodologías agregada y desagregada, son similares.
Esto sugiere que, durante el periodo analizado, no hubo cambios significativos en la
composición de los ingresos y gastos ni en las elasticidades. Las condiciones que permiten que

133
Para hacer referencia a este balance se utilizará el término “balance estructural”; es decir, la diferencia entre el
resultado fiscal primario total y el resultado fiscal ajustado por el efecto del ciclo económico y de los precios de las
materias primas. Así, un cambio en el balance primario estructural indica cuántos recursos, independientemente
del efecto de los ciclos económicos y de los precios de las materias primas, se agregan o retiran de la economía
mediante el gobierno central. Por lo tanto, este cambio en el equilibrio primario estructural se relaciona con la
política fiscal discrecional implementada por el gobierno y permite, en conjunto con el análisis de las diferentes
fases del ciclo económico, evaluar el carácter procíclico de la política fiscal. Es decir, permite responder a la
pregunta de si la política fiscal fue contracíclica, acíclica o procíclica.

117
la metodología agregada refleje la realidad observada en la desagregada son: i) una composición
constante de los ingresos y gastos134 y ii) elasticidades estables135.

Gráfico 4.2. Argentina: Balance global, balance primario y balance estructural del
Gobierno Central Total, 2000-2021

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

El gráfico también revela que, durante los periodos 2011-2016 y 2017-2021, los balances
ajustados solo por el ciclo económico (BCA) bajo ambas metodologías se desvían más del
balance primario en comparación con el balance estructural, que incluye las fluctuaciones de los
términos de intercambio136. Este comportamiento se debe a que los BCA no capturan los efectos
de las variaciones en los precios de las materias primas, un factor clave en economías
dependientes de ellas como las de América Latina. Durante el periodo 2011-2016, los BCA
muestran resultados más negativos que el balance estructural, debido a que los términos de
intercambio de Argentina mostraron una tendencia positiva en esos años, generando un efecto
favorable en dichos balances. Esto evidencia la relevancia de incorporar las fluctuaciones de las
materias primas para obtener una evaluación más precisa de la situación fiscal.
A pesar de que la crisis de 2001-2002 representó un desafío significativo para las
disposiciones fiscales, a partir de 2002 el superávit primario comenzó a incrementarse,
alcanzando un máximo del 3.05% del PIB en 2004 y manteniéndose en valores positivos hasta

134
La composición constante implica que la estructura en el presupuesto de lo que el gobierno recauda y en qué
gasta no ha variado de manera significativa a lo largo del tiempo.
135
Las elasticidades constantes indican que la respuesta de las diferentes categorías de ingresos y gastos ante
cambios en variables macroeconómicas —como el PIB— se ha mantenido estable y predecible a lo largo del
tiempo. Por ejemplo, si la elasticidad del impuesto al valor agregado (IVA) respecto al PIB es 1.2, esto significa
que un aumento del 1% en el PIB se traduciría en un incremento del 1.2% en los ingresos por IVA.
136
Véase también anexo 4.8.

118
2010, lo que contribuyó a la mejora de las cuentas fiscales137. No obstante, surge la pregunta:
¿fue este un superávit estructural o se debió principalmente a los efectos cíclicos y al auge de
los precios de las materias primas en los mercados mundiales? Las estimaciones indican que,
aunque estos factores exógenos tuvieron un efecto positivo en las cuentas fiscales, los superávits
primarios de ese periodo fueron principalmente estructurales, reflejando modificaciones
discrecionales en la política fiscal. Durante el periodo 2002-2010, el superávit primario del
gobierno central promedió el 2.1% del PIB. De este total, el 30% (0.6 puntos del PIB) se explicó
por los ciclos económicos y las fluctuaciones de los precios de las materias primas, dejando un
balance estructural de 1.5 puntos del PIB.
El gráfico 4.1 y el anexo 4.9 muestran que este patrón reflejó aumentos significativos
tanto en ingresos como en gastos. Como porcentaje del PIB, el gasto público aumentó en 7.7
puntos (del 13.9% al 21.6%), mientras que los ingresos crecieron en 8.1 puntos (del 13.3% al
21.5%). Además, este período también estuvo marcado por una reducción significativa de la
deuda bruta en relación con el PIB, alcanzando un mínimo del 38.9% en 2011 (véase CEPAL,
2024). A partir de 2010, los superávits —tanto del presupuesto convencional como del
estructural— comenzaron a desaparecer, convirtiéndose en un déficit fiscal del 1% y 2.4% del
PIB, respectivamente, en 2011. La caída más pronunciada en el balance estructural, de 2.6% del
PIB, ocurrió en 2013. Si solo se considera el balance primario, se observa un déficit del 1.4%,
lo que a primera vista podría parecer menos grave. Sin embargo, este resultado está influido
positivamente por los ciclos económicos y las fluctuaciones en los precios de las materias
primas, que redujeron el déficit aparente. Al eliminar el efecto de estos factores, el déficit
asociado a la política fiscal discrecional, reflejando los factores estructurales o de largo plazo,
resulta ser aún mayor.
En 2017, como se verá en la próxima sección, Argentina inició un proceso de
consolidación fiscal (véase al respecto OCDE, 2017). Como resultado, entre 2017 y 2019, el
resultado primario pasó de un déficit del 3% a un superávit del 0.3% del PIB, debido
principalmente a la reducción del gasto primario (gasto total excluido el pago de intereses) del
19.2% al 16.5% del PIB. Este ajuste se produjo en un contexto de aceleración de la inflación y
de la implementación del programa de financiamiento acordado con el FMI (CEPAL, 2019,
p.1). No obstante, desde 2011, el balance estructural ha mostrado un déficit constante,
promediando un 1.9% del PIB.

En esta sección, se ha analizado en detalle la evolución del balance primario y sus


diferentes ajustes. En la siguiente sección, se examinará la orientación de las políticas fiscales

137
Esta mejora permitió que el déficit global, que había comenzado a reducirse desde 1999, se mantuviera en
niveles positivos entre 2003 y 2008, como se muestra en el panel b) del gráfico 4.2 y en el anexo 4.8.

119
implementadas, utilizando la brecha del producto como indicador cíclico para determinar si
dichas políticas han sido contracíclicas o procíclicas.

4.3.3. Carácter cíclico de la política fiscal de Argentina durante 2000-2021

El panel a) y b) del gráfico 4.3 proporcionan una visión detallada sobre el comportamiento de
la política fiscal en Argentina durante los últimos 22 años. En el panel a) se observa el impulso
fiscal138 —calculado como la variación del balance estructural de un año a otro— y el cambio
del balance primario convencional. El impulso fiscal es un indicador clave de la política fiscal
discrecional, pero para evaluar su calidad y carácter cíclico es necesario analizarlo en conjunto
con el estado de la economía. El panel b) muestra la relación entre la brecha del producto, como
indicador del estado económico, y el cambio en el saldo presupuestario estructural.

El panel b) puede interpretarse de la siguiente manera: el cuadrante superior derecho


(aumento en el saldo estructural en un contexto de crecimiento económico) y el cuadrante
inferior izquierdo (disminución del saldo estructural en periodos de recesión) sugieren una
política fiscal contracíclica o muy contracíclica, estabilizadora de la economía. Por otro lado,
los cuadrantes opuestos reflejan posiciones procíclicas o muy procíclicas. Los puntos cercanos
al eje horizontal representan episodios de neutralidad, en los que la política fiscal ha sido
acíclica, sin ajustes significativos en respuesta al ciclo económico. El anexo 4.15 complementa
esta información al ofrecer un análisis detallado de la ciclicidad de la política fiscal durante el
periodo 2000-2021.
El análisis de la política fiscal no puede desvincularse del marco legal que la precedió y
la condicionó. Un ejemplo relevante es la Ley de Responsabilidad Fiscal Federal en Argentina,
la Ley N° 25.152, introducida en 1999, poco antes de que la economía entrara en una profunda
recesión. Dicha regla no tenía por objetivo estabilizar el ciclo y tampoco contaba con cláusulas
de escape, y su aspecto más conocido fue el establecimiento de reglas numéricas. En este
sentido, la ley fijó un límite del 1.9% del PIB al déficit fiscal, un concepto similar al déficit
financiero/global, pero con la exclusión específica de las operaciones del Fondo Anticíclico
Fiscal (creado en el Artículo 9° de la misma ley). Adicionalmente, se estableció una meta de
reducción gradual del déficit base, un concepto que excluía los ingresos excepcionales por venta
de activos (privatizaciones, concesiones, etc.). El Fondo Anticíclico Fiscal, creado por la misma
ley, se constituiría con recursos provenientes de ingresos extraordinarios139, superávits
financieros y rentas generadas por el propio fondo (Honorable Congreso de la Nación Argentina,

138
No debe confundirse con el multiplicador de la política fiscal, que intenta medir el impacto de los cambios en
la política fiscal sobre la actividad económica.
139
Privatizaciones, concesiones, ventas de activos fijos y de acciones remanentes de las empresas públicas
privatizadas de propiedad del Estado nacional o de su prenda.

120
1999). Además, la ley limitó el crecimiento nominal del gasto público primario al crecimiento
nominal del PIB, lo que obligaba a no aumentar el gasto en caso de caídas en la actividad
económica y, como máximo, a mantenerlo constante en términos nominales. La severa recesión
llevó a un fuerte aumento del gasto público por encima de los límites establecidos —
especialmente en el gasto corriente—, lo que obligó a postergar el objetivo de equilibrio fiscal
hasta 2005.

Más adelante, en 2004, el Congreso sancionó una nueva ley de responsabilidad fiscal
(Ley N° 25.917), introduciendo cambios significativos como la creación del Consejo Federal de
Responsabilidad Fiscal —encargado de coordinar las políticas fiscales y asegurar el
cumplimiento de esta Ley tanto a nivel federal como provincial140— y estableciendo límites más
estrictos al endeudamiento público. Asimismo, el gobierno nacional quedó encargado de
presentar anualmente un marco macrofiscal, el cual sería utilizado como insumo para elaborar
el presupuesto de todas las jurisdicciones, y se exigió que todas las administraciones crearan
fondos fiscales de carácter contracíclico (art. 30, véase Ministerio de Justicia de la Nación,
2004). Varias disposiciones de esta ley reiteraron limitaciones previamente establecidas en la
Ley 25.152 —la cual no fue derogada— y en la Ley 24.156 de Administración Financiera. Sin
embargo, la regla fiscal (RF) fue suspendida por el Congreso durante el período 2009-2017.
Aunque la suspensión inicial se planteó como temporal, posteriormente fue extendida de manera
continua a través de las leyes de presupuesto anuales (Hamid et al., 2022).
Al ajustar los saldos presupuestarios de Argentina por el ciclo económico y los términos
de intercambio, los resultados muestran que entre 2002 y 2005 la política fiscal fue contracíclica,
actuando de manera expansiva durante la recesión para mitigar sus efectos. No obstante, entre
2006 y 2009, la política adoptó un enfoque acíclico, manteniéndose neutral frente a las
fluctuaciones del ciclo económico, sin responder activamente a las variaciones en la actividad
económica (véase panel b del gráfico 4.3 y anexo 4.15).
Entre 2003 y 2008, Argentina experimentó un crecimiento económico promedio del
7.2%, acompañado de un superávit primario promedio del 2.5% del PIB. Durante este periodo,
la tasa de inflación se mantuvo relativamente baja y la balanza de bienes presentó un
significativo superávit (CEPAL, 2024). Este crecimiento se vio impulsado por un notable auge
en los términos de intercambio (+29% desde 2002 hasta 2007), acumulación de reservas
internacionales y una relación deuda pública/PIB decreciente. Estos factores permitieron que,

140
21 de las 24 provincias aceptaron la invitación del gobierno nacional, incluidas algunas que ya tenían su propia
FR provincial.

121
en 2010, el espacio fiscal acumulado facilitara la implementación de medidas contracíclicas para
mitigar los efectos de la crisis financiera internacional.

Gráfico 4.3. Argentina: Carácter cíclico de la política fiscal

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

Aunque en 2010 el balance primario registró un superávit del 1.4%, este resultado se
debió mayormente a los efectos positivos de las fluctuaciones económicas y al aumento de los
términos de intercambio. Sin embargo, dado que la brecha del producto seguía siendo negativa
y el saldo estructural se redujo a un superávit de apenas 0.1% —mucho menor que el superávit
del balance primario, que no considera ajustes cíclicos—, se puede concluir que la política fiscal
adoptada fue contracíclica. Este enfoque buscó estimular la economía, que aún no había
alcanzado su pleno potencial, con un impulso fiscal expansivo de 1.04 puntos del PIB.

A pesar de que lo peor de la crisis había pasado y el PIB creció significativamente entre
2010 y 2011 (10.1% y 6%, respectivamente), los balances fiscales y externos se deterioraron
para 2011. La recaudación de impuestos cayó (con una reducción de un punto del PIB en los
ingresos estructurales), lo que resultó en un déficit estructural del 2.4% del PIB. Además, la
cuenta corriente mostró un déficit de 5,340.2 millones de dólares, lo que contrasta
marcadamente con el superávit de 7,254.1 millones de dólares registrado en 2009. A partir de
2011 y hasta 2017, la política fiscal adoptó un enfoque marcadamente procíclico, exacerbando
las vulnerabilidades económicas del país.

Este contexto de crecientes desequilibrios marcó una evolución en la orientación de la


política fiscal en Argentina. El análisis de la política fiscal durante el período 2003-2021 revela
una fluctuación significativa entre una postura neutral y una procíclica (seis años con cada
orientación), lo que sugiere que la política fiscal en Argentina no logró operar de manera efectiva
para suavizar las fluctuaciones económicas ni para reducir la volatilidad de la inflación. Sin

122
embargo, en los años 2018 y 2019 se observó un giro hacia una política contracíclica, marcando
una excepción dentro de la tendencia general del período. El panel a) del gráfico 4.3 muestra
que el impulso fiscal contractivo141 durante estos años fue significativo, con una mejora en el
balance primario y estructural de alrededor de 2 puntos del PIB. En 2019, esta política fiscal
contractiva se reflejó en un aumento de los ingresos del gobierno central en un 56.8% en
términos nominales, lo que estuvo tanto por encima de la tasa promedio de inflación (52.8%)
como del incremento total del gasto público (44.4%) (CEPAL, 2024).
Esta reorientación se debió en gran medida a las medidas impulsadas en el marco del
programa revisado del Fondo Monetario Internacional (FMI), que priorizaba una consolidación
fiscal acelerada como clave para restaurar la confianza de los mercados internacionales. A
diferencia del Acuerdo Stand-By (ASB) original, que proyectaba un déficit primario del 1.3%
del PIB para 2019, el plan revisado estableció un presupuesto primario equilibrado y previó un
superávit primario del 1.0% para 2020 (IMF, 2018, p. 11). Como se aprecia en el anexo 4.10,
Argentina logró efectivamente reducir su déficit primario en 0.9 puntos porcentuales del PIB
potencial en 2018, y en 2019 alcanzó un superávit primario del 0.3%, superando así lo
inicialmente previsto. Esta evolución representa una consolidación fiscal significativa. En solo
dos años (2017-2019), el déficit primario convencional se redujo en 2.8 puntos porcentuales.
Utilizando la estimación del saldo estructural primario calculada en este análisis, este ajuste
fiscal se incrementa a 3.1 puntos del PIB durante el mismo período (de -2,9% a +0,2%).
A pesar de la considerable austeridad fiscal implementada en un contexto de recesión
económica, la lógica subyacente sugería que el impacto negativo del ajuste fiscal sería
compensado por el efecto positivo en la confianza de los mercados internacionales, derivado de
la transición hacia un superávit primario en el presupuesto. Sin embargo, el optimismo del FMI
en su revisión de octubre de 2019, que proyectaba una recuperación económica para el segundo
trimestre basada en el crecimiento de las exportaciones netas como el único componente con
una contribución positiva, resultó ser excesivo (véase IMF, 2018, p. 17). Aunque las
exportaciones netas aumentaron un 236% en términos reales en 2019 (principalmente debido a
una caída del 19% en las importaciones), este crecimiento no fue suficiente para contrarrestar la
significativa disminución de otros componentes de la demanda agregada. Entre 2018 y 2019, la
formación bruta de capital fijo se contrajo un 20% en términos reales, mientras que el consumo
y el gasto público disminuyeron un 6.1% y un 6.4%, respectivamente, lo que resultó en una
caída del 2% en el PIB real (CEPAL, 2024).

141
Cambio positivo en el saldo primario estructural (el déficit se reduce o el superávit aumenta) cuando la brecha
del producto es positiva.

123
Además, como se observa en los anexos 4.10 y 4.15, en 2018 y 2019 la economía
argentina estaba en recesión, pero su brecha de producción seguía siendo positiva. Esto indica
que, a pesar del crecimiento negativo del PIB real (por al menos dos trimestres consecutivos),
el producto real aún superaba el producto potencial. ¿Cómo es posible una brecha positiva del
PIB en Argentina durante 2017-2019, cuando la economía estaba en recesión según la definición
clásica (disminución del PIB real)? En el capítulo uno se explicó que existen dos enfoques para
medir los ciclos económicos: el enfoque clásico de ciclos económicos y el enfoque de
crecimiento o desviación. Analizar la situación de Argentina utilizando ambos enfoques ayuda
a entender la coexistencia de una recesión con una brecha del PIB positiva. Esta situación
inusual sugiere la presencia de factores estructurales y de política económica que afectaban la
economía argentina, como las rigideces en el mercado laboral y la persistente inflación.
1. Rigideces en el mercado laboral:

Mera et al. (2020) encontraron que, durante 1995-2019, en muchos sectores económicos de
Argentina, la elasticidad empleo-producto fue baja o incluso negativa (industria
manufacturera, comercio mayorista y minorista, transporte)142. Además, en el periodo 2016-
2019, el mercado laboral en Argentina se volvió menos sensible a las fluctuaciones del PIB,
con una elasticidad de solo 0.06143 en comparación con 0.91 en el periodo 2009-2015. Esta
menor sensibilidad podría explicar por qué, a pesar de la disminución del PIB real, las tasas
de actividad y empleo se mantuvieron relativamente estables. De acuerdo con el Instituto
Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC, 2024), la tasa de actividad experimentó un
ligero aumento, pasando del 45.5% en el primer trimestre de 2017 al 47.2% en el cuarto
trimestre de 2019, mientras que la tasa de empleo mostró un incremento marginal, de 41.3%
a 42.6% en el mismo período144.
Apella (2016) encuentra que, aunque existe una relación a largo plazo entre el empleo y
el PIB —con una elasticidad de 0.29—, el empleo se mantiene inelástico a corto plazo, es
decir, que los cambios en el PIB no se tradujeron directamente en variaciones significativas
en el empleo. Esto se debe a que, en Argentina, las empresas prefieren ajustar las horas de
trabajo durante los ciclos económicos en lugar de modificar la combinación de factores
productivos (contratación o el despido de empleados).

142
La baja elasticidad empleo-producto en sectores clave indica que, a pesar de la caída del PIB real (recesión), las
empresas no ajustaron el empleo a la baja en la misma medida.
143
Esto evitó un colapso mayor en el PIB real en 2018 y 2019.
144
Las rigideces mencionadas también sugieren que la economía argentina podría enfrentar dificultades para cerrar
la brecha del PIB, incluso en el caso de que se implementen políticas expansivas (Instituto de Estudios Laborales
y Sociales, IDELAS, 2024). Este fenómeno podría ralentizar la creación de empleo, haciendo que el crecimiento
del PIB potencial sea más limitado de lo esperado.

