0% encontró este documento útil (0 votos)
22 vistas13 páginas

LECCION7CRECER

Cargado por

Luz Sánchez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
22 vistas13 páginas

LECCION7CRECER

Cargado por

Luz Sánchez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Lección 7

La gratitud como estilo


de vida.
¿Sirven de algo el quejarse o preocuparse
ante las dificultades de la vida? ¿Por qué
Dios espera que le demos gracias en todo?
“Estad siempre gozosos. 17 Orad sin
cesar. 18 Dad gracias en todo, porque
esta es la voluntad de Dios para con
vosotros en Cristo Jesús.”
1ª Tesalonicenses 5.16–18.
1. INTRODUCCIÓN: Una interpretación de
la palabra alabar en la Biblia es “confesión
de gratitud”. Vemos entonces que alabar y
dar gracias están muy íntimamente
relacionados. Hebreos 13.15 añade a esta
percepción: “Así que, ofrezcamos siempre
a Dios, por medio de él, sacrificio de
alabanza, es decir, fruto de labios que
confiesan su nombre.” Somos exhortados
por la Palabra de Dios a ofrecer alabanzas
continuamente. Veamos entonces cómo
podemos convertir la gratitud en nuestro
estilo de vida.
2. GRATITUD EN TODA CIRCUNSTANCIA: De
acuerdo a lo anterior, nuestra vida entera
debe ser una expresión de gratitud para
Dios, quien nos salvó. Es nuestro
conocimiento de Él y lo que Él ha hecho, lo
que nos habilita para vivir dándole gracias
continuamente en nuestros corazones y con
nuestros labios. Los sacerdotes del Antiguo
Testamento tuvieron que sacrificar animales
continuamente. Nosotros —los verdaderos
sacerdotes de esta era— tenemos que
ofrecer sacrificios espirituales
continuamente a Dios, quien nos ha sacado
de la oscuridad y traído a Su luz
maravillosa.
También somos alentados por la Palabra a
mostrar gratitud en la oración: “Por nada
estéis afanosos, sino sean conocidas
vuestras peticiones delante de Dios en
toda oración y ruego, con acción de
gracias.” Filipenses 4.6. “Perseverad en
la oración, velando en ella con acción de
gracias.” Colosenses 4.2.
3. ALABANZA EN LA BATALLA: Agradecidos en
cada cosa; por todas las cosas… ¿Cómo puede
ser eso posible? Bueno, tal vez humanamente
no lo sea, pero con Dios todo es posible.
Tengamos cuidado, pues podemos cuestionar
la voluntad de Dios con respecto a esto;
especialmente cuando ocurre una tragedia.
Nuestra inteligencia nos causa problemas
cuando tratamos de saber por qué Dios
permite que sucedan ciertas cosas en nuestra
vida y luego complicamos aun más el asunto
tratando de razonar cómo es que tales
circunstancias resultarán para nuestro bien.
Hay situaciones en que se requiere mucha
confianza en Dios para poder aceptar Su
plan. Sin embargo, cuando sinceramente
damos gracias a Él en medio de una
situación difícil, creyendo que Él sabe lo
que es mejor y que es capaz de resolver las
cosas para nuestro beneficio; podemos
adorarle sin hacer caso del mal aparente
que nos ha ocurrido. Creer y agradecer
suelta poder sobrenatural, esa fuerza
divina que trae cambios que no son otra
cosa que milagros.
Jamás estés preocupado con amenazas de males y
adversidades en tu vida. Dios está al tanto de
toda situación y te hablará así como lo hizo con
Josafat: “Oíd, Judá todo, y vosotros moradores
de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice
así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta
multitud tan grande, porque no es vuestra la
guerra, sino de Dios. 17 No habrá para qué
peleéis vosotros en este caso; paraos, estad
quietos, y ved la salvación de Jehová con
vosotros. Oh Judá y Jerusalén, no temáis ni
desmayéis; salid mañana contra ellos, porque
Jehová estará con vosotros.” Vv. 15,17.
4. EL IDIOMA DE LA FE: Preocuparse no ayuda;
quejarse, menos. La queja es el idioma de la
incredulidad. En el fondo de todos nuestros
refunfuños y rabietas está la incredulidad. Por
eso Dios se enoja cuando sus hijos murmuran:
“Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de
Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se
encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió
uno de los extremos del campamento.”
Números 11.1. Por esto mismo Dios destruyó a
los hijos de Israel que había rescatado de la
esclavitud de Egipto. Ellos se quejaban de
todo y cuestionaban el modo en que eran
dirigidos:
“Ni murmuréis, como algunos de ellos
murmuraron, y perecieron por el
destructor. 11 Y estas cosas les
acontecieron como ejemplo, y están
escritas para amonestarnos a nosotros,
a quienes han alcanzado los fines de los
siglos.” 1ª Corintios 10.10–11.
Fueron palabras aparentemente
insignificantes las que provocaron que
aquellos hebreos quedasen fuera de la
tierra prometida. Ellos pudieron haber
recibido bendiciones abundantes en una
tierra que fluía leche y miel, ¡si tan sólo
hubieran frenado sus labios
murmuradores! Cuando en vez de decir
“gracias, Señor, por esto”, decimos
“¿por qué esto me tiene que suceder a
mí?” lo que realmente hacemos es
acusar a Dios de administrar mal nuestra
vida. ¡Somos un vaso de barro
cuestionando lo que hace el Alfarero!
5. UN NUEVO Y MEJOR ESTILO DE VIDA:
Hebreos 3.12; 4.1–3: “Mirad, hermanos,
que no haya en ninguno de vosotros
corazón malo de incredulidad para
apartarse del Dios vivo. 1 Temamos, pues,
no sea que permaneciendo aún la promesa
de entrar en su reposo, alguno de vosotros
parezca no haberlo alcanzado. 2 Porque
también a nosotros se nos ha anunciado la
buena nueva como a ellos; pero no les
aprovechó el oír la palabra, por no ir
acompañada de fe en los que la oyeron. 3
Pero los que hemos creído entramos en el
Pablo y Silas confiaban en que su alabanza
soltaría el poder de Dios a su favor, y así mismo
sucedió: “Entonces sobrevino de repente un gran
terremoto, de tal manera que los cimientos de la
cárcel se sacudían; y al instante se abrieron
todas las puertas, y las cadenas de todos se
soltaron.” V. 26. Dios puede sacudir las raíces de
nuestros problemas, abrir las puertas para
nosotros y soltar las ligaduras de nuestras
tensiones y nerviosismos... si tan sólo
aprendemos a alabarlo. Cambiémonos ahora
mismo del callejón sin salida de la murmuración,
a la “autopista” de la alabanza.
6. CONCLUSIÓN: Vivamos “aleluya” —alabando
a Dios; regocijándonos siempre, y dando gracias
al Señor en todas las cosas (1ª Tesalonicenses
5.16–18). ¡Cultivemos la gratitud como nuestro
estilo de vida!
“Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a
la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo;
y sed agradecidos. 16 La palabra de Cristo more en
abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos
unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia
en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y
cánticos espirituales. 17 Y todo lo que hacéis, sea de
palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del
Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de
él.” Colosenses 3.15–17.

También podría gustarte