124
Además, el Índice de Legislación de Protección del Empleo (EPL) de la OCDE muestra
que Argentina mantuvo un nivel constante de rigidez laboral durante este periodo, con
valores de 2.56 para despidos individuales y colectivos, y 2.62 para despidos individuales
bajo contratos regulares (OECD, 2024). Estos valores, en una escala de 0 a 6, reflejan un
nivel moderado-alto de protección laboral, lo cual contribuyó a la inelasticidad del empleo.
Es importante aclarar que la mención de estas rigideces no debe interpretarse como una
recomendación de flexibilización del mercado laboral. Estudios como los de Liotti y Canale
(2022) han demostrado que una mayor flexibilidad, lejos de mejorar las condiciones de vida
de los trabajadores, puede correlacionarse con un aumento en la pobreza relativa y absoluta.
2. La inflación:

Aunque la inflación suele asociarse con una economía sobrecalentada, en este caso, fue
impulsada por factores como la depreciación del peso argentino (De la Vega et al., 2022).
En 2019, el Tipo de Cambio Real Efectivo (TCRE) en Argentina alcanzó un valor promedio
anual de 148.2 (CEPAL, 2024). La elevada inflación podría haber contribuido a mantener
el PIB nominal en niveles altos, lo que, al ajustarse por inflación, resultó en un PIB real que
aún se mantenía cercano o por encima del nivel potencial.

La combinación de rigideces laborales, volatilidad cambiaria e inflación pudo haber sido


clave para que el PIB real no cayera significativamente por debajo de su nivel potencial, lo que
explica la brecha del PIB positiva observada entre 2017 y 2019, a pesar de la recesión. Esta
situación ilustra la complejidad del contexto económico argentino y los desafíos que representó
para la formulación de políticas fiscales efectivas en ese periodo.
Aunque la política fiscal adoptada en esos años fue contracíclica —una estrategia
deseable según los enfoques keynesianos—, el caso particular de Argentina, marcado por una
recesión económica, una inusual brecha del PIB positiva y una fuerte depreciación del peso que
impulsó la inflación, presentó desafíos significativos. Esta combinación inusual tiene
importantes implicaciones para la política económica. Una brecha del PIB positiva
generalmente sugiere la necesidad de políticas fiscales restrictivas para evitar presiones
inflacionarias, mientras que una recesión económica podría exigir medidas expansivas para
estimular la demanda interna.

En Argentina, la respuesta de política fue particularmente compleja, ya que se intentó


aplicar austeridad para estabilizar las finanzas públicas, mientras la recesión exigía medidas para
mitigar su impacto negativo. Sin embargo, estos ajustes fiscales tuvieron serias consecuencias
sobre el bienestar de la población y la vulneración de sus derechos humanos (Ricci, 2021;
Brenta, 2021; Cantamutto, 2022). Entre 2018 y 2019, el gasto público en sectores clave

125
experimentó una reducción significativa en términos reales: el gasto en salud disminuyó un
21%, en educación un 36%, en agua y alcantarillado un 39%, y en vivienda un 51%. Estos
recortes contrastaron marcadamente con el incremento en el gasto destinado al servicio de la
deuda, que aumentó un 28% en el mismo período (Bohoslavsky y Cantamutto, 2021). Este caso
subraya los desafíos de aplicar políticas fiscales estándar en contextos macroeconómicos
inusuales, como el de Argentina durante ese periodo.

El programa del FMI, con sus múltiples reformas fiscales, demostró ser ineficaz para
corregir los desequilibrios macroeconómicos y fiscales de Argentina, como reconoció el propio
Fondo en su evaluación ex post de diciembre de 2021 (IMF, 2021, p.2). A pesar del tamaño
considerable del préstamo—57 mil millones de dólares, el mayor en la historia del FMI—el
peso continuó depreciándose en los meses siguientes y el programa fue suspendido en 2019. Un
problema particularmente grave que persistió a lo largo de la duración del acuerdo fue la fuga
de capitales, que socavó aún más la estabilidad económica del país (véase Centro de Economía
Política Argentina, CEPA, 2021). Según el Banco Central de la República Argentina (BCRA,
2020), entre 2015 y 2019, Argentina experimentó una fuga de capitales de más de 86 mil
millones de dólares, acelerándose significativamente desde mayo de 2018, cuando alcanzó los
45.1 mil millones de dólares. Como resultado, Argentina se vio obligada a recurrir
repetidamente a los mercados externos para refinanciar su deuda pública, enfrentando tasas de
interés cada vez más elevadas. El programa del FMI no logró estabilizar la situación
macroeconómica y la crisis se profundizó aún más. A pesar de estas fallas, el informe del FMI
evitó asumir responsabilidad, concluyendo que las condicionalidades del programa no fueron
suficientes para resolver los profundos problemas estructurales del país (IMF, 2021, p.2).

La combinación de recesión económica, políticas de austeridad fiscal y fuga de capitales


dejó a Argentina en una situación de extrema vulnerabilidad. Así, cuando la pandemia del
COVID-19 golpeó, lo hizo en un momento en que el espacio fiscal del país estaba severamente
restringido: el peso había perdido un 48.2% de su valor desde 2005; la inflación rondaba el
52.8%; el déficit de la balanza de cuenta corriente alcanzaba los 30,576.1 millones de dólares
entre 2018 y 2019; el déficit global del gobierno central era del 4% del PIB, y desde 2014 la
economía se había contraído aproximadamente en 4 puntos porcentuales en términos reales
(CEPAL, 2024). Además, con una gran parte de su deuda denominada en moneda extranjera, la
depreciación del peso incrementó significativamente su valor en términos de moneda local,
elevando la deuda pública al 90% del PIB145, en contraste con el 57% en 2017. La respuesta
política a la pandemia estuvo profundamente condicionada por esta situación económica y fiscal

145
De esta, el 43% estaba en moneda extranjera (CEPAL, 2024).

126
preexistente. Argentina fue una de las economías latinoamericanas más afectadas por la
pandemia: su producción real cayó un 10% en 2020.

Durante los primeros meses de 2020, se implementaron diversas iniciativas para proteger
el empleo y apoyar a la población más vulnerable ante las consecuencias de la pandemia de
COVID-19. Este conjunto de medidas resultó en un incremento del gasto público equivalente a
2 puntos porcentuales del PIB (CEPAL, 2024). Entre las acciones más significativas destacó el
aumento de los recursos destinados a la protección social, que crecieron interanualmente 3.5
puntos porcentuales del PIB nominal, pasando del 10.8% en 2019 al 14.3% en 2020 (CEPAL,
2024). A pesar de un aumento de 2.5 puntos del PIB en los ingresos del gobierno central, el
déficit primario alcanzó el 1.2% del PIB, influido en gran medida por variaciones cíclicas
negativas. Sin embargo, los términos de intercambio mantuvieron un efecto positivo en los
balances presupuestarios debido a la estabilidad en la demanda global. Al eliminar los efectos
cíclicos, el balance estructural mostró un superávit del 0.3% del PIB.
Dado que en ese año la brecha del PIB fue negativa y el impulso fiscal fue mínimo
(cambio en el balance estructural), la política fiscal se considera acíclica, a pesar de la necesidad
evidente de un estímulo fiscal mayor para enfrentar la caída de la actividad económica. Además,
en ese mismo año, el endeudamiento del gobierno central de Argentina se aceleró a un ritmo
insostenible, alcanzando el 103.8% del PIB (CEPAL, 2024). Aunque la economía creció un
10.4% en 2021, dicha recuperación fue insuficiente para compensar la caída acumulada en años
anteriores, evidenciando la profundidad de la crisis económica y la insuficiencia de las políticas
implementadas para generar una recuperación sostenida.
El análisis de la política fiscal en Argentina durante el periodo 2000-2021 muestra que
los déficits fiscales han sido persistentes –especialmente en los últimos años– y que la política
fiscal no ha sido utilizada de manera consistente como herramienta de recuperación económica
en tiempos de crisis, ni para impulsar el crecimiento en períodos de expansión. La tendencia a
adoptar políticas fiscales procíclicas, tanto en épocas de recesión como de expansión, ha
exacerbado la inestabilidad macroeconómica del país. La falta de un estímulo fiscal anticíclico
más contundente en 2020, como se describe en este capítulo, cobra mayor relevancia
considerando el rol crucial que la inversión y el gasto público tienen en la economía argentina,
como se analizó en el capítulo dos de este trabajo.
Es fundamental que el país reoriente su perfil de gasto, incrementando la inversión en
áreas que respalden sus necesidades productivas y de bienestar, mientras protege a las
poblaciones vulnerables de los efectos adversos de una consolidación fiscal. En cuanto a los
ingresos, es imperativo diversificar y ampliar la base impositiva, reduciendo la dependencia de
impuestos indirectos y promoviendo un sistema de impuestos directos más equitativo. Un

127
sistema fiscal más equilibrado y justo contribuiría a mitigar las fluctuaciones cíclicas y favorecer
un crecimiento sostenible a largo plazo.

4.3.4. Conclusiones para el caso argentino


Este capítulo ha analizado la orientación cíclica de la política fiscal en Argentina durante el
periodo 2000-2021. Es importante recordar que el segundo capítulo analiza la magnitud de la
contribución de la inversión y el gasto público al crecimiento económico. El análisis empírico
de ese capítulo destaca cómo la inversión, con una profundidad tres veces mayor que la del PIB
durante las expansiones, y el gasto público, con una duración dos veces superior a la del PIB,
pueden ser motores clave para el crecimiento en Argentina. Sin embargo, esto no implica
necesariamente que la política fiscal haya sido contracíclica o eficaz en mitigar las recesiones,
ya que su efectividad depende en gran medida de la orientación cíclica adoptada.
Las conclusiones de este cuarto capítulo se enfocan en el "timing" y la dirección de la
respuesta del gobierno ante el ciclo económico. Revelan que, a pesar de la importancia
estructural de la inversión y el gasto público, la política fiscal en Argentina no ha sido utilizada
de manera efectiva para estabilizar la economía en periodos de crisis ni para maximizar los
beneficios durante los periodos de crecimiento. La tendencia del gobierno a adoptar políticas
fiscales procíclicas (o, en el mejor de los casos, acíclicas), tanto en fases de expansión como de
recesión, ha exacerbado la inestabilidad macroeconómica del país. En resumen, mientras que el
segundo capítulo identifica los motores clave del ciclo económico, este capítulo pone en
evidencia la necesidad de una gestión fiscal más eficiente que no solo respalde esos motores de
crecimiento, sino que también garantice la estabilidad macroeconómica mediante la adopción
de políticas fiscales más anticíclicas y equitativas.

El comportamiento procíclico del gasto público y la inversión, evidenciado por la


aceleración insostenible del endeudamiento público en 2020 y la insuficiente recuperación del
PIB en 2021, refleja una disonancia entre la importancia teórica de estos componentes en la
demanda agregada y la aplicación práctica de la política fiscal. Aunque la inversión y el gasto
público son esenciales para el crecimiento, la falta de un enfoque contracíclico y la incapacidad
para manejar adecuadamente la deuda pública han limitado su efectividad, lo que puede llevar
a un ciclo económico más volátil.

Un ejemplo claro de esta dinámica se observó en 2020, cuando, a pesar de la profunda


recesión provocada por la pandemia, la respuesta fiscal fue acíclica. Si bien esta postura evitó
agravar la crisis, la magnitud del estímulo fue insuficiente para impulsar una recuperación
sólida, ya que el impulso fiscal apenas alcanzó 0.12 puntos del PIB.

128
La tendencia procíclica de la política fiscal en Argentina tiene importantes
implicaciones. En primer lugar, limita el potencial de crecimiento de la economía al no
aprovechar las oportunidades de inversión pública durante las recesiones. En segundo lugar,
aumenta la vulnerabilidad del país ante shocks externos, ya que la falta de espacio fiscal limita
la capacidad de respuesta del gobierno. Para revertir esta situación, es crucial avanzar hacia un
manejo de la política fiscal que sea contracíclico y que priorice la estabilidad macroeconómica.
Esto implica un mayor esfuerzo por aumentar el ahorro público durante los periodos de alta
actividad económica, a fin de contar con espacio fiscal para implementar políticas expansivas
durante las recesiones.
4.4. Brasil: estimación del balance estructural como indicador de la posición fiscal

Esta sección se divide en tres partes. La primera revisa la evolución de los instrumentos de
política fiscal en Brasil durante las últimas dos décadas. Las siguientes secciones presentan los
resultados empíricos: la sección 4.4.2 expone los distintos balances primarios ajustados según
las metodologías del FMI y la OCDE, mientras que la sección 4.4.3 ofrece estimaciones sobre
la orientación de la política fiscal durante el periodo 2000-2021, con especial énfasis en las crisis
de 2008-09 y la reciente crisis de la COVID-19. Finalmente, se presentan las conclusiones.

4.4.1. Evolución de los ingresos efectivos, ingresos estructurales y el gasto público


El panel a) del gráfico 4.4 muestra la evolución del gasto público, los ingresos efectivos y los
ingresos estructurales del gobierno central de Brasil como porcentajes del PIB potencial. Se
observa un notable crecimiento del gasto público a lo largo del periodo, con una tendencia al
alza hasta 2015, una leve reducción posterior y un repunte en 2021. Los ingresos efectivos,
aunque más estables, también experimentan un declive a partir de 2014, seguido de una ligera
recuperación en 2021. El panel b) desglosa los ingresos efectivos, destacando el impacto de los
ajustes cíclicos y de los precios de las materias primas. Las barras negras reflejan estos ajustes,
y se aprecia que, en varios años, estos han tenido un impacto considerable en los ingresos. Los
ingresos estructurales, ajustados por estos factores, se mantienen relativamente estables, con una
ligera caída después de 2014.
Brasil se destaca entre los países comparados (Argentina, Chile y México) por tener tanto
los ingresos como los gastos más altos. Entre 2000 y 2020, los ingresos fiscales y los gastos del
gobierno central representaron en promedio el 21.6% y el 25.8% del PIB, respectivamente. Esto
convierte a Brasil en un caso excepcional entre los países en desarrollo, en términos de su
capacidad para recaudar recursos. Sin embargo, este notable nivel de ingresos no solo se debió
a la elevada carga tributaria (introducción de nuevos impuestos e incremento de las tasas de

129
impuestos existentes), sino también al proceso creciente de formalización laboral, que amplió
la base imponible (Barbosa, 2014; Firpo y Pieri, 2018).

El rápido incremento en los ingresos fiscales, no obstante, enmascaró un crecimiento


igualmente acelerado en los gastos. La participación de los ingresos fiscales en el PIB aumentó
hasta 2010, alcanzando un máximo del 23.5% (excepto en 2009, año de crisis, cuando cayeron
al 21.2%). A partir de 2011, los ingresos comenzaron a disminuir, alcanzando su punto más bajo
en 2017 con un 20.8%, lo que representó una caída de 3 puntos del PIB respecto a 2010. Para
ese entonces, el gasto público había alcanzado un 28.5% del PIB (véase gráfico 4.4 y anexo
4.9). Higgins y Pereira (2013) analizaron el efecto redistributivo de la política fiscal sobre la
distribución del ingreso y la pobreza en Brasil, y encontraron que, a pesar del elevado nivel de
gasto público, su impacto redistributivo fue limitado. Esto sugiere que, aunque Brasil ha logrado
movilizar recursos fiscales significativos, la capacidad de la política fiscal para reducir la
desigualdad y la pobreza no ha sido proporcional al nivel de gasto realizado.

Gráfico 4.4. Brasil: Evolución del gasto público, ingresos efectivos e ingresos
estructurales del Gobierno Central, 2000-2021

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

4.4.2. Estimación del balance estructural

El gráfico 4.5 presenta un análisis detallado de la evolución de los balances fiscales del Gobierno
Central de Brasil durante el período 2000-2021. El panel a) del gráfico muestra la evolución del
balance primario y varias estimaciones del balance estructural, ajustadas por diferentes factores
económicos. El panel b) complementa este análisis al presentar la evolución conjunta del
balance global—que incluye tanto el resultado primario como los pagos de intereses—junto con
el balance primario y el balance primario estructural, todo expresado en términos del PIB
potencial.

130
Se observa que el balance primario, que excluye los pagos de intereses, se mantuvo en
niveles positivos hasta 2013. Según el gráfico 4.5 y los anexos 4.11 y 4.14, el superávit primario
estructural y el convencional alcanzaron su punto máximo en 2003 y 2004, con un 3.4% y un
2.6% del PIB, respectivamente. Esta serie de superávits primarios permitió al gobierno federal
de Brasil reducir de manera efectiva la relación deuda/PIB. Desde 2002, cuando la deuda pública
alcanzó un 78.1% del PIB, se observó una disminución significativa, llegando al 57.5% en 2008.
Este descenso fue especialmente notable en la deuda pública externa, que se redujo del 19.6%
al 4.8% en el mismo período (véase estadísticas de la CEPAL, 2024).

A partir de 2014, los saldos fiscales de Brasil—tanto del balance primario convencional
como del estructural—han experimentado un notable deterioro. El presupuesto, que había
mantenido un superávit primario promedio del 2% del PIB anual entre 2000 y 2013, pasó a
registrar un déficit promedio superior al 1.6% del PIB durante el período 2014-2019, alcanzando
su punto más bajo en 2020, aunque con un repunte hacia el final del período. Este deterioro
fiscal puede explicarse por el significativo aumento del gasto público, especialmente en el gasto
corriente. Simultáneamente, el bajo crecimiento económico condujo a una disminución en la
recaudación tributaria, lo que dificultó que los ingresos fiscales mantuvieran el ritmo de
crecimiento de los gastos. Conforme los ingresos dejaron de aumentar y finalmente se
contrajeron, los gastos continuaron creciendo, lo que provocó la aparición de déficits primarios.
El saldo primario, que había alcanzado un superávit del 2.5% del PIB en 2004, se convirtió en
un déficit del 0.4% en 2014, convirtiéndose en constante a partir de ese año.

Es importante considerar que los gastos por intereses en Brasil han sido una parte
considerable del gasto público total, representando en promedio el 5% del PIB durante el
período 2000-2021, una cifra significativamente superior a la de sus pares regionales, que no
superan el 2% del PIB (CEPAL, 2024). Esta carga de intereses ha contribuido a la
profundización del desequilibrio fiscal en Brasil.
La recesión de 2015-2016 fue particularmente perjudicial para las cuentas fiscales del
país. Durante este período, la tasa de crecimiento del PIB sufrió una caída acumulada cercana
al 7%, exacerbando la situación fiscal. Como resultado, el déficit fiscal global se disparó al 9.2%
del PIB en 2015. Aunque hubo una reducción gradual del déficit al 5.6% en 2019, la deuda del
gobierno central alcanzó un 74.3% del PIB (CEPAL, 2024).
Este análisis del balance primario es esencial, pero no ofrece una imagen completa de la
situación fiscal. Aquí es donde entra en juego la importancia de los ajustes estructurales. Estos
ajustes permiten evaluar de manera más precisa la posición fiscal subyacente del gobierno,
eliminando las distorsiones causadas por factores cíclicos y volátiles. Sin estos ajustes, el
balance primario podría dar una impresión errónea de la salud fiscal. Por ejemplo, en un año de

131
expansión económica, los ingresos fiscales podrían ser mayores simplemente por un ciclo
económico favorable, lo que podría llevar a un balance primario positivo.

Para ilustrar la importancia de estos ajustes, se pueden observar los datos del período
2007-2014 en el panel b) del gráfico 4.5. Aunque el balance primario (línea negra) mostraba
superávits durante estos años, el balance estructural (línea roja), que ajusta el balance primario
considerando el ciclo económico y factores como los precios de los activos y los términos de
intercambio, revelaba una situación subyacente menos favorable. Por el contrario, en otros años,
al excluir estos efectos temporales, la situación fiscal subyacente resulta ser más sólida de lo
que el balance primario no ajustado sugiere. Esto es especialmente evidente en períodos en los
que el ciclo económico no es favorable o cuando factores externos afectan el balance primario,
como ocurrió entre 2015 y 2020.
Gráfico 4.5. Brasil: Balance global, balance primario y balance estructural del
Gobierno Central Total, 2000-2021

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

En resumen, este análisis revela un deterioro progresivo de las finanzas públicas en


Brasil durante el período analizado, con un claro punto de inflexión alrededor de 2014. El ajuste
estructural sugiere que gran parte de este deterioro es atribuible a factores más permanentes, y
no solo a fluctuaciones económicas temporales (como el ciclo económico y los términos de
intercambio), lo que subraya la necesidad de reformas fiscales profundas para asegurar la
sostenibilidad a largo plazo.

132
4.4.3. Carácter cíclico de la política fiscal de Brasil durante 2000-2021
El gráfico 4.6 se compone de dos paneles que analizan el carácter cíclico de la política fiscal en
Brasil entre los años 2000 y 2021. El panel a) muestra el cambio en el balance primario y el
cambio en el balance estructural (impulso fiscal), ambos expresados en puntos porcentuales del
PIB potencial. Por su parte, el panel b) presenta la relación entre la brecha del producto y el
cambio en el saldo primario estructural (ambos expresados en % del PIB potencial), lo que
permite identificar si la política fiscal adoptada fue expansiva o contractiva considerando las
condiciones subyacentes de la economía. La política fiscal se considera contracíclica cuando el
superávit fiscal se incrementa146 (o el déficit disminuye) en un año con brecha positiva del
producto, o cuando el déficit fiscal se incrementa147 (o el superávit disminuye) en un año con
brecha negativa del producto.
Al separar los factores estructurales—que reflejan las decisiones de política fiscal a largo
plazo—de aquellos que responden a dinámicas económicas cambiantes, se encuentra que, en
promedio, durante el periodo 2000-2021 la acción discrecional del gobierno de Brasil fue
esencialmente acíclica el 54.5% del tiempo (12 años).
Durante la crisis financiera internacional, la política fiscal en Brasil inicialmente operó
de manera acíclica en 2009, para luego adoptar un enfoque procíclico en 2010. En esos años, la
variación del saldo primario estructural fue de -0.29% y 0.05%, respectivamente, reflejando una
política fiscal ligeramente expansiva y luego levemente contractiva. Aunque en 2009 Brasil
implementó ciertas medidas para contrarrestar la crisis, estas no fueron de suficiente magnitud
para provocar un cambio sustancial en la demanda agregada, de acuerdo con los criterios
establecidos por Alesina y Perotti (1995).

A pesar de que la relación deuda bruta/PIB ya era elevada en comparación con sus pares
regionales y del creciente gasto público, Brasil logró generar superávits presupuestarios
primarios significativos durante más de una década, lo que permitió reducir su deuda pública de
manera significativa. En respuesta a la crisis global de 2008, la relación deuda pública/PIB de
Brasil aumentó solo 2.1 puntos entre 2008 y 2009, un incremento moderado comparado con
otras economías. En 2014, cinco años después de la crisis, la deuda pública brasileña (58.9%
del PIB) se mantenía relativamente baja en términos históricos y moderada en comparación con
la dinámica de endeudamiento observada en las economías avanzadas, lo que sugería una
posición financiera cómoda. En ese contexto, Brasil fue incluso clasificado con grado de

146
O el cambio en la postura fiscal (impulso fiscal) es contractivo.
147
O el cambio en la postura fiscal (impulso fiscal) es expansivo.

133
inversión por las principales agencias internacionales de calificación crediticia (Machado,
2022).

Sin embargo, la situación se deterioró drásticamente en los años posteriores. Tras un


crecimiento económico que alcanzó un máximo de 7.5% en 2010, la economía brasileña se
desaceleró, con un crecimiento promedio del 2.4% entre 2011 y 2014. En respuesta a la crisis
fiscal, el gobierno implementó una consolidación fiscal estricta en 2014 para estabilizar las
finanzas públicas y reducir el déficit (IMF, 2016). Se anunciaron dos grupos principales de
medidas. El primero, en diciembre de 2014, se enfocó en la reducción de subsidios financieros
a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y en el aumento de
los impuestos sobre bienes industrializados, especialmente en el sector automotriz.
Posteriormente, a finales de enero de 2015, se anunció un incremento generalizado de las tasas
impositivas (Brito, 2015).

A pesar de estos esfuerzos, Brasil experimentó déficits fiscales persistentes y una rápida
desaceleración económica, alcanzando una contracción del PIB del 3.4% en 2015-2016 y un
aumento de la deuda pública al 70% del PIB en 2016. Este deterioro culminó con la degradación
de la calificación crediticia del país a nivel especulativo (Fitch Ratings, 2018). Esta crisis
culminó en una fuerte contracción del PIB del 3.4% durante el bienio 2015-2016, seguido de
una recuperación cíclica moderada del 1.7% en 2017. Cavalcanti et al. (2019) atribuye la
intensidad y duración de la recesión de 2014-2016 al impacto negativo en las expectativas
generado por el déficit primario en 2014 y 2015, que alcanzó un 2% y 2.3% del PIB,
respectivamente.
Gráfico 4.6. Brasil: Carácter cíclico de la política fiscal

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

134
Aprovechando una nueva mayoría en el Congreso, el gobierno aprobó en diciembre de
2016 una enmienda constitucional que estableció un límite a los gastos primarios federales por
un periodo de 20 años, conocida como la "Ley del Techo de Gastos" (Senado Federal, 2016)148.
Esta medida obligó al país a priorizar continuamente el gasto público federal. El nuevo régimen
fiscal limitaba el crecimiento de los gastos primarios federales —exceptuando las transferencias
de recursos de la Unión a estados y municipios— al nivel de la inflación registrada en los 12
meses anteriores a junio de cada año (según el Índice Nacional Amplio de Precios al
Consumidor, IPCA), asegurando así que el techo de gasto se mantenga constante en términos
reales. La estrategia consistía en que la consolidación fiscal se alcanzara a través del crecimiento
de los ingresos en paralelo con el aumento del PIB, mientras el gasto público permanecía fijo
en términos reales. Esta estrategia condujo a una limitación en el gasto público.
Como se observa en el anexo 4.9, a partir de 2016, el gasto público mostró una tendencia
decreciente en términos del PIB, excepto en 2020, cuando se produjo un incremento de cerca de
4 puntos debido a la política fiscal contracíclica implementada para enfrentar la pandemia de
COVID-19. Tras este aumento, el gasto volvió a reducirse en 2021. Así, durante el periodo
2017-2019, la política fiscal adoptada fue acíclica, ya que el impulso fiscal fue muy pequeño
para tener un impacto significativo en el ciclo económico.
A inicios de marzo de 2020, el ministro de Finanzas de Brasil anunció que las estrategias
para mitigar el impacto económico de la crisis del COVID-19 incluirían reformas estructurales
y políticas de austeridad. Sin embargo, debido a la presión del Congreso y de la sociedad, el
gobierno adoptó políticas fiscales y monetarias expansivas a partir de marzo (Arestis et al.,
2021). En 2020, en respuesta a la crisis, el déficit estructural se incrementó al 8.2%,
representando un estímulo fiscal “muy relajado o fuerte” equivalente a 7.1 puntos del PIB.
De acuerdo con Arestis et al. (2021), las principales medidas fiscales incluyeron i)
paquete de ayuda a estados y municipios (aunque se implementó, fue solo parcialmente
suficiente para compensar las pérdidas de ingresos fiscales); ii) ingreso Auxiliar, que benefició
a aproximadamente 63 millones de personas; iii) anticipación de gastos y aplazamiento de
recaudación fiscal; iv) la creación del Programa Emergencial de Suporte a Empregos, que ayudó
a las empresas a retener a sus trabajadores, aunque solo alcanzó a 15 millones de empleos de los
29 millones previstos. El gobierno también aprobó la suspensión del servicio de la deuda de
estados y municipios y facilitó los términos de las operaciones crediticias respaldadas por
garantía federal.

148
Esta propuesta suscitó intensas protestas por parte de la sociedad civil, incluyendo huelgas y ocupaciones en
escuelas y universidades públicas a lo largo del país. A pesar de ello, la enmienda fue finalmente aprobada.

135
El paquete de estímulo fiscal, coordinado con políticas monetarias y cambiarias, fue
fundamental para mantener la actividad económica, el empleo y los ingresos en niveles
relativamente estables durante la pandemia de COVID-19 (Ryan-Collins et al., 2023). Como
resultado, en 2020, el PIB de Brasil se contrajo solo un 3.3%, un desempeño mejor que el de
sus pares regionales aquí analizados y otras economías emergentes y desarrolladas. En 2021,
aunque el balance primario ajustado mejoró, continuó siendo negativo (-1.85%), lo que indica
una política fiscal expansiva, pero con menor intensidad. Esta moderación puede interpretarse
como un intento de normalización fiscal postcrisis.

4.4.4. Conclusiones para el caso brasileño


Esta sección analiza la tendencia y orientación de la política fiscal en Brasil durante las últimas
dos décadas, con un enfoque particular en las crisis de 2008-2009 y la pandemia de COVID-19.
El primer subperíodo, de 2000 a 2010, estuvo marcado por superávits presupuestarios
sostenidos, impulsados por un crecimiento económico robusto y una política fiscal prudente. En
contraste, el subperíodo de 2011 a 2014 mostró una desaceleración económica que culminó en
recesión, con déficits tanto en el balance primario convencional como en el estructural, lo que
reflejó un progresivo deterioro fiscal.
Durante el periodo 2000-2021, la política fiscal de Brasil fue mayoritariamente acíclica,
aunque respondió de manera variada ante las crisis económicas. En la crisis financiera de 2008-
2009, la política fiscal fue inicialmente acíclica, pero pasó a ser procíclica en 2010. Sin embargo,
en las crisis de 2015-2016 y la pandemia de COVID-19, Brasil adoptó una política contracíclica,
aumentando deliberadamente el déficit estructural como un mecanismo para mitigar los efectos
adversos sobre la economía.
El manejo de la deuda pública ha sido un desafío persistente para Brasil, agravado por
los altos costos de su servicio. El déficit fiscal, que superó el 9% del PIB en 2015, fue en gran
medida el resultado de estos costos, exacerbados por operaciones cuasi-fiscales y elevados
gastos en política monetaria. Este contexto posiciona a Brasil de manera singular frente a sus
pares regionales, debido al peso de su deuda pública. En este escenario, es fundamental
reexaminar la composición y eficacia del gasto público (véase Higgins y Pereira, 2013), así
como implementar estrategias que permitan aumentar los ingresos y reducir los costos asociados
a las operaciones financieras "por debajo de la línea". Sin embargo, cualquier intento de aplicar
medidas de austeridad fiscal debe considerarse con cautela.
Si bien es necesario controlar el gasto público y frenar el crecimiento de la deuda, la
austeridad mal implementada podría tener consecuencias sociales y económicas graves. Ortiz y

136
Cummins (2022) sostienen que la creencia de que la austeridad puede estimular el crecimiento
es ilusoria y, de hecho, puede tener efectos profundamente negativos como recortes en servicios
públicos esenciales, destrucción de empleos y un aumento de la desigualdad. En conclusión,
Brasil enfrenta un desafío complejo en su intento de equilibrar la sostenibilidad fiscal con la
necesidad de evitar los riesgos que conllevaría una austeridad excesiva. Las decisiones políticas
futuras deberán ser cuidadosamente calibradas para asegurar un crecimiento económico
inclusivo y sostenible, sin comprometer la estabilidad social y económica del país.

4.5. Chile: estimación del balance estructural como indicador de la posición fiscal

Esta sección aborda tres temas clave en el análisis fiscal de Chile. Primero, se examina la
evolución de los ingresos efectivos, los ingresos estructurales y el gasto público, destacando la
particularidad de la regla de balance estructural, que desvincula el gasto público de la volatilidad
cíclica de los ingresos no ajustados. En segundo lugar, se estima el balance estructural utilizando
las metodologías agregada y desagregada, ajustando por factores como las fluctuaciones de la
actividad económica, los precios de los activos y los términos de intercambio. Finalmente, se
analiza el carácter cíclico de la política fiscal en Chile entre 2000 y 2021, destacando su
liderazgo en la implementación de políticas fiscales contracíclicas y su sólido marco
institucional. A través de estos temas, se proporcionará una visión integral de los aspectos
cíclicos y estructurales de la política fiscal.

4.5.1. Evolución de los ingresos efectivos, ingresos estructurales y el gasto público


Una de las características principales de la regla de balance estructural de Chile es que
desvincula el gasto público de la evolución cíclica de los ingresos fiscales, condicionándolo a
una variable menos volátil: los ingresos estructurales del gobierno central149 (DIPRES, 2023, p.
3). Esto permite aislar el gasto público de los efectos del ciclo económico y de la volatilidad de
los precios del cobre, una de las principales fuentes de ingresos fiscales del país. En el panel b)
del gráfico 4.7, se observa la existencia de un ajuste estructural150 en los ingresos efectivos del
gobierno en la mayoría de los años, siendo generalmente positivo. Sin embargo, en 2000, este
ajuste fue prácticamente nulo. Los ingresos fiscales y el gasto público fueron significativamente
contracíclicos durante la crisis financiera internacional, pero el déficit de 2009 fue

149
Asimismo, se establece una perspectiva de sostenibilidad fiscal en términos de niveles prudentes de la deuda
pública. En 2022, por primera vez y de acuerdo con el Decreto N. 755, el Ministerio de Hacienda estableció un
nivel de deuda del 45% (DIPRES, 2023, p. 47).
150
La diferencia entre los ingresos efectivos y los estructurales es el ajuste cíclico total (representado por las barras
de color gris oscuro), el cual permite identificar el vínculo real entre la política fiscal y el ciclo económico. Cuando
el resultado es positivo, significa que la política fiscal ha sido más contractiva de lo que mostraban los indicadores
fiscales tradicionales. Por el contrario, cuando el resultado es negativo, el gobierno ha implementado una política
fiscal más expansiva de lo que se creía.

137
principalmente resultado de la caída de los ingresos estructurales, más que del incremento del
gasto público. Ese año, los ingresos estructurales cayeron al 16.8% del PIB potencial,
alcanzando un mínimo.
Por otro lado, la política fiscal procíclica de 2010 se basó en un aumento de los ingresos
efectivos de 4 puntos del PIB, equivalente a un incremento de 2 puntos en los ingresos
estructurales. Aunque el gasto público se redujo levemente, estuvo orientado principalmente a
mitigar los impactos del terremoto y apoyar los esfuerzos de reconstrucción. En 2011 y 2012,
la reactivación económica y los altos precios del cobre permitieron la retirada del estímulo fiscal
previo. En un esfuerzo por cumplir con la regla fiscal que exige que el gasto público crezca a
un ritmo inferior al PIB, los ingresos comenzaron a aumentar y el gasto público a reducirse.

Gráfico 4.7. Chile: Evolución del gasto público, ingresos efectivos e ingresos estructurales
del Gobierno Central, 2000-2021

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

En 2020, la política fiscal contracíclica se basó, particularmente, en el incremento del


gasto público equivalente a 2 puntos del PIB respecto al año previo. Al mismo tiempo, los
ingresos efectivos cayeron 2.5 puntos, lo que representó una pérdida de 2.381.387 millones de
pesos (CEPAL, 2024). Esta disminución en los ingresos, por debajo de los ingresos
estructurales, fue consecuencia directa de la crisis económica y sanitaria provocada por la
pandemia de COVID-19.

4.5.2. Estimación del balance estructural151


El panel a) del gráfico 4.8 muestra los balances primarios y estructurales estimados utilizando
las metodologías agregada y desagregada, ajustados por los efectos del ciclo de actividad

151
Es decir, el balance presupuestario que prevalecería si la economía estuviera funcionando a su nivel potencial.

138
económica, el precio de los activos y los términos de intercambio152. El ajuste cíclico mediante
el enfoque desagregado para cada partida de ingresos presenta una corrección cíclica
relativamente similar a la del enfoque agregado, con variaciones mínimas entre 0.01 y 0.3 puntos
del PIB potencial. Estas diferencias aumentan levemente cuando los saldos presupuestarios se
ajustan tanto por el ciclo económico como por el precio de los activos, pero siguen siendo
pequeñas. Esto se explica por la contribución de las bases macroeconómicas individuales a la
variación global del componente que refleja el efecto cíclico y los cambios en los precios de los
activos (véase anexo 4.12).

Gráfico 4.8. Chile: Balance global, balance primario y balance estructural del
Gobierno Central Total, 2000-2021

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

No obstante, las diferencias entre el ajuste cíclico estándar y el ajuste conjunto por los
efectos del ciclo económico y los términos de intercambio son más notorias, especialmente
durante el período 2003-2011, alcanzando su punto máximo en 2007 con 4.81 puntos
porcentuales del PIB potencial (véanse anexos 4.13 y 4.14). El impacto de estos factores sobre
el presupuesto convencional comenzó a disminuir a partir de 2015, ya que el superciclo de
precios del cobre empezó a desvanecerse, y volvió a aumentar en 2019. Dado que el ajuste por
estos factores es considerable, en las secciones siguientes se analizará el carácter cíclico del
balance presupuestario ajustado únicamente por las fluctuaciones del ciclo y los términos de
intercambio bajo la metodología desagregada, también denominado "balance estructural".

152
A diferencia del Comité Asesor de Política Fiscal de Chile, que realiza ajustes a los balances presupuestarios
tanto en función del ciclo económico como por las fluctuaciones del precio del cobre en torno a su nivel a largo
plazo, este estudio adopta un enfoque más generalizado. Aquí se ajustan las fluctuaciones de los precios de las
materias primas utilizando los términos de intercambio como un indicador integral de las variaciones de los precios
de estos productos.

139
El panel b) del gráfico 4.8 revela que, entre 2004 y 2008, Chile registró grandes
superávits presupuestarios que promediaron el 6.0% del PIB. Pero, ¿cuánto de ese resultado fue
cíclico y cuánto fue estructural? Al eliminar el efecto cíclico total (incluyendo las fluctuaciones
de la actividad económica y otros factores, como los términos de intercambio), se observa que
el superávit primario real fue del 2.7%. Por lo tanto, los grandes superávits presupuestarios
registrados en Chile entre 2004 y 2008 fueron, en gran medida, producto del auge de los
términos de intercambio (explicando 2.95 puntos del PIB) y, en menor medida, del ciclo de
actividad económica (0.4 puntos del PIB). Las exportaciones de Chile continúan dependiendo
principalmente de las materias primas, particularmente de la minería, que representa
aproximadamente el 62% de los ingresos totales por exportaciones.

A partir de 2008 ya se comienza a evidenciar la desaceleración de la economía. En ese


año, el superávit primario descendió a 4.9%, comparado con el 8.9% del año previo. La
economía tocó fondo en 2009 debido al fuerte impacto de la crisis financiera internacional. En
ese año, por primera vez desde el 2000, tanto el balance primario efectivo (no ajustado) como
el estructural registraron un déficit significativo del 3.7% y 5% del PIB153, respectivamente
(véase anexo 4.12). Esto indica que los efectos del ciclo económico y el deterioro de los términos
de intercambio subestimaron el déficit primario en 1.3 puntos del PIB. A su vez, sugiere que el
déficit fue principalmente resultado de una combinación de políticas fiscales contracíclicas
implementadas por el gobierno chileno para enfrentar la crisis, incluido un gran paquete de
estímulo fiscal y una agresiva política de reducción de la tasa de interés. A partir de 2009, se
observa un deterioro sistemático del balance estructural y, desde 2013, el balance efectivo
comienza a registrar déficits de manera ininterrumpida hasta la actualidad.

4.5.3. Carácter cíclico de la política fiscal de Chile durante 2000-2021


Esta sección analiza cómo ha evolucionado la posición cíclica de la política fiscal discrecional
en Chile dentro de su marco institucional y a través de las diferentes fases del ciclo económico.
Es importante destacar que Chile ha sido un líder en América Latina en el desarrollo y ejecución
de un marco regulatorio e institucional para la implementación de una política fiscal
contracíclica.

Como se mencionó en el capítulo dos, Chile enfrenta una de las mayores volatilidades
del PIB entre las economías aquí analizadas. Para hacer frente a grandes choques de producción
y a la fluctuación de los términos de intercambio, desde 2001 la política fiscal de Chile se ha
basado en una regla de equilibrio presupuestario ajustado cíclicamente. En 2006, promulgó la
Ley de Responsabilidad Fiscal, que incluyó la creación de dos fondos soberanos; en 2015,

153
Atribuible a una caída de los ingresos efectivos y estructurales de 6.5 y 5.1 puntos del PIB, respectivamente.

140
estableció un Consejo Fiscal Consultivo; y en 2019, un Consejo Fiscal Independiente. Una de
las innovaciones clave de Chile fue otorgar la responsabilidad de elaborar proyecciones a
comités de expertos independientes, como el Comité de Expertos del PIB Tendencial y el
Comité del Precio de Referencia del Cobre en 2003154.

A diferencia de las políticas de austeridad fiscal promovidas por otros países, que
implican grandes recortes en el gasto público durante las crisis, Chile cuenta con sólidos marcos
de política anclados en su regla de equilibrio fiscal estructural adoptada muchos años atrás. Esta
regla vincula el gasto público a los ingresos estructurales del gobierno central155, impone metas
cuantitativas en el saldo presupuestario estructural—dependiendo de la fase del ciclo
económico—y establece normas para la acumulación y administración de ahorros fiscales en
épocas de bonanza (DIPRES, 2023, p. 3). Como resultado, la política de balance estructural de
Chile, diseñada con un horizonte a largo plazo, es intrínsecamente contracíclica, permitiendo
déficits en períodos de baja actividad económica y superávits en fases expansivas del ciclo. Así,
se evitan rigideces o ajustes drásticos en el gasto público durante las crisis económicas, que
podrían impactar negativamente el crecimiento económico, la desigualdad y la pobreza.
Al ajustar los saldos presupuestarios por el efecto del ciclo económico y los términos de
intercambio, los resultados muestran que la orientación de la política fiscal en los años 2009 y
2020 (años de la crisis financiera internacional y de la crisis de COVID-19, respectivamente)
fue altamente contracíclica (mayor a 1.5 puntos porcentuales). Sin embargo, en 2009, la política
fiscal fue más contracíclica que en 2020. Estas posturas muy laxas fueron seguidas por una
política procíclica sin precedentes: la implementación de una política contractiva durante la fase
baja del ciclo económico en 2010 y una expansiva durante la fase alta del ciclo en 2021. En
2010, cuando la brecha del producto era negativa156 (véase anexo 4.4), el ajuste de la política
fiscal fue de 2.1 puntos, lo que indica que la política fiscal fue restrictiva y de carácter procíclico.
A diferencia de 2021, año en el que la brecha del PIB fue positiva (el PIB real crecía por encima
del potencial) y el déficit presupuestario estructural aumentó 4.3 puntos del PIB potencial, lo
que sugiere una política fiscal expansiva y de carácter muy procíclico.
La participación del saldo primario estructural en el PIB potencial fue del 2.4% en 2008
y cayó al -4.8% en 2009, lo que refleja una variación de -7.2 puntos porcentuales, con una brecha

154
Sin embargo, la estimación del balance estructural se ha vuelto cada vez más compleja y difícil de replicar a lo
largo de los años, debido a que el cálculo de este balance también ha tenido que considerar la introducción de la
producción de nuevos minerales distintos del cobre (por ejemplo, el molibdeno) y el establecimiento de nuevos
impuestos a la minería.
155
Asimismo, se establece una perspectiva de sostenibilidad fiscal en términos de niveles prudentes de deuda
pública. En 2022, por primera vez y de acuerdo con el Decreto N. 755, el Ministerio de Hacienda estableció un
nivel de deuda del 45% (DIPRES, 2023, p. 47).
156
A pesar del sólido crecimiento del PIB real de un 6%, seguía estando por debajo de su nivel potencial.

141
del producto de -3.4% (véanse anexos 4.12 y 4.15). Esta caída señala una política fiscal
discrecional expansiva en tiempos de crisis, caracterizándola como contracíclica. Como se
mencionó anteriormente, el déficit fiscal de 2009 fue provocado por una fuerte reducción de los
ingresos y estuvo acompañado de un aumento de la deuda pública, aunque en niveles inferiores
al promedio mundial. Parte de la respuesta fiscal fue el Plan de Estímulo Fiscal, anunciado en
enero de 2009, con un valor de US$ 4.000 millones (2.8% del PIB), destinado a estimular la
actividad económica y el empleo. Este plan incluyó programas de empleo, transferencias
directas a familias, rebajas tributarias, inversión pública (hasta US$ 700 millones), créditos a
PYMES y la recapitalización de Codelco con US$ 1.000 millones. Este enfoque fiscal prudente
ha sido un pilar clave para la estabilidad macroeconómica de Chile, ayudando a mitigar las
fluctuaciones del PIB, particularmente durante las crisis. Como se demostró en el capítulo dos,
el gasto público en Chile es el principal componente de la demanda agregada que impulsa la
fase ascendente del PIB.

Gráfico 4.9. Chile: Carácter cíclico de la política fiscal en Chile

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

La política fiscal expansiva de 2009 fue complementada por una postura monetaria
relajada: la tasa de interés de política fue reducida drásticamente de 8.25% en enero de 2009 a
0.75% en junio de ese mismo año. Esta estrategia fue viable gracias a los cuantiosos recursos
de los fondos soberanos, como el Fondo de Estabilización Económica y Social (FEES) y el
Fondo de Reserva de Pensiones (FRP), que a diciembre de 2008 acumulaban $20.200 millones
y $2.500 millones, respectivamente (véase IMF, 2009). El estímulo fiscal contribuyó a la rápida
recuperación de la economía a partir del segundo trimestre de 2010 (6.1% intersemestral,
CEPAL, 2023), tras una breve contracción de 5.5%. No obstante, esta política fiscal

142
contracíclica fue seguida en 2010 por una política procíclica sin precedentes. El ajuste fiscal de
ese año se caracterizó por aumentos temporales de impuestos, así como por recortes y la
reasignación del gasto público (véase Ley N. 20.444 de Financiamiento de la Reconstrucción,
Ministerio de Hacienda de Chile, 2010).

Desde la crisis financiera, la meta de balance estructural de la regla fiscal de Chile ha


sido objeto de reiteradas revisiones debido a la falta de cláusulas de escape bien definidas para
hacer frente a diversos choques: en 2010, luego de las protestas sociales de 2019 y tras la
irrupción del brote de COVID-19. Posterior a las protestas sociales, en la Ley de Presupuesto
para 2020 se contempló que el déficit estructural aumentaría a 3.2% del PIB, ya que las reformas
incrementaron el gasto público de manera permanente157.

En 2020, con la llegada del COVID-19 y la caída de los precios del cobre durante los
primeros meses del año, se introdujo una modificación al marco fiscal, sustituyendo el artículo
2 del decreto supremo N. 743 de 2018 —que establece las bases de la política fiscal— por el
decreto supremo N. 253 de 2020. Este decreto fijó una meta de déficit estructural de 3.9% para
2022, comenzando con un 3.2% en 2020 y alcanzando el 4.7% en 2021 (Ministerio de Hacienda
de Chile, 2020). Los sólidos fondos soberanos de Chile, como el Fondo de Estabilización
Económica y Social (FEES) y el Fondo de Reserva de Pensiones (FRP), que a finales de 2019
acumulaban $12.233,4 millones y $10.812,1 millones, respectivamente, permitieron financiar
parte de la histórica respuesta del gobierno ante la pandemia, lo que resultó en un déficit
estructural récord de 5.8% en 2020.

La pandemia amplificó la caída de la producción que ya se había registrado a finales de


2019. Durante los primeros meses de 2020, el gobierno chileno anunció dos paquetes de
medidas por un valor total de $17 mil millones, aproximadamente el 7% del PIB, con el objetivo
de asegurar la salud pública, proteger los empleos e inyectar liquidez en la economía (IMF,
2020, p. 12). Este contexto permitió que Chile, gracias a su considerable espacio fiscal,
implementara un significativo impulso fiscal contracíclico (véase panel a del gráfico 4.9 y anexo
4.12), lo que explica la fuerte caída en el balance estructural. Estas medidas también fueron
respaldadas por una política monetaria flexible para asegurar la estabilidad financiera y
proporcionar la liquidez necesaria (ídem, 2020).

En síntesis, las estimaciones indican que, durante el período 2000-2021, el superávit


primario y el déficit estructural promediaron 0.41% y 0.89% del PIB, respectivamente. Esto
sugiere que la posición fiscal subyacente estuvo sobreestimada en promedio por 1.3 puntos del

157
Tras las protestas de 2019, el gobierno chileno impulsó una agenda social que abarcó mayores y mejores
coberturas de salud y pensiones, así como el aumento del ingreso mínimo mensual de 320.500 a 326.500 pesos
chilenos, que entró en vigor a partir del 1 de septiembre de 2020 (Senado de Chile, 2020).

143
PIB. Asimismo, los cambios en el balance estructural durante este período promediaron -0.46
puntos, lo que indica que la política fiscal en Chile fue, en realidad, acíclica, con fluctuaciones
en su carácter cíclico a lo largo del tiempo.

4.5.4. Conclusiones para el caso chileno


Las conclusiones del caso chileno en este trabajo ofrecen dos aportaciones principales. En
primer lugar, la estimación del balance estructural de Chile durante el periodo 2000-2021, a
través del enfoque agregado del FMI y el enfoque desagregado de la OCDE, ajustado por el
ciclo económico y factores como los precios de los activos y los términos de intercambio. En
segundo lugar, el análisis de la ciclicidad de la política fiscal a lo largo del tiempo, a través de
las diferentes fases del ciclo económico. Se encontró que el balance estructural emerge como
un indicador clave para estimar el equilibrio presupuestario del gobierno central, considerando
la actividad económica en su nivel de tendencia.
Los resultados revelaron que los ajustes cíclicos entre ambos enfoques fueron similares,
aunque se observaron diferencias más marcadas cuando los balances se ajustaron,
conjuntamente, por el ciclo económico y los términos de intercambio. Al desagregar estos
efectos, se constató que el componente cíclico era relativamente pequeño (0.4 puntos), mientras
que la mayor corrección provenía de los términos de intercambio. Durante el período 2004-
2008, Chile experimentó grandes superávits presupuestarios que, al eliminar los efectos de estos
factores exógenos, revelaron que gran parte de esos superávits se debió al auge de los términos
de intercambio.
A partir de 2008, la economía chilena comenzó a desacelerarse, impactada por la crisis
financiera internacional, lo que resultó en un fuerte déficit en el balance primario y estructural
en 2009. Desde 2013, el balance estructural ha mostrado un deterioro continuo, con déficits
recurrentes hasta la actualidad.
En general, durante el periodo 2000-2021, la política fiscal en Chile fue mayormente
acíclica158, aunque predominantemente contracíclica en las crisis económicas, permitiendo
déficits presupuestarios en periodos de baja actividad. Las crisis de 2009 y 2020 destacaron por
una postura fiscal contracíclica, con déficits superiores a 1.5 puntos del PIB. En particular, la
respuesta fiscal en 2009 fue más contracíclica que en 2020, respaldada por los recursos de los

158
Las estimaciones indican que tanto el superávit primario como el déficit estructural se ubicaron en promedio en
0.41% y 0.89% del PIB respectivamente, lo que revela una sobreestimación de 1.3 puntos del PIB en la posición
fiscal subyacente. Asimismo, los cambios en el balance estructural tuvieron un promedio de -0.46 puntos
porcentuales, lo que evidencia una política fiscal acíclica en el país.

144
fondos soberanos del país, como el Fondo de Estabilización Económica y Social y el Fondo de
Reserva de Pensiones.

Chile ha demostrado liderazgo en la implementación de políticas fiscales contracíclicas


a través de mecanismos como la regla fiscal de equilibrio presupuestario ajustado cíclicamente,
la Ley de Responsabilidad Fiscal y la creación de comités de expertos independientes. Estas
medidas han permitido reducir el sesgo procíclico de la política fiscal durante las crisis
económicas y contribuir a la estabilidad macroeconómica.
Sin embargo, la regla fiscal chilena no está exenta de deficiencias, presenta varias
deficiencias en su diseño e implementación. Entre los principales puntos señalados se destacan
la ausencia de cláusulas de escape formales y la falta de una estrategia clara de desarrollo e
industrialización. En países en desarrollo, como Chile, una parte significativa del gasto público
se destina a la inversión, la cual tiende a incluir un alto componente importado —maquinaria,
equipos y otros insumos clave— necesarios para el desarrollo de la capacidad productiva interna
y la adopción de tecnología extranjera. Este tipo de inversión es fundamental para fomentar el
crecimiento económico y avanzar en la industrialización. Además, el componente importado de
la inversión pública puede tener un impacto negativo en el sector externo, afectando la balanza
de pagos. La inversión pública es, de hecho, uno de los factores que explica el gran aumento del
gasto público durante los auges de las materias primas. Los proyectos de infraestructura pública,
si están bien diseñados, pueden generar grandes retornos durante largos períodos. Sin embargo,
en la práctica, muchas veces estas infraestructuras quedan incompletas debido a la falta de
recursos para finalizarlas o la falta de voluntad política para mantenerlas. Por ello, es esencial
considerar estos factores al diseñar y evaluar las políticas de desarrollo económico en los países
de la región.
A pesar de estas limitaciones, la experiencia de Chile ofrece lecciones valiosas incluso
para economías desarrolladas, especialmente en lo que respecta a la acumulación de reservas
durante los auges económicos. Este enfoque ha demostrado ser crucial para mitigar los efectos
adversos durante las recesiones. Un ejemplo claro es la acumulación de reservas durante los
períodos de auge de productos básicos, lo que permitió a Chile enfrentar con mayor solidez las
crisis económicas de 2008-2009 y 2020. De no hacerlo, las economías podrían verse forzadas a
aplicar severos ajustes fiscales durante las crisis, lo que podría afectar negativamente la
estabilidad, el crecimiento y el desarrollo económico.

145
4.6. México: estimación del balance estructural como indicador de la posición fiscal
Desde la crisis financiera internacional de 2008-09 y, más recientemente, la crisis del COVID-
19, la economía mexicana ha enfrentado choques adversos que han afectado negativamente sus
finanzas públicas. En este contexto, se analiza la orientación de la política fiscal de México
durante el período 2000-2021. Primero, se examina la evolución de los ingresos y el gasto
público en el país. En la segunda sección, se estima el balance estructural, analizando la
evolución del saldo primario tanto en términos nominales como ajustados por el ciclo
económico y los precios de las materias primas. La tercera sección va más allá de determinar si
hubo déficit o superávit estructural en un año determinado, y se enfoca en el carácter cíclico de
la política fiscal (procíclica, contracíclica o acíclica), utilizando el balance estructural ajustado
y la brecha del producto para identificar patrones y sus determinantes. Finalmente, la última
sección presenta las conclusiones del análisis.

4.6.1. Evolución de los ingresos efectivos, ingresos estructurales y el gasto público

En las dos últimas décadas, México ha logrado algunos avances en materia fiscal,
incrementando la relación impuestos-PIB del 12.9% en 2000 al 16.4% en 2021159. Sin embargo,
la presión fiscal sigue siendo una de las más bajas de América Latina. Entre 2000 y 2021, la
recaudación tributaria promedio alcanzó solo el 15.1% del PIB, lo que deja a México rezagado
en comparación con países como Chile, donde la recaudación llegó al 21.8% (véase anexo 4.9).
En 2014, el gobierno implementó una reforma fiscal que buscaba aumentar la recaudación,
introduciendo medidas como límites a las deducciones y exenciones, nuevos tramos impositivos
y gravámenes sobre dividendos, ganancias, comida chatarra, refrescos, pesticidas y productos
con emisiones de carbono (véase CEFP, 2016). No obstante, el impacto fue limitado, logrando
solo un incremento de un punto porcentual del PIB. Además, la evasión fiscal sigue siendo un
problema significativo, con una tasa estimada del 18.7% en 2016 (OCDE, 2022).

El panel b) del gráfico 4.10 muestra la evolución de los ingresos efectivos, ingresos
estructurales y ajustes cíclicos en México desde 2000 hasta 2021. La línea roja representa los
ingresos efectivos, es decir, aquellos que reflejan el impacto del ciclo económico y las
variaciones en los términos de intercambio. Las barras negras indican el ajuste cíclico y los
cambios en los precios de las materias primas. Los ingresos estructurales, representados por las
barras grises, eliminan dichos efectos cíclicos.
Durante el período 2000-2008, los ingresos efectivos superaron a los estructurales
debido al crecimiento económico y a los altos precios de las materias primas. Sin embargo, en

159
Alcanzando su punto álgido en 2016 con un 17.2%.

146
2009, el ajuste cíclico fue negativo, coincidiendo con la crisis financiera internacional, lo que
redujo los ingresos efectivos por debajo de los estructurales. En 2020, la pandemia de COVID-
19 provocó un ajuste negativo de 1.7 puntos del PIB, debido a la desaceleración económica y la
caída de los precios de las materias primas.

Cabe destacar que los ingresos fiscales de México dependen significativamente del
petróleo, representando el 5.2% del PIB en 2022 y el 4.2% en 2023. Además, el país se
caracteriza no solo por su baja recaudación fiscal, sino también por un nivel bajo de gasto
público. Entre 2000 y 2021, el gasto público promedio fue del 17% del PIB, comparado con
Argentina (20.3%), Brasil (25.9%) y Chile (22.1%) (gráfico 4.10 y anexo 4.9). Como se detalla
en el capítulo dos, las fases expansivas del gasto público en México son menos intensas y
duraderas que las de sus pares regionales aquí analizados. Lo que hace que contribución a la
dinámica expansiva del ciclo económico no sea relevante.

Gráfico 4.10. México: Evolución del gasto público, ingresos efectivos e ingresos
estructurales del Gobierno Central, 2000-2021

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

La respuesta fiscal de México a la pandemia de COVID-19 fue moderada en


comparación con sus pares analizados en este estudio. En 2021, el gasto público aumentó apenas
un punto porcentual del PIB, reflejando la decisión de las autoridades de no incurrir en nueva
deuda para financiar dicho aumento. Es importante destacar que el presupuesto mexicano se
caracteriza por una alta rigidez, lo que limita la capacidad de los formuladores de política para
reasignar recursos presupuestarios ante cambios económicos. Esta rigidez proviene de
compromisos legales y contractuales, salarios y sueldos del sector público, pago de pensiones,
transferencias a gobiernos subnacionales y pagos de intereses. La falta de flexibilidad en el nivel
y la composición del gasto público afecta principalmente áreas más ajustables, como la
inversión pública, que tiende a reducirse ante una caída de los ingresos fiscales. Los recortes en

147
el gasto de capital suelen ser políticamente más aceptables que los recortes en el gasto corriente,
un comportamiento común en países en desarrollo (Akitoby et al., 2006; Ismail y Arezki, 2010;
Bamba et al., 2019).

4.6.2. Estimación del balance estructural

El gráfico 4.11 (panel a y b) muestra la evolución del saldo primario del presupuesto mexicano
(excluyendo intereses) y los distintos saldos primarios estructurales, ajustados por el impacto de
los ciclos económicos y los precios de las materias primas entre 2000 y 2021. Los ajustes
cíclicos, aplicados bajo los enfoques agregados y desagregados de los ingresos presupuestarios,
resultaron en correcciones relativamente similares, con variaciones entre -0.02 y 0.04 puntos del
PIB potencial. Aunque el ciclo económico es una fuente importante de fluctuaciones
macroeconómicas, también pueden surgir perturbaciones derivadas de los ciclos de auge y caída
en los precios de los activos o de las materias primas. Para reflejar adecuadamente estas
fluctuaciones en los saldos presupuestarios, no basta con ajustar solo por el ciclo económico; es
necesario incluir otras variables, como los precios de las materias primas.

Cuando se ajustan los saldos fiscales de México tanto por el ciclo económico como por
los precios de los activos, las diferencias aumentan ligeramente, aunque siguen siendo pequeñas.
En general, los saldos primarios cíclicos y los ajustados por los ciclos económicos y por el precio
de los activos se alinean estrechamente con el saldo primario no ajustado, independientemente
de si se utiliza la metodología agregada o desagregada.
No ocurre lo mismo con los saldos primarios ajustados cíclicamente y por los términos
de intercambio, donde surgen diferencias significativas160. Esto no es sorprendente, dado que
los saldos fiscales de las cuatro economías analizadas dependen en gran medida de los ingresos
generados por las exportaciones de materias primas, o de forma más general, de los términos de
intercambio. Una corrección por estas fluctuaciones ofrece una representación más precisa del
impacto de las variaciones en los precios de las materias primas sobre los ingresos fiscales,
especialmente en años en los que los precios de las commodities son elevados. Al ajustar los
saldos presupuestarios por estos factores, se obtiene información adicional sobre la verdadera
posición fiscal durante dos momentos críticos: la crisis financiera global de 2008-2009 y la crisis
sanitaria de 2020.

Entre 2000 y 2008, la mejora en las posiciones fiscales de México se debió


principalmente a condiciones económicas externas favorables, como los altos precios de las
materias primas y fluctuaciones cíclicas positivas en la actividad económica. Durante este

160
Para una visión más detallada de estas diferencias, véase el anexo 4.11, que proporciona información desglosada
sobre todos estos balances.

148
periodo, el balance primario convencional (sin ajustes) mostró déficits moderados, pero al
eliminar los efectos positivos de las condiciones económicas, los déficits estructurales resultaron
más graves. Por ejemplo, en 2007, el balance primario no ajustado reflejó un déficit de -0.49%
del PIB; sin embargo, al ajustar por condiciones cíclicas y términos de intercambio (0.82 puntos
del PIB, véanse anexos 4.13 y 4.15), el déficit real alcanzó el 1.31% del PIB.

Gráfico 4.11. México: Balance global, balance primario y balance estructural del
Gobierno Central Total, 2000-2021

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

En 2009, aunque el saldo primario convencional indicaba una expansión fiscal de


aproximadamente 0.3 puntos del PIB, pasando de -0.2% en 2008 a -0.4% en 2009, un análisis
más detallado revela una realidad diferente. Al ajustar por el impacto cíclico y los precios de las
materias primas, se evidencia que el gobierno no realizó un “esfuerzo fiscal” real para enfrentar
la crisis. El déficit aparente fue exacerbado por las condiciones económicas adversas y no por
una política fiscal expansiva161. La caída de 1.3 puntos del PIB en los ingresos totales en 2009
respondió a la caída cíclica y de los precios de las materias primas. En ese mismo año, el gasto
público tuvo una variación interanual de -0.9 puntos del PIB (véase anexo 4.8).

161
Este contraste se evidencia al comparar los datos ajustados y no ajustados. Particularmente, el anexo 4.14
proporciona un desglose detallado de estos ajustes, permitiendo una comprensión más precisa de la política fiscal
subyacente de México durante este período. El gráfico muestra cómo fluctuaciones macroeconómicas, como el
ciclo económico y los términos de intercambio, afectan el balance primario. Así, el balance primario no ajustado,
representado por la línea negra, contiene los efectos de los ciclos económicos y los términos de intercambio. Al
eliminar estos efectos, que pueden incluir ajustes positivos o negativos debido a fluctuaciones económicas y de los
términos de intercambio, se obtiene el balance primario ajustado, representado por las barras azul oscuro. Los
ajustes positivos indican períodos en los cuales el ciclo económico y los términos de intercambio mejoraron el
balance primario no ajustado. Por otro lado, los ajustes negativos corresponden a períodos en los cuales estos
factores empeoraron dicho balance.

149
A diferencia del periodo entre 2002 y 2015, cuando los déficits primarios de México
fueron esencialmente estructurales162 —es decir, no debidos a fluctuaciones cíclicas, sino a
desequilibrios fiscales subyacentes—, los resultados muestran un cambio a partir de 2016.
Desde entonces, los déficits primarios se explican principalmente por fluctuaciones cíclicas
adversas y una tendencia decreciente en los términos de intercambio. En este mismo periodo, se
observa una mejora en el balance primario estructural de México, en comparación con los
niveles de principios de los 2000 y en relación con el balance primario sin ajuste, lo que refleja
una postura fiscal subyacente más sólida que la indicada por el saldo primario no ajustado163.
No obstante, el balance primario convencional ha presentado un deterioro continuo a partir de
2018, impulsado por la caída en los ingresos, tanto efectivos como estructurales, y exacerbado
en 2020 y 2021.
Este análisis subraya la importancia de considerar los ajustes estructurales para evaluar
con precisión la situación fiscal de México. Las fluctuaciones cíclicas y los términos de
intercambio pueden distorsionar significativamente los saldos presupuestarios primarios,
afectando la percepción de la posición fiscal subyacente del país. El balance estructural, ajustado
por el ciclo económico y los términos de intercambio, permite detectar mejoras o deterioros en
la postura fiscal que no son evidentes en el balance primario convencional. En periodos de
bonanza, con fluctuaciones positivas del ciclo económico o de los términos de intercambio, el
déficit puede parecer menor o el superávit mayor, ocultando problemas estructurales, como
ocurrió entre 2006 y 2008 (véase anexo 4.12). Por otro lado, durante crisis, como la financiera
global de 2009 o el periodo 2014-2021, con fluctuaciones negativas, el déficit puede parecer
mayor o el superávit menor, enmascarando una posible mejora del balance estructural.

Los datos ajustados proporcionan una imagen más precisa y revelan que hasta 2013 las
aparentes mejoras fiscales eran, en muchos casos, un espejismo generado por condiciones
económicas favorables. Durante la crisis de 2009, el gobierno debió haber implementado una
política fiscal contracíclica—incrementando el gasto o reduciendo impuestos—pero no lo hizo.
Este análisis destaca la importancia de evaluar la postura fiscal subyacente sin distorsiones de

162
Durante ese período, los componentes estructurales, cíclico y de los precios de las materias primas promediaron
-0.6%, -0.1% y 0.2% del PIB, respectivamente.
163
Es crucial comprender, sin embargo, que esta mejora en el balance estructural no debe interpretarse como una
consecuencia directa de las fluctuaciones económicas adversas. La identificación de un efecto negativo no implica
causalidad, simplemente refleja la interacción entre las fluctuaciones cíclicas y el balance primario durante el
período analizado. En otras palabras, la mejora del balance estructural es un resultado observado, no una
consecuencia directa de las fluctuaciones económicas adversas. No existe una correspondencia unívoca entre la
corrección cíclica y el balance estructural; la relación entre ambos es compleja y no puede reducirse a una simple
regla de correspondencia.

150
factores transitorios, como las fluctuaciones cíclicas y los términos de intercambio, para diseñar
políticas fiscales sostenibles a largo plazo.

Hasta aquí, el análisis se ha centrado en las tendencias del balance primario estructural
y el balance convencional, influenciado por los precios de las materias primas y las condiciones
cíclicas. Sin embargo, no se ha examinado a fondo la orientación de la política fiscal en México.
Para ello, es necesario utilizar un indicador del ciclo económico, como la brecha del producto,
que será el foco del análisis a continuación.
4.6.3. Carácter cíclico de la política fiscal de México durante 2000-2021

Desde la crisis financiera global de 2008-09 y, más recientemente, durante la crisis del COVID-
19, la economía mexicana ha sido impactada por una serie de choques macroeconómicos
adversos que han afectado significativamente las finanzas públicas del país. En esta sección, se
calculará, clasificará y examinará la postura de la política fiscal de México durante el período
2000-2021, a través del análisis del impulso fiscal, definido como el cambio en el saldo primario
estructural, calculado en la sección anterior164. En el panel b) del gráfico 4.12, se compara la
magnitud de estos impulsos fiscales con la brecha del producto, un indicador que muestra la
posición cíclica de la economía. Esta comparación permite determinar no solo si la política fiscal
fue procíclica, acíclica o contracíclica, sino también la intensidad de dicha orientación.
Gráfico 4.12. México: Carácter cíclico de la política fiscal

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

164
Cabe recordar que este es un indicador diseñado para medir el impacto de las medidas fiscales discrecionales
del gobierno, ya sean acciones procíclicas, acíclicas o contracíclicas que no están vinculadas a factores
coyunturales. En términos sencillos, el impulso fiscal mide el grado en que el gobierno, a través de sus decisiones
de gasto e impuestos, está actuando para estimular o frenar la economía.

151
Un análisis detallado del carácter cíclico de la política fiscal en México revela un
hallazgo importante. En el panel b) del gráfico 4.12 (véanse también anexos 4.11 y 4.13), se
observa que, en el período 2000-2021, la política fiscal ha sido predominantemente procíclica
(36.4% del tiempo, es decir, 8 años) o acíclica (36.4%), con solo seis episodios contracíclicos165.
Esto indica que, con la misma frecuencia, las medidas fiscales del gobierno no tuvieron un
impacto claro en el ciclo económico (acíclicas)166 o acompañaron las fluctuaciones económicas,
intensificándolas potencialmente en lugar de suavizarlas (procíclicas)167. Esto refleja una
tendencia marcada hacia la austeridad fiscal, especialmente en momentos de crisis, lo que ha
restringido la capacidad del gobierno para implementar políticas contracíclicas que pudieran
amortiguar los efectos de los choques económicos (véase Moreno-Brid et al., 2017)

Una excepción notable fue el año 2010, cuando, ante la crisis financiera global, el
gobierno mexicano, bajo la administración de Felipe Calderón, adoptó por primera vez en su
historia reciente una serie de medidas fiscales expansivas para mitigar los efectos negativos de
la crisis sobre la actividad económica y el empleo. Este enfoque contrasta con las respuestas
procíclicas adoptadas en episodios anteriores de crisis económicas (Secretaría de Hacienda y
Crédito Público, SHCP, 2013).

En 2006, el Congreso de México aprobó la Ley Federal de Presupuesto y


Responsabilidad Hacendaria (LFPRH), que introdujo varios elementos clave para fortalecer la
gestión fiscal del país (Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 2006). A diferencia de crisis
anteriores y de la posterior crisis del COVID-19, la economía mexicana enfrentó la crisis
financiera internacional de 2008-09 con una situación fiscal relativamente sólida. Durante varios
años antes del inicio de la crisis, la inflación se había mantenido estable y baja, con menos del
5% anual168. El gobierno mexicano había seguido rigurosamente una regla de presupuesto
equilibrado conforme a la LFPRH. En promedio, durante el período 2000-2007, el saldo del
balance primario convencional fue de 0.2% del PIB, y su deuda externa se había reducido
notablemente como proporción del PIB, situándose en 4% en 2007169. Este marco normativo,
combinado con el nivel sustancial de reservas internacionales acumuladas hasta diciembre de
2007, proporcionó un margen relativamente amplio para aplicar políticas de estabilización

165
En contraste, Chile ha demostrado una mayor propensión a implementar medidas contracíclicas.
166
El saldo fiscal estructural no empeoró durante las recesiones ni mejoró durante las expansiones de forma
sistemática.
167
El saldo fiscal estructural mejoró durante las recesiones (el déficit se redujo o el superávit aumentó) y empeoró
durante las expansiones (el déficit aumentó o el superávit se redujo), véase anexo 4.15.
168
Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 2024.
169
CEPAL (2024).

152
cuando la crisis se intensificó en septiembre de 2008, con el fin de mitigar su impacto sobre la
actividad productiva y el empleo en el país.

A medida que la crisis económica comenzó a afectar a los segmentos más vulnerables
de la sociedad, el gobierno federal implementó diversas medidas para mitigar su impacto en la
economía, particularmente en las familias de bajos ingresos. Entre estas acciones, destaca la
decisión de no presentar, por primera vez en quince años, una miscelánea fiscal en 2009, lo que
implicó que no se introdujeran nuevos impuestos ni se modificaran los existentes. En cuanto al
gasto público, este aumentó en un 13.1% en términos reales respecto a 2008, priorizando la
inversión en infraestructura y los programas sociales. Entre las medidas adoptadas se encuentran
el Acuerdo Nacional en Favor de la Economía Familiar y el Empleo, apoyos financieros a
sectores afectados por la crisis por un total de 27 mil millones de pesos, y la modificación de las
leyes de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del Sector Público, y de Obras Públicas
para agilizar el gasto público. También se realizaron ajustes en áreas no esenciales de la
administración (Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 2010, p. 85).

Este enfoque contracíclico fue posible debido a ciertas modificaciones clave a la LFPRH.
En octubre de 2008, se reformó esta ley para que, a partir de 2009, PEMEX dejara de realizar
inversiones a través del esquema PIDIREGAS, que estaba fuera del balance “tradicional”. Esto
implicó que todas las inversiones de la empresa petrolera se integraran al presupuesto federal, y
que PEMEX registrara como gasto propio las inversiones realizadas bajo ese esquema. Dicho
cambio incrementó sus necesidades de financiamiento y, consecuentemente, el endeudamiento
presupuestario. Sin embargo, la regla fiscal exigía que el presupuesto público fuera equivalente
a los ingresos recaudados, lo que limitaba la capacidad de inversión de PEMEX. Para evitar que
la empresa redujera sus gastos e inversiones, el Congreso decidió modificar nuevamente la
LFPRH. Esta modificación permitió que la inversión física total de PEMEX se excluyera de la
meta de equilibrio presupuestario170, lo que, en otras palabras, significaba que el presupuesto
podía tener un déficit fiscal equivalente a la inversión de PEMEX. Con ello, la meta de equilibrio
presupuestario sería el balance presupuestario sin la inversión de Pemex171. Esta modificación
generó un espacio fiscal de 78.3 mil millones de pesos, de los cuales 53.1 mil millones se
destinaron a inversión en infraestructura de largo plazo, lo que también estaba en concordancia
con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (ver Secretaría de Hacienda y
Crédito Público, 2008).

170
Aunque el gasto de PEMEX seguía estando sujeto a la aprobación del Congreso.
171
A partir de 2015, se siguió ampliando esta definición para incluir también el gasto de capital de la Comisión
Federal de Electricidad (CFE) y los proyectos clasificados como de “alto impacto económico y social” del gobierno
federal. Para 2022, esta metodología se extendió, una vez más, para descontar la inversión de todo el sector público
presupuestario (Secretaría de Hacienda y Crédito Público, 2021, p. 15).

153
A diferencia de otras crisis, en 2009 México contaba con mecanismos para obtener
recursos sin comprometer su estabilidad financiera. La estrategia de financiamiento se sustentó
en tres pilares fundamentales: ajustes al gasto público, incremento de los ingresos fiscales
(utilizando recursos provenientes de fondos de estabilización e ingresos no recurrentes) y un
incremento en el endeudamiento público (mayor déficit fiscal). Se utilizaron 75 mil millones de
pesos del Fondo de Estabilización de los Ingresos Petroleros, 95 mil millones de pesos
provenientes del remanente de operación del Banco de México, 64 mil millones de pesos
obtenidos a través del programa de coberturas del precio del petróleo y más de 80 mil millones
de pesos provenientes de ingresos no recurrentes de otros rubros.
Para complementar la estrategia de financiamiento, se llevaron a cabo acciones para
fortalecer el marco legal de la responsabilidad fiscal. La Ley Federal de Responsabilidad
Hacendaria se modificó en varios aspectos: (i) se aumentó el tamaño máximo de los fondos de
estabilización del petróleo, que previamente habían sido limitados a niveles relativamente bajos;
(ii) se incluyó toda la deuda relacionada con PEMEX en las estadísticas de deuda federal; y (iii)
se aseguró una evolución ordenada de la deuda pública incrementada. Las autoridades estimaron
que esto requeriría mantener el déficit fiscal incrementado, que incluye el gasto de capital de
PEMEX, en no más del 2.5% del PIB anual (International Monetary Fund, 2009).
A pesar de esta solidez inicial, a mediados de 2009, la recesión económica se profundizó
más de lo anticipado y los precios del petróleo se mantuvieron por debajo de las expectativas,
generando un impacto significativo en la economía mexicana. México fue uno de los países
latinoamericanos más afectados por la crisis financiera internacional debido a su estrecha
interacción con Estados Unidos, el epicentro de la crisis. La crisis golpeó a México de manera
rápida y severa. La producción real en México se contrajo un 6.3% en 2009, mientras que el
promedio de contracción en América Latina fue de 1.9%.

Ante la necesidad urgente de cerrar la creciente brecha en las cuentas fiscales, el


gobierno federal reconoció la importancia de adoptar reformas adicionales para fortalecer las
finanzas públicas. En este contexto, se aprobó un conjunto de medidas de ajuste fiscal para 2010
que incluía recortes en el gasto público y aumentos en diversos impuestos. Entre las principales
medidas adoptadas, se incrementó permanentemente la tasa general del Impuesto al Valor
Agregado (IVA) del 15% al 16%, y la tasa del Impuesto sobre la Renta (ISR) para personas
morales pasó del 28% al 30%. Asimismo, se elevó la tasa del Impuesto a los Depósitos en
Efectivo (IDE) del 2% al 3% y se incrementó el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios
(IEPS) para productos como bebidas alcohólicas, juegos y sorteos, tabacos y
telecomunicaciones (Centro de Estudios de las Finanzas Públicas, CEFP, 2009).

154
La respuesta contracíclica a la crisis financiera de 2008 se diseñó como una medida
temporal. La Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, en su artículo 17,
fracción III, requería que el gobierno definiera el número de años en los que incurriría en déficit
fiscal y las acciones necesarias para eliminarlo, comprometiéndose a regresar a un presupuesto
balanceado cuando la economía se recuperara. Para lograr esto, se propuso un déficit
presupuestario de 60 mil millones de pesos para 2010, que se reduciría a 40 mil millones en
2011, con la intención de alcanzar el equilibrio presupuestario en 2012. Sin embargo, el balance
presupuestario no alcanzó el equilibrio propuesto, y los déficits continuaron registrándose tanto
en el balance primario tradicional como en la deuda total del gobierno federal en los años
siguientes.

Es notable que, a pesar del incremento en el déficit presupuestario convencional y en la


deuda pública mexicana —que alcanzaron el 1.1% y el 27% del PIB respectivamente en 2010—
los mercados financieros no reaccionaron negativamente, reflejando una confianza sostenida en
la gestión fiscal del país. En paralelo, el balance presupuestario estructural registró un déficit
del 1% del PIB, equivalente a un impulso fiscal de 1.5 puntos porcentuales (véanse anexos 4.11,
4.12 y 4.13).

Si bien este cambio puede ser resultado de decisiones gubernamentales o de la acción de


estabilizadores automáticos, la evidencia sugiere que estos últimos tienen un impacto limitado
en América Latina (Suescún, 2007). En el caso de México, Ramírez (2008 y 2018) demuestra
la escasa robustez de los estabilizadores automáticos, particularmente en el gasto público. Por
lo tanto, la caída de los ingresos estructurales (1.2 puntos del PIB) y el aumento del gasto público
(0.2 puntos del PIB) durante la recesión de 2010 no pueden atribuirse a un efecto estabilizador
automático. En consecuencia, el deterioro del balance estructural (1.5 puntos del PIB) en 2010
se debe principalmente a un impulso fiscal expansivo, es decir, a una política fiscal contracíclica
implementada deliberadamente por el gobierno. No obstante, esta respuesta contracíclica no se
observó durante la crisis de COVID-19 en 2020-2021, como se verá más adelante.

Aunque el objetivo inicial de la regla fiscal en México era limitar el presupuesto del
sector público y crear fondos de estabilización para gestionar ingresos excedentes y compensar
los déficits en periodos de menores ingresos, su diseño mostró importantes deficiencias. Como
resultado, la regla no logró asegurar una política fiscal consistentemente contracíclica172. Entre

172
Es necesario recordar que las medidas fiscales contracíclicas no solo se implementan durante la parte baja del
ciclo económico, sino también durante las fases ascendentes del ciclo. Un contexto de auge económico,
caracterizado por un crecimiento del PIB por encima de su potencial, ofrece una oportunidad única para fortalecer
los ingresos y generar fondos para la estabilización macroeconómica.

155
2011 y 2014, la política fiscal de México fluctuó entre acíclica y procíclica, según lo observado
en el gráfico 4.12 y el anexo 4.13.

Estas deficiencias quedaron en evidencia, lo que impulsó una reforma significativa en


enero de 2014, marcando un punto de inflexión en la Ley Federal de Presupuesto y
Responsabilidad Hacendaria (LFPRH). La reforma adoptó un enfoque de balance estructural
implícito, similar al de países como Chile, Noruega y Suiza (Secretaría de Hacienda y Crédito
Público, 2014). Esta nueva regla permitía la implementación de déficits anticíclicos cuando
fueran eficientes y, a la vez, requería la acumulación de ahorros en periodos de auge, asegurando
una respuesta fiscal óptima a las fluctuaciones económicas. No obstante, la aplicación de este
tipo de reglas enfrenta desafíos importantes. En primer lugar, su operatividad exige acceso a una
gran cantidad de información, incluidas proyecciones macroeconómicas precisas y estimaciones
confiables del PIB potencial. En segundo lugar, requiere de un marco institucional sólido,
caracterizado por la transparencia, la rendición de cuentas y la capacidad técnica, debido a la
complejidad de los cálculos que estas reglas requieren (Wolf Heinrich REUTER, 2020).

En respuesta a estas exigencias, México adoptó una solución intermedia, transformando


la regla fiscal existente en una regla de balance estructural de manera implícita. Este nuevo
esquema impuso un límite al crecimiento del gasto público, vinculado al crecimiento del PIB
potencial173 (calculado como el promedio simple de los últimos diez años), con el objetivo de
corregir las fallas identificadas en la regla anterior.
Reconociendo que no todos los componentes del gasto público tienen el mismo impacto
en la economía—algunos con efectos multiplicadores más elevados—y que existen categorías
cuyo crecimiento no puede ser limitado por ley, se decidió aplicar el límite de crecimiento solo
a un subconjunto específico, denominado gasto corriente estructural (GCE). Este se define como
el gasto público total menos participaciones, adeudos de ejercicios fiscales anteriores,
combustibles utilizados para la generación de electricidad, costo financiero, pago de pensiones
y jubilaciones, y la inversión física y financiera directa de la Administración Pública Federal
(Cetrángolo et al., 2022, p. 14). Adicionalmente, se establecieron dos directrices principales: i)
una restricción al déficit presupuestario de un máximo del 2% del PIB, condicionada a que la
inversión pública supere el monto del déficit permitido; y ii) una meta anual para los Requisitos
Financieros del Sector Público (RFSP), determinada con base en la capacidad de financiamiento
del sector público federal (Gobierno de México, 2020, p. 78).

Sin embargo, entre 2014 y 2016, la economía mexicana enfrentó diversos choques
internos y externos que afectaron significativamente las finanzas públicas. A mediados de 2014,

173
A menos que se active la cláusula de escape o se produzca una recesión.

156
los precios internacionales del petróleo cayeron drásticamente, reduciéndose el precio del crudo
mexicano de 100 USD por barril en junio de 2014 a 21 USD en enero de 2016 (Banxico, 2024a).
Al mismo tiempo, la producción petrolera de Pemex siguió una tendencia a la baja (Secretaría
de Energía, SENER, 2017), lo que erosionó considerablemente los ingresos petroleros,
contrarrestando en gran parte el aumento de la recaudación de fuentes no petroleras174.
El incremento de la deuda del sector público175, junto con los choques en los precios del
petróleo y las condiciones económicas y financieras adversas, generaron crecientes
preocupaciones sobre la sostenibilidad fiscal. Como respuesta, en 2014 se permitió una
ampliación temporal del déficit público bajo las cláusulas de la Ley de Responsabilidad
Hacendaria. En consecuencia, entre 2015 y 2017, la política fiscal discrecional de México
adoptó un enfoque contracíclico, reflejado principalmente en el aumento de los ingresos
estructurales del 2.1% del PIB, pasando del 16% en 2014 al 18.1% en 2017176. No obstante, a
partir de este último año, la orientación de la política fiscal cambió hacia un enfoque procíclico.
En los últimos años, los precios de las materias primas no han contribuido a mejorar las
posiciones fiscales del gobierno central. De ahí, que las cifras de 2020 y 2021 (-0.1% y -0.28%
del PIB, respectivamente) reflejan un deterioro generalizado relacionado a factores cíclicos,
discrecionales y precio de las materias primas. Sin embargo, al eliminar los efectos cíclicos y
de los términos de intercambio asociados, se evidencia que la política fiscal discrecional no fue
utilizada como herramienta de estabilización macroeconómica (el saldo presupuestario ajustado
de 1.41% del PIB potencial). En 2021, en respuesta a la crisis financiera, la política fiscal
registró un superávit estructural de 1.4%, lo cual es mayor al déficit observado de -0.3% del
PIB. Ello sugiere, que la política fiscal en ese año fue procíclica.

La respuesta fiscal de México ante la pandemia de COVID-19 se caracterizó por la


prudencia y el apego a la disciplina fiscal (véase Moreno-Brid, 2020). A diferencia de otros
países latinoamericanos177, México no optó por flexibilizar sus marcos fiscales. El presidente

174
De acuerdo con la CEPAL (2024), en 2010, los ingresos tributarios totales aumentaron 2.2 puntos del PIB, al
pasar de 10.6% en 2014 a 12.8% en 2015.
175
Véase Banxico (2024b).
176
Cabe recordar que una política fiscal de carácter contracíclico durante un periodo de crecimiento económico
implica que los cambios en la postura fiscal (impulso fiscal) durante esos años fueron contractivos.
177
Brasil: Introdujo la Enmienda Constitucional 106/2020 para instituir un régimen fiscal, financiero y de
contrataciones de carácter extraordinario denominado "presupuesto de guerra", que permitió una expansión del
gasto público sin precedentes de 5 puntos porcentuales del PIB en 2020. Paraguay: El Parlamento autorizó al
gobierno a incrementar el límite de endeudamiento y a implementar un proceso de convergencia para restablecer
gradualmente el cumplimiento de las reglas fiscales vigentes. El Salvador: Se acogió a la excepción de la Ley de
Responsabilidad Fiscal tras declarar el Estado de Emergencia Nacional en 2020. Honduras: Tras declarar el Estado
de Emergencia Sanitaria, se suspendieron las reglas plurianuales de desempeño fiscal por dos años. Panamá: La
declaración del Estado de Emergencia Nacional permitió, por primera vez, el uso del Fondo de Ahorro creado en

157
Andrés Manuel López Obrador se comprometió a no incrementar la deuda pública como
respuesta a la crisis económica provocada por la pandemia. En consonancia, México optó por
no suspender la regla fiscal vigente178 ni recurrir a la creación de fondos extrapresupuestarios.
En su lugar, el gobierno reasignó recursos dentro del presupuesto existente, estableciendo el
Fondo para la Prevención y Atención de Emergencias. El 18 de marzo de 2020, la Cámara de
Diputados aprobó la creación de este fondo, con una cantidad máxima de 180,733 millones de
pesos para enfrentar la pandemia (Cámara de Diputados, 2020). Para financiar estos recursos,
se permitió al gobierno disminuir hasta el 100% del balance primario aprobado en los Criterios
Generales de Política Económica para 2020 (Gobierno de México, 2020).
El 5 de abril, el presidente López Obrador delineó los principios y medidas que guiarían
la respuesta económica del gobierno mexicano a la crisis del COVID-19, detalles que se
expusieron con mayor profundidad el 22 de abril y, finalmente, se formalizaron mediante un
decreto el 23 del mismo mes (véase Secretaría de Gobernación, 2020). Esta estrategia,
sustentada en la "ley de austeridad", estaba dirigida a la reducción de gastos en programas
considerados no prioritarios. Así también, el 3 de abril, el presidente anunció la disolución de
fideicomisos públicos federales no estratégicos179, reasignando estos recursos hacia la gestión
de la emergencia sanitaria y económica.
La estrategia financiera del gobierno se apoyó en los ahorros acumulados en el Fondo
de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios, con el compromiso de no incrementar la
deuda pública. Al igual que Chile, México recurrió al financiamiento extraordinario proveniente
de estos fondos soberanos. De acuerdo con el artículo 21 de la Ley Federal de Presupuesto y
Responsabilidad Hacendaria (LFPRH)180, para compensar la disminución de ingresos durante
el primer semestre de 2020, comparado con las estimaciones de la Ley de Ingresos de 2019 (LIF
2019), México utilizó casi la totalidad (96%) de las reservas y del saldo del propio FEIP 181.La

2012. Uruguay: La regla fiscal establecida en 2006, relacionada con el nivel de endeudamiento, fue modificada en
varias ocasiones para flexibilizarla. Argentina: La Ley 27.591 suspendió la aplicación de límites al crecimiento del
gasto público (nominal y real), déficit fiscal y endeudamiento.
178
Pese a que, a enero de 2020, la legislación mexicana contemplaba cláusulas de escape en casos excepcionales
debido a condiciones económicas y sociales prevalecientes en el país, estas permitían rebasar el límite máximo del
gasto corriente estructural. Cabe agregar que, para activar la cláusula de escape, el Poder Ejecutivo debe explicar
las razones excepcionales para superar el límite de gasto en la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos
presentados al Congreso. Sin embargo, no están definidos ni la duración de la excepción ni la reversión a la regla
fiscal.
179
Dichos fideicomisos habían sido establecidos para respaldar una diversidad de áreas, como la economía, la
salud, las artes, el cine y las ciencias.
180
Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión de los Estados Unidos Mexicanos (2024).
181
A 2024, los recursos del FEIP aún no han recuperado los montos previos a la crisis del COVID-19. Durante el
primer trimestre de 2024, su saldo fue de 47,820.1 millones de pesos, mientras que a finales de 2019 totalizaban
279,770.7 millones de pesos (Centro de Investigación Económica y Presupuestaria, CIEP, 2023; Centro de Estudios
de las Finanzas Públicas, CEFP, 2024).

158
existencia de estos fondos soberanos fue crucial para la respuesta de algunos países de la región,
especialmente aquellos con una fuerte actividad exportadora de hidrocarburos y minerales, ya
que brindaron un margen de maniobra adicional. Parte de esos recursos se destinó a otorgar
créditos a micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes), tanto del sector formal como del
informal.
El enfoque de prudencia fiscal adoptado por México durante la pandemia de COVID-19
resultó en la peor recesión de las últimas décadas, con una contracción del 8.6% del PIB en 2020
y una posterior recuperación económica más débil. A pesar de que México ha implementado
diversas reformas fiscales a lo largo de las últimas décadas, con el fin de fortalecer su posición
fiscal y promover la estabilidad económica —como lo demostró durante la crisis de 2008-09,
cuando enfrentó el desafío con una situación fiscal robusta y un manejo macroeconómico
prudente—, persisten limitaciones históricas en su sistema de Hacienda pública. Estas
limitaciones abarcan una baja recaudación tributaria, discutida previamente en la sección 4.3.1,
la necesidad de mejorar la eficiencia del gasto público, una alta dependencia de los ingresos
petroleros, una estructura rígida del gasto público que reduce el margen de maniobra para ajustes
y una limitada capacidad contracíclica.

En términos generales, el análisis del carácter cíclico de la política fiscal en México


durante el período 2000-2021 muestra una tendencia hacia la prociclicidad, salvo la notable
excepción de 2010. A diferencia de la respuesta contracíclica observada durante la crisis
financiera global, en los años 2020 y 2021 se evidenció una orientación procíclica. Este contraste
en las respuestas fiscales plantea interrogantes sobre la capacidad del gobierno mexicano para
implementar medidas anticíclicas efectivas y sobre si el diseño actual de la política fiscal limita
la capacidad de respuesta ante choques macroeconómicos adversos, incentivando un enfoque
procíclico o de austeridad. En conclusión, estos resultados sugieren la necesidad de reconsiderar
las estrategias fiscales y de evaluar la implementación de mecanismos que permitan una mayor
flexibilidad y agilidad en la respuesta ante futuras crisis. La incorporación de reformas que
fortalezcan la capacidad contracíclica sería esencial para enfrentar de manera más eficiente los
desafíos macroeconómicos y asegurar la estabilidad económica a largo plazo.

4.6.4. Conclusiones para el caso mexicano

Los resultados del análisis para México muestran que los ajustes cíclicos, tanto bajo el enfoque
agregado como el desagregado, presentaron similitudes, aunque se observaron diferencias más
marcadas cuando los balances presupuestarios fueron ajustados conjuntamente por el ciclo
económico y los términos de intercambio. También se encontró que, en los períodos de bonanza,
los déficits calculados mediante el balance presupuestario convencional tendieron a parecer

159
menores, mientras que los superávits parecían mayores de lo que realmente eran, ocultando así
problemas estructurales. En contraste, durante las crisis, los déficits aparentes eran más elevados
y los superávits más pequeños, ocultando mejoras en el balance estructural. Los datos ajustados
revelan que, hasta 2013, muchas de las aparentes mejoras fiscales de México fueron el resultado
de condiciones económicas favorables.
El análisis de la orientación de la política fiscal en las últimas dos décadas refleja una
marcada variabilidad y una ausencia de un enfoque contracíclico sostenido. Si bien hubo
momentos de discrecionalidad fiscal, en promedio, las políticas fiscales implementadas desde
principios de los 2000 han sido mayoritariamente procíclicas, especialmente en los últimos años.
Este hecho subraya la necesidad de fortalecer los mecanismos fiscales para poder responder de
manera más eficaz a las crisis económicas.
En este sentido, se recomienda que México lleve a cabo una revisión exhaustiva de su
marco fiscal, teniendo en cuenta los siguientes puntos clave (véase, además, Moreno-Brid,
2020):

1. Evaluar si las reglas fiscales actuales permiten la implementación de políticas


contracíclicas o si, por el contrario, restringen la capacidad de respuesta del gobierno.

2. Incorporar indicadores cíclicos en las reglas fiscales.


3. Fortalecer los estabilizadores automáticos para que el gasto social aumente
automáticamente durante las recesiones, evitando la necesidad de cambios legislativos
que retrasen la implementación de las medidas.

4. Diseñar planes de contingencia que prevean la posibilidad de aumentar el gasto público


de manera estratégica en respuesta a choques externos, estableciendo mecanismos claros
y eficientes para su activación.
5. Mejorar la eficiencia del gasto público para asegurar que los recursos sean utilizados de
manera óptima, estimulando la demanda interna y minimizando el despilfarro y la
corrupción.

La crisis del COVID-19 subrayó la importancia de incrementar el gasto público,


incluidas las inversiones públicas, para mitigar los impactos económicos adversos. En este
contexto, una reforma fiscal inclusiva es esencial para promover el crecimiento económico a
mediano plazo y crear un espacio fiscal que permita una respuesta más eficaz a futuras crisis.
Dicha reforma podría basarse en tres pilares fundamentales:
1. Aumento de la recaudación tributaria.
2. Combate efectivo a la evasión fiscal.

160
3. Mayor inversión pública.
4. Fortalecimiento de las redes de seguridad social.

Para implementar estas reformas de manera efectiva, es crucial diseñar un plan maestro
intersectorial a nivel nacional, que establezca prioridades claras a nivel federal y promueva
proyectos subnacionales con externalidades interjurisdiccionales. La creación de dicho plan,
junto con una adecuada cartera de proyectos, requiere esfuerzos significativos y criterios claros
y transparentes, ya que este tipo de planificación tiende a extenderse más allá de una sola
administración gubernamental. Esta planificación estratégica permitiría una mejor focalización
del presupuesto, destinando los recursos limitados de manera más eficiente y expandiendo el
espacio fiscal para nuevas inversiones.

Finalmente, para fortalecer aún más el marco fiscal de México, podría ser útil la creación
de un consejo fiscal o un órgano técnico no partidista que ayude a formular e implementar
políticas fiscales robustas (véase Villarreal Páez et al. 2018 y Moreno-Brid et al., 2019). Este
consejo, que operaría de manera pública e independiente, aseguraría la transparencia en la
gestión fiscal y contribuiría a superar la postura procíclica del país, especialmente ante choques
adversos. Un consejo de esta naturaleza tendría funciones clave, como la evaluación de
pronósticos macroeconómicos y presupuestarios, la revisión de programas fiscales, el cálculo
de costos de medidas gubernamentales y el monitoreo de la aplicación de reglas fiscales.

En las últimas décadas, los consejos fiscales han sido adoptados por diferentes países en
todo el mundo. En la experiencia de Chile, la existencia de un régimen que asigna a paneles de
expertos independientes la tarea de estimar las tendencias de largo plazo de los precios del cobre
y del PIB ha facilitado la implementación de políticas fiscales contracíclicas durante las crisis y
ha permitido generar excedentes en períodos de auge económico. La adopción de un régimen
similar en México podría contribuir significativamente a la estabilidad macroeconómica y a la
capacidad de responder eficazmente ante futuras crisis.

161
4.7. Conclusiones del capítulo
El análisis conjunto de las políticas fiscales en Argentina, Brasil, Chile y México durante las
últimas dos décadas revela una considerable variabilidad en su orientación, marcada por la
ausencia de un enfoque contracíclico sostenido. Aunque ha habido periodos de discrecionalidad
fiscal, en promedio, las políticas fiscales implementadas desde principios de los 2000 han sido
predominantemente acíclicas o neutrales. Un factor clave en esta tendencia es la dependencia
de los ingresos derivados de las exportaciones de commodities, cuyas fluctuaciones en precios
han impactado significativamente los balances fiscales, lo que se refleja en los ajustes realizados
a los mismos.
La evidencia sugiere que las economías con marcos fiscales más robustos y reglas
fiscales bien diseñadas, como el caso de Chile, están mejor equipadas para implementar políticas
contracíclicas efectivas. Esto les ha permitido evitar respuestas procíclicas durante choques
económicos importantes, como la crisis financiera global de 2008-2009 y la crisis de COVID-
19. La capacidad de Chile para mantener impulsos fiscales superiores a 1.5 puntos del PIB 182 en
períodos clave (2006, 2009 y 2020) es indicativa de una estrategia clara y consistente de
estabilización económica. La postura fiscal contracíclica sostenida de Chile, que evitó
respuestas procíclicas, constituye un modelo a seguir para otros países de la región.
En contraste, Argentina, Brasil y México han encontrado dificultades para mantener un
enfoque contracíclico consistente. Argentina, que ha mostrado una tendencia mayormente
acíclica en su política fiscal, se tornó procíclica a partir de 2010, exacerbando las fluctuaciones
económicas en lugar de amortiguarlas. Si bien en años específicos, como 2018 y 2019, se intentó
una postura contracíclica, estos esfuerzos no fueron suficientes para estabilizar la economía de
manera significativa.
Brasil, por otro lado, mantuvo una política fiscal prudente durante la primera década del
siglo XXI, logrando superávits primarios que ayudaron a reducir la deuda pública en relación
con el PIB. Sin embargo, desde 2011, la desaceleración económica provocó un deterioro fiscal,
transformando los superávits en déficits y acelerando el endeudamiento. Durante la pandemia
de COVID-19, Brasil adoptó una política fiscal contracíclica, incrementando el déficit
estructural para mitigar los efectos económicos, aunque con el costo de un mayor
endeudamiento. A lo largo de estos años, la política fiscal en Brasil fue principalmente acíclica,
y su principal reto sigue siendo equilibrar la sostenibilidad fiscal con políticas que promuevan

182
Esto significa que la magnitud del impulso fiscal en Chile ha superado o ha sido menor que 1.5 puntos del PIB,
dependiendo de si la postura fiscal fue expansiva o contractiva, respectivamente (véase la sección 4.2.3. de este
capítulo).

162
el crecimiento y la estabilidad social, evitando medidas de austeridad con efectos
potencialmente negativos a largo plazo.

México, durante los primeros años de la década de 2000, se benefició de condiciones


económicas externas favorables, lo que contribuyó a mejorar sus posiciones fiscales. Sin
embargo, esta mejora fue más producto de circunstancias cíclicas que de una política fiscal
estructuralmente sólida. En respuesta a la pandemia de COVID-19, el país adoptó una política
fiscal procíclica, caracterizada por una expansión fiscal limitada y un fuerte énfasis en la
austeridad, lo que exacerbó la volatilidad económica. El análisis de la política fiscal mexicana
en el período 2000-2021 revela que ha sido una de las economías más procíclicas de la región,
con algunas excepciones durante crisis específicas. Esto coincide con los hallazgos del capítulo
dos, que muestran que las fases expansivas del gasto público en México son de corta duración
y baja intensidad, reflejando una limitada capacidad del gasto público para sostener expansiones
prolongadas, posiblemente vinculada a restricciones estructurales y a una rigidez en la
reasignación de recursos fiscales.

En conclusión, la implementación de políticas fiscales contracíclicas no solo depende de


la voluntad política, sino también de la existencia de condiciones macroeconómicas,
institucionales y políticas adecuadas. La experiencia chilena ofrece lecciones valiosas para
México y otros países de la región que buscan fortalecer su capacidad para enfrentar crisis
económicas. Una lección clave es la importancia de contar con reglas fiscales robustas y bien
diseñadas, que incluyan un análisis objetivo, un escrutinio riguroso para su implementación y
un claro camino de retorno a la regla en caso de desviaciones. Además, la incorporación de
agencias fiscales independientes, como en el caso de Chile, podría reducir el exceso de
optimismo en las previsiones presupuestarias gubernamentales y mejorar la credibilidad de las
reglas fiscales.

En la mayoría de los países latinoamericanos, los consejos fiscales, es decir, las


instituciones encargadas de evaluar y monitorear la implementación y los efectos de la política
fiscal, son inexistentes o carecen de la fortaleza institucional necesaria. Chile se destaca como
el único país donde un organismo independiente establece las suposiciones y metodologías
presupuestarias, fundamentales para calcular el PIB potencial y los precios de referencia de las
materias primas, insumos clave para la aplicación de las reglas fiscales. En consecuencia, una
segunda generación de reglas fiscales en América Latina debería otorgar un papel más relevante
a las agencias fiscales independientes. Estas entidades complementan las reglas fiscales al
reducir las asimetrías informativas entre votantes y políticos (Debrun et al., 2011) y mitigan el
exceso de optimismo en las previsiones presupuestarias gubernamentales, especialmente
durante los períodos de auge económico (Frankel, 2011).

163
Es crucial que los países de América Latina continúen fortaleciendo sus marcos fiscales
y mejoren su capacidad para implementar políticas fiscales contracíclicas, especialmente en
contextos de alta volatilidad económica y fluctuaciones en los precios de los commodities. Esto
no solo mitigará los efectos de las crisis económicas, sino que también promoverá una mayor
estabilidad económica y un desarrollo sostenible a largo plazo.

4.8. Reflexiones finales

Los resultados presentados en este capítulo proporcionan importantes lecciones para los
formuladores de políticas fiscales, destacando aspectos clave para el diseño de marcos
institucionales sólidos y efectivos. La creación de un marco fiscal sostenible y orientado a la
estabilidad permitiría a los países acumular ahorros durante períodos de auge en los precios de
las materias primas, lo que a su vez los prepararía mejor para enfrentar futuras recesiones.
Además, la implementación de reglas fiscales basadas en el balance estructural podría mitigar
la prociclicidad y reducir la volatilidad del gasto público, mejorando el desempeño
macroeconómico en el largo plazo.

Sin embargo, la aplicación de estos marcos fiscales, particularmente en lo que respecta


al cálculo del balance estructural, enfrenta desafíos importantes. La estimación de variables no
observables, como el PIB potencial y las brechas del producto, es una tarea compleja y sujeta a
incertidumbres. También es necesario considerar la precisión en la estimación de parámetros
clave, como las elasticidades de los ingresos y gastos públicos. Estos desafíos se vuelven aún
más críticos en países donde los ingresos por materias primas desempeñan un papel crucial en
las finanzas públicas y están expuestos a fluctuaciones de precios altamente volátiles. Por lo
tanto, se requiere cautela al interpretar los resultados sobre el comportamiento cíclico de la
política fiscal, sugiriendo que los países de la región deben adoptar de manera sistemática el uso
de saldos fiscales estructurales como indicadores clave de su posición fiscal, utilizando
metodologías comunes para establecer metas presupuestarias tanto anuales como de mediano
plazo.

Además, es fundamental reconocer que el balance estructural representa solo la etapa


inicial en la evaluación del desempeño fiscal subyacente de los gobiernos latinoamericanos. Un
siguiente paso esencial es la medición del tamaño y la duración de las medidas temporales
adoptadas. La esperanza de que marcos e instituciones fiscales más sólidos puedan reducir la
prociclicidad de la política fiscal representa una de las áreas más prometedoras para la
investigación macroeconómica en los países en desarrollo. Las futuras investigaciones deberían
centrarse en identificar qué tipos de instituciones pueden ser más efectivas para reducir la

164
prociclicidad fiscal en la región y, lo que es más importante, bajo qué condiciones estas
instituciones pueden ser creadas y sostenidas a lo largo del tiempo.

En este contexto, es fundamental reconocer que las relaciones fiscales


intergubernamentales juegan un papel clave en el éxito de cualquier marco fiscal.
Lamentablemente, en muchos países en desarrollo, persisten problemas recurrentes, como la
falta de foros de diálogo, la descoordinación en la planificación presupuestaria y la ausencia de
estándares uniformes en la presentación de informes de ejecución fiscal. Estas deficiencias
fomentan la opacidad, dificultan la rendición de cuentas y pueden generar ineficiencias en el
uso de los recursos públicos. Además, la formulación de presupuestos subnacionales a menudo
carece de la provisión oportuna de insumos por parte del gobierno central, y los informes sobre
la ejecución presupuestaria regional suelen estar sujetos a retrasos y a la aplicación de diferentes
normas contables. Esta falta de coherencia y coordinación en el proceso presupuestario puede,
en última instancia, afectar negativamente la calidad de los servicios públicos ofrecidos.

165
Capítulo 5: Comentarios finales

Este trabajo proporciona un análisis exhaustivo de los ciclos económicos en economías


seleccionadas de América Latina (Argentina, Brasil, Chile y México), abarcando su
caracterización teórica y empírica, y examinando la orientación de la política fiscal en las
diferentes fases de estos ciclos durante el periodo 2000-2020183. Inicialmente, se estiman los
ciclos económicos para comprender el entorno macroeconómico antes de evaluar la política
fiscal. Este análisis proporciona una visión de las economías en términos de expansión y
contracción, lo que permite posteriormente evaluar sus dinámicas fiscales a través de los
balances estructurales, eliminando los factores temporales y cíclicos de los ingresos y gastos
fiscales para reflejar la verdadera posición fiscal del gobierno. A lo largo de los cuatro capítulos,
se identifican patrones comunes, particularidades regionales y las implicaciones de las
fluctuaciones cíclicas en la formulación de políticas públicas.
El Capítulo 1 ofrece una revisión teórica sobre los ciclos económicos, resaltando las
diferencias entre los ciclos clásicos y los de crecimiento. En este análisis se enfatiza que la
selección de distintas metodologías para identificar puntos de giro—como los picos y los
valles—está vinculada a una teoría macroeconómica específica, la cual presenta diversos
supuestos, métodos econométricos, enfoques analíticos y recomendaciones para la política fiscal
y monetaria. Se concluye que, aunque los ciclos clásicos fueron prevalentes en periodos
anteriores, los ciclos de crecimiento han ganado relevancia debido a su capacidad de capturar
las fluctuaciones económicas en torno a tendencias de largo plazo.
El Capítulo 2 analiza empíricamente el comportamiento de los ciclos económicos en
Argentina, Brasil, Chile y México entre 2000 y 2020, empleando tanto el enfoque clásico como
el de crecimiento. Los resultados revelan diferencias significativas en la duración, amplitud y
volatilidad de los ciclos en estas economías. Aunque Chile presenta los ciclos más volátiles, sus
fases expansivas son las más prolongadas y profundas. En contraste, México muestra una
marcada asimetría entre sus fases, con recesiones que son el doble de profundas que sus
expansiones. Los ciclos de crecimiento en las cuatro economías se caracterizan por una baja
volatilidad, lo que indica que el PIB fluctúa en torno a su tendencia a largo plazo. Este capítulo
contribuye de manera significativa al entendimiento de la naturaleza cíclica de las principales
economías latinoamericanas.

El Capítulo 3 presenta la teoría de los saldos presupuestarios ajustados cíclicamente,


subrayando la importancia de evaluar la política fiscal no solo en términos nominales, sino a

183
Debido a la disponibilidad de datos, los ciclos económicos se analizan en el período 2000-2020, mientras que
los balances estructurales se extienden hasta 2021, permitiendo así incluir las repercusiones fiscales de la crisis
económica causada por la pandemia de COVID-19.

166
través de la estimación de balances estructurales que eliminan las distorsiones temporales
causadas por el ciclo económico y otros factores exógenos. Se concluye que esta metodología
proporciona una visión más precisa de la posición fiscal de los gobiernos, lo que permite a los
responsables de políticas adoptar medidas fiscales más efectivas y sostenibles a largo plazo.

El Capítulo 4 evaluó empíricamente la ciclicidad de la política fiscal en Argentina,


Brasil, Chile y México entre 2000 y 2021, diferenciando entre sus componentes cíclicos y
estructurales. Los hallazgos indican que, si bien Chile ha sido el único país capaz de
implementar políticas fiscales contracíclicas de manera sostenida, el resto de los países han
tendido a adoptar políticas acíclicas o incluso procíclicas, lo que ha exacerbado las fluctuaciones
económicas en ciertos periodos. Se subraya la importancia de contar con reglas fiscales robustas
y agencias fiscales independientes para evitar respuestas procíclicas, tal como lo demuestra el
caso chileno. Asimismo, se destaca que la dependencia de las exportaciones de materias primas
ha jugado un papel crucial en la orientación fiscal de las economías latinoamericanas.
En conjunto, los resultados resaltan las características únicas de los ciclos económicos
de cada país, subrayando la importancia de entender tanto las fases expansivas como las
contractivas para gestionar adecuadamente las políticas públicas. Además, pone de manifiesto
la necesidad de adoptar enfoques específicos según el contexto de cada país al diseñar políticas
fiscales contracíclicas que puedan responder a las fluctuaciones económicas. La experiencia de
Chile ofrece lecciones valiosas para otros países de la región que buscan mejorar la
sostenibilidad de sus políticas fiscales. Finalmente, esta investigación deja abiertas diversas
líneas para futuras investigaciones, como el análisis de qué tipo de instituciones pueden ser más
efectivas para reducir la prociclicidad fiscal en la región y, aún más importante, bajo qué
condiciones estas instituciones pueden ser creadas y mantenidas a lo largo del tiempo.

167
Glosario

Gobierno central. Comprende el gobierno efectos de las variaciones de los activos y de


central presupuestario (poderes ejecutivo, las materias primas.
legislativo y judicial) y Balance estructural. Es una extensión del
184
extrapresupuestario y los fondos de balance ajustado cíclicamente. Para calcular
seguridad social. este balance se eliminan los efectos de las
Balance primario convencional (o fluctuaciones de la actividad económica y
efectivo). Balance presupuestario de los precios de los activos y de las
(diferencia entre los ingresos y el gasto materias primas; por lo tanto, permite
público T-G) que no incluye los intereses de capturar la parte estructural de la política
la deuda pública. fiscal, por lo tanto, este indicador solo
refleja los cambios discrecionales de la
Balance cíclico. Este balance permite
política fiscal, por ejemplo, la decisión del
identificar la parte del presupuesto (ingresos
gobierno de reducir los ingresos o aumentar
y gasto público) que responde al ciclo
el gasto público ante cambios en la actividad
económico y a otros factores, como, las
económica.
fluctuaciones de los precios de los activos y
materias primas. PIB potencial. La producción potencial es
no observable y se utiliza para medir el nivel
Balance ajustado cíclicamente. Es aquel
más alto de producción que una economía
balance que permite en el que se excluye
puede alcanzar sin generar presiones
únicamente el efecto del ciclo económico
inflacionarias.
sobre el presupuesto. Este balance permite
identificar los cambios en la política fiscal Brecha del producto. Desviación del PIB
discrecional, pero aún sigue reflejando los real de su nivel potencial en porcentaje del
PIB potencial.

184
Entidades del gobierno con presupuestos individuales que no están totalmente incluidos en el presupuesto
principal.

168
Anexos
Anexo 4.1. Argentina, Brasil y Chile: Fuentes de datos macroeconómicos
Variable País
Indicadores
Argentina Brasil Chile México
macroeconómicos
CEPAL: Reales CEPAL: Pesos
PIB a precios CEPAL: Pesos argentinos, CEPAL: Pesos chilenos,
brasileños, Anual 1999- mexicanos, Anual 1999-
corrientes Anual 1999-2021 Anual 1999-2021
2021 2021
CEPAL: Pesos argentinos, CEPAL: Reales CEPAL: Pesos chilenos, CEPAL: Pesos
PIB a precios
Anual 1999-2021 [año base brasileños, Anual 1999- Anual 1999-2021 [año base mexicanos, Anual 1999-
constantes
2004] 2021 [año base 2010] 2018] 2021 [año base 2013]
INE - Chile: Anual 2000-
Índice de Precios INDEC: Anual 2000-2021 IBGE: Anual 2000-2021 INEGI: Anual 2000-2021
2021
al Consumidor (Índice Base 2018 = 10) (Índice Base 2018 = 10) (Índice Base 2018 = 10)
(Índice Base 2018 = 10)
Componentes de la demanda agregada
Consumo total
Inversión Banco Mundial: Reales Banco Mundial: Pesos
Banco Mundial: Pesos Banco Mundial: Pesos
brasileños, Anual 1999- mexicanos, Anual 1999-
Exportaciones argentinos, Anual 1999-2021 chilenos, Anual 1999-2021
2021 2021
Importaciones
Sector externo
Cuenta corriente* Banco Mundial: US$ actuales, Anual 1990-2021
Tipo de cambio
Banco Mundial: Moneda local por US$ (promedio del período), Anual 1990-2021
oficial
Índice de precios
de exportación
Índice de precios
UNCTAD: Anual 1990-2021 [año base 2000]
de importación
Términos de
intercambio
Índice de precios
OCDE: Anual 1990-2021 [año base 2015]
de acciones
Índice de precios
UNCTAD: Anual 1990-2021 [año base 2015]
de commodities
* Se utilizó el tipo de cambio promedio anual del Banco Mundial para convertir las series en dólares actuales a moneda local de cada país, cubriendo el período 1990-2021.

169
Anexo 4.2. Argentina, Brasil y Chile: Fuentes de datos fiscales y de fuerza laboral
Variable País
Indicadores fiscales Argentina Brasil Chile México
Ingreso del gobierno central
Impuestos del gobierno central
Impuestos sobre la renta, beneficios y ganancias
de capital del gobierno central
Impuestos sobre la renta, beneficios y ganancias
de capital del gobierno central, pagados por
individuos
Impuestos sobre la renta, beneficios y ganancias
de capital del gobierno central, pagados por
corporaciones
Dirección de
Impuestos sobre bienes y servicios del gobierno Tesouro Nacional, Secretaría de Hacienda
Presupuestos,
central Oficina Nacional Ministerio de y Crédito Público de
Ministerio de
Impuestos sobre el comercio internacional y de Presupuesto: Economía (TN- México (SHCP-
Hacienda de Chile
transacciones del gobierno central Pesos argentinos, Brasil): Reales México): Pesos
(DIPRES-Chile):
Anual 1999-2021 brasileños, Anual mexicanos, Anual 1999-
Impuestos del gobierno central, no clasificados en Pesos chilenos,
1999-2021 2021
otra parte Anual 1999-2021
Ingreso del gobierno central, contribuciones
sociales
Gasto total del gobierno central
Gasto del gobierno central
Gasto del gobierno central, compensación a
empleados
Gasto del gobierno central, compras/uso de bienes
y servicios
Gasto del gobierno central, intereses
Fuerza laboral
Fuerza laboral
Empleo Banco Mundial: Anual 2000-2021
Desempleo
Tasa de desempleo Cálculo propio usando los datos del Banco Mundial: Anual 2000-2021

170
Anexo 4.3. Argentina, Brasil y Chile: Elasticidades de las categorías de ingresos respecto a la brecha del producto y sus
respectivas bases

Anexo 4.4. México: Elasticidades de las categorías de ingresos respecto a la brecha del producto y sus respectivas bases

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

171
Anexo 4.5. Argentina: Brechas

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

172
Anexo 4.6. Brasil: Brechas

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

173
Anexo 4.7. Chile: Brechas

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

174
Anexo 4.8. México: Brechas

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

175
Anexo 4.9. Argentina, Brasil, Chile y México: Ingresos efectivos (observados o sin ajustes), ingresos estructurales (ajustados
por el ciclo económico y por el precio de las materias primas) y gasto del gobierno central
(En porcentajes del PIB potencial)

Argentina Brasil Chile México


Años Ingresos Ingresos Gasto Ingresos Ingresos Gasto Ingresos Ingresos Gasto Ingresos Ingresos Gasto
efectivos estructurales público efectivos estructurales público efectivos estructurales público efectivos estructurales público
2000 - - - 19.78 19.53 21.64 21.35 21.36 22.00 12.88 12.41 14.12
2001 - - - 20.12 20.32 22.19 20.96 21.83 21.48 12.82 12.71 13.61
2002 13.34 14.43 13.90 21.11 21.58 22.29 19.64 20.18 20.79 12.49 12.44 14.19
2003 15.43 15.39 15.20 20.82 21.90 25.14 19.13 18.81 19.54 13.21 13.14 14.38
2004 15.34 14.98 13.49 21.75 22.28 23.63 20.67 18.49 18.66 13.65 13.21 14.75
2005 15.27 14.80 14.92 22.52 23.03 26.09 22.56 19.58 18.26 13.98 13.54 14.97
2006 15.84 14.99 14.90 22.28 22.29 25.10 25.71 21.56 18.31 14.25 13.42 15.90
2007 17.08 15.50 16.50 22.54 21.85 24.38 26.39 22.21 18.68 14.56 13.74 16.42
2008 19.21 17.21 18.52 23.16 21.97 24.36 24.52 21.94 20.00 16.35 15.50 17.89
2009 19.18 19.00 19.93 21.24 21.27 24.49 18.06 16.81 22.07 15.02 15.93 16.98
2010 21.47 20.14 21.59 23.53 21.72 25.17 21.60 18.91 22.03 14.67 14.73 17.19
2011 21.72 19.45 24.03 22.70 20.43 25.21 23.01 20.41 21.70 15.33 14.97 17.74
2012 21.78 20.09 23.87 22.59 21.14 24.22 22.28 20.54 21.73 15.19 14.92 17.75
2013 21.80 20.61 24.59 22.55 21.28 25.34 20.84 19.91 21.44 15.72 15.74 18.00
2014 22.94 22.62 27.56 21.75 20.97 27.05 20.66 20.61 22.22 15.74 16.03 18.40
2015 21.17 21.00 25.00 20.96 22.05 30.15 21.27 21.79 23.43 16.23 17.42 19.03
2016 20.37 20.30 26.16 20.90 22.26 28.60 21.01 21.15 23.76 17.07 18.64 19.98
2017 16.69 16.36 21.97 20.82 21.36 28.51 21.38 20.61 23.96 17.26 18.12 18.28
2018 14.96 14.82 19.86 21.22 21.56 28.35 22.32 21.53 24.05 16.51 16.82 18.62
2019 16.85 16.80 20.59 21.85 22.01 27.46 21.26 20.94 23.95 16.37 16.55 18.41
2020 19.35 20.88 22.55 18.34 18.99 31.18 18.81 18.92 25.61 16.11 17.80 18.45
2021 21.99 20.78 26.91 22.49 21.24 27.47 25.30 22.34 33.38 16.39 16.82 19.52

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

176
Anexo 4.10. Argentina: Balance primario no ajustado y estructurales (ajustados de forma agregada y desagregada para los
siguientes factores: ciclo económico, precios de los activos y términos de intercambio), 2000-2021
(En porcentajes y puntos porcentuales del PIB potencial)

2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010
Balance primario 1.35 0.02 1.42 2.01 3.05 2.10 2.53 2.57 2.76 1.32 1.42
Balance primario, ciclo económico, agregado (1, 0) 0.29 1.13 2.25 2.71 2.74 2.07 2.40 1.93 0.95 1.41 -0.36
Balance primario, ciclo económico, desagregado 0.36 1.05 2.20 2.68 2.76 2.07 2.40 1.98 1.07 1.40 -0.22
Balance primario, ciclo económico y precios de las materias
2.51 1.97 2.65 1.61 1.67 0.99 0.76 1.13 0.09
primas, desagregado

Información adicional
Efecto del ciclo económico y de los términos de intercambio* -1.09 0.04 0.40 0.50 0.86 1.58 2.00 0.18 1.33
Impulso fiscal** (en puntos porcentuales del PIB potencial) 0.54 -0.68 1.05 -0.06 0.68 0.23 -0.37 1.04
PIB (tasa de crecimiento anual real) -0.79 -4.41 -10.89 8.84 4.68 8.85 8.05 9.01 4.06 -5.92 10.13
Continúa…

2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021
Balance primario -0.11 -0.05 -1.42 -2.56 -1.96 -2.15 -2.58 -1.63 0.27 -1.19 -3.00
Balance primario, ciclo económico, agregado (1, 0) -3.14 -2.40 -3.34 -3.77 -2.77 -2.15 -1.00 0.26 1.49 1.55 -6.01
Balance primario, ciclo económico, desagregado -2.89 -2.20 -3.17 -3.58 -2.70 -2.13 -1.16 0.08 1.39 1.36 -5.81
Balance primario, ciclo económico y precios de las
-2.38 -1.75 -2.61 -1.76 -2.13 -2.02 -2.90 -1.78 0.22 0.34 -4.21
materias primas, desagregado

Información adicional
Efecto del ciclo económico y de los términos de
2.27 1.70 1.19 -0.80 0.18 -0.14 0.32 0.14 0.04 -1.53 1.21
intercambio*
Impulso fiscal** (en puntos porcentuales del PIB
2.47 -0.63 0.87 -0.85 0.37 -0.11 0.89 -1.13 -2.00 -0.12 4.55
potencial)
PIB (tasa de crecimiento anual real) 6.00 -1.03 2.41 -2.51 2.73 -2.08 2.82 -2.62 -2.00 -9.90 10.72
*
En años donde los valores son positivos, el ciclo económico y los términos de intercambio mejoran el balance primario no ajustado; mientras que, en años con valores negativos, dichos factores
empeoran el balance.
**
Definido como cambios en el saldo primario estructural.
Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

177
Anexo 4.11. Brasil: Balance primario no ajustado y estructurales (ajustados de forma agregada y desagregada para los siguientes
factores: ciclo económico, precios de los activos y términos de intercambio), 2000-2021
(En porcentajes y puntos porcentuales del PIB potencial)
2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010
Balance primario 1.77 1.62 2.08 2.28 2.56 2.43 2.00 2.10 2.31 1.13 2.00
Balance primario, ciclo económico, agregado (1, 0) 1.59 2.05 2.47 2.20 2.22 2.39 2.25 2.29 2.16 2.05 2.11
Balance primario, ciclo económico, desagregado 1.61 2.01 2.44 2.20 2.25 2.39 2.22 2.27 2.18 1.95 2.09
Balance primario, ciclo económico y precios de los activos,
1.24 1.44 1.96 2.56 2.33 2.37 1.99 1.72 1.82 1.63 1.71
agregado (1, 0)
Balance primario, ciclo económico y precios de los activos,
1.50 1.61 2.04 2.66 2.51 2.56 2.22 1.99 2.04 1.79 1.91
desagregado
Balance primario, ciclo económico y precios de las materias
primas, desagregado 1.52 1.82 2.56 3.36 3.10 2.94 2.01 1.41 1.12 1.17 0.19

Información adicional
Efecto del ciclo económico y de los términos de intercambio* 0.25 -0.20 -0.47 -1.08 -0.54 -0.51 -0.01 0.69 1.19 -0.03 1.81
Impulso fiscal** (en puntos porcentuales del PIB potencial) -0.30 -0.74 -0.81 0.26 0.16 0.93 0.60 0.29 -0.05 0.98 -0.30
PIB (tasa de crecimiento anual real) 4.39 1.39 3.05 1.14 5.76 3.20 3.96 6.07 5.09 -0.13 7.53
Continúa…

2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021
Balance primario 2.11 2.03 1.38 -0.42 -2.01 -2.56 -1.87 -1.65 -1.27 -9.28 -0.41
Balance primario, ciclo económico, agregado (1, 0) 1.99 1.97 0.94 -1.03 -1.89 -2.47 -1.68 -1.56 -0.99 -7.92 -1.64
Balance primario, ciclo económico, desagregado 2.01 1.97 0.99 -0.97 -1.88 -2.48 -1.70 -1.57 -1.02 -8.03 -1.54
Balance primario, ciclo económico y precios de los
1.76 1.82 0.87 -0.94 -1.63 -1.88 -1.62 -1.82 -1.69 -8.53 -1.09
activos, agregado (1, 0)
Balance primario, ciclo económico y precios de los
1.88 1.91 0.90 -0.94 -1.65 -1.89 -1.58 -1.73 -1.56 -8.43 -0.92
activos, desagregado
Balance primario, ciclo económico y precios de las
materias primas, desagregado -0.16 0.58 0.11 -1.20 -0.70 -1.21 -1.33 -1.31 -1.11 -8.23 -1.85

Información adicional
Efecto del ciclo económico y de los términos de
2.27 1.45 1.27 0.778 -1.31 -1.35 -0.54 -0.34 -0.16 -1.06 1.44
intercambio*
Impulso fiscal** (en puntos porcentuales del PIB
0.34 -0.74 0.47 1.31 -0.50 0.51 0.13 -0.03 -0.20 7.11 -6.38
potencial)
PIB (tasa de crecimiento anual real) 3.97 1.92 3.00 0.50 -3.55 -3.28 1.32 1.78 1.22 -3.28 4.76
*
En años donde los valores son positivos, el ciclo económico y los términos de intercambio mejoran el balance primario no ajustado; mientras que, en años con valores negativos, dichos factores
empeoran el balance.
**
Definido como cambios en el saldo primario estructural.
Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

178
Anexo 4.12. Chile: Balance primario no ajustado y estructurales (ajustados de forma agregada y desagregada para los siguientes
factores: ciclo económico, precios de los activos y términos de intercambio), 2000-2021
(En porcentajes y puntos porcentuales del PIB potencial)
2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010
Balance primario 0.56 0.64 -0.07 0.64 2.91 5.12 8.38 8.80 4.36 -3.66 0.03
Balance primario, ciclo económico, agregado (1, 0) -0.05 0.51 0.54 1.63 3.54 5.62 6.97 6.77 4.34 -2.48 -0.02
Balance primario, ciclo económico, desagregado -0.86 -0.47 -0.77 0.38 2.18 3.74 4.19 4.13 2.65 -2.28 -2.18
Balance primario, ciclo económico y precios de los activos,
-0.02 0.39 0.15 0.65 2.23 4.03 6.68 5.93 2.87 -3.76 -0.81
agregado (1, 0)
Balance primario, ciclo económico y precios de los activos,
0.30 0.67 0.25 0.99 2.97 5.07 7.86 7.57 3.96 -2.95 0.50
desagregado
Balance primario, ciclo económico y precios de las materias
primas, desagregado -0.19 0.90 -0.65 -1.11 -1.95 -2.11 -3.23 -3.24 -2.05 -6.29 -6.90

Información adicional
Efecto del ciclo económico y de los términos de intercambio* -0.02 -0.87 -0.54 0.35 2.25 3.11 4.06 4.81 2.58 1.04 2.69
Impulso fiscal** (en puntos porcentuales del PIB potencial) -0.31 -1.09 1.54 0.46 0.84 0.16 1.13 0.00 -1.19 4.24 0.61
PIB (tasa de crecimiento anual real) 4.50 4.40 4.57 4.94 5.27 5.29 5.02 4.55 4.09 3.93 4.24
Continúa…

2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021
Balance primario 1.87 1.16 -0.02 -1.02 -1.50 -1.99 -1.96 -0.82 -1.91 -5.95 -7.19
Balance primario, ciclo económico, agregado (1, 0) 1.49 0.97 0.16 -1.01 -1.63 -2.15 -2.18 -0.97 -1.40 -4.57 -2.76
Balance primario, ciclo económico, desagregado -0.66 -0.07 -0.94 -1.90 -2.77 -2.92 -2.93 -2.44 -2.29 -4.13 -5.03
Balance primario, ciclo económico y precios de los
0.71 -0.11 -0.87 -1.36 -1.69 -2.11 -2.34 -1.87 -2.54 -4.31 -2.30
activos, agregado (1, 0)
Balance primario, ciclo económico y precios de los
1.93 0.76 -0.32 -1.06 -1.49 -1.93 -1.82 -1.27 -2.22 -4.46 -4.58
activos, desagregado
Balance primario, ciclo económico y precios de las
materias primas, desagregado -5.10 -3.18 -2.56 -1.96 -1.68 -2.54 -4.16 -3.44 -3.17 -6.09 -8.17

Información adicional
Efecto del ciclo económico y de los términos de
2.57 1.72 0.93 0.05 -0.51 -0.13 0.79 0.79 0.18 -0.46 3.30
intercambio*
Impulso fiscal** (en puntos porcentuales del PIB
-1.80 -1.92 -0.62 -0.60 -0.29 0.87 1.61 -0.72 -0.27 2.92 2.08
potencial)
PIB (tasa de crecimiento anual real) 4.43 4.21 3.61 2.93 2.39 1.98 1.70 1.49 1.25 1.28 1.77
*
En años donde los valores son positivos, el ciclo económico y los términos de intercambio mejoran el balance primario no ajustado; mientras que, en años con valores negativos, dichos factores
empeoran el balance.
**
Definido como cambios en el saldo primario estructural.
Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

179
Anexo 4.13. México: Balance primario no ajustado y estructurales (ajustados de forma agregada y desagregada para los siguientes
factores: ciclo económico, precios de los activos y términos de intercambio), 2000-2021
(En porcentajes y puntos porcentuales del PIB potencial)
2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010
Balance primario 0.48 0.94 -0.26 0.34 0.29 0.44 -0.25 -0.49 -0.18 -0.45 -1.10
Balance primario, ciclo económico, agregado (1, 0) -0.03 0.75 -0.11 0.84 0.37 0.55 -0.53 -0.85 -0.67 0.22 -0.87
Balance primario, ciclo económico, desagregado 0.00 0.76 -0.11 0.82 0.37 0.55 -0.52 -0.83 -0.66 0.19 -0.88
Balance primario, ciclo económico y precios de los activos,
0.05 0.80 -0.18 0.51 0.21 0.33 -0.77 -1.08 -0.75 0.18 -1.02
agregado (1, 0)
Balance primario, ciclo económico y precios de los activos,
0.18 0.89 -0.10 0.59 0.35 0.49 -0.58 -0.86 -0.58 0.30 -0.88
desagregado
Balance primario, ciclo económico y precios de las materias
primas, desagregado 0.01 0.83 -0.31 0.27 -0.15 -0.03 -1.13 -1.31 -1.03 0.46 -1.04

Información adicional
Efecto del ciclo económico y de los términos de intercambio* 0.47 0.11 0.05 0.07 0.44 0.47 0.88 0.82 0.85 -0.91 -0.06
Impulso fiscal** (en puntos porcentuales del PIB potencial) 0.83 -0.83 1.14 -0.58 0.42 -0.12 1.10 0.18 -0.29 -1.49 1.50
PIB (tasa de crecimiento anual real) 5.03 -0.45 -0.24 1.19 3.57 2.11 4.81 2.08 0.94 -6.30 4.97
Continúa…

2011 2012 2013 2014 2015 2016 2017 2018 2019 2020 2021
Balance primario -0.92 -1.05 -0.79 -1.13 -1.21 -1.24 0.66 -0.27 -0.10 -0.28 -1.18
Balance primario, ciclo económico, agregado (1, 0) -1.06 -1.40 -0.56 -0.95 -0.90 -0.43 0.44 -0.77 -0.54 0.59 -0.18
Balance primario, ciclo económico, desagregado -1.05 -1.39 -0.57 -0.95 -0.92 -0.43 0.44 -0.75 -0.52 0.55 -0.17
Balance primario, ciclo económico y precios de los
-1.03 -1.32 -0.81 -1.14 -1.29 -0.63 0.47 -0.69 -0.51 0.65 -0.19
activos, agregado (1, 0)
Balance primario, ciclo económico y precios de los
-0.90 -1.20 -0.71 -1.06 -1.22 -0.57 0.54 -0.65 -0.50 0.63 -0.15
activos, desagregado
Balance primario, ciclo económico y precios de las
materias primas, desagregado -1.28 -1.32 -0.77 -0.84 -0.02 1.01 1.52 0.03 0.08 1.41 0.42

Información adicional
Efecto del ciclo económico y de los términos de
0.36 0.27 -0.02 -0.29 -1.19 -2.25 -0.86 -0.30 -0.18 -1.69 -1.60
intercambio*
Impulso fiscal** (en puntos porcentuales del PIB
0.25 0.04 -0.55 0.07 -0.82 -1.03 -0.52 1.49 -0.05 -1.33 0.99
potencial)
PIB (tasa de crecimiento anual real) 3.44 3.55 0.85 2.50 2.70 1.77 1.87 1.97 -0.25 -8.62 5.74
*
En años donde los valores son positivos, el ciclo económico y los términos de intercambio mejoran el balance primario no ajustado; mientras que, en años con valores negativos, dichos factores
empeoran el balance.
**
Definido como cambios en el saldo primario estructural.
Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

180
Anexo 4.14. Argentina, Brasil, Chile y México: Balance primario (no ajustado) y estructural (ajustado de forma desagregada para
los siguientes factores: ciclo económico, precios de los activos y términos de intercambio), 2000-2021
(En porcentajes del PIB potencial)

Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

181
Anexo 4.15. Argentina, Brasil, Chile y México: Ciclicidad de la política fiscal
(En porcentajes del PIB potencial)
Argentina Brasil Chile México
Cambio en el Cambio en Cambio en el Cambio en
Brecha Brecha Brecha
balance el balance balance el balance Brecha de
Años de Postura fiscal de Postura fiscal de Postura fiscal Postura fiscal
primario primario primario primario producto
producto producto producto
estructural* estructural* estructural* estructural*
2000 - 3.97 - 0.14 1.38 Acíclica 0.22 1.10 Acíclica -0.83 2.32 Procíclica
2001 - 1.48 - 0.30 0.03 Acíclica 0.94 -0.11 Procíclica 0.83 0.42 Contracíclica
2002 - -8.94 - 0.74 0.21 Contracíclica -1.03 -1.41 Contracíclica -1.14 -1.26 Contracíclica
2003 -0.54 -2.84 Contracíclica 0.81 -1.76 Procíclica -0.15 -1.62 Acíclica 0.58 -1.83 Procíclica
2004 0.68 -2.64 Procíclica -0.26 0.23 Acílica 0.41 -0.31 Acíclica -0.42 -0.45 Acíclica
2005 -1.05 -0.11 Contracíclica -0.16 -0.58 Acílica 1.38 0.21 Contracíclica 0.12 -0.59 Acíclica
Muy
2006 0.06 1.35 Acíclica -0.93 -0.95 Contracíclica 1.83 1.20 -1.10 2.05 Procíclica
contracíclica
2007 -0.68 4.31 Procíclica -0.60 0.52 Procíclica 0.20 1.80 Acíclica -0.18 2.58 Acíclica
2008 -0.23 3.61 Acíclica -0.29 1.17 Acílica -1.74 1.50 Muy procíclica 0.29 2.50 Acíclica
Muy
2009 0.37 -6.08 Acíclica 0.05 -2.98 Acílica -7.16 -3.43 1.49 -4.77 Procíclica
contracíclica
Muy
2010 -1.04 -0.09 Contracíclica -0.98 0.37 Procíclica 2.09 -1.94 Muy procíclica -1.50 -1.48
contracíclica
2011 -2.47 2.92 Muy procíclica -0.34 1.01 Acílica 1.93 -0.25 Muy procíclica -0.25 -0.13 Acíclica
2012 0.63 -0.11 Procíclica 0.74 0.55 Contracíclica 0.16 1.61 Acíclica -0.04 1.02 Acíclica
2013 -0.87 1.09 Procíclica -0.47 2.19 Acílica -0.37 1.32 Acíclica 0.55 -0.54 Procíclica
2014 0.85 -1.97 Procíclica -1.31 2.46 Procíclica -0.12 0.20 Acíclica -0.07 -0.43 Acíclica
2015 -0.37 0.58 Acíclica 0.50 -0.59 Acílica 0.09 -0.03 Acíclica 0.82 0.07 Contracíclica
2016 0.11 -1.17 Acíclica -0.51 -3.09 Contracíclica -0.87 -0.25 Contracíclica 1.03 0.06 Contracíclica
2017 -0.89 2.41 Procíclica -0.13 -1.39 Acílica -0.72 -0.59 Contracíclica 0.52 0.75 Contracíclica
2018 1.13 1.14 Contracíclica 0.03 0.38 Acílica 0.96 1.86 Contracíclica -1.50 2.33 Procíclica
Muy
2019 2.00 0.93 0.20 1.36 Acílica -0.52 1.35 Procíclica 0.05 2.54 Acíclica
contracíclica
Muy Muy
2020 0.12 -7.39 Acíclica -7.11 -2.35 -3.72 -6.08 1.33 -5.36 Procíclica
contracíclica contracíclica
Muy
2021 -4.55 3.82 Muy procíclica 6.38 1.63 -4.30 3.12 Muy procíclica -0.99 0.94 Procíclica
contracíclica
*
(+) representa una política fiscal contractiva, (-) representa una política fiscal expansiva respecto al año previo. Para obtener un análisis mucho más completo y robusto de la orientación cíclica de la
política fiscal en cada año, se analiza la magnitud del impulso fiscal de acuerdo con la clasificación de Alesina y Perotti (1995), junto con el signo de la brecha del producto. Véase la sección 4.2.3 para
más detalles.
Fuente: Elaboración propia con base en datos detallados en la sección 4.1.

182
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